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Reportaje a Blas Alberti (29 de junio de 1971, canal 7 de Argentina,
fragmento sobre el socialismo)
Pregunta: ¿Este Partido Socialista de la
Izquierda Nacional es un desprendimiento del Partido Socialista Argentino?
Blas Alberti: Bueno, yo quería aclarar precisamente esa cuestión. Nosotros
tenemos que ver con el Socialismo de la Argentina de la misma manera que todas
las plantas pertenecen al reino vegetal. Voy a explicar esto. En realidad,
nosotros nos asumimos como herederos de la Tercera Internacional fundada por
Lenin, en contraposición a lo que Lenin llamó "el pantano de la socialdemocracia
europea", porque esa socialdemocracia consideraba que la vía al socialismo tenía
que darse a través de la lucha parlamentaria, vale decir, por una vía de
colaboración con la burguesía. Esto es el campo internacional. En el campo
nacional, nosotros hemos hecho, desde el marxismo, la crítica a toda la
izquierda, que hemos considerado bajo el rótulo de "izquierda antinacional",
precisamente en lo que hace a la interpretación del peronismo. Es decir, eso es
lo que nos divide a nosotros de toda la izquierda en la Argentina.
P: Parece entonces que eso es lo que ha dividido al socialismo siempre, desde el
55 en adelante.
BA: Claro, porque es el peronismo el que hace estallar a la vieja izquierda en
la medida en que el peronismo, como frente de clases en donde la clase obrera,
de la cual los viejos socialistas y el llamado "partido comunista" se
consideraban los herederos, en el año 45, sin embargo, elige hacia la izquierda,
es decir, vota por Perón, en tanto los socialistas y "comunistas" que estaban
enfrente, se alinean en el bando de la "unión democrática", es decir, en el
frente capitaneado por la oligarquía y apoyado por el imperialismo
norteamericano en la persona del entonces embajador Braden.
P: Alberti, ¿su partido invalida a todos los sectores de esa izquierda
considerándolos como antinacionales?
BA: Eso es. En general a todos los sectores históricos de esa izquierda
considerándolos como antinacionales.
P: ¿Cuántos afiliados tiene su partido?
BA: Bueno, eso no interesa, pues la verdad puede ser dicha por una persona o por
mil.
P: No, la pregunta interesa como una forma de ubicarnos...
BA: Hemos declarado que tenemos 600 militantes. Esto es distinto al término
afiliado o adherente, en cuanto nosotros tenemos una concepción
leninista del partido.
P: ¿Su partido niega entonces validez a todos los sectores de la izquierda,
llámense partidos socialista democrático o argentino?
BA: Claro que sí. Consideramos que no es socialista quien afirma que la
Argentina tenía que participar del librecambio a nivel internacional, como lo
planteó Juan B. Justo. En un reportaje reciente a Federico Pinedo, éste
manifiesta una gran coincidencia con el socialismo de Justo, y esto define al
socialismo juanbejustista.
Fuente: http://www.izquierdanacional.org/historia/publicaciones/ah010.html
Apuntes
autobiográficos*
Por José Carlos Mariátegui
"Aunque soy un escritor muy poco autobiográfico, le daré yo mismo algunos datos
sumarios. Nací el 95. A los 14 años entré de alcanza-rejones en periódico. Hasta
1919 trabajé en el diarismo, primero en "La Prensa", luego en "El Tiempo",
finalmente en "La Razón". En este último diario patrocinamos la reforma
universitaria. Desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente
hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado
de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo. De fines de 1919
a mediados de 1923 viajé por Europa. Residí más de dos años en Italia. Donde
desposé una mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros
países. Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me
concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa
época señalan estas estaciones de mi orientación socialista. A mi vuelta al
Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la Federación de Estudiantes, en
la Universidad Popular, artículos, etc., expliqué la situación europea e inicié
mi trabajo de investigación de la realidad nacional,
conforme al método marxista. En 1924 estuve, como ya lo he contado, a punto de
perder la vida. Perdí una pierna y me quedé muy delicado. Habría seguramente ya
curado del todo con una existencia reposada. Pero ni mi pobreza ni mi inquietud
espiritual me lo consienten. No he publicado más libros que el que Ud. conoce.
