MARTA HARNECKER

Los hitos que marcan a la izquierda latinoamericana desde la revolución cubana hasta hoy

Apéndice: Marxismo y desafíos actuales, entrevista a Marta Harnecker

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Los hitos que marcan a la izquierda latinoamericana desde la revolución cubana hasta hoy

[Del libro "La izquierda en el umbral del Siglo XXI]

Introducción

1. A continuación haré un breve recuento de los hitos más importantes que, según mi opinión, han influido en la izquierda latinoamericana durante los treinta y nueve últimos años que siguieron al triunfo de la revolución cubana. Más que un análisis histórico acabado, que en ese caso debería comenzar por los orígenes de la izquierda a comienzos de siglo, estas líneas pretenden ser gruesas pinceladas acerca de las huellas que la van marcando desde el triunfo de la revolución cubana hasta hoy.
2. Me parece necesario dividir este período que ocupa algo más de un tercio de siglo; en dos momentos muy diferentes: el primero, que va desde el triunfo de la revolución cubana hasta la caída del socialismo en Europa del Este, y el segundo, que llega hasta hoy. En el primero, la revolución social se ve como una posibilidad que aparece en el horizonte; en el segundo, ésta no se ve como una posibilidad inmediata.
3. Quiero aclarar que esto no significa que piense que se deba renunciar a luchar por la revolución social, hoy más necesaria que nunca no sólo para los pobres de este mundo, sino para la humanidad toda que terminará por autodestruirse si sigue en la loca carrera consumista neoliberal; de lo que se trata es de tener los pies firmes sobre la tierra para elaborar el qué hacer que nos permita acumular fuerzas y avanzar en la lucha por crear las condiciones de una futura transformación social a la que no renunciamos.
Primera etapa: Desde el triunfo de la revolución cubana hasta la caída del socialismo en Europa del Este (1º ene 1959-9 nov. 1989) 4. La primera etapa comienza con el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959 y se puede subdividir en tres fases: la primera, de gran efervescencia revolucionaria, que va desde el triunfo de la Revolución Cubana hasta la derrota de Allende en Chile; la segunda, de involución y triunfo de las fuerzas conservadoras, que se extiende desde el golpe militar en Chile hasta el triunfo de la Revolución Sandinista; y la tercera, desde esta fecha hasta la caída del socialismo en Europa del Este, en que nuevamente las fuerzas del cambio avanzan, pero ahora fundamentalmente en Centroamérica y Colombia, mientras se produce una lenta y condicionada retirada de los militares a los cuarteles en los países del Sur.
Triunfo de la revolución cubana (1 de enero de 1959) 5. La Revolución Cubana triunfa el 1 de enero de 1959, en un contexto de crisis del modelo desarrollo capitalista en nuestro subcontinente y dentro de una correlación mundial de fuerzas que ha ido cambiando a favor del campo socialista y los movimientos de liberación nacional en el Tercer Mundo.
6. La victoria guerrillera en la isla caribeña despierta la simpatía de la mayor parte de la izquierda occidental, era una luz que asomaba en el oscuro horizonte conservador que entonces se vivía. Tenía todas las cualidades para ser atractiva, especialmente para los jóvenes: espíritu romántico, heroísmo en las montañas, antiguos líderes estudiantiles con la desinteresada generosidad de su juventud el más viejo apenas pasaba los treinta años un pueblo jubiloso en un paraíso turístico tropical que latía a ritmo de rumba (Hobsbawm, 1994, p.439).
7. Pero no sólo atrae, sino que constituye un gran aliento para las luchas populares porque rompe con dos tipos de fatalismo muy difundidos en la izquierda latinoamericana: uno geográfico y otro de estrategia militar. El primero planteaba que los Estados Unidos no tolerarían una revolución socialista en su área estratégica (Gaspar, 1997, p.9) y Cuba triunfa a noventa millas de sus costas; el segundo sostenía que, dada la sofisticación que habían alcanzado los ejércitos, ya no era posible vencer a un ejército regular y Cuba demuestra que la táctica guerrillera es capaz de ir debilitando el ejército enemigo hasta llegar a liquidarlo. Los jóvenes de izquierda de los sesenta pensamos que íbamos a poder contemplar relativamente pronto una transformación social profunda en nuestros propios países.
8. El triunfo del Movimiento 23 de Julio que es interpretado como una prueba de la eficacia de las armas en manos del pueblo para conseguir la independencia y el desarrollo nacionales se produce en un momento de gran escepticismo de importantes sectores de la izquierda en relación con las elecciones y la incapacidad de los regímenes democrático burgueses para mejorar las condiciones de vida del pueblo. No es de extrañar, entonces, que haya inspirado a la intelectualidad militante en un subcontinente de gatillo fácil y donde el valor altruista, especialmente cuando se manifiesta en gestos heroicos es bien recibido (Hobsbawm, 1994, p.439), a la que proporciona contundentes argumentos contra la vía pacífica al socialismo adoptada XXº Congreso del PCUS en 1956 y seguida fielmente por la mayor parte de los partidos comunistas de América Latina. Sin tener en cuenta las condiciones concretas de cada país, la lucha armada llega a ser considerada el camino exclusivo para llevar adelante la revolución. De medio se transforma en fin. Sólo se era consecuentemente revolucionario si se estaba dispuesto a tomar un fusil y partir al monte o a la lucha armada clandestina en las ciudades.
9. La vía armada era entonces como sostiene Carlos Vilas el documento de identidad de una propuesta revolucionaria (1996, p.5). Muy pocos eran los que intentaban agotar primero todos los otros caminos para mostrar a sus pueblos que no eran los revolucionarios los que elegían la violencia, como sabiamente lo hizo Fidel en Cuba (Harnecker, 1986, pp. 46-55), quien poco antes de lanzar la expedición del Granma volvió a plantear a Batista la posibilidad de evitar la guerra si se iba a elecciones verdaderamente libres, para dejar bien claro que la violencia no era elegida por ellos, sino impuesta por el enemigo.
10. La polémica con los partidos comunistas, ya señalada, y el hecho de que éstos utilizaran las elecciones como una de las formas principales de lucha, determinó que rechazaran esta forma de lucha. Estaban dispuestos a combinar la lucha armada con la lucha de masas, pero no con la lucha electoral. En esos años cualquier tipo de incursión en el terreno institucional era descartado por completo. La diferenciación entre reformistas y revolucionarios pasaba por su definición a favor o en contra de la utilización inmediata de la lucha armada.
11. La primera revolución socialista en el mundo occidental no sólo influyó en el terreno político, sino que también tuvo una gran trascendencia cultural. Su originalidad, el hecho de haber triunfado a pesar de los esquemas establecidos, ayudó a abrir espacio a nuevas ideas y a una renovación del pensamiento social latinoamericano que gracias a esta revolución se tercermundializó.
12. Coincido con Agustín Cueva (1989, pp. 26-27)en que las principales concepciones modificadas por el proceso cubano son: la definición del carácter de las formaciones sociales latinoamericanas que dejan de ser consideradas feudales para pasar a ser consideradas subdesarrolladas hasta entonces se hablaba de terratenientes feudales y de regímenes feudales en América Latina y desde la revolución cubana empieza a ponerse énfasis en el carácter dependiente sometido al imperialismo de nuestras sociedades; el esquema de interpretación de las clases sociales y de las fuerzas revolucionarias que veía en el pueblo a su fuerza motriz y consideraba que la burguesía era incapaz de conducir la revolución ; el carácter de la revolución latinoamericana (Harnecker, 1986, pp. 167-251) que deja de ser considerado democrático burgués para ser considerado antiimperialista y socialista; y, por último, las formas de lucha donde la lucha armada pasa a desempeñar un papel muy importante.
13. A su vez, el impacto de la revolución cubana sobre la intelectualidad hace que muchos hombres de sus filas se liguen a los procesos emergentes y comiencen a servir a la causa popular desde una militancia más comprometida.
14. Por otra parte, las duras agresiones de la principal potencia imperialista mundial, los Estados Unidos, contra el peligro que significa el ejemplo de la naciente revolución, plantean la necesidad y significan un poderoso impulso a la integración continental para hacer frente al poderoso adversario común.
La izquierda revolucionaria y los grupos guerrilleros rurales 15. En torno a la polémica sobre la lucha armada, puesta en el tapete por la revolución cubana, la izquierda latinoamericana se divide. Los grupos que surgen optando por este camino se autodenominan izquierda revolucionaria, para diferenciarse del resto de la izquierda a la que tildan de reformista (partidos comunistas pro soviéticos, partidos socialistas, etc.). En el caso chileno, serán considerados más tarde reformistas todos los partidos que conformarán el frente político Unidad Popular encabezado por Salvador Allende, por el simple hecho de haber aceptado transitar por la vía no armada.
16. La izquierda revolucionaria, de origen urbano y preponderantemente universitario, tuvo escasa penetración en el movimiento obrero, tanto por la oposición que recibió de los aparatos sindicales de los partidos comunistas y socialdemócratas o populistas que dominaban ese espacio, como por el propio desinterés de sus militantes, que preferían abocarse a las tareas de preparación militar (Gaspar, 1997, p.12).
17. Esta nueva izquierda, llena de ímpetu e impaciencia juvenil, no sólo se declara partidaria de la lucha armada, sino que se lanza a crear organizaciones guerrilleras: Masseti en Tucumán, Argentina; las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, en Venezuela; las Fuerzas Armadas Rebeldes dirigidas por Yon Soza y Turcios Lima, en Guatemala; el MIR encabezado por Luis de la Puente y Guillermo Lobatón, y el ELN dirigido por Héctor Béjar, en Perú; el Frente Sandinista dirigido por Carlos Fonseca, en Nicaragua; el Ejército de Liberación Nacional de Camilo Torres, en Colombia; Lucio Cabañas con su Partido de los Pobres y Genaro Vázquez y su Asociación Cívica Nacional Revolucionaria, en México; Marighella y Lamarca en Brasil; y la simbólica guerrilla del Che en Bolivia.
18. No pocos de estos grupos conformados por heroicos jóvenes dispuestos a dar su vida por la causa popular, caen en desviaciones foquistas: deciden partir a la montaña sin conocer previamente el terreno, sin un mínimo de apoyo social, convencidos de que las condiciones revolucionarias estaban dadas y que bastaba sólo la chispa su chispa para encender la pradera. El libro ¿Revolución en la Revolución? de Regís Debray (1967) intelectual francés que visita la guerrilla del Che en Bolivia se transforma en una especie de cartilla para montar guerrillas y se encarga de dar fundamento teórico a este método, que muy poco tiene que ver con lo que realmente ocurrió con la revolución cubana.
19. No era ni sería la primera vez que se copiaba un modelo extranjero sin tener en cuenta la realidad del respectivo país y, además, se copió mal.
20. La revolución cubana, una revolución vanguardizada por una organización nacional, el Movimiento 26 de Julio, muy enraizada en las tradiciones cubanas y especialmente en el pensamiento de José Martí, nunca fue foquista. Por el contrario, siempre atribuyó gran importancia al potencial revolucionario del campesinado de la zona haciendo un trabajo previo en ella y se preocupó, como tarea política fundamental, de difundir masivamente en la isla un programa revolucionario el programa del Moncada que convocaba a los más amplios sectores populares a la lucha contra Batista.
21. Durante sus años de presidio, Fidel estimaba que la misión del momento no era como muchos podrían haber pensado en dichas circunstancias organizar células revolucionarias para poder disponer de más o menos hombres para la lucha armada, sino realizar una gran campaña de propaganda (Harnecker, 1986, pp. 55-69) porque sin propaganda no hay movimiento de masas y sin movimientos de masas no hay revolución posible. [...] La tarea nuestra ahora de inmediato decía es movilizar a nuestro favor la opinión pública; divulgar nuestras ideas y ganarnos el respaldo de las masas del pueblo. Nuestro programa revolucionario es el más completo, nuestra línea, la más clara, nuestra historia la más sacrificada; tenemos derecho a ganarnos la fe del pueblo, sin la cual, lo repito mil veces, no hay revolución posible (Castro, 1954).
22. Nada de esto era conocido por las organizaciones guerrilleras de los sesenta aunque, paradójicamente, su máximo exponente simbólico fue la guerrilla del Che en Bolivia.
23. Por su parte, la concepción del Che (Piñeiro, 1997, pp. 9-12) consistía en fundar una columna madre integrada por revolucionarios de varios países latinoamericanos, la que luego de superar la etapa de sobrevivencia, foguear a combatientes, formar a los cuadros de dirección, permitiría la formación de otras columnas que podrían expandirse por otros países de América Latina, especialmente por aquellos donde la intervención imperialista contra la causa popular fuera más evidente. El Che pensaba que si, a partir de Bolivia surgían estas nuevas columnas guerrilleras, eso provocaría una reacción en los ejércitos de los países fronterizos apoyados por el imperialismo y se generalizaría la lucha armada en la región, la cual se tornaría un escenario de cruentas, largas y difíciles batallas que más tarde o temprano llevarían a la intervención yanqui. Se crearía así uno de los tantos Vietnam que el convocó a crear en su Mensaje a los pueblos del mundo, dado a conocer a través de la Tricontinental.
24. Según el Che, el núcleo guerrillero original, bien dirigido, era el motor chico, que accionando política y militarmente, echaba a andar el motor grande de las masas. Esta concepción nada tiene que ver con el enfoque reduccionista del foco guerrillero que se le ha pretendido adjudicar. El hablaba de foco insurreccional vinculado a las masas, no de un grupo pequeño de hombres armados que actúan divorciados del pueblo.
25. No se suele olvidar también que el Che expresamente afirmó que no se podía desarrollar la lucha guerrillera en donde hubiese gobiernos nacidos de alguna forma de consulta popular y donde no se hubieran agotado las posibilidades de lucha cívica.
26. Lo que hoy puede decirse es que estos intentos guerrilleros muchos de los cuales cayeron en desviaciones militaristas aunque tuvieron impacto en sus respectivos países, no llegaron a ser referentes de importancia en la vida nacional salvo el venezolano, y muchas veces fueron sobredimensionados por las fuerzas de derecha para legitimar la reducción del ámbito de las libertades públicas (Gaspar, 1997, p.13).
Polémica chino-soviética y división del campo socialista (1967) 27. La revolución cubana surge en el contexto de crecientes contradicciones entre los partidos comunistas más poderosos del campo socialista: el soviético y el chino, que culminan con la ruptura del llamado "campo socialista" en 1967.
28. La crisis del bloque soviético comienza tras la muerte de Stalin, en 1954, y se agudiza luego del XX Congreso del PCUS en 1956, donde se ataca por primera vez la política staliniana y, con mayor cautela, al propio Stalin. El efecto de este acontecimiento fue inmediato. Surgen reacciones en Polonia, donde se instala una nueva dirección compuesta por reformadores comunistas con la aprobación de Moscú. No ocurre lo mismo con el reformador comunista Imre Nagy, en Hungría. El nuevo gobierno por él encabezado es aplastado por el Ejército Rojo en noviembre de ese año.
29. En Oriente, la revolución china, que había triunfado ignorando las orientaciones que recibía de Moscú, comenzaba a transformarse en un contrincante poco dócil con cada vez más peso para la hegemonía soviética. Mao Tse Tung proclamaba la superioridad del campo socialista en la correlación mundial de fuerzas, fundamentando esta afirmación en la cantidad de población total de la tierra que vivía en el campo socialista: mil millones de personas, el sesenta por ciento de los cuales eran chinos, el triple de la población soviética (Benz y Herman, 1981, pp. 283-288).
30. Algo más de un año después del XX Congreso empezaron a aflorar las diferencias ideológicopolíticas. El Partido Comunista Chino no aceptaba el planteamiento del carácter duradero de la coexistencia pacífica entre socialismo y capitalismo que planteaban los soviéticos ni la tesis de que el campo socialista se fortalecía y debía competir con el capitalismo en el campo económico el enorme desarrollo económico logrado por la URSS y el resto de los países socialistas de Europa del Este luego de la Segunda Guerra Mundial, a pesar del estado desastroso en que esos países salen del conflicto bélico, justificaba el optimismo en ese terreno. Por el contrario sostenía que lo que podía debilitar al imperialismo era justamente el triunfo creciente de revoluciones antiimperialistas en el Tercer Mundo planteamiento especialmente atractivo para los luchadores por la liberación nacional.
31. Reivindicaba, también, la vía armada contra la vía pacífica que propiciaban los soviéticos y no se dejaba amedrentar por la guerra nuclear, argumento fundamental de estos últimos para llegar a un acuerdo nuclear con occidente.
32. Esta polémica detrás de la cuál se escondían afanes hegemonistas de cada una de las grandes potencias socialistas culmina finalmente con la ruptura del 67. Este fue un duro golpe para la izquierda. La gran familia, formada hasta entonces por todos los países socialistas y los que habían emprendido procesos de liberación nacional bajo su alero, se dividía.
33. Esta situación introduce nuevos elementos polémicos. Del debate ideológico se pasa a las diatribas y acusaciones mutuas. Los partidos comunistas se escinden: nacen los autodenominados partidos comunistas marxista-leninistas.
34. Las organizaciones armadas se polarizan entre organizaciones de tendencia pro cubana y aquellas que defienden la tesis de Mao Tse Tung de la guerra popular prolongada. Estas últimas se preocupan más por hacer un trabajo de masas, ya que conciben la guerra como una guerra con participación del pueblo.
Movimiento de reforma universitaria (segundo quinquenio de los sesenta) 35. A mediados de los sesenta y, especialmente en el 68, coincidiendo con el mayo francés en que los estudiantes universitarios parisinos encabezan un movimiento de rechazo al gobierno que logra comprometer a los obreros en una huelga general que paraliza al país por más de una semana, en varios países de América Latina se producen movimientos estudiantiles de gran envergadura cuya máxima expresión fue el mexicano que logró movilizar a cientos de miles de personas las manifestaciones más grandes después de la revolución de 1810 (Castillo, 1980, p.13) y terminó con una cruenta masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, en la que murieron centenas de jóvenes, y procesos de reforma universitaria que, por un lado, abren las puertas de la Universidad a un amplio sector de estudiantes que antes no tenía acceso a ella y, por otra, buscan poner a la universidad al servicio de la sociedad.
