[MAO ZEDONG]

Selección de escritos

NOTAS EN ESTA SECCION
Introducción - Biografía  |  Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo  |  Contra el liberalismo  |  Sobre la práctica
Una sola chispa puede incendiar la pradera  |  Sobre la contradicción  | 
Una carta de Mao  |  China, 1971 (Revista Siete Días)

LECTURA RECOMENDADA
Mao Tsé-Tung - Libro Rojo  |  Mao Tsé-Tug - Mi vida
 

BIOGRAFIA - Poeta, erudito, político revolucionario, estratega militar, fundador del Partido Comunista Chino, presidente de la República Popular China y promotor de la Revolución Cultural, este hombre longevo y saludable, tres veces esposo y progenitor de una nutrida prole, Mao Tse-tung, fue uno de los líderes más carismáticos e influyentes del siglo XX, no sólo en su país sino también en los partidos radicales en todo el mundo. Nació en el seno de una familia relativamente pudiente, hijo de un propietario rural, en 1893, cuando China era un vasto territorio administrado por un opresivo régimen feudal y con una fuerte dependencia imperialista en la política exterior. Antifeudalismo y antiimperialismo fueron las primeras consignas de las que partió para transformar su país en una potencia moderna inspirada en los principios del socialismo; más tarde iría elaborando un pensamiento notablemente más sofisticado, siempre paralelo a una práctica revolucionaria que hubo que soslayar toda suerte de circunstancias adversas y afrontar asombrosos desafíos y siempre también conciliando las más antiguas raíces culturales chinas, el confucianismo, con las nuevas ideologías que traían los “vientos del Oeste”.

LA FORJA DE UN REBELDE La revolución china de 1911 no había transformado el país tanto como se esperaba, pero tuvo la virtud de abolir el imperio y así mismo de introducir ideas occidentales en la enseñanza tradicional. De este nuevo eclecticismo se benefició Mao durante sus estudios en la escuela normal de magisterio en la ciudad de Changsha, donde se graduó en 1918. Más tarde se trasladó a la capital, Pekín, para ejercer de bibliotecario auxiliar en la universidad, y allí entró en contacto con activistas políticos tales como Li Ta-chao y Sen Tu-hsiu. Juntos crearon un grupo germinal para el estudio del marxismo que los llevaría a participar algunos años después en la primera conferencia del Partido Comunista Chino, que tuvo lugar en junio de 1921 en Shanghai y en la que Mao actúa ya en la calidad de delegado. En 1923, durante el tercer congreso, sería nombrado miembro del comité central. El año anterior, el Partido Comunista había entrado a formar parte del Kuomintang de Sun Yat-sen – quien, en calidad de presidente provisional, había proclamado en enero de 1912 en Nankín el gobierno provisional de la República China – con objeto de formar un amplio Frente Unido Democrático que se convirtió, en 1923, en Frente Unido Revolucionario. Esta frágil alianza quedó rota cuando Chang Kai-shek, representando a los terratenientes y a la burguesía dependiente de las potencias extranjeras, aplastó a los obreros y estudiantes en Shanghai y encabezó un gobierno nacional en Nankín que se auto proclamó anticomunista. En 1930, el Kuomintang, partido de los aliados de ayer y a la sazón el más implacable de los enemigos del socialismo, se hizo responsable de la ejecución de la primera esposa de Mao, Yang Kai- hui, hija de un antiguo profesor de Ética del líder político, con la que, sin embargo, no vivía desde 1928, año en que entabló relaciones con la que, ahora, se convertiría en su segunda esposa, Ho Tzu-chen. El tercero de los matrimonios de Mao, contraído en 1939 tras el divorcio de su anterior esposa, sería el más sonado, pues su nueva compañera era una conocida y popular actriz, mucho más joven que él, y que se hacía llamar Chiang Ching, pese a que su verdadero nombre era Lang Ping.

LA LARGA MARCHA Durante los años veinte, Mao se había revelado como un brillante estratega al postular la rebelión en las zonas rurales – para, progresivamente, ir cercando la ciudades – en contra de las tesis preconizadas en el comité central de su partido por Li Li-san. Así, tras los reveses sufridos en la guerra contra el Chang Kai-shek, organizó la Larga Marcha del Ejército Rojo en octubre de 1934. El 16 de octubre de este año unas ochenta mil persona iniciaron en Riuchin la audaz campaña, y aunque hubieron de librar duros combates en Kiangsi, Fukien y Kuangtung, treinta y cinco mil hombres alcanzaron la ciudad de Tsun-yi en enero de 1935. En octubre, los partidarios de Mao, que encabezaba ya el comité central del Partido Comunista, tomaban Shansi. Habida cuenta de la guerra que se libraba en el exterior contra los japoneses, en 1937 el Kuomintang de Chang Kai-shek hubo de firmar una tregua con los comunistas para organizar la Guerra Popular de Resistencia, pacto que duró hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y la definitiva derrota japonesa, en 1945, pero que inmediatamente después demostró su inviabilidad, desatando la guerra civil al año siguiente.

LA REPÚBLICA POPULAR CHINA Derrotados Chang Kai-shek y su partido, los comunistas se instalaron en Pekín. Mao proclamó en 1949 la República Popular China y fue nombrado presidente del consejo de gobierno por la Asamblea Nacional del Pueblo Chino, pero el título de presidente no lo ostentaría hasta el 30 de diciembre de 1954, como consecuencia de la promulgación de la nueva constitución. Para entonces ya había firmado la decisiva alianza con la URSS en 1950 y se había convertido en el máximo inspirador de la política de su país. Por otra parte, la reforma agraria que tuvo lugar entre 1950 y 1952 en China fue consecuencia de un verdadero combate, aldea por aldea, de los campesinos pobres contra los antiguos privilegios de los señores feudales, y se adelantó a la campaña de 1955 para el desarrollo de la cooperación agrícola. Esta acción política programada desde el estado socialista provocó, no obstante, una escisión en el Partido Comunista, y aunque la línea predominante fue la de Mao – articulada en su libro Sobre el desarrollo de la cooperación agrícola – terminarían por provocar intensas contradicciones que llevarían a una aguad crisis de la revolución china en los años inmediatos. Saliendo al paso, Mao hizo público su discurso Sobre la justa resolución de las contradicciones en el seno del pueblo en 1957, en el que propone la dialéctica entre unidad y crítica, para regresar después a la unidad, como alternativa para mantener la necesaria cohesión frente a los enemigos del socialismo. Pese a todo, al año siguiente, a causa de las dificultades de llevar a cabo su proyecto político, bautizado con el nombre de “gran salto hacia adelante”, y del enfriamiento de las relaciones con la URSS, hubo de abandonar la presidencia de la República aunque retuvo el máximo poder en el seno del partido como secretario general. Desde ese privilegio puesto del mando, Mao se concentró en el control del ejército, destituyó al ministro de defensa Peng Ten-huai y lo sustituyó por su fiel Lin Piao, ganando de ese modo a las fuerzas militares como eficaces sostenedoras de su línea política.


La voz del presidente Mao: "Aunque hemos alcanzado logros extraordinariamente importantes, no hay razón alguna para ser arrogantes. La modestia hace avanzar; la arrogancia, retroceder. Debería recordar siempre esta verdad". [Discurso de 1956 en el congreso del Partido Comunista Chino]

LA REVOLUCIÓN CULTURAL Durante los años sesenta Mao destacó dentro de la política mundial como uno de los más originales líderes en el área socialista, especialmente a partir de la teorización en 1963 del “movimiento de educación socialista”, que fijaría las bases de la Revolución Cultural Proletaria. Este viejo comunista había entrevisto por aquellos años el riesgo real de restauración del capitalismo, inherente a la desmovilización ideológica de las masas, por lo que se impuso la tarea del rearme cultural mediante espectaculares medidas que incluyeron su ruptura, en septiembre de 1965, con el gobierno de Pekín y su paso, con la fracción disidente, a Shanghai, desde donde dirigió personalmente la primera fase de su plan. Dicha estrategia triunfó en agosto de 1966, fecha en que se hicieron públicos los dieciséis puntos de la “gran revolución proletaria” que habían sido impuestos de hecho gracias a la lealtad de los guardias rojos y al apoyo de las masas trabajadoras descontentas. Los objetivos principales que pretendía cubrir con este proceso eran, en primer lugar, la persecución y derrota de todos aquellos que, detentando el poder, seguían la vía capitalista; en segundo lugar, la destitución de las autoridades académicas burgueses y la abolición de su ideología; por último, la transformación de aspectos de la superestructura – lugar donde se sitúa la ideología en la teoría marxista – que habían quedado desfasados después de la implantación de la economía socialista. Aquel mismo año de 1966 se hizo público el célebre Libro rojo, recopilación de citas de Mao que sintetizan lo fundamental de su pensamiento y que se extendió entre las masas chinas con el propósito de que sirviera de instrumento para que asumieran el protagonismo de su propia revolución. El libro, traducido a numerosos idiomas, corrió de mano en mano por todo el mundo y se convirtió en un auténtico best-seller político de la década siguiente. Después del noveno congreso del Partido Comunista, celebrado en abril de 1969, el pensamiento maoísta se consolidó como eje de la Revolución China, pero veinte años después, las disidencias internas, sacadas a la luz por la descomposición generalizada de los regímenes imperantes en los países del llamado “socialismo real”, y especialmente representadas por los jóvenes estudiantes y la población descontenta de las grandes concentraciones urbanas, fueron violentamente reprimidas en la plaza de Tiananmen. Para entonces, el último de los supervivientes que fundaron el Partido Comunista, Mao Tse-tung, había fallecido en 1976. Pese al imprevisible desmoronamiento de su gran obra, aún hoy el mundo recuerda con fascinación la asombrosa energía de que hizo gala el maestro chino durante su larguísima existencia. Siendo joven, cuando caía la helada lluvia traída por el viento de Mongolia, Mao se desnudaba para recibirla con objeto de, según sus propias palabras, “domar el esqueleto”. Con el mismo rigor espartano y abnegado mantuvo un pulso con la Historia.

A la muerte de Mao y tras la detención de la llamada “banda de los cuatro” –liderada por la esposa del líder, Jiang Qing– el pequeño Deng Xiao Ping “liquidó” la revolución proletaria: a partir de 1978 inició lo que sería la “revolución dentro de la revolución”.

CRONOGRAMA
1893 MAO TSE TUNG nace en Shaoshan, una aldea de la provincia de Hunan (China).
1918 Se gradúa en la escuela provincial de Changsha.
1921 Participa como delegado en el primer congreso nacional del Partido Comunista, celebrado en Shanghai a partir del 1 de julio.
1930 Pierde a su primera esposa, Yang Kai-hui, con la que tuvo dos hijos, al ser ejecutada por el Kuomintang. Contrae matrimonio con Ho Tzu-chen, que le dio cinco hijos.
1934 16 de octubre: se inicia la Larga Marcha.
1935 Mao es elegido máximo dirigente del comité central del Partido Comunista, tras la liberación en enero de la ciudad de Tsun-yi.
1937 Escribe Acerca de la práctica y Acerca de la contradicción.
1939 Tras su divorcio, se casa con la popular actriz Chiang Ching.
1949 1 de octubre: se instaura el nuevo régimen socialista.
1958 Abandona la presidencia de la República, pero no la del partido.
1963 Mao promueve la Revolución Cultural China.
1966 Se publica el Libro Rojo.
1976 Muere Mao Tse-tung


Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo (27 de febrero de 1957)

El tema general que abordaré es el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo. Para facilitar su exposición, lo voy a presentar dividido en doce partes. En esta ocasión, me referiré también al problema de las contradicciones entre nosotros y el enemigo, pero centraré la atención en el examen de las contradicciones en el seno del pueblo.

I. DOS TIPOS DE CONTRADICCIONES DE DIFERENTE CARACTER

Hoy nuestro país está más unido que nunca. El triunfo de la revolución democrático-burguesa y las victorias de la revolución socialista, así como los éxitos alcanzados en la construcción socialista, han cambiado rápidamente la fisonomía de la vieja China. Ante nuestra patria se abre un futuro aún más radiante. Pertenecen para siempre al pasado los días de división y caos en el país, tan odiados por el pueblo. Bajo la dirección de la clase obrera y del Partido Comunista, los seiscientos millones de seres de nuestro pueblo, unidos en apretado haz, están realizando la gran obra de la construcción socialista. La unificación de nuestro país, la unidad de nuestro pueblo y la de todas nuestras nacionalidades constituyen la garantía fundamental para la ineluctable victoria de nuestra causa. Pero esto no significa que en nuestra sociedad ya no exista ninguna contradicción. La idea de que no hay contradicciones es una ingenuidad, que no corresponde a la realidad objetiva. Existen ante nosotros dos tipos de contradicciones sociales: contradicciones entre nosotros y el enemigo y contradicciones en el seno del pueblo. Estos dos tipos de contradicciones son de naturaleza completamente distinta.
Para comprender correctamente estos dos tipos diferentes de contradicciones, se hace necesario, ante todo, precisar qué se entiende por "pueblo" y que por "enemigo". El concepto de "pueblo" tiene diferente contenido en diversos países y en distintos períodos de la historia de cada país. Tomemos, por ejemplo, el caso de China. Durante la Guerra de Resistencia contra el Japón, el pueblo lo integraban todas las clases, capas y grupos sociales que se oponían a la agresión japonesa, mientras que los imperialistas japoneses, los colaboracionistas chinos y los elementos projaponeses eran todos enemigos del pueblo. En el período de la Guerra de Liberación, los enemigos del pueblo eran los imperialistas norteamericanos y sus lacayos -- la burguesía burocrática y la clase terrateniente, así como los reaccionarios del Kuomintang que representaban a estas clases --; el pueblo lo constituían todas las clases, capas y grupos sociales que luchaban contra estos enemigos. En la etapa actual, período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella, mientras que son enemigos del pueblo todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista y se muestran hostiles a la construcción socialista o la sabotean.
Las contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En cuanto a las contradicciones en el seno del pueblo, las que existen dentro de las masas trabajadoras no son antagónicas, mientras que las existentes entre la clase explotada y la explotadora tienen, además del aspecto antagónico, otro no antagónico. Las contradicciones en el seno del pueblo no datan de hoy, pero tienen distinto contenido en los diferentes períodos de la revolución y el período de la construcción socialista. En las condiciones actuales de nuestro país, esas contradicciones comprenden: las contradicciones dentro de la clase obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado; las contradicciones entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por la otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás trabajadores, de un lado, y la burguesía nacional, del otro; las contradicciones dentro de la burguesía nacional, etc. Nuestro gobierno popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo y que está al servicio de éste. Sin embargo, entre el gobierno y las masas populares también existen ciertas contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses del sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y dirigidos y entre las masas y ciertos trabajadores gubernamentales con estilo burocrático. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo. Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste.
En nuestro país, la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional hace parte de las contradicciones en el seno del pueblo. La lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía nacional es, en general, una lucha de clases en las filas del pueblo, porque la burguesía nacional de China tiene doble carácter. En el período de la revolución democrático-burguesa, ella tenía en su carácter tanto un lado revolucionario como otro conciliador. En el período de la revolución socialista, al tiempo que explota a la clase obrera obteniendo ganancias, apoya la Constitución y se muestra dispuesta a aceptar la transformación socialista. La burguesía nacional difiere del imperialismo, la clase terrateniente y la burguesía burocrática. La contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional, que es una contradicción entre explotados y explotadores, es de suyo antagónica. Sin embargo, en las condiciones concretas de China, esta contradicción antagónica entre las dos clases, si la tratamos apropiadamente, puede transformarse en no antagónica y ser resuelta por medios pacíficos. Pero la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional se convertirá en una contradicción entre nosotros y el enemigo si no la tratamos como es debido, es decir, si no aplicamos la política de unidad, crítica y educación respecto a la burguesía nacional, o si ella no acepta esta política nuestra.
Las contradicciones entre nosotros y el enemigo y las contradicciones en el seno del pueblo, por ser de distinta naturaleza, deben resolverse con diferentes métodos. En pocas palabras, en el primer caso, se trata de establecer una clara distinción entre nosotros y el enemigo y, en el segundo, entre lo correcto y lo erróneo. Por supuesto, distinguir entre nosotros y el enemigo también implica distinguir entre lo correcto y lo erróneo. Por ejemplo, la cuestión de si la razón nos asiste a nosotros o a los reaccionarios internos y externos -- el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático --, supone asimismo distinguir entre lo correcto y lo erróneo, pero se diferencia, por su naturaleza, de las cuestiones relativas a lo correcto y lo erróneo en el seno del pueblo.
El nuestro es un Estado de dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina. ¿Cuáles son las funciones de esta dictadura? Su primera función es reprimir, dentro del país, a las clases y elementos reaccionarios, a los explotadores que oponen resistencia a la revolución socialista y a los que sabotean nuestra construcción socialista, es decir, resolver las contradicciones entre nosotros y el enemigo interno. Por ejemplo, está dentro del marco de nuestra dictadura arrestar, juzgar y condenar a ciertos contrarrevolucionarios, lo mismo que privar por determinado tiempo de derechos electorales y libertad de expresión a los terratenientes y burgueses burocráticos. Para mantener el orden público y defender los intereses de las masas populares, también es necesario ejercer la dictadura sobre los ladrones, estafadores, incendiarios, asesinos, bandas de malhechores y otros elementos nocivos que alteran seriamente el orden público. La segunda función de esta dictadura es defender a nuestro país de la subversión y eventual agresión de los enemigos externos. En este caso, la dictadura asume la tarea de resolver la contradicción entre nosotros y el enemigo externo. El objetivo de la dictadura es proteger a todo el pueblo para que pueda dedicarse al trabajo pacífico y así transformar a China en un país socialista con una industria, una agricultura, una ciencia y una cultura modernas. ¿Quiénes ejercen la dictadura? Naturalmente, la clase obrera y el pueblo dirigido por ella. La dictadura no se aplica dentro del pueblo. Es imposible que el pueblo ejerza la dictadura sobre sí mismo, e inadmisible que una parte del pueblo oprima a otra. Los elementos pertenecientes al pueblo que infrinjan las leyes también deben ser castigados con arreglo a la ley, pero entre esto y la dictadura que reprime a los enemigos del pueblo media una diferencia de principio. Dentro del pueblo se practica el centralismo democrático. Nuestra Constitución estipula que los ciudadanos de la República Popular China gozan de libertad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación, de desfile, de manifestación, de culto, etc. Establece, además, que los organismos del Estado practiquen el centralismo democrático y se fundamenten en las masas populares y que su personal sirva al pueblo. Nuestra democracia socialista es la democracia más amplia, una democracia que no puede existir en ningún Estado burgués. Nuestra dictadura es una dictadura democrática popular, dirigida por la clase obrera y basada en la alianza obrero-campesina. Esto significa que dentro del pueblo se practica la democracia, mientras que la clase obrera, en unión con todos los que gozan de derechos ciudadanos, los campesinos en primer lugar, ejerce la dictadura sobre las clases y elementos reaccionarios y sobre aquellos que se oponen a las transformaciones socialistas y la construcción socialista. En sentido político, por derechos ciudadanos se entienden los derechos a la libertad y a la democracia.
Sin embargo, esta libertad es una libertad bajo dirección, y esta democracia es una democracia guiada por el centralismo; no son la anarquía. La anarquía no responde a los intereses y deseos del pueblo.
Los acontecimientos de Hungría causaron alegría a algunos individuos de nuestro país. Estos abrigaban la esperanza de que en China también se producirían sucesos semejantes, de que miles y miles de personas se echarían a las calles para pronunciarse contra el gobierno popular. Tal esperanza está en pugna con los intereses de las masas populares y no puede contar con su apoyo. En Hungría, una parte de las masas, engañada por las fuerzas contrarrevolucionarias internas y externas, cometió el error de recurrir a la violencia contra el gobierno popular, a consecuencia de lo cual tanto el Estado como el pueblo sufrieron pérdidas. Será necesario un largo tiempo para reparar los daños ocasionados a la economía en unas pocas semanas de motín. Hay otras gentes en China que se han mostrado vacilantes ante el problema de Hungría, porque no comprenden los fenómenos concretos del mundo. Creen que bajo nuestro sistema democrático popular hay muy poca libertad frente a la mucha que, según ellas, hay bajo el sistema democrático parlamentario de Occidente. Reclaman que se implante, a la manera occidental, el sistema bipartidista, conforme al cual un partido está en el Poder y el otro fuera de él. Pero el así llamado sistema bipartidista no es más que un medio de mantener la dictadura burguesa, y no puede en absoluto asegurar ninguna libertad al pueblo trabajador. Realmente, en el mundo sólo hay libertad y democracia en concreto, nunca en abstracto. En una sociedad en que existe lucha de clases, si hay libertad para que las clases explotadoras exploten al pueblo trabajador, no la hay para que éste no sufra explotación; si hay democracia para la burguesía, no la hay para el proletariado y el resto del pueblo trabajador. En algunos países capitalistas se permite, es cierto, la existencia legal del Partido Comunista, pero sólo hasta el punto en que éste no ponga en peligro los intereses fundamentales de la burguesía; no se le permite ir más allá de ese límite. Los que piden libertad y democracia abstractas consideran a la democracia como un fin y no como un medio. A veces la democracia parece un fin, pero en realidad es sólo un medio. El marxismo nos enseña que la democracia forma parte de la superestructura y pertenece a la categoría de la política. Esto significa que, en fin de cuentas, la democracia sirve a la base económica. Lo mismo ocurre con la libertad. Tanto la democracia como la libertad son relativas, de ningún modo absolutas; ambas han surgido y se desarrollan en el curso de la historia. En el seno del pueblo, la democracia es correlativa al centralismo, y la libertad, a la disciplina. En ambos casos se trata de dos términos opuestos de un todo único, contradictorios y a la vez unidos; no debemos destacar unilateralmente uno de ellos y negar el otro. En el seno del pueblo, no se puede prescindir de la libertad, y tampoco de la disciplina; no se puede prescindir de la democracia, y tampoco del centralismo. Esta unidad de democracia y centralismo, de libertad y disciplina, constituye nuestro centralismo democrático. Bajo este sistema, el pueblo disfruta de amplia democracia y libertad, pero, al mismo tiempo, debe mantenerse dentro de los límites de la disciplina socialista. Todo esto lo comprenden las grandes masas populares.
Abogamos por una libertad bajo dirección y una democracia guiada por el centralismo, pero con esto no queremos decir en ningún sentido que, en el seno del pueblo, deban emplearse métodos coercitivos para resolver los problemas ideológicos y los problemas relativos a la distinción entre lo correcto y lo erróneo. Pretender solucionar estos problemas utilizando órdenes administrativas y métodos coercitivos no sólo sería inútil, sino perjudicial. No podemos abolir la religión por medio de órdenes administrativas, ni obligar a la gente a no creer en ella. No se puede forzar a la gente a que abandone el idealismo, del mismo modo que no se la puede compeler a aceptar el marxismo. Los problemas de carácter ideológico y las controversias en el seno del pueblo únicamente pueden resolverse empleando métodos democráticos -- discusión, crítica, persuasión y educación --, y en ningún caso recurriendo a métodos coercitivos o represivos. A fin de poder dedicarse Fructíferamente a la producción y al estudio y vivir en un ambiente de orden, el pueblo requiere que su gobierno y los dirigentes de la producción y de las instituciones culturales y educacionales dicten apropiadas disposiciones administrativas con carácter obligatorio. Es de sentido común que sin ellas sería imposible mantener el orden público. Las órdenes administrativas y el método de persuasión y educación se complementan mutuamente en la solución de las contradicciones en el seno del pueblo. Incluso las disposiciones administrativas dictadas con el fin de mantener el orden público deben ir acompañadas de la persuasión y la educación, ya que, en muchos casos, no dan resultado por sí solas.
En 1942 sintetizamos este método democrático de resolver las contradicciones en el seno del pueblo en la fórmula "unidad -- crítica -- unidad", que, expresada en forma detallada, significa partir del deseo de unidad, resolver las contradicciones a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. Según nuestra experiencia, éste es el método correcto para resolver las contradicciones en el seno del pueblo. En 1942 lo empleamos para resolver las contradicciones dentro del Partido Comunista, o sea, las contradicciones entre los dogmáticos y la gran masa de militantes del Partido, entre las ideas dogmáticas y las marxistas. Con anterioridad a esto, los dogmáticos "izquierdistas" habían empleado en la lucha interna del Partido el método de "lucha despiadada y golpes implacables". Este método era erróneo. Cuando criticamos el dogmatismo de "izquierda", no aplicarnos este viejo método, sino uno nuevo, que consiste en partir del deseo de unidad, distinguir entre lo correcto y lo erróneo a través de la crítica o la lucha y alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. Este método se empleó en la campaña de rectificación de 1942. Unos años después, en 1945, cuando el Partido Comunista de China celebró su VII Congreso Nacional, se logró, en efecto, la unidad de todo el Partido y, como resultado de ello, se obtuvo la gran victoria de la revolución popular. La aplicación de este método requiere ante todo partir del deseo de unidad. Pues, si subjetivamente no existe tal deseo, apenas se inicie la lucha se armará un embrollo difícil de desenredar. ¿Acaso no equivaldría esto a aquello de "lucha despiadada y golpes implacables"? Y entonces, ¿de que unidad del Partido podría hablarse? De esta experiencia dedujimos la fórmula: "unidad -- crítica -- unidad"; en otras palabras, "sacar lecciones de los errores pasados para evitarlos en el futuro, y tratar la enfermedad para salvar al paciente". Extendimos este método fuera del Partido. Lo aplicamos con gran éxito en todas las bases de apoyo antijaponesas al tratar las relaciones entre la dirección y las masas, entre el ejército y el pueblo, entre oficiales y soldados, entre las diversas unidades del ejército y entre los distintos grupos de cuadros. El uso de este método puede remontarse a tiempos aún más lejanos en la historia de nuestro Partido. Desde que creamos, en 1927, nuestras fuerzas armadas y bases de apoyo revolucionarias en el Sur, lo hemos venido aplicando en las relaciones entre el Partido y las masas entre el ejército y el pueblo, entre oficiales y soldados, así como en otras relaciones dentro del pueblo. La única diferencia reside en que, durante la guerra antijaponesa, lo aplicamos sobre una base más consciente. Después de la liberación de todo el país, hemos empleado el mismo método de "unidad -- crítica -- unidad" en nuestras relaciones con los partidos democráticos y con los círculos industriales y comerciales. Nuestra tarea actual consiste en seguir generalizándolo entre todo el pueblo y aplicarlo cada vez mejor; planteamos que todas las fábricas, cooperativas, establecimientos comerciales, centros docentes, entidades oficiales y organizaciones populares, en una palabra, los seiscientos millones de integrantes de nuestro pueblo, lo usen para resolver sus contradicciones internas.
En circunstancias normales, las contradicciones en el seno del pueblo no son antagónicas. Sin embargo, pueden llegar a serlo si no las tratamos como es debido o si aflojamos nuestra vigilancia y nos adormecemos políticamente. En un país socialista, semejante situación no pasa de ser, por lo común, un fenómeno parcial y transitorio. Esto se explica porque allí ya se ha abolido el sistema de explotación del hombre por el hombre y existe una identidad fundamental de intereses en las filas del pueblo. Las acciones antagónicas que se dieron en proporciones tan grandes durante los acontecimientos de Hungría se debieron a la intervención de Factores contrarrevolucionarios internos y externos. Fue un fenómeno particular y temporal. Es así como los reaccionarios dentro de un país socialista, en confabulación con los imperialistas y explotando las contradicciones en el seno del pueblo, fomentan disensiones y provocan desórdenes, en un intento de materializar sus designios conspirativos. Esta lección de los acontecimientos de Hungría merece la atención de todos.
A muchos les parece que plantear el empleo de métodos democráticos para resolver las contradicciones en el seno del pueblo es una cuestión nueva. Pero en realidad no es así. Los marxistas siempre han considerado que la causa del proletariado no se puede realizar sino fundamentándose en las masas populares y que, al actuar entre los trabajadores, los comunistas deben emplear el método democrático de persuasión y educación y en ningún caso proceder con actitud autoritaria o recurrir a la coerción. El Partido Comunista de China se atiene fielmente a este principio marxista-leninista. Siempre hemos sostenido que, bajo la dictadura democrática popular, deben usarse dos métodos diferentes -- la dictadura y la democracia -- para resolver dos tipos de contradicciones de distinto carácter: las contradicciones entre nosotros y el enemigo, y las existentes en el seno del pueblo. De ello se ha hablado bastante en numerosos documentos de nuestro Partido y discursos de muchos de sus dirigentes. En "Sobre la dictadura democrática popular", que escribí en 1949, decía que "la combinación de estos dos aspectos, democracia para el pueblo y dictadura para los reaccionarios, constituye la dictadura democrática popular", y que para resolver los problemas en el seno del pueblo, "el método que empleamos es democrático, o sea, un método de persuasión, y no de coacción". En mi intervención ante la II Sesión del I Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, celebrada en junio de 1950, dije también:
"La dictadura democrática popular presupone dos métodos. Con los enemigos, se emplea la dictadura, es decir, durante el tiempo que sea necesario, no se les permite tomar parte en las actividades políticas, y se los obliga a acatar las leyes del gobierno popular y a dedicare al trabajo físico para que, por este medio, se transformen en gente nueva. Con el pueblo, por el contrario, se emplean métodos democráticos y no coercitivos, es decir, se le garantiza su participación en las actividades políticas y, en vez de obligarlo a hacer esto o aquello, se realiza un trabajo de educación y persuasión con métodos democráticos. Este trabajo de educación es el trabajo de autoeducación en el seno del pueblo, y su método fundamental lo constituyen la crítica y la autocrítica."
Hemos hablado muchas veces sobre el problema del empleo de métodos democráticos para resolver las contradicciones en el seno del pueblo; además, los hemos aplicado en lo fundamental en nuestro trabajo, y muchos cuadros y gran parte del pueblo han comprendido ese problema en la práctica. ¿Por qué todavía hay quienes piensan que se trata de algo nuevo? Porque la lucha entre nosotros y el enemigo, tanto interno como externo, era muy aguda en el pasado, y la gente no fijaba tanto como ahora su atención en las contradicciones en el seno del pueblo.
Mucha gente no sabe distinguir con claridad estos dos tipos de contradicciones diferentes por su carácter -- las existentes entre nosotros y el enemigo, y las que hay en el seno del pueblo -- y los confunden fácilmente. Debemos reconocer que a veces es fácil confundirlos; en ciertos casos, esta confusión se ha producido en nuestra labor del pasado. Durante la eliminación de los contrarrevolucionarios, en algunas ocasiones se tomó equivocadamente por malas a personas buenas, y esto ocurre también ahora. Si nuestras equivocaciones no se extendieron, fue porque nuestra política al respecto estipula la necesidad de trazar una clara línea divisoria entre nosotros y el enemigo y de corregir todo error que se descubra.
La filosofía marxista sostiene que la ley de la unidad de los contrarios es la ley fundamental del universo. Esta ley tiene validez universal, tanto para la naturaleza y la sociedad humana como para el pensamiento del hombre. Los lados opuestos de una contradicción forman una unidad y a la vez luchan entre sí, lo cual produce el movimiento y el cambio de las cosas. En todas partes existen contradicciones pero estas tienen diverso carácter según sea la naturaleza de las cosas. En cualquier cosa concreta, la unidad de los contrarios es condicional, temporal, transitoria y, por eso, relativa, mientras que la lucha entre los contrarios es absoluta. Esta ley la expuso Lenin con gran claridad. En nuestro país es cada vez mayor el número de personas que la comprenden. Sin embargo, en el caso de mucha gente, una cosa es que reconozcan esta ley, y otra que la apliquen al examinar y tratar los problemas. Son muchos los que no se atreven a reconocer abiertamente que en el seno de nuestro pueblo existen todavía contradicciones cuando precisamente son ellas las que hacen avanzar nuestra sociedad. Muchos no reconocen que en la sociedad socialista existen aún contradicciones y, por ello, obran con timidez y pierden la iniciativa frente a las contradicciones sociales; no comprenden que en el incesante proceso de tratar y resolver correctamente las contradicciones se afianzarán cada vez más la cohesión y la unidad internas de la sociedad socialista. De ahí la necesidad de llevar a cabo una labor explicativa entre nuestro pueblo, ante todo entre los cuadros, a fin de conducirlos a que comprendan las contradicciones en la sociedad socialista y aprendan a tratarlas con métodos correctos.
Las contradicciones en la sociedad socialista son radicalmente distintas de las existentes en las viejas sociedades, como por ejemplo las contradicciones en la sociedad capitalista. Estas últimas se manifiestan en violentos antagonismos y conflictos, en una enconada lucha de clases; no pueden ser resueltas por el sistema capitalista mismo, sino únicamente por la revolución socialista. Por el contrario, las contradicciones en la sociedad socialista son otra cosa, pues no tienen carácter antagónico y el mismo sistema socialista puede resolverlas incesantemente.
En la sociedad socialista, las contradicciones fundamentales siguen siendo las existentes entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, y entre la superestructura y la base económica. Sin embargo, por su carácter y sus manifestaciones, estas contradicciones son radicalmente distintas de las que se daban en las viejas sociedades entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, y entre la superestructura y la base económica. El actual sistema social de nuestro país es muy superior al dé antaño. De no ser así, el viejo sistema no habría sido derrocado y el nuevo no habría podido implantarse. Al afirmar que las relaciones de producción socialistas son por su naturaleza más apropiadas que las de la vieja época para el desarrollo de las fuerzas productivas, se quiere decir que aquéllas permiten a las fuerzas productivas desarrollarse a un ritmo desconocido en la vieja sociedad, gracias a lo cual la producción puede ampliarse de continuo y las siempre crecientes necesidades del pueblo pueden satisfacerse de manera gradual. En la vieja China, sometida a la dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, las fuerzas productivas se desarrollaban con extrema lentitud. Durante más de medio siglo antes de la Liberación, la producción anual de acero en todo el país, sin contar la del Nordeste, no pasaba de unas decenas de miles de toneladas, mientras que, incluyendo ésta, la producción máxima anual alcanzó sólo a algo más de novecientas mil toneladas. En 1949, la producción de acero en todo el país fue sólo de poco más de cien mil toneladas. Pero ahora, apenas siete años después de la liberación del país, ya asciende a cuatro millones y varios cientos de miles de toneladas. En la vieja China casi no existía industria de construcción de maquinaria, y mucho menos las industrias automotriz y aeronáutica. Hoy, sin embargo, se ha creado todo esto. ¿Hacia dónde debía marchar China una vez que el pueblo derrocó la dominación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático? ¿Hacia el capitalismo o hacia el socialismo? Mucha gente no tenía una idea clara al respecto. Los hechos han dado la respuesta: Sólo el socialismo puede salvar a China. El sistema socialista ha promovido un impetuoso desarrollo de nuestras fuerzas productivas, hecho que hasta nuestros enemigos externos han tenido que reconocer.
Pero nuestro sistema socialista acaba de instaurarse, y aún no está totalmente establecido ni consolidado por completo. En las empresas mixtas estatal-privadas de la industria y el comercio, los capitalistas reciben todavía un dividendo fijo, valga decir, aún existe explotación. En cuanto a la propiedad se refiere, este tipo de empresas no tiene todavía un carácter completamente socialista. Una parte de las cooperativas de producción agrícola y de las cooperativas de producción artesanal aún es de carácter semisocialista. En las cooperativas enteramente socialistas, quedan por resolver ciertos problemas acerca de la propiedad. Las relaciones entre las distintas ramas de la economía en cuanto a producción e intercambio, están aún estableciéndose de modo gradual y en consonancia con los principios socialistas y van buscando poco a poco formas relativamente adecuadas. Dentro de cada uno de los dos sectores de la economía socialista -- el uno de propiedad de todo el pueblo y el otro de propiedad colectiva --, así como en sus relaciones mutuas, fijar la proporción entre la acumulación y el consumo es un problema complicado, al que no es fácil encontrar de golpe una solución completamente racional. En resumidas cuentas, ya se han creado las relaciones de producción socialistas y ellas están en consonancia con el desarrollo de las fuerzas productivas; pero, al mismo tiempo, están lejos de ser perfectas, y esta imperfección se halla en contradicción con el desarrollo de las fuerzas productivas. Este fenómeno de consonancia y contradicción simultáneas, además de darse entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas, se presenta también entre la superestructura y la base económica. La superestructura -- el sistema estatal y las leyes de la dictadura democrática popular, así como la ideología socialista guiada por el marxismo-leninismo -- desempeña un positivo papel impulsor para la victoria de las transformaciones socialistas y el establecimiento de la organización socialista del trabajo en nuestro país; ella está en consonancia con la base económica socialista, es decir, con las relaciones de producción socialistas. Pero, a su vez, la existencia de la ideología burguesa, cierto estilo burocrático en nuestros organismos estatales y las deficiencias en algunos eslabones del sistema estatal, están en contradicción con la base económica socialista. En adelante, debemos seguir solucionando estas contradicciones según lo aconsejen las circunstancias concretas. Naturalmente, una vez resueltas estas contradicciones, surgirán nuevos problemas. Y las nuevas contradicciones también exigirán solución. Por ejemplo, se necesita hacer constantes reajustes mediante los planes del Estado para tratar la contradicción entre la producción social y las necesidades sociales, contradicción que continuará existiendo objetivamente durante largo tiempo. Nuestro Estado elabora cada año un plan económico y establece una proporción adecuada entre la acumulación y el consumo, a fin de lograr el equilibrio entre la producción y las necesidades. Lo que llamamos equilibrio es la temporal y relativa unidad de los contrarios. Al cabo de un año, este equilibrio, tomado en su conjunto, queda roto por la lucha de los contrarios, esta unidad se ve alterada, el equilibrio se convierte en desequilibrio, la unidad en desunidad y, entonces, una vez más se hace necesario conseguir el equilibrio y ja unidad para el año siguiente. En esto reside la superioridad de nuestra economía planificada. En realidad, este equilibrio y esta unidad se rompen parcialmente cada mes y cada trimestre, y se requieren reajustes parciales. A veces, se presentan contradicciones y se rompe el equilibrio debido a que las medidas subjetivas no corresponden a la realidad objetiva. Esto es lo que llamamos cometer un error. Las contradicciones surgen de continuo y se resuelven también continuamente: He aquí la ley dialéctica del desarrollo de las cosas.
La situación actual es la siguiente: Las vastas y tempestuosas luchas clasistas de las masas, características de los períodos de revolución, han terminado en lo fundamental, pero la lucha de clases no ha cesado por completo. Las grandes masas populares acogen el nuevo sistema, pero todavía no se sienten muy acostumbradas a él. Los trabajadores gubernamentales aún no tienen suficiente experiencia y necesitan seguir examinando y explorando algunos problemas relativos a las políticas concretas. En otras palabras, se necesita un proceso para que nuestro sistema socialista continúe estableciéndose y consolidándose, para que las masas se acostumbren al nuevo sistema y para que los trabajadores gubernamentales aprendan y adquieran experiencias. En este momento es, pues, imperativo que planteemos la cuestión de diferenciar las contradicciones en el seno del pueblo de las existentes entre nosotros y el enemigo y la de tratar correctamente las contradicciones en el seno del pueblo, con el propósito de cohesionar al pueblo de todas las nacionalidades de nuestro país para una nueva batalla -- la batalla contra la naturaleza --, desarrollar nuestra economía y nuestra cultura, hacer que todo el pueblo atraviese de manera relativamente feliz el actual período de transición, consolidar nuestro nuevo sistema y construir nuestro nuevo Estado.

