
Luna
Roja es una inverstigación sobre los secuestros, torturas, asesinatos y
desapariciones forzadas en Mar del Plata durante el Terrorismo de Estado
ejercido por la última dictadura militar. Su autor, Carlos Aurelio Bozzi, es
abogado egresado de la la
Universidad Católica de Mar del Plata, sobreviviente de la
Noche de las corbatas y activo comunicador social de
hondo compromiso con la causa de la Memoria.
Reside en Mar del Plata.
El libro. de
Ediciones Suárez,
509 paginas, fue presentado en la 3º Feria del libro de Mar del Plata de 2007 y declarado “de
interés para la promoción y defensa de los derechos humanos” por "su aporte
a la memoria y a la necesaria Verdad y Justicia” por la Legistlatura de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires en mayo de 2008.
Luna Roja es un balneario situado a pocos kilómetros al sur
de Mar del Plata y la madrugada del viernes 4 de agosto de 1978 fue el escenario
elegido por uno de los escuadrones de la muerte de la dictadura que gobernaba a
sangre y fuego la Argentina para asesinar con explosivos a cuatro personas. Al
día siguiente, basados en información proporcionada por la Armada, los diarios
marplatenses informaron que "cuatro elementos terroristas, aparentemente tres
hombres y una mujer, hallaron horrible muerte en un local abandonado de la zona
balnearia Luna Roja, donde los terroristas estaban preparando un artefacto
explosivo de alto poder que imprevistamente explotó".
A partir de ese múltiple homicidio, Bozzi realiza en “Luna Roja” una prolija y
pormenorizada investigación sobre la acción del terrorismo de Estado en Mar del
Plata, su ciudad natal. Es así que, a lo largo de casi 500 páginas, relata
cronológicamente las más de 290 desapariciones forzadas en Mar del Plata entre
1976 y 1978, como también asesinatos cometidos antes del 24 de marzo de 1976 por
bandas parapoliciales o paramilitares como la Triple A.
Cabe acotar que la delegación Mar del Plata de la Comisión Nacional sobre
Desaparición de Personas (CONADEP) constató, en 1984, unas 210 desapariciones
forzadas en esa ciudad.
En "Luna Roja" también se describen casos de marplatenses que fueron víctimas de
la represión ilegal en otras partes del país y las de aquellas personas de otras
regiones llevadas a las cárceles clandestinas de esa zona de la costa y luego
asesinadas simulando enfrentamientos armados.
La investigación de Bozzi se completa con testimonios de familiares de
desaparecidos y de sobrevivientes del terrorismo de Estado recogidos por el
autor o bien vertidos en los Juicios por la Verdad; también con documentos
desclasificados de la policía de la provincia de Buenos Aires y de la Embajada
de los Estados Unidos como de distintos recursos de Habeas Corpus presentados en
los tribunales de Mar del Plata en aquellos años de terror y muerte.
El libro completo en formato pdf está disponible para
descargar con autorización del autor, columnista de este sitio. Se reproduce
online la
presentación de César A. Ventimiglia, el prólogo del autor y las palabras de los
editores.
www.elortiba.org
Presentación
30 años después
Carlos Aurelio Bozzi se reinsertó en la comunidad marplatense después de muchos
años de ausencia forzada. Había sido secuestrado durante la tristemente
recordada “Noche de las corbatas” en el año 1977.
Hoy es un sobreviviente. Compartía el estudio jurídico especializado en Derecho
Laboral con nuestro amigo Tomás Fresneda, también secuestrado junto a su esposa,
María de las Mercedes Argañaraz “Mecha”, embarazada de cuatro meses y medio.
Ambos permanecen desaparecidos y el bebe aún no ha sido recuperado. Hoy sus
hijos Rodrigo y Martín –abogados– honran la memoria de sus padres con una activa
militancia en defensa de los Derechos Humanos.
El autor de este libro es historiador y periodista de vocación. Ya a comienzos
de los ‘70, en la Facultad de Derecho, dirigió la revista “Dimensión
Universitaria”, en la que los estudiantes de abogacía de “La Católica” podíamos
expresar nuestras opiniones. Posteriormente, con la colaboración de Jorge
Novelli y Carlos Blumetti, entre otros, editó el mensuario “Planteo”, una
publicación sobre la actualidad marplatense, cuyas ediciones incluyeron
fascículos de historia marplatense con la autoría del Arquitecto Roberto Cova.
Tanto las revistas como los fascículos son dignos de ser coleccionados.
