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Debate Gabriel Martín - Enrique Gil Ibarra

Dado el interesante debate llevado a cabo en estas páginas entre Gabriel Martín y Enrique Gil Ibarra, y para facilitar el acceso a una comprensión cabal de la controversia, creemos conveniente reproducir la serie completa de ponencias de ambos autores en una sola página. El disparador del debate fue una nota de Gabriel Martin publicada en El Descamisado. Dicho artículo, las réplicas y respuestas se publican cronológicamente a continuación.

Hay una conspiración en marcha (15/05/08)

Por Gabriel Martin

En octubre del año pasado circulaba un mail con la consigna "Se viene el gobierno bipolar" en alusión a ciertas incapacidades neurológicas de la señora Cristina Kirchner. Acababa de ganar las elecciones precisamente "el mejor cuadro de la política argentina de los últimos cincuenta años" y sonaba a chicana.

Pero luego empezaron las dudas. Y en todo caso, el doble comando bipolar, de un gobierno de Néstor y Cristina Kirchner sería una anécdota, en un matrimonio de ingenieros, es inevitable que hablen de ingeniería. Lo grave es otra cosa.

Lo grave es que Néstor Kirchner patrimonializó el gobierno, lo privatizó, se llevó la cédula verde a Puerto Madero, nada más y nada menos. Y todavía hay quienes tienen dudas sobre el proyecto (si es que hay otro que el usufructo cuasi vandálico del poder) continuista del menemismo; lo que es peor, hay todavía muchos que creen que se trata de un gobierno popular que está siendo atacado por el golpismo.

La teoría esbozada es que hay una contradicción insalvable entre el proyecto neoliberal y un gobierno progrepopulista.

El primer error de esta falsa contradicción es que exista un gobierno progresista y populista. ¿No será mejor pensar que en esa contradicción, los considerados "progres" están en realidad donde lo estuvieron siempre? Ese lugar, claro está, es del bando neoliberal.

Pero siguiendo el juego de esa falacia maniquea, parte de la primera línea del kirchnerismo afirma que ante tal contradicción no hay lugar a medias tintas (ni tan kirchneristas, Eduardo Aliverti es uno de los defensores de esta teoría) y es obligación de todos optar de qué lado de la línea se está, o con los retrógrados o con el gobierno. Esa línea es alimentada por una banda de funcionarios, ex militantes a media asta que a la hora en que los uniformados avanzaban a paso redoblado desertaron de su lugar de lucha en el frente popular al que juraron lealtad hasta la muerte, "como hizo el Che", plantearon el disenso contra el "aparatismo", y los que pudieron, rajaron.

En aquellos tiempos la contradicción era "Liberación o Dependencia", era el derecho de la libertad del pueblo contra el proyecto concreto de una corporación armada para el genocidio y con el sustento de Washington y la Escuela de las Américas. Y en ese momento, los que hoy catalogan a los opositores de golpistas, optaron por no estar en alguno de los dos bandos.

Por ejemplo, mientras Nora Cortiñas marchaba frente a la Casa Rosada usurpada por Videla, Néstor y Cristina remataban casas en Río Gallegos. Y nadie les pidió a Néstor y Cristina ningún otro tipo de participación, simplemente se les pide explicaciones a los detentadores del "montonómetro", de una supuesta militancia superior a la del resto de los mortales.

Es cierto que hay un complot en marcha.

En este país se conspiró para ir contra la integración latinoamericana.

Contra la soberanía popular que intentan construir Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, encabezando procesos que no son ni de cerca idílicos.

Este gobierno, no el de Menem, ni el de De la Rúa, reprivatizó las mayores reservas de petróleo que le quedaban al país a Panamerican Energy. Pero, en la teoría del posibilismo (refiérase al que se hace lo que se puede dentro de los límites existentes y no vale la pena intentar ir más allá) se acuñó uno de los máximos modernismos de la política nacional: la "argentinización". Bajo la doctrina de la "argentinización", parte de YPF en manos de Repsol fue comprada, bajo la tutela directa del gobierno, por Enrique Esquenazi. Sucede que en los '90 la contradicción era Estado vs. Privatizadas, pero como no volvimos a esa década infame, fuimos a….la argentinización, y esto vendría a explicarse como dólares socialistas, que son los que supuestamente pone un argentino, más humanizados que los dólares de esas potencias imperialistas que quieren desestabilizar al gobierno popular. Es una partida nueva de dólares que, para los posibilistas, en vez de la cara de Benjamín Franklin tiene el busto de Fidel.

En el posibilismo no hay lugar para grandes patriadas como la estatización de las telecomunicaciones llevada adelante por Correa en Ecuador, o la estatización de Techint en Venezuela. Lo que no pueden explicar los posibilisitas es cómo Evo Morales, con un verdadero golpe de Estado en marcha encabezada por una oligarquía que literalmente pretende por todos los medios separar la porción del territorio más rica de ese empobrecido país, recupera la renta hidrocarburífera y define la estrategia energética de su país.

Esto no quiere decir que el capital transnacional no esté conspirando contra la Argentina. Ese capital finalmente encontró la brecha para entrar al país para beneficio de un puñado sin aportarle nada a la mayoría del pueblo ni a su desarrollo estratégico. La punta de lanza de esa infiltración del neoliberalismo que avanza contra el gobierno de Néstor "Cris" Kirchner* tiene apellido y nombre: Bala, Tren.

Es hasta increíble sentarse a ver cómo se justifica semejante payasada. Este "salto al siglo XXI" como dijo la primera dama, le costará al Estado un incremente de la deuda externa de, al menos, 6.000 millones de dólares (préstamo inicial + intereses), que beneficiará a la economía francesa, y que será un negocio financiado por el Estado y que será entregado en concesión privada a una empresa, harto seguro "amiga", probablemente "argentinizada". Espectacular maniobra de apropiación de recursos financieros de todos los argentinos que llegará a un puñado.

Además, la mayor parte del trabajo directo que generará el tren de alta velocidad será para los obreros franceses que hagan los vagones, los rieles, todo el equipamiento interno del ferrocarril. La energía eléctrica del mismo se la vamos a comprar a Brasil. En la Argentina se harán las zanjas, se remacharán los rieles. Es innegable que los Kirchner tienen un internacionalismo proletario notable.

