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Sobre Jacques Lacan - Se formó en la medicina y en la psiquiatría pero poco después se convirtió en el más importante exégeta de la herencia que había dejado Sigmund Freud. Lacan reinterpretó y amplió la teoría psicoanalítica desde un enfoque estructuralista. Incorporó además nociones de origen lingüístico y filosófico que lo llevaron a redefinir muchos de los principales términos del léxico psicoanalítico y a formular la tesis por la que se lo identifica, según la cual el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Saussure, Jakobson, Platón, Spinoza, Hegel, Kant, Heidegger, Husserl, Kojeve, Koyré, Lévi Strauss y Althusser, quien además fue su paciente, fueron algunas de las fuentes de las que se nutrió. En su permanente reivindicación del pensamiento de Freud solía decir, con la ironía que lo caracterizaba, que quien quiera ser lacaniano es libre de serlo, pero que él mismo se consideraba freudiano. Slavoj Zizek y Alain Badiou suelen defender sus ideas. Entres sus detractores se encuentran Alan Sokal y Noam Chomsky. Fue un seductor y un mujeriego implacable, estuvo casado con Marie-Louise Blondin, con quien tuvo tres hijos, y con Sylvia Bataille, con quien tuvo a Judith, hoy casada con Jacques-Alain Miller
Escuela Francesa
Resumir
Las características del psiconálisis de la corriente llamada francesa
(continuador de las lecturas de J. Lacan), es quizás una tarea imposible, porque
cierta trasmisión teórica se apoya en la retórica y la experiencia. Además se
trata de una corriente de pensamiento compleja, y la mayoría de las personas,
incluso pertenecientes al campo “psi” no logran captar la lógica de trabajo.
Sigmund Freud, es el fundador del psicoanálisis. Su
clínica acompañó sus investigaciones, y su obra se extendió y desarrolló durante
muchos años. Es indudable que el campo “psi” cambió a partir de sus escritos.
Muchos autores lo han continuado. Pero la obra de Freud es tan basta y polémica
que incluso entre sus seguidores no hay acuerdos. Así, diferentes líneas de
trabajo (incluso opuestas entre sí) afirman entonces que si Freud hubiera
continuado vivo, hubiera llegado a postular lo que esas mismas líneas plantean.
Por otro lado existen diferentes interpretaciones de lo que dijo Freud.
El psicoanálisis rompe con la idea de un individuo que se propone un objetivo y
se prepara para cumplirlo (como otros postulados sostienen). Entonces comienza a
plantear la noción de un “sujeto” como sujetado a una estructura que lo
preexiste. Así la sensación de autonomía de una persona, su mismidad, (el yo
moi), no resulta confiable, sino que autoengaña, en el sentido de realizar
acciones que no coinciden con lo que esa persona quisiera realizar. De esta
manera las personas realizan maniobras tales como no poder estudiar a pesar de
proponérselo, decir algo que no se quería, fracasar al triunfar, olvidos, actos
fallidos, errores, etc. El psicoanálisis se diferencia de otras posturas porque
cree en estos actos fallidos, dan lugar a la expresión inconsciente. Esta
postura contradice otras teorías, porque afirma que un individuo, estudiando sus
problemáticas personales, su padecer, comprendiéndolo, haciéndolo notar,
generando nuevos vínculos, o rompiendo las estimulaciones, no logrará modificar
la situación.
El psicoanálisis postula la noción de representaciones inconscientes. La
corriente llamada inglesa sostiene que un sujeto se propondría conscientemente
una cosa pero inconscientemente otra. Pero el psicoanálisis de la corriente
llamada francesa (partiendo de la lectura de J. Lacan). Rompe con la idea de una
vida inconsciente y otra conciente. Porque no acepta que exista una vida
inconsciente separada, como si se tratara de un psiquismo paralelo. Por el
contrario postula que el inconsciente no está ni se ubica en ningún lado, sino
que este se produce. Por lo tanto, los fallidos no son una expresión de una
cuestión que se cree inconscientemente pero por la represión el sujeto no se
entera (corriente inglesa) sino que es la irrupción de una representación
inconsciente que no estaba en ninguna parte, sino que se produjo en ese momento.