Tengo listos dos y en proyecto otros dos. He aquí mi vida en pocas palabras. No
creo que valga la pena hacerla notoria; pero no puedo rehusarle los datos que
Ud. me pide. Me olvidaba: soy un autodidacta. Me matriculé una vez en letras en
Lima, pero con el solo interés de seguir el curso de latín de un agustino
erudito. Y en Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme
nunca a perder mi carácter extra-universitario y tal vez, si hasta anti-universitario.
En 1925 la Federación de Estudiantes me propuso a la Universidad como
catedrático en la materia de mi competencia; pero la mala voluntad del Rector y,
seguramente, mi estado de salud, frustraron esta iniciativa."
De la carta de fecha 10 de enero de 1927, enviada por José Carlos Mariátegui al
escritor Enrique Espinoza (Samuel Glusberg), director de la revista La Vida
Literaria, editada en Buenos Aires. Se publicó la carta en su número del mes de
mayo de 1930, en homenaje al recién fallecido Mariátegui.
*Escrito: 10 de enero de 1927.
Primera edición: En La Vida Literaria, mayo de 1930, Buenos Aires - Argentina.
Fuente: Seminario Internacional Sobre la Vida y Obra de José Carlos Mariátegui,
Guayaquil - Ecuador, 1971.
Preparado para el Internet: Por Juan R. Fajardo, para el MIA, mayo de 2000.
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/mariateg/1927/ene/10.htm
Zoncera
Nº 1: "Civilización y barbarie"*
Por Arturo Jauretche
Antes de ocuparme de la cría de las zonceras corresponde tratar de una que las
ha generado a todas -hijas, nietas, bisnietas y tataranietas-. (Los padres son
distintos y de distinta época -y hay también partenogénesis-, pero madre hay una
sola y ella es la que determina la filiación).
Esta zoncera madre es Civilización y barbarie. Su padre fue Domingo Faustino
Sarmiento, que la trae en las primeras páginas de Facundo, pero ya tenía
vigencia antes del bautismo en que la reconoció como suya. En Los profetas del
odio y la yapa digo de la misma: "La idea no fue desarrollar América según
América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la
cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno
donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol
y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento
según Europa y no según América".
"La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho,
el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho
propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era
civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar -si Nación y realidad
son inseparables-."
Veremos de inmediato, en la zoncera que sigue - el mal que aqueja a la Argentina
es la extensión- cómo para esa mentalidad el espacio geográfico era un
obstáculo, y luego, que era también obstáculo el hombre que lo ocupaba -español,
criollo, mestizo o indígena- y de ahí la autodenigración, y cómo fueron paridas
y para qué convertidas en dogmas de la civilización.
Carlos P. Mastrorilli en un artículo publicado en la revista "Jauja" (noviembre,
1967) analiza dos aspectos esenciales de la mentalidad que se apoya en esa
zoncera: "En la íntima contextura de esa mentalidad hay un cierto mesianismo al
revés y una irrefrenable vocación por la ideología. Por el mesianismo invertido,
la mentalidad colonial cree que todo lo autóctono es negativo y todo lo ajeno
positivo. Por el ideologismo porque prefiere manejar la abstracción conceptual y
no la concreta realidad circunstanciada".
El mesianismo impone civilizar. La ideología determina el cómo, el modo de la
civilización. Ambos coinciden en excluir toda solución surgida de la naturaleza
de las cosas, y buscan entonces, la necesaria sustitución del espacio, del
hombre y de sus propios elementos de cultura. Es decir "rehuir la concreta
realidad circunstanciada” para atenerse a la abstracción conceptual. Su idea no
es realizar un país sino fabricarlo, conforme a planos y planes, y son éstos los
que se tienen en cuenta y no el país al que sustituyen y derogan, porque como
es, es obstáculo.
