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NOTAS EN ESTA SECCION
Biografía de Oesterheld
| Vida y obra de un militante
| "Héctor fue un hombre que
necesitaba creer en la vida"
Un ejemplo
de fortaleza, por Miguel Rep |
El desaparecido HGO, por Manuel Rivas, El
País
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Juan P. Feinmann (2006)
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A las balas
el pecho - Roberto von Sprecher
Roberto von Sprecher -
Discurso montonero en las historietas de Héctor Germán Oesterheld
| Roume no discutía con Dios, por Juan
Sasturain
Oscar Benítez - Historietas montoneras. Imaginario
social de la izquierda peronista 1973-1974 |
El sueño del Eternauta, Eñe, 21/11/09


Héctor
Germán Oesterheld nació el 23 de julio de 1919.
En su infancia leyó atropelladamente a Salgari, Verne y otros clásicos.
Estudió geología antes de dedicarse a las viñetas.
A los 23 años publica en el diario La Prensa su primer cuento, "Truila y
Miltar".
La historia narra la experiencia de dos gnomos que se ayudan entre sí por
encima de los egoísmos personales, en un tono que será leit motiv en sus
trabajos futuros.
Poco después se inicia en las editoriales Abril y Codex, ideando publicaciones
infantiles -labor que no abandonará nunca- y de divulgación científica.
La década del ‘50 lo encuentra sumergido en el mundo de los guiones para
historieta, con personajes como Sargento Kirk o El Indio Suárez, que se
publicaban en las revistas Rayo Rojo y Misterix.
Por entonces acompañaba esas tareas con colaboraciones para la legendaria
Más Allá.
En 1956 funda junto a su hermano la Editorial Frontera. Ahí trabajó con
Hugo Pratt, Francisco Solano López, Arturo del Castillo, Alberto Breccia
y Carlos Roume, entre otros. Juntos lograron sentar un hito en la historieta
nacional a partir de las revistas Frontera y Hora Cero, que lograron grandes
éxitos de ventas.
Al año siguiente -1957- sale a la calle El Eternauta. Luego de cerrar la
editorial por problemas económicos, Oesterheld trabajó para vivir, trayendo
al mundo a decenas de personajes.
A fines de los ’60 asume nuevos compromisos políticos que culminarían insertándolo en Montoneros. De esa época son Vida del Che, Evita y otras ideas que lleva a El Descamisado, Evita Montonera y el periódico Noticias.
También publica
La guerra de los Antartes y una nueva versión de El Eternauta dibujada por
Breccia.
En 1976 se publica la segunda parte de la conocida historia, con Solano
López como dibujante.
La nueva propuesta
era mucho más explícita políticamente y estaba escrita desde la clandestinidad.
Se estima que H. G. O fue secuestrado por la dictadura a fines de abril
de 1977.
Héctor Germán Oesterheld es autor de obras tales como el Sargento Kirk,
Bull Rockett, Ernie Pike, Mort Cinder, Sherlock Time, Patria Vieja, Watami,
Joe Zonda, Ticonderoga, El Cobra, Randall, Nekrodamus, La Guerra de los
Antartes, del diario Noticias, que dibujara Gustavo Trigo y dibujado por
Francisco Solano Lopez y por Alberto Breccia,
Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado el 27 de abril de 1977, y luego
torturado, muerto y desaparecido durante la dictadura del Proceso, junto
a sus cuatro hijas, Beatriz, Diana, Marina y Estela, de 19 a 25 años.
[Imagen de la Muestra Pensamiento y Compromiso Nacional, Palais de Glace, Buenos Aires 17 de marzo - 10 de abril 2011]
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Biografía
de Oesterheld a 30 años de su secuestro
En coincidencia con el aniversario de su desaparición durante la dictadura
del 1977, aparece en España una biografía en formato de comic a cargo de
periodistas Judith Gociol y Diego Rosemberg. Es una historia de vida que
propone un recorrido crítico por las distintas etapas, formulaciones expresivas
y personajes.
Por Jorge Boccanera,
2007
A 30 años del secuestro de Héctor Oesterheld por la dictadura militar -
un 27 de abril de 1977- aparece en España una biografía en formato de comic
del inolvidable autor de "El Eternauta", que estuvo a cargo de los periodistas
Judith Gociol y Diego Rosemberg.
La colección española de comics Sins Entido (sic), anunció la publicación
del libro "Oesterheld. Rey de reyes", que pone en foco a uno de los forjadores
de la historieta argentina.
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"El libro va a salir también en consonancia con otras fechas, ya que hace 50 años Oesterheld fundaba con su hermano Jorge las publicaciones Hora Cero y Frontera, creaba personajes como Ernie Pike y Rolo el Marciano, y aparecía "El Eternauta".
Al tiempo que una historia de vida, esta biografía propone un recorrido crítico por las distintas etapas, formulaciones expresivas y personajes -Tioconderoga, Bull Rockett y Mort Cinder- en un abordaje que ubica la historieta citada, inicialmente con dibujos de Solano López, como uno de sus puntos cumbre.
De Oesterheld
-nació en Buenos Aires en 1919 y creó unas 160 historietas- resaltó la periodista
Gociol la calidad narrativa.
"El uso del lenguaje -dijo a Télam- la construcción de personajes, la tensión
del relato: un narrador que eligió ese formato porque confiaba en la historieta
como un vehículo de comunicación de enorme alcance popular. También escribió
cuentos infantiles e historias de ciencia ficción".
Oesterheld, según Gociol -coautora de los libros: "Un golpe a los libros"
y "La historieta argentina"-, fue un precursor en varios sentidos: "El héroe
colectivo, la localización en una geografía concreta y reconocible, y sus
argumentos que van más allá del maniqueísmo de héroes buenos, justos y triunfadores".
Sobre los dibujantes que trabajaron con Oesterheld, la periodista adujo
que cada quien hizo su aporte personal, aunque nombró a Solano López y Alberto
Breccia por las historietas "El Eternauta" y "Mort Cinder": "sumamente popular
la primera y consagrada por su calidad la segunda".
La apertura de Oesterheld, está marcada también por su labor editorial,
y las revistas y editoriales que fundó en los años 50. Para Gociol, revistas
como Hora Cero y Frontera fueron parte de: "el auge editorial de esos años,
que conjugó cantidad y calidad, aunque la empresa no se sostuvo económicamente".
En la misma dirección, "ese modo de la industria cultural -pensado para
hacer productos buenos, pero también baratos, que se vendieran en los quioscos
y llegaran a los sectores populares- marcó a Oesterheld y le dio un training
enorme para producir con ritmo fabril: mucho, rápido y bien".
Desde el anecdotario nutrido del personaje llegan las versiones de que le
ofrecieron escribir la vida de Perón en 1951. Esto, según Gociol, lo narra
la viuda del guionista, Elsa Sánchez Oesterheld: "dice que a su marido lo
llamaron de la presidencia pero se negó, ya que por entonces era un ferviente
antiperonista".
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Otra anécdota
lo muestra como creador de un personaje popular del cómic infantil vernáculo:
la "Bruja Cachavacha". Gociol contó que aunque un grupo de seguidores fanáticos
de Cachavacha sostienen que fue una creación de García Ferré, "un personaje
con ese nombre apareció 15 años atrás en la tira ’Gatito’, que Oesterheld
firmó con el pseudónimo ’Sánchez Puyol’".
Sobre los cruces entre Jorge Luis Borges y Oesterheld, también hay indicios
de que se conocieron cuando el autor de "El Aleph" era director de la Biblioteca
Nacional: "el guionista lo iba a buscar -aseguró Gociol- y salían a caminar;
compartían el amor por la ciencia ficción. Con el tiempo quedarían, ideológicamente,
en polos opuestos.
El guionista,
con sus cuatro hijas -Beatriz, Marina, Estela y Diana- integra las listas
de víctimas del terrorismo de Estado; se presume que fue detenido en La
Plata el 27 de abril de 1977.
