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"Están reconociendo a un viejísimo amor"

Juan Gelman y el Premio Cervantes, el galardón más importante del habla hispana

Cansado ("Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer"), pero conmovido y feliz, el columnista de Página/12 destaca la significación del premio "en tiempos tan antipoéticos", aunque subraya que "mi confianza en la poesía es independiente de los premios". El jurado presidido por Víctor García de la Concha afirmó que la obra de Gelman "enriquece las letras españolas".

Por Silvina Friera

Orgullo y resistencia. Un acto de justicia poética para una voz indomable y compañera que "vuelve íntimo todo lo que toca". Aunque esa voz suena emocionada y está cansado de tanto hablar, Juan Gelman atraviesa con un tono bajito y con mucha calma la distancia entre la ciudad de México, donde reside, y Buenos Aires, siempre con ese humor afilado, travieso e irónico. El teléfono no para de sonar, a veces lo atiende su asistente, Rosalía; otras, el propio poeta, "el pibe taquito", como lo llamaban sus amigos de Villa Crespo. "Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer", bromea el flamante ganador del Premio Cervantes, considerado el más importante en las letras hispanas y que concede el Ministerio de Cultura de España en reconocimiento al conjunto de la obra de un autor.

Cuando se le transmite que muchos recibieron la noticia como si hubiera ganado un familiar, como si fuera "nuestro" padre, el poeta responde: "Quizá soy un padre espiritual".  Después de una ardua deliberación entre una treintena de candidatos, los miembros del jurado, presidido por el director de la Real Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, decidieron otorgar por mayoría a Gelman el "Nobel español" porque el conjunto de su obra "enriquece las letras españolas", según declaró De la Concha.

"Creo que es un reconocimiento a la poesía que rebasa lo personal, porque el año pasado se lo dieron a un gran poeta español, Antonio Gamoneda. Me conmueve este premio en tiempos tan antipoéticos y deshumanos; en este mundo donde las grandes editoriales desdeñan la poesía, no les importa, es una tarea difícil estar peleando subjetivamente contra todo esto que pasa", dice el poeta a Página/12. "El reconocimiento a la poesía lo vivo como un reconocimiento a un viejísimo amor mío, así que estoy conmovido."

Tanto García de la Concha como el ministro de Cultura, César Antonio Molina, e incluso el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, destacaron la dura historia personal de Gelman, que nunca le llevó a "abdicar de su compromiso prioritario con la poesía", según señaló el director de la RAE. La directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, dijo que el premio, dotado de 90.450 euros, "supone el reconocimiento a la obra de uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo". Caffarel agregó que desde las primeras obras a las últimas, el poeta y periodista "ha bebido en el mejor patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la Generación del ‘27". El autor de Violín y otros cuestiones, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Salarios del impío, Valer la pena, País que fue será y el más reciente Mundar es el cuarto argentino (los otros fueron Borges, Sabato y Bioy Casares) en recibir el Cervantes. A los 77 años, es uno de los poetas más premiados de su generación. Ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Poesía (Argentina), el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el Ramón López Velarde y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

"Ayer leí en los diarios de acá que había una cantidad de candidatos de primera fila: Nicanor Parra, Mario Benedetti, Juan Goytisolo, Juan Marsé, José Emilio Pacheco, Blanca Varela. Y cuando vi la lista dije: "Juan, vos no, imposible". Pero no fue así. Esta mañana me llamó el ministro de Cultura de España para comunicarme la decisión del jurado, y me acaban de llamar Kirchner y Cristina. Néstor me dijo que estaba orgulloso; Cristina, que se enteró cuando llegó a Paraguay, estaba contentísima."

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Entrevista al recibir el Premio Cervantes (TN Noticias)
 

-¿Por qué creía que no iba a ganar?

-Y, porque todos son nombres de primera fila...

-¿No se considera en la primera fila?

-Yo en el cine siempre me siento atrás (risas).

-¿Qué dirían los muchachos de Villa Crespo al enterarse de que "el pibe Taquito" es premio Cervantes?

-Cuando era joven, les tuve que ocultar bastante tiempo que era poeta. En el barrio si no fumabas, eras maricón, y si escribías poesía, eras raro. Deben de estar contentos.

-¿Habló con su nieta, Macarena?

-Fue la primera que me llamó, salió de su trabajo para hablarme. Estaba apurada, pero me felicitó, estuvimos cambiando bromas. Me dijo: "Te lo merecés", y le dije que mejor no hablemos de lo que cada uno se merece porque ahí perdemos todos...

Juan Gelman y Eduardo Galeano (1999)
Trabajo conjunto de los dos hombres de letras, quienes leen sus trabajps. Producido por Página|12. Incluye Para la catedra de Historia - Ivan - Para la catedra de Historia del arte - Como? - Ovidio - La botella - Don Luis - El Hombre mas viejo del mundo - Teoria sobre Daniela Roca - La boda - Comentario XI - Los siete pecados capitales y otros textos (zip 43 Mb mp3, 128 kbps, MediaFire).

Un joven poeta que había nacido en Buenos Aires en 1930 -entonces más conocido como ese "pibe taquito" en los picados que jugaba en Villa Crespo-, tercer hijo de una familia de inmigrantes ucranianos, que aprendió a leer a los tres años, se animó a enunciar en el poema Final lo que sería su principio existencial: "La poesía es una manera de vivir". En marzo de 1956, Gelman publicaba su primer libro de poesía, Violín y otras cuestiones, prologado nada menos que por Raúl González Tuñón. Su maestro celebraba ese poemario en el que "palpita un lirismo rico y vivaz y un contenido social, pero social bien entendido, que no elude el lujo de la fantasía". Entre otras virtudes, Tuñón subrayaba "la forma ágil, fresca, variada en tonos y matices", de un poeta "nacional, porteño, muy nuestro", que "recién comienza y ya está maduro". El orgullo que transmite el prologuista se parece al de un padre que se encuentra con un hijo que le dio la poesía. Un hijo que lo sorprende con versos memorables ("Me vio el caballo de la calesita./ Me vio tan solo que se fue conmigo"), con lirismo y combatividad, imaginación y espesor vital, creatividad verbal y desacartonamiento. El año pasado, a cincuenta años de la publicación de Violín y otras cuestiones, se reeditó este libro fundamental para la historia de la poesía argentina. Gelman festejó, además, sus cincuenta años como periodista y fue declarado Embajador Cultural de Buenos Aires. "Guardo por Tuñón una admiración intocable", señala Gelman. "Además de su gran poesía, una cosa muy impactante era su sencillez; él creía en el trabajo, no en la fama ni en ninguna de esas cosas, y creo que ésa fue la mejor lección que me dejó."

El poeta argentino más querido y reconocido en el mundo entero ha hilvanado una obra que deshizo y rehízo los modos de poner en juego la lengua, que hurgó en el dolor de las peores pérdidas: su hijo Marcelo y su nuera Claudia, que se encontraba embarazada, fueron secuestrados y asesinados por la dictadura militar. Desde hace más de medio siglo -y con más de treinta títulos publicados-, ha conjugado realismo con intimismo, el compromiso social y político con la experimentación y exploración; avanza, renueva, genera un temblor, un placer único, como si él estuviera cara a cara susurrando sus versos a sus lectores. "La memoria es una cajita que revuelvo sin solución", escribió Gelman en el poema Desaparecidos, incluido en País que fue será. "Hay tragedias personales sin solución. No crea que me gusta que estén juzgando y metiendo preso al asesino de mi hijo. Me parece importante la justicia, pero no es una reparación. ¿Quién le devuelve a uno un hijo?", se pregunta Gelman. Cuando celebró sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba velaron los restos de Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida."

"Atravesando varias décadas de la poesía argentina, Gelman ha sido para muchos de nosotros una voz indomable y compañera, nunca la de un master, la de un prócer, sino una voz cercana y viva donde hay lugar para cualquier tema que tensa el corazón humano, que sorprende a la mirada y trastrueca a las formas en su afán de decirlo", advirtió la poeta Diana Bellesi en una columna publicada en Página/12. "Sólo eso parece importarle a Gelman, mientras se mueve en la cuna de una tradición de la lengua y también en su ruptura. Camina allí, en la extraña cornisa de la poesía, donde la herencia letrada y el habla liberta se encuentran de peculiar manera volviendo íntimo todo lo que toca, porque ésa es quizá la verdadera acción revolucionaria de la poesía."

En esa columna, Bellessi afirmaba que Gelman va adonde es llamado, y no queda preso de su propia plusvalía, de lo que ya ha probado con éxito. "No hay quien enjaule a Juan Gelman, repele las etiquetas con el torrente vivo de la lírica, y por eso siempre es nuevo y sorprendente. Un maestro que no da clases, un protagonista de su época a quien en los ochenta escuché decir, con voz queda: ‘Tenemos que repensar lo que hemos hecho, y lo por venir’. Despojada, libre de todo gesto altisonante, su reflexión se me ofrecía de cara a la historia inmediata y sus luchas sociales, como esa práctica interna que debe ser, fundada en un compromiso ético, cuando se habla desde la pequeña voz del mundo que es la voz de la gente común y de la poesía."

-¿Los premios le dan mayor confianza en la palabra, en la poesía?

-Mi confianza en la poesía es independiente de los premios, que son un estímulo y un reconocimiento, sin dudas, pero que no sirven para escribir el poema, que es puro trabajo. Supongo que no escribiré ni mejor ni peor ahora que antes porque me gané el Premio Cervantes. La poesía llega cuando ella quiere y no es que yo pueda invocarla o convocarla, porque nadie se sienta a escribir poemas porque quiere o porque se lo propone.

-Aunque hay zonas de mucho humor y ternura, como en Los poemas de Sidney West, se suele definir su poesía como política. ¿Cómo se lleva con esta etiqueta?

-Es lo que pasa con todas las etiquetas, ¿no? Etiquetan un producto y después hay que mirar para ver de qué se trata. Cuando se habla de mi poesía como política pienso que el error está en pensar que vivo conectado a la realidad las 24 horas del día. No todo lo que sucede en el mundo me despierta la necesidad de escribir un poema. Como ciudadano, tengo compromisos y responsabilidades que no tienen que estar necesariamente en la poesía. La ideología de alguien forma parte de su subjetividad, pero no es toda su subjetividad. No me afecta ni en un sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás, tienen todo el derecho a opinar. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la poesía, y el trabajo de escribirla.

-¿Qué cambió en este trabajo de escribir desde Violín... a Mundar, su último libro? ¿Los temas siguen siendo los mismos?

-Lo que cambiaron fueron cincuenta y un años de vida; por supuesto que la subjetividad cambia y eso seguramente se traduce en la poesía. Octavio Paz lo dijo muy bien: "La biografía de un poeta está en su obra", por eso no hay que creérsela. Para mí la poesía sigue siendo un goce con todos los asuntos que siempre me andan rondando: la infancia, el amor, la justicia social, la muerte. Mis obsesiones no son muchas, pero convivo muy bien con ellas y se han vuelto muy amigas mías.

-¿Escribe todos los días?

-No, la señora no te visita todos los días, tiene muchos pretendientes (risas).

[La imagen pertenece al artista Ricardo Ajler]


OTRAS VOCES

- Guillermo Saccomanno (escritor): "Si el premio lo dan desde el nombre de un renovador de la lengua como fue Cervantes, es coherente que se lo den a Gelman, que es el poeta mayor de la lengua hoy. En este caso, es más importante el premiado que el premio: es más grande en la poesía Gelman que el premio. Creo que Gelman le hace mejor al premio que el premio a él. Desde ya, mi opinión no se inspira sólo en la calidad de la escritura de Gelman, una escritura en español comparable sólo a la que hizo Paul Celan en el alemán, por su poder transformador del idioma. Si hay algo interesante en la poesía de Celan es que se plantea como respuesta a la pregunta de Adorno de si era posible escribir después de Auschwitz. Celan escribió en la lengua de los verdugos, la astilló, la redujo a esquirlas y con eso pudo crear belleza. Y Gelman convirtió el dolor del país de la ESMA en otra cosa: probó que se puede crear belleza contra y después del terror. Mi opinión no es sólo estética, sino también política: no se pueden separar el arte, la poesía y la política. El compromiso de Gelman con la lengua y la belleza es su más hondo compromiso político".

- Ricardo Piglia (escritor): "Es un poeta cuya obra se sostiene sola, y me parece que eso justifica largamente el premio. Tenemos que verlo como un premio a la poesía argentina, porque Gelman encarna como pocos una tradición poética de mucha intensidad".

- Horacio González (director de la Biblioteca Nacional): "Hablar de la obra de Gelman es hablar de un movimiento interno de gran conmoción dentro de la lengua poética castellana, porque atraviesa un amplio registro que va desde un mundo sentimental herido hasta un mundo histórico que busca una dulzura imposible. En ese sentido, hay que destacar todos los descubrimientos de Gelman en materia de la renovación de la dicción poética argentina de los ‘60 en adelante. Esto presupone tocar también una cuerda íntima popular. En ese sentido, él revisa toda la herencia popular poética del siglo XX y, a la vez, le toca el papel del vanguardista que no quiere ser pero es. En cuanto a lo que significa toda poesía en la conmoción del idioma, el nombre de Gelman está asociado a dos puntos: uno es la extrema simplificación de los sentimientos más puros, y otro en dirección a un abanico de metáforas que trabajan con lo inesperado, con lo irresuelto y también con lo oscuro. Lo considero fundamentalmente un gran poeta, su obra relevante se sitúa en la reinvención de la lírica y de algún modo la pequeña épica poética argentina de las últimas cuatro décadas. Y además, me parece un gran ensayista periodístico. La Biblioteca Nacional, a través mío, se expresó más o menos en estos términos el año pasado, cuando hubo una recolección de avales y apoyos a su candidatura. De modo que por esta razón también me alegra que se le haya concedido el premio. Su compromiso político me parece festejable, surge en los ’60 y se continuó de una manera muy desgarradora, expresada en la búsqueda de su nieta. De modo que el nombre de Gelman, además de una alta poética latinoamericana, supone uno de los mojones de la tragedia argentina, carnada en él como poeta y como militante. Pero es el tipo de militancia que está en la poesía".

Mesa Promotora del Peronismo Montonero Auténtico (1979)




29/05/79, constitución de la Mesa Promotora del Peronismo Montonero Auténtico, Prensa Popular Nº 3, enero de 1981. Clic en cada página para agrandar

- Eduardo Galeano (escritor y poeta): "Esta es una prueba de que la justicia existe y, como las pruebas no son muy frecuentes, es muy digna de celebración, me alegro el doble".

- Silvia Fajre (ministra de Cultura porteña): "Es un gran orgullo que el poeta Juan Gelman haya sido galardonado con el Cervantes, el premio más importante de las letras hispanas. Un reconocimiento muy merecido al conjunto de la obra de un escritor comprometido con la realidad social, sin descuidar por ello el valor estético de su creación. A través de sus libros, Gelman nos enseñó a resistir desde la poesía y desde la vida para superar los tiempos difíciles de nuestro país. Como pocos, pergeñó una obra que refleja la búsqueda de un lenguaje trascendente, la singularidad de un estilo a través del realismo crítico, la aventura verbal y el compromiso social y político. Lamentablemente tuvo que exiliarse en la década del ’70, debido a la violencia política que reinaba en el país; pero su figura fue y es un ejemplo de lucha para todos".

- José Nun (secretario de Cultura de la Nación):

"Estoy profundamente conmovido y orgulloso, como argentino, de que se haya reconocido, una vez más, el talento excepcional de uno de los más grandes poetas que ha dado nuestro país. Juan Gelman es un destacado pensador, un periodista de excepcional valía, pero por sobre todas las cosas fue y es un poeta que ha enriquecido a la cultura con su voz singular".

- Griselda Gambaro (dramaturga): "Es un premio más que merecido. Gelman es un gran poeta, de más está decirlo, un hombre con un compromiso muy grande con la sociedad y el tiempo en el que vive, que ha hecho en la poesía exploraciones del lenguaje extremadamente ricas. Es un poeta inevitable de la literatura argentina".

- Ana María Shua (escritora): "Me parece una maravilla, Gelman es uno de los grandes poetas argentinos de todos los tiempos; es un premio absolutamente merecido y todos nos vamos a sentir orgullosos con él. Tiene una obra de altísima calidad literaria: desde sus comienzos hasta hoy, nunca ha dejado de trabajar con el mismo rigor e imponiéndose a sí mismo una intención de extrema originalidad".

- Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz): "Gelman es un poeta que hizo caminar la palabra en la conciencia de las personas y de los pueblos. Estoy muy, muy contento de que hayan distinguido a Juan Gelman. Primero, porque es un gran poeta, un gran escritor, con una mirada muy profunda sobre la vida de los pueblos. Y, segundo, por su compromiso con los derechos humanos. Gelman hizo poesía que llegó a la conciencia y al corazón. Además de para Juan, ésta es una distinción para el país. Espero que se le valore por ello, porque parece que siempre tenemos que esperar el reconocimiento externo para valorar lo que es nuestro".

- Mario Benedetti (escritor): "Es una de las voces más creadoras de la poesía latinoamericana y un periodista muy sagaz. Me parece una premiación muy merecida".

- Andrés Neuman (escritor): "Es de los pocos poetas, desde César Vallejo, que han podido aunar el compromiso político con la experimentación lingüística. Lo que me asombra en Gelman es que ha sido un poeta tan delicadamente lírico, tan radical en sus indagaciones estilísticas, y sin embargo siempre ha tenido una preocupación ética muy fuerte en sus poemas. Ese es un legado incalculable. Invito a que todo el mundo lo lea".

- Noé Jitrik (escritor): "Estoy muy contento... Gelman es un extraordinario poeta, hizo una carrera en el lenguaje muy original, propia. Ha atravesado zonas de sufrimiento personal, pero las ha vivido bien, y ha escrito poemas admirables".

- Mario Delgado Aparaín (escritor): "Es una hermosa noticia. La primera sensación es de gratitud y justicia por todo lo que ha significado y significa Juan Gelman. Gelman es el mejor poeta de América, que logró destilar todo el dolor frente a la necesidad vital de ser feliz. Ya llegará el tiempo de que se lo reconozca como un poeta a la altura de Antonio Machado o Miguel Hernández, porque los tres asimilaron la poesía como el mayor compromiso personal con la vida".

- Graciela Aráoz (poeta, presidenta de la Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina): "Considero que es muy merecido que Juan Gelman haya obtenido el Premio Cervantes. Es el máximo exponente del ‘60 y uno de los grandes poetas vivos que nos quedan en la Argentina. Además, es un hombre no solamente comprometido con la escritura sino también con la vida, con los derechos humanos: todo eso trasciende en ese compromiso fuerte que se nota en su poesía. Así que me parece muy merecido y me honra que se lo den a este gran escritor nuestro. Como poeta, destaco el trabajo del lenguaje, su compromiso con la verdad; cuando digo con la verdad me refiero a la verdad de la palabra que se dice, que se escribe. Es uno de los grandes que construye el poema a través de una arquitectura de cimientos y de lenguaje sensible".

- Carlos Monsiváis (escritor): "Es una justicia enorme. Juan Gelman es un poeta muy notable, que ha venido trabajando incluso en las circunstancias más difíciles con una pasión extraordinaria. Es muy difícil hablar de poesía porque es un género que requiere pensar cuidadosamente en los vicios. Su literatura es de una potencia lírica considerable, y en última instancia regida por una idea de Dios no afiliado a las religiones".

- Daniel Chirom (poeta): "Estoy muy contento. Me parece en estos momentos el poeta más representativo de la Argentina que existe con vida, no solamente por su obra poética sino también por su vida, por toda la represión que tuvimos, las desgracias, etcétera. Significa que la vida sigue en pie y la poesía también. Eso significa para mí ese premio. El llevó al ámbito de la poesía un lenguaje coloquial, del habla popular, mejor que nadie. También supo hacer una intertextualidad al traer los textos de la poesía sefaradí a su poesía, a la poesía argentina. El tiene muy claro que si nos cortan las raíces somos esclavos del viento en cuanto a la memoria de lo que pasa en la sociedad y la memoria de la lengua".

- Arturo Carrera (poeta): "Me llena de emoción este premio al poeta del dolor de nuestro tiempo. Como siempre digo, la barra espaciadora que caracteriza sus poemas es un corte suturado en el verso. Es una marca gráfica tal vez, que no se puede vocalizar ni poner en sonido; sólo se puede mirar, como una cicatriz. Esa barra es la señal y señuelo de la brecha que la poesía abre entre naturaleza y cultura, entre dolor e ideología tal vez. Pero al mismo tiempo las barras convierten sus poemas y su poesía entera en un cuerpo herido y cicatrizado".

- Antón Arrufat (escritor): "Gelman es un excelente poeta que pertenece a la generación de la poesía coloquial latinoamericana, que creó todo un movimiento en América latina. Es un poeta admirado y de larga tradición en Argentina. Me imagino que ha caído muy bien en su país y en el resto de América latina, donde también ya ha obtenido el premio Juan Rulfo. Gelman es también un buen prosista de combate que defiende muy bien tanto sus ideas políticas como estéticas. Le tiendo la mano desde la isla de Cuba".

- Miguel Barnet (escritor): "Es un poeta original que llevó el coloquialismo lírico hasta su límite máximo con una estética personal y una vocación de entrega total a la poesía. No se parece a nadie porque su mundo metafórico es único".

- Reynaldo González (escritor): "Este premio se le otorgó a Gelman, pero es un premio a América. Gelman es un poeta que siempre va de lo íntimo a lo general, a lo grande. Podríamos decir que es un poeta sufrido, que ha vivido sufriendo, pero no amargado. Su poesía transpira humanidad sobre las razas y las contingencias. Me dio una gran alegría, es un poeta al que la poesía le camina por dentro".

- Carmen Caffrel (directora del Instituto Cervantes español): "Gelman es uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo. Desde las primeras obras a las últimas, ha bebido en el mejor patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la Generación del ’27. La poesía de Gelman, que sufrió de manera desgarradora las consecuencias de la dictadura argentina, está cargada de originalidad, de búsqueda de un lenguaje innovador y, además, unida a las preocupaciones sociales".

Producción Oscar Ranzani y Andrés Valenzuela. Fuente: Página|12


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No habrá más penas ni olvido

Juan Gelman ya había recibido las distinciones más relevantes de la Argentina, México y España. Al poeta, que tiene un hijo desaparecido, ahora le llega la consagración con el Cervantes, que antes que él honrara a Borges y a Bioy Casares. Se premia así a la alquimia que le permitió trocar dolor en verso y reflexión en audacia.

Por Ana Laura Pérez (2008)

Lo que intenta la poesía, como la música, como el arte, es morder un poco la realidad que siempre se escapa de las manos. Pero además, tampoco puede ser una proposición voluntaria. La circunstancia no es la que hace al poeta. Es la que, en ciertos casos, lo mueve a escribir una cosa u otra en la medida en que esa circunstancia exterior coincide con una circunstancia interior. Y a veces ni hacen falta circunstancias.

No se escribe poesía por voluntad propia sino por voluntad de ella", dice. Y su voz suena lejana como esa tarde de lluvia y frío en el DF, donde vive desde hace más tiempo del que pueden guardar los almanaques. A él no le molesta tanto como al resto de los mexicanos el frío inusual de este invierno sino ese continuado de temperaturas cálidas que se diferencia sólo por las épocas de lluvia. "Lo que me gusta, en realidad, es que haya estaciones."

Juan Gelman sintió la voluntad de la poesía "cuando era muy chico". Tenía nueve cuando empezó a mandarle versos de Almafuerte como si fueran propios a una vecina dos años mayor. La indiferencia de la nena lo empujó un paso más allá: "Voy a tener que hacerlos yo', pensé y me puse a escribir huesos nomás, versos ¡perdón!". Dijo huesos', ¿un fallido? No deja de ser una metáfora bella y precisa de su forma de vivir la poesía. A los 77 años, lejos de aquella infancia de laborioso enamorado, Gelman acaba de ser honrado con el Cervantes, el premio mayor de las letras de habla hispana. Un reconocimiento a su trayectoria, que antes recibieran los argentinos Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Adolfo Bioy Casares. Pero antes que al amor, Juan Gelman lega el mérito de acercarle la poesía a su medio hermano Boris, el mayor, que le recitaba los versos de Pushkin en ruso.

