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ENTREVISTAS Y DISCURSOS DE MARIO FIRMENICH |

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Diálogo
con Mario Eduardo Firmenich
Sobre la propuesta política contenida en su libro
"Eutopía, una alternativa al modelo neoliberal"
Por Katy García
Parte de su tesis doctoral apadrinada por Joseph Stiglitz, en 1999, está
contenida en el libro. Firmenich, quien se define como "un excluido de la
política", explicó su propuesta de cambio basada en la construcción de consensos
que permitan desarrollar políticas de Estado a largo plazo. Proyecto nacional,
integración latinoamericana, y una perspectiva diferente al planteo de Marx en
torno al concepto de sujeto histórico, fueron algunos de los temas tratados en
una extensa y tranquila conversación.
- El establishment y la corporación mediática impugnan tu figura: sigue vigente
la Teoría de los dos Demonios?
- Creo que la Teoría de los dos Demonios es la incapacidad de encontrar, con
racionalidad política, respuestas a las crisis estructurales que ha vivido la
Argentina. ¿Que rol tiene la Argentina en el mundo, qué perfil productivo,
demográfico, tiene este país?. Hubo un modelo estructurador el de la generación
del 80, el modelo oligárquico. Después vino el modelo industrial peronista que,
con variantes de desnacionalización, sigue el desarrollismo con el modelo
industrial. Nos hemos criado escuchando hablar de la guerra agroindustrial y
este es el origen de la cuestión: Qué clase de país tenemos. La resolución de
esa crisis implicó para el país una guerra civil. Sui generis, porque no todas
tienen que ser iguales a la guerra Civil Española. Pero una guerra civil es un
proceso, como dice Von Clausewicz, "la guerra es la continuación de la política
por otros medios" donde el núcleo central del enfrentamiento es la inexistencia
de un proyecto de país, la inexistencia incluso de un marco jurídico consensuado
que es la Constitución Nacional. En definitiva, la inexistencia de un contrato
social. Esta es la cuestión.
- ¿El gobierno de Kirchner, al menos desde lo discursivo, habla de salvaguardar intereses nacionales. ¿Cuál sería una propuesta política que permita avanzar en el diseño de un proyecto nacional?
- Creo que el gobierno de Kirchner puede considerarse dentro del mismo plano en
que se han movido los demás, mejor que los demás. Pero dentro del mismo plano. A
saber: ningún gobierno desde el inicio de la transición democrática hasta ahora
ha convocado a redefinir el proyecto nacional. Esto no lo puede definir un
ministro. Esta es una cosa que deben debatir todos los partidos políticos, las
organizaciones de la sociedad civil y que debe aprobarse en el congreso. En
definitiva, es una asamblea constituyente, un pacto constituyente. Un modelo de
desarrollo de perfiles: industrial, social, cultural y por décadas. Esto no
existe en la Argentina y esta es la crisis que está debajo de la crisis de 2001.
Estalló la convertibilidad que fue un baño que tapó la inexistencia de una
estructura productiva financiando el consumo con deuda externa. Cuando se adoptó
eso, se puso en evidencia que la Argentina no tiene un perfil productivo,
demográfico, cultural; en definitiva, no hay políticas consensuadas a
desarrollar en el largo plazo.
- Ahora, la sociedad ante la crisis ha ido creando nuevas formas de
organización. Se organizaron en cooperativas de trabajo y, en muchos casos,
recuperaron empresas abandonadas por los dueños. Los trabajadores desocupados
también se están organizando territorialmente. ¿Cuál sería el nuevo sujeto
histórico que va a conducir el cambio?
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- Vos me estás hablando de un paradigma sociológico marxista en donde se supone
que una clase social tiene las condiciones estructurales para liderar el cambio.
El estudio que yo he hecho y que fundamenta el libro – esa parte he omitido
publicar porque es la más teórica-, he partido de criticar y replantear el
paradigma marxista. Éste parte de la idea de la hipótesis fundamental de que hay
un modo de producción estructurado básicamente en torno a un criterio que es
propiedad de los medios de producción y que hay una sucesión histórica de los
modos de producción. Ahora, la evidencia empírica demuestra que ese paradigma no
se cumplió en ningún lugar. La revolución rusa no es la consecuencia del
levantamiento y agotamiento del desarrollo de las fuerzas productivas
capitalistas en Rusia. La revolución China y la cubana tampoco. ¿Dónde se
produjo esa revolución socialista? En ningún lugar del mundo.
- Yo parto de un concepto distinto. Lo que determina la evolución de las
sociedades no es el modo de producción sino el modo de asignación y uso de los
excedentes. Y esto es un proceso que se decide básicamente en el poder del
Estado, no en la infraestructura. Es la regulación que el Estado establece sobre
la economía, sobre la distribución de la renta, lo que moldea el poder de compra
de los distintos sectores sociales y esto es lo que determina quién acumula
excedentes y para qué. Entonces, el tema central es que no hay un sujeto
histórico necesario de cambio, no hay un ningún cambio necesario en ninguna
dirección. La evolución histórica no está predeterminada, depende del proyecto a
construir. Hay una libertad significativa de los seres humanos y tan es así que
estamos destruyendo el ecosistema. No necesitamos definir con lupa un sujeto
social inexistente, nos hace falta definir un proyecto consensuado para la
acumulación de excedentes. ¿Quién es el sujeto social de eso? En el caso de
América Latina que no tiene una historia de acumulación de consensos entre todos
sus sectores, porque no hay una construcción secular de consensos, necesitamos
un contrato social muy explícito. No podemos dar por supuesto nada.
- Hay un discurso de integración y tenemos una oportunidad histórica. Hay varios
gobiernos que tienen el mismo discurso de integración. Pero ¿cuál es la
estrategia de integración? Qué le proponemos nosotros a Uruguay. Está bien,
apoyamos a Tabaré Vásquez, muy bien, lo aplaudimos, somos compañeros. ¿Pero qué
le dejamos producir en el Mercosur?. O solamente están para que nos compren la
industria Argentina y de Brasil. ¿Qué le proponemos a Paraguay? Qué le ofrecemos
a Bolivia para que se integra al Mercosur. ¿Porqué lo va a hacer? Porque la
patria grande, los libertadores, ese es el discurso. Vamos a los hechos. Qué va
a ganar Bolivia en los próximos 40, 50 años si se integra al Mercosur. ¿ Va a
ganar algo o nada?
- Entonces…
- Entonces, podríamos decir que por lo menos representa el paso del feudalismo
al capitalismo. Bien, pero entonces ocurre que en esa metodología de análisis,
la crisis de la revolución de la fuerzas productivas o sea la revolución
industrial que es un proceso social es lo que destruye la superestructura del
Estado feudal. Pues bien ocurre que en donde hubo revolución industrial no le
cortaron la cabeza al rey hasta el día de hoy -que fue Inglaterra-, y donde le
cortaron la cabeza al rey no hubo revolución industrial. Entonces, la teoría
marxista como interpretación general de la historia no se sostiene en la
evidencia empírica. Entonces, yo parto de otro concepto. Es cierto que los
intereses económicos están en el trasfondo de la historia política. Esto es
obvio. Pero yo sustituyo el concepto de modo de producción donde hay un sujeto
histórico encargado de pasar al modo de producción siguiente, esa es la base de
la teoría marxista, por lo tanto la clase obrera industrial que era el sujeto
histórico del cambio del capitalismo al socialismo, como la burguesía lo era del
cambio del feudalismo al capitalismo, esto que como teoría encuadra una
coherencia atractiva, por eso ha tenido tanta vigencia, la realidad histórica en
ningún caso lo demuestra. Hay cosas parecidas pero esa teoría no se ha realizado
en ningún lugar. La revolución en Alemania ni en Inglaterra no se produjo nunca
y era el lugar donde tenía que producirse por la evolución del desarrollo de las
fuerzas productivas capitalistas. Además, esta teoría nunca pudo explicar la
realidad latinoamericana que no seguía el patrón de esclavitud, feudalismo etc,
Entonces, las distorsiones políticas que han tenido los partidos políticos
comunistas y no comunistas marxistas en general en América Latina han tratado de
encajar la historia dentro de un molde que no cuadraba.
- ¿Cuál es tu idea en contraposición al paradigma de Marx?
EUTOPIA
Título: Eutopía
Subtítulo: Una propuesta alternativa al modelo neoliberal
Autor: Mario Eduardo Firmenich
Colección: Ediciones del Pensamiento Nacional/ Varios
Precio: $ 29.00
Formato: 150 mm x 220 mm
Encuadernación: Rústica Binder
Páginas: 256
Editorial: Ediciones Colihue
Año Edición: 2004
Estando en prisión a fines de los ochenta, el autor de este
trabajo profundizó sus estudios e investigaciones económicas en
la búsqueda de una alternativa al neoliberalismo. Metido en
estas lides, en 1996 obtuvo la licenciatura en Economía en la
Universidad de Buenos Aires y en 1999 el doctorado en la de
Barcelona. Su tesis para este último escalón académico -origen y
núcleo del libro que presentamos- fue apadrinada por el Premio
Nobel en Economía Joseph Stiglitz. Como economista y hombre
político, Firmenich registra en esta obra reveladora la crisis
internacional de los modelos keynesianos y socialistas
tradicionales; hunde luego su mirada en el neoliberalismo que
los reemplazó -con sus desastrosos resultados sobre el Estado y
la calidad de vida de las mayorías-, para construir finalmente
una propuesta que enfrente los principales problemas
latinoamericanos, con especial énfasis en los de Argentina. Por
este último aporte titula a su libro Eutopía, que es "la tierra
del bien"; es decir, porque propone y debate cuestiones posibles
y no meros sueños. Así, expone un modelo compuesto por un
conjunto de reformas para el desarrollo sostenible en los planos
social, económico, político y ecológico, apoyadas sobre
fundamentos teóricos más sólidos que los presupuestos de la
economía neoclásica (verdadero "pensamiento único" de los
noventa). Todo ello "mediado" por un sistema de democracia
participativa, justicia social y diversidad cultural que lo
garantizará en el tiempo. Por lo expuesto, el lector podrá
pensar que se trata de un libro "difícil". Nada más alejado de
la realidad: su exposición es llana y didáctica, fácilmente
entendible aún para los no habituados a lecturas de Economía.
Eso sí, quien espera un libro político polémico y "de
barricada", con planteos y alusiones al pasado del autor y de la
generación que lo reconoció como unos de sus protagonistas,
saldrá defraudado. Firmenich se presenta aquí como un hombre
dispuesto a mirar hacia delante y aportar con enjundia a las
cuestiones del presente.
Mario Eduardo Firmenich
Mario Eduardo Firmenich nació en Buenos Aires en 1948. Inició su
militancia política durante la dictadura del general Onganía.
Saltó a la notoriedad pública en 1970, tras la ejecución del
general Aramburu por Montoneros, organización de la que fue
dirigente destacado. Tras su doctorado en España se ha
desempeñado como profesor invitado a diversos trabajos de
investigación acerca del MERCOSUR y como profesor asociado en el
Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona.
También ha colaborado con diversas organizaciones no
gubernamentales en modelos alternativos de organización social,
desarrollo sustentable y socioeconomía solidaria. [
Descargar fragmento
del libro ]
- Una de las propuestas expresadas en el libro habla de "refundar la república"
¿cómo es esto?
Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la nación
entera. Hay que refundar una nación. La democracia representativa, la
partidocracia ya no va más, ya no es suficiente. No es una herramienta apta para
canalizar el consenso de un contrato social y una democracia participativa. Creo
que las organizaciones sociales, la sociedad civil en su conjunto, deben
participar en esto. Instituciones gremiales, patronales, religiosas,
cooperativas, mutuales, incluso los sectores excluidos se han organizado y
tienen sus representantes válidos que hace cuatro años no los tenían. Entonces,
creo hace falta que alguien convoque a debatir.
-¿Quién debería convocar a este gran debate?
En mi opinión y por la cultura política de este país – presidencialista-, la
persona más indicada para hacerlo es el presidente. Cualquiera sea. Tiene la
autoridad institucional suficiente para convocar, en una misma mesa, y generar
una agenda de discusión. Y bueno, creo que hay que discutir casi todo. Y luego
iniciar un proceso participativo que no es la asamblea constituyente de 1994
(Pacto de Olivos) que no ha servido para nada y que la gente terminó rechazando
y cuestionando el statu quo de la clase política en 2001 y 2002.
Por supuesto que habrá que darle un marco jurídico, una nueva constitución, pero
eso será al final de un proceso participativo donde los partidos políticos solos
no tienen la autoridad moral ni la representación social para hacerlo. En
cambio, hay muchas instancias de participación, de organización de la sociedad
donde están tanto excluidos como incluidos.
- Pero está la lista sábana, el clientelismo…
Tenemos una historia, una tradición de participación que va más allá de los
partidos políticos. Además no pueden tener el monopolio de la representación
social porque la gente no les delega esa función. A la democracia participativa
hay que ampliarla. Incluso hay algunos mecanismos legislados que no se aplican
como el plebiscito y el referéndum. Y otras instancias de participación que no
son ir a votar, sino a hablar, a discutir. No hace falta ser diputado para
proponer una idea. Las asambleas vecinales han funcionado en ese sentido y
muchísimas instancias de organización social funcionan así. Somos un país de
cabildo abierto que ha nacido con vocación participativa. Tenemos una larga
historia de pueblo en las plazas, expresándose. Tenemos que abrir cauces
institucionales nuevos y lograr un contrato social por los siglos de los siglos.
- ¿La correlación de fuerzas, permite cristalizar este proyecto?
- Creo que nadie. Ningún presidente, ningún ejército, ninguna guerrilla, ningún
sindicalismo, ni ningún partido político tendrá la fuerza necesaria para
imponerlo. Se debe consensuar. La relación de fuerzas impone. Por supuesto que
hay circunstancias más propicias que otras para la concreción. Pero hay algo
previo que son las ideas. Tiene que existir la convicción de que si no tenemos
un contrato social de largo plazo, no somos una nación. Y si no somos una nación
no habrá gobierno estable. Como no lo ha habido. Y no lo ha habido por que no
hemos sido una Nación. Pensemos en políticas de Estado seculares, en consensos
de desarrollo social. Para eso, es imprescindible sentarse a negociar y firmar
todos algo.
- ¿Cuando decís todos, a quiénes te referís?
A todos los sectores interesados en un proyecto nacional basado en políticas de
Estado claras. El plazo depende de la voluntad política de los actores. Europa
lleva 60 años. El asunto es que el consenso de integración no tiene alternativa.
O somos una Nación o la correlación de fuerzas para enfrentarnos no nos resuelve
el problema. Ahora, si no tenemos intereses comunes y no hay posibilidad de
construirlos pues desapareceremos. Entonces, la correlación de fuerzas pasa a
ser un tema secundario. En todo caso sería de ideas. Qué idea es más poderosa
para producir esa aglomeración. Porque no hay alternativa al consenso. Esta es
la cuestión. Si no se logra, hará desintegración.
- ¿De acuerdo al actual mapa político: Venezuela, Uruguay, Brasil, Chile,
Argentina. Es posible articular una estrategia de integración latinoamericana?
Mario Firmenich y la presentación de Eutopía
Si no hay una estrategia de integración, el discurso pasará a la feliz coyuntura
política de coincidencias de gobiernos: de signos más o menos parecidos, de
distintos orígenes, más o menos nacionalistas, democráticos, populares, que
abarca desde Chávez hasta Lagos, pasando por Tabaré, Lula, Kirchner y demás.
Esta feliz coincidencia, al menos desde mi punto de vista, necesita de una
estrategia que por lo menos se concentre en dos puntos. Podrían ser más, pero
por lo menos estas dos. La integración monetaria y la integración política en el
parlamento latinoamericano.
La integración no se hace en reuniones de jefes de Estado, de tanto en tanto.
