por Jerónimo Castilla » Jue Mar 04, 2010 11:40 am
AVATAR. LA SUMA ANTICRISTIANA DE JAMES CAMERON
Por Flavio Mateos
DECIMOQUINTA PARTE
LAS CRÍTICAS
Evo Morales
Como sus personajes, “Avatar” se enchufa a la corriente de lo políticamente correcto que hoy impera en el mundo, para situar facilonamente al espectador en una contienda maniquea entre indígenas “buenos” vs. blancos “malos” o guerrilleros “buenos” vs. militares “malos”, que deja en claro dónde debe estar su simpatía.
De allí la primera lectura que muchos hacen a través de lo político-social, sin darse cuenta que Cameron va mucho más allá. Así, los medios de izquierda se congratulan –a pesar del excesivo grado de fantasía que a sus estómagos les repugna- de que “Avatar” instale la discusión sobre la explotación minera y de los recursos minerales, o tome partido por los indígenas sometidos por el capitalismo y los hombres blancos, al punto que el cocalero presidente de Bolivia el pro-marxista y anti-católico Evo Morales declare que la película lo entusiasmó porque es “una profunda muestra de la resistencia frente al capitalismo y la lucha por la defensa de la naturaleza” y también una “batalla contra el sistema que quiere acabar con la Madre Tierra”.
La información se completa diciendo que “El mandatario logró, junto a otros países, que la ONU declare el 22 de abril como “Día Internacional de la Madre Tierra” y propone la creación de un “tribunal de justicia de los derechos de la madre tierra” para sancionar la destrucción del medio ambiente”. Algunos se toman de esto, alborozados, para decir que el artista es el chamán de la tribu cuando lo verdadero es decir que el artista hoy es el esclavo del mundo enemigo de Cristo y al servicio del Nuevo Orden Mundial. Precisamente el indigenismo, instrumentado sobre todo desde Londres, es una de las armas que tiene el Poder Mundial para luchar contra los restos del catolicismo y lograr la ocupación de vastos territorios fértiles (Patagonia, Amazonia, Australia, etc.) con el argumento de “los derechos de los pueblos originarios”. Como señal a una concertada con el Poder Mundial, ya en su momento el presidente de Perú Toledo, egresado de Harvard, rindió su homenaje a la “Pachamama”, lo mismo que en payasesco acto, el presidente Kirchner. Y Morales, al fin y al cabo, despotrica contra la herencia española, pero lo hace hablando en español. ¿Acaso es tan ingenuo para creer que el sistema se gasta U$S 400.000.000.- (sí, cuatrocientos millones de dólares entre producción y publicidad) y que McDonalds y Coca-Cola promocionan una película que es contraria a sus intereses? ¿Es probable que ignore que la Revolución rusa de 1917 fue financiada por los banqueros de Wall-Street? ¿No es la ONU un organismo masónico que predica e impone mundialmente lo mismo que Evo Morales? ¿Quiénes fueron los que lanzaron la leyenda negra contra la conquista española que Morales publicita, sino los expoliadores capitalistas anticatólicos de aquel entonces?
Página 12
Otros medios de la izquierda, como Página/12, dicen que “En lo ideológico, no se puede sino adherir, por supuesto, al “mensaje” ecologista y antibélico que anida en el centro de la película”, pero, se lamentan, “la corrección política de Avatar parece demasiado básica, elemental –algo así como la guerra de Irak explicada a los niños– como para despertar alguna conciencia. Pero si se considera el descomunal éxito que la película ya está teniendo en los Estados Unidos, sería una felicidad equivocarse”.
Como suele suceder, la izquierda ve lo que desearía ver, y solamente ello. Pero no se preocupa de dar a conocer sus coincidencias con el Poder Mundial, quien es en definitiva quien la sostiene.
Clarín
La misma lectura obvia de la guerra de Irak y anteriores hace el siempre equivocado Diego Lerer desde Clarín, que, sin embargo, llega a advertir ciertas contradicciones en la película: “Avatar es un cúmulo de contradicciones. Una película ecologista y defensora de la naturaleza hecha casi toda digital, virtual. Un filme sobre el respeto a la identidad cultural de los pueblos que aterriza en los cines de todo el mundo a la manera de un ejército invasor. Una apuesta a una revolución técnica armada con una estructura narrativa propia de la literatura del siglo XIX. Una épica de motivos cristianos para una película que abraza una suerte de panteísmo científico. Y así se podría seguir al infinito”.
