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Si me dieran a elegir, yo
elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Juan Gelman
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"Están
reconociendo a un viejísimo amor"
Juan Gelman y el Premio Cervantes, el galardón más importante del habla hispana
Cansado ("Nunca estuve tan solicitado, excepto por mi mujer"), pero conmovido y
feliz, el columnista de Página/12 destaca la significación del premio "en
tiempos tan antipoéticos", aunque subraya que "mi confianza en la poesía es
independiente de los premios". El jurado presidido por Víctor García de la
Concha afirmó que la obra de Gelman "enriquece las letras españolas".
Por Silvina Friera
Orgullo y resistencia. Un acto de justicia poética para una voz indomable y
compañera que "vuelve íntimo todo lo que toca". Aunque esa voz suena emocionada
y está cansado de tanto hablar, Juan Gelman atraviesa con un tono bajito y con
mucha calma la distancia entre la ciudad de México, donde reside, y Buenos
Aires, siempre con ese humor afilado, travieso e irónico. El teléfono no para de
sonar, a veces lo atiende su asistente, Rosalía; otras, el propio poeta, "el
pibe taquito", como lo llamaban sus amigos de Villa Crespo. "Nunca estuve tan
solicitado, excepto por mi mujer", bromea el flamante ganador del Premio
Cervantes, considerado el más importante en las letras hispanas y que concede el
Ministerio de Cultura de España en reconocimiento al conjunto de la obra de un
autor.
Cuando se le transmite que muchos recibieron la noticia como si hubiera ganado
un familiar, como si fuera "nuestro" padre, el poeta responde: "Quizá soy un
padre espiritual". Después de una ardua deliberación entre una treintena
de candidatos, los miembros del jurado, presidido por el director de la Real
Academia Española (RAE), Víctor García de la Concha, decidieron otorgar por
mayoría a Gelman el "Nobel español" porque el conjunto de su obra "enriquece las
letras españolas", según declaró De la Concha.
Entrevista al
recibir el Premio Cervantes (TN Noticias) |
"Creo que es un reconocimiento a
la poesía que rebasa lo personal, porque el año pasado se lo dieron a un gran
poeta español, Antonio Gamoneda. Me conmueve este premio en tiempos tan
antipoéticos y deshumanos; en este mundo donde las grandes editoriales desdeñan
la poesía, no les importa, es una tarea difícil estar peleando subjetivamente
contra todo esto que pasa", dice el poeta a Página/12. "El reconocimiento a la
poesía lo vivo como un reconocimiento a un viejísimo amor mío, así que estoy
conmovido."
Tanto García de la Concha como el ministro de Cultura, César Antonio Molina, e
incluso el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2007, destacaron la dura
historia personal de Gelman, que nunca le llevó a "abdicar de su compromiso
prioritario con la poesía", según señaló el director de la RAE. La directora del
Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, dijo que el premio, dotado de 90.450
euros, "supone el reconocimiento a la obra de uno de los grandes poetas
hispanoamericanos del último medio siglo". Caffarel agregó que desde las
primeras obras a las últimas, el poeta y periodista "ha bebido en el mejor
patrimonio de ambos lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo,
pasando por la Generación del ‘27". El autor de Violín y otros cuestiones,
Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Salarios del impío, Valer la pena, País
que fue será y el más reciente Mundar es el cuarto argentino (los otros fueron
Borges, Sabato y Bioy Casares) en recibir el Cervantes. A los 77 años, es uno de
los poetas más premiados de su generación. Ha recibido, entre otros, el Premio
Nacional de Poesía (Argentina), el de Literatura Latinoamericana y del Caribe
Juan Rulfo, el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el Ramón López Velarde y
el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
"Ayer leí en los diarios de acá que había una cantidad de candidatos de primera
fila: Nicanor Parra, Mario Benedetti, Juan Goytisolo, Juan Marsé, José Emilio
Pacheco, Blanca Varela. Y cuando vi la lista dije: "Juan, vos no, imposible".
Pero no fue así. Esta mañana me llamó el ministro de Cultura de España para
comunicarme la decisión del jurado, y me acaban de llamar Kirchner y Cristina.
Néstor me dijo que estaba orgulloso; Cristina, que se enteró cuando llegó a
Paraguay, estaba contentísima."
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-¿Por qué creía que no iba a ganar?
-Y, porque todos son nombres de primera fila...
-¿No se considera en la primera fila?
-Yo en el cine siempre me siento atrás (risas).
-¿Qué dirían los muchachos de Villa Crespo al enterarse de que "el pibe Taquito"
es premio Cervantes?
-Cuando era joven, les tuve que ocultar bastante tiempo que era poeta. En el
barrio si no fumabas, eras maricón, y si escribías poesía, eras raro. Deben de
estar contentos.
-¿Habló con su nieta, Macarena?
-Fue la primera que me llamó, salió de su trabajo para hablarme. Estaba apurada,
pero me felicitó, estuvimos cambiando bromas. Me dijo: "Te lo merecés", y le
dije que mejor no hablemos de lo que cada uno se merece porque ahí perdemos
todos...
Un joven poeta que había nacido en Buenos Aires en 1930 -entonces más conocido
como ese "pibe taquito" en los picados que jugaba en Villa Crespo-, tercer hijo
de una familia de inmigrantes ucranianos, que aprendió a leer a los tres años,
se animó a enunciar en el poema Final lo que sería su principio existencial: "La
poesía es una manera de vivir". En marzo de 1956, Gelman publicaba su primer
libro de poesía, Violín y otras cuestiones, prologado nada menos que por Raúl
González Tuñón. Su maestro celebraba ese poemario en el que "palpita un lirismo
rico y vivaz y un contenido social, pero social bien entendido, que no elude el
lujo de la fantasía". Entre otras virtudes, Tuñón subrayaba "la forma ágil,
fresca, variada en tonos y matices", de un poeta "nacional, porteño, muy
nuestro", que "recién comienza y ya está maduro". El orgullo que transmite el
prologuista se parece al de un padre que se encuentra con un hijo que le dio la
poesía. Un hijo que lo sorprende con versos memorables ("Me vio el caballo de la
calesita./ Me vio tan solo que se fue conmigo"), con lirismo y combatividad,
imaginación y espesor vital, creatividad verbal y desacartonamiento. El año
pasado, a cincuenta años de la publicación de Violín y otras cuestiones, se
reeditó este libro fundamental para la historia de la poesía argentina. Gelman
festejó, además, sus cincuenta años como periodista y fue declarado Embajador
Cultural de Buenos Aires. "Guardo por Tuñón una admiración intocable", señala
Gelman. "Además de su gran poesía, una cosa muy impactante era su sencillez; él
creía en el trabajo, no en la fama ni en ninguna de esas cosas, y creo que ésa
fue la mejor lección que me dejó."
El poeta argentino más querido y reconocido en el mundo entero ha hilvanado una
obra que deshizo y rehízo los modos de poner en juego la lengua, que hurgó en el
dolor de las peores pérdidas: su hijo Marcelo y su nuera Claudia, que se
encontraba embarazada, fueron secuestrados y asesinados por la dictadura
militar. Desde hace más de medio siglo -y con más de treinta títulos
publicados-, ha conjugado realismo con intimismo, el compromiso social y
político con la experimentación y exploración; avanza, renueva, genera un
temblor, un placer único, como si él estuviera cara a cara susurrando sus versos
a sus lectores. "La memoria es una cajita que revuelvo sin solución", escribió
Gelman en el poema Desaparecidos, incluido en País que fue será. "Hay tragedias
personales sin solución. No crea que me gusta que estén juzgando y metiendo
preso al asesino de mi hijo. Me parece importante la justicia, pero no es una
reparación. ¿Quién le devuelve a uno un hijo?", se pregunta Gelman. Cuando
celebró sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la Utpba
velaron los restos de Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó una lluvia de
pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen cayendo sobre mi
vida."
"Atravesando varias décadas de la poesía argentina, Gelman ha sido para muchos de nosotros una voz indomable y compañera, nunca la de un master, la de un prócer, sino una voz cercana y viva donde hay lugar para cualquier tema que tensa el corazón humano, que sorprende a la mirada y trastrueca a las formas en su afán de decirlo", advirtió la poeta Diana Bellesi en una columna publicada en Página/12. "Sólo eso parece importarle a Gelman, mientras se mueve en la cuna de una tradición de la lengua y también en su ruptura. Camina allí, en la extraña cornisa de la poesía, donde la herencia letrada y el habla liberta se encuentran de peculiar manera volviendo íntimo todo lo que toca, porque ésa es quizá la verdadera acción revolucionaria de la poesía."
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En esa columna, Bellessi afirmaba que Gelman va adonde es llamado, y no queda
preso de su propia plusvalía, de lo que ya ha probado con éxito. "No hay quien
enjaule a Juan Gelman, repele las etiquetas con el torrente vivo de la lírica, y
por eso siempre es nuevo y sorprendente. Un maestro que no da clases, un
protagonista de su época a quien en los ochenta escuché decir, con voz queda:
‘Tenemos que repensar lo que hemos hecho, y lo por venir’. Despojada, libre de
todo gesto altisonante, su reflexión se me ofrecía de cara a la historia
inmediata y sus luchas sociales, como esa práctica interna que debe ser, fundada
en un compromiso ético, cuando se habla desde la pequeña voz del mundo que es la
voz de la gente común y de la poesía."
-¿Los premios le dan mayor confianza en la palabra, en la poesía?
-Mi confianza en la poesía es independiente de los premios, que son un estímulo
y un reconocimiento, sin dudas, pero que no sirven para escribir el poema, que
es puro trabajo. Supongo que no escribiré ni mejor ni peor ahora que antes
porque me gané el Premio Cervantes. La poesía llega cuando ella quiere y no es
que yo pueda invocarla o convocarla, porque nadie se sienta a escribir poemas
porque quiere o porque se lo propone.
-Aunque hay zonas de mucho humor y ternura, como en Los poemas de Sidney West,
se suele definir su poesía como política. ¿Cómo se lleva con esta etiqueta?
-Es lo que pasa con todas las etiquetas, ¿no? Etiquetan un producto y después
hay que mirar para ver de qué se trata. Cuando se habla de mi poesía como
política pienso que el error está en pensar que vivo conectado a la realidad las
24 horas del día. No todo lo que sucede en el mundo me despierta la necesidad de
escribir un poema. Como ciudadano, tengo compromisos y responsabilidades que no
tienen que estar necesariamente en la poesía. La ideología de alguien forma
parte de su subjetividad, pero no es toda su subjetividad. No me afecta ni en un
sentido ni en otro que digan que mi poesía es política. Lo que me importa es mi
trabajo como poeta, no me preocupa lo que digan los demás, tienen todo el
derecho a opinar. Pero francamente lo único que influye es la lectura de la
poesía, y el trabajo de escribirla.
-¿Qué cambió en este trabajo de escribir desde Violín... a Mundar, su último
libro? ¿Los temas siguen siendo los mismos?
-Lo que cambiaron fueron cincuenta y un años de vida; por supuesto que la
subjetividad cambia y eso seguramente se traduce en la poesía. Octavio Paz lo
dijo muy bien: "La biografía de un poeta está en su obra", por eso no hay que
creérsela. Para mí la poesía sigue siendo un goce con todos los asuntos que
siempre me andan rondando: la infancia, el amor, la justicia social, la muerte.
Mis obsesiones no son muchas, pero convivo muy bien con ellas y se han vuelto
muy amigas mías.
-¿Escribe todos los días?
-No, la señora no te visita todos los días, tiene muchos pretendientes (risas).
OTRAS VOCES
- Guillermo Saccomanno (escritor): "Si el premio lo dan desde el
nombre de un renovador de la lengua como fue Cervantes, es coherente que se
lo den a Gelman, que es el poeta mayor de la lengua hoy. En este caso, es
más importante el premiado que el premio: es más grande en la poesía Gelman
que el premio. Creo que Gelman le hace mejor al premio que el premio a él.
Desde ya, mi opinión no se inspira sólo en la calidad de la escritura de
Gelman, una escritura en español comparable sólo a la que hizo Paul Celan en
el alemán, por su poder transformador del idioma. Si hay algo interesante en
la poesía de Celan es que se plantea como respuesta a la pregunta de Adorno
de si era posible escribir después de Auschwitz. Celan escribió en la lengua
de los verdugos, la astilló, la redujo a esquirlas y con eso pudo crear
belleza. Y Gelman convirtió el dolor del país de la ESMA en otra cosa: probó
que se puede crear belleza contra y después del terror. Mi opinión no es
sólo estética, sino también política: no se pueden separar el arte, la
poesía y la política. El compromiso de Gelman con la lengua y la belleza es
su más hondo compromiso político".
- Ricardo Piglia (escritor): "Es un poeta cuya obra se sostiene sola,
y me parece que eso justifica largamente el premio. Tenemos que verlo como
un premio a la poesía argentina, porque Gelman encarna como pocos una
tradición poética de mucha intensidad".
- Horacio González (director de la Biblioteca Nacional): "Hablar de
la obra de Gelman es hablar de un movimiento interno de gran conmoción
dentro de la lengua poética castellana, porque atraviesa un amplio registro
que va desde un mundo sentimental herido hasta un mundo histórico que busca
una dulzura imposible. En ese sentido, hay que destacar todos los
descubrimientos de Gelman en materia de la renovación de la dicción poética
argentina de los ‘60 en adelante. Esto presupone tocar también una cuerda
íntima popular. En ese sentido, él revisa toda la herencia popular poética
del siglo XX y, a la vez, le toca el papel del vanguardista que no quiere
ser pero es. En cuanto a lo que significa toda poesía en la conmoción del
idioma, el nombre de Gelman está asociado a dos puntos: uno es la extrema
simplificación de los sentimientos más puros, y otro en dirección a un
abanico de metáforas que trabajan con lo inesperado, con lo irresuelto y
también con lo oscuro. Lo considero fundamentalmente un gran poeta, su obra
relevante se sitúa en la reinvención de la lírica y de algún modo la pequeña
épica poética argentina de las últimas cuatro décadas. Y además, me parece
un gran ensayista periodístico. La Biblioteca Nacional, a través mío, se
expresó más o menos en estos términos el año pasado, cuando hubo una
recolección de avales y apoyos a su candidatura. De modo que por esta razón
también me alegra que se le haya concedido el premio. Su compromiso político
me parece festejable, surge en los ’60 y se continuó de una manera muy
desgarradora, expresada en la búsqueda de su nieta. De modo que el nombre de
Gelman, además de una alta poética latinoamericana, supone uno de los
mojones de la tragedia argentina, carnada en él como poeta y como militante.
Pero es el tipo de militancia que está en la poesía".
- Eduardo Galeano (escritor y poeta): "Esta es una prueba de que la
justicia existe y, como las pruebas no son muy frecuentes, es muy digna de
celebración, me alegro el doble".
- Silvia Fajre (ministra de Cultura porteña): "Es un gran orgullo que
el poeta Juan Gelman haya sido galardonado con el Cervantes, el premio más
importante de las letras hispanas. Un reconocimiento muy merecido al
conjunto de la obra de un escritor comprometido con la realidad social, sin
descuidar por ello el valor estético de su creación. A través de sus libros,
Gelman nos enseñó a resistir desde la poesía y desde la vida para superar
los tiempos difíciles de nuestro país. Como pocos, pergeñó una obra que
refleja la búsqueda de un lenguaje trascendente, la singularidad de un
estilo a través del realismo crítico, la aventura verbal y el compromiso
social y político. Lamentablemente tuvo que exiliarse en la década del ’70,
debido a la violencia política que reinaba en el país; pero su figura fue y
es un ejemplo de lucha para todos".
- José Nun (secretario de Cultura de la Nación):
"Estoy profundamente conmovido y orgulloso, como argentino, de que se haya
reconocido, una vez más, el talento excepcional de uno de los más grandes
poetas que ha dado nuestro país. Juan Gelman es un destacado pensador, un
periodista de excepcional valía, pero por sobre todas las cosas fue y es un
poeta que ha enriquecido a la cultura con su voz singular".
- Griselda Gambaro (dramaturga): "Es un premio más que merecido.
Gelman es un gran poeta, de más está decirlo, un hombre con un compromiso
muy grande con la sociedad y el tiempo en el que vive, que ha hecho en la
poesía exploraciones del lenguaje extremadamente ricas. Es un poeta
inevitable de la literatura argentina".
- Ana María Shua (escritora): "Me parece una maravilla, Gelman es uno
de los grandes poetas argentinos de todos los tiempos; es un premio
absolutamente merecido y todos nos vamos a sentir orgullosos con él. Tiene
una obra de altísima calidad literaria: desde sus comienzos hasta hoy, nunca
ha dejado de trabajar con el mismo rigor e imponiéndose a sí mismo una
intención de extrema originalidad".
- Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz): "Gelman es un poeta
que hizo caminar la palabra en la conciencia de las personas y de los
pueblos. Estoy muy, muy contento de que hayan distinguido a Juan Gelman.
Primero, porque es un gran poeta, un gran escritor, con una mirada muy
profunda sobre la vida de los pueblos. Y, segundo, por su compromiso con los
derechos humanos. Gelman hizo poesía que llegó a la conciencia y al corazón.
Además de para Juan, ésta es una distinción para el país. Espero que se le
valore por ello, porque parece que siempre tenemos que esperar el
reconocimiento externo para valorar lo que es nuestro".
- Mario Benedetti (escritor): "Es una de las voces más creadoras de
la poesía latinoamericana y un periodista muy sagaz. Me parece una
premiación muy merecida".
- Andrés Neuman (escritor): "Es de los pocos poetas, desde César
Vallejo, que han podido aunar el compromiso político con la experimentación
lingüística. Lo que me asombra en Gelman es que ha sido un poeta tan
delicadamente lírico, tan radical en sus indagaciones estilísticas, y sin
embargo siempre ha tenido una preocupación ética muy fuerte en sus poemas.
Ese es un legado incalculable. Invito a que todo el mundo lo lea".
- Noé Jitrik (escritor): "Estoy muy contento... Gelman es un
extraordinario poeta, hizo una carrera en el lenguaje muy original, propia.
Ha atravesado zonas de sufrimiento personal, pero las ha vivido bien, y ha
escrito poemas admirables".
- Mario Delgado Aparaín (escritor): "Es una hermosa noticia. La
primera sensación es de gratitud y justicia por todo lo que ha significado y
significa Juan Gelman. Gelman es el mejor poeta de América, que logró
destilar todo el dolor frente a la necesidad vital de ser feliz. Ya llegará
el tiempo de que se lo reconozca como un poeta a la altura de Antonio
Machado o Miguel Hernández, porque los tres asimilaron la poesía como el
mayor compromiso personal con la vida".
- Graciela Aráoz (poeta, presidenta de la Sociedad de Escritoras y
Escritores de la Argentina): "Considero que es muy merecido que Juan Gelman
haya obtenido el Premio Cervantes. Es el máximo exponente del ‘60 y uno de
los grandes poetas vivos que nos quedan en la Argentina. Además, es un
hombre no solamente comprometido con la escritura sino también con la vida,
con los derechos humanos: todo eso trasciende en ese compromiso fuerte que
se nota en su poesía. Así que me parece muy merecido y me honra que se lo
den a este gran escritor nuestro. Como poeta, destaco el trabajo del
lenguaje, su compromiso con la verdad; cuando digo con la verdad me refiero
a la verdad de la palabra que se dice, que se escribe. Es uno de los grandes
que construye el poema a través de una arquitectura de cimientos y de
lenguaje sensible".
- Carlos Monsiváis (escritor): "Es una justicia enorme. Juan Gelman
es un poeta muy notable, que ha venido trabajando incluso en las
circunstancias más difíciles con una pasión extraordinaria. Es muy difícil
hablar de poesía porque es un género que requiere pensar cuidadosamente en
los vicios. Su literatura es de una potencia lírica considerable, y en
última instancia regida por una idea de Dios no afiliado a las religiones".
- Daniel Chirom (poeta): "Estoy muy contento. Me parece en estos
momentos el poeta más representativo de la Argentina que existe con vida, no
solamente por su obra poética sino también por su vida, por toda la
represión que tuvimos, las desgracias, etcétera. Significa que la vida sigue
en pie y la poesía también. Eso significa para mí ese premio. El llevó al
ámbito de la poesía un lenguaje coloquial, del habla popular, mejor que
nadie. También supo hacer una intertextualidad al traer los textos de la
poesía sefaradí a su poesía, a la poesía argentina. El tiene muy claro que
si nos cortan las raíces somos esclavos del viento en cuanto a la memoria de
lo que pasa en la sociedad y la memoria de la lengua".