“Treinta años después, se hizo justicia” expresaba el Intendente Daniel Katz en
la Feria del Libro del año 2005, cuando se presentara el libro “Mar del Plata,
¿Cien años de una ciudad sin futuro?”, trabajo de investigación que obtuvo el
Primer Premio en el Concurso Municipal de Literatura realizado en el año 1975
con motivo del centenario de la fundación de la ciudad. El premio consistía en
la publicación del trabajo, hecho que se concretó ese 2005, en un tardío pero
merecido reconocimiento.
“Luna Roja” es fruto de muchos años de investigación y trata particularmente
sobre las penurias sufridas por residentes de nuestra ciudad, incluido su autor,
en los años previos a la dictadura por la actuación de grupos paramilitares y
parapoliciales y posteriormente, con la instalación de la modalidad de
desaparición de personas, durante la dictadura iniciada en el año 1976. Sus
principales fuentes son los testimonios de la Delegación de la CONADEP en Mar
del Plata –trabajo formidablemente dirigido por el recordado Armando Fertitta–,
declaraciones de víctimas, familiares y amigos obtenidos por el autor y los
testimonios del Juicio por la Verdad que se sustancia ante el Tribunal Oral en
lo Criminal Federal de la ciudad.
Es necesario detallar los antecedentes de este proceso, pues a pesar del tiempo
transcurrido no resultó una tarea fácil iniciarlo en la ciudad de Mar del Plata.
Fue necesario superar enormes obstáculos, en clara demostración de que muchos
que se beneficiaron con el golpe militar, hasta ahora, resultan indemnes a toda
condena jurídica y social. Aunque tardíamente, la Verdad se conocerá y no podrá
soslayar el lugar que cada uno ocupaba cuando el Estado delinquía en nombre de
la Patria.
A fines de la década del 90 comienzan los llamados “Juicios por la Verdad” en
varias ciudades de nuestro país. En ese momento histórico, con las leyes de
impunidad aún vigentes, el objetivo era solicitar a la Justicia que dispusiera
lo necesario para la averiguación de la verdad con relación a la desaparición
forzada de personas y exigir se declarara el derecho de los familiares de las
víctimas y de la sociedad toda, a conocer cuáles fueron las circunstancias de
las desapariciones y en su caso, dónde yacían los restos de los afectados Es
decir, simplemente conocer la Verdad. Además, se especulaba entonces con la
posibilidad de que las pruebas y testimonios acumulados fueran utilizados por el
Juez Baltasar Garzón en los juicios por crímenes de lesa humanidad, que se
estaban llevando a cabo en España.
En Mar del Plata, como consecuencia de una amplia convocatoria, en el año 2000
se conformó una organización destinada a poner en marcha el Juicio por la
Verdad. Las instituciones patrocinantes de la presentación judicial fueron:
-Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Mar del Plata.
-Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Mar del Plata.
-Colegio de Abogados del Departamento Judicial Mar del Plata.
-Consejo Escolar de General Pueyrredon.
-Familiares de Detenidos Desaparecidos, Mar del Plata.
-Universidad Nacional de Mar del Plata.
Adhirieron
además 43 instituciones que se detallan en los Anexos de este libro, las que por
su representatividad ejemplifican el compromiso asumido por la comunidad
marplatense con el Juicio por la Verdad.
Se organizó una mesa institucional presidida por la Sra. Antonia “Negrita”
Segarra (Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Mar del Plata) e integrada
además por Rodolfo Díaz (entonces Presidente del Colegio de Abogados de Mar del
Plata), Gustavo Daleo (entonces Rector de la UNMdP), Luis Cazaux, Pablo Mancini,
Susana Nudelman, Agustina Palacios, Juan Carlos Wlasic, Yamila Zabala Rodríguez,
Natalia Messineo, Guadalupe Godoy y el autor de esta presentación.
Para poner en funcionamiento el Juicio por la Verdad en Mar del Plata, se
necesitó sortear innumerables escollos. Considerando que se trataba de aspectos
de competencia del fuero federal, existían dos opciones para impulsar el
proceso: la Cámara Federal de Apelaciones o el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal. Si la presentación se efectivizaba ante la Cámara Federal, el Fiscal
actuante sería el Dr. Víctor Monti, mencionado como represor en el libro “Nunca
Más” (pág. 196, EUDEBA, junio 1994).