II. EL PROBLEMA DE LA ELIMINACION DE LOS CONTRARREVOLUCIONARIOS

La eliminación de los contrarrevolucionarios es una lucha que pertenece al dominio de las contradicciones entre nosotros y el enemigo. Dentro del pueblo hay quienes, frente a esta cuestión, sostienen puntos de vista algo distintos. Existen dos tipos de personas cuya opinión difiere de la nuestra. Las que, con ideas derechistas, en vez de distinguir entre nosotros y el enemigo, toman al enemigo por gente nuestra y consideran amigos a quienes a los ojos de las grandes masas son enemigos. Y las personas que, con ideas "izquierdistas", amplían el marco de las contradicciones entre nosotros y el enemigo hasta el punto de tomar como tales ciertas contradicciones en el seno del pueblo y de considerar contrarrevolucionarias a personas que en realidad no lo son. Ambos puntos de vista son erróneos; ninguno de los dos permite resolver correctamente el problema de la eliminación de los contrarrevolucionarios, ni hacer una justa apreciación acerca de nuestra labor a este respecto.
Para evaluar con acierto nuestro trabajo de eliminación de los contrarrevolucionarios, veamos la repercusión que en nuestro país tuvieron los acontecimientos de Hungría. Aunque dichos acontecimientos suscitaron ciertas vacilaciones entre una parte de nuestros intelectuales, no llegaron a provocar desórdenes. ¿Cómo se explica esto? Una de las razones, debemos decirlo, es que habíamos eliminado de manera bastante radical a los contrarrevolucionarios.
Claro que la solidez de nuestro Estado no se debe principalmente a la eliminación de los contrarrevolucionarios. Se debe, ante todo, a que contamos con un Partido Comunista, un Ejército de Liberación y un pueblo trabajador templados en decenios de lucha revolucionaria. Nuestro Partido y nuestras fuerzas armadas han arraigado en las masas, se han templado en el fuego de una revolución prolongada y tienen capacidad combativa. Nuestra República Popular no se formó de la noche a la mañana, sino que se desarrolló poco a poco partiendo de las bases de apoyo revolucionarias. Algunas personalidades democráticas también se templaron en mayor o menor grado y compartieron penalidades con nosotros. Algunos intelectuales se templaron en la lucha contra el imperialismo y las fuerzas reaccionarias, y muchos otros pasaron, después de la Liberación, por un proceso de transformación ideológica encauzada a trazar una clara distinción entre nosotros y el enemigo. La solidez de nuestro Estado se debe, además, a que las medidas económicas que adoptamos son básicamente acertadas, la vida del pueblo es estable y mejora gradualmente, nuestras políticas respecto a la burguesía nacional y otras clases son igualmente correctas, etc. No obstante, nuestros éxitos en la eliminación de los contrarrevolucionarios constituyen, sin duda alguna, una de las razones importantes de la solidez de nuestro Estado. Gracias a todo ello, nuestros estudiantes universitarios no promovieron desórdenes durante los acontecimientos de Hungría, pues ellos -- salvo unos pocos -- son patriotas y apoyan el socialismo, a pesar de que muchos proceden de familias no trabajadoras. Lo mismo ocurrió con la burguesía nacional, para no hablar de las masas básicas: los obreros y campesinos.
Después de la Liberación eliminamos cierto número de elementos contrarrevolucionarios. Algunos de ellos fueron sentenciados a muerte por sus graves crímenes. Esto fue absolutamente necesario, pues así lo exigieron las masas populares, y se hizo con el fin de liberar a las amplias masas, oprimidas durante largos años por los contrarrevolucionarios y toda suerte de tiranos locales, o sea, con el fin de liberar las fuerzas productivas. Si no hubiésemos obrado así, las masas populares no habrían podido levantar la cabeza. La situación ha cambiado radicalmente desde 1956. Tomando el país en su conjunto, las fuerzas principales de la contrarrevolución ya han sido liquidadas. Nuestra tarea Fundamental ya no es liberar las fuerzas productivas, sino protegerlas y desarrollarlas en el contexto de las nuevas relaciones de producción. Algunos no comprenden que nuestra política actual corresponde a la situación de hoy y nuestra política anterior, a la situación pasada, y pretenden utilizar nuestra política actual para impugnar lo que se resolvió en el pasado e intentan negar los enormes éxitos que conseguimos en la eliminación de los contrarrevolucionarios. Esto es completamente erróneo, y no lo permitirán las masas populares.
En nuestro trabajo de eliminación de los contrarrevolucionarios, los éxitos fueron lo principal, pero también hubo errores. En ciertos casos se cometieron excesos, mientras que en otros se dejó escapar de nuestra red a algunos contrarrevolucionarios. Nuestra orientación es la siguiente: "Todos los contrarrevolucionarios comprobados deben ser eliminados, y todos los errores descubiertos deben ser corregidos." La línea que seguimos en dicho trabajo es eliminar a los contrarrevolucionarios apoyándonos en las masas. Claro que aun ateniéndonos a la línea de masas es posible que cometamos errores en nuestra labor, pero su número será menor, y más fácil su corrección. Las masas ganan experiencia a través de la lucha. Cuando actúan con acierto adquieren experiencias positivas, y cuando yerran sacan lecciones de los errores.
Se han tomado o se están tomando medidas para corregir todos los errores descubiertos en la labor de eliminación de los contrarrevolucionarios. Los errores aún no descubiertos serán enmendados en cuanto se pongan de manifiesto. Las decisiones de rehabilitación de una persona deben darse a conocer con la misma amplitud con que se anunciaron en su tiempo las decisiones equivocadas. Propongo que este año, o el próximo, se realice una verificación general de esta labor, a fin de sintetizar experiencias, estimular el espíritu de justicia y combatir las tendencias nocivas. Este trabajo de verificación debe ser presidido, en lo relativo a las instituciones a nivel nacional, por el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional y el Comité Permanente del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política y, a nivel local, por los comités populares provinciales y municipales y los comités locales de la Conferencia Consultiva Política. Durante la verificación, debemos ayudar a los numerosos cuadros y activistas que participaron en el trabajo de eliminación de los contrarrevolucionarios, en vez de echarles un balde de agua fría, ya que esto sería incorrecto. No obstante, los errores deben ser rectificados cuando se descubran. Tal debe ser la actitud de todos los departamentos de seguridad pública, fiscalización y justicia, de las prisiones y de los establecimientos encargados de la corrección por medio del trabajo físico. Esperamos que los miembros del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, los miembros del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política y los diputados populares participen todos en esta verificación siempre que tengan la posibilidad de hacerlo. Esto contribuirá a perfeccionar nuestro sistema jurídico y a tratar correctamente a los contrarrevolucionarios y otros criminales.
La situación presente, en lo que concierne a los contrarrevolucionarios, puede caracterizarse como sigue: Todavía hay contrarrevolucionarios, pero no muchos. Ante todo se debe reconocer que aún existen. Algunos dicen que ya no los hay, que por doquier reina una paz completa, que se puede mullir bien las almohadas y dormir a pierna suelta. Esto no corresponde a la realidad. De hecho, los contrarrevolucionarios existen todavía (no en cada localidad ni en cada entidad, por supuesto), y es preciso proseguir la lucha contra ellos. Debemos comprender que los que están ocultos, no eliminados hasta la fecha, no se darán por vencidos y tratarán de aprovechar cualquier oportunidad para provocar disturbios. Los imperialistas norteamericanos y la camarilla de Chiang Kai-shek envían aquí con frecuencia agentes secretos con el fin de efectuar sabotajes. Incluso cuando se haya eliminado a todos los contrarrevolucionarios existentes, podrán surgir otros nuevos. Si relajamos nuestra vigilancia, caeremos víctimas del engaño y lo pagaremos caro. Dondequiera que aparezcan contrarrevolucionarios creando disturbios, hay que eliminarlos con mano firme. No obstante, considerando el país en su conjunto, efectivamente ya no quedan muchos. Sería asimismo erróneo afirmar que en China hay todavía numerosos elementos contrarrevolucionarios. Aceptar semejante apreciación daría también lugar a confusiones.

III. EL PROBLEMA DE LA COOPERATIVIZACION AGRICOLA

Tenemos una población rural de más de quinientos millones de habitantes y, por eso, el desarrollo de nuestra economía y la consolidación de nuestro Poder estatal dependen en sumo grado de cuál sea la situación de nuestros campesinos. Estimo que la situación es básicamente buena. La cooperativización agrícola ha culminado, y esto ha resuelto en nuestro país la gran contradicción entre la industrialización socialista y la explotación agrícola individual. La rapidez con que se terminó la cooperativización agrícola inquieta a algunos, que se preguntan si no habrá dado lugar a deficiencias. Deficiencias hubo algunas, pero felizmente no fueron grandes, y el movimiento se desenvolvió en lo fundamental de manera sana. Los campesinos muestran gran entusiasmo en la producción. A pesar de que las inundaciones, la sequía y los tifones fueron el año pasado más graves que en cualquiera de los últimos años, tomando al país en su conjunto, se obtuvo un aumento en la producción de cereales. Con todo, algunos afirman que la cooperativización agrícola no sirve para nada, que no ofrece ventajas, desatando así un tifón en miniatura. En fin de cuentas, ¿tiene o no ventajas la cooperativización agrícola? Entre los documentos distribuidos hoy en la reunión se encuentra un material sobre una cooperativa del distrito de Tsunjua, provincia de Jopei, dirigida por Wang Kuo-fan. Les aconsejo leerlo. Esta cooperativa se halla en una zona montañosa, que siempre fue muy pobre y dependió de la ayuda en cereales que todos los años le daba el gobierno popular. Cuando en 1953 se fundó allí la cooperativa, la gente la llamaba "cooperativa de pobretones". Pero a través de cuatro años de lucha tenaz, su situación ha venido mejorando sin cesar y hoy la mayor parte de las familias integrantes tienen excedentes de cereales. En condiciones normales, lo que ha podido conseguir esta cooperativa, las demás deben ser capaces de lograrlo también en el mismo lapso o en uno ligeramente más largo. Se ve con claridad, entonces, que carece de fundamento el aserto de que la cooperativización fue mala.
De ahí se desprende también que la creación de cooperativas exige necesariamente una lucha tenaz. Todo lo que sea nuevo tiene que crecer en medio de dificultades y vicisitudes. No es más que una ilusión el creer que la causa del socialismo es como navegar siempre viento en popa, empresa de éxito fácil en la que no se tropieza con dificultades, ni se sufre vicisitudes ni se requiere inmensos esfuerzos.
¿Quiénes apoyan activamente las cooperativas? La inmensa mayoría de los campesinos pobres y campesinos medios inferiores, que constituyen más del 70 por ciento de la población rural. La mayoría de los campesinos restantes también cifran sus esperanzas en las cooperativas. Los que están realmente descontentos sólo representan una ínfima minoría. Mucha gente no ha analizado esta situación, no ha estudiado en todos sus aspectos los éxitos y las deficiencias de las cooperativas, ni tampoco las causas que motivaron tales deficiencias, sino que ha tomado lo parcial y fragmentario por el todo; de ahí el pequeño tifón desatado entre alguna gente que arguye que las cooperativas no ofrecen ventajas.
¿Cuánto tiempo hace falta para que se consoliden las cooperativas y se ponga punto Final a las habladurías de que éstas no ofrecen ventajas? A juzgar por la experiencia del desarrollo de muchas de ellas se necesitarán unos cinco años o algo más. Hoy, la mayor parte de las cooperativas del país sólo llevan un año largo de vida, y por eso no es razonable exigir que sean tan buenas como se desea. En mi opinión, sería muy bueno si consolidáramos las cooperativas durante el período del Segundo Plan Quinquenal después de establecerlas en el Primero.
Las cooperativas se hallan ahora en un proceso de consolidación paulatina. Aún quedan por resolver algunas contradicciones, como las existentes entre el Estado y las cooperativas, dentro de cada una de éstas y entre unas cooperativas y otras.
Para resolver estas contradicciones, debemos prestar constante atención a los problemas de la producción y la distribución. Veamos el problema de la producción. Por un lado, la economía de la cooperativa debe someterse a la dirección del plan económico único del Estado; al mismo tiempo, debe conservar cierta flexibilidad e independencia, siempre que con ello no vulnere el plan único, la política, las leyes y las disposiciones del Estado. Por otro lado, cada familia miembro de una cooperativa debe subordinarse al plan general de la cooperativa o del equipo de producción al que pertenece, si bien puede hacer planes adecuados para la parcela de usufructo personal y demás explotaciones individuales. En lo tocante a la distribución, debemos tener en cuenta los intereses del sector estatal, los intereses del sector colectivo y los intereses individuales. Es preciso tratar en forma apropiada la triple relación entre los impuestos estatales, los fondos de acumulación de las cooperativas y los ingresos personales de los campesinos, y prestar constante atención a hacer reajustes para resolver las contradicciones entre ellos. La acumulación es necesaria tanto para el Estado como para las cooperativas, pero en ninguno de los dos casos debe ser excesiva. Debemos hacer todo lo posible para que, en los años de cosecha normal, los campesinos vayan aumentando, año tras año, sus ingresos personales a medida que se incremente la producción.
Muchos dicen que los campesinos llevan una vida dura. ¿Es acertada esta opinión? Por un lado, sí. Es decir, como China estuvo sometida durante más de cien años a la opresión y explotación de los imperialistas y sus agentes, se convirtió en un país muy pobre, en el cual no sólo es bajo el nivel de vida de los campesinos, sino también el de los obreros e intelectuales. Necesitamos varias décadas de intensos esfuerzos para elevar paulatinamente el nivel de vida de todo el pueblo. En este sentido es correcto decir "dura". Mas, por otro lado, es incorrecto, pues con esto se da a entender que en los siete años transcurridos desde la Liberación, la vida de los campesinos no ha mejorado y sólo ha mejorado la de los obreros. En realidad, salvo ínfimas excepciones, tanto los obreros como los campesinos han elevado en cierto grado su nivel de vida. Después de la Liberación, los campesinos se han desembarazado de la explotación de los terratenientes, y su producción aumenta de año en año. Tomemos por ejemplo los cereales. En 1949, la producción de cereales en todo el país sólo llegó a algo más de 210.000 millones de jin. En 1956, sobrepasó los 360.000 millones de jin, con un incremento de casi 150.000 millones. El impuesto agrícola estatal no es gravoso, pues sólo alcanza un poco más de 30.000 millones de jin anuales. La cantidad de cereales que anualmente compra el Estado a los campesinos a precio normal no pasa de algo más de 50.000 millones de jin. Sumadas estas dos cifras, totalizan un poco más de 80.000 millones de jin. Más de la mitad de esta cantidad se vende en las aldeas y sus poblados vecinos. Se ve, pues, que no puede decirse que no haya mejorado la vida de los campesinos. La cantidad total de cereales que el Estado recibe de los campesinos por concepto de impuesto y mediante compra, nos proponemos estabilizarla por varios años en algo más de 80.000 millones de jin anuales, a fin de promover el desarrollo de la agricultura y consolidar las cooperativas. De este modo, el reducido número de familias campesinas que no tienen suficientes cereales los tendrán; todas las familias campesinas -- excepto algunas que se dedican a los cultivos industriales -- contarán con excedentes de cereales o con grano suficiente para su consumo, y los campesinos pobres, así como el resto del campesinado, alcanzarán o sobrepasarán el nivel de vida de los campesinos medios. No es adecuado comparar de modo simplista el ingreso medio anual de un campesino con el de un obrero y deducir de ello que uno es demasiado bajo y el otro demasiado alto. La productividad del trabajo de los obreros es mucho mayor que la de los campesinos, mientras que el costo de vida de éstos es muy inferior al de los obreros urbanos. Por eso, no puede afirmarse que los obreros gocen de un trato preferencial del Estado. Un reducido número de obreros y algunos trabajadores gubernamentales sí perciben salarios algo elevados, y los campesinos tienen razón para estar descontentos con ello. De ahí que sea necesario efectuar cierto reajuste adecuado según las circunstancias concretas.

IV. EL PROBLEMA DE LOS INDUSTRIALES Y COMERCIANTES

En el dominio de la transformación del sistema social de nuestro país, en 1956 culminó, además de la cooperativización de la agricultura y de la artesanía, la conversión de las empresas industriales y comerciales privadas en empresas mixtas estatal-privadas. La rápida y feliz realización de esta tarea está estrechamente vinculada al hecho de que tratamos la contradicción entre la clase obrera y la burguesía nacional como una contradicción en el seno del pueblo. ¿Ha sido resuelta por completo dicha contradicción de clases? No. Para esto se requiere todavía un tiempo considerable. Sin embargo, ahora hay quienes dicen que los capitalistas están ya tan transformados que casi no se diferencian de los obreros y que no necesitan seguir transformándose. Otros llegan a afirmar que los capitalistas son algo mejores que los obreros. Y hay también quienes preguntan por qué, si de transformación se trata, no ha de necesitarla la clase obrera. ¿Son correctas estas opiniones? Claro que no.
En el curso de la construcción de la sociedad socialista, todos necesitan transformarse, tanto los explotadores como los trabajadores. ¿Quién dice que la clase obrera no lo necesita? Por supuesto, la transformación de los explotadores y la de los trabajadores son diferentes por su naturaleza, y no deben confundirse. La clase obrera transforma a toda la sociedad en la lucha de clases y en la lucha contra la naturaleza y, al mismo tiempo, se transforma a sí misma. La clase obrera debe aprender sin cesar en el trabajo, superar poco a poco sus defectos, y nunca debe estancarse. Por ejemplo, muchos de los aquí presentes hacemos algunos progresos cada año, es decir, nos transformamos constantemente. Yo mismo tuve en otros tiempos diversas ideas no marxistas, y sólo después acepté el marxismo. Aprendí un poco de marxismo en los libros y así di los primeros pasos en mi transformación ideológica. Sin embargo, ha sido principalmente a través de una prolongada participación en la lucha de clases como me he transformado. Y tengo que seguir aprendiendo para poder hacer más progresos, pues de lo contrario me quedaré rezagado. ¿Son acaso tan perfectos los capitalistas que ya no necesitan transformarse?
Algunos sostienen que la burguesía china ya no tiene un carácter doble, sino único. ¿Es así en realidad No, no es así. Por un lado, los elementos burgueses se han convertido en miembros del personal administrativo de las empresas mixtas estatal-privadas y se están transformando de explotadores en trabajadores, que viven de su propio trabajo. Pero, por otro lado, siguen recibiendo de las empresas mixtas un dividendo fijo, es decir, no han cortado aún las raíces que los unen a la explotación. Ellos aún se encuentran muy lejos de la clase obrera en cuanto a ideología, sentimientos y manera de vivir. ¿Cómo puede afirmarse que ya no tienen doble carácter? Incluso cuando dejen de percibir el dividendo fijo y se les quite el marbete de burgueses, será necesario proseguir su transformación ideológica durante bastante tiempo. Si la burguesía no poseyera ya doble carácter, como opinan aquellas personas, los capitalistas ya no tendrían la tarea de transformarse y estudiar.
Es de señalar que esa opinión no sólo no concuerda con la situación real de los industriales y comerciantes, sino que tampoco responde a los deseos de los más de ellos. Durante los últimos años, los industriales y comerciantes, en su gran mayoría, han mostrado buena disposición para el estudio y han hecho notables progresos. Como es en el propio curso del trabajo donde tiene que realizarse su transformación radical, ellos deben trabajar junto con los obreros y empleados en las empresas, tomando éstas como campo fundamental de su propia transformación. No obstante, también es importante que a través del estudio cambien algunas de sus viejas concepciones. Su estudio debe ser voluntario. Muchos industriales y comerciantes, al retornar a las empresas después de haber asistido a cursos de estudio durante unas semanas, han encontrado más fácilmente un lenguaje común con las masas obreras y los representantes del sector estatal, lo cual va en beneficio del trabajo conjunto. Han llegado a comprender, por experiencia propia, que para ellos es provechoso continuar estudiando y transformándose. La referida opinión de que no es necesario estudiar ni transformarse, no refleja el punto de vista de la gran mayoría de los industriales y comerciantes, sino de una minoría.

V. EL PROBLEMA DE LOS INTELECTUALES

En nuestro país, las contradicciones en el seno del pueblo también tocan a los intelectuales. Los varios millones de intelectuales que antes trabajaban para la vieja sociedad han pasado a servir a la nueva sociedad. Y aquí surge el problema de cómo pueden adaptarse a las demandas de la nueva sociedad y cómo les ayudamos a lograrlo. Esta también es una contradicción en el seno del pueblo.
La mayoría de nuestros intelectuales han alcanzado ya progresos evidentes durante los últimos siete años. Ellos se pronuncian por el sistema socialista. Muchos estudian el marxismo con empeño, y algunos se han hecho comunistas. El número de estos últimos, aunque pequeño en la actualidad, va creciendo poco a poco. Claro que existen intelectuales que aún miran escépticamente el socialismo o que no lo aprueban, pero ellos sólo representan una minoría.
La gigantesca y ardua causa de la construcción socialista de China requiere que la mayor cantidad posible de intelectuales se ponga a su servicio. Debemos confiar en todos los intelectuales que de verdad estén dispuestos a servir a la causa del socialismo, mejorar de manera radical nuestras relaciones con ellos y ayudarles a resolver todos los problemas cuya solución sea necesaria, para que puedan poner en pleno juego su capacidad. Muchos de nuestros camaradas no saben unirse con los intelectuales, los tratan de un modo rígido, no respetan su trabajo y, en la labor científica y cultural, se inmiscuyen en asuntos en los cuales no deberían intervenir. Debemos superar todas estas fallas.
Aunque las masas de intelectuales han hecho progresos, no deben por ello sentirse satisfechas de sí mismas. Para ponerse a la altura de las demandas de la nueva sociedad y unirse con los obreros y campesinos, deben proseguir su transformación, desprendiéndose poco a poco de su concepción burguesa del mundo y adquiriendo la proletaria, la concepción comunista. El cambio de concepción del mundo es un cambio radical y, hasta la fecha, no se puede decir que la mayoría de los intelectuales lo hayan logrado. Esperamos que éstos sigan avanzando y que, en el curso de su trabajo y estudio, vayan adquiriendo la concepción comunista del mundo, asimilando el marxismo-leninismo e identificándose con los obreros y campesinos. Esperamos que no se detengan a medio camino y que menos aún retrocedan, pues el retroceso no les ofrece futuro alguno. Como el sistema social de nuestro país ha cambiado y la base económica de la ideología burguesa ha sido liquidada en lo fundamental, no sólo es necesario sino también posible que gran número de intelectuales cambien su concepción del mundo. Pero el cambio radical de concepción del mundo exige largo tiempo, y por eso debemos hacer entre ellos un trabajo paciente, evitando toda precipitación. Existen, en efecto, gentes que siempre se negarán a aceptar ideológicamente el marxismo-leninismo y el comunismo. No debemos ser muy exigentes con ellas. Siempre y cuando se sometan a los requerimientos del Estado y realicen honestamente sus actividades, debemos darles la posibilidad de dedicarse a un trabajo adecuado.
En los últimos tiempos, se ha debilitado la labor ideológica y política entre los intelectuales y jóvenes estudiantes, y han surgido ciertas desviaciones. A los ojos de algunos, ya es innecesario preocuparse de la política, del futuro de la patria o de los ideales de la humanidad, y el marxismo, que estuvo tan de moda, ya no lo está tanto. Para contrarrestar estas desviaciones, debemos intensificar nuestra labor ideológica y política. Tanto los intelectuales como los estudiantes deben estudiar con ahínco. A la par que estudian sus especialidades, tienen que progresar ideológica y políticamente, y para eso deben estudiar el marxismo y los problemas políticos y de actualidad. No tener una correcta concepción política equivale a no tener alma. La transformación ideológica realizada en el pasado fue necesaria y reportó resultados positivos. Pero hubo métodos que fueron un tanto bruscos, y se hirieron los sentimientos de algunas personas, lo cual no está bien. En adelante, hay que evitar esta deficiencia. Todos los departamentos y organizaciones deben responsabilizarse de la labor ideológica y política. Esto es válido para el Partido Comunista, la Liga de la Juventud, los departamentos gubernamentales encargados de esta labor y, con mayor razón, para los directores y profesores de los centros docentes. Nuestra política educacional debe estar orientada a lograr que todos aquellos que reciben educación se desarrollen moral, intelectual y físicamente y se conviertan en trabajadores que tengan conciencia socialista y sean cultos. Debemos promover el espíritu de laboriosidad y economía en la construcción del país. Es necesario hacer comprender a toda la juventud que nuestro país es todavía muy pobre, que esta situación no se podrá cambiar de raíz en un plazo breve y que sólo mediante sus esfuerzos mancomunados es como la joven generación y todo el pueblo podrán construir con sus propias manos un país próspero y poderoso en el curso de algunos decenios. La instauración del sistema socialista nos ha abierto el camino que conduce a la sociedad ideal del futuro, pero para que esta se haga realidad tenemos que trabajar arduamente. Algunos jóvenes creen que, una vez establecida la sociedad socialista todo debe ser perfecto y que ellos pueden gozar de una vida feliz que ya está dada, sin necesidad de trabajar por ella. Esta idea no corresponde a la realidad.

VI. EL PROBLEMA DE LAS MINORIAS NACIONALES

Nuestras minorías nacionales conforman una población de más de treinta millones y, aunque sólo representan el 6 por ciento de la población de China, habitan extensas regiones que constituyen del 50 al 60 por ciento de la superficie total del país. Por eso es de imperiosa necesidad fomentar las buenas relaciones entre ellas y la nacionalidad jan. La clave de este problema está en superar el chovinismo de gran jan. Al mismo tiempo, hay que superar también el nacionalismo local en aquellas minorías nacionales en las que éste se presente. Tanto el chovinismo de gran jan como el nacionalismo local lesionan la unidad entre las nacionalidades; se trata de un tipo de contradicción en el seno del pueblo, que debemos resolver. En este aspecto hemos realizado ya cierta labor y, en comparación con tiempos anteriores, las relaciones entre las nacionalidades han mejorado mucho en la mayoría de las regiones pobladas por minorías nacionales. Sin embargo, quedan algunos problemas en espera de solución. Aún existen, en parte de dichas regiones, serias manifestaciones tanto de chovinismo de gran jan corno de nacionalismo local, circunstancia a la cual debe prestarse suficiente atención. Gracias a los esfuerzos hechos por el pueblo de todas las nacionalidades durante los últimos años, en la inmensa mayoría de las regiones habitadas por minorías nacionales se han realizado ya, en lo fundamental, las reformas democráticas y las transformaciones socialistas. En el Tíbet no se han implantado las reformas democráticas debido a que allí las condiciones no están todavía maduras. Según el Acuerdo de Diecisiete Puntos, concertado entre el Gobierno Popular Central y el gobierno local del Tíbet, la reforma del sistema social debe realizarse, pero el momento de emprenderla sólo podrá ser decidido cuando la gran mayoría de las masas tibetanas y sus personalidades dirigentes lo consideren factible. En cuanto a este particular no debe haber precipitación. Por ahora se ha decidido no efectuar reformas democráticas en el Tíbet durante el Segundo Plan Quinquenal. La cuestión de si éstas serán introducidas durante el Tercer Plan Quinquenal se decidirá a la luz de la situación de entonces.

VII. PROCEDER CON UNA VISION DE CONJUNTO Y ADOPTAR DISPOSICIONES APROPIADAS

Por visión de conjunto entendemos una visión que tenga en cuenta a los seiscientos millones de habitantes del país. Al formular los planes, manejar los asuntos o considerar los problemas, debemos partir del hecho de que China tiene una población de seiscientos millones, hecho que no debemos olvidar jamás. ¿Por qué, pues, planteamos semejante cuestión? ¿Acaso aún puede haber quien no sepa que nuestro país tiene una población de seiscientos millones? De saber, lo saben todos, pero en la práctica algunos lo olvidan y les parece que tanto mejor sería cuanto menos gente hubiera y más reducido fuese el círculo. Los que tienen esta mentalidad de pequeño círculo se resisten a la idea de poner en juego todos los factores positivos, unirse con cuanta gente sea susceptible de ser unida y transformar, en la medida de lo posible, los factores negativos en positivos a fin de que sirvan a la gran causa de la edificación de una sociedad socialista.
Espero que esa gente ensanche sus horizontes y reconozca de veras que tenemos una población de seiscientos millones, que éste es un hecho objetivo y que constituye nuestro capital. El que sea numerosa nuestra población es una cosa buena, pero, claro está, también implica dificultades. Nuestra construcción se desenvuelve con ímpetu en todos los terrenos y ha conseguido grandes éxitos; sin embargo, en el actual período de transición, de grandes cambios sociales, hay aún muchos problemas difíciles. El avance y las dificultades simultáneos constituyen una contradicción. Pero toda contradicción debe, y perfectamente puede, ser resuelta. Nuestra política es la de proceder con una visión de conjunto y adoptar disposiciones apropiadas. En todos los problemas, ya se trate de los cereales, las calamidades naturales, el empleo, la educación, los intelectuales, el frente único de todas las fuerzas patriotas, las minorías nacionales u otros problemas, hay que partir de una visión de conjunto, que implica tomar en consideración a todo el pueblo, y adoptar disposiciones apropiadas de acuerdo con las posibilidades reales en cada momento y lugar, después de consultar con los sectores interesados. De ningún modo está bien quejarse de lo numerosa y atrasada que es la gente, de lo engorrosas y difíciles que son las cosas, y poner punto final dando la espalda a los problemas. ¿Significa lo dicho que el gobierno debe hacerse cargo de toda la gente y de todos los problemas? Claro que no. En muchos casos, esta responsabilidad la pueden asumir las organizaciones populares o las masas directamente, ya que unas y otras son capaces de idear muchas buenas soluciones. Esto también entra en la política de proceder con una visión de conjunto y adoptar disposiciones apropiadas. Debemos guiar a las organizaciones populares y a las masas de todos los lugares del país para que actúen en ese sentido.