Eso es para ir avanzando en las negociaciones, pero hacen falta instituciones
permanentes.
- O sea que estamos en pañales en este tema…
- Sí, esa es mi opinión. Estamos en pañales. Tenemos una buena posibilidad una
buena perspectiva, una buena coyuntura. Y debemos aprovecharla para hacer un
cambio de estructuras. Si nosotros seguimos con los sistemas monetarios
fragmentados, vamos a seguir sometidos a las crisis financieras de movimientos
de capitales. Una vez golpeará a Brasil, otra en Argentina, en Uruguay y en
Venezuela. Europa ya demostró la experiencia para salir de esa crisis
especulativa financiera. Hay que avanzar en la integración monetaria y eso es
posible. No es una teoría. Es algo que está demostrado en la realidad. Bueno,
nosotros necesitamos plantear urgentemente como agenda de integración económica:
la integración monetaria. Para que las crisis financieras de las movilidades de
capitales en la globalización no destruyan nuestra unidad.
Además necesitamos avanzar en una integración política. Va muy bien que haya
cumbres de jefes de Estado. Pero no alcanza. Hay que buscar estructuras
permanentes donde la estructura básica de una democracia continental sea un
parlamento latinoamericano.
El compromiso militante de Walsh
También fue posible evocar la figura de Rodolfo Walsh miembro de Montoneros
durante los años setenta. La figura de Walsh desde lo periodístico y literario
es valorado a niveles superlativos. En cambio se niega u oculta su identidad
política. Firmenich aclara que no tiene anécdotas para contar. Para él "fue un
gran militante antes que periodista. Consagró gran parte de su vida a luchar por
un país más justo". Recordó además que se juntaban en reuniones de discusión
política y editorial. "Participábamos todos en rueda y opinábamos sobre el
discurso, los proyectos de prensa, la línea editorial. Sobre todo durante la
experiencia de la revista Noticias, mientras estábamos en la legalidad. Él era
más grande que nosotros y con toda su experiencia confluyó en la organización".

La
autocrítica de Firmenich
(1995)
[Entrevista realizada en el exitoso programa de TV Tiempo Nuevo
en 1995, del periodista oficialista y de derecha Bernardo Neustadt, en el
contexto de "conciliación nacional", propuesta por el neoliberal Carlos Menem.
El reportaje al que se prestó Firmenich es posterior a la "autocrítica"
realizada por el general Martín Balza.]
Bernardo Neustadt: Le pido al señor Mario Firmenich que nos diga lo que piensa
de lo que hizo y de lo que quiere hacer, si es que quiere conseguir el futuro.
Mario Firmenich: Yo en primer lugar le agradezco, señor Bernardo Neustadt, su
invitación. Quiero aclararle que he preferido leer lo que voy a decir, por
respeto al tema, al dolor que hay sobre el tema, a la exactitud que es
preferible tener en esto, que es más que un primer paso. Seguramente habrá
segundos, terceros pasos en este camino; pero en este primer paso he preferido
ser lo más preciso posible. Si me permite, me dirijo a todos mis compatriotas y
a todos los habitantes de esta tierra, asumiendo una vez más la responsabilidad
política por todo lo actuado por los militares montoneros, porque así lo exige
la necesidad social de esta hora. Pero ya no es tiempo de clandestinidad para
nadie ni existen los mandatos de otra época. Cumplo, pues, con mi deber en
función de la historia y espero que cada montonero, comparta o no mis palabras,
asuma sus propias responsabilidades ante la sociedad toda.
Después de diez años de democracia, de transición, llegó la hora de la verdad
para los argentinos. El general Balza tuvo el coraje de asumir una autocrítica
que le correspondía a Videla. Y tendió una mano de paz y reconciliación con la
verdad, con la sociedad de hoy y con sus antiguos adversarios. Los montoneros ya
habíamos hecho nuestra autocrítica y nuestros aportes a la reconciliación y a la
pacificación en forma escrita, pública y en la práctica cotidiana. Quizá no fue
debidamente escuchada. Hoy vengo a reiterarla, aceptando la mano tendida, con
buena voluntad, por el señor general Balza, y tendiendo a la vez mi propia mano.
Cuando fuimos acorralados, política y policialmente, cuando la Triple A nos
masacraba tras la muerte del general Perón, cometimos el error madre de pasar a
la clandestinidad y retomar la lucha armada, pese a que no existía para eso la
legitimidad que otorga el consenso de las mayorías. Políticamente el error fue
de naturaleza ideologista y militarista.
Espiritualmente, fue un pecado de falta de esperanza que nos llevó a una
decisión desesperada. Más tarde, ante la evidencia de aberraciones de lesa
humanidad contra familiares amigos y compañeros, seguramente no fuimos capaces
de luchar cumpliendo el precepto cristiano que nos manda a amar a nuestros
enemigos. De haberlo hecho, se habrían evitado numerosos daños completamente
ajenos a la justicia pretendida. Pero tenemos la obligación de decir, también,
que nosotros no tenemos que arrepentirnos por haber desaparecido a nadie ni por
haber torturado a nadie para obtener información, ni por haber violado ninguna
mujer. Ni por haberle robado ningún hijo a nadie, ni por haber empleado a nadie,
ni por haber arrojado vivo al mar a nadie. Debemos reiterar que también han sido
falsas las imputaciones realizadas con ánimo de desprestigio, como parte del
enfrentamiento, sobre inexistentes vinculaciones espurias con el enemigo y sobre
algunos atentados ajenos a nuestra participación. Cabe, no obstante, reiterar
aquí nuestra autocrítica por haber celebrado ingenuamente algunos atentados
contra adversarios, aun sin saber certeramente su procedencia. Por otra parte no
es cristiano celebrar la muerte de ni del peor enemigo.
Es hora de clarificar, también, que no tenemos responsabilidad en lo actuado por otras organizaciones armadas de izquierda, que se pusieron a la salida electoral de 1973 y que continuaron e intensificaron absurdamente su accionar guerrillero con tomas de cuarteles de ejército durante el gobierno de Cámpora y Perón, intentando luego la instauración de una zona liberada en Tucumán. Los argentinos producimos una guerra civil embozada desde 1955 en adelante. Nosotros no empezamos la violencia en la Argentina. Nosotros fuimos la generación que nació, creció y se educó durante ese proceso histórico. Sufrimos los bombardeos a la población civil, la derogación por bando militar de la Constitución Nacional, los fusilamientos sin juicio previo, la proscripción política por décadas. Todo ese tanto con gobiernos civiles radicales como con dictaduras militares. El derecho de resistencia a la opresión por todos los medios fue legitimado universalmente tanto en el derecho constitucional como en las encíclicas papales. Los peronistas y nuestro líder entendimos que nos asistía este derecho. Nosotros, la Juventud Periodista, tuvimos la osadía y el coraje de ponerlo en práctica, al precio de sacrificar nuestras incipientes vidas. Pero no fuimos sólo los montoneros ni solamente los jóvenes peronistas. Con muy variadas formas de militancia, fue toda nuestra generación. Valiosísimos talentos en todas las ramas del pensamiento y del trabajo. Vocaciones profundas y brillantes de médicos, sacerdotes, poetas, matriceros, científicos, técnicos, músicos y todas cuantas el ser humano es capaz de hacer, fueron generosamente sacrificadas por una lucha que se nos imponía como deber moral, solidario, con la patria y con los más débiles. En un país que era injusto y sin destino. Ellos son nuestros mejores amigos y compañeros que ya no tenemos, es preciso decir que nos avergüenza ante el mundo la hipocresía de sostener que tanta inteligencia y capacidad humana fueron arrastradas de las narices de un trágico final falsamente explicado por una teoría de los demonios. En agosto de 1975 Videla, Massera y Agosti definieron a su favor la lucha contra los militares antigolpistas, que efectivamente los hubo, pero fueron destituidos o relegados a funciones sin poder, e inclusive eliminados violentamente. Iniciado el Proceso de Reorganización Nacional, la masa de la sociedad argentina se dividió entre los que dieron su consenso a la eliminación por cualquier medio de la llamada subversión y los que, aterrorizados, optaron por no ver, no oír, no saber, no meterse. Todo el dolor nacional fue posible por una cultura política totalitaria y militarista, de la que todos hemos formado parte.
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Vivíamos en un país donde la mayoría no tenía derecho a gobernar, las minorías
no tenían derecho a existir, los militares eran la reserva moral y política de
la patria. La justicia social era el derecho de la demagogia. El poder judicial
era auxilio formal del poder político, la Constitución Nacional no existía, la
violencia política era siempre legítima, las Fuerzas Armadas eran el partido
militar de las minorías económicas dominantes. La mentira y la difamación
pública eran el componente normal del discurso político contra los peronistas,
el trasfondo era la incompatibilidad a muerte entre la patria oligárquica, la
patria peronista, la patria gorila, la patria corporativa, la patria socialista,
la patria sindical y la patria financiera. No existía un proyecto de país para
todos con reglas de juego compartidas. Cada víctima del enfrentamiento tenía sus
familiares y amigos íntimos. Naturalmente para ninguno de estos valían
argumentos de tipo político. El dolor de lo irreparable no admite esas razones,
el amor a los seres queridos resultó más fuerte que las ideologías. Hoy podemos
hablar de la reconciliación nacional y la pacificación definitiva porque en un
estado democrático, de plena vigencia de todos los derechos y garantías de una
Constitución con respaldo unánime, la violencia política no tiene ningún sentido
ni ninguna legitimidad. Pero no se trata de la reconciliación de torturadores y
torturados, se trata de la reconciliación social y política en una cultura
pluralista, que entre todos hemos ido construyendo durante los once años de
transición democrática. La reconciliación se consolida con la verdad histórica y
con la autocrítica nacional. Ese es el valor trascendente del primer paso dado
por el general Balza, cuyos alcances se deben a que supera el mero hecho
individual para ser un hecho institucional. Hecho institucional con todo el
respaldo político del comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, que gracias a
Dios en la democracia es el presidente constitucional, hoy es el doctor Carlos
Menem, quien además ha exhortado a todas las fuerzas a seguir por ese mismo
camino. Todos debemos colaborar con esa actitud, no lograremos coincidir
fácilmente sobre los juicios de valor, como no lo hemos logrado hasta ahora
sobre Rosas y Sarmiento; pero lo importante es que reconozcamos verazmente los
hechos ocurridos y que aceptemos todo nuestro grado particular de
responsabilidad. Todos debemos tender nuestra mano abierta, ni las mentiras, ni
los chivos expiatorios, ni los rencores, nos darán la otra estabilidad, la paz,
porque la hora de la paz es la hora de la verdad.
Neustadt: Esos jóvenes, de dieciocho a veinticuatro años, que van a votar por
primera vez en la República no tienen idea de quien es este señor, de lo que
pasó en la Argentina, de la sangre derramada. Ni idea. Y van a votar por primera
vez: son dos millones. Entonces le dije: yo quisiera ver a sus padres en el
estudio, él tiene setenta y ocho años, su madre tiene setenta y dos. Yo quiero
ver a su mujer y sus hijos en el estudio. María Inés tiene diecinueve años,
Mario tiene dieciocho, Facundo José tiene once, Jorge Agustín tiene ocho y
Santiago Ramón tiene seis. Y su mujer se llama María Elpidia Martínez Agüero.
Este, insisto, no es un show de televisión, si no lo hubiéramos hecho con otra
presentación, la gente en la calle, los periodistas aquí en este estudio. Esto
está grabado porque no busco el escándalo. De un lado hay una mano tendida y del
otro una mano que se da. Yo quiero cerrar mi ciclo profesional, de algún modo,
alcanzando lo que no pude alcanzar en mi vida. Yo me pasé cincuenta años viendo
esto, cincuenta años que vi la muerte, el dolor, la angustia, el horror, el
error, medio país sin poder votar, medio país silenciado tal vez en otra época.
Y sin parar nunca. Si usted me permite le quisiera hacer tres preguntas nada
más. Cuando usted dice arrastrado de las narices, usted como líder de un grupo
que un día pasó a la clandestinidad y decidió que el camino estaba oscuro y que
la consigna en el fondo era morir o matar o matar o morir, ¿usted también
arrastró de las narices a jóvenes?
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Firmenich: Justamente por eso me refería… no, no los arrastré de las narices,
los representé, nuestras decisiones fueron colegiadas.
Neustadt: ¿Lo volvería a hacer?
Firmenich: No, he comprendido que es un error.
Neustadt: Y la última sería que usted decía que ustedes no hicieron desaparecer
gente, no tiraron seres vivos al mar. Hoy tenemos una Argentina donde un señor
se presenta en televisión y dice: “tiré treinta personas al mar”, y para algunas
organizaciones es un héroe. Es un asesino. Es como si Eichmann se hubiera
arrepentido de la cámara de gas y dijera en la televisión: “estoy arrepentido de
eso”, y contara lo que hizo, y la comunidad judía dijera: “¡qué héroe!”. Le
pregunto: dentro de eso que ustedes no hicieron, el secuestro del general
Aramburu, ¿cómo lo vive usted? Es decir, eso fue un secuestro, ese fue un hombre
que intentó ser vejado, después de ser asesinado. Ustedes mismos asumieron que
lo habían hecho.
Firmenich: No, no lo hemos vejado, lo hemos respetado hasta el extremo de -como
inclusive lo he relatado en alguna ocasión- sin tener necesidad en un hombre que
está por morir, evitar que se tropiece con los cordones de sus zapatos, porque
estaba él maniatado. No, lo hemos respetado e inclusive públicamente hemos orado
por él. Y también ahí aprendí que no había que odiar al enemigo.
Neustadt: Pero lo asesinaron.
Firmenich: Fue un acto que no decidimos nosotros, lo decidió el pueblo. Estaba
decidido por el pueblo, y esto es en todo caso lo triste, porque no podemos
hablar de esta situación sin hablar de los bombardeos a Plaza de Mayo, sin
hablar del fusilamiento del general Valle.
Neustadt: ¿Le puedo pedir un favor? Nunca más represente al pueblo así. Le pido
por favor.
Firmenich: Yo también desearía que el pueblo nunca más tuviera necesidad de
venganza, que fue lo que hubo. Ojalá no necesitemos nunca más venganza, nadie.
Ojalá -usted lo mencionó al principio, lo hablamos el otro día, en algún momento
fuimos enemigos- no seamos nunca más enemigos.
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Ver también:
Montoneros,
fragmentos de una historia - Entrevista Firmenich
Por Felipe Pigna
La organización Montoneros fue la fusión de un sinfín de grupos preexistentes.
Grupos que habían militado la juventud peronista de fines de la década del '60.
Había un denominador común en muchos de esos grupos de nuestra generación.
Cuando digo "nuestra generación" me refiero a nuestra generación de la Juventud
Peronista. Había una Juventud Peronista anterior a nosotros que no había tenido
exactamente esta composición. Pero en el caso de nuestra generación fue muy
común la influencia generalizada de sectores de izquierda post conciliares, de
sectores católicos progresistas que en esa época se llamaban post conciliares.
Después con el tiempo se dio lugar a la teología de la liberación, cosa que en
esa época no existía. Lo que existía era el impacto del Concilio Vaticano II y
de las encíclicas de Juan XXIII y luego de Pablo VI. Entonces en la generación
nuestra que teníamos en la segunda mitad de la década del '60, todos por debajo
de los veinte años habían tenido influencia en diversos lugares del país grupos
que no tenían interrelación entre sí, habían tenido esta influencia por un lado,
y la influencia del peronismo estrictamente político por otro. En el caso
particular del grupo al que yo pertenecí, que era el grupo que constituimos con
Medina, Carlos Mangues, Emilio Maza, Carlos Cartoy Martínez, Norma Rostito,
etc., este grupo venía de la revista Cristianismo y Revolución, en particular.
