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Piquete y cacerola: La lucha es una sola (Segundas partes nunca fueron
buenas)
"Pensar que aquellos argentinos desesperados por la falta de
trabajo que salieron a las calles fueron denostados por los medios que pedían
orden y palos.
Orden y palos para los que no tenían trabajo mientras hoy millones de argentinos
han recuperado la dignidad del trabajo y los piquetes son protagonizados por la
gente de mayor rentabilidad". Cristina Fernández. Presidente de la Nación.
Discurso del 24 de marzo del 2008.
Introducción: La fronda concheta
La consigna que se hizo famosa en lo mejor de la rebelión anti-neoliberal del
2001-2002 retornó grotescamente en las postrimerías de marzo de 2008. Si en la
primera ocasión sirvió para canalizar las aspiraciones (frustradas) de concretar
una interesante alianza plebeya entre los sectores populares y las franjas de la
entonces empobrecida clase media; en la segunda vuelta las finalidades distaron
de ser tan loables. Por cierto que la referida coalición fue muy frágil y
resultó muy rápidamente disuelta, casi como pompa de jabón. Pero por otra parte
y a favor puede decirse que, pese a su liviandad y limitaciones, permitió
canalizar la salida de la hecatombe en que el neoliberalismo bobo de De la Rua-
y el más astuto del menemismo- habían sumido al país hacia las mejoras en
términos económicos, sociales y políticos que se experimentaron a posteriori. En
rigor, la revuelta del 2001 no puede ser caracterizada como tragedia (salvo por
la miseria popular que conllevaba la crisis); sino más bien como epopeya
heroica, en particular por parte de los esforzados luchadores que caminaron
desde La Matanza hasta Plaza de Mayo el 28 de febrero de 2002.
Pero en la segunda ocasión- la farsa en las
palabras de Marx- el cacerolazo movilizó a selectas fracciones compuestas por
señoras gordas, diversos nostálgicos de la barbarie procesista (una parte de
ellos se movilizó a la quinta de Olivos al grito de “Cristina Montonera,
renunciá” y entre todos los caceroleros el tono pro-dictadura se hallaba
generalizado) y jóvenes bronceados candidatos a ser parte destacada en la
revistas de las más onerosas universidades privadas.
La derecha criolla- como todos los sectores
poderosos en el orbe- tiene la característica de responder de modo muy franco
(aunque rara vez sea transparente) a las acciones de los movimientos populares.
Así como en el año 2004, la aparición de las multitudes de idiotas (in)útiles
veliblancos movilizados por Juan Carlos Blumberg significó la alternativa
reaccionaria al acto del 24 de marzo en la E.S .M.A; el cacerolazo del día 25 de
marzo salió al cruce de las distintas iniciativas contra la impunidad que
convergieron un día antes en la Plaza de Mayo. La ocasión, por otra parte,
resultó relativamente encubierta bajo el manto de la solidaridad con los
piqueteros en 4X4 que amenazan desabastecer las ciudades. Cacerolas, empuñadas
por patéticos pequeños burgueses solidarios con los piquetes de los opulentos,
dan cuenta que vastos sectores de clase media perdieron el rumbo ya que se
pronuncian a favor de un fortísimo aumento en los precios de los alimentos. Lo
cierto es que a decir verdad, el contexto general sea muy diferente del vivido
hace ya más de un lustro. Digamos en una primera síntesis que la eclosión
2001-2002 fue un llamado popular contra el poder real (económico); revuelta que
logró algunos éxitos: el rumbo actual del gobierno nacional con sus avances y
limitaciones es el principal. Y cayó un gobierno corroído en primer lugar por su
propia inoperancia. En cambio, la asonada que hizo su aparición sensible desde
el 25 de marzo tuvo actores de reparto (algunas clases medias urbanas y pequeños
productores agrarios) pero el tinglado era claramente operado por el titiritero
de siempre: la oligarquía terrateniente y, tal vez, el apoyo de fuerzas
extranacionales. Pero el de Cristina no es un gobierno agonizante, más allá de
la pericia o impericia con que conduciere la situación de cara a resolver el
conflicto.
Las verdaderas raíces del problema
Por fuera de las aspiraciones del poder y los grandes medios masivos de
comunicación (sus verdaderas usinas creadoras de sentido) que intentan armar una
artificial escena de un gobierno en retirada, jaqueado por la marcha de un
inocente pueblo llano; es preciso ver un poco más allá de la hojarasca
televisiva, radial y gráfica para ubicar las razones estratégicas del conflicto.