Hay otro complot para saquear las arcas del Estado, que quiere retrotraer la situación a los '90 y es la creación de empresas estatales como LAFSA, las líneas aéreas que el kirchnerismo anunció que comenzarían a volar en 2003. Presupuestos millonarios que el Congreso aprobó todos los años para mantener a un centenar de empleados (el hermano de Scioli entre ellos) para que….para nada. Pilotos, tripulación de abordo (de no se sabe qué), Gerente de Marketin (¡¿?!)…¿hace falta atacar eso? En 2004 LAFSA pagó $459.664,37 en compra de uniformes (¡¿?!), y $372.750,00 en concepto de "Capacitación". En 2007 el Estado le dio a LAFSA un presupuesto de $4.650.284. Bien podría explicarles ese gasto a los veinticinco chicos que mueren en la Argentina cada día por desnutrición.

Y también están los macristas que añoran los años de la patria contratista, cuando el Estado mantenía a las empresas parásitas como las concesionarias de ferrocarriles, subtes, transporte automotor; el subsidio a las petroleras, a las telefónicas, a las empresas de luz y gas. El gobierno dice que ese subsidio está para que no haya una disparada inflacionaria. Lo peor de todo es que esos mismos servicios, suben, o se "actualizan" como le dicen los funcionarios a la transferencia de riqueza del bolsillo de los argentinos a las cuentas bancarias de los empresarios. Dicho sea de paso, el averno Macri, que es Franco, será socio del tren bala francés concesionado por el Estado neoprogre.

Una característica que se le endilgaba a un presidente fue negar la realidad y gobernar según un puñado tan cerrado como el de sus hijos y un par más. Se lo caracterizaba de autista, era la negación de todos los problemas y crisis. Era Fernando De la Rúa pero bien podría tratarse de aquel que niega la deuda externa cuando se erogan todos los años decenas de miles de millones de dólares; negar la inflación, negar la deserción escolar, negar la precariedad laboral, negar la falta de energía eléctrica, negar la falta de obra pública y negar la inseguridad.

Alberto Fernández llegó a decir que es culpa de los argentinos que no saben comprar, que no hay inflación sino una "sensación". Esa sensación para los hijos de los "argentinos y argentinas", como la primera dama gusta decir, es desempleo, pobreza y hambre.

Hay bandas que conspiran, que secuestran como hicieron con Jorge Julio López. Y otros más. No vamos a entrar desde aquí en las teorías de falsos secuestros, que uno dijo que lo habían quemado en el pecho con cigarrillos y apareció en televisión inmaculado. Seamos serios, al ministro Aníbal Fernández, le secuestraron a tres militantes con las fuerzas de seguridad a su cargo, ya sea como ministro del Interior o Justicia. ¿No amerita al menos una interpelación? Tres testigos en causas por delitos de lesa humanidad, en tiempos de una democracia, fueron secuestrados.

Y hablamos del gobierno al que más le "preocupan" los derechos humanos. Pero si algo llama la atención es que en el secuestro de Juan Puthod, el neocombatiente Luis D'Elía no llegó a movilizar ni a diez personas a Plaza de Mayo para convocar al pueblo en defensa del gobierno popular, como si lo hizo por treinta caceroleros.

Ni hablar de la primera dama que, con un desaparecido se fue al Calafate a descansar. Eso sí, cuando de marchar por una ciudadana colombiana-francesa en París se trata, hay que reconocer que la señora está en primera fila. Fuentes de presidencia dice que las palmeras de Plaza de Mayo son "bananeras" y es por ello que nunca se la vio marchar un jueves con las Madres.

El 9 de mayo, a once días de su secuestro, el propio Puthod se quejó públicamente por la falta de investigación en su secuestro. El ministro de Justicia, Aníbal Fernández brilla por su ausencia. Puthod no podrá reclamar al INADI por la falta de atención judicial, sobre Julio López todavía no hay una prueba seria. Cuántas pistas se destruyeron en once días nadie lo sabrá jamás, de eso se trata.

También están los que complotan contra la estabilidad económica y fugan capitales al exterior, dineros públicos que nunca vuelven como aquellos que estuvieron en manos de Esquenazi, casualmente el amigo K de YPF "argentinizada" que además tiene a Mario Blejer en el directorio, que casualmente sonó candidato K al Ministerio de Economía. Son esos fondos públicos de una provincia que hace dos décadas cobra un resarcimiento del resto de la Argentina, pero sus santacruceños pagan la luz más cara del país, para obras que comenzaron a hacerse diecisiete años más tarde, y ese colchón de dinero se fue una vez para volver tres veces.

Repasemos matemáticas: se fue una vez…volvió tres. ¿No cierra no? Esquenazi, dueño del Banco de Santa Cruz cuando el presidente Néstor Kirchner era gobernador y envió las reservas provinciales supuestamente a algún lugar.

Otra facción que forma parte de la conspiración antipopular son los multimedios que buscaron concentrarse para hacerse monopólicos, como Clarín, que se hizo dueño de todo sin que nadie se diera cuenta. Fue la distracción de cuando el presidente Kirchner se estaba mudando a la nueva Casa de Gobierno en Puerto Madero, por noviembre de 2007, que Guillermo Moreno firmó la adquisición de Cablevisión por parte de Clarín, convirtiendo al grupo en un monopolio de hecho. De hecho, para el neoinsurgente D'Elía, Marcelo Bonelli y Gustavo Silvestre son los sicarios del Grupo Clarín contra el movimiento popular, pero se olvidó entonces como la primera dama dio su única entrevista de campaña precisamente a Bonelli y Silvestre, con un reportaje pautado, sin repregunta.

El Grupo Clarín se "olvidó" cuatro años en difundir aquellos videos archivados en que Néstor y Cristina aparecen ladeando a Menem en un escenario santacruceño para agradecerle las transformaciones del país. Y en algo lo superaron al riojano: el índice de pobreza, en la Argentina redistributiva, es mayor que en 1998.

"Hablando de Roma", eran notables los recursos volcados a Anillaco durante una década, tan notable como la promoción al Calafate donde la primera dama descansa demasiado periódicamente. Dónde también la hija presidencial, Florencia K, viaja con su grupo de amigos en avión oficial. Y no le mata al hambre a nadie un vuelo más o un vuelo menos, pero son señales de la conciencia del poder público privatizado, con la naturalidad con que Néstor Kirchner usa el helicóptero de Presidencia de la Nación cuando no tiene cargo público alguno (salvo el de presidente en ejercicio).