* * *
Que la oligarquía haya creído un éxito definitivo de la zoncera Civilización y
barbarie, lo que llamó "el progreso" de la última mitad del siglo XIX y los años
iniciales del presente, ha sido congruente con sus intereses económicos.
Alienada al desarrollo dependiente del país, su prosperidad momentánea le hizo
confundir su propia prosperidad con el destino nacional.
Había por lo menos una constatación histórica que parecía justificar el
mesianismo y la ideología liberal de la oligarquía. El problema se le plantea a
ésta ahora, cuando el cambio de condiciones internas y especialmente externas,
por el aumento de población y su nivel de vida, y la situación en el mercado
mundial de la economía de intercambio comercial fundada en el precio, por la
economía mercantil, se destruyen las bases de la estructura primaria de
intercambio de materias primas por materias manufacturadas, pues así como hay
imperios que pierden sus colonias, hay colonias que pierden su imperio, cuando
dejan de serles necesarias a éste.
Ahora, como ya no puede confundir su éxito propio y momentáneo con el destino de
la gran Nación que parecía aparejado a su prosperidad colonial, piensa en
achicar la población, como sus antecesores pensaron en achicar el espacio en la
buscada disgregación del Virreynato del Río de la Plata.
Mesianismo e ideología ya no encuentran, como pareció antes, su identificación
con el destino del país. La oligarquía se vuelve anti-mesiánica desde que
rechaza concretamente la grandeza al propiciar el achicamiento del pueblo, y su
ideología no puede proponer otras soluciones que las de la conservación cada vez
más desmejorada de la estructura existente: de este modo se convierte en freno y
eso es lo que se confiesa de hecho por sus tecnócratas que sólo proponen seguir
tirando desde que el destino del país colonia está cubierto definitivamente.
Así, pierde el papel promotor que se había asignado mientras se creyó
constructora -y esa fue su fuerza- para hacerse conservadora en un país que no
debe dar un paso más adelante. Ya lo he dicho también: los progresistas de ayer
se vuelven anti-progresistas desde que todo su progreso sólo puede realizarse
contra la ideología que identifica el destino nacional con sus intereses de
grupo.
* * *
Pero sí esta congruencia circunstancial en el interés de grupo permite
comprender el descastamiento de las llamadas "elites", impedidas de una visión
de distancia por su circunstancial prosperidad que obstó a la comprensión del
país en un largo destino -todo destino nacional es largo-, no vale para los
ideólogos que aparentan desde una postura popular un mesianismo
revolucionario. De titulados democráticos a marxistas, la explicación ya no
tiene la congruencia que en la oligarquía y pasa a ser mesianismo e ideología
sin una pizca de contenido material. Se
trata, como dice Mastrorilli, de una "abstracción conceptual en que no gravita
la concreta realidad circunstanciada". Aquí aparece desnuda, desprovista de toda
constatación pragmática, la zoncera Civilización y barbarie, según sigue
gravitando en la "intelligentzia".
Por la profesión de esta zoncera el ideólogo, extranjero o nativo, se siente
civilizador frente a la barbarie. Lo propio del país, su realidad, está excluida
de su visión. Viene a civilizar con su doctrina, lo mismo que la Ilustración,
los iluministas y los liberales del siglo XIX; así su ideología es simplemente
un instrumento civilizador más. No parte del hecho y las circunstancias locales
que excluye por bárbaras, y excluyéndolos, excluye la realidad. No hay ni la más
remota idea de creación sobre esa realidad y en función de la misma. Como los
liberales, y más que los liberales que -ya se ha dicho- eran congruentes en
cierta manera, aquí se trata simplemente de hacer una transferencia, y repiten
lo de Varela: -"Si el sombrero existe, sólo se trata de adecuar la cabeza al
sombrero". Que éste ande o no, es cosa de la cabeza, no del sombrero, y como la
realidad es para él la barbarie, la desestima. De ninguna manera intenta adecuar
la ideología a ésta; es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a sí misma,
porque es barbarie.
