El domingo 5 de octubre de 1975 la organización Montoneros ataca el Regimiento 29 de Infantería Monte de Formosa en lo que se conoce como Operación Primicia. Para arribar a la zona se utilizaron aviones secuestrados. En el enfrentamiento se registraron oficialmente 16 muertes por parte de las fuerzas estatales, entre militares y civiles, y 16 bajas de los irregulares. Luego de robar armamentos los guerrilleros se repliegan en aeronaves hacia zonas despobladas de las provincias de Corrientes y Santa Fe desde donde se dispersan.

NOTAS EN ESTA SECCION
Los hechos  |  El hombre que perdió la memoria  |  Guerra a la vista  |  Entre comunicados y partes de guerra  |  La caída


NOTAS RELACIONADAS
Proyecto de ley beneficio extraordinario a los fallecidos durante el ataque ocurrido el 05/10/75

LECTURA RECOMENDADA
Diccionario de los 70

5 de octubre de 1975, una fecha de la tragedia argentina

Por Luis Zapiola*

[La policía toma las huellas digitales de un combatiente abatido. Foto La Nación]

El 5 de octubre de 1975, la Organización Montoneros atacó el Regimiento 29 de Infantería de Monte del Ejército Argentino.

La crónica de ese ataque fue volcada en el libro “Operación Primicia”, de autoría de Ceferino Reato, el escriba de Eduardo Duhalde y su teoría de una “Argentina para todos, los que quieren a Videla y los que no lo quieren”, con la intención política de adjudicarle todos los males de la dictadura militar al gobierno de Néstor y Cristina Kirchner y a la militancia de esos años de plomo.

En Formosa, cada 5 de octubre se recuerda a los soldados caídos, en especial a los conscriptos que dieron su vida en defensa del cuartel. Surgen en los medios expresiones de deseos de “juicio a quienes mataron a los soldaditos”. Ex profeso o por ignorancia omiten que ese juicio se realizó. Fue la causa “Sala Néstor” que tramitó durante años en el Juzgado Federal de Formosa. Para ilustrar lo que fue ese juicio, basta citar que Néstor Sala fue “procesado” por el entonces juez federal Vivas, muchos meses después de que este militante fuera fusilado en Margarita Belén, Chaco, por personajes siniestros a quien la justicia condenó a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Nunca se pudo procesar a nadie por la sencilla razón que los presuntos implicados, fueron torturados, desaparecidos y asesinados en la dictadura militar.

Jamás se pudo demostrar la participación de Néstor Sala. También se adjudica al diputado Carlos Kunkel el haber participado del ataque, aún cuando es público y notorio que Kunkel se encontraba detenido desde dos meses antes del hecho.

Dice Reato que ese ataque definió el golpe militar de 1976. Falso. La imposición de Videla como comandante en 1975, obedeció a la estrategia de los sectores civiles, económicos y eclesiásticos que ya tenían decidido el golpe el 11 de marzo de 1973. En esa Argentina de la violencia, a la fecha del ataque, los grupos paramilitares (Triple A, Comando Libertadores de América, Comando de Organización, Concentración Nacional Universitaria entre otros), integrados por civiles y personal del Ejercito, ya habían asesinado a mas de 1.000 militantes de diversas extracciones.

Inclusive, durante la trágica jornada del 5 de octubre, el ejército asesinó a tres formoseños, entre ellos un niño de 15 años confundiéndolos con los atacantes del cuartel. Hasta no hace mucho, sostenían que formaban parte del grupo “subversivo”.


Evita Montonera Nº 8. Clic para descargar

Como consecuencia del ataque al cuartel, al día siguiente se desencadenó en Formosa una durísima persecución contra militantes de la Juventud Peronista con centenares de detenidos. También contra la Unión de Ligas Campesinas Formoseñas, ULICAF, la Asociación Judicial Formosa y otras. Inclusive estas detenciones llevaron al Obispo de Formosa, Monseñor Scozzina, a cerrar todos los templos de la Provincia en protesta. Pocos meses después, las instalaciones del RIM29 se transformaron en un Centro Clandestino de Detención y exterminio, donde pasaron centenares de formoseños y se “desapareció” a cuarenta de ellos. Esos crímenes de lesa humanidad se juzgaron en el juicio al ex general Colombo “gobernador” militar de entonces, condenado y muerto culpable y hoy se están juzgando en la causa “Camicha” entre otras.

Recordar a esos soldados conscriptos nunca puede llevar a glorificar a un ejército que ya aplicaba la doctrina francesa en Tucumán, que constituido en “partido militar” venía asesinando a su pueblo desde hacía décadas. Solo como muestra , recuerdo los trágicos sucesos de la Patagonia Trágica, el bombardeo a Plaza de Mayo, la revolución libertadora, la masacre de Trelew y todos los golpes desde 1930, que impidieron el libre juego de las ideas en la sociedad argentina. Las fuerzas armadas de la Escuela de las Américas no merecen un lugar en la historia que la amnesia de algunos se empeña en proponer. Nada más lejos del Ejército de San Martin que liberó tres países de la Patria Grande.

Con todo el dolor que se vivió, nunca será equiparable el terrorismo de estado de Videla a este triste suceso de nuestra historia. Por eso, aprovechar los 5 de octubre para hacer apología del terrorismo de estado y de la “lucha antisubversiva”, es la forma más oscura de negar la historia. En especial por parte de aquellos que, en Formosa, jamás tuvieron una palabra de aliento a las víctimas de la dictadura, a las mujeres detenidas y violadas, a los niños apropiados, a los familiares de desaparecidos y a todos lo que padecieron esos años de terror.

Esos mismos hoy propugnan equiparar ese hecho y el terrorismo de estado, reinstalando la teoría de los dos demonios, mediante un proyecto de ley que intenta reparar a los familiares de los soldados. No es que no lo merezcan. Solo el camino es errado. Y mucho menos la autoría de quienes aún defienden el modelo de país que la dictadura cívico militar quiso instalar. La soledad de las victimas y querellas en las causas por delitos de lesa humanidad en Formosa así lo demuestran.

Hoy, recordamos a esos soldados formoseños que con veinte años ofrendaron sus vidas. Y también a jóvenes de veinte años que hicieron lo propio en la convicción de una Patria para todos, sin análisis sesgados, sin “diarios del lunes”, sin adjetivos calificativos.

Mi solidaridad a las familias de esos soldados formoseños en el recuerdo y el dolor de esas ausencias. Y a los 30.000 desaparecidos de la dictadura militar, ambos victimas del proyecto de país del privilegio.

La más perversa de las amnesias es aquella que utiliza los muertos para hacer política.

