19
de enero de 1906 - Fallecimiento de Bartolomé Mitre
|
| |
|
Hosted by eSnips |
Si Mitre hubiera muerto sesenta años antes, nos hubiera ahorrado muchas
vidas y sacrificios… y la historia sería otra.
"Bajo ningún gobierno sudamericano corrió más sangre que bajo el suyo: de
orientales, de paraguayos, de brasileros, de porteños, de provincianos."
(Luis Alberto Herrera, Buenos Aires, Urquiza y el
Uruguay, p.116) [A. G. Mellid, p.340]
"Solo Mitre, no reelecto, y derrotado en sus nuevas tentativas de rebelión,
fue superior a todos los fracasos. Excluído de la política, politiqueó con
la historia, exigiendo un anticipo de gloria para hacerle coacción a la
posteridad. Es el caso más notable que se conoce de voluntad perseverante
para la propia glorificación. Napoleón falsificando la historia en Santa
Elena es un infeliz comparado con Mitre. Napoleón disponía de una epopeya y
de un Memorial. Mitre se inventó a si mismo. Toda su vida política, militar
y literaria es la sugestión imperiosa de un megalómano". (Carlos Pereira.
Francisco Solano López. nota al pie p.118 / AGM.t.I.p.72)
Mitre era argentino de casualidad. Hijo de una modesta familia uruguaya nació
accidentalmente en Buenos Aires.
Como militar se destacó porque aún contando con fuerzas superiores, nunca
ganó una batalla. Como político, su ascenso fue paralelo con el que hizo en
la masonería. Como historiador contó y ocultó lo que le convino.
A los 14 años Bartolomé comienza a trabajar en una de las estancias de
Rosas, "El rincón
de López", regenteada por Gervasio Rosas, hermano del
restaurador. El joven Mitre no logra adaptarse a la férrea disciplina de la
estancia y es devuelto por Rosas a su padre con estas palabras: "Dígale a
Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni
servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo
y se pone a leer."
Durante la época de Rosas se dedicó a la literatura periodística defendiendo
los argumentos unitarios, desde Montevideo, sin cruzar el charco. Participó
durante la batalla de Obligado, pero no como soldado sino como observador.
Tampoco lo hizo desde las baterías de Obligado ni de tierra firme, sino
desde los buques ingleses que violaban la soberanía nacional. ("El grumete"
lo apoda Carlos Saavedra Lamas)
"Los que cometieron aquel delito de leso americanismo (apoyar la invasión
francesa), los que se echaron en brazos de la Francia para salvar la
civilización europea, sus instituciones, sus hábitos e ideas en las orillas
del Plata, fueron los jóvenes, en una palabra, ¡fuimos nosotros! ... Somos
traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara... De eso se
trata, de ser o no ser salvajes" (Sarmiento)
Apareció en Buenos Aires después de Caseros henchido de ideas liberales y
patrioterismo. Su pluma hábil y sus discursos, su pálida figura flaca y
alta, ("El Tísico" lo apoda Urquiza) su traje de gabardina inglesa, su barba
y melena larga le dieron cierto renombre de joven romántico, una especie de
Don Quijote adaptado al Buenos Aires de la época, que provocó la adhesión y
admiración de los jóvenes románticos que festejaban sus discursos ampulosos
y lo acompañaban hasta su casa vitoreándolo, creyéndolo además un glorioso
militar, sin su debida oportunidad hasta el momento. La búsqueda de gestas
heroicas como pedestal para su política de charlatanes lo llevo buscar
glorias que nunca obtuvo, y a perder a mano de un minúsculo grupo de indios
mal armados, que con la tercera parte de las fuerzas en Sierra Chica le
comieron hasta los caballos.
Coronel artillero y amante de las culturas foráneas, estudiaba las tácticas
y estrategias de guerra científicas que se aplicaban en Europa, pero no
daban resultados en estas pampas salvajes. Iluso, se veía a si mismo como
una especie de genial estratega al estilo de Napoleón o Carlomagno. Incapaz
en el campo de batalla ("a Mitre no se le ocurre nada en el campo de
batalla" diría D'Amico, oficial porteño.) pero dotado de un optimismo
enfermizo lo hacia avanzar en el campo de batalla "hacia ningún lado", como
cuando las tropas enemigas se le habían esfumado en Cepeda y su terquedad no
le dejaba ver que estaba totalmente derrotado, casi solo, de noche en le
medio del campo y totalmente rodeado por un enemigo que le daba la
oportunidad de escabullirse. Escarmentado en todas las batallas que
participó y más predispuesto a salvar el pellejo que a arriesgarlo lo
llevaba a disparar antes de tiempo, como en Pavón cuando Urquiza le
"regalaba" el campo de batalla y la victoria. "No dispare general, que ha
ganado" diría el parte que lo alcanzaba en su huida furtiva, para enterarlo
de la realidad.
Incapaz de matar una gallina con un cañón, era capaz de cazar dos leones con
la charla, hacerlos pelear entre si hasta quedar extenuados y convencer al
ganador que se sometiese manso, a sus concejos.
Vencido en los campos de batalla era capaz de transformar las derrotas en
triunfos o en "heroicas retiradas", buscar chivos expiatorios (Alsina) y
volverse sobre el vencedor (Urquiza) y halagarlo hasta someterlo enredado en
su política y su palabrerío (a Urquiza, lo llamará el "Washington de la
América del Sur" para sobrealimentar su ego).
Falsificación
de la historia
Como historiador engañó a generaciones enteras: Mitre había escrito la
historia de Belgrano (bastante criticada por Vicente Fidel López en esa
época) y Adolfo Saldías (liberal, discípulo y admirador de Mitre), le
propuso a Mitre (y éste lo alentó) continuar con la historia de la "tiranía"
de Rosas y la "liberación" de Mitre. Saldías se tomó las cosas en serio y
revolvió todos los documentos de la época, y hasta el propio archivo de
Rosas en Inglaterra, facilitado por Manuelita Rosas. Cuando terminó su
Historia de Rozas, luego Historia de la Confederación Argentina, (basada en
un estricto estudio de la documentación), le mandó orgulloso un ejemplar a
Mitre para pedirle opinión sobre su investigación histórica; Mitre le mandó
a Saldías una carta con una serie de gansadas y reprochándole entre otras
cosas que no había mantenido los "nobles odios que todo liberal debe
mantener a toda tiranía"; o sea que para Mitre la historia no se hace en
base a "documentos", sino a "nobles odios". El loco Sarmiento fue más
sincero: "Jovencito, no tome como oro de buena ley todo lo que hemos escrito
contra Rosas. Nosotros éramos sus enemigos políticos" (JMR tVVII.p.187).
"Los federalistas no solo quieren que Buenos Aires no sea la capital sino
que como perteneciente a todos los demás pueblos divida con ellos el
armamento los derechos de aduana y demás rentas generales; en un palabra que
se establezca una igualdad física entre Buenos Aires y las demás provincias,
corrigiendo la naturaleza que nos ha dado un puerto, unos campos, un clima y
otras circunstancias que le han hecho físicamente superior a otros pueblos,
y a la que por las leyes inmutables del orden del universo está afecta
cierta importancia moral de un cierto rango" (La Gazeta de Buenos Aires
15-12-1819) [AGM.p.103]. ¿Cuales eran las leyes inmutables del universo que
condenaban a las provincias a pagar derechos de aduana para su comercio?
¿Por qué se adjudicaba Buenos Aires las rentas de un puerto y negaba el
comercio a través de cualquier otro?
"…Siendo Buenos Aires la única base posible de un gobierno general, el único
centro de donde podría partir un impulso vigoroso y una inmensa masa de
recursos puestos al servicio de la comunidad…" (Mitre. Historia de Belgrano
II cap. XXVII, p.364) ¿A que "inmensa masa de recursos" se refería Mitre? La
inmensa masa de recursos de la oligarquía porteña, eran precisamente los
recursos de la aduana del puerto, cuyo beneficio debería haber pertenecido
al interior. ¿Al "servicio de qué comunidad" se referiría Mitre? ¿A "su"
comunidad? ¿A la comunidad británica? ¿A la comunidad masónica?
"Aquí en Buenos Aires se juega con los pueblos y se les ata como mansas
bestias al carro de la fortuna de cuatro docenas de hombres…" (Gorriti,
Papeles y Memoria, public. of Jujuy,1936). A estos hombres Rosas los llamó
"los quebrados y agiotistas que forman esa aristocracia mercantil" (Rosas a
Estanislao López, Hacienda de Rodríguez, 12 dic. de 1828) "… Los que han
querido mantener en sus manos el monopolio del comercio exterior y en su
cofre el producto de las rentas que le produce. El puerto único habilitado
por las Leyes de Indias para el comercio exterior ha pugnado por mantener
sus caducos privilegios. Esta es la verdad histórica. Este es el punto de
partida de nuestra revoluciones." (Benigno T. Martínez, Historia de Entre
Ríos).
Hay que aclarar sin embargo que nos referimos "cuatro docenas de hombres" y
no al pueblo de Buenos Aires o de la campaña, que tal vez fue la primer
victima de la oligarquía porteña, también explotada y despreciada por la
gente "ilustrada". Vicente Fidel López, historiador liberal unitario, se
refiere en estos términos despectivos hacia el pueblo: "En la provincia de
Buenos Aires, excitada por el partido de oposición (Federal)… las
muchedumbres de la campaña y la hez de los suburbios, repletos todavía de
plebe desmoralizada… se contagiaban por instantes con el ejemplo de las
provincias, y era de temer que de un momento a otro hiciesen explosión, en
el seno profundo y sombrío de las masas, aquellos instintos vagos y bárbaros
que se desatan….cuando esta clase de perturbaciones aflojan los vínculos de
orden social…" (V.F.López. Hist.de la Rep.Arg, t.X.p.230).
|
|
No
toda la oligarquía porteña fue "nativa del puerto". También formó parte de
esa oligarquía gente del interior, como el sanjuanino Sarmiento, los
cordobeses Paz y Vélez Sarsfield, los tucumanos Avellaneda y Roca, los
orientales Paunero y Flores, etc.
Por obra de Buenos Aires no somos los Estados Unidos del Sur, tan potentes y
grandes como los del Norte; a la oligarquía portuaria y a los ideólogos del
unitarismo se lo debemos. (García Mellid, Procesos a los Falsificadores de
la historia del Paraguay-t.I.p.94.100).
Mitre, la corrupción y el
fraude
Después de Caseros, Urquiza se instaló en la casa de Rosas en Palermo. Como
Lavalle, para asegurarse el apoyo político repartió dineros públicos entre
un numeroso grupo de oficiales y allegados. El reparto fue mayor que en
1829; también lo era el tesoro en 1852. Las órdenes de pago más modestas
eran por veinte mil pesos. Don Vicente López y Planes cobró 200 mil pesos y
aceptó asumir como gobernador de Buenos Aires.
He aquí una pequeña parte de la lista de los que recibieron los "incentivos
de Urquiza", claro que con dineros públicos:
Tte. Cnel. Hilario Ascasubi, 10 mil / Cnel. Manuel Escalada, 100 mil / Gral.
Gregorio Aráoz de La Madrid, 50 mil / …./Cnel. Bartolomé Mitre, 16 mil.
Con el correr del tiempo y el fraude sería gobernador de Buenos Aires,
"Encargado del Ejecutivo Nacional", y más tarde Presidente. Adolfo Alsina le
reprochará luego haber sido "presidente de hecho con facultades
completamente dictatoriales".
"Consta de la administración del Gral. Mitre que nunca propuso, ni sus
partidarios apoyaron, ningún proyecto de ley que tendiese a evitar, corregir
y castigar los fraudes ni las violencias en las elecciones. Consta
igualmente que durante esta administración fueron destituidos empleados
superiores por no participar de la opinión del gobierno en una elección
popular." (D. F. Sarmiento, "La Tribuna", 9 de octubre de 1874.
"Después de la caída de Rosas, Buenos Aires fue educada en la practicas de
la libertad por demagogos. El fraude, la falsificación de las urnas
electorales vienen de 1852 por los comicios organizados por Mitre. Después
de veinte años de este sistema Mitre se ha quedado solo en la República con
sus paniaguados. En Buenos aires hay tal libertad de sufragios que ni a
palos harán que el pueblo concurra a elecciones". (Sarmiento, siendo
Presidente, año 1872).
"Nuestra base de operaciones ha consistido en la audacia y el terror que,
empleados hábilmente han dado este resultado admirable e inesperado.
Establecimos en varios puntos depósitos de armas y encarcelamos como unos
veinte extranjeros complicados en una supuesta conspiración; algunas bandas
de soldados armados recorrían de noche las calles de la ciudad, acuchillando
y persiguiendo a los mazorqueros; en fin: fue tal el terror que sembramos
entre toda esta gente con estos y otros medios, que el día 29 triunfamos sin
oposición." (Sarmiento, carta a Domingo de Oro, 17 de junio de 1857, en
Peña, Milcíades: "La era de Mitre", Bs. As., Fichas, 1973).
"Como encargado del Ejecutivo Nacional", en 1862 regresa a Buenos Aires al
frente de la guardia nacional, declarando "¡Pueblo de Buenos Aires! ¡Os
devuelvo por segunda vez intactas las legiones que me confiasteis en el
momento de peligro!". (por ser "guardia nacional" no había participado ni de
una refriega), y le escribe a Gelly y Obes "La guardia nacional ha sido
magníficamente recibida. Buenos Aires no recuerdan triunfo igual (¿?). Menos
fastuosos que los de la antigua República Romana, tal vez".
Como presidente adopta una política liberalista de entrega al capital
inglés. Entrega también los ferrocarriles, incluidos los ya construidos con
capital nacional, como el "Oeste", y al inaugurar la estación del "Sud"
(1862) dirá en su discurso "¿Quien impulsa este progreso? Señores: es el
capital ingles".
"… (Argentina) hace veinticinco años que sigue rodando en la pendiente y en
vez de contenerse, cada día aumenta la rapidez de su caída (…) Así, cada
crisis es dominada aumentando las causas que la produjeron: el empréstito;
la concesión de grandes negocios a capitales extranjeros; la hipoteca de
todas las tierra públicas y de las particulares; la venta en Europa de las
tierras nacionales y el aumento de los gastos de la Nación". (Carlos
D´Damico, ex gobernador de Buenos Aires, 1890).