VIII. SOBRE LAS CONSIGNAS "QUE SE ABRAN CIEN FLORES Y QUE COMPITAN CIEN ESCUELAS" Y "COEXISTENCIA DURADERA Y SUPERVISION MUTUA"

¿Cómo fue que se plantearon las consignas "Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas" y "Coexistencia duradera y supervisión mutua"? Fueron enunciadas en base a la situación concreta de China, al reconocimiento de que en la sociedad socialista aún existen diversas contradicciones y a la exigencia apremiante de acelerar el desenvolvimiento económico y cultural del país. "Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas" es la orientación para promover el desarrollo del arte y el progreso de la ciencia e impulsar el florecimiento de la cultura socialista de nuestro país. En el arte, pueden desarrollarse libremente distintas formas y estilos y, en la ciencia, competir libremente diferentes escuelas. Consideramos perjudicial al desarrollo del arte y de la ciencia recurrir a medidas administrativas imponiendo un particular estilo de arte o una determinada escuela y prohibiendo otros. El problema de lo correcto y lo erróneo en el arte y en la ciencia debe resolverse mediante discusiones libres en los círculos artísticos y científicos y a través de la práctica en esos terrenos, no de manera simplista. Para determinar si una cosa es correcta o errónea se requiere a menudo un período de prueba. En la historia ocurre con frecuencia que lo nuevo y correcto no obtiene al comienzo el consenso de la mayoría de los hombres, y sólo logra desarrollarse en medio de luchas y vicisitudes. Sucede a menudo que lo justo y bueno no es considerado al principio corno flor fragante, sino, por el contrario, como hierba venenosa. La teoría de Copérnico sobre el sistema solar y la de Darwin sobre la evolución fueron consideradas erróneas en un tiempo y tuvieron que atravesar una ardua lucha. La historia de China ofrece numerosos ejemplos análogos. En la sociedad socialista, las condiciones para el crecimiento de lo nuevo son radicalmente distintas y mucho más propicias que en la vieja sociedad. Sin embargo, aún ocurre con frecuencia que las fuerzas nacientes son frenadas, y ahogadas las opiniones racionales. La expansión de las cosas nuevas puede verse también obstaculizada por falta de discernimiento y no por represión deliberada. Por eso, ante la cuestión de lo correcto y lo erróneo en la ciencia y en el arte debemos adoptar una actitud prudente, estimular la discusión libre y evitar las conclusiones precipitadas. Creemos que esta actitud puede contribuir a un desarrollo más o menos feliz de la ciencia y del arte.
También el marxismo se ha desarrollado en medio de luchas. Al principio, Fue objeto de toda suerte de ataques y considerado como hierba venenosa. Esto sucede todavía hoy en muchos lugares del mundo. Sin embargo, el marxismo goza de una posición muy diferente en los países socialistas. Pero, incluso en éstos, subsisten ideas no marxistas, y aun antimarxistas. En China, aunque ha culminado básicamente la transformación socialista en lo tocante a la propiedad y han terminado en lo fundamental las vastas y tempestuosas luchas clasistas de las masas, características de los períodos de revolución, subsisten remanentes de las clases derrocadas: la clase terrateniente y la burguesía compradora; subsiste la burguesía, y la transformación de la pequeña burguesía acaba de empezar. La lucha de clases no ha terminado. La lucha de clases entre el proletariado y la burguesía, entre las diferentes fuerzas políticas y entre el proletariado y la burguesía en el terreno ideológico, será aún larga, tortuosa y a veces incluso muy enconada. El proletariado aspira a transformar el universo según su concepción del mundo, y a otro tanto aspira la burguesía. A este respecto, aún no ha sido solucionada realmente la cuestión de si será el socialismo o el capitalismo el que venza. Los marxistas siguen constituyendo una minoría lo mismo en el conjunto de la población que entre los intelectuales. Por eso el marxismo tiene que seguir desarrollándose a través de la lucha. El marxismo sólo puede desarrollarse en la lucha; esto no sólo es cierto para el pasado y el presente, sino necesariamente también para el futuro. Lo correcto se desarrolla siempre en el proceso de la lucha contra lo erróneo. Lo verdadero, lo bueno y lo hermoso sólo existen en comparación con lo falso, lo malo y lo feo y siempre se desarrollan en lucha con ellos. En el mismo momento en que la humanidad desecha un error y acepta una verdad, una nueva verdad comienza a luchar contra nuevas ideas erróneas. Esta lucha no cesará jamás. Esta es la ley del desarrollo de la verdad y, desde luego, también la ley del desarrollo del marxismo.
Pasará un tiempo bastante largo antes de que se resuelva en nuestro país la cuestión de quién vencerá a quién en la lucha ideológica entre el socialismo y el capitalismo. Esto se debe a que la influencia de la burguesía y de los intelectuales provenientes de la vieja sociedad, su ideología de clase, subsistirá por largo tiempo en nuestro país. Quien no lo comprenda suficientemente o no lo comprenda en absoluto, cometerá el más grave de los errores y pasará por alto la necesidad de la lucha ideológica. Esta última difiere de otras formas de lucha. En ella no pueden emplearse procedimientos toscos ni coercitivos; sólo se debe recurrir al razonamiento minucioso. Hoy el socialismo cuenta con condiciones ventajosas para la lucha ideológica. La fuerza básica del Poder se halla en manos del pueblo trabajador dirigido por el proletariado. El Partido Comunista es fuerte y goza de alto prestigio. Aunque se observan defectos y errores en nuestro trabajo, cualquier persona libre de prejuicios puede advertir que somos leales al pueblo, que estamos decididos a edificar nuestra patria junto con el pueblo y somos capaces de hacerlo y que ya hemos conseguido grandes éxitos y obtendremos otros aún mayores. La abrumadora mayoría de los elementos burgueses y de los intelectuales provenientes de la vieja sociedad son patriotas, están dispuestos a servir a su floreciente patria socialista y saben que, si se apartan de la causa del socialismo y del pueblo trabajador dirigido por el Partido Comunista, no tendrán nada en que apoyarse y, en consecuencia, no habrá para ellos ningún futuro brillante.
Alguien podría preguntar: ¿Puede criticarse el marxismo siendo que es reconocido en nuestro país como ideología rectora por la gran mayoría del pueblo? Desde luego que sí. El marxismo es una verdad científica y no teme a la crítica. Si la temiese, si pudiera ser derribado con críticas, no tendría valor alguno. ¿Acaso, de hecho, los idealistas no critican el marxismo a diario y por todos los medios? ¿Acaso no critican el marxismo también y por todos los medios aquellos que se aferran a las ideas burguesas y pequeñoburguesas y rehusan transformarse? Los marxistas no deben temer a la crítica, venga ésta de donde viniere. Por el contrario, tienen que templarse, desarrollarse y ampliar sus posiciones precisamente en medio del fuego de la crítica y en la tormenta de la lucha. La lucha contra las ideas erróneas puede compararse a la vacunación: El hombre se inmuniza contra la enfermedad cuando la vacuna le hace efecto. Una cosa criada en invernadero no tiene mucha vitalidad. La aplicación de la política de "Que se abran cien flores y que compitan cien escuelas" no debilitará la posición rectora del marxismo en el campo ideológico, sino que, por el contrario, la fortalecerá.
¿Cuál debe ser nuestra política con respecto a las ideas no marxistas? En lo que concierne a los contrarrevolucionarios comprobados y a los saboteadores de la causa socialista, la cosa es fácil: Basta privarlos de la libertad de palabra. Pero el asunto se presenta de muy distinta manera si se trata de ideas erróneas en el seno del pueblo. ¿Se debe prohibir tales ideas y negar a la gente toda oportunidad de expresarlas? Desde luego que no. La práctica de métodos simplistas para tratar problemas ideológicos en el seno del pueblo, problemas referentes al mundo espiritual del hombre, no sólo es ineficaz sino sumamente perniciosa. Las ideas erróneas no dejarán de existir por el hecho de que se prohiba su expresión. Por otro lado, si las ideas correctas han sido cultivadas en invernadero, si no han sido expuestas a los vientos y las lluvias, si no se han hecho inmunes contra la enfermedad, no podrán vencer a las ideas erróneas al enfrentarse con ellas. Por eso, sólo empleando los métodos de discusión, crítica y razonamiento podemos realmente fomentar las ideas correctas, superar las erróneas y solucionar en forma efectiva los problemas.
La burguesía y la pequeña burguesía exteriorizarán indefectiblemente su ideología. Se expresarán, obstinadamente y por todos los medios posibles, sobre las cuestiones políticas e ideológicas. No se puede esperar que actúen de otra manera. No debemos, recurriendo a la coacción, impedirles que se manifiesten; por el contrario, debemos permitirles que lo hagan y, al mismo tiempo, debatir con ellos y someterlos a una crítica adecuada. Está fuera de duda que debemos criticar las ideas erróneas de toda índole. Es inadmisible, por supuesto, abstenerse de criticar las ideas equivocadas, contemplar con indiferencia cómo cunden por todas partes y permitirles monopolizar el mercado. Todo error debe ser criticado y toda hierba venenosa, combatida. Sin embargo, la crítica no debe ser dogmática; al hacerla, no se debe emplear el método metafísico, sino esforzarse por aplicar el método dialéctico. Ella ha de contener análisis científico y argumentos planamente convincentes. Una crítica dogmática no resuelve nada. Combatimos toda clase de hierbas venenosas, pero debemos distinguir con cuidado cuáles son verdaderas hierbas venenosas y cuáles auténticas flores fragantes. Debemos aprender, junto con las masas populares, a establecer esmeradamente esta distinción y a usar métodos acertados para combatir las hierbas venenosas.
A la par que criticamos el dogmatismo, debemos prestar atención a criticar el revisionismo. El revisionismo, oportunismo de derecha, es una corriente ideológica burguesa; es más peligroso que el dogmatismo. Los revisionistas, oportunistas de derecha, siempre tienen en la boca el marxismo y también atacan el "dogmatismo". Pero lo que atacan es precisamente la quintaesencia del marxismo. Combaten o tergiversan el materialismo y la dialéctica; combaten o intentan debilitar la dictadura democrática popular y la dirección del Partido Comunista; combaten o intentan debilitar las transformaciones socialistas y la construcción socialista. Incluso después de la victoria Fundamental de la revolución socialista en nuestro país, quedan todavía cierto número de personas que sueñan con restaurar el sistema capitalista y que luchan contra la clase obrera en todos los frentes, incluido el ideológico. Y en esta lucha, tienen en los revisionistas a sus mejores ayudantes.
Tomadas en su sentido literal, las consignas "Que se abran cien flores" y "Que compitan cien escuelas" no tienen un carácter clasista; las puede utilizar el proletariado, y también la burguesía u otras gentes. Cada clase, cada capa y cada grupo social tiene su propio punto de vista acerca de qué son flores fragantes y qué hierbas venenosas. Entonces, desde el punto de vista de las grandes masas populares; ¿cuáles deben ser hoy nuestros criterios para distinguir las flores fragantes de las hierbas venenosas? ¿Cómo juzgar, en la vida política de nuestro pueblo, si son correctas o erróneas nuestras palabras y actos? Consideramos que, con arreglo a los principios constitucionales del país, a la voluntad de la aplastante mayoría de nuestro pueblo y a los postulados políticos comunes proclamados en varias ocasiones por los partidos políticos, se pueden formular, en términos generales, los siguientes criterios:
1) Las palabras y los actos deben contribuir a unir al pueblo de nuestras distintas nacionalidades, y no dividirlo;
2) Deben favorecer las transformaciones socialistas y la construcción socialista, y no perjudicarlas;
3) Deben contribuir a consolidar la dictadura democrática popular, y no minarla o debilitarla;
4) Deben contribuir a afianzar el centralismo democrático, y no socavarlo o debilitarlo;
5) Deben contribuir a fortalecer la dirección del Partido Comunista, y no descartara o debilitarla, y
6) Deben Favorecer, y no perjudicar, la unidad socialista internacional y la unidad de los pueblos de todo el mundo amantes de la paz.
De estos seis criterios, los más importantes son los relativos al camino socialista y a la dirección del Partido. Estos criterios se plantean para ayudar al pueblo a fomentar la libre discusión de las distintas cuestiones, y no para obstaculizarla. Quienes los desaprueben pueden, desde luego, expresar sus opiniones y polemizar. Sin embargo, cuando la mayoría de las personas tengan claros estos criterios, se podrá encauzar por un camino acertado la crítica y la autocrítica y aplicarlos a las palabras y acciones de la gente para determinar si son correctas o erróneas, si se trata de flores fragantes o de hierbas venenosas. Dichos criterios son criterios políticos. Claro que para juzgar la certeza de las tesis científicas y el nivel artístico de las obras de arte hacen falta, además, otros criterios específicos. No obstante, los seis criterios políticos son aplicables a cualquier actividad científica o artística. ¿Acaso en un país socialista como el nuestro puede haber alguna actividad científica o artística útil que esté en pugna con estos criterios políticos?
Los puntos de vista expuestos arriba han sido formulados a la luz de las condiciones históricas concretas de China. Las condiciones de cada uno de los países socialistas y Partidos Comunistas no son las mismas. Por eso no consideramos que ellos deban o tengan la necesidad de seguir nuestra manera de proceder.
La consigna "Coexistencia duradera y supervisión mutua" también es fruto de las condiciones históricas concretas de nuestro país. No ha sido presentada de modo súbito, puesto que estuvo en gestación durante varios años. La idea de la coexistencia duradera nació hace mucho tiempo. El año pasado, cuando quedó establecido fundamentalmente el sistema socialista, esta consigna fue planteada en términos explícitos. ¿Por qué, pues, hay que admitir una larga coexistencia de los partidos democráticos de la burguesía y de la pequeña burguesía con el partido político de la clase obrera? Porque no tenemos motivos para no adoptar la política de coexistencia duradera con respecto a todos aquellos partidos que se dediquen verdaderamente a la tarea de unir al pueblo para la causa del socialismo y se hayan granjeado su confianza. Ya en la II Sesión del I Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, celebrada en junio de 1950, dije:
"Si uno tiene el verdadero deseo de servir al pueblo; si, en un período difícil para éste, realmente le ha ayudado y ha hecho algo bueno, y sigue procediendo así consecuentemente, sin detenerse a medio camino, el pueblo y su gobierno no tendrán motivos para rechazarlo ni para negarle la posibilidad de ganarse la vida y de prestar sus servicios."
Esta es precisamente la base política de la coexistencia duradera de los partidos. Una coexistencia duradera del Partido Comunista con los partidos democráticos es nuestro deseo y también nuestra política. Ahora bien, el que los partidos democráticos puedan tener o no una larga existencia no depende tan sólo del deseo del Partido Comunista, sino también de cómo se comporten ellos, de si se ganan la confianza del pueblo. La supervisión mutua entre los distintos partidos es otro hecho de larga data, que toma la forma de consejos y críticas recíprocos. La supervisión mutua no es, desde luego, un asunto unilateral; significa que, a la vez que el Partido Comunista puede ejercer supervisión sobre los partidos democráticos, éstos también pueden ejercerla sobre el Partido Comunista. ¿Por qué se admite la supervisión de los partidos democráticos sobre el Partido Comunista? Porque un partido, lo mismo que una persona, tiene gran necesidad de oír opiniones diferentes de las propias. Es de todos conocido que la supervisión sobre el Partido Comunista la ejercen principalmente el pueblo trabajador y los militantes del Partido. Pero será más provechoso para nosotros que también participen en ella los partidos democráticos. Claro que los consejos y críticas que se intercambien entre los partidos democráticos y el Partido Comunista sólo podrán desempeñar un papel positivo de supervisión mutua cuando correspondan a los seis criterios políticos. Por eso esperamos que todos los partidos democráticos presten atención a la transformación ideológica y se esfuercen por una coexistencia duradera con el Partido Comunista y una supervisión mutua, a fin de responder a las necesidades de la nueva sociedad.

IX. ACERCA DE LOS DESORDENES CREADOS POR UN PEQUEÑO NUMERO DE PERSONAS

En 1956, se registraron en algunos lugares huelgas obreras y estudiantiles con un pequeño número de participantes. La causa inmediata de estos disturbios fue que no se había satisfecho ciertas demandas de beneficios materiales, que en algunos casos debían y podían haber sido atendidas, mientras que, en otros, no podían ser satisfechas en ese momento por ser inadecuadas o excesivas. Pero una de las causas más importantes de los desórdenes fue el burocratismo de la dirección. La responsabilidad de estos errores burocráticos debe imputarse, en algunos casos, a los organismos superiores, y no exclusivamente a las instancias inferiores. Otra causa de los disturbios fue la insuficiente educación ideológica y política dada a los obreros y a los estudiantes. Ese mismo año, un pequeño número de miembros de cooperativas agrícolas provocaron desórdenes, siendo también en este caso las causas principales el burocratismo de la dirección y la insuficiente educación impartida a las masas.
Se debe admitir que, con mucha frecuencia, alguna gente del pueblo se inclina a preocuparse de sus intereses inmediatos, parciales y personales y no comprende, o comprende insuficientemente, los intereses a largo plazo, nacionales y colectivos. Una buena parte de la juventud, por falta de experiencia política y social, no alcanza a ver el contraste entre la vieja China y la nueva; no le resulta fácil comprender a fondo ni las incontables penalidades que nuestro pueblo experimentó en su lucha por liberarse de la opresión del imperialismo y de la reacción kuomintanista, ni la necesidad de trabajar duro por un largo período para construir una bella sociedad socialista. He aquí por qué debemos realizar constantemente una educación política viva y eficaz entre las masas, decirles siempre la verdad sobre las dificultades que surjan y estudiar con ellas la manera de resolverlas.
No aprobamos los desórdenes, ya que las contradicciones en el seno del pueblo pueden ser resueltas por el método de "unidad -- crítica -- unidad"; además, los desórdenes siempre causan ciertas pérdidas y son perjudiciales para el avance de la causa socialista. Estamos convencidos de que las amplias masas populares de nuestro país están por el socialismo, acatan conscientemente la disciplina, son razonables y nunca crearán desórdenes sin motivo. Pero esto no significa que en nuestro país esté excluida la posibilidad de que gente del pueblo provoque desórdenes. Sobre este asunto, hay que prestar atención a lo siguiente: 1) Para eliminar radicalmente las causas de los desórdenes, debemos extirpar en forma resuelta el burocratismo, intensificar en grado considerable la educación ideológica y política y tratar de manera adecuada las diversas contradicciones. Hecho esto, hablando en general, no se presentarán más desórdenes. 2) Si surgen desórdenes a consecuencia de nuestro mal trabajo, habrá que conducir al camino acertado a la gente del pueblo que participe en ellos, aprovecharlos como un medio especial para el mejoramiento de nuestra labor y para la educación de los cuadros y las masas y, en fin, resolver las cuestiones que hayan quedado sin solucionar. En el tratamiento de los desórdenes debemos realizar un trabajo minucioso y no emplear métodos simplistas, ni batirnos en retirada antes de que el problema haya sido efectivamente resuelto. No debemos emplear a la ligera los recursos de expulsión o despido contra los cabecillas de los desórdenes, salvo aquellos que, por haber infringido el código penal o por ser contrarrevolucionarios activos, deben ser castigados con arreglo a la ley. En un país tan grande como el nuestro no es motivo de alarma el que un reducido número de personas provoquen disturbios; antes bien, eso puede ayudarnos a superar el burocratismo.
En nuestra sociedad hay también un pequeño número de personas que, desdeñando los intereses públicos, proceden arbitrariamente, cometen delitos y violan la ley. Puede ocurrir que, utilizando y tergiversando nuestras políticas, presenten, de modo premeditado, exigencias irrazonables a fin de instigar a las masas o, con aviesa intención, difundan rumores y armen líos buscando alterar el orden público. De ninguna manera aprobamos la tolerancia con gentes de esta calaña; por el contrario, creemos que hay que castigarlas según la ley. Las grandes masas exigen darles el castigo merecido; dejarlas impunes iría contra la voluntad de las masas.

X. ¿PUEDE UNA COSA MALA TRANSFORMARSE EN BUENA?

Como he dicho antes, en nuestra sociedad es una cosa mala el que gente del pueblo promueva desórdenes, y esto no lo aprobamos. Sin embargo, su aparición puede impulsarnos a sacar lecciones, superar el burocratismo y educar a los cuadros y a las masas. En este sentido, una cosa mala puede convertirse en buena. Los desórdenes tienen un doble carácter. Todo disturbio puede ser considerado desde este punto de vista.
Los acontecimientos de Hungría no fueron una cosa buena; eso está claro para todos. Pero también tienen un doble carácter. Gracias a que los camaradas húngaros adoptaron medidas acertadas durante los sucesos, éstos se transformaron de cosa mala en buena. Hungría está hoy más consolidada que antes, y todos los países del campo socialista han sacado una lección de lo sucedido.
La campaña anticomunista y antipopular desencadenada a escala mundial durante la segunda mitad del año 1956 también fue, desde luego, una cosa mala, pero educó y templó a los Partidos Comunistas y a la clase obrera de los diversos países, y de esta manera se transformó en una cosa buena. Durante esta campaña, en muchos países abandonaron las filas de los Partidos Comunistas una parte de sus miembros. Esas deserciones redujeron el número de su militancia, lo cual fue, por supuesto, una cosa mala. Pero también hubo en ello su lado bueno. Los elementos vacilantes no quisieron permanecer en las filas de esos Partidos y se retiraron de ellos, mientras que la gran mayoría de los afiliados, de convicciones firmes, se unieron todavía más para la lucha. ¿No es esto una cosa buena?
En síntesis, debemos aprender a examinar las cuestiones en todos sus aspectos, a ver no sólo el anverso de las cosas sino también su reverso. En determinadas condiciones, una cosa mala puede conducir a buenos resultados, y una cosa buena, a resultados malos. Hace más de dos mil años, ya decía Lao Tse: "En la desgracia habita la felicidad, en la felicidad se oculta la desgracia."[1] Los japoneses calificaban de victoria su invasión a China. Los chinos estimaban como derrota la ocupación por el agresor de vastos territorios del país. Sin embargo, la derrota de China llevaba en sí el germen de la victoria, mientras que la victoria del Japón contenía el embrión de la derrota. ¿Acaso no ha confirmado esto la historia?
En todos los países se discute ahora si estallará o no una tercera guerra mundial. Frente a esta cuestión también debemos estar espiritualmente preparados y examinarla de modo analítico. Estamos resueltamente por la paz y contra la guerra. Pero, si los imperialistas insisten en desencadenar una guerra, no debemos sentir temor. Nuestra actitud ante este asunto es la misma que ante cualquier otro "desorden": En primer lugar, estamos en contra; en segundo, no lo tememos. Tras la Primera Guerra Mundial apareció la Unión Soviética, con doscientos millones de habitantes; tras la Segunda Guerra Mundial surgió el campo socialista, que abarca a novecientos millones de seres. Puede afirmarse que si, a pesar de todo, los imperialistas desencadenan una tercera guerra mundial, otros centenares de millones pasarán inevitablemente al lado del socialismo, y a los imperialistas no les quedará ya mucho espacio en el mundo; incluso es probable que se derrumbe por completo todo el sistema imperialista.
Bajo determinadas condiciones, los dos términos opuestos de una contradicción se convierten inevitablemente cada uno en su contrario, como resultado de la lucha entre ellos. Aquí lo importante son las condiciones. Sin determinadas condiciones, ninguno de los dos términos que luchan entre sí puede transformarse en su contrario. En el mundo, el proletariado es el que más desea cambiar su situación, y le sigue el semiproletariado, pues el primero no tiene nada y el segundo tiene poco. La actual situación en que los EE.UU. manipulan la mayoría de los votos de la ONU y controlan muchas partes del mundo, es sólo temporal. Llegará indefectiblemente el día en que esta situación cambie. El status de China como país pobre y privado de sus derechos en la arena internacional también cambiará: El país pobre se convertirá en rico, el país privado de sus derechos, en país que goce de ellos, es decir, una transformación de las cosas en sus contrarios. Las condiciones decisivas para ello son el sistema socialista y los esfuerzos mancomunados de todo un pueblo unido.

XI. SOBRE EL REGIMEN DE ECONOMIAS

Quisiera detenerme ahora en la cuestión del régimen de economías. Nos disponemos a realizar una construcción en gran escala, pero nuestro país es muy pobre todavía: he aquí una contradicción. Uno de los medios para resolverla es hacer prolongados esfuerzos por practicar rigurosamente economías en todos los terrenos.
En 1952 efectuamos una campaña contra los tres males: la corrupción administrativa, el despilfarro y el burocratismo, poniendo énfasis en la lucha contra la corrupción. En 1955 promovimos la práctica de economías, prestando principal atención al combate contra las normas demasiado altas en la construcción de obras básicas de carácter improductivo y al ahorro de materias primas en la producción industrial, y obtuvimos grandes éxitos. Pero, por aquel entonces, la política de practicar economías no se aplicó seriamente en todas las ramas de la economía nacional, ni en las entidades oficiales, unidades militares, centros docentes y organizaciones populares en general. Este año hay que estimular la práctica de economías y luchar contra el derroche en todos los aspectos de la vida del país. Nos falta aún experiencia en el trabajo de construcción. Durante los últimos años hemos conseguido grandes éxitos, pero también ha habido derroche. Tenemos que construir gradualmente una serie de grandes empresas modernas, a modo de armazón; sin esta armazón es imposible transformar en unos decenios nuestro país en una potencia industrial moderna. Sin embargo, la mayoría de nuestras empresas no deben ser de tales dimensiones; hay que construir más empresas medianas y pequeñas, aprovechar al máximo la base industrial heredada de la vieja sociedad y tratar, por todos los medios, de realizar economías, a fin de hacer más cosas con menos dinero. La orientación de practicar estrictamente economías y combatir el despilfarro, planteada en términos más enfáticos que antes por la II Sesión Plenaria del VIII Comité Central del Partido Comunista de China en noviembre pasado, ha empezado a dar resultados en los últimos meses. La presente campaña por la práctica de economías debe ser consecuente y prolongada. La lucha contra el derroche, igual que la crítica a otros defectos y errores, puede compararse al acto de lavarse la cara. ¿Acaso no hay que lavarse la cara todos los días? El Partido Comunista de China, los partidos democráticos, las personalidades democráticas sin partido, los intelectuales, los industriales y comerciantes, los obreros, campesinos y artesanos, en una palabra, todos nosotros -- los seiscientos millones de habitantes -- debemos aumentar la producción, practicar economías y luchar contra el lujo y el despilfarro. Esto tiene una gran importancia no sólo económica sino también política. Entre muchos de nuestros cuadros crece ahora una tendencia peligrosa: desgano de compartir penas y alegrías con las masas y preocupación por la fama y el provecho personales. Esto es muy malo. En el curso de la campaña por aumentar la producción y practicar economías, debemos simplificar nuestros organismos y trasladar cuadros a los niveles inferiores a fin de que un número considerable de ellos se reincorpore a la producción. He aquí una manera de vencer esa tendencia peligrosa. Debemos velar porque todos nuestros cuadros y todo nuestro pueblo tengan siempre presente que China es un gran país socialista, pero, al mismo tiempo, un país económicamente atrasado y pobre, y que esto es una contradicción muy grande. Para convertir a China en un país próspero y poderoso, se requieren varios decenios de intensos esfuerzos, que suponen, entre otras cosas, la observancia de un riguroso régimen de economías y la lucha contra el despilfarro, o sea, la aplicación de la política de laboriosidad y economía en la construcción del país.

XII. EL CAMINO DE LA INDUSTRIALIZACION DE CHINA

Al hablar sobre nuestro camino hacia la industrialización, me refiero aquí principalmente a la relación entre el desarrollo de la industria pesada, el de la industria ligera y el de la agricultura. Hay que reafirmar que la industria pesada es el centro de la construcción económica de nuestro país. Pero, al mismo tiempo, es necesario prestar plena atención al desenvolvimiento de la agricultura y de la industria ligera.
China es un gran país agrícola con más del 80 por ciento de la población en las áreas rurales. Su agricultura debe desarrollarse a la par que su industria; sólo así podrá la industria disponer de materias primas y de mercado, sólo así se podrá acumular mayor cantidad de fondos para crear una poderosa industria pesada. Es de todos sabido que la industria ligera está estrechísimamente ligada a la agricultura, pues sin ésta no podría existir industria ligera. Lo que hoy la gente todavía no comprende bien es que la agricultura proporciona un importante mercado a la industria pesada. Sin embargo, lo comprenderá fácilmente a medida que la transformación técnica y la modernización de la agricultura, en su gradual desarrollo, reclamen cada vez más maquinaria, fertilizantes, obras hidráulicas, instalaciones de energía eléctrica, transporte, combustible para el consumo popular y materiales de construcción civil. Si durante el período del Segundo y Tercer Planes Quinquenales podemos dar un mayor impulso a la agricultura, logrando así un mayor crecimiento correspondiente de la industria ligera, resultará beneficiada toda la economía nacional. El desarrollo de la agricultura y la industria ligera proporcionará a la industria pesada mercado y fondos, acelerando su crecimiento. A primera vista, el ritmo de la industrialización parece un poco lento, pero en realidad no es así, e incluso es posible que se acelere todavía más. Dentro de tres quinquenios o algo más, nuestra producción anual de acero podrá pasar de las novecientas mil toneladas y tantas, registradas en 1943, la más alta cifra anual de antes de la Liberación, a los veinte millones de toneladas o aún a más. Entonces toda la población, tanto de la ciudad como del campo, se sentirá alegre.
Hoy no es mi intención hablar extensamente sobre los problemas económicos. Carecemos todavía de experiencia en la construcción económica, ya que llevamos tan sólo siete años ocupándonos de ella; necesitamos acumular experiencias. Al principio tampoco teníamos experiencia en la revolución y, sólo después de haber dado traspiés, adquirimos experiencia y obtuvimos la victoria en todo el país. Ahora debemos lograr que el tiempo necesario para adquirir experiencia en la construcción económica no sea tan largo ni el precio tan elevado como requirió el obtener la experiencia de la revolución. De todas maneras tenemos que pagar un precio, pero esperamos que no sea tan alto como el que pagamos en la etapa de la revolución. Es necesario comprender que en esto hay una contradicción: la contradicción entre las leyes objetivas del desarrollo económico de la sociedad socialista y nuestro conocimiento subjetivo de ellas, contradicción que debe ser resuelta en la práctica. Esta se revela también como una contradicción entre personas, entre las que tienen una comprensión más o menos acertada de las leyes objetivas y las que las comprenden de manera relativamente incorrecta; es, pues, una contradicción en el seno del pueblo. Todas las contradicciones existen objetivamente, y nuestra tarea consiste en conocerlas y resolverlas, dentro de lo posible, en forma correcta.
Para transformar a China en un país industrial debemos aprender a conciencia las experiencias avanzadas de la Unión Soviética. La Unión Soviética lleva ya cuarenta años edificando el socialismo y su experiencia es muy valiosa para nosotros. Veamos: ¿Quién ha diseñado y equipado para nosotros tantas Fábricas importantes? ¿Acaso los Estados Unidos? ¿Inglaterra, tal vez? No, ninguno de ellos. Sólo la Unión Soviética lo ha hecho, porque es un país socialista y aliado nuestro. Además de la Unión Soviética, también nos han prestado cierta ayuda algunos países hermanos de Europa Oriental. Es completamente cierto que tenemos que aprender las buenas experiencias de todos los países, sean socialistas o capitalistas; de eso no cabe duda. Sin embargo, debemos aprender principalmente de la Unión Soviética. Hay dos actitudes respecto a cómo aprender. Una es la dogmática, que consiste en copiarlo todo, sea o no aplicable a las condiciones de nuestro país. Esta no es una actitud buena. La otra es la de hacer funcionar nuestras cabezas y aprender lo que se adapte a nuestras condiciones, es decir, asimilar cuanta experiencia nos sea útil. Esta es la actitud que debemos adoptar.
Reforzar nuestra solidaridad con la Unión Soviética y demás países socialistas es nuestra política fundamental, y en ello estriban nuestros intereses esenciales. Además, debemos fortalecer y desarrollar la solidaridad con los países de Asia y áfrica, así como con todos los países y pueblos amantes de la paz. Unidos a estas dos fuerzas, no estaremos solos. En cuanto a los países imperialistas, también debemos unirnos con sus pueblos y esforzarnos por coexistir pacíficamente con estos países, por comerciar con ellos y por conjurar una posible guerra. Sin embargo, de ningún modo debemos abrigar ideas ilusorias respecto a ellos.

* Discurso pronunciado por el camarada Mao Tsetung en la XI Sesión (Ampliada) de la Conferencia Suprema de Estado. Fue publicado el 19 de junio de 1957 en Diario del Pueblo, después de que el autor revisó el texto transcrito de las actas y le hizo algunas adiciones. [Nota de la publicación, del PCCH]

NOTAS

[1] Citado de Lao Tse, cap. LVIII. [pág. 454]


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Contra el liberalismo

7 de septiembre de 1937

Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma.

Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política a algunas organizaciones y miembros del Partido y demás colectividades revolucionarias.

El liberalismo se manifiesta en diferentes formas:

A sabiendas de que una persona está en un error, no sostener una discusión de principio con ella y dejar pasar las cosas para preservar la paz y la amistad, porque se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o viejo subordinado. O bien buscando mantenerse en buenos términos con esa persona, rozar apenas! el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la colectividad como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de liberalismo.

Hacer críticas irresponsables en privado en vez de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Este es el segundo tipo.

Dejar pasar cuanto no le afecte a uno personalmente; decir lo menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de que algo es incorrecto; ser hábil en mantenerse a cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Este es el tercer tipo.

Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; exigir consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Este es el cuarto tipo.

Entregarse a ataques personales, armar líos, desahogar rencores personales o buscar venganza, en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, el progreso y el buen cumplimiento del trabajo. Este es el quinto tipo. Escuchar opiniones incorrectas y no refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias y no informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente como si nada hubiera pasado. Este es el sexto tipo.

Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no hablar en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Este es el séptimo tipo.

No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo, ni impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarle hacer. Este es el octavo tipo.

Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; cumplir sólo con las formalidades y pasar los días vegetando: "mientras sea monje, tocaré la campana". Este es el noveno tipo.

Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser negligente en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo.

Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud liberal para consigo mismo. Este es el undécimo tipo.

Podrían citarse otros tipos más, pero los once descritos son los principales.

Todas éstas son manifestaciones de liberalismo.

En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y de su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de su política y aleja a las organizaciones del Partido de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.

El liberalismo proviene del egoísmo de la pequeña burguesía; éste coloca los intereses personales en primer plano y relega los intereses de la revolución al segundo, engendrando así el liberalismo en los terrenos ideológico, político y organizativo.

Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su liberalismo por el marxismo Tienen su marxismo y también su liberalismo hablan del marxismo pero practican el liberalismo el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos, mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran aplicación para uno y otro. Así es como funciona el cerebro de cierta gente.

El liberalismo constituye una manifestación de oportunismo y es radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hace el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el liberalismo en las filas revolucionarias.

Debemos emplear el espíritu marxista, que es positivo, para superar el liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero y franco leal y activo, poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar sus intereses personales a los de 1a revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones incorrectas, a fin de consolidar la vida colectiva del Partido y la ligazón de éste con las masas ha de preocuparse más por el Partido y las masas que por ningún individuo, y más por los demás que por sí mismo. Sólo una persona así es digna de llamarse comunista.

Todos los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico.


