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ECONOMIA
Del ornitorrinco al libre albedrío
Por Hugo Presman
[Hugo Presman es Contador Público, egresado de la Universidad de Buenos Aires,
donde posteriormente fue profesor en la Facultad de Ciencias Económicas. Es
periodista y sus notas semanales son recogidas por diferentes medios del país y
del exterior. Colabora habitualmente con distintas publicaciones. Conduce con
Gerardo Yomal el programa EL TREN que se emite desde hace cinco años, de lunes a
jueves, de 19,30 a 21 horas por AM 740, Radio Cooperativa. Es autor del trabajo
de investigación sobre los desparecidos de la ciudad bonaerense de Marcos Paz
titulado "25 años de ausencia". Es coautor de los libros: "Insignificancia y
autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis" y "Carlos Damián Álvarez.
Pasión por los libros"]
El ornitorrinco es "un mamífero ovíparo, de tamaño de un conejo, de mandíbulas
ensanchadas y cubiertas por una lámina cornea a manera de pico, pies palmeados y
pelaje suave y espeso". Tiene la particularidad o tal vez la originalidad, que
es un reptil que como es lógico pone huevos pero alimenta a sus crías con sus
mamas, es decir que también es un mamífero. El ornitorrinco es como la realidad,
que crea situaciones que desconciertan a los analistas, deja perplejos a los
pensadores, sume en la confusión a los filósofos, se escapa de los dogmas de
aquellos que dibujan un mundo sin sorpresas, porque son poseedores de todas las
respuestas.
LOS MOVIMIENTOS NACIONALES Y EL ORNITORRINCO
En los países más desarrollados, la confrontación burguesía – proletariado se
presento como la contradicción principal. En Francia, Inglaterra, EE.UU, la
burguesía se apoderó del Estado imponiéndose a otras fuerzas y realizó la
revolución burguesa, induciendo al desarrollo de las fuerzas productivas
teniendo una relación de necesidad y confrontación con los obreros.
En los países coloniales y semicoloniales, los esbozos de la burguesía nacional
fueron derrotados, implementando otros actores sociales desde el Estado,
políticas que contemplaron sus intereses. Su actitud fluctuante fue, en
ocasiones, formar parte de los movimientos nacionales en donde podían dar
batalla, en mejores condiciones a los intereses económicos competitivos
extranjeros y a sus adversarios internos, o en otros casos aliarse a ellos para
enfrentarse a los movimientos nacionales, que surgieron como un frente de
intereses comunes y contradictorios para enfrentar a los sectores económicos
internos más retardatarios y aquellos otros foráneos, respaldados por la
potencia dominante de la época en alianza posteriormente con los organismos
financieros internacionales que cumplen roles similares. Los movimientos
nacionales tienen grandezas y miserias, etapas transformadoras de cambios
significativos y otros en que protagonizan períodos termidoreanos de profundos
retrocesos. Son como el ornitorrinco: mamíferos y reptiles. En los momentos de
avance, predomina el mamífero. En otras, su parte reptil acompaña la caída.
A la derecha económica concentrada, le agrada lo que tiene reptil, pero se
opone, desconfía e intenta destruir la parte de mamífero. Ciertos sectores de
izquierda parten de la premisa que la revolución sólo la puede hacer un mamífero
integral y se oponen al ornitorrinco por reptil. En esos casos, desde posiciones
opuestas, termina habiendo una coincidencia práctica. Hay quienes sostienen que
los movimientos nacionales (el peronismo, el varguismo, el velazquismo, el
chavismo, el evomoralismo, entre tantos otros) deben ser analizados como lo que
son: un ornitorrinco donde conviven el reptil y el mamífero. Comprenderlo y
apoyarlo en lo que tiene de progresividad histórica y justicia social no
implica convertirse en un seguidor incondicional, en un militante acrítico del
ornitorrinco. Si se sostiene que hay que colocarse a su lado, al tiempo que se
conforma una alternativa más consistente, un movimiento nacional con una
conducción más sólida y consecuente, desarrollando sus aspectos más
evolucionados y dejando aislados, cuando hay un cambio de la relación de
fuerzas, las partes de reptil. Están lo que dicen que esto solo es posible
compartiendo su vida y su hábitat y otros sostienen que hay que caminar junto al
ornitorrinco pero independiente de él. En cualquier caso son visiones que
consideran a los movimientos nacionales como un proceso histórico positivo. En
cambio, los que quieren la garantía de un mamífero auténtico, lo desprecian
como un engaño. Y los que lo quieren todo reptil, no lo consideran un animal de
su confianza y lo intentan cercar y matar. En estas interpretaciones, dudas,
errores, golpes sangrientos, patrullas perdidas, triunfos y traiciones se
encierra porciones significativas de la historia de América Latina de los
últimos dos siglos.
EL LIBRE ALBEDRÍO
El socialismo real, cuando existía, era criticado en aspectos de
la vida cotidiana por su tendencia a la uniformidad en la forma de vestir, por
ejemplo.
Durante muchos años se redujo las diferencias de modelos complejos con la
simplificación que el capitalismo en aras de la libertad sacrifica la justicia,
y el socialismo real en la búsqueda de la justicia suprime la libertad. Como muy
bien explica el ensayista Alejandro Horowicz en un excelente reportaje realizado
por Leonardo Sai y Gabriel Erdmann, en donde se explaya, entre otros temas,
sobre las causas profundas de la caída del socialismo real: "La transformación
socialista no es una variable de la transformación burguesa (cosa que el joven
Marx creyó), no es la revolución donde una minoría guía a una mayoría (aunque
represente a los intereses mayoritarios). No hay tal cosa. Si la mayoría no
asume como propia esa situación, tal cosa no sucede. Asumirla como propia pasa a
ser el hecho político decisivo, y una cuestión que la mayoría tenía que hacer de
sí: una clase dominante. Tarea que la clase obrera tenía que asumir en tanto
clase histórica. Esta tarea jamás sucedió. Este es el fracaso, la derrota del
socialismo leninista. La clase obrera no se planteó en Europa jamás este
problema a esa escala y por lo tanto e socialismo no pudo vencer. No porque no
estaban dadas las condiciones materiales histórico-políticas, sino que no
estaban dadas las condiciones de su propia transformación para esa tarea. La
revolución rusa dejó en claro que un sistema de representantes ( el soviet) daba
paso a otro sistema de representantes ( el PCUS con sus trece millones de
burócratas). El pueblo que gobierna no es el pueblo gobernado y los que
gobiernan terminan representándose a si mismos. Este es el problema que ninguna
situación revolucionaria fue capaz de resolver durante el siglo XX.
Con relación al capitalismo, después de discurrir sobre la obsolescencia del
modelo Fordista y su reemplazo por el modelo de capital tecnológico afirma:
"Nunca el capital dispuso de semejante estructura porque no hay masa que le haga
resistencia. Porque el mismo es su propio límite, porque la fuerza de trabajo
del capital tecnológico no solo no le hace resistencia sino que por ahora se
pliega plásticamente a sus dictados……Y las nuevas formas del capital no pueden
ser otra cosa que nuevas formas de la clase obrera. Decir que el Fordismo ha
concluido, decir que la fábrica ya no es más el escenario, es decir, que
la clase obrera industrial concebida como objeto central de esa transformación
ya no puede serlo porque el proceso productivo mismo se ha modificado,
modificándola."
El capitalismo se vende como la expresión del libre
albedrío. Libertad para ponerse lo que se quiere, para pensar conforme a las
posibilidades. Pero la dictadura del mercado es tan fuerte y tan sibilina, de
una grosería sutil que lleva a actuar y pensar conforme a sus reglas, mientras
los consumidores están convencidos que tienen libertad de elegir, cuando
meramente se les concede la facultad de optar. Desde hace dos o tres años, el
calzado femenino en verano se ha reducido, fundamentalmente a las ojotas y a
diferentes marcas de zapatillas. Un calzado de playa o de puertas adentro, ha
pasado a tener usos múltiples, con el que se trabaja o se concurre a una fiesta.
Cada una de las usuarias tiene la ilusión que está eligiendo, cuando es en
realidad la moda impulsada por las fábricas, las que les imponen un gusto que
cree propio. No hay prisión más fuerte, que aquella que convence al esclavo que
es libre mientras permanece encerrado. Y esta última moda libera a los pies,
esclavizándolos en una única opción que, como en todos los casos, incluye la
presión social de "lo que se usa". Esto augura un futuro donde los traumatólogos
y ortopedistas tendrán abundante clientela. El pie es la parte del cuerpo que
la evolución ha dejado más lejos de la estética. Es muy difícil encontrar un pie
bello, que carezca además de las huellas que el tiempo y el uso provocan. Al
respecto Horowicz sostiene: "La democratización de ciertas modas (convive con)
la esquizofrenia que estalla en el cuerpo. La ropa de mujer, que impone tamaños
que no son los de las mujeres comunes y tienen que adecuar sus formas y tamaños
a la ropa de las modelos: hay que meter cirugía para que entren, hay que meter
dietas, sufrimiento. Ni el placer ni la salud determinan la dieta alimentaria,
es la indumentaria la que determina todo: una dictadura más imbécil y más
profundamente deshumanizada no se ha visto jamás. Los cinturones de castidad
medieval, al lado de las formas de bombacha de la bikini actual son un poroto,
la chica que no entra en la bombacha se siente una verdadera porquería. Una
púber que todavía no completó su desarrollo fisiológico se hace " las lolas" y
la mamá le paga la cirugía de sus nueva "lolas" cuando ni siquiera sabe todavía
como son sus lolas. Esto no es simplemente la locura de algunos: es el patrón de
locura instalada. Uno no puede entender los comportamientos alimentarios de
millones y millones de personas sin entender estas formas avanzadas y
determinantes de esquizofrenia. No son conductas personales. Esta cada vez más
claro que el capitalismo resulta cada vez más esquizofrénizantes."
Esta
sujeción presentada como libertad, se reproduce en distintos ámbitos y
escenarios, entre los que se incluye la ficción de "la libertad de pensar". Los
oyentes de Radio 10, los lectores de La Nación o Página 12, en muchos casos
tienen la ilusión de expresar sus opiniones cuando meramente son el eco de las
de Joaquín Morales Solá, Mariano Grondona, Oscar González Oro, Marcelo
Longobardi, Horacio Verbitsky o Mario Wainfeld.
Es cierto que como decía el escritor francés Marcel Proust : "Un libro es un
enorme cementerio, en donde el nombre de las lápidas se ha borrado". Lo mismo se
podría decir del pensamiento, que debe surgir de la lectura, la educación, el
conocimiento y el talento individual. Eso siempre es así. Muy diferente es
repetir lo que se escucha sin interrogarse sobre su consistencia, alentado por
ciertas coincidencias surgidas de una misma matriz ideológica. Tal vez el
ornitorrinco se pregunte si es reptil o mamífero, y tenga la ilusión que puede
optar. Pero lo cierto que sólo es lo que la naturaleza ha determinado. Tan
cercano, por el absurdo, al consumidor, cuyo destino no está fijado por la
naturaleza, sino que solo está sometido a la dictadura sutil del mercado bajo la
ficción de la libertad de elegir. Libertad tan alejada de la realidad como la
libre competencia y la borgeana versión de la ciencia económica liberal, capaz
de crear una de las figuras más notables y perdurables, entre incautos e
interesados, de la economía-ficción: "la mano invisible del mercado".
Conferencia de Eduardo Galeno sobre el funcionamiento político del capitalismo actual y Venezuela
POLITOLOGIA
Más
acerca del partido único
Por Raúl Isman
[Raúl Isman es docente universitario y escritor. Se desempeña como miembro de
Consejo Editorial de la Revista Desafíos, colabora habitualmente en el periódico
El Ideal, y es además Director de la revista electrónica Redacción Popular.]
Breve bosquejo histórico acerca del partido único y cuestiones conexas a la
democracia: Vías seguras hacia (el fracaso de) la revolución
"Por mucho que se lamente ahora desde el punto de vista moral la existencia de
los partidos, sus medios de propaganda y de lucha y el hecho que la confección
de sus programas y de las listas de candidatos estén inevitablemente en manos de
minorías, lo cierto es que la existencia de los mismos no se eliminará…."
Max Weber. Sociólogo conservador alemán.
Introducción
La pretensión de encapsular el juego político por medio de una única fuerza ha
sido históricamente una jugada que, por propia naturaleza, correspondía a la
peor derecha. Pero en realidad nunca fue lograda del todo la pretensión de
marras, en razón de las enormes dificultades existentes para limitar toda
actividad relacionada a la politicidad a una sola agrupación. Fatalmente esta se
dividía en tendencias, aunque mas no fuera una descaradamente conservadora del
"Status quo" y otra muy tímidamente partidaria de la más cruel opresión. La gran
revolución iniciada hacia 1789 en Francia hizo trizas la pretensión del poder
que hemos referido. Así, girondinos, jacobinos, cordeleros, thermidorianos
fueron algunos nombres de las nuevas organizaciones que agrupaban una
parte-partido-de la sociedad. Cuanto más compleja fuera una sociedad, mayor
debía ser el panorama en el cual se desplegase semejante diversidad a través de
las distintas agrupaciones. En el siglo XX, los sectores privilegiados volvieron
a intentar gestar regímenes de partido único, único modo que encontraron en
dichas sociedades (Italia, Alemania, España, entre otras) de dar continuidad a
sus privilegios durante diversas etapas críticas del sistema capitalista. En
tales países la oposición seguía actuando desde la clandestinidad u operando
desde dentro mismo de la lucha interna del propio partido dominante.
Vista la cuestión desde la propia izquierda, las elecciones que se celebraron en
Cuba el domingo 20 de enero de 2008 (en las que la reelección de Fidel Castro no
puede ser calificada como sorpresiva) reactualizan un complejo y riesgoso debate
acerca de la temática enunciada en el título del presente artículo. La
complejidad de la cuestión ni siquiera merece argumentarse, habida cuenta de la
existencia de verdaderas bibliotecas dedicadas a tratar ambas temáticas. Por
otra parte, lo riesgoso reside en el hecho que la derecha se ha apropiado de
toda mención en disconformidad al (llamado) totalitarismo de partido único: De
modo que toda referencialidad crítica-que asume un carácter necesario y
racional-contra las perspectivas que defienden el monopartidismo puede zozobrar
frente al peligro de identificación con el discurso imperial. Por otra parte, el
poder-que mientras pudo se abroqueló en negar a los sujetos subalternos la
posibilidad de votar y demás derechos políticos-utiliza cínicamente la bandera
democrática para escarnecer y denigrar todo proceso de ascenso popular. De todos
modos, en tan estrecho desfiladero daremos nuestra visión; ya que nos parece que
es estéril para los procesos emancipatorios que conmueven nuestra América la
defensa dogmática, acrítica y antihistórica de construcciones que, sin dudas,
han hecho significativos aportes para la lucha de sus pueblos, aunque tal vez
hayan agotado lo mejor de su dinamismo. Pero tal vez el error residió en
generalizar ciertas experiencias pretendiéndolas erigirse en modelo universal y
necesario (es decir, válido para todos los casos y de modo obligatorio).
Ciertamente resulta doloroso que una construcción teórica de elevado espíritu
libertario en lo social, como la enunciada por Marx, haya quedado ligada a
experiencias de partido único. Pero por más duro que nos resulte, lo cierto que
tal vinculación existió y es veraz. Por lo cual negarla sólo puede conducir a
fallidos diagnósticos y duras derrotas. Por otra parte, el carácter global del
contexto en que se desenvuelve la lucha de todos los explotados y oprimidos
amerita una exposición lo más clara posible del origen histórico del problema,
de los diversos modos en los que fue analizado y de sus consecuencias
posteriores. La finalidad no puede ser otra que diseñar cursos de acción lo más
certeros posible. Por cierto que uno de los temas centrales de todo proceso
revolucionario es-como lo definió Antonio Gramsci-el consenso de masas hacia las
transformaciones; cuestión más que presente en la temática que analizaremos. De
hecho, en tal perspectiva, toda lucha por la liberación nacional y social es un
combate por ganar en tal perspectiva al conjunto del pueblo. De modo que en el
presente artículo se analizará fundamentalmente la tradición de izquierdas en
relación al partido único y la cuestión de la democracia. Que la derecha se
preocupe ella por sus problemas, contradicciones y enfrentamientos. Empezaremos
con un breve recorrido por los clásicos del pensamiento revolucionario y las
circunstancias históricas en las que alumbraron sus ideas acerca de los partidos
políticos. Relacionado con lo dicho, veremos brevemente la relación que existen
entre democracia política y las diversas transformaciones sociales.
La cuestión en Marx y Engels
Nada más extraño que el imperativo de partido único y el desprecio por los
mecanismos de la democracia (burguesa) para Carlos Marx y Federico Engels.
Examinemos someramente ambas temáticas. Con relación al primero de dichos
conceptos, dicen en El Manifiesto Comunista, considerado casi unánimemente su
primer obra de madurez, que: "Los comunistas no forman un partido aparte de los
demás partidos obreros…". Obviamente si se afirma la existencia de varios
partidos obreros, no puede defenderse la existencia de sólo uno. Pero además, el
autor de Das capital anticipa de tal modo otros temas que serán desarrollados en
el siglo siguiente por la sociología (burguesa) de la modernización.
Verbigracia, el hecho que cuanto más moderna es una sociedad, resulta más
compleja y por lo tanto difícil de encuadrar en una única representación
política, aún a la propia clase de los proletarios. Por cierto que lo dicho se
refiere básicamente a los países capitalistas desarrollados occidentales, pero
(en menor grado de intensidad) se verifica en distintas formaciones sociales
periféricas. A ello alude la cita de Weber utilizada como epígrafe del presente
artículo, texto que reafirma la inevitabilidad de la representación de las
personas (ciudadanos) en fracciones (partidos políticos). Tal vez, el hecho que
las revoluciones socialistas (contrario sensu a lo profetizado por Marx) se
hayan verificado en países periféricos y/o profundamente extraños a la
racionalidad europeo-occidental haya incidido en la peculiaridad de su escaso
apego por las formas democráticas; tan al gusto (liberal) del oeste del orbe.
Por otra parte, la contradicción entre el carácter masivo que tiene-según
Marx-toda construcción política revolucionaria y ciertos rasgos limitados, en lo
referente a la participación, que son inherentes e inevitables en la actividad
de los partidos y del conjunto de la actividad política es una dirección de
análisis que el marxismo nunca desarrolló; tentándose apenas con rechazar las
corrientes sociológicas elitistas, pero sin desarrollar una teoría por la
afirmativa que superase las muy certeras y precisas limitaciones señaladas por
Weber. Tal vez la excepción fuera la teoría del partido enunciada por Lenín en
Que hacer, pero el revolucionario ruso jamás abjuro de su adhesión incondicional
al marxismo.
Agregan Marx y Engels que los comunistas, la única diferencia que tienen con los
demás partidos proletarios es "que destacan y reivindican siempre, en todas y
cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y
peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que,
cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el
proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento
enfocado en su conjunto. Los comunistas son, pues, prácticamente, la parte más
decidida, el acicate siempre en tensión de todos los partidos obreros del mundo;
teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del proletariado su clara
visión de las condiciones, los derroteros y los resultados generales a que ha de
abocar el movimiento proletario". Ambas citas, tomadas de la versión electrónica
del texto citado, son por demás ilustrativas y constituyen el contexto teórico
que guió la práctica de las diversas agrupaciones a las que adherían los autores
y, en especial, de la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T. o
primer internacional). En efecto, no sólo militaban en la citada Internacional
anarquistas, socialistas reformistas, sindicatos no demasiado combativos y otras
tendencias del movimiento estrictamente obrero. También lo hicieron diversas
fracciones jacobinas; es decir, fuerzas partidarias de la democracia, pero no
del socialismo.
De modo que queda absolutamente claro el compromiso de los autores de Manifiesto
Comunista con la pluralidad política. Y con relación a la segunda de las
cuestiones; Marx no dudó en tomar claro partido por el Movimiento Cartista, un
conglomerado social que se definía por lograr la generalización del sufragio
universal y alcanzar la máxima coherencia y pureza comicial y no tenía planteo
alguno por la revolución social. Desde la Revolución Francesa y hasta al menos
mediados del siglo XX., los sectores dominantes y sus aliados eclesiásticos se
opusieron tenaz y ferozmente al principio-hoy casi aceptado por unanimidad en
gran parte del orbe llamado occidental-de un hombre, un voto; es decir a la
soberanía popular. Y dejamos entre paréntesis la cuestión de la femineidad, ya
que el derecho simétrico de las mujeres demandó luchas muchas más profundas y
prolongadas. Por lo tanto, configuraba una lectura mínima e imprescindible para
toda fuerza democrática y/o socialista la intervención para profundizar los
contenidos de aquella democracia que aún no era llamada burguesa. Y curiosamente
existía una coincidencia de hecho entre el teórico nacido en Treverís y
pensadores burgueses como John Stuart Mill, consistente en afirmar que el bloque
de poder jamás concedería la plenitud de sus derechos políticos a las masas; en
razón que no se podría dotar de capacidad de decisión a quienes estaban llamados
a sepultar un sistema tan injusto como explotador. O para decirlo de modo
simple: la propiedad privada sobre los medios de producción no se vota o no
puede someterse a compulsa electoral la explotación social de hombres, mujeres y
niños proletarios. De hecho, lo que fundamenta la posición común de ambos no es
otra cosa que el hecho que el propio territorio de la historia política muestra
el enfrentamiento entre los sectores poderosos-que desean mantener la situación
inalterada-y el bloque popular, que puja por ampliar permanentemente los límites
que se le imponen a la participación y soberanía popular. Uno desde el apoyo al
sistema injusto, el otro desde la crítica corrosiva, acordaban.
