Pagni, el examen de laboratorio y el nazismo

Por Conrado Yasenza*

El periodista del diario La Nación, Carlos Pagni, sostiene en su nota
"Un experimento negativo" que la disertación de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la Cátedra Argentina en la Universidad de Georgetown, fue un examen en el que debió seducir y justificarse al mismo tiempo. ¿Cuándo? Al abrirse la ronda de preguntas. Es decir, Pagni hace una clara alusión a esa suerte de examen para poner de manifiesto, según su opinión, el déficit - que conduce a la Presidenta al nerviosismo y la excitación desbordante - que nuestra mandataria demuestra para enfrentar conferencias de prensa. Pero continuemos, ¿A qué tipo de examen se refiere Pagni? No a uno académico, sino a un examen político. ¿Yquiénes son los examinadores? Nos informa entonces: Los examinadores fueron los asistentes a esas clases, quienes al preguntar no buscan - en palabras de Pagni - que les den una lección sino certificar o corregir hipótesis que los mismos se han formado acerca de la Presidenta de la República. He aquí un primer inconveniente: ¿Cómo elaboran esas hipótesis los asistentes a las clases? ¿En base a qué informaciones? Podríamos arriesgar nuestra hipótesis, y para ello nos referiremos a las declaraciones del corresponsal en Buenos Aires para la cadena de noticias ABC News, Joe Goldman, quien en una entrevista realizada por Roberto Caballero y Marcos Cittadini en Radio Nacional, señaló que "los medios de las agencias (en Estados Unidos) leen Clarín y La Nación. Con Clarín la amargura llega y uno tiene que lidiar con eso". Es decir, las agencias de noticias que proveen de información a los medios de Estados Unidos de Norteamérica sobre nuestro país, sobre nuestra Presidenta y sobre la región, levantan las notas que publican aquí los diarios Clarín y La Nación, diarios que como sabemos, han entablado una guerra de trincheras simbólica y comunicacional con el Gobierno argentino. A su vez, y por el tenor y el dato duro de las preguntas escuchadas luego de la exposición de la Presidenta, es plausible inferir que aquellos mismos asistentes a las clases se informan a través de aquellos medios que en su país toman como información lo provisto por las agencias de noticias las cuales se nutren de la lectura de Clarín y La Nación. (Breve digresión: he ahí el contundente poder de lobby de estas corporaciones económicas con anclaje en la comunicación)

Es una hipótesis que se puede contratar, entonces, y no es de presumidos sostenerla, como indica Pagni, si además sumamos a estos datos el relato que ofrece sobre nuestro país y la región suramericana, la cadena de noticias CNN.

Pero Pagni continúa y afirma que el experimento de la Presidenta fue negativo ya que "no hubo consultas sino cuestionamientos". ¿Y cuáles fueron esos cuestionamientos? Tópicos ofrecidos por el periodismo vernáculo: La renuencia presidencial a brindar conferencias de prensa y el cuestionamiento a los datos sobre inflación y estadísticas elaborados por el INDEC. Sumado a esto, las relaciones políticas y económicas que Cristina Fernández tiene, y defiende, con el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. A ciertos sectores sociales políticamente informados de los Estados Unidos - como lo sabemos, como lo hemos visto - el avance regional de lo que consideran populismos autoritarios, les preocupa. Como a Pagni. ¿Y qué les preocupa? Bueno, la consolidación - y en esto el triunfo de Chávez en la próximas elecciones es crucial - de un potente bloque político, económico y cultural conformado por Brasil, Venezuela y Argentina. Y esa consolidación implica también el afianzamiento de políticas que se orienten hacia una mayor intervención Estatal sobre la economía y el mercado, a lograr mayores niveles de inclusión social, desarrollo y crecimiento económico. En síntesis, lo contrario al paradigma político y económico que Pagni y los economistas ortodoxos de derecha como Melconián o Broda, imaginan como modelo para el país y la región.

El columnista de La Nación afirma, en otro párrafo de su nota, que "las preguntas no ayudaron al éxito, pero las respuestas lo alejaron más. Cristina Kirchner hizo una demostración práctica de que no está en condiciones de aceptar conferencias de prensa. Cuando las respuestas no fueron chicanas o coartadas, desnudaron su gran desconocimiento de los temas" Y entonces, vuelvo otra vez a Joe Goldman: "Argentina ha ganado espacios diplomáticos y mucho terreno en los últimos años" para luego agregar que el Gobierno de Cristina Fernández "ha tenido logros y podría contestar cualquier pregunta", además de afirmar que la Presidenta, por estas mismas razones, podría dar conferencias de prensa en el país. Este cronista tiene una posición tomada en relación al tema: Nada importante a nivel informativo se obtiene de las conferencias de prensa, y menos en el clima actual de enfrentamiento. Pero las formas y protocolos indican que esa es la forma en que la Presidenta se comunica con los periodistas acreditados en Casa de Gobierno, y tal vez, no estaría mal ofrecerlas. La Presidenta, aun en un clima sumamente hostil, arriesga este escriba, tiene resto argumentativo, técnico y político para responder cualquier pregunta, aun las chicaneras. Es más, creo que le sumaría unos tantos (en jerga de truco).