Claro que su respuesta es lamentable, porque prefiere adherirse a la corriente de la historia (no sabemos si enchufado o no) al terminar diciendo: “Sin embargo, todas esas contradicciones, más que arruinar la experiencia, la expanden, enriquecen sus lecturas”. Y así es todo. Porque si la película “enriquece las lecturas”, la lectura que este crítico da es más bien complaciente y no llega al fondo de la cuestión, cosa que, como crítico, es su deber.
Por ejemplo, que “un filme sobre el respeto a la identidad cultural de los pueblos aterrice en los cines de todo el mundo a la manera de un ejército invasor”, lleva, por lo menos, a sospechar de esas buenas intenciones de tolerancia cultural, cuando todo el mundo –y la expresión no es exagerada- está viendo la misma película, probablemente en la misma clase de cines y seguramente con olor a pochoclo (pop-corn le llaman los yanquis) a su alrededor. Por lo que, esta “tolerancia a los pueblos originarios” que incluye a “sus religiones” no tiene otro propósito más que mostrar qué es todo aquello que no impide su omnipotencia, y suprimir de las mentes anestesiadas por la diversión la idea de la verdad, que es de por sí intolerante con la mentira. Con esta película se descarta toda idea de “misión” religiosa, inadmisible hoy en día, a la vez que se “convierte” a los nuevos zombies a la religión universal que hace del hombre un dios.
L´Osservatore Romano
El diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, en cambio, “señala que Cameron hace un paralelo entre el “genocidio” de los blancos contra las poblaciones nativas de Estados Unidos, presentando a los humanos de la película, como a los primeros y a los segundos como a los “na‟vi” de la cinta que habitan en el mundo de Pandora, lugar donde transcurre la ficción” (ACI). ¿Hasta qué punto son aplicables estas interpretaciones, la de la política en relación a Irak y la búsqueda de petróleo, y la del genocidio indiano en Norteamérica? Sí, estirando la cosa puede llegarse hasta allí, pero la película, creemos, no apunta a ello.
El motivo fundamental de la “Compañía” para estar en Pandora es la explotación de un valiosísimo mineral subterráneo (que, obviamente, es el McGuffin de la película, pero para nosotros también simboliza el fruto del árbol del bien y del mal, que promete hacer a los hombres como dioses y al cual los Na‟Vi no han recurrido: porque ya lo son). Algunos dicen: se trata del petróleo de medio oriente. Pero, ¿acaso la presencia norteamericana en medio oriente obedece sólo a buscar este recurso? No, además de su estrategia de ocupación –en especial de Afganistán y el Cáucaso- contra la hegemonía de Rusia y China, Estados Unidos ha sido llevado allí de las narices por Israel, quien en verdad domina su política exterior. Y la lucha de Israel es por sobre todo una lucha religiosa. Es cierto, el petróleo está, pero, ¿qué pueblos como los Na‟Vi viven en aquellos lugares?
Si queremos pensar en el genocidio norteamericano contra sus aborígenes, algo de lo que nunca se habla, nos preguntamos, ¿qué recurso natural valioso se buscaba para desalojarlos de allí? Y, ¿qué cultura extraordinaria, qué saber oculto escondían aquellas tribus? Puede sugerirse que se quiso hablar de la conquista española que vino a estas tierras buscando el oro escondido y produjo –según ellos- un genocidio de pueblos sabios. Por allí la cosa se hace más clara, porque además los españoles trajeron misioneros que se acercaban a los indios. En “Avatar” los avatares vienen a ser algo así como “misioneros” destinados a introducirse entre los nativos, pero interesados más bien en aprender de los indígenas para hacerlos cooperar con los conquistadores. Sin embargo, la película no hace referencia específica a ninguna de estas conquistas señaladas. Porque, según venimos diciendo, apunta a lo Universal y Cameron no debe ser explícito en este sentido, pues lo importante es poner el foco en las bondades de una cultura y espiritualidad paganas donde no ha penetrado el cristianismo y donde, se nos dice, no es necesario. Después, que haya sido el cristianismo o el anticristianismo el responsable de diversas conquistas o masacres, eso ya es otra historia que jamás se nos aclarará. Hoy no es posible que en una película como esta se ataque tan abiertamente al cristianismo, cuando lo que se desea es la conquista de los cristianos mediante estos ardides.
The New York Times
El comentarista de asuntos religiosos del New York Times, Ross Duhat, ve un poco mejor las cosas, al decir que “Avatar” presenta “una apología del panteísmo, una fe que hace a Dios igual a la naturaleza, y llama a la humanidad a una comunión religiosa con el mundo natural”. Este comentarista, prosigue citándolo el Osservatore Romano, “recuerda que esta visión religiosa es una especie de caballito de batalla del Hollywood más reciente. Para el comentarista la opción panteísta de Cameron y de la industria cinematográfica de Estados Unidos en general, sigue a través de este camino porque, millones de estadounidenses han respondido a ella de manera muy positiva‟”.