De modo que una lectura mínima e imprescindible de la historia de la
conflictividad europea del siglo XIX arroja como resultado necesario la profunda
imbricación de la lucha por el sufragio universal y por la emancipación social
de los trabajadores. En efecto, las revoluciones francesas de 1830, 1848 y aún
la propia comuna de 1871. ¿Qué fueron sino, revueltas de contenido social y a la
vez político-democrático? De cada una de ellas, emergió una forma de
representatividad (un poco más) ampliada; aunque no satisficiere del todo las
expectativas populares. Por otra parte, en Marx, está muy claro que una (la
emancipación social) se da con la otra (la democracia política) y no contra la
otra. Profundizando aún más esta idea, el último Engels afirmará que sin
democracia política es impensable pensar si quiera la posibilidad de la
revolución obrera; en textos que parecen preanunciar las elaboraciones que
desarrollará a posteriori Gramsci, en textos dedicados a balancear la derrota de
la Revolución Italiana a manos del fascismo.
Antes de analizar la aparición sensible y leniniana (el término leninista será
acuñado luego de la revolución rusa de 1917) de la idea del partido único,
extraeremos algunas conclusiones del análisis desplegado.
1) El partido único es tan extraño y exótico a Marx y Engels; como lo era para
ellos la existencia de una variante del capitalismo que no implicase explotación
del trabajo asalariado.
2) La lucha por ampliar la democracia es inseparable de la constante batalla por
la emancipación social del proletariado.
El bolchevismo: Hacia el partido único
En el Partido Obrero Social Demócrata Ruso-como en el simétrico destacamento
alemán o en toda la segunda internacional-anidaban profundas contradicciones. Si
la posición de Marx había sido ligar indisolublemente las revoluciones social y
política, existían a comienzos del siglo XX fracciones que privilegiaban una a
la otra, con mayor o menor adhesión a postulados de transformación y
consecuencia revolucionaria. Hay una interpretación consistente en ver la
división entre una fracción-adaptada a la sociedad capitalista y que había
renunciado a su subversión-y otra que reafirmaba la necesidad radical de la
trasformación socialista. Pero sería limitado ver exclusivamente el
enfrentamiento maniqueo entre "malvados reformistas" y "honestos
revolucionarios", el cual resultaba apenas un sesgado relato, útil nada más que
para tranquilizar algunas conciencias. Pero que no daba acabada cuenta de la
compleja realidad. No es que no tuviera su parte de verdad, pero el calidoscopio
de enfrentamientos y contradicciones era muchísimo más diversificado y poco
tenía para envidiar a las duras y estrafalarias internas de las izquierdas de
nuestros días. Por cierto que el presente es un artículo y no una colección en
varios tomos. Por lo tanto, nos limitaremos a mencionar una de tales
discusiones: la que enfrentó a Rosa Luxemburgo contra el máximo dirigente
Bolchevique, Lenín. Y nada casualmente, en el debate referido se tomaron algunas
cuestiones como las que son eje de estas notas.
A comienzos del siglo XX y refiriéndose a la teoría del partido defendida por el
autor de Que hacer, Rosa dice que su espíritu semeja al del vigilante nocturno,
en clara diferenciación con nociones autoritarias en el ruso que se rebelarían
en toda su dimensión durante los años posteriores. Nada casualmente, en tales
críticas anidaba una reivindicación de las posiciones marxianas en los términos
que las hemos interpretado líneas arriba. Pero de ningún modo puede afirmarse
que el calvo revolucionario fuese-por aquellos tiempos-partidario de una única
organización política. Más bien, esta fue un resultado a los desafíos de la
construcción de la nueva sociedad. Por de pronto, los unió el común denominador
de la oposición de ambos frente a la carnicería bélica (primera guerra mundial)
generada por el imperialismo y el hecho de compartir críticas con respecto a la
defección de la mayoría de los socialistas. Otro punto de acuerdo era la visión
catastrofista (en el sentido de subestimar las posibilidades del capitalismo de
recuperarse de sus crisis crónicas), de la cual hacían gala ambos
revolucionarios. Se trata de un contenido fundamental y que provocó innumerables
consecuencias perjudiciales para los movimientos revolucionarios; pero que no
podremos analizar demasiado en el presente artículo, salvo en algunas de sus
peores consecuencias.
Serán dos cuestiones las que van a cambiar la situación; en lo referente a la
preponderancia de Lenín: el triunfo de la revolución de octubre y la temprana
muerte de Rosa. Con mucho, la primera es la que sin dudas resulta decisiva.
Durante las casi dos décadas previas al triunfo, la totalidad del P.O.S.D.R.-y
los bolcheviques, en particular-habían militado fuertemente para que una
asamblea constituyente proyectase las trasformaciones que la voluntad soberana
de su pueblo decidiese en la vetusta estructura económica, social, política,
institucional y legal del viejo imperio ruso. Es decir, para que se pudiere
trasformar al país de acuerdo a decisiones democráticas. Pero al tomar el poder
y cumplirse las promesas de convocar el referido cónclave, los resultados
electorales dieron ganadores a los mencheviques y los integrantes del Partido
Social Revolucionario. El gobierno soviético entonces anuló las elecciones
castigando duramente la voluntad democrática del pueblo ruso. Similar giro
ocurriría con la cuestión del partido único. En el primer gobierno soviético
colaboraban otros partidos populares. Al poco tiempo fueron ilegalizados y en
cierto momento de la guerra civil posterior a la revolución (1921) fueron aún
impedidas las fracciones internas en el propio bolchevismo. Tal vez pudiera
justificarse en las complejas circunstancias que se vivían tales decisiones.
Pero lo verdaderamente erróneo es el modo en que se las universalizó; es decir,
se hizo de necesidad virtud convirtiéndolas en modelo válido para todos los
casos y latitudes lo que no era más que una peculiaridad rusa. Por otra parte y
por ese camino, la dictadura del proletariado degeneró muy rápidamente en
despotismo del partido contra los obreros. Así, la resistencia de trabajadores y
marineros revolucionarios frente al rumbo desplegado por el gobierno soviético
con la Nueva Política Económica (N.E.P.) fue apagada a sangre y fuego en la
guarnición de Krondsdat, en la que pereció parte de la mejor vanguardia de
octubre. Y este no fue el único episodio en que las armas del estado
supuestamente obrero se enlutaron con sufrimiento y muerte de activistas,
referentes y sectores populares. Convertidos en centro del Movimiento
Comunista Internacional, los bolcheviques impusieron las veintiún condiciones de
ingreso a la organización mundial mencionada, las cuales fueron el correlato en
términos institucionales para la organización ecuménica de la falta de
democracia y debate en el partido (único) ruso. Desde tal centro, decidíase
fecha y hora de la toma del poder en diversos países, entre otras cuestiones,
sin tomar en cuenta para nada la opinión de cada destacamento nacional. En
realidad era el organismo encargado de aplicar una vía revolucionaria, receta de
excluyente condición universal y necesaria y al margen de toda contratación
empírica. Sólo algunos intelectuales marxistas-José Carlos Mariátegui, por
ejemplo-intentaban pensar que la revolución no era un camino ya pensado en
versículos consagrados. Para un análisis a fondo de esta cuestión, véase
Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista internacional. París Ruedo
Ibérico. 1973. El autor origina la situación descripta en el asilamiento de la
revolución rusa y las dificultades para consolidarse del nuevo estado
revolucionario.
Por otra parte y para ser sintéticos diremos que las trasformaciones
desarrolladas permitieron al pueblo ruso alcanzar en poco tiempo niveles de vida
impensados antes de octubre del 17. Tales avances, en el aspecto económico
social, fueron de enorme mejoría para las masas populares rusas; más aún
comparando con la mayoría de los capitalismos existentes en todo el orbe. Y, por
otra parte, la innegable limitación a las libertades democráticas operada en lo
que fue la Unión Soviética-que la colocaba en tal rango muy por detrás de
algunos países capitalistas-significo un polvorín a punto de estallar a lo largo
de sus siete décadas de existencia. El modelo soviético-exportado por vía
militar a Europa Oriental-combinaba una economía estatizada con la falta de
democracia que sólo los interesados no deseaban advertir. Pero le permitió a la
U.R.S.S ser una potencia mundial durante casi medio siglo y a su pueblo alcanzar
indudables progresos.
De todos modos, la implosión del sistema hacia 1991 de ningún modo puede
desconectarse de la cuestión de la democracia ausente. ¿Y que podría decirse de
los países restantes del llamado socialismo real, en los cuales las formas
colectivistas habían sido resultado de la introyección del ejército soviético?
Paradojalmente el huracán que barrió el entero mundo socialista volvió a
escindir revolución política y social. Fue una reacción social originada en una
revolución política. En efecto, la U.R.S.S. no podía recuperarse del retraso
tecnológico en que se hallaba, sin impulsar la democratización de la sociedad
civil. En tales contradicciones y en el marco de la feroz presión de la santa
alianza entre el imperialismo reaganianno y la iglesia wojtileana, el sistema no
pudo soportar el impacto generado y el derrumbe del socialismo real sobrevino
como única salida posible.
Antes de analizar el fenómeno cubano, extraeremos las correspondientes
conclusiones del análisis desarrollado.
1) La idea del partido único no fue pensada teóricamente; más bien correspondió
a respuestas concretas frente a situaciones coyunturales, que luego se
prolongaron en el tiempo hasta esclerosarse. Por cierto que no puede decirse que
haya resultado una verdadera necesidad del movimiento revolucionario. 2) Tampoco
la ausencia de democracia era algo implícito en la teoría bolchevique. Parece
haber estado determinada por la ausencia histórica de tradiciones democráticas
en Rusia y la falta de libertades le permitió a los sucesivos gobiernos
soviéticos galvanizar esfuerzos para afrontar muy complejos desafíos a lo largo
de casi siete décadas.
3) De todos modos, la cuestión de la (ausencia de) democracia jugó un rol harto
decisivo en la caída del sistema.
La Revolución cubana: una espada clavada en el orgullo imperial
En este breve y sintético bosquejo histórico pasaremos de largo por la cuestión
de la revolución china, en razón de la inactualidad de nuestros estudios en la
temática referida. Sólo diremos una sola afirmación para demostrar la profunda
hipocresía de los intelectuales orgánicos al servicio del imperio. La misma
falta de democracia en las tierras otrora mandarinescas existía en tiempos de
Mao-cuando el nuevo sistema permitió liquidar el hambre en más de seiscientos
millones de chinos-que a partir de las reformas introducidas por Deng-Tsiao-Ping,
que abrieron el rumbo para la entrada en el milenario territorio de monopolios
mundiales y facilitaron enormes ganancias para los capitalistas. Pero la crítica
de la derecha sólo existió en el primer caso. Cuando el monopartido está al
servicio de la rentabilidad empresaria, la falta de democracia puede tolerarse.
Por cierto que el proceso de la revolución cubana fue muy diferente a los
cánones marxistas; y, aún, debió soportar cierta oposición por parte del partido
comunista originario de la isla. No puede desconocerse que la originalidad de la
vía guerrillera nacía de la especificidad de la formación social de la isla, a
la cual el ejército miliciano-que se formó luego del desembarco del Gramma-era
una respuesta tanto política como militar; al tiempo que eficaz y creativa.
No obstante, en los primeros tiempos luego del triunfo y la entrada en La
Habana, participaron del gobierno diversas fuerzas coaligadas con el movimiento
26 de julio, formado por Fidel Castro y su núcleo más cercano. Pero a poco de
andar, la ruptura con el imperialismo norteamericano-amo de gran parte de las
riquezas cubanas que fueron expropiados por la joven revolución-derivó en un
criminal bloqueo que se acerca al medio siglo de aterradora vigencia. Sin dudas
esta es la causa de que el pueblo cubano no pueda disfrutar de mayores
libertades, al tiempo que goza de los demás avances de la revolución. Pero es
preciso situar adecuadamente la cuestión: la isla caribeña sufre una verdadera
guerra por parte de la mayor potencia militar del orbe. Y tales contextos no son
los que permiten florecer la libertad. Durante la segunda guerra mundial; por
ejemplo, el gobierno de E.E.U.U. concentró a toda la población de origen japonés
en diversos campos ad-hoc, situación que de ningún modo se ajustaba a derecho y
mucho menos tenía relación con la libertad. Pero los esfuerzos bélicos tienen
ciertos rasgos que los permiten catalogar como situación de excepción. Sólo que
para la derecha cuando los mencionados recursos defensivos son utilizados en su
contra resulta deleznable, y no cuando ella los emplea.
Espionajes diversos, sabotajes terroristas, el conocido intento de invadir, la
constante presión mediático-comunicacional, sucesivas tentativas de magnicidio
contra la figura del barbado líder son sólo algunas de las herramientas
desplegadas por la barbarie norteamericana en su afán de doblegar al pueblo
cubano. La pretensión de originar en el partido único y la falta de democracia
la orientación imperialista movería a risa, si no fuera en realidad
verdaderamente trágica. Las sangrientas dictaduras latinoamericanas; regímenes
fraudulentos, como el Alfredo Stroessner en Paraguay; gobiernos de
narcotraficantes, paramilitares y políticos que hurtan elecciones, como gran
parte de los colombianos; las petromonarquías del oriente hidrocarburífero, que
someten a las mujeres a un retraso espantoso y a la ausencia casi total de
derechos; el sistema del apartheid en Sudáfrica son ejemplos de modalidades
políticas que existieron y aún siguen existiendo pisoteando la dignidad humana y
las libertades civiles y políticas; y, por lo general, el imperialismo y sus
corifeos no han demostrado mayor molestia frente a semejantes afrentas. De Cuba
no interesa la falta de legalidad para las agrupaciones políticas: lo que
molesta es el ejemplo de una revolución que se atrevió a desafiar el imperativo
de mantener a los pueblos sometidos a la falta de atención medica, sin acceso a
la educación, sin vivienda digna y tanto derechos sociales. Y en dicha batalla
triunfó el pueblo de Cuba superando miles de obstáculos. Además de constituir un
claro ejemplo de cómo se puede organizar de otro modo la sociedad de manera que
la mayor parte de los recursos sean disfrutados por el pueblo; y no, como ocurre
en los países capitalistas, apropiados por voraces monopolios. ¿Qué otra
respuesta existe acerca de porqué en Cuba los estándares de salud y educación
están entre los más altos del mundo que no se refiera la expropiación que allí
se hizo de semejante clase parasitaria?
En Cuba y desde Cuba-tomando en cuenta los condicionamientos ya señalados-puede
ponerse entre paréntesis el debate acerca del partido único y cuestiones
políticas conexas. Pero ello no implica que debamos tener doble discurso: si en
nuestros países condenaríamos la pretensión de que hubiera un único partido.
¿Por qué debemos defender tal perspectiva en Cuba? Si denunciaríamos al poder en
caso de impedir que traspase las fronteras alguno de nuestros dirigentes y
militantes. ¿Por qué defender acríticamente a un gobierno que impide salir a una
anciana médica, como si de ello dependiera la vitalidad de todo el sistema de
salud? Por cierto que la gran cuestión es como se avanza en procura de formar a
nivel continental un inmenso bloque conformado por movimientos sociales,
sindicatos, redes de pueblos originarios, personalidades de la cultura,
gobiernos anti-imperialistas que sea al mismo tiempo protagonista y apoyo
político del proceso emancipatorio que vive nuestra América. Y definida la tarea
y los sujetos que deben motorizarla se vuelve al principio, tal como lo había
pensado para otras latitudes el viejo Antonio Gramsci: se trata de una inmensa
batalla por el consenso; por ganar la voluntad política y militante de millones
de hermanas y hermanos. ¿Es posible triunfar en semejante combate por la
hegemonía cultural defendiendo la prohibición para organizarse de quienes
disienten con el partido oficial, llámese comunista o del modo que fuere? En
nuestra modesta opinión, la respuesta es negativa. Nada casualmente, Evo
Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez Frías tienen absolutamente claro que el
cuidado del pluralismo político es decisivo. No porque no fueran conscientes de
lo desleal, aviesa y criminal que es la derecha. Pero tienen claro que sus
interlocutores son los millones de oprimidos, explotados y sometidos de nuestro
continente, que pueden verse seducidos por una sociedad igualitaria como la
cubana. Pero que no suscribirían de ningún modo restricciones para organizarse
sindical, social, cultural o políticamente. Cuba es integrante-legítimamente-de
la vanguardia americana en la lucha por la liberación. Pero algunos de los
recursos que utilizó para defenderse del imperialismo no le sirvan a los demás
pueblos. Si no asumimos como propias las banderas de la democracia, del
pluralismo político y demás cuestiones conexas, no sólo se las regalamos a la
derecha. Estaríamos aceptando de antemano la derrota y esterilizando la abnegada
combatividad de tantos y tantas militantes. La Central de trabajadores
Argentinos (C.T.A.) liga en su prédica indisolublemente las tareas sociales con
la defensa y profundización de la democracia. Este es el camino práctico para
desarrollar lo que en lo teórico es una batalla por el consenso, por la
hegemonía cultural de las masas.
A modo de cierre, estableceremos algunas conclusiones.
1) En Cuba no hubo elaboración teórica acerca del partido único. Más bien fue
una respuesta de circunstancias frente al salvaje bloqueo norteamericano.
2) Lo que resultó eficiente-y tal vez imprescindible-en la isla, no resulta
útil, necesario, práctico y convocante en la actual etapa de la historia. Cuba
es parte integrante del bloque independentista. Pero ni los referentes, ni los
dirigentes, ni los propios movimientos de masas deben seguir acríticamente todas
sus orientaciones.
3) La liberación nacional de todos nuestros países en el marco de la patria
grande latinoamericana es una tarea profundamente democrática.
ECONOMIA
Y POLITOLOGIA
Proyecto de
respuesta a la carta de V. I. Zasulich [1]
Por Carlos Marx
1) Al tratar de la génesis de la producción capitalista, yo he dicho que su
secreto consiste en que tiene por base "la separación radical entre el productor
y los medios de producción" (pág. 315, columna 1 de la edición francesa de "El
Capital") y que "la base de toda esta evolución es la expropiación de los
agricultores. Esta no se ha efectuado radicalmente por el momento más que en
Inglaterra... Pero todos los demás países de Europa Occidental siguen el mismo
camino" (lugar citado, col. 2) [*].
Por tanto, he restringido expresamente la "fatalidad histórica" de este
movimiento a los países de Europa Occidental. Y ¿por qué? Tenga la bondad de
comparar el capítulo XXXII, en el que se dice:
"El movimiento de eliminación, la transformación de los medios de producción
individuales y dispersos en medios de producción concentrados socialmente, la
conversión de la propiedad enana de muchos en propiedad colosal de unos cuantos,
esta dolorosa y torturante expropiación del pueblo trabajador es el origen, es
la génesis del capital... La propiedad privada, basada en el trabajo
personal..., está siendo suplantada por la propiedad privada capitalista, basada
en la explotación del trabajo ajeno, en el trabajo asalariado" (pág. 341, col.
2) [*].
[162]
Por tanto, en resumidas cuentas, tenemos el cambio de una forma de la propiedad
privada en otra forma de propiedad privada. Habiendo sido jamás la tierra
propiedad privada de los campesinos rusos, ¿cómo puede aplicárseles este
planteamiento?
2) Desde el punto de vista histórico, el único argumento serio que se expone en
favor de la disolución fatal de la comunidad de los campesinos rusos es el
siguiente:
Remontando el pasado remoto, hallamos en todas partes de Europa Occidental la
propiedad comunal de tipo más o menos arcaico; ha desaparecido por doquier con
el progreso social. ¿Por qué ha de escapar a la misma suerte tan sólo en Rusia?
Contesto: Porque en Rusia, gracias a una combinación única de las
circunstancias, la comunidad rural, que existe aún a escala nacional, puede
deshacerse gradualmente de sus caracteres primitivos y desarrollarse
directamente como elemento de la producción colectiva a escala nacional.
Precisamente merced a que es contemporánea de la producción capitalista, puede
apropiarse todas las realizaciones positivas de ésta, sin pasar por todas sus
terribles peripecias. Rusia no vive aislada del mundo moderno; tampoco es presa
de ningún conquistador extranjero, como ocurre con las Indias Orientales.
Si los aficionados rusos al sistema capitalista negasen la posibilidad teórica
de tal evolución, yo les preguntaría: ¿acaso ha tenido Rusia que pasar, lo mismo
que el Occidente, por un largo período de incubación de la industria mecánica,
para emplear las máquinas, los buques de vapor, los ferrocarriles, etc.? Que me
expliquen, a la vez, ¿cómo se las han arreglado para introducir, en un abrir y
cerrar de ojos, todo el mecanismo de cambio (bancos, sociedades de crédito,
etc.), cuya elaboración ha costado siglos al Occidente?
Si en el momento de la emancipación las comunidades rurales se viesen en unas
condiciones de prosperidad normal, si, luego, la inmensa deuda pública, pagada
en su mayor parte a cuenta de los campesinos, al par que otras sumas enormes,
concedidas por mediación del Estado (siempre a costa de los campesinos) a los
"nuevos pilares de la sociedad" convertidos en capitalistas, si todos estos
gastos se empleasen en el fomento ulterior de la comunidad rural, a nadie le
ocurriría ahora la idea de la "fatalidad histórica" de la aniquilación de la
comunidad: todos reconocerían en ella el elemento de la regeneración de la
sociedad rusa y un elemento de superioridad sobre los países que se hallan aún
sojuzgados por el régimen capitalista.
