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La
trama de Malvinas
Por Pedro Pesatti (*)
El año había comenzado con un gigantesco asado para trece mil personas en la
localidad de Victorica (La Pampa). Gómez Fuentes, el periodista que desde ATC
ejerció durante la guerra de Malvinas uno de los principales roles en el aparato
de propaganda del régimen, meses antes había acompañado a los Estados Unidos al
general Leopoldo Fortunato Galtieri, organizador del mitin. El conductor de "60
minutos", el noticioso que compartía con Silvia Fernández Barrios, calificó a
Galtieri, tras regresar de ese viaje, como el general mimado de la potencia del
norte. El general mimado como lo llamó Gómez Fuentes -o "mamado" como lo bautizó
la revista Humor- tenía pretensiones democráticas. Soñaba ser presidente
constitucional de los argentinos, y la enorme carpa que levantó en Victorica
para agasajar a sus invitados era el punto de arranque de su plan que estaba
íntimamente vinculado con Malvinas. Galtieri pensaba, como otros jerarcas de la
dictadura, que si la operación de recuperación del archipiélago resultaba
exitosa, el pueblo apoyaría la continuidad de los militares en el poder, pero
esta vez a través de las urnas que legitimarían de una vez y para siempre todas
las atrocidades y crímenes cometidos por el autodenominado Proceso de
Reorganización Nacional.
Sin embargo, el 30 de marzo de 1982, la CGT-Brasil,
liderada por Saúl Ubaldini, lo sacude con una gigantesca movilización bajo el
lema "Paz, Pan y Trabajo" que complica el frente interno de su gobierno.
Galtieri no duda en ordenar una represión feroz. Al grito de "se va a acabar la
dictadura militar" miles de manifestantes pertenecientes al movimiento obrero, a
partidos políticos, a organismos defensores de los derechos humanos y a las
Madres de la Plaza de Mayo, marchan sobre Buenos Aires mientras otros tantos
miles se suman en Mar del Plata, Rosario, Neuquén y Mendoza donde las fuerzas de
seguridad asesinan a Benedicto Ortiz.
Al concluir la jornada los
principales dirigentes de la protesta son detenidos. El frente interno,
disciplinado con el aparato de represión más brutal que reconoce la historia
argentina, comenzaba a quebrantarse. La plata dulce, el "deme dos", los viaje a
Miami, la destrucción de la industria, la caída de los salarios, el desempleo,
sumado a las consecuencias de las políticas represivas, a los secuestros y
desaparición de personas, comenzaban a provocar una reacción creciente en vastos
sectores de la población como quedó evidenciado ese 30 de marzo. Galtieri, que
ya conocía los informes de distintos observadores extranjeros que vaticinaban un
final cercano para el Proceso, decide, para descomprimir la tensión interna,
adelantar la recuperación de las Islas Malvinas y adelantar la ejecución de un
plan que había sido encomendado al vicealmirante Juan José Lombardo, el 15 de
diciembre de 1981, por el jefe de la Armada, el ex almirante Anaya que para
marzo de 1982 todavía no estaba terminado.
Plan de Lombardo
Lombardo comienza a planificar la recuperación de Malvinas y fija como fecha
tentativa, por su fuerte carga simbólica, el día 9 de julio de 1982. El diseño
estratégico indicaba la necesidad de dar marcha atrás a la llamada Operación
Georgias del Sur que se había iniciado en octubre de 1981 con el objeto de
ocupar estas islas ubicadas al este de Malvinas, separadas por 1.600 kilómetros
del bravío mar austral. Para Lombardo cualquier presencia militar argentina en
las Georgias carecía de sentido en tanto podía actuar como disparador de un
alerta en el Reino Unido y jaquear el factor sorpresa para la recuperación de
Malvinas. Pese a ello, un grupo de marinos comandados por Astiz, al amparo del
Almirante Otero, desembarcan en las Georgias el 23 de marzo autodenominándose
"Grupo de Invasión Los Lagartos". Astiz lleva a cabo algunas acciones
provocativas ante unos pocos efectivos británicos y ordena la colocación de
bombas cazabobos en las inmediaciones del lugar donde había desembarcado su
grupo. Este episodio fue determinante para que los británicos comenzaran a
sospechar que el objetivo final era otro, tal cual se lo informó a su gobierno
el cónsul inglés en Buenos Aires.
