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La velocidad del sueño
(I): Botas
No corre la madrugada en las montañas del sureste mexicano. Como si no tuviera
prisa, se regodea en todos y cada uno de los rincones, como amante paciente y
dedicada. La niebla le va de la mano, con su largo vestido de nube, y consigue
asfixiar la luz más empecinada, le tiende cerco, la rodea de su nívea pared, la
encierra en un aro difuso. Desde la mitad del cielo, la luna se bate en
retirada. Una voluta de humo se confunde con la neblina, despacio, con la misma
lentitud con la que la nube arropa, bajo el amplio vuelo de su nagua, las
champas dispersas. Todos duermen. Todos menos la sombra. Todos sueñan. Sobre
todo la sombra. Apenas extiende la mano y atrapa una pregunta.
¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé. Tal vez es... Pero no, no lo sé...
En realidad, acá, lo que se sabe, se sabe en colectivo,
Sabemos, por ejemplo, que estamos en guerra. Y no me refiero sólo a la guerra
propiamente zapatista, que no acaba de satisfacer las ansias de sangre de
algunos medios de comunicación y de algunos intelectuales "de izquierda", tan
afectos como son, los unos a las cantidades de muertos, heridos y desaparecidos,
los otros a traducir muertes en errores "por no hacer lo que yo les decía".
No sólo, también hablo de ésta a la que nosotros llamamos "IV Guerra Mundial",
que se libra por el neoliberalismo y contra la humanidad. La que transcurre en
todos los frentes y en todas partes, incluyendo las montañas del Sureste
Mexicano. Lo mismo en Palestina que en Irak, en Chechenia o en los Balcanes, en
Sudán o en Afganistán, con ejércitos más o menos regulares. La que, de la mano
de éstas, el fündamentalismo de uno y otro bando lleva a todos los rincones del
planeta. La que, asumiendo formas no militares, cobra víctimas en América
Latina, en la Europa Social, en Asia, en África, en Oceanía, en el Lejano
Oriente, con bombas financieras que hacen volar en pedazos Estados Nacionales
enteros y organismos internacionales.
Esta guerra que, según nosotros (insisto: tendencialmente). pretende
destruir/despoblar territorios, reconstruir/reordenar las geografías locales,
regionales y nacionales, y crear, a sangre y fuego, una nueva cartografía
mundial. Ésta que, en el camino, va dejando su firma de identidad: la muerte.
Tal vez la pregunta "¿Cuál es la velocidad del sueño?" debería ser acompañada de
la pregunta "¿Cuál es la velocidad de la pesadilla?"
Todavía unas semanas antes de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004
en España, un periodista-analista político mexicano (de ésos a los que les dan
un dulce y se sueltan cantando loas ridiculas) alababa la visión "de Estado" de
José María Aznar.
El analista decía que, al acompañar a Estados Unidos y a la Gran Bretaña en la
guerra contra Irak, Aznar había conseguido un campo promisorio para la expansión
de la economía hispana, y que el único costo que tenía que pagar era el repudio
de una "pequeña" parte de la población española, "los radicales que nunca
faltan, incluso en una sociedad tan boyante como la española, dijo el
"analista". Y más, señaló que entonces a los españoles sólo les tocaba esperar
sentados a que el negocio de la reconstrucción de Irak se echara a andar, y
entonces sí, a recibir carretadas de dinero. En suma, un sueño.
La realidad no tardó en pasar a cobrar la verdadera factura de "la visión de
Estado" de Aznar. Esa mañana del 11 de marzo, se cumplía aquello de que Irak no
está en Irak, quiero decir no sólo en Irak, sino en todo el mundo. En fin, la
estación de Atocha como sinónimo de pesadilla.
Pero antes de la pesadilla estaba el sueño, pero el sueño neoliberal. Con
holgada anterioridad a los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001
en territorio norteamericano, la guerra contra Irak se había puesto en marcha.
Para ir a ese inicio nada como una foto...
Suelo llano, rojizo. Se adivina duro. Tal vez arcilla o algo parecido. Una bota.
Sola, sin su par. Abandonada. Sin pie que la calce. Algunos escombros
esparcidos. De hecho, la bota parece un escombro más. Es todo lo que hay en la
imagen, así que es el pie de foto el que aclara que se trata de Irak. ¿Fecha?
2004, septiembre.
No se alcanza a discernir si es la bota de alguien que murió, que la abandonó en
la huida, o que se trata, simple y llanamente, de una bota botada. Tampoco se
sabe si es la bota de un soldado norteamericano o británico, o de un combatiente
de la resistencia, de un civil iraquí o de otro país.
Sin embargo, a pesar de la falta de más información, la imagen da una idea de lo
que es el Irak de la "post guerra" de Bush: violencia, muerte, destrucción,
desolación, confusión, caos.
Todo un programa neoliberal. Si el falaz argumento de que la guerra contra Irak
era una guerra "contra el terrorismo" se ha venido abajo, las verdaderas razones
emergen ahora, más de un año después de que, ayudada por los tanques de guerra
norteamericanos, fuera derribada la estatua de Hussein y un eufórico Bush se
erigiera otra a sí mismo declarando el fin de la guerra. (Probablemente la
resistencia iraquí no escuchó el mensaje de Bush: el número de soldados
norteamericanos y británicos muertos y heridos no ha hecho sino aumentar desde
que "terminó la guerra", y ahora se suman las bajas de civiles procedentes de
varias naciones.)