Vale la pena transcribir la declaración de los militantes Roberto Maulin y Juan
Carlos Pratto detenidos en la Comisaría Cuarta de la ciudad de Santa Fe: “Cuando
nos toman las declaraciones indagatorias en la seccional 4ª, en presencia del
Juez Federal Mántaras (Legajo Nº 7.474 y Nº 7.518) y los Secretarios Monti
(Legajo Nº 7.474) y Brusa (Legajo Nº 7.474 y N° 7.519), nos encontrábamos
descalzos, mojados y con signos de haber recibido apremios de todo tipo y como
ignorando nuestro estado nos preguntaban si habíamos sido objeto de malos tratos
y ante nuestra respuesta afirmativa respondieron que la habíamos sacado
liviana”. Es imaginable la conducta que hubiera asumido el funcionario Monti
como Fiscal en el Juicio por la Verdad, aunque lo realmente grave y preocupante
es la demostración de ineficacia del Estado para depurar sus propias
instituciones. Finalmente, con la colaboración de la radio “F. M. Residencias”
se instaló el tema en los medios locales, lográndose entrevistar a Pratto y
Maulin, quienes ratificaron sus dichos. Ante tal presión, el Dr.
Monti pidió licencia, para posteriormente renunciar y entonces la Cámara Federal
declinó su competencia.
Finalmente la presentación judicial, cuya redacción fue dirigida por César Sivo,
se hizo efectiva en diciembre de 2000 ante el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal, integrado por los Jueces Roberto Atilio Falcone, Néstor Rubén Parra y
Mario Alberto Portela, llevándose a cabo la primera audiencia con los testigos
Alfredo Battaglia y Julio D’Auro el 5 febrero de 2001. Desde ese momento hasta
la fecha han prestado declaración decenas de testigos, editándose dos números
del “Diario del Juicio” que reflejan muchos testimonios. En la actualidad, a
partir de la anulación de las leyes de impunidad y en el marco de una política
de apoyo a los derechos humanos, podemos mantener viva la esperanza de obtener
juicio y castigo a los culpables, los que gozarán de las garantías del debido
proceso que negaron a sus víctimas.
“Luna Roja” es un aporte rigurosamente documentado de la historia de las
víctimas del terrorismo de estado en nuestra ciudad. Es también un homenaje a
todos aquellos que fueron privados de los derechos que no pueden suspenderse
jamás: a la vida, a la integridad personal, al debido proceso, a no sufrir
condiciones infrahumanas de detención, a la identidad.
Los testimonios demuestran –una vez más– la existencia de un plan de exterminio,
elaborado y ejecutado por los militares usurpadores del poder, que no podría
haberse llevado a cabo sin la colaboración de civiles y de las autoridades de la
Iglesia Católica Argentina.
Uno de los datos más relevantes que contiene la investigación realizada por el
autor, evidencia que el número de victimas fallecidas o desaparecidas en nuestra
ciudad, sólo hasta diciembre de 1977 se eleva a más de 290, mientras que el
informe de la CONADEP de 1984, indicaba que dicha cifra era de 221 en todo el
período de la dictadura, es decir desde 1976 a 1983. Y existe la desagradable
sospecha de que dicho índice continúe incrementándose. El período investigado en
el libro, abarca hasta el año 77, quedando pendiente para una futura edición lo
ocurrido hasta el final de la dictadura.
Treinta años después, abril de 2007, estamos reclamando la aparición con vida de
la víctima del terrorismo de Estado y testigo Jorge Julio López, desaparecido en
dos oportunidades: durante la dictadura y el día previo al pronunciamiento de la
condena al ex-comisario Etchecolatz. Clara evidencia de la debilidad de un
Estado, que, así como tolera a fiscales represores en actividad, no pudo o no
quiso, desmantelar el aparato de inteligencia y de represión de la dictadura.
Por ello, con la desaparición de López no hay “Nunca Más”. Además, tenemos que
soportar las palabras del militar Bignone cuando insta a los “jóvenes
argentinos” a que “terminen lo que nosotros no supimos ni pudimos terminar” ¿No
será que –haciendo propias las palabras del genocida– la sociedad y sobre todo
las jóvenes generaciones “terminen lo que nosotros no supimos ni pudimos
terminar” con el Juicio a las Juntas?…
Treinta años después.
Queda claro que esta democracia endeble que hemos construido resulta
insuficiente para modificar la relación de fuerzas que instaló la dictadura. De
no ser así, no se entiende como hasta la fecha continúan aún vigentes un cúmulo
de leyes –viciadas de nulidad por su origen y legitimadas por los gobiernos
democráticos– pergeñadas durante la dictadura, como la de “entidades
financieras” que facilitó la extranjerización de la banca o la de
“radiodifusión” que posibilita la concentración de los medios de comunicación en
unas pocas y poderosas manos.
