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Pacho O'Donell: “Este sería un país mejor si hubieran ganado los federales”

En su último libro reivindica la otra historia de los caudillos, esos personajes clave en la historia nacional, pero que han sido oscurecidos y denigrados. Una charla profunda en la que se buscan las raíces históricas de los conflictos argentinos actuales.

Por Jorge Cicuttin

Nos han acostumbrado a estudiar la historia argentina en blanco y negro. Buenos y malos. Sin grises, sin complejidades. Tanto es así que a San Martín –bueno entre los buenos– tuvieron que inventarle un caballo blanco. La historia la escribieron los que ganaron, los Mitre, los Sarmiento. Y los que perdieron, los federales, los caudillos, quedaron a un costado –en el mejor de los casos– o repudiados.

“La historia argentina es deformada, tendenciosa. Una historia escrita por los vencedores de las guerras civiles. Es elitista, porteñista, antipopular, basada en el dilema sarmientino –que fue el gran portavoz de los vencedores–, que era civilización o barbarie. Donde se entendía como civilización lo europeo y bárbaro lo nacional, lo provinciano, la plebe, los caudillos, lo gauchesco. Esto sigue estando muy profundamente en nosotros, porque el argentino tiene una gran propensión a sentir que lo de afuera es mejor que lo propio, en todos los niveles de la vida”, señala Pacho O’Donnell.

Su último libro, Caudillos federales, trata de recuperar a esos vencidos. A ese grito, esa resistencia que provenía del interior al dominio económico y político de Buenos Aires y su puerto. Esa derrota que sirve para explicar muchos de los conflictos actuales. Incluso explica el mapa de la Capital, donde a los caudillos no les han dejado ni una calle.

“Es así. Ni siquiera (Juan Manuel) Rosas tiene una. Como si estuviera prohibido, como si todavía no hubiera terminado la guerra civil. El único que tiene una callecita es Facundo Quiroga, que pasa por detrás de la Facultad de Derecho, pero ahí no vive nadie.”

–¿Esa manera de explicar la historia deja su marca en la forma que tenemos de ver el presente?

–Seguramente. Creo que nuestra característica intolerancia tiene que ver con eso. El triunfo unitario sobre el federalismo fue un triunfo que no extendió la mano al vencido, al contrario, sigue la venganza hasta hoy. Y eso alimenta la idea de que si vos no pensás como yo sos un enemigo. Es algo que tiene que ver con heridas no cerradas.

–¿La lucha entre unitarios y federales fue también una lucha de clases?

–Sí, claro. Eso lo explico en mi libro. Los unitarios representaban la oligarquía portuaria en su alianza con las oligarquías provinciales, y los federales eran la voz de los sectores populares. Su reivindicación. Por eso algo que no es tolerable en Rosas –aunque no fue un caudillo– es que puso en superficie a los sectores populares. Estos seguían a los caudillos porque se sentían representados por ellos. El tema de clases se ve cuando se habla de la crueldad de los federales, de su brutalidad. Y tiene que ver con el hecho de que las víctimas de los federales eran muchas veces personajes de las clases altas, en cambio las víctimas de los unitarios eran los gauchos. Que no importaban.

–Además de crueles se los pinta como iletrados...

–Y no es cierto. Por ejemplo el santiagueño Felipe Ibarra, un tipo muy interesante, que como tantos otros caudillos no era un ignorante, había tenido una formación en el Colegio Monserrat de Córdoba. Siempre se los quiere mostrar como iletrados pero no es cierto. El mismo Facundo Quiroga era un hombre de una escritura muy sofisticada.

–Muchos eran hombres de dinero...

–Sí, porque eso les permitía financiar sus montoneras, alimentarlas con su propio ganado...

–¿Cuál es el caudillo más maltratado por la historia oficial?

–Creo que todos. Algunos han sido prácticamente echados de la historia, como Ibarra, (José Félix) Aldao. Otros no han podido ser echados, entonces se los ha jibarizado. Por ejemplo (Martín Miguel de) Güemes no es más que el gaucho que defendía la frontera norte, o (José Gervasio) Artigas es un prócer uruguayo. Son distintas formas de oscurecerlos.

–¿Cuál para usted fue el caudillo más importante?

–Un caudillo muy decisivo y por quien tengo una gran admiración es Artigas. Que contrariamente a lo que nos muestran no fue solamente un hombre de la Banda Oriental, fue un hombre de las Provincias Unidas. Él tuvo bajo su control a la Banda Oriental, lo que es hoy Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y gran parte de Córdoba. Era el protector de los pueblos libres. Artigas tenía una visión muy clara de cuál era el país que quería. Un país federal, donde cada provincia tuviera su autonomía, que se repartieran equitativamente los ingresos de la Aduana. Hubiera sido un país mejor, sin duda. Yo creo que el país que querían los federales era un país mejor que el que tuvimos después, eran un país más justo. Artigas nunca quiso separar la Banda Oriental de lo que hoy es la Argentina. Fue un estadista a quien habría que poner muy cerca de San Martín y Bolívar.