Por diversos testimonios, habría pasado por varios centros clandestinos
como Campo de Mayo, el Vesubio y el Sheraton; lugar donde compartió cautiverio
con el sociólogo Roberto Carri y el cineasta Pablo Szir.
Gociol subrayó que el autor de "El Eternauta", no dejó de crear ni en la
clandestinidad, ni cuando permaneció prisionero de la dictadura. "Escribía
en la isla del Tigre donde buscó refugio; por esos años iba a la editorial
Columba, clandestino y hasta llegó a dictar guiones desde teléfonos públicos".
"Aún secuestrado siguió trabajando -acotó. Los militares le pedían una historieta
sobre San Martín; él aceptó pensando que ganaba tiempo", relató Gociol.
Refiriéndose a la figura mítica de Oesterheld, Gociol apuntó que es difícil
definir qué es un mito, en una persona cuya vida fue a un ritmo de producción
y de acontecimientos tan concreta, pero quizás fue justamente lo que lo
mitificó: "la cantidad de obras y su calidad, así como los acontecimientos
políticos que surcaron sus días y su muerte, la de sus hijas y yernos".
Su obra está abierta a lecturas diferentes, remarcó Gociol, en el análisis
de quienes "siempre andan tras la pista de alguna historieta desconocida
o de precisar nuevos datos.
Todo lo que daría cabida a nuevas interpretaciones. El tiempo y el recambio
generacional dan posibilidad de revisar lo vivido desde una perspectiva
de época".
Fuente: Télam
Héctor
Germán Oesterheld: Vida y obra de un militante
Por Juan Carrá
A 50 años de
la aparición del personaje más importante de la historieta Argentina, cabe
reflexionar a cerca de cuales fueron sus alcances, no sólo en el plano de
la literatura sino también en lo que respecta a la vida política de toda
una generación. Para esto no sólo debemos hurgar en las páginas de las diversas
versiones del Eternauta sino que es fundamental analizar la vida política
militante de su guionista: Héctor Germán Oesterheld.
Basta simplemente con nombrar "El Eternauta" para realizar un viaje -al
mejor estilo Juan Salvo- a las décadas de mayor actividad política en nuestro
país. Si bien la primera versión de la historieta nació en 1957, se convirtió
en una obra de lectura obligatoria para aquellos jóvenes que una década
después se incorporaban a la vida militante a través de las diversas organizaciones
político-militares surgidas entre los 60 y 70.
En esta primera
aparición, Oesterheld logra componer una conjunto de personajes que se conjugan
en torno de una historia ambientada en lugares reales de Capital Federal.
Esta cuota de realismo permite al lector sentirse parte de la historia,
ya que todo transcurre en lugares comunes protagonizado por gente común.
Este último elemento es, quizás, el que encierra la mayor fuerza de la obra.
La resistencia a la invasión esta encarnada por hombres, mujeres y niños
comunes, no hay superhombres, todos aportan desde su lugar para construir
una férrea resistencia a la invasión. El propio Oesterheld dice: "… quizá
por esta falta de héroe central, El Eternauta es una de mis historia que
recuerdo con más placer. El héroe verdadero del Eternauta es un héroe colectivo,
un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo:
el único héroe válido es el héroe "en grupo", nunca el héroe individual,
el héroe solo".
En estas palabras que sirvieron de una especie de prólogo para las reediciones
de la primera parte de la zaga, queda expresado con claridad que el carácter
político que adquiere la obra no es buscado. Oesterheld, al igual que todos
los autores, expresa en su obra lo más complejo de su sentir que se ira
profundizando o modificando a medida que el guionista vaya adquiriendo mayor
compromiso político militante.
Para ese entonces la Argentina comenzaba a vivir los prolegómenos de lo
que décadas después se configuraría como el terrorismo de Estado. Según
palabras de David Viñas, Aramburu y Rojas fueron el prolegómeno de Videla
y Massera. El golpe de Estado de 1955 que tenía como principal fin la proscripción
del Peronismo generó como contrapartida el agrupamiento de los sectores
leales a Perón en lo que se denomino "La Resistencia Peronista". Encarnada
por un sector del movimiento obrero peronista, sumado a un conjunto de intelectuales
y a simples adherentes al peronismo que organizados buscaban fracturar la
barrera represiva de censura que se había montado con el fin de desmantelar
la "cultura peronista".
¿Es ilógico pensar que este clima de época influyera en la pluma de Osterheld?.
Si bien no hay testimonios que afirmen de su adhesión al peronismo en esta
época, el entramado social que el autor condensa en el héroe colectivo se
asemeja mucho al sujeto que componía la resistencia peronista. Obreros metalúrgicos,
encarnados en el papel protagónico del personaje de Franco, un joven tornero
que se destacará como un gran combatiente en la resistencia a la invasión;
científicos -como es el caso de Favalli-, incluso el Ejercito Argentino,
fundamental en la batalla de River Plate, son algunos de los que acompañan
a Juan Salvo en esta guerra. La aparición del Ejercito no es un dato menor
ya que, por esa época, sectores de esta institución leales al peronismo
fueron fusilados por intentar un levantamiento que posibilitara la vuelta
al poder de Juan Domingo Perón. La importancia del fusilamiento del General
Valle para la configuración de la estructura de sentimientos del peronismo
encontró lugar también en las páginas del Eternauta. El paralelismo entre
la primera parte del Eternauta y el proceso de organización y resistencia
del germen de la izquierda peronista es una lectura que a la luz del resto
de su obra no es para nada descabellada. Un dato más que suma para ver el
contexto de época en la obra es la aparición en una de las viñetas de una
pared pintada con la leyenda "vote Frondizi", es importante recordad que
es el pacto con el peronismo el que lleva a Frondizi a la presidencia.
Otro aspecto importante para destacar del Eternauta es la legitimación de
la violencia organizada por parte de los sobrevivientes a la nevada mortal.
Si bien se cuestiona las peleas entre sobrevivientes, en lo que Favalli
se atreve a catalogar como la supremacía del más fuerte, en ningún momento
se cuestiona la utilización de la violencia por parte de los humanos sobrevivientes.
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Para finales
de 1961, Oesterheld creó un magazín de ciencia ficción para Editorial Ramírez
que combinaba información científica con historietas, relatos y cuentos
del género. Dicha publicación fue bautizada como "El Eternauta", aprovechando
la popularidad alcanzada por la historieta publicada años antes. A partir
del cuarto número el viajero del tiempo se convirtió en vehículo y pretexto
para el relato de sucesos históricos ilustrados, a la manera de Ernie Pike
de Batallas Inolvidables. Así, Juan Salvo se corporiza ante el guionista,
tal cual la versión original, y le narraba sucesos históricos de la talla
de Pompeya o Hiroshima. En el número 6, de abril de 1962, el autor retoma
el final de la primera versión y construye una especie de continuación que
comienza con el Eternauta corporizándose una vez más frente a Oesterheld.
Juan Salvo dice: "Te conté de Hiroshima, te conté de Pompeya… Ni yo mismo
se por qué te he hablado de todo eso… Quizá te hablo de todo esto para borrar
con otro horror el horror que trato de olvidar. Mientras cuento vuelvo a
vivir lo que cuento… Y si hablo de Hiroshima, si hablo de Pompeya, olvido
el horror máximo que me tocó vivir. ¿Qué fue Pompeya, qué fue Hiroshima
al lado de Buenos Aires arrasado por la nevada?" De esta manera comienza
la continuación que se extenderá hasta la interrupción de la publicación
en febrero de 1963. Esta parte se publicó posteriormente en forma de novela,
dejando de lado las ilustraciones de Schiaffino, Lobo, Fahrer, Muñoz, Durañona,
Spadari y otros.
En el nuevo relato del Eternauta se pueden apreciar varias diferencias con
la primera parte. En principio la idea de darwinismo social prevalece a
la de organización popular en torno de un enemigo común. Por otro lado Juan
Salvo comienza a ser El héroe de la zaga, dejando de lado un poco al resto
de los personajes que van apareciendo.