Anaya, paralelamente, advierte que la operación de Astiz hacía peligrar el plan
de Lombardo, la que puso en evidencia, por otra parte, el fragmentado orden
jerárquico de su arma, consecuencia, por otra parte, de las formas de operar que
adoptaron las Fuerzas Armadas durante la represión. Frente al temor de que la
recuperación de Malvinas se frustrara, Anaya le recomienda a Galtieri el
adelantamiento de los plazos. Este hecho, sumado a la tensión interna que
comenzaba a experimentar la dictadura, deciden a Galtieri a ordenar que el 2 de
abril se iniciaran las acciones militares sobre Malvinas cuando aún las tropas
no estaban suficientemente preparadas ni habían llegado al país los seis
cazabombarderos provistos con misiles Exocet, comprados a Francia, y que para
Lombardo constituían las armas clave para el éxito de la operación.
La recuperación de Malvinas, en resumen, nacía en un cambalache que se
acentuaría en las semanas siguientes. La presencia en Viedma durante todo el
conflicto de una división de tanques basados en el establecimiento "La
frutícola" demuestran hasta qué punto llegó la irresponsabilidad de los jefes
militares que mantuvieron, en plena hostilidades, fuertes discrepancias de orden
político que ni siquiera la guerra pudo atemperar. Aquellos tanques que durante
semanas estuvieron estacionados en cercanías de San Javier no respondían a
ninguna lógica militar y su presencia sólo puede explicarse en términos de los
enfrentamientos internos que experimentaban los máximos jefes de la dictadura.
El hermanito del Norte
La Doctrina de la Seguridad Nacional, en torno a la cual los Estados Unidos
formaron en la Escuela de las Américas a decenas de oficiales de los distintos
ejércitos latinoamericanos, es el marco donde se inscriben con una nueva
impronta los golpes de Estado que se suceden en América Latina en los años
setenta. Luego del asesinato de Kennedy y de la abrogación de la política de la
Alianza para el Progreso, urdida por la administración Kennedy en el contexto de
la Guerra Fría, los Estados Unidos adoptan la Doctrina de la Seguridad Nacional
que justificará no sólo los golpes de Estado que se suceden en la mayoría de los
países como el nuestro sino también las prácticas represivas más crueles que
contarán, en muchos casos, con el apoyo explícito del Departamento de Estado y
la intervención directa de la CIA. El golpe de Estado que termina con el
gobierno de Salvador Allende en Chile demuestra, precisamente, esta política
intervensionista.
Sin embargo, cuando Videla llega al poder, en Estados Unidos se produce un
cambio en la política exterior de la mano de James Carter que hizo de la defensa
de los derechos humanos una de sus prioridades en su relación con América
Latina. Los vínculos, en consecuencia, del Proceso con la administración Carter
no fueron buenos al punto que ésta decide bloquear la venta de armas a la
Argentina fundando su decisión en el hecho de que el gobierno militar no
garantizaba la plena vigencia de los derechos humanos.
Cuando en enero de 1981 Reagan llega a la presidencia de su país el Proceso
encuentra en el republicano el aliado que hasta ahora no había tenido en el gran
"hermano" del norte. Reagan, por su parte, necesitaba de un enorme respaldo
internacional para llevar a cabo su programa de rearme que se plasmó en lo que
popularmente se conoció como Guerra de las Galaxias. Los militares argentinos,
sin dudarlo, se alinean automáticamente con los Estados Unidos y Galtieri, antes
de desplazar a Viola de la presidencia, recorre ese país para cimentar una
relación que la prensa oficialista cubre ampliamente para mostrar las virtudes
de la nueva etapa que protagonizaría el general mimado de los norteamericanos.
Como contrapartida a la decisión del Proceso de apoyar su política exterior,
Reagan, en cuanto asume el gobierno, levanta las sanciones impuestas por Carter
y trasciende en la prensa, poco antes de la guerra de Malvinas, que los Estados
Unidos podrían establecer una base permanente en algún lugar de la Patagonia
para "fortalecer" los vínculos entre ambos países. Galtieri, un militar con
escasa formación intelectual, seguramente pensó que Reagan acompañaría su
decisión de recuperar Malvinas o que mantendría una actitud neutral frente al
conflicto. Su desconocimiento histórico sobre la relación de ambas potencias y
una famélica visión estratégica de la política mundial pronto quedarían al
descubierto cuando los Estados Unidos ponen a disposición de Margaret Tatcher su
tecnología satelital y la base militar de la isla Ascensión desde donde operarán
los Vulcan ingleses.
