DICCIONARIO DE PSICOANÁLISIS - F-G -
Fachinelli Elvio
(1928-1989) Psicoanalista italiano
fuente(1)
Figura eminente del movimiento contestatario y radical de la década de 1970 en Italia, Elvio
Fachinelli se hizo primeramente conocer como uno de los iniciadores del contracongreso que se
realizó en Roma en 1969, al mismo tiempo que el de la muy poderosa y conservadora
International Psychoanalytical Association (IPA).
Ese movimiento, que tuvo una gran repercusión mediática, cuestionaba las estructuras
jerárquicas de la Societá Psicanalitica Italiana (SPI), así como los criterios de la formación de los
analistas. Los resultados se hicieron sentir unos años más tarde, en la forma de una
reorganización de la SPI que establecía una distinción entre los centros (seis en Italia),
encargados de la difusión cultural, y los institutos (tres), responsables de la formación.
Influido por las ideas de Jacques Lacan, que él contribuyó a difundir en Italia desde 1965, Elvio
Fachinelli fue también sensible a todas las tesis antiautoritarias: las de Wilhelm Reich, las de
Herbert Marcuse, las de diferentes miembros de los movimientos feministas.
Sensible a las nuevas aspiraciones políticas, Fachinelli, con Enzo Morpurgo, Diego Napolitani,
etcétera, procuró que el psicoanálisis participara, fuera de las estructuras institucionales
ortodoxas, en todas las experiencias en curso en los suburbios de las grandes ciudades,
principalmente Milán. Elvio Fachinelli, uno de cuyos libros ha sido traducido al francés, fue el
fundador de la revista L’Érba voglio, que en la década de 1970 llegó a tener dos mil quinientos
suscriptores, y más tarde se transformó en una editorial.
Facilitación
Facilitación
Facilitación
fuente(2)
s. f. (fr.frayage; ingl.facilitation, al. Bahnung). Disminución de la resistencia en el paso de la
excitación de una neurona a otra.
Cuando Freud describe el aparato psíquico como aparato neuronal (Proyecto de psicología,
1895), se ve llevado a suponer que la excitación, al desplazarse de una neurona a otra, elige
preferentemente las vías ya utilizadas en experiencias anteriores. En ese caso se dice que ha
habido facilitación. Este concepto sin duda ha perdido importancia, aunque Freud lo retome en
1920, a partir de que se considera que el modelo neuronal tiene en sí mismo un valor sobre todo
metafórico.
Facilitación
Facilitación
Al.: Bahmung.
Fr.: frayage.
Ing.: facilitation.
It.: facilitatione.
Por.: facilitação.
fuente(3)
Término utilizado por Freud cuando da un modelo neurológico del funcionamiento del aparato
psíquico (1895): la excitación, para pasar de una neurona a otra, debe vencer cierta resistencia;
cuando este paso implica una disminución permanente de esta resistencia, se dice que hay
facilitación: la excitación escogerá la vía facilitada con preferencia en la que no lo ha sido.
El concepto de facilitación ocupa un lugar central en la descripción del funcionamiento del
«aparato neuronal» que dio Freud en su Proyecto de psicología científica (Entwurf einer
Psychologie, 1895). Jones indica que este concepto desempeñaba un papel importante en el
libro de Exner publicado un año antes, Proyecto de una explicación fisiológica de los
fenómenos psíquicos (Entwurf zu einer physiologischen Erklärung der psychischen
Erscheinungen, 1894). Sin haberlo abandonado, apenas lo usa en sus trabajos
metapsicológicos. Sin embargo, volvemos a encontrar el concepto de facilitación cuando, en
Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips, 1920), se ve inducido a utilizar de
nuevo un modelo fisiológico.
Fairbairn Ronald (1889-1964).
Médico y psicoanalista inglés
Fairbairn Ronald (1889-1964). Médico y psicoanalista inglés
Fairbairn Ronald
(1889-1964) Médico y psicoanalista inglés
fuente(4)
Nacido en Edimburgo, Ronald Fairbairri realizó estudios de teología y filosofía, antes de
orientarse hacia la medicina y la psicoterapia. Clínico hospitalario, docente en la universidad, se
consagró en tiempo completo al psicoanálisis a partir de 1954: era el único miembro de la British
Pschoanalytical Society (BPS) que ejercía en aquella ciudad, y nunca fue verdaderamente
reconocido por sus pares. Primero favorable a las tesis kleinianas, más tarde se incorporó al
grupo de los Independientes. Teórico de la relación de objeto, elaboró una posición original,
según la cual los objetos externos son transformados por los procesos inconscientes. Como
clínico de la esquizofrenia y de la fobia, fue uno de los ardientes defensores de la doctrina del
self, que él contribuyó considerablemente a desarrollar en los Estados Unidos.
Fálica (mujer o madre)
Fálica (mujer o madre)
Fálica
(mujer o madre)
Al.: phallische (Frau o Mutter).
Fr.: phallique (femme o mère).
Ing.: phallic (woman o mother).
It.: fallica (donna o madre).
Por.: fálica (mulher o mãe).
fuente(5)
Mujer fantaseadamente provista de un falo. Esta Imagen puede adoptar dos formas principales,
según que la mujer se encuentre representada, ya sea como portadora de un falo externo o de
un atributo fálico, ya sea como conservando en su interior el falo masculino.
La imagen de mujeres provistas de un órgano sexual masculino se encuentra frecuentemente en
psicoanálisis, en los sueños y en las fantasías.
Desde un punto de vista teórico, la imagen de la mujer fálica tiene su fundamento en la
patentización progresiva de una «teoría sexual infantil» después de una fase libidinal
propiamente dicha, en las cuales únicamente existiría para ambos sexos un solo órgano sexual,
el falo (véase: Fase fálica).
Según Ruth Mack Brunswick, esta imago se formaría «[...] para asegurar la posesión del pene
por la madre y, así, aparecería probablemente en el momento en que el niño comienza a dudar de
que la madre lo posea efectivamente. Con anterioridad [...] parece más que probable que el
órgano ejecutivo de la madre activa es el pecho; la idea del pene es luego proyectada
retrospectivamente sobre la madre activa, una vez reconocida la importancia del falo».
Desde un punto de vista clínico, Freud ha mostrado, por ejemplo, cómo el fetichista encontraba
en su fetiche un substitutivo del falo materno cuya ausencia reniega.
En otra dirección, los psicoanalistas, siguiendo a F. Boehm, han puesto de manifiesto,
especialmente en el análisis de los homosexuales masculinos, la fantasía ansiógena según la
cual la madre habría retenido, dentro de su cuerpo, el falo recibido durante el coito. Melanie Klein,
con la idea de la «imago de los padres acoplados», ha dado mayor extensión a este fantasma.
Se observará que, en conjunto, el término «mujer fálica» designa a la mujer que posee un falo y
no la imagen de la mujer o de la niña identificada con el falo. Señalemos, por último, que la
expresión «mujer fálica» se utiliza a menudo, en sentido figurado, para calificar a una mujer que
presenta rasgos de carácter supuestamente masculinos, por ejemplo una mujer autoritaria, pero
esto sin que se sepa cuáles son exactamente los fantasmas subyacentes.
Fálico (estadio)
Fálico (estadio)
Fálico
(estadio)
fuente(6)
(fr. stade phallique; ingl. phallic stage; al. phallische Stufe). Fase de la sexualidad infantil, entre
los 3 y los 6 años, en la que, en los dos sexos, las pulsiones se organizan alrededor del falo.
Pero es verdad que el falo como significante tiene un papel determinante para el sujeto desde el
principio de la vida, lo que puede hacernos vacilar en aislar un estadio fálico especial. Véase
estadio.
Falo
fuente(7)
s. m. (fr. phallus; ingl. phallus; al. Phallus). Símbolo de la libido para los dos sexos; significante
que designa el conjunto de los efectos del significante sobre el sujeto y, en particular, la pérdida
ligada a la captura de la sexualidad en el lenguaje.
La noción de falo, central en la teoría psicoanalítica, marca que el punto de impacto eficaz de la
interpretación, en una cura, es sexual. Al mismo tiempo, nos plantea cuestiones de orden ético
sobre la sexualidad humana.
Historia del concepto. Este término, familiar para los etnólogos y los historiadores de la
Antigüedad griega, remite al ritual religioso de los misterios, donde, al parecer -ya que no hay
documentos directos sobre Eleusis en particular-, uno de los puntos culminantes era el
develamiento de un simulacro del sexo masculino, prenda de potencia, de saber y de fecundidad
para la tierra y los hombres. Se percibe por lo tanto la ambigüedad de este término, que,
poniendo en imagen la turgencia del pene, hace de él o bien un símbolo a venerar o bien un
símbolo capturado por la lógica del inconciente. Se ve además la confusión a la que el término
puede dar lugar entre la sexualidad y la procreación, así como el posible entrampamiento del
enigma de la relación entre hombre y mujer por la descripción antropológica de la relación familiar
entre el padre y la madre.
Por la noción freudiana de complejo de Edipo y por su correlato, el complejo de castración, la
prohibición del incesto sale de la descripción antropológica y del mito trágico en tanto el falo
deviene objeto del deseo de la madre, prohibida para el niño. Freud sitúa entonces la castración,
es decir, la manera en que está regulado el goce del ejercicio de la sexualidad, como lo que liga
el sexo con la palabra, palabra amenazante, es verdad, pero cuya interdicción estructura el
deseo, tanto en el varón como en la niña, en la que se hubiera podido creer que la ausencia de
pene podía dispensarla de pagar el tributo simbólico a la sexualidad para que esta se haga
humana.
La concepción freudiana del falo. Para Freud, el término falo, que aparece bajo su pluma en
reiteradas oportunidades (a propósito de los símbolos fálicos en el sueño, a propósito de la
organización de la fase fálica), sirve para afirmar el carácter intrínsecamente sexual de la libido.
En esto se opone por ejemplo a la teoría de Jung, en la que el deseo está ligado a fuerzas vitales
metafísicas y los mitos conservan su acento iniciático religioso.
El acento puesto en el adjetivo fálico corresponde a una posición teórica esencial de parte de
Freud: la libido es fundamentalmente masculina, incluso para la niña, a despecho de las
afirmaciones de discípulos de Freud como E. Jones o K. Horney. No se puede decir «a cada uno
su libido o a cada uno su esencia»: el falo es una especie de operador de la disimetría necesaria
para el deseo y el goce sexuales. ¿Engendra esta disimetría un discurso en Freud? Veámoslo. El
falo está ligado a Eros, fuerza que tiende a la unión, mientras que Tánatos desune, desorganiza.
Sin embargo, en Más allá del principio de placer (1920), Freud muestra que la reproducción
sexuada implica la muerte del individuo; lo fálico, por lo tanto, no puede ser un puro símbolo de la
vida. La complejidad de esta noción parece jugarse, en Freud, menos en la irreductible diferencia
entre los sexos que en la oposición entre vida y muerte.
La primera aproximación lacaniana al falo. Sólo con J. Lacan el falo se convierte verdaderamente
en un concepto fundamental de la teoría psicoanalítica. ¿De qué se trata con el falo? De la
asunción de su sexo por el hombre. En el artículo «La significación del falo» (1958), publicado en
los Escritos (1966), Lacan marca de entrada la postura simbólica del falo en el inconciente y su
lugar en el orden del lenguaje: «Sólo sobre la base de los hechos clínicos la discusión puede ser
fecunda. Estos demuestran una relación con el falo que se establece sin consideración por la
diferencia anatómica de los sexos (...) El falo es un significante, un significante cuya función en
la economía intrasubjetiva del análisis levanta quizás el velo que mantenía en los misterios. Pues
es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos de significado, en tanto el
significante los condiciona por su presencia de significante». Es decir que Lacan sitúa al falo en
el centro de la teoría psicoanalítica y hace de él el objeto de la represión originaria freudiana. Así
debe entenderse la siguiente afirmación lacaniana: «El falo no puede desempeñar su papel si no
es velado». Esto tiene consecuencias técnicas y clínicas. El develamiento del falo está por lo
tanto en las antípodas de la interpretación psicoanalítica, pero remite a una iniciación en un signo
último y siderante. Aunque, si es verdad que en última instancia toda significación remite al falo,
no es como a una clave mágica de los sueños y los discursos, sino tomando en cuenta la barra
que separa significante y significado, y que también divide al sujeto deseante ($)
[«de-siderante», si hacemos jugar sideración y deseo en cuanto a su origen: de-siderare],
puesto que «el inconciente está estructurado como un lenguaje».
Esta elección teórica aclara a posterior¡ la diversidad de las concepciones del falo de Freud y de
sus discípulos: «El falo, en la doctrina freudiana, no es ni un fantasma (en el sentido de un
efecto imaginario) ni un objeto parcial (interno, bueno, malo) ni tampoco el órgano real, pene o
clítoris» (Lacan, «La significación del falo»). La distinción y la articulación entre las tres
dimensiones de lo real, lo simbólico y lo imaginario resuelven las contradicciones de esta noción.
Lacan escribe además: «El falo es el significante privilegiado de esa marca en que la parte del
logos se conjuga con el advenimiento del deseo. Se puede decir que este significante es elegido
como lo más saliente de lo que se puede atrapar en lo real de la copulación sexual, y también lo
más simbólico en el sentido literal (tipográfico) de este término, puesto que equivale allí a la
cópula (lógica). Se puede decir también que es por su turgencia la imagen del flujo vital en tanto
pasa por la generación».
Segunda aproximación combinatoria y topológica. Hacia 1972-73, el concepto de falo hace en
Lacan un giro importante en el que resultan conjugadas dos problemáticas: por un lado, una
combinatoria lógica en la que el falo deviene función fálica; por otro lado, una topología, la del
nudo borromeo, en la que el término falo aparece, a propósito del goce fálico, como lo que,
respecto de la consistencia del nudo, ex-siste, es decir, lo que se mantiene en una distinción
radical.
La función fálica. En el seminario Aún, el falo queda situado dentro de una algebrización que
radicaliza la asimetría de la diferencia sexual: «No hay relación sexual inscribible corno tal». No
se puede escribir x R y para dar cuenta de la relación entre los sexos. Pensar el falo en términos
de «función» fálica permite entonces inscribir precisamente este hiato entre hombre y mujer.
Véase matema.
Lacan se separa de una esencia o naturaleza, masculina o femenina, pues «sea lo que fuere del
ser hablante, este se inscribe de un lado o del otro». Lo que permite pensar de otro modo ciertos
problemas clínicos, como el de la histeria masculina.
Es lo que se llama la función del padre, de donde procede, por negación, la proposición Fx, lo
que funda el ejercicio de aquello que suple por medio de la castración la relación sexual, en tanto
esta no es inscribible de ninguna manera. El todo reposa por lo tanto aquí en la excepción
planteada como término por el cual este ?? es negado integralmente». Del lado derecho, lado del
ser hablante, en tanto puede inscribirse del lado mujer, se puede decir lo siguiente: «Por ser
radicalmente Otra en la relación sexual, respecto de lo que puede decirse del inconciente, la
mujer es la que tiene relación con ese Otro». La mujer por lo tanto no es [o está] toda en el goce
fálico. Lo que hace que el que se inscribe del lado varón no alcance a «su compañía sexual que
es el Otro» sino a través del fantasma $ à a, es decir, de la relación que mantiene el sujeto
dividido con el objeto causa del deseo.
Esta combinatoria de cuatro fórmulas proposicionales marca el hiato entre los sexos e intenta
ordenar el texto del goce entre el universal y la excepción, cuando se trata de un campo finito,
por una parte, y, por otra parte, cuando se trata de un campo infinito (a la derecha), marca el
tironeo entre las dos proposiciones cuya relación no puede resolverse en términos de
contradicción.
Esta radical imposibilidad de escribir la relación sexual como tal, la necesidad, por lo tanto, de
pasar por la función fálica, hace oír la palabra falo entre fallar [faillir] y hacer falta [falloir]: entre
lo que hace defecto y lo que hace falta [doble sentido de necesitar y faltar, a lo que se agrega
que faillir evoca no sólo la falla, sino también un «por poco»: il a failli tomber = por poco se cae,
relación que acota la falla en un margen, en un borde]. No hay por lo tanto en Lacan, como sí en
cambio este lo denuncia en Freud en el seminario R.S.I., «prosternación ante el goce fálico». Si
«hay Uno», no es el falo, en tanto signo del Eros, el que marcaría la posibilidad de una comunión;
si hay uno, este uno entra en el cálculo lógico en el que la función fálica opera. Esto marca muy
bien cómo el falo, este significante del goce sexual, no nos remite a ningún dominio, a pesar de
su brillo imaginario, sino al agujero que representa la imposibilidad de marcar con un «uno» la
relación sexual. La función fálica permite de igual modo situar el Nombre-del-Padre como la
excepción fundante de lo que regula, con relación al falo, el ser o no ser, el tener o no tener. Se
observa que este lazo entre el falo y la función paterna fundante de la ley que rige el goce, en
lugar de confundir sexualidad y generación, las distingue claramente una de otra.
Esta combinatoria, en fin, permite no tomar más al objeto fálico confundiendo sus situaciones
imaginaria y simbólica. A la afirmación de M. Klein de que la madre «contiene» el falo, Lacan
responde, radicalizando la cuestión: «Que el falo sea un significante impone que el sujeto tenga
acceso a él en el lugar del Otro». A lo imaginario del continente, del poseedor que podría pensar
que lo da o lo trasmite como un objeto, Lacan lo remplaza por la idea topológica del lugar del Otro.
El falo en el nudo borromeo. El segundo aspecto del giro iniciado alrededor de 1972-73 en la
posición teórica del falo concierne a la topología del nudo borromeo. Este nudo tiene la
particularidad de anudar tres redondeles de hilo sin anudarlos dos a dos: si un redondel se
rompe, se rompe el nudo. Cada redondel es equivalente a los otros, y si respectivamente
representan lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico, esto quiere decir que estas tres dimensiones
son de igual importancia para el abordaje de las cuestiones teóricas y clínicas. También quiere
decir, si el nudo es representado rebatido, que todo lo que queda entonces distribuido en
diferentes superficies tiene bordes que pertenecen a los tres diferentes redondeles.
Esto obliga a pensar lo Real lo Imaginario y lo Simbólico en términos de agujeros y no de
sustancias. E impide igualmente restaurar a su respecto alguna jerarquía o génesis.
En la última parte de la obra de Lacan, el falo es situado como «ex-sistencia»; se trata de
ubicarlo en la separación entre el redondel de lo Real y el de lo Simbólico, en el límite del goce
fálico que, en los bordes del objeto a, se articula con el goce del Otro y el sentido. El falo es por
lo tanto una noción central para el psicoanálisis, a condición de articular y de entender sus tres
dimensiones en un abordaje a la vez lógico y topológico que, de modos diferentes, pero no
contrarios, permita no hacer de él una sustancia, mágica, religiosa o metafísica. Significante del
goce sexual, es el punto en el que se articulan las diferencias en la relación con el cuerpo, con
el objeto y con el lenguaje. Véase matema.
Falo
Falo
Al.: Phallus.
Fr.: phallus.
Ing.: phallus.
It.: fallo.
Por.: falo.
fuente(8)
En la antigüedad grecorromana, representación figurada del órgano masculino. En psicoanálisis,
el empleo de este término hace resaltar la función simbólica cumplida por el pene en la dialéctica
intra e intersubjetiva, quedando reservado el nombre «pene» para designar más bien el órgano
en su realidad anatómica.
Sólo en algunas ocasiones encontramos el término «falo» en los escritos de Freud. En
compensación, en su forma adjetiva, lo hallamos en diversas expresiones, principalmente la de
«fase fálica». En la literatura psicoanalítica contemporánea se constata un empleo cada vez más
diferenciado de los términos «pene» y «falo», utilizándose el primero para designar el órgano
masculino en su realidad corporal, mientras que el segundo hace resaltar el valor simbólico del
mismo.
La organización fálica, que fue reconocida progresivamente por Freud como fase de evolución
de la libido en ambos sexos, ocupa un lugar central, en la medida en que es correlativa del
complejo de castración e impone el planteamiento y resolución del complejo de Edipo. La
alternativa que se ofrece al sujeto en esta fase consta de estos dos términos: tener el falo o
estar castrado. Se observa que aquí la oposición no es entre dos términos que designen dos
realidades anatómicas, como son el pene y la vagina, sino entre la presencia o la ausencia de un
solo término. Esta primacía del falo para los dos sexos es correlativa, para Freud, al hecho de
que la niña ignoraría la existencia de la vagina. Aunque el complejo de castración adopte
diferentes modalidades en el niño y en la niña, en ambos casos continúa centrado alrededor del
único falo, el cual es concebido como separable del cuerpo. En esta perspectiva, el artículo
Sobre las transposiciones de la pulsión y especialmente del erotismo anal (Über
Triebumsetzungen, insbesondere der Analerotik, 1917 viene a mostrar cómo el órgano
masculino se inscribe en una serie de términos substituibles unos por otros en «ecuaciones
simbólicas» (pene = heces = niño = regalo, etc.), términos que tienen en común la propiedad de
ser separables del sujeto y susceptibles de poder circular de una persona a otra.
Para Freud, el órgano masculino no es solamente una realidad que puede encontrarse como la
referencia última de toda una serie. La teoría del complejo de castración atribuye al órgano
masculino un papel preponderante, esta vez como símbolo, en la medida en que su ausencia o
su presencia transforma una diferencia anatómica en un criterio fundamental de clasificación de
los seres humanos, y también en la medida en que, para cada sujeto, esta presencia o ausencia
no es algo obvio, no es reductible a un puro y simple dato, sino que es el resultado problemático
de un proceso intra e intersubjetivo (asunción por el sujeto de su propio sexo). Es sin duda en
función de este valor de símbolo que Freud y, en forma más sistemática, el psicoanálisis
contemporáneo, habla de falo; se hace entonces referencia, de un modo más o menos explícito,
al uso de este término en la Antigüedad, donde designaba la representación figurada, pintada,
esculpida, etc., del órgano viril, objeto de veneración que desempeñaba un papel central en las
ceremonias de iniciación (Misterios). «En aquella lejana época, el falo en erección simbolizaba la
potencia soberana, la virilidad trascendente, mágica o sobrenatural y no la variedad puramente
priápica del poder masculino, la esperanza de la resurrección y la fuerza que puede producirla,
el principio luminoso que no tolera sombras ni multiplicidad y mantiene la unidad que eternamente
mana del ser. Los dioses itifálicos Hermes y Osiris encarnan esta inspiración esencial».
¿Qué debe entenderse aquí por «valor de símbolo»? No es posible asignar al símbolo falo una
significación alegórica determinada, por muy amplia que sea (fecundidad, potencia, autoridad,
etc.). Tampoco puede reducirse lo que simboliza al órgano masculino o pene, tomado en su
realidad corporal. En suma, tanto o más que un símbolo (en el sentido de una representación
figurada y esquemática del órgano viril), el falo se encuentra como significación, como lo que
está simbolizado en las más diversas representaciones; Freud ya indicó, en su teoría del
simbolismo, que se trataba de uno de los símbolos universales; creyó encontrar, como tertium
comparationis entre el órgano viril y lo que lo representa, el rasgo común de ser una cosa
pequeña (das Kleine). Pero, en esta misma línea, cabe pensar que lo que caracteriza el falo y se
encuentra también en sus diversas metamorfosis figuradas, es el hecho de ser un objeto
separable, transformable (y, en este sentido, un objeto parcial). El hecho, advertido por Freud
desde La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900) y ampliamente confirmado por
la investigación analítica, de que el sujeto como persona total pueda ser identificado al falo, no
invalida la idea precedente: es en aquel momento cuando una persona misma es asimilada a un
objeto capaz de ser visto, exhibido, e incluso de circular, de ser dado y recibido. Freud
demostró, especialmente en el caso de la sexualidad femenina, cómo el deseo de recibir el falo
del padre se transforma en deseo de tener un niño de él. Por lo demás, en relación con este
ejemplo, cabría preguntarse si está justificado establecer, en la terminología psicoanalítica, una
distinción radical entre pene y falo. El término Penisneid (véase: Envidia del pene) encierra una
ambigüedad que quizá sea fecunda y que no es posible suprimir mediante una distinción
esquemática entre, por ejemplo, el deseo de gozar del pene real del hombre en el coito y el
deseo de tener el falo (como símbolo de virilidad).
En Francia, J. Lacan ha intentado volver a centrar la teoría psicoanalítica en torno a la noción de
falo como «significante del deseo». El complejo de Edipo, tal como ha sido reformulado por este
autor, consiste en una dialéctica en la que las principales alternativas son: ser o no ser el falo,
tenerlo o no tenerlo, y cuyos tres tiempos están centrados en el lugar que ocupa el falo en el
deseo de los tres protagonistas.
Falo
Falo
fuente(9)
Si la teoría psicoanalítica no formuló antes de 1923 la «primacía del falo» como corolario de la
castración, la aparición del símbolo fálico en la prehistoria del pensamiento freudiano atestigua
ya su presencia, en dependencia de la tradición antigua, En efecto, en 1880 el tío político de
Freud, Jakob Bernays, al reconstruir la parte perdida de la Poética de Aristóteles acerca del tema
de la catarsis, exhumó algunos textos cuya influencia sobre el desarrollo de la cura catártica no
ofrece dudas. Restituyamos sobre todo a esta perspectiva la interpretación de Jámblico, que
Bernays no deja de subrayar, acerca de la aparición, en los misterios, de la referencia fálica.
«Ésta será nuestra justificación genérica del culto sin mácula: vincula íntimamente los otros
seres a aquellos que valen más que nosotros, y se dirige puro a los puros, exento de pasión a
los seres exentos de pasión. Para entrar en detalles, decimos que la erección de imágenes
fálicas es un símbolo del poder generador, que creemos, es llamado a fecundar el mundo; por
ello la mayor parte de estas imágenes se consagran en primavera, precisamente cuando el
conjunto del universo recibe de los dioses la generación de todo lo creado. Y, a mi juicio, las
"palabras obscenas" tienen la función de expresar la carencia de belleza que marca la materia y
la indecencia anterior de lo que va a ser puesto en orden; estos seres, que tienen necesidad de
ser ordenados, aspiran a ello tanto más cuanto más condenan su propia inconveniencia. De
nuevo persiguen entonces las causas de las formas ideales y de lo bello cuando enseñan lo
obsceno por la expresión de obscenidades; descartan la práctica de estas últimas, pero las
hacen conocer por el discurso, e invierten sus deseos en sentido contrario.»
La concepción del simbolismo y su función desarrollada en estas líneas nos lleva directamente al
análisis de la catarsis, extensamente comentada por Bernays. Este tema, continúa Jámblico
después de haber evocado el «culto sin mácula» con el ejemplo de la representación fálica, este
tema supone un razonamiento del mismo tipo. Cuando la potencia de las pasiones humanas que
hay en nosotros es contenida por todas partes, ellas se vuelven más fuertes; en cambio, si se
las ejerce en una actividad breve y dentro de ciertos límites, gozan moderadamente y se
satisfacen, después de lo cual, purificadas, se apaciguan por persuasión y sin violencia. Por
ello, al contemplar en la comedia y la tragedia las pasiones del prójimo, estabilizamos las
nuestras, las moderamos y las purificamos, y en el curso de los ritos, por la visión y la audición
de obscenidades nos liberamos del mal que nos causarían si las practicáramos.
«Por lo tanto, uno se entrega a estas acciones para curar su alma, para moderar los males
ligados a ella por el hecho de la generación, para liberarla y desembarazarla de sus ataduras.
Por eso Heráclito las llama con toda razón "remedios", como que remedian los peligros y
sustraen las almas a las desdichas de la generación.»
Retrospectiva freudiana
Habrá entonces que seguir el encaminamiento por el cual la clínica surgida, después de 1895, de
la cura catártica unió ese legado de la antigüedad a la investigación inaugurada por Breuer. Para
ello contaremos con la ayuda preciosa de la breve retrospectiva que el propio Freud aportó en
1923, en el artículo «La organización genital infantil».
«Los lectores de mis Tres ensayos de teoría sexual saben bien que ninguna de las ediciones
posteriores de ese trabajo constituye una refundición total de la primera, sino que conservé el
primer ordenamiento y tuve en cuenta los progresos de nuestros conocimientos interpolando
pasajes y modificando el texto. En esta tarea es posible que a menudo lo antiguo y lo nuevo no
queden bien fusionados en una unidad exenta de contradicciones. Al principio, en efecto, el
acento caía sobre la diferencia fundamental entre la vida sexual de los niños y la de los adultos;
más tarde pasaron al primer plano las organizaciones pregenitales de la libido y, hecho
sorprendente y cargado de consecuencias, la instauración bifásica del desarrollo sexual.
Finalmente, lo que retuvo nuestro interés fue la investigación sexual infantil y, a partir de ella, se
ha podido descubrir hasta qué punto el desenlace de la sexualidad infantil- (más o menos a los
cinco años) se asemeja a la forma acabada de la sexualidad en el adulto. Allí quedamos en la
última edición de los Tres ensayos de teoría sexual (1922).»
En esta edición indico que «muy a menudo, o de una manera regular, en la infancia se realiza ya
una elección del tipo de la que nosotros presentamos como característica de la fase puberal del
desarrollo». No obstante, «ahora ya no me satisface la proposición de que la primacía de los
órganos genitales en la primera infancia sólo se efectuaría de una manera muy imperfecta o
faltaría por completo».
Primera etapa, entonces, la diferencia fundamental entre la vida sexual de los niños y la de los
adultos. Se nos remite a los Tres ensayos en su primera edición de 1905. «La succión nos ha
permitido conocer los tres caracteres esenciales de la sexualidad infantil; no conoce ningún
objeto sexual, es autoerótica y su meta está determinada por el dominio de una zona erógena.
Digamos, anticipándonos, que estas características vuelven a encontrarse en la mayor paj-te de
las manifestaciones de la sexualidad en el niño.»
Segunda etapa: «organizaciones pregenitales» e «instauración bifásica del desarrollo sexual».
En este caso se nos remite al artículo de 1913 titulado «La predisposición a la neurosis
obsesiva». «El contenido de su neurosis -escribe Freud, a propósito de una paciente- consistía
en una penosa obsesión de limpieza y en medidas preventivas muy enérgicas contra los graves
daños con que su propia imaginaria maldad amenazaba a los demás, es decir, en formaciones
reactivas contra las mociones erótico-anales y sádicas. Su necesidad sexual tenía que
exteriorizarse de esas maneras después de la completa desvalorización sufrida por su vida
genital, en razón de la impotencia de su irremplazable marido. Con este punto se vincula el
embrión de teoría al que he dado forma hace muy poco tiempo, y que naturalmente sólo en
apariencia se basa en esta única observación; en realidad, concentra un gran número de
impresiones más antiguas, pero cuyo sentido sólo pude penetrar después de esta última
experiencia. Me dije que faltaba intercalar un elemento nuevo en mi esquema del desarrollo de la
función libidinal. Al principio sólo había distinguido dos fases: la del autoerotismo, en la cual las
pulsiones parciales separadas unas de otras buscan cada cual para sí su satisfacción en el
cuerpo propio; a continuación, la de la concentración de todas las pulsiones parciales para la
elección de objeto, realizada bajo la primacía de los órganos genitales, al servicio de la
reproducción.
«Se sabe que el análisis de las parafrenias nos ha obligado a interpolar entre estas fases el
estadio del narcisismo, en el cual la elección de objeto ya ha tenido lugar, pero el objeto coincide
todavía con el propio yo. Y ahora reconocemos la necesidad de admitir un estadio ulterior,
ubicado antes de la configuración final, en el cual las pulsiones parciales están ya concentradas
en una elección de objeto, y el objeto ya enfrenta a la propia persona como a una persona
extraña, pero en el cual la primacía de las zonas genitales no está aún instaurada; las pulsiones
parciales que dominan esta organizacion pregenital de la vida sexual son más bien las
erótico-anales y sádicas.»
Tercera etapa: investigación sexual que indica una semejanza con la sexualidad adulta. Se nos
remite a la edición de 1915 de los Tres ensayos, y a los dos añadidos introducidos en el
segundo ensayo sobre la «sexualidad infantil», como capítulos 5 («La investigación sexual
infantil») y 6 («Fases de desarrollo de la organización sexual»). El capítulo 5 se refiere: 1) a «la
pulsión de saber»: su acción corresponde por una parte a una sublimación de la tendencia de
dominio (Bemachügung), y por otro lado utiliza como energía el deseo de ver; 2) al enigma de la
esfinge: «los niños no ponen en duda que todas las personas que conocen tienen un órgano
genital semejante al de ellos; no les resulta posible conciliar la ausencia de este órgano con la
idea que se forman del prójimo»; 3) al complejo de castración y la envidia del pene: «los
varoncitos mantienen con tenacidad esta convicción, y sólo suelen abandonarla después de
haber pasado por graves luchas interiores (complejo de castración) ... en cambio, la niñita no
crea teoría alguna al descubrir la existencia de un sexo diferente del suyo... sucumbe a la
envidia del pene que la lleva al deseo, tan importante más tarde, de ser también ella un varón»; 4)
a las teorías sobre el nacimiento, la concepción sádica de las relaciones sexuales y el fracaso
típico de las investigaciones sexuales del niño.
El capítulo 6 trata en particular sobre las fases del desarrollo de la organización sexual:
«Llamamos pregenitales a las organizaciones de la vida sexual en las que las zonas genitales no
han impuesto aún su primacía. Hasta ahora conocemos dos, que sugieren un retorno a las
formas primitivas de la vida animal: la organización oral o caníbal y la organización sádico-anal».
«En esta última -subraya entonces Freud- se encuentra ya la polaridad sexual
(actividad-pasividad) y la existencia de un objeto erótico exterior. Lo que falta aún es la
organización y el sometimiento de las pulsiones parciales a la función de procreación.»
Y Freud añade: «Muy a menudo (podría decirse siempre) se realiza ya en la infancia la elección
de un objeto sexual (elección que hemos definido como característica de la pubertad), de
manera que todas las tendencias sexuales convergen hacia una sola persona y buscan en ella
su satisfacción. Así se realiza en los años de la infancia la forma de sexualidad que más se
asemeja a la forma definitiva de la vida sexual. La diferencia entre estas organizaciones y el
estado definitivo se reduce al hecho de que en el niño no se produce la síntesis de las pulsiones
parciales, ni su sumisión completa a la primacía de la zona genital. Sólo la última fase del
desarrollo sexual conducirá a la afirmación de esta primacía».
Primacía del falo
Ésta es precisamente la formulación de la que Freud, en 1923, dirá que ya no puede satisfacerlo.
Lejos de que «la primacía de los órganos genitales sólo se efectúe en la primera infancia de una
manera muy imperfecta o falte por completo», la vida sexual del niño «se aproxima a la del adulto
en una medida mucho mayor, y esto no tiene que ver sólo con la realización de una elección de
objeto. Incluso si no se llega a una verdadera síntesis de las pulsiones parciales bajo la primacía
de los órganos genítales, en la culminación del desarrollo de la sexualidad infantil el interés por
los órganos genitales y la actividad genital adquiere sin embargo una importancia dominante que
sólo va en poco a la zaga de la que es propia de la madurez. La característica principal de esta
"organización genital infantil" es al mismo tiempo lo que la diferencia de la organización genital
definitiva del adulto. Reside en que, para los dos sexos, sólo desempeña un papel un único
órgano genital, el masculino. No existe por lo tanto una primacía genital, sino una primacía del
falo».
Así, cuando el varón es confrontado con la diferencia de los sexos, percibe la ausencia de un
órgano «genital»; Freud subraya que es imposible «apreciar en su justo valor la significación del
complejo de castración a menos que se tenga en cuenta que sobreviene en la fase de la
primacía del falo».
Freud precisa además que se ha observado, con razón, «que el niño adquiere la representación
de un daño narcisista por pérdida corporal a partir de la pérdida del pecho materno después del
destete, a partir de la entrega cotidiana de las heces, e incluso desde el nacimiento, a partir de la
separación respecto del cuerpo de la madre. No obstante, no se debería hablar de complejo de
castración más que a partir del momento en que esta representación de una pérdida se vincula
con el órgano genital masculino».
Lo que aporta la fase fálica es entonces la referencia del goce al objeto originariamente
narcisista, objeto no obstante proscripto en tanto que incestuoso, y cuyo abandono bajo la
amenaza de castracion consagrará la renuncia a ese goce, cuya promesa vehiculizaba el
órgano fálico.
De este modo el falo podrá ser considerado desde dos puntos de vista.
Por un lado, en la prolongación de la actividad de la cual Freud extraía el argumento para poner
en evidencia la genitalidad infantil. Es cierto que en un primer momento esta orientación hacia el
objeto no surge del registro fálico. Pero la fase fálica sólo se alcanza bajo la hipoteca de la
amenaza de castración. Podemos entonces preguntarnos si este lazo esencial de las dos
nociones, falo-castración, no tiene que ser comprendido en la perspectiva de la actividad que
Freud colocó bajo la égida de «la investigación» infantil.
Por otra parte, se considerará el falo desde el punto de vista del goce, que es el objetivo de todo
este desarrollo. Pues Freud insiste en esto. Si hay amenaza de castración, es en razón del
privilegio del órgano del que se trata, ya investido por una experiencia anterior a la orientación
hacia el objeto -como si el placer autoerótico hubiera llevado la promesa de un placer más
intenso-
Por razones a la vez históricas y dialécticas (que no carecen de relación con el fondo de las
cosas) la elaboración realizada por Lacan del tema del falo se presentará en la prolongación de
este doble linaje conceptual: en un primer momento, en su especificidad en tanto que significante
ambiguo y, en un segundo tiempo, en tanto que representante de la carencia de goce
característica del sujeto, en su relación con lo real.
La significación del falo
El «interés» de Juanito o, de manera general, la parte reservada por los Tres ensayos a «la
investigación» en la formación del dominio fálico, nos introduce directamente en la presentación
condensada de la función del falo, propuesta en 1958 por Lacan.
«En la doctrina freudiana, el falo no es una fantasía, si por fantasía hay que entender un efecto
imaginario. Tampoco es ya como tal un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc.), en cuanto este
término tiende a apreciar en una relación la realidad de la que se trata. Menos aún es el órgano,
pene o clítoris, que simboliza. Y no sin razón Freud ha tomado su referencia del simulacro que
era para los antiguos.
«Pues el falo es un significante, un significante cuya función en la economía intrasubjetiva del
análisis levanta quizás el velo de la que tenía en los misterios. Pues es el significante destinado a
designar en su conjunto los efectos de significado, en tanto que el significante los condiciona
por su presencia de significante.»
Dos años más tarde, la renovación correspondiente al aporte lingüístico de Jakobson es
doblemente atestiguada por la conferencia «Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el
inconsciente freudiano».
En primer lugar, por la referencia al shifter: «Una vez reconocida en el inconsciente la estructura
del lenguaje», ¿qué tipo de sujeto podemos concebirle? Con cuidado por el método, podemos
aquí intentar partir de la definición estrictamente lingüística del yo [je] como significante: en ella no
es nada más que el shifter o indicativo que designa en el sujeto del enunciado al sujeto en tanto
que habla actualmente. Es decir que designa al sujeto de la enunciación, pero no lo significa.
Como es evidente por el hecho de que todo significante del sujeto de la enunciación puede faltar
en el enunciado, además de que los hay que difieren del yo [e], y no sólo lo que se llama
insuficientemente los casos de la primera persona del singular, aunque se sumara su alojamiento
en la invocación plural, incluso en el sí-mismo de la autosugestión».
Lo que en el enunciado designa al sujeto en tanto que habla actualmente, ¿tiene entonces un
fiador en el seno del tesoro del significante? Este garante emanaría del Otro al que dirijo mi
demanda; allí inspiraría la garantía de que mi demanda es recibida. Ahora bien, precisamente no
se me puede dar esta garantía, porque «no hay Otro del Otro». El Otro es el lugar de mi palabra,
pero allí se detiene su poder»; no encuentro allí ninguna seguridad de la alteridad del destinatario
de mi mensaje, ninguna segur¡ -dad de que la satisfacción de mi demanda me será efectivamente
destinada desde el lugar al cual yo la dirijo.
Tal será, en el registro del significante, la significación del falo, indisociable de esta carencia de
significante, que se escribe S de A tachado. En otras palabras, es indisociable de la castración.
Pues la castración equivale al derrumbe de toda seguridad de obtener mi goce del Otro en tanto
que Otro; en otras palabras, equivale a «la reducción de mi goce al autoerotismo».
«Aquello a lo que hay que atenerse es que el goce está interdicto a quien habla como tal, o
incluso que no puede ser dicho más que entre líneas por cualquiera que sea sujeto de la ley,
puesto que la ley se funda precisamente en esta interdicción.» Ahora bien, «la sola indicación de
este goce en su infinitud lleva consigo la marca de su interdicción y, por constituir esta marca,
implica un sacrificio: el que encierra en un solo y mismo acto con la elección de su símbolo, el
falo.
»Esta elección es permitida porque el falo, es decir, la imagen del pene, es negatividad en su
lugar en la imagen especular. Esto es lo que predestina al falo a dar cuerpo al goce en la
dialéctica del deseo. Es preciso por lo tanto distinguir, respecto del principio del sacrificio, que es
simbólico, la función imaginaria que se consagra a él, pero que lo vela al mismo tiempo que le da
su instrumento.
»Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar del goce, no en tanto él mismo, ni
siquiera en tanto que imagen, sino en tanto que parte que le falta a la imagen deseada: por ello
es igualable al (RAIZ DE -1) de la significación producida supra, del goce al que él restituye por el
coeficiente de su enunciado a la función de falta de significante (-1).
»Si le es dado anudar de tal modo la interdicción del goce, no es sin embargo por estas razones
de forma, sino que su rebasamiento significa lo que reduce todo goce codiciado a la brevedad
del autoerotismo.»
En definitiva, se advierte que Lacan extiende el dominio fálico mucho más allá de los límites que
sugiere.
Como habrá de decirlo en 1971-1972, en «El saber del psicoanalista», «La significación del falo
es el único caso de genitivo plenamente equilibrado. Esto quiere decir que el falo es lo que les
explicaba Jakobson, el falo es la significación, es aquello por lo cual el lenguaje significa; no hay
más que una sola Bedeutung, el falo».
Falo
Falo
Alemán: Mallus.
Francés: Phallus.
Inglés: Millus.
fuente(10)
Para designar el órgano genital masculino se emplean diversas palabras. El vocablo pene se
reserva al miembro real; falo, derivado del latín, designa más bien el órgano en el sentido
simbólico, mientras que se llama itifálico (del griego ithus, recto) el culto al falo como símbolo del
órgano masculino en erección. Investidos de un poder soberano, tanto en la celebración de los
misterios antiguos como en diversas religiones paganas y orientales, los dioses itifálicos y el falo
fueron rechazados por la religión monoteísta, según la cual ellos remitían a una época bárbara
de la humanidad, caracterizada por prácticas orgiásticas.
Sumamente reivindicado por Sade en el Siglo de las Luces, en una impugnación radical del
cristianismo, y por Nietzsche cien años más tarde, el falo, para las sectas del período moderno,
como intentó demostrarlo Hermann Rorschach, se convertirá en el instrumento de una verdadera
sujeción de los miembros de la comunidad, obligados a obedecer los mandatos sexuales del gurú
e idolatrar su órgano. En la historia del psicoanálisis, todas las psicoterapias de tipo orgástico se
desarrollaron en nombre de un culto biológico y sexológico al órgano masculino.
El término falo fue empleado muy pocas veces por Sigmund Freud, a propósito del fetichismo o la
renegación, y a menudo como sinónimo de pene. En cambio, el adjetivo fálico ocupa un lugar
importante en la teoría freudiana de la libido única (de esencia masculina), en la doctrina de la
sexualidad femenina y de la diferencia de los sexos y, finalmente, en la concepción de los
diferentes estadios (oral, anal, fálico, genital). El falocentrismo freudiano fue objeto de una amplia
discusión, tanto en el interior del movimiento psicoanalítico (donde Melanie Klein, Ernest Jones y
la escuela inglesa cuestionaron el monismo sexual, en favor del dualismo) como entre las
feministas, que vieron en esta doctrina la expresión de un "falocratismo" o un "falogocentrismo".
Fue Jacques Lacan, nietzcheano de cultura católica, admirador de Sade y amigo de Georges
Bataille (1897-1962), quien reactualizó la palabra falo en la más pura tradición de un
antieristianismo nutrido en el amor místico y la filosofía platónica. Muy diferente en este sentido a
Freud y los kleinianos, Lacan se distancia todo lo posible de la concepción biológica de la
sexualidad, interesándose más por la perversión que por la neurosis, más por el goce que por el
placer, más por el deseo que por la necesidad, más por el objeto (pequeño) a que por la pulsión.
Fascinado por todas las formas de transgresión, pero habitado por la certidumbre de que el falo
es un atributo divino inaccesible al hombre, y no el órgano del placer o de la supremacía viril,
Lacan, a partir de julio de 1956, hizo de él el significante mismo del deseo, aplicándole una
mayúscula y evocándolo primero como el "faloimaginario", después como el "falo de la madre",
antes de pasar finalmente a la idea del "falo simbólico". De tal modo revisó la teoría freudiana de
los estadios, de la sexualidad femenina y de la diferencia de los sexos, mostrando que el
complejo de Edipo o de castración consiste en una dialéctica "hamletiana" del ser: ser o no ser el
falo, tenerlo o no tenerlo.
Falocentrismo
Alemán: Phallocentrisnius.
Francés: Phallocentrisme.
Inglés: Phallocentrism.
fuente(11)
Este término, creado en 1927, pertenece al vocabulario freudiano y se basa en la tradición
grecolatina, en la cual las diversas representaciones figuradas del órgano masculino estaban
organizadas en un sistema simbólico. Remite a la teoría freudiana de la sexualidad femenina y la
diferencia de los sexos, y designa la doctrina monista de que en el inconsciente sólo existiría un
tipo de libido, de esencia masculina. Esta doctrina fue criticada por Melanie Klein, Ernest Jones y
la escuela inglesa de psicoanálisis, que le opusieron una teoría dualista de la diferencia de los
sexos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo del movimiento feminista, la palabra
falocentrismo adquirió una significación peyorativa, en tanto se la asimiló a una doctrina
relacionada con la "falocracia", es decir, un modo de poder sexista basado en la desigualdad y
la dominación de las mujeres por los hombres.
En 1965, el filósofo francés Jacques Derrida forjó el término falogocentrismo, a partir de
falocentrismo y logocentrismo, para designar la primacía atribuida por la filosofía occidental al
logos platónico y a la simbólica del falo. El término fue retomado en 1974 por la psicoanalista
francesa Lucy Irigaray, en el marco de una teoría diferencialista de la sexualidad femenina. Más
tarde hizo carrera en los Estados Unidos, entre las feministas antifreudianas.
Fanon Frantz (1925-1961). Escritor y
psiquiatra francés
Fanon Frantz (1925-1961). Escritor y psiquiatra francés
Fanon Frantz
(1925-1961) Escritor y psiquiatra francés
fuente(12)
Héroe de la lucha antinazi y figura de vanguardia del combate contra el colonialismo, Frantz
Fanon nació en Fort-de-France, Martinica, en un ambiente acomodado. Su madre era de origen
alsaciano, lo que explica la elección de su nombre, y el padre trabajaba para la administración
colonial. Hijo ¡legítimo de una pareja mixta (sang mêlé) fue además marcado por el hecho de que
era el más negro de los ocho hijos de la familia. Ser el más negro -dirá más tarde- es "ser el
menos blanco". No sorprenderá que durante toda su vida lo haya obsesionado la cuestión de lo
blanco y lo negro.
Entre 1939 y 1943 estudió en el Liceo Scheelcher donde enseñaba Aimé Césaire. Después,
hostil a la política del mariscal Pétain, marchó a la Dominica, para unirse a las Fuerzas Francesas
Libres del Caribe. En 1944, a los 19 años, combatió en el frente europeo, y descubrió, en las filas
del ejército de liberación, que la Francia resistente no era menos racista que la Francia petainista
y antisemita. Después de ser enviado a Argelia fue condecorado con la cruz de guerra por el
general Raoul Salan, comandante en jefe del sexto regimiento de tiradores senegaleses.
En 1947, gracias a una beca estatal, se inscribió en la facultad de medicina de Lyon, y se
especializó en psiquiatría. Emprendió entonces la redacción de su tesis, Peau noire, masques
blancs, publicada en 1952, año en que se encontraba en el Hospital de Saint-Alban. Allí, formado
por François Tosquelles, se inscribió en la gran corriente de la psiquiatría institucional, nacida en
Francia con la lucha antinazi. Antifreudiano, se negó a analizarse y, en diciembre de 1953, fue
nombrado médico jefe del Hospital de Blida, en Argelia, donde pasó tres años atendiendo a
enfermos mentales en el contexto de la guerra de liberación nacional.
Peau noire, masques blanes era una respuesta a Psychologie de la colonisation, obra del
psicoanalista francés Octave Mannoni publicada en 1950. Aunque juzgaba "sincera" la
argumentación de su adversario, Fanon le reprochó que psicologizara la situación colonial y
redujera los conflictos entre el hombre blanco y el hombre negro a un juego sofisticado que
llevaba a mantener al colonizado bajo la dependencia del colonizador.
La crítica era de peso y, después de esa polémica, Mannoni mantuvo con su propio libro una
relación ambivalente, renegando a veces de algunas de sus tesis, y otras reivindicándolas. En
realidad, en ese debate los protagonistas adoptaron tesis que ya habían sido discutidas por
Bronislaw Malinowski y Geza Roheim a propósito de Tótem y, tabú y del alcance, universal o no,
del complejo de Edipo en el conjunto de las sociedades humanas. Si Mannoni, incluso antes de
convertirse en freudiano, defendía posiciones universalistas, corregidas por la fenomenología,
Fanon, rechazando el freudismo, adoptaba el principio de un culturalismo afirmado en el
compromiso anticolonial. Por ello descartaba el psicoanálisis, en razón de su supuesta
incapacidad para tomar en cuenta la negritud o la identidad negra: "Ni Freud ni Adler, ni siquiera
el cósmico Jung, pensaron en los negros en el curso de su investigación 1. Quiérase o no, el
complejo de Edipo no está cerca de ver la luz entre los negros."
No obstante, para construir su teoría de la identidad negra, Fanon se basaba en la noción del
estadio del espejo tomada de Jacques Lacan. Ella le permitía criticar la psicología colonial
fundada en una clasificación "racista", y distinguir el enfoque culturalista de la subjetividad
respecto de la psicología de los pueblos y del diferencialismo. En la misma medida en que
Mannoni seguía siendo tributario de una psicología que lo llevaba a considerar la situación
colonial como un juego de roles o un galanteo perverso, Fanon integraba la adquisición del
psicoanálisis para rechazar el freudismo en nombre de una política. En tal sentido, anticipaba las
posiciones de la antipsiquiatría.
Cercano al Frente de Liberación Nacional (FLN), del que se convirtió en miembro en 1957, Fanon
renunció a su puesto de médico jefe en 1956, para digirirse a Túnez y comprometerse en el
combate desde una posicion más adelantada. Enseñó en la facultad de medicina y practicó la
psiquiatría en el Hospital de la Manouba, y después, con Charles Géronimi, en el Hospital
Charles-Nicolle, donde abrió un servicio de día.
Por otra parte continuó escribiendo. En 1960, cuando redactaba su gran libro, Les Damnés de la
terre, el más hermoso manifiesto de la rebelión anticolonial, supo que padecía una leucemia.
Murió en diciembre de 1961 en un hospital de Washington, convencido del carácter ineluctable
de la independencia por la que había luchado tanto.
Apasionadamente leída y comentada en todo el mundo, la obra de Fanon ha sido mitificada en los
Estados Unidos, donde el autor, aureolado con una leyenda de héroe de la negritud, se
transformó, en la década de 1990, y en virtud de su referencia al estadio del espejo, en un
"Lacan negro", más psicoanalista que psiquiatra, y sobre todo teórico de la hibridización cultural,
es decir, de una no-diferenciación entre la identidad negra y la identidad blanca.
Fantasía
Fantasía
Fantasía
Al.: Phantasie.
Fr.: fantasme.
Ing.: fantasy o phantasy.
It.: fantasia.
Por.: fantasia.
fuente(13)
Guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos
deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en último término, de un
deseo Inconsciente.
La fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños diurnos,
fantasías Inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un contenido
manifiesto, y fantasías originarias.
I. La palabra alemana Phantasie designa la imaginación. No tanto la facultad de imaginar en el
sentido filosófico del término (Einbildungskraft), como el mundo imaginario, sus contenidos, la
actividad creadora que lo anima (das Phantasieren). Freud recogió estos diferentes usos de la
lengua alemana.
En francés, el término fantasme ha sido utilizado de nuevo por el psicoanálisis y, en
consecuencia, está más cargado de resonancias psicoanalíticas que su homólogo alemán. Por
otra parte, no corresponde exactamente al término alemán, pues su extensión es menor.
Designa una determinada formación imaginaria y no el mundo de las fantasías, la actividad
imaginativa en general.
Daniel Lagache ha propuesto volver a utilizar en su antiguo sentido el término «fantaisie», que
tiene la ventaja de designar tanto la actividad creadora como sus producciones, pero que, para
la conciencia lingüística contemporánea, es muy difícil que no sugiera los matices de capricho,
originalidad, falta de seriedad, etc.
II. Los términos «fantasía» «actividad fantaseadora», sugieren inevitablemente la oposición entre
imaginación y realidad (percepción). Si se hace de esta oposición un eje de referencia
fundamental del psicoanálisis, habrá que definir la fantasía como una producción puramente
ilusoria que no resistiría a una aprehensión correctora de lo real. Algunos textos de Freud
parecen justificar tal orientación. En las Formulaciones sobre los dos principios del
funcionamiento psíquico (Formulierungen über die zwei Prinzipen des psychischen
Geschehens, 1911), Freud contrapone al mundo interior, que tiende a la satisfacción por ilusión,
un mundo exterior que impone progresivamente al sujeto, por mediación del sistema perceptivo,
el principio de realidad.
En igual sentido se invoca a menudo la forma como Freud descubrió la importancia de las
fantasías en la etiología de las neurosis: Freud, que en un principio admitió la realidad de las
escenas infantiles patógenas halladas en el curso del análisis, habría abandonado
definitivamente esta primera convicción, denunciando su «error»: la realidad aparentemente
material de estas escenas no era más que «realidad psíquica(14)».
Pero conviene subrayar aquí que la expresión «realidad psíquica» no es simplemente sinónima
de mundo interior, campo psicológico, etc. Tomada por Freud en su sentido más fundamental,
designa un núcleo, heterogéneo en este campo, resistente, el único verdaderamente «real» en
comparación con la mayoría de los fenómenos psíquicos. «¿Es preciso atribuir una realidad a los
deseos inconscientes? No sabría decirlo. Naturalmente, debe negárseles a todos los
pensamientos de transición y de ligazón. Cuando nos encontramos ante deseos inconscientes
llevados a su última y más verdadera expresión, nos vemos obligados a decir que la realidad
psíquica constituye una forma de existencia particular que es imposible confundir con la realidad
material».
El esfuerzo de Freud y de toda la reflexión psicoanalítica consiste precisamente en intentar
explicar la estabilidad, la eficacia y el carácter relativamente organizado de la vida de fantasía
del sujeto. Dentro de esta perspectiva, Freud, desde que centró el interés sobre las fantasías,
destacó modalidades típicas de guiones fantaseados, como, por ejemplo, la «novela familiar».
Rehusa dejarse encerrar en la oposición entre una concepción que considera la fantasía como
un derivado deformado del recuerdo de acontecimientos reales fortuitos, y otra que no atribuiría
realidad propia a la fantasía, viendo en ella únicamente una expresión imaginaria destinada a
enmascarar la realidad de la dinámica pulsional. Las fantasías típicas halladas por el
psicoanálisis condujeron a Freud a postular la existencia de esquemas inconscientes que
trascienden lo vivido individual y se transmitirían hereditariamente: las «fantasías originarias ».
III. La palabra «fantasía» se utiliza muy extensamente en psicoanálisis. Según algunos autores,
esta utilización tendría el inconveniente de no precisar la situación tópica (consciente,
preconsciente o inconsciente) de la formación que se considera.
Para comprender el concepto freudiano de Phantasie, conviene distinguir diversos niveles:
1.° Lo que Freud denomina Phantasien son ante todo los sueños diurnos, escenas, episodios,
novelas, ficciones que el sujeto forja y se narra a sí mismo en estado de vigilia. En los Estudios
sobre la histeria (Studien über Hysterie, 1895), Breuer y Freud mostraron la frecuencia y la
importancia de esta actividad fantaseadora en el histérico y la describieron como
frecuentemente «inconsciente», es decir, produciéndose durante estados de ausencia o
estados hipnoides.
En La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung, 1900) todavía describe Freud las
fantasías basándose en el modelo de los sueños diurnos. Las analiza como formaciones de
compromiso y muestra que su estructura es comparable a la del sueño. Estas fantasías o
sueños diurnos son utilizados por la elaboración secundaria, factor del trabajo del sueño que se
aproxima mucho a la actividad en vigilia.
2.° Freud utiliza a menudo la expresión «fantasía inconsciente», sin que implique siempre una
posición metapsicológica bien establecida. Con ella parece designar a veces un ensueño
subliminal, preconciente, al cual se entrega el sujeto y del que tomará o no conciencia
reflexivamente. En el artículo Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad
(Hysterische Phantasien und ihre Beziehung zur Bisexualität, 1908), las fantasías «
inconscientes », consideradas precursoras de los síntomas histéricos, se describen como
hallándose en íntima conexión con los sueños diurnos.
3.° Dentro de una línea de pensamiento distinta, la fantasía aparece en una relación mucho más
íntima con el inconsciente. En el capítulo VII de La interpretación de los sueños, Freud sitúa a un
nivel inconsciente, en el sentido tópico de esta palabra, ciertas fantasías, las ligadas al deseo
inconsciente y que se hallan en el punto de partida del proceso metapsicológico de formación del
sueño: la primera parte del «trayecto» que conduce al sueño «[...] va, de forma progresiva,
desde las escenas o fantasías inconscientes hasta el preconsciente».
4.° Por consiguiente, aunque Freud no lo hace explícitamente, se podrían distinguir en su obra
varios niveles de la fantasía: consciente, subliminal, inconsciente (ver nota(15)). Pero Freud
parece preocupado no tanto en establecer esta distinción, como en recalcar los lazos existentes
entre estos diversos aspectos:
a) En el sueño, los ensueños diurnos utilizados por la elaboración secundaria pueden estar en
conexión directa con la fantasía inconsciente que constituye el «núcleo del sueño»: «Las
fantasías de deseo que el analista descubre en los sueños nocturnos muestran a menudo ser
repeticiones y recomposiciones de escenas infantiles; así, en más de un sueño, su fachada nos
indica inmediatamente el verdadero núcleo del sueño, que se encuentra deformado porque
aparece mezclado con otro material». Por consiguiente, en el trabajo del sueño, la fantasía se
halla presente en los dos extremos del proceso: por una parte, está ligada al deseo inconsciente
más profundo, al «capitalista» del sueño; por otra, en el otro extremo, se halla presente en la
elaboración secundaria. Los dos extremos del sueño y las dos modalidades de fantasías que en
él se encuentran parecen, si no juntarse, por lo menos comunicarse interiormente y simbolizarse
entre sí.
b) Freud encuentra en la fantasía un punto privilegiado donde podría captarse, a lo vivo, el
proceso de paso entre los diferentes sistemas psíquicos: represión o retorno de lo reprimido.