Por lo tanto hipnotizar a un individuo para averiguar los motivos interiores de
su malestar, resulta inconsistente. Aunque uno de los libros escritos por S.
Freud se llamó “la interpretación de los sueños”, los sueños no se interpretan,
sino que lo que cuenta es lo que un sujeto puede decir sobre ellos. Entonces
cobra importancia los dichos de un sujeto, su padecer, y también las irrupciones
del inconsciente.
El psicoanálisis se basa en la idea de estructura, de cómo un sujeto es
determinado por la relación con los demás, de cómo esta relación constituye una
verdadera matriz (fantasma) que marca maneras de comportarse basadas en rasgos
estructurales. De esta manera poco importa un síntoma aislado, ni sirve de nada
proponerse corregirlo de por sí solo, sino que un síntoma es un anudamiento
significante que dice mucho más de lo que aparentemente dice. Por lo tanto los
síntoma no son equivalentes a una estructura, por lo que los manuales de
diagnóstico tales como el DSM-IV y el CIE 10, pierden importancia. Cobra
entonces significación los trazos simbólicos que operan estructuralmente. Es
clave la noción de falo (no confundir con pene), caracterizada por la presencia
de una ausencia, falo como representable simbólicamente aunque no perteneciente
al orden de las representaciones. La noción de falo implica la circularidad y
significación de las funciones que permiten la constitución subjetiva de un
sujeto.
Esta postura traza una línea divisoria entre la psicología, basada en el
aprendizaje, la reeducación, el dominio, el aprendizaje, el acomodamiento, etc.,
y el psicoanálisis preocupado por el deseo del sujeto. Aquí se habla de sujeto,
del deseo, y de un más allá que implica la noción de "goce" como un más allá del
principio de placer.
El yo divide al sujeto. En este sentido Lacan toma una frase de Descartes:
”Pienso luego Soy” y la modifica en: “Soy allí donde no pienso pensar”. En el
sentido que si el sujeto piensa, entonces no es y si es no piensa. Por lo tanto
en el psicoanálisis se evita la especulación consciente, y se habla de modificar
el posicionamiento estructural y fantasmático.
Esquematizando sobre el campo "psi" en general puede decirse que las corrientes
apoyadas en la reflexión conductual, se basan en el esquema de estímulo –
respuesta – estímulo. A partir de allí se explican patologías y se proponen su
resolución desde ese esquema. Así las cosas, si alguna persona no come estará
marcada por la influencia cultural de la estética de la delgadez, si un niño
observa violencia por televisión este hecho contribuirá a una actitud violenta,
y si un caballero eyacula precozmente, será por su habito de hacerlo así. Para
el psicoanálisis este esquema es completamente insuficiente, y lo demuestran día
a día todas aquellas personas que no responden de manera similar ante estímulos
comunes.
De igual manera, otros enfoques no conductuales como la gestalt, o las terapias
focalizadas, también se apoyan en un razonamiento donde hay algo que cambiar con
relación a “comprender” el punto conflictivo, por lo que se toma nuevamente
distancia del psicoanálisis. Al igual que las corrientes basadas en un enfoque
sistémico y social, que postulan la circularidad de esquemas de roles que
enquistan maneras de comportamiento o de organización, pero no dejan de basarse
en el pensar o razonar conciente.
El psicoanálisis sostiene que una cuota de libertad se adquiere al analizar el
posicionamiento subjetivo que posee un sujeto y los significantes que lo
determinan. Significantes organizados en una cadena basada en la diferencia.
Fuente: www.clinicapsi.com
A 25 años de la muerte de Lacan
Por Germán García
Cuando en 1981 moría Jacques Lacan en París, hacía más de dos
décadas que Oscar Masotta había comenzado su difusión en Buenos Aires. Cuando en
1974 Masotta se exilia, la difusión se había convertido en una actividad
organizada, con traducciones y publicaciones de trabajos propios. El terrorismo
de Estado que sofocó el psicoanálisis en el país fue el que también causó su
involuntaria dispersión tanto en Iberoamérica como en España, tanto en Israel
como en Australia.