¿Y nuestros representantes? Evidentemente, se nos considera ciudadanos en
momentos electorales, pero no alcanza solamente con votar.
Cada día debemos ejercer nuestros derechos, achicando la brecha entre
gobernantes y gobernados, generando mecanismos de participación directa.
De lo contrario, si como comunidad no encontramos mecanismos adecuados de
respuesta, el abuso de poder se instala cómodamente.
Recordemos siempre que las leyes de obediencia debida y de punto final y sobre
todo, el indulto, constituyen flagrantes abusos de poder.
Nunca más apropiados los dichos de Martín Fresneda, cuando expresaba: “Somos las
nuevas generaciones que venimos a hacer el cambio de paradigma. Yo algunas
certezas tengo: la memoria es una certeza, la solidaridad es una certeza, el
lugar donde uno se para, un lugar crítico, es una certeza”.1
César A. Ventimiglia.
Abogado Presidente de Acción Ciudadana (Asociación Civil)
1 Pasaje del libro “Tierramemoria” (Hernán López Echagüe, Editorial Norma, junio
de 2004).
A modo de prólogo
El balneario “Luna Roja”, situado a unos pocos kilómetros de la ciudad de Mar
del Plata, en los años ‘70 no era el más concurrido de la zona, pero sí uno de
aquellos lugares imposibles de olvidar por la belleza de su paisaje. Aún hoy,
desde la altura de la ruta, se observa un pequeño curso de agua bajando
zigzagueante hacia la playa, mezclando el verde de la vegetación con el amarillo
de la arena y la espuma blanca depositada por las olas, a lo largo de la orilla.
Cercano al famoso complejo Chapadmalal y a unos 20 minutos del centro de la
ciudad, quienes escapaban de la multitud agolpada en los balnearios de “Punta
Mogotes” y el “Alfar”, lo adoptaron como lugar exótico de la costa.
Dionisio Emilio Ituarte, enfermero del Cuerpo Médico Regional de la Policía de
la Provincia de Buenos, observaba atónito el lento incendio de la antigua Tienda
“Los Gallegos”, un símbolo de aquella Mar del Plata de los años 60.
Acompañado del Dr. Carlos E. Petra, médico legista-policial, escucharon un
impresionante estampido similar, al sonido de un trueno.
Media hora después, son convocados de urgencia a lo que momentos antes había
sido una pequeña vivienda, en la bajada del balneario “Luna Roja”.
Era la madrugada del viernes 4 de agosto de 1978.
Al llegar se encontraron frente a una imagen dantesca. A pesar de la oscuridad
reinante, era posible observar algunos restos humanos diseminados por el área.
Entre el humo y los escombros de la destruida vivienda, un enjambre de bomberos,
policías, personal civil y miembros de las Fuerzas Armadas en ropas de combate,
se movían revolviendo todo cuanto encontraban a su paso.
La noticia periodística del día siguiente, explicaba: “.. Mar del Plata, Bs. As.
... El matutino “La Capital” informó en la víspera que cuatro elementos
terroristas, aparentemente tres mujeres y un hombre, hallaron 14 Carlos A. Bozzi
horrible muerte en un local abandonado de la zona balnearia ‘Luna Roja' donde
los terroristas estaban preparando un artefacto explosivo de alto poder, el que
imprevistamente explotó”.
Muchos años después, una sobreviviente de la Escuela Mecánica de la Armada,
recordó que con motivo del hecho, el “Tigre” Acosta leyó esa noticia en voz
alta. Intencionalmente comentó a los gritos: “...qué hijo de puta “Fibra”. Mirá
lo que hizo”, a la vez que reía y explicaba a “sus” prisioneros los detalles del
macabro operativo.
Se refería a un integrante del Servicio de Informaciones Navales, trasladado por
fines del año 1977 a Mar del Plata desde aquél centro clandestino de reclusión.
En ese entonces, revestía el grado de Teniente de Navío y su nombre real era
Francisco Lucio Rioja. Su sola presencia sembraba el terror entre los
prisioneros de la “ESMA” “...Era muy temido, terrible porque en las sesiones de
tortura la descarga eléctrica era tan fuerte que se prendían y apagaban las
luces del lugar…” afirmó Graciela Daleo, recordando el paso de “Fibra” por ese
centro clandestino de reclusión.
