El
Incidente de la Tajada de Sandía, primera insurrección antinorteamericana en
Panamá
Por Olmedo Beluche (*)
(Rebanadas de Realidad - Panamá, 15/04/08) - El 15 de abril de 1856 se produjo
la primera insurrección popular panameña contra la presencia norteamericana.
Hecho de dimensiones históricas que ha pasado a conocerse como El Incidente de
la Tajada de Sandía, y que tuvo como saldo 14 norteamericanos y un francés
muertos, y 18 heridos; mientras que por el lado panameño murieron 2 personas,
con media docena de heridos; además de la destrucción de propiedades
extranjeras, en particular de la Panama Railroad Company.
El suceso se inició cuando un norteamericano, de nombre Jack Oliver, y apodado
New York Jack, tomó un pedazo de sandía del puesto atendido por el pariteño José
Manuel Luna y no lo quiso pagar. Ante el reclamo de Luna, Jack respondió con la
conocida frase yanqui: "bésame el culo". A lo cual el frutero le dijo
sabiamente: "Cuidado, aquí no estamos en Estados Unidos, págame el real y
estamos al corriente".
Uno sacó su cuchillo y el otro su pistola. Se arremolinó la gente por bando y
bando, pues ese día había cerca de 1,000 norteamericanos en ruta a California
traídos por la llamada "Fiebre del Oro". La gresca fue subiendo de tono y para
el atardecer se había convertido en una pequeña guerra, en la que el pueblo de
los arrabales de la ciudad, apoyado por la gendarmería panameña, acorraló en la
estación del ferrocarril a los norteamericanos, quienes atrincherados respondían
con armas de todo calibre, incluso un pequeño cañón.
Al final, se impuso el pueblo, las autoridades y las leyes nacionales y a los
sobrevivientes se les permitió partir. Pero se abrió un proceso judicial con
ribetes internacionales que, al cabo de los años, terminó con el pago de una
indemnización de más de 400 mil dólares por parte del gobierno de Colombia, de
la cual Panamá era una provincia, al gobierno de Estados Unidos
La pregunta clave respecto al Incidente de la Tajada de Sandía es: ¿Qué factores
se conjugaron para producir aquel estallido social del pueblo panameño contra la
presencia norteamericana? El historiador Aims McGuinness ("Aquellos tiempos de
la California") nos aporta tres elementos decisivos.
1. La pérdida de los panameños del control y los beneficios de la ruta
transístmica:
Hay que ir un poco atrás en el tiempo para comprender el suceso. El istmo de
Panamá siempre ha sido un paso obligado de viajeros del Caribe al Pacífico, del
Norte al Sur de América y viceversa. La zona de tránsito tuvo un período de
esplendor bajo la colonización española, a partir del "descubrimiento" del Mar
del Sur por Vasco Núñez de Balboa. En especial cuando se inició el saqueo del
oro y la plata del Perú y lo que hoy es Bolivia.
Pero aquel esplendor colonial llegó a su fin hacia finales del siglo XVII e
inicios del XVIII, cuando reiterados ataques de piratas ingleses motivaron al
imperio español a dejar de lado la ruta por Panamá en beneficio del río La
Plata. Para mediados del siglo XIX, el Istmo llevaba siglo y medio de decadencia
demográfica y cultural, salvo algún comercio de mercancías inglesas provenientes
de Jamaica rumbo al sur. De este período data la expresión lanzada por Rufino
Cuervo: "El que quiera conocer a Panamá que corra porque se acaba".
Pero el expansionismo norteamericano vino a cambiar las cosas. Entre 1845 y 48,
Estados Unidos se extendió hacia el oeste tragándose la mitad del territorio
mexicano a punta de pistola. Y, casi por casualidad, hacia 1848 se descubren
importantes yacimientos de oro en California, naciendo la llamada "Fiebre del
Oro", debidamente incentivada por el gobierno norteamericano, para forzar la
migración de decenas de miles que colonizaran el lejano oeste.
A California se podía llegar atravesando el territorio norteamericano, con todas
las dificultades que muestran las películas de vaqueros. Pero había una ruta más
rápida, aunque tampoco exenta de dificultades por Nicaragua y por Panamá. De
manera que, el inicio de la Fiebre del Oro produjo un renacimiento de la zona de
tránsito. Decenas de miles de viajeros empezaron a llegar a nuestras costas
volviendo a reactivar el transporte en botes por el río Chagres y de mulas por
el antiguo Camino de Cruces.
Incontables testimonios de la época señalan lo inhóspito del clima, los peligros
del camino, la falta de alojamientos y restaurantes. Pero, mal que pese, al
inicio todo el negocio, con su correspondiente inflación de precios, estuvo en
manos de los habitantes del Istmo. Esto fue cambiando, pues los empresarios
norteamericanos se dieron cuenta que podían "hacer su agosto" y empezaron a
abrir sus propias instalaciones. Por ejemplo, se dice que el poblado de Chagres,
creció como dos pueblos diferentes, uno a cada orilla del río. Las chozas de
paja de los panameños, de un lado, y un moderno pueblo con hoteles, cantinas y
casinos, del otro, controlado por norteamericanos.