Siendo ministro de Avellaneda, hablando de candidaturas, Roca le escribía a
Juárez Célman, en julio de 1978: "Resumiendo: tenemos a Sarmiento, que no es
una solución de paz para la República y que ya está bastante viejo. A Rocha,
Irigoyen y a mí, que no podemos ser candidatos con probabilidades de triunfo
y que seríamos muy combatidos. Yo también soy del mismo parecer: Mitre sería
la ruina para el país. Su partido es una especie de casta o de secta que
cree tener derechos divinos para gobernar la República. Tejedor, si no es
jefe de partido y tiene el mal sentido de elegir palabras (...), es hombre
recto, honrado, y no tan terco ni indócil como lo condenan las
exterioridades. Sobre todo creo que es la única carta que podríamos jugar
con éxito (...)" Poco tiempo después, Roca cambia de opinión y en mayo de
1980, le dice a Juárez Célman: "El Congreso, avasallado como está por las
Turbas a sueldo de Tejedor, no tenemos seguramente mayoría (….) Para
vengarme de todo esto, no se me ocurre otra cosa que Sarmiento; y también,
como asegurar las situaciones y fortunas políticas de nuestros amigos. El
Loco se nos entregará de cuerpo y alma y nos dará todo lo que pidamos, (...)
porque está poseído de la ambición más desenfrenada. Creo que con él, no
evitaremos una guerra civil, pero no la haremos en mi nombre y así sería más
seguro que los elementos militares de la Nación cayeran en nuestras manos;
quitando así la sombra de complicidad conmigo (...) Aunque lo de Sarmiento no
sea una resolución, conviene ir preparando hábilmente el terreno. Cuando nos
veamos arrinconados, le clavaremos este agudo arpón en el medio del lomo a
los señores mitristas, autores de todo esto, y seguiremos preparándonos en
silencio y con disimulo para pasar el Rubicón en mejor oportunidad" ("Juárez
Célman", Agustín Rivera Astengo) [Extraído de "Los heterodoxos del 80" de J.
Sulé]... la verdad que no tiene desperdicio.
El
desierto inconquistable - Sierra Chica, 31 de mayo de 1855
Durante la época de Rosas, prácticamente se habían terminado los malones, o
se reducían a pillajes sin importancia, por los tratos que Rosas había hecho
con los indios en 1833, entregándole mercaderías, yerba y caballos. Después
de Caseros no se mantuvieron los acuerdos, y los indios reanudaron los
malones, amenazando Bahía Blanca, 25 de Mayo, etc. Entre los caciques estaba
Catriel y Payné, comandados por Calfucurá.
"Juan Manuel es mi amigo. Nunca me ha engañado. Yo y todos mis indios
moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel no viviríamos como
vivimos en fraternidad con los cristianos y entre ellos. Mientras viva Juan
Manuel todos seremos felices y pasaremos una vida tranquila al lado de
nuestras esposas e hijos. Todos los que están aquí pueden atestiguar que lo
que Juan Manuel nos ha dicho y aconsejado ha salido bien..." Discurso del
cacique pampa Catriel en Tapalqué, celebrando la llegada de Rosas al poder en
su segundo gobierno. (Extraído del libro "Partes detallados de la expedición
al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833, recopilado por Adolfo Garretón,
Editorial EUDEBA, Buenos Aires, 1975).
"Nuestro
hermano Juan Manuel indio rubio y gigante que vino al desierto pasando a
nado el Samborombón y el Salado y que jineteaba y boleaba como los indios y
se loncoteaba con los indios y que nos regaló vacas, yeguas, caña y prendas
de plata, mientras él fue Cacique General nunca los indios malones
invadimos, por la amistad que teníamos por Juan Manuel. Y cuando los
cristianos lo echaron y lo desterraron, invadimos todos juntos".
(Expresiones del Cacique Catriel, extraídas del libro "Roca y Tejedor" de
Julio A. Costa).
¿Quien mejor que Mitre para darle un escarmiento a esos indios ignorantes
que andaban maloneando en la campaña de Buenos Aires? ¿acaso no había ido
Rosas en 1833 hasta Choele-Choel y Neuquén?
En Buenos Aires la juventud liberal lo despide con un banquete,(como
corresponde), donde Mitre promete "exterminar a los bárbaros". Allá va
entonces Mitre al frente de más de 900 hombres de infantería, caballería y
dos piezas de artillería, pero al llegar a las proximidades de Sierra Chica,
se topa con Catriel y Calfucurá al frente de 500 indios, que le aniquilan la
infantería, le toman la artillería y le desbandan la caballería. El Tisico y
el resto de la tropa que le quedaba apenas pudo salvar el pellejo trepando
a la Sierra Chica, inaccesible para la caballería. Los salvó la policía de
Tandil que los socorrió y les abrió una vía de escape (se volvieron de a
pie). Es curiosa la táctica de Mitre, que sale de Buenos Aires como
"caballería" pero regresa como "infantería".
No obstante esta derrota vergonzosa, Mitre llega a Buenos Aires donde es
agasajado por Sarmiento en un banquete (como corresponde), donde Mitre dice
otra de sus frases célebres (como corresponde) "El desierto es
inconquistable".
Mitre disimuló públicamente esta derrota vergonzosa, aunque en los partes no
pudo disimular (porque siempre hay algunos testigos batilanas) y el 12 de
junio le informa a Obligado: "Para ocultar la vergüenza de nuestra armas (la
vergüenza de Mitre será) he debido decir que la fuerza de Calfucurá ascendía
a 600, aún cuando toda ella no alcanzase a 500; así como he dicho que la
División del Centro no pasaba de 600, aún cuando tuviese más de 900, dos
piezas de artillería y 30 infantes el día que tuvo lugar su encuentro en el
que Calfucurá debió quedar destruido… He dicho también que por falta de
caballos, pero debo declarar a usted confidencialmente que ese día los tenia
regulares… Hasta ahora sabíamos que era un buen partido un cristiano contra
dos indios, pero he aquí que ha habido quien haya encontrado desventajoso
entre dos cristianos contra un indio." (Scobie, La lucha, p.132 /
JMR.t.VI.p.151).
Leyendo cuidadosamente las palabras del parte, y tomadas como de quien
vienen, podemos deducir que los indios eran 250, las tropas 1800, la
infantería 60 y las piezas de artillería cuatro. Y con jefes como ese, un
buen partido era por lo menos cuatro contra uno. Respecto a los caballos,
efectivamente ese día los tenia regulares… ¡cuando los tenia faltantes fue el día siguiente!
1859
Cepeda II o "La manera más insólita de perder una batalla"
Si no fuera por la sangre derramada por los pobres gauchos que entregaban su
vida tal vez sin saber los motivos, los próximos episodios de la lucha de
federales y porteños, en lugar de capítulos de la historia, bien podrían
formar parte de una especie de miniserie tragicómica, apta para todo
público.
Hacia tiempo que ambos bandos, divididos, se miraban con ganas, pero ante la
falta de apoyo externo, ninguno de los dos se animaban.
Urquiza mientras tanto negociaba con López, de Paraguay, para que le
facilitara algunos vapores que le permitieran cruzar el Paraná, a cambio de
reconocerle la soberanía paraguaya sobre el Chaco, pero el desconfiado
Supremo quería primero "el reconocimiento" y después "los vapores". Para
cuando Urquiza le mandó a Luis José Peña con autorización para el
reconocimiento, los porteños ya lo habían sitiado a Urquiza en Paraná y
López le negó los vapores: "Urquiza está perdido. Se ha dejado sitiar en su
propia capital y es imposible que reaccione. Todos sus planes han fracasado.
Yo no he tratado con semejante gobierno. Los vapores que había ofrecido son
ya inútiles, no los entrego" le hace saber López a Peña.
Urquiza, enfurecido, quiso tomarse la revancha con López, y de paso ganarse
el apoyo inglés. López descubrió el complot de James Canstatt (Oriental de
origen inglés) para asesinar a López, y lo mandó preso. El cónsul Henderson
de Asunción salió en defensa de "la libertad del súbdito ingles" pero López,
que no era de arriar con el poncho, le contestó que "el ciudadano oriental
Santiago Constatt estaba sometido como todo habitante, a las leyes del
país". Como Henderson le retrucara "por la injusticia notoria", López le
mandó los pasaportes como para que baje el tonito de voz. Más tarde Thornton
se presentaría ante López para pedir explicaciones pero Don Carlos lo recibe
"sentado y con el sombrero puesto" porque la Reina Victoria había recibido
al representante paraguayo en el trono con la corona puesta, y él no era
menos que la reina ni Inglaterra era más que Paraguay. Urquiza vio entonces
la oportunidad de vengarse de López (su compadre) y de paso agarrarse de
alguna tabla para seguir flotando, y le ofreció todo el apoyo a los
ingleses. "si a consecuencia de la ofensiva conducta del gobierno del
Paraguay, el gobierno inglés cree necesario enviar una expedición a la
capital de esa república (Paraguay), Su Excelencia (Urquiza) no solo
consideraría favorablemente tal procedimiento, sino que ofrecería todas las
facilidades que estuviesen en su poder, tal como abastecer las fuerzas con
carne y provisiones (¿un negocito?), permitir depósitos de carbón, etc., y
hasta proporcionaría hombres y caballos si fuera necesario", (los ingleses
libras esterlinas y nosotros la sangre de los gauchos) agregando "que haría
un gran servicio a la causa de la civilización obligando al presidente López
a cambiar su política exclusivista por una más liberal (...)" (¡Flor de
compadre tenía López!) Es de hacer notar que Urquiza ofrecía fácilmente
"hombres y caballos", pero nunca un peso de su incalculable fortuna personal.
Como los ingleses "ni le contestaron", Urquiza se quedó en Paraná, encerrado
en su casa, como loco malo, y sin atender a nadie.
La Confederación estaba construyendo una flotilla en Montevideo, financiada
con fondos del barón de Mauá (el brasilero financista de Caseros, testaferro
de Rothschild y virtual dueño de Uruguay). Por su parte Buenos Aires., que había
artillado Martín García para cortarles el paso a la Confederación, les mandó
dos naves a bloquearles el puerto de Paraná para que Urquiza no pudiera
cruzar el río con su ejército, acantonado en Paraná. Con los federales
encerrados en Entre Ríos la guerra estaba ganada sin pelear, y bastaba que
Buenos Aires mandara los bomberos a Santa Fe y dejarlo a Urquiza que se entendiera
en su Mesopotamia.
El jefe militar natural de Buenos Aires, bien podría haber sido el experimentado
general Hornos, pero los mitristas preferían darle a Mitre la oportunidad de
una gloria militar (que nunca tuvo) que le sirviera de pedestal para sus
ambiciones políticas. El argumento era que había que remplazar los militares
"intuitivos" por militares "científicos" , en este caso el coronel artillero
Mitre, que se había leído todos los libros de estrategia francesa. Al
conocer estos argumentos para darle el mando a Mitre, el general Hornos, al
mejor estilo de los geniales monólogos de Tato Bores, comentaría
irónicamente "Si el general en jefe quiere ganarle a Urquiza a la europea,
acabaremos disparando a la criolla", (Cárcano, JMR.t.VI. p. 267) Los hechos,
bien pronto le darían la razón Hornos.
Encerrado entonces Urquiza en Paraná sin medios para cruzar el río, el
ejercito porteño al mando del militar científico Mitre, con la orden del
ministro de guerra (Obligado) avanzó "a la mayor brevedad posible" hasta San
Nicolás, donde estableció su base. Era tal la euforia y confianza porteña,
que Vélez Sársfield le encargó a Mitre "el caballo en que entre triunfante
en Rosario para usarlo yo en esta primavera y verano" Mitre se demoró
inexplicablemente en San Nicolás, (tal vez armando su escritorio para
redactar los partes de la próxima victoria, o repasando sus tácticas de
guerra francesas) hasta que un hecho inesperado vino a cambiar la situación.
En el vapor Pinto, una de las dos naves que bloqueaban Paraná, se produjo el
levantamiento de un sargento y un cabo que entregó a los federales la nave
con toda la oficialidad. El otro vapor escapó a Buenos Aires tiroteado desde las
batería de Rosario. Urquiza entonces rebautizó el vapor "9 de julio" y lo
incorporó a la flotilla que desde Montevideo logró forzar a duras penas el
paso de Martín García y remontar el Guazú. Tenía entonces Urquiza los medios
para cruzar el río.
En el interín aparecería también como actor de reparto el representante
norteamericano Yancey, que en agradecimiento del la mano que le dio
anteriormente Urquiza en su entredicho con Paraguay, se ofrece como
mediador. Hace varios viajes entre Rosario y Buenos Aires sin conseguir nada de
los porteños que se sentían fuertes con Urquiza del otro lado del Paraná y
un militar "científico" en la orilla opuesta.
Con la flotilla, Urquiza pasa el río con 10.000 hombres, con el cintillo
punzó de Rosas, aunque levemente cambiado el texto por "Defendemos la ley
federal jurada. Son traidores quienes la combaten" que sonaba un poco más
"civilizada" que aquella de "Viva la Santa Federación. Mueran los Salvajes
Unitarios". Mitre, que buscaba un escenario digno de sus futuras glorias, se
traslada bordeando el Arroyo del Medio hasta el campo de Cepeda, con un
ejercito que, si bien con menos caballería, doblaba al de Urquiza en
infantería, cañones y armamento (el mayor ejército, descartando el de
Caseros). Se establece entonces en Cepeda, donde Ramírez y López vencieron a
Rondeau en 1820, que le pareció adecuado a su trayectoria histórica futura
"Aquí fue la cuna del caudillaje, aquí será su tumba" diría Mitre
pomposamente.
Mientras repasaba sus lecciones de estrategia francesas, mandó a la
caballería que "vichara" el ejército enemigo, aunque sin dar batalla. Allá
fueron Hornos y Flores con 4.000 jinetes, pero al encontrarse
sorpresivamente con el ejército federal se desbandaron inmediatamente a los
cuatro vientos. La caballería porteña "despareció como el humo, sin
combatir" dirá el parte de batalla en palabras del propio Mitre. Se cumplía
entonces la profecía de Hornos "Si el general en jefe quiere ganarle a
Urquiza a la europea, acabaremos disparando a la criolla".
Mientras tanto Mitre, que ya se había decidido por la táctica francesa del
"orden oblicuo", formó sus tropas en el campo de Cepeda en esa formación
defensiva: "ya verán esos gauchos ignorantes – habrá pensado El Tísico– lo
que es enfrentarse con una técnica "científica". Atrás suyo puso la
caballería que Hornos había alcanzado a salvar "disparando a la criolla".