La ideología neoconservadora en Norteamérica tiene un sueño: construir la
"disneyíandia" neoliberal. En lugar de una "aldea modelo", reflejo de los
manuales de contrainsurgencia de los 60's, se trataba de edificar una "nación
modelo". Se eligió entonces el territorio de la antigua Babilonia.
El sueño de la construcción de un "ejemplo" de lo que debe ser el mundo (siempre
según los neoliberales), se nutrió de "(...) la más apreciada creencia de los
arquitectos ideológicos de la guerra (contra Irak): que la codicia es buena. No
buena sola para ellos y sus amigos sino buena para la humanidad, y ciertamente
buena para los iraquíes. La codicia crea ganancias, las cuales crean
crecimiento, el cual crea trabajos, productos y servicios, y cualquier otra cosa
que alguien pudiera posiblemente necesitar o querer.
El papel de un buen gobierno, entonces, es crear las condiciones óptimas para
que las corporaciones prosigan su codicia sin fondo, de modo que, a su turno,
puedan satisfacer las necesidades de la sociedad.
El problema es que los gobiernos, aún los gobiernos neoconservadores, raramente
tienen la oportunidad de probar lo correcto de su sagrada teoría: a pesar de sus
enormes esfuerzos ideológicos, aún los republicanos de George Bush son, en sus
propias cabezas, eternamente saboteados por entrometidos demócratas, obstinados
sindicatos y alarmados ambientalistas. Irak iba a cambiar todo esto. En un lugar
de la tierra, la teoría finalmente sería puesta en práctica en su más perfecta e
incomprometida forma.
Un país de 25 millones no seria reconstruido como era antes de la guerra; sería
borrado, desaparecido. En su lugar aparecería una deslumbrante sala de
exposiciones para las políticas del laissez- faire, una utopía como el mundo
jamás había visto. (Bagdad Año Cero. El pillaje de Irak tras una utopía
neoconservadora. Naomi Klein, en Harper's Magcaine, Septiembre 2004. Traducción:
Julio Fernández Baraibar).
En lugar de eso, Irak es un ejemplo sí, pero de lo que le espera al mundo entero
si los neoliberales ganan la gran guerra, la IV guerra mundial: desempleo de
casi el 70%, la industria y el comercio paralizados, aumento exorbitante de la
deuda externa, muros antiexplosiones por todos lados, crecimiento geométrico del
fündamentalismo, guerra civil... y exportación del terrorismo a todo el planeta.
No voy a saturarlos con algo que sale a diario en las noticias: ofensivas
militares de la coalición (ojo: en una guerra que "ya terminó"), movilización de
la resistencia iraquí, atentados, ataques a objetivos militares y civiles,
secuestros, ejecuciones, nuevas ofensivas de la coalición, nueva movilización de
la resistencia iraquí, etcétera. Estoy seguro de que podrán encontrar abundante
información en la prensa de todo el mundo. En castellano, sin lugar a dudas la
mejor fuente es el periódico mexicano La Jornada, que cuenta entre sus
colaboradores a algunos de los analistas más serios y documentados sobre el tema
de Irak.
Lo cierto es que este video ya lo hemos visto antes en otras partes... y lo
seguimos viendo: Chechenia, los Balcanes, Palestina, Sudán, son sólo ejemplos de
esta guerra que destruye naciones para tratar de "reconvertirlas" en
"paraísos"... y terminan convertidos en infiernos.
Una bota abandonada en suelos del Irak "liberado" resume el nuevo orden mundial:
la destrucción de naciones, la desertificación de cualquier indicio de
humanidad, la reconstrucción como el reordenamiento caótico de las ruinas de una
civilización.
Hay, sin embargo, otras botas, aunque sean unas...
Botas rotas. Sí, las botas de la insurgenta Erika están rotas. En la puntera
derecha, la suela está desprendida y le da a la bota un aspecto de boca
insatisfecha. Los dedos no son visibles aún, así que la Erika no parece haberse
dado cuenta que sus botas, marcadamente la derecha, están rotas.
Desde los primeros días en la montaña, el mirar hacia abajo se me hizo
costumbre. El calzado suele ser uno de los sueños/pesadillas del guerrillero
(¿otros?: el azúcar, tener los pies secos, y otras obsesiones más bien húmedas),
así que dedica a él buena parte de su atención. Tal vez por eso uno adquiere esa
manía de mirar siempre a los pies del otro.
La insurgenta Erika ha venido a avisarme que ya acabaron de editar el cuento de
"La Naranja Mágica" (última producción de Radio Insurgente que trata de...,
bueno, mejor escúchenlo). Yo le respondo que tiene rota la bota. Ella baja la
mirada y me dice "tú también". Saluda militarmente y se va.
