NOTAS EN ESTA SECCION
Una breve introducción |
Fundación de la Liga Patriótica
| 1919 y 1976: cuando
la memoria es imprescindible |
La Liga
Patriótica en Santa Cruz
Una intervención
de Borges contra el antisemitismo |
Instituciones, grupos e ideología en la Patagonia austral, por Rosario Güenaga
El primer "pogrom", Por Herman Schiller
| Pinie Wald - una
víctima de la Semana Trágica
NOTAS RELACIONADAS
Los fusilamientos de la Patagonia
| La Semana Trágica |
Severino Di Giovanni |
Simón Radowitzky | Gardel conservador
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The Argentine Patriotic
League Brigade / La Brigada de la Liga Patriótica Argentina
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Imágenes de Carlés en la Patagonia,
Caras y caretas, 13 de febrero de 1922
Mirta Moscatelli
- La Liga Patriótica Argentina. Una propuesta nacionalista frente a la
conflictividad social de la decada de 1920
Maria Ines
Tato - ¿Alianzas estratégicas o confluencias ideólogicas? Conservadores y
nacionalistas en la Argentina de los años treinta
La novela que revela el horror de
la Semana Trágica cumple 80 años |
María Cecilia Di Maio - De crónicas y escrituras en la Semana Trágica
Felipe Pigna y Daniel Cecchini - La
derecha |
Brigitte Natanson - Visiones
literarias de la Semana Trágica
Maria Barbero y Fernando Devoto - Los
nacionalistas 1910-1932
En
el punto a) de sus estatutos se señalaba: “Sostener y fomentar en la vida
pública nacionales respeto a la ley, el principio de autoridad y el orden
social”. El punto b): “Intensificar la educación nacionalista en los
establecimientos oficiales, sean cuales fueren su carácter y su grado”. En el
punto n) se sostenía: “Adoptar las medidas necesarias para que los elementos de
la Liga puedan agruparse en organizaciones vecinales que cooperen a la acción
represiva de todo movimiento de carácter anarquista”.
En el manifiesto constitutivo de 1919, luego de haber participado en la
represión de la “Semana Trágica”, dice la Liga Patriótica en directa alusión a
las ideas socialistas: “La humanidad vive una de las más difíciles horas de su
destino. La guerra más sangrienta de su historia ha conmovido profundamente a
los pueblos. El dolor y la miseria, la prédica constante de los que se proclaman
enemigos de la patria, de la familia, de la propiedad, de la cultura, han
perturbado en Europa el espíritu de millones de hombres y amenazan extender a la
nueva doctrina disolvente de la sociedad por países como el nuestro, que no han
hecho sino ofrecer los frutos de su suelo, los beneficios de la paz y el amparo
de sus libertades a todos los que han nacido cobijados por nuestra bandera y a
todos los que han venido a buscar su protección de patrias lejanas. Voces que
salen de la sombra, manos que se yerguen a lo lejos, sacudimientos anárquicos
como los que conmovieron recientemente a Buenos Aires y otras ciudades de la
República, parecen querer anunciarnos que está cercano el día en que las fuerzas
del odio y de la disolución pretenderán imponer sus ideales funestos a la
sociedad y el individuo. Ha llegado el momento, pues, en que todos debemos
considerar si nuestra obligación de ciudadanos de un país libre, consiste
solamente en cumplir con los deberes pasivos que nos impone la ley, o si tenemos
que hacer algo más, algo que nos junte a todos en un haz firme de voluntades y
de esfuerzos tendientes al restablecimiento moral, intelectual y material de la
patria argentina”.
El lema de la Liga Patriótica era: “Patria y Orden”
[Osvaldo Bayer, Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, notas]
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Fundación de la Liga Patriótica
18 de abril de 1919
"Contra los indiferentes, los anormales, los envidiosos y haraganes; contra los
inmorales, los agitadores sin oficio y los energúmenos sin ideas. Contra toda
esa runfla sin Dios, Patria, ni Ley, la Liga Patriótica Argentina levanta su
lábaro de Patria y Orden... No pertenecen a la Liga los cobardes y los tristes."
Es 1919 y Manuel Carlés se atreve a dividir al mundo de un solo tajo, que separa
a sus acólitos y a los fermentados por la "peste exótica" que estalla a
principios del siglo: las luchas obreras y el avance de las ideologías "nuevas".
No es un cazador solitario: la Argentina ya está "infectada" y la agitación
crece; como respuesta, surgen organizaciones civiles represoras —de xenofobia no
disimulada— ante cuyos solos nombres tiemblan los ghettos judíos de la sección
7ª y se enardecen los peones del puerto. La Asociación del Trabajo y la Liga
Patriótica Argentina son, entonces, los máximos baluartes de esta guerra santa.
La Liga se fundó, provisionalmente en los salones del Centro Naval, en Florida
al 800, bajo la presidencia del Almirante Manuel Domecq García. Pero sólo en la
noche del sábado 5 de abril de 1919, cuando todavía flota el olor a sangre y
pólvora de la Semana Trágica, se constituye la comisión definitiva: Manuel
Carlés, su Presidente. Había nacido en Rosario, en mayo de 1870, y se doctoró en
Jurisprudencia en Buenos Aires, en cuyo Colegio Nacional enseñó Literatura y
Filosofía; después, en 1898, fue convencional para la reforma de la Constitución
y, en el mismo año, Diputado Nacional por Santa Fe.
Sólo tenía treinta años, pero ya posaba para la grandilocuencia de la época: la
Galería de Hombres de Actualidad —un álbum apologético y oficialista embadurnado
por Antonio A, Díaz en 1899— lo describe así: "De palabra elegante y florida, de
argumentación fogosa y convincente, sosteniendo siempre el principio de la razón
y la justicia, es uno de los parlamentarios más jóvenes y bien preparados que
hacen honor a la Legislación Argentina. Amigos y adversarios, si es que los
tiene, le escuchan con respeto y suelen huir su polémica indestructible y
abrumadora".
Más allá de la catarata verbal, no es fácil poner en duda las dotes de Carlés;
las demostró, al menos, veinte años más tarde, el 18 de abril de 1919, cuando se
lanzó a organizar formalmente la Liga: a sólo quince días de su designación como
Presidente —hace cincuenta años—, el líder ya contaba con una tropa de 9.800
miembros: 4.500 reclutados por los delegados vecinales —parroquias de San Juan
Evangelista, Santa Lucía, Villa Devoto, San Carlos Sur y Villa Urquiza— y 5.300
adheridos directamente en la Secretaría General. Enseguida partieron emisarios a
las provincias de Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos y Córdoba. El 23 por la noche,
Carlés abrió la sesión, complacido por "la forma entusiasta con que el
vecindario respetable comienza a cumplir los propósitos de la asociación en la
hora presente". Un pequeño ejército se pone en marcha.
Es evidente, sin embargo, que en aquel abogado provinciano, iniciado en el
periodismo junto a Sarmiento, en El Censor, se había producido una mutación. No
es inexplicable: la razón y la justicia fueron retórica del liberalismo mientras
ninguna voz se alzó para exigirlas; sólo entonces desnudó su entraña. En 1920,
Carlés desciende del reino de la elocuencia para instalarse en el nuevo campo de
batalla, "haciendo la guardia de la sociedad con el arma al brazo". Conserva, a
pesar de todo, una débil filiación radical —que iba a cortar más tarde, al
promover el golpe de Uriburu—, y su soltería pertinaz.
La tragedia de don Hipólito
Desde 1916 hubo huelgas de obreros portuarios, municipales, agrarios,
frigoríficos, ferroviarios. En 1918 estallaron 196 conflictos que comprometieron
a 133 mil hombres; en 1919 las cifras se elevaron a 367 y 308 mil. Era el
vértigo. Durante sus dos primeros años de Gobierno, Hipólito Yrigoyen se ingenió
para arbitrar los diferendos laborales (el primero, a un mes de asumir el mando,
entre armadores y obreros portuarios); fue, hasta entonces, fiel a la multitud
que lo llevó en triunfo desde el Palacio Legislativo hasta la Casa Rosada, el 12
de octubre de 1916. Ese día, poco antes de que asuma el mando, le anuncian la
muerte de Gabino Ezeiza, el cantor del viejo radicalismo. "¡Pobre Gabino! —se
lamenta—. Él sirvió ...", y se queda en silencio. Parece un presagio.
La vorágine comienza con los obreros metalúrgicos de los talleres Vasena; es
nada más que la chispa: entre el 6 y el 13 de enero, policías, obreros,
provocadores y rompehuelgas se tirotean en las calles de Buenos Aires. El saldo,
según Mario Boratto, delegado de los talleres: 700 muertos, 4.000 heridos y
millares de presos.
La oligarquía liberal del 80 decretó la inexistencia de las clases; sólo
reconocía una sociedad de individuos iguales ante la ley, más allá de las
disparidades efectivas. El radicalismo pretende armonizarlas en un movimiento
nacional que las trascienda. Ambos fracasaron. Yrigoyen depone su papel de
arbitro ecuánime, cuando la agitación arrecia; ya no es posible la
equidistancia: el terror blanco tiene abierto el camino.
Aunque se forma definitivamente en abril de 1919, la Liga Patriótica Argentina
ya había atravesado la lactancia: el Diputado socialista Nicolás Repetto la
denuncia en el Congreso, el 10 de junio de 1916, como una organización
paramilitar estrechamente conectada con el Ejército. "Durante la Semana Trágica
—dice Marysa Navarro Gerassi en 'Los nacionalistas'— los miembros de la Liga
Patriótica llevaron a cabo los primeros pogroms en la Argentina. Los
autotitulados patriotas, buscando proteger a la Nación frente a una conspiración
rusa, e identificando a judíos con rusos, invadieron el barrio judío, matando y
maltratando a la población aterrorizada."
Carlés estampa su propia versión santificada de la crónica: "Cuando los
huéspedes de la Nación amenazaron alterar la Constitución del Estado y difamar
la fisonomía social de nuestro pueblo y perturbar el orden público, los
argentinos formamos a la vez nuestra asociación para defender los intereses
nacionales y la pureza de la moral argentina". Para justificar su fobia, asegura
disponer de una estadística policial en la que consta que "de 59 mil sectarios
identificados en la Capital, 5.317 son argentinos y 43.683 extranjeros". Y
concluye: "El país soporta en estos momentos los efectos de la inmigración
intermedia del 80 al 1900. Esa vino para conquistar y el conquistador funda en
sí el pasado; no admite la tradición local".
Si alguien
cree que la Liga Patriótica es cosa del pasado se equivoca, en el
siglo XXI está
vivita y coleando y hasta "tiene proyectos". En Notas sociales
de La Nación el jueves 1 de diciembre de 2005 se publicaba el
siguiente anuncio: La Liga Patriótica Argentina, con el fin de reunir fondos para sus obras, ha organizado un encuentro que se realizará pasado mañana, a las 18.30, en el Quincho 1806, en los Cuarteles de Palermo del histórico Regimiento Patricios. El teniente coronel (R) doctor Ernesto D. Fernández Maguer ofrecerá una breve disertación sobre "Pasado, presente y proyectos de la Liga Patriótica Argentina". Al finalizar se servirá un vino de honor. Informes por el 4702-0056. |
La filosofía de Carlés omite dos hechos
cruciales; en realidad, no era mucho lo que los emigrantes habían conquistado:
"Aun en épocas de prosperidad —observa Aldo Ferrer—, cuando las exportaciones
estaban a altos niveles, como en 1913, los desocupados representaban una
proporción importante de la fuerza de trabajo, superior al 5 por ciento. En
situaciones de emergencia, el desempleo podía elevarse a un 20 por ciento de la
fuerza de trabajo". La otra omisión, quizá más importante: los patricios que
ahora vociferaban contra el extranjero habían sido, desde 1880, los campeones de
la inmigración, recurso que permitió a los terratenientes, a los grandes
comerciantes y a la incipiente burguesía industrial mantener un margen de
desocupados suficiente como para no alterar el nivel de los salarios.