Así la oligarquía y su oposición democrática o marxista disienten en cuanto a la
ideología a aplicar pero coinciden totalmente en cuanto al mesianismo:
civilizar. Si la realidad se opone a la aplicación de la ideología según se
transfiere, la inadecuada no es la ideología de transferencia sino la realidad,
por bárbara. Los fines son distintos y opuestos en cuanto a la ideología en sí,
pero igualmente ideológicos.
Si en las ideas abstractas son opuestos, la zoncera Civilización y barbarie los
unifica en cuanto son la civilización. De donde resulta que los que están más
lejos ideológicamente son los que están más cerca entre sí -en cuanto teólogos-
como ocurre cada vez que la realidad enfrenta a todos los civilizadores.
Entonces se unifican contra la barbarie, que es como llaman al mundo concreto
donde quieren aplicar las ideologías.
Esto se hace evidente en los momentos conflictuales en que el país real aparece
en el escenario social o político. El mismo Mastrorilli en el artículo referido
dice: "Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar
la vieja estirpe criolla y rellenar el gran espacio vacío con sajones. Esta
monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo
acorraló, se lo condenó a una existencia inferior. Sin embargo los aportes de
sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron
establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses
-relictos de las invasiones o colonos traídos de la fabulosa imaginación
rivadaviana- se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos, también. Y
a espaldas del régimen colonial se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin
resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo
hispánico como principio organizador de la convivencia."
"El régimen fracasó sociológicamente. A partir de 1914 aprendió a contar con una
masa popular desconfiada y adversa. En suma: el régimen quiso cambiar al pueblo
y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo
viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian
como barbarie". Eso pasó, como dice el autor, desde 1914. Culminó "el 17 de
Octubre, en la más grande operación de política de masas que vio el país; la
muchedumbre estaba compuesta por cabecitas negras -restos del criollaje
proscripto- pero también por hijos de gringos, polacos y maronitas lanzados
contra el régimen con violencia inusitada".
¿Por qué la parte de la "intelligentzia", democrática o marxista, no pudo
entender un hecho tan evidente en ninguna de las dos oportunidades. La
oligarquía trató de invalidarlo porque sus intereses concretos coincidían con
los criterios de Civilización y barbarie, pero en otro caso la explicación sólo
es posible a puro vigor de zoncera: incapaz de salir del esquema y partiendo del
mismo supuesto histórico de que las masas en el pasado habían expresado sólo la
barbarie frente a la civilización, vio en su nueva presencia una simple
recidiva. De ahí lo de "aluvión zoológico” y "libros y alpargatas", que son
zonceritas biznietas de Civilización y barbarie y cuyo sentido permanente supera
la insignificancia de los que las enunciaron, pues revelan el modo de sentir de
la "intelligentzia" in totum, incapaz de pensar fuera de la ideología, es decir
de lo conceptual ajeno y opuesto a los hechos propios.
Así, la zoncera de Civilización y barbarie se apoya en dos patas y anda, pero
cojeando, porque una es más larga que la otra, que es como una pata auxiliar a
la que se recurre cuando el régimen está en peligro. Una ideología apuntala a
otra ideología, por más que su signo sea inverso en teoría, porque tienen en
común el supuesto mesiánico que cada uno quiere realizar a su manera, pero ambas
partiendo de la negación de lo propio. Conviven entre gruñidos y se tiran
mordiscones, pero siempre entre civilizados que se defienden en común de los
bárbaros, es decir del país real. La recíproca tolerancia nace de la unidad
civilización y se practica de continuo en la común devoción por todas las
zonceras nacidas del vientre de la zoncera madre.
No preguntéis entonces por qué comparten la misma historia que se niegan a
revisar desde que revisar importa dejar sin base la zoncera generatriz. Destruir
ésta implica sustituir una mentalidad hecha partiendo de ella y excluir el
mesianismo y la ideología como fundamento de un pensamiento argentino para dar
su oportunidad al buen sentido. Ahí, en Civilización y barbarie, la zoncera
madre, está el punto de confluencia de las ideologías, es decir, de la negación
de toda posibilidad para el país nacida del país mismo. Es como si dijéramos la
"Unidad Democrática" tácita de que surgen todas las otras.