La acción militar había sido una represalia al asesinato de la hija del
Almirante Armando Lambruschini, ocurrido unos días antes, cuando un comando de
la organización “Montoneros” colocó un artefacto explosivo en el domicilio del
marino, provocando además grandes daños materiales.
Ciertas o no las expresiones atribuidas al famoso “Tigre” Acosta, el hecho es
una muestra de los especiales rasgos de crueldad que caracterizó a la represión
en Mar del Plata, sin piedad, con total impunidad y utilizando todo tipo de
métodos para eliminar lisa y llanamente a las personas secuestradas.
Este trabajo de investigación, ordena fecha por fecha las más de 290
desapariciones de personas que tuvieron a Mar del Plata como lugar del hecho,
las que afectaron a jóvenes de esta ciudad perseguidos y hallados en otras
partes del territorio nacional y los asesinatos de diversas personas traídas a
Mar del Plata para su ejecución, simulando falsos “enfrentamientos armados”,
durante el periodo de los años 1976 a 1977.
Los casos tratados han sido extraídos de diversas base de datos, elaboradas
desde tiempo atrás por las distintas organizaciones de Derechos Humanos o los
proporcionados por los sobrevivientes de los centros de reclusión diseminados
por todo el país y los incorporados en la reciente actualización efectuada por
la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Se incluyeron también casos
ocurridos en ciudades cercanas a Mar del Plata, como Necochea y Miramar.
Pero fundamentalmente, la investigación está basada en las denuncias que en el
año 1984 efectuaron familiares directos de personas desaparecidas ante la
Delegación local de la Comisión Nacional de Personas Desaparecidas, la que
realizó una trabajosa y encomiable labor. Es de observar que en aquella
oportunidad fueron recibidas cerca de 270 denuncias por el período de los años
1976 a 1983, de las cuales 221 se referían a desapariciones de personas, por lo
que en esta investigación se amplían considerablemente los casos.
También se han extraído testimonios vertidos en los Juicios por la Verdad, que
llevan adelante distintos tribunales judiciales del país, especialmente el
Tribunal Oral Federal en lo Penal de Mar del Plata, los que en muchos casos
brindan innumerables detalles sobre la ruta seguida por las personas
desaparecidas. Asimismo se ha incorporado el relato de quienes, secuestrados y
posteriormente liberados en el periodo tratado, han identificado a aquellos que
afectaron su persona y su libertad.
El listado de personas desaparecidas agregado en un anexo final es bastante
completo y si bien es posible la existencia de omisiones, ellas se deben a la
gran dispersión de los datos existentes, lo cual configura un aliciente para
incorporar nuevas historias al período tratado, enriqueciendo de esta manera
toda futura investigación.
En otro anexo se incorpora una lista -indicativa-de los recursos de Habeas
Corpus presentados tanto ante los Tribunales del Fuero Ordinario de la Ciudad de
Mar del Plata, como así también ante los Tribunales Federales locales y de otras
jurisdicciones del país, señalándose en cada caso, la resolución final del
proceso, detallando si se han impuestos costas pecuniarias a quien se presentó
solicitando informes sobre el paradero de un ser querido. Este listado, no obsta
a la existencia de otros recursos judiciales existentes en distintos juzgados de
la ciudad o de la provincia.
Intencionadamente se evita el relato truculento y los detalles de los
innumerables y horribles tormentos sufridos por sobrevivientes o por personas
desaparecidas, tratando de describir el periplo de cada uno de los afectados de
privación ilegítima de la libertad y sus consecuencias, sin más agregados.
Es de notar que esta investigación tiene la amplia posibilidad de extenderse con
más casos y mayores datos brindados por personas que han sido afectadas por el
terrorismo de Estado y aún se encuentran a pesar del tiempo transcurrido, bajo
el impacto emocional que les ha causado tan traumática experiencia,
impidiéndoles testimoniar sus padecimientos.
Es posible adelantar al lector, que la mayoría de los datos volcados aquí son de
antigua data, hecho indicativo que desde el comienzo mismo del Proceso de
Terrorismo de Estado, la mayoría de los afectados brindaron a la justicia
pruebas suficientes sobre la suerte corrida por sus familiares. Sin embargo, en
su momento, nada de ello fue tenido en cuenta por aquella, que obvió investigar
todo delito e ilícitos que aún, en su gran mayoría, se encuentran impunes. En el
fondo, no se dice nada que no se sepa, pues como se verá todo fue escrito y
denunciado anteriormente.