La Erika va a cambiarse porque al rato juegan fútbol dos equipos de insurgentas,
uno se llama "8 de Marzo" y el otro "Las Princesas de La Selva". No sé mucho de
fútbol pero, a mi entender, las "princesas" juegan con un estilo bastante
alejado de las buenas costumbres de la corte real, y las del "8 de marzo" lo
hacen como si fuera el alzamiento del primero de Enero. O sea que buena parte de
ellas termina en el puesto de salud insurgente. Es más, cada vez que van a
jugar, las de sanidad tienen la camilla a un lado de la cancha. "Para no dar la
vuelta", dicen.
Empataron. O sea que en el fútbol las insurgentas empataron. Se fueron a
penaltis y llegó la hora de la formación sin que desempataran. A decirme eso
viene la insurgenta Erika. La Erika es como la asesora sentimental de las
insurgentas, pero esta vez no viene a contarme que a una compañera "le duele su
corazón" por mal de amores, sino que ya acabó el partido y ella ya se va a dar
plática a los pueblos, más en concreto, a las mujeres de los pueblos. Va de
civil, o sea con ropa civil. Bueno, eso dice ella. Porque yo veo que trae unas
botas hechas en talleres zapatistas y que tienen grabado un "EZLN" en un
costado.
"Mmh, si vas a llevar esas botas mejor lleva el uniforme completo", le digo
intentando ser sarcástíco. Se va la Erika. Al rato regresa con el uniforme
puesto. "¿A dónde vas?", le pregunto. "Al pueblo", responde. "Pero, ¿cómo se te
ocurre ir de uniforme?, le pregunto- regaflo "Pues así me dijiste", dice que le
dije. Entiendo que es inútil tratar de explicar las cualidades de la ironía
sutil, así que sólo ordeno: "No, ponte de civil y quítate esas botas". Se va. Al
rato regresa, con ropa civil... y descalza. Yo suspiré, ¿qué otra cosa podía
hacer?
No le crean a la Erika, mi bota no está rota. Está descosida, que no es lo
mismo. Además, es un ojillo el que se ha desprendido, y por eso el entrecruce de
las agujetas parece sistema político en el neoliberalismo, o sea que es un
revoltijo y no se sabe a dónde va la derecha y a dónde va la izquierda.
Le estoy explicando esto a Rolando, cuando llega...
La Toñita Primera-Generación, o sea la Toñita I (la del beso negado porque
"mucho pica", la de la tacita rota, la del olote de maíz habilitado como muñeca)
tiene ya 15 años. "O sea que cumplió 14 pero entró en 15 o sea que ya va para
16" me dice su papá, un responsable zapatista de los más antiguos con nosotros.
Yo asiento sin confesar que nunca he entendido las altas matemáticas que rigen
los calendarios en las comunidades rebeldes zapatistas (después de tratar de
explicarme, inútilmente, el Monarca se resigna y sólo agrega: "creo que es
porque así es nuestro modo, que de por sí es muy otro"),
El papá de la Toñita I (o sea la Toñita Primera-Generación) viene para que yo la
mire, porque tiene más de 10 años que la vi por última vez. Diez años no pasan
en vano, así que la Toñita I no sólo no me niega un beso, sino que, sin que yo
alcance a decir nada, me abraza y me estampa un beso en la acolchada mejilla del
pasamontañas y se pone de todos colores (la Toñita I, no el pasamontañas). Yo no
digo nada, pero pienso "Mmh, ando mal este año... y eso que no me he quitado el
pasamontañas ni para bañarme".
Entonces la Toñita I saca de una su mochila unas sus botas y se las pone. Yo voy
a preguntarle por qué se pone las botas después de caminar descalza 6 horas
desde su pueblo, en lugar de ponérselas para el camino y quitárselas al llegar,
pero la Toñita I se adelanta y me pregunta si puede ir "allá" -y señala para
donde están un grupo de insurgentas-. La Toñita I sabe lo que un beso, manque
sea sobre el pasamontañas, puede conseguir, así que no espera la respuesta y se
va.
Mientras la Toñita I corre a ver si la dejan jugar en el partido de fútbol de
las insurgentas, su papá me cuenta de su pueblo (al que yo siempre he llamado,
cuidando de que nadie me escuche, "Cumbres Borrascosas"). He alcanzado a ver la
cicatriz de un rasguño en el brazo izquierdo de la Toñita I, así que le pregunto
de eso.
Me cuenta el papá de la Toñita I que un joven del pueblo quería llevársela a la
letrina. (Nota: Le aclaro al improbable lector de estas líneas, que la letrina
en algunos pueblos no sólo cumple sus olorosas /unciones higiénicas, también
suele ser lugar de encuentro de parejas. No son pocos los matrimonios en
comunidades que tienen como origen el nada romántico sitio de la letrina. Fin de
la Nota). El caso es que la Toñita I no quiso ir a la letrina. "O sea que no era
su gusto", me confirma su papá. Y entonces el muchacho la quiso obligar y
entonces, "como no era su gusto" - reitera su papá-, forcejearon. La Toñita I
logró escaparse, pero, como luego dicen, se publicó y el asunto llegó a la
asamblea del pueblo. Me cuenta su Papá de la Toñita I que la querían meter a
ella a la cárcel. Yo interrumpo: "Pero, ¿por qué si a ella la atacaron y hasta
trae rasguñado el brazo? " "Ah Sup, es que viera cómo quedó el joven... ", me
dice el papá., "de plano quedó privado, y es que la Toñita es, como luego se
dice, muy brava".