Otro elemento a tener en cuenta es la intervención de soldados estadounidenses
en la lucha contra el invasor. Esto es importante de destacar ya que unos
años después en 1969, Oesterheld reedita la versión original de la historia
a pedido de la revista Gente, pero modificando de manera importante el guión.
En esta nueva versión aparece claramente definida una ideología. En plena
Guerra Fría, mientras la Argentina vivía uno de los puntos más álgidos en
la lucha de clases, Oesterheld agrega al guión original un acuerdo entre
los "Ellos" y las dos superpotencias de entonces - los Estados Unidos y
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas- para poder invadir tranquilos
Sudamérica. Es evidente en este nuevo guión la aparición de la llamada "Tercera
Posición" impulsada por Perón, que se expresa de manera contundente en la
frase "ni yanquis ni marxistas, peronistas". Sin dudas este puede ser considerado
un punto de inflexión en la obra de Oesterheld, más si tenemos en cuenta
que alrededor de un año antes, en 1968, publicó una biografía del Che Guevara
en formato de historieta, que abrirá una colección de biografías de "héroes
latinoamericanos". De esta forma su ideología comienza a aparecer sin ningún
tipo de rodeos en las viñetas de sus historietas. Si bien es posible que
a partir de este momento cada historia de Oesterheld gana en compromiso
con su proyecto, podemos decir que es notable la perdida de calidad en términos
literarios de sus guiones.
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Elsa Sánchez, viuda del escritor y periodista Héctor Germán Oesterheld. Hace 20 años perdió a toda su
familia. Ahora dice que la mantiene viva su nieto, que volvió
del horror. En ella conviven la vida y la muerte. La muerte
la endurece, le quema las pasiones, le hace decir: "Yo me opuse
a todo". La vida la fuerza a odiar y a levantar la frente. Se
le quiebra la voz al clamar: "¡Cómo pudieron hacernos esto!".
"Yo no tengo 62 años sino 700. En mí se resume la historia de
este país. El daño que me hicieron es una síntesis del mal de
la Argentina", dice y suspira largamente A Elsa no se le cae
una lágrima durante más de cuatro horas de entrevista Al fínal
dirá que tiene "un día negro, hija mía, ya estoy cansada de
vivir entre los ausentes, siempre para los demás". Hace 20 años
que mastica la misma bilis en la cena y el desayuno. Ya pasaron
veinte años desde que los relojes se detuvieron y el Ejército
se llevó a nueve miembros de su familia, hizo nacer a dos bebés
en cautiverio para robárselos y le devolvió dos nietos y un
cadáver, el de Beatriz. Los restantes nunca regresaron, ni vivos
ni muertos. Cuando el pasado amenaza con poner en peligro su
compostura, su voluntad a prueba de desazones la levanta del
sillón y muestra la foto de Tomás, su bisnieto de un año, la
luz de sus últimos días, que le trae a la memoria la otra luz
de los primeros días: cuando a Oesterheld le bastaba su amor
para darle sentido a la vida. La edad dorada en la que Héctor
sembraba flores en el jardín del chalecito californiano, frente
a las vías de Beccar. Cuando Estelita se sentaba en la falda
del padre y le pedía que le dibujara: "Papu, dibucitos". Cuando
Diana escribía, Beatriz era la chica más alegre del barrio y
Marina se convertía día a día en el fiel retrato de su padre.
Todo era ruido y acción en esa casa que Oesterheld bautizó "de
la familia Conejín". |
Esta versión
de la primera parte que se entregaba en fascículos semanales con cada edición
de la revista Gente duró solamente tres entregas ya que según la revista
las modificación introducidas en el guión sumado a los dibujos de Breccia
habrían generado un rechazó en los lectores. Sin embargo, teniendo en cuenta
que dichas modificaciones están impregnadas de un mensaje político-ideológico
no sería ilógico pensar en un acto de censura por parte de la editorial
responsable de la publicación.
Teniendo en cuenta esto, podemos hablar que la obra de Héctor Germán Oesterheld,
esta dividida en dos etapas donde la división entre ellas es la irrupción
del autor en la vida política ya no sólo como intelectual sino como activo
militante.
En el año 1970 verá la luz un nuevo trabajo del historietista, siguiendo
fiel a su idea de transformar a la historieta en un medio de educación,
entrega el guión de la biografía de Maria Eva Duarte de Perón. La publicación
de este trabajo, que fue idea original de Oesterheld pero termino siendo
guionada por el periodista Luís Alberto Murray con dibujos de Breccia.
Tanto este trabajo como la biografía del Che fueron el inicio de una búsqueda
por parte del autor de contar una versión diferente de la historia. Así
Oesterheld comienza a crear guiones de hechos históricos que sirvieron de
referencia para la construcción de un imaginario social colectivo que amalgamara
al nuevo sujeto histórico en base al mito de una historia común. Así surge
un trabajo titulado "Latinoamérica y el imperialismo, 450 años de Guerra"
publicado en "El Descamisado", órgano oficial de los sectores mas radicalizados
del peronismo. Cabe aclara que en estos guiones se apela a la construcción
de una identidad histórica muy similar a la que proponían intelectuales
que se enrolaban en el nuevo revisionismo histórico.
Por otro lado comienza a hacerse pública la participación de Oesterheld,
-desde las páginas del "Descamisado" y del periódico montonero "Noticias",
en el cual publicaba una tira semanal llamada " La guerra de los Antartes",
o en Ezeiza recibiendo al líder-, de manera orgánica en el peronismo. Sin
embargo no se puede precisar cuando comienza su vinculo con la organización
Montoneros.
Ya en Diciembre de 1976, con el aparato represivo del Estado en pleno funcionamiento,
se edita la segunda parte del Eternauta. El binomio Oesterheld-Solano López,
deciden darle continuidad al Eternauta publicando la segunda parte.
La historia comienza en el mismo lugar donde termina la número uno: Germán
parado frente a la casa de Juan Salvo recuerda lo que el Eternauta le había
narrado y se pregunta si contándolo el podía ayudar a que se evitara la
invasión. Dentro de Germán comienza aparecer una contradicción entre su
sentir, su pensar y su actuar. Necesita ser protagonista de esa historia
que esta por venir pero sus miedos interiores lo hacen retraerse. El hecho
de conocer lo que sucederá lo atormenta y lo moviliza al punto de vencer
sus miedos y poder así enfrentarse con Juan Salvo y sus amigos para decirles
lo que el Eternauta les había narrado.
Esta decisión de Germán y el posterior viaje a través del tiempo junto al
Eternauta componen un giro sustancial en historia comparándola con el número
uno. Aquí Germán deja el cómodo sillón de guionista y pasa a vivir en carne
propia la lucha por la libertad de la humanidad. El cambio de narrador en
la segunda parte acompaña la decisión personal que Oesterheld había tomado
para su vida: brindarse en cuerpo y alma a la lucha revolucionaria.
En esta nueva aventura del Eternauta Juan Salvo y su familia junto a Germán
son trasladados en el tiempo hacia el futuro al 2200 dc. En esta época la
población esta compuesta por los sobrevivientes al estallido superatómico
denominado "la gran catástrofe". Manos, Ellos, Gurbos y un conjunto de familias
que fueron capturadas cuyos descendientes conformarán el "pueblo de las
cuevas". También aparecen unos nuevos seres mutantes creados por los Ellos
que son los Zarpos.
A lo largo del a historia Juan Salvo y Germán Irán organizando al pueblo
de las cuevas para resistir la dominación de los invasores. Aquí hay otra
gran diferencia con el espíritu del Eternauta original. Mientras que en
la primera parte el héroe colectivo se impone a las voluntades individuales,
ahora Juan Salvo -dueño de poderes sobrenaturales que irá descubriendo a
medida que avanza la historia- jugara un rol de dirección incluso por encima
de los lideres naturales de ese pueblo.