Hay quienes dicen que María Julia Alsogaray quiere volver. Hay otros que dicen, que como monstruo engendro de los '90 volvió, pero sin tapados de pieles y en forma de Romina Picolotti, que tiene un incendio que inunda de humo a la mitad de la población del país (hay que sumar a Rosario, el conurbano bonaerense y Capital Federal nada más) y en vez de ordenar el accionar de los equipos de Córdoba, los principales del país para el manejo del fuego, se encomienda a Dios y a la lluvia. Un verdadero cuadro.

Lo innegable es que "El Campo", ese enemigo intangible corporizado en el diente postizo de De Angeli lleva a cabo uno de los máximos complot de la era K. Cuando estalló el conflicto, o mejor, una vez que iniciado el conflicto y cuando al fin de Semana Santa la primera dama volvió de una de sus tantas vacaciones en El Calafate (donde fue, en esa oportunidad, a decorar la casa nueva), el vicepresidente Julio Cobos retornó de Cataratas del Iguazú con su familia (gastos oficiales mediante) y el ministro de Economía de entonces, Martín Lousteau, o Martín El Breve como se lo conoce ahora, volvió de Buzios (Brasil) con su novia, éste corrió a reunirse con uno de los máximos beneficiados del dólar dibujado con Grobocopatel, el principal operador de ese yuyo conocido científicamente como soja. Cuando todavía salía humo de República Cromañon, el entonces jefe de Gobierno y actual legislador porteño K, Aníbal Ibarra, en vez de presentarse en los hospitales, en vez de reunirse con los familiares de las víctimas tuvo una actitud similar y se encontró con los principales dueños de los boliches porteños.

Lo más sincero de todo esto es que finalmente se ubicaron del otro lado de la línea divisoria geográfica más significativa. El centro de operaciones está en ese lugar indudable, del que nada bueno sale para el común de los argentinos, desde esos ladrillos ingleses de los años de la semicolonia saqueada por un puñado que arrimaba el trabajo de los argentinos a los diques, y que ahora fue rebautizado Puerto Madero, con su rutilante unidad básica kirchnerista. Desde allí se dirige la conspiración, que se puso en marcha el 25 de mayo de 2003.

Revista El Descamisado
Edición Digital
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No, Gabriel. Hay varias conspiraciones en marcha (17/05/08)

(Respuesta a Gabriel Martin)

Por Enrique Gil Ibarra

Iba a escribir que es triste tener que disentir fuertemente con compañeros, pero en realidad no es cierto. Es precisamente con los compañeros con los que se puede disentir, especialmente con aquellos cuya fidelidad indiscutible a un proyecto de país los justifica en sus posibles (y a veces inevitables) errores al analizar la realidad.

Existen desde siempre, dentro del movimiento peronista, por lo menos tres sectores: aquellos que reivindicamos históricamente las posiciones revolucionarias del gordo Cooke, de los programas de La Falda, Huerta Grande y la CGT de los Argentinos, la resistencia, y las luchas de las organizaciones populares de los 70. Otro, que se limita a repetir las veinte verdades peronistas y la consigna “ni yanquis ni marxistas”, para esconder su indiscutible predilección militante por el capitalismo “nacional”, la desigualdad de clases y su supina ignorancia (voluntaria, por cierto) de lo que verdaderamente significaba a mediados del siglo pasado la “tercera posición” de Perón. Son aquellos que “deciden” conscientemente ignorar estos sesenta años, negar que el peronismo pueda evolucionar con los tiempos y, contradiciendo a Perón sin haber leído sus libros, se sienten más peronistas que Evita, convirtiendo a la militante en una “santa” y a Perón en un boludo. Sin embargo, en sus tinieblas, la mayoría son honestos.

Por último, están aquellos que no son, ni fueron, ni serán, otra cosa que chicha diluida con limonada (y azúcar), que siempre entendieron todo, que siempre supieron que su progreso personal pasaba por el movimiento popular, y que siempre tuvieron la inteligencia necesaria para, una vez muerto Perón, apropiarse de las banderas y hacerlas flamear indiscriminadamente hacia un lado y hacia el otro, porque simplemente su proyecto no pasa por las banderas, sino por el rédito personal que su ondear puede proporcionarles. Son los “progres” del movimiento. Liberales pero no mucho, zurdos pero no tanto, reaccionarios cuando conviene y capitalistas siempre.

La nota de Gabriel Marín, indudablemente un compañero, aunque muy convincentemente escrita, adolece lamentablemente de un defecto central: culpa al enemigo por ser enemigo.

Destacando una correcta crítica del “posibilismo”, Gabriel se pierde en minucias devaluatorias del gobierno “Kirchnerista”. No estamos afirmando que el “Tren Bala” esté bien. Desde luego es una estafa moral al pueblo argentino. Y digo estafa moral porque si esa misma plata se hubiese destinado a la recuperación del ferrocarril patagónico, yo hubiera aplaudido. Lo que me parece que Gabriel no ve es que aquí no se trata de una cuestión de dinero. En un país capitalista el despilfarro y el negociado son inevitables (y esperables), sea quien fuere el gobernante, con o sin su anuencia.

El error principal de Gabriel es “suponer” que un gobierno con los orígenes del actual, podría actuar de otra manera. Por consiguiente, su crítica es inconducente porque comete el mismo error que cometimos los militantes de la “izquierda peronista” en los 70: tiramos la “culpa” afuera.

Gabriel denosta a los Kirchner porque pretende que adopten una posición revolucionaria que no tienen ni desean tener. No es su proyecto. El proyecto de los Kirchner es, y todos nosotros lo supimos siempre, una “democracia” dentro de un “capitalismo humanizado” que ellos creen posible y nosotros no.

Así como en los 70 el Roby Santucho consideraba a Perón “el jefe de la contrarrevolución”, y muchos compañeros peronistas de izquierda terminaron comprando esa definición errónea, hoy algunos compañeros del peronismo revolucionario asumen a Kirchner con similar caracterización, olvidando dos cosas: a) la derrota nunca es culpa del enemigo; b) la contrarrevolución existe porque la revolución no existe.

Por supuesto, el otro error es el ideológico. Para usar la frase de Gabriel, desde luego que sí existen contradicciones entre los proyectos neoliberales imperialistas y un gobierno “progrepopulista”. Seguramente no son “contradicciones principales”, sino secundarias, pero sin duda las hay.