36. Este estallido estudiantil que se produce casi simultáneamente en los más diversos países del orbe tiene una base objetiva como lo explica el historiador Erich Hobsbawm (1994, pp. 297-304): mientras a partir de los años cincuenta el campo se vaciaba y crecían en forma acelerada las ciudades, se producía, al mismo tiempo, un rápido crecimiento de la población universitaria. En los países más avanzados la cifra que alcanzaba a decenas de miles antes de la segunda guerra mundial se eleva a millones en sólo veinte años. Algo similar aunque en menor escala ocurría en la mayor parte de los países de América Latina. Los campus universitarios que concentraban más estudiantes que cualquier de las grandes industrias pasaron a representar espacios estratégicos en la lucha por los cambios sociales.
37. Esta multitud de jóvenes eran un factor nuevo tanto en la cultura como en la política. Eran, al decir de Hobsbawm, transnacionales (p.300), por su capacidad de desplazarse y comunicar con facilidad y rapidez sus ideas y experiencias más allá de las fronteras de sus respectivos países. Y no sólo eran políticamente radicales y explosivos, sino que poseían una gran eficacia para lograr hacer trascender a nivel nacional, e incluso internacional, el descontento político y social que encarnaban. En países sometidos a dictaduras militares pero que respetaban la autonomía universitaria eran a menudo el único grupo social capaz de emprender acciones políticas colectivas.
38. Descontentos con las condiciones físicas que encontraban en las universidades, cuyos recintos no estaban preparados para asumir tal avalancha de alumnos; inquietos por el incierto horizonte laboral que les presentaba una sociedad que tampoco estaba preparada para acoger a tal número de egresados; sensibilizados con las desigualdades sociales existentes en sus países y, en muchos casos, admiradores de la revolución cubana, estos jóvenes, se tornaron un factor potencialmente explosivo, en la medida en que hacía frente común con el movimiento de masas urbano y campesino en ascenso.
39. Como resultado de estos procesos de lucha estudiantil y de reforma universitaria la izquierda latinoamericana va conquistando cada vez más espacios universitarios. En ellos se hace una crítica al sistema imperante y se elaboran propuestas alternativas. Los partidos de izquierda empiezan a nutrirse de los resultados de estas investigaciones.
40. Según Agustín Cueva se trata de una época de oro de nuestras ciencias sociales (1989, p.27), que por primera vez dejan de ser una mera caja de resonancia de lo que se piensa en Europa o Estados Unidos. Se elabora una teoría propia: la teoría de la dependencia que tiene amplia difusión en el continente.
41. Por otra parte, se introducen, por primera vez, los estudios sistemáticos de marxismo en los programas universitarios. Era un marxismo peculiar, de orientación marcadamente universitaria, nacía de las aulas y no de la práctica política. (Hobsbawm, 1994, p.443.) El pensador más difundido era el filósofo francés Louis Althusser. Esta situación explica por qué mi manual: Los conceptos elementales del materialismo histórico (Harnecker, 1994), publicado en 1969, ha tenido una difusión tan grande(1).
42. La editorial mexicana Siglo XXI, dirigida por Arnaldo Orfila un destacado intelectual mexicano y partidario de los movimientos revolucionarios responsable de la publicación de los libros de Althusser, de mi manual, y de muchos otros libros de orientación marxista, juega un papel muy importante en la formación de las generaciones de jóvenes universitarios de aquella época. Durante una década, los grupos y partidos de izquierda, las comunidades eclesiales de base, los estudiantes de ciencias sociales, los nacionalistas revolucionarios, los descontentos con las situaciones de miseria y explotación, acuden al acervo de Siglo XXI para informarse, crearse un horizonte de expectativas revolucionarias, definir y redefinir el sentido de su acción (Revista Proceso, Nº 1081, 20 julio 1997, p.55).
Invasión a Checoslovaquia por la URSS (20 ag. 1968) 43. En medio de este proceso ocurre otro hecho que marca a la izquierda latinoamericana: la invasión del ejército soviético a Checoslovaquia país que vivía un intenso proceso de debate acerca de qué camino debía seguir su proceso socialista para imponer en el poder a un sector minoritario del Partido Comunista checo. Este fue un nuevo golpe al movimiento comunista internacional: se acrecentaron las críticas a la URSS, aumentó el prestigio del Partido Comunista Chino, y sorprendió negativamente a la izquierda el apoyo crítico expresado por la Revolución Cubana.
Teología de la Liberación y comunidades de base (mediados de los sesenta) 44. También, en ese período, crece la influencia de la teología de la liberación y de las comunidades cristianas de base y crecientes sectores de cristianos empiezan a compartir posiciones claramente definidas de izquierda.
45. Es Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano, el que primero formula en forma precisa lo central de la nueva corriente teológica en su conocida conferencia Hacia una Teología de la Liberación de julio de 1968. Según este sacerdote, el desafío que se plantea en América Latina, desde el punto de vista de la reflexión teológica, es cómo encontrar un lenguaje sobre Dios que nazca desde la situación y sufrimientos creados por la pobreza injusta en que viven las grandes mayorías (razas despreciadas, clases sociales explotadas, culturas marginadas, discriminación de la mujer). Pero que sea, al mismo tiempo, un discurso alimentado por la esperanza que levanta un pueblo en lucha por su liberación. (Gutiérrez, 1984. p.73) 46. Por su parte, Leonardo Boff otro eminente teólogo brasileño de esta corriente sostiene que esta teología supone la inserción del cristiano en un movimiento concreto, sea en una comunidad de base, en un centro de defensa de los derechos humanos, en un sindicato. Esta sumersión en el mundo de los pobres y de los oprimidos hace del discurso teológico un discurso comprometido y con sentido práctico. Hay un interés objetivo por la eficacia, porque finalmente lo que cuenta, no es tanto la reflexión teológica, sino la liberación concreta de los pobres. Es esta liberación la que anticipa el Reino y agrada a Dios. (Boff, 1984, p.52-53.) 47. Los cristianos, inspirados en esta visión comprometida de su fe, se suelen organizar en las llamadas comunidades eclesiales de base que consisten en grupos de diverso peso y tamaño, de gente oprimida, que trabaja con sus propias manos, vive en la periferia de la ciudad o en zonas rurales y se reúne con cierta periodicidad, en una casa del barrio donde habitan o en la capilla para comentar la Biblia desde la nueva perspectiva de la Teología de la Liberación.
48. En el caso de Brasil primero(2) y luego en el resto de los países donde se imponen dictaduras militares, las parroquias y las comunidades de base pasan a representar los principales espacios de reencuentro de la militancia revolucionaria, en muchos casos no cristiana. Bajo el alero de los sectores más progresistas de la Iglesia Católica se protegen de la dura represión de las dictaduras y empiezan a descubrir al movimiento cristiano comprometido con los cambios sociales. (Harnecker, 1994, pp. 33-38).
49. Estas comunidades eclesiales de base cobran también mucha fuerza, en la década de los setenta, en Perú, Chile, El Salvador, Nicaragua y en otros países con una situación similar. (Harnecker, 1987 a, pp. 178-210) 50. Como consecuencia de estos cambios, las filas de la izquierda pasan a ser engrosadas por nuevos partidos de origen cristiano: algunos son desprendimientos de los partidos democratacristianos como el MAPU y la Izquierda Cristiana, en Chile; otros reúnen a la militancia de la Acción Católica estudiantil y del movimiento social, como es el caso de la Acción Popular (AP), en Brasil y los Grupos de Acción Unitaria (GAU), en Uruguay.
Auge de los movimientos guerrilleros urbanos 51. A finales de los sesenta surge algo hasta ahora inédito en América Latina: las experiencias guerrilleras urbanas (Gaspar, 1997, pp. 1314): en Uruguay los Tupamaros; en Argentina, los Montoneros (peronista) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (troskistas); el MIR, en Chile.
52. En estas guerrillas el concepto de retaguardia descansaba no en los aspectos geográficos sino en los demográficos y la columna móvil de la guerrilla rural era reemplazada por el comando clandestino rigurosamente compartimentado y jerarquizado. Su composición social era similar a la de las guerrillas rurales: reclutaban a sus cuadros fundamentalmente en los sectores medios de la sociedad.
53. Terminaron por ser derrotadas en los años setenta, luego de haber realizado espectaculares golpes, con el surgimiento de las dictaduras militares y su fuerte actividad contrainsurgente.
Triunfo de la Unidad Popular en Chile 54. Mientras se debilitaba en varios países el movimiento guerrillero rural cuyo golpe más duro había sido la caída del Che en Bolivia y se producía un auge de las experiencias guerrilleras urbanas en Uruguay y Argentina, ocurre otro hecho que conmueve a la izquierda latinoamericana y mundial: el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile, en septiembre de 1970 primera vez en la historia del mundo occidental en que un candidato marxista llegaba a través de las urnas a ser presidente de la República. Esta inédita experiencia crea una gran ola de simpatía a su favor. Era el momento en que la izquierda europea buscaba cómo transitar al socialismo por la vía democrática.
55. Si la revolución cubana había fortalecido las posiciones partidarias de la lucha armada, el triunfo de Allende sirvió de argumento para quienes defendían la vía pacífica, pero no fue por mucho tiempo ya que, la experiencia duró apenas tres años. Muchos olvidaron que habíamos conquistado el gobierno, pero no el poder; que los poderes legislativo y judicial estaban en manos de las fuerzas opositoras, y que el pilar fundamental del estado burgués: el ejército, se mantenía intacto, protegido por el llamado Estatuto de Garantías Constitucionales, por el cual el gobierno de Salvador Allende se había comprometido a no tocar las fuerzas armadas, la educación, ni los medios de comunicación. Este fue el compromiso exigido por la Democracia Cristiana para apoyar su ratificación en el parlamento(3).
56. A pesar de estos límites, la Unidad Popular avanzó mucho. En el país se vivía un clima revolucionario, de transformaciones profundas; un pueblo lleno de esperanzas se sentía dueño de su destino. Era un ejemplo demasiado peligroso, no sólo para los poderosos de Chile, sino para todo el mundo. Había que terminar con ese paradigma.
57. Coincido con Jorge Arrate, dirigente socialista chileno, en que el proyecto de Allende era demasiado heterodoxo para el carácter ortodoxo de nuestra izquierda (1995, p.175) cuyos planteamientos no se correspondían con los nuevos desafíos que el país estaba viviendo: cuando Allende hablaba del tránsito democrático al socialismo, sectores de la izquierda pintaban en los muros: ¡Viva la dictadura del proletariado!; cuando Allende hablaba de ganar a sectores de la burguesía para su proyecto, una parte importante de la izquierda reafirmaba que nuestro enemigo era toda la burguesía, basándose para ello en la teoría de la dependencia que sostenía que ya no era concebible un desarrollo capitalista de corte nacional; cuando el presidente socialista luchaba por conseguir una conducción única del proceso, los partidos más fuertes: el Socialista y el Comunista, hacían públicas sus divergencias; mientras Allende quería consolidar lo avanzado en el plano económico mediante la nacionalización de las grandes empresas estratégicas, teniendo muy claro los límites del poder con que contaba, sectores de la izquierda se tomaban pequeñas empresas y pedían su nacionalización, exigiendo más radicalidad a Allende, como si éste tuviera en sus manos todo el poder.
58. Por otra parte, si bien La dirección de la Unidad Popular y el propio presidente Allende tenían muy claro que sólo se podía consolidar el proceso chileno si se contaba con el apoyo de los militares, y coherentemente con esto se hizo todo un esfuerzo para ganarlos para la causa popular, se confió excesivamente en la tradición constitucionalista de las fuerzas armadas chilenas y no se trabajó suficientemente la creación de una fuerza material propia.
59. Pero hay otra cosa más que sólo hemos visto después, a partir de las últimas experiencias vividas por el socialismo: que ese tipo de tránsito "pacífico" del capitalismo al socialismo usando los recursos y posibilidades de poder dentro de un sistema de democracia representativa no era un camino viable para realizar el proyecto socialista tal como se había aplicado hasta entonces en el mundo y, por lo tanto, que era necesario repensar el socialismo que se quería construir elaborando otro proyecto más adecuado a la realidad chilena. Eso era lo que Allende parecía intuir al usar su folklórica metáfora de socialismo con vino tinto y empanadas, que apuntaba a la construcción de una sociedad socialista enraizada en las tradiciones nacionalpopulares. (Moulián, 1995, p.25.) 60. A medida que la contraofensiva conservadora se iba tornando más fuerte y las contradicciones en el seno de las fuerzas de izquierda que levantaron la candidatura de Allende se iban agudizando, una parte importante de los sectores medios, que habían apoyado inicialmente el proyecto popular se fueron distanciando, con lo que se preparó el terreno social y político fértil para el golpe militar que sometería al país a una férrea dictadura durante diecisiete años.
Golpe militar en Chile (11 sep. 1973) 61. El 11 de septiembre de 1973 los militares chilenos logran derrocar a Allende y se establecen en el poder, luego de una muy bien planeada estrategia de desestabilización del gobierno que poco a poco le va restando base de apoyo popular.
Sucesión de dictaduras militares en el Cono Sur 62. La derrota por las armas de la experiencia de la Unidad Popular en Chile precedida por pocos meses por otro golpe militar en Uruguay y seguida de una acción similar en Argentina, vuelven más negro el panorama del sur del continente americano ya golpeado por las dictaduras militares de Brasil y Bolivia.
63. Se inicia así una fase de reflujo del movimiento revolucionario que durará un quinquenio.
64. Se necesitaba una mano dura para poner orden en el contexto de un movimiento popular ascendente (Cardoso, 1979, pp.6061) producto de los efectos de la crisis del modelo Cepalino de sustitución de importaciones, como para iniciar la reestructuración económica requerida por el agotamiento del modelo anterior (Kauffman, 1979, pp.221 233). Para ello era necesario acabar con su capacidad de resistencia y de lucha, eliminando a los dirigentes políticos y sociales del movimiento popular y aniquilando a los poderosos movimientos guerrilleros urbanos del Cono Sur.
65. Salvaje represión, torturas y asesinatos, desapariciones, persecución, exilio, dejan a los países del sur de América durante largos años sin un liderazgo que pueda articular una voluntad única para transformar el rechazo y la resistencia callada de cientos de miles de personas en un arma eficaz para desterrar a los impopulares dictadores.
66. Pero no sólo se ataca al liderazgo, sino también y fundamentalmente, a la memoria de lucha de nuestros pueblos mediante una sistemática campaña interna por tergiversar la historia, destruir la ideología revolucionaria y fomentar los valores individualistas.
Triunfo de La revolución sandinista (19 jul 1979) 67. En medio de este sombrío panorama de dictaduras y derrotas del movimiento popular cuya casi única excepción había sido el triunfo de la revolución vietnamita en 1975, que inspiró a muchos revolucionarios y en un contexto internacional cada vez más conservador eran los años de Margaret Thatcher en Inglaterra, de la derechización de los partidos socialistas europeos, del recrudecimiento del antisovietismo y el anticomunismo en el viejo mundo, del surgimiento del eurocomunismo, triunfa inesperadamente la revolución sandinista. Contra todos los pronósticos de los analistas un nuevo triunfo armado del movimiento revolucionario se daba en el continente veinte años después del triunfo de la Revolución Cubana. Esta vez la victoria militar combinaba levantamientos insurreccionales urbanos con columnas guerrilleras en el Norte y Sur del país, transformándose las del Sur en los últimos meses en una verdadera organización regular: el Frente Sur.(Harnecker, 1984, pp.1147) 68. El Frente Sandinista de Liberación Nacional llega al poder con una gran legitimidad internacional, apoyado por la Internacional Socialista y con un apoyo logístico y de armas de gobiernos socialdemócratas de la región: Venezuela, Panamá y Costa Rica, y, por supuesto de Cuba, que jugó un destacado papel tanto en el terreno logístico como en el de la preparación militar de combatientes sandinistas e internacionalistas de América Latina, los que conformaron las brigadas internacionales de apoyo a Nicaragua, en las que participaron y dieron su vida entre otros militantes revolucionarios chilenos. Este amplio espectro de fuerzas de apoyo fue obtenido gracias a la política de alianzas flexible y madura llevada adelante por la dirección sandinista. (Harnecker, 1984, pp.51-52)66.
69. Su victoria sirve de oxígeno a la izquierda perseguida del Sur y da nuevo ímpetu a la lucha guerrillera en El Salvador y Guatemala. Es una revolución que provoca profundas simpatías, porque en ella se ve plasmada la combinación de pluralismo ideológico(4), economía mixta y elecciones con multipartidismo; todos aspectos mucho más cercanos a las realidades y posibilidades concretas de los países del continente que el modelo cubano.
70. Se empiezan a escribir así los primeros capítulos de lo que sería la crisis centroamericana, que pasará a ser el principal conflicto armado que conocerá la historia moderna de América Latina (Gaspar, 1997, p.17).
71. El contexto mundial en el que se produce la victoria sandinista es muy diferente al que rodea a la revolución cubana en sus veinte primeras años de vida. Cuando Fidel Castro y sus hombres entraban en La Habana, el máximo dirigente de la URSS, Nikita Jruchov, vaticinaba en las Naciones Unidas que en esa década su país superaría la producción percápita de los Estados Unidos y enterraría al capitalismo. Por otra parte, Moscú recibió con mucho beneplácito el primer triunfo socialista en el mundo occidental y le brindó desde combustible y alimentos hasta maquinaria pesada y armas de todo tipo. Dos décadas más tarde, en cambio, los comandantes sandinistas se encontraron con una URSS debilitada por la carrera armamentista y su incapacidad de seguir el paso de la revolución científico técnica que estaba desarrollándose en el mundo occidental y, debido a ello, sin posibilidades de apoyar económicamente a la Revolución Nicaragüense (Verbinsky, 1990: 1516).
72. Los sandinistas heredan un país muy dependiente del imperialismo, endeudado y descapitalizado (Perales, 1984, pp.17-18), pero, a pesar de eso, comienzan exitosamente una batalla contra la pobreza: echan a andar el Plan de Emergencia y Reactivación Económica, expropian las tierras y los bienes de los somocistas, suben los salarios, bajan los arriendos, extienden en forma gratuita la educación y la salud; se realiza una gran campaña de alfabetización.