La lucha de los organismos de derechos humanos ha sido inclaudicable desde el
mismo momento en que las Fuerzas Armadas tomaron el control del país. Así, en
septiembre del año 1977, “Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones
Políticas” acercó a la Embajada de Estados Unidos un extenso informe titulado
“Situación Represiva en la Argentina”, que en su parte inicial decía: “La
dictadura ha sancionado un cúmulo de “leyes” en virtud de las cuales crea
Tribunales Militares, puede aplicar la pena de muerte, etc. Por ley 21.460 la
sustanciación de los sumarios –es decir la instrucción– queda en manos de las
Fuerzas Armadas y policiales, aún en los supuestos que actuara la justicia
civil. Pero la dictadura actúa ilegalmente aún en relación a su propia
legalidad; la mayoría de los detenidos son literalmente tragados por la tierra,
son negados y se convierten en verdaderos rehenes; muchos son sometidos a
“procedimientos por izquierda” es decir matados, según la jerga militar; los
pedidos de prisioneros se concretan diciendo: “envíen tantos bultos” –tantos es
el número y bultos los prisioneros a matar–. Así han desaparecido miles, decenas
de miles, por lo tanto resulta imposible que la dictadura de a conocer la lista
de detenidos y explica que el Ministro Harguindeguy haya expresado: es política
oficial no dar nombres de los detenidos..”.
Para esa fecha, el informe ya estimaba en 20.000 las personas desaparecidas,
dato este corroborado en fuentes militares que al año siguiente elevaban la
cifra en 2.000 personas más, según las listas que las Fuerzas Armadas habían
elaborado en el Batallón 601 de Inteligencia Militar.2 Es posible encontrar
alguna que otra contradicción en las declaraciones de los familiares al
denunciar los secuestros de sus seres queridos, especialmente referidas a
horarios, algunas veces hasta en días y otras veces sobre detalles de personas o
acompañantes. Pretender uniformidad y coherencia ante semejantes situaciones,
puede arrastrar al investigador a la tentación de la búsqueda de coincidencias,
que la mayoría de las veces no son históricamente exactas, desvirtuando el
objetivo final de la tarea.
Las consecuencias de la represión, como producto de una operación prolijamente
preparada, con el ocultamiento de los muertos, pruebas deformadas y datos
suprimidos, aún abraza con sus tentáculos a las historias pendientes. Pese a
toda dificultad, el trabajo tendiente a enlazar con coherencia todas estas
historias, se presenta como una tarea imprescindible y en última instancia a eso
apunta “Luna Roja”.
Si no se entiende que la “desaparición forzada de personas” fue una acción
cuidadosamente estructurada por el Estado Argentino, destinando ingentes
recursos y personal a participar de la misma, es casi imposible poder
reconstruir paso a paso el destino final de cada uno de los afectados.
Y cuando se habla de “agentes del Estado” la referencia necesaria apunta a la
palabra “burocracia”, es decir al conjunto de empleados estatales a los cuales
se los destinó el tratar a cada persona como un simple expediente, más allá de
toda razonabilidad y sentimiento. Quizás, porque no, en el estudio de la
mecánica de esa burocracia, esté uno de los grandes secretos que puede develar
el destino final de cada uno de los seres desaparecidos.
Mariano Francisco Chaparro fue secuestrado el 20 de agosto del año 1976 en la
ciudad de La Plata. Lo golpearon mucho cuando lo detuvieron, hasta que: “bueno
negro, perdoná ¡metimos la pata con vos…” Quedó solo, a un costado, paralizado,
sin saber que hacer... “¡Chaparro!
¡Chaparro! Yo tenía tanto miedo, que me costaba contestar, hasta que uno me
dijo: ¡Che estúpido, sos vos! Me agarró de los pelos, me sacó afuera, me puso en
el pasillo y dijo: quedate acá tranquilo, que ya vamos a ver que hacemos con
vos…”. Después lo liberaron.
Daniel Shulz, estudiante de Biología de la Universidad Nacional de Buenos Aires,
secuestrado en noviembre de 1976, cree haber estado en el sótano de algún
edificio céntrico de la Policía Federal. Maltratado y golpeado, fue ubicado
cerca de una puerta de donde no se atrevió a moverse durante horas.
Finalmente, un guardia le dijo: “¿Que haces acá?
Ya tendrías que estar afuera...”.
