Reportaje a Blas Alberti (29 de junio de 1971, canal 7 de Argentina,
fragmento sobre el socialismo)
Pregunta: ¿Este Partido Socialista de la
Izquierda Nacional es un desprendimiento del Partido Socialista Argentino?
Blas Alberti: Bueno, yo quería aclarar precisamente esa cuestión. Nosotros
tenemos que ver con el Socialismo de la Argentina de la misma manera que todas
las plantas pertenecen al reino vegetal. Voy a explicar esto. En realidad,
nosotros nos asumimos como herederos de la Tercera Internacional fundada por
Lenin, en contraposición a lo que Lenin llamó "el pantano de la socialdemocracia
europea", porque esa socialdemocracia consideraba que la vía al socialismo tenía
que darse a través de la lucha parlamentaria, vale decir, por una vía de
colaboración con la burguesía. Esto es el campo internacional. En el campo
nacional, nosotros hemos hecho, desde el marxismo, la crítica a toda la
izquierda, que hemos considerado bajo el rótulo de "izquierda antinacional",
precisamente en lo que hace a la interpretación del peronismo. Es decir, eso es
lo que nos divide a nosotros de toda la izquierda en la Argentina.
P: Parece entonces que eso es lo que ha dividido al socialismo siempre, desde el
55 en adelante.
BA: Claro, porque es el peronismo el que hace estallar a la vieja izquierda en
la medida en que el peronismo, como frente de clases en donde la clase obrera,
de la cual los viejos socialistas y el llamado "partido comunista" se
consideraban los herederos, en el año 45, sin embargo, elige hacia la izquierda,
es decir, vota por Perón, en tanto los socialistas y "comunistas" que estaban
enfrente, se alinean en el bando de la "unión democrática", es decir, en el
frente capitaneado por la oligarquía y apoyado por el imperialismo
norteamericano en la persona del entonces embajador Braden.
P: Alberti, ¿su partido invalida a todos los sectores de esa izquierda
considerándolos como antinacionales?
BA: Eso es. En general a todos los sectores históricos de esa izquierda
considerándolos como antinacionales.
P: ¿Cuántos afiliados tiene su partido?
BA: Bueno, eso no interesa, pues la verdad puede ser dicha por una persona o por
mil.
P: No, la pregunta interesa como una forma de ubicarnos...
BA: Hemos declarado que tenemos 600 militantes. Esto es distinto al término
afiliado o adherente, en cuanto nosotros tenemos una concepción
leninista del partido.
P: ¿Su partido niega entonces validez a todos los sectores de la izquierda,
llámense partidos socialista democrático o argentino?
BA: Claro que sí. Consideramos que no es socialista quien afirma que la
Argentina tenía que participar del librecambio a nivel internacional, como lo
planteó Juan B. Justo. En un reportaje reciente a Federico Pinedo, éste
manifiesta una gran coincidencia con el socialismo de Justo, y esto define al
socialismo juanbejustista.
Fuente: http://www.izquierdanacional.org/historia/publicaciones/ah010.html
Apuntes
autobiográficos*
Por José Carlos Mariátegui
"Aunque soy un escritor muy poco autobiográfico, le daré yo mismo algunos datos
sumarios. Nací el 95. A los 14 años entré de alcanza-rejones en periódico. Hasta
1919 trabajé en el diarismo, primero en "La Prensa", luego en "El Tiempo",
finalmente en "La Razón". En este último diario patrocinamos la reforma
universitaria. Desde 1918, nauseado de política criolla me orienté resueltamente
hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado
de decadentismo y bizantinismo finiseculares, en pleno apogeo. De fines de 1919
a mediados de 1923 viajé por Europa. Residí más de dos años en Italia. Donde
desposé una mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros
países. Mi mujer y mi hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me
concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa
época señalan estas estaciones de mi orientación socialista. A mi vuelta al
Perú, en 1923, en reportajes, conferencias en la Federación de Estudiantes, en
la Universidad Popular, artículos, etc., expliqué la situación europea e inicié
mi trabajo de investigación de la realidad nacional,
conforme al método marxista. En 1924 estuve, como ya lo he contado, a punto de
perder la vida. Perdí una pierna y me quedé muy delicado. Habría seguramente ya
curado del todo con una existencia reposada. Pero ni mi pobreza ni mi inquietud
espiritual me lo consienten. No he publicado más libros que el que Ud. conoce.
Tengo listos dos y en proyecto otros dos. He aquí mi vida en pocas palabras. No
creo que valga la pena hacerla notoria; pero no puedo rehusarle los datos que
Ud. me pide. Me olvidaba: soy un autodidacta. Me matriculé una vez en letras en
Lima, pero con el solo interés de seguir el curso de latín de un agustino
erudito. Y en Europa frecuenté algunos cursos libremente, pero sin decidirme
nunca a perder mi carácter extra-universitario y tal vez, si hasta anti-universitario.
En 1925 la Federación de Estudiantes me propuso a la Universidad como
catedrático en la materia de mi competencia; pero la mala voluntad del Rector y,
seguramente, mi estado de salud, frustraron esta iniciativa."
De la carta de fecha 10 de enero de 1927, enviada por José Carlos Mariátegui al
escritor Enrique Espinoza (Samuel Glusberg), director de la revista La Vida
Literaria, editada en Buenos Aires. Se publicó la carta en su número del mes de
mayo de 1930, en homenaje al recién fallecido Mariátegui.
*Escrito: 10 de enero de 1927.
Primera edición: En La Vida Literaria, mayo de 1930, Buenos Aires - Argentina.
Fuente: Seminario Internacional Sobre la Vida y Obra de José Carlos Mariátegui,
Guayaquil - Ecuador, 1971.
Preparado para el Internet: Por Juan R. Fajardo, para el MIA, mayo de 2000.
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/mariateg/1927/ene/10.htm
Zoncera
Nº 1: "Civilización y barbarie"*
Por Arturo Jauretche
Antes de ocuparme de la cría de las zonceras corresponde tratar de una que las
ha generado a todas -hijas, nietas, bisnietas y tataranietas-. (Los padres son
distintos y de distinta época -y hay también partenogénesis-, pero madre hay una
sola y ella es la que determina la filiación).
Esta zoncera madre es Civilización y barbarie. Su padre fue Domingo Faustino
Sarmiento, que la trae en las primeras páginas de Facundo, pero ya tenía
vigencia antes del bautismo en que la reconoció como suya. En Los profetas del
odio y la yapa digo de la misma: "La idea no fue desarrollar América según
América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la
cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno
donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol
y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento
según Europa y no según América".
"La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho,
el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho
propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era
civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar -si Nación y realidad
son inseparables-."
Veremos de inmediato, en la zoncera que sigue - el mal que aqueja a la Argentina
es la extensión- cómo para esa mentalidad el espacio geográfico era un
obstáculo, y luego, que era también obstáculo el hombre que lo ocupaba -español,
criollo, mestizo o indígena- y de ahí la autodenigración, y cómo fueron paridas
y para qué convertidas en dogmas de la civilización.
Carlos P. Mastrorilli en un artículo publicado en la revista "Jauja" (noviembre,
1967) analiza dos aspectos esenciales de la mentalidad que se apoya en esa
zoncera: "En la íntima contextura de esa mentalidad hay un cierto mesianismo al
revés y una irrefrenable vocación por la ideología. Por el mesianismo invertido,
la mentalidad colonial cree que todo lo autóctono es negativo y todo lo ajeno
positivo. Por el ideologismo porque prefiere manejar la abstracción conceptual y
no la concreta realidad circunstanciada".
El mesianismo impone civilizar. La ideología determina el cómo, el modo de la
civilización. Ambos coinciden en excluir toda solución surgida de la naturaleza
de las cosas, y buscan entonces, la necesaria sustitución del espacio, del
hombre y de sus propios elementos de cultura. Es decir "rehuir la concreta
realidad circunstanciada” para atenerse a la abstracción conceptual. Su idea no
es realizar un país sino fabricarlo, conforme a planos y planes, y son éstos los
que se tienen en cuenta y no el país al que sustituyen y derogan, porque como
es, es obstáculo.
* * *
Que la oligarquía haya creído un éxito definitivo de la zoncera Civilización y
barbarie, lo que llamó "el progreso" de la última mitad del siglo XIX y los años
iniciales del presente, ha sido congruente con sus intereses económicos.
Alienada al desarrollo dependiente del país, su prosperidad momentánea le hizo
confundir su propia prosperidad con el destino nacional.
Había por lo menos una constatación histórica que parecía justificar el
mesianismo y la ideología liberal de la oligarquía. El problema se le plantea a
ésta ahora, cuando el cambio de condiciones internas y especialmente externas,
por el aumento de población y su nivel de vida, y la situación en el mercado
mundial de la economía de intercambio comercial fundada en el precio, por la
economía mercantil, se destruyen las bases de la estructura primaria de
intercambio de materias primas por materias manufacturadas, pues así como hay
imperios que pierden sus colonias, hay colonias que pierden su imperio, cuando
dejan de serles necesarias a éste.
Ahora, como ya no puede confundir su éxito propio y momentáneo con el destino de
la gran Nación que parecía aparejado a su prosperidad colonial, piensa en
achicar la población, como sus antecesores pensaron en achicar el espacio en la
buscada disgregación del Virreynato del Río de la Plata.
Mesianismo e ideología ya no encuentran, como pareció antes, su identificación
con el destino del país. La oligarquía se vuelve anti-mesiánica desde que
rechaza concretamente la grandeza al propiciar el achicamiento del pueblo, y su
ideología no puede proponer otras soluciones que las de la conservación cada vez
más desmejorada de la estructura existente: de este modo se convierte en freno y
eso es lo que se confiesa de hecho por sus tecnócratas que sólo proponen seguir
tirando desde que el destino del país colonia está cubierto definitivamente.
Así, pierde el papel promotor que se había asignado mientras se creyó
constructora -y esa fue su fuerza- para hacerse conservadora en un país que no
debe dar un paso más adelante. Ya lo he dicho también: los progresistas de ayer
se vuelven anti-progresistas desde que todo su progreso sólo puede realizarse
contra la ideología que identifica el destino nacional con sus intereses de
grupo.