Para ejemplificar esto es interesante recurrir a un fragmento de la historia
en la cual el Eternauta envía a morir a un grupo de habitantes del pueblo
de las cuevas con el fin de que otro sector del grupo pueda avanzar sin
ser detectado por el enemigo. Cuando es destruido este grupo de avanzada,
ante los ojos de sus compañeros, se le recrimina al Eternauta esta acción
y el implacable contesta que lo importante es que ahora podían avanzar para
llegar a cumplir su objetivo El Eternauta como dirección político-militar
de la resistencia no vacila en enviar a la muerte a sus compañeros y lo
mas importante de esto es que luego del primer reclamo hay una aceptación
por parte del resto de esta actitud que se ejemplifica en el siguiente dialogo:
-Los mandaste a Matar
-Si Artemio los hizo morir. Tenían que morir… para que nosotros sigamos
tratando de salvar las cuevas. Quién sabe cuántos de nosotros moriremos
antes de que las cuevas estén salvadas."
La aceptación de la muerte en pos de un objetivo común comienza a aparecer
pero esta vez dirigida por aquellos que por manejar mayor información -recordemos
que el Eternauta conoce al enemigo de combates anteriores- comienzan a cumplir
roles de vanguardia.
Este cambio en el seno de la historia refleja el modo de funcionamiento
de las organizaciones político militares de los 70 en las cuales estaba
incluida Montoneros a la cual pertenecía Oesterheld. Esto no quiere decir
que se este denunciando una actitud de las conducciones de enviar a morir
a sus militantes, sino todo lo contrario: aparece la aceptación de los militantes,
incluso de un cuadro medio cómo lo era Oesterheld de la palabra de la dirigencia
sin cuestionamientos, incluso cuando lo que se jugaba era la vida misma.
Otro elemento que aparece reflejado en esta parte de la historia esta vinculado
a la idea expresada por el general Vietnamita Giap en su texto "el hombre
y el arma" -de lectura obligatoria en Montoneros- en el cual expresa el
fundamente de victoria de una guerrilla. Recuperando la idea de las fuerzas
morales como fuente de victoria de los ejércitos expresada por Clausewitz
, Giap sostiene que en la guerra revolucionaria lo determinante es el Hombre
y no sus armas. Así nace uno de los postulados fundamentales que será tomado
por todas las organizaciones revolucionarias del mundo. La idea de que lo
simple -un ejercito popular armado con armamento casero e inferior- puede
derrotar a lo complejo -un ejercito profesional dotado de mayor tecnología-,
aparece claramente en la segunda parte del Eternauta cuando Juan Salvo convence
a Don Matías -mayor referente del pueblo de las cuevas- de comenzar a resistir,
mediante la confrontación armada, la dominación de los Ellos y sus ejércitos
de ocupación -Manos y Zarpos-.
América
Latina, 450 años de guerraA partir del número 10 de la revista El Descamisado, se empiezan a publicar semanalmente la tira de Héctor Germán Oesterheld llamada “América Latina, 450 años de guerra”. Los dibujos son de Leopoldo Durañona. La compilación fue realizada por el sitio Ruinas Digitales. (Clic en la imagen para descargr el pdf [71,8 Mb] desde Mediafire.) |
Estas modificaciones
sustanciales en el corazón de la obra están íntimamente ligadas al proceso
histórico del cual fue parte Oesterheld. También denuncia el avecinamiento
de un futuro desolador e incluso comienza hablar de las desapariciones.
Para ese entonces ya había perdido a dos de sus hijas Beatriz de 19 años
y Diana de 23, ambas militantes de Montoneros. Luego le toco a El.
Estando detenido lloró la desaparición de sus otras dos hijas Elsa y Marina.
Fue encapuchado, golpeado, torturado en los centros clandestinos de detención
el Vesubio, Campo de Mayo y en el "Sheraton".
Hay quienes dicen que estando desaparecido un militar le pidió que escriba
la historia de San Martín, el no lo hizo.
En 1983 la parte tres del Eternauta verá la luz ya sin guiones de Oesterheld.
Quizás en sus páginas puede encontrarse una suerte de homenaje a Germán
y aquellos que como Él apostaron todo para transformar la sociedad y fueron
derrotados.
Sin duda lo fundamental de la vida y obra de Oesterheld fue la coherencia
entre su sentir, su pensar y su hacer.
CRONOLOGÍA
1957 Eternauta 1
1962 Versiòn novelada del Eternauta continuación de la 1
1968 Biografía del Che Guevara.
1969 Eternauta 1 bis, Revista Gente
1970 Se edita por primera vez la biografía de Evita idea original de Oesterheld
con dibujos de Breccia y guión del periodistaLuis Alberto Murray
1973-1974 Serie de historietas "Latinoamérica y el imperialismo, 450 años
de Guerra" publicada en "El Descamisado"
Diciembre de 1976 Eternauta 2
1983 Eternauta 3 ya sin Oesterheld.
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Días después, Elsa surge
con la misma vitalidad de entre las sombras del microcentro porteño,
en un atardecer helado pero ya sin copos. Llega hasta el Archivo y Museo
Histórico del Banco Provincia para asistir a la inauguración de una
muestra que recuerda que han pasado cinco décadas desde la salida de
El Eternauta y treinta años sin Héctor Germán Oesterheld (ver recuadros).
Caminando por una galería de ilustraciones que muestran a los más de
ochenta personajes que trajo al mundo su marido, ella completa el boceto
que había empezado a trazar: "Fue un hombre que necesitaba creer en
el hombre por el hombre mismo. Necesitaba creer en la vida, en la gente
que apostaba sin intereses", cuenta.
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Un
ejemplo de fortaleza
Por Miguel Rep
Lo de los 50/30 años de las efemérides oesterheldianas, tanto en
la gloria como en la tragedia, también merecerían ser fechas elsianas.
A Elsa ya la describió muy bien mi amigo José Pablo Feinmann, descubriéndola
en el palco al lado del Presidente. Una mujer con una mirada firme,
que aguantó las peores noticias y padecimientos posteriores, un
ejemplo de fortaleza en medio de las soledades de esta sociedad
hipócrita. La mujer de un historietista, la mujer del subversivo.
La mamá de esas cuatro bellas quelástimaqueestabanenlajoda. Y encima,
una mujer estafada por editores mundiales y vernáculos en los derechos
que le correspondían.
Parecerá frívolo, pero estoy viendo otra Elsa que la que he visto
en todos estos años. Yo no sé si siete duelos se saldan en treinta
años, y no sé si bastan cincuenta para resignificar una obra tan
vital como El Eternauta, que devuelve algo de los recuerdos de tiempos
felices y mucho de aliento vital que sigue y sigue, pero esta muchacha
golpeadísima está distinta, quizás más leve, de levitar, de poder
empezar a descansar, de confiar en la entrega de la antorcha, de
un resentimiento de otra manera. Más sana, espero. Esperamos. Porque
la necesitamos, y mucho. Porque ella se necesita a sí misma, para
seguir en esta lucha por la verdad. Porque la vamos a seguir necesitando
para cuidarla, y que siga cuidando la memoria y la obra, y porque
la queremos. Y ahora, creo, está en condiciones de dejarse querer
mejor.
De Juan Salvo y Elena y Martita ya hablamos y hablamos. Los 50/30
son de ella. De Elsa. Más que de nadie; ella es la que está viva.
Fuente: Pägina/12, 15/07/07
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El
desaparecido HGO (una
historia argentina)
Un caso estremecedor de aniquilamiento de una familia de gente progresista,
de artistas. Entre 1976 y 1978, los militares de la tétrica dictadura
argentina persiguieron, secuestraron, torturaron y asesinaron a
Héctor Germán Oesterheld -el fantástico guionista de ‘El eternauta’,
un personaje que creó escuela y ya es todo un clásico del cómic-
y sus cuatro hijas. ‘El eternauta’ fue su gran creación premonitoria
del horror.
