Fragmentos de una historia

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Montoneros: El llanto para el enemigo

"Hoy, 29 de mayo, a las 9.30 horas, nuestro Comando procedió a la detención de PEDRO EUGENIO ARAMBURU, en cumplimiento de una orden emanada de nuestra conducción, a los fines de someterlo a JUICIO REVOLUCIONARIO.

"Sobre Pedro Eugenio Aramburu pesan 108 cargos de TRAIDOR A LA PATRIA Y AL PUEBLO Y DE ASESINO DE 27 ARGENTINOS.

"Oportunamente se darán a conocer las alternativas del juicio y la sentencia dictada".

Era el comunicado número 1 de los MONTONEROS: una bomba política que sacudió a la Argentina y expandió sus ondas por el mundo entero. Aramburu era en ese momento, el eje de una amplia maniobra política que le tenía prácticamente asegurada la presidencia argentina.

Ahora este muchacho, dirigente nacional de los Montoneros, que maneja con precisión su Chevrolet por las calles congestionadas de un Buenos Aires inoportunamente primaveral, me va a contar por qué secuestraron y ejecutaron a Aramburu, cuál es la ideología y la estrategia del Movimiento, por qué son peronistas, cómo entienden la revolución a escala latinoamericana, qué piensan de la Revolución Cubana; me dirá, por fin quiénes son realmente los MONTONEROS.

Las versiones que se manejan sobre las motivaciones que ustedes tuvieron para secuestrar y ajusticiar a Aramburu van desde que cumplieron una especie de "castigo bíblico", hasta las de un revanchismo anacrónico. ¿Cuáles fueron realmente las motivaciones del Movimiento?

Sabemos que corren todas esas versiones. Pero antes de responderle quiero darle algunos antecedentes. MONTONEROS se había desarrollado, previamente a esta operación en una larga etapa de organización y preparación, durante la cual nos fogueamos en el combate y realizamos numerosas operaciones. Así, una vez que consideramos que habíamos logrado un desarrollo organizativo mínimo, una consolidación política y una técnica militar y, sobre todo, que el proceso del pueblo argentino había madurado lo suficiente como para prestar una adecuada receptividad a las acciones armadas, decidimos dar un paso más delante en lo que hace al grado de violencia ofensiva. O sea, avanzar en la escalada político-militar que se iniciara con atentados, asaltos a policías de parada, a postas militares, a polígonos de tiro, a armerías, entre otras cosas hasta llegar a la toma de bancos y destacamentos policiales. Por eso planificamos entre otras, esta operación de envergadura nacional.

¿Y las motivaciones concretas de la operación Aramburu?

Fueron varias y la consideramos absolutamente cumplidas.



"No quiero entregarme viva". Revista Evita Montonera
Nº 13, abril-mayo de 1976. Clic para agrandar

Primero: aplicar la justicia revolucionaria. Como tal, consideramos que este hecho, que abarca la detención, juicio, sentencia y ejecución de Aramburu, significa el desconocimiento absoluto de la justicia del régimen y el comienzo de la instauración del poder popular. En segundo lugar queríamos privar al régimen de su carta más importante para la salida demoliberal, dando con ello un golpe durísimo al sistema. Creo que esto queda certificado por la reacción posterior de la "Unión Democrática". Aramburu era el hombre de recambio del régimen, contando para ello con él apoyo de los generales y los oligarcas, su prestigio entre los sectores gorilas e imperialistas y su intentona populista de acercamiento al peronismo apoyada por la traición cómplice de algunos tránsfugas.

¿Qué consecuencias estiman que tuvo la operación?

Creemos que es el primer hecho militar realizado por una organización revolucionaria que implica por sí sólo definirse políticamente. Ya asaltar un banco o tomar un destacamento militar no define políticamente a nadie. Y por otra parte, la ejecución provocó una agudización de las contradicciones internas del régimen, de las cuales el resultado es el cambio de Onganía por Levingston y dejó en evidencia que la verdadera disyuntiva del país es peronismo o antiperonismo.

¿Ustedes siguen creyendo en la antinomia peronismo-antiperonismo? El propio Paladino, miembro del Consejo Superior del Movimiento Nacional Justicialista, vocero político del peronismo en el país, declaró que "la antinomia peronismo-antiperonismo ha desaparecido".

Nosotros consideramos no sólo vigente esa contradicción sino cada vez, más profunda. Los que han cambiado no son los términos de esa contradicción, sino la configuración de sus elementos. O sea, que el cambio se ha dado en la conformación de esas fuerzas, ya que sectores de una se han pasado a la otra y viceversa.

Así es que el antiperonismo se ha visto engrosado con los sectores burgueses y las burocracias sindicales del Movimiento, que desde 1955 vienen pasándose al campo enemigo, unos enrolándose en el frondifrigerismo desarrollista y otros en el neoperonismo o peronismo sin Perón. Tendencias ambas que andan convergiendo en estos días. Mientras que por otro lado, también las Fuerzas Armadas purgaron todos sus elementos peronistas a través de los fusilamientos y bajas resultantes de cada levantamiento peronista. Por ejemplo el Movimiento de Recuperación Nacional de 1956 encabezado por los generales J. J. Valle y R. Tanco; la sublevación del General Iñiguez, en Rosario, en 1960. De esta manera se han perfilado en ellas dos alas: una pro-yanki dependiente del Pentágono, y otra nacionalista, sin pueblo, que siempre termina haciéndole el juego a la otra. Aún así, no negamos la existencia de posibles excepciones y es a tales excepciones que convocamos a que participen de la lucha del pueblo.

Por otro lado, sectores antiperonistas o no peronistas hace quince años, se han acercado e integrado al peronismo, como es el caso de sectores cristianos, laicos y clericales, el estudiantado universitario y nacionalistas izquierdistas que comprendieron el carácter revolucionario del Movimiento.

Volviendo a la operación de Aramburu. Hay sectores de opinión que insisten en que hubo participación, por la menos indirecta, de los Servicios de Inteligencia del Estado (SIDE). ¿Qué hay de cierta en esto?

Esos sectores a los que usted se refiere, están interesados en negar la posibilidad de la existencia de una organización armada peronista capacitada política y militarmente, como para realizar una operación de esta envergadura. Además lo niegan en función de las contradicciones internas del régimen.

De todas formas hay, o por lo menos, así se presentan, una serie de puntos confusos...

Todo es parte de una maniobra confusionista del régimen, apoyada por los eternos "revolucionarios de café", pero, nos consta que para el pueblo no hay puntos confusos y eso nos basta.

No quisiera quedarme con ninguna reserva y voy a hacerle algunas otras preguntas sobre esto. Ni Maza, ni Abal Medina, ni Ramus fueron reconocidos por los familiares del Teniente General Aramburu como participantes en el primer aspecto de la operación: el secuestro. ¿Cómo se explica esto?

Lo que afirmen o nieguen los presuntos testigos del hecho, es problema de ellos, no nuestro y no nos importan los distintos intereses que los llevan a afirmar o negar determinados datos.

En cuanto a la aparición del cadáver de Aramburu se ha señalado como extraño que fuera sepultado en la propia casa de Ramus sin tomar precauciones mínimas que dificultaran su identificación, como hubiera sido sacarle la sortija matrimonial y la prótesis dental.

Le pido me disculpa que no conteste ahora a esa pregunta, pero su respuesta afectaría normas de seguridad y compartimentación.

Quisiera preguntarle una última cosa sobre esto: el episodio de William Morris, donde mueren Abal Medina y Ramus, ¿fue producto de una delación? Toda la operación parece más bien dirigida a exterminarlos que a capturarlos con vida, siendo como eran, elementos muy importantes para el esclarecimiento de todo este asunto.

No creemos que la policía tuviera el dato preciso de quiénes estaban allí porque en ese caso hubiera actuado de otra manera: sin duda llevando más efectivos, etc, Por otro lado era imposible capturar con vida a los compañeros que ahí estaban, salvo los que se encontraban desarmados que es el caso del compañero detenido porque tenían la consigna de resistirse hasta escapar o morir.

Le reitero, finalmente, que pensar que Montoneros tiene alguna vinculación con el SIDE es no sólo erróneo, sino absurdo. Detrás nuestro, no hay ningún cerebro maquiavélico como pretende el gorilaje, ningún general oportunista, ninguna potencia extranjera. Detrás nuestro sólo pueden estar el pueblo y el General Perón.

Entre las críticas que se le han hecho a la operación Aramburu, desde posiciones revolucionarias, está la de que, dada su magnitud, les creaba a ustedes un problema respecto a cómo garantizar la continuidad y progresión de acciones futuras.

Cuando se realizó la operación Aramburu, estaba suficientemente garantizada la continuidad, lo que quedó demostrado al realizarse la toma de La Calera un mes más tarde. Recién luego de esta operación, comenzaron los problemas que son propios de la etapa en que se encuentra la resistencia armada en la Argentina, ya que no podemos suponer que somos invulnerables y que nunca vamos a tener presos y muertos.

Todos sabemos que es la primera etapa de la lucha, la más dura y peligrosa y que los que toman la delantera a menudo, deben pagar con su vida, la experiencia que aprovecharán los demás.

Aún así se podría disentir con respecto a si el momento era el adecuado o si realmente era necesario afrontar los riesgos que afrontamos en esta etapa.

¿Cuál es el balance que finalmente hacen?

A pesar de todos los problemas sufridos, consideramos un acierto haber realizado hechos de tal volumen, porque abrieron nuevas perspectivas al movimiento armado, tanto en lo político como en lo militar, lo que se comprueba en la creciente expectativa popular y la ola de acciones armadas desencadenadas en estos momentos.

¿Ustedes buscaban también ese efecto?

Intentábamos con estos golpes dar un paso adelante en lo que se refiere a la capacidad ofensiva de las organizaciones armadas, demostrando que eran posibles, hechos de envergadura y que el régimen era vulnerable a los mismos, con lo cual la lucha armada en la Argentina podría trasponer el tope a que había llegado y entrar de lleno a pesar sobre la realidad política. Consideramos haber logrado esos objetivos puesto que no perdimos totalmente nuestra continuidad, provocamos un alza de las acciones armadas y, por tanto redujimos el margen de maniobra del régimen, como lo demuestra el golpe del 8 de junio, el aplazamiento del proceso electoral fraudulento hasta tanto no se pacifique el país, etc.

¿Cuál es la ideología del Movimiento? Entendemos que algunos de sus componentes son el cristianismo y el peronismo ¿cómo entienden estas concepciones?

Somos peronistas aunque provengamos de distintos orígenes y formaciones. El peronismo tiene una doctrina creada en 1945, que se fue reelaborando y actualizando durante los 25 años posteriores. Esta doctrina se sintetiza en las tres banderas del Movimiento: Independencia Económica, Justicia Social y Soberanía Política. .

Estas tres banderas en 1970 se expresan a través de la necesidad de lograr un desarrollo económico independiente y una justa distribución de la riqueza, dentro del marco de un sistema socialista que respete nuestra historia y nuestra cultura nacional.

Por otro lado, la doctrina fue definida por su creador, el General Perón, como profundamente nacional, humanista y cristiana, respetuosa de la persona humana sobre todas las cosas.

¿Cuál es la estrategia revolucionaria de la organización?

La de la Guerra Popular. Esta presenta distintas características, debe ser total, nacional y prolongada. Le digo total, porque supone la destrucción del Estado capitalista y de su ejército, como previos a la toma del poder por el pueblo. Hablamos de nacional, porqué su sentido es el de la emancipación del dominio extranjero, a la par que la reivindicación del pueblo argentino. Y por último, la calificamos de prolongada, porque hay que formar el Ejército Popular, lo que implica tiempo para desarrollarlo y además, debido a las características del ejército enemigo al cual no es posible derrotar en un combate y sí, en cambio, desgastarlo en la lucha a través del tiempo.

¿Cuál es la relación de los Montoneros con las otras organizaciones armadas argentinas y cómo ven sus estrategias, en cada caso?

Las estrategias de las organizaciones armadas de la Argentina, son básicamente similares. Esa similitud se expresa en los puntos mínimos de coincidencia que creemos indispensables para desarrollar más adelante una tarea conjunta. Tales puntos son el desarrollo de la guerra popular como único método para lograr la liberación de nuestra patria; la convicción de que esa liberación sólo es posible conjuntamente con la del resto de América Latina y que el movimiento de masas que expresa y encarna esta vocación revolucionaria en la Argentina, es el peronismo.

Es cierto que existen diferencias de apreciación política y hasta de ideología en algunos casos. Indudablemente con quien tenemos mayor afinidad es con las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Pero nuestras relaciones con todas las organizaciones hermanas son de solidaridad y respeto, el que se merecen todos los que luchan honestamente.

¿Cómo ve la revolución a escala latinoamericana? ¿Consideran la necesidad de una estrategia continental?

El General Perón sentó, hace muchos años, la Doctrina de la Tercera Posición. Esto nosotros no lo vemos, por supuesto, como una equiparación del campo imperialista y del socialista, sino como una forma de vinculación solidaria activa con los pueblos latinoamericanos, asiáticos y africanos, los del llamado Tercer Mundo, explotados por el colonialismo y el imperialismo. En cuanto a Latinoamérica, no sólo la doctrina sino también la historia común, determina los lazos fraternos entre nuestros países. Por eso al igual que San Martín y Bolívar, como otros próceres hispanoamericanos, necesitaron unirse para independizar a América del dominio español, también hoy nosotros necesitamos unirnos a escala continental, para liberarnos del yugo yanqui, y de las oligarquías nativas.

José Sabino Navarro, "El Negro"

Un revolucionario que no era careta

Hacia fines de 1971 julio cae en combate José Sabino Navarro, "El Negro", uno de los fundadores de Montoneros, en medio de un hecho tan espectacular como su relativamente corta existencia.

La fragua de un héroe

Cuenta la crónica que nació en un humilde hogar peronista correntino el 11 de diciembre de 1942, que fue obrero metalúrgico, que militó en la Juvetud Obrera Católica, que luego fue un respetado delegado y líder sindical de Smata y que alguna vez se trenzó a trompadas con el un rompehuelgas llamado José Rodríguez.

A raíz de su paso por la JOC y su adhesión al cristianismo revolucionario se relaciona con Juan García Elorrio y los grupos reunidos en derredor de la mítica revista Cristianismo y Revolución. A través de esos contactos, en distintos plenarios, encuentros y congresos, contacta con quienes en Buenos Aires y otros lugares estaban reuniéndose para dar nacimiento a lo que sería la organización político-militar Montoneros.

La historia de los inicios de Montoneros ha sido contada y analizada por distintos autores, rescatamos al médico, escritor y ex militante fundacional José Amorín; al historiador Lucas Lanusse y al filósofo y escritor José Pablo Feinmann, entre otros.

En general se coincide en la avasalladora personalidad y el ímpetu combatiente de Sabino Navarro. Las características de sus orígenes genuinamente obreros y la militancia sindical explican en parte su forma democrática de consultar a los compañeros en las decisiones fundamentales. Sabino no provenía de padres profesionales de Barrio Norte ni había estudiado en un prestigioso colegio, por el contrario su padre era analfabeto y obviamente muy pobre. Tampoco venía de Tacuara ni era un "cristianuchi" -como dice Feinmann - , o sea un chupacirios convertido en revolucionario, sin que esto signifique en absoluto una afrenta para los chupacirios convertidos en revolucionarios.

Una vez conformada la organización Montoneros, e integrado a ella, Sabino Navarro fue uno de sus principales líderes y referentes. En septiembre de 1970 la incipiente organización se enfrenta con la policía en William Morris, donde caen dos de sus fundadores: Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus. En esa acción Sabino logra escapar milagrosamente. Fue buscado intensamente por la dictadura de Lanusse, es detectado en Villa Ballester donde se enfrenta con una patrulla y caen dos policías a quienes quita sus armas. Para entonces Sabino ya era casi leyenda.

En 1971 es sancionado por la organización y obligado a trasladarse a la Regional Córdoba con la orden de reorganizarla tras su debilitamiento después de la toma de La Calera. Es interesante resaltar el motivo de la sanción disciplinaria que recae sobre Sabino Navarro: no se le perdonó una canita al aire que El Negro se tiró con una mina ajena a la organización. Tampoco se le perdonaría, varios años después, idéntica "inconducta revolucionaria" al poeta Francisco "Paco" Urondo, quien fuera obligado a trasladarse a Mendoza, donde finalmente caería en manos de la represión. Si alguien sostuviera que nos encontramos ante un severo tribunal inquisitorial, que pregona el sagrado orden natural contra las aberraciones modernas, no se equivocaría en absoluto, pero eso es otra historia.

Caída en combate

El julio de 1971 un grupo de compañeros realizan una operación de apoyo de los trabajadores de Fiat en conflicto, sustraen dos vehículos y se dirigen a Córdoba. La policía es alertada y se montan operativos de control en toda la ruta de Río Cuarto a Córdoba y comienzan los enfrentamientos. El grupo logra superar los primeros cercos pero deben abandonar uno de los vehículos, en uno de los tiroteos cae Juan Antonio Díaz, y sin movilidad se internan en el monte, que por características ofrece poca protección. Cecilio Salguero se queda cuidando la retaguardia para que el resto pueda eludir el cerco, es detenido al día siguiente. Sabino y Cottone, acorralados, siguen huyendo y obtienen provisiones en las pocas casas que encuentran. A esa altura son rastreados por helicópteros y la infantería. Se movilizan de noche y en cada intento de salir a la ruta se ven obligados a combatir y regresar al monte. En el camino que conduce al dique Los Molinos roban un Citroen, pero son insistentemente perseguidos, Sabino es herido en el hombro. Para avanzar roban un colectivo que maneja Sabino, mientras continúa la persecución y los tiroteos, chocan y se internan de nuevo en el monte.

Sufren más de una semana de persecución, sin alimentos, con escasas municiones y El Negro, que había perdido mucha sangre por la herida en el hombro, sin atención médica. Entonces Sabino le pide a Cottone que huya e intente salvarse. Ante la negativa de Cottone a abandonarlo, Sabino, superior en el escalafón montonero, lo conmina "¡Es una orden!". A los 200 metros -contaría después Cottone- escuchó un disparo. Según este testimonio, para no caer vivo en manos de los perseguidores Sabino decide quitarse la vida.

La policía lo siguió buscando durante semanas, hasta que lo encuentra muerto en una cueva, escondido entre las piedras y con el arma, un 38, en su mano derecha. Para dificultar su identificación, o quizás como trofeo, le cortan las manos y esconden su cuerpo, enterrándolo debajo de otra sepultura. Tenía 28 años.

En 1974, Oscar Bidegain y Ricardo Obregón Cano, gobernadores de la Tendencia Revolucionaria de las provincias de Buenos Aires y Córdoba, consiguen la información del lugar en el que se encontraban los restos de Sabino Navarro. Arnaldo Lizaso, otro histórico dirigente peronista, colaboró con el traslado de sus restos al cementerio de Olivos, donde se encuentran actualmente.

El Negro no era careta

El rápido crecimiento de Montoneros, la urgencia de los tiempos y la caída en combate de sus principales referentes confluyeron en que la conducción de la organización terminara recayendo en Mario Firmenich, quien al decir de José Amorín tuvo como error principal no tanto la apuesta al militarismo sino su falta de visión política. Aunque es imposible volver atrás el reloj de la historia, se especula con que de haber sobrevivido y estar a cargo de la conducción de Montoneros, tal vez no se hubiera producido el tajante enfrentamiento con Perón y sus nefastas consecuencias; el abandono de lo político en aras del militarismo y el desastroso pase a la clandestinidad, que en definitiva selló la suerte de una organización revolucionaria que supo interpretar los anhelos de un pueblo y el horizonte político de toda una generación.

Tal vez. Lo que es seguro es que Sabino Navarro, como tantos otros, luchó por un mundo mejor. Y que no era para nada careta.

¿Cuál sería el momento de continentalizar esa estrategia?

Por ahora nosotros pensamos que la mayor utilidad que le podemos brindar a la Revolución Latinoamericana es la de ir haciendo la revolución en nuestro país, respetando los procesos particulares de los países hermanos, evitando de esta manera imponer formas y métodos que puedan no corresponder a otras realidades. Igualmente consideramos que para que la Revolución se consume y consolide, deberá extenderse a todo el Continente.

¿Se consideran los Montoneros la vanguardia armada de la revolución Argentina?

Indudablemente no.

Entonces, ¿cómo habrá de constituirse esa vanguardia?

Entendemos que la constitución de la vanguardia armada de la revolución en la Argentina se va a dar con la unificación de todas las organizaciones armadas del país. Tal unificación se dará como una necesidad imperiosa de la lucha. Por eso es que sostenemos el principio de unidad en la acción.

¿Cómo valoran la Revolución Cubana?