Octubre 2013


* Abogado. Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Formosa.

Fuente: Memorias de la Tierra
www.memoriastierra.blogspot.com.ar


Los hechos

Operativo y repliegue cuidadosamente sincronizado

En una acción sofisticada y de gran cobertura geográfica, más de 60 integrantes del movimiento Montoneros secuestraron un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas (LV-JNE "Ciudad de Trelew"), un Cessna 182D del Aeroclub Chaco (LV-HOT) y un aparato no identificado de la gobernación de Formosa, coparon el aeropuerto "El Pucú" de Formosa y atacaron el Regimiento 29 de Infantería Monte provocando 16 muertes (un oficial, un suboficial, 10 soldados y dos empleados civiles en el regimiento y dos funcionarios policiales) y 22 heridos entre las fuerzas legales, sufriendo 16 bajas y una treintena de heridos propios y causando la muerte de tres civiles (dos menores y un adulto). Las dos primeras aeronaves secuestradas fueron empleadas para replegar las fuerzas agresoras hacia las localidades de Nueva Valencia (Corrientes) y María Susana (Santa Fe), desde donde se dispersaron.

El Boeing 737 aterrizó en un campo arado fuera de la localidad santafesina y quedó varado casi 15 días hasta que un equipo de trabajo integrado por ingenieros militares y personal de Aerolíneas Argentinas, asistidos por consultores norteamericanos, canadienses y franceses, construyeron una pista de aterrizaje con planchas de aluminio y acondicionaron el avión para permitirle despegar el 22 de octubre. El operativo de recuperación fue apoyado logísticamente por cargueros C-130 Hercules de la Fuerza Aérea, que trasladaron personal y medios materiales desde distintos puntos del país hasta María Susana: Ingenieros militares desde Santo Tomé (Corrientes) y planchas metálicas desde Ushuaia (Tierra del Fuego).

La Fuerza Aérea se moviliza a raíz del operativo

A raíz de su severidad, el ataque disparó una serie de medidas oficiales que militarizaron completamente el conflicto y lo extendieron a todo el territorio nacional (decretos presidenciales secretos 2.770 a 2.772 del 6 de octubre de 1975). En concordancia con esas determinaciones, la totalidad de la Fuerza Aérea fue puesta en estado de alerta con la intención de desplegar sus medios a cualquier parte del país donde fuesen requeridos. Este dispositivo incluía cazas A-4B Skyhawk de la V Brigada Aérea, Mirage IIIEA de la VIII Brigada Aérea, entrenadores artillados B45 Mentor de la EAM y la VII Brigada Aérea, helicópteros artillados UH-1H Huey y Hughes 369 de la VII Brigada Aérea y bombarderos Canberra B.62 de la II Brigada Aérea. Las aeronaves de la VII Brigada Aérea eran probablemente las más activas del dispositivo ya que, además de permanecer en alerta con armamento y combustible completos, solían actuar como escoltas aéreos para el desplazamiento de convoyes de vehículos militares.

Fuente de datos: www.aeromilitaria.com.ar


El hombre que perdió la memoria

El caso del capitán Marcos Rodríguez en Formosa: está acusado de graves violaciones a los derechos humanos, pero dijo que nunca se enteró de nada. Tiene empresas en Buenos Aires, propiedades y locales en Paraná.

El capitán retirado Marcos Rodríguez vive en Paraná hace varios años. Está acusado de graves violaciones a los derechos humanos en Formosa, pero su hijo, el abogado y funcionario entrerriano, Marcos Rodríguez Allende, logró que la cuestionada justicia de dicha provincia le dicte una “falta de mérito”, no obstante lo cual sigue vinculado a la causa. En los próximos días será denunciado también por su participación en el crimen de dos jóvenes, antes del golpe de Estado. ANALISIS tuvo acceso a su declaración indagatoria, donde pese a los testimonios que lo imputan por haber participado en sesiones de tortura, dijo que “nunca se enteró de nada” y que desconocía que hubiera detenidos políticos en el regimiento formoseño donde cumplió funciones hasta diciembre de 1976. Declaró que su único ingreso son 1.500 pesos mensuales. O sea: también se olvidó que tiene participación accionaria en dos empresas -junto a su hija y a su esposa, respectivamente- con sede en Capital Federal; otros negocios en Viale o varias propiedades en Paraná, según pudo establecer este semanario.

El Regimiento 29 de Infantería de Monte del Ejército Argentino no es un lugar más en la historia de Formosa. Fue el destacamento que Montoneros intentó copar el domingo 5 de octubre de 1975 -pocos meses antes del golpe de Estado y en plena etapa de violencia entre el poder en caída del peronismo ortodoxo y los grupos guerrilleros- y que terminó con la muerte de más de una decena de efectivos de las tropas del Ejército y una veintena de bajas en las filas de la agrupación extremista, cuyos integrantes, para el plan de copamiento, habían llegado en su totalidad desde otras provincias.

Pero fue también uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura, desaparición y muerte de presos políticos. Muchos de los que estaban allí encarcelados, aparecieron poco después, en la larga lista de víctimas de la denominada Masacre de Margarita Belén, en el Chaco, donde, entre otros, se encuentran muertos tres entrerrianos.

Uno de los oficiales del destacamento era el entonces teniente primero Marcos Francisco Rodríguez, quien ya revistaba en la citada guarnición militar desde 1975. El padre del conocido abogado paranaense, Marcos Rodríguez Allende -ex asesor de la Oficina Anticorrupción y Ética Pública del gobierno entrerriano y ahora con funciones en el Ente Provincial Regulador de la Energía (EPRE)- está acusado de “privación ilegítima de la libertad, tormentos agravados, asociación ilícita y desaparición forzada de personas”. Si bien en principio tuvo una “falta de mérito”, aún sigue vinculado a la causa que se lleva adelante en el Juzgado Federal de Formosa. Quien lo reconoció como partícipe de las sesiones de tortura fue el ex preso político Ismael Rojas, quien fuera detenido el 6 de agosto de 1976. Primero estuvo en la dependencia policial formoseña, pero a las 24 horas lo llevaron al destacamento militar.


Imagen y texto de El Auténtico, una de las publicaciones de la Tendencia.