El habla muy poco del idioma de la familia, pero puede replicar el gesto fraterno y recordar todavía aquellos recitados proféticos: "A mí encantaba la música, el ritmo, la sonoridad de las frases aunque no entendía nada", suele recordar. José, su papá, era un socialista que emigró dos veces a la Argentina. Había participado de la revolución de 1905 y cuando olvió a su país natal, en 1918, lo desilusionó el rumbo de la Unión Soviética. Regresó a Buenos Aires en 1928 con Boris, Paulina Burichson, su segunda esposa, y Tauba, la hija mayor del matrimonio.

El 3 de mayo de 1930 nacería Juan. Primer ciudadano argentino, tercero en la línea sucesoria de esta familia de judíos pobres pero cultísimos de Europa del Este. Padre carpintero, madre hija de un rabino estudiante de medicina en Rusia, todos se pusieron a trabajar en la camisería familiar. No sobraba el dinero pero se ahorraba de a centavos para ir al Colón una vez al año.

Escribía desde chico, pero ¿ya entonces se sentía poeta?

Ocurre que con el tiempo y la insistencia de la poesía, uno al final se pregunta si es poeta.

¿Y cuándo se respondió eso?
Alrededor de los 19, 20 años.

¿La respuesta la dio el reconocimiento de los pares o la autoconfianza?

Creo que tuvo que ver con un deseo personal o una inquietud de sí. Imagínese que a los 20 años nadie me conocía salvo en casa a la hora de comer. Y en el barrio mejor no dárselas de poeta porque l que no fumaba era maricón y el que era poeta era raro. No le oculto que en esos años de los 15 a los tuve amigos poetas y frecuenté a otros poetas.

Nos leíamos cosas, anduve alrededor de revistas literarias, pero recién me pareció que esto era lo que yo necesitaba hacer alrededor de los 20 años. Publicó su primer poema a los once, cuando ya era conocido en los potreros de Villa Crespo como El pib etaquito ("Me perdía miles de goles por partido pero nunca dejaba de usar el taquito para empujar la pelota. Siempre creí que me salía lo más bien, pero teniendo en cuenta las puteadas de mis compañeros, parece que no rendía mucho para el equipo", contó con motivo de un homenaje que le hicieron como hincha en el club Atlanta). "Los espontáneos",elocuente sección de Rojo y negro , revista que publicaba cuentos de cowboys y detectives, lo publicó por primera vez: Fue un sueño muy hermoso para ser cierto, señor; el destino poderoso, envidioso, lo rompió , empezaba.

Juan, que se había destacado como un niño precoz que aprendió a leer a los tres años, hizo la secundaria en el restigioso Nacional Buenos Aires. Abandonó en los comienzos la carrera de Química. Le nteresaba "mucho más la poesía que la descomposición del átomo, los protones y los neutrones". Probó varios trabajos, pero decidió ganarse la vida como periodista. Pasó menos de un mes en un iniciático house organ, El Asegurador, que dejó por Nuestra palabra , semanario del Partido Comunista. Ferviente republicano como alumno de primaria, ingresaría a la Federación Juvenil Comunista de adolescente.

Fue en ese ambiente político que leudó El Pan Duro , grupo que integraban también José Luis Mangieri, Héctor Negro y Juana Bignozzi. Eran jóvenes, eran comunistas y eran poetas: proponían una poesía comprometida y popular y entre ellos financiaban sus publicaciones. El primer libro editado por el grupo fue de Gelman: Violín y otras cuestiones , en 1956, con prólogo de Raúl González Tuñón. Casi inmediatamente fundó la revista Nueva expresión junto al sociólogo Juan Carlos Portantiero y el escritor Andrés Rivera, con quienes también armó una editorial que publicó Velorio del solo (1961).

La radicalización de sus ideas políticas, más a la izquierda que las de la línea oficial del PC, se reflejó en L a rosa blindada . Fue esa revista la que publicó en 1963, Gotán . Libro legendario que le dio definitiva relevancia, marcaría también su renuncia a integrar nuevos colectivos literarios. El año siguiente lo echarían del PC, semanas después de haberse ido: "Fue el momento de la revolución cubana y un grupo de nosotros sostenía que ese hecho era una línea divisoria. Se hablaba de llegar al socialismo por la vía pacífica; nosotros vimos en Cuba otro tipo de posibilidades", explicó.

Desde entonces y hasta el último y flamante Mundar (Seix Barral, 2007), publicaría más de una veintena de libros de poesía que se traducirían y le valdrían muchos premios: el Nacional de Poesía en la Argentina; el Juan Rulfo en México; el Reina Sofía, en España, antes del consagratorio Cervantes. "Creo que de la poesía siempre se aprenden cosas.

Para quien la escribe es una tarea riesgosa porque cada poema es un paso más dentro de la propia subjetividad. Y eso se incuba en la fragilidad y en la inseguridad sobre lo que se escribe. En cuanto a los demás, bueno, por mi experiencia de lector, la poesía como las otras artes ha tocado o abierto territorios que yo tenía, pero que no tenía porque no sabía que los tenía. Son espacios subjetivos, cosas que de repente suenan sin que uno sepa, muchas veces, de qué se trata. Lo que uno sabe es que hay algo, pero no mucho más."

¿Con qué libro, con qué poema, sintió que pasaba un umbral, que alcanzaba algún tipo de objetivo?

En general uno siempre tiene insatisfacciones con lo que hace. Porque la distancia entre la tarea y el resultado, o el esfuerzo por encontrar expresión a las obsesiones siempre deja la sensación de una distancia entre lo que se quiso expresar y lo que se pudo expresar. Supongo que ése es el motor por el que sigo escribiendo y tratando de apresar la poesía, esta difícil señora.

¿Nunca sintió que tenía a esta difícil señora entre los brazos?

Hubo algunos momentos en que así fue, sí. Son momentos escasos, pero son muy felices. Eso ocurre en todos los libros. En todos hay algunos de esos momentos.

¿Se siente en los brazos de esa señora cuando lee poesía de otros?

No, no es lo mismo. Pero porque al leer cosas ajenas lo que uno tiene es el goce de esa lectura, no el intento de escribir los poemas.

Si a la poesía no se la busca, ¿al periodismo sí?

Sí, claro. El periodismo es una cosa que interesa a mucha gente, que no es el caso de la poesía.

¿Y al escritor? ¿También le interesa?

Yo entiendo al periodismo como un género literario que se escribe bien o se escribe mal. Pasa lo mismo que en cualquier arte: se pinta bien o se pinta mal. A mí, el periodismo -sobre todo cuando fui cronista, que es siempre lo que me gustó más hacer, junto con las entrevistas- me dio mucho porque me puso en contacto con diferentes gentes, diferentes problemas. Como uno es curioso, condición esencial para ser periodista, creo que me ha enriquecido sin duda alguna. Hoy mismo, aunque soy columnista en algunos temas, también me aporta cosas.

La mayor parte de sus columnas de los últimos tiempos son denuncias contra los EE.UU. ¿Qué lo obsesiona de ese país?

No se trata del país. Se trata del gobierno de ese país. Yo me temo una catástrofe nuclear fabricada por este señor George W. Bush y sus adláteres. Eso es lo que realmente me preocupa. Mis artículos son también sobre Israel, sobre Irak y Afganistán... todos esos puntos donde ya hay guerras, algunas muy
viejas, y donde el peligro de un estallido atómico no es muy improbable. En realidad es eso lo que me preocupa, porque eso sería una tragedia para toda la humanidad: que volvieran los hongos atómicos.

En su prosa periodística anterior se destacan sus semblanzas y perfiles de artistas.

Durante años he escrito sobre escritores, poetas, músicos, actores, artistas de cine, siempre tratando
de indagar sobre su manera de acercarse al arte.

¿Qué le interesaba de eso?

El misterio del proceso de la creación. Yo todavía no lo entiendo.

A esta altura debe tener alguna pista.

Psss... tengo pasta los domingos.

LECHE ENVENENADA

Los antecedentes de sus columnas en Página 12 datan de 1966, cuando entró al periodismo grande: en la revista Cofirmado se encargaba de la sección de libros. De allí a la sección internacional de Panorama y luego al diario La Opinión , como secretario de Cultura y Espectáculos. Para entonces formaba parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de orientación guevarista-peronista, que se fusionarían con Montoneros.

Trabajaría en el diario Noticias , que manejaba esa organización, y en Interpress Service, como director latinoamericano. Las amenazas hicieron que se trasladara la dirección a Roma. Allí y entonces se iniciaron sus años de exilio. Es difícil reconstruir lo que pasó, la verdad de la memoria lucha contra la memoria de la verdad. Han pasado años, los muertos y los odios se montonan, el exilio es una vaca que puede dar leche envenenada, al menos algunos parecen alimentados así.(...) La necesidad de autodestruirse y la necesidad de sobrevivir pelean entre sí como dos hermanos vueltos locos, escribía en Roma en mayo de 1980.

Hacía cuatro años que una patota había secuestrado y liberado a su hija Nora, de 19 años, y desaparecido a Marcelo, su hijo de 20 años, y a Claudia Irureta Goyena, su nuera, un año menor, embarazada. Volvió clandestino en el Mundial '78 y rompió con Montoneros cuando la conducción planeaba la suicida contraofensiva. Le valió una segunda condena a muerte. La primera la había extendido clandestinamente la dictadura. Y no pudo regresar a la Argentina hasta 1988 -tiempos de Alfonsín- porque, en secreto, un juez le había dictado captura por pertenecer al Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.

En el extranjero se había ganado la vida como traductor de la ONU en Roma, París y Nueva York y regresó cuando intervino la Cámara Federal. En Buenos Aires conoció a la psicoanalista Mara Lamadrid, de quien se enamoró y con quien se fue a México, donde ella vivía y ahora viven: Siempre te amo por primera vez. / Siempre te amo por primera vez, le escribió en País que fué será (Seix Barral, 2004). Con ella publicó el primer libro de testimonios de H.I.J.O.S: Ni el flaco perdón de dios (Planeta, 1997).

De Marcelo recuperó los restos, en octubre de 1989. Habían sido arrojados al río Luján dentro de un tambor de arena y cemento. Lo habían matado de un tiro en la nuca. Después de una búsqueda intensa y de una campaña que apoyaron artistas, intelectuales y personalidades de renombre internacional, en el 2000 dio con Macarena, su nieta, de quien nada sabía al principio. "El mérito fundamental del hallazgo es de Mara. Ella pasaba horas frente a la computadora investigando.

Leyó centenares de páginas y libros y a la madrugada discutíamos las piecitas que iban apareciendo. Algunas cuajaban y otras no." Descubrieron que Claudia había sido trasladada encinta de 8 meses a Montevideo para "regalarle" la beba a un represor uruguayo. La asesinaron después de que amamantara a su hija. "Una vecina del señor que se quedó con mi nieta me llamó." Ahora pidió el juicio para cinco represores del centro clandestino Automotores Orletti por el crimen de su hijo.

Y sigue exigiendo los restos de su nuera en el Uruguay: "La búsqueda de los restos puede parecer necrofilia, pero tiene que ver con otra cosa: con que cada uno de los 30 mil desaparecidos -y como usted sabe las cifras borran historias individuales- existió, vivió, fue una persona y tiene una historia. Encontrarles un lugar de descanso es una vieja costumbre de nuestra vieja humanidad, es regresarlos a su historia y, en general, a la historia de nuestra civilización."

'Obligaremos al futuro/ a volver otra vez', escribió en su último libro. ¿Qué lo lleva a ser tan optimista?

Debo ser un esperanzado sin remedio y para eso no hay farmacias... qué le vamos a hacer.

Republicano, comunista, montonero, ¿cómo se define hoy políticamente?

Como una persona que no ve una izquierda viable en ninguna parte del mundo y que, sin embargo, sigue creyendo que esto algún día va a cambiar. Porque yo no creo que se pueda aplastar el espíritu de la gente, su capacidad de sueño y de deseo, por duro que sea el sistema.

Clarín, 06/01/08

Juan

Por Osvaldo Bayer

Juan ha recibido el premio que se merecía. La alegría de ver su nombre en las tapas. El premio a las letras que forman las palabras. A las palabras que envuelven los sueños. Juan, el poeta de las calles, de los barrios, de las plazas. Del dar la mano. Juan tiene mano de orfebre, de sembrador, la mano que acaricia la vida, pero que se vuelve puño en los tiempos humillados.

Me acuerdo de cuando lo conocí. Por los años cincuenta. Unas reuniones de poetas, escritores con esperanzas más que jóvenes. Optimistas de pura sangre. Revistas literarias, que no se dan nunca por vencidas. Aparecen, reaparecen, se pierden, surgen, siempre nuevas. Ya era poeta, Juan. Nosotros éramos literatos, periodistas, ensayistas, novelistas, cuentistas. El era poeta. En los años sesenta los sorprendí caminando adelante, a unos veinte metros de mí, a él y a Raúl. Claro, Raúl González Tuñón. Quién otro. Estoy seguro de que iban recitando “La costurerita que dio aquel mal paso”. Evaristo Carriego. El poeta que debe haberlos despertado del sueño a los dos. 

Juan, después, los sesenta. No sólo siguió escribiendo poesía todos los días. Sino que también se metió con todo en la lucha contra una sociedad que creaba villas miseria en las pampas más ubérrimas de la Tierra. La lucha, sus búsquedas. Sus libros siempre presentes, uno tras otro. Cada vez más comprometido. Dando la frente a los uniformes de turno. Pero Juan se daba tiempo también para remar en el cielo buscando estrellas y amaneceres, ninfas y silencios.

Juan ahí, tomando la revolución por la puerta delantera, sin interpretaciones academicistas. Pero siempre poeta. Con sus ojos más allá.

Pero la Muerte, de pronto. La Muerte de uniforme. Generales, almirantes, brigadieres, comandantes, comisarios generales, secretarios privados. Y los civiles marianizados de siempre con sus sonrisas genuflexas. Y Juan siguió en las trincheras de la vanguardia.

Hasta que vino la derrota. El dolor profundo. Me escribiste a Berlín, Juan, desde Roma, el 27 de mayo de 1979. No te dabas por vencido. Me comunicaste que seguías trabajando “en un proyecto político que tiende a crear una síntesis a partir de la derrota, un proyecto que, antes o después, me regresará al país”. Y buscabas la razón de tu tristeza y me decías: “La pelea por conseguir una política más sensata, la pérdida de tantos compañeros, el secuestro de mi hijo, de su compañera, del nieto por nacer, me distrajeron de mi condición de desterrado, me hicieron rotar por un limbo extraño, contradictorio, fantasmal y, muchas veces, alucinado”. Y agregabas algo para emocionarse en esos años de tantas luchas: “En poco más de un año escribí cinco libros de poemas con un par de obsesiones recurrentes. Una, el amor, una mujer amada; otra, la derrota, la muerte de los compañeros, mi hijo. Supongo que todo eso me distrajo también de mi condición de desterrado. Sólo ahora la empecé a admitir. Lo que escuché durante esa semana me llevó a reflexionar y escribir, que es mi manera de reflexionar sobre el exilio, nuestro exilio”.

Te contesté de inmediato desde Berlín, donde vivía yo el injusto destierro, así: “Querido Juan: no puedo decir alegría, más bien algo así como un agradecido deseo nostálgico de recordar, de recordar tu rostro de antes y de imaginarme el de ahora, con la belleza que da el sufrimiento a los nobles; eso es lo que sentí al recibir tu carta. He seguido tu lucha. Te he comprendido en todos tus pasos. Yo no puedo ser juez de un hombre de lucha, de un hombre de la permanente vanguardia, de un hombre que es la negación del oportunismo y el ejemplo puro del buscador nunca resignado. Juan: te he seguido más que en todo eso, en tu poesía. Las hemos leído mil y una vez en las reuniones de solidaridad aquí en Europa. La última, en Berlín, el público escuchó tus versos -magníficamente leídos por dos actores alemanes- como quien se halla en un oficio divino. Por eso, Juan, ves que todo está allí, en tu obra, para siempre. No la podrán ni destruir ni matar ni secuestrar ni torturar ni encarcelar. Está y estará allí, permanente. Ese convencimiento tiene que ser tu reposo, tu tranquilidad. Porque la lucha pasada, presente y futura, está en tu poesía. Que el reposo no te remuerda pensando en que la mejor poesía tiene que ser la acción. Porque por sobre tu ejemplar vida de luchador resplandece la poesía. Descansa ahora de la acción, no como resignación, sino como paso al vuelco total hacia la poesía. Las próximas generaciones esperan: van a querer saber de la poesía de la resistencia. Y tienes que estar vos, ya con la cabeza allí, en eso, fuerte, más fuerte que nunca acerado por los seres queridos que ellos hicieron desaparecer, por sus voces que escucharás todos los días, por los compañeros perdidos ya más allá del límite del horizonte. Ahora, Juan, la concentración de las fuerzas en la creación, que para ti es perennemente poesía. El limbo fantasmal y alucinado tiene que dar paso ya a la sonrisa segura, generosa, del triunfo del poeta sobre los enemigos del canto del gallo, sobre los enemigos del sol”.

Ahí mismo le propuse escribir un libro que se llamara “Exilio”. Juan aceptó de inmediato.

Cuando leí hace unos días que Juan había obtenido una distinción así, volví a repetir lo que siempre me llena de satisfacción: el triunfo final de la ética. Alguien tan perseguido como Juan, con el eterno dolor de haber perdido a su hijo y a su nuera embarazada por obra de la bestial represión militar, era reconocido ahora como un poeta fundamental del presente. En cambio, los que lo persiguieron ya están malditos por todas las generaciones. Quisieron matar la poesía y surgió la pluma que derrotó todas las armas, todos los instrumentos de tortura, la desaparición.

Así dice Juan en Exilio: “No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé ante los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar”.

Y así fue. A Juan le acaban de dar un ramo de flores. Hemos aplaudido los que lo conocemos y los que lo leen.

Juan, poeta y luchador por la sonrisa de los niños. Juan Gelman.

Fuente: Página|12

Una vida con ética y compromiso

Juan Gelman: poeta y periodista

Por Héctor Corti, ANC-UTPBA

Buenos Aires, 9 de marzo de 2006 - Juan Gelman, con casi 76 años priorizando la ética y el compromiso militante con la vida y la humanidad, es uno de los mejores ejemplos de lo que alguna vez dijo: "Creo que es imposible que el ser humano deje de ser utópico, que deje de sentir la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad".

Desde su nacimiento, un 30 de mayo de 1930 en el barrio porteño de Villa Crespo -cuando decidió acompañar a su madre porque "corresponde a un caballero estar con una mujer querida en una zona difícil como el parto"- hasta estos días, con su residencia permanente en la ciudad de México, pasaron por la vida de Gelman muchas hojas de muchos almanaques conteniendo poesías, artículos periodísticos, militancia, exilio, búsqueda, encuentros.

La cultura y el arte, así como las cuestiones sociales, fueron parte de la cotidianeidad en aquel hogar de inmigrantes ucranianos formados por José Gelman, un socialrevolucionario que sufrió la persecución y el destierro, y Paulina Burichson, una estudiante de medicina de origen judío, hija de un rabino.

También tuvo un temprano contacto con la palabra -"esa cosa que está rodeada de silencio"- de distintas formas: en el ejemplo que su padre le daba a partir de su gran afición a la lectura y la búsqueda del conocimiento; en el relato de cientos de historias que le hacía su madre; en las poesías en ruso que le leía su hermano mayor Boris.

La palabra es la base de los dos caminos elegidos por Gelman para transitar en su vida, el de la poesía y el periodismo, "que nunca llegan a interferirse", y que tienen dos lenguajes distintos, "íntimamente enraizados con diferentes misterios de la vida".

El camino de la poesía se presentó en su vida, quizá influenciado por aquel "amor no correspondido" en su niñez, inspirador de los primeros versos que fluyeron en un poeta que no sabe bien por qué se escribe, pero sí que "es imposible no hacerlo".

El periodismo, en cambio, fue la profesión que eligió para tener la posibilidad de estar cerca de la palabra. "Aunque la razón era equivocada, el oficio me pareció espléndido. Me permitió entrar en contacto con personas y realidades que alimentan mi escritura. El periodismo también es literatura. Pero algunos periodistas no se dan cuenta".

El colegio y el barrio conformaron dos espacios importantes durante la adolescencia de Gelman. En el Nacional Buenos Aires "me rozaba con gente de otra clase". Y el barrio representó "el escalafón completo: billar, mujeres, organillo, fútbol, milonga y esas cosas".

Dentro de "esas cosas" también estaba la poesía. Y la decisión tomada un buen día de ser poeta, dejando de lado sus estudios de Química. Entonces, junto a otros muchachos como Héctor Negro, Hugo Di Taranto o Julio Silvani, comenzó a compartir un sueño que se convirtió en realidad. Ellos fueron algunos de los integrantes del grupo literario "El pan duro", cuyo objetivo era la edición de libros. Y el primero fue, justamente, el de Gelman.

Era 1956 cuando "Violín y otras cuestiones", prologado nada menos que por Raúl González Tuñón, vio la luz y marcó el inicio de una producción intelectual tan prolífera como apreciada, que trascendió las fronteras y le prodigó reconocimientos en el ámbito nacional e internacional.

Aquellos días también fueron de tránsito por el otro camino, el del periodismo. Una profesión que nunca abandonó, ejerció con pasión y que a lo largo del tiempo demostró su gran capacidad profesional. Esas condiciones le permitieron ocupar espacios destacados en las redacciones de varias revistas, diarios y agencias de noticias.

El compromiso político y la militancia fueron otros aspectos que estuvieron presentes desde muy joven en la vida de Gelman. Fue así que con apenas 15 años ingresó al Partido Comunista, y años más tardes, apenas comenzada la década del ’70 se sumó a la izquierda peronista.

Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México fueron algunas de las ciudades del mundo por donde transitó durante su exilio, cuando la noche de la criminal dictadura militar cayó con toda su crueldad sobre la Argentina.

El secuestro y desaparición de su hijo, Marcelo Ariel, y de su nuera, María Claudia García Iruretagoyena, embarazada de siete meses, fue el golpe más duro que esa dictadura le asestó a Gelman y su familia. Ahí nació una nueva lucha,- junto a los organismos de derechos humanos, familiares y amigos- en la búsqueda de su hijo, de su nuera y el de su nieta, luego de recibir la confirmación de que había nacido en cautiverio.

Los restos de Marcelo Ariel fueron encontrados en enero de 1990 y se velaron en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires. De María Claudia García Iruretagoyena, se presume que está enterrada en alguna dependencia militar de Uruguay, junto a otros desaparecidos.

En tanto que su nieta, que había sido entregada por los militares uruguayos a un comisario de ése país, fue encontrada en 2000. Por voluntad de ella se le hicieron los estudios genéticos y se confirmó que era la hija de Marcelo y Claudia. Así, recuperó su verdadera identidad. En 2004, concluyó con su trámites para lograr llevar el apellido de sus padres, hoy con sus 29 años es: María Macarena Gelman García Iruretagoyena.

"Creo que es imposible que el ser humano deje de ser utópico, que deje de sentir la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad". Claro que sí, Juan Gelman, claro que sí (ANC-UTPBA).

Homenaje por los 50 años en el periodismo

Para marcar su trayectoria en la profesión, doscientos periodistas saludaron al poeta, que estuvo acompañado por su nieta María Macarena y por su mujer, Mara Lamadrid

Por Silvina Friera (10/03/06)

Cuando Juan Gelman tomó el micrófono, doscientas personas se pusieron de pie, emocionadas, en la Unión de Trabajadores de Prensa (Utpba). Ahí estaba el "amigo Juan", ese gran poeta que enfrentó lo injusto de este mundo con un puñado de palabras que están grabadas en la memoria de los argentinos. El poeta, que celebra sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba se velaron los restos de su hijo Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida." Con ese estilo susurrante, de hablar bajito como si estuviera pidiendo permiso, Gelman, que estuvo acompañado por su nieta María Macarena, bromeó: "Uno llega a los 75 años por distracción". En el homenaje a este trabajador de la palabra, que publicó su primer poemario, Violín y otras cuestiones, en marzo de 1956, estuvieron el periodista Horacio Verbitsky y el secretario general de la Utpba, Daniel Das Neves.

