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La Triple A dentro del Ejército
17/03/08
Durante la dictadura, miembros de la CNU de Mar del Plata participaron de
operativos del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601.
Uno de los documentos de la Dipba y el ex fiscal Demarchi, acusado de integrar
la CNU.
Por Diego Martínez
Ex miembros de la agrupación de ultraderecha Concentración Nacional
Universitaria de Mar del Plata, formados en la Facultad de Derecho de la
Universidad Católica y hoy abogados con óptimos contactos en la Justicia
federal, integraron después del golpe de Estado de 1976 patotas del Grupo de
Artillería de Defensa Aérea 601, unidad del Ejército responsable de secuestros,
torturas y desapariciones. Documentos de Prefectura y de la ex Dirección de
Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires (Dipba) –a los que accedió este
diario– certifican los relatos brindados en el Juicio por la Verdad que instruye
el Tribunal Oral Federal marplatense.
El caso CNU es un ejemplo contundente del
rol de civiles que colaboraron con el terrorismo de Estado a quienes el corto
brazo de la Justicia aún no alcanzó: el único ex CNU con orden de captura
permanece prófugo.
La CNU nació en La Plata. En 1969 llegó a la UCA de Mar del Plata. “Respondió a
las inquietudes de los estudiantes peronistas que mancomunaron esfuerzos para
rescatar la universidad asaltada en 1955 por la trenza del reformismo liberal
marxista”, explicó uno de sus miembros en una entrevista de 1971 citada en
Luna
Roja, una investigación del abogado Carlos Bozzi. Adrián Feijó, que se abrió de
la CNU en 1971, explicó que hasta entonces “respondía a la conducción
estratégica de Perón y Rucci.
Por desviaciones posteriores se la considera un movimiento parapolicial, oculto, ilegal, pero cuando ingresé en 1968 era un movimiento estudiantil de centroderecha vinculado con la Doctrina Social de la Iglesia, que se presentaba a elecciones en los claustros con la lista Martín Fierro”.
El 6 de diciembre de 1971, durante una asamblea en la universidad provincial, un
grupo encabezado por Juan Carlos Gómez y Héctor Corres asesinó a la estudiante
Silvia Filler. Cinco miembros de la CNU fueron procesados con prisión
preventiva. En mayo de 1973 quedaron libres gracias a la amnistía de Héctor
Cámpora. Desde 1975, los secuestros y ejecuciones de la CNU fueron moneda
corriente. Siempre con zonas liberadas por militares y policías. A partir de las
declaraciones recibidas desde 2001, el TOF pedirá en los próximos días a la
Justicia federal la reapertura de esas causas.
“Purificar las facultades”
Durante la última dictadura, las delegaciones de Prefectura elaboraron informes
detallados en respuesta al Plan de Capacitación contra la Insurgencia Terrorista
de la Armada Argentina (Placintara). Se dividían en factores, método que –según
la investigación de espionaje en la base Almirante Zar– la Armada aplicó hasta
el año pasado, y en teoría ya no realiza. Los informes de la delegación Mar del
Plata llevan las firmas de su jefe, prefecto principal Juan Eduardo Mosqueda,
que llegó a conducir la fuerza en 1985, y del jefe de informaciones, subprefecto
Ariel Macedonio Silva. En junio de 1976, con el subtítulo “Factor subversivo”,
apuntan que “la colaboración” de la CNU con el GADA 601 fue “indispensable para
la identificación de los elementos de izquierda” y permitió “purificar las
distintas facultades” de la universidad nacional.
El informe de octubre muestra la interna entre Fuerzas Armadas. Destaca “la
efectividad de la Fuerza de Tareas 6” de la Armada en contraste con el GADA 601,
cuyos miembros “efectuaron rastrillajes sin éxito”. Critica que “cada organismo
militar actúa por su cuenta”. Destaca que “es evidente que la Fuertar 6 es la
que mejor se ha movido y los resultados están a la vista”. Los resultados se
medían en secuestros. Los desaparecidos para la sociedad estaban “a la vista”
del subprefecto Silva. El GADA, en cambio, “no cuenta con personal capacitado en
inteligencia” y “en un primer momento de esta guerra se valió de personas
civiles que militaban en la Concentración Nacional Universitaria, que llegaron a
actuar con total impunidad en la ciudad”. En un momento “la CNU fue dejada de
lado por el GADA”, que “quedó sin la corriente informativa que las
circunstancias aconsejan”. Silva no hablaba de oídas. En septiembre dejó
constancia que “los efectivos de la Fuertar 6 cuentan con la colaboración de
personal de esta Unidad desde que comenzaron los operativos”. Silva está
denunciado como interrogador del centro clandestino que funcionó en la
delegación del puerto de Prefectura. Aún está libre.