* * *
Pero sí esta congruencia circunstancial en el interés de grupo permite
comprender el descastamiento de las llamadas "elites", impedidas de una visión
de distancia por su circunstancial prosperidad que obstó a la comprensión del
país en un largo destino -todo destino nacional es largo-, no vale para los
ideólogos que aparentan desde una postura popular un mesianismo
revolucionario. De titulados democráticos a marxistas, la explicación ya no
tiene la congruencia que en la oligarquía y pasa a ser mesianismo e ideología
sin una pizca de contenido material. Se
trata, como dice Mastrorilli, de una "abstracción conceptual en que no gravita
la concreta realidad circunstanciada". Aquí aparece desnuda, desprovista de toda
constatación pragmática, la zoncera Civilización y barbarie, según sigue
gravitando en la "intelligentzia".
Por la profesión de esta zoncera el ideólogo, extranjero o nativo, se siente
civilizador frente a la barbarie. Lo propio del país, su realidad, está excluida
de su visión. Viene a civilizar con su doctrina, lo mismo que la Ilustración,
los iluministas y los liberales del siglo XIX; así su ideología es simplemente
un instrumento civilizador más. No parte del hecho y las circunstancias locales
que excluye por bárbaras, y excluyéndolos, excluye la realidad. No hay ni la más
remota idea de creación sobre esa realidad y en función de la misma. Como los
liberales, y más que los liberales que -ya se ha dicho- eran congruentes en
cierta manera, aquí se trata simplemente de hacer una transferencia, y repiten
lo de Varela: -"Si el sombrero existe, sólo se trata de adecuar la cabeza al
sombrero". Que éste ande o no, es cosa de la cabeza, no del sombrero, y como la
realidad es para él la barbarie, la desestima. De ninguna manera intenta adecuar
la ideología a ésta; es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a sí misma,
porque es barbarie.
Así la oligarquía y su oposición democrática o marxista disienten en cuanto a la
ideología a aplicar pero coinciden totalmente en cuanto al mesianismo:
civilizar. Si la realidad se opone a la aplicación de la ideología según se
transfiere, la inadecuada no es la ideología de transferencia sino la realidad,
por bárbara. Los fines son distintos y opuestos en cuanto a la ideología en sí,
pero igualmente ideológicos.
Si en las ideas abstractas son opuestos, la zoncera Civilización y barbarie los
unifica en cuanto son la civilización. De donde resulta que los que están más
lejos ideológicamente son los que están más cerca entre sí -en cuanto teólogos-
como ocurre cada vez que la realidad enfrenta a todos los civilizadores.
Entonces se unifican contra la barbarie, que es como llaman al mundo concreto
donde quieren aplicar las ideologías.
Esto se hace evidente en los momentos conflictuales en que el país real aparece
en el escenario social o político. El mismo Mastrorilli en el artículo referido
dice: "Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar
la vieja estirpe criolla y rellenar el gran espacio vacío con sajones. Esta
monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo
acorraló, se lo condenó a una existencia inferior. Sin embargo los aportes de
sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron
establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses
-relictos de las invasiones o colonos traídos de la fabulosa imaginación
rivadaviana- se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos, también. Y
a espaldas del régimen colonial se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin
resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo
hispánico como principio organizador de la convivencia."
"El régimen fracasó sociológicamente. A partir de 1914 aprendió a contar con una
masa popular desconfiada y adversa. En suma: el régimen quiso cambiar al pueblo
y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo
viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian
como barbarie". Eso pasó, como dice el autor, desde 1914. Culminó "el 17 de
Octubre, en la más grande operación de política de masas que vio el país; la
muchedumbre estaba compuesta por cabecitas negras -restos del criollaje
proscripto- pero también por hijos de gringos, polacos y maronitas lanzados
contra el régimen con violencia inusitada".
¿Por qué la parte de la "intelligentzia", democrática o marxista, no pudo
entender un hecho tan evidente en ninguna de las dos oportunidades. La
oligarquía trató de invalidarlo porque sus intereses concretos coincidían con
los criterios de Civilización y barbarie, pero en otro caso la explicación sólo
es posible a puro vigor de zoncera: incapaz de salir del esquema y partiendo del
mismo supuesto histórico de que las masas en el pasado habían expresado sólo la
barbarie frente a la civilización, vio en su nueva presencia una simple
recidiva. De ahí lo de "aluvión zoológico” y "libros y alpargatas", que son
zonceritas biznietas de Civilización y barbarie y cuyo sentido permanente supera
la insignificancia de los que las enunciaron, pues revelan el modo de sentir de
la "intelligentzia" in totum, incapaz de pensar fuera de la ideología, es decir
de lo conceptual ajeno y opuesto a los hechos propios.
Así, la zoncera de Civilización y barbarie se apoya en dos patas y anda, pero
cojeando, porque una es más larga que la otra, que es como una pata auxiliar a
la que se recurre cuando el régimen está en peligro. Una ideología apuntala a
otra ideología, por más que su signo sea inverso en teoría, porque tienen en
común el supuesto mesiánico que cada uno quiere realizar a su manera, pero ambas
partiendo de la negación de lo propio. Conviven entre gruñidos y se tiran
mordiscones, pero siempre entre civilizados que se defienden en común de los
bárbaros, es decir del país real. La recíproca tolerancia nace de la unidad
civilización y se practica de continuo en la común devoción por todas las
zonceras nacidas del vientre de la zoncera madre.
No preguntéis entonces por qué comparten la misma historia que se niegan a
revisar desde que revisar importa dejar sin base la zoncera generatriz. Destruir
ésta implica sustituir una mentalidad hecha partiendo de ella y excluir el
mesianismo y la ideología como fundamento de un pensamiento argentino para dar
su oportunidad al buen sentido. Ahí, en Civilización y barbarie, la zoncera
madre, está el punto de confluencia de las ideologías, es decir, de la negación
de toda posibilidad para el país nacida del país mismo. Es como si dijéramos la
"Unidad Democrática" tácita de que surgen todas las otras.
En Geopolítica de la cuenca del Plata (A Peña Lillo editor, Bs. As., 1973),
Alberto Methol Ferré analiza la ahistoricidad del pensamiento uruguayo. En
ninguna parte como allí -recordemos otra zoncera: "como el Uruguay no hay"-, se
"tuvo una conciencia política eminentemente abstracta". La falsificación de la
historia, allá como aquí, se completó con la concepción estratosférica del país
en cuanto se excluyeron las causales internacionales de los hechos propios o
inversamente se excluyeron los hechos propios de las causales internacionales.
Así, dice: "Nos enseñaban una historia de puertas cerradas, desgranada en
anécdotas y biografías, o de bases filosóficas ingenuas, y nos mostraron la
abstracción de un país casi totalmente creado por pura causalidad interna. A
esta tesis tan estrecha, se le contrapuso su antítesis, seguramente tan
perniciosa. Y esta es la pretensión de subsumir y disolver el Uruguay en pura
causalidad externa, en una historia puramente mundial a secas. Una historia tan
de puertas abiertas que no deja casa donde entrar...". "A la verdad, esta última
actitud no escribe historia uruguaya, que le aburre, y prefiere vagabundear y
solazarse en la contemplación a veces minuciosa de la historia mundial. Nos
escindíamos en pueblerinos o
ciudadanos del mundo...". Así, de una historia isla, pasábamos a la evaporación,
a las sombras chinescas de una historia océano, donde la historia se juega en
cualquier lado menos aquí y aquí lo de cualquier lado. "Esta actividad lujosa
-la historia océano-, si hoy canaliza disponibles jóvenes iracundos, ayer
permitía a nuestra diplomacia pagarse de las palabras proyectándose para dictar
cátedra mundial sobre los derechos humanos y arbitrajes". Son dos formas del
escapismo.
"Interioridad pura o exterioridad pura, dos falacias que confraternizan...".
"... ¿quiérese mayor lujo que extrapolarse en la historia de los otros?...".
"Era una manera de renunciar a hacer historia"... "Por otra parte, ese idealismo
externo en su versión de izquierda dimitirá frente a nuestra historia de puertas
cerradas, conservadora. Incapaz de criticarla, porque no le interesaba
vitalmente, terminaba en los hechos por aceptarla en bloque. No puede darse
incorformismo más conformista". .. ". Así la esterilidad del marxismo uruguayo
para decir nada sobre el país, salvo el caso reciente de Trías. Así, el
idealismo jurídico romántico, de derecha o de izquierda, son los modos uruguayos
de suplir la ausencia de una política internacional real. El rasgo común de
nativistas y oceánicos es que el Uruguay no era problema."
Crucemos de nuevo el río. ¿No estamos en presencia de una situación parecida? Si
la falsificación de la historia oficial, presentando la Argentina como un
conflicto entre la civilización y la barbarie, ha desestimado el conflicto entre
lo nacional y lo extranjero desde que el objeto de la historia no es la Nación
sino la civilización, la izquierda, como tampoco tiene en cuenta lo nacional
como causalidad histórica, produce el mismo conformismo que en el Uruguay con la
historia oficial. Esta vez para que la historia del futuro dependa
exclusivamente de la causalidad externa, generando un escapismo que tiene las
misma raíces anti-nacionales que, naturalmente, rehuye la
construcción propia para trasladarla al escenario de la civilización. Por donde
vienen a ubicarse, como sus cofrades de la otra banda, en un balcón sobre el
mundo que es donde se opera la historia idealizada.
Pero un balcón no es una puerta por donde entra y sale lo propio y lo ajeno,
sino un puesto de observación donde se espera que fuera se resuelva lo que hay
que resolver adentro, cosa que le conviene a los que ya adentro lo tienen
resuelto. De aquí la coincidencia cuando el país real intenta sus propias
soluciones y a su manera.
En tren de clasificación, la zoncera de Civilización y barbarie es una zoncera
intrínseca, porque no nace del falseamiento de hechos históricos ni ha sido
creada como un medio aunque después resultase el medio por excelencia, ni se
apoya en hechos falsos. Es totalmente conceptual, una abstracción antihistórica,
curiosamente creada por gente que se creía historicista, como síntesis de otras
abstracciones.
Plantear el dilema de los opuestos Civilización y barbarie e identificar a
Europa con la primera y a América con la segunda, lleva implícita y
necesariamente a la necesidad de negar América para afirmar Europa, pues una y
otra son términos opuestos: cuanto más Europa más civilización; cuanto más
América más barbarie; de donde resulta que progresar no es evolucionar desde la
propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para
sustituirla.