Otra circunstancia favorable a la conservación de la comunidad rusa (por vía del
desarrollo) consiste en que no es solamente contemporánea de la producción
capitalista, sino que ha sobrevivido [163] a la época en que este sistema social
se hallaba aún intacto; ahora, al contrario, tanto en Europa Occidental, como en
los Estados Unidos, lo encuentra en lucha contra la ciencia, contra las masas
populares y contra las mismas fuerzas productivas que engendra. En una palabra,
frente a ella se encuentra el capitalismo en crisis que sólo se acabará con la
eliminación del mismo, con el retorno de las sociedades modernas al tipo
"arcaico" de la propiedad común o, como dice un autor americano [*], libre de
toda sospecha de tendencias revolucionarias, que goza en sus investigaciones del
apoyo del Gobierno de Washington, "el nuevo sistema" al que tiende la sociedad
moderna, "será un renacimiento (a revival), en una forma superior (in a superior
form), de un tipo social arcaico" [2]. Así que no se debe temer mucho la palabra
"arcaico".
Pero, entonces, habría que conocer, al menos, esas vicisitudes. Y nosotros no
sabemos nada.
La historia de la decadencia de las comunidades primitivas (sería erróneo
colocarlas todas en un mismo plano; al igual que en las formaciones geológicas,
en las históricas existe toda una serie de tipos primarios, secundarios,
terciarios, etc.) está todavía por escribirse. Hasta ahora no hemos tenido más
que unos pobres esbozos. En todo caso, la exploración ha avanzado bastante para
que podamos afirmar:
1) la vitalidad de las comunidades primitivas era incomparablemente superior a
la de las sociedades semitas, griegas, romanas, etc. y tanto más a la de las
sociedades capitalistas modernas;
2) las causas de su decadencia se desprenden de datos económicos que les
impedían pasar por un cierto grado de desarrollo, del ambiente histórico, lejos
de ser análogo al de la comunidad rusa de nuestros días.
Al leer la historia de las comunidades primitivas, escritas por burgueses, hay
que andar sobre aviso. Esos autores no se paran siquiera ante la falsedad. Por
ejemplo, sir Henry Maine, que fue colaborador celoso del Gobierno inglés en la
destrucción violenta de las comunidades indias, nos asegura hipócritamente que
todos los nobles esfuerzos del gobierno hechos con vistas a sostener esas
comunidades se estrellaron contra la fuerza espontánea de las leyes económicas
[3].
Sea como fuere, esa comunidad sucumbió en medio de guerras incesantes,
exteriores e intestinas; es probable que haya perecido de muerte violenta.
Cuando las tribus germanas se apoderaron de Italia, España, Galia, etc., la
comunidad de tipo arcaico ya no existía. No obstante, su vitalidad natural viene
probada por dos hechos. Existen ejemplares sueltos que han sobrevivido a todas
las peripecias de la Edad Media y se han conservado hasta [164] nuestros días,
por ejemplo, en mi tierra natal, en el distrito de Tréveris. Pero, y eso es lo
más importante, ha imprimido tan claramente sus propias características a la
comunidad que la ha venido a suplantar --comunidad en la que la tierra de labor
se ha convertido en propiedad privada, mientras que los bosques, los pastizales,
los eriales, etc. siguen aún siendo propiedad comunal--, que Maurer, al
investigar esta comunidad de formación secundaria, pudo reconstituir el
prototipo arcaico. Gracias a los rasgos característicos tomados de este último,
la comunidad nueva instaurada por los germanos en todos los países conquistados
devino a lo largo de toda la Edad Media el único foco de libertad y de vida
popular.
Si después de la época de Tácito no sabemos nada de la vida de la comunidad, ni
del modo y tiempo de su desaparición, conocemos, al menos, el punto de partida,
merced al relato de Julio César. En su tiempo, la tierra ya se redistribuía
anualmente entre las gens y las tribus de confederaciones germanas, pero aún no
entre los miembros individuales de una comunidad. Por tanto, la comunidad rural
nació en Germania de las entrañas de un tipo más arcaico, fue producto de un
desarrollo espontáneo en lugar de ser importada ya hecha de Asia. Allí, en las
Indias Orientales, la encontramos también, y siempre como último término o
último período de la formación arcaica.
Para juzgar de los posibles destinos de la "comunidad rural" desde un punto de
vista puramente teórico, es decir, presuponiendo siempre condiciones de vida
normales, tengo que señalar ahora ciertos rasgos característicos que distinguen
la "comunidad agrícola" de los tipos más arcaicos.
En primer término, todas las comunidades primitivas anteriores se asientan en el
parentesco natural de sus miembros; al romper este vínculo fuerte, pero
estrecho, la comunidad agrícola resulta más capaz de extenderse y de mantener el
contacto con los extranjeros.
Luego, dentro de ella, la casa y su complemento --el patio-- son ya propiedad
privada del agricultor, mientras que, mucho tiempo antes de la aparición misma
de la agricultura, la casa común era una de las bases materiales de las
comunidades precedentes.
Finalmente, aunque la tierra de labor siga siendo propiedad comunal, se
redistribuye periódicamente entre los miembros de la comunidad agrícola, de modo
que cada agricultor cultiva por su cuenta los campos que se le asignan y se
apropia individualmente los frutos de ese cultivo, mientras que en las
comunidades más arcaicas la producción se practica en común y se reparte sólo el
producto. Este tipo primitivo de la producción cooperativa [165] o colectiva
fue, como es lógico, el resultado de la debilidad del individuo aislado, y no de
la socialización de los medios de producción.
Se comprende con facilidad que el dualismo inherente a la "comunidad agrícola"
puede servirle de fuente de una vida vigorosa, puesto que, de una parte, la
propiedad común y todas las relaciones sociales que se desprenden de ella le dan
mayor firmeza, mientras que la casa privada, el cultivo parcelario de la tierra
de labor y la apropiación privada de los frutos admiten un desarrollo de la
individualidad incompatible con las condiciones de las comunidades más
primitivas.
Pero no es menos evidente que este mismo dualismo puede, con el tiempo,
convertirse en fuente de descomposición. Dejando de lado todas las influencias
del ambiente hostil, la sola acumulación gradual de la riqueza mobiliaria, que
comienza por la acumulación de ganado (admitiendo incluso la riqueza en forma de
siervos), el papel cada vez mayor que el elemento mobiliario desempeña en la
agricultura misma y una multitud de otras circunstancias inseparables de esa
acumulación, pero cuya exposición me llevaría muy lejos, actuarán como un
disolvente de la igualdad económica y social y harán nacer en la comunidad misma
un conflicto de intereses que trae aparejada la conversión de la tierra de labor
en propiedad privada y que termina con la apropiación privada de los bosques,
los pastizales, los eriales, etc., convertidos ya en anexos comunales de la
propiedad privada. Por esta razón, la "comunidad agrícola" representa por
doquier el tipo más reciente de la formación arcaica de las sociedades, y en el
movimiento histórico de Europa Occidental, antigua y moderna, el período de la
comunidad agrícola aparece como período de transición de la formación primaria a
la secundaria. Ahora bien, ¿quiere eso decir que, en cualesquiera
circunstancias, el desarrollo de la "comunidad agrícola" deba seguir este
camino? En absoluto. Su forma constitutiva admite la siguiente alternativa: el
elemento de propiedad privada que implica se impondrá al elemento colectivo o
éste se impondrá a aquél. Todo depende del ambiente histórico en que se halla...
Estas dos soluciones son posibles a priori, pero, tanto la una como la otra
requieren sin duda ambientes históricos muy distintos.
3) Rusia es el único país europeo en el que la "comunidad agrícola" se mantiene
a escala nacional hasta hoy día. No es una presa de un conquistador extranjero,
como ocurre con las Indias Orientales. No vive aislada del mundo moderno. Por
una parte, la propiedad común sobre la tierra le permite transformar directa y
gradualmente la agricultura parcelaria e individualista en agricultura
colectiva, y los campesinos rusos la practican ya [166] en los prados indivisos;
la configuración física del suelo ruso propicia el empleo de máquinas en vasta
escala; la familiaridad del campesino con las relaciones de artel le facilita el
tránsito del trabajo parcelario al cooperativo y, finalmente, la sociedad rusa,
que ha vivido tanto tiempo a su cuenta, le debe presentar los avances necesarios
para ese tránsito. Por otra parte, la existencia simultánea de la producción
occidental, dominante en el mercado mundial, le permite a Rusia incorporar a la
comunidad todos los adelantos positivos logrados por el sistema capitalista sin
pasar por sus Horcas Caudinas [4].
Si los representantes de los "nuevos pilares sociales" negasen la posibilidad
teórica de la evolución de la comunidad rural moderna, se podría preguntarles:
¿debía Rusia, lo mismo que el Occidente, pasar por un largo período de
incubación de la industria mecánica para llegar a las máquinas, a los buques de
vapor, a los ferrocarriles, etc.? Se podría preguntarles, además, ¿cómo se las
han arreglado para introducir en un abrir y cerrar de ojos todo el mecanismo de
cambio (bancos, sociedades por acciones, etc.), cuya elaboración le ha costado
siglos al Occidente?
Existe una característica de la "comunidad agrícola" rusa que sirve de fuente de
su debilidad y le es hostil en todos los sentidos. Es su aislamiento, la
ausencia de ligazón entre la vida de una comunidad y la de otras, ese
microcosmos localizado que no se encuentra por doquier como carácter inmanente
de ese tipo, pero que donde se encuentre ha hecho que sobre las comunidades
surja un despotismo más o menos central. La federación de las repúblicas rusas
del Norte prueba que este aislamiento, que parece haber sido impuesto
primitivamente por la vasta extensión del territorio, fue consolidado en gran
parte por los destinos políticos de Rusia desde la invasión mongola. Hoy es un
obstáculo muy fácil de eliminar. Habría simplemente que sustituir la vólost [5],
institución gubernamental, con una asamblea de campesinos apoderados elegidos
por las comunidades, que servirían de órgano económico y administrativo defensor
de sus intereses.
Una circunstancia muy favorable, desde el punto de vista histórico, para la
conservación de la "comunidad agrícola" por vía de su ulterior desarrollo,
consiste en que no sólo es contemporánea de la producción capitalista occidental
y puede, por tanto, apropiarse los frutos sin sujetarse a su modus operandi [*],
sino que ha sobrevivido a la época en que el sistema capitalista se hallaba aún
intacto, que lo encuentra, al contrario, en Europa Occidental, lo mismo que en
los Estados Unidos, en lucha tanto contra las [167] masas trabajadoras como
contra la ciencia y contra las mismas fuerzas productivas que engendra, en una
palabra, lo encuentra en una crisis que terminará con la eliminación del mismo,
con un retorno de las sociedades modernas a una forma superior de un tipo
"arcaico" de la propiedad y de la producción colectivas.
Por supuesto, la evolución de la comunidad sería gradual y el primer paso sería
el de colocarla en unas condiciones normales sobre su base actual.
Pero le hace frente la propiedad sobre la tierra, que tiene en sus manos casi la
mitad, y, además, la mejor parte del suelo, sin hablar ya de los dominios del
Estado. Precisamente por eso, la conservación de la "comunidad rural" por vía de
su evolución ulterior coincide con el movimiento general de la sociedad rusa,
cuya regeneración sólo es posible a ese precio.
Incluso desde el punto de vista puramente económico, Rusia puede salir de su
atolladero agrícola mediante la evolución de su comunidad rural; serían vanos
los intentos de salir de esa situación con ayuda del arrendamiento capitalizado
al estilo inglés, sistema contrario a todas las condiciones rurales del país.
De hacer abstracción de todas las calamidades que deprimen en el presente la
"comunidad rural" rusa y de tomar en consideración nada más que su forma
constitutiva y su ambiente histórico, se verá con toda evidencia, desde la
primera mirada, que uno de sus caracteres fundamentales --la propiedad comunal
sobre la tierra-- forma la base natural de la producción y la apropiación
colectivas. Además la familiaridad del campesino ruso con las relaciones de
artel le facilitaría el tránsito del trabajo parcelario al colectivo, que
practica ya en cierto grado en los prados indivisos, en los trabajos de
avenamiento y otras empresas de interés general. Pero, para que el trabajo
colectivo pueda sustituir en la agricultura propiamente dicha el trabajo
parcelario, fuente de apropiación privada, hacen falta dos cosas: la necesidad
económica de tal transformación y las condiciones materiales para llevarla a
cabo.
Cuanto a la necesidad económica, la "comunidad rural" la sentirá tan pronto como
se vea colocada en condiciones normales, es decir, tan pronto como se le quite
el peso que gravita sobre ella y tan pronto como reciba una extensión normal de
tierra para el cultivo. Han pasado ya los tiempos en que la agricultura rusa no
necesitaba más que tierra y agricultor parcelario pertrechado con aperos más o
menos primitivos. Estos tiempos han pasado con tanta más rapidez porque la
opresión del agricultor contagia y esteriliza su campo. Le hace falta ahora el
trabajo colectivo organizado en gran escala. Además, ¿acaso el campesino, que
carece de las cosas indispensables para el cultivo de 2 ó 3 desiatinas [168] de
tierra, se verá en una situación mejor cuando el número de sus desiatinas se
decuplique?
Pero, ¿cómo conseguir los equipos, los fertilizantes, los métodos agronómicos,
etc., todos los medios imprescindibles para el trabajo colectivo? Precisamente
aquí resalta la gran superioridad de la "comunidad rural" rusa en comparación
con las comunidades arcaicas del mismo tipo. Es la única que se ha conservado en
Europa en gran escala, a escala nacional. Así se halla en un ambiente histórico
en el que la producción capitalista contemporánea le ofrece todas las
condiciones de trabajo colectivo. Tiene la posibilidad de incorporarse a los
adelantos positivos logrados por el sistema capitalista sin pasar por sus Horcas
Caudinas. La configuración física de la tierra rusa favorece el empleo de las
máquinas en la agricultura organizada en vasta escala y practicada por medio del
trabajo cooperativo. Cuanto a los primeros gastos de establecimiento
--intelectuales y materiales--, la sociedad rusa debe facilitarlos a la
"comunidad rural", a cuenta de la cual ha vivido tanto tiempo y en la que debe
buscar su "elemento regenerador".
La mejor prueba de que este desarrollo de la "comunidad rural" responde al rumbo
histórico de nuestra época es la crisis fatal que experimenta la producción
capitalista en los países europeos y americanos, en las que se ha desarrollado
más, crisis que terminará con la eliminación del mismo, con el retorno de la
sociedad moderna a una forma superior del tipo más arcaico: la producción y la
apropiación colectivas.
4) Para poder desarrollarse, es preciso, ante todo, vivir, y nadie ignorará que,
en el momento presente, la vida de la "comunidad rural" se encuentra en peligro.
A fin de expropiar a los agricultores no es preciso echarlos de sus tierras,
como se hace en Inglaterra y otros países; tampoco hay necesidad de abolir la
propiedad común mediante un ukase. Que pruebe uno arrancar a los campesinos el
producto del trabajo de éstos por encima de cierta medida. A despecho de la
gendarmería y del ejército, ¡no habrá manera de aferrarlos a sus campos! En los
últimos años del Imperio romano, los decuriones provinciales, no los campesinos,
sino propietarios de tierras, huían de sus casas, abandonaban sus tierras, se
vendían como esclavos, con la única finalidad de verse libre de una propiedad
que no era más que un pretexto oficial para estrujarlos sin piedad.
Desde la llamada emancipación de los campesinos, la comunidad rusa se ha visto
colocada por el Estado en unas condiciones económicas anormales, y desde
entonces éste no ha cesado de oprimirla con ayuda de las fuerzas sociales
concentradas en sus manos. Extenuada por las exacciones fiscales, se ha
convertido en una [169] materia inerte de fácil explotación por el comercio, la
propiedad de tierras y la usura. Esta opresión desde fuera ha desencadenado en
el seno de la comunidad misma el conflicto de intereses ya existente y ha
desarrollado rápidamente sus gérmenes de descomposición. Ahora bien, eso no es
todo. A cuenta de los campesinos, el Estado ha impulsado las ramas del sistema
capitalista occidental que, sin desarrollar lo más mínimo las potencias
productivas de la agricultura, son las más apropiadas para facilitar y
precipitar el robo de sus frutos por los intermediarios improductivos. De este
modo ha coadyuvado al enriquecimiento de un nuevo parásito capitalista que chupa
la sangre, ya de por sí escasa, de la "comunidad rural".
...En una palabra, el Estado ha prestado su concurso al desarrollo precoz de los
medios técnicos y económicos más apropiados para facilitar y precipitar la
explotación del agricultor, es decir, la mayor fuerza productiva de Rusia, y
para enriquecer los "nuevos pilares de la sociedad".
5) Este concurso de influencias destructivas, a menos de que no se vea
aniquilado por una poderosa reacción, debe llevar naturalmente a la muerte de la
comunidad rural.
Pero uno se pregunta: ¿por qué todos estos intereses (incluidas las grandes
industrias colocadas bajo la tutela del gobierno), a las que conviene tanto el
estado actual de la comunidad rural, por qué se afanarían en matar la gallina
que les pone huevos de oro? Precisamente porque se dan cuenta de que "este
estado actual" no puede continuar, que, por consecuencia, el modo actual de
explotación está ya fuera de moda. La miseria del agricultor ha contagiado la
tierra, la cual se vuelve estéril. Las buenas cosechas se alternan con los años
de hambre. El promedio de los diez años últimos revela una producción agrícola
no solamente estancada, sino, además, retrógrada. En fin, por vez primera, Rusia
se ve forzada a importar cereales, en lugar de exportarlos. Por tanto, no hay
que perder tiempo. Hay que poner fin a eso. Hay que constituir en clase media
rural la minoría más o menos acomodada de los campesinos y convertir la mayoría
simplemente en proletarios. A tal efecto, los portavoces de los "nuevos pilares
de la sociedad" ponen al descubierto las heridas causadas a la comunidad,
presentándolas como síntomas naturales de la decrepitud de ésta.
Visto que a tantos intereses diversos y, sobre todo a los de los "nuevos pilares
de la sociedad", florecidos bajo el reinado benévolo de Alejandro II, les
convenía el estado actual de la "comunidad rural", ¿por qué irían
conscientemente a buscar la muerte de la misma? ¿Por qué sus portavoces ponen al
descubierto las heridas que le han causado a la comunidad como si fueran una
prueba [170] de la decrepitud natural de ésta? ¿Por qué quieren matar la gallina
que les pone huevos de oro?
Simplemente porque los hechos económicos, cuyo análisis me llevaría muy lejos,
han quitado el velo del secreto de que el estado actual de la comunidad no puede
continuar y que, en virtud de la necesidad misma de las cosas, el modo actual de
explotar a las masas populares está ya fuera de moda. Por consiguiente, hace
falta algo nuevo, y este elemento nuevo, insinuado bajo las más diversas formas,
se reduce siempre a lo siguiente: abolir la propiedad comunal, dejar que la
minoría más o menos acomodada de los campesinos se constituya en clase media
rural, convirtiéndose la gran mayoría simplemente en proletarios.
Por una parte, la "comunidad rural" ha sido llevada casi al último extremo y,
por otra, la acecha una poderosa conspiración con el fin de asestarle el golpe
de gracia. Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa. Por lo
demás, los que tienen en sus manos las fuerzas políticas y sociales hacen lo que
pueden preparando las masas para semejante catástrofe.
Y, a la vez que desangran y torturan la comunidad, esterilizan y agotan su
tierra, los lacayos literarios de los "nuevos pilares de la sociedad" señalan
irónicamente las heridas que le han causado a la comunidad, presentándolas como
síntomas de la decrepitud espontánea de ésta. Aseveran que se muere de muerte
natural y que sería un bien el abreviar su agonía. No se trata ya, por tanto, de
un problema que hay que resolver; trátase simplemente de un enemigo al que hay
que arrollar. Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa. Por
lo demás, el Gobierno ruso y los "nuevos pilares de la sociedad" hacen lo que
pueden preparando las masas para semejante catástrofe. Si la revolución se
produce en su tiempo oportuno, si concentra todas sus fuerzas para asegurar el
libre desarrollo de la comunidad rural, ésta se erigirá pronto en elemento
regenerador de la sociedad rusa y en elemento de superioridad sobre los países
sojuzgados por el régimen capitalista.
________________________________________
[1] La presente carta es el primer esbozo de la respuesta de Marx a la carta de
V. I. Zasúlich fechada el 16 de febrero de 1881. En su carta, Zasúlich, al
informar a Marx sobre el papel que había desempeñado "El Capital" en las
discusiones de los socialistas rusos acerca de los destinos del capitalismo en
Rusia, le pedía en nombre de los camaradas, los "socialistas revolucionarios"
rusos, que expusiese sus puntos de vista sobre esta cuestión y, en particular,
sobre la cuestión de la comunidad. Cuando recibió la misiva (así como otra de
Petersburgo, del Comité Ejecutivo de la "Libertad del Pueblo", con análoga
petición), Marx, trabajando en el tomo III de "El Capital", ya había dedicado
mucho esfuerzo al estudio de las relaciones socioeconómicas en Rusia, del
régimen interior y el estado de la comunidad campesina rusa. Con motivo de las
mencionadas cartas realizó un gran trabajo suplementario para sintetizar el
material de las fuentes estudiadas y llegó a la conclusión de que sólo una
revolución popular rusa, apoyada por la revolución proletaria en Europa
Occidental podía superar las "influencias perniciosas" que acosaban por todos
los lados a la comunidad rusa. La revolución rusa crearía una situación
favorable para la victoria del proletariado europeooccidental, y éste ayudaría,
a su vez, a Rusia a soslayar la vía capitalista de desarrollo.- 161
[*] Véase la presente edición, t. 2, págs. 103-104. (N. de la Edit.)
[*] Véase la presente edición, t. 2, págs. 149-150. (N. de la Edit.)
[*] L. Morgan. (N. de la Edit.)