Sobre la práctica [*]

SOBRE LA RELACION ENTRE EL CONOCIMIENTO Y LA PRACTICA, ENTRE EL SABER Y EL HACER

Julio de 1937

El materialismo premarxista examinaba el problema del conocimiento al margen de la naturaleza social del hombre y de su desarrollo histórico, y por eso era incapaz de comprender la dependencia del conocimiento respecto a la práctica social, es decir, la dependencia del conocimiento respecto a la producción y a la lucha de clases.
Ante todo, los marxistas consideran que la actividad del hombre en la producción es su actividad práctica más fundamental, la que determina todas sus demás actividades. El conocimiento del hombre depende principalmente de su actividad en la producción material; en el curso de ésta, el hombre va comprendiendo gradualmente los fenómenos, las propiedades y las leyes de la naturaleza, así como las relaciones entre él mismo y la naturaleza, y, también a través de su actividad en la producción, va conociendo paulatinamente y en diverso grado determinadas relaciones existentes entre los hombres. No es posible adquirir ninguno de estos conocimientos fuera de la actividad en la producción. En una sociedad sin clases, cada individuo, como miembro de la sociedad, uniendo sus esfuerzos a los de los demás miembros y entrando con ellos en determinadas relaciones de producción, se dedica a la producción para satisfacer las necesidades materiales del hombre. En todas las sociedades de clases, los miembros de las diferentes clases sociales, entrando también, de una u otra manera, en determinadas relaciones de producción, se dedican a la producción, destinada a satisfacer las necesidades materiales del hombre. Esto constituye la fuente fundamental desde la cual se desarrolla el conocimiento humano.
La práctica social del hombre no se reduce a su actividad en la producción, sino que tiene muchas otras formas: la lucha de clases, la vida política, las actividades científicas y artísticas; en resumen, el hombre, como ser social, participa en todos los dominios de la vida práctica de la sociedad. Por lo tanto, va conociendo en diverso grado las diferentes relaciones entre los hombres no sólo a través de la vida material, sino también a través de la vida política y la vida cultural (ambas estrechamente ligadas a la vida material). De estas otras formas de la práctica social, la lucha de clases en sus diversas manifestaciones ejerce, en particular, una influencia profunda sobre el desarrollo del conocimiento humano. En la sociedad de clases, cada persona existe como miembro de una determinada clase, y todas las ideas, sin excepción, llevan su sello de clase.
Los marxistas sostienen que la producción en la sociedad humana se desarrolla paso a paso, de lo inferior a lo superior, y que, en consecuencia, el conocimiento que el hombre tiene tanto de la naturaleza como de la sociedad se desarrolla también paso a paso, de lo inferior a lo superior, es decir, de lo superficial a lo profundo, de lo unilateral a lo multilateral. Durante un período muy largo en la historia, el hombre se vio circunscrito a una comprensión unilateral de la historia de la sociedad, ya que, por una parte, las clases explotadoras la deformaban constantemente debido a sus prejuicios, y, por la otra, la pequeña escala de la producción limitaba la visión del hombre. Sólo cuando surgió el proletariado moderno junto con gigantescas fuerzas productivas (la gran industria), pudo el hombre alcanzar una comprensión global e histórica del desarrollo de la sociedad y transformar este conocimiento en una ciencia, la ciencia del marxismo.
Los marxistas sostienen que la práctica social del hombre es el único criterio de la verdad de su conocimiento del mundo exterior. Efectivamente, el conocimiento del hombre queda confirmado sólo cuando éste logra los resultados esperados en el proceso de la práctica social (producción material, lucha de clases o experimentación científica). Si el hombre quiere obtener éxito en su trabajo, es decir, lograr los resultados esperados, tiene que hacer concordar sus ideas con las leyes del mundo exterior objetivo; si no consigue esto, fracasa en la práctica. Después de sufrir un fracaso, extrae lecciones de él, modifica sus ideas haciéndolas concordar con las leyes del mundo exterior y, de esta manera, puede transformar el fracaso en éxito: he aquí lo que se quiere decir con "el fracaso es madre del éxito" y "cada fracaso nos hace más listos". La teoría materialista dialéctica del conocimiento coloca la práctica en primer plano; considera que el conocimiento del hombre no puede separarse ni en lo más mínimo de la práctica, y repudia todas las teorías erróneas que niegan su importancia o separan de ella el conocimiento. Lenin dijo: "La práctica es superior al conocimiento (teórico), porque posee no sólo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata."[1] La filosofía marxista -- el materialismo dialéctico -- tiene dos características sobresalientes. Una es su carácter de clase: afirma explícitamente que el materialismo dialéctico sirve al proletariado. La otra es su carácter práctico: subraya la dependencia de la teoría respecto a la práctica, subraya que la práctica es la base de la teoría y que ésta, a su vez, sirve a la práctica. El que sea verdad o no un conocimiento o teoría no se determina mediante una apreciación subjetiva, sino mediante los resultados objetivos de la práctica social. El criterio de la verdad no puede ser otro que la práctica social. El punto de vista de la práctica es el punto de vista primero y fundamental de la teoría materialista dialéctica del conocimiento[2].
Pero, ¿cómo el conocimiento humano surge de la práctica y sirve a su vez a la práctica? Para comprenderlo basta con mirar el proceso de desarrollo del conocimiento.
En el proceso de la práctica, el hombre no ve al comienzo más que las apariencias, los aspectos aislados y las conexiones externas de las cosas. Por ejemplo, algunas personas de fuera vienen a Yenán en giras de investigación. En los primeros uno o dos días, ven su topografía, calles y casas, entran en contacto con muchas personas, asisten a recepciones, veladas y mítines, oyen todo tipo de conversaciones y leen diferentes documentos: todo esto son las apariencias de las cosas, sus aspectos aislados y sus conexiones externas. Esta etapa del conocimiento se denomina etapa sensorial, y es la etapa de las sensaciones y las impresiones. Esto es, las cosas de Yenán, aisladas, actuando sobre los órganos de los sentidos de los miembros del grupo de investigación, han provocado sensaciones en ellos y hecho surgir en su cerebro multitud de impresiones junto con una noción aproximativa de las conexiones externas entre dichas impresiones: ésta es la primera etapa del conocimiento. En esta etapa, el hombre no puede aún formar conceptos, que corresponden a un nivel más profundo, ni sacar conclusiones lógicas.
A medida que continúa la práctica social, las cosas que en el curso de la práctica suscitan en el hombre sensaciones e impresiones, se presentan una y otra vez; entonces se produce en su cerebro un cambio repentino (un salto) en el proceso del conocimiento y surgen los conceptos. Los conceptos ya no constituyen reflejos de las apariencias de las cosas, de sus aspectos aislados y de sus conexiones externas, sino que captan las cosas en su esencia, en su conjunto y en sus conexiones internas. Entre el concepto y la sensación existe una diferencia no sólo cuantitativa sino también cualitativa. Continuando adelante, mediante el juicio y el razonamiento, se pueden sacar conclusiones lógicas. La expresión de la Crónica de los tres reinos[3]: "Frunció el entrecejo y le vino a la mente una estratagema", o la del lenguaje corriente: "Déjeme reflexionar", significan que el hombre, empleando conceptos en el cerebro, procede al juicio y al razonamiento. Esta es la segunda etapa del conocimiento. Los miembros del grupo de investigación, después de haber reunido diversos datos y, lo que es más, después de "haber reflexionado", pueden llegar al juicio de que "la política de frente único nacional antijaponés, aplicada por el Partido Comunista, es consecuente, sincera y genuina". Habiendo formulado este juicio, ellos pueden, si son también genuinos partidarios de la unidad para salvar a la nación, dar otro paso adelante y sacar la siguiente conclusión: "El frente único nacional antijaponés puede tener éxito." Esta etapa, la de los conceptos, los juicios y los razonamientos, es aún más importante en el proceso completo del conocimiento de una cosa por el hombre; es la etapa del conocimiento racional. La verdadera tarea del conocimiento consiste en llegar, pasando por las sensaciones, al pensamiento, en llegar paso a paso a la comprensión de las contradicciones internas de las cosas objetivas, de sus leyes y de las conexiones internas entre un proceso y otro, es decir, en llegar al conocimiento lógico. Repetimos: el conocimiento lógico difiere del conocimiento sensorial en que éste concierne a los aspectos aislados, las apariencias y las conexiones externas de las cosas, mientras que aquél, dando un gran paso adelante, alcanza al conjunto, a la esencia y a las conexiones internas de las cosas, pone al descubierto las contradicciones internas del mundo circundante y puede, por consiguiente, llegar a dominar el desarrollo del mundo circundante en su conjunto, en las conexiones internas de todos sus aspectos.
Nadie antes del marxismo elaboró una teoría como ésta, la materialista dialéctica, sobre el proceso de desarrollo del conocimiento, el que se basa en la práctica y va de lo superficial a lo profundo. Es el materialismo marxista el primero en resolver correctamente este problema, poniendo en evidencia de. manera materialista y dialéctica el movimiento de profundización del conocimiento, movimiento por el cual el hombre, como ser social, pasa del conocimiento sensorial al conocimiento lógico en su compleja y constantemente repetida práctica de la producción y de la lucha de clases. Lenin dijo: "La abstracción de la materia, de una ley de la naturaleza, la abstracción del valor, etc., en una palabra, todas las abstracciones científicas (correctas, serias, no absurdas) reflejan la naturaleza en forma más profunda, veraz y completa."[4] El marxismo-leninismo sostiene que cada una de las dos etapas del proceso cognoscitivo tiene sus propias características: en la etapa inferior, el conocimiento se manifiesta como conocimiento sensorial y, en la etapa superior, como conocimiento lógico, pero ambas son etapas de un proceso cognoscitivo único. Lo sensorial y lo racional son cualitativamente diferentes; sin embargo, uno y otro no están desligados, sino unidos sobre la base de la práctica. Nuestra práctica testimonia que no podemos comprender inmediatamente lo que percibimos, y que podemos percibir con mayor profundidad sólo aquello que ya comprendemos. La sensación sólo resuelve el problema de las apariencias; únicamente la teoría puede resolver el problema de la esencia. La solución de ninguno de estos problemas puede separarse ni en lo más mínimo de la práctica. Quien quiera conocer una cosa, no podrá conseguirlo sin entrar en contacto con ella, es decir, sin vivir (practicar) en el mismo medio de esa cosa. En la sociedad feudal era imposible conocer de antemano las leyes de la sociedad capitalista, pues no había aparecido aún el capitalismo y faltaba la práctica correspondiente. El marxismo sólo podía ser producto de la sociedad capitalista. Marx, en la época del capitalismo liberal, no podía conocer concretamente, de antemano, ciertas leyes peculiares de la época del imperialismo, ya que no había aparecido aún el imperialismo, fase final del capitalismo, y faltaba la práctica correspondiente; sólo Lenin y Stalin pudieron asumir esta tarea. Aparte de su genio, la razón principal por la cual Marx, Engels, Lenin y Stalin pudieron crear sus teorías fue su participación personal en la práctica de la lucha de clases y de la experimentación científica de su tiempo; sin este requisito, ningún genio podría haber logrado éxito. La expresión: "Sin salir de su casa, el letrado sabe todo cuanto sucede en el mundo" no era más que una frase hueca en los tiempos antiguos, cuando la técnica estaba poco desarrollada; y en nuestra época de técnica desarrollada, aunque tal cosa es realizable, los únicos que tienen auténticos conocimientos de primera mano son las personas que en el mundo se dedican a la práctica. Y sólo cuando, gracias a la escritura y a la técnica, llegan al "letrado" los conocimientos que estas personas han adquirido en su práctica, puede éste, indirectamente, "saber todo cuanto sucede en el mundo". Para conocer directamente tal o cual cosa o cosas, es preciso participar personalmente en la lucha práctica por transformar la realidad, por transformar dicha cosa o cosas, pues es éste el único medio de entrar en contacto con sus apariencias; asimismo, es éste el único medio de poner al descubierto la esencia de dicha cosa o cosas y comprenderlas. Tal es el proceso cognoscitivo que en realidad siguen todos los hombres, si bien alguna gente, deformando deliberadamente los hechos, afirma lo contrario. La gente más ridícula del mundo son los "sabelotodo" que, recogiendo de oídas conocimientos fragmentarios y superficiales, se las dan de "máxima autoridad en el mundo", lo que testimonia simplemente su fatuidad. El conocimiento es problema de la ciencia y ésta no admite ni la menor deshonestidad ni la menor presunción; lo que exige es ciertamente lo contrario: honestidad y modestia. Si quieres conocer, tienes que participar en la práctica transformadora de la realidad. Si quieres conocer el sabor de una pera, tienes tú mismo que transformarla comiéndola. Si quieres conocer la estructura y las propiedades del átomo, tienes que hacer experimentos físicos y químicos, cambiar el estado del átomo. Si quieres conocer la teoría y los métodos de la revolución, tienes que participar en la revolución. Todo conocimiento auténtico nace de la experiencia directa. Sin embargo, el hombre no puede tener experiencia directa de todas las cosas y, de hecho, la mayor parte de nuestros conocimientos proviene de la experiencia indirecta, por ejemplo, todos los conocimientos de los siglos pasados y de otros países. Estos conocimientos fueron o son, para nuestros antecesores y los extranjeros, producto de la experiencia directa, y merecen confianza si en el curso de esa experiencia directa se ha cumplido la condición de "abstracción científica" de que hablaba Lenin y si reflejan de un modo científico la realidad objetiva; en caso contrario, no la merecen. Por eso, los conocimientos de una persona los constituyen sólo dos sectores: uno proviene de la experiencia directa y el otro, de la experiencia indirecta. Además, lo que para mí es experiencia indirecta, constituye experiencia directa para otros. Por lo tanto, considerados en su conjunto, los conocimientos, sean del tipo que fueren, no pueden separarse de la experiencia directa. Todo conocimiento se origina en las sensaciones que el hombre obtiene del mundo exterior objetivo a través de los órganos de los sentidos; no es materialista quien niegue la sensación, niegue la experiencia directa, o niegue la participación personal en la práctica transformadora de la realidad. Es por esto que los "sabelotodo" son ridículos. Un antiguo proverbio chino dice: "Si uno no entra en la guarida del tigre, ¿cómo podrá apoderarse de sus cachorros?" Este proverbio es verdad tanto para la práctica del hombre como para la teoría del conocimiento. No puede haber conocimiento al margen de la práctica.
Para poner en claro el movimiento materialista dialéctico del conocimiento, movimiento de profundización gradual del conocimiento, surgido sobre la base de la práctica transformadora de la realidad, daremos a continuación otros ejemplos concretos.
En el período inicial de su práctica, período de destrucción de las máquinas y de lucha espontánea, el proletariado se encontraba, en cuanto a su conocimiento de la sociedad capitalista, sólo en la etapa del conocimiento sensorial; conocía sólo los aspectos aislados y las conexiones externas de los diversos fenómenos del capitalismo. En esa época, el proletariado era todavía una "clase en sí". Sin embargo, el proletariado se convirtió en una "clase para sí" cuando, entrando en el segundo período de su práctica, período de lucha económica y política consciente y organizada, llegó a comprender la esencia de la sociedad capitalista, las relaciones de explotación entre las clases sociales y sus propias tareas históricas, gracias a su práctica, a su variada experiencia de largos años de lucha y a su educación en la teoría marxista, resumen científico hecho por Marx y Engels de dicha experiencia.
Lo mismo pasó con el conocimiento del pueblo chino respecto al imperialismo. La primera etapa fue la del conocimiento sensorial, superficial, tal como se manifestó en las indiscriminadas luchas contra los extranjeros, ocurridas durante los movimientos del Reino Celestial Taiping, del Yijetuan y otros. Sólo en la segunda etapa, la del conocimiento racional, el pueblo chino discernió las diferentes contradicciones internas y externas del imperialismo y comprendió la verdad esencial de que el imperialismo, en alianza con la burguesía compradora y la clase feudal, oprimía y explotaba a las amplias masas populares de China; tal conocimiento no comenzó sino por la época del Movimiento del 4 de Mayo de 1919.
Veamos ahora la guerra. Si los dirigentes militares carecen de experiencia militar, no podrán comprender en la etapa inicial las leyes profundas que rigen la dirección de una guerra específica (por ejemplo, nuestra Guerra Revolucionaria Agraria de los últimos diez años). En la etapa inicial, sólo vivirán la experiencia de numerosos combates y, lo que es más, sufrirán muchas derrotas. Sin embargo, esta experiencia (la experiencia de los combates ganados y, sobre todo, la de los perdidos) les permitirá comprender lo que por dentro articula toda la guerra, es decir, las leyes de esa guerra específica, comprender su estrategia y sus tácticas, y de este modo, dirigirla con seguridad. Si en ese momento se confía el mando de la guerra a una persona inexperta, ella también tendrá que sufrir una serie de derrotas (es decir, adquirir experiencia) antes de poder comprender las verdaderas leyes de la guerra.
Con frecuencia, de algún camarada que no tiene coraje para aceptar una tarea, oímos decir: "No estoy seguro de poder cumplirla." ¿Por qué no está seguro de sí mismo? Porque no comprende el contenido y las circunstancias de ese trabajo según las leyes que lo rigen, porque no ha tenido o ha tenido muy poco contacto con semejante trabajo, de modo que no se puede ni hablar de que conozca tales leyes. Pero, después de un análisis detallado de la naturaleza y las circunstancias de ese trabajo, se sentirá relativamente seguro de sí mismo y lo aceptará de buen grado. Si se dedica a él por algún tiempo y adquiere experiencia, y si está dispuesto a examinar la situación con prudencia, en vez de abordarla de una manera subjetiva, unilateral y superficial, será capaz de llegar por sí mismo a conclusiones sobre cómo debe hacer el trabajo y lo hará con mucho mayor coraje. Sólo quienes abordan los problemas de manera subjetiva, unilateral y superficial, dictan órdenes presuntuosamente apenas llegan a un nuevo lugar, sin considerar las circunstancias, sin examinar las cosas en su totalidad (su historia y su situación actual en conjunto) ni penetrar en su esencia (su naturaleza y las conexiones internas entre una cosa y otras). Semejantes personas tropiezan y caen inevitablemente.
Así se ve que el primer paso en el proceso del conocimiento es el contacto con las cosas del mundo exterior; esto corresponde a la etapa de las sensaciones. El segundo es sintetizar los datos proporcionados por las sensaciones, ordenándolos y elaborándolos; esto corresponde a la etapa de los conceptos, los juicios y los razonamientos. Sólo cuando los datos proporcionados por las sensaciones son muy ricos (no fragmentarios e incompletos) y acordes con la realidad (no ilusorios), pueden servir de base para formar conceptos correctos y una lógica correcta.
Aquí hay que subrayar dos puntos importantes. El primero, que se ha señalado más arriba pero que conviene reiterar, es la dependencia del conocimiento racional respecto al conocimiento sensorial. Es idealista quien considere posible que el conocimiento racional no provenga del conocimiento sensorial. En la historia de la filosofía existe la escuela "racionalista", que sólo reconoce la realidad de la razón y niega la realidad de la experiencia, considerando que sólo es digna de crédito la razón y no la experiencia sensorial; su error consiste en trastrocar los hechos. Lo racional merece crédito precisamente porque dimana de lo sensorial; de otro modo, lo racional sería arroyo sin fuente, árbol sin raíces, algo subjetivo, autogenerado e indigno de confianza. En el orden que sigue el proceso del conocimiento, la experiencia sensorial viene primero; si subrayamos la importancia de la práctica social en el proceso del conocimiento, es porque sólo ella puede dar origen al conocimiento humano y permitir al hombre comenzar a adquirir experiencia sensorial del mundo exterior objetivo. Para una persona que cierra los ojos y se tapa los oídos y se aísla totalmente del mundo exterior objetivo, no hay conocimiento posible. El conocimiento comienza con la experiencia: éste es el materialismo de la teoría del conocimiento.
El segundo punto es que el conocimiento necesita profundizarse, necesita desarrollarse de la etapa sensorial a la racional: ésta es la dialéctica de la teoría del conocimiento[5]. Pensar que el conocimiento puede quedarse en la etapa inferior, sensorial, y que sólo es digno de crédito el conocimiento sensorial y no el racional, significa caer en el "empirismo", error ya conocido en la historia. El error de esta teoría consiste en ignorar que los datos proporcionados por las sensaciones, aunque constituyen reflejos de determinadas realidades del mundo exterior objetivo (aquí no me refiero al empirismo idealista, que reduce la experiencia a la llamada introspección), no pasan de ser unilaterales y superficiales, reflejos incompletos de las cosas, que no traducen su esencia. Para reflejar plenamente una cosa en su totalidad, para reflejar su esencia y sus leyes internas, hay que proceder a una operación mental, someter los ricos datos suministrados por las sensaciones a una elaboración que consiste en desechar la cáscara para quedarse con el grano, descartar lo falso para conservar lo verdadero, pasar de un aspecto a otro y de lo externo a lo interno, formando así un sistema de conceptos y teorías; es necesario dar un salto del conocimiento sensorial al racional. Los conocimientos así elaborados no son menos substanciosos ni menos dignos de confianza. Por el contrario, todo aquello que en el proceso del conocimiento ha sido científicamente elaborado sobre la base de la práctica, refleja la realidad objetiva, como dice Lenin, en forma más profunda, veraz y completa. Los "prácticos" vulgares no proceden así; respetan la experiencia pero desprecian la teoría, y en consecuencia no pueden tener una visión que abarque un proceso objetivo en su totalidad, carecen de una orientación clara y de una perspectiva de largo alcance, y se contentan con sus éxitos ocasionales y con fragmentos de la verdad. Si esas personas dirigen una revolución, la conducirán a un callejón sin salida.
El conocimiento racional depende del conocimiento sensorial, y éste necesita desarrollarse hasta convertirse en conocimiento racional: tal es la teoría materialista dialéctica del conocimiento. En la filosofía, ni el "racionalismo" ni el "empirismo" entienden el carácter histórico o dialéctico, del conocimiento, y aunque cada una de estas escuelas contiene un aspecto de la verdad (me refiero al racionalismo y al empirismo materialistas, y no idealistas), ambas son erróneas en cuanto a la teoría del conocimiento en su conjunto. El movimiento materialista dialéctico del conocimiento desde lo sensorial a lo racional ocurre tanto en un pequeño proceso cognoscitivo (por ejemplo, conocer una sola cosa, un solo trabajo) como en uno grande (por ejemplo, conocer una sociedad o una revolución).
Sin embargo, el movimiento del conocimiento no acaba ahí. Detener el movimiento materialista dialéctico del conocimiento en el conocimiento racional, sería tocar sólo la mitad del problema y, más aún, según la filosofía marxista, la mitad menos importante. La filosofía marxista considera que el problema más importante no consiste en comprender las leyes del mundo objetivo para estar en condiciones de interpretar el mundo, sino en aplicar el conocimiento de esas leyes para transformarlo activamente. Para el marxismo, la teoría es importante, y su importancia está plenamente expresada en la siguiente frase de Lenin: "Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario."[6] Pero el marxismo subraya la importancia de la teoría precisa y únicamente porque ella puede servir de guía para la acción. Si tenemos una teoría justa, pero nos contentamos con hacer de ella un tema de conversación y la dejamos archivada en lugar de ponerla en práctica, semejante teoría, por buena que sea, carecerá de significación. El conocimiento comienza por la práctica, y todo conocimiento teórico, adquirido a través de la práctica, debe volver a ella. La función activa del conocimiento no solamente se manifiesta en el salto activo del conocimiento sensorial al racional, sino que también, lo que es más importante, debe manifestarse en el salto del conocimiento racional a la práctica revolucionaria. El conocimiento que alcanza las leyes del mundo hay que dirigirlo de nuevo a la práctica transformadora del mundo, hay que aplicarlo nuevamente a la práctica de la producción, a la práctica de la lucha de clases revolucionaria y de la lucha nacional revolucionaria, así como a la práctica de la experimentación científica. Este es el proceso de comprobación y desarrollo de la teoría, la continuación del proceso global del conocimiento. El problema de saber si una teoría corresponde a la verdad objetiva no se resuelve ni puede resolverse completamente en el arriba descrito movimiento del conocimiento desde lo sensorial a lo racional. El único medio para resolver completamente este problema es dirigir de nuevo el conocimiento racional a la práctica social, aplicar la teoría a la práctica y ver si conduce a los objetivos planteados. Muchas teorías de las ciencias naturales son reconocidas como verdades no sólo porque fueron creadas por los científicos, sino porque han sido comprobadas en la práctica científica ulterior. Igualmente, el marxismo-leninismo es reconocido como verdad no sólo porque esta doctrina fue elaborada científicamente por Marx, Engels, Lenin y Stalin, sino porque ha sido comprobada en la ulterior práctica de la lucha de clases revolucionaria y de la lucha nacional revolucionaria. El materialismo dialéctico es una verdad universal porque nadie, en su práctica, puede escapar a su dominio. La historia del conocimiento humano nos enseña que la verdad de muchas teorías era incompleta y que la comprobación en la práctica ha permitido completarla. Numerosas teorías eran erróneas, y la comprobación en la práctica ha permitido corregirlas. Es por esto que la práctica es el criterio de la verdad y que "el punto de vista de la vida, de la práctica, debe ser el punto de vista primero y fundamental de la teoría del conocimiento"[7]. Stalin tenía razón al decir: "[. . .] la teoría deja de tener objeto cuando no se halla vinculada a la práctica revolucionaria, exactamente del mismo modo que la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no alumbra su camino."[8]
¿Se consuma aquí el movimiento del conocimiento? Nuestra respuesta es sí y no. Cuando los hombres, como seres sociales, se dedican a la práctica transformadora de un determinado proceso objetivo (sea natural o social) en una etapa determinada de su desarrollo, pueden, a consecuencia del reflejo del proceso objetivo en su cerebro y de su propia actividad consciente, hacer avanzar su conocimiento desde lo sensorial a lo racional, y crear ideas, teorías, planes o proyectos que correspondan, en términos generales, a las leyes que rigen el proceso objetivo en cuestión. Luego, aplican estas ideas, teorías, planes o proyectos a la práctica del mismo proceso objetivo. Si alcanzan los objetivos planteados, es decir, si en la práctica de este mismo proceso logran hacer realidad las ideas, teorías, planes o proyectos previamente formulados, o hacerlos realidad en líneas generales, entonces puede considerarse consumado el movimiento del conocimiento de este proceso específico. Pueden darse por logrados los objetivos previstos cuando, por ejemplo, en el proceso de transformar la naturaleza, se realiza un proyecto de ingeniería, se verifica una hipótesis científica, se fabrica un utensilio o se cosecha un cultivo, o, en el proceso de transformar la sociedad, se gana una huelga, se vence en una guerra, o se cumple un plan educacional. Sin embargo, por lo general, tanto en la práctica que transforma la naturaleza como en la que transforma la sociedad, muy rara vez se realizan sin ninguna alteración las ideas, teorías, planes o proyectos previamente elaborados por el hombre. Esto se debe a que la gente que se dedica a la transformación de la realidad está siempre sujeta a numerosas limitaciones; no sólo se encuentra limitada por las condiciones científicas y técnicas existentes, sino también por el desarrollo del propio proceso objetivo y el grado en que éste se manifiesta (aún no se han revelado plenamente los diferentes aspectos y la esencia del proceso objetivo). En esta situación, debido a que en el curso de la práctica se descubren circunstancias imprevistas, con frecuencia se modifican parcialmente y a veces incluso completamente las ideas, teorías, planes o proyectos. Dicho de otra manera, se dan casos en que las ideas, teorías, planes o proyectos originales no corresponden, en parte o en todo, a la realidad, son parcial o totalmente erróneos. A menudo, sólo después de repetidos fracasos se logra corregir los errores en el conocimiento y hacer concordar a éste con las leyes del proceso objetivo y, por consiguiente, transformar lo subjetivo en objetivo, es decir, obtener en la práctica los resultados esperados. En todo caso, cuando se llega a este punto, puede considerarse consumado el movimiento del conocimiento humano respecto a un proceso objetivo dado en una etapa determinada de su desarrollo.
Sin embargo, considerado el proceso en su avance, el movimiento del conocimiento humano no está consumado. En virtud de sus contradicciones y luchas internas, todo proceso, sea natural o social, avanza y se desarrolla, y, en consonancia con ello, también tiene que avanzar y desarrollarse el movimiento del conocimiento humano. En cuanto a los movimientos sociales, los auténticos dirigentes revolucionarios no sólo deben saber corregir los errores que se descubran en sus ideas, teorías, planes o proyectos, corno ya se ha dicho anteriormente, sino que, además, cuando un determinado proceso objetivo avanza y cambia pasando de una etapa de desarrollo a otra, ellos deben saber avanzar y cambiar, a la par, en su conocimiento subjetivo, y conseguir que todos los que participan en la revolución hagan lo mismo, es decir, deben saber plantear, de acuerdo con los nuevos cambios producidos en la situación, nuevas tareas revolucionarias y nuevos proyectos de trabajo. En un período revolucionario, la situación cambia con mucha rapidez, y si el conocimiento de los revolucionarios no cambia también rápidamente en conformidad con la situación, ellos no serán capaces de conducir la revolución a la victoria.
No obstante, sucede a menudo que el pensamiento se rezaga respecto a la realidad; esto se debe a que el conocimiento del hombre está limitado por numerosas condiciones sociales. Nos oponemos a los testarudos en las filas revolucionarias, cuyo pensamiento no progresa en concordancia con las circunstancias objetivas cambiantes y se ha manifestado en la historia como oportunismo de derecha. Estas personas no ven que la lucha de los contrarios ha hecho avanzar el proceso objetivo, mientras que su conocimiento se halla atascado aún en la vieja etapa. Esto es característico del pensamiento de todos los testarudos. Su pensamiento está apartado de la práctica social, y ellos no son capaces de ir delante guiando el carro de la sociedad; se limitan a ir a la rastra, refunfuñando que el carro marcha demasiado rápido y tratando de hacerlo retroceder o dar media vuelta y regresar.
Nos oponemos también a la huera palabrería "izquierdista". El pensamiento de los "izquierdistas" pasa por encima de una determinada etapa de desarrollo del proceso objetivo; algunos toman sus fantasías por verdades, otros pretenden realizar a la fuerza en el presente ideales sólo realizables en el futuro. Alejado de la práctica presente de la mayoría de las personas y de la realidad del momento, su pensamiento se traduce en la acción como aventurerismo.
El idealismo y el materialismo mecanicista, el oportunismo y el aventurerismo, se caracterizan por la ruptura entre lo subjetivo y lo objetivo, por la separación entre el conocimiento y la práctica. La teoría marxista-leninista del conocimiento, caracterizada por la práctica social científica, no puede dejar de oponerse categóricamente a estas concepciones erróneas. Los marxistas reconocen que, en el proceso general absoluto del desarrollo del universo, el desarrollo de cada proceso determinado es relativo y que, por eso, en el torrente infinito de la verdad absoluta, el conocimiento humano de cada proceso determinado en una etapa dada de desarrollo es sólo una verdad relativa. La suma total de las incontables verdades relativas constituye la verdad absoluta[9]. El desarrollo de todo proceso objetivo está lleno de contradicciones y luchas, y también lo está el desarrollo del movimiento del conocimiento humano. Todo movimiento dialéctico del mundo objetivo se refleja, tarde o temprano, en el conocimiento humano. En la práctica social, el proceso de nacimiento, desarrollo y extinción es infinito. Y así lo es el proceso de nacimiento, desarrollo y extinción en el conocimiento humano. A medida que avanza cada vez más lejos la práctica del hombre que transforma la realidad objetiva de acuerdo con determinadas ideas, teorías, planes o proyectos, más y más profundo se va haciendo el conocimiento que de la realidad objetiva tiene el hombre. Nunca terminará el movimiento de cambio en el mundo de la realidad objetiva, y tampoco tendrá fin la cognición de la verdad por el hombre a través de la práctica. El marxismo-leninismo no ha agotado en modo alguno la verdad, sino que en el curso de la práctica abre sin cesar el camino hacia su conocimiento. Nuestra conclusión es la unidad concreta e histórica de lo subjetivo y lo objetivo, de la teoría y la práctica, del saber y el hacer, y nos oponemos a todas las ideas erróneas, de "izquierda" o de derecha, ideas que se separan de la historia concreta.
En la presente época del desarrollo de la sociedad, la historia ha hecho recaer sobre los hombros del proletariado y su partido la responsabilidad de conocer correctamente el mundo y transformarlo. Este proceso, el de la práctica transformadora del mundo, que está determinado con arreglo al conocimiento científico, ha llegado ya a un momento histórico en China y en toda la Tierra, a un gran momento sin precedentes en la historia, esto es, el momento de acabar completamente con las tinieblas en China y en el resto de la Tierra, y transformar nuestro mundo en un mundo luminoso, nunca visto antes. La lucha del proletariado y de los pueblos revolucionarios por la transformación del mundo implica el cumplimiento de las siguientes tareas: transformar el mundo objetivo y, al mismo tiempo, transformar su propio mundo subjetivo, esto es, su propia capacidad cognoscitiva y las relaciones entre su mundo subjetivo y el objetivo. Estas transformaciones ya están en marcha en una parte del globo terrestre, la Unión Soviética. Allí se sigue promoviendo este proceso de transformaciones. Los pueblos de China y del resto del orbe también están pasando o pasarán por semejante proceso. Y el mundo objetivo a transformar incluye también a todas las personas opuestas a estas transformaciones, personas que tienen que pasar por una etapa de coacción antes de poder entrar en la etapa de transformación consciente. La época en que la humanidad entera proceda de manera consciente a su propia transformación y a la del mundo, será la época del comunismo mundial.
Descubrir la verdad a través de la práctica y, nuevamente a través de la práctica, comprobarla y desarrollarla. Partir del conocimiento sensorial y desarrollarlo activamente convirtiéndolo en conocimiento racional; luego, partir del conocimiento racional y guiar activamente la práctica revolucionaria para transformar el mundo subjetivo y el mundo objetivo. Practicar, conocer, practicar otra vez y conocer de nuevo. Esta forma se repite en infinitos ciclos, y, con cada ciclo, el contenido de la práctica y del conocimiento se eleva a un nivel más alto. Esta es en su conjunto la teoría materialista dialéctica del conocimiento, y ésta es la teoría materialista dialéctica de la unidad entre el saber y el hacer.

* En nuestro Partido había cierto número de camaradas dogmáticos, que, durante largo tiempo, rechazaron la experiencia de la revolución china, negaron la verdad de que "el marxismo no es un dogma, sino una guía para la acción", y trataron de intimidar a la gente con palabras y frases de las obras marxistas, sacadas mecánicamente fuera del contexto. Había también cierto número de camaradas empíricos, que, durante largo tiempo, se limitaron a su Fragmentaria experiencia personal, ignoraron la importancia de la teoría para la práctica revolucionaria y no vieron la revolución en su conjunto; aunque trabajaron con diligencia, lo hicieron a ciegas. Las ideas erróneas de unos y otros, y en particular las de los dogmáticos, causaron [cont. en pág. 318. -- DJR] entre 1931 y 1934 enormes daños a la revolución china; además, los dogmáticos, disfrazados de marxistas, desorientaron a gran número de camaradas. El camarada Mao Tse-tung escribió "Sobre la práctica" con el fin de denunciar, desde el punto de vista de la teoría marxista del conocimiento, los errores subjetivistas de dogmatismo y de empirismo en el Partido, especialmente el de dogmatismo. Este trabajo se titula "Sobre la práctica" porque pone énfasis en la denuncia del dogmatismo, variedad del subjetivismo que menosprecia la práctica. Las concepciones contenidas en este trabajo las expuso el camarada Mao Tse-tung en una serie de conferencias dadas en el Instituto Político y Militar Antijaponés de Yenán.
 [Nota de la publicación, del PCCH]

NOTAS

[1] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel " Ciencia de la lógica ".
[2] Véanse C. Marx, Tesis sobre Feuerbach y V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, II, 6.
[3] Célebre novela histórica china escrita por Luo Kuan-chung (¿1330-1400?).
[4] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel " Ciencia de la lógica ".
[5] V. I. Lenin dice: "Para comprender, hay que comenzar a comprender y a estudiar de una manera empírica, y elevares de lo empírico a lo general." Ibíd.
[6] V. I. Lenin: ¿Qué Hacer?, I, d.
[7] V. I. Lenin: Materialismo y empiriocriticismo, II, 6.
[8] J. V. Stalin: "Los fundamentos del leninismo", III.
[9] Véase V. I. Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, II, 5.


