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Cristina y la plaza del pueblo

Por Alberto J. Franzoia

La convocatoria realizada por todos los sectores políticos, sociales y sindicales que apoyan al gobierno de Cristina fue definitivamente un golazo. No faltó nadie, por momentos las imágenes en vivo o transmitidas por la televisión eran emocionantes. Tanto que los periodistas de multimedios opositores debieron reconocer que desde hace mucho tiempo no se veía semejante cantidad de micros y gente atestando ingresos a Capital Federal, calles céntricas y desde luego la Plaza de Mayo. Pero además de presencia se percibía serenidad ante la difícil situación en que nos ha puesto una vez más la oligarquía y convicción en el apoyo de los presentes. Es más, creo que la serenidad iba de la mano de la certeza de que se estaba allí porque era absolutamente necesario. Necesario para demostrar de qué lado está el pueblo. Entendiendo por pueblo a todos aquellos sectores que se encolumnan tras la defensa de los intereses generales de la Nación y no tras mezquinos intereses individuales o de clases tan minoritarias como aliadas históricamente al interés extranacional.

No fue esta una plaza de la revancha, sí de la justicia. Pero no justicia para los que intentan reiterar el eterno circuito de maximizar sus beneficios a partir de la especulación económica y la permanente postergación de los sectores populares. Justicia para que los fabulosos ingresos que los grupos que concentran la propiedad de gran parte de las tierras más fértiles del mundo, se dignen a aceptar que por lo menos una parte de esos beneficios vuelvan al pueblo.

Porque algo que la oligarquía no dice en los medios y ningún periodista "independiente” les pregunta, es porque motivo se creen propietarios absolutos de esa renta natural que producen nuestras tierras, las tierras de toda la Nación. Es decir, porqué habrían de disfrutar solos de un beneficio que no ha sido el producto de sus esfuerzos personales, sino de una condición nata de las tierras de la pampa húmeda; tierras que por otra parte están bajo su propiedad oligopólica gracias a las expropiaciones que ellos practicaron desde los tiempos de la colonia y que continuaron a lo largo de gran parte del siglo XIX, entre los años de derrumbe del sistema colonial y el inicio de la época dorada de un patriciado convertido definitivamente en oligarquía. Esto sin olvidar que a partir de la última etapa del siglo XX, se empezaron a incorporar sistemáticamente en calidad de grandes propietarios, sus socios de la burguesía imperialista.

La plaza de Cristina fue un éxito por la convocatoria, políticamente organizada sí, pero no boba. La gente sabía muy bien porque estaba allí. Porque la memoria colectiva transmitida de generación en generación les permitió identificar rápidamente, aún en estos complicados tiempos de la posmodernidad que promueven la insoportable levedad del ser, para qué lado hay que patear en este partido reiterado hasta el cansancio que se disputa en nuestra Patria desde hace casi dos siglos. No se convoca semejante multitud así nomás en pocos días. Ahora bien, la pregunta que se impone es: ¿se aprovechó dicha plaza con un discurso de claro contenido nacional y popular? Entiendo que sólo a medias, Nada de lo dicho por Cristina constituye un error político: el llamado a la ayuda del pueblo era imprescindible, evitar agravios pero remarcar simultáneamente que no se puede desabastecer a una Nación por un reclamo sectorial también; qué decir del necesario recordatorio acerca de dónde estaban ciertas organizaciones agrarias en la fatídica etapa de mediados de los setenta (una verdad no un agravio). Sin embargo lo dicho no fue suficiente.