En Geopolítica de la cuenca del Plata (A Peña Lillo editor, Bs. As., 1973),
Alberto Methol Ferré analiza la ahistoricidad del pensamiento uruguayo. En
ninguna parte como allí -recordemos otra zoncera: "como el Uruguay no hay"-, se
"tuvo una conciencia política eminentemente abstracta". La falsificación de la
historia, allá como aquí, se completó con la concepción estratosférica del país
en cuanto se excluyeron las causales internacionales de los hechos propios o
inversamente se excluyeron los hechos propios de las causales internacionales.
Así, dice: "Nos enseñaban una historia de puertas cerradas, desgranada en
anécdotas y biografías, o de bases filosóficas ingenuas, y nos mostraron la
abstracción de un país casi totalmente creado por pura causalidad interna. A
esta tesis tan estrecha, se le contrapuso su antítesis, seguramente tan
perniciosa. Y esta es la pretensión de subsumir y disolver el Uruguay en pura
causalidad externa, en una historia puramente mundial a secas. Una historia tan
de puertas abiertas que no deja casa donde entrar...". "A la verdad, esta última
actitud no escribe historia uruguaya, que le aburre, y prefiere vagabundear y
solazarse en la contemplación a veces minuciosa de la historia mundial. Nos
escindíamos en pueblerinos o
ciudadanos del mundo...". Así, de una historia isla, pasábamos a la evaporación,
a las sombras chinescas de una historia océano, donde la historia se juega en
cualquier lado menos aquí y aquí lo de cualquier lado. "Esta actividad lujosa
-la historia océano-, si hoy canaliza disponibles jóvenes iracundos, ayer
permitía a nuestra diplomacia pagarse de las palabras proyectándose para dictar
cátedra mundial sobre los derechos humanos y arbitrajes". Son dos formas del
escapismo.
"Interioridad pura o exterioridad pura, dos falacias que confraternizan...".
"... ¿quiérese mayor lujo que extrapolarse en la historia de los otros?...".
"Era una manera de renunciar a hacer historia"... "Por otra parte, ese idealismo
externo en su versión de izquierda dimitirá frente a nuestra historia de puertas
cerradas, conservadora. Incapaz de criticarla, porque no le interesaba
vitalmente, terminaba en los hechos por aceptarla en bloque. No puede darse
incorformismo más conformista". .. ". Así la esterilidad del marxismo uruguayo
para decir nada sobre el país, salvo el caso reciente de Trías. Así, el
idealismo jurídico romántico, de derecha o de izquierda, son los modos uruguayos
de suplir la ausencia de una política internacional real. El rasgo común de
nativistas y oceánicos es que el Uruguay no era problema."
Crucemos de nuevo el río. ¿No estamos en presencia de una situación parecida? Si
la falsificación de la historia oficial, presentando la Argentina como un
conflicto entre la civilización y la barbarie, ha desestimado el conflicto entre
lo nacional y lo extranjero desde que el objeto de la historia no es la Nación
sino la civilización, la izquierda, como tampoco tiene en cuenta lo nacional
como causalidad histórica, produce el mismo conformismo que en el Uruguay con la
historia oficial. Esta vez para que la historia del futuro dependa
exclusivamente de la causalidad externa, generando un escapismo que tiene las
misma raíces anti-nacionales que, naturalmente, rehuye la
construcción propia para trasladarla al escenario de la civilización. Por donde
vienen a ubicarse, como sus cofrades de la otra banda, en un balcón sobre el
mundo que es donde se opera la historia idealizada.
Pero un balcón no es una puerta por donde entra y sale lo propio y lo ajeno,
sino un puesto de observación donde se espera que fuera se resuelva lo que hay
que resolver adentro, cosa que le conviene a los que ya adentro lo tienen
resuelto. De aquí la coincidencia cuando el país real intenta sus propias
soluciones y a su manera.