La valoramos con respeto y admiración hacia el procesó vivido por el pueblo cubano que es ejemplo para nuestros pueblos. El hecho de que no haya conseguido aún la concreción de la prosperidad económica, sólo significa que si la lucha por la toma del poder es difícil, la creación del Estado Revolucionario y la consolidación de su economía, son más difíciles aún. Evidentemente para consolidar ese proceso revolucionario, al igual que en el resto del continente es necesario hacer la revolución en nuestros países. Entendemos que Cuba necesita la integración geopolítica con una latinoamérica revolucionaria.

Nuestra solidaridad y simpatía por la Revolución Cubana expresan el reconocimiento a su valioso aporte en esta segunda etapa de la independencia de nuestras naciones, lo cual no significa que pensemos que para la Argentina haya que copiar exactamente su modelo. Cada pueblo tiene sus propias características que deben ser tenidas en cuenta.

¿Tienen los montoneros alguna relación con la ejecución de Vandor?

Con la ejecución de Vandor no tenemos ni tuvimos ninguna relación. Ni siquiera sabemos a ciencia cierta cuáles fueron los móviles de la acción, ya que nunca nadie intentó capitalizarla políticamente, al menos en forma pública.

¿Y con la de Alonso? El comunicado emitido por los autores de la operación estaba firmado por un "Comando Montonero Maza'

En cuanto a la ejecución de Alonso y el comunicado a que usted se refiere quiero decirle que el nombre de nuestra organización corresponde a la historia argentina y que fue creado por aquéllos que disputaron las primeras luchas nacionales y populares por nuestra independencia en el siglo pasado. Por lo tanto no nos consideramos propietarios, entre comillas del sello y sostenemos que montonero es todo aquel que lucha sin cuartel por las banderas populares con todos los medios que su puesto de acción le ofrece. De esta manera todo argentino honesto que participe de nuestra lucha, tiene derecho a llamarse montonero y cuenta con nuestro apoyo y solidaridad.

¿Cuál es la política de los Montoneros ante los dirigentes que llamándose peronistas se han distanciado de las masas y aún han llegado a traicionarlas pasándose a la oligarquía y al imperialismo?

Como bien dice usted, los dirigentes que llamándose peronistas han traicionado a las bases Se han pasado al campo de la oligarquía y del imperialismo de esa manera han dejado de ser peronistas aunque pretenden seguir disfrazándose de tales para no ser repudiados por las bases. Pero éstas son conscientes del truco, de ahí que esos dirigentes fraudulentos carezcan totalmente de representatividad.

Por eso nuestra política es la de no preocupamos por ellos en tanto su traición a la función de dirigentes no se transforme en clara traición a las luchas que encara el pueblo en estos momentos. En caso de que sí lo hagan recaerá sobre ellos la pena correspondiente, que en todos los movimientos revolucionarios del mundo ha sido y es siempre la misma.

¿Se consideran una organización político-militar?

Lo somos.

¿Cómo encaran el problema clave de la relación con las masas?

Consideramos que la tarea militar no está divorciada en ningún momento de la tarea de organización del pueblo. Y que ésta, no se agota con la construcción de una infraestructura que nos permita funcionar militarmente en forma eficaz, sino que además se dirige a abrir canales de comunicación, a ganar lo favorable y neutralizar lo desfavorable, a extender la organización a todos los niveles o frentes de acción: el político, el sindical, el estudiantil.

¿Cómo se concreta esto?

En esta etapa a través del intento de incorporara las luchas de masas, por medio del ejemplo, las formas organizativas y los método de lucha propios de una organización armada. Es lo que se ha dado en llamar propaganda armada.

¿Han pensado en alguna forma organizativa específica?

Nos hemos organizado y preparado para transmitir toda una serie de experiencias que pueden resultar muy valiosas para el frente de masas, en tanto éste deba soportar la creciente represión del régimen.

¿Qué resultados esperan?

Creemos que de la adopción de las formas organizativas y de los métodos de la lucha armada y la asimilación de la experiencia clandestina sumadas a una correcta línea política, surgirá la incorporación paulatina y organizada del pueblo a las organizaciones armadas.

¿Otra acción importante de la organización fue la torna de La Calera, ¿qué motivaciones tuvo?

Bueno, muchas. Queríamos dar continuidad a la acción iniciada con la ejecución de Aramburu, demostrando con hechos la línea montonera; queríamos golpear al más alto nivel militar en el interior del país, demostrando simultáneamente que la organización existe a escala nacional y se puede llevar adelante la guerrilla urbana en el interior.

Estos eran algunos aspectos. Otros: demostrar que los hechos militares de envergadura son posibles y que el enemigo es vulnerable; demostrar la capacidad militar, disciplina y responsabilidad de las organizaciones y sus combatientes en operaciones de volumen y varias más: dar testimonio concreto de nuestra solidaridad combatiente con los mecánicos cordobeses reprimidos por la patronal y el gobierno; recuperar armas y dinero, desarrollar la propaganda armada: marcar el ingreso en la etapa de la consolidación organizativa nacional y la intensificación del método de luchas a llevar a cabo. Creemos que La Calera significó un avance en la escalada político-militar contra el régimen.

Y comparativamente con la operación Aramburu, ¿como la ven?

Entendemos que ambas operaciones se complementan mutuamente, dándose sentido una a otra y señalan una clara proyección en el desarrollo político-militar de la resistencia armada nacional.

¿Creen posible una salida electoral, del tipo de la que parece estarse gestando, incluso por personeros del peronismo?

No podemos esperar nada de ninguna farsa electoral. Ya nuestra experiencia nos dice con toda claridad que cuando no nos proscribieron, nos anularon las elecciones que habíamos ganado. De ahí que digamos que no estamos ni con el golpe gorila, ni con las elecciones fraudulentas y que reiteramos que sólo el pueblo salvará al pueblo.

Finalmente una pregunta que debió ser hecha al principio: ¿cuáles son los antecedentes de la organización, cómo surge, cuál es su composición?

Somos una unión de hombres y mujeres argentinos y peronistas que nos sentimos parte de la última síntesis de un proceso histórico que arrancó 160 años atrás y que con sus avances y retrocesos da un salto definitivo hacia adelante a partir del 17 de octubre de 1945, que en estos últimos 15 años se ha expresado en la Resistencia, la Revolución del 56, los Uturuncos, los Conintes, los Planes de Lucha, el Ejército Guerrillero del Pueblo, el Movimiento Revolucionario del Pueblo, la Central General de Trabajadores, el Peronismo Revolucionario, Taco Ralo. Todo este proceso ha influido en nuestra formación y es el que le otorga sentido y proyección a nuestra lucha. Luego de haber militado en los distintos frentes del Movimiento, varios grupos de diversas partes del país nos organizamos para llevar adelante una guerra Iarga de Resistencia Armada contra el régimen gorila. Proveníamos de distintos sectores y orígenes, obreros, estudiantes y profesionales de tradición peronista, cristianos, nacionalistas e izquierdistas. Pero nos unieron la convicción y el sentimiento, ya comunes, de la necesidad de luchar con las armas en la mano por la toma del poder con Perón y con el pueblo y la construcción de una Argentina libre, justa y soberana.

Concientes de que carecíamos de medios y experiencias, nos dedicamos largo tiempo a entrenarnos y disciplinarnos, preparando minuciosamente las primeras operaciones, destinadas a recuperación de armamento, municiones, explosivos, etc.

Así fue como se asaltó el Tiro Federal de Córdoba; se asaltaron depósitos de canteras; se tomaron varios destacamentos policiales y postas militares; se realizaron varias operaciones de recuperación de dinero en bancos y de reducción de agentes. Todo este accionar se desarrolló en diversos lugares del país, simultáneamente. Así nos fuimos consolidando como organización político-militar con la característica fundamental de ser una organización de alcance nacional.

En estas condiciones es que decidimos salir del anonimato como organización bajo el nombre de Montoneros con los hechos conocidos porque consideramos que había que pelear porque ya era hora de que dejáramos de llorar nuestros caídos; era la hora de que cayeran los de enfrente; hora de que llorara el enemigo.

[América Latina en Armas, Ediciones M.A., Buenos Aires, Enero de 1971]


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Estremecedor informe de inteligencia militar durante la dictadura

Lo que sabía el 601

Por Miguel Bonasso

Son 93 carillas secretas preparadas en junio de 1980 por el Batallón 601 que analizan la segunda contraofensiva de Montoneros. El nivel de detalle es estremecedor: hasta figura quién es la maestra de sus hijos en La Habana. Tanto conocimiento hace preguntarse quién o quiénes fueron las fuentes. Ahora, estos papeles son parte central de la causa del juez Bonadío.

Un documento secreto de la inteligencia militar (Batallón 601), nunca publicado hasta este momento, revela que el Ejército tenía un conocimiento casi perfecto sobre la intimidad organizativa de Montoneros y sus planes políticos y militares. A tal punto, que sugiere la posibilidad siempre enunciada y nunca probada de una infiltración en los altos niveles de la organización guerrillera peronista. El extenso informe (93 carillas) está caratulado "estrictamente secreto y confidencial", fue elaborado en junio de 1980 por la "Central de Reunión" y forma parte del corpus estratégico de la causa 6859, a cargo del juez federal Claudio Bonadío, que investiga el secuestro y desaparición de 18 militantes montoneros, de los cuales solamente sobrevivió Silvia Tolchinsky, actualmente residente en España.
El proceso judicial, que ha causado inquietud en los medios castrenses, le ha significado el procesamiento y la orden de prisión a casi cuarenta represores, empezando por el ex dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, recientemente operado de una enfermedad terminal. El texto elaborado en Viamonte y Callao, se complementa en la causa con otro informe de la Dirección General de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (D.G.I.P.B.A./ Div. CR.Extr. nº 605, de marzo de 1980), que firma el comisario mayor Alberto Rousse, Subdirector General de Inteligencia. El documento detalla las caídas de los militantes montoneros y revela que la fuente es el Batallón 601 (el Servicio de Informaciones del Ejército). El comisario Rousse evalúa la información como A-1, el rango máximo de seriedad en el argot de los servicios. Lo mismo puede decirse del análisis principal, compuesto por diversos informes parciales, pero redactado posiblemente por una mano única, una rara avis en el mundo de la "inteligencia": un espía realmente inteligente.
La "segunda contraofensiva"

En marzo de 1980, a despecho de las pérdidas estratégicas sufridas en 1979, durante la primera etapa de la llamada "contraofensiva popular", la Conducción Nacional de Montoneros (CN) lanzó una segunda oleada de jóvenes militantes sobre el país. Varios de ellos, que integraban la estructura militar de las TEI (Tropas Especiales de Infantería), fueron secuestrados con sugestiva velocidad; en algunos casos a menos de una semana de haber ingresado clandestinamente a la Argentina. Todos continúan desaparecidos.
Las TEI y las TEA (Tropas especiales de Agitación), eran los instrumentos con los que la CN, cada vez más cegada por una visión militarista, pretendía actuar como motor de arranque de un levantamiento popular que no se produjo. Desgraciadamente, a pesar de las escisiones y las fuertes condenas internas, la Conducción no había hecho una autocrítica de la "Primera Contraofensiva" de 1979, cuestionada por acciones "comando" espectaculares y cruentas, que causaron más espanto que aprobación en la sociedad civil. El resultado para Montoneros fue catastrófico: perdió el 75 por ciento de los militantes enviados desde el exterior, empezando por un miembro de la Conducción Nacional (Horacio Mendizábal), seis miembros del Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, entre los que se contaba el ex diputado Armando Croatto; valiosos y experimentados dirigentes políticos como el puntano Julio Suárez; dirigentes sindicales de base, como José Dámaso López o juveniles, como Jorge Gullo, hermano del líder de la JP, Juan Carlos Dante Gullo.
Ya antes de la Contraofensiva, en febrero de 1979, el Movimiento peronista Montonero (MPM), había sufrido una importante escisión conducida, entre otros, por Rodolfo Galimberti. En diciembre de ese mismo año, otro grupo que incluía la mitad del Consejo Superior del MPM rompió con la CN, criticando el "militarismo y aparatismo" de la trágica maniobra. A pesar de las divisiones y señalamientos, la CN insistió con su estrategia y envió otro contingente de militantes al país, encuadrados preferentemente en las TEI y las TEA. El resultado volvió a ser letal y Montoneros ingresó a partir de entonces en un plano inclinado del que no se recuperaría nunca. Este es el contexto histórico en el cual uno o más miembros del 601, escribieron (¿con ayuda de algún infiltrado? ¿con el trabajo esclavo de algún prisionero al que luego igual asesinaron?) su extenso análisis acerca de la BDT ("Banda de Delincuentes Terroristas") Montoneros.

El Informe


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El largo análisis del 601, comienza haciendo referencia a otro documento, del 15 de octubre de 1979, donde registraban ya la "crisis interna de la BDT", "causada por la decisión de la CN de lanzar la maniobra de la contraofensiva en el país". Recuerda que "un conjunto de intelectuales del ‘MPM’ se hallaba elaborando una propuesta política llamada ‘proyecto nacional revolucionario’, que se presentaría ‘a personalidades extranjeras’". "En general tendía hacia los postulados de la socialdemocracia europea, por considerar que era lo más potable para EUROPA, los ESTADOS UNIDOS y países socialistas". Tras analizar, sin triunfalismos, que los réditos políticos de la "contraofensiva" fueron "escasos", el anónimo redactor (o los anónimos redactores) subrayan que la "BDT" "sigue adjudicándose el liderazgo de los movimientos de fuerza ocurridos en el país, por diversas causas, durante el año pasado". Luego comenta, con el mismo tono, la escisión del DT ("delincuente terrorista") Rodolfo Galimberti y un "grupo de adherentes" que, además del daño político, obliga a la organización a enviar al país "otros miembros de nivel, para cubrir los claros dejados por el grupo disidente". Lo cual a su vez le supondrá a la organización las graves bajas detalladas más arriba.
"Aproximadamente en noviembre de 1979, los militantes prófugos se repliegan al exterior", dice el documento y añade un dato logístico que tendrá consecuencias letales para los integrantes de la segunda contraofensiva: "El material salvado de la acción de las FFLL (‘fuerzas legales’) es depositado en empresas guardamuebles previendo su retiro, para continuar la actividad, entre Feb/mar 80, lo cual es desbaratado al efectuarse procedimientos sobre dichas empresas", en diversos puntos del país y secuestrar "la casi totalidad del material", que incluía elementos para la propaganda y las comunicaciones, armamento y explosivos, obviamente "embutidos" en muebles y objetos aparentemente inofensivos. Material comprado preferentemente en el exterior que ingresó "desde países limítrofes como Chile, Bolivia y Brasil (...) mediante el empleo de personas no encuadradas en la BDT, que lo transportaron ‘embutido’ en casas rodantes o trailers..." En los guardamuebles cantados, los operativos del Ejército (y en algún caso de la ESMA) montarían guardia para secuestrar a quienes regresaban o venían por primera vez, para la segunda contraofensiva.
Después de evidenciar un conocimiento minucioso del modus operandi de la "BDT", lo cual finalmente es menos llamativo, el documento ingresa en un plano íntimo, anecdótico, que sí llama profundamente la atención al que conoce la materia. El terrible "narrador omnisciente" relata pormenores del encuentro que mantienen en "la Comandancia" (por entonces ubicada en la escasamente penetrable Habana), el secretario general del Partido Montonero y Comandante en Jefe del Ejército Montonero, Mario Eduardo Firmenich, con el jefe del Comando Táctico que fue al país, comandante Raúl Clemente Yaguer (NG; es decir "Nombre de Guerra") "Roque". Yaguer, que según el 601 ha presenciado "uno de los atentados realizados por las TEI, el cometido con el señor (Francisco) Soldati", donde hay bajas montoneras, "pone de manifiesto su escepticismo en cuanto a la eficacia de las TEI instruidas en MEDIO ORIENTE, pues le dice a éste (Firmenich) que ‘los cursos Pitman no van’". El humor negro, tajante para volcar la crítica, era típico de Yaguer. La exactitud de la observación también: no había muchos puntos en común entre el conflicto armado palestino-israelí y la lucha popular (eminentemente política y social) contra una dictadura que hablaba el mismo idioma y usaba los mismos símbolos.
Los servicios argentinos andaban por todo el mundo, ya se sabe, no es raro entonces que supieran cómo se reclutó a quienes irían, con indudable coraje y entrega, a la gigantesca sartén que era la Argentina de 1979. "La responsabilidad de esta tarea la tenía el Departamento Europa de la SRE (Secretaría de Relaciones Exteriores de Montoneros) (...) Otro centro importante se encontraba en México y funcionaba allí en la llamada ‘casa del MPM’". El Informe del 601 abunda en datos sobre la relación militar entre Montoneros y Al Fatah, que había sido imprudentemente publicitada en una entrevista concedida al semanario español Cambio 16, por el jefe de la estructura militar, Horacio Mendizábal, quien luego caería en combate, durante la primera Contraofensiva. La revelación de "Hernán" o "el Lauchón", como se conocía a Mendizábal en Montoneros, causó alarma en el alto mando palestino y atrajo definitivamente sobre los guerrilleros argentinos la inquietante mirada del Mossad israelí. Que, según algunas fuentes, nutrió con información al 601.

Lo que inquietaba al Mossad

"Posteriormente .prosigue el Informe- los militantes convocados para realizar cursos en el Líbano, realizaban un curso completo (de dos meses de duración) de adoctrinamiento político, en base del ‘Manual Roqué’, en Madrid y luego viajan para realizar la instrucción militar en Medio Oriente". El "Manual Roqué", que llevaba como título formal "Curso de formación de cuadros del Partido Montonero", había sido escrito en México por el comandante Julio Iván Roqué ("Lino"), que en 1977 regresaría clandestinamente al país y se batiría, en absoluta soledad, contra una nutrida patota de la ESMA, a la que le causó tres bajas. Para que no lo reconocieran y supieran que era un miembro de la Conducción Nacional, cuando se le acabaron las municiones se voló a sí mismo con una bomba de exógeno. Los propios marinos quedaron impresionados por su heroísmo. El "Cuervo" Alfredo Astiz, en su célebre charla con la periodista Gabriela Cerutti, le confesó que nunca sintió tanto miedo como en ese combate contra un hombre solo. El "Puma" Jorge Perrén, jefe operativo del GT33/2 y jefe del operativo contra Roqué, desalentó la nauseabunda euforia de un prisionero que se había pasado de bando e intervenido en el tiroteo: "Yo no festejo la muerte de un enemigo que combate de esa manera".
"La instrucción militar que brinda Al Fatah a la BDT prosigue el 601- obedece a convenios firmados en 1978 por el DT (NL) Horacio Alberto Mendizábal (NG) ‘Hernán’ y el responsable militar de Al Fatah, Abou Jimad. En estos convenios constan los compromisos, por parte de ésta, de prestar ayuda en cuanto a la instrucción militar y la compra de armamento y, por la BDT, de instalar una planta de elaboración de explosivo plástico (exógeno), disponibilidad de personal técnico para ello, mantenimiento y producción (esta última de propiedad exclusiva de la OLP-Al Fatah)". Al "Instituto" no le preocupaba mucho la solidaridad política de Montoneros con la causa palestina; inclusive el hecho notorio de que sus representantes en Asia, Africa y Medio Oriente fueran "en alguna medida, los portavoces oficiales de los palestinos en cuestiones relacionadas con el Depto AMERICA de Al Fatah". Pero alguna vez lo advirtió- no iba a tolerar una alianza militar.