Una sola chispa puede incendiar la pradera [*]

5 de enero de 1930

Parte de los camaradas de nuestro Partido aún no saben cómo apreciar correctamente la situación actual, ni cuáles son las acciones que esta situación exige de nosotros. Aunque están convencidos de que es inevitable un auge revolucionario, no creen que pueda surgir pronto. Por consiguiente, no aprueban el plan para conquistar Chiangsí y sólo están de acuerdo con las acciones guerrilleras errantes en las tres zonas en los límites entre Fuchién, Kuangtung y Chiangsí. Además, no están profundamente convencidos de la necesidad de establecer el Poder rojo en las zonas guerrilleras, ni, en consecuencia, de la necesidad de consolidar y extender este Poder rojo a fin de promover el auge de la revolución en todo el país. Al parecer, consideran inútil dedicarse al duro trabajo de establecer el Poder en momentos en que el auge revolucionario está lejano todavía; pretenden ampliar nuestra influencia política recurriendo a un método más fácil: las acciones guerrilleras errantes y, una vez cumplida enteramente o hasta cierto punto la labor de ganarse a las masas en todo el país, iniciar un levantamiento armado en toda China, levantamiento que, con la participación del Ejército Rojo, desembocaría en una gran revolución de amplitud nacional. Esta teoría sobre la necesidad de ganarse primero a las masas a escala nacional y en todas partes, y establecer después el Poder, no corresponde a las condiciones reales de la revolución china. Su origen es principalmente la falta de una comprensión clara del hecho de que China es una semicolonia que se disputan muchos países imperialistas. Si se llega a entender esto con claridad, se comprenderá, en primer lugar, por qué es China el único país en el mundo que experimenta un fenómeno tan insólito como es
el de las prolongadas e intrincadas guerras en el seno de las clases dominantes, por qué estas guerras se agudizan y se extienden día a día, y por qué no ha habido jamás un régimen unificado en el país. En segundo lugar, se comprenderá lo grave que es el problema campesino y, en consecuencia, por qué las insurrecciones en el campo se han desarrollado con tal amplitud que abarcan hoy todo el país. En tercer lugar, se comprenderá la justeza de la consigna: Por un Poder democrático obrero-campesino. En cuarto lugar, se comprenderá otro fenómeno insólito -- igualmente desconocido fuera de China y surgido en relación con el fenómeno inusitado de las prolongadas e intrincadas guerras en el seno de las clases dominantes de China --, el de la existencia y desarrollo del Ejército Rojo y los destacamentos guerrilleros y, junto con ellos, la existencia y desarrollo de pequeñas zonas rojas rodeadas por el régimen blanco. En quinto lugar, se comprenderá también que en la China semicolonial, la creación y desarrollo del Ejército Rojo, los destacamentos guerrilleros y las zonas rojas, es la forma más alta de la lucha campesina dirigida por el proletariado, el resultado inevitable del desarrollo de la lucha campesina en una semicolonia y, sin duda alguna, el factor más importante para promover el auge revolucionario en todo el país. Y en sexto lugar, se comprenderá asimismo que con la política de simples acciones guerrilleras errantes no se puede cumplir la tarea de promover el auge revolucionario a escala nacional, en tanto que es indudablemente correcta la política adoptada por Chu Te y Mao Tse-tung, y también por Fang Chi-min[1], que consiste en crear bases de apoyo, establecer el Poder de manera sistemática, realizar en profundidad la revolución agraria, engrosar las fuerzas armadas populares siguiendo el proceso de formar primero destacamentos cantonales de guardias rojos, luego territoriales, después distritales, posteriormente fuerzas locales del Ejército Rojo y, por último, un Ejército Rojo regular, y extender el Poder a modo de oleadas, etc. Sólo así se puede infundir fe a las masas revolucionarias de todo el país, tal como lo hace la Unión Soviética respecto al mundo entero. Sólo así se puede ocasionar inmensas dificultades a las clases dominantes reaccionarias, sacudir sus cimientos y precipitar su desintegración interna. Y sólo así se puede crear efectivamente un Ejército Rojo, que servirá de instrumento principal para la gran revolución venidera. En una palabra, sólo así se puede promover el auge de la revolución.
Los camaradas que padecen del mal de la precipitación revolucionaria sobrestiman las fuerzas subjetivas de la revolución[2] y subestiman las fuerzas de la contrarrevolución. Semejante apreciación nace principalmente del subjetivismo, e indudablemente terminará conduciendo al camino del putchismo. Por otra parte, la subestimación de las fuerzas subjetivas de la revolución y la sobreestimación de las fuerzas de la contrarrevolución constituyen también una apreciación inadecuada, que producirá inevitablemente resultados negativos, aunque de otro orden. Por consiguiente, al juzgar la situación política de China, es necesario comprender los siguientes puntos esenciales :
1. A pesar de que las fuerzas subjetivas de la revolución china san débiles en la actualidad, lo es también toda la organización (el Poder, las fuerzas armadas, los partidos, etc.) de las clases dominantes reaccionarias, organización que se basa en la atrasada y frágil estructura social y económica de China. Así se explica por qué la revolución no puede estallar inmediatamente en los países de Europa occidental, donde, aunque actualmente las fuerzas subjetivas de la revolución son quizá algo más poderosas que en China, las clases dominantes reaccionarias tienen un poderío muchas veces superior al que poseen las clases dominantes reaccionarias de nuestro país. Y aunque en China las fuerzas subjetivas de la revolución son ahora débiles, sin duda la revolución avanza hacia su auge más rápidamente que en Europa occidental, porque aquí las fuerzas de la contrarrevolución son relativamente débiles también.
2. Después de la derrota de la revolución en 1927, las fuerzas subjetivas de la revolución han quedado, en efecto, considerablemente debilitadas. Es muy poco lo que resta de ellas, y resulta natural que aquellos camaradas que juzgan las cosas sólo por las apariencias tengan ideas pesimistas. Pero si se examina la esencia de las cosas, se ve un cuadro completamente distinto. Aquí viene al caso un antiguo proverbio chino: "Una sola chispa puede incendiar la pradera." En otras palabras, nuestras fuerzas, aunque muy pequeñas ahora, se desarrollarán con gran rapidez. En las condiciones de China, su desarrollo no sólo es posible, sino prácticamente inevitable. Esto lo demostraron completamente el Movimiento del 30 de Mayo y la Gran Revolución que le siguió. Al tratar un asunto, debemos examinar su esencia y considerar su apariencia sólo como guía que nos conduce a la entrada, y, una vez que cruzamos el umbral, debemos captar la esencia. Este es el único método de análisis seguro y científico.
3. En forma similar, al evaluar a las fuerzas de la contrarrevolución, de ninguna manera debemos ver sólo su apariencia, sino examinar su esencia. En el período inicial del establecimiento de nuestro régimen independiente en los límites entre Junán y Chiangsí, algunos camaradas creyeron de buena fe en la incorrecta apreciación que hizo entonces el Comité Provincial del Partido en Junán, y consideraron que nuestro enemigo de clase no valía un centavo. "Sumamente tambaleante" y "totalmente presa de pánico", dos expresiones que todavía nos causan risa, fueron las que utilizó en aquel tiempo (de mayo a junio de 1928) el Comité Provincial de Junán para valorar a Lu Ti-ping[3], gobernante de dicha provincia. Tales apreciaciones condujeron inevitablemente al putchismo en el terreno político. Pero durante los cuatro meses que van de noviembre de 1928 a febrero de 1929 (antes del estallido de la guerra entre Chiang Kai-shek y los caudillos militares de Kuangsí[4]), cuando enfrentábamos a la tercera "campaña conjunta de aniquilamiento"[5]del enemigo contra las montañas Chingkang, algunos camaradas plantearon la siguiente cuestión: "¿cuánto tiempo podremos mantener flameando la bandera roja?" En realidad, la lucha entre Inglaterra, los Estados Unidos y el Japón en China se había vuelto entonces muy desembozada y habían madurado las condiciones para una guerra intrincada entre Chiang Kai-shek, los caudillos militares de Kuangsí y Feng Yu-siang. Este era, en esencia, el momento en que la marea contrarrevolucionaria comenzaba a bajar y la marea revolucionaria, a crecer de nuevo. Sin embargo, durante ese período existían ideas pesimistas no sólo en el Ejército Rojo y en las organizaciones locales del Partido, sino que incluso el Comité Central se dejó engañar por las apariencias y adoptó un tono pesimista. La carta de febrero del Comité Central[6] es una prueba del análisis pesimista que se hacía entonces en el Partido.
4. La actual situación objetiva todavía puede desorientar fácilmente a los camaradas que sólo ven las apariencias y no penetran en la esencia. Especialmente los que trabajan en el Ejército Rojo, cuando sufren una derrota, cuando están rodeados o acosados por poderosas fuerzas enemigas, a menudo, sin quererlo, generalizan y exageran su situación momentánea, particular y local, como si globalmente fuera poco brillante la situación de todo el país y del mundo entero, y vagas y remotas las perspectivas de victoria de la revolución. En su observación de las cosas, estos camaradas se aferran a las apariencias y pasan por alto la esencia, porque no han efectuado un análisis científico de la esencia de la situación general. A la pregunta de si surgirá pronto en China un auge revolucionario, se puede dar una respuesta precisa sólo después de haber examinado en detalle si realmente están en desarrollo las diversas contradicciones que conducen a este auge. Dado que, en el plano internacional, se desarrollan las contradicciones entre los países imperialistas, entre estos países y sus colonias y entre los imperialistas y el proletariado de sus propios países, los imperialistas sienten con mayor apremio la necesidad de disputarse a China. A medida que se intensifica la disputa entre los imperialistas por adueñarse de China, se desarrollan simultáneamente en el territorio chino tanto la contradicción entre el imperialismo y toda la nación china como las contradicciones de los imperialistas entre sí, por lo cual se producen guerras intrincadas cada vez más extensas y violentas entre las distintas camarillas de gobernantes reaccionarios de China, y se desarrollan diariamente las contradicciones entre éstas. Las contradicciones entre las distintas camarillas de gobernantes reaccionarios -- las guerras intrincadas entre los caudillos militares -- van acompañadas del aumento de los impuestos, lo que conduce a la agudización diaria de la contradicción entre las grandes masas de contribuyentes y los gobernantes reaccionarios. La contradicción entre el imperialismo y la industria nacional china va acompañada del hecho de que esta última no puede obtener concesiones del primero, lo cual agudiza la contradicción entre la burguesía y la clase obrera de China: los capitalistas chinos tratan de encontrar una salida a través de la desenfrenada explotación de los obreros, y éstos les oponen resistencia. La agresión comercial de los países imperialistas, la explotación por parte del capital mercantil chino, el aumento de los impuestos por el gobierno, etc., traen consigo una profundización aún mayor de la contradicción entre la clase terrateniente y el campesinado, es decir, se agrava la explotación por medio del arriendo de la tierra y la usura, y crece el odio de los campesinos hacia los terratenientes. A causa de la presión de las mercancías extranjeras, del agotamiento de la capacidad adquisitiva de las grandes masas de obreros y campesinos y del aumento de los impuestos por el gobierno, los comerciantes en productos nacionales y los productores independientes se ven empujados cada vez más a la quiebra. Como el gobierno reaccionario incrementa ilimitadamente sus tropas, pese a la escasez de provisiones y fondos para mantenerlas y como, a consecuencia de ello, las guerras se hacen cada día más frecuentes, las masas de soldados sufren constantes privaciones. Debido al aumento de los impuestos estatales, a la creciente carga de los arriendos e intereses exigidos por los terratenientes y a la diaria ampliación de los desastres de la guerra, el hambre y el bandolerismo se han extendido por todo el país y las grandes masas campesinas y los pobres de la ciudad se encuentran en una situación en la que apenas pueden subsistir. A causa de la carencia de fondos para el sostenimiento de escuelas, muchos alumnos temen no poder continuar sus estudios; debido al carácter atrasado de la producción, muchos estudiantes graduados no tienen esperanzas de encontrar empleo. Comprendiendo todas estas contradicciones, sabremos en qué desesperada situación y en qué caótico estado se encuentra China, y veremos que inevitablemente y muy pronto surgirá el auge de la revolución dirigida contra los imperialistas, los caudillos militares y los terratenientes. Toda China está llena de leña seca, que arderá pronto en una gran llamarada. El proverbio, "Una sola chispa puede incendiar la pradera", es una descripción apropiada de cómo se desarrollará la situación actual. Basta echar una mirada a las huelgas obreras, las insurrecciones campesinas, los motines de soldados y las huelgas estudiantiles, que están desarrollándose en muchos lugares, para darse cuenta de que esa "sola chispa", sin duda alguna, no tardará en "incendiar la pradera".
La idea general de lo expuesto anteriormente estaba contenida ya en la carta del Comité del Frente al Comité Central, fechada el 5 de abril de 1929, en la que se decía:
"En su carta [del 9 de febrero de 1929] el Comité Central ha hecho una apreciación demasiado pesimista de la situación objetiva y de nuestras fuerzas subjetivas. La tercera campaña de 'aniquilamiento' lanzada por el Kuomintang contra las montañas Chingkang marcó el punto culminante de la marea contrarrevolucionaria. Pero allí se detuvo y desde entonces se han iniciado el gradual descenso de esta marea y el progresivo ascenso de la marea revolucionaria. La capacidad combativa y organizativa del Partido, a pesar de haberse debilitado tanto como lo señala el Comité Central, se recobrará con gran rapidez y pronto desaparecerá la pasividad entre sus cuadros, con el descenso gradual de la marea contrarrevolucionaria. Las masas nos seguirán sin duda alguna. La política de matanza[7] sólo sirve para 'empujar los peces hacia las aguas profundas[8], y el reformismo, a su vez, ha dejado de atraer a las masas. Sin duda, las ilusiones de las masas con respecto al Kuomintang se desvanecerán muy pronto. En la situación que va a surgir, ningún otro partido podrá competir con el Partido Comunista en la conquista de las masas. La línea política y la línea de organización trazadas por el VI Congreso Nacional del Partido[9] son correctas: la revolución en la etapa actual es democrática, y no socialista; la tarea actual del Partido [aquí debería haberse agregado: 'en las grandes ciudades'] consiste en ganarse a las masas y no en organizar insurrecciones inmediatas. Pero, la revolución se desarrollará con gran rapidez, y debemos adoptar una actitud positiva en la propaganda y la preparación para las insurrecciones armadas. En la caótica situación actual, podremos dirigir a las masas sólo a base de consignas y actitud positivas. Igualmente, sólo adoptando tal actitud, el Partido podrá recuperar su capacidad de combate. [. . .] La dirección del proletariado constituye la única clave para la victoria de la revolución. Asentar al Partido sobre una base proletaria y establecer células en las empresas industriales de los centros urbanos, son en este momento importantes tareas en el terreno organizativo; pero al mismo tiempo, el desarrollo de la lucha en el campo, el establecimiento del Poder rojo en pequeñas zonas, la creación y engrosamiento del Ejército Rojo son, antes que nada, los principales requisitos para ayudar a la lucha en las ciudades y promover el auge revolucionario. Por consiguiente, es erróneo renunciar a la lucha en las ciudades; pero, en nuestra opinión, también se equivocará todo miembro del Partido que tema el desarrollo de la fuerza campesina, creyendo que la revolución será perjudicada si esa fuerza supera a la obrera. Pues en la China semicolonial, la revolución fracasa inevitablemente cuando la lucha campesina no cuenta con la dirección de los obreros, pero jamás se perjudica porque la fuerza de los campesinos se torne, en el curso de la lucha, mayor que la de los obreros."
En cuanto al problema de la táctica de acción del Ejército Rojo, la carta dio la siguiente respuesta:
"A fin de preservar el Ejército Rojo y movilizar a las masas, el Comité Central nos propone dividir las fuerzas en unidades muy pequeñas, dispersarlas por el campo y alejar de las filas a Chu Te y Mao Tse-tung, ocultando así los grandes blancos al enemigo. Esta es una idea apartada de la realidad. Ya en el invierno de 1927, planeamos dividir nuestras fuerzas en compañías o batallones para que actuaran independientemente, dispersarlas por el campo, movilizar a las masas por medio de las tácticas guerrilleras y evitar convertirnos en blanco del enemigo; esto lo pusimos en práctica en numerosas ocasiones, pero siempre fracasamos. Las causas son: 1) A diferencia de los destacamentos locales de guardias rojos, la mayoría de los soldados de las fuerzas regulares del Ejército Rojo no son nativos de la localidad. 2) La división de las fuerzas en pequeñas unidades da como resultado una dirección débil e incapacidad para enfrentar circunstancias adversas, lo cual conduce fácilmente a la derrota. 3) Es fácil que las pequeñas unidades dispersas sean derrotadas por separado. 4) Cuanto más adversas son las circunstancias, tanto mayor es la necesidad de que las fuerzas se concentren y que los dirigentes luchen con firmeza, porque sólo así se puede conseguir la unidad interna y hacer frente al enemigo. Sólo en circunstancias favorables es aconsejable dividir las fuerzas para operaciones guerrilleras, y sólo entonces los dirigentes no tienen tanta necesidad, como en circunstancias adversas, de permanecer con sus tropas todo el tiempo."
Las consideraciones arriba expuestas tienen un defecto: los argumentos que se invocan contra la división de las fuerzas son todos de carácter negativo, y esto está muy lejos de ser suficiente. He aquí la razón positiva en favor de la concentración de las fuerzas: sólo la concentración nos permitirá aniquilar unidades enemigas relativamente grandes y ocupar poblados. Sólo después de haber aniquilado unidades enemigas relativamente grandes y ocupado poblados, podremos movilizar a las masas en gran escala y establecer el Poder en zonas que abarquen varios distritos colindantes. Sólo así podremos llamar la atención de las poblaciones próximas y lejanas (esto es lo que se llama extender la influencia política) y contribuir efectivamente a la promoción del auge revolucionario. Por ejemplo, tanto el Poder que creamos el año antepasado en los límites entre Junán y Chiangsí, como el Poder creado en el Oeste de Fuchién el año pasado[10], fueron el resultado de nuestra política de concentración de las fuerzas. Este es un principio general. Pero, ése dan o no casos en que es necesario dividir las fuerzas? Sí, se dan. En la carta del Comité del Frente al Comité Central se habla de las tácticas guerrilleras del Ejército Rojo, incluida la división de las fuerzas dentro de un radio reducido:

"Las tácticas que hemos extraído de la lucha durante los últimos tres años son realmente distintas de todas las otras tácticas, antiguas o modernas, chinas o extranjeras. Gracias a nuestras tácticas, la movilización de las masas para la lucha se realiza en una escala siempre creciente, y ningún enemigo, por poderoso que sea, podrá habérselas con nosotros. Las nuestras son tácticas guerrilleras, que consisten principalmente en los siguientes puntos :
'Dividir las fuerzas para movilizar a las masas y concentrarlas para hacer frente al enemigo.'
'Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando acampa, lo hostigamos; cuando se fatiga, lo atacamos; cuando se retira, lo perseguimos.'
'Para ampliar las bases de apoyo estables[11], adoptamos la táctica de avanzar en oleadas. Cuando nos persigue un enemigo poderoso, adoptamos la táctica de dar rodeos.'
'Movilizar a la mayor cantidad de masas en el menor tiempo posible y con los mejores métodos a nuestro alcance.'
Estas tácticas son como manejar una red; debemos ser capaces de tenderla o recogerla en cualquier momento. La tendemos para ganarnos a las masas, y la recogemos para hacer frente al enemigo. Tales son las tácticas de que nos hemos servido durante los últimos tres años."
Aquí "tender la red" significa dividir nuestras fuerzas dentro de un radio reducido. Así, por ejemplo, cuando tomamos por primera vez la capital del distrito de Yungsin, en los límites entre Junán y Chiangsí, dividimos los 29.ƒ y 31.ƒ Regimientos dentro de los límites de dicho distrito. Otro ejemplo, cuando tomamos por tercera vez Yungsin, dividimos nuestras fuerzas despachando el 28.ƒ Regimiento a la frontera de Anfu, el 29.ƒ a Lienjua y el 31.ƒ a la frontera de Chían. Un ejemplo más, en abril y mayo del año pasado, nuestras fuerzas se dividieron en los distritos del Sur de Chiangsí y, en julio, en los distritos del Oeste de Fuchién. En cuanto a la división de las fuerzas en un amplio radio, sólo es posible bajo dos condiciones: que las circunstancias sean más o menos favorables y que el organismo dirigente sea relativamente fuerte. Pues la división de nuestras fuerzas tiene por objetivo asegurarnos mayores posibilidades para ganarnos a las masas, realizar en profundidad la revolución agraria, establecer el Poder y ampliar las filas del Ejército Rojo y las fuerzas armadas locales. Es preferible no dividir las fuerzas si resulta imposible alcanzar tales objetivos, o si, lo que es peor, existe la posibilidad de que la división conduzca a la derrota y al debilitamiento del Ejército Rojo, como sucedió en agosto del año antepasado, cuando dividimos nuestras fuerzas en la Región Fronteriza de Junán-Chiangsí para atacar Chenchou. Pero, si existen las dos condiciones arriba mencionadas, es indudable que debemos dividir las fuerzas, porque en este caso la división es más ventajosa que la concentración.
La carta de febrero del Comité Central no fue correcta en su espíritu, y ha ejercido una mala influencia sobre una parte de los camaradas del Partido en el 4.ƒ Cuerpo de Ejército. En esa época, el Comité Central emitió, además, una circular en la que afirmaba que no estallaría necesariamente la guerra entre Chiang Kai-shek y los caudillos militares de Kuangsí. Pero desde entonces, las apreciaciones y directivas del Comité Central han sido correctas en lo fundamental. Ya ha emitido otra circular para corregir la que contenía aquella evaluación inadecuada. Aunque no ha rectificado dicha carta dirigida al Ejército Rojo, en sus directivas ulteriores ya no se observa el mismo tono pesimista y su punto de vista sobre las acciones del Ejército Rojo coincide ahora con el nuestro. Todavía subsiste, sin embargo, la mala influencia que ha ejercido la carta del Comité Central sobre una parte de los camaradas. Por lo tanto estimo que aún sigue siendo necesario aclarar esta cuestión.
El plan para conquistar la provincia de Chiangsí en el término de un año fue propuesto también en abril del año pasado por el Comité del Frente al Comité Central, y luego se adoptó en Yutu una decisión a este respecto. Las razones aducidas entonces y que se exponían en la carta al Comité Central eran las siguientes:
"Las tropas de Chiang Kai-shek y las de los caudillos militares de Kuangsí se están aproximando unas a otras en la zona de Chiuchiang, y una gran batalla está a punto de estallar. A consecuencia de la reanudación de la lucha de las masas, unida al crecimiento de las contradicciones entre los gobernantes reaccionarios, probablemente surgirá pronto un auge revolucionario. Al planear nuestro trabajo en estas circunstancias, consideramos que, en las provincias del Sur, las fuerzas armadas de la burguesía compradora y de los terratenientes de Kuangtung y Junán son demasiado grandes, y además, en Junán, debido a los errores putchistas cometidos por la organización del Partido, hemos perdido casi por completo nuestra base de masas, tanto dentro como fuera del Partido. Pero la situación es diferente en las provincias de Fuchién, Chiangsí y Chechiang. En primer lugar, las fuerzas armadas del enemigo en estas tres provincias son las más débiles. En Chechiang sólo hay una reducida guarnición provincial a las órdenes de Chiang Po-cheng[12]. En Fuchién, aunque hay catorce regimientos bajo cinco comandos, la brigada de Kuo Feng-ming ya ha sido puesta fuera de combate; las tropas de Chen Kuo-jui y Lu Sing-pang[13] están integradas por bandidos y tienen poca capacidad de combate, y las dos brigadas de infantería de marina acampadas a lo largo de la costa no han entrado nunca en acción e indudablemente tampoco tienen gran capacidad de combate. Sólo las tropas de Chang Chen[14] son, en cierta medida, capaces de combatir, pero, según el análisis hecho por el Comité Provincial del Partido en Fuchién, únicamente dos regimientos de esas tropas tienen una capacidad de combate relativamente elevada. Además, en Fuchién reina ahora un estado de completo caos y desunión. En Chiangsí hay dos agrupaciones, la de Chu Pei-te[15] y la de Siung Shi-jui[16], que constan en total de dieciséis regimientos; allí las fuerzas armadas son superiores a las de Fuchién o Chechiang, pero muy inferiores a las de Junán. En segundo lugar, se han cometido menos errores putchistas en esas tres provincias. No conocemos muy bien el caso de Chechiang, pero sí sabemos que las organizaciones del Partido y su base de masas en Chiangsí y Fuchién son más fuertes que en Junán. Por lo que atañe a Chiangsí, en su parte norte, todavía tenemos cierta base en Tean, Siushui y Tungku; en su parte oeste, el Partido y los destacamentos de guardias rojos aún conservan su fuerza en Ningkang, Yungsin, Lienjua y Suichuan; en el Sur, nuestras perspectivas son aún más brillantes, ya que la fuerza de los 2ƒ y 4.ƒ Regimientos del Ejército Rojo está creciendo día a día en los distritos de Chían, Yungfeng y Singkuo; las tropas del Ejército Rojo al mando de Fang Chi-rnin no han sido liquidadas en modo alguno. De esta manera se ha creado una situación de cerco a Nanchang. Por la presente proponemos al Comité Central: durante el largo período de guerras entre los caudillos militares del Kuomintang, disputar a Chiang Kai-shek y a los caudillos militares de Kuangsí la provincia de Chiangsí, así como el Oeste de Fuchién y el Oeste de Chechiang; aumentar los efectivos del Ejército Rojo en estas tres provincias y crear allí un régimen independiente popular, dándonos corno plazo un año para el cumplimiento de este plan."
Lo que hubo de erróneo en la proposición para la conquista de Chiangsí fue que se fijó como límite el plazo de un año. En cuanto a la posibilidad de la conquista de Chiangsí, la proposición se basaba no sólo en las condiciones de la provincia misma, sino también en las perspectivas de la pronta aparición de un auge revolucionario en todo el país. Porque si no hubiéramos estado convencidos de que surgiría pronto un auge revolucionario, no habríamos podido, de ningún modo, llegar a la conclusión de que se podría conquistar Chiangsí en el término de un año. El defecto de esa proposición fue que fijó indebidamente el plazo de un año, e imprimió así cierto matiz de impaciencia a la palabra "pronto" en la afirmación de que "surgirá pronto un auge revolucionario". Por lo demás, merecen particular atención las condiciones subjetivas y objetivas existentes en Chiangsí. Aparte de las condiciones subjetivas, ya expuestas en la carta al Comité Central, se pueden señalar ahora con claridad tres condiciones objetivas. En primer lugar, la economía de Chiangsí es principalmente feudal, la fuerza de la burguesía comercial es relativamente débil, y las fuerzas armadas de los terratenientes son más débiles que en ninguna otra provincia del Sur. En segundo lugar, Chiangsí no tiene sus propias tropas provinciales y siempre ha estado guarnecida por tropas de otras provincias. Traídas para el "exterminio de los comunistas" o "exterminio de los bandidos", estas tropas no están familiarizadas con las condiciones existentes en la localidad; y además, como su interés en estas operaciones es mucho menor que el que podrían tener tropas de la propia provincia, suelen mostrar poco entusiasmo. Y en tercer lugar, a diferencia de Kuangtung, que está cerca de Hongkong y se halla bajo el control de Inglaterra en casi todos los aspectos, Chiangsí se encuentra relativamente lejos de la influencia del imperialismo. Una vez comprendidos estos tres puntos, podremos explicarnos por qué en Chiangsí las insurrecciones en el campo están más extendidas y las unidades del Ejército Rojo y las guerrillas son más numerosas que en ninguna otra provincia.
¿Cómo interpretar la palabra "pronto" en la afirmación de que "surgirá pronto un auge revolucionario"? Muchos camaradas se hacen la misma pregunta. Los marxistas no son adivinos. Deben y pueden señalar sólo el rumbo general del desarrollo futuro y los cambios venideros; no deben ni pueden fijar en forma mecánica el día y la hora. Sin embargo, cuando digo que surgirá pronto un auge revolucionario en China, de ningún modo me refiero a algo que, según dicen algunos, "tiene la posibilidad de surgir", algo ilusorio, inalcanzable y absolutamente desprovisto de significado práctico. El auge revolucionario es como un barco en el mar, del cual se divisa ya desde la costa la punta del mástil; es como el sol naciente, cuyos rayos luminosos se ven a lo lejos en el Oriente desde la cumbre de una alta montaña; es como una criatura que va a nacer y se agita impaciente en el vientre de la madre.

* Carta escrita por el camarada Mao Tse-tung para criticar ciertas ideas pesimistas que existían en aquel tiempo dentro del Partido.
[Nota de la publicación, del PCCH]

NOTAS

[1] El camarada Fang Chi-min, natural del distrito de Yiyang, provincia de Chiangsí, miembro del Comité Central elegido en el VI Congreso Nacional del Partido Comunista de China, fue fundador de la zona roja en el Noreste de Chiangsí y creador del 10.ƒ Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo. En 1934, partió hacia el Norte de China al mando de los destacamentos de vanguardia del Ejército Rojo para la resistencia contra los invasores japoneses. En enero de 1935 fue hecho prisionero en un combate con las tropas contrarrevolucionarias del Kuomintang. En julio del mismo año murió heroicamente en Nanchang.
[2] Con la expresión "fuerzas subjetivas de la revolución", el camarada Mao Tse-tung se refiere aquí a las fuerzas organizadas de la revolución.
[3] Caudillo militar del Kuomintang, fue en 1928 gobernador de la provincia de Junán.
[4] Se trata de la guerra librada en marzo y abril de 1929 entre los caudillos militares kuomintanistas: la camarilla de Chiang Kai-shek en Nankín y la camarilla de Li Tsung-yen y Pai Chung-si en Kuangsí.
[5] Se refiere a la tercera ofensiva de los caudillos militares kuomintanistas de Junán y Chiangsí contra la base de apoyo del Ejército Rojo en las montañas Chingkang, desde fines de 1928 hasta comienzos de 1929.
[6] Se refiere a la carta del Comité Central del Partido Comunista de China dirigida al Comité del Frente, fechada el 9 de febrero de 1929. Su contenido se expone en líneas generales en la carta del Comité del Frente al Comité Central, con fecha del 5 de abril de 1929, citada en el presente artículo. Trataba principalmente sobre la apreciación de la situación de entonces y la táctica de acción del Ejército Rojo. Ante los inadecuados puntos de vista presentados en la carta del Comité Central, el Comité del Frente manifestó en su respuesta opiniones distintas.
[7] Se refiere a los medios sangrientos a los que recurría la contrarrevolución frente alas fuerzas revolucionarias del pueblo.
[8] Cita del Mencio. Mencio compara al tirano que con sus brutalidades empuja al pueblo a buscar un soberano benévolo, con la nutria que "empuja los peces hacia las aguas profundas".
[9] Se refiere al VI Congreso Nacional del Partido Comunista de China, celebrado en julio de 1928. El Congreso indicó que, después de la derrota de 1927, la revolución china continuaba siendo, por su carácter, una revolución democrático-burguesa antiimperialista y antifeudal, y que era inevitable un nuevo auge revolucionario; pero, como este nuevo auge revolucionario no había surgido todavía, la línea general para la revolución en aquel tiempo consistía en ganarse a las masas. El VI Congreso barrió con el capitulacionismo de derecha de Chen Tu-siu, aparecido en 1927, y también sometió a crítica el putchismo "izquierdista" que se manifestó en el Partido a fines de 1927 y comienzos de 1928.
[10] En 1929, el Ejército Rojo emprendió una expedición hacia el Este, desde las montañas Chingkang hasta la provincia de Fuchién, donde creó una nueva base de apoyo revolucionaria, y estableció el Poder revolucionario popular en los distritos de Lungyen, Yungting y Shangjang, en el Oeste de dicha provincia.
[11] Se refiere a las bases de apoyo revolucionarias relativamente sólidas, establecidas por el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos.
[12] Entonces comandante de las Fuerzas de Preservación del Orden del Kuomintang en la provincia de Chechiang.
[13] Conocidos bandidos de la provincia de Fuchién, cuyas Fuerzas fueron incorporadas al ejército del Kuomintang.
[14] Jefe de una división de las tropas del Kuomintang.
[15] Caudillo militar del Kuomintang, entonces gobernador de la provincia de Chiangsí.
[16] Entonces jefe de una división de las tropas del Kuomintang acantonadas en la provincia de Chiangsí.


Sobre la contradicción [*]

Agosto de 1937

La ley de la contradicción en las cosas, es decir, la ley de la unidad de los contrarios, es la ley más fundamental de la dialéctica materialista. Lenin dijo: "La dialéctica, en sentido estricto, es el estudio de la contradicción en la esencia misma de los objetos [ . . . ]"[1] Lenin solía calificar esta ley de esencia de la dialéctica y también de núcleo de la dialéctica[2]. Por consiguiente, al estudiar esta ley, no podemos dejar de abordar una gran variedad de temas, un buen número de problemas filosóficos. Si obtenemos una clara noción de todos estos problemas, comprenderemos en su esencia misma la dialéctica materialista. Estos problemas son: las dos concepciones del mundo, la universalidad de la contradicción, la particularidad de la contradicción, la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción, la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción, y el papel del antagonismo en la contradicción.
Ha suscitado vivo interés entre nosotros la crítica a que los círculos filosóficos soviéticos han sometido al idealismo de la escuela de Deborin durante los últimos años. El idealismo de Deborin ha ejercido muy mala influencia en el Partido Comunista de China, y no se puede decir que el pensamiento dogmático en nuestro Partido nada tenga que ver con dicha escuela. Por tanto, nuestro estudio de la filosofía, en la hora actual, debe tener como objetivo principal extirpar el pensamiento dogmático.


I. LAS DOS CONCEPCIONES DEL MUNDO

A lo largo de la historia del conocimiento humano, siempre han existido dos concepciones acerca de las leyes del desarrollo del universo: la concepción metafísica y la concepción dialéctica, que constituyen dos concepciones del mundo opuestas. Lenin dice:
"Las dos concepciones fundamentales (¿o las dos posibles? ¿o las dos que se observan en la historia?) del desarrollo (evolución) son: el desarrollo como disminución y aumento, como repetición, y el desarrollo como unidad de los contrarios (la división del todo único en dos contrarios mutuamente excluyentes y su relación recíproca)."[3]
Lenin se refiere aquí precisamente a estas dos diferentes concepciones del mundo.
Durante largo tiempo en la historia, tanto en China como en Europa, el modo de pensar metafísico formó parte de la concepción idealista del mundo y ocupó una posición dominante en el pensamiento humano. En Europa, el materialismo de la burguesía en sus primeros tiempos fue también metafísico. Debido a que una serie de países europeos entraron, en el curso de su desarrollo económico-social, en una etapa de capitalismo altamente desarrollado, a que las fuerzas productivas, la lucha de clases y las ciencias alcanzaron en esos países un nivel sin precedentes en la historia y a que allí el proletariado industrial llegó a ser la más grande fuerza motriz de la historia, surgió la concepción marxista, dialéctica materialista, del mundo. Entonces, junto al idealismo reaccionario, abierto y sin disimulo, apareció en el seno de la burguesía el evolucionismo vulgar para oponerse a la dialéctica materialista.
La concepción metafísica del mundo, o concepción del mundo del evolucionismo vulgar, ve las cosas como aisladas, estáticas y unilaterales. Considera todas las cosas del universo, sus formas y sus especies, como eternamente aisladas unas de otras y eternamente inmutables. Si reconoce los cambios, los considera sólo como aumento o disminución cuantitativos o corno simple desplazamiento. Además, para ella, la causa de tal aumento, disminución o desplazamiento no está dentro de las cosas mismas, sino fuera de ellas, es decir, en el impulso de fuerzas externas. Los metafísicos sostienen que las diversas clases de cosas del mundo y sus características han permanecido iguales desde que comenzaron a existir, y que cualquier cambio posterior no ha sido más que un aumento o disminución cuantitativos. Consideran que las cosas de una determinada especie sólo pueden dar origen a cosas de la misma especie, y así indefinidamente, y jamás pueden transformarse en cosas de una especie distinta. Según ellos, la explotación capitalista, la competencia capitalista, la ideología individualista de la sociedad capitalista, etc., pueden ser halladas igualmente en la sociedad esclavista de la antig&uumledad, y aun en la sociedad primitiva, y existirán sin cambio para siempre. En cuanto al desarrollo social, lo atribuyen a factores exteriores a la sociedad, tales como el medio geográfico y el clima. De manera simplista, tratan de encontrar las causas del desarrollo de las cosas fuera de ellas mismas, y rechazan la tesis de la dialéctica materialista según la cual el desarrollo de las cosas se debe a sus contradicciones internas. En consecuencia, no pueden explicar ni la diversidad cualitativa de las cosas, ni el fenómeno de la transformación de una calidad en otra. En Europa, este modo de pensar se manifestó como materialismo mecanicista en los siglos XVII y XVIII y como evolucionismo vulgar a fines del siglo XIX y comienzos del XX. En China, el modo metafísico de pensar expresado en el dicho "El cielo no cambia y el Tao tampoco"[4], ha sido durante largo tiempo sostenido por la decadente clase dominante feudal. En cuanto al materialismo mecanicista y al evolucionismo vulgar, importados de Europa en los últimos cien años, son sostenidos por la burguesía.
En oposición a la concepción metafísica del mundo, la concepción dialéctica materialista del mundo sostiene que, a fin de comprender el desarrollo de una cosa, debemos estudiarla por dentro y en sus relaciones con otras cosas; dicho de otro modo, debemos considerar que el desarrollo de las cosas es un automovimiento, interno y necesario, y que, en su movimiento, cada cosa se encuentra en interconexión e interacción con las cosas que la rodean. La causa fundamental del desarrollo de las cosas no es externa sino interna; reside en su carácter contradictorio interno. Todas las cosas entrañan este carácter contradictorio; de ahí su movimiento, su desarrollo. El carácter contradictorio interno de una cosa es la causa fundamental de su desarrollo, en tanto que su interconexión y su interacción con otras cosas son causas secundarias. Así, pues, la dialéctica materialista refuta categóricamente la teoría metafísica de la causalidad externa o del impulso externo, teoría sostenida por el materialismo mecanicista y el evolucionismo vulgar. Es evidente que las causas puramente externas sólo pueden provocar el movimiento mecánico de las cosas, esto es, sus cambios de dimensión o cantidad, pero no pueden explicar la infinita diversidad cualitativa de las cosas ni la transformación de una cosa en otra. De hecho, hasta el movimiento mecánico, impulsado por una fuerza externa, tiene lugar también a través del carácter contradictorio interno de las cosas. El simple crecimiento de las plantas y los animales, su desarrollo cuantitativo, también se debe principalmente a sus contradicciones internas. De la misma manera, el desarrollo de la sociedad no obedece principalmente a causas externas, sino internas. Países de condiciones geográficas y climáticas casi idénticas se desarrollan de un modo muy distinto y desigual. Más aún, en un mismo país se producen enormes cambios sociales sin que haya cambiado su geografía ni su clima. La Rusia imperialista se transformó en la Unión Soviética socialista, y el Japón feudal, cerrado al mundo exterior, se transformó en el Japón imperialista, sin que se hubieran producido cambios en el medio geográfico ni el clima de ninguno de los dos países. China, dominada durante largo tiempo por el feudalismo, ha experimentado enormes cambios en los últimos cien años y ahora está avanzando hacia su transformación en una nueva China, emancipada y libre; sin embargo, no han ocurrido cambios ni en su geografía ni en su clima. Por cierto, se operan cambios en la geografía y el clima de la Tierra en su conjunto y de cada una de sus zonas, pero son insignificantes en comparación con los cambios en la sociedad; los primeros se manifiestan en términos de decenas de miles de años, en tanto que los segundos lo hacen en términos de miles, cientos o decenas de arios, e incluso en pocos años o meses (en períodos de revolución). Según la dialéctica materialista, los cambios en la naturaleza son ocasionados principalmente por el desarrollo de las contradicciones internas de ésta, y los cambios en la sociedad se deben principalmente al desarrollo de las contradicciones internas de la sociedad, o sea, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases y entre lo viejo y lo nuevo. Es el desarrollo de estas contradicciones lo que hace avanzar la sociedad e impulsa la sustitución de la vieja sociedad por la nueva. ¿Excluye la dialéctica materialista las causas externas? No. La dialéctica materialista considera que las causas externas constituyen la condición del cambio, y las causas internas, su base, y que aquéllas actúan a través de éstas. A una temperatura adecuada, un huevo se transforma en pollo, pero ninguna temperatura puede transformar una piedra en pollo, porque sus bases son diferentes. Existe constante influencia mutua entre los pueblos de los diferentes países. En la época del capitalismo, especialmente en la época del imperialismo y de la revolución proletaria, son extremadamente grandes la influencia mutua y la interacción entre los diversos países en los terrenos político, económico y cultural. La Revolución Socialista de Octubre inauguró una nueva era no sólo en la historia de Rusia, sino también en la historia mundial. Ha ejercido influencia en los cambios internos de los demás países del mundo y también, con especial profundidad, en los cambios internos de China. Tales cambios, sin embargo, han tenido lugar a través de las respectivas leyes internas de dichos países, incluida China. Cuando dos ejércitos traban combate y uno resulta vencedor y el otro, vencido, tanto la victoria del uno como la derrota del otro son determinadas por causas internas. Uno es el vencedor gracias a su poderío o a la corrección de su mando, y el otro sale derrotado sea por su debilidad o por los errores de su mando; las causas externas actúan a través de las causas internas. En China, la derrota que la gran burguesía infligió al proletariado en 1927 se produjo por obra del oportunismo que existía entonces en el seno del proletariado chino (dentro del Partido Comunista de China). Cuando liquidamos ese oportunismo, la revolución china volvió a desarrollarse. El que más tarde la revolución china haya sufrido de nuevo serios golpes de sus enemigos es consecuencia del aventurerismo que surgió en nuestro Partido. Cuando liquidamos el aventurerismo, nuestra causa reanudó su avance. De esto se desprende que si un partido quiere conducir la revolución a la victoria, ha de basarse en la justeza de su línea política y en la solidez de su organización.
La concepción dialéctica del mundo surgió ya en la antig&uumledad, tanto en China como en Europa. Sin embargo, la antigua dialéctica tenía un carácter espontáneo e ingenuo; en razón de las condiciones sociales e históricas de entonces, no le era posible constituirse en teoría sistemática, y por eso no podía dar una explicación completa del universo y fue reemplazada más tarde por la metafísica. Hegel, célebre filósofo alemán de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, hizo importantísimas contribuciones a la dialéctica, pero su dialéctica era idealista. Sólo cuando Marx y Engels, los grandes protagonistas del movimiento proletario, crearon la gran teoría del materialismo dialéctico y del materialismo histórico sintetizando todo lo positivo conquistado en la historia del conocimiento humano y, en particular, asimilando críticamente los elementos racionales de la dialéctica hegeliana, se produjo en la historia del conocimiento humano una gran revolución sin precedentes. Esta gran teoría ha sido desarrollada posteriormente por Lenin y Stalin. Al ser introducida en nuestro país, provocó enormes cambios en el pensamiento chino.
Esta concepción dialéctica del mundo nos enseña principalmente a observar y analizar el movimiento de los contrarios en las distintas cosas, y a determinar, sobre la base de tal análisis, los métodos para resolver las contradicciones. Por consiguiente, es para nosotros de singular importancia comprender concretamente la ley de la contradicción en las cosas.