Lo contrario significa afirmar subrepticiamente que esta democracia sumamente imperfecta es comparable a las dictaduras que hemos conocido, y eso es simplemente un disparate.

Pienso que la limitación evidente de un pensamiento maniqueo reside la mayoría de las veces en la impotencia. Cuando un sector social no logra modificar la realidad a su gusto, los individuos que lo integran tienden a trasladar –como decía arriba- la culpa afuera. Lo contrario exigiría preguntarse porqué los planteos que defendemos no prenden en el sector social que pretendemos representar, y asumir por consiguiente una incompetencia profunda y reiterativa para la construcción de poder.

Por supuesto, para lograr asumir esto hay que saber, definitiva e irrevocablemente, “de qué lado se está”. En la lucha de clases, no hay opciones dudosas: se está con el pueblo o contra él. Esto implica también aceptar y comprender las decisiones populares, aunque nuestra individualidad no las comparta. La construcción de poder popular tiene que ver con esa aceptación e integración colectiva, no con las pretensiones “revolucionarias” (y teóricas) que nos empujan a definiciones que sólo nosotros estamos en condiciones de aprobar, aunque no de impulsar para convertirlas en prácticas superadoras.

Con la misma necedad que a veces (como actualmente en el conflicto con sectores agrarios) se les endilga (justamente) a los Kirchner, Gabriel “denuncia” una conspiración desde el gobierno para “traicionar” al pueblo. Se equivoca porque esa “conspiración” no existe. Kirchner nunca dijo que quería una “patria socialista”. Cristina tampoco. Y, si vamos al caso, tampoco el pueblo argentino. ¿Es culpa de Kirchner? ¿Es culpa del pueblo?

La responsabilidad de la construcción del poder popular que pueda hacer realidad una revolución no recae en los gobernantes, aunque a muchos “intelectuales revolucionarios” los justificaría si así fuera.

Los peronistas no somos kirchneristas, como no fuimos duhaldistas, ni menemistas, ni vandoristas. Eso significaría abandonar nuestro proyecto de país. Pero los compañeros que evalúan ahora, desde una supuesta posición “revolucionaria” del peronismo que deben ser “antikirchneristas” a como de lugar, no hacen otra cosa que brindar espacio a Macri, a Lilita y a la Sociedad Rural. Basta observar quiénes concuerdan con su posición: la ultra derecha peronista y no peronista utiliza sus mismos argumentos, idénticas descalificaciones, similares pronósticos, análogas “esperanzas” de que esto se acabe.

Para quien tenga dudas, no alcanza con una economía “neoliberal” para configurar una dictadura. Critiquen la economía cuando critiquen al sistema, porque es el sistema nuestra contradicción principal, y no un gobernante coyuntural que, aunque les pese, fue elegido por el pueblo que integramos y al que sin duda debemos criticar, pero subordinando esa crítica a los intereses populares frente a otras alternativas.

De lo contrario, no estarán haciendo otra cosa que repetir nuestra propia historia de los 70, cuando decidimos que venceríamos en una guerra imposible que el pueblo no comprendió. No confundamos el pan con el circo. Sólo los intelectuales de clase media piensan que el pan no es importante.

Enrique Gil Ibarra
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hendrix
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¿Quién se lleva el pan? (18/05/08)

Por Gabriel Martin

(Respuesta a Enrique Gil Gil Ibarra)

Sinceramente no tengo idea en qué momento encontró el Sr. Gil Ibarra comparación de mi parte entre una dictadura y esa representación estatal del capital vandálico. No voy a comparar bajo ningún concepto a un usurpador del poder como Videla con alguien que al menos le ganó por dos puntos al voto en blanco y fue votada por menos de tres de cada diez argentinos (hablo de la realidad y no de los porcentuales sobre votos positivos). Sin caer en los delirios de Elisa Carrió que compara a Kirchner con Ceaucescu, bien se podrían puntualizar un par de cuestiones. Nadie cuestiona al modelo económico, ni Lavagna, ni Carrió, ni la ultraderecha. Especialmente esta última. Pueden criticar cuestiones secundarias, pero no le discuten el modelo porque ni Martínez de Hoz lo pudo aplicar, aunque sí soñó que alguien lo continuara como sucede ahora, porque valga aclarar de una buena vez por todas, que mientras la oposición se escandaliza con la tilinguería detentada en el manejo político, tal vez en una improbable tarde de porros se le pudo ocurrir a Alsogaray, Alemann y Martinez de Hoz que un gobierno iba a pedir préstamos más caros, iba a regionalizar los recursos para que una empresa yanqui de un ex director de la CIA se lleve anualmente 20.000 millones de dólares en oro pagando una retención del 3% y enarbolando las banderas peronistas le extienda las concesiones petroleras a una corporación estadounidense por otras tres décadas.


Inclusive sin la planificación de desarrollo como sucede ahora, inclusive queriendo un país productor de materia prima, con el Estado explotando los recursos de los argentinos, es decir, los argentinos usando sus propios recursos, estaríamos en condiciones de materializar esa mentada liberación económica.

Como fue el acto fallido de Herminio Iglesias en Vélez cuando cerraba la campaña a las presidenciales de 1983, el matrimonio K gritó, pero con conciencia, “nosotros elegimos dependencia”.

En cuanto a la cuestión del error imputado, de culpar al enemigo por ser enemigo, deseo aclarar que en ningún momento puse ese eje sino que el objeto de este y otros artículos no es mostrarle al enemigo lo que es, sino modestamente, mostrarle a los dubitativos seguidores, a esa militancia culpógena que encuentra su intelectualización del pueblo peronista en personajes como José Pablo Feimann, think tank del posibilismo neoliberal, neomenemista, o como popularmente lo definiera Capusotto, “menemismo con derechos humanos”, simplificando una aparante, sólo aparente, buena intención de los Kirchner en la materia de derechos humanos en la que dicen avanzar mientras siguen pisando la causa Julio López.

La filosofía de Feimann, espada del diario “Todo Positivo” Página/12, sobre el peronismo tiene tanto vuelo como un yanqui intentando explicar al peronismo. Ignora Feimann que tiene tanto en común con el peronismo como Nelson Castro. Uno escribe sobre Evita, el otro edita pseudocursos de filosofía peronista.