73. Pero, muy pronto, con la llegada de Reagan al poder, comienzan a ponerse en práctica una serie de medidas agresivas en lo económico, lo político y lo militar. (Barricada, 1989, p.8): congelación de créditos, entrenamiento de ex guardias somocistas en Estados Unidos y operaciones disuasivas desde Honduras y Costa Rica.
74. Con la ayuda soviética reducida casi exclusivamente a abastecimiento militar apoyo que fue importante en la lucha contra la contrarrevolución, a la naciente revolución no le quedó otro camino que canalizar su comercio y sus demandas de créditos y subsidios a Europa occidental, Canadá y América Latina. La tan pregonada economía mixta no habría sido para algunos analistas tanto una opción entre varias alternativas, como el fruto de una necesidad (Verbinsky, 1990, p.16).
75. La política económica de los ocho primeros años (Núñez, 1989, pp.5-8) estuvo marcada por una regulación centralizada de la economía y por un control basado en la administración de los precios y los recursos. El criterio de la distribución obedecía a dos lógicas: a la de satisfacer las necesidades populares y a la de responder a la política de alianzas con los productores y en ese sentido tuvo éxito porque logró concitar un gran apoyo popular y un consenso nacional en torno a las medidas antisomocistas y antiimperialistas de los primeros años.
76. Esta política pudo materializarse gracias a los préstamos internacionales y a un subsidio interno generalizado, pero, al mismo tiempo, produjo una feroz distorsión de los precios, un proceso inflacionario galopante, un descenso de la producción y de la productividad, y una informalización del mercado. Este esquema llegó a su techo en 1987, cuando el valor del consumo llegó a ser tres veces superior al de la producción y sólo se pudo sostener con el apoyo solidario de los países socialistas.
77. Esta situación de crisis generalizada en el contexto de un país desangrado por la guerra, conduce a la dirección sandinista a adoptar, en febrero de 1988 sin consulta popular alguna y contra su esfuerzo por cambiar el estilo verticalista de su conducción política (Harnecker, 1987c, pp.3162), iniciado con éxito a mediado de los ochenta, una serie de medidas económicas de corte antipopular: se devalúa la moneda, se establece la paridad cambiaria, se restringen los subsidios y se liberan los precios y los mercados.
78. Todo ello se produce en medio de negociaciones para acabar con una guerra que, además de sus costos económicos, produce creciente rechazo en la población y que se concretarán en los acuerdos de Esquípulas II; del azote de un huracán que arrasa con ciudades y poblados de la Costa Atlántica; y cuando disminuye significativamente la ayuda internacional. Estas medidas que afectan seriamente el nivel de vida del pueblo no logran, sin embargo, detener la inflación.
79. Buscando corregir la distorsión de los precios y frenar la inflación, además de estimular las exportaciones, la dirección sandinista decide profundizar la reforma económica antipopular en 1989 reduciendo aún más los gastos sociales, reteniendo los salarios por debajo del índice inflacionario, creando empresas mixtas, llegando a acuerdos económicos con la burguesía. Esta vez se logra controlar el proceso inflacionario(5), pero todo esto no deja de tener repercusiones en el estado de ánimo de la gente: provoca un desentusiasmo y una desmovilización crecientes.
80. Mientras la dirección sandinista va de concesión en concesión hasta el indulto de más de mil setecientos ex-guardias somocistas, Washington responde a Esquípulas II aprobando más de sesenta millones para sostener a la contrarrevolución en Honduras como una reserva, boicoteando de ello los acuerdos de paz logrados en El Salvador (Barricada, 1989, p.28).
Auge del movimiento guerrillero en Centroamérica.
Colombia y Perú 81. El triunfo sandinista coincide con el proceso revolucionario en la Granada de Bishop y con un auge guerrillero en el área centroamericana (El Salvador, Guatemala), y sirve de gran estímulo a quienes en ese momento empuñaban las armas en el subcontinente. Se trata de guerrillas de una nueva ola, mucho más maduras que las anteriores, tanto en sus concepciones políticomilitares, como en su armamento; con una clara visión de la necesidad de involucrar al pueblo en la guerra.
82. Este proceso de maduración de los movimientos armados obliga a una creciente intervención norteamericana en apoyo logístico y asesoría a los ejércitos de esos países, quienes sin esta intervención foránea muy posiblemente habrían sido derrotados.
83. La guerrilla salvadoreña surge como respuesta a la represión que se ejerce sobre uno de los más amplios movimientos de masas del subcontinente. Los perseguidos se van a refugiar al campo dando origen a los diversos frentes guerrilleros (Harnecker, 1991a; 1991b). En ella confluyen, además de los militantes de diversas organizaciones de izquierda, cristianos, militares nacionalistas, intelectuales, social cristianos y socialdemócratas. Rompe todos los moldes preestablecidos (Gaspar, 1997, pp.1719). Se desarrolla casi sin retaguardia, en un país altamente poblado que a lo largo de diez años de guerra terminó transformándose en un verdadero ejército, con escuelas militares, talleres de armas, tropas especiales, secciones de inteligencia, órganos de propaganda y un preparado Estado Mayor. Pero no sólo operó en el campo, también contó con un Frente Urbano con comandos destinados al sabotaje y a golpear la infraestructura enemiga, y con un amplio apoyo de redes de organizaciones sociales y políticas.
84. La guerrilla guatemalteca(6), que a fines de los setenta había logrado un gran desarrollo, siendo una de las primeras guerrillas en incorporar a los indígenas la proceso (Harnecker, 1984, pp.235328), es seriamente golpeada por la estrategia contrainsurgente de tierra arrasada que destruye una gran cantidad de las aldeas indígenas que han apoyado a la guerrilla, provocando una emigración en masa hacia México; posteriormente se implantan las aldeas modelo y las llamadas "patrullas de autodefensa" que militarizan cerca de un millón de campesinos para proteger las aldeas de las incursiones guerrilleras. Y aunque la URNG logró resistir refugiada en las montañas de el Quiché y al sur de Chiapas, no pudo retomar la ofensiva estratégica (Gaspar, 1997, p.20), iniciando conversaciones de paz que terminaron con los acuerdos de diciembre de 1996, que pusieron fin al conflicto bélico.
85. El auge guerrillero se extiende también a Colombia, donde se destacan las FARC, el ELN, el M-19 y el EGP (Harnecker, 1988a, 1988b); y en Perú, Sendero Luminoso y el MRTA. En Colombia va acompañado de interesantes procesos unitarios tanto a nivel de las guerrillas, como de la izquierda política y los movimientos sociales y cívicos (Harnecker, 1989). Pero no cabe dudas que sus resultados no tienen la misma envergadura que en Centroamérica, donde la lucha antidictatorial contra un poder concentrado facilita el papel aglutinador de la guerrilla y la eficacia de su acción destructora del sistema opresor. La dispersión del poder que existe en Colombia y Perú hacen mucho más compleja la tarea.
Reemplazo de las dictaduras militares por sistemas de democracia restringida o tutelada 86. A partir de 1985 comienza un proceso de repliegue de los militares a sus cuarteles en los regímenes dictatoriales del Cono Sur. Ya habían logrado desarticular al movimiento popular golpeando tanto a su liderazgo social como político, debilitando su capacidad de resistencia y de lucha al menos así se creía, preparando el terreno para la implantación de las impopulares medidas de ajuste estructural de corte neoliberal. Por otra parte, era preferible hacer que un gobierno civil enfrentara los costos de la crisis económica que se hacía ya sentir fuertemente.
87. Este repliegue sus ritmos, sus condicionamientos y sus concesiones estuvo presionado por un creciente movimiento de resistencia antidictatorial en el cual el movimiento sindical y, el movimiento estudiantil juegan un papel importante, pero sobre todo nuevos movimientos sociales diferentes a los del sesenta: movimientos barriales, de las comunidades de bases y las iglesias, especialmente los sectores progresistas de la Iglesia Católica; movimientos que enarbolaron las banderas de los derechos humanos: contra los desaparecidos y las torturas, a favor del regreso de los exiliados, por la amnistía de los presos políticos encabezados en la gran mayoría de los países por mujeres.
88. La lucha antidictatorial unificó actores, permitió crear amplios frentes de lucha, pero que luego, conseguidos los objetivos mínimos del retorno a la democracia, rápidamente se desintegraron. Lo mismo ocurrió con las movilizaciones populares. No hay que olvidar que una de las condiciones de las transiciones pactadas fue la desmovilización del movimiento popular. Los actores populares, que fueron una pieza clave en la lucha de resistencia contra la dictadura, al regresar la democracia son reemplazados por los profesionales de la política que los suplantan y hablan en su nombre.
89. La transición a la democracia que entonces se inicia aún no ha terminado. Lo que se ha implantado en nuestros países han sido democracias "restringidas", "tuteladas", "protegidas" o democracias de "baja intensidad" como llaman otros. Los militares siguen presentes tras las bambalinas y hacen sentir su voz cada vez que las fuerzas antineoliberales tienen la audacia de manifestarse como una alternativa. El FMI y los bancos internacionales controlan nuestras políticas económicas. El Parlamento es un escenario para las pequeñas escaramuzas, porque las grandes batallas se dan en otros escenarios que escapan al control de representantes electos por el pueblo.
90. Con el fin de las dictaduras y las aperturas democráticas regresan los militantes de izquierda que estaban en el exilio, pero éste sin duda dejó sus huellas. El diálogo entre los que se quedaron y los que regresaron luego de un largo exilio no fue fácil, ya que éstos volvieron impregnados por las ideas europeas de la época(7) que estaban muy alejadas de las sufridas vivencias de quienes, en la dura clandestinidad, habían hecho un gran esfuerzo por mantener en alto las ideas y las prácticas revolucionarias.
91. La democracia conquistada, por muy limitada que sea, abre un espacio para la reconstitución de la izquierda y el movimiento popular. Se trata de un proceso lento, porque encuentra muchos obstáculos, entre ellos obstáculos estructurales que tienen que ver con la reestructuración económica que muchos de estos países comienzan a asumir con más intensidad en ese momento, que implica precarización de la fuerza de trabajo y fragmentación social creciente.
Primeros años de la perestroika 92. Un nuevo acontecimiento político conmueve a la izquierda por esa época: los años iniciales de la Perestroika, proceso reformista iniciado en la Unión Soviética en 1985 por Mijail Gorbachov., que llegó al poder como secretario general del Partido Comunista soviético. Gorbachov inicia su campaña de transformación del socialismo con dos lemas: perestroika o reestructuración económica y política y glasnost o transparencia informativa.
93. Este proceso, calificado por su líder como más socialismo con más democracia, fue enormemente atractivo para amplios sectores de la izquierda latinoamericana, entre los que me cuento, hasta el punto de haber titulado un libro que hiciera sobre el tema como Revolución de las esperanzas (Harnecker, 1987b). Muchos sentíamos que al fin había llegado la hora de corregir aspectos que considerábamos negativos en esos regímenes socialistas: la ausencia de debate, de construcción colectiva, de protagonismo popular; las diferencias de oportunidades para los cuadros dirigentes en relación con el simple ciudadano; el exceso de centralismo en la planificación económica, que la tornaba ya inoperante tanto para competir en el área mundial, como para satisfacer las propias necesidades de las personas y muchas cosas más que no cabe enumerar aquí.
94. Los primeros años de la Perestroika tuvieron como efecto positivo liberar la mente de la militancia de izquierda, obligarla a pensar con cabeza propia. Se comienza a relegar al pasado los catecismos y las verdades absolutas. El debate ideológico y político que fue una tradición en los primeros años del movimiento comunista internacional recobra fuerza: se considera nuevamente como algo provechoso, lícito y necesario.
95. Por supuesto que la lectura de la Perestroika no fue la misma por parte de toda la izquierda: hubo unos fundamentalmente algunos partidos marxista-leninistas pro albaneses que se aferraron más a sus concepciones dogmáticas, vanguardistas y sectarias: eran los únicos "puros" que iban quedando; otros dieron un vuelco en ciento ochenta grados y llegaron a ser más papistas que el papa -de stalinistas se vuelven "perestroikos"-, actitud que muchos califican de oportunista y seguidista, porque renegaron de todo su pasado y cuestionaron todo el andamiaje teórico y organizativo que hasta entonces sustentaba a sus partidos; para un tercer grupo, la Perestroika significó una reafirmación de una serie de elementos que ya había empezado a incorporar, porque, producto del aprendizaje de éxitos y derrotas, una nueva cultura de la izquierda había comenzado a nacer. No se renegaba del pasado, se le examinaba autocríticamente, rescatando todo lo que él tenía de valioso.
96. Pero nos duró poco el entusiasmo. Muy pronto se vio que el proceso que, por lo demás, fue un proceso muy elitista de estratos políticos e intelectuales, mientras la gran masa de pueblos soviéticos se sentían cómodos con el sistema que esa élite quería desmontar porque le proporcionaba una subsistencia garantizada y una amplia seguridad social (Hobsbawm, 1994, pp.474-477), avanzaba con creciente velocidad hacia el abismo, producto de la combinación de glasnost y perestroika. Hay que reconocer que Fidel Castro tuvo la gran lucidez de prever muy tempranamente hacia donde marchaba el proceso. Las transformaciones económicas radicales, que implicaba la destrucción de los viejos mecanismos que hacían funcionar la economía, sin que se tuviese una estrategia clara de cómo reemplazarlos, provocó un creciente deterioro en la vida de los ciudadanos. El país se movió hacia una apertura política que fue muy bien aprovechada por la reacción occidental para conducir un proceso de derechización interna, aprovechándose de la ingenuidad de Gorbachov(8) en el mismo instante en que se hundía en la anarquía económica. Es bien sabido que democratizar a los ejércitos no mejora su eficiencia. Por otra parte, si no se quiere un sistema militar, hay que tener pensada una alternativa civil antes de destruirlo, porque en caso contrario la reforma no produce reconstrucción sino colapso (p.477).
Segundo período: Desde el desmoronamiento del socialismo en Europa del Este hasta hoy Comienzo de la desintegración del socialismo en el Este y caída del muro de Berlín (1989) 97. Lo que había comenzado como una reestructuración del socialismo fue derivando así rápidamente hacia su desintegración y va siendo controlado cada vez más por las fuerzas pro occidentales. La política internacional de la URSS y en general de los países socialistas del Este se va derechizando a pasos agigantados inspirada en los teóricos del llamado "nuevo pensamiento" que llegan al extremo de sostener que ya han desaparecido las contradicciones con el imperialismo, que en este nuevo mundo no tienen sentido las luchas armadas por la liberación nacional, que ha desaparecido la lucha de clases y que, por lo tanto, la violencia como forma de lucha no se justifica. Esta situación se traduce, por una parte, en: fuertes presiones a los movimientos revolucionarios que están en enfrentamientos armados en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Colombia, para que busquen resolver la situación por la vía de la negociación política; en una disminución de la colaboración económica y comercial con Cuba y en fuertes presiones para que este país termine con su solidaridad con los países del Tercer Mundo, llegándose a suspender toda la ayuda militar a la Revolución Cubana poco antes del derrumbe de la URSS; y, por otra, en la reducción cada vez mayor de las relaciones solidarias con los procesos revolucionarios latinoamericanos.
Derrota electoral sandinista (feb. de 1990) 98. En este contexto mundial se produce la derrota electoral del Frente Sandinista en Nicaragua. Este acontecimiento inesperado fue un duro golpe para la izquierda y especialmente para los movimientos armados centroamericanos, que pudieron gozar de su solidaridad militante.
99. Se demuestra una vez más la amplia gama de recursos a los que puede apelar la política imperial para derrotar a un gobierno de izquierda que no está dispuesto a someterse a sus designios: embargo económico para bloquear el desarrollo y las reformas sociales; fomento de una guerra contrarrevolucionaria para destruir unidades de producción, acrecentar los gastos de defensa éstos llegaron a constituir el cincuenta por ciento del presupuesto nacional-y aterrorizar a la población; utilización de la Iglesia Católica encabezada por el cardenal Ovando, arma muy importante en un país tan creyente; uso sistemático de los los medios de comunicación internos y externos para llevar adelante una guerra ideológica contra la revolución; y presiones políticas para buscar una salida una vez creado el caos interno.
100. Esto no quiere decir que no haya habido errores y no pequeños por parte de la dirección del Frente Sandinista (ver: Harnecker, 1987c.)(9), pero evidentemente hay que buscar los principales factores de la derrota en otra parte.
101. Más que errores subjetivos, existen limitaciones históricas objetivas muy serias. Este proceso revolucionario surge, por una parte, en uno de los países más atrasados de América Latina y, por otra, en el momento en que el proceso de globalización capitalista adquiere un carácter cada vez más neoliberal. Según William Robinson, el proyecto sandinista era inviable debido a factores estructurales globales (1997, p.206). Los nefastos efectos de la política desestabilizadora llevada a cabo por el poder del capital transnacional apoyado por el poder estatal de los Estados Unidos, y el contexto global que el país enfrentaba en la década de los ochenta, empujó a la dirección sandinista a establecer alianzas con fracciones de la burguesía que ya no eran las mismas fracciones burguesas de antaño sino fracciones capitalistas modernizantes ligadas al mercado capitalista mundial; éstas actuaron como puertas de acceso del capital transnacional estadounidense que impuso medidas antipopulares como la agroindustria privada y los subsidios industriales y, más tarde, la aplicación de los planes de austeridad del FMI para hacer frente a la hiperinflación en el país había caído, medidas que terminaron por enajenarle a sectores creciente de su base social popular inicial.
102. El FSLN cometió el error estratégico de organizar elecciones tras diez años de guerra destructiva y de embargo económico. Revirtiendo la lógica política revolucionaria organizaron elecciones en el terreno preparado por la contrarrevolución. En condiciones de guerra revolucionaria las elecciones siguen, no preceden a la paz, la reconstrucción económica y la consolidación del Estado (Petras, 1990, p.17).
