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NOTAS EN ESTA SECCION
Biografía de
Oesterheld | Vida y obra de un
militante | "Héctor fue un hombre que
necesitaba creer en la vida"
Un ejemplo
de fortaleza, por Miguel Rep | El
desaparecido HGO, por Manuel Rivas, El País
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Homenaje a HGO - Abril 2009 (videos) |
Elsa en el palco del 25,
por Juan P. Feinmann (2006)
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(El atajo, especial 50 aniversario) |
A las balas
el pecho - Roberto von
Sprecher
Roberto von Sprecher -
Discurso montonero en las historietas de Héctor Germán Oesterheld |
Roume no discutía con Dios, por Juan
Sasturain
Oscar Benítez - Historietas montoneras. Imaginario social de la
izquierda peronista 1973-1974 |
El sueño del Eternauta, Eñe, 21/11/09

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Héctor
Germán Oesterheld nació el 23 de julio de 1919.
En su infancia leyó
atropelladamente a Salgari, Verne y otros clásicos. Estudió geología antes de
dedicarse a las viñetas.
A los 23 años publica en el diario La Prensa su primer
cuento, "Truila y Miltar".
La historia narra la experiencia de dos gnomos que se
ayudan entre sí por encima de los egoísmos personales, en un tono que será leit
motiv en sus trabajos futuros.
Poco después se inicia en las editoriales Abril y
Codex, ideando publicaciones infantiles -labor que no abandonará nunca- y de
divulgación científica.
La década del ‘50 lo encuentra sumergido en el mundo de
los guiones para historieta, con personajes como Sargento Kirk o El Indio
Suárez, que se publicaban en las revistas Rayo Rojo y Misterix.
Por entonces
acompañaba esas tareas con colaboraciones para la legendaria Más Allá.
En 1956 funda junto a su hermano la Editorial Frontera. Ahí trabajó con Hugo
Pratt, Francisco Solano López, Arturo del Castillo, Alberto Breccia y Carlos
Roume, entre otros. Juntos lograron sentar un hito en la historieta nacional a
partir de las revistas Frontera y Hora Cero, que lograron grandes éxitos de
ventas.
Al año siguiente -1957- sale a la calle El Eternauta. Luego de cerrar la
editorial por problemas económicos, Oesterheld trabajó para vivir, trayendo al
mundo a decenas de personajes.
A fines de los ’60 asume nuevos compromisos
políticos que culminarían insertándolo en Montoneros. De esa época son Vida del
Che, Evita y otras ideas que lleva a El Descamisado, Evita Montonera y el
periódico Noticias.
También publica La guerra de los Antartes y una nueva
versión de El Eternauta dibujada por Breccia.
En 1976 se publica la segunda
parte de la conocida historia, con Solano López como dibujante.
La nueva
propuesta era mucho más explícita políticamente y estaba escrita desde la
clandestinidad. Se estima que H. G. O fue secuestrado por la dictadura a fines
de abril de 1977.
Héctor
Germán Oesterheld es autor de obras tales como el Sargento Kirk, Bull
Rockett, Ernie Pike, Mort Cinder,
Sherlock Time, Patria Vieja, Watami, Joe Zonda, Ticonderoga, El Cobra,
Randall, Nekrodamus, La Guerra de los Antartes, del diario Noticias, que
dibujara Gustavo Trigo y dibujado por Francisco Solano Lopez y por Alberto
Breccia,
Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado el 27 de
abril de 1977, y luego torturado, muerto y desaparecido durante la dictadura
del Proceso, junto a sus cuatro hijas, Beatriz, Diana, Marina y Estela,
de 19 a 25 años.
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Biografía
de Oesterheld a 30 años de su secuestro
En coincidencia con el aniversario de su desaparición durante la dictadura del
1977, aparece en España una biografía en formato de comic a cargo de periodistas
Judith Gociol y Diego Rosemberg. Es una historia de vida que propone un
recorrido crítico por las distintas etapas, formulaciones expresivas y
personajes.
Por Jorge Boccanera, 2007
A 30 años del secuestro de Héctor Oesterheld por la dictadura militar - un
27 de abril de 1977- aparece en España una biografía en formato de comic del
inolvidable autor de "El Eternauta", que estuvo a cargo de los periodistas
Judith Gociol y Diego Rosemberg.
La colección española de comics Sins Entido (sic), anunció la publicación
del libro "Oesterheld. Rey de reyes", que pone en foco a uno de los
forjadores de la historieta argentina.
"El libro va a salir también en
consonancia con otras fechas, ya que hace 50 años Oesterheld fundaba con su
hermano Jorge las publicaciones Hora Cero y Frontera, creaba personajes como
Ernie Pike y Rolo el Marciano, y aparecía "El Eternauta".
Al tiempo que una historia de vida, esta biografía propone un recorrido
crítico por las distintas etapas, formulaciones expresivas y personajes -Tioconderoga,
Bull Rockett y Mort Cinder- en un abordaje que ubica la historieta citada,
inicialmente con dibujos de Solano López, como uno de sus puntos cumbre.
De Oesterheld -nació en Buenos Aires en 1919 y creó unas 160 historietas-
resaltó la periodista Gociol la calidad narrativa.
"El uso del lenguaje -dijo a Télam- la construcción de personajes, la
tensión del relato: un narrador que eligió ese formato porque confiaba en la
historieta como un vehículo de comunicación de enorme alcance popular.
También escribió cuentos infantiles e historias de ciencia ficción".
Oesterheld,
según Gociol -coautora de los libros: "Un golpe a los libros" y "La
historieta argentina"-, fue un precursor en varios sentidos: "El héroe
colectivo, la localización en una geografía concreta y reconocible, y sus
argumentos que van más allá del maniqueísmo de héroes buenos, justos y
triunfadores".
Sobre los dibujantes que trabajaron con Oesterheld, la periodista adujo que
cada quien hizo su aporte personal, aunque nombró a Solano López y Alberto
Breccia por las historietas "El Eternauta" y "Mort Cinder": "sumamente
popular la primera y consagrada por su calidad la segunda".
La apertura de Oesterheld, está marcada también por su labor editorial, y
las revistas y editoriales que fundó en los años 50. Para Gociol, revistas
como Hora Cero y Frontera fueron parte de: "el auge editorial de esos años,
que conjugó cantidad y calidad, aunque la empresa no se sostuvo
económicamente".
En la misma dirección, "ese modo de la industria cultural -pensado para
hacer productos buenos, pero también baratos, que se vendieran en los
quioscos y llegaran a los sectores populares- marcó a Oesterheld y le dio un
training enorme para producir con ritmo fabril: mucho, rápido y bien".
Desde el anecdotario nutrido del personaje llegan las versiones de que le
ofrecieron escribir la vida de Perón en 1951. Esto, según Gociol, lo narra
la viuda del guionista, Elsa Sánchez Oesterheld: "dice que a su marido lo
llamaron de la presidencia pero se negó, ya que por entonces era un
ferviente antiperonista".
Otra anécdota lo muestra como creador de un personaje popular del cómic
infantil vernáculo: la "Bruja Cachavacha". Gociol contó que aunque un grupo
de seguidores fanáticos de Cachavacha sostienen que fue una creación de
García Ferré, "un personaje con ese nombre apareció 15 años atrás en la tira
’Gatito’, que Oesterheld firmó con el pseudónimo ’Sánchez Puyol’".
Sobre los cruces entre Jorge Luis Borges y Oesterheld, también hay indicios
de que se conocieron cuando el autor de "El Aleph" era director de la
Biblioteca Nacional: "el guionista lo iba a buscar -aseguró Gociol- y salían
a caminar; compartían el amor por la ciencia ficción. Con el tiempo
quedarían, ideológicamente, en polos opuestos.