La Toñita I, además de un rostro agraciado, tiene un físico corpulento, o sea
que... ¿cómo les explico?, bueno, para que me entiendan sólo les diré que
Rolando quiere que juegue de defensa central en la selección zapatista de
fútbol.
"Pero el equipo de las insurgentas ya está completo ", le digo a Rolando. El
sólo agrega: "'Acaso es para el equipo de insurgentas, yo la quiero para el
equipo de los hombrea. En eso pasan las de sanidad con dos insurgentas bastante
golpeadas. La Toñita I está llorando porque por su culpa le marcaron dos
penaltis a su equipo. Yo entiendo a Rolando y volteo hacia el papá y le pregunto
"¿No ha dicho la Toñita si quiere ser insurgenta? "
La Toñita I se quitó las botas y las puso en una su mochila. Se va con su papá,
caminando descalza.
No tiene mucho que se fue, cuando aparece, acompañando a su mamá... la Toñita
Segunda-Generación, o sea la Toñita II.
La mamá de la Toñita II.o Segunda Generación, se llama Elena. Es teniente
insurgenta de sanidad y cuenta en su haber que, en enero de 1994, salvó la vida
de varios insurgentes y milicianos que salieron heridos de los combates de
Ocosingo. En un más que modesto hospital de campaña, Elena operó heridas de bala
y extrajo pedazos de metralla del cuerpo de zapatistas. "Se nos murió un compa",
dijo cuando informó. No mencionó a los más de 30 combatientes, que hoy viven y
luchan en estas tierras, a los que salvó.
La Toñita II tiene 3 años. "O sea que cumplió 2 y va para 4" me adelanto a la
explicación de Elena. Ella ríe. Quiero decir, Elena ríe. Porque la Toñita II
está pegando unos chillidos dignos de mejor causa. Y es que resulta que,
asumiendo mi mirada coqueta (la número 7 de mi exclusivo "catálogo de miradas
seductoras") le pedí un beso. La Toñita II ni siquiera dijo "mucho pica" (o sea
que no es una versión mejorada), simplemente se echó a llorar con tal vehemencia
que ya tiene a su lado a un grupo de insurgentas que le ofrecen caramelos, una
bolsita con cara de conejo (aunque a mí me parece que tiene cara de tlacuache
-la bolsita, se entiende-), y hasta le están cantando la del chivito, una rola
que tiene inusitado éxito entre los niños y niñas zapatistas.
"No te quieren", me dice, lloviendo sobre mojado, la Mayor Irma. Yo respondo:
"Bah, está loca por mí y hago como que no tengo roto el corazón.
Saliendo de la bodega. Rolando me da una de esas agujas llamadas "capoteras" y
un rollo de hilo de nylon.
Ya en la champa de la comandancia general del EZLN dudo...
Si no sé cuál es la velocidad del sueño, tampoco sé si remendarme las botas o el
corazón. (Continuará...)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Septiembre del 2004, 20 y 10
La velocidad del sueño (II): Zapatos, tenis, chanclas,
huaraches, zapatillas
Septiembre es el noveno mes el año, y arriba la luna trae una panza como si tal.
Y hasta se ruboriza un poco cuando se deja caer sobre occidente. La lluvia y las
nubes como que se asomaron, pero les dio pereza y se quedaron atrás de la
montaña, ésa que se levanta al oriente. Abajo, en la grabadorita, Tania Libertad
canta ésa que dice "no lo van a impedir (...}, a pesar del otoño creceremos".
Confundida en las sombras, la sombra escribe una carta. Después del "Ejército
Zapatista etcétera" y de la fecha, Septiembre del 2004, ya se lee...
A: Píerluigi Sullo.
Dirección del semanario Carta.
Italia, Continente Europeo, Planeta Tierra.
Pedro Luis, hermano:
Recibe un abrazo desde las montañas del Sureste Mexicano. Supongo que te
extrañará el "Pedro Luis", pero es que se me ha contagiado el "modo" de los
compás de "zapatizar" los nombres, asi que pongo "Pedro Luis" por "Pierluigi".
Bueno, pues recibí la carta que escribiste y que no mandaste. O sea que recibí
la carta en Carta, Me explico: resulta que primero me mandaron una fotocopia de
la misiva aparecida en Carta (26 agosto-l Septiembre 2004, año VI, #31). Como mi
italiano no alcanza siquiera a parecerse al "itañol" de los "turbineros y
turbíneras" (que hace años trabajaron, y duro, para dar luz a la realidad), tuve
que pedir que alguien hiciera el favor de traducirla. Y lo hicieron, pero en una
neo lengua que acá llamamos "itazapañol" que, sí la memoria no me falla,
inauguró la Vánessa cuando, siempre desobediente, tardó años viviendo en la
realidad zapatísta. Así las cosas, tuve que recurrir a unos diccionarios que nos
habían enviado hace tiempo (no muy me acuerdo, creo que fue Mantovani o Alfio).
Para esto, antes hubo que buscar y encontrar los diccionarios, los cuales
estaban, como Era de esperar, nivelando una de las patas de una de las mesas de
una de las comandancias generales del único ezetaelene. O sea que me tardé en
intuir, más que en saber, lo que decía la carta de Carta.