“Allí me desnudaron, me vendaron y me despojaron de mis pertenencias. En un camión nos trasladaron a un lugar que luego reconocí como La Escuelita o San Antonio, donde me torturaron al igual que a otros detenidos. Pude conversar con el doctor Fausto Carrillo, abogado paraguayo exiliado en Formosa, hoy desaparecido, quien se encontraba muy mal por las torturas. Había perdido las uñas. Durante las sesiones de tortura en el regimiento militar, con picana eléctrica y golpes, me hicieron firmar varios papeles, cuyo contenido yo desconocía, pero que fueron usados en mi contra en el Consejo de Guerra”, relató Rojas. “Allí pude ver a los detenidos Pedro Velázquez Ibarra, Francisco Horacio Sierra, un abogado de apellido Miño, un muchacho de 25 años de estatura mediana y paraguayo, Ricardo Rojas; un conscripto de nombre Genes, que estaba conmigo, era muy torturado y finalmente falleció.

El personal que intervenía en las torturas era el doctor Domínguez Linares, otro segundo del regimiento que no recuerdo el nombre y el teniente primero Rodríguez”, acotó.

El militar retirado con el grado de capitán, compareció ante el juez formoseño, Marcos Bruno Quinteros, en la mañana del 29 de septiembre, después de permanecer detenido por unos días, por disposición del fiscal Federal Omar Danilo Benítez. Lo hizo acompañado de su abogado defensor e hijo, Marcos Rodríguez Allende. “En principio, rechazo las imputaciones en todos sus términos”, dijo en el arranque el militar, quien señaló que tiene residencia en Fray Bartolomé de las Casas 2.259 de Paraná (aunque en esa cuadra no existe ninguna casa con tal domicilio), de acuerdo a la declaración, a la que estuvo acceso ANALISIS. “No entiendo cómo puedo estar imputado de todos los delitos si no hay testigos que digan que Marcos Francisco Rodríguez ha cometido tal delito, cuándo, cómo y por qué”, agregó, tras manifestar que tiene un ingreso mensual de 1.500 pesos, aunque en ningún momento recordó su participación societaria en firmas con sede en Capital Federal o sus propiedades en Paraná (ver: “Los negocios…”).

El capitán explicó que en 1976 era “oficial de Finanzas” en el regimiento formoseño, que dependía directamente del jefe de la unidad. “Si alguien en la unidad quería comprar algo, se dirigía al jefe pidiéndole autorización, el jefe me consultaba y posteriormente se imputaban las partidas y se hacían las compras. De allí se definía qué se iba a comprar o a licitar”, añadió. Dio precisiones del lugar donde desempeñaba funciones y dijo que trabajaba de 7.30 a 12.30 y de 16 a 19.30. Aseguró que el funcionamiento de la sección Finanzas “estaba basado en la administración de toda la unidad, en todo lo referente a haberes, viáticos, pasajes, racionamiento del personal (revistaban alrededor de 600 hombres), compras y el abastecimiento”. También dijo que “frente al comedor de tropa había cuatro oficinas más que no las ocupaba nadie y estaban cerradas con llave siempre; que veía que venía (el militar) Camicha y luego se iba; también venía (al oficial) Steinbach, no todos los días, que sacaban carpetas, pero nunca les consultó, porque pensó que eran archivos que tenían y que sabía que pertenecían a Inteligencia”. Tales dichos provocaron el obvio malestar en los militares mencionados, como así también con los abogados defensores, según pudo saber este medio.

Análisis Digital, 03/11/05 | www.analisisdigital.com.ar


PUBLICIDAD

"Guerra a la vista"

"Guerra o la vista", dice un General en Argentina.

BUENOS AIRES. Oct. 7, 1975 (UPI) Un general advirtió hay que en la Argentina la guerra está a la puerta de los hogares", poco después que informes; sobre nuevos enfrenamientos entre guerrilleros izquierdistas y fuerzas de seguridad en Formosa aumentaron a cuarenta y dos muertos y unos treinta heridos el saldo extraoficial de victimas dejado por el frustrado ataque extremista del domingo contra una unidad del ejercito en esa norteña capital provincial.

El sangriento ataque se proyectó además al plano gubernamental. al informarse que la ofensiva sin precedentes de la violencia guerrillera podría obligar a cancelar la concentración popular del diecisiete de octubre, la máxima fecha peronista, a la cual la presidenta María Estela Martínez de Perón pensaba supuestamente asistir poniendo fin a su periodo de licencia iniciado hace veinticuatro días.

Fuentes policiales informaron hoy en Formosa, ciudad mil doscientos kilómetros norte de Buenos Aires, que otros doce guerrilleros habrían muerto ayer allí en nuevos enfrentamientos con fuerzas de seguridad. come secuela del ataque del domingo contra et cuartel del regimiento Veintinueve de infantería del ejército.

Cuatro de los extremistas habrían sido abatidos cuando intentaban retirar del hospital local a un guerrillero que había resultado herido durante el ataque contra la unidad militar.

Esa información elevaría a cuarenta y dos el saldo extraoficial de muertos dejado por el ataque. Hasta ahora la cifra oficial de victimas suministrada por el ejército, es de doce miembros del arma y dieciséis guerrilleros. Pero según fuentes policiales también habrían muerto dos agentes del orden.

Por otra parle, las autoridades de Formosa se han referido públicamente a "civiles inocentes que cayeron" a consecuencia del ataque guerrillero, lo que indicaría que el número de victimas fatales podría ser aún mayor. Una versión periodística afirmó que habría dos niños muertos.

A su vez los heridos sumarian unos treinta, incluidos unos dieciocho soldados conscriptos, y habría ciento cincuenta detenidos. aunque la mayoría de eilos en calidad de sospechosos, según dijeron fuentes policiales.

Los doce guerrilleros abatidos elevarían a seiscientos ochenta y siete el número extraoficial de vidas cobradas por la violencia política en la Argentina desde que la presidenta asumió el poder hace poco mas de quince meses. En lo que va del año esa cifra asciende a quinientos diez.

Los restos del único oficial muerto durante el ataque guerrillero es el subteniente Ricardo Massaferro. de veintiún años, fueron sepultados hoy en un cementerio de esta capital.

En la ceremonia, a la cual asistieron el ministro de Defensa. Tomás Voitero. y el comandante general del Ejército Jorge R. Videla. entre otras autoridades, habló el jefe de logística del Estado Mayor del Arma. Gral. José Montes.

El alto militar dijo que "contra la subversión. la única respuesta valida será el Idioma de las armas manejado con justicia y discreción por el pueblo legalmente organizado".

Advirtió entonces que "hoy, siete de octubre de mil novecientos setenta y cinco, será el día de la definitiva toma de conciencia de que en el país la guerra está a la puerta de los hogares y aún dentro de los hogares, en las fabricas, en las escuelas y en nuestra vida diaria".

Agregó Montes que "este día es definitivo. porque no queda ninguna duda en la creencia de que la solución no la darán solamente las fuerzas de seguridad", indicando que los civiles deben colaborar en la lucha antlsubversiva.