Para el que ha leído Los profetas del odio y la yapa al hablar de esta zoncera
no hago más que resumir conceptos allí expresados, pero es necesario reiterarlos
en este libro por lo que se ha dicho de la maternidad de todas las zonceras. La
aceptación de ésta hace posible la vialidad de las otras, cosa que se irá viendo
a medida que se trate cada una.
*Del libro "Manual de Zonceras Argentinas” de Arturo
Jauretche, editorial Corregidor.
Fuente: http://mundo-perverso.blogspot.com/2007/10/zoncera-n-1-civilizacin-y-barbarie.html
Enrique
Rivera: Se prepara una biografía
Enrique Rivera y la
Izquierda Nacional argentina*
El 31 de agosto de 1955 una columna del Partido Socialista de la
Revolución Nacional marcha a la Plaza de mayo en apoyo a Perón, repudiando la
contrarrevolución oligárquica que se había puesto en marcha. El hecho es
rescatado por el hijo de un protagonista y a la vez lúcido exponente del
pensamiento nacional y revolucionario.
Por Pablo Rivera
Cuando se reconstruya la historia de la Izquierda Nacional, potente corriente de
pensamiento revolucionario que planteó por primera vez, desde un punto de vista
autónomo, los problemas del patriotismo, el socialismo y la revolución en los
países semicoloniales como la Argentina y América Latina, no podrá omitirse la
participación protagónica en su conformación de Enrique Rivera (1922-1995).
Discípulo y camarada de Aurelio Narvaja y de todo un núcleo de militantes
obreros e intelectuales, Rivera desde los años 40 y en coincidencia con la
irrupción de las masas del 17 de octubre, volcó en innumerables artículos,
libros y conferencias, y en su acción política una lúcida visión del peronismo,
una concepción novedosa del revisionismo histórico y contribuyó a desarrollar la
tesis de la unidad nacional de América Latina en tiempos en que esto sonaba a
disparatada << utopía>>. Formó parte del equipo político que editaba Frente
Obrero y la revista Octubre en los calientes días de 1945 y 46, junto a Jorge
Abelardo Ramos, Carlos Etkin, Alfredo Terzaga, Carlos Díaz, Ernesto Ceballos,
entre otros, publicaciones desde las cuales se defendió desde sus orígenes al
movimiento acaudillado por el joven coronel.
Fue también Rivera impulsor de una experiencia política tan poco conocida como
insuficientemente valorada: la creación del Partido Socialista de la Revolución
Nacional (PSRN) en 1953 con el objeto de sostener, desde una plataforma
independiente y revolucionaria, las grandes realizaciones del peronismo en el
poder.
Escribió José Hernández y la guerra del Paraguay, León Trotsky y la Revolución
Nacional Latinoamericana, La Reforma Universitaria, Peronismo y frondizismo
entre otros libros, además de innumerables artículos y folletos. Hoy en los
marcos de una nueva situación histórica mundial que cambió en gran medida el
temario de la discusión en el campo popular y obrero, esos textos de Rivera
conservan una lozanía sorprendente y tienen mucho que decirnos. En próximas
entregas de Cauce Latinoamericano seleccionaremos tramos representativos de su
obra.
Pablo Rivera es hijo de Enrique, reside en Montreal y tiene en preparación un
libro sobre la vida de su padre, al que puso por título Historia de un
naufragio. Adelantamos a nuestros lectores un fragmento de la Introducción, en
la que se puede apreciar una emotiva remembranza de quien fuera una notable
figura intelectual y política, al mismo tiempo que se rescata un episodio
ignorado de nuestras luchas sociales y nacionales: la presencia en la
multitudinaria concentración popular del 31 de agosto de 1955, en Plaza de Mayo,
de una columna del Partido Socialista de la Revolución Nacional codo a codo con
las masas peronistas, salvando el honor del socialismo y al mismo tiempo
proponiendo una perspectiva nueva al gobierno popular en crisis, acosado por el
imperialismo y la conspiración oligárquica.
(Nos recibieron con aplausos y ovaciones)
(Los libros quemados..., pensé angustiado al salir de la librería. Llevaba en el
bolso dos escritos de Trotsky: Historia de la Revolución Rusa y La revolución
traicionada, comprados en la calle St. Dénis, en Montreal. Esa debe ser la causa
de mi angustia, aquel momento que jamás podré olvidar: papá quemando sus libros
en el jardín de la casa de Nuñez, - si viene alguien m'hijo y ve esto, le decís
que hicimos un asado. Tenía entonces seis años pero bien que me avivé y no
pregunté nada. Era en 1976 en Buenos Aires. Pero papá llevaba el conocimiento
consigo, era historia viva, y yo fui viviendo con esa historia que poco a poco
él me la haría conocer a través de los años. Había sido uno de los fundadores de
la Izquierda Nacional que apoyó a Perón a diferencia de la otra izquierda,
cipaya, socialista o staliniana que no entendía al movimiento nacional, - el 31
de agosto del 55, después del fallido intento de golpe de junio, todos fueron a
Plaza de Mayo a pedirle armas a Perón para defender su gobierno, los obreros
pensaban que todos los socialistas se oponían a Perón y se llevaron una gran
sorpresa, nos recibieron con aplausos y ovaciones al vernos llegar y quien creés
que iba adelante de todos, alzando la bandera socialista del PSRN ? Ehh? Tu
viejo! Sus ojos brillaban y una sonrisa le iluminaba el rostro pero no me miraba
a mí, veía a ese pasado que yo trataba de imaginar. Fue en el año 93; dos años
después fallecería, probablemente llevándose con él muchos otros recuerdos.
Llegué a casa y coloqué los libros en algún rincón medio escondido de la
biblioteca, quizás - inconscientemente- buscando así proteger lo único que me
quedaba de mi padre: las ideas. Me senté con un cuaderno al lado de la ventana,
estaba lloviendo sobre Montreal, pero sin dejarme vencer por la tristeza, me
puse a escribir)).
*Publicado por primera vez en la Revista Cauce Latinoamericano, invierno de
1997.
Fuente: http://www.marxists.org/espanol/rivera/webdoc3.htm
Epílogo
montevideano*
Por Arturo Jauretche [1957]
Gusto sentarme, a la caída de la tarde, en el murallón de la Costanera, en la
ciudad vieja de Montevideo. Hay un lugar que prefiero, a doscientos metros de
donde vivo, y es la saliente que hace el antiguo asiento del Templo Inglés.
Los barcos que van y vienen de ultramar pasan al largo, los que vienen de Buenos
Aires se perfilan al tomar la boya que tengo delante, a menos de una milla, río
adentro.
Pienso entonces que este Montevideo es el puerto natural de la Confederación del
Plata. El puerto natural de Bolivia y Paraguay, de Argentina y Uruguay. Si las
cosas hubieran sido de otro modo y existiese la Confederación, éste habría sido
el puerto de intercambio con ultramar y probablemente Montevideo, la gran ciudad
comercial e industrial del Plata y el territorio Oriental, su granja
abastecedora. Buenos Aires, con un puerto que hemos tenido que cavar en el
barro, y al que debemos defender, día por día del mismo barro, sería la Capital
de la Provincia de Buenos Aires, o tal vez de la Nación, pero no la única gran
ciudad del Plata. Una ciudad importante entre muchas, en las imaginaciones de
ese posibilismo veo este País, con sus maravillosas playas y su equilibrado
paisaje, elaborando gran parte de las materias primas de la cuenca platense, y
al mismo tiempo sitio del ocio y del recreo, sin competencia posible. Esta gran
ciudad del sur, a la que la naturaleza había fijado un destino de primera,
tendida bajo la farola del Cerro.
Ella es además el contacto marítimo directo con la Patagonia, con la Antártida,
con las Malvinas y con el Estrecho, que afluyen naturalmente a su seno. Cuando
analizo nuestras economías distorsionadas por una estructura política artificial
y los grandes ríos y el mar esterilizados para su función, me duele nuestro
destino marítimo frustrado, cuando el Plata dejó de ser el río interior de
nuestra Confederación. Al perder ese carácter se cerraron las posibilidades de
gran cabotaje, que era su consecuencia lógica y hubiera sido nuestro medio de
transporte establecido por la naturaleza. Al perder la unidad, perdimos el
destino marinero, pues del cabotaje se pasa directamente a la marina de
ultramar, por la que afortunadamente se hizo mucho en estos últimos años, como
parte del proceso liberador, entre las sonrisas escépticas de la "intelligentzia",
que quiso ridiculizar el esfuerzo, hablando de los "gauchos al timón". Seríamos
hoy potencia en materia de marina mercante, y nuestra marina de guerra,
potenciada sobre la misma base, sería Señora del Atlántico Sud. Señora de
alianza buscada en razón de potencia, y no ofrecida en razón de debilidad.
Pero esto que imagino yo ahora, sobre el antiguo asiento del Templo Inglés, lo
pensó con clara visión Canning, hace un siglo y cuarto, entre las brumas
londinenses. Sus instrucciones a Ponsomby, cumpliendo con la política de
balcanización del Río de la Plata y las finalidades económicas que siguen
rigiendo, y que dieron por resultado la separación de la Banda Oriental de sus
hermanas, atendieron expresamente, como está documentado, a impedir que el Río
de la Plata fuera un río interior. Es inconveniente, decía, que una sola Nación
posea las dos orillas del río, pues tendría gravitación decisiva en el Atlántico
Sud.
Es un poco triste saltar de estas meditaciones a la política del mar que tenemos
por delante y a la concepción de nuestro destino que parece regirla, es decir,
como simple instrumento de intereses remotos. Y es curioso que quienes más se
afanen por servir esos planes sean aquellos a quienes la política de Canning
frustró un destino de grandezas ganado por nuestros ejércitos en los campos de
Ituzaingó.
El posibilismo y la imaginación suelen ser deprimentes cuando se contrasta el
sueño con la realidad. No es así en este caso. Porque nos reconforta todo lo que
se ha podido salvar y todo lo que se ha hecho a pesar de una "intelligentzia"
rectora que trabajó en contra del destino común y que hasta ha presentado
nuestras derrotas como victorias. Pues hubo otra inteligencia, esa sí argentina,
que desmedrada y todo, salvó lo esencial. Fue ese oscuro instinto de los
caudillos federales, la clara visión de un patrón de estancia, que aplicó al
gobierno las normas del sentido común, no dejándose confundir por las añagazas
de la "intelligentzia". El país ha vencido, a pesar de todo, y lo ha salvado,
permanentemente, el sentido realista de nuestros humildes y sus intérpretes.