El detalle revelador

El capítulo referido a la Conducción Nacional, sus distintos instrumentos organizativos y sus propuestas tácticas y estratégicas, es interesante para el especialista pero puede ser obviado ante los lectores, en lamedida en que su información podía ser recogida a través de la nutrida prensa pública del Partido, el Movimiento y aún el Ejército Montonero, que editaba su revista "Estrella Federal". Más significativas son algunas reflexiones que hacen al ánimo interno de los Montoneros que estaban en el exterior, tras el desastroso resultado de la primera contraofensiva. El documento no sólo detalla cambios organizativos que dan por superado su anterior análisis informativo (el IIE del 15 de octubre de 1979).
"La reorganización y reestructuración actual, está más acorde con la realidad que vive la BDT; se ha dejado de lado la ampulosidad que la caracterizaba en épocas pasadas; influye en esta nueva organización la falta de cuadros partidarios que reemplacen las bajas producidas, las deserciones y las figuras que, en franca disidencia con la CN, han abandonado sus filas para generar nuevas organizaciones que si bien no divergen en lo ideológico, no comparten los puntos de vista de la CN en cuanto a la apreciación de situación y metodología a emplear para el accionar -’militarismo’-; otra causa de las disidencias y escisiones la constituyen ‘la falta de democracia interna’ y ‘elitismo’ reinante en el seno de la banda, lo que molesta y causa desagrado en los niveles inferiores (capitanes, hasta tenientes, especialmente)".
El conjunto del documento es riguroso en cuanto a personas, nombres legales y de guerra, fechas y circunstancias; las erratas son las mínimas que se pueden encontrar en 93 carillas a un espacio, hablando de una sociedad secreta. Pero donde la minuciosidad se torna más que inquietante, es en la descripción de un ámbito que se suponía más que hermético para esas fechas: la Secretaría General y sus distintas dependencias: Comunicaciones, Seguridad Personal, Técnica, etcétera. El documento, tal como llega a manos de Página/12 (que, conviene aclararlo, no es gracias a ninguna fuente tribunalicia), registra anotaciones de puño y letra de otro personaje de la tiniebla que corrige y perfecciona la información. Sobre todo la "operativa", la que les permitirá vigilar "el objetivo" y caer sobre su presa. Así, por ejemplo, donde dice a máquina "Comunicaciones: a cargo del DT (NG) ‘MARTIN’", el misterioso lector añade: "Gurí", como nuevo nombre de guerra.
"La Secretaría Técnica tiene como responsable a la DT (NL) Silvia Tolchinsky de Villareal (NG) Chela, de nivel Tte. 1º. Le dependen directamente un centro de computación de datos, el archivo, la guardería y la oficina de la comandancia". Una fuente ignota detalla que en el centro de computación de la Comandancia, en algún lugar de La Habana, puede encontrarse "una computadora TRS 2 Sistem, con consola de mando, pantalla, impresor y cuatro aparatos para discos ‘TRS 2’ o ‘Basic Disk’; a esta computadora se le pueda anexar teléfono y grabador; hasta los primeros días de 1980, estaba programada para trabajar con información de los legajos personales de los militantes". "El archivo a cargo de la DT (NG) ‘Raquel’ (‘Mac Donald’, añade tras una breve flecha el de las anotaciones manuscritas), Tte, contiene los documentos de la BDT e información necesaria para sus actividades".

¿Quién conoce ese ámbito reservado? Cuba mantiene en aquel momento relaciones diplomáticas con la Argentina. Es lógico que su gobierno, de por sí discreto y cuidadoso en este tipo de actividades, no permita que haya filtraciones. ¿Quién ha logrado traspasar la severa vigilancia de las Tropas Especiales, que hasta le sirve la comida a la Comandancia Montonera, para evitar indiscreciones? ¿Quién puede perforar la malla de esa tropa de élite que responde directamente al Comandante en Jefe, Fidel Castro? Alguien lo hace. Alguien que ha caído en manos de los "horribles" o, lo que es peor, que está perfectamente libre y sabe de que habla. Pero ¿quién? Su sombra se destaca en un tema aparentemente menor, que es la guardería de La Habana. Allí conviven "los hijos de los compañeros". De los compañeros que están transitoriamente en Cuba como el propio ‘Pepe’ Firmenich, cuya hija está en la guardería- o de algunos compañeros que "han caído" en Argentina.
El Informe, una vez más, es aterradoramente preciso: "La guardería está a cargo de la DT (NL) Susana Brandinelli de Croatto (que ha ido allí, tras la caída de su compañero Armando Croatto en la primera contraofensiva). Está solventada por las Tropas Especiales Cubanas, en cuanto alimentación y personal. Fidel Castro regaló un vehículo ‘combi’ para el traslado de los niños hasta los ‘círculos’ (jardines de infantes) donde concurren los hijos de madres trabajadoras. (El corrector de la tiniebla ha trazado un círculo alrededor de ‘combi’ y ha subrayado los nombres y la palabra ‘círculos’). Los hijos de los DDTT (‘Delincuentes Terroristas’) que ahí se alojan son atendidos de sus problemas de salud en el Hospital Centro de La Habana; el equipo médico encargado de esta labor está a cargo del Dr Valdez Martin. Esta guardería cuenta con una asesora pedagógica, Hilda Coronel y una psicóloga conocida como Ruth, las que hacen visitas mensuales a la instalación. En forma permanente se desempeña una enfermera de Salud Pública llamada Lidia. La asesora pedagógica es quien se encarga de matricular a los hijos de los DDTT en los ‘círculos’".

Es imposible citar todo lo que el documento enumera. Pero no hay detalle orgánico que se les escape: hay precisiones sobre los cursos que se dan en la "Orga", sobre su producción de armas y explosivos y un engendro que les preocupa mucho: la emisora de onda corta -"Radio Noticias del Continente"- que la "BDT" ha montado en Costa Rica para perforar el cerco informativo en Argentina. La emisora sufre ataques armados y, finalmente, una fuerte presión del gobierno militar, hará que los costarricenses anulen la licencia. La información interna de la radio es impecable. Con detalles que demuestran la permanente actualización operativa de los datos: al lado del nombre de uno de sus ejecutivos, Carlos Suárez, el misterioso comentarista, escribe: "Cap Fed". Tiene el dato preciso: el hombre está clandestinamente en Buenos Aires.
Por las incontables carillas desfila toda clase de nombres. Tanto los de los militantes, como los de las personalidades, nacionales y extranjeras, con las que Montoneros ha tenido o tiene contacto. También rompe una regla de oro de esta clase de informes, que suele ser la jactancia y el autobombo del burócrata del terror que lo perpetra. Cuando no sabe algo, el informe lo dice; como en el caso de la sección "Editorial": "No se posee abundante información sobre este ámbito de la secretaría de relaciones exteriores". Lo único gordo que se le pasa es la reunión de Managua, de marzo de 1980, donde se parte en dos el Consejo Superior del MPM. Registra la agitada reunión y sus conclusiones, pero admite que no sabe en qué país latinoamericano fue realizada.

Las caídas

Como ya se dijo, el 601 compartió su información acerca del grupo de las TEI con Inteligencia de la Bonaerense. Este informe es mucho más corto y puntual, pero acerca un dato estremecedor a la investigación del juez Bonadío: la velocidad con que fueron cayendo los militantes al ingresar al país. Según este documento Angel Carbajal (Quique), entró a la Argentina el 5 de febrero y fue secuestrado el 21. Julio César Genoud (Facundo o Raúl) entró el 26 de febrero y fue detenido el 27. Mariana Guangiroli (Toti) lo mismo. Verónica Cabilla (Cecilia) igual que los anteriores. Ernesto Emilio Manuel Ferré (Chino), jefe del grupo, que había reingresado el 10 de febrero fue capturado el 28. Miriam Antonio (Gringa o Lucía), sobrina de Jorge Antonio, igual que el Chino. Raúl Milberg (Ricardo), pasó la frontera el 5 de febrero y fue detenido en la misma casa en que cayeron los anteriores. Ricardo Marcos Zucker (Pato), hijo del actor cómico MarcosZucker, regresó de España a comienzos del 80 y cayó en una cita el 29 de febrero. Marta Libenson (Ana), igual que el Pato Zucker. Matilde Adela Rodriguez había regresado poco antes de su caída, el 29 de febrero de 1980. Según el informe, la inteligencia montada a partir de los guardamuebles fue decisiva para "tirar de la piola" y que fueran cayendo. Alguien en el ámbito judicial explora otras hipótesis.


Entrevista de Gabriel García Márquez a Firmenich (parcial)

[Del libro de Eduardo Anguita y Martín Caparros "La Voluntad". Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina, Tomo III]

Abril de 1977. En esos días, Gabriel García Márquez se encontró en algún lugar del mundo con Mario Eduardo Firmenich y lo entrevistó.

- Hola, dice dándome la mano.
- Soy Mario Firmenich.

- Como decir: el secretario general del Movimiento Montonero, el hombre más buscado por las fuerzas represivas de Argentina y uno de los más perseguidos por los periodistas del mundo...

- Ya hace un año que la junta militar presidida por el general Jorge Videla está en el poder en Argentina, le digo.

Mi impresión personal es que este lapso le ha bastado para exterminar la resistencia armada. Entonces ustedes, los montoneros, no tienen nada que hacer, al menos en el terreno militar. Están liquidados.

Mario Firmenich no se inmuta. Su respuesta es seca e inmediata:

- Afín de octubre de 1975, cuando todavía estaba en el gobierno Isabel Perón, ya sabíamos que se daría el golpe dentro del año. No hicimos nada para impedirlo porque, en definitiva, también el golpe formaba parte de la lucha interna en el movimiento peronista. Hicimos en cambio nuestros círculos de guerra, y nos preparamos a soportar, en el primer año, un número de pérdidas humanas no inferior a 1500 bajas. Nuestra previsión era ésta: si logramos no superar este nivel de pérdidas, podíamos tener la seguridad de que tarde o temprano venceríamos.

- ¿Qué sucedió?

- Sucedió que nuestras pérdidas han sido inferiores a lo previsto. En cambio, en el mismo período, la dictadura se ha desinflado, no tiene más vía de salida, mientras que nosotros gozamos de gran prestigio entre las masas y somos en la Argentina la opción política más segura para el futuro inmediato.

- Es una respuesta cortante, precisa y elocuente. Con todo no me convence mucho. Tengo la impresión de que el suyo es un optimismo calculado. Se lo digo: Soy optimista y me gusta la gente optimista, pero de las personas que son demasiado optimistas, desconfío. ¿Por qué no pensar, por ejemplo, que también los militares han calculado por anticipado esas pérdidas?

Hay previsiones que nadie conoce. Probablemente ellos también piensen haber vencido, ¿no?

Firmenich admite esta posibilidad, pero la rebate muy rápidamente.

- Los militares deben haberse hecho la idea de conseguir, entre marzo y diciembre de 1976, el aniquilamiento de cualquier fuerza organizada que les fuera adversa y de poder dedicarse después, en 1977, a dar caza a los últimos núcleos dispersos. Más que cálculos concretos eran puras hipótesis políticas: tal vez ni ellos lo han creído realmente. Y si luego lo han creído, peor para ellos; porque esto significa que no conocen la dialéctica de treinta años de historia del peronismo.

- No obstante tanta demostración de lucidez política, yo aún no logro evitar la impresión de estar hablando, sobre todo, con un hombre de guerra. En efecto, Mario Firmenich ha tenido muy poco tiempo en su vida para dedicarse a otra cosa que no sea la guerra, desde que nació en 1948 en Buenos Aires. El hijo de un agrimensor que se diplomó en ingeniería de edad adulta; típico producto del sector medio argentino de funcionarios pú.
blicos. En 1955, a la caída de Perón, Mario Firmenich tenía apenas siete años...

Hasta este momento han habido en Argentina, en menos de 22 años, 14 presidentes de la república y ninguno ha llegado a finalizar el período previsto.

El general Aramburu, el hombre que había echado del poder a Perón, estuvo en el sillón cuatro años. Luego se retiró a la vida privada y se encerró en un departamento de la calle Montevideo N° 1053, octavo piso, en Buenos Aires, permaneciendo aparentemente lejos de cualquier actividad política. Pero el 29 de mayo de 1970, dos jovencitos vestidos con uniformes militares lo detuvieron en su casa, a las nueve de la mañana, con el pretexto de asegurar mejor su protección. Aramburu fue conducido a una vieja chacra en la periferia de Buenos Aires, procesado, condenado y fusilado. Mario Firmenich, que entonces tenía 22 años, había formado parte del
mismo comando que cumplió la operación Aramburu. Pero no había entrado en la casa de Aramburu. Había quedado sobre la vereda de enfrente, vestido de oficial de policía, para vigilar que nadie viniese a desplazar la camioneta sobre la cual habían proyectado transportar al general y que no habían logrado estacionar bien. Antes de esa empresa, había participado en 17 operaciones, pero su nombre no lo conocía nadie. El movimiento estaba compuesto entonces por sólo 10 personas y Mario Firmenich era el tercero en orden jerárquico. Por eso es que digo que su formación y su experiencia han sido sobre todo guerreras; más, cuando le observo que, según mi opinión, lo que le falta a los Montoneros es la capacidad para manejar opciones políticas y que en la cabeza no tienen más que el aspecto militar del problema, y que, en mi opinión, la solución militar es la última y arriesgadísima alternativa que les queda.

Pero no, no es cierto, es todo lo contrario, me contesta rápidamente.

Uno de los trazos característicos de nuestra guerra revolucionaria es que no ha sido el foco guerrillero el que genera el movimiento de masas; es el movimiento de masas el que precedió a la guerrilla y eso hace un buen cuarto de siglo. El movimiento de masas en Argentina empezó en 1945 y el movimiento armado recién en 1970.

En síntesis, su idea es que el movimiento de masas del peronismo va adelante empujado por la misma dinámica de su propia conciencia y a veces hasta antecede a la vanguardia política. Dice que este movimiento se da como objetivo la búsqueda de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política en Argentina.

Es antiimperialista y antioligárquico, y así como ha logrado durante 25 años actuar sin vanguardia política, eso mismo lo ha transformado también en antiburocrático, consecuencia de la traición de los burócratas.

- Hemos llegado a la lucha armada sólo cuando se agotaron todas las otras posibilidades de lucha política, dice.

En determinado momento no tuvo más sentido el voto, ni el voto en blanco ni el proyecto de golpe de Estado populista, ni tampoco las tres sucesivas experiencias tentativas de guerrilla rural. Todas prematuras. No tuvo más sentido ni siquiera el retorno político de Perón. Quiero decir: el proceso no ha comenzado con Montoneros; los Montoneros han sido su inevitable consecuencia. Más aún, la decisión de lanzarse a la lucha armada. Ha sido en sí misma una política de masas.

- Me toca en la conversación que tuvimos, el tema que quizá lo ha atraído más, ha sido el de la modalidad absolutamente original que tiene la guerra en la ciudad. Firmenich está persuadido de que el hecho de no poder disponer de zonas liberadas, en vez de obstaculizar, facilita al revolucionario la conducción política de las masas.

- Es decir, mientras el Ejército está obligado a quedarse encerrado en sus cuarteles, los Montoneros están en todas partes y nadan dentro de las masas como el pez en el agua. Es un ejército, el de los Montoneros, que tiene todas sus fuerzas en territorio enemigo; un ejército que se desarma todas las noches cuando sus militantes vuelven a casa para dormir pero que sigue estando intacto y alerta, aún cuando sus soldados duermen...

Más entrevistas a Mario Firmenich


Soldados de Perón

El Equipo de Investigación Periodística se encuentra trabajando sobre una biografía del líder montonero Mario Eduardo Firmenich. Entre las muchas entrevistas que ha realizado el equipo para Firmenich - El libro, se encuentra la siguiente con Richard Gillespie, autor de Soldiers of Perón - Argentina's Montoneros (Oxford University Press, 1982). Aquí el escritor británico comparte algunos puntos de vista sobre Firmenich.

Adrián Korol, Buenos Aires, 1997

La figura del líder de la organización Montoneros, Mario Eduardo Firmenich, es controvertida, discutida y enigmática. ¿Existe a lo largo de su investigación publicada en "Soldados de Perón" algún indicio de que Firmenich era agente de inteligencia o colaborador de los servicios argentinos? ¿Cree usted que el secuestro del General Aramburu es una genuina operación de la guerrilla montonera o, como algunas fuentes aseguran, una maniobra de sectores allegados al gobierno de Onganía?
Durante la preparación de mi libro no he encontrado ninguna evidencia en este aspecto. El autor que ha trabajado en ese sentido es Martin Edwin Andersen en Dossier Secreto: Los Desaparecidos y el mito de la Guerra Sucia. La correspondencia con Montoneros sugiere que hubo varios los contactos interpersonales entre ellos y el régimen militar de 1966-73. Esto es presumiblemente por el origen cercano a la derecha católica de algunos de sus miembros fundacionales así como de conexiones familiares. Yo pienso que ambos lados utilizaron estos contactos de una manera oportunista. No estoy convencido de que Firmenich "trabajara para el enemigo". En realidad era una relación de conveniencia mutua.
¿Cuántos combatientes llegaron a integrar el aparato militar montonero en su apogeo? Cree usted que las acciones emprendidas por Montoneros desde su aparición pública hasta la instauración del gobierno del Dr. Héctor J. Cámpora, contaron con la simpatía de la gente?
Yo estimo 5.000 miembros activos de los cuales 3.000 han tenido relación con el aparato militar. María Moyano en "La patrulla perdida"(The Lost Patrol) estima un total de 3.500 montoneros. Es evidente que las primeras acciones de los Montoneros contaron con el apoyo de una "considerable minoría" entre la gente común.

¿De acuerdo a su investigación, cree usted que los asesinatos de Rucci y Mor Roig fueron ejecutados por la organización?
Sí.

¿Teniendo en cuenta que los orígenes de Firmenich son cercanos a la derecha católica, cómo se entiende esa "conversión" hacia las posiciones tercermundistas para convertirse luego en el máximo dirigente de una organización guerrillera de izquierda?
Firmenich es uno de esos activistas católicos influenciados por la Teología de la Liberación en la segunda mitad de la década del '60, aunque uno puede dudar de la profundidad de esa "conversión". El ascendió dentro de los rangos de Montoneros como resultado de su propio pragmatismo y luego de las muertes de sus líderes naturales. El fue capaz de utilizar la auto identificación de Peronista para evitar hacer declaraciones ideológicas más explícitas, convocando a todos los grupos que compusieron Montoneros, que en sus orígenes eran más una coalición que una organización unida. A partir de que la lucha armada se convierte en el criterio determinante para un revolucionario, Firmenich adquiere credibilidad revolucionaria entre la guerrilla a pesar de su ideología inicial.

¿Cree usted que ha habido contactos en Francia entre Firmenich y Massera? ¿O piensa que estos contactos son parte de un mito?
Yo pienso estos contactos son apoyados por la evidencia.

A propósito de Massera... ¿cómo se entiende ese plan de recuperación que monta en la ESMA para recuperar a algunos Montoneros que se encontraban "desaparecidos" en ese lugar?
Por 1978, Massera había perdido la lucha por el poder dentro del régimen frente al eje Videla-Viola. Entonces mantuvo sus aspiraciones presidenciales buscando aliados nacionalistas como los Montoneros por fuera de las Fuerzas Armadas. Por otra parte no era nada nuevo para Montoneros su colaboración con oficiales militares (N. de la R. recordar el llamado "Operativo Dorrego").

¿Quién era Firmenich?
Es como un enigma permanente para mi. Uno debe creer que tiene cierta suspicacia política, sino no se entiende como sobrevivió como líder durante tantos años.

¿Cuál es su opinión sobre los otros dos sobrevivientes de la Conducción Nacional de Montoneros, es decir, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Cirilo Perdia. Encuentra usted diferencias entre ellos y Firmenich?
Nunca tuve entrevistas con estos líderes. He tenido impresiones indistintas de ellos y a través de "segundas fuentes". Vaca Narvaja fue un Montonero de genuino pedigree. Perdia me ha parecido siempre una figura mas bien siniestra ...Pero no me consta, son más bien impresiones personales.

¿Qué es lo que lleva a Firmenich a ordenar la contraofensiva de 1979?
La desesperación. Esperaba una resistencia masiva al régimen y desde el exilio pensaba en que era posible aislarlo políticamente. Firmenich estaba dispuesto a sacrificar las vidas de muchos de los suyos con la esperanza que los dirigentes pudieran luego capitalizar políticamente su contribución a la lucha anti dictatorial.

¿Al producirse el golpe del 76 cuál era el poder real de Montoneros? ¿Eran realmente una fuerza contundente o por el contrario se hallaban en decadencia?
En mi opinión los Montoneros estaban en problemas en la época del golpe. Su militarismo los aisló de sus defensores potenciales. Estaban cerrados en si mismos y no había ninguna posibilidad de una exitosa escalada de la guerrilla urbana. A su vez el ERP había sufrido importantes pérdidas militares.

¿Por qué cree usted que Firmencich sobrevivió?
Los contactos dentro de el aparato estatal le brindaron alguna protección; igualmente muchos montoneros arriesgaron sus propias vidas para protegerlo y, durante el peor período de la represión, vivió como un exiliado político.

¿Cuáles fueron los mayores logros y los peores fracasos montoneros?
Logros, la flexibilidad táctica de sus primeros tiempos: la capacidad en 1972 para cambiar desde el llano la guerrilla y el trabajo político mediante la Juventud Peronista. También la prontitud para declarar un alto al fuego aprovechando la situación constitucional 1973/1974. El fracaso: a largo plazo, con su proyecto político desintegrando, ellos perdieron esta flexibilidad táctica y recurrieron al militarismo, alejándose así de la masa trabajadora y de otros movimientos sociales.

¿Cree que a partir de la muerte de Perón se desarrolla un culto a la personalidad de Firmenich dentro de la organización?
Dudo que Firmenich sea esa clase de gente cuya fortaleza inspira y auspicia un culto a la personalidad. Sin embargo, hay un intento de presumir el "manto" de Perón en el film de propaganda 'La Resistencia Conduce a la Victoria'.

¿Para la elaboración de su libro, intentó entrevistar a Firmenich?
No.