Urquiza, que había avanzado apresuradamente sin esperar el parque de
municiones atrasado, se encontró de pronto frente al "orden oblicuo" del
ejercito porteño, sin poder atacarlo sin municiones. Se quedaron todo el día
mirándose, desorientado tal vez Urquiza (como había previsto Mitre) ante la
nueva táctica porteña, sin entender porque no aprovechaba el momento el
ejercito porteño. Es que Mitre, no podía atacar sin romper "el orden
oblicuo"… "a Mitre no se le ocurre nada en el campo de batalla", diría
D`Amico, oficial porteño.
Cuando a media tarde llegó el parque federal, Urquiza avanzó su ejercito,
pero en vez de hacerlo de frente, (tal vez en un gesto de caballerosidad,
por no romperle las filas a Mitre) lo hizo por ambos flancos, rodeando al
ejercito porteño. Mitre, que vio el Campo despejado, desenvainó su espada y
al grito de "¡Victoria, Victoria!" avanzó hacia donde suponía estaba el
ejército federal. Pero no tenía en frente ni el ejército federal y ni
siquiera molinos de viento con quien pelear, de manera que al llegar la
noche, decidió acampar. Estaba completamente rodeado por los federales.
Mitre no tenia idea de lo que había pasado: "recorriendo la línea la saludé
vencedora en el campo de batalla" dirá, y entre vivas a Buenos Aires cantaron el
Himno Nacional. Mientras tanto Urquiza, instalado en la propia carpa que
Mitre dejó en Cepeda, y tal vez desorientado todavía por el "orden oblicuo",
se preguntaba que había hecho "el farsante general en jefe, cuya impericia
se había puesto de manifiesto desde el primer momento" (Urquiza).
Conesa y Adolfo Alsina, mostrándole al Tísico los fogones federales, apenas
logran convencerlo que estaban vencidos y completamente rodeados por una
fuerza sumamente superior. En consejo de oficiales lograron convencerlo que
al menos dejaran escabullirse en la noche a Conesa con 2.000 infantes, que
recorrieron las 16 leguas que los separaba de San Nicolás, en solo 15 horas,
menos de la mitad de las 36 horas que empleara Rondeau en su disparada de
1820. Mitre con su verborragia habitual la llamaría "la heroica retirada".
Algo de razón tenía: recorrer esa distancia a pie, de noche y a campo
traviesa, vadeando arroyos y lodazales, arrastrando 10 cañones, y a un
promedio de 5,3 km/h, era una verdadera proeza, digna de laureles en otro
tipo de competencias. Mitre, que todavía no se convencía de la derrota, o no
quería convencerse, pidió la lapicera de escribir partes de victoria y le
comunicó a Obligado, en San Nicolás, que a pesar de la "cobarde" dispersión
de la caballería había "aniquilado al enemigo" y se retiraba "con la
infantería y artillería en completo orden" (por supuesto no le decía nada de
todo lo que había dejado atrás: todo el parque casi completo en el campo de
Cepeda, incluido 5 cañones al vadear el arroyo del Medio).
El siguiente desorientado fue Obligado, que totalmente confundido con los
victoriosos partes adelantados por Mitre, lo esperaba como triunfador en San
Nicolás con las fanfarrias, pero al ver llegar las maltratadas tropas y
enterarse un poco más, se quedó "como pollo que lo cambian de patio".
Decidieron entonces embarcar las tropas a Buenos Aires y Mitre, aun no vuelto a la
realidad, redactaba otro parte de batalla. "No había conseguido un triunfo
completo" pero lograba "salvar en el Campo de batalla el honor de nuestras
armas y las legiones que el pueblo me confió en el día del peligro
devolviendo a Buenos Aires todos sus hijos cubiertos de gloria". Nunca
se supo a que honor ni a que gloria se refería. ¡Como para confiarle "los
hijos en los días de peligro!"
Lo que tampoco nunca se supo, es por qué Urquiza no aprovechó la fácil
ocasión de coparle totalmente todo el ejercito, incluido a Mitre, y lo dejó
escapar. Tal vez prefería que sigan los mitristas en Buenos Aires antes que surja
un federal que le hiciera sombra, o tal vez, prefería dejarlo escapar para
vencer fácilmente en la próxima batalla al "farsante general en jefe"
(soldado que huye sirve para otra batalla).
Los dispersos de la caballería de Cepeda llegaban a Buenos Aires esa misma noche
con la noticia del desastre, y en la confusión hasta daban por muerto a
Mitre, desparecido a Hornos y suicidado a Conesa. Pero Mitre, acostumbrado a
las derrotas militares en el campo de batalla y a las victorias militares en
el campo literario, se encargaría de levantarle el ánimo a los decaídos
porteños. El 25, tras 32 horas de remo por el Paraná, llega Dardo Rocha a
Buenos Aires "fatigado pero lleno de patriotismo como el guerrero de Maratón" (no
faltaban entre los mitristas las comparaciones heroicas con Carlomagno,
Napoleón o "el guerrero de Maratón"). Como Rocha encontró la casa de gobierno
vacía, se fue hasta el domicilio de Alsina, que estaba con visitas tratando
de tragarse el sapo de la derrota. Como escuchara que traían un parte del
"general en jefe" pidió lámparas para leer el parte, y levantado el ánimo
imprevistamente, dio la noticia de la victoria a la prensa, y comenzó la
euforia de los festejos, equivocados por cierto. Luego llegaría el segundo
parte de Mitre " Si la fortuna o la composición o número de los elementos
puestos bajo mis órdenes no me han permitido obtener un triunfo completo,
tengo la satisfacción de haberme batido uno contra cuatro, y de haber
salvado casi intactas las legiones que el pueblo me confió en el día del
peligro" Lo que no le había permitido a Mitre "obtener un triunfo completo",
no era por deficiencias en "la composición o número de elementos puestos
bajos sus ordenes", sino más bien otras cosas que siempre le faltaron.
Considerando que el número de hombres en lucha era similar, lo que nunca se
supo es si Mitre dijo "haberme batido uno contra cuatro" por agrandar una
victoria (de la que estaba convencido equivocadamente), por disimular la
completa derrota o porque en el susto de la noche había visto tres fantasmas
que se agregaban al ejercito enemigo. Era tal el triunfalismo de Mitre que
hasta dio a publicidad una carta a su esposa, donde le decía que a pesar de
verse reducido sus efectivos por la "deserción" de la caballería, le
bastaron los dos tercios restantes para "quedar dueño del campo". No se sabe
quien sería el "dueño del campo" de Cepeda, pero la derrota de Mitre fue
completa, y su desempeño lamentable y ridículo.
Pero la literatura de Mitre en sus "partes de batalla" habían trasformado
para los porteños la derrota en "un triunfo romano" y sin reparar en el
estado de las tropas ni en su reducido número, vivaban al nuevo héroe y su
"gloriosa retirada" y hasta se acuñaron medallas conmemorativas con la
leyenda "Vencedor de Cepeda – 23 de octubre de 1859". A la hora de diseñar el
cuño, seguramente el acuñador debe haber dudado si poner la figura de Mitre
o la de Urquiza.
Sin embargo las noticias traídas por los oficiales de la escuadrilla no eran
tan alentadoras, y hablaban de un completo desastre militar. Las tropas de
Urquiza estaban a las puertas de Buenos Aires y de un momento a otro vendría
Urquiza a clavar el asador frente al fuerte de Buenos Aires sin ninguna
dificultad. Así y todo el optimismo liberal no disminuía, y "Tribuna" decía
que, sin infantería, "el gaucho entrerriano podría solamente robar vacas, su
ocupación favorita". Mientras tanto en Buenos Aires circulaban los partes de
Urquiza, que modestamente atribuía su triunfo a la "impericia del farsante
general", que le dejan veinte piezas de artillería, dos mil prisioneros,
todo el parque, municiones, bagajes y hasta la propia carpa de Mitre.
Mariano Varela reclamaba "que se termine con la farsa, y se diga si Urquiza
se viene o no se viene".
Pero el reverso de Mitre, (que lo que perdía en la batalla lo ganaba en la
literatura), era Urquiza, que lo ganado en el campo de batalla lo perdía en
los tratados y negociaciones posteriores (que no se cumplirían), mareado
ante los argumentos de los doctores. Así es que, con indulgencia, dice que
"Ofrecí la paz antes de combatir y de triunfar. Dos mil prisioneros tratados
como hermanos, son la prueba que os ofrezco de la sinceridad de mis buenos
sentimientos y de mis leales promesas" y tal vez tratando de ganarse el
agradecimiento del pueblo porteño (que siempre lo rechazó) agrega que "No
vengo a someteros bajo el dominio arbitrario de un hombre. Vengo a arrebatar
de vuestros mandones el poder con que os conducen por una senda extraviada.
(...) desde el campo de batalla os saludo con el abrazo de hermano.
Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos". De nada le
servirían esas palabras grandilocuentes tiradas al vacío, porque los
porteños comenzarían a cavar trincheras, no se sabe si para defenderse o
"desaparecer".
|
|
Alsina pretende remplazar a Mitre por Conesa para la defensa, pero Mitre, a
excepción de las cargas de caballería, resiste cualquier cosa, y la prensa
ataca a Alsina y su "gobierno infatuado y ciego" que no había facilitado a
Mitre una "composición o número de elementos" suficientes para "completar la
victoria".
Apareció entonces el milagro que necesitaba Buenos Aires para que Urquiza no
paseara su caballería hasta el centro de la ciudad: Solano López, que
ofrecía sus oficios de mediador. Los porteños, viendo de cerca a "la
montonera", aceptaron en principio la mediación, aunque seguía el aire
triunfalista en la prensa, que pensaba resistir con 2000 hombres vapuleados
en Cepeda, los 16.000 que Urquiza había puesto a las puertas de Buenos Aires
Alsina pidió a la legislatura "los medios necesarios para una resistencia
heroica", pero la legislatura, en vez de "los medios necesarios" le mando
"una comisión que le exigía la renuncia", cosa que Alsina presentó en el
acto.
La cosa no fue tan fácil en el bando federal, ya que Urquiza, que en
principio aceptaba la mediación, no quería detener su marcha mientras los
porteños cavaban trincheras apresuradamente. La discusión fue tan agria que
Urquiza y López casi se van a las manos. "Se cruzaron palabras inspiradas en
hondo descontento –relata Guido– que hubo de degenerar en una seria
desavenencia. El Doctor Delfín Huergo, que presenciaba la escena, salió a
buscarme y me halló cerca; me pidió encarecidamente que entrase a cortar, si
era posible, el progreso de aquel disgusto… y tuve la fortuna de que,
aclarados los puntos de disidencia, los ánimos se calmaran." Por fin López
convenció a Urquiza para que dejase a los liberales en Buenos Aires.
López recibió agradecimientos y agasajos por la mediación lograda; Urquiza
le regala la espada de Cepeda y Mitre le hace un álbum en su honor. Pero no
necesitaría López esperar hasta 1865, (con motivo de la guerra de la Triple
Alianza) para comprobar la ingratitud porteña. Le bastarían unos pocos días,
cuando terminada la mediación, se embarca en el Tacuarí para regresar a
Paraguay, y es cañoneado por un buque inglés en la misma rada del puerto de
Buenos Aires, tomándose la revancha por el asunto de Canstatt. López presentó un
nota de protesta "Hollados lo principios del derecho internacional y
marítimo, pido a V.E. se sirva aclarar si responde de la inviolabilidad de
su rada". Tejedor contestaría despectivamente que "sus gestiones con la
escuadra inglesa no habían tenido resultado" y que el gobierno "no conocía
de las relaciones entre la república del Paraguay y el reino de Inglaterra".
Probablemente en esta respuesta se inspirarán las generaciones futuras para
acuñar la conocida frase popular del "Yo, argentino". López, después de
salvar a los porteños, se volvería a Paraguay por tierra.
Finalmente se llegaría al pacto del 11 de noviembre de 1859, que los
porteños no cumplirían, fieles a su tradición de que lo prometido hoy, y
firmado mañana, no debía ser necesariamente cumplido pasado.
El pacto de 11 de noviembre, en resumen establece tres cosas principales: 1)
La reincorporación de Buenos Aires a la Confederación; 2) cedía la aduana a
Buenos Aires a
la Nación; 3) se retiraría de la provincia de Buenos Aires el ejército de la
Confederación; 4) elegiría representantes para examinar la Constitución.
Retirado el ejército de la Confederación, Buenos Aires no cumpliría con las otras.
En los quince días convenidos Urquiza embarca su ejército para Entre Ríos
con un manifiesto de despedida y disculpa a los federales porteños que
dejaba en la estacada. Hablando de "transacción honorable" y que deben
dejarse de lado "aspiraciones individuales ...) por interés del país, por
los altos principios que han armado la Nación"; "por la civilización y la
humanidad", aclarando que la guerra había sido "para borrar las calumnias
que se han lanzado contra mi nombre", como si la guerra debiera hacerse para
limpiar las calumnias del nombre de Urquiza. Como veremos, no solo no se
limpió ningún nombre, sino que luego se ensuciaría más, y no solo de
calumnias.
Mitre diría entonces al día siguiente que "Los sucesos han hecho del general
Urquiza el hombre más expectable de la República Argentina..." y más tarde
lo llamará "El Washington de Sudamérica" (ya lo empezó a envolver
alimentando su incorregible vanidad). Sin embargo dirá también que "... nadie
puede jactarse de habernos impuesto la ley..." y algunos porteños
inmediatamente disgustados con "quienes transigieron con el vandalaje"
querían seguir la guerra contra el "tirano". No pararían hasta no salirse
con la suya imponiendo al resto del país "sus hombres y sus leyes."
De
Cepeda a Pavón
Quedaría así formado un triángulo que seria fatal para el país: Urquiza, que
se había tomado en serio lo de Washington sudamericano, Mitre que intrigaría
de cualquier modo para dominar "los trece ranchos" y el presidente Derqui,
haciendo equilibrio entre ambos, no sabría con quién jugarse, y desatada la
lucha terminaría aplastado entre los dos bandos. En realidad sobre este
triangulo hay otro personaje: el inglés.
Mitre invita a Urquiza y Derqui a Buenos Aires a presenciar el desfile de las
tropas en la ciudad. Urquiza concurre creído de si mismo. Compra propiedades
en Buenos Aires y se dispone a disfrutar del título de Washington
sudamericano. Thornton
informa que Urquiza "desea retirarse de la vida pública y asegurar su
posición y sus bienes contra cualquier contingencia futura".