Tal vez me equivoque, pero alcancé a entender que el objetivo de tu misiva es
saludarnos ...y plantear problemas.
El género epistolar es, según mi humilde opinión, uno de los mejores medios para
el debate (otro, mejor todavía, es la práctica política)
No lo dices abiertamente, pero cualquiera podrá darse cuenta de que, en el
fondo, tu carta plantea, ahora desde la Italia rebelde, el mismo problema de la
velocidad del sueño. Y aunque tampoco lo declaras de manera explícita, desde la
Italia que lucha, o sea que sueña, también respondes: "no lo sé ".
Bien, a los problemas que planteas yo podría responderte con el axioma del
inefable y grande (de ego) Don Durito de La Lacandona: "No hay problema lo
suficientemente grande como para no darle la vuelta ".
Aunque me parece una receta excelente (a mi me ha dado buenos resultados en más
de una vez), creo sinceramente que lo que planteas no busca una solución, sino
una discusión. El ¿qué hacer en Italia? es, en efecto, un problema. Y a mí
manera de ver, forma parte del problema ¿qué hacer en el mundo?
Bien, la respuesta de nosotros los zapatístas es... "no lo sabemos ". Yo sé que
no esperabas otra cosa de nosotros, conociéndonos tan bien como nos conoces. Sin
embargo, de nuestro suelo y de nuestra lucha podemos decir lo siguiente:
Primero.- En el México de hoy, todos los políticos, aún aquellos que vayan
arriba en las encuestas, en las principales de los noticieros o en el número de
manifestantes, sin importar el color de la retórica que enarbolen o el signo de
su organización partidaria, contarán con la hosca desconfianza de nosotros los
zapatístas, con nuestro escepticismo e incredulidad. Basados únicamente en sus
palabras, promesas, intenciones,ciifras, estadísticas, estudios de opinión, no
obtendrán absolutamente nada bueno de nosotros. Nada, ni siquiera el beneficio
de la duda. Como el jefe del Ejército Libertador del Sur, General Emiliano
Zapata, frente a Francisco I. Madero, nuestra hostilidad hacia los políticos del
centro será norma invariable; y como Emiliano Zapata frente a la silla
presidencial, seguiremos dando la espalda al Palacio Nacional y a quienes
aspiran a sentarse en esa silla. Y lo mismo va para el autodenominado "Congreso
de la Unión " y el circense Poder Judicial de la Federación.
Segundo.- En el caso específico de los partidos políticos que se autoproclaman
de izquierda y que tienen registro en México (y que, no hay que olvidarlo, no
son las únicas organizaciones políticas de izquierda que existen en nuestro
país), no podemos dejar de sonreír con amargura cuando sus funcionarios de
partido, gobernantes, diputados, senadores y jilguerillos a sueldo, le echan en
cara a Vicente Fox el incumplimiento de su promesa de campaña de resolver el
"problema" de Chiapas en 15 minutos. Nosotros no olvidamos que los que critican
eso, fueron los mismos que votaron a favor de una ley que, además de incumplir
con un acto de elemental justicia, contravenía fundamentalmente el clamor de los
pueblos indios de México, y de millones de personas en nuestro país y en otras
partes del planeta.
Son los mismos que alientan grupos paramilitares para hostilizar y agredir a las
comunidades zapatístas. Son los mismos que se empeñan en parecer agradables a
una derecha (llámese alta jerarquía eclesíal o empresarial) que, hay que
decirlo, no siente ninguna atracción por ellos. Son los mismos que, bajo el
brazo, cargan los planes económicos y policíacos que han sido diseñados en los
"board directory" de la codicia internacional.
Aún con todo esto, no podemos avalar, con nuestro silencio, las suciedades
jurídicas con las que se pretende impedir que quien encabeza el gobierno en la
Ciudad de México, se presente en el 2006 a competir por la presidencia del país.
Nos parece que se trata de una acción ilegítima, mal arropada por falacias
legales, que atenta contra el derecho de los mexicanos a decidir si uno u otra,
o nadie, es gobierno. La concreción de una felonía de tal naturaleza
significaría, ni más ni menos, la invalidación del artículo 39 de la
Constitución Mexicana, el cual consagra el derecho del pueblo a decidir su forma
de gobierno. Seria, para ponerlo en términos llanos, un golpe de Estado
"blando".
Al señalar esto no nos ponemos del lado de una persona ni de un proyecto de
gobierno, Mucho menos se traduce en apoyar a un partido que no sólo no es de
izquierda y no es progresista, tampoco es republicano. Simple y sencillamente
nos ponemos del lado de la historia de lucha de nuestro pueblo.
Tercero.- Las elecciones pasan, los gobiernos pasan. La resistencia queda como
lo que es, una alternativa más por la humanidad y contra el neoliheralismo. Nada
más, pero nádamenos.
Sin embargo, consecuentes en la aversión que profesamos hacia los dogmas,
siempre admitiremos que podemos estar equivocados y que pudiera ser que, en
efecto, como predican ahora los cagatintas de moda, sea necesario, urgente,
imprescindible, entregarse incondicionalmente en los brazos de quien, desde
arriba, promete cambios que sólo se pueden conseguir desde abajo.