Entre tanto, fuentes del peronismo indicaron que el ataque de Formosa era demostrativo de la intensificación sin precedentes de la campaña de violencia guerrillera. no descartándose que entre sus blancos futuros figure la concentración popular prevista el diecisiete de octubre frente a la Casa de gobierno para festejar la máxima fecha deJ calendarlo peronista, que en mil novecientos cuarenta y cinco marcó el ascenso político del extinto presidente y líder máximo del movimiento, Juan D. Perón. _ El ataque contra la unidad militar en Formosa se lo atribuyó el grupo guerrillero "Montoneros", peronista de izquierda, que combate al gobierno de la viuda de Perón, bajo la acusación que se ha dejado dominar "por la oligarquía y el Imperialismo"

Las fuentes periodistas indicaron que el grado de organización que ha alcanzado "Montoneros" permite suponer que podría intentar otro golpe espectacular el diecisiete de octubre, por lo cual "convendría" dejar sin efecto la demostración frente a la casa de gobierno.

Esa concentraran en el único hecho al cual ha sido vinculado el retorno al poder de la presidenta, quien lo delegó interinamente el trece de septiembre en el titular del Senado, Italo Luder.,para reponer su salud en una colonia de la fuera aérea en la provincia de Córdoba.

Las fuentes peronistas dijeron que debido a que lo único que había puesto un "limite extraoficial" a la licencia presidencial era el acto del diecisiete, su cancelación podría prolongar el periodo de descanso de la mandataria.

Fuente: El Informador, México, miércoles 8 de octubre de 1975


Entre comunicados y partes de guerra

Comunicado del Comando General del Ejército, 5 de octubre de 1975

"Se informa que en la fecha, siendo aproximadamente las dieciséis horas, elementas subversivos atacaron al Regimiento de Infantería 29, en la ciudad de Formosa. El ataque fue rechazado por efectivos de la unidad. Como consecuencia de este hecho resultaron muertos más de quince delincuentes subversivos. Perdieron la vida al rechazar el ataque un subteniente, un sargento y nueve soldados; entre los últimos se encontraba un entregador. No se produjo robo de armamentos ni equipos.

"Simultáneamente a estas acciones, otro grupo subversivo copó un avión de Aerolíneas Argentinas que dirigía desde Aeroparque a Corrientes, siendo desviado a Formosa, donde fueron bajados los pasajeros a efectos de evacuar al grupo atacante después que se concretase el intento de copamiento a la citada unidad.

"Posteriormente, dicha aeronave despegó de Formosa y aterrizó en proximidades de Rafaela, Provincia de Santa Fe, desde donde loa elementos subversivos emprendieron la fuga".

Comando General del Ejército, 5 de octubre de 1975


Parte de guerra de Montoneros

 
El
Regimiento 29 de Infantería de Monte funcionó como Centro Clandestino de Detención durante la dictadura

Ubicación: Barrio San Agustín, Provincia de Formosa, frente al Barrio Militar y el Barrio de Suboficiales. Cerca pasa el riacho Formosa y las vías del Ferrocarril Gral. Bartolomé Mitre.

Descripción: Se entra al lugar desde la ruta, cruzando una barrera donde se encuentra el Puesto de Guardia. Hacia la izquierda, frente a la Guardia hay habitaciones. La Plaza de Armas y las barracas están bordeadas por ligustros, debiendo circundar lateralmente este predio hasta una zona de pasto y tierra con árboles, frente a la cual se encontraban las celdas o calabozos.

Los calabozos se encontraban en una construcción cerrada, con puertas de madera con mirillas y rejas; paredes revocadas hasta la mitad con cemento alisado; piso de cemento y columnas de madera; una galería y un piletón de cemento. A unos metros de este sitio estaba la sala de torturas, que tenía al frente unos piletones a ras del suelo, un tanque y una arboleda.   www.nuncamas.org/ccd/r/reg29inf.htm

Formosa 6 de octubre de 1975

El día 5 de octubre nuestra Organización lleva a cabo la acción militar más importante realizada en nuestra patria para lograr su definitiva Liberación Nacional y social.

La misma consistía en la ocupación militar de la ciudad de Formosa, con centro en el Regimiento 29 de Infantería de Monte, a los efectos de recuperar armamento y mejorar el pertrechamiento del Ejército Popular.

Esta acción militar se montó sobre la Sección de Combate “Fred Mario Ernst” compuesto por los Grupos de Combate “Carlos Tuda” y “Zulema Willimer” que operaron simultáneamente y sincronizadamente con mando único y centralizado.

1.- Los Grupos, compuestos por siete Pelotones de Combate, tenían como objetivo la reducción de las cuatro Compañías, el retén, la Guardia del Cuartel y el Casino de Suboficiales.

En todos estos puestos hubo resistencia y luego del enfrentamiento fueron finalmente reducidos salvo en la Guardia. En este puesto lograron escapar un conjunto de efectivos militares que armaron una base de fuego logrando con esto hostigar a nuestra fuerza, fundamentalmente los Pelotones afectados a esa tarea. Es en este enfrentamiento donde nuestra fuerza tiene todas sus bajas.

Debido a ello fue necesario adelantar la retirada, lográndose concretar el objetivo de recuperación sólo parcialmente, apropiándose aproximadamente cincuenta fusiles automáticos que pasan a manos de las fuerzas militares del Pueblo.

En este enfrentamiento perdemos once compañeros entre muertos y heridos siendo todos finalmente fusilados. A su vez el enemigo sufre unas cuarenta bajas todas por no acatar las intimaciones de rendición que les impartía nuestra fuerza.

2.- El Grupo “Zulema Willimer”, compuesto de tres Pelotones cumplió la función de garantizar la retirada de la fuerza de asalto al Cuartel. Para ello inmovilizan a la Gendarmería y Policía Provincial, copan un avión Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas y copan el Aeropuerto Internacional de El Pucú.

La inmovilización de la policía y Gendarmería se hace con un Pelotón que establece una base de fuego sobre la única ruta de acceso a la ciudad. Al tomar contacto con el enemigo hay enfrentamiento, el enemigo se retira con bajas no precisadas y nuestra fuerza, sin sufrir bajas consigue cumplir con éxito esta parte de la Operación.

El Pelotón de copamiento del Aeropuerto encuentra resistencia por parte de la Policía Provincial y Gendarmería que presentaron combate y fueron derrotados posteriormente, los policías restantes y los gendarmes que se encontraban en el Aeropuerto se rinden. A partir de ese momento el control del mismo fue total.

Las bajas enemigas son cinco, nosotros no tuvimos ninguna.

El Pelotón de copamiento del avión logra su objetivo sin inconveniente, controlándose a la tripulación y al pasaje.