Se había nucleado alrededor de una figura que había liderado, un carismático un
referente de este pensamiento el cura Mujica, que había tenido como referente,
primer conductor organizativo a Juan García Lorio. Y que alrededor de la revista
"Cristianismo y Revolución" se generó una propuesta que dio lugar a un proyecto
político organizativo que se llamó primero "Comando Camilo Torres" e
inmediatamente, al poquito tiempo, cambió el nombre por "Comando peronista de
liberación". Este es el origen de la organización. Hubieron muchos grupos que
tuvieron vinculación con esta propuesta en el interior del país, pero como ya
era un organismo clandestino, porque estaba la dictadura de Onganía no había
mucha relación de estos grupos entre sí. Muchos grupos se dispersaron en torno
al programa de García Lorrio, que no prosperó y luego se reagruparon en la
organización Montones con grupos de otras procedencias.
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Bueno, era una situación que estaba para los ojos de la época totalmente convalidada. Desde el punto de vista de la situación política nacional se vivía una dictadura sin límite de tiempo. La dictadura autollamada "Revolución argentina", que presidía Onganía y alguna junta de comandantes en jefe que tenía poder militar planteaba que tenía objetivos, pero no plazos. Ese era el lema de la época. Y en el nivel de los columnistas políticos de la época se decía que los plazos estaban determinados por la vida de Perón. Es decir que en definitivamente la dictadura tenía que durar hasta que Perón se muriera, porque todos los ensayos de democracia sin el peronismo habían fracasado, porque el proyecto de la supuesta Constituyente del año '57 había ganado los votos en blanco la elección y luego la Constituyente quedó sin cuorum. Luego el candidato oficialista al régimen era Balbín o sea el radicalismo del pueblo, se llamaba en aquella época y el candidato triunfante fue el radicalismo intransigente con Frondizi, merced al pacto con Perón. Luego la candidatura de ¿¡¡¡ en la provincia de Buenos Aires determinó la anulación de las elecciones. Elecciones más proscriptivas en el '63, volvieron a ganar los votos en blanco. En las elecciones del '65 para diputados se permitió la participación de partidos neoperonistas, ganó el peronismo y Perón le ganó a los mismos peronistas, es decir en la interna del peronismo, Perón venció en la elección crítica, en Mendoza venció a Serú García. Y se ¿? la elección para el año '67, con el golpe de Onganía, esta vez había que elegir gobernadores. Nuevamente el peronismo ganaría las provincias clave, en particular la provincia de Buenos Aires. De modo que no era posible un código electoral que cubriera las apariencias de una democracia representativa con una fuerza política como el peronismo fuera de juego. Y no había disposición del establishment a permitir la democratización real del país, de modo que lo que vivíamos era la proscripción sistemática de la mayoría nacional, proscripción política que tenía connotaciones claramente clasistas, claramente raciales, porque los pobres de nuestro país son los cabecitas negras. Entonces el país blanco europeo, país extranjerizante, el país que para toda la literatura con la nosotros nos habíamos informado –el revisionismo histórico de Jaureche, etc.- estaba más cerca del pensamiento colonial, que del pensamiento nacional, oprimía en forma sistemática y marginaba del poder político al país indoamericano. En una situación – para comparar hoy en día- bastante similar a la que se vivía en Sudáfrica antes de que se parara el apartheid y que Mandela pudiera tener acceso a la presidencia. Y nadie se preguntaría por qué los partidarios de Mandela podían recurrir a la violencia, porque era lo que se veía como lógico. Por lo mismo los partidarios de Perón tuvimos que recurrir a la violencia, exactamente por lo mismo.
La relación con Perón evoluciona para nuestra generación desde que leíamos a Perón en el libro de lectura cuando teníamos seis años de edad hasta estar cara a cara con él, veinte años más tarde. Y menciono estos dos ejemplos, porque hay una imagen mítica que tiene un niño, frente a un líder internacional, Presidente de la Nación, que es la imagen de un niño desde jardín de infantes o primero inferior frente al libro de lectura. El libro de lectura es el poder para el niño y Perón era imagen en el libro de lectura. Con el paso del tiempo, por otra parte, después del derrocamiento del general Perón, nuestra generación realizó un revisionismo histórico sobre el peronismo en el cual revalorizó centralmente los aspectos positivos y al hacer esa revalorización carecían de especial significación otros aspectos que también eran de la realidad, pero que no formaban parte de una valoración histórica significativa y que sí pasaron después a tener peso cuando la relación histórica pasó a ser una relación política, coyuntural. Una cosa es evaluar la historia, evaluar los rasgos positivos y negativos de una personalidad o de un proceso político en la historia y otra cosa ¿?? políticos coyunturales. A los efectos de un balance histórico, los rasgos que pudiéramos llamar deficitarios no cuentan, no pesan, son menores, pero a la hora de la realidad política cotidiana sí pesan, porque actúan. Se va este problema que fue lo que llevó a procurar el enfrentamiento de nuestra generación con Perón. Perón a su vez sufrió los 18 años de exilio en el sentido de que cuando tomamos distancia de la realidad, congelamos una imagen de la realidad. Perón congeló nuestra imagen de niños y congeló la imagen de una dirigencia peronista de la década del '50. Cuando había otra dirigencia política que lo traía a él al país, que era la Juventud, que no éramos aquellos dirigentes del '50 ni éramos aquellos niños del '50. Y entonces a Perón le costó entender que la relación con nosotros era distinta con el resto del movimiento. Y a nosotros nos costó entender que el Perón de carne y hueso era distinto del de la síntesis histórica. Hubo en este sentido, diferencias políticas, pero más importantes hubo una dificultad de comunicación, de diálogo o una ruptura generacional. Faltaba una generación en el medio y había imágenes congeladas en el tiempo, mutuas entre interlocutores hablando en el ‘73/'74, entre Perón y nosotros. De modo que nosotros revalorizando el sentido histórico, social, nacional del peronismo cuando nuestra generación irrumpe en la escena política, produjimos una gran renovación ene el peronismo, que esa unión de fuerzas hizo que Perón volviera al país. Y cuando el peronismo vuelve al poder y Perón vuelve al país hicieron crisis aquellas cosas que estuve mencionando antes. No hubo la posibilidad o la capacidad de un mecanismo de comunicación como por lo menos discutir en los términos más racionales posibles, discutir abiertamente sin que pudiera considerarlo una falta de respeto y sin que nosotros consideráramos que éramos marginados. Si se hubieran podido discutir racionalmente las diferencias, seguramente después -como parte de la lógica política y formaba parte de nuestra lógica de elaboración de decisiones- hay democracia en la discusión y luego descentralismo en la decisión. Si se toma una decisión la minoría "se la banca", como se dice hoy en día. Ese proceso no existió en aquella actualidad y sobre esa inexistencia de síntesis, sobre esa inexistencia de diálogo en términos reales –no porque no hubiésemos tenido contacto directo con Perón, sino porque no era fácil el diálogo-. Sobre eso intervinieron factores exógenos, provocaciones exógenas, estrategias exógenas de provocación. A mi juicio hay bastante documentación al respecto inclusive por servicios de inteligencia extranjeros que tuvieron a través de López Rega... nadie puede formar una fuerza de choque, de provocación que convirtió las diferencias políticas y de criterio en una guerra interna del peronismo.
En primer lugar, en el '74 hace eclosión todo este proceso de discusión que no
tenía fluidos canales de diálogo, porque como Perón sabía cual era nuestra
posición, pretendía impedir por vía administrativa la expresión de nuestros
planteos. Concretamente se tomó la disposición que no se podía ir con banderas
políticas a la Plaza de Mayo el 1°, cosa que es absurda. En cambio sí se podía
ir con banderas sindicales, cosa que era una manifiesta parcialidad a favor del
sector ortodoxo del peronismo que predominaba en otra generación y en otro
sector a nivel sindical. El sector ortodoxo iba a tener su representación con su
bandera de las 62 organizaciones, de los sindicatos y el sector nuestro que era
fundamentalmente juveniles no iba a poder tener esa expresión, porque en el
plano sindical inclusive tenemos habitaciones sindicales y ello no era
considerado político, no era una institución sindical. Entonces se nos pretendió
prohibir la expresión y nosotros recurrimos a una triquiñuela para tener
expresión. Recurrimos a la vieja imagen del caballo de Troya. En los grandes
bombos –se usaron bombos gigantes para esa ocasión- con los que se accedía a la
Plaza de Mayo para acompañar los cánticos, llevamos dentro de ellos banderas,
aerosoles, letras de las insignias que queríamos poner y concurrimos con grandes
banderas argentinas sin inscripciones. De modo que la valla policías que estaba
puesta para impedir el acceso a la Plaza de Mayo a lo que tuvieren agrupación
política, tuvieron que dejarnos pasar porque nuestra única identificación eran
banderas argentinas. Pero, una vez adentro de la Plaza, cuando Perón salió al
balcón, las banderas argentinas súbitamente se convirtieron en banderas con las
inscripciones políticas que habitualmente llevábamos a todas las movilizaciones.
Esto enardeció a Perón. Para el prototipo de la cultura política argentina,
Perón era el prototipo del político racional, del estratega, del hombre frío, el
hombre que tomaba decisiones sin emociones. Y ese día Perón fue el hombre, no
fue el estratega frío, fue el hombre emocionado y reaccionó emocionalmente,
reaccionó con insultos que no forman parte del discurso político. Esto
desencadenó una tragedia, esa es la verdad. Nosotros manifestamos nuestra
posición con la triquiñuela de eludir el recurso administrativo de impedir
expresarnos, y lo reivindico, porque no hay derecho a impedir expresarse a
nadie. Perón se salió de las casillas y esto desencadenó lo que eran ya
diferencias políticas muy duras e incluso con enfrentamientos violentos dentro
el peronismo, desencadenó en la Plaza de Mayo una batalla campal entre la media
plaza espantada que nunca decidió retirarse con los compañeros que formaban
parte de nuestro sector y la media plaza que quería quedarse, que era el sector
ortodoxo. Pero la media plaza que quería quedarse también se iba persiguiendo a
los nuestros o sea que el acto duró escasos minutos y en buena medida este hecho
fue tomado por la estrategia represiva sobre la cual se desarrollaría el
"Proceso de Reorganización Nacional" para profundizar el aislamiento político de
los militantes de nuestro sector al efecto de procurar consenso social para el
exterminio físico.
Inclusive hubo un documento reservado a pedido del senador Martearena por Jujuy
(que era el presidente del Partido Justicialista en aquella época) en una
reunión reservada del consejo nacional del Partido Justicialista, Martearena
firmó un documento donde prácticamente exhortaba al exterminio físico en una
represión del tipo que se desarrolló con las tres A. Pero también hay que tener
en cuenta que Perón era un anciano. Lúcido, pero un anciano. ¿Qué quiero decir
con esto? Que él tenía pensamiento propio, pero no tenía capacidad de acción
prácticamente. Y en este sentido Perón era en cierto modo un prisionero de la
edad. Y la persona que podía mantener la situación, que ha sido su esposa era la
aliada más estrecha de López Rega. De modo que Perón tenía serias limitaciones
reales a su capacidad de acción. Y de todas maneras, evidentemente él no estaba
de acuerdo con nuestros planteamientos políticos. De otro modo no hubiera dejado
que López Rega hiciera las tres A. El modo hubiera sido "muchachos los llevo a
la interna, ustedes hagan su planteo, yo hago el mío y vamos a ver quién gana.
Evidentemente nos iba a ganar él, eso estaba fuera de discusión. "O hagamos un
debate político nacional o hagamos lo que fuere necesario". Pero Perón no estaba
acostumbrado a la metodología de la discusión política. No aceptaba nuestra
discusión política. Esta era la cuestión. López Rega no nos discutía nada.
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Antes de que muriera el General Perón todo el mundo sabía que aquella situación
creada con el triunfo electoral del '73 era una situación precaria, no era una
situación estable. La historia argentina preexistente demostraba que las
democracias o los períodos democráticos eran breves intermedios entre un
continuo poder militar que representaba al stablishment, que se le llamaba el
partido militar, concretamente, y que políticamente se los llamaba "gorilas".
Eran "gorilas" en ejercicio del poder armado que controlaban todo el poder
armado y el poder económico y del Estado. Esto era lo recurrente. Inclusive
cuando Perón vuelve en el año '72 se suponía que iban a matar. Entre las
hipótesis que existían era que iban a derribarle el avión. O sea que el proceso
que da lugar al triunfo del justicialismo no venía precedido por "un gran
acuerdo nacional", como le llamaba la ¿??. Había sido presidido por una guerra
en la cual no hubo una victoria militar, un embate militar, un status quo, un
armisticio. Inclusive durante la campaña electoral no se sabía si se iba a
llegar a las elecciones del 11 de marzo. Y cuando Cámpora triunfa con el 50 por
ciento de los votos y anula la maniobra de lealtad que había ideado Lanusse, se
pensaba que lo le iba a entregar el gobierno el 25 de mayo.
Todo el mundo sabía
que aquella situación era inestable, que había un poder político popular que
tenía un equilibrio inestable con el poder económico y militar del establishment
y que estas dos cosas eran incompatibles. Este precario equilibrio, que es un
equilibrio de fuerzas existía en virtud de la existencia de Perón. Perón
aglutinaba las suficientes fuerzas sociales, políticas y económicas, que eran
desde la CGT hasta la CGE como para equilibrar el otro poder. Si Perón
desaparecía y este poder, este frente nacional se resquebrajaba el equilibrio de
poder se rompía automáticamente y volvía una vez más el golpismo militar
recurrente en la historia argentina. Todos sabíamos esto.
Cuando Perón se muere no había más que esperar que esto ocurriera. Y todos sabíamos, por la lectura de la historia, que cada golpe de Estado era más sangriento y salvaje que el anterior. Duraba más tiempo que el anterior. De modo que lo único que podíamos esperar con la muerte de Perón y con el poder en las manos de Isabel Perón y López Rega era que llegara el momento del golpe de Estado en donde nosotros íbamos a ser la víctima ¿??. Y en estas condiciones... Además se esperaba que esto fuera muy pronto. Cualquier hombre de la calle podía decir en aquella época que Isabel no iba a durar tres meses. De modo que antes de esos tres meses nosotros decidimos preservarnos pasando a la clandestinidad. Y esto fue un grave error estratégico, un error político, porque de última priorizó el intento de una defensa técnica que desde la clandestinidad hicimos una defensa política, que es la ampliación del consenso. Entonces aquel hecho del 1° de Mayo del '74 se agudiza con el pase a la clandestinidad. Nuestro elemento político se agudiza. Y si bien un tiempo, que fue el año '75, en donde la represión era débil, porque era una represión de las tres A y no la represión del poder totalitario del Estado como fue después, y que este tiempo nos permitió construir reparos logísticos para la autodofensa, la orfandad del movimiento político lo terminó con la magnitud de los desaparecidos después.