103. Una vez derrotados electoralmente, los sandinistas entregaron el gobierno a la nueva presidenta electa: Violeta Chamorro, pero lo interesante es que esta transición se llevó a cabo dentro del marco jurídico desarrollado bajo la revolución (Robinson, 1997, p.209), manteniéndose intocadas sus estructuras sociales, económicas, políticas e ideológicas. La mayor parte del Ejército Popular Sandinista, por ejemplo, se mantuvo intacto y no pudo ser usado al comienzo como instrumento represivo frente al movimiento popular. Fue sólo luego de enormes presiones del gobierno de los Estados Unidos para des-sandinizar al ejército y la policía, presiones que llegaron hasta congelar por completo el desembolso de la ayuda económica, que Washington logró que a fines del 93 la policía se convirtiera en una fuerza típicamente represiva y que el ejército sandinista adoptase la doctrina de ser garante de la Constitución, reprimiendo las protestas populares cuando éstas eran juzgadas ilegales y anticonstitucionales (pp.212-213).
104. Por otra parte, el Frente Sandinista era entonces el partido más grande y mejor organizado del país y sin duda el más grande de la izquierda latinoamericana exceptuando el cubano y, durante casi un año mantuvo el control de la Asamblea Nacional bloqueando cualquier intento del nuevo gobierno por realizar cambios en la Constitución (Coraggio, 1990, pp.28-30).
105. A su vez, las clases populares politizadas y organizadas resisten activamente el intento gubernamental por implantar el proyecto neoliberal. El nuevo gobierno se ve obligado a aplicar una estrategia contrarrevolucionaria a cámara lenta (Robinson, 1997, p.210). Nicaragua ha vivido desde entonces conflictos sociales continuos tanto en el campo como en la ciudad y el FSLN sigue siendo el partido más fuerte, al que sólo se ha podido vencer electoralmente por la manipulación que ha hecho la derecha fuertemente apoyada por el gobierno de Washington de los medios de comunicación y el aparato electoral.
Desaparición de la URSS (3 dic. 1991) 106. El 3 de diciembre de 1991 desaparece del mapa un aliado estratégico fundamental de las fuerzas de cambio en el mundo: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
107. Ya nadie puede ignorar que se ha producido un drástico cambio de la correlación mundial de fuerzas. Se entra en una era de unipolarismo militar y nortecéntrico desde el punto de vista económico, político y cultural. La izquierda ha perdido su aliado estratégico fundamental.
108. En este contexto los movimientos armados quedan sin retaguardia y la mayoría de ellos se ven obligados a buscar salidas negociadas para poner fin a los enfrentamientos militares que habían emprendido hacía ya más de una década.
109. Dada la nueva correlación mundial de fuerzas, aparece la tesis del cierre del ciclo de las revoluciones antiimperialistas, entendiéndolas como enfrentamiento total, militar y económico con el imperialismo (Tirado, 1990, p.16). Esta tesis que nos desconcertó a muchos cuando fue planteada por primera vez en 1990 por el comandante Víctor Tirado en el contexto de la derrota electoral sandinista y antes de la debacle soviética, hoy es compartida por crecientes sectores de la izquierda. Aceptarla no tiene por qué significar el abandono de la convicción de que sólo mediante un programa antiimperialista nuestros países podrán lograr su plena soberanía y desarrollo nacional, sólo se trata de reconocer las dificultades que existen para la victoria en este período ultraconservador en el que estamos viviendo. Quizá sería entonces más preciso decir que dada la actual correlación de fuerzas a nivel mundial se cerró temporalmente la posibilidad de la consolidación de un proceso revolucionario antiimperialista en la región. 110. La desaparición del socialismo en Europa del Este agudiza también la crisis de los partidos comunistas latinoamericanos, entre ellos los poderosos partidos comunistas uruguayo y chileno, y en general conmueve a toda la izquierda y fuerzas progresistas que levantaban la bandera del socialismo como meta. Las más afectadas son las organizaciones políticas más dependientes del campo socialista. 111. Pero evidentemente la más golpeada de todas es la izquierda centroamericana (Perales, 1994), que hasta hacía muy poco tiempo había representado la lucha más avanzada del subcontinente. Esta quedó perpleja, desconcertada, masticando un sabor a derrota política no militar que nunca se atrevió a confesar (p.40). La mayor parte de ella cuestiona hoy la posibilidad de tomar el poder mediante una victoria militar. Para unos esto significa abandonar los ideales revolucionarios y ubicarse dentro del sistema actual; para otros, pensar en nuevos caminos que se inspiran en las mismas causas: la injusticia manifiesta y la pobreza extrema (p.41). Estos últimos, sin embargo, están muy lejos todavía de contar con una correlación de fuerzas favorable a sus propuestas, que por lo demás son bastante débiles, especialmente en el terreno económico. Acuerdos de Paz del FMLN en El Salvador (16 ene 1992) 112. La lucha guerrillera salvadoreña que significó para la izquierda de América Latina lo que Vietnam para la izquierda europea y norteamericana no terminó en un triunfo armado sino en una negociación política. Muchos se preguntan si los logros alcanzados, luego de los acuerdos de paz que ponen fin a la lucha revolucionaria después de tantos años de guerra revolucionaria, están a la altura de los sacrificios. 113. Considero que el camino seguido por los salvadoreños no puede ser analizado en función de las metas que ese movimiento armado levantó en el momento de mayor auge de la lucha guerrillera en ese país y cuando la situación del área le era favorable, es necesario que se le analice dentro de la coyuntura creada por la derrota electoral sandinista y la nueva correlación de fuerzas que surge a nivel mundial como consecuencia de la desaparición de la URSS. Después de una desgastante guerra de más de diez años, sin retaguardia, con un pueblo que anhelaba la paz, ¿le quedaba al FMLN otro camino que una salida negociada que le permitiera hacer uso de un determinado espacio político? ese que la oligarquía salvadoreña le negaba a través del fraude electoral y la represión antes de iniciarse la guerra. ¿Pudo haber logrado más cosas en esa salida negociada? Ese es un tema de debate. Un dato que ese debate no puede obviar son los últimos resultados de las elecciones para diputados y alcaldes el 16 de marzo de 1997 que dieron al FMLN prácticamente un empate con ARENA, partido de gobierno que sabe cómo utilizar la máquina estatal y el control de los medios de comunicación para su campaña.
114. Según Rubén Zamora (1993, pp.143-147), dirigente salvadoreño del Movimiento Popular Socialcristiano (MPSC), la paz negociada desata tres transiciones y pospone una cuarta.
115. La primera se refiere a la transición de la guerra a la paz y termina con el cese de las acciones militares. La correlación de fuerzas a favor de esta transición fue tan favorable que anuló la posibilidad de que los sectores partidarios de la guerra pudiesen articular un discurso público que revelara sus intenciones.
116. La segunda, del militarismo a la desmilitarización es una transición más difícil porque hay que vencer cuarenta años de militarismo y aunque la correlación de fuerzas es favorable porque están a favor de este objetivo no sólo el conjunto del movimiento democrático, sino un sector del empresariado y de la propia derecha política, tanto un sector de la derecha política como la cúpula militar se oponen bajo la bandera e la defensa de la Institución Militar y de la estabilidad política del país. Este sería el campo inmediato del conflicto político luego del proceso de paz.
117. La tercera transición se refiere a la concepción y ejercicio del poder político y tiene que ver con el paso de un ejercicio excluyente del poder político a un ejercicio concertante del mismo. Según Zamora de lo que se trata es de construir el consenso, pues sólo entre todos se podrá superar la crisis de la sociedad, pero reconoce que no existe una correlación de fuerzas favorable a su implementación. Se oponen ella el conjunto de la derecha política y el empresariado, que estaban dispuestos a hacer concesiones para terminar con la guerra, pero que no están dispuestos a implementar una nueva práctica del poder político. Pero, no solo se resiste la derecha, sino también sectores de la propia izquierda que no han logrado modificar su cultura política verticalista y autoritaria.
118. La cuarta transición es la que debe realizarse en el terreno económico y esa simplemente no fue asumida por la negociación, se pospuso dada la correlación desfavorable de fuerzas en la negociación y el atrincheramiento de las fuerzas económicas antitransición en el gobierno. Zamora sostiene que lo que con ello se ganó fue sólo tiempo, pero que más temprano que tarde la cuestión económica reclamará el papel central que le compete y el papel central que tuvo en desencadenar la guerra (1993, p.147). Y estima que si no se inicia a tiempo esta cuarta transición, puede producirse una nueva guerra.
119. Mientras en Centroamérica las guerrillas han buscado caminos de paz a través de salidas negociadas que han implicado su desarme, la lucha armada no sólo se mantiene en Colombia, sino que crece. Es el único país en el que esta forma de lucha por el poder político no sólo es un hecho, sino un fenómeno político, social y militar que esto ocurre. El propio gobierno y las fuerzas armadas reconocen que la guerrilla es hoy un factor de poder e influencia y que están muy lejos de poder derrotarla.
120. Las tres organizaciones político-militares históricas: las FARC, el ELN y el EPL, agrupadas en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, con ciento siete frentes guerrilleros establecidos, tienen presencia en la mayor parte del territorio nacional, especialmente en zonas rurales y suburbanas. Una prueba del reconocimiento oficial de sus fuerzas es la demanda del general Harod Beyoda antes de pasar recientemente a retiro a la Cámara de Representantes para que se postergaran las elecciones de alcaldes ya que existía un estimado militar de que la insurgencia podía llegar a controlar alrededor de quinientas municipalidades y ello representaría la existencia de un poder paralelo ya que representaba casi la mitad de las existentes en el país (1050 alcaldías en toda la nación). Luego de las elecciones de octubre del 97 diferentes analistas han llegado a la conclusión de que la guerrilla controla alrededor de trescientos municipios y tiene una influencia muy importante en cuatro gobernaciones.
121. Otra prueba es el reconocimiento internacional que le otorgan muchos gobierno de América Latina y Europa como fuerza beligerante. Y el propio presidente Samper al hacer un llamado durante la Cumbre Iberoamericana a los países amigos a seguir cooperando en la solución del conflicto.
122. En el orden militar la guerrilla colombiana ha pasado de una fase defensiva a una de carácter ofensivo. De ello son testigos la toma del campamento de las Delicias, en la que se hicieron más de sesenta prisioneros y los exitosos combates en el Sur del país donde el ejército colombiano sufrió una grave derrota. En el plano político, buscan consolidar su coordinación y unidad para llegar a un diálogo con el gobierno que pueda abrir paso a una negociación, pero sin entrega de las armas ni abandonar los combates.
Avance electoral de la izquierda en los noventa 123. A pesar del negativo contexto internacional la izquierda latinoamericana avanza en el terreno electoral. El Partido de los Trabajadores de Brasil, a menos de diez años de fundado, logra ganar, en 1988, la estratégica alcaldía de Sao Paulo y tres otras alcaldías capitales de estado (Porto Alegre, en Río Grande do Sul; y Vitoria, en Espírito Santo), además de treintitrés alcaldías de menor importancia. Y, un año más tarde, su líder, Luis Inácio da Silva, más conocido como Lula, estuvo a punto de llegar a ser presidente del más poderoso estado de América Latina y todas las encuestas en las siguientes elecciones del 94 lo daban por ganador hasta que la derecha fabrica la candidatura de Fernando Henrique Cardoso y su Plan Real. El PT ha conseguido, sin embargo, avanzar, tanto en número de diputados y senadores, como de alcaldías conquistadas(10).
124. El Frente Amplio de Uruguay, el más longevo frente político de izquierda de América Latina, con más de veintiséis años de vida, gana en 1989 la Intendencia de Montevideo, donde radica la mitad de la población de la República, con la figura de Tabaré Vásquez, un carismático médico oncólogo socialista, quien, cinco años después, estuvo muy cerca de ganar la presidencia de la República, de hecho obtuvo ciento cincuenta mil votos más que el candidato triunfante, Sanguinetti, quien sólo por la Ley de Lemas, que rige el sistema electoral uruguayo, pudo acceder a ese alto cargo. Al mismo tiempo el Frente Amplio reconquistó la Intendencia (Harnecker, 1995).
125. En las últimas elecciones en El Salvador 16 de marzo de 1997 el FMLN ganó el gobierno de la ciudad capital y varias alcaldías de las ciudades más importantes, mientras obtenía veintisiete escaños en el Parlamento. ARENA, por su parte, obtenía el triunfo en ciento sesentiuna alcaldías menores y sacaba veintiocho diputados. El problema ahora es ver qué hace con los espacios de poder conquistado.
126. El PRD en México, luego de un fraude electoral de gran envergadura que impide que Cuauhtémoc Cárdenas, máximo líder del Partido Revolucionario Democrático (PRD), llegue en 1988 al sillón presidencial, en 1997 nada ha podido impedir que gane sin discusión las elecciones del Distrito Federal y se vislumbre como un serio rival para las próximas elecciones presidenciales, obteniendo, al mismo tiempo, una amplia mayoría en el poder legislativo distrital.
127. Por su parte, La Causa R, en Venezuela, que inicia su incursión en el terreno institucional en 1984 con cuatro concejales en la Alcaldía de Caroní, ciudad industrial del Estado de Bolívar, cuatro años después logra tres diputados federales y al año siguiente conquista la Alcaldía de Caroní y el gobierno del Estado de Bolívar. Tres años más tarde reconquista ambos gobiernos locales y gana la Alcaldía de Caracas, capital de Venezuela, obteniendo mayoría absoluta en las tres cámaras legislativas triunfo electoral notable en el que parece haber contribuido grandemente el que el pueblo identificara a La Causa R con el Movimiento Bolivariano encabezado por Chávez. Y en las elecciones generales de 1993 sube de tres a cuarenta diputados y ocho senadores, aunque luego, por razones que aquí no podemos analizar, pierde tanto la gobernación del Estado de Bolívar, como la alcaldía de Caracas. La Causa R denunció fraudes electorales en ambas situaciones. La realidad parece ser más compleja que eso. De hecho este partido terminó en un lamentable división en febrero de 1997.
128. Esta inserción institucional de la izquierda ha tenido sus costos. Muchas veces se han moderado las propuestas, el lenguaje y las iniciativas para atraer a sectores de centro, olvidando que no ha sido capaz todavía de concitar la adhesión del electorado más pobre, el que debería tender naturalmente a identificarse con un programa de izquierda. Otras tantas se han hecho campañas electorales muy tradicionales que no dejan réditos pedagógicos y que determinan que, en caso de un fracaso electoral, además de la frustración, el desgaste y el endeudamiento producto de la campaña, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes fueron receptores y actores de la campaña: quedando una sensación de que todo ha sido en vano ya que las múltiples actividades realizadas no han permitido acumular fuerza política.
129. Por otra parte, muchas veces, esta izquierda ha tendido más a adaptarse al escenario que a crear una dinámica de transformación del mismo (Vilas, 1996, p.34) y, por otra parte, ha sido incapaz de levantar un programa alternativo al neoliberalismo serio y creíble.
130. Este indudable avance institucional platea a la izquierda latinoamericana enormes desafíos. Entre ellos: cómo ser al mismo un partido de gobierno sin dejar de ser un partido de lucha(11); cómo evitar caer en las prácticas políticas tradicionales y lograr diferenciarse de los demás partidos políticos frente a una opinión pública cada vez más escéptica de la política y de los políticos; cómo usar de los espacios institucionales para fortalecer y no debilitar al movimiento popular; cómo evitar que sus cuadros no sean cooptados por el sistema.; cómo lograr ser más que meros administradores de la crisis.
Chiapas: una guerrilla acorde a los nuevos tiempos 131. En medio de estas expectativas electorales que recorrían a América Latina de Norte a Sur, y cuando circulaba profusamente por el continente el libro de Castañeda: La utopía desarmada, se producía, el 1 de enero de 1994, en Chiapas, pueblo indígena del estado mexicano de Guerrero, una rebelión popular dirigida por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, organización guerrillera comandada por cuadros indígenas y ladinos, entre los cuales se encuentra el ya legendario subcomandante Marcos.
132. Miles de indígenas y campesinos habían optado por el camino de las armas para hacer visible lo que el régimen neoliberal de ese país ocultaba: las condiciones infrahumanas de hambre, miseria y explotación en la que vivían esos habitantes de la selva Lacandona ignorados por los medios de comunicación.
133. La rebelión armada conmovió al país y al mundo poniendo al desnudo la marginalidad y la opresión de esos pueblos indígenas, los abusos, la insensibilidad y la corrupción del poder judicial, la connivencia del poder público con las clases dominantes.
134. El EZLN es una guerrilla diferente a las anteriores guerrillas latinoamericanas. No se propone conquistar el poder por las armas y tampoco se propone luchar como partido político al lado de otros partidos políticos tradicionales para ocupar puestos en el gobierno, su propuesta es la construcción ascendente de una sociedad cooperativa y solidaria.
135. Refleja una nueva cultura de la izquierda: "mandar obedeciendo", representar y no suplantar", "construir y no destruir", "proponer y no imponer", "convencer y no vencer".
136. Ha sido muy creativo en la reapropiación del lenguaje común y de los medios de comunicación, logrando romper el bloqueo informativo a través del correo electrónico y la Internet.
137. Luego de los primeros enfrentamientos armados estuvo dispuesto a negociar. Su meta fue siempre llevar el mensaje al corazón de México y ocupar con su presencia los espacios con mayor concentración urbana, pero un enemigo mucho más poderoso ha impedido que se cumplan sus propósitos y a través de continuas acciones militares ha ido arrinconando a los sublevados en regiones cada vez más inhóspitas de la selva.
138. Sea cual sea el resultado de esta lucha, ha logrado uno de sus principales objetivos: hacer presente el tema de los olvidados de siempre. Pero no sólo eso, ha mostrado ante el mundo que existe una nueva cultura de la izquierda que conquista simpatía en significativos sectores de la sociedad: está demostrando que sí puede haber una izquierda diferente.
Conclusión 139. La situación de América Latina y el mundo ha cambiado enormemente en relación con la época que le tocó vivir al Che y en la que dimos nuestros primeros pasos militantes. Aquí sólo hemos señalado muy sucintamente los acontecimientos políticos que más han marcado a nuestra izquierda. En otro trabajo nos referiremos con más detalles a los cambios que ha sufrido el mundo.

