Dirección general: Lic. Alberto J. Franzoia





NOTAS EN ESTA SECCION
Fragmento de un reportaje a Blas Manuel Alberti cuyo tema es el socialismo (1971)
Zoncera Nº 1: Civilización y barbarie, por Arturo Jauretche  | 
Enrique Rivera y la Izquierda Nacional argentina
Epílogo montevideano, Arturo Jauretche  | 
Manuel Ugarte. Por Norberto Galasso
Jorge E. Spilimbergo el mejor militante de la Izquierda Nacional, por Néstor Gorojovsky | Profeta nacional., por Ernestp Goldar
Video de Eduardo Galeano en el acto de Asunción de Evo Morales (2006)  | 
Réquiem para un luchador* Por Jorge Abelardo Ramos
Norberto Galasso - Bicentenario  |  Video homenaje a Eva Perón  |  Compañero Spilimbergo, por Roberto Vera

Perón y la lucha por la unidad de la Patria Grande  |  Ultima entrevista a Arturo Jauretche  |  Reflexiones de Jorge Enea Spilimbero (audio)
Entrevista a Norberto Galasso (video)



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Reportaje a Blas Alberti (29 de junio de 1971, canal 7 de Argentina, fragmento sobre el socialismo)

Pregunta: ¿Este Partido Socialista de la Izquierda Nacional es un desprendimiento del Partido Socialista Argentino?

Blas Alberti: Bueno, yo quería aclarar precisamente esa cuestión. Nosotros tenemos que ver con el Socialismo de la Argentina de la misma manera que todas las plantas pertenecen al reino vegetal. Voy a explicar esto. En realidad, nosotros nos asumimos como herederos de la Tercera Internacional fundada por Lenin, en contraposición a lo que Lenin llamó "el pantano de la socialdemocracia europea", porque esa socialdemocracia consideraba que la vía al socialismo tenía que darse a través de la lucha parlamentaria, vale decir, por una vía de colaboración con la burguesía. Esto es el campo internacional. En el campo nacional, nosotros hemos hecho, desde el marxismo, la crítica a toda la izquierda, que hemos considerado bajo el rótulo de "izquierda antinacional", precisamente en lo que hace a la interpretación del peronismo. Es decir, eso es lo que nos divide a nosotros de toda la izquierda en la Argentina.

P: Parece entonces que eso es lo que ha dividido al socialismo siempre, desde el 55 en adelante.

BA: Claro, porque es el peronismo el que hace estallar a la vieja izquierda en la medida en que el peronismo, como frente de clases en donde la clase obrera, de la cual los viejos socialistas y el llamado "partido comunista" se consideraban los herederos, en el año 45, sin embargo, elige hacia la izquierda, es decir, vota por Perón, en tanto los socialistas y "comunistas" que estaban enfrente, se alinean en el bando de la "unión democrática", es decir, en el frente capitaneado por la oligarquía y apoyado por el imperialismo norteamericano en la persona del entonces embajador Braden.

P: Alberti, ¿su partido invalida a todos los sectores de esa izquierda considerándolos como antinacionales?

BA: Eso es. En general a todos los sectores históricos de esa izquierda considerándolos como antinacionales.

P: ¿Cuántos afiliados tiene su partido?

BA: Bueno, eso no interesa, pues la verdad puede ser dicha por una persona o por mil.

P: No, la pregunta interesa como una forma de ubicarnos...

BA: Hemos declarado que tenemos 600 militantes. Esto es distinto al término afiliado o adherente, en cuanto nosotros tenemos una concepción
leninista del partido.

P: ¿Su partido niega entonces validez a todos los sectores de la izquierda, llámense partidos socialista democrático o argentino?

BA: Claro que sí. Consideramos que no es socialista quien afirma que la Argentina tenía que participar del librecambio a nivel internacional, como lo planteó Juan B. Justo. En un reportaje reciente a Federico Pinedo, éste manifiesta una gran coincidencia con el socialismo de Justo, y esto define al socialismo juanbejustista.

Fuente: http://www.izquierdanacional.org/historia/publicaciones/ah010.html


Apuntes autobiográficos*

Por José Carlos Mariátegui

"Aunque soy un escritor muy poco autobiográfico, le daré yo mismo algunos datos sumarios. Nací el 95. A los 14 años entré de alcanza-rejones en periódico. Hasta 1919 trabajé en el diarismo, primero en "La Prensa", luego en "El Tiempo", finalmente en "La Razón". En este último diario patrocinamos la reforma universitaria. Desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo. De fines de 1919 a mediados de 1923 viajé por Europa. Residí más de dos años en Italia. Donde desposé una mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países. Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa época señalan estas estaciones de mi orientación socialista. A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la Federación de Estudiantes, en la Universidad Popular, artículos, etc., expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de la realidad nacional, conforme al método marxista. En 1924 estuve, como ya lo he contado, a punto de perder la vida. Perdí una pierna y me quedé muy delicado. Habría seguramente ya curado del todo con una existencia reposada. Pero ni mi pobreza ni mi inquietud espiritual me lo consienten. No he publicado más libros que el que Ud. conoce. Tengo listos dos y en proyecto otros dos. He aquí mi vida en pocas palabras. No creo que valga la pena hacerla notoria; pero no puedo rehusarle los datos que Ud. me pide. Me olvidaba: soy un autodidacta. Me matriculé una vez en letras en Lima, pero con el solo interés de seguir el curso de latín de un agustino erudito. Y en Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme nunca a perder mi carácter extra-universitario y tal vez, si hasta anti-universitario. En 1925 la Federación de Estudiantes me propuso a la Universidad como catedrático en la materia de mi competencia; pero la mala voluntad del Rector y, seguramente, mi estado de salud, frustraron esta iniciativa."

De la carta de fecha 10 de enero de 1927, enviada por José Carlos Mariátegui al escritor Enrique Espinoza (Samuel Glusberg), director de la revista La Vida Literaria, editada en Buenos Aires. Se publicó la carta en su número del mes de mayo de 1930, en homenaje al recién fallecido Mariátegui.

*Escrito: 10 de enero de 1927.
Primera edición: En La Vida Literaria, mayo de 1930, Buenos Aires - Argentina.
Fuente: Seminario Internacional Sobre la Vida y Obra de José Carlos Mariátegui, Guayaquil - Ecuador, 1971.
Preparado para el Internet: Por Juan R. Fajardo, para el MIA, mayo de 2000.

Fuente: http://www.marxists.org/espanol/mariateg/1927/ene/10.htm


Zoncera Nº 1: "Civilización y barbarie"*

Por Arturo Jauretche

Antes de ocuparme de la cría de las zonceras corresponde tratar de una que las ha generado a todas -hijas, nietas, bisnietas y tataranietas-. (Los padres son distintos y de distinta época -y hay también partenogénesis-, pero madre hay una sola y ella es la que determina la filiación).

Esta zoncera madre es Civilización y barbarie. Su padre fue Domingo Faustino Sarmiento, que la trae en las primeras páginas de Facundo, pero ya tenía vigencia antes del bautismo en que la reconoció como suya. En Los profetas del odio y la yapa digo de la misma: "La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América".
"La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar -si Nación y realidad son inseparables-."

Veremos de inmediato, en la zoncera que sigue - el mal que aqueja a la Argentina es la extensión- cómo para esa mentalidad el espacio geográfico era un obstáculo, y luego, que era también obstáculo el hombre que lo ocupaba -español, criollo, mestizo o indígena- y de ahí la autodenigración, y cómo fueron paridas y para qué convertidas en dogmas de la civilización.

Carlos P. Mastrorilli en un artículo publicado en la revista "Jauja" (noviembre, 1967) analiza dos aspectos esenciales de la mentalidad que se apoya en esa zoncera: "En la íntima contextura de esa mentalidad hay un cierto mesianismo al revés y una irrefrenable vocación por la ideología. Por el mesianismo invertido, la mentalidad colonial cree que todo lo autóctono es negativo y todo lo ajeno positivo. Por el ideologismo porque prefiere manejar la abstracción conceptual y no la concreta realidad circunstanciada".

El mesianismo impone civilizar. La ideología determina el cómo, el modo de la civilización. Ambos coinciden en excluir toda solución surgida de la naturaleza de las cosas, y buscan entonces, la necesaria sustitución del espacio, del hombre y de sus propios elementos de cultura. Es decir "rehuir la concreta realidad circunstanciada” para atenerse a la abstracción conceptual. Su idea no es realizar un país sino fabricarlo, conforme a planos y planes, y son éstos los que se tienen en cuenta y no el país al que sustituyen y derogan, porque como es, es obstáculo.

* * *
Que la oligarquía haya creído un éxito definitivo de la zoncera Civilización y barbarie, lo que llamó "el progreso" de la última mitad del siglo XIX y los años iniciales del presente, ha sido congruente con sus intereses económicos. Alienada al desarrollo dependiente del país, su prosperidad momentánea le hizo confundir su propia prosperidad con el destino nacional.

Había por lo menos una constatación histórica que parecía justificar el mesianismo y la ideología liberal de la oligarquía. El problema se le plantea a ésta ahora, cuando el cambio de condiciones internas y especialmente externas, por el aumento de población y su nivel de vida, y la situación en el mercado mundial de la economía de intercambio comercial fundada en el precio, por la economía mercantil, se destruyen las bases de la estructura primaria de intercambio de materias primas por materias manufacturadas, pues así como hay imperios que pierden sus colonias, hay colonias que pierden su imperio, cuando dejan de serles necesarias a éste.

Ahora, como ya no puede confundir su éxito propio y momentáneo con el destino de la gran Nación que parecía aparejado a su prosperidad colonial, piensa en achicar la población, como sus antecesores pensaron en achicar el espacio en la buscada disgregación del Virreynato del Río de la Plata.

Mesianismo e ideología ya no encuentran, como pareció antes, su identificación con el destino del país. La oligarquía se vuelve anti-mesiánica desde que rechaza concretamente la grandeza al propiciar el achicamiento del pueblo, y su ideología no puede proponer otras soluciones que las de la conservación cada vez más desmejorada de la estructura existente: de este modo se convierte en freno y eso es lo que se confiesa de hecho por sus tecnócratas que sólo proponen seguir tirando desde que el destino del país colonia está cubierto definitivamente.