¿Qué le faltó a este discurso? Lamentablemente volvió a exhibir un déficit que ha caracterizado al gobierno a lo largo del conflicto con el heterogéneo sector agrario: no logra identificar con claridad al enemigo, o se niega conscientemente a aceptar la existencia de clases con intereses diferenciados y en algunos casos opuestos. Sigue hablando de sectores, en este caso el campo, sin identificar, por lo menos en público, cuáles son las clases que conforman dicho sector, con cuáles nos identificamos, con qué otras se pueden y deben construir alianzas (aunque sean trabajosas) y cuál o cuáles constituyen el problema principal que se debe enfrentar con coraje. Cristina utilizó un momento del discurso para señalar errores de los pequeños productores, que por supuesto los tienen (hasta ahí todo bien), pero: ¿no hubiera sido necesario al mismo tiempo iniciar un trabajo de seducción cultural para reforzar las medidas económicas adoptadas recientemente para beneficiar a dicho sector? Por otra parte, no dijo una sola palabra sobre el verdadero enemigo, la oligarquía, ni contra el capital oligopólico multinacional (burguesía de los países imperialistas). ¿Qué medidas concretas se tomarán para poner coto a las ambiciones de estos grupos antinacionales? Ese es un problema, porque una vez más por no identificar con claridad al enemigo, terminamos involucrando a sectores que se equivocan, que son claramente utilizados como títeres por los titiriteros, pero que con una buena política económica dirigida específicamente hacia ellos (en lo posible con su propia participación) y con un trabajo cultural de largo aliento que apunte a modificar conciencias moldeadas por el enemigo, se puede transformar en un importante y necesario aliado. Debemos reiterarlo hasta el cansancio, en un país que enfrenta a las poderosas fuerzas del bloque oligárquico-imperialista, la única posibilidad de triunfo pasa por favorecer la construcción de un bloque nacional-popular lo más amplio y cohesionado posible. Pues bien, la pequeña burguesía agraria y los sectores medios tanto del campo (como de los grandes centros urbanos), son indispensables para lograr dicho objetivo. Y desde luego, no podemos ser tan ingenuos de creer que esto se consigue sólo con disposiciones coyunturales.

En el discurso anterior, tratando de recomponer relaciones muy tensas como producto de su primer discurso, Cristina dijo: nosotros no propiciamos la lucha de clases. Estimada compañera, la lucha de clases ni se propicia ni se deja de propiciar, simplemente existe. ¿Cabe alguna duda en Argentina, que la lucha contra entre la oligarquía y las clases y sectores populares ha sido una constante, que generó no pocas desestabilizaciones de gobiernos populares con resultados cada vez más trágicos, como lo certifica el último golpe de Estado de 1976? Por lo tanto, el no reconocimiento de esta verdad histórica, so pretexto de que no somos clasistas, no sirve para resolver el problema de fondo, porque la realidad no deja de existir simplemente cuando no la pensamos. Como siempre digo: si no identificamos al titiritero terminamos peleando contra los títeres, con un final claramente anunciado. Desde luego que el apoyo al gobierno nacional y popular de Cristina Fernández no sólo es necesario sino imprescindible para seguir avanzando en esta lucha por revertir el modelo neoliberal que hemos padecido desde la dictadura cívico-militar de 1976, pero debemos señalar por dónde están pasando los límites claros que se observan si no queremos perder lo conseguido. Algunos de esos límites deben ser abordados en el mediano plazo porque ahora hay urgencias, pero otros, si no se plantean en el corto plazo, pueden traernos más de un dolor de cabeza en días demasiado cercanos. No son tiempos estos para criticas puristas (como acostumbran ciertos izquierdistas trasnochados o algunos peronistas nostalgiosos del 45) que generen, contra su voluntad, el clima ideal para que los amigos del pasado intenten volver. Pero tampoco le haremos un favor a este proceso promisorio que apoyamos, recurriendo a la obsecuencia del sí Cristina, obviando errores imperdonables. Se comenta por ejemplo, que el inexperto equipo económico, desconocía cifras precisas en cuanto a la distribución de la propiedad de la tierra antes de decretar las retenciones indiferenciadas. La historia debe enseñarnos algunas lecciones para no repetirla como farsa, y si es efectivamente así, entre la crítica intransigente y indecorosa obsecuencia, hemos de encontrar el justo camino para desarrollar un proyecto que exprese los intereses concretos de un amplio bloque nacional y popular.

La Plata, 2 de abril de 2008

Lic. Alberto J. Franzoia
albertofranzoia@yahoo.com.ar
Director General del Cuaderno de la IN
http://www.elortiba.org/in.html

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