De las aulas a La Cueva
La Comisión Provincial por la Memoria, que desclasificó y gestiona el archivo de
la ex Dipba, entregó este mes pruebas “que confirman la participación de civiles
en el aparato represivo de Mar del Plata”, dijo su directora Ana Cacopardo. La
primera, un informe de 1985 de la delegación Mar del Plata, incluye un detalle
de miembros que distingue militantes de simpatizantes. Destaca a los “detenidos
y procesados” por el homicidio de Filler en 1971: Horacio Luis Raya, Raúl
Viglizzo, Alberto Dalmasso, Juan Carlos Gómez, los hermanos Marcelo y Beatriz
Arenaza, y Eduardo Ullúa. Omite los crímenes de 1975 y dedica un párrafo al rol
de la CNU: “Después del golpe de marzo de 1976, algunos colaboraron con el
Ejército en la lucha antisubversiva, como (Eduardo) Cincotta, (Jorge) De la
Canale, (Eduardo Salvador) Ullúa y (Mario Ernesto) Durquet. Posteriormente, y en
razón de que se sospechaba eran autores de diversos delitos, comienzan a ser
investigados y algunos se van del país, tal el caso de Dourquet”.
Si la Justicia investiga, es probable que la lista se agrande. Familiares de
desaparecidos que fueron al GADA a entrevistarse con su jefe, coronel Pedro
Barda, vieron a Ullúa y a Cincotta. Uno los vio “con carpetas debajo del brazo
en la oficina de Barda”. Otro vio a Cincotta “con uniforme de fajina”. Un
sobreviviente dijo que lideraba el grupo que lo secuestró. Cincotta fue
secretario general de la universidad provincial, que desde 1975 es nacional.
Allí gestionó las contrataciones como personal de seguridad de sus compañeros de
la CNU: Ullúa, Durquet, Carlos “Flipper” González, Fernando Delgado y otros. Sus
contactos con el Servicio de Inteligencia Naval le permitieron seguir en la
universidad tras el golpe. Renunció en mayo de 1976. Luce en su estudio una
distinción del Ejército por servicios “en la lucha contra la subversión”.
Testigos del Juicio por la Verdad vinculan a la CNU con el asesinato de María
del Carmen Maggi, decana de Humanidades en la UCA, que tras el asesinato de
Filler había expulsado al núcleo duro de la CNU. Maggi era mano derecha del
obispo y rector honorario, Eduardo Pironio. Se discutía la unificación de la
universidad provincial con la Católica. Los primeros pretendían que dejara fuera
de carrera a docentes y no docentes de la UCA. Pironio y Maggi se resistían.
Coca Maggi fue secuestrada el 10 de mayo de 1975 por jóvenes que se movilizaban
en siete autos. La CNU repudió el secuestro para alejar sospechas, pero sus
adherentes coparon ambas universidades y la Iglesia envió a Pironio a un destino
seguro: Roma. Al mes del secuestro, el fiscal Gustavo Demarchi admitió que tenía
“implicancias políticas”, pero dictaminó el sobreseimiento de la causa. Demarchi
era coordinador académico de la universidad que empleaba a los CNU y Ullúa era
oficial segundo de su fiscalía. El cadáver de Maggi apareció el 23 de marzo de
1976 enterrado en Mar Chiquita. Testimonios recogidos por el TOF sindican a
Durquet, hoy radicado en La Plata, como autor material de su muerte.
Los muchachos
Eduardo Brito vio a Ullúa mientras esperaba con su padre que lo recibiera el
mayor Alfredo Arrillaga, jefe de inteligencia del GADA. La patota del Ejército
había dado vuelta su casa. El mayor lo interrogó y ordenó: “Hace pasar a los
muchachos”. No pudo verlos, pero reconoció la voz de Ullúa. Arrillaga le informó
que quedaba bajo libertad vigilada, pero debía presentarse todas las semanas. Al
jueves siguiente vio a Ullúa bajar de un Falcon. “Soy personal civil afectado a
tareas de inteligencia del Ejército”, le confió. Se conocían del barrio.