Con una escenografía más que significativa -las fotos de Rodolfo Walsh y Haroldo Conti-, Das Neves subrayó la calidad del periodismo ejercido por el poeta. "Todos hemos compartido una redacción con Juan, seamos conscientes o no", señaló el titular de la Utpba. "Con crónicas profundas, opiniones contundentes, con su compromiso visceral y una prosa implacable, Gelman peleó por una vida digna y no permitió que se instale el olvido ni la distracción." Para Das Neves, el homenaje fue un acto de justicia, dedicado a quien hace cincuenta años que "viene trabajando con la palabra justa para deleitarnos y conmovernos".

Verbitsky dijo que conoció a Gelman en unas jornadas de lectura de poesía que se hacían en el sótano de un teatro. "Juan y Paco Urondo leían sus poemas y era sorprendente que la poesía pudiera convocar a tanta gente en el Buenos Aires de fines de la década del 50. Y la palabra de Paco y de Juan nos hacía vibrar, era una poesía muy bella que hablaba el lenguaje de la vida cotidiana." A los 22 años, Verbitsky tuvo el extraño privilegio de ser el jefe de Gelman en la redacción de la revista Confirmado. Claro que al principio Verbitsky pensó que le tendría que dar un tiempito al poeta para que se adaptara a los tiempos y el estilo de la revista. "Pero cómo no se iba a adaptar ese poeta maravilloso a la redacción. Nunca tuve que corregirle ni una sola letra de lo que escribía", confesó.

En la década del ’70, "años dramáticos y de mucha urgencia" -en palabras del autor de Robo para la corona-, cuando el oficio periodístico y la militancia empezaron a transitar por la misma senda, Gelman y Verbitsky compartieron la redacción del diario La Opinión. "Las páginas culturales de Juan son un ejemplo de periodismo de calidad y de compromiso con las luchas populares", precisó Verbitsky. Los tantos se invirtieron en el diario Noticias: el poeta fue jefe de Verbitsky. Los caminos se bifurcaron antes del golpe militar. En 1975 Gelman se exilió y recién a fines de la dictadura volvieron a encontrarse en una estación de subte de París. "Juan fue el gran organizador de las denuncias y logró el aislamiento de la dictadura." A partir del reencuentro, aparecieron las coincidencias, pero también las discusiones sobre las perspectivas de un futuro revolucionario. "Eramos fósiles que a lo máximo que podíamos aspirar era a ser el combustible para las próximas generaciones."

"No comparto la teoría de Horacio de que soy un fósil", bromeó Gelman. "Nos queda su actitud, su compromiso y calidad en el uso de la palabra", concluyó Verbitsky.

Un abrazo con la nieta

María Macarena se fundió en un abrazo con su abuelo Juan y fue encargada de entregarle un recordatorio a Gelman, junto con Daniel Das Neves. Horacio Verbitsky recordó anoche que la mayor obra periodística del autor de Violín y otras cuestiones y País que fue será fue su investigación sobre los horrores de la dictadura militar uruguaya. Al secuestro y desaparición de su hijo Marcelo, se añadió el dolor de otra pérdida irreparable: María Claudia Iruretagoyena, su nuera, que había sido trasladada a Uruguay embarazada, donde nació la nieta de Gelman. El poeta nunca bajó los brazos y enfrentó la complicidad del ex presidente Julio María Sanguinetti con los militares. "El trabajo de Juan permitió el reencuentro de Macarena con su identidad y con su historia", subrayó Verbitsky. El epílogo de esta lucha llegará cuando el poeta pueda recuperar los restos de su nuera. En el encuentro de ayer también estuvieron Cristina Banegas, Rogelio García Lupo, Nora Cortiñas y otras Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Osvaldo Bayer, entre otros.

Página/12, 11/03/06


Emotiva celebración de los 50 años de Gelman con el periodismo

Estuvo presente su nieta María Macarena Gelman García Iruretagoyena

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- El colmado auditorio "Gregorio Selser" de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) albergó en la noche de hoy, viernes 10, la emotiva celebración de los 50 años en el periodismo del poeta y escritor Juan Gelman.

Las cálidas palabras del secretario General de la UTPBA, Daniel das Neves, sobre la integridad, la ética, la capacidad profesional y el compromiso de Gelman y el recorrido sobre la vida profesional y militante, realizada por el periodista Horacio Verbitsky, fueron expresando el significado y el sentido más profundo del acto homenaje.

Uno de los momentos más emotivos de la noche se produjo cuando Das Neves invitó a María Macarena Gelman García Iruretagoyena, al estrado para hacerle entrega Gelman, en nombre de los periodistas, de un cuadro, de Alberto Oris.

María Macarena, que nació en cautiverio en Uruguay, es hija de Marcelo Gelman y María Claudia García Iruretagoyena, quienes fueron asesinados durante la dictadura (ver aparte).

Con dos gigantografías a su espalda, una de Rodolfo Walsh y otra de Haroldo Conti, Gelman se sumó a la mesa para expresar su emoción de que este homenaje se haya realizado en la sede de la UTPBA y recordar que en otro de los locales de la entidad, fueron velados los restos de su hijo Marcelo, luego de su identificación en enero de 1990.

"Cuando el cortejo partió, de los balcones cayeron una lluvia de pétalos de rosa. Nunca lo voy a olvidar. Esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo Gelman (ver aparte).

La periodista Claudia Quiñones, secretaría de Cultura de la UTPBA, quien presentó el acto, destacó el valor de la presencia de Gelman "en la casa de los trabajadores de prensa" y recordó que la actividad se enmarcó en la semana de homenaje realizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Casa del Escritor de Buenos Aires.

"Para la UTPBA homenajear a Juan Gelman en sus 50 años de periodista-trabajador de prensa es, también, homenajear un tipo de periodismo y no otro. Un tipo de periodismo que se entiende con un sentido de la vida y no con otro. Con una mirada y no con otra. Ese otro al que lejos se está de ignorar", enfatizó Das Neves.

El secretario General de la UTPBA dijo más adelante que "Juan Gelman cumple 50 años de periodista. De un periodismo donde la prosa implacable no permite que holocaustos, dictaduras, genocidas, torturadores, criminales, apropiadores de bebes, explotadores intenten ni el olvido ni la distracción, ocultando responsabilidades asesinas bajo el felpudo de la impunidad. Lo saben, entre otros, quienes todavía se niegan a entregar el cuerpo de María Claudia, su nuera".

También señaló que ejerce "un periodismo que sabe reconocer mentirosos, hipócritas, pusilánimes y traidores en el escenario que analiza y también entre los pretendidos pares. De un periodismo que se va por la verdad, esa verdad que -recordaba el propio Gelman hace unos años- para los atenienses era el verdadero antónimo del olvido: la verdad de la memoria en la memoria de la verdad. Un periodismo que no se plantea falsas antinomias entre su deber ser y las ideologías o la objetividad".

Luego, Verbitsky recordó que con Juan Gelman compartieron 43 años en el periodismo y realizó un repaso por los tiempos en que lo iba a escuchar cuando leía sus poemas, las redacciones donde estuvieron juntos, así como los espacios de militancia "en aquellos tiempos, después de las horas de trabajo" y la importante actividad para denunciar a la dictadura militar que realizó.

El columnista de Página 12 contó que fue jefe de Gelman en la revista Confirmado, y que pese a que era poeta y no conocía bien el oficio "nunca tuve que corregirle una sola nota, porque las escribía mejor que nadie", y señaló más adelante que años después se invirtieron los papeles y "Gelman fue mi jefe en el diario Noticias".

Verbitsky finalizó su intervención sosteniendo que "las ideologías y los alineamientos de aquellos primeros días en que escuche la lectura de un poema de Juan y de Paco (Urondo) forman parte de la prehistoria. Lo que queda presente es una actitud de su compromiso, una calidad en el uso de la palabra, una profundidad en la entrega, una fidelidad a las personas y a los valores, a los compañeros muertos y vivos, a los sueños que no dejamos de soñar y por los cuales seguiremos luchando inspirados por Juan hasta el último días de nuestras vidas. Por todo eso Juan, muchas gracias".

La Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) se sumó a la actividad con la entrega a Gelman de un credencial de miembro honorario de la organización (ver aparte).

Osvaldo Bayer, Nora Cortiñas, Gustavo López, Cristina Banegas, Stella Calloni, Lilia Ferreira (compañera de Rodolfo Walsh). David Blaustein, Rogelio García Lupo, Héctor Carrica, Javier Urondo, Julio Santucho, Jorge Berneti, Eduardo Jozami, Lila Pastoriza. Miguel Repiso (Rep), Miguel Talento, Esteban Mc Allister, Jorge Boccanera, Nora Lafón, Nora Anchart y Rodolfo Braceli, fueron algunos de los asistentes al masivo acto, en el que también participaron organizaciones culturales, sociales, gremiales, de derechos humanos y vecinales.

También se hicieron presentes el embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, representantes del astillero Río Santiago y delegados de medios gráficos y audiovisuales de la Argentina.

Por su parte, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Ezquivel le envió a Gelman un cálido saludo (ANC-UTPBA).


Juan Gelman celebró en la UTPBA su historia en el periodismo

"SI VEINTE AÑOS NO ES NADA, CINCUENTA SON DOS Y MEDIA VECES NADA"

Das Neves, Gelman y Verbitsky junto a María Macarena, nieta del escritor.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- "Estoy emocionadísimo por este encuentro, que siento no es personal, si no que tiene que ver con tantos compañeros. También me emociona mucho el hecho de que sea en el sindicato. En otro local (de la UTPBA), que no es éste, cuando encontraron los restos de mi hijo Marcelo, decidimos velarlo públicamente allí. Cuando partió el cortejo fúnebre, de los balcones de ese edificio cayó una lluvia de pétalos de rosas. Esto es algo que yo no puedo olvidar, y si se me permite la sensiblería, esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo Juan Gelman, durante la celebración de sus 50 años en el periodismo organizado por la UTPBA.

"Agradezco muchísimo la presencia de ustedes, colegas de hoy y colegas de ayer. Y quiero agradecer al sindicato, quiero agradecer a ustedes la presencia. Hablaron de una manera que voy a necesitar tres o cuatro ‘egotecas’ para acumular todo lo que aquí se dijo. Por supuesto la amistad es generosa y exagera. Tanto en el diario Noticias, como en lo que fue la voz de solidaridad internacional, y de denuncia de los crímenes de la dictadura militar, fuimos muchos los que participamos, en el diario en particular", remarcó.

Gelman recordó que "todas las noches, para cerrar tapa, solíamos reunirnos Paco (Urondo), Horacio (Verbitsky), Rodolfo (Walsh) y yo, para decidir los títulos y las fotos. No voy a disimular que esas reuniones estaban convenientemente regadas de ginebra, cosa que le contribuía mucho a la creatividad del diario. Sigo convencido de eso. Solamente esto les quería decir. Si veinte años no es nada, cincuenta son dos y media veces nada" (ANC-UTPBA).

Durante el homenaje realizado en la UTPBA por sus 50 años en el periodismo

LA FELAP LE ENTREGÓ A JUAN GELMAN UNA CREDENCIAL HONORARIA

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- La Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) expresó su "profundo afecto y respeto al compañero Juan Gelman, en este día que tanto le pertenece y que tanto nos honra como periodistas, escritores y, por sobre todo, como luchadores políticos y sociales", en el marco del homenaje que el poeta y periodista recibió hoy en el auditorio Gregorio Selser de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

Durante la ceremonia, Gelman recibió de mano de la periodista Lidia Fagale, en representación de la FELAP, una credencial de miembro honorario, debido a su trayectoria de 50 años dentro del periodismo.

"Su lucha inquebrantable por un mundo mejor, es la lucha del hombre militante de las palabras y los hechos", sostuvo la FELAP, principal entidad de periodistas de la región, en un comunicado firmado por su presidente, Juan Carlos Camaño, en el cual destaca la obra y el compromiso del poeta y periodista hacia la profesión y las cuestiones sociales. (ANC-UTPBA).

La nieta de Juan Gelman compartió el homenaje por los 50 años en el periodismo

MARÍA MACARENA ESTUVO PRESENTE EN LA UTPBA

Imágen: María Macarena junto a su abuelo y la prima de su mamá desaparecida, la periodista Gabriela Sharpe.

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- Por primera vez María Macarena Gelman García Iruretagoyena participó en una actividad pública. Lo hizo en la UTPBA para estar presente y acompañar, con toda su emoción, a su abuelo Juan Gelman, en el homenaje por los 50 años en el periodismo.

María Macarena, de 29 años, es hija de Marcelo Ariel Gelman y María Claudia García Iruretagoyena, quienes el 24 de agosto de 1976 fueron secuestrados por la dictadura militar de la Argentina.

Marcelo Ariel, fue asesinado y sus restos recién pudieron ser encontrados e identificados en enero de 1990, para finalmente ser velados en la sede de la UTPBA.

María Claudia, que estaba embarazada de siete meses, fue una víctima del Plan Cóndor, ya que fue trasladada a Uruguay, allí tuvo a su hija en el Hospital Militar, y luego la alojaron en un centro clandestino. Se presume que su cuerpo está enterrado en alguna dependencia militar de ese país.

María Macarena fue arrancada de los brazos de su madre y entregada a un comisario uruguayo, quien junto a la esposa, la inscribieron como propia dándole una identidad falsa.

Al tener la confirmación del nacimiento de un nieto o una nieta, tanto los abuelos paternos, Juan Gelman y Berta Schuberoff, como los maternos, María Eugenia Cassinelli y Antonio García Iruretagoyena, comenzaron su búsqueda -sumada a la de su madre María Claudia-, junto a organismos de derechos humanos, amigos y familiares.

María Macarena fue ubicada a fines de 1999 residiendo en Montevideo, ciudad de Uruguay, en donde por propia voluntad se realizó los estudios genéticos, que le confirmaron ser la hija de Marcelo Ariel y María Claudia.

El proceso judicial que siguió a su identificación culminó en 2004, cuando luego de realizar todos los trámites, pudo recuperar su propia identidad. A partir de ese momento comenzó a llamarse María Macarena Gelman García Iruretagoyena.

María macarena siguió todo el acto con marcada emoción y sus ojos recorrieron continuamente la escenografía del lugar, donde las imágenes de periodistas desaparecidos, entre ellos su padre, rodeaban a los presentes entrelazando historias, bellas y enormes historias de lucha, de vida (ANC-UTPBA).

Juan Gelman, a los cincuenta años de poeta y periodista

"ME DISTRAJE. LLEGUÉ A LOS 75 SIN DARME CUENTA" (*)

Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (Por Susana Viau (**), ANC-UTPBA).- El poeta Gelman está en Buenos Aires, su ciudad, que lo homenajea por cinco décadas de escribir, hablar, crear. Una charla que recorre su vida desde los inicios, la casa en la calle Canning, el fútbol, el tango, la militancia, el exilio y la búsqueda de la familia que le desaparecieron. Y en la que se descubre que también hace 50 años nació su hijo asesinado.

Si Juan Gelman tuviera que hacerse una entrevista, se enfrentaría a dos dificultades. La primera, obtenerla; la segunda, la voz, "porque hablo muy bajo". Pero en esta oportunidad se ha sometido al encuentro con resignación. Sabe que el mal trago es parte de un paquete que incluye su designación como profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Honoris Causa de la Universidad de Quilmes y embajador cultural de la ciudad de Buenos Aires.

La elección del momento no es arbitraria: se cumplen cincuenta años de la edición de su primer volumen de poesía, Violín y otras cuestiones, y otros tantos de su iniciación como periodista. En cuanto a la voz, de a ratos inaudible, Gelman tomará sus precauciones y mantendrá muy cerca el micrófono. Es una mañana soleada, a metros de la Plaza San Martín; el lobby del hotel es tranquilo y Gelman está de buen humor, esto es, filoso, irónico, burlón, aunque aproveche los tramos iniciales para clavar una pica en Flandes y recordar que aún queda por recuperar el cuerpo de su nuera, María Claudia García Iruretagoyena, una tarea que se ralentiza en los cuarteles uruguayos.

"Y todo muy bien", dirá con desencanto. La charla, involuntariamente, llevó a Página/12 a otro descubrimiento: también hace 50 años, cuando Juan Gelman tenía 26, nacía el mayor de sus dos hijos, el varón, Marcelo, secuestrado y asesinado por la dictadura militar. La hija, Nora, vendría al mundo un año después. El hallazgo periodístico, sin embargo, no había sido sino una secuela de la distracción. Porque el dato estaba escrito allí, en uno de los últimos poemas de Violín... que dice "Tal vez el mundo cabe en la cocina/donde hablamos del hijo/El futuro es un rostro, un dulce nombre/una sangre en camino a este camino".

- Viene poco, últimamente.

- En realidad, hasta el año 2000, cuando encontramos a mi nieta, yo venía a la Argentina dos o tres veces por año, siempre en función de la investigación. Después, en el 2001, 2002, volvimos tranquilos, de vacaciones. En el 2003 estuvimos una semana, para ver a Kirchner por el tema de los restos de mi nuera.

- Despreocúpese del micrófono. Lo importante es la respuesta, no la pregunta. Yo no soy Victoria Ocampo.

- Tenés suerte... Y encima te quejás.

- Hablábamos de los regresos.

- En ese tiempo se creó una situación delicada. Kirchner se enfrentó con Batlle, hubo tensiones muy fuertes. Tampoco quise ir a la asunción de Tabaré, aunque la gente del Frente me lo insinuó. ¡Bah! Me dijeron directamente: "Tenés que venir". No lo hice. Preferí ver cómo evolucionaban las cosas. Bueno, ya sabemos cómo está el asunto de los derechos humanos en Uruguay.

- O cómo no está.

- Sí, más bien cómo no está. Tabaré quitó el caso de mi nuera de la Ley de Caducidad. Todo muy bien, pero la Justicia uruguaya volvió a archivarlo. Y todo muy bien. Igual, hay ciertos hechos positivos: por ejemplo, que estén buscando en los cuarteles. Claro que el ex comandante en jefe Bertolotti (¿te acordás de ese programa de radio que popularizó lo de "Bertolotti, no me mientas"?) llevó a mi nieta al Batallón 14 y le dijo: "Acá, en un radio de cinco metros cuadrados, están los restos de tu madre". Cinco metros cuadrados. Ya llevan cavados dos mil quinientos. La otra cosa positiva es que encontraron e identificaron a dos personas desaparecidas. Una la ubicó el jefe de la Fuerza Aérea, que contó que "en una chacra de Pando están enterrados dos desaparecidos". En el Batallón 13, donde se suponía que no había nada y donde nosotros insistimos en que están los restos de mi nuera, apareció una osamenta completa, que se identificó y es el padre de Javier Miranda. Después encontraron restos que se supone son de mujer pero no sabemos todavía a quién corresponden.

Esto sirve en el sentido de que la sociedad uruguaya está empezando a saber públicamente -suponiendo que antes no lo supiera- qué barbaridades se cometieron durante una dictadura de la que se decía era una dictadura buena porque no secuestraba niños ni fusilaba. En el informe de la Comisión para la Paz, los que murieron por tortura "fallecieron". Dicen que no hubo ejecuciones y el caso de mi nuera demuestra lo contrario. Y está el llamado "segundo vuelo", del que el propio comandante en jefe de la Fuerza Aérea dijo que había existido y estuvo a cargo de la OCOA, del ejército. En ese vuelo, más de veinte uruguayos secuestrados en la Argentina fueron trasladados al Uruguay y fusilados.

- Sin ese objetivo concreto, ¿cómo siguió la relación con Buenos Aires?

- Hubo dos años en que volvimos, como siempre. Luego vino esta situación delicada. Yo no podía aparecer presionando a Kirchner. El tema ya está ubicado a nivel de gobiernos.

- ¿Qué tal se vive tan lejos de Dios?

- Yo creo que Dios estuvo lejos de mí desde hace mucho. De manera que... éste es el lado del asunto que no tiene solución.

- Si lo prefiere, tan cerca de Estados Unidos.

- Bueno, yo no sé qué lugar queda lejos de Estados Unidos. Fijate vos lo que está pasando en Irak, que parecería estar tan lejos de Estados Unidos. En México estoy cómodo. Tengo una vida recoleta, leo, trabajo, escribo...

- ... de noche, como casi todos los de su generación.

- Sí, en general, sí. ¿Eh? ¿qué querés decir?, ¿que toda mi generación escribía de noche?

- Bueno... era una mala costumbre.

- A falta de... ¿O vos lo decías por la edad? Porque... sí, lo decías por la edad. Con el tema de la edad, ¡qué te puedo contar! Me distraje. Llegué a los 75 sin darme cuenta. La única ventaja es que el tiempo envejece con uno. Así, no hay problema.

- Cincuenta años con la poesía o con el periodismo, es un número...

- Por eso te digo, me distraje. No encuentro otra explicación.

- Fue una vida, digamos, movida. ¿Queda alguno de los amigos de Villa Crespo?

- Mirá, algunos hay todavía. Otros fallecieron, por causas naturales y de las otras. Cada vez que vengo a Buenos Aires, voy para allá.

- A la casa de sus padres...

- La casa de mis padres ahora es un negocio. Vivíamos en Canning al 300. Ahí, en esa misma cuadra, nació Pugliese.

- Era el escritor del grupo.

- Yo fui el único que salió escritor y lo tenía que ocultar cuidadosamente. Pero los muchachos fueron cariñosos conmigo. Como éramos todos de Atlanta había una cierta solidaridad en la desgracia. Y fijate que en Atlanta me hicieron el homenaje más grande de mi vida: inauguraron una biblioteca y le pusieron mi nombre. Claro, después de todo lo que Atlanta me hizo sufrir, me lo debían, fue una especie de compensación.

- A la esquina de Canning y Vera le siguió El Pan Duro.

- El grupo inicial de El Pan Duro éramos Héctor Negro, Hugo Di Taranto, Juan Hierba, que en realidad se llama Nemirosky, que se exilió en España y se quedó, Carlos Somigliana, que después derivó a la dramaturgia, y yo. Había un sexto, del que no acabo de acordarme. Muy poco después se agregaron Juana Bignozzi, Atilio Castelpoggi. Eramos gente de la Juventud Comunista y alrededores, nos reuníamos en cafés y, como nadie nos publicaba, decidimos autopublicarnos. Empezamos a hacer actos, lecturas. A una de ellas, la que hicimos en el viejo teatro La Máscara, asistió Raúl González Tuñón y de algún modo nos apadrinó. El orden de publicación de los libros lo decidíamos entre todos, en votación secreta. A mí me tocó ser el primero con Violín y otras cuestiones. Necesitábamos sello editorial y por intermedio de González Tuñón llegamos al viejo Gleizer, Manuel Gleizer, que era un viejo absolutamente extraordinario. Era de Odessa.

- Como su madre...

- Sí, mi madre era de un pueblito muy cercano a Odessa. Gleizer tenía en Triunvirato, que entonces era Corrientes, un bolichito donde vendía ropa. Era un lector empedernido y empezó a vender libros también. Ese lugar se convirtió en una peña donde iban pintores, intelectuales. El editó los primeros libros de los desconocidos de entonces: Borges, Marechal, la generación del ’22. Cuando llegamos nosotros, Gleizer ya no editaba más, pero generosamente nos prestó el sello y se ocupó. Fue uno de los primeros editores que tuvo la Argentina, porque antes los libros los editaban las imprentas. El tuvo esa audacia.

- ¿El oficio de periodista cuándo arranca?

- En el ’56. En Orientación, que era un semanario, órgano oficial del Partido Comunista. Escribía de todo, porque era un semanario donde, que yo recuerde, se tocaban temas obreros, temas sociales, temas internos a veces.

- ¿Y en la prensa comercial?

- Empecé en el año 1966 en Confirmado. Después trabajé en Panorama y en La Opinión.

- Si no recuerdo mal, en Panorama, al caer la tarde, se escapaba con Paco Urondo a tomar calvados a un boliche del Bajo que mantenían en secreto. Paco decía que el calvados le recordaba a Ingrid Bergman y Charles Boyer. Eran muy peliculeros ustedes.