Pero, lo que fue intención es ahora inteligencia. Ahora los argentinos "saben" y
tienen conciencia de su destino y cómo realizarlo.
Creo, sin embargo, que no está demás la labor que he intentado: poner al desnudo
las finalidades de la llamada "intelligentzia".
* Arturo Jauretche, Los profetas del odio y la yapa, Ediciones Corregidor,
Buenos Aires, 1997
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
Manuel
Ugarte*
Por Norberto Galasso
En el Archivo General de la Nación (Buenos Aires-Argentina) existen más de 25
biblioratos con documentación que pertenecen al archivo privado de un Sr.
llamado Manuel Baldomero Ugarte nacido en Bs. As. el 27 de febrero de 1875 y
fallecido en Niza, junto al Mediterráneo, el 2 de diciembre de 1951.
Supóngase que ahora empezamos a revisar esas carpetas. Vea, aquí tiene
documentación de 1900, cartas afectuosas que le envían Rubén Darío, Amado Nervo,
José enrique Rodó, José Santos Chocano y otros escritores latinoamericanos, los
más prestigiosos de aquel momento.
En otra carpeta se ha separado la correspondencia proveniente de España. Fíjese
los firmantes Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Pio Baroja. En este
bibliorato se archivaron cartas de amigos argentinos: José Ingenieros, Leopoldo
Lugones, Ricardo Rojas Alfredo Palacios. Es decir este desconocido Ugarte se
carteaba con los intelectuales más importantes de su país de América y de España
e incluso alguno de ellos prologaron sus primeros libros como Miguel de Unamuno,
Rubén Darío y Pío Baroja.
¿Quiere ahora que sigamos revisando? Observemos esta caja de recortes
periodísticos correspondientes a los años1910, 1911 y 1912. Le advierto que se
va a asombrar; fotos y notas periodísticas de las principales ciudades de
América Latina anuncian con enormes titulares, las conferencias y actos públicos
de Ugarte con la concurrencia de miles de personasen Méjico, Panamá, La Habana,
El Salvador, Santo Domingo, Managua, Caracas, Bogotá, Quito, Santiago de Chile,
Asunción, Montevideo, Buenos Aires actos multitudinarios, a veces prohibidos por
los gobiernos por temor a la reacción popular, reclamos de entidades populares
ante las gestiones de la Embajada Yanqui para impedir sus conferencias, una gira
dedos años que conmovió a la patria grande latinoamericana.
Manuel Ugarte [1875-1951]Vea, ahora: 1918, fundación de la Federación
Universitaria Argentina (FUA). En el acto hablan delegados estudiantiles
¿Quiénes el orador de fondo? Manuel Ugarte.
Veamos estas carpetas, relativas a la década de 1920, aquí hay cartas de los
principales dirigentes de la Revolución Mejicana, agradeciendo el apoyo que les
otorga Ugarte. Otras provienen de dirigentes del APRA peruano, cuando aquel
movimiento mantenía todavía en alto sus banderas de liberación y entre ellas,
varias de su líder, Víctor Raúl Haya de La Torre, quien juzga a Ugarte como
precursor del APRA. Asimismo José Carlos Mariátegui lo considera como una de las
más prestigiosas figuras de América latina.
Observe ahora y conmuévase: esta firma cuya rúbrica es un verdadero latigazo
pertenece a Augusto César Sandino, el jefe de la guerrilla nicaragüense alzado
en armas contra los marines yanquis, Sandino le agradece a Ugarte la defensa de
su causa en artículos y conferencias dados en diversas capitales del mundo. En
la misma carpeta nos encontramos con un ejemplar de la revista Monde, editada en
París, bajo la dirección de Henri Barbusse. Fíjese quienes integran el comité de
redacción: Máximo Gorki, Miguel de Unamuno, Alberto Einstein, Upton Sinclair y
Manuel Ugarte. No creo que necesitemos revisar las carpetas que restan.
Abandonamos el Archivo General de la Nación. Lo que Ud. ha visto es suficiente
para que con perplejidad me pregunte: Entonces ¿por qué es un desconocido en
Argentina?Le contesto, no sólo es un desconocido. A él, que escribió más de
treinta libros, le negaron una cátedra de Literatura en Buenos Aires, justamente
a él que había firmado el Libro de Oro Mundial de la Pazen 1929 junto a Bernard
Shaw, Roman Rolland, los esposos Curie, Maeterling y otras figuras, las más
prestigiosas de la intelectualidad mundial. También le negaron el Premio
Nacional de Literatura para el cual lo propuso Gabriela Mistral. Su nombre
desapareció de los periódicos y las antologías. El Partido Socialista lo expulsó
en dos oportunidades de sus filas.
Cuando en 1916 fundó un diario "La Patria" con recursos personales, debió
cerrarlo antes de los noventa días de su aparición por el boicot que le hacía la
derecha por juzgarlo socialista y los socialistas por considerar lo nacional.
Por todo esto se exiló en 1918 y regresó recién a la Argentina 17 años después.
Nuevamente volvieron a hostigarlo y en 1937 volvió a abandonar el país.
Regresó recién en 1946 y si bien el gobierno presidido por Perón le reconoció
méritos designándolo embajador, la burocracia boicoteó su tarea y debió
renunciar poco después. ¿Por qué entonces?,quizás reitere Ud. su pregunta. Por
ahora le resumiré las causas y quizás en otra oportunidad podamos analizar cada
una de ellas con detenimiento.
La primera: Ugarte denunció al imperialismo yanqui desde1901, por sus tropelías
en América Central, hasta su muerte en 1951 por la guerra de Corea.
La segunda: Ugarte fue un socialista convencido, pero se negaba a copiar
tácticas e ideas europeas "El socialismo debe ser nacional" dijo en 1911.
La tercera: Ugarte sostenía que debíamos incorporarla cultura mundial, pero
elaborar nuestra propia cultura nacional, sin exotismos ni europeísmos.
La cuarta: Ugarte predicó desde 1900 hasta su muerte, la unidad latinoamericana.
Una vez siendo joven, Ugarte que era proclive a los romances, quiso deslumbrar a
una muchacha y le dijo, "Yo voy a luchar toda mi vida contra los Estados Unidos,
por la unidad de América latina y por el socialismo". Ella no entendía mucho.
Sólo se le ocurrió responder: Me parece mucha carga para andar por la vida y
efectivamente tuvo razón, demasiada carga para andar por la vida. Lo
sentenciaron al silencio, lo convirtieron en "Maldito". Una vez Ugarte comentó:
"En otras partes se fusila, es más noble".
*De Los malditos, de Norberto Galasso, 2005
Fuente: www.discepolo.org.ar
Jorge E. Spilimbergo el mejor militante de la Izquierda Nacional *
Por Néstor Gorojovsky
JORGE ENEA SPILIMBERGO (1928-2004)
En octubre de 1945 era un estudiante "progresista", vecino de la Plaza de Mayo;
el "17" pasó, literalmente, ante sus ojos...
"¿Y qué es lo que veía yo? La barbarie, los gauchos degolladores de El Matadero.
No veía lo que había (trabajadores argentinos que defendían sus derechos), me
habían impuesto lo que tenía que ver ¡Éso es la colonización pedagógica: que a
uno no solo le digan lo que tiene que pensar sino también lo que tiene que
ver!".
Viraba entonces sin derrapes hacia la epistemología: esa idea jauretcheana
-decía-superaba a Gramsci, porque postula que la hegemonía se ejerce antes de
las ideas; en el propio "acto perceptivo preanalítico", sintetizaba. Y tras ese
paso por la teoría, volvía a lo cotidiano.
De la construcción mental de la experiencia práctica a su análisis teórico, y de
allí el retorno a la vida práctica. La anécdota condensa, creo, la trayectoria
política general de Jorge Enea Spilimbergo.
Un marxista se encuentra con lo nacional
En 1945 militaba en el Partido Comunista, donde el estalinismo corría cuadreras
con el antiperonismo y la ignorancia de la cuestión nacional. Lo repudió en
pocos años, harto de su burocratismo alienado del pueblo y la Nación.
Convencido de que el imperialismo no podría resolver ninguno de los problemas de
la humanidad, se preguntaba desde dónde luchar por el socialismo. A los 20 años
conoció a Jorge Abelardo Ramos (de 27), quien por entonces estaba publicando
Octubre, una revista que se reivindicaba parte de la IV Internacional. Dimensión
nacional americana, conducción obrera, frente nacional: ésos eran los tres
conceptos esenciales con que -con un alto nivel teórico-Octubre se proponía
librar ese combate en América Latina. Ése era su lugar.
Izquierda Nacional y peronismo
Ni Ramos ni Spilimbergo creían que se pudiera ser consecuentemente marxista,
socialista y peronista. Partidarios de la tesis de la revolución permanente ,
consideraban que la organización socialista independiente (aunque sea de un
pequeño NÚCLEO de propaganda) era una necesidad inmediata: la situación
semicolonial combinaba las supuestas "etapas" de desarrollo de una formación
social, y por ende la organización del ala socialista del movimiento nacional
tenía no ya el derecho sino el deber de existir.
Después de la contrarrevolución de setiembre, no dejarían de colaborar con la
Resistencia y sus dirigentes, pero concentraron su actividad en la batalla
ideológica. Había que remontar la derrota y forjar una herramienta que
permitiera asegurar una futura y definitiva victoria.
La gran batalla de ideas y la construcción del PSIN
Ramos se dedicó a las grandes obras históricas, en un vasto trabajo de
interpretación política y cultural. Incorporó una tensión marxista,
latinoamericana, democrática y plebeya al revisionismo de origen nacionalista y
rosista ; Spilimbergo realizó la crítica de las grandes corrientes políticas,
con miras a la inserción de la Izquierda Nacional en las camadas juveniles de la
clase media. De allí surgieron Nacionalismo oligárquico y nacionalismo
revolucionario, El socialismo en la Argentina, y la Historia crítica del
radicalismo. Trabajos teóricos dictados por la necesidad de combate, fueron
ampliándose en sucesivas ediciones.