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El guionista, con sus cuatro hijas -Beatriz, Marina, Estela y Diana- integra
las listas de víctimas del terrorismo de Estado; se presume que fue detenido
en La Plata el 27 de abril de 1977.
Por diversos testimonios, habría pasado por varios centros clandestinos como
Campo de Mayo, el Vesubio y el Sheraton; lugar donde compartió cautiverio
con el sociólogo Roberto Carri y el cineasta Pablo Szir.
Gociol subrayó que el autor de "El Eternauta", no dejó de crear ni en la
clandestinidad, ni cuando permaneció prisionero de la dictadura. "Escribía
en la isla del Tigre donde buscó refugio; por esos años iba a la editorial
Columba, clandestino y hasta llegó a dictar guiones desde teléfonos
públicos".
"Aún secuestrado siguió trabajando -acotó. Los militares le pedían una
historieta sobre San Martín; él aceptó pensando que ganaba tiempo", relató
Gociol.
Refiriéndose a la figura mítica de Oesterheld, Gociol apuntó que es difícil
definir qué es un mito, en una persona cuya vida fue a un ritmo de
producción y de acontecimientos tan concreta, pero quizás fue justamente lo
que lo mitificó: "la cantidad de obras y su calidad, así como los
acontecimientos políticos que surcaron sus días y su muerte, la de sus hijas
y yernos".
Su obra está abierta a lecturas diferentes, remarcó Gociol, en el análisis
de quienes "siempre andan tras la pista de alguna historieta desconocida o
de precisar nuevos datos.
Todo lo que daría cabida a nuevas interpretaciones. El tiempo y el recambio
generacional dan posibilidad de revisar lo vivido desde una perspectiva de
época".
Fuente: Telam
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Héctor
Germán Oesterheld: Vida y obra de un militante
Por Juan Carrá
A 50 años de la aparición del personaje más importante de la historieta
Argentina, cabe reflexionar a cerca de cuales fueron sus alcances, no sólo
en el plano de la literatura sino también en lo que respecta a la vida
política de toda una generación. Para esto no sólo debemos hurgar en las
páginas de las diversas versiones del Eternauta sino que es fundamental
analizar la vida política militante de su guionista: Héctor Germán
Oesterheld.
Basta simplemente con nombrar "El Eternauta" para realizar un viaje -al
mejor estilo Juan Salvo- a las décadas de mayor actividad política en
nuestro país. Si bien la primera versión de la historieta nació en 1957, se
convirtió en una obra de lectura obligatoria para aquellos jóvenes que una
década después se incorporaban a la vida militante a través de las diversas
organizaciones político-militares surgidas entre los 60 y 70.
En esta primera aparición, Oesterheld logra componer una conjunto de
personajes que se conjugan en torno de una historia ambientada en lugares
reales de Capital Federal. Esta cuota de realismo permite al lector sentirse
parte de la historia, ya que todo transcurre en lugares comunes
protagonizado por gente común. Este último elemento es, quizás, el que
encierra la mayor fuerza de la obra.
La resistencia a la invasión esta
encarnada por hombres, mujeres y niños comunes, no hay superhombres, todos
aportan desde su lugar para construir una férrea resistencia a la invasión.
El propio Oesterheld dice: "… quizá por esta falta de héroe central, El Eternauta es una de mis historia que recuerdo con más placer. El héroe
verdadero del Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así,
aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el
héroe "en grupo", nunca el héroe individual, el héroe solo".
En estas palabras que sirvieron de una especie de prólogo para las
reediciones de la primera parte de la zaga, queda expresado con claridad que
el carácter político que adquiere la obra no es buscado. Oesterheld, al
igual que todos los autores, expresa en su obra lo más complejo de su sentir
que se ira profundizando o modificando a medida que el guionista vaya
adquiriendo mayor compromiso político militante.
Para ese entonces la Argentina comenzaba a vivir los prolegómenos de lo que
décadas después se configuraría como el terrorismo de Estado. Según palabras
de David Viñas, Aramburu y Rojas fueron el prolegómeno de Videla y Massera.
El golpe de Estado de 1955 que tenía como principal fin la proscripción del
Peronismo generó como contrapartida el agrupamiento de los sectores leales a
Perón en lo que se denomino "La Resistencia Peronista". Encarnada por un
sector del movimiento obrero peronista, sumado a un conjunto de
intelectuales y a simples adherentes al peronismo que organizados buscaban
fracturar la barrera represiva de censura que se había montado con el fin de
desmantelar la "cultura peronista".
¿Es ilógico pensar que este clima de época influyera en la pluma de
Osterheld?. Si bien no hay testimonios que afirmen de su adhesión al
peronismo en esta época, el entramado social que el autor condensa en el
héroe colectivo se asemeja mucho al sujeto que componía la resistencia
peronista. Obreros metalúrgicos, encarnados en el papel protagónico del
personaje de Franco, un joven tornero que se destacará como un gran
combatiente en la resistencia a la invasión; científicos -como es el caso de
Favalli-, incluso el Ejercito Argentino, fundamental en la batalla de River
Plate, son algunos de los que acompañan a Juan Salvo en esta guerra. La
aparición del Ejercito no es un dato menor ya que, por esa época, sectores
de esta institución leales al peronismo fueron fusilados por intentar un
levantamiento que posibilitara la vuelta al poder de Juan Domingo Perón. La
importancia del fusilamiento del General Valle para la configuración de la
estructura de sentimientos del peronismo encontró lugar también en las
páginas del Eternauta. El paralelismo entre la primera parte del Eternauta y
el proceso de organización y resistencia del germen de la izquierda
peronista es una lectura que a la luz del resto de su obra no es para nada
descabellada. Un dato más que suma para ver el contexto de época en la obra
es la aparición en una de las viñetas de una pared pintada con la leyenda
"vote Frondizi", es importante recordad que es el pacto con el peronismo el
que lleva a Frondizi a la presidencia.
Otro aspecto importante para destacar del Eternauta es la legitimación de la
violencia organizada por parte de los sobrevivientes a la nevada mortal. Si
bien se cuestiona las peleas entre sobrevivientes, en lo que Favalli se
atreve a catalogar como la supremacía del más fuerte, en ningún momento se
cuestiona la utilización de la violencia por parte de los humanos
sobrevivientes.
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Descargar El Eternauta (la historieta), texto de H. G. Oesterheld y dibujos de Solano Lopez, en formato imagen. Son 352 imagenes jpg independientes, una por cada página del libro original. [Mediafire, rar 92 Mb] |
Para finales de 1961, Oesterheld creó un magazín de ciencia ficción para
Editorial Ramírez que combinaba información científica con historietas,
relatos y cuentos del género. Dicha publicación fue bautizada como "El Eternauta", aprovechando la popularidad alcanzada por la historieta
publicada años antes. A partir del cuarto número el viajero del tiempo se
convirtió en vehículo y pretexto para el relato de sucesos históricos
ilustrados, a la manera de Ernie Pike de Batallas Inolvidables. Así, Juan
Salvo se corporiza ante el guionista, tal cual la versión original, y le
narraba sucesos históricos de la talla de Pompeya o Hiroshima. En el número
6, de abril de 1962, el autor retoma el final de la primera versión y
construye una especie de continuación que comienza con el Eternauta
corporizándose una vez más frente a Oesterheld. Juan Salvo dice: "Te conté
de Hiroshima, te conté de Pompeya… Ni yo mismo se por qué te he hablado de
todo eso… Quizá te hablo de todo esto para borrar con otro horror el horror
que trato de olvidar. Mientras cuento vuelvo a vivir lo que cuento… Y si
hablo de Hiroshima, si hablo de Pompeya, olvido el horror máximo que me tocó
vivir. ¿Qué fue Pompeya, qué fue Hiroshima al lado de Buenos Aires arrasado
por la nevada?" De esta manera comienza la continuación que se extenderá
hasta la interrupción de la publicación en febrero de 1963. Esta parte se
publicó posteriormente en forma de novela, dejando de lado las ilustraciones
de Schiaffino, Lobo, Fahrer, Muñoz, Durañona, Spadari y otros.