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NOTAS
1 De este libro, cuyo origen, fueron unas notas modestas notas para un un curso que impartí a un grupo de militantes revolucionarios en París, han circulado por el mundo de habla hispana, para mi sorpresa, alrededor de un millón de ejemplares. Y a pesar del descenso del interés por el marxismo luego de la caída del socialismo de Europa del Este, sigue usándose en las universidades latinoamericanas y, según supe, también en Francia y Bélgica. Estoy consciente de que debería corregir nuevamente, revisando expresiones que se han prestado a interpretaciones incorrectas, ampliando algunos temas, modificando otros. Si no lo he hecho es por haber estado completamente absorbida por mis entrevistas con cuadros políticos de América Latina con el objetivo de divulgar las experiencias a través de la voz de sus propios protagonistas.
2 Es interesante observar que el golpe militar brasileño contra el gobierno de Goulart no estuvo presente como algo fundamental en los análisis de la izquierda de esa época, a pesar del esfuerzo que hicieron muchos de sus militantes por alertarnos de lo que podía venir en nuestros países.
3 En Chile podía ser electo presidente el candidato que obtuviera la mayoría relativa de los votos siempre que éste fuera ratificado por el parlamento. Aunque había sido una tradición ratificar siempre al candidato con mayoría relativa, por la excepcionalidad del caso de Allende no se descartaba que esa situación pudiese variar. Se discutía mucho en esa época acerca del carácter de clase del Partido Democratacristiano. Sectores de la izquierda, basándose en la heterogeneidad social de su militancia, que iba desde el poblador y el obrero hasta el burgués, hablaban de un partido pluriclasista. Otros, entre quienes me encontraba, sosteníamos que el carácter de clase de un partido no se mide por el origen social de su militancia, sino por el carácter de clase del proyecto político y social que levanta. Y, en este sentido, el "Estatuto de Garantías Constitucionales" era elocuente en cuanto al carácter de clase burgués de ese partido.
4 . Destacadas figuras católicas forman parte del gobierno.
5 De un 126 por ciento a inicios de año se reduce a un 12,3 por ciento en mayo. (Barricada, 1989, p.28) 6 Conformada por las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA), que luego conformaron la la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) junto con el Partido Guatemalteco de los Trabajadores. Ver entrevistas a sus comandantes en Parte III de Harnecker, 1994.
7 Portadores de las problemáticas políticas e ideológicas que se debaten en ese momento en los países que los acogen, tanto de Europa, como de los países socialistas: el eurocomunismo, la crítica al socialismo real.
8 Hay quienes piensan que no hubo tal ingenuidad, sino que Gorbachov premeditadamente condujo a la URSS a su desintegración.
9 La dirección sandinista era consciente de la mayor parte de estos errores, como lo demuestra en entrevistas que realicé en 1988 con los comandantes: Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Luis Carrión, Carlos Carrión, Dora María Tellez, Javier PENDIENTE y que iban a formar parte de un libro cuyo título iba a ser: El papel protagónico de las masas, fuerza fundamental de la revolución. En ellas se analizaba por qué la contrarrevolución había logrado avanzar tanto en el Norte y qué cosas había que rectificar en la conducción sandinista. Cuando el libro estaba en plena elaboración el FSLN decide implantar las medidas del FMI, que echan por tierra todas sus intenciones de rectificación del verticalismo en la conducción política: no se podía consultar al pueblo sobre medidas netamente antipopulares. El trabajo quedó inconcluso e inédito, salvo la entrevista a Carlos Carrión que salió en Argentina. (Harnecker, 1987c.) 10 Sólo perdió en la segunda vuelta por tres millones de votos de un electorado de 82 millones 74 mil 718 votos.
11 Tarso Genro, Intervención en el Foro de alcaldes de 1996 realizado en Minas Gerais