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Roberto Quieto, a lo mejor los chicos no saben quién es, era el máximo referente
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, que era una organización –entre las
múltiples organizaciones que ¿? en los años '70. Había organizaciones que
nacieron como peronistas, otras que nacieron como marxistas leninistas, un
partido comunista armado, otras con posiciones maoístas y otras con posiciones
troskistas. Y surgió una con una posición intermedia de naturaleza guevaristas
que eran las FAR, las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Las FAR luego de un corto
proceso de existencia como organización pública, a través de un debate interno
define como tesis central el tema del nacionalismo popular revolucionario. Su
dirigente máximo en ese entonces era Olmedo, que murió en un enfrentamiento en
Córdoba poco después. Olmedo desarrolló esta tesis de que la estrategia y la
identidad política del proceso que requería una formación social como la
Argentina era de naturaleza nacionalista-popular-revolucionaria. Y qué
movimiento político y social que expresaba en la realidad concreta esto era el
peronismo. De modo que las FAR convergieron en peronistas. Se dio un proceso de
fusión de organizaciones en el cual las organizaciones eran convergentes en la
medida que había mayor afinidad política. Las FAR convergieron más tardíamente
al peronismo y, en ese sentido fue la última organización que se fusiona dentro
de la organización Montoneros. El máximo referente de esta organización era
Roberto Quieto. Y Roberto Quieto formó parte de la conducción integrada de
algunas organizaciones. Si bien no era el número uno de la organización –era el
número tres-, pero públicamente era el número dos, por ser el número uno de la
FAR. De modo que aparecíamos bastante en público juntos porque hubo un proceso
de ¿? política antes de la fusión en donde al no haber una organización
unificada, la representación pública se hacía bicéfala, por decirlo así: cada
uno representaba su propia posición. Pero Roberto Quieto tuvo una significación
política importante en los años ‘73/'74. Así en el '75, nosotros estábamos
recientemente radicados en Buenos Aires, con la conducción nacional habíamos
estado durante todo el año '75 en Córdoba y Quieto tenía una situación familiar
y ¿? que estaba envuelto en una crisis, porque estaba separado de su esposa, su
esposa no era militante, pero tenía sus hijos a los que como todo padre quería
ver, tenía su madre y sus hermanos. Y él cometió la grave imprudencia de ir un
día ¿?? a una playa de Vicente López con toda su familia: la madre, los
hermanos, la esposa, los hijos, etc. Y aparentemente fue reconocido por alguien
que lo denunció y fue detenido en la playa. Exigió la identificación de los que
lo detenían –todavía estaba el gobierno de Isabel en el año ‘75-, si bien había
represión, algún marco jurídico y más o menos los marcos formales existían,
distinto a lo que fue le proceso después. Quieto exigió en público delante de
sus familiares la identificación de quiénes lo detuvieron. El jefe procedimiento
era de policía federal. Pero al día siguiente de estar detenido Quieto
desapareció y las fuerzas policiales negaron la detención y no hubo más como
ubicarlo. Y fue, en cierto modo, el primer desaparecido de lo que sigue después.
Yo creo que hubo otros desaparecido antes, otros casos aislado antes. Pero como
hecho notorio, un caso de gran repercusión periodística y esto fue un
desaparecido que anticipaba lo que iba a ser el método de las desapariciones
después. Evidentemente como todos los desaparecidos Quieto fue sometido a las
peores torturas que uno se pueda imaginar. Nosotros no tuvimos nunca más
información de él, pero sí tuvimos evidencia de delaciones de él durante la
tortura. Cayeron cosas conocidas por él en la tortura. Y este fue un impacto
político y emocional muy fuerte para nuestra fuerza. Nuestra fuerza en su
ideología tenía como un elemento significativo, importante del tema del "hombre
nuevo". No era sólo una sociedad nueva, un cambio de estructura, un cambio de
marco jurídico o un mero cambio de propiedad de los medios de producción. Una
sociedad nueva también culturalmente, espiritualmente, si se quiere. Una
sociedad que construya un hombre nuevo y ese hombre nuevo era el futuro de la
sociedad. Y se suponía que los militantes revolucionarios tenía que aproximarse
o ser casi ese hombre nuevo. De modo que la evidencia de un quiebre en la
tortura de un cuadro en la jerarquía de Quieto ponía en crisis estos conceptos.
Cómo era posible que aquel que tenía que ser el hombre nuevo pudiera cantar en
la apertura. Este fue el problema. Nosotros establecimos a partir de ahí dos
cosas: un juicio, una ausencia a Quieto que tenía un valor realmente simbólico.
Sabíamos que no tendríamos ningún rastro de él. Era un juicio que en definitiva
implicaba establecer jurisprudencia para la conducta ante la represión que se
avecinaba. En ese juicio Quieto fue condenado por cantar en la tortura,
condenado por delación. Que tenía el efecto de decir no admitimos la delación,
no nos parece razonable que alguien delate, aunque las torturas puedan ser muy
tremendas. Porque la delación es el verdadero óxido que destruye una
organización clandestina. Si no existiera la posibilidad de la delación, no
sería posible destruir una organización clandestina. Esta es la realidad. Eramos
todos muy conscientes de eso. Además hay una película muy famosa que es "La
batalla de Argel" que muestra como la tortura destruye el Frente de Liberación
Argelino. Entonces a raíz de ese proceso nosotros decidimos establecer que los
medios de conducción no tenían que ofrecer el margen de la delación en la
tortura, porque por más que todos aspirábamos a ser "hombres nuevos", vamos a
decirlo en términos bíblicos ¿quién podía decir que no iba a ser Pedro para ¿??
Veces. Este es el asunto. Y la única forma de evitar eso y nadie puede
garantizar antes de pasar por la tortura que no va a hablar era morir antes de
la tortura. Y allí fue que se estableció para los miembros de la conducción la
obligatoriedad de la pastilla de cianuro, para no entregarse vivo. ¿Para qué la
pastilla de cianuro? Porque uno podía estar armado y combatir, pero eso no
garantiza que no caigas vivo. Uno puede ser capturado vivo.
Uno puede caer
herido, y se te acaban las balas y a pesar de estar armado y de combatir se
puede caer vivo. Todos tenemos un ejemplo muy claro: el Che Guevara fue
capturado vivo, y si el Che Guevara fue capturado vivo ¡Quién podía garantizar
que no? De modo que establecimos la pastilla de cianuro. Y como esto fue un gran
debate dentro de la organización, en realidad la conducción recibió una crítica
generalizada de la organización. Y la crítica que consistía en decir que se
establecía un privilegio para lo miembros de la conducción. Los miembros de la
conducción teniendo pastillas de cianuro tenían el privilegio de no ir a la
tortura y el resto de los militantes no tenían esos privilegios. Y allí fue
entonces que se decidió generalizar la pastilla de cianuro para evitar la
delación en la tortura.
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Lo que ocurrió fue que cuando nosotros paramos en la clandestinidad, como dije
antes, esperábamos que el golpe de estado se produjera inmediatamente y eso no
ocurrió. Ocurrió una estrategia política del golpismo que fue conocida como la
estrategia del fruto maduro que era dejar al gobierno de Isabel hasta el
hartazgo, hasta el hartazgo de la sociedad, hasta que hubiera casi un clamor
golpista y entonces esto nos puso en la situación de haber pasado a la
clandestinidad y no obstante que seguía en curso un proceso político con
depresión, con violencia, una guerra civil que a cualquiera lo podían matar en
la calle, pero un proceso político al fin. Y como nosotros no habíamos pasado a
la clandestinidad solamente para un autopreservación personal, sino como parte
de una organización que pretendía tener una estrategia política, pues no
podíamos tener una estrategia política que ignorara la existencia de un
parlamento, de un margen de libertad de prensa, que ignorara la existencia de
elecciones periódicas, etc. De modo que se hizo necesario en cierto modo un paso
atrás la idea de pasar a la clandestinidad y construir estructuras políticas
legales. E inclusive hubo un momento, cuando Rocamora fue ministro del Interior
del gobierno de Isabel , que hubo un discurso del gobierno que intentaba una
especie de apertura del diálogo y nosotros tomamos el guante, buscamos el
diálogo con el gobierno planteando como requisito que terminara el accionar de
las tres A, ese era nuestro requisito básico y esto implicaba desplazar a López
Rega que no tenía absolutamente ningún consenso político. Uno podía tener
diferencias con Lorenzo Miguel, pero él representaba una base social, tenía
poder político, era una cosa perfectamente reconocible. Uno podía tener
diferencias políticas con Martiarena, pero él era un líder político en Jujuy.
Uno podía tener diferencias políticas con cualquiera, y le tenía que reconocer,
aún con sectores como el Comando de Organización o Guardia de Hierro y eran
sectores de activismo político reconocibles. Pero la Triple A no era activismo
político reconocible, era una organización de mercenarios y López Rega no tenía
ninguna base de representación política.. El único requisito nuestro era
"cortemos con la Triple A y quitémosle poder político a López Rega que no
representa a ningún poder político". Y esto es cuestión de discutir y dirimirlo
con el juego político de ¿??. De modo que intentamos introducir eso pero no fue
factible, no hubo eco, porque había ya una presión militar sobre el gobierno de
Isabel, que de algún modo solamente toleraba al gobierno a pesar de todas sus
inconsistencias en la medida en que fuera una avanzada de represión de lo que
iba a ser después el proceso. Si el gobierno de Isabel hubiera querido dar
marcha atrás a esta represión, automáticamente perdía el mínimo respeto,
podríamos decirlo así, que el sector golpista tenía sobre él.
No, y en esto hay un mito: como dije antes, la represión no se da por la
legalidad, las bajas no se dan por la legalidad, las bajas de dan por la
delación durante la tortura. E inclusive retomo el argumento de la autocrítica
del pase a la clandestinidad: ampliar el espacio político favorece la seguridad,
no la agrava. La seguridad no es un problema técnico, es un problema político.
La orfandad política es lo que hace fácil que una fuerza sea reprimida con
cierta impunidad. La gran amplitud de un proceso político en estado de plenitud
impide eso. De modo que abrir el proceso político no generaba problemas de
seguridad. Al contrario, los alivianaba. Era más grave haberse ido, como lo
hechos demuestran. Hubo otra gente que hizo algo distinto que nosotros: hablar,
y desapareció antes.
Vamos a empezar por un principio. La estrategia no era también salvar gente. Si
hubiésemos tenido esa estrategia directamente no empezábamos. La estrategia
nuestra era transformar la estructura del poder en la Argentina, no salvar
gente.
Los servicios ¿?? de seguridad hicieron lo imaginable y lo inimaginable desde el
punto de vista de la seguridad. Desde un inmenso desarrollo logístico, una gran
base de sustentación política que existió, la utilización del espacio exterior,
el recurso al amparo político desde el exterior, el apoyar la política de
Derechos Humanos de Carter, por ejemplo. Desde el punto de vista de la
preservación se hizo todo lo posible, porque era una cuestión que sin
preservación tampoco podías levantar ninguna estrategia. Pero desde ese punto de
vista hay un error: una cosa es concebir una política desde el punto de vista de
lo que podemos llamar "Amnesty International", que se dedica a salvar gente y
otra cosa es una política planteada desde el punto de vista de una estrategia de
poder que pretende modificar la estructura de toda la sociedad. El objetivo de
una organización humanitaria es salvar gente. El objetivo de una organización
política no es salvar gente, es tomar el poder con el mínimo costo posible.
Estando legitimado en aquellas circunstancias a nivel mundial el planteamiento
el carácter bélico de guerra revolucionaria, planteamiento como universalmente
se han desarrollado entre guerra popular y ¿?? de Mao Tse Tung, o la guerra de
guerrillas, en la que podemos tomar el caso cubano o la guerrilla urbana con
insurrección final del caso argelino, o la guerra denominada guerra regular o
irregular, en la guerra de Vietnam. El general Perón en sus escritos y en las
películas desarrollaba con toda claridad estos conceptos, el concepto del
desarrollo de la resistencia a la opresión, legitimada por la propia Iglesia,
está legitimado por el Derecho Internacional, que estuvo expresado con toda
claridad en los fundamentos de la Ley de Amnistía del año '73. Lo que no sabe
que se encara una estrategia de toma de poder que presupone un enfrentamiento
violento, hay bajas, hay costos humanos y cualquier militante que participa
voluntariamente en esto sabe que se juega su vida. No es lo mismo si uno recurre
a una leva obligatoria, a un servicio militar obligatorio, etc., a cosas que
obligan a una persona a jugar su vida al margen de su voluntad. No es el caso de
una organización política clandestina, que solamente cuenta con el consenso
absolutamente explícitamente voluntario de cada uno de sus militantes, minuto a
minuto. No hay nada más fácil que desertar de una organización clandestina:
nadie sabe tu nombre, si conocían tu nombre legal, nadie sabe el nombre de tu
documento falso, nadie sabe tu domicilio, nadie sabe tu cobertura, cómo te
presentás frente a la sociedad, frente a tu barrio. Es muy fácil, no concurrir a
una cita y separarse de la organización. Eso es todo lo que hay que hacer. De
modo que el concurso explícito de la voluntad cotidiana de los militantes es lo
único que hace posible el desarrollo de esa estrategia de lucha. Y son esos
mismos militantes que tienen esa voluntad los que corren riesgo de muerte. De
modo que si alguien hubiera planteado en la organización "decidamos salvarnos",
éste no hubiera tenido consenso político, hubiera sido una deserción de la
lucha, una deserción de la historia, una deserción de la razón de ser que había
dado comienzo y que no había cambiado la situación, excepto que ser había hecho
más peligrosa, no había cambiado la situación que había dado origen a la lucha.
Al contrario, se había agravado. De modo que el planteamiento de salvar gente
hay que tomarlo en aquel contexto, como planteamiento de la mayor seguridad
posible de los militantes. Se los sacaba del país, volvían a entrar, no estaban
todo el tiempo adentro, se hacían todas las operaciones logísticas que
permitieran garantizar su seguridad. Se buscaba la mayor ampliación de espacio
posible porque éramos conscientes de que esa ampliación de espacio político
hacía a la seguridad y hacía a la eficacia de la lucha. En este contexto está
planteada.
Nosotros tomamos una decisión política. En todo caso la pregunta apunta a un
cuestionamiento. Pero yo le plantearía a todos aquellos que tienen ese tipo de
cuestionamiento que lo centren exactamente en lo siguiente: nosotros tuvimos la
decisión política de resistir hasta el final, podíamos haber podido tomar la
decisión política de no resistir. Esto es lo que hay que discutir, si es
correcto o incorrecto. Yo creo que fue correcta la decisión y que fue moralmente
la única que podíamos tomar, después de iniciada la lucha. No hubiera sido
moralmente legítimo iniciar la lucha en el año '70 y en el año '77 decir "No,
como se puso muy fea, ahora nos borramos". No era decoroso, eso no es
consistente. Nosotros tuvimos una decisión que la tomamos desde el primer día,
desde que se funda la organización. No en vano teníamos una consigna "Perón o
muerte" al principio, "Patria o muerte".
Tomada la decisión política de resistir hasta el final, una consigna del tipo
"Patria o muerte", al hacer una evaluación histórica de ese tipo de conducta
debemos hacer algún grado de comparación, cuál es el patrón de medida del error
o del acierto. Y hay grado de comparación. No hay diferencia ideológica entre
Videla, ¿? en Brasil, Pinochet en Chile, Banzer en Bolivia. Hay diferencias
ideológicas en el golpismo de la doctrina de la seguridad nacional. Sin embargo,
el golpe de Brasil duró veinte años y cuando se evaluó el golpe se salió con la
transición y los gobernadores civiles y presidente dictatorial. Pinochet,
después de más de 20 años sigue en el poder. Hay un poder civil que tiene que
contemporizar con el poder constitucional de Pinochet frente a las Fuerzas
Armadas. Videla no es ni siquiera un militar en retiro. ¿Qué hizo la diferencia?
¿La ideología? No. ¿Por qué un proceso duró siete años y terminó en una
catastrófica derrota política de sus dirigentes? Otro dura 20 años y no hay
derrota política de sus dirigentes y otro se da el lujo de desarrollar una
transición con sus adversarios del pasado en el poder y permanecer en el poder
como Pinochet ¿Dónde está la diferencia? La diferencia está en la resistencia y
esa resistencia, es la resistencia social, es la resistencia que desarrolló el
movimiento obrero contra la dictadura argentina, y que no se vieron claramente
en Brasil o en Chile. Es la resistencia de los organismos de derechos humanos
planteados como estrategia de resistencia dentro del país, y no solamente como
denuncia por violación de derechos humanos en el exterior, que es los que ha
distinguido a las organizaciones de derechos humanos en la Argentina frente a
sus similares en la región. Es la resistencia armada contra ellos. Los chilenos,
al poco tiempo del golpe de Estado, no tomaron la decisión de resistir hasta el
final, tomaron la decisión de irse todos. Pinochet todavía está en el poder.