Por Manuel Rivas, El País, España, 24/08/2008
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En el lenguaje de El Eternauta, Héctor Germán Oesterheld (HGO) cumple ahora 87 años. Hijo de padre alemán judío y de madre vasco-española, HGO nació en Buenos Aires el 23 de julio de 1919. No hay fecha para su muerte. En la historia dramática de la humanidad, tal vez el eufemismo más terrible es el de "desaparecido". El dictador argentino Videla es autor del siguiente aforismo: "No están vivos ni muertos; están desaparecidos". HGO es un desaparecido. El número 7.546 (en la lista CONADEP, Comisión Nacional de Desaparecidos). Se sabe que en la Nochebuena de 1977, sus captores le dejaron cinco minutos de visión, sin capucha, que saludó uno por uno a sus compañeros de cautiverio y que cantó con un joven detenido-desaparecido la canción Fiesta de Joan Manuel Serrat. De forma premeditada, sus hijas también fueron hechas desaparecer, por este orden: Beatriz (19 años), Diana (23), Estela (24) y Marina (18). HGO es uno de los más extraordinarios creadores de aventuras del siglo XX. Cambió el perfil del héroe. El Eternauta, su principal creación, una estremecedora ficción premonitoria, atraviesa las fronteras políticas y de los géneros literarios y se erige en un clásico para mayor número de lectores cada día. Una obra homérica del cómic que interpela al género humano.
Lo dijo
El Negro
"Después de leer a Oesterheld ya no admitiríamos leer cualquier
cosa". No lo dijo cualquier crítico boludo en un rapto magnánimo.
Lo dijo El Negro. Lo dijo Roberto Fontanarrosa. Respetado por cualquier
barra, canallas o bostas, y en cualquier cancha de fútbol o literatura.
Incluso al fondo y a la izquierda, en cualquier redacción, donde
se suelen sentar los censores. Y los cínicos. Eso lo dijo Enrique
Medina, lo del lugar donde se sientan los censores. Tuvo el valor
de ir allí, a la oficina de censura, justo antes del golpe, a preguntar
por su libro Las hienas, qué puntería. Y después recibió una llamada
de teléfono: "¡Sos boleta!". Qué manía con los eufemismos. El miedo
que meten los eufemismos. Mejor que te digan: "Se te ha acabado
el permiso del enterrador". Bueno, a lo que íbamos. Hay dos factorías
maravillosas en la historia de Argentina: el fútbol y la historieta.
El Negro Fontanarrosa era un experto en ambas. Creo que el mejor
cuento de fútbol que leí fue la historia de Cardaña, el número 5
del Peñarol, primero apodado El Hombre y más tarde, con mayor precisión,
El Hombre de Neanderthal. Cardaña, bruto y sentimental, va a visitar
por caridad al hospital a un niño en estado grave y aquel hincha
botija, con los días contados, recibe al ídolo como se merece: "¡Hijos
de puta! ¿Cómo pueden perder con esos chotos del Nacional?". Así
era El Negro escribiendo. No cedía ni un centímetro. Ni una lágrima
gratis. Fue él quien vino a decir: "Y después de Oesterheld ¿qué?"
Escribir como un loco
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Cuando
estudiaba geología en la universidad, ya trabajaba de corrector
y escribía historias como un loco. Cuando trabajaba como especialista
en "oro y platino" para el Banco de Crédito Industrial de la República
Argentina, hacía notas de divulgación y escribía historias como
un loco. Cuando andaba por los montes y las llanuras como un Robinsón
Crusoe escribía historias como un loco. Le ofrecieron trabajar en
Pato Donald y aceptó, porque no era un apocalíptico de la cultura
y lo que le gustaba era escribir historias como un loco. Y escribió
literatura infantil, mucha con el seudónimo de Sánchez Puyol. Fue
un tiempo de esplendor para el género en la Argentina de los años
cuarenta y cincuenta, con Gatitos y Bolsillitos. Le gustaba escribir
para la infancia. "Siempre al bebito se le trata como tonto". Sería
también una edad de oro para la historieta argentina, cuando fundó
con su hermano Jorge la editorial Frontera y con dos publicaciones
periódicas que harían historia. Hora Certo y Frontera rondaban los
100.000 ejemplares. ¿Y qué hacía HGO metido en la industria cultural?
Escribir como un loco. En treinta años, los guiones para al menos
150 series de historietas en los que colaboró con medio centenar
de dibujantes. Siempre prolífico y exigente. ¿Por qué eligió la
historieta? ¿Podía haber sido un gran escritor? Es muy enriquecedor
hablar con Martín Mórtola y Fernando Oesterheld, sus nietos. "Quería
romper ese dilema tramposo de alta y baja cultura. No tenía prejuicios
elitistas. Quería llegar a la gente y no lo consideraba incompatible
con la calidad. Ésa es otra de las lecciones de El Eternauta, una
obra de vanguardia que llegó a la gente, una gran aventura, y una
literatura extraordinaria". Guillermo Saccomanno, en Escritura y
memoria, plantea un sugerente paralelismo: "Si el Martín Fierro,
un poema criollo y popular, pudo plantarse como la gran novela fundadora
de nuestra literatura, ¿por qué no tirar de la cuerda y afirmar
lo mismo de esta historieta que se llamó El Eternauta?". Borges
estaba cautivado por el universo Oesterheld. Además, HGO era un
extraordinario suministrador de ciencia-ficción… Y no tan de ficción.
"Leía las revistas científicas más avanzadas de todo el mundo",
recuerda Elsa Sánchez, su mujer. Llenó Argentina, y otros países,
de gente interesante. Ray Kilt, Sargento Kira, Indio Suárez, Bull
Rocket, Ernie Pike, Ticonderoga, Randall the Killer, Sherlok Time…
Y el grupo, el héroe colectivo, de El Eternauta. Cuando pasó a la
clandestinidad, y se sabía perseguido por Los Ellos, ¿qué hacía
Oesterheld? "Escribir como un loco". Lo cazaron, lo hicieron desaparecer,
lo chuparon. ¿Qué hacía Oesterheld? Ana María Caruso, desde el cautiverio
del centro clandestino de detención llamado Sheraton, consigue escribir
una carta que figura en el informe Nunca Más de la Comisión Nacional
de Desaparecidos: "Ahora está con nosotros El Viejo, que es el autor
de El Eternauta y El Sargento Kirk. ¿Se acuerdan? El pobre viejo
se pasa el día escribiendo his-torietas que hasta ahora nadie tiene
intenciones de publicarle". Escribía como un loco.
Barro en los borceguíes
Nadie que haya leído El Eternauta admitiría leer después cualquier
cosa. Le habrá cambiado la mirada. Es una de esas obras que responden
a la demanda de Kafka, la de "morder en la estupidez". O a la de
Cioran: "Un libro ha de ser un peligro".
-¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror?
¿Quién grita eso? Es el guionista, Oesterheld, al final de El Eternauta.
No está fuera, sino dentro, en una viñeta. Una de las rupturas de
Oesterheld fue implicarse en la obra como personaje. Un atrevimiento
formal, que acabará teniendo muchas implicaciones. Estamos en 1957.
Francisco Solano López (Buenos Aires, 1928) lo hace reconocible.
Lo dibuja con sus trazos. Al comienzo de la trama, El Eternauta
se le aparece al guionista en la buhardilla donde trabaja y le relata
su historia de aventurero perdido en la eternidad. Al final, El
Eternauta consigue regresar a su hogar, con su mujer e hija, que
le reprochan haber tardado media hora en ir a buscar pan. ¿Media
hora? El guionista, es decir, Oesterheld, nuestro HGO, trata de
disuadir a El Eternauta. ¡Todo lo que le ha contado, todo lo que
se avecina! La nevada mortal. La invasión dirigida por un poder
oscuro, Los Ellos, que utilizan para sus propósitos a los monstruosos
Cascarudos y a los inteligentes Manos, esclavos del miedo, que a
su vez convierten a los humanos supervivientes en hombres-robot.