–¿Fue Rosas quien mandó matar a Quiroga?

–En mi libro doy varias razones a favor y en contra. Hay quienes dicen que los hechos políticos que no se entienden hay que juzgarlos en función de a quién favorecen. La muerte de Quiroga sin duda favorece a Rosas. Porque a partir de la gran conmoción que provoca la idea de que el país iba a caer en una gran anarquía hace que se lo llame nuevamente a Rosas para imponer orden, en su segunda gobernación. Pero también hay indicios de que los Reinafé, quienes lo matan, eran hombres de López, quien tenía una muy mala relación con Quiroga. También pudo haber sido un acto absolutamente autónomo de los Reinafé, sin que hiciera falta un autor intelectual.

–¿Cómo fue la relación de San Martín con los caudillos?

–Para empezar hay que entender que San Martín siempre tuvo una muy mala relación con Buenos Aires. Ya cuando Alvear le gana la interna en la Logia Lautaro y lo manda lejos a relevar a Belgrano en el Ejército del Norte. Otro de los momentos es cuando desobedece las órdenes que le llegan de Buenos Aires de volver para combatir a los caudillos López y Ramírez. Esa desobediencia le cuesta muy caro, Buenos Aires nunca se lo perdona. Los caudillos en su gran mayoría fueron muy activos participantes en las guerras de la Independencia: Los de Buenos Aires no. Él apoya a Rosas porque es el enemigo de quienes lo han maltratado. Y la historia oficial nunca digirió que le haya legado su sable a Rosas. Tan mal se lleva con los porteños, que traen su cuerpo recién treinta años después de muerto, cumpliendo con ese designio argentino de los cadáveres ambulantes, como el de Evita y Rosas.

–¿Rivadavia tiene un lugar inmerecido en la historia argentina?

–Rivadavia es pionero de la Argentina que vivimos. El es un protounitario, luego vendrá el unitarismo, que se transformará en liberalismo autoritario. Rivadavia fue un hombre muy consustanciado con la idea de la civilización igual Europa, sobre todo Inglaterra. Desatendió absolutamente a las provincias, no sólo no apoyó sino que saboteó el proyecto del Ejército de los Andes. Si uno quiere explicar Guayaquil tiene que pensar en Rivadavia. San Martín llega al encuentro con Bolívar en el desamparo más absoluto. Y se encuentra con alguien que tiene mucha más fuerza que él. Rivadavia fue el iniciador del empréstito venal y siendo ministro de Gobierno se asocia con capitales ingleses para llevar adelante empresas como las minas en Famatina. La verdadera importancia de Rivadavia en la historia argentina es la de haber sido la piedra fundamental de la organización política, social y económica de la Argentina de hoy.

–Urquiza aparece en su libro como fue un gran traidor.

–Urquiza goza de esa prebenda que es que todo lo que ha estado contra Rosas es indultado de todos sus pecados. Él lleva sobre sus hombros el haber dado vuelta el ejército argentino que estaba preparado para la guerra contra Brasil, haberse aliado con las fuerzas enemigas, y atacar a su patria para derrocar a Rosas. A Urquiza finalmente lo mata un caudillo al grito de “traición”.

–¿La batalla de Pavón es uno de los misterios de la historia argentina?

–En la historia argentina se decreta misterio a lo que no se quiere contar. El misterio de Guayaquil no es ningún misterio, es la defección absoluta de Buenos Aires a apoyar a San Martín, pero la historia la escriben los porteños y para salvar a Rivadavia dicen que es un misterio. El caso de Pavón es así: hay un acuerdo en el que es muy posible que haya intervenido la masonería. Lo que es notable es por qué Urquiza espera estar en el medio de la batalla para demostrarle a Mitre que se somete a Buenos Aires. Por qué espera a tener el triunfo en sus manos para abandonar, al paso, el campo de batalla.

–¿Sarmiento es la voz que más denigra a los caudillos?

–Sarmiento es el portavoz del proyecto porteñista. Y lo hace salvajemente. Él es quien lleva adelante la campaña de denostación de los caudillos y la justificación del exterminio de los caudillos y de los gauchos. Creo que él estaba convencido de que no se podía fundar una república con la gente que había acá. Estaba convencido de que la gente que habitaba este país era una mierda. No me parece mal la idea de que la civilización estaba del otro lado del mar, pero esta gente no hizo ningún intento por articular lo civilizado ajeno con lo propio, consideraron que esto que estaba acá no servía para nada. También de ahí viene la ida de la inmigración, para poblar lo despoblado y para mejorar a la raza, igual que lo hacía un ganadero.

Revista Veintitres (octubre 2008) | www.elortiba.org

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