Este elemento como patrón de medidas, si digo que lo que hay que optimizar es el
mínimo tiempo posible de poder dictatorial, entonces la estrategia que se siguió
en la Argentina era preferible a la que se siguió en sus países vecinos.
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El golpe de Estado, como dije antes, era una cosa perfectamente previsible. Para
nosotros no es una sorpresa el golpe de Estado. Es una sorpresa el día en que
uno se despierta y está la marcha de San Lorenzo. El estado de sitio ya existía
de antes. No es una sorpresa que se plantee la pena de muerte, como se planteó
al principio del golpe, una serie de encrudecimientos represivos, la prohibición
de la actividad política, etc., etc. Nada de eso nos sorprendía en la medida de
lo lógico, lo que cabía esperar de un golpe de estado. De modo que en ese
sentido no hay sorpresa y las expectativas simplemente son confirmadas al día
siguiente al golpe de Estado. No obstante al tiempo sí se nos revela un dato no
imaginado. Un par de datos no imaginados: uno de naturaleza económica y el otro
de naturaleza represiva. Desde el punto de vista económico, los golpes de estado
en la Argentina estaban vinculados a un ciclo económico conocido en la jerga de
los economistas como ¿???. Hay cierto desarrollo económico, estrangulamiento de
la balanza de pagos. El estrangulamiento de la balanza de pagos produce una
crisis económica que se convierte en crisis política que en el caso argentino se
resuelve por transferir la hegemonía a los sectores terratenientes,
agroexportadores, devaluación típica con gran miseria de los asalariados, etc.
Con la gran devaluación, esto equilibra la balanza de pagos y luego se produce
una nueva expansión del desarrollo industrial, manejado por los sectores
trasnacionales, lo cual incuban en el futuro nuevamente el estrangulamiento de
la balanza de pago. Pero la expansión industrial fortalece al movimiento obrero,
fortalece al movimiento popular y eso se trasunta en términos políticos en una
capacidad de contraofensiva en el movimiento popular. Nosotros esperábamos este
mismo ciclo con el golpe del '76. E inicialmente las expectativas son
confirmadas, porque al inicio hay hegemonía del sector terrateniente, un
traslado brusco de ingresos en el sector terrateniente por la grave crisis de la
balanza de pagos que dejó el gobierno de Isabel. Durante el año '76 esto juega
de acuerdo a las expectativas. En el año '77,a un año del golpe que tenía que
empezar el ciclo inverso descubrimos el dato sorprendente: en lugar de
transferirse la hegemonía al sector industrial transnacional, se transfiere al
sector financiero y en entonces se pone en marcha un proceso de
desindustrialización, un proyecto explicitado por algunos voceros militares como
necesidad de mantener la industria, que era la causa de existencia del
peronismo, que eran entonces la cuasa de los males políticos del país. Hay un
proceso explícito de desmantelamiento del aparato industrial favoreciendo la
especulación financiera. La época de la plata fácil, que desmantela el aparato
industrial así debilita cada vez más la capacidad de resistencia del movimiento
obrero. Esto no estaba en los cálculos y modifica las expectativas con que se
podía luchar frente a una dictadura. El otro elemento: nosotros imaginábamos que
la represión, para decirlo de algún modo burdo, sería igual que las dictaduras
conocidas, pero un poco peor, multiplicado por algún factor. Si antes había
cámara federal especial que se conocía como "el camarón", bueno ahora habrá
leyes más duras, más rígidas y más cámaras especiales. Si antes había diez días
de incomunicación del detenido, ahora habrá veinte o treinta. Si antes había
limitaciones al derecho de defensa, ahora habrá más limitaciones. Si antes había
menos muertos, ahora habría más muertos en combate. O sea algunos de los heridos
los dejarían morir. Una represión de la misma calidad, pero en mayor cantidad.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Mario
Firmenich habla de la contraofensiva y la causa que lo acorrala
"La causa Bonadío es una canallada"
Cristina Zuker es hija del recordado Marcos Zuker y hermana de Ricardo Zuker,
uno de los 15 militantes secuestrados y asesinados por la represión militar en
marzo de 1980 cuando intentaban desarrollar la "Contraofensiva" contra la
dictadura resuelta por los Montoneros en el exilio. Fue una de las que iniciaron
la causa por la que el juez Bonadío procesó y detuvo primero a decenas de
uniformados y después reclamó la detención de los ex jefes montoneros. Buscando
la verdad sobre lo ocurrido, Cristina Zuker entrevistó a Firmenich en su casa,
poco tiempo antes de la orden de detención que lo hizo ocultarse. En esa
reunión, el ex guerrillero le dio su opinión sobre los puntos que desatarían más
polémica tras la última resolución de Bonadío. Cómo y por qué se tomó la
decisión de hacer la contraofensiva, si hubo entregadores, en qué condiciones se
envió a los militantes (incluso a los dos menores), el papel de los medios y la
Justicia, el rol de los delatores e infiltrados y hasta las críticas que recibe
por su soberbia. El reportaje que se transcribe a continuación es un adelanto
exclusivo del libro El tren de la victoria, de próxima aparición.
Por Cristina Zuker
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"No voy a contestar nada que tenga que ver con esa causa judicial", fue lo
primero que me dijo Mario Eduardo Firmenich cuando lo llamé por teléfono, y
agregó que debía sufrir ilusiones ópticas si pensaba que podía contarme algo de
mi hermano que yo no supiera. "Es esa típica costumbre nacional: ‘así que usted
es de Buenos Aires..., entonces debe conocer a Fulanito’", cerró con una
carcajada que por teléfono sonó demasiado hueca. No me reí, ni le recordé su
responsabilidad última sobre los hechos. Tenaz en mi propósito, quedamos en
vernos en su casa. Le anticipé que iría con mi hija. Así que el día señalado
ambas fuimos al Apeadero de Gracia para subirnos al confortable tren que nos
llevaría a la vera del Mediterráneo hasta Vilanova i la Geltrú, un puerto
bucólico de la costa catalana, donde los Firmenich viven hace seis años un
presente más sosegado, desde que el jefe de la familia se gana la vida como
profesor de economía en la Universidad Central de Barcelona. Aunque tenga una
página en Internet cuya dirección es www.movimientomontonero.org, y en ella se
sigan publicando documentos con pie de página en forma de consigna: "habrá
patria para todos o no habrá patria para nadie".
Su mujer de toda la vida, María Elpidia, "la negrita", cordobesa, madre de sus
cinco hijos, y encargada hoy como siempre de llevar las directivas de su marido
en frecuentes viajes a la Argentina o de allanar los embates del pasado, había
atendido mi primer llamado. Rápidamente, me anticipó que la intransigencia de
Firmenich seguía incólume, a pesar de las tantas cosas que se han dicho de él a
lo largo de los años. En aquella primera charla telefónica con María Elpidia,
aprovechó para contarme que cuando fue secuestrada en junio de 1976, con un tiro
de FAL en un brazo, no sabía que estaba embarazada, que las palizas fueron
demoledoras y que Mario Javier nació seis meses y medio después de su gestación.
Es justamente él quien nos abre la puerta. De acuerdo con lo convenido,
Firmenich llega tras mi plática con su hijo. Unos kilos de más delatan el paso
del tiempo, igual que las canas que le han ido cubriendo la cabeza, y sus
pobladas cejas. De todos modos lleva con hidalguía sus 54 años. Despojado de la
marcialidad con que posaba allá por los setenta desde las tapas de Evita
Montonera, viste unos vaqueros, un pullover azul de cuello redondo por el que
asoman los cuadros escoceses de la camisa.
–¿Por qué no hablamos de la contraofensiva, de la derrota previsible, de las
muertes inútiles?
–¿Qué es la contraofensiva? ¿De qué me hablás?
Sentí que de aquí en más el diálogo iba a ponerse tenso. Le explico que no pude
entender la decisión de mi hermano de sumarse a la contraofensiva. El, que había
conocido ya el infierno, volvía a engancharse con la muerte, cuando la vida
todavía le prometía tantas cosas. Que entonces tenía veinticuatro años, y que
desde entonces habíamos discutido todos los días, con los resultados conocidos.
–¿A vos no te parece que fue una empresa suicida?
–En la contraofensiva no murieron más de 20 o 22 compañeros.
Le rebato con vigor el número de muertos. Cuento con los datos minuciosos del
Equipo de Antropología Forense, que me proporcionó el invalorable Marco
Somigliana. Fueron más de 40 en el ‘79 y menos de 40 en el ‘80, que suman arriba
de ochenta. De hecho, en la causa que investiga el juez Claudio Bonadío casi se
alcanza el número mal estimado por Firmenich. Me indigna que todavía le cueste
aceptar las dimensiones de la derrota.
–Después cayó el Turco Haidar –su cuñado– en el ‘82, y cayó Yaguer en el ‘83. ¿Y qué? –me interpela de manera agresiva, como provocándome—. Nosotros nunca tuvimos la voluntad de dejar de luchar. ¿Y en el ‘76, en el ‘77? Caían siete compañeros por día. La contraofensiva es un juego de niños al lado de eso. –Sí, yo creo que fue un juego de niños porque incluso hubo una niña de 16 años que estaba en el grupo de mi hermano, Verónica Cabilla –digo dispuesta a profundizar la confrontación.
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–Con el consentimiento de los padres por escrito y por separado –y lo repite–.
Lo exigí por escrito y por separado, más allá de que la patria potestad en esa
época era sólo del padre. Así como yo a la ley de sangre no me opongo, frente a
la ley de padre y madre por escrito tampoco. Además, no lo considero una
irresponsabilidad, porque tampoco el Tamborcito de Tacuarí es un crimen. A mí
nadie me enseñó que lo del Tamborcito de Tacuarí fue un crimen, y era un niño
también. Ahora, si vos decís para qué mierda empezaron a luchar, que era un
proyecto fracasado desde el principio, esa es otra discusión. Bueno, a
posteriori... Es como hablar de los resultados de los partidos de fútbol del
domingo con el diario del lunes bajo el brazo. Ya sabemos el final de la
historia. Podés decir lo que quieras, pero que nuestro proyecto era creíble para
nosotros y para nuestros enemigos, claro que era creíble, si no, no nos hubieran
matado, se hubieran cagado de risa –él también se ríe–. Lo hicimos con la mayor
seriedad que pudimos, con toda la inexperiencia e ignorancia que podíamos cargar
a cuestas, y la mayoría de la sociedad argentina en un momento apoyó hasta que
nos quitó su apoyo. Hasta ese momento nunca colectivamente nos planteamos la
opción de dejar de luchar. Al plantearnos la opción de continuar resistiendo,
era obvio que corríamos con todos los riesgos. Fue una decisión colectiva
–recalca–. En lo individual, algunos se lo plantearon y se fueron. –¿No te
parece que para el proyecto de la contraofensiva eran demasiados los riesgos a
correr, suponer que se iba a contar con el apoyo del pueblo argentino no era
también una ilusión óptica? –¿Suponer qué? Nosotros hicimos la contraofensiva a
partir de la huelga general de abril, y tuvimos ese apoyo. Y nos planteamos la
movilización de una fábrica grande, la Peugeot, y la tuvimos a punto de salir.
Les dieron todas las reivindicaciones para que no salgan. Y sabíamos que iban a
estallar las contradicciones internas del Ejército y estallaron. Se sublevó
Menéndez en ese momento. Y sabíamos que iba a venir la Comisión de la OEA y que
esto era romper la coraza de protección que tenía la dictadura en el exterior, y
también ocurrió. Y suponíamos que después de eso iban a tener que retirarse y
llamar a elecciones, y también ocurrió. Ahora si vos decís: ¿ustedes pensaban
tomar el poder en el ‘79, como se tomó el Palacio de Invierno? Nunca pensamos
eso, y si nos lo hubiéramos planteado, ¿qué? –me vuelve a prepotear–. Esta es la
otra cuestión. Suponiéndolo, ¿y qué? Se trató de una decisión política discutida
democráticamente, votada en todos los ámbitos y asumida por todos. ¿Y qué? Los
votos fueron cantados, hay actas. No hubo papelitos, o por lo menos yo no me
enteré. Se votó en el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, se
votó en lo que se llamaba en aquella época Comité Central del Partido. Todo el
mundo sabía que era una decisión política que venía de mucho tiempo antes, no
era una maniobra intempestiva ni secreta. Se empieza a discutir la necesidad de
cambiar la situación estratégica de resistencia en julio del año ‘78. No era la
contraofensiva de los montoneros sino la contraofensiva popular. Que era un
estadio de un momento social que nosotros analizamos y que estaba basado en la
realidad. Y si no lo estuviera, ¿qué? –otra vez la muletilla–. Fue una decisión
política de centenares de personas conscientes de los riesgos que corrían.
–¿Quiénes eran los centenares de personas?
–Todos, todos los montoneros, ni uno dejó de participar. El que no quiso tuvo la
opción de discutir, votar en contra o irse, y no pasaba nada. Todos los
montoneros participaron de la contraofensiva de una u otra forma. Algunos en
tareas logísticas y políticas en el exterior, otros en tareas políticas en la
Argentina, otros en tareas propagandísticas. Todos, incluyendo a personas como
Oscar Bidegain, participaron de la contraofensiva. Vos podés juzgarla como una
decisión política incorrecta pero no podés decir que la conducción mandó a
alguien a la muerte, porque además se pone en duda la integridad de los
compañeros. Era imposible obligar a alguien a hacer algo si no quería. Desde un
punto de vista material, si un compañero tenía que salir de Madrid y tomarse un
avión con escala en Panamá, y después aterrizar en Chile y de ahí cruzar por
tierra a la Argentina, en Panamá o donde querías podías no seguir viaje. Para el
Mundial del ‘78, un muchacho que iba rumbo a la Argentina desapareció, se
arrepintió. No me acuerdo el nombre.
–¿Cuánto tiempo duraba el entrenamiento militar en el Líbano?
–Yo no te voy a contestar preguntas policiales. No te voy a contestar nada que
tenga que ver con causas judiciales, porque yo no soy policía.
Firmenich desconoce que en la causa que lo pone tan nervioso se han ido
acumulando documentos secretos de la inteligencia militar que responden con
exceso a mi pregunta. Incluso uno de ellos se refiere al escepticismo del jefe
militar de la contraofensiva montonera Raúl Clemente Yaguer, tras salir del país
después de presenciar el atentado contra Francisco Soldati, donde hubo bajas
propias considerables. "Los cursos Pitman no van", aparece diciendo en un
documento, refiriéndose a los cursos de entrenamiento militar que se impartían
en Siria o en el Líbano, donde los aviones israelíes volando sobre sus cabezas
aseguraban un escenario de guerra permanente, un paisaje bastante diferente al
del alicaído Buenos Aires. Aunque en otro documento Yaguer señalara que las
operaciones ahora era necesario planificarlas en función del objetivo, y que la
retirada era secundaria, una caracterización que convertía a los combatientes en
émulos de los comandos suicidas palestinos. También estimaba Yaguer que el
entrenamiento con armas de guerra, que duraba dos meses, debía ser duro para que
el posterior combate fuera blando.
Firmenich se niega enfáticamente a hablar sobre este tema. Sigo adelante:
–¿Estuvo Videla en la mira de alguno de los grupos?
–Que yo sepa, no. De todos modos, si a algún grupo se le hubiera ocurrido pensar
por su cuenta en atacar sobre Videla, no hubiera sido un disparate.
–Tendrían que haber estado bien pertrechados.
–Había autonomía de táctica. De todos modos, si alguien hubiera podido matar a
Videla en ese momento se hubiera llevado unos cuantos aplausos.
De hecho, el general Cristino Nicolaides anunció en 1981 que habían secuestrado
carpetas con la más completa información sobre cada uno de los funcionarios
nacionales, en los que constaban horarios, movimientos, custodias y fotografías.