- Arturo Carrera (poeta): "Me llena de emoción este premio al poeta
del dolor de nuestro tiempo. Como siempre digo, la barra espaciadora que
caracteriza sus poemas es un corte suturado en el verso. Es una marca
gráfica tal vez, que no se puede vocalizar ni poner en sonido; sólo se puede
mirar, como una cicatriz. Esa barra es la señal y señuelo de la brecha que
la poesía abre entre naturaleza y cultura, entre dolor e ideología tal vez.
Pero al mismo tiempo las barras convierten sus poemas y su poesía entera en
un cuerpo herido y cicatrizado".
- Antón Arrufat (escritor): "Gelman es un excelente poeta que
pertenece a la generación de la poesía coloquial latinoamericana, que creó
todo un movimiento en América latina. Es un poeta admirado y de larga
tradición en Argentina. Me imagino que ha caído muy bien en su país y en el
resto de América latina, donde también ya ha obtenido el premio Juan Rulfo.
Gelman es también un buen prosista de combate que defiende muy bien tanto
sus ideas políticas como estéticas. Le tiendo la mano desde la isla de
Cuba".
- Miguel Barnet (escritor): "Es un poeta original que llevó el coloquialismo lírico hasta su límite máximo con una estética personal y una
vocación de entrega total a la poesía. No se parece a nadie porque su mundo
metafórico es único".
- Reynaldo González (escritor): "Este premio se le otorgó a Gelman,
pero es un premio a América. Gelman es un poeta que siempre va de lo íntimo
a lo general, a lo grande. Podríamos decir que es un poeta sufrido, que ha
vivido sufriendo, pero no amargado. Su poesía transpira humanidad sobre las
razas y las contingencias. Me dio una gran alegría, es un poeta al que la
poesía le camina por dentro".
- Carmen Caffrel (directora del Instituto Cervantes español): "Gelman
es uno de los grandes poetas hispanoamericanos del último medio siglo. Desde
las primeras obras a las últimas, ha bebido en el mejor patrimonio de ambos
lados del Atlántico: desde Juan de la Cruz a César Vallejo, pasando por la
Generación del ’27. La poesía de Gelman, que sufrió de manera desgarradora
las consecuencias de la dictadura argentina, está cargada de originalidad,
de búsqueda de un lenguaje innovador y, además, unida a las preocupaciones
sociales".
Producción Oscar Ranzani y Andrés Valenzuela.
Fuente: Página|12
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Juan
Por Osvaldo Bayer
Juan ha recibido el premio que se merecía. La alegría de ver su nombre en las
tapas. El premio a las letras que forman las palabras. A las palabras que
envuelven los sueños. Juan, el poeta de las calles, de los barrios, de las
plazas. Del dar la mano. Juan tiene mano de orfebre, de sembrador, la mano que
acaricia la vida, pero que se vuelve puño en los tiempos humillados.
Me acuerdo de cuando lo conocí. Por los años cincuenta. Unas reuniones de
poetas, escritores con esperanzas más que jóvenes. Optimistas de pura sangre.
Revistas literarias, que no se dan nunca por vencidas. Aparecen, reaparecen, se
pierden, surgen, siempre nuevas. Ya era poeta, Juan. Nosotros éramos literatos,
periodistas, ensayistas, novelistas, cuentistas. El era poeta. En los años
sesenta los sorprendí caminando adelante, a unos veinte metros de mí, a él y a
Raúl. Claro, Raúl González Tuñón. Quién otro. Estoy seguro de que iban recitando
“La costurerita que dio aquel mal paso”. Evaristo Carriego. El poeta que debe
haberlos despertado del sueño a los dos.
Juan, después, los sesenta. No sólo siguió
escribiendo poesía todos los días. Sino que también se metió con todo en la
lucha contra una sociedad que creaba villas miseria en las pampas más ubérrimas
de la Tierra. La lucha, sus búsquedas. Sus libros siempre presentes, uno tras
otro. Cada vez más comprometido. Dando la frente a los uniformes de turno. Pero
Juan se daba tiempo también para remar en el cielo buscando estrellas y
amaneceres, ninfas y silencios.
Juan ahí, tomando la revolución por la puerta
delantera, sin interpretaciones academicistas. Pero siempre poeta. Con sus ojos
más allá.
Fuente: Página|12
Pero la Muerte, de pronto. La Muerte de uniforme. Generales, almirantes,
brigadieres, comandantes, comisarios generales, secretarios privados. Y los
civiles marianizados de siempre con sus sonrisas genuflexas. Y Juan siguió en
las trincheras de la vanguardia.
Hasta que vino la derrota. El dolor profundo. Me escribiste a Berlín, Juan,
desde Roma, el 27 de mayo de 1979. No te dabas por vencido. Me comunicaste que
seguías trabajando “en un proyecto político que tiende a crear una síntesis a
partir de la derrota, un proyecto que, antes o después, me regresará al país”. Y
buscabas la razón de tu tristeza y me decías: “La pelea por conseguir una
política más sensata, la pérdida de tantos compañeros, el secuestro de mi hijo,
de su compañera, del nieto por nacer, me distrajeron de mi condición de
desterrado, me hicieron rotar por un limbo extraño, contradictorio, fantasmal y,
muchas veces, alucinado”. Y agregabas algo para emocionarse en esos años de
tantas luchas: “En poco más de un año escribí cinco libros de poemas con un par
de obsesiones recurrentes. Una, el amor, una mujer amada; otra, la derrota, la
muerte de los compañeros, mi hijo. Supongo que todo eso me distrajo también de
mi condición de desterrado. Sólo ahora la empecé a admitir. Lo que escuché
durante esa semana me llevó a reflexionar y escribir, que es mi manera de
reflexionar sobre el exilio, nuestro exilio”.
Te contesté de inmediato desde Berlín, donde vivía yo el injusto destierro, así:
“Querido Juan: no puedo decir alegría, más bien algo así como un agradecido
deseo nostálgico de recordar, de recordar tu rostro de antes y de imaginarme el
de ahora, con la belleza que da el sufrimiento a los nobles; eso es lo que sentí
al recibir tu carta. He seguido tu lucha. Te he comprendido en todos tus pasos.
Yo no puedo ser juez de un hombre de lucha, de un hombre de la permanente
vanguardia, de un hombre que es la negación del oportunismo y el ejemplo puro
del buscador nunca resignado. Juan: te he seguido más que en todo eso, en tu
poesía. Las hemos leído mil y una vez en las reuniones de solidaridad aquí en
Europa. La última, en Berlín, el público escuchó tus versos -magníficamente
leídos por dos actores alemanes- como quien se halla en un oficio divino. Por
eso, Juan, ves que todo está allí, en tu obra, para siempre. No la podrán ni
destruir ni matar ni secuestrar ni torturar ni encarcelar. Está y estará allí,
permanente. Ese convencimiento tiene que ser tu reposo, tu tranquilidad. Porque
la lucha pasada, presente y futura, está en tu poesía. Que el reposo no te
remuerda pensando en que la mejor poesía tiene que ser la acción. Porque por
sobre tu ejemplar vida de luchador resplandece la poesía. Descansa ahora de la
acción, no como resignación, sino como paso al vuelco total hacia la poesía. Las
próximas generaciones esperan: van a querer saber de la poesía de la
resistencia. Y tienes que estar vos, ya con la cabeza allí, en eso, fuerte, más
fuerte que nunca acerado por los seres queridos que ellos hicieron desaparecer,
por sus voces que escucharás todos los días, por los compañeros perdidos ya más
allá del límite del horizonte. Ahora, Juan, la concentración de las fuerzas en
la creación, que para ti es perennemente poesía. El limbo fantasmal y alucinado
tiene que dar paso ya a la sonrisa segura, generosa, del triunfo del poeta sobre
los enemigos del canto del gallo, sobre los enemigos del sol”.
Ahí mismo le propuse escribir un libro que se llamara “Exilio”. Juan aceptó de
inmediato.
Cuando leí hace unos días que Juan había obtenido una distinción así, volví a
repetir lo que siempre me llena de satisfacción: el triunfo final de la ética.
Alguien tan perseguido como Juan, con el eterno dolor de haber perdido a su hijo
y a su nuera embarazada por obra de la bestial represión militar, era reconocido
ahora como un poeta fundamental del presente. En cambio, los que lo persiguieron
ya están malditos por todas las generaciones. Quisieron matar la poesía y surgió
la pluma que derrotó todas las armas, todos los instrumentos de tortura, la
desaparición.
Así dice Juan en Exilio: “No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero
era mi estar, las veces que temblé ante los muros del amor, las veces que fui
niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a
sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho,
tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o
enturbiar”.
Y así fue. A Juan le acaban de dar un ramo de flores. Hemos aplaudido los que lo
conocemos y los que lo leen.
Juan, poeta y luchador por la sonrisa de los niños. Juan Gelman.
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Una
vida con ética y compromiso
Juan Gelman: poeta y periodista
Por Héctor Corti, ANC-UTPBA
Buenos Aires, 9 de marzo de 2006 - Juan Gelman, con casi 76 años priorizando la
ética y el compromiso militante con la vida y la humanidad, es uno de los
mejores ejemplos de lo que alguna vez dijo: "Creo que es imposible que el ser
humano deje de ser utópico, que deje de sentir la necesidad de pelear contra la
injusticia y de defender la dignidad".
Desde su nacimiento, un 30 de mayo de 1930 en el barrio porteño de Villa Crespo
-cuando decidió acompañar a su madre porque "corresponde a un caballero estar
con una mujer querida en una zona difícil como el parto"- hasta estos días, con
su residencia permanente en la ciudad de México, pasaron por la vida de Gelman
muchas hojas de muchos almanaques conteniendo poesías, artículos periodísticos,
militancia, exilio, búsqueda, encuentros.
La cultura y el arte, así como las cuestiones sociales, fueron parte de la
cotidianeidad en aquel hogar de inmigrantes ucranianos formados por José Gelman,
un socialrevolucionario que sufrió la persecución y el destierro, y Paulina
Burichson, una estudiante de medicina de origen judío, hija de un rabino.
También tuvo un temprano contacto con la palabra -"esa cosa que está rodeada de
silencio"- de distintas formas: en el ejemplo que su padre le daba a partir de
su gran afición a la lectura y la búsqueda del conocimiento; en el relato de
cientos de historias que le hacía su madre; en las poesías en ruso que le leía
su hermano mayor Boris.
La palabra es la base de los dos caminos elegidos por Gelman para transitar en
su vida, el de la poesía y el periodismo, "que nunca llegan a interferirse", y
que tienen dos lenguajes distintos, "íntimamente enraizados con diferentes
misterios de la vida".
El camino de la poesía se presentó en su vida, quizá influenciado por aquel
"amor no correspondido" en su niñez, inspirador de los primeros versos que
fluyeron en un poeta que no sabe bien por qué se escribe, pero sí que "es
imposible no hacerlo".
El periodismo, en cambio, fue la profesión que eligió para tener la posibilidad
de estar cerca de la palabra. "Aunque la razón era equivocada, el oficio me
pareció espléndido. Me permitió entrar en contacto con personas y realidades que
alimentan mi escritura. El periodismo también es literatura. Pero algunos
periodistas no se dan cuenta".
El colegio y el barrio conformaron dos espacios importantes durante la
adolescencia de Gelman. En el Nacional Buenos Aires "me rozaba con gente de otra
clase". Y el barrio representó "el escalafón completo: billar, mujeres,
organillo, fútbol, milonga y esas cosas".
Dentro de "esas cosas" también estaba la poesía. Y la decisión tomada un buen
día de ser poeta, dejando de lado sus estudios de Química. Entonces, junto a
otros muchachos como Héctor Negro, Hugo Di Taranto o Julio Silvani, comenzó a
compartir un sueño que se convirtió en realidad. Ellos fueron algunos de los
integrantes del grupo literario "El pan duro", cuyo objetivo era la edición de
libros. Y el primero fue, justamente, el de Gelman.
Era 1956 cuando "Violín y otras cuestiones", prologado nada menos que por Raúl
González Tuñón, vio la luz y marcó el inicio de una producción intelectual tan
prolífera como apreciada, que trascendió las fronteras y le prodigó
reconocimientos en el ámbito nacional e internacional.
Aquellos días también fueron de tránsito por el otro camino, el del periodismo.
Una profesión que nunca abandonó, ejerció con pasión y que a lo largo del tiempo
demostró su gran capacidad profesional. Esas condiciones le permitieron ocupar
espacios destacados en las redacciones de varias revistas, diarios y agencias de
noticias.
El compromiso político y la militancia fueron otros aspectos que estuvieron
presentes desde muy joven en la vida de Gelman. Fue así que con apenas 15 años
ingresó al Partido Comunista, y años más tardes, apenas comenzada la década del
’70 se sumó a la izquierda peronista.
Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México fueron algunas de las ciudades
del mundo por donde transitó durante su exilio, cuando la noche de la criminal
dictadura militar cayó con toda su crueldad sobre la Argentina.
El secuestro y desaparición de su hijo, Marcelo Ariel, y de su nuera, María
Claudia García Iruretagoyena, embarazada de siete meses, fue el golpe más duro
que esa dictadura le asestó a Gelman y su familia. Ahí nació una nueva lucha,-
junto a los organismos de derechos humanos, familiares y amigos- en la búsqueda
de su hijo, de su nuera y el de su nieta, luego de recibir la confirmación de
que había nacido en cautiverio.
Los restos de Marcelo Ariel fueron encontrados en enero de 1990 y se velaron en
la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires. De María Claudia
García Iruretagoyena, se presume que está enterrada en alguna dependencia
militar de Uruguay, junto a otros desaparecidos.
En tanto que su nieta, que había sido entregada por los militares uruguayos a un
comisario de ése país, fue encontrada en 2000. Por voluntad de ella se le
hicieron los estudios genéticos y se confirmó que era la hija de Marcelo y
Claudia. Así, recuperó su verdadera identidad. En 2004, concluyó con su trámites
para lograr llevar el apellido de sus padres, hoy con sus 29 años es: María
Macarena Gelman García Iruretagoyena.
"Creo que es imposible que el ser humano deje de ser utópico, que deje de sentir
la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad". Claro
que sí, Juan Gelman, claro que sí (ANC-UTPBA).
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Homenaje
por los 50 años en el periodismo
Para marcar su trayectoria en la profesión, doscientos periodistas saludaron al
poeta, que estuvo acompañado por su nieta María Macarena y por su mujer, Mara
Lamadrid
Por Silvina Friera (10/03/06)
Cuando Juan Gelman tomó el micrófono, doscientas personas se pusieron de pie,
emocionadas, en la Unión de Trabajadores de Prensa (Utpba). Ahí estaba el "amigo
Juan", ese gran poeta que enfrentó lo injusto de este mundo con un puñado de
palabras que están grabadas en la memoria de los argentinos. El poeta, que
celebra sus cincuenta años como periodista, recordó que en otro local de la
Utpba se velaron los restos de su hijo Marcelo. "Cuando partió el cortejo, cayó
una lluvia de pétalos de rosas de uno de los edificios. Y esos pétalos siguen
cayendo sobre mi vida." Con ese estilo susurrante, de hablar bajito como si
estuviera pidiendo permiso, Gelman, que estuvo acompañado por su nieta María
Macarena, bromeó: "Uno llega a los 75 años por distracción". En el homenaje a
este trabajador de la palabra, que publicó su primer poemario, Violín y otras
cuestiones, en marzo de 1956, estuvieron el periodista Horacio Verbitsky y el
secretario general de la Utpba, Daniel Das Neves.
Con una escenografía más que significativa -las fotos de Rodolfo Walsh y Haroldo
Conti-, Das Neves subrayó la calidad del periodismo ejercido por el poeta.
"Todos hemos compartido una redacción con Juan, seamos conscientes o no", señaló
el titular de la Utpba. "Con crónicas profundas, opiniones contundentes, con su
compromiso visceral y una prosa implacable, Gelman peleó por una vida digna y no
permitió que se instale el olvido ni la distracción." Para Das Neves, el
homenaje fue un acto de justicia, dedicado a quien hace cincuenta años que "viene trabajando con la palabra justa para deleitarnos y conmovernos".
Verbitsky dijo que conoció a Gelman en unas jornadas de lectura de poesía que se
hacían en el sótano de un teatro. "Juan y Paco Urondo leían sus poemas y era
sorprendente que la poesía pudiera convocar a tanta gente en el Buenos Aires de
fines de la década del 50. Y la palabra de Paco y de Juan nos hacía vibrar, era
una poesía muy bella que hablaba el lenguaje de la vida cotidiana." A los 22
años, Verbitsky tuvo el extraño privilegio de ser el jefe de Gelman en la
redacción de la revista Confirmado. Claro que al principio Verbitsky pensó que
le tendría que dar un tiempito al poeta para que se adaptara a los tiempos y el
estilo de la revista. "Pero cómo no se iba a adaptar ese poeta maravilloso a la
redacción. Nunca tuve que corregirle ni una sola letra de lo que escribía",
confesó.
En la década del ’70, "años dramáticos y de mucha urgencia" -en palabras del
autor de Robo para la corona-, cuando el oficio periodístico y la militancia
empezaron a transitar por la misma senda, Gelman y Verbitsky compartieron la
redacción del diario La Opinión. "Las páginas culturales de Juan son un ejemplo
de periodismo de calidad y de compromiso con las luchas populares", precisó
Verbitsky. Los tantos se invirtieron en el diario Noticias: el poeta fue jefe de
Verbitsky. Los caminos se bifurcaron antes del golpe militar. En 1975 Gelman se
exilió y recién a fines de la dictadura volvieron a encontrarse en una estación
de subte de París. "Juan fue el gran organizador de las denuncias y logró el
aislamiento de la dictadura." A partir del reencuentro, aparecieron las
coincidencias, pero también las discusiones sobre las perspectivas de un futuro
revolucionario. "Eramos fósiles que a lo máximo que podíamos aspirar era a ser
el combustible para las próximas generaciones."
"No comparto la teoría de Horacio de que soy un fósil", bromeó Gelman. "Nos
queda su actitud, su compromiso y calidad en el uso de la palabra", concluyó
Verbitsky.
Un
abrazo con la nieta
María Macarena se fundió en un abrazo
con su abuelo Juan y fue encargada de entregarle un recordatorio a Gelman, junto
con Daniel Das Neves. Horacio Verbitsky recordó anoche que la mayor obra
periodística del autor de Violín y otras cuestiones y País que fue será fue su
investigación sobre los horrores de la dictadura militar uruguaya. Al secuestro
y desaparición de su hijo Marcelo, se añadió el dolor de otra pérdida
irreparable: María Claudia Iruretagoyena, su nuera, que había sido trasladada a
Uruguay embarazada, donde nació la nieta de Gelman. El poeta nunca bajó los
brazos y enfrentó la complicidad del ex presidente Julio María Sanguinetti con
los militares. "El trabajo de Juan permitió el reencuentro de Macarena con su
identidad y con su historia", subrayó Verbitsky. El epílogo de esta lucha
llegará cuando el poeta pueda recuperar los restos de su nuera. En el encuentro
de ayer también estuvieron Cristina Banegas, Rogelio García Lupo, Nora Cortiñas
y otras Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Osvaldo Bayer, entre otros.
Página/12, 11/03/06
EMOTIVA CELEBRACIÓN DE LOS 50 AÑOS
DE GELMAN EN EL PERIODISMO
Estuvo presente su nieta María
Macarena Gelman García Iruretagoyena
Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- El colmado auditorio "Gregorio
Selser" de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) albergó en
la noche de hoy, viernes 10, la emotiva celebración de los 50 años en el
periodismo del poeta y escritor Juan Gelman.
Las cálidas palabras del secretario General de la UTPBA, Daniel das Neves, sobre
la integridad, la ética, la capacidad profesional y el compromiso de Gelman y el
recorrido sobre la vida profesional y militante, realizada por el periodista
Horacio Verbitsky, fueron expresando el significado y el sentido más profundo
del acto homenaje.