Las fantasías «[...] se aproximan mucho a la conciencia y permanecen allí sin ser perturbadas
mientras no posean una catexis intensa, pero cuando sobrepasan un cierto nivel de catexis son
nuevamente alejadas».
c) En la definición metapsicológica más completa que dio Freud, conecta entre sí los aspectos de
la fantasía aparentemente más distantes: «Ellas [las fantasías] se hallan, por una parte,
altamente organizadas, no son contradictorias, han aprovechado todas las ventajas del sistema
Cs, y nuestro juicio difícilmente las distinguiría de las formaciones de este sistema; por otra parte,
son inconscientes e incapaces de volverse conscientes. Su origen [inconsciente] es lo decisivo
para su destino. Podrían compararse a los mestizos, que en conjunto se parecen a los blancos,
pero cuyo color de origen se delata por alguna señal sorprendente y que por este hecho
permanecen excluidos de la sociedad y no gozan de ninguno de los privilegios reservados a los
blancos».
Parece, pues, que la problemática freudiana de la fantasía no solamente no permite efectuar una
distinción de naturaleza entre fantasía inconsciente y fantasía consciente, sino que tiende más
bien a señalar sus analogías, sus estrechas relaciones, los pasos entre ellas: «Las fantasías
claramente conscientes de los perversos (que, en circunstancias favorables, pueden
transformarse en comportamientos «organizados»), los temores delirantes de los paranoicos
(que son proyectados sobre otros con un sentido hostil), las fantasías inconscientes de los
histéricos (que el psicoanálisis descubre detrás de sus síntomas), todas estas formaciones
coinciden en su contenido hasta en los menores detalles». En formaciones imaginarias y
estructuras psicopatológicas tan diversas como las que aquí cita Freud, pueden encontrarse
una misma organización, un mismo arreglo, tanto si son conscientes como inconscientes,
realizadas o imaginadas, asumidas por el sujeto o proyectadas sobre otro.
Asimismo, en la cura, el psicoanalista se dedica a descubrir la fantasía subyacente, tras las
producciones del inconsciente, como el sueño, el síntoma, el actuar, las conductas repetitivas,
etc. El progreso de la investigación hace aparecer incluso aspectos de la conducta muy alejados
de la actividad imaginativa v, a primera vista, gobernados por las solas exigencias de la realidad,
como emanaciones, «derivados» de fantasías inconscientes. Desde esta perspectiva, todo el
conjunto de la vida del sujeto aparece como modelado, organizado por lo que podría
denominarse, para subrayar su carácter estructurante, una actividad fantaseadora. Esta no
debe concebirse únicamente como una temática, aunque estuviera marcada para cada individuo
por rasgos eminentemente singulares, sino que comporta un dinamismo propio, en virtud del cual
las estructuras fantaseadas intentan expresarse, encontrar una salida hacia la conciencia y la
acción, atrayendo constantemente hacia ellas un nuevo material.
IV. La fantasía guarda la más estrecha relación con el deseo; un término freudiano lo atestigua:
Wunschphantasie, o fantasía de deseo. ¿Cómo concebir esta relación? Sabemos que, para
Freud, el deseo tiene su origen y su modelo en la experiencia de satisfacción: «El primer desear
[Wünschen] parece haber sido una catexis alucinatoria del recuerdo de la satisfacción».
¿Equivale esto a decir que las fantasías más primitivas son aquellas que tienden a encontrar de
nuevo los objetos alucinatorios ligados a todas las primeras experiencias de aumento y
resolución de la tensión interna? ¿Puede decirse que las primeras fantasías son fantasías de
objeto, de los objetos fantaseados a los que tendería el deseo como la necesidad tiende a su
objeto natural?
A nuestro modo de ver, la relación entre la fantasía y el deseo es más compleja. Incluso en sus
formas menos elaboradas, la fantasía aparece como irreductible a una mira intencional del sujeto
que desea:
1.° se trata de guiones, aunque se enuncien en una sola frase, de escenas organizadas,
susceptibles de ser dramatizadas en forma casi siempre visual;
2.° el sujeto está siempre presente en tales escenas; incluso en la «escena originaria», de la que
puede parecer excluido, figura de hecho, no sólo como observador, sino como participante que
viene, por ejemplo, a perturbar el coito de los padres;
3.° lo representado no es un objeto al cual tiende el sujeto, sino una secuencia de la que forma
parte el propio sujeto y en la cual son posibles las permutaciones de papeles y de atribución
(véase especialmente el análisis que Freud hizo de la fantasía Pegan a un niño (Ein Kind wird
gesch1agen, 1919) y a los cambios sintácticos que experimenta esta frase; véanse también las
transformaciones de la fantasía homosexual en el Caso Schreber);
4.° en la medida en que el deseo se articula así en la fantasía, ésta es también asiento de
operaciones defensivas; da lugar a los procesos de defensa más primitivos, como la vuelta
hacia su propia persona, la transformación en lo contrario, la negación, la proyección;
5.° tales defensas, a su vez, se hallan indisolublemente ligadas a la función primaria de la
fantasía (la escenificación del deseo), escenificación en la que lo prohibido se encuentra
siempre presente en la posición misma del deseo.
Fantasías originarias
Fantasías originarias
Fantasías originarias
Al.: Urphantasien.
Fr.: fantasmes originaires.
Ing.: primal phantasies.
It.: fantasmi (o fantasie) originari(e), primari(e).
Por.: protofantasias, o fantasias primitivas, u originárias.
fuente(16)
Estructuras fantaseadas típicas (vida Intrauterina, escena originaria, castración, seducción) que
el psicoanálisis reconoce como organizadoras de la vida de la fantasía, cualesquiera que sean
las experiencias personales de los individuos; según Freud, la universalidad de estas fantasías
se explica por el hecho de que constituirían un patrimonio transmitido filogenéticamente.
El término Urphantasien aparece en los artículos de Freud en 1915: «Estas formaciones
fantaseadas (observación de la relación sexual entre los padres, seducción, castración, etc.)
las denomino fantasías originarias». Las llamadas fantasías originarias se encuentran de un
modo muy general en los seres humanos, sin que puedan referirse siempre a escenas vividas
realmente por el individuo; reclamarían, por lo tanto, según Freud, una explicación filogenética,
mediante la cual la realidad recobraría sus derechos: así, por ejemplo, la castración habría sido
efectivamente practicada por el padre en el pasado arcaico de la humanidad. «Es posible que
todas las fantasías que se nos cuentan actualmente en el análisis [...] hayan sido en otra época,
en los tiempos primitivos de la familia humana, realidad, y que el niño, al crear fantasías, no haga
más que rellenar, con la ayuda de la verdad prehistórica, las lagunas de la verdad individual». En
otras palabras, lo que fue realidad de hecho en la prehistoria se habría convertido en realidad
psíquica.
Lo que entiende Freud por fantasías originarias resulta difícil de comprender si se considera
aisladamente; en efecto, este concepto es introducido al final de un largo debate sobre los
elementos últimos que el psicoanálisis puede sacar a la luz en relación con el origen de la
neurosis y, de un modo más general, tras la vida fantasmática de todo individuo.
Muy pronto Freud se esforzó en descubrir acontecimientos arcaicos reales, capaces de
suministrar el último fundamento de los síntomas neuróticos. Denomina «escenas originarias»
(Urszeizeiz) estos acontecimientos reales, traumatizantes, cuyo recuerdo se halla en ocasiones
elaborado y enmascarado por fantasías. Entre ellas, hay una que conservará en el lenguaje
psicoanalítico el nombre de Urszene: la escena del coito parental, que habría presenciado el niño
(véase: Escena originaria). Se observará que estos acontecimientos primordiales se designan
con el nombre de escenas y que, desde un principio, Freud se esforzó en destacar, entre ellas,
guiones típicos y en número limitado.
No podemos reproducir aquí la evolución que condujo a Freud desde esta concepción realista de
las «escenas originarias» al concepto «fantasías originarias»; esta evolución, con toda su
complejidad, corre pareja con la delimitación del concepto psicoanalítico de fantasía. Sería
demasiado esquemático creer simplemente que Freud abandonó una primera concepción que
buscaba la etiología de la neurosis en los traumatismos infantiles contingentes, substituyéndola
por otra que, viendo el precursor del síntoma en la fantasía, no reconocería en éste más realidad
que la de expresar en forma imaginaria una vida pulsional que en sus líneas generales se hallaría
determinada biológicamente. En efecto, el mundo de la fantasía aparece desde un principio en
psicoanálisis como dotado de una consistencia, una organización y una eficacia que queda bien
expresada por el término «realidad psíquica».
Durante los años 1907-1909, en que el tema de la fantasía suscita la realización de numerosos
trabajos, reconociéndose plenamente su eficacia inconsciente, por ejemplo, como subyacente al
ataque histérico que lo simboliza, Freud se dedica a sacar a la luz secuencias típicas, guiones
imaginarios (novela familiar) o construcciones teóricas (teorías sexuales infantiles) por medio de
las cuales el neurótico y quizá también «todo hijo de los hombres» intenta responder a los
grandes enigmas de su existencia.
Con todo, es notable que el pleno conocimiento de la fantasía como un dominio autónomo,
explorable, dotado de su propia consistencia, no elimina para Freud el problema de su origen. El
ejemplo más llamativo lo proporciona el análisis de Historia de una neurosis infantil: Freud
intenta establecer la realidad de la escena de observación del coito parental reconstituyéndola
en sus menores detalles y, cuando parece conmovido por la tesis junguiana, según la cual tal
escena no sería más que una fantasía construida retroactivamente por el sujeto adulto, sigue
insistiendo en que la percepción ha suministrado al niño los indicios, pero sobre todo introduce el
concepto de fantasía originaria. En este concepto vienen a juntarse la exigencia de encontrar lo
que podríamos llamar la «roca» del acontecimiento (y si éste, refractado y como reducido, se
esfuma en la historia del individuo, nos remontaremos más allá, hasta la historia de la especie), y
la preocupación por basar la estructura de la fantasía sobre algo distinto del acontecimiento. Tal
preocupación puede llevar a Freud incluso a afirmar la preponderancia de la estructura
presubjetiva sobre la experiencia individual: «Allí donde los acontecimientos no se adaptan al
esquema hereditario, experimentan una recomposición en la fantasía Estos casos son
precisamente los más apropiados para mostrarnos la existencia independiente del esquema. A
menudo podemos observar que el esquema triunfa sobre la experiencia individual; en nuestro
caso, por ejemplo [el de Historia de una neurosis infantil], el padre se convierte en castrador y
en el que amenaza la sexualidad infantil, a pesar de un complejo de Edipo por lo demás invertido
[...]. Las contradicciones que aparecen entre la experiencia y el esquema parecen suministrar
amplio material para los conflictos infantiles».
Si pasamos ahora a considerar los temas que se encuentran en las fantasías originarias
(escena originaria, castración, seducción), nos sorprenderá un carácter común: todas ellas se
refieren a los orígenes. Como los mitos colectivos, intentan aportar una representación y una
«solución» a lo que para el niño aparece como un gran enigma; dramatizan como momento de
emergencia, como origen de una historia, lo que se le aparece al sujeto como una realidad de tal
naturaleza que exige una explicación, una «teoría». En la «escena originaria» se representa el
origen del sujeto; en las fantasías de seducción, el origen o surgimiento de la sexualidad; en las
fantasías de castración, el origen de la diferencia de los sexos.
Para terminar, señalemos que el concepto de fantasía originaria posee un interés central para la
experiencia y la teoría psicoanalítica. A nuestro modo de ver, las reservas que suscita la teoría
de una transmisión genética hereditaria(17) no deben hacernos considerar igualmente caducada
la idea de que existen, en la vida de la fantasía, estructuras irreductibles a las contingencias de
lo vivido individual.
Fantasías originarias
Fantasías originarias
fuente(18)
Definición
Laplanche y Pontalis definen la Fantasía como un: "guión imaginario en el que se halla presente el
sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la
realización de un deseo, y en último término, de un deseo inconsciente".
"La fantasía, dicen, se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o sueños
diurnos, fantasías inconscientes que descubre el análisis como estructuras subyacentes a un
contenido manifiesto, y fantasías originarias".
Freud señala que las fantasías inconscientes fueron, en ciertos casos, desde siempre
inconscientes, y en otros fueron en el pasado fantasías conscientes o sueños diurnos que
después fueron olvidados intencionalmente y llegaron al inconsciente por acción de la represión.
Las primeras constituyen las Fantasías Originarias o primordiales (Urphantasien), de origen
inconsciente, cuya inscripción corresponde a la represión primaria (Urverdrämgung).
Las fantasías secundarias, en cambio, serán inscriptas a posteriori a nivel inconsciente
(relegadas y determinadas por la represión secundaria) o consciente (sueños diurnos).
Estas últimas, las fantasías originarias, serían "estructuras fantaseadas típicas (vida intrauterina,
escena originaria, castración, seducción) que el psicoanálisis reconoce como organizadoras de
la vida de la fantasía, cualesquiera que sean las experiencias personales de los individuos'»).
Origen e historia del término
El término Fantasías Originarias (Urphantasien) aparece en Freud en 1915.
Inicialmente, a partir de 1897, Freud se esforzaba por descubrir ciertas experiencias infantiles
reales, traumatizantes, que se organizaban en guiones, en escenas (Urszenen), que daban
cuenta de los síntomas neuróticos.
Al respecto entabla una discusión con Jung, quien sostenía que esas escenas eran "fantasías
reconstruidas retrospectivamente por el sujeto adulto". Freud pensaba en cambio que estas
escenas pertenecían realmente al pasado del individuo,
Sin embargo, después reconoce que estas escenas, que a partir de 1915 pasa a denominar
Fantasías Originarias, se encontrarían de un modo muy general en todos los seres humanos,
independientemente de lo realmente vivido por el sujeto. Por eso afirma la existencia de una
estructura pre-subjetiva, a modo de esquema preexistente, aunque les sigue atribuyendo un
contenido específico: fantasías de seducción, de escena primaria y de castración.
Esto lo lleva a atribuirles una explicación filogenética, es decir, un modo de retrotraerlas a
escenas que hayan ocurrido realmente en las épocas primigenias del ser humano. Según esta
explicación, lo que fue realidad en la horda primitiva, se transformaría en realidad psíquica.
Las escenas primitivas se verían así transformadas en Fantasías Originarias.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
No parece necesario atenerse a una explicación filogenética para dar cuenta de la universalidad
de las Fantasías Originarias.
Más que a un esquema anterior, que precedería al sujeto, el hecho de su universalidad remite a
una cualidad estructural en todo ser humano.
Al nacer el niño, sea cual fuere la cultura en la que está inserto, deberá vérselas con la
problemática del pasaje de la "continuidad" intrauterina a la discontinuidad, fractura que se
traduce en un desamparo originario, producida con el nacimiento, con la separación frente a la
que sólo sobrevivirá, como ser humano a través del vínculo con el otro. Buscará entonces
recuperar esa fusión mítica perdida, y esto se constituirá en un motor de vínculo.
De ahí el carácter universal de estas fantasías que serán de inmediato resignificadas a través
del sucederse de las experiencias de vida, dándose entonces una confluencia de la estructura y
el contenido. Por eso se puede postular un continuum entre las fantasías originarias y las
secundarias, una relación de resignificación.
Según Laplanche y Pontalis, las Fantasías Originarias "constituyen una formación del
inconsciente de un sujeto único pero son también, por su frecuencia, su generalidad y su origen,
una pertenencia colectiva. Por lo tanto, estas fantasías tienen un carácter mixto, manifiestan una
doble pertenencia, individual y colectiva.
M. Bernard señala que "la secuencia de presencia-ausencia de la madre introducirá un elemento
de distinción que aparecerá como un desgarro en la piel del vínculo".
Propone una serie de categorías que caracterizan las Fantasías Originarias y dan cuenta de su
impronta estructural en la formación de la psiquis.
Estas son: adentro-afuera/ antes-después/ el mismo-el otro.
En la fantasía de seducción, ésta remite a "los contenidos del afuera, introducidos como manera
de manejar el espacio materno-filial".
En efecto, las Fantasías Originarias surgen "en ocasión" del encuentro entre el mundo exterior y
la deflexión de la pulsi6n sexual y el instinto de autoconservación, origen de la psiquis del bebé
humano.
Destaca Bernard que "la fantasía de escena originaria, que algunos autores relacionan con su
complemento, la de la vida intrauterina, daría cuenta de la vuelta al adentro... El fantasma de la
vida intrauterina sólo podría ser concebible desde el après coup que reconstruye un estado del
que no hay memoria... La fantasía de castración sería el rastro del hiato que separa los pares de
categorías".
Las experiencias por las que pasa un sujeto desde su nacimiento ofrecen un contenido
específico a estas fantasías. Por eso estructura y contenido se constituyen recíprocamente al
mismo tiempo.
Laplanche y Pontalis sostienen que "los temas de las fantasías Originarias se relacionan con los
orígenes. En la 'escena originaria' se representa el origen del sujeto.
En la fantasía de seducción, el origen o el surgimiento de la sexualidad.
En la fantasía de castración, el origen de las diferencias de los sexos".
Profundizando esta temática, L. Edelman y D. Kordon han destacado la diferencia entre las
Fantasías Originarias, denominadas también Protofantasías, y las Fantasías de los Orígenes,
vinculadas a las Teorías sexuales infantiles, en tanto "explicación construida por el niño acerca
de esos orígenes". Estas últimas serían una resignificación de las primeras, pero en un nivel muy
distinto.
Las Fantasías de los Orígenes, dicen estas autoras, como respuesta a los enigmas infantiles,
"requieren un cierto acceso al orden simbólico; es necesario contar con un sistema ideativo con
cierto grado de desarrollo que construye o se apropia de los sistemas de creencias aportadas
por la cultura".
¿Por qué la pregnancia de las Fantasías Originarias en los vínculos?
R. Dorey señala que éstas "tienen un estatuto doble porque participan de lo individual y de lo
colectivo. Si el grupo puede ser definido como un conjunto de personas interdependientes
formando una cierta unidad, se puede concebir que la especificidad de esta unidad reposa
sobre la existencia de una Fantasía Originaria prevaleciente, cuyo estatuto mixto le permite estar
a la vez en el sujeto y en el grupo, y que la situación regresiva permite aflorar".
De ahí su efecto organizador, destacado también por D. Anzieu.
Una de sus características es la de paliar la angustia de no-asignación, de no lugar en el vínculo.
Lo que caracteriza el polo de lo originario es el grado de indiscriminación de las fantasías. Éstas
se presentan como una escena de entradas múltiples.
M. Bernard señala su capacidad distributiva y permutativa, es decir que el grado de sincretismo
que las caracteriza permite una fácil permutación de lugares dentro de la escena fantaseada,
por eso su pregnancia como organizadores grupales.
Dado su grado de ambigüedad, las Fantasías Originarias resultan fácilmente convocantes para
los que configuran un vínculo, promoviendo la ilusión de unidad, de borramiento de los límites
subjetivos.
Esto es fácil de apreciar en la ilusión grupal o en el enamoramiento.
De ahí la vigencia del apuntalamiento en el encuentro (R. Kaës).
Lo que caracteriza al polo originario es el aspecto no subjetivado de las fantasías, aunque son
individuales. Cuanto más predomina este aspecto indiscriminado, menos específico es el rol de
un sujeto en un grupo, menor autonomía subjetiva puede observarse en los integrantes de una
pareja.
Se despliega la vivencia primigenia de desamparo y el intento de velarlo a través del vínculo. Esta
ilusión de completud está en el origen de todo comienzo vincular, de todo proyecto. A su vez, es
necesaria como matriz de libidinización para el infans.
Frente al auge de patologías graves como las adicciones, las impulsiones, la anorexia y la
bulimia, es dable pensar en un déficit en ese sustrato ilusorio, necesario para la constitución de
la psiquis.
La problemática básica de fusión-diferenciación, aparece en las Configuraciones Vinculares, en
relación a la problemática de la pertenencia.
La disyuntiva negación-reconocimiento de la alteridad del otro propias del polo originario,
impregna toda relación intersubjetiva (M. Bernard.(1c)
Construir un grupo, dice R. Kaës -un vínculo, se puede ampliar- "es darse recíprocamente la
ilusión metafórica de ser un cuerpo omnipotente no sometido a la división ni a la muerte, espacio
fusiona] sustitutivo de la pérdida donde se despliega la ilusión de completud y su contracara, la
angustia de despersonalización, el temor a quedar atrapado dentro del otro".
El comienzo de un nuevo vínculo promueve un impacto regresivo en sus integrantes. Esta
observación, realizada por D. Anzieu, R. Kaës y M. Bernard, es una situación recurrente en los
más diversos vínculos. Es más, tiene un efecto de matriz, de nuevo comienzo, con todo lo
relativo al despliegue ilusorio de cerrar la brecha con el otro.
En situaciones de crisis surge con más pregnancia el polo originario, con su problemática
fusional, ya que se pierden los aspectos más discriminados.
Se puede entonces postular (Selvatici, M., Zadunaisky, A. la hipótesis de un zócalo originario
presente en toda Configuración Vincular.
Problemáticas conexas
Se puede detectar la vigencia del polo originario en todas las cuestiones atinentes a la
Pertenencia y su relación con la autonomía.
En ese sentido la Identidad por pertenencia muestra su pregnancia cuando el sujeto " es" el
grupo, o cuando en la pareja o en la familia no hay discriminación entre sus integrantes, o
cuando la pertenencia a una Institución se sostiene a pesar del malestar y el sufrimiento que
provoca, o sea cuando el sujeto requiere del vínculo para ser. (Ver "El Grupo Analítico de
Reflexión").
Por otro lado, un cierto grado de fusión es estructurante y está en la base de todo vínculo.
En lo referente al Zócalo originario en los vínculos es interesante destacar la vigencia de lo
atinente al concepto de Apuntalamiento, ya presente en Freud, pero desarrollado por R. Kaës.
Este autor reconoce cuatro dimensiones en el apuntalamiento: el apoyo, el modelo, el desvío y la
transcripción.
Las dos últimas apuntan a una metabolización subjetiva del vínculo, mientras que las dos
primeras estarían más cercanas a la indiscriminación que caracteriza el polo originario. Implican
la necesariedad de la presencia concreta del otro, a modo de verdadero puntal, lo que remite
nuevamente a la Identidad por pertenencia.
La problemática de las patologías graves puede ser estudiada a la luz de las dificultades para
establecer en el vínculo originario una matriz de ilusión estructurante. Esto abre una perspectiva
muy interesante en lo que se refiere a la dirección de la cura y a nuevas líneas de investigación.
Fantasma
Alemán: Phantasie.
Francés: Fantasme.
Inglés: Fantasy o phantasy.
fuente(19)
Término utilizado por Sigmund Freud, primero en el sentido corriente que tiene en lengua alemana
(fantasía o imaginación), y después como concepto técnico, a partir de 1897. Correlativo de la
elaboración de la noción de realidad psíquica y del abandono de la teoría de la seducción,
designa la vida imaginaria del sujeto y el modo en que éste se representa a sí mismo en su
historia o la historia de sus orígenes: se habla entonces de fantasma originario.
En francés, la palabra fantasme fue creada por los primeros traductores de la obra freudiana,
con un sentido técnico no relacionado con la palabra fantaisie. Deriva del griego phantasma
(aparición; en latín se convirtió en fantasma) y del adjetivo fantasmatique, en otro tiempo
cercano por su significación afantomatique (fantástico).
La escuela kleiniana creó el término phantasy (phantasme) junto al de fantasy.
Valiéndose de algunas declaraciones someras de Freud al respecto, la historia oficial durante
mucho tiempo validó la idea de un abandono definitivo de la teoría de la seducción en 1897, por
imposición de los hechos, en favor de una teoría del fantasma.
No obstante, desde los Estudios sobre la histeria, Freud y Josef Breuer abordaron las
manifestaciones fantasmáticas de las histéricas, y Breuer, más aún que Freud, al presentar el
caso "Anna O." (Bertha Pappenheim), privilegia el registro de la imaginación, el de los fantasmas
de su paciente, sin atribuir mucha importancia a los acontecimientos vividos. Varias cartas de
Freud a Wilhelm Fliess atestiguan por otra parte la evolución de Freud acerca de esta cuestión.
Por ejemplo, el 2 de mayo de 1897 observa que, si la estructura de la histeria está constituida por
la reproducción de ciertas escenas, a veces, para llegar a ellas, es necesario pasar "por
fantasmas interpuestos". En el Manuscrito M, del 25 de mayo, hay todo un párrafo dedicado a los
fantasmas, considerados desde el punto de vista de su formación y su papel, y esto en términos
cercanos a los que empleaba para hablar de los sueños. Este aspecto encontró su confirmación
unos días más tarde en el Manuscrito N, donde el proceso de formación de los sueños se evoca
como modelo de la formación de los fantasmas y los síntomas.
En 1964, desde una perspectiva inspirada por esa tradición de la historia de las ciencias para la
cual Alexandre Koyré (1892-1964), Gaston Bachelard (1884-1962) y Georges Canguilhem
(1904-1995) ganaron sus títulos de nobleza, Jean Laplanche y Jean Bertrand Pontalis
emprendieron la exploración de los fundamentos epistemológicos de ese momento clave del
descubrimiento del psicoanálisis. Releyendo la teoría de la seducción, estos autores
demostraron que, más allá del registro empírico del trauma, para Freud se trataba ya de exponer
la observación clínica de la represión y su acción privilegiada sobre la sexualidad. El abandono
de la teoría de la seducción, lejos de abrirse automáticamente a una concepción acabada del
desarrollo psicosexual, dejaba por el contrario a Freud un tanto desamparado. Él no lograba
vincular la sexualidad infantil, el Edipo y el fantasma. Entonces, en los Tres ensayos de teoría
sexual, y más aún en el artículo titulado "La sexualidad en la etiología de las neurosis", existió el
riesgo de que Freud volviera a un anclaje biológico de la sexualidad.
Para salir de esa aporía de oposiciones inconciliables -lo psíquico o lo biológico, lo real o lo
imaginario, lo interior o lo exterior-, cuya persistencia implicaba la disolución silenciosa del
registro del fantasma, Freud introdujo el concepto de realidad psíquica. La explicitación de ese
concepto, sobre todo en La interpretación de los sueños, lo llevó a distinguir entre la realidad
material, realidad exterior nunca alcanzable como tal, la realidad de lo que él llama Ios
pensamientos de transición y ligazón", el registro de la psicología, por una parte, y por la otra la
realidad psíquica propiamente dicha, núcleo irreductible del psiquismo, registro de los deseos
inconscientes, de los cuales el fantasma es "la expresión última y más verdadera".
"Vuelvo a pensamientos que he desarrollado en otros lados [en la parte teórica de La
interpretación de los sueños]", escribe Freud en 1911, para introducir este concepto de realidad
psíquica, lo cual le permite ampliar su concepción de la actividad psíquica más allá del eje
exclusivo placer/displacer, y definir, junto a la represión, la noción discriminatoria de acto de
juicio, distinguiendo, como "creación de fantasmas", la parte de la actividad psíquica que sigue
siendo independiente del principio de realidad, sólo sometida al principio de placer. La partición
que se organiza en el curso de la fase del autoerotismo entre pulsiones sexuales y pulsiones de
autoconservación da testimonio del vínculo entre las pulsionos sexuales y el fantasma: "l_a
prolongada persistencia del autoerotismo hace posible que la satisfacción fantasmática ligada al
objeto sexual, inmediata y más fácil de obtener, se mantenga durante tanto tiempo, en lugar de la
satisfacción real, pero que exige esfuerzos y aplazamientos".
Más allá de las cuestiones de ortografía, para Freud sólo existe un solo concepto de fantasma.
Desde este punto de vista, la oposición kleiniana, sostenida y desarrollada por Susan Isaacs,
entre phantasine (phantasy) inconsciente y fantasma (fantasy) consciente, es totalmente
contradictoria con el pensamiento freudiano.
En 1905, en los Tres ensayos de teoría sexual, el fantasma es postulado como correspondiente
a las tres localizaciones de la actividad psíquica -consciente, preconsciente e inconsciente-, sea
cual fuere la estructura psicopatológica considerada.
Sin embargo, Freud distingue entre los fantasmas conscientes, los ensueños diurnos y las
novelas que el sujeto se cuenta a sí mismo, y también ciertas formas de creación literaria, por un
lado, y por el otro los fantasmas inconscientes, ensueños subliminales, prefiguración de los
síntomas histéricos, concebidos no obstante en vinculación estrecha con los fantasmas
conscientes.
Estos dos registros de la actividad fantasmática se vuelven a encontrar en el proceso del sueño:
el fantasma consciente participa de ese reordenamiento del contenido manifiesto del sueño que
constituye la elaboración secundaria, y el fantasma inconsciente está inscrito en el origen de la
formación del sueño.
En 1915, en su artículo metapsicológico dedicado al inconsciente, Freud da una definición del
fantasma que confirma sus concepciones precedentes: el fantasma es allí caracterizado por su
movilidad; está presente como lugar y momento de pasaje desde un registro de la actividad
psíquica a otro, y aparece entonces como irreductible a uno solo de esos registros, el
consciente o el inconsciente.
Ese mismo año, en oportunidad de un artículo dedicado a un caso de paranoia que parece
contradecir la teoría psicoanalítica, Freud introduce el concepto de fantasma originario: "La
observación del comercio amoroso entre los padres es una pieza que pocas veces falta en el
tesoro de los fantasmas inconscientes que el análisis permite descubrir en todos los neuróticos,
y verosímilmente en todos los hijos de hombres. A estas formaciones fantasmáticas, la de la
observación del comercio sexual entre los padres, la de la seducción, la de la castración, y
otras, yo las denomino fantasmas originarios..." De tal modo, Freud vuelve a una concepción
bidimensional nunca abandonada y ya descubierta a propósito de los sueños típicos y de la
simbólica de los sueños. Freud busca un origen para la historia individual del sujeto. Persigue,
bajo otra forma, lo que estaba en cuestión a través de la teoría de seducción o la teoría del
trauma. Pero al mismo tiempo examina la validez de un origen anterior al sujeto individual: un
origen de la historia global de la especie humana. Este fantasma de los orígenes, cuya búsqueda
es omnipresente tanto en Tótem y tabú, en 1912, como en 1939 en Moisés y la religión
monoteísta, lo lleva a retomar, suscribiéndola, la hipótesis filogenética atribuida a Ernst Heinrich
Haeckel. La importancia de esta hipótesis, discutible y discutida, llega a su punto culminante con
este texto metapsicológico, su "fantasía filogenética", hallada y editada por primera vez por llse
Grubrich-Simitis, que ve en ella el intento teórico de integrar el origen traumático de la patología
en el modelo fantasmático y pulsional.
Además de la perspectiva kleiniana que, al privilegiar en la cura la realidad psíquica en detrimento
de cualquier forma de realidad material, hace de la fantasía (phantasme) el lugar de intervención
único del trabajo analítico, el concepto de fantasma ha sido objeto de un trabajo teórico esencial
en la obra de Jacques Lacan.
De manera general, Lacan adopta el concepto freudiano de fantasma, pero subraya muy pronto
la función defensiva. En el seminario de los años 1956-1957, el fantasma es asimilado a lo que
en adelante denomina una "detención en la irnagen", un modo de impedir que surja un episodio
traumático. Imagen coagulada, modo de defensa contra la castración, el fantasma es no
obstante inscrito por Lacan (diferencia fundamental con la perspectiva kleiniana) en el marco de
una estructura significante, de modo que no se lo podría reducir al registro de lo imaginario.
Más allá de la diversidad de los fantasmas de cada sujeto, Lacan postula la existencia de una
estructura teórica general, el fantasma fundamental, cuyo "atravesamiento,' por el paciente
marca la eficacia del análisis, materializada en un reordenamiento de las defensas y una
modificación de su relación con el goce.
Desde la primera formulación, en 1957, del grafo del deseo, Lacan elaboró un matema de lo que
él llama la lógica del fantasma. Se trata de dar cuenta de la sujeción originaria del sujeto al Otro,
relación que traduce una pregunta imposible de responder: ¿Qué quieres? (Che vuoi?). El
matema $ O a expresa la relación genérica, de forma variable pero nunca simétrica, entre el
sujeto del inconsciente, sujeto barrado, dividido por el significante que lo constituye, y el objeto
(pequeño) a, objeto inaprehensible del deseo que remite a una falta, a un vacío en el Otro. En su
seminario de los años 1966-1967, Lacan desarrollará esta lógica del fantasma, expresión última
de la lógica del deseo. También en ese momento Lacan da un giro decisivo en su trabajo hacia la
formalización lógica y matemática del inconsciente.
Fantasma [fantasía]
Fantasma [fantasía]
Fantasma
[fantasía]
fuente(20)
s.m. (fr.fantasme; ingl. phantasy,fantasy; al. Phantasie). Para Freud, representación, guión
escénico imaginario, conciente (ensoñación), preconciente o inconciente, que implica a uno o a
varios personajes y que pone en escena de manera más o menos disfrazada un deseo.
El fantasma es a la vez efecto del deseo arcaico inconciente y matriz de los deseos, concientes
e inconcientes, actuales.
En la continuidad de Freud, Lacan ha destacado la naturaleza esencial de lenguaje del fantasma.
También ha demostrado que los personajes del fantasma valen más por ciertos elementos
aislados (palabras, fonemas y objetos asociados, partes del cuerpo, rasgos de comportamiento,
etc.) que por su totalidad. Propuso el siguiente matema: $ à a, a leer «S tachado losange a
pequeña» [o «S barrado rombo/punción a pequeña»]. Este materna designa la relación particular
de un sujeto del inconciente, tachado e irreductiblemente dividido por su entrada en el universo
de los significantes, con el objeto pequeño a que constituye la causa inconciente de su deseo.
Con Freud. En sus primeras publicaciones, Freud utiliza el concepto de fantasma en un sentido
relativamente amplio, designando con él una serie de producciones imaginarias más o menos
concientes. Un momento determinante de su elaboración teórica del fantasma fue su
descubrimiento del carácter imaginario (en el sentido de «producido por la imaginación») de los
traumas referidos por sus pacientes como causa de sus dificultades actuales. Lo que le era
presentado como recuerdo mostraba no tener más que una relativa vinculación con la realidad
llamada «histórica» y aun a veces sólo tenía realidad psíquica. Freud dedujo de ello que una
fuerza inconciente empujaba al hombre a remodelar su experiencia y sus recuerdos: vio allí el
efecto de un deseo primero (al. Wunsch). Para Freud, ese Wunsch era una tentativa de
reproducir, de un modo alucinatorio, las primeras experiencias de placer vividas en la
satisfacción de las necesidades orgánicas arcaicas. A continuación, Freud tuvo que comprobar
que la repetición de ciertas experiencias productoras de displacer también podía ser buscada, y
esto por el placer mismo que ellas procuran en el seno del displacer y de los sufrimientos que
traen consigo.
El fantasma no sólo es el efecto de ese deseo arcaico, también es la matriz de los deseos
actuales. Es que los fantasmas arcaicos inconcientes de un sujeto buscan una realización al
menos parcial en la vida concreta del sujeto. Así, ellos trasforman las percepciones y los
recuerdos, están en el origen de los sueños, de los lapsus y de los actos fallidos, inducen las
actividades masturbatorias, se expresan en los sueños diurnos, buscan actualizarse, de manera
disfrazada, por medio de las elecciones profesionales, relacionales, sexuales y afectivas del
sujeto.
Puede verse entonces el carácter circular de las relaciones que anudan fantasma y deseo. Pero
también se puede ver que existen fantasmas concientes, preconcientes e inconcientes. Sólo
estos últimos intervienen en una definición estricta del concepto psicoanalítico. Algunos de estos
fantasmas inconcientes sólo se vuelven accesibles para el sujeto en la cura. Otros permanecen
para siempre bajo el imperio de la represión originaria: sólo pueden ser reconstruidos por medio
de la interpretación. Freud desarrolla esto en su artículo titulado «Pegan a un niño», fórmula que
utiliza para nombrar un fantasma masoquisita frecuentemente encontrado en su práctica (Ein
Kind wird geschlagen, 1919).
Freud indica también allí que, si el fantasma representa el deseo inconciente del sujeto, el mismo
sujeto puede estar representado en el fantasma por diversos personajes en él incluidos. En
función del narcisismo y el transitivismo originarios, los cambios, los vuelcos de rol en este guión
escénico fantasmático son frecuentes.
Por último, Freud distingue ciertos fantasmas que llama «originarios», designando con ello los
fantasmas que conciernen al origen del sujeto, a saber: su concepción (por ejemplo, los
fantasmas de escena primaria o incluso las novelas familiares), el origen de su sexualidad (por
ejemplo, los fantasmas de seducción) y, finalmente, el origen de la diferencia de los sexos (por
ejemplo, los fantasmas de castración). Nueva prueba de la importancia del deseo en la
constitución del fantasma: no hay relación inmediata entre el fantasma y los acontecimientos
concretos vividos por el niño.
Con Lacan. Cuando elabora su esquema llamado «de la persona» (Escritos, 1966), Lacan
representa el fantasma por medio de una superficie que incluye las diversas figuras del yo [moi],
del otro imaginario, de la madre originaria, del ideal del yo y del objeto. Esta superficie del
fantasma está bordeada por el campo de lo imaginario y por el de lo simbólico, mientras que el
fantasma recubre el de lo real. Estas notaciones indican muy bien el carácter transindividual del
fantasma, su participación, aunque más no fuera marginal, en los campos de lo simbólico y de lo
imaginario, y sobre todo su función de obturación de lo real. (Lo real designa aquí a lo indecible
del sujeto, aquello con lo que le resulta insoportable encontrarse y que no por ello deja de ser
aquello con lo que tropieza continuamente; por ejemplo, la castración en la madre o tal trauma
determinado de su infancia que, rebelde a la imaginarización y a la simbolización, se olvida tras la
pantalla de ese fantasma.)
En esta perspectiva, la mirada del padre presente en el fantasma sería mucho más importante
que el padre mismo. Lo propio sucede con el seno de la madre que amamanta al niño, el látigo
que empuña el profesor que castiga al niño, o la rata con la que se tortura a la víctima. Como
surge de la cura del Hombre de las Ratas, estos objetos del fantasma funcionan no sólo como
objetos sino también como significantes. Por otra parte, Freud mismo ya había subrayado la gran
sensibilidad de su paciente a toda una serie de palabras que incluían el morfema «rat».
Que el fantasma se compone de elementos dependientes del universo simbólico e imaginario del
sujeto, y que se encuentra en relación de obturación con su real, se expresa también en el
matema propuesto por Lacan: $àa. Este materna escribe la estructura de base del fantasma. Se
vuelve a encontrar en él el universo simbólico bajo la forma de esa barra que representa el
nacimiento y la división del sujeto consecutivos a su entrada en el lenguaje. Se vuelve a
encontrar también allí al objeto a en tanto perdido, lugar vacío, hiancia que el sujeto va a intentar
obturar, durante su vida, con los diversos objetos a imaginarios que la particularidad de su
historia (y en especial su encuentro con los significantes faltantes y los objetos del fantasma de
los Otros concretos parentales) lo habrá llevado a privilegiar. Por último, se puede leer allí la
función de anudamiento (à) de lo simbólico ($), de lo imaginario (a) y de lo real (a) que opera el
fantasma así como su doble función de protección. En efecto, este protege al sujeto no sólo del
horror de lo real, sino también de los efectos de su división, consecuencia de la castración
simbólica; dicho de otro modo, lo protege de su radical dependencia con relación a los
significantes.
El objeto a del fantasma tiene entonces un doble valor. Como objeto real, está irremediablemente
perdido. Si bien es el resultado de una operación lógica (Seminario XTV, 1966-67, «La lógica del
fantasma»), sin embargo ciertas partes del cuerpo propio se prestan particularmente a la
operación lógica de separación que traspone su objeto en lo imaginario: la mirada, la voz, el seno
y las heces. En efecto, nunca tenemos acceso a nuestra mirada en tanto mira al otro, ni tampoco
a nuestra voz como es percibida por el otro. Las heces son evidentemente partes del cuerpo
separables, perdidas y a perder. En cuanto al seno, no sólo está perdido porque el niño fue
privado un día u otro del seno materno, sino más esencialmente porque este seno ha sido vivido
primero por el niño como parte integrante de su propio cuerpo. El número de los objetos a reales
es limitado. El de los objetos a obturadores imaginarios es infinito: esa mirada que atrae, ese
látigo que se teme, esa forma del seno que fascina, esa rata execrada, esos objetos de
colección acumulados, esa cabellera seductora, ese ojo alucinado, esa voz adorada, etc.
Que el objeto a se distingue del objeto de la necesidad y del objeto de la pulsión queda indicado
claramente cuando se considera, a título de paradigma, el seno (objeto imaginario o real del
fantasma), la leche materna (objeto de la necesidad), el placer de la boca (objeto de la pulsión).
Por otra parte, que el objeto del fantasma no coincide con el objeto del amor es lo que revela más
de una dificultad de pareja y especialmente la frecuente escisión que separa a la mujer objeto de
amor de la que suscita el deseo. Al contrario del objeto del fantasma, el objeto de amor a menudo
está marcado por la idealización o incluso por el narcisismo, lo que lleva a más de un enamorado
a comprobar que lo que ama en el otro es el reflejo de su propia imagen, más o menos idealizada.
La complejidad y la dificultad de la vida de las parejas reside en buena parte en la necesidad de
hacer coincidir en un solo objeto, de una manera que satisfaga al sujeto, el objeto del fantasma,
el de la pulsión y el del amor.
Lacan ha propuesto diferenciar la fórmula del fantasma de la histérica y la del fantasma del
obsesivo. El materna producido para la histeria destaca que la histérica no busca en el otro el
objeto de su fantasma sino más bien el Otro absoluto, mientras se identifica con el objeto del
fantasma del otro y de manera oculta con la falta de falo. El del obsesivo escribe la multiplicidad y
la intercambiabilidad de los objetos a los que apunta, ubicados todos bajo el índice del
significante del falo, es decir, muy erotizados (Lacan, Seminario sobre la trasferencia, abril de
1961). En cuanto al fantasma del perverso, destaca la búsqueda en el otro de su división y su
voluntad de acentuarla al extremo (Lacan, Escritos, 1966).
Con relación al fantasma, en la perspectiva lacaniana, la finalidad de la cura es hacer la travesía
del fantasma inconciente arcaico registrando la parte que tuvo el deseo del Otro concreto de la
infancia en la construcción de ese fantasma, la dependencia radical del significante que ese
fantasma intenta obliterar y la hiancia nodal subjetiva que los objetos a imaginarios intentan hacer
olvidar,
Fase anal - sádica
Fase anal - sádica
Fase anal - sádica
Al.: sadistich-anale Stufe (o Phase).
Fr.: stade sadique-anal.
Ing.: anal-sadistic stage.
It.: fase sadico-anale.
Por.: fase anal-sádica.
fuente(21)
Según Freud, segunda fase de la evolución libidinal, que puede situarse aproximadamente entre
dos y cuatro años; se caracteriza por una organización de la libido bajo la primacía de la zona
erógena anal; la relación de objeto está impregnada de significaciones ligadas a la función de
defecación (expulsión-retención) y al valor simbólico de las heces. En ella se ve afirmarse el
sadomasoquismo en relación con el desarrollo del dominio muscular.
Freud comenzó destacando los rasgos de un erotismo anal en el adulto y describiendo su
funcionamiento en el niño en la defecación y la retención de las materias fecales.
A partir del erotismo anal surgirá la idea de una organización pregenital de la libido. En el artículo
Carácter y erotismo anal (Charakter und Analerotik, 1908), Freud relaciona ya ciertos rasgos
de carácter que persisten en el adulto (la tríada: orden, avaricia, obstinación) con el erotismo
anal del niño.
En La predisposición a la neurosis obsesiva (Die Disposition zur Zwangsneurose, 1913),
aparece por vez primera el concepto de una organización pregenital en la que predominan las
pulsiones sádica y erótico-anal; al igual que en la fase genital, existe una relación con el objeto
exterior. «Consideramos necesario intercalar otra fase antes de la forma final -fase en la que las
pulsiones parciales ya se han reunido para la elección de objeto y éste ya es opuesto y ajeno a
la propia persona, pero en la cual todavía no se ha establecido la primacía de las zonas
genitales».
En las reformas ulteriores de los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1915, 1924), la fase anal aparece como una de las organizaciones pregenitales,
situadas entre las organizaciones oral y fálica. Es la primera fase en la que se constituye una
polaridad actividad-pasividad: Freud hace coincidir la actividad con el sadismo, y la pasividad
con el erotismo anal, y atribuye a cada una de las pulsiones parciales correspondientes una
fuente distinta:. musculatura para la pulsión de dominio (Bemächtigungstrieb), y mucosa anal.
En 1924, K. Abraham propuso diferenciar dos fases dentro de la fase anal-sádica, distinguiendo
en cada uno de los componentes dos tipos opuestos de comportamiento en relación con el
objeto. En la primera, el erotismo anal va ligado a la evacuación, y la pulsión sádica a la
destrucción del objeto; en la segunda fase, el erotismo anal va ligado a la retención, y la pulsión
sádica al control posesivo. Para Abraham, el paso de una fase a la otra constituye un progreso
decisivo hacia el amor de objeto, como indicaría el hecho de que la línea de escisión entre las
regresiones neuróticas y las psicóticas pasa entre estas dos fases.
¿Cómo concebir la ligazón entre el sadismo y el erotismo anal? El sadismo, por su naturaleza
bipolar (puesto que apunta contradictoriamente a destruir el objeto y a conservarlo dominándolo),
encontraría su principal correspondencia en el funcionamiento bifásico del esfínter anal
(evacuación-retención) y el control de éste.
En la fase anal, se unen a la actividad de la defecación los valores simbólicos del don y del
rechazo; dentro de esta perspectiva, Freud puso en evidencia la equivalencia simbólica: heces =
regalo = dinero.
Fase del espejo
Al.: Spiegelstufe.
Fr.: stade du miroir.
Ing.: mirror's stage.
It.: stadio dello specchio.
Por.: fase do spelho.
fuente(22)
Según J. Lacan, fase de la constitución del ser humano, situada entre los 6 y 18 primeros
meses(23); el niño, todavía en un estado de impotencia e incoordinación motriz, anticipa
imaginariamente la aprehensión y dominio de su unidad corporal. Esta unificación imaginaria se
efectúa por identificación con la imagen del semejante como forma total; se ilustra y se actualiza
por la experiencia concreta en que el niño percibe su propia imagen en un espejo.
La fase del espejo constituiría la matriz y el esbozo de lo que será el yo.
La concepción de la fase del espejo constituye una de las aportaciones más antiguas de J.
Lacan, quien la presentó en 1936 al Congreso Internacional de Psicoanálisis celebrado en
Marienbad.
Esta concepción reúne y se basa en cierto número de datos experimentales:
1) Datos proporcionados por la psicología infantil y la psicología comparada, referentes al
comportamiento del niño ante su imagen reflejada en el espejo. Lacan insiste en «[...] la asunción
triunfal de la imagen, con la mímica gozosa que la acompaña y la complacencia lúdica en el
control de la identificación especular».
2) Datos proporcionados por la etología animal y que muestran algunos efectos de maduración y
de estructuración biológica producidos exclusivamente por la percepción visual del semejante.
La importancia de la fase del espejo en el ser humano debe relacionarse, según Lacan, con la
prematuridad del nacimiento(24), demostrada objetivamente por el estado anatómicamente
incompleto del sistema piramidal, y por la falta de coordinación motriz de los primeros meses(25).
1.° Desde el punto de vista de la estructura del sujeto, la fase del espejo señalaría un momento
genético fundamental: la constitución del primer esbozo del yo. En efecto, el niño percibe, en la
imagen del semejante o en su propia imagen especular, una forma (Gestalt) en la cual anticipa
(de ahí su «gozo») una unidad corporal que objetivamente le falta: se identifica con esta imagen.
Esta experiencia primordial se encuentra en la base del carácter imaginario del yo, constituido en
principio como «yo ideal» y «matriz de las identificaciones secundarias». Como puede
apreciarse, desde este punto de vista, el sujeto no puede reducirse al yo, instancia imaginaria en
la cual tiende a alienarse.
2.° Según Lacan, la relación intersubjetiva, en cuanto viene marcada por los efectos de la fase
del espejo, constituye una relación imaginaria, dual, consagrada a la tensión agresiva, donde el
yo está constituido como un otro, y el otro como un alter ego (véase: Imaginario).
3.° Tal concepción podría relacionarse con los puntos de vista freudianos acerca del paso del
autoerotismo (anterior a la constitución de un yo) al narcisismo propiamente dicho,
correspondiendo lo que Lacan denomina fantasías de «cuerpo fragmentado» a la primera etapa,
y la fase del espejo a la aparición del narcisismo primario. Pero con un matiz importante: para
Lacan, sería la fase del espejo la que haría surgir retroactivamente la fantasía del cuerpo
fragmentado. Tal relación dialéctica se observa en la cura psicoanalítica: en ocasiones se ve
aparecer la angustia de la fragmentación por pérdida de la identificación narcisista, y a la
inversa.
Fase fálica
Fase fálica
Fase fálica
Al.: phallische Stufe (o Phase).
Fr.: stade phallique.
Ing.: phallic stage (o phase).
It.: fase fallica.
Por.: fase fálica.
fuente(26)
Fase de organización infantil de la libido que sigue a las fases oral y anal y se caracteriza por
una unificación de las pulsiones parciales bajo la primacía de los órganos genitales; pero, a
diferencia de la organización genital puberal, el niño o la niña no reconocen en esta fase más
que un solo órgano genital, el masculino, y la oposición de los sexos equivale a la oposición
fálico-castrado. La fase fálica corresponde al momento culminante y a la declinación del
complejo de Edipo; en ella predomina el complejo de castración.
El concepto de fase fálica(27) surge tardíamente en Freud, puesto que no aparece de modo
explícito hasta 1923 (La organización genital infantil [Die infantile Genitalorganisation]). Viene
preparado por la evolución de las ideas de Freud referentes a los modos sucesivos de
organización de la libido y por sus puntos de vista acerca de la primacía del falo: dos líneas de
pensamiento que distinguiremos para mayor claridad de nuestra exposición.
1.° Acerca del primer punto, recordemos que Freud, en un principio (1905), consideró la falta de
organización de la sexualidad infantil como el rasgo que la diferenciaba de la sexualidad
postpuberal: el niño no sale de la anarquía de las pulsiones parciales hasta que, con la llegada
de la pubertad, queda asegurada la primacía de la zona genital. La introducción de las
organizaciones pregenitales anal y oral (1913, 1915) pone implícitamente en tela de juicio el
privilegio, hasta entonces concedido a la zona genital, de organizar la libido; pero no se trata
todavía más que de «rudimentos y fases precursoras» de una organización en el pleno sentido
de esta palabra. «La combinación de las pulsiones parciales y su subordinación bajo la primacía
de los órganos genitales no se realiza o sólo tiene lugar de forma muy incompleta». Cuando
Freud introduce el concepto de fase fálica, reconoce la existencia, desde la infancia, de una
verdadera organización de la sexualidad, muy parecida a la del adulto, «[...] la cual merece ya el
nombre de genital, en la que encontramos un objeto sexual y una cierta convergencia de las
tendencias sexuales sobre este objeto, pero que se diferencia en un aspecto esencial de la
organización definitiva que se produce con la maduración sexual: en efecto, no conoce más que
una sola clase de órgano genital, el órgano masculino».
2.° Esta idea de una primacía del falo se insinúa ya en textos muy anteriores a 1923. A partir de
los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905)
encontramos dos tesis:
a) La libido es «de naturaleza masculina, tanto en la mujer como en el hombre»;
b) «La zona erógena directriz en la niña se localiza en el clítoris, que es el órgano homólogo de
la zona genital masculina (glande)».
El análisis del Pequeño Hans, en el cual se establece el concepto de complejo de castración,
sitúa en primer plano para el niño la alternativa: poseer un falo o estar castrado. Finalmente, el
artículo sobre las Teorías sexuales infantiles (über infantile Sexualtheorien), si bien considera,
al igual que los Tres ensayos, la sexualidad desde el punto de vista del niño varón, subraya el
interés particular que la niña concede al pene, su envidia de éste y su sentimiento de haber sido
perjudicada en comparación con el niño.
Lo más importante acerca de la concepción freudiana de la fase fálica se encuentra en tres
artículos: La organización genital infantil (Die infantile Genitalorganisation, 1923); La
declinación del complejo de Edipo (Der Untergangs des Ödipuskomplexes, 1924); Algunas
consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos (Einige psychische Folgen
des anatomischen Geschlechtsunterschieds, 1925). Esquemáticamente, la fase fálica, según
Freud, puede definirse del siguiente modo:
l.° Desde el punto de vista genético, el «par antitético» actividad-pasividad, que predomina en la
fase anal, se transforma en el par fálico-castrado; sólo en la pubertad se establece la oposición
masculinidad-feminidad.
2.° En relación con el complejo de Edipo, la existencia de una fase fálica desempeña un papel
esencial: en efecto, la declinación del Edipo (en el caso del niño) viene condicionada por la
amenaza de castración, cuya eficacia depende, por una parte, del interés narcisista que el niño
siente por su propio pene, y, por otra, del descubrimiento de la falta de pene en la niña (véase:
Complejo de castración).
3.° Existe. una organización fálica en la niña. La constatación de la diferencia de los sexos
suscita una envidia del pene; ésta implica, desde el punto de vista de la relación con los padres,
un resentimiento hacia la madre, que no ha dado pene a la niña, y la elección del padre como
objeto de amor, en la medida en que él puede dar el pene o su equivalente simbólico, el niño. Así,
pues, la evolución de la niña no es simétrica de la del niño (según Freud, la niña ignora la
existencia de la vagina); la evolución de ambos se centra igualmente en el órgano fálico.
La significación de la fase fálica, especialmente en la niña, ha dado lugar a importantes
discusiones en la historia del psicoanálisis. Los autores que admiten la existencia, en la niña, de
sensaciones sexuales específicas desde un principio (como K. Horney, M. Klein, E. Jones), en
especial un conocimiento intuitivo primario de la cavidad vaginal, se ven inducidos a considerar la
fase fálica sólo como una formación secundaria de tipo defensivo.
Fase libidinosa
Al.: Libidostufe (o -phase).
Fr.: stade libidinal.
Ing.: libidinal stage (o phase).
It.: fase libidica.
Por.: fase libidinal.
fuente(28)
Etapa del desarrollo del niño caracterizada por una organización, más o menos marcada, de la
libido bajo la primacía de una zona erógena y por el predominio de un modo de relación de objeto.
En psicoanálisis se ha dado una mayor extensión a la noción de fase, al intentar definir las fases
de la evolución del yo.
Cuando se habla de fase en psicoanálisis, se alude generalmente a las fases de la evolución
libidinosa. Pero se observará que, ya antes de que comenzara a destacarse el concepto de
organización de la libido, se manifestó la preocupación de Freud por diferenciar «edades de la
vida», «épocas», «períodos del desarrollo»; ello corre parejas con el descubrimiento de que las
distintas afecciones psiconeuróticas tienen su origen en la infancia. Así, alrededor de los años
1896-1897, Freud, en su correspondencia con W. Fliess, de quien es sabido que elaboró una
teoría de los períodos, intenta establecer una sucesión de épocas, en la infancia y la pubertad,
cuyas fechas pueden fijarse con mayor o menor precisión; este intento se halla en íntima
relación con el concepto de posterioridad y con la teoría de la seducción, que fue entonces
elaborada por Freud. En efecto, algunas de las épocas consideradas («época del
acontecimiento», Ereigniszeiten) son aquellas en las que se producen las «escenas sexuales»,
mientras que otras son «épocas de represión» (Verdrängungszeiten). Freud relaciona la
«elección de la neurosis» con esta sucesión: «Las diferentes neurosis hallan sus condiciones
temporales en las escenas sexuales [...]. Las épocas de represión son indiferentes para la
elección de la neurosis, las épocas del acontecimiento son decisivas». Por último, el paso de una
época a otra es puesto en relación con la diferenciación del aparato psíquico en sistemas de
«inscripciones», y el paso de una época a otra y de un sistema a otro se compara a una
«traducción» que puede efectuarse con mayor o menor éxito.
Pronto surge la idea de relacionar la sucesión de estos diversos períodos con el predominio y el
abandono de «zonas sexuales» o «zonas erógenas» determinadas (región anal, región
buco-faríngea y, en la niña, región clitorídea); Freud lleva bastante lejos esta tentativa teórica,
como lo demuestra la carta del 14-XI-1897: el proceso de la represión llamado normal se pone en
estrecha relación con el abandono de una zona por otra, la «declinación» de una determinada
zona sexual.
Tales concepciones anticipan en muchos puntos lo que habría de ser, en su forma más
completa, la teoría de las fases libidinosas. Pero resulta sorprendente comprobar que, después
de la primera exposición efectuada por Freud de la evolución de la sexualidad, desaparecen
para ser redescubiertas y precisadas ulteriormente. En la edición de 1905 de los Tres ensayos
sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie), la principal oposición se sitúa
entre la sexualidad puberal y adulta, por una parte, organizada bajo la primacía genital, y la
sexualidad infantil, por otra, cuyas metas sexuales son múltiples, al igual que las zonas
erógenas que les sirven de soporte, sin que se instaure en modo alguno la primacía de una de
ellas o una elección de objeto. Sin duda, Freud acentúa especialmente esta oposición, debido al
carácter didáctico que ofrece la obra en cuestión y también por la originalidad de la tesis que
defiende: el carácter originalmente perverso y polimorfo de la sexualidad (véase: Sexualidad;
Autoerotismo).
Progresivamente, entre 1913 y 1923, esta tesis es modificada por la introducción del concepto
de fases pregenitales que preceden a la instauración de la fase genital: fase oral, anal, fálica.
Lo que caracteriza estas fases es un determinado modo de organización de la vida sexual. El
concepto de la primacía de una zona erógena no es suficiente para explicar lo que hay de
estructurante y de normativo en el concepto de fase: ésta tiene su fundamento en un tipo de
actividad, ligada ciertamente a una zona erógena, pero que puede reconocerse a diferentes
niveles de la relación de objeto. Así, la incorporación, característica de la fase oral, sería un
esquema que se encontraría también en muchos fantasmas subyacentes a actividades distintas
de la nutrición (por ejemplo, «comer con los ojos»).
Si el concepto de fase ha encontrado, en psicoanálisis, su modelo en el registro de la evolución
de la actividad libidinal, se observará que se han bosquejado también otras varias líneas
evolutivas:
1.ª Freud indicó una sucesión temporal en cuanto al acceso al objeto libidinal, pasando el sujeto
sucesivamente por el autoerotismo, el narcisismo, la elección homosexual y la elección
heterosexual;
2.ª otra dirección conduce a reconocer distintas etapas en la evolución que desemboca en un
predominio del principio de realidad sobre el principio de placer. Un ensayo sistemático en este
sentido lo efectuó Ferenczi;
3.ª algunos autores estiman que sólo la formación del yo puede explicar el paso del principio de
placer al principio de realidad. El yo « [...] entra en el proceso como una variable independiente».
El desarrollo del yo es el que permite la diferenciación entre sí mismo y el mundo exterior, el
aplazamiento de la satisfacción, el control relativo sobre los estímulos pulsionales, etc.
Freud, aunque indicó el interés que tendría determinar con precisión la evolución y las fases del
yo, no trabajó en esta dirección. Por lo demás, señalemos que, cuando evoca el problema, por
ejemplo, en La predisposición a la neurosis obsesiva (Die Disposition zur Zwangsneurose,
1913), el concepto de yo todavía no ha sido delimitado en el sentido tópico preciso que adquirirá
en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923). Freud supone que es preciso introducir « en la
predisposición a la neurosis obsesiva un matiz temporal en el desarrollo del yo con respecto al
desarrollo de la libido»; pero indica que «[...] hasta ahora es muy poco lo que sabemos acerca de
las fases del desarrollo de las pulsiones del yo».
Asimismo se observará que Anna Freud, en El Yo y los mecanismos de defensa (Das Ich und
die Abwehrmechanismen, 1936), renuncia a establecer una sucesión temporal en la aparición
de los mecanismos de defensa del yo.
