
Allen
Ginsberg (1926-1997), poeta yanqui nacido en Newark, Nueva Jersey. Portavoz de la Beat
Generation de los años cincuenta, cantor de la América underground y voz de
vagabundos y marginados, su libro Aullido (1956) constituye una crítica
furiosa contra las falsas esperanzas y rotas promesas de la historia de su
país. Otros libros de poesía son Kaddish (1961), Sandwiches de realidad
(1963), Noticias del planeta (1968) y Sudario blanco (1987). Sus Cartas del
Yagué (1963) interrelacionadas con TV baby poems (1967) expresan con un
lirismo casi místico sus sentimientos anarquistas y nacionalistas. Tuvo una
participación activa en los grupos que se opusieron a la guerra en Vietnam,
se asoció al Movimiento por los Derechos Civiles y dio su apoyo a todas las
organizaciones defensoras de la libertad de expresión. Es reconocido además
como uno de los padres espirituales del Flower Power y del hippismo,
movimientos sociales que se extendieron por el mundo entero. Las minorías
étnicas, sexuales y religiosas hallaron en él una voz solidaria dispuesta a
hacer del compromiso una razón de vida. Fue arrestado en varias ocasiones
por encabezar marchas de protesta de toda índole.
Recibió premios, honores, becas, pero también fue una de las fuentes de
mayor energía imaginativa de esa comunidad de mentes lúcidas conformada por
los beats y el administrador de lo que muchos en tono burlón bautizaron como
la Empresa Allen Ginsberg ("Allen Ginsberg Industries"), que consistía en
una oficina en Nueva York financiada por él desde la cual emitía sus
'mensajes’, pero que también funcionó como una bolsa de trabajo para muchos
poetas con dificultades económicas.
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Una
canción por Allen Ginsberg
Por Michael Slate
Obrero Revolucionario #905,
4 de mayo, 1997
A Allen Ginsberg le hubiera encantado. El sábado me desperté en otro mundo. El
despertador del radio me despertó, pero no oí las voces monótonas de los
reporteros de la emisora pública (NPR) sino una voz que no oía en muchos años,
una voz que con urgencia me machacaba el cerebro, la voz de un poeta que leía
las primeras líneas de un poema que cambió mi vida.
He visto los mejores
cerebros de mi generación destruidos por la locura,
famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un colérico
picotazo,
pasotas de cabeza de ángel consumiéndose por la primigenia conexión
celestial con la estrellada dinamo de la maquinaria de la noche,
que, encarnación de la pobreza envuelta en harapos, drogados y con vacías
miradas, velaban fumando en la sobrenatural oscuridad de los pisos de agua
fría flotando sobre las crestas de la ciudad en contemplación del jazz
Al oír esas palabras, que no había oído en más de una década, una sombra triste
cruzó mi corazón. Antes de terminar las zetas de jazz, se me aguaron los ojos,
pues me di cuenta de lo que había sucedido. Allen Ginsberg-amigo del pueblo,
poeta supremo, ser humano, payaso, narrador de la verdad, cazador de dragones,
enemigo de la opresión, que celebraba la vida, condenaba todo mal e inspiró a
toda una generación- había muerto. Cuando terminó ese fragmento del poema,
volvió la voz monótona: Allen Ginsberg, de 70 años de edad, murió hoy, 5 de
abril, a las 2:39 de la madrugada, unos días después de habérsele diagnosticado
cáncer terminal del hígado.
Muerto no es una palabra que hubiera usado para describir a Allen Ginsberg. Las
palabras para describirlo son, y siempre serán: incontrolable, desafiante,
audaz, amoroso y vivo. Como dijo su amigo y primer editor, Lawrence
Ferlinghetti, al enterarse de que Allen tenía cáncer: "Allen Ginsberg está
muriendo/Eso dicen todos los periódicos/Las noticias nocturnas/Está muriendo un
gran poeta/Pero su voz/no morirá/Su voz está sobre la tierra".
Hoy es difícil imaginarse el efecto que Allen Ginsberg, y los otros poetas
escritores y artistas beat y músicos de jazz, tuvieron sobre generaciones
jóvenes y sobre todo el mapa político y cultural de Estados Unidos. Mi propia
experiencia puede ayudar a contar esa historia. En mi primer año de universidad,
un profesor me dio el poema "Howl" (Aullido) de Allen Ginsberg. En ese entonces,
para mí la poesía era algo que uno tenía que memorizar y repetir como loro, y no
algo que nos podía iluminar la vida.
Me llevé "Aullido" a la casa y lo puse sobre la cómoda; de vez en cuando lo
miraba pero no lo leía. A la semana el profesor se dio cuenta de que todavía no
lo había leído y por tanto me hizo comprender unas cuantas cosas. Me contó cómo
era vivir en el sofocante clima reaccionario de los años 50, y lo que significó
para él que voces como las de Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Gregory
Corso, y otros poetas y escritores beat reventaran ese sofocante ambiente. Ese
mismo día, cuando llegué a casa, me puse a leer "Aullido". Tuve la sensación de
que Ginsberg me perforó huecos en el cráneo y sus palabras estallaron como
petardos de luz en lo más profundo del cerebro. Lo volví a leer y consulté
libros y el diccionario para comprender las palabras y referencias que no
entendía. Lo leí por tercera vez y nada en mi vida volvió a ser igual. Una vez
Allen vino a mi ciudad a leer sus poemas y yo aproveché la oportunidad para
mostrarle mis escritos. Lo que me dijo me impresionó mucho. Leyó todo lo que le
di y me alentó a seguir escribiendo. Me dio consejos muy valiosos. Me dijo que
tenía una alternativa, que podía escribir para "ellos" o para cambiar algo; y
que si quería que mis palabras sirvieran para algo en este mundo tendría que ser
sincero. Sincero era la palabra clave. En muchos respectos, ese fue mi primer
paso al periodismo revolucionario.
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Allen Ginsberg y Gregory Corso en 1975
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Allen se hubiera atacado de la risa al leer algunos de los obituarios que le han
escrito. Se hubiera reído y luego hubiera encontrado la forma de desafiar y
escandalizar a quienes hoy lo quieren convertir en un santo estadounidense
después de satanizarlo en vida. La idea de que los tiesos locutores que cada
noche llevan a cabo el lavado de cerebro se pusieran a leer "Aullido", el poema
que tocó el clarín para que una generación pateara todo lo que esa gente
considera decente en política y cultura, lo hubiera matado de la risa. Cuando
sacaron de sus oficinas a los pesados poetas y académicos oficiales para hablar
sobre el lugar de Ginsberg en el panteón de los grandes poetas que lo
influenciaron (William Blake, Walt Whitman, Ezra Pound y William Carlos
Williams), querían hacernos olvidar que muchos de esos mismos poetas y
académicos lo atacaron en vida, lo criticaron por no seguir las reglas y por
escribir lo que para ellos era poesía inculta. Pero ahora que está muerto, que
no les puede contestar, lo elogian.
Desafío absoluto
Allen se crió en Paterson, New Jersey; fue el segundo hijo de una padre
socialista que enseñaba en la escuela pública y una madre comunista, nacida en
Rusia, que escapó del terror cosaco en 1905. De niño, su mamá, a quien le
hicieron una lobotomía en un manicomio, donde murió, lo llevaba a reuniones del
Partido Comunista. Allen decía que el compromiso político de su madre lo
estimuló a estudiar derecho en la Universidad Columbia. Ahí conoció y se hizo
amigo de Jack Kerouac, William Burroughs y otros, y fue cuando decidió "dejar de
hablar con un cráneo hueco" y dedicarse a la vocación de poeta. Allen fue
expulsado de la universidad porque un administrador sospechó que tenía una
relación homosexual con Jack Kerouac.
En una ocasión Allen intentó seguir una carrera "normal": consiguió un trabajo
en una agencia de publicidad y emprendió una campaña para vender el dentífrico
Ipana. Pero de inmediato abandonó ese mundo como alma que lleva el diablo.
La esencia de su vida era desafiar a la autoridad y hacer pedazos lo
convencional. Le encantaba retar y burlarse del sistema. Una vez le pidieron
describir sus creencias políticas y él contestó con dos palabras: desafío
absoluto. En el otoño de 1955, cuando leyó "Aullido" por primera vez en el Six
Gallery de San Francisco, electrizó a todos los presentes. A él le sorprendió
mucho que ese poema, que no pensaba publicar, pasara a ser el toque de clarín
que puso en marcha a la juventud rebelde de todo el país. Al gobierno le dio un
patatús: le echó la policía encima a Ferlinghetti por publicarlo y venderlo, y
lo llevó a juicio por obscenidad. Cuando ganó en el juicio, "Aullido", que
celebraba la enajenación, la rebelión, la sexualidad y el amor, recorrió el país
uniendo a los rebeldes.
Los poetas reconocidos también detestaban a "Aullido" y a Allen. Su poema, que
rompió toda convención, y las ideas que propuso sobre la poesía, cambiaron la
poesía para siempre. Allen descartó todas las reglas sobre metro y ritmo, y dijo
con mucha alegría que el ingrediente más importante de la poesía era la
sinceridad, que un fragmento de pensamiento podía ser una estrofa y que la
experiencia de cualquiera podía ser un poema. Dijo que el ritmo y el metro
podían ser la lengua de la calle o las notas de un saxofón; que la vida de
cualquier ser humano podía ser la "materia" de la poesía. Allen ayudó a sacar a
la poesía de las aulas académicas para que todo mundo disfrutara de ella, no
solo leyéndola y escuchándola, sino escribiéndola. De repente, la poesía pasó a
ser un medio por el cual las masas podían expresar sus ideas sobre la vida. Y la
poesía llegó a ser una parte importante del movimiento.
Allen Ginsberg, NY Youth Call
Annunciation/"First Blues" |
Después de la publicación de "Aullido", Ginsberg se volvió más desafiante. No
hubo movimiento importante de oposición del que no fuera parte. Combatió el
racismo a muerte y trabajó con poetas negros (como Amiri Baraka y Bob Kaufmann)
y músicos de jazz (como Charles Mingus, Elvin Jones, Don Cherry y Thelonius
Monk) para unir a blancos y negros. Luchó por los derechos civiles y cuando
empezó la guerra de Vietnam organizó protestas y un movimiento en contra. En
1968 fue arrestado en Chicago durante la convención del Partido Demócrata. El 1º
de Mayo de 1970, le rociaron gas lacrimógeno en una protesta convocada en Yale
por el Partido Pantera Negra. Su arte alcanzó proporciones legendarias por
atacar el militarismo yanqui, el materialismo craso, la violación de países
oprimidos, el racismo, la discriminación y las ideas convencionales de toda
clase. Asumió el papel de dirigente de la rebelión juvenil de los años 60 y de
su cultura, y desafió con gusto y audacia los valores tradicionales familiares y
todo lo que era sagrado para el American way of life. Muchas importantes
personalidades del mundo cultural de ese entonces, como Bob Dylan, Ken Kesey,
Andy Warhol, John Lennon, Yoko Ono, Charles Mingus, Abbie Hoffman y muchos
otros, trabajaron con él y fueron influenciados por su trabajo y activismo
político.