Pero El Eternauta ya no reconoce al guionista. Ha perdido la memoria
del futuro al volver al pasado. La memoria es transferida al guionista.
¿Quién es ahora El Eternauta?
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Estamos en 1957. HGO grita desde el tebeo: "¿Qué hacer? ¿Qué hacer para evitar tanto horror?". Es en la primera versión de El Eternauta. En 1969 habrá una segunda versión, dibujada por Alberto Breccia, y en la que las coordenadas geopolíticas son más concretas. La publicación resulta muy polémica. La revista Gente fuerza el final. El Eternauta empieza a ser un personaje inquietante, demasiado verosímil. En 1976, con dibujo de Solano López, se publica una prolongación de la aventura, una segunda parte. Se trata de un proceso muy accidentado. Guionista y dibujante apenas se ven. A HGO le pisan los talones Los Ellos. Dicta capítulos desde cabinas telefónicas. Las últimas veces que acudió a la editorial Récord, donde iba a publicar El Eternauta II, siempre andaba a deshoras, como una silueta. Sólo lo delataba "el reguero de barro seco de sus borceguíes" en la alfombra. Y es que HGO, entre otros lugares, buscaba refugio en la isla de Tigre.
La tecnología del infierno
único cuerpo que pudo recuperar Elsa fue el de Beatriz. Ella,
con 19 años, fue la primera víctima de Los Ellos. El 19 de junio
de 1976 llamó a la madre y se citaron en una confitería. Dos
días después, en un tren, camino del trabajo, un joven trajeado,
muy nervioso, se acercó a Elsa para decirle que su hija había
sido secuestrada por una patota o "grupo de tareas" del Ejército.
Elsa Sánchez de Oesterheld comenzó el peregrinaje para recuperar
a Beatriz. Pero, en verdad, había caído una "nevada mortal"
sobre Argentina. Se encontró con muros de silencio. Con conocidos
que la desconocían. Incluso un sobrino y sacerdote poderoso,
Jorge Oesterheld, hoy portavoz de la Conferencia Episcopal argentina,
prefirió "mirar hacia otro lado". Elsa fue consciente también
de que se había con-vertido en un "peligro" para sus hijas.
Todos sus movimientos eran vigilados para llegar a ellas y a
HGO. De alguna forma, ella también era una desaparecida en aparente
libertad. El exterminio programado de la familia de HGO siguió
adelante. El 4 de julio de 1976, en Tucumán, cayó Diana, de
23 años, embarazada. El 27 de abril de 1977 fue secuestrado
HGO. El 14 de diciembre del mismo año desaparece Estela, de
24 años. Su última carta lleva esa fecha. En ella dice: "Mamita:
Marina hace un mes que no está con nosotros". Significa: Marina
ha desaparecido. Tenía 18 años.
La tortura metafísica
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Inspirados en
el nazismo, el franquismo y la guerra argelina, Los Ellos, con
sus patotas de Gur-bos, Cascarudos, Manos y Hombres-Robot, aplicaron
la tecnología del infierno a una escala industrial. Para hacer
desaparecer los cuerpos utilizaron una variante diferente de
la incinera-ción: los vuelos de la muerte. Quizá calcularon
que la desaparición submarina de miles de personas sería inodora,
inocua, imperceptible. El mayor detective de la historia, Sigmund
Freud, había escrito: "Censurar un texto no es difícil, lo difícil
es borrar sus rastros". Los verdugos ignoraban que el cuerpo
humano es también un texto. Y ésa es la verdad de fondo de El
Eternauta, su potencia pasados tantos años. "La persistencia
de El Eternauta es en sí misma una práctica de la memoria",
escribe Judith Filc. En el primer aniversario del golpe militar,
el 24 de marzo de 1977, otro genial eternauta argentino, el
escritor Rodolfo Walsh, compañero en muchos sentidos de HGO,
envía por correo y distribuye clandestinamente la Carta abierta
de un escritor a la Junta Militar, uno de los pasquines de denuncia
más estremecedores de la historia, en el que da a conocer al
mundo la dimensión del genocidio, con 15.000 desaparecidos en
aquel entonces. "Han llegado ustedes a la tortura absoluta,
intemporal, metafísica". La palabra metafísica aquí, asociada
a la tortura, pierde toda su abstracción para expresar lo inconmensurable
del horror carnal. Una de las veces que registraron su antiguo
domicilio, donde sólo vivía Elsa, el oficial cascarudo al mando
del "grupo de tareas" explicó que andaban a la caza de Héctor,
El Judío. Elsa replicó que era hijo de un estanciero alemán
y madre española. Añadió: "Y si es judío, ¿qué?". Entre los
precedentes que inspiraron a Los Ellos para poner en marcha
la "tecnología del infierno", la tortura y desaparición forzada
de miles de personas como HGO y sus cuatro hijas, figuran métodos
nazis como el decreto Nacht und Nebel, derivado de la orden
de Hitler: "En la noche y en la niebla". El texto de este decreto,
reconstruido en el tribunal de Nuremberg, desaconsejaba la entrega
del cuerpo del eliminado a su familia. Se trataba de "diseminar
el terror" para minar toda resistencia. En el tiempo en que
fue detenido HGO, en 1977, el general Ibérico Saint Jean, gobernador
de la provincia de Buenos Aires durante la dictadura, y bajo
cuyo mandato se produjo la Noche de los lápices (desaparición
y asesinato de un grupo de adolescentes), declaró en público
y esta vez sin eufemismos: "Primero mataremos a los subversivos;
después, a sus simpatizantes, y por último, a los indiferentes".
Entre los miles de desaparecidos figuran cien poetas, escritores
y guionistas de historietas. Otro de Los Ellos, un colega militar
del general Ibérico, el entonces jefe del III Cuerpo, Luciano
Menéndez, y responsable de la mayor quema de libros, efectuada
el 29 de abril de 1976, declaró: "De la misma manera que destruimos
por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto
y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos
del alma argentina". Los Ellos, como Creonte, castigando más
allá de la muerte. Gritándole a Antígona, a las hijas de Oesterheld:
"Si tu naturaleza es amar, ve entre los muertos y ámalos. Mientras
yo viva, no mandará una mujer".
Torturar a Ernie Pike
Cuando creó Ernie Pike, uno de esos grandes personajes que cambiaron
el perfil del héroe, para hacer tipos complejos, de madera humana
y no de palo, los primeros episodios los dibujó Hugo Pratt.
Y él se quedó perplejo cuando vio la historieta: El rostro de
Ernie Pike, corresponsal de guerra que siempre pone en duda
las versiones oficiales, era el suyo.
Eso también lo supieron ver los torturadores. Reconocieron en
HGO a Ernie Pike. Así que le pegaron duro a Ernie Pike.
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La mayor tortura
a la que debieron de someter a Oesterheld, además del tormento
físico, fue mostrarle las fotos de sus hijas muertas. Allí estaban
Los Ellos, al estilo Creonte, castigando más allá de la muerte.
Mostrando los cuerpos sucesivos de Antígona. A Elsa sólo le
devolvieron el cuerpo de la primera eliminada, Beatriz, de 19
años. "La que más se parecía al padre". Después cayó Diana,
de 23 años, con su pareja, Raúl. La tercera fue Marina, de 18
años. Sobrevivía Estela, la mayor, de 24 años. Existe un testimonio
de cuando estaba cautivo en la cárcel clandestina del Campo
de Mayo. Juan Carlos Scarpatti contó: "Yo no lo conocía personalmente
y… bueno, me llamó la atención. Lo ví, digamos, como golpeado,
o sea, como con mucha angustia y… bueno, me acerqué, le pregunté
qué le pasaba. Me dijo que le habían mostrado las fotos de las
hijas…muertas". Pero la noticia de la caída de Estela y de su
marido, también llamado Raúl, la tuvo cuando los carceleros
del Sheraton le dijeron que tenía una visita especial. El hotel
Sheraton, eufemismo del chupadero, el no-lugar, era otro centro
de detención clandestino, situado en un sector oculto de la
comisaría de Villa Insuperable, dentro de la ciudad. Era el
14 de diciembre de 1977. La "visita especial" era de un niño
de tres años. Su nieto Martín. Ese día habían matado a los padres.