- Si vos lo decís... Y también a mediodía nos escapábamos a una parrilla que estaba en Belgrano y Costanera Sur. Íbamos con El Moro (Edgardo) Da Mommio, Edmundo Eichelbaum y Paco a comer vacío del ala. El boliche era de un asturiano muy simpático y pedíamos "del ala" porque era el más tierno.

- Entre esos compañeros de trabajo estaban algunos de sus grandes amigos...

- Claro. El Moro Da Mommio, Paco Urondo. Los otros eran José Luis Mangeri, Juan Carlos Portantiero, Andrés Rivera. Con algunos de ellos habíamos formado el grupo Nueva Expresión y después La Rosa Blindada, un invento de Mangeri y de Brocato. Ellos nos editaban. La Rosa Blindada jugó un papel político en ese momento. Éramos gente que se había ido del PC. En mi caso, me echaron porque me fui. Una medida higiénica necesaria: si un tipo se va, hay que echarlo.

- Será porque el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.

- Sí, debe haber sido así, me echaron por las dudas. Pero lo de la Rosa Blindada fue muy interesante, escribía gente como el gordo Cooke, era un esfuerzo transversal, como se dice ahora, de la izquierda. Después Mangeri se dedicó a una tarea editorial muy importante.

- Por esos años volvió a militar.

- Sí, después de años de no andar en nada. Porque del ’64 al ’67 hubo un vacío tremendo en la izquierda. Vos dirás si ese vacío sigue o no...

- ¿Quién fue el contacto con las FAR, si se puede saber?

- Paco y yo teníamos un pacto: el primero que se enteraba de algo le avisaba al otro. El se enteró primero por la hija y me avisó. Antes de eso, en el ’64, se había producido el intento del Comandante Segundo, que fracasó. Después, cuando también falla lo del Che en Bolivia, gente que estaba relacionada con ese proyecto y había quedado suelta, sin organización en la Argentina, forma lo que se llamó las proto FAR y luego dio origen a las FAR.

- ¿Y el pasaje a Montoneros?

- Después del triunfo de Perón tratan de fusionarse Descamisados, Montoneros y FAR. Digo tratan porque en realidad esa conducción, que constituían dos hombres por organización, nunca se fusionó realmente. Era un especie de sincresis, no de síntesis. En las FAR, que eran guevaristas antes del regreso de Perón, existía la preocupación por llegar a una clase obrera que era en su mayoría peronista pero, ante todo, era clase obrera. Nunca pudimos resolverlo. La fusión con Montoneros permitía eso, de algún modo.

- ¿Cuántos años tenía al nacer su primer hijo?

- Cuando nació mi hijo yo tenía... 26.

- O sea que también de eso hace medio siglo...

- Así es, hace cincuenta años del nacimiento de mi hijo también. Nora, mi hija, nació un año después.

- Este 2006 tiene su...

- ... su densidad. Sí, tiene su densidad.

- ¿Cómo compatibilizó la vida familiar con la militancia?

- Bueno, no eran demasiado compatibles.

- La poesía tampoco.

- Mirá, la poesía es una situación más o menos inevitable. Afortunadamente, para el lector es evitable. Para el que la escribe, no. A mí me admiraba lo de Rodolfo Walsh o lo de Paco Urondo, que seguían escribiendo. Y eso que Paco tenía una responsabilidad grande en la organización, yo no.

- Urondo admiraba a René Char. Siempre que lo nombraba agregaba: "el comandante Alejandro"

- ... que era el nombre de guerra de Char en la Resistencia francesa. Paco dejó un libro inédito, que desgraciadamente se perdió y del cual se publicaron sólo algunos poemas en la revista Crisis: Poemas de Batalla. Paco escribió hasta último momento y Rodolfo igual.

- ¿Y usted?

- Yo también, ¡cómo no!

- Había un puñado de poetas militantes. Miguel Angel Bustos, del PRT, desaparecido en 1976, era un poeta exquisito. Sin embargo, la poesía no se cotizaba bien en las organizaciones. Quizá fuese porque las direcciones no eran muy cultas en ese aspecto. ¿Usted qué cree?

- Bustos era muy bueno, ya lo creo. En cuanto a lo de las direcciones, sos generosa, muy generosa con eso. En todos esos organismos había el mismo obrerismo que en el Partido Comunista. El intelectual, de entrada, era sospechoso. Paco me hacía reír contándome de las reuniones que él tenía y donde "te hacían la autocrítica". Cuando la autocrítica le tocaba a él, decía: "Yo no tengo ningún defecto pequeñoburgués... porque yo soy un gran burgués".

- ¿Se sorprendió cuando las radios difundieron que habían incautado el Diario del Che y Juan Gelman figuraba en él como uno de sus hombres en la Argentina?

- Yo no sabía nada. Esa mañana estaba trabajando en Panorama y me llamó Pajarito García Lupo para decirme, "Juan, figurás en un best-seller".

- ¿Resultó tolerable el exilio?

- Yo, en realidad, no me exilié, la organización me mandó al exterior para hacer relaciones políticas y denunciar la situación de los derechos humanos en la Argentina, con Isabel. Salí en el ’75 por esa razón. La salida se convirtió en exilio con el golpe de Estado. Conseguimos la primera condena de la dictadura militar. Yo trabajaba en una agencia de noticias, en Interpress. El dueño, Savio, decidió trasladarla y se aprovechó esa circunstancia para que yo viajara. Aprovechando mi trabajo entrevisté a Mitterrand, a Palme e hicimos firmar una declaración que, en verdad, era para denunciar lo que pasaba con Isabelita. Ocurrió el golpe y los términos seguían vigentes. Fue lo primero que apareció en el campo internacional sobre la dictadura militar. No teníamos dinero, el Tata Cedrón hizo un concierto y con eso publicamos un avisito en Le Monde.

- En ese entonces Pinochet tenía más prensa que Videla.

- Es verdad y, además, en el exilio cada quien tenía su internacional: la demócrata cristiana, la socialista, la comunista. ¿Y nosotros qué internacional teníamos? Ninguna.

- En Roma le preocupó la posibilidad de contaminación lingüística.

- Mirá. Fue una casualidad porque en el ’63, en el gobierno de Guido, me metieron preso. Estaba en el pabellón de castigo de Villa Devoto y no dejaban pasar libros. El único que me permitieron fue una gramática italiana. Y no tuve más remedio que aprender gramática italiana. Eramos cuatro en el calabozo. Me miraban como pensando "este tipo tiene la mandarina oxidada", así dice mi nieto. Después me tocó ir a Italia y, efectivamente, el italiano me jorobaba porque es muy líquido; me molestaba la oreja porque yo venía con todo el sentimiento, la derrota, las pérdidas familiares, la muerte de los compañeros. Entonces, para sacármelo de encima escribía sonetos pornográficos.

- ¿Sería capaz de recitarme alguno?

- Hice un soneto sobre Romeo y Julieta explicando por qué murió Julieta. Decía, para rimar con Romeo, que tenía "un cazzo /lungo come magnifico corteo" y que Julieta "Non murio da tristizia/ma da cazzo". Se los recitaba a los muchachos que trabajaban en la sala de teletipos.

- ¿Quién es su padre poético?

- César Vallejo. Y Raúl González Tuñón, también. Yo creo que hay, sobre todo, cercanías, afinidades, miradas parecidas. Y en el caso de Vallejo lo que más importó fue esa voluntad de destruir los límites de la lengua, de trascenderlos, en especial en Trilce, pero no sólo en Trilce. Después lo que pasa es que uno trata de hablar por uno mismo... con la ayuda de los padres.

- ¿Nunca se animó con la narrativa?

- Mirá, una vez intenté escribir una novela que se llamaba "Diario de un poeta". El personaje era un tipo que escribía poesía por holgazán, porque era cortito. Hice treinta páginas y la dejé, porque yo también soy fiaca. Luego escribí cuentos, pero tuvo más que ver con una suerte de experimentación verbal.

- Bailaba tango en los años de Villa Crespo, ¿no?

- Uno iba a los bailes para muchas cosas, sacabas a las mujeres con el cabeceo y preguntabas "¿vino sola o acompañada?", preparabas el terreno para después. Y escuchábamos tango. Me acuerdo de una confitería que se llamaba Las Violetas, que no es la de Medrano. Ahí tocaba Pracánico. Cuando terminaba el tema, Pracánico se daba vuelta y una vez de espaldas al público agarraba de un platito la dentadura postiza. Se la colocaba y volvía a darse vuelta y saludaba. Le gritaban "Pracánico, ponete la sonrisa".

- ¿Piensa devolverme alguna vez el libro de Stephen Spender que le presté hace 38 años?

- Y... si querés, te compro uno (ANC-UTPBA).

(*) Nota publicada por el porteño diario Página 12.
(**) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA.

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Juan Gelman, a los 50 años de poeta y periodista
MÁS HOMENAJES Y RECONOCIMIENTOS

Buenos Aires, 10 de marzo (ANC-UTPBA).- Luego de su merecido homenaje de hoy en la UTPBA, continuarán los reconocimientos para el poeta y periodista Juan Gelman por sus cincuenta años en el periodismo y en la aparición de su primer libro de poesías.

El próximo lunes 13, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante su secretario de cultura, Gustavo López, designará a Gelman como Embajador Cultural de Buenos Aires.

El acto será a las 19:30, en el Teatro Presidente Alvear, avenida Corrientes 1659, y estarán presentes Manuela Fingueret, titular de la Casa de la Escritura; el poeta Hugo Di Taranto, del mítico grupo literario El Pan Duro, y finalmente el propio homenajeado recitará algunos de sus poemas.

El martes 14, a las 18:30, la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgará el título de Profesor Honorario de la institución.

Cabe recordar que ayer, jueves 9, la Universidad Nacional de Quilmes (UNQUI) nombró a Juan Gelman Doctor Honoris de la mencionada casa de estudio (ANC-UTPBA).

"Precalentamiento para el Premio Nobel"

El poeta fue nombrado Embajador Cultural de la Ciudad. Y de paso lo postularon. (13/03/06)

Gelman leyó sus poemas y fue saludado por escritores y funcionarios del gobierno porteño.

Por Silvina Friera

Quizá para contrarrestar el clima de solemnidad de todo tributo, homenaje, o como se lo prefiera llamar, Juan Gelman desparramó ese delicado humor que lo caracteriza y hasta se permitió meter un bocadillo de la mejor ironía. Y le salió de taquito. Por algo lo llamaban el pibe "taquito" en el barrio de Villa Crespo. Cuando subió al escenario del teatro Alvear para agradecer que lo nombraran Embajador Cultural de la Ciudad, dijo: "Cada porteño es representante de Buenos Aires, para bien o para mal, eso depende de cada porteño". Y, como haciéndose el distraído, le preguntó al nuevo jefe de Gobierno, Jorge Telerman, si el "cargo" de Embajador Cultural "viene con presupuesto". Las carcajadas tapaban la voz del poeta, aunque Gelman la levantó un poco para que todos escucharan el remate: "No sé qué es ser embajador, sólo sé que hacen grandes comilonas y que invitan a gente importante, y quién sabe si el Gobierno de la Ciudad ha contemplado esta situación, porque el que no come qué cultura puede hacer".

Manuela Fingueret, directora de la Casa del Escritor, confesó que "tratábamos de imitarte toda vez que leíamos en público". Después de bromear sobre la baja performance de Atlanta, pasión que hace sufrir, por lo visto, a hombres y mujeres por igual, la poeta y narradora señaló que Violín y otras cuestiones es "el libro en el que el poeta reescribió a Buenos Aires con un violín que huele a exilio prematuro". Los premios y el reconocimiento que viene conquistando, año tras año, el autor de Los poemas de Sidney West, Cólera Buey y País que fue será ubican a Gelman en el pelotón de escritores que aspiran a más. "Tu actitud de maestro involuntario y callado te convierten en merecido candidato al Premio Nobel de Literatura", aseguró Fingueret, y el público celebró con aplausos y gritos un reconocimiento que coronaría la vida y la obra de uno de los poetas más importantes del siglo XX. "Quiero reafirmar que en tu persona recordamos el pasado como un acto político y poético", agregó la directora de la Casa del Escritor. "Buenos Aires es Cortázar, Borges, Pichuco Troilo -enumeró el secretario de Cultura de la Ciudad, Gustavo López-. Son esos artistas que le dicen al mundo cómo somos los argentinos, y Gelman es uno de los grandes poetas y escritores que dio el siglo XX." López, que definió al poeta como "uno de los imprescindibles", advirtió que no sólo se aprende con sus libros, sino del "hombre que dio todo lo que tenía que dar por nuestro país".

El jefe de Gobierno, Jorge Telerman, a cuatro horas de haber asumido el cargo, que según sus palabras fue "lo más importante que me ha pasado en mi vida política", recogió el guante lanzado por Fingueret. "Es un honor, en serio, hacerte este homenaje que es un precalentamiento al Nobel, nuestro Oscar porteño." Sobre el afecto y el cariño que genera el poeta, Telerman observó: "Sos amado no sólo por los lectores, sino por los otros artistas que, como vos, adelantan permanentemente en el tiempo, que piensan las cosas antes". El poeta Hugo Di Taranto deleitó a las más de 500 personas (entre ellos numerosos poetas, plásticos e intelectuales, además del secretario de Cultura de la Nación, José Nun, y el juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni) que llenaron el teatro Alvear con sus anécdotas de la época de Pan Duro, grupo que integró con Gelman, Héctor Negro y Carlos Somigliana, entre otros. "Juan se merece esto y mucho más -admitió-. Poetas va a haber siempre, no es el único que tenemos, pero es uno de los más grandes." Y sobre el peligro de que Gelman se convierta en un padre que "asusta" a las jóvenes generaciones, Di Taranto recordó una famosa anécdota de la historia de la literatura argentina. "Juan: que no te pase lo de (Witold) Gombrowicz, que cuando se iba del país gritaba ‘Maten a Borges’, porque los anulaba a todos.". Sobre el final, Gelman leyó el emblemático "El caballo de la calesita", "Sudamericanos" y "Confianza", entre otros poemas.

Fuente: Página|12

"Ningún elogio o premio escribe por vos"

Entrevista por Vicente Muleiro y Eduardo Pegoriles para Revista Eñe, Clarín, 11/03/06

Es el poeta argentino de mayor prestigio, más estudiado y premiado de su generación, la de los años 60-70. Vive en México y está en el país precisamente para asistir a una serie de homenajes con motivo del cincuentenario de su primer libro, "Violín y otras cuestiones". Con Ñ, habló de la lengua popular, del llamado "coloquialismo" y de poesía mística y de política actual. Además, un análisis de su obra, por Jorge Boccanera, y algunos poemas suyos.

Parece haber vivido casi todo como un maduro cantante de tangos que vuelve de la guerra. Conserva esa voz ronca, la mirada dolorida, la elegancia de movimientos, el hábito de fumar y decir lo que piensa. "En definitiva lo que importa no es ni aquello sobre lo que el poeta escribe ni la generación a la que pertenece, sino la poesía que hace, su autenticidad", dice Juan Gelman. Vive en el Distrito Federal de México —"en el barrio Hipódromo Condesa, creo que le pusieron Hipódromo cuando se dieron cuenta de que un porteño como yo vivía ahí", dice sonriente— pero ahora está en Buenos Aires por una semana repleta de homenajes públicos.

Lo trajo aquí la Casa del Escritor, que depende de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Gelman cumple medio siglo con la poesía: en 1956 publicó Violín y otras cuestiones, su primer libro, que Planeta reedita en estos días con el prólogo original de Raúl González Tuñón y una tapa que reproduce en facsímil aquella misma del editor Manuel Gleizer. También cumple medio siglo con el periodismo: el 10 de marzo lo homenajeaba la UTPBA —el gremio de prensa— con palabras de Horacio Verbitsky. Los homenajes culminarán el lunes 13 en el Teatro Alvear, donde Gelman leerá algunos de sus poemas, su amigo Hugo Di Taranto recordará los tiempos del grupo El Pan Duro y el secretario de Cultura porteño, Gustavo López, lo nombrará "embajador cultural" de la ciudad.

Tanta actividad pública lo abruma un poco, él preferiría simplemente caminar estas calles en calma y no terminar nunca sus cenas con los amigos. Como sea, en esta entrevista con Ñ repasa su historia poética, tan unida a su propia historia política.

-Tenías 26 años cuando aparece "Violín y otras cuestiones"- , González Tuñón te hace de padrino. ¿De qué poéticas venías?, ¿qué cosas te habían entusiasmado como lector?, ¿sentías que con tu poesía salías a discutir con lo que se estaba publicando entonces?
-Nadie escribe poesía para discutir a nadie, uno trata sólo de decir lo suyo. Mi libro tiene mucho que ver con el grupo El Pan Duro, éramos miembros de la Juventud Comunista o estábamos cerca. Eso nos juntó. Siendo un poeta joven y desconocido, era muy difícil publicar, entonces decidimos autopublicarnos. El método era vender bonos de diez pesos, era lo que podía costar un ejemplar. Hacíamos recitales, fiestas populares en clubes como Vélez Sarsfield, íbamos haciendo la edición a medida que teníamos el dinero. Nos reuníamos y elegíamos el orden de publicación en una votación secreta. El primer libro fue el mío, después salió Bandoneón de papel de Héctor Negro, luego El tiempo es un barrio de Julio César Silvain. En el grupo inicial estaban también Hugo Di Taranto, Juan Hierba y Carlos Somigliana.

-¿Fue importante salir con ese prólogo de González Tuñón?
-Sí, porque yo en realidad no lo conocía. Hicimos una lectura en el teatro independiente La Máscara, era la primera vez que leíamos juntos, apareció Raúl, le gustó la cosa y entonces escribió ese prólogo. La otra historia linda es que quisimos buscar un sello editorial y hablamos con Manuel Gleizer. Estaba viejo, ya no editaba pero —muy generosamente— cedió su sello. En la década de 1920 Gleizer había publicado los primeros libros de Borges y de Marechal cuando ellos eran desconocidos. Fue un verdadero editor en una época en que los que publicaban libros eran las imprentas. Gleizer era un inmigrante judío de Ucrania, empezó en Villa Crespo con un bolichito, en la calle Triunvirato, vendía ropa y era un lector insaciable.

-Volvamos al año 1956. Entre las corrientes poéticas locales había estado el romanticismo de la década del cuarenta con Barbieri; había líneas que recuperaban el surrealismo y estaba la gente de Poesía Buenos Aires, estaban Raúl Gustavo Aguirre y Olga Orozco. Oliverio Girondo se reunía con todos los jóvenes. ¿Tenías un conocimiento de eso o venías escribiendo y haciendo tu propia poesía por afuera?
-Yo no pertenecía a ninguno de esos grupos ni los conocía. Después que murió Girondo conocí a la viuda, que me decía extrañada:"¿Cómo puede ser que no se hayan conocido?". Cuando se publicó Violín y otras cuestiones el que se acercó fue Paco Urondo, que estaba en Poesía Buenos Aires. Ahí empecé a conocer a Casasbellas, a Rodolfo Alonso y a los demás. Fue una relación muy fraternal, lo sigue siendo. No creo que nosotros estuviéramos en pugna con ninguno de estos grupos, cada uno hacía lo suyo. Yo más bien estaba en la militancia, estaba en eso, no en una relación con los grupos literarios.

-La militancia política te marca desde el comienzo, para toda la vida. Se puede decir que, en tu escritura, el cruce entre cultura y política es fundante.
-Sí, el cruce entre política e historia, sin duda que sí.

-Apenas tu poesía comienza a circular se dice que hay una recuperación de la voz cotidiana. Se habla de coloquialismo. En los años 60 había muchas poéticas distintas pero tu poesía es leída como la de alguien que está muy cerca de las voces de la calle. ¿Te sentís reconocido o es que en esa lectura hay un reduccionismo en la crítica?
-Hay una cierta confusión con el término coloquialismo. Un poeta tan difícil como el ruso Ossip Mandelstam usaba expresiones de la calle, ¿eso era coloquialismo?. El lenguaje popular puede o no formar parte de una poética de la ciudad, no necesariamente. Se recuperan cosas del habla y se recrean poéticamente, pero no sé si eso ocurre conmigo. Pienso que en mi poesía no había esa "voluntad de llegar al pueblo" y otras cosas por el estilo, todas esas tonterías que se han dicho de mis poemas.

-En esa época ya eras periodista. ¿Esa experiencia alimentó tu visión del lenguaje como poeta?
-Empecé a trabajar en periodismo poco después de la salida de Violín y otras cuestiones. Escribía en Orientación, que era el semanario del Partido Comunista Argentino, luego pasé al diario La Hora —también era del PCA— hasta que en 1962 entré en Xinhua, la agencia china de noticias. Hacia el año 1966 pasé a otro tipo de periodismo, fue la época de la revista Panorama y de los diarios La Opinión y Noticias. La verdad es que el trabajo que siempre me gustó más es el de cronista, porque me permitía ir, qué sé yo, a reuniones obreras. Siempre me maravillaba oír esos matices de lenguaje que hay entre nosotros, eso que traían los paraguayos y bolivianos que vivían aquí. También está el contacto con la gente y con sus problemas. Eso no necesariamente se convierte en poemas, pero creo que forma parte de la nutrición de cualquier persona, hasta de los poetas.

-¿Se puede decir que hacia 1962 un primer tramo de tu poesía estalla en "Gotán" y llega ahí a su punto máximo? Después te exasperás y escribís aquel poema famoso que dice "Nunca escribí ese libro"...
-Realmente me abrumaba un poco eso, sentía que la crítica quería fijar mi búsqueda de expresión en un solo asunto. Se escribieron tonterías, como que Gotán era la máxima expresión de la generación del 60. No me siento víctima de eso, creo que cada quien tiene derecho a hacer su lectura. Pero lo importante es que ningún elogio, crítica o premio escribe en lugar tuyo. Lo importante sigue siendo esa búsqueda insaciable de la expresión, que nunca sentís satisfecha.

-Luego hay un cambio fuerte que se insinúa hacia 1969 con "Los poemas de Sydney West", un libro muy apreciado por los neorrománticos como Mario Morales. ¿Cómo nació?
-Es un libro que en realidad me escribió a mí, también es de los que más me gustan. A lo mejor apareció ahí esa expresión de poeta dramático, quiero decir, esa necesidad de ponerse una máscara: crear un personaje y hablar con otra voz, pero sin dejar de ser uno mismo. Este inglés trabajó mucho, no sé, por algún sentimiento de culpa. En ese momento yo estaba pasando por una crisis, me había ido del PC, no encontraba nada, tenía problemas personales, sentimentales. Escribía cosas muy distintas. Yo creo que la intimidad es parte de la subjetividad. Entonces, un día me cansé y dije: "Mirá, escribí como si fueras un inglés, un japonés. Andate". Y así nació este libro.

-En 1971 llega "Cólera Buey", donde rompés ese artefacto que te hacía producir poemas. Desechás los tonos anteriores.
-Ese libro fue el producto de circunstancias de vida, de la noción cada vez más clara de las imposibilidades del lenguaje, de sus límites. Eso se fue exacerbando con el tiempo, sobre todo en el exilio. Porque ahí, por toda la experiencia de vida que implica el exilio y lo que pasaba en el país, expresar todo aquello chocaba cada vez de modo más fuerte con las paredes, los muros del lenguaje. Esa es la historia. Porque en poesía nadie puede decir cómo hay que escribir. Un novelista puede levantarse a las seis de la mañana y escribir de pie hasta las dos. Un poeta, no.

-Para escribir no le tenés fe a las propuestas de la voluntad. Entonces ¿en qué creés?
-Lo que me lleva a escribir son las obsesiones, yo no puedo decir "me siento y escribo". No es una cuestión de voluntad. Yo no me paso la vida viviendo esas obsesiones o sufriendo, pero ellas me llevan a ver qué pasa, a escribir. Hay obsesiones que son recurrentes: el otoño, la niñez, la revolución, la muerte, el amor.

-Cuando sentías el lenguaje como una cárcel, ¿te sentiste acompañado por algunos poetas que también dieron esa lucha y te daban algo?
-Desde joven, el poeta que me impresionó particularmente fue César Vallejo, justamente por esa apertura. También me pasó con Oliverio Girondo y después, de otro modo, con Quevedo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, con tantos poetas no necesariamente coetáneos aunque sí contemporáneos. Todos buscan y encuentran otra forma.