En el nuevo relato del Eternauta se pueden apreciar varias diferencias con
la primera parte. En principio la idea de darwinismo social prevalece a la
de organización popular en torno de un enemigo común. Por otro lado Juan
Salvo comienza a ser El héroe de la zaga, dejando de lado un poco al resto
de los personajes que van apareciendo.
Otro elemento a tener en cuenta es la intervención de soldados
estadounidenses en la lucha contra el invasor. Esto es importante de
destacar ya que unos años después en 1969, Oesterheld reedita la versión
original de la historia a pedido de la revista Gente, pero modificando de
manera importante el guión. En esta nueva versión aparece claramente
definida una ideología. En plena Guerra Fría, mientras la Argentina vivía
uno de los puntos más álgidos en la lucha de clases, Oesterheld agrega al
guión original un acuerdo entre los "Ellos" y las dos superpotencias de
entonces - los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas- para poder invadir tranquilos Sudamérica. Es evidente en este
nuevo guión la aparición de la llamada "Tercera Posición" impulsada por
Perón, que se expresa de manera contundente en la frase "ni yanquis ni
marxistas, peronistas". Sin dudas este puede ser considerado un punto de
inflexión en la obra de Oesterheld, más si tenemos en cuenta que alrededor
de un año antes, en 1968, publicó una biografía del Che Guevara en formato
de historieta, que abrirá una colección de biografías de "héroes
latinoamericanos". De esta forma su ideología comienza a aparecer sin ningún
tipo de rodeos en las viñetas de sus historietas. Si bien es posible que a
partir de este momento cada historia de Oesterheld gana en compromiso con su
proyecto, podemos decir que es notable la perdida de calidad en términos
literarios de sus guiones.
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Elsa: "Me quedé sola" Elsa Sánchez, viuda del escritor y periodista Héctor Germán Oesterheld. Hace 20 años perdió a toda su
familia. Ahora dice que la mantiene viva su nieto, que volvió
del horror. En ella conviven la vida y la muerte. La muerte la
endurece, le quema las pasiones, le hace decir: "Yo me opuse a
todo". La vida la fuerza a odiar y a levantar la frente. Se le
quiebra la voz al clamar: "¡Cómo pudieron hacernos esto!". "Yo
no tengo 62 años sino 700. En mí se resume la historia de este
país. El daño que me hicieron es una síntesis del mal de la
Argentina", dice y suspira largamente A Elsa no se le cae una
lágrima durante más de cuatro horas de entrevista Al fínal dirá
que tiene "un día negro, hija mía, ya estoy cansada de vivir
entre los ausentes, siempre para los demás". Hace 20 años que
mastica la misma bilis en la cena y el desayuno. Ya pasaron
veinte años desde que los relojes se detuvieron y el Ejército se
llevó a nueve miembros de su familia, hizo nacer a dos bebés en
cautiverio para robárselos y le devolvió dos nietos y un
cadáver, el de Beatriz. Los restantes nunca regresaron, ni vivos
ni muertos. Cuando el pasado amenaza con poner en peligro su
compostura, su voluntad a prueba de desazones la levanta del
sillón y muestra la foto de Tomás, su bisnieto de un año, la luz
de sus últimos días, que le trae a la memoria la otra luz de los
primeros días: cuando a Oesterheld le bastaba su amor para darle
sentido a la vida. La edad dorada en la que Héctor sembraba
flores en el jardín del chalecito californiano, frente a las
vías de Beccar. Cuando Estelita se sentaba en la falda del padre
y le pedía que le dibujara: "Papu, dibucitos". Cuando Diana
escribía, Beatriz era la chica más alegre del barrio y Marina se
convertía día a día en el fiel retrato de su padre. Todo era
ruido y acción en esa casa que Oesterheld bautizó "de la familia
Conejín". |
Esta versión de la primera parte que se entregaba en fascículos semanales
con cada edición de la revista Gente duró solamente tres entregas ya que
según la revista las modificación introducidas en el guión sumado a los
dibujos de Breccia habrían generado un rechazó en los lectores. Sin embargo,
teniendo en cuenta que dichas modificaciones están impregnadas de un mensaje
político-ideológico no sería ilógico pensar en un acto de censura por parte
de la editorial responsable de la publicación.
Teniendo en cuenta esto, podemos hablar que la obra de Héctor Germán
Oesterheld, esta dividida en dos etapas donde la división entre ellas es la
irrupción del autor en la vida política ya no sólo como intelectual sino
como activo militante.
En el año 1970 verá la luz un nuevo trabajo del historietista, siguiendo
fiel a su idea de transformar a la historieta en un medio de educación,
entrega el guión de la biografía de Maria Eva Duarte de Perón. La
publicación de este trabajo, que fue idea original de Oesterheld pero
termino siendo guionada por el periodista Luís Alberto Murray con dibujos de
Breccia.
Tanto este trabajo como la biografía del Che fueron el inicio de una
búsqueda por parte del autor de contar una versión diferente de la historia.
Así Oesterheld comienza a crear guiones de hechos históricos que sirvieron
de referencia para la construcción de un imaginario social colectivo que
amalgamara al nuevo sujeto histórico en base al mito de una historia común.
Así surge un trabajo titulado "Latinoamérica y el imperialismo, 450 años de
Guerra" publicado en "El Descamisado", órgano oficial de los sectores mas
radicalizados del peronismo. Cabe aclara que en estos guiones se apela a la
construcción de una identidad histórica muy similar a la que proponían
intelectuales que se enrolaban en el nuevo revisionismo histórico.
Por otro lado comienza a hacerse pública la participación de Oesterheld,
-desde las páginas del "Descamisado" y del periódico montonero "Noticias",
en el cual publicaba una tira semanal llamada " La guerra de los Antartes",
o en Ezeiza recibiendo al líder-, de manera orgánica en el peronismo. Sin
embargo no se puede precisar cuando comienza su vinculo con la organización
Montoneros.
Ya en Diciembre de 1976, con el aparato represivo del Estado en pleno
funcionamiento, se edita la segunda parte del Eternauta. El binomio
Oesterheld-Solano López, deciden darle continuidad al Eternauta publicando
la segunda parte.
La historia comienza en el mismo lugar donde termina la número uno: Germán
parado frente a la casa de Juan Salvo recuerda lo que el Eternauta le había
narrado y se pregunta si contándolo el podía ayudar a que se evitara la
invasión. Dentro de Germán comienza aparecer una contradicción entre su
sentir, su pensar y su actuar. Necesita ser protagonista de esa historia que
esta por venir pero sus miedos interiores lo hacen retraerse. El hecho de
conocer lo que sucederá lo atormenta y lo moviliza al punto de vencer sus
miedos y poder así enfrentarse con Juan Salvo y sus amigos para decirles lo
que el Eternauta les había narrado.
Esta decisión de Germán y el posterior viaje a través del tiempo junto al
Eternauta componen un giro sustancial en historia comparándola con el número
uno. Aquí Germán deja el cómodo sillón de guionista y pasa a vivir en carne
propia la lucha por la libertad de la humanidad. El cambio de narrador en la
segunda parte acompaña la decisión personal que Oesterheld había tomado para
su vida: brindarse en cuerpo y alma a la lucha revolucionaria.