¿Qué visión de conjunto se puede lograr acerca de estas distintas líneas de pensamiento? La
tentativa más comprensiva de establecer una correspondencia entre estos diversos tipos de
fases fue la de Abraham (Ensayo de historia del desarrollo de la libido basada en el
psicoanálisis de los trastornos psíquicos [Versuch einer Entwick1unggeschichte der Libido auf
Grund der Psychoanalyse seelischer Störungen, 1924]); Robert Fliess completó el cuadro
propuesto por Abraham.
Conviene subrayar que Freud no se ocupó de elaborar una teoría holística de las fases que
agrupara, no sólo la evolución de la libido, sino también la de las defensas, del yo, etc.; una
teoría de este tipo, presidida por el concepto de relación de objeto, termina por englobar, dentro
de una sola línea genética, la evolución del conjunto de la personalidad. A nuestro modo de ver,
no se trata aquí simplemente de que el pensamiento de Freud quedara incompleto, sino que para
él, de hecho, el desfasaje y la posibilidad de una dialéctica entre estas distintas líneas evolutivas
son fundamentales en el determinismo de la neurosis.
En este sentido, incluso aunque la teoría freudiana sea una de las que, en la historia de la
psicología, más ha contribuido a promover el concepto de fase, al parecer no utiliza, en su
inspiración fundamental, esta palabra en el sentido que le atribuye la psicología genética, al
postular, en cada nivel de evolución, una estructura de conjunto de carácter integrativo.
Fase oral
Al.: orale Stufe (o Phase).
Fr.: stade oral.
Ing.: oral Stage.
It.: fase orale.
Por.: fase oral.
fuente(29)
Primera fase de la evolución libidinosa: el placer sexual está ligado entonces predominantemente
a la excitación de la cavidad bucal y de los labios, que acompaña a la alimentación. La actividad
de nutrición proporciona las significaciones electivas mediante las cuales se expresa y se
organiza la relación de objeto; así, por ejemplo, la relación de amor con la madre se hallará
marcada por las significaciones: comer, ser comido.
Abraham propuso subdividir esta fase atendiendo a dos actividades distintas: succión (fase oral
precoz) y mordedura (fase oral sádica).
En la primera edición de los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1905), describe Freud una sexualidad oral que pone en evidencia en el adulto
(actividades perversas o preliminares) y que encuentra también en el niño basándose en las
observaciones del pediatra Lindner (significación masturbatoria de la succión del pulgar). No
obstante, no habla de fase, de organización oral, como tampoco habla de organización anal.
Con todo, la actividad del chupeteo adquiere, desde esta época, el valor de ejemplo, permitiendo
a Freud mostrar cómo la pulsión sexual, que al principio se satisface en apoyo sobre una
función vital, adquiere una autonomía y se satisface en forma autoerótica. Por otra parte, la
experiencia de satisfacción, que proporciona el prototipo de la fijación del deseo a un
determinado objeto, es una experiencia oral; por consiguiente, se puede establecer la hipótesis
de que el deseo y la satisfacción quedan marcados para siempre por esta primera experiencia.
En 1915, después de haber reconocido la existencia de la organización anal, Freud describe
como primera fase de la sexualidad la fase oral o canibalística. La fuente es la zona oral; el
objeto se encuentra en estrecha relación con el de la alimentación, el fin es la incorporación. Así,
pues, el acento no se hace recaer solamente en una zona erógena (una excitación y un placer
específicos), sino también en un modo de relación, la incorporación; el psicoanálisis muestra que
ésta, en los fantasmas infantiles, no solamente es relacionada con la actividad bucal, sino que
se transpone también a otras funciones (por ejemplo, respiración, visión).
Según Freud, la oposición entre actividad y pasividad, que caracteriza la fase anal, no existe en
la fase oral. Karl Abraham intentó diferenciar los tipos de relación que intervienen en el período
oral, lo que le condujo a distinguir una fase precoz de succión preambivalente (que parece la
más próxima a lo que Freud describió en un principio como fase oral) y una fase oral-sádica que
corresponde a la aparición de los dientes, en la cual la actividad de mordedura y devoramiento
implica una destrucción del objeto; en ella se encuentra conjuntamente el fantasma de ser
comido, destruido por la madre.
El interés concedido a las relaciones de objeto condujo a algunos psicoanalistas (especialmente
Melanie Klein, Bertram Lewin) a describir en forma más compleja las significaciones connotadas
en el concepto de fase oral.
Fase oral - sádica
Fase oral - sádica
Fase oral - sádica
Al.: oral-sadistische Stufe (o Phase).
Fr.: stade sadique-oral.
Ing: oral-sadistic stage.
It.: fase sadico-orale.
Por.: fase oral-sádica.
fuente(30)
Segundo tiempo de la fase oral, según una subdivisión introducida por K. Abraham; coincide con
la aparición de los dientes y de la actividad de mordedura. Aquí la incorporación adquiere el
sentido de una destrucción del objeto, lo que implica que la ambivalencia entra en juego en la
relación de objeto.
En Ensayo de una historia de desarrollo de la libido basada en el psicoanálisis de los
trastornos psíquicos (Versuch einer Entwicklungsgeschichte der Libido auf Grund der
Psychoanalyse seelischer Störungen, 1924), K. Abraham distingue, dentro de la fase oral, una
fase precoz de succión, «preambivalente», y una fase oral-sádica que corresponde a la
aparición de los dientes; la actividad de mordedura y devoramiento implica una destrucción del
objeto y aparece la ambivalencia pulsional (libido y agresividad dirigidas sobre un mismo objeto).
Con Melanie Klein se atribuye una importancia creciente al sadismo oral. En efecto, para esta
autora la fase oral constituye el momento culminante del sadismo infantil. Pero, a diferencia de
Abraham, hace intervenir desde un principio las tendencias sádicas: «[...] la agresividad forma
parte de la relación precoz del niño con el pecho, aunque en esta fase no se exprese
habitualmente por la mordedura». «El deseo libidinoso de mamar se acompaña de la meta
destructiva de aspirar, de vaciar, de agotar succionando». Aunque M. Klein discute la distinción
de Abraham entre una fase oral de succión y una fase oral de mordedura, el conjunto de la fase
oral es para la autora una fase oral-sádica.
Fase u organización genital
Fase u organización genital
Fase u organización genital
Al.: genitale Stufe (o Genitalorganisation).
Fr.: stade (u organisation) génital(e).
Ing.: genital stage (u organization).
It.: fase (u organizzazione) genitale.
Por.: fase (u organização) genital.
fuente(31)
Fase del desarrollo psicosexual caracterizada por la organización de las pulsiones parciales
bajo la primacía de las zonas genitales; comporta dos tiempos, separados por el período de
latencia: la fase fálica (u organización genital infantil) y la organización genital propiamente dicha,
que se instaura en la pubertad.
Algunos autores reservan el término «organización genital» para designar este último tiempo,
incluyendo la fase fálica en las organizaciones pregenitales.
Según atestigua la primera edición de los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei
Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905), para Freud no existía al principio más que una sola
organización de la sexualidad, la organización genital, que se instauraba en la pubertad y se
oponía a la «perversidad polimorfa» y al autoerotismo de la sexualidad infantil. Luego, Freud
modifica progresivamente esta primera concepción:
1) describe organizaciones pregenitales (1913, 1915: véase: Organización);
2) en un capítulo añadido a los Tres ensayos, Fase de desarrollo de la organización sexual,
establece la idea de que, desde la infancia, tiene lugar una elección de objeto sexual: «[...] todas
las tendencias sexuales convergen hacia una sola persona y buscan en ésta su satisfacción.
Se realiza así, durante los años infantiles, la forma de sexualidad que más se aproxima a la
forma definitiva de la vida sexual. La diferencia [...] se reduce a que, en el niño, todavía no se ha
realizado la síntesis de las pulsiones parciales, ni su sumisión completa a la primacía de la zona
genital. Sólo la última fase del desarrollo sexual traerá consigo la afirmación de esta primacía».
3) Vuelve a poner en tela de juicio la teoría enunciada en esta última frase al reconocer la
existencia de una «organización genital» llamada fálica, antes del período de latencia, que sólo
se diferenciaría de la organización genital postpuberal en que un solo órgano genital es el que
cuenta para ambos sexos: el falo (1923) (véase: Fase fálica).
Como puede verse, la evolución de las ideas de Freud acerca del desarrollo psicosexual le
condujo a aproximar cada vez más la sexualidad infantil a la sexualidad adulta. No desaparece,
sin embargo, la primera idea, según la cual con la organización genital puberal las pulsiones
parciales se unifican y jerarquizan definitivamente, y el placer inherente a las zonas erógenas no
genitales se vuelve «preliminar» al orgasmo, etc.
Freud también señaló insistentemente que la organización genital infantil se caracteriza por una
discrepancia entre las exigencias edípicas y el grado de desarrollo biológico.
Favez - Boutonier Juliette, nacida
Boutonier (1903-1994). Psicoanalista francesa
Favez - Boutonier Juliette, nacida Boutonier (1903-1994). Psicoanalista francesa
Favez - Boutonier Juliette
Nacida Boutonier (1903-1994)
Psicoanalista francesa
fuente(32)
Proveniente de una familia de maestros del Mediodía de Francia, Juliette Boutonier fue aprobada
para el profesorado universitario de filosofía a los 22 años de edad, y estudió medicina en Dijon,
donde conoció a Gaston Bachelard (1884-1962). Interesada en el psicoanálisis, le escribió una
carta a Sigmund Freud, quien le respondió el 11 de abril de 1930. En 1935, nombrada en París
para enseñar filosofía, conoció a Daniel Lagache e inició un análisis con René Laforgue.
Frecuentó el Hospital Sainte-Anne y el servicio de Georges Heuyer (1884-1977). Después de la
Segunda Guerra Mundial, creó, junto con Georges Mauco, el centro psicopedagógico del liceo
Claude-Bernard. Casada en 1952 con Georges Favez (1902-198 l), también psicoanalista,
desempeñó un papel en la historia de las escisiones del movimiento francés, fundando con
Lagache, en 1935, la Société française de psychanalyse (SFP) y después, una vez más con
Lagache, en 1953, la Association psychanalytique de France (APF). En la universidad, y sobre
todo en la cátedra de psicología general, donde lo sucedió en 1955, Juliette Favez-Boutonier
encarnó muy bien el ideal de esa psicología clínica universitaria, heredada de Pierre Janet, que
fue una de las corrientes del freudismo francés.
Fechner Gustav Theodor
(1801-1887). Médico y filósofo alemán
Fechner Gustav Theodor (1801-1887). Médico y filósofo alemán
Fechner Gustav Theodor
(1801-1887) Médico y filósofo alemán
fuente(33)
Fundador de la psicofísica, y después de la psicología experimental, este hijo de pastor fue uno
de los representantes tardíos de la tradición del romanticismo alemán. Personaje fáustico, tuvo la
experiencia personal de su objeto de estudio, atravesando una especie de crisis mística a la que
Henri F. Ellenberger denominó de neurosis creadora. Su obra ejerció una influencia importante
sobre la de Freud: "Yo he estado siempre abierto a las ideas de G. Th. Fechner -escribió el
padre del psicoanálisis en 1925-, y por otra parte me he basado sobre este pensador en puntos
importantes".
Después de estudiar medicina y biología, Fechrier fue designado en 1834 profesor de física en la
Universidad de Leipzig. Durante los tres años siguientes cayó en un estado melancólico por el
que tuvo que renunciar a la cátedra y vivir casi sin comer en una habitación sombría con las
paredes pintadas de negro. A continuación de este episodio experimentó un breve período de
exaltación. Se creyó elegido de Dios, y estaba persuadido de haber descubierto un principio
universal tan fundamental para el universo como el de lsaac Newton (1642-1727). En 1848, le
dio el nombre de principio de placer.
Después de su curación, cambió su cátedra universitaria de física por la de filosofía, y publicó
numerosas obras en las que sostuvo que la tierra es un ser vivo, que la conciencia está
difundida en el universo, y que el alma es inmortal. En 1860 publicó sus Elementos de
psicofísica para dar un fundamento experimental a sus trabajos sobre las relaciones entre el
alma y la materia. En 1873 teorizó el principio de conservación (o estabilidad) de la energía,
formulado en 1842 por el físico Robert Meyer, y retomado en 1845 por Hermann von Helmholtz.
De este principio, completamente abandonado por la ciencia moderna, Freud extrajo en 1920 el
principio de placer/dispiacer, en las primeras páginas de su libro Más allá del principio de
placer.
En 1924, Imre Hermann dedicó un estudio a Fechner, pero hubo que esperar los trabajos de la
historiografía experta para que se acordara un lugar a sus obras en la génesis del
descubrimiento freudiano del inconsciente.
Federación psicoanalítica de
América Latina (FEPAL)
Federación psicoanalítica de América Latina (FEPAL)
Federación psicoanalítica de América Latina
(FEPAL)
fuente(34)
La primera federación psicoanalítica latinoamericana fue creada en 1960, con el nombre de
Consejo Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina (COPAL); su
objetivo era defender los intereses comunes de todas las sociedades psicoanalíticas de América
latina afiladas a la International Psychoanalytical Association (IPA). Fue disuelta en 1979, y
reemplazada en noviembre de 1980 por una nueva organización que tomó el nombre de
Federación Psicoanalítica de América Latina (FEPAL). Reconocida por la IPA, a fines del siglo XX
se ha convertido en la tercera potencia freudiana del mundo, después de la American
Psychoanalytic Association (APsaA) y la Fédération européenne de psychanalyse (FEP); en ella
están representadas dieciocho sociedades componentes o provisionales, y seis grupos de
estudio, abarcando en total ocho países: la Argentina (cuatro sociedades, un grupo de estudio),
Brasil (seis sociedades, tres grupos de estudios), Chile, Colombia, México (dos sociedades),
Perú, Uruguay, Venezuela (dos sociedades). La Federación agrupa a algo más de tres mil
psicoanalistas en total, es decir, un tercio de la cifra global de la IPA, para una población de
trescientos ochenta millones de habitantes: ocho psicoanalistas por millón de habitantes, con
diferencias considerables entre país y país; la Argentina y Brasil tienen la densidad más alta, a
mucha distancia de los otros.
Fédération Européenne de
psichanalyse (FEP). (Federación Europea de Psicoanálisis)
Fédération Européenne de psichanalyse (FEP). (Federación Europea de
Psicoanálisis)
Fédération Européenne de psichanalyse
(FEP) (Federación Europea de Psicoanálisis)
fuente(35)
Creada en 1966 con el nombre de Fédération des sociétés européennes de psychanalyse, para
contrapesar a la poderosa American Psychoanalytic Association (APsaA) y a la COPAL (futura
Federación Psicoanalítica de América Latina, FEPAL), la Fédération européenne de
psychanalyse (FEP) sólo inició verdaderamente su actividad en 1969. Reconocida por la
International Psychoanalytical Association (IPA), tomó la costumbre de realizar congresos en
tres idiomas (alemán, inglés, francés).
A partir de la década de 1990, quedaron representados en la FEP dieciocho países, a través de
dieciocho sociedades componentes o provisionales, dieciséis institutos y tres grupos de estudio:
Alemania (doce institutos), Austria (Viena), Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega
(países escandinavos), España (dos sociedades), Francia (un instituto, dos sociedades), Gran
Bretaña, Grecia (un grupo de estudio), la República Checa (un grupo de estudio), Hungría, Italia
(tres institutos, ocho ramas para siete ciudades), Portugal, Holanda, Serbia, Suiza. En 1992 se
sumaron a estos países Irlanda y Rusia, y más tarde otros países de Europa deseosos de
reconstruir el psicoanálisis después de salir del comunismo: Polonia, Rumania. Gracias a este
aporte, la FEP pudo cobrar impulso en el momento mismo en que el psicoanálisis estaba en
declinación en los distintos países de Europa.
A fines del siglo XX, agrupa a tres mil miembros de aproximadamente diecisiete países, es decir
un poco menos de un tercio del efectivo global de la IPA, para una población de cuatrocientos
millones de habitantes, o sea un promedio de siete u ocho psicoanalistas por millón de
habitantes, con diferencias considerables entre país y país. En este sentido, ha pasado al tercer
puesto mundial entre las instituciones freudianas legitimistas, despu6s de la American
Psychoanalytic Association (APsaA) y la FEPAL.
En razón de la pérdida de influencia de Europa en el seno de la comunidad psicoanalítica
internacional, dominada primero por el idioma inglés común a todas las sociedades de la IPA
(desde los Estados Unidos hasta Japón y la India, pasando por Canadá y Australia), y después
cada vez más enfeudada al mundo americano, debido a la pujanza creciente de las sociedades
latinoamericanas, la FEP se dedica al trabajo científico y teórico, dejando a la IPA el cuidado de
regular las cuestiones políticas.
Para tratar de reconquistar mediante la elaboración doctrinaria el poder perdido en el ámbito
político, la FEP consagra lo esencial de sus fuerzas a reflexionar sobre el estatuto teórico del
psicoanálisis y su modo de transmisión, en un momento en que éste sufre una considerable
competencia de las diversas psicoterapias, incluso de las distintas prácticas mágicas y
espiritualistas. El objeto de la FEP es tender un puente hacia los países de la Europa del Este, en
los cuales, después de su salida del comunismo, no sólo prevalece el idioma inglés, sino también
las corrientes provenientes del mundo de lengua inglesa: sobre todo el kleinismo y la Self
Psychology.
En Europa, la FEP enfrenta a aproximadamente a seis mil lacanianos (tres mil en Francia) y dos
mil freudianos no miembros de la IPA.
Federn Paul
(1871-1950) Psiquiatra y psicoanalista norteamericano
fuente(36)
Quinto miembro adherente de la Sociedad Psicológica de los Miércoles, este brillante discípulo de
las primeras horas del freudismo se comparaba de buena gana con el apóstol Pablo o con "un
oficial subalterno del ejército psicoanalítico". Admiraba el orden y la disciplina de la cultura
alemana y, en el primer grupo vienés, fue no sólo un clínico notable, sino también un formador de
alumnos. Muchos, más jóvenes que él, pasaron por su diván para convertirse a su vez en
didactas de las generaciones posteriores.
Nieto de rabino e hijo de un médico generalista muy reputado en Viena, Federn provenía de la
burguesía judía liberal. Su madre, una mujer muy hermosa, pertenecía a una familia de
comerciantes ricos.
Desde su juventud padeció un humor depresivo, lo que no le impidió ser un fogoso oficial de la
caballería imperial, amar a las mujeres y tener éxitos con ellas. Su estatura imponente, su voz
atronadora, sus ojos vivos y su gran barba negra le daban el aspecto de un califa de Las mil y
una noches. Y como no vacilaba en pasearse por las calles de Viena con un gran sombrero, le
pusieron el sobrenombre de Harún Al-Rachid.
Obedeciendo al padre, que obligó a sus dos hijos a orientarse hacia su misma carrera, Paul
Federn estudió medicina, a pesar de que le gustaba la biología. En 1902 se instaló como médico
internista en Viena y, dos años más tarde, se casó con Wilma Bauer, a quien conocía desde el
momento en que la había atendido, en una edad precoz, por un reumatismo articular. Ella
provenía de una familia protestante, cercana a la de Hermann Nothnagel, quien le presentó a
Sigmund Freud. Como muchos judíos vieneses, Federn proyectaba convertirse, y educó a sus
tres hijos en la religión de la madre.
Con Freud realizó una especie de análisis avant la lettre en cuyo transcurso logró controlar su
humor melancólico. Las crisis depresivas fueron menos frecuentes, pero en caso de recaída
pensaba suicidarse. En el seno de la Sociedad de los Miércoles, de la cual fue uno de los pilares,
se consagró a la enseñanza, dando un seminario particularmente rico sobre La interpretación de
los sueños. También se interesó por la telepatía, y en el seno de la Wiener Psychoanalytische
Vereinigung (WPV) se desempeño como administrador y organizador. En 1914 viajó a los
Estados Unidos para dar una serie de conferencias, y tuvo cierta importancia al tomar en análisis
a Clarence Oberndorf y Smith Ely Jelliffe.
Médico militar durante la Primera Guerra Mundial, suscribía los ideales patrióticos del Imperio, y
tenía una fe inconmovible en la victoria de Alemania. Después de la derrota, se afilió al Partido
Socialdemócrata, y comenzó a interesarse, con August Aichhorn, Siegfried Bernfeld y Willi
Hoffer, en la delincuencia juvenil, la educación sexual y la emancipación de las mujeres.
En el seno de la familia Federn, Wilma desempeñaba un papel eminente. Ernst, el hijo de Paul, que
se convertiría en psicoanalista después de una cura con Hermann Nunberg, cuenta que Freud
comparaba a la señora Federn con Mussolini y a Paul con el rey Víctor Manuel: "En esa época
-añade-, nadie ignoraba que el rey era un fantoche bajo el gobierno del dictador. Eso le valió a mi
madre que la bautizaran Mussolina, sobrenombre que ella aceptó con una cierta satisfacción."
Si bien Federn siguió fiel a la doctrina clásica, en el período de entreguerras, lo mismo que
muchos freudianos de la segunda generación, se comprometió en la revisión de la teoría del yol-
y en la reestructuración de la segunda tópica, trabajo que desembocó en la distinción entre el yo
(ego) y el sí-mismo (self), primer paso hacia la Self Psychology. Lo afectó mucho el hecho de
que no fuera verdaderamente reconocido por los representantes de la Ego Psychology, que no
citaban sus trabajos. De hecho, él elaboró su concepción de las "fronteras del yo" a partir de
una reflexión sobre el narcisismo y la clínica de las psicosis. Consideraba la psicosis, y sobre
todo la esquizofrenia, como una disminución de las investiduras del yo, que llevaba al sujeto a no
conocer ya sus fronteras, no saber ya distinguir sus percepciones o sus sentimientos.
Desarrolló la idea, cara a la psiquiatría clásica, de que el delirio es la expresión de una "falsedad
del juicio". Por otra parte, él mismo trató a pacientes psicóticos y se interesó por el progreso de
la quimioterapia.
Este interés en la locura no carecía de relaciones con su situación personal. En efecto, su primer
hijo, Walter, nacido en 1910, se convirtió muy pronto en un niño difícil. A pesar de sus brillantes
estudios de egiptología, que le permitieron realizar una exitosa carrera universitaria, se hundió
progresivamente en la esquizofrenia.
En 1938, Paul Federn emigró con su familia a los Estados Unidos. Después de repetir sus
estudios de medicina y obtener un nuevo diploma, se integró a la New York Psychoanalytical
Society (NYPS), cuyas reglas rígidas impugnó, al punto de que él, un freudiano ortodoxo, fue
considerado "desviacionista". Unos meses antes de emigrar, su hijo Ernst había sido arrestado
por la Gestapo en razón de sus actividades políticas, y después deportado al campo de
Buchenwald, donde conoció a Bruno Bettelheim. Ernst y Paul sólo volvieron a encontrarse, del
otro lado del Atlántico, en 1946. En esa fecha, afectado de un tumor maligno en la vejiga, Paul
debió sufrir una primera intervención quirúrgica.
La recaída se produjo después de la muerte de Wilma. Él no quiso padecer una agonía atroz, y
decidió poner fin a sus días según la más pura tradición antigua. El 3 de mayo de 1950 ordenó
sus asuntos, dejó instrucciones estrictas a su amigo Edoardo Weiss, y retiró de su banco una
pistola cuidadosamente guardada en un cofre. La cargó con dos balas. Durante todo el día
recibió normalmente a sus analizantes, e incluso bromeó con su ama de llaves sobre las
diferentes maneras de darse muerte. En mitad de la noche redactó una carta para su hijo Walter;
le advertía que tuviera cuidado: quedaba una bala en el cargador; a las tres de la madrugada,
sentado en su sillón de analista, le bastó un disparo. "Hasta su último aliento -subrayó Ernst-, se
preocupó más por los otros que por él mismo.-
En 1968, Walter Federn se suicidó, dejándose morir de hambre.
Fenichel Otto (1897-1946). Médico y
psicoanalista norteamericano
Fenichel Otto (1897-1946). Médico y psicoanalista norteamericano
Fenichel Otto
(1897-1946) Médico y psicoanalista norteamericano
fuente(37)
Poco conocido fuera del movimiento psicoanalítico, y muy a menudo considerado un simple
técnico de la cura, Otto Fenichel fue sin embargo un gran freudiano. A la vez disidente y
antiautoritario, hostil a todos los dogmatismos y abierto a la cuestión social, se opuso siempre a
la política conservadora de Ernest Jones, y criticó el biologismo reichiano, así como el
culturalismo de los neofreudianos. En nombre de la defensa humanista del sujeto, luchó por los
principios de un universalismo atemperado, respetuoso de las diferencias culturales. En
consecuencia, negándose a olvidar su juventud socialista y su pasado vienés, le costaba asumir
los ideales pragmáticos y normalizadores de la sociedad norteamericana, a la que no obstante
se vio obligado a adaptarse.
Como lo ha subrayado el historiador Russel Jacoby, Otto Fenichel formó parte, con sus amigos y
colegas -Annie Reich, Barbara Lantos (1894-1962), Edith Jacobson, Kate Friedlánder, Georg
Geró (1901-1981), y algunos más-, de lo que se llama la izquierda freudiana. Nacidos un poco
antes o después de principios de siglo, estos hombres y mujeres, lo mismo que Sandor Rado,
Helene Deutsch, Ernst Kris, Rudolph Loewenstern, Marie Bonaparte, Melanie Klein y Karen
Horney, pertenecfan a la segunda generción psicoanalítica mundial. De modo que los había
marcado la Revolución de Octubre, el ascenso del nazismo, el exilio y la necesidad de integrarse
a una nueva cultura. A veces encontraron en la International Psychoanalytical Association (IPA)
una nueva patria freudiana, y fueron los artífices del legitimismo; otras veces, por el contrario,
impugnaron el aparato freudiano, llegando a la escisión, el exilio interior, o incluso el cambio de
profesión.
Nacido en Viena en una familia de la burguesía judía, Fenichel militó activamente durante su
adolescencia en el movimiento de la juventud austríaca y en el de la juventud judía, apuntando a
hacer converger la revolución política con la liberación sexual, En 1916, a partir de una
investigación conjunta con sus compañeros de clase, redactó un artículo sobre esta cuestión, lo
que le valió la expulsión del liceo.
En 1918 se orientó hacia el psicoanálisis al entrar en contacto con las tesis de Siegfried
Bernfeld, y participó en los trabajos de la Wiener Psychoanalytische Vereinigung (WPV). Realizó
entonces su primer análisis con Paul Federn, y después otro con Sandor Rado, al instalarse en
Berlín en 1922. Sin dejar de ser fiel a la legitimidad freudiana en materia de formación didáctica,
muy pronto tomó distancia respecto del formalismo burocrático de la IPA, y organizó un círculo
de estudio independiente (denominado Seminario de Niños), en el cual alternaron, hasta 1933, las
discusiones políticas y la enseñanza sobre las técnicas psicoanalíticas. En 1930, Wilhelm Reich
y su mujer Annie se unieron al grupo, encontrando a los analistas berlineses más adelantados
que los vieneses sobre las cuestiones sociales. Así nació el movimiento de los freudianos
políticos, que llegó a su apogeo en 1932, cuando Fenichel fue designado vicepresidente de la
Deutsche Psychoanalytische Gesellschaft (DPG).
A pesar de varios viajes a Rusia y de las simpatías pregonadas por el socialismo y el marxismo,
Fenichel no adhirió al Partido Comunista Alemán, al que juzgaba demasiado sectario. En una
primera etapa mantuvo con Reich un diálogo fecundo. Compartía su interpretación de la
psicología de masas del fascismo, y su enfoque del análisis de las resistencias. Sin embargo, a
partir de 1933, las relaciones entre estos hombres se volvieron difíciles. Intelectual sutil y
cultivado, amante de las síntesis y los trabajos ordenados, Fenichel no apreciaba las violencias
pulsionales de Reich, ni tampoco su tendencia a sentirse perseguido y su megalomanía
dogmática. También desaprobaba su método terapéutico, su manera de fragmentar la "armadura"
defensiva del paciente, y su teoría biológica de la sexualidad.
A partir del advenimiento del nazismo, este círculo se vio obligado a disolverse, y sus miembros
debieron abandonar Alemania. Deseoso de conservar la unidad del grupo, Fenichel inventó
entonces un sistema de comunicación clandestino, las Rundbriefe (cartas circulares), que les
permitían a todos los miembros de la sociedad secreta mantenerse informados de sus
respectivas actividades. Entre 1934 y 1945 se intercambiaron ciento diecinueve Rundbriefe
sobre todos los temas posibles.
Exiliado en Oslo, Fenichel intentó sin éxito darle una cierta unidad al movimiento psicoanalítico de
los países escandinavos. Se vio varias veces con Reich, que también había emigrado, pero
terminó por votar su exclusión de la IPA en el Congreso de Lucerna, en 1934. En el plano político,
la oposición entre los dos hombres se refería al mejor modo de luchar contra el nazismo para
salvar al psicoanálisis y el marxismo: Reich preconizaba el combate a cara descubierta, y
Fenichel la lucha clandestina. A pesar de sus divergencias, subsistían entre ellos vínculos de
amistad.
Durante algún tiempo, en compañía de Edith Jacobson, Fenichel aceptó la política de Ernest
Jones orientada a un supuesto "salvamento" del psicoanálisis en Alemania. Pero en 1935,
cuando los judíos fueron excluidos de la DPG, lamentó haber adoptado esa posición, y dio un
giro de ciento ochenta grados, mostrándose, como dice Jacoby, "escandalizado por la estupidez
del establishment psicoanalítico, incapaz de comprender la realidad del nazismo". En este punto,
Reich fue más lúcido al preconizar la disolución pura y simple de la DPG en 1933, y la lucha a
muerte contra los nazis.
De paso por Viena en 1936, Fenichel fue bien recibido por los freudianos, ante los cuales
pronunció una serie de conferencias sobre la técnica psicoanalítica. Evidentemente, rechazaba
las tesis kleinianas y prefería las posiciones annafreudianas. No obstante, con respecto a los
mecanismos de defensa no adoptó el mismo punto de vista que Anna Freud. Creó entonces la
expresión "defensa de defensa", para designar el modo en que un sujeto se defiende
dialécticamente de una defensa que en realidad sería una pulsión.
De nuevo exiliado, Fenichel residió durante algún tiempo en Praga, donde convirtió al pequeño
grupo psicoanalítico checoslovaco en una rama de la IPA. Después, por invitación de su amigo
Ernst Simmel, partió a los Estados Unidos y se instaló en Los Angeles, luego de haber pasado
por Chicago y Topeka (Kansas), donde dio numerosas conferencias y se volvió a encontrar con
la diáfora freudiana de la Europa central que, lo mismo que él, había huido del nazismo. Sobre
todo volvió a ver a Bernfeld, instalado también él en la Costa Oeste, en San Francisco.
En el continente americano, Fenichel debió enfrentar una situación delicada para él y sus
allegados. Partidario del análisis profano en un país donde la profesión se había medicalizado por
completo, se vio obligado a obtener de nuevo su diploma de médico, no reconocido del otro lado
del Atlántico-, por lo tanto, a los 47 años, tuvo que cumplir con el año obligatorio de internado y
guardias nocturnas. Además, debió renunciar oficialmente a manifestar sus opiniones marxistas.
En desacuerdo con las transformaciones que le infligían al freudismo clásico los partidarios de la
escuela de Chicago o los neofreudianos, apareció como un "ortodoxo" de la vieja escuela
vienesa y alemana, incapaz de reconvertirse. Agotado por el espectáculo de la eliminacion
progresiva de los no-médicos en el seno de la Los Angeles Psychoanalytic Society (LAPS),
fundada en 1946, y por la degradación del psicoanálisis, convertido en método psiquiátrico,
murió prematuramente, a los 48 años, un año antes que su amigo Simmel. Sus obras se
convirtieron después en una verdadera biblia para los técnicos norteamericanos de la cura
freudiana.
Recordando a estos dos hombres, Max Horkheimer (1895-1973) les rindió el siguiente homenaje:
"Estos pensadores se oponían a la mentalidad de empleado que intenta transformarlo todo en
una «función» al servicio de la máquina. Resistieron entonces a la traición al psicoanálisis en su
propio terreno, por técnicos apresurados".
Fenómeno funcional
Fenómeno funcional
Fenómeno funcional
Al.: funktionales Phänomen.
Fr.: phénoméne fonctionnel.
Ing.: functional phenomenon.
It.: fenomeno funzionale.
Por.: fenómeno funcional.
fuente(38)
Fenómeno descubierto por Herbert Silberer (1909) en los estados hipnagógicos y en el sueño:
se trata de la transposición en imágenes, no del contenido del pensamiento del sujeto, sino del
modo de funcionamiento actual de dicho pensamiento.
Las ideas de Silberer sobre el tema del fenómeno funcional experimentaron una evolución. Este
autor partió de la observación de los estados hipnagógicos, en los que ve una experiencia
privilegiada que permite observar el nacimiento de los símbolos (o fenómeno «autosimbólico»).
Distingue tres tipos de fenómenos: material, se simboliza el objeto del pensamiento, aquello a lo
que apunta; funcional, lo que se representa es el funcionamiento actual del pensamiento, su
rapidez o su lentitud, su éxito o su fracaso, etc.; somático, simbolización de las impresiones
corporales.
Silberer piensa que esta distinción es válida para toda manifestación en la que se encuentren
símbolos, especialmente para el sueño. Al atribuir al «fenómeno material» únicamente la
simbolización de los objetos del pensamiento y de la representación, clasifica en definitiva en el
fenómeno funcional todo lo que simboliza «el estado, la actividad, la estructura de la Psiquis».
Los afectos, tendencias, intenciones, complejos, «partes del alma» (especialmente la censura)
se traducen por símbolos, a menudo personificados. La «dramatización» del sueño resume este
aspecto funcional. Como puede verse, Silberer generaliza al extremo la idea de una
representación simbólica del estado hic et nunc de la conciencia imaginadora.
Por último, Silberer estima que, en el simbolismo, especialmente en el sueño, existe una tendencia
a pasar de lo material a lo funcional, una tendencia a la generalización, en virtud de la cual se
pasa «[...] de un tema particular cualquiera al conjunto de todos los temas similares por su afecto
o, como también podría decirse, al tipo psíquico del acontecimiento vivido en cuestión». Así, un
objeto alargado que, en un primer tiempo, simboliza un falo podrá terminar (tras una serie de
etapas intermedias cada vez más abstractas) por significar el sentimiento de potencia en
general. El fenómeno simbólico se hallaría, pues, espontáneamente orientado en una dirección
que la interpretación anagógica vendrá a reforzar.
Freud reconoció en el fenómeno funcional «[...] una de las raras adiciones a la doctrina de los
sueños cuyo valor es incontestable. Él [Silberer] ha demostrado la intervención de la
autoobservación (en el sentido del delirio paranoico) en la formación del sueño». Freud quedó
convencido por el carácter experimental del descubrimiento de Silberer, pero limitó el alcance del
fenómeno funcional a los estados intermedios entre la vigilia y el sueño o, en éste, a «la
autopercepción del sueño o del despertar» que en ocasiones puede producirse y que atribuye al
censor del sueño, al superyó.
Critica la extensión adquirida por este concepto: «[...] se ha llegado a hablar de fenómeno
funcional cada vez que aparecen en el contenido de los pensamientos latentes del sueño
actividades intelectuales o procesos afectivos, aun cuando este material tiene el mismo derecho
que cualquier otro resto diurno a penetrar en el sueño». Así, pues, aparte de casos
excepcionales, lo funcional, a igual título que los estímulos corporales, se adscribe de nuevo a lo
material; el camino seguido por Freud es inverso al de Silberer.
Para una crítica de la concepción ampliada de Silberer, resulta útil consultar el estudio de Jones
La teoría del simbolismo (The Theory of Symbolism, 1916).
Ferenczi Sándor. Médico y
psicoanalista húngaro
Ferenczi Sándor. Médico y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sándor
Médico y psicoanalista húngaro
fuente(39)
(MiskoIc 1873 - Budapest 1933).
Ligado desde 1906 a Freud, del que por otra parte será el discípulo favorito y uno de sus raros
amigos, es, junto con E. dones y K. Abraham, uno de los que más contribuyeron al desarrollo del
psicoanálisis fuera de Austria. El éxito de las ideas freudianas en Hungría le permite a Ferenczi
abrir una clínica e inclusive, durante el breve gobierno de Bela Kun, enseñar el psicoanálisis en
la universidad. Pero, a partir de 1923, las divergencias comienzan a aparecer entre Freud y
Ferenczi, alimentadas por la complejidad de los lazos afectivos existentes entre ellos.
Es en el plano técnico donde Ferenczi desarrolló sus aportes más originales. A fin de evitar que
una parte demasiado grande de la energía psíquica encuentre el camino de la satisfacción
sustitutiva, lo que entorpecería la cura, preconizó una «técnica activa» que prohibía tales
satisfacciones, pero también podía incitar a afrontar las situaciones patógenas. Ante las
dificultades ligadas a esta técnica, que a menudo reforzaba las resistencias, la modificó
totalmente, y empleó entonces algo semejante a una forma de relajación. Llegó por último a
concebir una especie de análisis mutuo, destinado a impedir que los deseos inconcientes del
analista estorbarán en la cura. En general, sus soluciones apenas se aplican actualmente, pero
sus planteos dan testimonio de una aguda conciencia de su responsabilidad de terapeuta.
En el plano teórico, las búsquedas de Ferenczi se dirigen a la constitución de una nueva ciencia,
el bioanálisis o psicoanálisis de los orígenes, que es una extensión de la teoría psicoanalítica al
terreno de la biología. En Thalassa. Psicoanálisis de los orígenes de la vida sexual (1924),
elabora la hipótesis, apoyada en las teorías evolucionistas de Lamarck y de E. Haecke1, de que
la existencia intrauterina sería la repetición de las formas anteriores de la vida, que tienen su
origen en el mar. El nacimiento sería la pérdida del estado originario, al que todos los seres
vivientes aspiran a retornar.
También contribuyó en forma interesante a la teoría del simbolismo. Por otra parte, abrió la vía
para un abordaje más atento de las relaciones primarias de la madre y el niño, que luego iba a
ser desarrollado por Alice y Michael Balint.
Ferenczi Sandor (1873-1933).
Psiquiatra y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sandor (1873-1933). Psiquiatra y psicoanalista húngaro
Ferenczi Sandor
(1873-1933) Psiquiatra y psicoanalista húngaro
fuente(40)
Nacido en Miskolc, Hungría, en una familia de judíos polacos emigrados, Sandor Ferenczi no fue
sólo el discípulo preferido de Sigmund Freud, sino también el clínico más dotado de la historia del
freudismo. Bajo su impulso, la escuela húngara de psicoanálisis, de la que fue el primer
animador, dio origen a una prestigiosa filiación de artífices del movimiento, entre ellos Melanie
Klein, Geza Roheim y Michael Balint. La obra escrita de Ferenczi está compuesta por
numerosísimos artículos, redactados en un estilo inventivo y siempre en contacto con la realidad.
Gran escritor de cartas, Ferenczi fue también el autor de un Diario clínico publicado en 1969. Un
año antes de su muerte consignó allí varias historias de casos, numerosas innovaciones, y
también las críticas que dirigía al dogmatismo psicoanalítico.
El padre de Ferenczi fue un simpático librero que se comprometió con fervor en la revolución de
1848, antes de convertirse en un editor militante, partidario de la causa del renacimiento húngaro.
Consecuentemente, cambió su nombre de resonancia alemana (Baruch Fraenkel) por otro magiar
(Bernat Ferenczi). Dio a su hijo preferido -el octavo entre los doce hermanos- una educación en
la que prevalecían el culto a la libertad y un gusto pronunciado por la literatura y la filosofía.
El joven Ferenczi optó por la carrera médica y trabajó en el Hospital Saint-Roch, en el cual,
cuarenta años antes, otro gran médico húngaro, Philippc Ignace Semmelweis (1818-1865), había
tratado de hacer reconocer su descubrimiento del carácter infeccioso de la fiebre puerperal. Lo
mismo que su ilustre predecesor, Ferenczi se mostró muy pronto adepto a la medicina social.
Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades y a aliviar
a los excluidos y los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales, en un texto
valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él refutaba los prejuicios
reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como responsables degenerados del
desorden social a las personas que se denominaba "uranistas".
Ése era el hombre que, después de haber leído con entusiasmo La interpretación de los sueños,
visitó a Freud en febrero de 1908, acompañado por su colega y amigo Fulop Stein (1867-1917).
Este último lo había iniciado en el test de asociación verbal puesto a punto por Carl Gustav Jung.
A partir de ese día Ferenczi intercambió con el maestro de Viena, durante un cuarto de siglo, mil
doscientas cartas: un verdadero tesoro de invención teórica y clínica, sazonado con
confidencias privadas. De una curiosidad insaciable, durante toda su vida Ferenczi se interesó
por múltiples formas de pensamiento, desde las más sabias hasta las más irracionales. Freud lo
llamaba de buena gana su "Paladín" o su "Gran Visir secreto". En cuanto a él, le gustaba
presentarse en el ambiente analítico corno "un astrólogo de corte".
A partir del combate con el nihilismo terapéutico, Freud había elaborado una teoría de la neurosis
y la psicosis que excedía considerablemente el marco de la clínica. Siempre consciente de su
propio genio y de la importancia de su descubrimiento, sabía dominar sus afectos y mostrarse
implacable con sus adversarios. Sobre todo, amaba la razón, la lógica, las construcciones
doctrinarias. Más intuitivo, más sensual y más femenino, Ferenczi buscaba en el psicoanálisis el
modo de aliviar el sufrimiento de sus pacientes. De modo que las grandes hipótesis generales lo
atraían menos que las cuestiones técnicas. Era más inventivo que Freud en el análisis de las
relaciones con el otro. En una carta de 1908 descubrió la existencia de la contratransferencia, al
explicarle su tendencia a considerar los asuntos del enfermo como suyos propios. Dos años
más tarde, Freud conceptualizó la noción para hacer de ella una apuesta esencial en la situación
analítica. Es decir que el intercambio epistolar entre los dos hombres tenía la función de hacer
surgir nuevas problemáticas que después servían para nutrir la doctrina común.
Como numerosos pioneros del freudismo, Ferenzci experimentó en sí mismo los efectos de sus
descubrimientos. En 1904 se convirtió en compañero de Gizella Palos, ocho años mayor que él.
Esta relación era tolerada por el marido de la mujer, que sin embargo se negaba a divorciarse.
Gizella vivía con sus dos hijas: Magda, casada con el hermano menor de Sandor, y Elma, nacida
en 1887. En 1908, Ferenczi no sólo se convirtió en analista de su amante, sino que, tres años
más tarde, no vaciló en iniciar el tratamiento de Elma cuando ésta presentó síntomas depresivos.
Freud tuvo que prevenirlo contra los peligros de semejante práctica, pero Ferenczi no le prestó
atención. Implicado en una especie de autoanálisis epistolar, trató entonces de desafiar a Freud,
pidiéndole que lo reconociera como un padre reconoce al hijo, con la idea implícita de que él,
Sandor, podía prescindir totalmente del maestro vienés. En noviembre de 1911, después de que
el pretendiente de Elma se suicidara de un balazo, le anunció a Freud que se había enamorado
de la joven. Le dijo que ya no experimentaba ningún deseo sexual por Gizella, demasiado vieja, y
que quería convertirla en suegra, formando una familia con la hija. En realidad, quería conservar
a las dos. Pronto anunció su intención de casarse con Elma.
Finalmente advirtió que estaba apresado en un enredo transferencial, y renunció a casarse con
la joven, respecto de la cual estaba en posición de médico y analista. Pero, no pudiendo ya llevar
correctamente la cura, obligó a Freud a tomar a Elma en análisis, y después se hizo analizar él
mismo por el maestro, en tres oportunidades, entre 1914 y 1916. Freud actuó entonces como un
padre autoritario, obligando a Ferenczi a
casarse con Gizella y renunciar a Elma. De tal modo pensaba reforzar la tesis enunciada en
Tótem y tabú en 1912, según la cual el deseo de incesto es inherente al hombre, y sólo puede
alejarlo un interdicto formulado como ley.
Si bien Freud se comportó como los famosos "casamenteros" de las historias judías, Ferenczi
tuvo la impresión de que ese análisis lo había despojado de sus pasiones y sus deseos. En una
palabra, aceptó con pesar que Freud lo hubiera "normalizado": "...Le he dicho a Gizella que me
he convertido en otro hombre, menos interesante y más normal. También le he confesado que
algo en mí echa de menos al hombre de antes, un poco inestable, pero tan capaz de grandes
entusiasmos (y, en verdad, a menudo inútilmente deprimido)."
Vemos entonces que, en las relaciones entre Freud y Ferenczi, entraron en juego todas las
contradicciones de la cura psicoanalítica, que lleva a un sujeto a pasar desde el estado infantil a
la edad adulta, desde la sinrazón a la razón, desde la omnipotencia ilusoria a la sabiduría, desde
el goce al verdadero deseo, pero con el riesgo de que esta pérdida, lejos de ser benéfica y
fuente de una nueva pasión, no constituya más que la expresión de la voluntad normalizadora
del analista y, más allá de él, de la sociedad en la cual vive. Sea como fuere, el episodio de este
enredo familiar y transferencial puede verse como la matriz de todas las reflexiones ulteriores
sobre el estatuto incierto de la cura psicoanalítica, que oscila siempre entre un exceso de
conformismo adaptativo (denunciado por Ferenczi y sus partidarios) y la ausencia de ley (contra
lo cual reaccionarán los herederos ortodoxos de Freud).
Mientras continuaba su análisis con Freud, Ferenczi se consagró en cuerpo y alma a la "causa"
freudiana. En 1909, junto con Jung, acompañó al maestro a los Estados Unidos. Un año más
tarde, viajó con él a Italia: a Florencia, Roma, Palermo y Siracusa. Ese mismo año fundó la
International Psychoanalytical Association (IPA). Finalmente, en 1912, creó la Sociedad
Psicoanalítica de Budapest, teniendo a su alrededor a Sandor Rado, Istvan Hollos y Hugo
Ignotus. A partir de 1919 se les unieron Geza Roheim, René Spitz, Irnre Hermann y Eugénie
SokoInicka.
Miembro del Comité Secreto a partir de 1913, participó en todas las actividades de dirección del
movimiento freudiano, formando con Otto Rank y Freud un polo "sudista" y austro-húngaro frente
a las iniciativas más rígidas y burocráticas de los discípulos provenientes de la Europa del Norte:
Karl Abraham, Ernest Jones, Max Eitingon. Durante ese período se desarrolló el gran debate
sobre la telepatía, en torno al cual cristalizaron los conflictos entre Jones, partidario de un
psicoanálisis racionalista empírico, y Ferenczi, mucho más abierto a experiencias que su
adversario consideraba desviadas, irracionales o extravagantes.
La derrota de las potencias centrales anunció la insurrección húngara. En marzo de 1919, Bela
Kun proclamó la República de los Consejos, mientras que en Budapest se creaba por primera
vez en el mundo una cátedra de enseñanza de psicoanálisis en la universidad. Muy
naturalmente, Ferenczi fue designado para el puesto. Pero cuatro años más tarde la Comuna fue
reprimida de modo sangriento por las tropas del almirante Miklos Horthy. Hungría cayó entonces
bajo el yugo de otra dictadura, y los brillantes re~ presentantes de la escuela húngara de
psicoanálisis, joyas del movimiento, comenzaron a emigrar. Berlín se convirtió así en el centro
neurálgico del freudismo: en esa época, en efecto, se creó el Berliner Psychoanalytisches
Institut (BPI).
A partir de 1919, lo mismo que Rank, Ferenczi emprendió el camino de una reforma completa de
la técnica psicoanalítica. Creó en primer lugar la técnica activa (que consiste en intervenir
directamente en la cura mediante gestos de ternura y afecto) y después el análisis mutuo (en el
curso del cual el analizante es invitado a "dirigir" la cura al mismo tiempo que el terapeuta), antes
de restablecer la teoría del trauma, denunciando la hipocresía de la corporación analítica en un
texto famoso de 1932, titulado "Confusión de lenguas entre el adulto y el niño". Con ese escrito,
que provocó la oposición de Jones y Freud, reactivó todo el debate sobre la teoría de la
seducción.
En 1926 realizó una gira de conferencias en los Estados Unidos, en cuyo transcurso algunos
terapeutas, como Clara Thompson (1893-1958), la gran amiga de Harry Stack Sullivan, lo
reconocieron pronto como un clínico genial.
En 1924 Ferenczi publicó Thalassa. Ensayo sobre la teoría de la genitalidad, obra cercana a la
de Rank sobre el trauma de nacimiento. En ambos textos, en efecto, se perfila el abandono de la
tesis de la primacía del padre, en favor de una investigación sobre los orígenes del vínculo
arcaico del niño con la madre -tema abordado por Melanie Klein en la misma época-. A diferencia
de los kleinianos, Ferenczi se ubicó en el terreno del evolucionismo darwiniano. Sostuvo que la
vida intrauterina reproduce la existencia de los organismos primitivos que viven en el mar. Según
él, el hombre tendría nostalgia del seno de la madre, pero también buscaría regresar al estado
fetal en las profundidades marítimas. Este enfoque del psicoanálisis a través de la metáfora de la
cripta y de las profundidades iba acompañado por innovaciones técnicas. Si la sesión analítica
repite una secuencia de la historia individual y, por otra parte, la ontogénesis recapitula la
filogénesis, la reflexión sobre la sesión en sí conduce naturalmente a preguntarse cuál es el
estado traumático que la ontogénesis repite simbólicamente.
Cuestionado con dureza, en razón de sus tesis e innovaciones, por los representantes de la
ortodoxia, Ferenczi no abandonaría el redil freudiano como Rank. Jones, sin embargo, lo iba a
tratar de psicótico: Ferenczi siempre había creído firmemente en la telepatía. Después
aparecieron los delirios sobre la presunta hostilidad de Freud. Hacia el final surgió una violenta
paranoia, acompañada incluso de explosiones homicidas. Éste fue el fin trágico de una
personalidad brillante..." En realidad, Ferenczi murió de una anemia perniciosa. Freud le rindió un
vibrante homenaje, subrayando la enorme importancia que había tomado a sus ojos el deseo de
curar: "De regreso de una temporada de trabajo en América, él [Ferenczi] pareció encerrarse
cada vez más en un trabajo solitario [ ... ]. Nos dimos cuenta de que un único problema había
monopolizado su interés. La necesidad de curar y ayudar se había vuelto en él extremadamente
fuerte."
Es en Francia y en Suiza donde la obra de Ferenczi se aprecia particularmente, gracias a su
traductora Judith Dupont, sobrina de Alice Balint (1898-1939) y a André Haynal, responsable en
Ginebra de los archivos de Michael Balint.
Fetichismo
fuente(41)
s. m. (fr.fétichisme; ingl.fetishism; al. Fetischismus). Organización particular del deseo sexual, o
libido, tal que la satisfacción completa no se alcanza sin la presencia y el uso de un objeto
determinado, el fetiche, que el psicoanálisis reconoce como sustituto del pene faltante de la
madre, o como significante fálico.
Largamente descrito, en el siglo XIX, por autores como Havelock Ellis o Krafft-Ebing, el fetichismo
es incluido por lo general en la esfera de la perversión. De hecho, el comportamiento del
fetichista evoca fácilmente esta dimensión: el fetichista elige un objeto, un par de botines, por
ejemplo, que se convierte en su único objeto sexual. Le da un valor totalmente excepcional y,
como lo dice Freud, «no sin razón se compara este sustituto con el fetiche en que el salvaje ve
su dios encarnado». Lo que en el nivel descriptivo parece particularmente representativo del
registro perverso es la dimensión de condición absoluta que caracteriza, en numerosos casos,
al objeto fetiche. Aunque pueda tener relaciones sexuales «normales», el fetichista no puede
librarse a ellas, por ejemplo, o no puede extraer de ellas un goce, a menos que su compañía
consienta en adoptar una vestimenta particular. El fin sexual no es aquí el acoplamiento; el deseo
que ordinariamente se supone dirigido a un ser en su totalidad se encuentra claramente
dependiente de una parte del cuerpo «sobrestimada» (fetichismo del pie, del cabello, etc.) o de
un objeto material en relación más o menos estrecha con una parte del cuerpo (ropa interior,
etc.). Agreguemos a esto que los rasgos fetichistas están a menudo presentes en las prácticas
más comúnmente designadas como perversas (fetichización del látigo en el sadismo, etcétera).
Para el psicoanálisis, sin embargo, el fetichismo tiene una importancia más general, mucho más
allá de la consideración de una entidad patológica particular. Debe así notarse que «Un cierto
grado de fetichismo» se encuentra en «la vida sexual normal» (Freud, Tres ensayos de teoría
sexual, 1905). Y allí Freud cita a Goethe: «Tráeme un chal que haya cubierto su seno, /Una liga
de mi bienamada» (Goethe, Fausto, 1, 7).
Se convendrá por cierto en que el fetichismo caracteriza más especialmente a la libido
masculina, puesto que los hombres, más o menos concientemente, van a menudo a la búsqueda
de un rasgo distintivo que es el único en hacer deseable a su compañera. Pero sería poco
pertinente oponer el fetichismo a las otras manifestaciones del deseo. Si el fetichista elige una
categoría particular de objetos, no por ello está «fijado» a uno de ellos. Siempre capaz de
desplazarse hacia otro, equivalente pero diferente, el fetichismo incluye esa parte de
insatisfacción constitutiva de todo deseo.
La renegación de la castración. ¿Cómo dar cuenta del fetichismo y su importancia en la
sexualidad humana? En Tres ensayos de teoría sexual, Freud toma de A. Binet la idea de la
«influencia persistente de una impresión sexual experimentada casi siempre en el curso de la
primera infancia». Pero reconoce que «en otros casos, es una asociación de pensamientos
simbólicos, de los que el interesado a menudo no es conciente, la que ha conducido al remplazo
del objeto por el fetiche». Y, en una nota de 1910, escribe, a propósito del fetichismo del pie, que
este representa «el pene de la mujer, cuya ausencia impresiona fuertemente».
Debemos partir aquí, en efecto, de la cuestión de la castración o, más precisamente, del «terror
de la castración» activado por la percepción de la ausencia de pene en la mujer, en la madre. Si
la mujer está castrada, pesa sobre el varón una amenaza de castración concerniente a la
posesión de su propio pene. Por lo tanto, para prevenirse de esta amenaza reniega de la
ausencia de pene en la madre (véase renegación), no siendo el fetiche otra cosa que el sustituto
del pene faltante.
Este mecanismo de formación del fetiche es puesto en evidencia por Freud (Fetichismo, 1927) a
partir de la elección del objeto como tal. Si se imagina la mirada del niño que va al encuentro de lo
que le será traumático, por ejemplo, remontándose a partir del suelo, el fetiche estará constituido
por el objeto último percibido antes de la visión traumática misma: un par de botines, el borde de
un vestido. «La elección tan frecuente de las piezas de lencería como fetiche se debe a lo que
se retiene en ese último momento del desvestirse en el que todavía se ha podido pensar que la
mujer es fálica». En cuanto a las pieles, simbolizan la pilosidad femenina, último velo tras el cual
se podía todavía suponer la existencia de un pene en la mujer. Hay así en el fetichismo una
especie de detención en la imagen, un resto congelado, separado de aquello que lo puede
producir en la historia del sujeto. En este sentido el fetichismo es esclarecedor en lo
concerniente a la elección de objeto perversa. Acerca de esta, Lacan demuestra que no tiene
valor de metáfora, como el síntoma histérico, por ejemplo, sino que está constituida de manera
metonímica. Elemento desprendido de una historia, constituido la mayor parte de las veces por
desplazamiento, no sucede sin desubjetivación: en el lugar en el que se planteaba una cuestión
subjetiva, responde con la «sobrestimación» de una cosa inanimada. Es curioso ver en este
punto converger la teorización psicoanalítica con los análisis de Marx sobre la fetichización de la
mercancía.
Notemos que la teoría freudiana de la renegación se acompaña de una teoría de la escisión
psíquica. En efecto, el fetichista no «escotomiza» totalmente una parte de la realidad, en este
caso la ausencia de pene en la madre. El intenta mantener en el inconciente dos ideas a la vez:
la de la ausencia del falo y la de su presencia. Freud evoca en este sentido a un hombre que
había elegido como fetiche un ceñidor púbico [Schamgürtel: ciñe-vergüenzas], cuyo
antecedente había sido la hoja de parra de una estatua vista en la infancia. Este ceñidor, que
disimulaba enteramente los órganos genitales, podía significar tanto que la mujer estaba castrada
como que no lo estaba. E incluso, llevado por él como slip de baño, «permitía por añadidura
suponer la castración del hombre». Esta idea de una escisión psíquica será mantenida por Freud
hasta el final (La escisión del yo en el proceso defensivo, 1938), y adquirirá una importancia
creciente en el psicoanálisis.
Eel fetiche como significante. ¿Qué es lo esencial en la teoría freudiana del fetichismo? Sin duda
el señalamiento de la problemática fálica, de la problemática de la castración como aquella en la
que se inscribe el fetiche. Y, por otra parte, el estatuto del fetiche mismo, que, con Lacan, se
puede considerar como un significante.
En lo concerniente al primer punto, es verdad que Freud mismo alude, especialmente en Tres
ensayos de teoría sexual, a otros componentes del fetichismo aparte de los fálicos: el fetichismo
del pie incluye a menudo una dimensión olfativa (pie maloliente), que puede proceder de una
pulsión parcial (registro anal). K. Abraham ha prolongado este tipo de análisis, retomado sobre
todo por los autores anglosajones, generalmente kleinianos, como S. Payne («Some
observations on the ego development of the fetishist», en International Journal of
Psychoanalysis, tomo, XX). Es sabido que, para M. Klein, el niño aún muy pequeño experimenta
una muy fuerte necesidad de destruir los objetos que siente como malos, como perseguidores,
de los que correlativamente teme una retorsión. El fetichismo, para Payne, constituye una
defensa, una defensa frente a lo que podría ser, en la prolongación de esa relación destructiva
con el objeto, una verdadera perversión, una perversión de tipo sádico. Esta explicación nos
parece que desconoce el primado del falo en el sujeto humano, primado que hace que el
fetichismo, como por otra parte el conjunto de las perversiones, no se defina como
supervivencia de «estadios pregenitales», sino más bien, siguiendo a Freud, dentro de la
problemática fálica.
En lo concerniente al segundo punto, la identificación del fetiche con un significante, podemos
guiarnos por la observación de Lacan (Seminario IV, 1956-57, «La relación de objeto y las
estructuras freudianas») de que el fetiche no representa el pene real, sino el pene en tanto
puede faltar, en tanto puede ser atribuido a la madre, pero reconociendo su ausencia al mismo
tiempo: es la dimensión de la escisión, puesta en evidencia por Freud. Y esta alternancia de la
presencia y de la ausencia -sistema fundado en la oposición del más y del menos- caracteriza a
los sistemas simbólicos como tales. Notemos que la palabra ya constituye la presencia sobre un
fondo de ausencia: nos desprende de la percepción empírica de la cosa; en el límite, la anula, y
al mismo tiempo hace subsistir la cosa bajo otra forma. Ausente, no por ello deja de estar
evocada.
Que la consideración del lenguaje, por ejemplo de los mecanismos de la homofonía, e incluso de
su funcionamiento translingüístico, es esencial para captar lo que sucede con el fetiche, es algo
que ya aparece en Freud (op. cit.): un hombre joven había adoptado como fetiche un cierto
«brillo sobre la nariz». Este hombre había sido educado en Inglaterra y luego había pasado a
Alemania: pues bien, oído en inglés, el «brillo sobre la nariz» (brillo en alemán se dice Glanz) era
de hecho una «mirada sobre la nariz» (ya que en inglés glance quiere decir «mirada, vistazo»).