Así, pierde el papel promotor que se había asignado mientras se creyó constructora -y esa fue su fuerza- para hacerse conservadora en un país que no debe dar un paso más adelante. Ya lo he dicho también: los progresistas de ayer se vuelven anti-progresistas desde que todo su progreso sólo puede realizarse contra la ideología que identifica el destino nacional con sus intereses de grupo.

* * *
Pero sí esta congruencia circunstancial en el interés de grupo permite comprender el descastamiento de las llamadas "elites", impedidas de una visión de distancia por su circunstancial prosperidad que obstó a la comprensión del país en un largo destino -todo destino nacional es largo-, no vale para los ideólogos que aparentan desde una postura popular un mesianismo
revolucionario. De titulados democráticos a marxistas, la explicación ya no tiene la congruencia que en la oligarquía y pasa a ser mesianismo e ideología sin una pizca de contenido material. Se
trata, como dice Mastrorilli, de una "abstracción conceptual en que no gravita la concreta realidad circunstanciada". Aquí aparece desnuda, desprovista de toda constatación pragmática, la zoncera Civilización y barbarie, según sigue gravitando en la "intelligentzia".

Por la profesión de esta zoncera el ideólogo, extranjero o nativo, se siente civilizador frente a la barbarie. Lo propio del país, su realidad, está excluida de su visión. Viene a civilizar con su doctrina, lo mismo que la Ilustración, los iluministas y los liberales del siglo XIX; así su ideología es simplemente un instrumento civilizador más. No parte del hecho y las circunstancias locales que excluye por bárbaras, y excluyéndolos, excluye la realidad. No hay ni la más remota idea de creación sobre esa realidad y en función de la misma. Como los liberales, y más que los liberales que -ya se ha dicho- eran congruentes en cierta manera, aquí se trata simplemente de hacer una transferencia, y repiten lo de Varela: -"Si el sombrero existe, sólo se trata de adecuar la cabeza al sombrero". Que éste ande o no, es cosa de la cabeza, no del sombrero, y como la realidad es para él la barbarie, la desestima. De ninguna manera intenta adecuar la ideología a ésta; es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a sí misma, porque es barbarie.

Así la oligarquía y su oposición democrática o marxista disienten en cuanto a la ideología a aplicar pero coinciden totalmente en cuanto al mesianismo: civilizar. Si la realidad se opone a la aplicación de la ideología según se transfiere, la inadecuada no es la ideología de transferencia sino la realidad, por bárbara. Los fines son distintos y opuestos en cuanto a la ideología en sí, pero igualmente ideológicos.

Si en las ideas abstractas son opuestos, la zoncera Civilización y barbarie los unifica en cuanto son la civilización. De donde resulta que los que están más lejos ideológicamente son los que están más cerca entre sí -en cuanto teólogos- como ocurre cada vez que la realidad enfrenta a todos los civilizadores. Entonces se unifican contra la barbarie, que es como llaman al mundo concreto donde quieren aplicar las ideologías.

Esto se hace evidente en los momentos conflictuales en que el país real aparece en el escenario social o político. El mismo Mastrorilli en el artículo referido dice: "Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar la vieja estirpe criolla y rellenar el gran espacio vacío con sajones. Esta monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo acorraló, se lo condenó a una existencia inferior. Sin embargo los aportes de sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses -relictos de las invasiones o colonos traídos de la fabulosa imaginación rivadaviana- se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos, también. Y a espaldas del régimen colonial se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo hispánico como principio organizador de la convivencia."

"El régimen fracasó sociológicamente. A partir de 1914 aprendió a contar con una masa popular desconfiada y adversa. En suma: el régimen quiso cambiar al pueblo y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian como barbarie". Eso pasó, como dice el autor, desde 1914. Culminó "el 17 de Octubre, en la más grande operación de política de masas que vio el país; la muchedumbre estaba compuesta por cabecitas negras -restos del criollaje proscripto- pero también por hijos de gringos, polacos y maronitas lanzados contra el régimen con violencia inusitada".

¿Por qué la parte de la "intelligentzia", democrática o marxista, no pudo entender un hecho tan evidente en ninguna de las dos oportunidades. La oligarquía trató de invalidarlo porque sus intereses concretos coincidían con los criterios de Civilización y barbarie, pero en otro caso la explicación sólo es posible a puro vigor de zoncera: incapaz de salir del esquema y partiendo del mismo supuesto histórico de que las masas en el pasado habían expresado sólo la barbarie frente a la civilización, vio en su nueva presencia una simple recidiva. De ahí lo de "aluvión zoológico” y "libros y alpargatas", que son zonceritas biznietas de Civilización y barbarie y cuyo sentido permanente supera la insignificancia de los que las enunciaron, pues revelan el modo de sentir de la "intelligentzia" in totum, incapaz de pensar fuera de la ideología, es decir de lo conceptual ajeno y opuesto a los hechos propios.

Así, la zoncera de Civilización y barbarie se apoya en dos patas y anda, pero cojeando, porque una es más larga que la otra, que es como una pata auxiliar a la que se recurre cuando el régimen está en peligro. Una ideología apuntala a otra ideología, por más que su signo sea inverso en teoría, porque tienen en común el supuesto mesiánico que cada uno quiere realizar a su manera, pero ambas partiendo de la negación de lo propio. Conviven entre gruñidos y se tiran mordiscones, pero siempre entre civilizados que se defienden en común de los bárbaros, es decir del país real. La recíproca tolerancia nace de la unidad civilización y se practica de continuo en la común devoción por todas las zonceras nacidas del vientre de la zoncera madre.

No preguntéis entonces por qué comparten la misma historia que se niegan a revisar desde que revisar importa dejar sin base la zoncera generatriz. Destruir ésta implica sustituir una mentalidad hecha partiendo de ella y excluir el mesianismo y la ideología como fundamento de un pensamiento argentino para dar su oportunidad al buen sentido. Ahí, en Civilización y barbarie, la zoncera madre, está el punto de confluencia de las ideologías, es decir, de la negación de toda posibilidad para el país nacida del país mismo. Es como si dijéramos la "Unidad Democrática" tácita de que surgen todas las otras.

En Geopolítica de la cuenca del Plata (A Peña Lillo editor, Bs. As., 1973), Alberto Methol Ferré analiza la ahistoricidad del pensamiento uruguayo. En ninguna parte como allí -recordemos otra zoncera: "como el Uruguay no hay"-, se "tuvo una conciencia política eminentemente abstracta". La falsificación de la historia, allá como aquí, se completó con la concepción estratosférica del país en cuanto se excluyeron las causales internacionales de los hechos propios o inversamente se excluyeron los hechos propios de las causales internacionales.

Así, dice: "Nos enseñaban una historia de puertas cerradas, desgranada en anécdotas y biografías, o de bases filosóficas ingenuas, y nos mostraron la abstracción de un país casi totalmente creado por pura causalidad interna. A esta tesis tan estrecha, se le contrapuso su antítesis, seguramente tan perniciosa. Y esta es la pretensión de subsumir y disolver el Uruguay en pura causalidad externa, en una historia puramente mundial a secas. Una historia tan de puertas abiertas que no deja casa donde entrar...". "A la verdad, esta última actitud no escribe historia uruguaya, que le aburre, y prefiere vagabundear y solazarse en la contemplación a veces minuciosa de la historia mundial. Nos escindíamos en pueblerinos o
ciudadanos del mundo...". Así, de una historia isla, pasábamos a la evaporación, a las sombras chinescas de una historia océano, donde la historia se juega en cualquier lado menos aquí y aquí lo de cualquier lado. "Esta actividad lujosa -la historia océano-, si hoy canaliza disponibles jóvenes iracundos, ayer permitía a nuestra diplomacia pagarse de las palabras proyectándose para dictar cátedra mundial sobre los derechos humanos y arbitrajes". Son dos formas del escapismo.

"Interioridad pura o exterioridad pura, dos falacias que confraternizan...". "... ¿quiérese mayor lujo que extrapolarse en la historia de los otros?...". "Era una manera de renunciar a hacer historia"... "Por otra parte, ese idealismo externo en su versión de izquierda dimitirá frente a nuestra historia de puertas cerradas, conservadora. Incapaz de criticarla, porque no le interesaba vitalmente, terminaba en los hechos por aceptarla en bloque. No puede darse incorformismo más conformista". .. ". Así la esterilidad del marxismo uruguayo para decir nada sobre el país, salvo el caso reciente de Trías. Así, el idealismo jurídico romántico, de derecha o de izquierda, son los modos uruguayos de suplir la ausencia de una política internacional real. El rasgo común de nativistas y oceánicos es que el Uruguay no era problema."

Crucemos de nuevo el río. ¿No estamos en presencia de una situación parecida? Si la falsificación de la historia oficial, presentando la Argentina como un conflicto entre la civilización y la barbarie, ha desestimado el conflicto entre lo nacional y lo extranjero desde que el objeto de la historia no es la Nación sino la civilización, la izquierda, como tampoco tiene en cuenta lo nacional como causalidad histórica, produce el mismo conformismo que en el Uruguay con la historia oficial. Esta vez para que la historia del futuro dependa exclusivamente de la causalidad externa, generando un escapismo que tiene las misma raíces anti-nacionales que, naturalmente, rehuye la
construcción propia para trasladarla al escenario de la civilización. Por donde vienen a ubicarse, como sus cofrades de la otra banda, en un balcón sobre el mundo que es donde se opera la historia idealizada.

Pero un balcón no es una puerta por donde entra y sale lo propio y lo ajeno, sino un puesto de observación donde se espera que fuera se resuelva lo que hay que resolver adentro, cosa que le conviene a los que ya adentro lo tienen resuelto. De aquí la coincidencia cuando el país real intenta sus propias soluciones y a su manera.