En 1984, con el retorno de la democracia, se realiza en Buenos Aires el tercer
encuentro del campo freudiano y en esta "segunda fundación" llega lo que
Jacques-Alain Miller llama la orientación lacaniana, que produce la renovación
de la enseñanza de Lacan entre nosotros.
Exotismo
La constelación del Sur, el excelente libro sobre la traducción de Patricia
Willson, describe diversas estrategias de traslación de una lengua a otra. Las
mismas valen para la inmersión de una disciplina en un paisaje cultural
diferente. En el caso del psicoanálisis de Lacan, en consonancia con su propia
estrategia, Oscar Masotta comenzó por marcar lo exótico de esa enseñanza a la
vez que afirmaba que existía un rigor lógico: ahí se encontraba, decía, tanto el
retorno a Sigmund Freud como la conservación, negación y superación de Melanie
Klein. Un estilo epigramático, oracular, que fascinaba a la audiencia.
El segundo paso fue la explicación a los que quedaron, a los que la
transferencia no les ahorraba ningún trabajo. Masotta se vuelve cada vez más
claro.
Aclimatación
Así que el encuentro de 1984, inverso al exotismo, propone la operación de
aclimatación: los que rechazan a Jacques-Alain Miller dicen que simplifica, los
que aceptamos su propuesta elogiamos su claridad.
En verdad, no se trata de una cosa ni de otra. En tanto la enseñanza supone algo
más que el saber porque es también la circulación de un goce, su dimensión
política entra en discusión. "La política no me interesa", repiten voces
candorosas. No importa, eso no le impide existir.
La política de Jacques-Alain Miller extrae las consecuencias institucionales,
epistémicas y clínicas de la enseñanza de Lacan. No es el único que lo hace,
pero es quien extendió esta orientación por diversos países y lenguas mediante
la consolidación de una red que se conoce como Asociación Mundial de
Psicoanálisis (AMP).
Ahora la enseñanza de Lacan está aclimatada, a cualquiera le parece tan clara
que nadie teme enseñarla. Otra cosa es explicarla. Pero no importa, el encanto
del estilo crea audiencias mudas que después de un tiempo irán a repetir el
truco en otro ámbito (esto podría explicar la clonación de pequeños grupos).
Esta simpática proliferación no podría decir mucho del futuro de la enseñanza de
Lacan, pero verifica un aserto de la misma: "las palabras se desplazan sin que
se entienda nada".
Lacan ausente
Hace 25 años que Lacan murió pero la increíble fecundidad de su enseñanza
formada por 26 Seminarios y dos gruesos volúmenes de "escritos", sin contar su
excelente tesis doctoral, es una cantera inagotable de propuestas clínicas
iluminadas por argumentos que movilizan recursos lógicos y retóricos para
ordenar su legendaria erudición. Por otro lado, el movimiento interno de esa
enseñanza que transcurrió durante tres décadas supone una constante
transformación que la topología de sus últimos años pone de manifiesto.
La ausencia de Lacan, al privarnos de "la pantalla de su cuerpo" (para usar su
expresión en Caracas) dejó a cada uno frente a la soledad de esa enseñanza, lo
que conduce más de una vez a un discurso colectivo que vela el deseo de quien lo
enuncia en cada ocasión.
Es por eso que, más allá de la universidad y sus mantras, hace falta que exista
el análisis de cada uno y lo que se transmite de ese análisis. Esta es la
finalidad del pase, ese dispositivo de escuela que posibilita que la
singularidad de cada uno ponga en palabra la posición alcanzada en relación a la
práctica de la que quiere ser responsable. Es por esto que la "Escuela" es la
clave de la política del psicoanálisis y del deseo del analista.
