
La
lógica especulativa de la clase dominante argentina*
Lic. Alberto J. Franzoia
Hace casi un año, durante el desarrollo del programa Hora Clave en su editorial
del domingo 24 de abril, el Doctor Mariano Grondona nos sorprendió con un
descubrimiento que atrasa varias décadas. Preocupado por la actitud asumida en
ese momento por Amalita Fortabat al desprenderse de las acciones de la empresa
de cemento Loma Negra, formuló la siguiente hipótesis: "el empresariado
argentino no tiene un comportamiento burgués sino rentista". En esas
circunstancias resultaba evidente que este veterano periodista, abogado y, como
buen conservador, aficionado a la filosofía clásica griega, nunca leyó los
estudios históricos producidos desde la izquierda nacional (1) o los trabajos
sobre el comportamiento económico y social de esta clase realizados por el gran
exponente del pensamiento nacional y democrático, Arturo Jauretche (2). De
haberlo hecho hubiera arribado a dicha conclusión hace unas cuantas décadas.
Grondona recordaba en su editorial que en tiempos difíciles para la clase
analizada se solía comentar "si viene el comunismo nos vamos para la estancia",
con lo que querían expresar la seguridad que les genera este reducto dedicado a
la producción de renta agraria. El disertante es un conocedor del tema ya que
desde sus inicios se ha desempeñado como intelectual orgánico de este
"empresariado rentista" al que preferimos denominar por su composición y
comportamiento oligarquía, sin embargo, fiel a la función que debía cumplir, se
encargó durante su larga trayectoria en los medios "informativos" de ocultar el
carácter contrario a la lógica burguesa que ha manifestado permanentemente la
clase que representa.
Pero junto a su inesperada hipótesis planteaba una de sus
justificaciones más conocidas: "esta clase ha sido perseguida por un Estado que
desconfía del capital", sobretodo cuando es conducido por algún peronista que se
toma en serio aquello de "combatiendo al capital", de allí que la especulación
sea el camino más transitado por una clase que no desea asumir los riesgos
burgueses, tal como ocurre en los países del primer mundo e "inclusive en Brasil
o Chile". Nuevamente, como ocurre cada vez que escuchamos o leemos sus
discursos, debemos contradecir al autor ya que la justificación es falsa. Porque
si las cosas hubieran ocurrido así no se entiende por qué en el período de oro
del liberalismo, cuando el país era la granja productora de alimentos para el
mundo, no se favoreció un desarrollo integral invirtiendo la fabulosa renta
obtenida en aquellas áreas que garantizan el surgimiento de una economía
autosostenida. En esa etapa el Estado no podía perseguir a la clase que
representaba (sobretodo antes de 1916), y lo mimo podría afirmarse de la década menemista en la que contaron con todo tipo de garantías económicas, políticas y
jurídicas.
Hoy, ante el conflicto que se ha desatado con sectores agrario, Grondona que
además de desempeñar actividades intelectuales tiene sus propias hectáreas de
tierra, vuelve a justificar el comportamiento de estos “abnegados productores”
considerándola la respuesta adecuada a tanta persecución estatal. Sin embargo,
quienes hemos revisado nuestra historia desde la perspectiva de la izquierda
nacional, aplicando el materialismo histórico y dialéctico a la especificidad de
nuestro contexto, sabemos que la oligarquía ha sido siempre una clase
capitalista pero no burguesa. Ha producido para el mercado pero no ha maximizado
sus beneficios a partir de la reinversión productiva sino especulando, por lo
que no resulta casual esta disyuntiva coyuntural que se nos presenta entre
estimular la exportación de carnes o inhibirla para favorecer el consumo
interno.
En los países desarrollados la gran diferencia pasa por la presencia como clase
dominante, de una burguesía que al multiplicar sus ganancias como consecuencia
de la inversión constante en el circuito de la producción (circuito en el que
obtiene la plusvalía), genera un desarrollo permanente de las fuerzas
productivas. Ese mismo comportamiento es el que determina que en cierta etapa
del desarrollo resulte necesario expandir las inversiones hacia la periferia
para mantener una alta tasa de ganancia, es decir, el capitalismo nacional se
transforma en imperialismo. Y al adquirir dicha característica le resulta
imperioso crear vínculos orgánicos con las clases parasitarias de las regiones
receptoras, con el objetivo de garantizar la generación de plusvalía a través de
la explotación de los oprimidos del mundo dependiente, pero con un crecimiento
de las fuerzas productivas lo más limitado posible, para evitar el surgimiento
de competidores no deseados. Las oligarquías especuladoras captan una parte de
esa plusvalía que les permite vivir con lujos, pero la porción más significativa
va hacia donde se localizan los eslabones principales de la cadena: las
burguesías de los países opresores.