Sin embargo, quizás haya que insistir en otro punto. El fetichismo despliega ante la realidad un
velo que la disimula, y es este velo el que el sujeto finalmente sobrestima. Hay allí una ilusión,
pero una ilusión que sin duda se encuentra en todo deseo. «¿Por qué el velo es más precioso
para el hombre que la realidad?». Es una pregunta que Lacan planteaba en 1958. Y que hoy
sigue siendo actual.
Fetichismo
Fetichismo
Alemán: Fetischismus.
Francés: Fétichisme.
Inglés: Fetishism.
fuente(42)
Término creado hacia 1750, a partir de la palabra "fetiche" (derivada del portugués feitiço:
sortilegio, artificio), y retomado en 1887 por el psicólogo francés Alfred Binet (1857-1911), y
después por los fundadores de la sexología, para designar una actitud de la vida sexual normal
consistente en privilegiar una parte del cuerpo del partenaire, o bien una perversión sexual
(fetichismo patológico) caracterizada por el hecho de que una de las partes del cuerpo (pie,
boca, seno, cabellos) u objetos relacionados con el cuerpo (zapatos, gorros, telas, etcétera)
son tomados como objetos exclusivos de la excitación o el acto sexual.
En 1905, Sigmund Freud actualizó el termino, primero para designar una perversión sexual
caracterizada por el hecho de que una parte del cuerpo o un objeto son elegidos como sustitutos
de una persona, y después para definir una elección perversa, en virtud de la cual el objeto de
amor (partes del cuerpo u objetos relacionados con él) funciona para el sujeto como sustituto de
un falo atribuido a la mujer, y cuya ausencia se rechaza mediante una renegación.
La noción de fetiche es común a todos los dominios del saber. En tal carácter, se ha convertido
en tema y objeto de múltiples controversias para la antropología, la filosofía, la economía política,
la sociología, la religión, la psiquiatría, la literatura y el psicoanálisis. Por otra parte, conviene
señalar que todos los freudianos. sea cual fuere su tendencia, han comentado los textos
originales de Freud sobre el tema, y publicado numerosos historiales de fetichistas. En la
Sociedad Psicológica de los Miércoles se dedicaron a esta cuestión varias sesiones, y los
primeros discípulos de Freud quedaron manifiestamente fascinados por lo que aprendían: había
fetichismo del pie, de la ropa, del olfato, de la vista, etcétera. Después, desde Richard von
Krafft-Ebing hasta Masud Khan, pasando por Michael Balint, Edward Glover y muchos otros,
cada corriente desarrolló su propia teoría, sea en el marco de una concepción kleiniana del
objeto (bueno o malo), sea en la óptica winnicottiana del objeto transicional, sea en la
perspectiva lacaniana de una doctrina de la perversión extendida a la "estructura perversa", y
según la cual el fetiche, como objeto (pequeño) a, se convierte en la condición absoluta del
deseo y el lugar de un goce.
Por lo general se atribuye al magistrado francés Charles De Brosses (1709-1777) la primera
descripción del fetichismo como fenómeno religioso. Gran viajero y partidario de la filosofía de
las Luces, De Brosses compartía con la mayor parte de los pensadores de su tiempo la idea de
que el estudio de los pueblos llamados primitivos permitiría comprender el origen y la evolución de
toda la humanidad. Esta "etnología", que dará origen a la antropología de inspiración darwiniana
en la que se abrevó Freud para escribir Tótem y tabú, consideraba al "salvaje" como a un "niño",
y la infancia como un estadio anterior a la edad adulta. De allí la idea de atribuir a las sociedades
un principio de evolución biológica según el cual todas habrían pasado progresivamente desde
un estado salvaje "infantil" a un estado "adulto" de civilización. Desde esta perspectiva, De
Brosses hizo del fetichismo una forma de religión, consistente en transformar en divinidades a
animales y seres inanimados, a los que se atribuye un poder mágico. El fetichismo del "negro" es
al mismo tiempo inferiorizado y asimilado a un culto pueril característico de una "primera edad de
la humanidad".
Esta tesis fue retomada por Hegel en 1831, en sus Lecciones de filosofía de la historia, pero
invalidada por Auguste Corme (1798-1857), quien, como lo demostraría luminosamente Georges
Canguilhem (1904-1995), no excluyó "la edad del fetichismo" en su historia de los tres estados
del espíritu humano, sino que al contrario la integró como el primer estado teológico de la
humanidad.
Freud retomó a su vez la idea de las diferentes "edades" de la humanidad, principalmente en
Tótem y tabú, en 1912, inspirándose en ese evolucionismo, no compteano sino darwiniano.
Ahora bien, el evolucionismo había sido criticado desde principio de siglo por los grandes
fundadores de la antropología moderna, inglesa y francesa, marcados todos por la enseñanza
de Émile Durkheim (1858-1917). En este contexto, la etnología abandonó la noción de fetichismo,
como lo subrayó Marcel Mauss (18721950) en 1908: "La idea de fetiche [ ... ] debe desaparecer
definitivamente de la ciencia [ ... ]. El objeto que sirve de fetiche, a pesar de todo lo que puede
haberse dicho de él, no es nunca un objeto cualquiera, elegido arbitrariamente, sino que es
siempre definido por el código de la magia o la religión [ ... ]. Cuando se escriba la historia de la
ciencia de las religiones y de la etnografía, sorprenderá el papel indebido y fortuito que un
concepto como el de fetiche ha desempeñado en los trabajos teóricos y descriptivos. Sólo
corresponde a un inmenso malentendido entre dos civilizaciones, la africana y la europea; no
tiene otro fundamento que una obediencia ciega al uso colonial.. ."
Evacuado de la antropología, el término, ya retomado por la sexología y la psiquiatría, iba a ser
literalmente investido por el psicoanálisis. Si bien Freud conservó la idea del evolucionismo, y
continuó comparando al niño con un primitivo, y al fetiche con el "dios incorporado" del salvaje,
este modo de ver no tenía en él ningún carácter etnocentrista o inferiorizador. Por otra parte, la
idea de incorporación, de sacralización, incluso de terror, relacionada con el fetiche, será
retomada por algunos herederos franceses de Freud, en particular Guy Rosolato, no para
analizar la religión, sino para explicar la gnosis y el fenómeno de las sectas religiosas
organizadas en torno a una mitología del secreto en la que el bien y el mal, el éxtasis y la
abyección constituyen otras tantas oposiciones irreductibles que arrastran al sujeto a servir a
un fetiche, al punto de perder todo contacto con la realidad. Ya a principios de siglo, Hermann
Rorschach había proyectado estudiar este fenómeno, y Michel de Certeau (1926-1986) volvió a
privilegiar el tema en su análisis de los místicos.
La concepción freudiana del fetiche se despliega a través de varios textos. En 1905, en los Tres
ensayos de teoría sexual, el Ersatz (o sustituto) es una parte del cuerpo que se encuentra en
relación con la persona sexual. La "sobrestimación- del objeto, es decir, un cierto grado de
fetichismo, se produce "normalmente" en toda relación amorosa. Sólo se vuelve patológica
cuando la fijación en el objeto es la consecuencia de una libido infantil.
Más tarde, en su estudio dedicado a Leonardo da Vine¡ (1452-1519), y después en sus
comentarios a la Gradiva de Wilhelm Jensen (1837-1911), Freud identifica la dimensión fetichista
de todas las formas de perversión (exhibicionismo, voyeurismo, coprofilia), demostrando que, en
estos casos, el fetiche es portador de todos los otros objetos. Pero precisa que el encuentro
con el fetiche no es más que la reactualización de un recuerdo precoz reprimido. A propósito de
Leonardo da Vine¡ y el fantasma del "buitre", introduce la idea de que el fetiche (por ejemplo el
pie) es un sustituto del falo que le falta a la mujer: "La veneración del pie femenino y del calzado
toma al pie como símbolo del miembro antes faltante en la mujer".
En 1914, con "Introducción del narcisismo", Freud pasa del objeto al sujeto, para llegar a la
conclusión de que no existe el fetichismo femenino. En efecto, el fetichismo de la ropa es a su
juicio "normal" en las mujeres, puesto que lo que se fetichiza es todo el cuerpo, y no un objeto.
De modo que el fetichismo femenino sólo sería una "narcización" del cuerpo.
Con la introducción del término renegación en 1923, Freud construye una teoría que en su
artículo de 1927 lo lleva a comprender el fetichismo como la coexistencia de una negación de la
percepción de la ausencia de pene en la mujer, y un reconocimiento simultáneo de esa falta, lo
cual lleva a un clivaje permanente del yo y a la fabricación del fetiche como sustituto del órgano
ausente. Para ilustrar lo que dice, narra el caso de un hombre cuyo fetiche era una funda
pubiana que él podía llevar como slip. Esa prenda ocultaba los órganos genitales y enmascaraba
la diferencia de los sexos. El fetichista encuentra placer en el hecho de que la mujer esté a la
vez castrada y no castrada, y de que también el hombre pueda estar castrado. Se crea el
fetiche con la intención de destruir la prueba de la castración, para sustraerse a la angustia
concomitante. El fetiche se convierte entonces en una especie de paradigma de la perversión en
general.
La tesis de la inexistencia del fetichismo femenino, considerablemente aceptada a principios de
siglo, demuestra que los médicos de la época no habían tenido la ocasión de observar casos
clínicos convincentes. Pero también da prueba de la ceguera de Freud respecto de las mujeres
(y, sobre todo, de algunas mujeres de su entorno, Marie Bonaparte, por ejemplo, cuyas prácticas
y teorías sobre la feminidad podrían haberlo llevado a una reflexión más detenida). De todos
modos, esta tesis fue cuestionada por sus sucesores kleinianos, quienes inscribieron el
fetichismo general en el marco de una relación arcaica con la madre, compartida por los dos
sexos, y por Robert Stoller, gran especialista norteamericano en los problemas de la identidad
sexual, para quien el fetichismo masculino (homosexual y heterosexual) es una fetichización de
objeto u órgano, mientras que el fetichismo femenino (homosexual o heterosexual) sería una
fetichización de la relación: por ejemplo, una mujer necrófila se enamora del cadáver que desea
y del que se hace partenaire erótica, mientras que un hombre necrófilo se apropia del cadáver
como de un trozo de cuerpo.
La escuela francesa, marcada a la vez por la enseñanza de Gatan Gatian de Clérambault y por
la de Jacques Lacan, impugnó también la presunta inexistencia del fetichismo feminino y, más en
general, de la perversión femenina. Uno de los mejores enfoques teóricos de la cuestión ha sido
el de Wladimir Granoff y François Perrier, quienes publicaron en 1964 el texto de una
conferencia pronunciada en 1960. Ambos admiten que el fetichismo no existe en la mujer como
construcción de un objeto fetiche, pero señalan que la mujer puede convertirse en su propio
fetiche, en una relación erotómana con el hijo. En tanto que madre, ella se construye entonces
como ídolo omnipotente, y en consecuencia como un fetiche.
Fijación
Fijación
Fijación
fuente(43)
s. f. (fr. fixation; ingl. fixation; al. Fixierung). Ligazón privilegiada de la libido con objetos,
imágenes, o tipos de satisfacción libidinal vinculados a los estadios pregenitales.
La noción de fijación, generalmente ligada a la de regresión, en una concepción genética y
dinámica de la evolución de la libido, permite reconocer las condiciones en que un adulto puede
persistir en la búsqueda de satisfacciones ligadas a un objeto desaparecido (por ejemplo, la
fijación al estadio anal en la neurosis obsesiva). Más en general, se hablará de una fijación de
ciertas representaciones (representantes de la representación [Vorstellungsrepräsentanz
(véase representación)], o incluso significantes) ligadas al dinamismo pulsional, para designar
con ello el modo de inscripción en el inconciente.
Fijación
Fijación
Al.: Fixierung.
Fr.: fixation.
Ing.: fixation.
It.: fissazione.
Por.: fixação.
fuente(44)
La fijación hace que la libido se una fuertemente a personas o a imagos, reproduzca un
determinado modo de satisfacción, permanezca organizada según la estructura característica
de una de sus fases evolutivas. La fijación puede ser manifiesta y actual o constituir una
virtualidad prevalente que abre al sujeto el camino hacia una regresión.
El concepto de fijación forma parte, en general, de una concepción genética que implica una
progresión ordenada de la libido (fijación a una fase). Pero, aparte de toda referencia genética,
también se habla de fijación dentro de la teoría freudiana del inconsciente, para designar el modo
de inscripción de ciertos contenidos representativos (experiencias, Imagos, fantasías) que
persisten en el Inconsciente en forma inalterada, y a los cuales permanece ligada la pulsión.
El concepto de fijación se encuentra constantemente en la doctrina psicoanalítica, para explicar
el siguiente dato manifiesto de la experiencia: el- neurótico, o de un modo más general todo
sujeto humano, se halla marcado por experiencias infantiles, permanece ligado en forma más o
menos disfrazada a modos de satisfacción, tipos de objeto o de relación arcaicos; la cura
psicoanalítica atestigua tanto la influencia y la repetición de las experiencias pasadas como la
resistencia del sujeto a desprenderse de ellas.
El concepto de fijación no contiene en sí mismo un principio explicativo; en cambio, su valor
descriptivo es incontestable. Por ello, Freud lo pudo utilizar en los diversos momentos de la
evolución de su pensamiento refiriéndose a lo que, en la historia del sujeto, ha constituido el
origen de la neurosis. Así, Freud definió sus primeras concepciones etiológicas haciendo
intervenir fundamentalmente la idea de una «fijación al trauma»; con los Tres ensayos sobre la
teoría sexual (Drei AbliandIungen zur Sexualtheorie, 1905), se relaciona la fijación con la teoría
de la libido y se define por la persistencia, singularmente manifiesta en las perversiones, de
caracteres anacrónicos de la sexualidad: el sujeto continúa practicando ciertos tipos de
actividad, o bien permanece ligado a ciertas características del «objeto», de los que se puede
encontrar el origen en un momento especial de la vida sexual infantil. Aunque no se niega el
papel del trauma, éste interviene aquí sobre la base de una sucesión de experiencias sexuales,
viniendo a favorecer la fijación en un determinado punto.
Con el desarrollo de la teoría de las fases de la libido, particularmente de las fases pregenitales,
el concepto de fijación adquiere nueva extensión: puede referirse no solamente a un fin o a un
objeto libidinal parcial, sino a toda una estructura de la actividad característica de una
determinada fase (véase: Relación de objeto). Así, la fijación a la fase anal se hallaría en el
origen de la neurosis obsesiva y de un determinado tipo de carácter.
En Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips, 1920), Freud se referirá de
nuevo al concepto de fijación al trauma como a uno de los hechos que no se explican
completamente por la persistencia de un modo de satisfacción libidinal y que obligan a postular la
existencia de una compulsión a la repetición.
La fijación libidinal desempeña un papel preponderante en la etiología de los diversos trastornos
psíquicos, por lo cual se ha visto la necesidad de precisar su función en los mecanismos
neuróticos:
La fijación se encuentra en el origen de la represión y puede considerarse incluso como el
primer tiempo de la represión en sentido amplio: « [...] la corriente libidinal (que ha experimentado
una fijación) se comporta con respecto a las formaciones psíquicas ulteriores como una
corriente perteneciente al sistema del inconsciente, como una corriente reprimida». Esta
«represión originaria» condiciona la represión en sentido estricto, que sólo es posible por la
acción conjunta, sobre los elementos a reprimir, de una repulsión por parte de una instancia
superior y de una atracción por parte de lo que ya había sido anteriormente fijado.
Por otra parte, la fijación prepara las posiciones sobre las cuales se producirá la regresión que
se encuentra, bajo diversos aspectos, en las neurosis, las perversiones y las psicosis.
Las condiciones de la fijación son, según Freud, de dos tipos: por una parte viene provocada
por diferentes factores históricos (influencia de la constelación familiar, trauma, etc.); por otra,
es favorecida por factores constitucionales: un determinado componente pulsional parcial puede
poseer mayor fuerza que otro; pero además puede existir en ciertos individuos una
«viscosidad» general de la libido que los predispone a defender «[...] cada posición libidinal, una
vez alcanzada, por miedo a salir perdiendo al abandonarla, y no encontrar en la posición
siguiente un substitutivo plenamente satisfactorio».
La fijación se invoca a menudo en psicoanálisis, pero su naturaleza y significación no están bien
determinadas. Freud utiliza en ocasiones este concepto, como lo hace con el de regresión, de
forma descriptiva. En los textos más explícitos, la fijación se relaciona generalmente con ciertos
fenómenos biológicos en los que subsisten, en el organismo adulto, vestigios de la evolución
ontofilogenética. Por consiguiente, desde este punto de vista genético, se trataría de una
«inhibición del desarrollo», de una irregularidad genética, de un «retardo pasivo».
Esta concepción tiene su origen y su campo de elección en el estudio de las perversiones. En
efecto, una primera aproximación parece confirmar el hecho de que persisten sin variación
ciertos esquemas de comportamiento que el sujeto puede volver a utilizar. Algunas perversiones
que se desarrollan en forma continua desde la infancia proporcionarían incluso el ejemplo de una
fijación que conduce al síntoma sin que sea necesario aducir la regresión.
Con todo, a medida que se desarrolla la teoría de las perversiones, parece dudoso que pueda
reconocerse en éstas el modelo de una fijación equiparable a la simple persistencia de un
vestigio genético. El hecho de que se encuentren en el origen de las perversiones conflictos y
mecanismos similares a los de la neurosis pone en tela de juicio la aparente simplicidad del
concepto de fijación (véase: Perversión).
La originalidad del empleo psicoanalítico del concepto de fijación, en relación con ideas como la
de una persistencia de esquemas de comportamiento que se han vuelto anacrónicos, se pone
de manifiesto al examinar las modalidades del uso de esta palabra por Freud. Esquemáticamente
puede decirse que Freud habla unas veces de fijación de (por ejemplo, fijación de un recuerdo,
de un síntoma), otras veces de fijación (de la libido) a (fijación a una fase, a un tipo de objeto,
etc.). La primera acepción evoca el empleo que hace de este término la teoría psicológica de la
memoria, que distingue varios tiempos: fijación, conservación, evocación, reconocimiento del
recuerdo. Pero se observará que Freud entiende esta fijación en forma muy realista: se trata de
tina verdadera inscripción (Níederschrifi) de huellas en series de sistemas mnémicos, huellas
que pueden «traducirse» de un sistema al otro; en la carta a Fliess del 6-XII-1896 se encuentra
ya elaborada toda una teoría de la fijación: «Cuando falta la transcripción siguiente, la excitación
es liquidada según las leyes psicológicas válidas para el período psíquico anterior y según las
vías que a la sazón se hallaban disponibles. Persiste así un anacronismo, en una cierta provincia
se hallan todavía en vigor los fueros [antiguas leyes que siguen vigentes en ciertas ciudades o
regiones de España]; de este modo encontramos "supervivencias" ». Por otra parte, este
concepto de una fijación de las representaciones es correlativo con el de una fijación de la
excitación a éstas. Tal idea, que se halla en la base de la concepción freudiana, encuentra su
mejor expresión en la teoría más completa que Freud dio de la represión: «Tenemos razones
para admitir una represión originaria, una primera fase de la represión consistente en que el
representante psíquico (representante-representativo) de la pulsión ve negado el acceso a la
conciencia. Con ello se produce una fijación; el representante correspondiente persiste, a partir
de entonces, en forma inalterable, y la pulsión permanece ligada a él».
Ciertamente, el sentido genético de la fijación no ha sido abandonado en esta formulación, pero
halla su fundamento en la búsqueda de momentos originarios en los que se incriben de modo
indisoluble en el inconsciente ciertas representaciones electivas y en los que la pulsión misma se
fija a sus representantes psíquicos, constituyéndose quizá, en virtud de este mismo proceso,
como pulsión.
Filiación
Filiación
Fijación
fuente(45)
El término filiación es común al derecho, la antropología y el psicoanálisis. Designa la regla en
virtud de la cual un individuo adquiere su identidad social y se inscribe en un proceso de
transmisión de tipo patrilineal o matrilineal. El debate sobre la naturaleza de la filiación coincide
con los desarrollados sobre el patriarcado y el matriarcado. En cuanto a la filiación en sí, es uno
de los objetos del estudio de los sistemas de parentesco.
En la historiografía freudiana, el término remite a la forma particular de iniciación en el saber y en
la práctica del psicoanálisis que tiene lugar entre un maestro y su discípulo, a través de la
experiencia de la cura personal o didáctica, y después mediante el análisis de control.
El estudio de las filiaciones es esencial para historiar el psicoanálisis, en cuanto el movimiento y
sus instituciones siempre han constituido una comunidad comparable a una familia patriarcal, e
incluso a un sistema de parentesco. Desde esta perspectiva, el estudio de las filiaciones tiene el
objetivo de establecer quién ha sido analizado (o controlado) por quién, y permitir la comprensión
de la naturaleza de las relaciones transferenciales entre psicoanalistas.
Después de Sandor Ferenczi, que en 1928 fue el primero en interesarse específicamente por el
análisis de los analistas, Michael Balint propuso en 1948 un estudio sistemático de lo que él
denominó el sistema de formación de los analistas (o sucesión apostólica).
En 1975, el psicoanalista francés Wladimir Granoff, muy marcado por la enseñanza de Ferenczi,
introdujo el término filiación. Más tarde, el historiador Ernst Falzeder realizó un aporte principal en
este ámbito, al establecer la genealogía de las filiaciones freudianas en el mundo germánico y de
lengua inglesa, agregando una lista de las prácticas consideradas "transgresivas" según los
cánones de la cura adoptados por la International Psychoanalytical Association (IPA), entre 1920
y 1925: relaciones sexuales entre analistas y analizantes, análisis de niños por sus padres,
etcétera. En Francia, a partir del aporte de Wladimir Granoff, la cuestión ha sido estudiada por
Élisabeth Roudinesco. En todos los países con implantación del freudismo (Argentina, Brasil,
Hungría, países escandinavos, Italia, etcétera), las investigaciones genealógicas son realizadas
por la historia científica.
Fin o meta pulsional
Al.: Ziel (Triebziel).
Fr.: but (pulsionnel).
Ing.: aim (instinctual aim).
It.: meta (istintuale o pulsionale).
Por.: alvo o meta impulsor(a) o pulsional.
fuente(46)
Actividad hacia la que empuja la pulsión y que conduce a una resolución de la tensión interna;
esta actividad está sostenida y orientada por fantasías.
El concepto «fin o meta pulsional» se halla ligado al análisis freudiano del concepto «pulsión» en
sus distintos elementos: presión, fuente, fin y objeto.
En sentido amplio, puede decirse que el fin pulsional es unívoco: en todos los casos se trata de
la satisfacción, es decir, según la concepción económica de Freud, una descarga no cualitativa
de energía, regida por el «principio de constancia». No obstante, incluso cuando habla de «meta
final» (Endziel) de la pulsión, Freud entiende por tal una meta específica, ligada a una pulsión
determinad. Esta meta final puede alcanzarse por medios, o «fines intermedios»I más o menos
intersubstituibles; pero desde los Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad (Drei
Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905) se afirma el concepto de una especificidad del fin de
cada pulsión parcial: «El fin sexual de la pulsión infantil consiste en provocar la satisfacción
mediante la excitación apropiada de alguna zona erógena». Este concepto parece tener su
origen en el Proyecto de psicología científica (Entwurf einer Psychologie, 1895) bajo la forma de
«la acción específica», única capaz de suprimir la tensión interna. Se reafirma más
explícitamente en la edición de 1915 de los Tres ensayos: «Lo que distingue unas pulsiones de
otras y las dota de propiedades específicas es su relación con sus fuentes sexuales y con sus
metas».
Estos trabajos afirman al mismo tiempo la existencia de una estrecha ligazón entre la meta y la
fuente, que la mayoría de las veces está representada por una zona erógena «[...] [en la
sexualidad infantil] el fin sexual se halla bajo el dominio de una zona erógena». Y también: « [...]
la meta a la que tiende cada una de [las pulsiones sexuales] es la consecución del placer de
órgano (Organlust)». Así, la meta correspondiente a la pulsión oral será la satisfacción ligada a
la actividad de succión. Y a la inversa, el fin pulsional permite conocer la fuente de la pulsión, en
el sentido del proceso orgánico que tiene lugar en el órgano erógeno: « [...] aun cuando su
origen a partir de la fuente somática sea el factor absolutamente determinante de la pulsión, ésta
sólo podemos conocerla, en el psiquismo, por sus fines [...]. Con frecuencia, es posible deducir
con certeza las fuentes de la pulsión a partir de sus fines».
La fuente sería, pues, la ratio essendi del fin, y éste la ratio cognoscendi de la fuente. ¿Cómo
conciliar esta rigurosa determinación recíproca con la existencia de aquellas «desviaciones del
fin sexual» a las que Freud dedica un capítulo entero de los Tres ensayos? La intención de
Freud en este texto consiste en mostrar que (contrariamente a la opinión usual) la sexualidad
abarca un territorio mucho más extenso que el acto sexual adulto considerado normal, es decir,
limitado a una sola fuente (el aparato genital) y a un solo fin: «la unión sexual o, al menos, los
actos que conducen a ésta». Las «desviaciones» que señala Freud no constituyen
modificaciones del fin de una misma pulsión parcial, sino las distintas variedades posibles de
fines sexuales. Esstas son, ya fines ligados a las fuentes, a las zonas erógenas, distintas de la
zona genital (por ejemplo el beso, ligado a la zona oral), ya modificaciones del acto sexual que
implican un desplazamiento del objeto. (Así, Freud describe el fetichismo entre las «desviaciones
del fin», aunque reconoce que, de hecho, se trata en esencia de una «desviación» relativa al
objeto.).
El punto de vista expuesto en Las pulsiones y sus destinos (Triebe und Triebschicksale, 1915)
es muy distinto. No se trata de efectuar un inventario de las variantes del fin sexual en general,
sino de mostrar cómo puede transformarse el fin de una pulsión parcial determinada. Dentro de
esta perspectiva, Freud se ve inducido a establecer una distinción entre las pulsiones
autocróticas y las pulsiones dirigidas desde un principio hacia el objeto (sadismo y «pulsión
scoptofílica»). En los primeros, « [...] el papel de la fuente orgánica es determinante, hasta el
punto de que, según una hipótesis seductora de P. Fedem y L. Jekel, la forma y la función del
órgano deciden la actividad o la pasividad del fin pulsional». Solamente en los segundos existe
esa modificación del fin que consiste en la «transformación en lo contrario» (transformación del
sadismo en masoquismo y del voyeurismo en exhibicionismo); pero conviene señalar que este
cambio de fin se halla de nuevo estrechamente ligado a un cambio de objeto: la «vuelta hacia la
propia persona».
En la sublimación, la modificación pulsional consiste esencialmente en un cambio de fin. Pero
también aquí este cambio viene condicionado por una modificación de los restantes elementos de
la pulsión: cambio de objeto, substitución de una pulsión por otra (reemplazamiento por una
pulsión de autoconservación, con la cual la pulsión sexual funcionaba en apoyo).
Como puede verse, si nos atenemos a las categorías que hace intervenir explícitamente la
concepción freudiana, el concepto de fin se encuentra como dividido entre los dos conceptos de
fuente y de objeto de la pulsión. Si lo definimos por su estrecha ligazón con la fuente orgánica, el
fin pulsional queda entonces especificado de forma muy precisa, aunque bastante pobre: es la
succión para la boca, la visión para el ojo, el «dominio» para la musculatura, etc. Si se considera,
como invita a hacerlo la evolución de la teoría psicoanalítica, cada tipo de actividad sexual en su
relación con el tipo de objeto al que se dirige, entonces el concepto de fin pulsional desaparece
en beneficio del de «relación de objeto».
Sin duda, las dificultades inherentes al problema del fin pulsional podrían explicarse por lo que
hay de equívoco en su concepto mismo de pulsión; en efecto, Freud sitúa en esta misma
categoría la pulsión sexual y la pulsión de autoconservación, mientras que toda su teoría de la
sexualidad muestra sus básicas diferencias en cuanto a su funcionamiento y, en especial, en su
fin, es decir, en lo que conduce a la satisfacción de uno y de otro.
Si el fin de una pulsión de autoconservación sólo puede comprenderse como una acción
específica que da fin a un estado de tensión provocado por la necesidad, localizable en un
determinado aparato somático y que exige, por supuesto, una realización efectiva (por ejemplo,
aporte de alimento), el fin de la pulsión sexual es mucho más difícil de determinar. En efecto, éste
(en la medida en que primeramente se confunde, en el apoyo, con la función de
autoconservación, y emerge al desprenderse de ésta) halla su satisfacción en una actividad a la
vez marcada por la función vital que le ha servido de soporte y desfasada, profundamente
pervertida, con relación a ésta. En este desplazamiento se inserta una actividad fantaseadora
que puede incluir elementos representativos a menudo muy alejados del prototipo corporal
(véase: Autoerotismo; Apoyo; Pulsión; Sexualidad).
Fleischl - Marxow Ernst von
(1847-1891)
fuente(47)
Brillante fisiólogo de la generación de Sigmund Freud, fue asistente de Ernst von Brücke en
Viena. En el curso de un experimento, se hirió en la mano de modo cruento, y hubo que
amputarle varios dedos. Comenzó entonces a sufrir dolores insoportables en los muñones, lo
cual lo llevó a utilizar morfina y convertirse en adicto. Con la intención de curarlo de su
toxicomanía, Freud lo trató con cocaína, persuadido de que esta droga le permitiría superarla.
Pero de tal modo Fleischl se volvió cocainómano. Murió a los 44 años, asistido por su gran amigo
Sigmund, quien lo recordó en La interpretación de los sueños.
Fliess Robert (1895-1970). Médico y
psicoanalista norteamericano
Fliess Robert (1895-1970). Médico y psicoanalista norteamericano
Fliess Robert
(1895-1970) Médico y psicoanalista norteamericano
fuente(48)
Hijo de Wilhelm Fliess e Ida Bondy (ella misma ex paciente de Josef Breuer y hermana de
Margarethe Nunberg y Marianne Kris), Robert Fliess, Io mismo que Anna Freud, fue un hijo del
psicoanálisis. Analizado en Berlín por Karl Abraham, se interesó por las prácticas de
musculación y el masaje sueco. Después de la toma del poder por el nazismo, emigró a los
Estados Unidos y se instaló en Nueva York, donde trabajó a la vez como médico y psicoanalista
después de un segundo análisis con Ruth Mack-Brunswick. En una de sus obras, publicada
póstumamente, adoptó la antigua teoría freudiana de la seducción, sosteniendo que todos los
neuróticos graves han sufrido en su infancia traumas reales, o fueron víctimas de abuso sexual.
Esta posición le permitió a la historiografía revisionista, y sobre todo a Jeffrey Moussaieff
Masson, editor de la correspondencia de Sigmund Freud y Wilhelm Fliess, relanzar el debate
sobre la seducción, y formular la hipótesis (pero sin aportar prueba alguna al respecto) de que el
propio Robert Fliess habría sido víctima de su padre.
Fliess Wilhelm. Médico y biólogo
alemán
Fliess Wilhelm. Médico y biólogo alemán
Fliess Wilhelm
Médico y biólogo alemán
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(Arnswalde, hoy Choszczno, Polonia, 1858 - Berlín 1928).
Otorrinolaringólogo berlinés, Fliess es, entre otras cosas, autor de la teoría sobre la
correspondencia entre la mucosa nasal y los órganos genitales, y sobre la bisexualidad
fundamental de todo ser humano. Desempeñó un papel considerable en la evolución de Freud,
su amigo íntimo. Ambos intercambiaron una correspondencia apasionada de 1887 a 1904, cuya
importancia es capital para la buena comprensión de la obra freudiana, especialmente del
autoanálisis de Freud.
Fliess Wilhelm (1858-1928). Médico
alemán
Fliess Wilhelm (1858-1928). Médico alemán
Fliess Wilhelm
(1858-1928) Médico alemán
fuente(49)
Figura de colores vivos, amigo íntimo de Sigmund Freud y teórico de la bisexualidad, Wilhelm
Fliess pertenece al vasto linaje de los sabios proteicos de la literatura romántica cuya huella se
encuentra en la obra de Thomas Mann. Nacido en Arswalde, proveniente de una familia de judíos
sefardíes instalados en el Markbrandeburg desde el siglo XVIII, a partir de 1862 residió en Berlín,
donde el padre, Jacob Fliess (18191878), era un comerciante en granos poco dotado para los
negocios y sin duda depresivo. Se decía en la familia que probablemente se había suicidado.
Después de estudiar medicina y de varios viajes por Europa, Wilhelm Fliess abrió un consultorio
de medicina general en Berlín, así como una pequeña clínica con algunas camas. Se especializó
en otorrinolaringología, y pronto emprendió investigaciones sobre las relaciones entre la nariz y
los órganos genitales. Ellas desembocaron en 1897 en la publicación de un libro: Las relaciones
entre la nariz y los órganos genitales femeninos, presentadas según sus significaciones
biológicas.
En octubre de 1887, en oportunidad de una estada en Viena, conoció a Freud por intermedio de
Josef Breuer. Los dos jóvenes médicos estaban entonces bajo la influencia de la enseñanza de
la escuela alemana de Hermann von Helmholtz. A los dos les interesaba la sexualidad, y
buscaban en la medicina y la ciencia de su época los medios para construir una nueva teoría
biológica y darwiniana de la vida psíquica del hombre. La amistad entre ellos fue breve pero
apasionada, como pueden serlo esas aventuras iniciáticas de una juventud en busca de
identidad intelectual. La acompañó una considerable correspondencia, de la que,
lamentablemente, sólo se conoce la parte escrita por Freud.
Corresponsal maravilloso, Freud describe con delicia la experiencia que él denomina su
autoanálisis. A lo largo de las páginas, se descubre cómo tomó las tesis de su amigo sobre la
bisexualidad para transformarlas, y después cómo elaboró su primera hipótesis sobre la histeria,
la neurosis y el Edipo. Las cartas exponen el abandono de la teoría de la seducción,
acontecimiento central de la relación entre los dos hombres, después el episodio de "Emma
Eckstein", y finalmente la génesis de La interpretación de los sueños. Encierran una multitud de
detalles sobre la vida cotidiana y sexual del autor, y son una mina de otras informaciones de
todo tipo. El intercambio finalizó en septiembre de 1902.
En septiembre de 1892, Fliess se casó con Ida Bondy (1869-194 l), una vienesa, ex paciente de
Breuer, cuya hermana Melanie iba a casarse con Oskar Rie, un amigo de Freud: una verdadera
novela familiar del psicoanálisis, cuya estructura se encuentra en el sueño de "La inyección a
Irma". De ese matrimonio nacieron dos hijas: Margarethe, casada más tarde con Hermann
Nunberg, y Marianne, futura esposa de Ernst Kris. Las dos se convirtieron en psicoanalistas y
emigraron con sus esposos a los Estados Unidos. De los cinco hijos del matrimonio de Wilhelm e
Ida, sólo Robert Fliess fue a la vez psicoanalista y médico, próximo en ciertos aspectos al
imaginario paterno.
Partidario de una teoría mística y organicista de la sexualidad, Fliess fue una especie de doble de
Freud. Habitado por una visión paranoica de la ciencia, producía las tesis más extravagantes
(pero también las más innovadoras), sin llegar a organizarlas en un sistema de pensamiento
adecuado a la realidad. Al relacionar la mucosa nasal con las actividades genitales, pensaba que
la vida estaba condicionada por fenómenos periódicos vinculados con la naturaleza bisexual de
la condición humana. Ya entonces señaló el carácter polimorfo de la sexualidad infantil.
En el contacto con Fliess, y a través de un paciente trabajo de escritura, Freud rompió
progresivamente con la teoría de seducción y elaboró la noción de fantasma. A lo largo de su
relación (lo atestiguan los pocos encuentros que tuvieron en ciudades debidamente escogidas, y
a los que denominaban "congresos"), Freud se dejó literalmente hechizar por Fliess. Ahora bien,
éste lo encerraba en una concepción de la ciencia en la que no tenían ningún lugar el error, la
experiencia ni la investigación de la verdad, a tal punto la certidumbre regía el trabajo
especulativo. Al renunciar a su hipótesis del trauma, Freud se vio lógicamente llevado a
evolucionar hacia otra vía: la de una ciencia capaz de dar cuenta de la realidad que enfrentaba.
La ruptura fue violenta. Fliess se sintió perseguido y lanzó contra Freud una acusación de plagio
que implicaba a otros dos hombres: Hermann Swoboda y Otto Weininger.
Con la intención de no revelar a la posteridad su relación con Fliess, Freud destruyó las cartas
del amigo. Pero, en 1936, Charles Fliess (1899-1956), hermano mayor de Robert, le vendió a un
marchand las cartas de Freud que el padre había conservado hasta la muerte. A ese marchand
se las compró a su vez Marie Bonaparte, quien las conservó contrariando la opinión del maestro,
quien se negaba obstinadamente a que fuesen publicadas, o incluso conocidas. En 1950, con la
ayuda de Ernst Kris y Anna Freud,
Marie Bonaparte hizo publicar un conjunto parcial, titulado La naissance de la psychanalyse.
Hubo que aguardar hasta 1985 para que finalmente se lanzara una edición completa, después
de un escándalo en los Archivos Freud.
Flournoy Henri
(1881-1956) Psiquiatra y psicoanalista suizo
fuente(50)
Hijo de Théodore Flournoy y cufiado de Raymond de Saussure, Henri Flournoy estudió medicina
en Ginebra antes de convertirse en asistente de Adolf Meyer durante un año, en Baltimore. Él
fue uno de los artífices activos del movimiento psicoanalítico suizo, mientras era al mismo tiempo
miembro de la Société psychanalytique de Paris (SPP); en su país desempeñó un papel
importante en cuanto a la legalización del aborto. Fue analizado primero por Carl Gustav Jung,
después por Johan Van Ophuijsen en Holanda, y finalmente, en Viena, por Sigmund Freud y más
tarde por Hermann Nunberg.
Flournoy Théodore (1854-1920).
Médico suizo
Flournoy Théodore (1854-1920). Médico suizo
Flournoy Théodore
(1854-1920) Médico suizo
fuente(51)
Contemporàneo de Sigmund Freud, Pierre Janet y Morton Prince, Théodore Flournoy ocupa un
lugar importante en la historia del descubrimiento del inconsciente y del pasaje desde el
espiritismo al psicoanálisis. Nacido en Ginebra en una vieja familia calvinista, era sobrino de
Édouard Claparéde. Recibió una formación de médico y filósofo. En Leipzig siguió la enseñanza
de Wilhelm Wundt (1833-1920), antes de obtener en 189 1, en su ciudad natal, la primera cátedra
de psicología experimental, creada expresamente para él. Ese mismo año, el lingüista Ferdinand
de Saussure (1857-1912) entraba en funciones en la cátedra de sánscrito y lenguas
indoeuropeas.
Influido por los trabajos de Frederick Myers, Flournoy se interesó muy pronto por el espiritismo, el
ocultismo y ese más allá de la conciencia (o inconsciente subliminal) que se creía discernir en los
fenómenos de personalidad múltiple. En 1894, después de haber asistido, fascinado, a una
sesión en la que habló una célebre espiritista, Catherine-Élise Müller (1861-1929), se convirtió en
terapeuta y confidente de la joven, durante cinco años, en el mismo momento en que él
comenzaba a leer las primeras publicaciones de Freud. Catherine-Élise le narró su historia
familiar y, a lo largo de una investigación minuciosa, Flournoy descubrió que no mucho antes sus
propios padres habían estado en relación con los de ella.
Algún tiempo más tarde, la joven cayó en un estado de depresión profunda, y actualizó las
escenas de una vida anterior compuesta de tres ciclos. En el curso del primero, ella habría sido
una princesa india del siglo XV; en el segundo, María Antonieta, y en el tercero había vivido en el
planeta Marte: describía los habitantes, los paisajes, y hablaba y escribía una lengua marciana".
Flournoy advirtió que una gran parte de las creaciones de su paciente provenían de libros que
ella había leído en la infancia, pero no le dijo nada, e ignoró el peso de la realidad psíquica y del
fantasma, para preocuparse exclusivamente por la experimentación pura. En 1900 decidió
publicar los resultados de sus observaciones en un libro que iba a tener un éxito resonante: Des
Indes á la planéte Mars. Según él, cada uno de los ciclos revividos por la espiritista (a la que él
llama Hélène Smith) estaba construido sobre una "reversión" de su personalidad a una edad
diferente: el ciclo de María Antonieta la llevaba a los 16 años, el cielo hindú a los 12 años, y el
ciclo marciano a la primera infancia.
El científico, que no creía en la existencia de los extraterrestres, no tenía ninguna duda:
Catherine-Élise no se comunicaba con los marcianos, y su lengua pertenecía al dominio de la
glosolalia, de esos lenguajes inventados por los propios sujetos para expresar sus
alucinaciones. Pero para la joven, nutrida con los sueños de una época en la que las novelas de
Julio Verne (1828-1905) y H. G. Wells (1866-1946) parecían coincidir con los descubrimientos de
Camille Flammarion (1842-1925), la realidad era otra: el planeta Marte existía, con su lengua
revelada y sus marcianos verdaderos.
Por ello, desde la publicación de la obra, arreció el combate entre los partidarios del espiritismo,
que reivindicaban la existencia de una "lengua revelada", y los hombres de ciencia, que la
negaban. Mientras que Ferdinand de Saussure se alineaba con Flournoy, el francés Victor
Henry, especialista en sánscrito, sostuvo que la joven había creado su lengua marciana
utilizando un vocabulario compuesto por palabras húngaras deformadas, provenientes de la
lengua materna del padre.
La aventura terminó en tragedia, lo mismo que la de Carl Gustav Jung con Hélène Preiswerk.
Sintiéndose desposeída de su lengua imaginaria por el discurso de la ciencia, Catherine-Élise
Müller rechazó a Flournoy. Después de haber recibido donaciones de una rica norteamericana
para dedicarse a sus experiencias, cayó en un aislamiento sonambúlico completo, mientras
pintaba cuadros místicos que iban a exponerse después de su muerte. En cuanto a Flournoy,
que se había negado a someter a tratamiento a la joven, por no considerarla una enferma, sino
un sujeto de experiencia, continuó sus trabajos y acogió con entusiasmo la teoría freudiana del
sueño.
Théodore Flournoy, que siguió ligado a la tradición de los antiguos magnetizadores, fue una
figura original del freudismo en Suiza: su hijo, Henri Flournoy, se convirtió en psicoanalista, Io
mismo que el nieto, Olivier Flournoy; su hija, Ariane, se casa con Raymond de Saussure.
Fluss Gisela, señora de Popper
(1859-?)
Fluss Gisela, señora de Popper (1859-?)
Fluss Gisela
Señora de Popper (1859-?)
fuente(52)
En 1871, Eduard Silberstein y Sigmund Freud pasaron el verano en Roznau. Desde allí se
trasladaron a Freiberg, a la casa de la familia de Ignaz Fluss, comerciante en textiles, amigo de
larga data de Jacob Freud y padre del joven Emil Fluss, camarada de Sigmund y Eduard. Sigmund
se enamoró de Gisela, la hermana de Emil.
Al año siguiente, apasionadamente prendado, Freud volvió a ver a Gisela, pero fingió indiferencia
y la dejó partir a un colegio de internos. Vagando por los bosques, inconsolable, imaginó lo que
podría haber sido su vida si los padres no se hubieran ido de Freiberg y él hubiera podido
casarse con su bienamada. Sin embargo, en una carta del 4 de septiembre de 1872 le explicó a
Eduard Silberstein que el objeto de su amor no era Gisela sino Eleonora, la madre de la joven:
"Me parece -escribió- que transferí a la hija, en forma de amistad, el respeto que me inspira la
madre. Soy un observador perspicaz, o me tengo por tal: mi vida en el seno de una familia
numerosa, donde se desarrollan tantos caracteres, ha aguzado mi mirada, y estoy lleno de
admiración a esa mujer, que ninguno de sus hijos iguala totalmente." Sigue un elogio ditirámbico
de Eleonora.
Eleonora Fluss tenía cualidades que no se podían encontrar en Amalia Freud, la madre de
Sigmund. Era moderna, liberal, cultivada y completamente liberada del espíritu de gueto. El marido,
contrariamente a Jacob Freud, había demostrado ser capaz de superar la crisis en que cayó el
comercio textil, y no se había visto obligado a abandonar Freiberg por Viena. De modo que el
amor que Freud sintió por Gisela Fluss parece haber estado acompañado por la construcción de
una novela familiar: tener un padre idéntico a Ignaz y una madre semejante a Eleonora.
Esta aspiración a otra identidad, cuya significación teorizarían Freud y Otto Rank con el concepto
de novela familiar, fue una de las componentes mayores del espíritu vienés de los años
1870-1890, que impugnaba tanto la autoridad patriarcal. Entre los estudiantes judíos tomó la
forma de una voluntad de superar a los padres a través del trabajo intelectual. Se vuelve a
encontrar esta problemática a lo largo de toda la correspondencia entre Freud y Silberstein, en la
identificación de Freud con Aníbal (a propósito de un recuerdo de infancia concerniente a Jacob
Freud), así como en numerosos episodios de la vida de Freud.
El 27 de febrero de 1881, Gisela Fluss se casó en Viena con un comerciante de Presburg
(Bratislava) llamado Emil Popper.
En 1899, en un artículo titulado "Sobre los recuerdos encubridores", Freud narró en parte la
historia de su amor por Gisela Fluss, cambiando los nombres de los actores y los lugares. Fue
Siegfried Bernfeld, sin conocer todavía las cartas de juventud de Freud, el primero en demostrar,
en 1946, que ese artículo contenía un fragmento autobiográfico. Después el texto fue comentado
por numerosos autores, de manera más o menos caprichosa.
Consideremos en primer lugar a Juanito. Freud publica en 1909 el «Análisis de la fobia de un niño
de cinco años». En verdad, él no había realizado directamente ese análisis, en el que sólo
intervino personalmente con una entrevista. Fue el padre del niño el que condujo el tratamiento,
del que informaba a Freud paso a paso; finalmente le entregó sus notas para la publicación. La
fobia de Juanito era el miedo a ser mordido en la calle por un caballo. El padre observa que este
miedo «parece estar relacionado de alguna manera con el hecho de sentir terror por un gran,
pene; [Juanito] según lo sabemos por una observación anterior, advirtió muy pronto el gran pene
de los caballos, y extrajo la conclusión de que su madre, puesto que era tan grande, debía tener
un pipí como un caballo». Freud rectifica: no es el gran pene en sí lo que le da miedo a Juanito,
sino algo más oculto que es preciso arrancar al enigma del síntoma y que se llama angustia de
castración. En efecto, en primer lugar conviene invertir el mensaje enunciado por el niño: «Todo
el mundo tiene un pipí, y mi pipí crecerá conmigo cuando yo crezca, pues está enraizado.» A ese
«pues está enraizado» debemos entenderlo a la inversa: a la vez consuelo y desafío, «recuerda
la vieja amenaza de la madre, cuando le dijo a Juanito que le haría cortar su pipí si continuaba
jugando con él. Esta amenaza, lanzada cuando Juanito tenía tres años y medio, no produjo
entonces ningún efecto... Es clásico que la amenaza de castración haya hecho efecto a
posteriori, y que actualmente, un año y tres meses más tarde, Juanito sea víctima de la angustia
de perder esa preciosa parte de su yo». De modo que hay un efecto a posteriori por el cual
surge la angustia con respecto a una amenaza primitiva. Una vez surgida, la angustia busca un
objeto, y lo encuentra en el animal fobígeno: el caballo que puede morder en la calle. Pero la
amenaza de castración en sí (sean cuales fueren las palabras reales que la concretaron para
los oídos del niño) debe entenderse en el contexto más amplio de la barrera del incesto, que
prohíbe al niño la posesión de la madre en el momento en que más la desea, y pone entonces al
padre como rival interdictor. No obstante, la fobia se produce en un espacio intermedio, donde la
barrera del incesto, si bien se hace sentir, aún no constituye verdaderamente una prohibición,
pero sigue siendo un lugar de violencia: violencia ejercida sobre el niño por lo que él supone que
es en sí un acto de violencia. «Juanito sospecha que se le prohibe tomar posesión de la madre.
Ha chocado con la barrera del incesto. Pero él cree que la cosa está prohibida en sí misma. En
las proezas prohibidas que él realiza en su imaginación, su padre está siempre con él y es
detenido con él. El padre, piensa el niño, hace también con la madre esa cosa enigmática
prohibida, que él reemplaza por un acto de violencia como romper un vidrio de ventana o la
penetración por la fuerza en un espacio cerrado.» En consecuencia, al padre hay que restituirle
el papel de prohibidor tranquilo, para metamorfosear en ley humana una violencia singular. Si así
puede decirse, pasar de lo peor Ipirel al padre [père], humanizando por la palabra la violencia que
no sólo obra en el enigma sexual, sino que el niño sospecha en la prohibición del incesto. La
violación del espacio cerrado tiene que convertirse (lo que no es evidente) en templo sagrado de
las leyes humanas. Las palabras que Freud dirige a Juanito en el curso de la única entrevista
que mantiene con él, son absolutamente notables, puesto que lo tienen todo de un pasaje y una
iniciación: «Le revelé entonces que tenía miedo a su padre justamente porque amaba de ese
modo a su madre. En efecto, él debía pensar que su padre estaba resentido con él por esta
causa, pero no era cierto; el padre lo amaba a pesar de todo; él podía confesárselo todo sin
ningún temor. Mucho antes de que él viniera al mundo, yo ya sabía que un día habría de nacer un
Juanito que amaría de tal modo a su madre que se vería obligado a tener miedo del padre, y se lo
había anunciado al padre». Este punto de almohadillado simbólico que es la «revelación» hecha
por Frend al niño le permite en adelante a éste una liquidación programada de su fobia, es decir,
una construcción subjetiva que concilie la fragilidad de su sexo con la transmisión de las
generaciones. Pero se observará en primer lugar que, para que ese punto de almohadillado sea
posible, es necesario arrancarle al padre una confesión: «¡A pesar de lo que piensas, no es
cierto que esté resentido contigo!». Confesión de amor paterno, acompañada de una ceguera
fecunda respecto del odio: cuando el hijo, de improviso, le da un cabezazo en el vientre, que él le
devuelve, en virtud de un movimiento reflejo, con un golpe de la mano, no se da cuenta (a pesar
de estar tan atento para observarlo e interpretarlo todo) de la intención hostil que ese cabezazo
pone de manifiesto. El padre no devuelve odio por odio. Esto parece resultarle fácil al padre de
Juanito. Pero, en muchos casos, la desaprobación del padre, el retorno del odio del que da
prueba, hacen imposible la liquidación programada de la fobia y la construcción humana de la ley.
La «revelación» no basta entonces, sin una lucha enérgica contra esa desaprobación del padre,
sin la apertura de un diálogo finalmente apaciguado en el que el niño «pueda confesarlo todo sin
ningún temor». Como contraste, se podrá calibrar la exigencia vital de una confesión de este tipo
en la descripción del combate que Franz Kafka libró en sí mismo contra un «padre»
herméticamente cerrado a todo llamado y avaro de toda confesión, combate del cual su
escritura, en particular el Diario, es la huella fulgurante y desesperada.
Conciliar la fragilidad del sexo con la transmisión de las generaciones es lo que Juanito logró
hacer. «En el último fantasma de Juanito, se supera la angustia emanada del complejo de
castración, y la espera ansiosa se convierte en espera gozosa.» Ese «último fantasma» que
sella la construcción subjetiva de la ley es el siguiente: «¿Sabes?, hoy he imaginado algo... Vino
el plomero y primero me sacó el trasero con tenazas, y entonces me dio otro, y después hizo lo
mismo con mi pipí». Freud interpreta este fantasma: «Sí, vino el doctor (el plomero), y le sacó el
pene, pero sólo para darle uno más grande en su lugar». El caso de Juanito representa así una
figura completa de la fobia, con su formación, su acmé y su resolución. Freud añade: «En cuanto
al resto, nuestro joven investigador realizó simplemente muy pronto el descubrimiento de que
todo lo que se sabe es fragmentario, y que en todo grado alcanzado de conocimiento subsiste
un residuo irresuelto».
La relación con el fragmento puede resumir la característica esencial de la fobia, que persiste
hasta en su sombra: es la persistencia, en cada etapa del conocimiento o la vida, de un residuo
no resuelto. Ésta es la razón por la cual la resolución de la fobia no podrá ser otra cosa que la
construcción de un fantasma que delimite ese residuo. El mantenimiento de lo fragmentario, que
es otro nombre de la «castración», se opone a la fetichización del objeto: la fobia se opone
directamente al fetichismo. A título de ejemplo, podemos señalar, en el Diario de Kafka, el relato
de una fantasía onírica que muestra de qué manera el sujeto se detiene inmediatamente antes de
lo que podría convertirse en la construcción de un fetiche. El sello roto deja en estado
fragmentario lo que, en un fetiche, se convertiría en ficción de totalidad. En el momento en que
descubre la castración, el fetichista la reniega, y construye contra su descubrimiento un fetiche
que remedia su pánico, cerrando el espacio sobre un culto, un trono, un altar. Si así puede
decirse, el fóbico mantiene el rumbo de su pánico y no cede en su angustia: el campo de la
castración sigue abierto. Lacan subraya en los términos siguientes la distinción entre el objeto
fóbico y el fetiche: «Les he enseñado a distinguir el objeto fóbico en tanto que significante para
todo uso a fin de suplir la falta del Otro, y el fetiche fundamental de toda perversión en tanto que
objeto percibido en el corte del significante» (Escritos).
¿Qué es esa falta del Otro que el significante fóbico está destinado a suplir? Esa falta está por lo
general encarnada en la figura muy particular de un padre a la vez omnipresente y claudicante,
invasor y mudo acerca de las cosas de la vida, omnipotente en su violencia familiar y herido,
impotente ante la vida, rebelde ante la ley. El fóbico se encuentra así llevado a examinar
agudamente ese punto de desfallecimiento que lo hiere a él mismo, ese enigma de un ser que
impone tan violentamente una ley rebelde a la ley. «El oficio de padre es frágil», escribe Pierre
Legendre en Le Crime du caporal Lortie. Nadie tiene más que el fóbico la conciencia y el
sufrimiento de esa fragilidad. El significante fóbico constituye entonces una metáfora paterna
desplazada, fijada en un elemento neutro, exterior, que le asegura al sujeto la no-intrusión de
ese padre severo [«pére-sévére»], loco, asesino del deseo. Si el fetiche asegura la condición
absoluta de un goce, el objeto fóbico protege contra la desaparición del deseo: es, como dice
Lacan, un «arma de vanguardia» contra la amenaza de esta desaparición.
Naturalmente, se trata de un arma de doble filo. Sin cesar amenaza volverse contra el propio
sujeto. El significante fóbico sigue siendo un significante enigmático que plantea un interrogante
al que nada viene a responder y que por lo tanto se repite indefinidamente. El riesgo del
tratamiento de la fobia consiste en que se limite a desplazar ese significante necesario, que
volverá a formarse con más firmeza en otra parte. Pues el objeto fóbico es necesario. Aunque
indefinidamente enigmático, se le impone al sujeto como un real más duro que todo real Y muy a
menudo le asegura una vida normal, organizada y mantenida en su coherencia vital en torno de
ese «cristal significante». Más o menos bien, se crea un puente frágil entre un mundo interior y
un mundo exterior violentamente discordantes. Esta discordia es todo el drama del fóbico, pero,
precisamente porque él supo crear ese puente frágil que preserva como la niña de sus ojos, a
menudo mantiene secreta esa discordia y mata a los seres más próximos a él. Se trata de una
cuestión entre él y su deseo, una cuestión más íntima incluso que Dios para su existencia de
sujeto. Una cuestión escrita en rasgos de fuego (los «blasones de la fobia», dice Lacan) sobre
lo que a los ojos del propio fóbico no es más que una pared de papel, más difícil de atravesar,
sin embargo, que la muralla china.
Los objetos fóbicos son concreciones de lenguaje que tienen por función crear un borde más
consistente para lo sexual, cuando lo sexual se le ha revelado al sujeto como terrorífico,
enigmático o inasible. El síntoma no se proyecta sobre escenas extrañas, como en la neurosis
obsesiva o la paranoia, sino que se trata directamente con él en la escena del yo. Por eso la
fobia tiene menos que ver con lo extraño que con lo desconocido, que a cada paso se abre ante
el sujeto como un abismo. «Hace diez años que avanzo en lo desconocido», dice un analizante.
En efecto, todo ocurre como si sin cesar se abriera de nuevo una alteridad dramática, un hiato
irreductible entre el lenguaje y lo sexual. El significante fóbico ofrece el lugar de un encuentro
entre ambos términos, sin cesar remitido a lo imposible. Crea una pared que aísla lo sexual
dejándolo cautivo de un lenguaje proyectado al exterior. Este joven describe como sigue la
formación de su síntoma agorafóbico: durante una época de su vida frecuentó regularmente a
prostitutas, en impulsos compulsivos que a veces lo llevaban a correr en busca de su
satisfacción cuando el deseo se apoderaba de él, dejando a un lado todo lo demás. Era un
deseo absolutamente incontrolable, que él pagaba después con prolongadas angustias pobladas
con el pensamiento de las enfermedades que podía haber contraído. Después, el mismo día del
nacimiento de su hijo, decidió bruscamente renunciar de modo definitivo a esta práctica. Se
acuerda muy bien de la última vez que cedió a la tentación: fue precisamente cuando su mujer
estaba en la clínica, el día anterior al parto. Desde esa vez, nunca volvió a tocar a una prostituta.
No obstante, al cabo de algún tiempo de latencia, desarrolló una muy fuerte agorafobia. Se le
volvió imposible salir solo, sin hacerse acompañar por su esposa. Naturalmente, se advierte de
entrada de qué modo la angustia ante la tentación puede desempeñar el papel de
desencadenante, puesto que la esposa engañada se convirtió desde ese momento en la
persona auxiliadora, de presencia indispensable para remontar la agorafobia. Pero también se ve
que la fobia se construye sobre el doble sentido del verbo «salir», puesto que salir es también
«salir con», en el sentido sexual. De hecho, el peligro pulsional del que la agorafobia protege al
sujeto es menos la supuesta falta con respecto a la esposa (la culpa), que el goce compulsivo
en sí, experimentado como una esclavitud. De modo que la barrera fóbica le pone un límite a esta
fuerza ingobernable y peligrosa; sin la fobia, este límite no existiría. Por ello Freud habla
legítimamente de angustia real (real Angot), en cuanto para el sujeto no hay nada más real que
esta fuerza que se le impone, invencible, sin el contrapeso del significante fóbico. La palabra en
sí, el verbo «salir» en este ejemplo, adquiere entonces un curioso estatuto: es la misma palabra,
pero no la misma cosa. Las dos cosas (salir con prostitutas y no poder salir solo) se encuentran
como disyuntas bajo el mismo vocablo. El joven subraya que conoce ambas cosas, que no ha
olvidado nada. Lo que olvidó es el vínculo entre ambas. Así, el significante fóbico crea un puente
que separa lo que une. Y lo sexual es como rechazado a las antípodas del significante que lo
representa en lo imposible. Sólo quedan entonces la inhibición del acto y las limitaciones del
campo de la existencia.
Finalmente, en este ejemplo se advertirá que el momento en que se tomó la decisión de romper
con las prostitutas es rico en significación: la apuesta de la paternidad tacha directamente el
deseo sexual, en una oposición que permite vislumbrar que el registro de lo simbólico en sentido
amplio (la transmisión de las generaciones) viene a inscribirse en discordancia con relación al
registro del deseo amenazado de desaparición. El significante fóbico se erige entonces en
memorial de lo que lo simbólico prohibe en su ley general: la singularidad más extrema que lleva
consigo la sexualidad, oculta en adelante bajo el cuadriculado de las limitaciones fóbicas. Frente
a su propia sexualidad, el sujeto está infinitamente solo, y el contrato fóbico con el objeto de su
reaseguro vuelve aún más infinita tal soledad (si ello es posible) y como irremediable. En la fobia
hay una desesperación que no conoce el fetichismo.