Siglo XXI
Si el siglo XX fue problemático y febril, según Discépolo, el actual quisiera
retroceder frente a esa pasión de lo real (como le llama Alain Badiou) que
arrasó con tantas cosas. Es por eso que ciertos analistas conservadores adoptan
aires progresistas para volver a poner en circulación una serie de ideales
irremediablemente muertos. Pero no basta llamar "utopía" al fracaso para generar
nuevas esperanzas de triunfo, esta vez democráticos.
Si el capitalismo programa sus terapias al paso, que las empresas aceptan como
una forma más sofisticada de selección de personal, el psicoanálisis responde
con una política del síntoma que pone de manifiesto que la promesa de felicidad
está alimentada por un tráfico de goces bastante mortíferos. Que la palabra
trauma y la palabra adicción se hayan generalizado, no debe hacer olvidar que
sólo son apodos respectivos del goce y la repetición que el psicoanálisis
descubrió después de la Primera Guerra Mundial en ese trabajo insuperable de
Sigmund Freud que se llama Más allá del principio del placer.
Las terapias cognitivas-conductuales (TCC) que se proponen resucitar al
conductismo en nombre de unas ciencias cognitivas que no exploran, no estarían
frente al psicoanálisis sin las políticas sanitarias que las promueven. No
estamos frente a una discusión clínica, sino ante la manipulación a gran escala
de los temores y las esperanzas de unos ciudadanos teleorientados por una
trivialidad angustiada que los norteamericanos, con ese gusto por los títulos
catástrofes, bautizaron Panic-Attac (esta vez sin soviéticos ni marcianos).
Esta década
1910. En los festejos del Centenario Germán Greve expuso, en un Congreso de
Medicina realizado en Buenos Aires, la primera versión del psicoanálisis de
Sigmund Freud. Dentro de poco, en el Segundo Centenario de nuestra patria,
celebramos el primer Centenario del psicoanálisis. La fecha sería propicia para
debatir lo que se ha realizado y lo que falta. Por ejemplo, la falta de ese
humor que encontramos en Freud. O la falta de ironía de Lacan que llevó a
Jacques-Alain Miller a una afirmación inquietante que se prefiere pasar por
alto: "Todavía no estamos curados del psicoanálisis, a pesar de la ironía de
Lacan y, sin duda alguna, de lo que era su deseo".
¿El futuro será curarse del psicoanálisis para enfermarse de esas terapias
milagrosas que llegaron a inventar el término "neuroteología"?
Espero que Dios no lo permita. Sepamos que todavía no estamos curados de la
religión
Fuente:
Clarín, 10/09/06
Jacques
Lacan y Witold Gombrowicz
Por Juan Carlos Gómez
A decir verdad Gombrowicz pasó olímpicamente por
alto una personalidad tan multifacética como la de Jacques Lacan, sólo se
refiere a él mezclado en una retahíla de nombres estructuralistas que menciona
en un reportaje apócrifo que se hace a sí mismo.
La inteligencia de Lacan era tan seductora que despertó la admiración de nuestra
Victoria Ocampo en los viajes que hacía a París entre las dos guerras mundiales,
aunque nadie puede asegurar que haya ido más allá de un apasionado flirteo, a
pesar del gusto que tenía esa dama tan elegante por ir a la cama con personajes
destacados.
Gombrowicz vivió en la época más agitada del siglo XX, a la gente se le había
dado por pensar y las ideas deslumbrantes salían de las cabezas a una velocidad
vertiginosa. Gombrowicz era perezoso pero no podía dejarse estar ni quedarse
atrás, más aún estando en Europa, y en esto Dios le dio una mano.
Los franceses empezaron a hacer correr como reguero de pólvora el comentario de
que su idea de la forma se había adelantado treinta años al estructuralismo con
el que tenía un gran parecido.