Lucha contra el sistema
El reflujo de la década de los 60 no menguó a Allen. Empezó a recibir elogios y
reconocimiento, pero eso no lo llevó a la "normalidad". Lo nombraron miembro de
la Academia Americana de Poetas y del Instituto de Artes y Letras. En 1973
obtuvo el Premio Nacional del Libro por su libro The Fall of America: Poems of
These States, 1965 to 1971, y fue finalista del premio Pulitzer en 1995 por su
libro Cosmopolitan Greetings: Poems 1986-1992. Escribió poemas que
desenmascararon y condenaron las atrocidades que cometía el imperialismo yanqui
aquí y por todo el mundo: escribió sobre el sha de Irán y participó en protestas
contra él; escribió sobre los crímenes de Estados Unidos en Centroamérica;
condenó la energía nuclear; atacó a la guerra contra la droga por ser en
realidad una guerra contra el pueblo con características fascistas; denunció el
papel de la CIA en el narcotráfico, primero en el sudeste asiático y después la
conexión entre la contra y la coca. Lo hizo en poemas como "CIA Dope Calypso"
(1972), "NSA Dope Calypso" (1990), y terminó la trilogía de los calipsos en 1991
con "Just Say Yes Calypso", una devastadora condena de la guerra del Golfo que
termina así: "Cuando ondeen una cinta amarilla y una bandera aceitosa/ Di sí o
te acusarán de maricón".
| [Vinil 2 LP, John Hammond Records, 1982] ![]() |
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| Disco 1, Lado A 1. Going To San Diego 2. Vomit Express 3. Jimmy Berman (Gay Lib Rag) 4. NY Youth Call Annunciation 5. CIA Dope Calypso Disco 1, Lado B 1. Put Down Yr Cigarette Rag 2. Sickness Blues 3. Broken Bone Blues 4. Stay Away From White House 5. Hard On Blues6.: Guru Blues |
Disco 2, Lado C 1. Everybody Sing 2. Gospel Nobel Truths 3. Bus Ride Ballad To Suva 4. Prayer Blues 1972 5. Love Forgiven 6. Father Death Blues Disco 2, Lado D 1. Dope Fiend Blues 2. Tyger 3. You Are My Dildo 4. Old Pond 5. Ro Reason 6. My Pretty Rose Tree 7. Capitol Air |
| DESCARGA DISCO 1:
http://www.badongo.com/es/file/3405060 DESCARGA DISCO 2: http://www.badongo.com/es/file/3406307 NOTA: La segunda dscarga incluye las carátulas originales. A 10/07 la descarga continúa vigente. No sabemos hasta cuándo estará disponible. Todo el conternido en ingés. |
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Por su activismo poético y político, el director del FBI, J. Edgar Hoover, lo
consideró un enemigo de la seguridad interna. En 1965 dijo que Allen era un
peligro para el presidente de la nación. Según él, Ginsberg era "potencialmente
peligroso" y un "subversivo" que ha "demostrado inestabilidad emocional (por
ejemplo residencia e historial de trabajo inestables) y comportamiento
irracional y suicida". También lo acusó de haber manifestado "fuertes y
violentos sentimientos contra Estados Unidos", y de "una inclinación violenta y
antipatía hacia el orden social y el gobierno". No importaba que Allen era
budista y que el pacifismo era un importante aspecto de su vida. Muchas veces le
tendieron trampas para arrestarlo por cosas de droga. Allen les contaba a sus
amigos que en la casa tenía una pila de un metro de documentos del FBI sobre él.
Hasta los primeros años de la administración Reagan, Allen estaba entre las
personas que la Agencia Estadounidense de Información consideraba "inadecuadas"
para desempeñar funciones como voceros del gobierno en el extranjero. Es un
mérito de Allen que siempre que contaba de la persecución de la que era víctima,
decía que la persecución de artistas y activistas negros era peor.
Es difícil seleccionar una obra de Allen que ponga al desnudo la esencia de su
labor poética. Hay mucho de qué escoger. Fue un artista prolífico; publicó por
lo menos 16 colecciones de poesía y una cantidad similar de prosa, dos libros de
fotografía y por lo menos media docena de grabaciones con diversos músicos.
Desde 1977, Allen trabajó con Bob Dylan y el Rolling Thunder Revue, el Clash en
el álbum Combat Rock, Patti Smith, Sonic Youth, Kronos Quartet, Philip Glass,
Beck y U2, entre otros.
Luego de oír la noticia de su muerte me puse a leer sus poemas por un par de
horas. La lectura me hizo recordar muchas cosas y suscitó nuevos pensamientos e
ideas. También me hizo recordar que a pesar de lo mucho que me gustaba su
poesía, contenía cosas que como comunista revolucionario me inquietaban. Incluso
en sus mejores obras, obras que criticaban acerbamente al imperialismo
estadounidense, Allen daba latigazos anticomunistas, a veces contra líderes
revolucionarios como Stalin y Mao. Y en los últimos años dijo en varias
entrevistas que empezaba a creer que las protestas y manifestaciones en las que
participó fueron en vano porque el pueblo seguía sufriendo, aunque de otra
forma. Es cierto que el pueblo de Vietnam y de Irán todavía no han logrado su
liberación, pero eso no quiere decir que las luchas contra el imperialismo
estadounidense fueron en vano. Cuando leía esas cosas, me daban ganas de
preguntarle qué hubiera sido de los pueblos vietnamita e iraní, o del de este
país, si no hubieran luchado contra sus opresores.
Allen tenía mil contradicciones. Al mismo tiempo que pregonaba anticomunismo o
ponía en tela de juicio la eficacia de las luchas del pasado, seguía sirviendo
al pueblo con su voz y el poder de sus palabras. Odiaba al imperialismo yanqui y
todo el sufrimiento que causa por todo el mundo. El problema es que no
comprendió a fondo la naturaleza del imperialismo y por tanto no veía cómo
eliminarlo ni cómo liberar al pueblo. Para él, el camino era asegurar que todo
individuo tuviera libertad absoluta para expresarse de cualquier manera que
fuera en todo, de la sexualidad o la política. Hasta cierto punto, yo estaba de
acuerdo con Allen porque se oponía a la censura, a "la policía del dormitorio",
la quema de libros y la supresión del pueblo por sus creencias y manera de
expresarse. Pero para mí, esa meta de libertad individual no es suficientemente
radical y no puede ser la base para forjar una nueva sociedad libre de opresión.
Muchas veces me he preguntado qué hubiera dicho Allen si en realidad hubiera
comprendido lo que ocurría durante la Revolución Cultural en China, donde se
movilizó a los artistas, poetas y escritores para crear arte, no solo ni
simplemente para ellos mismos, sino para contribuir a la edificación de una
sociedad socialista.
Aullido para una nueva generación
A fines de la década pasada, Allen enseñó en la Universidad Columbia y a
principios de esta en el Brooklyn College. Indudablemente, el sistema esperaba
que en el invierno de su vida se calmara y se tranquilizara. Sin embargo, siguió
arremetiendo contra el sistema y todo lo que representa. Sus últimas obras
atacaron la política de crueldad, la guerra contra los pobres y las mentiras e
hipocresía de la clase dominante. Trabajó con Ed Sanders para agregarle nuevos
versos al himno tradicional religioso "Amazing Grace" sobre la situación de los
sin techo. Allen sabía a ciencia cierta que los mandamases de este país son
"gente que se dice cristiana pero que odia a los pobres" y que demuestran una
"inteligencia satánica" para atacar a los pobres. A principios de 1995, Allen
escribió una potente respuesta a Newt Gingrich y el Contrato con América de los
republicanos. El poema, titulado "Balada de esqueletos", contiene las siguientes
estrofas: "Dijo el esqueleto militar/Compra bombas estrellas/Dijo el esqueleto
de clase alta/Mata de hambre a madres solteras/Dijo el esqueleto
subdesarrollado/Envíame arroz/Dijo el esqueleto de las naciones
desarrolladas/Vende tus huesos para hacer dados". Luego grabó la "Balada de los
esqueletos" con Philip Glass y Paul McCartney, y recorrió el mundo. El director
de cine Gus Van Sant hizo una poderosa grabación de la obra que estuvo entre los
videos favoritos de MTV y que después se presentó en el Festival de Cine
Sundance.
Allen nunca dejó de hacer llegar sus rayos de luz a nuevas generaciones de
rebeldes. En una entrevista reciente le preguntaron qué haría si hoy, en esta
época oscurantista, tuviera 20 años. Allen respondió, sin vacilar, que le
encantaría escribir un "Aullido II" sobre el presente. Dijo que ojalá algo bueno
resultara de la situación actual en el sentido de refrenar "el poder de Estados
Unidos para joder al mundo". También dijo que habría que salvar el "alma de la
nación", y que para eso sería necesario incluir en el poema una lista de los
pecados cometidos por Estados Unidos aquí y por todo el mundo, como
derrocamientos de gobiernos, invasiones, guerras, la masacre de indígenas, la
esclavitud y continua opresión de los negros. Y concluyó: "El gobierno es
manipulador y lleno de hipócritas que huyen de los verdaderos problemas de la
ecología, la sobrepoblación, el sufrimiento de las clases bajas, la bancarrota
del sistema médico, la gente sin techo, la desnutrición, la división entre las
razas y la cuestión de la droga. Con toda la demagogia (de Bill Clinton y
especialmente de Janet Reno) y confusión, la poesía se destaca como el único
faro de la razón: un faro de claridad individual y lucidez en toda dirección, ya
sea en la Internet, cafés, simposios o aulas universitarias. La poesía, y su
vieja compañera la música, es un medio de comunicación que no controla el
establishment".
Los que estuvieron al lado de Allen antes de morir, dicen que escribió poemas
febrilmente hasta el derrame cerebral que lo llevó al coma. Quién sabe, tal vez
las viejas o nuevas palabras de Allen se enrosquen algún día, ojalá pronto, en
un cerebro joven y quizás nazca un "Aullido II" o algo mejor. Mientras tanto, es
hora de despedirme de Allen. Parte sabiendo que el pueblo te quiso y que sin
duda te extrañará. De parte mía, gracias por los concejos, la inspiración, la
celebración y por toda esa cheverísima poesía que serpentea por mi cerebro y me
fortalece.
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Homenaje a Allen Ginsberg
Militante de las libertades civiles, experimentado catador de drogas, homosexual
declarado, pionero en la difusión de religiones orientales, Allen Ginsberg
(1926-1997) formó parte, junto a Jack Kerouac y William Burroughs, de la
Santísima Trinidad de la Generación Beat, el movimiento que inyectó libertad a
los Estados Unidos de la postguerra. Hace cincuenta años, Ginsberg
publicaba su obra más famosa: Aullido, un largo poema con el que sacudió las
mentes de una época atenazada por el fantasma nuclear y el conservadurismo, se
alzó como la voz de su generación, inoculó el jazz en la poesía, anticipó el
grito eléctrico del rock, dio a luz al ansia de libertad del hippismo y se
convirtió en el heredero indiscutido de Walt Whitman, el primer gran poeta
americano. Radar convocó a seis poetas argentinos para que rindieran homenaje a
ese aullido que todavía resuena.
LOS
MOTIVOS DEL LOBO
Por Juan Sasturain
"A arremangarse las polleras, señoras: vamos a entrar en el Infierno." Esa, la
última frase del prólogo a Howl and Other Poems, escrito por el clínico William
Carlos Williams, es tan famosa y reveladora como la línea inicial del poema y
del libro, primera nota larga del largo aullido: "Yo he visto a las mejores
mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas
desnudas, / arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de
un pinchazo furioso"
El prólogo del maestro avisaba que ese vociferante declamador de enormidades que
él había conocido prácticamente de pibe y casi de barrio –los dos coincidían en
la sórdida Paterson, ciudad industrial y fea como tantas que el facultativo usó
para su poema interminable– se había convertido en bardo bardero e inesperado
(para él y para todos), profeta de un evangelio atroz y verdadero. Con
temblorosa perspicacia, WCW ve de salida que se ha abierto una puerta, que ha
reventado un dique –mejor–, que lo que viene no se parece a nada de lo que hay.
Es claro que lo primero no fue ese texto, lo primero fue el sonido y la furia
que lo precedieron. Porque si estamos recordando el medio siglo de un libro, la
edición de City Lights, el escándalo de la letra impresa que nombraba lo
habitualmente innombrable, habría que volver atrás –la vista y sobre todo el
oído atrás– a recordar no un libro ni un texto sino un acto, una "performance"
si cabe: la lectura fundante de noviembre del año anterior, cuando ese judío
intelectual de anteojos gruesos que había venido del Este pero ya era de la
carretera, homosexual y drogadicto, ese lobo joven no estepario se paró para
aullar por un amigo encerrado en el loquero alguna vez compartido. Porque Howl,
su alarido, es "por" Carl Solomon, no "para"; es como el Llanto de Lorca "por"
su amado torero. Se paró, digo, aún sin barba ni túnica ni disfraz ni programa,
para decir desde las tripas, recitar como quien se desangra o se caga o vomita
una tenebrosa visión –a lo Blake, claro–, alentar los largos versículos de
respiración bíblica, de olvidada y recuperada tradición whitmaniana.