En tren de clasificación, la zoncera de Civilización y barbarie es una zoncera
intrínseca, porque no nace del falseamiento de hechos históricos ni ha sido
creada como un medio aunque después resultase el medio por excelencia, ni se
apoya en hechos falsos. Es totalmente conceptual, una abstracción antihistórica,
curiosamente creada por gente que se creía historicista, como síntesis de otras
abstracciones.
Plantear el dilema de los opuestos Civilización y barbarie e identificar a
Europa con la primera y a América con la segunda, lleva implícita y
necesariamente a la necesidad de negar América para afirmar Europa, pues una y
otra son términos opuestos: cuanto más Europa más civilización; cuanto más
América más barbarie; de donde resulta que progresar no es evolucionar desde la
propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para
sustituirla.
Para el que ha leído Los profetas del odio y la yapa al hablar de esta zoncera
no hago más que resumir conceptos allí expresados, pero es necesario reiterarlos
en este libro por lo que se ha dicho de la maternidad de todas las zonceras. La
aceptación de ésta hace posible la vialidad de las otras, cosa que se irá viendo
a medida que se trate cada una.
*Del libro "Manual de Zonceras Argentinas” de Arturo
Jauretche, editorial Corregidor.
Fuente: http://mundo-perverso.blogspot.com/2007/10/zoncera-n-1-civilizacin-y-barbarie.html
Enrique
Rivera: Se prepara una biografía
Enrique Rivera y la
Izquierda Nacional argentina*
El 31 de agosto de 1955 una columna del Partido Socialista de la
Revolución Nacional marcha a la Plaza de mayo en apoyo a Perón, repudiando la
contrarrevolución oligárquica que se había puesto en marcha. El hecho es
rescatado por el hijo de un protagonista y a la vez lúcido exponente del
pensamiento nacional y revolucionario.
Por Pablo Rivera
Cuando se reconstruya la historia de la Izquierda Nacional, potente corriente de
pensamiento revolucionario que planteó por primera vez, desde un punto de vista
autónomo, los problemas del patriotismo, el socialismo y la revolución en los
países semicoloniales como la Argentina y América Latina, no podrá omitirse la
participación protagónica en su conformación de Enrique Rivera (1922-1995).
Discípulo y camarada de Aurelio Narvaja y de todo un núcleo de militantes
obreros e intelectuales, Rivera desde los años 40 y en coincidencia con la
irrupción de las masas del 17 de octubre, volcó en innumerables artículos,
libros y conferencias, y en su acción política una lúcida visión del peronismo,
una concepción novedosa del revisionismo histórico y contribuyó a desarrollar la
tesis de la unidad nacional de América Latina en tiempos en que esto sonaba a
disparatada << utopía>>. Formó parte del equipo político que editaba Frente
Obrero y la revista Octubre en los calientes días de 1945 y 46, junto a Jorge
Abelardo Ramos, Carlos Etkin, Alfredo Terzaga, Carlos Díaz, Ernesto Ceballos,
entre otros, publicaciones desde las cuales se defendió desde sus orígenes al
movimiento acaudillado por el joven coronel.
Fue también Rivera impulsor de una experiencia política tan poco conocida como
insuficientemente valorada: la creación del Partido Socialista de la Revolución
Nacional (PSRN) en 1953 con el objeto de sostener, desde una plataforma
independiente y revolucionaria, las grandes realizaciones del peronismo en el
poder.
Escribió José Hernández y la guerra del Paraguay, León Trotsky y la Revolución
Nacional Latinoamericana, La Reforma Universitaria, Peronismo y frondizismo
entre otros libros, además de innumerables artículos y folletos. Hoy en los
marcos de una nueva situación histórica mundial que cambió en gran medida el
temario de la discusión en el campo popular y obrero, esos textos de Rivera
conservan una lozanía sorprendente y tienen mucho que decirnos. En próximas
entregas de Cauce Latinoamericano seleccionaremos tramos representativos de su
obra.