El abogado platense José Miguel Barthé se encontraba en casa de un matrimonio
amigo, cuando allí irrumpe un numeroso grupo de hombres armados que reducen y
maniatan a los presentes. Mientras se llevaba a cabo el operativo, la esposa de
su amigo protestó por el maltrato: “Usted se queja señora… –respondió uno de los
asaltantes–... ¿Qué tendríamos que decir nosotros que hace tres días seguidos
que estamos trabajando sin dormir…?” El mismo Chaparro en otra parte de su
relato dice: “¿Por qué me largaron? Porque la verdad que no estaba metido
absolutamente en nada, porque ya le digo: nunca estuve metido en el extremismo.
Era peronista, pero hay muchos comentarios...sobre ¿cómo le puedo decir...?
Ehhh, yo me acuerdo bien que cuando nos trajeron de vuelta a casa, el tipo que
manejaba nos explicaba: “Estos chicos son una picardía, son unos perejiles y los
mandan a pintar para que den la cara, sabemos que no tienen nada que ver, pero
no se puede tener sueltos a estos tipos porque son un peligro”.
Rubén Gustavo Jaquenod cuenta: “El que me estaba interrogando me dijo: Te voy a
levantar la capucha, cerrá los ojos bien cerrados porque en eso te va la vida…
Yo creo que, ni con Loctite tenía los ojos tan cerrados. Me levantó la capucha y
en ese momento el jefe,...me vio la cara, y esa es una gran duda que creo que me
voy a llevar a la tumba. Fue inmediato. Mal y con fastidio le dijo al otro:
¿Pero quién trajo acá a éste hombre…? O sea, yo infiero que es alguien a quien
conocía, no se cómo, ni quién, ni dónde, ni cuándo... Porque, evidentemente...
Bueno, es una duda que tengo y supongo que va a quedar como duda toda la
vida,... me aflojé, yo me acuerdo que me volvió a poner la capucha y se me caían
las lágrimas debajo de la capucha… Siguieron cuchicheando… Cuando se fue el
otro, el jefe digamos, me hizo unas pocas preguntas más y bueno cuando terminó
me dijo: Bueno, ya está... Y bueno, pero entonces ¿está todo claro, me van a
dejar? Y me dice: No, no –dice– no te entusiasmes que vamos a comprobar si todo
lo que nos dijiste es verdad".3 Este modus operandi del ejecutor directo de la
orden estaba y estuvo, si se quiere, un escalón debajo de la ideología de quien
planificó todo el aparato represivo en Mar del Plata. En el escenario local, la
reacción militar fue especialmente cruenta, debido a la particular extracción
del personal burocrático destinado a los grupos de tareas, cuadros militares que
en los primeros años de la represión resultaran fuertemente influidos por
estamentos civiles sumamente conservadores, que le brindaron total apoyo y
colaboración.
El período que va de 1970 a 1975 la ciudad de Mar del Plata se vio sumergida en
una sangrienta lucha política, especialmente entre la derecha y la izquierda del
peronismo, cuyos detalles reflejados en las noticias de los diarios de la época,
no hacen otra cosa que predecir un anunciado final de violencia y muerte.
La primera, representada por sectores afines a la CGT tradicional, contaba con
el beneplácito de las autoridades centrales del Movimiento Nacional
Justicialista, de la propia conducción del Partido Peronista y el apoyo
logístico de grupos como el “Comando de Organización”, la “Juventud Sindical
Peronista” o la “Concentración Nacional Universitaria”.
Estas agrupaciones, abandonando todo intento de participación política,
prontamente se convirtieron en sectores de choque, con destacadas acciones de
violencia en distintos ámbitos de la ciudad. Enfrente estaba la izquierda
peronista, mayoritariamente representada por la “Tendencia Revolucionaria del
Peronismo” y varias agrupaciones de la izquierda socialista, objetivos a
eliminar de la escena política por aquellas primeras fuerzas, bajo el pretexto
de un accionar disolvente y pernicioso para el conjunto de la sociedad.
A todo esto, debe agregarse un panorama ciudadano compuesto por un empresariado
temeroso de aperturas a variantes de diálogo comunitarios, una conformación
social y política de ciudad que nunca alcanzó a tener identidad propia,
sintiéndose siempre avasallada por extraños ajenos a sus intereses, un silencio
total de las entidades intermedias que no atinaron a buscar su espacio de
expresión y la exasperante prudencia de un Obispado Católico, que después de la
actuación de Monseñor Eduardo Francisco Pironio y la desaparición de la
Licenciada María del Carmen Maggi, mantuvo una posición prescindente. Como
broche final, la cuestionable actitud de la Justicia, que al igual que en otros
lugares del país, distraídamente miró hacia otro lado.