José Ramón Romariz, miembro de la Policía Federal entre 1910 y 1941, fue
destacado a la Boca durante los sucesos de enero. "La Liga Patriótica Argentina
del doctor Carlés —narra— pareció responder en su origen a honrados y exclusivos
propósitos de combatir a los extremistas... Y de tal creencia pareció participar
el mismo Gobierno radical, que no sólo autorizó al personal policial a integrar
como afiliados esa Liga, sino que también permitió que sus secciones (con radio
y número igual a las policiales), se reunieran en las respectivas comisarías."
Poco después, según Romariz, se prohibió la concurrencia de los miembros de la
Liga a las oficinas de la Policía y el personal fue obligado a cancelar su
afiliación.
Era tarde. Y aunque Félix Luna intenta una disculpa ("El Gobierno de Yrigoyen
jamás tomó espontáneamente medidas contra los movimientos obreros"), don
Hipólito se lleva una porción del pecado: él mismo autoriza al general
Dellepiane, Jefe de Policía, a proveer de revólveres Colt, "con su
correspondiente dotación de proyectiles", a los particulares dispuestos a
colaborar con la fuerza pública. El trámite es sumario, se hace sin control de
ningún tipo; los postulantes llegan —según Romariz— "de los comités
oficialistas" y de "las grandes mansiones del barrio Norte".
El 10 de enero se desata la orgía. "La ciudad vivió un clima de zozobra —relata Luna—: las bandas organizadas de la Liga Patriótica incursionan en los barrios ricos en población judía, efectuando pogroms y desmanes sin cuento, mientras los crumiros y esquiroles de la Asociación del Trabajo del doctor Joaquín de Anchorena tomaban represalias contra los locales sindicales y sus dirigentes."
Cuando la hemorragia se detiene, el 13 de enero, cientos de deudos ambulaban por
Buenos Aires buscando a sus muertos. Ninguno consigue verlos: los cadáveres han
sido incinerados. Romariz intenta una síntesis de la tragedia: "Todas las ligas,
asociaciones y organizaciones surgidas para colaborar con las autoridades y la
fuerza pública, o enfrentarse con sectores de población de actividades o
ideología determinadas, resultaron un fracaso y un semillero de arbitrariedades,
infamias y abusos". La Policía, por supuesto, tampoco había sido ajena a la
injusticia.
El temple de la espada
Hasta la Presidencia de Alvear —un interregno entre las dos de Yrigoyen—, el
nacionalismo iza las banderas liberales. En julio de 1923, la Liga propicia en
el teatro Coliseo, junto al Círculo Tradición Argentina, las cuatro conferencias
donde Leopoldo Lugones arroja las nueve bases: "Italia acaba de enseñarnos, bajo
la heroica reacción fascista encabezada por el admirable Mussolini, cuál debe
ser el camino a seguir..."
Un año después, en diciembre de 1924, el mismo Lugones desde Lima, en
conmemoración del centenario de la batalla de Ayacucho, proclama: "Yo quiero
arriesgar algo que cuesta mucho decir en estos tiempos de paradoja libertaria y
de fracasada, bien que audaz, ideología: ha sonado otra vez, para bien del
mundo, la hora de la espada".
El discurso arranca una tempestad de censuras; no le hacen mella: el fascismo
europeo ya cosecha sus primeras glorias. Además —quizá lo intuya— está brindando
al golpe de Uriburu su primera consigna.
Ahora, cuando celebra el medio siglo de vida, la Liga Patriótica Argentina es,
según su presidente Jorge Kern (60), "una institución desvinculada de toda
bandería política". Mantiene, sin embargo, una inalterada devoción por el
fundador, Manuel Carlés, "un inolvidable patriota".
Un solo miembro quedó —de los 560 que nuclea la institución—, de los
precursores. "Me asocié por amistad personal y porque compartía las ideas de los
fundadores", declara Ignacio Capdevila (73; 50 de vida activa en la Liga). Niega
púdicamente que la Liga haya protagonizado actos de violencia: "La actividad se
restringía a conferenciar y aconsejar desde los atrios de las iglesias. La meta
era inspirar a la reacción social, no bélica, contra los elementos disolventes".
Frente a los testimonios de la Semana Trágica sólo atina a responder: "No sé. Yo
estaba en el campo, era época de vacaciones. La verdad es que recuerdo muy
poco".
Quizá ya no importe. Frustrados una y otra vez por una sociedad más compleja de
lo que sospecharon, avasallados por un país que, en definitiva, también
construyeron los inmigrantes, es probable que los viejos grupos nacionalistas
sólo sean —como dice Marysa Navarro Gerassi— "el lastre de una generación que
vivió demasiado tiempo".
Fuente Revista Primera Plana, 29 de abril de 1969
Tomado de Mágicas Ruinas
1919
y 1976: cuando la memoria es imprescindible...
Dios, patria y el capital
Por Andrés Sarlengo
Contrapuntos
Afirmó Manuel Carlés y su Liga Patriótica en 1921: 'El que no es amigo de la
Patria es mi enemigo y lo combatiré sin descanso ni cuartel'. (1)
Confesó el General Ramón Díaz Bessone en octubre de 1977 ya como Ministro de
Planeamiento del Proceso de Reorganización Nacional: "Los empresarios forman uno
de los primeros sectores que constituyen la Nación día a día."
Acaso por eso fueron uno de los blancos predilectos de la agresión criminal de
las hordas marxistas. Por eso la responsabilidad moral es la otra gran vertiente
de esta eminente función social, y comienza dentro de la misma empresa. Allí los
derechos ceden su lugar a los deberes. Defender la empresa y la propiedad
privada contra agresores de toda índole es el primer deber'. (2)
Díaz Bessone fue Presidente del Círculo Militar y desde allí aseveró: "Usted no
puede fusilar 7.000 personas". En efecto: fueron torturados y ejecutados en la
clandestinidad. (3)
Manuel Carlés (imagen) fue interventor radical en Salta y Jefe fundador de
la Liga Patriótica 'defensora del orden' durante el primer gobierno yrigoyenista.
Carlés también fue funcionario de Marcelo T. de Alvear y profesor del Colegio
Militar y de la Escuela Nacional de Guerra. El cinco de diciembre de 1920 en una
de sus conferencias en atrios y salones Carlés espetó: 'Este es el único país de
la Tierra en que la autoridad tolera la sedición en la calle contra la
nacionalidad, que disimula el desacato y que, saturada de insultos del
sectarismo oye como oír llover las mayores atrocidades contra el derecho del
trabajo y la moral del honor de la Patria'. (4)
La Patria de Carlés es similar al estilo de Miguel Cané. Toda una gran obra
literaria donde los 'otros son el mal' (5). Letras para la Ley de Residencia y
el garrote pro capital.
La Patria de Carlés son los empresarios de Díaz Bessone y el Council Of America
del Clan Rockefeller.
Cuando en mayo de 1926 una bomba estalló en la
Embajada de Estados Unidos de la Capital Federal; los motivos del boquete que
inflamó a la policía represora del radicalismo rubricaron la consigna: ¡Libertad
para Sacco y Vanzetti!. El embajador yanqui le agradeció al doctor Carlés: 'Exprésole
mi reconocimiento por la eficaz e inteligente ayuda tan rápidamente prestada por
don Emilio Casares (h) a los pocos minutos de ocurrida la explosión. Felicítolo
por su admirable organización que le permitió acudir con su ayuda inmediatamente
después de cometido el ultraje, el cual, según mi convicción personal, ha sido
instigado por perniciosos elementos extranjeros y nunca por ciudadanos de la
gran República Argentina'. (6)
El 16 de febrero de 1976 el lock out patronal de la Asamblea Permanente de
Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) anticipaba el terrorista golpe de estado
cívico militar. Ese día paralizaron el país 'los siguientes anunciantes': la
Sociedad Rural (Celedonio Pereda), la Cámara Argentina de Construcción (César
Pollero y Roberto Meoli), la Cámara Argentina de Comercio (Armando Braun),
Sociedades Anónimas (Federico Peña), Grandes Tiendas (Jorge Sabato), la
Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) y la
Coordinadora de Actividades Empresarias Mercantiles (CAME, Osvaldo Cornide),
entre otros. (7) Martínez de Hoz se sonreía entre bambalinas.
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El diez de enero de 1919 se conformó en el Centro
Naval el grupo terrorista 'Defensores del Orden'. Los acontecimientos de la
Semana Trágica enlutaban por entonces al país. El reclamo obrero a los Talleres
Metalúrgicos Vasena tuvo su antídoto patronal: los 'defensores del orden'
resultaron bienvenidos y congratulados. Radicales (por su anuencia y su política
pendular), militares, conservadores y católicos estuvieron de su parte. 'La
semana transcurrida desde el 8 al 17 de enero (de 1919) fue llamada la ‘semana
roja’. Así se salvaron el gobierno y el honor. Lo que aún no se ha salvado es la
omisión de la gratitud nacional, que todavía no ha hecho justicia al hombre,
cuyas confidencias conservo invioladas en el alma: el general de División Luis
Dellepiane', destacó el reaccionario Monseñor Miguel De Andrea en 1919. (8)
Años después una foto recorrería el país: 'En 1945 el Coronel Perón saluda a
Monseñor De Andrea'. De Andrea en 1955 festejaría el arribo de la Revolución
Libertadora. (9)
La Asociación del Trabajo creada en 1918 apoyó a los 'defensores del orden'. Sus
miembros principales merecen recordarse: Bolsa de Comercio (Pedro Christophersen),
Sociedad Rural Argentina (Joaquín S. De Anchorena), Centro de Exportadores de
Cereales, Centro de Importadores y Anexos, Centro de Navegación Transatlántica,
Centro de Cabotaje Argentino, Compañías Importadoras de Carbón, Cámara Gremial
de Molineros, Centro de Propietarios de Carros, Centro de Barraqueros y Frutos
del País, Cámara Gremial de Cereales, compañías de ferrocarriles Central
Argentino, del Sud, del Oeste y del Pacífico. (8)
¿Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias o Asociación del
Trabajo?
Los 'Defensores del Orden y el Comité Nacional de la Juventud' actuaban 'al
unísono organizando progroms contra los judíos, baleando obreros y asaltando
locales sindicales y partidarios. A eso se dedicaron los días 10, 11 y 12 de
enero. Como hemos visto, el gobierno aceptó tan distinguida colaboración y los
principales diarios la apoyaron abierta o tácitamente. Es que en esos momentos,
la defensa de la sacrosanta propiedad privada era también patrimonio de estos
playboys terroristas. Sólo después de finalizada la huelga, La Prensa y
personalidades conservadoras como Zevallos atacaron a los defensores; es que
ahora todo había vuelto a la tranquilidad'. (8)
Finalmente, el 19 de enero de 1919 se constituye la Liga Patriótica Argentina en
reemplazo de los 'Defensores del Orden'. A Manuel Carlés como presidente de la
Junta Nacional lo acompañaron ínclitos hombres de bien: Joaquín S. De Anchorena,
Monseñor Miguel De Andrea, el Vicealmirante Manuel Domecq García, el General
Eduardo Munilla, los dirigentes radicales Carlos M. Noel, Vicente Gallo,
Leopoldo Melo, el director de La Nación Jorge A. Mitre, el director de La Prensa
Ezequiel P. Paz, el director de La Razón
José A. Cortejarena, los estancieros Celedonio Pereda, Saturnino Unzué y Antonio
Lanusse, Dardo Rocha, Federico Leloir, Francisco P. Moreno, Estanislao Zevallos,
Pastor S. Obligado y Miguel A. Martínez de Hoz. (4)
Con semejante prosapia, ya basta... Como puede leerse: la continuidad (y la
permanencia) de intereses y represiones excede apellidos, familias, partidos y
asociaciones.
Por eso, quizás, Rodolfo Walsh aún conserve algo de certeza aleccionadora en su
Carta Abierta a la Junta Militar: '...a los señores Comandantes... tras la
ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero no haría
más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte
años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino
agraviadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las
atrocidades cometidas' (10).
El estilo del gran capital (matar para robar (2)) estriba entre risas y
propaganda. Entre omisiones y bailes para un sueño. Cómo responderle a los
muchos que dicen que de nada sirve escribir sobre lo acontecido 80 años atrás...