Que la angustia real pueda escribirse y encontrar una forma de sublimación tocando al Otro -con
la punta de la lanza- en el punto mismo de la falta que hace la desesperación del sujeto,
delimitando ese vacío con un fantasma, tal parece la salida posible de la fobia. Ésta es la razón
que lleva de buena gana a los fóbicos a las vanguardias del descubrimiento y la creación. Se
encuentran donde hacen falta para sostener «la insoportable levedad del ser», que es la del
lenguaje mismo. El ejemplo de Kafka, una vez más, lo atestigua magistralmente. Pero se plantea
un interrogante. ¿Hasta qué punto la salida de la fobia, cuando ésta tiende a resolverse, no pone
el cuerpo en peligro, bajo la forma insidiosa de la enfermedad, de la tuberculosis, de la crisis
cardíaca, etc., que aparecen en el momento preciso, interrumpiendo el combate del sujeto con su
propia desesperación y supliendo el significante fóbico en sí cuando éste a su turno desfallece,
habiendo agotado sus efectos de fragmentación y de escritura? Sin duda es éste un problema
que toca a los límites del psicoanálisis, y del cual dan testimonio cierto número de casos. ¿Cuál
es el sentido de la enfermedad de Kafka con relación al combate que él libra en su escritura? Si
es cierto, como escribe Lacan con respecto a Juanito, que el sujeto «desarrolla en tomo al cristal
significante de su fobia, bajo una forma mítica, todas las permutaciones posibles de un número
limitado de significantes», ¿hay que admitir que todo análisis de fóbico va a recorrer esta forma
mítica? Sin duda. Pero ¿cuál será su límite o su agotamiento? ¿Qué advendrá cuando la última
permutación lleve inscrita en ella de antemano, con la insoportable realización del fantasma, la
última huida a la muerte? «El agotamiento de todas las formas posibles de imposibilidades »
(Escritos), ¿no irá él mismo a morir sobre la interrupción brutal de una muerte súbita o
anunciada? ¿Cómo evitar, si no mediante la más extrema prudencia al modificar el equilibrio del
sujeto con su fobia, que la implosión del cuerpo venga a poner un término al agotamiento de lo
imposible?
¿Estás desesperado?
¿Sí? ¿Estás desesperado?
¿Emprendes la huida? ¿Quieres ocultarte?
F. KAFKA, Diario.
Ocultarse en lo imposible: con esta tangencia mortal, la fobia no ilustra sólo la naturaleza más
radical del síntoma; concierne a la forma más arriesgada del mito que todo sujeto humano debe
elaborar para sí ante el enigma de su existencia.
Fobia
fuente(53)
s. f. (fr. phobie; ingl. phobia; al. Phobie). Ataque de pánico ante un objeto, un animal, una
disposición del espacio, que actúan como señales de angustia.
Este síntoma, que puede aparecer durante la primera infancia y en ciertos estados de neurosis y
de psicosis, no excluye que se pueda hablar de estructura fóbica, que se podrá definir, con Ch.
Melman, como una enfermedad de lo imaginario.
Situación freudiana de la cuestión de la fobia: la angustia de la castración. La fobia es desde el
comienzo una cuestión psicoanalítica. S. Freud la llama histeria de angustia. A pesar del estallido
de esta noción en síntomas diversos que surgen en la histeria, la neurosis obsesiva y la psicosis
misma, se puede esbozar una especificidad estructural de la fobia. En ella está en juego la
simbolización misma, en su difícil lazo con lo imaginario; esto se puede estudiar en la muy
frecuente y pasajera fobia infantil.
La histeria de angustia, en Freud, se opone a la histeria de conversión, en la que grandes
formas de excitación ligadas al investimiento libidinal de una representación reprimida conducen
a una sintomatología somática. En la histeria de angustia, la angustia debida a una
representación angustiante ligada a la sexualidad aparece por sí misma y produce una fuga que
orienta el investimiento hacia una representación sustitutiva que desempeña el papel simultáneo
de señal de angustia y de pantalla ante la verdadera razón de esta angustia, que es preciso
encontrar y definir.
El interés de esta cuestión reside en que ni Freud ni Lacan, en sus elaboraciones tan novedosas
acerca de ella, han tenido una posición teórica inmutable. Y se podría decir que, en Freud, a
pesar de la cura del caso llamado «el pequeño Hans» [Juanito] (1905), la situación de la fobia fue
renovada en 1920 en Inhibición, síntoma y angustia sin que por ello quedara concluida. ¿Cuál
es, por consiguiente, la situación específica de la fobia? ¿Puede extraerse de la exposición de la
elaboración necesaria de este tema algo que nos guíe hacia lo que la fobia tiene de original? Con
el análisis del pequeño Hans, Freud expone un caso que anuda la cuestión de la fobia, al caballo
en este caso, con la llamada fobia infantil, es decir, con ese momento de la infancia, de los 3 a
los 5 años quizá, en que a menudo el sujeto siente miedo, irracionalmente, frente a ciertos
animales y ciertos espacios, y en el que surge de esta manera la señal de lo que Freud teoriza
como la angustia de castración. Esta fobia se resuelve la mayoría de las veces cuando el niño
toma en cuenta el orden que rige no sólo su sexualidad, sino también la trasmisión y la filiación.
El pequeño Hans no se atrevía a salir afuera: tenía miedo de que un caballo atado a un
carricoche lo mordiese. Sobre todo parecía temer que el caballo cayese e hiciese un «tumulto»
[al. «Krawall», alboroto, ruido fuerte, discordante]. Freud no condujo directamente la cura, sino
indirectamente, a través de los padres de Hans, que eran sus alumnos. Esto no es indiferente
respecto de la interrogación fundamental del fóbico sobre la trasmisión del saber concerniente al
deseo y al goce. El «pequeño Hans», como todo fóbico, por «invalidado» que estuviese en su
enclaustramiento, era vivaz, inteligente, lúcido y demistificador. Con facilidad se muestra irónico
ante las teorizaciones paternas que caricaturizan torpemente las teorías freudianas sobre el
complejo de Edipo y la angustia de castración, aunque reconociendo, por otra parte, su justeza.
En efecto, todo el trabajo que Hans hace sobre la diferencia sexual, sobre el nacimiento de los
niños, particularmente el de su hermana Anna tan celada, sobre su renegacíón (al. Verleugnung)
ante el sexo de su hermana, todo ese trabajo elabora paso a paso algo diferente del pánico ante
ese sustituto fálico que es el caballo en la realidad exterior. Hans admite poco a poco lo que la
angustia de castración prescribe simbolizar, y de ese modo se ve conducido a una cierta
curación.
Sin embargo, el resorte de su cura -¿y no es esto acaso una indicación para las curas de las
fobias?- es el momento en que Freud le dice a Hans: «Mucho antes de que él viniera al mundo,
yo sabía que un día nacería un pequeño Hans que amaría tanto a su madre que por ello tendría
miedo de su padre, y se lo conté a su padre». Lo que Freud llama con humor su «fanfarronada
bromista» corresponde a una intervención, que no es una predicción religiosa, aun cuando el
pequeño Hans le pregunte luego bruscamente al padre: «¿Acaso el profesor habla con el buen
Dios para que pueda saber todo por adelantado?». Ciertamente, Freud indica el lugar justo del
miedo de Hans: el caballo era un sustituto del padre en el triángulo edípico, pero hacía falta
además que esta historización del conflicto pudiese situar un saber inconciente como un
conjunto [sometido a una falta]. Lacan llamará S(A)[A barrada] [significante de la falta en el Otro,
véase «El grafo» en matema] a ese lugar del lenguaje en el que Hans tiene su sitio en la
trasmisión significante. Si el caballo (al. Pferd) está en asonancia con Freud, ya no se trata sólo
de ese pedazo de espacio [y de carne] que surge del horizonte y cae brutalmente, en su
crudeza no simbolizable, sino de que el pequeño Hans ha entrado en el nudo que liga filiación,
nominación y trasmisión por medio de las redes simbólicas del lenguaje.
A partir de allí va a poder reencontrar el lugar ficcional de las teorías sexuales infantiles donde
pueden historizarse como un juego serio los diferentes lugares que un sujeto puede ocupar y
donde la castración toma un sentido distinto al de un peligro de mutilación. Curación imperfecta,
dirá Lacan, en la medida en que encontrará el tercero que no encontraba en su padre del lado de
una abuela, y que la paternidad que allí situará será sobre todo una paternidad imaginaria. Esto
no quita que la cuestión del falo y de sus leyes pudo ser planteada y que la respuesta dada toma
su sitio en un lugar dialectizado y no proyectado en la realidad exterior del espacio como la
inminencia de un peligro que, no obedeciendo a ninguna ley, puede surgir en cualquier momento
de cualquier lado.
En Inhibición, síntoma y angustia (1920), Freud remite la fobia a una angustia del yo y sitúa así
la angustia de la fobia directamente en relación con la amenaza de castración, en tanto que la
angustia histérica se manifiesta por la pérdida del amor del lado del objeto y la angustia de la
neurosis obsesiva se juega con relación al superyó. No parece sin embargo que estas
precisiones invaliden la idea de una moción pulsional reprimida que retornaría como una
percepción del exterior. Pues se puede decir que la fobia plantea la cuestión misma de la
represión en la medida en que la oposición del interior y el exterior remite a una pregnancia
imaginaria que no puede sino llevar a un callejón sin salida la organización de los lazos entre el
lenguaje y la manera en que el sujeto allí se sitúa, aun cuando el concepto freudiano de
proyección, inventado y operatorio para la paranoia, no conviene verdaderamente a la fobia. Sin
embargo, establecida la represión originaria en la fobia, parece que el lazo entre las palabras y lo
imaginario, que concierne al espacio y la mirada, constituye en este caso una solución original.
Se agrega entonces la cuestión de saber si la cura de un fóbico debe conducir a una
neurotización. Aunque es verdad que el fóbico ha inventado todo un montaje para evitar la
castración y la neurotización producida por la simbolización que ella engendra, ¿debe por ello
eludirse la razón de la neurotización y su beneficio, sin intentar repensar la cuestión y las
posturas en juego en la castración?
La idea lacaniana del significante fóbica. Lacan, en el seminario sobre La relación de objeto
(1956-57), estudia casi palabra por palabra el análisis del pequeño Hans relatado por Freud. Nos
hace pasar de la consideración estéril del objeto fóbico a la idea operatoria de significante
fóbico. Este significante fóbico, tal el «Pferd» para Hans, se define como un significante para
todo uso, verdadera metáfora del padre que permite al niño simbolizar lo Real del goce fálico, que
descubre y hace surgir las posturas edípicas.
El objeto fobígeno es situado entonces por Lacan como aquello que en el espacio sirve para
ocultar la angustia fundamental del sujeto. «Para satisfacer algo que no puede resolverse en el
nivel del sujeto, en el nivel de la angustia intolerable, el sujeto no tiene otro recurso que
inventarse el miedo de un tigre de papel». La cuestión es entonces saber qué liga al objeto
fobígeno con el significante fóbico; pero esto no parece haber sido abordado directamente en
Lacan, aunque sólo a partir de la teoría lacaniana del objeto a, y en particular de lo que dice de la
mirada, puede resolverse el problema de esta articulación, En el Seminario XVI «De un otro al
Otro» [debemos advertir que el establecimiento del título de este seminario es polémico,
habiéndose propuesto también el de «De un Otro al otro»] (1968-69), Lacan toma posición sobre
la cuestión de saber si se puede hablar de una «estructura fóbica»: «No se puede ver allí una
entidad clínica -dice-, sino más bien una plataforma giratoria, algo que debe ser dilucidado en
sus relaciones con aquello a lo que más comúnmente vira, a saber, los dos grandes órdenes de
la neurosis, la histeria y la obsesión, pero también en el punto de juntura que establece con la
perversión».
Efectivamente, se plantea una cuestión: ¿cómo distinguir el objeto fóbico del objeto fetiche?
Ambos mantienen una relación directa con la angustia de castración, tienen valor de
significantes, pero ambos son imaginarizados; ambos representan una cierta positivización del
falo y procuran un acceso al goce fálico.
Con todo, puede encontrarse en Lacan, desde 1963, en un único seminario, El Seminario de los
Nombres-del-Padre (véase Nombre-del-Padre), una indicación que quizá va a especificar al
objeto fóbico: «No es verdad que el animal aparezca como metáfora del padre en el nivel de la
fobia; la fobia no es más que un retorno». ¿Retorno a un tótem? No es seguro: si Lacan vuelve
sobre este tema, es para afinar la cuestión del lazo entre Nombre-del-Padre y falo en el objeto
fóbico: pues parece, como lo subraya Melman, que el animal fóbico representa al falo y no al
padre. ¿Diremos que el objeto fóbico produce una especie de «crasis» [capacidad de detener
hemorragias, de coagulación. en términos médicos, y contracción de las vocales, en griego 1
entre el valor significante del falo y un llamado al Nombre-del-Padre simbólico que se resuelve a
menudo bajo la forma de una paternidad imaginaria?
Estas cuestiones tomarán un giro importante en el seminario R.S.I. (1974-75), en el que
justamente lo imaginario es situado de pleno derecho, en pie de igualdad con los otros dos
registros Real y Simbólico, indispensable como ellos para el anudamiento. El 17 de diciembre de
1974, Lacan redefine la angustia como «aquello que ex-siste del interior del cuerpo (...) cuando
se hace sensible la asociación a un cuerpo (...) de un goce fálico». Y dice todavía: «Si el
pequeño Hans se sumerge en la fobia, es evidentemente para darle cuerpo al embarazo
[embarras: estorbo, molestia, impedimento; también alusión a la barra de la división del sujeto, y
en castellano asociable con el embarazo femenino; sentimiento trabajado por Lacan en el
Seminario XI que tiene a causa de ese falo, para el que se inventa toda una serie de
equivalentes diversamente piafantes bajo la forma de la llamada fobia a los caballos (...) es
devolviéndole esta angustia pura, se puede decir (...) como se logra acomodarla a ese falo». Se
indica aquí una dirección de la cura: pasar de una positivización del falo a lo que es exactamente
su función, el operador simbólico (Dx, que marca y hace funcionar al mismo tiempo el hiato
radical entre los sexos desde que se trata del sujeto hablante.
Las consecuencias clínicas y teóricas de la obra de Lacan sobre la concepción de la fobia. La
obra de Lacan permite avanzar sobre las diferentes cuestiones planteadas por la fobia y, sin
duda, plantear la hipótesis de una estructura propia de la fobia; hipótesis importante puesto que,
con bastante frecuencia, los grandes fóbicos son situados y tratados como psicóticos.
Existen fobias a los animales y fobias espaciales (agorafobia, claustrofobia).
Parece que Lacan puede ayudarnos a resolver esta distinción. Esta es una de las propuestas
del estudio de Melman (op. cit.), que plantea la fobia como «una enfermedad de lo imaginario».
Retomando las antiguas descripciones de M. Legrand du Saulle (1878), destaca, en efecto, que
los espacios organizados por la perspectiva son fobígenos: lugares desiertos donde nada
detiene la mirada, miradores, puntos de vista vertiginosos. Notemos entonces que el animal, ese
«automaton», surge a menudo a partir de lo que tiene función de punto de fuga, como si ese
punto (inducido por una relación con el espacio regulada por la imagen especular, vista y
articulada por una palabra, en el espejo) no fuese ya vinculable a una geometrización sino que
pudiese surgir como un jirón de espacio, dotado de su propia autonomía. El psicoanálisis
lacaniano, a partir del Seminario X, 1963-64, «Los cuatro conceptos fundamentales del
psicoanálisis» (1973), sabe reconocer en el punto de fuga de un cuadro el lugar de la mirada.
Pues bien, de eso se trata expresamente en la fobia: el espacio produce un peligro amenazante,
lo real mismo de la mirada y no ya su lugar. ¿Por qué razón? Se puede argumentar una relación
con lo imaginario: la inteligente agudeza de las fobias, tan notable y tan impotente para curarlas,
puede entenderse así. De este modo, Melman puede oponer el fóbico al neurótico, que paga con
la castración un tributo simbólico al gran Otro por el goce: «Es (...) como si el sujeto le pagase al
Otro (...) un tributo del orden de lo imaginario con la invención del animal fobígeno (...) la fobia se
presenta entonces como si la amputación del espacio viniese de modo inesperado a constituir el
tributo que el fóbico se ve llevado a pagar». Todo neurótico, por cierto, conoce lugares
inaccesibles, marcados por una prohibición; «pero el problema es que, para el fóbico, este
tributo no tiene límite nunca: puede extenderse hasta el umbral de su domicilio; en otras palabras,
en cierto modo, puede darlo todo». Lo que le permite a Melman decir, retomando la problemática
borromea de Lacan, que hay una relación singular en la fobia entre lo Imaginario y lo Real.
Mientras que habitualmente es el redondel de lo Simbólico el que hace agujero, el de lo Imaginario
el que hace consistencia, y el de lo Real el que funda la «ex-sistencia», en la fobia todo pasa
como si fuese lo imaginario lo marcado por la dimensión del agujero. Lo que no carece de
consecuencias: esto explica el juego, el equívoco en el fóbico entre el carácter finito o infinito del
goce con el que se las tiene que ver, sea goce fálico, sea goce del Otro. Y demuestra la
pregnancia de la relación yoica con el semejante, en particular con el acompañante necesario,
desde que hay esta suspensión, esta economía de la castración en la relación con el falo que no
plantea verdaderamente la diferencia de los sexos. Esta relación con la infinitud, pagada con la
angustia, es verdad, le da al fóbico esa agudeza sobre sí mismo y el mundo que es su encanto,
aunque esta agudeza no baste para curarlo. Esta es la dificultad de la cura de los fóbicos, y los
éxitos verdaderos aunque temporarios de las reeducaciones conductistas encuentran ahí sus
argumentos. Pero dejan intacto el problema ético planteado por su curación: ¿pasa esta por una
neurotización? Como lo dice Melman: «¿El Nombre-del-Padre es el pivote necesario para obtener
la castración o es el pivote del síntoma?».
Fobia
Fobia
Alemán: Phobie.
Francés: Phobie.
Inglés: Phobia.
fuente(54)
Término derivado del griego phobos y utilizado en lengua francesa como sufijo para designar el
terror de un sujeto frente a un objeto, un ser vivo o una situación.
Utilizado en psiquiatría como sustantivo hacia 1870, el término designa una neurosis cuyo
síntoma central es el terror continuo e inmotivado del sujeto ante un ser vivo, un objeto o una
situación que en sí mismos no presentan ningún peligro real.
En psicoanálisis, la fobia es un síntoma y no una neurosis; de allí la utilización en su lugar de la
expresión histeria de angustia. Introducida por Wilhelm Stekel en 1908, y retomada por Sigmund
Freud, la histeria de angustia es una neurosis de tipo histérico que convierte una angustia en un
terror inmotivado ante un objeto, un ser vivo o una situación que en sí mismos no presentan
ningún peligro real.
Entre los sucesores de Freud, la palabra tiende a representar el concepto de histeria de
angustia.
Conocida desde la noche de los tiempos, esta repulsión que afecta a ciertos individuos en
situaciones particulares ha suscitado numerosos comentarios. Para conjurar el miedo al
combate, los griegos habían divinizado a Fobos, y los guerreros lo honraban antes de partir a la
guerra. Si bien ese miedo remitía a un peligro muy real que el siglo XX volvió a encontrar con las
neurosis de guerra, las enfermedades de ese tipo fueron tratadas en Occidente con los
recursos de las medicinas tradicionales: hierbas y pociones mágicas, collares de ajo, crímenes
rituales, fetiches, etcétera. Algunas afecciones no identificadas, como por ejemplo la hepatitis,
denominada ictericia, entraron durante mucho tiempo en la categoría de los trastornos debidos al
miedo. Se suponía que el enfermo cambiaba de color por efecto de un pánico interno o externo,
ligado en general a una manifestación diabólica o divina. Son muchas las supersticiones que
siguen expresando la angustia: por ejemplo, el miedo al número 13.
Se han identificado decenas de enfermedades del miedo, entre las cuales algunas se hicieron
célebres: la hidrofobia (miedo al agua), la agorafobia (miedo a los lugares abiertos), la
claustrofobia (miedo a los lugares cerrados), etcétera. En el centro de este universo del miedo
suelen ser las representaciones de la animalidad las que revelan la esencia de la fobia. Desde
los frescos infernales de Jerónimo Bosch (1450-1516) hasta La metamorfosis de Franz Kafka
(1883-1924), pasando por el Drácula del escritor irlandés Bram (Abraham) Stocker (1847-1912),
se expresa el terror a la transformación del ser humano en bestia, del ángel en demonio, del alma
en cuerpo. El evolucionismo darwiniano le dio consistencia científica a este fantasma, como lo
subraya Freud en Tótem y tabú, basándose en el caso del pequeño Arpad, el niño analizado por
Sandor Ferenczi en razón de su fobia a los gallos.
Lo que le permitió al saber psiquiátrico de fines del siglo XIX convertir la fobia en una verdadera
entidad nosográfica, fue que se extirpara el terror en el universo del pensamiento religioso. Al
convertirse en una neurosis, la fobia accedió a un estatuto estructural, mientras que el bestiario,
síntoma de los antiguos pánicos sagrados, quedó convertido en un mal ineluctable que destruía
el alma desde el interior. En esta configuración, el sujeto podía ser designado como fóbico sin
que se identificara el objeto de su fobia. De allí la confusión entre la fobia y la angustia en sentido
existencial.
Se entiende por qué Freud prefirió la expresión histeria de angustia, creada por Stekel: ella le
permitía ubicar la sexualidad en el centro del síntoma fóbico. En un primer momento, en
1894-1895, constató que había síntomas fóbicos en todo tipo de trastornos neuróticos o
psicóticos, pero particularmente en la neurosis obsesiva y la neurosis de angustia (o neurosis
actual). Ellos revelaban la conversión de la angustia en terror en los pacientes que practicaban
la continencia y se mostraban fanáticos de la limpieza porque los horrorizaban las cosas de la
sexualidad.
Después, en el análisis de Juanito (Herbert Graf) en 1909, Freud observó que hay por lo menos
una neurosis en la cual el síntoma fóbico es central. La llamó histeria de angustia. En este caso,
la libido no es convertida sino liberada en forma de angustia. Observemos que la fobia es uno de
los síntomas que la cura psicoanalítica permite dominar con mayor facilidad, reemplazándola por
la angustia.
Los sucesores de Freud se interesaron mucho en las fobias infantiles y, en consecuencia,
esencialmente en los terrores inspirados por animales. Como en el arte y la literatura, son casi
siempre el principal vector del síntoma fóbico y, por lo tanto, de la angustia. Por otra parte, se
encuentra su huella en los otros dos grandes casos freudianos: el Hombre de los Lobos
(Serguei Constantinovich Pankejeff) y el Hombre de las Ratas (Ernst Lanzer).
Pero, después de Freud se modificó la terminología, y la fobia terminó por ser aceptada menos
como síntoma que como una verdadera entidad clínica. De allí la desaparición progresiva de la
expresión histeria de angustia. Si Melanie Klein disolvió la fobia en la angustia, haciendo de ella
un mecanismo arcaico integrado en la posición esquizoparanoide, Anna Freud, por el contrario,
la consideraba una neurosis de transferencia, en la cual el objeto fobógeno se convierte en el
símbolo de todos los peligros ligados a la sexualidad, al que hay que rechazar mediante
mecanismos de defensa. De allí la aparición de una defensa maníaca o la adopción en ciertos
individuos de una actitud llamada contrafóbica. Desde el punto de vista de la teoría clásica
(freudiana y annafreudiana), la claustrofobia debe interpretarse como deseo de masturbarse y
miedo a hacerlo, y la agorafobia, como expresión de un fantasma de prostitución. Y así
sucesivamente. Según la óptica kleiniana, la claustrofobia es un deseo de escapar a la
protección asfixiante del objeto bueno, mientras que la agorafobia correspondería al deseo de
evadirse de un mundo poblado de objetos malos.
Gran clínico de los estados de terror ligados al surgimiento de lo real, Jacques Lacan fue el único
autor que desarrolló una concepción francamente estructural de la fobia en general. De allí la
idea, en su seminario La relación de objeto, de que el objeto de la fobia es un significante, es
decir, un elemento significativo de la historia del sujeto que vendría a enmascarar su angustia
fundamental: "Para taponar algo que no se puede resolver en el nivel de la angustia intolerable
del sujeto, éste no tiene más recurso que fomentarse un tigre de papel". Lacan compara ese
significante con letras de fuego, o "blasones de la fobia", verdaderas paredes de papel que para
el sujeto se vuelven tan inatravesables como la Muralla China. Desde esta perspectiva, es
preciso distinguir el objeto significante (o significante fóbico) del objeto fetiche, para demostrar
que el primero corresponde a una sintomatología neurótica (histeria, neurosis obsesiva), y el
segundo a una clínica de la perversión. Si el fetiche satisface la condición absoluta de un goce,
el significante fóbico protege contra la desaparición del deseo. ,
Diccionario / Desde "Forclusión" hasta "Guilbert, Yvette"
Diccionario / Desde "Forclusión" hasta "Guilbert, Yvette" / Forclusión
Forclusión
Forclusión
fuente(55)
La noción de «forclusíón» ha sido estudiada por Damourette y Pichon, en su obra Des Mots à la
Pensée. Essai de Grammaire de la langue française, en oposición al modo «discordancial». El
idioma francés, señalan estos autores, «dispone de una negación en dos partes»: «nepas,
ne-jamais, ne-rien» (no, nunca, nada). La primera de esas partes se denomina «discordancial».
Se emplea en las proposiciones completivas regidas por verbos que expresan temor, precaución
o impedimento. En el temor, por ejemplo, hay discordancia entre el deseo del sujeto de la principal
y la posibilidad que encara; en el impedimento, hay discordancia entre el fenómeno que debería
producirse y la fuerza que lo impide.
«La segunda parte de la negación francesa, constituida por palabras como rien, jamais, aucun,
personne, plus, guére, se aplica a los hechos que el locutor no encara como formando parte de
la realidad. Esos hechos están de alguna manera forcluidos, de modo que a esa segunda parte
de la negación le damos el «nombre de forclusiva». «Con los verbos défier, défendre, prévenir,
désespérer, garder -continúan los autores-, el forclusivo excluye el hecho subordinado de las
posibilidades futuras, pero la lengua sabe dar un giro aún más audaz y particularmente
interesante desde el punto de vista psicológico: un hecho que ha existido en realidad es
efectivamente excluido de pasado. El siguiente ejemplo ha sido tomado de un libro cuyo título es
Esterhazy est mort: «"Para mí -dijo-, el affaire Dreyfus es desde ahora un libro cerrado". Hasta la
hora de su muerte tuvo que arrepentirse de haberlo abierto alguna vez.»
Desde esa época, los autores tuvieron la presciencia de que esta noción de forclusión tenía la
vocación de insertarse en el aparato conceptual del psicoanálisis; esa presciencia se basaba,
no sólo en consideraciones generales, sino también en su propia elaboración del proceso de la
«escotomización». «El lenguaje -escriben- es un mavarilloso espejo de las profundidades del
inconsciente para quien sabe descifrar sus imágenes. El arrepentimiento es el deseo de que una
cosa pasada, y por lo tanto irreparable, no haya existido nunca; la lengua francesa, mediante el
forclusivo, expresa ese deseo de escotomización, traduciendo así el fenómeno normal del que la
escotomización -descrita en la patología mental por Laforgue y uno de nosotros- es la
exageración patológica» (cf. E. Pichon y R. Laforgue, «La notion de Schizonoya», en le Rêve et
la Psychanalyse).
Siguen una serie de empleos, y los ejemplos son entonces comentados en términos que
convergen en la idea de una exclusión de la realidad.
«En todos estos ejemplos se puede descubrir la forclusión. Thérése piensa que experimentar la
embriaguez soñada está fuera de las posibilidades de este mundo. Hablar de otra cosa que no
sea la muerte de Mallarmé es imposible para el señor A. Gide en el momento en que escribe. Está
excluido que las criaturas de los bosques tengan el prurito de tomar prestada la razón del
hombre. Platón puede ver que la exageración es extraña al decir de Germain Nouveau.
Finalmente, la señora A. cree que el fenómeno del que habla ha sido siempre tan excesivo.»
Ahora bien, el uso francés del término «forclore» [forcluir] coincide con el comentario
desarrollado por Brentano en su Psychologie du point de vue empirique con respecto a la
función de la Verwerfung en su aplicación al juicio.
En efecto, el capítulo VII del libro II de la obra, «la representación y el juicio considerados como
cláusulas fundamentales distintas», se refiere en particular al reconocimiento (Anerkennung) y el
rechazo (Verwerfung), en tanto que posicionamientos existenciales distintos de la ligazón
predicativa. Ahora bien, en 1915 y 1920 varios textos de Freud nos confirman, por el empleo que
él hace de esos términos, la influencia profunda que ejerció sobre el desarrollo de su
pensamiento su asistencia asidua a los cursos de Brentano.
En 1915, en el artículo sobre la represión, se tratará de situar la noción de Verwerfung con
relación a ese proceso. En 1917, las Conferencias de introducción al psicoanálisis retoman su
interpretación en la exploración general de la resistencia y la regresión. Esos primeros enfoques
reciben el respaldo del artículo sobre la negación en 1921. El problema consiste entonces en
captar en qué medida resultó determinante para la cuestión el desplazamiento del centro de la
teoría, desde la interpretación de las neurosis a la interpretación de las psicosis.
La noción de Verwerfung fue introducida en 1915 en el artículo dedicado a la represión, sobre la
base de una distinción entre las reacciones respectivamente oponibles a las estimulaciones
internas y externas. Mientras que estas últimas se pueden eludir por medio de la fuga, las
primeras (estimulaciones pulsionales que provienen del interior del organismo) no son
susceptibles de una evitación de ese tipo.
Por lo tanto, Freud buscará con empeño un equivalente, y lo encontrará en ese repudio por el yo
que es la Verwerfung.
El análisis más sugerente será realizado en las Conferencias de introducción al psicoanálisis, y
es especialmente significativo por cuanto se desarrolla en el capítulo sobre la regresión,
anunciando así la interpretación que propondrá Lacan de la regresión psicótica con el título de
«forclusión del Nombre-del-Padre».
Para Freud la forclusión, que se define como la incapacidad del yo para huir de sí mismo, entraña
en efecto el repudio de la identificación, en cuanto ella se basa en la asunción del patronímico, tal
como Freud lo enunciará explícitamente en Moisés y la religión monoteísta.
«La represión -escribe Freud- es la condición preliminar de la formación de síntomas, pero es
también algo de lo que no conocemos nada análogo. Tomemos un impulso, un proceso psíquico
dotado de una tendencia a transformarse en acción: sabemos que ese impulso puede ser
descartado, rechazado, condenado. De tal modo la energía de que dispone le es sustraída; se
vuelve impotente, pero puede subsistir en calidad de recuerdo. Todas las decisiones cuyo objeto
es ese impulso se toman bajo el control consciente del yo. Las cosas deberían suceder de otro
modo cuando el mismo impulso sufre una represión. Conservaría su energía, pero sin dejar junto
a ella ningún recuerdo. El proceso mismo de la represión se realizaría sin que el yo lo notase. Se
advierte que esta comparación no nos acerca en absoluto a la comprensión de la naturaleza de
la represión.»
Así, el repudio al que se refiere la Verwerfung encontrará sus raíces en la expulsión de un
contenido de experiencia fuera del yo, en función del principio de placer.
Esto es lo que Freud recuerda en 1925, en su artículo sobre la negación. La existencia en la
realidad encontraba negada su representación. «El estudio del juicio nos revela y quizá por vez
primera nos permite penetrar en el modo en que se engendra una función intelectual a partir del
juego de las mociones pulsionales primarias. El juzgar es el desarrollo ulterior, adecuado a un fin,
de la inclusión en el yo o de la expulsión fuera del yo que, originalmente, se rigieron por el
principio de placer. Su polaridad parece corresponder a la oposición de los dos grupos de
pulsiones cuya hipótesis hemos aceptado, La afirmación -como sustituto de la unión- pertenece
al Eros; la negación -sucesora de la expulsión- pertenece a la pulsión de destrucción. Es
verosímil que el gusto generalizado por la negación, el negativismo de muchos psicóticos, tenga
que comprenderse como indicio de la desmezcla de pulsiones por retiro de los componentes
libidinales. Pero la operación de la función del juicio sólo resulta posible por la creación del
símbolo de la negación que le ha permitido al pensamiento un primer grado de independencia con
respecto a las consecuencias de la represión y, por ello, con respecto a la coacción del principio
de placer.»
Antes de haber sido ilustrado por Lacan con la expresión «forclusión del Nombre-del-Padre» en
la teoría de la psicosis, el alcance operatorio de esta noción se puso de manifiesto en Moisés y
la religión monoteísta, por la extensión que allí recibe al orden del desarrollo histórico.
Forclusión
Forclusión
Alemán: Verwerfung.
Francés: Forclusion.
Inglés: Foreclosure.
fuente(56)
Concepto elaborado por Jacques Lacan para designar un mecanismo específico de la psicosis
por el cual se produce el rechazo de un significante fundamental, expulsado afuera del universo
simbólico del sujeto. Cuando se produce este rechazo, el significante está forcluido. No está
integrado en el inconsciente, como en la represión, y retorna en forma alucinatoria en lo real del
sujeto.
El término forclusión fue introducido por Jacques Lacan el 4 de julio de 1956, en la última sesión
de su seminario dedicado a la psicosis, y a la lectura del comentario de Sigmund Freud sobre la
paranoia del jurista Daniel Paul Schreber.
Para comprender la génesis de este concepto, hay que relacionarlo con la utilización por
Hippolyte Bernheim, en 1895, de la noción de alucinación negativa: ésta designa la falta de
percepción de un objeto presente en el campo del sujeto, después de la hipnosis. Freud retomó
el término, pero dejó de emplearlo en 1917, en cuanto había propuesto en 1914 una nueva
clasificación de las neurosis, las psicosis y las perversiones en el marco de su teoría de la
castración. Le dio entonces el nombre de Verneinung al mecanismo verbal mediante el cual lo
reprimido es reconocido de manera negativa por el sujeto, sin ser no obstante aceptado: "No es
mi padre". La expresión fué traducida al francés en 1934 como négation (negación). En cuanto a
la renegación (Verleugnung), Freud la caracterizó como la negativa del sujeto a reconocer la
realidad de una percepción negativa: por ejemplo, la ausencia de pene en la mujer.
Paralelamente, en Francia, Pichon, introducía el término escotomización para designar el
mecanismo de ceguera inconsciente mediante el cual el sujeto hacía desaparecer hechos
desagradables de su memoria o su conciencia. En 1925 una polémica opuso a Freud y René
Laforgue a propósito de esta palabra. Laforgue proponía traducir por escotomización tanto la
renegación (Verleugnung) como otro mecanismo, propio de la psicosis y sobre todo de la
esquizofrenia. Freud se negó a seguirlo, y distinguió la Verleugnung respecto de la Verdrüngung
(represión). La situación que describía Laforgue suscitaba la idea de una anulación de la
percepción, mientras que la expuesta por Freud mantenía la percepción en el marco de una
negatividad: actualización de una percepcion consistente en una renegación.
Desde el punto de vista clínico, la polémica entre los dos hombres reveló que faltaba crear un
término específico para designar el mecanismo de rechazo propio de la psicosis: esa palabra, en
efecto, no figuraba en el vocabulario freudiano, aunque Freud intentó elaborar su concepto.
Ése era el estado de cosas cuando Édouard Pichon publicó, en 1928, en colaboración con su tío
Jacques Damourette, un artículo titulado "Sur la signification psychologique de la négation en
français". A partir de la lengua, y no ya de la clínica, tomaba del discurso jurídico el adjetivo
"forclusivo" para significar que el segundo miembro de la negación en francés se aplica a
hechos que la persona que habla ya no encara como formando parte de la realidad. Son hechos
de alguna manera forcluidos. El ejemplo que dan los autores no carece de humor, tratándose de
dos miembros de la Acción Francesa.
En efecto, citan las palabras de un periodista, extraídas del Journal del 18 de agosto de 1923, a
propósito de la muerte de Esterhazy: "El affaire Dreyfus, dijo [Esterhazy], es un libro en adelante
cerrado. Debió arrepentirse de haberlo abierto". En francés: "de Favoir jamais ouvert";
literalmente, "de haberlo abierto nunca". Los autores subrayaban que el empleo del verbo
"arrepentirse" implicaba que un hecho ocurrido en realidad era efectivamente excluido del
pasado. Y relacionaban la escotomización con el forclusivo: "La lengua francesa, mediante el
forclusivo, expresa el deseo de escotomización, traduciendo de tal modo el fenómeno normal del
cual la escotomización descrita en patología mental por M. Laforgue y uno de nosotros [Pichon]
es la exageración patológica".
El 3 de febrero de 1954 Lacan comenzó a actualizar la cuestión del forclusivo y la
escotomización en oportunidad de un debate con el filósofo hegeliano Jean Hyppolite
(1907-1968), que por su parte encaraba la cuestión a través de la Verneinung, palabra que
proponía traducir como denegación, y no como negación. Lacan se inspiro en el trabajo de
Maurice Merleau-Ponty (1908-1961), Phénoménologie de la perception, sobre todo en las
páginas de la obra consagradas a la alucinación como "fenómeno de desintegración de lo real",
componente de la intencionalidad del sujeto.
En el análisis del caso del Hombre de los Lobos, publicado en 1918, Freud explicó que la génesis
del reconocimiento y el no reconocimiento de la castración en su paciente pasaba por una
actitud de rechazo (o Verwerfung) consistente en ver sólo la sexualidad desde el ángulo de una
teoría infantil: el comercio por el ano. Para ilustrar su idea, evocaba una alucinación que Serguei
Constantinovich Pankejeff había tenido en la infancia: se había "visto" el dedo meñique cortado
por su cortaplumas, advirtiendo después la inexistencia de la herida. A propósito del "rechazo de
una realidad presente como no existente", Freud subrayó que no se trataba (le una represión,
pues "eine Verdrängung ist etwas anderes als eine Verwerfung" (una represión es algo distinto
de un rechazo).
Al comentar este texto en su diálogo de 1954 con Hyppolite, Lacan dio como equivalente francés
de Verwerfung la palabra retranchement (supresión). Dos años más tarde retomó la distinción
freudiana entre neurosis y psicosis, para aplicar la terminología según la cual, en la psicosis, la
realidad no es nunca verdaderamente escotomizada. Por último, después de haber comentado
intensamente la paranoia de Schreber, y más tarde elaborado el concepto de nombre-del -padre,
propuso traducir Verwerfung por forclusión. Entendía por tal el mecanismo específico de la
psicosis, definido a partir de la paranoia, consistente en el rechazo primordial de un significante
fundamental, expulsado afuera del universo simbólico del sujeto. Lacan distinguió este
mecanismo de la represión, subrayando que, en el primer caso, el significante forcluido o los
significantes que lo representan no pertenecen al inconsciente, sino que retornan (en lo real)
con una alucinación o delirio que invade la palabra o la percepción del sujeto.
Más tarde, el concepto de forclusión adquirió una extensión considerable en la literatura
lacaniana, al punto de que los discípulos del maestro francés terminaron por ver (o acaso
alucinar) su existencia en el corpus freudiano. No obstante, Freud no conceptualizó nunca ese
fenómeno de rechazo (Verwerfung), aunque, como lo demuestra su polémica con Laforgue,
siempre buscó la definición de un mecanismo de este tipo propio de la psicosis.
Forclusión [o preclusión]
Forclusión [o preclusión]
Forclusión
[o preclusión]
fuente(57)
s. f. (fr. forclusion; ingl. repudiation o foreclosure; al. Verwerfung). Según J. Lacan, «defecto
que le da a la psicosis su condición esencial, en la estructura que la separa de la neurosis» (De
una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, 1957).
El funcionamiento del lenguaje y las categorías topológicas de lo real, lo simbólico y lo imaginario
permiten especificar este defecto de la siguiente manera: el significante que ha sido rechazado
del orden simbólico reaparece en lo real, por ejemplo alucinatoriamente. Las perturbaciones que
se siguen de ello en los tres registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario (R.S.I.) dan a las
psicosis sus diferentes configuraciones. El efecto radical de la forclusión sobre la estructura se
da no sólo en el cambio de lugar del significante, sino también en el estatuto primordial de lo que
es excluido: el padre como símbolo o significante del Nombre-del-Padre, cuyo significado
correlativo es el de la castración. Por eso es que, en ciertas condiciones, el sujeto psicótico se
encuentra enfrentado con una castración no simbólica, sino real.
El hombre de los lobos. La alucinación del dedo cortado, referida por el Hombre de los Lobos en
su psicoanálisis, permitió a Freud poner en evidencia un mecanismo distinto tanto de la represión
neurótica como de la desmentida perversa: la Verwerfung, que está en la base de la psicosis. El
término freudiano significa «rechazo». Lacan terminó por traducirlo como «forclusión». Esta
opción tiene el mérito de poner el acento, con una gran precisión, sobre esta característica: lo
que ha sido rechazado no puede retornar al mismo lugar de donde ha sido excluido. Este
proceso se distingue, por consiguiente, de la represión, pues lo reprimido retorna en su lugar de
origen, lo simbólico, donde primitivamente fue admitido.
La forclusión recae entonces sobre el significante. En el texto de Freud, la Verwerfung marca
cada vez la relación del sujeto con la castración: «La rechazó y se mantuvo en el statu quo del
comercio por el ano. Cuando digo: la rechazó, el sentido inmediato de esta expresión es que no
quiso saber nada de ella en el sentido de la represión. Esto quiere decir que propiamente no se
formuló ningún juicio sobre su existencia, sino que fue como si ella nunca hubiera existido».
Ya con ocasión de su análisis del mecanismo de la paranoia, en el caso Schreber, Freud se
había visto llevado a precisar que la alucinación no era un mecanismo proyectivo: «Más bien
reconocemos que lo que ha sido abolido en el interior vuelve del exterior».
La interpretación de Lacan. El episodio alucinatorio del Hombre de los Lobos autoriza varias
observaciones. Como este fenómeno está sustraído de las posibilidades de la palabra, se
acompaña de efectos cuyos rasgos principales fueron señalados por Lacan: el embudo
temporal en el que se hunde el sujeto, su mutismo aterrado, su sentimiento de irrealidad. El sujeto
choca con el símbolo cercenado, que por ello no entra en lo imaginario -donde su posición
femenina le quita todo sentido a su mutilación alucinatoria- sino que constituye para él algo que
no existe.
Este es un modo de interferencia entre lo simbólico y lo real.
Lacan se sirvió del artículo de Freud sobre la denegación para aislar el proceso de la forclusión
en una de las dos fases de la dialéctica que es propia de la denegación: la primera, de
simbolización o Bejahung -admisión que consiste en una «introducción en el sujeto»-, no ha
tenido lugar. La segunda, «de expulsión fuera del sujeto», constituye lo real en tanto subsiste
fuera de la simbolización. La forclusión «es exactamente lo que se opone a la Bejahung primaria
y constituye como tal lo que es expulsado». De allí, en ese mismo texto de los Escritos, la
formulación de Lacan: «Lo que no ha nacido a la luz de lo simbólico aparece en lo real».
La relación del sujeto con el significante. Si la castración se produce en lo real, ¿en qué registro
se sitúa el agente? Mientras que Freud considera la relación del sujeto con el padre, Lacan, en el
caso Schreber, aborda la cuestión de la relación del sujeto con el significante: «La atribución de
la procreación al padre no puede ser sino el efecto de un significante puro, de un reconocimiento
no del padre real, sino de lo que la religión nos ha enseñado a invocar como el nombre del
padre». Es el padre en su función simbólica de castración. Dicho de otro modo, en el orden del
lenguaje, él instaura el limite, el corte y al mismo tiempo la vectorización de la cadena o de su
sentido (fálico). Que un sujeto en condiciones electivas se encuentre con «un padre real» que
«llegue a ese lugar en el que no ha podido llamarlo antes» es desencadenante de la psicosis.
Pues, en lugar de encontrar correlativamente el apoyo del símbolo, no encuentra en ese lugar
sino el agujero abierto en lo simbólico por el efecto de la forclusión. «En el punto donde (...) es
llamado el padre real, puede por lo tanto responder en el Otro un puro y simple agujero, el que,
por carencia del efecto metafórico, provocará un agujero correspondiente en el lugar de la
significación fálica».
En esta coyuntura, puesto que el padre no es un significante, sólo puede ser una figura
imaginaria a la que el símbolo carente no puede hacer límite. Por lo tanto, la relación
inconmensurable del sujeto con él termina situada «en el orden de la potencia y no en el orden
del pacto».
La marca de la forclusión. La forclusión de ese significante primordial se registra por sus
efectos en el decir de un paciente psicótico. En ninguna otra parte, dice Lacan, el síntoma está
tan claramente articulado en la estructura misma. La cadena hablada se presenta sin límite y sin
vectorización. La perturbación de la relación con el significante se manifiesta en los trastornos
del lenguaje como los neologismos, las frases estereotipadas, la ausencia de metáforas. Al
haber cedido o no haberse establecido nunca los puntos de «capitonado» del discurso -puntos
de enlace fundamental entre el significante y el significado-, ocurre su desarrollo separado, con
la preeminencia del significante como tal, vaciado de significación. Se da la emergencia de
fenómenos automáticos en los que el lenguaje se pone a hablar solo, alucinatoriamente.
Es entonces lo real mismo lo que se pone a hablar.
La regresión «no genética, sino tópica al estadio del espejo», sitúa al sujeto en la alienación de
una captura imaginaria radical, reduciéndolo a una posición intimidada. Pero este registro le
ofrece también al sujeto una muleta. Pues, como dice Lacan en el Seminario III, 1955-56, «Las
psicosis» (1981), «tendrá que llevar la carga [de la aniquilación del significante], y asumir su
compensación por medio de una serie de identificaciones puramente conformistas».
Es así como la forclusión declina sus efectos de estructura en los tres registros,
real/imaginario/simbólico.
Forel August
(1848-1931) Psiquiatra suizo
fuente(58)
Higienista, fundador de una liga antialcohólica (la Orden de los Buenos Templarios), August Forel
fue uno de los mejores representantes de la tradición suiza y protestante de la psiquiatría
dinámica que, a fines del siglo XIX, contribuyó a transformar totalmente el tratamiento de la locura
y la internación.
Nacido en Morges, sobre el lago Leman, en su infancia se apasionó por la entomología, y estudió
particularmente la vida de las hormigas. Después se orientó hacia la medicina, y preparó su tesis
en Viena bajo la dirección de Theodor Meynert. Más tarde obtuvo un cargo de profesor en
psiquiatría en Zurich, lo que en 1879 le permitió ser nombrado director de la prestigiosa Clínica
del Burghölzli, cuyo renombre aseguró rodeándose de alumnos brillantes: sobre todo Eugen
Bleuler (quien iba a sucederlo) y Adolf Meyer (que desarrolló las teorías higienistas en los
Estados Unidos).
En el tratamiento de los alcohólicos abandonó las tesis organicistas y comprendió que, en el
ámbito del psiquismo, la eficacia terapéutica depende de la calidad de la relación entre paciente y
médico. En consecuencia, se interesó por la hipnosis, visitó a Hippolyte Bernheim en Nancy e
introdujo su método en Zurich. En el Burghölzli organizó consultorios externos, tanto para los
trastornos físicos como para las afecciones mentales, y experimentó con la hipnosis sobre el
personal de atención. Por otra parte, luchó por una reforma del Código Penal y los asilos, y por la
abolición de la prosti.tución.
Formación de
compromiso o transaccional
Formación de compromiso o transaccional
Formación de compromiso o transaccional
Al: Kompromissbildung.
Fr.: formation de compromis.
Ing.: compromiseformation.
It.: formazione di compromesso.
Por.: transação o formação de compromisso.
fuente(59)
Forma que adopta lo reprimido para ser admitido en lo consciente, retornando en el síntoma, en el
sueño y, de un modo más general, en toda producción del inconsciente: las representaciones
reprimidas se hallan deformadas por la defensa hasta resultar irreconocibles. De este modo, en
la misma formación, pueden satisfacerse (en un mismo compromiso) a la vez el deseo
inconsciente y las exigencias defensivas.
Basándose en el estudio del mecanismo de la neurosis obsesiva, Freud dedujo la idea de que los
síntomas llevan en sí mismos la huella del conflicto defensivo del cual resultan. En las Nuevas
observaciones sobre las psiconeurosis de defensa (Weitere Benlerkungen über die
AbivehrNeuropsychosen, 1896), Freud indica que el retorno del recuerdo reprimido tiene lugar
de un modo deformado en las representaciones obsesivas; éstas constituyen «[...] formaciones
transaccionales entre las representaciones reprimidas y represoras».
Esta idea de transacción o compromiso se amplió rápidamente a todo síntoma, al sueño, al
conjunto de las producciones del inconsciente. Se encuentra desarrollada en el capítulo XXIII de
las Lecciones de introducción al psicoanálisis (Vorlesungen zur Einführung in die
Psychoanalyse, 1916-1917). Freud subraya que los síntomas neuróticos «son el resultado de un
conflicto [...]. Las dos fuerzas separadas se encuentran de nuevo en el síntoma y se
reconcilian, por así decirlo, mediante el compromiso que representa la formación de síntomas.
Esto explica la resistencia del síntoma: éste es mantenido desde ambos lados».
Toda manifestación sintomática, ¿es un compromiso? El valor de esta idea es indiscutible. Pero
clínicamente se encuentran casos en los que se manifiestan de forma predominante, unas veces
la defensa, otras el deseo, hasta el punto de que, por lo menos en un primer análisis, parece
tratarse de defensas no contaminadas absolutamente por aquello contra lo que actúan y, a la
inversa, otras veces parece tratarse de un retorno de lo reprimido en el que el deseo se
expresaría sin compromiso. Tales casos constituirían los extremos de una gradación en el
compromiso que debe entenderse como una serie complementaria: «[...] los síntomas tienen por
fin, ya sea una satisfacción sexual, ya sea una defensa contra ésta y, de un modo general, el
carácter positivo de la realización de deseo predomina en la histeria, y el carácter negativo,
ascético, en la neurosis obsesiva».
Formación reactiva
Formación reactiva
Formación reactiva
Al.: Reaktionsbildung.
Fr.: formation réactionnelle.
Ing.: reaction-formation.
It.: formazione reattiva.
Por.: formaráo reativa o de reação.
fuente(60)
Actitud o hábito psicológico de sentido opuesto a un deseo reprimido y que se ha constituido
como reacción contra éste (por ejemplo, pudor que se opone a tendencias exhibicionistas).
En términos económicos, la formación reactiva es una contracatexis de un elemento consciente,
de fuerza igual y dirección opuesta a la catexis inconsciente.
Las formaciones reactivas pueden ser muy localizadas y manifestarse por un comportamiento
particular, o generalizadas hasta constituir rasgos de carácter más o menos integrados en el
conjunto de la personalidad.
Desde el punto de vista clínico, las formaciones reactivas pueden adquirir valor de síntoma por lo
que representan de rígido, de forzado, de compulsivo, por sus fracasos accidentales, y por el
hecho de que a veces conducen directamente a un resultado opuesto al que conscientemente
se busca (summum jus, summa injuria).
Desde que efectuó las primeras descripciones de la neurosis obsesiva, Freud puso en evidencia
un mecanismo psíquico particular que consiste en luchar directamente contra la representación
penosa, substituyéndola por un «síntoma primario de defensa» o «contrasíntoma» consistente
en rasgos de personalidad (escrupulosidad, pudor, desconfianza de sí mismo) que se hallan en
contradicción con la actividad sexual infantil a la que en un principio se había entregado el sujeto
durante un primer período llamado «de inmoralidad infantil». Se trata de una «defensa exitosa»,
en la medida en que los elementos que intervienen en el conflicto, tanto la representación sexual
como el «reproche» que ésta suscita, han sido globalmente excluidos de la conciencia en favor
de virtudes morales llevadas al extremo.
A partir de entonces, el psicoanálisis seguirá confirmando la importancia, dentro del cuadro
clínico de la neurosis obsesiva, de las citadas defensas, cuyo calificativo de «reactivas»
subraya el hecho de que se hallan directamente en oposición con la realización del deseo, tanto
por su significación como desde el punto de vista económico-dinámico.
En la neurosis obsesiva las formaciones reactivas adquieren la forma de rasgos de carácter, de
alteraciones del yo, que constituyen dispositivos de defensa en los que desaparece la
singularidad de las representaciones y de las fantasías implicadas en el conflicto: así, un
determinado individuo mostrará, en general, compasión por los seres vivos, mientras que su
agresividad inconsciente se dirige a algunas personas determinadas. La formación reactiva
constituye una contracatexis permanente. «El sujeto que ha elaborado formaciones reactivas no
desarrolla ciertos mecanismos de defensa para utilizarlos cuando amenaza un peligro pulsional;
ha cambiado la estructura de su personalidad, como si este peligro se hallara siempre presente,
para estar preparado en cualquier momento en que el peligro aparezca». Las formaciones
reactivas son especialmente manifiestas en el «carácter anal» (véase: Neurosis de carácter).
El mecanismo de la formación reactiva no es específico de la estructura obsesiva. Se encuentra
también de un modo especial en la histeria, pero «[...] debe subrayarse que, a diferencia de lo
que sucede en la neurosis obsesiva, estas formaciones reactivas no presentan [entonces] el
aspecto general de rasgos del carácter, sino que se limitan a relaciones totalmente electivas.
Así, por ejemplo, la mujer histérica que trata a sus hijos, que en el fondo odia, con excesiva
ternura, no por ello se vuelve, en conjunto, más amante que otras mujeres, ni tampoco más
cariñosa hacia los demás niños».
La palabra misma, formación reactiva, invita a relacionarla con otros modos de formación de
síntoma: formación substitutiva y formación de compromiso. En teoría, la distinción es fácil de
establecer: así como en la formación de compromiso se encuentra siempre la satisfacción del
deseo reprimido conjugada con la acción de la defensa (por ejemplo, en una obsesión), en la
formación reactiva sólo aparece, y de un modo singularmente manifiesto, la oposición a la
pulsión (por ejemplo, actitud de extrema limpieza que oculta por completo la tendencia del
erotismo anal). Pero aquí se trata más bien de modelos de mecanismo. De hecho, en una
determinada formación reactiva, puede apreciarse la acción de la pulsión contra la cual se
defiende el sujeto: por una parte, dicha pulsión irrumpe con brusquedad en determinados
momentos o en ciertos sectores de la actividad del sujeto, y precisamente estos flagrantes
fracasos, que contrastan con la rigidez de la actitud mostrada por el sujeto, permiten atribuir al
correspondiente rasgo de personalidad un valor sintomático; por otra parte, en el ejercicio de la
virtud que ostenta, el sujeto, impulsando sus actos hasta sus últimas consecuencias, satisface
también la pulsión antagonista, que termina infiltrando todo el sistema defensivo. El ama de casa
apasionada por la limpieza ¿no centra su existencia en torno al polvo y a la suciedad? El jurista
que lleva al extremo y de forma escrupulosa su ansia de equidad puede mostrarse, por esto
mismo, sistemáticamente indiferente a los problemas reales que le plantea la defensa de quienes
recurren a él, satisfaciendo así, bajo la máscara de la virtud, sus tendencias sádicas...
Yendo más lejos, puede insistirse aún más sobre la relación existente entre la pulsión y la
formación reactiva y ver en ésta una expresión casi directa del conflicto entre dos mociones
pulsionales opuestas, conflicto ambivalente en su raíz: «[...] una de las dos mociones que se
enfrentan, por lo general la moción amorosa, se ve enormemente reforzada, mientras que la otra
desaparece». Según esto, la formación reactiva podría definirse como una utilización por el yo
de la oposición inherente a la ambivalencia pulsional.
¿Puede extenderse este concepto más allá del ámbito claramente patológico? Freud, cuando
introduce el término en los Tres ensayos sobre la teoría sexual (Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie, 1905), establece el papel que desempeñan las formaciones reactivas en el
desarrollo de todo individuo humano, en cuanto se construyen durante el período de latencia: «
[...] las excitaciones sexuales despiertan contrafuerzas (mociones reactivas), que, para poder
reprimir eficazmente este displacer (resultante de la actividad sexual) establecen los diques
psíquicos [...]; repugnancia, pudor, moralidad». En este sentido, pues, Freud subrayó el papel
que desempeña el proceso de formación reactiva, junto a la sublimación, en la edificación de las
características y de las virtudes humanas. Cuando se introduzca el concepto de superyó, una
parte importante en su génesis se atribuirá al mecanismo de la formación reactiva.
Formación de síntoma
Formación de síntoma
Formación de síntoma
Al.: Symtombildung.
Fr.: formation de symptome.
Ing.: symptom-formation.
It.: formazione di sintomo.
Por.: formação de sintoma.
fuente(61)
Término utilizado para designar el hecho de que el síntoma psiconeurótico es el resultado de un
proceso especial, de una elaboración psíquica.
Este término, que se encuentra repetidas veces a lo largo de toda la obra de Freud, subraya el
hecho de que la formación de los síntomas psiconeuróticos debe considerarse como una fase
específica en la génesis de la neurosis. Al principio, Freud parece haber dudado en considerarla
como fase esencialmente diferente a la de defensa, pero, finalmente, asimila la formación de
síntoma al retorno de lo reprimido y la considera como un proceso distinto; siendo los factores
que dan al síntoma su forma específica relativamente independientes de los factores que se
hallan en juego en el conflicto defensivo «[...] coincide el mecanismo de la formación de síntoma
con el de la represión? Es más probable que sean muy diferentes y que no sea la represión en sí
la que produce formaciones substitutivas y síntomas, sino que éstos sean los indicios de un
retorno de lo reprimido y deban su existencia a otros procesos completamente distintos»
(véase: Retorno de lo reprimido; Elección de la neurosis).
En sentido amplio, la formación de síntoma comprende no sólo el retorno de lo reprimido en forma
de «formaciones substitutivas» o de «formaciones de compromiso», sino también las
«formaciones reactivas».
En relación con estos varios términos, hagamos observar que la palabra alemana Bildung
(formación) designa, en el empleo freudiano, tanto el proceso como el resultado de éste.
Formación sustitutiva
Formación sustitutiva
Formación sustitutiva
Al.: Ersatzbildung.
Fr.: formation substitutive.
Ing.: substitutive formation.
It.: formazione sostitutiva.
Por.: formação substitutiva.
fuente(62)
Designa los síntomas o formaciones equivalentes, como los actos fallidos, los chistes, etc., en
tanto que reemplazan los contenidos inconscientes.
Esta sustitución debe entenderse en un doble sentido: económico, por cuanto el síntoma aporta
una satisfacción que reemplaza al deseo Inconsciente; simbólico, al ser sustituido el contenido
inconsciente por otro siguiendo ciertas líneas asociativas.
Cuando Freud, en Inhibición, síntoma y angustia (Hemmung, Symptom und Angst, 1926) vuelve
a examinar en su conjunto el problema de la formación de los síntomas neuróticos asimila éstos a
formaciones sustitutivas «[...] que reemplazan el proceso pulsional que ha sufrido la acción [de
la defensa]». Esta idea es muy antigua en Freud; se encuentra ya en sus primeros trabajos,
expresada también por el término Surrogat (sucedáneo), por ejemplo, en Las psiconeurosis de
defensa (Die Abw,ehr-Neuropsychosen, 1894).
¿En qué consiste la sustitución? Ante todo puede entenderse, dentro de la teoría económica de
la libido, como sustitución de una satisfacción, ligada a una reducción de las tensiones, por otra.