En una carpeta dedicada al entonces presidente Videla había hasta una película
que mostraba sus itinerarios y movimientos habituales.
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–¿Roberto Perdía también estuvo en el país durante la contraofensiva?
–No, no, vos me estás haciendo las preguntas de la causa Bonadío, y esa causa es
una canallada donde me han metido a mí como testigo por mala leche –dice–, y
ninguno de los dos podía imaginar que meses después Bonadío ordenaría su
detención a Interpol, como implicado en la causa, junto a Roberto Perdía y
Fernando Vaca Narvaja.
–¿Se te convocó para declarar lo que sabías sobre el Plan Cóndor?
–Sí. Pero también me preguntaron sobre el tesoro de los montoneros. ¿Qué mierda
tiene que ver el Plan Cóndor con el tesoro de los montoneros? Y me preguntaron
por una nota publicada en el diario Clarín y otra en Página/12. Son canalladas
que no son inocentes. Hay servicios de inteligencia que les están pagando. La
jugada consiste en decir que los montoneros son una mierda, que los que murieron
eran unos pobrecitos buenos, que los que quedaron vivos son todos unos hijos de
puta y que los de la conducción eran todos de los servicios de inteligencia.
Este crimen contra los que estamos vivos mata a todos los argentinos, y mata dos
veces a los que están muertos.
–¿Por qué no me contestás si Perdía estuvo en el país?
–Porque las preguntas que me hacés están en esa dirección. Me estás preguntando
si Perdía ha sido el entregador porque ha salido en los diarios. Hablan de
Silvia Tolchinsky, que tampoco pudo haber entregado nada.
El origen de la causa
Firmenich tampoco sabe demasiado acerca de esta causa judicial cuyo origen se
remonta a febrero de 1983, cuando un grupo de familiares interpuso un recurso de
hábeas corpus a favor de quince militantes desaparecidos, que intentaban
regresar al país a principios del ‘80. La cacería había recibido el siniestro
nombre de Operativo Murciélago, y se basaba en información obtenida en base a
tormentos.
Todo comenzó con la Operación Guardamuebles, planificada durante una reunión
celebrada el 8 de enero de 1980 a las ocho de la mañana, en el Regimiento de
Patricios N 1. Alguien había "confesado" que a partir de marzo se reanudarían
las operaciones de las TEI (Tropas Especiales de Infantería, en la jerga
montonera), cuya conducción táctica estaría esta vez a cargo de Roberto Cirilo
Perdía. Para llevarlas a cabo debían primero recuperar el armamento dejado a
fines de 1979 en distintos guardamuebles de la Capital y el Gran Buenos Aires,
embutidos en televisores, banquetas, sillas o sillones tapizados, wafles,
televisores, termotanques, cajas o cajones forrados con papel contact, como dice
textualmente el informe.
Cada comando militar, de los cinco que actuarían, saldría a controlar todos los
guardamuebles de Capital Federal y provincia de Buenos Aires, pertrechados con
uniforme de combate, cascos y agujas colchoneras, para "introducirlas por la
parte inferior del elemento y no romper los mismos", reza el informe de
inteligencia que también llamaba a "tener en cuenta que pueden existir trampas
cazabobos". Lo demás fue coser y cantar, como hubiera dicho mi abuela.
Cuando llegaron al guardamuebles de la calle Malaver 2851, en Olivos, y
encontraron lo que buscaban, invitaron a Victorio Graciano Crifacio, el aterrado
propietario del depósito, a retirarse a su casa. De aquí en más, el Ejército
Argentino atendería el negocio que hacía años daba de comer a la familia del
inmigrante llegado del sur de Italia.
Establecida la vigilancia, y "como resultado de la misma, se procedió a la
detención de un DT (delincuente terrorista) en circunstancia en que intentaba
retirar dicho armamento". Era Angel Carvajal, y tras él fueron cayendo todos los
integrantes del grupo. Ocho días después caía mi hermano: " (NG) PATO o ESTEBAN,
Nivel: miliciano, funcionaba en el grupo TEI a asentarse en la Zona Norte del
Gran Buenos Aires, fue detenido el 29FEB80, en una cita con un miembro de la BDT
en Plaza Once".
Le falta una materia para ser bachiller, y tiene aprobadas dos materias en la
Facultad de Derecho. Militante estudiantil secundario de la JP en 1972. Estuvo
en la Conducción Regional I de la UES. Pasó a la agrupación estudiantil
universitaria en 1974. Se incorpora a la BDT en 1975. Ese año es separado a raíz
de que él voluntariamente había perdido el contacto con la BDT. Es detenido en
1977 y posteriormente liberado, sale a Brasil, de donde pasa a España. Allí es
reclutado por la BDT a principios de 1979. Realizó curso de TEI en el Líbano en
ABR79 hasta MAY79. Ingresa al país con el grupo TEI N 1, y participa en el
atentado contra el Dr. Klein. Volvió a salir hacia España a fines del año 1979,
reingresando en FEB80 nuevamente en TEI", jalonaba a grandes rasgos la vida de
Ricardo este documento que se constituyó en elemento de prueba en la
investigación.
Volviendo a los orígenes de la causa, la aparición del sargento Nelson Ramón
González en un programa conducido por Mauro Viale, diciendo que había
presenciado el fusilamiento del hijo de Marcos Zuker la sacó del letargo a fines
de 1997. Mantuve una reunión con él, junto a la doctora Alicia Oliveira, que por
entonces integraba el cuerpo de abogados del Centro de Estudios Legales y
Sociales, y Maco Somigliana, del equipo de antropólogos forenses, más aptos que
yo para desbrozar la verdad de la mentira, entre la locuacidad excesiva del
suboficial González, que se presentó a sí mismo como un inofensivo "cadenero".
Yo le creí cuando me contó que mi hermano no aceptó vendarse los ojos ante el
pelotón de fusilamiento. Cayó junto a "un tal Frías", que bien pudo ser Federico
Frías, secuestrado en mayo del ‘80. Según González, murió puteándolos por no
haber cumplido con la reiterada promesa de liberarlo.
–Todos conocíamos el nombre de su hermano, porque se sabía que era el hijo de
Marcos Zuker —trata de despejar González cualquier duda sobre la veracidad de su
relato.
Aún conmovida por la descripción del fusilamiento, y la afirmación de que sus
restos estaban en el Polígono de Tiro de Campo de Mayo, recibí en mi casa un
sorpresivo llamado. Se trataba del general Martín Balza, pidiéndome que le
trasmitiera a mi padre, "un hombre al que todos queremos", que él no sabía nada
del caso. Le sugerí que hablara con Nicolaides o Galtieri, aún con vida, que
seguramente podían informarlo. Me contestó que había gente "con la que es
imposible hablar". Por último, me anunció que al día siguiente se presentaría
ante la Justicia junto con la subsecretaria de Derechos Humanos Alicia Pierini
para que González hiciera sus declaraciones en el ámbito que correspondía. La
presentación recayó en el juzgado de Norberto Oyarbide. Tras los hechos
conocidos, que involucraron al juez Oyarbide en un oscuro episodio sexual, pasó
a manos del doctor Claudio Bonadío. Desde entonces, la investigación empezó a
nutrirse de teorías conspirativas que tiraban sus dardos al corazón de la
conducción montonera. Cristino Nicolaides, ex jefe del Ejército, atacó en el
mismo sentido, como informó la nota del diario Clarín a que alude Firmenich. En
ella se afirmaba que había sido una integrante de la cúpula de la organización,
asistente personal de Firmenich, quien entregó información para desarticular la
operación de regreso al país de los montoneros. A cambio, la eficaz colaboradora
sería preservada tanto en lo físico, como en lo psíquico y económico.
Justamente, el entonces comandante del III Cuerpo de Ejército se había jactado
en una conferencia de prensa brindada en la capital de Córdoba en 1981, donde
asistieron más de 400 representantes de las "fuerzas vivas" cordobesas, de haber
desarticulado dos células guerrilleras que habían logrado ingresar al territorio
pese al férreo control de fronteras. "He tenido la oportunidad de hablar con uno
de esos delincuentes, y puedo asegurar que tienen un alto nivel de preparación
en todos los sentidos", había declarado en medio de una diatriba de tres horas y
media contra la subversión, "que está enquistada y agazapada en todos los
sectores de la vida nacional".
Firmenich no sale de la indignación: –Me parece terrible que algunos periodistas
repitan la versión urdida por el enemigo. Todo esto es un juego sucio. Nos
hicieron la guerra sucia y ahora nos hacen la política sucia con el periodismo
sucio y los juicios sucios. Eso está claro. Venir a decir que los culpables de
las muertes somos nosotros es una canallada criminal. Te repito, el fondo de la
cuestión es muy simple: acá hubo un grupo de gente que luchó por un proyecto
político que se perdió —reconoce por fin, aunque con medias tintas—. Desde el
balance histórico hay que hacer dos tipos de razonamientos: una cosa es el
proyecto político en términos subjetivos y otra cosa la funcionalidad de la
resistencia. Si bien el proyecto político fracasó, la resistencia triunfó. Yo
creo que en la Argentina hubo siete años de dictadura y no veinte como en Chile,
gracias a nosotros. Pudo haber delaciones, pero no hubo casos graves de
infiltración. El tema de fondo es que la Argentina y los intelectuales
argentinos se empeñan en seguir haciendo la guerra sucia contra los montoneros,
y vos con estas preguntas colaborás en eso. Lo más grave es que pienses que tu
hermano murió inútilmente. –-Por teléfono me dijiste que no te acordabas si lo
habías conocido.
–Yo no tuve trato personal con tu hermano. Creo que participé de una reunión
donde él estaba. Evito preguntarle cuándo y dónde porque no me lo va a decir. Se
refiere seguramente a su paso por Damour, en el Líbano, reunión de la que
también dieron cuenta con precisión los servicios de inteligencia.
Le cuento que cuando supe de la caída de mi hermano nunca imaginé que lo
mantendrían con vida tanto tiempo. Sin embargo, uno de los secuestrados en Campo
de Mayo le cuenta ilusionado a Silvia Tolchinsky, en un encuentro fugaz, que
están seguros de que van a vivir, que han conseguido una guitarra, que la zamba
preferida por todos es "La Pasto verde", esa que dice "mil soldados te
quisieron...". Firmenich no está al tanto del tema. Ni siquiera sabía que María
Antonia Berger o Adriana Lesgart, dos históricas, también estaban vivas en Campo
de Mayo, pese a haber sido secuestradas a mediados del ‘79.
–Primera noticia que tengo. Yo me enteré que Silvia Tolchinsky estaba viva en el
año ‘91, después de salir de la cárcel. Justamente Silvia Tolchinsky me envió
una carta poco después de conocernos, donde volcaba sentimientos acerca de su
condición de sobreviviente.
Las razones de la caída
Frente a mí tenía al responsable máximo de la organización montonera para tratar
de abrir alguna brecha hacia el pasado.
–¿Cómo te explicás la caída del grupo que integraba mi hermano?
–Las cosas son mucho más simples y menos truculentas. Si vos vivías con él en
Madrid, sabrás que se trataba de un proyecto político por encima de todo y una
ética de trascendencia donde la propia vida se subordinaba a ese proyecto. Lo
que pasa es que hay que hacerse cargo de la verdad histórica. La dictadura tenía
múltiples procedimientos para reprimir. Ha habido casos de gente que cayó en una
cita, y bajo tortura, en condiciones extremas, cantó. Después los llevaban a la
frontera a marcar como "dedos". Se trata de una situación desgraciada, a alguna
de esa gente la mataron y a otra no. La mayoría de los compañeros cayeron así.
Con que haya un diez por ciento que cante, cada uno canta a diez, y entre esos
diez, hay otro que canta. Así se va haciendo la cadena. Aunque reconoce no ser
un cinéfilo, no puede dejar de mencionar aquella emblemática película de los
setenta, La batalla de Argel, para explicar la debacle: —Cualquiera que la haya
visto puede entender lo que pasó. Hubo un caso famoso de un tupamaro que entregó
a Raúl Sendic. Las cantadas que hemos tenido los montoneros creo que en
proporción son menos que las que hubo en otras organizaciones. También hubo
"chupados", pero había que ser un gran artista para fingir durante mucho tiempo.
Pensar en los compañeros como unos locos detrás de una cosa absurda es falso. Ni
lo del Che en Bolivia, ni lo de los Tupamaros, ni el MIR chileno se puede decir
que haya sido más serio. La gente luchaba y moría como en toda lucha a muerte,
como en cualquier movimiento de liberación que se planteó la lucha armada, y a
nadie se le ocurre decir que la conducción del Frente de Liberación Argelino
estaba formada por agentes de los servicios secretos. Por eso hablo de una
guerra sucia judicial contra la conducción montonera.
–¿Por qué se habla de un encuentro tuyo en París con Massera?
–Son inventos absolutos. Interviene María Elpidia en su defensa: "Se trata del
desprestigio permanente a una persona que ha sido un símbolo de la historia
heroica, de una juventud maravillosa que entregó su vida sin más ni más". Su
marido la interrumpe: "El ataque sistemático y masivo de los medios no es
inocente ni casual. Desde el punto de vista estrictamente personal mi conciencia
está absolutamente tranquila".
–Se suele cuestionar también tu soberbia.
–Pueden decir que soy soberbio, que soy antipático, que tengo mal humor, pero
eso no tiene nada ver con esta guerra sucia. Mi personalidad es así. De última,
si soy soberbio o no, ¿qué? –vuelve a la carga–. Además esa calificación viene
de un panfleto miserable pagado por los servicios de Alfonsín para dar aire a la
teoría de los dos demonios que se llama "La soberbia armada", y es obra de otro
de los próceres del periodismo de nuestra bendita democracia que, aunque esté
muerto, sus larvas de podredumbre permanecen. Porque cuando me preguntás si soy
soberbio, también estás hablando de "La soberbia armada". Nunca escuché discutir
si Fidel es soberbio o no, si eso tiene que ver con los éxitos y fracasos de la
revolución cubana. Si mi carácter personal fuera tan deplorable como para
perjudicar a un proyecto político, me hubieran quitado del medio. ¿Por qué los
compañeros iban a tener de secretario general y líder a un soberbio? Habría que
suponer que los otros son estúpidos o que son todos soberbios. Por eso yo digo
que la Argentina algún día tendrá que volverse a enamorar de los Montoneros.
Para después descubrir que no se casan. No importa. Pero hay que blanquear la
situación. Esto no fue una historia de servicios de inteligencia, fue una
historia nacida del pueblo argentino, apañada por el pueblo argentino, aplaudida
y votada por la mayoría del pueblo argentino, y después masacrada por la mayoría
del pueblo argentino. Es una conducta social que ha tenido en particular la
clase media con sus conductas oscilantes, llenando todas las plazas para todos
los colores. Llenó la plaza por la Patria Socialista, por Videla con el Mundial,
por Galtieri con Malvinas, después la llenó para Alfonsín contra todos los
anteriores. También la llenó para Menem, a pesar de las privatizaciones y
después la llenó con el cacerolazo. Si se quiere encontrar una salida hay que
desterrar esa conducta. Hay que mirar las cosas de frente, que son tan limpias
como la guerra del general Belgrano, que nunca fue general de nada porque no fue
nunca a una academia militar, pero que se subió a un caballo y peleó como pudo.