-El lenguaje puede ser una cárcel pero también una patria, ¿o no?
-Sí, la lengua, el lugar donde naciste, la familia, todo aquello que te formó cuando eras chico. En el exilio se siente eso, aunque yo me fui a Italia —mi primer destino como exiliado— cuando tenía 45 años. Había aprendido italiano en la cárcel de Villa Devoto, era 1963, gobernaba José María Guido y me metieron preso por razones políticas. No dejaban pasar libros, pero conseguí una gramática italiana y no tenía otra cosa que hacer. Estudiaba italiano y cuando llegué conocía el idioma, pero esa pronunciación porteña no te la sacás jamás. Los italianos del sur pensaban que era del norte y los del norte pensaban que yo era del sur. A nadie se le ocurrió que era del centro, del centro de Buenos Aires.

-Con esa conciencia del lenguaje, ¿qué pasa con tu poesía en el momento de quiebre de tus esperanzas políticas?
-Por lo pronto, me pasé un buen rato sin poder escribir. Asimilar todo eso no fue fácil, después vino un período de una escritura abundante. Me había pasado antes en la Argentina y de eso salió Cólera Buey. Primero hubo silencio y en 1980 salió Hechos y relaciones, con lo que había dejado atrás. Ese mismo año salió Si dulcemente. Después, por casualidad, releí desde otro lugar a los místicos españoles y de la Cábala judía. Yo no soy religioso, pero lo que sentía ahí era una gran compañía, en el sentido de la presencia ausente de lo amado. Para ellos lo amado era Dios, para mí era un país, mis compañeros, el proyecto que se había ido al diablo, todas esas cosas. Y entonces escribí Citas y comentarios, que era una especie de interrogación sobre la historia. En estos poetas que habían escrito cinco siglos atrás encontraba un sentimiento esencial, en el sentido de desear. El deseo de algo que no podía aferrar. Eso también tiene que ver con la poesía.

-Entre los años 1983 y 1985 llega otro libro tuyo, "Dibaxu", que se puede leer como otro síntoma de tu lucha contra las paredes del lenguaje. ¿Qué encontraste en este caso, en este idioma antiguo, en el español sefardí?
-Ahí confluyen varias cosas. Una es que el sefardí a mí me encanta por los diminutivos y por el candor de la lengua. Es una lengua que todavía no está hecha, cristalizada, porque es la zona más exiliada. Algunos creen que eso es judeoespañol. Es una mezcla que se hace en España, es el castellano del Mio Cid pero es muchas cosas más. Si leés las cartas de Colón, las cartas de Cortés, los poemas en el llamado sefardí —que es el viejo castellano— te encontrás con que hay una cantidad de avenidas de la lengua que están ahí abiertas y que jamás se siguieron después. Esto pasó en francés, pasó en italiano, pasó en inglés. Pero lo que a uno le interesa es el castellano. Entonces, ves que el primer obispo de Guatemala escribió unas cartas —en 1604 o 1609— que parecía Perón, con párrafos de tres páginas y una cantidad de oraciones relativas. Pero no te perdés en ninguna parte, se lee perfecto. Volviendo al sefardí, creo que fue una necesidad y que tenía que ver con esa historia, el candor de esa lengua, lo intocado de esa lengua, las avenidas de esa lengua, los diminutivos. Intocado, digo, por las cosas del poder.

-Llegamos al año 2004 y a tu libro "País que fue será". Es otro viraje más, hacia una poesía del pensamiento, con una presencia de la reflexión filosófica. ¿Coincidís con esto?
-No me asustes, ¿será la edad?. No sé, si uno pudiera escribir lo que quisiera... pero se escribe lo que se puede. La verdad es que me resulta muy difícil saber lo que hago, definirlo en términos críticos. Lo único que sé es que necesito hacerlo y que nunca me alcanza. Nunca, no sé si es por pereza o por virginidad fingida. Siempre recuerdo una anécdota que me contó mi vieja, una leyenda rusa. Una vez estaba una arañita ahí al borde del camino y pasa un ciempiés. Entonces, la araña le dice: "Señor ciempiés, qué complicado, ¿cómo hace para caminar? ¿Con los cincuenta pies izquierdos primero, cincuenta después de la derecha, diez y diez, uno y uno?". Y el ciempiés se puso a pensar y no caminó nunca más.

-Pero en "País que fue será" el - tema es que el paraíso siempre está adelante. Por tu experiencia generacional, es una fuerte muestra de optimismo.
-Ahí lo que se dice es "El paraíso quedó adelante". Si querés, se puede leer como una expectativa esperanzada, creo que se puede. Finalmente, la esperanza, es lo último que se pierde.

-En la Argentina, posiblemente por el predominio de Borges, lo sentimental suele ser visto como una falta de rigor o como una renuncia a lo literario. En tu poesía lo sentimental es una dimensión presente. ¿Pensaste que podían confundirte con un poeta sentimentaloide?
-Ah, qué sé yo, hay tanta confusión. Es lo que decía antes, se hace lo que se puede. Y después los demás te dirán esto o aquello, da igual. Hace un par de años, en un lugar de La Mancha cuyo nombre no me acuerdo, me sentaron al lado de seis profesores europeos versados en lo que escribo. Y cada quien leía su trabajo sobre el tema. Y ahí me enteré de muchas cosas.

-Políticamente sos un representante de la generación del 70. Un sobreviviente, eso consta en tu experiencia personal y en tu poesía. ¿Cómo te sitúa esto políticamente ante el mundo de hoy, ante el país de hoy, si consideramos que tenías tantas expectativas de cambio?
-¿A quién le hacés la pregunta?

-A Juan Gelman.
-¿Al que escribe poesía o al ciudadano?

-Al ciudadano y poeta. El poeta no te excluye del ciudadano.
-Y viceversa, pero yo creo que no hay que mezclar las barajas. Lo digo porque alrededor de lo que he escrito —y el mío no es el único caso— está esa gran confusión, que es el tema de ser considerado como un poeta político.

-Aclaremos el equívoco...
-En ese campo en particular, yo creo que la circunstancia exterior debe coincidir con la circunstancia del corazón. Escucho discusiones en otros lados, no en nuestro país, sobre la poesía de la experiencia y la poesía de la esencia, como si fueran opuestos. Por eso, con un amigo poeta mexicano decidimos crear la escuela de la poesía de la ex-esencia. En los años 60 con la Revolución Cubana se introdujeron varias cosas, entre ellas una cantidad de panfletos horribles que exaltaban a la revolución y nada tenían que ver con la poesía. En aquel entonces, para cierto sector, si vos no escribías un poema político, estabas exiliado. Pero había otro gran sector de poetas que creía lo contrario. Estaba también el tema de las generaciones, los que en realidad se embarcaron por esa vía —en relación con el conjunto de la sociedad argentina— no fueron los más, fueron los menos. De cualquier lado que escribías, estabas condenado. Poner elementos sociológicos, políticos y de análisis de lo literario —así se escribía en una época— también es espurio, me parece. Porque en definitiva lo que importa no es ni aquello sobre lo que el tipo escribe, ni la generación a la que pertenece, sino la poesía que hace, la autenticidad de lo que hace.

-Te puede gustar o no lo que ese poeta escribe, pero la medida está en esa autenticidad...
-Sobre este tema recuerdo un viejo poema chino, un anónimo, que fue uno de los primeros que se pasó a la escritura. Es un poema que habla de un pastor, son las cuatro de la mañana y está nevando y él cuida el ganado. Sabe que su mujer está a diez mil li de distancia. Diez mil li, en chino, es infinito, equivale al infinito. Sabe que su mujer está cosiendo junto al fuego. Y el último verso dice que él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. De ese tipo no se sabe a qué generación poética perteneció, si era modernista o clásico, ni siquiera se sabe cómo se llamaba. Pero era un poeta.

-Ahora, como ciudadano, ¿cuáles son tus expectativas desde tu país, desde tu continente?
-Como todos sabemos, están apareciendo gobiernos diferentes de los que hasta ahora hemos padecido. Gobiernos con un discurso social más importante. Como Lula y ahora Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, Néstor Kirchner, Evo Morales. Y esta tendencia es nueva en el continente. Yo creo que en la Argentina, por ejemplo, la herencia que se ha recibido es pesadísima. Fueron muchos años de saqueo del país, de aumento de los índices de pobreza. Y creo que es una herencia que va a llevar mucho tiempo remontar. De modo que es cuestión de ver qué pasa. Creo que nosotros todavía estamos surfeando, por decirlo así.

-Se están por cumplir treinta años del golpe militar de 1976. ¿Hay marcas en la sociedad que, a tu entender, persisten?. ¿Quedó esa verdadera conmoción política de las dictaduras?.
-Yo creo que sí. Pero hace muchos años que no vivo en la Argentina. Entonces, hay temperaturas que sólo percibo de refilón. -La sensación, hoy, es que es más fácil hacer circular discursos progresistas que cambiar la distribución de la riqueza.
-Ah, claro. Por eso es que hoy estamos surfeando.

-¿Cómo te cae llegar a tu ciudad y de repente tener esta semana de reconocimientos y de caricias públicas? Después te vas a Salamanca y te siguen mimando. ¿Cómo estás viviendo este momento de gran capitalización de tu obra? Porque es así, inevitablemente, te guste o no.
-Así que ustedes creen que estoy hecho un capitalista... No, en serio, por supuesto que todo esto es algo que me conmueve. Y después hay algo con el tiempo, porque esto de cumplir cincuenta años de la publicación de Violín y otras cuestiones me remite a los setenta y cinco años que tengo. Y me pregunto qué me pasó. Por ahora sigo fumando como si tuviera veinte años.

-¿Este homenaje público y, en cierto modo, también oficial —te trae aquí el gobierno de la ciudad de Buenos Aires— lo estás viviendo como una especie de reconciliación?
-Yo nunca estuve peleado con la Argentina, estuve peleado con los milicos, eso sí. Y también con una cantidad de hijos de puta que andan por ahí y que ahora son progresistas pero apoyaron a la dictadura. Con ellos sigo peleado, por supuesto. Con la gente no. Con la gente y con los amigos no estoy peleado. Estos son reconocimientos de amigos. De los amigos periodistas y los amigos escritores. Yo estoy muy agradecido por todo esto.

-El hecho de vivir en México desde hace tantos años, ¿te dio otra visión de América, digamos, menos rioplatense?
-Después de catorce años de exilio en países de culturas que están dentro de Occidente, tenés la posibilidad de comparar. México me permitió tomar distancia, no con el pasado sino con consideraciones sobre ese pasado. Me permitió pensar ese pasado.

La inventiva, la existencia y el exilio son las claves de un "oficio ardiente"

Por Jorge Boccanera, poeta y crítico, para Rervista Eñe, Clarín, 11/03/06

Dos libros con olor a tinta fresca: la voluminosa antología Oficio ardiente que acaba de salir en España y la reedición en Argentina del primer libro de Juan Gelman, Violín y otras cuestiones, son los lazos que sujetan una de las propuestas poéticas más originales de los últimos tiempos en nuestra lengua y que el crítico Angel Rama precisó con estas palabras: "sequedad y laconismo", "emoción bajo cenizas", "exacta relojería" que "nos habla desde las llamas y nos dice cómo se sale de las llamas".

De su importancia dan cuenta premios internacionales otorgados en los últimos años en Argentina, México, Italia, Cuba, España —en el 2005 Gelman recibió el Reina Sofía— y una serie de compilaciones que, publicadas más allá de nuestras fronteras, no siempre llegan al lector argentino. Un ejemplo: Oficio ardiente, editado por la Universidad de Salamanca. Otro: en México, donde Gelman reside desde 1988, aparecieron ya varias antologías, entre ellas: En abierta oscuridad, En el hoy y mañana y ayer y Papeles de la casa.

Un volumen más, Juan Gelman: poesía y coraje, aparecido en España con diez trabajos críticos, revela el interés que los diversos registros del poeta despiertan entre escritores y ensayistas de geografías diversas. El libro se suma a propuestas similares aparecidas con anterioridad en Uruguay (Como temblor del aire) y México (Acercamientos a Juan Gelman), y a media docena de ensayos individuales.

Además, en la extensa bibliografía sobre el autor, sobresalen los números monográficos que le dedicaron revistas como La Maga y Crisis en la Argentina, la colombiana Magazine Dominical, la española La Página; Espaces Latinos de Francia, Trilce de Chile y El Sur También Existe, del Uruguay.

La mayoría de las referencias críticas que llenan esas páginas, corroboran la percepción temprana que Raúl González Tuñón escribió en marzo de 1956 para el prólogo de la primera edición de Violín y otras cuestiones. Observa Tuñón una voz porteña y cosmopolita al mismo tiempo, "ágil, fresca, variada en tonos y matices", solidaria, aunque lejos del editorialista en verso —aclara— tanto como del "evadido de la realidad".

Este cruce entre innovación formal y hondura humana, quizá esté ya contenido en el mismo título que reúne la instancia lírica del "violín" y esas "otras cuestiones", quemantes. El poeta y crítico uruguayo Eduardo Milán, destaca en el prefacio de la antología de Gelman Pesar todo (México, 2001): "una velocidad de juego lingüístico y de creación de posibilidades verbales" emergiendo de "un concentrado de memoria, experiencia y conciencia".

Por su parte, en el prólogo de Oficio ardiente, (el título salió de una frase con la que el mismo Gelman definió el trabajo creativo), la poeta y catedrática española María Angeles Pérez López alterna crítica y biografía en la necesidad —explica— de dar cuenta de toda una vida: "Con sus avatares y circunstancias, porque es imprescindible para entender una propuesta poética que tanto le debe a ese vivir. No quería renunciar a pensar, a interpretar, a intentar proponer claves de lectura para acercarse a una obra que, si tanto le debe a lo vivido, incorpora más vida a la vida".

El texto de Pérez López, de casi cien páginas, engloba las claves expresivas del autor de Gotán y traza un repaso exhaustivo de sus ejes temáticos; hace hincapié en el uso de la ironía y un humor soterrado "que lo permea todo", y presta especial atención al desdoblamiento. Esa proliferación de autores inventados y coautorías falsas es, sin duda, agrega la autora, uno de los elementos más originales de su propuesta: "con la que dar cuenta de la multiplicidad de matices que guarda cada voz, y sobre todo, de la necesidad de apertura del ''yo'' hacia los otros".

Subraya, además, el uso de la paradoja. Es significativo cómo Gelman, mediante los espacios antitéticos tensiona los diversos asuntos de su poesía: la memoria, el vacío, el trastocamiento temporal, el exilio. El desterrado vive simultáneamente en ese anverso-reverso; oscila entre lo aterrador y el deseo. No cabe duda de que el exilio, más que otro núcleo temático, es uno de sus ejes de arrastre y lugar donde dialogan sus búsquedas: allí donde el propio encuentro y extravío hace contacto con la otredad expresada en el juego de identidades y donde las pérdidas remiten a "la espera, un interregno entre dos nadas". El exiliado hace pie en esa espera, y es apenas una "humareda de brazos que no se encontrarán". Su libro Valer la pena (2001) desarrolla ese vacío-recodo expresado en la violencia del plantón: "Estoy parado en el espanto".

En ese abismarse, las falsedades comen de la fe del que aguarda; la espera es anhelo y desazón; lugar donde colisionan el desespero y la impotencia. Dice el poeta: "no hay espanto mayor que el del animal recorriendo su cueva" (...) "cuento huesos y sangres del sueño que vendrá".

Sus temas, y especialmente el del exilio, se refunden de nuevo en el último libro de Gelman, País que fue será (2004), donde el desterrado duplica su desplazamiento; busca su sí mismo precisamente fuera de sí, y escribe sobre el exilio desde el reverso de la lengua y sus convencionalismos.

Priorizando los silencios y —al decir de su autor— un lenguaje calcinado que remite a lo medular de la existencia, esta poesía crea paisajes con ideas, y las ideas devienen imágenes.

Todo, en una gran condensación de sentido. La inventiva es la herramienta de "oficio ardiente" que Gelman resume así: "La imaginación interroga a la vivencia como experiencia para expresar lo que averigua. Esa es la relación entre vida, creación y escritura".

Si la reimpresión de Violín y otras cuestiones a cincuenta años de su primera edición remite a "homenaje", y la voluminosa antología editada en España —casi 600 páginas— a "balance", Gelman desbarata cualquier idea de recapitular. Porque no deja de interrogar a la realidad y porque el final de Oficio ardiente, con un puñado de inéditos, es el inicio de un próximo libro.

La poesía

Por Juan Gelman

[Palabras de agradecimiento pronunciadas por Juan Gelman al recibir el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2005]

Deseo, ante todo, expresar mi profundo agradecimiento al jurado del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción que se me otorga, Patrimonio Nacional y Universidad de Salamanca. Siento que este premio es sobre todo un reconocimiento a la poesía que nace de las entrañas de la región, un reconocimiento a quienes en ella insisten en este duro quehacer, intentan expresar el centro de sus obsesiones aun sabiendo que no hay centro y todo es intemperie. En su nombre lo recibo y lo dedico a quienes bien podrían hoy estar aquí y en mi lugar.
Me conmueve en particular el marco de esta ceremonia. Es el de la España de hoy, la que no acepta una aventura bélica que trae al mundo zozobra y muerte, la España que rompe clausuras sociales que lastiman la intimidad de las personas, la que abriga a la cultura y abre puertas a la belleza posible de cada ser humano, la que se esfuerza por recuperar su memoria cívica porque sabe que sin pasado claro no hay futuro claro. El espíritu de un país que olvida su verdad no puede agrandar sus horizontes. Para los griegos de Pericles, el antónimo de olvido no era memoria, sino verdad.
España ha sufrido el azote brutal del terrorismo y América latina sabe de la muerte temprana e injusta causada por otro terrorismo, el terrorismo de Estado: 80.000 muertos en El Salvador, otros tantos en Guatemala, 30.000 desaparecidos en Argentina, también en Chile y Uruguay, nos dicen que la voluntad de justicia cuesta caro en nuestros suelos. En ellos nunca fueron livianos los Dürftiger Zeite, esos tiempos mezquinos de los que Hölderlin habló. Y menos ahora, cuando el neoliberalismo imperante ensancha impune la brecha entre ricos y pobres y la miseria es el único plato que a millones de latinoamericanos se les sirve cada día. Sin embargo, la poesía sigue viva, es un tirar contra la muerte, su mera existencia resiste el envilecimiento de lo humano "en edad tan detestable como es ésta en que vivimos", que dijera don Alonso. ¿Tiene entonces la poesía que mirar cara a cara la pérdida cada vez perdida, no para hacer de ella una repetición, sino para buscar en ella algún poder afirmativo, algo que vuelva distinta la repetición?
La poesía habla al ser humano no como ser hecho, sino por hacer, le descubre espacios interiores que ignoraba tener y que por eso no tenía. Va a la realidad y la devuelve otra. Espera el milagro, pero sobre todo busca la materia que lo hace. Nombra lo que la esperaba oculto en el fondo de los tiempos y es memoria de lo no sucedido todavía. Sólo en lo desconocido canta la poesía. Ella acepta el espesor de la tragedia humana, pero no obedece al principio de realidad sino al orden del deseo. Choca contra los límites de la lengua y va más allá en el intento de responder al llamado de un amor que no cesa. Es un movimiento hacia el Otro, pasa de su misterio al misterio de todos y les ofrece rostros que duran la eternidad de un resplandor. Corrige la fealdad, es ajena al cálculo y da cobijo en sus tiendas de fuego. Se instala en la lengua como cuerpo y no la deja dormir.
La lengua es la patria de muchas patrias, la infancia, el hogar, una manera de ver el mundo, de hablar con él, y es una dicha grande para mí haber nacido en castellano. "Claro y límpido raudal/es la lengua que yo adoro,/la lengua de versos de oro/y de vibración marcial./Es dúctil como el metal/y rica como el tesoro/que dejó Boabdil el Moro/allá en su Alhambra oriental." Bien quisiera haber escrito yo estos versos del poeta argentino Leopoldo Díaz Vélez. El castellano es una lengua en estado germinal. Los indígenas de Guatemala, o de Chiapas, para bregar contra un racismo ominoso, abandonaron su encierro de cinco siglos en el maya, el quiché, el tzotzil, frágil defensa contra el conquistador de ayer y el de hoy, y su irrupción en el castellano "blanco" trae expresiones y giros sintácticos que ensanchan su latitud. Nuestra lengua crece y crece. La palabra es moneda que corre de mano en mano, decía Mallarmé, y cada mano le agrega su calor, construye sus errancias.
Paul Valéry afirmó que un poema no se termina, se abandona, y de esto se hizo eco Octavio Paz. Creo lo contrario: el poema abandona al poeta en el desierto de su deseo no saciado. La escritura del poema exige la abolición del mundo. El poeta se metamorfosea entonces y, como Odiseo, entra al poema disfrazado de mendigo. En realidad, mendiga el nombre de lo que no tiene nombre todavía, el "aquello" de San Juan. La palabra es el timón del universo, advirtió Filón. Y hay tanto mundo que la palabra no navega todavía. Por eso es frágil la condición de los poetas, no encuentran sostén en su obra, todo poema se convierte en pasado una vez escrito y sólo deja una sed de lo que va a venir. Pero, como dijo don Alonso, "día vendrá donde veas por vista de ojos cuán honroso es andar en este ejercicio".
Premiar el mester de poesía, esa Cenicienta de la literatura que apenas ocupa rinconcitos en los catálogos de las grandes editoriales, es un acto casi heroico. Va a contramano de estos tiempos y a favor de la historia. La poesía viene del fondo de los siglos y ninguna catástrofe natural o de mano de hombre ha podido cortar su hilo poderoso. Es un hilo que nos une a todos y sólo se acabará cuando se acabe el mundo.

Página|12, 10/11/05

29 de abril 2005 - Premio a la mejor creación literaria 2004

El poeta argentino Juan Gelman ha sido el ganador del premio a la mejor creación del año 2004, por su obra "País que fue será". El galardón ha sido otorgado por la fundación organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
El autor no estuvo presente en la ceremonia de entrega del galardón, que se realizó anoche en el marco de la muestra, pero envió un mensaje en el que dijo que "es conmovedor que se distinga a un libro de poesía en tiempos tan antipoéticos y deshumanizados".
"Siento que este premio es un reconocimiento a todos los que en nuestro país insisten en el afán de expresar el centro de sus obsesiones aÚn sabiendo que no hay centro y que todo es intemperie", manifestó Gelman, residente en México.
"País que fue será" fue distinguido por la Fundación El Libro entre obras de autores locales o extranjeros con cinco años de residencia continuada en el país que hayan sido editadas en Argentina durante 2004.
El poeta ha reconocido que este libro, integrado por 89 poemas, "es una extraña forma de reconciliación" con el pasado oscuro de la última dictadura militar argentina (1976-1983), cuando fueron secuestrados su hijo y su nuera embarazada.
En el texto que leyó Alberto Díaz, gerente editorial del grupo español Planeta, Gelman remarcó que "a lo largo de la historia el libro ha atravesado hogueras, destrucciones, censuras y nadie nunca lo ha podido aniquilar".
"A pesar de todo, el libro permanece. El libro, los libros, dan confianza en avenidas posibles de infinito y nos despiertan mundos que ignorábamos tener y que por eso no teníamos", agregó uno de los poetas argentinos más traducidos.