¿Por qué?
Mi investigación fue iniciada en Buenos Aires entre 1975 y 1976, en plena escalada de violencia. Pensé que las principales figuras de Montoneros tendrían poco interés en prestarse a entrevistas o que aportarían poco a la investigación. Me pareció más interesante trabajar con los activistas anónimos, con los intelectuales que simpatizaban con la causa. En los últimos tiempos tampoco hice ningún intento por entrevistar a Firmenich, en realidad porque pienso que no conseguiría ninguna respuesta útil.

¿Cree usted que la influencia de la teología de la Liberación, tan decisiva en los orígenes montoneros, luego se trastocó en una desesperada búsqueda de relaciones formales con el Episcopado Argentino, e inclusive con el Vaticano?
Seguramente la influencia de la iglesia radicalizada es importante para explicar la evolución de algunos cuadros montoneros. Luego la política de nexos crecientes con la jerarquía de la Iglesia es un indicio de oportunismo por parte de la conducción de la organización buscando ganar legitimidad mediante contactos con la Iglesia Católica y con la Internacional Socialista. Pero yo pienso que progresivamente los católicos fueron cortejados por los Montoneros.

¿Hay alguna anécdota en su trabajo referida a la persona de Firmenich?
Quizás por que en mi libro se sugiere mucho que Firmenich tenía en cuenta con mucho cuidado su propia seguridad personal, estando dispuesto a arriesgar otras vidas. Un ex guerrillero me contó de una fuga en prisión en aquellos tiempos de 1972. Cuando ellos consiguieron estar fuera de la prisión la primera persona que encontraron ya afuera, en la calle, era Firmenich.

¿Cómo surge su interés en Montoneros y cuánto tiempo le llevó elaborar el libro que, entendemos, se vuelve a editar durante 1997 en Argentina?
Mi interés en Montoneros proviene de mi interés en general en la Juventud Peronista y en otras juventudes radicalizadas en general. Luego yo realicé mi tesis sobre la izquierda peronista, para lo cual pasé 16 meses en Buenos Aires, entre 1975-76. 'Soldados de Perón' se desarrolló aparte de esa tesis y finalmente concluí el libro entre 1980 y 1981, usando mi original y recopilando documentación adicional y entrevistas con exiliados.

Sabemos que hoy está dedicado al análisis de la situación en España y región mediterránea. ¿Ha encontrado puntos de contacto entre Montoneros y ETA?
A un nivel muy general, uno puede encontrar una ideología similar de nacionalistas revolucionarios en grupos tal como Montoneros, Sandinistas y ETA. Esto involucra una combinación de nacionalismo, las influencias radicales Católicas y Marxistas, pero en proporciones mas bien diferentes en cada caso, y las estrategias usadas por estos grupos para alcanzar el poder han sido muy diferentes.

Fuente: www.ukinet.com


Miguel Bonasso

"Si pensara que nuestra lucha fue inútil, me suicidaría"

P. - En "Diario de un clandestino" usted asume su militancia en Montoneros, hecho no muy frecuente.

R. - Es verdad. Hay algunos compañeros que por sus declaraciones actuales, parece que hubieran estado en ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil).

P. - Además, se lee con mucho interés. Pero no incluye una evaluación de la actuación del grupo.

R. Creo que va destilando cierta crítica y autocrítica, pero desde el punto de vista de aquel momento. No está hecha a nivel ensayístico, porque no es un ensayo. Más adelante pienso escribir la historia ensayística de Montoneros. Lo que quise fue rescatar esas anotaciones de aquellos años. Creo que es importante ver cómo encarábamos la realidad en ese momento.

P. - Aparecen personajes como Galimberti, Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía, retratados con una cierta simpatía. ¿Cómo los ve hoy, a raíz de todo lo que pasó?

R. - En uno de mis libros anteriores, "Recuerdo de la muerte", hay una cierta crítica. Y "Diario de un clandestino" culmina con mi ruptura con Montoneros.

P. - Sí, pero las causas no quedan del todo claras.

R. Creo que se van deslizando. Tienen que ver con una visión crecientemente elitista, militarista, apartada de las masas. Lo que el libro muestra es que la decisión de militar no se toma de la noche a la mañana. Hay una especie de deslizamiento que tiene que ver con las características de una época, sus presiones y condicionamientos. También intento demostrar que la clandestinidad es un dolor. No se asume alegre ni frívolamente, sino que uno se va deslizando en ella. Es como el coma, que tiene grados. Era muy difícil romper con Montoneros en un momento determinado, pese a las disidencias.

P. - ¿Era peligroso?

R. No, me refiero a una especie de autocondicionamiento moral, porque hubiese significado traicionar a los compañeros. Además, tampoco se podía analizar muy bien lo que estaba pasando, porque la clandestinidad va encerrando, fracturando y partiendo. Yo hubiera querido encontrarme, por ejemplo, con Rodolfo Walsh, que también estaba clandestino y a quien respetaba muchísimo. Hubiera querido comentarle muchas cosas para conocer su opinión, pero era imposible hacerlo en un café, con un Falcon lleno de señores con anteojos negros en la puerta.

P. José Pablo Feinmann dijo que no se puede volver al espíritu setentista, porque ahí no entraba el concepto de democracia para nada, y ese concepto fue muy seriamente incorporado en estos años. ¿Está de acuerdo?

R. - No totalmente, porque yo fui secretario de prensa de Héctor J. Cámpora, o sea que pelée para que el pueblo pudiera votar. Es verdad que el peronismo estaba estructurado verticalmente a partir de la figura de Perón. Pero nuestra generación fue una generación trágica, de alguna manera condenada a la clandestinidad, porque venía de un país muy dividido entre peronistas y antiperonistas, de un mundo dividido en dos fracciones. Todo era en blanco o negro, con opuestos brutales. La figura del adversario no aparecía tanto, aparecía la figura del enemigo. La democracia implica, entre otras cosas, un margen de negociación.

P. -¿En qué cambió?

R. - Yo mantengo los mismos principios que tenía en los setenta. Lo que ha variado es mi concepción de cuáles son los instrumentos y los métodos para alcanzar una sociedad más justa, más fraterna, donde el hombre no sea un lobo del hombre. No creo en el darwinismo. La idea de democracia sigue siendo un valor no aceptado a fondo en el juego social y político. Un tercio de la población se encuentra excluida, existe el gatillo fácil. Todos coincidimos en querer una calidad verdadera de nuestro sistema democrático y sus instituciones, pero tenemos que reconocer que hay una monstruosa crisis de representatividad de la clase política. La gente es escéptica no porque sea totalitaria, sino por fenómenos tan generalizados como el del Senado, que inducen al escepticismo. Por suerte, hoy los militares no están en condiciones de hacer lo que hicieron en nuestra época.

P. - ¿Volvió a ver a Galimberti y a Firmenich?

R. No. Además, creo que son distintos. He vuelto a ver a otros compañeros, con algunos tengo una relación muy estrecha. Yo no soy de los que se encierran en el pasado, aunque rescato cosas importantes. Me rodeo mucho de gente joven. Una de las cosas que deseo es que me lean los muchachos. Que se interesen por esa época, por la música que escuchábamos, las películas que veíamos. Esos tiempos tuvieron que ver con la creatividad que suponía un mundo no dado. Fuese cierto o no, uno tenía la impresión de que podía cambiar el mundo. No había un discurso monolítico como el que hay ahora, dictado por el mercado.

P. - Durante la primera época, Montoneros contó con un gran apoyo popular. Las críticas feroces vinieron después, a raíz de todo lo tremendo que fue pasando.

R. - Hubo etapas muy definidas. Cuando luchábamos para que la gente pudiera votar y elegir libremente (no hay que olvidar que el peronismo estaba proscripto) el margen de legitimidad era altísimo. El problema empezó cuando a raíz de la persecución de la Triple A y la extrema derecha, se dio una respuesta militar. La respuesta tendría que haber sido política, aunque fuese muy costoso en términos de vida y sufrimiento. Ese fue un error muy importante, porque alimentó la caldera. Lo que no deben hacer nunca los revolucionarios es dar los elementos para que el otro los destruya. Espero que las nuevas generaciones puedan desarrollarse. Me da mucha alegría que los chicos nacidos en democracia tengan un reflejo frente a la vida cotidiana distinto del que teníamos nosotros. A nosotros nos consideraban sospechosos por ser jóvenes. Creo que nuestra lucha contribuyó a que eso no pase más. No fue una lucha inútil.

P. - El precio fue muy alto.

R. -Seguro, pero si yo pensara que no dejó ninguna clase de semilla, me suicidaría. Creo que, en gran medida, las nuevas generaciones tienen por lo menos algunas cosas garantizadas gracias a nuestra lucha.

P. - Hay que ver si las tienen garantizadas gracias a Montoneros, o gracias a lo que se fue construyendo a partir de Alfonsín y la democracia.

R. -Montoneros es sólo una parte muy pequeña de un fenómeno mucho más amplio.

Fuente: www.lossietelocos.com.ar, 2002


Discurso de Rodolfo Puiggrós en homenaje a Mario Roberto Santucho, México, 16 de julio de 1977

Rodolfo Puiggrós (1906-1980)

El 12 de noviembre de 1980 fallece en La Habana, Cuba, Rodolfo Puiggrós, quien fuera uno de los más destacados intelectuales del campo nacional y popular de Argentina. Formado en las ideas marxistas de las primeras décadas del siglo XX, Rodolfo militó en el Partido Comunista, organización con la que entró en conflicto al producirse la gran eclosión popular del 17 de octubre de 1945. De allí en más participó activamente en las luchas del Movimiento Peronista, manteniendo siempre su decidida adhesión a las grandes mayorías que a partir del golpe gorila de 1955 enfrentaron a la reacción dictatorial.

Historiador lúcido del proceso iniciado en 1492 con la conquista europea que significó el saqueo de Nuestra América y el genocidio de los Pueblos Originarios, Puiggrós cuestionó siempre desde sus libros, del periodismo combativo, la cátedra y la acción política, a todas las expresiones del liberalismo que aceptaban acríticamente el dominio del pensamiento eurocentrista. En tal sentido, coincidió con los hombres que desde FORJA bregaron en la década del 30 por la construcción de un proyecto nacional revolucionario, alejado tanto de los modelos anglo norteamericanos como de un mecanicismo sedicentemente izquierdista que pretendía trasladar a los países del Tercer Mundo las contradicciones entre las potencias occidentales y la Unión Soviética. No aceptó entonces, ni aceptaría nunca, los "pensamientos únicos", las autodesignaciones de vanguardias revolucionarias, las pretensiones de igualar realidades sociales y políticas singulares a las condiciones particulares de Argentina y del subcontinente latinoamericano.

Legítimo heredero de las concepciones revolucionarias del nacionalismo popular latinoamericano, expresado desde la gesta sanmartiniana, bolivariana y antigüista por las montoneras federales rebeladas contra el proyecto de conformar en la región rioplatense una semicolonia pastoril, Puiggrós coincidió en la práctica con lo afirmado por José Carlos Mariátegui: "Todos los pensadores de Nuestra América se han educado en una escuela europea. No se siente en su obra el espíritu de la raza. La producción del intelectual del continente carece de rasgos propios". Fue por ello que planteó: "Las izquierdas comparten con el liberalismo y el nacionalismo de minorías el hábito mental de conceptuar conceptos, en lugar de conceptuar los hechos y la historia de la realidad argentina".

Autor prolífico, periodista talentoso, profesor que enseñaba escuchando, Rodolfo Puiggrós no se refugió nunca en las torres de marfil de las intelectualidades ajenas a las luchas de los trabajadores y el pueblo, sino que en las duras jornadas de la resistencia peronista afrontó los riesgos de una consecuente militancia. En los años que van de 1958 a 1973 da a conocer gran parte de su obra, desnudando los fundamentos de las sucesivas caricaturas "democráticas" que abrieron el camino a las dictaduras de 1966 y 1976.

Tras su breve pero inolvidable paso por el rectorado de la Universidad de Buenos Aires, se vio obligado a exiliarse en ese México solidario y fraternal para muchos miles de argentinos que allí reencontraron o descubrieron la auténtica esencia latinoamericana. En conjunto con amplios sectores de los trabajadores y la juventud combatiente se sumó a lasa filas del Movimiento Peronista Montonero, demostrando con su actitud que no participaba del nutrido sector intelectual del "animémonos y vayan", ni tampoco de los grupos de inspectores de revoluciones a prudente distancia de la represión dictatorial.

La muerte lo encontró en La Habana, Cuba, donde se había dado cita con otros compañeros para discutir sobre las mejores formas de proseguir la lucha antidictatorial. Llevado a México, permaneció en aquella tierra que tanto quiso hasta su repatriación a la argentina en la década del 80. Los homenajes que de allí en más se le tributaron han sido desde luego importantes, pero entendemos que insuficientes. Por eso, un conjunto de argentinos de diversas expresiones ideológicas, partidarias y sociales, nos reunimos en esta Comisión de Homenaje que impulsará un programa de actividades para recordar a Rodolfo Puiggrós, pero fundamentalmente con el objetivo de difundir su pensamiento y su obra en el ámbito nacional y latinoamericano.

La Fogata, 2002

Sobre Rodolfo Puiggrós

El historiador argentino Rodolfo Puiggrós (1906-1980) fue uno de los principales intelectuales enrolados en la izquierda peronista. Su primera militancia la realiza en las filas del Partido Comunista (PCA) durante la década del '30 y comienzos del '40. Como miembro de esa organización publica textos clásicos de historiografía. Entre otros: Rosas el pequeño, Los Enciclopedistas y De la colonia a la revolución . Dirige entonces la revista de teoría marxista Argumentos. Más tarde, a mediados de los años '40, se escinde del PCA y funda el Movimiento Obrero Comunista (MOC). Adhiere entonces al peronismo y comienza a editar el periódico Clase Obrera. Luego del golpe de estado de 1955 se exilia en México. Allí, en el periódico mexicano El Gallo Ilustrado, mantiene durante 1965 un prolongado debate teórico con André Gunder Frank, uno de los máximos impulsores de la teoría de la dependencia. Siempre en el exilio, reúne sus principales textos sobre historia argentina -varios tomos- en una obra gigantesca titulada Historia crítica de los partidos políticos argentinos. Más tarde, regresa a la Argentina y en 1973 es nombrado - durante el corto gobierno de Héctor J. Campora- rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Perseguido y amenazado por el grupo parapolicial y paramilitar Alianza Antocomunista Argentina (AAA), Puiggrós marcha nuevamente al exilio mexicano. Completamente desgarrado por el asesinato de su hijo Sergio (joven militante de la organización Montoneros), Rodolfo Puiggrós termina sus años del exilio militando orgánicamente en Montoneros y encabezando campañas de solidaridad con la revolución cubana, con la naciente revolución sandinista y denunciando internacionalmente las violaciones a los derechos humanos de la dictadura del general Videla y sus cómplices. Muere durante un viaje a La Habana en 1980.

El siguiente texto -inédito- recoge el manuscrito de archivo [tipeado a máquina], base de la intervención oral de Puiggrós, realizada en México el 16 de julio de 1977, en homenaje a Mario Roberto Santucho (1936-1976), líder máximo del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), quien cayó combatiendo a la dictadura militar un año antes de este homenaje (19 de julio de 1976).

Creemos que la lectura de este documento histórico puede resultar sumamente útil para las nuevas generaciones y, sobre todo, en momentos políticos como los que actualmente vive la Argentina. Cuando desde el gobierno de Néstor Kirchner y su entorno ideológico se intenta reflotar -una vez más- el clásico discurso nacional-populista... mientras se vuelve a insistir con la típica prédica maccartista, ayer dirigida contra la guerrilla marxista, ahora enfocada contra "los piqueteros duros", contra "los piqueteros rebeldes", contra "los piqueteros intransigentes", etc.

Bien vale la pena entonces releer a Puiggrós, quien lejos de todo maccartismo y a pesar de estar enrolado en la izquierda peronista (y de ser uno de sus principales ideólogos...), no deja de rendir tributo y explícito reconocimiento a la izquierda marxista revolucionaria.


Discurso de Rodolfo Puiggrós en homenaje a Mario Roberto Santucho, México, 16 de julio de 1977

El sábado anterior, con motivo de celebrarse el 161 aniversario de la declaración de la Independencia Argentina un ministro de la tiranía, cuyo nombre olvidará la historia evocó "con nostalgia desde la pequeñez actual -así se expresó- los tiempos pasados". Dijo: "Como Diógenes buscamos hoy desesperadamente, con un candil que ya se apaga, al hombre arquetipo, y encontramos sólo espectros que nos consolidan en el convencimiento de una verdad dura e irrefutable: ¡A qué bajo nivel hemos llegado!. Las cenizas de nuestros antepasados seguramente crepitan de vergüenza al comprobar que hemos dilapidado un patrimonio moral de valor inestimable...La república argentina necesita avivar ese fuego regenerador para que en él se consuma la mediocridad, el oportunismo, la obsecuencia, la cobardía y el egoísmo, y para que renazca una nueva República".

El crepitante ministro ofreció con sus palabras un dramático y exacto cuadro del medio social en que se mueve y de la baja condición moral y cultural de los hombres que ocupan posiciones públicas, hombres que dicen representar al "ser nacional" y son, en verdad, la "nada nacional". El Diógenes ministerial no encuentra, con "un candil que ya se apaga", en los altos círculos que frecuenta y lo enajenan, los personajes que salven a la Argentina de "la dimensión de nuestra crisis, de la profundidad de nuestra decadencia. Desconocemos si los miembros de la Junta Militar, los directores de los diarios oficiosos y la intelectualidad servil se sintieron aludidos por la irreverencia nihilista del autocrático ministro. Tampoco sabemos si éste funcionario del genocidio fue a buscar en la ESMA o en los 49 campos de concentración y casas de torturas el "fuego regenerador" que antiargentinos de escasísima inteligencia y alma criminal aplican con el fin de cumplir las órdenes de sus amos imperialistas y de una oligarquía apátrida que sólo piensa en salvarse de la ira del pueblo.

Mientras otro ministro promete doce años de torturas, hambre y de destrucción, doce años de muerte, cárcel y exilio de los mejores argentinos para crear lo que llama, con trágica ironía, la "verdadera democracia", de las entrañas fecundas de nuestro pueblo nacen y nacen los arquetipos de la sociedad del mañana, los héroes de la Patria Socialista. El martes próximo se cumple el primer aniversario de la muerte en combate de uno de los más grandes de ellos. Desde esta tribuna del "Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino", de la "Casa Argentina", rendimos emocionado homenaje fraternal al tucumano Mario Roberto Santucho y en él, a los héroes que dieron su vida y a los millares que luchan en todos los rincones de nuestra República, día a día más numerosos, convencidos y combativos por una sociedad soberana y justa.

Santucho nos dejó un ejemplo que perdurará a través de los siglos. El ejemplo de los revolucionarios auténticos, de los que se entregan a su causa con pasión integral, de los que no miden los riesgos, ni esperan que otros se jueguen por ellos en nombre de una falsa superioridad intelectual.

Santucho creyó en la unidad de la teoría y la práctica, y si entre nosotros pudo haber diferencias tácticas o hasta ideológicas, no existen fronteras que nos separen en la guerra contra el enemigo común. Las únicas fronteras son las que aíslan a los oportunistas, a los acomodaticios, a los especuladores. Y de esta raza no era Mario Roberto Santucho. Y de esta raza no son quienes vemos en él un adelanto del argentino que hoy resiste y pronto barrerá de nuestra tierra a los agentes del coloniaje y de la opresión para que reine la paz y pueda la inteligencia desterrada volver para que la Patria querida sea el hogar de la humanidad integrada y superior.

Homenajeamos en Mario Roberto Santucho a nuestros muertos que vivirán eternamente en la memoria de los argentinos. A latinoamericanos de la gloria mundial de los Che Guevara y los Camilo Torres desde cuya altura sentimos lástima por los capitanejos que roban, violan, torturan y matan en los escasos minutos de sorpresa que les dejó nuestro error y nuestra ingenuidad. Y a nuestros muchachos y muchachas que preparan la victoria final sin medir los sacrificios.

A Julio Roqué
Norma Arrostito
R.Ortega Peña
Paco Urondo

Fuente: Rebelión, 2003


Entrevista a Mario Firmenich

Subnotas: Crónica de un día clave, Fernando Vaca Narvaja
        
      El doble discurso del general, Horacio Tarkus

Mario Eduardo Firmenich: "La Patria socialista era inviable"

DE VASALLOS Y SEÑORES

Firmenich fue el máximo jefe de lo que Perón llamó "formaciones especiales" y de una juventud que fue "maravillosa" hasta 1973, cuando las aguas se abrieron.