El suboficial retirado Orestes Vaello, que en 1973 saltó de la CNU al Batallón
de Inteligencia 601, denunció que el “jefe del comando” de esa agrupación en Mar
del Plata era Ullúa, en 1984 “propietario de la agencia de investigaciones
Oasis, subsidiaria de Magíster, a la cual considera por pruebas que posee como
cabecera de la Triple A”. Vaello adjudicó a la CNU el secuestro de Jorge Toledo
en 1976. Su madre declaró que se lo llevó “un grupo de civiles al mando de
Arrillaga” y que su destino fue La Cueva, el centro clandestino del GADA. En
1996, Ullúa fue condenado a 17 años de prisión por contrabando de drogas en la
Operación Langostino. Su desconoce su paradero.
Durante un asado entre policías y sindicalistas en el destacamento 9 de Julio de
la policía bonaerense, donde estaba secuestrado, Oscar González se encontró con
el abogado Jorge de la Canale.
–¿Qué hace usted en esta comisaría? –preguntó González.
–Yo acá tengo amigos.
De la Canale defendió a Carlos Monzón en la causa por el asesinato de Alicia
Muñiz, encabezó la organización de los Juegos Panamericanos en 1995 y dirige la
Asociación Marplatense de Atletismo. La última vez que Barda fue trasladado a
Mar del Plata lo visitó en la Policía Federal.
La conexión
El 22 de enero de 1980, al allanar un departamento, agentes de la policía
bonaerense encontraron 16 panes de trotyl, detonadores, 6 metros de mecha y
fotos de miembros de la CNU. Pronto supieron que un ex empleado de la
inmobiliaria que debía alquilarlo, Juan Carlos Defalco, le había prestado las
llaves a su amigo Luis Felipe Colombino. Ante la sospecha de que era “confidente
del GADA” le informaron al Ejército que iban a arrestarlo. Colombino explicó que
era dueño del salón de bailes Patio de Tango, donde trabajaba como vigilante “el
sargento Castillo”, quien hasta 1979 se desempeñaba en la sala de armas del
GADA. Castillo le pidió que lo guardara “para hacer un desmonte”.
La Dipba asentó que el jefe de subzona 15, coronel José Caridi, envió a su
segundo al Cuerpo I para pedir instrucciones, “ya que el detenido es
`colaborador’ de los mismos”. El enviado volvió con la orden de pedir las
actuaciones y el detenido para “proseguir las averiguaciones”, que allí
murieron. La publicación del hallazgo de “armas y explosivos” que “pertenecerían
a un grupo subversivo” obligó al comando a desmentirlo. “El hecho no está
vinculado con la subversión”, informó. El comunicado no aclaró que el tenedor
del trotyl era un buchón de la CNU.
El informe de la Delegación Regional dejó asentado que Colombino y sus socios en
Patio de Tango eran miembros de la CNU que con “otros jóvenes” tuvieron
“especial actuación en la lucha contra el terrorismo y la subversión (...), lo
que evidentemente los coloca en una relación cierta con elementos de las fuerzas
legales, particularmente con hombres del Ejército. Estriba allí entonces la
confianza que se exterioriza entre Colombino y Castillo (...) a tal punto que
retira del lugar explosivos y otros efectos”. Uno de los dos socios era Osvaldo
Forese, apodado “Paquidermo”, miembro de la banda de Aníbal Gordon que actuó en
el centro clandestino Orlett. Forese murió en 1999. El segundo era Eduardo
Ullúa, el asistente del fiscal Demarchi.
Prefectura: el silencio es salud
Pese a su participación activa en delitos de lesa humanidad como fuerza
subordinada a la Armada, Prefectura logró burlar con éxito a la Justicia y
conservar el pacto de silencio al interior de sus filas. Sobre 351 represores
detenidos apenas dos pertenecen a Prefectura y ninguno pisó una cárcel. El
oficial Luis Leónidas Lemos es atendido por camaradas en la delegación
Corrientes. El ayudante mayor Juan Antonio Azic se recupera en Hospital Naval,
aunque se esmeró por evitar ese destino. Al enterarse del pedido de captura del
juez Baltasar Garzón caminó hasta una clínica, se sentó frente a la Virgen
Stella Maris, patrona de la Armada, y se disparó en la boca con su 9 milímetros.
Sobrevivió, hasta ahora en silencio.