A estos últimos se les permite descender posteriormente, salvo a un miembro de la marina que se deja como rehén.

3.- El Grupo “Carlos Tuda” formado por tres Pelotones tenía como objetivo copar un campo en las inmediaciones de Rafaela, señalizar la pista y preparar la defensa y absorción hacia distintos puntos del país de las fuerzas y pertrechos que se retiraron de Formosa.

Todos estos pasos se cumplen exitosamente, tanto el descenso del avión como la defensa de los compañeros que retornaban en el avión su absorción posterior.

Con esta acción nuestra Organización comienza a desarrollar un Ejército regular que junto al conjunto del accionar militar y paramilitar que ya se ha efectuado y que se seguirá haciendo, perfilan ya claramente las sólidas bases de un Ejército que nutriéndose del Pueblo, se irá desarrollando progresivamente como una de las fuerzas decisivas que permitirán la toma del poder del Pueblo en la Patria.

Hemos demostrado nuevamente, a pesar del éxito sólo parcial de la Operación y de las bajas sufridas, la debilidad enemiga.

No hay lugar del país, ni siquiera sus cuarteles más alejados, donde las fuerzas militares de la reacción puedan sentirse seguras. Su debilidad lo muestra esta operación.

El enemigo ha elegido la guerra para seguir dominando al Pueblo; el Pueblo seguirá construyendo su ejército y los derrotará.

¡PERÓN O MUERTE!
¡VIVA LA PATRIA!

¡HASTA LA VICTORIA, MI GENERAL!

MONTONEROS

(Publicado en Evita Montonera Nº 8, octubre 1975)
 


La caída

En el segundo semestre de 1975, las organizaciones Montoneros y ERP ya habían sido declaradas ilegales por el gobierno de Isabel Martínez. Una exultante pasión militarista se había apoderado de los comandantes guerrilleros que festejaron como un triunfo el pase a la clandestinidad. Ese año, tan sólo los Montoneros, consumaron más de quinientas acciones militares en todo el país, algunas de importancia. Pero también en ese año comenzaría el tiempo de la derrota.

El 5 de octubre de 1975 Montoneros atacó el Regimiento de Infantería 29, en la provincia de Formosa. En la operación participaron más de cincuenta guerrilleros, en su mayoría vestidos con el uniforme de combate azul que había diseñado la organización. Para llevar a cabo la ofensiva, se robaron más de 20 vehículos y secuestraron un Boeing 739 de Aerolíneas Argentinas en pleno vuelo. Durante el asalto se produjo un intenso enfrentamiento, con un saldo de 13 muertos y 19 heridos en las filas del Ejército y un número similar o mayor de bajas, nunca confirmado, en el grupo guerrillero.

La destrucción del aparato militar del ERP, mientras tanto, se produjo a raíz del frustrado copamiento del Batallón de Arsenales 601, en la localidad bonaerense de Monte Chingolo. El operativo ya había sido advertido por los servicios de Inteligencia, y el Ejército se preparó para recibir el ataque. El 23 de diciembre de 1975, minutos antes de las 20, se inició la mayor operación guerrillera urbana contra un objetivo militar, aunque en realidad se trató de la mayor operación militar urbana contra las fuerzas insurgentes, que sufrieron más de 50 bajas en un solo día.

A la deserción de centenares de militantes de base y políticos que desarrollaban actividades sindicales y que no compartían la determinación de los comandantes insurgentes de combatir contra las Fuerzas Armadas "de ejército a ejército", se sumaron las numerosas detenciones de sus miembros, a las que se sumaban las bajas producidas en diversos enfrentamientos. A fines de 1975, las organizaciones guerrilleras ya no eran las mismas que habían comenzado el año.

Centro Clandestino de Detención Regimiento N° 29 de Infantería de Monte, Formosa

Ubicación: Barrio San Agustín, Provincia de Formosa, frente al Barrio Militar y el Barrio de Suboficiales. Cerca pasa el riacho Formosa y las vías del Ferrocarril Gral. Bartolomé Mitre.

Descripción: Se entra al lugar desde la ruta, cruzando una barrera donde se encuentra el Puesto de Guardia. Hacia la izquierda, frente a la Guardia hay habitaciones. La Plaza de Armas y las barracas están bordeadas por ligustros, debiendo circundar lateralmente este predio hasta una zona de pasto y tierra con árboles, frente a la cual se encontraban las celdas o calabozos.

Los calabozos se encontraban en una construcción cerrada, con puertas de madera con mirillas y rejas; paredes revocadas hasta la mitad con cemento alisado; piso de cemento y columnas de madera; una galería y un piletón de cemento. A unos metros de este sitio estaba la sala de torturas, que tenía al frente unos piletones a ras del suelo, un tanque y una arboleda.

www.nuncamas.org/ccd/r/reg29inf.htm

Cuando se produjo el golpe de marzo de 1976, tanto el ERP como los Montoneros se habían retirado de los barrios y fábricas, e interrumpido buena parte de su comunicación con las bases, lo que les significó perder una vital infraestructura para llevar adelante su funcionamiento clandestino. Dependían del aparato propio, y del dinero necesario para financiarlo.

A esto se sumaron las numerosas bajas entre sus cuadros militares, lo que redujo notablemente su capacidad ofensiva. La guerra contra las Fuerzas Armadas que se proponían ganar estaba a punto de culminar con su derrota aun antes de comenzar.

La conducción de Montoneros, ante la gravedad de la situación, elaboró un Código Penal de Justicia Revolucionario que castigaba la deserción de su filas con la pena de muerte. Un intento desesperado para frenar la constante fuga de militantes en sus filas. También lanzó lo denominaron "La Tercera Campaña Militar Nacional Montonera", cuyo objetivo principal consistía en eliminar físicamente a cualquier miembro de las fuerzas de seguridad que fuera detectado, donde fuera detectado. Necesitaban triunfos fáciles, militarizar a todos sus cuadros mediante el asesinato. Pobre guerra revolucionaria.

En marzo de 1976, el ERP y Montoneros tenían su estructura militar prácticamente reducida a la mitad de lo que habían logrado consolidar un año atrás. En otras palabras, en el territorio argentino no había más de 600 guerrilleros armados; el resto pertenecía a las ramas política, logística y otras igualmente ajenas a las operaciones de combate.