Para dar a fondo la batalla conceptual contra los marxistas antinacionales,
preparó La cuestión nacional en Marx, donde demostró que la Izquierda Nacional
no sólo no era un apéndice aberrante del nacionalismo burgués sino la
continuidad de la línea trazada por los fundadores del marxismo. En 1964
redactó, resumiendo con su inconfundible sello un profundo debate interno, Clase
Obrera y Poder, las tesis del Partido Socialista de la Izquierda Nacional (PSIN)
que habían fundado, con Ramos, en 1962.
Spilimbergo fue el gran constructor práctico de ese partido. A la búsqueda de la
mediación táctica concreta que permitiera llenar de contenido humano las ideas
de la IN, planteó que, a medida que el programa oligárquico del 55 se
desplegara, la pequeño burguesía se nacionalizaría. Se podría así sumarla
masivamente al frente nacional.
Sobre esa base comenzó la construcción de un partido de jóvenes cuadros al que
dedicó todas sus energías, sin dejar nunca de ser un periodista laburante.
La alianza plebeya, las movilizaciones del 69 y el FIP
Las FF.AA. habían dado un golpe en 1966. Después de tres años de torvo silencio,
grandes movilizaciones de clases medias y trabajadores abrieron un ciclo
revolucionario. Los cuadros del nuevo partido, codo a codo con los obreros y
jóvenes peronistas, estaban siempre en la primera línea de las calles ardientes.
Ante la salida electoral, el PSIN lanzó el Frente de Izquierda Popular para
aglutinar electoralmente a los diversos sectores que, desde dentro y fuera del
peronismo, apuntaban a una superación socializante de la crisis argentina. La
propuesta no cuajó. La inmensa mayoría de los convocados permaneció dentro del
PJ. Al momento de las elecciones, el FIP quedó reducido al PSIN y su periferia.
Pero había construido una estructura electoral en todo el país, y en algunos
lugares (no por casualidad uno de ellos era el barrio de la Boca, donde vivía
Spilimbergo), había logrado inserción en la clase trabajadora y en los sectores
populares.
Derrota, soledad y tenacidad
El peronismo fue quedando prisionero de sus contradicciones irresueltas, y el
país entero (también el FIP) ingresaba a un largo cono de sombra y miedo que se
extendería prácticamente desde la muerte de Perón (julio del 74) hasta diciembre
de 2001.
El PSIN y el FIP habían expresado desde siempre una dura oposición al terrorismo
individual; quizás esto permitió sostener la organización a salvo de lo peor de
la monstruosa degollina lanzada por Videla, Martínez de Hoz y similares. Pero la
derrota brutal iniciada el 24 de marzo afectó a la conducción misma del PSIN,
que para esos tiempos se estaba fundiendo con el FIP.
La fe de Ramos en la capacidad revolucionaria del pueblo argentino comenzó a
vacilar. Tras una serie de maniobras sorprendentemente inmorales, liquidó al
PSIN y dejó a Spilimbergo prácticamente solo en su defensa de las banderas
fundacionales de la Izquierda Nacional, que de pronto Ramos entendía
"anticuadas". De hecho, había concluido que la alianza entre clases medias y
trabajadores era una utopía impracticable. Spilimbergo, en cambio, afirmaba que
había que mantener lo que se había conseguido y prepararse para un futuro que ya
llegaría.
Emprendió una larga batalla solitaria, de un cuarto de siglo. Ramos fue
evolucionando inexorablemente hacia lo que sería su claudicación final ante
Menem; Spilimbergo exploró uno por uno todos los resquicios para atacar -sin
arriar una sola bandera nacional-a la dictadura, primero, y a los políticos de
la democracia entreguista después.
Tras largos lustros de silencio, finalmente, el pueblo argentino se las arregló
para derrocar la dictadura neoliberal en diciembre de 2001. Justo a tiempo para
sumarse a la construcción de la unidad latinoamericana, encabezada ahora por
Venezuela. Y en esa Plaza de Mayo, como treinta años atrás en el Cordobazo, otra
vez estaban los cuadros formados por Spilimbergo.
Un fin y un nuevo principio
Roberto Ferrero escribía en el invierno del 2000: "Las próximas décadas serán el
terreno en el que las potencias del capitalismo metropolitano tratarán de
apoderarse del alma de las naciones para mantenerlas aherrojadas. Pero sin duda
encontrarán adversarios que resistirán el despliegue de sus tentaciones. 'Y
resistir ya es vencer'" . Nadie lo demostró mejor que Jorge Enea Spilimbergo.
El 4 de setiembre se marchó físicamente, pero como dijera Pedro Godoy, "Spilimbergo
no se marcha. Marcha." Su legado teórico y su ejemplo práctico ya forman parte
del patrimonio global de los argentinos. Su defensa acérrima de la patria y los
humildes, por lo demás, tiene fuertes aliados. Solía decir, con un guiño:
"Confíen en Anita Krüger: nos va a dar grandes satisfacciones".
Fuente: www.pensamientonacional.com.ar
Profeta
nacional
Por Ernesto Goldar
Sin duda hoy resulta fácil pensar el problema nacional. Una experiencia política
de diez años de Gobierno popular, la resistencia durante diecisiete, la nueva
sociedad en ascenso que ha cercado al viejo país débilmente reconstituido a
partir del '55, y la ofensiva estratégica de las fuerzas nacionales dispuestas
de una vez por todas a terminar con la enajenación, sustancian un panorama rico
para que la investigación teórica no naufrague en macaneos de capilla y
verifique cotidianamente en la práctica del país real sus determinaciones
ideológicas. El tema de lo nacional está al día, porque la liberación requiere
(también) de la práctica de los libros. La orfandad intelectual ha dejado de ser
mito, cuando cientos de militantes de la cultura se están incorporando al
proceso auscultado y cierto de la subversión de la dependencia.
No siempre fue así. La irrealidad dictaminaba el desencuentro abismal del
escritor con el país cuando Raúl Scalabrini Ortiz se reunía con sus compañeros
en el sótano de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) y
comenzaba a pensar lo que vendría. Son los años de la "década infame" cuando la
mentira enseñoreaba su complicidad con los ideales financieros del imperio. Los
"nacionales" hablaban para ser escuchados por pocos. Escribían en periódicos
mensuales que se traspapelaban bajo el peso proscriptivo de la intelligentzia
que usufructuaba el pensamiento de la factoría. Eran un puñado de raros,
caracterizados de "nazis" por los epígonos del internacionalismo abstracto. Se
los erradicaba porque cometían el pecado de hablar del país. Han pasado treinta
años y las cosas han cambiado.
Profeta nacional
La base de concientización -el arranque inicial de la denuncia- otorga a
Scalabrini Ortiz el mérito del derecho de empezar la enorme tarea
demistificadora del coloniaje describiendo la alienación del hombre argentino,
denostando la postración económica y urgiendo, proféticamente, por la nueva
definición política que brotaría del pueblo sublevado en los días de octubre. Su
propuesta final apunta a la unidad latinoamericana, requisito categórico para
ser nación y resistir la violencia neocolonial.
Poeta -nunca dejó de serlo-, abandona los ripios por los números. La rima que el
país incierto necesita es la rigurosidad de la estadística, el canto de las
cifras que develen ese muestreo de vergüenza que en "Historia de los
ferrocarriles argentinos" explícita. Es en la economía -y no tan sólo en las
arquetípicas deformaciones superestructurales- donde debe indagarse el drama
americano. Periodista, investigador histórico, su prédica continuará hasta su
muerte en 1959. Antes, en momentos definitivos, consideraría cumplido su
destino. "Éramos brizna de multitud y el alma de todos nos redimía. La sustancia
del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente",
escribe en El Laborista. Se refiere al 17 de octubre de 1945: esa misma noche
Scalabrini y sus compañeros resuelven disolver FORJA. La misión intelectual
parecía terminada y se avecinaba el tiempo de los hechos.
El hombre de Corrientes y Esmeralda
No faltan comentadores apresurados que le señalan desniveles (también se lo
acusa de "reaccionario") a su primer ensayo, El Hombre que está solo y espira,
oponiéndolo de alguna manera a sus múltiples trabajos posteriores. Si El
Hombre... implica el comienzo de una fractura con el pensamiento cosmopolita,
una lectura significativa de la obra demostrará que todos los ingredientes
básicos de la formación de la conciencia nacional aparecen enunciados en este
libro editado por Gleizer en 1931, para alcanzar varias ediciones en poco
tiempo. La gran receptividad en el público no es casual cuando se identifica con
una metodología que enfrenta la "realidad" versus "teorización vacía".
"Este libro compendia los sentimientos que he soñado y proferido durante muchos
años en las redacciones, cafés y calles de Buenos Aires", confesará al final,
suscribiendo un método de conocimiento donde la experiencia sensible nutre al
observador que se "transforma en conejito de indias y experimentador,
simultáneamente". La invención de nuevos patrones para medir el contorno
impedirán, así, la seducción ideológica ante los objetos ideales fijados,
requiriendo de la práctica crítica como modelo de análisis. Entonces la
apariencia externa de los hechos debe ser desechada y la opción por un "buceo en
el ambiente", para sentir, pensar y actuar, sobreviene como recurso. "Con virgen
encantamiento de niño, me abandonaré a la contemplación del mundo'", escribe, y
conecta su inmersión en la realidad sin dejarse llevar por preconceptos
convencionales. La obra se articula en una triple dimensión: a) trasmite lo que
piensa Scalabrini Ortiz, b) describe lo que siente el Hombre de Corrientes y
Esmeralda, c) expone lo que el Hombre -suelto, desprendido del escritor- dicta,
corrige y enseña al autor para salvarlo de las imprecisiones y orientarlo hacia
el "espíritu de la tierra". La descripción de lo concreto y sustantivo es, pues,
el rasgo epistemológico del ensayo, que asalta la realidad porteña -ese resumen
tipificado de medianía metropolitana- como expresión límite de una doble
postergación.
La rutina del hombre
En primer lugar, el Hombre de Corrientes y Esmeralda está embrutecido por la
falsa conciencia. "Se busca afanosamente a sí mismo", es evasivo y desencantado,
porque su fatalismo no es otro que la dura condición del hombre-mercancía
cercado por fuerzas materiales e invisibles que no puede controlar.