Los libros y los Gelman

Por Juan Forn

Conoció la poesía a los cinco años, oyendo a su hermano mayor recitar a Pushkin en ruso. A los nueve se enamoró de una vecinita y, como ella no entendía ruso y él no sabía ni escribirlo ni traducirlo, empezó a mandarle poemas de Almafuerte. Cuando vio que la cosa no daba resultado, empezó a escribir él los envíos. La vecinita nunca se enteró de lo que había originado. El resto del mundo, sí. Juan Gelman ha logrado como pocos lo que pontificaba Paul Eluard con su sabiduría habitual: escribir sobre política cuando la circunstancia exterior coincide con la del corazón. O, como dice Gelman, cuando son una. Llama la atención, como él mismo ha señalado muchas veces, que resalte tanto lo político en su obra cuando, en realidad, no lo ha visitado tanto. Es que su obra ha demostrado que la justicia poética es muchísimo más que una figura del lenguaje.
Su acercamiento a lo inefable (así define Gelman su oficio), ese "acontecimiento que emerge a través de una trama de palabras para arrancar algo de la nada", ha combinado las más diversas formas de lo poético. Desde lo puramente lírico a lo ásperamente narrativo, desde la métrica impecable hasta el quiebre por dentro de esa métrica, desde lo místico a lo político, explorando los alcances del verso "conversado" o la textura a contrapelo de las palabras "bellas", Gelman ha construido una obra de enorme coherencia interna en los sucesivos pasos de su itinerario.
Alguna vez le preguntaron a Roberto Matta, el pintor chileno, cómo festejaba su cumpleaños y él dijo: "Invito a los Matta que fui y discutimos toda la noche". Algo similar ocurre con "los" Gelman: sumergirse en cada nuevo libro suyo permite escuchar, por debajo de las palabras, una fascinante beligerancia y complementación entre todos esos modos de decir. Para aquellos que descubrieron sus primeros libros en los ‘70 siendo adolescentes, como fue mi caso, la aparición de sus libros posteriores, cada dos o tres o cinco años, obligaba a bruscos pasos de maduración como lector, se quisiera o no: su profundización progresiva, sin respiro y sin clemencia, en ese territorio llamado poesía ha sido ejemplar. A diferencia de muchos grandes, Gelman nunca se repitió, ni se estableció cómodamente en un registro desde el cual seguir mirando el mundo dócilmente. Sin embargo (o a causa de eso), casi cualquier circunstancia de la vida puede retratarse con una frase suya: he ahí una evidencia inequívoca de la grandeza de su obra. De sus libros, mis preferidos son dos: Los poemas de Sydney West y Carta a mi madre (dos extremos de su obra), pero otro de los méritos de Gelman es justamente ése: la cantidad de opciones que ofrece al lector a la hora de elegir sus preferidos. Con el tema de los premios pasa lo mismo: muy pero muy pocos premios parecen absolutamente justos cuando se anuncia su ganador; en el caso de Gelman ocurre lo inverso: no hay premio que no resulte absolutamente merecido cuando él lo gana.

Heridas y medallas de un poeta

Entrevista  por Verónica Chiaravalli [1997]

Este año el autor de Incompletamente recibió el Premio Nacional de Poesía y se le otorgó el título de ciudadano ilustre de Buenos Aires. Ambas distinciones fueron el reconocimiento público y oficial a una obra notable. Aquí cuenta su vida, habla de su poesía, y, tras hacer una autocrítica de su militancia en Montoneros, reivindica los ideales de solidaridad y justicia que siempre lo animaron.

Juan Gelman llega a la cita debajo de un cielo oscuro. Un húmedo atardecer de otoño en Buenos Aires, a las diez de la mañana de octubre. Está de paso por la Argentina, en un año que le devolvió algunas satisfacciones al menos en lo que hace a su oficio, la literatura. Después, volver al hogar es volar a México, tierra elegida "por amor a una mujer".
Habla grave y profundo Gelman, esquivando el barullo del bar. Con agujas de lluvia en la ventana, con ese tono cortés, cálido aun, que marca sin embargo una distancia, una nube de lejanía. Del valor artístico y testimonial de su poesía, del periodismo, de la militancia y los errores y su vida, habla:

-No corregiría nada de lo que escribí, eso sería irresponsabilidad. Pero jamás me propuse hacer historia en mi poesía. Creo que el único tema verdadero de la poesía es la poesía misma. En realidad, la proporción de los poemas sociales o políticos, en el conjunto de todo lo que escribí, no es significativa aunque, en efecto, escribí poemas con ese tema como con tantos otros. En general, son los valores poéticos propiamente dichos los que permiten la persistencia de una voz. Mire, yo odio ese término que inventaron los franceses: "la poesía comprometida". Yo creo en la poesía casada: casada con la poesía. Y siempre recuerdo lo que decía Paul Èluard, ese gran poeta francés, que era miembro del Partido Comunista de su país. Cuando se produjo la Guerra de Corea, en 1950, todos sus compañeros del partido que eran poetas escribían poemas a favor de Corea del Norte, y cosas por el estilo. Paul Èluard, no. Era el más grande de todos ellos. Y cuando algunos compañeros le reprocharon que no hubiera escrito un poema sobre la guerra de Corea, él respondió: "Yo escribo poemas sobre esos temas solamente cuando la circunstancia exterior coincide con la circunstancia del corazón". Creo que ese pensamiento es válido.

La poesía llegó temprano a su vida. En ruso y en la voz de su hermano mayor.

-Soy el único argentino de la familia, los demás son ucranianos, rusos, de origen judío. Mi hermano llegó a la Argentina a los diecisiete años y era muy amante de la poesía. Cuando yo tenía cuatro o cinco años, me recitaba poemas de Pushkin en ruso, que yo no entendía para nada, pero que me encantaban por la música, por el ritmo. Creo que, sin saberlo él ni yo, esto fue una marca para mí. Después empecé a leer poesía. Y más tarde, a los nueve años, me enamoré de una vecina de once y quise conquistarla con poemas de Almafuerte. Como su indiferencia era total, tuve que empezar a escribirlos yo. Debo decir que esto no mejoró en nada la situación, la indiferencia se mantuvo, pero yo seguí escribiendo. Sigo escribiendo.
Gelman publicó su primer poema a los once años.

-Bueno, era un poema de amor imposible, por supuesto. Se publicó en una revista que se llamaba Rojo y Negro y que yo compraba porque allí salían cuentos del Oeste y de detectives. Tenía además dos secciones: la filatélica, donde se establecían canjes, y Los Espontáneos, donde se publicaba cualquier cosa, entre otras, mi poema.

Una pasión secreta

En los años 50 fundó, junto con otros escritores, el grupo literario El Pan Duro, que, de algún modo, fue apadrinado por Raúl González Tuñón, poeta al que los jóvenes admiraban profundamente.

-González Tuñón decía que un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta. En ese sentido mi vida era bastante complicada. Por un lado, iba al Colegio Nacional de Buenos Aires, donde, a pesar de que había gente incluso de clase media baja, lo que predominaba entre el profesorado era cierta concepción de clase media alta. Por otro lado, hacía la vida del barrio, en Villa Crespo: iba a las milongas en el Trianón, jugaba a los dados... Esa vida de café que ahora parece estar en extinción. Por supuesto que ser poeta era una cosa que tenía guardada para mí: yo a nadie le decía que escribía poesía.
-¿Nunca?
-¡Por favor! Era una pasión secreta. Por eso mismo, más interesante.
-¿Estaba mal visto por los muchachos ser poeta?
-Pues yo no sé cómo estaba visto por ellos, pero supongo que si me hubiera declarado poeta me habrían tomado el pelo.

Con el pulso de obras como Violín y otras cuestiones (1956), Gotán (1962) y Cólera Buey (1965), en la década del '60 Gelman recortó su perfil entre los poetas argentinos. Eran versos nuevos, ritmos que pescaban de pronto las formas suaves del discurso porteño, o mordían el corazón rabioso de la realidad latinoamericana. Pero hay un libro, dicen, que muestra al poeta en una transparencia perfecta.

-Carta a mi madre tal vez sea mi libro más autobiográfico. Pero en la poesía, todos estos elementos personales tienen una traducción que no es exactamente autobiográfica. Lo que tal vez haya es una relación entre la vivencia y la imaginación. Eso ocurre en todo lo que un poeta escribe, con mayor o menor fortuna. Hay poetas que logran establecer una distancia muy grande entre la vivencia y la imaginación; pero lo que a mí siempre me ha preocupado es la posibilidad de cercanía entre estos dos elementos. Sin embargo, cuando releo lo que he escrito ya es como si fuera de otro. No sólo en el sentido del momento que propició tal o cual poema, sino también en el sentido de la escritura misma. Porque hay un movimiento constante. Me han dicho que ninguno de mis libros se parece al anterior, desde el punto de vista formal. Bueno, creo que eso depende de las necesidades del ser humano en cada caso, que siempre se mueve. Cuando deje de moverme, dejaré de escribir.

Cada uno a su manera (y tal vez a su pesar), los padres de Gelman moldearon al poeta y al militante.

-Mi hermana y yo, sobre todo, recibimos mucho de mi madre. No sé cómo hacía, pero ella juntaba centavito tras centavito y nos llevaba al Colón, al gallinero, aunque fuera una vez por año. Y mi hermano tenía una biblioteca (que yo saqueaba constantemente) con esas ediciones imposibles de Tor, que eran muy baratas pero tenían un número de páginas determinado, y si la novela duraba más, peor para la novela...
-¿Versiones condensadas?
-No, interrumpidas.

Su padre había llegado a la Argentina por primera vez alrededor de 1914.

-Era obrero, no integraba esa inmigración de los llamados rusos blancos, nobles que emigraban porque habían perdido el poder. Mi padre había participado en la revolución del 5, no era bolchevique sino socialrevolucionario, y cuando triunfó la revolución del 17, volvió a su país ilusionado. Pero lo que ya estaba pasando en el año 28 en la ex Unión Soviética no le gustó nada y decidió instalarse definitivamente en la Argentina. A mi padre no le gustaba demasiado que yo militara en el Partido Comunista, porque ya se había quemado, como quien dice. Había puesto mucha esperanza en la revolución rusa y al cabo de diez años, sufrió una decepción enorme. Por eso desconfiaba de las militancias de izquierda. En cambio a mi mamá lo que la preocupaba es que yo volvía muy tarde y no cenaba. Pero no otra cosa. Reproches de madre, ¿no?. Tampoco aprobaba que yo fuera poeta. Cuando le llevé mi primer libro publicado, me dijo: "¿Y qué plata vas a ganar con esto"? Pero le daba mucha satisfacción.

Balas de papel

A mediados de la década del 30, la Guerra Civil Española fue decisiva en la activa participación política que Gelman desarrollaría después.

-Yo tenía seis o siete años cuando empezó la guerra, y fue un fenómeno curioso, porque a buena parte de la gente la atrajo del lado republicano.
Recuerdo cómo iba todas las noches a la esquina a comprar el diario Crítica para mi papá, que lo esperaba ansioso para seguir el desarrollo de la guerra, o cómo, con los demás chicos del barrio, juntábamos el papel de estaño de los chocolates porque creíamos que con esos papelitos fundidos se harían balas para los republicanos. Y después vino la Segunda Guerra Mundial, empecé la secundaria, y en el barrio y en el colegio el ánimo de mucha gente era favorable a los aliados. Además, empezaron a llegar los refugiados españoles, gente que enriqueció la vida cultural de la Argentina por medio de las grandes editoriales, como Losada, los excelentes traductores que, de alguna manera, complementaron la visión de la revista Sur, porque estos exiliados fueron los que trajeron a Kafka, por ejemplo. Yo leí a Kafka en la Argentina en 1948. En Francia lo empezaron a traducir a comienzos de los 70. El Ulises, de Joyce también lo leí en aquella época y su difusión mundial empezó bastante después en Europa. Todos estos factores, sumados al surgimiento del peronismo y el antiperonismo, impregnaban la vida de mucha gente y empujaron a la participación política a muchos jóvenes. Yo fui uno de ellos.

Gelman se desprendió del PC ("la revolución cubana influyó muchísimo en el pensamiento de un grupo de nosotros") para integrar las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que, en 1973, confluyeron con Montoneros. Dos años más tarde se fue a Europa "para hacer tareas de solidaridad, porque ya la cosa con la Triple A se había puesto muy fea, muy dura". En febrero de 1979, como resultado de una serie de desencuentros cada vez más frecuentes con la conducción, rompió definitivamente con Montoneros.

-A partir de 1973, Montoneros cometió una cantidad de errores muy graves y comenzó el exilio. Además, como se consideraba una organización política y militar (y más militar que política) adoptó una verticalidad absoluta y actitudes hasta ridículas. Por ejemplo: en cierto momento Firmenich y compañía decidieron que había que usar uniforme. Imagínese que alguien, caminando por la calle con ese uniforme (suponiendo que alguien hubiera, porque a esa altura, en 1978, la organización estaba casi destruida), sería reconocido. El uniforme consistía en una camisa celeste con estrellitas en los hombros para los grados y vivos en el cuello, como las del Ejército Argentino, con la diferencia de que las estrellitas de Montoneros no eran de cinco puntas sino de ocho (la estrella federal), y en el cuello llevaba cruzadas una tacuara y una ametralladora. Por otra parte, al comienzo, los grados en la organización eran del tipo grupo guerrillero. Pero en el exilio empezó a haber una asimilación con los grados del Ejército Argentino. Lo más ridículo era que en el exterior también había que andar de uniforme. Y hubo cosas notables. Uno tenía que reunirse en Madrid con ese atuendo, pero como no iba a caminar por la calle de esa manera, se llevaba los implementos a la reunión, y antes de empezar y al terminar, había cinco minutos de vestuario.

Otras torpezas fueron menos pintorescas, definitivas.

-Un grupo de nosotros decidió irse cuando la conducción planteó esa locura que fue la contraofensiva militar, que condujo a la muerte a la mayoría de la gente que participó en ella. La contraofensiva se basó también en la gente que estaba en el exilio: muchos que querían volver como fuere, otros que pensaban que la situación de Montoneros no era tan grave en la Argentina, porque la conducción mentía en grandes cantidades. Yo recuerdo un editorial publicado en Evita Montonera que decía que la dictadura era un boxeador grogui al que bastaba dar un par de cachetadas para tirarlo en la lona, lo cual venía a ser una caracterización boxístico-política ligeramente equivocada. Yo había entrado clandestinamente en la Argentina en 1978 para hacer ver a unos periodistas extranjeros lo que estaba pasando en el país, y entonces vi que la organización prácticamente ya no existía. En ese contexto, me pareció una locura largar la contraofensiva. Como el exilio estaba bastante disperso, los que decidimos irnos publicamos una declaración en Le Monde que sirvió de punto de referencia a muchos compañeros, que entonces decidieron no participar en ese delirio y así salvaron la vida.
-Pero, cuando se decidió la contraofensiva, usted era parte de la conducción de Montoneros.
-No. Nunca lo fui. Mire, los montoneros habían creado una fachada que se llamaba Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero. Yo estuve ahí como secretario de prensa para Europa. Pero, aparte de que ese cargo dentro del Consejo tampoco era determinante, el control efectivo de ese organismo lo tenía la organización propiamente dicha. Y yo nunca estuve en la conducción de la organización propiamente dicha ni tuve grados superiores. Los que determinaban la política de la organización y también de ese Consejo eran Firmenich, Vaca Narvaja, etcétera.
-¿Usted no tenía ningún poder de decisión?
-No, en absoluto. El único poder que tenía era el de tirar la bronca y criticar. Yo era bastante discutidor y eso no gustaba mucho.
-¿Le dijo a Firmenich que la contraofensiva le parecía una locura?
-Eso era imposible, por la verticalidad y el militarismo. La conducción decidía y los demás, obedecían o no. Llegados a ese punto, decidimos no obedecer.

Ahora la distancia se acorta. Gelman ya no evoca, como quien suelta gotas de su juventud en el pocillo de café ajeno, dejando que la voz resbale espesa por el cigarrillo. Esto le importa. Quiere ser claro. Es claro. Tensa la espalda y planta los brazos sobre la mesa como un león alerta. Por momentos las manos avanzan, probablemente sin que él lo advierta, rozan en vuelo leve la espiral del cuaderno donde hay preguntas escritas. Tocan el papel, apenas la tinta seca. Como si todas las respuestas se concentraran de pronto en las puntas de esos diez dedos que ahora se mueven ciegos y sensibles, como nervios al desnudo.

-En el 73 se suponía que lo que se abría eran vías de discusión política pacífica. Yo, por lo menos, lo supuse, y era así. La organización, entonces, estaba instalada en las villas, en sectores obreros, profesionales, en la juventud. Eran centenares de miles que no pertenecían directamente a Montoneros. Pero ahí es donde empezaron las grandes macanas, porque la derecha peronista fue muy rápida y, con la Triple A, empezó a matar compañeros. La respuesta fue hacer lo mismo, y eso no era lo mejor, eso no era lo mejor... Yo discutí esa posición, pero no tenía poder de decisión. Además, en el año 74 la organización decidió por su cuenta pasar a la clandestinidad, cuando, en realidad, todavía existían caminos por recorrer desde el punto de vista de la discusión política: había diputados nuestros en el Congreso. Al pasar a la clandestinidad, perdóneme la expresión, la conducción dejó con el culo al aire a toda esa gente que estaba dando la cara y que hasta el momento era absolutamente legal. La organización tenía medios para cubrirse (no se olvide del secuestro de los Born, había 60 millones de dólares), pero a los demás, los dejaron al descubierto. Esto produjo muchas bajas. Muertes, quiero decir. Ahí empezaron los desastres.

Probablemente Gelman se lo haya preguntado infinidad de veces, por eso no espera a que la pregunta sea formulada y ensaya la respuesta como un parpadeo o una respiración, un movimiento muscular reflejo y vital.

-¿Por qué uno permanece en una organización a partir del momento en que empiezan los desacuerdos? Creo que, en primer lugar, porque uno invierte mucho en la militancia, desde el punto de vista ideal, espiritual, intelectual, de tiempo... Cuesta dejar eso. En segundo lugar, lo que se veía en aquellos años (aunque muy pronto se empezó a ver que no iba a ser así) era que, por la influencia y la simpatía popular que tenía, Montoneros podía abrir un camino diferente del que proponía Perón y del que proponía la derecha peronista. Y, en tercer lugar, siempre (al menos durante un tiempo) existe la esperanza de que las cosas cambien. Además, el hecho de que mataran a los compañeros no ayudaba a abandonar la lucha, porque esto uno también podía sentirlo como una traición a su memoria. Por otra parte, la organización era bastante anárquica, producto de la incorporación rápida de miles de personas que llegaron por simpatía pero que, en general, no tenían una formación política, digamos, de cierto nivel. Se iba juntando gente de extracción ideológica diferente y la conducción no hizo síntesis de todos esos elementos. Fue una organización sincrética.

De aquellos años Gelman guarda más de una herida: un hijo secuestrado y asesinado durante la dictadura, y un nieto (o nieta) nacido en un campo de detención clandestino, al que no llegó a conocer, que habrá cumplido veintiún años y permanece desaparecido.

-Yo me equivoqué, como tantos otros. Pero tampoco siento culpa por eso. Creo que la culpa puede ser un sentimiento cómodo: más bien hay que sentirse responsable en la medida en que a uno le tocó ser responsable. Por otra parte, los ideales que me movieron a militar siguen en pie. No he perdido la creencia en la necesidad de un mundo más justo.

Aquel escritor santiagueño

La década del 70 se abre en la historia de Gelman como un solo golpe de hacha sobre el flanco de un árbol noble. Escuchándolo, por momentos se tiene la sensación de que algo se detuvo en su vida, algo se heló en los bordes del tajo dejando una mancha de sombra perpetua. Y sin embargo su vida continúa, ocupada en las cosas de siempre: la poesía, el periodismo, su nieto de catorce años, hijo de su hija.

-Es un nieto formidable. No lo digo porque sea mi nieto, pero lo digo porque es mi nieto. Está estudiando en el Carlos Pellegrini, quiere ser futbolista y doctor en ciencias económicas. Nos queremos mucho. Suele venir a México a pasar las vacaciones con nosotros y cada vez que viene a casa arruina la configuración de la computadora, pero mi mujer lo quiere y no se queja. Respecto de lo que pasó en la Argentina, él quiere saber. Es un interés que se le despertó últimamente. A mí me parece que esas cosas no se pueden forzar, de ninguna manera. Claro que, viviendo juntos un par de meses, siempre surgen temas; pero ni mi mujer ni yo machacamos con el asunto ni estamos todo el tiempo mencionando a su tío. Si él pregunta, bien; si a mí me dan ganas de decirle algo, cómo no.

Hoy, Gelman sigue ejerciendo el periodismo, oficio que eligió ya desde joven "como una forma de vivir de la palabra, algo que con la poesía era imposible hacer". Bajo el título de Prosa de prensa, Ediciones Grupo Zeta publicó, en marzo de este año, una selección de los artículos periodísticos que el poeta escribió desde 1989 para Página/12 y para medios extranjeros -Siempre me pareció que el periodismo era un género literario. A mí, trabajar como periodista me ayudó mucho; me permitió entrar en contacto con personas y realidades que, de otro modo, no hubiera conocido. También le permitió darse algunos gustos o, si se quiere, crear realidades un poco más perfectas que las que habitualmente narran los diarios. Entre 1971 y 1973, después de haber pasado por las redacciones de Panorama y de Crisis, dirigió el suplemento cultural de La Opinión, donde trabajaba con Osvaldo Soriano. Cada tanto, y en un derroche de generosidad editorial, juntos despuntaban el vicio de promover a ignotos escritores del interior del país (preferentemente inexistentes, a los que en general atribuían un deceso de fecha fresca), publicándoles supuestos textos inéditos y aun póstumos.

-Esto, en realidad lo empezó a hacer Borges. Si lo hizo él, ¿por qué no nosotros? Una vez pasó algo muy divertido. Soriano había preparado una edición especial sobre la literatura de ciencia ficción en la Argentina. Las páginas tenían que irse el viernes a la noche porque el suplemento salía impreso el sábado y se repartía el domingo. Y viene Hermenegildo Sábat, que era el diagramador del suplemento, preocupado porque le faltaban como cuarenta líneas para completar la página y Soriano ya se había ido. Me senté y escribí un cuentito que se llamaba "La misión": unos indígenas que, se supone, están en España ven pasar a quien, se supone, es el Cid Campeador, con un montón de prisioneros encadenados, caminando a orillas del río. Los indios miran y dicen: "No, éstos son bárbaros. Mejor nos volvemos". Lo publiqué firmado por un autor santiagueño. (Y que Timerman me perdone, pero Soriano lo cobró a nombre de este compatriota y con esa plata nos fuimos todos a comer a El Pulpo.) Lo curioso fue que, años después, un señor amigo de Soriano, que se dedicaba a hacer estudios y archivos de ciencia ficción, se lo encuentra a Osvaldo en el exilio y le pregunta: "Che, ¿qué se hizo de aquel escritor santiagueño que apareció una vez en La Opinión?" Soriano, muerto de risa, le dijo: "No, ese fue Gelman. Había que llenar un hueco y escribió cualquier cosa". El hombre, con una rabia extraordinaria, fue hasta el archivo, que había logrado salvar con grandes esfuerzos, sacó la ficha del santiagueño y la rompió, mientras se quejaba de mí, indignado: " ¡Qué tipo poco serio!".

Gelman cuelga una carcajada en el humo.

-Y bueno, era el suplemento cultural, y la mentira es una forma de la cultura.

©Verónica Chiaravalli para La Nación

El oficio ardiente

Entrevista por Enzia Verduchi

Brecha, Uruguay [junio del 2004]

A Juan Gelman, radicado en México desde 1989, le fue otorgado el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde. Entre la imaginación y las ideas, entre el exilio y la pérdida, el poeta argentino ha desarrollado una obra poética inconfundible.
En esta conversación, Gelman habla de su pasión por la música, por el sonido y el ritmo, del arrabal y el tango, así como de su búsqueda, experimentación e incursiones por el territorio de la palabra.

-Sé que tu relación con la música es muy especial...

-Mi relación con la música empieza de pequeño por mi madre que nos hacía estudiar piano a mi hermana y a mí desde los 6 años; luego ella -aunque no había muchos medios y no sé cómo hacía- logró llevarnos una vez al año al teatro Colón, al gallinero, y es ahí donde escuché a grandes concertistas y cantantes de la época... Siempre he escuchado música y creo que hay una relación con la poesía que está en el ritmo. El ritmo es la economía de cualquier arte.

-Cuéntame sobre los discos que realizaste con Carlos "Tata" Cedrón.