La derrota, por lógica cartesiana, siempre es culpa del enemigo en primera instancia, y luego por culpas propias porque a los errores cometidos no se le puede negar al enemigo la virtud de explotar esa debilidad. Nunca fue a la inversa. Napoleón concurrió con una enorme disparidad de fuerzas a Waterloo que le jugaban en contra, pero negarle a Wellington cualquier acierto es tan osado como culpar a los aztecas de haber sido conquistas por un puñado de españoles (porque) a diferencia de lanzas tenían la pólvora.

Por último Sr. Gil Ibarra, usted apela a la utilización argumentativa del maniqueísmo para, acto seguido, catalogar a toda oposición a los Kirchner como funcional a Carrió o Macri (socio de este gobierno como de todos los anteriores). Suena tan maniqueo al “yo o el caos” de Alfonsín, o “yo o la devaluación” de Menem. Este argumento tan esgrimido por espadas de este gobierno, es el de más corto vuelo jamás expuesto. Es un insulto a la inteligencia. Sería básicamente decir que si no quiero que venga Bush tengo que apoyar a Saddam Hussein, o en el caso coreano, estar en Corea del Norte con Kim Il-sung porque la amenaza es peor. O mejor, para trasladarlo a nuestros pagos, mejor apoyar a Scioli porque puede volver Duhalde, aunque aquí entraríamos en un extraño pantanal porque Scioli fue hombre de Menem, hombre de Duhalde y hombre de Kirchner, como este fue a su vez hombre de Duhalde y también de Menem. En realidad, son soldados del mismo proyecto.

Estar en contra de los superpoderes no es estar a favor de Carrió, de hecho, querer un Congreso “cerrado” es más bien parecido a otra cosa. Lo mismo que pretender simplemente que los funcionarios contesten algunas preguntas no es estar a favor de La Nación o Clarín, pero apoyar la idea de “hablar” desde la tribuna es un discurso unilateral. Aunque en lo personal bien me gustaría ver a uno de estos sostener un debate no pautado, como aquella entrevista de CFK con, casualmente, Bonelli y Silvestre y vemos que sale. Por ejemplo, también fue con Bonelli y Silvestre donde D’Elía tuvo el sincericidio de decirle a los voceros del Grupo Clarín: “¿Qué más quieren?”, que no es otra cosa que decir “ya les dimos el monopolio del cable, les respaldamos judicialmente la nacionalización de su deuda, dejamos de hablar de los hijos choreados de la Señora, no le dejamos entrar a nadie en el mercado, les dejamos hacer lo que quieran en el resto del país, ¿y van por más?”.

También bien valdría la pena no caer en la demagogia de arrogarse una incomprobable representación de los intereses de las clases populares, que según otra falsedad, nunca se equivoca. Creo que ni hace falta exponer las barbaridades que llegaron a apoyar y dinamizar los pueblos. Pero si así fuera, además de caer en este error, se está justificando lo que se dice denostar, que son las vanguardias esclarecidas, porque el gobierno de Néstor Kirchner, no sería otra cosa ya que poco más del 70% de los argentinos no lo votó, y mucho menos son el minúsculo grupo que se moviliza espontáneamente en defensa del “gobierno popular” (¿?) y lo quieren comparar con las participaciones populares de antaño.

¿Qué actitud es más osada de vanguardia iluminada que un sector votada por una mayoría minúscula y se arroga la representación de intereses del pueblo?. En números concretos: de la clase empobrecida, es decir, aquellos a los que el pan les interesa por sobre todas las cosas, los votó menos del 50% de la clase a la que dice representar en totalidad. Ni hablar si, con una mínima aproximación, el grueso de los votos kirchneristas provienen de esos pueblos predominantemente agrícolas.

Pero es justamente en este punto al que va el eje del artículo. No es culpar al enemigo sino a los que temen que si se cae el gobierno de Kirchner “viene la derecha”, porque lo que dice la realidad, no el artículo, es que este es un gobierno de la derecha neoliberal y que usa a los muertos de la dictadura para decir que toda crítica al tren bala es estar en contra de la política de derechos humanos, toda oposición a la entrega de los recursos minerales es jugar a favor de los abogados de los represores, toda expresión contraria a la entrega de las empresas a empresarios amigos ahora viene a ser un apoyo irrestricto a Massera.

En realidad, Sr. Gil Ibarra, apoyar en los ’90 y ahora la entrega de YPF, negar el hambre, promover el saqueo minero, propiciar la “patria contratista” del eterno subsidio a la banda colindante al Estado, supeditar a todo el Congreso a los superpoderes de quien ejecuta la política económica, y configurar el país de América Latina donde la concentración de la riqueza avanza a pasos mucho más acelerados que en el resto de la región (tanto en lo material como en la renta) no es otra cosa que estar a favor del proyecto enajenador iniciado hace 32 años por Martínez de Hoz.

Si se beneficia Grobocopatel, la Barrick Gold, Pan American, el Club de París (a quién le vamos a pagar la deuda y comprarle la deuda para poner un tren que genera trabajo en Francia), a la banca privada, al capital financiero y timbero que no paga retenciones (único país que la renta accionaria no paga impuesto a las ganancias!), y que luego de la división internacional, una presidenta dice que “podemos ser una multinacional de alimentos” como expresión de deseo para el desarrollo nacional, Sr. Gil Ibarra, tiene razón, hay muchas conspiraciones en marcha y se ejecutan ahora.

Tal vez Sr. Gil Ibarra estas sean para usted minucias comparativas, pero el beneficio al capital concentrado es importante para las clases que piensan que el pan es importante.

Gabriel Martin

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El pan se lo lleva el dueño del circo (20/05/08)

(No el malabarista)

Por Enrique Gil Ibarra

(Respuesta a Gabriel Martin)

Bueno, Gabriel, no te enojes. En principio, quisiera aclararte que mi crítica no fue personal, sino política, y en todo momento (supuse que quedaba claro), me referí a vos como a un compañero. Me parece que tu insistencia en tratarme como “Sr. Gil Ibarra” pretende ser una descalificación encubierta, y lo lamento.

No comprendo porqué en tu respuesta traés a colación a Feinnman. Yo no lo mencioné para nada, y tampoco estoy de acuerdo con su posición.

En cuanto al tema de quién es responsable de una derrota, lo siento, no coincido con vos. Tal vez porque no coincido mucho con el dualismo de Descartes.
En ese paradigma, que separa totalmente al “observador” del “observado” seríamos máquinas “estímulo-respuesta” en los que nuestro accionar se basa no en la realidad, sino en lo que el observador “cree” que es la realidad. Por consiguiente, se modifica el accionar pensando que lo que pensamos es la verdad y que no hay otra posibilidad.