"Es la suya una vida que se va cuesta abajo, resbalando despacito, leve, sin
sacudones, una vida que se le escurre entre los días y los años, una vida
enaceitada que se aja sin constancias, sin tragedias, entre días monótonos,
grises, que se disuelven atónitos los unos a los otros". Es la rutina del hombre
fragmentado, donde las cosas que produce y no domina se han transformado en
ídolos ajenos. El Hombre experimenta al mundo capitalista de manera pasiva, como
un receptor inanimado, como sujeto sin vida. Por ello es misántropo, hosco,
opaco y los otros "le son indiferentes". La soledad -la espuria consecuencia del
violento sistema competitivo- conduce a la perversión de todos los valores.
Entonces el Hombre se repliega a fabricar sueños. Las ilusiones subliman la
tristeza, y pasa de café en café a charlar con los pocos amigos que le quedan:
porque ni mujer tiene. El del '30 es un hombre "amachacado" dice Scalabrini: la
Civilización ha impuesto junto al trabajo enajenado la desexualización de su
cuerpo. "La mujer es elemento de voluptuosidad, y hay una zona del hombre que es
impermeable a ella.''(.. .) "La ternura aterra al Hombre de Corrientes y
Esmeralda. Quizá ve en ella un desestimiento repudiable de la virilidad."
Transformado en objeto, el amor no existe como reciprocidad. El ejercicio de los
sentidos espirituales no puede surgir a través de la naturaleza deshumanizada,
pues sólo en el uso de todos los sentidos el hombre se afirma. Separado
materialmente, ajeno respecto de las cosas y de los otros, el amor es una
quimera en el hombre segregado. El trabajo es una maldición: "Advierte que hay
más muerte que vida en la vida de relación, y que el orden social ha pospuesto
al hombre, lo ha sacrificado, no a una necesidad actual, sino a un principio, a
una vaciedad". Aborrece al trabajo, "aborrece la obligación de ocuparse de cosas
extrañas, porque le escamotean el tiempo para ocuparse de si mismo". La desidia
lo derriba y no ambiciona tampoco la riqueza ("el adineramiento, esa
fantasmagoría corroída"), pues sabe que "tener" es lo opuesto a "ser" y que en
la sociedad fetichizada todo lo que se quita de vida se devuelve en dinero:
cuanto más rico, cada vez más pobre.
Hacia la liberación
Pero toda alienación es provisoria. El Hombre comienza a "destruir espejismos" y
asciende (en el curso de la obra) un proceso de rebeldía creciente. De la
opresión inicial, Scalabrini lo ve erguirse en los capítulos finales hacia un
empaque que dice "no" al ritual de las esencias. ("Dos y dos pueden no ser
cuatro...", "El que en caso de apuro no asalta un banco es un otario".) Quiere
autorrealizarse, pararse en dos patas, racionalizar la irracionalidad que lo
circunda y salvarse uniéndose al clamor colectivo que lo excita. En principio,
resiste: se burla de los "engrupidos"; "sobra" a la cultura europea: "siente" en
vez de pensar, para no ceder al mundo de los valores concluidos; "intuye" para
sobrevivir; se "sonríe" ante los pseudointelectuales desdeñosos: "palpita''.
Luego concientiza: "La Tradición, el Progreso, la Humanidad, la Familia, la
Honra, ya son pamplinas que en el sentimiento, del hombre porteño no sirven ni
para gallardetes de clubes náuticos"; el famoso "no te metas" no es el
apoliticismo que han usufructuado los divulgadores descreídos, sino la negación
de un estado-político (la dictadura de Uriburu) que le es ajeno, con el que no
se identifica: "No te metas es un asunto que no es tuyo y es privilegio del
estado. No te metas a apagar ese principio de incendio. No te metas a delatar
ese contrabando. No te metas a cuidar de la vida de los bañistas que se adentran
en el río. No te metas en las cosas que el estado debe cuidar. No te metas en
las pertenencias con que señorea la nación; en el resguardo de las personas y
los bienes, en el mantenimiento del orden y de la moral, en la seguridad externa
y en la policía interna." El capital extranjero puede producir la
"norteamericanización" de la juventud argentina, advierte en 1931, y concluyendo
el ensayo apunta al soporte estructural de todo el andamiaje de incurias que
hundieron en la desesperanza al argentino. Dicen que la propiedad (privada) es
inviolable: "El Hombre se encabrita. ¿Cómo? ¿Qué inmunidades cubren la
propiedad? ¿Quién las concedió? ¿No es su vida, la propiedad esencial del
hombre, entonces?" Las grandes (y falsas) divisas ya no lo morigeran. El
"Espíritu de la tierra", como llama Scalabrini Ortiz a la nación en devenir, a
la conciencia para si que está despertando para liberarlo de la soledad, será
forzosamente el derrotero de las muchedumbres que quince años más tarde
encontrarán la conducción política propicia para consolidar en el poder a la
conciencia nacional.
Un iniciador
Raúl Scalabrini Ortiz pensaba escribir una novela sobre Buenos Aires, pero
produjo un ensayo. Empero una forma prenovelesca recorre El Hombre que está solo
y espera. Es la peripecia de un héroe que transita por las calles de la ciudad,
que ama buscando el destino que lo integrará a sus compatriotas. Es cierto: está
solo, espera, pero no se queda quieto.
El pensamiento de Scalabrini continúa la mejor herencia del existencialismo
espiritualista occidental. Su preocupación por el Hombre, similar a Spinoza,
Goethe, Hegel y Marx, lo ubican no solamente como iniciador del pensamiento
nacional argentino, sino también como profundo crítico de la sociedad burguesa.
Al denunciar la sociedad colonizada desmenuzó, por consiguiente, a la base
contradictoria que la posibilita, y su metodología materialista, sus propuestas
políticas e ideológicas inscriben un precedente óptimo del nuevo humanismo
argentino y latinoamericano que el pueblo está forjando, del socialismo que se
acerca.
Fuente: http://ar.geocities.com/raulscalabriniortiz/com05.htm
Eduardo Galeano en el acto de Asunción de Evo Morales (2006)
Réquiem
para un luchador*
Por Jorge Abelardo Ramos
El 25 de mayo de 1974 moría Arturo Jauretche.
Acaba de morir uno de sus héroes que, como Hernández, luchó con las armas en el
campo y luego escribió el romance de la batalla. El propio Arturo Jauretche, en
su poema "El paso de los Libres", que prologó Jorge Luis Borges en 1933 y yo
mismo en 1960, alude a su paisano Julián Barrientos, quién relata la jornada
revolucionaria porque "anduvo en ella".
La “patriada” consistía en una revolución civil o militar, o una mixtura de
ambas cosas, herencia de la guerra civil en la patria vieja, que la proscripción
del radicalismo haría fortalecer después de 1930. Se "levantaban" con todos los
elementos comprometidos y luchaban en pos de la victoria. Como empezaba la
década infame, en realidad combatían en pos de su derrota. Jauretche, soldado en
el levantamiento de Corrientes, cayó prisionero después del encuentro de San
Joaquín. La decepción que produjo en su espíritu la cobardía del radicalismo del
City (hotel donde vivía Alvear a su regreso de Europa y donde parasitaba la
"flor de la canela" del radicalismo alvearista) lo impulso a reflexionar sobre
el destino del movimiento fundado por Yrigoyen. El caudillo acababa de morir.
Con sus restos mortales, en aquella fría tarde de julio, parecía sepultarse para
siempre el radicalismo histórico.
Creo no equivocarme si digo que como el padre de Martín Fierro, el combatiente
de Paso de los Libres meditó sobre el significado de su derrota y en esa prisión
militar realmente nació el político. Porque Jauretche fue ante todo un político,
condición desacredita en nuestro país por la vacuidad doctoral, la estudiada
reserva y la banalidad verbalizada de tantos Fidel Pintos que pululan en la vida
pública argentina.
Cuando al día siguiente de su muerte supe por prensa y algunos oradores que
Jauretche había sido un escritor, comprendí cuán rápidamente la posteridad
inmediata deforma la historia antes de escribirla. En realidad, el publicista
ocultó al pensador, el hombre de letras al político, el fosforescente ingenio a
la sustancia de su genio. La gente que lo conoció por la televisión atribuyó
proyectivamente a Jauretche su propia frivolidad. Recordemos la crónica de La
Prensa al morir Yrigoyen: "Ayer falleció en esta capital Don Hipólito Yrigoyen,
que fuera comisario de Balvanera y dos veces presidente de la República". Si
Yrigoyen era un comisario retirado, Bonaparte podría haber sido un turista que
redactó el Código Civil y Perón un conocido autor de media docena de libros,
entre otros, La Comunidad Organizada.
Jauretche fue algo más transcendente que su cautivante personalidad cotidiana,
más profundo que el admirable conversador imposible de olvidar por todo aquel
que lo haya conocido. Era el eslabón vivo que enlazó al yrigoyenismo declinante
con el surgente peronismo. Estableció con sus actos, su palabra y
ocasionalmente, su pluma, la íntima relación dialéctica entre ambos movimientos
nacionales.
Fue la conciencia activa de que todo moría y nacía en 1945. El peronismo sería
inconcebible en su primera fase sin el pensamiento y la acción de Jauretche, que
le transmitía la tradición del nacionalismo democrático procedente de las más
antiguas raíces.
Al buscar la resurrección histórica del radicalismo, Jauretche se encontró con
la irrupción del peronismo. Eran otras clases sociales, otro caudillo, otro eje
político-social. Pero bajo un nuevo ropaje se trataba de algo parecido a aquello
que Jauretche había pugnado tantos años por traer al mundo. Aunque la cosecha
que en 1945 se presentó a la vista del fundador de FORJA fue descomunal, pues la
prédica se trocó en multitud, personalmente lo sintió como un fracaso.
El movimiento nacional al que Jauretche tanto había contribuido.
De su marginación política, nació su ingreso a la República de la Letras, cuando
al caer el peronismo en 1955 no había nadie para defenderlo a no ser el mismo
Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz en 45 y Qué y nosotros en Lucha Obrera.