No se trata nada más que de lo alegado acerca de las retenciones; aunque
ciertamente no sea un detalle formal la masa de dinero que se halla en juego. Lo
central para la derecha es evitar que se reconstituya en la Argentina un estado
con capacidad de intervención, que pueda limitar la potestad de los mercados
para formatear a su antojo vida y milagros de los sectores populares. Dicho
estado debe sumar recursos para proseguir el proceso de integración social. Si
no existiere el estado que referimos, no se podrían aplicar las retenciones y la
carne valdría igual que en Europa, es decir más de una decena de veces más. Con
este ejemplo queda claro que no hay nación- un espacio de dignidad común para
todos los habitantes- sin la formación estatal que definimos y que debe
articular los esfuerzos de la sociedad civil, los movimientos sociales, los
partidos políticos populares, las cooperativas y otras organizaciones para
continuar combatiendo la pobreza, la marginalidad y la desintegración social. De
imponerse la posición del agro no habrá nación porqué de un plumazo- con la
carne a $300 y el pan a $30- se borrarán los avances logrados en los últimos
cuatro años. Tal es el centro de lo que se juega. Por otra parte y analizando la
cuestión desde la teoría social y política, se trata una vez más de la vieja
contradicción entre el poder político y el poder económico. En la medida que el
segundo de los nombrados conserva mecanismos decisionales fundamentales, desde
los cuales presiona a toda la sociedad para que se subordine a su lógica de
ganancia (es decir, la muerte para las franjas populares más alejadas de los
beneficios de los bienes materiales y simbólicos) En cambio, el poder político,
en la medida que siempre debe legitimarse, puede arbitrar medidas que favorezcan
a los sectores más sumergidos. Las épocas de mejoría para el pueblo fueron
cuando- desde la democracia sustantiva y no formal- se abrieron etapas de
ascenso popular, limitando el señorío del poder de la derecha. El Yrigoyenismo
(1916-1922 y 1928-1930), el primer peronismo (1946-1955) o la fallida
experiencia del retorno de Perón (1973-1974) fueron ejemplos históricos de
avances populares, al lograr domesticar y moderar relativamente, desde la
política, al poder económico. Los ciclos golpistas de 1930, 1955, 1966 y 1976,
más la hiperinflación que tumbó a Raúl Alfonsín o la larga noche neoliberal
menemista significaron etapas en las que la derecha logró torcer en su beneficio
la contradicción enunciada precedentemente. Es interesante destacar como la
derecha ansía y presiona por imponer una actividad política paralizada y acotada
como ocurría durante los ’90, en la que lo político se reducía a gestionar
negocios para beneficiar al gran capital globalizado.
El intento del 25, un verdadero golpe de estado (de los denominados suaves)
porqué la derecha no desea sólo torcer el rumbo del gobierno, también se propone
modificar los ejes estratégicos y epocales- es decir, la reconstrucción del
estado en los términos que hemos definido, junto con la política de los derechos
humanos y la distribución del ingreso- tuvo su presentación escénica en los
sucesos que relatamos. La movilización posterior de los sectores nacionales y
populares los hizo retroceder, pero antes temprano que tarde volverán a los
zarpasos.
Decíamos recién que la maniobra fue desbaratada por una oportuna movilización de
los sectores nacionales y populares, no muy larga marcha que sirvió para
demostrar varias cuestiones:
1) Lo ocurrido es inseparable de una cuidada presentación escénica por parte de
los hechos por los grandes medios, que primero hablaban de masividad rayana con
la unanimidad; cuando fueron movilizadas pocas personas y todas de sectores
sociales acomodados: es más parecía un desfile de modas caceroleado, más que una
revuelta. A posteriori, cunado comenzaron a difundir la versión que se acercaban
“hordas” al mando de Luís D’Elía- convertido para las almas bien pensantes
bergoglianas en una suerte de Gengis Khan de las pampas chatas- los “luchadores
fashion”, se tomaron muy rápidamente las de Villadiego, no precisamente
Maradonna. Seguramente el dirigente de Matanza ampliará su imagen negativa; pero
no puede menos que elogiarse el modo que privilegió la defensa de un proyecto
poniendo el cuerpo en la defensa de la voluntad popular. Aún la escenificación
televisiva- armada para vilipendiarlo- lo mostró marchando sin custodia.
2) La rapidisima dispersión de los caceroleros demostró su profundo gorilismo en
los términos que ya hemos analizado en un artículo reciente, al cual remitimos
al lector para no repetirnos. Puede verse desde:
http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_raul_isman/0002_retorno_gorilas.htm
El odio y el desprecio que dispensan al pueblo son tan agudos que no pueden ni
siquiera coexistir en un mismo espacio físico, como lo demostró la racista fobia
anti-cartonera desplegada en los tiempos recientes. Es que sólo ven en los
humildes la condición de sujeto pasivo de explotación o bien desecho subhumano
que debe ser arrojado fuera de sus preclaras miradas.