Martha Harnecker es educadora popular chilena. Autora de numerosos trabajos de investigación sobre la izquierda latinoamericana.


Marta Harnecker en El Salvador sobre los procesos revolucionarios: "La lucha guerrillera de ustedes me ayudó a madurar y aprender"


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Marxismo y desafios actuales

Entrevista a Marta Harnecker realizada para la revista mexicana Cuadernos de Marxismo del Partido de los Comunistas Mexicanos, 2000.

En ocasión del Encuentro Internacional para la Solidaridad de los Pueblos con la Revolución Cubana realizado en la Habana en el mes de noviembre del 2000, Antonio Castañeda y Sergio Quiroz, miembros del colectivo de Dirección Nacional del Partido de los Comunistas Mexicanos, participantes en este encuentro, realizaron una larga entrevista a Marta Harnecker, escritora chilena, periodista revolucionaria y militante de la lucha por la liberación de los pueblo, que habita en Cuba desde el golpe militar de 1973 contra el gobierno de Salvador Allende.
Esta es una versión con correcciones formales y algunas pequeñas aclaraciones realizadas por Marta al texto que ya diéramos a conocer.

Sergio Quiroz :Quiero agradecerte la disposición de permitirnos entrevistarte para "Cuadernos de Marxismo" y aclararte que nuestra revista esta dirigida a un público diverso de obreros, estudiantes , intelectuales y a otros sectores de la población mexicana, la mayoría militantes de nuestro partido, el Partido de los Comunistas Mexicanos. Sin más protocolo pasemos a la primera pregunta, Marta,

¿Cómo se inicia tu inquietud por la política y por las Ciencias Sociales?

Marta Harnecker: Además de estar identificada con el cristianismo de los pobres desde los 15 años, creo que la Revolución Cubana jugó un papel muy importante. Yo vine a este país en 1960 como dirigente estudiantil. Me impactó enormemente la dignidad de su pueblo. Para llegar aquí tuve que pasar por México. El contraste entre el mesero del restaurante de nuestros países, que es muy servil, que te pone la servilleta y te hace venias y el compañero que nos atendía en Cuba era abismal. Aquí los meseros te tratan de tú y te hablaban del proceso revolucionario como una cosa de ellos.
En aquel momento era presidenta de Acción Católica Universitaria y no tenía nada de marxista. Cuando vuelvo a Chile y quiero hacer una defensa pública de la Revolución Cubana, me piden que no lo haga porque con ello se arriesgaba la posibilidad de que un determinado obispo fuese nombrado arzobispo de Santiago. Entonces ahí fue cuando yo comencé a distanciarme de la Acción Católica; aunque todavía iba a misa casi diariamente.
Un tiempo después gano una beca para estudiar en París y allí conozco a Althusser, un filósofo marxista que entonces empezaba a despuntar como uno de los grandes filósofos europeos. El también había militado en acción católica y planteaba una visión del marxismo no contradictoria con la posibilidad de creer, entonces yo empiezo a adherir al marxismo sin dejar de ser cristiana. Althusser fue mi gran maestro y sigo pensando que lo que yo aprendí de él ha sido fundamental para mi formación. Aprendí de él y de sus obras, fundamentalmente una metodología de lectura crítica.

Sergio: De ahí viene el estructuralismo de Martha Harnecker?

Marta: Mira yo rechazo el termino de estructuralismo aplicado a Althusser o a mí; salvo que quienes sostengan esto piensen que también Marx es estructuralista. Si entender la dinámica social a partir de la forma que se estructuran los procesos productivos es ser estructuralista, Marx es estructuralista, y también Althusser, y por supuesto yo como expositora de su pensamiento.

Sergio: Pero no coincides con el estructuralismo de Levi Strauss.

Marta: ¡No, claro que no!

Sergio: Ahí se inicia tu inquietud...

Marta: Ahí empecé estudiar a Marx guiada por Althusser y conversando muy seguido con él. El origen del texto que luego se transformó en "Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico", fue un pequeño curso sobre el enfoque althusseriano de esta temática en una escuelita de cuadros que se formó en Paris para unos 14 o 15 militantes de Brasil, México, Chile, Haití, que propició un mexicano que tenía suficiente dinero como para pagar a quienes hacíamos el curso un modesto salario de sobrevivencia. Tu debes conocerlo, se llama Adolfo Oribe. En aquella época era maoísta.

Sergio: Sí, efectivamente.

Marta: Para ese curso hice unas notas tratando de explicar en forma más sencilla la interpretación althusseriana del marxismo en cuanto a materialismo histórico se refiere.

Antes había traducido La revolución teórica de Marx de este autor y había escrito un prólogo a la versión en español. Es lo primero que escribí en mi vida. Althusser me estimuló muchísimo me dijo que era muy bueno porque captaba muy bien el espíritu de su pensamiento y lograba explicarlo en una forma muy comprensible. El problema de Althusser es que sus obras son difíciles de comprender para alguien que no tenga formación filosófica. En América latina hubo un período de snobismo pro Althusser y luego vino otro anti Althusser, pero pienso que muchos de los que lo alabaron y luego lo atacaron nunca conocieron a fondo su pensamiento. La prueba de ello es lo que ocurrió con la traducción de su libro La revolución teórica de Marx. En la primera edición, Siglo XXI no respetó mi traducción del concepto de structure "à" dominante por estructura "a" dominante. El filósofo francés diferencia entre estructura dominante y estructura "a" dominante. Este último término pretende dar cuenta de la estructura global de la sociedad y estructura dominante (sin la "a") designa a una estructura parcial, es decir, puede designar a la estructura económica o a la política o a la ideológica.
Según el autor, dependiendo de cual sea el modo de producción, una de éstas estructuras pasa a ser dominante en la estructura social global. Esta está organizada de manera tal que siempre existe en ella una estructura parcial que domina a las otras y por eso la denomina estructura "a"dominante. Como sonaba algo raro, propuse a Althusser estructura con dominancia pero él no estuvo de acuerdo porque le parecía que "con" indicaba algo agregado y eso no expresaba exactamente lo que él quería decir. Indagando sobre el asunto vi que existe una "a" en español que se utiliza en frases elípticas, por ejemplo: chaqueta "a" cuadros, y muchas otras cosas que se dicen con esa "a". Quedamos finalmente en que íbamos a traducirla como estructura "a" dominante.
Pero, ¿qué ocurrió? Que Siglo XXI simplemente eliminó la "a" del término estructura "a" dominante sin consultarme, con lo que impedía diferenciar entre ambos tipos de estructuras y así se deformaba el pensamiento de Althusser. Yo reclamé y discutí con ellos, y ya en la segunda edición de La revolución teórica ... se suponía que empezaba a aparecer corregido el término. Yo di esto por hecho y nunca revisé cómo había salido. Pero una vez, varios años después, leyendo un artículo de Jorge Insunza, miembro de la dirección del Partido Comunista de Chile, quién se había entusiasmado con la obra de Althusser cuando estuvo exiliado en París, veo que él hablaba: "...como Althusser dice: la estructura dominante o a dominante ..." Entonces fue que yo me pregunté: ¿Y por qué Jorge escribe esto? Y fui a revisar La revolución teórica ... y ahí me encuentro que habían quedado pliegos con la palabra rectificada mezclados con pliegos que contenían el error de la 1ª edición. Y nadie reclamó durante 16 años. Se supone que muchos profesores usaron en sus clases ese libro de Althusser, pero nadie alertó a la editora de lo que había pasado. Yo interpreto esto como que ellos no le dieron importancia, quizá ni detectaron el error, porque no comprendieron a fondo el pensamiento de Althusser. Confundir ambos términos es realmente no entender nada de lo fundamental del aporte de Althusser a la comprensión de un concepto central del marxismo, el concepto de modo de producción.

No sé si ustedes han leído la tercera edición corregida y ampliada de Los conceptos..., porque allí, en una nota, explicaba esto que te acabo de contar. Suele ocurrir que cuando uno lee una primera edición generalmente no lee las otras.

Sergio: Exactamente, solamente leí la primera.

En esta tercera corrección del libro que hice en 1985, en la edición 51, introduje bastantes cambios, no de fondo pero de forma y de ampliación de conceptos. Tengo un largo capítulo sobre la transición del capitalismo al socialismo que es completamente nuevo y que creo aporta una serie de reflexiones que todavía hoy son útiles.
Luego de haber escrito la introducción a la Revolución teórica, vinieron esas notas de clase.

Sergio: ¿Y cómo conociste a Althusser?

Marta: Yo llegué a París con intenciones de estudiar marxismo. Jacques Chonchol, amigo mío, quien fuera años más tarde ministro de Agricultura de Allende, me había recomendado contactar a un sacerdote católico que militaba en el PC francés. Fue él quien me recomendó a Althusser diciéndome que a él le gustaba mucho trabajar con jóvenes. Fue la lectura de varios de sus artículos (entonces no habían sido todavía reunidos en el libro que salió en 1965: Pour Marx) lo que me entusiasmó por estudiar a Marx. Influyó también la observación que me hizo una amiga cuando oyó mi explicación acerca de la situación en América Latina. Como latinoamericanos, los franceses nos invitaban a que explicáramos nuestra realidad. Yo estaba muy influenciada por el jesuita belga, Beckeman, que dirigía la Escuela de Sociología de la Católica en Chile. El nos hablaba del círculo vicioso de la miseria (como los países del Tercer Mundo eran pobres, no podían acumular para salir por si solos de la miseria, tenían que pedir ayuda externa). Me acuerdo que una compañera marxista me dijo ¡ Pero Marta, qué estas diciendo, eso es una aberración, lo que pasa es que los países capitalistas desarrollados son los que provocan nuestro subdesarrollo, nuestra pobreza. Es nuestra dependencia de ellos lo que no nos permite avanzar. Ahí fue cómo yo entendí que la pobreza no era una cuestión de herencia, de falta de capacidad, de flojera, sino que era producto del sistema capitalista mundial.
Me entusiasmé tanto con lo que estaba aprendiendo, sentía que por primera vez tenía los pies bien firmes en la tierra, que decidí -luego de consultar a un grupo de amigos- que iba a dejar la Psicología y me iba a dedicar a estudiar marxismo. En ese momento pensaba sobrevivir en Chile impartiendo clases de francés. Pero, cuando llegue a Chile, se produjo la reforma universitaria, y, entre las cosas que fueron aprobadas, estaba el de iniciar programas de formación marxista para los alumnos universitarios. Como yo había publicado un libro de marxismo (Los conceptos elementales...), me invitaron a participar en la confección de los primeros programas. Fue así como, contra todo lo imaginado, empecé a poder sobrevivir gracias al marxismo. Fui de los primeros profesores que impartieron cursos universitarios de marxismo.

Sergio: ¿Cuándo fue eso?