Ya en enero de 1976, el propio general Videla, en ese entonces Comandante en Jefe del Ejército, elaboró un informe referido a las organizaciones insurgentes en general, el que se originó tras el frustrado copamiento del Batallón de Monte Chingolo por parte del ERP. En ese documento, después de afirmar que las organizaciones guerrilleras se encontraban ante una "impotencia absoluta" en cuanto a su "presunto poder militar", señalaba que se había demostrado repetidamente "la incapacidad de los grupos subversivos para trascender en el plano militar". (8)

Sin embargo, en los últimos meses del gobierno militar, en abril de 1983, bajo la presidencia del general Reynaldo Bignone, la junta de Comandantes elaboró un "Documento final", con el que pretendía dar por cerrada toda revisión del pasado y que, entre otras cosas, afirmaba que los subversivos habían contado con 25.000 militantes, de los cuales 15.000 habían sido combatientes.

Una exageración absurda que contradecía los datos aportados por los propios militares, pero políticamente oportuna.

[Capítulo XX. El poder real de la guerrilla. CAMPO SANTO - Parte II http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/almiron/cposto/cposto31.htm ]


Cuando el poder pasó de la Casa Rosada al Edificio Libertador

La trama de cómo, en el gobierno de Isabel, los militares tomaron el control operacional del país. El penoso papel de Ítalo Luder

Por Ricardo Ragendorfer

El ataque montonero al Regimiento de Infantería 29, de Formosa –en el que murieron 12 insurgentes, diez conscriptos, un subteniente, un sargento y un policía– dejó su huella en la Historia. De hecho, lo ocurrido en ese ya lejano 5 de octubre de 1975 propiciaría una efeméride oficiosa: el denominado “Día de las Víctimas del Terrorismo en Argentina”. Pero también dio pie a una hipótesis algo antojadiza: dicha acción guerrillera habría provocado el golpe militar de 1976, tal cómo –por caso– sostiene Ceferino Reato, un ex vocero del polémico ex embajador Esteban Caselli, en su libro Operación Primicia (Sudamericana/2011). Lo cierto es que tal creencia se basa en que 24 horas después del copamiento, el presidente provisional Ítalo Luder firmó los decretos de aniquilamiento, que extendían a todo el país las facultades represivas que tenía el Ejército en Tucumán. Sin embargo, los sucesos que rodearon aquel acto, digamos, protocolar, estuvieron precedidos por un plan urdido con notable antelación por los militares para avanzar en su desfile hacia el sillón de Rivadavia. Esta es la crónica de aquel lunes.Hacía 24 días, Luder había escalado a la presidencia. Su interinato concluiría cuando Isabel Perón regresara de la localidad cordobesa de Ascochinga, a donde había viajado para reponerse de una colitis ulcerosa que se había convertido en una cuestión de Estado; esa incómoda dolencia solía obligarla a interrumpir de modo súbito actos oficiales, reuniones de Gabinete y hasta recepciones a dignatarios extranjeros. Luder soñaba con reemplazarla definitivamente. Los uniformados tenían otros planes.

Durante la mañana del 6 de octubre, Luder se reunió en el Salón de los Acuerdos con los jefes de las Fuerzas Armadas –Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Héctor Fautario– y el jefe del Estado Mayor del Ejército, Roberto Eduardo Viola. También estaban todos los integrantes del Gabinete.Videla, sentado a la derecha de Luder, miró su reloj. Viola habló por él:–El señor comandante tiene que viajar a Formosa y su avión sale en dos horas.Videla, a modo de disculpas, acotó:–Debo dar allí mis condolencias a los familiares de los soldados muertos.–¡Que desgracia la de estos muchachos!– se le oyó decir al ministro de Economía, Antonio Cafiero. El ministro de Defensa, Tomás Vottero, pronunciaría entonces una frase que haría historia:–A los extremistas hay que matarlos y perseguirlos como ratas.–Mejor sería primero perseguirlos y luego matarlos– corrigió el ministro de Trabajo, Carlos Ruckauf, en tono de broma. Nadie festejó la humorada. Videla consultó nuevamente su reloj, antes de tomar la palabra. Su voz carecía de matices. Pero reemplazaba ese vacío acompañando sus dichos con ademanes secos y elocuentes. Primero se refirió a “la vocación democrática de las Fuerzas Armadas”, haciendo hincapié en “su compromiso irrenunciable de garantizar el libre juego de las instituciones”. Luego, se lanzó de lleno al análisis del “flagelo terrorista”, apelando a una metáfora oncológica: “La subversión es un tumor maligno que debe ser extirpado con los métodos y los instrumentos que fueran necesarios”. Y concluyó:–No existe otra alternativa, señor Presidente, que extender el Operativo Independencia a todo el país. Se refería a la represión contra la guerrilla rural del ERP en Tucumán. En esa lucha se había privilegiado el rol de la inteligencia militar. Y las batallas decisivas se libraban en los interrogatorios a los pobladores y prisioneros del ERP. De hecho, allí ya funcionaban los primeros 14 centros clandestinos de detención del país. El Jardín de la República se había convertido en un laboratorio del terrorismo de Estado. La mirada de Luder seguía clavada sobre Videla. En ese instante, Cafiero se permitió una objeción:–La realidad del país, general, tiene algunas diferencias con respecto a lo que pasa en Tucumán. Videla lo fulminó con una expresión poco amigable:–Doctor, hay un denominador común: esta es una guerra de inteligencia, con todas las particularidades que ello acarrea. Esas “particularidades” aludían a la obtención intensiva de informaciones arrancadas mediante la tortura. Tal sería la columna vertebral de las operaciones militares. Videla, con el cuello estirado hasta lo imposible, retomó el hilo de su exposición:–Los extremistas apuestan a su crecimiento geométrico. Nuestra misión, señor Presidente, es abortar precisamente eso. Luder, muy impresionado, preguntó:–¿Cuánto tiempo nos llevaría la pacificación nacional tal como usted la plantea? Videla, con la actitud de un médico que recomienda un tratamiento doloroso, dijo:–Voy a ser franco: hay cuatro opciones. Pero yo me inclinaría por una en particular. Y en un año y medio se acabó el problema. Y agitó un brazo como para espantar a una mosca imaginaria.–Podríamos aplicar un plan de operaciones tipo Honduras o Nicaragua. Pero, claro, estamos hablando de algo va para largo. No sé hasta qué punto eso nos conviene. También expuso otras dos alternativas más intensas: el modelo empleado por el general Hugo Banzer Suárez en Bolivia y el de Augusto Pinochet en Chile. Aunque –según su parecer– éstas no eran tan eficaces como la cuarta opción. Su estrategia consistía en “atacar masivamente al enemigo, en todo terreno y con recursos ilimitados”. Y con un aire piadoso, aseguró:–Sería la variante más funcional. Además tiene una gran ventaja: es la más benévola.–¿En qué sentido?– quiso saber el Presidente.–Vea, no lo quiero engañar; esto va traer abusos y algún que otro error, usted sabe. Pero, de todos modos, habría un menor costo en vidas humanas que en un conflicto prolongado. Luder, finalmente, expresó su aceptación con un tenue parpadeo. Serían las 11.30 cuando propuso un cuarto intermedio para darle forma a los decretos correspondientes. Sin embargo, para su asombro, Vottero le extendió unos folios prolijamente mecanografiados.–Tome, señor Presidente; es un borrador de los decretos. La sorpresa se extendió hacia el resto del Gabinete. Nadie sabía que la semana anterior –cuando aún no se había producido el ataque en Formosa– Vottero había visitado el Edificio Libertador en dos ocasiones. Allí, además de los tres comandantes, se encontraba el jefe del Estado Mayor del Ejército y el general Carlos Dalla Tea. Videla fue al grano y planteó la necesidad de aplicar el plan represivo cuanto antes. El borrador de los decretos ya estaba redactado Y en él figuraba la palabra “aniquilar”, lo cual derivó en un conflicto lingüístico, puesto que el brigadier Héctor Fautario –el más moderado de los comandantes– propuso un sinónimo menos letal. Videla se opuso con una razón de peso:–La palabra “aniquilar” figura en el reglamento del Ejército. En su boca, dicho verbo no significaba “acabar con la voluntad de combatir del enemigo”, sino que aludía, sencillamente, al exterminio. El plan urdido en esa oportunidad consistía en imponer la legalización del borrador ni bien algún grupo revolucionario consumara un hecho de envergadura. Ya se sabe que ello sucedería en el transcurso del 5 de octubre.