Siga tomando mates, nomás, entonces... con yerba Taraguí (y sus obreros
desaparecidos) y azúcar Ledesma ( y sus asesinatos en la oscuridad).
Siga cebando mates nomás... Peso eso sí, sí el próximo es usted,
lamentablemente, ya será tarde. Carlés, López Rega, Díaz Bessone y sus
discípulos son en el vientre fecundo de un fascismo que nunca dejó de procrear.
A vencerlos y que nazca el hombre nuevo.
Notas:
1) Los anarquistas expropiadores y otros ensayos. Osvaldo Bayer. Planeta.
Noviembre 2003.
2) Matar para robar. Luchar para vivir. Carlos Del Frade. Editorial Ciudad
Gótica. Abril, 2004.
3) Horacio Verbitsky. Página 12. 31/08/03
4) La Patagonia Rebelde. Los Bandoleros. Osvaldo Bayer. Planeta. Octubre 1992.
5) David Viñas. Antología personal. Desde la gente. Ediciones del Instituto
Movilizador de Fondos Cooperativos.
6) Severino Di Giovanni. El idealista de la violencia. Osvaldo Bayer. Planeta.
Marzo de 1999.
7) Desconfíe, siempre desconfíe. El 16 de febrero es el día del empresario.
Andrés Sarlengo. ARGENPRESS. 12/02/06
8) La Semana Trágica de enero de 1919. Julio Godio. Hyspamerica. Junio de 1986.
9) Juan Domingo Perón. Los nombres del Poder. Ricardo Sidicaro. Fondo de Cultura
Económica. Octubre de 1996.
10) Rodolfo Walsh y la prensa clandestina. 1976-1978. Horacio Verbitsky.
Ediciones de la Urraca.
Fuente: lafogata.org
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La Liga Patriótica en el territorio (Santa Cruz)
[Ver Imágenes de
Caras y caretas del 13 de febrero de 1922]
A raíz de los sucesos que turbaron la paz del territorio en el año 1920 y cuando
las bandas armadas recorrían la campaña cometiendo toda clase de abusos y
depredaciones y las poblaciones costaneras, sobre todo Río Gallegos, vivían
momentos de intensa inquietud ante la posibilidad de un ataque que amenazaban
llevar contra ellas dichas bandas, surgió entre un grupo de argentinos
residentes allí la idea de constituir un organismo que sirviese para aunar todas
las voluntades en el mismo fin de proteger las instituciones amenazadas y
realizar luego una campaña de sano nacionalismo que contrarrestase la propaganda
ácrata y disolvente que desde mucho tiempo antes venían haciendo ciertos
elementos que espontáneamente o enviados por otros habían llegado al territorio.
De acuerdo con ese propósito, el 10 de julio de 1921, se reunía en el Hotel
Argentino de Río Gallegos un grupo considerable de personas caracterizadas de la
localidad, con el objeto de llevar a la práctica la idea expresada, cuya
urgencia, aparte de los hechos que hemos mencionado, se había encargado de poner
de manifiesto la Federación Obrera que funcionaba en ese puerto, al pretender
impedir, el día anterior, la realización de una fiesta preparada para conmemorar
el aniversario patrio.
Después de un corto debate, pues todos los presentes reconocían la imperiosa
necesidad de oponerse, en alguna forma al dominio que sobre las masas obreras
estaban ejerciendo los propagandistas con la ayuda de algunos aventureros que se
habían establecido en la ciudad, se resolvió constituir una brigada de la Liga
Patriótica Argentina y pedir de inmediato el reconocimiento y la afiliación a la
Junta Central, dentro de la categoría que, de acuerdo con los estatutos de esa
asociación, le correspondiese.
De inmediato se iniciaron los trabajos para conseguir adherentes y ellos
alcanzaron un éxito por demás halagüeno. Reconocida la brigada por las
autoridades de la Liga, la tarea se intensificó; pues de inmediato tratóse de
extender la influencia de la asociación a las demás poblaciones del territorio,
aprovechando para ello los núcleos y centros ya formados y cuyas orientaciones y
propósitos concordaban con las de aquella institución.
La
Derecha Argentina: Raíces De Una Tradición PolíticaLas corrientes totalitarias en la Argentina tienen un larga tradición en la historia política de nuestro país. Investigadores como Loris Zanatta, Enrique Zuleta Alvarez y Sandra McGee Deutsch han mostrado en sus trabajos que particularmente la derecha tiene una importancia capital para el desarrollo de las ideas y los movimientos políticos contemporáneos. La derecha argentina ha influido a los dos partidos mayoritarios y también ha sido marginal en la política, según las épocas que se estudien. El período de entreguerras fue una etapa de grandes crisis y debates ideológicos: el liberalismo tradicional y el joven sistema democrático eran interpelados por la emergencia de los totalitarismo en Europa y su difusión planetaria. Refiriéndose al pensamiento contrarrevolucionario en la Argentina, Sandra McGee Deutsch ha definido a esta corriente como: . "[...] Implica una oposición radical al liberalismo, la democracia, el feminismo y varias formas de izquierdismo; en otras palabras, ideologías que disuelven las jerarquías tradicionales y los particularismos, y así socavan los viejos y conocidos estilos de vida. El resultado de tales ideologías, de acuerdo con los contrarrevolucionarios, es la destrucción de los vínculos personales y, eventualmente, el orden social. En contraste con sus oponentes ideológicos, los contrarrevolucionarios procuraron promover la estabilidad y su visión de la sociedad a través del fortalecimiento de la familia, la moral, la religión, la autoridad, la propiedad, las lealtades étnicas y el nacionalismo." Según la autora citada, existen continuidades y permanencias en esta tradición política que sugieren puntos de contacto entre las manifestaciones derechistas de las primeras décadas del siglo y las más cercanas en el tiempo. La Legión Cívica Argentina es uno de los emergentes de la reacción política y social que significó el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930. Esta reacción estaba encabezada por los sectores más tradicionales y conservadores de la sociedad, que veían en la crítica situación económica en que se hallaba el gobierno de Hipólito Yrigoyen los síntomas de su decadencia. Alejados de la administración nacional por efecto del voto universal y secreto, los conservadores encontraron en el quiebre del sistema democrático la vía para reinstalarse en el gobierno. Este grupo adquirió ribetes de banda paramilitar alentado por el gobierno de facto del general Uriburu, afín a las ideas totalitarias en boga en el viejo continente. En el clima de época de entonces, la nación estaba amenazada por ideologías disgregadoras -las variantes de izquierda- y los ciudadanos debían armarse para su defensa. Así nació la Legión. Su principal objetivo era vigilar y reprimir el accionar de los trabajadores; en esta tarea no estuvo sola y tuvo un antecedente de la Liga Patriótica Argentina. |
Los trabajos dieron el resultado esperado y en breve tiempo en los registros de
las brigadas se habían anotado, en calidad de adherentes, la inmensa mayoría de
los elementos de orden y de trabajo que residen en el territorio. Hubo que
vencer para ello muchos obstáculos y el principal fue la indiferencia que como
consecuencia de la cesación del movimiento subversivo, había sobrevenido; pues
es característica de la población de la Patagonia la extraordinaria facilidad
con que, desaparecida la causa que provocara su protesta o su entusiasmo, olvida
las decisiones que adoptara para oponerse a ella, conjurar sus efectos o impedir
su repetición en el porvenir. El elemento extranjero que en ella habita, aunque
es doloroso decirlo, está vinculado a la Nación sólo por los intereses que en su
suelo tiene y como no se ha tratado de atraerlo afectivamente o por lo menos
nada o casi nada se ha hecho para imponerle un concepto claro y preciso del
respeto y gratitud que debe al país que lo alberga y en el cual, tal vez, hizo
su fortuna, es claro que sólo reaccione cuando aquéllos peligran y que vuelva a
la pasividad inmediatamente después de haberse conjurado la amenaza que sobre
ellos se cernía. Dada la indiferencia con que los nativos mirábamos hasta hace
muy poco tiempo esas regiones del Sud, no debe extrañarnos que sus habitantes no
hayan arraigado sus conciencias en el alma nacional y que vivan, puede decirse
así, en la casa familiar pero sin intimar ni tan siquiera codearse, salvo los
casos en que su interes anda en juego, con los dueños de ella. Evidentemente no
puede hacerse responsable de su esquivez o de su frialdad al huésped, si el que
lo recibió en el seguro de su hogar no supo atraerlo con sus atenciones y ganar
su confianza con su hidalguía. Desgraciadamente eso hicimos los argentinos en el
Sud, así que no debemos lamentarnos de la indiferencia y hasta prevención con
que se nos trata; pero sí debiéramos desde ya trabajar con tacto y habilidad
para transformar esa esquivez en cariño y esa prevención en una fe absoluta en
nuestras instituciones, en nuestra administración política y en el destino
grandioso de la Patria.
Logradas las adhesiones, como decíamos, se iniciaron los trabajos de propaganda
entre la masa obrera de las poblaciones y del campo, valiéndose la brigada para
esto último de la buena voluntad de algunos estancieros que se ofrecieron para
difundir los postulados de la asociación, en la zona de influencia de sus
respectivos establecimientos.
Así estaban las cosas, cuando el Dr. Manuel Carlés, presidente de la Junta
Central de Gobierno de la Liga Patriótica, llegó al territorio para estudiar "de
visu" los problemas sociales y económicos que interesaban a esa región del país
y al mismo tiempo dejar definitivamente instaladas en Santa Cruz las brigadas
que fueran necesarias para que la influencia de aquella asociación pudiera
ejercerse en forma práctica y eficaz.
El doctor Carlés tuvo ocasión de manifestar la impresión extraordinaria que dejó
en su ánimo la actividad febril que notó en los puertos en que hizo escala el
buque que lo conducía y el ansia de progreso y adelanto que se exteriorizaba en
todas las poblaciones. Su visita, bajo diversos conceptos, fue sumamente
auspiciosa para la región.
De acuerdo con el plan formulado por el presidente de la Liga Patriótica, se
fundaron en las estancias principales del territorio, sub-brigadas, cuya
dirección se encomendó al propietario o administrador del establecimiento. Se
las proveyó de escudos y banderas, con la recomendación de poner aquél en sitio
bien visible de la casa principal o de otra que podía destinarse para local de
la brigada y de izar el pabellón todos los domingos y fiestas patrias, tratando
de dar a ese acto toda la solemnidad posible. Aparte de esto debían realizar una
propaganda a base principalmente de persuación personal entre sus peones y
empleados, tratando siempre de no alarmar sus convicciones, ni ejercer presión
sobre sus ánimos.
La tarea que la institución se propuso debía ser lenta y metódica y sus
dirigentes tenían que pertrecharse para realizarla de mucha paciencia y sobre
todo de un gran espíritu de sacrificio. Pero los resultados se están palpando ya
y no es arriesgado augurar para un porvenir relativamente cercano, un éxito
completo a la campaña iniciada bajo tan favorables auspicios.
Los domingos, en el momento en que en algunas estancias se realiza la ceremonia
de izar el pabellón nacional, en presencia de los empleados y peones del
establecimiento, muchos de los cuales, a pesar de vivir años en esta tierra, no
conocían los colores de su bandera, podemos asegurar, porque lo hemos
presenciado y sentido, que una conmoción imperceptible en unos, más intensa en
otros, agita sus almas y se marca en sus semblantes atezados por el sol y
agrietados por el aire frío y cortante de las pampas. Esa emoción por primaria y
simple que sea, basta por ahora: es el alma de la Patria que se ha insinuado en
la de esos extranjeros, antes indiferentes para ella, pero que ahora al contacto
de esa emoción, producto del respeto ingénito por los símbolos o quizás del
temor por el poder que ellos representan, han empezado a sentirla y mañana, tal
vez, llegarán a amarla.
Fuente: "La Patagonia Argentina", pp.096-098, Edelmiro Correa Falcón y Luis
Klappenbach, 1922, edición virtual:
http://patlibros.org/lpa/index.htm

"¡Ay patria mía!" parecen expresar estos cajetillas armados de la Liga Patriótica,
patrullando las calles calles
junto a la policía, como corresponde.