3) Claramente se trató de una iniciativa cuya finalidad era sonderar la
capacidad de respuesta gubernamental o popular. Las peores acciones derechistas
están por venir.
El conflicto y como se posicionan los actores sociales y políticos
Ubicado el conflicto en los términos que hemos definido líneas arriba, veamos
someramente como se posicionan allí los diversos participantes en el debate
social y político.
La derecha partidaria no necesitó exponerse demasiado, ya que la inefable
doctora Elisa Carrió- de cuya boca brotan con harta frecuencia efluvios
compuestos por vómitos cópricos, sólo suavizados al hablar dulcemente de la
oligarquía, los militares asesinos y la iglesia cómplice- asumió con presteza su
papel de primer artillera del golpismo. Declaró que la presidente pronunció “un
discurso mentiroso, violento y provocador”, como si bloquear carreteras para que
los alimentos no lleguen hacia quienes los necesitaren y- al mismo tiempo-
permitir el paso de turistas fuera un paradigma de pacifismo bucólico
emparentado con el flower power sesentista. La paquidérmica devenida cultora de
una moral más que parcializada agregó “Cristina con este discurso desató un
incendio”. Ahora bien, desde la tarde circulaban mails instando a un cacerolazo
anti-gobierno (que de espontáneo sólo tuvo los deseos de los comunicadores
massmediáticos); por lo cual semejante acusación viene a demostrar algo que
resulta evidente: la avisa complicidad de Carrió con la desestabilización
institucional del país y su firme compromiso anti-democrático. Pero ¿Qué otra
cosa puede esperarse de su inveterado e inmundo elitismo oligárquico demostrado
ya en ocasiones infinitas?
Para no perder en la puja del centimil opositor, el neoliberal intendente
porteño, Mauricio Macri, criticó las retenciones. Es natural, a los millonarios
les resulta indiferente si el kilo de carne se comercializa a 10, 400 o mil
pesos. Y no por ser vegetarianos, se trata de solidaridad de clase y del
ideologismo que caracteriza a la derecha.
No nos extenderemos demasiado analizando los exabruptos lanzados por los
Giustiniani, Bullrich, Stolbizer (que de margaritos tienen sólo el nombre, en
todo caso es una flor porcina) radichetas delaruistas, PRO(dictadura) y demás
alimañas concentradas en la política opositora. Simplemente refrendemos cual es
el sentido general- enunciado líneas arriba- del conflicto que conmociona a
nuestra Argentina. Y los nombrados, entre otros, se hallan en la vereda opuesta
y enemiga del pueblo.
La izquierda, hablando muy en general, en la Argentina, ha padecido atávicas
dificultades para leer la realidad, que- en no pocas ocasiones- orillaron el
vulgar impresionismo, la dipsomanía, el delirio psicótico, el orgasmón originado
en narcóticos o la francachela surrealista. Pero los tiempos y la propia
paciencia histórica parecen estar agotándose. Cualquier fuerza política puede
equivocarse y coincidir con la derecha (alguna vez). Pero cuando se asume
constantemente el poco lúcido papel de ala izquierda de la reacción, los
militantes más honestos deben hacer un alto y meditar una autocrítica que no es
más que el primer e ineludible deber de los revolucionarios. Si se perdió la
claridad teórica en aras de adherir a concepciones teóricas superadas claramente
y se extravió el rumbo político, tales fuerzas lo pagan con su asilamiento de
las masas populares y su innegable enanismo (¿onanismo?) intelectual. Pero se
pierde hasta el propio sustento ético de la lucha cuando se movilizan fuerzas
para servir de mascarada izquierdista para la oligarquía. Que es lo que ocurrió
con algunos partidos trotskistas y agrupaciones universitarias, comparsa
lastimosa de la derecha en el piquete fashion del barrio de Caballito.
Lamentable y patético.
El Partido Comunista Revolucionario (P.C.R.) tiene una larga trayectoria de casi
cuatro décadas de oportunismo. En las actuales circunstancias no desentonó con
sus antecedentes y se puso claramente del lado del golpismo agrario. Circula un
cómico libelo en el cual habla de una pueblada rural contra la “opresión K” y
anticipa el varias veces postergado “Argentinazo”. Dentro de 30 años negará la
historia, del mismo modo que falseaba los hechos haciéndose los desentendidos de
su pasado apoyo al criminal fascista José Lopez Rega.
La Central de Trabajadores Argentinos (C.T.A.) debe dialogar con sus aliados de
la Federación Agraria Argentina- una histórica asociación de agricultores que
protagonizara luchas fundamentales en nuestro pasado- y marcar a fuego que no
hay dos veredas: si se está con el reclamo agrario, se está contra el pueblo. La
Federación Agraria cumple el deplorable y triste rol de servir de escondite para
los terratenientes más reaccionarios.