Uno de los momentos más emotivos de la noche se produjo cuando Das Neves invitó
a María Macarena Gelman García Iruretagoyena, al estrado para hacerle entrega
Gelman, en nombre de los periodistas, de un cuadro, de Alberto Oris.
María Macarena, que nació en cautiverio en Uruguay, es hija de Marcelo Gelman y
María Claudia García Iruretagoyena, quienes fueron asesinados durante la
dictadura (ver aparte).
Con dos gigantografías a su espalda, una de Rodolfo Walsh y otra de Haroldo
Conti, Gelman se sumó a la mesa para expresar su emoción de que este homenaje se
haya realizado en la sede de la UTPBA y recordar que en otro de los locales de
la entidad, fueron velados los restos de su hijo Marcelo, luego de su
identificación en enero de 1990.
"Cuando el cortejo partió, de los balcones cayeron una lluvia de pétalos de
rosa. Nunca lo voy a olvidar. Esos pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo
Gelman (ver aparte).
La periodista Claudia Quiñones, secretaría de Cultura de la UTPBA, quien
presentó el acto, destacó el valor de la presencia de Gelman "en la casa de los
trabajadores de prensa" y recordó que la actividad se enmarcó en la semana de
homenaje realizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires y la Casa del Escritor de Buenos Aires.
"Para la UTPBA homenajear a Juan Gelman en sus 50 años de periodista-trabajador
de prensa es, también, homenajear un tipo de periodismo y no otro. Un tipo de
periodismo que se entiende con un sentido de la vida y no con otro. Con una
mirada y no con otra. Ese otro al que lejos se está de ignorar", enfatizó Das
Neves.
El secretario General de la UTPBA dijo más adelante que "Juan Gelman cumple 50
años de periodista. De un periodismo donde la prosa implacable no permite que
holocaustos, dictaduras, genocidas, torturadores, criminales, apropiadores de
bebes, explotadores intenten ni el olvido ni la distracción, ocultando
responsabilidades asesinas bajo el felpudo de la impunidad. Lo saben, entre
otros, quienes todavía se niegan a entregar el cuerpo de María Claudia, su
nuera".
También señaló que ejerce "un periodismo que sabe reconocer mentirosos,
hipócritas, pusilánimes y traidores en el escenario que analiza y también entre
los pretendidos pares. De un periodismo que se va por la verdad, esa verdad que
-recordaba el propio Gelman hace unos años- para los atenienses era el verdadero
antónimo del olvido: la verdad de la memoria en la memoria de la verdad. Un
periodismo que no se plantea falsas antinomias entre su deber ser y las
ideologías o la objetividad".
Luego, Verbitsky recordó que con Juan Gelman compartieron 43 años en el
periodismo y realizó un repaso por los tiempos en que lo iba a escuchar cuando
leía sus poemas, las redacciones donde estuvieron juntos, así como los espacios
de militancia "en aquellos tiempos, después de las horas de trabajo" y la
importante actividad para denunciar a la dictadura militar que realizó.
El columnista de Página 12 contó que fue jefe de Gelman en la revista
Confirmado, y que pese a que era poeta y no conocía bien el oficio "nunca tuve
que corregirle una sola nota, porque las escribía mejor que nadie", y señaló más
adelante que años después se invirtieron los papeles y "Gelman fue mi jefe en el
diario Noticias".
Verbitsky finalizó su intervención sosteniendo que "las ideologías y los
alineamientos de aquellos primeros días en que escuche la lectura de un poema de
Juan y de Paco (Urondo) forman parte de la prehistoria. Lo que queda presente es
una actitud de su compromiso, una calidad en el uso de la palabra, una
profundidad en la entrega, una fidelidad a las personas y a los valores, a los
compañeros muertos y vivos, a los sueños que no dejamos de soñar y por los
cuales seguiremos luchando inspirados por Juan hasta el último días de nuestras
vidas. Por todo eso Juan, muchas gracias".
La Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) se sumó a la actividad con
la entrega a Gelman de un credencial de miembro honorario de la organización
(ver aparte).
Osvaldo Bayer, Nora Cortiñas, Gustavo López, Cristina Banegas, Stella Calloni,
Lilia Ferreira (compañera de Rodolfo Walsh). David Blaustein, Rogelio García
Lupo, Héctor Carrica, Javier Urondo, Julio Santucho, Jorge Berneti, Eduardo
Jozami, Lila Pastoriza. Miguel Repiso (Rep), Miguel Talento, Esteban Mc
Allister, Jorge Boccanera, Nora Lafón, Nora Anchart y Rodolfo Braceli, fueron
algunos de los asistentes al masivo acto, en el que también participaron
organizaciones culturales, sociales, gremiales, de derechos humanos y vecinales.
También se hicieron presentes el embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño
Mayer, representantes del astillero Río Santiago y delegados de medios gráficos
y audiovisuales de la Argentina.
Por su parte, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Ezquivel le envió a Gelman
un cálido saludo (ANC-UTPBA).
Juan
Gelman celebró en la UTPBA su historia en el periodismo
"SI VEINTE AÑOS NO ES NADA, CINCUENTA SON DOS Y MEDIA VECES NADA"
Das Neves, Gelman y Verbitsky junto a María Macarena, nieta del escritor.
Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- "Estoy emocionadísimo por este
encuentro, que siento no es personal, si no que tiene que ver con tantos
compañeros. También me emociona mucho el hecho de que sea en el sindicato. En
otro local (de la UTPBA), que no es éste, cuando encontraron los restos de mi
hijo Marcelo, decidimos velarlo públicamente allí. Cuando partió el cortejo
fúnebre, de los balcones de ese edificio cayó una lluvia de pétalos de rosas.
Esto es algo que yo no puedo olvidar, y si se me permite la sensiblería, esos
pétalos siguen cayendo sobre mi vida", dijo Juan Gelman, durante la celebración
de sus 50 años en el periodismo organizado por la UTPBA.
"Agradezco muchísimo la presencia de ustedes, colegas de hoy y colegas de ayer.
Y quiero agradecer al sindicato, quiero agradecer a ustedes la presencia.
Hablaron de una manera que voy a necesitar tres o cuatro ‘egotecas’ para
acumular todo lo que aquí se dijo. Por supuesto la amistad es generosa y
exagera. Tanto en el diario Noticias, como en lo que fue la voz de solidaridad
internacional, y de denuncia de los crímenes de la dictadura militar, fuimos
muchos los que participamos, en el diario en particular", remarcó.
Gelman recordó que "todas las noches, para cerrar tapa, solíamos reunirnos Paco
(Urondo), Horacio (Verbitsky), Rodolfo (Walsh) y yo, para decidir los títulos y
las fotos. No voy a disimular que esas reuniones estaban convenientemente
regadas de ginebra, cosa que le contribuía mucho a la creatividad del diario.
Sigo convencido de eso. Solamente esto les quería decir. Si veinte años no es
nada, cincuenta son dos y media veces nada" (ANC-UTPBA).
Durante
el homenaje realizado en la UTPBA por sus 50 años en el periodismo
LA FELAP LE ENTREGÓ A JUAN GELMAN UNA CREDENCIAL HONORARIA
Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- La Federación Latinoamericana de
Periodistas (FELAP) expresó su "profundo afecto y respeto al compañero Juan
Gelman, en este día que tanto le pertenece y que tanto nos honra como
periodistas, escritores y, por sobre todo, como luchadores políticos y
sociales", en el marco del homenaje que el poeta y periodista recibió hoy en el
auditorio Gregorio Selser de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires
(UTPBA).
Durante la ceremonia, Gelman recibió de mano de la periodista Lidia Fagale, en
representación de la FELAP, una credencial de miembro honorario, debido a su
trayectoria de 50 años dentro del periodismo.
"Su lucha inquebrantable por un mundo mejor, es la lucha del hombre militante de
las palabras y los hechos", sostuvo la FELAP, principal entidad de periodistas
de la región, en un comunicado firmado por su presidente, Juan Carlos Camaño, en
el cual destaca la obra y el compromiso del poeta y periodista hacia la
profesión y las cuestiones sociales. (ANC-UTPBA).
La
nieta de Juan Gelman compartió el homenaje por los 50 años en el periodismo
MARÍA MACARENA ESTUVO PRESENTE EN LA UTPBA
Imágen: María Macarena junto a su abuelo y la prima de su mamá desaparecida, la
periodista Gabriela Sharpe.
Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (ANC-UTPBA).- Por primera vez María Macarena
Gelman García Iruretagoyena participó en una actividad pública. Lo hizo en la
UTPBA para estar presente y acompañar, con toda su emoción, a su abuelo Juan
Gelman, en el homenaje por los 50 años en el periodismo.
María Macarena, de 29 años, es hija de Marcelo Ariel Gelman y María Claudia
García Iruretagoyena, quienes el 24 de agosto de 1976 fueron secuestrados por la
dictadura militar de la Argentina.
Marcelo Ariel, fue asesinado y sus restos recién pudieron ser encontrados e
identificados en enero de 1990, para finalmente ser velados en la sede de la
UTPBA.
María Claudia, que estaba embarazada de siete meses, fue una víctima del Plan
Cóndor, ya que fue trasladada a Uruguay, allí tuvo a su hija en el Hospital
Militar, y luego la alojaron en un centro clandestino. Se presume que su cuerpo
está enterrado en alguna dependencia militar de ese país.
María Macarena fue arrancada de los brazos de su madre y entregada a un
comisario uruguayo, quien junto a la esposa, la inscribieron como propia dándole
una identidad falsa.
Al tener la confirmación del nacimiento de un nieto o una nieta, tanto los
abuelos paternos, Juan Gelman y Berta Schuberoff, como los maternos, María
Eugenia Cassinelli y Antonio García Iruretagoyena, comenzaron su búsqueda
-sumada a la de su madre María Claudia-, junto a organismos de derechos humanos,
amigos y familiares.
María Macarena fue ubicada a fines de 1999 residiendo en Montevideo, ciudad de
Uruguay, en donde por propia voluntad se realizó los estudios genéticos, que le
confirmaron ser la hija de Marcelo Ariel y María Claudia.
El proceso judicial que siguió a su identificación culminó en 2004, cuando luego
de realizar todos los trámites, pudo recuperar su propia identidad. A partir de
ese momento comenzó a llamarse María Macarena Gelman García Iruretagoyena.
María macarena siguió todo el acto con marcada emoción y sus ojos recorrieron
continuamente la escenografía del lugar, donde las imágenes de periodistas
desaparecidos, entre ellos su padre, rodeaban a los presentes entrelazando
historias, bellas y enormes historias de lucha, de vida (ANC-UTPBA).
Juan
Gelman, a los cincuenta años de poeta y periodista
"ME DISTRAJE. LLEGUÉ A LOS 75 SIN DARME CUENTA" (*)
Buenos Aires, 10 de marzo de 2006 (Por Susana Viau (**), ANC-UTPBA).- El poeta
Gelman está en Buenos Aires, su ciudad, que lo homenajea por cinco décadas de
escribir, hablar, crear. Una charla que recorre su vida desde los inicios, la
casa en la calle Canning, el fútbol, el tango, la militancia, el exilio y la
búsqueda de la familia que le desaparecieron. Y en la que se descubre que
también hace 50 años nació su hijo asesinado.
Si Juan Gelman tuviera que hacerse una entrevista, se enfrentaría a dos
dificultades. La primera, obtenerla; la segunda, la voz, "porque hablo muy
bajo". Pero en esta oportunidad se ha sometido al encuentro con resignación.
Sabe que el mal trago es parte de un paquete que incluye su designación como
profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, Doctor Honoris Causa de la
Universidad de Quilmes y embajador cultural de la ciudad de Buenos Aires.
La elección del momento no es arbitraria: se cumplen cincuenta años de la
edición de su primer volumen de poesía, Violín y otras cuestiones, y otros
tantos de su iniciación como periodista. En cuanto a la voz, de a ratos
inaudible, Gelman tomará sus precauciones y mantendrá muy cerca el micrófono. Es
una mañana soleada, a metros de la Plaza San Martín; el lobby del hotel es
tranquilo y Gelman está de buen humor, esto es, filoso, irónico, burlón, aunque
aproveche los tramos iniciales para clavar una pica en Flandes y recordar que
aún queda por recuperar el cuerpo de su nuera, María Claudia García
Iruretagoyena, una tarea que se ralentiza en los cuarteles uruguayos.
"Y todo muy bien", dirá con desencanto. La charla, involuntariamente, llevó a
Página/12 a otro descubrimiento: también hace 50 años, cuando Juan Gelman tenía
26, nacía el mayor de sus dos hijos, el varón, Marcelo, secuestrado y asesinado
por la dictadura militar. La hija, Nora, vendría al mundo un año después. El
hallazgo periodístico, sin embargo, no había sido sino una secuela de la
distracción. Porque el dato estaba escrito allí, en uno de los últimos poemas de
Violín... que dice "Tal vez el mundo cabe en la cocina/donde hablamos del
hijo/El futuro es un rostro, un dulce nombre/una sangre en camino a este
camino".
- Viene poco, últimamente.
- En realidad, hasta el año 2000, cuando encontramos a mi nieta, yo venía a la
Argentina dos o tres veces por año, siempre en función de la investigación.
Después, en el 2001, 2002, volvimos tranquilos, de vacaciones. En el 2003
estuvimos una semana, para ver a Kirchner por el tema de los restos de mi nuera.
- Despreocúpese del micrófono. Lo importante es la respuesta, no la pregunta. Yo
no soy Victoria Ocampo.
- Tenés suerte... Y encima te quejás.
- Hablábamos de los regresos.
- En ese tiempo se creó una situación delicada. Kirchner se enfrentó con Batlle,
hubo tensiones muy fuertes. Tampoco quise ir a la asunción de Tabaré, aunque la
gente del Frente me lo insinuó. ¡Bah! Me dijeron directamente: "Tenés que
venir". No lo hice. Preferí ver cómo evolucionaban las cosas. Bueno, ya sabemos
cómo está el asunto de los derechos humanos en Uruguay.
- O cómo no está.
- Sí, más bien cómo no está. Tabaré quitó el caso de mi nuera de la Ley de
Caducidad. Todo muy bien, pero la Justicia uruguaya volvió a archivarlo. Y todo
muy bien. Igual, hay ciertos hechos positivos: por ejemplo, que estén buscando
en los cuarteles. Claro que el ex comandante en jefe Bertolotti (¿te acordás de
ese programa de radio que popularizó lo de "Bertolotti, no me mientas"?) llevó a
mi nieta al Batallón 14 y le dijo: "Acá, en un radio de cinco metros cuadrados,
están los restos de tu madre". Cinco metros cuadrados. Ya llevan cavados dos mil
quinientos. La otra cosa positiva es que encontraron e identificaron a dos
personas desaparecidas. Una la ubicó el jefe de la Fuerza Aérea, que contó que "en una chacra de Pando están enterrados dos desaparecidos". En el Batallón 13,
donde se suponía que no había nada y donde nosotros insistimos en que están los
restos de mi nuera, apareció una osamenta completa, que se identificó y es el
padre de Javier Miranda. Después encontraron restos que se supone son de mujer
pero no sabemos todavía a quién corresponden.
Esto sirve en el sentido de que la sociedad uruguaya está empezando a saber
públicamente -suponiendo que antes no lo supiera- qué barbaridades se cometieron
durante una dictadura de la que se decía era una dictadura buena porque no
secuestraba niños ni fusilaba. En el informe de la Comisión para la Paz, los que
murieron por tortura "fallecieron". Dicen que no hubo ejecuciones y el caso de
mi nuera demuestra lo contrario. Y está el llamado "segundo vuelo", del que el
propio comandante en jefe de la Fuerza Aérea dijo que había existido y estuvo a
cargo de la OCOA, del ejército. En ese vuelo, más de veinte uruguayos
secuestrados en la Argentina fueron trasladados al Uruguay y fusilados.
- Sin ese objetivo concreto, ¿cómo siguió la relación con Buenos Aires?
- Hubo dos años en que volvimos, como siempre. Luego vino esta situación
delicada. Yo no podía aparecer presionando a Kirchner. El tema ya está ubicado a
nivel de gobiernos.
- ¿Qué tal se vive tan lejos de Dios?
- Yo creo que Dios estuvo lejos de mí desde hace mucho. De manera que... éste es
el lado del asunto que no tiene solución.
- Si lo prefiere, tan cerca de Estados Unidos.
- Bueno, yo no sé qué lugar queda lejos de Estados Unidos. Fijate vos lo que
está pasando en Irak, que parecería estar tan lejos de Estados Unidos. En México
estoy cómodo. Tengo una vida recoleta, leo, trabajo, escribo...
- ... de noche, como casi todos los de su generación.
- Sí, en general, sí. ¿Eh? ¿qué querés decir?, ¿que toda mi generación escribía
de noche?
- Bueno... era una mala costumbre.
- A falta de... ¿O vos lo decías por la edad? Porque... sí, lo decías por la
edad. Con el tema de la edad, ¡qué te puedo contar! Me distraje. Llegué a los 75
sin darme cuenta. La única ventaja es que el tiempo envejece con uno. Así, no
hay problema.
- Cincuenta años con la poesía o con el periodismo, es un número...
- Por eso te digo, me distraje. No encuentro otra explicación.
- Fue una vida, digamos, movida. ¿Queda alguno de los amigos de Villa Crespo?
- Mirá, algunos hay todavía. Otros fallecieron, por causas naturales y de las
otras. Cada vez que vengo a Buenos Aires, voy para allá.
- A la casa de sus padres...
- La casa de mis padres ahora es un negocio. Vivíamos en Canning al 300. Ahí, en
esa misma cuadra, nació Pugliese.
- Era el escritor del grupo.
- Yo fui el único que salió escritor y lo tenía que ocultar cuidadosamente. Pero
los muchachos fueron cariñosos conmigo. Como éramos todos de Atlanta había una
cierta solidaridad en la desgracia. Y fijate que en Atlanta me hicieron el
homenaje más grande de mi vida: inauguraron una biblioteca y le pusieron mi
nombre. Claro, después de todo lo que Atlanta me hizo sufrir, me lo debían, fue
una especie de compensación.
- A la esquina de Canning y Vera le siguió El Pan Duro.
- El grupo inicial de El Pan Duro éramos Héctor Negro, Hugo Di Taranto, Juan
Hierba, que en realidad se llama Nemirosky, que se exilió en España y se quedó,
Carlos Somigliana, que después derivó a la dramaturgia, y yo. Había un sexto,
del que no acabo de acordarme. Muy poco después se agregaron Juana Bignozzi,
Atilio Castelpoggi. Eramos gente de la Juventud Comunista y alrededores, nos
reuníamos en cafés y, como nadie nos publicaba, decidimos autopublicarnos.
Empezamos a hacer actos, lecturas. A una de ellas, la que hicimos en el viejo
teatro La Máscara, asistió Raúl González Tuñón y de algún modo nos apadrinó. El
orden de publicación de los libros lo decidíamos entre todos, en votación
secreta. A mí me tocó ser el primero con Violín y otras cuestiones.
Necesitábamos sello editorial y por intermedio de González Tuñón llegamos al
viejo Gleizer, Manuel Gleizer, que era un viejo absolutamente extraordinario.
Era de Odessa.
- Como su madre...
- Sí, mi madre era de un pueblito muy cercano a Odessa. Gleizer tenía en
Triunvirato, que entonces era Corrientes, un bolichito donde vendía ropa. Era un
lector empedernido y empezó a vender libros también. Ese lugar se convirtió en
una peña donde iban pintores, intelectuales. El editó los primeros libros de los
desconocidos de entonces: Borges, Marechal, la generación del ’22. Cuando
llegamos nosotros, Gleizer ya no editaba más, pero generosamente nos prestó el
sello y se ocupó. Fue uno de los primeros editores que tuvo la Argentina, porque
antes los libros los editaban las imprentas. El tuvo esa audacia.
- ¿El oficio de periodista cuándo arranca?
- En el ’56. En Orientación, que era un semanario, órgano oficial del Partido
Comunista. Escribía de todo, porque era un semanario donde, que yo recuerde, se
tocaban temas obreros, temas sociales, temas internos a veces.
- ¿Y en la prensa comercial?