Una
intervención de Borges contra el antisemitismo
Daniel Lvovich *
El 20 de agosto de 1932, la Comisión Popular Argentina contra el Comunismo, una
de las múltiples organizaciones nacionalistas fuertemente autoritarias que
proliferaron en la Argentina a partir del golpe militar de 1930, organizó un
acto en Plaza Congreso para acompañar la entrega de un petitorio al Parlamento.
El acto contó con la adhesión de la Legión Cívica Argentina, y las 275.000
firmas que acompañaban la petición daban cuenta de una amplia adhesión a sus
demandas. Aunque el petitorio no incluía afirmaciones de índole antisemita, un
rumor circuló con insistencia por Buenos Aires en los días previos al acto,
según el cual los asistentes al mitin atacarían a personas e instituciones
judías. El rumor no carecía de fundamentos.
Jorge Luis Borges
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En las semanas previas, las posiciones antisemitas de la prensa nacionalista y católica se habían agudizado, destacándose la insistencia y ferocidad de los ataques del recientemente creado Crisol –periódico dirigido por el filonazi Enrique Osés– y la publicación en el diario católico El Pueblo de los Protocolos de los Sabios de Sión, el más clásico y difundido de los instrumentos de difusión del mito de la conspiración judía mundial. Tal situación se agravaba teniendo en cuenta que pocos meses antes, en febrero de 1932, se había divulgado un manifiesto dirigido a los miembros dela Legión Cívica por su comandante, el teniente coronel Juan B. Molina, en el que se enumeraban los peligros que –a su juicio– amenazaban al país: el socialismo, el comunismo, el anarquismo y el judaísmo. Afirmaba Molina que: “En nuestro país los judíos suman 800.000. Verdadera máquina infernal destinada a establecer con el más grosero materialismo la tiranía del oro en el mundo. Los judíos no se asimilan. Los judíos, en todo momento y en todo lugar son ‘judíos’. Entre nosotros manejan grandes empresas y enormes capitales y tienen sojuzgados muchos valores netamente nacionales”. El manifiesto había sido distribuido cuando el teniente coronel Molina se desempeñaba como secretario de la Presidencia en el régimen del general Uriburu.
Mientras aparecían en las calles de Buenos Aires
carteles en los que la Legión Cívica convocaba al combate contra el comunismo,
los extranjeros y los judíos, el diario Crítica y los órganos del Partido
Socialista y el Partido Socialista Independiente advertían sobre la posibilidad
de un desenlace trágico. Una representación de los judíos de Buenos Aires obtuvo
una audiencia con el ministro del Interior del gobierno del general Justo,
Leopoldo Melo, para plantearle su preocupación ante la insistente amenaza
propalada por los rumores, frente a lo que el ministro se comprometió a
garantizar la seguridad de la población judía. El caso llegó inclusive al ámbito
parlamentario, donde el diputado socialista independiente Manacorda señaló la
gravedad de la situación, mientras que el diputado Ghioldi manifestó la
preocupación del grupo parlamentario socialista por los rumores circulantes. El
día previsto para el acto, la edición de Mundo Israelita daba cuenta de la
preocupación de la comunidad judía ante la posibilidad de que se desataran
persecuciones. Sostenía en su editorial que “elementos tendenciosos,
desembozados algunos y agazapados en las sombras otros, han estado sembrando la
confusión por todos los medios a su alcance, empeñados en derivar la protesta
contra los comunistas hacia una acción punitiva contra los judíos, que serían
sinónimos”. El semanario reproducía las informaciones de la prensa liberal y
socialista, que denunciaban la posibilidad de estallidos de violencia antisemita
tras el acto. Como estrategia de combate contra el prejuicio antijudío, Mundo
Israelita convocó a varias personalidades para que se pronunciaran sobre los
acontecimientos. Quizá precisamente debido a la multiplicidad de denuncias y al
alto nivel político que éstas involucraron, el temido pogrom no tuvo lugar. El
acto anticomunista, al que asistieron entre cinco y seis mil personas, se
desarrolló con normalidad, sin que se viera alterado más que por incidentes
insignificantes. En su edición de la semana posterior (27 de agosto de 1932),
Mundo Israelita continuó publicando en su portada manifestaciones de repudio al
antisemitismo. En esa ocasión se publicó la columna de Jorge Luis Borges que
aquí se reproduce:
“Ciertos desagradecidos católicos –léase personas afiliadas a la Iglesia de
Roma, que es una secta disidente israelita servida por un personal italiano, que
atiende al público los días feriados y domingos – quieren introducir en esta
plaza una tenebrosa doctrina, de confesado origen alemán, rutenio, ruso,
polonés, valaco y moldavo. Basta la sola enunciación de ese rosario lóbrego para
que el alarmado argentino pueda apreciar toda la gravedad del complot. Por
cierto que se trata de un producto más deletéreo y mucho menos gratuito que el
DUMPING. Se trata –soltemos de una vez la palabra obscena– del Antisemitismo.
Quienes recomiendan su empleo suelen culpar a los judíos, a todos, de la
crucifixión de Jesús. Olvidan que su propia fe ha declarado que la cruz operó
nuestra redención. Olvidan que inculpar a los judíos equivale a inculpar a los
vertebrados, o aun a los mamíferos. Olvidan que cuando Jesucristo quiso ser
hombre, prefirió ser judío, y que NO eligió ser francés ni siquiera porteño, ni
vivir en el año 1932 después de Jesucristo para suscribirse por un año a LE
ROSEAU D’OR. Olvidan que Jesús, ciertamente, no fue un judío converso. La
basílica de Luján, para El, hubiera sido tan indescifrable espectáculo como un
calentador a gas o un antisemita... Borrajeo con evidente prisa esta nota. En
ella no quiero omitir, sin embargo, que instigar odios me parece una tristísima
actividad y que hay proyectos edilicios mejores que la delicada reconstrucción,
balazo a balazo, de nuestra Semana de Enero, aunque nos quieran sobornar con la
vista de la enrojecida calle Junín, hecha una sola llama.”
Jorge Luis Borges Mundo Israelita, 27 de agosto de 1932.
* Investigador. Docente. Universidad Nacional de General Sarmiento
Fuente: http://www.fmh.org.ar/revista/22/borges.htm
Instituciones,
grupos e ideología en la Patagonia austral
Por Rosario Güenaga
CONICET
Repetidamente he señalado en diversas ponencias la singular vinculación entre
Santa Cruz y Magallanes desde sus comienzos en el siglo XIX y durante las
primeras décadas del siglo XX. La idea central que ha predominado en ellas ha
sido que los dos territorios conformaron una misma región con vida e intereses
propios, siguiendo una cotidianidad que en cierta forma los vinculaba. Esto no
significaba que fueran desoídas o incumplidas las leyes y disposiciones
nacionales, sino que, sin desobedecerlas, el ritmo interno o los intereses de
los grandes capitalistas locales imprimían características particulares a sus
negocios en las transacciones interterritoriales. Las particularidades de su
tipo de vida, el aislamiento y la defensa de sus intereses convertían a los dos
territorios, pertenecientes a países diferentes y aún en disputa, en una región
propia, con su singular estilo de vida, sus personajes similares, economías
semejantes e ideologías parecidas.
La gran expansión chilena sobre Santa Cruz, en el orden económico y laboral se
produjo en distintos ámbitos de la economía, especialmente en el rural. Estos
grupos que migraban hacia la Argentina se componían en su mayoría de personas
acostumbradas a la crudeza del medio patagónico y a las labores rurales y varios
de ellos eran ya dueños de propiedades en Magallanes, lo que hacía que fueran
propietarios de estancias en ambas partes. Hubo varios capitalistas que
invirtieron en tierras tanto en Chile como en Argentina. Por lo tanto los
intereses fueron iguales en los dos lados, gran parte de sus protagonistas eran
los mismos y la ideología predominante era la del capitalismo rural, con ciertos
toques de estilo feudal en su conducta. Dentro de la mentalidad de la sociedad
propietaria predominaba el concepto de que la posesión de la tierra -y cuando
más extensa mejor- convertía al propietario en un “ennoblecido” burgués, con más
poder que el resto. En Santa Cruz la mayoría de los que se trasladaron para el
usufructo o compra de tierras desde Chile en Argentina eran de origen europeo,
inmigrantes radicados y con propiedades en Chile.
Si hacemos un análisis breve de quienes eran propietarios de tierras en Santa
Cruz nos encontramos con la presencia destacada de extranjeros. En 1914, de 5571
directores de explotaciones ganaderas, 158 (27,6%) eran argentinos y 413
extranjeros (72,32%)
En 1920, los argentinos tuvieron un crecimiento notable en cuanto al número de
población general, llegando a la cantidad de 8445, mientras que los extranjeros
alcanzaban la cifra de 9480, lo que daba un total de 17925 habitantes. La
diferencia entre extranjeros y argentinos era de 1035 con un porcentaje de
argentinos de 47,11% y 52,88 % de extranjeros. De estos porcentajes sólo una
minoría era propietaria latifundista. La gran mayoría de los habitantes
santacruceños constituía la mano de obra rural y urbana. Además, entre los
extranjeros eran los españoles y los chilenos los que predominaban, en ese
orden.
Entre los propietarios extranjeros, la
calificación de inmigrante, en su significado más usado, no siempre se adaptaba
totalmente al sentido generalizado de la palabra, pues en general traían capital
consigo o habían obtenido parte de él en sus negocios en Punta Arenas o con el
oro de Cabo vírgenes. Pero no caigamos en la exageración de creer, con esto, que
el propietario extranjero era desde un comienzo un fuerte capitalista, sino que,
en muchos casos, partiendo de los orígenes más humildes, llegaron al usufructo
de la tierra santacruceña con montos más pequeños de dinero antes adquiridos. Lo
singular era que una vez que se establecían como progresistas hacendados
adquirían una mentalidad muy parecida a la del gran terrateniente. A pesar de
las diferencias existentes entre los variados ganaderos –los más importantes
ejercían el liderazgo del grupo- había una un concepto de clase generalizado y
valores semejantes entre casi todos los estancieros, que se unificaban en el
grupo por ser propietarios, arrendatarios y controladores del capital. Esta
identidad de principios creó una ideología específica, propia del sector
patronal que estrechó aún más las interrelaciones y permitió coordinar sus
acciones locales, apoyados, en el plano nacional, por un grupo ultra
nacionalista que –en un momento- llegó a concordar con ellos.
Esta cuestión se presentó, especifícamele con las huelgas que se realizaron en
Santa Cruz desde 1914, a poco de crearse la Federación Obrera de Río Gallegos y
tuvieron su culminación con las revueltas de 1921-1922. Si bien hubo estancieros
que se mantuvieron neutrales (los menos) la mayoría mantuvo su unidad y
coherencia ante, la unidad que también se presentó, en gran parte, se presentó
entre los obreros. Si bien podía haber diferencias, había una generalizada
unificación en los dos sectores. Se puede partir del concepto de que eran dos
ideologías enfrentadas con particularidades propias y opuestas que convirtieron
a las huelgas de la década del ’20 no sólo en un conflicto gremial, sino en una
lucha social que se puede entender como un choque de clases.
El sector patronal tuvo el apoyo del gobierno territorial y nacional que
conformó un fuerte muro de contención para los huelguistas. Con menos divisiones
que los obreros demostraron más coherencia en sus actos, y el sector estanciero
estuvo representado por diversas instituciones que les dieron representatividad
y legitimidad a sus actos
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Una de ellas era la Sociedad de Comercio, pero la que realmente pesaba era la
Sociedad Rural. Esta institución era la representación del poder de los
ganaderos. La Sociedad había sido creada en mayo de 1909, siendo elegido como su
primer presidente Jorge H. Morrison, importante hacendado de la Sociedad Anónima
Ganadera “Las Vegas”; el resto de los cargos fueron ocupados por hacendados de
condiciones semejantes y muchos de ellos, también extranjeros. Después de un
período de inactividad volvió a organizarse por iniciativa del gobernador del
territorio Germán Vidal. Así la Sociedad Rural reapareció en 1918 con 115
socios, y con Juan Hamilton como presidente, inglés e importante ganadero de
Magallanes y Santa Cruz, vinculado a los capitales de Valparaíso. La Sociedad
Rural reabrió sus puertas con una mayoría casi absoluta de hacendados
extranjeros. En 1921, presidió la Sociedad Ibón Noya, español y uno de los
verdaderos pioneros del grupo; su labor dio más vida y presencia a la
institución, sin que cambie la composición de sus miembros ni su espíritu, y su
labor representó perfectamente a los latifundistas y propietarios argentinos y
extranjeros. A pesar de que estemos señalando a los sectores extranjeros, junto
con algunos argentinos como el grupo que dominaba una institución aglutinante
como la Sociedad Rural y presentemos el hecho de que la mayoría de los
propietarios no eran argentinos, eso no significa que hubiera con los
trabajadores un conflicto de nacionalidades, pues también dentro del grupo
obrero había un importantísimo número de extranjeros. Eran las clases y no las
nacionalidades las que se enfrentaban. Los miembros del grupo capitalista tenían
su mejor expresión en la Sociedad Rural y los obreros en la Federación Obrera de
Río Gallegos.