[2] 111 L. H. Morgan, "Ancient Society or Researches in the Lines of Human
Progress from Savagery, through Barbarism to Civilization" ("Sociedad antigua o
Investigaciones de las líneas de progreso humano de la barbarie a la
civilización"), London, 1877, p. 552.- 163
[3] 112 H. S. Maine, "Village-Communities in the East and West" ("Comunidades
rurales en el Oriente y Occidente"), London, 1871.- 163
[4] 113 En el año 321 a. de n. e. en las Horcas Caudinas, cerca de la antigua
ciudad romana de Caudio, los samnitas (tribus que poblaban una región montañosa
en los Apeninos Medianos) derrotaron a las legiones romanas y las obligaron a
pasar bajo el yugo, lo que se consideraba lo más humillante para el ejército
vencido. De ahí la expresión "pasar bajo las Horcas Caudinas", o sea sufrir
humillación suprema.- 166
[5] 114 Vólost: Subdistrito, unidad administrativa territorial mínima en la
Rusia prerrevolucionaria.- 166
[*] Modo de proceder. (N. de la Edit.)
Fuente: www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/cartas/oe3/mrxoe312.htm
ECONOMIA
André Gunder Frank
El 23 de abril se cumplieron tres años de la desaparición de uno de los más
grandes exponentes que ha dado la teoría de la dependencia en América Latina,
este es el homenaje escrito el 26 de abril de 2005 por otro gran representante
de dicha teoría: Theotonio Dos Santos
Por Theotonio Dos Santos*
¿Quien es el economista más citado y discutido en el mundo? No pierda su tiempo
buscando entre los premios Nóbel y otros muy promovidos en la gran prensa. André…
Gunder Frank es de lejos el más citado y el más discutido en el mundo como
revelan varios estudios sobre el tema y las más de 30.000 entradas que tiene en
la Internet. Su muerte el sábado 23 de abril pasado produce un vacío en el
pensamiento social contemporáneo difícil de ser sustituido. Pero André era bien
más que esto. Él era un tipo de intelectual completamente consecuente con sus
ideas. Un luchador permanente por la verdad y por la transformación del mundo.
Aún cuando se equivocó mucho, como todo ser humano, era fértil y motivador
incluso en sus errores. Esta es una calidad que solo los genios tienen.
André se formó académicamente en la "cueva de las serpientes": recibió su
doctorado en la Universidad de Chicago y convivió con la brillante generación de
conservadores que tanto deformó las ciencias sociales en las décadas del 50 y 70
para abrir camino finalmente en los años 80 a la hegemonía del pensamiento único
que aún nos asfixia. Su crítica a los Chicago boys que tomaron el control del
Estado chileno en el gobierno fascista de Augusto Pinochet es, en este sentido,
aplastante y definitiva.
Cuando lo conocí en Brasilia, en 1963, él había sido invitado por Darcy Ribeiro
rector de la recién fundada Universidad de Brasilia para dirigir un seminario
sobre "el estructural funcionalismo", corriente de pensamiento conservador que
dominaba en aquél momento las ciencias sociales. Él ya había tomado distancia de
esta corriente mayoritaria en la Universidad de Chicago a través de su contacto
intelectual con Paul Baran y Paul Sweezy. Su artículo sobre la remesa de
ganancias y pagos de servicio superiores a la entrada de capitales del exterior
causó gran conmoción y fue lo que lo llevó a ser invitado por Darcy.
En su seminario estábamos Ruy Mauro Marini, Vania Bambirra y yo que seríamos
posteriormente consagrados como la corriente radical de la teoría de la
dependencia. Discutimos mucho todo el tiempo. Pero no hay duda que asumimos un
compromiso intelectual y político común que duró toda una vida, a través de 2
exilios políticos de Brasil a Chile y de Chile al exterior. Y, en nuestro, caso
en una amnistía que nos lanzó a un Brasil profundamente comprometido con el
capital financiero internacional.
En su participación en el Seminario Internacional de la REGGEN de Agosto de
2003, en Río, sobre Hegemonía y Contra hegemonía, Andre tuvo la oportunidad de
ir hasta Brasilia, Sâo Paulo y Santa Catarina. A pesar de su enfermedad ya tan
avanzada el hizo cuestión de desplazarse hacia todos estos lugares para dejar
testimonio de que la teoría de la dependencia empezó en aquellos años de 63-64,
en nuestros debates y acuerdos dentro de esta experiencia pedagógica colosal que
fue la UnB de Darcy Ribeiro, destruida en gran parte por la dictadura militar de
1964.
Exilado en Chile, como nosotros, André se incorporó en 1967 al Centro de
Estudios Socio Económicos (CESO) de la Facultad de Economía que yo dirigí. Ahí
estaban otra vez Ruy e Vania lo que nos permitió realizar muchos trabajos
conjuntos. Ahí se consolidó la recuperación de los ciclos largos como
instrumento fundamental para la comprensión de la historia económica
contemporánea. La experiencia del gobierno de la Unidad Popular estimulaba de
manera impresionante el trabajo intelectual, trátase de un laboratorio
fantástico para analizar el cambio social y la revolución. Frank vivió muy
profundamente esta realidad teniendo el apoyo de su esposa Marta, de origen
chilena.
El golpe de Chile destruyó el CESO y nos dispersó otra vez. Yo y Vania fuimos
para México donde hemos sido recibidos con una solidaridad conmovedora. André y
Ruy fueron inicialmente para Alemania. Rui vino posteriormente para México y se
incorporó al Doctorado de Economía de la UNAM que yo dirigía. Frank inició un
periplo por el mundo terminando por un buen período en Holanda donde se jubiló.
En estos años sufrió mucho por la persecución de la inmigración estadounidense.
Acostumbraba ingresar en Estados Unidos por la frontera canadiense. Su principal
culpa era haber abandonado la nacionalidad estadounidense y retomar su identidad
alemana. Pero él se sentía sobretodo un latinoamericano aunque no había espacio
para él en una América Latina dominada por dictaduras militares.
Después de la muerte de Marta, continuó su periplo por Canadá y después en los
Estados Unidos de Clinton donde pudo trabajar pero con restricciones
emigratorias. Sus últimos días de vida los vivió en Luxemburgo al lado de
Alison, una mujer de mucha fibra y disposición que lo ayudó mucho a enfrentar su
enfermedad por 12 años de lucha colosal.
Su producción en los años 70 es menos conocida a pesar de su profundidad y su
fuerza provocativa. Él fue uno de los creadores de la teoría del sistema mundial
cuya crisis analizó en dos libros extremamente impactantes. Además inició el
balance histórico del sistema mundial que hizo retroceder por lo menos hasta el
siglo quinto antes de Cristo. Su libro Re-Orient mostró el rol de liderazgo que
ha ocupado China en este sistema mundial creado en torno de la ruta de la seda.
Hegemonía que solo pierde en el siglo XVIII con el ascenso del poderío marítimo
occidental y con la revolución industrial.
Nada hay de más importante que esta revisión de la historia mundial que sugiere
André y que provocó una polémica colosal incluso dentro del grupo del sistema
mundial. Sus últimos escritos apuntaban hacia el rol del dólar y del pentágono
en la hegemonía norteamericana actual y la crisis definitiva que ambos viven en
el presente. Otra tesis polémica que es sin embargo más próxima al enfoque del
sistema mundial en su conjunto.
Cuantas polémicas más no se estarían gestando en el cerebro colosal de André
Gunder Frank. Su hijo Frank cuenta que él trabajó hasta su suspiro final. Tengo
este sentimiento de pérdida de un intelectual de vanguardia pero sobretodo de un
amigo y camarada. Pero me duele pensar cómo toda una generación de economistas
ha sido llevada a desconocer esta obra colosal por la influencia decisiva del
llamado pensamiento único que se impuso en varias universidades de todo el
mundo. Resta sin embargo la certeza de que en los movimientos sociales y en el
espíritu del Forum Social Mundial su obra es una referencia fundamental.
*Profesor titular de la UFF. Director del REGGEN. Autor de La Teoría de la
Dependencia: balance y perspectiva , Editora Plaza y Janés, México, que fue
comentada por André Gunder Frank en su artículo "La dependencia de Theotonio".
Fuente: http://www.rrojasdatabank.org/agfobit5.htm
ECONOMIA
Entrevista con Samir Amin (2007)
Por Giuliano Battiston
En vísperas de Nairobi, entrevistamos al economista Samir Amin, presidente del
Foro Mundial de las Alternativas. Entre los asuntos abordados, el de la
inconsistencia del proyecto europeo. De las primeras reuniones de que surgió el
Foro social, la que acabó llamándose "anti-Davos", pequeña pero marcadamente
simbólica: participaron los representantes de las grandes fuerzas sociales
víctimas de las políticas capitalistas.
¿Un capitalismo con rostro humano? «Pura ilusión». ¿Altermundialismo moderado?
«Una ingenuidad». ¿Europa? «Aún no existe». Alejado de la circunspecta retórica
del politically correct, incansable promotor de alternativas políticas y
económicas al dogma neoliberal dominante, el economista egipcio Samir Amin ha
hecho del lenguaje franco, del rigor analítico y de la pasión militante los
instrumentos de su inveterada batalla por anteponer el hombre y sus necesidades
al beneficio. Convencido partidario de la necesidad de acompañar las
reivindicaciones de justicia social y la crítica de las desigualdades
intrínsecas a la globalización capitalista de una radicalización de la lucha
política capaz de unificar las multiformes energías de los movimientos
altermundialistas, Samir Amin es un autor extremadamente prolífico. Sus textos
son leídos y discutidos por cuantos pretenden transformar la heterogeneidad de
«movimientos» en un actor político colectivo, no menos que por quienes temen las
derivas politizadas de los mismos.
-De acuerdo con una cierta vulgata liberal y conservadora, no sólo el mercado
sería el único instrumento de regulación de la sociedad, sino que la misma
promoción y universalización de los derechos dependería de los procesos de
globalización económica. ¿Cómo habría que articular la relación entre
globalización, en su forma actual, y derechos fundamentales?
-El discurso de la ideología dominante, que establece una absoluta igualdad
entre democracia y mercado, fundándose en la cual sostiene que no hay democracia
sin mercado –y que el mercado mismo crea las condiciones para que se afiance la
democracia—, es un discurso vulgar, puramente propagandístico, que no tiene nada
que ver con la realidad histórica ni con su análisis científico. En cambio, hay
una contradicción absolutamente fundamental en esa retórica dominante que,
reduciendo la democracia a su dimensión meramente política, y tal dimensión sólo
a la democracia representativa, la disocia de la cuestión social, que se supone
regulable por el funcionamiento del mercado, o por mejor decir, de un mercado
imaginario. La teoría del capitalismo imaginario de los economistas
convencionales, para quienes el mercado generalizado tendería al equilibrio,
supone que la sociedad está sencillamente compuesta por el conjunto de los
individuos que la componen, sin tomar en cuenta las formas de la organización
social, la pertenencia a la familia, a la clase social, a la nacionalidad:
olvidando, pues, lo que para Marx era una verdad natural –recogida luego
especialmente por Karl Polanyi—, y es a saber: que los valores económicos están
"incrustados" en la realidad social.
-Si entre mercado global y derechos fundamentales existe una contradicción
fundamental, ¿con qué instrumentos podría construirse una vía que permitiera
superar la contradicción?
-No tengo recetas, pero sugiero discutir con la perspectiva de lanzar
estrategias de lucha común en torno de algunos puntos fundamentales, el primero
de los cuales pivota sobre la idea de que no puede haber auténtica democracia
sin progreso social. Es un objetivo que va en la dirección exactamente opuesta
al discurso dominante, el cual, según se ha visto, disocia ambos términos, y que
anda lejos del pensamiento de los bienpensantes, social-liberales y
socialdemócratas, quienes suponen que los efectos negativos del capitalismo
pueden mitigarse mediante una reglamentación social parcial. Quizá habría que
preterir el término "democracia" y hablar más bien de "democratización",
entendida como un proceso sin fin; y recordar que la necesidad de asociar la
democracia al progreso social es un objetivo que cumple a todos los países del
mundo. También en los países llamados democráticos la democracia está en crisis:
precisamente porque, disociada de la cuestión social, queda reducida a
democracia representativa, y la solución de los problemas económicos y sociales
se transfiere al mercado. Es una vía muy peligrosa: en Italia, como en otras
partes, habéis votado libremente (o casi, visto que el sufragio viene muy
condicionado por los medios de comunicación), y sin embargo, muchos se
preguntan: para qué votar, si el parlamento afirma que algunas decisiones las
imponen el mercado y la globalización. Así, la democracia se deslegitima, y se
corre el riesgo de derivar a formas de neofascismo soft.
-De acuerdo con su análisis, el capitalismo y la globalización han existido
siempre, pero después de la II Guerra Mundial habríamos entrado en una nueva
fase en la cual entra la estrategia de EEUU de extender la doctrina Monroe al
planeta entero. ¿Cuáles son, a su parecer, las características de esta nueva
fase de la globalización, y cuáles los objetivos prioritarios de la estrategia
estadounidense?
-En esta nueva fase hay una transformación de la naturaleza del imperialismo
(hablo de imperialismo, y no de "imperio" como Toni Negri): si hasta finales de
La II Guerra Mundial el imperialismo se conjugaba en plural y las potencias
imperialistas estaban en permanente conflicto entre sí, luego hemos asistido a
una transformación estructural que ha dado a luz al imperialismo colectivo que
yo llamo de la "tríada": simplificando un poco, EEUU, Europa y Japón, es decir,
el conjunto de los segmentos dominantes del capital que tienen intereses comunes
en la gestión del sistema mundial. Este sistema, que representa una forma de
nuevo imperialismo frente al 85% de la población mundial, "requiere" la guerra.
Este es precisamente el punto en que se pone de manifiesto el proyecto del
establishment americano, que refleja la orientación de la mayoría de la clase
dirigente estadounidense, dispuesta a controlar militarmente el planeta. Los
EEUU han optado por desencadenar el primer ataque sobre Oriente Medio por una
serie de motivos, dos en particular: por el petróleo y, a través del control
militar de las principales regiones petroleras del planeta, para ejercer un
liderazgo incontestado, a fin de constituirse en una amenaza permanente para
todos los potenciales concurrentes económicos y políticos. Pero también porque
disponen en la región de lo que yo defino como su portaviones fijo, el Estado de
Israel, a través del cual se aseguran un instrumento de presión continuada,
funcional a la ocupación de Palestina y, como se ha visto, también a la agresión
al Líbano.
-Usted ha sostenido que el militarismo agresivo de los EEUU no es tanto un
sinónimo de fuerza, como, más bien, un medio para equilibrar su vulnerabilidad
económica. ¿Podría explicarnos mejor qué quiere decir?
-De acuerdo con la teoría dominante, de la que desgraciadamente es también
víctima gran parte de la opinión pública europea, la supremacía militar de los
EEUU representaría la punta del iceberg de una superioridad en última término
basada en la eficacia económica y en la hegemonía cultural. Pero la realidad es
que los EEUU se hallan en una posición de extrema vulnerabilidad, que se
manifiesta en el enorme déficit contraido en el comercio exterior, y de esa
fragilidad deriva la la opción estratégica de la clase dirigente de los EEUU que
desemboca en el uso de la violencia militar. Existen documentos del Pentágono
que demuestran que los EEUU han considerado posible una guerra atómica en que
las víctimas podrían llegar a 600 millones: como ha escrito Daniel Ellsberg,
cerca de 100 holocaustos.
-Frente al protagonismo de los EEUU, Europa parece aún incapaz de articular un
proyecto político realmente alternativo. ¿Cómo debería moverse?
-Por ahora, y a despecho de tantos europeos que lo auguran, no creo que Europa
esté en condiciones de llegar a ser un elemento alternativo a la hegemonía de
los EEUU. Tendría que salir de la OTAN, romper la alianza militar con los EEUU y
emanciparse delliberalismo. Sin embargo, en la hora presente, las fuerzas
políticas y sociales europeas parecen interesadas en cualquier cosa menos en un
proyecto de ese tipo, al punto que –como hiciera en su día el viejo PS italiano—
han reforzado más bien el atlantismo y el alineamiento con la OTAN y el
liberal-socialismo. No hay hoy otra Europa a la vista. Y en este sentido, Europa
no existe: el proyecto europeo es simplemente la cara europea del proyecto
norteamericano.
-Sin embargo, los márgenes para construir "otra Europa" existen, y usted mismo
ha hablado del conflicto de culturas políticas que opone Europa a los EEUU.
-Las culturas políticas de Europa se han formado en el curso de los últimos
siglos en torno de la polarización entre derecha e izquierda: quien estaba a
favor de la Ilustración, de la Revolución francesa, del movimiento obrero, de la
Revolución rusa, a la izquierda; quien estaba en contra, a la derecha. La
historia de Europa es la historia de culturas políticas del "no-consenso", que
extienden el conflicto más allá de la versión reductiva de la lucha de clases.
La cultura de los EEUU tiene en cambio otra historia, y se ha formado como una
cultura del consenso: consenso sobre el genocidio de los indios, sobre el
esclavismo, sobre el racismo. Y sobre el capitalismo, que no se ha puesto en
cuestión en EEUU, y si hay lucha de clases, no hay politización de esa lucha. De
hecho, las sucesivas migraciones, gracias a las cuales se ha constituido el
pueblo americano, han substituido la formación de una consciencia política por
una consciencia comunitarista. Asistimos hoy a un intento de de "americanizar"
Europa y de substituir la cultura del conflicto por la cultura del consenso: se
pretende que no haya ya derecha e izquierda, que no haya ya ciudadanos, sino
consumidores más o menos ricos.
-El Foro social mundial, de acuerdo con una reconstrucción superficial que ha
logrado cierto eco, habría nacido a la estela de la manifestaciones
altermundialistas de Seattle. Sin embargo, la historia del Foro tiene una
derivación mucho menos "occidental" de lo que se cree. ¿Puede contárnosla?
-El Foro social mundial es una creación tan poco occidental que el primer
encuentro fue en Brasil; luego –no por casualidad— los encuentros siguientes
fueron en Bombay, Bamako, Caracas y Karachi, y el Foro 2007 ha elegido como sede
Nairobi. Conviene no olvidar, por lo demás, que en Seattle la Organización
Mundial del Comercio fue paralizada no por los manifestantes norteamericanos,
sino por el voto de la mayoría de los países en vías de desarrollo. Uno de los
primeros encuentros que dieron vida al FSM fue el llamado "anti-Davos en Davos",
la manifestación –pequeña, pero de gran valor simbólico— organizada en 1999 por
el Foro Mundial de las Alternativas, gracias ala cual los representantes de las
víctimas de las políticas del capitalismo liberal pudieron discutir la agenda
oficial de Davos. Éramos pocos, pero representábamos grandes fuerzas sociales:
sindicatos hindúes, coreanos, brasileños, organizaciones de mujeres y
campesinos, asociaciones del África occidental, defensores de los derechos
sociales, movimientos brasileños. De allí nació la idea de fijar un nuevo
encuentro a una escala más grande.
Samir Amin, presidente del Foro Social que se ha inaugurado esta semana en
Nairobi, es un prestigioso economista de origen egipcio.
Il Manifesto. Traducción para sinpermiso.info: Leonor Març
Fuente: http://forosocialmundial.org.ar/fsm-2007-entrevista-con-samir-amin
ECONOMIA
¡Cifras!
(agosto de 2006)
Por Theotonio dos Santos*
¿Qué pasa en Latinoamérica? Esta es una pregunta que se generaliza por todos los
continentes, Es evidente que hay una ola de manifestaciones electorales, de
masas, de carácter cultural, de actos públicos que indican claramente un fuerte
rechazo de las políticas neoliberales que dominaron el continente en los últimos
20 años y una clara opción de centro izquierda, más o menos radical de acuerdo
con las condiciones políticas de los diferentes países.
En muchas partes hay una sorpresa evidente acompañada de intentos de improvisar
explicaciones para lo que ocurre. Para nosotros, se trata de la confirmación de
los análisis económicos y políticos que venimos realizando en los últimos 40
años, cuando empezamos a trabajar con el concepto de crisis económica y en
particular el concepto de las ondas largas de Kondratiev dentro del marco
teórico que se ha llamado de teoría de la dependencia.
En primer lugar, establecimos unas relaciones estrechas entre las tendencias
socio-económicas estructurales embutidas en lo que llamamos entonces (1967) el
nuevo carácter de la dependencia, y el plano político. Mostrábamos en este
momento que los golpes de Estado militares (de corte fascista creciente)
deberían generalizarse en la región, como de hecho ocurrió hasta la mitad de la
década del 70.
Pero señalábamos, en nuestro libro sobre Socialismo o Fascismo, la principal
contradicción de este fascismo dependiente: él se apoyaba en una clase media y
una pequeña burguesía con aspiraciones nacionalistas pero estaba bajo la
hegemonía del capital internacional y del poder hegemónico mundial que no
permitiría la expansión de las aspiraciones nacionalitas de los militares que
asumieron la dirección del proceso, estimulados por la CIA, inspirada en los
análisis de Johnson and Johnson de que ellos representaban la elite privilegiada
capaz de dirigir el proceso de desarrollo en la región.
El fracaso de este fascismo dependiente se hizo evidente en los años ochenta
cuando las trasnacionales iniciaron una marcha hacia atrás en sus propósitos
militaristas apoyando una amplio proceso de apertura liberal de los regímenes de
terror estatal que desarticularon las fuerzas populares de la región, las cuales
estaban, en esta época, bajo el liderazgo de corrientes populistas, de ideología
nacional democrática.
Yo llamaba la atención sobre la situación de estas fuerzas populares y su lenta
reorganización dentro de una perspectiva socialista que no debería representar
un rompimiento con el marco nacional-democrático sino su radicalización hacia
una concepción más avanzada de democracia.