En tren de clasificación, la zoncera de Civilización y barbarie es una zoncera intrínseca, porque no nace del falseamiento de hechos históricos ni ha sido creada como un medio aunque después resultase el medio por excelencia, ni se apoya en hechos falsos. Es totalmente conceptual, una abstracción antihistórica, curiosamente creada por gente que se creía historicista, como síntesis de otras abstracciones.

Plantear el dilema de los opuestos Civilización y barbarie e identificar a Europa con la primera y a América con la segunda, lleva implícita y necesariamente a la necesidad de negar América para afirmar Europa, pues una y otra son términos opuestos: cuanto más Europa más civilización; cuanto más América más barbarie; de donde resulta que progresar no es evolucionar desde la propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para sustituirla.

Para el que ha leído Los profetas del odio y la yapa al hablar de esta zoncera no hago más que resumir conceptos allí expresados, pero es necesario reiterarlos en este libro por lo que se ha dicho de la maternidad de todas las zonceras. La aceptación de ésta hace posible la vialidad de las otras, cosa que se irá viendo a medida que se trate cada una.

*Del libro "Manual de Zonceras Argentinas” de Arturo Jauretche, editorial Corregidor.

Fuente: http://mundo-perverso.blogspot.com/2007/10/zoncera-n-1-civilizacin-y-barbarie.html


Enrique Rivera: Se prepara una biografía

Enrique Rivera y la Izquierda Nacional argentina*

El 31 de agosto de 1955 una columna del Partido Socialista de la Revolución Nacional marcha a la Plaza de mayo en apoyo a Perón, repudiando la contrarrevolución oligárquica que se había puesto en marcha. El hecho es rescatado por el hijo de un protagonista y a la vez lúcido exponente del pensamiento nacional y revolucionario.

Por Pablo Rivera

Cuando se reconstruya la historia de la Izquierda Nacional, potente corriente de pensamiento revolucionario que planteó por primera vez, desde un punto de vista autónomo, los problemas del patriotismo, el socialismo y la revolución en los países semicoloniales como la Argentina y América Latina, no podrá omitirse la participación protagónica en su conformación de Enrique Rivera (1922-1995).
Discípulo y camarada de Aurelio Narvaja y de todo un núcleo de militantes obreros e intelectuales, Rivera desde los años 40 y en coincidencia con la irrupción de las masas del 17 de octubre, volcó en innumerables artículos, libros y conferencias, y en su acción política una lúcida visión del peronismo, una concepción novedosa del revisionismo histórico y contribuyó a desarrollar la tesis de la unidad nacional de América Latina en tiempos en que esto sonaba a disparatada << utopía>>. Formó parte del equipo político que editaba Frente Obrero y la revista Octubre en los calientes días de 1945 y 46, junto a Jorge Abelardo Ramos, Carlos Etkin, Alfredo Terzaga, Carlos Díaz, Ernesto Ceballos, entre otros, publicaciones desde las cuales se defendió desde sus orígenes al movimiento acaudillado por el joven coronel.
Fue también Rivera impulsor de una experiencia política tan poco conocida como insuficientemente valorada: la creación del Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN) en 1953 con el objeto de sostener, desde una plataforma independiente y revolucionaria, las grandes realizaciones del peronismo en el poder.
Escribió José Hernández y la guerra del Paraguay, León Trotsky y la Revolución Nacional Latinoamericana, La Reforma Universitaria, Peronismo y frondizismo entre otros libros, además de innumerables artículos y folletos. Hoy en los marcos de una nueva situación histórica mundial que cambió en gran medida el temario de la discusión en el campo popular y obrero, esos textos de Rivera conservan una lozanía sorprendente y tienen mucho que decirnos. En próximas entregas de Cauce Latinoamericano seleccionaremos tramos representativos de su obra.

Pablo Rivera es hijo de Enrique, reside en Montreal y tiene en preparación un libro sobre la vida de su padre, al que puso por título Historia de un naufragio. Adelantamos a nuestros lectores un fragmento de la Introducción, en la que se puede apreciar una emotiva remembranza de quien fuera una notable figura intelectual y política, al mismo tiempo que se rescata un episodio ignorado de nuestras luchas sociales y nacionales: la presencia en la multitudinaria concentración popular del 31 de agosto de 1955, en Plaza de Mayo, de una columna del Partido Socialista de la Revolución Nacional codo a codo con las masas peronistas, salvando el honor del socialismo y al mismo tiempo proponiendo una perspectiva nueva al gobierno popular en crisis, acosado por el imperialismo y la conspiración oligárquica.

(Nos recibieron con aplausos y ovaciones)
(Los libros quemados..., pensé angustiado al salir de la librería. Llevaba en el bolso dos escritos de Trotsky: Historia de la Revolución Rusa y La revolución traicionada, comprados en la calle St. Dénis, en Montreal. Esa debe ser la causa de mi angustia, aquel momento que jamás podré olvidar: papá quemando sus libros en el jardín de la casa de Nuñez, - si viene alguien m'hijo y ve esto, le decís que hicimos un asado. Tenía entonces seis años pero bien que me avivé y no pregunté nada. Era en 1976 en Buenos Aires. Pero papá llevaba el conocimiento consigo, era historia viva, y yo fui viviendo con esa historia que poco a poco él me la haría conocer a través de los años. Había sido uno de los fundadores de la Izquierda Nacional que apoyó a Perón a diferencia de la otra izquierda, cipaya, socialista o staliniana que no entendía al movimiento nacional, - el 31 de agosto del 55, después del fallido intento de golpe de junio, todos fueron a Plaza de Mayo a pedirle armas a Perón para defender su gobierno, los obreros pensaban que todos los socialistas se oponían a Perón y se llevaron una gran sorpresa, nos recibieron con aplausos y ovaciones al vernos llegar y quien creés que iba adelante de todos, alzando la bandera socialista del PSRN ? Ehh? Tu viejo! Sus ojos brillaban y una sonrisa le iluminaba el rostro pero no me miraba a mí, veía a ese pasado que yo trataba de imaginar. Fue en el año 93; dos años después fallecería, probablemente llevándose con él muchos otros recuerdos. Llegué a casa y coloqué los libros en algún rincón medio escondido de la biblioteca, quizás - inconscientemente- buscando así proteger lo único que me quedaba de mi padre: las ideas. Me senté con un cuaderno al lado de la ventana, estaba lloviendo sobre Montreal, pero sin dejarme vencer por la tristeza, me puse a escribir)).

*Publicado por primera vez en la Revista Cauce Latinoamericano, invierno de 1997.
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/rivera/webdoc3.htm


Epílogo montevideano*

Por Arturo Jauretche [1957]

Gusto sentarme, a la caída de la tarde, en el murallón de la Costanera, en la ciudad vieja de Montevideo. Hay un lugar que prefiero, a doscientos metros de donde vivo, y es la saliente que hace el antiguo asiento del Templo Inglés.
Los barcos que van y vienen de ultramar pasan al largo, los que vienen de Buenos Aires se perfilan al tomar la boya que tengo delante, a menos de una milla, río adentro.
Pienso entonces que este Montevideo es el puerto natural de la Confederación del Plata. El puerto natural de Bolivia y Paraguay, de Argentina y Uruguay. Si las cosas hubieran sido de otro modo y existiese la Confederación, éste habría sido el puerto de intercambio con ultramar y probablemente Montevideo, la gran ciudad comercial e industrial del Plata y el territorio Oriental, su granja abastecedora. Buenos Aires, con un puerto que hemos tenido que cavar en el barro, y al que debemos defender, día por día del mismo barro, sería la Capital de la Provincia de Buenos Aires, o tal vez de la Nación, pero no la única gran ciudad del Plata. Una ciudad importante entre muchas, en las imaginaciones de ese posibilismo veo este País, con sus maravillosas playas y su equilibrado paisaje, elaborando gran parte de las materias primas de la cuenca platense, y al mismo tiempo sitio del ocio y del recreo, sin competencia posible. Esta gran ciudad del sur, a la que la naturaleza había fijado un destino de primera, tendida bajo la farola del Cerro.
Ella es además el contacto marítimo directo con la Patagonia, con la Antártida, con las Malvinas y con el Estrecho, que afluyen naturalmente a su seno. Cuando analizo nuestras economías distorsionadas por una estructura política artificial y los grandes ríos y el mar esterilizados para su función, me duele nuestro destino marítimo frustrado, cuando el Plata dejó de ser el río interior de nuestra Confederación. Al perder ese carácter se cerraron las posibilidades de gran cabotaje, que era su consecuencia lógica y hubiera sido nuestro medio de transporte establecido por la naturaleza. Al perder la unidad, perdimos el destino marinero, pues del cabotaje se pasa directamente a la marina de ultramar, por la que afortunadamente se hizo mucho en estos últimos años, como parte del proceso liberador, entre las sonrisas escépticas de la "intelligentzia", que quiso ridiculizar el esfuerzo, hablando de los "gauchos al timón". Seríamos hoy potencia en materia de marina mercante, y nuestra marina de guerra, potenciada sobre la misma base, sería Señora del Atlántico Sud. Señora de alianza buscada en razón de potencia, y no ofrecida en razón de debilidad.
Pero esto que imagino yo ahora, sobre el antiguo asiento del Templo Inglés, lo pensó con clara visión Canning, hace un siglo y cuarto, entre las brumas londinenses. Sus instrucciones a Ponsomby, cumpliendo con la política de balcanización del Río de la Plata y las finalidades económicas que siguen rigiendo, y que dieron por resultado la separación de la Banda Oriental de sus hermanas, atendieron expresamente, como está documentado, a impedir que el Río de la Plata fuera un río interior. Es inconveniente, decía, que una sola Nación posea las dos orillas del río, pues tendría gravitación decisiva en el Atlántico Sud.
Es un poco triste saltar de estas meditaciones a la política del mar que tenemos por delante y a la concepción de nuestro destino que parece regirla, es decir, como simple instrumento de intereses remotos. Y es curioso que quienes más se afanen por servir esos planes sean aquellos a quienes la política de Canning frustró un destino de grandezas ganado por nuestros ejércitos en los campos de Ituzaingó.
El posibilismo y la imaginación suelen ser deprimentes cuando se contrasta el sueño con la realidad. No es así en este caso. Porque nos reconforta todo lo que se ha podido salvar y todo lo que se ha hecho a pesar de una "intelligentzia" rectora que trabajó en contra del destino común y que hasta ha presentado nuestras derrotas como victorias. Pues hubo otra inteligencia, esa sí argentina, que desmedrada y todo, salvó lo esencial. Fue ese oscuro instinto de los caudillos federales, la clara visión de un patrón de estancia, que aplicó al gobierno las normas del sentido común, no dejándose confundir por las añagazas de la "intelligentzia". El país ha vencido, a pesar de todo, y lo ha salvado, permanentemente, el sentido realista de nuestros humildes y sus intérpretes. Pero, lo que fue intención es ahora inteligencia. Ahora los argentinos "saben" y tienen conciencia de su destino y cómo realizarlo.
Creo, sin embargo, que no está demás la labor que he intentado: poner al desnudo las finalidades de la llamada "intelligentzia".