Sin embargo, si bien la especulación es la principal característica del
comportamiento de clase de la oligarquía, sería un error plantear que esta se
realiza sólo sobre la propiedad de grandes extensiones de tierra fértil. En
realidad este comportamiento tiene como constante la necesidad de una masa de
capital líquido disponible para invertir en aquellos sectores de la estructura
económica que puedan generar un beneficio inmediato con escaso o ningún riesgo
(3). La estancia fue la primera manifestación del comportamiento histórico de la
oligarquía pero de ninguna manera el único. Hay tres etapas complementarias y
fundamentales que deben considerarse:
1. Predominio de la oligarquía terrateniente. Esta primera etapa podríamos
definirla como clásica para la Argentina, ya que su fundamento es la
especulación con la renta diferencial de la tierra. Su vigencia plena se da
entre las últimas décadas del siglo XIX y la crisis del 30. Es el período en el
que nuestro país se inserta en la división internacional del trabajo como
productor de materias primas y alimentos, consolidándose la alianza entre la
oligarquía autóctona y la burguesía exportadora de productos con alto valor
agregado de las naciones que por entonces se constituían como imperialistas.
2. Predominio de la oligarquía industrial. Como consecuencia de la crisis del 30
y de la Segunda Guerra se va constituyendo junto a sectores de la mediana y
pequeña burguesía nacional, un sector en la industria privilegiado, que maximiza
sus beneficios especulando con el control monopólico de ciertas áreas del
mercado pero no expandiendo la producción, por lo que no constituye una
verdadera burguesía. Muchos de sus integrantes pertenecen a las familias
terratenientes o se vinculan por lazos familiares con ellas. Con la llegada del
peronismo al poder las dos manifestaciones de la oligarquía encuentran serias
dificultades para operar como en los años anteriores. Pero a la caída del
movimiento popular y con la entrada masiva de las multinacionales de la
industria desde fines de los 50, se afianza el vínculo entre la oligarquía y el
capital extranjero en el mercado industrial a partir de una concepción
desarrollista.
3. Predominio de la oligarquía financiera. Esta tercera etapa se inicia con la
gestión económica de Martínez de Hoz, pero había tenido una avanzada con el
recordado Celestino Rodrigo durante el gobierno de Isabel. El comienzo de la
desindustrialización como consecuencia de una política neolibral y antiobrera,
va acompañado por un crecimiento desmesurado del sector financiero nacional que
se integra en el expansivo circuito internacional. Así como la fracción
financiera de la burguesía de los países dominantes adquiere una supremacía
relativa, el sector de mayor concentración de capital de la oligarquía junto a
unos pocos grupos nuevos que se desarrollan a la sombra del proceso
cívico-militar, maximizan sus ganancias especulando con el dinero y
complementando dicha actividad a través de fabulosos contratos que realizan con
el Estado. Fortabat ha sido uno de los grupos beneficiado por dichos contratos,
ya que hay mucho cemento de Loma Negra en construcciones como el Teatro
Argentino de La Plata o los estadios mundialistas de 1978. La democracia
instalada a partir de 1983 no modificó sustancialmente el panorama, por el
contrario, durante la década menemista la patria financiera se consolida, como
lo demuestra la expansión sistemática de la deuda externa y el gran crecimiento
de la banca en desmedro de toda actividad industrial nacional; por otra parte la
política antiobrera alcanza su consumación plena gracias a la colaboración
prestada por la CGT oficial. Además, se inicia la privatización de los servicios
públicos que pasan a manos de la burguesía imperialista y de la oligarquía.
Durante la gestión aliancista de un personaje paradigmático de esta tercera
etapa, el "técnico" Cavallo, se coloca la frutilla del postre con el
congelamiento de los depósitos bancarios, luego viene la pesificación, con lo
que se opera una nueva transferencia de recursos hacia los sectores nacionales y
extranjeros que crecen a través de la lógica especulativa que adopta el
capitalismo en el área de los países dominados.
Si bien esta esquematización no agota ni mucho menos la historia de la clase
analizada, permite captar una constante de su comportamiento que no tiene como
único fundamento la estancia, aunque en coyunturas como la actual reaparezca en
el centro de la escena, sino la posesión de un capital líquido disponible que se
invierte de acuerdo a las distintas posibilidades sin riesgo que ofrece el
mercado. La composición de la oligarquía se ha ido modificando con el paso del
tiempo; algunos se convirtieron en los "primos pobres" al carecer de la agilidad
que requiere una economía cambiante, otros se incorporaron recién en distintos
momentos del período financiero, pero existe un núcleo aglutinante y altamente
homogéneo que se desempeñó a lo largo de las tres etapas consideradas. La
constante presencia de esta clase y su desarrollo adaptado a las diversas
coyunturas, contrasta notoriamente con una burguesía insuficiente en su mejor
momento e insignificante con demasiada frecuencia, que presenta entre sus
principales carencias una escasa o nula conciencia de clase, como bien lo
plantea Jauretche cuando analiza “el medio pelo”.