Satirizó con inigualable poder disolvente a la petrificada y apolínea literatura
de la factoría, a ese gélido mundo procedente de Paul Groussac y Enique
Rodríguez Larreta que había venido a parar a Borges. A la literatura cortesana,
inclinada ante la supremacía terrateniente y enferma de anglofilia, opuso
Jauretche la risa de Rabelais (o de Mansilla). Diría que en su estilo verbal y
escrito hasta había algo del desenfado de Sarmiento en este adversario del autor
de Facundo. Realizó la tarea de demolición político-estética que era imperioso
hacer ante la cultura aristocrática y logró conmover en sus gustos a las clases
medias que en esa esfera, como en todas las demás, copiaban a la oligarquía.
Pero su musa perpetua fue la política. Comprendía, como pocos en la Argentina,
sus cambios bruscos, con frecuencia su inescrutable carácter y su peculiar
ingratitud.
Era uno de esos raros argentinos que sabía advertir detrás de un conservador a
un posible alsinista, o que la palabra comunista no constituía ninguna garantía
de una política revolucionaria, así como recordar lo que hubo de eco popular en
aquellos demócratas de Córdoba que procedían del juarismo o qué diablos
significaban los autonomistas de Corrientes y por qué sus hijos en la Facultad
de Derecho correntina podían trajinar como izquierdistas mientras llegaba el
momento de hacerse cargo de la estancia.
Conocía la Patagonia y su fauna, la Puna y su viejo dolor; demostraba con
extrema simplicidad el mecanismo íntimo del comercio de exportación e
importación, y era capaz de revelar diáfanamente la desintegración de la pampa
húmeda, que permitía descifrar el poder económico de la oligarquía bonaerense y
al mismo tiempo su formidable parasitismo, así como su resistencia a invertir.
La categoría que Marx emplea en El Capital fue utilizada luego por Jauretche en
sus escritos.
Su prosa se emparentaba con la antigua tradición argentina de Hernández,
Sarmiento, Mansilla, Wilde, Fray Mocho. Era literalmente una prosa hablada, pues
Jauretche rara vez escribió. Dictaba siempre, después de imaginar los artículos,
sus argumentos y ocurrencia. Conocí muchos artículos que me contó y que no llegó
a publicar porque no tenía una dactilógrafa a mano. Cuesta pensar que este
hombre extraordinario ya no existe. Además, es preciso admitir que la hegemonía
cultural oligárquica, contra la que tanto luchó Jauretche, ha sido destruida
pero no ha sido reemplazada por otra.
Por esa razón, la muerte de Jauretche no ha conmovido al país y las juventudes,
aún las que se dicen revolucionarias, no han dicho ni pío. Es cierto que el
pueblo ha recuperado el poder. Pero en el orden de la cultura y de los valores
seguimos pidiendo permiso a Francia para abrir un libro. Cuando las obras de
Jauretche circulen por los colegios nacionales y Universidades con la misma
profundidad con que hoy circulan obligatoriamente tantos ladrillos
encuadernados, podrá decirse que el reflejo intelectual de las patriadas y de
los ideales nacionales ha entrado por fin en la formación de las nuevas
generaciones argentinas.
Por eso no puedo decirle adiós a Jauretche: lo "tendrán en su memoria / para
siempre mis paisanos".
* Texto publicado en el diario La Opinión el 30 de mayo de 1974.
Fuente: publicado digitalmente en El Argentino
http://www.elargentino.com/Content.aspx?Id=42353
Norberto Galasso - Bicentenario
Compañero
Spilimbergo
Por Roberto Vera
4/9/09
Querido compañero, querido viejo,
el río inmenso
de tu corazón
de tu voz,
de tu mente privilegiada
sigue caminado el espacio de la Patria
Latinoamericana
que hoy se alza por fin
hacia la liberación nacional
y el socialismo.
Ese cielo que ha caído en tus ojos
se había comprometido
hace ya más de sesenta años
con la certeza de que los trabajadores
serían los redentores de la Patria,
de los oprimidos y de toda la sociedad
a través del socialismo
Has sembrado pacientemente
la semilla de la militancia
del compañerismo
del pensamiento crítico
de la honestidad sin mácula,
acompañado durante muchos años
por la querida Yiyí
con quien por fin estás
en el descanso eterno.
Si alguna
vez se piensa
en estatuir el día de la militancia
tendría que ser el día de tu nacimiento
porque en vos, querido viejo,
estaba el ejemplo permanente,
la continuidad,
la certeza del triunfo final
del socialismo.
Querido Spili,
extrañamos tu presencia
en las reuniones partidarias,
Te extrañamos los domingos en mi casa,
compartiendo las noticias de los diarios
y el asadito, con un poco de buen vino,
y la proximidad de nuestras almas.
Autor del texto: Roberto Vera
Responsable de su digitalización: Roberto Vera
Responsable de su publicación original en Internet: Cuaderno de la Izquierda
Nacional ( http://www.elortiba.org/in.html )
Perón y la lucha por la unidad de la Patria Grande
Ultima
entrevista a Arturo Jauretche*
Por Blas Matamoro
Con motivo de una encuesta dirigida a diversos escritores argentinos, acerca de
la profesión del escritor y sus relaciones con el público, hice llegar un
formulario de preguntas a Arturo Jauretche. El 18 de mayo de 1974, una semana
exacta antes de su muerte, me reintegró el texto con las correspondientes
respuestas. Pensaba viajar a Bahía Blanca, pero el malestar que ya lo llevaba a
la muerte lo obligó a internarse inmediatamente. Quizá por aquel viaje, que el
azar convertiría en definitivo, se apresuró don Arturo en contestar mis
cuestiones. Ni él ni yo sabíamos que eran los últimos párrafos de ese discurso,
esa conversación infinita que es su obra escrita. Por este hecho definitivo,
desgloso sus contestaciones y las recuadro en este artículo.
De todos los escritores consultados, Jauretche es el único que no se reconoció
como tal, o sea, como un especialista o un profesional de la escritura. Era
quizás el único y el último representante de una especie decimonónica,
romántica, primitiva de hombre -que- escribe (no hombre de letras, justamente,
sino hombre en las letras). No es casual que, en su última prosa, se considere
enraizado con la tradición de los escritores del 80, que fueron, a la vez,
dirigentes políticos, funcionarios, doctrinarios de un proyecto nacional a
medias frustrado, y practicantes de una literatura que, inconscientemente, se
definía como nacional a partir del uso del idioma tal como se daba en la
conversación cotidiana.
En Jauretche la escritura no era, como a partir de la generación modernista, un
acontecimiento del idioma dentro de la literatura. En Jauretche era un sustituto
de la comunicación directa, un sucedáneo del habla. Dictaba sus textos, que eran
mero reflejo del discurso hablado, y se enojaba con el escribiente si pretendía
introducir alguna modificación que beneficiase el estilo en desmedro del
documento. Le parecía que congelar la charla y petrificarla literariamente era
como traicionar la inmediatez de la conversación que sostenía con sus
interlocutores virtuales; su pueblo, digo yo; sus paisanos, decía él.
Jauretche era el último exponente de una literatura íntimamente ligada a la
acción: a la acción en el aire libre de la historia, en el gran espacio de la
convivencia social (o de la guerra civil). Escribir estaba, en él, conciente y
expresamente subordinado a lo políticamente eficaz. Esto no lo exilia del mundo
de la literatura. Todo ejercicio literario es un ejercicio ideológico; quiere
decir: un inciso en un cuerpo de normas para la acción práctica. En el hombre de
letras corriente, este ejercicio se enmascara en el mostrar o en el demostrar,
en el tener o en el contener, en la impasibilidad del decadente o en el delirio
verbal del metaforista. En escritores como Jauretche, el ejercicio se practica
desnudamente: la literatura muestra su raíz ideológica o, si se quiere, retórica
en el sentido íntimo y original del término: práctica de la persuasión,
convicción de lo que está bien y, por lo mismo, debe hacerse.
Los hombres del 80 (Viñas lo muestra y Jauretche lo recuerda, no sin fastidio,
como diría un hombre de letras) fraguaban en su prosa la conversación del club
aristocrático. Su prosa evocaba la aterciopelada y bien comida intimidad del
Círculo de Armas o del Club del Progreso. Jauretche, por el contrario, supone
otro ámbito modelo: el comité yrigoyenista, la cuna de los misterios morales que
encaminan la actitud política, y también el ámbito del café bohemio, donde se
redactan las actas de acusación a la sociedad farisea, las fantasías de un
futuro país activo y sin tutelajes.
Este paralelismo acción/escritura se da en proporciones inversas de ambas partes
durante la vida productiva de Jauretche: mientras militó en FORJA y en el
peronismo, se redujo a escribir manifiestos, documentos de época, o al
periodismo resistente de 1955 (el diario El 45). Fue durante el exilio interior
(interior a su país, no a la dudosa intimidad del alma del hombre de letras, que
constituye su soledad con su escritura), durante la marginación de la actividad
política, que se dedicó a componer sus libros, con un aliento de estabilidad que
no tienen sus otras prosas (y versos). De ahí que su escritura sea un constante
recurrir nostálgico de la actividad, su incierto sustitutivo: añora los tiempos
en que era artículo que se leería al día siguiente, panfleto que caería entre la
multitud, horas después. Añoraba la barricada o la tribuna desde donde la
palabra se emite cara a cara del receptor.
No es casual ni debe mover a curiosidad esta mención postuma -ahora- de
Jauretche a Victoria Ocampo. Hay una inédita correspondencia entre Victoria y
don Arturo que algún día, quizá, sea un capítulo menor de nuestra historia
literaria. Más allá de esa diferida conversación de viejos, que recuerdan un
mundo connotado por su juventud y cerrado por el paso del tiempo, el
entendimiento -tan delgado entre dos personajes tan distantes en el espacio
político- entre ellos pasó por otro vaso comunicante: era el diálogo entre la
última conservadora del 80 (ella diría mejor la derniére caúsense y el último
escritor-hombre-de-acción del siglo XIX. Los separaba un proyecto nacional
completamente distinto, pero los acercaba un lenguaje común. El de la Ocampo era
el lenguaje que recontaba las glorias pretéritas de un mundo ya concluso, el que
habían construido sus mayores, a la sombra del mito de un espíritu de ultramar
encarnado en el cuerpo americano. Era un mito que caminaba lentamente la única
dirección del tiempo, pero con la cabeza vuelta hacia el pasado. El lenguaje de
Jauretche, aunque a menudo comprometido con esa misma imagen pasada (al
considerarse, por ejemplo, en la opción sarmientina, continuador de la
"barbarie") estaba orientado por un mito inconcluso, cuya culminación estaba en
el porvenir. Era el lenguaje de un discurso a sus paisanos, una persuasión a la
práctica de una lucha libertadora.