El peronismo retornó al poder en 1973, tras dieciocho años de persecuciones y proscripciones, de la mano de los sectores juveniles del movimiento. Esta "juventud maravillosa", como gustaba llamarla el General en la época en que le era funcional a su estrategia, provenía en muchos casos de hogares antiperonistas de clase media y había crecido escuchando, en las clases de Educación Democrática impartidas durante gobiernos dictatoriales, denuestos contra "el tirano prófugo". Miles de jóvenes se sumaron a las agrupaciones de base de la Tendencia Revolucionaria, unidades de encuadramiento político surgidas en torno a Montoneros.
Las organizaciones armadas peronistas, surgidas a fines de los 60, recibieron la bendición de un Perón que al calor de las barricadas de París ya no denostaba a los comunistas como en sus discursos de fines de los 40. Ahora hablaba del socialismo nacional, se lamentaba por la muerte del Che diciendo en una famosa carta a Ricardo Rojo: "Ha muerto el mejor de nosotros" y le confesaba a Pino Solanas que "el mejor peronista es el peronista armado" y que "si tuviera veinte años las bombas las estaría poniendo yo".
Perón llamó a las organizaciones guerrilleras de su movimiento "formaciones especiales". En el fragor de la batalla probablemente pocos pudieron detenerse a leer la fuente de la que Perón extrajo este concepto de estrategia militar. Lo había hecho del libro De la guerra, táctica y estrategia, de Karl von Clausewitz. Allí su autor las define como grupos de combate creados para cumplir una misión específica en un espacio y un tiempo determinados. Cumplida esta misión, debían ser disueltas. Agrega que tiene que quedar claro que son un elemento subordinado y que deben carecer de toda autonomía. Es notable la fidelidad de Perón a este punto del pensamiento del gran teórico alemán.
La disputa entre el viejo líder y el ala izquierda de su movimiento estalló tras el triunfo electoral de 1973 y expresaba la puja de intereses entre quienes le exigían el cumplimiento de un programa progresista de reconstrucción nacional plebiscitado en las urnas y los sectores ortodoxos del movimiento, dueños del aparato sindical y partidario, aliados a los factores de poder, que se conformaban con una "comunidad organizada" a imagen y semejanza de sus necesidades.
Analizando los documentos de la época, recordando vivencias personales y a través de reportajes como el presente, a Mario Eduardo Firmenich, quizá podamos entender un poco mejor a aquella generación que no tenía nada de ingenua, salvo que acompañemos al discurso del poder, que confunde maliciosamente ingenuidad con compromiso político. Y también tenemos el derecho y la necesidad de preguntarnos si la dirigencia estaba a la altura de las circunstancias, de aquellas circunstancias probablemente irrepetibles de voluntad de cambios radicales, estructurales, porque, como dice Joan Manuel Serrat en su canción La Montonera, "Con esas manos de enjugar sudores, con esas manos de parir ternura, con esas manos que envolvieron la fe en nuestra primavera bordaba la esperanza montonera. Qué buen vasallo sería si buen señor tuviera".

Mario Firmenich, el número 1 de la organización, cuenta aspectos hasta hoy desconocidos del origen y desarrollo del grupo. El secuestro de Aramburu. Un cuento judío muy premonitorio. El día que López Rega salvó su vida. Ezeiza, la Triple A y el pase a la clandestinidad. Los dirigentes montos que negaban la realidad, el Caso Quieto y la pastilla de cianuro.


ENTREVISTA A MARIO FIRMENICH

Por Felipe Pigna, 2002

¿Cuáles son los orígenes de Montoneros?

La organización Montoneros fue la fusión de grupos que habían militado en la Juventud Peronista de fines de la década del 60, por un lado, y grupos nuevos que tenían un denominador común: la influencia de sectores católicos progresistas, que en esa época se llamaban posconciliares, y el peronismo estrictamente político, por otro lado. Nuestro sector quedó constituido con Fernando Abal Medina, Carlos Ramus, Emilio Maza, Carlos Capuano Martínez y Norma Arrostito, entre otros. En su mayoría provenían de la revista Cristianismo y Revolución y nos habíamos nucleado alrededor del padre Carlos Mugica. Generamos entonces una propuesta que dio lugar a un proyecto político llamado "Comando Camilo Torres", y de inmediato "Comando Peronista de Liberación". Ése es el origen de Montoneros.

También había gente que provenía de la derecha, de Tacuara, como Fernando Abal Medina y Carlos Ramus.

Ellos habían estado en Tacuara y en la Juventud de la Acción Católica, pero para ese entonces revistaban en la militancia política y en el centro de estudios de los jesuitas. Pero recordemos que el jefe de Tacuara era Joe Baxter, que fue el jefe de la Fracción Roja del ERP. Después te decían "eh, estos derechistas de Tacuara...". Les respondíamos: díganselo al ERP, porque su jefe fue jefe de Tacuara. Los otros eran perejiles de Tacuara de 15 años, muchachitos que fueron a una reunión de Tacuara y que en algún acto habían hecho alguna pintada.

¿En qué contexto es que se decide la lucha armada?

La dictadura autodenominada "Revolución Argentina", que presidía el general Juan Carlos Onganía, tenía objetivos pero no plazos. En el nivel de los columnistas políticos de la época se decía que los plazos estaban determinados por la vida de Perón. Es decir que la dictadura tenía que durar hasta que Perón se muriera. No había disposición del establishment a permitir la democratización real del país, de modo que lo que vivíamos era la proscripción sistemática de la mayoría nacional, proscripción política que tenía connotaciones claramente clasistas, claramente raciales, porque los pobres de nuestro país son los cabecitas negras. Era una situación bastante similar a la que se vivía en Sudáfrica antes de que terminara el apartheid y que Mandela accediera a la Presidencia.

¿Cuál fue el objetivo de ustedes al secuestrar a Aramburu?

De carácter histórico. Y yo lo pondría no sólo a nivel de lo que fue el 55 y la desaparición del cadáver de Evita, también lo pongo a nivel del asesinato de Dorrego, porque así lo pensábamos. Nuestra formación política tenía mucho que ver con el revisionismo histórico y nuestra visión de la lucha política tenía la dimensión de la historia, más que coyuntural. De modo que para nosotros, cuando fuimos a organizar el secuestro y la detención de Aramburu, el tema central era -y de ahí la elección del nombre- que nos parecía imperioso que en Argentina desapareciera la impunidad histórica del bando liberal, es decir, la impunidad de la oligarquía.

En los interrogatorios que le hicieron a Aramburu, ¿le preguntaron por la ubicación del cadáver de Evita?

Sí, y no recuerdo si dijo "Italia". Lo que sí recuerdo que dijo fue que la documentación estaba guardada en una caja de seguridad del Banco Nación, y llegó a dar el nombre de Cabanillas, que después, cuando le entregaron el cadáver a Perón, efectivamente apareció.

¿Y no los sorprendió a ustedes encontrarse con un Aramburu distinto al que se imaginaban?

Sí. Era otra cosa, era una persona, no un mito, que estaba negociando con algunos sectores cercanos al peronismo. En un manuscrito nos describió respetuosamente como un grupo de jóvenes peronistas, profundamente equivocados, pero idealistas. Y dijo una frase más o menos así: "Esto confirma mi opinión de la necesidad de una apertura política; en caso contrario, el peronismo entero se volcará a la lucha armada". Su salida no era una propuesta progresista, sino preventiva.

¿Para ustedes Aramburu estaba condenado desde el momento del secuestro?

Nosotros no hicimos un juicio, no constituimos un tribunal, no deliberamos una sentencia. La sentencia estaba escrita y en este sentido, a pesar de que se enojen los gorilas, era una sentencia del pueblo peronista. Y en nuestro fundamento histórico era mucho más que el pueblo peronista, era el pueblo montonero, rosista, federal.

¿Cuándo y en qué circunstancias lo conoció a Perón?

Fue en Roma, en abril de 1973. Yo estaba con el Negro (Roberto) Quieto y Roberto Perdía. Era la primera vez que Perón veía a Cámpora después de que hubiera sido electo. Nos habían dicho que Perón se había ido a Roma a recibirlo a Cámpora porque no quería darle a Francisco Franco el privilegio de que España fuera el primer país visitado por el electo presidente peronista.

Perón no se llevaba muy bien con Franco...

Así como admiraba a Mussolini, no admiraba a Franco.

¿Cómo fue el primer contacto con él, digamos, cuando Perón los recibe?

López Rega nos recibió en la puerta y nos fue hablando pestes de Cámpora, diciendo: "Nosotros tenemos que decirle todo esto al General en presencia de Cámpora". Supongo que pensaría que éramos más tontos de lo que parecíamos. Era evidente que la conspiración contra Cámpora estaba en marcha. Nosotros hablamos bastante bien de Cámpora y el Tío nos despidió con un beso a cada uno.

¿En algún momento Perón reconoció el papel de ustedes en la Resistencia, el papel de "los muchachos"?

Fueron varios días de conversaciones. En realidad, en el último día Perón nos contó un cuento. Nos dijo: "No sé si ustedes saben que las familias judías, cuando los hijos varones cumplen 13 años, les dan una fiesta especial, un regalo especial, porque se considera que el niño se convierte en hombre. Entonces había una familia judía en la cual, en estas circunstancias, el padre le dice al hijo: 'Samuel, andá a buscar las escaleras, subite arriba del ropero porque en el techo del ropero está tu regalo de 13 años'. Y el chico va encantado, con una enorme sonrisa, a buscar la escalera. Se trepa arriba del ropero y cuando está ahí, mira y dice: 'Papá, no hay nada, acá no hay nada'. Entonces el padre, que estaba abajo, mirándolo, le quita la escalera y Samuel se da un brutal golpazo. Cuando el chico está dolorido y, más que dolorido, desconcertado en el piso, el padre lo mira y le dice: 'Samuel, hijo mío, el regalo es que aprendas a no confiar ni en tu padre'." (risas).

Premonitorio...

Premonitorio, sí, y uno podía elucubrar múltiples interpretaciones. ¿Qué habrá querido decir? Montones de conjeturas, hasta que poco tiempo después se produjo la expulsión de Galimberti, y entonces dijimos: muy simple, nos quitó la escalera.

¿Y después del "chiste" siguieron las largas conversaciones?

Sí, largas. Con Perón no entrabas a negociar tan fácilmente, él hablaba y había que escucharlo y esperar a que respirara. Entonces, cuando respiraba, uno largaba su propio discurso hasta que retomaba la palabra. Nosotros llevamos planteamientos políticos a los cuales él no sólo no nos decía que no, sino que sí. Le planteamos que no se podía repetir el 55, que había que profundizar el proceso. Entonces terminaba diciéndonos que iba a mandar una ley al Congreso para que cada obrero tuviera un arma en su casa. Y que nosotros, que ya teníamos experiencia en estos casos, seríamos los encargados de organizar las milicias populares. Nosotros no fuimos a proponerle a Perón las milicias populares, sino que, en todo caso, fue al revés.

O sea que aquella frase de Galimberti sobre la necesidad de armar milicias populares -que le valió la expulsión- no fue una locura suya, estaba citando al General.

Y a Evita. Pero después nos quitó la escalera.

¿Qué papel cumplieron los matones de José Rucci, José Rodríguez, del SMATA, y los de López Rega, respectivamente, en el palco de Ezeiza?

De los grupos armados que estaban desde antes, el más fuerte de todos era el de SMATA, que tenía pretensiones de autonomía con respecto a Lorenzo Miguel. Pero los tipos que aparecen con carabina en los palcos son toda gente de López Rega.

¿Con qué armamento fueron ustedes a Ezeiza?

Fuimos con armas cortas. No hubo ninguna directiva de ir armado... es que normalmente la gente iba armada. El activismo iba armado, el nuestro, el del Comando de Organización, cualquiera. En este sentido, en Ezeiza debió haber muchísima gente armada, pero en proporción poquísima: para dos millones de personas habrá habido 5 mil armados. Nadie fue preparado para esa guerra, los únicos que tenían un arsenal eran los que estaban en el palco.

Perón no tuvo ninguna duda en echarles la culpa a ustedes por los hechos de Ezeiza.

Sí, fue muy claro, dijo "la juventud está cuestionada", nos echó la culpa. Era la información tendenciosa de López Rega y de los medios que tampoco eran muy favorables a nosotros.

Una cosa que llama la atención siguiendo la línea editorial de El Descamisado y las publicaciones de la organización, es cierta negación de la realidad: por un lado los hechos, y por el otro, la interpretación. Le doy dos ejemplos: la movilización de 150 mil militantes a la residencia de Olivos para enfrentar a López Rega, Perón que manda a López Rega a hablar con Dante Gullo y El Descamisado que titula "Rompimos el cerco del Brujo López Rega". ¿Cómo lo ve usted?

Bueno, había ahí dos líneas diferentes de la realidad: ambas coexistían, y había una dinámica de la realidad. Por un lado, nosotros sabíamos que Perón nos había sacado la escalera pero no lo podíamos decir así como así.

¿Por qué no lo podían decir?

Porque no era creíble, había que hacer un proceso político, de discusión política, para que toda aquella masa militante comprendiera la nueva situación.

¿Y no hubiera sido más sano eso?

Hay dos famosos boletines internos posteriores a Ezeiza que plantean que el objetivo de Perón era aniquilarnos y están las charlas a los frentes que doy yo en el 73, en el mes de septiembre, una de las cuales se desgrabó y se distribuyó como boletín interno muy profusamente. Yo planteé los ejes de contradicciones que teníamos con Perón. A raíz del boletín interno número dos, Perón citó a Juan Manuel Abal Medina y lo puso en conocimiento de esto y le dijo: "Lea esto usted, donde me están tratando a mí como enemigo". Nosotros no lo tratábamos a Perón como enemigo sino que él nos trataba como enemigos a nosotros. Por un lado, estaba esto, y por otro lado, había una línea que negaba la realidad políticamente o quería disimularla.

¿Pero la quería disimular porque no le gustaba y le dolía, o porque no era políticamente correcto en ese momento?

Creo que por las dos cosas, con argumentos de las dos cosas. Y esta línea tiene nombre y apellido propios: Gullo y Obeid.

¿Pero hasta qué punto los jefes de la JP Regionales tenían autonomía frente a usted y a la conducción de Montoneros?

Digamos que no tenían jefatura, pero tenían autonomía.

Hay otra tapa famosa de El Descamisado, tras un discurso muy crítico del General contra ustedes, con el título: "Perón fijó el objetivo, guerra al imperialismo yanqui". ¿No era una forma de negar la realidad, una negación que hizo mucho daño y costó muchas vidas?

Bueno. De ninguna manera era negar la realidad, era una actitud política... Formaba parte de la discusión política, es verdad que existía en muchos compañeros el mecanismo del pensamiento mágico, del razonamiento mágico.

¿Perón los quería aniquilar?

Yo no le adjudico a Perón la estrategia de querer exterminarnos físicamente porque era demasiado inteligente para hacer eso.

¿Hasta qué punto a alguien como Perón se le puede pasar por alto la existencia de la Triple A y que su secretario privado sea su jefe?

La composición que me hago es de un hombre que analiza el mundo y retorna a su gobierno evidentemente con negociaciones con los poderes establecidos de por medio. Por ejemplo, el lugar donde Perón nos recibió a nosotros en Roma era frente a la embajada yanqui; años más tarde trascendió que eran las oficinas de Licio Gelli. En todo caso, la Triple A era una organización que respondía a un poder con el que Perón había negociado y sobre el cual no tenía capacidad de control. De ahí a que Perón formara la Triple A, es otra cosa. No es que no lo supiera.

Pero ya estaba muy activo el CdeO, que era una especie de ensayo de la Triple A.

Bueno, pero es distinto, porque desde ese punto de vista Perón lo que podía entender es que había fracciones ideológicas del movimiento enfrentadas y que todas eran combatientes y todas armadas. Que es otra lógica de la cuestión. Tengo a los Montoneros, tengo al CdeO, tengo a las patotas sindicales, tengo a la Guardia de Hierro, distintos sectores, los caudillos provinciales y todos armados, acá son todos beligerantes. Y Perón esto lo trataba en los discursos, hablando de no sé qué emperador de Prusia...

Federico El Grande, que tenía que desarmar a los ejércitos después de la guerra...

Claro, entonces Perón trataba así esta problemática de que había llegado al poder con una fuerza beligerante, heterogénea, multitudinaria, con distintas fracciones ideológicas y todos armados, y que después cada uno quiere conservar su poder y ninguno está dispuesto a dejar las armas, y siguen enfrentados ideológicamente. O sea, ésta es una dinámica política distinta de lo que es la Triple A, que no es ningún sector político del movimiento. López Rega no es esto, es otra cosa. López Rega es un eslabón de negociación con la CIA.

¿López Rega nunca fue un blanco militar para ustedes?

Sí, pero era imposible.

¿Hubo atentados contra él?

Hubo intentos, planificaciones... Era un blanco: el día que se fue del país estaba planificado un atentado. Esto venía de antes, se logró montar un operativo, pero cambió de ruta.

Por aquel entonces se cantaba "Perón, Evita, la Patria Socialista". ¿Perón evitó la Patria Socialista?

No, yo creo que la Patria Socialista era inviable por la voluntad social. Creo que la sociedad argentina es muy conservadora. O sea que hasta el modelo más light de socialismo, si uno pudiera haberlo considerado y no digo la estatización total de la economía ni mucho menos, no tenía consenso social en Argentina como para ejecutarse. Perón no era socialista, esto está claro.

¿Qué pasó el 1º de mayo del 74?

Como Perón sabía cuál era nuestra posición, pretendía impedir por vía administrativa la expresión de nuestros planteos. Tomó la disposición de que no se podía ir con banderas políticas a la Plaza de Mayo el 1º; en cambio sí se podía ir con banderas sindicales, lo que era una manifiesta parcialidad a favor del sector ortodoxo. Nosotros recurrimos a la vieja imagen del caballo de Troya. Dentro de los grandes bombos con los que se accedía a la Plaza de Mayo llevamos banderas, aerosoles, letras de las insignias que queríamos poner y concurrimos con grandes banderas argentinas sin inscripciones. De modo que los de la valla policial tuvieron que dejarnos pasar porque nuestra única identificación eran banderas argentinas. Pero una vez adentro de la Plaza, cuando Perón salió al balcón, las banderas argentinas súbitamente se convirtieron en banderas con las inscripciones políticas que habitualmente llevábamos a todas las movilizaciones. Esto enardeció a Perón y reaccionó emocionalmente, reaccionó con insultos que no forman parte del discurso político. Esto desencadenó una tragedia, una batalla campal entre la media plaza que decidió retirarse con los compañeros que eran de nuestro sector y la media plaza que quería quedarse, que era el sector ortodoxo. O sea que el acto duró escasos minutos y en buena medida este hecho fue tomado por la estrategia represiva sobre la cual se desarrollaría el "Proceso de Reorganización Nacional" para profundizar el aislamiento político de los militantes montoneros, con el objetivo de procurar consenso social para el exterminio físico. Incluso hubo un documento reservado del senador Martiarena, que era el presidente del Partido Justicialista en aquella época, donde exhortaba al exterminio físico de nuestro sector, adelantándose a la Triple A.

¿El pase a la clandestinidad fue un error político y estratégico?

Lo único que podíamos esperar con la muerte de Perón y con el poder en manos de Isabel y López Rega era que llegara el golpe de Estado en donde nosotros seríamos las principales víctimas. Cualquier hombre de la calle decía que el golpe llegaría en tres meses. De modo que antes de esos tres meses nosotros, que veníamos siendo violentamente atacados, con compañeros muertos todos los días, decidimos preservarnos y pasar a la clandestinidad. Y ése fue un grave error estratégico y político porque nos privó de consenso y de apoyo político, lo que agudizó el aislamiento.

¿Qué pasó con Roberto Quieto?

Roberto Quieto era el máximo referente de las FAR, que fue la última organización que se fusiona dentro de la organización Montoneros y llegó a ser el número tres, pero públicamente era el número dos, por ser el jefe de las FAR. En 1975 fue detenido, desapareció y no hubo más cómo ubicarlo. Fue sometido a las peores torturas que uno se pueda imaginar. Nosotros no tuvimos nunca más información de él, pero sí tuvimos evidencia de delaciones de él durante la tortura. Cayeron en casas conocidas por él y éste fue un impacto político y emocional muy fuerte para nuestra fuerza. Nuestra fuerza proponía una sociedad que construyera un hombre nuevo y ese hombre nuevo era el futuro de la sociedad. Y se suponía que los militantes revolucionarios tenían que aproximarse o ser casi ese hombre nuevo. De modo que la evidencia de un quiebre en la tortura de un cuadro de la jerarquía de Quieto ponía en crisis estos conceptos. Cómo era posible que aquel que tenía que ser el hombre nuevo pudiera cantar en la tortura. Nosotros establecimos un juicio en ausencia a Quieto, que fue condenado por cantar en la tortura, condenado por delación.