Pero no puede comprenderse esta sustitución dentro de un registro puramente cuantitativo; en
efecto, el psicoanálisis muestra la existencia de conexiones asociativas entre el síntoma y lo que
éste sustituye: Ersatz adquiere entonces el sentido de sustitución simbólica, producto del
desplazamiento y de la condensación que determinan la singularidad del síntoma.
El término «formación sustitutiva» debe relacionarse con los de formación transaccional y
formación reactiva. Todo síntoma, en cuanto es producto del conflicto defensivo, constituye una
formación transaccional. En la medida en que es principalmente el deseo el que busca su
satisfacción en el síntoma, éste aparece sobre todo como formación sustitutiva; por el contrario,
en las formaciones reactivas lo que prevalece es el proceso defensivo.
Formaciones del inconciente
fuente(63)
(fr. formations de l'inconscient; ingl. unconscious formations; al. Bildungen des Unbewußten).
Irrupciones involuntarias en el discurso, que siguen procesos lógicos e internos al lenguaje, y
que permiten registrar el deseo.
El sueño, el chiste o la agudeza [en francés, «mot d'esprit», palabra ingeniosa, y «trait d'esprit»,
rasgo de ingenio, respectivamente], el lapsus, el olvido de nombre, el acto fallido, el síntoma en
tanto depende del significante -como metáfora significante-, todas estas formaciones tienen en
común provenir del mismo lugar tópico, a saber, «esa parte del discurso concreto en tanto
transindividual, que hace falta a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su
discurso conciente» (J. Lacan, Escritos, 1966). Se trata del «Otro, lugar de esa memoria que
Freud ha descubierto bajo el nombre de inconciente». No se trata de encontrar el inconciente en
alguna profundidad sino de registrarlo en su pluralidad formal, allí donde, sin haberlo querido,
algo se le escapa al sujeto, un fonema, una palabra, un gesto, un sufrimiento incomprensible que
lo deja en lo inter-dicto [inter-dit: entre-dicho /inter -dicción].
Con El chiste y su relación con lo inconciente (1905), ayudado por numerosos ejemplos, Freud
descubre y explicita estas manifestaciones que hacen ruptura siguiendo procesos formales.
«Estos casos se dejan explicar por el encuentro, la interferencia de las expresiones verbales de
dos intenciones (...) En algunos de ellos, una intención remplaza enteramente a otra
(sustitución), mientras que en otros casos se produce una deformación o modificación de una
intención por otra, con producción de palabras mixtas más o menos dotadas de sentido».
Sustitución y deformación, condensación y desplazamiento, son dos mecanismos indicados ya
por Freud en La interpretación de los sueños de 1900. Desde 1953, en el Discurso de Roma,
Lacan presenta la metáfora y la metonimia como los dos polos fundamentales del lenguaje; y en
el Seminario V, 1957-58, «Las formaciones del inconciente», hace una relectura del chiste.
La proposición principal es que el inconciente está estructurado como un lenguaje: dos ejemplos
de reestructuración de la cadena significante, considerada ante todo desde el punto de vista
formal, le permiten a Freud seguir al deseo en su huella. El primer ejemplo es el de la agudeza
[trait d'esprit] tomada de una historia de H. He¡ne: Hirsch-Hyacinthe, vendedor de lotería [y
pedicuro al paso, razón esta por la que habría sido recibido, según su relato, por Rothschild] de
pobre pasar, es recibido por Salomon. Rothschild, quien lo habría tratado «totalmente de igual a
igual, de una manera muy famillonaria».
Freud representa su ejemplo así:
fami li ar
mi lion ar
fami lion ar
Favorecido por una homonimia parcial entre «milionär» y «familiän», el mecanismo de la
condensación hace surgir en este chiste la técnica del significante. Se puede considerar la
condensación como un caso particular de la sustitución, por lo tanto de la metáfora, y a partir del
posicionamiento de las letras se ve aparecer la elisión, el resto y el surgimiento del sentido. El
otro ejemplo de Freud es del olvido de nombre, que se puede considerar como la otra cara del
primer ejemplo: lo que es olvidado, en cierto modo un resto, va a hacer surgir toda una cadena
de nombres sustitutivos. En lugar del nombre olvidado, Signorelli, autor de frescos que ilustran el
Juicio Final, aparecen Botticelli, Boltraffio, Trafoi. Por medio de la asociación libre, Freud rescata
lugares de viaje, de encuentros. Al final de la cadena significante, Bosnia, luego Herzegovina, le
dan a entender que, bajo Signor, el Herr alemán (recuerdo de una conversación muy relacionada
con la muerte y la sexualidad) había permanecido interdicto, rechazado (Sobre el mecanismo
psíquico de la desmemoria, 1898). La dificultad de las definiciones retóricas de la metáfora y la
metonimia se pone aquí de relieve: en la condensación, una parte caída en el subsuelo de la
memoria permite producir una metáfora metonímica; en la sustitución de nombres, metafórica,
una cadena de nombres va a hacer surgir la metonimia, significante del deseo imposible de decir.
Dos ejes han sido necesarios para los lazos de significante a significante: el del paradigma, la
sustitución, la metáfora; el del sintagma, la concatenación, la contigüidad, la metonimia. «Es en
efecto una estructura única y homogénea la que encontramos en los síntomas, los sueños, los
actos fallidos, los chistes, y las mismas leyes estructurales de condensación y desplazamiento:
un proceso "atraído" por el inconciente es estructurado según sus leyes. Pues bien, estas son
las mismas leyes que el análisis lingüístico nos permite reconocer como los modos de
engendramiento del sentido por la ordenación del significante» (Lacan, Seminario V, 1957-58,
«Las formaciones del inconciente»).
Algo se ha producido en la ordenación de estos significantes, y plantea la cuestión de un sujeto
que funcionaría más allá de una pareja yo-otro. Para que el deseo alcance su objetivo, es
necesario ser tres: el que habla, aquel al que se habla y el Otro, inconciente, que para hacerse
oír trasforma el poco sentido en un «pasaje-desentido» [juego de palabras lacaniano entre «peu
de sens» y «pas de sens»: «sin sentido» pero también literalmente legible como «paso de
sentido»], siendo el Otro, por lo tanto, ese lugar que ratifica y complica el mensaje. «Es necesario
que algo me haya sido extraño en mi hallazgo para que encuentre en él mi placer, pero (...) es
necesario que permanezca así para que resulte» (Lacan, Escritos, 1966).
El deseo se expresa por medio de un resto metonímico alienado en una demanda materializada
por la cadena significante que estructura nuestras necesidades. Una nueva composición
significan -te produce mensaje en el lugar del código: el surgimiento de un nuevo sentido es la
dinámica misma de la lengua.
Esta dificultad del deseo para hacerse oír nace del fenómeno intersubjetivo, momento en que el
niño tiene que vérselas con la represión originaria, primera metaforización, puesto que debe
renunciar a ser el objeto del deseo de la madre para advenir como sujeto. «Así el símbolo se
manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa, y esta muerte constituye en el sujeto la
eternización de su deseo».
Lacan escribe todavía, a propósito del síntoma: «Si, para admitir un síntoma en la psicopatología
psicoanalítica (...) Freud exige el mínimo de sobredeterminación que constituye un doble sentido,
símbolo de un conflicto difunto más allá de su función en un conflicto presente no menos
simbólico, si nos ha enseñado a seguir en el texto de las asociaciones libres la ramificación
ascendente de este linaje simbólico, para descubrir, en los puntos en que las formas verbales se
entrecruzan, los nudos de su estructura, queda totalmente claro que el síntoma se resuelve
enteramente en un análisis de lenguaje, porque él mismo está estructurado como un lenguaje,
porque es lenguaje cuya palabra debe ser liberada».
Formaciones sintomales
fuente(64)
Definición
En todo vínculo de pareja y de familia se despliega una trama donde los sujetos, incluidos en una
singular estructura de parentesco se posicionarán escénica y argumentalmente y donde los
síntomas emergerán como formaciones del inconsciente de esa estructura.
Propongo denominar formaciones sintomales en lugar de síntoma a esas modalidades
patológicas de vincularse, para aludir en forma más abarcativa a las condiciones intersubjetivas
y transubjetivas que son causa de producción de las mismas.
Es en el seno de la estructura vincular, según sus peculiaridades y potencialidades que se
puede generar tanto la repetición como la elaboración tendiente a la complejización. En este
último caso, la palabra circulará con su valor simbólico de intercambio. En forma diferente operan
las formaciones sintomales que son intentos de dotar al sufrimiento de una valor relacional que
no puede tramitarse por vía de la palabra. Las mismas contienen un mensaje de la estructura
inconsciente y su aparición denuncia una disfunción.
Origen e historia del término
Los valiosos aportes que el psicoanálisis individual ofrece acerca de estas formaciones del
inconsciente, al conjugarlos dentro del marco del psicoanálisis de familia y de pareja, nos
posibilita pensar también si el síntoma no es uno de los resultados de los particulares modos en
que se constituyen los vínculos. He decidido rastrear algunos conceptos en Freud, Klein y Lacan
sobre el síntoma con la intencionalidad de rescatar ideas y aportes que puedan funcionar como
articuladores y puentes para pensarlo desde el psicoanálisis de las configuraciones vinculares.
A) De la obra freudiana voy a comentar básicamente dos trabajos importantes que a mi entender
marcan dos momentos respecto del tema:
1) 1917 en las "Conferencias de introducción al psicoanálisis" Freud plantea la idea de que el
síntoma tiene un sentido inconsciente particular, de origen sexual y que contiene una verdad
histórica. El análisis de todo síntoma nos lleva tanto al complejo de Edipo como a la vida sexual
del enfermo. La formación del síntoma es un sustituto de algo que está interceptado, de ciertos
procesos anímicos que habrían debido desplegarse normalmente hasta que la conciencia
recibiese noticia de ellos. Pero ha ocurrido una permutación, una satisfacción nueva o
sustitutiva. En la conferencia nro. 23 hace la comparación entre síntoma y sueño por la
cooperación de los procesos inconscientes y los mecanismos de condensación y
desplazamiento propios del proceso primario.
El síntoma se presenta como extraño al sujeto irreconocible como satisfacción; la persona siente
que sufre y padece a causa del mismo. El monto de displacer que genera y el gasto de energía
por la lucha pulsional que el yo debe emprender es muy alto pero también lo es el ahorro de
trabajo de aquello que el yo siente como penoso (beneficios primario y secundario del síntoma).
Freud se pregunta aquí por el desde dónde, hacia dónde y el para qué del síntoma.
2) 1926 en 1nhibición, síntoma y angustia" nos muestra cómo el yo debe hacer reconciliaciones
para ligar el síntoma, proceso que denomina compulsión a la síntesis dado que se muestra
impotente frente a la fuerza pulsional del ello. La lucha contra dicha fuerza pulsional se
transforma en lucha contra el síntoma que goza de cierta extraterritorialidad y surge para evitar
la angustia que en última instancia remite a la angustia de castración. En el capítulo IV nos va a
decir que la incomprensible angustia de Juanito frente al caballo es el síntoma, la incapacidad de
andar por la calle un fenómeno de inhibición, una limitación que el yo se impone para no provocar
el síntoma-angustia. La formulación del síntoma que tiene por resultado cancelar una situación de
peligro, posee dos caras, una oculta por la cual el yo se sustrae del peligro y otra que nos
muestra lo que ella ha creado en reemplazo del proceso pulsional modificando la formación
sustitutiva. El síntoma es señal y sustituto de una satisfacción pulsional que no se realizó y es
también el resultado del proceso represivo. Partiendo de estas postulaciones sobre el síntoma
rescato la idea de síntoma como resultado de conflictos vinculares, construcción singular y
única. Todo niño se insertará, en el mejor de los casos, en una trama fantasmática y en un
mundo simbólico donde jugará su drama edípico. El complejo de Edipo es el complejo nodular de
las neurosis, motivo generador de todos los síntomas; es una estructura y a la vez es
estructurante del sujeto.
B) Retomo de los aportes de Melanie Klein la idea de que la vida mental tiende a organizarse y
presentarse en configuraciones vinculadas entre sí, en una dramática que supone relaciones de
objeto, ansiedades y defensas.
Estas configuraciones tienen lugar en un espacio mental al que ella denomina mundo interno, el
cual se halla poblado por ¡magos y partes del self en constante conexión con lo biológico y
alimentado por las fantasías inconscientes. El interjuego entre identificación
proyectiva-introyectiva tiene aquí un papel protagónico. A partir de la teoría y la técnica del
análisis de niños que Melanie Klein implementó se incluyen síntomas que anteriormente a sus
aportes y desarrollos no eran considerados como tales.
C) De Jacques Lacan me interesaron los conceptos de cadena significante, la relación entre
síntoma - fantasma y el goce del síntoma. El síntoma es una construcción significante que tiene
una dimensión simbólica y opera por sustitución. Nos introduce a una problemática terapéutica,
se trata del inicio del análisis, de la articulación del síntoma con el significante. El displacer del
síntoma es la razón por la que se consulta y funciona como recuerdo encubridor de esas otras
escenas infantiles. Se suele hablar de levantamiento o desaparición del síntoma. El fantasma, en
cambio, es una estructura imaginaria en la cual va a tomar forma el deseo inconsciente que
organiza el aparato. Éste viene a fijar al sujeto a una determinada significación; regula deseo y
goce. Allí donde el deseo es enigma para el sujeto, el fantasma le proporcionará una respuesta
fálica; ésta es la clave de la cura y marcará la finalización del análisis (atravesamiento o travesía
del fantasma). Travesía implica atravesar y continuar, no es una idea elaborativa, significa
padecerlo, soportarlo y enterarse de qué es lo que nos mueve alrededor de lo cual pasamos la
vida haciendo estrategias.
Desarrollo desde la perspectiva vincular
A) Formaciones sintomales en psicoanálisis de pareja
Los cuatro parámetros que definen el vinculo conyugal: cotidianeidad, tendencia monogámica,
relaciones sexuales y proyecto vital compartido, son el escenario sobre el que se monta, entre
otras cosas, la historia sintomática de la pareja.
Dichos parámetros pueden ser tanto facilitadores de zonas de encuentro, así como también de
zonas de desencuentro. Estas últimas abonan el ambiente propicio para la instalación del síntoma
en cada singular relación. Allí se enraíza lo no acordable o lo acordable conflictivo, aquello que
no puede ser absorbido por la estructura.
Las formaciones sintomales en la pareja pueden tener distintas vías de expresión: a) Un primer
caso sería el de su canalización en la intraterritorialidad de un aparato psíquico. Aquél que reúna
las "condiciones más aptas" para ello. Ese cónyuge será el portador del síntoma, cargando con
él hasta que la estructura vincular logre metabolizarlo.
b) Aquello que la pareja no puede reacordar o actualizar, y que la vida en común
necesariamente requiere cierta reformulación, va a generar formaciones sintomales diversas.
Esto cobra mayor relevancia cuando la pareja reprime el conflicto y el malestar que produce el
desencuentro, en una suerte de "hacer como que no pasa nada", mientras subyace un clima de
reproches, maltrato, violencia y resentimientos mutuos.
c) La situación vincular se transforma en sintomática de prevalecer disfuncionados los
parámetros ya mencionados. Las fantasías incestuosas que cada cónyuge trae de su
respectiva historia familiar, será el telón de fondo donde se instalan las perturbaciones sexuales
de la pareja. A lo que se suman conflictos generados en el devenir de la cotidianeidad así como
también el lugar asignado o no al tercero real o simbólico.
d) Otra manera de manifestarse las formaciones sintomales en la pareja es a través de su
aparición en los hijos. Lo que las parejas niegan, escinden o desmienten retornará como síntoma
en algún hijo, quien corre el riesgo de convertirse en soporte carnal de aquello que la pareja
imaginariamente creyó haber expulsado.
B) Formaciones sintomales en psicoanálisis de familia
El enfoque familiar nos permite observar las redes de determinación de un argumento
inconsciente transmitido intergeneracionalmente. El síntoma es al mismo tiempo causa y efecto
de esa trama familiar, porta un saber inconsciente que le atañe pero que a su vez le excede
formulándose en el discurso del grupo en tanto verdad del conjunto.
En algunos casos que por lo general suelen ser derivados a la consulta por otros profesionales,
el paciente designado es el depositario absoluto del conflicto familiar. Un segundo grupo nos
presenta mayor conciencia de los conflictos. Se trata de familias que deciden consultar, no
obstante lo cual necesitan que alguien se haga cargo y encame a través de su síntoma la
disfunción familiar. Por último, debemos considerar aquellas familias que se presentan a la
consulta con mayor conciencia de sus configuraciones sintomales y de los procesos detenidos
que los atan patológicamente. Son ellos mismos quienes suelen expresar que la problemática
que les atañe pertenece al orden de lo familiar.
¿Qué relación hay entre formaciones sintomales y estructura?
Dice 1. Berenstein: "¿Cuándo comienza una enfermedad mental? Por lo general la familia del
mismo modo que la sociedad, se guía por un criterio sintomático por lo convencionalmente
definido como transtorno mental. El punto de referencia son las normas y convenciones y no la
estructura subyacente". Durante un periodo variable, el trastorno es contenido en la mente del
sujeto. Cuando éste fracasa, el nuevo continente es el grupo familiar y cuando la enfermedad
mental sobrepasa la capacidad de continencia familiar se hace convencionalmente sintomática.
Como la relación convencional de causa a efecto se basa en la inmediatez, la causa señalada
para explicar un transtomo mental es un motivo actual y contingente. La etiología real ha
sucumbido a la expresión conjunta de todo grupo familiar. Entre el efecto actual y la causa actual
se establece una falsa conexión.
Problemáticas conexas
Las formaciones sintomales y su articulación con las organizaciones dualistas, los mitos
familiares, las crisis vitales y la estructura familiar inconsciente.
Me pareció interesante articular este tema con las denominadas organizaciones dualistas que se
presentan como un modo paradojal de dar sentido y a su vez congelar, mostrándonos de qué
modo se organiza el conflicto familiar permitiéndonos analizar las diversas formas que una
familia encontró como intento de resolver conflictos a través de divisiones y distorsiones tras las
cuales encontramos otras organizaciones más complejas y más profundas de orden estructural.
"La familia se organizará en forma dualista cuando fracasa en reducir los funcionamientos
anómalos dentro del sistema, al no ser posible superarlos con otros recursos. Traspasado el
umbral de las organizaciones dualistas, los síntomas familiares se expresarán de múltiples
modos" (Abellera y otros, 1989). Es la expresión que el inconsciente encuentra insistiendo,
develando y ocultando al mismo tiempo. Se trataría de momentos de ruptura y al mismo tiempo de
sutura. Dichas formaciones sintomales tienen varias posibilidades de lectura; la
sobredeterminación del síntoma pone de manifiesto en sus despliegues la dimensión histórica
familiar.
En este sentido el síntoma podría ser interpretado como una brecha, como un momento de
ruptura que permite el acceso a la construcción, posibilitando así formular hipótesis sobre los
mitos familiares dado que él está organizado desde una estructura simbólica transubjetiva
(Merea y otros; 1987).
El mito, anulando el tiempo, hace aparecer como ahistórica la creencia que lo sustenta negando
así la falta, la finitud y la sexualidad, núcleo central del complejo de Edipo.
La patología grupal produciría sufrimiento vincular obstaculizando el natural atravesamiento de
las crisis vitales individuales y familiares así como también la posibilidad de diferenciación y
discriminación subjetiva. Es el analista quien deberá intentar descongelar la rigidez defensiva
sintomal, poniendo en marcha la temporalidad (función de historiar).
Fornari Franco
(1921-1985) Psiquiatra y psicoanalista italiano
fuente(65)
Nacido en la Emilia, cerca de Piacenza, este médico neuropsiquiatra fue formado en el
psicoanálisis por Cesare Musatti.
Muy pronto puso de manifiesto su interés por las ideas de Melanie Klein y Wilfred Ruprecht Bion.
Sin dejar de ser fiel a las instituciones psicoanalíticas ortodoxas -fue presidente de la Societá
Psicanalitica Italiana (SPI) entre 1974 y 1978-, Fornari trató durante toda su vida de confrontar el
psicoanálisis con los otros modos de conocimiento de los fenómenos psíquicos y sociales. En
este sentido, participó desde 1962, en el marco de la Universidad Católica de Milán dirigida por
Leonardo Ancona, en las actividades del Centro di Studi di Psicoterapia Critica, lugar de
encuentro del psicoanálisis con las ciencias humanas en pleno desarrollo, y con las corrientes
existencialistas que comenzaban a revelarse en el seno de la psiquiatría italiana.
En 1968 lo llamó Francesco Alberoni, entonces rector de la Universidad de Trento, para que
diera "contracursos" de psicoanálisis, por pedido de los estudiantes del departamento de
sociología que frecuentaba Renato Curcio, uno de los fundadores de las Brigadas Rojas. Más
tarde fue designado profesor en la facultad de letras y filosofía de la Universidad de Milán.
Teórico audaz, clínico volcado al psicoanálisis de niños y admirador de la práctica de Donald
Woods Winnicott, autor de una veintena de obras, entre ellas una novela, Fornari era también un
ciudadano deseoso de movilizar el saber psiquiátrico para enfrentar los problemas de su tiempo.
Preocupado por la geopolítica de la guerra fría, desarrolló una reflexión psicopolítica que
abordaba en particular la transformación de la concepción de la guerra como resultado de la
aparición de las armas nucleares. Señaló que la eventualidad de la destrucción de la humanidad
privaba a la guerra de su clásica función paranoide de apropiación y conservación de objetos de
amor tales como la tierra o la patria.
Más tarde, su encuentro con la semiología, la lingüística, la epistemología y la obra de Jacques
Lacan lo llevaron a emprender una reevaluación de la obra de Freud, de la cual conservó no
obstante los conceptos principales, principalmente el de pulsión de muerte. Desde la perspectiva
de una investigación de los fundamentos de una teoría psicoanalítica del lenguaje, retomó La
interpretación de los sueños y elaboró un sistema según el cual el lenguaje del inconsciente
está constituido por un conjunto de componentes ligados al parentesco y al cuerpo erótico, que
él denomina koinemes. Sometió esta tesis a prueba en diversos ensayos críticos sobre obras
artísticas, entre ellos el que dedicó a la novela Agostino de Alberto Moravia. Ampliando su campo
de aplicación, Fornari trató de demostrar que, identificando los elementos de un código
constituido por partículas que remiten a las figuras parentales, es posible señalar las
manifestaciones del inconsciente en todo enunciado o acción de la vida humana.
Al final de su vida, en una obra dedicada al redescubrimiento del alma, este psicoanalista italiano
intentó la reinterpretación de los grandes mitos de la filosofía griega refiriéndolos a la vida
intrauterina.
Forsyth David
(1877-1941). Médico inglés
Forsyth David (1877-1941). Médico inglés
Forsyth David
(1877-1941) Médico inglés
fuente(66)
Médico jefe del Charing Cross Hospital de Londres, y cofundador, con Ernest Jones y David
Eder, de la London Psychoanalytic Society, David Forsyth participó en el Congreso Internacional
de Medicina de Londres del 7 al 12 de agosto de 1913, y, contra Pierre Janet, asumió la defensa
de las ideas freudianas. Más tarde fue analizado por Sigmund Freud, que lo citó en 1932 en su
conferencia "El sueño y el ocultismo", narrando al respecto un caso de transmisión de
pensamiento producido en 1919.
En el otoño de ese año, Forsyth había dejado su tarjeta de visita en la casa de Freud mientras
éste atendía a un paciente, el cual, en el curso de su análisis, había tomado la costumbre de
llevarle los volúmenes de una ficción del escritor John Galsworthy (18671963) sobre una
dinastía familiar: los Forsyte. El día que había pasado Forsyth, el paciente le contó a Freud que
una joven a la que quería seducir lo llamaba Herr von Vorsicht, esto es, Señor de la Precaución;
"precaución" podía traducirse al inglés como foresight.
La semana anterior, después de que Freud hubiera visitado a su amigo Anton von Freund, ese
paciente lo llamó Freund. Por último, en la misma sesión, también había narrado una pesadilla,
subrayando su olvido de la correspondiente palabra inglesa (nightmare), y después, al salir del
consultorio, se había cruzado con Ernest Jones, precisamente autor de un libro sobre la
pesadilla.
En 1932 Freud analizó este ejemplo, que habría podido figurar en Psicopatología de la vida
cotidiana. Puesto que no encontraba una explicación exhaustiva del fenómeno, llegó a la
conclusión de que existía la telepatía, a la cual, en 1921, había dado el nombre de "transferencia
de pensamiento".
Fort-da.
fuente(67)
Pareja simbólica de exclamaciones elementales, destacada por S. Freud en el juego de un niño
de dieciocho meses, y retomada desde entonces no sólo para aclarar el más allá del principio de
placer sino también el acceso al lenguaje con la dimensión de pérdida que este implica.
Los psicoanalistas han denominado «fort-da» a un momento constitutivo de la historia del sujeto,
sustantivando estas manifestaciones de lenguaje centrales en una observación de Freud (Más
allá del principio de placer, 1920).
La observación freudiana en sí misma es sucinta: un niño de dieciocho meses, uno de sus
nietos, de un carácter excelente, tenía la costumbre de arrojar lejos de sí los pequeños objetos
que le caían entre manos pronunciando el sonido prolongado o-o-o-o, que constituía un esbozo
de la palabra fort («lejos» en alemán). Además, Freud observa un día en el mismo niño un juego
aparentemente más completo. Teniendo en su mano la punta de un hilo de un carretel, el niño lo
arrojaba a su cuna pronunciando el mismo o-o-o-o, luego lo volvía a traer hábilmente hacia él
exclamando: «Da!» («acá» en alemán). Freud remite con facilidad este juego a la situación en la
que se encontraba el niño en esa época. Estando su madre ausente por largas horas, nunca se
quejaba, pero muy probablemente sufría mucho por ello, tanto más cuanto que estaba muy ligado
a esta madre que lo había educado ella sola. El juego reproducía la desaparición y la reaparición
de la madre.
Más interesantes son las cuestiones y las hipótesis que siguen a este primer nivel de
elaboración. Freud le da un lugar importante a la idea de que el niño, que ante el acontecimiento
se encuentra en una actitud pasiva, asume en el juego un papel activo, haciéndose dueño de él.
Mejor aún, se venga con él de la madre. Es como si le dijese «sí, sí, vete, no te necesito, yo
mismo te echo».
El punto esencial sin embargo está en otro lado. ¿Está de acuerdo este juego de ocultamiento
con la tesis por la cual la teoría psicoanalítica admite sin reservas que la evolución de los
procesos psíquicos está regida por el principio de placer» o, dicho de otro modo, que toda
actividad psíquica tiende a la sustitución de un estado penoso por otro agradable? No es este el
caso aquí. Aun cuando el niño obtenga alegría del retorno del carretel, la existencia de otra
forma de juego donde los objetos no son recuperados prueba que el acento debe ser puesto en
la repetición de una separación, de una pérdida. Por ello el juego del niño es una de las
introducciones a la pulsión de muerte.
También de la pérdida parte Lacan (Seminario I, 1953-54, «Los escritos técnicos de Freud»;
1975), pero esta pérdida es más estructuralmente pérdida de la relación directa con la cosa,
contemporánea del acceso al lenguaje («la palabra es el asesinato de la cosa»). Desde el
momento en que habla (y el niño de dieciocho meses ya dispone de lo esencial, de una pareja de
fonemas en oposición), el sujeto renuncia a la cosa, especial aunque no exclusivamente a la
madre como primer objeto de deseo. Su satisfacción pasa por el lenguaje y se puede decir que
su deseo se eleva a una potencia segunda, puesto que de ahí en adelante es su acción misma
(hacer aparecer y desaparecer) la que constituye al objeto. Esta es la raíz de lo simbólico, donde
«la ausencia es evocada en la presencia, y la presencia, en la ausencia».
En la presentación lacaniana del fort-da hay que conceder un lugar particular, por otra parte, al
carretel. «Este carretel (...) es algo pequeño del sujeto que se desprende, al mismo tiempo que
todavía es de él, que todavía está retenido (...) A este objeto daremos luego el nombre de
álgebra lacaniana: pequeño a» (Seminario XI, 1963-64, «Los cuatro conceptos fundamentales
del psicoanálisis», 1973). Véanse goce, objeto a.
Francia
fuente(68)
Aunque la creación de la primera sociedad psicoanalítica fue más tardía (1926) que en las otras
grandes áreas geográficas de implantación freudiana de principios de siglo (Gran Bretaña,
Estados Unidos), Francia es el único país del mundo donde se reunieron a lo largo de un lapso
prolongado (desde 1914 hasta fines del siglo XX), y sin ninguna interrupción, las condiciones
necesarias para la implantación del psicoanálisis en todos los sectores de la vida cultural y
científica, tanto por la vía médica y terapéutica (psiquiatría, psicología, psicología clínica) como
por la vía intelectual (literatura, filosofía, política, universidad). Esta implantación exitosa no se
realizó sin convulsiones y, en este sentido, conviene observar que Francia es también uno de
los países donde la resistencia patriotera al psicoanálisis y el odio a Sigmund Freud fueron más
virulentos.
Desde este punto de vista, existe una evidente "excepción francesa". Sus orígenes se
encuentran en la Revolución de 1789 (que dotó de legitimidad científica y jurídica a la mirada de la
razón sobre la locura, firmando así el acta de nacimiento institucional de la psiquiatría), y
después en el affaire Dreyfus, que le permitió tomar conciencia de sí misma a la clase intelectual.
Al designarse "vanguardia", podía apropiarse de las ideas más innovadoras y hacerlas
fructificar a su manera. A esto se añade el nacimiento de una modernidad literaria en la que -a
través de Charles Baudelaire (1821-1867), Arthur Rimbaud (1854-1891) y Lautréamont
(1846-1870)- se enunció la idea de cambiar al hombre a partir del "yo es un otro".
La excepción tiene también que ver con el estatuto acordado desde el Antiguo Régimen a la
gramática, las palabras, el vocabulario, el léxico. Lejos de considerar su idioma como un puro
instrumento de comunicación, las elites francesas siempre lo valorizaron, haciendo de su forma
escrita el símbolo de una nación homogénea, y después, símbolo de la República. La lengua
francesa era el ideal al fin alcanzado de la lengua. De allí la importancia atribuida no sólo a la
Academia, cuya función es legislar sobre el "bien hablar" y el "bien escribir", sino a los
escritores en general. Esta concepción de la lengua es totalmente extraña a la mayoría de los
otros países de Europa. En todo caso, explica que un gramático (Édouard Pichon) haya podido
desempeñar un papel tan importante en la génesis de la conceptualización francesa del
freudismo, y tener tanta influencia sobre los dos grandes maestros del psicoanálisis de este
país: Jacques Lacan, formalista mallarmeano de una lengua del inconsciente, y Françoise Dolto,
vocera de un léxico del terruño perfectamente adaptado a la identidad nacional.
Es conocido el mito de la abolición de las cadenas de los alienados, creado por Scipion Pinel
(1795-1859) y Jean-Étierme Esquirol (1772-1840) bajo la Restauración. Ese mito presenta a
Philippe Pinel (1745-1826), fundador de la psiquiatría en Francia, como un antijacobino, opuesto a
los señores del terror, cuando en realidad debía su designación en el Hospicio de Bicétre a un
decreto de la Convención montagnarde del 11 de septiembre de 1793. Según el mito, en esa
época Pinel recibió la visita de Couthon (1756-1794), miembro del Comité de Salud Pública, que
buscaba sospechosos entre los locos. Todos temblaron ante el aspecto del fiel de Robespierre
(1758-1794), quien había abandonado su silla de paralítico para hacerse llevar a pulso. Pinel lo
condujo a ver a los agitados, lo que le provocó pánico. Recibido con insultos, se volvió hacia el
alienista y le dijo: "Ciudadano, ¿estás tú mismo loco, que quieres liberar a semejantes animales?"
El médico respondió que los insensatos eran tanto más intratables cuanto que se encontraban
privados de aire y libertad. Couthon aceptó entonces la eliminación de las cadenas, pero puso en
guardia a Pinel contra su presunción. Lo llevaron a su carroza, y el filántropo pudo comenzar su
obra: había nacido el alienismo.
Lo mismo que el mito de la peste, el de la abolición de las cadenas ha sido cuestionado por todos
los historiadores de la psiquiatría, quienes dicen que este gesto simplemente no existió. Pero los
mitos fundadores tienen la característica de pesar más que la realidad de las cosas.
Contemporáneo de William Tuke (1732-1822) en Inglaterra, y de Benjamin Rush (1746-1813) en
los Estados Unidos, Pinel creó de hecho el tratamiento moral a partir de la idea de que la locura
contiene siempre un resto de razón. Cien años más tarde, en el Hospital de la Salpêtrière, Jean
Martin Charcot adujo ese mito al recurrir a la hipnosis para demostrar que la histeria era una
enfermedad funcional, y liberar así a las mujeres de la acusación de que simulaban.
En la historia de los orígenes del psicoanálisis, los mitos ligados a la liberación, la servidumbre, la
Revolución y la abolición de las cadenas desempeñan un papel considerable. En su viaje de
1885 a París, donde conoció a Charcot, y después en su estada en Nancy, donde visitó a
Hippolyte Bernheim, Sigmund Freud fue impregnado por esos mitos fundadores, a los cuales él
mismo recurrió muchos años más tarde.
Después del derrumbe de la doctrina de la herencia-degeneración y del desmembramiento de la
enseñanza de Charcot realizado por Joseph Babinski, fue Pierre Janet quien encarnó, a
continuación de Théodule Ribot (1839-1916), la tradición francesa en psiquiatría dinámica. Ribot
fue el promotor de la psicología experimental, cuyo heredero sería Alfred Binet (1857-1911), a su
vez asociado con Henri Beaunis (1830-1921), mientras que Janet fue el artífice de la psicología
clínica, en la que se basarían Daniel Lagache y Juliette Favez-Boutonier.
Partidario de la idea del automatismo mental, en el congreso de medicina de Londres de 1913
Janet pronunció su famosa conferencia sobre el "psicoanálisis", con la cual popularizó la idea de
que éste era un producto puro de la sensualidad y la inmoralidad de la ciudad de Viena.
Asociado a la germanofobia, en una Francia obsesionada por el nacionalismo y el antisemitismo,
esa convicción iba a alimentar los ataques contra el pansexualismo de Freud. Caracterizada
entonces como fruto de la barbarie alemana, la doctrina de la sexualidad fue considerada poco
compatible con la bella latinidad francesa, símbolo del espíritu cartesiano. De allí la reacción de
los pioneros, por ejemplo Angelo Hesnard, que intentaron "afrancesar" la doctrina de Freud y
asimilarla a los ideales de lo que entonces se llamaba "el genio latino".
Después de la Primera Guerra Mundial, y con la intensificación del odio a Alemania, el
psicoanálisis fue calificado de "ciencia boche", ciencia alemana, lo mismo, por otra parte, que la
teoría de la relatividad de Albert Einstein (1879-1955). A las reacciones virulentas de la prensa
se sumó el antifreudismo salvaje de dos grandes figuras de la psicopatología francesa: Georges
Dumas (1866-1946) y Charles Blondel. Alumno de Janet, Y célebre por sus notables
presentaciones de enfermos, seguidas por los estudiantes de filosofía, Dumas no cesó de
atacar la nueva doctrina "sexual". En cuanto a Blondel, amigo del historiador Marc Bloch
(1886-1944) y profesor en Estrasburgo, en 1924 dedicó todo un estudio al psicoanálisis,
tratándolo de "obscenidad científica". En un artículo de la misma época, un miembro del Instituto
escribió lo siguiente: "Sus ideas [las de Freud] se aplican a los judíos, sus hermanos de raza,
particularmente predispuestos al pansexualismo libidinoso congénito, por fatalidad étnica".
Uno de los pocos autores que se sustrajeron a esta visión chovinista era médico en Poitiers:
Pierre Ernest Morichaut-Beauchant (1873-1951). Freud, en una carta a Carl Gustav Jung del 3 de
diciembre de 1910 lo reconoció como el primer francés que había adherido abiertamente a la
"causa" del psicoanálisis. Entre 1912 y 1922, Morichaut-Beauchant publicó cuatro artículos, en
los cuales enfrentó las tesis vigentes sobre el pansexualismo freudiano. Por otra parte,
reconocía explícitamente el papel de la sexualidad en los vínculos que unen al paciente con el
médico, y tradujo por primera vez al francés el concepto freudiano de transferencia como
rapport affectif (relación afectiva).
En general patriotero, el ambiente médico sólo adhirió a una concepción terapéutica del
psicoanálisis. El ambiente literario, por su parte, acogió de buen grado la doctrina ampliada de la
sexualidad, negándose a considerar el freudismo como "cultura germánica", y defendiendo de
buena gana el análisis profano. Entre los escritores de todas las tendencias se veía al sueño
como la gran aventura del siglo, se inventó la utopía de un inconsciente hecho de lenguaje y
abierto a la libertad y la subversión, y se admiraba por sobre todo el coraje con el que un sabio
austero se había atrevido a escandalizar, desafiando a lo más íntimo del conformismo burgués.
A partir de 1920, el psicoanálisis logró un éxito considerable en los salones literarios
parisienses, y numerosos escritores hicieron la experiencia de una cura, en particular Michel
Leiris (1901-1990), René Crevel (1900-1935), Antonin Artaud (1896-1948), Georges Bataille
(1897-1962) y Raymond Queneau (1903-1976).
El descubrimiento vienés contó con el apoyo de las revistas, entre ellas la Nouvelle Revue
française (NRF), grupo que rodeaba a André Gide (1869-1951) y Jaeques Rivière (1886-1925);
La Révolution surréaliste, en la que desempeñaba un papel determinante André Breton
(1896-1966), y finalmente Philosophies, donde Georges Politzer (1903-1942) concibió su
psicología concreta, inspirándose en el freudismo antes de renegar de él en nombre del
comunismo, y después comprometerse en la lucha antinazi. Otros dos escritores que se
volvieron hacia el freudismo fueron Romain Rolland, quien mantuvo correspondencia con Freud,
y Pierre Jean Jouve (1887-1976), cuya esposa, Blanche Reverchon-Jouve (1897-1974), fue
psicoanalista y traductora de los Tres ensayos de teoría sexual. Jouve utilizó el método
psicoanalítico en su obra en prosa, basándose en el material clínico que le proporcionaba la
mujer. De tal modo construyó sus grandes novelas a partir de figuras femeninas cuyo modelo
eran mujeres locas. En cuanto a su poesía, la concebía como "una catástrofe" directamente
inspirada por el inconsciente según Freud.
Formado como psiquiatra, e interno de Joseph Babinski, André Breton descubrió la fuerza del
automatismo mental con los soldados afectados de neurosis de guerra. A partir de esa
experiencia clínica concibió la existencia de una "sobrerrealidad". Después trató de alcanzarla
mediante la escritura automática, publicando con Philippe Soupault (1897-1990), en 1919, el
primer gran texto surrealista: Les champs magnétiques. En 1921 viajó a Viena para encontrarse
con Freud, pero la visita resultó decepcionante. Apegado a una visión tradicional de la literatura,
y poco abierto a la vanguardia francesa, Freud no comprendió en absoluto la apertura
surrealista, ni la concepción del inconsciente defendida por Breton. En 1932, los dos hombres
intercambiaron una correspondencia que atestigua ese malentendido.
En 1925 se organizó el primer grupo freudiano francés en torno a la revista L'Évolution
psychiatrique. Entre sus diferentes guías figuraron tanto psicoanalistas (por ejemplo, René
Laforgue, Sophie Morgenstern y Rudolph Loewenstein) como psiquiatras marcados por la
tradición dinámica o la fenomenología (por ejemplo, Eugéne Minkowsk¡, Paul Schiff, y más tarde
Henri Ey). La revista y el grupo iban a convertirse en uno de los altos niveles de difusión del
freudismo médico en Francia.
En noviembre de 1926 se creó la primera asociación de psicoanálisis: la Société psychanalytique
de Paris (SPP), compuesta por doce miembros: René Laforgue, Marie Bonaparte, Édouard
Pichon, Charles Odier, Raymond de Saussure, Rudolph Loewenstein, René Allendy, Georges
Parcheminey (1888-1953), Eugénie Sokolnicka, Angelo Hesnard, Adrien Borel, Henri Codet
(1889-1939). Al año siguiáte apareció el primer número de la Revue française de psychanalyse.
Hubo que aguardar hasta 1934 para que, gracias al aporte financiero de Marie Bonaparte, se
formara un instituto según el modelo del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI).
Con una quincena de años de atraso respecto de los otros pioneros europeos y
norteamericanos, la primera generación psicoanalítica francesa (segunda en el plano mundial) se
integró a la International Psychoanalytical Association (IPA) en el momento en que ésta acababa
de imponer reglas precisas para el acceso al análisis didáctico y al control. Ahora bien, los
franceses no estuvieron dispuestos a adaptarse a ese funcionamiento burocrático, cuya
necesidad no advertían. La SPP se escindió entonces en dos fracciones: por un lado, los
internacionalistas, formados fuera de Francia y conducidos por Marie Bonaparte, Loewenstein y
Saussure, y por otro lado los patrioteros, apegados al terruño psiquiátrico francés, y animados
por Pichon, Borel, Codet y Hesnard. Los primeros se manifestaban favorables a una adaptación
rápida del movimiento a la ortodoxia de la IPA, mientras que los segundos eran partidarios de la
conservación de una identidad francesa en el movimiento, y pretendían "afrancesar" el
vocabulario y los conceptos del psicoanálisis. En el corazón del dispositivo, René Laforgue no
logró ocupar el lugar de un jefe de escuela, ni unificar un movimiento víctima de una disputa
insuperable.
En realidad, ninguno de los miembros de esta primera generación tuvo la envergadura de un
Ernest Jones, un Sandor Ferenczi, un Otto Rank, o incluso de un Wilhelm Reich. Ninguno de ellos
produjo una obra innovadora, y ninguno fue capaz de unificar el movimiento en torno a una
doctrina, una palabra, una política, una enseñanza o una filiación. Por ello, en 1932 ese papel
pasó a manos de la segunda generación (la tercera en el plano mundial): Sacha Nacht, Daniel
Lagache, Maurice Bouvet, Jacques Lacan, Françoise Dolto.
Ahora bien, en el seno de esta nueva generación, que emergió en vísperas de la Segunda
Guerra Mundial, Lacan fue el único que se impuso como iniciador de un sistema de pensamiento
original, basado en el freudismo y la filosofía hegeliana. Ni chovinista ni internacionalista, fue
dándole progresivamente al movimiento una solución que no era la búsqueda de una identidad
imposible. Proveniente de la tradición psiquiátrica, formado por Gaétan Gatian de Clérambault,
analizado por Loewenstein y marcado por el surrealismo, él fue además el único, en el período
de preguerra, que logró sintetizar las dos vías de implantación del psicoanálisis (la médica y la
intelectual). De allí la posición única que ocuparía durante cincuenta años, junto con Françoise
Dolto, quien en 1945 surgió como fundadora del psicoanálisis de niños, después de las
experiencias desdichadas de SokoInicka y Morgenstern.
Gracias a Marie Bonaparte, que interrumpió las actividades de la SPP en 1939, y gracias también
a Henri Ey y al grupo de L'Évolution psyquiatrique, partidario de la resistencia, el movimiento
francés se sustrajo a cualquier compromiso bajo la Ocupación. Marginado desde 1935, René
Laforgue trató solitariamente de instaurar en París un instituto "arianizado", según el modelo de
Matthias Heinrich Góring. No logró hacerlo. En cuanto a Georges Mauco, el único psicoanalista
francés partidario del nazismo, fue también el único colaboracionista. De modo que el movimiento
francés salió indemne del período de la Ocupación. Pudo entonces expandirse en el momento en
que, en Europa, sólo Gran Bretaña se encontraba a la vanguardia del freudismo internacional,
sobre todo gracias a la solidez de su escuela clínica, que aunque escindida en tres corrientes (el
kleinismo, el annafreudismo y los Independientes), pertenecía totalmente a la IPA.
Como en todos los otros países, la expansión del psicoanálisis se tradujo en Francia en un
fenómeno de escisiones en cadena, en las que estaban en juego la cuestión del análisis profano
y la formación didáctica.
La primera escisión se produjo en 1953, en torno a la creación de un nuevo instituto de
psicoanálisis. Los representantes de la profesión médica se opusieron a los universitarios
liberales, partidarios del análisis profano. Agrupados alrededor de Nacht y Serge Lebovici, los
primeros quisieron asegurar el dominio del poder médico sobre la formación de los
psicoanalistas. Representados por Dolto, Lagache y Lacan (y apoyados por los alumnos en
rebelión contra la autoridad), los segundos fueron protegidos por Marie Bonaparte. Asustada por
el desorden (y sobre todo muy hostil a Lacan), esta última apoyó finalmente al grupo de Nacht,
provocando el éxodo de los liberales, que fundaron la Société française de psychanalyse (SFP),
arrastrando con ellos a la mayoría de los alumnos de la SPP, es decir, a la tercera generación
francesa (cuarta en el plano mundial).
Durante diez años, en torno a Dolto, Lagache y Lacan, la SFP se convirtió en el lugar de una
formidable expansión del freudismo francés: implantación universitaria, traducción de los textos
de la escuela inglesa y norteamericana, creación de colecciones de psicoanálisis en las
editoriales parisienses, y sobre todo de una revista prestigiosa, La Ps ychanalyse. Durante este
período nació el lacanismo, verdadera escuela francesa del freudismo. Lacan no sólo formó a
los mejores alumnos de esta generación, sino que también elaboró los grandes conceptos que
harían de él un maestro de pensamiento, a la vez adulado y odiado.
Desde su fundación, la SFP trató de hacerse reconocer como sociedad componente de la IPA.
Ahora bien, a pesar de los esfuerzos de WIadimir Granoff, Serge Leclaire y Franlois Perrier, que
consagraron los mejores años de sus vidas a esa política de reintegración, la dirección de la IPA,
después de años de negociación, se negó a acordar el título de didactas a Lacan y Dolto. A
Lacan se le reprochaban sus innovaciones técnicas, y sobre todo la práctica de las sesiones
breves, no conformes a la duración normalizada (cincuenta minutos), y a Dolto, una práctica
demasiado "carismática,'.
En el verano de 1964, la SFP estalló, escindiéndose en dos grupos: la École freudienne de Paris
(EFP), fundada por Lacan, y la Association psychanalytique de France (APF), donde se
encontraban, en torno a Lagache, Didier Anzieu, Juliette Favez Boutonier y WIadimir Granoff,
algunos de los mejores alumnos de Lacan, sobre todo Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis
(quien publicaría en Gallimard la Nouvelle
Revue de psychanalyse), así como Daniel Widlöcher. Frente a la SPP, la APF se convirtió en la
segunda componente francesa de la IPA. Más intelectual y más liberal, realizó una reforma del
cursus, suprimiendo la distinción entre psicoanálisis didáctico y psicoanálisis personal. En
cuanto a la EFP, también la integraban una cantidad importante de clínicos franceses de la misma
generación: Moustapha Safouan, Octave Mannoni, Maud Mannoni, Jenny Aubry, Ginette
Raimbault, Lucien Israél (1925-1996), Jean Clavieul, y otros.
Contrariamente a sus homólogos norteamericanos e ingleses, los terapeutas franceses, de
todas las tendencias, nunca constituyeron una escuela homogénea que pudiera acoger a las
grandes corrientes del freudismo internacional: la Ego Psychology, el kleinismo, el annafreudismo
o la Self Psychology. Durante cincuenta años, fue el lacanismo, y sólo el lacanismo, el que dividió
en dos polos opuestos al campo psicoanalítico francés: los antilacanianos de un lado, y los
lacanianos del otro. En cuanto a los "neutrales", seguirán siendo antes que nada clínicos
independientes (por ejemplo, André Green o Conrad Stein), sin pertenencia precisa, deseosos
sin embargo de afirmar su propia concepción del psicoanálisis. Se puede citar en tal sentido a
Michel de M’Uzan, notable teórico de la perversión, a Joyce MacDougall, especialista en estados
límite y trastornos de la identidad sexual, a Nicolas Abraham y, finalmente, a Julia Kristeva, a la
vez psicoanalista, novelista y ensayista, cuyas tesis fueron retomadas por las feministas
norteamericanas.
Rechazada en el movimiento psicoanalítico internacional, la obra lacaniana ocuparía en adelante
un lugar central en la historia del estructuralismo. Diez años después del momento fecundo de su
elaboración, el retorno lacaniano a Freud salió en efecto al encuentro de las preocupaciones de
una especie de filosofía de la estructura derivada de los interrogantes de la lingüística
saussureana y convertida ella misma en punta de lanza de una oposición a la fenomenología
clásica. La efervescencia doctrinaria, que se concretó en torno a los trabajos de Louis
Althusser (1918-1990), Roland Barthes (1915-1980), Michel Foucault (1926-1984) y Jacques
Derrida, y que tomaba como objetos de estudio la primacía del lenguaje, el antihumanismo, la
desconstrucción o la arqueología, se desplegó en el interior de la institución universitaria,
preparando el terreno para la rebelión estudiantil de mayo de 1968. La revista Tel Quel,
impulsada por Philippe Soler, desempeñó un papel idéntico al de la vanguardia surrealista en el
período de entreguerras.
En 1969, la aplicación en la EFP del procedimiento del pase dio lugar a una nueva escisión, la
tercera en la historia del movimiento francés. Hostiles a ese sistema, François Perrier, Piera
Aulagnier, Cornelius Castoriadis y Jean-Paul Valabrega renunciaron, para fundar la Organisation
psychanalytique de langue française (OPLF) o Quatriéme Groupe. De inspiración freudiana, este
grupo no se unirá a las filas de la IPA, sino que se organizó en torno a una nueva revista:
Topique.
Esta última escisión marcó la entrada del lacanismo en un proceso de burocratización y
dogmatismo, y fue totalmente distinta de las anteriores. En efecto, hasta entonces Lacan había
encarnado la renovación de la doctrina freudiana, y las escisiones se realizaban con él. En este
caso, se abandonaba a Lacan para fundar una escuela más liberal.
La crisis que afectó a la EFP después de 1968 fue el signo de una masificación del movimiento.
Contrariamente a lo que sucedió en otros países, donde el psicoanálisis soportó en este período
la competencia de múltiples escuelas de psicoterapia en expansión, Francia siguió siendo casi
exclusivamente freudiana. De pronto, la expansión se produjo en el interior mismo del freudismo,
mientras que, en otras partes, se desplegaba fuera del psicoanálisis o en sus márgenes. A partir
de 1970 los grupos psicoanalíticos se vieron afectados por un formidable gigantismo. Los
estudiantes formados en psicología clínica en la universidad fueron convirtiéndose
progresivamente en la base de las escuelas psicoanalíticas. Este fenómeno gravitó aún más en
la EFP que en las otras asociaciones.
Mientras que la APF lograba mantener una jerarquía sólida, negándose a acordar a los alumnos
en formación el estatuto de miembros, la SPP, por el contrario, chocó de frente con una crisis
institucional que duraría diez años. Miembro de la SPP, René Major abrió entonces una vía teórica
y política a la disidencia de los años 1975-1980, y de tal modo influyó sobre los cuatro grandes
grupos freudianos. Basándose en las tesis de Jacques Derrida, creó una nueva revista y un
grupo que tomaron el nombre de Confrontation. De allí la emergencia de una corriente derridiana
de psicoanálisis, que se utilizará para criticar todas las formas del dogmatismo institucional.
Después de la disolución de la EFP y la muerte de Lacan, el paisaje de la Francia freudiana fue
transformándose radicalmente a lo largo de un proceso infinito de estallidos y atomización de los
grupos lacanianos.
A fines de la década de 1990, junto a dos sociedades componentes de la IPA y de la OPU,
diecisiete asociaciones provenientes de la EFP se dividen el campo freudiano francés: École de
la Cause freudienne (ECF, 1981), Association freudienne internationale (AFI, 1982), Cercle
freudien (CF, 1982), Cartels constituants de l'analyse freudienne (CCAF, 1983), École freudienne
(EF, 1983), Fédération des ateliers de psychanalyse (FAP, 1983), Convention psychanalytique
(CP, 1983), Coût freudien (1983), Errata (1983), École lacanienne de psychanalyse (ELP, 1985),
Psychanalyse actuelle (1985), Séminaires psychanalytiques de Paris (SéPP, 1986), Association
pour une instance des psychanalystes (Apui, 1990), Analyse freudienne (1992), École de
psychanalyse Sigmund Freud (1994), Espace analytique (EA, 1994), Société de psychanalyse
freudienne (SPF, 1994). A estos grupos se suman dos sociedades de historia (la Société
international d'histoire de la psychiatrie et de la psychanalyse, SIHPP, 1983, y la Association
internationale d'histoire de la psychanalyse, AIHP, 1985), una escuela (la École propédeutique á
la connaissance de I'inconscient, EPCI, 1985), numerosos grupos provinciales, y varias
asociaciones de tipo federativo que aspiran a reunir a otros grupos de Europa o del mundo.
Observemos que el lacanismo ha producido una sola asociación internacional comparable a la
IPA: la Association mondiale de psychanalyse (AMP).
A fines del siglo, el número de los psicoanalistas franceses de todas las tendencias se eleva a
aproximadamente cinco mil, para una población de cincuenta y ocho millones de habitantes; mil
de esos profesionales (incluidos los alumnos) están alineados con las dos sociedades
pertenecientes a la IPA, de modo que hay ochenta y seis psicoanalistas por millón de habitantes,
el porcentaje más alto del mundo. Puede decirse que, Jacques Lacan, ayudado por Françoise
Dolto, logró hacer de Francia el país más freudiano: el único, inmediatamente antes de la
Argentina, donde el psicoanálisis se ha convertido a la vez en una componente principal de la
vida intelectual y en una verdadera terapia de masas.
Freud Adolfine, llamada
Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
Freud Adolfine, llamada Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
Freud Adolfine
Llamada Dolfi (1862-1943), hermana de Sigmund Freud
fuente(69)
Nacida en Viena, sexto vástago de Jacob y Amalia Freud, Dolfi era la cuarta hermana de
Sigmund Freud, que la quería mucho. No se casó nunca, y sirvió como ama de llaves de la
madre, quien siguió considerándola una adolescente y le infligió numerosas humillaciones.
Deportada al campo de Theresienstadt con Mitzi y Paula en el convoy del 28 de agosto de 1942,
murió allí el 5 de febrero de 1943, por hemorragias internas debidas a una desnutrición extrema.
Freud Alexander
(1866-1943), hermano de Sigmund Freud
Freud Alexander (1866-1943), hermano de Sigmund Freud
Freud Alexander
(1866-1943), hermano de Sigmund Freud
fuente(70)
Nacido en Viena, Alexander fue el octavo y último vástago de Jacob y Amalia Freud, su tercer
hijo varón y el hermano más joven de Sigmund Freud, quien siempre se mostró muy paternal con
él y nunca dio muestras de tenerle celos. De carácter jovial, se parecía a la madre. Como experto
en transportes, a menudo se ocupaba de los viajes que realizaban él y su hermano, y acompañó
a Sigmund a sus dos países predilectos: Italia y Grecia. En 1909 se casó con Sophie Schreiber,
de la que tuvo un único hijo, Harry. Fue designado profesor en la Exportakademie, una escuela
de comercio ubicada en la Berggasse, y dirigió la revista Tarifanzeiger. En marzo de 1938 logró
salir de Austria hacia Suiza, y después emigró con su mujer a Canadá, donde ya se encontraba
Harry Freud. Éste, naturalizado norteamericano, volvería a Europa en las filas del ejército de
liberación para ocupar Berlín. Después vivió en Nueva York y siguió muy apegado a su tfa Anna
Freud.
Fue Sigmund, a la edad de 10 años, quien eligió el nombre de Alexander para ese hermano, en
recuerdo de Alejandro de Macedonia (cuando el propio Freud se convirtió en padre, a sus los
hijos les puso nombres de héroes que admiraba). Esa elección había tenido su significado. En
primer lugar, porque Alejandro Magno era el hijo de Felipe de Macedonia, y el medio hermano de
Sigmund se llamaba Philipp Freud, y en segundo término, porque confirmaba la identificación de
Freud con conquistadores: Aníbal, Alejandro, Napoleón, Cristóbal Colón.
En una carta enviada a Romain Rolland en 1936, cuando éste cumplía sesenta años, Freud narró
un recuerdo de juventud relacionado con un viaje que había hecho a Atenas acompañado por
Alexander, en 1904. En esa jornada había experimentado un sentimiento de inquietante
extrañeza al descubrir que la ciudad no era un fantasma. En otro tiempo, en la escuela, se había
negado a admitir la realidad histórica de la Acrópolis, y el encuentro con las piedras del Partenón
le reveló la naturaleza de la represión. La perturbación experimentada era comparable a la de
una persona que se enferma porque se ha realizado su deseo: el éxito era de algún modo la
marca de un fracaso. Freud le explicó a Rolland que en su juventud había dudado de la
existencia de Atenas porque tenía miedo de no ver nunca la Acrópolis. Al relatar ese recuerdo,
Freud señalaba que el hijo debe superar al padre, incluso que Aníbal tuvo que vengar a Amílcar,
humillado por los romanos: Jacob Freud, humillado en otro tiempo por un antisemita, nunca había
tenido acceso a la cultura griega. Ante el Partenón, Sigmund, convertido en un intelectual que
dominaba a la perfección la cultura predominante (grecolatina), pudo entonces volverse hacia
Alexander y preguntarle: "¿Qué habría dicho nuestro padre?" Ese gesto era idéntico al de
Bonaparte, que también se había vuelto hacia su hermano en el momento de la coronación,
pronunciando las mismas palabras.
Finalmente, ese pensamiento expresaba de modo condensado la historia misma de esa judeidad
vienesa que estaba en el corazón del nacimiento del psicoanálisis, la historia de esos hijos de la
burguesía comerciante judía que se emanciparon de su condición y su familia, convirtiéndose en
intelectuales y adoptando una nueva cultura, extraña al judaísmo.
Freud Amalia, nacida
Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund Freud
Freud Amalia, nacida Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund Freud
Freud Amalia
Nacida Malka Nathanson (1835-1930), madre de Sigmund Freud
fuente(71)
Tercera esposa de Jacob Freud, Amalia Nathanson nació en Brody, en una familia judía de
Galitzia oriental, provincia polaca incorporada a Austria. Pasó una parte de su infancia en
Odesa, y era aún muy joven cuando sus padres se instalaron en Viena. Su matrimonio fue
celebrado en 1855 por el rabino lsaac Noali Mannheimer según el rito reformado-, la joven tenía
veinte años menos que el marido. Un año más tarde dio a luz al primero de sus ocho hijos, al que
puso el nombre de su abuelo paterno (Schlomo), muerto tres meses antes del nacimiento del
nieto. Sigmund Freud nunca usó ese nombre.
Ernest Jones da un retrato preciso de esa mujer vivaz, bella, narcisista, tiránica con los hijos,
egocéntrica, dotada de un humor mordaz, y capaz de pasar sus veranos en Ischl, jugando a las
cartas con sus amigas, hasta una hora avanzada de la noche: "A los noventa años, se negó a
recibir un magnífico chal que le querían regalar, diciendo que «la envejecería» [ ... ]. Cuando
apareció una fotografía suya en un periódico, comentó: «Qué mal retrato, tengo el aspecto de
una centenaria»." Los jóvenes visitantes se sorprendían al oírla hablar del maestro venerado
llamándolo mein goldener Sigi ("mi Sigi de oro"). Por su parte, Martin Freud describió a su abuela
como "una «judía polaca típica con todos los defectos que esto puede suponer» [ ... ]. Tenía un
carácter dominante y se expresaba con fluidez, era una mujer resuelta, con poca paciencia y
extremadamente inteligente".