El 21 de julio la masonería le confiere a Mitre y Sarmiento el grado 33 y en
la tenida del 27 el mismo grado a Urquiza y Derqui que abrazándose (quien lo
hubiera creído) juraron "obligación por todos los medios posibles a la
pronta y pacífica constitución de la unidad nacional". Sin embargo se
extrañaría Guido en correspondencia a su esposa "¿Quién diría que el general
Urquiza y el presidente Derqui se sentarían juntos con el general Mitre y
con Sarmiento como íntimos amigos? ¡Mucho he visto y muy raro en cincuenta
años de revolución, pero nada ha sido tan inopinado!"
Poco duraría la efusión de estos abrazos. Los protocolos cedían a Derqui las
mejores ubicaciones en banquetes y recepciones, y "durante la permanencia en
Buenos Aires los celos del general Urquiza con el presidente Derqui
aumentaron considerablemente. Un presentimiento y una sospecha constante
agitaban al general Urquiza: el temor de que Derqui y Mitre se pusiesen de
acuerdo para destruir el prestigio y su influencia" (Juan Coronado,
secretario de Urquiza). "El general Urquiza que posee el prestigio de una
inmensa fortuna y el prestigio militar y el poder… no se convence que ya no
es el presidente de la Confederación y se necesitará mucho tacto del señor
Derqui para prevenir que no se convierta en una brecha en cuyo caso Urquiza
buscará el apoyo de Buenos Aires" (informe de Thornton a Londres). Pero la
brecha ya se había producido, y tal vez siempre existió.
Alberdi
no acepta el ministerio de hacienda y Derqui le da la cartera a Norberto de
la Riestra (empleado inglés). Los liberales, dueños de la aduana, quedaban
ahora también el frente de las finanzas de la Confederación.
Urquiza después de Caseros, pese a todo, era el jefe de los federales
apoyado por los gobernadores de "los trece ranchos" sobre todo por fuertes
caudillos como Brizuela, Juan Pablo López y el Chacho Peñaloza. Pero ahora
se sentía por encima de eso, y quería asumir el papel que creía le habían
otorgado, "el Padre de la Patria", "el Washington de Sudamérica". "He
protestado no pertenecer a partido alguno y quiero mantener mi resolución"
(carta a Mitre agosto de 1860); "yo no pertenezco a partido alguno"
(5-1-1861). Creía estar por encima de todo sin advertir que no descansarían
hasta verlo fuera del juego. Decoró su palacio con frescos de sus batallas
donde Carril alimentaba su vanidad comparando el genio militar de Urquiza
con el de Napoleón.
Mitre era una rara mezcla de poeta, periodista, historiador, romántico y
amante de las culturas extranjeras, estudioso de la tácticas militares
europeas pero incapaz de ganar una batalla, y de discursos grandilocuentes,
capaz de trasformar sus derrotas militares en "heroicas retiradas", se había
ganado al admiración de los liberales que lo llevaron a la gobernación de
Buenos Aires (aunque con métodos nada democráticos) y que lo transformaron
en juez y parte de la sorda lucha con Urquiza y Derqui. Intrigante adulaba
al primero para mantenerlo bajo su influencia y manejaba al segundo,
(ex-unitario-liberal) para ponerlo de su lado.
Urquiza, que había jugado de visitante en Buenos Aires el 9 de julio, quiso
jugar de local, invitando a Mitre y Derqui al Palacio de San José. Los
periódicos hablaban de "La trinidad gubernativa", pero cada uno llevaba agua
para su molino. Mitre le obsequiaba el bastón de gobernador de Buenos Aires a
Urquiza y este lo quería convencer a Mitre que gobernaran prescindiendo de
Derqui. Derqui, haraganeaba en su cama y recibía a Mitre en reuniones
misteriosas. Coronado, secretario de Urquiza, relata que: "En la mañana del
14 de Noviembre el General Urquiza entró en la secretaría cuando dormían
todos los huéspedes de San José, y no encontrándolos allí nos mandó a
llamar. El general se encontraba sofocado por la rabia y necesitaba hablar
para desahogarse. Ocurrimos a su llamado. Después de preguntarle cómo había
pasado la noche nos dijo: Mal. No he dormido sino una hora, o más; tengo la
cabeza preocupada con tanta picardía. Esperando una explicación sobre el
sentido de esas palabras, guardamos silencio. Después de un pequeño
intervalo, el general continuó: ¿No se ha fijado usted en el manejo de estos
pícaros? Hace cuatro días que están en mi casa, y hasta ahora ni uno ni otro
me han hablado una palabra de política, ellos creen que no me fijo, pero se
engañan. Dos veces he entrado en el cuarto del Doctor Derqui y lo he
encontrado hablando con Mitre. Cuando me han visto han cambiado de
conversación. Y he estado tentado de hacerles saber que no soy lo que
piensan. (Coronado, Misterios de San José).
A nada bueno podría llegarse con estos personajes.
"En resumen la conferencia que tanto ha llamado la atención se ha reducido a
comer, pasear y bailar. El presidente dormilón ha dormido en efecto… el
general Mitre ha tomado Campo. Si desaliento había antes de la conferencia,
si todos temían por la situación, esos temores han aumentado
considerablemente" (De la Peña a J. M. Gutierrez). "La conferencia de San José
no nos ha dejado contentos. Parece que el general ha tenido serias y muy
desagradables palabras con el presidente. No han quedado mejor entendidos
que antes, al contrario, Se ha reconocido por el ámbito Mitre y por el
presidente que el triunvirato con el Capitán General no puede durarles"
(Lucero a Pujol).
"NO DISPARE GENERAL, QUE HEMOS GANADO" (PAVÓN), 17 de Septiembre de 1861
Chocan cerca de la estancia de Palacios, junto al arroyo Pavón en la
provincia de Santa Fe, los ejércitos de Urquiza y Mitre. A Urquiza, a pesar
de Caseros, lo rodea el pueblo entero; Mitre representa la oligarquía
porteña. Aquél es un militar de experiencia, éste ha sido derrotado hasta
por los indios en Sierra Chica. El resultado no parece dudoso, y todos
suponen que pasará como en Cepeda, en octubre de 1859, cuando el ejército
federal derrotó a los libertadores.
Parece que va a ser así. La caballería de Mitre se desbanda. Ceden su
izquierda y su derecha ante las cargas federales. Apenas si el centro
mantiene una débil resistencia que no puede prolongarse, y Mitre como
Aramburu en Curuzú Cuatiá, emprende la fuga. Hasta qué le llega un parte
famoso: "¡No dispare, general, que ha ganado!". Y Mitre vuelve a recoger los
laureles de su primera – y única – victoria militar.
El
genio invisible
¿Que ha pasado? .. Inexplicablemente Urquiza cedió la victoria. Lentamente,
al tranco de sus caballos para que nadie dude que la retirada es voluntaria,
ha hecho retroceder a los invictos jinetes entrerrianos. Inútilmente los
generales Virasoro y López Jordán, en partes que fechan "en el campo de la
victoria" le demuestran el triunfo obtenido. Creen en una equivocación de
Urquiza. ¡si nunca ha habido triunfo más completo! Pero Urquiza sigue su
retirada, se embarca en Rosario para Diamante, y ya no volverá de Entre
Ríos.
¿Qué pasó en Pavón?.. Un misterioso norteamericano de apellido Yateman fue y
vino entre uno y otro campamento la noche anterior a la batalla concertando
un arreglo... Urquiza quedó montado en su caballo, "clavado como una estaca"
en un bajo, hasta que estuvo definida la batalla a su favor, para tocar
luego retirada y volverse al tranco a Entre Ríos, en una actitud que sus
generales no podían entender. Nada tiene que ver lo que dice Urquiza en el
parte de batalla, que abandonó la lucha "enfermo y disgustado al extremo por
el encarnizado combate". El parte de Urquiza no nombra a Yateman y un
arreglo previo, pero sin embargo confiesa: "V. E. puede apreciar en la
sinceridad de esta relación las causas independientes de mi voluntad que han
obligado mi retirada y mi presencia en Entre Ríos, que no será inútil para
asegurar le éxito de la campaña y el afianzamiento de nuestras
instituciones." El misterio de Pavón finalmente quedará develado el 29 de
septiembre de 1868 por boca del propio Mitre, cuando en un banquete de la
masonería, recordando la tenida del 21 de julio de 1860 (anterior a Pavón)
dirá en su discurso "Cuando nos alejamos de las puertas del templo, nuestras
espadas salieron de la vaina para cruzarse en los campos de batalla, pero
aún sobre esa desgracia y esa matanza, el genio invisible batió de nuevo sus
alas…). Fue el mismo "genio invisible" que dirigió la matanza del gauchaje
federal de las provincias y el mismo "genio invisible" que armó el genocidio
del Paraguay.
Cabe recordar que la tenida secreta del Supremo Consejo de Masónica del 21
de julio de 1860, es la que otorga el Grado 33 a Mitre, Urquiza, Sarmiento y
Juan Gelly y Obes; El Gran Comendador era José Roque Pérez. Nótese la
actuación directa que tuvieron en la guerra del Paraguay todos ellos,
incluido Roque Pérez que representó a Sarmiento en la ceremonia de
instalación del gobierno títere en Asunción, luego de la guerra.
(JMR.Hist.Arg. / A.G.Mellid. Proceso a los falsificadores de la Historia.
t.I.p.335 y A.Lapas. La masonería en la Argentina".)
"Esta vez también el general Urquiza supo dar la victoria a las armas de la
Confederación, en los campos de Pavón. Pero no obstante eso, el general
victorioso, en magnifico gesto de autosacrificio y renunciamiento se retiró
a Entre Ríos dejando el campo de batalla a las fuerzas opuestas comandadas
por Mitre, convencido que esa era la única manera de terminar con las
disidencias y obtener la meta ideal de la pacificación definitiva"
(A.Lappas. La Masonería Argentina.p.384) "Magnifico gesto" el de Urquiza
para obtener la "pacificación" con la sangre de los gauchos.
Terrorismo
de Estado
El gobierno centralista de Buenos Aires no se contentó con reemplazar y
aplastar los gobiernos provinciales sino que se dedicó a exterminar
sistemáticamente a opositores políticos, sospechosos y hasta a los pobres
gauchos. Sarmiento fue un terrorista de estado. Y Mitre usó el odio de
Sarmiento. "Hemos jurado con Sarmiento que ni uno solo ha de quedar vivo"
(Mitre en 1852)
En 1856, en los campos de Villamayor, Mitre hará fusilar al ilustre general
del ejército Jerónimo Costa y todo su estado mayor, oficiales y suboficiales
en número de 126, que se habían rendido. Y después dice representar la
"civilización".
"Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es
hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas
la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho
son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el
pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de
establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el
levantamiento de las masas". (En Buenos Aires, 1853; carta a Mitre del 24 de
Septiembre 1861).
La guerra de policía
El interior en general se revela contra el gobierno nacional, y quieren
romper la alianza con Brasil. Se levanta entre otros el Chacho y Felipe
Varela. Solamente Urquiza se mantiene en San José, haciendo sus "negocios
con la guerra". Se reúne el congreso y declara una "guerra de policía".
"Todos los individuos que tomaran las armas o hayan tomado parte en la
ejecución de atentados cometidos por los revolucionarios de Mendoza… y todos
los que en cualquier punto del territorio sujeto a la jurisdicción nacional
contribuyan con actos deliberados a estimular, fomentar o mantener aquel
estado de anarquía, serán considerados como rebeldes y traidores a la
Patria, y sometidos por la fuerza a la justicia nacional para ser juzgados
como tales con toda severidad de las leyes" (19-01-1867).
Pero Mitre ni siquiera se conforma con esta ley, y lejos de cumplirla,
nombra a Sarmiento director de la guerra y le dice "quiero hacer una guerra
de policía. La Rioja es una cueva de ladrones que amenaza a todos los
vecinos y donde no hay gobierno que haya la policía. Declarando ladrones a
los montoneros sin hacerles el honor de considerarlos como partidarios
políticos ni elevar sus depredaciones al rango de reacciones, lo que hay
que hacer es muy sencillo". Tal vez para no comprometerse, no se lo dice
directamente, se lo insinúa, pero el loco Sarmiento, que además de buen
entendedor, resentido y racista como es siente un odio visceral hacia el
gauchaje, no necesita mucho para embalarse, comienza una masacre salvaje
contra el gauchaje de las provincias.
Siendo Sarmiento director de la guerra y gobernador de San Juan declara la
intervención de las provincias vecinas. Como no tenía atribuciones para eso,
recibe la queja del ministro Rawson y Sarmiento le contesta a Mitre
(presidente): "Todo lo que nos divide es que yo he sido siempre hombre de
gobierno y usted no. Ni quiere, ni acaso pueda serlo". Sarmiento declara el
estado de sitio en las provincias vecinas y se dedica a confiscar bienes y
exterminar opositores y a los que supone cómplices de los federales. Como
Mitre trata de pararlo Sarmiento dice "Yo mandé a ejecutar a Baouna
(estanciero de tradición federal), el gobernador de Mendoza por mi orden ha
hecho ejecutar la sentencia a un Fonsalida (también estanciero), Sandes
(uruguayo al servicio del ejercito de línea) ejecutó a Minuel (un paisano)
en las Lagunas". Amparado en el estado de sitio manda a matar por abigeato a
un pobre paisano "a la pena ordinaria de muerte que se ejecutará a tiro de
fusil en la plaza principal de la ciudad, debiendo ser descuartizado su
cadáver y puesta su cabeza y cuartos en los diversos caminos públicos" (J.
Victorica) y se jacta ante
Mitre. "Es de admirar la pasión con que la chusma ha entrado en el
movimiento, fusilaré media docena de pícaros".
Irrazábal (del ejercito de línea) toma a siete paisanos partidarios del
Chacho Peñaloza (retirado de la lucha) "y acto seguido se les tomó
declaración" en el "cepo colombiano", (que consiste en poner al hombre en
cuclillas y con un fusil al hombro atarlo con cuero mojado hasta que muere
descoyuntado). Seis mueren en el tormento y el séptimo revela el paradero
del Chacho, retirado de la lucha en casa de una familia. La partida de Vera
lo sorprende desayunando con la familia: "¿Quien es el bandido del Chacho?"
preguntan. "Yo soy el general Peñaloza, pero no soy un bandido" y entrega su
cuchillo. (Peñaloza tenía el grado de general otorgado por Urquiza). Sin
mediar palabra Irrazával toma una lanza y la clava en el vientre del Chacho
que se entregaba desarmado, en presencia de la familia y la hijastra menor.