¿A partir de este episodio comienza la utilización de la pastilla de cianuro?

Entonces, a raíz de ese proceso, nosotros decidimos establecer que los medios de conducción no tenían que ofrecer el margen de la delación en la tortura y la única forma de evitar eso, pues nadie puede garantizar antes de pasar por la tortura que no va a hablar, era morir antes de la tortura. Y allí fue que se estableció para los miembros de la conducción la obligatoriedad de la pastilla de cianuro, para no entregarse vivo. Porque uno podía estar armado y combatir, pero eso no garantiza que no caigas vivo. De modo que establecimos la pastilla de cianuro. La conducción recibió una crítica generalizada de la organización. Y la crítica consistía en decir que se establecía un privilegio para los miembros de la conducción. Los miembros de la conducción teniendo pastillas de cianuro tenían el privilegio de no ir a la tortura y el resto de los militantes no tenían esos privilegios. Y entonces se decidió generalizar la pastilla de cianuro para evitar la delación en la tortura.

A usted se lo acusa de haber mandado al matadero a lo mejor de una generación de argentinos.

Es la teoría del flautista de Hamelin según la cual yo era una especie de flautista de Hamelin ideológico y los demás eran ratas que seguían la flauta y se suicidaron. Esto es absurdo e injusto para con nuestros muertos. Una organización clandestina debe contar con el consenso explícito de sus militantes, minuto a minuto. No hay nada más fácil que desertar de una organización clandestina: con no concurrir a una cita y separarse de la organización, eso es todo lo que hay que hacer.

A veces no era tan fácil. ¿Por qué la organización no invirtió más recursos humanos y económicos en preservar la vida de sus militantes?

La estrategia nuestra no era salvar gente. Si hubiésemos tenido esa estrategia, directamente no empezábamos. La estrategia era transformar la estructura del poder en Argentina, no salvar gente. Desde el punto de vista de la preservación se hizo todo lo posible. Pero una cosa es el punto de vista de Amnesty International, que es una organización humanitaria, y otro el de una organización revolucionaria.


EL TESTIMONIO DE FERNANDO VACA NARVAJA

CRÓNICA DE UN DÍA CLAVE

Ciertos relatos históricos tienen un valor relevante cuando lo producen sus protagonistas. Es el caso de esta columna escrita por Vaca Narvaja, uno de los máximos dirigentes montoneros, sobre el día que el General Perón los expulsó de la Plaza de Mayo.

"El 1º de mayo de 1974 es una fecha muy importante, clave para entender muchas cosas que ocurrieron después. Creo que nosotros fuimos a ese acto conscientes de que la relación con Perón estaba rota y de que debíamos evitar un enfrentamiento civil. Cuando sale Isabel y lo anuncia a López Rega, la gente empieza a gritar: "No queremos carnaval, asamblea popular". Además se generó un hecho político inédito en la historia: no conozco a ningún líder de la envergadura de Perón al que se le vaciara la mitad de la Plaza. A punto tal que cuando habla Perón nosotros estábamos justo al lado de lo que era el Comando de Organización (CdeO) y empezamos a recibir los primeros palazos y piedras e hicimos como una especie de grupo de contención. Nosotros, que veníamos bien estructurados, logramos contener el primer hostigamiento. Cuando Perón dice "imberbes, estúpidos", la gente se nos va, se empieza a retirar. Nosotros teníamos un carnecito color rojo o rosado, que era de los jefes de columnas, y tengo que empezar a mostrarlo para poder ponerme a la cabeza, porque ya estábamos con la mitad de la Plaza vacía, para volver a asumir el mando de nuestra gente. Cuando estábamos bajando por Callao hacia el Bajo, hago parar la columna para que los compañeros vean la dimensión de los que nos estábamos yendo, que era impresionante. Y al mirar hacia arriba veo a la gente de los balcones de Callao y Alvear contenta, sonriendo. Digo: "Si estos tipos están contentos, es porque está todo mal". Bueno, nos fuimos muy precavidos porque de hecho teníamos una emboscada en la Facultad de Derecho, que era donde estaba el punto de concentración de todas las columnas del interior. Cosa que era efectivamente así, y eso lo paró Perón. Luego, hablando con Oscar Alende, nos cuenta que después de que Perón concluye su discurso y entra a la Casa de Gobierno, Alende le dice: "Pero, General, ¿qué pasó con la juventud?". "Bueno -le dice Perón-, de vez en cuando hay que darles un tirón de orejas a los jóvenes, pero no es nada." Y lo agarra a López Rega y le dice: "No quiero que ocurra absolutamente nada y usted es el responsable". Si Perón no le hubiese dicho eso a López Rega, nos esperaba una masacre... se repetía en la Facultad de Derecho la masacre de Ezeiza. Yo creo que Perón no conocía los movimientos de López Rega, pero sí podía conocer la tendencia de lo que estaba haciendo López Rega. Y si lo conocía no lo quiso ver, lo intuía pero no lo quería ver. Esto no significa que López Rega no hubiera tenido autonomía para determinadas cosas. Perón siempre se movía en la conducción sobre hechos producidos, concretos. No es que especulara en eso. Y tenía una gran facilidad política y una capacidad como para conducirse sobre los hechos. Entonces, creo que debe haber sobrestimado su propia capacidad para manejar la situación, porque de hecho los acontecimientos se le fueron de las manos."

EL DOBLE DISCURSO DEL GENERAL

Entrevistado para la serie de documentales Historia Argentina, el Director del Centro de Estudios y Documentación de la Izquierda Argentina, Horacio Tarkus, analiza el surgimiento de las organizaciones guerrilleras en el país y la relación de Montoneros con Perón.

El surgimiento de las organizaciones político-militares en Argentina no debería sorprender. Yo diría que ha sido el resultado necesario de un prolongado proceso de crisis de legitimidad, producto de la sucesión de gobiernos ilegítimos, proceso que se acentuó con la proscripción del peronismo hasta 1973. Esos gobiernos se vieron obligados a recurrir a las fuerzas de represión, lo que dio a las Fuerzas Armadas un poder creciente. Entonces este elemento de crisis de legitimidad, de recurrencia crónica a la violencia va a desembocar en un proceso de luchas obreras, cuyo pico más alto lo representó sin dudas el llamado Cordobazo, junto con toda una cantidad de luchas que se gestaron a fines de la década del 60 bajo el gobierno de la llamada "Revolución Argentina", con la dictadura del general Juan Carlos Onganía. Muchos sectores de la izquierda llegaron a la conclusión de que la única forma de romper esta trampa de los regímenes constitucionales ilegítimos o los gobiernos militares era a través de la lucha armada. "Responder a la violencia de arriba -como se decía en la época- con la violencia de abajo." Para los sectores dominantes la única forma de frenar este proceso de radicalización de masas, de sectores estudiantiles, de la intelectualidad, de la pequeña burguesía hacia las organizaciones de izquierda y en buena parte hacia las organizaciones de lucha armada, era el retorno de Perón. De algún modo el retorno de Perón le va a poner el primer cierre a este proceso de radicalización. Este General Perón que desde el exilio había dado su visto bueno, su guiño a la emergencia de organizaciones armadas como elemento de presión sobre los distintos gobiernos argentinos, va a volver con un discurso de desarme, de reconciliación nacional, de pacificación. Va a abandonar su vieja jerga antipartidista y antipolítica y a rehabilitar las instancias políticas, las instituciones, la defensa de la Constitución, la defensa de los partidos políticos, y de algún modo intentará instrumentar un pacto social, un proceso de unidad nacional y enfrentará a una izquierda tremendamente radicalizada. Paradójicamente, buena parte de la izquierda comprometida en la lucha sentida por muchos sectores y vivida como una reivindicación democrática que era el retorno de Perón, comprobó que ese retorno significaba una derrota política para estas opciones radicalizadas que se venían gestando desde el Cordobazo hasta el 73. No es casual que las organizaciones de izquierda se vieran ante el dilema de subordinarse a la política peronista o presentar candidaturas propias sabiendo que iban a ser proyectos políticos a contracorriente y que iban a ser expresiones políticas minoritarias. De algún modo la izquierda peronista queda atrapada dentro de la lucha interna que se empieza a desatar en el frente peronista. Al mismo tiempo, las distintas expresiones de la izquierda más radicalizada, digamos de la izquierda clasista, acompaña un proceso de radicalización de la clase trabajadora, que presiona por izquierda el pacto social y termina rompiéndolo. Pero que se ve siempre limitada en sus luchas por la acción de una poderosísima burocracia sindical. Es muy claro cómo a partir del año 74, y llegando a las huelgas de junio y julio de 1975, con el Rodrigazo, hay un proceso de desbordamiento por izquierda por parte de una nueva camada de dirigentes sindicales que cuestionan a la vieja burocracia sindical. En este punto corresponde decir que la emergencia de fenómenos nuevos como las coordinadoras interfabriles intenta poner en cuestión este orden, pero los procesos son muy precipitados. A partir de 1976 se produce una recomposición profunda de la sociedad argentina, semejante, en cuanto hito, a la que se había producido a partir de los años 30. Otra vez las izquierdas se instalan en la nueva realidad de los años 80 con el viejo paradigma nacional populista y otra vez pagan cara su incomprensión de la nueva realidad que se había instalado, porque en esas circunstancias históricas el propio peronismo se había transformado en algo muy distinto. Menemismo mediante, había ido dejando atrás todo su viejo nacional populismo. Todavía hoy nos encontramos con una izquierda que sigue pensando en los viejos términos nacionalistas estatistas.


Roberto Quieto, fue secuestrado el domingo 28 de diciembre -día de los santos inocentes- por la tarde, sin resistirse ni combatir, mientras tomaba mate con su familia en el balneario de Martínez. Se lo llevaron una docena de policías de civil que escondía sus ametralladoras bajo lonas y toallas. Su esposa, Alicia Beatriz Testai, fue dejada en libertad. A las pocas horas de su secuestro empezaron a caer casas clandestinas de distintas estructuras y decenas de militantes del Norte, Capital y Córdoba. Cayó hasta el pozo donde pocos días antes había estado secuestrado Metz, el empresario de Mercedes Benz, por el cual se había pedido un rescate de 4 millones de dólares. El resto de los miembros de la Conducción se enteró de su desaparición al sintonizar radio Colonia, por la noche. Era una de las pocas emisoras que informaban sobre secuestros y detenciones, de modo más rápido y completo que los comunicados que las fuerzas de seguridad entregaban a la prensa. El alerta lo dio un militante: había presenciado el secuestro y llamó por teléfono a la emisora uruguaya para que lo difundiera.

Ver: La “traición” de Roberto Quieto: Treinta años de silencio. Por Lila Pastoriza. Ver también: http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/quietos/

 

Miradas sobre los setenta: una polémica 20 años después*

María Sondereguer** / Renata Rocco‑Cuzzi***, 1997

Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir, porque es su patria en el tiempo.
León Trostsky

Durante los años de la dictadura, como consecuencia de la violación de los derechos más elementales en un régimen generalizado de terror, la resistencia planteada desde los organismos de derechos humanos y su reclamo por los desaparecidos, por el derecho a la vida, articuló un espacio desde donde se reconstituyó la idea de un sujeto de derecho que fue luego sostén de la refundación política en la Argentina. 1 La reivindicación de la existencia misma de ese sujeto, operando como el más claro índice de discontinuidad con la dictadura, colocó toda otra reivindicación en el lugar de la repetición del pasado, legitimó así un discurso sobre lo posible, y obturó con el relato del horror todo otro relato de unos hechos ‑la experiencia social y política de la primera mitad de la década del setenta‑ que, en ese entonces, pertenecían todavía al presente.

Pero cuando el domingo 7 de abril de 1996, el diario Página/ 12 publicó dos artículos firmados por Miguel Bonasso y Gabriela Cerruti 2 –a raíz del estreno de "Cazadores de Utopías", de David Blaustein- con el objetivo de participar de un "debate sobre la memoria, los montoneros y el futuro", las primeras grietas en este dispositivo de interdicciones ya habían comenzado a manifestarse. Ambas notas, situadas dentro de la trama de legalidades y tabúes que los últimos años fueron tejiendo, actuaron como disparadores de una polémica que superó los límites de la crítica a una producción artística. Las respuestas de Susana Viau y Ernesto Villanueva el 16 de abril; las de Uriarte, Forn, Schapces, Nora Cortiñas el 21, y las de Baschetti y Lipscovich el 28 del mismo mes profundizaron ese gesto. 3

Con la polémica, y con las inquietudes que revela: con sus luchas, victorias, azares, restricciones, intentaremos dialogar en estas páginas. Ciertos discursos valen como signo o manifestación de adhesión -de clase, de interés, de rebelión, de resistencia- y muestran las posiciones de quienes los enuncian. 4

Al iniciar su nota, entre los muchos modos en que se puede plantear un comentario, Bonasso elige la figura de la hipérbole:

[...] En la vereda de Carlos Pellegrini al 600 –escribe- frente al cine Maxi, donde exhibían "Cazadores de Utopías" de David Blaustein, hubo escenas que parecían arrancadas de "Veinte años después": antiguos mosqueteros y mosqueteras se reconocían pese a las arrugas y las canas, saltando en un abrazo reparatorio un abismo de años cavado por las cárceles, los destierros y la diáspora que engendra toda derrota, Pocas horas más tarde, el fenómeno se multiplicaba y alcanzaba el éxito de los grandes números, en la Marcha del 24. 5

Construyendo su reverso -el relato ya tiene sus héroes y, porqué no, también su moraleja- Gabriela Cerruti invierte los sentidos de la metáfora: "Toda una proeza" –dice- y sus palabras proponen una refutación. Suponen una réplica y anticipan una réplica. No sólo cuestionan aquello que se dice sino a quienes lo dicen, A través del sarcasmo intenta una desmitificación, pretende una suerte de desocultamiento. "Toda una proeza: una película de más de dos horas sobre la historia de los montoneros sin nombrar ni una sola vez a Mario Eduardo Firmenich, ni a Rodolfo Galimberti, ni a Roberto Perdía o Fernando Vaca Narvaja". 6

Los comienzos demarcan posiciones, instituyen lugares. Si para Bonasso, veinte años después del golpe del 24 de marzo de 1976, "ese formidable impulso colectivo, negador del fin de la historia y de las teorías bidemonológicas que oscurecieron los años de la democracia, sigue allí", para Cerruti, el documental encierra "proezas" varias, y "jeroglíficos para iniciados", y en el mismo movimiento, el sarcasmo interpela con signo negativo y plantea un desafío: "El mito de los años dorados [...] es la forma de escapar a la discusión verdadera de errores y aciertos".

Cerruti utiliza la ironía para descalificar esas voces que, en el film, enuncian su verdad de protagonistas, aquello que Bonasso designa ‑y legitima‑ como "epopeya montonera" y que Blaustein constituye en estrategia básica de su relato. Es que si Cerruti señala sarcásticamente que es toda una proeza que en una película de más de dos horas no se nombre ni una vez a Firmenich, Vaca Narvaja o Perdía, interpretando esas omisiones como un silencio vergonzante destinado a falsear la historia, y algo de eso puede ser cierto leído desde los noventa, sin embargo, nos parece más atinado entender ese gesto como la táctica más globalizadora de la película: otorgar la voz a los cuadros medios es darle la palabra al pueblo, un pueblo que cuenta su historia. El film se propone, entonces, como una epopeya que, en el polo opuesto a lo que entiende Cerruti, lejos de falsearla, cuenta la verdad de la historia.

Pero volviendo a la ironía de Cerruti, en esa doble voz desnuda una ambivalencia que recorre todo el texto y que quizás en ninguna otra frase queda tan claramente explicitada como cuando dice: "Toda nuestra veneración y envidia a esa historia", y la afirmación no es en absoluto inocente. Como en toda ironía, "veneracion y envidia" pueden leerse en la línea del sarcasmo pero también al pie de la letra, Entre la adhesión y el rechazo, el texto delata un malestar: no haber pertenecido a la generación que aparentemente interpela.

El artículo delimita un blanco doble: "ellos" son los iniciados. El haber pertenecido los distingue, instala una disimetría respecto de un nosotros" inclusivo que señala a los otros, los excluidos; los que desconocen las referencias: la contraofensiva, la píldora, las células, Taco Ralo; 7 los que no estuvieron ahí, y no saben si era "maravilloso" o "insoportable".

Ese nosotros atraviesa el texto y contiene una autorrepresentación generacional: "Los gloriosos años setenta son el karma de las generaciones posteriores" afirma Cerrutti‑. Pero la discordancia léxica produce un deslizamiento de sentido que recoloca el valor asignado a los distintos interlocutores.

"El peso de las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos" (y aquí no te cito, cito a Marx)", responde Viau, y la réplica legítima a los "otros" y permite cifrar una genealogía: son ellos, "los más viejos" (Villanueva). Los lugares desde donde se habla determinan la "moral" de los enunciados. Si la polémica reposiciona aliados y adversarios, la constitución de un "ellos" y un "nosotros" logra condensar en sus desplazamientos los puntos de fricción y de encuentro, las vacilaciones y las certezas.

"No se puede plantear ningún debate sin dejar sentado que ellos eran mucho mejores que los que vendrían después" -continúa Cerruti. Y concede: "Desde el dolor o la compasión, todos querríamos que esos jóvenes valerosos e idealistas estuvieran vivos. Quizás este país sería distinto".

Sin embargo, ese todos compasivo -que nos implica en el texto con toda su fuerza persuasiva- es también artificio retórico en Cerrutti cuando, en la conclusión de la nota exaspera su argumentación; 8 la descalificación por el absurdo expulsa a "ellos" de toda posibilidad de comunión: "Visto desde hoy, cualquiera tiene derecho a preguntarse si no es legítimo discutir cómo hubiera sido un país con Mario Firmenich de presidente y Rodolfo Galimberti de jefe de la SIDE". 9

Otras colocaciones, otros nosotros fundan significados opuestos. A propósito, es posible armar tres grandes lugares de enunciación: el de los protagonistas (Bonasso, Villanueva, Viau, Uriarte); el de los no protagonistas (Cerruti, Schapces, Baschetti, Forn) y el de los que no se proponen como ni una ni otra cosa (Cortiñas, Lipcovich). La pertenencia a un grupo no presupone puntos de vista homogéneos; el discurso de Uriarte es el revés de la trama de los discursos de los protagonistas, en tanto pone en negativo todo lo que resulta positivizado en los otros. "Los Montoneros no eran 'cazadores de utopías' -cualquier cosa que sea lo que quiere decir esto- sino una banda de irresponsables violentos a los que me tocó ver disolver a cadenazos las asambleas universitarias que les eran hostiles". Uriarte es juez que dictamina sin el menor asomo de problematización. Nada hay para ser revisado: "En el clima ideológicamente exasperado de esa década -que no fue gloriosa sino una carnicería-, "una época en la que todo se dirimía a tiros", él posee todas las respuestas que reclama Cerruti (obviamente no sobre la película, sino sobre el período histórico), Pero, además, sostiene esas respuestas con un plus; él no es hijo ni hermano menor, en el "me" se define como coetáneo, él vio, él no reclama -como Cerruti- que los sobrevivientes le den una respuesta que no puede alcanzar por sí mismo.

Entre los setenta y los noventa, entre jóvenes y viejos, entre los chicos actuales y los revolucionarios de dos décadas atrás, se trazan algunos ejes de la disputa: solidaridad vs. individualismo; pasión vs. facilismo. Pero no sólo eso. Si la injuria en Uriarte fractura el topos generacional e instala un "yo" que pronuncia su sentencia: "Los Montoneros eran un movimiento del desborde que llevaba incorporada en su propia mecánica la cláusula de su destrucción", la respuesta de Nora Cortiñas explícita un nosotros que integra a ese todos y se sitúa por fuera de aliados y adversarios: la reconstrucción de la historia, de cualquier historia –afirma- no es patrimonio de nadie, se hace con el aporte de todos los que buscan la verdad, la hayan vivido o no". "Entender esa historia", es decir, narrarla, otorgarle un sentido, es la única certidumbre que soporta las réplicas de los distintos interlocutores. Entre los setenta y los noventa, el artículo de Pedro Lipcovich lo coloca por fuera de la polémica a la que, además, pretende clausurar. Como un historiador -en el sentido en el que lo entiende Hayden White-,10 él rechaza cualquier construcción de un "nosotros", pero en cambio, dibuja dos "ellos": el de un presente abigarrado de "grupos solidarios donde caben travestis, amas de casas suburbanas, organizaciones de discapacitados, habitantes de asentamientos precarios..." en fin, vecinos que "no creen que su vecindario es más valioso que otro"; el segundo "ellos" es el de los miembros de grupos militantes de los setenta. La duplicación en sí es una toma de partido que salda la polémica al ubicar en el pasado a los "compañeros o militantes [...] de los tiempos que fueron". Si el tema es el de la solidaridad, en la narración de los hechos que hace Lipcovich ninguno de los dos grupos es mejor que el otro, sino simples protagonistas de las distintas épocas que les tocó vivir.