Podemos estar equivocados. Cuando nos demos cuenta porque la necia realidad se
interponga en nuestro camino, seremos los primeros en reconocer esa equivocación
delante de todos, afines y contrarios. Será así porque, entre otras cosas,
nosotros creemos que la honestidad frente al espejo es necesaria a todos
aquellos que, de palabra o de hecho, se comprometen con la construcción de un
mundo nuevo.
En todo caso, nosotros ponemos la vida en nuestros aciertos y en nuestras
equivocaciones. Creo sinceramente que, desde la madrugada del primero de enero
de 1994, nos hemos ganado el derecho a decidir nosotros mismos nuestro paso, su
cadencia, su velocidad, su compañía continua o esporádica, sus estaciones y,
sobre todo, su destino. Ese derecho no lo cederemos. Estamos dispuestos a morir
por defenderlo.
Cuarto.- Seguiremos haciendo lo que creemos es nuestro deber. Y esto sin
importar el "rating" que tengan nuestras acciones, el lugar que ocupemos en los
noticieros, o las amenazas y profecías que, desde uno y otro lado del espectro
político, tienen a bien recetamos cada vez que no hacemos lo que quieren que
hagamos o que no decimos lo que quieren que digamos (cosa que sucede todo el
tiempo).
No nos sumaremos al griterío histérico de la clase política, y de sus "fans" en
las columnas de "análisis político". Esos que pretenden imponer, siempre desde
arriba, una agenda que nada tiene qué ver con lo que abajo sucede en nuestro
país, a saber, el desmantelamiento implacable de los fundamentos de la soberanía
nacional. Tampoco manotearemos sobre el calendario para que el 2006 adelante su
incertidumbre, su feria de vanidades, su cínico derroche de recursos y de
estupidez. Mucho menos será nuestra guía de acción la de quienes nos exigen que
nosotros pongamos los nombres de presos, desaparecidos y muertos, mientras ellos
ponen los nombres en las listas plurinominales.
Quinto.- Esto no quiere decir que no escuchemos. Lo hacemos y lo seguiremos
haciendo. De todas partes del mundo nos llegan palabras de aliento y de crítica,
consejos y amonestaciones, adhesiones y repudios. Todo lo escuchamos y lo
guardamos en el corazón colectivo que somos. Cualquiera en cualquier parte del
mundo puede estar seguro que los zapatístas lo escucharemos.
Pero una cosa es escuchar y otra es obedecer.
Las "polémicas" sobres si los zapatístas somos revolucionarios o reformistas,
"lights" o "heavys", ingenuos o maliciosos, buenos o malos, nos tienen sin
cuidado y, como los mosquitos en las largas noches de las montañas del sureste
mexicano, no son lo que nos desvela . En tierras zapatístas no mandan las
trasnacionales, ni el FMI, ni el Banco Mundial, ni el Imperialismo, ni el
Imperio, ni los gobiernos de uno u otro signo. Acá las decisiones fundamentales
las toman las comunidades. No sé cómo se llama eso. Nosotros lo llamamos
"zapatismo".
Pero el nuestro no es un territorio liberado, ni una comuna utópica. Tampoco el
laboratorio experimental de un despropósito o el paraíso de la izquierda
huérfana.
Éste es un territorio rebelde, en resistencia, invadido por decenas de miles de
soldados federales, policías, servicios de inteligencia, espías de las diversas
naciones "desarrolladas", funcionarios en función de conírainsurgencia, y
oportunistas de todo tipo. Un territorio compuesto de decenas de miles de
indígenas mexicanos acosados, perseguidos, hostigados, atacados por negarse a
dejar de ser indígenas, mexicanos y seres humanos, es decir, ciudadanos del
mundo.
Sexto.- En el resto del planeta, nuestra ignorancia es enciclopédica (de hecho
ocuparía más volúmenes que las obras completas de la palabra externa e interna
de los neozapatistas, la cual, dicho sea de paso, es abundante) y poco o nada
podemos decir sobre organizaciones políticas de izquierda que luchan, o dicen
luchar, bajo otros cielos.
Ahí, como en todos lados, preferimos mirar hacia abajo, hacia movimientos y
tendencias de resistencia y de construcción de alternativas. Hacia arriba sólo
volteamos a ver si una mano de abajo nos señala hacia allá.
Séptimo.- Con nuestras torpezas o aciertos, definiciones o vaguedades, estamos
tratando, sólo tratando, pero poniendo la vida en ello, de construir una
alternativa. Llena de imperfecciones y siempre incompleta, pero nuestra
alternativa.
Si hemos llegado hasta donde hemos llegado no ha sido, sin embargo, por nuestra
sola capacidad o decisión, sino por el apoyo de hombres y mujeres de todo el
mundo que han comprendido que en estas tierras no hay un montón de menesterosos,
ávidos de limosnas o de lástima, sino seres humanos que, como ellos y ellas,
anhelan y trabajan por un mundo mejor, uno donde quepan todos los mundos.
Creo que un esfuerzo así, merece la simpatía y el apoyo de toda persona honesta
y noble en el mundo.