Al día siguiente, Vottero le entregaría ese texto a Luder. Y ya pasado el mediodía, fue volcado a unas hojas con membrete del Poder Ejecutivo Nacional, antes de ser firmado por cada uno de sus integrantes. Así nacieron los famosos decretos 2770 y 2771. El primero dispuso la creación del Consejo de Seguridad Interna, el cual estaría integrado por el presidente, sus ministros y los tres comandantes de las Fuerzas Armadas, a los fines de “restablecer la paz y la tranquilidad del país”.El segundo delegaba en las Fuerzas Armadas –bajo el comando superior del Presidente y ejercido a través del Consejo Nacional de Defensa– la ejecución de “las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de aniquilar el accionar de los elementos subversivos en todo el territorio del país”.De ese modo, toda la estructura represiva del Estado pasaba a manos de la cúpula militar. Y, para colmo, bajo una fina cáscara de legalidad, ya que Isabel –o en su defecto, Luder– debía encabezar el asunto de una manera puramente protocolar. Durante una interminable media hora, aquellas dos hojas fueron pasando por las manos de todos los ministros. Y éstos iban estampando sus rúbricas con la actitud de quien firma un contrato de locación. El último en hacerlo fue el ministro de Educación, Pedro Arrighi, ante la atenta mirada del general Viola. Al concluir dicho trámite, el almirante Massera se levantó de su asiento para estrechar la mano de Luder.–Lo felicito, señor Presidente. No tenga ninguna duda de que hemos dado un paso histórico. Videla ya estaba en camino hacia la base aérea de El Palomar. Tal vez en su mirada brillara la certeza de que, a partir de ese momento, el poder había pasado sin escalas de la Casa Rosada al Edificio Libertador. Y según su idea, para siempre.

Miradas al Sur, Domingo 13 de noviembre de 2011


La verdad sobre el golpe

El catastrófico ataque montonero al regimiento 29 de Formosa, el 5 de octubre del ’75, no fue la razón del derrocamiento de Isabel Perón, como afirma el último libro de Ceferino Reato, periodista de Perfil. La conspiración había sido decidida un mes antes por el Ejército.

Por Camilo Ratti

–General Videla, ¿cuándo es que el Ejército dice basta?

–Cuando yo asumo como comandante.

–¿Agosto del ’75?

–Exactamente, yo como comandante, mis compañeros como comandantes de cuerpo y demás, comenzamos a conversar cada uno con sus amigos civiles, como para ir conformando algunas ideas por lo que iba a venir, porque se iba a venir. Algunos, sin conocernos, teníamos los mismos referentes, pero era medio así un trabajo en la sombras… del Ejército. De las otras fuerzas no se sabía nada de nada.

El testimonio del ex presidente de facto y ex general Videla, relatado al autor de esta nota para una biografía sobre Luciano Benjamín Menéndez próxima a aparecer, es contundente. “Lo que se iba a venir, porque se iba a venir” y las “conversaciones con los civiles”, que Videla confiesa en su departamento de la avenida Cabildo en noviembre del 2007, no eran otra cosa que el golpe de Estado que siete meses después las Fuerzas Armadas ejecutaron con precisión de relojería contra Isabel Perón.

La confesión de uno de los líderes del Proceso no sólo echa luz sobre el origen del hecho más nefasto de la historia argentina, sino que liquida la hipótesis que Ceferino Reato, periodista estrella de la Editorial Perfil, plantea –y no sin ingenuidad–, en su última investigación Operación Primicia: que el 24 de marzo de 1976 es la consecuencia directa del ataque montonero al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa, el 5 de octubre de 1975 (ver recuadro). Decisión que según Reato adoptaron Videla, jefe del Ejército, y Massera, líder de la Armada, en una reunión que mantuvieron el 17 de octubre de ese año en un lanchón del Tigre con el entonces titular de la Aeronáutica, Héctor Fautario, quien se negó a ser parte de la movida destituyente que su reemplazante Agosti sí aceptaría en diciembre, cuando quedó al frente de la fuerza.

Sin embargo, aunque es posible que esa reunión haya sellado el compromiso de la Marina en sumarse a lo que Viola bautizaría la “Operación Aries”, la opción de interrumpir un gobierno institucionalmente desquiciado, sumido en una profunda crisis política y económica, era una salida que varios jefes del Ejército empezaron a imaginar y a discutir luego del “Rodrigazo”, cuando las impresionantes movilizaciones populares de julio del ’75 convencieron a los generales de poner punto final al gobierno de la viuda de Perón.

El primer capítulo de lo que hasta el momento se había discutido en ámbitos reservados y secretos ocurrió el 28 de agosto de ese año, cuando Videla reemplazó como comandante en jefe al teniente general Alberto Numa Laplane, destronado por un golpe palaciego porque se negaba a poner en marcha lo que la mayoría de sus camaradas propiciaba: la represión ilegal para combatir a la “subversión”. Un término que incluía a las organizaciones revolucionarias de Montoneros y PRT/ERP, pero también, y principalmente, a otros actores políticos y sociales que conformaban la poderosa organización popular que la Argentina todavía conservaba a mitad de la década del ’70, inclusive a pesar del temible accionar paraestatal de la Triple A.