- Empecé en el año 1966 en Confirmado. Después trabajé en Panorama y en La
Opinión.
- Si no recuerdo mal, en Panorama, al caer la tarde, se escapaba con Paco Urondo
a tomar calvados a un boliche del Bajo que mantenían en secreto. Paco decía que
el calvados le recordaba a Ingrid Bergman y Charles Boyer. Eran muy peliculeros
ustedes.
- Si vos lo decís... Y también a mediodía nos escapábamos a una parrilla que
estaba en Belgrano y Costanera Sur. Íbamos con El Moro (Edgardo) Da Mommio,
Edmundo Eichelbaum y Paco a comer vacío del ala. El boliche era de un asturiano
muy simpático y pedíamos "del ala" porque era el más tierno.
- Entre esos compañeros de trabajo estaban algunos de sus grandes amigos...
- Claro. El Moro Da Mommio, Paco Urondo. Los otros eran José Luis Mangeri, Juan
Carlos Portantiero, Andrés Rivera. Con algunos de ellos habíamos formado el
grupo Nueva Expresión y después La Rosa Blindada, un invento de Mangeri y de
Brocato. Ellos nos editaban. La Rosa Blindada jugó un papel político en ese
momento. Éramos gente que se había ido del PC. En mi caso, me echaron porque me
fui. Una medida higiénica necesaria: si un tipo se va, hay que echarlo.
- Será porque el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.
- Sí, debe haber sido así, me echaron por las dudas. Pero lo de la Rosa Blindada
fue muy interesante, escribía gente como el gordo Cooke, era un esfuerzo
transversal, como se dice ahora, de la izquierda. Después Mangeri se dedicó a
una tarea editorial muy importante.
- Por esos años volvió a militar.
- Sí, después de años de no andar en nada. Porque del ’64 al ’67 hubo un vacío
tremendo en la izquierda. Vos dirás si ese vacío sigue o no...
- ¿Quién fue el contacto con las FAR, si se puede saber?
- Paco y yo teníamos un pacto: el primero que se enteraba de algo le avisaba al
otro. El se enteró primero por la hija y me avisó. Antes de eso, en el ’64, se
había producido el intento del Comandante Segundo, que fracasó. Después, cuando
también falla lo del Che en Bolivia, gente que estaba relacionada con ese
proyecto y había quedado suelta, sin organización en la Argentina, forma lo que
se llamó las proto FAR y luego dio origen a las FAR.
- ¿Y el pasaje a Montoneros?
- Después del triunfo de Perón tratan de fusionarse Descamisados, Montoneros y
FAR. Digo tratan porque en realidad esa conducción, que constituían dos hombres
por organización, nunca se fusionó realmente. Era un especie de sincresis, no de
síntesis. En las FAR, que eran guevaristas antes del regreso de Perón, existía
la preocupación por llegar a una clase obrera que era en su mayoría peronista
pero, ante todo, era clase obrera. Nunca pudimos resolverlo. La fusión con
Montoneros permitía eso, de algún modo.
- ¿Cuántos años tenía al nacer su primer hijo?
- Cuando nació mi hijo yo tenía... 26.
- O sea que también de eso hace medio siglo...
- Así es, hace cincuenta años del nacimiento de mi hijo también. Nora, mi hija,
nació un año después.
- Este 2006 tiene su...
- ... su densidad. Sí, tiene su densidad.
- ¿Cómo compatibilizó la vida familiar con la militancia?
- Bueno, no eran demasiado compatibles.
- La poesía tampoco.
- Mirá, la poesía es una situación más o menos inevitable. Afortunadamente, para
el lector es evitable. Para el que la escribe, no. A mí me admiraba lo de
Rodolfo Walsh o lo de Paco Urondo, que seguían escribiendo. Y eso que Paco tenía
una responsabilidad grande en la organización, yo no.
- Urondo admiraba a René Char. Siempre que lo nombraba agregaba: "el comandante
Alejandro"
- ... que era el nombre de guerra de Char en la Resistencia francesa. Paco dejó
un libro inédito, que desgraciadamente se perdió y del cual se publicaron sólo
algunos poemas en la revista Crisis: Poemas de Batalla. Paco escribió hasta
último momento y Rodolfo igual.
- ¿Y usted?
- Yo también, ¡cómo no!
- Había un puñado de poetas militantes. Miguel Angel Bustos, del PRT,
desaparecido en 1976, era un poeta exquisito. Sin embargo, la poesía no se
cotizaba bien en las organizaciones. Quizá fuese porque las direcciones no eran
muy cultas en ese aspecto. ¿Usted qué cree?
- Bustos era muy bueno, ya lo creo. En cuanto a lo de las direcciones, sos
generosa, muy generosa con eso. En todos esos organismos había el mismo
obrerismo que en el Partido Comunista. El intelectual, de entrada, era
sospechoso. Paco me hacía reír contándome de las reuniones que él tenía y donde
"te hacían la autocrítica". Cuando la autocrítica le tocaba a él, decía: "Yo no
tengo ningún defecto pequeñoburgués... porque yo soy un gran burgués".
- ¿Se sorprendió cuando las radios difundieron que habían incautado el Diario
del Che y Juan Gelman figuraba en él como uno de sus hombres en la Argentina?
- Yo no sabía nada. Esa mañana estaba trabajando en Panorama y me llamó Pajarito
García Lupo para decirme, "Juan, figurás en un best-seller".
- ¿Resultó tolerable el exilio?
- Yo, en realidad, no me exilié, la organización me mandó al exterior para hacer
relaciones políticas y denunciar la situación de los derechos humanos en la
Argentina, con Isabel. Salí en el ’75 por esa razón. La salida se convirtió en
exilio con el golpe de Estado. Conseguimos la primera condena de la dictadura
militar. Yo trabajaba en una agencia de noticias, en Interpress. El dueño,
Savio, decidió trasladarla y se aprovechó esa circunstancia para que yo viajara.
Aprovechando mi trabajo entrevisté a Mitterrand, a Palme e hicimos firmar una
declaración que, en verdad, era para denunciar lo que pasaba con Isabelita.
Ocurrió el golpe y los términos seguían vigentes. Fue lo primero que apareció en
el campo internacional sobre la dictadura militar. No teníamos dinero, el Tata
Cedrón hizo un concierto y con eso publicamos un avisito en Le Monde.
- En ese entonces Pinochet tenía más prensa que Videla.
- Es verdad y, además, en el exilio cada quien tenía su internacional: la
demócrata cristiana, la socialista, la comunista. ¿Y nosotros qué internacional
teníamos? Ninguna.
- En Roma le preocupó la posibilidad de contaminación lingüística.
- Mirá. Fue una casualidad porque en el ’63, en el gobierno de Guido, me
metieron preso. Estaba en el pabellón de castigo de Villa Devoto y no dejaban
pasar libros. El único que me permitieron fue una gramática italiana. Y no tuve
más remedio que aprender gramática italiana. Eramos cuatro en el calabozo. Me
miraban como pensando "este tipo tiene la mandarina oxidada", así dice mi nieto.
Después me tocó ir a Italia y, efectivamente, el italiano me jorobaba porque es
muy líquido; me molestaba la oreja porque yo venía con todo el sentimiento, la
derrota, las pérdidas familiares, la muerte de los compañeros. Entonces, para
sacármelo de encima escribía sonetos pornográficos.
- ¿Sería capaz de recitarme alguno?
- Hice un soneto sobre Romeo y Julieta explicando por qué murió Julieta. Decía,
para rimar con Romeo, que tenía "un cazzo /lungo come magnifico corteo" y que
Julieta "Non murio da tristizia/ma da cazzo". Se los recitaba a los muchachos
que trabajaban en la sala de teletipos.
- ¿Quién es su padre poético?
- César Vallejo. Y Raúl González Tuñón, también. Yo creo que hay, sobre todo,
cercanías, afinidades, miradas parecidas. Y en el caso de Vallejo lo que más
importó fue esa voluntad de destruir los límites de la lengua, de trascenderlos,
en especial en Trilce, pero no sólo en Trilce. Después lo que pasa es que uno
trata de hablar por uno mismo... con la ayuda de los padres.
- ¿Nunca se animó con la narrativa?
- Mirá, una vez intenté escribir una novela que se llamaba "Diario de un poeta".
El personaje era un tipo que escribía poesía por holgazán, porque era cortito.
Hice treinta páginas y la dejé, porque yo también soy fiaca. Luego escribí
cuentos, pero tuvo más que ver con una suerte de experimentación verbal.
- Bailaba tango en los años de Villa Crespo, ¿no?
- Uno iba a los bailes para muchas cosas, sacabas a las mujeres con el cabeceo y
preguntabas "¿vino sola o acompañada?", preparabas el terreno para después. Y
escuchábamos tango. Me acuerdo de una confitería que se llamaba Las Violetas,
que no es la de Medrano. Ahí tocaba Pracánico. Cuando terminaba el tema,
Pracánico se daba vuelta y una vez de espaldas al público agarraba de un platito
la dentadura postiza. Se la colocaba y volvía a darse vuelta y saludaba. Le
gritaban "Pracánico, ponete la sonrisa".
- ¿Piensa devolverme alguna vez el libro de Stephen Spender que le presté hace
38 años?
- Y... si querés, te compro uno (ANC-UTPBA).
(*) Nota publicada por el porteño diario Página 12.
(**) Periodista. Miembro de conducción de la UTPBA.
(volver)
Juan Gelman, a los 50 años de poeta y periodista
MÁS HOMENAJES Y RECONOCIMIENTOS
Buenos Aires, 10 de marzo (ANC-UTPBA).- Luego de su merecido homenaje de hoy en
la UTPBA, continuarán los reconocimientos para el poeta y periodista Juan Gelman
por sus cincuenta años en el periodismo y en la aparición de su primer libro de
poesías.
El próximo lunes 13, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mediante su secretario
de cultura, Gustavo López, designará a Gelman como Embajador Cultural de Buenos
Aires.
El acto será a las 19:30, en el Teatro Presidente Alvear, avenida Corrientes
1659, y estarán presentes Manuela Fingueret, titular de la Casa de la Escritura;
el poeta Hugo Di Taranto, del mítico grupo literario El Pan Duro, y finalmente
el propio homenajeado recitará algunos de sus poemas.
El martes 14, a las 18:30, la Universidad de Buenos Aires (UBA) le otorgará el
título de Profesor Honorario de la institución.
Cabe recordar que ayer, jueves 9, la Universidad Nacional de Quilmes (UNQUI)
nombró a Juan Gelman Doctor Honoris de la mencionada casa de estudio
(ANC-UTPBA).
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"Precalentamiento
para el Premio Nobel"
El poeta fue nombrado Embajador Cultural de la Ciudad. Y de paso lo postularon.
(13/03/06)
Gelman leyó sus poemas y fue saludado por escritores y funcionarios del gobierno
porteño.
Por Silvina Friera
Quizá para contrarrestar el clima de solemnidad de todo tributo, homenaje, o
como se lo prefiera llamar, Juan Gelman desparramó ese delicado humor que lo
caracteriza y hasta se permitió meter un bocadillo de la mejor ironía. Y le
salió de taquito. Por algo lo llamaban el pibe "taquito" en el barrio de Villa
Crespo. Cuando subió al escenario del teatro Alvear para agradecer que lo
nombraran Embajador Cultural de la Ciudad, dijo: "Cada porteño es representante
de Buenos Aires, para bien o para mal, eso depende de cada porteño". Y, como
haciéndose el distraído, le preguntó al nuevo jefe de Gobierno, Jorge Telerman,
si el "cargo" de Embajador Cultural "viene con presupuesto". Las carcajadas
tapaban la voz del poeta, aunque Gelman la levantó un poco para que todos
escucharan el remate: "No sé qué es ser embajador, sólo sé que hacen grandes
comilonas y que invitan a gente importante, y quién sabe si el Gobierno de la
Ciudad ha contemplado esta situación, porque el que no come qué cultura puede
hacer".
Manuela Fingueret, directora de la Casa del Escritor, confesó que "tratábamos de
imitarte toda vez que leíamos en público". Después de bromear sobre la baja
performance de Atlanta, pasión que hace sufrir, por lo visto, a hombres y
mujeres por igual, la poeta y narradora señaló que Violín y otras cuestiones es
"el libro en el que el poeta reescribió a Buenos Aires con un violín que huele a
exilio prematuro". Los premios y el reconocimiento que viene conquistando, año
tras año, el autor de Los poemas de Sidney West, Cólera Buey y País que fue será
ubican a Gelman en el pelotón de escritores que aspiran a más. "Tu actitud de
maestro involuntario y callado te convierten en merecido candidato al Premio
Nobel de Literatura", aseguró Fingueret, y el público celebró con aplausos y
gritos un reconocimiento que coronaría la vida y la obra de uno de los poetas
más importantes del siglo XX. "Quiero reafirmar que en tu persona recordamos el
pasado como un acto político y poético", agregó la directora de la Casa del
Escritor. "Buenos Aires es Cortázar, Borges, Pichuco Troilo -enumeró el
secretario de Cultura de la Ciudad, Gustavo López-. Son esos artistas que le
dicen al mundo cómo somos los argentinos, y Gelman es uno de los grandes poetas
y escritores que dio el siglo XX." López, que definió al poeta como "uno de los
imprescindibles", advirtió que no sólo se aprende con sus libros, sino del
"hombre que dio todo lo que tenía que dar por nuestro país".
El jefe de Gobierno, Jorge Telerman, a cuatro horas de haber asumido el cargo,
que según sus palabras fue "lo más importante que me ha pasado en mi vida
política", recogió el guante lanzado por Fingueret. "Es un honor, en serio,
hacerte este homenaje que es un precalentamiento al Nobel, nuestro Oscar
porteño." Sobre el afecto y el cariño que genera el poeta, Telerman observó:
"Sos amado no sólo por los lectores, sino por los otros artistas que, como vos,
adelantan permanentemente en el tiempo, que piensan las cosas antes". El poeta
Hugo Di Taranto deleitó a las más de 500 personas (entre ellos numerosos poetas,
plásticos e intelectuales, además del secretario de Cultura de la Nación, José
Nun, y el juez de la Corte Suprema Eugenio Raúl Zaffaroni) que llenaron el
teatro Alvear con sus anécdotas de la época de Pan Duro, grupo que integró con
Gelman, Héctor Negro y Carlos Somigliana, entre otros. "Juan se merece esto y
mucho más -admitió-. Poetas va a haber siempre, no es el único que tenemos, pero
es uno de los más grandes." Y sobre el peligro de que Gelman se convierta en un
padre que "asusta" a las jóvenes generaciones, Di Taranto recordó una famosa
anécdota de la historia de la literatura argentina. "Juan: que no te pase lo de
(Witold) Gombrowicz, que cuando se iba del país gritaba ‘Maten a Borges’, porque
los anulaba a todos.". Sobre el final, Gelman leyó el emblemático "El caballo de
la calesita", "Sudamericanos" y "Confianza", entre otros poemas.
Fuente:
Página|12
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"Ningún
elogio o premio escribe por vos"
Entrevista por Vicente Muleiro y Eduardo
Pegoriles para Revista Eñe, Clarín, 11/03/06
Es el poeta argentino de mayor
prestigio, más estudiado y premiado de su generación, la de los años 60-70. Vive
en México y está en el país precisamente para asistir a una serie de homenajes
con motivo del cincuentenario de su primer libro, "Violín y otras cuestiones".
Con Ñ, habló de la lengua popular, del llamado "coloquialismo" y de poesía
mística y de política actual. Además, un análisis de su obra, por Jorge
Boccanera, y algunos poemas suyos.
Parece haber vivido casi todo como un maduro cantante de tangos que vuelve de la
guerra. Conserva esa voz ronca, la mirada dolorida, la elegancia de movimientos,
el hábito de fumar y decir lo que piensa. "En definitiva lo que importa no es ni
aquello sobre lo que el poeta escribe ni la generación a la que pertenece, sino
la poesía que hace, su autenticidad", dice Juan Gelman. Vive en el Distrito
Federal de México —"en el barrio Hipódromo Condesa, creo que le pusieron
Hipódromo cuando se dieron cuenta de que un porteño como yo vivía ahí", dice
sonriente— pero ahora está en Buenos Aires por una semana repleta de homenajes
públicos.
Lo trajo aquí la Casa del Escritor, que depende de la Secretaría de Cultura del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Gelman cumple medio siglo con la poesía:
en 1956 publicó Violín y otras cuestiones, su primer libro, que Planeta reedita
en estos días con el prólogo original de Raúl González Tuñón y una tapa que
reproduce en facsímil aquella misma del editor Manuel Gleizer. También cumple
medio siglo con el periodismo: el 10 de marzo lo homenajeaba la UTPBA —el gremio
de prensa— con palabras de Horacio Verbitsky. Los homenajes culminarán el lunes
13 en el Teatro Alvear, donde Gelman leerá algunos de sus poemas, su amigo Hugo
Di Taranto recordará los tiempos del grupo El Pan Duro y el secretario de
Cultura porteño, Gustavo López, lo nombrará "embajador cultural" de la ciudad.
Tanta actividad pública lo abruma un poco, él preferiría simplemente caminar
estas calles en calma y no terminar nunca sus cenas con los amigos. Como sea, en
esta entrevista con Ñ repasa su historia poética, tan unida a su propia historia
política.
-Tenías 26 años cuando aparece "Violín y otras cuestiones"- , González Tuñón
te hace de padrino. ¿De qué poéticas venías?, ¿qué cosas te habían entusiasmado
como lector?, ¿sentías que con tu poesía salías a discutir con lo que se estaba
publicando entonces?
-Nadie escribe poesía para discutir a nadie, uno trata sólo de decir lo suyo.
Mi libro tiene mucho que ver con el grupo El Pan Duro, éramos miembros de la
Juventud Comunista o estábamos cerca. Eso nos juntó. Siendo un poeta joven y
desconocido, era muy difícil publicar, entonces decidimos autopublicarnos. El
método era vender bonos de diez pesos, era lo que podía costar un ejemplar.
Hacíamos recitales, fiestas populares en clubes como Vélez Sarsfield, íbamos
haciendo la edición a medida que teníamos el dinero. Nos reuníamos y elegíamos
el orden de publicación en una votación secreta. El primer libro fue el mío,
después salió Bandoneón de papel de Héctor Negro, luego El tiempo es un barrio
de Julio César Silvain. En el grupo inicial estaban también Hugo Di Taranto,
Juan Hierba y Carlos Somigliana.
-¿Fue importante salir con ese prólogo de González Tuñón?
-Sí, porque yo en realidad no lo conocía. Hicimos una lectura en el teatro
independiente La Máscara, era la primera vez que leíamos juntos, apareció Raúl,
le gustó la cosa y entonces escribió ese prólogo. La otra historia linda es que
quisimos buscar un sello editorial y hablamos con Manuel Gleizer. Estaba viejo,
ya no editaba pero —muy generosamente— cedió su sello. En la década de 1920
Gleizer había publicado los primeros libros de Borges y de Marechal cuando ellos
eran desconocidos. Fue un verdadero editor en una época en que los que
publicaban libros eran las imprentas. Gleizer era un inmigrante judío de
Ucrania, empezó en Villa Crespo con un bolichito, en la calle Triunvirato,
vendía ropa y era un lector insaciable.
-Volvamos al año 1956. Entre las corrientes poéticas locales había estado el
romanticismo de la década del cuarenta con Barbieri; había líneas que
recuperaban el surrealismo y estaba la gente de Poesía Buenos Aires, estaban
Raúl Gustavo Aguirre y Olga Orozco. Oliverio Girondo se reunía con todos los
jóvenes. ¿Tenías un conocimiento de eso o venías escribiendo y haciendo tu
propia poesía por afuera?
-Yo no pertenecía a ninguno de esos grupos ni los conocía. Después que murió
Girondo conocí a la viuda, que me decía extrañada:"¿Cómo puede ser que no se
hayan conocido?". Cuando se publicó Violín y otras cuestiones el que se acercó
fue Paco Urondo, que estaba en Poesía Buenos Aires. Ahí empecé a conocer a
Casasbellas, a Rodolfo Alonso y a los demás. Fue una relación muy fraternal, lo
sigue siendo. No creo que nosotros estuviéramos en pugna con ninguno de estos
grupos, cada uno hacía lo suyo. Yo más bien estaba en la militancia, estaba en
eso, no en una relación con los grupos literarios.