Organizó ejércitos con su poderosa voluntad, y ahora le ponemos una estatua, lo
llamamos General Belgrano, pero él era un abogado con una ideología política,
era un militante político. Cuando tuve que declarar en los juicios aclaré que yo
era tan comandante como Belgrano general. Las luchas de los pueblos
hispanoamericanos tienen una cultura de herencia hispana, quijotesca, con
figuras como el Cid Campeador. Todos los próceres tienen estatuas ecuestres,
pero eran hombres de carne y hueso. Somos hijos de esa historia. ¿Sabés cuáles
fueron las últimas palabras de Bolívar? "He arado en el mar." ¿A vos te parece
que el balance histórico de Bolívar es el de un estúpido que aró en el mar? Es
una constante en la lucha de los pueblos: un nivel de idealismo en el objetivo
que no se alcanza en la práctica. Mi hija, que como casi todos sus coetáneos
está enemistada con los políticos, ha seguido con atención las palabras de
Firmenich. Mujer al fin, le pregunta qué significa volver a enamorarse de los
Montoneros. El ex comandante montonero se pone más a gusto. —Tras la apertura
democrática hubo una clase política que le dio continuidad a la dictadura
durante 20 años, y esta es la tragedia que vive la Argentina. Tiene que ver con
lo que yo llamo la guerra sucia por otros medios. Antes decíamos que la guerra
era la continuación de la política por otros medios, según la frase de Karl von
Clausewitz. A nosotros nos hicieron la guerra sucia y ahora nos hacen la
política sucia como continuación de esa guerra sucia. El tema de fondo es que la
Argentina no ha tenido Constitución durante décadas. La constituyente del ‘94
era la ocasión de superar nuestro trauma histórico, de plasmar un proyecto de
nación de largo alcance que satisfaga a todos. Era posible, pero la clase
política no estuvo una vez más a la altura de las circunstancias. Fue el pacto
de Olivos famoso, y todos ellos se hicieron cómplices. Con la oligarquía se
estableció el siguiente pacto: la clase política ejerce el poder al servicio de
los intereses dominantes con las mismas políticas de la dictadura. Y la
oligarquía se aguanta la corrupción, el enriquecimiento ilícito porque le
conviene. Y el pacto incluye la versión sucia de la historia, que le es
funcional. Y deviene en esta estabilidad macabra, cuando debió dar lugar a la
mayor prosperidad porque nunca hubo una continuidad de 20 años en democracia. No
ha servido para nada. Y mucho menos para revisar la historia. La versión
acordada es la teoría de los dos demonios, y no hay solución sin rever eso.
Porque para cuestionar a la clase política hay que cuestionar la profundización
de un proyecto económico que generó tanto dolor y muerte. Entonces hay que
decir: "está bien, todo lo que dijimos sobre los montoneros vale como parte del
enfrentamiento. Pero fue una generación que luchó genuinamente por sus ideales,
que su proyecto no fue compartido por la mayoría de la sociedad, y por
consiguiente resultó inviable". Pero como resistencia es tan legítima como
cualquier otra resistencia que ha habido en el mundo. Así se blanquearía la
situación. Y todos los que fueron montoneros no tendrían más el complejo de
serlo. Está llena de montoneros la política, pero yo digo que están castrados.
Ninguno se anima a cuestionar la situación para que no le saquen a relucir lo
que fue en el pasado. Tipos como Roberto Perdía, Luis Prol, Dante Gullo, Jorge
Obeid. Y Perdía no llega a negar que fue montonero, pero los otros lo han
negado. Y han ejercido cargos importantes: Obeid ha sido gobernador, Prol ha
sido ministro e interventor en Catamarca, pero ninguno de ellos en el ejercicio
de su poder reconocen su pasado montonero. ¿Por qué? Porque negociaron su
pensamiento crítico a cambio de poder estar en los cargos y cobrar sueldos. Pero
si no se blanquea la historia, la Argentina no tiene solución. Se lo nota más
que satisfecho. Tanto que me dice: –Disculpame si fui muy duro en algún momento,
pero soy así.
Podría haber agregado "¿y qué?", pero hubiera sonado casi tanguero. En cambio,
relata una anécdota: "El día en que se cumplieron 25 años de mi ingreso al
Colegio Nacional Buenos Aires alguien se puso a dar un discurso, y de repente
saca de la galera una parrafada contra mí. Yo estaba recién indultado. Cuando
termina, sólo un tercio de los presentes se pone de pie y lo aplaude. Entonces
los compañeros de mi división se ponen de acuerdo. A Viviana Rubinstein le
tocaba pasar lista para la entrega de medallas y diplomas, pero antes dijo:
‘nosotros queremos recordar a tres personas que van a estar ausentes hoy porque
han sido asesinados por la dictadura por ser militantes montoneros. O sea que lo
primero que pedimos es que se ponga todo el mundo de pie y se haga un minuto de
silencio’. Me doy por cumplido y no hago ningún reclamo personal. Después se
acercó el presidente de la Asociación de Ex Alumnos para disculparse. ‘Este
hombre ha estado fuera de lugar, pero no lo tome a mal. Mire, si usted no se
ofende, le voy a contar algo: en una oportunidad me invitaron a dar una
conferencia sobre el colegio en la Peña El Ombú. Cuando me refería a todos los
próceres que habían pasado por las distintas aulas, el fiscal Juan Martín Romero
Victorica, que estaba presente entre el público me interrumpió: Bueno,
termínela, no sé de qué se vanaglorian tanto, que de esas aulas han salido
Firmenich, Abal Medina, Ramus y muchos más. ¿Sabe qué le contesté?: Mire,
doctor, no se equivoque. Nosotros de los buenos tenemos a los mejores, y de los
malos también’".
Reportaje
Cristina Zuker: "Escribir fue la posibilidad de salir de un lugar trágico"
"El tren de la victoria", un libro que recomendó el
presidente Néstor Kirchner, reconstruye entre la historia y la ficción la
ofensiva montonera de fines de los 70
Rodolfo Montes / La Capital
Cristina Zuker, autora de "El tren de la victoria, una saga familiar"
(Sudamericana), se enteró que el presidente Kirchner andaba con su libro bajo el
brazo. Y a los pocos días la convocaron a la Casa Rosada. Allí el Lupo le
confesó que se había emocionado con el relato y que iba a proponer que su libro
se leyera en las escuelas. Desde entonces se puso un poco mística, de tanto goce
por el afecto que recibe de muchos argentinos conmovidos con su libro, incluido
el presidente de la nación. "Es mágico esto que me está pasando. El libro fue
una cura para mí, y la posibilidad de salir de un lugar muy trágico. También
pudo generar emoción, algo muy valioso para los argentinos", dice Cristina a
Señales.
Cristina es hija del famoso actor, ya fallecido, Marcos Zuker. Y hermana de un
militante montonero, Ricardo Zuker, muerto a fines de 1980 luego de reingresar
clandestinamente al país junto a un centenar de militantes, para llevar adelante
la operación pomposamente denominada "contraofensiva" de los montoneros. Por
supuesto, fue la crónica de una tragedia anunciada.
"El tren de la victoria", una frase estertórea y raquítica de contenidos a la
vez, fue la consigna con que los jefes montoneros en el exilio convocaron
militantes para la aventura de los años 79 y 80. Junto a "Recuerdos de la
muerte", de Miguel Bonasso, el libro de Zuker tiene un punto en común: cuenta la
tragedia desde un personaje protagónico, Jaime Dri, en la famosísima obra de
Miguel Bonasso y Ricardo Zuker, en el trabajo de Cristina Zuker. Son libros que
están en los márgenes, entre la ficción, el periodismo y el relato histórico.
"En los setenta, la realidad superó a la ficción", dice Cristina Zuker de la
época trágica de su hermano Ricardo.
-Sorprende el relato crítico sobre tu padre, Marcos. ¿Del artista al padre había
una distancia?
-Lo de Zuker generó mucha polémica en los ambientes psi de Buenas Aires. Mi
viejo, para la mayoría de la gente, fue un tipo bárbaro. En la calle era el
prototipo del porteño, fue Garufa, ese personaje que decía, como el tango,
"Pucha que sos divertido...". Y parecido a tantos hombres anónimos, sumamente
queridos en la vida pública, pero que cuando entran en sus casas maltratan a sus
mujeres.
Una tristeza fundacional
El relato de Zuker, en clave de saga familiar, excede en mucho a la literatura
política de los setenta. "Si bien se trata de recuperar las huellas de una vida,
la de mi hermano desaparecido, recogí testimonios e historias de vida de
familiares que nos remontan a principios de siglo", dice Cristina. Por eso se
entiende que el libro esté impregnado de nostalgia. "Cada uno que lo lee se
identifica con un perfume diferente. Los argentinos tenemos una tristeza
fundacional porque en el fondo, somos hijos de inmigrantes que bajaron de los
barcos", agrega Cristina, en la intimidad del café La Comuna, un pequeño bar del
barrio de Palermo.
-¿Por qué le reprochás a tu papá que le haya faltado "decisión" para convencer a
tu hermano que no volviera?
-Mi padre se dejó mentir por mi hermano. Y allí me quedó la sensación de falta
de firmeza por parte de mi papá. De todos modos, fue parte del tipo de relación
que tenían entre ambos, iban maniobrando la realidad, hablaban de ciertos temas
en común, pero de otras cosas no hablaron nunca.
-Faltó comunicación, un clásico entre padres e hijos.
-Un clásico de nuestra generación. Mi padre fue también parte del autoritarismo
de la sociedad, nuestra sociedad. El libro busca no ser maniqueo y dar lugar a
los matices. El hombre es un ser escindido entre el bien y el mal. Mi papá tuvo
una niñez muy difícil y quizá eso explique porqué fue un hombre vidrioso "en el
placard", como dicen los americanos.
-¿Fue muy difícil traducir el drama de tu hermano en un libro?
-Yo quedé muy dolorida por la historia de mi hermano, un poco mi propia
historia. Cuando termine mi libro empieza mi infierno, pensé. Tuve que dejar
pasar un tiempo, desde que se produjeron los hechos que desembocaron en la
desaparición de mi hermano, hasta que me puse a trabajar en el libro.
-¿Cómo entendés la contraofensiva, con la ventaja que otorgan casi 25 años de
distancia?
-La contraofensiva montonera es el período más oscuro de nuestra historia
reciente. Fue un hecho luctuoso, que tuvo que ver con el exterminio, cuando en
realidad la derrota política y militar de los Montoneros se había consumado
mucho tiempo antes.
-¿Cómo se entiende que los militantes se sumaran a un proyecto condenado al
fracaso?
-Para mí también, en un principio, fue incomprensible ver a mi hermano subirse a
ese tren. Yo participé de esa atmósfera, como simpatizante y no como militante,
cuando se armó la contraofensiva en Europa. Mi hermano decidió subirse al "tren
de la victoria", que prometía la conducción montonera. De algún modo siguió
timbeando, siguió jugando, como mi padre, pero de otro modo. En esto va también
la relación de Perón con los jóvenes, en aquello del "viejo", como le dijeron en
aquellos años. Había una trama psicológica muy interesante que sobrevolaba aquel
momento.
-¿Qué conclusiones sacaste?
-La decisión de sumarse a la contraofensiva es políticamente incomprensible,
pero hay que entenderla desde la culpa por los compañeros que habían quedado
aquí, muertos. Fue casi un suicidio, no pudieron aceptar seguir vivos sabiendo
que sus compañeros habían muerto. Quisieron seguirlos hasta la muerte.
-La dictadura militar se ensañó con ellos, y ocultó el crimen de casi un
centenar de personas. ¿Qué pudiste reconstruir de tu hermano?
-A mi hermano lo tuvieron preso casi un año, durante todo el año 80, para luego
ejecutarlo. Por eso les corresponde a los responsables el cargo de crimen
agravado por ensañamiento, que no prescribe.
-¿Es cierto, como dice Martín Caparrós, que tu hermano era "muy" montonero, que
iba a la movilizaciones con el brazalete ancho en el brazo y caminaba por fuera
de la columna?
-Absolutamente, mi hermano fue un tipo encantador, y como su padre, tenía una
cosa muy histriónica. Era famoso como imitador de las películas nacionales de la
época.
-Impresiona reparar en la edad que tenían los militantes montoneros. Fueron
increíblemente jóvenes, sobre todo comparados con los adolescentes tardíos del
siglo XXI. ¿Cómo lo ves desde aquí?
-Rescato una frase que me dijo el presidente Kirchner: son historias de pequeños
héroes, que actuaron de ese modo porque se la creyeron.
-¿En tu entrevista con Mario Firmenich en el año 2003, terminaste de entender el
por qué de la conducción montonera?
-De la entrevista con Firmenich me fui muy satisfecha, pletórica diría. Porque
pude tomar distancia, escucharlo y manejar la situación. Cuando me dijo,
minimizando, "bueno, fueron veinte los muertos de la contraofensiva", le dije
"no Firmenich, fueron más de ochenta".
-Firmenich se graduó en Ciencias Económicas con altas calificaciones, pero sigue
teniendo problemas con los números...
-Es la imposibilidad que tienen para aceptar la derrota. Todavía hoy creen que
les faltó un poco de suerte. El Pepe Firmenich es inefable, y como dice Horacio
Verbitsky en el prólogo de mi libro, esos muchachos (la conducción montonera) no
fueron los grandes valores del tango. Fueron políticamente limitados y más bien
se caracterizaron por el esquematismo.

Eutopia
- Introducción y Epílogo
Reproducimos aquí la introducción y el epílogo del libro de
Firmenich titulado Eutopía, publicado en su segunda edición por el Instituto
Municipal de Publicaciones de la Alcaldía de Caracas.
"En lugar de soñar con utopías, que son países que no existen, debemos asumir el
desafío teórico, político-técnico de diseñar la Eutopía, que es "la tierra del
bien" que podemos efectivamente construir".
INTRODUCCIÓN
De los paradigmas caídos a la Eutopía
Cuando éramos niños, cualquier persona, incluso un conservador, podía decirnos:
"el mundo marcha inexorablemente hacia el socialismo, pero no tan rápido como
pretende la juventud". Por otra parte, el mismísimo Nixon llegó a decir "hoy
todos somos keynesianos".
Pero en los últimos veinte años se derrumbaron los paradigmas
ideológico-programáticos que alimentaban las políticas económicas de todos los
movimientos populares del mundo, ya sea que se expresaran como movimientos
nacionalistas revolucionarios, como movimientos populistas, como partidos de
izquierda comunistas, o como partidos de centroizquierda socialdemócratas.
Con el surgimiento del fenómeno de la estanflación (estancamiento con inflación)
en los años ´70, se pusieron en crisis las políticas económicas keynesianas y,
en consecuencia, la posibilidad de administrar eficientemente el Estado de
Bienestar. Con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el
desmoronamiento de la URSS, en 1991 se desmoronó también el modelo de economía
centralmente planificada y, por ende, la completa estatización de la propiedad.
Estas crisis, lógicamente, afectaron a los propios paradigmas teóricos de dichos
modelos socioeconómicos. la hegemonía conceptual y política pasó a manos del
viejo liberalismo económico remozado bajo la denominación de neoliberalismo. Es
en este contexto en que Fukuyama anuncia su malhadada buena nueva: el mundo
habría llegado al fin de la historia. En la eternidad terrena que se iniciaba,
el capitalismo puro, sin interferencia ninguna de las instituciones del Estado,
sería el sistema perfecto. Ya no harían falta ideologías alternativas. En lugar
de ser todos Keynesianos, al decir de Nixon, seríamos todos neoliberales.
La crisis de los paradigmas que fundamentaban el progreso con justicia social y
redistribución de la riqueza arrastra a la mayoría de los políticos hacia una
versión moderna de la realpolitik: el nuevo pragmatismo pasa por el
endiosamiento del mercado o, como mínimo, la resignación ante el mismo. Se va
construyendo así una monotonía en el discurso político que da lugar al llamado
pensamiento único.
Sin embargo, no faltan los lúcidos que se dan cuenta de que semejante
uniformidad de pensamiento no es otra cosa que un totalitarismo asfixiante. La
juventud se retira masivamente de la actividad política. Las inevitables
expectativas de cambio rumian su frustración al margen del sistema político y de
la propia legalidad. En esto se incuba un evidente peligro. Comienza entonces
una exhortación a recrear las utopías. Muchos núcleos juveniles y militantes
toman este mensaje y lo asumen como propio, como si nuevas utopías pudieran
sustituir los paradigmas caídos.