En 1990, cuando este proceso de liquidación del fascismo dependiente estaba
cumplido, y se veía acompañado de una visión light de la democracia, que la
identificaba con el libre comercio y el anti-estatismo neoliberal publicamos el
libro Democracia y Socialismo en el Capitalismo Dependiente en el cual
mostrábamos las graves limitaciones de las democracias implantadas en la región.
En nuestro libro de 2000 sobre La Teoría de la Dependencia mostrábamos el rol de
teóricos como Fernando Henrique Cardoso en limitar la cuestión democrática al
plano político, permitiendo la unión entre este concepto de democracia y el
autoritarismo neoliberal.
Era pues de esperar, como lo mostramos en nuestro libro más reciente sobre Del
Terror a la Esperanza: Auge y Declinación del Neoliberalismo, que esta ofensiva
neoliberal que se combinó con el intento de una apertura neoliberal controlada
desde arriba estaba en pleno fracaso y debería ser sustituida por una ola de
avance de las fuerzas populares ya recuperadas, a pesar de ser ideológicamente
muy débiles.
Mostramos también en varios artículos, desde los años noventa, que la ola
recesiva larga iniciada en 1967-73 en el capitalismo mundial había llegado al
final y que se iniciaba en 1994 una nueva ola de crecimiento económico apoyado
en las innovaciones radicales alimentadas por la revolución científico técnica
que tanto estudiamos en los años 70 y 80.
En artículos recientes, he mostrado ya la realidad de estos cambios económicos
en cifras de las agencias internacionales de investigación. Es interesante ver
cómo los estudios de opinión políticos se dedican, cada vez más, a estos
análisis y explican las características especiales que esta ola democrática,
nacionalista y socialista está asumiendo en la región.
Aquí en Lima, podemos sentir este ambiente. De un lado, la candidatura de Humala
Ollanta se mantiene muy fuerte a pesar de los ataques más violentos que recibe
de varias corrientes dominantes en el país.
Ya habíamos llamado la atención en los años setenta sobre el rompimiento entre
la derecha militar y el imperialismo estadounidense como consecuencia del apoyo
de Estados Unidos a la invasión de las islas Malvinas por Inglaterra, lo que se
aliaba a la clara opción estadounidense de abandonar las dictaduras militares
que había implantado en América Latina. Por más señas, algo similar ocurrió en
el Oriente Medio, donde Estados Unidos formó y apoyó la derecha fundamentalista
islámica en contra de la invasión soviética del Afganistán y de los gobiernos
comandados por el socialismo pan árabe, para después verla volcarse en contra de
su hegemonía y dominio imperial de la región. Por coincidencia, en este momento
se divulga en Perú, una investigación de Conecta Asociados sobre las
preferencias políticas de la población de 14 ciudades. Otra vez las cifras
confirman nuestros análisis históricos y teóricos. La encuesta revela que
solamente el 7% de los entrevistados se definen como antidemocráticos. Pero un
20% de los defensores de la democracia la apoyan incondicionalmente. El 73% de
los entrevistados valoran la democracia pero respaldarían soluciones
autoritarias si fuesen favorables al desarrollo y seguridad.
El presidente del Perú dirige, sin embargo, una economía que crece cerca del 4%
al año, pero no logra ser apoyado por más del 7% de la población, como lo
revelan otras encuestas. Como se ve, se quiere un desarrollo socialmente justo,
soberano y sostenible ecológicamente, como lo plantea Naciones Unidas y los
movimientos de centro izquierda.
Las cifras nos ayudan a pensar correctamente lo que está sucediendo. Busquemos
pues analizarlas objetivamente para entender lo que no era tan imprevisible y
sus desdoblamientos que parecen difíciles cuando vemos la falta de preparación
de gran parte de los liderazgos de centro y de izquierda en la región.
*Theotonio dos Santos
Economista e investigador brasilero. Profesor de la Universidad Federal
Fluminense. Presidente de la Cátedra y Red UNESCO y Universidad de las Naciones
Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible.
Fuente: www.voltairenet.org

POLITOLOGIA
Notas
sobre la revolución rusa
Por Antonio Gramsci
Primera Edición: En el "Il Grido del Popolo" el 29 de abril de 1917.
Digitalización: Aritz, setiembre de 2000.
Edición Digital: Marxists Internet Archive, 2000.
¿Por qué la Revolución rusa es una revolución proletaria?
Al leer los periódicos, al leer el conjunto de noticias que la censura ha
permitido publicar, no se entiende fácilmente. Sabemos que la revolución ha sido
hecha por proletarios (obreros y soldados), sabemos que existe un comité de
delegados obreros que controla la actuación de los organismos administrativos
que ha sido necesario mantener para los asuntos corrientes. Pero ¿basta que una
revolución haya sido hecha por proletarios para que se trate de una revolución
proletaria? La guerra la hacen también los proletarios, lo que, sin embargo, no
la convierte en un hecho proletario. Para que sea así es necesario que
intervengan otros factores, factores de carácter espiritual. Es necesario que el
hecho revolucionario demuestre ser, además de fenómeno de poder, fenómeno de
costumbres, hecho moral. Los periódicos burgueses han insistido sobre el
fenómeno de poder; nos han dicho que el poder de la autocracia ha sido
sustituido por otro poder, aún no bien definido y que ellos esperan sea el poder
burgués. E inmediatamente han establecido el paralelo: Revolución rusa,
Revolución francesa, encontrando que los hecho se parecen. Pero lo que se parece
es sólo la superficie de los hechos, así como un acto de violencia se asemeja a
otro del mismo tipo y una destrucción es semejante a otra.
No obstante, nosotros estamos convencidos de que la Revolución rusa es, además
de un hecho, un acto proletario y que debe desembocar naturalmente en el régimen
socialista. Las noticias realmente concretas, sustanciales, son escasas para
permitir una demostración exhaustiva. Pero existen ciertos elementos que nos
permiten llegar a esa conclusión.
La Revolución rusa ha ignorado el jacobinismo. La revolución ha tenido que
derribar a la autocracia; no ha tenido que conquistar la mayoría con la
violencia. El jacobinismo es fenómeno puramente burgués; caracteriza a la
revolución burguesa de Francia. La burguesía, cuando hizo la revolución, no
tenía un programa universal; servía intereses particulares, los de su clase, y
los servía con la mentalidad cerrada y mezquina de cuantos siguen fines
particulares. El hecho violento de las revoluciones burguesas es doblemente
violento: destruye el viejo orden, impone el nuevo orden. La burguesía impone su
fuerza y sus ideas no sólo a la casta anteriormente dominante, sino también al
pueblo al que se dispone a dominar. Es un régimen autoritario que sustituye a
otro régimen autoritario.
La Revolución rusa ha destruido al autoritarismo y lo ha sustituido por el
sufragio universal, extendiéndolo también a las mujeres. Ha sustituido el
autoritarismo por la libertad; la Constitución por la voz libre de la conciencia
universal. ¿Por qué los revolucionarios rusos no son jacobinos, es decir, por
qué no han sustituido la dictadura de uno solo por la dictadura de una minoria
audaz y decidida a todo con tal de hacer triunfar su programa? Porque persiguen
un ideal que no puede ser el de unos pocos, porque están seguros de que cuando
interroguen al proletariado, la respuesta es indudable, está en la conciencia de
todos y se transformará en decisión irrevocable apenas pueda expresarse en un
ambiente de libertad espiritual absoluta, sin que el sufragio se vea adulterado
por la intervención de la policia, la amenaza de la horca o el exilio. El
proletariado industrial está preparado para el cambio incluso culturalmente; el
proletariado agrícola, que conoce las formas tradicionales del comunismo
comunal, está igualmente preparado para el paso a una nueva forma de sociedad.
Los revolucionarios socialistas no pueden ser jacobinos; en Rusia tienen en la
actualidad la única tarea de controlar que los organismos burgueses (la Duma,
los Zemtsvo) no hagan jacobinismo para deformar la respuesta del sufragio
universal y servirse del hecho violento para sus intereses.
Los periódicos burgueses no han dado ninguna importancia a este otro hecho: los
revolucionarios rusos han abierto las cárceles no sólo a los presos políticos,
sino también a los condenados por delitos comunes. En una de las cárceles, los
reclusos comunes, ante el anuncio de que eran libres, contestaron que no se
sentían con derecho a aceptar la libertad porque debían expiar sus culpas. En
Odesa, se reunieron en el patio de la cárcel y voluntariamente juraron que se
volverían honestos y vivirían de su trabajo. Esta noticia es más importante para
los fines de la revolución que la de la expulsión del Zar y los grandes duques.
El Zar habría sido expulsado incluso por los burgueses, mientras que para éstos
los presos comunes habían sido siempre adversarios de su orden, los pérfidos
enemigos de su riqueza, de su tranquilidad. Su liberación tiene para nosotros
este significado: la revolución ha creado en Rusia una nueva forma de ser. No
sólo ha sustituido poder por poder; ha sustituido hábitos por hábitos, ha creado
una nueva atmósfera moral, ha instaurado la libertad del espíritu además de la
corporal. Los revolucionarios no han temido poner en la calle a hombres marcados
por la justicia burguesa con el sello infame de lo juzgado a priori, catalogados
por la ciencia burguesa en diversos tipos de la criminalidad y la delincuencia.
Sólo en una apasionada atmósfera social, cuando las costumbres y la mentalidad
predominante han cambiado, puede suceder algo semejante. La libertad hace libres
a los hombres, ensancha el horizonte moral, hace del peor malhechor bajo el
régimen autoritario un mártir del deber, un héroe de la honestidad. Dicen en un
periódico que en cierta prisión estos malhechores han rechazado la libertad y se
han constituido en sus guardianes. ¿Por qué no sucedió esto antes? ¿Por qué las
cárceles estaban rodeadas de murallas y las ventanas enrejadas? Quienes fueron a
ponerles en libertad debían ser muy distintos de los jueces, de los tribunales y
de los guardianes de las cárceles, y los malhechores debieron escuchar palabras
muy distintas a las habituales cuando en sus conciencias se produjo tal
transformación que se sintieron tan libres como para preferir la segregación a
la libertad, como para imponerse voluntariamente una expiación. Debieron sentir
que el mundo había cambiado, que también ellos, la escoria de la sociedad, se
había transformado en algo, que también ellos, los segregados, tenían voluntad
de opción.
Este es el fenómeno más grandioso que la iniciativa del hombre haya producido.
El delincuente se ha transformado, en la revolución rusa, en el hombre que
Emmanuel Kant, el teórico de la moral absoluta, había anunciado, el hombre que
dice: la inmensidad del cielo fuera de mí, el imperativo de mi conciencia dentro
de mí. Es la liberación de los espíritus, es la instauración de una nueva
conciencia moral lo que nos es revelado por estas pequeñas noticias. Es el
advenimiento de un orden nuevo, que coincide con cuanto nuestros maestros nos
habían enseñado. Una vez más la luz viene del Oriente e irradia al viejo mundo
Occidental, el cual, asombrado, no sabe más que oponerle las banales y tontas
bromas de sus plumíferos.
Fuente: http://www.geocities.com/catedragramsci/textos/D_Notas_sobre_la_revolucion_rusa.htm
Video-entrevista de la televisión chilena a Heinz Dieterich (2007)
SOCIOLOGIA
Y ECOLOGIA
Biocombustibles: el
porvenir de una ilusión
Por Atilio Borón
Ante tanto entusiasmo es nuestro deber echar una mirada más sobria. Cualquier
historiador mínimamente riguroso no tardaría en hallar notables coincidencias
entre la exaltación de este momento y la que se registrara en anteriores
ocasiones. Señalemos, en aras de la brevedad, otras dos igualmente relacionadas
con el descubrimiento de nuevas fuentes de energía: la invención de la máquina
de vapor a mediados del siglo dieciocho y la electricidad hacia finales del
diecinueve y comienzos del siglo veinte. En ambos casos la aparición de estos
nuevos energéticos fueron saludados como la anunciación de una era de ilimitadas
posibilidades de desarrollo. Idénticas actitudes proliferaron cuando se
desarrolló la tecnología para la utilización del petróleo como fuente energética
fundamental a partir de comienzos del siglo veinte. En todos estos casos las
ilusiones se desvanecieron con el paso del tiempo, de ahí la oportuna parafrasis
del conocido libro de Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión.
¿Será diferente esta vez?
No parece. En este trabajo trataremos de aportar algunos elementos que nos
permitan elaborar un balance realista del asunto.
Energía y capitalismo: la "segunda vuelta" de la mercantilización
Una discusión como esta no puede hacerse al margen de la caracterización del
modo de producción en el cual se va a utilizar, o se utiliza, un determinado
energético. Sociedades precapitalistas ya conocían el petróleo que afloraba en
depósitos superficiales y lo utilizaban para fines no comerciales, como la
impermeabilización de los cascos de madera de las embarcaciones o de productos
textiles, o para la iluminación mediante antorchas. De ahí su nombre primitivo:
"aceite de piedra" (petróleo), un ventajoso reemplazo del aceite de ballena o
las velas de sebo que por entonces se empleaban. Posteriormente se lo utilizó
como combustible de las lámparas y sólo a partir de finales del siglo diecinueve
-luego de los descubrimientos de grandes yacimientos en Pennsylvania, Estados
Unidos, y de los desarrollos tecnológicos impulsados por la generalización del
motor de combustión interna- el petróleo se transformó en el energético por
excelencia llamado a presidir el paradigma energético del siglo veinte.
La peculiaridad del capitalismo es la de ser el único sistema en la historia de
la humanidad dominado por una tendencia internamente incontenible hacia la
mercantilización de todos los aspectos y componentes de la vida social. Su
historia es la historia de la progresiva ampliación del rango de bienes y
actividades incorporadas a la lógica mercantil. La energía requerida para el
sostenimiento de la vida no escapó a ese destino y, por eso mismo, es concebida
como una mercancía más. Tal como lo advirtiera reiteradamente Marx,
especialmente en uno de los Prefacios a El Capital, esto no ocurre debido a la
perversidad o insensibilidad de este o aquél capitalista individual sino que es
consecuencia de la lógica del proceso de acumulación que tiende a la incesante
"mercantilización" de todos los componentes, materiales y simbólicos, de la vida
social. De este modo, con su implantación hombres y mujeres fueron reducidos a
la condición de meros portadores de la "fuerza de trabajo", una mercancía
estratégica e irreemplazable por su papel en la generación de la plusvalía. El
proceso de mercantilización no se detuvo en los humanos y simultáneamente se
extendió a la naturaleza: la tierra y sus productos, los ríos y las montañas,
las selvas y los bosques fueron objeto de su incontenible rapiña. Los alimentos,
por supuesto, no escaparon de esta infernal dinámica y, en nuestros días, la
entera biodiversidad del planeta se encuentra sometida a esta "ley de hierro"
del sistema que lo impulsa, en su afán por garantizar su reproducción, a
mercantilizar todo lo existente. Al igual que el Rey Midas, que convertía en oro
todo lo que tocaba, el capitalismo convierte en mercancía todo lo que se pone a
su alcance.
Pero lo novedoso es que hoy nos hallamos en presencia de una "segunda vuelta" de
la mercantilización. Si en la primera el capitalismo transformó a los alimentos
requeridos para sostener la vida humana en mercancías que deben adquirirse en el
mercado, mediante esta "segunda vuelta" se produce una aberrante
desnaturalización de aquellos: los alimentos son convertidos en energéticos para
viabilizar la irracionalidad de una civilización que, para sostener la riqueza y
los privilegios de unos pocos, incurre en una brutal ataque al medio ambiente y
a las condiciones ecológicas que posibilitaron la aparición de la vida en la
Tierra. Entre ellas, la posibilidad de proveerse de comida.
La transformación de los alimentos en energéticos constituye un acto monstruoso
mediante el cual se viola la naturaleza misma de un bien, en este caso los
alimentos, y se lo convierte, en virtud de complejos procesos tecnológicos, en
uno de naturaleza totalmente distinta. Se acentúa de este modo el proceso de
alienación, de extrañamiento, del hombre y la mujer con el entorno natural que
hizo posible la aparición de la especie humana en este planeta. A la alienación
propia de la "primera vuelta" de la mercantilización, aquella por la cual el
productor directo fue separado del producto de su trabajo, se añade ahora una
segunda que metamorfosea un fruto de la tierra para convertirlo en otra cosa.
Así, la caña de azúcar o el maíz dejan de ser alimentos para el consumo humano y
se transforman en fuentes energéticas alternativas al petróleo. ¿Quién podría
asegurar que, en un futuro tal vez no demasiado lejano, los ideólogos y
administradores del imperio no propongan la utilización de seres humanos como
fuentes de energía alternativa? Algo de eso quedó siniestramente prefigurado en
los campos de exterminio de Hitler. La lógica de la mercantilización universal e
incesante del capitalismo nos obliga a ponernos en guardia ante esa posibilidad.
En otras palabras, mediante esta "segunda vuelta" de la mercantilización el
capitalismo se dispone a practicar una masiva eutanasia de los pobres y, muy
especialmente, de los pobres del Sur pues es allí donde se encuentran las
mayores reservas de la biomasa del planeta requerida para la fabricación de los
biocombustibles. Por más que los discursos oficiales aseguren que no se trata de
optar entre alimentos y combustibles la realidad demuestra que esa y no otra es
precisamente la alternativa: o la tierra se destina a la producción de alimentos
o a la fabricación de biocombustibles. Veremos a continuación algunas de las
falacias con que se pretende edulcorar esta mortífera opción y las consecuencias
que se derivan de ella.
La superficie agrícola no es infinita
Los entusiastas defensores del biocombustible dicen que su producción de ninguna
manera perjudicará la alimentación de quienes deban producirla. Tanto Bush como
Lula lo aseguraron al concretar su alianza energética pocas semanas atrás. Pero
la realidad es muy diferente. Examinemos, para ello, los datos que aporta la FAO
sobre el tema de la superficie agrícola y el consumo de fertilizantes. (Ver
Tabla I en el Apéndice de este trabajo)
Las principales enseñanzas que deja esta tabla son las siguientes:
a) La superficie agrícola per cápita en el capitalismo desarrollado es casi el
doble de la que existe en la periferia subdesarrollada: 1.36 hectáreas por
persona en el Norte contra 0.67 en el Sur, lo que se explica por el simple hecho
de que la periferia subdesarrollada cuenta con cerca del 80 % de la población
mundial.
b) Existen, por supuesto, importantes variaciones nacionales detrás de estos
grandes promedios. En el caso latinoamericano vemos que países como Argentina,
Bolivia y Uruguay se ubican muy por encima de los promedios de los países
desarrollados mientras que otros, como Brasil, se encuentra muy levemente por
encima de dicho guarismo. Resulta evidente que este país, el pilar más
importante en el Sur de la estrategia de los biocombustibles, deberá destinar
ingentes extensiones de su enorme superficie selvática y boscosa para poder
cumplir con las exigencias del nuevo paradigma energético. Claro está que el
daño ecológico global que entrañaría la destrucción de la selva amazónica es de
proporciones incalculables, que afectarán no sólo al Brasil sino a toda la
humanidad. Pero la superficie disponible para tamaño desatino está allí. [1]
c) Especial atención merecen las cifras relativas a la China y la India, que en
su conjunto representan alrededor de la cuarta parte de la población del
planeta. Con 0.44 y 0.18 hectáreas por persona respectivamente, la expansión de
estos dos colosos económicos y su creciente demanda de alimentos va a
intensificar extraordinariamente la presión sobre los países con capacidad para
producirlos, exasperando la tensión entre asignación de tierras para la
producción de alimentos o la producción de bioenergéticos.
d) Los dos países más poblados de América Latina, Brasil y México, que en
conjunto suman poco más de trescientos millones de habitantes, muestran una
magnitud de hectáreas per cápita comparativamente baja habida cuenta su volumen
poblacional.
e) Un sombrío espejo de lo que le aguarda a nuestros países en caso de prosperar
la iniciativa energética Bush/Lula puede observarse en el mundo del Caribe. Las
pequeñas naciones antillanas, tradicionalmente dedicadas al monocultivo de la
caña de azúcar muestran con elocuencia los efectos erosionantes de la misma,
ejemplificado en el extraordinario consumo por hectárea de fertilizantes que se
requiere para sostener la producción. Si en los países de la periferia la cifra
promedio es de 109 kilogramos de fertilizantes por hectárea (contra 84 en los
capitalismos desarrollados), en Barbados es de 187.5, en Dominica 600, en
Guadalupe 1.016, en Santa Lucía 1.325 y en Martinica 1.609. Como veremos más
abajo, quien dice fertilizantes dice consumo intensivo de petróleo, de modo que
la tan mentada ventaja de los agroenergéticos para reducir el consumo de
hidrocarburos parece ser más ilusoria que real.