Y creo que, las más de las veces, esa simpatía y ese apoyo encuentra su versión
más afortunada en la lucha que emprenden o mantienen en sus respectivas
realidades, cualquiera que sea su cultura, su lengua, su bandera, su tipo de
calzado, zapato, tenis, chancla, huarache o zapatilla.
En este sentido, en nuestra geografía, están más cerca de las comunidades
zapatístas realidades que los mapas señalan distantes.
Así, está más cerca nuestro la Europa de abajo: la Italia desobediente y
autogestíonaria; la Grecia que se comunica con señales de humo; la Francia de la
chancla y de los sin papeles y sin techo, pero con dignidad; la España
insurrecta y solidaria; el Euzkal Herría que resiste y no se rinde; la Alemania
rebelde; la Suiza comprometida; la Dinamarca compañera, la Suecia perseverante,
la Noruega consecuente, la Patria negada a los kurdos, la Europa marginal que
padecen los inmigrantes, toda la Europa de los jóvenes que se niegan a comprar
acciones en las bolsas del cinismo, ...y las mujeres mexicanas indígenas
Mazahuas.
Rebeldías y resistencias que sentimos más cercanas que las interminables
distancias que nos separan de la soberbia ciudad de San Cristóbal de Las Casas y
de los partidos políticos que hablan con la izquierda y actúan con la derecha.
Bueno, pues es todo por ahora, compa Pedro Luis. Créeme que no lamento sí, con
lo que te escribo, corro el riesgo "de ser juzgado como uno que delira, que no
ve la realidad". Como quiera que sea, sigue pendiente el problema fundamental, a
saber, el de dilucidar cuál es la velocidad del sueño.
Mientras se resuelve, recibe un abrazo y para la próxima vez que escribas,
manda, además de la carta en "Carta", una traducción, manque sea en "itañol".
Vale. Salud, y que el griterío de arriba no impida escuchar el murmullo de
abajo.
(Continuará...)
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Sub Comandante Insurgente Marcos.
México, Septiembre del 2004. 20 y 10.
La velocidad del sueño (III): Pies desnudos
El club de las caricias mutuas.
¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
"No lo sé", esas tres palabras deberían estar más presentes en el repertorio de
todos, tan obligados como a veces nos sentimos a opinar acerca de todo, y a
suplantar opiniones por dogmas y recetas ("verdades", dicen)
En el "Club de las Caricias Mutuas", es decir, en la selecta intelectualidad
que, en y desde los medios masivos de comunicación de derecha (y algunos "de
izquierda"), se mantiene ajena ("objetiva", dicen) a la realidad, hace tiempo
que la crítica y el debate fueron suplantados por el escándalo mediático, por
"neutralidades" (que, al fin de la edición, son más fündamentalistas que
Bush-Bin Laden), y por profecías que no importan si no se argumentan ni se
cumplen ("después de iodo, ¿a quién le importa la realidad? ").
Cortesanos versátiles en la periferia del Poder, esos intelectuales hablan de
todo, son expertos en todo. En su filosofía instantánea y soluble ("salimos al
aire- entrego mi colaboración en unos minutos, mi buen, no hay tiempo de pensar
en lo que se va a decír- escribír"), estos neo filósofos de la postmodernidad,
siguiendo las modas que se renuevan cada tanto, imitan las poses y el método de
los "grandes" pensadores, es decir, abstraen y generalizan. O sea que suponen y
crean un molde, y luego lo aplican. ¿Las sobras?, al basurero (o sea fuera de la
programación o del índice del artículo).
Más aún, el intelectual y el comunicador que se desempeñan como analistas
políticos de "derecha (y no pocos de "izquierda"), se erigen en jueces que
dictan sentencia y esperan, sentados en la academia o en la sala de prensa, a
que la realidad sea el verdugo que ejecute la sentencia.
Si el "éxito" de la filosofía política reaccionaria, es decir, la del analista
de derecha, está en su capacidad de "justificar" una acción, el de los que
predican desde el púlpito de los medios de comunicación está en trivializar la
sinrazón. Proponiendo emociones reflejas y no razones, los comunicadores abordan
la guerra, la pobreza, las catástrofes naturales, las arbitrariedades
gubernamentales, los crímenes, y los cada vez más frecuentes brotes de
descontento popular.
Después de todo, los sentimientos pueden ser tan fugaces como los temas "más
importantes" de los noticieros. Así, se desesperan por la falta de videos.
Pero los hay, lo que pasa es que muchos de ellos provocan reflexiones, y digamos
que la reflexión profunda no es el fuerte de la comunicación de masas.
La velocidad de la pesadilla.
Y es con la reflexión teórica (que no es sinónimo de masturbación mental), el
debate (que no es el ping-pong de calificativos), el intercambio de experiencias
(que no es el intercambio de recetas), que, si no se puede saber cuál es la
velocidad del sueño, se puede, en cambio, calcular la velocidad de la pesadilla.
De nuestra propia experiencia y de lo que vemos en el globalizado piso de
arriba, hemos aprendido que es la misma que tiene el bajar las manos, el
rendirse, el resignarse, el asumir la cómoda y estúpida posición de espectador,
el abandonar ideales en aras de un pragmatismo a final de cuentas estéril y
deformante.