* Arturo Jauretche, Los profetas del odio y la yapa, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1997

Fuente: www.elhistoriador.com.ar


Manuel Ugarte*

Por Norberto Galasso

En el Archivo General de la Nación (Buenos Aires-Argentina) existen más de 25 biblioratos con documentación que pertenecen al archivo privado de un Sr. llamado Manuel Baldomero Ugarte nacido en Bs. As. el 27 de febrero de 1875 y fallecido en Niza, junto al Mediterráneo, el 2 de diciembre de 1951.
Supóngase que ahora empezamos a revisar esas carpetas. Vea, aquí tiene documentación de 1900, cartas afectuosas que le envían Rubén Darío, Amado Nervo, José enrique Rodó, José Santos Chocano y otros escritores latinoamericanos, los más prestigiosos de aquel momento.
En otra carpeta se ha separado la correspondencia proveniente de España. Fíjese los firmantes Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Pio Baroja. En este bibliorato se archivaron cartas de amigos argentinos: José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas Alfredo Palacios. Es decir este desconocido Ugarte se carteaba con los intelectuales más importantes de su país de América y de España e incluso alguno de ellos prologaron sus primeros libros como Miguel de Unamuno, Rubén Darío y Pío Baroja.
¿Quiere ahora que sigamos revisando? Observemos esta caja de recortes periodísticos correspondientes a los años1910, 1911 y 1912. Le advierto que se va a asombrar; fotos y notas periodísticas de las principales ciudades de América Latina anuncian con enormes titulares, las conferencias y actos públicos de Ugarte con la concurrencia de miles de personasen Méjico, Panamá, La Habana, El Salvador, Santo Domingo, Managua, Caracas, Bogotá, Quito, Santiago de Chile, Asunción, Montevideo, Buenos Aires actos multitudinarios, a veces prohibidos por los gobiernos por temor a la reacción popular, reclamos de entidades populares ante las gestiones de la Embajada Yanqui para impedir sus conferencias, una gira dedos años que conmovió a la patria grande latinoamericana.
Manuel Ugarte [1875-1951]Vea, ahora: 1918, fundación de la Federación Universitaria Argentina (FUA). En el acto hablan delegados estudiantiles ¿Quiénes el orador de fondo? Manuel Ugarte.
Veamos estas carpetas, relativas a la década de 1920, aquí hay cartas de los principales dirigentes de la Revolución Mejicana, agradeciendo el apoyo que les otorga Ugarte. Otras provienen de dirigentes del APRA peruano, cuando aquel movimiento mantenía todavía en alto sus banderas de liberación y entre ellas, varias de su líder, Víctor Raúl Haya de La Torre, quien juzga a Ugarte como precursor del APRA. Asimismo José Carlos Mariátegui lo considera como una de las más prestigiosas figuras de América latina.
Observe ahora y conmuévase: esta firma cuya rúbrica es un verdadero latigazo pertenece a Augusto César Sandino, el jefe de la guerrilla nicaragüense alzado en armas contra los marines yanquis, Sandino le agradece a Ugarte la defensa de su causa en artículos y conferencias dados en diversas capitales del mundo. En la misma carpeta nos encontramos con un ejemplar de la revista Monde, editada en París, bajo la dirección de Henri Barbusse. Fíjese quienes integran el comité de redacción: Máximo Gorki, Miguel de Unamuno, Alberto Einstein, Upton Sinclair y Manuel Ugarte. No creo que necesitemos revisar las carpetas que restan.
Abandonamos el Archivo General de la Nación. Lo que Ud. ha visto es suficiente para que con perplejidad me pregunte: Entonces ¿por qué es un desconocido en Argentina?Le contesto, no sólo es un desconocido. A él, que escribió más de treinta libros, le negaron una cátedra de Literatura en Buenos Aires, justamente a él que había firmado el Libro de Oro Mundial de la Pazen 1929 junto a Bernard Shaw, Roman Rolland, los esposos Curie, Maeterling y otras figuras, las más prestigiosas de la intelectualidad mundial. También le negaron el Premio Nacional de Literatura para el cual lo propuso Gabriela Mistral. Su nombre desapareció de los periódicos y las antologías. El Partido Socialista lo expulsó en dos oportunidades de sus filas.
Cuando en 1916 fundó un diario "La Patria" con recursos personales, debió cerrarlo antes de los noventa días de su aparición por el boicot que le hacía la derecha por juzgarlo socialista y los socialistas por considerar lo nacional.
Por todo esto se exiló en 1918 y regresó recién a la Argentina 17 años después. Nuevamente volvieron a hostigarlo y en 1937 volvió a abandonar el país.
Regresó recién en 1946 y si bien el gobierno presidido por Perón le reconoció méritos designándolo embajador, la burocracia boicoteó su tarea y debió renunciar poco después. ¿Por qué entonces?,quizás reitere Ud. su pregunta. Por ahora le resumiré las causas y quizás en otra oportunidad podamos analizar cada una de ellas con detenimiento.
La primera: Ugarte denunció al imperialismo yanqui desde1901, por sus tropelías en América Central, hasta su muerte en 1951 por la guerra de Corea.
La segunda: Ugarte fue un socialista convencido, pero se negaba a copiar tácticas e ideas europeas "El socialismo debe ser nacional" dijo en 1911.
La tercera: Ugarte sostenía que debíamos incorporarla cultura mundial, pero elaborar nuestra propia cultura nacional, sin exotismos ni europeísmos.
La cuarta: Ugarte predicó desde 1900 hasta su muerte, la unidad latinoamericana.
Una vez siendo joven, Ugarte que era proclive a los romances, quiso deslumbrar a una muchacha y le dijo, "Yo voy a luchar toda mi vida contra los Estados Unidos, por la unidad de América latina y por el socialismo". Ella no entendía mucho. Sólo se le ocurrió responder: Me parece mucha carga para andar por la vida y efectivamente tuvo razón, demasiada carga para andar por la vida. Lo sentenciaron al silencio, lo convirtieron en "Maldito". Una vez Ugarte comentó: "En otras partes se fusila, es más noble".

*De Los malditos, de Norberto Galasso, 2005

Fuente: www.discepolo.org.ar


Jorge E. Spilimbergo el mejor militante de la Izquierda Nacional *

Por Néstor Gorojovsky

JORGE ENEA SPILIMBERGO (1928-2004)

En octubre de 1945 era un estudiante "progresista", vecino de la Plaza de Mayo; el "17" pasó, literalmente, ante sus ojos...
"¿Y qué es lo que veía yo? La barbarie, los gauchos degolladores de El Matadero. No veía lo que había (trabajadores argentinos que defendían sus derechos), me habían impuesto lo que tenía que ver ¡Éso es la colonización pedagógica: que a uno no solo le digan lo que tiene que pensar sino también lo que tiene que ver!".
Viraba entonces sin derrapes hacia la epistemología: esa idea jauretcheana -decía-superaba a Gramsci, porque postula que la hegemonía se ejerce antes de las ideas; en el propio "acto perceptivo preanalítico", sintetizaba. Y tras ese paso por la teoría, volvía a lo cotidiano.
De la construcción mental de la experiencia práctica a su análisis teórico, y de allí el retorno a la vida práctica. La anécdota condensa, creo, la trayectoria política general de Jorge Enea Spilimbergo.

Un marxista se encuentra con lo nacional

En 1945 militaba en el Partido Comunista, donde el estalinismo corría cuadreras con el antiperonismo y la ignorancia de la cuestión nacional. Lo repudió en pocos años, harto de su burocratismo alienado del pueblo y la Nación.
Convencido de que el imperialismo no podría resolver ninguno de los problemas de la humanidad, se preguntaba desde dónde luchar por el socialismo. A los 20 años conoció a Jorge Abelardo Ramos (de 27), quien por entonces estaba publicando Octubre, una revista que se reivindicaba parte de la IV Internacional. Dimensión nacional americana, conducción obrera, frente nacional: ésos eran los tres conceptos esenciales con que -con un alto nivel teórico-Octubre se proponía librar ese combate en América Latina. Ése era su lugar.

Izquierda Nacional y peronismo

Ni Ramos ni Spilimbergo creían que se pudiera ser consecuentemente marxista, socialista y peronista. Partidarios de la tesis de la revolución permanente , consideraban que la organización socialista independiente (aunque sea de un pequeño NÚCLEO de propaganda) era una necesidad inmediata: la situación semicolonial combinaba las supuestas "etapas" de desarrollo de una formación social, y por ende la organización del ala socialista del movimiento nacional tenía no ya el derecho sino el deber de existir.

Después de la contrarrevolución de setiembre, no dejarían de colaborar con la Resistencia y sus dirigentes, pero concentraron su actividad en la batalla ideológica. Había que remontar la derrota y forjar una herramienta que permitiera asegurar una futura y definitiva victoria.