Pero éste no puede ser el camino. Los paradigmas caídos no eran utopías. Al
contrario, eran programas muy concretos que funcionaron aceptablemente durante
décadas. El Bloque Socialista era una expresión nada utópica del socialismo, al
extremo que se la diferenciaba de cualquier idealismo al respecto denominándolo
"socialismo real". Por su parte, el llamado Estado de Bienestar ha sido una
realidad perfectamente tangible hasta el día de hoy en los países desarrollados
de Europa. Inclusive en muchos países del llamado Tercer Mundo, como Argentina,
el Estado de Bienestar llegó a niveles muy avanzados. No podemos suplantar un
programa político y económico con décadas de experimentación social por una
utopía.
Centenares de miles de jóvenes en todo el mundo lucharon durante las décadas de
los años sesenta y sesenta por un ideal que de ningún modo concebían como
utópico. El hecho de que hoy se acepte que aquel proyecto resulta inviable no
quiere decir que haya sido utópico en su momento, sino que el mundo ha cambiado
a partir del desarrollo tecnológico hasta un extremo en que hoy hace inviable
proyectos basados en el poder del Estado-Nación.
Tecnológicamente hablando, estamos pasando del mundo industrial metalmecánico,
centrado en la producción del automóvil, con energía basada en motores a
explosión quemando combustibles de hidrocarburos, al mundo de la telemática, que
combina la industria de la navegación espacial propulsada con combustibles
sólidos, los satélites de comunicaciones, la telefonía de fibra óptica y unas
computadoras personales inimaginables hace dos décadas, integradas en una red
mundial on line. Ésta es la base tecnológica de la globalización.
Por eso no se trata de reconstruir utopías. Se trata de reconstruir un modelo
factible de progreso económico y justicia social para el mundo de las próximas
décadas. Sin embargo, un nuevo modelo de desarrollo sustentable necesita bases
científicas y técnicas sólidas y diferentes de las prevalecientes, lo que
implica formular una teoría consistente que fundamente un modelo alternativo de
organización social y un conjunto de políticas sociales y económicas capaces de
construirlo y administrarlo sosteniblemente.
En lugar de soñar con utopías, que son países que no existen, debemos asumir el
desafío teórico, político-técnico de diseñar la Eutopía, que es "la tierra del
bien" que podemos efectivamente construir. Construyendo la Eutopía -como un
modelo compuesto por un conjunto de reformas institucionales y políticas
alternativas para un desarrollo sostenible en los planos social, económico,
político y ecológico, apoyadas sobre fundamentos teóricos más sólidos que los
supuestos de la economía neoclásica-, acabará el reinado del pensamiento único
y, gracias a la infundada expresión de Fufuyama, iremos más allá del fin de la
historia.
El neoliberalismo
El subtitulo de este trabajo anuncia la pretensión de presentar una alternativa
al neoliberalismo. Cabe decir, entonces, algunas palabras introducidas sobre
este último.
El neoliberalismo no es un hecho de la naturaleza ni un devenir estructuralmente
inexorable de la historia. Es un modelo en el doble sentido en que suele usarse
esta palabra. Supone no sólo una esquematización simplificada teóricamente
acerca del correcto funcionamiento del sistema económico, sino también una
propuesta impregnada de un sistema de valores, acompañada por políticas
específicas para modificar la situación imperante y construir una realidad
diferente de la preexistente.
Desde principio de los años ´80, con la llegada al poder de Margaret Thatcher y
Ronald Reagan, se desarrolló un programa neoliberal-conservador que impulsó un
proyecto de sociedad integral y mundial, un intento de homogenización global. El
neoliberalismo conformó un programa cuya difusión y expansión mundial fue
impulsada por los estados del capitalismo avanzado, sobre todo, por los Estados
Unidos. Lo hicieron por la doble vía de la acción individual de los Estados y
por medio de las instituciones económicas-financieras multilaterales, como el
Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estas instituciones se
convirtieron en la herramienta fundamental para la imposición de los ajustes
estructurales, primero en el sur y luego en el ex bloque soviético.
Un rasgo característico del neoliberalismo ha sido la liberación de los mercados
a nivel mundial. Promueve así un modelo específico de globalización económica.
En efecto, no hay un único modo posible de integración económica mundial en el
actual estadio de desarrollo de la humanidad. Así, lo que conocemos en la
actualidad es el modelo particular de la globalización neoliberal,
homogeneizadora, iluminada por el pensamiento único.
¿Qué grado de imposición ha logrado el modelo neoliberal en el mundo? No cabe
duda de que es hegemónico, pero su desarrollo no puede ser sino tan desigual
como el propio desarrollo capitalista. La Unión Europea no es todavía una
sociedad plenamente neoliberal, aunque sí lo es el pensamiento y el poder
político-económico dominante; dadas las barreras sociales que existen y la
inercia de instituciones fuertes y populares, la Unión Europea sigue siendo una
sociedad mixta. Pero en los llamados países emergentes, el neoliberalismo domina
mucho más que en Europa a sus respectivas sociedades.
Si bien es cierto que el activismo radical del neoliberalismo no tiene los
mismos bríos en los países centrales que en los periféricos –la pérdida de
soberanía estatal es mucho más acentuada en los Estados con fuerte endeudamiento
externo, donde tanto los grandes especuladores financieros como las agencias
multilaterales adquieren poder de decisión política en los planes de ajuste-, la
globalización del pensamiento tiende a convertir al modelo socioeconómico propio
del neoliberalismo en una propuesta universal. Se le pide a Japón lo mismo que a
Rusia; lo mismo se le pide a Centroamérica, a Brasil o a España. La sensatez de
que frente a situaciones tan diversas cabría esperar políticas también diversas
resulta amordazada por el pensamiento único. La receta es regentada por el FMI,
al que poco le importa que esa receta sea la responsable en buena medida de la
crisis financiera internacional actual.
El FMI y el BM son protagonistas de primera línea del denominado Washington
Consensus. Este Acuerdo de Washington ha sido aplicado sin cortapisas en América
Latina. Puesto que este subcontinente, tiene un conjunto de particularidades
indentificatorias que lo diferencian del resto del mundo, la situación actual,
fruto de la realidad heredada más los efectos de las políticas neoliberales,
también tiene rasgos propios.
Por este motivo, si bien el modelo que desarrollaremos a continuación tiene
mucho de universal, dado que no podemos pensar ya en términos locales al margen
de la realidad de la globalización, es necesario advertir que la perspectiva
general desde la que analizamos una alternativa al neoliberalismo es
latinoamérica , con especial énfasis en el análisis y perspectivas de la
realidad argentina.
Una propuesta de sistema socioeconómico es algo completamente abarcador.
Seguramente es una tarea imposible para una sola persona y sin duda escapa a una
sola disciplina académica. Pero, según entiendo, el "esqueleto" de un sistema
alternativo al actual puede definirse claramente recurriendo a sus rasgos
económicos, a sus rasgos políticos principales y a algunos de sus rasgos
sociales. En este sentido, esta propuesta es un modelo que, como tal, comprende
al conjunto del sistema, pero simplificando el análisis y exposición para
resaltar los aspectos considerados centrales.
EPÍLOGO
Hemos formulado un modelo alternativo al neoliberalismo en lo referido a la
estructuración social, económica y política al interior del país, -esto último
desde una perspectiva básicamente latinoamericana, con particular énfasis en la
situación argentina- a la vez que hemos insinuado ciertos rasgos referidos al
proceso de globalización.
La propuesta alternativa, constituida por un conjunto de políticas, se
fundamenta en un enfoque teórico novedoso y diferente, que no hemos desarrollado
en esta obra, al que hemos denominado teoría de los sistemas
político-económicos. El análisis no ha podido basarse en el cuerpo de la teoría
aceptada como dominante, precisamente porque dicha teoría fundamenta las
políticas que se pretende cuestionar. Nuestro enfoque incursiona así por un
terreno con escasos precedentes, considerando que los paradigmas preexistentes o
son insuficientes, o de validez parcial, o son incorrectos. Al mismo tiempo -y
como no podía ser de otra manera-, el desarrollo del enfoque propuesto es lo
bastante incompleto como para dejar abiertos muchos problemas pendientes de
investigaciones y propuestas sectoriales futuras. El cambio de paradigma
científico para estudiar las realidades sociales involucradas en la "economía" y
en la "política". Pero: "Lo que ve un hombre depende tanto de lo que mira como
de lo que su experiencia visual y conceptual previa lo ha preparado para ver" .
Esta frase resume con brillante sencillez los problemas inherentes a un cambio
de paradigma, que no es otra que un cambio en la forma de ver la realidad del
mundo que nos rodea. Cambiar de paradigma para analizar la realidad y proponer
cosas sobre ella implica cambiar de punto de vista; coloquialmente diríamos
"cambiar la mentalidad". Cuando un paradigma se convierte en dominante, su forma
de ver el mundo parece sencillamente "natural". Sin embargo, la naturaleza que
nosotros vemos no depende sólo de cómo es ella, sino de cómo estamos nosotros
preparados para verla. Dicho de otro modo, eso que llamamos "la realidad" es
simplemente una forma subjetiva que tenemos de ver las cosas.
Hay miles de ejemplos ilustrativos muy significativos para comprender que una
nueva visión de las cosas, aunque nos cueste dolores de cabeza, no es una
negación de "la realidad evidente". Esa realidad evidente no es más que una
construcción teórica que hemos instalado en nuestro cerebro (socialmente
hablando, le hemos instalado en nuestra cultura) para darnos una interpretación
imaginaria de las cosas que nos rodean. Pero la historia de la humanidad enseña
que tales construcciones mentales sobre la realidad no son "la verdad sobre la
realidad". Para un genio como Aristóteles era absolutamente evidente que el sol
giraba alrededor de la tierra y que existían en la naturaleza sólo cuatro
elementos básicos: la tierra, el fuego, el aire y el agua. Los conocimientos
posteriores sobre astronomía, sobre la gravitación universal, sobre la
estructura molecular de las materias que conocemos y sobre la existencia de los
elementos químicos básicos cuyos átomos constituyen aquellas materias que nos
hacen ver hoy como infantil el paradigma con que miraba las cosas un genio como
Aristóteles. De modo semejante, las nuevas teorías fisicoquímicas tienden a
hacernos ver como infantil la idea que nos hemos hecho de la materia.
Nosotros tenemos en la actualidad una visión de las cosas sociales, económicas y
políticas: nos parecen verdades obvias y eternas; creemos que son "la evidente
realidad de la naturaleza social, económica y política". Pero no hay tal
evidente realidad ni tal entidad natural de las instrucciones y leyes con las
que vivimos.
Cuando las cosas van relativamente bien, la humanidad no se cuestiona su forma
de ver la realidad. El problema surge cuando las cosas van mal y todos los
intentos por poner remedio con los instrumentos del paradigma conocido no dan
buenos resultados. En tales situaciones no hay más remedio que recurrir a una
revolución en la forma de ver el mundo que nos rodea. Se hace imprescindible
tratar de ver las cosas desde otro punto de vista, y normalmente son necesarios
varios intentos alternativos hasta que un nuevo paradigma nos convenza de que
las cosas pueden ser diferentes y de que podemos encontrar soluciones con el
nuevo punto de vista que de otra forma ni siquiera se nos hubiera imaginado.
Como hemos comentado, la caída de los paradigmas marxista y Keynesiano dejó
desnudos de soluciones a los movimientos populares del mundo. La entronización
del paradigma neoliberal, con sus consecuencias regresivas para el sistema de
valores con que juzgamos las nociones de justicia y equidad, generó respuestas
inconducentes, que abarcaron desde el vulgar oportunismo hasta la reiteración
nostálgica de un discurso convertido en anacrónico. Otro tanto podríamos decir
de los efectos que la globalización produjo sobre la soberanía del
Estado-Nación. El surgimiento alarmante de una nueva problemática existencial
relativa a la destrucción del hábitat que permite la subsistencia de la especie
humana puso en evidencia que la sostenibilidad "por los siglos de los siglos" no
estaba contemplada por ninguno de los paradigmas mencionados.
Por cierto que las consecuencias de regresión en la equidad social, pérdida de
soberanía estatal a manos de la globalización financiera, descrédito no sólo de
las dictaduras sino también de la democracia representativa, la degradación del
medio ambiente, etc., son rangos podemos calificar de universales, ya que de un
modo u otro podemos observar este tipo de efectos en prácticamente todos los
países del mundo.
Pero es igualmente que la profundidad de la crisis, la diferencia cualitativa
del grado de crisis, es completamente diferente en los países más
industrializados que en los países periféricos. Toda América Latina vive los
rasgos de esta crisis con una profundidad que no tiene comparación con lo puede
observarse, por ejemplo, en Europa. En lo que toca a la Argentina, en términos
de retroceso comparativo con su propio pasado, probablemente sea el caso más
clamoroso del mundo actual.
Sería inútil continuar dándole vueltas a la noria de los viejos paradigmas. Para
encontrar soluciones novedosas es imprescindible mirar la realidad con una
mentalidad renovada.
Esta obra tiene la osadía de internase en los caminos innovadores. Ello supone
correr conscientemente los riegos inherentes de hurgar en lo desconocido y en lo
no experimentado. Tengo la plena convicción de que vale la pena el intento, el
cual se justifica en el estado de necesidad de la humanidad en general, de los
pueblos latinoamericanos en particular y específicamente del pueblo argentino,
mi pueblo. Por otra parte, tengo también la total convicción de que ninguna
forma de ver el mundo es "la verdadera"; no hay ninguna forma de demostrar que
un paradigma es "la verdad". Es pues necesario abrigarse con los atuendos del
respeto a la diversidad, despojarnos todos de los absolutismos ideológicos o de
cualquier otro tipo de fundamentalismo. Diversos paradigmas pueden ser
concebidos para ver la misma realidad y de cada uno de ellos podría deducirse
con coherencia lógica un conjunto de políticas y soluciones instrumentales.
El cambio de estructuras necesario requiere el previo debate de ideas
innovadoras y, en este sentido, sería deseable que se rompiera el dique mental
de los viejos paradigmas para que un torrente de propuestas innovadoras en el
debate público (no sólo político sino también demótico) para repensar la
sociedad y construir un nuevo consenso sobre un futuro deseable, posible y
compartido.
La racionalidad del debate debe distinguir el consenso sobre la visión general
–o sea, el paradigma- de las diferentes propuestas instrumentales; cabría
proceder de un modo semejante al debate parlamentario sobre una ley: primero se
la aprueba o rechaza en general; luego, si se la aprueba en general, se discute
el detalle artículo por artículo.
La decisión final sobre lo que se considere "correcto" dependerá de los valores
éticos que inspiren la voluntad general. El debate sobre la solución a la crisis
que nos agobia no puede centrarse en recetas técnicas sin especificar el
paradigma socio económico –político que engloba las propuestas y sin identificar
la ética que fundamenta al paradigma. La honestidad intelectual ha de ser la
carta de presentación para el debate necesario y eso significa exhibir a la luz
pública todos los supuestos iniciales, los postulados básicos y las hipótesis
originarias en los que se fundamentan las conclusiones propuestas.
Valga pues la reiteración final resumida de lo que consideremos la Eutopía: el
desarrollo sustentable con un régimen de economía mixta y democracia
participativa, asentado en la ética de la sustentabilidad integral, la cual
exige justicia social, eficiencia económica, pluralismo político, sostenibilidad
ecológica y diversidad cultural. Estos principios deberían orientar un nuevo
contrato social de la Nación Argentina y la integración sudamericana, impulsando
una globalización justa, puesto que la sustentabilidad será global o no será.
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