Héctor Febres tampoco habló: murió envenenando con cianuro en su dúplex del
Delta. Hasta el final gozó de privilegios obscenos. Prefectura se esmera en
demostrar que fue un suicidio; la jueza que investiga su muerte sostiene lo
contrario. En la causa ESMA hay prefectos denunciados como Roberto Carnot, Jorge
Díaz Smith y Víctor Penna, pero el juez Sergio Torres aún no ordenó sus
detenciones. El único con pedido de captura, Gonzalo “Chispa” Sánchez –que
participó del frustrado operativo del grupo de tareas 3.3.2 para capturar con
vida a Rodolfo Walsh—, está prófugo.
La delegación Mar del Plata, que admitió su colaboración con la Armada,
participó en secuestros y tuvo centro clandestino propio. El subprefecto Silva
fue denunciado como interrogador y por su participación en reuniones de la
“comunidad informativa”. Pero sigue libre. La Justicia de Mar del Plata tampoco
investigó al subprefecto Pedro Luis Bustamante ni al suboficial torturador
Vicente Benítez
El caso Demarchi
En diciembre de 1974, tras haber estado preso por el crimen de Silvia Filler, el
CNU Eduardo Ullúa fue contratado como oficial segundo en la fiscalía de Gustavo
Demarchi, coordinador académico de la universidad donde el CNU Eduardo Cincotta
oficiaba de secretario general y donde la patota de la CNU brindaba “seguridad”.
Ullúa renunció el 14 de octubre de 1976. El abogado Alfredo Battaglia declaró
que vio armas sobre el escritorio de Demarchi y que “para los militantes de
izquierda era peligroso ir a la fiscalía”. Eduardo Soárez, hijo de un peronista
ejecutado por la Triple A de Mar del Plata el 27 de mayo de 1975 y ex secretario
de la regional local de Montoneros, denunció que Demarchi pertenecía a la CNU.
El ex fiscal lo negó y dijo que de haber pertenecido lo admitiría. Entrevistado
por 0223.com.ar explicó: “No soy de derecha, soy peronista”. Durante las
reuniones de “la Patria Peronista” en esa organización “había gente de CNU, del
Comando de Organización, de la Juventud Sindical Peronista y de lo que se llamó
Guardia de Hierro”, pero él sólo participaba en carácter de “asesor de la CGT”,
dijo. “Si bien respeto la moral judeocristiana, soy no creyente”, agregó, por lo
que no podría haber pertenecido a la CNU, que “profesaba una adhesión a la
Iglesia Católica en su doctrina social”. Cuando le preguntaron si como fiscal
investigó a la CNU, respondió: “No hubo que investigarla en ese momento”. Las
pruebas acumuladas en el TOF sugieren lo contrario. La Dipba incluye al ex
fiscal entre quienes “si bien no pertenecieron formalmente al grupo” integraban
“la misma corriente ideológica de ultraderecha y estuvieron relacionados”. La
Justicia nunca lo investigó.
Impunidad en Mar del Plata
Mar del Plata tiene casi 300 desaparecidos y apenas nueve represores procesados:
uno en cárcel común, otro en una comisaría y el resto goza del calor hogareño.
El único prófugo es el ex jefe de la CNU Fernando Federico Delgado, con orden de
captura por el secuestro de Oscar González. Delgado ya había estado prófugo en
1971 por el asesinato de Silvia Filler. El Ejército tiene dos presos en sus
casas: el coronel Barda, jefe del GADA 601, y el general de brigada Arrillaga,
ambos en Capital. Arrillaga interrogaba en las sesiones de tortura y salía de
cacería con peluca. En 1989 mostró su oficio tras el frustrado copamiento del
cuartel de La Tablada. El sargento ayudante (R) José Almada declaró que por
orden suya se torturó y ejecutó. Con esos pergaminos es vicepresidente del
Círculo Militar. Su ex chofer no está en su casa por ser civil aunque es bien
atendido en la seccional Playa Serena de la Policía Federal: se trata de Nicolás
Miguel Cafarello, alias “Tano” Nicola, un colimba que se integró por propia
voluntad a los grupos de tareas. El único represor encarcelado es el suboficial
Gregorio Molina, de la Fuerza Aérea, que prestó servicios en La Cueva, donde
torturó y violó. Su caso ya fue elevado a juicio oral. La Armada tiene seis
oficiales con domiciliaria: el vicealmirante (R) Juan José Lombardo, los
contraalmirantes (R) Juan Carlos Malugani (padece mal de Alzheimer) y Roberto
Luis Pertusio, los capitanes de navío (R) Mario José Fórbice, Rafael Alberto
Guiñazú y Justo Alberto Ortiz, quien alquila cabañas en Merlo, San Luis.
Página/12, 17/03/08
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