Cierta inversión en el circuito productivo, no ha constituido una expresión de
comportamiento burgués, ya que los beneficios obtenidos nunca se reinvierten en
el mismo circuito para incrementar las ganancias generando un desarrollo
sostenido de las fuerzas productivas, sino que se mantienen dentro de la lógica
de la especulación a través de las posibilidades cambiantes de un mercado
dependiente, subordinado al eslabón principal de la cadena: la burguesía de los
países dominantes. Es decir, no resulta suficiente ser propietario de medios de
producción industriales para constituirse como burguesía, además, es necesario
obtener el beneficio como consecuencia de una lógica realmente productiva y no
especulativa como ha ocurrido con nuestra clase dominante. Si la coyuntura en el
sector industrial es muy favorable (cuando está asegurada la falta de
competencia y el apoyo estatal garantiza privilegios) la oligarquía puede
invertir, pero los beneficios obtenidos no suelen regresar al circuito en el que
fueron gestados para ampliarlo, sino que se derivan hacia aquellas formas de
especulación que resultan más lucrativas en el corto plazo, por lo que la
posibilidad de un desarrollo autosostenido se convierte en una quimera. Allí
esta expresado en esencia el comportamiento histórico de esta clase no burguesa,
que la vuelve, por lo tanto, tan permeable a los intereses de la burguesía de
los países dominantes.
Cualquier estudio económico medianamente serio, puede aportar suficientes datos
que desmienten la persecución estatal como factor desencadenante de la lógica
especulativa seguida a lo largo de nuestra historia. Si muchos de los
"científicos y técnicos" que se han instalado en los medios de comunicación,
demostraran un compromiso real con la investigación, podrían comprobar como
Fortabat, pese a ser uno de los grupos más favorecidos durante las últimas
décadas por el Estado, ha recurrido sistemáticamente a maximizar sus beneficios
evitando todo tipo de comportamiento productivo a largo plazo. Amalita nunca
pagó, por ejemplo, el canon por la concesión del servicio ferroviario (Ferrosur
Roca S.A.) y ni siquiera cumplió con las inversiones que había prometido para
ganar la licitación, a tal punto que la Auditoría General de la Nación determinó
en su momento que Ferrosur no estaba en condiciones de devolver la totalidad de
los bienes que el Estado le otorgó en concesión (4). Un comportamiento similar
ha tenido el grupo Techin en su asociación con Soldati (Ferroexpreso Pampeano).
La lógica "empresarial" de estos representantes de los sectores más parasitarios
de nuestra economía, ha favorecido una reducción en dos tercios de la red
ferroviaria, instrumento, como se sabe, indispensable para articular una
economía nacional. ¿Qué decir del comportamiento de la oligarquía agraria que
viene especulando desde la existencia misma de la nación? Durante un buen
periodo dejaron la centralidad de la escena, pero ahora que los precios
internacionales y el valor interno del dólar renuevan el muy apetecible
beneficio generado por las exportaciones de carne o de nuevos cultivos como la
soja, la lógica especulativa contraria a los intereses del pueblo argentino
vuelve a ser notoria. Por lo tanto, asumimos que la clase social dominante en la
Argentina nunca ha sido realmente burguesa, o en su defecto, tendríamos que
redefinir el concepto, ya que tal como suelen utilizarlo sus intelectuales
carece de toda correspondencia con la práctica observable.
La Plata, abril de 2006
*Este artículo se produjo a partir de la actualización de otro que publicamos
tanto en Reconquista Popular como en Investigaciones Rodolfo Walsh durante 2005,
cuyo título es “Mariano Grondona y la ley de la gravedad”. Fue publicado en
“Reconquista Popular” y en “Conozcamos la historia”.
(1 )Ramos Jorge Abelardo: “Revolución y Contrarrevolución en la Argentina”,
cinco tomos, Editorial Plus Ultra, 1973. Para el tema considerado es fundamental
el tomo: “Del patriciado a la oligarquía”, primera edición en 1957.
Madariaga José Luis: “Introducción al socialismo”, Editorial Octubre, 1974.
Partido de la Izquierda Nacional: “Socialismo y Liberación Nacional”, 1983.
(2) Jauretche Arturo: “El medio pelo en la sociedad argentina”, Editorial Peña
Lillo, primera edición en 1966.
(3) Esta hipótesis es sostenida por Jorge Sábato y Jorge Schwarser en
“Funcionamiento de la economía y poder político en la Argentina”; en Rouquié:
¿Cómo renacen las democracias? Emecé 1985. Si bien consideramos que el análisis
representa un aporte significativo para comprender el comportamiento histórico
de la oligarquía, incurre en el error de no considerar los vínculos de esta
clase con el imperialismo.
(4) Klipphan Andrés: “La insaciable”, revista Veintidós, agosto de 1999.
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