En esta nueva aventura del Eternauta Juan Salvo y su familia junto a Germán
son trasladados en el tiempo hacia el futuro al 2200 dc. En esta época la
población esta compuesta por los sobrevivientes al estallido superatómico
denominado "la gran catástrofe". Manos, Ellos, Gurbos y un conjunto de
familias que fueron capturadas cuyos descendientes conformarán el "pueblo de
las cuevas". También aparecen unos nuevos seres mutantes creados por los
Ellos que son los Zarpos.
A lo largo del a historia Juan Salvo y Germán Irán organizando al pueblo de
las cuevas para resistir la dominación de los invasores. Aquí hay otra gran
diferencia con el espíritu del Eternauta original. Mientras que en la
primera parte el héroe colectivo se impone a las voluntades individuales,
ahora Juan Salvo -dueño de poderes sobrenaturales que irá descubriendo a
medida que avanza la historia- jugara un rol de dirección incluso por encima
de los lideres naturales de ese pueblo.
Para ejemplificar esto es interesante recurrir a un fragmento de la historia
en la cual el Eternauta envía a morir a un grupo de habitantes del pueblo de
las cuevas con el fin de que otro sector del grupo pueda avanzar sin ser
detectado por el enemigo. Cuando es destruido este grupo de avanzada, ante
los ojos de sus compañeros, se le recrimina al Eternauta esta acción y el
implacable contesta que lo importante es que ahora podían avanzar para
llegar a cumplir su objetivo El Eternauta como dirección político-militar de
la resistencia no vacila en enviar a la muerte a sus compañeros y lo mas
importante de esto es que luego del primer reclamo hay una aceptación por
parte del resto de esta actitud que se ejemplifica en el siguiente dialogo:
-Los mandaste a Matar
-Si Artemio los hizo morir. Tenían que morir… para que nosotros sigamos
tratando de salvar las cuevas. Quién sabe cuántos de nosotros moriremos
antes de que las cuevas estén salvadas."
La aceptación de la muerte en pos de un objetivo común comienza a aparecer
pero esta vez dirigida por aquellos que por manejar mayor información
-recordemos que el Eternauta conoce al enemigo de combates anteriores-
comienzan a cumplir roles de vanguardia.
Este cambio en el seno de la historia refleja el modo de funcionamiento de
las organizaciones político militares de los 70 en las cuales estaba
incluida Montoneros a la cual pertenecía Oesterheld. Esto no quiere decir
que se este denunciando una actitud de las conducciones de enviar a morir a
sus militantes, sino todo lo contrario: aparece la aceptación de los
militantes, incluso de un cuadro medio cómo lo era Oesterheld de la palabra
de la dirigencia sin cuestionamientos, incluso cuando lo que se jugaba era
la vida misma.
Otro elemento que aparece reflejado en esta parte de la historia esta
vinculado a la idea expresada por el general Vietnamita Giap en su texto "el
hombre y el arma" -de lectura obligatoria en Montoneros- en el cual expresa
el fundamente de victoria de una guerrilla. Recuperando la idea de las
fuerzas morales como fuente de victoria de los ejércitos expresada por Clausewitz , Giap sostiene que en la guerra revolucionaria lo determinante
es el Hombre y no sus armas. Así nace uno de los postulados fundamentales
que será tomado por todas las organizaciones revolucionarias del mundo. La
idea de que lo simple -un ejercito popular armado con armamento casero e
inferior- puede derrotar a lo complejo -un ejercito profesional dotado de
mayor tecnología-, aparece claramente en la segunda parte del Eternauta
cuando Juan Salvo convence a Don Matías -mayor referente del pueblo de las
cuevas- de comenzar a resistir, mediante la confrontación armada, la
dominación de los Ellos y sus ejércitos de ocupación -Manos y Zarpos-.
Estas modificaciones sustanciales en el corazón de la obra están íntimamente
ligadas al proceso histórico del cual fue parte Oesterheld. También denuncia
el avecinamiento de un futuro desolador e incluso comienza hablar de las
desapariciones.
Para ese entonces ya había perdido a dos de sus hijas Beatriz de 19 años y
Diana de 23, ambas militantes de Montoneros. Luego le toco a El.
Estando detenido lloró la desaparición de sus otras dos hijas Elsa y Marina.
Fue encapuchado, golpeado, torturado en los centros clandestinos de
detención el Vesubio, Campo de Mayo y en el "Sheraton".
Hay quienes dicen que estando desaparecido un militar le pidió que escriba
la historia de San Martín, el no lo hizo.
En 1983 la parte tres del Eternauta verá la luz ya sin guiones de Oesterheld.
Quizás en sus páginas puede encontrarse una suerte de homenaje a Germán y
aquellos que como Él apostaron todo para transformar la sociedad y fueron
derrotados.
Sin duda lo fundamental de la vida y obra de Oesterheld fue la coherencia
entre su sentir, su pensar y su hacer.
CRONOLOGÍA
1957 Eternauta 1
1962 Versiòn novelada del Eternauta continuación de la 1
1968 Biografía del Che Guevara.
1969 Eternauta 1 bis, Revista Gente
1970 Se edita por primera vez la biografía de Evita idea original de
Oesterheld con dibujos de Breccia y guión del periodistaLuis Alberto Murray
1973-1974 Serie de historietas "Latinoamérica y el imperialismo, 450 años de
Guerra" publicada en "El Descamisado"
Diciembre de 1976 Eternauta 2
1983 Eternauta 3 ya sin Oesterheld.
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Días después, Elsa surge con la misma vitalidad
de entre las sombras del microcentro porteño, en un atardecer helado pero ya sin
copos. Llega hasta el Archivo y Museo Histórico del Banco Provincia para asistir
a la inauguración de una muestra que recuerda que han pasado cinco décadas desde
la salida de El Eternauta y treinta años sin Héctor Germán Oesterheld (ver
recuadros). Caminando por una galería de ilustraciones que muestran a los más de
ochenta personajes que trajo al mundo su marido, ella completa el boceto que
había empezado a trazar: "Fue un hombre que necesitaba creer en el hombre por el
hombre mismo. Necesitaba creer en la vida, en la gente que apostaba sin
intereses", cuenta.
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Un ejemplo de fortaleza
Por Miguel Rep
Lo de los 50/30 años de las efemérides oesterheldianas, tanto en la gloria como
en la tragedia, también merecerían ser fechas elsianas.
A Elsa ya la describió muy bien mi amigo José Pablo Feinmann, descubriéndola en
el palco al lado del Presidente. Una mujer con una mirada firme, que aguantó las
peores noticias y padecimientos posteriores, un ejemplo de fortaleza en medio de
las soledades de esta sociedad hipócrita. La mujer de un historietista, la mujer
del subversivo. La mamá de esas cuatro bellas quelástimaqueestabanenlajoda. Y
encima, una mujer estafada por editores mundiales y vernáculos en los derechos
que le correspondían.
Parecerá frívolo, pero estoy viendo otra Elsa que la que he visto en todos estos
años. Yo no sé si siete duelos se saldan en treinta años, y no sé si bastan
cincuenta para resignificar una obra tan vital como El Eternauta, que devuelve
algo de los recuerdos de tiempos felices y mucho de aliento vital que sigue y
sigue, pero esta muchacha golpeadísima está distinta, quizás más leve, de
levitar, de poder empezar a descansar, de confiar en la entrega de la antorcha,
de un resentimiento de otra manera. Más sana, espero. Esperamos. Porque la
necesitamos, y mucho. Porque ella se necesita a sí misma, para seguir en esta
lucha por la verdad. Porque la vamos a seguir necesitando para cuidarla, y que
siga cuidando la memoria y la obra, y porque la queremos. Y ahora, creo, está en
condiciones de dejarse querer mejor.