En 1850, el general Tomás Herrera atisbaba el problema en ciernes: "Chagres,
Gorgona, Cruces y Panamá progresan extraordinariamente y sólo se sufren las
molestias que de vez en cuando ocurren entre los norteamericanos y los hijos del
país. Parece que los naturales han reconocido ya la necesidad de obrar con
energía. Esto es bueno, pero temo que el Gobernador y demás autoridades no
proceden con celo y energía se forme una, cuyos resultados pueden ser de
funestas consecuencias" (Araúz, C. y Pizzurno, P. "El Panamá colombiano").
El control principal de la ruta transístmica a manos de empresas norteamericanas
se dio cuando en 1848 el gobierno de la Nueva Granada firmó con la Pacific Mail
Steamship Co. el contrato para la construcción de un ferrocarril, creándose la
Compañía del Ferrocarril de Panamá. La obra se inició en 1850, inaugurándose por
tramos, quedando completamente abierta para enero de 1855 (Araúz y Pizzurno).
De modo que los actores principales del Incidente de la Tajada de Sandía son
elementos populares que se sentían desplazados del negocio por la Compañía del
Ferrocarril. Aims McGuinness da cuenta de múltiples quejas al municipio, entre
ellas de los boteros de la ciudad que perdieron sus negocios con el vapor
Taboga, propiedad de una de estas empresas norteamericanas.
De ahí que la sublevación popular identificara con claridad a la Compañía del
Ferrocarril como causante de sus miserias, recibiendo la furia del arrabal. Era
la confirmación de lo que ha sido la triste historia panameña: el control de
nuestro principal recurso, la posición geográfica, a manos extranjeras.
2. La conciencia política del arrabal y la revolución liberal:
Aims McGuinness nos aporta otro elemento clave para la comprensión de los
sucesos: la revolución liberal de mitad del siglo XIX. La Revolución de 1848 en
Europa tuvo indudables consecuencias en la Nueva Granada (Colombia), la
principal fue la irrupción en el gobierno del liberalismo radical, también
llamado "Draconiano".
Los gobiernos liberales que se sucedieron en aquella época aportaron una serie
de reformas sociales y políticas de positivas consecuencias: eliminación de la
esclavitud, voto universal masculino, federalismo, etc.
En Panamá el liberalismo colombiano tuvo un bastión importante, destacándose la
figura de Justo Arosemena, inspirador del federalismo, no sólo panameño, sino
luego extendido a todos los Estados Unidos de Colombia. Pero hubo sectores mucho
más radicales, asentados en el arrabal de Santa Ana, que dieron origen al
llamado "liberalismo negro", cuyo líder histórico fue Buenaventura Correoso.
Según McGuinness, esto forjó una conciencia de sus derechos entre esa población
pobre de la ciudad de Panamá, y llevó al ejercicio de importantes cargos
públicos a gente de "color". Lo cual chocó con el racismo consuetudinario y el
desprecio que los norteamericanos sentían por la población istmeña. Aims da
cuenta de una carta firmada por centenares de viajeros norteamericanos
quejándose ante el gobierno de Colombia porque autoridades negras o mulatas les
obligaban a cumplir las leyes del país.
No olvidemos que, para esa época, en la mente de los yanquis gobernaba la
filosofía del Destino Manifiesto, por la cual los norteamericanos se creían
llamados por Dios para llevar la civilización a los bárbaros (hoy le llaman
"democracia"). Y que la eliminación de la esclavitud en Norteamérica todavía
tardaría unos 20 años más.
Este choque entre dos visiones distintas, entre una población marginada que
había adquirido plena conciencia de sus derechos y unos migrantes cargados de
prejuicios es otro de los combustibles sociales que hicieron ignición el 15 de
abril de 1856.
3. El filibusterismo y la unidad latinoamericana:
Desde la debacle del imperio colonial español, con las guerras de independencia,
a inicios del siglo XIX, Centroamérica, y en particular Nicaragua y Panamá, eran
vistas con codicia tanto por Inglaterra como por la emergente potencia
Norteamericana. Ambas naciones eran concientes que el control del Istmo
catapultaría sus intereses comerciales.
Hacia la década de 1840, Inglaterra parecía el principal peligro pues había
iniciado un proceso de influencia y colonización sobre todo el Caribe
centroamericano, desde Belice, pasando por Nicaragua, hasta lo que hoy es la
provincia de Bocas del Toro en Panamá. Aquí inclusive habían movido sus fichas
con algunos capitalistas que oficiaban de agentes comerciales de los ingleses
para proponer en diversos momentos la creación de una ciudad "anseática", es
decir, separarla de la soberanía neogranadina para, en nombre de una falsa
autonomía, sujetarla a Inglaterra cuya cabeza de playa se hallaba en Jamaica.