Desde el título, Ginsberg recupera la perdida oralidad, la poesía dicha, la
dicha de decir, la palabra encarnada, inseparable de la inmediatez de la
expresión verbal: escribir como se habla y de lo que se habla, con los ritmos de
la lengua suelta y de la oreja siempre abierta, según el credo de Kerouac,
primer modelo generacional.
No es casual que –a la hora de las siempre ulteriores explicaciones– Ginsberg,
tras hablar de Blake, de Whitman, de la Biblia, claro, cite tres textos no
poéticos sino narrativos de nerviosa respiración: la prosa de On the road –aún
inédito por entonces–, más la de Céline, más la de Génet... El poeta no parte de
una forma previa a rellenar sino que se lanza a ciegas a decir y corta el verso
como cortan sus entradas, sus largas frases furiosas, los boppers: Gillespie,
Parker, Monk, Powell... Porque la música que acompaña a los beats –ese golpe
bajo– no es el naciente y cuadrado rocanrol (habrá que esperar a la segunda
mitad de los sesenta) sino el jazz que ensaya sin red desde la posguerra y que
no se detendrá ya más hasta encontrar sus límites de inteligibilidad en el free.
El aullido de Ginsberg –se sabe– tiene tres terribles partes y una esperanzada,
jubilosa nota al pie. La primera es una visión, pero no profética sino
testimonial: el bardo viene a contar lo que vio, lo que ve, un inventario atroz
de iniquidades generacionales, expansión iterativa (ese "quienes" infinitamente
repetido) de la primera afirmación, el verso famoso, en forma de olas sucesivas
que abarcan todos los excesos de la transgresión, todos los caminos de Nueva
York a California con escalas que recorrió Neal Carmody en autos robados.
El segundo tramo es un apóstrofe, una maldición de aliento bíblico casi, escrita
bajo los efectos del peyote, para ese Moloch, monstruosa divinidad bíblica que
exigía sacrificios humanos de jóvenes, encarnado ahora en la Ciudad –San
Francisco, Nueva York– que es a la vez el Capitalismo, la Civilización. Y el
tercer segmento, una letanía a Carl Solomon, víctima ejemplar, que reitera el
esquema iterativo para acompañarlo –"Estoy contigo en Rockland"– en el
sentimiento, en el sufrimiento, en la vida bajo Moloch.
Acaso no sea Howl el poema que más me gusta del libro. Un supermercado en
California –con la imagen del poeta y del mismísimo Whitman paseándose entre las
góndolas, por los pasillos "llenos de maridos"– y América, por su tono
autobiográfico y la ironía final de poner su "hombro maricón" para que la rueda
social siga girando, me resultan más accesibles, casi más cómodos, supongo.
Porque es tenebroso oír aullar al lobo; y peor aún escuchar sus razones.
EL
SABOR DE LA ETERNIDAD
Por Miguel Grinberg
Además de ser uno de los grandes poemas épicos del siglo XX, Aullido constituye
un testimonio emblemático de la resistencia juvenil contra la prepotencia
imperial de todos los tiempos. En 1955, a los 29 años, cuando Irwin Allen
Ginsberg leyó por primera vez en público (en verdad, ante sus pares de la
generación beat y algunos pintores californianos) los versos ya definidos de ese
extenso trabajo en vía de consumación, todos sintieron en San Francisco que
estaban ante la pieza fundamental de un Renacimiento literario.
La potencia descomunal de su alegato socio-contracultural apuntaba al poder
tiránico del sistema militar-capitalista que el poeta equiparaba con Moloch,
antigua deidad de los amonitas y los fenicios en cuyo honor los padres
sacrificaban a sus hijos. Al año siguiente, la publicación del poemario, que
además incluía otras piezas legendarias como Sutra del girasol y América,
convertiría a Ginsberg en una irresistible personalidad internacional. A tal
punto que, durante su paso por Praga el 1º de mayo de 1965, la juventud
checoslovaca lo paseó sobre una carroza por las avenidas principales de esa
capital, después de haberlo proclamado "Rey de Mayo", como acto de resistencia
contra el stalinismo imperante. Entre los jóvenes universitarios de entonces
estaba Vaclav Havel, estudiante de la Facultad de Economía y futuro dramaturgo,
quien en 1991, a la hora de la emancipación nacional, sería presidente de su
país.
Antes que un libro, Aullido era un humilde folleto de 44 páginas prologado por
un veterano y magno poeta de Paterson (Nueva Jersey), donde Ginsberg había
nacido. Al aparecer la 24ª edición estadounidense (1971) ya se habían impreso
258 mil copias. Desde la inicial, el opúsculo estaba dedicado a sus tres mayores
compinches generacionales: Jack Kerouac, a quien definía como "nuevo Buda de la
prosa estadounidense"; William S. Burroughs y Neal Cassady. Y por el camino,
claro está, el poema principal se tradujo en el mundo entero, y así Ginsberg
estableció lazos de amistad con jóvenes poetas de todas partes, desde América
latina (asistió en 1960 al Congreso Internacional de Escritores en Chile) hasta
la Unión Soviética (en particular, los poetas rebeldes Evgueni Evtuchenko y
Andrei Vosnezenski).
¿Por qué tanta trascendencia? Pues porque Aullido se refería a una tribu
predominantemente norteamericana, pero con equivalencia en todas las latitudes:
los jóvenes sofocados por el militarismo y las dictaduras, los artistas
incomprendidos, los místicos, los locos, los gays, los amigos reventados, los
perdidos en epopeyas alucinógenas, los inmolados en guerras imperiales, los
maniáticos sexuales, los anarquistas, los pacifistas, los santos y otros
sobrevivientes de lo que el maestro Henry Miller denominó "la pesadilla con aire
acondicionado".
El título completo de este poema cuyo núcleo no cesa de arder es Aullido por
Carl Solomon. Un demente fuera de serie al que conoció durante una visita al
manicomio Rockland de Nueva York, mientras visitaba a su madre allí internada
(trágica heroína de otro poemario posterior todavía más descomunal: Kaddish por
Naomi Ginsberg). Emergiendo de un electroshock, Solomon vio a Ginsberg sentado
en un banco y le gritó: "¡Soy Kirilov!". El poeta le respondió: "¡Soy Mishkin!".
Y ambos se trenzaron a debatir las instancias sutiles de Los poseídos de
Dostoievski. Obviamente se hicieron muy amigos, y la inteligencia descomunal de
Solomon detonó luego el tono elegíaco de Aullido. En pos de una esquiva conexión
celestial.
LA
VOZ DEL CUERPO ELECTRICO
Por Jorge Monteleone
"Los versos están llevados hasta el extremo al que pueda llegar el aliento. Esa
dicción siempre fue, para mí, no aquella que provenía de 'las fantasmales
vestiduras del jazz’ sino la del cuerpo constelado del rock. Casi toda la
mitología rocker está prefigurada en Aullido."
Creo que conocí por primera vez el gran poema de Allen Ginsberg en unas hojas
amarillentas, trabajosa, rabiosamente traducido y mecanografiado por un
compañero de la carrera de Letras, cuyo nombre lamento haber olvidado. Lo
tradujo palabra por palabra, con las oes agujereando las páginas y los acentos
como pequeñas incisiones, sólo para divulgarlo como un evangelio apócrifo, con
la convicción de un iniciado o de un predicador. Esa imagen conviene a las
letanías de salmo bíblico del poema, a la exaltación de lo sagrado ("Todo es
santo", escribió Ginsberg en la nota al pie de Aullido).
Yo nunca había leído nada igual y no lo olvidé jamás, sobre todo porque ese
primer verso salvaje resonaba de un modo inequívoco en los años de la dictadura:
"He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
hambrientas histéricas desnudas".
Pero Aullido es un poema menos para ser leído que para ser recitado y ser
escuchado. De hecho, su propio nombre suena como una interjección: Howl. Y su
verdadera epifanía en el mundo sucede cuando es leído en voz alta o susurrado en
una lectura solitaria que tense las cuerdas vocales. Ginsberg afirmó que había
escrito su poema "para el propio oído de mi alma y los dorados oídos de unos
pocos". Mucho después escuché una de las múltiples lecturas públicas de Ginsberg
y el efecto de su voz, de su dicción, es absoluto: toda la estructura de Aullido
está basada, por un lado, en la repetición de ciertas cláusulas ("who" en la
primera parte; "Moloch" en la segunda; "I’m with you in Rockland" en la tercera)
y, por otro, en los versos llevados hasta el extremo al que pueda llegar el
aliento, como si la respiración del cuerpo que lo sostiene e inviste estuviera
inscripta para siempre en cada uno de sus versos. Esa dicción siempre fue, para
mí, no aquella que provenía del inmediato universo estético de Ginsberg, el de
"las fantasmales vestiduras del jazz", sino la del cuerpo constelado del rock,
su carnal "conexión con el dínamo estrellado de la maquinaria de la noche".
Reencontré esa dicción aproximativa y terca en la voz y el ritmo de Bob Dylan,
que dice: "El fantasma de la electricidad / aúlla en los huesos de su cara /
donde esas visiones de Johanna / han tomado ahora mi lugar". No hace mucho el
círculo se ha cerrado cuando vi a Ginsberg, vagamente inmortal, hablando en el
documental que filmó Scorsese sobre Dylan, No Direction Home.
Casi toda la mitología rocker está prefigurada en Aullido. En el ritmo y en los
vocablos de la lengua inglesa: beat, soul, my generation, the band, rotten,
animals, Rockland, down to the river, los hipsters de cabezas angélicas que
devinieron hippies. En las voces libertarias de la Costa Este. En la asunción
total del cuerpo como encrucijada de todos los deseos, su expansión y su
destrucción y su exaltación, donde las drogas, la sexualidad o la música no son
fines sino medios. En la denuncia de todos los poderes coercitivos –la figura de
Moloch– y el antibelicismo, la militancia contra el imperialismo norteamericano,
contra el "Gólgota nacional fascista", la vindicación de las minorías sexuales y
las diferencias raciales. La cultura del nomadismo, de las ciudades, de las
interminables autopistas, de la extranjería. Los juegos de la obscenidad y los
juegos de la mente, la imaginería del absurdo, la glosolalia exaltada. Las
máscaras de la locura como devastación o reverso luminoso de la racionalidad, la
sacralización del yo en su carne mortal, la transformación del psiquismo.
Vasto, lenguaraz, antagonista del tiempo, el gigantesco hijo de Whitman había
cantado de nuevo el cuerpo eléctrico.
AULLIDOS
DE PLACER
Por Mario Trejo
Los '60, gloriosa década, sí. No me la vais a contar a mí, hombre, que la viví
acullí y acullá. Pero, ¿los '50? Nadie habla de los '50. En Buenos Aires, contra
todo pronóstico, la vida era una gozada. Elena Cruz lo dijo mejor: era una
partouze. Los vates nacionales, en cambio, estaban aquerenciados en el tintorro.
Aunque ya Fontana y Pérez Morales administraban ácidos, mescalinas y
psilocibinas. Había que ir a Brasil. Visite Brasil antes de que Brasil lo visite
a usted.
Medio siglo doppo los vernáculos no se han anoticiado. En Sâo Paulo del '51, la
Hochschule für Gestaltung estaba en el Instituto de Arte Moderno de Piero Maria
Bardi; y en el Largo do Sà, el enorme poeta Milton de Lima Sousa leía todo en
todas las lenguas y al sol del mediodía tras tres caipirinhas me presentó a e.e.
cummings (y a tantos otros), me dio su casa, su familia y su sanctasanctórum,
donde viví algunos meses. ¡Qué épocas! Todo coronado por la Diosa eslava Irene
Ivanovski (Miss Pelotas) e inhalaciones do Carnaval directas al alma. Pero éstas
son otros trescientos cruceiros. ¿Verdad Drummond?