De Juan Salvo y Elena y Martita ya hablamos y hablamos. Los 50/30 son de ella.
De Elsa. Más que de nadie; ella es la que está viva.
Fuente: Pägina/12, 15/07/07
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El desaparecido HGO
(una historia argentina)
Un caso estremecedor de aniquilamiento de una familia de gente progresista, de
artistas. Entre 1976 y 1978, los militares de la tétrica dictadura argentina
persiguieron, secuestraron, torturaron y asesinaron a Héctor Germán Oesterheld
-el fantástico guionista de ‘El eternauta’, un personaje que creó escuela y ya
es todo un clásico del cómic- y sus cuatro hijas. ‘El eternauta’ fue su gran
creación premonitoria del horror.
Por Manuel Rivas, El País, España, 24/08/2008
En el lenguaje de El Eternauta, Héctor Germán Oesterheld (HGO) cumple ahora 87
años. Hijo de padre alemán judío y de madre vasco-española, HGO nació en Buenos
Aires el 23 de julio de 1919. No hay fecha para su muerte. En la historia
dramática de la humanidad, tal vez el eufemismo más terrible es el de
"desaparecido". El dictador argentino Videla es autor del siguiente aforismo:
"No están vivos ni muertos; están desaparecidos". HGO es un desaparecido. El
número 7.546 (en la lista CONADEP, Comisión Nacional de Desaparecidos). Se sabe
que en la Nochebuena de 1977, sus captores le dejaron cinco minutos de visión,
sin capucha, que saludó uno por uno a sus compañeros de cautiverio y que cantó
con un joven detenido-desaparecido la canción Fiesta de Joan Manuel Serrat. De
forma premeditada, sus hijas también fueron hechas desaparecer, por este orden:
Beatriz (19 años), Diana (23), Estela (24) y Marina (18). HGO es uno de los más
extraordinarios creadores de aventuras del siglo XX. Cambió el perfil del héroe.
El Eternauta, su principal creación, una estremecedora ficción premonitoria,
atraviesa las fronteras políticas y de los géneros literarios y se erige en un
clásico para mayor número de lectores cada día. Una obra homérica del cómic que
interpela al género humano.
Lo dijo El Negro
"Después de leer a Oesterheld ya no admitiríamos leer cualquier cosa". No lo
dijo cualquier crítico boludo en un rapto magnánimo. Lo dijo El Negro. Lo dijo
Roberto Fontanarrosa. Respetado por cualquier barra, canallas o bostas, y en
cualquier cancha de fútbol o literatura. Incluso al fondo y a la izquierda, en
cualquier redacción, donde se suelen sentar los censores. Y los cínicos. Eso lo
dijo Enrique Medina, lo del lugar donde se sientan los censores. Tuvo el valor
de ir allí, a la oficina de censura, justo antes del golpe, a preguntar por su
libro Las hienas, qué puntería. Y después recibió una llamada de teléfono: "¡Sos
boleta!". Qué manía con los eufemismos. El miedo que meten los eufemismos. Mejor
que te digan: "Se te ha acabado el permiso del enterrador". Bueno, a lo que
íbamos. Hay dos factorías maravillosas en la historia de Argentina: el fútbol y
la historieta. El Negro Fontanarrosa era un experto en ambas. Creo que el mejor
cuento de fútbol que leí fue la historia de Cardaña, el número 5 del Peñarol,
primero apodado El Hombre y más tarde, con mayor precisión, El Hombre de
Neanderthal. Cardaña, bruto y sentimental, va a visitar por caridad al hospital
a un niño en estado grave y aquel hincha botija, con los días contados, recibe
al ídolo como se merece: "¡Hijos de puta! ¿Cómo pueden perder con esos chotos
del Nacional?". Así era El Negro escribiendo. No cedía ni un centímetro. Ni una
lágrima gratis. Fue él quien vino a decir: "Y después de Oesterheld ¿qué?"
Escribir como un loco
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Cuando estudiaba geología en la universidad, ya
trabajaba de corrector y escribía historias como un loco. Cuando trabajaba como
especialista en "oro y platino" para el Banco de Crédito Industrial de la
República Argentina, hacía notas de divulgación y escribía historias como un
loco. Cuando andaba por los montes y las llanuras como un Robinsón Crusoe
escribía historias como un loco. Le ofrecieron trabajar en Pato Donald y aceptó,
porque no era un apocalíptico de la cultura y lo que le gustaba era escribir
historias como un loco. Y escribió literatura infantil, mucha con el seudónimo
de Sánchez Puyol. Fue un tiempo de esplendor para el género en la Argentina de
los años cuarenta y cincuenta, con Gatitos y Bolsillitos. Le gustaba escribir
para la infancia. "Siempre al bebito se le trata como tonto". Sería también una
edad de oro para la historieta argentina, cuando fundó con su hermano Jorge la
editorial Frontera y con dos publicaciones periódicas que harían historia. Hora
Certo y Frontera rondaban los 100.000 ejemplares. ¿Y qué hacía HGO metido en la
industria cultural? Escribir como un loco. En treinta años, los guiones para al
menos 150 series de historietas en los que colaboró con medio centenar de
dibujantes. Siempre prolífico y exigente. ¿Por qué eligió la historieta? ¿Podía
haber sido un gran escritor? Es muy enriquecedor hablar con Martín Mórtola y
Fernando Oesterheld, sus nietos. "Quería romper ese dilema tramposo de alta y
baja cultura. No tenía prejuicios elitistas. Quería llegar a la gente y no lo
consideraba incompatible con la calidad. Ésa es otra de las lecciones de El
Eternauta, una obra de vanguardia que llegó a la gente, una gran aventura, y una
literatura extraordinaria". Guillermo Saccomanno, en Escritura y memoria,
plantea un sugerente paralelismo: "Si el Martín Fierro, un poema criollo y
popular, pudo plantarse como la gran novela fundadora de nuestra literatura,
¿por qué no tirar de la cuerda y afirmar lo mismo de esta historieta que se
llamó El Eternauta?". Borges estaba cautivado por el universo Oesterheld.
Además, HGO era un extraordinario suministrador de ciencia-ficción… Y no tan de
ficción. "Leía las revistas científicas más avanzadas de todo el mundo",
recuerda Elsa Sánchez, su mujer. Llenó Argentina, y otros países, de gente
interesante. Ray Kilt, Sargento Kira, Indio Suárez, Bull Rocket, Ernie Pike,
Ticonderoga, Randall the Killer, Sherlok Time… Y el grupo, el héroe colectivo,
de El Eternauta. Cuando pasó a la clandestinidad, y se sabía perseguido por Los
Ellos, ¿qué hacía Oesterheld? "Escribir como un loco". Lo cazaron, lo hicieron
desaparecer, lo chuparon. ¿Qué hacía Oesterheld? Ana María Caruso, desde el
cautiverio del centro clandestino de detención llamado Sheraton, consigue
escribir una carta que figura en el informe Nunca Más de la Comisión Nacional de
Desaparecidos: "Ahora está con nosotros El Viejo, que es el autor de El
Eternauta y El Sargento Kirk. ¿Se acuerdan? El pobre viejo se pasa el día
escribiendo his-torietas que hasta ahora nadie tiene intenciones de publicarle".
Escribía como un loco.
Barro en los borceguíes
Nadie que haya leído El Eternauta admitiría leer después cualquier cosa. Le
habrá cambiado la mirada. Es una de esas obras que responden a la demanda de
Kafka, la de "morder en la estupidez". O a la de Cioran: "Un libro ha de ser un
peligro".
-¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror?
