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El contramensaje del pensamiento nacional
como
guerrilla semiótica
Reformulando su contenido y elaborando y transmitiendo un mensaje de signo opuesto, el receptor se transforma a sí mismo en emisor y crea un contra-mensaje, que puede manifestarse de diversas formas.
Puede ser individual o colectivo, emanado de grupos organizados, o ligados
circunstancialmente por determinadas coincidencias. A grandes rasgos, puede
ser un contra-mensaje horizontal o un contra-mensaje individual.
El primero, generalmente (aunque no siempre) oral, puede expresarse con gran
riqueza en cuanto a variedades y formas. El ámbito laboral, el boliche o los
negocios del barrio, la mesa familiar, el asado y las fiestas populares, son el
ámbito natural de la forma más elemental del contra-mensaje horizontal: el
diálogo.
El diálogo como instrumento elemental de transmisión del contra-mensaje
logra su forma más acabada en las asambleas gremiales, en las discusiones en
el local partidario, en reuniones de asociaciones vecinales, etc. Pero
también en los cánticos con matiz político de las hinchadas de fútbol,
muchas veces derivados de jingles publicitarios o en revistas alternativas
como “Barcelona”. “Toda esta red de comunicaciones basada en la interacción
social de grupos e individuos, conforma una especie de malla protectora,
contra la penetración de la ideología de los medios de comunicación de masas
al servicio de las clases dominantes”(Guetti, Alejandro. “El pueblo es un
receptor activo”. En “Crear en la cultura nacional”Nº 14. junio / julio
1983).
El contra-mensaje vertical, a la inversa, es producido por grupos de receptores
que se organizan para convertirse en emisores, proveyéndose de los medios
tecnológicos a tal fin. Tal es el caso de esta iniciativa editorial de la
Corporación Buenos Aires Sur S.E. o la pagina Web y el programa radial
“Pensamiento nacional” que emitía “FM La Boca”.
Desde el momento que las comunicaciones y los medios se han transnacionalizado,
no podemos esperar de ellos un mensaje emancipador o de afirmación nacional.
Pero como la batalla por la identidad no puede ser librada fuera de los medios,
no queda más, como primera medida, que salir a conquistar espacios en ellos o
introducirnos en sus grietas para emitir mensajes alternativos y defenderlos
luego de las conspiraciones que vendrán. En segundo término está la creación de
medios alternativos, aunque tengan casi siempre un alcance restringido, como las
radios comunitarias y algunos canales de cable.
Pero como “Dios escribe derecho por líneas torcidas”, la propia globalización
nos ha brindado la formidable herramienta de Internet, que no reconoce fronteras
ni autorización del secretario de redacción de un diario o el director de
programación de un canal de televisión.
El especialista Paul Saffo, quien fue durante 25 años director del Instituto
para el Futuro, de Palo Alto, Estados Unidos, advierte que Internet ha hecho que
el e sistema actual esté en escombros, que las audiencias ya son fabricantes de
contenidos y que, si bien no se sabe si esto llevará a la democracia directa o a
dónde, está convencido de que “se creará una situación de hecho en la cual los
canales de decisión informales contarán más que los formales”
Ya se cuentan por centenares las páginas web de contenido nacional, muchas más
de las que en un principio hubiéramos imaginado, tales como
www.elortiba.org,
www.pensamientonacional.com.ar,
www.nomeolvidesorg.com.ar, y muchísimas más,
donde se ha abierto un fecundo foro de discusión, información e intercambio,
ajeno a las academias, las fundaciones, los diarios familiares, el periodismo
servil y el pensamiento oficial y regimentado. Es decir, está lo que podríamos
llamar “guerrilla semiótica”, tarea a la que deben sumarse los intelectuales
nacionales y los educadores probos y que consiste en devolver los falsos
mensajes a sus emisores haciéndolos operar en su contra. Para ello es preciso
proveer a la gente de instrumentos teóricos que le permitan tal desmontaje de
todo lo estupidizante y antinacional que hay en los medios, así como defender su
cultura (popular, nacional y americana) de la degradación a la que la somete la
subcultura mercantilista.
Al tratar de desarrollar el tema de la respuesta popular (como vimos, real y
concreta) a los medios de comunicación masivos controlados por el poder
transnacional, no hemos querido más que relativizar el poder político e
ideológico de los medios. En este sentido coincidimos plenamente con Carlos
Campolongo, cuando en las postrimerías de la última dictadura escribió: “Otro
punto que queremos destacar es una suerte de desmitificación, como creer que la
revolución que la Argentina reclama se hará desde los medios de comunicación
(...) No suplantan la acción política. Si se desarrolla en el gremio, la unidad
básica, el comité, no habrá poderoso medio de comunicación que pueda torcer la
voluntad decidida del pueblo”(Campolongo, Carlos. “Una propuesta popular para
los medios de comunicación”. En “Crear en la cultura nacional”Nº 12, enero /
marzo 1983).
Pero para desilusión de aquellos que soportaron estoicamente este fárrago,
debemos decir que todo esto ya lo había anticipado y sintetizado Perón en “El
Proyecto Nacional” (que lo tenía, pese a que algunos imbéciles lo nieguen y le
atribuyan el mérito a Frondizi):
“Los medios de comunicación masivos se incrementaron, pese a ser sometidos a
restricciones selectivas que respondían a los intereses de las filosofías
dominantes. Así, dichos medios se convirtieron en vehículos para la penetración
cultural. Por otra parte, es interesante observar lo que sucede con la
comunicación de los grupos postergados o aislados de la sociedad, como en la
práctica aconteció con el Movimiento Justicialista durante casi veinte anos. La
respuesta no dejó lugar a dudas: cuando se observa una profunda fe en ideas y
valores, la coerción interna no puede impedir que se desarrollen mecanismos
informales de comunicación directa. Puede destruir los medios formales, pero no
puede hacer lo mismo con aquellos cuya energía de transmisión nace del poder de
la ideología del grupo. La opinión pública del país está lo suficientemente
preparada para criticar las informaciones que recibe.” (Perón, Juan D. “Modelo
Argentino para el Proyecto Nacional” Discurso del 1 de mayo de 1974)
Finalmente, acotaremos que el contra-mensaje, tal como lo hemos descrito, no
deja de ser un instrumento de resistencia, aún en sus formas tecnológicamente
más desarrolladas, debido a la dispersión que lo caracteriza.
“Inexorablemente, se llega a una instancia en la que la actividad cultural de
las masas requiere un salto cualitativo que la eleve por sobre el nivel de la
simple resistencia. Y el instrumento adecuado para ello, no es otro que el
instrumento de poder político que aglutine y movilice todos los esfuerzos en
torno de un programa nacional y popular” (Guetti, Alejandro. Op. Cit,)
José Luis Muñoz Azpiri (h)
Fuente: Instituto Nacional de Investigaciones Históricas "Juan Manuel de Rosas
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