Si el Poder mundial rinde un culto morboso al 11 de septiembre y al 11 de marzo,
es para traerlos como argumento de la pesadilla que globalizan, y nos quieren
"vender" el sueño de que su poderío militar y policiaco evitará que se repitan
más "onces" en el calendario... sembrando su terror en otras fechas y en todo el
mundo.
Pero, frente a los "11" del terror de uno y otro lado, hay, por ejemplo, un
"15", el de febrero del 2003. En esa fecha más de 30 millones de personas de más
de 100 naciones del mundo, se movilizaron en contra de la guerra.
Muchos dirán que fue inútil, que como quiera la guerra se realizó. Pero se
olvida que las cosechas de las siembras de abajo nunca son inmediatas.
Y no siempre las movilizaciones terminan cuando terminan los noticieros. Las más
de las veces derivan en aprendizaje y organización. El Poder bien puede vivir
con demostraciones masivas de repudio, que acaban cuando cambian de canal; pero
no puede estar cómodo con la organización de ese repudio, mucho menos con su
crecimiento.
Porque, abajo, aprender es crecer.
Las mentiras, por más "ratíng" que ostenten, suelen provocar indigestión y
vómito. Las verdades, ciertamente, provocan dolor de estómago, pero éste se
suele aliviar haciendo algo.
Porque, si bien las mentiras son irremediables, las verdades si tienen remedio.
Frente a la pesadilla, no basta despertar. La vigilia puede florecer en el
sueño.
El impreciso sueño zapatista.
Pero, ¿cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
En nuestro sueño, el mundo es otro, pero no porque algún "deux ex machina" nos
los vaya a obsequiar, sino porque luchamos, en la permanente vela de nuestra
vela, porque ese mundo se amanezca.
Nosotros, los zapatistas, sabemos a cabalidad que no tendremos, ni nosotros ni
nadie, la democracia, la libertad y la justicia que necesitamos y merecemos,
hasta que, con todos, la conquistemos todos.
Con los obreros, con los campesinos, con los empleados, con las mujeres, con los
jóvenes.
Con aquellos que hacen andar las máquinas, que hacen producir al campo, que le
dan vida a las calles y a los caminos.
Con aquellos que, con su trabajo, preceden al sol cada día.
Con aquellos que siempre producen las riquezas y hoy sólo consumen las pobrezas.
Nuestra lucha, es decir, nuestro sueño, no termina.
Sin embargo, en la vigilia de todos los días nos esforzamos por no heredar, a
quienes sigan, un espacio de rencor y afán destructivo.
A cada momento refrendamos nuestra decisión de no imponer a nadie (ni a nosotros
mismos), - aún desde la impunidad de la ausencia definitiva (tocados por la
varita mágica de la muerte, ésa que convierte en perfecciones lo que no son sino
un montón de contradicciones)-, una serie de cinismos disfrazados de "razones
políticas" o de fündamentalismos disfrazados de "neo filosofía" universal y
eterna.
El zapatismo no es una guía para la acción.
Nos empeñamos cada minuto de cada hora de cada día, en no predicar ni promover
el culto al "todo se vale", que sólo suele ser una coartada que justifica el
que, en el "todo", vaya incluido el traicionar los principios.
La razón que nos mueve es una razón ética. En ella, el fin está en los medios.
Queremos, y por eso luchamos cotidianamente contra todo (nosotros mismos
incluidos), "poner una piedra más en nuestra casa, la que queremos toda puertas
y ventanas, por la que se pueda entrar, se pueda salir, mirar y ser mirado, sin
más límite que las ganas de hacer una u otra cosa. Una casa donde no sea un
dolor ser mujer, o niño, o anciano, o indígena, o joven, o gay, o lesbiana, o
transexual, o trabajador del campo y de la ciudad. En fin, un lugar donde no sea
una vergüenza pertenecer a la humanidad.
Queremos seguir luchando como lo que somos, como zapatistas. Así el mundo nuevo
no nacerá sólo de nuestro paso, pero también de él.
Queremos, finalmente, desaparecer Para eso, y no para otra cosa, fue que
aparecimos.
Por eso en nuestro sueño, nosotros no estamos. Pies desnudos.
¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
Pero ahora, en esta madrugada de septiembre, sin más compañía que un viento
helado, con la lluvia tamborileando impaciente en el techo de la champa, y
sumando la nube que porto a la que afuera reposa, se me ha ocurrido que, tal
vez, es la misma velocidad con la que, en mi sueño, la sombra que soy se
desvanece en la otra y amable sombra de la entrepierna de Ella, mientras con mis
labios escribo promesas imposibles en las plantas de sus pies desnudos...
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Septiembre del 2004. 20 y 10.
P.D.- Aquí termina -este programa "científico" del Sistema Zapatista de
Televisión Intergaláctica. Después de un corte anti-comercial, seguiremos con
nuestra programación. No le cambie. (En la pantalla, o sea en la cartulina,
aparece: "Huaraches Yepa-Yepa, el único huarache g-l-o-b- a-l-i-z-a-d-o lanza al
mercado su nuevo modelo "Pozol agrio" -edición limitada- ¡ a un precio de sueño!
No se aceptan tarjetas de crédito ni efectivo. Permiso de la Junta de Buen
Gobierno número 69. Aplican restricciones").
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