Videla presidente. “El golpe militar se va a dar a mediados de marzo de 1976, cuando terminen las licencias de la oficialidad en las Fuerzas Armadas”, le dijo Mario Roberto Santucho a Raúl Alfonsín, en un diálogo que ambos mantuvieron en septiembre del ’75, y que forma parte del libro La Voluntad. En un país a la deriva, los políticos de izquierda o centroizquierda que no apoyaban la lucha armada para llegar al poder, discutían con las organizaciones revolucionarias distintas alternativas para detener la movida castrense y salir del atolladero institucional.

Sentados en un sillón de cuerina de una casona del Gran Buenos Aires, “Roby” y el líder del movimiento Renovación y Cambio de la UCR intercambiaron opiniones sobre cómo afrontar la violenta realidad argentina. El PRT/ERP proponía una asamblea constituyente como primera medida, y adelantar las elecciones generales de 1977 para 1976, como también propiciaban los Montoneros a través del Partido Auténtico, el instrumento legal que fundaron con otras ramas de la Tendencia para participar de la vía electoral (ver recuadro). Alfonsín era el heredero natural de los ideales revolucionarios de 1890, y entendía a la guerrilla como la reacción de una generación que había crecido en el autoritarismo político, entre contubernios propiciados por sectores de su partido y los militares, a los cuales también se plegaba casi siempre la burocracia sindical peronista.


05/10/10. El gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, en un acto por el 35º aniversario del ataque al Regimiento de Infantería 29. | Foto Diario 'La Mañana' de Formosa.

Después de explayarse sobre su propuesta de alto el fuego y la “unión de todo el campo popular para frenar el golpe”, Santucho le confirmó a Alfonsín que el quiebre institucional estaba en marcha. Según La Voluntad, la exactitud de la fecha había llegado al PRT/ERP vía Rafael Perrota, director del diario El Cronista Comercial, quien en un cóctel de la alta sociedad porteña quedó estupefacto cuando escuchó la versión en boca de Raquel Hartridge, esposa del general Videla. Las señoras de los generales no podían disimular la indignación que les había provocado ver a Isabel Perón disfrazada de militar cuando visitó Tucumán, a fines de abril, y aprovecharon el vernissage para hacer públicos sus sentimientos: “Semejante payasada se va a terminar cuando mi marido sea presidente”, dijo muy suelta de cuerpo la mujer de Videla al resto de las presentes entre copas de champagne y bocaditos.

Al mismo tiempo que Alfonsín y Santucho analizaban la compleja situación nacional, el Edificio Libertador, sede del Ejército, era el epicentro de todas las conspiraciones militares en marcha. La telaraña de la futura patria neoliberal, occidental y cristiana se tejía con absoluto sigilo en diagonal a la Casa Rosada, símbolo del poder político. Como el mismo Videla confiesa al principio de esta nota, entre fines de agosto y principios de septiembre, él, Menéndez y el resto de sus camaradas se pusieron en contacto con distintos grupos civiles para iniciar el “trabajo en las sombras”. Y si bien dichas conversaciones eran todavía patrimonio del Ejército, el almirante Emilio Eduardo Massera hacía meses que venía haciendo lo propio con dirigentes políticos y sindicales amigos, aunque su principal contacto era Lorenzo Miguel, el piloto del avión sin rumbo que era la Argentina de entonces.

Engranaje clave de ese monumental aparato estatal que se aprestaba a nacionalizar la “guerra antisubversiva” que desde febrero el Ejército aplicaba en Tucumán, el general Fernando Humberto Santiago, que en 1977 sería segundo de Menéndez en el III Cuerpo, contó para el futuro libro de su amigo la reunión que en septiembre del ’75 selló los destinos nacionales de los próximos siete años, echando por tierra los deseos de Reato y Perfil: “En un encuentro secreto de todos los generales en Buenos Aires, Videla blanqueó la situación y, algo preocupado por cómo se sucedían los hechos, nos dijo: ‘Toda mi vida me preparé para ser comandante en jefe del Ejército, pero no para ser presidente’”. Ante la intranquilidad de quien era el líder visible de la movida destituyente, el generalato en pleno disipó todas sus dudas: “Nosotros, los generales, para calmarlo, le dijimos a Videla que no se preocupara por el tema de la gestión pública, porque íbamos a rodearlo de gente capaz, que se había formado para hacer política. Ahí, en esa reunión del generalato, le propusimos que el general Ramón Genaro Díaz Bessone, que había asumido como comandante del II Cuerpo de Ejército, estuviera al frente de un equipo político, porque Díaz Bessone sí se había formado en política”.

–¿Eso que usted cuenta, general, que discutieron en septiembre del ’75 con todos sus camaradas de rodearlo a Videla, era lo que después terminó siendo el Ministerio de Planificación?

–Claro, exacto –dijo Santiago un friísimo día de julio del 2007.

–¿Díaz Bessone era una persona formada intelectualmente?

–El más formado de todos, le llevaba varios cuerpos a cualquiera de los otros –contestó quien no oculta su admiración por uno de los cerebros de la “guerra antisubversiva” en la Argentina.

–¿Estaba el general Menéndez en esa reunión del generalato que usted menciona?

–Sí, sí, claro, estábamos todos los generales del Ejército.

Faltaban todavía seis meses para el 24 de marzo y como reconocen Videla y Santiago, las principales espadas del Ejército, que incluía a Menéndez, Viola, Suárez Mason, Díaz Bessone, Riveros, Villareal y algunos otros generales de menor influencia, ya habían iniciado las “conversaciones con sus amigos civiles” para diseñar el proyecto político. Es decir, en la cúpula de la fuerza, la decisión de dar el golpe estaba consensuada. Sólo era cuestión de tiempo. Para ese grupo de generales, a los que desde octubre y noviembre se sumarían almirantes y brigadieres, mientras más se resquebrajara el orden civil, mejor. Mientras más anarquía hubiera en el país, mejor. Mientras más violencia guerrillera, mejor. Ellos sólo debían preparar el plan y elegir el momento adecuado para asaltar el poder del Estado y “llenar el vacío de poder”, como dijo Videla en la entrevista. Descontaban que cuando el barco estuviera totalmente a la deriva, sin otro destino que el naufragio seguro, la sociedad y los líderes políticos de la oposición llegarían de rodillas a suplicarles su intervención. Así había sido siempre en la Argentina. No se equivocaron.

29/09/10 Revista Veintitrés

VOLVER A CUADERNOS DE LA MEMORIA
 

     Todos los libros están en Librería Santa Fe