¿Algo para recordar?:

Quizás ahora que ya saldaron esa deuda con ellos mismos haya llegado por fin el momento de encontrar una manera un poco menos apasionada y parcial de que nos ayuden -a nosotros, a los otros- a entender esa historia, dice Cerruti al cerrar su texto. Y Viau es la que más abiertamente recoge el guante del desafío, cuando al final del suyo retorna las palabras de Cerruti y las califica de "atinada exigencia final". Sin embargo, en un doble movimiento impone sus propias condiciones para ser una de las tantas Beatrices que reclaman las nuevas generaciones:

Con una salvedad ‑dice‑, no fue el exceso sino la falta de pasiones la que ha ido transformando esa pequeña historia en algo incomprensible: el haber tenido que descifrarla, repensarla o padecerla (según se vea) desde las aguas turbias de un lugar (y un momento) en el que los grandes edificios que se conocen son ‑como decía Bertolt Brecht‑ los que un hombre puede construir por sí mismo. Y en esa sola frase sintetiza dos de los presupuestos setentistas más importantes: la pasión como disparadora de la acción y la solidaridad como isotopía de época, contrapuesta al individualismo de los tiempos presentes.

Como en los discursos sociales que van emergiendo a partir del corte histórico que se produce con el fin de la dictadura, la palabra "memoria", "el intento de reconstruir una historia", afloran una y otra vez en los contenidos de la polémica, en los títulos, volantas y copetes que enmarcan ese corpus desde la acción de uno de los tantos "otros", el editor, que a su modo participa en su constitución.

Sin embargo, pese a tanta proliferación, la primera y más elemental pregunta que cabría hacerse es si los textos admiten que hay algo para recordar, más allá de que su sola existencia es la prueba más contundente de una respuesta por el sí. Porque no se puede obviar que quien abre el fuego (Cerruti) lo hace desgranando una serie de preguntas que bien cabe calificar de certeras:

¿Valió la pena? ¿Era maravilloso o era insoportable? ¿O lo valioso duró apenas dos años? ¿Cuánto tiempo vamos a pasar añorando aquellos dos años sin pensar en el costo que hubo que pagar por esos veinticuatro meses de gloria?

Porque si todas las primeras preguntas citadas tienen un tufillo a interrogación vicaria o retórica, la última tiene un poder de condensación increíble: acota el tema de la nostalgia (que en la explicación de la experiencia setentista no se agota en la respuesta de "que todo tiempo pasado fue mejor") y lo hace a un punto tal que la propia Cerruti se incluye al utilizar la primera persona del plural, y formulando nuevamente la primera pregunta acerca de sí la experiencia valió la pena, que es, en definitiva, la que se hicieron todos aquellos que creen haberla respondido al tachar a los militantes setentistas de "enamorados de la muerte" con todas sus variantes posibles, Los mismos que intentaron poner el punto final no sólo mediante las dos decisiones parlamentarias, sino en su coronación máxima: la teoría de los dos demonios. 11
Entonces, les preguntamos nosotras a cada uno de los protagonistas de la polémica: ¿vale la pena hacer este ejercicio de la memoria? y se la hacemos no ya a una sociedad, que si no en su conjunto, respondió con una plaza de 100 mil personas haciendo un ejercicio inédito de recuperación de la memoria en la historia de nuestro país.

La memoria es una estratega. Tiene su economía de recuerdos y olvidos, incertidumbres y certezas. Conlleva tambien una inquietud: desde los interrogantes posibles del presente puedo significar los contornos del pasado y volver más visibles, o menos, las siluetas.

Sin embargo, la pregunta acerca del por qué recuperar la memoria de un tiempo pasado parece imposible de responder sin dar lugar a otra que interpela sobre el cómo hacerlo.

Al respecto, en el cuerpo de la polémica hay por lo menos dos ejes absolutamente enfrentados que elaboran sendas teorías acerca de cómo se recupera la memoria: la reconstrucción de los setenta se hace desde las subjetividades de sus actores (que no sólo es la hipótesis de varios de los participantes de la polémica, sino también de la propia película de Blaustein), o plantándose en una reconstrucción que debe anclar en los noventa, como propone Cerruti.

Como ya demostró Borges en el Pierre Menard‑ por más que se quiera volver atrás sobre los hechos tal como fueron, el momento de ejercitación de la memoria deja sus huellas, más o menos, pero siempre las deja. Y esto es bien claro ya desde la operación que hace Blaustein con el nombre de su película: nadie en los setenta hubiera hablado de utopía. Como dice Villanueva "Era el mundo de la juventud y de los sueños cumplidos, era la época de la razón puesta al servicio de la voluntad: todo debía transformarse y era justo que lo hiciéramos ya".

De los setentas se habla como actor de los hechos o como observador. En este punto es bueno recordar que tal dicotomía no se construye en los textos que estamos leyendo, sino todavía con mucha mayor virulencia en los primeros años de la post dictadura, en los que haber sido protagonista o no haberío sido autorizaba o prohibía el uso de la propia voz.

Después, y sobre todo a partir de la consolidación del presupuesto bidemonológico, los setenta son demonizados a un punto tal que sobre ellos empieza a pesar una interdicción que los sepulta, lanzándolos a un tiempo tan remoto sobre el que no existe discurso ni recuerdo viable, sólo hay espacio para uno y sólo un discurso hegemónico. Tal vez sea en este panorama en el que alcanza toda su dimensión la frase "era algo que nos debíamos" y que Cerruti, apropiándose quizá del voluntarismo con el que tantos caracterizaron a la generación de los setenta, interpreta como el "saldo" suficiente que hará posible la comprensión de esa historia para las generaciones posteriores.

Es dentro de este contexto, al que se suma una fecha tan emblemática como los 20 años (el tiempo necesario para que se haga posible una generación de hijos de desaparecidos) que resuena como tan sintomática una polémica como la que estamos analizando.

En toda sociedad la producción del discurso ‑dice Foucault en los comienzos de "El orden del discurso" 12 está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y terrible materialidad [...] Se sabe que no se tiene derecho a decirlo todo, que no se puede hablar de todo en cualquier circunstancia, que cualquiera, en fin, no puede hablar de cualquier cosa,

En el ejercicio de la memoria, algunas interdicciones ejercen su coacción y ensucian, como manchas de origen, la narración de una historia sobre cuyo significado se pretende debatir. Pero por detrás del conjuro, la palabra prohibida asoma su poder: la legitimidad de la lucha armada como opción política en el horizonte ideológico setentista, su racionalidad histórica para la construcción de una sociedad igualitaria, Y la legalidad del presupuesto revolucionario frente a los límites de la "democracia liberal" -en palabras de la época-.

Sólo la alusión: "sí uno equipara los centuriones a los seguidores de Espartaco" (Villanueva) o la cita: "Los revolucionarios aman la época que les tocó vivir porque es su patria en el tiempo" (Viau) permiten, de algún modo, la referencia a ambas.

Quizás sea la pregunta por la solidaridad, por la justicia, la que se inscribe en las fisuras presentes de ese dispositivo de prohibiciones, Quizás sea ese interrogante uno de los que pueda devolverle a ese pasado su significación. Tal vez también sean aquellos límites -los de la democracia liberal-, los que atraviesan de inquietud los discursos que se proponen entender la historia de los setenta. y sean esas indagaciones las que sostienen, recién a fines de los noventa, la voluntad de explicarla.

Notas
* Ponencia presentada en el Coloquio Internacional "DeClínio da Arte/Ascensao da Culture, organizado por el Nueleo de Estudos Literarios e Culturais de la Universidade Federal de Santa Catarina (Floriaínápolis), los días 5, 6 y 7 de marzo de 1997
** Docente del Departamento de Ciencias Sociales de la UNQ.
*** Docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA.
1 Una interesante reflexión sobre la reconstitución de la idea de un sujeto de derecho en la cultura política se encuentra en el artículo de Inés González Bombal "Nunca más: el juicio inás allá de los estrados", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión 1995,
2 Miguel Bonasso fue secretario de prensa del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) que llevó a Cámpora a la presidencia en 1973. Exiliado en 1977, integró el Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero.
Gabriela Cerruti pertenece a una generación de periodistas más jóvenes, Escribió El jefe. un libro crítico sobre la figura de Menem.
3 Susana Viau es periodista; en los años setenta militó en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Ernesto Villanueva fue rector de la Universidad de Buenos Aires en 1973 y 1974; 1975, estuvo en prisión hasta fines de 1982. Claudio Uriarte es periodista; escribió una biografía "no autorizada" sobre Massera: Almirante CerO. Juan Forn es escritor y periodista, actualmente edita el Suplemento Cultural Radar de Página/12; forma parte de la misma generación de jóvenes que Cerruti. Marcelo Schapces fue asistente de dirección de David Blaustein en "Cazadores de Utopías". Nora Cortiñas pertenece a la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Roberto Baschetti es investigador, autor de Documentos de la Resistencia Peronista (1955‑1970); Rodolfo Walsh, vivo; Documentos 1970‑ 1973. de la guerrilla peronista al gobierno popular, militó en la Juventud Peronista en los setenta. Pedro Lipcovich es periodista, editor de la página de psicología del diario Página/12.
4 Véase Foucault, Michel, El orden del discurso, Barcelona, Tusquets, 1981
5 Al cumplir veinte años del golpe militar en la Argentina se realizó una marcha de repudio que reunió a más de 100mil personas en Plaza de Mayo.
6 Mario Firmenich ocupó la jefatura de Montoneros: Roberto Perdía y Vaca Narvaja integraron la Conducción Nacional, Rodolfo Galimberti fue líder de la Juventud Peronista en los años setenta y conductor de la Columna Norte de Montoneros,
Sobre el surgimiento y desarrollo de Montoneros puede leerse la Investigación reallzada por Richard Gillespie: Soldados de Perón, Buenos Aires, Grijalbo. 1987, uno de los estudios más completos sobre la historia de la organización.
7 La contraolensiva fue una operación militar decidida en 1979 por la Conducción Nacional montonera en el exilio. Según su particular evaluación de la situación en Argentina, había condiciones para una rebelión popular. Pero los servicios de información del estado estaban al tanto del operativo, la mayoría de los cuadros que retornaron a combatir fueron muertos y los Montoneros -con excepción de dos tendencias que se escindieron: la liderada por Galimberti y Montoneros 17 de octubre- estimaron de todos modos que la contraofensiva había sido "correcta y oportuna".
Taco Ralo es uno de los primeros intentos de constituir un foco guerrillero en Tucumán, en 1968, llevado adelante por las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas).
8 Para analizar los recursos retóricos utilizados por los distintos polemistas, seguimos la sistematización de las figuras de la agresión realizada por Marc Angenot en La parole pamphlétaire París, Payot, 1982.
9 La dudosa trayectoria política y personal de estos dirigentes montoneros en los años que siguleron al golpe de estado de 1976 es lo que sustenta la descalificación de Cerruti.
10 Véase Hayden White, "El valor de la narrativa en la representación de la realidad", en El contenido de la forma‑ Buenos Aires, Paidós, 1992.
11 La llamada teoría de los dos demonios explica la experiencia de la violencia dictatorial en Argentina como resultado del accionar de dos sectores con igual responsabilidad criminal: las organizaciones guerrilleras y las Fuerzas Armadas. De este modo homologa la opción por la violencia de los grupos políticos armados con la metodología represiva basada en la toma del poder político y el terrorismo de estado.
La llamada Ley de Punto Final de 1986, (que fijó una fecha tope para el llamado a prestar declaración indagatoria de los presuntos implicados en violaciones a los derechos humanos): la Ley de Obediencia Debida de 1987, que especificaba grados de responsabllidad; y el indulto otorgado por Menem en 1989 a militares comprometidos con la represión y civiles sancionados por actividades guerrilleras, operan dentro del presupuesto bidemonológico.
Para un análisis rnás detallado, puede verse -entre otros- el estudio de Carlos Acuña y Catalina Smulovitz: "Militares en la transición argentina: del gobierno a la subordinación constitucional", en Juicios, castigos y memorias, Buenos Aires, Nueva Visión, 1995.
12 Foucault, M., op. cit.

NOTA: El Descamisado, publicación vocero de la organización Montoneros, en 1973 -con la dirección de Dardo Cabo- llegó a vender 250.000 ejemplares.


La unidad y el sectarismo

Dardo Castro*

La construcción de la memoria también requiere detenerse en la significación que a la distancia adquieren los acontecimientos. Una noche de marzo de 1974, en la ciudad de Córdoba, una veintena de militantes armados del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), de Montoneros y de Poder Obrero montaba guardia en los techos del SMATA, el sindicato de los trabajadores de la industria automotriz. Su secretario general, René Salamanca, públicamente conocido como dirigente del Partido Comunista Revolucionario, había ganado el gremio con una lista de unidad en la que estaban representadas casi todas las tendencias políticas con inserción en el gremio. El local era un hervidero. Afuera, nos sitiaba medio centenar de hombres con escopetas Itaka que habían arribado a la ciudad comandados por miembros de las Tres A y de la conducción nacional del SMATA. Los obreros habían votado ese día la renovación de la comisión directiva cordobesa; el triunfo de Salamanca era un hecho. De esa noche tengo el recuerdo nítido de Salamanca en la penumbra del techo, angustiado por un enfrentamiento que suponíamos inminente, no quizás en ese momento sino al otro día, cuando se transportasen las urnas desde las plantas. Pero en la mañana siguiente unos 40 ómnibus cargados de trabajadores salieron de las fábricas trayendo las urnas. Los fascistas del ministro López Rega sólo pudieron mirar esa caravana triunfal desde lejos.

Salamanca había ganado el gremio por primera vez en 1970. No pudo con él, ni entonces ni después, la denuncia de que había opuesto inútilmente la consigna "Ni golpe ni elección, revolución" al alud popular del ‘73. Es que, en una situación profundamente transicional, los trabajadores votaban mayoritariamente al peronismo pero elegían conducciones gremiales que, ante todo, fueran consecuentes en la lucha por sus reivindicaciones de vida y de trabajo. Desde la epopeya clasista de los sindicatos cordobeses de Fiat, Sitrac y Sitram, en 1970, el movimiento obrero combativo había recorrido un largo camino. Los mecánicos cordobeses en 1974, los metalúrgicos de Villa Constitución y, poco después, en 1975, las Coordinadoras de Gremios en Lucha de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe, redefinieron el clasismo incorporando el carácter pluralista de la lucha reivindicativa y democrática. Después de todo, el Cordobazo fue fruto también de la alianza entre un socialista, Agustín Tosco, y un astuto vandorista, Elpidio Torres, que por entonces jugaba al recambio del dictador Onganía propuesto por otro general, Alejandro Agustín Lanusse.

Esa unidad en la acción se vio, incluso, a pocos meses de la asunción de Héctor Cámpora en 1973, cuando trabajadores de todo el país rompieron el techo salarial impuesto por el plan Gelbard. La lucha de clases estallaba en el propio seno del poder político y, de algún modo, los trabajadores intuían que, pese a la brecha democrática abierta de hecho por el triunfo peronista, el movimiento popular carecía de fuerza suficiente para ganar la hegemonía política, a la vez que los grandes grupos de poder se recomponían rápidamente.

A partir del Cordobazo, la utopía socialista había ido ganando las conciencias y, por abajo, la izquierda marxista y el peronismo revolucionario confluíamos en los organismos de lucha del movimiento obrero, cuyo punto más alto fueron las Coordinadoras en 1975, que con mayoritaria presencia de Poder Obrero, Montoneros, PRT y el Peronismo de Base, fueron verdaderos órganos de transición entre la acción reivindicativa y la acción política independiente de los trabajadores. Ese proceso impactó fuertemente en el interior de Montoneros y, acaso tardíamente, su conducción aprobó en 1976 la propuesta de la unidad de todos los revolucionarios por el socialismo. De allí nació la Organización por la Liberación Argentina (OLA), de efímera vida, que se proponía conformar un estado mayor conjunto de las fuerzas de Montoneros, Poder Obrero y PRT. Sólo hubo dos encuentros; en el último, a mediados del ‘76 en Rosario, cuando Roberto Santucho y Domingo Mena ya habían caído, fue evidente el abatimiento de los compañeros del PRT. Nos sorprendió entonces el desdén de Montoneros y su actitud claramente hegemonista. De quienes allí estuvieron, ignoro si hay otros sobrevivientes; de los nuestros, el secretario general de Poder Obrero, Carlos Fessia, murió en un enfrentamiento en 1976.

Ni el amor ni el espanto, la derrota de todos acabó con ese esbozo de unidad. Hacia fines de 1975, después del Rodrigazo, grandes capas de trabajadores peronistas se retraían, desconcertadas por la clausura del horizonte político, en tanto que los sectores populares que habían sido el núcleo dinámico comenzaban a aislarse, así como las organizaciones revolucionarias, que nos empeñábamos en redoblar la apuesta aún sabiendo que el camino de la revolución era ya un corredor sin salida. El militarismo, que la movilización incesante había perdonado, cobró mayor fuerza en todas las organizaciones armadas. Ocurre que todo partido político es portador de una propuesta de orden, más aún cuando se trata de un grupo revolucionario de los ‘70, dos décadas antes de Chiapas y la encantadora sabiduría del subcomandante Marcos. Lo saben largamente los dirigentes gremiales que sufrieron la contradicción entre la espontaneidad del movimiento, su desorden natural, y la propuesta partidaria, siempre al filo del autoritarismo. Y una operación armada es la máxima tentación de orden. Su perfección exige menos creatividad que resolver una crisis política, donde se está obligado a tener en cuenta no ya las fuerzas propias sino las tendencias profundas del movimiento social. No fue en 1973 cuando esa impotencia nos arrastró al holocausto, sino hacia finales de 1975, cuando nuestro tremendismo revolucionarista quedó al desnudo a un costo terrible. En nuestro descargo, cabe alegar que poquísimos dirigentes superaban los 30 años de edad.

Esta historia es, de cabo a rabo, irrepetible. Lo que aquí se ha dicho sólo pretende contribuir a la comprensión de una etapa que todavía se dispersa en los recuerdos individuales de quienes la vivieron y sumar uno más a la diversidad de relatos con que se está construyendo la memoria colectiva.

*Codirector de la revista "Política, cultura y sociedad en los ‘70.


Firmenich economista - Eutopía

Equipo de Investigaciones Rodolfo Walsh, 2004

Estando en prisión a fines de los ochenta, el autor de este trabajo profundizó sus estudios e investigaciones económicas en la búsqueda de una alternativa al neoliberalismo. Así metido en estas lides, en 1996 obtuvo la licenciatura en Economía en la Universidad de Buenos Aires y en 1999 el doctorado en la de Barcelona. Su tesis para este último escalón académico -origen y núcleo del libro que presentamos- fue apadrinada por el Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz.

Como economista y hombre político, Firmenich registra en esta obra reveladora la crisis internacional de los modelos keynesianos y socialistas tradicionales; hunde luego su mirada en el neoliberalismo que los reemplazó -con sus desastrosos resultados sobre el Estado y la calidad de vida de las mayorías-, para construir finalmente una propuesta que enfrente los principales problemas latinoamericanos, con especial énfasis en los de Argentina.

Por este último aporte titula a su libro Eutopía, que es "la tierra del bien"; es decir, porque propone y debate cuestiones posibles y no meros sueños. Así, expone un modelo compuesto por un conjunto de reformas para el desarrollo sostenible en los planos social, económico, político y ecológico, apoyadas sobre fundamentos teóricos más sólidos que los presupuestos de la economía neoclásica (verdadero "pensamiento único" de los noventa). Todo ello "mediado" por un sistema de democracia participativa, justicia social y diversidad cultural que lo garantizará en el tiempo.

Por lo expuesto, el lector podrá pensar que se trata de un libro "difícil". Nada más alejado de la realidad: su exposición es llana y didáctica, fácilmente entendible aún para los no habituados a lecturas de Economía. Eso sí, quien espera un libro político polémico y "de barricada", con planteos y alusiones al pasado del autor y de la generación que lo reconoció como unos de sus protagonistas, saldrá defraudado. Firmenich se presenta aquí como un hombre dispuesto a mirar hacia delante y aportar con enjundia a las cuestiones del presente.

Mario Eduardo Firmenich nació en Buenos Aires en 1948. Inició su militancia política durante la dictadura del general Onganía. Saltó a la notoriedad pública en 1970, tras la ejecución del general Aramburu por Montoneros, organización de la que fue dirigente destacado. Tras su doctorado en España se ha desempeñado como profesor invitado a diversos trabajos de investigación acerca del MERCOSUR y como profesor asociado en el Departamento de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. También ha colaborado con diversas organizaciones no gubernamentales en modelos alternativos de organización social, desarrollo sustentable y socioeconomía solidaria.