¿Quién grita eso? Es el guionista, Oesterheld, al final de El Eternauta. No está
fuera, sino dentro, en una viñeta. Una de las rupturas de Oesterheld fue
implicarse en la obra como personaje. Un atrevimiento formal, que acabará
teniendo muchas implicaciones. Estamos en 1957. Francisco Solano López (Buenos
Aires, 1928) lo hace reconocible. Lo dibuja con sus trazos. Al comienzo de la
trama, El Eternauta se le aparece al guionista en la buhardilla donde trabaja y
le relata su historia de aventurero perdido en la eternidad. Al final, El
Eternauta consigue regresar a su hogar, con su mujer e hija, que le reprochan
haber tardado media hora en ir a buscar pan. ¿Media hora? El guionista, es
decir, Oesterheld, nuestro HGO, trata de disuadir a El Eternauta. ¡Todo lo que
le ha contado, todo lo que se avecina! La nevada mortal. La invasión dirigida
por un poder oscuro, Los Ellos, que utilizan para sus propósitos a los
monstruosos Cascarudos y a los inteligentes Manos, esclavos del miedo, que a su
vez convierten a los humanos supervivientes en hombres-robot. Pero El Eternauta
ya no reconoce al guionista. Ha perdido la memoria del futuro al volver al
pasado. La memoria es transferida al guionista. ¿Quién es ahora El Eternauta?
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Estamos en 1957. HGO grita desde el tebeo: "¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar
tanto horror?". Es en la primera versión de El Eternauta. En 1969 habrá una
segunda versión, dibujada por Alberto Breccia, y en la que las coordenadas
geopolíticas son más concretas. La publicación resulta muy polémica. La revista
Gente fuerza el final. El Eternauta empieza a ser un personaje inquietante,
demasiado verosímil. En 1976, con dibujo de Solano López, se publica una
prolongación de la aventura, una segunda parte. Se trata de un proceso muy
accidentado. Guionista y dibujante apenas se ven. A HGO le pisan los talones Los
Ellos. Dicta capítulos desde cabinas telefónicas. Las últimas veces que acudió a
la editorial Récord, donde iba a publicar El Eternauta II, siempre andaba a
deshoras, como una silueta. Sólo lo delataba "el reguero de barro seco de sus
borceguíes" en la alfombra. Y es que HGO, entre otros lugares, buscaba refugio
en la isla de Tigre.
La tecnología del infierno
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Inspirados en el nazismo, el franquismo y la guerra argelina, Los Ellos, con sus
patotas de Gur-bos, Cascarudos, Manos y Hombres-Robot, aplicaron la tecnología
del infierno a una escala industrial. Para hacer desaparecer los cuerpos
utilizaron una variante diferente de la incinera-ción: los vuelos de la muerte.
Quizá calcularon que la desaparición submarina de miles de personas sería
inodora, inocua, imperceptible. El mayor detective de la historia, Sigmund
Freud, había escrito: "Censurar un texto no es difícil, lo difícil es borrar sus
rastros". Los verdugos ignoraban que el cuerpo humano es también un texto. Y ésa
es la verdad de fondo de El Eternauta, su potencia pasados tantos años. "La
persistencia de El Eternauta es en sí misma una práctica de la memoria", escribe
Judith Filc. En el primer aniversario del golpe militar, el 24 de marzo de 1977,
otro genial eternauta argentino, el escritor Rodolfo Walsh, compañero en muchos
sentidos de HGO, envía por correo y distribuye clandestinamente la Carta abierta
de un escritor a la Junta Militar, uno de los pasquines de denuncia más
estremecedores de la historia, en el que da a conocer al mundo la dimensión del
genocidio, con 15.000 desaparecidos en aquel entonces. "Han llegado ustedes a la
tortura absoluta, intemporal, metafísica". La palabra metafísica aquí, asociada
a la tortura, pierde toda su abstracción para expresar lo inconmensurable del
horror carnal. Una de las veces que registraron su antiguo domicilio, donde sólo
vivía Elsa, el oficial cascarudo al mando del "grupo de tareas" explicó que
andaban a la caza de Héctor, El Judío. Elsa replicó que era hijo de un
estanciero alemán y madre española. Añadió: "Y si es judío, ¿qué?". Entre los
precedentes que inspiraron a Los Ellos para poner en marcha la "tecnología del
infierno", la tortura y desaparición forzada de miles de personas como HGO y sus
cuatro hijas, figuran métodos nazis como el decreto Nacht und Nebel, derivado de
la orden de Hitler: "En la noche y en la niebla". El texto de este decreto,
reconstruido en el tribunal de Nuremberg, desaconsejaba la entrega del cuerpo
del eliminado a su familia. Se trataba de "diseminar el terror" para minar toda
resistencia. En el tiempo en que fue detenido HGO, en 1977, el general Ibérico
Saint Jean, gobernador de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura, y
bajo cuyo mandato se produjo la Noche de los lápices (desaparición y asesinato
de un grupo de adolescentes), declaró en público y esta vez sin eufemismos:
"Primero mataremos a los subversivos; después, a sus simpatizantes, y por
último, a los indiferentes".
Entre los miles de desaparecidos figuran cien poetas, escritores y guionistas de
historietas. Otro de Los Ellos, un colega militar del general Ibérico, el
entonces jefe del III Cuerpo, Luciano Menéndez, y responsable de la mayor quema
de libros, efectuada el 29 de abril de 1976, declaró: "De la misma manera que
destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y
nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma
argentina". Los Ellos, como Creonte, castigando más allá de la muerte.
Gritándole a Antígona, a las hijas de Oesterheld: "Si tu naturaleza es amar, ve
entre los muertos y ámalos. Mientras yo viva, no mandará una mujer".
Torturar a Ernie Pike
Cuando creó Ernie Pike, uno de esos grandes personajes que cambiaron el perfil
del héroe, para hacer tipos complejos, de madera humana y no de palo, los
primeros episodios los dibujó Hugo Pratt. Y él se quedó perplejo cuando vio la
historieta: El rostro de Ernie Pike, corresponsal de guerra que siempre pone en
duda las versiones oficiales, era el suyo.
Eso también lo supieron ver los torturadores. Reconocieron en HGO a Ernie Pike.
Así que le pegaron duro a Ernie Pike.
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La mayor tortura a la que debieron de someter a Oesterheld, además del tormento
físico, fue mostrarle las fotos de sus hijas muertas. Allí estaban Los Ellos, al
estilo Creonte, castigando más allá de la muerte. Mostrando los cuerpos
sucesivos de Antígona. A Elsa sólo le devolvieron el cuerpo de la primera
eliminada, Beatriz, de 19 años. "La que más se parecía al padre". Después cayó
Diana, de 23 años, con su pareja, Raúl. La tercera fue Marina, de 18 años.
Sobrevivía Estela, la mayor, de 24 años. Existe un testimonio de cuando estaba
cautivo en la cárcel clandestina del Campo de Mayo. Juan Carlos Scarpatti contó:
"Yo no lo conocía personalmente y… bueno, me llamó la atención. Lo ví, digamos,
como golpeado, o sea, como con mucha angustia y… bueno, me acerqué, le pregunté
qué le pasaba. Me dijo que le habían mostrado las fotos de las hijas…muertas".
Pero la noticia de la caída de Estela y de su marido, también llamado Raúl, la
tuvo cuando los carceleros del Sheraton le dijeron que tenía una visita
especial. El hotel Sheraton, eufemismo del chupadero, el no-lugar, era otro
centro de detención clandestino, situado en un sector oculto de la comisaría de
Villa Insuperable, dentro de la ciudad. Era el 14 de diciembre de 1977. La
"visita especial" era de un niño de tres años. Su nieto Martín. Ese día habían
matado a los padres. El recuerdo de Martín ahora es el de haber estado sentado
horas con su abuelo "en un pasillo horrible con paredes de látex azul
brillante". No podemos dejar de verlo como un episodio de El Eternauta arrancado
a la realidad. El Viejo y el nieto que apenas ha podido conocer, juntos en un
no-lugar, en un chupadero de gente. Hay 800 niños robados en la época de Los
Ellos, de los que sólo 90 han podido ser devueltos a sus familias originarias.