Le saca una oreja y se la manda de regalo a Natal Luna (de La Rioja) y le
corta la cabeza y la pone en una pica en la plaza de Olta. Sarmiento premia
a Irrazával y Vera con un ascenso. Es tan alevosa la muerte que en Buenos
Aires se levanta una protesta por la forma, pero "el loco" Sarmiento,
descontrolado, refiriéndose a la muerte del Chacho le escribe a Mitre: "he
aplaudido la medida precisamente por su forma" ya que "es legal matar a
lanza y cuchillo" y "sin cortarle la cabeza a aquel inveterado pícaro y
ponerla a la expectación, no se habrían quietado las chusmas en seis meses"
(Sarmiento, carta a Mitre, 18.11.1862.) Doña Victorica Romero de Peñaloza es
llevada encadenada a San Juan y obligada a barrer la plaza. Luego serian
confiscados todos sus bienes.
"Necesitamos entrar por la fuerza en la Nación, la guerra si es necesario"
(año 1861). "Los sublevados serán todos ahorcados, oficiales y soldados, en
cualquier número que sean" (año 1868). "Es preciso emplear el terror para
triunfar. Debe darse muerte a todos los prisioneros y a todos los enemigos.
Todos los medios de obrar son buenos y deben emplearse sin vacilación
alguna, imitando a los jacobinos de la época de Robespierre" "A los que no
reconozcan a Paz debiera mandarlos ahorcar y no fusilar o degollar. Este es
el medio de imponer en los ánimos mayor idea de la autoridad" (año 1845).
"Sandes ha marchado a San Luis... Si va, déjelo ir. Si mata gente, cállense
la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se
obtenga con tratarlos mejor" (carta de Sarmiento a Mitre, marzo de 1862).
El prestigioso caudillo sanjuanino Benavidez, fue gobernador de San Juan.
Por ley de 1855 no podía ser reelecto y apoyó la candidatura de Manuel José
Gómez, respetado vecino quedando el con la comandancia del ejército. Su
ministro liberal Saturnino Laspiur, apoyado de través de Sarmiento por los
liberales de Buenos Aires derroca al gobernador Gómez y encarcela a
Benavidez. "La Tribuna" y "El Nacional" (redactado por Sarmiento) instigan
la eliminación del "tirano" y simulando una fuga es asesinado en la cárcel.
La crónica de Victorica da cuenta que "El general Benavídez medio muerto fue
enseguida arrastrado con sus grillos y casi desnudo precipitado desde los
altos del Cabildo a la balaustrada de la plaza donde algunos oficiales se
complacieron en teñir sus espadas con su sangre atravesando repetidas veces
el cadáver, profanándolo, hasta escupirle y pisotearlo". Sarmiento dirá "es
acción santa sobre un notorio malvado. !Dios sea loado!" (El Nacional,
23/10/1858).
"Córteles la cabeza y déjelas de muestra en el camino" (Carta a Arredondo,
12/4/1873). "Si el coronel Sandes mata gente (en las provincias) cállense la
boca. Son animales bípedos de tan perversa condición (esos provincianos que
defienden sus autonomías) que no se que se obtenga nada con tratarlos mejor"
(Informe a Mitre, 1863). El fusilamiento en masa de un batallón correntino:
"brillante conducta". A los sublevados entrerrianos en 1868: "Proceda a
diezmarlos, pasando por las armas a los que le toque en suerte". El degüello
de Santa Coloma: "Acto de que gusté" (año 1852). Asesinato del gobernador
Virasoro que él instigó desde Buenos Aires: "San Juan tenia derecho a
deshacerse de su tirano" (año 1860). Aprobó el asesinato en masa en
Villamayor el 2/2/1856 y como presidente ofreció $100.000 por la cabeza de
López Jordán y entre las cabezas valuadas a 1.000 patacones estaba la de
José Hernández, que acababa de publicar el "Martín Fierro".
"Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es
hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas
la única fuente de poder y legitimidad?. El poncho, el chiripá y el rancho
son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el
pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de
establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el
levantamiento de las masas". (En Buenos Aires, 1853; carta a Mitre del 24 de
Septiembre 1861; en EEUU 1865).
Expedición
pacificadora del ejército de Buenos Aires
Mitre y Sarmiento utilizan en la matanza a un grupo de orientales: Sandes,
Arredondo, Paunero, Rivas, Conesa y Venancio Florez, que ganó el mote de
"degollador de Cañada de Gomez" donde hizo pasar por las armas a
cuatrocientos vencidos, entre oficiales, suboficiales y soldados. Y esta
matanza no era el producto del desborde o "excesos" de horda de
delincuentes, sino parte de un plan dirigido a "uniformar el interior", como
lo demuestran los partes de batalla, como el de Sandes después de Aguaditas
(11 de marzo de 1862) donde dice: "Entre los prisioneros se encuentran el
sargento Cicerón Quiroga, capitán don Policarpo Lucero, ayudante mayor don
Carmelo Rojas, tenientes don Ambrosio Medina, don Ignacio Bilbao, don Juan
N. Vallejo y alféreces don Ramón Gutiérrez y don Juan de Dios Videla. Todos
ellos han sido pasados por las armas, según orden de V.E."
Tratando de disimular lo evidente, Mitre le dice a Urquiza, "Aunque yo ni
ninguno de los míos haya promovido ni aprobado de antemano la revolución de
San Juan… yo me hago un deber en proclamar justa y santa esa revolución", pero
Sarmiento lo deschaba en el Senado de la Nación, "En el caso de Virasoro, y
debo explicarlo con justicia a mis compatriotas, estaba mezclado todo el
partido liberal" (se refería al depuesto gobernador de San Juan, asesinado
con su hijo en brazos.) El partido liberal eran los descendientes de
Rivadavia, "el partido de los principios, de las luces, de la gente decente"
A esto llamó Mitre "Expedición pacificadora del ejército de Buenos Aires", y
declarará alborozado en la Legislatura: "La mayoría de las provincias
hermanas han uniformado su política con la de Buenos Aires".
"Hombre
funesto para tres Repúblicas"
José Hernández en 1874 compartía el editorial de "La Patria" con Soto desde
donde anuncia:
"Redacción: La ausencia de nuestro amigo el Sr. Soto, nos coloca por algunos
días al frente de la redacción de La Patria y los emplearemos en hacer fuego
contra la sombría personalidad de Dn. Bartolomé Mitre, que en el delirio de
sus ambiciones pretende todavía imponerse por medio de la fuerza y encadenar
a su voluntad el porvenir de los pueblos argentinos. J. H." Desde "La
Patria" publica varios artículos referidos a Mitre: "De presidente a
revolucionario, de revolucionario a pirata"; "Males sobre males"; "Los dos
fundadores de la nacionalidad argentina"; "La administración Mitre". En este
último describe: "Ahogó en sangre las resistencias de la Patria, para
prepararse el camino de la Alianza, que debía dar por resultado la
devastación del Paraguay.
"En esta sección americana, Mitre ha sido un cometa de sangre, un flagelo
devastador, un elemento de corrupción y de desquicio y dan testimonio de su
existencia los huérfanos, las viudas y los inválidos".
La
guerra del Paraguay
Una guerra injusta. Un genocidio por la libertad y la civilización.
De Caseros a Cerro-Corá
Rosas tuvo una inteligencia superior y un fino, sensible, amplio y sutil
instinto diplomático.
Cuando Paraguay declara su independencia en 1811 lo hace como "provincia", y
se siente una "provincia de la Confederación", el mismo Gaspar Rodríguez de
Francia lo toma y lo dice así, figurando incluso en documentos oficiales y
en propuestas del mismo Francia que habla de una confederación. El pésimo
manejo de Buenos Aires, que para imponer su voluntad a las provincias en
general, y a Paraguay en particular, hace que esta se aísle hasta quedar
totalmente separada.
Rosas consideraba al Paraguay una provincia de la Confederación pero veía su
incorporación como un hecho natural a concretarse con el tiempo, una vez
resuelto los problemas internos entre las demás provincias. Por tanto tuvo
siempre el mayor cuidado en ofender al pueblo y gobiernos paraguayos,
manteniéndose prescíndente de sus asuntos internos y hasta fronterizos.
Incluso después de la batalla de Vences, derrotado Madariaga, para no
ofender al pueblo paraguayo Rosas le ordena a Urquiza no perseguir al
ejercito paraguayo que había cruzado el Paraná en auxilio a los correntinos.
Su visión inteligente y global de la política internacional, le hace ver a
Rosas claramente su enemigo en el imperio de Brasil y en una política
liberal extranjerizante, representada por los unitarios. Los López en
cambio, héroes en su patria, no tuvieron esta visión global, y veían en
Rosas solo el caudillo terco que no quería "reconocerles formalmente la
independencia", sin ver que cayendo Rosas caía todo un sistema que resistía
el avance mercantilista liberal unitario. Esto los llevó a dejarse envolver
por el imperio, con tratados y alianzas que terminarían en Caseros, sin
sospechar que eran los vencedores de Caseros los mismos personajes que,
terminado Rosas y el federalismo, terminarían con López y el Paraguay. En
Caseros quedó sellada la suerte de Paraguay.
En 1868 Mitre confiesa cínicamente "Hemos explicado que la política de la
alianza de 1851 es el punto de partida y la base en que reposa la política
liberal del Río de La Plata"… "¿Que nos falta para alcanzar los propósitos
de 1851? Que las Republicas Oriental y del Paraguay se den gobiernos
liberales, regidos por instituciones libres" (La Nación, 24 de diciembre de
1864). "Viene ahora el turno del Paraguay... El Paraguay, que es la negación
de los propósitos del 51, se encuentra hoy, precisamente por eso, unido al
Uruguay" (La Nación, 23 de diciembre de 1864).
El camino era Caseros, Paysandú, Cerro Corá. Muy caro le costó al Paraguay,
esta visión corta de los López, que evidentemente no habían comprendido el
pensamiento genial de Rosas.
Breves
antecedentes
"La América no conoce la historia del Paraguay sino contada por sus rivales.
El silencio del aislamiento ha dejado a la calumnia victoriosa" (Alberdi.
"Intereses, peligros y garantías de los Estados del Pacífico. Paris,
septiembre de 1866. El imperio del Brasil, pag. 83).
"El Paraguay conoce lo que puede y vale… Sus hijos aman su tierra… puede ser
destruido por alguna grande potencia, mas no será esclavizada por ninguna"
(López a Rosas. Asunción 28 de julio de 1844).
"El Dr. Francia pensó en su pueblo como su pueblo quería que se piense de
él. Les dio paz, tierras, trabajo, escuelas, disciplina y todo lo que sus
libertadores le han quitado. Esa es la verdad." (Carlos Pereyra, Francisco
Solano López y la Guerra del Paraguay, p. 21).
Las causas esenciales de la guerra del Paraguay fueron los intereses
británicos, la ambición brasileña y la ceguera Argentina. En secreto se hizo
la trama, y desde la prensa se fogoneó el incendio. Paraguay se había
mantenido prescindente de las guerras civiles entre provincias, y el
aislamiento le dio impulso propio. Un aislamiento totalmente justificable si
se tiene en cuenta la perversa política liberal porteña erigida por "derecho
universal" en heredera, jefa y dueña de la nación. Un aislamiento que le dio
medio siglo de prosperidad, y luego su aniquilamiento a manos de traidores y
cipayos al servicio del imperio inglés.
El dictador Francia gobernó con mano dura el Paraguay. Expropió las
propiedades rurales y se la dio a los campesinos, y formó las "estancias de
la Patria" donde los paraguayos trabajaban en comunidad, obteniendo el
beneficio de su propio trabajo. Persiguió y suprimió todo tipo de comercio
especulativo y el gobierno mismo exportaba o negociaba la producción. No
había ricos, especuladores, oligarcas ni financistas. El robo era castigado
con la muerte y según testigos extranjeros se podía andar de noche por la
campaña con dinero, sin peligro alguno. La riqueza era de los paraguayos.
Los productos del país abarrotaban los depósitos y se exportaba cuero,
tabaco, yerba. etc.
La personalidad de Francia queda estampada en el siguiente episodio: en 1815
de Director Supremo Alvear manda al comisionista Juan Robertson con una nota
oficial con la siguiente propuesta "Yo ofrezco a V.E. los fusiles,
municiones y cañones que necesite para la defensa de esa provincia, y en
cambio solicito se envíe a este ejército un número proporcionado de
reclutas; todo computado bajo un pié de reciprocidad que consulte los
intereses de ambos pueblos". Según Robertson la proporción era de 25 fusiles
por cada cien reclutas que entregará Paraguay. El dictador Francia llamo al
hermano de Juan, Guillermo Robertson, y el dijo indignado "Vea lo que su
hermano ha tenido la insolencia y el valor de hacer. ¡ha negociado con el
vil Alvear armas por sangre de paraguayos! ¡Ha ofrecido hombres por
mosquetes! ¡Se ha atrevido a intentar vender mi pueblo!" (AGNA, Relaciones
Exteriores, Paraguay, correspondencia con el gobierno argentino, Alvear a
Francia, 15 de marzo de 1815. / A.G.Mellid. o.cit.t.I.p.246).
Mientras Moreno consideraba que "se reputará decente toda persona blanca que
se presente vestida de fraque y levita" y Rivadavia negaba el voto hasta a
los "criados a sueldo, peones jornaleros y soldadas de línea". José Gaspar
Rodríguez de Francia, Dictador Perpetuo de Paraguay, a quien los liberales
porteños no se cansaron de criticar, había impuesto que los representantes
fueran electos "por todo el pueblo en uso y ejercicio de los derechos
naturales y libres inherentes a todos los Ciudadanos de cualquier Estado,
Clase o condición que sean" y "las cualidades a reunir por los elegidos no
penden del calzado ni de otros adornos externos, porque ellos no tienen la
menor conexión con las circunstancias que constituyen el carácter de un
hombre de bien y de un honrado patriota" (La Junta a los Cabildos, 26 agosto
de 1813, ANA vol.4 cit. A.G.Mellid.p.235).