APROVECHAMIENTO DE LA TIERRA y CONSUMO DE FERTILIZANTES
(países seleccionados)

Fuente: FAO, Naciones Unidas (http://www.fao.org/docrep/006/y5160s/y5160s16e)
Para resumir: los datos sobre la superficie agrícola mundial desmienten el
argumento de los partidarios del etanol y el biodiesel en el sentido de que la
producción de dichos elementos no afectará la producción de alimentos. Tal como
lo demuestra un reciente estudio la utilización de la totalidad de la superficie
agrícola de la Unión Europea apenas alcanzaría a cubrir el 30 por ciento de las
necesidades actuales -¡no las futuras, previsiblemente mayores!- de
combustibles. Producir apenas el 5.75 por ciento de los agrocombustibles
exigidos para combinar con las naftas en fecha próxima requerirá de los países
europeos destinar a ese sólo fin el 20 por ciento de la superficie dedicada al
cultivo de granos. [2] Lo mismo cabe decir en relación a la economía de los
Estados Unidos, puesto que para satisfacer la demanda actual de combustibles
fósiles sería necesario destinar a la producción de agroenergéticos el 121 por
ciento de toda la superficie agrícola de ese país. [3] Como indica otro estudio,
a pesar de destinar una quinta parte de la cosecha de maíz norteamericana a la
producción de etanol en el 2006, este esfuerzo apenas si sirvió para suministrar
tan sólo el 3% de la demanda de combustible de los Estados Unidos. [4] Tal como
lo plantea Miguel Angel Llana, dado que una hectárea " produce una tonelada
bruta de bioetanol o bíodiesel … haciendo una estimación muy generosa, para
sustituir el consumo de petróleo y gas necesitaríamos casi cuatro veces (3,91)
la superficie mundial dedicada a cultivos y pastos, aunque la mayoría de los
suelos no podrían utilizarse por ser inadecuados o de mala calidad. Para centrar
el problema, si quisiéramos sustituir sólo el 5 % del consumo de petróleo y gas,
necesitaríamos sacrificar el 20 % de la superficie agrícola total de cultivos y
pastos, pero si nos referimos sólo a la superficie de cultivos, este 5 %
requeriría disponer del 64 % de la tierra cultivable disponible en el mundo."
[5]
En consecuencia, la oferta de agrocombustibles tendrá que proceder del Sur, de
la periferia pobre y neocolonial del capitalismo. Las matemáticas no mienten: ni
los Estados Unidos, ni la Unión Europea, y tampoco la China o la India, tienen
tierras disponibles para sostener al mismo tiempo un aumento de la producción de
alimentos y una expansión en la producción de agroenergéticos. Lamentablemente,
estamos en una situación muy próxima a lo que en teoría de los juegos se
denomina de "suma-cero". Muy próxima porque, es cierto, la deforestación del
planeta, sobre todo de su gran reserva amazónica, podría ampliar (aunque sólo
por un tiempo) la superficie apta para el cultivo. Pero eso sería tan sólo por
unas pocas décadas, a lo sumo. Esas tierras luego se desertificarían y la
situación quedaría peor que antes, exacerbando aún más el dilema que opone la
producción de alimentos a la de etanol o bíodiesel.
Alimentos más caros, para una población mundial que padece el hambre
De lo anterior se deduce que la lucha contra el hambre –y hay unos dos mil
millones de personas que padecen hambre en el mundo- se verá seriamente
perjudicada por la expansión de la superficie sembrada para la producción de
agroenergéticos. Los países en donde el hambre es un flagelo universal
atestiguarán la rápida reconversión de la agricultura tendiente a abastecer la
insaciable demanda de energéticos que reclama una civilización montada sobre el
uso irracional de los mismos, cualesquiera que sean sus fuentes, sean estos los
hidrocarburos como los alimentos. El resultado no puede ser otro que el
encarecimiento de los alimentos y, por lo tanto, el agravamiento de la situación
social de los países del Sur. Por eso al comentar la reunión del presidente
George W. Bush con los gerentes de las tres más grandes empresas
automovilísticas estadounidenses, el Comandante Fidel Castro Ruz decía que, en
esa ocasión, " la idea siniestra de convertir los alimentos en combustible quedó
definitivamente establecida como línea económica de la política exterior de
Estados Unidos el pasado lunes 26 de marzo" condenando "a muerte prematura por
hambre y sed a más de tres mil millones de personas" en todo el mundo. Fidel
reconoce, en dicho comentario, que lejos de ser exagerada esta cifra es
cautelosa. Además, cada año se agregan 76 millones de personas a la población
mundial, personas que, como es obvio, demandarán alimentos que serán cada vez
más caros y estarán fuera de su alcance. Se trata, en el fondo, de un genocidio
silencioso. Diversos estudios realizados por autores de muy distinta orientación
ideológica abonan esta interpretación.
Así, en México, la reorientación de los cultivos de maíz para su exportación
hacia los Estados Unidos para la fabricación del etanol ocasionó un desorbitado
aumento en el precio de ese producto, ingrediente esencial de la tortilla, la
principal fuente de alimentación de la población mexicana. Lester Brown, de The
Globalist Perspective, pronosticaba hace menos de un año que los automóviles
absorberían la mayor parte del incremento en la producción mundial de granos en
el 2006. De los 20 millones de toneladas sumadas a las existentes en el 2005, 14
millones se destinaron a la producción de combustibles y sólo 6 millones de
toneladas para satisfacer la necesidad de los hambrientos. Este autor asegura
que el apetito mundial por combustibles para los automóviles es insaciable. Dijo
además que "los granos requeridos para llenar con biocombustibles un tanque de
unos 95 litros de gasolina servirían para alimentar a una persona durante un
año. Los granos requeridos para llenar ese mismo tanque cada dos semanas durante
un año alimentarían a 26 personas." Se prepara, concluía Brown, un escenario en
el cual deberá necesariamente producirse un choque frontal entre los 800
millones de prósperos propietarios de automóviles y los consumidores de
alimentos. [6] En un mundo sediento de energía el plan Bush-Lula hace que el
precio de los hidrocarburos se convierta en el referente de casi cualquier tipo
de producto agrícola, y que cada vez que el precio de la comida descienda por
debajo del precio de los hidrocarburos los mercados reorienten la oferta y
conviertan al grano en combustible en lugar de alimento.
El demoledor impacto del encarecimiento de los alimentos, que se producirá
inexorablemente en la medida en que la tierra pueda ser utilizada para
producirlos o para producir una commodity susceptible de ser transformada en
carburante, fue también demostrado en la obra de C. Ford Runge y Benjamin
Senauer, dos distinguidos académicos de la Universidad de Minnesota (no
precisamente un think tank de la izquierda global) en un artículo publicado en
la edición en lengua inglesa de la revista Foreign Affairs y cuyo título lo dice
todo: "El modo en que los biocombustibles podrían matar por inanición a los
pobres." [7] En este trabajo los autores sostienen que " en los Estados Unidos,
el crecimiento de la industria del biocombustible ha dado lugar a incrementos no
sólo en los precios del maíz, las semillas oleaginosas y otros granos, sino
también en los precios de los cultivos y productos que al parecer no guardan
relación. El uso de la tierra para cultivar el maíz que alimente las fauces del
etanol está reduciendo el área destinada a otros cultivos. Los procesadores de
alimentos que utilizan cultivos como los guisantes y el maíz tierno se han visto
obligados a pagar precios más altos para mantener los suministros seguros; costo
que a la larga, pasará a los consumidores. El aumento de los precios de los
alimentos también está golpeando las industrias ganaderas y avícolas. … (L)os
costos más altos de los alimentos han provocado la caída abrupta de los
ingresos, en especial en los sectores avícola y porcino. Si los ingresos
continúan disminuyendo, la producción también lo hará y aumentarán los precios
del pollo, pavo, cerdo, leche y huevos." [8] Pero nuestros autores advierten que
los efectos más devastadores de la suba del precio de los alimentos se sentirán
especialmente en los países del Tercer Mundo. La fiebre de los bioenergéticos y
los elevados precios del petróleo, que sólo por excepción y por poco tiempo
podrían bajar, golpearan con fuerza a los países más pobres que ni disponen de
petróleo ni son soberanos desde el punto de vista de la alimentación. "Según
datos de la FAO" –explican Ford Runge y Senauer- "la mayoría de los 82 países de
bajos ingresos afectados por el déficit de alimentos también constituyen
importadores netos de petróleo."
El resultado de estas tendencias prefigura un holocausto social de formidables
proporciones: por cada incremento del 1 % en el precio de los alimentos básicos
se agregan 16 millones de personas al grupo de quienes pasan hambre. De ser así,
y todo indica que los precios de los alimentos aumentarán significativamente en
los próximos años, el cálculo más conservador que hacen estos autores es que
para "e l 2025 podría haber mil doscientos millones de personas hambrientas" que
se sumarían a los que ya padecían tales privaciones antes de la subida de los
precios. Y, tal como lo afirman, en línea con la denuncia de "genocidio de los
pobres" expresada por Fidel, "algunos caerán del borde de la subsistencia al
abismo de la inanición y muchos más morirán a causa de una multitud de
enfermedades relacionadas con el hambre."
La "coartada verde"
Pese a lo anterior, tanto Bush como Lula se encargaron de difundir una versión
edulcorada de su siniestro acuerdo. El recurso a los agrocarburantes no es otra
cosa que la respuesta racional ante el cambio climático y la necesidad, ahora
impostergable, de preservar el medio ambiente. "Todos nosotros sentimos la
obligación de ser buenos guardianes del medio ambiente", declaró Bush en su
discurso oficial en Brasil, mientras que Lula decía que confiaba en que la
explotación de la biomasa sería capaz de generar un desarrollo sustentable en
América del Sur, Centroamérica y el Caribe, y en África." [9] De este modo, un
presidente como Bush, que siguiendo la tradición política de su país jamás
aceptó las recomendaciones destinadas a preservar el medio ambiente y que
boicoteó hasta donde pudo los acuerdos de Kyoto se convierte, de la noche a la
mañana, en un acérrimo ecologista. ¿Es creíble semejante conversión? No,
definitivamente no. Tampoco es creíble Lula, si se tiene en cuenta la
indiferencia, o impotencia, de su gobierno ante la destrucción de la selva
amazónica y su subordinación ante los poderosos intereses del agribusiness,
instalados gracias su decisión en las más altas esferas de Brasilia.
Más allá de ello, el plan Bush-Lula nos habla de agrocombustibles capaces de
producir una energía limpia y, además, renovable. ¿Qué hay de cierto en ello?
Nada. Se trata de una alternativa energética que también contamina el aire y el
agua, que desertifica, que obliga al uso intensivo de maquinarias, fertilizantes
y pesticidas. Como lo recuerdan unos colegas del Brasil, "un estudio de la
Oficina Belga de Asuntos Científicos demuestra que el bíodiesel provoca más
problemas de salud y de medio ambiente porque crea una polución más pulverizada
y libera más contaminantes que destruyen la capa de ozono." [10] Estimaciones
diversas acerca de los requerimientos hídricos del etanol demuestran que, según
los suelos y el tipo de cultivo del cual se extrae, cada litro de este
carburante consume entre cuatro y doce litros de agua. Si se tiene en cuenta
que, tal como lo recuerda el líder cubano, "según las estadísticas del Consejo
Mundial del Agua se estima que para el 2015 el número de habitantes afectados
(por la falta de agua) se eleve a 3.500 millones de personas" comprobaremos que
cualquier tipo de cultivo que requiera cantidades suplementarias de agua no hará
sino agravar el panorama ecológico y social del planeta a mediano plazo. [11]
En relación al argumento de la supuesta benignidad de los agrocombustibles,
Víctor Bronstein, profesor de la Universidad de Buenos Aires, ha demostrado que:
a) No es verdad que los biocombustibles sean una fuente de energía renovable y
perenne, dado que los factores cruciales en el crecimiento de las plantas no es
la luz solar sino la disponibilidad de agua y las condiciones apropiadas del
suelo. Si no fuera así, dice Bronstein, podría producirse maíz o caña de azúcar
en el desierto de Sahara. Por lo tanto, los efectos de la producción a gran
escala de los biocombustibles serán devastadores.
b) No es cierto que no contaminan. Si bien el etanol produce menos emisiones de
carbono, el proceso de su obtención contamina la superficie y el agua con
nitratos, herbicidas, pesticidas y desechos, y el aire con aldehídos y alcoholes
que son cancerígenos. El supuesto de un combustible "verde y limpio" es una
falacia.
c) No es cierto que se libera de la dependencia de los combustibles fósiles. La
producción de etanol sólo puede reemplazar un pequeño porcentaje del consumo
mundial. En Brasil, el presidente Bush habló de generar un mercado mundial para
el bioetanol, pero toda la producción de Brasil sólo representa menos del 3 por
ciento de los 680 mil millones de litros por año de nafta y gasoil que consume
Estados Unidos. Se omite, además, que para la producción de los bioenergéticos
se requiere una utilización intensiva de maquinarias pesadas, transportes,
herbicidas y pesticidas, todo lo cual supone un aumento en la utilización del
petróleo y sus derivados.
d) Más allá de los análisis económicos sobre la rentabilidad del bioetanol,
desde el punto de vista energético la energía neta que se obtiene es apenas
positiva o incluso negativa. Una de las razones por las cuales el mundo usa cada
vez más cantidades de petróleo, asegura Bronstein, es precisamente porque el
"oro negro" tiene, por comparación con otros carburantes, una alta tasa de
retorno energético. No hay otra fuente de energía que contenga tanta energía por
unidad de volumen y de peso como el petróleo.
La conclusión a que arriba este estudioso es que "la producción de
biocombustibles a gran escala es una nueva falacia que provocará aumento en los
precios de los alimentos, disminuirá la fertilidad de los suelos y no
solucionará el problema energético mundial que se avecina provocado por el alto
consumo energético de los países desarrollados y la incorporación de China e
India a la civilización industrial." [12]
La imposición de cultivos orientados hacia la producción de combustibles en el
Sur Global hará que grandes plantaciones de caña de azúcar, palma africana y
soja acaben con bosques y pastizales en países como Brasil, Argentina, Colombia,
Ecuador y Paraguay. El cultivo de soja, por ejemplo, ha causado ya la
deforestación de 21 millones de hectáreas de bosques en Brasil, 14 millones de
hectáreas en Argentina, 2 millones en Paraguay y 600.000 en Bolivia. En
respuesta a la presión –y los incentivos- del mercado global, próximamente se
espera que sólo en Brasil la deforestación alcance una cifra adicional de 60
millones de hectáreas. [13]
Los oligopolios del agronegocios: grandes ganadores de un juego siniestro
A esta altura ya queda en evidencia la irracionalidad de la propuesta de los
biocombustibles y su carácter ilusorio: no hay superficie agrícola en todo el
planeta capaz de aportar los sustitutos agrocarburantes exigidos por el
fenomenal derroche de hidrocarburos en que, para satisfacción y rentabilidad de
los grandes oligopolios ligados a la energía, se encuentra inmersa la
civilización capitalista. Promover esta "revolución mundial" -para usar la
ampulosa expresión utilizada por el Subsecretario de Asuntos Políticos del
Departamento de Estado, Nicholas Burns- curiosamente liderada por Estados Unidos
y Brasil exigiría de las clases dominantes del capitalismo global y sus aliados
en la periferia la determinación para incurrir en un holocausto social y
ecológico de proporciones desconocidas en la historia. [14] Esto no quiere decir
que Washington no lo intente, pero nos parece que sus chances de éxito son igual
a cero. Por otra parte, el gobierno de Brasil no podría soportar sino por poco
tiempo la protesta social que se desencadenaría si el país se embarcase en una
política que intensificaría la explotación y exclusión de las masas campesinas,
empobrecería a grandes segmentos de la sociedad brasileña y ocasionaría un daño
irreparable al medio ambiente.
En el ya mencionado trabajo de Bronstein se recuerda que esta suerte de "fuga
hacia adelante" no es nueva en la política de la Casa Blanca. En efecto, después
de la primera gran crisis petrolera estallada en 1973 el presidente Richard
Nixon encargó al Departamento de Energía la elaboración de una propuesta que
alentara la creación de fuentes alternativas, principalmente mediante la
utilización del hidrógeno. Dice nuestro autor que "en 1974, el presidente Nixon
lo anunció como el Proyecto Independencia afirmando … que ‘para el fin de esta
época (1990) habremos desarrollado nuevas formas de energía para no depender de
ninguna fuente energética extranjera’. Hoy, treinta años después, el hidrógeno
sigue siendo sólo un proyecto. En 1979, en el marco de otra crisis petrolera, el
presidente Carter hizo un llamado a un ‘acuerdo nacional para la energía solar’,
con el objetivo de que para el año 2000 el 20 por ciento de la energía de
Estados Unidos fuera generada por algún tipo de energía solar. Hoy, la energía
solar representa menos del 0,5 por ciento de la energía total generada." [15]
Pese a estos fracasos, tales iniciativas depararon jugosas ganancias para las
grandes transnacionales del ramo. Es por eso que, tal como lo demuestran Edivan
Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça, la ilusoria expectativa generada por
los biocarburantes despierta el entusiasmo de firmas como Monsanto, Syngenta,
Dupont, Dow, Bayer, BASF, empresas éstas que producen cultivos transgénicos y
que están efectuando grandes inversiones en el sector de los biocombustibles y
forjando alianzas y acuerdos de cooperación con otras transnacionales de la
industria alimenticia como Cargill, Archer, Daniel Midland, Bunge, que dominan
el comercio mundial de cereales. [16] Esta observación se ratifica por el
análisis de Eric Holt-Giménez, de la organización Food First, quien asegura que
"(l)os tres grandes (ADM-Cargill-Monsanto) están forjando su imperio: ingeniería
genética-procesamiento-transporte, alianza que va a amarrar la producción, el
procesamiento y la venta del etanol. (ADM ya se está devorando a las
cooperativas de agricultores que producen bioenergéticos.) Ninguna de estas
compañías ha compartido sus ganancias producto de la agricultura con los
agricultores. Por el contrario, Monsanto está demandando a los agricultores
gringos por más de 15 millones de dólares por guardar su semilla. Las tres
corporaciones han estado implicadas en actividades ilegales. Es difícil creer
que los agricultores serán beneficiados cuando el poderoso trío controla las
semillas transgénicas, la tecnología de procesamiento, y el transporte del maíz
y los bioenergéticos." [17] Según este mismo autor otras gigantescas empresas
del sector de agronegocios, como las arriba mencionadas, así como las grandes
petroleras y las automotrices están forjando una alianza inédita con sus ojos
puestos en las fabulosas ganancias que, con las complicidad de algunos gobiernos
del Sur, esperan obtener con los biocombustibles. [18]
El fenómeno de la concentración monopólica en los agronegocios alcanzó
dimensiones colosales. Tal como lo reseña Igor Felippe Santos, hace apenas
veinticinco años había 7.000 firmas en la economía mundial que producían
semillas para los agricultores. En la actualidad, tan sólo diez empresas
controlan la mitad del mercado mundial, y Monsanto, Syngenta y Dupont controlan
el 30 % de todas las ventas. [19] El resultado: bajos precios para los
agricultores, sobre todos los pequeños, que tanto en los Estados Unidos como en
la Unión Europea sólo excepcionalmente reciben subsidios significativos, y altos
precios para los consumidores. Son precisamente esos grandes oligopolios los más
entusiastas partidarios del acuerdo Bush-Lula. Por algo será.
Los intereses estratégicos de Estados Unidos
Es indudable que esta perversa iniciativa responde a un diseño estratégico
global en el cual lo último que le preocupa a la Casa Blanca es el combate al
cambio climático y el recalentamiento global. El interés objetivo, que se asoma
con nitidez por detrás de la retórica del eje Washington y Brasilia, es doble.
Por una parte, reducir la dependencia de los Estados Unidos del suministro de
petróleo importado desde:
(a) países que se deslizan irremediablemente hacia un creciente descontrol
político y militar, como en general toda la zona de Medio Oriente, la península
arábiga, Asia Central y la cuenca petrolífera del África Occidental. En este
sentido, el desastre de la ocupación iraquí ha dejado profundas huellas en la
Administración Bush, impulsándola a adoptar políticas como la de los
biocombustibles para resolver por la vía del mercado y con la colaboración de
algunos gobiernos de la periferia lo que no logró resolver por la vía
político-militar;
(b) desde países como Venezuela e Irán, abiertamente antagónicos a las políticas
promovidas por la Casa Blanca y que ésta procura aislar apelando a todos los
medios a su alcance y, de ser posible, derrocar instalando en su lugar gobiernos
clientes que acepten la activa sumisión al dominio imperialista.
Pero el segundo objetivo es aún más político y, particularmente en el caso de
América Latina y el Caribe: producido el fracaso del ALCA el imperialismo ha
avanzado en la elaboración de tratados bilaterales de "libre comercio." Pero el
éxito de esta iniciativa tropieza con la creciente gravitación de Hugo Chávez y
la Revolución Bolivariana en el continente. La creación de un sustituto de los
hidrocarburos a partir del agrocombustible lesionaría irreparablemente las bases
objetivas del poder de Chávez y, por extensión, de Evo Morales y Rafael Correa,
al paso que el radical debilitamiento del primero, o su simple y llana
eliminación, repercutiría negativamente sobre la Revolución Cubana, cuyo "cambio
de régimen" es uno de los objetivos más largamente acariciados por la derecha
norteamericana desde el momento en que el 26 de Julio derrotara a Batista el 1°
de Enero de 1959. Como observa Raúl Zibechi, los biocombustibles serían
utilizados también para sabotear la integración regional en Sudamérica –recordar
que, como repite el presidente Hugo Chávez, "el petróleo es un instrumento
esencial para la integración de América Latina y el Caribe"- y postergar
indefinidamente otras obras e iniciativas tan importantes e intolerables para el
imperio como el Gasoducto del Sur y el Banco del Sur. No es un dato irrelevante
que entre los principales promotores de la Comisión Interamericana de Etanol,
lanzada en Diciembre del 2006, en Miamia, "figuran dos personajes claves: Jebb
Bush, ex gobernador de Florida, a quien muchos acusan del fraude electoral que
facilitó el acceso de su hermano a la presidencia en 2000; y el brasileño
Roberto Rodrigues, presidente del Consejo Superior de Agronegocios de San Pablo
y ex ministro de Agricultura en los primeros cuatro años del gobierno de Lula.