-Una vez, de esto hace muchísimos años, vino a verme el Tata Cedrón, que recién empezaba a componer, para ver si podía usar un poema mío como letra para un tango que había hecho. Le dije que sí; ahí empezó una colaboración que siempre fue en los mismos términos: él toma poemas míos y después los musicaliza, salvo una vez que fue una especie de escritura oral porque estaba escuchando la melodía y ponía las palabras. Luego el Tata amplió su radio de acción, le puso música a los poemas de Dylan Thomas, Brecht, Francisco Urrondo, entre otros. Ante la idea de hacer discos y espectáculos con eso, vimos la posibilidad de crear un clima poético con las palabras y con la música, no necesariamente con la palabra cantada sino dicha. Siempre pensé que hay hilos muy sutiles que ahí se juntan y crean un clima. Así hicimos el recital de poesía que llamamos Fábulas. Era un espectáculo teatral con diálogos y danza, valses y tangos.

-¿Es cierto que escribiste para ópera?

-Con Cedrón hice dos óperas, que en realidad no lo son. Yo escribí el libreto. Una de ellas se representó en 1969 en el teatro San Martín de Buenos Aires y se llamaba La bicicleta de la muerte pasa por Mai Lai, y se refiere a la guerra de Vietnam, cuando los yanquis entraron a la aldea de Mai Lai y asesinaron a seiscientos y pico de ancianos, mujeres y niños. Escribí algo que no tenía mucho que ver directamente con eso de Mai Lai y fue concebido como espectáculo y diálogo pero sin tema central, dando gran libertad al director para la puesta en escena. Además, el hermano del Tata, Alberto, el "Negro" Cedrón, era un gran pintor y realizó una escenografía estupenda con una especie de nave voladora. Entraban unos tipos de mameluco negro y agregaban elementos y salían; de modo que los críticos teatrales de la época decían: "esto es puro surrealismo". Entonces añadí una escena sobre esas opiniones "totales", todo tan descosido entre comillas. Era muy abierto, un poco loco. No duró mucho, no creas. La otra ópera se llamaba La trampera general y, salvo algunas canciones, nunca tuvo música. Yo estaba muy impresionado por las obras de Alban Berg, entonces pensaba en utilizar como instrumento a la voz, que es el más perfecto y el más bello, de manera que ciertos textos en prosa se dijeran usando distintos tonos de voz y ritmos, pero fracasé.

-¿Por qué fracasaste?

-Me parece que es muy difícil, y eso fue una obsesión durante años. Finalmente escribí un oratorio sobre las Madres de Plaza de Mayo que pretendía algo así. Antonio Wald empezó con los ensayos en París, pero hacía falta la música, que no apareció, y el proyecto quedó ahí. Ese oratorio lo publiqué en forma de libro. Lo último que hice en eso fue un dc con César Strozzio, el bandoneonista; yo me iba de París en el año 88 porque podía volver a la Argentina y entonces grabamos ese dc donde él toca el bandoneón y yo leo poesía. Fue una experiencia curiosa, lo del bandoneón, porque en general se ha hecho con orquesta o guitarra sola. Presentamos ese espectáculo hace unos años aquí en México, siempre con la idea primitiva de conectar por vía sutil -suponiendo que se logre- la palabra con la música.

-Gotán (1962) significa tango al revés y se relaciona con la milonga, con los sonidos y el barullo del barrio de Villa Crespo.

-No sólo con Villa Crespo sino con Buenos Aires. Ahí hay un tratamiento irónico del tango y de todo lo que gira o giraba alrededor de esas milongas... No sé cómo explicarlo, voy a tratar de hacerlo: no creo mucho en los arraigos de esa naturaleza, que si cantábamos -¡por favor!- toda esa cosa porteña que en más de una ocasión es absolutamente falsa, que no existe de verdad.

-Sin embargo, dicen que bailabas muy bien...

-Bueno, eso es lo que dicen... Íbamos toda la barra a bailar, teníamos 15 o 16 años, primero porque nos gustaba, después íbamos con fines ulteriores que a veces se daban, a veces no; era la época de los salones medio pesados donde las muchachas estaban de un lado y los hombres del otro, como corresponde. Había que sacar con una mirada y un ligero cabezazo. Ahí lo que supe es que Borges estaba equivocado cuando decía que el tango es una manera de caminar: una buena ironía. Entendí que el tango es una manera de conversar con el cuerpo, porque las primeras palabras recién se pronunciaban en la segunda o tercera pieza, cuando había un cierto acuerdo entre los movimientos que intentabas y la respuesta del otro. Entonces venía el diálogo de siempre: "¿Cómo te llamás?, ¿viniste sola?". Nunca voy a olvidar a una muchacha muy humilde -en general iba gente muy humilde- que me decía después de un silencio: "El tango, pa' bailarlo, hay que sentirlo", y de ahí escribí una cuarteta: "Y la costurerita, pálida y mustia, con su voz llena de angustia, el tango pa' bailar". Entonces Gotán es una mirada un tanto irónica de todo esto. Creo en esa posibilidad absolutamente inconsciente que nadie puede manejar -yo por lo menos no puedo-, del sonido musical que ingresa a la palabra.

-Y Gotán es eso...

-No sólo Gotán. Cuando me exilié en Roma había una cosa que me molestaba mucho... porque era la dictadura militar en Argentina, habían desaparecido a mi hijo y a mi nuera, estaba tratando de saber qué había pasado con el niño o niña que esperaban, un sentimiento bastante alebrestado con odio, con indignación, con impotencia. Y el italiano que escuchaba me parecía un idioma líquido que se me metía por la oreja y no tenía nada que ver con lo que yo estaba sintiendo. Yo trabajaba en una agencia de noticias italiana, y para sacarme de encima ese ruido que me incomodaba, que no se relacionaba con lo que yo sentía, escribí una serie de sonetos pornográficos.

-Es cuando aparece il nono, el abuelo terrible...

-Era muy divertido porque llevaba los sonetos a la sala de teletipos, donde estaban los muchachos, les leía el soneto y se morían de risa, y luego me pedían un soneto del nono cada día, cosa que era imposible. Me llevaba mejor con el dialecto romanaccio, que tiene un sonido muy parecido al porteño reo. Esas sustituciones de letras en el lenguaje popular porteño, como hacía Gardel -es una exageración pero responde- que a veces sustituye la ene por la ere, en vez de decir "sentimiento" pronuncia "sertimiento". También en el romanaccio hay sustitución de letras; pero el italiano que escuchaba todo el día era el otro, y me molestaba. Ahí hay algo que se trasmite, evidentemente puedes decir que las palabras son sonido; sí, de acuerdo, pero es sonido cuando las decís, las escribís, las leés. No es un sonido material.

-Cuando tenías 4 años tu hermano te recitaba poemas de Pushkin en ruso y tu madre te llevaba a ver obras en yiddish.

-Mi hermano me recitaba a Pushkin y a mí me encantaba justamente la música, el sonido; Pushkin es un gran poeta y es muy difícil de traducir porque cuando lo llevás a otro idioma pierde todo eso. Pareciera que es un poeta medio soso, todavía me acuerdo de algunos versos en ruso. Pienso que con los años eso tuvo algo que ver con mi búsqueda poética. En los años treinta había cerca de casa un teatro donde daban obras en yiddish. Me parece que tiene razón Kafka cuando descubre el teatro en yiddish, hay algo ahí que tiene que ver con la familia: el dolor por la muerte de una hermanita de mi mamá en un gueto de Ucrania, todas esas cosas que se trasmiten familiarmente. Había grandes actores, como Jacobo Benami, y obras de Ibsen, otra que no recuerdo el nombre del autor sobre Goethe, no eran obras relacionadas con el exilio, la diáspora, algunas eran obras clásicas.

-¿Qué tanto incidieron estas experiencias para realizar la serie de traducciones simuladas de Cólera buey (1965), a través de Yaminokuchi Ando y John Wendell, y Los poemas de Sydney West (1969)?

-Sí, un yanqui, un inglés y un japonés. Curiosamente el que menos quiso trabajar fue el japonés, porque era del Tercer Mundo en aquel entonces... Eso tuvo otra raíz, después en la materia poética propiamente dicha puede ser que intervinieran estas experiencias del lenguaje. Raúl González Tuñón me decía de Los poemas de Sydney West que le gustaba mucho el aire de poema traducido. En la revista semanal donde yo trabajaba a fines de los sesenta había ahí uno que se las daba de muy culto y un día me dijo: "Compré el libro de Los poemas de Sydney West y lo leí. Ya sabemos el poeta que es Sydney West, pero te quería decir que las traducciones me encantaron". Ahí tuvo padrino el niño. El origen fue que estaba atravesando por una crisis de cierto tipo y me había encerrado en una especie de intimismo del que no salía, entonces un buen día me dije: "El intimismo está bien, es importante, es una parte de la subjetividad, pero no es toda la subjetividad. Me voy a inventar un poeta a ver qué sale de esto". Eran años de dar vueltas en torno al mismo asunto, al mismo tema, y salí inventando a estos señores. Primero apareció el inglés, que escribió como 500 poemas de los que luego, a Dios gracias, la policía se llevó muchos en un cateo; después vino el japonés y el último fue Sydney West, el yanqui, que sin embargo se publicó primero. El origen de Yaminokuchi Ando surgió de un poeta surrealista japonés que realmente existió: Yaminokuchi Baku, al que leí en francés, de la escuela de Okinawa. Sus poemas nada tienen que ver con los que yo escribí. Yaminokuchi Ando es como "cami-nando"; era una diversión, y con ironías hice mi libro pero también con sentimientos. En un cumpleaños de cambio de década me agarró una cosa con la muerte bastante horrible. Cuando escribí Los poemas de Sydney West tenía 37 o 38 y ahí está presente ese sentimiento de burla hacia mí mismo, de ironía, que es lo que me pasa con el tango: me alejo de él pero lo quiero.

-A partir de Relaciones (1973) utilizas el recurso de la interrogación, eliminas los signos de puntuación y en adelante desarrollas el contrapunteo entre preguntas y respuestas, incluyes barras, recorres y llevas al límite el lenguaje, incluso transgredes los artículos, los verbos y los sustantivos, ¿dónde querías y quieres llegar?

-Ahora se da de otro modo, he vuelto a escribir con mayúsculas, puntos y comas... Aquello fue producto de varias desesperaciones: el exilio, las muertes, toda una serie de cuestiones; el lenguaje me resultaba absolutamente insuficiente, y también ahora me resulta insuficiente. El lenguaje tiene límites terribles para decir determinadas cosas pero creo que la poesía interrogando al lenguaje trata de decirlas. En ese entonces, por mi desesperación personal, traté de buscarlas cambiando el género a ciertas palabras, convirtiendo verbos en sustantivos y sustantivos en verbos, era una búsqueda contra las imposibilidades del lenguaje. Ahora no es que tenga esas obsesiones ni choque con esas imposibilidades pero busco por otro lado. Yo creo que todo lo que se escribe es un largo fracaso en conseguir atrapar a la poesía. Se pueden escribir poemas, pero escribir poesía es otra cosa. Como decía Dylan Thomas, hay momentos raros de felicidad en que la vivencia, la imaginación que la interroga y la expresión resultado de esa interrogación, se juntan muy bien: la vivencia, la imaginación y la expresión, en mi caso, son momentos raros. Si uno insiste en este oficio ardiente que es la poesía es porque espera la aparición del milagro, pero como decía Dylan Thomas lo milagroso de los milagros es que a veces se producen. Ahora mi vida se ha serenado bastante, México me ha ayudado mucho. Entonces, lo que queda del poema en conjunto es el producto de una obsesión que te hace buscar la forma nueva para expresarlo. La dificultad se produce al comienzo, porque siempre están los instrumentos que lograste la vez anterior y que ahora te molestan para la nueva y tienes que pelear con eso. Como decía Pavese, trazas un gráfico en que la obsesión está muy alta y la expresión está en cero, y a medida que vas logrando la expresión la obsesión se gasta, desciende la línea, sube la expresión y hay un punto en que se cruzan y entonces se escriben los poemas más felices. Y luego llega el momento en que la obsesión ya no da para más, pero ya conseguiste una forma de expresión que puedes repetir ad infinitum, lo que yo llamo "la maquinita", y hay que saber parar porque entraste a un facilismo muy grande.

-Una nueva búsqueda es Dibaxu (1994), ¿cómo recuperaste el sefaradí?

-Es una lengua en extinción. Siempre es el tema del exilio. En el exilio volví a leer a san Juan de la Cruz, a santa Teresa, la cábala, los temas relacionados con la mística... Los releí de otra manera porque encontré que tenían una cosa en común: la presencia ausente de lo amado. En mi caso no era Dios sino el país, los compañeros muertos, la familia, y me encontré que en san Juan y en santa Teresa había una solemnidad del lenguaje que terminó. No sé muy bien por qué, eso no pasó sólo en el castellano sino también en otros idiomas, me sorprendió porque me pareció que eran avenidas que todavía estaban vivas. Si vos leés las cartas del primer obispo de Guatemala, que son del comienzo del siglo XVII, tiene párrafos de tres páginas con una cantidad de disyuntivas, y no te perdés nada y entendés todo. Entonces, cámbialo. Lo que me llevó fueron esas avenidas del lenguaje, que cesaron no se sabe por qué y que para mí siguen abiertas. Su forma de expresión, sus palabras, que de algún modo me hicieron pensar en lo que pasa en América Latina en el sentido de que hubo un momento en que la lengua estaba en estado naciente. Del siglo XIII al XV circulaban en España varias gramáticas que no coincidían absolutamente, en lo esencial tal vez sí pero no en todo, y eso se ve en El Quijote. Analizando los mundos diferentes que conforman el universo del castellano, al que prefiero llamar castellano y no español como decía Alfonso Reyes, después me encontré en el exilio con todas esas hablas distintas que se producen dentro de cada país como consecuencia de muchas cosas: el paisaje, la geografía, el tipo de emigración, las raíces; en cada país no es lo mismo aunque hay cosas parecidas. En Argentina hay una diferencia notable con Perú, que es más parecido a México, en Nicaragua me encontré la utilización del "vos" como en Chiapas y el norte de Guatemala, y eso tiene que ver con el tipo de colonizador que vino. Después de tres o cuatro siglos los indios guatemaltecos empezaron a hablar el castellano y rompieron su sintaxis y pusieron la propia. Cuando estuve en Chiapas, enviado por el periódico a cubrir lo que había empezado como una guerra, veía cómo hablaban los indígenas, que también usan el "vos". El castellano está en un estado naciente en nuestros países, todo el tiempo. Cuando sentí esa cosa exiliada de nuestro castellano actual en santa Teresa y san Juan, después de años de escribir Citas y comentarios (1982), eso me llevó al sustrato, como si buscara la zona más exiliada de la lengua. Yo no soy de origen sefaradí, pero me encontré ahí con construcciones de un candor, los diminutivos por ejemplo, que me encantaron, cosas que me tocaron mucho, como una especie de inocencia de la lengua nueva, naciente, intocada....

-Has escrito que "el viaje hacia el poema es más importante que el poema", ¿en qué consiste ese viaje?

-Creo que es el intento de escribir -supongo que a todos nos pasa lo mismo-, pero por las dudas, hablo por mí: sentís algo que yo llamo obsesión, que te lleva a escribir. No sabés lo que vas a escribir. Entonces el viaje hacia al poema es eso, la distancia que hay entre lo que vos no sabés y lo que escribís.

-Se señala que tu obra tiene una densidad política, pero son contados los poemas que abordan el tema directamente. Analizando el periplo del exilio y la búsqueda de los tuyos, muestras un discurso de conciencia y solidaridad humana a través de los versos místicos y amorosos de Citas y comentarios (1982), Carta a mi madre (1989), Dibaxu (1994), Incompletamente (1997), hasta Valer la pena (2001).

-Una persona se tomó el trabajo de contar los poemas y resultó que eran una parte breve de mi obra. Mencionás la solidaridad y la conciencia y es cierto, pero creo que el tema es histórico por razones que no tengo muy claras, pero que tienen que ver con el periplo familiar, es la historia lo que está presente. En Carta a mi madre hay más elementos políticos que en cualquier otro poema de tema político. La confusión no es simplemente conmigo: si decís que en el siglo XIV en Italia no hubo un poeta más político que Dante, te miran como loco; si decís que en el XVI en Gran Bretaña no hubo poeta más político que Shakespeare, te miran como loco; lo mismo si decís de Arquíloco. No conozco a nadie que haya tratado el tema del poder como lo trata Shakespeare. El tema es si es poesía o no. Lo que interviene acá son factores que flotan en el aire, la confusión central está en que el único tema de la poesía es la poesía, y por eso puede hablar de absolutamente todo.

-Este año te otorgaron el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde, a los 20 años te encontraste con Zozobra y te deslumbró ¿por qué?

-En 1938, en la primaria, tuve una maestra que nos leía poemas de López Velarde. Yo no los entendía, escuchaba un ritmo ávido pero había palabras que no comprendía. En 1950 un amigo me prestó una edición mexicana de Zozobra, casi contemporáneamente yo había leído a Vallejo y les encontré un parentesco a ambos, no estilístico sino cierta mirada a lo cotidiano que me golpeó mucho. José Luis Martínez lo ha dicho: finalmente el secreto de la poesía de López Velarde reside "en esa capacidad para percibir la majestad de lo mínimo".

-Nelson Mandela afirma que sólo perdonando se consigue empezar y seguir. ¿Se puede perdonar tras el exilio y la desaparición de los tuyos?

-No, yo no creo en el perdón. Por una razón muy sencilla; porque no sé en quién o en quiénes las víctimas delegaron la facultad de perdonar. No puedo arrogarme esa facultad. Creo en la justicia. En esto lo que dificulta en realidad es el odio, no la falta de perdón. El odio esteriliza. Puede que te sientas indignado, impotente, todo lo que tú quieras, pero nada de eso te impide continuar. El odio es una entidad que te castra, y no creo en ello, como tampoco creo en el perdón. En Argentina, con los crímenes que se cometieron, lo que debe haber es justicia, no perdón.

El entrevistador

Entrevista al Subcomandante Marcos por Juan Gelman

Régis Debray lo considera el mejor escritor latinoamericano. Desde antípodas políticas, Octavio Paz ha elogiado su escritura. Pero el subcomandante Marcos, jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, habla con timidez de su condición de escritor. "Más fácil sería con un mate", dijo en uniforme guerrillero y pasamontañas que sólo confía al aire los ojos y parte de una nariz objeto de su autoburla constante. La máscara no atenúa la clara emanación de juventud. Es un fenómeno raro, sin antecedentes conocidos en el mundo: su fama de escritor dimana de la prosa que vuelca en los comunicados que firma en nombre del EZLN. Son textos políticos que han llevado de la guerra de verdad a la guerra de palabras, pero el subcomandante les añade paseos de ficción en las posdatas. Donde ha aparecido hace meses el personaje Durito, un escarabajo que se proclama Caballero Andante de la Selva Lacandona y tiene a Marcos de escudero. Ambos dialogan ­como el Quijote y Sancho Panza­ sobre las materias más diversas y de política además. El Nobel mexicano calificó a Durito de invención literaria memorable. La entrevista con el subcomandante insurgente del EZLN se realizó en el marco del Encuentro Continental Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en algún lugar de la Selva Lacandona, y allí el jefe militar zapatista reveló que siempre le ha gustado escribir.

-¿Cuándo escribió su primer poema?
-A los 13 años.

-¿Lo recuerda?
-No, hay cosas que más vale la pena olvidar.

-¿No recuerda las circunstancias que lo movieron a escribirlo?
-Sí, era melancólico, era sobre la vida y la muerte, medio tétrico, con la pregunta sobre el sentido de la vida que probablemente se hace todo adolescente. Yo estaba en la secundaria, como se dice en Argentina. Ya había leído poesía y ese poema debe haber sido muy parecido a los que yo leía por entonces. Me acuerdo más o menos del tema y de la circunstancia un poco existencial, o bastante existencial, de ese momento, pero no me acuerdo mero cómo iba.

-¿Siguió escribiendo poesía luego?
-No. Iba más al cuento, a la poesía casi nunca le entré. En aquel ámbito cultural la poesía era mucho la cuestión de la métrica, tenía que rimar y todo eso. Y entre que no me salía, que necesitaba pues un cierto manejo del lenguaje, que apenas estaba aprendiendo, y que me provocaban aversión esos chalecos, no sabía cómo entrarle. Entonces mejor le daba al cuento. Cuentos escribí bastantes. Y, por supuesto, una novela que nunca acabé. Como todos los escritores que se precian de serlo; siempre tienen una novela que nunca han acabado. Pero no, a la policía, perdón a la poesía no le entraba, a la policía tampoco.

-¿Pero ha escrito poesía en los últimos años?
-Escribí en el período de la montaña, los diez años que pasamos allí, sobre todo en los primeros años ­1984/1985­ que fueron muy solitarios, poesía que pretendía ser política. Tratando un poco de jugar al espejo o de ayudarnos a nosotros mismos, pues éramos una pequeña pandilla casi que quería cambiar el mundo; afirmando que sí valía la pena lo que queríamos hacer, o lo que íbamos a hacer, aunque entonces no sabíamos que lo íbamos a hacer todavía.
Nosotros organizábamos actos culturales todos los lunes de cada semana: el grupo de combatientes se juntaba en lo que llamábamos la célula cultural y se decían poemas, se cantaba, se representaban obras de teatro. El único libro que teníamos entonces ­yo era capitán­ era una antología de Miguel Hernández. Había más reuniones culturales que poemas en el libro y éste se acabó. "Escribe algo", me decían los compañeros, así que los primeros poemas que escribí en ese período eran más bien por encargo. Y eran poemas así, pues, lo rudimentario o lo acartonado que pueden ser los poemas sobre pedido.
Luego ya escribí por gusto, por ganas, algunos más, volví otra vez al cuento y a las narraciones cortas como las "Instrucciones para cambiar el mundo" o las "Instrucciones para caer y levantarse", todo eso con mucha influencia de Cortázar; uno de sus libros era el otro que yo cargaba. Pero a la poesía siempre le he tenido mucho miedo. Es como dice Durito, la distancia entre lo cursi y los sublime es delgadísima; yo le digo a Durito que no la conozco porque no he logrado cruzarla, sigo todavía del lado de lo cursi. Así que para llegar a lo sublime... Algo intenté en poesía cuando empezamos a hacer contacto con las comunidades indígenas.
El manejo del lenguaje que hacen ellos, la descripción de la realidad, de su realidad, de su mundo, tiene mucho de elementos poéticos. Eso como que removió la trayectoria cultural normal o tradicional que traía yo en literatura y empezó a producir esa mezcla que asomó en los comunicados del EZLN del 94. Era un poco como estarse debatiendo entre las raíces indígenas de un movimiento y el elemento urbano. Es lo que yo podría decir sobre esa trayectoria, pero sí, siempre me gustó escribir. No mostraba lo que hacía, por supuesto, escribía para mí mismo.

-Octavio Paz dice que Durito es una invención memorable.
-Eso es injusto, Durito protesta. Dice que él no es una invención, que es real y que, en todo caso, la invención soy yo.

-¿Sigue leyendo poesía?
-Sí, cómo no. En alguno de los comunicados cuento la historia de una niña que se murió, Paticha, explicando un poco esto de los nonatos. En realidad, eso viene de la lectura de un poema de un argentino que habla de una niña. ¿Se acuerda usted de ese poema? ¿Cómo se llama?

-No sé de qué poema me habla.
-Si es suyo.

-Hay cosas de las que uno se quiere olvidar, usted lo dijo.
-No, es bueno ese poema. Lo encontré en una antología de la poesía latinoamericana, junto con otro texto suyo. No me acuerdo cómo se llama, pero habla de una niña que, obligada por las condiciones sociales, comete un crimen. -¿Será, "María la sirvienta"?

-Andale, ése era. Su estructura inspiró la forma literaria de la historia de Paticha. La historia es real, pero su presentación tiene mucha cercanía con "María la sirvienta". Y en algunas de las historias que cuento, que contamos nosotros, aparecen elementos poéticos ­digo, en mi caso­ de Miguel Hernández, del Neruda del Canto general, sobre todo, un libro que nos influyó mucho a muchos en la montaña y que también cargábamos. No conocimos poesía más reciente hasta que ya bajamos.