En Buenos Aires, malgré tout, yerba, discos y libros venían de la mano de Henry
Lewy (Calígula de las Dancing Waters, para la secta jazzera) y de Benny
Lowderbach, tripulante de la Delta Lines que hizo equipo conmigo y con Michelle
(née Elisa) Sorrentino (hija de Lamberti, gran periodista, con frente ruso y
Stalag incluidos, y amigo de Curzio Malaparte hasta la muerte). La Sorrentino
saltó de Italia a USA con su marido, piloto de guerra que se pegó un balazo
apenas regresado a su patria. Luego se casó con Willie Alexander Maxwell, que
supo ser bajista de King Cole y terminó como compañero de celda de Dexter Gordon
y padre de mi ex mujer, Rochelle Maxwell. Michelle estuvo en todas antes de ser
deportada. Aquí fue amada y odiada como Michelle Barbieri. Y a estas fuentes hay
que añadir (¡atención! homenaje a la Librería Rodríguez y a Pygmalion de
Corrientes y San Martín) el New World Writing, donde descubrí Jazz of the Beat
Generation, adelanto de En el camino. De modo que cuando llegué a París, se
abrió todo con Mason Hoffenberg (Candy). Ginsberg iba o volvía de Praga (amigos
comunes, chismes, pero sin vernos). Lo mismo pasaría en La Habana. Cuando yo
llegué (Crisis del Caribe), Ginsberg ya había sido expulsado por decirle a un
micrófono que había tenido un wet dream con el Che. Recuerdo un salón infinito
en Praga que fungía de club de jazz y donde se chupaba hasta que sólo seguían en
la brega las checas almodóvar y uno aprovechaba. En el muro, gran foto de
Ginsberg; en vivo, un bajo infernal de 16 años que luego sería Weather Report:
Miroslav Vitous. Otro puente sobre el Río Beat fue Marc Schleiffer, el más
joven, que sucedió a Le Roi Jones en la dirección de Kulchur y con quien
compartimos a Maggie, cubana jazzera y Galina, rusa muy europea y acceso a toda
cama, diplomática o no. Con Marc nos volvimos a ver en Beirut, corresponsal de
NBC Radio y con rechazante mujer black power. En el Yerushalaim del '67 habían
caído presos. Israel no perdona, pero condesciende, aunque hayas abrazado el
Islam. Y con AG, finalmente coincidimos en Boulder Co.: Summer Program del
Naropa Institute. Entre diversos workshops, él daba charlas sobre Rimbaud; MT,
sobre The Smoking Ecologist. Joe Richey (The Underground Forest) quería una
charla a dúo sobre el sexo en nuestras vidas. No pusimos muchas ganas. De modo
que nos dedicamos a recordar lugares y amigos comunes y supe entonces que el
valioso material inédito de Mason Hoffenberg (con Couquite Matignon hacíamos la
navette entre Piazza Navona y Montparnasse) estaba en una de esas terrenales
universidades americanas. La despedida fue de huevos revueltos (por mí) con
bacon, pero con un sabrosón café nicaragüense, mientras poníamos a punto la
traducción que habían inventado mis alumnos sobre Conversación galante, de
nuestro bienamado Nicanor Parra. En esa línea donde le urgen a chupar las tetas,
AG prefirió a mi Is now or never una suya mucho más mejor. Con su Leica me sacó
las mejores. Que nunca tuve necesidad de ver. Pero sí ganas. Todavía.
El Gran Ciego recuerda que alabar y denigrar son operaciones sentimentales que
nada tienen que ver con la crítica. Yo llevo bajo mi piel a Blaise Cendrars,
manco capaz cuyo Transsibérien rasga la noche anunciando la llegada de Howl.
Ambos están de gira. On the road. Para siempre. Y el Vecino de Arriba observa.
Observa.
EL
VERBO TO BEAT
Por Tamara Kamenszain
Yo tendría alrededor de 19 años cuando pegué, en la pared de mi cuarto, una foto
de él totalmente desnudo. Todavía vivía con mis padres y ese hombre –más
parecido por la larga barba y el poco pelo enmaraño a un linyera que a un
sex-symbol para adolescentes– transformó mi reducto en un bunker con orden de
clausura cada vez que alguna tía visitaba la casa. La foto del escándalo la
recorté de El Angel del Altillo, una revista literaria que duró dos números y
que publicó, por primera vez en estas latitudes (¿1966?), la traducción de un
fragmento del Aullido y esa imagen de Allen Ginsberg que fue, para muchos de
nosotros, la esperada muestra en blanco y negro de lo que verdaderamente era un
beatnik. Por entonces también circulaba en el ambiente la revista Eco
Contemporáneo, dirigida por Miguel Grinberg, que había traducido partes de otros
poemas y que publicaba la correspondencia Ginsberg-Grinberg, un delicioso
contrapunto entre dos interlocutores cuya similitud de apellidos de ninguna
manera aseguraba la afinidad de ideas ("usted tiene caca en la cabeza" creo
recordar que una vez le espetó el poeta al editor en ese estilo
salvaje-verista-descarnado que para nosotros, por entonces, era la perfecta
representación de la retórica beatnik). Tres años después (1969) apareció
una
antología de la poesía de Ginsberg que incluía Kaddish, Aullido y otros poemas.
Hasta los que más objetaron la dispar traducción de Marcelo Covián se paseaban
por la Galería del Este con un ejemplar bajo el brazo. Ediciones del Mediodía,
el sello que publicó el libro, tenía un local de librería en esa galería uterina
que invitaba a deambular por adentro de lo que se daba en llamar "la manzana
loca" (Florida-Maipú-Paraguay-Charcas: la nueva fundación de Buenos Aires.
Borges mismo vivió en esa cuadrícula cuyo imán central fue el Di Tella).
Pero, ¿qué nos enganchaba de la poesía de Allen Ginsberg a nosotros,
adolescentes sesenteros, cuando medrábamos por la galería con expresión de
iniciados o cuando nos reuníamos en el living de alguna casa de familia a aullar
a grito pelado: "¡Carl Solomon! Estoy contigo en Rockland / donde estás más loco
que yo"? A veces pienso que una poesía que es incapaz de atraer a los
adolescentes no tiene futuro. Es que cuando un poema le dice algo –cuando se
brinda como regalo– a la inocencia del lector juvenil, es porque lleva a cuestas
el formato de una época. Si nos ponemos filosóficos, habría que decir que se
trata de una cuestión de estética, pero también de ética o, lo que es lo mismo,
de un encuentro con la verdad del decir. Basta con observar la forma de Kaddish
o de Aullido para ver clarito –como en la foto de un desnudo– el mapa lírico de
una época. Ni siquiera hace falta leer: con recorrer con la mirada la
disposición de los versos uno ya se pone a aullar. Son textos que entran por los
ojos, pero también por los oídos. Por eso, con ponerse a declinar el to beat
también alcanza. Ese verbo móvil que arrastra en su valija una cadena de
consecuencias que empieza por golpear y se multiplica en repetir, insistir,
invocar, pedir. Es el verbo del viaje. Jack Kerouac lo tradujo on the road, en
el camino. Viajar es golpear, es repetir, es insistir en el síntoma adolescente,
es confiar en los efectos del estribillo, esa parada que va retomando siempre lo
viajado para darle a la prosa su efecto poético. Prosodia beatnik, poesía pura
que se permite caminar de un extremo a otro de la página sin entregar ni un
milímetro de su potencia versificadora ("prosa poética" la llamábamos nosotros a
veces, traduciendo mal, muy mal). En Kaddish, Ginsberg se da el lujo de contar
minuciosamente toda la historia de Naomi, su madre. Desde que él tiene 12 años y
la lleva a internar por primera vez a un psiquiátrico hasta que, veinte años
después, ella muere y le deja al hijo una carta póstuma ("Tengo la llave.
Casate, Allen, no tomes drogas, la llave está en la reja, en la luz del sol de
la ventana"). El relato no se detiene ante nada porque no tiene la obligación de
cerrar ningún cuento ("cantos, no cuentos", pedía Perlongher). Carl Solomon,
Naomi, "las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura", todos los
"personajes" del poema aguantan las vicisitudes de un relato espasmódico que, en
última instancia, sólo busca anclar en la espiral metafórica.
Perlongher entre nosotros es lo más ginsbergiano que se puede encontrar. Esa
furia compulsiva para hacer que un verso repita la misma loca verdad cambiada
hasta el cansancio es un motor de su ya mítico Cadáveres. Ese himno que los
chicos que deambulan por Corrientes conocen de memoria. Por otra parte, hace más
de un siglo que Whitman escribió su Canto a mí mismo, ese otro himno que Borges
confiesa haber leído hasta el cansancio en su juventud. Son aullidos que se
transmiten como música. De generación en generación. Y que, aunque estén de moda
en una época, vuelven a golpear siempre, insisten, se repiten (como los Beatles,
que patentaron el verbo to beat más allá de la literatura para que siempre pueda
volver, intacto, a ella).
LA
INOCENCIA DEL DEVENIR
Por Arturo Carrera
En un relato de Nietzsche, el Ave Fénix le muestra al poeta un rollo de papel en
llamas y le pide que no se asuste, le explica que es su obra, que hay que
quemarla porque no encierra el espíritu de la época ni el de los que fueron en
contra de esa época; pero sin embargo allí, insiste, hay una buena señal, porque
hay toda clase de auroras.
De un poeta sólo me interesan las auroras. Los estallidos epicúreos, las eras
imaginarias, que despiertan o pueden llegar a despertar a los niños lectores de
un instante o de un porvenir llamado cada vez "librito". La evolución mágica del
deseo, la vocalización minuciosa, secreta a veces por la aceptación de un ritmo
como el ordenamiento de la relación entre unos acentos y unas duraciones
silábicas.
Esos cambios en el poema hicieron de Allen Ginsberg –para utilizar la preciosa
expresión de Jerome Rotemberg– un "técnico de lo sagrado". Un técnico, sin más,
del movimiento de sus pasiones, que no fueron otras que la suma de autoconfianza
de alguien que valora su vida a riesgo de reconocerla casi razonadamente
–lúcidamente–; y de "cantarla".
Esas pasiones tenían nombres: la forma, el éxtasis y el ritmo mediante la
dicción de una "política" del canto. Whitman y William Carlos Williams fueron
los poetas que impulsaron los primeros pasos de Allen Ginsberg en ese aullido
mesurado. De Whitman imitó ese tono seráfico que aparece de pronto en sus
poemas, muy visible en la nota al pie de página de su Aullido: "Todo es Santo.
Todo el mundo es Santo. Todo hombre es un ángel", etcétera. De William Carlos
Williams se abstuvo de adoptar el pie variable, pero forjó más bien el eco, la
resonancia, el alcance de aquella invención métrica y la obsesión de su maestro:
la de atraer para la poesía de habla inglesa el idioma de los americanos, su
habla de todos los días. Pero sostuvo asimismo una posición místico-formal, me
atrevería a decir, que siempre imaginé como una locura extraordinaria: lo que
vio en Cézanne. Lo que investigó de Cézanne viajando incluso a Aix para conocer
su casa, hurgando en sus papeles y sobre todo en sus cuadros. Lo que Cézanne
llamaba "las pequeñas sensaciones de la naturaleza" lo subyugó. Y cuando Cézanne
escribe: "... esta pequeña sensación no es otra cosa que Pater omnipotens
aeterna Deus" (imagino el Cristo Pantokrator del poeta Héctor Viel Temperley).
Ginsberg sueña que ésa era la clave hermética del extraordinario pintor. Cézanne
había refinado a tal extremo sus visiones ópticas, que todos sus puntos de vista
podían volverse satori, dice Ginsberg, iluminación, contemplaciones de la yoga.
Y entonces supone que Cézanne no utilizaba las líneas de la perspectiva para
crear un espacio sino que lo lograba mediante la yuxtaposición de un color
contra otro. Y tuvo la idea de utilizar para sus poemas esa yuxtaposición que
según él establecería una brecha "como la brecha espacial en la tela" que la
mente puede llenar con la sensación de la existencia.
Ahora bien, a esa experiencia podemos sumarle la devoción mística tras su
lectura de Blake, más la lectura cantable de sus poemas más queridos (Aullido y
Kaddish) con los que adoptó una manera de leer, digamos, poundiana; ese grado de
dramatismo y voluptuosidad de Pound... Entonces chocamos con toda clase de
auroras: "... hay una declaración de Artaud sobre el tema, que dice que ciertas
músicas, al introducirse en el sistema nervioso, cambian la composición
molecular de las células nerviosas o algo parecido...", comenta el propio
Ginsberg.
¿Qué nos conmueve de un poeta a pesar de su tiempo y de sus filiaciones sino sus
procedimientos poéticos y lo que excede esas "formas políticas", inocencia o
articulación rítmica de los afectos?