El recuerdo de Martín ahora es el de haber estado sentado horas
con su abuelo "en un pasillo horrible con paredes de látex azul
brillante". No podemos dejar de verlo como un episodio de El
Eternauta arrancado a la realidad. El Viejo y el nieto que apenas
ha podido conocer, juntos en un no-lugar, en un chupadero de
gente. Hay 800 niños robados en la época de Los Ellos, de los
que sólo 90 han podido ser devueltos a sus familias originarias.
Otra ramificación de la "tecnología del infierno". De hecho,
dos nietos de HGO y Elsa, bebés de Diana y Marina, forman parte
de los desaparecidos. La aparición de Martín en el chupadero,
el que alguien decidiera llevarlo con El Viejo, a quien se suponía
muerto, tiene una interpretación morbosa, pero también se puede
ver a la luz de El Eternauta. Tal vez fue cosa de un Mano. Los
Manos, subalternos muy inteligentes de los Ellos, se hacen desobedientes
cuando deja de funcionar la "glándula del horror". Por una vez,
Oesterheld dio una dirección. La de los padres de Elsa. Y de
allí, Martín fue llevado con la abuela. Antígona, desde la muerte,
enviaba una señal.
El gorrión peleador
Ana di Salvo, psicóloga, compañera de cautiverio de HGO en el
centro de detención ilegal de El Vesubio, me cuenta que se mantenía
distante, desconfiado. Eso fue en mayo del 77, así que no hacía
mucho que lo habían detenido. "Nos dijeron: ‘Va a venir El Viejo’.
Yo, al principio, no sabía quién era. No sabía la historia de
El Eternauta. Él tenía un problema en la piel, granos en la
cara y en la cabeza. Había una doctora entre las chicas prisioneras
y le ofrecimos una pomada. Pero él no quiso. Desconfiaba. Una
noche en que hacía mucho frío, dormía en un suelo de madera,
le dimos una frazada. La aceptó. Pero con desconfianza. Por
la mañana se lo llevaban y lo traían a la noche. Comentó que
lo tenían haciendo una historia sobre San Martín. Le hablé de
mi hijo Luciano. Le pedí un poema, una pequeña historia para
él. Pero no hubo tiempo. Después de estar desaparecida sin explicaciones
durante 73 días, me devolvieron a casa. Todo el tiempo pensando
que te van a matar. Y en el trayecto, ante el paisaje, uno de
los secuestradores comenta: ‘Buen sitio para venir a cazar’.
Y yo, no sé cómo, le digo: ‘Hay que respetar la veda’. Se quedó
perplejo. Las cosas suceden así. Mi hijo Luciano, a la vuelta,
me rechazaba. Pensaba que lo había abandonado a propósito. Un
día le compré un cuento infantil titulado Chipió, el gorrioncito
peleador. A Luciano le gustaba mucho la cara de aquel pajarito.
Aprendió a leer con él. Me reconcilió con él. Yo no sabía que
lo había escrito El Viejo. Usaba seudónimo. Muchos años después,
en una exposición sobre Oesterheld, le conté la historia a Martín,
su nieto, y él me dijo: ‘En ese cuento estaba lo que mi abuelo
escribió para tu hijo".
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![]() Diana tenía 23 años. Tenía un hijo de un año, Fernando, y estaba embarazada de cuatro meses cuando desapareció. Ella y su pareja, Raúl. militaban en Montoneros. Diana fue secuestrada en San Miguel de Tucumán por la policía de Tucumán, junto con su hijo Fernando, quien fue abandonado como "NN" por la patota policial en la Casa Cuna de la capital tucumana. Después de varios intentos fue recuperado por sus abuelos paternos. La casa donde vivían fue ocupada por Albornoz, el jefe de la policía tucumana, y su mujer. Raúl fue asesinado en 1977, un compañero vio su cadáver en la Jefatura de Policía. Diana fue vista en la Jefatura de la Policía de Tucumán. Fue llevada a Campo de Mayo donde dio a luz. |
Su obra principal
contiene también las huellas de una biografía subyacente. Entre
el primer Eternauta (1957) y la segunda versión (1969) hay una
revolución óptica. Las referencias geopolíticas se hacen muy
concretas. América Latina es abandonada a su suerte. Y Ellos,
los oscu-ros poderes cósmicos, son las grandes potencias. HGO
se radicalizó, pero también el suelo se movía a los pies. Las
hojas del calendario se caían de miedo y asco. El golpe de Aramburu,
en 1956, con la Operación Masacre, que contará de forma genial
Rodolfo Walsh. El golpe de On-ganía, en 1966, con la noche de
los bastones largos, cuando fueron cruelmente apaleados los
profesores y alumnos de la Universidad de Buenos Aires, mientras
eran conducidos a los coches celulares. El mandato de Lanusse,
en 1972, con la masacre de Trelew. En todo este calvario de
desdichados fastos y calamitosas salvaciones, el país vio una
"chispa de esperanza" en la gran movilización cívica que arrancó
con el cordobazo. A continuación, y acudiendo a la oftalmología,
podríamos decir que se pasó de un estrabismo divergente a otro
convergente. Y el punto de convergencia fue otra vez Perón.
Gran parte de la izquierda argentina se injertó en el tronco
peronista. Para muchos era la esperanza posible. Una alianza
frente a Los Ellos. Y allí estaba HGO con sus hijas. Elsa, no.
Elsa mantenía la distancia cuando de la música se pasaba a las
palabras. Y allí estaba también Rodolfo Walsh con sus hijas
Vicky y Patricia. Casi siempre se cita A sangre fría, de Truman
Capote, como obra inaugural de la narrativa del "nuevo periodismo".
Es por ignorancia hemisférica. La primera fue Operación masacre,
de Rodolfo Walsh, en 1957, el año en que nació también El Eternauta.
Walsh, de origen irlandés, era entonces también antiperonista.
Prefería jugar al ajedrez que la política e incluso la literatura.
Pero un día, camino de casa, oyó el grito de un soldado moribundo:
"¡No me dejéis solo, hijos de puta!".
![]() Tenía 25 años, estaba casada con Raúl Mortola y tenían un hijo de tres años. Militaban en Montoneros. Fueron asesinados el 14/7/77 por una patota de civil que había allanado su vivienda. Raúl fue herido de disparo al llegar a su casa, y murió a las pocas cuadras. Estela llegó a eso de una hora después, y fue fusilada frente a un negocio cercano, fue llevada por un vecino al hospital Lucio Menéndez de la localidad de Adrogué, donde murió. Los responsables se llevaron al hijo de la pareja y se lo presentaron a su abuelo Héctor, quien para entonces estaba detenido-desaparecido, dentro de un Centro Clandestino de Detención. De allí el chico le fue llevado a su abuela Elsa. |
Oesterheld, Hugo
Pratt y Elsa
"Él escribía a mano. Odiaba la máquina de escribir. Por eso
aprendí taquigrafía y mecanografía. Para ayudarle. Después de
casarnos, pasamos cuatro años en un departamento chico, en el
barrio Desarrollo. Él entonces investigaba minerales. Amaba
la naturaleza áspera, dura. La estepa donde no había nada.
Cuando lo conocí era un misántropo
Nacieron una tras otra las nenas. Ya dibujaba. ‘Papu, dibujitos’.
Les hacía monigotes todo el tiempo. Leía todo. Recibía revistas
en alemán, italiano, inglés, francés. Tenía muchísima información.
Le interesaban los descubrimientos científicos, todo aquello
que se movía en el límite de la ciencia-ficción. A Borges le
encantaba charlar con él. Las chicas se enteraron. Un día se
fueron los cinco. Y allí estuvieron con él, en la penumbra de
la Biblioteca Nacional.