Otra ramificación de la "tecnología del infierno". De hecho, dos nietos de HGO y
Elsa, bebés de Diana y Marina, forman parte de los desaparecidos. La aparición
de Martín en el chupadero, el que alguien decidiera llevarlo con El Viejo, a
quien se suponía muerto, tiene una interpretación morbosa, pero también se puede
ver a la luz de El Eternauta. Tal vez fue cosa de un Mano. Los Manos,
subalternos muy inteligentes de los Ellos, se hacen desobedientes cuando deja de
funcionar la "glándula del horror". Por una vez, Oesterheld dio una dirección.
La de los padres de Elsa. Y de allí, Martín fue llevado con la abuela. Antígona,
desde la muerte, enviaba una señal.
El gorrión peleador
Ana di Salvo, psicóloga, compañera de cautiverio de HGO en el centro de
detención ilegal de El Vesubio, me cuenta que se mantenía distante, desconfiado.
Eso fue en mayo del 77, así que no hacía mucho que lo habían detenido. "Nos
dijeron: ‘Va a venir El Viejo’. Yo, al principio, no sabía quién era. No sabía
la historia de El Eternauta. Él tenía un problema en la piel, granos en la cara
y en la cabeza. Había una doctora entre las chicas prisioneras y le ofrecimos
una pomada. Pero él no quiso. Desconfiaba. Una noche en que hacía mucho frío,
dormía en un suelo de madera, le dimos una frazada. La aceptó. Pero con
desconfianza. Por la mañana se lo llevaban y lo traían a la noche. Comentó que
lo tenían haciendo una historia sobre San Martín. Le hablé de mi hijo Luciano.
Le pedí un poema, una pequeña historia para él. Pero no hubo tiempo. Después de
estar desaparecida sin explicaciones durante 73 días, me devolvieron a casa.
Todo el tiempo pensando que te van a matar. Y en el trayecto, ante el paisaje,
uno de los secuestradores comenta: ‘Buen sitio para venir a cazar’. Y yo, no sé
cómo, le digo: ‘Hay que respetar la veda’. Se quedó perplejo. Las cosas suceden
así. Mi hijo Luciano, a la vuelta, me rechazaba. Pensaba que lo había abandonado
a propósito. Un día le compré un cuento infantil titulado Chipió, el gorrioncito
peleador. A Luciano le gustaba mucho la cara de aquel pajarito. Aprendió a leer
con él. Me reconcilió con él. Yo no sabía que lo había escrito El Viejo. Usaba
seudónimo. Muchos años después, en una exposición sobre Oesterheld, le conté la
historia a Martín, su nieto, y él me dijo: ‘En ese cuento estaba lo que mi
abuelo escribió para tu hijo".
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DianaDiana tenía 23 años. Tenía un hijo de un año, Fernando, y estaba embarazada de cuatro meses cuando desapareció. Ella y su pareja, Raúl. militaban en Montoneros. Diana fue secuestrada en San Miguel de Tucumán por la policía de Tucumán, junto con su hijo Fernando, quien fue abandonado como "NN" por la patota policial en la Casa Cuna de la capital tucumana. Después de varios intentos fue recuperado por sus abuelos paternos. La casa donde vivían fue ocupada por Albornoz, el jefe de la policía tucumana, y su mujer. Raúl fue asesinado en 1977, un compañero vio su cadáver en la Jefatura de Policía. Diana fue vista en la Jefatura de la Policía de Tucumán. Fue llevada a Campo de Mayo donde dio a luz. |
Su obra principal contiene también las huellas de una biografía subyacente.
Entre el primer Eternauta (1957) y la segunda versión (1969) hay una revolución
óptica. Las referencias geopolíticas se hacen muy concretas. América Latina es
abandonada a su suerte. Y Ellos, los oscu-ros poderes cósmicos, son las grandes
potencias. HGO se radicalizó, pero también el suelo se movía a los pies. Las
hojas del calendario se caían de miedo y asco. El golpe de Aramburu, en 1956,
con la Operación Masacre, que contará de forma genial Rodolfo Walsh. El golpe de
On-ganía, en 1966, con la noche de los bastones largos, cuando fueron cruelmente
apaleados los profesores y alumnos de la Universidad de Buenos Aires, mientras
eran conducidos a los coches celulares. El mandato de Lanusse, en 1972, con la
masacre de Trelew. En todo este calvario de desdichados fastos y calamitosas
salvaciones, el país vio una "chispa de esperanza" en la gran movilización
cívica que arrancó con el cordobazo. A continuación, y acudiendo a la
oftalmología, podríamos decir que se pasó de un estrabismo divergente a otro
convergente. Y el punto de convergencia fue otra vez Perón. Gran parte de la
izquierda argentina se injertó en el tronco peronista. Para muchos era la
esperanza posible. Una alianza frente a Los Ellos. Y allí estaba HGO con sus
hijas. Elsa, no. Elsa mantenía la distancia cuando de la música se pasaba a las
palabras. Y allí estaba también Rodolfo Walsh con sus hijas Vicky y Patricia.
Casi siempre se cita A sangre fría, de Truman Capote, como obra inaugural de la
narrativa del "nuevo periodismo". Es por ignorancia hemisférica. La primera fue
Operación masacre, de Rodolfo Walsh, en 1957, el año en que nació también El
Eternauta. Walsh, de origen irlandés, era entonces también antiperonista.
Prefería jugar al ajedrez que la política e incluso la literatura. Pero un día,
camino de casa, oyó el grito de un soldado moribundo: "¡No me dejéis solo, hijos
de puta!".
EstelaTenía 25 años, estaba casada con Raúl Mortola y tenían un hijo de tres años. Militaban en Montoneros. Fueron asesinados el 14/7/77 por una patota de civil que había allanado su vivienda. Raúl fue herido de disparo al llegar a su casa, y murió a las pocas cuadras. Estela llegó a eso de una hora después, y fue fusilada frente a un negocio cercano, fue llevada por un vecino al hospital Lucio Menéndez de la localidad de Adrogué, donde murió. Los responsables se llevaron al hijo de la pareja y se lo presentaron a su abuelo Héctor, quien para entonces estaba detenido-desaparecido, dentro de un Centro Clandestino de Detención. De allí el chico le fue llevado a su abuela Elsa. |
Oesterheld, Hugo Pratt y Elsa
"Él escribía a mano. Odiaba la máquina de escribir. Por eso aprendí taquigrafía
y mecanografía. Para ayudarle. Después de casarnos, pasamos cuatro años en un
departamento chico, en el barrio Desarrollo. Él entonces investigaba minerales.
Amaba la naturaleza áspera, dura. La estepa donde no había nada.
Cuando lo conocí era un misántropo
Nacieron una tras otra las nenas. Ya dibujaba. ‘Papu, dibujitos’. Les hacía
monigotes todo el tiempo. Leía todo. Recibía revistas en alemán, italiano,
inglés, francés. Tenía muchísima información. Le interesaban los
descubrimientos científicos, todo aquello que se movía en el límite de la
ciencia-ficción. A Borges le encantaba charlar con él. Las chicas se enteraron.
Un día se fueron los cinco. Y allí estuvieron con él, en la penumbra de la
Biblioteca Nacional.