[Todas las notas del Homenaje pertenecen al Suplemento Radar de Página/12,
21/05/06]
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Conversación con
Allen Ginsberg - Chile 1960
Por
Jorge Teillier
Para encontrarnos con Allen Ginsberg recurrimos al azar, que parece seguir
siendo el mejor medio para reunirse con un poeta. Así fue como al pasar un
mediodía frente al Hotel Panamericano entramos a preguntar por el líder de
la "beat generation". Mientras nos comunican que debe partir de un momento a
otro a Concepción, lo vemos aparecer y nos acercamos a saludarlo. Su aspecto
varía entre el de predicador religioso, comerciante ambulante y guerrillero
cubano: frondosa barba, melena, desaliñado atuendo y un equipaje consistente
en un gran bolso de buhonero y una caja de cartón.
Conversamos en castellano, que Ginsberg habla en forma bastante fluida. Nos
explica que lo aprendió durante sus viajes por el Caribe, cuando era
marinero mercante, y en su estadía por varios meses en México (Chiapas y
Yucatán). Al poco rato, para ilustrar mejor sus palabras, abre la caja de
cartón que nos había intrigado, y nos muestra una serie de libros de nuevos
poetas y prosistas norteamericanos, y algunas revistas y folletos que nos
regala, como un predicador que viene a dejar su Evangelio al sur del Trópico
de Capricornio. Es característica, nos parece, en Ginsberg, una actitud de
avidez y curiosidad que se exterioriza en un afán de conocer cosas nuevas
(apenas llegó a Santiago partió al Zoológico, en donde se hizo amigo del oso
hormiguero, y luego visitó el café "Bosco", en donde trabó amistad inmediata
con algunos poetas), o de hacer proyectos como el de estar varios meses en
Chile, y luego atravesar a pie la Cordillera. Podríamos llamarlo, sin temor
al mosdismo, un "angurriento", calificativo criollo que quizás le sería
grato, pues durante la charla se autocalificó de "roto choro".
Nos sorprende la destreza con que Ginsberg amarra nuevamente su equipaje.
Nos explica que esto se debe a que durante un tiempo fue dependiente de
almacén. Actualmente ha vivido gracias a sus ingresos que le proporciona su
libro Howl (8 ediciones y más de 40.000 ejemplares vendidos desde 1956.
Recordemos que además en Chile hay una edición de este poema traducido por
Fernando Alegría). Además, ha grabado en disco sus poemas, y hace clases de
composición en un colegio de San francisco.
Así ha llegado al éxito terreno este poeta, a los 33 años, después de vivir
y escribir en el infierno –como dice William Carlos Williams en el prólogo
de Howl– y recorrer una vía crusis en el cual quedaron su madre Naomi,
muerta en un Hospital de alienados, y su amigo Carl Solomon, encerrado
actualmente en un Hospital de alienados. Su libro –conviene recordarlo– fue
perseguido por la policía en nombre de la moral, lo que lo hace emparentarse
con Baudelaire y Henry Miller.
De su conversación, asaz fragmentaria, recordamos algunas afirmaciones:
-Mi maestro es el gran poeta William Carlos Williams. Él renovó la poesía
norteamericana, rompiendo con la retórica tradicional, al escribir versos
medidos de acuerdo a la respiración y no al acento. Completó la revolución
iniciada por Whitman, pues Williams ecribe en versos cortos, al contrario de
los versos de gran aliento de Whitman.
-Admiro profundamente a Jack Kerouac (nuevo Buda de la prosa americana). Su
último libro de poemas México Blues es maravilloso. También admiro al
prosista William Seward Borrouhs, autor de Naked Lunch, y a los poetas
Gregory Corso (autor de Gasoline, John Wieners, autor de Hotel Wentley
Poems), y al poeta católico Phillip Lamatia. (Al referirse a este último,
Ginsberg nos dice que no es un católico muy ortodoxo, pus su mayor deseo es
ser papa. Por su parte, Ginsberg nos dice que a él no le gustaría ser nadie,
ni siquiera Ginsberg).
-Mi amigo Carl Solomon permanece aún en el manicomio. Está empeñado en
demostrar que es mucho mejor estar enfermo que sano. Lleva cuatro años en
esta broma.
-Casi nunca me interesan las novelas. Leo principalmente prosa lírica,
escrita de una manera espontánea, y poemas. Tampoco me interesa en género de
la "science–fiction".
-Detesto la política cuando veo que las grandes naciones no hace más que
armarse. El verdadero camino de la salvación es el de transformar el alma de
los individuos.
-Me gustaba Fidel Castro, pero me parece mal que haya prohibido fumar
marihuana.
Sobre el tema de los narcóticos, Ginsberg demuestra sentir extraordinario
interés. Averigua cuáles se pueden encontrar en Chile. Le recomendamos el
chamico ("datura estramonio") que V. P. Rosales señala en su Historia como
estupefaciente usado por los mapuches durante sus ceremonias mágicas.
Ginsberg demuestra especial interés por indicarnos que él y los miembros del
Grupo de san Francisco, además de otros muchos jóvenes poetas de EE.UU.
están empeñados en escribir en forma "espontánea", sin limitaciones
retóricas. Así el último poema largo de Ginsberg "Kaddish" dedicado a la
memoria de su madre, fue escrito en una sola noche; John Wieners escribió
sus poemas del Hotel Wently como una especie de diario de vida. Le indicamos
a Ginsberg que hay cierta similitud con la escritura automática preconizada
por el surrealismo, pero él la niega. De todos modos, es evidente cierta
semejanza. Hay similares procedimientos de ataque a la literatura y al modo
de vida oficial, y es así como mientras los surrealistas editaban "la
revista más escandalosa del mundo", Big Tagle, revista de la cual es uno de
los directores Allen Ginsberg fue confiscada por escandalosa de acuerdo a
una orden judicial. Por otra parte, hay mucha admiración por Antonin Artaud
–Michel Mc Clure ha publicado un libro de poemas en su honor recientemente–,
y por Jacques Prévert, especialmente en su primera época.
Una modalidad original de estos poetas es la de unir la poesía a la música
de jazz. Kerouac y Ferlinghetti la iniciaron, grabando poemas con singular
éxito.
Es interesante el interés existente en el grupo de Ginsberg por lo
latinoamericano. En el último número de la revista Yugens se publica un
poema de César Vallejo, con una nota en la cual se dice que es el mayor de
los poetas de Sudamérica. Se anuncia para este año la publicación de los
Antipoemas de Nicanor Parra, por City Light –la misma editorial que publicó
Aullido (Howl). Cuando triunfó la revolución cubana, varios poetas, Kerouac
entre ellos, publicaron un homenaje colectivo a Fidel castro. Mientras
conversábamos, llegó Lawrence Ferlinghetti, quien nos entregó un poema
dedicado a pedir la renuncia de Eisenhower.
Anunciar que va a partir el bus que llevará a Los Cerrillos a los poetas.
Ginsberg se despide, anunciándonos que volverá a Santiago por algún tiempo.
Se echa su bolso al hombro, y parte a difundir al sur de Chile el evangelio
de la "beat generation".
Fuente: Jorge Teillier: Prosas, editorial Sudamericana, 1999.
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Allen Ginsberg trepa por Chile
Por
Vadim Vidal
En enero de 1960, el poeta beatnik Allen Ginsberg estuvo en Chile. Vino por
dos semanas y se quedó tres meses, la mayoría del tiempo en la casa de
Nicanor Parra.
Carreteó con Gonzalo Rojas, Ernesto Sábato, Violeta Parra, Teillier y toda
la taquilla pensante de la época. Y los que se acuerdan de esos días, de
esto se acuerdan
ALLEN GINSBERG era pop cuando no existía el pop y actuaba como rockstar a
pesar de que el rock contaba recién sus primeros pasos, y fue activista gay
cuando no existía el gay power. Lo suyo era la poesía beat, el misticismo y
el vagabundeo. Eso lo trajo a Chile en enero de 1960.
En esa época, en Chile era usual que las universidades realizaran congresos
durante el verano. Programado entremedio de un congreso de Psicoanálisis en
la Universidad de Chile, y otro de escritores chilenos en la de Valparaíso,
el "Primer Encuentro de Escritores Americanos" en la Universidad de
Concepción fue la razón de la visita ginsbergiana. Además de su amigo
Laurence Ferlinghetti (el otro poeta norteamericano perteneciente a la tribu
de la Beat Generation que lo acompañó), entre las visitas ¡lustres de ese
encuentro estuvieron Ernesto Sábato, Miguel Arteche, Nicanor Parra, Volodia
Teitelboim. Gonzalo Rojas fue el de la idea: "Todo esto se gestó en
noviembre de 1959, cuando me contacté en San Francisco con la librería de
Ferlinghetti, City Lights, donde mandé una invitación a cuatro escritores de
la Beat Generation. Vinieron dos. Jack Kerouac se excusó".
Cuenta Rojas que para Ginsberg y compañía fue muy extraño que los mandaran
llamar desde una punta del mundo y como anécdota, recuerda que los
organizadores ofrecían traer a las esposas o parejas de los participantes,
por lo que Ginsberg mandó pedir dos pasajes en primera clase, "una para él y
la pareja con que andaba". Pero llegó solo.
Nicanor Parra no los conocía, ellos tampoco a él, aunque Parra era citado
como influencia para su poesía: en 1954, el poeta chileno había editado los
"Poemas y Antipoemas" y el 56, Ginsberg dio a la luz su célebre "Howl" ("He
visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
hambrientas, histéricas, desnudas/ arrastrándose por las calles de los
negros al amanecer en busca de una dosis furiosa..."). Desde Las Cruces, el
antipoeta se recuerda: "Él estaba más bien en la onda gay, era lo que más le
interesaba". Cuenta la leyenda que cuando le preguntaron en el aeropuerto a
qué había venido a Chile, Ginsberg respondió "Vengo a coger", pero Parra no
confirma la anécdota, ni tampoco lo hizo Ginsberg en una entrevista
concedida a Noreste en 1987 .
Según la evasiva respuesta de Ginsberg, "puede ser (que haya dicho eso). En
Santiago conocí a mucha gente, salíamos a los bares de la calle Alameda...
Tengo muchos amigos en Santiago". "Y sepa Moya si lo hizo, esa era su vida
privada", acota Parra.
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No hay mayores registros de la visita y la mayoría de quienes la recuerdan
lo hacen de un modo anecdótico, como si hubiera venido a Concepción y luego
hubiera hecho sus maletas de vuelta a San Francisco. Pero la verdad es que
el poeta se quedó un rato largo. Así lo contó el propio Ginsberg en Apsi en
junio del 1987, a Sergio Marras: "Viajé por todo Chile. Estuve en Ancud en
la casa de un poeta de allí. Su familia tenía una envasadora de pescado, y
comí mucho pescado en tarro. Salí a pescar. Crucé Los Andes hacia Bariloche.
También fui a Temuco. Me interesaban los araucanos y sus hierbas. Así que
las busqué hasta que las encontré. Esas hierbas eran muy celebradas en la
época. Producían efectos novedosos".
En efecto, Ginsberg anduvo en Chiloé tras la pista del chamico, una hierba
mapuche que se la había recomendado el poeta Jorge Teillier antes de abrir
al congreso sureño. Teillier lo había interceptado a la salida del Hotel
Panamericano, en Santiago, y aprovechó de entrevistarlo para Ultramar, la
revista de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. En esa
nota, según Teillier, su aspecto era "entre predicador religioso,
comerciante ambulante y guerrillero cubano: frondosa barba, melena,
desaliñado atuendo y un equipaje consistente en un gran bolso de buhonero y
una caja de cartón".
Ángel Parra, que también estuvo con el poeta, cuenta desde París que éste se
adaptó muy rápidamente a Santiago y que fue a San Diego a comprarse un
overol azul. "De esos que tienen pantalón", recuerda su tío Nicanor en el
Litoral Central. "Y nada más, ropa interior, no. Evidentemente que eso
llamaba la atención".
Bueno, Ginsberg también llamaba la atención cuando hablaba. En Concepción
dijo que era "urgentemente necesario importar algunos kilos de marihuana
para los escritores chilenos a fin de despertar su dormida percepción". Para
Gonzalo Rojas, "llegó haciéndose, un poco presuntuosamente, el dueño de la
cosa, como el desafiante". En todo caso, cuenta que eso era "pintoresco,
simpático, con aire de mundo, y sirvió para ventilar al país".