De modo que Freud fue adorado por la madre, y tuvo con ella una relación privilegiada. A su
contacto construyó su teoría del complejo de Edipo, según el recuerdo que se puede encontrar
en La interpretación de los sueños. Deslumbrado por la desnudez de ella cuando él tenía cuatro
años, seis años más tarde tuvo un célebre sueño de angustia: "Mi querida madre, con una
expresión del rostro particularmente tranquila y dormida, llevada a su habitación y tendida en la
cama por dos (o tres) personajes con pico de pájaro".
Según su propia interpretación, los picos de pájaro eran la representación visual de vögeln
(atornillar), palabra alemana vulgar que designa las relaciones sexuales, por analogía con Vogel
(pájaro). Esos pájaros remitían además a la divinidad egipcia reproducida en la Biblia familiar que
el pequeño Sigmund tenía la costumbre de hojear. De modo que el sueño traducía el deseo
sexual del niño, dirigido a la madre. Observemos que Freud retomó esta temática en 1910, en
otra forma, en Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci.
Consciente del amor que le tenía la madre, Freud declaró a menudo, y sobre todo a propósito de
Goethe, que "cuando uno ha sido el favorito incuestionable de la madre, se conserva para toda
la vida un sentimiento conquistador, la seguridad de éxito que no es poco frecuente que arrastre
efectivamente el éxito tras de sí". Nada es más cierto, y el vínculo que muy a menudo une a todo
creador (escritor o artista) con la madre está allí para demostrarlo, especialmente en los casos
de homosexualidad exitosa. El propio Freud fue, por otra parte, la prueba viviente de esta
verdad. El amor de la madre lo proveyó de todos los corajes: no sólo supo enfrentar la
adversidad con una seguridad increíble, sino que incluso adoptó respecto de la muerte esa
actitud de aceptación típica de quienes se sienten inmortales porque han podido hacer el duelo
del primer objeto de amor: la madre amante.
Se comprende entonces la angustia que experimentaba ante la idea de morir antes que Amalia.
Se la hizo conocer a Karl Abraham en una carta del 29 de mayo de 1918: "Mi madre cumplirá 83
años este año, y ya no está muy firme. Se me ocurre pensar que si muere, ello me dará un poco
más de libertad, pues la idea de que habría que decirle que yo he muerto tiene algo que hace
retroceder". Debido a esta angustia, Amalia fue mantenida en la ignorancia respecto de los
decesos que habían golpeado a su descendencia. Y cuando ella murió, en Viena, a los 95 años,
Freud, afectado de cáncer y ya inválido, se sintió aliviado. Opuesto a los ritos religiosos, y
agotado por su propio sufrimiento físico, no asistió a los funerales: "Nada de dolor, nada de
duelo", le dijo a Sandor Ferenczi. Pero agregó de inmediato que, en las capas profundas del
inconsciente, esa muerte iba a trastornar su vida. Fue lo que realmente ocurrio, aunque la muerte
de Jacob Freud, en 1896, había tenido aún más efectos sobre él.
Se puede agregar que la observación de Freud sobre "el hijo preferido" fue corroborada de
manera negativa por los descubrimientos de Melanie Klein acerca de la primera infancia.
Inspirándose en su propia relación detestable con la madre, Klein, en efecto, señaló que el odio
primordial que liga al hijo con la madre es la fuente de todas las perturbaciones psicóticas y
neuróticas ulteriores, así como la causa primera e inconsciente de todos los fracasos amorosos
y profesionales con los que se tropieza en la edad adulta. De allí la necesidad de un análisis
precoz.
Ferenczi fue el primero en subrayar, en 1930, lo que la doctrina freudiana de la sexualidad
femenina le debía a esa relación entre Amalia y su hijo: "Se observa la ligereza con la que él
sacrifica los intereses de las mujeres a los pacientes masculinos. Esto corresponde a la
orientación unilateral, andrófila, de su teoría de la sexualidad. En este punto ha sido seguido por
casi todos sus alumnos, incluso yo [ ... ]. Es posible que el autor tenga una repugnancia personal
ante una sexualidad espontánea de la mujer, de orientación femenina: idealización de la madre.
Retrocede ante la tarea de tener una madre sexualmente exigente, y de tener que satisfacerla.
En un momento dado, debió de verse ante esa tarea, por el carácter apasionado de la madre. (La
escena primitiva puede haberlo vuelto relativamente impotente.) [ ... ]. En su conducta, Freud
desempeña sólo el papel de dios castrador, no quiere saber nada del momento traumático de su
propia castración en la infancia; él es el único que no debe ser analizado."
Lo que revela el pobre conocimiento que Freud tenía de la feminidad no es tanto el monismo
sexual (libido única), como la incapacidad (señalada por Ferenczi) en que se encontraba para
enfrentar la sexualidad de la mujer, y en consecuencia de la madre. Por otro lado, fue su nodriza
(Monica Zajic, llamada Nannie), y no la madre, quien lo inició en ese ámbito. Respecto de la
sexualidad, Freud adoptó en su vida una actitud contraria a la que preconizaba en su teoría.
Nunca fue el amante de las mujeres que lo seducían por su inteligencia llamada "rnasculina", y
con las cuales mantenía relaciones transferenciales apasionadas (Marie Bonaparte, Ruth
Mack-Brunswick, Jeanne Lampl-De Groot, etcétera), y se casó con una mujer cuya sexualidad
se reducía a cumplir con el papel para el cual estaba biológicamente constituida: el de madre.
Peter Gay ha puesto de manifiesto este último punto. Con sus hijas, Freud repitió ese clivaje:
para él, Anna Freud llegó a ser objeto de una verdadera pasión intelectual, mientras que Mathilde
Hollitscher y Sophie Halberstadt tenían el único destino de convertirse en madres. Una sola mujer
logró romper el espejo: Lou Andreas-Salomé.
Freud Anna (1895-1982),
hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
Freud Anna (1895-1982), hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
Freud Anna
(1895-1982), hija de Sigmund Freud. Psicoanalista inglesa
fuente(72)
Nacida en Viena, Anna Freud fue el sexto y último vástago de Sigmund y Martha Freud. No era
deseada por la madre ni por el padre, el cual, puesto que no había anticonceptivos, decidió
permanecer casto después de ese parto. De modo que la niña debió luchar para hacerse
reconocer, con las cualidades de que disponía: valentía, tenacidad, gusto por las cosas del
espíritu. Sin la belleza de su hermana Sophie Halberstadt ni la elegancia de Mathilde Hollitscher,
se sentía inferior en su familia. Por otra parte, en esa familia sólo de los herederos varones se
esperaba que estuviesen dotados para el estudio.
Rival desde la infancia de su tía Minna Bernays, pasó la adolescencia celando a la doctrina que
la privaba de su padre adorado. En la edad adulta, para acercarse a él, optó por entrar en el
círculo de sus discípulos. Pero como no estaba previsto que fuera a la universidad o estudiara
medicina, se convirtió en maestra. Siguió siéndolo durante toda la Primera Guerra Mundial,
exactamente entre 1914 y 1920.
Su primer contacto con el movimiento psicoanalítico se produjo en 1913: en oportunidad de un
viaje a Londres, se encontró implicada sin previo aviso en el núcleo de las relaciones de su
padre con Ernest Jones. En compañía de Loe Kann, que en ese entonces estaba en análisis con
Freud y era la amante de Jones, Anna fue cortejada por este último. Advertido por Loe, a Freud
le cayó muy mal, y envió a Jones una firme reprimenda, mientras prohibía a la hija que se
comprometiera en una aventura sin futuro con un "solterón" astuto. No contento con ponerse en
el papel de padre autoritario, adujo la cura de Loe para interpretar el comportamiento de su
discípulo: "Jones -dijo en sustancia- corteja a Anna para vengarse del hecho de que su amante
quiere dejarlo, gracias al éxito de su cura". A partir de ese momento, Freud comenzó a
desalentar a todos los pretendientes que se atrevían a cortejar a su hija (sobre todo, a Hans
Lampl). Jones aguardó unos cuarenta años para defender su causa ante Anna, y confesarle
que seguía amándola.
Después de la muerte prematura de Sophie y el matrimonio de Mathilde, Anna Freud se convirtió
en la Antígona del hogar paterno, a la vez discípula, confidente y enfermera. En cuanto a Freud,
no vaciló en tomarla en análisis en dos oportunidades: entre 1918 y 1920, primero, y después
entre 1922 y 1924. Dos años más tarde trató de justificarse: "Con mi propia hija he tenido éxito,
con un hijo uno tropieza con escrúpulos particulares". En realidad, Freud no se engañaba con
esta explicación edípica. Sabía muy bien que ese análisis había tenido el efecto de reforzar el
amor que Anna le tenía, y que la afirmación del "éxito- de la cura sólo expresaba una pasión
imposible de desanudar. Con toda franqueza le confesó a Lou Andreas-Salomé sus verdaderos
sentimientos: él era tan incapaz de renunciar a Anna como de privarse del tabaco.
Por su lado, Anna sufría el escándalo suscitado por esa pasión en el movimiento psicoanalítico.
Por ello tomó como confidentes a Max Eitingon y Lou Andreas-Salomé. Los dos desempeñaron
un papel analítico, el primero tratando de desprenderla del padre, y la segunda impulsándola, por
el contrario, a asumir esa situación transgresiva: "Poco importa el destino elegido -dijo Lou-,
siempre y cuando uno lo cumpla hasta el final". Lou tenía razón, puesto que fue con el pleno
desarrollo de esa piedad filial como Anna pudo dar una verdadera significación a su existencia
de mujer y jefa de escuela en el movirniento freudiano. Mantuvo con su padre una
correspondencia de aproximadamente trescientas cartas (de una y otra parte), aún no
publicada, pero que se puede consultar en la Library of Congress de Washington.
Anna entró en el movimiento a través del psicoanálisis de niños: en 1922 presentó ante la Wiener
Psychoanalytische Vereinigung (WPV) un primer trabajo titulado -Fantasmas y ensueños diurnos
de un niño golpeado". Cinco años más tarde se publicó su obra principal, El tratamiento
psicoanalítico de niños. Paralelamente asumió la edición de las obras del padre, los
Gesammelte Schriften, completados en 1924. Al año siguiente fue elegida directora del nuevo
instituto de psicoanálisis de Viena, que acababa de abrirse. Así comenzó a asumir las
responsabilidades institucionales que iban a hacer de ella la gran representante de la ortodoxia
vienesa, en una época en que Melanie Klein, su terrible rival, emprendía la gran reestructuración
teórica de la obra freudiana. Estas mujeres, representantes de dos corrientes divergentes en el
seno de la International Psychoanalytical Association (IPA), nunca pudieron llegar a un acuerdo.
Rodeada por los más notables discípulos vieneses de la primera hora -Siegfried Bernfeld,
August Aichhorn, Wilhelm (Willi) Hoffer (1897-1967)-, Anna creó en 1925 el Kinderseminar
(Seminario de Niños), que se reunía en el departamento de la Berggasse. Después de las
experiencias desdichadas de Hermine von Hug-Hellmuth, se trataba de formar terapeutas
capaces de aplicar los principios del psicoanálisis a la educación infantil.
El mismo año conoció a Dorothy Burlingham, quien iba a ser su querida y tierna amiga de toda la
vida. A través de esa mujer, Anna realizó su propio deseo de maternidad. Con una especie de
abnegación mística, se ocupó en efecto de los cuatro hijos de Dorothy: Bob (Robert), Mabbie
(Mary), Tinky (Katrina), Michael (Mickey). Todos padecían trastornos psíquicos más o menos
graves, y Anna les sirvió de madre, educadora y analista.
Para ellos, Anna creó, junto con Erik Erikson, Peter Blos y Eva Rosenfeld (1892-1977), la sobrina
de Yvette Guilbert, una escuela especial a la que después concurrieron otros hijos de pacientes
en análisis: "Para los analistas que giraban en torno a Freud y la familia Burlingham en Viena
-escribe Peter Heller-, el psicoanálisis era una religión, un culto, una Iglesia [ ... ]. Mi vida
transcurría en la escuela muy privada de los Burlingham-Rosenfeld, marcada por la personalidad
de Anna Freud y la concepción de una pedagogía psicoanalítica. Entre otras cosas, la escuela,
aunque más tarde se lo haya negado, consistía en una experiencia progresista y elitista de la
educación de hijos [de padres] en análisis [ ... ]. Una experiencia privilegiada, muy promisoria,
inspirada y animada por un ideal de humanidad más puro y sincero que el de todos los otros
establecimientos a los que yo he asistido. Allí se difundía un auténtico sentido de la comunidad."
Mientras que Melanie Klein creó una nueva práctica del análisis de niños, Anna Freud siguió la
vía indicada por el padre desde la cura de Herbert Graf (Juanito). Anna consideraba que el niño
es demasiado frágil para someterlo a un verdadero análisis (con exploración del inconsciente), y
sostenía el principio de la cura bajo la responsabilidad de la familia y los padres y, más en
general, bajo la tutela de las instituciones educativas. Según ella, el complejo de Edipo no debía
ser examinado con demasiada precisión en el niño, en razón de la falta de madurez del superyó.
En este ámbito, el enfoque analítico debía por lo tanto integrarse a la acción educativa.
La debilidad de la doctrina annafreudiana provenía de la falta de reflexión sobre los vínculos
entre el niño y la madre. A los ojos de Anna sólo contaba la relación con el padre. De allí la
prevalencia acordada a la pedagogía del yo, en detrimento de la exploración inconsciente.
Después de la ruptura con Otto Rank, Anna Freud fue admitida en el Comité Secreto, ocupando
el lugar de aquél. Tuvo entonces la impresión de contarse por fin entre los paladines de la
"causa" analítica, lo que la acercaba aún más al padre. Desde entonces se convirtió en custodio
de la ortodoxia freudiana.
En 1937, gracias al dinero de una rica norteamericana, Edith Jackson (1895-1977), quien viajó a
Viena para analizarse con Freud, abrió un pensionado para niños pobres, al cual dio el nombre
de Jackson Nursery. La experiencia se inspiraba en la de Maria Montessori. La interrumpió la
implantación del nazismo en Austria.
Obligada a emigrar con toda la familia, Anna se instaló en Londres en 1938, acompañada por
numerosos vieneses que después se exiliaron en los Estados Unidos. Los kleinianos
experimentaron ese desembarco de la Iegitimidad freudiana- como una verdadera intrusión. En
efecto, desde muchos años antes, en la British Psychoanalytical Society (BPS) prevalecían las
tesis kleinianas, que habían transformado totalmente el freudismo clásico. No sólo los
psicoanalistas ingleses se habían alejado de sus colegas del continente, sino que su práctica, su
mentalidad, sus orientaciones clínicas, incluso sus conflictos (sobre todo en torno a Edward
Glover), no tenían ya nada que ver con las disputas del mundo de lengua alemana. Ahora bien,
en ese momento Anna acababa de publicar su obra principal, El , Yo - Y los mecanismos de
defensa, opuesta a las investigaciones de la escuela inglesa. El conflicto era por consiguiente
inevitable, y se produjo después de la muerte de Freud, con el desencadenamiento de las
Grandes Controversias en 1941.
Cercana a las posiciones de la Ego Psychology, Anna Freud retomaba la noción de defensa
para convertirla en el pivote de una concepción del psicoanálisis ya no centrada en el ello, sino
en la adaptación posible del yo a la realidad. De allí la gran importancia atribuida a los
mecanismos de defensa, más bien que a la defensa propiamente dicha. La obra tuvo un enorme
éxito en los Estados Unidos, y marcó el nacimiento del annafreudismo, segunda gran corriente
representada en la International Psychoanalytical Association (IPA).
Agotada por las controversias, y decepcionada por la evolución del movimiento analítico, que ella
encontraba cada vez más alejado del freudismo original, Anna Freud conservó no obstante a
muchos amigos de antaño, que la amaban por su abnegación, su generosidad y su sentido de la
fidelidad, y con los cuales podía evocar nostálgicamente el antiguo esplendor vienés. Entre ellos
estaban Ernst Kris, Marianne Kris, Heinz Hartmann, René Spitz, Richard Sterba, y otros. Aislada
en Londres, pero instalada en la magnífica residencia de 20 Maresfield Gardens que iba a
convertirse en el Freud Museum, prosiguió sin descanso sus actividades en favor de la infancia,
creando las Hampstead Nurseries, siempre con la ayuda de Dorothy Burlingham. En 1952 fundó
la Hampstead Child Therapy Clinic, un centro de terapia e investigación psicoanalíticas donde
aplicó sus teorías en estrecha colaboración con los padres de los niños asistidos.
Garante de la herencia freudiana, no sólo se ocupó de la publicación de las obras del padre y de
sus archivos, sino también de los miembros de la familia, sobre todo los sobrinos. En la década
de 1970 continuó desempeñando el papel de madre con los hijos de su amiga Dorothy. Dos de
ellos tuvieron un fin dramático: Bob murió de una crisis de asma después de haber atravesado
varios episodios depresivos, y Mabbie terminó por suicidarse ingiriendo una fuerte dosis de
medicamentos.
En 1990, convertido en profesor de literatura, Peter Heller publicó un conmovedor testimonio: sus
recuerdos del análisis con Anna Freud. Nacido en Viena en 1920, había sido tratado por ella
entre 1929 y 1932. Después se casó con Tinky, la hija de Dorothy Burlingham, y a continuación
pasó muchos años más en el diván de Kris. El relato de su cura, acompañado por las notas que
Anna le cedió, permite revivir el extraño enredo de los años 1920-1935, durante los cuales Anna
y el padre mezclaron tan estrechamente el diván, la familia y la vida privada. Principalmente,
Peter Heller ha señalado el carácter asfixiante de la posición materna ocupada por Anna,
mientras que, en su doctrina, ella no tenía en cuenta el vínculo arcaico con la madre.
Colmada de honores, pero incapaz de comprender la evolución del movimiento psicoanalítico,
Anna Freud murió en Londres después de haber enfrentado la tempestad provocada por los
partidarios de la historiografía revisionista a propósito de la publicación de las cartas de su padre
a Wilhelm Fliess.
A un joven analista que en 1979 le había enviado un artículo en el que se preveía la muerte del
psicoanálisis, ella le respondió lo siguiente: "Predecir la muerte del psicoanálisis está quizá de
moda. La única respuesta inteligente es la de Mark Twain cuando un periódico anunció por error
que él había muerto: «Las noticias de mi muerte son muy exageradas». En todo caso, usted dice
que a los viejos los ha dejado muy indiferentes, lo que es normal, pues están acostumbrados a
los ataques. En muchos sentidos, el psicoanálisis da lo mejor de sí cuando es atacado."
Freud Anna.
Psicoanalista británica de origen austríaco
Freud Anna. Psicoanalista británica de origen austríaco
Freud Anna
Psicoanalista británica de origen austríaco
fuente(73)
(Viena 1895 - Londres 1982).
Es la menor de los hijos de S. Freud. Presidenta del Instituto de Formación Psicoanalítica de Viena
de 1925 a 1938, se refugia en Londres en 1938 con su padre y funda, en 1951, la Hampstead
Clinic, centro de tratamiento, de formación y de investigación en psicoterapia infantil. Es una de
las primeras en emprender psicoanálisis de niños. A sus concepciones se opondrán las de M.
Klein, en particular del lado de la exploración del complejo de Edipo, porque A. Freud temía el
deterioro de las relaciones del niño con sus padres si se analizaban sus sentimientos negativos
frente a ellos. Ha publicado Einführung in die Technik der Kinderanalyse (1927), El yo y los
mecanismos de defensa (1937), Normalidad y patología en el niño (1965).
Freud Emanuel
(1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Emanuel (1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Emanuel
(1833-1914), medio hermano de Sigmund Freud
fuente(74)
Nacido en Tysmenitz, Emanuel era el hijo mayor de Jacob Freud y su primera mujer, Sally Freud
(nacida Kanner). Lo mismo que Sigmund Freud, su medio hermano, y Como Rosa Graf, su media
hermana, era de humor neurasténico. Casado en 1852 con Maria Rokach (1834-1921), nacida en
Milow, Rusia, e hija de un rabino, dos años más tarde él sucedió a su padre en el comercio de
textiles. En 1859, lo mismo que su hermano Philipp, fue a establecerse en Manchester, Gran
Bretaña, con su mujer y sus tres hijos: Johann, llamado John (1855-?), Pauline y Bertha
(1859-1944), nacidos todos en Freiberg. En Manchester tuvo otros dos hijos: Samuel
(1860-1945) y Matilda, que murió a temprana edad. En esa ciudad, Emanuel encontró el
desahogo económico que el padre no había alcanzado. Formaba parte de la buena burguesía
judía comerciante, y figuró con su hermano, en 1872, entre los fundadores de la South
Manchester Synagogue. Se mató accidentalmente al caer de un tren. Su hija Bertha también
murió por una caída accidental, al pie de una escalera.
Freud siempre sintió mucho afecto por ese medio hermano que habría podido ser su padre y que
siempre lo exhortó a la piedad filial, recordándole que él pertenecía a la tercera generación
después de la del padre. En 1908 lo visitó en Inglaterra. En su infancia, Sigmund tuvo por
compañero de juego a su sobrino John, sólo ocho meses mayor que él, y que a los 18 años
desapareció sin dejar huellas. En 1979, Marianne Krüll formuló la hipótesis de que, en su
infancia, John y Sigmund habían tratado de deflorar a su joven prima Pauline Freud.
Freud Ernst (1892-1966),
hijo de Sigmund Freud
Freud Ernst (1892-1966), hijo de Sigmund Freud
Freud Ernst
Freud Ernst (1892-1966), hijo de Sigmund Freud
fuente(75)
Nacido en Viena, Ernst, el cuarto vástago de Sigmund y Martha Freud, tercero y último hijo varón,
después de Martin y Oliver, no fue el preferido del padre ni de la madre, de modo que se
convirtió en el más independiente de los hermanos: lo llamaban "el hijo afortunado" y, por cierto,
se parecía mucho al padre. Cuando más tarde se le preguntó por qué era arquitecto, dijo haber
elegido esa profesión porque ni el padre ni los otros miembros de la familia sabían nada de
arquitectura.
Dotado de un verdadero talento de artista, emprendió muy pronto ese camino. Así pudo adquirir
una verdadera profesión, conquistar una identidad, y sobre todo no depender económicamente
del padre. Estudió en Múnich y se instaló en Berlín, donde conoció a Lucie Brasch, con quien se
casó en 1920. Después de una crisis grave, de la que Freud fue mantenido a distancia, la pareja
se asentó y vivió unida durante cincuenta años. El matrimonio tuvo tres hijos: Stefan, Lucian,
Klemens.
Cuando Ernst cumplió treinta años, recibió una carta en la cual el padre lo felicitaba por su éxito:
Tú eres el único de mis hijos que tiene ya todo lo que un hombre puede desear a tu edad: una
mujer amante, un soberbio hijo, trabajo, ingresos y amigos. Mereces todo esto, y como nada en
la vida corresponde a los méritos, permíteme expresar el voto de que la suerte te siga siendo
fiel"
En 1933, con la llegada de Hitler al poder, Ernst emigró a Londres con su familia.
Puesto que en su profesión la movilidad era una costumbre, y él ya tenía experiencia con los
viajes, se integró muy bien a la sociedad británica. Ernest Jones lo ayudó, pidiéndole que
acondicionara un ala de su casa de campo. A Jones le pareció sumamente competente: "Su
reconocimiento a la competencia de Ernst -subrayó Freud- es un bálsamo para mi corazón de
padre. Lamento que mi otro hijo [Oliver], que está en Niza, no haya encontrado patria ni
situación.-
En 1938, Ertist organizó la recepción a sus padres y su hermana Anna en Londres, instalando
en 20 Maresfield Gardens una "Berggasse reconstruida" y deliciosamente acondicionada según
sus planes. Él fue el ejecutor testamentario del padre, y el encargado de la publicación de sus
obras, a la cabeza de la Sigmund Freud Copyright Ltd.
Cuando murió, Lucie ocupó su lugar, después de haber casi sucumbido a un intento de suicidio.
Entonces, con llse Grubrich-Simitis, dedicó toda su energía al último proyecto de Ernst: la
realización de un magnífico álbum ilustrado, el primero de ese tipo, consagrado a la vida de
Freud, titulado Sigmund Freud. Su vida en imágenes y textos, que iba a ser traducido en todo el
mundo.
Amigo de Francis Bacon (1909-1992), Lucian Freud se convirtió en uno de los pintores más
importantes de la escuela neofigurativa inglesa, y realizó sorprendentes retratos de la madre. En
cuanto al tercer hijo de Ernst, Sir Klemens Freud, recibió un título de nobleza, y tuvo una brillante
carrera de político liberal y cronista radiofónico de temas culinarios.
Freud Eva (1924-1944),
nieta de Sigmund Freud
Freud Eva (1924-1944), nieta de Sigmund Freud
Freud Eva
(1924-1944), nieta de Sigmund Freud
fuente(76)
Nacida en Berlín, Eva fue la hija única de Oliver Freud y su mujer Henny. Emigró con ellos a
Francia a fines del mes de abril de 1933. Después de una corta estada en París, siguió a sus
padres a Niza, donde se inscribió en el liceo.
Para Sigmund Freud, que había sufrido tanto la pérdida de su nieto Heinerle (hijo de Sophie
Halberstadt), Eva se convirtió en la deliciosa Evehen. Sabiendo que no volvería a verla, se
mostró particularmente tierno con ella cuando recibió su visita, por última vez, el 24 de agosto de
1939.
A fines del verano de 1940 Eva conoció a un joven judío nacido en San Petersburgo de unos 30
años de edad. Cuando él decidió entrar en la Resistencia, ella se convirtió en su compañera.
Para no dejarlo, se negó a emigrar a los Estados Unidos con sus padres, en 1943. Asistida por
René Laforgue, con quien había comenzado un análisis, Eva se encontró muy aislada en Niza,
donde, muy pronto, para sustraerse a las persecuciones antisemitas, se vio obligada a vivir con
una identidad falsa. Ante un embarazo no deseado, se sometió a un aborto clandestino, seguido
de una infección; atendida en Marsella en el Hospital de la Timone, murió de septicemia el 4 de
noviembre de 1944, después de una prolongada agonía, en el curso de la cual pidió el
sacramento del bautismo católico. Al volver de los maquis, el novio la hizo enterrar en el
cementerio Saint-Pierre. En 1948 sus padres visitaron su tumba y, en 1962, volvieron a
encontrarse con el novio y algunos de sus amigos.
Durante muchos años, la muerte de Eva Freud fue atribuida por la historia oficial a una epidemia
de gripe. Un psicoanalista francés, Pierre Segond, reveló la verdad en 1993, a continuación de
una extensa investigación realizada en el sur de Francia.
Freud Josef (1825-1897),
tío de Sigmund Freud
Freud Josef (1825-1897), tío de Sigmund Freud
Freud Josef
(1825-1897), tío de Sigmund Freud
fuente(77)
En el periódico vienés Neue Freie Press del 23 de febrero de 1866 aparece relatado el
procesamiento a Josef Freud, por tráfico de billetes falsos: "Según la pericia del Banco Imperial
Ruso de San Petersburgo, los billetes falsos hallados en posesión de Josef Freud fueron
grabados a punta seca y litografía sobre papel ordinario, y son del tipo de los que inundan todos
los mercados de Europa". Josef Freud fue condenado a diez años de cárcel.
En La interpretación de los sueños Sigmund Freud evoca la figura de ese tío malhechor en "el
sueño del tío": "Mi amigo R. es un tío. Siento una gran ternura por él. Veo su rostro ante mí un
poco cambiado. Advierto claramente una barba amarilla que lo enmarca.
Según Freud, Jacob consideraba a su hermano un imbécil, y no un mal hombre. Este asunto le
provocó mucha pena, y al cabo de pocos días encaneció.
La historia ha suscitado múltiples interpretaciones, a veces bastante caprichosas, de los
especialistas en la historia del freudismo.
Freud Julius
(1857-1858), hermano de Sigmund Freud
Freud Julius (1857-1858), hermano de Sigmund Freud
Freud Julius
(1857-1858), hermano de Sigmund Freud
fuente(78)
Nacido en Freiberg, Julius era el segundo vástago de Jacob y Amalia Freud, y el primer hermano
menor de Sigmund Freud, que desde su nacimiento le tuvo fuertes celos. Julius murió a los 8
meses. En una carta a Wilhelm Fliess del 3 de octubre de 1897, Freud dice haber experimentado
"malos deseos" respecto de ese hermano. Después de que muriera, sintió remordimientos y
culpabilidad. Más tarde habló de su rivalidad con la hermana mayor, Anna Bernays. En esos días
descubrió el conflicto edípico, es decir, que la rivalidad con el padre generaba deseos de muerte.
En La interpretación de los sueños sostuvo que un niño pequeño cuyo hermano (o hermana)
menor ha muerto puede, después del nacimiento de otro hermano, albergar el anhelo de que el
nuevo rival sufra la misma suerte.
En 1917, en un artículo dedicado a la autobiografía de Goethe, "Poesía y verdad", se refirió a esa
cuestión., señalando que el poeta había experimentado un sentimiento idéntico en ocasión del
nacimiento y la muerte ulterior de un hermanito.
Después de Freud, la cuestión del lugar del niño muerto en el grupo de hermanos ha sido objeto
de una abundante literatura, producida sobre todo por psicoanalistas de niños.
Freud Kallamon Jacob
(1815-1896), padre de Sigmund Freud
Freud Kallamon Jacob (1815-1896), padre de Sigmund Freud
Freud Kallamon Jacob
(1815-1896), padre de Sigmund Freud
fuente(79)
Nacido en Tysmenitz, Galitzia oriental, provincia polaca incorporada a Austria en 1772, Jacob (o
Jakob) Freud era el hijo mayor de una familia de comerciantes judíos que tenía en total cuatro
hijos, entre ellos Josef Freud, cuya historia es ahora conocida. Fue Marianne Krüll quien sacó a
luz en 1979 la genealogía familiar de los Freud, a continuación de Renée Gicklhorn y Josef
Sajner. En este sentido, es interesante citar una carta de Sigmund Freud a Martha Freud del 10
de febrero de 1886, en la cual describe como sigue la tragedia de uno de sus tíos, llamado Abac:
"Es comerciante, y la historia de su familia es muy triste. De sus cuatro hijos, sólo una hija es
normal y está casada en Polonia. Un hijo es hidrocéfalo y débil mental; otro, que prometía algo en
su juventud, se volvió loco a los 19 años, y una hija a los 20 años."
El apellido Freud, que significa "alegría" en alemán (Fretide), derivaba de Freide, nombre de la
bisabuela materna de Jacob. La familia lo había adoptado en 1789, cuando el emperador José II
promulgó una carta de tolerancia que emancipaba a los judíos y les reconocía los mismos
derechos y privilegios que a los demás súbditos del Imperio. No obstante, esa carta los obligaba
a adoptar un apellido, y por lo tanto a renunciar a la organización comunitaria.
Separado del jasidismo, la religión mística de sus antepasados, Jacob Freud fue un judío de la
Ilustración, que adhirió a las ideas de la Haskalá poco después de su matrimonio con Sally Freud.
Contrariamente a lo que diría su hijo, siguió apegado a los valores tradicionales del judaísmo y le
transmitió a su prole una sólida cultura judía, haciéndoles leer la Biblia en la edición bilingüe
ilustrada (hebreo-alemán) de Ludwig Philippsohn. Su primera esposa tuvo cuatro hijos, de los
cuales sólo sobrevivieron dos: Emanuel Freud y Philipp Freud. En 1848, la pareja se instaló en
Freiberg (Pribor), en la parte noroeste de la Moravia integrada al Imperio Austro-Húngaro, cuya
población checa hablaba oficialmente el alemán. Negociante en textiles, poco dotado para el
mando, Jacob no hizo fortuna en el comercio, y siguió siendo pobre toda su vida.
Después de un segundo matrimonio con Rebekka Freud, Jacob se casó en Viena, en terceras
nupcias, con una joven de 20 años, Amalia Nathanson (Amalia Freud), originaria, como él, de una
familia judía de la Galiztia oriental que hablaba fluidamente el ídish. Ella le dio ocho hijos, entre
ellos Sigismund-Schlomo, el mayor, en 1856, que se haría llamar Sigmund.
En agosto de 1859 la familia se trasladó de Freiberg a Lcipzig, donde permanecieron algún
tiempo, antes de instalarse definitivamente en Viena, en marzo de 1860, momento en que Philipp
y Emanuel Freud, los dos medio hermanos de Sigmund, emigraron a Gran Bretaña.
Así como Amalia era una mujer enérgica y tiránica, de gran vivacidad de espíritu, Jacob era un
hombre simple, tranquilo y aparentemente poco autoritario: "Optirnista inveterado -escribe Peter
Gay-, al menos en apariencia, era un pequeño comerciante mal preparado para enfrentar la
industrialización de su mundo. Simpático, generoso, de buena disposición, estaba íntimamente
convencido de los dones eminentes de su hijo Sigismund.-
De modo que Freud fue el hijo querido de sus padres. Es decir que construyó una teoría
subversiva de la familia patriarcal a partir de una familia atípica para la época, por los tres
matrimonios sucesivos del padre, y a la vez casi "normal" desde el punto de vista afectivo. Si el
psicoanálisis nació de la sensación de la declinación del patriarcado (experimentada por la
sociedad vienesa a fines de siglo) y de un intento de revalorizar simbólicamente la figura del
Padre, puede decirse que Jacob Freud fue la encarnación misma de la flaqueza.
Las relaciones de Freud con su padre fueron comentadas muchas veces, por el propio Freud,
por sus discípulos y por historiadores o filósofos, entre ellos Henri F. Ellenberger, Ernest Jones,
Max Schur, Jean-Paul Sartre (1905-1980), Carl Schorske, Marianne Krüll, Élisabeth Roudinesco,
Peter Gay, Yosef Hayim Yerushalmi. Respecto de la teoría freudiana de la paternidad, hay que
destacar dos acontecimientos principales. El primero se refiere al sentimiento de culpa del hijo
(Sigmund) en el momento de la muerte del padre (Jacob). Se encuentra su huella en la
correspondencia (1897) con Wilhelm Fliess. Al renunciar en 1897 a la idea de que en el origen de
la neurosis estaba la seducción sexual del niño por el adulto, Freud confesaba su propia culpa:
en efecto, había sospechado de su propio padre como seductor, y lamentaba amargamente que
éste hubiera muerto antes de que él abandonara esa teoría.
El segundo acontecimiento se refiere a la diferencia entre la judeidad del padre y la del hijo. Es
evocada en La interpretación de los sueños en la forma de un célebre recuerdo de infancia. Un
día, cuenta el narrador, Jacob le relató al hijo una anécdota antigua, para demostrarle que los
tiempos habían cambiado para bien. En otro tiempo, le dijo, un cristiano le había arrojado el gorro
de piel al albañal, gritándole: -Judío, baja de la acera". El niño preguntó qué había hecho
entonces, y el padre respondió: "Recogí el gorro". A esa escena, que le disgustaba, el pequeño
Sigmund opuso otra, más adecuada a sus aspiraciones: el episodio histórico en el cual Amílcar
hizo jurar a su hijo Aníbal que lo vengaría de los romanos y defendería a Cartago hasta la
muerte.
Este recuerdo contiene a la vez la posición débil del padre ante el antisemitismo, y el itinerario de
un hijo que se atribuye la misión de revalorizar la función paterna mediante un acto de rebelión
anibaliana. Desde esta perspectiva, no sólo había que superar al padre para convertirse en el
héroe o el jefe de escuela de una nueva doctrina, sino también cambiar de cultura sin traicionar
la judeidad: ése era por cierto el destino de los hijos de la burguesía comerciante judía del Imperio
Austro-Húngaro, obligados a "desjudaizarse" para existir: es decir, adoptar la cultura griega,
latina y alemana, la única capaz de sacarlos del gueto.
Freud Marie, llamada
Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
Freud Marie, llamada Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
Freud Marie
Llamada Mitzi (1861-1942), hermana de Sigmund Freud
fuente(80)
Nacida en Viena, Mitzi era el quinto vástago de Jacob y Amalia Freud, y la tercera hermana de
Sigmund Freud. En 1886 se casó con un primo lejano de Bucarest, Moritz Freud, que falleció en
1920. Tuvieron cinco hijos, de los cuales uno nació muerto. La menor, Martha Gertrud, fue una
artista dotada, que escribió libros ilustrados para niños. Padecía problemas de identidad, y no
toleraba ser mujer, de modo que se hacía llamar Tom. Se casó con Jacob Seidmann, quien se
lanzó al negocio editorial, fracasó y se suicidó en octubre de 1929. Un año más tarde, afectada
por una depresión profunda, Martha se dejó morir en un hospital berlinés a la edad de 37 años.
Tenía una hija de 7 años, Angela, la cual, con su abuela, quedó a cargo de Freud.
El 29 de junio de 1942, Mitzi fue deportada con sus hermanas Pauline Winternitz, llamada Paula, y
Adolfine Freud, llamada Dolfi, al campo de Theresienstadt. Desde allí fue transportada el 23 de
septiembre al campo de exterminio de Maly Trostinec, donde desapareció, sin duda asesinada en
la cámara de gas al mismo tiempo que Paula.
Freud Martha, nacida
Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
Freud Martha, nacida Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
Freud Martha
Nacida Bernays (1861-1951), esposa de Sigmund Freud
fuente(81)
Nacida en Wandsbeck, cerca de Hamburgo, Martha era hermana de Minna Bernays y de Efi
Bernays, el cual se casó con Anna (Bernays), la primera de las cinco hermanas de Sigmund
Freud, y la única que pudo escapar al exterminio nazi.
Proveniente de una familia de estudiosos judíos, Martha era hija de Berman Bernays (
1826-1879), quien fue comerciante antes de convertirse, una vez instalado en Viena en 1868,
en el secretario de Lorenz von Stein, profesor de derecho y economía. El abuelo, Isaac Bernays
(1792-1849), había sido el gran rabino de Hamburgo. En cuanto a los tíos paternos, Jacob
Bernays (1824-1881) y Michael Bernays (1834-1897), fueron eminentes intelectuales. Primer
judío de renombre en el ámbito de los estudios clásicos (la Grecia aristotélica y la Antigüedad
tardía), Jacob fue también el primer judío practicante que obtuvo un puesto universitario (en
Bonn) en la Alemania del siglo XIX. Michael, por su lado, enseñó literatura en Múnich y fue lector
del rey Luis II de Baviera.
En las familias de obediencia religiosa estricta, las mujeres eran educadas de manera estrecha,
y Martha no escapó a la autoridad de la madre, Emilie Philipp (1830-1910), una mujer llena de
prejuicios, que se asemejaba a esas madres descritas por Freud y Josef Breuer en los Estudios
sobre la histeria. Ya viuda desde 1879, ella se mostró hostil a la elección de Martha: el joven
Sigmund no tenía fortuna ni posición social.
En abril de 1882, a la edad de 26 años, Freud conoció a Martha en una visita que ella le hizo a
Anna, la hermana de él. La joven era morena, esbelta, pálida, reservada, con grandes ojos
expresivos. Freud se enamoró de ella de inmediato, lo mismo que diez años antes de Gisela
Fluss. Comenzó entonces a cortejarla según las convenciones admitidas en su ambiente social.
El compromiso se celebró el 27 de junio de 1882. Un año más tarde, Martha dejó Viena para
instalarse en Wandsbeck con la madre y la hermana Minna. Los novios vivieron separados
durante tres años, hasta la fecha de su matrimonio, el 13 de septiembre de 1886. A lo largo de
ese período, Freud escribió aproximadamente mil cartas a Martha; sólo un centenar de ellas se
publicaron en 1960. Kurt Eissler, en efecto, custodio de los Archivos Sigmund Freud en la
Library of Congress desde 1945, las vedó a los investigadores, y Harold Blum, su sucesor,
siguió la misma política.
Martha era virgen en el momento del compromiso, y lo siguió siendo hasta su matrimonio, pero
Freud había tenido al menos una experiencia sexual en su juventud, según se lo confió a Marie
Bonaparte, quien se apresuró a anotar ese detalle en su diario íntimo, sin precisar la fecha, ni la
naturaleza, ni la duración de dicha experiencia. Subsiste el hecho de que Freud se vio obligado
durante cuatro años a someterse a un duro régimen de abstinencia, contentándose con
intercambiar con su novia cartas y besos. Con la ayuda de Minna, ayudó a Martha a
desprenderse de la influencia de la madre y sobre todo de las prácticas religiosas en las que
estaba encerrada, y que él consideraba "pamplinas". Y sólo poniendo de manifiesto cierto
disgusto aceptó una ceremonia religiosa de casamiento en Wandsbeck y recitar las respuestas
en hebreo. Hay que decir que la ley austríaca, contrariamente a la alemana, no le dejaba otra
opción. En el primer viernes que siguió a la boda, le prohibió a su joven esposa que encendiera
las velas del sábado. Después trató de apartarla de la familia, para hacer de ella una burguesa
modelo a su gusto. Y ella aceptó ese papel, que le convenía a las mil maravillas.
Martha era una notable mujer de hogar y una madre atenta a la que no le interesaban las cosas
intelectuales: "En lo que concierne al psicoanálisis -dijo Anna-, mi madre nunca cooperó... Ella
creía en mi padre y no en el psicoanálisis." En Martha eran visibles una calma y una suavidad
que contrastaban singularmente con el carácter violento e intrusivo de Freud. En esto no se
parecía a su hermana Minna, ni a Amalia Freud, la madre de Sigmund, aunque la amaba con
mucha fuerza. Y en razón de esta diferencia Freud se felicitó siempre de haber realizado una
buena elección: En este cruce, nos entendemos mejor -le dijo un día-. Dos seres parecidos como
Minna y yo no habrían armonizado, y dos personas de carácter fácil no pueden atraerse una a
otra."
Al contrario del padre, Freud fue un patriarca autoritario. Estrictamente monógamo, no era
misógino como se ha dicho a menudo. Él consagraba una especie de pasión a las mujeres
intelectuales y no conformistas, al punto de anudar con algunas de ellas (por ejemplo, Marie
Bonaparte) relaciones viriles o fraternales. En su vida privada, adoptó algunos de los prejuicios
victorianos de su época, sobre todo en lo concerniente a la educación de las niñas. También
entró con frecuencia en contradicción con las tesis que él mismo desarrollaba en su doctrina,
según lo atestiguan sus vacilaciones a propósito de la sexualidad femenina. Con Martha, durante
su prolongado noviazgo, demostró unos celos y una posesividad dignas de los más célebres
amantes románticos M siglo XIX.
Después M nacimiento de Anna Freud, su sexto vástago, Martha quedó agotada, y Sigmund, de
apenas 40 años, decidió vivir en continencia. De modo que ese gran teórico de la sexualidad,
que pasaba su tiempo observando la libido humana, se obligó a una abstinencia que contradecía
sus propios principios terapéuticos. Esta actitud no carecía de relaciones con el gusto por la
sublimación que él atribuía a uno de sus creadores preferidos: Leonardo da Vinci (1452-1519).
A partir de 1920, Freud se comportó con Anna como en otro tiempo lo había hecho con Martha.
Sus celos respecto de la hija repetían sin duda los que había puesto de manifiesto durante el
noviazgo. Sea como fuere, Anna fue la "hija del psicoanálisis" y tuvo que luchar en su infancia
contra ese temible rival que le sustraía al padre; en efecto, Freud comparó el psicoanálisis con
una mujer, en una carta a Stefan Zweig de julio de 1938, al final de su vida: "El análisis es como
una mujer que quiere ser conquistada, pero que sabe que se la estimará poco si no opone
resistencia".
Freud (Jean) Martin
(1889-1967), hijo de Sigmund Freud
Freud (Jean) Martin (1889-1967), hijo de Sigmund Freud
Freud (Jean) Martin
(1889-1967), hijo de Sigmund Freud
fuente(82)
Nacido en Viena, Martin fue el segundo vástago de Sigmund Freud y su mujer Martha, y por lo
tanto el primero de sus tres hijos varones, anterior a Oliver y Ernst. Le pusieron esos nombres
como homenaje a Jean Martin Charcot, pero lo llamaban Martin. Como sus otros hermanos, no
fue circuncidado. En efecto, Freud se negó a imponer a sus hijos los ritos religiosos. Educado en
la tradición de la burguesía vienesa, Martin habría debido convertirse en un patriarca.
Tiránico con sus hijas, Freud no fue autoritario con los hijos, y les permitió elegir sus destinos.
No obstante, los tres fueron víctimas de la dureza de la época y del fin de la monarquía de los
Habsburgo. Movilizados durante la Primera Guerra Mundial, humillados después por la derrota de
1918, que redujo a la nada al Imperio Austro-Húngaro y sus estructuras patriarcales, expulsados
finalmente de Alemania y Viena por el nazismo, padecieron un destino difícil. Más abrumado que
sus hermanos y hermanas por la imagen paterna, poco amado por la madre, que prefería a
Oliver, Martin siguió dependiendo de la fortuna del padre, y después de su herencia, durante
más tiempo que los otros.
Freud le dio un día una explicación a Carl Gustav Jung sobre la difícil relación de Martin con la
madre. Esa relación, según Freud, era el resultado del conflicto que se había generado en la
familia Bernays, sobre todo con Efi, hermano de Martha y esposo de Anna Bernays, la hermana
de Freud: "Él [Martin] no es el preferido de la madre -escribió-, sino que, al contrario, ella lo trata
de una manera casi injusta. Se resarce con él de su excesiva complicidad con su propio
hermano, al cual [Martín] se parece, mientras que yo, cosa notable, compenso con él mi dureza
respecto de la misma persona.-
En el grupo de hermanos, Martin tuvo que desempeñar el papel de hijo mayor, ocupando
respecto de su hermana menor Anna el lugar muy paternal que en otro tiempo habría sido el de
Sigmund Freud con su hermano menor Alexander. Igual que Anna, Martin sufría por su físico
ingrato, y tenía celos de la apostura y el encanto de su hermano Oliver. Estaba dotado de un
espíritu cáustico, gran inteligencia y una maravillosa capacidad para las bromas. Un día se
disfrazó de astrólogo y se presentó en el domicilio del padre, quien le dirigió una mirada tan
furibunda que el joven quedó petrificado. Al autor de El chiste y su relación con lo inconsciente
no le gustaba ser objeto de tales burlas.
Con la excepción de Mathilde, todos los hijos de Freud padecieron dificultades de pronunciación,
lo mismo que el padre en su infancia: "tenían un pelo en la lengua", como suele decirse. También
ellos debieron recurrir a un fonoaudiólogo.
Cuando era estudiante, Martin se hizo sionista, adhiriendo a la Kadimah, organización de
duelistas creada en 1883 para defender el honor de los judíos, y de la cual el propio Freud llegó
a miembro honorario. Después de realizar estudios de derecho, Martin prefirió dedicarse a los
negocios, lo que lo llevó a ocuparse de los del padre y, más particularmente, de la Verlag, la
editorial del movimiento freudiano, cuyas finanzas ordenó. Administró muy bien el dinero de
Freud, sobre todo en el momento de la toma del poder por los nazis en Alemania.
En 1919 se casó con Ernestine Drucker (de sobrenombre Esti), una fonoaudióloga con la que
tuvo dos hijos: Walter y Sophie. Esti era una mujer emancipada que no se comportaba como las
burguesas de Viena y, en particular, organizaba veladas teatrales. No le gustaba a Freud: él la
encontró primero demasiado linda para entrar en la familia y, más tarde, la tomó por loca: "Su
mujer [la mujer de Martini no está sencillamente chiflada por maldad, sino verdaderamente loca,
en el sentido médico de la palabra", dijo. Ese matrimonio fue un desastre para Martin. Seductor, él
coleccionaba mujeres, lo que exasperaba al padre: "En mi vida privada -le comentó un día a
Marie Bonapartesoy un pequeño burgués, no me gustaría que uno de mis hijos se divorciara o
una de mis hijas tuviera un enredo amoroso. Por lo demás, Freud fue a tal punto tradicionalista en
lo concerniente a la educación de sus hijos, que les hizo creer, sin que Martha lo desmintiera,
que los bebés nacían de repollos.
En mayo de 1938, Martin logró salir de Viena, mientras que su hijo Walter partía hacia Australia
en un barco que estuvo a punto de no llegar a destino. En Inglaterra, Martin tropezó con muchas
dificultades para ubicarse en una actividad. Se lanzó a la producción de artículos de tocador y
de un dentífrico que fue comercializado con el nombre de Martin A. Después de la guerra se
empleó como experto contable, y más tarde abrió una tabaquería, cuya trastienda estaba
alquilada a un peluquero. En el momento de la celebración del centenario del nacimiento de Freud,
contra la opinión de su hermana Anna, él escribió un libro de recuerdos lleno de anécdotas
apasionantes sobre los diferentes miembros de su familia. Se acostumbró a desplazarse en una
Vespa, y tuvo un accidente del que nunca se repuso verdaderamente. Murió en una casa del
sur de Inglaterra, a la que se había retirado con su segunda esposa.
En cuanto a Esti, emigró con su hija Sophie. En septiembre de 1940 las dos llegaron en bicicleta a
Niza, y después a París, para encontrarse con Oliver Freud y su familia. Allí Sophie conoció a
Paul Loewenstein, su futuro esposo. Originario de Alemania, éste había estado internado en el
campo de Milles, del que había huido. En julio de 1942
Sophie y Esti lograron llegar a Tánger, y a continuación se embarcaron con destino a Baltimore.
Considerada la---oveja negra de la familia---, Esti conservó el apellido Freud, y se instaló en
Nueva York en un modesto departamento, donde continuó ejerciendo la profesión de
fonoaudióloga. Su hija, Sophie Freud, sería asistente social y maestra en Boston. A menudo
puso de manifiesto una actitud hostil hacia el freudismo.
Freud Museum
fuente(83)
En 1938, después de la anexión de Austria por la Alemania nazi, Sigmund Freud se vio obligado
a exiliarse en Londres. En el mes de septiembre de ese mismo año se instaló con su familia en 20
Maresfield Gardens, Hampstead, en una hermosa casa que su hijo Ernst Freud, arquitecto,
refaccionó siguiendo el modelo del departamento vienés de 19 Berggasse. Allí pasó Freud el
último año de su vida, y allí murió el 23 de septiembre de 1939. Su hija Anna Freud habitó en esa
casa hasta su propia muerte en 1982, y en su testamento incluyó disposiciones para que
después fuera convertida en museo.
En 1980, los Archivos Signiund Freud compraron el terreno y la casa, con recursos que la
New-Land Foundation, creada por Muriel Gardiner, había puesto a disposición de Anna. En 1986
inauguró el Freud Museum. Abierto a los visitantes, que pueden ver allí el diván de Freud, su
biblioteca, su colección de antigüedades, contiene también un riquísirno archivo: veinticinco mil
documentos en total, que incluyen fotografías, cartas y fotocopias de manuscritos y
correspondencia cuyos originales se conservan en la Library of Congress de Washington.
Freud Oliver
(1891-1969), hijo de Sigmund Freud
Freud Oliver (1891-1969), hijo de Sigmund Freud
Freud Oliver
(1891-1969), hijo de Sigmund Freud
fuente(84)
Oliver era el tercer vástago de Sigmund y Martha Freud, y por lo tanto su segundo hijo varón,
nacido en Viena después de Martin y antes de Ernst. Le pusieron ese nombre en homenaje a
Cromweil (1599-1658), jefe militar y puritano que había condenado a muerte a un rey y
derrocado a la dinastía de los Estuardos, proclamado la República y permitido que los judíos
volvieran a Inglaterra. Freud admiraba tanto a Cromwell como a Alejandro Magno, Aníbal y
Cristóbal Colón (1450-1506). Pero esa elección expresaba también su anglofilia, que se puede
rastrear hasta la época en que sus hermanastros Philipp y Emanuel se instalaron en aquel país.
Oliver fue siempre el hijo preferido de la madre. De joven era un perfeccionista, apasionado por
las cifras, la mecánica y el bricolage, pero nunca encontró una verdadera profesión, y siguió
dependiendo económicamente del padre. A principios de la Primera Guerra Mundial, cuando fue
movilizado, a continuación de estudiar ingeniería en el cuerpo civil, se casó con Ella Haim, una
estudiante de medicina. Ella lo siguió a los Cárpatos, quedó encinta y abortó en marzo de 1916.
En septiembre se divorciaron. Según Freud, ese divorcio se debió al carácter de la joven,
incapaz de conciliar sus estudios de medicina con la vida de ingeniero de él". Después de la
derrota de los imperios centrales, Oliver se instaló en Berlín. En esa época Freud analizaba a su
hija Anna, pero en ningún momento pensó en hacer lo mismo con sus hijos varones. En efecto,
en ese tipo particular de relación transferencial siempre se corría el riesgo de que el paciente
fuera más hostil al progenitor del mismo sexo. Esto se había observado en la cura de Herbert
Graf, realizada bajo la dirección de Freud por el propio padre del niño.
Cuando Oliver expresó el deseo de iniciar un análisis, se dirigió a Max Eitingon, que vivía en
Berlín. Éste se excusó, por sentirse demasiado próximo a la familia. "Para mí es particularmente
difícil ser objetivo -le dijo Freud-, porque él [0liver] fue durante mucho tiempo mi orgullo y mi
esperanza secreta, hasta que apareció claramente su organización anal-masoquista [ ... ]. Sufro
mucho rni sensación de impotencia. Finalmente fue Franz Alexander quien analizó al hijo de
Freud, en 1921.
En 1923 Oliver se casó con Henny Fuchs, hija de un médico berlinés. La pareja sólo tendría una
hija, Eva Freud. A pesar de una relativa felicidad conyugal, Oliver no logró una situación estable
en Alemania. Viéndose obligado a emigrar en 1933, probó suerte en Francia, con su familia. Vivió
durante algún tiempo en Bretaña, en la encantadora aldea de Saint-Briac, y después en París,
donde no consiguió hacer pie. Arnold Zweig, que lo visitó antes de partir a Palestina, fue testigo
de sus dificultades: -Pienso mucho en su hijo -le escribió a Freud- Tiene sentimientos demasiado
generosos como para cargar con la adaptación a la vida [...]. Era casi conmovedor verlo poner
de manifiesto un máximo de vida y calor al hablarme de sus años de guerra, igual que otros
hombres de su generación, quienes advierten ahora que tienen que empezar todo de nuevo, en
una época en la que están firmemente comprometidos con su manera de pensar."
En el curso del año 1934, después de una breve estada en París, Oliver partió a Niza, donde
asumió la dirección de un comercio de fotografía. Cuatro años más tarde obtuvo la nacionalidad
francesa. Con el dinero del padre pudo comprar una tienda, y se interesó en ese nuevo trabajo.
En la región frecuentó a intelectuales exiliados de Alemania y Austria.
A partir de noviembre de 1942, después de la invasión de esa parte de la zona libre por las
tropas italianas, Oliver y Henny tuvieron que pensar en una nueva tierra de exilio. Gracias a
René Laforgue pudieron salir de Francia por España, cuando sus bienes ya habían sido
confiscados en el marco de la política de "arianización" de las empresas judías. Emigraron a los
Estados Unidos sin la hija. De novia con un joven militante de la Resistencia, Eva, en efecto, se
negó a seguirlos, y más tarde murió en Marsella en circunstancias dramáticas.
Después de haber vivido el derrumbe de Austria, Oliver Freud escapó, como sus hermanos y
hermanas, al exterminio de los judíos por el nazismo. Pero su fragilidad y suavidad no
concordaron nunca con la dureza de una época que lo condenaba a un exilio perpetuo. Del otro
lado del Atlántico no encontró el impulso necesario para una nueva existencia.
Freud Pauline
(1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
Freud Pauline (1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
Freud Pauline
(1856-1944), sobrina de Sigmund Freud
fuente(85)
Nacida en Freiberg cinco meses después que Sigmund Freud, Pauline era hija de Emanuel Freud
y hermana de John (1855-?), compañero de juegos de Sigmund. Aparentemente Pauline padeció
sordera y confusión mental. En una carta a Wilhelm
Fliess, Freud le contó que en su infancia, con Johri, a veces había tratado cruelmente a la
pequeña.
En 1899, en un artículo titulado "Sobre los recuerdos encubridores---, narró en parte la historia
de sus relaciones "de a tres", llamando a John y Pauline "primo" y "prima", y evocando entre
líneas una escena de connotación sexual: dos niños le arrancan las flores a una niñita que tiene
en la mano un ramo más lindo que el de ellos. Siegfried Bernfeld fue el primero en señalar, en
1946, que ese artículo contenía un fragmento autobiográfico sobre Gisela Fluss, y a la vez sobre
la infancia de Freud. El texto fue después comentado por diversos autores, de manera más o
menos caprichosa. En 1978, Marianne Krüll interpretó el recuerdo como huella de una escena de
seducción que se habría producido hacia 1859: John y Sigmund, que entonces tenían poco más
de tres años, habrían intentado "deflorar" a Pauline, o al menos mirar o tocar su sexo.
Freud Philipp
(1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Philipp (1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
Freud Philipp
(1836-1911), medio hermano de Sigmund Freud
fuente(86)
Nacido en Tysmenitz, Philipp era el hijo menor de Jacob Freud y su primera mujer, Sally Freud,
nacida Kanner. Se instaló en Manchester con su hermano Emanuel Freud, donde se casó en
1873 con Matilda Bloomath, o Bloome (1839-1925), quien le dio dos vástagos: una hija, Pauline
(1873-1951), que se casaría con Frederick Hartwig, y un hijo, Morris (1876-1938).
Compañero de juegos de Sigmund Freud, John Freud (1855-?), el hijo de Emanuel, lo llamaba "tío
Philipp". Sigmund Freud hacía lo mismo. Lleno de humor y naturalmente cáustico, Philipp era a sus
ojos un "hermano malo", al que no atribuía la misma autoridad que a Emanuel. Un día, Philipp
sorprendió a Monika Zajic, la niñera a la que llamaban Nanie, mientras estaba robando. La hizo
"encajonar" (poner presa), en el mismo momento en que Amalia Freud daba a luz a Anna (la
futura Anna Bernays), hermana de Sigmund. Éste sufrió cruelmente la ausencia de su Nanie,
que coincidía con la imposibilidad de ver a la madre. Buscó a Amalia (la madre) por todo el
departamento.
Philipp abrió entonces un "cajón", para demostrarle que no estaba encerrada. En 1897, en su
autoanálisis, Freud analizó ese episodio, explicándole a Wilhelm Fliess que él había tenido miedo
de que también la madre hubiera sido "encajonada".
En su infancia, Freud sospechó que este hermanastro tenía relaciones sexuales con su madre,
sólo un año mayor que Philipp. (En efecto, el patriarca, Jacob Freud, habría podido ser el padre
de su tercera mujer, Amalia, y el abuelo de Sigmund.) En La interpretación de los sueños Freud
hace una alusión vaga a esta angustia, al narrar un sueño en el que aparecen un personaje,
Philippe, hijo de un conserje, que le revela la naturaleza del coito, y un objeto, la Biblia de Ludwig
Philippsohn, antiguo regalo de su padre. En cuanto al tema del "cajón" como símbolo del vientre
materno, habla de él en Psicopatología de la Oda cotidiana, atribuyendo la fechoría de la
doméstica "encajonada" a un niño de tres años.
En 1978, Marianne Krüll dio por seguro que Philipp había sido el amante de su madrastra. Nada
permite demostrarlo.
Morris Freud, hijo de Philipp, emigró a Sudáfrica en 1910, y murió en un accidente automovilístico.
En cuanto a su hermana, Pauline Hartwig, de sobrenombre Polly, conservó las cartas que
Sigmund Freud le escribió a su familia de Manchester, y sobre todo a su sobrino Samuel Freud
(1860-1945), el hijo de Emanuel. El marido de Polly, Frederick, las legó a la biblioteca de la
Universidad John Rylands.