Sí, tenía conocimientos extraordinarios, enciclopédicos. Un
día, Hugo Pratt le muestra muy ufano unos dibujos. Un nuevo
héroe. Un soldado en la época de la conquista del Oeste. Héctor
le dice: ‘Está muy bien, pero tendrás que volver a dibujarlo.
No puede llevar ese tipo de arma. La culata no era así’. Hugo
se sentó, suspiró, gritó: ‘¡Lo mato, lo mato! Dime, Héctor Oesterheld,
¿a quién le va a importar cómo era la culata?’. ‘A mí’, respondió
Héctor.
Todo estaba lleno
de libros. También el garaje. Todo. Leía sesenta o cien historias
a la vez. Así que Héctor se levanta. Va hacia el garaje. Un
pandemonio. Cuando me ponía a arreglarlo, él se desesperaba.
Revuelve en la maraña. Y al final vuelve con lo que buscaba
en la mano. Se lo pasa a Hugo.
-Aquí está -le dice-. Así debe ser el arma.
Era muy deportista. Jugaba al tenis. El fútbol le gustaba, pero
para verlo. Tenía una fijación con el estadio del River. Cuando
iba al centro, siempre se pasaba por allí. Y es en ese estadio
donde transcurre una batalla decisiva de El Eternauta. Fue un
tiempo idílico, un paraíso, la casa de Beccar. Eso ya lo conté,
¿verdad?
Cuando llegaron los dibujantes italianos, eso fue antes, también fue una época maravillosa. Entre ellos, Hugo Pratt. ¡Medio locos, los tanos! Era un lindo muchacho. Tenía un carisma único. Todos los días se caía por casa. Venía con apetito. Le preparaba algo para cenar. Había amigas que me preguntaban: ‘¿Vos no te enamorás de este chico?’. Todas se enamoraban…".
![]() Marina tenía 20 años, estaba embarazada. Ella y su pareja militaban en Montoneros. La
pareja fue secuestrada el 27/11/76 en San Isidro.
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¿Y?
Elsa, la Elsa que recuerda, también está ahora en la cocina
preparando algo para cenar. Uno se imagina allí, en el quicio
de la puerta, en Beccar, a Corto Maltés, el mítico personaje
de Pratt. Murmuro: "Tal vez era él el enamorado". Elsa escucha
en silencio. Y zanja la conversación sobre amores con un gesto
irónico, una interjección trazada en el aire.
La memoria
"Primero mataremos a los subversivos; después, a sus simpatizantes,
y por último, a los indiferentes", era el lema de los torturadores.
Para Héctor, la mayor tortura a la que le sometieron fue mostrarle
sus hijas muertas.
Marcelo Brodsky, el artista y fotógrafo creador del parque de
la Memoria de Buenos Aires, se enteró de la desaparición de
su joven hermano Rubén en una llamada desde una cabina telefónica.
Él estaba en España, exiliado. El universo tuvo, de repente,
la dimensión de una cabina. "La ausencia de un desaparecido
nunca termina. ¿Cómo se les cuenta a las nuevas generaciones?
¿Cómo se narra semejante horror? En el parque de la Memoria,
cada recorrido es una nueva forma del recuerdo. Caminamos entre
estelas que se apoyan, que se sostienen, donde lo colectivo
es un entrelazamiento".
A la hora de
hablar del hermano, Brodsky juró que lo haría como si estuviera
oyendo a Julio Fusik, en el Reportaje al pie del patíbulo: "Que
la tristeza no sea nunca asociada a mi nombre".
La eternauta
![]() Beatriz Marta, desaparecida el 19/5/76. Tenía 19 años. El 19 de junio de 1976 llamó por teléfono a su madre, Elsa, y la citó en la confitería Jockey Club de Martínez. Hacía mucho que no se veían y estuvieron hablando casi dos horas. Al despedirse, la joven fue hacia Villa la Cava, en San Isidro, donde militaba. Nunca llegó. Dos días más tarde, un desconocido se acercó a Elsa, la madre, cuando estaba por subir al tren y le dijo que Beatriz había sido secuestrada por el ejército. Su madre fue a la policía y a Campo de Mayo, vio a jueces y sacerdotes, y presentó un hábeas corpus El 7 de julio fue citada en la comisaría de Virreyes y le dijeron que su hija había muerto junto con otros cinco chicos. Le dieron el cuerpo y la sepultó. |
Cuando Elsa y
Héctor se casaron, él trabajaba para aquel banco de crédito
minero, analizando muestras de metales preciosos. Gran parte
de su trabajo lo hacía sobre el terreno. Le gustaba andar. Recorrer
solitario los grandes espacios. El viento patagónico en la cara.
"Es un trabajo duro, puede ser destructiva esa soledad del geólogo,
conocí gente que se alcoholizó", dice Elsa. "Pero él amaba esa
relación solitaria con la naturaleza. Amaba todo en la naturaleza.
Los caracoles nos comían las rosas y yo le decía que les pusiera
veneno, pero Héctor exclamaba: ‘¡También ellos tienen derecho
a vivir!’. Yo le decía: ‘Oye, que la celta panteísta soy yo,
pero no quiero que me coman las rosas’. Le ofrecieron un buen
trabajo, pero eso significaba la separación. Y fue cuando se
decidió por el mundo editorial".
Elsa nació en Buenos Aires, en una familia de emigrantes gallegos
llegados de una pequeña aldea, Loño, cerca de Santiago. Cuando
Elsa pasó por Loño, en 1983, se fijó en el hórreo de madera
del que tanto le había hablado el padre. Esperaba algo más monumental.
"Qué pasa?", le preguntó su tío. "Está despintado". "Es que
tu abuela no quiso que lo tocaran. Que lo dejaran tal como lo
había pintado el hijo".
El hijo era el padre emigrante de Elsa. HGO pasó por aquella
aldea en 1962, en un "desvío" de un viaje a Alemania. Hay una
foto en la que se le ve retratado como el Robinsón que era,
camuflado en la hierba de campesino segador. En Argentina, los
padres de Elsa laburaron duro para salir adelante, pero tenían
otro rasgo: amaban la música con locura. La ópera y la clásica.
Escuchaban cada concierto en la radio de galena. El tío Pedro
llevaba siempre una flor en el ojal. La madre de Elsa leía a
Lorca. Lo había visto en un teatro bonaerense, abarrotado, recibido
por una multitud en la calle de Corrientes. "Yo me parezco mucho
a papá. Soy Vicente Sánchez en mujer, tremendamente impulsiva.
Yo era un marimacho. El varón equivocado de la familia. Tuvimos
un golpe terrible. Murió mi hermana mayor cuando yo tenía 12
años. Estudié música. Y danza clásica. Y samba. Es verdad que
todos querían bailar conmigo. No, Héctor no era muy bailarín.
Yo tenía 17 años y él 24 cuando nos enamoramos".
Elsa habla y habla como un cuerpo abierto, que contiene su vida
y la de otros. Su mirada corre más que la flecha del tiempo.
Desde el apartamento bonaerense se escucha cada poco el paso
de un convoy ferroviario. Los trenes, la luz cambiante del día,
todo parece esforzarse para seguir la velocidad, la intensidad
del recuerdo de Elsa, que estaba hablando feliz de su adolescencia
bailarina, danzando con las palabras, y de repente se gira y
dice: "Hasta los psicólogos se estremecían. Toda la experiencia
psicológica no servía para enfrentarse a nuestro caso. Me preguntan
cómo he resistido, cómo estoy viva. No lo sé. Estoy aquí por
una extraña obligación. Yo ya he gastado todo el miedo del mundo".
A la altura de nuestros ojos, en un estante del mueble librería,
hay una foto que nos mira. Son ellas. Las cuatro. En la casa
de Beccar. En la hora azul. Las cuatro chicas Oesterheld. Toda
la belleza del mundo.
Fuente: www.elpais.com
Entrevista 2011

Elsa durante
la entrega de los premios de la Agrupación Oesterheld a El Ortiba
en 2008
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DE LITERATURA
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