Nicanor Parra se acuerda que Ginsberg se adueñaba de los recitales de
poesía. Años después, Parra siguió recitando junto a él en Nueva York y en
distintos congresos y siempre llevaba algo preparado para hacerle el peso.
En su paso por Concepción, Allen Ginsberg se instaló ante mil personas en el
Foro de la Universidad, leyó poemas de su libro "El Aullido", en inglés, y
el escritor Fernando Alegría, que lo había traducido, lo iba leyendo en
español en forma simultánea. Se robó la película.
Entre las anécdotas penquistas, todos los que estuvieron con él recuerdan su
visita al mineral de Lota. Cuenta Rojas: "A la salida de las sesiones, que
terminaban como a las cinco de la tarde, me iba con todos a Lota. Salíamos
volando para alcanzar a llegar a la salida de los turnos de los mineros que
habían entrado a las cuatro de la mañana, y que venían todos tiznados desde
el fondo. Entonces yo les dije ¿quiénes son los valientes que se atreven a
bajar al pique?, y éstos se atrevieron. Este era uno mucho más difícil y más
profundo, había que meterse por las galerías. Me acuerdo que Ferlinghetti
dijo que le recordaba cómo era la minería en Pennsilvania el siglo anterior.
La visita le impactó y, de hecho, escribió un poema de eso, llamado Puerta
escondida". Parra también estaba ahí y recuerda un chiste macabro: "Después
de que vimos a los mineros volver del fondo de la tierra -todos éramos en
ese tiempo marxistoides yo no sé quién le preguntó qué era lo que pensaba de
esto, la explotación capitalista y él dijo: el mundo se divide en ricos y
pobres. Estos ñatos han elegido ser pobres, que se cambien al otro bando:
que se hagan ricos. Ese fue el chiste que hizo. Pero ese chiste hay que
leerlo por debajo y por el lado, es muy complejo".
Luego de Concepción, el gringo beat visitó Ancud, Bariloche, Temuco y de
vuelta a Santiago. Ginsberg nunca se quedaba en un solo lado y esta no fue
la excepción. La capital era sólo la escala para aventurarse en la ruta inca
que había efectuado su amigo William Burroughs siete años antes. Claro que
en la pasada conoció al clan Parra en extenso y también la bohemia
santiaguina de la época. Nicanor Parra lo hospedó cerca de un mes en su casa
de La Reina y compartió con Violeta y
Ángel Parra, que vivían cerca. Todo esto mientras esperaba que su amigo
Ferlingetti, que había vuelto a Norteamérica, le enviara unos cheques que le
permitirían ir a Perú y Bolivia.
Francisco Vejar, poeta y amigo de Jorge Teillier, dice que se contaban
historias sobre su estadía en La Reina. Como que se inyectaba los brazos sin
sacarse el chaleco. O que andaba trayendo un pasaporte que acreditaba
médicamente que tenia que consumir "ciertas dosis" de drogas al día y que no
se le podía privar de esas sustancias. Sustancias que, ciertamente, tenía
problemas para conseguir. Gonzalo Rojas narra la irrupción que tuvo en el
bar II Bosco, cuna de la bohemia santiaguina de entonces: "Me lo contaron,
yo no lo vi, pero entró y gritó: ¡Vengo a buscar cocaína y maricones!
Entonces, uno de los de ahí lo tiró de la chaqueta y le dijo: Ya, huevón,
aquí está lleno de maricones y drogadictos, así que no venís a hacer ninguna
cosa nueva". Agrega que "se hizo muy amigo de los escritores jóvenes ya que
tenía sus devociones que todos saben, le interesaba mirar". Pero que no
recuerda ningún escándalo mayor. Lo que ratificó el mismo Ginsberg en la
entrevista que le dio a Sergio Marras: "No me enamoré de nadie, al menos
particularmente, aunque le eché el ojo a un joven pintor que hacía unos
dibujos muy buenos. No recuerdo su nombre".
Uno de los últimos poetas que Ginsberg aprovechó de conocer fue Pablo de
Rokha, quien vivía frente a la Estación Mapocho después de su viudez. Vejar
cuenta lo que Teillier le contó a él: "Carlos de Rokha, su hijo, que es un
enorme poeta, le preguntó a Ginsberg ¿es verdad que usted es marica? y él le
dijo que sí. Entonces Carlos le recomendó que no le dijera nada de eso a su
papá porque si no lo iba a echar a patadas".
Con los años, la conversación que más recordó Ginsberg de su viaje fue la
que sostuvo con los de Rohka: "Hablábamos de elecciones, de lo difícil que
sería una elección en Chile si el Partido Comunista ganaba. Ellos decían
entonces que, en ese caso, el Departamento de Estado intervendría, que Chile
vivía a la sombra del imperialismo americano. En ese momento yo pensé que
eran unos exagerados". El poeta beatnik hablaba en un castellano medio
tarzanesco que aprendió durante sus viajes por el Caribe, cuando era
marinero mercante.
Pasaron otras cosas: al par de meses, Ginsberg quería arrancar de Santiaqo,
ganoso de partir a Perú a probar la ayahuasca de manos de los indios
amazónicos; y se enfermó, como le declaró en una carta a su amigo Sebastián
Salazar Bondy. De los seis meses que pasó en Sudamerica, tres los pasó en
Chile. Luego, partió a Perú, Bolivia, y se fue a la India, a exorcisar los
dolorosos recuerdos de la muerte de su madre Naomi Ginsberg, presa de la
esquizofrenia, a quien le dedicó su monumental letanía Kaddish que escribió
en una sola noche. Poema que hizo poco antes de este viaje. Cuando ya era
una leyenda viviente.
Fuente: Zona de Contacto de El Mercurio
13 de junio de 2003
AULLIDO
He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros
al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la
antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la
noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se
levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con
agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el
jazz.
Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo El y vieron ángeles
Mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados.
Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos
alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los
estudiantes de la guerra.
Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas
obscenas en las ventanas del cráneo.
Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en
papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes.
Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de
marihuana para New York.
Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en
Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños,
con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas,
ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente
saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras
inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el
cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos
municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones
del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de
Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de
la mente.
Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito
desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas
y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos
golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz
del Zoo.
Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickford's
emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el
desolado Fugazzi's, escuchando el crujido del destino en la caja de música
de hidrógeno.
Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a
Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores
platónicos bajándole espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del
Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando
hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de
hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia
por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada
al pavimento.
Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un
reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo
sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura
en las salas sin muebles de Newark.
Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes
preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos.
Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia
granjas solitarias en la noche del abuelo.
Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala
debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas.
Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios
que fueran ángeles indios visionarios.
Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando Baltimore destellaba en
éxtasis sobrenatural.
Quienes saltaron a limusinas con el Chinaman de Oklahoma impulsados por la
lluvia de los pequeños pueblos a la luz callejera de la medianoche del
invierno.
Quienes haraganeaban hambrientos y solos por Houston buscando jazz o sexo o
sopa, y siguieron al brillante español para conversar sobre América y la
eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para África.
Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada
excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada
en Chicago.
Quienes reaparecieron en la Costa Oeste investigando el F.B.I. en barbas y
pantalones cortos con grandes ojos pacifistas atractivos en su oscura piel
entregando incomprensibles folletos.
Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la
bruma narcótica del tabaco del Capitalismo.
Quienes distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y
desvistiéndose mientras las sirenas de Los Alamos los deprimían, y se
deprimía Wall, y el ferry de State Islan también se deprimía.
Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos
frente a la maquinaria de otros esqueletos.
Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos
policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su
intoxicación.
Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo
ondeando sus genitales y manuscritos.
Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y
gritaron con alegría.
Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los
marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño.
Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el
pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a
quienquiera que llegara.
Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás
de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a
atravesarlos con una espada.
Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino,
la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace
guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse
en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del
artesano.
Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un
novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y
continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la
pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de
conciencia.
Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el
ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar
las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y
desnudos en el lago.
Quienes iban a putas en Colorado por miriadas en autos robados, N.C., héroe
secreto de estos poemas, semental y Adonis del alegre Denver a la memoria de
sus innumerables encamadas con chicas en lotes vacíos, patios de bares,
hileras de desvencijadas casas rodantes en la cima de montañas, en cavernas
o con demacradas meseras en familiares subidas de enaguas al lado del camino
y especialmente la secreta estación de gasolina solipsismos de juan, y
callejones pueblerinos también.
Quienes se desvanecieron en vastas películas sórdidas, se transformaron en
sueños, despertaron en un repentino Manhattan, y se encontraron a sí mismos
fuera de los sótanos colgados sobre descorazonados Tokay y los horrores de
los sueños de hierro de la Tercera Avenida y tropezaron con las oficinas de
desempleo.
Quienes caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en los
muelles esperando una puerta en East River para entrar a un cuarto lleno de
vapor caliente y opio.
Quienes crearon grandes dramas suicidas en el apartamento de los acantilados
del Hudson bajo el rayo azul de la luna de tiempo de guerra y sus cabezas
eran coronadas con el laurel del olvido.
Quienes comieron la cazuela de cordero de la imaginación o digirieron
cangrejos en el fondo lodoso de los ríos de Bowery.
Quienes lloraron por el romance de las calles con sus carritos llenos de
cebollas y mala música.
Quienes se sentaron en cajas respirando en la oscuridad bajo el puente, y se
levantaron para construir arpas en sus desvanes.
Quienes tosían en el sexto piso del populoso Harlem con llamas bajo el cielo
tuberculoso rodeados por las jaulas naranjas de la teología.
Quienes garrapatearon toda la noche golpeando y rodando sobre elevadas
incautaciones que en las amarillas mañanas eran estrofas de jerigonza.
Quienes cocinaron animales podridos pulmones, corazón, pata ,cola borsht y
tortilla soñando con el puro reino vegetal.
Quienes se zambulleron en camiones de carne buscando un huevo.
Quienes tiraron sus relojes del tejado para dar su voto a la eternidad fuera
del Tiempo y despertadores cayeron sobre sus cabezas todos los días por la
siguiente década.
Quienes se cortaron las muñecas tres veces seguidas sin éxito, se rindieron
y fueron forzados a abrir anticuarios donde pensaban que se ponían viejos y
gritaban.
Quienes fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison
Avenue entre ráfagas de versos plomizos y el parloteo borracho de los
regimientos de acero de la moda y los chillidos de nitroglicerina de las
agencias de publicidad y el gas mostaza de los editores siniestramente
inteligentes, o cayeron por los taxis ebrios de la Absoluta Realidad.
Quienes saltaron del Puente de Brooklyn esto realmente sucedió y quedaron
desconocidos y olvidados en el aturdimiento fantasmal de los callejones de
sopa y camiones de incendio de Chinatown, ni siquiera una cerveza gratis.
Quienes cantaron por sus ventanas de desesperación, cayeron de la ventana
del metro, saltaron en el sucio Passaic, brincaron en negros, gritaron por
toda la calle, bailaron descalzos en trozos de copas de vino rotas
grabaciones de fonógrafos de la nostalgia Europea jazz alemán de 1930
terminaron el whisky y se lanzaron gemebundos en baños sangrientos, gemidos
en sus oídos y la ráfaga colosal del silbido del vapor.
Quienes rodaron por las carreteras del viaje al pasado para cada uno el
látigo del Gólgota reloj de la soledad de la cárcel o encarnación del jazz
de Birmingham.
Quienes condujeron una visión para encontrar la eternidad.
Quienes viajaron a Denver.
Quienes murieron en Denver.
Quienes volvieron a Denver y esperaron en vano.
Quienes aguardaron en Denver y empollaron solos en Denver y finalmente se
fueron para encontrar el Tiempo, y Denver es solitario para sus heroínas.
Quienes cayeron de rodillas en catedrales sin esperanza rezando por la
salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma iluminara su
cabello por un segundo.
Quienes chocaron con sus mentes en la cárcel esperando criminales imposibles
con cabezas doradas y el encanto de la realidad en sus corazones que
cantaban dulces blues a Alcatraz.