Muerto Francia, lo sucede Carlos Antonio López, un abogado que además de
seguir la política de Francia, se preocupó por modernizar el Paraguay. No
importaba artículos suntuosos, y los que necesitaba los canjeaba por
productos del país, que transportaba en sus propios barcos. Tenía una flota
fluvial y de ultramar de veinte vapores y cincuenta veleros para llevar a
Europa su producción, incluido el primer vapor fabricado en América. En vez
de "importar capitales", importaba los técnicos que necesitaba el Paraguay,
y el estado hizo ferrocarriles, telégrafos, anales de riego, fundición de
hierro, fabricación de sus armas y hasta de la pólvora que necesitaba. A la
muerte de Carlos Antonio, lo sucede su hijo Francisco Solano López, educado
en Europa donde actuó además en representación de su patria, siendo luego,
durante el gobierno de su padre, general del ejercito.
Sobre una población de 400.000 habitantes había más de 400 escuelas. En
Paraguay "no hay niño que no sepa leer y escribir..." diría el
estadounidense Hopkins en 1845. En Paraguay no había analfabetos, y durante
la guerra en los frentes de batalla había un carro destinado a imprenta,
donde se imprimían boletines de informes que eran muy difundidos entre la
tropa. Ante las necesidad de la guerra, en el mismo frente de batalla se
fabricaba el papel y la tinta, y se publicaron varios periódicos de amplia
difusión, en castellano y guarani, con informe de las tropas y hasta
humoradas sobre el ejercito aliado. La ley de patentes de invención elogiada
en el mundo (menos por nuestros genios liberales), nuevos métodos de
producción, incentivo al ingreso de técnicos. El gobierno becaba en Europa y
Estados Unidos sus futuros técnicos e ingenieros.
Paraguay no tenia deuda interna ni externa y en toda su existencia, incluida
la guerra, nunca pidió un empréstito.
Liberación o dependencia
Mientras la prensa liberal levantaba diatribas y mentiras y Mitre preparaba
la ruina del Paraguay, el propio Mitre reconocía a López: "V.E. se halla en
muchos aspectos en condiciones mucho más favorables que las nuestras. A la
cabeza de un pueblo tranquilo y laborioso que se va engrandeciendo por la
paz y llamando en ese sentido la atención del mundo; con medios poderosos de
gobierno que saca de esa misma situación pacífica, respetado y estimado por
todos los vecinos que cultivan con el relaciones proficuas de comercio; su
política está trazada de antemano y su tarea es tal vez más fácil que la
nuestra en estas regiones tempestuosas, y es como lo ha dicho muy bien un
periódico ingles de esta ciudad, V.E. es el Leopoldo de estas regiones,
cuyos vapores suben y bajan los ríos superiores enarbolando la bandera
pacífica del comercio, y cuya posición será más alta y respetable, cuanto
más se normalice ese modo de ser entre estos países." (Mitre a López. 2 de
enero de 1864. Archivo del Gral. Mitre. II .p.50, Biblioteca de la Nación)
[AGM.I.p.426]. Increíblemente el que escribía esto estaba preparando la trama
que llevaría al genocidio casi completo del "pueblo tranquilo y laborioso".
Pero este progreso independiente de Paraguay sería a su vez su ruina porque
Inglaterra y su secta de liberales locales no podían permitir que un mal
ejemplo pudiera hacer caer todo un sistema colonial imperante y establecido
en América del Sur. No se trataba simplemente de si López era tirano o no,
si el pueblo lo amaba o no. Esas eran las eternas excusas del liberalismo.
Mientras López anunciaba la construcción de vías férreas con capitales y
esfuerzos propios, Mitre inauguraba el ferrocarril del Sud: "Démonos cuenta
de este triunfo pacífico, busquemos el nervio motor de estos progresos y
veamos cuales la fuerza inicial que lo pone en movimiento. ¿Cual es la fuerza
que impulsa este progreso? ¡Señores, es el capital ingles!".
(Mitre, Arengas, p.192). Ese es el verdadero meollo de la cuestión. El progreso
"independiente" de Paraguay daba por tierra con las teorías liberales de
"libre comercio", "empresa privada" y "progreso liberal". El mismo Alberdi
lo nota y lo dice: "Hoy mismo, en 1865, ¿por quienes está bloqueado el
Paraguay sino por sus eternos bloqueadores de toda la vida, los intereses
monopolistas de los que tienen las puertas del Plata?" (Alberdi. Los
intereses argentinos. p.18) [AGM.t.I.p.429].
El secretario de la embajada británica en Buenos Aires Mr. G.T. Gould decía
que "… (Paraguay) a pesar de los hábitos industriosos de sus habitantes,
grandes recursos naturales sin desarrollar y una fertilidad extraordinaria,
su comercio extranjero ha sido siempre muy limitado debido a las
dificultades creadas por el gobierno, los monopolios que conservaba,
existiendo restricciones de toda clase respecto a la navegación del
Paraguay" (Benitez, Anales diplomáticos... Cit.AGM.t.I.p.430). Mr Gould
llamaba "monopolio" porque no eran ingleses, que en ese coso "son mejores".
Estos conceptos de Mr. Gould sobre "monopolios" no pasaron desapercibidos
para Alberdi, que luego de estudiar "los empréstitos" colocados e Londres en
1871 y 1872 escribió: "Cuando más se estudia y conocen los empréstitos
paraguayos, en cuanto a los orígenes, agentes, motivos y condiciones, más se
descubre que fueron hechos como maniobra de guerra contra Paraguay; y mejor
se comprende entonces por qué han sido levantados por hombres que eran
agentes y cooperadores oficiosos del poder que ha destruido al Paraguay con
la mira de absorberlo una vez destruido" (Alberdi, De los abusos y víctimas
del Crédito Publico, Montevideo, 1876) Esa era la verdadera lucha: Liberación
o dependencia.
La trama secreta del
genocidio. El centralismo porteño
La planificación del genocidio estuvo lista mucho antes del conflicto, bajo
la batuta inglesa. Los últimos detalles se convienen en Buenos Aires con la
reunión del gabinete en pleno, el representante brasilero y el propio
representante inglés, Eduard Thornton. Preveía la distribución del botín de
guerra y prohibía entablar conversaciones de paz por separado; es decir, una
guerra "de aniquilamiento".
Algunos historiadores pretenden que la entrada de Argentina en la guerra se
debió a que Paraguay, por defender a Uruguay, "violo" territorio argentino.
Esa no es ni siquiera una excusa válida. Las raíces del conflicto deben
buscarse mucho antes, en los acontecimientos posteriores a 1810, en que la
oligarquía porteña quiere imponerse a las demás provincias, con derechos al
control de la entrada al río y usufructo del puerto. Prefieren la perdida y
separación de aquellos que no se sometan, como el caso de la Banda Oriental,
y así es como rechazan la incorporación de diputados del interior.
La
junta de Buenos Aires instruyó a Manuel Belgrano al frente de un ejército a
"liberar" Paraguay. El generoso Belgrano creyó que el pueblo paraguayo lo
recibiría como libertador. Se desengañará al avanzar en territorio paraguayo
y ver el vacío que le hace la población y la defensa que le opone contra
quien consideraban un invasor. Vencido Belgrano propone un arreglo decoroso;
comunica al vencedor (general Cabañas) que no había venido a pelear
"entre hermanos, parientes y paisanos, no en conquista sino en auxilio", a
"concederles un comercio liberal a sus productos" y que los hijos de la
tierra "recobrasen los derechos que por todos títulos corresponden",
añadiendo que "las Provincias del Río de la Plata están ya unidas y en
obediencia a la Capital" y le sugiere que "elija el diputado que le
corresponda, se una, y guarde el orden de dependencia determinado por al
voluntad soberana". Nótese que los porteños, lo que no ganaron con las armas
querían ganarlo con argucias: después de hablarles de devolverles los
derechos (?) le pretenden imponer obediencia y dependencia a la Capital,
determinado por una voluntad que no es la soberana del pueblo paraguayo,
sino porteño.
El Dr. Francia, que en principio se sentía "parte de la confederación",
debió mantenerse permanentemente a la defensiva del centralismo porteño, que
trato de doblegarlo por la fuerza de las armas, trabando el comercio y la
navegación de los ríos, y hasta con palabras de amenaza o halagos que
trataban de envolverlo. Buenos Aires no desperdiciaba ocasión para tratar de
"imponer" su voluntad o "razón", (como al resto de las provincias) en forma
insidiosa, engañosa y malintencionada. Entre tantas, a modo de ejemplo, la
comunicación que hiciera el "iluminado" Rivadavia con su habitual palabrerío:
"Los principios que movieron la revolución de Buenos Aires y que la han
constituido la Capital de la ciudades libres de América y el resorte siempre
activo y nunca deficiente de la libertad de tan vasto y rico continente; dan
a aquellos a quienes ha confiado la dirección de tan grande obra toda la
superioridad que demanda el interés general de los pueblos". Rivadavia no
solamente trata de enredar en palabras al Dr. Francia, adjudicando a Buenos
Aires
Capital de América "de facto", sino que se adjudica a si mismo la
superioridad. Paraguay, en boca de Larios Galván, simplemente le contesta:
"Tendrá muy presente la Junta su mediación al modo de esa Exma. puede
hacerlo con la mía elevada al mismo rango que la de V. M." La verdad que
Rivadavia, (además del resto), un eterno papelonero.
Paraguay hizo su propia revolucion en mayo de 1811, y por oficio del 25 de
septiembre de 1811 del Triunvirato a la Junta Gobernativa del Paraguay
anunciaba que "el gobierno no exige otra cosa de los pueblos que una justa
obediencia a sus determinaciones", como si eso fuera poco. Estas actitudes
prepotentes y hegemónicas porteñas, y la nefasta política rivadaviana,
llevarían al aislamiento del Paraguay, y por lo tanto a su progreso
independiente de las potencias extranjeras (Inglaterra) y luego a su ruina.
Esta se vería incentivada con la política liberal y entreguista del
mitrismo.
¿Que derecho tenia Buenos Aires a exigir obediencia? Lo dice Mitre y Vicente
Fidel López: "A los doce días, una expedición de mi ciento cincuenta
voluntarios… partían de Buenos Aires para llevar los mandatos de pueblo en la
punta de las bayonetas." (Mitre, Historia de Belgrano, t.I,cap.XI.p.350).
"Fuera de Asunción todo era bosques y campos que si alguna vez se labraron,
estaban ahora empobrecidos y poblados por una raza indígena y servil que su
mayor parte, mal mezclada, y tan miserable que ya por el clima, ya por la
insuperable dificultad de obtener telas para vestirse, vivía completamente
desnuda desde sus primeros años. Si esto era pueblo, y allí entonces, es
claro que era un pueblo de cuya acción no podía contar la Junta Gubernativa
de Buenos Aires para traerlo a obrar en nombre de sus principios" (López.
Historia argentina, t. III, p.342). La deducción es directa: eliminar a esa raza
inferior que decía Sarmiento. Realmente no se puede creer la mentalidad
recalcitrante de nuestros "historiadores" o "próceres".
El imperio siempre había codiciado Paraguay. La revolución de mayo de
1811 en Asunción no fue contra España, sino contra la entrega que pretendía
hacerse al Imperio. El bando del 17 de mayo proclamaba "que confederándose
con Buenos Aires no tendría otra mira sino la de la defensa común, bajo un
sistema de mutua unión, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de
los derechos…" ¡Precursora idea de Confederación en el Río de La Plata¡ ¡Ah,
que distinto hubiese sido el destino de todos si la oligarquía portuaria de
Buenos Aires no se hubiera empañado en frustrar ese destino¡
(A.G.M.o.cit.t.I.p152).
En 1826 el cónsul brasilero informa a su gobierno que "Después de Brasil, es
sin contradicción la primera potencia de la América" y en 1830 lo califica
de "colosso nascente" al que propone acabar mediante "uma rápida, e bem
combinada invasao" (Antonio Manoel Correa da Cámara al ministerio de Negocios
Extranjeros del Imperio, 2 de abril de 1830, Anais do Itamaraty IV.p.166)
[A.G.M.o.cit.p31].
Para Paraguay era vital mantener independiente a Uruguay como garantía de
equilibrio en el plata. Para Inglaterra en cambio, la prioridad era
"terminar" con el mal ejemplo de Paraguay, y utilizaría a Brasil y Argentina
como peones de la partida. Bajo cualquier excusa, estos últimos ocupan
Uruguay, y necesariamente obligan a López a defenderla.
La prensa imperial y mitrista venía preparando el ambiente, con mentiras y
diatribas contra "el tirano López", que "ha infringido todos los usos de las
naciones civilizadas" (?) y el periódico Standard de Buenos Aires anticipaba que
Mitre "llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas,
el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa". No se a
que glorias del eterno perdedor general aludía el Standard ni a que opinión
publica, se refería ya que, salvo la oligarquía porteña, toda le era adversa.
El convenio se mantuvo en secreto para no pasar como "país agresor" sino
como "país agredido", para no cargar con la responsabilidad histórica de la
guerra y para no despertar oposiciones. La infidencia del representante
estadounidense en informe a su gobierno, hace conocer de antemano el
"convenio", lo que provoca una serie de reacciones en la prensa, y hasta en
Hispanoamérica; pero ya estábamos "hasta las rodillas".
La oposición federal es unánime, y hasta los unitarios se manifiestan en
contra de la política mitrista: José Hernández (El Argentino) y Evaristo
Carriego ( El litoral) apoyan la actitud del Supremo y se preguntan si no
deban ayudarlo los argentinos. Parecido opinan Francisco Fernández y
Olegario Andrade (Concepción del Uruguay), Navarro Viola y Carlos Guido y
Spano (Buenos Aires El americano), el gobernador liberal de Corrientes, Manuel
Lagraña y su correligionario Patricio Cullen que gobierna Santa Fe. En
interpelación a Elizalde, Adolfo Alsina le dice "con su mediación en las
cosas orientales ha empezado a trenzar la soga con que tal vez nos ahorque"
y se dirá que a Mitre "los brasileros le hacían tragar amargo y escupir
dulce".
Pero La Nación mitrista sigue preparando el ambiente y metiendo leña al
fuego: "… La necesidad de robustecer cada vez más la alianza entre Río de
Janeiro y Buenos Aires, dos gobiernos sinceramente liberales que no pueden
permitir que la tranquilidad del Río de La Plata dependa de las
desconfianzas sombrías de un déspota ni de las tendencias salvajes de los
caudillos" (La Nación 3 de diciembre de 1864). ¿Río de Janeiro liberal? ¿Un
gobierno que sobre una población de 10 millones mantiene 1,7 millones en la
esclavitud? ¿Un gobierno que lleva a la guerra 45 negros esclavos por cada
blanco? ¿Liberal? Eso es lo que entendía por liberal el genocida de Mitre.