La suma de todos estos factores facilitaron, consciente o inconscientemente, que
Mar del Plata, en relación a su población, ocupe el tercer lugar entre las
ciudades del país con mayor cantidad de personas desaparecidas.
Por eso, “Luna Roja” es un intento de rastrear estos caminos a partir de
pequeños datos, extraídos de grandes historias que el lector tendrá la libertad
de unir, desentrañando de esa manera, el camino que acerque a la verdad completa
de cada uno de los casos expuestos.
Para un segundo tomo se ha previsto analizar los hechos ocurridos en el período
1978 a 1982, como así también las desapariciones de aquellos que –bajo bandera–
fueron secuestrados de los mismos cuarteles militares, agregando otra mancha más
a la historia de los crímenes en Mar del Plata.
“Luna Roja” es la imagen de muchas voces cuyo eco aún resuena en las calles de
la ciudad, es la historia final de personas que crecieron disfrutando sus
playas, sus escuelas, sus barrios y sus fábricas, es la presencia de una
generación con un promedio de edad no superior a los 25 años, con una visión
crítica de la realidad de aquel entonces, sin que ello les haya impedido vivir
plenamente sus años de juventud.
Literalmente borrados de la faz de la tierra, difícil es plasmar un canto a la
vida tras experiencias con tanto dolor. Sin embargo las huellas de su paso por
esta tierra han quedado visibles. Sus vidas no han sido en vano y seguramente
entre una o muchas estrellas que tapizan ese cielo marino, el rostro de cada uno
de los que ya no están, se encuentre siempre presente.
“Luna Roja” es el fenómeno que muestra el atardecer, cuando se alejan las luces
del día y las aguas del mar tornan a un color rojizo, imagen típica de las
costas acantiladas. En una síntesis entre la belleza del paisaje y el horror de
la muerte de esos años, el satélite de la tierra, testigo solitario de aquellos
crímenes, no por casualidad adquiere los colores de la sangre, dándole así el
nombre al lejano balneario marplatense.
Carlos A. Bozzi Abril de 2007
2 Fuente: El Historiador y Diario “La Nación”.
3 Rubén Gustavo Jaquenod, fue secuestrado en la ciudad de La Plata, el 28 de
junio de 1977. Declaró ante la Cámara Federal de esa ciudad el 23 de febrero del
año 2000.
Palabras de los editores
Este es un libro que hubiéramos querido no editar nunca, su contenido es tan
doloroso, tan dolorosas las historias, tan terrible esa época oscura denominada
Proceso de Reorganización Nacional.
Si no fuera un truculento engaño, quisiéramos que esos hechos fueran
cuantitativa y cualitativamente menos, y que esta obra contuviera muchísimas
menos páginas de las que contiene. Pero no, la realidad de la represión de esos
años es de una magnitud trágica y es lo que se refleja en estas páginas, fruto
de la perseverante investigación del autor.
Quienes recorran estas hojas probablemente se encuentren con el relato de las
vicisitudes de un hijo, un hermano, un amigo, un compañero –del barrio, del
trabajo, del secundario o de la universidad–, un conocido, un vecino...
secuestrado, torturado, ejecutado... desaparecido.
No es posible comprender tanta violencia, tanta inhumanidad, diríamos
irracionalidad. ¡No se malentienda esa palabra! Quienes la llevaron a cabo no
eran unos individuos locos.
La maquinaria de la represión fue utilizada de forma precisa y de calculada
“racionalidad”.
Confirma lo antedicho la trascripción –por el autor– de una (de tantas) frases
pronunciadas por los genocidas, en este caso de Masera: “Este método, nos
garantiza que por cuatro generaciones, no habrá más militantes políticos”.
Huelgan los comentarios...
Comenzar a dar claridad de la verdad de lo ocurrido con los secuestrados y
desaparecidos (marplatenses en los años 1976 y 1977) es la meta del autor,
creemos que lo ha conseguido.
En el devenir de los años se han recuperado numerosos cadáveres de las víctimas,
empero muchas siguen desaparecidas, sea este un pequeño aporte que, sumado al de
muchos, puedan esclarecer totalmente el horror de lo sucedido con verdad y
justicia.
Quisiéramos terminar estas palabras con una frase atribuida al pensamiento de
Karl C. F. Krause –que nos parece de una gran belleza ética– y grandilocuente
pretensión final de esta editorial: El hombre es sagrado para el hombre...
Que así sea
Por Ediciones Suárez
Humberto P. Simonetti
Pedro F. Suárez
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DE LA MEMORIA

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