Europa hervía con esa teoría común a varias ciencias humanas: la lingüística, la
antropología social y la psicología, que concibe cada objeto de estudio como un
todo cuyos miembros se determinan entre sí, tanto en su naturaleza como en sus
funciones, en virtud de leyes generales. Antes de que surgiera la moda del
estructuralismo Marx ya había intentado establecer científicamente las
condiciones de la estructura social que, según su concepción materialista,
estaba determinada por el modo de producción y por las relaciones entre las
clases sociales sobre la que se apoya la superestuctura institucional, jurídica,
moral e ideológica de la sociedad.
Y Freud había elaborado un modelo estructural para el inconsciente reprimido con
su sistema del yo, del ello y del super yo.
Y, también, antes de la moda estructuralista, Saussure diferencia en sus
estudios sobre lingüística a la “lengua” del “habla”, considerando a la lengua
como un sistema de signos independiente del uso que de él hace el individuo,
habiendo sido esta idea la inspiradora del estructuralismo. Durante las décadas
del 40 y el 50, la escena filosófica francesa se caracterizó por el
existencialismo, fundamentalmente a través de Sartre, aparecen también la
fenomenología, el retorno a Hegel y la filosofía de la ciencia. Pero hay algo
que cambia en la década del 60 cuando Sartre se orienta hacia el marxismo y
surge una nueva moda, el estructuralismo. Strauss en la etnología, Lacan en el
psicoanálisis, Altuhusser en el marxismo y Foucault en la epistemología, por
decir algo, aunque él no se reconocía como estructuralista.
Treinta años después de muerto Gombrowicz me puse en campaña para publicar las
cartas que me había escrito desde Europa y me encontré enseguida con la
oposición cerril de la Vaca Sagrada, así que le pedí ayuda a un catalán
refugiado en Francia, amigo de ambos, a ver si podía vencer esa resistencia
implacable, pero no se mostró muy entusiasmado que digamos.
Louis Soler, profesor de la Universidad de París, casado con Colette Soler, una
connotada lacaniana, tradujo, presentó y publicó en Francia la primera nota que
escribí sobre Witold, “Gombrowicz está en nosotros”.
“¿La queremos ayudar, o no? Si la respuesta es sí, será con seriedad y
paciencia, no con ironía, tono conminatorio y un ultimátum cada tres o cuatro
meses. ¿No te parece? (...)”
“Las cartas de Witold con detalles muy interesantes y otros que sólo lo son
porque se trata de un gigante, y a los gigantes le toca comer, dormir y alojarse
igual que a los enanos”
En junio del año 1998 le conté a Soler que “Emecé” me iba a publicar las cartas
y le pedí que no se lo dijera a la Vaca Sagrada. Este fue el principio del fin.
“A ella no le diré nada porque no soy soplón. Pero a ti te diré que Rita hace
tiempo que está al tanto de tus negociaciones con ‘Emecé’ y con otras
editoriales de otros países (lo único que no sabe es la fecha de
publicación).(...) Tu argumento que en la Argentina y en otros países la ley es
diferente que en Francia no vale. En cambio esto sí que es posible: que un
editor decida no respetar las leyes si piensa ganar más dinero con una
publicación que lo que le costará un juicio perdido (lo mismo pasa con los
buques petroleros que echan porquerías al mar: les ponen unas multas, ¿y qué?
Esto no es nada para ellos)”
Para conseguir que desistiera de mi propósito malsano me acercó un argumento
personal y dramático.
“En 1996 quise publicar un poema de amor de Lacan que me había regalado la
destinataria y propietaria del escrito, pero no pude, la familia de Lacan ya
fallecido nos amenazó con un proceso. Cedí, mis medios no me permitían luchar
con los que tenían la ley de su lado, que es lo que hará el agente literario de
Rita contigo, si es que insistes con tu idea, para defender sus derechos”
Le pedí que si podía no le diera un carácter definitivo a lo que me estaba
diciendo y que, si no podía, la forma nos iba a llevar a los dos a la mismísima
mierda. Y nos llevó nomás, un año después, cuando apareció “Cartas a un amigo
argentino”.
Poco antes del final me contó todavía que estaban peleando como leones contra
Jacques-Alain Miller, el mentor del Gnomo Pimentón, a un paso de un nuevo cisma
lacaniano.