"¿Que vamos buscando en la acción de a Brasil? (…) la terminación de de las
autoridades semi-salvajes que tratan de conflagrar en el Río de La Plata"
(La Nación, 26 de noviembre se 1864). "Paraguay necesita regenerase, y esa
regeneración creemos que no podrá obtenerse de otro modo que a cañonazos"
(El Orden). La mentalidad liberal opinaba que "insignificante en si mismo,
el Paraguay podía impedir el desarrollo y el progreso de todos sus vecinos.
Su existencia era nociva y su extinción como nacionalidad o la caída de la
familia reinante debía ser provechosa para su propio pueblo como también
para todo el mundo" (Washburn, Historia del Paraguay).
Mientras la prensa liberal y mitrista (La Nacion de Mitre, El Orden de
Domínguez, Tribuna de los Varela, El Nacional de Sarmiento) fogoneaba con
mentiras y llamaba "gobiernos semi-salvajes", los europeos (que Mitre
idolatraba) publicaban conceptos muy distintos sobre Paraguay: "De todos los
países de la América del Sud que desde hace cincuenta años buscan el
verdadero camino que conduce a los pueblos a ser grandes naciones, el
Paraguay es, sin contradicción, el que ha hecho más esfuerzos para
desembarazarse de las ligaduras de la barbarie…" (Revue des Razes Latines,
art. de H. Francignes, Paris, 1861) [A.G.M. o.cit.t.I.p.362].
Las futuras acciones de guerra dejarán bien en claro quienes fueron los
"salvajes" y genocidas: Mitre, que antes llamó a López "el Leopoldo de estas
regiones" ahora lo llama el "Atila de América", "la ultima vergüenza del
continente" y habla "de los paraguayos libres que gimen bajo un tirano". Y
para eliminar los gemidos, piensa "eliminar a todos los que gimen."
Los ejércitos del conflicto
Cada hombre de Paraguay era un soldado de su patria, y tenia obligación de
tener sus armas y cuatro caballos a disposición en defensa de su patria;
"los paraguayos aventajan a los de Buenos Aires en sagacidad, actividad,
estatura y proporciones" (Azara, Descripción e historia del Paraguay,
t.I.cap.XIV..p.363). Cada hombre que entraba en el ejército, fuera quien
fuera, empezaba "de abajo". Cada hombre y mujer de Paraguay defendía "lo
suyo".
El ejército de Brasil era una calamidad. Los nobles ocupaban la oficialidad,
y llevaban esclavos o libertos como soldados. Por cada blanco había 45
negros. ¿Qué espíritu de lucha podía habar en un ejercito así? ¿Que les
importaba a los negros dejar el pellejo en un país exótico, en una guerra
que no era la suya, para defender precisamente a los que los maltrataban y
esclavizaban en su tierra?
En el ejercito Argentino, aunque en menor medida, pasaba algo parecido. Los
paisanos no querían ir a una guerra contra sus hermanos paraguayos sino
contra los porteños y macacos brasileros. Ni el ofrecimiento de paga varió
la negativa a incorporarse, y la incorporación debió hacerse forzosa,
"engrillados" y atados "codo con codo": "doscientos grilletes para los
voluntarios de la guerra del Paraguay" y varios batallones de "enganchados"
se sublevaban antes de partir.
La intriga "civilizadora"
Paraguay era un mal ejemplo que Inglaterra no podía permitir, y arma la
intriga del Brasil de Pedro II, la Confederación de Mire, y el Uruguay de
Flores, para acabar con López, y hasta con el pueblo paraguayo.
A Mitre no le bastó llevar la "Libertad y Civilización" a las provincias del
interior. También la "exportaría" a los países vecinos. Mientras Entre Ríos
estallaba en gritos contra el mitrismo, y la prensa de Buenos Aires
proseguía su violenta campaña contra el mariscal López y contra la nación
paraguaya. Desde el momento en que Paraguay declara la guerra al Brasil
arreciaron los ataques de la prensa mitrista. Fue una campaña mentira e
infamias; "no puede dudarse que esos artículos fueron la principal causa de
la declaración de guerra de la República Argentina" (Jorge Thompson).
Retirado Urquiza al Palacio de San José después de Pavón, Mitre se dedica a
limpiar el interior de federales. Interviene provincias, cambia gobiernos no
adictos, tolera a otros como los Taboada de Santiago del Estero, y entra a
sangre y fuego en La Rioja, (último reducto federal con las montoneras del
Chacho) usando de punta de lanza al terrorista Sarmiento. En vano los
federales esperan y piden el pronunciamiento de Urquiza, el apoyo o al menos
una señal, pero Urquiza, en forma incomprensible guarda silencio absoluto en
su Palacio de San José, y deja que se cometa el holocausto de gauchos
federales. Ni siquiera contesta la correspondencia del Chacho y el pedido de
instrucciones de sus subordinados, como López Jordán.
Nada hace Urquiza, sino asegurarle a Mitre que se mantendrá prescindente de
la lucha, porque "no pertenece a ningún partido" y esta por encima de las
luchas internas y asumió el título del "Washington de Sudamérica" que Mitre
le asignó.
En Uruguay gobierna el Partido Blanco (federal) que convoca también a los
colorados al gobierno y al olvido de los enfrentamientos pasados
(incentivados por el Imperio, dicho sea de paso) mediante una amnistía. Pero
esta situación no le convenía a Mitre, que quiere "llevar la civilización" y
terminar con todos los federales. Tampoco al Imperio que perdería así su
viejo sueño de anexar la "Cisplatina", y mucho menos le conviene a
Inglaterra, el verdadero instigador, que ve amenazado su "libre comercio".
Desconozco si algún pacto secreto (¿de la masonería, de la que ambos eran
miembros?) los mantiene "sin agredirse" a Mitre y Urquiza, pero lo cierto es
que Mitre "le tiene ganas" pero no se anima, y Urquiza sigue jugando a dos
puntas, como siempre lo hizo. Ofrece amistad y pactos a López, de Paraguay,
pero éste desconfía y pide que Urquiza de "pruebas". Despechado con López
ofrece apoyo a Inglaterra en la agresión a Paraguay y busca el apoyo
brasileño. Cuando estos agreden al Uruguay, no solo se mantiene
prescindente, sino que además deja su propio ejército "de a pie" porque le
vende a buen precio toda la caballada del propio ejército (30.000 caballos).
"Nos toca combatir de nuevo bajo la misma bandera que reunió en Caseros a
todos los argentinos" (Mitre a Urquiza, JMR t.VII, p.122). Mitre se refería a
la bandera imperial, y de este modo le agradecía a Urquiza que no ayudase a
López ni permitiera el paso del ejército paraguayo en auxilio a Uruguay
agredido por Brasil. Urquiza ya había vendido a buen precio toda la
caballada de su ejército a los brasileños.
"Corresponda esta adquisición al desarme del adversario, pues los
entrerrianos, óptimos y admirables jinetes, no formaban sino pobre
infantería. Y de esta manera Urquiza fue anulado como valor combatiente… No
había en Urquiza la pasta de un hombre de Estado; no pasaba de un
condotiere… Permaneció inactivo por lo tanto. De hecho, traicionaba a todos.
Cuidó Brasil tornarlo inofensivo. Urquiza, a pesar de ser inmensamente rico,
tenía por la fortuna un amor inmoderado; el general Osorio le conocía el
lado flaco" (J. Pandá Cológeras, "Formaçao histórica do Brasil") El
brasileño general Osorio, que comandó la caballería brasileña en Caseros en
1851, conocía bien "el lado flaco" de Urquiza.
Desde Concepción José Hernández declara que "Ya no es hora de la pluma"
tratando de que Urquiza, (supuesto federal) , haga algo, pero Urquiza "lo
mira por televisión". Es que ya había hecho su negocio de la guerra, y de a
pie, hacía la suya.
El Imperio comienza con reclamos por supuestas agresiones de hacendados
brasileños en territorio uruguayo, y hacen proposiciones imposibles de
cumplir, para que no se les diluya "el motivo" para la agresión. Berro
(presidente Uruguayo) pide auxilio a López, a quien el Imperio codicia, pero
a su vez teme si no tiene de aliado a la Confederación y el visto bueno y
ayuda de Inglaterra.
Brasil agrede cañoneando un buque. Uruguay reclama y se lo comunica a López,
pero mientras la correspondencia diplomática va y vuelve a Asunción, el
ministro de relaciones exteriores de Uruguay, Lamas, "entrega
vergonzosamente" a su gobierno ante Mitre, de manera que cuando llega a
Buenos Aires el reclamo paraguayo, Elizalde le contesta poco menos que "vos no te
metas que ya arreglamos todo". El representante brasileño, que dudaba del
apoyo de Buenos Aires y no se animaba solo contra Paraguay, le pide audiencia a
Mitre, y este se la concede a las 11 de la mañana con todo el gabinete
reunido, incluido el representante ingles, que al perecer también formaba
parte del gabinete.
Con el visto bueno de Inglaterra, Brasil se decide a la agresión abierta, y
abastece a la flota en armas y municiones en Buenos Aires Ante la protesta
diplomática uruguaya, Mitre niega lo evidente, ya que se hacía a plena luz
del día en la rada del puerto de Buenos Aires.
La guerra estaba decidida con anterioridad a 1865. El 21 de octubre de 1864
Manuel Senén Rodríguez le escribe a Berges, anticipándole la guerra del
Paraguay. Este le contesta: "Ningún esfuerzo me cuesta creer la noticia que
V. se sirve transmitirme de que el Brasil va a declarar la guerra al
Paraguay, pues siempre hemos pensado que la absorción del Estado Oriental
era solo una escala de descanso para llegar al Paraguay" (M.R.E.P/C.C.C.
vol.I.p.307) y ya en 1863 el Padre Domingo Ereño en carta al político
oriental Joaquín Requena García le prevenía: "Buenos Aires ha sido y será
siempre el foco de los enemigos, y cuna de trabajo contra esa república,
contra todas las provincias y hasta contra el Paraguay" (Concepción del
Uruguay, 25 de agoste de 1863, Efraín Cardozo, Vísperas de la guerra, Buenos
Aires
1954, Ateneo, p.163).
Primera
acción de guerra. Año nuevo de 1865
La flota Imperial ataca y bombardea Paysandú durante varios días sin poder
rendirla. Como se queda sin municiones, se reabastece en Buenos Aires y bombardea
por segunda vez Paysandú, que aún resiste con 600 hombres en la defensa,
atacado a su vez con 9.000 hombres por tierra. Desalojado Paysandú de
civiles, Paysandú resiste varios días con la bandera ondeando en la torre
de la iglesia, y es totalmente incendiada a la vista impotente de los
argentinos desde la otra orilla, que nada podían hacer ante la negativa y
silencio cómplice de Urquiza. (Para esto Urquiza, que siempre jugo a dos
puntas, ya había vendido la caballada). Se rinde la plaza y su jefe, general
Leandro Gómez, ya rendido y prisionero, es fusilado sin más trámite. Como
toda la prensa (hasta la unitaria) repudia el hecho, el diario La Nación
Argentina (de Mitre), dice cínicamente: "La gran cuestión no es saber si
Leandro Gómez le tiene miedo a las balas; (la gran cuestión) es saber qué
conviene a la libertad y la civilización". Como tantas otras veces, se cometían
crímenes en nombre de "la libertad y la civilización".
Mitre, aliado a Brasil y al gobierno impuesto por este, declarara la Guerra
al Paraguay, como de costumbre, con frases célebres: "Tres días en los
cuarteles, tres semanas en campaña, tres meses en Asunción". La guerra
duraría cinco penosos años, y Mitre, como no podía ser menos, fue general de
todos los ejércitos. No gana ni una batalla y los brasileros lo reemplazan.
Una guerra injusta, un genocidio del pueblo paraguayo que vio reducida su
población masculina en un 99,60 % en varones de más de diez años. Y todo en
nombre de la civilización y la libertad.
El 1 de mayo de 1865, Mitre en mensaje al Congreso dice: "Esta fecha quedará
consignada a la altura de mayo: 1865; iniciación de la política
expansionista del pensamiento argentino (…), la Republica entra en la labor
de establecer las afinidades de la civilización en las regiones bárbaras de
Sud América".
Los soldados del interior
El paisanaje de las provincias, que intervino tantas veces voluntariamente
en las luchas ante la sola convocatoria de los caudillos, se negó a
participar en una guerra que no sentía suya. Sintiéndose más cercanos a la
provincia hermana del Paraguay que a los porteños y a los "macacos"
brasileros, se negaban a enrolarse, lo que motivo la deserción y
levantamiento de muchos batallones del interior. Consta en el archivo
histórico, la factura de un herrero de Catamarca "por doscientos grilletes
para los voluntarios de la guerra del Paraguay".
"….El reclutamiento de los contingentes no fue fácil (…). Para llenar las
cuotas provinciales se autorizó reclutarlos mediante paga, pero pocos lo
hicieron. Entonces los gobernadores, mitristas en su totalidad, y los
comandantes de frontera se dedicaron a la caza de "voluntarios". Emilio
Mitre, encargado del contingente cordobés, escribe el 12 de julio que manda
los "voluntarios atados codo con codo"; Julio Campos, porteño impuesto como
gobernador de La Rioja, informa el 12 de mayo: "Es muy difícil sacar los
hombres de la provincia en contingentes para el litoral… a la sola noticia
que iba a sacarse, se han ganado la sierra". Los "voluntarios" de Córdoba y
Salta se sublevan en Rosario apenas les quitan las maneas; el gobernador
Maubecin, de Catamarca, encarga 200 pares de grillos para el contingente de
la provincia (revista de la Biblioteca Nacional, XXI, n° 52).
¿Cobardía? Eran criollos que lucharon en Cepeda y Pavón, y bajo las órdenes
del Chacho. No desertaban – como acotan algunos – y lo demostrarán en 1867
alzándose tras Felipe Varela y Juan Saá. Simplemente no querían ir "a esa
guerra". (J M Rosa, Historia Arg.t.VII.pag 140).
Felipe Varela en un manifiesto proclamado por él mismo el 1º de enero de
1868, afirmaba lo siguiente: "En efecto, la guerra con el Paraguay era un
acontecimiento ya calculado, premeditado por el general Mitre".
Urquiza también tiene problemas para juntar los contingentes, y a pesar de
decirles que la guerra es "contra los porteños", las divisiones de Victoria
y Gualeguay se niegan a marchar, y López Jordán le escriba a Urquiza: "Usted
nos llama para combatir el Paraguay. Nunca, general; ese es nuestro amigo.