La gran batalla de ideas y la construcción del PSIN

Ramos se dedicó a las grandes obras históricas, en un vasto trabajo de interpretación política y cultural. Incorporó una tensión marxista, latinoamericana, democrática y plebeya al revisionismo de origen nacionalista y rosista ; Spilimbergo realizó la crítica de las grandes corrientes políticas, con miras a la inserción de la Izquierda Nacional en las camadas juveniles de la clase media. De allí surgieron Nacionalismo oligárquico y nacionalismo revolucionario, El socialismo en la Argentina, y la Historia crítica del radicalismo. Trabajos teóricos dictados por la necesidad de combate, fueron ampliándose en sucesivas ediciones.

Para dar a fondo la batalla conceptual contra los marxistas antinacionales, preparó La cuestión nacional en Marx, donde demostró que la Izquierda Nacional no sólo no era un apéndice aberrante del nacionalismo burgués sino la continuidad de la línea trazada por los fundadores del marxismo. En 1964 redactó, resumiendo con su inconfundible sello un profundo debate interno, Clase Obrera y Poder, las tesis del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN) que habían fundado, con Ramos, en 1962.

Spilimbergo fue el gran constructor práctico de ese partido. A la búsqueda de la mediación táctica concreta que permitiera llenar de contenido humano las ideas de la IN, planteó que, a medida que el programa oligárquico del 55 se desplegara, la pequeño burguesía se nacionalizaría. Se podría así sumarla masivamente al frente nacional.
Sobre esa base comenzó la construcción de un partido de jóvenes cuadros al que dedicó todas sus energías, sin dejar nunca de ser un periodista laburante.

La alianza plebeya, las movilizaciones del 69 y el FIP

Las FF.AA. habían dado un golpe en 1966. Después de tres años de torvo silencio, grandes movilizaciones de clases medias y trabajadores abrieron un ciclo revolucionario. Los cuadros del nuevo partido, codo a codo con los obreros y jóvenes peronistas, estaban siempre en la primera línea de las calles ardientes.

Ante la salida electoral, el PSIN lanzó el Frente de Izquierda Popular para aglutinar electoralmente a los diversos sectores que, desde dentro y fuera del peronismo, apuntaban a una superación socializante de la crisis argentina. La propuesta no cuajó. La inmensa mayoría de los convocados permaneció dentro del PJ. Al momento de las elecciones, el FIP quedó reducido al PSIN y su periferia.
Pero había construido una estructura electoral en todo el país, y en algunos lugares (no por casualidad uno de ellos era el barrio de la Boca, donde vivía Spilimbergo), había logrado inserción en la clase trabajadora y en los sectores populares.

Derrota, soledad y tenacidad

El peronismo fue quedando prisionero de sus contradicciones irresueltas, y el país entero (también el FIP) ingresaba a un largo cono de sombra y miedo que se extendería prácticamente desde la muerte de Perón (julio del 74) hasta diciembre de 2001.
El PSIN y el FIP habían expresado desde siempre una dura oposición al terrorismo individual; quizás esto permitió sostener la organización a salvo de lo peor de la monstruosa degollina lanzada por Videla, Martínez de Hoz y similares. Pero la derrota brutal iniciada el 24 de marzo afectó a la conducción misma del PSIN, que para esos tiempos se estaba fundiendo con el FIP.

La fe de Ramos en la capacidad revolucionaria del pueblo argentino comenzó a vacilar. Tras una serie de maniobras sorprendentemente inmorales, liquidó al PSIN y dejó a Spilimbergo prácticamente solo en su defensa de las banderas fundacionales de la Izquierda Nacional, que de pronto Ramos entendía "anticuadas". De hecho, había concluido que la alianza entre clases medias y trabajadores era una utopía impracticable. Spilimbergo, en cambio, afirmaba que había que mantener lo que se había conseguido y prepararse para un futuro que ya llegaría.

Emprendió una larga batalla solitaria, de un cuarto de siglo. Ramos fue evolucionando inexorablemente hacia lo que sería su claudicación final ante Menem; Spilimbergo exploró uno por uno todos los resquicios para atacar -sin arriar una sola bandera nacional-a la dictadura, primero, y a los políticos de la democracia entreguista después.
Tras largos lustros de silencio, finalmente, el pueblo argentino se las arregló para derrocar la dictadura neoliberal en diciembre de 2001. Justo a tiempo para sumarse a la construcción de la unidad latinoamericana, encabezada ahora por Venezuela. Y en esa Plaza de Mayo, como treinta años atrás en el Cordobazo, otra vez estaban los cuadros formados por Spilimbergo.

Un fin y un nuevo principio

Roberto Ferrero escribía en el invierno del 2000: "Las próximas décadas serán el terreno en el que las potencias del capitalismo metropolitano tratarán de apoderarse del alma de las naciones para mantenerlas aherrojadas. Pero sin duda encontrarán adversarios que resistirán el despliegue de sus tentaciones. 'Y resistir ya es vencer'" . Nadie lo demostró mejor que Jorge Enea Spilimbergo.
El 4 de setiembre se marchó físicamente, pero como dijera Pedro Godoy, "Spilimbergo no se marcha. Marcha." Su legado teórico y su ejemplo práctico ya forman parte del patrimonio global de los argentinos. Su defensa acérrima de la patria y los humildes, por lo demás, tiene fuertes aliados. Solía decir, con un guiño: "Confíen en Anita Krüger: nos va a dar grandes satisfacciones".

Fuente: www.pensamientonacional.com.ar


Profeta nacional

Por Ernesto Goldar

Sin duda hoy resulta fácil pensar el problema nacional. Una experiencia política de diez años de Gobierno popular, la resistencia durante diecisiete, la nueva sociedad en ascenso que ha cercado al viejo país débilmente reconstituido a partir del '55, y la ofensiva estratégica de las fuerzas nacionales dispuestas de una vez por todas a terminar con la enajenación, sustancian un panorama rico para que la investigación teórica no naufrague en macaneos de capilla y verifique cotidianamente en la práctica del país real sus determinaciones ideológicas. El tema de lo nacional está al día, porque la liberación requiere (también) de la práctica de los libros. La orfandad intelectual ha dejado de ser mito, cuando cientos de militantes de la cultura se están incorporando al proceso auscultado y cierto de la subversión de la dependencia.

No siempre fue así. La irrealidad dictaminaba el desencuentro abismal del escritor con el país cuando Raúl Scalabrini Ortiz se reunía con sus compañeros en el sótano de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) y comenzaba a pensar lo que vendría. Son los años de la "década infame" cuando la mentira enseñoreaba su complicidad con los ideales financieros del imperio. Los "nacionales" hablaban para ser escuchados por pocos. Escribían en periódicos mensuales que se traspapelaban bajo el peso proscriptivo de la intelligentzia que usufructuaba el pensamiento de la factoría. Eran un puñado de raros, caracterizados de "nazis" por los epígonos del internacionalismo abstracto. Se los erradicaba porque cometían el pecado de hablar del país. Han pasado treinta años y las cosas han cambiado.

Profeta nacional

La base de concientización -el arranque inicial de la denuncia- otorga a Scalabrini Ortiz el mérito del derecho de empezar la enorme tarea demistificadora del coloniaje describiendo la alienación del hombre argentino, denostando la postración económica y urgiendo, proféticamente, por la nueva definición política que brotaría del pueblo sublevado en los días de octubre. Su propuesta final apunta a la unidad latinoamericana, requisito categórico para ser nación y resistir la violencia neocolonial.

Poeta -nunca dejó de serlo-, abandona los ripios por los números. La rima que el país incierto necesita es la rigurosidad de la estadística, el canto de las cifras que develen ese muestreo de vergüenza que en "Historia de los ferrocarriles argentinos" explícita. Es en la economía -y no tan sólo en las arquetípicas deformaciones superestructurales- donde debe indagarse el drama americano. Periodista, investigador histórico, su prédica continuará hasta su muerte en 1959. Antes, en momentos definitivos, consideraría cumplido su destino. "Éramos brizna de multitud y el alma de todos nos redimía. La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente", escribe en El Laborista. Se refiere al 17 de octubre de 1945: esa misma noche Scalabrini y sus compañeros resuelven disolver FORJA. La misión intelectual parecía terminada y se avecinaba el tiempo de los hechos.

El hombre de Corrientes y Esmeralda

No faltan comentadores apresurados que le señalan desniveles (también se lo acusa de "reaccionario") a su primer ensayo, El Hombre que está solo y espira, oponiéndolo de alguna manera a sus múltiples trabajos posteriores. Si El Hombre... implica el comienzo de una fractura con el pensamiento cosmopolita, una lectura significativa de la obra demostrará que todos los ingredientes básicos de la formación de la conciencia nacional aparecen enunciados en este libro editado por Gleizer en 1931, para alcanzar varias ediciones en poco tiempo. La gran receptividad en el público no es casual cuando se identifica con una metodología que enfrenta la "realidad" versus "teorización vacía".

"Este libro compendia los sentimientos que he soñado y proferido durante muchos años en las redacciones, cafés y calles de Buenos Aires", confesará al final, suscribiendo un método de conocimiento donde la experiencia sensible nutre al observador que se "transforma en conejito de indias y experimentador, simultáneamente". La invención de nuevos patrones para medir el contorno impedirán, así, la seducción ideológica ante los objetos ideales fijados, requiriendo de la práctica crítica como modelo de análisis. Entonces la apariencia externa de los hechos debe ser desechada y la opción por un "buceo en el ambiente", para sentir, pensar y actuar, sobreviene como recurso. "Con virgen encantamiento de niño, me abandonaré a la contemplación del mundo'", escribe, y conecta su inmersión en la realidad sin dejarse llevar por preconceptos convencionales. La obra se articula en una triple dimensión: a) trasmite lo que piensa Scalabrini Ortiz, b) describe lo que siente el Hombre de Corrientes y Esmeralda, c) expone lo que el Hombre -suelto, desprendido del escritor- dicta, corrige y enseña al autor para salvarlo de las imprecisiones y orientarlo hacia el "espíritu de la tierra". La descripción de lo concreto y sustantivo es, pues, el rasgo epistemológico del ensayo, que asalta la realidad porteña -ese resumen tipificado de medianía metropolitana- como expresión límite de una doble postergación.