La Dama de Hierro
Siempre había existido la sospecha pero nunca la confirmación de que el gobierno
de Pinochet había apoyado a las Task Force. Recién cuando el ex dictador es
apresado en el Reino Unido a raíz de las acusaciones formuladas en su contra por
el juez español Baltasar Garzón, la "Dama de Hierro" reveló el secreto. El 9 de
octubre de 1999, durante la asamblea anual del Partido Conservador Británico,
Margaret Tatcher, ocupando el rol de abogada del dictador chileno, exhortó a los
miembros de su partido a apoyar al hombre que en 1982 había colaborado en la
guerra de Malvinas. Tras condenar enérgicamente al primer ministro Tony Blair,
Tatcher reveló cómo el régimen militar chileno había actuado en conjunto con
Londres. Con el objetivo de lograr que la opinión pública de su país se volcara
a favor de Pinochet, a quien consideró un aliado, Tatcher fue muy crítica con
Blair al sostener que "a los aliados no se los mantiene cautivos". En su defensa
agregó que "Chile es nuestro más viejo amigo en Sudamérica. Nuestros vínculos
son muy estrechos desde que el almirante Cochrane ayudó a liberar Chile del
opresivo dominio español. El debe estar hoy revolcándose en su tumba al ver cómo
Inglaterra respalda la arrogante intromisión hispana en asuntos internos
chilenos. Pinochet fue un incondicional de este país cuando Argentina invadió
las islas Falklands. Yo sé -era Primer Ministro en esa época- que gracias a
instrucciones precisas del Presidente Pinochet, tomadas a un alto riesgo, que
Chile nos brindó valiosa asistencia. Yo no puedo revelar los detalles, pero
déjenme narrarles al menos un episodio. Durante la guerra -explicó Margaret
Tatcher al Partido Conservador- la Fuerza Aérea Chilena estaba comandada por el
padre de la senadora Evelyn Matthei, quien está aquí esta tarde con nosotros. El
entregó oportunas alertas de inminentes ataques aéreos argentinos que
permitieron a la flota británica tomar acciones defensivas. El valor de esa
ayuda en información de inteligencia se probó cuando faltó. Un día, cerca ya del
final del conflicto, el radar chileno de largo alcance debió ser desconectado
debido a problemas de mantenimiento. Ese mismo día -el 8 de junio de 1983, una
fecha guardada en mi corazón- aviones argentinos destruyeron nuestros buques
"Sir Galahad" y "Sir Tristram". Eran barcos de desembarco que trasladaban muchos
hombres y los ataques dejaron entre ellos muchas bajas. En total unos 250
miembros de las fuerzas armadas británicas perdieron la vida durante esa guerra.
Sin el general Pinochet, las víctimas hubiesen sido muchas más".
Peores que Tatcher y Pinochet
En verdad, los principales enemigos de la Argentina durante el conflicto del
Atlántico Sur fueron los propios jerarcas del Proceso. Al terminar la guerra, la
última Junta Militar ordenó la realización de una investigación para determinar
las responsabilidades de la derrota. Para este fin, el 2 de diciembre de 1982 se
crea la Comisión de Evaluación del Conflicto del Atlántico Sur integrada por el
teniente general (R) Benjamín Rattenbach, general de división (R) Tomás Armando
Sánchez de Bustamante, almirante (R) Alberto Pedro Vago, vicealmirante (R) Jorge
Alberto Boffi, brigadier general (R) Carlos Alberto Rey y brigadier mayor (R)
Francisco Cabrera. La comisión concluyó su informe, de 291 páginas y varias
decenas de anexos, el 16 de septiembre de 1983. Conocido como Informe Rattenbach,
en una de sus partes sostiene que "la decisión de ocupar Malvinas, que se
mantenía latente, estuvo influida por aspectos políticos particulares, tal, por
ejemplo, la conveniencia de producir una circunstancia significativa que
revitalizara el Proceso de Reorganización Nacional (acápite 274)". El informe
agrega en otro tramo que "es necesario señalar que el estado general del país,
en el momento de tomarse la decisión de ocupar las Islas Malvinas, no era el más
adecuado para enfrentar un hecho político internacional de tal naturaleza
(acápite 783)" para lo cual se argumenta que "las autoridades nacionales eran
duramente atacadas por el problema de los derechos humanos, lo cual debilitaba
sensiblemente el frente externo (acápite 784, inc. a)". En las conclusiones, el
informe enfatiza: "la oportunidad, libremente fijada por la Junta Militar para
la recuperación de los archipiélagos del Atlántico Sur, benefició
fundamentalmente al enemigo (acápite 788)" ante lo cual, los firmantes del
informe, en el Capítulo XIII-Encuadramiento jurídico de los responsables,
consideran que los tres miembros de la Junta Militar, es decir, Galtieri, Anaya
y Lami Dozo, deben ser fusilados. El Informe Rattenbach, hasta el día de hoy,
nunca fue publicado por el Estado argentino.
(*) Profesor en Letras y Legislador electo de la provincia de Río Negro.
Fuente: Rebanadas de realidad
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