Marta: Fue en el año 70, yo llegué a finales del 68 de Francia. Pero eso no duró mucho porque ya en el 71 me pidieron que asumiera la dirección de la revista política Chile Hoy. El periodismo en esa coyuntura tan especial que estaba viviendo el país me entusiasmó enormemente. Tenía muchas discusiones. Y como tenía muchas discusiones con mis alumnos en Sociología de la Universidad de Chile, donde impartía clases. Entonces militaba en el Partido Socialista, un partido de la Unidad Popular y mis alumnos miristas (del MIR) me criticaban por reformista; todo lo que yo decía era interpretado como reformismo. Era un diálogo de sordos. Recuerdo, sin embargo, que algunos de esos estudiantes, los más honestos, me fueron a ver al finalizar el curso para decirme que tenía razón en las cosas que yo decía y reconocieron que habían actuado mal. Por eso yo me incliné mucho más por hacer cursos a obreros y campesinos del PS que a universitarios. Los obreros que asistían a estos cursos iban con una gran ansiedad de aprender para aplicar de inmediato lo que aprendían, no era el caso de los universitarios. Entonces fue cuando se acentuó mi vocación pedagógica y fue debido a eso que empecé a escribir los cuadernitos de educación popular que ustedes conocieron, porque, para mí, lo más fundamental es ser capaz de transmitir conocimiento en una forma fácil y accesible a todos para ayudar a la gente a entender mejor y a militar mejor.

Sergio: ¿Y a transformar mejor?

Marta: Por supuesto.

Antonio:¿ Existe un punto de confluencia entre marxismo y cristianismo en tu formación?

Marta: Mira, para precisar la relación entre el cristianismo éste de los pobres y el marxismo quiero explicarte que la forma cristiana de tratar el problema de los pobres era una forma muy asistencialista. Luego yo descubrí que para que no hubiera pobreza había que transformar la sociedad. Es ahí donde la preocupación por los pobres es enriquecida con la explicación acerca del origen de la pobreza que me proporciona el marxismo.

Antonio: Últimamente se ha hablado de un socialismo cristiano y existe un esfuerzo por buscar coincidencias conceptuales con cristianismo sobre todo y de unificar los conceptos de "amaras a tu prójimo como a ti mismo" con el de "a cada quien según su capacidad y sus necesidades"...

Marta: Yo creo que ambas afirmaciones se refieren a cosas bastante distintas y que "amar al prójimo como a ti mismo" es una solución voluntarista . La otra se refiere a un análisis social que te lleva a pensar en una solución. Yo me hago en este terreno una autocrítica. Tuve la suerte de conocer el cristianismo en su aspecto positivo de preocupación por lo pobres, y algo antes de la teología de la liberación, cuando se hablaba de la teología de la revolución -la época de Camilo Torres y de los dominicos franceses-. Éstos, en su revista Fréres du Monde, llegaban hasta a defender el partido único en el socialismo -claro que pensaban en un partido único con democracia interna-, y nuestros amigos sacerdotes en los retiros espirituales a los que asistíamos nos decían que el pecado era el egoísmo y nos impulsaban a preocuparnos por la gente. Sin embargo, a pesar de haber conocido el mejor lado del cristianismo, cuando empecé a militar en el Partido Socialista de Chile, nunca me preocupé del tema de los cristianos revolucionarios. Luego, en un libro que escribí a mediados de los ochenta -que se publicó en México bajo el título: Indígenas, cristianos, estudiantes en la revolución - intenté corregir este silencio. Pienso que perfectamente un cristiano puede ser marxista. Lo que interesa es el programa, el proyecto de sociedad y no la ideología y, en eso, Althusser fue claro. El decía: ni el teismo ni el ateismo son problemas que pertenezcan al terreno de la ciencia marxista.

Sergio: Pero sin embargo Althusser decía que la religión era uno de los aparatos ideológicos del Estado.

Marta: Bueno, esa es otra cosa, hay que distinguir entre creencia e instituciones como la estructura eclesial o los sindicatos. Cuando Althusser afirma que los sindicatos se han transformado en aparatos ideológicos del Estado no está atacando el sindicalismo, está diciendo que los aparatos institucionales sindicales han sido cooptados, porque de hecho se han sometido a las reglas del juego del sistema.

Sergio: Marta, en estos últimos 15 años el movimiento revolucionario mundial y de América Latina ha registrado lo que se conoce como transfuguismo. Mucha gente de izquierda, gente ortodoxa del marxismo, han pasado a la posición de apóstatas del marxismo. Tú que te mantienes firme ¿cuál es tu opinión al respecto?

Marta: Para mí el marxismo nunca ha sido un dogma. Aprendí de Althusser que Marx sólo había puesto las piedras angulares, que si la realidad cambiaba había que hacer todo un desarrollo de acuerdo a la nueva realidad. Yo no he encontrado una explicación más coherente del funcionamiento del capitalismo que aquella que da Marx; independientemente de que sostenga en mi último libro: La izquierda en el umbral del Siglo XXI. Haciendo posible lo imposible. que no tenemos hoy un estudio crítico del capitalismo actual a la altura de la crítica que Marx hizo del capitalismo de su época. Pienso que la izquierda está saturada de diagnóstico y falta de terapéutica. Como dice el propio Althusser, no basta con conocer los problemas, hay que conocer sus causas. No basta reconocer los errores hay que conocer sus causas.
Y, a propósito de esto, creo que la izquierda ha logrado una cosa positiva, ha superado la etapa de creerse dueña de la verdad. Está en disposición de autocriticarse en muchas cosas, de reconocer sus errores, pero le falta conocer con mayor profundidad las causas de éstos y por ello suele volver a repetir esos mismos errores de los cuales se autocritica. En esto me hago otra autocrítica. Si ustedes leen la tercera parte de libro mencionado se darán cuenta de que ahí yo hablo de errores cometidos en la década del los 70 y 80, pero no reflexiono acerca de cuáles serían las causas de estos errores. Es sólo recientemente que he estado pensando en dónde estaría su origen, en cuáles serían los elementos teóricos que estarían detrás de estos errores. Intenté escribir algo hace ya algo más de un año, pero no puede continuar por falta de tiempo. Yo vivo bastante angustiada por el tiempo. Me falta tiempo para leer, para profundizar en algunas cosas. En MEPLA, el centro que dirijo en Cuba, no hacemos investigaciones más teóricas, nos dedicamos a investigar experiencias comunitarias de protagonismo popular y a escribir libros testimonios y videos acerca de ellas. A veces me dan ganas de dedicarme sólo a estudiar y escribir, pero, por otra parte, me doy cuenta que uno camina un poco en zig zag como decía Lenin. El estudiar experiencias concretas y entrevistar a gente concreta, a militantes y luchadores concretos, es lo que me ha permitido hacer este último libro, porque para escribirlo me he alimentado de luchas reales, de reflexiones reales y no de reflexiones académicas de quienes escriben libros sobre la izquierda.
Yo no soy socióloga de formación, no conozco el léxico sociólogico; soy psicóloga y, por lo tanto, cuando me empiezan a hablar de "anomia", "sinergia", y de una serie de otros términos pertenecientes a la jerga de los sociólogos, muchas veces no entiendo de qué están hablando. He ido aprendiendo algunos de estos términos pero mi vocación pedagógica me lleva a emplear un lenguaje lo más sencillo posible, al alcance de todos No niego que para el avance de una ciencia se necesita elaborar conceptos que den cuenta de la realidad que ella investiga, que sinteticen en unos pocos términos un fenómeno que sin ellos necesitaría una larga explicación, por eso que entiendo la necesidad, por ejemplo, de usar el término "estructura a dominante". Lo que cuestiono es el uso innecesario de la jerga si queremos comunicarnos con la gente común, tanto de la jerga sociológica como de la marxista. Si algo nos enseñó Fidel fue que era posible formar a todo un pueblo en la comprensión marxista de la historia sin emplear ninguna palabra de la jerga.
Por supuesto, tampoco estoy de acuerdo en introducir palabras en inglés en nuestros trabajos escritos en español. Y a propósito de palabras en inglés, no concibo que gente que se dice de izquierda acepte sin reaccionar que en nuestros países hispano parlantes aparezcan cada vez con más frecuencia términos en inglés en los lugares públicos y que en nuestras conversaciones diarias usemos términos en inglés. ¿Acaso no decimos que la lucha por la soberanía comienza con la lucha por la identidad y que ésta está muy relacionada con el idioma?

Sergio: En tu libro La izquierda en el umbral del Siglo XXI. haces una crítica a aquellos que se guían por la idea de que política es hacer lo posible.

Marta: Definir la política como el arte de lo posible, eso es lo que critico. Es decir a aquellos que consideran que sólo es posible adaptarse a la situación, unirse al coro neoliberal. Te voy a entregar un texto mío donde resumo este planteamiento. Pero quizá se importante que aquí aproveche de precisar lo que yo entiendo por izquierda, porque en el libro que tu mencionas no definí lo que entendía por ella..
Cuando yo hablo de izquierda -como lo explico en mi último libro, todavía no publicado: América Latina: Tarea estratégica: articular la izquierda partidaria y la izquierda social para conformar un gran bloque social antineoliberal-, estoy pensando en el conjunto de fuerzas que se oponen al sistema capitalista y su lógica del lucro. Fuerzas que luchan por una sociedad construida a partir de intereses de las clases trabajadoras; una sociedad alternativa humanista y solidaria, libre de la pobreza material y de las miserias espirituales que engendra el capitalismo.
No reduzco, por lo tanto, la izquierda a aquellos sectores que militan en partidos u organizaciones políticas de izquierda, sino que incluyo a actores y movimientos sociales. Estos son muchas veces más dinámicos y combativos, y están más identificados con los ideales señalados, pero que no militan en ningún partido u organización política. Entre los primeros hay quienes apuestan a acumular fuerzas por la vía del uso transformador de las instituciones, otros mediante la lucha guerrillera revolucionaria; entre los segundos hay quienes buscan ir construyendo movimientos sociales autónomos y distintos tipos de redes.
Estoy convencida de que sólo la unión de los esfuerzos militantes de las más diversas expresiones de la izquierda creará las condiciones subjetivas para reunir en una sola gran columna a la creciente y dispersa oposición social.

Sergio.- Tu hablas de sociedad alternativa, cómo construir una alternativa a la globalización neoliberal? Una alternativa local para el mundo global ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Marta: Creo que la izquierda debe tener los pies muy firmes en la tierra si quiere tomar el cielo por asalto, y tener los pies bien firmes significa, para mí, reconocer los cambios que ha sufrido el mundo. Hay sectores de la izquierda que al ver las dificultades del presente adoptan la actitud de añorar el pasado mejor porque evidentemente fue un tiempo mejor para la izquierda. De alguna manera busca volver al pasado y no quiere que se revise ninguno de aquellos puntos que fueron claves para nosotros en el pasado, por ejemplo el papel del Estado. Yo pienso que el Estado tiene un papel importante, especialmente en los países poco desarrollados. Pero el asunto radica en si hay que pensar ese Estado de la misma manera en que lo hacíamos antes, o si -habiendo cambiado el mundo- tenemos que pensar en unas nuevas formas de Estado, en nuevas instituciones, nuevos instrumentos políticos. Si la sociedad ha cambiado y el partido no es un objetivo en sí mismo, sino un instrumento para la transformación de esa sociedad, parece claro que ese instrumento debe adecuarse a esa nueva realidad.
Por otra parte, si hoy se da una forma nueva de internacionalización del capital -lo que no significa negar el imperialismo, o sea, negar que existen imperios- es natural que ésto se traduzca en cambios dentro del propio proceso de trabajo: las características del trabajador de hoy no son las mismas que las del trabajador de las grandes concentraciones industriales del pasado. La empresa red, los fenómenos de la subcontratación, la fragmentación, la flexibilidad laboral y muchos otros, son fenómenos que no pueden dejar de ser tomados en cuenta cuando se reflexiona sobre la lucha sindical de hoy, que no puede orientarse por las mismas pautas que las luchas del pasado.
Considero que una izquierda realmente transformadora no puede ser una izquierda nostálgica del pasado, sino que debe ser capaz de enfrentar creadoramente el porvenir. Por eso no estoy de acuerdo cuando se trata de minimizar los grandes cambios que ha sufrido el mundo en estas últimas décadas; no me parece correcto negar lo nuevo de la actual forma de internacionalización del capital que se ha denominado por muchos "globalización" o "mundialización" No porque el primer término haya sido inventado por los norteamericanos podemos negar lo nuevo a lo que éste apunta. No te voy a desarrollar esto aquí ya que en la segunda parte de mi libro La izquierda en el umbral del Siglo XXI me refiero detalladamente a este tema.
Y a propósito de esto, por eso no me gusta la portada que hizo Siglo XXI de México a éste libro. Pienso que me ancla en el pasado al poner en ella caras de Marx y el Che, no porque yo hoy reniegue de Marx o el Che, sino porque todo el mundo me conoce por Los conceptos elementales del materialismo histórico, donde expongo el pensamiento de Marx. El que aparezca Marx en esta portada podría hacer pensar al lector que en este nuevo libro no propongo nada nuevo. Por eso me parece tan interesante la portada de la edición canadiense que lleva una foto en colores con la reja de Québec siendo tumbada por los Black Block simbolizando el rechazo de la juventud a la actual globalización. Esa portada es más cercana a la temática que abordo en la segunda parte de este libro donde trato el tema de la globalización neoliberal y la necesidad de luchar por una globalización humanista y solidaria, y a mi planteamiento central que sostiene que si el mundo ha cambiado, las respuestas de la izquierda deben cambiar.
Creo que quizá la mayor dificultad que debemos enfrentar es la falta de una propuesta alternativa rigurosa y creíble al capitalismo actual. Y eso tiene su origen, creo yo, en que no hemos sido capaces de elaborar una crítica del capitalismo de hoy -el capitalismo de la revolución de la información- con la profundidad y la amplitud con que Marx hiciera la crítica del capitalismo de su época. Sabemos que la futura sociedad que queremos construir no va a surgir de nuestras cabezas y deseos, sino de la superación de las contradicciones de la actual sociedad y de la adecuada orientación que se de a sus potencialidades. Si nosotros no conocemos bien como funciona esta nueva etapa del capitalismo, no vamos a poder elaborar soluciones eficaces para superar sus problemas.

Sergio: ¿Es necesario hacer la recreación de El Capital ?

Marta: Más que recreación yo diría actualización. Hay que crear nuevos conceptos para dar cuenta de las nuevas realidades.

Pero no sólo falta este análisis crítico del capitalismo de hoy. Tampoco podemos ignorar lo que ocurrió al socialismo soviético. El hecho de que éste se viniera abajo en tan corto tiempo y que nadie en el mundo lo hubiera previsto, ni siquiera sus más enemigos, que hicieron todo por destruirlo, plantea a la izquierda un gran desafío. Creo que no hemos estudiado a fondo estas experiencias y, como consecuencia de ello, no hemos sacado de ellas las enseñanzas pertinentes.