Rodrigues fue el hombre del agronegocios en el gobierno brasileño, y está
dispuesto a deforestar la Amazonia y a expulsar a millones de campesinos de sus
tierras para acelerar la acumulación de capital. Los brasileños votaron por
Lula, no por el tándem Bush-Rodrigues", termina recordando Zibechi. [20]
De resultar exitosa esta operación los beneficios para los Estados Unidos serían
enormes. Por una parte lograría una autonomía energética impensable hasta hace
poco. Ya hemos visto que esto es una ilusión, pero las ilusiones de los
emperadores suelen estar en la base de gravísimas penurias y sufrimientos para
las poblaciones convertidas en sus víctimas. La "guerra infinita" de Bush es un
ejemplo muy claro de los bárbaros efectos de una ilusión. El espejismo de los
biocombustibles puede ser aún más letal para nuestros pueblos. Por otra parte,
la "resatelización" o "recolonización" del Brasil de Lula, lograda sin concesión
alguna en materia de aranceles proteccionistas erigidos en contra de las
exportaciones brasileñas, sería otro logro de suma importancia porque serviría
para insertar una cuña entre Brasil y Venezuela, erosionar los vínculos que hoy
se han tejido entre Argentina y Venezuela, debilitar el MERCOSUR y, como
colofón, aislar al gobierno de la Revolución Bolivariana. Como bien señala el
documento del MST, el triste papel del Brasil en esta estrategia de Washington
sería el del proveedor de energía barata para que los países ricos sostengan su
derroche. Las consecuencias domésticas, también señaladas por el MST, serían la
apropiación territorial a manos de grandes conglomerados oligopólicos, la
depredación medioambiental, la degradación de las condiciones laborales, una
creciente concentración de la riqueza en uno de los países más injustos del
mundo, y una apropiación monopólica de la tierra, el agua, los ingresos y el
poder. [21]
Es precisamente por todas estas consecuencias que Joao Pedro Stedile habla, en
nombre del MST, que entre Brasilia y Washington se ha forjado una "alianza
diabólica" que unifica " los intereses de tres grandes sectores del capital
internacional: las corporaciones petroleras, las transnacionales que controlan
el comercio agrícola y las semillas transgénicas y las empresas
automovilísticas." ¿Su objetivo? "Mantener el actual nivel de consumo del primer
mundo y sus propias tasas de beneficio. Para lograrlo, pretenden que los países
del Sur concentren su agricultura en la producción de combustibles que habrán de
servir de alimento de los motores del primer mundo." [22]
Final con esperanza
Debemos librar una nueva batalla. La transformación de la escena agraria ya ha
comenzado, y a un ritmo acelerado. Su irracionalidad e inviabilidad
sociopolítica no amilana a sus mentores. No les interesa el medio ambiente sino
las fabulosas ganancias que se avecinan para las multinacionales del agro, las
productoras y comercializadoras de semillas transgénicas y para las firmas
petroleras, que se alían y compiten simultáneamente para reposicionarse
favorablemente, desde el punto de vista financiero y político, para la economía
del post-petróleo. [23]
En este marco, lo peor que podrían hacer las fuerzas de izquierda sería negar la
gravedad del problema petrolero, y asumir irresponsablemente que los
hidrocarburos llegaron para quedarse. Su agotamiento es sólo cuestión de tiempo.
Mientras tanto será necesario desarrollar nuevas propuestas. La de los
agrocombustibles es inviable y, además, inaceptable ética y políticamente. Pero
no basta con rechazarla. Fidel nos convoca a pensar e implementar una nueva
revolución energética, pero al servicio de los pueblos y no de los monopolios y
del imperialismo. Ese es, tal vez, el desafío más importante de la hora actual.
*Agradezco la eficaz colaboración prestada por Verónica Julián en la preparación
de este trabajo.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
[1] Según este mismo informe de la FAO Brasil dispone de alrededor del 15 % del
total de las superficies selváticas y boscosas del planeta.
[2] CPE Release on Agro-fuels, en www.cpefarmers.org , 23 de Febrero de 2007.
[3] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , "O mito dos
biocombustiveis", en http://www.mst.org.br/mst/pagina., 5 de Marzo de 2007.
[4] Bravo, Elizabeth "Biocombustibles, cultivos energéticos y soberanía
alimentaria: encendiendo el debate sobre biocombustibles." Acción Ecológica,
Quito, Ecuador, 2006. Una ampliación de esta tesis se encuentra en "La tragedia
social y ecológica de la producción de biocombustibles agrícolas en América",
por Elizabeth Bravo y Miguel A. Altieri , en http://alainet.org/active/17096〈=es
, 25-04-2007
[5] Luis Llana, "Hambre por biocombustibles", en Rebelión , 2007.
[6] Lester Brown, "Starving for fuel: how ethanol production contributes to
global hunder", en www.theglobalist.com , 2 de Agosto de 2006
[7] C. Ford Runge y Benjamin Senauer, " How Biofuels Could Starve the Poor", en
Foreign Affairs, Mayo/Junio 2007. Hay traducción en lengua española en
www.rebelion.org , 10 de Abril de 2007.
[8] ibid.
[9] Cf. María Luisa Mendonca y Marluce Melo, "Colonialismo y agroenergía", en
http://www.mst.org.br/mst/ , 30 de Marzo de 2007.
[10] Edivan Pinto, Marluce Melo y María Luisa Mendonca, "O mito dos
biocombustiveis", op. Cit. 5 de Marzo del 2007.
[11] Fidel Castro Ruz, "Condenados a muerte prematura por hambre y sed más de 3
mil millones de personas en el mundo.", mensaje del 29 de Marzo del 2007.
[12] Bronstein, Víctor "La falacia verde", en Cash, Suplemento Económico de
Página/12 (Buenos Aires), 29 de Abril de 2007, p. 4.
[13] Bravo, 2006, en Altieri y Bravo (ALAI)
[14] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , "O mito dos
biocombustiveis", op. Cit. 5 de Marzo del 2007.
[15] Bronstein, op. Cit.
[16] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , "O mito dos
biocombustiveis", op. Cit. 5 de Marzo del 2007.
[17] Holt-Giménez, Eric "¿Acabarán con las tortillas los bioenergético", en La
Jornada (México), 9 de Febrero de 2007. Sobre las demandas de las grandes
transnacionales en contra de los farmers este autor dice, en otro trabajo, que
"a la fecha (Octubre del 2006) Monsanto ha planteado 90 demandas en contra de
147 agricultores norteamericanos y 39 pequeñas empresas del sector alimentos.
Los dados están cargados a favor de Monsanto que dispone de un presupuesto anual
de 10 millones de dólares para entablar demandas y un staff de 75 expertos,
entre abogados y administradores, dedicado exclusivamente a perseguir a los
agricultores que violan sus prerrogativas. El juicio más oneroso, fallado a
favor de Monsanto, le reportó a esta compañía un ingreso 3,052,800 dólares.
Hasta la fecha Monsanto ha obtenido, gracias a los fallos de la justicia
norteamericana, ingresos del orden de los 15,253,602 dólares." Ver Eric Holt-Gimenez,
Miguel A. Altieri y Peter Rosset: Food First Policy Brief No.12: October 2006.
Consultar también http://www.centerforfoodsafety.org/Monsantovsusfarmersreport.cfm).
[18] Edivan Pinto, Marluce Melo y Maria Luisa Mendonça , "O mito dos
biocombustiveis", op. Cit.. 5 de Marzo del 2007.
[19] Igor Felipe Santos, Minga Informativa , 22 de Marzo del 2006.
[20] Raul Zibechi, "La gira del etanol", en ALAI, 9 de Marzo de 2007.
[21] Documento del MST: "Tanques llenos a costa de estómagos vacíos", en http://www.biodiversidadla.org/content/view/full/30936
[22] Joao Pedro Stedile, " Los campesinos latinoamericanos, contra Bush y los
biocombustibles" en http://www.telegrafo.com.ec , 2 de Abril de 2007.
[23] Cf. Sandra Lupien , programa de Pacifica Radio Station KPFA, en Berkeley,
Californi, el 8 de Abril del 2007, sobre el tema: "¿Alimentos o combustibles?
¿Tenemos que elegir?"
Fuente: Rebelión – 11.05.2007
Fuente digital: http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=1684
Sociología
y politología
¿Qué
cosa son los intelectuales?
Lic. Alberto J. Franzoia
Introducción
La definición de los conceptos utilizados en una teoría es un problema central a
la hora de presentar un análisis de la realidad con pretensiones de rigurosidad,
sin embargo, con demasiada frecuencia asistimos a carencias manifiestas en este
sentido. Es cierto que un cientista social se mueve habitualmente dentro de los
márgenes de un paradigma, entendido como conjunto de decisiones ejemplares (en
lo teórico, metodológico y epistemológico) adoptadas por lo menos por una
fracción significativa de la comunidad científica que integra. Los conceptos a
los que recurre dicho paradigma, han sido definidos en algún momento por algunos
de los cientistas que participan en él y consensuados por el resto, de allí que
en principio no sea necesario volver permanentemente sobre los significados.
Pero ocurre en ocasiones, que nuevos integrantes comienzan a utilizar viejos
conceptos con una visión heterodoxa, porque no comparten en plenitud la
definición fundante (a la que se la considera insuficiente), o porque ciertos
cambios ocurridos en la realidad obligan a una modificación de contenidos. Lo
dicho no constituye un problema en sí mismo, más bien es una necesidad de toda
teoría que demuestre estar viva, ya que tanto la ortodoxia impenetrable como las
teorías atemporales, constituyen el fracaso de toda producción intelectual con
pretensiones de cientificidad.
Uno de los conceptos más utilizados en el campo de la ciencia social se
relaciona con su propia práctica y con la función de quienes la llevan adelante:
los intelectuales. Sin embargo, este concepto suele adquirir diversos
significados y exhibir status en ocasiones contrapuestos. Según los diversos
enfoques existentes el intelectual puede integrar una clase social propia,
participar en un grupo fragmentado por las posiciones de clase adoptadas, ser
asimilado a distintas clases por su pertenencia objetiva a cada una de ellas, o
pertenecer a un estrato que sin llegar a constituir una clase tiene un carácter
relativamente homogéneo. En cada caso, por lo tanto, la definición del concepto
varía, aunque esta cuestión no siempre se explicite en la construcción de la
teoría de aquel que recurre a su uso. Por otra parte, su status también adquiere
distintas consideraciones, que en ocasiones se polarizan de tal manera que el
intelectual puede ser considerado tanto el elegido como el réprobo de la
historia. Según la postura adoptada aparecerá como el intérprete de la sociedad
y hasta como su conductor "natural", o por el contrario será considerado un
enemigo manifiesto de los procesos populares.
Nos proponemos en este trabajo darle un significado concreto al concepto, no
para inhibirlo de otras interpretaciones posibles sino para evitar la
imprecisión que, desde nuestro punto de vista, se observa en algunas
intervenciones teóricas o políticas realizadas en distintos medios. Así también,
pretendemos apartarnos de ciertas caracterizaciones que simplificando lo
complejo apelan a una polarización extrema, por momentos metafísica, que no
resulta explicativa de la realidad, ni favorece un proceso transformador a
partir de la integración entre la práctica y las ideas que, surgidas de ella, la
deben guiar.
Origen social de los intelectuales
La perspectiva paradigmática en la que nos ubicamos es la del materialismo
histórico y dialéctico. Esta aclaración es absolutamente pertinente, ya que toda
definición conceptual se realiza desde un marco teórico que le da sentido al
concepto, y apelando a un método, entendido como el camino que hemos seguido
para su producción y validación. Lo primero que debemos plantear desde nuestra
teoría es si los intelectuales constituyen una clase social. Marx y Engels, como
fundadores del paradigma, nunca definieron qué entendían por clase (Marx muere
precisamente cuando comienza a abordar el tema en el último tomo de "El
Capital"), pero hay dos cuestiones a tener en cuenta a lo largo de la obra de
ambos:
la más primitiva división del trabajo se da entre trabajo manual y trabajo
intelectual;
una clase social va asociada a la inserción de los hombres en la estructura
productiva de la sociedad.
Esto nos permite inferir que la mera producción intelectual no es fuente
constitutiva de una clase social, ya que las mismas son integradas por sujetos
que tienen una participación directa en la producción material. Sin embargo, sí
existe una diferenciación por el tipo de tarea desarrollada a partir de la
división del trabajo.
Cuando ya en el siglo XX Lenin define con precisión el concepto nos dice:
"Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el
lugar que ocupan en un sistema de producción históricamente determinado, por las
relaciones en que se encuentran frente a los medios de producción (relaciones
que las leyes fijan y consagran), por el papel que desempeñan en la organización
social del trabajo y, por consiguiente, por el modo y la proporción en que
perciben la parte de la riqueza social de que disponen.
Las clases sociales son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse del
trabajo del otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de
economía social"(1).
Como se puede constatar, Lenin confirma teóricamente aquello que en Marx y
Engels se infiere. El lugar ocupado en la economía social, fundamentalmente a
partir de las relaciones que se establecen con los medios de producción (lo que
diferencia a los hombres en dos grupos antagónicos: propietarios y no
propietarios de dichos medios), constituye el factor objetivo para analizar la
pertenencia a una clase. Tanto Lenin como otros teóricos del paradigma, han
insistido permanentemente en la relación que tienen las clases con los medios de
producción y cómo la misma ha generado relaciones de explotación a lo largo de
la historia de las sociedades clasistas. Marta Harnecker, retomando esta
tradición define la clase social en los siguientes términos:
"Las clases sociales son grupos sociales antagónicos en que uno se apropia del
trabajo del otro a causa del lugar diferente que ocupan en la estructura
económica de un modo de producción determinado, lugar que está determinado
fundamentalmente por la forma específica en que se relaciona con los medios de
producción" (2).
Por lo tanto, quienes producen en el campo intelectual no constituyen una clase
en sí misma; sin embargo, una clase social puede generar intelectuales en su
seno. En una sociedad capitalista madura las principales clases son la burguesía
y el proletariado; la función esencial de aquellos elementos que se constituyen
como intelectuales de las mismas es la desarrollar, organizar y difundir su
conciencia de clase, es decir, conciencia de los intereses objetivos y
estratégicos que éstas tienen. Gramsci, quien realizó aportes fundamentales en
relación con dicho tema, considera que no hay hombre que no sea intelectual pero
eso es muy distinto a desempeñar la función de intelectual en una sociedad:
"Cuando se distingue entre intelectuales y no intelectuales se refiere uno en
realidad y exclusivamente a la función social inmediata de la categoría
profesional de los intelectuales, o sea, se piensa en la dirección en que
gravita el peso mayor de la actividad profesional específica; en la elaboración
intelectual o en el esfuerzo nervioso-muscular. Eso significa que aunque se
pueda hablar de intelectuales, no se puede hablar de no intelectuales, porque no
existen los no intelectuales" (3).
Los intelectuales, como agentes de la superestructura (campo no material),
desempeñan un papel central en la producción de hegemonía, es decir, en la
conducción ideológica o cultural y moral de una sociedad. Una clase logra este
objetivo no sólo cuando ocupa un lugar preponderante en la estructura económica,
sino cuando, además, logra presentar sus intereses de clase al conjunto social
como intereses universalmente válidos, para lo resulta esencial el trabajo que
realizan los intelectuales en el campo de las ideas. Claro está que la clase
dominante también necesita un aparato de coerción, para disciplinar a los que no
consensuan su dominio, o para utilizarlo en períodos de crisis social.
Ahora bien, la generación de intelectuales propios es mucho más sencilla para la
burguesía que para el proletariado, no sólo por la tarea de organización y
conducción que cumple en una sociedad capitalista madura, sino porque sus
elementos disponen de tiempo y de posibilidades ciertas para acceder tanto a la
información como a la formación necesaria para procesarla. Para el proletariado
resulta una cuestión de gran complejidad, ya que para poder satisfacer sus
necesidades más elementales esta obligado a vender su fuerza de trabajo durante
un tiempo determinado a cambio de un salario. La utilización que la burguesía
hace de la misma (intensiva), como el precio pagado, disminuyen las
posibilidades de generar intelectuales propios. Por otra parte, los aparatos e
instituciones formativas al estar controlados por la clase dominante, transmiten
las ideas que garantizan la realización de sus intereses. Desde ya este fenómeno
es aún más complicado en los países de capitalismo dependiente y
subdesarrollado, pues en ellos el proletariado actúa en condiciones más
desventajosas que en los países dominantes. Por un lado las jornadas laborales
son más extensas y, por otro, el precio pagado por la utilización de su fuerza
de trabajo es menor, dificultando aún más el acceso a la formación e
información. Como si esto fuera poco, las ideas transmitidas por las
instituciones y medios del sistema no representan sólo los intereses de la clase
dominante local (oligarquía: clase capitalista pero no burguesa)) sino también
los de la clase dominante (burguesía) del país imperialista. De todas maneras
resulta aconsejable evitar los análisis lineales en relación con este tema, ya
que la contradicción también atraviesa a estos espacios en los que se producen y
difunden ideas, de allí que ciertos intelectuales formados en ellos pueden
constituirse finalmente en adversarios de los intereses de la clase dominante.
Otra cuestión a tener en cuenta es que, más allá de los intelectuales surgidos
de las principales clases de una sociedad capitalista, una parte significativa
de los mismos provienen en la actualidad de otro grupo social: los grupos
intermedios o capas medias. De acuerdo a la definición que hemos incorporado,
éstas no constituyen una clase, ya que en su composición heterogénea se ubican
tanto los que no tienen inserción en la estructura económica (agentes de la
superestructura política, jurídica e ideológica), como aquellos que si bien la
tienen, no pertenecen ni a la clase propietaria de los medios ni a los que
aportan su trabajo manual para vivir, generando en forma directa a su vez un
plus valor que se lo apropia la clase burguesa (son gerentes de empresa,
profesionales que cumplen funciones técnicas, administrativos, bancarios, etc.).
A veces se utiliza el concepto pequeña burguesía para referirse a estos
sectores; el mismo tiene una fuerte carga política pero carece de precisión
teórica, ya que originalmente la pequeña burguesía se corresponde sólo con
aquellos que son simultáneamente dueños del medio de producción y lo trabajan
por cuenta propia (campesinos, artesanos, a los que pueden agregarse los
pequeños industriales y comerciantes). Estos pequeños propietarios, que también
generan intelectuales, son propensos a desarrollar una ideología individualista
acorde con su actividad y suelen suponer que siendo ajenos al enfrentamiento de
las clases antagónicas pueden llevar adelante una política de armonización de
los intereses en pugna. Algunos teóricos, y sobretodo políticos, hacen
extensivas estas características a los miembros de las capas medias, por lo que
llaman pequeña burguesía a todos los integrantes de este amplio espectro. Sin
embargo, el concepto tiene un alto grado de abstracción que no resiste el
análisis explicativo de situaciones históricas concretas. ¿Cómo explicar por
ejemplo el comportamiento en la Argentina de los años 30 de FORJA desde el
concepto pequeña burguesía? Sus miembros pertenecían a las capas medias, sin
embargo no los caracterizó el individualismo ni una política de conciliación con
la clase dominante (oligarquía).
Así como algunos intelectuales son generados por las clases antagónicas y por la
pequeña burguesía de una sociedad capitalista, en la actualidad el grueso
proviene de las capas medias. Esto no significa que hayan tenido y tengan, por
lo tanto, un comportamiento homogéneo, ya que están fragmentados a partir de
adhesiones distintas. Para comprender esta cuestión es necesario incorporar el
concepto posición de clase. Este se relaciona con la postura que cada integrante
de una clase o grupo social asume ante las clases en conflicto. En el
capitalismo desarrollado algunos integrantes de las capas medias adoptan una
posición burguesa, no sólo identificándose con sus intereses, sino participando
en la producción y difusión de ideas que garanticen la reproducción de los
mismos. En el campo de la ciencia social Weber, Durkheim o Parsons
(independientemente de los aportes que cada uno les reconozca) han sido
expresiones de esa posición. Pero Marx, Lenin o Gramsci, integrantes del mismo
grupo social que los anteriores, adoptaron una posición de clase proletaria. En
los países dominados con un capitalismo subdesarrollado, la polarización más
frecuente ha sido entre la oligarquía, constituida como clase dominante, por un
lado, y proletarios, campesinos, asalariados rurales por otro (en ocasiones con
una tímida presencia burguesa). Allí se ha dado el mismo fenómeno en relación
con los intelectuales generados por las clases en conflicto, como con las
posiciones de clase adoptadas por los integrantes de las capas medias. Cuando
Jauretche analiza la "superestructura cultural" de Argentina, toma típicos
exponentes de la intelectualidad que, más allá de sus divergencias ideológicas,
terminaron adoptando una posición de clase afín con la oligarquía, como Ezequiel
Martínez Estrada (izquierda liberal), Jorge Luis Borges (derecha liberal) y
Julio Irazusta (derecha "nacionalista"). Todos ellos eran expresiones
individuales de un frente social y político único contra los sectores nacionales
y populares. Pero simultáneamente rescata a otros intelectuales como Raúl Scalabrini Ortíz o Elías Castelnuovo, identificados con una alianza de clases en
la que el proletariado desempeñaba un papel significativo.
A partir del análisis que venimos realizando podemos subrayar, por lo tanto,
algunos elementos conceptuales para delimitar el concepto intelectuales.
No constituyen una clase social ya que carecen de inserción en la estructura
productiva.
Algunos de sus miembros son generados por las clases fundamentales de una
sociedad para producir, organizar y difundir sus intereses de clase. En el
capitalismo desarrollado la clase más favorecida para gestar sus propios
intelectuales es la burguesía; mientras en el capitalismo dependiente suele ser
la oligarquía (un ejemplo concreto de intelectual de la clase dominante en
Argentina fue Victoria Ocampo, o el ex ministro de economía Alfredo Martínez de
Hoz).
El grueso de los intelectuales en el actual capitalismo proviene de las capas
medias, por lo tanto pertenecen a un grupo social pero no a una clase.
Este grupo no es homogéneo ya que esta fragmentado por las distintas
posiciones de clase asumidas por sus miembros.