-La militancia política te marca desde el comienzo, para toda la vida. Se
puede decir que, en tu escritura, el cruce entre cultura y política es fundante.
-Sí, el cruce entre política e historia, sin duda que sí.
-Apenas tu poesía comienza a circular se dice que hay una recuperación de la
voz cotidiana. Se habla de coloquialismo. En los años 60 había muchas poéticas
distintas pero tu poesía es leída como la de alguien que está muy cerca de las
voces de la calle. ¿Te sentís reconocido o es que en esa lectura hay un
reduccionismo en la crítica?
-Hay una cierta confusión con el término coloquialismo. Un poeta tan difícil
como el ruso Ossip Mandelstam usaba expresiones de la calle, ¿eso era
coloquialismo?. El lenguaje popular puede o no formar parte de una poética de la
ciudad, no necesariamente. Se recuperan cosas del habla y se recrean
poéticamente, pero no sé si eso ocurre conmigo. Pienso que en mi poesía no había
esa "voluntad de llegar al pueblo" y otras cosas por el estilo, todas esas
tonterías que se han dicho de mis poemas.
-En esa época ya eras periodista. ¿Esa experiencia alimentó tu visión del
lenguaje como poeta?
-Empecé a trabajar en periodismo poco después de la salida de Violín y otras
cuestiones. Escribía en Orientación, que era el semanario del Partido Comunista
Argentino, luego pasé al diario La Hora —también era del PCA— hasta que en 1962
entré en Xinhua, la agencia china de noticias. Hacia el año 1966 pasé a otro
tipo de periodismo, fue la época de la revista Panorama y de los diarios La
Opinión y Noticias. La verdad es que el trabajo que siempre me gustó más es el
de cronista, porque me permitía ir, qué sé yo, a reuniones obreras. Siempre me
maravillaba oír esos matices de lenguaje que hay entre nosotros, eso que traían
los paraguayos y bolivianos que vivían aquí. También está el contacto con la
gente y con sus problemas. Eso no necesariamente se convierte en poemas, pero
creo que forma parte de la nutrición de cualquier persona, hasta de los poetas.
-¿Se puede decir que hacia 1962 un primer tramo de tu poesía estalla en
"Gotán" y llega ahí a su punto máximo? Después te exasperás y escribís aquel
poema famoso que dice "Nunca escribí ese libro"...
-Realmente me abrumaba un poco eso, sentía que la crítica quería fijar mi
búsqueda de expresión en un solo asunto. Se escribieron tonterías, como que Gotán era la máxima expresión de la generación del 60. No me siento víctima de
eso, creo que cada quien tiene derecho a hacer su lectura. Pero lo importante es
que ningún elogio, crítica o premio escribe en lugar tuyo. Lo importante sigue
siendo esa búsqueda insaciable de la expresión, que nunca sentís satisfecha.
-Luego hay un cambio fuerte que se insinúa hacia 1969 con "Los poemas de
Sydney West", un libro muy apreciado por los neorrománticos como Mario Morales.
¿Cómo nació?
-Es un libro que en realidad me escribió a mí, también es de los que más me
gustan. A lo mejor apareció ahí esa expresión de poeta dramático, quiero decir,
esa necesidad de ponerse una máscara: crear un personaje y hablar con otra voz,
pero sin dejar de ser uno mismo. Este inglés trabajó mucho, no sé, por algún
sentimiento de culpa. En ese momento yo estaba pasando por una crisis, me había
ido del PC, no encontraba nada, tenía problemas personales, sentimentales.
Escribía cosas muy distintas. Yo creo que la intimidad es parte de la
subjetividad. Entonces, un día me cansé y dije: "Mirá, escribí como si fueras un
inglés, un japonés. Andate". Y así nació este libro.
-En 1971 llega "Cólera Buey", donde rompés ese artefacto que te hacía producir
poemas. Desechás los tonos anteriores.
-Ese libro fue el producto de circunstancias de vida, de la noción cada vez
más clara de las imposibilidades del lenguaje, de sus límites. Eso se fue
exacerbando con el tiempo, sobre todo en el exilio. Porque ahí, por toda la
experiencia de vida que implica el exilio y lo que pasaba en el país, expresar
todo aquello chocaba cada vez de modo más fuerte con las paredes, los muros del
lenguaje. Esa es la historia. Porque en poesía nadie puede decir cómo hay que
escribir. Un novelista puede levantarse a las seis de la mañana y escribir de
pie hasta las dos. Un poeta, no.
-Para escribir no le tenés fe a las propuestas de la voluntad. Entonces ¿en
qué creés?
-Lo que me lleva a escribir son las obsesiones, yo no puedo decir "me siento y
escribo". No es una cuestión de voluntad. Yo no me paso la vida viviendo esas
obsesiones o sufriendo, pero ellas me llevan a ver qué pasa, a escribir. Hay
obsesiones que son recurrentes: el otoño, la niñez, la revolución, la muerte, el
amor.
-Cuando sentías el lenguaje como una cárcel, ¿te sentiste acompañado por
algunos poetas que también dieron esa lucha y te daban algo?
-Desde joven, el poeta que me impresionó particularmente fue César Vallejo,
justamente por esa apertura. También me pasó con Oliverio Girondo y después, de
otro modo, con Quevedo, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, con tantos poetas no
necesariamente coetáneos aunque sí contemporáneos. Todos buscan y encuentran
otra forma.
-El lenguaje puede ser una cárcel pero también una patria, ¿o no?
-Sí, la lengua, el lugar donde naciste, la familia, todo aquello que te formó
cuando eras chico. En el exilio se siente eso, aunque yo me fui a Italia —mi
primer destino como exiliado— cuando tenía 45 años. Había aprendido italiano en
la cárcel de Villa Devoto, era 1963, gobernaba José María Guido y me metieron
preso por razones políticas. No dejaban pasar libros, pero conseguí una
gramática italiana y no tenía otra cosa que hacer. Estudiaba italiano y cuando
llegué conocía el idioma, pero esa pronunciación porteña no te la sacás jamás.
Los italianos del sur pensaban que era del norte y los del norte pensaban que yo
era del sur. A nadie se le ocurrió que era del centro, del centro de Buenos
Aires.
-Con esa conciencia del lenguaje, ¿qué pasa con tu poesía en el momento de
quiebre de tus esperanzas políticas?
-Por lo pronto, me pasé un buen rato sin poder escribir. Asimilar todo eso no
fue fácil, después vino un período de una escritura abundante. Me había pasado
antes en la Argentina y de eso salió Cólera Buey. Primero hubo silencio y en
1980 salió Hechos y relaciones, con lo que había dejado atrás. Ese mismo año
salió Si dulcemente. Después, por casualidad, releí desde otro lugar a los
místicos españoles y de la Cábala judía. Yo no soy religioso, pero lo que sentía
ahí era una gran compañía, en el sentido de la presencia ausente de lo amado.
Para ellos lo amado era Dios, para mí era un país, mis compañeros, el proyecto
que se había ido al diablo, todas esas cosas. Y entonces escribí Citas y
comentarios, que era una especie de interrogación sobre la historia. En estos
poetas que habían escrito cinco siglos atrás encontraba un sentimiento esencial,
en el sentido de desear. El deseo de algo que no podía aferrar. Eso también
tiene que ver con la poesía.
-Entre los años 1983 y 1985 llega otro libro tuyo, "Dibaxu", que se puede leer
como otro síntoma de tu lucha contra las paredes del lenguaje. ¿Qué encontraste
en este caso, en este idioma antiguo, en el español sefardí?
-Ahí confluyen varias cosas. Una es que el sefardí a mí me encanta por los
diminutivos y por el candor de la lengua. Es una lengua que todavía no está
hecha, cristalizada, porque es la zona más exiliada. Algunos creen que eso es
judeoespañol. Es una mezcla que se hace en España, es el castellano del Mio Cid
pero es muchas cosas más. Si leés las cartas de Colón, las cartas de Cortés, los
poemas en el llamado sefardí —que es el viejo castellano— te encontrás con que
hay una cantidad de avenidas de la lengua que están ahí abiertas y que jamás se
siguieron después. Esto pasó en francés, pasó en italiano, pasó en inglés. Pero
lo que a uno le interesa es el castellano. Entonces, ves que el primer obispo de
Guatemala escribió unas cartas —en 1604 o 1609— que parecía Perón, con párrafos
de tres páginas y una cantidad de oraciones relativas. Pero no te perdés en
ninguna parte, se lee perfecto. Volviendo al sefardí, creo que fue una necesidad
y que tenía que ver con esa historia, el candor de esa lengua, lo intocado de
esa lengua, las avenidas de esa lengua, los diminutivos. Intocado, digo, por las
cosas del poder.
-Llegamos al año 2004 y a tu libro "País que fue será". Es otro viraje más,
hacia una poesía del pensamiento, con una presencia de la reflexión filosófica.
¿Coincidís con esto?
-No me asustes, ¿será la edad?. No sé, si uno pudiera escribir lo que
quisiera... pero se escribe lo que se puede. La verdad es que me resulta muy
difícil saber lo que hago, definirlo en términos críticos. Lo único que sé es
que necesito hacerlo y que nunca me alcanza. Nunca, no sé si es por pereza o por
virginidad fingida. Siempre recuerdo una anécdota que me contó mi vieja, una
leyenda rusa. Una vez estaba una arañita ahí al borde del camino y pasa un
ciempiés. Entonces, la araña le dice: "Señor ciempiés, qué complicado, ¿cómo
hace para caminar? ¿Con los cincuenta pies izquierdos primero, cincuenta después
de la derecha, diez y diez, uno y uno?". Y el ciempiés se puso a pensar y no
caminó nunca más.
-Pero en "País que fue será" el - tema es que el paraíso siempre está
adelante. Por tu experiencia generacional, es una fuerte muestra de optimismo.
-Ahí lo que se dice es "El paraíso quedó adelante". Si querés, se puede leer
como una expectativa esperanzada, creo que se puede. Finalmente, la esperanza,
es lo último que se pierde.
-En la Argentina, posiblemente por el predominio de Borges, lo sentimental
suele ser visto como una falta de rigor o como una renuncia a lo literario. En
tu poesía lo sentimental es una dimensión presente. ¿Pensaste que podían
confundirte con un poeta sentimentaloide?
-Ah, qué sé yo, hay tanta confusión. Es lo que decía antes, se hace lo que se
puede. Y después los demás te dirán esto o aquello, da igual. Hace un par de
años, en un lugar de La Mancha cuyo nombre no me acuerdo, me sentaron al lado de
seis profesores europeos versados en lo que escribo. Y cada quien leía su
trabajo sobre el tema. Y ahí me enteré de muchas cosas.
-Políticamente sos un representante de la generación del 70. Un sobreviviente,
eso consta en tu experiencia personal y en tu poesía. ¿Cómo te sitúa esto
políticamente ante el mundo de hoy, ante el país de hoy, si consideramos que
tenías tantas expectativas de cambio?
-¿A quién le hacés la pregunta?
-A Juan Gelman.
-¿Al que escribe poesía o al ciudadano?
-Al ciudadano y poeta. El poeta no te excluye del ciudadano.
-Y viceversa, pero yo creo que no hay que mezclar las barajas. Lo digo porque
alrededor de lo que he escrito —y el mío no es el único caso— está esa gran
confusión, que es el tema de ser considerado como un poeta político.
-Aclaremos el equívoco...
-En ese campo en particular, yo creo que la circunstancia exterior debe
coincidir con la circunstancia del corazón. Escucho discusiones en otros lados,
no en nuestro país, sobre la poesía de la experiencia y la poesía de la esencia,
como si fueran opuestos. Por eso, con un amigo poeta mexicano decidimos crear la
escuela de la poesía de la ex-esencia. En los años 60 con la Revolución Cubana
se introdujeron varias cosas, entre ellas una cantidad de panfletos horribles
que exaltaban a la revolución y nada tenían que ver con la poesía. En aquel
entonces, para cierto sector, si vos no escribías un poema político, estabas
exiliado. Pero había otro gran sector de poetas que creía lo contrario. Estaba
también el tema de las generaciones, los que en realidad se embarcaron por esa
vía —en relación con el conjunto de la sociedad argentina— no fueron los más,
fueron los menos. De cualquier lado que escribías, estabas condenado. Poner
elementos sociológicos, políticos y de análisis de lo literario —así se escribía
en una época— también es espurio, me parece. Porque en definitiva lo que importa
no es ni aquello sobre lo que el tipo escribe, ni la generación a la que
pertenece, sino la poesía que hace, la autenticidad de lo que hace.
-Te puede gustar o no lo que ese poeta escribe, pero la medida está en esa
autenticidad...
-Sobre este tema recuerdo un viejo poema chino, un anónimo, que fue uno de los
primeros que se pasó a la escritura. Es un poema que habla de un pastor, son las
cuatro de la mañana y está nevando y él cuida el ganado. Sabe que su mujer está
a diez mil li de distancia. Diez mil li, en chino, es infinito, equivale al
infinito. Sabe que su mujer está cosiendo junto al fuego. Y el último verso dice
que él escucha el sonido de sus tijeras bajo la noche profunda. De ese tipo no
se sabe a qué generación poética perteneció, si era modernista o clásico, ni
siquiera se sabe cómo se llamaba. Pero era un poeta.
-Ahora, como ciudadano, ¿cuáles son tus expectativas desde tu país, desde tu
continente?
-Como todos sabemos, están apareciendo gobiernos diferentes de los que hasta
ahora hemos padecido. Gobiernos con un discurso social más importante. Como Lula
y ahora Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, Néstor Kirchner, Evo Morales. Y esta
tendencia es nueva en el continente. Yo creo que en la Argentina, por ejemplo,
la herencia que se ha recibido es pesadísima. Fueron muchos años de saqueo del
país, de aumento de los índices de pobreza. Y creo que es una herencia que va a
llevar mucho tiempo remontar. De modo que es cuestión de ver qué pasa. Creo que
nosotros todavía estamos surfeando, por decirlo así.
-Se están por cumplir treinta años del golpe militar de 1976. ¿Hay marcas en
la sociedad que, a tu entender, persisten?. ¿Quedó esa verdadera conmoción
política de las dictaduras?.
-Yo creo que sí. Pero hace muchos años que no vivo en la Argentina. Entonces,
hay temperaturas que sólo percibo de refilón. -La sensación, hoy, es que es
más fácil hacer circular discursos progresistas que cambiar la distribución de
la riqueza.
-Ah, claro. Por eso es que hoy estamos surfeando.
-¿Cómo te cae llegar a tu ciudad y de repente tener esta semana de
reconocimientos y de caricias públicas? Después te vas a Salamanca y te siguen
mimando. ¿Cómo estás viviendo este momento de gran capitalización de tu obra?
Porque es así, inevitablemente, te guste o no.
-Así que ustedes creen que estoy hecho un capitalista... No, en serio, por
supuesto que todo esto es algo que me conmueve. Y después hay algo con el
tiempo, porque esto de cumplir cincuenta años de la publicación de Violín y
otras cuestiones me remite a los setenta y cinco años que tengo. Y me pregunto
qué me pasó. Por ahora sigo fumando como si tuviera veinte años.
-¿Este homenaje público y, en cierto modo, también oficial —te trae aquí el
gobierno de la ciudad de Buenos Aires— lo estás viviendo como una especie de
reconciliación?
-Yo nunca estuve peleado con la Argentina, estuve peleado con los milicos, eso
sí. Y también con una cantidad de hijos de puta que andan por ahí y que ahora
son progresistas pero apoyaron a la dictadura. Con ellos sigo peleado, por
supuesto. Con la gente no. Con la gente y con los amigos no estoy peleado. Estos
son reconocimientos de amigos. De los amigos periodistas y los amigos
escritores. Yo estoy muy agradecido por todo esto.
-El hecho de vivir en México desde hace tantos años, ¿te dio otra visión de
América, digamos, menos rioplatense?
-Después de catorce años de exilio en países de culturas que están dentro de
Occidente, tenés la posibilidad de comparar. México me permitió tomar distancia,
no con el pasado sino con consideraciones sobre ese pasado. Me permitió pensar
ese pasado.
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La
inventiva, la existencia y el exilio son las claves de un "oficio ardiente"
Por Jorge Boccanera, poeta y crítico, para Rervista Eñe, Clarín, 11/03/06
Dos libros con olor a tinta fresca: la voluminosa antología Oficio ardiente que
acaba de salir en España y la reedición en Argentina del primer libro de Juan
Gelman, Violín y otras cuestiones, son los lazos que sujetan una de las
propuestas poéticas más originales de los últimos tiempos en nuestra lengua y
que el crítico Angel Rama precisó con estas palabras: "sequedad y laconismo",
"emoción bajo cenizas", "exacta relojería" que "nos habla desde las llamas y nos
dice cómo se sale de las llamas".
De su importancia dan cuenta premios internacionales otorgados en los últimos
años en Argentina, México, Italia, Cuba, España —en el 2005 Gelman recibió el
Reina Sofía— y una serie de compilaciones que, publicadas más allá de nuestras
fronteras, no siempre llegan al lector argentino. Un ejemplo: Oficio ardiente,
editado por la Universidad de Salamanca. Otro: en México, donde Gelman reside
desde 1988, aparecieron ya varias antologías, entre ellas: En abierta oscuridad,
En el hoy y mañana y ayer y Papeles de la casa.
Un volumen más, Juan Gelman: poesía y coraje, aparecido en España con diez
trabajos críticos, revela el interés que los diversos registros del poeta
despiertan entre escritores y ensayistas de geografías diversas. El libro se
suma a propuestas similares aparecidas con anterioridad en Uruguay (Como temblor
del aire) y México (Acercamientos a Juan Gelman), y a media docena de ensayos
individuales.
Además, en la extensa bibliografía sobre el autor, sobresalen los números
monográficos que le dedicaron revistas como La Maga y Crisis en la Argentina, la
colombiana Magazine Dominical, la española La Página; Espaces Latinos de
Francia, Trilce de Chile y El Sur También Existe, del Uruguay.
La mayoría de las referencias críticas que llenan esas páginas, corroboran la
percepción temprana que Raúl González Tuñón escribió en marzo de 1956 para el
prólogo de la primera edición de Violín y otras cuestiones. Observa Tuñón una
voz porteña y cosmopolita al mismo tiempo, "ágil, fresca, variada en tonos y
matices", solidaria, aunque lejos del editorialista en verso —aclara— tanto como
del "evadido de la realidad".
Este cruce entre innovación formal y hondura humana, quizá esté ya contenido en
el mismo título que reúne la instancia lírica del "violín" y esas "otras
cuestiones", quemantes. El poeta y crítico uruguayo Eduardo Milán, destaca en el
prefacio de la antología de Gelman Pesar todo (México, 2001): "una velocidad de
juego lingüístico y de creación de posibilidades verbales" emergiendo de "un
concentrado de memoria, experiencia y conciencia".
Por su parte, en el prólogo de Oficio ardiente, (el título salió de una frase
con la que el mismo Gelman definió el trabajo creativo), la poeta y catedrática
española María Angeles Pérez López alterna crítica y biografía en la necesidad
—explica— de dar cuenta de toda una vida: "Con sus avatares y circunstancias,
porque es imprescindible para entender una propuesta poética que tanto le debe a
ese vivir. No quería renunciar a pensar, a interpretar, a intentar proponer
claves de lectura para acercarse a una obra que, si tanto le debe a lo vivido,
incorpora más vida a la vida".
El texto de Pérez López, de casi cien páginas, engloba las claves expresivas del
autor de Gotán y traza un repaso exhaustivo de sus ejes temáticos; hace hincapié
en el uso de la ironía y un humor soterrado "que lo permea todo", y presta
especial atención al desdoblamiento. Esa proliferación de autores inventados y
coautorías falsas es, sin duda, agrega la autora, uno de los elementos más
originales de su propuesta: "con la que dar cuenta de la multiplicidad de
matices que guarda cada voz, y sobre todo, de la necesidad de apertura del
''yo'' hacia los otros".