Por más que uno mire con los ojos de la ciencia la forma en la que se encadenan
los acontecimientos, el resultado al que llegamos algunas veces nos parece
milagroso, tanto como nos parece milagrosa la aparición de uno de los
protagonistas de “Filimor forrado de niño”, uno de los dos cuentos que
Gombrowicz mete en “Ferdydurke”
“A fines del siglo dieciocho un campesino, nacido en París, tuvo un hijo, y
aquel hijo tuvo un hijo, y ese hijo tuvo a su vez un hijo y luego hubo otro
hijo… y el último hijo, campeón mundial de tenis, jugaba un mach en la cancha
del Racing Club parisiense”
El encadenamiento de los acontecimientos psicoanalíticos en todo lo que
concierne al club de gombrowiczidas se presentó más o menos así. En la segunda
mitad del siglo XX, Jacques Lacan, nacido en París, tuvo un yerno, Jacques-Alain
Miller, y de ambos nacieron unos miembros del club que participan de estas
historias verdaderas, a saber: el Gnomo Pimentón, Louis Soler, Jean-Michel
Vappereau, y más recientemente el Gran Ortiba y Jorge Gómez Alcalá.
Los cismas lacanianos que se producen en las organizaciones tanáticas que
preside el yerno de Lacan son frecuentes, violentas y contagiosas, tanto es así
que en una de las historias verdaderas a la que di en llamar “Los problemas del
diván”, tuve que hacer comentarios sobre uno de sus epígonos más fervientes y
miembro destacado del club de gombrowiczidas.
“El Gnomo Pimentón, uno de nuestros gombrowiczidas más señalados, ha despachado
desde el diván a muchos pacientes con suerte diversa. Director de una
organización de orates a la que dio en llamar “Fundación Descartes”, es un
destripador de psiques que ha enloquecido a una gran cantidad de personas siendo
uno de los casos más notables el de Cara de Ángel (...)”
“La relación amarga que tengo con el Gnomo Pimentón no me dejaba ver con
claridad si mi conflicto era con el diván o con él mismo, pero la aparición
reciente en el club de gombrowiczidas de un psicoanalista de pura cepa tan
encumbrado como él me puso al descubierto que el desencuentro es personal.
En efecto, Jorge Gómez Alcalá me ha dado pruebas sobradas de que mi talante
existencial no es tan ajeno a su profesión de una manera amena y afectuosa que
espero dure, como decía la madre de Napoleón (...)”
“De la observación atenta de las fotos que forman parte de este gombrowiczidas
podemos deducir la fuerza destructiva que emana de las rostros de Miller y del
Gnomo Pimentón y, en cambio, la plácida y esfumada contemplación del mundo que
realiza Jorge Gómez Alcalá”
Una de las particularidades más destacadas del yerno de Lacan, a más de la
violencia, es su versatilidad, una versatilidad que nos recuerda a la de otro
ilustre miembro del club: Revólver a la Orden.
“(...) de las ‘psicosis no desencadenadas’, de los lazos entre Borges y Lacan y
del ‘supuesto saber del presidente electo Fernando de la Rúa: de casi todo habló
Jacques-Alain Miller (...)”
Sea por su versatilidad, sea por su violencia, o sea por lo que fuere la cosa es
que Jorge Gómez Alcalá publicó junto a “Los problemas del diván” un texto en el
que se refiere al Gnomo Pimentón y al yerno de Lacan aunque sin nombrarlos.
“El Club de Grombrowiczidas del que forma parte ‘Goma’, que es como llaman al
autor de la nota, hace referencia a dos connotados psicoanalistas.
Ambos son conocidos por mí y por la relación que he tenido con ellos no me
produce extrañeza el ‘desencuentro’ producido.
No voy aquí a dar más detalles, sólo alegrarme de que Juan Carlos haya
comprendido y sabido distinguir lo que son diferencias ‘personales’ y
‘sectarias’, con lo que supone una disciplina como el psicoanálisis”