Entrevista a Mario Eduardo Firmenich

"Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la nación entera"

Por Katy Garcia, Prensared, julio de 2005

Prensared dialogó con Mario Eduardo Firmenich acerca de la propuesta política contenida en su libro "Eutopía, una alternativa al modelo neoliberal", que presentó en Córdoba invitado por el Seminario Iberoamericano de Estudios Sociales y Económicos (Siese).
La tesis doctoral del ex jefe montonero fue apadrinada en 1999 por el Premio Nobel en Economía, Joseph Stiglitz y está contenida en el libro "Eutopía", publicado por Editorial Colihue. Firmenich, quien se define como "un excluido de la política", explicó su propuesta de cambio basada en la construcción de consensos que permitan desarrollar políticas de Estado a largo plazo. Proyecto nacional, integración latinoamericana, y una perspectiva diferente en torno al concepto de sujeto histórico, fueron algunos de los temas abordados en la entrevista.

-El stablishment y la corporación mediática impugnan tu figura. ¿Sigue vigente la Teoría de los dos Demonios?

Creo que la Teoría de los dos Demonios es la incapacidad de encontrar, con racionalidad política, respuestas a las crisis estructurales que ha vivido la Argentina. ¿Que rol tiene la Argentina en el mundo, qué perfil productivo, demográfico, tiene este país?. Hubo un modelo estructurador el de la generación del 80, el modelo oligárquico. Después vino el modelo industrial peronista que, con variantes de desnacionalización, sigue el desarrollismo con el modelo industrial. Nos hemos criado escuchando hablar de la guerra agroindustrial y este es el origen de la cuestión: Qué clase de país tenemos. La resolución de esa crisis implicó para el país una guerra civil sui generis, porque no todas tienen que ser iguales a la guerra Civil Española. Pero una guerra civil es un proceso, como dice Von Clausewicz, "la guerra es la continuación de la política por otros medios" donde el núcleo central del enfrentamiento es la inexistencia de un proyecto de país, la inexistencia incluso de un marco jurídico consensuado que es la Constitución Nacional. En definitiva, la inexistencia de un contrato social. Esta es la cuestión.

- ¿El gobierno de Kirchner, al menos desde lo discursivo, habla de salvaguardar intereses nacionales. ¿Cuál sería una propuesta política que permita avanzar en el diseño de un proyecto nacional?

Creo que el gobierno de Kirchner puede considerarse dentro del mismo plano en que se han movido los demás, mejor que los demás. Pero dentro del mismo plano. A saber: ningún gobierno desde el inicio de la transición democrática hasta ahora ha convocado a redefinir el proyecto nacional. Esto no lo puede definir un ministro. Esta es una cosa que deben debatir todos los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y que debe aprobarse en el congreso. En definitiva, es una asamblea constituyente, un pacto constituyente. Un modelo de desarrollo de perfiles: industrial, social, cultural y por décadas. Esto no existe en la Argentina y esta es la crisis que está debajo de la crisis de 2001. Estalló la convertibilidad que fue un baño que tapó la inexistencia de una estructura productiva financiando el consumo con deuda externa. Cuando se adoptó eso, se puso en evidencia que la Argentina no tiene un perfil productivo, demográfico, cultural; en definitiva, no hay políticas consensuadas a desarrollar en el largo plazo.

- Ahora, la sociedad ante la crisis ha ido creando nuevas formas de organización. A los trabajadores se sumaron los desocupados y se organizaron en cooperativas de trabajo. Por otro lado las empresas recuperadas, ¿Cuál sería el nuevo sujeto histórico que va a conducir el cambio?

Vos me estás hablando de un paradigma sociológico marxista en donde se supone que una clase social tiene las condiciones estructurales para liderar el cambio. El estudio que yo he hecho y que fundamenta el libro - esa parte he omitido publicar porque es la más teórica-, he partido de criticar y replantear el paradigma marxista. Éste parte de la idea de la hipótesis fundamental de que hay un modo de producción estructurado básicamente en torno a un criterio que es propiedad de los medios de producción y que hay una sucesión histórica de los modos de producción. Ahora, la evidencia empírica demuestra que ese paradigma no se cumplió en ningún lugar. La revolución rusa no es la consecuencia del levantamiento y agotamiento del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en Rusia. La revolución China y la cubana tampoco.

- Entonces...

Entonces, podríamos decir que por lo menos representa el paso del feudalismo al capitalismo. Bien, pero entonces ocurre que en esa metodología de análisis, la crisis de la revolución de la fuerzas productivas o sea la revolución industrial que es un proceso social es lo que destruye la superestructura del Estado feudal. Pues bien ocurre que en donde hubo revolución industrial no le cortaron la cabeza al rey hasta el día de hoy -que fue Inglaterra-, y donde le cortaron la cabeza al rey no hubo revolución industrial. La teoría marxista como interpretación general de la historia no se sostiene en la evidencia empírica. Yo parto de otro concepto. Es cierto que los intereses económicos están en el trasfondo de la historia política. Esto es obvio. Pero yo sustituyo el concepto de modo de producción donde hay un sujeto histórico encargado de pasar al modo de producción siguiente, esa es la base de la teoría marxista, por lo tanto la clase obrera industrial era el sujeto histórico del cambio del capitalismo al socialismo, como la burguesía lo era del cambio del feudalismo al capitalismo, esto que como teoría encuadra una coherencia atractiva, por eso ha tenido tanta vigencia, la realidad histórica en ningún caso lo demuestra. Hay cosas parecidas pero esa teoría no se ha realizado en ningún lugar. La revolución en Alemania o en Inglaterra no se produjo nunca y era el lugar donde tenía que producirse por la evolución del desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas. Además, esta teoría nunca pudo explicar la realidad latinoamericana que no seguía el patrón de esclavitud, feudalismo etc, Entonces, las distorsiones políticas que han tenido los partidos políticos comunistas y no comunistas marxistas en general en América Latina han tratado de encajar la historia dentro de un molde que no cuadraba.

- ¿Cuál es tu idea en contraposición a ese paradigma?

Yo parto de un concepto distinto. Lo que determina la evolución de las sociedades no es el modo de producción sino el modo de asignación y uso de los excedentes. Y esto es un proceso que se decide básicamente en el poder del Estado, no en la infraestructura. Es la regulación que el Estado establece sobre la economía, sobre la distribución de la renta, lo que moldea el poder de compra de los distintos sectores sociales y esto es lo que determina quién acumula excedentes y para qué. Entonces, el tema central es que no hay un sujeto histórico necesario de cambio, no hay un ningún cambio necesario en ninguna dirección. La evolución histórica no está predeterminada, depende del proyecto a construir. Hay una libertad significativa de los seres humanos y tan es así que estamos destruyendo el ecosistema. No necesitamos definir con lupa un sujeto social inexistente, nos hace falta definir un proyecto consensuado para la acumulación de excedentes. ¿Quién es el sujeto social de eso? En el caso de América Latina que no tiene una historia de acumulación de consensos entre todos sus sectores, porque no hay una construcción secular de consensos, necesitamos un contrato social muy explícito. No podemos dar por supuesto nada.



Homenaje a Sabino Navarro, el "Negro" Navarro

Hace 35 años que venimos charlando sin vernos, Negro. Nos ha pasado de todo durante mucho tiempo y sin embargo te veo como si fuera ayer.

Es difícil explicarles a otros este grado de intimidad. En aquellos tiempos quizás hubiera sido más fácil. Cuando todos sabíamos que muchos moriríamos para que la Patria viva, cuando todos creíamos que morir no era desaparecer, cuando sentíamos que morir por la Patria y el Pueblo no era dejar de existir, cuando morir de amor por los más humildes y explotados no era “perder”.

Es que nuestra intimidad está basada en la trascendencia. Hoy es difícil de explicarles a otros porque se han acostumbrado a vivir sin trascendencia, se han acostumbrado a afanarse por causas intrascendentes.

La verdad, Negro, no creo que seamos anticuados. Las cosas hoy han cambiado, pero no son más modernas, sino que simplemente son más degradadas. No creas que te lo digo para consolarte; la verdad es que no creo que hayamos jugado nuestras vidas por error. Vos no moriste por un tonto idealismo, Negro. Creo profundamente que nuestros valores trascendentes sobrevivirán en muchísimos siglos a los rastreros principios del oportunismo político y el descompromiso.

¿Cómo podría entenderse nuestra intimidad trascendente si no fuera porque nos hermanamos para siempre en eso que llamábamos “el compromiso”? ¿Cómo podrían entender hoy esta hermandad esencial quienes buscan “triunfar” sin comprometerse con nada que les ponga en juego la vida? ¿Cómo van a entender lo que es el compromiso si tienen terror de lo que llaman “quedar pegado”?

No sé me ocurre cómo podría homenajearte alguien que no tiene un compromiso a muerte con la justicia y la dignidad de los oprimidos. ¿Qué intimidad podríamos tener con quien “hace política” bien remunerada cacareando sobre el pasado sin comprometerse para que nada cambie en el futuro?

Lo más importante de tu ejemplo, Negro, es que los pibes comprendan lo valioso de un compromiso existencial con la justicia social y con la independencia económica de la Patria, de un compromiso del alma con la integración liberadora de la Patria Grande.

Mi sencillo homenaje, Negro, es decirte que seguiré caminando junto a vos, como siempre.

Mario Eduardo Firmenich, julio de 2006

Fuente: www.uniondeargentinosencatalunya.com

- Una de las propuestas expresadas en el libro habla de "refundar la república". ¿Cómo es esto?

Es necesario un contrato social explícito donde el sujeto social es la Nación entera. Hay que refundar una Nación. La democracia representativa, la partidocracia ya no va más, ya no es suficiente. No es una herramienta apta para canalizar el consenso de un contrato social y una democracia participativa. Creo que las organizaciones sociales, la sociedad civil en su conjunto, deben participar en esto.
Instituciones gremiales, patronales, religiosas, cooperativas, mutuales, incluso los sectores excluidos se han organizado y tienen sus representantes válidos que hace cuatro años no los tenían. Entonces, creo hace falta que alguien convoque a debatir.

-¿Quién debería convocar a este gran debate?

En mi opinión y por la cultura política de este país - presidencialista-, la persona más indicada para hacerlo es el presidente. Cualquiera sea. Tiene la autoridad institucional suficiente para convocar, en una misma mesa, y generar una agenda de discusión. Y bueno, creo que hay que discutir casi todo. Y luego iniciar un proceso participativo que no es la Asamblea Constituyente de 1994 (Pacto de Olivos) que no ha servido para nada y que la gente terminó rechazando y cuestionando el statu quo de la clase política en 2001 y 2002.
Por supuesto que habrá que darle un marco jurídico, una nueva constitución, pero eso será al final de un proceso participativo donde los partidos políticos solos no tienen la autoridad moral ni la representación social para hacerlo. En cambio, hay muchas instancias de participación, de organización de la sociedad donde están tanto excluidos como incluidos.

- Pero está la lista sábana, el clientelismo...

Tenemos una historia, una tradición de participación que va más allá de los partidos políticos. Además no pueden tener el monopolio de la representación social porque la gente no les delega esa función. A la democracia participativa hay que ampliarla. Incluso hay algunos mecanismos legislados que no se aplican como el plebiscito y el referéndum. Y otras instancias de participación que no son ir a votar, sino a hablar, a discutir. No hace falta ser diputado para proponer una idea. Las asambleas vecinales han funcionado en ese sentido y muchísimas instancias de organización social funcionan así. Somos un país de cabildo abierto que ha nacido con vocación participativa. Tenemos una larga historia de pueblo en las plazas, expresándose. Tenemos que abrir cauces institucionales nuevos y lograr un contrato social por los siglos de los siglos.

- ¿La correlación de fuerzas, permite cristalizar este proyecto?

Creo que nadie, ningún presidente, ningún ejército, ninguna guerrilla, ningún sindicalismo, ni ningún partido político tendrá la fuerza necesaria para imponerlo. Se debe consensuar. La relación de fuerzas impone. Por supuesto que hay circunstancias más propicias que otras para la concreción. Pero hay algo previo que son las ideas. Tiene que existir la convicción de que si no tenemos un contrato social de largo plazo, no somos una nación. Y si no somos una nación no habrá gobierno estable. Como no lo ha habido. Y no lo ha habido porque no hemos sido una Nación. Pensemos en políticas de Estado seculares, en consensos de desarrollo social. Para eso, es imprescindible sentarse a negociar y firmar todos algo.

- ¿Cuando decís todos, quiénes serían?

Todos los sectores interesados en un proyecto nacional basado en políticas de Estado claras. El plazo depende de la voluntad política de los actores. Europa lleva 60 años. El asunto es que el consenso de integración no tiene alternativa. O somos una Nación o la correlación de fuerzas para enfrentarnos no nos resuelve el problema. Ahora, si no tenemos intereses comunes y no hay posibilidad de construirlos pues desapareceremos. Entonces, la correlación de fuerzas pasa a ser un tema secundario. En todo caso sería de ideas. Qué idea es más poderosa para producir esa aglomeración. Porque no hay alternativa al consenso. Esta es la cuestión. Si no se logra, habrá desintegración.

- ¿De acuerdo al actual mapa político; Venezuela, Uruguay, Brasil, Chile, Argentina. Es posible articular una estrategia de integración latinoamericana?

No conozco la estrategia. Hay un discurso de integración y tenemos una oportunidad histórica cuando hay varios gobiernos que tienen el mismo discurso de integración. Pero ¿cuál es la estrategia de integración? Qué le proponemos nosotros a Uruguay. Está bien, apoyamos a Tabaré Vásquez, muy bien, lo aplaudimos, somos compañeros. ¿Pero qué le dejamos producir en el Mercosur? ¿O solamente están para que nos compren la industria Argentina y de Brasil? ¿Qué le proponemos a Paraguay? Qué le ofrecemos a Bolivia para que se integra al Mercosur. ¿Por qué lo va a hacer? Porque la patria grande, los libertadores, ese es el discurso. Vamos a los hechos. Qué va a ganar Bolivia en los próximos 40, 50 años, si se integra al Mercosur. ¿Va a ganar algo o nada? Si no hay una estrategia de integración, el discurso pasará a la feliz coyuntura política de coincidencias de gobiernos: de signos más o menos parecidos, de distintos orígenes, más o menos nacionalistas, democráticos, populares, que abarca desde Chávez hasta Lagos, pasando por Tabaré, Lula, Kirchner y demás. Esta feliz coincidencia, al menos desde mi punto de vista, necesita de una estrategia que por lo menos se concentre en dos puntos. Podrían ser más, pero por lo menos estas dos. La integración monetaria y la integración política en el parlamento latinoamericano.
La integración no se hace en reuniones de jefes de Estado, de tanto en tanto. Eso es para ir avanzando en las negociaciones, pero hacen falta instituciones permanentes.

- O sea que estamos en pañales en este tema...

Sí, esa es mi opinión. Estamos en pañales. tenemos una buena posibilidad una buena perspectiva, una buena coyuntura. Y debemos aprovecharla para hacer un cambio de estructuras. Si nosotros seguimos con los sistemas monetarios fragmentados, vamos a seguir sometidos a las crisis financieras de movimientos de capitales. Una vez golpeará a Brasil, otra en Argentina, en Uruguay y en Venezuela. Europa ya demostró la experiencia para salir de esa crisis especulativa financiera. Hay que avanzar en la integración monetaria y eso es posible. No es una teoría. Es algo que está demostrado en la realidad. Bueno, nosotros necesitamos plantear urgentemente como agenda de integración económica: la integración monetaria. Para que las crisis financieras de las movilidades de capitales en la globalización no destruyan nuestra unidad.
Además necesitamos avanzar en una integración política. Va muy bien que haya cumbres de jefes de Estado. Pero no alcanza. Hay que buscar estructuras permanentes donde la estructura básica de una democracia continental sea un parlamento latinoamericano.

El compromiso militante de Walsh

También fue posible evocar la figura de Rodolfo Walsh miembro de Montoneros durante los años setenta. Ante el planteo de Prensared acerca de la figura de Rodolfo Walsh quien desde lo periodístico y literario es valorado a niveles superlativos pero negando u ocultando su identidad política, Firmenich opinó:
"Para mí, fue un gran militante antes que periodista. Consagró gran parte de su vida a luchar por un país más justo".
Recordó además que se juntaban en reuniones de discusión política.
"Participábamos todos en rueda y opinábamos sobre el discurso, los proyectos de prensa, la línea editorial. Sobre todo durante la experiencia del diario Noticias, mientras estábamos en la legalidad. Por supuesto nos juntábamos a discutir la línea periodística, la línea editorial. Él era más grande que nosotros y con toda su experiencia confluyó en la organización".

2005 - www.rodolfowalsh.org

[Imágen: Mario Firmenich y familia, 2004]


Mario Montoto: entre Massera y Firmenich

(por Viviana Gorbato) De tanto ir a cancillería para visitar a su amigo, Rafael Bielsa, según la revista Poder, lo llaman "Marito". Pero cuando fue secretario y guardaespaldas de Mario Firmenich, su nombre de guerra era Pascualito.

Su apellido mueve a risa: Mario Montoto, pero su historia no. "Un hombre con mi pasado nunca puede ser feliz" me confesó una vez en el Open Plaza mientras yo hacía mi libro "Montoneros, soldados de Menem ¿soldados de Duhalde?".

Feliz puede que no, pero rico y poderoso sí. "No se hagan la película con Yabrán. Mario Montoto hizo sus negocios pidiendo de prestado de a mil pesos a sus amigos" me explicó Carlos Bettini ex montonero, apoderado de Isabel Perón , director de Aerolíneas y actual cuestionado futuro embajador argentino en España.

La última actividad política de Mario Montoto fue representar al peronismo revolucionario en la campaña electoral Menem Presidente, en la cual se negoció el indulto de Mario Firmenich.

De a mil o cien mil, la cuestión es que Montoto dejó la política y se convirtió en un hábil lobbysta. "Los primeros meses que pasé alejado de la actividad política me sentía perdido, desorientado , casi vacío. Experimentaba que mis dolores, angustias y principalmente mis afectos me impedirían desarrollar otra actividad que no fuera la política. Estaba recién casado y mi mujer no provenía de la actividad política" reflexionaba.

En 1994, junto a Sergio Taselli participó de la privatización de Yacimientos Carboniferos Fiscales en Río Turbio, precisamente en la misma mina en la que se ha producido recientemente el accidente que terminó con la vida de tantos mineros.

En 1998, después de varios fracasos económicos, llegó a ser presidente de Trainment Ciccone Systems, SA. Esta companía líderó la producción de máquinas expendedoras de boletos de colectivo. Montoto aseguraba que Ciccone Calcográfica, la empresa madre, nada tenía que ver con Yabrán como le endilgaba Cavallo.

La relación con Taselli, sin embargo, continuó y llegó a ser director de la empresa de ferrocarriles Metropolitano "En el Roca no hay ninguna ventanilla rota " solía decirle a los periodistas cuando ellos le preguntaban acerca de las quejas de los usuarios.

Pero hace poco Mario Montoto dejó de ser director del Metropolitano para emprender un nuevo ambicioso negocio.Su contacto clave en la marina , según la revista Poder, es su socio Hugo Darío Miguel , capitán de corbeta retirado de la Armada que se dedica al negocio de Internet.

Quizás fue Miguel el que interesó a los hijos del almirante Massera en el proyecto de una empresa de nombre rutilante "Corporación para la Defensa del Sur" fundada el 20 de junio del 2003.Con su ánimo y habilidad de lobbysta, que no se inmuta en hacer alianzas con los verdugos del ESMA, se dedica ahora – entre otras cosas. "al desarrollo , implementación, operación y comercialización de la infraestructura, servicios, sistema para la seguridad, defensa civil y comercial". El "monto management", como lo calificó la revista Poder.

No se arredra ante la "tecnología espacial" y la "ingenieria nuclear". La misma revista Poder dice que "Montoto no perdió mucho tiempo. En noviembre de 2003 inscribió su empresa en el registro de Proveedores del Estado, un requisito indispensable para participar de las licitaciones y las compras directas encargadas por el mayor comprador de la Argentina".

La pintura que hace de él el actual diputado Miguel Bonasso en su libro "Recuerdos de la Muerte" no lo beneficia. "Bip-bip. Mario Montoto solía comunicarse con los militantes montoneros en México utilizando un radiollamada, toda una novedad en los 70". Bonasso lo describe "con una voz castrense y juguetona" y que "con anteojos negros parecía una pelota". Agrega que "era un gran pibe, pero lo convirtieron en policía. Claro que un policía de los nuestros". Sin embargo, Bonasso no podría saber en ese momento que Mario Montoto, llegaría a ser uno de los principales representantes del "montomanagement" en la década del 90 y en la actualidad.

Fuente: www.weblog.com.ar

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