Subraya, además, el uso de la paradoja. Es significativo cómo Gelman, mediante
los espacios antitéticos tensiona los diversos asuntos de su poesía: la memoria,
el vacío, el trastocamiento temporal, el exilio. El desterrado vive
simultáneamente en ese anverso-reverso; oscila entre lo aterrador y el deseo. No
cabe duda de que el exilio, más que otro núcleo temático, es uno de sus ejes de
arrastre y lugar donde dialogan sus búsquedas: allí donde el propio encuentro y
extravío hace contacto con la otredad expresada en el juego de identidades y
donde las pérdidas remiten a "la espera, un interregno entre dos nadas". El
exiliado hace pie en esa espera, y es apenas una "humareda de brazos que no se
encontrarán". Su libro Valer la pena (2001) desarrolla ese vacío-recodo
expresado en la violencia del plantón: "Estoy parado en el espanto".
En ese abismarse, las falsedades comen de la fe del que aguarda; la espera es
anhelo y desazón; lugar donde colisionan el desespero y la impotencia. Dice el
poeta: "no hay espanto mayor que el del animal recorriendo su cueva" (...)
"cuento huesos y sangres del sueño que vendrá".
Sus temas, y especialmente el del exilio, se refunden de nuevo en el último
libro de Gelman, País que fue será (2004), donde el desterrado duplica su
desplazamiento; busca su sí mismo precisamente fuera de sí, y escribe sobre el
exilio desde el reverso de la lengua y sus convencionalismos.
Priorizando los silencios y —al decir de su autor— un lenguaje calcinado que
remite a lo medular de la existencia, esta poesía crea paisajes con ideas, y las
ideas devienen imágenes.
Todo, en una gran condensación de sentido. La inventiva es la herramienta de
"oficio ardiente" que Gelman resume así: "La imaginación interroga a la vivencia
como experiencia para expresar lo que averigua. Esa es la relación entre vida,
creación y escritura".
Si la reimpresión de Violín y otras cuestiones a cincuenta años de su primera
edición remite a "homenaje", y la voluminosa antología editada en España —casi
600 páginas— a "balance", Gelman desbarata cualquier idea de recapitular. Porque
no deja de interrogar a la realidad y porque el final de Oficio ardiente, con un
puñado de inéditos, es el inicio de un próximo libro.
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La
poesía
Por Juan Gelman
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29 de abril
2005 - Premio a la mejor creación
literaria 2004
El poeta argentino Juan Gelman ha sido el ganador del premio a la mejor
creación del año 2004, por su obra "País que fue será". El galardón ha
sido otorgado por la fundación organizadora de la Feria Internacional
del Libro de Buenos Aires.
El autor no estuvo presente en la ceremonia de entrega del galardón, que
se realizó anoche en el marco de la muestra, pero envió un mensaje en el
que dijo que "es conmovedor que se distinga a un libro de poesía en
tiempos tan antipoéticos y deshumanizados".
"Siento que este premio es un reconocimiento a todos los que en nuestro
país insisten en el afán de expresar el centro de sus obsesiones aÚn
sabiendo que no hay centro y que todo es intemperie", manifestó Gelman,
residente en México.
"País que fue será" fue distinguido por la Fundación El Libro entre
obras de autores locales o extranjeros con cinco años de residencia
continuada en el país que hayan sido editadas en Argentina durante 2004.
El poeta ha reconocido que este libro, integrado por 89 poemas, "es una
extraña forma de reconciliación" con el pasado oscuro de la última
dictadura militar argentina (1976-1983), cuando fueron secuestrados su
hijo y su nuera embarazada.
En el texto que leyó Alberto Díaz, gerente editorial del grupo español
Planeta, Gelman remarcó que "a lo largo de la historia el libro ha
atravesado hogueras, destrucciones, censuras y nadie nunca lo ha podido
aniquilar".
"A pesar de todo, el libro permanece. El libro, los libros, dan
confianza en avenidas posibles de infinito y nos despiertan mundos que
ignorábamos tener y que por eso no teníamos", agregó uno de los poetas
argentinos más traducidos.
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Los
libros y los Gelman
Por
Juan Forn
Conoció la poesía a los cinco años, oyendo a su hermano mayor recitar a Pushkin
en ruso. A los nueve se enamoró de una vecinita y, como ella no entendía ruso y
él no sabía ni escribirlo ni traducirlo, empezó a mandarle poemas de Almafuerte.
Cuando vio que la cosa no daba resultado, empezó a escribir él los envíos. La
vecinita nunca se enteró de lo que había originado. El resto del mundo, sí. Juan
Gelman ha logrado como pocos lo que pontificaba Paul Eluard con su sabiduría
habitual: escribir sobre política cuando la circunstancia exterior coincide con
la del corazón. O, como dice Gelman, cuando son una. Llama la atención, como él
mismo ha señalado muchas veces, que resalte tanto lo político en su obra cuando,
en realidad, no lo ha visitado tanto. Es que su obra ha demostrado que la
justicia poética es muchísimo más que una figura del lenguaje.
Su acercamiento a lo inefable (así define Gelman su oficio), ese "acontecimiento
que emerge a través de una trama de palabras para arrancar algo de la nada", ha
combinado las más diversas formas de lo poético. Desde lo puramente lírico a lo
ásperamente narrativo, desde la métrica impecable hasta el quiebre por dentro de
esa métrica, desde lo místico a lo político, explorando los alcances del verso "conversado" o la textura a contrapelo de las palabras
"bellas", Gelman ha
construido una obra de enorme coherencia interna en los sucesivos pasos de su
itinerario.
Alguna vez le preguntaron a Roberto Matta, el pintor chileno, cómo festejaba su
cumpleaños y él dijo: "Invito a los Matta que fui y discutimos toda la noche".
Algo similar ocurre con "los" Gelman: sumergirse en cada nuevo libro suyo
permite escuchar, por debajo de las palabras, una fascinante beligerancia y
complementación entre todos esos modos de decir. Para aquellos que descubrieron
sus primeros libros en los ‘70 siendo adolescentes, como fue mi caso, la
aparición de sus libros posteriores, cada dos o tres o cinco años, obligaba a
bruscos pasos de maduración como lector, se quisiera o no: su profundización
progresiva, sin respiro y sin clemencia, en ese territorio llamado poesía ha
sido ejemplar. A diferencia de muchos grandes, Gelman nunca se repitió, ni se
estableció cómodamente en un registro desde el cual seguir mirando el mundo
dócilmente. Sin embargo (o a causa de eso), casi cualquier circunstancia de la
vida puede retratarse con una frase suya: he ahí una evidencia inequívoca de la
grandeza de su obra. De sus libros, mis preferidos son dos: Los poemas de Sydney
West y Carta a mi madre (dos extremos de su obra), pero otro de los méritos de
Gelman es justamente ése: la cantidad de opciones que ofrece al lector a la hora
de elegir sus preferidos. Con el tema de los premios pasa lo mismo: muy pero muy
pocos premios parecen absolutamente justos cuando se anuncia su ganador; en el
caso de Gelman ocurre lo inverso: no hay premio que no resulte absolutamente
merecido cuando él lo gana.
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Heridas y medallas de un poeta
Entrevista por Verónica Chiaravalli [1997]
Este año el autor de Incompletamente recibió el Premio Nacional de Poesía y se
le otorgó el título de ciudadano ilustre de Buenos Aires. Ambas distinciones
fueron el reconocimiento público y oficial a una obra notable. Aquí cuenta su
vida, habla de su poesía, y, tras hacer una autocrítica de su militancia en
Montoneros, reivindica los ideales de solidaridad y justicia que siempre lo
animaron.
Juan Gelman llega a la cita debajo de un cielo oscuro. Un húmedo atardecer de
otoño en Buenos Aires, a las diez de la mañana de octubre. Está de paso por la
Argentina, en un año que le devolvió algunas satisfacciones al menos en lo que
hace a su oficio, la literatura. Después, volver al hogar es volar a México,
tierra elegida "por amor a una mujer".
Habla grave y profundo Gelman, esquivando el barullo del bar. Con agujas de
lluvia en la ventana, con ese tono cortés, cálido aun, que marca sin embargo una
distancia, una nube de lejanía. Del valor artístico y testimonial de su poesía,
del periodismo, de la militancia y los errores y su vida, habla:
-No corregiría nada de lo que escribí, eso sería irresponsabilidad. Pero jamás
me propuse hacer historia en mi poesía. Creo que el único tema verdadero de la
poesía es la poesía misma. En realidad, la proporción de los poemas sociales o
políticos, en el conjunto de todo lo que escribí, no es significativa aunque, en
efecto, escribí poemas con ese tema como con tantos otros. En general, son los
valores poéticos propiamente dichos los que permiten la persistencia de una voz.
Mire, yo odio ese término que inventaron los franceses: "la poesía
comprometida". Yo creo en la poesía casada: casada con la poesía. Y siempre
recuerdo lo que decía Paul Èluard, ese gran poeta francés, que era miembro del
Partido Comunista de su país. Cuando se produjo la Guerra de Corea, en 1950,
todos sus compañeros del partido que eran poetas escribían poemas a favor de
Corea del Norte, y cosas por el estilo. Paul Èluard, no. Era el más grande de
todos ellos. Y cuando algunos compañeros le reprocharon que no hubiera escrito
un poema sobre la guerra de Corea, él respondió: "Yo escribo poemas sobre esos
temas solamente cuando la circunstancia exterior coincide con la circunstancia
del corazón". Creo que ese pensamiento es válido.
La poesía llegó temprano a su vida. En ruso y en la voz de su hermano mayor.
-Soy el único argentino de la familia, los demás son ucranianos, rusos, de
origen judío. Mi hermano llegó a la Argentina a los diecisiete años y era muy
amante de la poesía. Cuando yo tenía cuatro o cinco años, me recitaba poemas de
Pushkin en ruso, que yo no entendía para nada, pero que me encantaban por la
música, por el ritmo. Creo que, sin saberlo él ni yo, esto fue una marca para
mí. Después empecé a leer poesía. Y más tarde, a los nueve años, me enamoré de
una vecina de once y quise conquistarla con poemas de Almafuerte. Como su
indiferencia era total, tuve que empezar a escribirlos yo. Debo decir que esto
no mejoró en nada la situación, la indiferencia se mantuvo, pero yo seguí
escribiendo. Sigo escribiendo.
Gelman publicó su primer poema a los once años.
-Bueno, era un poema de amor imposible, por supuesto. Se publicó en una revista
que se llamaba Rojo y Negro y que yo compraba porque allí salían cuentos del
Oeste y de detectives. Tenía además dos secciones: la filatélica, donde se
establecían canjes, y Los Espontáneos, donde se publicaba cualquier cosa, entre
otras, mi poema.
Una pasión secreta
En los años 50 fundó, junto con otros escritores, el grupo literario El Pan
Duro, que, de algún modo, fue apadrinado por Raúl González Tuñón, poeta al que
los jóvenes admiraban profundamente.
-González Tuñón decía que un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier
hombre no es un poeta. En ese sentido mi vida era bastante complicada. Por un
lado, iba al Colegio Nacional de Buenos Aires, donde, a pesar de que había gente
incluso de clase media baja, lo que predominaba entre el profesorado era cierta
concepción de clase media alta. Por otro lado, hacía la vida del barrio, en
Villa Crespo: iba a las milongas en el Trianón, jugaba a los dados... Esa vida
de café que ahora parece estar en extinción. Por supuesto que ser poeta era una
cosa que tenía guardada para mí: yo a nadie le decía que escribía poesía.
-¿Nunca?
-¡Por favor! Era una pasión secreta. Por eso mismo, más interesante.
-¿Estaba mal visto por los muchachos ser poeta?
-Pues yo no sé cómo estaba visto por ellos, pero supongo que si me hubiera
declarado poeta me habrían tomado el pelo.
Con el pulso de obras como Violín y otras cuestiones (1956), Gotán (1962) y
Cólera Buey (1965), en la década del '60 Gelman recortó su perfil entre los
poetas argentinos. Eran versos nuevos, ritmos que pescaban de pronto las formas
suaves del discurso porteño, o mordían el corazón rabioso de la realidad
latinoamericana. Pero hay un libro, dicen, que muestra al poeta en una
transparencia perfecta.
-Carta a mi madre tal vez sea mi libro más autobiográfico. Pero en la poesía,
todos estos elementos personales tienen una traducción que no es exactamente
autobiográfica. Lo que tal vez haya es una relación entre la vivencia y la
imaginación. Eso ocurre en todo lo que un poeta escribe, con mayor o menor
fortuna. Hay poetas que logran establecer una distancia muy grande entre la
vivencia y la imaginación; pero lo que a mí siempre me ha preocupado es la
posibilidad de cercanía entre estos dos elementos. Sin embargo, cuando releo lo
que he escrito ya es como si fuera de otro. No sólo en el sentido del momento
que propició tal o cual poema, sino también en el sentido de la escritura misma.
Porque hay un movimiento constante. Me han dicho que ninguno de mis libros se
parece al anterior, desde el punto de vista formal. Bueno, creo que eso depende
de las necesidades del ser humano en cada caso, que siempre se mueve. Cuando
deje de moverme, dejaré de escribir.
Cada uno a su manera (y tal vez a su pesar), los padres de Gelman moldearon al
poeta y al militante.
-Mi hermana y yo, sobre todo, recibimos mucho de mi madre. No sé cómo hacía,
pero ella juntaba centavito tras centavito y nos llevaba al Colón, al gallinero,
aunque fuera una vez por año. Y mi hermano tenía una biblioteca (que yo saqueaba
constantemente) con esas ediciones imposibles de Tor, que eran muy baratas pero
tenían un número de páginas determinado, y si la novela duraba más, peor para la
novela...
-¿Versiones condensadas?
-No, interrumpidas.
Su padre había llegado a la Argentina por primera vez alrededor de 1914.
-Era obrero, no integraba esa inmigración de los llamados rusos blancos, nobles
que emigraban porque habían perdido el poder. Mi padre había participado en la
revolución del 5, no era bolchevique sino socialrevolucionario, y cuando triunfó
la revolución del 17, volvió a su país ilusionado. Pero lo que ya estaba pasando
en el año 28 en la ex Unión Soviética no le gustó nada y decidió instalarse
definitivamente en la Argentina. A mi padre no le gustaba demasiado que yo
militara en el Partido Comunista, porque ya se había quemado, como quien dice.
Había puesto mucha esperanza en la revolución rusa y al cabo de diez años,
sufrió una decepción enorme. Por eso desconfiaba de las militancias de
izquierda. En cambio a mi mamá lo que la preocupaba es que yo volvía muy tarde y
no cenaba. Pero no otra cosa. Reproches de madre, ¿no?. Tampoco aprobaba que yo
fuera poeta. Cuando le llevé mi primer libro publicado, me dijo: "¿Y qué plata
vas a ganar con esto"? Pero le daba mucha satisfacción.
Balas de papel
A mediados de la década del 30, la Guerra Civil Española fue decisiva en la
activa participación política que Gelman desarrollaría después.
-Yo tenía seis o siete años cuando empezó la guerra, y fue un fenómeno curioso,
porque a buena parte de la gente la atrajo del lado republicano.
Recuerdo cómo iba todas las noches a la esquina a comprar el diario Crítica para
mi papá, que lo esperaba ansioso para seguir el desarrollo de la guerra, o cómo,
con los demás chicos del barrio, juntábamos el papel de estaño de los chocolates
porque creíamos que con esos papelitos fundidos se harían balas para los
republicanos. Y después vino la Segunda Guerra Mundial, empecé la secundaria, y
en el barrio y en el colegio el ánimo de mucha gente era favorable a los
aliados. Además, empezaron a llegar los refugiados españoles, gente que
enriqueció la vida cultural de la Argentina por medio de las grandes
editoriales, como Losada, los excelentes traductores que, de alguna manera,
complementaron la visión de la revista Sur, porque estos exiliados fueron los
que trajeron a Kafka, por ejemplo. Yo leí a Kafka en la Argentina en 1948. En
Francia lo empezaron a traducir a comienzos de los 70. El Ulises, de Joyce
también lo leí en aquella época y su difusión mundial empezó bastante después en
Europa. Todos estos factores, sumados al surgimiento del peronismo y el
antiperonismo, impregnaban la vida de mucha gente y empujaron a la participación
política a muchos jóvenes. Yo fui uno de ellos.
Gelman se desprendió del PC ("la revolución cubana influyó muchísimo en el
pensamiento de un grupo de nosotros") para integrar las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR), que, en 1973, confluyeron con Montoneros. Dos años más
tarde se fue a Europa "para hacer tareas de solidaridad, porque ya la cosa con
la Triple A se había puesto muy fea, muy dura". En febrero de 1979, como
resultado de una serie de desencuentros cada vez más frecuentes con la
conducción, rompió definitivamente con Montoneros.
-A partir de 1973, Montoneros cometió una cantidad de errores muy graves y
comenzó el exilio. Además, como se consideraba una organización política y
militar (y más militar que política) adoptó una verticalidad absoluta y
actitudes hasta ridículas. Por ejemplo: en cierto momento Firmenich y compañía
decidieron que había que usar uniforme. Imagínese que alguien, caminando por la
calle con ese uniforme (suponiendo que alguien hubiera, porque a esa altura, en
1978, la organización estaba casi destruida), sería reconocido. El uniforme
consistía en una camisa celeste con estrellitas en los hombros para los grados y
vivos en el cuello, como las del Ejército Argentino, con la diferencia de que
las estrellitas de Montoneros no eran de cinco puntas sino de ocho (la estrella
federal), y en el cuello llevaba cruzadas una tacuara y una ametralladora. Por
otra parte, al comienzo, los grados en la organización eran del tipo grupo
guerrillero. Pero en el exilio empezó a haber una asimilación con los grados del
Ejército Argentino. Lo más ridículo era que en el exterior también había que
andar de uniforme. Y hubo cosas notables. Uno tenía que reunirse en Madrid con
ese atuendo, pero como no iba a caminar por la calle de esa manera, se llevaba
los implementos a la reunión, y antes de empezar y al terminar, había cinco
minutos de vestuario.
Otras torpezas fueron menos pintorescas, definitivas.
-Un grupo de nosotros decidió irse cuando la conducción planteó esa locura que
fue la contraofensiva militar, que condujo a la muerte a la mayoría de la gente
que participó en ella. La contraofensiva se basó también en la gente que estaba
en el exilio: muchos que querían volver como fuere, otros que pensaban que la
situación de Montoneros no era tan grave en la Argentina, porque la conducción
mentía en grandes cantidades. Yo recuerdo un editorial publicado en Evita
Montonera que decía que la dictadura era un boxeador grogui al que bastaba dar
un par de cachetadas para tirarlo en la lona, lo cual venía a ser una
caracterización boxístico-política ligeramente equivocada. Yo había entrado
clandestinamente en la Argentina en 1978 para hacer ver a unos periodistas
extranjeros lo que estaba pasando en el país, y entonces vi que la organización
prácticamente ya no existía. En ese contexto, me pareció una locura largar la
contraofensiva. Como el exilio estaba bastante disperso, los que decidimos irnos
publicamos una declaración en Le Monde que sirvió de punto de referencia a
muchos compañeros, que entonces decidieron no participar en ese delirio y así
salvaron la vida.
-Pero, cuando se decidió la contraofensiva, usted era parte de la conducción de
Montoneros.
-No. Nunca lo fui. Mire, los montoneros habían creado una fachada que se llamaba
Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero. Yo estuve ahí como
secretario de prensa para Europa. Pero, aparte de que ese cargo dentro del
Consejo tampoco era determinante, el control efectivo de ese organismo lo tenía
la organización propiamente dicha. Y yo nunca estuve en la conducción de la
organización propiamente dicha ni tuve grados superiores. Los que determinaban
la política de la organización y también de ese Consejo eran Firmenich, Vaca
Narvaja, etcétera.
-¿Usted no tenía ningún poder de decisión?
-No, en absoluto. El único poder que tenía era el de tirar la bronca y criticar.
Yo era bastante discutidor y eso no gustaba mucho.
-¿Le dijo a Firmenich que la contraofensiva le parecía una locura?
-Eso era imposible, por la verticalidad y el militarismo. La conducción decidía
y los demás, obedecían o no. Llegados a ese punto, decidimos no obedecer.