Pablo Rivera es hijo de Enrique, reside en Montreal y tiene en preparación un
libro sobre la vida de su padre, al que puso por título Historia de un
naufragio. Adelantamos a nuestros lectores un fragmento de la Introducción, en
la que se puede apreciar una emotiva remembranza de quien fuera una notable
figura intelectual y política, al mismo tiempo que se rescata un episodio
ignorado de nuestras luchas sociales y nacionales: la presencia en la
multitudinaria concentración popular del 31 de agosto de 1955, en Plaza de Mayo,
de una columna del Partido Socialista de la Revolución Nacional codo a codo con
las masas peronistas, salvando el honor del socialismo y al mismo tiempo
proponiendo una perspectiva nueva al gobierno popular en crisis, acosado por el
imperialismo y la conspiración oligárquica.
(Nos recibieron con aplausos y ovaciones)
(Los libros quemados..., pensé angustiado al salir de la librería. Llevaba en el
bolso dos escritos de Trotsky: Historia de la Revolución Rusa y La revolución
traicionada, comprados en la calle St. Dénis, en Montreal. Esa debe ser la causa
de mi angustia, aquel momento que jamás podré olvidar: papá quemando sus libros
en el jardín de la casa de Nuñez, - si viene alguien m'hijo y ve esto, le decís
que hicimos un asado. Tenía entonces seis años pero bien que me avivé y no
pregunté nada. Era en 1976 en Buenos Aires. Pero papá llevaba el conocimiento
consigo, era historia viva, y yo fui viviendo con esa historia que poco a poco
él me la haría conocer a través de los años. Había sido uno de los fundadores de
la Izquierda Nacional que apoyó a Perón a diferencia de la otra izquierda,
cipaya, socialista o staliniana que no entendía al movimiento nacional, - el 31
de agosto del 55, después del fallido intento de golpe de junio, todos fueron a
Plaza de Mayo a pedirle armas a Perón para defender su gobierno, los obreros
pensaban que todos los socialistas se oponían a Perón y se llevaron una gran
sorpresa, nos recibieron con aplausos y ovaciones al vernos llegar y quien creés
que iba adelante de todos, alzando la bandera socialista del PSRN ? Ehh? Tu
viejo! Sus ojos brillaban y una sonrisa le iluminaba el rostro pero no me miraba
a mí, veía a ese pasado que yo trataba de imaginar. Fue en el año 93; dos años
después fallecería, probablemente llevándose con él muchos otros recuerdos.
Llegué a casa y coloqué los libros en algún rincón medio escondido de la
biblioteca, quizás - inconscientemente- buscando así proteger lo único que me
quedaba de mi padre: las ideas. Me senté con un cuaderno al lado de la ventana,
estaba lloviendo sobre Montreal, pero sin dejarme vencer por la tristeza, me
puse a escribir)).
*Publicado por primera vez en la Revista Cauce Latinoamericano, invierno de
1997.
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/rivera/webdoc3.htm
Epílogo
montevideano*
Por Arturo Jauretche [1957]
Gusto sentarme, a la caída de la tarde, en el murallón de la Costanera, en la
ciudad vieja de Montevideo. Hay un lugar que prefiero, a doscientos metros de
donde vivo, y es la saliente que hace el antiguo asiento del Templo Inglés.
Los barcos que van y vienen de ultramar pasan al largo, los que vienen de Buenos
Aires se perfilan al tomar la boya que tengo delante, a menos de una milla, río
adentro.