Quienes se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount para
ofrecer Buddha o Tánger a los muchachos al Southern Pacific a la locomotora
negra o a Harvard a Narciso a Woodland para la sepultura o daisychain.
Quienes exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y
fueron dejados con su locura y sus manos y un jurado colgado.
Quienes arrojaron papas saladas a los conferencistas de Dadaismo en CCNY y
subsecuentemente se presentaron ellos mismos en las baldosas de granito del
manicomio con cabezas rapadas y un discurso arlequinesco de suicidio,
demandando una lobotomía instantánea, y quienes a su vez se entregaron a la
nulidad concreta de la insulina, Metrazol, electricidad, hidroterapia,
psicoterapia, terapia ocupacional, ping pong y amnesia.
Quienes en protesta seria dieron vuelta sólo una simbólica mesa de ping
pong, descansando brevemente en catatonia, volviendo años después
verdaderamente calvos excepto por una peluca de sangre, y lágrimas y dedos,
a la visible fatalidad del hombre loco de los pupilos de los pueblos locos
del Este, salas fétidas de Pilgrim State's Rockland's y Greystone
discutiendo con los ecos del alma, pegando y rodando en la
soledad-banca-dolmen-reinos del amor de medianoche, sueños de vida en una
pesadilla cuerpos convertidos en roca tan pesados como la luna, con la madre
finalmente, y el último libro fantástico arrojado por las ventanas del
departamento, y la última puerta cerrada a las 4 A.M. y el último teléfono
pegado a la pared sonando y la última pieza amueblada, un papel rosa
amarillo torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso
imaginario, nada sino un poco de esperanzadora alucinación ah, Carl,
mientras no estés seguro yo no estoy seguro, y ahora tú estás realmente en
la sopa animal total del tiempo y quienes por lo tanto corrieron a través de
las calles congeladas obsesionados con un repentino destello de la alquimia
del uso de la elipse el catálogo el metro y el plano vibrante.
Quienes soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio a través de
imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma entre 2 imágenes
visuales y unieron los verbos elementales y establecieron el nombre y rasgos
de la conciencia al mismo tiempo saltando con sensación de Pater Omnipotens
Aeterna Deus para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y
ponerse frente a ti estupefacto e inteligente y sacudirse con vergüenza,
rechazando incluso revelar el alma para conformarse al ritmo del pensamiento
en su desnuda y eterna cabeza, el vagabundo loco y el golpe del ángel del
Tiempo, desconocido, incluso poniendo aquí lo que podría dejar de ser dicho
en tiempo de volver después de la muerte, y surgieron reencarnados en los
trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y
exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de América para amar en un eli
eli lamma lamma sabacthani saxofón que llora estremeciendo las ciudades bajo
la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de
sus propios cuerpos buenos para comer mil años.
NORTEAMERICA
Norteamérica te he
dado todo y ahora no soy nada.
Norteamérica dos dólares y veintisiete centavos 17 de enero de 1956.
No me aguanto ni mi propia cabeza.
Norteamérica ¿cuándo vamos a terminar con la guerra entre humanos?
Andate al carajo con tu bomba atómica
no me siento bien no me molestés.
No voy a escribir mi poema hasta que mi cabeza funcione bien.
Norteamérica ¿cuándo vas a ser como un angelito?
¿Cuándo te vas a desnudar?
¿Cuándo vas a ver tu propio reflejo en la tumba?
¿Cuándo vas a ser digna de tu millón de Trotskystas?
Norteamérica ¿por qué tus bibliotecas están hasta arriba de lágrimas?
Norteamérica ¿cuándo vas a mandar tus huevos a la India?
Estoy podrido de tus maniáticas exigencias.
¿Cuándo voy a poder ir al supermercado y comprar lo que necesito así tal cual como me veo?
Norteamérica después de todo sólo vos y yo somos los perfectos no el resto del mundo.
Tu maquinaria es demasiado para mí.
Vos hacés que quiera ser un santo.
Debe haber alguna otra forma para plantear este asunto.
Burroughs está en Tangiers no creo que vuelva es trágico.
¿Te hacés la trágica o es una especie de broma pesada?
Estoy tratando de llegar al nudo de la cuestión.
Me niego a abandonar mi obsesión.
Norteamérica dejá de presionar sé lo que estoy haciendo.
Norteamérica las flores del ciruelo están cayendo.
No he leído el diario en meses, todos los días juzgan a alguien por asesinato.
Norteamérica los Wobblies me sensibilizan.
Norteamérica solía ser un comunista cuando era chico y no me arrepiento.
Fumé marihuana todas las veces que pude.
Me sentaba en mi casa por días enteros y observaba las rosas en el ropero.
Cuando voy al Barrio Chino me emborracho y nunca me hecho un polvo.
Ya lo he decidido va a haber quilombo.
Deberías haberme visto leyendo a Marx.
Mi psicoanalista piensa que estoy perfectamente bien.
No voy a decir las Plegarias del Señor.
Tengo visiones místicas y vibraciones cósmicas.
Norteamérica todavía no te conté lo que le hiciste al tío Max después de que vino de Rusia.
Te estoy poniendo al tanto.
¿Vas a dejar nuestra vida emocional en manos de la revista Time?
La revista Time me tiene loquísimo.
La leo todas las semanas.
Sus tapas me escudriñan cada vez que me escurro al pasar por la esquina confitería.
La leo en el sótano de la Biblioteca Pública de Berkeley.
Siempre me está hablando de responsabilidad.
Los hombres de negocio son gente seria. Los productores de cine son gente seria. Todo el mundo es gente seria menos yo.
Se me ocurre pensar que yo soy Norteamérica.
Estoy hablando solo de vuelta.
Asia se levanta en mi contra.
No tengo ni la más mínima oportunidad.
Es mejor que tenga en cuenta mis recursos naturales.
Mis recursos naturales se reducen a dos porros de marihuana millones de genitales una impublicable literatura privada que va a 10000 por hora y
veinticincomil instituciones mentales.
No abro la boca para hablar de mis prisiones ni de los millones de desgraciados que viven en mis maceteros bajo la luz de quinientos soles.
He abolido los prostíbulos de Francia, Tangiers es el próximo.
Mi ambición es ser Presidente a pesar del hecho de ser Católico.
Norteamérica ¿cómo puedo hacer para escribir una bendita letanía con ese carácter tan necio que tenés?
Voy a hacer como Henry Ford mis estrofas son tan personales como sus
automóviles aún más ellas son todas como de diferentes sexos.
Norteamérica te voy a vender mis estrofas por $2500 cada una $500 las viejas.
Norteamérica liberá a Tom Mooney
Norteamérica salvá a los Leales Españoles
Norteamérica Sacco & Vanzetti no deben morir
Norteamérica yo soy los chicos de Scottsboro.
Norteamérica cuando yo tenía siete años mamá me llevaba a las reuniones de la Célula Comunista ellos nos vendían garbanzos un puñado por ticket un ticket cuesta cinco centavos y los
discursos eran libres todo el mundo se ponía angelical y sentimental por los
obreros era todo tan sincero no te das una idea qué cosa buena el partido
era en 1935 Scott Nearing era un viejo grandioso un mensch de verdad la Madre
Bloor me hizo llorar una vez vi a Israel Amter sencillamente. Todo el mundo debe haber
sido un espía.
Norteamérica en realidad no querés ir a la guerra.
Norteamérica son ellos los Rusos malos.
Ellos los Rusos ellos los Rusos y ellos los Chinos. Y ellos los Rusos.
Rusia quiere comernos vivos. El poder de Rusia malo. Ella querer sacar los autos de nuestras cocheras.
Ella querer agarrar Chicago. Ella necesitar un Reader’s Digest Rojo. ella querer nuestras
plantas de automóviles en Siberia. Él grande burocracia manejando nuestras estaciones de servicio.
Eso no ser bueno. Ugh. Él hacer que Indios aprender a leer. Él necesitar negros y grandotes negros.
Hah. Ella hacernos trabajar dieciséis horas al día. Socorro.
Norteamérica esto es bastante serio.
Norteamérica esa es la impresión que tengo cuando miro la televisión.
Norteamérica ¿es esto correcto?
Es mejor que me ponga a trabajar en serio.
Es verdad que no quiere unirme al Ejército o hacer girar tornos en fábricas de partes de
precisión, soy corto de vista y psicópata de todas formas.
Norteamérica le estoy poniendo mi hombro marica a la rueda
(Traducción de María García)
YO NO SOY
Yo no soy una lesbiana aullando en el sótano amarrada a una telaraña de
cuero
no soy un Rockefeller sin pantalones infartándose en la gran cama rococó
no soy un intelectual ultra estalinista marica
no soy un rabino antisemita negro sombrero barba blanca uñas muy muy sucias
ni soy el poeta en la celda de la cárcel de San Francisco apaleado en
vísperas del año nuevo por los cobardes lacayos de la policía
ni Gregory Corso Orpheus Maudit de estos Estados
ni ese maestro de escuela con un maravilloso salario
Yo no soy ninguno que conozca
de hecho sólo estaré aquí 80 años.
Iglesia de San Clemente, 7 de marzo de 1983.-
Lo
que la marea devuelve en Vlissingen
Para Simon Vinkenoog
Plástico y celofán, cartones de leche y envases de yogur, bolsas de red
azules y naranjas
cáscaras, bolsas de papel, plumas y algas, palos y ladrillos.
Jugosas hojas verdes, ramas de pino, botellas de agua, madera terciada,
envoltorios de tabaco,
tapas de frascos de café, tapitas de botellas de leche, cajas de arroz,
soga azul, viejo zapato marrón, piel de cebolla
blancos trozos de concreto gastados modelados por las mareas, galletas
marineras,
envases de detergente, corteza y tablas, un cepillo para la ropa,
la tapa de una caja
un aerosol de removedor, una pequeña cebolla marrón, una taza amarilla.
Un muchacho con dos bastones camina en la orilla, una gaviota muerta, una
zapatilla azul,
La manija de un bolso, medio limón, un atado de apio, una redecilla__
Tapa de corcho, pomelo, guante de tela engomado, cañitas voladoras mojadas,
parvitas de algas marinas de un tono herrumbrado amontonadas a lo largo de
las
marcas que deja la marea en el murallón,
el paragolpes plástico de un automóvil, casco verde partido por la mitad, un
gran
nudo de soga de cáñamo, un tronco de árbol desnudo de su corteza,
una estaca de madera, un balde, una miríada de botellas plásticas, paquete
vacío
de tallarines marca Zara,
un tambor gris largo plástico, de esos que se usan para transportar
combustible, rollo de vendas, botellas de vidrio, latitas, un árbolito
de navidad,
un caño de hierro oxidado, yo mismo
y mi pis.
3 de enero de 1983.