Diversos incidentes con los ingleses, por entonces la principal potencia naval
del mundo, llevaron a la diplomacia neogranadina a firmar, en 1846, el nefasto
Tratado Mallarino-Bidlack, por el cual la Nueva Granada ofrecía a Estados Unidos
paso libre de impuestos a cambio de que sirviera de garante a su soberanía sobre
el Istmo de Panamá. La intención inicial era que el tratado sirviera de
contención a los intereses expansionistas de los ingleses, los cuales se verían
confrontados con los norteamericanos. Pero a la larga fue una mala jugada que
dio pie al intervencionismo norteamericano.
Muchos historiadores panameños, interesados en justificar los hechos del 3 de
Noviembre de 1903, inventando un inexistente movimiento nacionalista panameño a
lo largo del siglo XIX, presentan este tratado como si el asunto de la soberanía
se refiriera a sofocar una sublevación de los istmeños contra Colombia. Esta
interpretación es desmentida, tanto por el contenido del tratado, como por las
circunstancias políticas de la época, como por la propia diplomacia colombiana
que va a chocar en diversos momentos con Washington respecto a la interpretación
y los alcances del Mallarino-Bidlack.
El hecho es que, una década después de firmado ese pacto, el expansionismo que
se había tornado concreto y peligroso era el norteamericano. Uno de los
subproductos de la guerra contra México fue el surgimiento de bandas
paramilitares norteamericanas que empezaron a actuar en la región para imponer
por la fuerza sus intereses. Eran bandas privadas, parecidas a lo que hoy serían
las empresas de "seguridad", al estilo de Blackwater, que funcionan en Irak y
otros países. Se les llamó filibusteros.
El más conocido filibustero fue William Walker, contratado por empresarios
norteamericanos para imponer su control en Nicaragua, y que terminó
autoproclamándose presidente de ese país, justamente en 1855. Walker pretendió
que Nicaragua fuera anexionada a Estados Unidos como un estado más. Lo cual no
logró, siendo derrocado en 1856 y posteriormente ejecutado hacia 1860 en
Honduras.
La lucha contra Walker había revivido los sentimientos de unidad
latinoamericanos y, de hecho, es la lucha unificada de los centroamericanos la
que le derroca y expulsa de Nicaragua. El historiador Aims McGuinness afirma que
de esta época data el concepto "latinoamericano" por oposición al "anglosajón",
y un renovado sentimiento de unidad hispana contra la dominación norteamericana,
que había quedado dormido tras el fracaso de Simón Bolívar. El panameño Justo
Arosemena sería uno de los primeros en apelar a esta idea a mediados del XIX.
El asunto viene a cuento porque un elemento poco conocido en Panamá es que los
filibusteros tuvieron un papel relevante en el Incidente de la Tajada de Sandía.
Según Aims, el 15 de abril de 1856, se encontraban en Panamá unos 40
filibusteros que se dirigían a Nicaragua para reforzar el ilegítimo gobierno de
Walker. La prensa panameña había alertado de su presencia, prevaleciendo el
temor de que podrían intentar aquí una aventura semejante a la de Nicaragua.
Y no estaban errados quienes así creían, pues las indagaciones judiciales
posteriores informan que los filibusteros jugaron un papel central en el
enfrentamiento. Uno de ellos, Joseph Stokes, muerto en la estación del
ferrocarril, liderizó la resistencia armada contra las autoridades panameñas. Lo
cual fue reconocido por Horace Bell, otro de los filibusteros, quien llegaría a
ser cronista en la ciudad de Los Angeles, California.
La fuerza demostrada por el pueblo panameño durante el "incidente", no
constituyó simplemente una respuesta frente a la marginación y el racismo
yanquis, sino que fue una lucha consciente contra cualquier intento anexionista
de los norteamericanos, un acto de solidaridad con el hermano pueblo de
Nicaragua, y un gesto hacia la unidad latinoamericana.
Hoy debemos conmemorar aquella gesta, no como un hecho inusual en nuestra
historia, sino como el primero de una larga lista de luchas generacionales (a
las que se suman la Huelga Inquilinaria de 1925, el Movimiento Antibases del 47,
el 9 de Enero de 1964, etc.) por la soberanía panameña y la unidad
latinoamericana que, en el fondo son la misma cosa, ya que una es imposible sin
la otra.
Lamentablemente, nuestras élites gobernantes, entonces como ahora, siempre han
sido proclives a entregar nuestra soberanía sobre el Istmo a cambio de unas
pocas monedas, como Judas. Pocos meses después, en septiembre de 1856, el
gobernador conservador y oligarca veragüense, Francisco de Fábrega, solicitó la
primera intervención armada del ejército norteamericano en Panamá, apelando al
Tratado Mallarino/Bidlack, para que le asegurara las elecciones que temía perder
a manos de los liberales radicales del arrabal.
Hoy los oligarcas panameños regalan nuestras sandías con los Tratados de Libre
Comercio y nuestro canal con una ampliación que pretenden que el pueblo pague
para beneficio de bancos, navieras y empresas constructoras transnacionales.
"Pro Mundi Beneficio", es su lema. La consigna del pueblo panameño es otra: Un
canal panameño, para beneficio de los panameños y latinoamericanos.
(*) Sociólogo, profesor de la Universidad de Panamá.
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