Ojos vendados
Un joven bienintencionado que se declara “en estado de shock” a raíz de esta película, influenciado por una teoría del cine “esotérica”, desde un lugar que se piensa católico, escribe elogiosamente, en Internet, lo siguiente: “En Titanic, el artista era Jack Dawson; en Avatar, es James Cameron. Por eso, además, en Pandora, no hay arte sino ritual y culto, es decir, arte verdaderamente vivo: Religión”. Muy bien, perfecto. Pero: ¿Qué religión se nos presenta ahí, confundido crítico, se puede saber? ¿Se presenta la única Religión verdadera o se publicita, se promueve, se defiende una religión falsa y se afrenta de esa manera al verdadero y único Dios, Uno y Trino que es Padre y no madre y por eso rezamos el “Padre nuestro”? Algunos parece que basta con que, por oponerse al craso materialismo imperante, se les muestre la zanahoria de lo “tradicional” y “religioso” para que corran insensatamente detrás de cualquier proyecto contrario a las ideas que dicen profesar. Una venda muy oscura cubre sus ojos, venda que sólo con pedirlo pueden obtener que se las quiten. Pero deben pedirlo y desearlo, claro está. Nosotros, como es un deber corregir al que yerra, procuramos cumplir con ello.
Guerra religiosa
Así las cosas, según vemos, en general los medios o hablan de un entretenimiento ambicioso y fascinante, o de los motivos políticos o científicos de la película, o los menos de una religiosidad sentimental que no llega al fondo de la cuestión. Nadie se pone hablar de lo que el film plantea: una guerra religiosa. Algunos porque no lo ven, otros porque no les conviene. Pero es claro que la película se inscribe dentro de una avanzada general de los medios y especialmente del cine donde uno de los temas dominantes es el del fin del mundo, y junto con éste, el anticristianismo. Como la reciente “2012”, las próximas a estrenarse “Tierra de zombies” (todo un título autoconsciente) o “The road” entre tantas de sesgo “apocalíptico”. O como las también a estrenarse “Agora”, “Creation” (¡todavía con Darwin!) o el film de animación “Cómo entrenar a un dragón”.
Hollywood es hoy la punta de lanza de esta invasión disimulada donde no hay coroneles de mandíbula rígida y bíceps trabajados al frente, sino muñequitos de colores amistosos y políticamente correctos. Veamos un ejemplo de esta mentalidad imbécil de los que hacen y difunden estas películas: Woody Harrelson, de la película de los zombies, dice en un reciente reportaje: “Mi relación con la religión y con Dios ha sido cambiante. De chico era muy cristiano. De hecho, en algún momento pensé en convertirme en pastor. Pero la idea de que es la religión de uno la que conoce y garantiza el camino a Dios, y que las otras no, me provocó rechazo. Pero haber leído la biografía del yogui Paramahansa Yogananda, haber descubierto otra mirada, más integradora, hizo que volviera a creer. En todo caso, creo que Dios es la Naturaleza. Sin embargo, en lo que respecta al cuidado del medio ambiente, la decisión pasa por los políticos” (Clarín, 26 de enero de 2010). Esta es la seriedad con que Hollywood encara todos los temas que luego nos imponen como si fueran inocuas diversiones a la vez que lecciones de moral.
Ya no se puede decir como alguna vez dijo el Padre Castellani: “Religión de Hollywood ¡sentimentalismo naturalista!” (“El Apokalypsis”, pág. 55, Ed. Jus, México, 1967.) porque también nos venden –y compramos- anticatolicismo furioso y pronto, satanismo. Ahora en 3D.
Sin embargo lo que no se dice, ¡pero se lo acepta!, es que los Na‟Vi son intolerantes para con los demás. Con ellos no puede vivir el diferente, ni siquiera físicamente, porque eso implicaría atentar contra el equilibrio de su naturaleza. Por lo tanto, quien quiera vivir como ellos debe seguir sus reglas y, también, sus creencias. Ahora bien, esos personajes son tolerados por el público porque las ideas de los Na‟Vi son las que hoy se defienden por doquier y todo el mundo tiene. Todos quieren ser como dioses y los Na‟Vi los confirman en ese camino. Pero, por supuesto, la vida no es como en la película, y si soy un dios pienso sólo en mis derechos y no en mis deberes, con lo cual terminaré chocando con el ego de los demás dioses. Las sociedades primitivas se sostienen mediante la crueldad con el extranjero. En “curar” ese exceso consisten sus rituales religiosos, movidos en el fondo por los demonios que los mantienen sometidos lejos de la luz de la verdad que es Cristo.