Sergio: ¿No hay mucho pesimismo en todo esto?

Marta: A pesar de todo lo que te he dicho yo soy optimista y creo que en el libro se vislumbra un camino, si no fuera así no tendría sentido haberlo publicado. Este optimismo se basa en el convencimiento de que la nueva sociedad democrática y participativa que queremos construir no puede ser construida por decreto, desde arriba. La democracia no se decreta, se construye, requiere de una profunda transformación cultural de las personas, que éstas pasen a ser los verdaderos sujetos protagonistas de la historia, que se sientan comprometidas con el rumbo que sigue la sociedad, o sea, que esa sociedad sea construida entre todos, que cada uno se sienta parte de esa construcción. Para mí no hay socialismo si no hay eso.
El gran problema del socialismo real fue justamente que el Estado asume casi todas tareas y trata de resolver desde arriba los problemas de la gente. Un estado fuerte y centralista fue eficaz durante varios años en muchos países del llamado "campo socialista" para sacar a esos países del atraso y la miseria. Hay que recordar que los problemas económicos eran tan grandes, que en muchos la gente estaba muriendo de hambre. Había que poner a esos países a producir fuese como fuese, con una gran disciplina empresarial y usando el taylorimo para lograrlo. Pero si bien este esquema o modelo altamente estatista y centralizado logró éxitos económicos significativos, que asombraron al mundo, subsistía en él un problema que no se logró resolver: ¿cómo, bajo un estado central que todo lo decide, con muy escasa autonomía local, se podía hacer que los trabajadores se sintiera partícipes de ese proceso, es decir, cómo ir gestando el sujeto protagónico de la nueva sociedad?
Por eso yo creo que todo lo que haga la izquierda desde ahora por ir contribuyendo a esa transformación cultural que mencionaba es ir preparando desde abajo las condiciones que permitan la construcción de la futura sociedad por la que luchamos. Aunque el trabajo en los movimientos populares, en los espacios locales, sea un trabajo muy lento, casi de hormiga en algunos casos, es un trabajo que va quedando, que va sumando.
A mi entender los gobiernos locales pueden llegar a ser, bajo gobiernos de izquierda que promuevan la participación popular, espacio privilegiados para ir creando sujetos, para ir creando hombres que tomen decisiones, que participen democráticamente, que crezcan humanamente, que crezcan en dignidad.
No hemos construido todavía la gran alternativa pero sí sabemos por dónde debemos caminar. Por otra parte, sabemos que las alternativas se van construyendo también a partir de la propia práctica, mediante métodos de ensayo y error. Cuando constato que no hay una alternativa bien elaborada al capitalismo, no estoy planteando que nos quedemos con las manos cruzadas. Mientras se va elaborando teóricamente, hay mucho que avanzar en el terreno práctico.
Creo que lo que tenemos que entender es que la construcción se hace de distintos espacios y tiene que ser complementaria.
Yo creo muy importante estudiar la experiencia de Porto Alegre, el presupuesto participativo y todo el tipo de gestión colectiva que va naciendo, en distintas formas, en esa ciudad y que se está dando en muchos gobiernos del PT en Brasil y en otros lugares de América Latina.
Los alcaldes del PT en Porto Alegre han entendido muy bien, por ejemplo, que la presión popular es fundamental para poder lograr que ese pesado aparato heredado pueda orientarse, al menos parcialmente, en un sentido diferente. Porque frente a esa institucionalidad heredada hay dos posibilidades: una es adaptarse a la institucionalidad y limitarse a administrar en forma eficiente, la otra es usar esa institucionalidad para educar a la población, para fomentar el protagonismo de la gente y hay que aceptar que se van a producir conflictos entre las demandas populares y las posibilidades de satisfacerlas y que la presión popular sobre el gobierno puede ayudar a quienes en él están a agilizar soluciones. La izquierda debe entender que una cosa es ser de izquierda de oposición y otra ser una izquierda con posición. Cuando se está en el gobierno uno tiene que tomar decisiones, elaborar respuestas en ritmos y tiempos limitados. Tiene que tomar posición.

Sergio: Lo que le está pasando a Rosario Robles en el Distrito Federal, por ejemplo. Ella ha tenido que resolver problemas de seguridad pública y ser la gobernadora de una de las ciudades más grandes de América Latina. Ha debido usar la policía para detener desórdenes generados por provocadores incrustados en movimientos encabezados por partidos de izquierda. Es un problema difícil tomar una decisión en este caso ¿no ?

Marta: ¡Es muy complicado!

Sergio:¡Complicadísimo!

Marta: Uno de los grandes problemas de los gobiernos de izquierda -y lo vivió el presidente Allende durante el gobierno de la Unidad Popular en Chile- se produce cuando la propia izquierda no tiene una estrategia común. El gobierno consideraba que sólo era conveniente golpear a las grandes empresas, controlar los centros económicos estratégicos y procurar una alianza con los pequeños y medianos empresarios. El MIR (un grupo de la izquierda radical) no compartía esta estrategia y se dedicó a tomar pequeñas empresas. Se creó así una situación de inseguridad que afectó a todo el empresariado, dando la idea de que todo se iba a estatizar, lo que permitió que los grandes capitalistas tuvieran como aliados a los pequeños, anulando la política de alianzas de la UP.Tabaré Vázquez, candidato a presidente de la República de Uruguay y presidente de la coalición de izquierda Frente Amplio parece haber aprendido la lección. Decidió renunciar a la conducción del Frente Amplio cuando uno de los grupos que formaban parte del Frente Amplio no respetó las normas de funcionamiento acordadas. Si no se paraba a tiempo tales indisciplinas, qué podía ocurrir si él llegaba al gobierno del país.

Antonio: Yo quisiera hacerte una pregunta en torno al futuro inmediato. Se afirma que con los nuevos adelantos tecnológicos sólo el 20% de la población mundial es suficiente para trabajar, para crear los productos que necesita el 80% restante. ¿Qué va a pasar entonces con el concepto de clase obrera?

Marta: En mi libro sobre la izquierda hay todo un capítulo dedicado a este tema. Allí me pregunto acerca de cuál es el futuro del trabajo. Si vamos o no a un mundo sin trabajo. Yo no creo que el trabajo tienda a desaparecer. Si se analizan algunas experiencias de introducción de la informática en el proceso productivo separadas del contexto global, se puede constatar que en esos procesos indudablemente ha disminuido enormemente el trabajo humano: que se ha reducido el tiempo de trabajo y el número de trabajadores. Pero lo que el análisis casuístico no permite es ver que junto a la reducción del trabajo en determinadas áreas se abren nuevas fuentes de trabajo en otras áreas. El problema que tenemos que pensar como izquierda marxista es que estos nuevos trabajos tienen hoy día otra calidad, o sea, que la producción hoy es mucho más inmaterial de lo que era antes. En el área de la informática, del conocimiento, crecen enormemente los puestos de trabajo, mientras en otras áreas aumentan los despidos. Suele ocurrir que mientras hay desempleo en profesiones que tenían gran auge en el pasado, sobran puestos de trabajo para las nuevas profesiones, porque no hay personal suficientemente calificado para asumirlas.
No niego con ello que el avance tecnológico en el mundo, el avance de las fuerzas productivas, implica la posibilidad de reducir el tiempo de trabajo necesario. Marx piensa que el hombre se liberará en la medida en que logre esto. Es claro, sin embargo, que mientras haya capitalismo la tendencia será a que un sector trabaje mucho mientras una parte significativa de la población no tiene donde trabajar. Creo que nuestra la preocupación como izquierda tiene que ser, por el contrario, que todos trabajen menos para que todos tengan trabajo. Hay quienes plantean que la única solución al actual desempleo es que todas las personas reciban un determinado ingreso, trabajen o no; que reciban ingresos para que no se mueran de hambre. Esta fórmula -que parece muy humanitaria y que puede ser hasta necesaria en la actualidad- es a mi entender una fórmula imperfecta. No basta que el hombre tenga con qué vivir, necesita sentirse útil a la sociedad.
Por otra parte, hay también que redefinir lo que entendemos por trabajo, porque cuando pensamos en trabajo estamos pensando muchas veces sólo en el trabajo asalariado fijo, con una jornada de 8 horas, seguridad social y vacaciones pagadas, se suele mirar raro a quien trabaja 5 horas en forma inestable, o 3 o 4 meses al año.
Nuestro concepto de trabajo tiene mucho que ver con el anterior proceso productivo que exigía largas y estables jornadas de trabajo. Habría que preguntar a los jóvenes si ellos quieren trabajar 8 horas diarias durante todo el año o si sus aspiraciones son otras . Y no sería extraño que encontráramos que el joven quiere dinero suficiente para vivir pero no le interesa trabajar 8 horas; a lo mejor le interesa trabajar 3 meses intensivamente para poder viajar los otros 3 o poder hacer lo que quiera; porque yo sí creo que el hombre siempre va a tener que dedicar un tiempo de su vida a trabajar en lo que no le gusta, son muy pocos los privilegiados que pueden trabajar todo el tiempo en lo que les gusta . Por eso, pienso, Marx sostiene que el reino de la libertad viene después de las horas de trabajo necesario. Siempre va haber trabajos monótonos, mecánicos y alguien tendrá que hacerlos.
Por otra parte, los que pronostican un mundo sin trabajo, están pensando partiendo de la realidad de países altamente desarrollados donde la nueva revolución tecnológica ha contribuido a eliminar una gran cantidad de puestos de trabajo; pero esto no ocurre así en otras regiones del mundo. En algunas de ellas el capitalismo industrial está expandiéndose con mucha fuerza y creando nuevos puestos de trabajo. El mundo no es Europa, ni es sólo los Estados Unidos.

Sergio: Esto podía ser una estrategia para enfrentar al neoliberalismo con la reducción al máximo de la jornada laboral porque habría más trabajo para todos como planteas tú ...

Marta: Estoy convencida que una política laboral que disminuya la jornada de trabajo para que se trabaje menos y todos tengan trabajo sólo se puede lograr si se acaba con el capitalismo, ya que la lógica del lucro que mueve a este sistema no permite este tipo de soluciones. Se necesita otro modelo en que la economía funcione en función del hombre y no del lucro.

Sergio: Ahora, hay un elemento que a mí me preocupa bastante y es el papel de los medios de comunicación, fundamentalmente de la televisión en la formación de la conciencia de las grandes masas ¿Qué posibilidades existen de emplear los medios como instrumentos de resistencia y liberación de las masas?

Marta: Este tema también es tratado en el libro. Allí me refiero a la industria del consenso y a la forma de domesticar al rebaño perplejo de la que habla Chomski. Creo que unas de las armas más poderosas para reproducir el sistema actual son los medios de comunicación. Sin embargo, le encuentro razón a Castells cuando dice que resulta paradójico que la izquierda, que se plantea como tarea la transformación del mundo, diga que estamos sometidos a una máquina infernal que nos aplasta, porque, en el fondo, si tú súper valorizas el efecto de los mensajes de la televisión entonces realmente no queda otra cosa que pensar que la gente esta anulada y no es así.
Yo tengo la experiencia práctica de conocer lo que ha ocurrido en Porto Alegre, un lugar donde los medios de comunicación están completamente controlados por la derecha y no se le da ningún espacio al gobierno local de izquierda, salvo que pague avisos en los medios. ¿Qué ha ocurrido allí? Una práctica política democrática diferente por parte del gobierno del Partido de los Trabajadores ha hecho que la gente tenga un distanciamiento crítico frente a los mensajes de la televisión.
Por eso que en esta época de globalización cada vez mayor adquieren cada vez más importancia los espacios locales, que son los espacios en donde realmente se puede dar el protagonismo de la gente. Y en relación con esto creo que la izquierda tiene que repensar el papel del Estado y el papel de las instituciones. Suele ocurrir que a veces se valorizan más las soluciones institucionales para la distribución de riquezas porque parecen ser más racionales, y seguramente lo son, para implementar una serie de cosas, entre otras, para una distribución más igualitaria, etcétera. No cabe duda que desde el punto de vista de la eficiencia eso parece muy razonable. Pero el problema es otro. El problema no es sólo de eficiencia, es de crecimiento humano: de participación en la toma de decisiones, de sentirse involucrado, consultado. No cabe duda que es más eficiente e igualitario que el Estado reparta los excedentes de determinadas empresas desde arriba para dar una cantidad igual de bienes a todas las escuelas del país, pero eso significa que se pierde la relación concreta de una empresa determinada con una comunidad escolar determinada, y de los trabajadores de esa empresa con los vecinos de la comunidad, discutiendo en conjunto como emplear los recursos y cómo aumentarlos. Esos espacios concretos son los espacios donde la gente discute, prioriza, se compromete, crece. Es decir, tu puedes pensar una solución técnica muy perfecta para una ciudad, pero resulta que es más importante quizá que la gente cometa un error pero que se sienta involucrada, que se sienta protagonista de lo que decide y construye.

Sergio: Esto en la época del estalinismo hubiera sido una herejía ¿no?

Marta: Probablemente. Yo pienso que hay que el apostar a la autonomía, a crear espacios en que la gente realmente pueda decidir qué hacer sin que todo venga decidido desde arriba. ¿No creen ustedes que cuando leíamos el texto de Marx sobre la Comuna de París, lo que nos quedó grabado como lo nuevo de la comuna fue la necesidad de destruir el aparato de estado burgués? Lo que yo al menos no capté en esa época es que Marx planteaba que había que destruir el aparato centralista del estado burgués. Esa palabra "centralista" no la asimilé entonces. Por otra parte, como leíamos a Marx desde Lenin y en el Estado y la revolución Lenin aclaraba que Marx no se oponía a la idea de tener una gestión central del estado, uno se quedaba con la idea de la necesidad de la centralización y olvidaba la necesidad de destruir el estado centralista. A mi entender, Marx había criticado la idea de un estado hiper centralizado que impedía la autonomía de las comunas, aunque reconocía la necesidad de articular a estas comunas. Pero una cosa es articular comunas autónomas y otra es eliminar la autonomía a favor del centralismo. Pienso que el desafío de la izquierda es pensar en un Estado mínimo, pero no en el sentido neoliberal, sino en el sentido de que delegue en las comunidades poder, que no es otra cosa que poder hacer, poder decidir qué hacer, y para ello se necesita descentralizar recursos, o, al menos, descentralizar la toma de decisiones acerca de los recursos, porque sin recursos no hay autonomía, no hay poder real que no es sino poder hacer. Acaso no sabemos que la mujer sólo es realmente libre cuando deja de depender del salario de su marido para sobrevivir.

Sergio: Marta, te agradecemos a nombre de la revista tu disposición para esta entrevista.



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