Ahora la distancia se acorta. Gelman ya no evoca, como quien suelta gotas de su
juventud en el pocillo de café ajeno, dejando que la voz resbale espesa por el
cigarrillo. Esto le importa. Quiere ser claro. Es claro. Tensa la espalda y
planta los brazos sobre la mesa como un león alerta. Por momentos las manos
avanzan, probablemente sin que él lo advierta, rozan en vuelo leve la espiral
del cuaderno donde hay preguntas escritas. Tocan el papel, apenas la tinta seca.
Como si todas las respuestas se concentraran de pronto en las puntas de esos
diez dedos que ahora se mueven ciegos y sensibles, como nervios al desnudo.
-En el 73 se suponía que lo que se abría eran vías de discusión política
pacífica. Yo, por lo menos, lo supuse, y era así. La organización, entonces,
estaba instalada en las villas, en sectores obreros, profesionales, en la
juventud. Eran centenares de miles que no pertenecían directamente a Montoneros.
Pero ahí es donde empezaron las grandes macanas, porque la derecha peronista fue
muy rápida y, con la Triple A, empezó a matar compañeros. La respuesta fue hacer
lo mismo, y eso no era lo mejor, eso no era lo mejor... Yo discutí esa posición,
pero no tenía poder de decisión. Además, en el año 74 la organización decidió
por su cuenta pasar a la clandestinidad, cuando, en realidad, todavía existían
caminos por recorrer desde el punto de vista de la discusión política: había
diputados nuestros en el Congreso. Al pasar a la clandestinidad, perdóneme la
expresión, la conducción dejó con el culo al aire a toda esa gente que estaba
dando la cara y que hasta el momento era absolutamente legal. La organización
tenía medios para cubrirse (no se olvide del secuestro de los Born, había 60
millones de dólares), pero a los demás, los dejaron al descubierto. Esto produjo
muchas bajas. Muertes, quiero decir. Ahí empezaron los desastres.
Probablemente Gelman se lo haya preguntado infinidad de veces, por eso no espera
a que la pregunta sea formulada y ensaya la respuesta como un parpadeo o una
respiración, un movimiento muscular reflejo y vital.
-¿Por qué uno permanece en una organización a partir del momento en que empiezan
los desacuerdos? Creo que, en primer lugar, porque uno invierte mucho en la
militancia, desde el punto de vista ideal, espiritual, intelectual, de tiempo...
Cuesta dejar eso. En segundo lugar, lo que se veía en aquellos años (aunque muy
pronto se empezó a ver que no iba a ser así) era que, por la influencia y la
simpatía popular que tenía, Montoneros podía abrir un camino diferente del que
proponía Perón y del que proponía la derecha peronista. Y, en tercer lugar,
siempre (al menos durante un tiempo) existe la esperanza de que las cosas
cambien. Además, el hecho de que mataran a los compañeros no ayudaba a abandonar
la lucha, porque esto uno también podía sentirlo como una traición a su memoria.
Por otra parte, la organización era bastante anárquica, producto de la
incorporación rápida de miles de personas que llegaron por simpatía pero que, en
general, no tenían una formación política, digamos, de cierto nivel. Se iba
juntando gente de extracción ideológica diferente y la conducción no hizo
síntesis de todos esos elementos. Fue una organización sincrética.
De aquellos años Gelman guarda más de una herida: un hijo secuestrado y
asesinado durante la dictadura, y un nieto (o nieta) nacido en un campo de
detención clandestino, al que no llegó a conocer, que habrá cumplido veintiún
años y permanece desaparecido.
-Yo me equivoqué, como tantos otros. Pero tampoco siento culpa por eso. Creo que
la culpa puede ser un sentimiento cómodo: más bien hay que sentirse responsable
en la medida en que a uno le tocó ser responsable. Por otra parte, los ideales
que me movieron a militar siguen en pie. No he perdido la creencia en la
necesidad de un mundo más justo.
Aquel escritor santiagueño
La década del 70 se abre en la historia de Gelman como un solo golpe de hacha
sobre el flanco de un árbol noble. Escuchándolo, por momentos se tiene la
sensación de que algo se detuvo en su vida, algo se heló en los bordes del tajo
dejando una mancha de sombra perpetua. Y sin embargo su vida continúa, ocupada
en las cosas de siempre: la poesía, el periodismo, su nieto de catorce años,
hijo de su hija.
-Es un nieto formidable. No lo digo porque sea mi nieto, pero lo digo porque es
mi nieto. Está estudiando en el Carlos Pellegrini, quiere ser futbolista y
doctor en ciencias económicas. Nos queremos mucho. Suele venir a México a pasar
las vacaciones con nosotros y cada vez que viene a casa arruina la configuración
de la computadora, pero mi mujer lo quiere y no se queja. Respecto de lo que
pasó en la Argentina, él quiere saber. Es un interés que se le despertó
últimamente. A mí me parece que esas cosas no se pueden forzar, de ninguna
manera. Claro que, viviendo juntos un par de meses, siempre surgen temas; pero
ni mi mujer ni yo machacamos con el asunto ni estamos todo el tiempo mencionando
a su tío. Si él pregunta, bien; si a mí me dan ganas de decirle algo, cómo no.
Hoy, Gelman sigue ejerciendo el periodismo, oficio que eligió ya desde joven
"como una forma de vivir de la palabra, algo que con la poesía era imposible
hacer". Bajo el título de Prosa de prensa, Ediciones Grupo Zeta publicó, en
marzo de este año, una selección de los artículos periodísticos que el poeta
escribió desde 1989 para Página/12 y para medios extranjeros -Siempre me pareció
que el periodismo era un género literario. A mí, trabajar como periodista me
ayudó mucho; me permitió entrar en contacto con personas y realidades que, de
otro modo, no hubiera conocido. También le permitió darse algunos gustos o, si
se quiere, crear realidades un poco más perfectas que las que habitualmente
narran los diarios. Entre 1971 y 1973, después de haber pasado por las
redacciones de Panorama y de Crisis, dirigió el suplemento cultural de La
Opinión, donde trabajaba con Osvaldo Soriano. Cada tanto, y en un derroche de
generosidad editorial, juntos despuntaban el vicio de promover a ignotos
escritores del interior del país (preferentemente inexistentes, a los que en
general atribuían un deceso de fecha fresca), publicándoles supuestos textos
inéditos y aun póstumos.
-Esto, en realidad lo empezó a hacer Borges. Si lo hizo él, ¿por qué no
nosotros? Una vez pasó algo muy divertido. Soriano había preparado una edición
especial sobre la literatura de ciencia ficción en la Argentina. Las páginas
tenían que irse el viernes a la noche porque el suplemento salía impreso el
sábado y se repartía el domingo. Y viene Hermenegildo Sábat, que era el
diagramador del suplemento, preocupado porque le faltaban como cuarenta líneas
para completar la página y Soriano ya se había ido. Me senté y escribí un
cuentito que se llamaba "La misión": unos indígenas que, se supone, están en
España ven pasar a quien, se supone, es el Cid Campeador, con un montón de
prisioneros encadenados, caminando a orillas del río. Los indios miran y dicen:
"No, éstos son bárbaros. Mejor nos volvemos". Lo publiqué firmado por un autor
santiagueño. (Y que Timerman me perdone, pero Soriano lo cobró a nombre de este
compatriota y con esa plata nos fuimos todos a comer a El Pulpo.) Lo curioso fue
que, años después, un señor amigo de Soriano, que se dedicaba a hacer estudios y
archivos de ciencia ficción, se lo encuentra a Osvaldo en el exilio y le
pregunta: "Che, ¿qué se hizo de aquel escritor santiagueño que apareció una vez
en La Opinión?" Soriano, muerto de risa, le dijo: "No, ese fue Gelman. Había que
llenar un hueco y escribió cualquier cosa". El hombre, con una rabia
extraordinaria, fue hasta el archivo, que había logrado salvar con grandes
esfuerzos, sacó la ficha del santiagueño y la rompió, mientras se quejaba de mí,
indignado: " ¡Qué tipo poco serio!".
Gelman cuelga una carcajada en el humo.
-Y bueno, era el suplemento cultural, y la mentira es una forma de la cultura.
©Verónica Chiaravalli para La Nación
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El
entrevistador
Entrevista al Subcomandante Marcos
por Juan Gelman
Régis Debray lo considera el mejor escritor latinoamericano. Desde antípodas
políticas, Octavio Paz ha elogiado su escritura. Pero el subcomandante
Marcos, jefe militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, habla
con timidez de su condición de escritor. "Más fácil sería con un mate", dijo
en uniforme guerrillero y pasamontañas que sólo confía al aire los ojos y
parte de una nariz objeto de su autoburla constante. La máscara no atenúa la
clara emanación de juventud. Es un fenómeno raro, sin antecedentes conocidos
en el mundo: su fama de escritor dimana de la prosa que vuelca en los
comunicados que firma en nombre del EZLN. Son textos políticos que han
llevado de la guerra de verdad a la guerra de palabras, pero el
subcomandante les añade paseos de ficción en las posdatas. Donde ha
aparecido hace meses el personaje Durito, un escarabajo que se proclama
Caballero Andante de la Selva Lacandona y tiene a Marcos de escudero. Ambos
dialogan como el Quijote y Sancho Panza sobre las materias más diversas y
de política además. El Nobel mexicano calificó a Durito de invención
literaria memorable. La entrevista con el subcomandante insurgente del EZLN
se realizó en el marco del Encuentro Continental Americano por la Humanidad
y contra el Neoliberalismo, en algún lugar de la Selva Lacandona, y allí el
jefe militar zapatista reveló que siempre le ha gustado escribir.
-¿Cuándo escribió su primer poema?
-A los 13 años.
-¿Lo recuerda?
-No, hay cosas que más vale la pena olvidar.
-¿No recuerda las circunstancias que lo movieron a escribirlo?
-Sí, era melancólico, era sobre la vida y la muerte, medio tétrico, con la
pregunta sobre el sentido de la vida que probablemente se hace todo
adolescente. Yo estaba en la secundaria, como se dice en Argentina. Ya había
leído poesía y ese poema debe haber sido muy parecido a los que yo leía por
entonces. Me acuerdo más o menos del tema y de la circunstancia un poco
existencial, o bastante existencial, de ese momento, pero no me acuerdo mero
cómo iba.
-¿Siguió escribiendo poesía luego?
-No. Iba más al cuento, a la poesía casi nunca le entré. En aquel ámbito
cultural la poesía era mucho la cuestión de la métrica, tenía que rimar y
todo eso. Y entre que no me salía, que necesitaba pues un cierto manejo del
lenguaje, que apenas estaba aprendiendo, y que me provocaban aversión esos
chalecos, no sabía cómo entrarle. Entonces mejor le daba al cuento. Cuentos
escribí bastantes. Y, por supuesto, una novela que nunca acabé. Como todos
los escritores que se precian de serlo; siempre tienen una novela que nunca
han acabado. Pero no, a la policía, perdón a la poesía no le entraba, a la
policía tampoco.
-¿Pero ha escrito poesía en los últimos años?
-Escribí en el período de la montaña, los diez años que pasamos allí, sobre
todo en los primeros años 1984/1985 que fueron muy solitarios, poesía que
pretendía ser política. Tratando un poco de jugar al espejo o de ayudarnos a
nosotros mismos, pues éramos una pequeña pandilla casi que quería cambiar el
mundo; afirmando que sí valía la pena lo que queríamos hacer, o lo que
íbamos a hacer, aunque entonces no sabíamos que lo íbamos a hacer todavía.
Nosotros organizábamos actos culturales todos los lunes de cada semana: el
grupo de combatientes se juntaba en lo que llamábamos la célula cultural y
se decían poemas, se cantaba, se representaban obras de teatro. El único
libro que teníamos entonces yo era capitán era una antología de Miguel
Hernández. Había más reuniones culturales que poemas en el libro y éste se
acabó. "Escribe algo", me decían los compañeros, así que los primeros poemas
que escribí en ese período eran más bien por encargo. Y eran poemas así,
pues, lo rudimentario o lo acartonado que pueden ser los poemas sobre
pedido.
Luego ya escribí por gusto, por ganas, algunos más, volví otra vez al cuento
y a las narraciones cortas como las "Instrucciones para cambiar el mundo" o
las "Instrucciones para caer y levantarse", todo eso con mucha influencia de
Cortázar; uno de sus libros era el otro que yo cargaba. Pero a la poesía
siempre le he tenido mucho miedo. Es como dice Durito, la distancia entre lo
cursi y los sublime es delgadísima; yo le digo a Durito que no la conozco
porque no he logrado cruzarla, sigo todavía del lado de lo cursi. Así que
para llegar a lo sublime... Algo intenté en poesía cuando empezamos a hacer
contacto con las comunidades indígenas.
El manejo del lenguaje que hacen ellos, la descripción de la realidad, de su
realidad, de su mundo, tiene mucho de elementos poéticos. Eso como que
removió la trayectoria cultural normal o tradicional que traía yo en
literatura y empezó a producir esa mezcla que asomó en los comunicados del
EZLN del 94. Era un poco como estarse debatiendo entre las raíces indígenas
de un movimiento y el elemento urbano. Es lo que yo podría decir sobre esa
trayectoria, pero sí, siempre me gustó escribir. No mostraba lo que hacía,
por supuesto, escribía para mí mismo.
-Octavio Paz dice que Durito es una invención memorable.
-Eso es injusto, Durito protesta. Dice que él no es una invención, que es
real y que, en todo caso, la invención soy yo.
-¿Sigue leyendo poesía?
-Sí, cómo no. En alguno de los comunicados cuento la historia de una niña
que se murió, Paticha, explicando un poco esto de los nonatos. En realidad,
eso viene de la lectura de un poema de un argentino que habla de una niña.
¿Se acuerda usted de ese poema? ¿Cómo se llama?
-No sé de qué poema me habla.
-Si es suyo.
-Hay cosas de las que uno se quiere olvidar, usted lo dijo.
-No, es bueno ese poema. Lo encontré en una antología de la poesía
latinoamericana, junto con otro texto suyo. No me acuerdo cómo se llama,
pero habla de una niña que, obligada por las condiciones sociales, comete un
crimen. -¿Será, "María la sirvienta"?
-Andale, ése era. Su estructura inspiró la forma literaria de la historia de
Paticha. La historia es real, pero su presentación tiene mucha cercanía con
"María la sirvienta". Y en algunas de las historias que cuento, que contamos
nosotros, aparecen elementos poéticos digo, en mi caso de Miguel
Hernández, del Neruda del Canto general, sobre todo, un libro que nos
influyó mucho a muchos en la montaña y que también cargábamos. No conocimos
poesía más reciente hasta que ya bajamos.
-¿Y Pessoa?
-A Pessoa lo encontramos bajando de la montaña, del 94 para acá, en libros
que nos regalaban. Pero eso es nuevo. La poesía que frecuentábamos nosotros
era la que se consideraba poesía social o de compromiso. Que es la que nos
gustaba, porque estábamos en eso. O la más lejana de los clásicos como
Shakespeare, eso sí. Pero de la poesía contemporánea sólo la que tenía
contenido social; la que no, nos parecía que no servía, que era
contrarrevolucionaria, pequeñoburguesa, etcétera...
-¿Piensa lo mismo ahora?
-Evidentemente no.
-¿Y qué piensa?
-Nos damos cuenta ahora de que fueron esos elementos, los no esquemáticos,
los no tradicionales respecto de esa cultura de izquierda en la que nos
formamos nosotros, en especial de la izquierda clandestina, la de los
subterráneos, los que nos abrieron ventanas. Que lo que nos salvó como
proyecto social, como proyecto político y, sobre todo, como seres humanos,
fueron esas ventanas abiertas, esas supuestas "manchas" para un
revolucionario cuadrado, lo que nos llevaba a nosotros a decir bromeando que
para ser cuadros revolucionarios éramos bastante redondos. No respondíamos a
los esquemas pues, y por lo tanto estábamos desechados.
Esa cultura, esa literatura tienen su lugar, tienen su espacio y no pueden
ser catalogadas según los moldes que nos enseñaron, que poesía es la poesía
revolucionaria de "Patria o muerte, venceremos" solamente, o la que describe
una situación social. Hay poesía que trabaja sobre el lenguaje mismo y no le
importa tanto lo que dice sino el manejo del lenguaje; hay poesía que
expresa sentimientos o cuestiones vivenciales cotidianas; hay poesía de
muchas clases.
¿Cómo decirlo? El esquema político con el que habíamos crecido tenía su
referente o su equivalente en un esquema cultural, en un esquema ideológico
e incluso en un esquema moral que marcaba qué era lo bueno y qué era lo
malo: bueno es todo lo que sirva a la revolución, malo es todo lo que vaya
en contra de la revolución. Y ahí no está el problema de lo bueno y lo malo,
de esa manera sólo se lo está eludiendo. Y eso pasaba no con la literatura
únicamente, con la música también, o sea, cuál debíamos escuchar o cuál nos
debía gustar, porque de eso se trataba; de nuevo tenía que ser la música de
contenido social o la música revolucionaria, como le decíamos nosotros.
Y la otra pues era música enajenante, alienante, etcétera. Aunque nos
gustara, teníamos que callar y decir que la buena era la música de contenido
social. Esa concepción influía hasta en las pláticas del (grupo) colectivo.
El colectivo de montaña es un conjunto muy solitario, sometido a condiciones
muy duras, que tiende a cerrarse, a hacerse fuerte para poder resistir,
ayudándose uno a otro. Entonces la nostalgia estaba prohibida; en todo caso,
manifestarla. No es que hubiera una ley, pero cuando se notaban síntomas de
desmoralización en un compañero había que ayudarlo explicándole, por
ejemplo, que el proletariado, por una decisión histórica, iba a asumir sus
objetivos, etcétera.
-Hay quien supone que ciertas cosas dejan de existir no usando las palabras
que las nombran.
-Sí, era una especie de realismo socialista, pero en pequeño. Estoy hablando
de una columna formada por doce hombres. Doce en "las grandes fiestas",
decíamos que eran cuando nos juntábamos, porque en realidad nos partíamos en
unidades de cuatro. Ese esquema rígido invadía todo lo que era la vida del
campamento guerrillero. No se platicaba sobre la familia, porque te llevaba
eso al lugar de partida. Tampoco sobre las expectativas personales: no podía
uno imaginarse en el futuro siendo un hombre común y corriente, o podía,
pero no debía decirlo.
Decir, por ejemplo, finalmente cuando termine esto me voy a dedicar a ser
chofer; no, cómo, te contestaban, eso es contrarrevolucionario, tienes que
ubicarte en un lugar revolucionario, seguir en esto o hacerlo como el Che,
irte a otro país y continuar la pelea, etcétera.
-Antes evocó usted un problema que tiene que ver con lo que está expresando
ahora: el del contacto con la cultura indígena. ¿Ese contacto ayudó o quizás
obligó a modificar estereotipos, y no sólo desde el punto de vista de los
contenidos, sino también en lo que hace a la lengua? Porque sorprende a
quien visita Chiapas el castellano que hablan los indígenas, lleno de giros
y concordancias desusados. Algo semejante ocurrió en Guatemala cuando los
indígenas, después de más de cuatro siglos de padecer la dominación blanca,
empezaron a hablar el castellano y produjeron rupturas sintácticas
extraordinarias y muy enriquecedoras. ¿Qué piensa de eso? ¿Qué le ocurrió
con eso?
-En realidad, casi nadie toca ese tema. Nosotros advertíamos que la
concepción política de lo que el EZLN era entonces chocaba con la concepción
política de las comunidades indígenas y se modificaba. También hubo efectos
en el quehacer cultural del EZLN, que tenía una vida cultural bastante
intensa para una unidad guerrillera. No sólo nos enfrentamos con las lenguas
indígenas, sino también con su manejo y con la forma de apropiación del
español. Los indígenas no se apropian de conceptos, sino de palabras, y
traducen su visión con un manejo del lenguaje muy rico, como decir "está
triste mi corazón" por "me siento mal", o decir "me duele el corazón" y
señalarse la panza, que está cerca. De pronto alguien se enfermaba y decía
"me voy a morir" y al principio uno pensaba que, en efecto, se iba a morir;
y cuando se lo revisaba no era más que un dolor abdominal.