II. LA UNIVERSALIDAD DE LA CONTRADICCION

Para facilitar mi exposición, comenzaré por la universalidad de la contradicción y luego continuaré con la particularidad de la contradicción. Lo haré así porque la universalidad de la contradicción puede ser explicada en pocas palabras, pues ha sido ampliamente reconocida desde que Marx, Engels, Lenin y Stalin, los grandes creadores y continuadores del marxismo, descubrieron la concepción dialéctica materialista del mundo y aplicaron con notables éxitos la dialéctica materialista al análisis de numerosas cuestiones de la historia humana y de la historia de la naturaleza y a la transformación, en muchos terrenos, de la sociedad y la naturaleza (en la Unión Soviética, por ejemplo); en cambio, muchos camaradas, especialmente los dogmáticos, todavía no comprenden claramente la particularidad de la contradicción. No entienden que es precisamente en la particularidad de la contradicción donde reside la universalidad de la contradicción. Tampoco comprenden cuán importante es, para dirigir el curso de la práctica revolucionaria, el estudio de la particularidad de la contradicción en las cosas concretas que tenemos ante nosotros. Es necesario, entonces, estudiar con detenimiento la particularidad de la contradicción y dedicar suficiente espacio a explicarla. Por esta razón, en nuestro análisis de la ley de la contradicción en las cosas, comenzaremos por la universalidad de la contradicción, luego dedicaremos especial atención al análisis de la particularidad de la contradicción, y volveremos finalmente a la primera.
La universalidad o carácter absoluto de la contradicción significa, primero, que la contradicción existe en el proceso de desarrollo de toda cosa, y, segundo, que el movimiento de los contrarios se presenta desde el comienzo hasta el fin del proceso de desarrollo de cada cosa.
Engels dijo: "El movimiento mismo es una contradicción"[5]. Lenin definió la ley de la unidad de los contrarios como "el reconocimiento (descubrimiento) de las tendencias contradictorias, mutuamente excluyentes, opuestas, en todos los fenómenos y procesos de la naturaleza (incluso del espíritu y de la sociedad)"[6]. ¿Son correctas estas ideas? Sí lo son. La interdependencia y la lucha entre los contrarios existentes en cada una de las cosas determinan su vida e impulsan su desarrollo. No hay cosa que no contenga contradicción; sin contradicción no existiría el mundo.
La contradicción es la base de las formas simples del movimiento (por ejemplo, el movimiento mecánico) y tanto más lo es de las formas complejas del movimiento.
Engels explicó la universalidad de la contradicción en los siguientes términos:
"Si ya el simple cambio mecánico de lugar encierra una contradicción, tanto más la encierran las formas superiores del movimiento de la materia y muy especialmente la vida orgánica y su desarrollo. [. . .] la vida consiste precisamente, ante todo, en que un ser es en cada instante el mismo y a la vez otro. La vida, pues, es también una contradicción que, presente en las cosas y los procesos mismos, se está planteando y resolviendo incesantemente; al cesar la contradicción, cesa la vida y sobreviene la muerte. Vimos igualmente cómo tampoco en el mundo del pensamiento podemos librarnos de las contradicciones, y cómo, por ejemplo, la contradicción entre la interiormente ilimitada capacidad cognoscitiva humana y su existencia real sólo en hombres exteriormente limitados y que conocen limitadamente, se resuelve en la sucesión, para nosotros al menos prácticamente infinita, de las generaciones, en un progreso ilimitado."
"[. . .] una de las bases fundamentales de las matemáticas superiores es precisamente la contradicción [. . .].
"Pero ya en las matemáticas inferiores hormiguean las contradicciones."[7]
A su vez, Lenin ilustró la universalidad de la contradicción como sigue:
"En matemáticas: + y -. Diferencial e integral.
En mecánica: acción y reacción.
En física: electricidad positiva y negativa.
En química: combinación y disociación de los átomos.
En ciencias sociales: lucha de clases."[8]
En la guerra, la ofensiva y la defensiva, el avance y la retirada, la victoria y la derrota, son todas parejas de fenómenos contradictorios. El uno no puede existir sin el otro. La lucha y la interconexión entre ambos aspectos constituyen el conjunto de la guerra, impulsan su desarrollo y resuelven sus problemas.
Toda diferencia entre los conceptos de los hombres debe ser considerada como reflejo de las contradicciones objetivas. El reflejo de las contradicciones objetivas en el pensamiento subjetivo forma el movimiento contradictorio de los conceptos, impulsa el desarrollo del pensamiento y va resolviendo sin cesar los problemas planteados al pensamiento humano.
La oposición y la lucha entre ideas diferentes tienen lugar constantemente dentro del Partido. Este es el reflejo en su seno de las contradicciones entre las clases y entre lo nuevo y lo viejo en la sociedad. Si en el Partido no hubiera contradicciones ni luchas ideológicas para resolverlas, la vida del Partido tocaría a su fin.
Así, pues, queda claro que la contradicción existe universalmente, en todos los procesos, tanto en las formas simples del movimiento como en las complejas, tanto en los fenómenos objetivos como en los fenómenos del pensamiento. Pero ¿existe la contradicción también en la etapa inicial de cada proceso? ¿Existe el movimiento de los contrarios desde el comienzo hasta el fin del proceso de desarrollo de cada cosa?
La escuela de Deborin, a juzgar por los artículos en que la critican los filósofos soviéticos, sostiene que la contradicción no aparece en el comienzo de un proceso, sino sólo cuando éste ha alcanzado determinada etapa. Si así fuera, el desarrollo del proceso hasta ese momento no obedecería a causas internas sino externas. De esta manera, Deborin retrocede a la teoría metafísica de la causalidad externa y al mecanismo. Aplicando este criterio al análisis de problemas concretos, la escuela de Deborin estima que, en las condiciones de la Unión Soviética, sólo existen diferencias, pero no contradicción, entre los kulaks y las masas campesinas, y así coincide por entero con la opinión de Bujarin. Al analizar la Revolución Francesa, sostiene que antes dé la Revolución existían asimismo sólo diferencias, pero no contradicciones, dentro del Tercer Estado, integrado por los obreros, los campesinos y la burguesía. Tal punto de vista de la escuela de Deborin es antimarxista. Esta escuela ignora que toda diferencia entraña ya una contradicción, y que la diferencia en sí es contradicción. Trabajadores y capitalistas han estado en contradicción desde el nacimiento mismo de estas dos clases, sólo que la contradicción no se agudizó al comienzo. Aun en las condiciones sociales de la Unión Soviética, existen diferencias entre los obreros y los campesinos, y estas diferencias en sí mismas constituyen una contradicción, sólo que ésta no se intensificará hasta el punto de transformarse en antagónica ni tornará la forma de lucha de clases, como es el caso de la contradicción entre trabajadores y capitalistas; los obreros y los campesinos han formando una sólida alianza en el curso de la construcción socialista y van resolviendo gradualmente esa contradicción en el proceso de desarrollo del socialismo al comunismo. De lo que aquí se trata es de contradicciones de distinto carácter, y no de la presencia o ausencia de contradicciones. La contradicción es universal, absoluta; existe en los procesos de desarrollo de todas las cosas y recorre cada proceso desde el comienzo hasta el fin.
¿Qué es la aparición de un nuevo proceso? La vieja unidad y los contrarios que la constituyen, dejan lugar a una nueva unidad y sus correspondientes contrarios; así nace un nuevo proceso en reemplazo del viejo. Termina el viejo proceso y comienza el nuevo. El nuevo proceso contiene una nueva contradicción e inicia su propia historia, la historia del desarrollo de su contradicción.
Como señaló Lenin, Marx dio en El Capital un modelo de análisis del movimiento de los contrarios, que recorre todo el proceso de desarrollo de una cosa desde el comienzo hasta el fin. Este es el método que ha de emplearse al estudiar el proceso de desarrollo de cualquier cosa. El propio Lenin también empleó correctamente este método, que impregna todas sus obras.
"En El Capital, Marx comienza por analizar la relación más simple, ordinaria y fundamental, más común, más cotidiana de la sociedad burguesa (mercantil), una relación miles de millones de veces presente: el intercambio de mercancías. El análisis revela en este fenómeno sencillísimo (en esa 'célula' de la sociedad burguesa) todas las contradicciones (o los gérmenes de todas las contradicciones) de la sociedad contemporánea. La posterior exposición nos muestra el desarrollo (a la vez crecimiento y movimiento) de dichas contradicciones y de esa sociedad en la [suma] de sus partes individuales, desde su comienzo hasta su fin."
Lenin agregó: "Tal debe ser el método de exposición (o de estudio) de la dialéctica en general [. . .]"[9]
Los comunistas chinos deben asimilar este método, pues sólo así podrán analizar correctamente la historia y la situación actual de la revolución china y deducir sus perspectivas futuras.

III. LA PARTICULARIDAD DE LA CONTRADICCION

La contradicción existe en el proceso de desarrollo de cada cosa y lo recorre desde el comienzo hasta el fin; tal es la universalidad o carácter absoluto de la contradicción. A esto ya nos hemos referido más arriba. Detengámonos ahora en la particularidad o carácter relativo de la contradicción.
Hay que estudiar este problema en varios planos.
Ante todo, las contradicciones de las diversas formas del movimiento de la materia poseen, cada una, un carácter particular. El conocimiento que el hombre tiene de la materia es el conocimiento de las formas de su movimiento, pues en el mundo no hay más que materia en movimiento, y el movimiento de la materia reviste necesariamente formas determinadas. Al abordar una forma dada del movimiento de la materia, debemos tomar en consideración lo que tiene de común con otras formas del movimiento. Pero aquello que encierra especial importancia, pues sirve de base a nuestro conocimiento de una cosa, es atender a lo que esa forma del movimiento de la materia tiene de particular, o sea, a lo que la distingue cualitativamente de otras formas del movimiento. Sólo así podemos distinguir una cosa de otra. Toda forma del movimiento contiene su propia contradicción particular. Esta contradicción particular constituye la esencia particular que diferencia a una cosa de las demás. He aquí la causa interna o, por decirlo así, la base de la infinita variedad de las cosas del mundo. Hay muchas formas del movimiento en la naturaleza: movimiento mecánico, sonido, luz, calor, electricidad, disociación, combinación, etc. Todas estas formas del movimiento de la materia son interdependientes, pero, en su esencia, cada una es diferente de las otras. La esencia particular de cada forma del movimiento de la materia es determinada por la contradicción particular de dicha forma. Esto ocurre no sólo en la naturaleza, sino también en los fenómenos de la sociedad y del pensamiento. Todas las formas sociales y todas las formas del pensamiento tienen, cada una, su propia contradicción particular y su esencia particular.
La delimitación entre las diferentes ciencias se funda precisamente en las contradicciones particulares inherentes a sus respectivos objetos de estudio. Así, es la contradicción peculiar de un determinado sector de fenómenos lo que constituye el objeto de estudio de una rama dada de la ciencia. Por ejemplo: los números positivos y los negativos en matemáticas; la acción y la reacción en mecánica; la electricidad positiva y la negativa en física; la disociación y la combinación en química; las fuerzas productivas y las relaciones de producción, y la lucha entre una clase y otra en las ciencias sociales; la ofensiva y la defensiva en la ciencia militar; el idealismo y el materialismo, la concepción metafísica y la concepción dialéctica en filosofía, etc., -- cada una de estas parejas de fenómenos constituye una contradicción particular y tiene una esencia particular y, precisamente por eso, ellas son objetos de estudio de ramas distintas de la ciencia. Cierto es que si no se comprende la universalidad de la contradicción, no hay manera de descubrir la causa universal o base universal del movimiento o desarrollo de las cosas; pero, si no se estudia la particularidad de la contradicción, no hay manera de determinar la esencia particular que diferencia a una cosa de las demás, ni de descubrir la causa particular o base particular del movimiento o desarrollo de cada cosa, ni de distinguir una cosa de otra, ni de delimitar los diversos dominios de la ciencia.
En cuanto al orden que sigue el movimiento del conocimiento humano, el hombre parte siempre del conocimiento de lo individual y particular para llegar gradualmente a conocer lo general. únicamente después de conocer la esencia particular de multitud de cosas distintas, el hombre puede pasar a la generalización y conocer la esencia común a las diversas cosas. Luego de haber llegado a conocer dicha esencia común, el hombre se sirve de este conocimiento como guía para seguir adelante y estudiar distintas cosas concretas que no han sido estudiadas todavía o que no lo han sido en profundidad, a fin de descubrir la esencia particular de cada una de ellas; sólo así puede acrecentar, enriquecer y desarrollar su conocimiento de dicha esencia común y evitar que este conocimiento se marchite o fosilice. Estos son los dos procesos del conocimiento: uno, de lo particular a lo general, y el otro, de lo general a lo particular. El conocimiento humano siempre avanza en forma cíclica y cada ciclo (si se observa estrictamente el método científico) puede elevar el conocimiento humano a una etapa más alta y hacerlo más profundo. El error de nuestros dogmáticos a este respecto consiste en que, por una parte, no comprenden que es imperativo estudiar la particularidad de la contradicción y conocer la esencia particular de las cosas individuales para poder conocer plenamente la universalidad de la contradicción y la esencia común a las diversas cosas, y, por otra parte, no comprenden que aun después de conocer la esencia común a las cosas hay que seguir adelante y estudiar las cosas concretas todavía no estudiadas profundamente o aquéllas recién surgidas. Nuestros dogmáticos son perezosos y rehusan dedicar el menor esfuerzo al estudio de las cosas concretas; consideran las verdades generales como surgidas de la nada y las convierten en fórmulas puramente abstractas, ininteligibles, y, de este modo, niegan por completo e invierten el orden normal que sigue el hombre para llegar a conocer la verdad. Tampoco comprenden la interconexión entre los dos procesos del conocimiento humano: de lo particular a lo general y, luego, de lo general a lo particular. Los dogmáticos no entienden nada de la teoría marxista del conocimiento.
Es preciso estudiar no sólo la contradicción particular y la esencia, por ella determinada, de cada gran sistema de formas del movimiento de la materia, sino también la contradicción particular y la esencia de cada proceso en el largo curso del desarrollo de cada forma del movimiento de la materia. En toda forma del movimiento, cada proceso de desarrollo, real y no imaginario, es cualitativamente diferente. En nuestro estudio debemos poner énfasis en este punto y comenzar por él.
Contradicciones cualitativamente diferentes sólo pueden resolverse por métodos cualitativamente diferentes. Por ejemplo: la contradicción entre el proletariado y la burguesía se resuelve por el método de la revolución socialista; la contradicción entre las grandes masas populares y el sistema feudal, por el método de la revolución democrática; la contradicción entre las colonias y el imperialismo, por el método de la guerra revolucionaria nacional; la contradicción entre la clase obrera y el campesinado en la sociedad socialista, por el método de la colectivización y la mecanización de la agricultura; las contradicciones en el seno del Partido Comunista, por el método de la crítica y la autocrítica; la contradicción entre la sociedad y la naturaleza, por el método del desarrollo de las fuerzas productivas. Los procesos cambian, desaparecen viejos procesos y contradicciones y surgen nuevos procesos y contradicciones, y, en consecuencia, varían los métodos para resolver las contradicciones. En Rusia fueron radicalmente diferentes tanto la contradicción resuelta por la Revolución de Febrero y la resuelta por la Revolución de Octubre, como los métodos empleados para resolverlas. Resolver contradicciones diferentes por métodos diferentes es un principio que los marxista-leninistas deben observar rigurosamente. Los dogmáticos no observan este principio, no comprenden las diferencias entre las condiciones de los distintos tipos de revolución y, por eso, tampoco comprenden la necesidad de usar métodos diferentes para resolver contradicciones diferentes; antes al contrario, siguen invariablemente una fórmula que suponen inalterable y la aplican mecánicamente y en todas partes, lo cual sólo puede causar reveses a la revolución o llevar a hacer muy mal lo que podría hacerse bien.
Para descubrir la particularidad de las contradicciones en el proceso de desarrollo de una cosa, consideradas en su conjunto, en sus interconexiones, es decir, para descubrir la esencia del proceso de desarrollo de una cosa, hay que descubrir la particularidad de cada uno de los aspectos de cada contradicción de ese proceso; de otro modo, será imposible descubrir la esencia del proceso. En nuestro estudio también debemos prestar mucha atención a esto.
En el proceso de desarrollo de toda cosa grande existen numerosas contradicciones. Por ejemplo, en el proceso de la revolución democrático-burguesa de China, existen la contradicción entre todas las clases oprimidas de la sociedad china y el imperialismo, la contradicción entre las amplias masas populares y el feudalismo, la contradicción entre el proletariado y la burguesía, la contradicción entre el campesinado y la pequeña burguesía urbana, por un lado, y la burguesía, por el otro, las contradicciones entre los distintos grupos dominantes reaccionarios, etc.; la situación es sumamente compleja. Estas contradicciones no pueden ser tratadas de una misma manera, ya que cada una tiene su propia particularidad; además, los dos aspectos de cada contradicción tampoco pueden ser tratados de una misma manera, puesto que cada uno tiene sus propias características. Los que nos dedicamos a la revolución china no sólo debemos comprender la particularidad de las contradicciones en su conjunto, es decir, en sus interconexiones, sino también estudiar los dos aspectos de cada contradicción, único medio para llegar a comprender el conjunto. Comprender cada uno de los aspectos de una contradicción significa comprender qué posición específica ocupa cada uno de ellos, qué formas concretas asumen sus relaciones de interdependencia y contradicción con su contrario, y qué medios concretos emplea en la lucha con su contrario tanto mientras ambos aspectos están en interdependencia y contradicción como después de la ruptura de la interdependencia. Estudiar estos problemas es de suma importancia. A esto se refería Lenin al decir que la esencia misma del marxismo, el alma viva del marxismo, es el análisis concreto de la situación concreta[10]. En contra de las enseñanzas de Lenin, nuestros dogmáticos nunca usan su cerebro para analizar ninguna cosa concretamente, y en sus escritos y discursos recurren siempre a frases vacías y estereotipadas, introduciendo de esta manera una pésima práctica en nuestro Partido.
Al estudiar un problema, debemos guardarnos del subjetivismo, la unilateralidad y la superficialidad. Por subjetivismo se entiende no saber abordar los problemas objetivamente, es decir, no saber abordarlos desde el punto de vista materialista. De esto ya he hablado en mi trabajo "Sobre la práctica". Por unilateralidad se entiende no saber abordar los problemas en todas sus facetas. Por ejemplo, comprender sólo a China y no al Japón, sólo al Partido Comunista y no al Kuomintang, sólo al proletariado y no a la burguesía, sólo a los campesinos y no a los terratenientes, sólo las condiciones favorables y no las difíciles, sólo el pasado y no el futuro, sólo las partes y no el todo, sólo los defectos y no los éxitos, sólo al acusador y no al acusado, sólo el trabajo revolucionario secreto y no el trabajo revolucionario abierto, y así por el estilo. En una palabra, significa no comprender las características de cada uno de los aspectos de una contradicción. A esto se llama enfocar un problema unilateralmente; o puede llamarse ver la parte y no el todo, ver los árboles y no el bosque. De esta manera no es posible encontrar el método para resolver las contradicciones, ni cumplir las tareas de la revolución, ni llevar a buen término el trabajo encomendado, ni desarrollar correctamente la lucha ideológica en el seno del Partido. Cuando Sun Tsi decía en su exposición del arte de la guerra: "Conoce a tu adversario y conócete a ti mismo, y podrás librar cien batallas sin correr ningún riesgo de derrota"[11], se refería a las dos partes beligerantes. Wei Cheng, de la dinastía Tang, también comprendía lo errónea que es la unilateralidad cuando decía: "Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a una sola, permanecerás en tinieblas."[12] Pero nuestros camaradas a menudo examinan los problemas de manera unilateral y, por eso, dan con la cabeza en un muro. En la novela A la orilla del agua, Sung Chiang lanza tres ataques contra la aldea de Chu[13]. Dos veces es derrotado porque no conoce las condiciones locales y no emplea métodos correctos. Más tarde cambia de métodos; comienza por investigar la situación y llega a conocer el laberinto de senderos, después logra deshacer la alianza entre las aldeas de Li, Ju y Chu y, empleando una estratagema similar a la del caballo de Troya de que habla una leyenda extranjera, envía a sus hombres disfrazados a mantenerse a la espera en el campo enemigo. Y en el tercer ataque obtiene la victoria. Hay muchos ejemplos de dialéctica materialista en A la orilla del agua, de los cuales el episodio de los tres ataques a la aldea de Chu es el mejor. Lenin dijo:
"Para conocer realmente un objeto hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus vínculos y 'mediaciones'. Esto jamás lo conseguiremos por completo, pero la exigencia de estudiar las cosas en todos sus aspectos nos prevendrá contra los errores y la rigidez."[14]
Debemos tener presentes sus palabras. Por superficialidad se entiende no considerar ni las características de la contradicción en su conjunto ni las características de cada uno de sus aspectos, no reconocer la necesidad de ir al fondo de las cosas para estudiar minuciosamente las características de la contradicción, sino limitarse a mirar de lejos y, después de una ojeada a los contornos generales de la contradicción, tratar inmediatamente de resolverla (responder a una pregunta, zanjar una disputa, manejar un asunto o dirigir una operación militar). Esta forma de proceder lleva inevitablemente a consecuencias funestas. La razón por la cual los camaradas dogmáticos y empíricos chinos han cometido errores reside precisamente en que su modo de examinar las cosas es subjetivista, unilateral y superficial. La unilateralidad y la superficialidad son también subjetivismo, porque todas las cosas objetivas se hallan en realidad ligadas unas con otras y se rigen por leyes internas; sin embargo, hay personas que, en lugar de reflejar las cosas tal como son, las consideran de modo unilateral o superficial ignorando sus relaciones recíprocas y sus leyes internas; por tanto, el método que siguen es subjetivista.
No sólo el proceso total del movimiento de las contradicciones en el desarrollo de una cosa, consideradas en sus interconexiones, y cada uno de los aspectos de cada contradicción tienen rasgos particulares, a los que debemos prestar atención, sino que cada etapa del proceso tiene también sus rasgos particulares, que deben ser igualmente atendidos.
La contradicción fundamental del proceso de desarrollo de una cosa y la esencia de éste, determinada por dicha contradicción, no desaparecen mientras el proceso no termina; sin embargo, en un proceso de desarrollo prolongado, la situación generalmente varía de etapa a etapa. La razón es que, si bien no cambia ni la naturaleza de la contradicción fundamental del proceso de desarrollo de la cosa ni la esencia del proceso, la contradicción fundamental se va agudizando a medida que pasa de una etapa a otra en este proceso prolongado. Además, de las numerosas contradicciones, grandes y pequeñas, determinadas por la contradicción fundamental o sujetas a su influencia, unas se agudizan y otras son temporal o parcialmente resueltas o atenuadas, y surgen algunas nuevas; es por esto que hay etapas en el proceso. Si no se presta atención a las etapas del proceso de desarrollo de una cosa, no se puede tratar apropiadamente sus contradicciones.
Por ejemplo, cuando el capitalismo de la época de la libre competencia se desarrolló y convirtió en imperialismo, no cambió ni la naturaleza de las dos clases radicalmente contradictorias, el proletariado y la burguesía, ni tampoco la esencia capitalista de la sociedad; pero se agudizó la contradicción entre estas dos clases, surgió la contradicción entre el capital monopolista y el no monopolista, se agudizó la contradicción entre las metrópolis y las colonias, y se manifestaron con especial intensidad las contradicciones entre los distintos países capitalistas, originadas en la desigualdad de su desarrollo; así surgió una fase especial del capitalismo: el imperialismo. El leninismo es el marxismo de la era del imperialismo y de la revolución proletaria precisamente porque Lenin y Stalin han explicado correctamente estas contradicciones y han formulado la teoría y las tácticas correctas de la revolución proletaria para resolverlas.
Veamos el proceso de la revolución democrático-burguesa de China, iniciada con la Revolución de 1911. Ha tenido varias etapas distintas. Constituyen, en particular, dos etapas históricas sumamente diferentes el período en que la revolución fue dirigida por la burguesía y el período en que la dirige el proletariado. En otras palabras, la dirección del proletariado ha provocado un cambio radical en la fisonomía de la revolución, ha conducido a un nuevo alineamiento de las clases, ha hecho desencadenarse en gran escala la revolución campesina, ha impreso un carácter consecuente a la revolución antiimperialista y antifeudal, ha abierto la posibilidad de la transformación de la revolución democrática en revolución socialista, etc. Nada de esto era posible en el período en que la revolución se hallaba bajo la dirección de la burguesía. Aunque no ha cambiado la naturaleza de la contradicción fundamental del proceso considerado en su conjunto, ni la naturaleza del proceso en cuanto revolución democrática, antiimperialista y antifeudal (cuyo contrario es la naturaleza semicolonial y semifeudal del país), este proceso ha pasado por varias etapas de desarrollo en el curso de más de veinte años, durante los cuales se produjeron muchos acontecimientos importantes: la derrota de la Revolución de 1911 y la implantación del régimen de los caudillos militares del Norte, la formación del primer frente único nacional y la revolución de 1924-1927, la ruptura del frente único y el paso de la burguesía al campo de la contrarrevolución, las guerras entre los nuevos caudillos militares, la Guerra Revolucionaria Agraria, el establecimiento del segundo frente único nacional y la Guerra de Resistencia contra el Japón. Caracterizan a las mencionadas etapas la agudización de algunas contradicciones (por ejemplo, la Guerra Revolucionaria Agraria y la invasión japonesa de las cuatro provincias del Nordeste), la solución parcial o temporal de otras contradicciones (por ejemplo, la eliminación de los caudillos militares del Norte y nuestra confiscación de las tierras de los terratenientes), o la reaparición de ciertas contradicciones (por ejemplo, la lucha entre los nuevos caudillos militares y la recuperación de las tierras por los terratenientes después de que perdimos las bases de apoyo revolucionarias en el Sur).
Al estudiar la particularidad de las contradicciones en cada etapa del proceso de desarrollo de una cosa, debemos no sólo considerar las contradicciones en sus interconexiones, en su conjunto, sino también examinar cada uno de los aspectos de cada contradicción.
Tomemos por ejemplo al Kuomintang y al Partido Comunista. Veamos un aspecto, el Kuomintang. En el período del primer frente único, el Kuomintang aplicaba las Tres Grandes Políticas de Sun Yat-sen: alianza con Rusia, alianza con el Partido Comunista y ayuda a los obreros y campesinos; por eso era revolucionario y vigoroso y constituía una alianza de diversas clases para la revolución democrática. En 1927, sin embargo, el Kuomintang se transformó en su reverso, en un bloque reaccionario de los terratenientes y de la gran burguesía. Después del Incidente de Sían en diciembre de 1936, comenzó a cambiar, orientándose a cesar la guerra civil y a cooperar con el Partido Comunista para luchar juntos contra el imperialismo japonés. Tales son las características del Kuomintang en estas tres etapas. Dichas características obedecen, por supuesto, a diversas causas. Veamos ahora el otro aspecto, el Partido Comunista de China. En el período del primer frente único, estaba en su infancia; dirigió valerosamente la revolución de 1924-1927, pero se mostró inmaduro en su comprensión del carácter, las tareas y los métodos de la revolución y, en consecuencia, el chentusiuísmo[15], surgido en el último tiempo de esa revolución, pudo imponerse y conducirla a la derrota. A partir de 1927, el Partido Comunista dirigió con valentía la Guerra Revolucionaria Agraria y creó el ejército revolucionario y las bases de apoyo revolucionarias; sin embargo, cometió errores de aventurerismo, que causaron serias pérdidas tanto al ejército como a las bases de apoyo. Desde 1935 el Partido ha corregido estos errores y ha asumido la dirección de un nuevo frente único, el de resistencia al Japón; esta gran lucha está desarrollándose ahora. En la presente etapa, el Partido Comunista es un partido probado en dos revoluciones y poseedor de una rica experiencia. Tales son las características del Partido Comunista de China en las tres etapas. Y también ellas obedecen a diversas causas. Si no estudiamos estas características de los dos partidos, no podremos comprender sus mutuas relaciones particulares en las diferentes etapas: formación de un frente único, ruptura del mismo y creación de otro nuevo. Pero, al estudiar las distintas características de los dos partidos, es aún más fundamental examinar la base de clase de uno y otro y las contradicciones, surgidas de ella en los diferentes períodos, entre cada partido y las demás fuerzas. Por ejemplo, en el período de su primera alianza con el Partido Comunista, el Kuomintang, por una parte, se hallaba en contradicción con el imperialismo extranjero y, consiguientemente, se le oponía; por la otra, estaba en contradicción con las vastas masas populares en el interior, y, si bien prometió muchos beneficios al pueblo trabajador, de hecho le dio muy pocos o ninguno. En el período en que llevó adelante la guerra anticomunista, el Kuomintang, colaborando con el imperialismo y el feudalismo, se opuso a las grandes masas populares y suprimió de una plumada todos los beneficios que éstas habían conquistado en la revolución, de manera que agudizó su contradicción con ellas. Actualmente, en el período de la resistencia antijaponesa, el Kuomintang se encuentra en contradicción con el imperialismo japonés; por una parte, está interesado en cooperar con el Partido Comunista, en tanto que, por la otra, no atenúa su lucha contra éste y el pueblo ni la opresión que ejerce sobre ellos. En cuanto al Partido Comunista, ha estado siempre, en cada período, al lado de las grandes masas populares contra el imperialismo y el feudalismo; sin embargo, en el presente período, el de la resistencia antijaponesa, ha adoptado una política de moderación respecto al Kuomintang y a las fuerzas feudales del país, porque el Kuomintang se ha manifestado a favor de la resistencia al Japón. Todas estas condiciones han llevado ya a la alianza, ya a la lucha, entre los dos partidos; incluso durante los períodos de alianza se presenta un complejo estado de alianza y lucha simultáneas. Si no estudiamos las características de los aspectos de las mencionadas contradicciones, no podremos comprender ni las relaciones de cada uno de los dos partidos con las demás fuerzas, ni sus propias relaciones mutuas.
Así se ve que al estudiar la particularidad de la contradicción en cualquier plano -- trátese de la contradicción en cada forma del movimiento de la materia, la contradicción en cada uno de los procesos de desarrollo de cada forma del movimiento de la materia, los dos aspectos de la contradicción en cada proceso, la contradicción en cada etapa de desarrollo de un proceso, o los dos aspectos de la contradicción en cada etapa --, al estudiar la particularidad de la contradicción en cualquiera de estos planos, no debemos ser subjetivos ni arbitrarios, sino que debemos hacer un análisis concreto. Sin un análisis concreto no se puede llegar a conocer la particularidad de la contradicción en ningún plano. Tengamos siempre presentes las palabras de Lenin: análisis concreto de la situación concreta.
Marx y Engels fueron los primeros en ofrecernos excelentes modelos de semejante análisis concreto.
Al aplicar la ley de la contradicción en las cosas al estudio del proceso socio-histórico, Marx y Engels descubrieron la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, la contradicción entre las clases explotadoras y las explotadas, así como la contradicción, originada por las anteriores, entre la base económica y su superestructura (política, ideología, etc.), y descubrieron también cómo estas contradicciones conducen inevitablemente, en los diferentes tipos de sociedades de clases, a diferentes tipos de revoluciones sociales.
Al aplicar esta ley al estudio de la estructura económica de la sociedad capitalista, Marx descubrió que la contradicción fundamental de esta sociedad es la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la propiedad. Esta contradicción se manifiesta en la contradicción entre el carácter organizado de la producción en las empresas individuales y el carácter anárquico de la producción en la sociedad en su conjunto. En términos de relaciones de clase, se manifiesta en la contradicción entre la burguesía y el proletariado.
Dado que la variedad de las cosas es inconmensurable y su desarrollo no tiene límites, lo que es universal en un contexto determinado se hace particular en otro contexto, y viceversa. La contradicción, inherente al sistema capitalista, entre el carácter social de la producción y la propiedad privada de los medios de producción, es común a todos los países donde existe y se desarrolla el capitalismo, y, por tanto, es universal con respecto a éste. Sin embargo, la contradicción propia del capitalismo corresponde sólo a una determinada etapa histórica en el desarrollo de la sociedad de clases en general, y, por consiguiente, tiene carácter particular respecto a la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción dentro de la sociedad de clases en general. Ahora bien, al disecar la particularidad de las contradicciones arriba mencionadas de la sociedad capitalista, Marx elucidó en forma aún más profunda, exhaustiva y completa el carácter universal de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción dentro de la sociedad de clases en general.
Lo particular y lo universal están unidos, y no solamente la particularidad sino también la universalidad de la contradicción son inherentes a toda cosa: la universalidad reside en la particularidad; por eso, al estudiar una cosa determinada, debemos tratar de descubrir estos dos lados y su interconexión, lo particular y lo universal dentro de la cosa misma y su interconexión, y de descubrir las interconexiones entre dicha cosa y las numerosas cosas exteriores a ella. Stalin, al explicar las raíces históricas del leninismo en su famosa obra "Los fundamentos del leninismo", analizó la situación internacional en que nació el leninismo, analizó las distintas contradicciones del capitalismo, llegadas a su grado extremo bajo las condiciones del imperialismo, y mostró cómo ellas hicieron de la revolución proletaria una cuestión práctica inmediata y crearon condiciones favorables para el asalto directo al capitalismo. Además, analizó por qué Rusia fue la patria del leninismo, por qué la Rusia zarista constituía el punto de convergencia de todas las contradicciones del imperialismo y por qué el proletariado ruso se convirtió en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. De esta manera, Stalin analizó lo universal de las contradicciones del imperialismo, demostrando que el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria, y, al mismo tiempo, analizó lo que de particular tenían estas contradicciones generales en el caso del imperialismo de la Rusia zarista, explicando por qué Rusia llegó a ser la cuna de la teoría y las tácticas de la revolución proletaria y cómo dicha particularidad encerraba la universalidad de la contradicción. Este análisis de Stalin nos ofrece un modelo para comprender la particularidad y la universalidad de la contradicción y su interconexión.
Al referirse a la aplicación de la dialéctica al estudio de los fenómenos objetivos, Marx y Engels, así como Lenin y Stalin, han enseñado siempre que es preciso deshacerse de todo subjetivismo y arbitrariedad y partir de las condiciones concretas del movimiento objetivo real para descubrir las contradicciones concretas de estos fenómenos, la posición concreta de cada uno de los aspectos de cada contradicción y las interrelaciones concretas de las contradicciones. A nuestros dogmáticos les falta esta actitud en el estudio y, por lo tanto, yerran en todo. Debemos sacar lecciones de sus fracasos y aprender a estudiar con esta actitud, la única correcta.
La relación entre la universalidad y la particularidad de la contradicción es la relación entre el carácter general y el carácter individual de la contradicción. Por carácter general de la contradicción entendemos que ésta existe en todos los procesos y los recorre desde el comienzo hasta el fin: movimiento, cosas, procesos y pensamiento, todo es contradicción. Negar la contradicción es negarlo todo. Esta es una verdad universal para todos los tiempos y todos los países, sin excepción. Tal es el carácter general, el carácter absoluto de la contradicción. Sin embargo, lo general está contenido en todo ser individual; sin carácter individual no puede haber carácter general. Si todo lo individual fuera excluido, ¿qué sería de lo general? Cada contradicción es particular y de ahí lo individual. Lo individual existe condicional y temporalmente y es, por tanto, relativo.
Esta verdad referente a lo general y lo individual, a lo absoluto y lo relativo, es la quintaesencia del problema de la contradicción en las cosas; no comprenderla equivale a abandonar la dialéctica.