La rutina del hombre

En primer lugar, el Hombre de Corrientes y Esmeralda está embrutecido por la falsa conciencia. "Se busca afanosamente a sí mismo", es evasivo y desencantado, porque su fatalismo no es otro que la dura condición del hombre-mercancía cercado por fuerzas materiales e invisibles que no puede controlar.

"Es la suya una vida que se va cuesta abajo, resbalando despacito, leve, sin sacudones, una vida que se le escurre entre los días y los años, una vida enaceitada que se aja sin constancias, sin tragedias, entre días monótonos, grises, que se disuelven atónitos los unos a los otros". Es la rutina del hombre fragmentado, donde las cosas que produce y no domina se han transformado en ídolos ajenos. El Hombre experimenta al mundo capitalista de manera pasiva, como un receptor inanimado, como sujeto sin vida. Por ello es misántropo, hosco, opaco y los otros "le son indiferentes". La soledad -la espuria consecuencia del violento sistema competitivo- conduce a la perversión de todos los valores. Entonces el Hombre se repliega a fabricar sueños. Las ilusiones subliman la tristeza, y pasa de café en café a charlar con los pocos amigos que le quedan: porque ni mujer tiene. El del '30 es un hombre "amachacado" dice Scalabrini: la Civilización ha impuesto junto al trabajo enajenado la desexualización de su cuerpo. "La mujer es elemento de voluptuosidad, y hay una zona del hombre que es impermeable a ella.''(.. .) "La ternura aterra al Hombre de Corrientes y Esmeralda. Quizá ve en ella un desestimiento repudiable de la virilidad." Transformado en objeto, el amor no existe como reciprocidad. El ejercicio de los sentidos espirituales no puede surgir a través de la naturaleza deshumanizada, pues sólo en el uso de todos los sentidos el hombre se afirma. Separado materialmente, ajeno respecto de las cosas y de los otros, el amor es una quimera en el hombre segregado. El trabajo es una maldición: "Advierte que hay más muerte que vida en la vida de relación, y que el orden social ha pospuesto al hombre, lo ha sacrificado, no a una necesidad actual, sino a un principio, a una vaciedad". Aborrece al trabajo, "aborrece la obligación de ocuparse de cosas extrañas, porque le escamotean el tiempo para ocuparse de si mismo". La desidia lo derriba y no ambiciona tampoco la riqueza ("el adineramiento, esa fantasmagoría corroída"), pues sabe que "tener" es lo opuesto a "ser" y que en la sociedad fetichizada todo lo que se quita de vida se devuelve en dinero: cuanto más rico, cada vez más pobre.

Hacia la liberación

Pero toda alienación es provisoria. El Hombre comienza a "destruir espejismos" y asciende (en el curso de la obra) un proceso de rebeldía creciente. De la opresión inicial, Scalabrini lo ve erguirse en los capítulos finales hacia un empaque que dice "no" al ritual de las esencias. ("Dos y dos pueden no ser cuatro...", "El que en caso de apuro no asalta un banco es un otario".) Quiere autorrealizarse, pararse en dos patas, racionalizar la irracionalidad que lo circunda y salvarse uniéndose al clamor colectivo que lo excita. En principio, resiste: se burla de los "engrupidos"; "sobra" a la cultura europea: "siente" en vez de pensar, para no ceder al mundo de los valores concluidos; "intuye" para sobrevivir; se "sonríe" ante los pseudointelectuales desdeñosos: "palpita''. Luego concientiza: "La Tradición, el Progreso, la Humanidad, la Familia, la Honra, ya son pamplinas que en el sentimiento, del hombre porteño no sirven ni para gallardetes de clubes náuticos"; el famoso "no te metas" no es el apoliticismo que han usufructuado los divulgadores descreídos, sino la negación de un estado-político (la dictadura de Uriburu) que le es ajeno, con el que no se identifica: "No te metas es un asunto que no es tuyo y es privilegio del estado. No te metas a apagar ese principio de incendio. No te metas a delatar ese contrabando. No te metas a cuidar de la vida de los bañistas que se adentran en el río. No te metas en las cosas que el estado debe cuidar. No te metas en las pertenencias con que señorea la nación; en el resguardo de las personas y los bienes, en el mantenimiento del orden y de la moral, en la seguridad externa y en la policía interna." El capital extranjero puede producir la "norteamericanización" de la juventud argentina, advierte en 1931, y concluyendo el ensayo apunta al soporte estructural de todo el andamiaje de incurias que hundieron en la desesperanza al argentino. Dicen que la propiedad (privada) es inviolable: "El Hombre se encabrita. ¿Cómo? ¿Qué inmunidades cubren la propiedad? ¿Quién las concedió? ¿No es su vida, la propiedad esencial del hombre, entonces?" Las grandes (y falsas) divisas ya no lo morigeran. El "Espíritu de la tierra", como llama Scalabrini Ortiz a la nación en devenir, a la conciencia para si que está despertando para liberarlo de la soledad, será forzosamente el derrotero de las muchedumbres que quince años más tarde encontrarán la conducción política propicia para consolidar en el poder a la conciencia nacional.

Un iniciador

Raúl Scalabrini Ortiz pensaba escribir una novela sobre Buenos Aires, pero produjo un ensayo. Empero una forma prenovelesca recorre El Hombre que está solo y espera. Es la peripecia de un héroe que transita por las calles de la ciudad, que ama buscando el destino que lo integrará a sus compatriotas. Es cierto: está solo, espera, pero no se queda quieto.

El pensamiento de Scalabrini continúa la mejor herencia del existencialismo espiritualista occidental. Su preocupación por el Hombre, similar a Spinoza, Goethe, Hegel y Marx, lo ubican no solamente como iniciador del pensamiento nacional argentino, sino también como profundo crítico de la sociedad burguesa. Al denunciar la sociedad colonizada desmenuzó, por consiguiente, a la base contradictoria que la posibilita, y su metodología materialista, sus propuestas políticas e ideológicas inscriben un precedente óptimo del nuevo humanismo argentino y latinoamericano que el pueblo está forjando, del socialismo que se acerca.

Fuente: http://ar.geocities.com/raulscalabriniortiz/com05.htm
 


Eduardo Galeano en el acto de Asunción de Evo Morales (2006)

 


Réquiem para un luchador*

Por Jorge Abelardo Ramos

El 25 de mayo de 1974 moría Arturo Jauretche.

Acaba de morir uno de sus héroes que, como Hernández, luchó con las armas en el campo y luego escribió el romance de la batalla. El propio Arturo Jauretche, en su poema "El paso de los Libres", que prologó Jorge Luis Borges en 1933 y yo mismo en 1960, alude a su paisano Julián Barrientos, quién relata la jornada revolucionaria porque "anduvo en ella".

La “patriada” consistía en una revolución civil o militar, o una mixtura de ambas cosas, herencia de la guerra civil en la patria vieja, que la proscripción del radicalismo haría fortalecer después de 1930. Se "levantaban" con todos los elementos comprometidos y luchaban en pos de la victoria. Como empezaba la década infame, en realidad combatían en pos de su derrota. Jauretche, soldado en el levantamiento de Corrientes, cayó prisionero después del encuentro de San Joaquín. La decepción que produjo en su espíritu la cobardía del radicalismo del City (hotel donde vivía Alvear a su regreso de Europa y donde parasitaba la "flor de la canela" del radicalismo alvearista) lo impulso a reflexionar sobre el destino del movimiento fundado por Yrigoyen. El caudillo acababa de morir. Con sus restos mortales, en aquella fría tarde de julio, parecía sepultarse para siempre el radicalismo histórico.

Creo no equivocarme si digo que como el padre de Martín Fierro, el combatiente de Paso de los Libres meditó sobre el significado de su derrota y en esa prisión militar realmente nació el político. Porque Jauretche fue ante todo un político, condición desacredita en nuestro país por la vacuidad doctoral, la estudiada reserva y la banalidad verbalizada de tantos Fidel Pintos que pululan en la vida pública argentina.

Cuando al día siguiente de su muerte supe por prensa y algunos oradores que Jauretche había sido un escritor, comprendí cuán rápidamente la posteridad inmediata deforma la historia antes de escribirla. En realidad, el publicista ocultó al pensador, el hombre de letras al político, el fosforescente ingenio a la sustancia de su genio. La gente que lo conoció por la televisión atribuyó proyectivamente a Jauretche su propia frivolidad. Recordemos la crónica de La Prensa al morir Yrigoyen: "Ayer falleció en esta capital Don Hipólito Yrigoyen, que fuera comisario de Balvanera y dos veces presidente de la República". Si Yrigoyen era un comisario retirado, Bonaparte podría haber sido un turista que redactó el Código Civil y Perón un conocido autor de media docena de libros, entre otros, La Comunidad Organizada.

Jauretche fue algo más transcendente que su cautivante personalidad cotidiana, más profundo que el admirable conversador imposible de olvidar por todo aquel que lo haya conocido. Era el eslabón vivo que enlazó al yrigoyenismo declinante con el surgente peronismo. Estableció con sus actos, su palabra y ocasionalmente, su pluma, la íntima relación dialéctica entre ambos movimientos nacionales.

Fue la conciencia activa de que todo moría y nacía en 1945. El peronismo sería inconcebible en su primera fase sin el pensamiento y la acción de Jauretche, que le transmitía la tradición del nacionalismo democrático procedente de las más antiguas raíces.

Al buscar la resurrección histórica del radicalismo, Jauretche se encontró con la irrupción del peronismo. Eran otras clases sociales, otro caudillo, otro eje político-social. Pero bajo un nuevo ropaje se trataba de algo parecido a aquello que Jauretche había pugnado tantos años por traer al mundo. Aunque la cosecha que en 1945 se presentó a la vista del fundador de FORJA fue descomunal, pues la prédica se trocó en multitud, personalmente lo sintió como un fracaso.
El movimiento nacional al que Jauretche tanto había contribuido.