Prefiero el materialismo dialéctico. Si nos atenemos a él, la realidad (su potencialidad de cambio, que no tiene que ver con “posibilismo”) y no mis “deseos” deben guiar mis actos para modificarla. En ese marco, te diría que un marxista sólo pelea para ganar. Si es derrotado, el análisis erróneo fue suyo, la “culpa” (responsabilidad) también lo es. Esto por supuesto no le quita los “méritos” al enemigo, pero en el sentido de que supo aprovechar mis errores. Ergo: fue más inteligente que yo, lo cual no me disculpa para nada.

Por supuesto, lo de los aztecas con los españoles no es un ejemplo válido. No fueron los aztecas los que iniciaron la pelea.

En ningún momento afirmé que “toda oposición a los Kirchner” fuera “funcional a Carrió o Macri”. Eso es una tergiversación (que supongo involuntaria). Lo que escribí textualmente fue: “Pero los compañeros que evalúan ahora, desde una supuesta posición “revolucionaria” del peronismo que deben ser “antikirchneristas” a como dé lugar, no hacen otra cosa que brindar espacio a Macri, a Lilita y a la Sociedad Rural”.

Y agregué que “Basta observar quiénes concuerdan con su posición: la ultra derecha peronista y no peronista utiliza sus mismos argumentos, idénticas descalificaciones, similares pronósticos, análogas ‘esperanzas’ de que esto se acabe”.

Y esto, compañero Martín, lamentablemente es un hecho. Simplemente intenté llamar tu atención sobre lo siguiente: si en determinada coyuntura de la lucha de clases, la posición de un sector de la izquierda revolucionaria coincide con la de los sectores oligárquicos y proimperialistas, esa izquierda revolucionaria está errando el análisis coyuntural. Esto no quiere decir que se equivoquen en el diagnóstico global, sino que las tácticas están evidentemente equivocadas.

Tampoco concuerdo con vos cuando escribís “Sería básicamente decir que si no quiero que venga Bush tengo que apoyar a Saddam Hussein, o en el caso coreano, estar en Corea del Norte con Kim Il-sung porque la amenaza es peor”.

Te confieso que con tal que Bush no hubiera entrado en Irak yo apoyaba a Saddam. Sin duda alguna. Porque la realidad (ya no más “amenaza”) es peor. Y la realidad, amigo, no es algo que pueda desestimarse tan livianamente.

Mi respuesta iba destinada a reflexionar sobre la construcción de poder, como alternativa concreta a las “declamaciones” teóricamente “revolucionarias” que no están sustentadas en un respaldo popular concreto.

Esto no quiere decir que no acuerde individualmente con vos en muchas cosas de las que planteás. Por el contrario. Porque acuerdo en el planteo te digo que está mal formulado, porque lo hacés desde una posición de “observador”, y no de “modificador”. Tu postura no tiende a “modificar” el grado de compromiso de este gobierno con un proyecto nacional. Te limitás a decir: este gobierno es anti nacional e irrescatable. Punto.

Si esa es la realidad (y no niego que podría serlo) ¿Qué alternativas podés ofrecer para el pueblo argentino hoy? ¿Estás en condiciones de asegurar que tu visión es compartida por más gente que ese “exiguo” 3 de cada 10? Y si es así: ¿Por cual gente?

Es por esto que me permití esa respuesta. Porque lo que yo veo (que no tiene porqué ser lo que vos ves) es que los “dirigentes” que explícitamente comparten tu postura no son precisamente líderes populares, que pretenden la liberación, sino precisamente todo lo contrario.

Insistir en que al gobierno no lo votó “la mayoría” sino una “primera minoría” no tiene sentido, Gabriel. Así funcionan las democracias formales que supimos conseguir. Y sólo pueden denunciarse como fraudulentas cuando uno tiene detrás un número mucho mayor de seguidores, cosa que (hasta hoy) no ocurre, salvo que consideres “aliados tácticos” a toda la runfla Lilitosa y al gorilaje.

Por supuesto que eso no inhabilita para criticar duramente todo lo que consideres necesario. Y tampoco creo que esa crítica te coloque al lado de Massera. Ese es precisamente un ejemplo de lo que considero la “necedad” del gobierno que mencioné en mi nota. No obstante, no concuerdo en que este gobierno sea “la derecha neoliberal”. Por supuesto, si estuviéramos en los 70, sí lo sería. Pero en los 70 no había caído el muro, el mundo era bipolar, la globalización era un delirio impensable y nuestros pueblos latinoamericanos estaban en avance. La realidad ha cambiado y si queremos que cambie nuevamente, debemos partir de “esta” realidad y no de aquella.

Hacés referencia también a que es una falacia que “los pueblos no se equivocan”. No me resulta extraño que pienses eso, porque es un concepto absolutamente generalizado. Sin embargo, insisto. Lo que ocurre es que esas supuestas “equivocaciones” populares generalmente son “descubiertas” después, con el “diario del lunes”, y el análisis es efectuado por un “observador” que, con el mismo criterio que te mencionaba más arriba, se coloca “afuera” de ese pueblo, descontextualiza las condiciones operantes (las limitaciones de conciencia y organizativas populares) en el momento y lugar, y “soluciona” el supuesto “dilema” (otra vez Descartes), de una forma diferente al camino elegido por ese pueblo en ese preciso momento. Sin duda es sencillo evaluar la historia de esa manera. Pero no es real. Porque los pueblos no pueden ser analizados como “individuos”. Son sujetos “en función de” la sociedad en la que viven y actúan. Y sus elecciones (decisiones) son “en referencia a” los imperativos que los condicionan en una singular coyuntura, en un especial contexto. Claramente: las elecciones que realizaría un “individuo” que, por ejemplo, aceptara inmolarse en una determinada lucha en la que cree, o atacando algo en lo que no cree, no son automáticamente traspolables a una sociedad o a una clase que, como conjunto, tiene como principal objetivo su supervivencia.

Como siempre, y en esto sí te doy la razón, el problema es el nivel de conciencia (colectiva) que, en definitiva, es directamente proporcional a la construcción de poder popular.