Si bien la Sociedad Rural no manifestaba públicamente su definición ideológica,
a través de su accionar puede ubicarse de qué lado estaba. La Sociedad Rural
agrupaba la ideología conservadora, en su concepto general, sin que se tengan en
cuenta los partidos políticos, y la Federación Obrera agrupaba a anarquistas y
socialistas. Veamos las palabras de Correa Falcón, claro representante de la
Sociedad (fue su secretario y miembro de la Liga Patriótica Argentina) que
confirman la posición de la entidad rural.
Las sociedades rurales representantes genuinas de los productores, supieron
jugar un papel importante en las asonadas que tuvieron por teatro al territorio
y, especialmente la de Río Gallegos desempeñó un rol muy ponderable en la
defensa de los intereses que representaba. Probablemente no existe otra
asociación de su índole que haya sabido afrontar acontecimientos tan graves con
la serenidad y diligencia que señaló su acción decidida en los momentos más
críticos para la economía rural.[1]
De acuerdo a los datos de 1920 vemos que el 30,56 % de los ocupantes de las
propiedades censadas eran argentinos y que el 69,46 % eran extranjeros. Aunque
hay un leve aumento de los primeros sobre los segundos con respecto a 1914, no
hay cambios sorpresivos. Considerando las nacionalidades de los propietarios, se
mantiene el mismo orden que en 1914: primero los argentinos, segundos los
españoles, terceros los británicos y cuartos los chilenos (no hay que olvidar
que la mayoría de los que declaraban este último origen eran a su vez
extranjeros en Chile, pero, arraigados en la nación vecina, mantuvieron el
nombre del país de adopción) Lo importante era la mentalidad colectiva de estos
grupos que se sentían identificados con sus antecesores.
Junto a la importancia social y económica de la Sociedad Rural figuraba otra
institución, de importancia nacional, que se introdujo en el conflictivo
problema de Santa Cruz y que tenía identificación ideológica definida: La Liga
Patriótica Argentina. La nueva organización había nacido en 1919 y ya en 1920
aparecía una brigada de la misma en el territorio austral.
El ideario político de la Liga [aclaran Barbero y Devoto] expresado en la
declaración de principios de la misma, contiene muchos elementos del tipo
nacionalista-fascista descrito en la introducción. Bajo el lema “patria y
orden”, la LPA se constituía en “guardián de la argentinidad”, para “estimular
el amor a la patria”, “inspirar al pueblo amor por el ejército y la marina”, en
un contexto de marcado chauvinismo y antisemitismo.[2]
El accionar de la Liga Patriótica en Santa Cruz tiene características
particulares. En un territorio poblado por extranjeros y en donde la mayoría de
los terratenientes así lo eran, su principio chauvinista no era coherente. Sin
embargo creada la filial en Gallegos se colocan del lado de los hacendados,
actuando en su defensa. En el fondo, en Santa Cruz, era una cuestión de clases y
no de nacionalidades.
Se
puede observar también en este territorio que la mayor parte de los miembros de
la Liga eran extranjeros, aunque no actuaban en un movimiento de rebelión
social, si no que por el contrario eran hacendados foráneos o hijos de los
mismos. Pero el lugar de nacimiento no era lo más significativo, sino la
mentalidad con que se criaba a los niños, La enseñanza de las primeras letras y
la educación que recibía el hijo del hacendado no argentino estaba dada por
maestros y tutores europeos y más aún, varios, apenas o nada manejaban la lengua
nacional. Muchas veces completaban su educación, siendo adolescentes, en las
tierras de sus padres.
El planteo, en tierras sureñas se presenta en forma distinta a lo que pasó en
Buenos Aires la semana trágica de 1919. En la capital del país, el conflicto
social pareció tener como protagonista visible, además del problema ideológico y
laboral, la lucha entre lo “argentino “ y lo “extranjero que pudiera ser
considerado peligroso”. En Santa Cruz los argumentos nacionalistas parecen
desdibujarse, aunque el lema “lucha contra el soviet”, los ácratas y extranjeros
se mantienen, puesto que, a pesar de las variantes que se presentan, el discurso
es similar (tengamos en cuenta que dentro de los huelguistas había muchos
extranjeros, particularmente españoles y chilenos) Quizás lo que salió a luz en
Santa Cruz sea el verdadero motivo de la diferencia entre los grupos: los
planteos políticos e ideológicos y las diferencias sociales. De hecho, los
miembros de la Liga Patriótica Argentina en Santa Cruz eran también extranjeros
que se oponían a la acción de otros extranjeros, muchas veces de su misma
nacionalidad, por una profunda diferencia social e ideológica dentro de una
grave crisis socio-económica. Las diferencias se veían favorecidas por una
estructura casi cerrada y una economía latifundista. Situación que se convierte
en explosiva al sumarse un problema coyuntural como la crisis en el precio de la
lana.
Cuando comenzaron a agravarse los choques sociales entre hacendados y los
trabajadores apareció la Liga Patriótica Argentina en el territorio. Los hechos
de 1921 que tanto alteraron el orden con el ataque y amenazas a las estancias
provocó la unión de los estancieros y otras personas vinculadas a la estructura
económica de Santa Cruz, “en el mismo fin de proteger las instituciones
amenazadas y realizar luego una campaña de sano nacionalismo que contrarrestase
la propaganda ácrata y disolvente...”[3]
Según la información, el 10 de julio de 1921, había surgido en la capital de
Santa Cruz la Brigada local de la Liga Patriótica Argentina. Su nacimiento se
produjo en una reunión de hombres prestigiosos del territorio realizada en el
Hotel Argentino de Río Gallegos. El trámite de su creación no fue muy extenso.
Tras unas pocas palabras que recordaron la necesidad de unirse para afrontar los
peligros de la acción de la Federación Obrera de Río Gallegos, deciden
constituirse y pedir el reconocimiento de la Junta Central.
Una
vez que esto se concretó, se extendió a todo el territorio, utilizando como base
centros o nucleamientos de otro tipo ya formados y que coincidieran con los
principios de la Liga. Rápidamente se lograron importantes adhesiones, y la
acción de propaganda, realizada por algunos estancieros, comenzó a tener éxito.
Personalmente, en Río Gallegos, he visto en la casa de una importante familia
fundadora inglesa el escudo de la Liga Patriótica Argentina, conservada con
orgullo como herencia de sus antepasados. En muchas estancias se formaron
brigadas que rápidamente comenzaron a organizarse. Antes que en Río Gallegos,
según expresiones del mismo Dr. Manuel Carlés, cabeza de la organización y
entusiasta defensor de la misma; ya en 1920 comenzaron a organizarse las
Brigadas en los puntos más importantes de Santa Cruz y Chubut.
Hace dos años que se constituyeron Brigadas en todos los parajes principales del
Chubut y Santa Cruz, en Río Gallegos, San Julián, Deseado, Comodoro Rivadavia y
Madryn, y estábamos en comunicación continua con ellos para enterarnos de cuanto
pasaba en los agitados territorios del Sur.[4]
En los momentos más críticos de las huelgas, Carlés, presidente de la Junta
Central del Gobierno de la Liga Patriótica Argentina, llegó a Santa Cruz con el
objetivo de enterarse de la situación y tomar contacto con los estancieros. Fue
un viaje exitoso, rápidamente aumentaron las Brigadas en las diferentes
localidades y sub-brigadas en estancias, donde cada estanciero se convertía en
dirigente de su región.
Carlés llegó a Río Gallegos en 1922, registrándose su viaje por corresponsales
de varios diarios capitalinos y siendo recibido con entusiasmo por el Comité de
Recepción que se había formado con particulares y autoridades, como el
Gobernador del Territorio.
Posteriormente sucedió un almuerzo al que asistió la mayor parte del grupo más
representativo y poderoso de Río Gallegos. Al finalizar la comida, el señor
Klappenbach pronunció un discurso en el que se refiere a los sucesos del
territorio y define la intención de los santacruceños al crear la agrupación
sureña.
La brigada local de la Liga Patriótica Argentina nació como una necesidad de
esos momentos, pues era indispensable congregar en una asociación fuerte y de
reconocido prestigio, todo los elementos de orden que habitan en la ciudad y en
la campaña. A ella se acogieron extranjeros y argentinos, sin distinción de
clases ni de sexos y con el concurso de todos [...] Un reflejo del prestigio de
la Liga Patriótica ha llegado hasta nosotros y a ello, más que a nuestro
esfuerzo, se debe el afianzamiento de sus ideales en la Patagonia [...] su lema
Patria y Orden [...] Doctor Carlés: los extranjeros residentes en la Patagonia,
ambicionan seguridad para sus vidas y garantías a objeto de desarrollar
ampliamente sus actividades.[5]
En su viaje al sur argentino, Carlés logró que se crearan doscientas noventa y
ocho Brigadas, que abarcaban las zonas de Ushuaia, Río Grande, Río Gallegos,
Santa Cruz, San Julián, los lagos de la cordillera, Deseado, Comodoro Rivadavia
y Madryn. La élite santacruceña, por lo menos una parte importante de ella,
encontró en la Liga Patriótica Argentina una forma de asociación en defensa de
sus intereses.
La propuesta nacionalista se refería al rechazo de ideas consideradas “extrañas
al país”. Gran parte de sus integrantes habían sido inmigrantes o eran
inversores extranjeros. Algunos seguían sin residir en el país, pero la amenaza
a sus intereses, que representaban los huelguistas, muchos de ellos formados en
el anarquismo y el socialismo, los llevó a integrar una agremiación nacionalista
de derecha. El problema, en este caso, no era ser extranjero sino ser
huelguista.
La coincidencia de vínculos entre los miembros de la Sociedad Rural y de la Liga
Patriótica Argentina no era casual; responde al hecho de que los miembros de
ambas instituciones eran parte de la élite santacruceña; y tampoco por
casualidad sus nombres corresponden al grupo de terratenientes que desde 1885
hasta principios del siglo XX poblaron el territorio como la primera oleada
migratoria. Veamos lo señalado en esta breve, pero, comprobada lista de los
primeros ganaderos y/o descendientes que, aunque no pretende agotar todos los
nombres, permite tener una visión general del grupo. Para ello tengamos en
cuenta el origen de los terratenientes. No incluyo a los ganaderos que
pertenecieron a la Liga, porque no tengo constancia de su relación con la
Sociedad Rural o viceversa:
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Nombre, Origen, Pertenece a la Sociedad Rural,
Pertenece a la Liga Patriótica
Von Heinz, Ernesto, alemán, si, si
Lenzner, Pablo, alemán, si, si
Kark, Augusto, alemán, si, si
Berrando, Américo, argentino, si, si
Correa Falcón, Ed., argentino, si, si
Bitsch, Juan, argentino, si, si
Rudd, Eduardo, argentino, si, si
Jamieson, Alejandro, argentino, si, si
Stipicic, José, croata, si, si
Stipicic, Jerónimo, croata, si, si
Noya, Ibón, español, si, si
Carreras, Luciano, español, si, si
Mac George, George, inglés, si, si
Hamilton, John, inglés, si, si
Cameron, Leslie, inglés, si, si
Halliday, Santiago, inglés, si, si[6]
Analizada la formación de las dos instituciones conviene observar qué relación
existe entre ellas, La vinculación fue muy estrecha y casi todos los miembros de
la Sociedad Rural fueron miembros de la Liga Patriótica Argentina. Si hacemos un
conteo, persona por persona [7], encontramos que dentro de los estancieros
extranjeros había una mayoría comprobable que era miembro de la Liga y comulgaba
con sus principios.