La hipótesis de un segundo matrimonio de Jacob Freud fue formulada por primera vez en 1968
por Josef Sajner, y retomada por Marianne Krüll en 1979, a partir de documentos
incuestionables, sin que sea posible precisar los hechos. Se ignora la fecha exacta del
matrimonio de Jacob con Sally Kanner (de la que tuvo dos hijos, Emanuel, en 1833, y Philipp, en
1834), así como la de su matrimonio con Rebekka (respecto de la cual no se sabe lo que ocurrió,
si acaso no murió entre 1852 y 1855).
Lo seguro es que Sigmund Freud ignoró siempre ese segundo matrimonio de su padre. En 1926,
cuando el psiquiatra peruano Honorio Delgado le envió la obra biográfica que acababa de
publicar sobre él, y en la cual mencionaba los tres matrimonios del padre, Freud le pidió que
corrigiera "el error": "Mi padre sólo se casó dos veces, y no tres".
En 1979, Marie Balmary se entregó a frágiles especulaciones que intentaron "cristianizar" el
destino de Freud en su relación con el padre. Balmary descubría -Una supuesta "falta oculta" de
este último. Inventó que Rebekka se había suicidado saltando de un tren, y que Amalia
Nathanson, la madre de Sigmund, ya estaba encinta al casarse con Jacob, el 29 de julio de 1855.
Para fundamentar esta hipótesis se basó en el rumor de que Sigmund Freud habría corregido la
fecha de su nacimiento: el 6 de mayo en lugar del 6 de marzo. Ahora bien, Sigmund Freud nació
realmente el 6 de mayo de 1856, y nunca tergiversó esa fecha, como pudo establecerlo Renée
Gicklhorn en 1969.
Freud Sally, nacida
Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre política de Sigmund Freud
Freud Sally, nacida Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre política de
Sigmund Freud
Freud Sally
Nacida Kanner, primera esposa de Jacob Freud, madre política de Sigmund Freud
fuente(87)
De Sally Kanner sólo se sabe que se casó con Jacob Freud a mediados del año 1832, cuando él
no tenía aún 17 años. Emanuel Freud, su primer hijo, nació poco después de ese matrimonio, y el
segundo, Philipp Freud, un año y medio después. A continuación llegaron otros dos hijos, un
varón y una niña, que murieron en la primera infancia.
Freud Schiomo
Sigismund, llamado Sigmund (1856-1939). Médico vienés, fundador del
psicoanálisis
Freud Schiomo Sigismund, llamado Sigmund (1856-1939). Médico vienés, fundador
del psicoanálisis
Freud Schiomo Sigismund
Llamado Sigmund (1856-1939)
Médico vienés, fundador del psicoanálisis
fuente(88)
Sobre Sigmund Freud se han escritos centenares de obras en todo el mundo, y se le han
dedicado algunas decenas de biografías, desde la de Fritz Wittels hasta la de Peter Gay,
pasando por las de Lou Andreas-Salomé, Thomas Mann, Siegfried Bernfeld, Ernest Jones, Ola
Andersson, Henri F. Ellenberger, Max Schur, Kurt Eissler, Didier Anzieu y Carl Schorske. En
cuanto a su obra, traducida a una treintena de idiomas, la componen veinticuatro libros
propiamente dichos (dos en colaboración: uno con Josef Breuer y el otro con William Bullitt), y
ciento veintitrés artículos. A este conjunto hay que añadir prefacios, notas necrológicas,
intervenciones diversas en congresos y contribuciones a enciclopedias. En este diccionario
catalogamos los veinticuatro libros.
Kurt Eissler ha estimado en quince mil las cartas escritas por Freud, y aproximadamente en diez
mil las depositadas en la Library of Congress: se han perdido aproximadamente cinco mil piezas.
El historiador alemán Gerhard Fichtner propuso otras cifras. Según él, Freud habría escrito
aproximadamente veinte mil cartas. Diez mil habrían sido destruidas o se habrían extraviado,
cinco mil se conservaron, y cinco mil tendrían que encontrarse en el siglo XXI: diez mil en total.
Observemos que el propio Freud destruyó, perdió o extravió una parte de las cartas recibidas de
sus corresponsales, sobre todo las de Wilhelm Fliess.
Se han publicado tres mil doscientas cartas de Freud, entre ellas las dirigidas a Eduard
Silberstein, Wilhelm Fliess, Lou Andreas-Salomé, Ernest Jones, Carl Gustav Jung, Sandor
Ferenczi, Romain Rolland, Arnold Zweig, Stefan Zewig, Edoardo Weiss, Oskar Pfister
(expurgadas), Karl Abraham (expurgadas).
Hay dos ediciones completas de la obra de Freud en alemán. Una en vida del autor, los
Gesammelte Schrffiten, y la otra después de su muerte, las Gesammelte Werke (GW),
publicadas primero en Londres, y después en Francfort. Las GW se han convertido en la
edición de referencia en el mundo entero, complementadas con otros dos volúmenes: un índice,
y un tomo de suplementos (Nachtragsband) realizado por Angela Richard e llse Grubricli-Sirnitis.
A esto hay que añadir una edición llamada de estudio, la Studienalisgabe, iniciada por Alexander
Mitscherlich, y compuesta por textos escogidos. A pesar de todos los esfuerzos de Mitscherlich
e llse Grubrich-Simitis, en Alemania no ha podido ver la luz ninguna edición "crítica" de las GW
(con notas, comentarios, presentaciones, etcétera).
La edición inglesa, realizada por James Strachey con el título de Standard Edition qf the
Complete Psychological Works of Sigmund Freud (SE), es la única edición crítica de la obra de
Freud. Por ello, más aún que las Gesaminelte Werke, se le atribuye autoridad en el mundo
entero.
En razón de la oposición de los herederos (Ernst Freud y Anna Freud), ninguno de los textos de
Freud anteriores a 1886 forma parte de las diversas ediciones de las obras completas. Ahora
bien, en ese período llamado prepsicoanalítico, que se extiende desde 1877 hasta 1886, Freud
publicó veintiún artículos sobre temas diversos: neurología, medicina, histología, cocaína,
etcétera. Esos artículos fueron inventariados en 1973 por Roger Dufresne.
En 1967, Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis aislaron aproximadamente noventa conceptos
estrictamente freudianos en el seno de un vocabulario psicoanalítico compuesto por
cuatrocientos treinta términos. Esos conceptos fueron objeto de revisiones múltiples, realizadas
por los grandes teóricos y clínicos del freudismo: Sandor Ferenczi, Melanie Klein, Jacques
Lacan:, Donald Woods Winnicott, Heinz Kohut, y otros.
Observernos que Freud publicó cinco grandes historiales clínicos, que fueron comentados o
revisados por sus sucesores: Ida Bauer (Dora), Herbert Graf (Juanito), Ernst Lanzer (el Hombre
de las Ratas), Daniel Paul Schreber, Serguei Constantinovich Pankejeff (el Hombre de los Lobos).
Según el cuadro de las filiaciones establecido por Ernst Falzeder en 1994, Freud formó en el
análisis didáctico a más de sesenta profesionales, en su mayoría alemanes, austríacos,
ingleses, húngaros, holandeses, norteamericanos, suizos, a los cuales habría que añadir los
pacientes cuya identidad se ignora.
Fue sin duda Stefan Zweig quien, en 1942, trazó uno de los retratos más realistas de Freud: "No
se podría imaginar un ser de espíritu más intrépido. Instante tras instante, Freud se atrevía a
expresar lo que pensaba, aun cuando sabía que inquietaba y perturbaba con sus declaraciones
claras e inexorables; nunca trató de hacer menos difícil su posición recurriendo a concesiones,
así fueran mínimas o puramente formales. Estoy convencido de que Freud habría podido exponer
las cuatro quintas partes de sus teorías sin encontrar ninguna resistencia de la universidad, si
hubiera estado dispuesto a cubrirlas prudentemente, a decir «erótico» en lugar de «sexual»,
«Eros» en lugar de «libido», y no ir siempre al fondo de las cosas, sino limitarse a sugerirlas.
Pero cuando se trataba de su enseñanza y de la verdad, no abandonaba la intransigencia;
cuanto más firme era la resistencia, más se afirmaba él en su resolución. En los momentos en
que busco un símbolo del coraje moral (el único heroísmo del mundo que no exige víctimas), veo
siempre ante mí el hermoso rostro de Freud con su claridad masculina, sus ojos oscuros y la
mirada directa y viriV'
Nacido en Freiberg, Moravia (o Pribor, en la República Checa), el (a de mayo de 1856, recibió
como nombres de pila SchIomo (Salomón) Sigismund. Era el hijo de Amalia Freud y Jacob Freud,
el mayor del tercer matrimonio del padre, comerciante en lana y textiles. Del primer matrimonio de
Jacob con Sally Freud, Sigmund tenía dos hermanos: Emanuel Freud y Philipp Freud. Del
matrimonio de Jacob y Amalia nacerían siete hijos más: Julius, Anna, Debora (Rosa), Marie
(Mitzi), Adolfine (Dolfi), Pauline (Paula) y Alexander.
Circuncidado poco después de nacer, el joven Sigmund recibió una educación judía no
tradicionalista y abierta a la filosofía de las Luces. La madre, que lo llamaba "mi Sigi de oro", lo
adoraba, y también lo amaba el padre, que le transmitió los valores del judaísmo clásico. Él sentía
un afecto particular por su nodriza checa y católica, Monika Zajic, llamada Nannie, que lo llevaba
a visitar iglesias, le hablaba del "buen Dios" y le reveló un mundo distinto del mundo del judaísmo
y la judeidad. Sin duda, ella desempeñó también un papel en su aprendizaje de la sexualidad.
En octubre de 1959 Jacob dejó Freiberg, donde sus negocios declinaban debido a la introducción
del maquinismo y el desarrollo de la industrialización. Se instaló entonces en Leipzig, esperando
encontrar en esa ciudad mejores condiciones para el comercio de textiles. Emanuel y Philipp, por
su lado, emigraron a Manchester. Un año después, sin haber podido mejorar su mala situación
económica, Jacob decidió establecerse en Leopoldstrasse, el barrio judío de Viena. Entre 1865 y
1873 el joven Sigmund asistió al Realgymnasium, y después al Obergymnasium, donde conoció a
Eduard Silberstein, con el cual mantuvo su primera gran correspondencia intelectual, sobre todo
a propósito de Franz Brentano. En esa época se enamoró de Gisela Fluss, hija de un
comerciante amigo de su padre. Más tarde se hizo amigo de Heinrich Braun (1854-1927), quien
suscitó en él un interés por la política (más tarde, Braun se orientó hacia el socialismo).
En el otoño de 1873 Freud comenzó sus estudios de medicina. Lo apasionó la ciencia positiva, y
sobre todo la biología darwiniana (que le serviría de modelo en todos sus trabajos). En 1874
pensó en viajar a Berlín para asistir a los cursos de Hermann von Helmholtz. Un año después,
impulsado por Carl Claus, su profesor de zoología, obtuvo una beca que le permitió estudiar en
Trieste la vida de las anguilas macho de río. Publicado en 1877, ese texto demuestra que Freud
trabajaba en la elaboración de una teoría del funcionamiento específico de las células nerviosas
(las futuras neuronas), teoría cuyas huellas se encontrarán en el "Proyecto de psicología" de
1895.
Después de esa experiencia, Freud pasó del instituto de zoología al de fisiología, para
convertirse en alumno de Ernst Wilhelm von Brücke, eminente representante de la escuela
antivitalista fundada por Helmholtz. En ese instituto, donde permaneció seis años, se vinculó con
Josef Breuer. Entre 1879 y 1880, obligado a pedir licencia para cumplir con su servicio militar, se
distrajo traduciendo cuatro ensayos de John Stuart Mill (1806-1873), bajo la dirección Theodor
Gomperz (1832-1912), escritor y helenista austríaco, responsable de la publicación alemana de
las obras completas de ese filósofo inglés, teórico del liberalismo político.
En 1882, después de haberse recibido, se comprometió con Martha Bernays (Martha Freud),
quien sería su mujer. Por razones económicas, renunció entonces a la carrera de investigador, y
decidió ejercer la medicina. Los tres años siguientes trabajó en el Hospital General de Viena,
primero en el servicio de Hermann Nothnagel, y después con Theodor Meynert. Allí conoció a
Nathan Weiss (1851-1883), y cuando ese nuevo amigo se suicidó, ahorcándose, Freud quedó
profundamente conmovido: "Su vida -le escribió a Martha- parece haber sido la de un personaje
de novela, y su muerte una catástrofe inevitable".
Soñando con lograr celebridad y dejar de ser pobre para poder casarse, creyó descubrir las
virtudes de la cocaína, y la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, afectado de una
enfermedad incurable. No advirtió la dependencia inducida por la droga, e ignoró su acción
anestésica, que iba a ser descubierta por Carl Koller.
En 1885, designado Privatdozent en neurología, Freud obtuvo una beca para viajar a París. Ardía
en deseo de conocer a Jean Martin Charcot, cuyas experiencias sobre la histeria lo fascinaban.
Esa primera estada en Francia marcó el inicio de la gran aventura científica que lo llevaría a la
creación del psicoanálisis. En el teatro Saint-Martin, Freud asistió maravillado a la representación
de una obra de Victorien Sardou interpretada por Sarah Bernhardt: Nunca una actriz me ha
hecho dudar tan poco, yo estaba dispuesto a creer todo lo que ella dijera". Después de París, se
dirigió a Berlín, donde siguió la enseñanza del pediatra Adolf Baginsky.
De retorno en Viena, inició la práctica privada, abriendo su consultorio en la Rathausstrasse.
Tres tardes por semana trabajaba también como neurólogo en la clínica Steindlgasse, primer
instituto público de pediatría dirigido por el profesor Max Kassowitz (1842-1913). En septiembre
de 1886 se casó con Martha, y el 15 de octubre dio una conferencia sobre la histeria masculina
en la sociedad de médicos, donde tuvo una acogida glacial: no en razón de sus tesis
(etiológicas), según él dijo más tarde, sino porque le atribuyó a Charcot la paternidad de ideas ya
conocidas por los médicos vieneses.
En 1887, un mes después del nacimiento de su hija Mathilde (Hollitscher), Freud conoció a
Wilhelm Fliess, brillante médico judío berlinés que realizaba amplias investigaciones sobre la
fisiología y la bisexualidad. Ése fue el comienzo de una larga amistad y una excepcional
correspondencia íntima y científica. A pesar de haber realizado varios intentos, Fliess nunca
logró curar a Freud de su pasión por el tabaco: "Comencé a fumar a los 24 años -escribió en
1929-, primero cigarrillos y muy pronto exclusivamente cigarros [ ... ]. Estimo que le debo al
cigarro un gran crecimiento de mi capacidad de trabajo y un mejor dominio de mí mismo."
En septiembre de 1891, Freud se instaló en un departamento ubicado en 19 Berggasse. Allí
permaneció hasta su exilio en 1938, rodeado de sus seis hijos (Mathilde, Martin, Oliver, Ernst,
Sophie Halberstadt y Anna) y su cuñada Minna Bernays. En su práctica se ocupaba
esencialmente de mujeres de la burguesía vienesa calificadas de .'enfermas nerviosas" y
afectadas de trastornos histéricos. Dejando de lado el nihilismo terapéutico tan corriente en el
ambiente médico vienés de la época, trataba ante todo de atender y curar a sus pacientes,
aliviarlas de sus sufrimientos psíquicos. Durante un año utilizó los métodos terapéuticos
aceptados en la época: masajes, hidroterapia, electroterapia. Pero pronto constató que esos
tratamientos no tenían ningún efecto. Empezó entonces a emplear la hipnosis, inspirándose en
los métodos de sugestión de Hippolyte Bernheim, a quien visitó en ocasión del primer congreso
internacional de hipnotismo realizado en París en 1889. En 1891 publicó una monografía, "Sobre
la concepción de las afasias", en la cual se basaba en las tesis de Hughlings Jackson para
proponer una comprensión funcional, y no sólo neurofisiológica, de los trastornos del lenguaje.
Reemplazaba la doctrina de las localizaciones cerebrales" por la del asociacionismo, preparando
el camino para la definición de un "aparato psíquico" tal como se lo encuentra en la
metapsicología: lo formuló por primera vez en 1896 y postuló sus fundamentos en el capítulo VII
de La interpretación de los sueños.
Trabajando junto a Breuer, Freud abandonó progresivamente la hipnosis en beneficio de la
catarsis, y después creó el método de la asociación libre, para desembocar en el psicoanálisis:
la palabra fue empleada por primera vez en 1896, y su creación se atribuye a Breuer. En 1897,
sobre la base de un informe favorable de Nothnagel y Richard von Kraffi-Ebing, Freud fue
propuesto para recibir el título prestigioso de profesor extraordinario. Su designación fue
ratificada por el emperador Francisco José el 5 de marzo de 1902.
Contrariamente a muchos intelectuales vieneses marcados por el "auto-odio judío", Freud, judío
infiel e incrédulo, hostil a todos los rituales y a la religión, nunca renegó de su judeidad. Como lo
ha subrayado Manes Sperber, siguió siendo un "judío consciente, que nunca disimulaba su
origen ante nadie; por el contrario, lo proclamaba con dignidad, a menudo con orgullo. Muchas
veces dijo que detestaba a Viena y que se sentía liberado siempre que se alejaba de esa ciudad
en la que había crecido y a la que debía seguir ligado por vínculos indestructibles. Su conciencia
de la identidad judía no se eclipsó nunca, porque su origen no fue jamás para él una fuente de
sentimientos de inferioridad, aunque le creara problemas y le causara dificultades adicionales,
sobre todo en su vida profesional"
En el marco de su amistad con Fliess se produjeron varios acontecimientos principales de la vida
de Freud: su autoanálisis, la derivación de una paciente (Emma Ekstein), la publicación de un
primer gran libro, Estudios sobre la histeria, en el que se relataban varias historias de mujeres
(Bertha Pappenheim, Fanny Moser, Aurelia Ohm, Anna von Lieben; Lucy, Elisabeth von R.,
Mathilde H., Rosalie H.), y finalmente el abandono de la teoría de la seducción, según la cual toda
neurosis se podría explicar por un trauma real. Esta renuncia, fundamental para la historia del
psicoanálisis, se produjo el 21 de septiembre de 1897. Freud se la comunicó a Fliess en un tono
enfático, en una carta que iba a hacerse célebre: "Ya no creo en mi neurótica".
Comenzó entonces a elaborar su teoría del fantasma, y después concibió una nueva teoría del
sueño y del inconsciente, centrada en la represión y el complejo de Edipo. Su interés por la
tragedia de Sófocles fue contemporáneo de su pasión por Hamlet. En efecto, Freud era un gran
lector de literatura inglesa, y se nutrió particularmente en la obra de Shakespeare:---Unaidea me
ha cruzado por la mente -le escribió a Fliess en 1897-, la de que el conflicto edípico puesto en
escena en el Oedilnis Rex de Sófocles podría estar también en el corazón de Hamlet. No creo
en una intención consciente de Shakespeare, sino más bien que un acontecimiento real impulsó
al poeta a escribir ese drama, y que su propio inconsciente le permitió comprender el
inconsciente de su héroe."
Después de 1926, y a pesar de una larga discusión con James Strachey, Freud terminó por
ceder a la creencia de que Shakespeare no era el autor de su obra. Este tema del
desplazamiento de la atribución de una paternidad o de una identidad fue retomado varias veces
por Freud, sobre todo en Moisés Y la religión monoteísta, donde convierte a Moisés en un
egipcio.
De la nueva teoría del inconsciente nacerá un segundo gran libro, publicado en noviembre de
1899, La interpretación de los sueños, donde se narra el sueño de Ia inyección a Irma---, que se
produjo cuando Freud se encontraba en Bellevue, en julio de 1895, en un pequeño castillo de los
bosques de Viena: -¿Crees tú -le escribió a Fliess el 12 de junio de 1900-, que algún día habrá
en esta casa una placa de mármol en la que podrá leerse: «En esta casa, el 24 de julio de 1895
le fue revelado el misterio del sueño al doctor Sigmund Freud»? Hasta hoy, tengo pocas
esperanzas."
Entre 1901 y 1905, Freud publicó su primer caso clínico (Dora), y otras tres obras:
Psicopatologia de la vida cotidiana (1901), El chiste , N, su relación con lo inconsciente (
1905), y Tres ensayos de teoría sexual (1905). En 1902, con Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Max
Kahane (1866-1923) y Rudolf Reitler (1865-1917), fundó la Sociedad Psicológica de los
Miércoles, primer círculo de la historia del freudismo. En los años que siguieron, numerosas
personalidades del mundo vienés se unieron al grupo: Paul Federn, Otto Rank, Fritz Wittels, Isidor
Sadger. En el curso de esas reuniones, él elaboró la idea de una posible aplicación del
psicoanálisis a todos los ámbitos del saber: la literatura, la antropología, la historia, etcétera. El
propio Freud defendió la ideadel psicoanálisis aplicado, publicando una fantasía literaria: El
delirio y los sueños en la "Gradiva" de Jensen ( 1907).
En 1907 y 1908, el círculo de los primeros discípulos freudianos se amplió aún más con la
adhesión al psicoanálisis de Hamis Sachs, Sandor Ferenczi, Karl Abraham, Ernest Jones,
Abraham Arden Brill y Max Eitingon.
Durante el primer cuarto de siglo, la doctrina freudiana se implantó en varios países: Gran
Bretaña, Hungría, Alemania, la Costa Este de los Estados Unidos. En Suiza se produjo un hecho
principal en la historia del movimiento psicoanalítico: Eugen Bleuler, médico jefe de la Clínica del
Burghölzli en Zurich, comenzó a aplicar el método psicoanalítico al tratamiento de las psicosis,
mientras elaboraba la noción de esquizofrenia. De tal modo se abrió una nueva -tierra prometida-
a la doctrina freudiana: en adelante ella pudo incorporarse también al saber psiquiátrico, y tratar
de solucionar el enigma de la locura humana.
El 3 de marzo de 1907, Carl Gustav Jung, alumno y asistente de Bleuler, viajó a Viena para
encontrarse con Freud. Después de una entrevista de varias horas, ese nuevo maestro vienés
lo conquistó. Jung fue el primer discípulo no judío de Freud.
En 1909, por invitación de Grandville Stanley Hall, Freud, en compañía de Jung y Ferenczi, viajó a
los Estados Unidos, para dar cinco conferencias en la Clark University de Worcester,
Massachusetts. Esas conferencias fueron reunidas y publicadas con el título de Cinco
conferencias sobre psicoanálisis. A pesar del encuentro fructífero con James Jackson Putnam
y de un éxito considerable, Freud no apreciaba mucho al continente americano. Durante toda su
vida desconfió del espíritu pragmático y puritano de los Estados Unidos, un país que acogió sus
ideas con un entusiasmo ingenuo y desconcertante.
En vista del antisemitismo, y temiendo que el psicoanálisis fuera asimilado a una "ciencia judía",
Freud decidió "desjudaizarlo", ubicando a Jung a la cabeza del joven movimiento. Después de un
primer congreso que reunió en Salzburgo, en 1908, a todas las sociedades locales, él creó con
Ferenczi, en Nuremberg, en 19 10, una asociación internacional: la Internationale
Psychoanalytische Vereinigung (IPV). En 1933 fue abandonada la sigla alemana. La IPV se
convirtió entonces en la International Psychoanalytical Association (IPA).
Entre 1909 y 1913 Freud publicó otras dos obras: Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci
(1910) y Tótem , y tabú (1912-1913). A partir de 1910 la expansión del movimiento se tradujo en
disidencias en las que estaban en juego disputas personales y a la vez cuestiones teóricas y
clínicas. Las rivalidades narcisistas se mezclaban con críticas sobre la duración de las curas, la
cuestión de la transferencia y la contratransferencia, el lugar de la sexualidad y la definición del
inconsciente. En 1911 Adler y Stekel se separaron del grupo freudiano. Dos años más tarde,
Jung y Freud interrumpieron toda relación entre ellos. Freud, que no soportaba las desviaciones
respecto de su doctrina, publicó en vísperas de la Primera Guerra Mundial un verdadero
panfleto, -Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico---, en el cual denunció las
traiciones de Jung y Adler. Después creó un Comité Secreto, compuesto por sus mejores
paladines, entre los cuales distribuyó un anillo de fidelidad.
Lejos de impedir las disidencias, esta iniciativa generó nuevas disputas. Apoyados por Jones,
los berlineses (Abraham y Eitingon) preconizaban la ortodoxia institucional, mientras que los
austro-húngaros (Rank y Ferenczi), se interesaban más por las innovaciones técnicas. Una
nueva disidencia marcó también la historia de ese primer freudismo: la de Wilhelm Reich.
Alrededor de 1930, el fenómeno de la disidencia fue reemplazado por el de las escisiones,
característico de la transformación del psicoanálisis en un movimiento de masas. En adelante se
enfrentaron grupos, y no ya los discípulos o los pioneros en rivalidad con su maestro. Aislado en
Viena, pero célebre en todo el mundo, Freud continuó su obra sin poder controlar la política de
su movimiento. Entre 1919 y 1933, la IPA se transformó en una verdadera máquina burocrática,
encargada de regular todos los problemas técnicos relativos a la formación de los
psicoanalistas.
Al final de la Primera Guerra Mundial, con la aparición de las neurosis de guerra, se reinició la
discusión sobre el carácter traumático de las afecciones psíquicas. Freud se vio entonces
enfrentado a su viejo rival Julius Wagner-Jauregg, acusado de haber sometido a inútiles
tratamientos eléctricos a soldados a los que se le atribuía simulación. En ese debate Freud
intervino de manera magistral para demostrar la superioridad del psicoanálisis sobre todos los
otros métodos.
Con el derrumbamiento del Imperio Austro-Húngaro, Berlín se convirtió en la capital del freudismo,
según lo atestiguan la creación del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI) y las numerosas
actividades del Instituto de Francfort en torno a Otto Fenichel y la "izquierda freudiana". Mientras
que a Viena afluían los norteamericanos para formarse en el diván del maestro, éste tomó en
análisis a su propia hija, Anna Freud. Anna no tardaría en convertirse en jefe de escuela y
oponerse a Melanie Klein, su principal rival en el dominio del psicoanálisis de niños. En este
sentido, la oposición entre la escuela inglesa y la escuela vienesa, que se desarrolló en la IPA a
partir de 1924, y que giraba en torno a la cuestión de la sexualidad femenina, puso de manifiesto
el lugar cada vez más importante que ocupaban las mujeres en el movimiento psicoanalítico. En el
corazón de esa polémica, Freud mantuvo su teoría de la libido única y del falocentrismo, pero sin
mostrarse misógino. Apegado en su vida privada a una concepción burguesa de la familia
patriarcal, en sus amistades con las mujeres intelectuales adoptaba sin embargo una actitud
perfectamente cortés, moderna e igualitaria. Por su doctrina y su lugar de terapeuta, desempeñó
un papel en la emancipación de las mujeres.
En la década de 1920, Freud publicó tres obras fundamentales, a través de las cuales definió su
segunda tópica y reestructuró totalmente su teoría del inconsciente y del dualismo pulsional: Más
allá del principio de placer (1920), Psicología de masas - y análisis del yo (1921), y El yo y el
ello (1923). Este movimiento de refundición conceptual ya había comenzado en 1914, con la
publicación de un artículo dedicado a la
cuestión del narcisismo. Se había confirmado en 1915, con la elaboración de una metapsicología
y la aparición de un ensayo sobre la guerra y la muerte, en el cual Freud subrayaba la necesidad
que tiene el sujeto de "organizarse con vistas a la muerte a fin de soportar mejor la vida". De tal
refundición, centrada en la dialéctica de la vida y la muerte, y en una acentuación de la oposición
entre el yo y el ello, nacerán las diferentes corrientes del freudismo moderno: el kleinismo, la Ego
Psychology, la Self Psychology, el lacanismo, el annafreudismo, los Independientes.
Para postular la existencia de una pulsión de muerte, Freud revaloriza dos grandes figuras de la
mitología griega: Eros y Tánatos. Esta revisión de la doctrina original se produjo en un momento
en que la sociedad vienesa, ya obsesionada por su propia muerte desde fines de siglo, enfrentó
la negación absoluta de su identidad: la Austria de esa época, como lo ha subrayado Stefan
Zweig, no era ya en el mapa de Europa más que "una luz crepuscular", una "sombra gris,
incierta y sin vida de la antigua monarquía imperial".
En febrero de 1923 Freud descubrió en el lado derecho de su paladar un pequeño tumor que
debió ser extirpado de inmediato. En un primer momento, Felix Deutsch, su médico, le ocultó la
naturaleza maligna de ese tumor. Freud se malquistó con él. Seis meses más tarde, Hans Pichler,
cirujano vienés, procedió a una intervención radical: la resección parcial de los maxilares y de la
parte derecha del paladar. Después, bajo el control de Max Schur, Freud debió soportar treinta y
una operaciones. Se vio obligado a llevar una prótesis, a la que llamaba "el monstruo": "Con su
paladar artificial -escribió Zweig-, era visible que le costaba hablar [ ...]. Pero no abandonaba a
sus interlocutores. Su alma de acero ponía una ambición particular en demostrar a sus amigos
que su voluntad seguía siendo más fuerte que los tormentos mezquinos que le infligía el cuerpo
[... ]. Éste era un combate terrible, y cada vez más sublime, a medida que se prolongaba. Cada
vez, que yo volvía a verlo, la muerte había arrojado una sombra más nítida sobre su rostro [ ... ].
Un día, en una de mis últimas visitas, llevé conmigo a Salvador Dalí, para mí el pintor más dotado
de la joven generación, que tenía por Freud una veneración extraordinaria. Mientras yo hablaba,
él hizo un dibujo. Nunca tuve el valor de mostrárselo a Freud, pues Dalí, con su clarividencia,
había ya figurado la muerte en la obra."
La enfermedad no le impidió a Freud continuar con sus actividades, pero lo mantuvo alejado de
los asuntos del movimiento psicoanalítico, y fue Jones quien presidió los destinos de la IPA a
partir de 1934, fecha en la que Max Eitingon se vio obligado a abandonar Alemania.
Apasionado de la telepatía, Freud, entre 1921 y 1933, no vaciló en entregarse con Ferenczi a
experiencias llamadas "ocultas" que iban en dirección opuesta a la política de Jones, quien
apuntaba a darle al psicoanálisis una base racional, científica y médica. En 1926, a continuación
de un proceso seguido a Theodor Reik, Freud asumió vigorosamente la defensa de los
psicoanalistas no médicos, publicando ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Al año siguiente
mantuvo una polémica con su amigo Oskar Pfister, al publicar El porvenir de una ilusión, obra en
la que comparaba la religión con una neurosis. Finalmente, en 1930, con El malestar en la
cultura, examinó la capacidad de las sociedades democráticas modernas para dominar las
pulsiones destructivas que llevan a los hombres a perderse. Dos años más tarde, en un
intercambio epistolar con Albert Einstein (1879-1955), subrayó que el desarrollo de la cultura es
siempre un modo de trabajar contra la guerra. Entre 1929 y 1939 llevó una crónica de sus
entrevistas (Kürzeste Chronik, crónica mínima) que iba ser publicada por Michael Molnar en
Londres, en 1992.
Cada vez más pesimista sobre el futuro de la humanidad, Freud no se hacía ninguna ilusión
acerca de la manera en que el nazismo trataba a los judíos y al psicoanálisis: "Como un hombre
verdaderamente humanitario -escribió Zweig-, estaba profundamente conmovido, pero el
pensador no se sorprendía en absoluto de la espantosa irrupción de la bestialidad". No obstante,
el día siguiente al incendio del Reichstag decidió con Eitingon mantener la existencia del BPI.
Aunque no aprobaba la política de "salvamento" del psicoanálisis preconizada por Jones,
cometió el error de privilegiar la lucha contra los disidentes (Reich y los adierianos), en lugar de
rechazar cualquier compromiso con Matthias Heinrich Göring, lo que habría llevado a suspender
todas las actividades psicoanalíticas desde la llegada de Hitler al poder.
No obstante, en marzo de 1938, en el momento de la invasión de Austria por las tropas
alemanas, Richard Sterba actuó en otro sentido; decidió rechazar la política de Jones y no crear
en Viena un instituto "arianizado" según el modelo del de Göring en Berlín. Se tomó entonces la
decisión de disolver la Wiener Psychonalytische Vereinigung (WPV) y llevarla a "donde Freud
resida". Gracias a la intervención del diplomático norteamericano William Bullitt (1891-1967) y a
un rescate pagado por Marie Bonaparte, Freud pudo abandonar Viena con su familia. En el
momento de partir lo obligaron a firmar una declaración en la cual afirmaba que ni él ni sus
allegados habían sido importunados por los funcionarios del Partido Nacionalsocialista. En
Londres se instaló en una hermosa casa de 20 Maresfield Gardens, futuro Freud Museum. Allí
redactó su última obra, Moisés y la religión monoteísta. No llegó a conocer la suerte reservada
por los nazis a sus cuatro hermanas, exterminadas en campos de concentración.
A principios del mes de septiembre de 1939 escuchaba radio todos los días. A quienes a su
alrededor le preguntaron si ésa sería la última guerra, él respondió simplemente: "Mi última
guerra". Inició entonces la lectura de La piel de Zapa, de Honorato de Balzac (1799-1850): "Es
precisamente lo que necesito -dijo-; este libro habla de encogimiento y muerte por inanición". El
21 de septiembre tomó la mano de Max Schur y le recordó lo que habían convenido en su primer
encuentro: "Usted me prometió entonces que no me abandonaría cuando llegara el momento.
Ahora, esto es sólo una tortura, y ya no tiene sentido." Después añadió: "Háblele de esto a
Anna, y si ella piensa que es justo, terminemos". Consultada, Anna quiso posponer el instante
fatal, pero Schur insistió, y ella aceptó su decisión. Le aplicó a Freud tres inyecciones
espaciadas de tres centigramos de morfina. El 23 de septiembre, a las tres de la madrugada,
después de dos días de coma, el anciano se extinguió apaciblemente: "Fue la conclusión sublime
de una vida sublime -escribió Zweig-, una muerte memorable en medio de la hecatombe de esa
época asesina. Y cuando nosotros, sus amigos, depositamos su féretro, sabíamos que
abandonábamos a la tierra inglesa lo que nuestra patria tenía de mejor."
Las cenizas de Freud reposan en el crematorio de Golder's Green.
Freud Sigmund. Médico
austríaco
Freud Sigmund. Médico austríaco
Freud Sigmund
Médico austríaco
fuente(89)
(Freiberg, hoy Pribor, Moravia 1856 - Londres 1939).
Con el descubrimiento del psicoanálisis, Freud inaugura un nuevo discurso que procura dar un
estatuto científico a la psicología. En realidad, lejos de agregar un capítulo nuevo al dominio de
las ciencias llamadas positivas, introduce una ruptura radical con lo que después se llamará las
ciencias humanas y también con lo que constituía hasta entonces el centro de la reflexión
filosófica, es decir, la relación del hombre con el mundo.
Algunos elementos biográficos. Se tiende a creer que el psicoanálisis ha renovado el interés
tradicionalmente atribuido a los acontecimientos de la existencia para comprender o interpretar el
comportamiento y las obras de los hombres excepcionales. Esto no es así, y Freud es
categórico al respecto: «Quien quiere hacerse biógrafo se compromete con la mentira, con el
disimulo, con la hipocresía, e incluso con el disimulo de su incomprensión, pues la ver -dad
biográfica no es accesible, y si lo fuera, uno no podría servirse de ella» (carta a A. Zweig, autor
de La confusión de los sentimientos, del 31 de mayo de 1936).
Freud nació en una familia de comerciantes judíos bastante acomodados. Siempre se señala la
complejidad de las relaciones intrafamiliares. Su padre, Jakob Freud, se había casado por
primera vez a los diecisiete años y había tenido dos hijos, Emmanuel y Philippe. Viudo, se vuelve
a casar con Amalia Nathanson, que tiene veinte años, edad del segundo hijo de Jakob. Freud
será el mayor de los ocho hijos del segundo matrimonio de su padre y su compañero de juegos
preferido, apenas un año mayor que él, es su sobrino. Cuando tiene tres años, la coyuntura
económica provoca una caída de los ingresos familiares y la familia debe dejar Freiberg para
instalarse en Viena, donde nunca volverá a encontrar la holgura anterior. Esta partida será
siempre dolorosa para Freud. Un punto que él mismo destacó merece ser recordado: el amor sin
desfallecimientos que su madre le dedicó siempre, al que atribuyó la confianza y la seguridad de
las que dio pruebas en todas las circunstancias. Fue muy buen alumno durante sus estudios
secundarios y, sin una vocación particular, se puso a estudiar medicina. Dos cosas deben
destacarse: una ambición precozmente formulada y reconocida y «la aspiración de aportar algo,
durante su vida, al conocimiento de la humanidad» (Sobre la psicología del colegial, 1914). Su
curiosidad, «que apuntaba más a las cuestiones humanas que a las cosas de la Naturaleza»
(Presentación autobiográfica, 1925), lo lleva a seguir al mismo tiempo, durante tres años, las
conferencias de F. Brentano, varias de ellas dedicadas a Aristóteles. En 1880 publica la
traducción de varios textos de J. S. Mill: Sobre la emancipación de la mujer Platón, La cuestión
obrera, El socialismo. En setiembre de 1886, después de un noviazgo de varios años, desposa
a Martha Bernays, de la que tendrá cinco hijos. En 1883 es nombrado privatdozent (profesor
libre, dictante de conferencias), y en 1902, profesor honorario. A pesar de la hostilidad y las
dificultades de toda índole, Freud rehusará siempre dejar Viena. Sólo bajo la presión de sus
alumnos y amigos, y tras el Anschluss de marzo de 1938, se decide al fin, dos meses después,
a partir para Londres.
El neurólogo. En 1876, después de cursar tres años de estudios médicos, Freud ingresa en el
Instituto de Fisiología dirigido por E. Brücke. Su primera publicación aparece en 1877: Sobre el
origen de las raíces nerviosas posteriores en la médula espinal del amocetes (Petrornyzon
planeri); la última, concerniente a La parálisis cerebral infantil, es de 1897. En el lapso de esos
veinte años, pueden contarse cuarenta artículos (fisiología y anatomohistología del sistema
nervioso).
El trabajo de Freud sobre la afasia (Una concepción de la afasia, estudio crítico [Zur Auffassung
der Aphasien], 1891) permanecerá en las sombras, aunque ofrece la elaboración más acabada
y más notable de la afasiología de la época. Sus esperanzas de notoriedad tampoco fueron
satisfechas por sus trabajos sobre la cocaína publicados de 1884 a 1887. Había descubierto las
propiedades analgésicas de esta sustancia, descuidando las propiedades anestésicas, que
serán utilizadas con éxito por K. Koller. El recuerdo de este fracaso será uno de los elementos
de la elaboración de un sueño de Freud, el de la «monografía botánica».
Las circunstancias inmediatas del descubrimiento del psicoanálisis. A comienzos de la década
de 1880, Freud se encontraba en la posición de investigador en neurofisiología y de autor de
trabajos de valor, pero que no podían permitirle, en ausencia de toda fortuna personal, asegurar
la subsistencia de una familia, A pesar de sus reticencias, la única solución que se le ofrecía era
abrir un consultorio privado como neurólogo, lo que hizo sorpresivamente el domingo de Pascuas
del 25 de abril de 1886. Algunos meses antes había obtenido una beca gracias a la cual pudo
realizar uno de sus sueños, el de ir a París. Fue así como tuvo en la Salpêtrière un encuentro
determinante: conoció a J. M. Charcot. Debe destacarse que Charcot no se mostró interesado ni
por los cortes histológicos que le aportó Freud como testimonio de sus trabajos, ni por el relato
del tratamiento de Anna O., cuyos elementos principales le había comunicado su amigo Breuer
desde 1882. Charcot no se preocupaba casi por la terapéutica, sino por describir y clasificar los
fenómenos para intentar dar cuenta de ellos racionalmente.
Freud comenzó utilizando los medios entonces a su disposición: la electroterapia de W. H. Erb, la
hipnosis y la sugestión. Las dificultades encontradas lo llevaron a acercarse a A. A. Liébault y
H. M. Bernheim en Naney durante el verano de 1889, Por otra parte tradujo las obras de este
último al alemán, encontrando allí la confirmación de las reservas y las decepciones que él mismo
experimentaba frente a esos métodos.
En 1890, logra convencer a su amigo Breuer para escribir en conjunto una obra sobre la histeria.
Su trabajo en común dará lugar a la publicación en 1893 de la «Comunicación preliminar» que
servirá luego de introducción a los Estudios sobre la histeria, ya se encuentra allí la idea
freudiana de la defensa para proteger al sujeto de una representación «insoportable» o
«incompatible». El mismo año, en un artículo titulado «Algunas consideraciones para un estudio
comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas», publicado en francés en los
Archives Neurologiques, Freud afirma que «la histeria se comporta en sus parálisis y otras
manifestaciones como si la anatomía no existiese, o como sí no tuviese ningún conocimiento de
ella».
Los Estudios sobre la histeria, obra común de Breuer y Freud, aparecen en julio de 1895.
Además de la «Comunicación preliminar», comprenden cinco observaciones de enfermos: la
primera, la de Anna O. (Bertha Pappenheim), está redactada por Breuer, encontrándose allí la
tan feliz expresión de talking cure propuesta por Anna O.; las cuatro siguientes se deben a
Freud. La obra termina con un texto teórico de Breuer y un texto sobre la psicoterapia de la
histeria de Freud, en el que puede verse esbozado lo que separará a los dos autores el año
siguiente. En La herencia y la etiología de las neurosis, publicada en francés en 1896 en la
Revue Neurologique, Freud afirma en efecto: «Una experiencia de pasividad sexual antes de la
pubertad; esta es la etiología específica de la histeria». El término psicoanálisis es empleado allí
por primera vez. También en el trascurso de esos años, la reflexión de Freud sobre la
interrupción brutal por Breuer del tratamiento de Anna O. lo lleva a concebir la trasferencia.
Hay que señalar, por último, la redacción en algunas semanas, a fines de 1895, del Proyecto de
psicología (Entwurf einer Psychologie), que Freud no publicará nunca y que constituye en
principio su última tentativa para asentar la psicología sobre los enunciados más recientes de la
neurofisiología. En esta época, entonces, Freud ha abandonado la hipnosis y la sugestión, en
tanto que inaugura la técnica de la asociación libre. Su posición doctrinal está centrada en la
teoría del núcleo patógeno constituido en la infancia con ocasión de un trauma sexual real
resultante de la seducción por un adulto. El síntoma es la consecuencia de la represión de las
representaciones insoportables que constituyen este núcleo, y el tratamiento consiste en volver
a traer a la conciencia sus elementos como se extrae un «cuerpo extraño», siendo la
desaparición del síntoma la consecuencia del levantamiento de la represión.
Los tres libros fundamentales sobre el inconsciente. Durante los años que preceden a la
publicación de La interpretación de los sueños, Freud introduce en la nosografia, a la que no es
indiferente, algunas entidades nuevas. Describe la neurosis de angustia separándola de la
categoría bastante heteróclita de la neurastenia. Aísla por primera vez la neurosis obsesiva (al.
Zwangsneurose) y propone el concepto de psiconeurosis de defensa en el que es integrada la
paranoia.
Pero la tarea principal es la de su autoanálisis, término que no empleará durante mucho tiempo.
He aquí lo que dice de él en la carta a W. Fliess del 14 de noviembre de 1897: «Mi autoanálisis
sigue interrumpido. He echado de ver por qué. Sólo puedo analizarme a mí mismo con los
conocimientos adquiridos objetivamente (como a un extraño). Un autoanálisis genuino es
imposible, de lo contrario no habría enfermedad».
El encuentro con Fliess se remonta a 1887. Freud comienza a analizar sistemáticamente sus
propios sueños a partir de julio de 1895. Todo pasa como si Freud, sin darse cuenta, hubiese
usado a Fliess como intermediario para su propio análisis. El 23 de octubre de 1896 muere su
padre. Puede pensarse que este acontecimiento no es extraño al descubrimiento del complejo de
Edipo, del que, un año después, en la carta a Fliess del 15 de octubre de 1897, encontramos la
siguiente formulación: «Sólo se me ha ocurrido una idea de valor general. He encontrado en mí,
como por otra parte en todos, sentimientos de amor hacia mi madre y de celos hacia mi padre,
sentimientos que son, pienso, comunes a todos los niños, aunque su aparición no es tan precoz
como en los niños que se han vuelto histéricos (de una manera análoga a la "novela de los
orígenes" en la paranoia -héroes y fundadores de religiones-). Si esto es así, se comprende, a
pesar de todas las objeciones racionales que se oponen a la hipótesis de una inexorable
fatalidad, el poder cautivante del Edipo rey. También se comprende por qué tenían que fracasar
miserablemente todos los posteriores dramas de destino (...) pero la leyenda griega ha captado
una compulsión que todos reconocen porque todos la han sentido. Cada espectador fue un día
en germen y en su fantasía un Edipo, y se espanta retrospectivamente ante el cumplimiento de
su sueño traspuesto en la realidad, con todo el aporte de la represión que separa su estado
infantil de su estado actual». La ruptura definitiva con Fliess ocurrirá en 1902. En 1900 aparece
La interpretación de los sueños (Die Traumdeutung). El postulado de partida introduce una
ruptura radical con todos los discursos anteriores. El absurdo, la incongruencia de los sueños
no es un accidente de orden mecánico, el sueño tiene un sentido, ese sentido está oculto y no
se desprende de las figuras que utiliza el sueño, sino de un conjunto de elementos propios del
soñante mismo, es decir que dependemos, para descubrir ese sentido oculto, de las
«asociaciones» producidas por el sujeto. Queda entonces excluido que ese sentido pueda ser
determinado sin la colaboración del soñante.
Debemos ocuparnos, pues, de un texto. Sin duda el sueño está constituido principalmente por
imágenes, pero no hay otro acceso a ellas que el relato del soñante, que constituye el
«contenido manifiesto» que se trata de descifrar, como lo hizo Champollion con los jeroglíficos
egipcios, para descubrir el «contenido latente». El sueño está constituido con ayuda de los
«sueños diurnos», a los que son trasferidos los investimientos afectados a las representaciones
de deseo. Así, al mismo tiempo que protege el dormir, el sueño asegura, bajo una forma
camuflada, cierto «cumplimiento de deseo». La elaboración del sueño se efectúa con ayuda de
técnicas especiales, extrañas al pensamiento conciente: la condensación (un mismo elemento
representa varios pensamientos del sueño) y el desplazamiento (un elemento del sueño es
puesto en lugar de un pensamiento latente).
De esta concepción del sueño resulta una estructura particular del aparato psíquico que es
objeto del séptimo y último capítulo.
Más que la división en tres instancias, conciente, preconciente e inconciente, que especifica lo
que se llama la primera tópica, conviene retener la idea de una división del psiquismo en dos
tipos de instancias, que obedecen a leyes diferentes y separadas por una frontera que no es
franqueable sino en condiciones particulares: de un lado, conciente-preconciente, del otro,
inconciente. Este corte es radical e irreductible, jamás puede haber allí síntesis, sino «tendencia
a la síntesis». Por lo tanto, el sentimiento de la unidad de lo mental que es propio del yo no es
sino una ilusión. Este aparato hace problemática la aprehensión de la realidad, que tiene que ser
constituida por el sujeto. La posición de Freud aquí es la misma que la expresada en el Proyecto:
«Lo inconciente es lo psíquico mismo y su esencial realidad. Su naturaleza íntima nos es tan
desconocida como la realidad del mundo exterior, y la conciencia nos informa sobre ello de una
manera tan incompleta como nuestros órganos de los sentidos sobre el mundo exterior».
El sueño, para Freud, resulta ser una encrucijada entre lo normal y lo patológico, y las
conclusiones concernientes al sueño serán consideradas por él como válidas para dar cuenta
de los estados neuróticos.
La Psicopatologia de la vida cotidiana (Zur Psychopathologie des AlItagslebens) aparece al
año siguiente, en 1901. Se abre con el ejemplo de un olvido de nombre, el de Signorelli, análisis
ya publicado por Freud en 1898; este olvido asocia en sus determinaciones motivos sexuales y
la idea de la muerte. La obra reseña toda una serie de pequeños accidentes, a los que de
ordinario apenas se les presta atención, como los olvidos de palabras, los «recuerdos
encubridores», los lapsus del habla o de la escritura, las torpezas, los actos fallidos, etc. Estos
hechos pueden considerarse manifestaciones del inconciente bajo las siguientes tres
condiciones: 1) no deben superar cierto límite fijado por nuestro juicio, es decir, lo que llamamos
«los límites del acto normal»; 2) deben tener el carácter de un trastorno momentáneo; 3) sólo
pueden ser caracterizados así si sus motivos se nos escapan y nos vemos reducidos a invocar
el «azar» o la «inatención».
«Al poner a los actos fallidos en el mismo nivel que las manifestaciones de las psiconeurosis, les
damos un sentido y una base a dos afirmaciones que a menudo escuchamos repetir, a saber,
que entre el estado nervioso normal y el funcionamiento nervioso normal no existe un límite nítido
y tajante (...) Todos estos fenómenos, sin excepción alguna, se dejan reducir a materiales
psíquicos incompletamente rechazados que, aunque reprimidos por la conciencia, no han
perdido toda posibilidad de manifestarse y expresarse».
El tercer texto, El chiste y su relación con lo inconciente (Der Witz und seine Beziehung zum
Unbewuflten), se publica en 1905. Ante este largo y difícil texto, algunos se han preguntado por
qué juzgó Freud necesario acumular una cantidad tan grande de ejemplos a través de una
complicada clasificación. Sin duda, porque sus tesis eran difíciles de demostrar. He aquí las
principales. «La gracia sólo reside en la expresión verbal». Los mecanismos no son otros que
los del sueño, la condensación y el desplazamiento. El placer que el chiste engendra está ligado
a la técnica y a la tendencia satisfecha, hostil u obscena. Pero, sobre todo, «el tercero» ocupa
en el chiste un papel preferencial, cosa que lo distingue de lo cómico. «El chiste necesita en
general la intervención de tres personajes: el que lo produce, el que paga el gasto de la verba
hostil o sexual, y por último aquel en el que se realiza la intención del chiste, que es producir
placer». Finalmente, «sólo es chiste el que acepto como tab. Se comprende entonces la dificultad
de traducir la palabra alemana Witz, pero también la dificultad de su manejo en alemán, por lo
que se acaba de mencionar y la diversidad de los ejemplos utilizados: historias extrañas,
chistes, retruécanos, juegos de palabras, etc. La especificidad del Witz explica la atención que
Freud pone en distinguirlo de lo cómico, distingo que se resume así: «el chiste es para lo cómico,
por así decir, la contribución que le viene del inconciente».
El mismo año aparecen los Tres ensayos de teoría sexual (Drei Abhandlungen zur
Sexualtheorie), donde se afirma e ilustra la importancia de la sexualidad infantil y se propone un
esquema de la evolución de la libido a través de fases caracterizadas por la dominancia
sucesiva de las zonas erógenas bucal, anal y genital. En este texto es donde, respecto de la
sexualidad, el niño es definido como un «perverso polimorfo» y la neurosis es situada como
«negativo de la perversión». Entre 1905 y 1918, aproximadamente, van a sucederse un gran
número de textos concernientes a la técnica, por una parte, y a su ilustración a través de la
presentación de casos clínicos, por otra. Entre estos últimos figuran los clásicos cinco
historiales clínicos psicoanalíticos:
1905, Fragmento de análisis de un caso de histeria: es la observación de una paciente llamada
Dora, centrada en dos sueños principales cuyo trabajo de interpretación ocupa la mayor parte;
1909, Análisis de lafobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans o Juanito): Freud verifica
allí la exactitud de las «reconstrucciones» efectuadas en el adulto;
en 1909 también, A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el Hombre de las Ratas): el
análisis está dominado por un deseo de muerte inconciente y Freud se sorprende de verificar
«aún mejor» en un obsesivo sus descubrimientos hechos en el estudio de la histeria;
1911, Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente
(el presidente Schreber): la particularidad de este análisis consiste en el hecho de que Freud
nunca se encontró con el paciente, conformándose con trabajar sobre las Memorias escritas por
este para exponer su enfermedad y hacer valer su interés científico;
1918, finalmente, De la historia de una neurosis infantil (el Hombre de los Lobos): esta
observación presentaba para Freud una importancia muy particular. Aportaba la prueba de la
existencia, en el niño, de una neurosis perfectamente constituida, patente o no; y la del adulto es
sólo la exteriorización y la repetición de la neurosis infantil; demostraba la importancia de los
motivos libidinales y la ausencia de aspiraciones culturales, contra Jung; daba una ilustración
precisa de la constitución del fantasma y del lugar de la escena primaria.
Conviene señalar que la soledad de Freud, que duró muchos años, cesó cerca de 1906 con la
constitución de la Sociedad de los Miércoles, día de reunión de los primeros adeptos,
rápidamente trasformada en Sociedad Psicoanalítica de Viena.
En 1910, Freud funda la Sociedad Internacional de Psicoanálisis, cuyo primer presidente es Jung.
Los complementos necesarios. Intentemos reunir bajo este título algunos temas que, aunque
presentes muy a menudo en los primeros escritos, fueron elaborados por Freud bastante
tardíamente. En primer lugar, la cuestión del padre, tratada con una amplitud excepcional en
Tótem Y tabú de 1912-13 y retomada para un ejemplo particular en Moisés y la religión
monoteísta (1932-38). Este es uno de los puntos más difíciles de la doctrina de Freud, debido al
polimorfismo de la función paterna en su obra. Luego, está el concepto de narcisismo, que es el
objeto del gran artículo de 1914 Introducción del narcisismo, necesario para superar las
dificultades encontradas en el análisis de Schreber e intentar dar cuenta de las psicosis, pero
también para esbozar una teoría del yo. Lo siniestro (Das Unheimliche), publicado en 1919, atañe
más especialmente a la problemática de la castración. Pero la conmoción más importante viene
de la conceptualización del automatismo de repetición y del instinto de muerte, que son el tema
de Más allá del principio de placer (Jenseits des Lusiprinzips, 1920). La teoría del yo y la
identificación serán los temas centrales de Psicología de las masas y análisis del yo
(Massenpsychologie und Ich-Analyse, 192 l).
La negación (Die Verneinung, 1925), por último, viene a subrayar la primacía de la palabra en la
experiencia psicoanalítica, al mismo tiempo que define un modo particular de presentificación del
inconciente.
Las modificaciones doctrinales. Freud nunca dejó de intentar reunir, en una perspectiva que él
denominaba metapsicológica, los descubrimientos que su técnica le permitió hacer y las
elaboraciones que no dejaron nunca de acompañar su práctica, subrayando al mismo tiempo que
este esfuerzo no debía ser interpretado como la tentativa de constitución de una nueva «visión
del mundo» (Weltanschauung).
Ciertas modificaciones valen como correcciones de posiciones anteriores. Este es el caso de la
teoría del fantasma, que remplazará alrededor de 1910 a la primera teoría traumática de la
seducción precoz (Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, 1907; Formulaciones sobre los
dos principios del acaecer psíquico, 1911; «El Hombre de los Lobos», 1918).
Este es el caso también del masoquismo, considerado primero como una inversión del sadismo.
Las tesis de Más allá del principio de placer harán concebible la idea de un masoquismo
primario que Freud se verá llevado a hacer equivaler, en El problema económico del
masoquismo (1925), al instinto de muerte y al sentimiento de culpa irreductible e inexplicado que
revelan ciertos análisis.
De un modo sin duda arbitrario, se puede contar entre las modificaciones requeridas por el
desgaste de los términos (sobrentendiendo que muchos otros motivos las justifican) la
introducción de la segunda tópica, constituida por tres instancias: ello, yo y superyó (El yo y el
ello [Das Ich und das Es], 1923), las nuevas consideraciones sobre la angustia como señal de
peligro (Inhibición, síntoma y angustia [Hemmung, Symptom und Angst], 1926), y el último texto,
inacabado, de La escisión del yo en el proceso defensivo (Die Ichspaltung im Abwehrvorgang,
1938). En este texto, Freud anuncia que, a pesar de las apariencias, lo que va a decir,
retornando la observación del artículo de 1927 sobre el fetichismo, es, también en este caso,
totalmente nuevo. En efecto, las formulaciones que allí se proponen se presentan como el
esbozo de una remodelación del conjunto de la economía de su doctrina.
Dos textos tienen aparentemente un estatuto un poco particular en la obra de Freud. Son El
porvenir de una ilusión (Die Zukunft einer Illusion), publicado en 1927, y que examina la
cuestión de la religión, y El malestar en la cultura (Das Unbehagen in der Kultur, 1929),
dedicado al problema de la felicidad lo el bien-estar], considerada por Freud inalcanzable, y a las
exigencias exorbitantes de la organización social hacia el sujeto humano.
Se trata, en efecto, de la consideración de los fenómenos sociales a la luz de la experiencia
psicoanalítica. En realidad, como siempre en Freud, el ángulo elegido para tratar cualquier
cuestión le sirve ante todo para aportar precisiones o para poner a punto aspectos importantes
de la experiencia. En El porvenir, es la cuestión del padre y de Dios como su corolario; en El
malestar, es la maldad fundamental del ser humano y la comprobación paradójica de que cuanto
más satisface el sujeto los imperativos morales del superyó, más exigente se muestra este.
Freudismo
Alemán: Freudianismus.
Francés: Freudisme.
Inglés: Freudianism.
fuente(90)
En la historia de la psiquiatría dinámica, se llama freudismo a la escuela de pensamiento fundada
por Sigmund Freud. El freudismo incluye el conjunto de las corrientes que se basan en él, sean
cuales fueren sus divergencias. La historia del freudismo y su identificación teórica, sociológica
y política, se confunde entonces con la historia de las interpretaciones sucesivas de la doctrina
original estructurada por Freud.
Sus herederos, a quienes se llama "freudianos", la han modificado a lo largo de por lo menos
cuatro generaciones de pensadores, comentadores, intérpretes, terapeutas o jefes de escuelas,
agrupados o no en diversas instituciones, entre las cuales la más antigua y de lejos la más
poderosa es la International Psychoanalytical Association (IPA). Desde su creación en 1910, ella
se asignó la tarea de redefinir las tareas de la enseñanza teórica y de la formación llamada
didáctica de los terapeutas denominados psicoanalistas, con independencia de su otra
formación (médica, psiquiátrica, profana).
El freudismo es la alianza de un sistema de pensamiento y un método terapéutico. El sistema
freudiano se basa en: 1) una concepción del inconsciente que excluye toda idea de
subconciencia y supraconciencia; 2) una teoría de la sexualidad extendida a todas las formas
sublimadas de la actividad humana, y por lo tanto irreductible a la actividad sexual y sus
transgresiones; 3) finalmente, a una aprehensión de la relación terapéutica en términos de
transferencia. Aunque haya nacido de la medicina y la psiquiatría (y a menudo sea practicado
por médicos o psiquiatras), el método terapéutico freudiano es el psicoanálisis, y únicamente el
psicoanálisis. Se caracteriza por tratar mediante la palabra, y únicamente mediante la palabra,
las enfermedades del alma (psicosis, melancolía), de los nervios (neurosis) y la sexualidad
(perversión), excluyendo deliberadamente cualquier otra forma de intervención -como el análisis
clínico y los cuidados corporales adaptados a cada parte del organismo, los masajes, la cirugía,
la hipnosis, la hidroterapia, la farmacología, la sugestión, el encierro, las terapias conductistas y
cognitivas, la presión moral mediante la persuasión o la autopersuasión, la confesión, el trance o
el exorcismo, la coacción física y moral (con o sin abuso sexual) basada en el reclutamiento, la
alienación, el delirio (sectas), la homeopatía, la bioenergía (medicinas paralelas y parapsicología)
y, finalmente, los métodos ligados al ocultismo (astrología, videncia, espiritismo, telepatía).
Con respecto a las otras medicinas del alma y del psiquismo que se basan también en la cura
mediante la palabra, y que se agrupan en diversas escuelas de psicotera