Finalmente, las minucias son minucias, y estoy seguro que tanto vos como yo tenemos claro eso. Para todos nosotros lo importante es el pan, con todo lo que ese concepto figurativo que empleé implica: Libertad, Justicia, Soberanía. A lo que me refería con mi malinterpretada frasesita “No confundamos el pan con el circo” es que en el circo hay magos, malabaristas, payasos, en fin, hacedores de ilusiones. Todos ellos trabajan para el patrón, y la mayoría están mal pagos. Mi pelea es con el patrón, no me interesa cambiar de malabarista.

Enrique Gil Ibarra
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Barrientos, ¿brazo social del golpismo eclesiástico? (22/05/08)

(Respuesta a Enrique Gil Ibarra)

“Si en determinada coyuntura de la lucha de clases, la posición de un sector de la izquierda revolucionaria coincide con la de los sectores oligárquicos y proimperialistas, esa izquierda revolucionaria está errando el análisis coyuntural. Esto no quiere decir que se equivoquen en el diagnóstico global, sino que las tácticas están evidentemente equivocadas”

Estimado Sr. Gil Ibarra, este es el punto crucial, primario, detrás queda las responsabilidades que jamás negué tenga el derrotado, simplemente le adjudico el mérito correspondiente al enemigo triunfante, quedará para otro momento qué es lo que presupone hoy la “lucha de clases” si no caemos en la trampa de ingresar al laboratorio del marxismo y tirar la llave por el excusado como hacen todos los días la izquierda portuaria (casi digo nacional, una barbaridad).

Si le parece en otra coyuntura más electoral podríamos discutir quién le hizo el juego a Macri, si fue Vilma Ripol o la “capacidad” de construcción política del “bolche” Alberto Fernández. De todos modos dudo que se permitan en el kirchnerismo ese debate. Ya sabe usted que las críticas son funcionales a la derecha y contra el “modelo redistributivo y de de derechos humanos” (¿?) si se manifiestan estos temas en víspera de una elección, o es una máquina de impedir si es durante los primeros seis meses de un gobierno, o golpista desestabilizador en el resto del período, entonces bajo esta teoría oficial, si uno no está a los pies del gobierno, siempre se está con el golpismo.

Que quede claro, esto no se lo endilgo a Usted, no creo que caiga en un argumento tan chiquito. Pero no se puede negar que es el argumento oficial, esgrimido esta semana por Hugo Moyano.

Sabrá también, ya que seguramente mantiene un fluido contacto con las realidades de los grandes centros urbanos, que desde hace meses los comedores reciben más y más personas, y en el conurbano reabren muchos que habían cerrado, y tienen que asistir a los pobres desaparecidos de los índices oficiales, que como bien marcó, luchan por el pan. Lo que espero es que no acusen a Margarita Barrientos, cuyo comedor Los Piletones conoce CFK porque se sacó la foto de rigor de campaña, de estar conjurada con el Opus Dei en la ultraderecha católica para desestabilizar al gobierno.

No es un argumento puesto por poner Sr. Gil Ibarra. Porque si la cuestión es simplificar la consigna y cuando dos sectores antagónicos coinciden (suponiendo que las clases son estáticas y homogéneas), y esto es algo que pongo bastante en duda si hay coincidencias de fondo, hoy la Iglesia y una militante de base, que le da de comer a pibes que se cagan de hambre, están en un frente contra los Kirchner.

Ante este punto mi interrogante es básico, rayano con lo fronterizo: ¿Quién coincide con los intereses del capital financiero?

Como bien marca, a cada uno su responsabilidad. Al gobierno que está hace más de cuatro años también. ¿De qué lado está este Gobierno? Pero en serio lo pregunto, porque la pobreza creció, la precariedad laboral también, le pagamos más a los organismos internacionales, la Justicia “renovada” lo cita a Telerman por decir que es Licenciado pero en una obra de infraestructura se chorean más plata que en la causa IBM-Banco Nación, confesado por los sobornadores, y hacen lo posible por cajonearla, el patrimonio del porcentual más rico se escapa del fondo dieciséis veces más rápido que el promedio mundial (en criollo, se la llevan más rápido acá que en otro país).

Cuando veo a CFK recibir al evangelista Luis Palau y los tobas de Santiago del Estero y el Chaco esperaron al pedo en Plaza de Mayo que los reciba un funcionario de cuarta, permitame dudar.

Le ruego, ahorrémonos decir que este enunciado encierra un artilugio demagógico. Porque toda crítica a la concentración financiera y monopólica impulsada y propiciada por este Gobierno es tildada de crítica a la “política de Derechos Humanos”.

Y no vayamos a poner la contradicción a ese punto, la cuestión no es decidir estar con Saddam para que no llegue Bush porque sabe que ese no es el planteo.

Precisamente su contradicción está en que me atribuye que yo no hago nada por modificar el grado de compromiso de este Gobierno con un proyecto nacional y también me dice que critico al enemigo por ser enemigo. Precisamente no le puedo pedir a un gobierno que no tuvo un proyecto nacional, salvo el de “argentinizar” las corporaciones privadas con socios argentinos, que precisamente lo tenga.

Nota al margen: los datos de los votantes de este gobierno no son un dibujo personal, están disponibles en la Justicia electoral, del total del padrón. Sería más frontal, y mejor para el debate que no ponga lo que no dije. En ningún momento dije que este Gobierno sea producto de un fraude electoral, simplemente dije que las mayorías que representa no son tan “mayorías” y en eso están los números.

Si digo que este gobierno, ante elecciones harto dudosas en Córdoba dijo que un presunto fraude electoral para la gobernación “no es un problema federal”, ergo, no incumbe al país. Palabras de Néstor. ¿Acaso no se había cortado la luz en el centro de cómputos cordobés con Schiaretti perdiendo y cuando volvió la luz estaba ganando? Igualmente está justificado ya que Juez se sacó la foto con Carrió.

Hablando de dibujos, tampoco me ponga al lado de los escandalizados con Guillermo Moreno. Me importa bastante poco lo que haga Moreno y el Indec, en definitiva pelean con un error que en su oportunidad, hace cuatro años marqué, y fue atar bonos a inflación, porque las corridas inflacionarias existieron siempre y fue una decisión tan acertada como caminar en tanga por un callejón a las tres de la mañana. Lo que sí hacen modificando los datos es dejar fuera de la asistencia a tres millones de pobres no incluidos, ni ajustar las jubilaciones mínimas que están bajo la línea de indigencia. ¿De que lado están estos datos?