IV. LA CONTRADICCIN PRINCIPAL Y EL ASPECTO PRINCIPAL DE LA CONTRADICCION

En lo tocante a la particularidad de la contradicción, quedan dos cuestiones que requieren un análisis especial: la contradicción principal y el aspecto principal de la contradicción.
En el proceso de desarrollo de una cosa compleja hay muchas contradicciones y, de ellas, una es necesariamente la principal, cuya existencia y desarrollo determina o influye en la existencia y desarrollo de las demás contradicciones.
Por ejemplo: en la sociedad capitalista, las dos fuerzas contradictorias, el proletariado y la burguesía, constituyen la contradicción principal. Las otras contradicciones, como las que existen entre los remanentes de la clase feudal y la burguesía, entre la pequeña burguesía campesina y la burguesía, entre el proletariado y la pequeña burguesía campesina, entre la burguesía no monopolista y la monopolista, entre la democracia y el fascismo en el seno de la burguesía, entre los diversos países capitalistas, entre el imperialismo y las colonias, etc., son todas determinadas por esta contradicción principal o sujetas a su influencia.
En un país semicolonial como China, la relación entre la contradicción principal y las contradicciones no principales ofrece un cuadro complejo.
Cuando el imperialismo desata una guerra de agresión contra un país así, las diferentes clases de éste, excepto un pequeño número de traidores, pueden unirse temporalmente en una guerra nacional contra el imperialismo. Entonces, la contradicción entre el imperialismo y el país en cuestión pasa a ser la contradicción principal, mientras todas las contradicciones entre las diferentes clases dentro del país (incluida la contradicción, que era la principal, entre el sistema feudal y las grandes masas populares) quedan relegadas temporalmente a una posición secundaria y subordinada. Tal fue el caso en China durante la Guerra del Opio de 1840, la Guerra Chino-Japonesa de 1894, la Guerra del Yijetuan de 1900, y tal es también el caso de la actual guerra chino-japonesa.
En otras circunstancias, sin embargo, las contradicciones cambian de posición. Cuando el imperialismo no recurre a la guerra, sino a medios relativamente moderados, medios políticos, económicos y culturales, para llevar adelante su opresión, la clase dominante del país semicolonial en cuestión capitula ante el imperialismo y forma con él una alianza para oprimir conjuntamente a las masas populares. En esas circunstancias, las masas populares suelen recurrir a la guerra civil contra la alianza del imperialismo y la clase feudal, en tanto que el imperialismo emplea a menudo métodos indirectos, y no la acción directa, para ayudar a los reaccionarios de dicho país a oprimir al pueblo, y así las contradicciones internas se vuelven particularmente agudas. Esto sucedió en China durante la Guerra Revolucionaria de 1911, la guerra revolucionaria de 1924-1927 y los diez años de la Guerra Revolucionaria Agraria, iniciada en 1927. También entran en esta categoría las guerras intestinas entre los diversos grupos dominantes reaccionarios de los países semicoloniales, como por ejemplo las guerras entre los caudillos militares de China.
Cuando la guerra civil revolucionaria se desarrolla hasta el punto en que amenaza la existencia misma del imperialismo y de sus lacayos, los reaccionarios internos, suele aquél adoptar otros métodos para mantener su dominación: o bien trata de dividir el frente revolucionario, o bien envía fuerzas armadas para ayudar directamente a los reaccionarios internos. En tal caso, el imperialismo extranjero y la reacción interna se colocan, sin el menor disimulo, en un polo, y las amplias masas populares se agrupan en el otro, y así se forma la contradicción principal, que determina o influye en el desarrollo de las demás contradicciones. La ayuda prestada por diversos países capitalistas a los reaccionarios rusos luego de la Revolución de Octubre, es un ejemplo de intervención armada. La traición de Chiang Kai-shek en 1927 es un ejemplo de división del frente revolucionario.
Pero, ocurra lo que ocurra, no cabe ninguna duda de que en cada etapa de desarrollo de un proceso hay sólo una contradicción principal, que desempeña el papel dirigente.
De este modo, si en un proceso hay varias contradicciones, necesariamente una de ellas es la principal, la que desempeña el papel dirigente y decisivo, mientras las demás ocupan una posición secundaria y subordinada. Por lo tanto, al estudiar cualquier proceso complejo en el que existan dos o más contradicciones, debernos esforzarnos al máximo por descubrir la contradicción principal. Una vez aprehendida la contradicción principal, todos los problemas pueden resolverse con facilidad. Tal es el método que nos enseñó Marx en su estudio de la sociedad capitalista. Lo mismo nos enseñaron Lenin y Stalin al estudiar el imperialismo y la crisis general del capitalismo y al estudiar la economía soviética. Miles de estudiosos y hombres de acción no comprenden este método, y el resultado es que, perdidos en un mar de humo, no son capaces de llegar a la médula de los problemas y, por consiguiente, no logran encontrar la manera de resolver las contradicciones.
Como queda dicho, no hay que tratar de un mismo modo todas las contradicciones de un proceso, sino distinguir entre la principal y las secundarias y concentrarse en aprehender la principal. Ahora bien, en cada contradicción, sea principal o secundaria, ¿cabe tratar de un mismo modo sus dos aspectos contradictorios? Tampoco. En toda contradicción, el desarrollo de los aspectos contradictorios es desigual. A veces ambos parecen estar en equilibrio, pero tal situación es sólo temporal y relativa, en tanto que la desigualdad es el estado fundamental. De los dos aspectos contradictorios, uno ha de ser el principal, y el otro, el secundario. El aspecto principal es el que desempeña el papel dirigente en la contradicción. La naturaleza de una cosa es determinada fundamentalmente por el aspecto principal de su contradicción, aspecto que ocupa la posición predominante.
Pero esta situación no es estática; el aspecto principal y el no principal de una contradicción se transforman el uno en el otro y, en consecuencia, cambia la naturaleza de la cosa. En un determinado proceso de desarrollo de una contradicción o en una etapa dada de éste, el aspecto principal es A y el aspecto no principal es B, pero en otra etapa o proceso, los papeles se invierten; este cambio lo determina el grado en que ha crecido o disminuido la fuerza de cada aspecto en su lucha contra el otro durante el desarrollo de la cosa.
Hablamos corrientemente del "reemplazo de lo viejo por lo nuevo". El reemplazo de lo viejo por lo nuevo es una ley universal, eterna e ineludible. Una cosa se transforma en otra mediante un salto cuya forma varía según la naturaleza de la cosa y las condiciones: éste es el proceso del reemplazo de lo viejo por lo nuevo. Dentro de toda cosa existe la contradicción entre lo nuevo y lo viejo, la cual da origen a una serie de luchas llenas de vicisitudes. Como resultado de estas luchas, lo nuevo pasa de pequeño a grande y llega a ser predominante; en cambio, lo viejo pasa de grande a pequeño y se aproxima gradualmente a su desaparición. En el momento en que lo nuevo logra predominar sobre lo viejo, la cosa vieja se transforma cualitativamente en una cosa nueva. De esto se desprende que la naturaleza de una cosa es determinada fundamentalmente por el aspecto principal de su contradicción, el que ocupa la posición predominante. Al cambiar dicho aspecto, cambia en consecuencia la naturaleza de la cosa.
El capitalismo, que en la vieja época feudal ocupa una posición subordinada, pasa a ser la fuerza predominante en la sociedad capitalista y, con ello, la naturaleza de la sociedad se convierte de feudal en capitalista. Las fuerzas feudales pasan de su antigua posición dominante a una posición subordinada en la nueva era capitalista, y se acercan paulatinamente a su desaparición. Así sucedió, por ejemplo, en Inglaterra y Francia. A medida que se desarrollan las fuerzas productivas, la burguesía se transforma de clase nueva, que juega un papel progresista, en clase vieja, que juega un papel reaccionario, y finalmente es derrocada por el proletariado, pasando a ser una clase despojada de sus medios privados de producción y del Poder; entonces también se aproxima de manera gradual a su desaparición. El proletariado, muy superior en número a la burguesía y que crece simultáneamente con ésta, pero bajo su dominación, es una fuerza nueva que, dependiente de la burguesía en un comienzo, se robustece poco a poco, llega a ser una clase independiente y que desempeña el papel dirigente en la historia, y finalmente toma el Poder convirtiéndose en la clase dominante. Entonces la sociedad cambia de naturaleza: la vieja sociedad capitalista se transforma en la nueva sociedad socialista. Este es el camino recorrido ya por la Unión Soviética y que seguirán forzosamente todos los demás países.
Veamos el caso de China. El imperialismo ocupa la posición principal en la contradicción en que China se ve reducida al estado de semicolonia; oprime al pueblo chino, mientras China ha sido convertida de país independiente en país semicolonial. Pero este estado de cosas cambiará inevitablemente; en la lucha entre las dos partes, la fuerza del pueblo chino, creciente bajo la dirección del proletariado, transformará inevitablemente a China de semicolonia en país independiente, al paso que el imperialismo será derrocado. La vieja China se transformará inevitablemente en una nueva China.
La transformación de la vieja China en una nueva China entraña además, dentro del país, la transformación de la relación entre las viejas fuerzas feudales y las nuevas fuerzas populares. La vieja clase terrateniente feudal será derrocada, de dominante se convertirá en dominada, y también se aproximará gradualmente a su desaparición. Y el pueblo, bajo la dirección del proletariado, pasará de dominado a dominante. Entonces cambiará la naturaleza de la sociedad china: la vieja sociedad, semicolonial y semifeudal, se transformará en una nueva sociedad democrática.
Transformaciones semejantes se han producido ya en el pasado. La dinastía Ching, que gobernó a China durante casi trescientos años, fue derribada en la Revolución de 1911, en tanto que la Keming Tungrnengjui (Liga Revolucionaria), dirigida por Sun Yat-sen, quedó triunfante por algún tiempo. En la guerra revolucionaria de 1924-1927, las fuerzas revolucionarias de la alianza entre el Kuomintang y el Partido Comunista en el Sur se transformaron de débiles en fuertes y obtuvieron la victoria en la Expedición al Norte, mientras que los caudillos militares del Norte, al comienzo dueños de la situación, fueron derrocados. En 1927, las fuerzas populares, encabezadas por el Partido Comunista, se vieron seriamente reducidas bajo los golpes de la reacción kuomintanista; pero, después de eliminar de sus filas el oportunismo, volvieron a crecer paulatinamente. En las bases de apoyo revolucionarias, que dirige el Partido Comunista, los campesinos se han transformando de dominados en dominantes, en tanto que los terratenientes han sufrido la transformación inversa. Siempre ocurre así en el mundo: lo nuevo desplaza a lo viejo, lo viejo es reemplazado por lo nuevo, lo viejo es eliminado para dejar paso a lo nuevo, lo nuevo surge de lo viejo.
En ciertos momentos de la lucha revolucionaria, las dificultades prevalecen sobre las condiciones favorables y constituyen, entonces, el aspecto principal de la contradicción, mientras las condiciones favorables constituyen el aspecto secundario. Sin embargo, los revolucionarios pueden, mediante sus esfuerzos, superar gradualmente las dificultades y crear una situación nueva, favorable; así, una situación difícil cede su lugar a una situación favorable. Tal fue el caso después de la derrota de la revolución china en 1927 y durante la Gran Marcha del Ejército Rojo de China. En la actual guerra chino-japonesa, nuestro país se encuentra de nuevo en una posición difícil; pero podemos cambiar este estado de cosas y transformar radicalmente la situación de China y la del Japón. A la inversa, las condiciones favorables pueden transformarse en dificultades si los revolucionarios cometen errores. Así, la victoria de la revolución de 1924-1927 se transformó en derrota. Las bases de apoyo revolucionarias que se desarrollaron a partir de 1927 en las provincias del Sur, habían sido todas derrotadas hacia 1934.
En el estudio, sucede lo mismo con la contradicción en el paso del no saber al saber. Cuando comenzamos a estudiar el marxismo, existe una contradicción entre nuestra ignorancia o escasa noción del marxismo y el conocimiento del marxismo. Pero, a través de un estudio tenaz, podernos llegar a transformar esa ignorancia en conocimiento, ese conocimiento escaso, en conocimiento amplio, y la ceguera en la aplicación del marxismo, en libertad en su aplicación.
Algunos estiman que no ocurre así con ciertas contradicciones. Por ejemplo, según ellos, en la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, las fuerzas productivas constituyen el aspecto principal; en la contradicción entre la práctica y la teoría, la práctica constituye el aspecto principal; en la contradicción entre la base económica y la superestructura, la base económica constituye el aspecto principal; y los aspectos no cambian de posición entre sí. Esta es una concepción materialista mecanicista, y no materialista dialéctica. Es verdad que las fuerzas productivas, la práctica y la base económica desempeñan por regla general el papel principal y decisivo; quien niegue esto no es materialista. Pero hay que admitir también que, bajo ciertas condiciones, las relaciones de producción, la teoría y la superestructura desempeñan, a su vez, el papel principal y decisivo. Cuando el desarrollo de las fuerzas productivas se hace imposible sin un cambio de las relaciones de producción, este cambio desempeña el papel principal y decisivo. La creación y divulgación de una teoría revolucionaria desempeña el papel principal y decisivo en determinados momentos, refiriéndose a los cuales dijo Lenin: "Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario."[16] Cuando hay una tarea por cumplir (sea la que fuere), pero se carece todavía de orientación; método, plan o política, lo principal y decisivo es determinar una orientación, método, plan o política. Cuando la superestructura (política, cultura, etc.) obstaculiza el desarrollo de la base económica, las transformaciones políticas y culturales pasan a ser lo principal y decisivo. ¿Estamos yendo en contra del materialismo al afirmar esto? No. La razón es que, junto con reconocer que, en el curso general del desarrollo histórico, lo material determina lo espiritual y el ser social determina la conciencia social, también reconocemos y debemos reconocer la reacción que a su vez ejerce lo espiritual sobre lo material, la conciencia social sobre el ser social, y la superestructura sobre la base económica. No vamos así en contra del materialismo, sino que evitamos el materialismo mecanicista y defendemos firmemente el materialismo dialéctico.
Al estudiar la particularidad de la contradicción, a no ser que examinemos estas dos cuestiones -- las contradicciones principal y no principales de un proceso, y los aspectos principal y no principal de la contradicción --, es decir, a no ser que examinemos lo que distingue a un término del otro en cada una de estas dos cuestiones, nos veremos empantanados en un estudio abstracto, seremos incapaces de comprender concretamente las contradicciones y, por ende, no podremos encontrar el método correcto para resolverlas. Lo distintivo o lo particular en cada una de estas dos cuestiones representa la desigualdad de las fuerzas en contradicción. Nada en el mundo se desarrolla en forma absolutamente uniforme; debemos combatir la teoría del desarrollo uniforme o teoría del equilibrio. Más aún, es esta característica concreta de la contradicción y el cambio de los aspectos principal y no principal de una contradicción en el curso de su desarrollo lo que muestra la fuerza de lo nuevo que reemplaza a lo viejo. El estudio de las distintas modalidades de la desigualdad en las contradicciones, el estudio de la contradicción principal y las no principales y de los aspectos principal y no principal de la contradicción, es uno de los métodos importantes que permiten a un partido revolucionario determinar correctamente su estrategia y táctica en lo político y lo militar; todos los comunistas deben prestar atención a este método.

V. LA IDENTIDAD Y LA LUCHA ENTRE LOS ASPECTOS DE LA CONTRADICCION

Después de comprendidas la universalidad y la particularidad de la contradicción, debemos proceder al estudio de la identidad y la lucha entre los aspectos de la contradicción.
Identidad, unidad, coincidencia, interpenetración, impregnación recíproca, interdependencia (o mutua dependencia para existir), interconexión o cooperación -- todos estos variados términos significan lo mismo y se refieren a los dos puntos siguientes: primero, la existencia de cada uno de los dos aspectos de una contradicción en el proceso de desarrollo de una cosa presupone la existencia de su contrario, y ambos aspectos coexisten en un todo único; segundo, sobre la base de determinadas condiciones, cada uno de los dos aspectos contradictorios se transforma en su contrario. Esto es lo que se entiende por identidad.
Lenin dijo:
"La dialéctica es la doctrina de cómo los contrarios pueden ser y cómo suelen ser (cómo devienen) idénticos, -- en qué condiciones suelen ser idénticos, convirtiéndose el uno en el otro, -- por qué el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como muertos, petrificados, sino como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro."[17]
¿Qué significan estas palabras de Lenin?
En todo proceso, los aspectos de una contradicción se excluyen, luchan y se oponen entre sí. Los procesos de desarrollo de todas las cosas del mundo y todo pensamiento del hombre, sin excepción, contienen tales aspectos contradictorios. Un proceso simple contiene solamente una pareja de contrarios, mientras un proceso complejo contiene más de una. Las diferentes parejas de contrarios, a su vez, se hallan en contradicción. Es así como están constituidas todas las cosas del mundo objetivo y todo pensamiento del hombre, y de ahí su movimiento.
Podría parecer entonces que no hay ninguna identidad o unidad. En tal caso, ¿cómo se puede hablar de identidad o unidad?
El caso es que ninguno de los dos aspectos contradictorios puede existir independientemente del otro. Si falta uno de los dos contrarios, falta la condición para la existencia del otro. Piensen: de una pareja de cosas contradictorias o de dos conceptos contradictorios en la conciencia humana, ¿puede uno de los aspectos existir independientemente? Sin vida no habría muerte; sin muerte tampoco habría vida. Sin "arriba" no habría "abajo"; sin "abajo" tampoco habría "arriba". Sin desgracia no habría felicidad; sin felicidad tampoco habría desgracia. Sin facilidad no habría dificultad; sin dificultad tampoco habría facilidad. Sin terratenientes no habría campesinos arrendatarios; sin campesinos arrendatarios tampoco habría terratenientes. Sin burguesía no habría proletariado; sin proletariado tampoco habría burguesía. Sin opresión nacional por parte del imperialismo no habría colonias ni semicolonias; sin colonias ni semicolonias tampoco habría opresión nacional por parte del imperialismo. Así sucede con todos los contrarios: en virtud de determinadas condiciones, junto con oponerse el uno al otro, están interconectados, se impregnan recíprocamente, se interpenetran y dependen el uno del otro; esto es lo que se denomina identidad. Los aspectos de toda contradicción se llaman contrarios porque, en virtud de determinadas condiciones, existe entre ellos no-identidad. Pero también existe entre ellos identidad, y por eso están interconectados. A esto se refería Lenin cuando dijo que la dialéctica estudia "cómo los contrarios pueden [ . . . ] ser idénticos ". ¿Por qué pueden serlo? Porque cada uno constituye la condición para la existencia del otro. Este es el primer sentido de la identidad.
Pero ¿basta con afirmar que cada uno de los dos aspectos contradictorios es la condición para la existencia de su opuesto, que hay identidad entre uno y otro, y que, por consiguiente, ambos pueden coexistir en un todo único? No, no basta. La cuestión no se limita a la interdependencia de los contrarios; más importante aún es la transformación del uno en el otro. Esto significa que, en razón de determinadas condiciones, cada uno de los aspectos contradictorios de una cosa se transforma en su contrario cambiando su posición por la de éste. Tal es el segundo sentido de la identidad de los contrarios.
¿Por qué existe identidad aquí también? Obsérvese cómo, a través de la revolución, el proletariado se transforma de clase dominada en clase dominante, en tanto que la burguesía, hasta entonces dominante, se transforma en dominada, cambiando cada cual su posición por la que originalmente ocupaba su contrario. Esto ha tenido lugar ya en la Unión Soviética, y ocurrirá en todo el mundo. De no existir, bajo determinadas condiciones, la interconexión y la identidad entre los contrarios, ¿cómo podría producirse semejante cambio?
El Kuomintang, que desempeñó un papel hasta cierto punto positivo en una determinada etapa de la historia contemporánea de China, pasó a ser un partido contrarrevolucionario en 1927 debido a su inherente naturaleza de clase y a la seducción por el imperialismo (éstas son las condiciones); pero, después se ha visto obligado a aceptar la resistencia al Japón debido a la agudización de la contradicción entre China y el Japón y a la política de frente único del Partido Comunista (éstas son las condiciones). Los contrarios se transforman el uno en el otro, pues entre ellos existe una determinada identidad.
Nuestra revolución agraria ha sido y será un proceso en que la clase terrateniente, poseedora de tierras, se transforma en una clase que ha perdido sus tierras, mientras los campesinos, antes despojados de sus tierras, se transforman en pequeños propietarios que han obtenido tierras. Debido a determinadas condiciones, poseer y no poseer, obtener y perder, están interconectados; hay identidad entre lo uno y lo otro. Bajo el socialismo, la propiedad privada de los campesinos, a su vez, se transforma en la propiedad social de la agricultura socialista; esto ya ha ocurrido en la Unión Soviética, y ocurrirá también en todo el mundo. Hay un puente que conduce de la propiedad privada a la propiedad social; en filosofía, esto se llama identidad o transformación recíproca o interpenetración.
Consolidar la dictadura del proletariado, o del pueblo, significa, justamente, preparar las condiciones para abolir dicha dictadura y pasar a una etapa más elevada, en la cual no habrá ningún tipo de sistema estatal. Fundar y desarrollar el Partido Comunista significa, precisamente, preparar las condiciones para la desaparición del Partido Comunista y de todos los partidos políticos. Crear un ejército revolucionario bajo la dirección del Partido Comunista y llevar adelante la guerra revolucionaria significa, justamente, preparar las condiciones para acabar para siempre con las guerras. En cada una de estas parejas, los contrarios se sostienen mutuamente.
Como todos saben, la guerra y la paz se transforman la una en la otra. La guerra se transforma en paz; por ejemplo, la Primera Guerra Mundial se transformó en la paz de la postguerra, y la guerra civil en China ha cesado ahora, cediendo su lugar a la paz interna. La paz se transforma en guerra; por ejemplo, en 1927, la cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista se transformó en guerra, y la actual situación de paz mundial puede también transformarse en una segunda guerra mundial. ¿Por qué sucede esto? Porque en la sociedad de clases, bajo determinadas condiciones, existe identidad entre cosas contrarias como la guerra y la paz.
Todos los contrarios están interconectados; no sólo coexisten en un todo único bajo determinadas condiciones, sino que, también bajo determinadas condiciones, se transforman el uno en el otro; éste es el significado íntegro de la identidad de los contrarios. A esto se refería Lenin al hablar de "cómo los contrarios [. . .) suelen ser (cómo devienen) idénticos, -- en qué condiciones suelen ser idénticos, convirtiéndose el uno en el otro".
¿Por qué "el entendimiento humano no debe considerar estos contrarios como muertos, petrificados, sino como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro"? Porque precisamente así son las cosas objetivas. El caso es que la unidad o identidad de los contrarios en las cosas objetivas no es algo muerto o petrificado, sino algo vivo, condicional, móvil, temporal y relativo; sobre la base de determinadas condiciones, cada uno de los aspectos de la contradicción se transforma en su contrario. Y el reflejo de esto en el pensamiento humano constituye la concepción marxista, dialéctica materialista, del mundo. Sólo las clases dominantes reaccionarias del pasado y del presente, y la metafísica a su servicio, no consideran los contrarios como vivos, condicionales, móviles y que se convierten el uno en el otro, sino como muertos y petrificados, y propagan esta falacia por todas partes para engañar a las masas populares, en el intento de perpetuar su dominación. Es tarea de los comunistas denunciar esta falacia de los reaccionarios y de la metafísica, divulgar la dialéctica inherente a las cosas y acelerar la transformación de las cosas, a fin de alcanzar los objetivos de la revolución.
Cuando decimos que, bajo determinadas condiciones, existe la identidad de los contrarios, nos referimos a contrarios reales y concretos, y consideramos que la transformación del uno en el otro es igualmente real y concreta. En la mitología se habla de innumerables transformaciones, por ejemplo, en los mitos de la carrera de Kua Fu tras el Sol en el Libro de las montañas y los mares [18], del derribo de nueve soles a flechazos por Yi, en el Juai Nan Tsi [19], de las setenta y dos metamorfosis de Sun Wu-kung en Peregrinación al Oeste [20], en los numerosos episodios de fantasmas y zorros metamorfoseados en seres humanos en los Cuentos extraños de Liaochai [21], etc. Estas transformaciones de los contrarios, de las que habla la mitología, no son cambios concretos que reflejen contradicciones concretas, sino transformaciones ingenuas, imaginarias, fantásticas, inspiradas a los hombres por las innumerables y complejas transformaciones reales de los contrarios el uno en el otro. Marx decía: "Toda mitología conquista, domina y da formas a las fuerzas de la naturaleza, en la imaginación y mediante ella, y desaparece cuando las fuerzas de la naturaleza son dominadas realmente."[22] Las innumerables metamorfosis en la mitología (y también en los cuentos infantiles) deleitan a la gente porque describen imaginativamente la conquista de las fuerzas de la naturaleza por el hombre, y los mejores mitos poseen, como señaló Marx, "un encanto eterno"; pero los mitos no se crean basándose en situaciones determinadas surgidas de contradicciones concretas y, por lo tanto, no son un reflejo científico de la realidad. Esto significa que, en los mitos o en los cuentos infantiles, existe sólo una identidad imaginaria y no concreta entre los aspectos que constituyen la contradicción. Es la dialéctica marxista la que refleja científicamente la identidad en las transformaciones reales.
¿Por qué puede un huevo, y no una piedra, transformarse en un pollo? ¿Por qué existe identidad entre la guerra y la paz pero no entre la guerra y una piedra? ¿Por qué los seres humanos son capaces de engendrar sólo seres humanos y no otra cosa? La única razón es que la identidad de los contrarios exige determinadas condiciones necesarias. En ausencia de éstas, no puede haber ninguna identidad.
¿Por qué en Rusia la revolución democrático-burguesa de febrero de 1917 se ligó directamente a la revolución socialista proletaria de octubre del mismo año, mientras que en Francia la revolución burguesa no se ligó directamente a una revolución socialista y la Comuna de París de 1871 terminó en derrota? ¿Por qué, en cambio, el sistema nómade de Mongolia y Asia Central empalmó directamente con el socialismo? ¿Por qué puede la revolución china evitar un futuro capitalista y entroncar directamente con el socialismo, sin seguir el viejo camino histórico recorrido por los países occidentales, sin pasar por un período de dictadura burguesa? Todo esto no se debe sino a las condiciones concretas de la época. Cuando se presentan determinadas condiciones necesarias, en el proceso de desarrollo de las cosas surgen determinadas parejas de contrarios, y estos contrarios son interdependientes y se transforman el uno en el otro. De no presentarse tales condiciones, nada de esto podría suceder.
Hasta aquí el problema de la identidad. Ahora bien, ¿qué es la lucha? ¿Cuál es la relación entre la identidad y la lucha?
Lenin señala:
"La unidad (coincidencia, identidad, equivalencia) de los contrarios es condicional, temporal, transitoria, relativa. La lucha de los contrarios, mutuamente excluyentes, es absoluta, como es absoluto el desarrollo, el movimiento."[23]
¿Qué significan estas palabras de Lenin?
Todo proceso tiene comienzo y fin, todo proceso se transforma en su contrario. La permanencia de todo proceso es relativa, en tanto que la mutabilidad, manifestada en la transformación de un proceso en otro, es absoluta.
En todas las cosas se presentan dos estados de movimiento: el de reposo relativo y el de cambio manifiesto. Ambos tienen su origen en la lucha entre los dos elementos contradictorios que contiene cada cosa. En el primer estado de movimiento, la cosa experimenta sólo cambios cuantitativos y no cualitativos y, en consecuencia, parece estar en reposo. La cosa pasa al segundo estado de movimiento cuando los cambios cuantitativos producidos en el primer estado alcanzan ya su punto culminante, dando origen a la disolución de la cosa como todo único, esto es, a un cambio cualitativo; de este modo aparece el estado de cambio manifiesto. La unidad, la cohesión, la unión, la armonía, el equilibrio, el impasse, el punto muerto, el reposo, la permanencia, la uniformidad, el aglutinamiento, la atracción, etc., que vemos en la vida diaria, son todas manifestaciones del estado de cambio cuantitativo de las cosas. A la inversa, la disolución del todo único, es decir, la destrucción de esa cohesión, unión, armonía, equilibrio, impasse, punto muerto, reposo, permanencia, uniformidad, aglutinamiento, atracción, y su transformación en sus respectivos contrarios, son todas manifestaciones del estado de cambio cualitativo de las cosas, es decir, de la transformación de un proceso en otro. Las cosas cambian constantemente, pasando del primero al segundo estado; la lucha de los contrarios existe en ambos estados, y la contradicción se resuelve a través del segundo estado. Es por esto que la unidad de los contrarios es condicional, temporal y relativa, en tanto que la lucha de los contrarios, mutuamente excluyentes, es absoluta.
Al afirmar más arriba que entre los contrarios existe identidad y que, por esta razón, ambos pueden coexistir en un todo único y, además, transformarse el uno en el otro, nos hemos referido a la condicionalidad; esto es, bajo determinadas condiciones, dos cosas contrarias pueden unirse y transformarse la una en la otra; en ausencia de tales condiciones, no pueden formar una contradicción, no pueden coexistir en un todo único ni transformarse la una en la otra. La identidad de los contrarios se produce sólo a causa de determinadas condiciones, y por eso decimos que es condicional y relativa. Ahora, agregamos que la lucha entre los contrarios recorre los procesos desde el comienzo hasta el fin y origina la transformación de un proceso en otro; la lucha entre los contrarios es omnipresente, y por lo tanto decimos que es incondicional y absoluta.
La combinación entre la identidad, condicional y relativa, y la lucha, incondicional y absoluta, forma el movimiento de los contrarios en todas las cosas.
Los chinos acostumbramos a decir: "Cosas que se oponen, se sostienen entre sí."[24] En otras palabras, existe identidad entre cosas que se oponen una a otra. Este dicho es dialéctico y contrario a la metafísica. "Se oponen" significa que los dos aspectos contradictorios se excluyen mutuamente o luchan entre sí. "Se sostienen entre sí" significa que, bajo determinadas condiciones, los dos aspectos contradictorios se interconectan y adquieren identidad. Sin embargo, la lucha está implícita en la identidad; sin lucha no hay identidad.
En la identidad existe la lucha, en lo particular existe lo universal, en lo individual existe lo general. Para citar a Lenin, "en lo relativo existe lo absoluto"[25].

VI. EL PAPEL DEL ANTAGONISMO EN LA CONTRADICCION

El problema de la lucha de los contrarios incluye la cuestión de qué es antagonismo. Nuestra respuesta es que el antagonismo constituye una forma, pero no la única, de la lucha de los contrarios.
En la historia de la humanidad existe el antagonismo de clase, que es una manifestación particular de la lucha de los contrarios. Veamos la contradicción entre la clase explotadora y la clase explotada. En una misma sociedad, sea la esclavista, la feudal o la capitalista, estas dos clases contradictorias coexisten por largo tiempo y luchan entre sí; pero sólo al alcanzar cierta etapa en su desarrollo, la contradicción entre las dos clases adopta la forma de antagonismo abierto y se convierte en revolución. De igual manera se verifica la transformación de la paz en guerra dentro de la sociedad de clases.
Antes de estallar, una bomba es un todo único en el cual los contrarios coexisten debido a determinadas condiciones. La explosión tiene lugar sólo cuando se hace presente una nueva condición: la ignición. Análoga situación se presenta en todos aquellos fenómenos de la naturaleza en los que la solución de la vieja contradicción y el nacimiento de una cosa nueva se producen, finalmente, bajo la forma de un conflicto abierto.
Es extremadamente importante adquirir conciencia de este hecho, pues nos permite comprender que en la sociedad de clases, son inevitables las revoluciones y las guerras revolucionarias y que sin ellas es imposible realizar saltos en el desarrollo social y derrocar a las clases dominantes reaccionarias, y, por lo tanto, es imposible que el pueblo conquiste el Poder. Los comunistas deben denunciar la engañosa propaganda de los reaccionarios, quienes afirman, entre otras cosas, que la revolución social es innecesaria e imposible; deben perseverar firmemente en la teoría marxista-leninista de la revolución social y ayudar al pueblo a comprender que la revolución no sólo es absolutamente necesaria, sino también enteramente posible, y que esta verdad científica ha sido confirmada ya por toda la historia de la humanidad y por el triunfo en la Unión Soviética.
Sin embargo, debemos estudiar concretamente la situación de cada lucha de contrarios y no aplicar impropiamente y a todas las cosas la fórmula arriba mencionada. La contradicción y la lucha son universales y absolutas, pero los métodos para resolver las contradicciones, esto es, las formas de lucha, varían según el carácter de las contradicciones. Algunas contradicciones tienen un carácter antagónico abierto, mientras que otras no. Siguiendo el desarrollo concreto de las cosas, algunas contradicciones, originalmente no antagónicas, se transforman en antagónicas, en tanto que otras, originalmente antagónicas, se transforman en no antagónicas.
Como ya lo hemos señalado, mientras existan las clases, las contradicciones entre las ideas correctas e incorrectas dentro del Partido Comunista son un reflejo, en su seno, de las contradicciones de clase. Al comienzo o en algunos problemas, tales contradicciones pueden no manifestarse inmediatamente como antagónicas. Pero, a medida que se desenvuelve la lucha de clases, pueden llegar a transformarse en antagónicas. La historia del Partido Comunista de la Unión Soviética nos enseña que la contradicción entre las correctas ideas de Lenin y Stalin y las erróneas ideas de Trotski, Bujarin y otros no se manifestó como antagónica al principio, pero posteriormente se desarrolló hasta convertirse en antagónica. Casos similares se han dado en la historia del Partido Comunista de China. La contradicción entre las correctas ideas de muchos de nuestros camaradas del Partido y las erróneas ideas de Chen Tu-siu, Chang Kuo-tao y otros, tampoco se manifestó en un comienzo como antagónica, pero posteriormente se desarrolló y se convirtió en antagónica. Actualmente, la contradicción entre las ideas correctas y las incorrectas en nuestro Partido no se manifiesta como antagónica y, si los camaradas que han cometido errores son capaces de corregirlos, no llegará a convertirse en antagónica. En vista de ello, el Partido debe Llevar a cabo, por un lado, una seria lucha contra las ideas erróneas, y, por el otro, dar a los camaradas que han cometido errores plena oportunidad para que adquieran conciencia. En estas circunstancias, una lucha excesiva es obviamente inadecuada. Pero si aquellos que han cometido errores persisten en ellos y los agravan, habrá posibilidad de que esta contradicción desemboque en antagonismo.
En lo económico, la contradicción entre la ciudad y el campo es extremadamente antagónica tanto en la sociedad capitalista (donde la ciudad dominada por la burguesía saquea implacablemente al campo) como en las zonas controladas por el Kuomintang en China (donde la ciudad dominada por el imperialismo extranjero y la gran burguesía compradora china saquea al campo con extremada ferocidad). Pero en un país socialista y en nuestras bases de apoyo revolucionarias, esta contradicción antagónica se ha transformado en no antagónica, y desaparecerá con la llegada de la sociedad comunista.
Lenin dijo: "El antagonismo y la contradicción no son en absoluto una y la misma cosa. Bajo el socialismo, desaparecerá el primero, subsistirá la segunda."[26] Esto significa que el antagonismo es una forma, pero no la única, de la lucha de los contrarios; no se puede aplicar esta fórmula de manera mecánica y en todas partes.