De su marginación política, nació su ingreso a la República de la Letras, cuando al caer el peronismo en 1955 no había nadie para defenderlo a no ser el mismo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz en 45 y Qué y nosotros en Lucha Obrera.

Satirizó con inigualable poder disolvente a la petrificada y apolínea literatura de la factoría, a ese gélido mundo procedente de Paul Groussac y Enique Rodríguez Larreta que había venido a parar a Borges. A la literatura cortesana, inclinada ante la supremacía terrateniente y enferma de anglofilia, opuso Jauretche la risa de Rabelais (o de Mansilla). Diría que en su estilo verbal y escrito hasta había algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor de Facundo. Realizó la tarea de demolición político-estética que era imperioso hacer ante la cultura aristocrática y logró conmover en sus gustos a las clases medias que en esa esfera, como en todas las demás, copiaban a la oligarquía.

Pero su musa perpetua fue la política. Comprendía, como pocos en la Argentina, sus cambios bruscos, con frecuencia su inescrutable carácter y su peculiar ingratitud.

Era uno de esos raros argentinos que sabía advertir detrás de un conservador a un posible alsinista, o que la palabra comunista no constituía ninguna garantía de una política revolucionaria, así como recordar lo que hubo de eco popular en aquellos demócratas de Córdoba que procedían del juarismo o qué diablos significaban los autonomistas de Corrientes y por qué sus hijos en la Facultad de Derecho correntina podían trajinar como izquierdistas mientras llegaba el momento de hacerse cargo de la estancia.

Conocía la Patagonia y su fauna, la Puna y su viejo dolor; demostraba con extrema simplicidad el mecanismo íntimo del comercio de exportación e importación, y era capaz de revelar diáfanamente la desintegración de la pampa húmeda, que permitía descifrar el poder económico de la oligarquía bonaerense y al mismo tiempo su formidable parasitismo, así como su resistencia a invertir.

La categoría que Marx emplea en El Capital fue utilizada luego por Jauretche en sus escritos.
Su prosa se emparentaba con la antigua tradición argentina de Hernández, Sarmiento, Mansilla, Wilde, Fray Mocho. Era literalmente una prosa hablada, pues Jauretche rara vez escribió. Dictaba siempre, después de imaginar los artículos, sus argumentos y ocurrencia. Conocí muchos artículos que me contó y que no llegó a publicar porque no tenía una dactilógrafa a mano. Cuesta pensar que este hombre extraordinario ya no existe. Además, es preciso admitir que la hegemonía cultural oligárquica, contra la que tanto luchó Jauretche, ha sido destruida pero no ha sido reemplazada por otra.

Por esa razón, la muerte de Jauretche no ha conmovido al país y las juventudes, aún las que se dicen revolucionarias, no han dicho ni pío. Es cierto que el pueblo ha recuperado el poder. Pero en el orden de la cultura y de los valores seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos encuadernados, podrá decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas generaciones argentinas.

Por eso no puedo decirle adiós a Jauretche: lo "tendrán en su memoria / para siempre mis paisanos".

* Texto publicado en el diario La Opinión el 30 de mayo de 1974.
Fuente: publicado digitalmente en El Argentino http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=42353


Norberto Galasso - Bicentenario


Video homenaje a Eva Perón


Compañero Spilimbergo

Por Roberto Vera
4/9/09

Querido compañero, querido viejo,
el río inmenso
de tu corazón
de tu voz,
de tu mente privilegiada
sigue caminado el espacio de la Patria
Latinoamericana
que hoy se alza por fin
hacia la liberación nacional
y el socialismo.

Ese cielo que ha caído en tus ojos
se había comprometido
hace ya más de sesenta años
con la certeza de que los trabajadores
serían los redentores de la Patria,
de los oprimidos y de toda la sociedad
a través del socialismo

Has sembrado pacientemente
la semilla de la militancia
del compañerismo
del pensamiento crítico
de la honestidad sin mácula,
acompañado durante muchos años
por la querida Yiyí
con quien por fin estás
en el descanso eterno.

Si alguna
vez se piensa
en estatuir el día de la militancia
tendría que ser el día de tu nacimiento
porque en vos, querido viejo,
estaba el ejemplo permanente,
la continuidad,
la certeza del triunfo final
del socialismo.

Querido Spili,
extrañamos tu presencia
en las reuniones partidarias,
Te extrañamos los domingos en mi casa,
compartiendo las noticias de los diarios
y el asadito, con un poco de buen vino,
y la proximidad de nuestras almas.


Autor del texto: Roberto Vera
Responsable de su digitalización: Roberto Vera
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Perón y la lucha por la unidad de la Patria Grande


Ultima entrevista a Arturo Jauretche*

Por Blas Matamoro

Con motivo de una encuesta dirigida a diversos escritores argentinos, acerca de la profesión del escritor y sus relaciones con el público, hice llegar un formulario de preguntas a Arturo Jauretche. El 18 de mayo de 1974, una semana exacta antes de su muerte, me reintegró el texto con las correspondientes respuestas. Pensaba viajar a Bahía Blanca, pero el malestar que ya lo llevaba a la muerte lo obligó a internarse inmediatamente. Quizá por aquel viaje, que el azar convertiría en definitivo, se apresuró don Arturo en contestar mis cuestiones. Ni él ni yo sabíamos que eran los últimos párrafos de ese discurso, esa conversación infinita que es su obra escrita. Por este hecho definitivo, desgloso sus contestaciones y las recuadro en este artículo.

De todos los escritores consultados, Jauretche es el único que no se reconoció como tal, o sea, como un especialista o un profesional de la escritura. Era quizás el único y el último representante de una especie decimonónica, romántica, primitiva de hombre -que- escribe (no hombre de letras, justamente, sino hombre en las letras). No es casual que, en su última prosa, se considere enraizado con la tradición de los escritores del 80, que fueron, a la vez, dirigentes políticos, funcionarios, doctrinarios de un proyecto nacional a medias frustrado, y practicantes de una literatura que, inconscientemente, se definía como nacional a partir del uso del idioma tal como se daba en la conversación cotidiana.

En Jauretche la escritura no era, como a partir de la generación modernista, un acontecimiento del idioma dentro de la literatura. En Jauretche era un sustituto de la comunicación directa, un sucedáneo del habla. Dictaba sus textos, que eran mero reflejo del discurso hablado, y se enojaba con el escribiente si pretendía introducir alguna modificación que beneficiase el estilo en desmedro del documento. Le parecía que congelar la charla y petrificarla literariamente era como traicionar la inmediatez de la conversación que sostenía con sus interlocutores virtuales; su pueblo, digo yo; sus paisanos, decía él.

Jauretche era el último exponente de una literatura íntimamente ligada a la acción: a la acción en el aire libre de la historia, en el gran espacio de la convivencia social (o de la guerra civil). Escribir estaba, en él, conciente y expresamente subordinado a lo políticamente eficaz. Esto no lo exilia del mundo de la literatura. Todo ejercicio literario es un ejercicio ideológico; quiere decir: un inciso en un cuerpo de normas para la acción práctica. En el hombre de letras corriente, este ejercicio se enmascara en el mostrar o en el demostrar, en el tener o en el contener, en la impasibilidad del decadente o en el delirio verbal del metaforista. En escritores como Jauretche, el ejercicio se practica desnudamente: la literatura muestra su raíz ideológica o, si se quiere, retórica en el sentido íntimo y original del término: práctica de la persuasión, convicción de lo que está bien y, por lo mismo, debe hacerse.

Los hombres del 80 (Viñas lo muestra y Jauretche lo recuerda, no sin fastidio, como diría un hombre de letras) fraguaban en su prosa la conversación del club aristocrático. Su prosa evocaba la aterciopelada y bien comida intimidad del Círculo de Armas o del Club del Progreso. Jauretche, por el contrario, supone otro ámbito modelo: el comité yrigoyenista, la cuna de los misterios morales que encaminan la actitud política, y también el ámbito del café bohemio, donde se redactan las actas de acusación a la sociedad farisea, las fantasías de un futuro país activo y sin tutelajes.

Este paralelismo acción/escritura se da en proporciones inversas de ambas partes durante la vida productiva de Jauretche: mientras militó en FORJA y en el peronismo, se redujo a escribir manifiestos, documentos de época, o al periodismo resistente de 1955 (el diario El 45). Fue durante el exilio interior (interior a su país, no a la dudosa intimidad del alma del hombre de letras, que constituye su soledad con su escritura), durante la marginación de la actividad política, que se dedicó a componer sus libros, con un aliento de estabilidad que no tienen sus otras prosas (y versos). De ahí que su escritura sea un constante recurrir nostálgico de la actividad, su incierto sustitutivo: añora los tiempos en que era artículo que se leería al día siguiente, panfleto que caería entre la multitud, horas después. Añoraba la barricada o la tribuna desde donde la palabra se emite cara a cara del receptor.

No es casual ni debe mover a curiosidad esta mención postuma -ahora- de Jauretche a Victoria Ocampo. Hay una inédita correspondencia entre Victoria y don Arturo que algún día, quizá, sea un capítulo menor de nuestra historia literaria. Más allá de esa diferida conversación de viejos, que recuerdan un mundo connotado por su juventud y cerrado por el paso del tiempo, el entendimiento -tan delgado entre dos personajes tan distantes en el espacio político- entre ellos pasó por otro vaso comunicante: era el diálogo entre la última conservadora del 80 (ella diría mejor la derniére caúsense y el último escritor-hombre-de-acción del siglo XIX. Los separaba un proyecto nacional completamente distinto, pero los acercaba un lenguaje común. El de la Ocampo era el lenguaje que recontaba las glorias pretéritas de un mundo ya concluso, el que habían construido sus mayores, a la sombra del mito de un espíritu de ultramar encarnado en el cuerpo americano. Era un mito que caminaba lentamente la única dirección del tiempo, pero con la cabeza vuelta hacia el pasado. El lenguaje de Jauretche, aunque a menudo comprometido con esa misma imagen pasada (al considerarse, por ejemplo, en la opción sarmientina, continuador de la "barbarie") estaba orientado por un mito inconcluso, cuya culminación estaba en el porvenir. Era el lenguaje de un discurso a sus paisanos, una persuasión a la práctica de una lucha libertadora.