La Confederación General del Trabajo (C.G.T.) debe avanzar más en su compromiso,
no limitándose a correctos pronunciamientos escritos; si no a movilizar a las
bases contra el golpismo. No puede ser que semejante tarea recale nada más que
sobre los movimientos sociales.
El Partido Justicialista (P.J) debe cerrar filas con el proyecto nacional y
limitar y contener a los oportunistas y díscolos siempre dispuestos a dar el
salto a la otra vereda, en caso de darse vuelta la taba. Se trata de problemas
inevitables en una fuerza multitudinaria y variopinta como es el conglomerado
P.J-F.P.V.
Las tareas de la etapa
La sedición golpista se presentó abiertamente; pero desplegó una mínima porción
de su arsenal de herramientas. Para poder derrotarla es preciso identificar
claramente las tareas y acometerlas con la máxima claridad e iniciativa
militante. Primero que nada identificar ciertas características especiales del
enemigo, como es la centralidad de la Sociedad Rural Argentina (S.R.A.), clase
que hace gala de un poder simbólico mucho mas importante que el económico; el
cual de todos modos no es pequeño. La centralidad de los patricios
terratenientes gremializados en la S.R.A consiste en su capacidad de hegemonizar
el bloque dominante. Basta ver la insólita posición de apoyo al paro del grupo
Clarín- un conglomerado empresario cuyos intereses económicos se hallan alejados
del agro- o el alienado entusiasmo suscitado entre sectores de clase media, que
no comprenden que parte de su privilegiada situación volará por los aires, en
caso de imponerse la oligarquía. Dicho esto queda claro que la tarea central es
desenmascaras y asilar a los terratenientes capaces de articular tan complejo
frente. Es difícil acceder a las oficinas gerenciales del multimedia para
influir en su línea editorial. Pero todo militante debe convertirse en un
polemista que desenmascare el avieso discurso de los clarines, naciones,
perfiles, criticas y demás conspicuos habitantes del planeta basura
massmediático. Por cierto que una de las cuestiones decisivas es influenciar en
los sectores de clase media acolitizados por la derecha. De a uno, en grupos o
por fracciones de masas es preciso ganarlos o neutralizarlos. Y si no resulta
factible, aislarlos todo lo posible.
El ataque que sufre el gobierno presidido por Cristina Fernández es más artero,
cuanto más revela la mandataria su enjundia de cuadro político de enorme nivel,
mujer por añadidura. La acerada y filosa prosa verbal de la abogada platense-
dicha siempre de corrido y sin leer- contrasta manifiestamente con el tosco
discurso de Macri (quien al leer confunde las páginas o si habla demuestra el
vacío de ideas que lo caracteriza) o los exabruptos proferidos por Carrió.
Defender la figura presidencial es parte de la defensa del proyecto.
Resulta necesario también que las centrales de trabajadores asuman su compromiso
- en la calle, no sólo en papeles- y convoquen a dar condigna respuesta a la
insolencia golpista.
Cuestión decisiva es también construir una dirección unificada que provea
señales y consignas claras para los activistas, militantes y simpatizantes del
espacio nacional y popular. No puede ser que circulen convocatorias
contradictorias. Semejante situación desgasta a los adherentes. Por otra parte,
es imperioso unificar esfuerzos por parte de lo más dinámico del espacio: los
movimientos sociales y no dispersarse en procura de cuidar el propio espacio de
cada uno.
Por cierto no puede descuidarse el trabajo político de debate sobre los
legisladores del arco opositor que no se plieguen a la demencia golpista de
Carrió. No se trata de ganarlos para el peronismo, sino para la democracia.
Una cuestión decisiva es que todas las internas- consustanciales e inevitables
en cualquier construcción política- queden opacadas frente a la magnitud del
desafío golpista. En tales circunstancias, el internismo salvaje es- además de
colaboracionismo con el adversario- un ejercicio de suicidio colectivo.
Tal vez puedan sugerirse más tareas para defender el proyecto nacional. Quedará
librado a la iniciativa y creatividad de los compañeros. Pero si somos
conscientes y consecuentes para defender lo ya logrado, podremos convertir la
amenaza oligárquica y golpista en una oportunidad para profundizar el rumbo que
nos lleve a construir una Argentina independiente del imperialismo, con plena
ocupación, sin marginación social. Para decirlo del modo más fácil posible, que
no haya un solo niño, un solo anciano o mujer desamparada con carencias es la
mejor derrota de la reacción.
*Docente. Escritor.
Miembro del Consejo Editorial de la Revista Desafíos.
Colaborador habitual del periódico socialista El Ideal
Director de la revista Electrónica Redacción popular
raulisman@yahoo.com.ar
www.geocities.com/raulisman
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