En otra parte de la nota, Pagni asevera que el Gobierno ofrece una resistencia a abrirse a la prensa, y le adjudica a la Presidenta la siguiente tesis: en la Argentina no son las autoridades las que se enfadan con las preguntas, sino los periodistas los que se muestran intolerantes con las respuestas. Y sí, claro, es así, y basta leer todos los días los titulares de los medios con posición hegemónica para observar la tergiversación de los datos dados por el Gobierno - y soy generoso, por no llamar a ese ejercicio para nada deontológico, malicia y mendacidad. Vale como muestra, para afirmar que esa irritación es real, recordar la furibunda reacción del periodista de La Nación, Mariano Obarrio, quien durante una conferencia de prensa se ofusco con el Ministro del Interior, Florencio Randazzo, por un comentario acerca del titular de una nota publicada en el diario y con su firma, en lugar de enojarse con el editor que le cambió el título. Obarrio se retiró a los gritos y pateando puertas.

Las afirmaciones de Pagni sobre el estallido de la economía como hecho ya acontecido y como consecuencia del 25 por ciento de inflación y el "corralito cambiario" - es sagaz Pagni para elegir sintagmas que contienen un alto impacto simbólico y que remiten directamente al peor momento social y económico vivido en el país - constituyen ya elementos clásicos del arsenal lingüístico desplegado por una derecha deseosa de volver a los años en que se implementaban recetas impartidas desde el FMI y el Banco Mundial. Para Pagni, el ahorro en dólares está vinculado estrictamente a la inflación y no a una matriz cultural signada por fuertes devaluaciones sufridas por nuestra sociedad desde 1975 y hasta el 2001, devaluaciones que han dejado huellas, marcas, heridas en el cuerpo social de la republica, devaluaciones devenidas de procesos de libre flotación del dólar, inundación de divisa norteamericana, apreciación del peso o la moneda nacional y destrucción de la industria, la producción y el trabajo. Basta observar las medidas que ha tomado recientemente Brasil para administrar el tipo de cambio y proteger a su economía.

Nada dice Pagni de los espacios diplomáticos que la Argentina ha logrado en los últimos años; "mucho terreno ganado" como manifestó Goldman.

Pero otra vez, Pagni, trata de instalar analogías del terror. Y lo hace ya desde hace tiempo y junto a el periodismo y la intelectualidad "republicana e independiente". Desliza Pagni la peligrosa homologación del Gobierno Nacional con el Nazismo. Donde Pagni dice que las raíces del nazismo no hay que buscarlas en la compleja perversión nacionalista que contaminó la cultura alemana sino en las asfixiantes condiciones que el Tratado de Versalles impuso a Berlín, puede leerse que en la Argentina, desde la irrupción del Kirchnerismo, y aún peor, desde la aparición del hecho maldito del país burgués, El Peronismo, una ola turbia de nacionalismo populista ha tomado por asalto la tradición, el corpus paradigmático que organizó política, social y económicamente al país bajo el ideario de la Generación del 80 y la Matriz Sarmientino-Mitrista de la República blanca, occidental y civilizada. Ya no es el enemigo rojo el que representa una amenaza para la República. Hoy es el nazismo disfrazado con los ropajes de los populismos nacionales y populares. Y esta es otra de las aristas de la batalla cultural: Pagni, y la derecha inorgánica, sienten que el Kirchnerismo es contaminante para nuestra cultura, y origen de la tiranía que vuelve a azotar nuestras tierras, como lo fue el nazismo para la sociedad alemana. Y así es como se reafirma, se refuerza, la idea atizada desde los mass-media, y adoptada por ciertos sectores de las capas medias, de que en la Argentina impera una tiranía (la tercer tiranía) o lo que la vulgata cacerolera llama dictadura K. Nada de ingenuidad o inocencia en Pagni; nada de artículos para ser leídos y olvidados. Y por ello mismo, nada de espontaneidad en los cacerolazos (aquí y en EE:UU) y mucho del discurso del terror criminal de la muerte en las convocatorias a escraches a funcionarios del Gobierno. Y esto, ya lo sabemos. Y pagni lo sabe.

* Periodista. Dtor. de La Tecl@ Eñe - revista de Cultura y Política www.lateclaene.blogspot.com