- ¿Vive Ud. de sus derechos de autor?
- No.
- En caso afirmativo: ¿ha vivido de ellos desde que escribe?
- Voy a contestar aunque el caso sea negativo. He sido escritor privado, es
decir, sólo para los que comulgan conmigo, pues carecía de medios de promoción y
contacto con el público, como ocurrió seguramente a la mayoría de los escritores
argentinos que por nacionales quedaron inéditos. Ser más explícito sería
redundar en lo que ya tengo dicho particularmente en Los profetas del odio y la
yapa, sobre la colonización pedagógica y la constitución de la inteligentzia.
Después de los sesenta años he resultado escritor, pero esto por la
transformación, nacionalización de los nuevos lectores que buscaron algo que
estuviera fuera de lo impuesto por el sistema.
- En caso negativo: ¿de qué vive o vivió?
- No he vivido del libro. Muchos años de mi trabajo de abogado, cinco o seis
como funcionario. También del producto de actividades diversas porque
afortunadamente tengo múltiples aptitudes para ganarme la vida, entre ellas el
periodismo. Y también para vivir como pobre, porque eso he sabido serlo siempre
que fuera la garantía de mi libertad. Ahora hace años que soy jubilado.
-¿Hace habitualmente vida literaria (si concurre habitualmente a actos,
conferencias, presentaciones de libros, reuniones de escritores)?
- No he frecuentado habitualmente las reuniones literarias y no lo hago ahora.
En una respuesta anterior se encontrará la explicación. Además no me considero
literato sino un hombre que usa el instrumento de la pluma para tomar contacto
con sus paisanos y servirlos en lo que pueda. No me opongo a que haya literatos,
pero a mí me parece que es con el riesgo de perder algo la condición humana para
ser un experto más: en belleza si se quiere. A mí esto no me tira.
- En caso negativo: ¿por qué?
- Creo que ya está contestada.
- ¿Tiene militancia en organizaciones de intelectuales? ¿La ha tenido en
organizaciones profesionales o gremiales?, ¿en organizaciones de otro tipo?
-En caso negativo: ¿por qué?
- Creo que ya está contestada.
- ¿Entiende que su tarea de escritor tiene implicancias extraliterarias?
- Creo que sí y también lo acabo de decir de una manera general, política, pero
en el término está implícito lo demás.
- ¿Con cuál de estas ideas considera más afín su tarea de escritor? Hobby,
divertimento, profesión, obsesión, refugio, cura (entendida como salida a un
malestar), otras.
- Contestada en la anterior. Para mí el fin ha sido comunicación, difusión y
proselitismo. Ni hobby, ni divertimento, profesión, obsesión, ni mucho menos
refugio y cura. Debo advertirle que escribo con alegría y que las angustias me
vienen cuando no me sale nada que comunicar y en forma digerible por el lector.
- ¿Se considera continuador de: la obra de algún escritor argentino anterior, la
obra de algún escritor extranjero anterior, la obra y los principios de alguna
escuela literaria, la obra y los principios de alguna escuela o grupo de otro
tipo?
- No creo continuar la obra de ningún escritor argentino y de todos, si se
entiende por éstos los nacionales. Si alguno me ha influido fuertemente ha sido
Scalabrini Ortiz. En cuanto a escuela literaria es la de mis lecturas, pero
éstas abarcan tan distintas escuelas que no puedo identificar a ninguna. Tal vez
en mi estilo han influido Sarmiento, Mansilla, en general los del 80. Recuerdo
aquí que Ramón Doll decía de éstos que habían creado una escuela literaria cuya
base consistía en el uso de un lenguaje coloquial y llano que convertía la prosa
en un diálogo con el lector, abundante en referencias circunstanciales y de
general conocimiento. También en cierta medida Doll escribía así señalando como
perniciosa la influencia de Groussac, que había extirpado el floripondio y el
tropicalismo pero al mismo tiempo la espontaneidad creadora. David Viñas dice
que el carácter coloquial de aquellos escritores surgía de que escribieron para
un público reducido de clubmen. En mi modesto esfuerzo creo haber mostrado que
también el lenguaje coloquial vale para el gran público y no sólo en la letra de
los tangos.
Tenemos el caso de Victoria Ocampo que a no dudarlo ha sido uno de los factores
del extrañamiento de nuestra literatura, pero cuya prosa
periodística, cuando la emplea dejando de lado cultura libresca, corre en una
atmósfera que repite la de aquellos escritores. Tengo presente un artículo no
muy lejano sobre un tema tan francés como puede ser algo sobre Chanel, la
modista, y cuyo estilo se vincula con aquel de los argentinos cuya restauración
literaria quiero convertir en modelo.
- ¿Ha sentido nostalgia alguna vez por desarrollar alguna tarea afín no
ejercida?
- No he tenido nunca la tentación de ningún género de esos para los que
posiblemente soy incapaz. Es cierto que con Manzi hicimos un sainete: Lengua
larga, que nunca se representó y que colaboré con el mismo en la letra de una
milonga; Milonga de Puente Alsina donde empleo el pseudónimo de Julián
Barrientos que es el personaje de un poema gauchesco, El Paso de los Libres, que
tal vez quiera estar en la huella de Hernández, según el prologuista. Está al
salir la tercera edición, pues la primera era en 1934. Pero en realidad
siguiendo lo de Hernández no pretendo haber buscado reproducir sus aptitudes
poéticas. Los fines eran políticos como en todos mis escritos. Después vino mi
largo silencio en el libro y sólo fui periodista en sueltos que algunos
consideran sólo panfletos. He coleccionado alguno de éstos en: Prosa de Hacha y
Tiza; Filo, Contrafilo y Punta y Mano a mano entre nosotros, cuyas terceras
ediciones están también al salir. Me parece que muchos de esos panfletos han
resistido la prueba del tiempo, con lo que tengo derecho a suponer que no son
tan panfletos como se dice, sino que más bien había algo que decir, y para su
eficacia periodística se recurrió a la apariencia del panfleto.
- En caso afirmativo: ¿por qué no la ejerció?
- Ya está explicado.
- ¿Considera que, en nuestra sociedad, la literatura es una ocupación marginal?
- También se sobreentiende con lo que he dicho antes.
- ¿Ejerce la literatura en detrimento de otra tarea personal?
- No sé si hay detrimento; más bien creo que hay integración.
- ¿Hay una escisión entre literatura y pueblo? Antes de contestar, trate de
definir ambos términos; si es posible, por ideas afines.
- Esta pregunta es para otro tipo de escritor. Yo trato de comunicarme y para
determinados fines generalmente proselitistas; no puedo de tal manera separar
literatura y pueblo. No pretendo que ésta sea la contestación de un literato
sino de quien soy. Es toda la cuestión del arte, pero yo no me propongo ser un
artista; si por casualidad lo llego a ser en un momento no es porque lo busque.
No me meto en la cuestión. Tal vez porque toda mi prosa es un entretenimiento.
- ¿Hace caso de algún tipo de lector de sus libros?
- Sí y no. Escribo para los que me leen y me gusta que me lean, pero no escribo
para ser grato a ningún oído. Mi objeto es persuadir especialmente a los no
persuadidos y, lógicamente, si me pongo a pensar en éstos tengo que tenerlos en
cuenta, pero no por lo que ellos piensan sino por lo que yo quiero que piensen.
Mis lectores son numerosos y esto no es jactancia porque tengo tres o cuatro
libros que andan entre las siete y las doce ediciones. A veces me sor- prende
cuando me paran en la calle, cosa constante, pero no estoy muy seguro que lo
hagan porque me han leído sino porque me han visto en televisión. Tengo muchos
escritores amigos pero no voy a nombrar a ninguno porque aquellos que excluya
aquí van a considerar que he establecido jerarquías entre escritores y entre
amigos, y ya me he ganado bastantes enemigos que me interesan como tales para
que se agreguen aquellos que quiero y estimo.
- ¿Da a leer sus obras antes de publicarlas?
- Algunas personas de mi más íntima confianza suelen aguantar la lectura de los
borradores pero soy muy prudente, por ellos y por mí, pues no quiero ser
influido.
- En caso afirmativo: ¿atiende las sugerencias y correcciones propuestas?
- Muy por cuenta gotas. Diría que ni siquiera someto a mi propia censura mis
originales. Eso explica muchas erratas de la que no tiene la culpa ni el
linotipista, ni el editor, ni el corrector de pruebas.
- ¿Qué opina de esta encuesta?
- Muy interesante si los que la contestan dicen su verdad y no la de la imagen
que ya tienen de sí. Porque en toda acción pública hay el peligro de construir
una imagen y luego ser prisionero de la misma que obliga a serle fiel,
expresando a un escritor -lo mismo a un político- que se convierte en un
embalsamado, para mantener la identidad de la imagen.
* Publicada por el Dr, Rodolfo Parbst en Reconquista Popular: “Poco queda por
agregar a este documento invalorable, que no esté dicho en la presentación de
Matamoro. Simplemente decir que fue publicado originalmente en el número cuatro,
correspondiente al mes de agosto de 1974, de la formidable revista
Latinoamericana, que dirigían los escritores Alberto Vanasco y Juan Carlos
Martini Real”.
Reflexiones de Jorge Enea
Spilimbergo
De: "Tramas, memorias del presente" programa
de radio donde la historia, el arte, la cultura, la sociedad, las ciencias, las
tecnologías, la educación, el medio ambiente, la economía, los movimientos
sociales y los medios masivos tienen su lugar mirados desde esas otras voces que
ayudan a pensar.
Programa conducido por Oscar Bosetti.
Tramas se emite por Radio Ahijuna, Radio UBA, Alma de rock, Radio Eter, Radio Cualquiera, Radio QSP, Radio Universidad de
Río Cuarto y FM Antena Libre.
Voces esenciales que aún siguen resonando- Las
reflexiones de Jorge Spilimbergo. Un repaso por la historia política argentina.
En
este capítulo: los acontecimientos de la década del 60.
Año de producción: 2009 (Agosto)
Duración: 49 minutos
Cantidad de bloques: 3
www.tramasradio.blogspot.com
| tramasradio@gmail.com
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