En el capitalismo desarrollado las posiciones de clase se polarizan entre la
burguesía y el proletariado (con las distintas alianzas que cada clase propicia
según la coyuntura histórica concreta); en el capitalismo dependiente la
polarización se plantea entre burguesía imperialista y oligarquía nativa (más
sus aliados) por un lado, y proletariado, campesinos, asalariados rurales (con
sus aliados) por el otro.
La función de los intelectuales
Los intelectuales realizan un trabajo, ya que utilizando determinada materia
prima (observación de hechos, práctica, ideas dispersas) y aplicando medios
disponibles (capacidad intelectual, creatividad, formación, cierta
infraestructura material) generan un producto (ideologías, métodos, teorías
científicas, arte). Pero ni el proceso de producción ni el producto obtenido se
relacionan directamente con la estructura económica (aunque algunos
descubrimientos pueden ser aplicados luego con esos fines); es decir, no
constituyen en principio bienes materiales necesarios para la vida. Sin embargo,
todo lo que conciben los intelectuales cumple una función, o bien para gestar y
reforzar el consenso hacia los intereses de la clase dominante, o, en su
defecto, para promover las condiciones que hagan posible la transformación, en
ocasiones estructural. De allí que los intelectuales, según el caso, puedan ser
calificados de conservadores, reaccionarios, reformistas o revolucionarios. En
cada oportunidad su calificación dependerá del tipo de sociedad que promueva con
sus prácticas e ideas. La función de producción de ideas, valores, y
conocimientos llevada adelante por los intelectuales de primera línea, es
necesariamente completada por otros intelectuales que, ubicados en una segunda
línea, se encargan de la circulación de estos productos en diversos espacios,
para garantizar la construcción del consenso que la clase dominante necesita
para poder dirigir a la sociedad en su conjunto. La misma división de funciones
se da en el campo revolucionario, entre productores y difusores, pero con el
objetivo de gestar un consenso alternativo al de la clase dominante.
En relación con los diferentes status asignados a los intelectuales, debemos
considerar dos concepciones filosóficas que han ejercido gran influencia en la
modernidad a la hora de adjudicarles una función: el iluminismo y su contracara
la reacción romántico conservadora. El iluminismo, con su visión
racional-empirista, si bien propició grandes avances en el desarrollo del
conocimiento, marcando un punto de inflexión hacia la construcción de una
ciencia de la sociedad, como así también en lo político generando condiciones
para la Revolución Francesa, por otro lado dio los pasos iniciales para la
cristalización de los intelectuales como seres dotados de luz para develar la
realidad, convirtiéndolos en un grupo de elegidos. Es cierto que éstos, por la
especificidad de su tarea están, en principio, en condiciones de avanzar en el
desarrollo de un conocimiento verdadero, pero un acento excesivo en la
racionalidad que los caracteriza ha conducido a visualizar a los intelectuales
como una elite privilegiada y conductora. Los primeros sociólogos, como Saint
Simon y Comte, les asignan a los científicos, como máxima expresión de la
intelectualidad, el lugar más encumbrado en la escala jerárquica de la nueva
sociedad industrial junto a los empresarios. En la actualidad, continuando esa
tradición, cada colación de grado en una facultad, da pie para que el decano de
turno se dirija a los egresados como la futura clase dirigente del país en
cuestión.
Partiendo del esquema dicotómico de Sarmiento, nuestra sociedad fue dividida en
civilización (todo lo que se vinculaba con la cultura de los países dominantes)
y barbarie (la cultura producida por los pueblos de América Latina); de allí que
todo intelectual que se preciara de tal obviamente debía adherir a los preceptos
rectores de la civilización. Como bien ha señalado Jauretche, en la civilización
se integraron intelectuales que aparentemente expresaban ideologías
contrapuestas: por ejemplo Martínez Estrada era la izquierda, Borges la derecha
en la Argentina de mediados del siglo XX. Pero ambas expresiones se manifestaban
conjuntamente como élite cada vez que los sectores populares (la barbarie)
trataban de construir su camino de liberación antiimperialista. Por supuesto,
esta dicotomía no ha sido superada, inclusive ha llegado a gestar en la
actualidad adhesiones grotescas, como la del intelectual "progresista" Juan José
Sebreli al político archiconservador Ricardo López Murphy en las elecciones
presidenciales de Argentina durante el año 2003. El común denominador de estos
ejemplos históricos es la visión del intelectual como un ser diferenciado de la
masa por su racionalidad, talento, originalidad y estudios. En realidad, más
allá de diferencias ideológicas coyunturales, priva la identificación con las
ideas de la clase dominante, ya que estas dos vertientes que nutren a la
civilización ejercen una división del trabajo que se asienta en la aceptación,
confesada o no, del país como una semicolonia dirigida por los que consideran
que su status superior proviene exclusivamente de un talento natural y no de un
privilegio social. Un intelectual de la izquierda civilizada e internacionalista
podrá objetar esta observación presentándose como un luchador revolucionario,
sin embargo, su práctica contraria a los movimientos populares gestados por la
realidad latinoamericana, a los que frecuentemente ha identificado como
expresiones populistas y bárbaras, ha contribuido objetivamente al
debilitamiento de dichos procesos favoreciendo acciones contrarrevolucionarias.
Así como la postura que ubica al intelectual en un lugar de privilegio, por su
carácter de iluminado, ha servido a la consolidación de un proyecto político
anclado en una América Latina dependiente de los sucesivos imperialismos
anglosajones (primero británico y luego estadounidense), no ha sido superior la
perfomance de aquellos que han recogido la herencia intelectual de otra
corriente filosófica: la reacción romántico conservadora. Esta, surgida
inicialmente en Europa para confrontar con los planteos iluministas que habían
favorecido la revolución francesa, se basó en una reivindicación de la
intuición, la fe y los sentimientos. Si bien produjo obras importantes en el
campo artístico, fue absolutamente irrelevante para el desarrollo de un método
científico (aunque algunos de sus conceptos fueron integrados por ciertas
teorías), y desde la perspectiva política favoreció procesos conservadores
(antirrevolucionarios) o, en ocasiones, decididamente reaccionarios (intentos de
regreso al régimen depuesto). Trasplantada en Latinoamérica, su concepción
básicamente irracional sirvió para descalificar la labor de los intelectuales a
quienes ha acusado sistemáticamente de ejercer una racionalidad perversa,
enemiga de la fe y las tradiciones. Si bien durante el período transcurrido
entre las dos guerras mundiales se manifestaron posturas tanto fascistas como
nazis (que no han desaparecido), la expresión más persistente se vincula con un
hispanismo de corte reaccionario, reivindicatorio de la España negra, con
nostalgias por los tiempos del general Franco y una defensa de los aspectos más
oscuros del catolicismo.
Más allá de su identificación hispanista, fascista o nazi, se presentan como
"nacionalistas" y los une una visión tan irracional como reaccionaria que
identifica al intelectual como un agente disgregador de la sociedad tradicional,
ya que todo proceso de secularización (desarrollo de procesos racionales) es
visto como una encarnación del mal. Se presentan como enemigos del liberalismo y
neoliberalismo, sin embargo, cada vez que los pueblos de América latina se
radicalizan en sus posturas políticas, terminan objetivamente aliados con la
clase dominante (por lo tanto con el liberalismo y neoliberalismo), pues su
verdadero enemigo es el nacionalismo democrático y revolucionario y las
izquierdas nacionales de Latinoamérica. En principio se manifiestan contrarios a
los civilizadores de la derecha liberal y de la izquierda internacionalista,
pero suelen ostentar una postura ante las masas tan elitista como ellos. Las
cobijan con un "cálido paternalismo", pero desconfían cuando éstas intentan
caminos que podrían llegar a trascender los límites del sistema que las mantiene
en condición de dominadas. Los "nacionalistas" de los países dominantes
manifiestan una ideología invariablemente expansiva, por lo tanto imperialista.
En los países dependientes exhiben su postura crítica en el campo de la historia
lejana y de la cultura, alentando la liberación de los colonizadores de turno, a
partir de la defensa de tradiciones supuestamente atemporales, mientras que en
lo económico resultan de una inconsistencia absoluta, como lo demuestra la
participación que han tenido apoyando gobiernos de corte liberal y neoliberal
(como por ejemplo el "proceso cívico-militar" que se dio en Argentina entre 1976
y 1983). Si bien muchos "nacionalistas" militan en organizaciones enfrentadas
con los movimientos populares de América Latina, también pueden hacerlo en su
seno (como ha ocurrido con el peronismo) pero sin dejar de ser "nacionalistas"
de élite, participando en ellos no por identificación con las masas, sino porque
consideran a estos movimientos como un freno para el avance del eterno fantasma
comunista. Si en determinadas condiciones históricas se produce una
radicalización política en el movimiento popular, entonces actúan como
inhibidores del mismo, apelando si es necesario a la fuerza (y no precisamente
del "espíritu nacional" que dicen defender). Recordemos a Alberto Ottalagano o
José López Rega, cuyas actuaciones en el gobierno peronista durante el período
1973-1976 resultaron deplorables. Ottalagano, ex rector de la Universidad de
Buenos Aires, decía aún en 1983:
"El fascismo es un sí a la vida, al pueblo, a la guerra, un sí a la vida en sí"
(4).
En la década de los noventa los nacionalistas incorporan un nuevo exponente del
"pensamiento nacional", por supuesto, una vez más, el pensador fetiche (pero
nunca intelectual porque es una palabra maldita) resulta ser de origen europeo
(como lo fueron Franco, Primo de Rivera, Maurras, Mussolini o Hitler), su
nombre: Carl Schmitt. Resulta pertinente destacar que la teoría de este
exponente del derecho público alemán fue un referente esencial para los nazis.
Sostiene el politólogo Hans Manfred Bock:
"Ahora bien, en Alemania el desmantelamiento del Estado de derecho parlamentario
burgués se llevó a cabo de forma paradigmática al iniciarse la serie de
gabinetes presidencialistas, encabezadas por el Brüning en marzo de 1930. Desde
el punto de vista teórico, este Estado de derecho ya fue puesto en entredicho y
atacado anteriormente por uno de los principales maestros del derecho público
alemán: Carl Schmitt. En unión de unos vulgares filósofos conservadores y
antiburgueses como Spengler, Span y Moeller van den Bruck, que pueden ser
incluidos en una tradición restauradora del pensamiento que se inició con el
romanticismo alemán, dicho pensamiento adquirió virulencia política en la
polémica entablada contra la democracia en general, tildada de producto de
importación y de dictado occidentaloide, extraño a la mentalidad germana..."(5).
Obviamente Schmitt no pretendía superar el estado de derecho burgués desde una
concepción que favoreciera la real participación popular. En nuestro medio su
pensamiento ha sido reivindicado por "nacionalistas" como el ya desaparecido
Raúl Puigbó.
Como se puede observar el nacionalismo de derecha está tan colonizado como
aquella "civilización" a la que dice combatir en nombre del "pensamiento
nacional". A diferencia de los exponentes de la izquierda latinoamericana
(Hernández Arregui, Spilimbergo, Ramos durante su etapa revolucionaria, Puiggrós,
Dos Santos, Galeano, González Casanova y tantos otros) que apartándose de los
internacionalistas, han utilizado el método de Marx y Engels para construir
tanto una teoría sobre nuestra realidad como una práctica política popular a
partir de las especificidades de América Latina, el "nacionalismo" sólo ha
intentado trasplantar la realidad (más oscura) de los países europeos a nuestra
tierra, con el objetivo de impedir todo avance revolucionario. La
descalificación de los intelectuales se vincula con una identificación
teóricamente primitiva, mediante la cual se relaciona a todos ellos tanto con un
racionalismo elitista, ajeno a los sectores populares, como con la
"civilización" colonizada de Sarmiento. El concepto intelectual no está
elaborado, se lo utiliza arbitrariamente, de allí que los intelectuales
"nacionalistas" experimentan una negación de su propia identidad, presentándose
como algo distinto a lo que realmente son. Podemos encontrarnos por ejemplo, con
el absurdo de historiadores, filósofos o políticos "nacionalistas" sumergidos
desde sus años de juventud en el campo de las ideas, que dicen no ser
intelectuales (Freud les aconsejaría con urgencia un diván). Sin embargo, estas
simplificaciones de corte irracional constituyen un grave error político y,
además, demuestran una mala lectura o directamente el desconocimiento de los
verdaderos pensadores nacionales como Jauretche. Precisamente él marcó una línea
para delimitar los terrenos, señalando la presencia de la intelligentzia, y
diferenciando a los pensadores nacionales de ese "nacionalismo" mal entendido
que cumple una función contraria a la declamada.
Jauretche era indudablemente un intelectual, ubicado en las capas medias de
Argentina, que se dedicó básicamente a pensar, escribir y hacer política. Nada
de eso constituye una actividad manual, sin embargo, su labor fue esencial para
el desarrollo de la conciencia nacional que, en un país dependiente, es la
primera manifestación de la conciencia de clase de los oprimidos. Como
intelectual se identificó con los intereses de los sectores populares
enfrentando las ideas de la clase dominante. Su definición de lo nacional era
inseparable de lo social, ya que una nación es mucho más que su geografía y su
lejana historia. La nación está estrechamente vinculada con la vida concreta de
quienes la habitan, y esto es claramente distinto a la adopción de posturas
elitistas escondidas tras el manto de supuestos designios divinos o
espirituales. Como intelectual fue inspirador del grupo FORJA (Fuerza de
Orientación Radical de la Joven Argentina), desarrollando ideas esenciales para
la conciencia nacional y popular, que constituyeron un puente entre el
yrigoyenismo y el peronismo. Más tarde se integró al movimiento conducido por
Perón, y cuando este cayó siguió luchando desde su especialidad, la producción
de ideas nacionales y populares. Desde ya no renegaba de su función ni de la
cumplida por otros intelectuales, compañeros de ruta. Por ese motivo cuando se
refería al intelectual colonizado, formado en ideas nuevas (o muy viejas)
provenientes invariablemente del mundo "civilizado", entrecomillaba el concepto
"intelectual" o utilizaba otro concepto de origen ruso para referirse a ellos:
intelligentzia.
Los intelectuales como agentes del cambio
Así como la clase dominante, tanto en los países imperialistas como en los
dependientes, produce sus intelectuales o los importa de otras clases y grupos
sociales, para que cumplan con la función de garantizar la producción y
reproducción de las condiciones superestructurales que aseguren su dominio, la
clase dominada y sus aliados naturales (otras clases y grupos que sufren las
consecuencias adversas del sistema) deben producir e importar los suyos para que
el cambio sea posible. Los intelectuales han adquirido una especialización que
resulta indispensable para llevar adelante la construcción de un consenso
alternativo al existente, ya que sin este consenso no es posible gestar una
sociedad en la que democráticamente los múltiples sectores que componen el campo
popular alcancen su realización plena. Subestimar o despreciar la tarea de los
intelectuales, constituye un error político no menor al de los que le asignan el
status de elegidos. La producción de ideas y conocimientos necesarios para
desarrollar la conciencia posible de los sectores populares y para que dicha
conciencia alcance la hegemonía, es una tarea nada menor, mucho más compleja por
cierto que buscar personajes mesiánicos, los que si bien pueden iniciar un
proceso revolucionario (y por lo tanto digno de nuestro apoyo), no lograrán
garantizar la continuidad y profundización del mismo a no ser que se propicie
una participación creciente y consciente de las masas.
En los países dependientes de gran parte de nuestra América Latina la liberación
nacional constituye el primer paso hacia la liberación social. Pero no son
etapas autónomas, primero una y luego la otra, por el contrario forman parte de
una unidad dialéctica. Por supuesto todo tiene un comienzo, no negamos la
importancia de iniciar la transformación antiimperialista, pero la misma sólo se
podrá completar (y la historia nos proporciona ejemplos muy ilustrativos al
respecto) si simultáneamente se desencadena un proceso que favorezca la
autonomía de los sectores populares, lo que implica trascender los límites que
impone una concepción burguesa en la conducción de los procesos de liberación
nacional. El papel de los intelectuales que adoptan como posición de clase la
identificación con los intereses objetivos de la clase obrera y sus aliados
(campesinos y asalariados rurales, más los trabajadores desocupados, capas
medias empobrecidas y pequeña burguesía en vías de extinción), resulta esencial
en el desarrollo de dichos intereses. Sólo desde una concepción mecanicista del
materialismo histórico se puede concebir que la situación económico-social habrá
de generar las condiciones para el cambio. Éstas si bien son necesarias no
resultan suficientes, ya que entre las condiciones objetivas y la conciencia de
ellas se interponen las ideas que representan los intereses de la alianza entre
la burguesía de los países dominantes y la oligarquía de los países
dependientes.
En el capitalismo globalizado del siglo XXI se han complejizado los mecanismos y
medios que la clase dominante utiliza para universalizar sus intereses; gran
parte de la nueva tecnología incorporada en el campo de las comunicaciones
cumple la función de perfeccionar la dominación a través de las ideas,
completando la tarea habitualmente desempeñada por las instituciones de la
educación formal. Las distintas disciplinas sociales han sido incorporadas con
sus aportes técnicos para responder a esta visión de mundo, cuyos intereses
mezquinos pueden acabar con el mundo. Los grandes monopolios que dominan la
aldea en plano económico-financiero, en la producción de armas de destrucción
masiva, en la explotación de los recursos naturales o, específicamente, en el
mundo de las comunicaciones más sofisticadas, tiene como interés estratégico la
maximización del beneficio. Un sector de los intelectuales está integrado en
este proceso devastador con consecuencias impredecibles y logran con sus aportes
técnicos que lo obvio resulte invisible para muchos. La técnica más difundida es
la de asignarle un carácter natural ("es la naturaleza de las cosas") a procesos
basados en la explotación, marginación y alienación de los sectores dominados.
Cuando la situación se vuelve insoportable, pueden manifestarse reacciones que
van desde el simple malestar popular al rechazo compulsivo por parte de los más
perjudicados. Sin embargo, ninguna política con perspectiva de futuro puede
construirse sólo con estos componentes primarios. De allí que las alianzas de
los sectores populares, y sobretodo en los países dominados (por ser las
principales víctimas del capitalismo internacional), deben construirse y
desarrollarse con la presencia de intelectuales que desempeñen su función
específica. La conciencia de los intereses estratégicos y la producción de un
consenso alternativo no brota espontáneamente, requiere de un trabajo
especializado, sobretodo en el capitalismo global, en el que los mecanismos de
ocultamiento y deformación de la realidad son cada vez más sutiles.
Un grave error al que se exponen los intelectuales del campo popular es
subestimar la capacidad de sus adversarios, apelando a la descalificación como
arma fundamental de lucha. Esto indica en primer lugar una tremenda
irresponsabilidad, porque condena a los sectores representados a una derrota
casi segura, y, como si fuera poco, constituye un claro signo de impotencia. Los
intelectuales del campo popular, lejos de negar su función específica deben
además de informarse en el plano teórico, perfeccionarse en el uso de métodos y
técnicas para estudiar y responder con idoneidad a los problemas que exigen
urgente resolución en los distintos campos de la realidad. Los espacios en los
que se desarrolla la batalla son múltiples, la política es tan sólo uno de
ellos; pero la producción de un consenso alternativo que garantice la
participación democrática de todos los sectores involucrados en el mismo, sólo
puede ser el resultado de una práctica amplia:
con actitud crítica en los distintos niveles de la educación y formación
técnico-científica ya constituidos;
creando otros lugares de formación paralelos;
dando debate en los medios de comunicación existentes cada vez que la
oportunidad lo permita;
generando nuevos medios de comunicación alternativos (aún precarios);
insertándose en los nuevos espacios en los que se construye lo popular, como
el barrio (lugar de encuentro entre trabajadores ocupados y desocupados);
participando en la resolución de diversas problemáticas actuales (femenina,
sexual, étnica, etc.) con una visión seria, atendiendo a las necesidades del
otro.
Todo esto desde una perspectiva no sectaria dentro del campo nacional y popular,
pero simultáneamente clara, responsable y ética a la hora de forjar alianzas,
que obviamente no pueden ser el producto de una mirada nostálgica, porque el
pasado no se repite y si lo hace sólo puede presentarse como una patética
caricatura. Hay organizaciones e instituciones que han sido arrollados por la
historia, inclusive en algunos casos puntuales son responsables directos del
drama que vive nuestra América Latina. Cómo obviar por ejemplo en Argentina el
papel cumplido por un sector de la dirigencia sindical en la década menemista.
Un discurso que excluya este dato sustancial no es explicativo de la realidad,
ni representa una opción confiable para los desocupados y trabajadores
pauperizados que generó esa complicidad con el proyecto de las clases dominantes
Los protagonistas reales de la historia están en las calles, en los barrios, en
las provincias, en las fábricas, en los sectores sindicales no corrompidos, en
los espacios de la cultura popular. Sólo allí podrán forjarse las condiciones
para construir un futuro digno, y sólo allí los intelectuales del campo popular
lograrán cumplir su función coparticipando como agentes del cambio real, ya que
el futuro no habremos de forjarlo cociendo retazos deshilachados del pasado.
Diciembre de 2004
Lenin: "Una gran iniciativa", en Marx, Engels, marxismo, p.479.
Harnecker, Marta: "Los conceptos elementales del materialismo histórico", p.
168, Ed. Siglo XXI.
Sacristán Manuel: Antonio Gramsci. Antología, p.388, Ed. Siglo XXI.
"La Voz", 21 de agosto de 1983, en Norberto Galasso, "Imperialismo y pensamiento
colonial en la Argentina", Roberto Vera Editor.
Hans Manfred Bock, "El Fascismo" (pag. 129 a 130), en "Introducción a la ciencia
política" de Wolfgang Abendroth y Kurt Lenk. Editorial Anagrama.
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