Pienso entonces que este Montevideo es el puerto natural de la Confederación del
Plata. El puerto natural de Bolivia y Paraguay, de Argentina y Uruguay. Si las
cosas hubieran sido de otro modo y existiese la Confederación, éste habría sido
el puerto de intercambio con ultramar y probablemente Montevideo, la gran ciudad
comercial e industrial del Plata y el territorio Oriental, su granja
abastecedora. Buenos Aires, con un puerto que hemos tenido que cavar en el
barro, y al que debemos defender, día por día del mismo barro, sería la Capital
de la Provincia de Buenos Aires, o tal vez de la Nación, pero no la única gran
ciudad del Plata. Una ciudad importante entre muchas, en las imaginaciones de
ese posibilismo veo este País, con sus maravillosas playas y su equilibrado
paisaje, elaborando gran parte de las materias primas de la cuenca platense, y
al mismo tiempo sitio del ocio y del recreo, sin competencia posible. Esta gran
ciudad del sur, a la que la naturaleza había fijado un destino de primera,
tendida bajo la farola del Cerro.
Ella es además el contacto marítimo directo con la Patagonia, con la Antártida,
con las Malvinas y con el Estrecho, que afluyen naturalmente a su seno. Cuando
analizo nuestras economías distorsionadas por una estructura política artificial
y los grandes ríos y el mar esterilizados para su función, me duele nuestro
destino marítimo frustrado, cuando el Plata dejó de ser el río interior de
nuestra Confederación. Al perder ese carácter se cerraron las posibilidades de
gran cabotaje, que era su consecuencia lógica y hubiera sido nuestro medio de
transporte establecido por la naturaleza. Al perder la unidad, perdimos el
destino marinero, pues del cabotaje se pasa directamente a la marina de
ultramar, por la que afortunadamente se hizo mucho en estos últimos años, como
parte del proceso liberador, entre las sonrisas escépticas de la "intelligentzia",
que quiso ridiculizar el esfuerzo, hablando de los "gauchos al timón". Seríamos
hoy potencia en materia de marina mercante, y nuestra marina de guerra,
potenciada sobre la misma base, sería Señora del Atlántico Sud. Señora de
alianza buscada en razón de potencia, y no ofrecida en razón de debilidad.
Pero esto que imagino yo ahora, sobre el antiguo asiento del Templo Inglés, lo
pensó con clara visión Canning, hace un siglo y cuarto, entre las brumas
londinenses. Sus instrucciones a Ponsomby, cumpliendo con la política de
balcanización del Río de la Plata y las finalidades económicas que siguen
rigiendo, y que dieron por resultado la separación de la Banda Oriental de sus
hermanas, atendieron expresamente, como está documentado, a impedir que el Río
de la Plata fuera un río interior. Es inconveniente, decía, que una sola Nación
posea las dos orillas del río, pues tendría gravitación decisiva en el Atlántico
Sud.
Es un poco triste saltar de estas meditaciones a la política del mar que tenemos
por delante y a la concepción de nuestro destino que parece regirla, es decir,
como simple instrumento de intereses remotos. Y es curioso que quienes más se
afanen por servir esos planes sean aquellos a quienes la política de Canning
frustró un destino de grandezas ganado por nuestros ejércitos en los campos de
Ituzaingó.
El posibilismo y la imaginación suelen ser deprimentes cuando se contrasta el
sueño con la realidad. No es así en este caso. Porque nos reconforta todo lo que
se ha podido salvar y todo lo que se ha hecho a pesar de una "intelligentzia"
rectora que trabajó en contra del destino común y que hasta ha presentado
nuestras derrotas como victorias. Pues hubo otra inteligencia, esa sí argentina,
que desmedrada y todo, salvó lo esencial. Fue ese oscuro instinto de los
caudillos federales, la clara visión de un patrón de estancia, que aplicó al
gobierno las normas del sentido común, no dejándose confundir por las añagazas
de la "intelligentzia". El país ha vencido, a pesar de todo, y lo ha salvado,
permanentemente, el sentido realista de nuestros humildes y sus intérpretes.
Pero, lo que fue intención es ahora inteligencia. Ahora los argentinos "saben" y
tienen conciencia de su destino y cómo realizarlo.
Creo, sin embargo, que no está demás la labor que he intentado: poner al desnudo
las finalidades de la llamada "intelligentzia".
* Arturo Jauretche, Los profetas del odio y la yapa, Ediciones Corregidor,
Buenos Aires, 1997
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
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