- ¿Vive Ud. de sus derechos de autor?

- No.

- En caso afirmativo: ¿ha vivido de ellos desde que escribe?

- Voy a contestar aunque el caso sea negativo. He sido escritor privado, es decir, sólo para los que comulgan conmigo, pues carecía de medios de promoción y contacto con el público, como ocurrió seguramente a la mayoría de los escritores argentinos que por nacionales quedaron inéditos. Ser más explícito sería redundar en lo que ya tengo dicho particularmente en Los profetas del odio y la yapa, sobre la colonización pedagógica y la constitución de la inteligentzia. Después de los sesenta años he resultado escritor, pero esto por la transformación, nacionalización de los nuevos lectores que buscaron algo que estuviera fuera de lo impuesto por el sistema.

- En caso negativo: ¿de qué vive o vivió?

- No he vivido del libro. Muchos años de mi trabajo de abogado, cinco o seis como funcionario. También del producto de actividades diversas porque afortunadamente tengo múltiples aptitudes para ganarme la vida, entre ellas el periodismo. Y también para vivir como pobre, porque eso he sabido serlo siempre que fuera la garantía de mi libertad. Ahora hace años que soy jubilado.

-¿Hace habitualmente vida literaria (si concurre habitualmente a actos, conferencias, presentaciones de libros, reuniones de escritores)?

- No he frecuentado habitualmente las reuniones literarias y no lo hago ahora. En una respuesta anterior se encontrará la explicación. Además no me considero literato sino un hombre que usa el instrumento de la pluma para tomar contacto con sus paisanos y servirlos en lo que pueda. No me opongo a que haya literatos, pero a mí me parece que es con el riesgo de perder algo la condición humana para ser un experto más: en belleza si se quiere. A mí esto no me tira.

- En caso negativo: ¿por qué?

- Creo que ya está contestada.

- ¿Tiene militancia en organizaciones de intelectuales? ¿La ha tenido en organizaciones profesionales o gremiales?, ¿en organizaciones de otro tipo?

-En caso negativo: ¿por qué?

- Creo que ya está contestada.

- ¿Entiende que su tarea de escritor tiene implicancias extraliterarias?

- Creo que sí y también lo acabo de decir de una manera general, política, pero en el término está implícito lo demás.

- ¿Con cuál de estas ideas considera más afín su tarea de escritor? Hobby, divertimento, profesión, obsesión, refugio, cura (entendida como salida a un malestar), otras.

- Contestada en la anterior. Para mí el fin ha sido comunicación, difusión y proselitismo. Ni hobby, ni divertimento, profesión, obsesión, ni mucho menos refugio y cura. Debo advertirle que escribo con alegría y que las angustias me vienen cuando no me sale nada que comunicar y en forma digerible por el lector.

- ¿Se considera continuador de: la obra de algún escritor argentino anterior, la obra de algún escritor extranjero anterior, la obra y los principios de alguna escuela literaria, la obra y los principios de alguna escuela o grupo de otro tipo?

- No creo continuar la obra de ningún escritor argentino y de todos, si se entiende por éstos los nacionales. Si alguno me ha influido fuertemente ha sido Scalabrini Ortiz. En cuanto a escuela literaria es la de mis lecturas, pero éstas abarcan tan distintas escuelas que no puedo identificar a ninguna. Tal vez en mi estilo han influido Sarmiento, Mansilla, en general los del 80. Recuerdo aquí que Ramón Doll decía de éstos que habían creado una escuela literaria cuya base consistía en el uso de un lenguaje coloquial y llano que convertía la prosa en un diálogo con el lector, abundante en referencias circunstanciales y de general conocimiento. También en cierta medida Doll escribía así señalando como perniciosa la influencia de Groussac, que había extirpado el floripondio y el tropicalismo pero al mismo tiempo la espontaneidad creadora. David Viñas dice que el carácter coloquial de aquellos escritores surgía de que escribieron para un público reducido de clubmen. En mi modesto esfuerzo creo haber mostrado que también el lenguaje coloquial vale para el gran público y no sólo en la letra de los tangos.
Tenemos el caso de Victoria Ocampo que a no dudarlo ha sido uno de los factores del extrañamiento de nuestra literatura, pero cuya prosa
periodística, cuando la emplea dejando de lado cultura libresca, corre en una atmósfera que repite la de aquellos escritores. Tengo presente un artículo no muy lejano sobre un tema tan francés como puede ser algo sobre Chanel, la modista, y cuyo estilo se vincula con aquel de los argentinos cuya restauración literaria quiero convertir en modelo.

- ¿Ha sentido nostalgia alguna vez por desarrollar alguna tarea afín no ejercida?

- No he tenido nunca la tentación de ningún género de esos para los que posiblemente soy incapaz. Es cierto que con Manzi hicimos un sainete: Lengua larga, que nunca se representó y que colaboré con el mismo en la letra de una milonga; Milonga de Puente Alsina donde empleo el pseudónimo de Julián Barrientos que es el personaje de un poema gauchesco, El Paso de los Libres, que tal vez quiera estar en la huella de Hernández, según el prologuista. Está al salir la tercera edición, pues la primera era en 1934. Pero en realidad siguiendo lo de Hernández no pretendo haber buscado reproducir sus aptitudes poéticas. Los fines eran políticos como en todos mis escritos. Después vino mi largo silencio en el libro y sólo fui periodista en sueltos que algunos consideran sólo panfletos. He coleccionado alguno de éstos en: Prosa de Hacha y Tiza; Filo, Contrafilo y Punta y Mano a mano entre nosotros, cuyas terceras ediciones están también al salir. Me parece que muchos de esos panfletos han resistido la prueba del tiempo, con lo que tengo derecho a suponer que no son tan panfletos como se dice, sino que más bien había algo que decir, y para su eficacia periodística se recurrió a la apariencia del panfleto.

- En caso afirmativo: ¿por qué no la ejerció?

- Ya está explicado.

- ¿Considera que, en nuestra sociedad, la literatura es una ocupación marginal?

- También se sobreentiende con lo que he dicho antes.

- ¿Ejerce la literatura en detrimento de otra tarea personal?

- No sé si hay detrimento; más bien creo que hay integración.

- ¿Hay una escisión entre literatura y pueblo? Antes de contestar, trate de definir ambos términos; si es posible, por ideas afines.

- Esta pregunta es para otro tipo de escritor. Yo trato de comunicarme y para determinados fines generalmente proselitistas; no puedo de tal manera separar literatura y pueblo. No pretendo que ésta sea la contestación de un literato sino de quien soy. Es toda la cuestión del arte, pero yo no me propongo ser un artista; si por casualidad lo llego a ser en un momento no es porque lo busque. No me meto en la cuestión. Tal vez porque toda mi prosa es un entretenimiento.

- ¿Hace caso de algún tipo de lector de sus libros?

- Sí y no. Escribo para los que me leen y me gusta que me lean, pero no escribo para ser grato a ningún oído. Mi objeto es persuadir especialmente a los no persuadidos y, lógicamente, si me pongo a pensar en éstos tengo que tenerlos en cuenta, pero no por lo que ellos piensan sino por lo que yo quiero que piensen. Mis lectores son numerosos y esto no es jactancia porque tengo tres o cuatro libros que andan entre las siete y las doce ediciones. A veces me sor- prende cuando me paran en la calle, cosa constante, pero no estoy muy seguro que lo hagan porque me han leído sino porque me han visto en televisión. Tengo muchos escritores amigos pero no voy a nombrar a ninguno porque aquellos que excluya aquí van a considerar que he establecido jerarquías entre escritores y entre amigos, y ya me he ganado bastantes enemigos que me interesan como tales para que se agreguen aquellos que quiero y estimo.

- ¿Da a leer sus obras antes de publicarlas?

- Algunas personas de mi más íntima confianza suelen aguantar la lectura de los borradores pero soy muy prudente, por ellos y por mí, pues no quiero ser influido.

- En caso afirmativo: ¿atiende las sugerencias y correcciones propuestas?

- Muy por cuenta gotas. Diría que ni siquiera someto a mi propia censura mis originales. Eso explica muchas erratas de la que no tiene la culpa ni el linotipista, ni el editor, ni el corrector de pruebas.

- ¿Qué opina de esta encuesta?

- Muy interesante si los que la contestan dicen su verdad y no la de la imagen que ya tienen de sí. Porque en toda acción pública hay el peligro de construir una imagen y luego ser prisionero de la misma que obliga a serle fiel, expresando a un escritor -lo mismo a un político- que se convierte en un embalsamado, para mantener la identidad de la imagen.

* Publicada por el Dr, Rodolfo Parbst en Reconquista Popular: “Poco queda por agregar a este documento invalorable, que no esté dicho en la presentación de Matamoro. Simplemente decir que fue publicado originalmente en el número cuatro, correspondiente al mes de agosto de 1974, de la formidable revista Latinoamericana, que dirigían los escritores Alberto Vanasco y Juan Carlos Martini Real”.


Reflexiones de Jorge Enea Spilimbergo

De: "Tramas, memorias del presente" programa de radio donde la historia, el arte, la cultura, la sociedad, las ciencias, las tecnologías, la educación, el medio ambiente, la economía, los movimientos sociales y los medios masivos tienen su lugar mirados desde esas otras voces que ayudan a pensar.

Programa conducido por Oscar Bosetti.

Tramas se emite por Radio Ahijuna, Radio UBA, Alma de rock, Radio Eter, Radio Cualquiera, Radio QSP, Radio Universidad de Río Cuarto y FM Antena Libre.

Voces esenciales que aún siguen resonando- Las reflexiones de Jorge Spilimbergo. Un repaso por la historia política argentina. En este capítulo: los acontecimientos de la década del 60.

Año de producción: 2009 (Agosto)
Duración: 49 minutos
Cantidad de bloques: 3

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