Llámenos para pelear a los porteños y brasileros; estaremos prontos; ésos
son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú."
Se recurre inclusive al reclutamiento de mercenarios europeos mediante el
engaño y promesa de tierras como campesinos. Según testimonios de un
integrante de un contingente suizo, se los embarca engañados y se le retiran
los documentos. Al llegar a Buenos Aires son llevados al frente por la
fuerza o encarcelados (declaración de un "enganchado suizo", cit. por
Chiavanetto: O genocidio Americano, A guerra de Paraguai).
La batalla de Pehuajó, ¿Impericia o traición?
Mitre había quedado distanciado y resentido con Conesa, después de
Caseros.
El 30 de enero de (1866) ocurre un curioso combate en el paraje Corrales o
Pehuajó. Una fuerza de 450 paraguayos había desembarcado, y
Mitre mandó desalojarla a la división Buenos Aires de guardias nacionales de
infantería, mandada por Conesa. La división Buenos Aires tenía 1.700 plazas,
pero su armamento era deficiente y sus integrantes gauchos recogidos en la
campaña "que hubieran sido excelentes soldados de caballería pero que
costaba mucho hacerlos infantes" (Carlos D´Amico. Buenos Aires, sus hombres su
naturaleza, sus costumbres. México 1890) [JM Rosa t.VII.p.152]. Conesa por
orden de Mitre ataca de frente a los paraguayos escondidos en un monte.
Aquello fue una carnicería de gauchos, sin que Mitre –acampado a escasa
distancia– se le ocurriese reforzar a Conesa, de quien estaba distanciado
desde Cepeda. "¡Como sería el lance de desigual –comenta D'Amico, uno de
los participantes– cuando la división tuvo fuera de combate el 75 %, cuando
con las armas que se usaban la regla era el 8 ó 10 % en los hechos de armas
más sangrientos, ¡como sería que tuvieron que hacer de oficiales los
sargentos, porque la mayor parte de aquellos estaban fuera de combate!"
"Pehuajo fue un crimen", comenta D'Amico. "Pocos quisieron creer la
impericia de Mitre al dar la orden de ataque contra una posición
fortificada, sin reforzar los atacantes; muchos creyeron en el propósito
deliberado de aniquilar a los gauchos de la División y al coronel Conesa, su
enemigo desde que salvó el ejercito porteño en Cepeda cuando el no quiso
hacerlo"... "La prensa de Buenos Aires dijo entonces –sigue D'Amico– que
Mitre había querido deshacerse de numerosos e influyentes enemigos políticos
mandando esa división a tan peligrosa acción de guerra en vez de una
división de línea, y permaneciendo en inexplicable inacción todo el día, a
pesar del fuego alarmante que se oía en el campamento"(Carlos D'Amico,
Buenos Aires, sus hombres su naturaleza, sus costumbres, México, 1890)
[JMR.t.VII.p.152].
Los prisioneros. "Civilización y barbarie"
Los aliados incorporaban a los prisioneros a sus propias filas, obligándolos
a luchar contra su patria y sus hermanos, y si escapaban eran fusilados como
desertores. Palleja cuenta de estos fusilamientos constantes. J. Garmentdia
en sus "Recuerdos de la campaña del Paraguay" dice "Hay algo de bárbaro y
deprimente en este acto inaudito de castigar a un a que haga fuego contra su
bandera" y Carlos María Ramírez, en Montevideo, dirá "Los prisioneros de
guerra han sido repartidos en los cuerpos de línea, bajo la bandera y con el
uniforme de los aliados compelidos a volver sus armas contra los defensores
de su patria ¡Jamás el siglo XIX ha presenciado un ultraje mayor al derecho
de gentes, a la humanidad, a la civilización!" (JMR, tVII.p149).
"Durante la rendición de Humaitá aconteció algo notable: uno de los que se
rendían, abandonó de inmediato a sus compañeros, se precipitó, como loco,
sobre uno de los nuestros y lo abrazó y no quiso desprenderse de él; era un
sargento de artillería de la fortaleza. Aconteció que este sargento era una
sargenta en uniforme de artillero y que había participado del sitio de la
fortaleza de Humaitá. Nuestro compañero, un paraguayo, su marido, que
luchaba como prisionero..." (Lopracher. cit.en "Genocidio Americano, A
guerra do Paraguai", p.150, Julio José Chiavenatto, Sao Paulo).
También fue generalizado el robo de prisioneros por los aliados para ser
vendidos y utilizados como esclavos, y no hubo oficial que no se llevara
varios "paraguayitos" como botín. En carta que escribe Mitre a Marcos Paz le
dice "Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400.
Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la
caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos
arrebataron 800 o 1.000 de ellos; los robaron para esclavos, hasta hoy andan
robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una
brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana
tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran" (carta
de Mitre a Marcos Paz).
En carta fechada en Humaitá el 20 de noviembre, López le protesta a Mitre
por el trato dado por los aliados a los prisioneros paraguayos. Entre otros
conceptos le dice que "Es de uso general y práctica entre naciones
civilizadas atenuar los males de la guerra por leyes propias, despojándola
de los actos de crueldad barbarie, que deshonrando a la humanidad,
estigmatizan con una mancha indeleble a los jefes que los ordenan, protegen
o toleran, y yo lo había esperado de V.E. y sus aliados...
Y continúa la carta de López:
"La estricta disciplina de los ejércitos paraguayos en territorio argentino
y en la poblaciones brasileras así lo comprueban... y mientras tanto V.E.,
iniciaba la guerra con excesos y atrocidades... La bárbara crueldad con que han
sido pasados a cuchillo los heridos del combate de Yatay… y acciones todavía
más ilegales y atroces que se cometen con los paraguayos que mantenido la
fatal suerte de caer prisioneros del ejercito aliado en Yatay y Uruguayana,
V.E. los ha obligado a empuñar las armas contra la patria (…) haciéndolos
traidores, y aquellos que han querido resistir a destruir su Patria con sus
brazos han sido inmediata y cruelmente inmolados. Los que han participado en
tan inicua suerte, han servido para fines no menos inhumanos y repugnantes,
pues que en su mayor parte han sido llevados y reducidos a la esclavitud en
Brasil, y los que se prestaban menos por el color blanco de su cutis para
ser vendidos, han sido enviados de regalo, como entes curiosos sujetos a la
servidumbre. Este desprecio, no ya de las leyes de la guerra sino de la
humanidad, esta coacción bárbara como infame que coloca a los prisioneros de
guerra entre la muerte y la traición, o entre la muerte y la esclavitud, es
el primer ejemplo que conozco en la historia de las guerras, y es a V.E.,al
emperador del Brasil y al actual mandatario de la República Oriental a
quienes cabe el baldón de producir y ejecutar tanto horror".
¿Quien sino Mitre era el verdadero representante de la barbarie?
Mitre le contesta con su acostumbrado cinismo, negando en público lo que
reconocía en sus cartas privadas:
"Lejos de obligar a los prisioneros a ingresar voluntariamente a las filas
del ejército aliado o de tratárselos con rigor; han sido tratados todos
ellos no solamente con humanidad, sino con benevolencia, habiendo sido
muchos de ellos puestos en completa libertad".
Las mentiras y el cinismo de Mitre no tienen parangón en nuestra historia.
Entrevista de Yatayty-Corá
López, tal vez desde su óptica de patriota, pensó que podría convencer a Mitre
de terminar la guerra y hace la paz sobre los millares de cadáveres, y lo
invita a una entrevista en Yatayty-Corá.
Por el secretario de Mitre (José María Lafuente), se sabe que López trató de
convencer a Mitre, y le hablo de la política expansionista de Brasil, y que
los términos de la alianza lo obligaban a los paraguayos a luchar hasta el
aniquilamiento (que ese era el verdadero fin de la alianza). Polidoro (el
brasilero) dice que "Las instrucciones de Su Majestad me ordenan librar
batalla con "ese hombre"; no tengo instrucciones para tratar con el, ni
entablar relaciones sociales". Mitre en cambio, según el acta, "se limitó a
oír, contestando que se remitiría a su gobierno y a la decisión de los
aliados con arreglo a sus compromisos".
A los dos días Mitre le escribe a López que ha hablado con Polidoro (el
brasilero) y "Hemos convenido….referirlo todo a la decisión de los
respectivos gobiernos sin hacer modificación alguna a la situación de los
beligerantes" (cit.JMR.tVII.p.164).
Esto no solamente muestra claramente que Mitre no las tenía bien puestas
como para tomar una decisión por su cuenta y sin echarle la culpa a otros,
sino que resulta evidente que respondía a otros amos, y seguía siendo la
marioneta de siempre al servicio de los brasileros, y en última instancia de
los ingleses, los verdaderos ideólogos del genocidio del paraguayo.
Curupayty. La "estrategia" de la masacre
Mitre demostraría una vez más su impericia militar. La acción de Curupayty
sería digna de una obra tragicómica, si no fuera que ocurrió realmente y en
una guerra cruenta que costó miles de vidas.
Mitre, necesitado de un triunfo para levantar su alicaído prestigio militar
(prestigio imaginativo y literario, en realidad) decidió tomar Curupayty,
una fortificación de troncos defendida solamente por siete regimientos de
infantería con 49 cañoncitos y dos escuadrones de caballería. Mitre en
cambio, con 17.000 hombres, "literalmente" arrasaría a los paraguayos, y se
haría de la victoria que necesitaba.
Estudioso de las "estrategias europeas", Mitre decidió entonces una
estrategia inobjetable (según su punto de vista): un ataque frontal a
bayoneta con los 17.000 hombres, luego simular una retirada para que el
enemigo salga en persecución, y más tarde dar media vuelta y batirlos fuera
de la fortaleza. Lo que no tuvo en cuenta Mitre, era, en primer lugar, el
terreno fangoso tras tres días de lluvia que separaba su posición del
enemigo, y en segundo lugar, que los paraguayos se manejaban por instinto (o
talvez hayan leído los mismos libros de estrategia), porque en vez de salir
a perseguir a los atacantes, se quedaron mirando como estos desandaban el
pantano con gran esfuerzo. El ejército de Mitre tuvo que recorrer por
tercera vez el pantano lleno de cadáveres de su propio ejercito, para
desalojar la "fortificación", lo que terminó en una tragedia. Murieron
10.000 argentinos y brasileros y 92 paraguayos.
"…..Los infantes volvieron a la carga en el campo fangoso obstruido de
cadáveres, agotados por el peso de sus armas. Protegidos en sus trincheras,
los paraguayos hacían estragos que los aliados no contestaban porque no veían
al enemigo." Mitre embriagado de la embriaguez heroica de Cepeda, ordenaba
avanzar, avanzar y avanzar siempre. La hecatombe hubiera seguido por la
noche si Porto Alegre, respetuosa pero firmemente, no se impusiera y
ordenase la retirada." (JMR, Hist. arg, t.VII, p.166).
Murieron 10.000
argentinos y 92 paraguayos.
En Buenos Aires, Martín Piñeiro informa a Sarmiento: "Solo Mitre ha podido
hacer perecer a tanto argentino…no se pregunta quien murió sino quien
vive... causa lastima salir a la calle".
En Curupayty muere Dominguito, el hijo de Sarmiento, a quien le escribe
Piñero "el desastre brutal que reveló la incapacidad del general en jefe
(Mitre) que solo por su parte oficial hubiera sido fusilado por un consejo
de guerra."(Revista del Museo Histórico Sarmiento II-III).
La segunda Tuyuty. ¡Ni para cuidar el pañol!
Ante las seguidillas de derrotas y desastres militares provocadas por la
congénita impericia del "farsante general", los brasileros piden su
reemplazo por Caxias. Se llegó a un acuerdo: la escuadre brasilera se
manejaría por su cuenta, Caxias tendría a cargo la ofensiva, y Mitre estaría
a cargo de la reserva y los depósitos de Tuyuty.
Mitre queda entonces en Tuyuty custodiando el parque y los cañones. El 3 de
noviembre de 1870 otra vez se destaca "el farsante general":
"A las 4.30 de la mañana se escucharon los primeros tiros. La batalla fue
tremenda – comenta Blanco Fombona – aunque los paraguayos eran menos de la
sexta parte del enemigo, Mitre quedó en derrota. El campamento fue
incendiado: artillería, municiones de guerra y boca, mulas, tiendas, carros,
todo cayó en poder de los paraguayos. Mitre perdió hasta su
correspondencia". (C. Pereyra, Francisco Solano López y la guerra del
Paraguay, JMR- T.VII.p196).
El grumete se refugia en Tuyu-Cué, donde estaba Caixas con el grueso del
ejercito. Los paraguayos se retiran con todo el parque tomado, entonces
Mitre, como en otras ocasiones, pretende transformar las derrotas en
victorias, se atribuyo la victoria. Pero ya era demasiado; Blanco Bombona
dice "aquella derrota y aquella carrera son indefendibles, pues de su
inmenso ejército, atacado solo por una legión de héroes, había tenido Mitre
dos mil bajas… ya le fue imposible a Mitre de todo punto de vista imposible,
seguir al frente del ejército. Nada podía sostener su autoridad" (cit.por
JMR t.VII.p.198).
Lomas Valentinas
En Asunción la población moría por la calles. El 21 de diciembre al mando de
López resiste el embate de los aliados, muy superiores en número. El general
y ministro de Estados Unidos presencia la batalla desde su campamento: "Seis
mil heridos, hombres y chiquillos, llegaron a ese campo de batalla el 21 de
diciembre y lucharon como ningún otro pueblo ha luchado jamás por preservar
a su país de la invasión y la conquista… otros han fugado (hacia su ejercito)
de las pocilgas que utilizaban los invasores como prisión… el cuartel
(paraguayo) comenzó a llenarse de heridos incapacitados para seguir la
lucha. Niños de tiernos años arrastrándose, las piernas desechas a pedazos
con horribles heridas de balas. No lloraban ni gemían, ni imploraban
auxilios médicos. Cuando sentían el contacto de la mano misericordiosa de la
muerte se echaban a suelo para morir en silencio"
Hubo prodigios de coraje: Felipe Toledo, de ochenta años, carga diez veces
al frente de la escolta presidencial para caer en al décima; Valois
Rivarola, con una herida recibida en Avay, abandona el hospital y toma el
primer caballo que encuentra. Una bala le rompe el cráneo: sujetando la masa
encefálica, que se le escurría, con los dedos de una mano, con la otra
disparaba su carabina. (JMR.t.VII.p.204).
López ya "no tenía soldados, no t