Si nos atenemos a otro dato que confirma la similitud entre la historia de
Magallanes y Santa Cruz, se prueba la unidad existente entre las instituciones,
los grupos y las ideologías. Cabe agregar que en una noticia aparecida en el
periódico La Razón de Punta Arenas, el 7 de diciembre de 1918, figura la
creación de la Organización de la Liga Patriótica de Magallanes. Según la
noticia, se señalaba que ante numerosa concurrencia se había realizado una
reunión el día 3 de ese mes en el club Magallanes para establecer las bases de
la Liga. Otro periódico magallánico, Chile Austral, el 9 de diciembre del mismo
año repite la noticia, agregando que la reunión se realizó bajo el lema de la
Liga, “Patria y Libertad”, frase muy parecida a la usada por su similar
argentina. Ambas organizaciones señalaban que conformaban la organización
importantes estancieros, militares y sectores representativos de la sociedad del
territorio chileno. Su composición no resulta original por los fines que tenían
ambas instituciones y las directas relaciones entre los propietarios argentinos
y chilenos. Frente a ellos se alzaba la Federación Obrera de Magallanes
opositora de la Liga y aliada de la de Santa Cruz.
Como se podrá observar la relación entre las instituciones, los grupos y las
ideologías es estrecha, sobre todo en estos casos, y el estudio de esa
problemática incluye necesariamente al tratamiento de las tres cuestiones.
CITAS
[1] Correa Falcón, Edelmiro, La Patagona Argentina, estudio gráfico y documental
del Territorio Nacional de Santa Cruz, Buenos Aires, Talleres Gráficos Kraft,
1924, p. 76.
[2] Barbero, María Inés y Devoto, Fernando. Los nacionalistas. Buenos Aires,
Centro Editor de América Latina, 1983, p.40.
[3] Correa Falcón, op.cit. p. 96
[4] Diario La Razón, Buenos Aires, 30 de enero de 1922. En “El culto de la
Patagonia. Sucesos de Santa Cruz”, Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina.
1922
[5] Diario La unión, Río Gallegos, 11 de enero de 1922. En “El culto a la
Patagonia. Sucesos de Santa Cruz”. Biblioteca de la Liga Patriótica Argentina.
1922
[6] Datos extraídos de distintas fuentes
[7] Güenaga Rosario, Los extranjeros en la conformación de la élite
santacruceña, Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1994.
Fuente: juanfilloy.bib.unrc.edu.ar
El
primer "pogrom"
El seis de enero de 1919, hace 80 años, comenzó la Semana Trágica. A las huelgas
obreras se les opuso una violencia nunca antes vista que culminó en el primer
desborde antisemita de nuestra historia.
Por Herman Schiller
La "Gran guerra", que luego fue bautizada como Primera Guerra Mundial (1914-18)
para diferenciarla de la "Segunda" (1939-45), paralizó en nuestro país las
inversiones. Las dificultades para exportar e importar provocaron carestía y
pérdida del poder adquisitivo del salario. En ese cuatrienio de la primera
contienda, el salario descendió en la Argentina un 38,2 por ciento, porcentaje
más que elevado para aquel entonces. Obviamente la combatividad obrera creció,
estimulada además por la revolución bolchevique en la lejana Rusia y la ola de
pronunciamientos proletarios que se habían desatado en el resto de Europa,
principalmente las acciones de los espartaquistas en Alemania encabezados por
Rosa Luxemburgo.
En 1917 hubo por estas latitudes 136.000 trabajadores en huelga; al año
siguiente fueron 138.000, pero en 1919 la cifra subió a más de 300.000. El 70
por ciento de los huelguistas pertenecía al sector de los transportes, lo que
también marcó una diferencia con los movimientos de la primera década del siglo,
que en su mayoría se daban en pequeñas empresas.
Pánico burgués
De esos años datan las huelgas de la Federación Obrera Marítima, de los obreros
municipales dena16fo02.jpg (19033 bytes) Buenos Aires y, fundamentalmente, de
los trabajadores ferroviarios. Estos últimos revelaron un particular sentido de
lucha, al punto de incendiar vagones en Retiro y darles algunas palizas a
aquellos funcionarios británicos que se negaban a otorgar los aumentos
salariales y mejorar las condiciones de trabajo. En este clima creció el pánico
de las clases altas: cada sindicato parecía un soviet; cada huelga, el preludio
de la toma del poder por parte de los obreros y cada inmigrante, un
revolucionario en ciernes.
El primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-22), impotente y contradictorio
para alinearse junto al pueblo, mandó a reprimir. Pero la oligarquía, las
grandes empresas y los paquidermos periodísticos desconfiaban de Yrigoyen --que
había alcanzado el poder con gran apoyo popular-- y lo acusaron de favorecer a
los huelguistas indiscriminadamente. Así nació la decisión de los "altos
intereses en peligro" de crear una fuerza parapolicial que reprima por su cuenta
"y con mayor eficiencia que los regulares".
Los grandes diarios y los círculos conservadores habían entrado en una suerte de
pánico, casi de histeria, denunciando la existencia de soviets, aun dentro de la
policía. Y, al estallar una huelga general en los frigoríficos de Berisso y
Avellaneda, casi todos de propiedad norteamericana, salieron los primeros grupos
de "niños bien", montados en automóviles último modelo, a reprimir a los
"subversivos" y a reclutar rápidamente "crumiros" (vocablo que entonces
denominaba a los trabajadores rompehuelgas).
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Los "triunfos" alcanzados por esos jóvenes
--fuertemente impregnados por una combinación de difuso nacionalismo y
catolicismo-- alentó la formación de dos organismos civiles terroristas: "Orden
Social" y "Guardia Blanca", transformados posteriormente en "Liga Patriótica
Argentina" y "Comité Pro Argentinidad" que crearon brigadas armadas con el visto
bueno de la policía y el Ejército y el apoyo financiero de la "Asociación
Nacional del Trabajo", entidad patronal presidida por Joaquín S. Anchorena.
La "Liga Patriótica" --la más importante y conocida de esas organizaciones-- se
"cubrió de gloria", según La Prensa, en numerosos ataques a centros y reuniones
obreras.
Una de esas "proezas" fue el asalto a un local de la FORA (Federación Obrera
Regional Argentina), cerca de Plaza Once, donde resultaron dos muertos, uno de
ellos el chofer Bruno Canovi. También atacó una pacífica demostración en
Gualeguaychú (Entre Ríos), con diversos muertos y heridos como saldo. Por otra
parte asesinó en Rosario a la obrera anarquista Luisa Lallana, y en el puerto de
Buenos Aires fue muerto de manera similar el trabajador Angeles Améndola. Sin
embargo aquella ordalía represiva recién alcanzaría su máxima altitud durante la
"Semana Trágica" --6 al 13 de enero de 1919-- que dejara como saldo unos 700
muertos y más de 4000 heridos.
"Conspiración judeo-maximalista"
Los primeros crímenes, en esa semana de dolor pero también de gran espíritu
proletario y combativo, fueron cometidos por los propios uniformados --al
disparar sobre los huelguistas reunidos frente a la fábrica metalúrgica de Pedro
Vasena e Hijos, en Cochabamba y Rioja, donde hoy se encuentra la plaza Martín
Fierro--, pero, con el desarrollo de los acontecimientos y el miedo burgués a la
"revolución social", el jefe de la Segunda División del Ejército, general Luis
Dellepiane (el mismo que entre 1909 y 1912 había sido jefe de policía,
reemplazando al ejecutado Ramón L. Falcón), no sólo fue llamado a asumir la
responsabilidad ejecutiva de la represión, sino que también dio vía libre a los
"civiles" para que "colaboren". Esos "civiles", que muy poco tiempo después
formarían la "Liga Patriótica" y otras estructuras similares, se habían formado
en el odio al inmigrante, especialmente los judíos, a quienes acusaban de estar
fomentando la "conspiración judeo-maximalista" para "disolver la nacionalidad
argentina".
El antisemitismo estaba muy arraigado en las clases altas de entonces. Algunos
ejemplos: en 1890 apareció en La Nación, en forma de folletín, una furiosa
novela antisemita llamada La bolsa de Julián Martel; en enero de 1888 (apenas
ocho meses antes de morirse), el mismísimo Domingo Faustino Sarmiento publicó
varios artículos antijudíos en El Nacional; el diario La Prensa, en distintas
oportunidades, manifestó su oposición a que los judíos formen comunas agrarias
en Entre Ríos y Santa Fe; y, sobre todo, la "acción" del 15 de mayo de 1910,
diez días antes del Centenario, cuando jóvenes de clase alta, salidos de la muy
exclusiva "Sociedad Sportiva Argentina" bajo la conducción del barón Demarchi,
asaltaron las sedes del Avangard, órgano del "Bund", agrupación obrera
socialista judía, y la denominada "Biblioteca Rusa", para quemar luego sus
libros en Plaza Congreso.
Refiriéndose al fenómeno antisemita de los represores de la "Semana Trágica", el
escritor Juanna16fo04.jpg (18042 bytes) José Sebreli (en el libro La cuestión
judía en la Argentina, publicado en 1968 por la editorial Tiempos Modernos)
esbozó una interesante reflexión para explicar la xenofobia de la oligarquía de
aquélla época: "El mismo odio racial que la burguesía liberal sentía por el
mestizo, al que trató de sustituir por el inmigrante europeo, se volcó después
hacia el propio inmigrante cuando éste se reveló inesperadamente con un dinámico
elemento de agitación social".
El ensañamiento de esos sectores vinculados con el poder contra los trabajadores
judíos durante la "Semana Trágica" produjo en América latina el primer "pogrom"
(vocablo ruso de antigua data que significa matanza de judíos). Muchos lo
consideraron una suerte de venganza por la acción del joven judío Simon
Radowitzky diez años antes, aunque el régimen, ya en ese entonces,
inmediatamente después de producirse la ejecución del coronel Falcón el 14 de
noviembre de 1909, se había cobrado una buena dosis de revancha al encarcelar a
más de 3000 obreros y deportar a Europa a centenares de anarquistas y
socialistas.
"El arte de insubordinar"
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La mayoría de los trabajadores judíos había llegado a estas playas huyendo de
las persecuciones desatadas por el zarismo en Rusia hacia fines del siglo XIX y,
sobre todo, después del fracaso de la revolución de 1905 (la participación judía
en ese pronunciamiento había sido muy elevada y el zar Nicolás II acusó
oficialmente a la numerosa comunidad judía de conspirar para derrocarlo). La
denominación de "rusos" (en lugar de judíos) en nuestro medio, reiterada hasta
el hartazgo en los sainetes, data de ese entonces y se hizo más carne aún cuando
la colonia de agricultores judíos de Moisés Ville, en la provincia de Santa Fe
--los míticos gauchos judíos-- saludó públicamente el triunfo de la revolución
encabezada por Lenín en 1917.
Pero las acciones directas de la "Liga Patriótica" también encontraron una
sustentación teórico-filosófica que partía, principalmente, de los sectores más
reaccionarios de la Iglesia. Monseñor Miguel de Andrea, el mismo que 36 años
después se convertiría en uno de los sostenedores espirituales de la llamada
"Revolución Libertadora", lanzó una campaña explicando que "el peligro nacía del
hecho de que los trabajadores y las masas populares habían dejado de creer en
Dios, en la Iglesia y en el régimen", en tanto que el obispo Bustos de Córdoba
--según consta en La Nación del 25 de noviembre de 1918-- produjo una pastoral
acerca de la "Revolución social que nos amenaza". Bustos denunciaba allí a
quienes "enseñan el arte de insubordinar y rebelar a las masas contra el trono y
el altar para dar por tierra con la civilización cristiana y ceder el puesto a
la anarquía imperante".