Pero así se sentía. Nos encontrábamos con que los indígenas manejaban el
lenguaje con mucho apego al significado de las cosas y al uso de imágenes
también. Teníamos que aprender ese otro manejo del lenguaje para poder
comunicarnos con ellos, y ellos con nosotros, lo que empezó a producir
efectos en nuestra forma de hablar. Y de escribir. Llegó un momento en que
estábamos hablando "chueco", como decíamos nosotros, a veces anteponiendo un
adjetivo, otras no nombrando una cosa sino aludiéndola como una imagen, y
sucedió que así cuajó nuestro modo, el modo de hablar de los zapatistas, y
eso nos hizo perfectamente identificables. Claro, nadie nos andaba buscando,
pero en las comunidades se sabía quién era zapatista por el modo de hablar,
incluso para explicar la política y para explicar la guerra, que entonces
apenas era un futuro incierto.
Muchos han percibido los efectos del contacto con las comunidades en la
política y la organización de los neozapatistas, pero nadie o pocos son los
que se han dado cuenta de las consecuencias del choque cultural, que sin
embargo llama la atención también en el neozapatismo. Me refiero al manejo
del lenguaje en relación con la política. Así lo vemos nosotros, pero es muy
difícil reflexionar desde adentro, nos falta distancia y nos falta tiempo
para ver cómo se da eso. Necesitamos un exterior, un outsider para poder
entenderlo. Nosotros no podemos explicar qué es lo que hizo posible eso.
Sabemos que lo estamos haciendo y decimos "algo pasó aquí", pero no hemos
pensado todavía sobre lo que realmente ocurrió para que se produjera el
zapatismo de 1994. También hay que considerar cómo entró el zapatismo en
contacto con la sociedad civil, con ese México que no tenía nada que ver ni
con el enemigo ni con el compañero. Ese hecho también influye en el trabajo
de lenguaje del zapatismo.
Puede incluso verse cómo los comunicados del EZLN de los primeros días del
94 y los que fueron emitidos más adelante en el año dan paso a una
modificación en el lenguaje que está buscando su acomodo y se está haciendo
todavía. Es decir, se ha sumado otro elemento, aparte del indígena y del que
procedía de la izquierda tradicional que bajó de la montaña: los dos últimos
constituían ya una realidad compleja que otra vez se enfrentó con una
realidad compleja, la de México. Y hay como una retroalimentación así lo
vemos, vamos tocando puertas, encontramos una abierta, nos metemos, tocamos
otras y así; y en el lenguaje estamos tocando puertas y donde vemos que se
abren, por ahí seguimos.
Por eso a veces nuestro discurso es muy repetitivo, pensamos que lo que nos
resultó una vez y nos permitió hacernos entender va a volver a producir el
mismo efecto. Desgraciadamente, no siempre es así. A veces produce el efecto
contrario; otra vez lo mismo, se piensa, y más porque del zapatismo se
espera siempre algo nuevo, más creativo, que no incurra en la reiteración, y
para nosotros lo más cómodo es insistir con lo que sabemos ya que resultó.
A dos años de nuestra salida a la luz, ése es uno de los problemas que
tenemos. Debemos seguir buscando dentro de nosotros mismos y dentro de las
relaciones creadas un lenguaje que no nos haga perder el puente con la
sociedad que logramos construir en los últimos dos años. Sabemos lo que no
hay que hacer, es decir, repetirse, pero todavía tenemos que precisar lo que
hay que hacer, y eso estamos probando. Por eso nos sirve mucho el contacto
con gente que no viene de nuestra trayectoria, no me atrevería a decir de
afuera porque es gente que está muy imbricada en el movimiento, pero que ve
otras cosas, tiene otras experiencias, otra historia y ha hecho otro
recorrido.
Eso nos ayuda a ver dónde podemos avanzar. Y en buena parte el futuro del
zapatismo está en el lenguaje. No quiero decir que el zapatismo va a
desaparecer, pero su futuro y su quehacer tienen que ver mucho con el
quehacer de su lenguaje. Según sea el futuro de su palabra, será el futuro
del EZLN. No, no el EZLN, del zapatismo, que hoy es mucho más amplio.
-En su mensaje de la ceremonia de clausura del Encuentro Continental
Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo dijo usted que al
zapatismo se le exige no que se parta en dos sino en muchos pedazos, en
referencia a la satisfacción de unos y la preocupación de otros por sus
intervenciones anteriores. ¿Deberá cambiar el lenguaje de sus comunicados
para contentar a todos?
-Tal vez convenga insistir en ese partirse en dos, en tres o en cuatro; unos
esperan del zapatismo una guía, respuestas a cosas prácticas; otros, un
pronunciamiento político; otros, algo que arranque una sonrisa; otros, algo
que sea nuevo. Eso es algo, lo digo honestamente, que cada vez torna más
difícil escribir, cada vez se siente más que estás escribiendo para agradar
a alguien o algo, y se corre el riesgo de perder la frescura, la que
teníamos nosotros antes, cuando escribíamos y al que le gustó, le gustó, y
al que no, se chingó (se jodió).
Pero las presiones sobre el zapatismo, de las que hablé en la clausura del
Encuentro, en cuestiones políticas, también se dan en cuanto al manejo del
lenguaje. Qué es lo que se debe decir, qué expresión es machista o sexista,
cuál es feminista, y sentimos como que nos empiezan a acorralar. Nosotros no
nos alzamos en armas para esto, nosotros queríamos el uso de la palabra y
escribíamos por gusto y no queremos perderlo. No queremos hacernos
profesionales de la palabra, gente que exista para producir una mercancía,
algo para el mercado, aunque ese mercado sea de izquierda, o sea
progresista, o sea democrático, lo que sea. Para eso hay computadoras. Se
las programa y sale lo que uno quiere.
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El
poeta
OPINIONES (de "Gotán")
Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
SI DULCEMENTE (de "Si dulcemente")
Si dulcemente por tu cabeza pasaban las olas
del que se tiró al mar / ¿qué pasa con los hermanitos
que entierraron? / ¿hojitas les crecen de los dedos? / ¿arbolitos /
otoños que los deshojan como mudos? / en silencio
los hermanitos hablan de la vez
que estuvieron a dostres dedos de la muerte / sonrien
recordando / aquel alivio sienten todavía
como si no hubieran morido / como si
Paco brillara y Rodolfo mirase
toda la olvidadera que solía arrastrar
colgándole del hombro / o haroldo hurgando su amargura
(siempre)
sacase el as de espadas / puso su boca contra el viento /
aspiró vida / vidas / con sus ojos miró la terrible /
pero ahora están hablando de cuando
operaron con suerte / nadie mató / nadie fue muerto / el enemigo
fue burlado y un poco de la humillación general
se rescató / con corajes / con sueños / tendidos
en todo eso los compañeros / mudos /
deshuesándose en la noche de enero /
quietos por fin /solísimos / sin besos.
ORACION DE UN DESOCUPADO (de
"Violín y otras cuestiones")
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello.
NOTA I (de "Si dulcemente")
Te nombraré veces y veces.
me acostaré con vos noche y día.
noches y días con vos.
me ensuciaré cogiendo con tu sombra.
te mostraré mi rabioso corazón.
te pisaré loco de furia.
te mataré los pedacitos.
te mataré una con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la rnano.
y con el hijo de mi hijo / muertito.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar /derrota.
nunca me faltará un rostro amado para matarte otra vez.
vivo o muerto / un rostro amado.
hasta que mueras /
dolida como estás / ya lo sé.
te voy a matar / yo
te voy a matar.
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De "hearts and
minds"
Por Juan Gelman
Los "halcones-gallina" no limitan su esfuerzo a "ganar los corazones y las
mentes" de Irak y del resto del mundo (con los resultados a la vista): también
vigilan que ningún profesor introduzca ideas patrióticamente incorrectas en la
cabeza de quienes siguen carreras relacionadas con el Medio Oriente. Para eso
existe The Middle East Forum, un think-tank que se autoasignó la empresa de "definir y promover los intereses de EE.UU." en la región. En el marco de su
proyecto Campus Watch, "supervisa y critica los estudios sobre Medio Oriente que
se realizan en Norteamérica con el propósito de mejorarlos"
(www.campus-watch.org). Claro que cada quien entiende a su manera cómo mejorar
las cosas.
En este caso la mejora consiste en defender la política "antiterrorista" del
gobierno Bush y al Estado de Israel y de acallar cualquier análisis o enseñanza
que cuestione su legitimidad en el ámbito universitario. Semejante propósito
asomó al cumplirse exactamente un mes de los atentados del 11/9: el Consejo
Estadounidense de Patrocinadores y Graduados (ACTA, por sus siglas en inglés)
publicó un informe titulado "Defender la civilización: de cómo nuestras
universidades debilitan a EE.UU. y qué se puede hacer al respecto"
(www.goacta.org, 11-10-01). Contiene 117 citas de profesores que habían
expresado algún grado de rechazo a la intervención militar norteamericana en
Afganistán. El Middle East Forum se encarga de precisar lo de qué hacer al
respecto.
Campus Watch establece en su declaración de principios que "apoya la irrestricta
libertad de palabra de todos los educadores, cualquiera sea su punto de vista",
pero en su web registra -fuera de contexto- "frases inconvenientes" de numerosos
catedráticos y recomienda a profesores políticamente correctos abundando en su
curriculum. Poco explica de los "non sanctos" y la intención es nítida. Otro
empeño del Forum es el proyecto David, diseñado en el 2002, que promueve
actividades universitarias "en respuesta a la agresión ideológica contra Israel
y sus partidarios en los campus de Norteamérica". La agresión consistiría en "la
formulación de críticas a las políticas de Israel y de EE.UU. que son legítimas,
pero que usan el lenguaje de los derechos humanos, la liberación nacional y la
libertad académica para demonizar a Israel, a los israelíes y a sus
partidarios". La ocupación israelí de territorios palestinos en verdad demoniza.
A los ocupados.
"Los especialistas universitarios en Medio Oriente se han equivocado
constantemente en sus análisis", proclama Campus Watch. Desde luego, hay que
controlarlos porque esos estudios "tienen una importancia especial en razón de
que muchos de sus componentes, la guerra antiterrorista, el Islam militante, el
conflicto árabe-israelí, Irak, Arabia Saudita y otros están en el centro del
debate público". Lisa Hajjar, profesora de la Universidad de California, pasa en
limpio ese concepto: "La postura de la derecha consiste en que las universidades
y los académicos deben estar al servicio de los designios del Estado". El
Congreso ya se está ocupando del asunto.
El 2 de febrero del 2005 cinco representantes republicanos y uno del Partido
Demócrata introdujeron el proyecto de enmienda H.R. 509 que modifica y amplía el
capítulo VI de la Ley de educación superior de 1965 (www.govtrack.us/congress).
Propone que la secretaría de Educación establezca una junta asesora encargada de
supervisar los 120 programas de estudios internacionales que se imparten en
EE.UU.; dos de sus siete miembros "representarán a los organismos federales
responsables de la seguridad nacional". Eso es hablar claro. Cualquier semejanza
con los comisarios políticos de la ex URSS no es casual. Hay malas costumbres
contagiosas.
El párrafo 633 de la enmienda especifica las facultades de la junta. Entre
otras: "Formular recomendaciones a la Secretaría (de Educación) y al Congreso a
fin de mejorar los programas (de estudios internacionales) para que reflejen
mejor las necesidades nacionales relativas a la seguridad interior..." (apartado
C). O: "Formular recomendaciones para que las instituciones de educación
superior subsidiadas insten a los estudiantes a servir a la nación y sus
necesidades en materia de relaciones internacionales, relaciones económicas
internacionales, idiomas extranjeros, o seguridad nacional" (apartado F). El
proyecto de enmienda H.R. 509 es una feroz dentellada a la libertad académica y
una más que se propina a los ya maltratados derechos civiles en EE.UU.
La Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios (AAUP, por sus siglas
en inglés), fundada en 1915, fijó hace mucho los principios de la libertad
académica y de cátedra en el país. Establecen, por ejemplo, que los profesores
tienen derecho a expresar sus opiniones con entera libertad, tanto en las aulas
como en público, y en los estudios o ensayos que redactan, sin someterse a
cuestionamientos de grupos políticos o de presión. Esto será pasado cuando la
H.R. 509 entre en vigor, será apenas "la huella de un navío que desapareció en
una mar desierta", como imaginaba Chateaubriand.
Página/12, 12/03/06
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El
hombre
Carta abierta a mi nieto o nieta
Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre
de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o después de tu nacimiento,
el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a
menos de medio metro de distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando
militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en
Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti que
funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado "El Jardín".
Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre Claudia. Los dos tenían 20 años y vos,
siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron
-y a vos en ella- cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz
solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te
sacaron entonces de su lado y fuiste a parar -así era casi siempre- a manos
de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista
amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra
para cada campo de concentración: los anotados esperaban quedarse con el
hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran
asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años desde que los
militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un
tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron de cemento y
arena y arrojaron al río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre
13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa
certeza.
Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron.
No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello
Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, en febrero de 1978. Desde
entonces me pregunto cuál a sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias.
Por un lado, siempre me repugnó la posibilidad de que llamaras "papá" a un
militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres.
Por otro lado, siempre quise que, cualquiera hubiese sido el hogar al que
fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin
embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún agujero o falla tenía que
haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son
biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que alguna conciencia
tendrán ellos de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido
mucho.
También pensé todos estos años en qué hacer si te encontraba: si arrancarte
del hogar que tenías o hablar con tus padres adoptivos para establecer un
acuerdo que me permitiera verte y acompañarte, siempre sobre la base de que
supieras vos quién eras y de donde venías. El dilema se reiteraba cada vez
-y fueron varias- que asomaba la posibilidad de que las Abuelas de Plaza de
Mayo te hubieran encontrado. Se reiteraba de manera diferente, según tu edad
en cada momento. Me preocupaba que fueras demasiado chico o chica - por no
ser suficientemente chico o chica- para entender por qué no eran tus padres
los que creías tus padres y a lo mejor querías como a padres. Me preocupaba
que padecieras así una doble herida, una suerte de hachazo en el tejido de
tu subjetividad en formación. Pero ahora sos grande. Podés enterarte de
quién sos y decidir después que hacer con lo que fuiste. Ahí están las
Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con precisión
científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen.
Ahora tenes casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás
mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban
mucho como vos y con un mundo mas habitable para vos. Me gustaría hablarte
de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que
reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él.
Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la
familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para
apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.
Los sueños de Marcelo y Claudia no se han cumplido todavía. Menos vos, que
naciste y estás quién sabe dónde ni con quién. Tal vez tengas los ojos
verdegrises de mi hijo o los ojos color castaño de su mujer, que poseían un
brillo muy especial y tierno y pícaro. Quién sabe cómo serás si sos varón.
Quién sabe como serás si sos mujer. A lo mejor podés salir de ese misterio
para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo que te espera.
12 de abril de 1995
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En
el nombre del hijo
"Estas visitas que nos hacemos, / vos desde la muerte, yo / cerca de ahí, es la
infancia que pone / un dedo sobre el tiempo y dice / que desconocer la
vida es
un error. / Me pregunto por qué / al doblar una esquina cualquiera / encuentro
tu candor sorprendido. / ¿El horror es una música extrema? / Las penas llevan a
tu calor / cantado en lo que soñaste, / las casas de humo donde vivía el fulgor.
/ De repente estás solo. / Huelo tu soledad de distancia / obediente a sus leyes
de fierro. / El pensamiento insiste en traerte y devolverte / a lo que nunca
fuiste. / Tu saliva está fría. / Pesás menos que mi deseo, / que la lengua
apretada del aire".
Pesa,
y pesaba, más que nada, más que todo, la perseverancia de un padre obcecado que
no había querido dar crédito al punto final que deparaba la búsqueda. La
búsqueda del último jirón de la vida de su hijo: una nieta nacida durante el
cautiverio de su madre cuyo paradero pudo descifrar, cual enigma, más de dos
décadas después. Y la búsqueda de la verdad. La verdad sobre la muerte de su
hijo, Marcelo Ariel Gelman, periodista y poeta como él, de apenas 20 años cuando
un comando militar asaltó su casa, y la verdad sobre la muerte de su nuera,
María Claudia García Irureta Goyena, un año menor, embarazada de siete meses en
aquel momento. La verdad inconclusa de "un padre huérfano de hijo, como soy,
porque el rescate de sus restos fue el rescate de su historia".
En ese rescate de su historia, Juan Gelman halló el 14 de octubre de 1989 los
restos de su hijo. Habían sido colocados en un tonel, mezclados con cemento y
arena, y arrojados al río Luján. Presumiblemente, el 21 de octubre de 1976,
después de haber estado en el centro clandestino de detención Automotores
Orletti, de la ciudad de Buenos Aires, destino habitual de los uruguayos
perseguidos por los regímenes militares de ambas márgenes del Río de la Plata
bajo las alas de la Operación Cóndor.
Marcelo Ariel Gelman y María Claudia García Irureta Goyena no eran uruguayos,
sino argentinos. Figuraba él, al parecer, en la agenda de una muchacha del
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), razón, en principio, de la redada
emprendida el 24 de agosto de 1976 y de su posterior asesinato, "de un tiro en
la nuca disparado a medio metro de distancia", así como del misterioso traslado
de su mujer a Montevideo, en donde nació el 1° de noviembre de ese año la hija
de ambos, María Macarena, inscripta como propia por un matrimonio uruguayo; el
padre adoptivo, fallecido en el momento del hallazgo, era comisario.
En la casa de Berta Schuberoff, la madre de Marcelo, estaban su hija Nora Eva
Gelman y un amigo de ella, de origen boliviano. Ambos fueron obligados a
dirigirse al domicilio de Marcelo por un grupo armado, presumiblemente integrado
por argentinos y uruguayos. Los liberaron 48 horas después.
"Marcelo tuvo inquietudes políticas desde su niñez. A los nueve años me
sorprendía con preguntas turbadoras, y pertinentes, sobre el Che y su consigna
de crear varios Vietnam en América Latina. Sé por compañeros de escuela de
Marcelo que ya en la primaria ejercía la protesta. Le molestaba la injusticia.
Molestar es palabra muy suave para lo que sentía: indignación. Sé también que a
los 14 años estaba en la Juventud Peronista de la resistencia, poniendo caños
contra las transnacionales. Como miles de jóvenes, confió en Perón. Tenía 16, 17
años y se desilusionó profundamente cuando Perón volvió al gobierno y apoyó a la
fascista Triple A y calificó de «jóvenes imberbes» a los que habían luchado por
su retorno. La desilusión no lo confinó en la pasividad. Se fue de la Juventud
Peronista por la izquierda, con la Columna Sabino Navarro.
"Desilusionado otra vez, merodeó por el ERP, que tampoco lo convenció. Cuando lo
secuestraron no tenía militancia partidaria, pero sí la suficiente historia
militante como para que la dictadura militar lo considerara un enemigo.
Encontraron su dirección en la libreta de anotaciones de una muchacha del ERP.
Estoy orgulloso de la militancia de mi hijo. A veces pienso que algo tuve que
ver yo con ella y eso redobla mi orgullo y mi dolor."
Marcelo, cédula de identidad número 6.827.025, había nacido el 11 de enero de
1956 en Buenos Aires y se había casado poco antes del horror, el 8 de julio de
1976, con María Claudia, también en Buenos Aires. Completó sus estudios
secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires e ingresó en la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Era periodista
independiente y también escribía poesía.
La nieta de Juan Gelman, de
nombre Macarena, ignoraba su identidad hasta que la localizó su abuelo en
Montevideo en 1999, cuando tenía 23 años de edad.
Tras efectuarse pruebas de ADN que confirmaron que era la nieta de Gelman,
Macarena asumió legalmente los apellidos Gelman García y adquirió la ciudadanía
argentina, que sumó a la de Uruguay, por nacimiento.
Tras recuperar con vida a su nieta, el poeta intensificó sus gestiones tanto
ante los gobiernos uruguayos como argentino para conocer datos sobre el destino
final de su nuera. La llegada al poder en Uruguay de Tabaré Vázquez, consiguió
el respaldo oficial que tan esquivamente buscó.
Actualmente Gelan aguarda con impaciencia y esperanza que las excavaciones que
se realizan en el recinto del Batallón 14 de paracaidistas logren devolverle los
restos de su nuera, para poder cerrar definitivamente el tortuoso ciclo que lo
atormenta.
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