UNA POESIA PUBLICA
El hecho es que los rusos son maricas
y los chinos también, son grandes maricas amarillas
Los norteamericanos maricas por naturaleza
huyeron hacia el Nuevo Mundo a reventar indios
ahora vamos a permitir que una compañía carbonífera
ocupe sus territorios
Somos tan maricas que explotamos bombas atómicas
sobre los japoneses
Yo mismo soy un marica famoso, hay que serlo para reconocer a otro
y sé que el secretario de estado XYZ es un delicado marica
le dió sus monedas a las Juntas asesinas de indígenas en Guatemala
demasiado asustado para mirar en los ojos de los Escuadrones de la Muerte
en el Salvador
gritando sobre la amenaza que representa la pequeñísima Nicaragua
para el desnutrido México
El presidente ABC es el más grande de los maricas
Hollywood es marica
La Corporación Bechtel es marica
Maricas como éstos les entregaron 200 billones a los patoteros del Pentágono
pues temían ser apaleados si no les permitían a los Generales apoderarse
de todo el dinero
Y el público norteamericano también es marica
Tiene miedo de que si no da todo lo que tiene en el bolsillo
al Departamento de Defensa
los hombres musculosos del Pentágono y los guapos de la CIA
fajarán al Congreso y a la Corte Suprema
y se adueñarán de todo el Bloque Occidental
POR fAVOR AMO
Mayo 1968
por favor amo puedo tocar su mejilla
por favor amo puedo arrodillarme a sus pies
por favor amo puedo aflojar sus pantalones azules
por favor amo puedo mirar su vientre de vello dorado
por favor amo puedo bajar suavemente sus calzoncillos
por favor amo puedo tener sus muslos desnudos ante mis ojos
por favor amo puedo sacarme la ropa bajo su silla
por favor amo puedo besar sus tobillos y su alma
por favor amo puedo poner mis labios en su musculoso muslo sin vello
por favor amo puedo dejar mi oreja apretada sobre su estómago
por favor amo puedo envolver en mis brazos su culo blanco
por favor amo puedo lamer su entrepierna rizada de suave pelusa rubia
por favor amo puedo tocar con la lengua su orto rosado
por favor amo puedo pasar la cara por sus bolas,
por favor amo, por favor míreme a los ojos
por favor amo ordéneme bajar al suelo,
por favor amo dígame que lama su gruesa verga
por favor amo ponga sus manos recias sobre mi cráneo peludo calvo
por favor amo apriete mi boca contra su corazón-príapo
por favor amo hunda mi rostro en su vientre, lléveme lentamente bien sujeto
hasta que su dureza muda me llene la garganta hasta el fondo
hasta que trague & saboree su delicado y tibio cañón punzante venoso Por
Favor
Amo aparte mis hombros y míreme fijo & hágame inclinar sobre la mesa
por favor amo agarre mis muslos y levante mi culo hasta su cintura
por favor amo la recia caricia de su mano en mi cuello su palma en mi
trasero
por favor amo levánteme, mis pies sobre sillas, hasta que mi hoyo sienta el
aliento
............de su saliva y la caricia de su pulgar
por favor amo hágame decir Por Favor Amo Cójame ahora Por Favor
Amo engráseme las bolas y la boca peluda con dulces vaselinas
por favor amo acaricie su pija con blancas cremas
por favor amo apoye la cabeza de su pito en mi arrugado hoyo esencial
por favor introdúzcalo suavemente, sus codos enlazados en mi pecho
sus brazos descendiendo hasta mi vientre, mi pene toque con su dedo
por favor amo métamela un poco, un poco, un poco,
por favor amo hunda su enorme cosa en mi trasero
& por favor amo hágame mover el culo para que se coma el tronco de la pija
hasta que mis nalgas acaricien sus muslos, mi espalda arqueada,
hasta que sólo esté mi erección, su espada clavada vibrante en mí
por favor amo salga y deslícese lentamente hasta el fondo
por favor amo láncela otra vez, y retírese hasta la punta
por favor por favor amo cójame otra vez con su ser, por favor cójame Por
Favor
Amo empuje hasta que me duela la suavidad la
Suavidad por favor amo hágale el amor a mi culo, dé cuerpo al centro &
cójame para
.............siempre
.........como a una chica
con ternura agárreme por favor amo yo me llevo a Usted,
por favor amo & meta en mi vientre la misma dulce cruz caliente
que manoseó en soledad Denver o Brooklyn o clavó en alguna virgen en
estacionamientos
.............de París,
por favor amo condúzcame su vehículo, cuerpo de gotas de amor, de polvo
sudoroso,
cuerpo de ternura, cójame a lo perro más rápido
por favor amo hágame gemir sobre la mesa
gemir Oh por favor amo cójame así
a su ritmo vibre clave & afuera-adentro-rebote & presione
hasta que yo afloje mi orto un perro sobre la mesa aullando con terror y
deleite que
.............lo amen
Por Favor amo dígame perro, bestia anal, orto húmedo,
& cójame más fuerte mis ojos ocultos con sus palmas en torno de mi cráneo
& zambúllase en latigazo de fuerza brutal por suave carne goteante
& vibre cinco segundos hasta disparar su calor de semen
una & otra vez, clavándola mientras grito su nombre lo amo
por favor Amo.
(Traducción de Cecilia Beltramo)
ESFINTER
Espero que mi viejo, que mi buen ojo del culo resista
En 60 años no se ha portado nada mal
Aunque en Bolivia una operación de fisura
Sobrevivió al hospital de altiplano -
Poca sangre, ningún pólipo, ocasionalmente
Una leve hemorroide
Activo, anhelante, receptivo al falo
Botella de coca, vela, zanahorias
Plátanos y dedos -
Ahora el Sida lo vuelve cauteloso, pero
Aún servicial -
Fuera el mal rollo, dentro el condón
Amigo orgásmico -
Aún elástico correoso,
Descaradamente abierto al placer
Pero en 20 años más, quién sabe,
Los viejos sufren todo tipo de achaques
Cuello, próstata, estómago, articulaciones -
Espero que mi viejo orificio se conserve joven
Hasta la muerte, dilatado
LAMENTACION DEL SIN TECHO
Perdona, amigo, no quise molestarte
Pero volví de Vietnam
Donde maté a un montón de caballeros vietnamitas
Algunas damas también
Y no pude soportar el dolor
Y de miedo cogí un hábito
Y pasé por la rehaz y estoy limpio
Pero no tengo lugar donde dormir
Y no sé qué hacer
Conmigo ahora mismo
Lo siento, amigo, no quise molestarte
Pero hace frío en la calle
Y mi corazón está enfermo solo
Y estoy limpio, pero mi vida es un desastre
Tercera Avenida
Y calle E. Houston
En el paso peatonal bajo el semáforo en rojo
Limpio tu parabrisas con un trapo sucio
LA BALADA DE LOS ESQUELETOS
Dijo el esqueleto Presidencial
No firmaré ningún proyecto
Dijo el esqueleto Vocero
Sí lo harás
Dijo el esqueleto Representativo
Objeción
Dijo el esqueleto Corte Suprema
¿qué esperabas?
Dijo el esqueleto Militar
Comprad bombas estrellas
Dijo el esqueleto Clase Alta
Hambread a las mamis solteras
Dijo el esqueleto Yahoo
Parad el arte obsceno
Dijo el esqueleto Derecha
Olvidaos del corazón
Dijo el esqueleto Gnóstico
La Forma Humana es divina
Dijo el esqueleto Mayoría Moral
No, no lo es, es mía.
ESTA EPOCA INSTRUIDA
Esta época instruida
Se tira pedos
Esta época instruida
Camino despacio
Esta época instruida
Se acuerda de sus abuelas
Esta época instruida
Toma diuréticos, presión arterial alta,
Vigila la sal y el azúcar
Esta época instruida come menos carne, algunos
Hace una década que dejaron de fumar
Unos dejan el café, otros lo toman fuerte
Esta época instruida presenció
Los funerales de sus mejores amigos, llamó a
Hijas y nietas por teléfono
Unos conducen, otros no, unos cocinan,
Otros no
Esta época instruida
A menudo
No dice nada.
PRENDE LA CALEFACCION Y SIENTATE
Prende la calefacción y siéntate
Y mira a los yonkis en la calle
Olvida las noticias del viejo Time-Warner
Mira a los colgados del crack en la esquina
Apaga la tele 7 en punto
Están viendo yerba ahí a la vuelta
Salario mínimo es lo que ganas
Casi todos los narco-polis viven de coimas
Haz mucho dinero con tu mafia
Hasta que el viejo MacDonald produzca un empleo
MI EQUIPO AL ROJO VIVO
Mi verga al rojo vivo
Tu verga es punto tramposo
Mi política al rojo vivo
Tu política es trampa tramposa
Mi presidente al rojo vivo
Tu presidente es mancha tramposa
Mi tierra al rojo vivo
Tu tierra es nudo tramposo
Mi nación al rojo vivo
Tu nación es podredumbre tramposa
Mi cosmos al rojo vivo
Tu cosmos una agachada haragana tramposa
RICARDO III
La edad endureciéndome las uñas de los pies
El azúcar tapándome los nervios, a los músculos
De mis piernas les falta sangre, rodillas flojas
Corazón insuficiente, una pared-válvula tapada,
Me falta el aliento, dos kilos y medio pura agua
De sobrepeso-
Hígado, intestino y pulmón cortados- levantado a las 4 a.m.
Leyendo Shakespeare.
Términos y palabras referentes a las prácticas y
disciplinas del BDSM
24/7: Término conocido como la sumisión eterna, es decir ser sumiso/a y estar a
las órdenes de un Ama/o las veinticuatro horas, los siete días de la semana.
ABDUCCION: Rapto, poder por el que el Ama/o subyuga y domina a su esclavo/a.
ABRASION: Estimular la superficie del cuerpo con cera caliente, roce de cueros,
cepillos de cerdas,etc...
AFEITADO: Rasurado u afeitado parcial o total del cuerpo o al menos una parte de
él. En términos anglosajones se conoce como SHAVED o SHAVING.
AMA: Mujer de carácter dominante a quien de debe entrega y obedencia. También
conocidas como MISTRESS, DOMINA, DOMINATRIX.
AMO: Idem que la definición de Ama, pero en el genero masculino. También
conocidos como MASTERS.
ANILLADO: Perforaciones que se realizan en diferentes partes del cuerpo, para la
inserción de anillas, aros y otros adornos, conocido también como PIERCING.
APARATOS: Cualquier utensilio válido, muebles etc...para la práctica
sadomasoquista.
AZOTE: Todo tipo de golpe, dado en cualquier parte del cuerpo. El más conocido
es el spanking
BALLGAG: Mordaza. Es una de las más apreciadas mordazas fetiche, consiste en una
bola preferentemente roja, sujeta por una correa de cuero negro. Mantiene la
boca abierta.
BARRA ESPACIADORA: Barra de madera o metal que sujeta a los tobillos o las
muñecas obliga a estos a permanecer separados e inmovilizados.
BASTINADO: Castigo con un bastón rígido, se usa preferentemente para el castigo
en las plantas de los pies.
BESO NEGRO: Es la acción por la que el sumiso/a besa y lame el ano de su Ama/o.
Conocido en su término inglés como RIMMING
BI: Carácter bisexual, se emple tanto para dominantes como para sumisos.
BLOW JOB: Expresión anglosajona que equivale a una felación, pero que también se
atribuye a la eyaculación en la cara o boca del sumiso/a.
BONDAGE: Es el arte de las ataduras para inmovilizar a un sumiso/a.
BRANDING: Palabra anglosajona que equivale al marcado con fuego.
CABALLETE: Tabla de madera. Se coloca verticalmente y se obliga a la esclava que
se sostenga colocada de tal manera que el peso de su cuerpo descanse sobre los
genitales hendidos por el tablón.
CAMISA DE FUERZA: Especie de camisa fuerte abierta por detrás, con magas
cerradas en su extremidad, propia para sujetar los brazos.
CANNING: Otra palabra de origen inglés, que viene a decir el castigo practicado
con con una caña de alma de bambú, castigo muy duro por cierto.
CASTIGO: Es el sometimiento físico y psíquico por parte de un Ama/o sobre su
esclavo/a, a través del dolor producido por cualquier medio.
CATFIGHTING: Se denomina a la clásica lucha entre mujeresu hombre-mujer.
CELDA: Lugar donde se procede a encerrar al esclavo/a. También es conocido como
establo, mazmorra, serrallo, etc...
CLAVE: Palabra acordada antes de los juegos y que significa el cese inmediato de
la acción que se ejecuta sobre los esclavos.
CLINICAL: Se trata de una sesión S/M con componentes clínicos, es decir uso de
utensilios médicos, adoptando el rol de Doctor/a y paciente sumiso/a.
COCK BALL TORTURE: Consiste en la tortura genital masculina.
COCKRING: Aro de metal o cuero que se coloca en el pene o alrededor del escroto.
CODIGOS: Reglas impuestas en una escena de BDSM en que los jugadores deben
vestir de acuerdo a normas preestablecidas: médicos, uniformes, policías,
fetichismo del latex o el cuero, etc.
COPROFILIA: Degustación o embadurnamiento con heces del Ama/o.
CORTES: Se ejecutan sobre la piel con una fina cuchilla, pudiendo crear
cicatrices decorativas.
CUERO: Material por el cual suspiran muchos sumisos, así como el látex, vinilo y
PVC.
CUNNILINGUS: Se produce cuando el sumiso/a da cuenta del clítoris y vagina de su
Ama, utilizando para ello su lengua.
DILDOS: Con este nombre se denominan a los consoladores, vibradores y prótesis
fálicas.
DISCIPLINA: Imposición de normas de comportamiento. Son fundamentales elementos
del juego, que al ser infringidas imponen la necesidad de castigar a los
e