Ese mismo día (25-XI-1918) el diario Di Idische Tzaitung alertaba: "Los curas
comenzaron en Corrientes y Junín. Prosiguieron luego sus sermones contra los
socialistas y los judíos, con la ayuda de la policía, por todo Buenos Aires y
los suburbios. El domingo organizaron una conferencia similar en la avenida
Sáenz y Esquiú, rodeado por policías y escoltados por bandidos locales que
estaban armados con bastones de acero. Después del mitin partió una
manifestación. En Caseros y Rioja pronunció el cura Napal un tenebroso y
agresivo discurso".
El régimen había decidido así atacar por la fuerza (a través de los
parapoliciales que secuestraban, robaban, torturaban y mataban) y, también,
tratando de introducir cuñas en el seno del pueblo (a través de una propaganda
que llamaba a los argentinos a desoír a los extranjeros) para contrarrestar las
ideologías revolucionarias. Pero el pueblo, al menos en esos años, rechazó las
provocaciones. Al contrario, en medio de la masacre de la "Semana Trágica", se
reveló un fuerte sentido unitario.
El Comité Ejecutivo del Partido Socialista convocó a una reunión extraordinaria,
declarando quena16fo06.jpg (19217 bytes) "los obreros no callaran los crímenes".
Por su parte las dos centrales obreras --es decir las dos FORA-- instaron a los
trabajadores a proseguir la huelga general por tiempo indeterminado. Los obreros
acataron el llamado, abandonando espontáneamente las fábricas y los talleres
para convertirse --según La Vanguardia de esos días-- "en un mar de olas humanas
que rugió su amargura e indignación".
Mientras tanto la policía, el Ejército y los "civiles" seguían matando.
Los diarios burgueses hablaban de "guerra" y "enfrentamiento" para justificar
los crímenes, pero La Vanguardia (9-I-1919) rechazó el argumento: "No ha habido
tal combate entre los huelguistas y las fuerzas policiales, sino una cobarde y
criminal acechanza tendiente a sofocar la huelga por el terror".
Los radicales apoyaron la represión a través de su vocero representativo, el
diario La Epoca (12-I-1919): "No se trata de un movimiento obrero. Mienten
quienes lo afirman. Mienten quienes pretenden asumir audazmente la
representación de los trabajadores de Buenos Aires (...). Y, aun los
trabajadores que aparecen complicados en los actos tumultuosos del ayer, han
resultado instrumento de los agitadores (...). Se trata de una tentativa absurda
provocada y dirigida por elementos anarquistas ajenos a toda disciplina social y
extraños también a las verdaderas organizaciones de trabajadores, una minoría
contra cuyos excesos basta oponer la firmeza y la cordura de las gentes
partidarias del orden".
Otro tanto aducían los diarios del sistema --sobre todo La Prensa y La Nación--
y hasta el New York Evening Mail, furiosa expresión de la plutocracia
norteamericana de aquellos años, llegó a manifestar su alarma porque "la mano
roja del bolcheviquismo se ha alargado hasta el otro lado del Atlántico,
empuñando (en la Argentina) la tea, la bomba y el cuchillo.
"Mueran los judíos"
El sistema, evidentemente, estaba aterrorizado, y desde sus distintas
expresiones, se elevaban demandas en el sentido de expulsar a los "extranjeros
indeseables", "controlar la inmigración", etc. Varias instituciones proponían
campañas de exaltación del sentimiento nacional para oponerse a "esa runfla
humana sin Dios, Patria ni ley" (según consta en el folleto titulado "Guía del
buen sentido nacional" editado en Buenos Aires en 1920). Esos proyectos se
concretaron finalmente con la creación de la "Liga Patriótica Argentina" que,
oficialmente, decidió erigirse en "institución", dado "el éxito alcanzado en los
días previos para aplastar la conspiración judeo-maximalista".
Bajo la presidencia de Domecq García, se reunieron en el Centro Naval los
representantes del Jockey Club, Círculo de Armas, Club del Progreso, Yacht Club,
Círculo Militar, Damas Patricias, los obispos Piaggio y el ya mencionado De
Andrea y otros distinguidos caballeros. Entre los fines anunciados por la LPA se
destacaban: "Estimular sobre todo el sentimiento de argentinidad"; "cooperar con
las autoridades en el mantenimiento del orden público, evitando la destrucción
de la propiedad privada, comunal y del Estado, contribuyendo a mantener la paz
de los hogares", "inspirar al pueblo amor por el ejército y la marina".
La nueva entidad llenó la ciudad de afiches --un instrumento de propaganda que
aún no estaba muy en boga--, propiciando además la realización de
acontecimientos en distintas plazas con la presencia de civiles armados. Los
gritos comunes eran: "Fuera los extranjeros"; "mueran los maximalistas"; "guerra
al anarquismo"; "mueran los judíos".
Nueva Presencia
En aquellos días fue detenido un joven periodista judío --Pedro Wald-- que
también ejercía el oficio de carpintero. La acusación, tan burda que parecía
tragicómica, fue aceptada durante bastante tiempo por los voceros del régimen:
Wald estaba destinado por los maximalistas a convertirse en el primer presidente
del Soviet argentino. Wald fue salvajemente torturado en la 7ª (ubicada en el
mismo lugar donde está hoy: Lavalle, entre Paso y Pueyrredón), pero se negó a
"confesar". La intensa movilización popular logró que se lo dejara en libertad
y, diez años después, en el libro titulado Koshmar (Pesadilla), relató algunos
episodios de la represión durante la Semana Trágica. Uno de ellos decía:
"Salvajes eran las manifestaciones de los 'niños bien' de la Liga Patriótica,
que marchaban pidiendo la muerte de los maximalistas, los judíos y demás
extranjeros. Refinados, sádicos, torturaban y programaban orgías. Un judío fue
detenido y luego de los primeros golpes comenzó a brotar un chorro de sangre de
su boca. Acto seguido le ordenaron cantar el Himno Nacional y, como no lo sabía
porque recién había llegado al país, lo liquidaron en el acto. No seleccionaban:
pegaban y mataban a todos los barbudos que parecían judíos y encontraban a mano.
Así pescaron un transeúnte: 'Gritá que sos un maximalista'. 'No lo soy' suplicó.
Un minuto después yacía tendido en el suelo en el charco de su propia sangre".
(El 9 de julio de 1977, casi seis décadas después, la hija de Wald --Eva-- y su
esposo, el ingeniero Carlos María Radbil, fundaron conmigo el semanario Nueva
Presencia, para enfrentar a la dictadura militar y proseguir la tradición
progresista y revolucionaria de aquellos inmigrantes judíos. El semanario se
publicó con esa línea contestataria y antifascista durante diez años
consecutivos).
Elpidio González
El 10 de enero de 1919, mientras La Protesta, editada clandestinamente, llamaba
a los trabajadores a armarse para enfrentar los crímenes del sistema, la "Liga
Patriótica" asaltaba los locales de Ecuador 359 y 645, donde funcionaban los
centros de los obreros panaderos y de los obreros peleteros judíos. En la
avenida Pueyrredón fue atacada la Asociación Teatral Judía. Todo lo que había en
los mencionados locales fue arrojado a la calle y quemado. Los transeúntes,
además, eran golpeados, mientras la policía montada, en perfecta formación,
observaba pasivamente. "No sólo se atacaba a los judíos --señaló Wald en el
citado libro-- también se escuchaban (aunque más débiles) exclamaciones contra
los españoles (gallegos y catalanes) y contra los extranjeros en general. Sin
embargo, el odio contra los judíos tenía un carácter especialmente notorio,
global e indiscriminado".
La persecución estaba organizada metódicamente y dirigida por las propias
autoridades. El jefe de Policía, el dirigente radical doctor Elpidio González,
lanzó el 10 de enero un llamado dirigido a las Fuerzas Armadas y a las bandas
civiles. Las saludaba por la "energía y heroísmo" (sic) con que lograron dominar
la situación, "dando una lección" a "los elementos disolventes de la
nacionalidad argentina". Dos días después, el 12 de enero, se publicó un
comunicado de igual tono firmado por el general Dellepiane, donde expresaba su
"profundo agradecimiento" a la "heroica policía y a los bomberos" y a "la
ciudadanía", que colaboraron junto al Ejército para "aplastar el brutal
levantamiento".
Fósforos y alfileres
José Mendelsohn, un joven periodista que venía de las colonias agrarias del
Interior (y a quien conocí en la década del cincuenta cuando este escritor y
pedagogo ejercía la dirección del Seminario para Maestros Hebreos que funcionaba
en el segundo piso de la AMIA, Pasteur 633), testimonió en Di Idische Tzaitung
del 10 de enero el salvajismo de esos días: "Pamplinas son todos los pogroms
europeos al lado de lo que hicieron con ancianos judíos las bandas civiles en la
calle, en las comisarías 7ª y 9ª, y en el Departamento de Policía. Jinetes
arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles de Buenos Aires, les tiraban
de las barbas, de sus grises y encanecidas barbas, y cuando ya no podían correr
al ritmo de los caballos, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines,
mientras los sables y los látigos de los hombres de a caballo caían y golpeaban
intermitentemente sobre sus cuerpos (...) Pegaban y pegaban espaciosamente,
torturaban metódicamente para que no desfallecieran las últimas fuerzas, para
que no se prolongaran sin fin los sufrimientos. Cincuenta hombres, ante el
cansancio de azotar, se alternaban para cada prisionero, en tanto que la
ejecución proseguía de la mañana hasta pasado el mediodía, desde el atardecer
hasta la noche y desde la noche hasta que despuntaba el día. Con fósforos
quemaban las rodillas de los arrestados, mientras atravesaban con alfileres sus
heridas abiertas y sus carnes emblandecidas (...). En la comisaría 7ª, los
soldados, vigilantes y jueces encerraban en los baños a los presos (en su
mayoría judíos) para orinarles en la boca. Los torturadores gritaban: viva la
patria, mueran los maximalistas y todos los extranjeros".
La interna judía
Todos estos hechos agitaron, naturalmente, lo que hoy llamaríamos la "interna
judía". La derecha de la colectividad, representada de algún modo por la
Congregación Israelita (sector religioso conservador de origen alemán) hizo lo
posible para tomar distancia de los socialistas y anarquistas judíos. Con ese
objetivo difundió un comunicado (que firmaron también otras entidades judías "de
beneficencia") para invocar "la protección de Dios, fuente de toda razón y
justicia", el cese de las persecuciones "indiscriminadas" y, fundamentalmente,
"que la Justicia sea inexorable y severa con los malhechores a quienes
repudiamos". Y finalizaba con esta sentencia: "Que los inocentes no sean
perseguidos".
Los judíos "malhechores" y "culpables" no ocultaron su indignación y repudiaron
esta agachada de la derecha judía. Derecha a la que no le sirvió de nada
arrodillarse ante los poderes públicos, ya que el jefe de Policía, en primera
instancia, rechazó el reclamo de la Congregación Israelita, justificó las
atrocidades y respondió que los presos y los muertos "no tenían perdón porque
eran anarquistas y tratantes de blancas".
Los socialistas del "Bund", en cambio, y sobre todo los anarquistas --además de
numerosos intelectuales-- repudiaron esa claudicación.
Un escritor, A. Koriman, que formaba parte del Comité Central de Ayuda a las
Víctimas de la Guerra, rechazó el 17-I-1919 (en el diario Di Presse) la actitud
del judaísmo oficial: "Sostengo que en los trágicos días debíamos haber
publicitado con mucha mayor dignidad y energía nuestros sentimientos y
pensamientos, tal como fue hecho por diversos escritores anónimos y
representantes del movimiento obrero. No hay que arrodillarse ante los bárbaros,
que actuaron en forma tan brutal, asaltando hogares, arrestando a centenares y
centenares de trabajadores, utilizando viles calumnias y maltratando y pegando a
mujeres y niños indefensos. Nuestra protesta debió haber sido clara y precisa.
Se debió haber culpado a la policía como la responsable de las brutalidades
cometidas. Ella apoyó a los falsos patriotas que, con la bandera argentina en
sus manos y entonando el Himno Nacional, marchaban por los barrios pidiendo
nuestra muerte. Todas las salvajes arbitrariedades fueron cometidas por la
policía o apoyadas por ella".