VII. CONCLUSION

Digamos ahora algunas palabras a modo de resumen. La ley de la contradicción en las cosas, esto es, la ley de la unidad de los contrarios, es la ley fundamental de la naturaleza y la sociedad y, por consiguiente, también la ley fundamental del pensamiento. Esta ley se opone a la concepción metafísica del mundo. Su descubrimiento representó una gran revolución en la historia del conocimiento humano. Según el materialismo dialéctico, la contradicción existe en todos los procesos de las cosas objetivas y del pensamiento subjetivo, y los recorre desde el comienzo hasta el fin; esto constituye la universalidad o carácter absoluto de la contradicción: Cada contradicción y cada uno de sus dos aspectos tienen sus respectivas características; esto constituye la particularidad o relatividad de la contradicción. Sobre la base de determinadas condiciones, entre cosas contrarias existe identidad y; por lo tanto, ambas pueden coexistir en un todo único y transformarse la una en la otra; esto también constituye la particularidad o relatividad de la contradicción. Pero la lucha de los contrarios es ininterrumpida, y está presente tanto cuando los contrarios coexisten como cuando se transforman el uno en el otro; especialmente en el último casó la lucha se manifiesta de una manera más evidente; esto también constituye la universalidad o carácter absoluto de la contradicción. Al estudiar la particularidad o relatividad de la contradicción, debemos prestar atención a distinguir entre la contradicción principal y las contradicciones no principales, así como entre el aspecto principal y el aspecto no principal de la contradicción; al estudiar la universalidad de la contradicción y la lucha de los contrarios, debemos prestar atención a distinguir entre las diferentes formas de lucha. De otro modo, cometeremos errores. Si, mediante el estudio, llegamos a comprender realmente las tesis esenciales expuestas más arriba, podremos destruir el pensamiento dogmático, opuesto a los principios fundamentales del marxismo-leninismo y perjudicial para nuestra causa revolucionaria, y los camaradas que tienen experiencia estarán en condiciones de sistematizarla y elevarla a la categoría de principios y evitar la repetición de los errores de empirismo. Tal es, en pocas palabras, la conclusión a que nos conduce el estudio de la ley de la contradicción.

*Trabajo filosófico escrito por el camarada Mao Tse-tung a continuación de su obra "Sobre la práctica" y destinado, como ella, a vencer el pensamiento dogmático, grave error que existía entonces en el Partido. Originalmente dado a conocer en Forma de conferencias en el Instituto Político y Militar Antijaponés de Yenán, este escrito fue revisado por el autor para incluirlo en sus Obras Escogidas.  [Nota de la publicación, del PCCH]

NOTAS
[1] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel " Lecciones de historia de la filosofía ".
[2] En su escrito En torno a la cuestión de la dialéctica, Lenin dice: "El desdoblamiento de un todo y el conocimiento de sus partes contradictorias [. . .) es la esencia [. . .) de la dialéctica:" Dice también en su Resumen del libro de Hegel " Ciencia de la lógica ": "En una palabra, la dialéctica puede ser definida como la doctrina acerca de la unidad de los contrarios. Esto aprehende el núcleo de la dialéctica, pero exige explicaciones y desarrollo."
[3] V. I. Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica.
[4] Palabras de Tung Chung-shu (179-104 a.n.e.), célebre exponente del confucianismo durante la dinastía Jan. Una vez Tung dijo al emperador Wuti: "El Tao se origina en el cielo. El cielo no cambia y el Tao tampoco." "Tao", término comúnmente usado por los filósofos chinos de la antig&uumledad, significa "caminó", "razón" y también "ley".
[5] F. Engels: Anti-D&uumlhring, primera sección, XII, "Dialéctica. Cantidad y calidad".
[6] V. I. Lenin: En torno a lo cuestión de la dialéctica.
[7] F. Engels: Anti-D&uumlhring, primera sección, XII, "Dialéctica. Cantidad y calidad".
[8] V. I. Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica.
[9] Ibíd.
[10] V. I. Lenin: "Comunismo", Obras Completas, t. XXXI. Véase "Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de China", nota 10, en el presente tomo.
[11] Sun Tsi, cap. III, "Plan de ataque".
[12] Wei Cheng (580-643), estadista e historiador de la dinastía Tang.
[13] Famosa novela china que describe una guerra campesina ocurrida a finales de la dinastía Sung del Norte. Sung Chiang es uno de los protagonistas de la novela. La aldea de Chu, bajo la dominación de un terrateniente despótico llamado Chu Chao-feng, estaba cerca de Liangshanpo, base de apoyo de esa guerra campesina.
[14] V. I. Lenin: "Una vez más sobre los sindicatos, el momento actual y los errores de Trotski y Bujarin".
[15] Acerca de Chen Tu-siu, véase "Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria de China", nota 4, en el presente tomo.
[16] V. I. Lenin: ¿Qué Hacer?, I, d.
[17] V. I. Lenin: Resumen del libro de Hegel " Ciencia de la lógica ".
[18] Libro escrito durante la Era de los Reinos Combatientes (403-221 a.n.e.). En una de sus leyendas se relata que Kua Fu, un ser sobrenatural, corrió en persecución del Sol. Pero murió de sed en el camino. El báculo que llevaba se transformó en un bosque.
[19] Yi es el héroe de una antigua leyenda china, famoso por su destreza en el manejo del arco. Según una leyenda contada en el Juai Nan Tsi, obra compilada en el siglo II a.n.e., había, en tiempos del emperador Yao, diez soles en el cielo. Para acabar con los daños causados a la vegetación por los abrasadores rayos de los estros, Yao ordenó a Yi que derribara los soles. Otra leyenda, registrada por Wang Yi (siglo II), cuenta que el arquero derribó nueve de los diez soles.
[20] Novela mitológica escrita en el siglo XVI. Su héroe, Sun Wu-kung, el Rey Mono, es valiente e ingenioso y está dotado del poder mágico de adquirir a voluntad setenta y dos formas diferentes, tales como pájaro, bestia, planta, etc.
[21] Famosa colección de cuentos fantásticos, redactados por Po Sung-ling en el siglo XVII. Conste en total de 431 cuentos que en su mayoría hablan de hadas, fantasmas y zorros.
[22] C. Marx: Introducción a la crítica de la economía política.
[23] V. I. Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica.
[24] Esta frase apareció por primera vez en la Historia de la primera dinastía Jan, escrita por Pan Ku, célebre historiador del siglo I, y be sido siempre un dicho popular.
[25] V. I. Lenin: En torno a la cuestión de la dialéctica
[26] V. I. Lenin: "Observaciones críticas sobre el libro de Bujarin Economía del período de transición."


Una carta de Mao

El documento es rico en referencias a hechos y personas y en figuras literarias. Para que la comprensión de los primeros resulte más fácil son menester algunas explicaciones. Cuando escribió la carta, Mao estaba en Hangchow, un lugar de descanso en la costa oriental de China, y su mujer. Chiang-ching, en la vecina Shanghai. La revolución cultural alcanzaba ya a las principales universidades; a fines de mayo, en Pekín, había sido destituido el comité ciudadano del Partido, incluso el primer secretario Pen-Cheng; las fuerzas de Lin Piao estaban en ascenso y controlaban los órganos de propaganda del comité central. El "amigo" al que Mao alude varias veces en su carta es, precisamente, Lin Piao, y el discurso al que se refiere es aquel en el cual su delfín exaltó la "genialidad marxista" del presidente y propició un movimiento multitudinario para estudiar su pensamiento.

Chiang-ching:

Recibí tu carta del 29 de mayo. Creo que harás mejor en seguir allí algún tiempo más, según el consejo de Wei [Wen-po -N. de la R.] y Chen [Pei-hsien]. Durante este mes deberé recibir, en dos oportunidades a huéspedes extranjeros. Oportunamente te daré a conocer mis movimientos luego de esos encuentros.
Después que partí de Wulin el 18, me detuve en una zona boscosa del oeste; no tengo nada interesante que decirte al respecto. Llegué aquí, a Paiyun Huangoh, el 28, y ocupo las jornadas en la lectura de documentos. Son realmente interesantes.
Tras un período de confusión, habíamos llegado a una época de tranquilidad. Han transcurrido siete u ocho años y estamos en lo mismo. Los demonios-buey y los espíritus-serpientes [los enemigos del socialismo] se pusieron fuera de sí, no podían hacer menos: se trata de algo que les es dictado por la índole de su clase.
En cuanto al discurso de nuestro amigo [Lin Piao], el comité central piensa hacerlo circular y estoy dispuesto a dar mi autorización. Habló de un golpe de estado: y lo hizo de un modo sin precedentes. Algunas de sus ideas me dejan perplejo. Nunca pensé que los folletos que he escrito tuvieran tanto vigor; ahora que él comenzó a alabarlos y logra que toda China los alabe, la cosa se parece a la escenita de la comadre Wuang que vende zapallos: se los ofrece a los vendedores y arma un alboroto.
Me han impulsado hasta la cima de la montaña para exhibirme y, al parecer, no hay forma de no hacer lo que ellos quieren. Esta es la primera vez en mi vida que en una cuestión importante he prestado oídos a otro en contra de mis convicciones: un giro contra mi voluntad, digámoslo ya [sigue un reclamo histórico a Yuan Chi y Liu Pang].
Estoy de acuerdo con [el escritor] Lu Hsun cuando dice: "Me vivisecciono a mí mismo con más rigor del que pongo cuando vivisecciono a los demás." Cada vez que pego un salto, procedo siempre así; y, sin embargo, los compañeros no lo creen. Tengo fe en mi mismo, pero a la vez dudo también un poco de mí mismo.
Habitualmente se cree que cuando en el monte no hay tigres, el mono es proclamado gran rey. Yo me he convertido en ese gran rey, pero no soy un ecléctico. En mí, los espíritus del tigre son los principales, los del mono son secundarios. Como decía Li Ku, "es fácil romper lo que está alto, es fácil ensuciar lo que brilla; es difícil encontrar juntas primavera y nieve sin mancha, es difícil sobrellevar el nombre que uno ha conquistado". Cierta vez cité estas palabras en una reunión del comité permanente del Politburo.
Para el hombre, nada hay más precioso que tener una idea clara de sí mismo. En la reunión de abril, en Hangchow, di a entender que no estaba de acuerdo con las alabanzas de nuestro amigo [Lin Piao]. Pero, ¿qué se puede hacer? En la reunión de mayo, en Pekín, él repitió las mismas expresiones y los diarios las difundieron con más vehemencia.
Realmente, me alaban como más divino que lo divino y ya no me queda sino permanecer en la cumbre y dejarme ver. Imagino que la idea de ellos es usar a un Chung Kuei [el santón rechazadiablos de las creencias populares], para expulsar a los demonios: en la década del '60 me convertí en el Chung Kuei del Partido Comunista.
No obstante, las cosas se orientan en dirección contraria: cuanto más alto se llega, más violenta es la caída. Estoy preparado para caer, desgarrándome las carnes y rompiéndome los huesos. No importa; la materia no se destruye tan sólo se fractura. En el mundo hay más de cien partidos [comunistas] y la mayoría de ellos no creen ya en el marxismo; han fracturado a Marx y a Lenín: ¿qué nos ocurrirá a nosotros?
Creo que también tú debes prestar atención a estos problemas. No te dejes ensoberbecer por las victorias, reflexiona a menudo acerca de tus puntos débiles, defectos y errores. Todo esto te lo he dicho ya quién sabe cuántas veces; incluso te hablé de ello también en Shanghai, en abril.
Lo que acabo de escribir parece casi un discurso negro: ¿no hablan así también los elementos contrarios al Partido? Pero hay una diferencia entre ellos y yo. Yo tengo la impresión de que ciertas alabanzas no son inapropiadas y te lo digo para ponerte en guardia; ellos, en cambio, quieren acabar con el Partido y mi persona.
En la actualidad no se pueden hacer públicas estas palabras mías. Toda la izquierda habla ahora de ese modo: publicarlas significaría darle una ducha fría y ayudar a la derecha. Nuestra tarea, en este momento, es proceder de modo que derribemos parcialmente a la derecha (no es posible derribarla por completo); después, dentro de siete u ocho años, habrá otra campana que expulsará a los demonios-buey y a los espíritus-serpientes. Y a continuación habrá que emprender aún varias campañas por el estilo.
Hoy por hoy, es difícil decir cuándo se darán a publicidad estas palabras mías, pues las izquierdas y las masas no aceptarían de buen grado lo que he dicho. Quizá después de mi muerte la derecha tome el poder durante algún tiempo: ¡ellos las publican! La derecha acaso haga uso de mis palabras en el intento de izar para siempre su bandera negra: pero ese intento la llevará al desastre.
El emperador cayó en 1911, el poder de la reacción no puede ya durar mucho. Puedo asegurártelo: si en China llegara a haber un golpe de estado anticomunista, la derecha no tendría una vida fácil: y probablemente sería una vida muy breve. La derecha, entonces, se serviría de mis palabras para tornarse fuerte; pero la izquierda puede servirse de otras cosas que yo he dicho: ¡todo ello dará lugar a un bonito espectáculo!.
En algunas ciudades (como en la ciudad de Pekín), no bien aparecieron los revolucionarios, hubo unidades (como las universidades de Pekín y de Tsinghua) donde se produjeron burdas intrigas y todo se desbarató en un relámpago. En todas partes donde la derecha ha procurado sacar partido, la izquierda ha conseguido cada vez mayor vigor. Este es un gran espectáculo de dimensiones nacionales: izquierda, derecha y centro titubeante sacarán de él una útil lección.

Traducción Hernán Mario Cueva de L'Expresso
Publicado en la revista Crisis en 1973

Fuente: www.magicasruinas.com.ar


China. Occidente se avecina

[Revista Siete Días Ilustrados, enero 1971]

La súbita agudización del duelo verbal entre china y la URSS irrumpe después de un período de calma, durante el cual las dos potencias habían normalizado sus relaciones. ¿Cuáles son los designios secretos de la diplomacia trazada por el poderoso Mao Tse-tung, quien diez días atrás festejó su 77º cumpleaños? Análisis de la "apertura a Occidente" de China.

—¡Qué extraordinario! Mao Tse-tung se digna descender de su estrado para venir a saludarnos.
—Querrá que los embajadores comprobemos personalmente cuan sano y vigoroso se encuentra. ¡Pensar que hace unos cinco años sólo se desplazaba con la ayuda de una enfermera! Dicen que lo curó la lectura del librito rojo.
—Buen chiste, mister Denson. De todos modos, no creo que esta inusitada amabilidad de Mao tenga el único fin de persuadirnos de su excelente salud. Diría más bien que Mao ya obtuvo lo que quería de la Revolución Cultural, y ahora ha decidido abrir las puertas de China en una ofensiva de "retorno al mundo".
Este diálogo entre el embajador francés, Etienne Manach, y el encargado de negocios británico, John Denson, en medio de los festejos del primero de mayo que incendiaban de banderas rojas la plaza Tien-An-Men de Pekín, fue provocado por el súbito ingreso de Mao Tse-tung en el palco de los diplomáticos extranjeros, con quienes el presidente chino departió afablemente. Denson, que recordaba cómo los guardias rojos habían incendiado tres años atrás la embajada de su Majestad Isabel II, supo conservar su flema británica cuando Mao le espetó con una ancha sonrisa: "Presente mis mejores saludos a la reina".
En momentos en que el jefe supremo de Pekín, después de su mini-tournée diplomática, volvía a su estrado, por la plaza desfilaba una réplica del primer satélite artificial lanzado pocos días antes, el 24 de abril. El aparato había agregado a los éxitos nucleares ostentados por China Popular una prestigiosa aureola "espacial". Denson observó pensativo el delirio de la multitud; luego miró al camboyano Norodom Sihanouk, situado en lugar de privilegio junto a Mao.
—Mao se ha anotado un tanto a favor, al patrocinar el "gobierno en el exilio" de Sihanouk, frente a la frialdad soviética.
—Sí, ha descolocado a Moscú en Indochina. Me atrevo a vaticinar que Corea del Norte, ya muy disgustada por la cooperación soviético-japonesa en Siberia, recapacitará ante la ambigüedad de la URSS en el problema de Camboya, y abandonará su tesitura de frialdad hacia China. Dentro de unos meses, creo que presenciaremos un idilio entre Pekín y Pyongyang.
Un estallido de aplausos y gritos multitudinarios interrumpió el diálogo de los diplomáticos. Jóvenes con pañuelo rojo al cuello llevaban cartelones con los nombres de todos los pueblos trabados en "luchas antiimperialistas" y merecedores del apoyo entusiasta de China. Cada nombre era escandido repetidas veces: los palestinos se mezclaban con los afronorteamericanos; los guerrilleros de las colonias portuguesas se confundían con los revolucionarios del Golfo Pérsico y de Eritrea. Los clamores hacían retemblar las imperiales columnatas con leones estilizados y dragones en volutas, que habían sobrevivido a la furia iconoclasta de la Revolución Cultural.
—Mao quiere ser el Papa de las luchas nacionales revolucionarias, pero por ese camino no romperá el aislamiento de "leprosa política" que aqueja a China.
—No creo, mister Denson. Al régimen de Pekín no le importa sólo ser "el faro de la revolución". También le preocupa, y con vital urgencia, establecer relaciones diplomáticas normales con el mayor número posible de Estados, sin tener en cuenta las diferencias ideológicas. Piense que, ya desde el año pasado, Pekín está nombrando representantes del más alto nivel en las embajadas o legaciones que desmanteló la Revolución Cultural. Sobre todo, China quiere ampliar y diversificar su comercio exterior, y no se puede negar que es un cliente interesante: paga al contado y en, moneda fuerte.
De vuelta a la embajada, Manach se dedicó a preparar un informe que enviaría urgentemente a París. "Me permito aconsejar con insistencia —escribió— que nuestro gobierno tome muy en cuenta las nuevas ansias de apertura diplomática demostradas por China Popular; Francia configura aquí la nación más confiable y respetable de Occidente, y debe mantener su prestigio ante Pekín. En lo referente al comercio, si bien Francia constituye, junto con Alemania Federal, Gran Bretaña, Holanda, Japón y la URSS, uno de los cinco principales proveedores del mercado chino, ha perdido considerable terreno en estos dos últimos años. El intercambio comercial de Alemania Federal con China Popular es dos veces superior al de Francia; en ocho años las exportaciones de Holanda han incrementado siete veces su valor, y las de Japón, doce veces. Considero como un deber impostergable reclamar una acción efectiva que subsane nuestra creciente descolocación comercial."

PEKÍN, CIUDAD ABIERTA

La respuesta a la acuciante advertencia de Manach se concretó a principios de julio, cuando el ministro francés André Bettencourt llegó en visita oficial y recibió una acogida solemne y entusiasta: era el primer miembro de un gobierno occidental que pisaba territorio chino desde que Mao lanzó a la calle a los guardias rojos. Chou En-lai mostró singular premura en recibir el enviado de París. Mientras intercambiaban cortesías, Bettencourt no pudo menos que asombrarse al comprobar con cuánta distinción el primer ministro —a la vez ministro de Relaciones Exteriores— llevaba su burdo traje "maoísta" de algodón azul; con orgullo galo, se alegró al tener que tratar con un jefe de gobierno capaz de hablar tan estupendamente bien el francés.
Posteriormente, cuando estuvo junto a Mao, el enviado de París, con premeditada cortesía, se refirió a las conquistas atómicas del régimen y al satélite artificial lanzado meses atrás. Mao lo interrumpió, campechano y realista.
—No, China no es aún una gran potencia; cuando algunos lo dicen en los diarios, yo no los creo. Y lanzar el satélite no fue una hazaña; ya hay como dos mil circulando en el espacio. No somos "un peso pesado" en la escena internacional, ni presumimos de serlo. Sólo buscamos relaciones cordiales y provechosas con todos los Estados que respeten el principio de no injerencia en los asuntos interiores de los demás pueblos, y no quieran imponer a otros Estados una determinada línea de conducta exterior, o un enrolamiento a la fuerza en ciertos "bloques".
Chou deslizó a su vez con sibilina sonrisa: "Se suele confundir nuestro imperativo de autonomía con un afán de aislamiento. Es un error. Además, en cierto sentido somos partidarios como ustedes del libre comercio, que no implique ataduras políticas ni situaciones de dependencia económica, técnica o intelectual".
Mientras el gobierno de Pompidou se alborozaba con las perspectivas político-económicas de su renovada entente con China, llegaba a Pekín a fines de julio el ministro rumano de Defensa, general Ion lonitsa. Fue recibido con gran despliegue por el general Huang Yong-chen, jefe de Estado Mayor y quinto en la jerarquía partidaria, quien lució en la imponente ceremonia unos pantalones abolsados y un aspecto de campesino recién salido de la gleba. Mao, a su vez, derramó mieles sobre el visitante.
—La valerosa defensa de su soberanía nacional, emprendida por el pueblo y el gobierno rumanos, provocan nuestra más cálida admiración, pues asesta un severo golpe a quienes practican una prepotente política de diktat. Por eso China Popular respeta y apoya también la decisión del pueblo y el gobierno yugoslavos, de mantenerse independientes pese a las violencias del socialimperialismo.
El rumano no se extrañó frente al previsible ataque contra el Kremlin; más singular resultaba la nueva actitud china hacia el régimen del mariscal Tito, vilipendiado ferozmente durante largos años como "traidor al marxismo". La diplomacia de Pekín se había vuelto muy flexible y era evidente que los maoístas se filtrarían por cada resquicio que dejaran los soviéticos; hasta cortejarían a graníticos aliados del Kremlin, como Alemania Oriental, motejando de "puñalada por la espalda" al acuerdo Bonn-Moscú, que provocaba en el régimen del stalinista germano Walter Ulbricht una inocultable amargura.

LOS TERCEROS SON LOS PRIMEROS

El otrora desolado aeródromo de Pekín vibraba con la llegada de aviones cargados de dignatarios extranjeros; previsiblemente, el Tercer Mundo era el más numeroso en acudir a la capital de Mao, y el que recibía acogidas más espectaculares: se congregaban destacamentos de las fuerzas armadas, milicias populares, brigadas obreras, cohortes de la juventud, nutridas bandadas de escolares, y hasta conjuntos de ballet vestidos de rosa, rojo, marrón y verde.
Los chinos se esmeraron particularmente el 2 de agosto, cuando arribó a Pekín Salem Ali Robaya, jefe de Estado de la República Popular de Yemen del Sur (trescientos mil kilómetros cuadrados y un millón trescientos mil habitantes). Al descender Robaya del avión, sonaron gongs y címbalos, banderas flamearon por doquier, millares de gargantas atronaron el aire, y se desplegaron cartelones que loaban "al país amigo que había aplastado a las víboras imperialistas", o sea a la ex-metrópoli británica. Tan confundido quedó el sudyemenita con la imponencia del agasajo, que en improvisado discurso balbuceó: "El presidente Mao es el más grande hombre de China ... el más grande de Asia ... el más grande del mundo".
En África negra, los préstamos chinos sin interés, y a más de veinte años de plazo para proyectos prácticos y concretos, encontraban un eco cada vez más halagüeño. En la canícula del verano llegó a Pekín el joven y fogoso comandante Alfred Raoul, vicepresidente de la república marxista del Congo-Brazzaville; lo siguió días después una importante misión de Guinea. Tanto el congoleño como los delegados de Sékou Touré se volvieron muy satisfechos a sus patrias, portando nuevos créditos generosamente otorgados por las arcas de Pekín. Pero el gran éxito africano del régimen de Mao se lograría con la realización de un proyecto de vastas proporciones, casi tan prestigioso como lo había sido la represa de Asuán para los soviéticos: el colosal ferrocarril que uniría Zambia con Tanzania y el océano.
Hacia el fin del verano, ya era notorio el éxito de la ofensiva tercermundista de Pekín; la amistad con la revolucionaria Argelia no impedía mejorar notoriamente las relaciones con la conservadora Marruecos; el cálido y amplio apoyo chino a Pakistán, y los halagos maoísta al pequeño Nepal, no obstaban para que disminuyera drásticamente la tensión con la India; la admiración entusiasta por las guerrillas de Birmania y Malasia no impidió a Pekín normalizar las relaciones "de gobierno a gobierno" con Rangún y Kuala-Lumpur.

LA "APERTURA AL OESTE"

"Las relaciones exteriores de China crecen rápidamente y se afirman cada día más. ¡Tenemos amigos en todas partes del mundo!", proclamó enfáticamente el mariscal Lin Piao, el 1º de octubre, cuando la plaza pekinesa de Tien-An-Men rebosaba de una muchedumbre entusiasta que festejaba los veintiún años de existencia del régimen, entre inmensos retratos de Mao, franqueados previsiblemente por efigies de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Sun Yat-sen, el primer presidente chino.
Este año, los festejos del primero de octubre resultaban muy distintos a las celebraciones de años anteriores; no desfilaron los últimos hallazgos del arsenal chino, otrora infaltables, y se diluyeron los aspectos bélicos para exaltar el esfuerzo productivo. Después de haber coloreado el cielo con diez mil globos rojos inflados de helio y soltados al unísono, se llegó al momento culminante de la fiesta, cuando desfilaron tractores coronados con inmensos hatos de espigas de trigo. Al anochecer, hubo un despliegue de fuegos artificiales, grato e inocuo.
Los avezados ojos de los diplomáticos occidentales habían escudriñado ávidamente el estrado que ocupaba Mao, hasta detectar un hecho muy significativo: la notoria ausencia de los dirigentes e ideólogos ultras, capitaneados otrora por la explosiva mujer de Mao, Chiang Ching. Muy pronto se conocerían los primeros y resonantes éxitos de la "apertura al Oeste" emprendida por Pekín, con Chou En-lai como principal tramoyista.
—No se puede seguir ignorando la existencia de un gobierno sólidamente anclado en un subcontinente que ha de tener ochocientos millones de habitantes; entablar relaciones diplomáticas con el régimen de Pekín, no significa que Canadá le otorgue su aprobación moral. Si tal requisito fuera indispensable, no sólo nuestro país, sino también los Estados Unidos, deberían reducir notoriamente sus lazos con el exterior.
El primer ministro canadiense Pierre Elliott Trudeau descartó así, no sin velada ironía, las quejas de los emisarios de la Casa Blanca deseosos de proteger los intereses de China Nacionalista.
La cortina de bambú siguió entreabriéndose hacia el Oeste; el 6 de noviembre, Italia y China Popular trabaron lazos diplomáticos. La solución transaccional adoptada fue idéntica a la puesta en práctica con Canadá: el gobierno italiano se limitaba a reconocer al régimen de Pekín "como único gobierno legal de China", aclarando que "tomaba nota de sus reclamos de soberanía sobre la isla de Formosa (China nacionalista), pero declinando cualquier pronunciamiento al respecto".

Como en el caso de Canadá, el gobierno de Taipeh evitó todo intento de componenda: retiró inmediatamente de la península a su cuerpo diplomático en pleno.
Mientras Bélgica y Austria dejaban traslucir su decisión de imitar a Canadá e Italia en un plazo prudencial, los estrategos estadounidenses mostraban rostro sombrío: de los quince miembros de la NATO, ahora ya sumaban siete los que reconocían al régimen de Pekín. Y en ese "continente amigo" que era Latinoamérica, el nuevo presidente de Chile, el socialista Allende, parecía dispuesto a emular a Cuba y trabar lazos con los maoístas; Perú y Bolivia podían verse tentados a emprender el mismo camino.

EL DILEMA DE LA ONU

—La ONU será débil mientras no sea universal. Es preciso hallar una solución que permita a la República Popular China ocupar el sitio que le corresponde en la Asamblea y en el Consejo de Seguridad, sin menoscabar los derechos de la República nacionalista de Taiwan.
A comienzos de octubre resonó vigorosamente en el seno de la ONU esta declaración del delegado belga, Pierre Harmel: sintetizaba la tesis de "las dos Chinas", a mitad de camino entre la eterna posición estadounidense de reconocer una sola China, la gobernada por el mariscal Chiang Kai-shek, y la doctrina del bloque socialista y sus amigos, que sólo admitía a la China de Mao. Muy pronto se advirtió que la tesis de las dos Chinas tenía partidarios en la ONU: junto a Bélgica, se alinearon oficialmente Malasia, Senegal, la República Centroafricana, Luxemburgo y México. Muchas delegaciones soñaban con admitir al régimen de Pekín en nombre del "realismo político", pero sin dejar de apadrinar fervientemente la presencia de los representantes de Taipeh en el cónclave internacional.
Pese a tales esfuerzos moderadores, los "padrinos" de China Popular insistieron en presentar la misma moción intransigente de años anteriores (que excluía a Taipeh), mientras los EE.UU. lograban que la Asamblea calificara de "importante" la admisión del régimen de Mao. La votación del 20 de noviembre volvió a cerrar las puertas de la ONU a China Popular, que no logró contar con dos tercios de los sufragios a su favor. Pero, por primera vez en la larga serie de votaciones anuales, Pekín ganó la mayoría simple: 51 sufragios a favor, 49 en contra y 25 abstenciones.
La derrota era, en verdad, un innegable triunfo psicológico, basado en un "deslizamiento" hacia Pekín de las posiciones de muchos delegados: algunos países que en 1969 se habían abstenido, como Austria, Canadá, Chile, Italia y Guinea Ecuatorial, votaron este año a favor del ingreso de Pekín; otros países que el año pasado habían sufragado en contra, como Bolivia, Camerún, Guyana, Irlanda, Luxemburgo, República Centroafricana, Senegal y Trinidad-Tobago, eligieron ahora la "vía intermedia" de la abstención.
Muchos vaticinaban ya que no pasarían más de uno o dos años sin que Pekín tuviera su sitial en la ONU; hasta Australia, pilar en el "muro de contención" anticomunista de los EE.UU. en el Pacífico, advertía que "iba a someter a revisión" su política respecto al ingreso de China Popular. Entre tanto, el semitriunfo en la ONU daría mayor impulso a la apertura diplomática mundial del gobierno de Mao.
En aquel momento, los delegados del cónclave internacional fueron, sorprendidos notoriamente por la actitud del soviético Jakob Malik, quien defendió la admisión de China Popular con fervoroso brío. Hasta entonces, la URSS había apoyado el ingreso de Pekín fríamente y como si cumpliera un pesado deber.

LA PESADILLA DEL "SOL NACIENTE"

Esta vez, sin embargo, el alegato prochino de Malik en la ONU era una prueba restallante del exitoso proceso de "deshielo" entre Pekín y Moscú, cuyos lazos diplomáticos habían quedado virtualmente tronchados en 1966, con los primeros desbordes de la Revolución Cultural. El 13 de octubre último se había inaugurado la primera "etapa visible" de la normalización diplomática, cuando el nuevo embajador soviético, Vassili Tolstikov, presentó sus credenciales a las setenta y dos horas de haber pisado territorio chino.
—China estará siempre en nuestras fronteras, pero Mao no vivirá eternamente en China —había subrayado Kosygin.
—La única potencia nuclear temible es la de los Estados Unidos; los dientes atómicos de Mao son de papel —había agregado, con una mueca sonriente, el mariscal Andrei Greschko.
En Pekín, mientras tanto, Mao sentenciaba:
—El noble pueblo soviético, protagonista de la Revolución de octubre y de la lucha antinazi, ya recuperara por sí mismo la pureza marxista-leninista.
—Entre tanto, conviene tener relaciones normales de gobierno a gobierno con la URSS; lo primordial es precaverse contra la nueva amenaza letal que está surgiendo en el Este —arguyó Chou En-lai.
Los jerarcas de Pekín habían elegido la vía del pragmatismo frente a los soviéticos, porque, según el análisis maoísta, el "imperialismo estadounidense" había decidido acicatear y dar rienda suelta en el Pacífico al "feroz militarismo japonés". A criterio de China Popular, el alma guerrera de los antiguos samurais, reencarnados por los kamikazes de la ultima contienda mundial, estaba latente bajo el tenue barniz pacifista impuesto por las bombas de Hiroshima y Nagasaki, y pronto habría de resurgir con virulencia. ¿Acaso el propio primer ministro Eisaku Sato no se permitía ya afirmar que "Formosa y Corea del Sur estaban dentro del espacio defensivo del Japón"?
Ya desde septiembre de 1969, la Casa Blanca y el gobierno conservador de Sato se hallaban en tratativas secretas concernientes al futuro papel militar del Japón. A criterio de Washington, los nipones debían estructurar potentes fuerzas convencionales, mientras que la defensa atómica quedarla en manos de los estadounidenses, que también aportarían inmensas flotillas da bombarderos.
Estas nuevas perspectivas habían acarreado fuertes discusiones en el gabinete nipón. "La oposición, sobre todo socialista, no nos dará tregua si militarizamos al país —afirmaban las palomas japonesas—; además, somos los más grandes exportadores a China Popular, con la que tenemos una balanza comercial favorable; sobre todo, la plataforma continental china encierra tesoros petrolíferos que no podemos desaprovechar".
—Si es por razones comerciales, debemos defender nuestras enormes inversiones en Formosa y Sudcorea. Pero lo esencial es que Japón, gigante económico, ya no puede seguir siendo un eunuco militar —respondían los halcones.
En el pasado mes de noviembre, Japón publicaba un libro Blanco sobre su futuro rearme; duplicaría su módico presupuesto defensivo y se encargaría de proteger a Formosa y Sudcorea. En Pekín, la histeria llegó al máximo. Algunos observadores alarmistas pronosticaron un futuro de sangre: la tercera guerra mundial comenzaría en el Pacifico, con una nueva contienda chino-japonesa, abastecida en la retaguardia por la URSS y los EE.UU., que terminarían por verse obligados a abandonar su cómodo papel de observadores, para hundirse en la gran catástrofe.

¿OTRO ENFRENTAMIENTO CON LA URSS?

Hacia fin de ano, sin embargo, este esquema ingresó en un cono de sombras: la prensa, pekinesa tornó a destilar nuevas catilinarias contra los odiados "socialimperialistas" de Moscú. El ataque probó, para algunos observadores, que el disenso ideológico existente entre los dos gigantes rojos continuaba siendo más poderoso que los juegos de ajedrez trazados por las cancillerías. Los soviéticos, naturalmente, respondieron con violencia, apelando a un novedoso repertorio de epítetos y reiterando su argumento de siempre: "Los maoístas —bramaron— nos atacan aún más que los EE.UU. y las potencias de Occidente".
Es que, tal vez, la meneada apertura diplomática china deba subordinarse al abstruso trabajo de zapa que las huestes de Mao realizan en el Tercer Mundo para carcomer la influencia soviética. Es un juego complicado: mientras los partidarios de Pekín en Chile y Bolivia, por ejemplo, lanzan furiosos denuestos contra los gobiernos de Salvador Allende y Juan José Torres —a quienes califican de "reformistas"—, publicaciones impresas en la propia China tratan con benevolencia a esos regímenes, enfatizando, sobre todo, las perspectivas de intercambio comercial abiertas por el "nacionalismo latinoamericano". Esta actitud es coincidente con la de los soviéticos, al menos en el plano de las relaciones "de gobierno a gobierno". El nuevo ataque chino a la URSS, entonces, acaso deba interpretarse como una reiteración propagandística, tendiente a preservar la "ideología" y tal vez escindir nítidamente dos frentes de acción: el de las cancillerías por un lado, y el de los partidos comunistas de cada país, que seguirían manteniendo en alto sus banderas a pesar de los requiebros diplomáticos.
Con todo, el recrudecimiento del duelo verbal chino-soviético entraña misteriosas perspectivas, que sólo los acontecimientos futuros podrán aclarar. Un elemento a tener en cuenta es la susceptibilidad maoísta frente a la colaboración soviético-japonesa. Mientras tanto, el 77º cumpleaños de Mao fue celebrado en un marco de rígida austeridad, aunque no exento de sorpresas: China acusó a la URSS de haber enviado tropas a Polonia, lo que ningún país occidental pudo comprobar.

Fuente: www.magicasruinas.com.ar



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