-¿Y Pessoa?
-A Pessoa lo encontramos bajando de la montaña, del 94 para acá, en libros que nos regalaban. Pero eso es nuevo. La poesía que frecuentábamos nosotros era la que se consideraba poesía social o de compromiso. Que es la que nos gustaba, porque estábamos en eso. O la más lejana de los clásicos como Shakespeare, eso sí. Pero de la poesía contemporánea sólo la que tenía contenido social; la que no, nos parecía que no servía, que era contrarrevolucionaria, pequeñoburguesa, etcétera...

-¿Piensa lo mismo ahora?
-Evidentemente no.

-¿Y qué piensa?
-Nos damos cuenta ahora de que fueron esos elementos, los no esquemáticos, los no tradicionales respecto de esa cultura de izquierda en la que nos formamos nosotros, en especial de la izquierda clandestina, la de los subterráneos, los que nos abrieron ventanas. Que lo que nos salvó como proyecto social, como proyecto político y, sobre todo, como seres humanos, fueron esas ventanas abiertas, esas supuestas "manchas" para un revolucionario cuadrado, lo que nos llevaba a nosotros a decir bromeando que para ser cuadros revolucionarios éramos bastante redondos. No respondíamos a los esquemas pues, y por lo tanto estábamos desechados.
Esa cultura, esa literatura tienen su lugar, tienen su espacio y no pueden ser catalogadas según los moldes que nos enseñaron, que poesía es la poesía revolucionaria de "Patria o muerte, venceremos" solamente, o la que describe una situación social. Hay poesía que trabaja sobre el lenguaje mismo y no le importa tanto lo que dice sino el manejo del lenguaje; hay poesía que expresa sentimientos o cuestiones vivenciales cotidianas; hay poesía de muchas clases.
¿Cómo decirlo? El esquema político con el que habíamos crecido tenía su referente o su equivalente en un esquema cultural, en un esquema ideológico e incluso en un esquema moral que marcaba qué era lo bueno y qué era lo malo: bueno es todo lo que sirva a la revolución, malo es todo lo que vaya en contra de la revolución. Y ahí no está el problema de lo bueno y lo malo, de esa manera sólo se lo está eludiendo. Y eso pasaba no con la literatura únicamente, con la música también, o sea, cuál debíamos escuchar o cuál nos debía gustar, porque de eso se trataba; de nuevo tenía que ser la música de contenido social o la música revolucionaria, como le decíamos nosotros.
Y la otra pues era música enajenante, alienante, etcétera. Aunque nos gustara, teníamos que callar y decir que la buena era la música de contenido social. Esa concepción influía hasta en las pláticas del (grupo) colectivo. El colectivo de montaña es un conjunto muy solitario, sometido a condiciones muy duras, que tiende a cerrarse, a hacerse fuerte para poder resistir, ayudándose uno a otro. Entonces la nostalgia estaba prohibida; en todo caso, manifestarla. No es que hubiera una ley, pero cuando se notaban síntomas de desmoralización en un compañero había que ayudarlo explicándole, por ejemplo, que el proletariado, por una decisión histórica, iba a asumir sus objetivos, etcétera.

-Hay quien supone que ciertas cosas dejan de existir no usando las palabras que las nombran.
-Sí, era una especie de realismo socialista, pero en pequeño. Estoy hablando de una columna formada por doce hombres. Doce en "las grandes fiestas", decíamos que eran cuando nos juntábamos, porque en realidad nos partíamos en unidades de cuatro. Ese esquema rígido invadía todo lo que era la vida del campamento guerrillero. No se platicaba sobre la familia, porque te llevaba eso al lugar de partida. Tampoco sobre las expectativas personales: no podía uno imaginarse en el futuro siendo un hombre común y corriente, o podía, pero no debía decirlo.
Decir, por ejemplo, finalmente cuando termine esto me voy a dedicar a ser chofer; no, cómo, te contestaban, eso es contrarrevolucionario, tienes que ubicarte en un lugar revolucionario, seguir en esto o hacerlo como el Che, irte a otro país y continuar la pelea, etcétera.

-Antes evocó usted un problema que tiene que ver con lo que está expresando ahora: el del contacto con la cultura indígena. ¿Ese contacto ayudó o quizás obligó a modificar estereotipos, y no sólo desde el punto de vista de los contenidos, sino también en lo que hace a la lengua? Porque sorprende a quien visita Chiapas el castellano que hablan los indígenas, lleno de giros y concordancias desusados. Algo semejante ocurrió en Guatemala cuando los indígenas, después de más de cuatro siglos de padecer la dominación blanca, empezaron a hablar el castellano y produjeron rupturas sintácticas extraordinarias y muy enriquecedoras. ¿Qué piensa de eso? ¿Qué le ocurrió con eso?
-En realidad, casi nadie toca ese tema. Nosotros advertíamos que la concepción política de lo que el EZLN era entonces chocaba con la concepción política de las comunidades indígenas y se modificaba. También hubo efectos en el quehacer cultural del EZLN, que tenía una vida cultural bastante intensa para una unidad guerrillera. No sólo nos enfrentamos con las lenguas indígenas, sino también con su manejo y con la forma de apropiación del español. Los indígenas no se apropian de conceptos, sino de palabras, y traducen su visión con un manejo del lenguaje muy rico, como decir "está triste mi corazón" por "me siento mal", o decir "me duele el corazón" y señalarse la panza, que está cerca. De pronto alguien se enfermaba y decía "me voy a morir" y al principio uno pensaba que, en efecto, se iba a morir; y cuando se lo revisaba no era más que un dolor abdominal.
Pero así se sentía. Nos encontrábamos con que los indígenas manejaban el lenguaje con mucho apego al significado de las cosas y al uso de imágenes también. Teníamos que aprender ese otro manejo del lenguaje para poder comunicarnos con ellos, y ellos con nosotros, lo que empezó a producir efectos en nuestra forma de hablar. Y de escribir. Llegó un momento en que estábamos hablando "chueco", como decíamos nosotros, a veces anteponiendo un adjetivo, otras no nombrando una cosa sino aludiéndola como una imagen, y sucedió que así cuajó nuestro modo, el modo de hablar de los zapatistas, y eso nos hizo perfectamente identificables. Claro, nadie nos andaba buscando, pero en las comunidades se sabía quién era zapatista por el modo de hablar, incluso para explicar la política y para explicar la guerra, que entonces apenas era un futuro incierto.
Muchos han percibido los efectos del contacto con las comunidades en la política y la organización de los neozapatistas, pero nadie o pocos son los que se han dado cuenta de las consecuencias del choque cultural, que sin embargo llama la atención también en el neozapatismo. Me refiero al manejo del lenguaje en relación con la política. Así lo vemos nosotros, pero es muy difícil reflexionar desde adentro, nos falta distancia y nos falta tiempo para ver cómo se da eso. Necesitamos un exterior, un outsider para poder entenderlo. Nosotros no podemos explicar qué es lo que hizo posible eso. Sabemos que lo estamos haciendo y decimos "algo pasó aquí", pero no hemos pensado todavía sobre lo que realmente ocurrió para que se produjera el zapatismo de 1994. También hay que considerar cómo entró el zapatismo en contacto con la sociedad civil, con ese México que no tenía nada que ver ni con el enemigo ni con el compañero. Ese hecho también influye en el trabajo de lenguaje del zapatismo.
Puede incluso verse cómo los comunicados del EZLN de los primeros días del 94 y los que fueron emitidos más adelante en el año dan paso a una modificación en el lenguaje que está buscando su acomodo y se está haciendo todavía. Es decir, se ha sumado otro elemento, aparte del indígena y del que procedía de la izquierda tradicional que bajó de la montaña: los dos últimos constituían ya una realidad compleja que otra vez se enfrentó con una realidad compleja, la de México. Y hay como una retroalimentación ­así lo vemos­, vamos tocando puertas, encontramos una abierta, nos metemos, tocamos otras y así; y en el lenguaje estamos tocando puertas y donde vemos que se abren, por ahí seguimos.
Por eso a veces nuestro discurso es muy repetitivo, pensamos que lo que nos resultó una vez y nos permitió hacernos entender va a volver a producir el mismo efecto. Desgraciadamente, no siempre es así. A veces produce el efecto contrario; otra vez lo mismo, se piensa, y más porque del zapatismo se espera siempre algo nuevo, más creativo, que no incurra en la reiteración, y para nosotros lo más cómodo es insistir con lo que sabemos ya que resultó.
A dos años de nuestra salida a la luz, ése es uno de los problemas que tenemos. Debemos seguir buscando dentro de nosotros mismos y dentro de las relaciones creadas un lenguaje que no nos haga perder el puente con la sociedad que logramos construir en los últimos dos años. Sabemos lo que no hay que hacer, es decir, repetirse, pero todavía tenemos que precisar lo que hay que hacer, y eso estamos probando. Por eso nos sirve mucho el contacto con gente que no viene de nuestra trayectoria, no me atrevería a decir de afuera porque es gente que está muy imbricada en el movimiento, pero que ve otras cosas, tiene otras experiencias, otra historia y ha hecho otro recorrido.
Eso nos ayuda a ver dónde podemos avanzar. Y en buena parte el futuro del zapatismo está en el lenguaje. No quiero decir que el zapatismo va a desaparecer, pero su futuro y su quehacer tienen que ver mucho con el quehacer de su lenguaje. Según sea el futuro de su palabra, será el futuro del EZLN. No, no el EZLN, del zapatismo, que hoy es mucho más amplio.

-En su mensaje de la ceremonia de clausura del Encuentro Continental Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo dijo usted que al zapatismo se le exige no que se parta en dos sino en muchos pedazos, en referencia a la satisfacción de unos y la preocupación de otros por sus intervenciones anteriores. ¿Deberá cambiar el lenguaje de sus comunicados para contentar a todos?
-Tal vez convenga insistir en ese partirse en dos, en tres o en cuatro; unos esperan del zapatismo una guía, respuestas a cosas prácticas; otros, un pronunciamiento político; otros, algo que arranque una sonrisa; otros, algo que sea nuevo. Eso es algo, lo digo honestamente, que cada vez torna más difícil escribir, cada vez se siente más que estás escribiendo para agradar a alguien o algo, y se corre el riesgo de perder la frescura, la que teníamos nosotros antes, cuando escribíamos y al que le gustó, le gustó, y al que no, se chingó (se jodió).
Pero las presiones sobre el zapatismo, de las que hablé en la clausura del Encuentro, en cuestiones políticas, también se dan en cuanto al manejo del lenguaje. Qué es lo que se debe decir, qué expresión es machista o sexista, cuál es feminista, y sentimos como que nos empiezan a acorralar. Nosotros no nos alzamos en armas para esto, nosotros queríamos el uso de la palabra y escribíamos por gusto y no queremos perderlo. No queremos hacernos profesionales de la palabra, gente que exista para producir una mercancía, algo para el mercado, aunque ese mercado sea de izquierda, o sea progresista, o sea democrático, lo que sea. Para eso hay computadoras. Se las programa y sale lo que uno quiere.

El poeta

OPINIONES (de "Gotán")

Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
 

SI DULCEMENTE (de "Si dulcemente")

Si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró al mar / ¿qué pasa con los hermanitos
que entierraron? / ¿hojitas les crecen de los dedos? / ¿arbolitos /
otoños que los deshojan como mudos? / en silencio
los hermanitos hablan de la vez
que estuvieron a dostres dedos de la muerte / sonrien
recordando / aquel alivio sienten todavía
como si no hubieran morido / como si
Paco brillara y Rodolfo mirase
toda la olvidadera que solía arrastrar
colgándole del hombro / o haroldo hurgando su amargura
(siempre)
sacase el as de espadas / puso su boca contra el viento /
aspiró vida / vidas / con sus ojos miró la terrible /
pero ahora están hablando de cuando
operaron con suerte / nadie mató / nadie fue muerto / el enemigo
fue burlado y un poco de la humillación general
se rescató / con corajes / con sueños / tendidos
en todo eso los compañeros / mudos /
deshuesándose en la noche de enero /
quietos por fin /solísimos / sin besos.
 

ORACION DE UN DESOCUPADO (de "Violín y otras cuestiones")
 
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla

para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello.


NOTA I (de "Si dulcemente")

Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
noches y días con vos.
me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón.
te pisaré loco de furia.
te mataré los pedacitos.
te mataré una con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la rnano.
y con el hijo de mi hijo / muertito.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar /derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
vivo o muerto / un rostro amado.
hasta que mueras /
dolida como estás / ya lo sé.
te voy a matar / yo
te voy a matar.

El periodista

De "hearts and minds"

Por Juan Gelman

Los "halcones-gallina" no limitan su esfuerzo a "ganar los corazones y las mentes" de Irak y del resto del mundo (con los resultados a la vista): también vigilan que ningún profesor introduzca ideas patrióticamente incorrectas en la cabeza de quienes siguen carreras relacionadas con el Medio Oriente. Para eso existe The Middle East Forum, un think-tank que se autoasignó la empresa de "definir y promover los intereses de EE.UU." en la región. En el marco de su proyecto Campus Watch, "supervisa y critica los estudios sobre Medio Oriente que se realizan en Norteamérica con el propósito de mejorarlos" (www.campus-watch.org). Claro que cada quien entiende a su manera cómo mejorar las cosas.

En este caso la mejora consiste en defender la política "antiterrorista" del gobierno Bush y al Estado de Israel y de acallar cualquier análisis o enseñanza que cuestione su legitimidad en el ámbito universitario. Semejante propósito asomó al cumplirse exactamente un mes de los atentados del 11/9: el Consejo Estadounidense de Patrocinadores y Graduados (ACTA, por sus siglas en inglés) publicó un informe titulado "Defender la civilización: de cómo nuestras universidades debilitan a EE.UU. y qué se puede hacer al respecto" (www.goacta.org, 11-10-01). Contiene 117 citas de profesores que habían expresado algún grado de rechazo a la intervención militar norteamericana en Afganistán. El Middle East Forum se encarga de precisar lo de qué hacer al respecto.

Campus Watch establece en su declaración de principios que "apoya la irrestricta libertad de palabra de todos los educadores, cualquiera sea su punto de vista", pero en su web registra -fuera de contexto- "frases inconvenientes" de numerosos catedráticos y recomienda a profesores políticamente correctos abundando en su curriculum. Poco explica de los "non sanctos" y la intención es nítida. Otro empeño del Forum es el proyecto David, diseñado en el 2002, que promueve actividades universitarias "en respuesta a la agresión ideológica contra Israel y sus partidarios en los campus de Norteamérica". La agresión consistiría en "la formulación de críticas a las políticas de Israel y de EE.UU. que son legítimas, pero que usan el lenguaje de los derechos humanos, la liberación nacional y la libertad académica para demonizar a Israel, a los israelíes y a sus partidarios". La ocupación israelí de territorios palestinos en verdad demoniza. A los ocupados.

"Los especialistas universitarios en Medio Oriente se han equivocado constantemente en sus análisis", proclama Campus Watch. Desde luego, hay que controlarlos porque esos estudios "tienen una importancia especial en razón de que muchos de sus componentes, la guerra antiterrorista, el Islam militante, el conflicto árabe-israelí, Irak, Arabia Saudita y otros están en el centro del debate público". Lisa Hajjar, profesora de la Universidad de California, pasa en limpio ese concepto: "La postura de la derecha consiste en que las universidades y los académicos deben estar al servicio de los designios del Estado". El Congreso ya se está ocupando del asunto.

El 2 de febrero del 2005 cinco representantes republicanos y uno del Partido Demócrata introdujeron el proyecto de enmienda H.R. 509 que modifica y amplía el capítulo VI de la Ley de educación superior de 1965 (www.govtrack.us/congress). Propone que la secretaría de Educación establezca una junta asesora encargada de supervisar los 120 programas de estudios internacionales que se imparten en EE.UU.; dos de sus siete miembros "representarán a los organismos federales responsables de la seguridad nacional". Eso es hablar claro. Cualquier semejanza con los comisarios políticos de la ex URSS no es casual. Hay malas costumbres contagiosas.

El párrafo 633 de la enmienda especifica las facultades de la junta. Entre otras: "Formular recomendaciones a la Secretaría (de Educación) y al Congreso a fin de mejorar los programas (de estudios internacionales) para que reflejen mejor las necesidades nacionales relativas a la seguridad interior..." (apartado C). O: "Formular recomendaciones para que las instituciones de educación superior subsidiadas insten a los estudiantes a servir a la nación y sus necesidades en materia de relaciones internacionales, relaciones económicas internacionales, idiomas extranjeros, o seguridad nacional" (apartado F). El proyecto de enmienda H.R. 509 es una feroz dentellada a la libertad académica y una más que se propina a los ya maltratados derechos civiles en EE.UU.

La Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios (AAUP, por sus siglas en inglés), fundada en 1915, fijó hace mucho los principios de la libertad académica y de cátedra en el país. Establecen, por ejemplo, que los profesores tienen derecho a expresar sus opiniones con entera libertad, tanto en las aulas como en público, y en los estudios o ensayos que redactan, sin someterse a cuestionamientos de grupos políticos o de presión. Esto será pasado cuando la H.R. 509 entre en vigor, será apenas "la huella de un navío que desapareció en una mar desierta", como imaginaba Chateaubriand.

Página/12, 12/03/06

El hombre

Carta abierta a mi nieto o nieta

Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti que funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado "El Jardín". Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron -y a vos en ella- cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar -así era casi siempre- a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron de cemento y arena y arrojaron al río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa certeza.
Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál a sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugnó la posibilidad de que llamaras "papá" a un militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que, cualquiera hubiese sido el hogar al que fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.
También pensé todos estos años en qué hacer si te encontraba: si arrancarte del hogar que tenías o hablar con tus padres adoptivos para establecer un acuerdo que me permitiera verte y acompañarte, siempre sobre la base de que supieras vos quién eras y de donde venías. El dilema se reiteraba cada vez -y fueron varias- que asomaba la posibilidad de que las Abuelas de Plaza de Mayo te hubieran encontrado. Se reiteraba de manera diferente, según tu edad en cada momento. Me preocupaba que fueras demasiado chico o chica - por no ser suficientemente chico o chica- para entender por qué no eran tus padres los que creías tus padres y a lo mejor querías como a padres. Me preocupaba que padecieras así una doble herida, una suerte de hachazo en el tejido de tu subjetividad en formación. Pero ahora sos grande. Podés enterarte de quién sos y decidir después que hacer con lo que fuiste. Ahí están las Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con precisión científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen.
Ahora tenes casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho como vos y con un mundo mas habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
Los sueños de Marcelo y Claudia no se han cumplido todavía. Menos vos, que naciste y estás quién sabe dónde ni con quién. Tal vez tengas los ojos verdegrises de mi hijo o los ojos color castaño de su mujer, que poseían un brillo muy especial y tierno y pícaro. Quién sabe cómo serás si sos varón. Quién sabe como serás si sos mujer. A lo mejor podés salir de ese misterio para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo que te espera.

12 de abril de 1995

En el nombre del hijo

"Estas visitas que nos hacemos, / vos desde la muerte, yo / cerca de ahí, es la infancia que pone / un dedo sobre el tiempo y dice / que desconocer la vida es un error. / Me pregunto por qué / al doblar una esquina cualquiera / encuentro tu candor sorprendido. / ¿El horror es una música extrema? / Las penas llevan a tu calor / cantado en lo que soñaste, / las casas de humo donde vivía el fulgor. / De repente estás solo. / Huelo tu soledad de distancia / obediente a sus leyes de fierro. / El pensamiento insiste en traerte y devolverte / a lo que nunca fuiste. / Tu saliva está fría. / Pesás menos que mi deseo, / que la lengua apretada del aire".

Pesa, y pesaba, más que nada, más que todo, la perseverancia de un padre obcecado que no había querido dar crédito al punto final que deparaba la búsqueda. La búsqueda del último jirón de la vida de su hijo: una nieta nacida durante el cautiverio de su madre cuyo paradero pudo descifrar, cual enigma, más de dos décadas después. Y la búsqueda de la verdad. La verdad sobre la muerte de su hijo, Marcelo Ariel Gelman, periodista y poeta como él, de apenas 20 años cuando un comando militar asaltó su casa, y la verdad sobre la muerte de su nuera, María Claudia García Irureta Goyena, un año menor, embarazada de siete meses en aquel momento. La verdad inconclusa de "un padre huérfano de hijo, como soy, porque el rescate de sus restos fue el rescate de su historia".

En ese rescate de su historia, Juan Gelman halló el 14 de octubre de 1989 los restos de su hijo. Habían sido colocados en un tonel, mezclados con cemento y arena, y arrojados al río Luján. Presumiblemente, el 21 de octubre de 1976, después de haber estado en el centro clandestino de detención Automotores Orletti, de la ciudad de Buenos Aires, destino habitual de los uruguayos perseguidos por los regímenes militares de ambas márgenes del Río de la Plata bajo las alas de la Operación Cóndor.

Marcelo Ariel Gelman y María Claudia García Irureta Goyena no eran uruguayos, sino argentinos. Figuraba él, al parecer, en la agenda de una muchacha del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), razón, en principio, de la redada emprendida el 24 de agosto de 1976 y de su posterior asesinato, "de un tiro en la nuca disparado a medio metro de distancia", así como del misterioso traslado de su mujer a Montevideo, en donde nació el 1° de noviembre de ese año la hija de ambos, María Macarena, inscripta como propia por un matrimonio uruguayo; el padre adoptivo, fallecido en el momento del hallazgo, era comisario.

En la casa de Berta Schuberoff, la madre de Marcelo, estaban su hija Nora Eva Gelman y un amigo de ella, de origen boliviano. Ambos fueron obligados a dirigirse al domicilio de Marcelo por un grupo armado, presumiblemente integrado por argentinos y uruguayos. Los liberaron 48 horas después.

"Marcelo tuvo inquietudes políticas desde su niñez. A los nueve años me sorprendía con preguntas turbadoras, y pertinentes, sobre el Che y su consigna de crear varios Vietnam en América Latina. Sé por compañeros de escuela de Marcelo que ya en la primaria ejercía la protesta. Le molestaba la injusticia. Molestar es palabra muy suave para lo que sentía: indignación. Sé también que a los 14 años estaba en la Juventud Peronista de la resistencia, poniendo caños contra las transnacionales. Como miles de jóvenes, confió en Perón. Tenía 16, 17 años y se desilusionó profundamente cuando Perón volvió al gobierno y apoyó a la fascista Triple A y calificó de «jóvenes imberbes» a los que habían luchado por su retorno. La desilusión no lo confinó en la pasividad. Se fue de la Juventud Peronista por la izquierda, con la Columna Sabino Navarro.

"Desilusionado otra vez, merodeó por el ERP, que tampoco lo convenció. Cuando lo secuestraron no tenía militancia partidaria, pero sí la suficiente historia militante como para que la dictadura militar lo considerara un enemigo. Encontraron su dirección en la libreta de anotaciones de una muchacha del ERP. Estoy orgulloso de la militancia de mi hijo. A veces pienso que algo tuve que ver yo con ella y eso redobla mi orgullo y mi dolor."

Marcelo, cédula de identidad número 6.827.025, había nacido el 11 de enero de 1956 en Buenos Aires y se había casado poco antes del horror, el 8 de julio de 1976, con María Claudia, también en Buenos Aires. Completó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires e ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Era periodista independiente y también escribía poesía.

La nieta de Juan Gelman, de nombre Macarena, ignoraba su identidad hasta que la localizó su abuelo en Montevideo en 1999, cuando tenía 23 años de edad.

Tras efectuarse pruebas de ADN que confirmaron que era la nieta de Gelman, Macarena asumió legalmente los apellidos Gelman García y adquirió la ciudadanía argentina, que sumó a la de Uruguay, por nacimiento.

Tras recuperar con vida a su nieta, el poeta intensificó sus gestiones tanto ante los gobiernos uruguayos como argentino para conocer datos sobre el destino final de su nuera. La llegada al poder en Uruguay de Tabaré Vázquez, consiguió el respaldo oficial que tan esquivamente buscó.

Actualmente Gelan aguarda con impaciencia y esperanza que las excavaciones que se realizan en el recinto del Batallón 14 de paracaidistas logren devolverle los restos de su nuera, para poder cerrar definitivamente el tortuoso ciclo que lo atormenta.

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