Por su parte los socialistas judíos del "Avangard" también denunciaron a los
judíos claudicantes y reiteraron sus acusaciones contra las fuerzas de
seguridad: "La policía y el Ejército no sólo permitieron el criminal pogrom
contra los judíos, sino que con sus armas ayudaron a perpetrar las salvajes
acciones de la Guardia Blanca. La organización Avangard ve en esto la oscura
política del gobierno radical, que se asemeja a la ya desaparecida política
pogromista del ex gobierno zarista en Rusia, y declara que con mucha energía y
decisión proseguirá con su militancia socialista para el logro de una vida mejor
en la Argentina".
Acalladas la violencia y la represión, algunos representantes de la inteligencia
nacional trataron de aproximarse a la verdad.
José Ingenieros, por ejemplo, autor de Las fuerzas morales,La simulación en la
lucha por la vida, psicología genérica y El hombre mediocre --políticamente
vinculado con el socialismo, aunque en 1897 había colaborado con el periódico
anarquista La Montaña--, alertó (desde la revista Vida nuestra, nº 7, enero de
1919) sobre las bandas reclutadas también entre "los estudiantes y ex alumnos de
los colegios jesuíticos, que son manejados por algunos sacerdotes que hacen
política clerical militante al servicio de las clases conservadoras".
Pero la burguesía no se aquietó y, sin bajar el brazo represor, sus sectores
menos recalcitrantes admitieron que "la única manera de parar la marea social es
haciendo algún esfuerzo para saciar la apetencia de las masas". Así, a
instancias del Episcopado Argentino y bajo el lema "Pro paz social", la Unión
Popular Católica Argentina lanzó la idea de una gran colecta nacional destinada
a proporcionar fondos para "un plan de obras, viviendas, ateneos, servicios
sociales e institutos de enseñanza para la clase obrera".
El animador principal de la campaña fue el propio Miguel de Andrea, aquel que
meses antes había colaborado en la creación de la "Liga Patriótica". Fruto de
esa contribución de las clases pudientes de Buenos Aires fueron, entre otros, el
"Ateneo de la Juventud" y la "Casa de la Empleada". En medio de esta vorágine
oportunista para frenar la revolución social, el periódico anarquista La
Protesta llamó a no dejarse encandilar por los cantos de sirena y a "proseguir
la lucha contra el Estado, la policía, los militares, la burguesía, la religión
y todos los demás factores que oscurecen la libertad del ser humano".
(Fuentes consultadas: Luchas obreras y represiones sangrientas, de Diego Abad de
Santillán; La Semana Trágica, de Hugo del Campo; La Semana Trágica de Nicolás
Babini; La Semana Trágica y los judíos, de Nahum Solomisky; La cuestión judía en
la Argentina, de Juan José Sebreli; Pesadilla, de Pedro Wald; las colecciones de
los diarios La Protesta, La Vanguardia, La Prensa, La Nación, La Epoca, Di
idische Tzaitung y Di Presse; y las revistas Caras y Caretas y Vida Nuestra.)
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/1999/99-01/99-01-03/pag16.htm
Pinie
Wald - una víctima de la Semana Trágica.
Por Moshé Korin
La idea de escribir sobre Pinie Wald surgió por tres motivos principales:
1º) Tanto en la Argentina como fuera del país, quienes investigan la historia de
nuestra comunidad no pueden dejar de mencionar su vida y su obra.
2º) En el mes de enero de 2004 se cumplieron 85 años de “La Semana Trágica”
3º) Debemos combatir el “olvido”, que es moneda corriente en nuestra comunidad.
Me propongo evocar la figura patriarcal del escritor Pinie Wald, tal como lo
conocí personalmente en mi juventud. Pues cada vez que en el colegio secundario
y, más tarde, en la Midrashá (Instituto de Formación Docente), nos encomendaban
algún trabajo, ya fuera sobre los acontecimientos de la “Semana Trágica” (1919),
sobre el movimiento obrero en la Argentina u otros temas afines, recurríamos a
su ayuda.
Y él nos recibía siempre con paternal indulgencia, ante la gran mesa de roble de
la redacción, en aquel viejo local del diario “Di Presse”, de la calle Castelli
esquina Valentín Gómez. Pinie Wald fue pionero de la primera corriente
inmigratoria de obreros judíos a la Argentina, y mis padres, por su parte,
integraron la segunda tanda, la que llegó al país por los años 20.
SUS ORÍGENES.
Pinie Wald había nacido en Tomaschov, Polonia, el 15 de Julio de 1886.
Su destino de proletario judío lo trajo a la Argentina, a raíz del primer
estallido revolucionario de 1905 en la Rusia zarista. Por su militancia en el
movimiento socialista judío “Bund”, debió desarraigarse del viejo hogar cuando
la revolución fracasó y así llegó a nuestro país. Los ideales del “Bund” lo
siguieron acompañando hasta su muerte, a los 80 años de edad.
En la Argentina, en el año 1920, formó un hogar con Rosa Wainstein (falleció en
1978) y tuvieron dos hijas Eva y Flora Margarita y cuatro nietos.
SU LABOR EN LA ARGENTINA.
La generación de Pinie Wald tuvo el empuje requerido para desafiar al desierto.
Cuando se escriba la historia de nuestro “íschuv” (la comunidad
judeo-argentina), lo que ya comienza a hacerse, aunque en forma no sistemática,
el socialista judío militante del “Bund”, Pinie Wald, ocupará un primer puesto
entre los pioneros. Con el idioma ídisch como instrumento, ellos contribuyeron a
diseñar el perfil espiritual de la comunidad, en este nuevo centro geográfico de
la diáspora judía.
Nunca escribió sin fundamento, siempre por un ideal. Ese ideal le fue muy caro y
no lo abandonó a todo lo largo de su vida. Aunque a su alrededor la sociedad
sufría continuas mutaciones y muchos acompasaban su marcha a los nuevos tiempos,
él siguió siempre fiel a sí mismo. Así se explica el cariño, el entrañable
sentimiento de proximidad espiritual, que supo despertar en nosotros, jóvenes
alumnos de los establecimientos secundarios y de los terciarios, luego maestros
noveles. Y ello a pesar de las diferencias ideológicas. Lo que importaba era el
común ideal de la vida judía, y, en este punto, Pinie Wald nunca nos decepcionó:
a lo largo de los 60 años que vivió en la Argentina, fue un proletario judío,
rudo trabajador manual primero, artesano de la palabra escrita después; y en los
primeros tramos de su vida, ambas cosas paralelamente.
LA SEMANA TRÁGICA.
Una vez más quiso el destino que Pinie Wald, el refugiado político de 1906,
luego del fracaso de la revolución Rusa de 1905, salvara su vida milagrosamente
también aquí, víctima de los sucesos de la Semana Trágica, el pogrom antijudío
del año 1919.
En diciembre de 1918 estalló una huelga en los talleres metalúrgicos de Pedro
Vasena e hijos, situado en Nueva Pompeya (ciudad de Buenos Aires, Argentina).
Los obreros reivindicaban mejoras salariales y de condiciones de trabajo. El
7-01- 1919, una emboscada policial terminó con varios obreros muertos. Su
sepelio se convirtió en una gran manifestación, que también fue duramente
reprimida. Las organizaciones sindicales convocaron a una huelga general, se
sucedieron los choques callejeros y las barricadas se extendieron por toda la
ciudad. Grupos nacionalisas parapoliciales atacaron barrios populares, comités
socialistas, locales obreros e, incluso, a inmigrantes – especialmente judíos –
quienes padecieron un “pogrom”. El número de muertos fue cuantioso y al día de
hoy lamentablemente no establecido.
La revolución había triunfado en Rusia en 1917, pero los fascistas lugareños
(Buenos Aires), presas del pánico, también se vengaban atacando a ancianos de
largas barbas y destruyendo los locales y bibliotecas de obreros judíos.
En esos días, los antisemitas exaltados acusaron a Pinie Wald de ser “El
Presidente del Soviet Maximalista (bolchevique), a ambas orillas del Plata”. En
base a dicha calumnia fue arrestado.
Su libro “Koschmar” (Pesadilla), que apareció en 1929, a diez años de la Semana
Trágica, es algo más que la mera descripción de sus vivencias personales.
Podemos considerarlo el prólogo del gran libro de crónicas de nuestra
colectividad, ya que el drama judío en la Argentina se prolonga hasta nuestros
días, con los atentados a la Embajada de Israel y, en julio de 1994, a la Kehilá
de Buenos Aires (AMIA).
El antisemitismo local ha adoptado ya todas las apariencias posibles e
imposibles, desde los uniformes de la “guardia blanca” hasta las “camisas
pardas” de los nazis, precediendo y siguiendo a la gran catástrofe del
Holocausto...
Hoy tenemos en el mundo focos de nazismo y el movimiento islámico del “Jezbolá”,
la monstruosa invención que amenaza la vida judía tras la máscara de una
supuesta lucha contra el “imperealismo sionista”. Por diferente que se nos
antoje la pesadilla de Pinie Wald, en su juventud, de 70 u 80 años atrás, de
nuestros fantasmas actuales, en realidad se trata del viejo antisemitismo que no
cesa. Cambiará su pretendida vestimenta, pero su contenido demoníaco persiste.
NUEVAS OBRAS.
Su libro “Blétlej” , publicado en el mismo año 1929, es una monografía colectiva
de 16 personalidades, en aquella etapa genesíaca de nuestra comunidad.
Escritores, intelectuales, idealistas y soñadores destacados, desfilan como en
un caleidoscopio; hombres y mujeres, trágicas figuras de un ambiente igualmente
dramático, que abandonan el mundo en plena juventud, ya sea bajo el peso de sus
desgracias o por su propia voluntad.
Habrían bastado esas dos primicias, “Blétlej” (Hojas) y “Koschmar” (Pesadilla),
para que Pinie Wald ocupara un lugar de privilegio en la historia literaria y
cultural de nuestro “íschuv” (comunidad); y no habríamos podido referirnos a él,
sino con el mismo sentimiento de cariño y de gratitud en el 38º aniversario de
su partida . Wald falleció el 25-8- 1966).
Pero no fueron ésas sus únicas obras. Pinie Wald siguió creando hasta avanzada
edad en que nos dejó.
En 1959, apareció su libro “In gang fun tzaitn” (“Al paso de los tiempos”),
historia del socialismo en la Argentina que él editó. Y también en 1959, ya
retirado, como periodista, del trabajo cotidiano en “Di Presse”, vio la luz “Oif
histórische vegn” (“Por caminos de la historia”), de casi 400 páginas, con
monografías a partir de Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Esteban Echeverría,
hasta llegar a Nicolás Repetto, Miguel Pólak, Mordje Alpersohn y Enrique
Dickmann.
Este modo de incluir a figuras de la historia argentina y a judíos cuya
trayectoria había sido valiosas para las ideas socialistas que él mismo
sustentaba, era característico del autor, un hombre tan convencido de sus
ideales. Consideraba al socialismo una conquista del mejor ser humano, fuera
éste judío o no judío.
El mismo libro contiene monografías sobre Sarmiento, Alberdi, Urquiza y Juan B.
Justo.
La editorial “Idbuj” publicó, en 1964, la obra de Pinie Wald, “Gueshtaltn fun
ídischn velt-folk” (“Figuras del pueblo judío universal”), con 21 monografías,
también aquí se pone de manifiesto el razgo característico del autor, como
escritor y como persona, ya que figuran en la obra personajes tales como
Vladimir Médem, Hirsch Lékert, así como los fallecidos en Buenos Aires. Itzjok
Blind, Ruye y Sigmund Gyivach. Porque Pinie Wald tenía sus propios parámetros
para medir valores humanos y cualidades que debían quedar registrados para
siempre: los parámetros de un proletario judío, de un trabajador de la cultura.
El libro de Pinie Wald “Arguentine” (“Argentina”), también publicado por “Idbuj”,
en 1966, seria su adiós al mundo. Pinie Wald se encontraba por entonces más allá
de la vida.
Fuente: http://www.delacole.com/cgi-perl/medios/vernota.cgi?medio=comunidades&numero=345¬a=345-1
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