Sí, tenía conocimientos extraordinarios, enciclopédicos. Un día, Hugo Pratt le
muestra muy ufano unos dibujos. Un nuevo héroe. Un soldado en la época de la
conquista del Oeste. Héctor le dice: ‘Está muy bien, pero tendrás que volver a
dibujarlo. No puede llevar ese tipo de arma. La culata no era así’. Hugo se
sentó, suspiró, gritó: ‘¡Lo mato, lo mato! Dime, Héctor Oesterheld, ¿a quién le
va a importar cómo era la culata?’. ‘A mí’, respondió Héctor.
Todo estaba lleno de libros. También el garaje. Todo. Leía sesenta o cien
historias a la vez. Así que Héctor se levanta. Va hacia el garaje. Un
pandemonio. Cuando me ponía a arreglarlo, él se desesperaba. Revuelve en la
maraña. Y al final vuelve con lo que buscaba en la mano. Se lo pasa a Hugo.
-Aquí está -le dice-. Así debe ser el arma.
Era muy deportista. Jugaba al tenis. El fútbol le gustaba, pero para verlo.
Tenía una fijación con el estadio del River. Cuando iba al centro, siempre se
pasaba por allí. Y es en ese estadio donde transcurre una batalla decisiva de El
Eternauta. Fue un tiempo idílico, un paraíso, la casa de Beccar. Eso ya lo
conté, ¿verdad?
Cuando llegaron los dibujantes italianos, eso fue antes, también fue una época maravillosa. Entre ellos, Hugo Pratt. ¡Medio locos, los tanos! Era un lindo muchacho. Tenía un carisma único. Todos los días se caía por casa. Venía con apetito. Le preparaba algo para cenar. Había amigas que me preguntaban: ‘¿Vos no te enamorás de este chico?’. Todas se enamoraban…".
MarinaMarina tenía 20 años, estaba embarazada. Ella y su pareja militaban en Montoneros. La pareja fue secuestrada el
27/11/76 en San Isidro. |
¿Y?
Elsa, la Elsa que recuerda, también está ahora en la cocina preparando algo para
cenar. Uno se imagina allí, en el quicio de la puerta, en Beccar, a Corto
Maltés, el mítico personaje de Pratt. Murmuro: "Tal vez era él el enamorado".
Elsa escucha en silencio. Y zanja la conversación sobre amores con un gesto
irónico, una interjección trazada en el aire.
La memoria
"Primero mataremos a los subversivos; después, a sus simpatizantes, y por
último, a los indiferentes", era el lema de los torturadores. Para Héctor, la
mayor tortura a la que le sometieron fue mostrarle sus hijas muertas.
Marcelo Brodsky, el artista y fotógrafo creador del parque de la Memoria de
Buenos Aires, se enteró de la desaparición de su joven hermano Rubén en una
llamada desde una cabina telefónica. Él estaba en España, exiliado. El universo
tuvo, de repente, la dimensión de una cabina. "La ausencia de un desaparecido
nunca termina. ¿Cómo se les cuenta a las nuevas generaciones? ¿Cómo se narra
semejante horror? En el parque de la Memoria, cada recorrido es una nueva forma
del recuerdo. Caminamos entre estelas que se apoyan, que se sostienen, donde lo
colectivo es un entrelazamiento".
A la hora de hablar del hermano, Brodsky juró que lo haría como si estuviera
oyendo a Julio Fusik, en el Reportaje al pie del patíbulo: "Que la tristeza no
sea nunca asociada a mi nombre".
La eternauta
BeatrizBeatriz Marta, desaparecida el 19/5/76. Tenía 19 años. El 19 de junio de 1976 llamó por teléfono a su madre, Elsa, y la citó en la confitería Jockey Club de Martínez. Hacía mucho que no se veían y estuvieron hablando casi dos horas. Al despedirse, la joven fue hacia Villa la Cava, en San Isidro, donde militaba. Nunca llegó. Dos días más tarde, un desconocido se acercó a Elsa, la madre, cuando estaba por subir al tren y le dijo que Beatriz había sido secuestrada por el ejército. Su madre fue a la policía y a Campo de Mayo, vio a jueces y sacerdotes, y presentó un hábeas corpus El 7 de julio fue citada en la comisaría de Virreyes y le dijeron que su hija había muerto junto con otros cinco chicos. Le dieron el cuerpo y la sepultó. |
Cuando Elsa y Héctor se casaron, él trabajaba para aquel banco de crédito
minero, analizando muestras de metales preciosos. Gran parte de su trabajo lo
hacía sobre el terreno. Le gustaba andar. Recorrer solitario los grandes
espacios. El viento patagónico en la cara. "Es un trabajo duro, puede ser
destructiva esa soledad del geólogo, conocí gente que se alcoholizó", dice Elsa.
"Pero él amaba esa relación solitaria con la naturaleza. Amaba todo en la
naturaleza. Los caracoles nos comían las rosas y yo le decía que les pusiera
veneno, pero Héctor exclamaba: ‘¡También ellos tienen derecho a vivir!’. Yo le
decía: ‘Oye, que la celta panteísta soy yo, pero no quiero que me coman las
rosas’. Le ofrecieron un buen trabajo, pero eso significaba la separación. Y fue
cuando se decidió por el mundo editorial".
Elsa nació en Buenos Aires, en una familia de emigrantes gallegos llegados de
una pequeña aldea, Loño, cerca de Santiago. Cuando Elsa pasó por Loño, en 1983,
se fijó en el hórreo de madera del que tanto le había hablado el padre. Esperaba
algo más monumental. "Qué pasa?", le preguntó su tío. "Está despintado". "Es que
tu abuela no quiso que lo tocaran. Que lo dejaran tal como lo había pintado el
hijo".
El hijo era el padre emigrante de Elsa. HGO pasó por aquella aldea en 1962, en
un "desvío" de un viaje a Alemania. Hay una foto en la que se le ve retratado
como el Robinsón que era, camuflado en la hierba de campesino segador. En
Argentina, los padres de Elsa laburaron duro para salir adelante, pero tenían
otro rasgo: amaban la música con locura. La ópera y la clásica. Escuchaban cada
concierto en la radio de galena. El tío Pedro llevaba siempre una flor en el
ojal. La madre de Elsa leía a Lorca. Lo había visto en un teatro bonaerense,
abarrotado, recibido por una multitud en la calle de Corrientes. "Yo me parezco
mucho a papá. Soy Vicente Sánchez en mujer, tremendamente impulsiva. Yo era un
marimacho. El varón equivocado de la familia. Tuvimos un golpe terrible. Murió
mi hermana mayor cuando yo tenía 12 años. Estudié música. Y danza clásica. Y
samba. Es verdad que todos querían bailar conmigo. No, Héctor no era muy
bailarín. Yo tenía 17 años y él 24 cuando nos enamoramos".
Elsa habla y habla como un cuerpo abierto, que contiene su vida y la de otros.
Su mirada corre más que la flecha del tiempo. Desde el apartamento bonaerense se
escucha cada poco el paso de un convoy ferroviario. Los trenes, la luz cambiante
del día, todo parece esforzarse para seguir la velocidad, la intensidad del
recuerdo de Elsa, que estaba hablando feliz de su adolescencia bailarina,
danzando con las palabras, y de repente se gira y dice: "Hasta los psicólogos se
estremecían. Toda la experiencia psicológica no servía para enfrentarse a
nuestro caso. Me preguntan cómo he resistido, cómo estoy viva. No lo sé. Estoy
aquí por una extraña obligación. Yo ya he gastado todo el miedo del mundo".
A la altura de nuestros ojos, en un estante del mueble librería, hay una foto
que nos mira. Son ellas. Las cuatro. En la casa de Beccar. En la hora azul. Las
cuatro chicas Oesterheld. Toda la belleza del mundo.
Fuente: www.elpais.com

Elsa durante la entrega de los premios
de la Agrupación Oesterheld a El Ortiba en 2008
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