El campo nacional siempre apoyó la creación de Lafsa o Enarsa, jamás reprivatizarla en empresarios aliados (los otros tampoco se mostraron tan enemigos).

Cuando estamos discutiendo un modelo, la cuestión es si se está del lado del capital concentrado o del lado del que pasa hambre. Este Gobierno claramente está con los primeros. Y mi pelea compañero, es con el dueño del circo y también con los gobernantes, malabaristas de ese poder, y más payasos.

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Hay una discrepancia central (23/05/08)

(Respuesta a Gabriel Martin)

Gabriel, ante tu insistencia en tratarme de “señor” dejaré de tutearte, ya que parecen gustarte las formalidades. De manera que:

Sr. Martín, me alegra que considere que una de mis frases es el verdadero punto del debate. Lamento entonces que no la haya comprendido en absoluto y reemplace una respuesta ideológica (que yo esperaba) por una serie de chicanas disimuladas y datos ciertos, pero inconexos, transformando esta discusión en una competencia para demostrar quién es más revolucionario (emulación que francamente no me interesa).

Con respecto a la necedad maniquea del gobierno, que yo mismo explicité en mi primera nota de respuesta, no tengo nada que agregar. Usted insiste en el punto como si ello fuera de importancia capital, cuando no tenemos diferencias al respecto. Sin embargo, y como parece no haber quedado claro, se lo reitero: tiene razón en eso.

En referencia a la compañera Margarita, su párrafo me parece simplemente una humorada que pretende ser irónica. Siempre consideré a Margarita Barrientos como una digna y activa integrante del campo popular. No sabía que había reabierto su comedor pero, si lo hizo, sólo puedo aplaudir su constancia y su conciencia solidaria. Lo que no creo es que su ironía esté justificada, ya que sería absurdo relacionarla con el antikirchnerismo, el Opus Dei, y las conspiraciones golpistas. Estoy seguro que nadie la ha acusado de nada, y no me parece que ella haya salido por los medios a manifestarse a favor de la oligarquía sojera o de la Sociedad Rural. Sinceramente, Sr. Martín, sí pienso que el suyo es un argumento “puesto por poner”.

Usted se interroga: “… mi interrogante es básico, rayano con lo fronterizo: ¿Quién coincide con los intereses del capital financiero?”

Lamento que aún no tenga clara la respuesta, se la ofrezco con gusto: Todo gobierno o sector social que no coincide con un cambio estructural que incluya -por ejemplo- la socialización de la propiedad privada, la nacionalización de la banca y de la producción estratégica y muchos otros ítems que sería largo detallar aquí pero que los peronistas resumimos en Justicia social, Soberanía política e Independencia económica, objetivamente (sea conciente de ello o no) sostiene los intereses del capital financiero multinacional.

Pero esto tampoco era motivo de discusión, me parece. A esta altura, Sr. Martín, me pregunto si Usted se ha tomado siquiera el trabajo de leer detenidamente mis dos notas, como yo lo he hecho con las suyas.

Hay afirmaciones que Usted realiza, Sr. Martín, que no puedo menos que considerar aventuradas. Dice que con este gobierno “la pobreza creció” y “la precariedad laboral también”. ¿Lo está planteando seriamente? ¿Con qué época lo compara usted? ¿Con Menem o con De La Rúa? Y conste que yo tampoco creo en los cálculos actuales del INDEC.
Pero por favor le pido que no deduzca de este comentario que yo pienso que es suficiente con esto. Por el contrario, al igual que usted, estoy convencido que este gobierno tiene, no la posibilidad, sino la obligación de hacer mucho más. Simplemente, no le exigiré hoy –como usted podría hacer- a Cristina Kirchner que nacionalice la banca extranjera porque –le reitero- sé que ella no defiende un “socialismo nacional”, sino que cree en un “capitalismo humano”. Como también sé –al igual que Usted, Sr. Martín- que ese estilo de capitalismo no existe, hago lo posible para que este gobierno tome conciencia de ello y –organización popular mediante- adopte, le guste o no, las medidas correctas (peronistas) que nos pueden llevar a una patria liberada e independiente.

Con referencia a Bush y Saddam, le recuerdo que yo no puse ese ejemplo. Usted lo hizo, y en sus palabras elegía no estar con ninguno de los dos, es decir, se quedaba “en el medio”. Por el contrario, yo elegía estar con el pueblo de Irak, defendiendo a Saddam contra una invasión extranjera. Es, sin duda, una diferencia ideológica importante entre nuestras dos posiciones. Usted sigue manteniendo el viejo apotegma de “cuanto peor, mejor”, suponiendo que eso acelera las contradicciones, y yo elijo (aunque sostengo que el pueblo no se equivoca) la antigua frase del gallego Soto en 1920: “Prefiero equivocarme con el pueblo, que tener razón sin él”.

Sr. Martín, no se preocupe. Del único lado que yo lo pongo a usted es del lado del pueblo, tal como le escribí desde el principio. Nuestra divergencia puede atribuirse a muchas cosas, y tal vez las más importantes sean las etarias y de formación.

Mi conclusión es que, mientras yo considero que la liberación de nuestra patria es nacional y social (en ese orden), usted -aunque no lo sepa- piensa que es social y nacional.
Por consiguiente, como yo creo que hay una contradicción principal (imperialismo/nación) y contradicciones secundarias, creo también en que esas contradicciones secundarias no deben anteponerse (tampoco minimizarse) a la lucha contra el enemigo principal. Le reitero: no se preocupe. Es una vieja discusión que ya sosteníamos con los compañeros hace más de treinta años, y solamente la historia logrará saldarla.

Creo que si coincidimos en esto (en la discrepancia central) no existen motivos para continuar esta discusión.

Finalmente, concuerdo con usted (desde el primer momento) en que la opción es clara: “se está del lado del capital concentrado o del lado del que pasa hambre”.
Los métodos a utilizar en este combate son los que determinarán si somos lo suficientemente capaces para vencer al enemigo. Usted me escribe: “mi pelea compañero, es con el dueño del circo y también con los gobernantes, malabaristas de ese poder, y más payasos”.

Como veo una arriesgada simultaneidad en sus objetivos de conflicto, como humilde sugerencia me permito sintetizarle burdamente a Von Clausewitz: elegir el enemigo, intentar dividirlo, elegir los aliados, elegir el momento y el lugar, atacar sólo cuando se esté seguro de vencer.

Atentamente

Enrique Gil Ibarra

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