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| John William Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919; su padre, Juan Isaac Cooke, fue diputado por la Unión Cívica Radical y canciller durante el gobierno de Edelmiro Farrell. Cooke militaría en la Unión Universitaria Intransigente, mientras cursaba Derecho en la Universidad de La Plata. Egresó como abogado en 1943 y fue electo diputado por el peronismo, a los 25 años, para el período 1946-1952. En el Congreso fue presidente de las comisiones de Asuntos Constitucionales, de la Redacción del Código Aeronáutico y de la Protección de los Derechos Intelectuales. Fue profesor titular de economía política en la facultad de derecho y ciencias sociales de la Universidad de Buenos Aires entre 1946 y 1955. Integró la resistencia peronista, fue delegado de Perón y padeció cárcel y exilio. Es uno de los máximos referentes intelectuales de la izquierda peronista. Murió de cáncer el 19 de septiembre de 1968, dejando un importante legado en el seno del movimiento peronista. |
NOTAS EN ESTA SECCION
Homenaje a quien fue una
pieza clave de la resistencia peronista, por Norberto Galasso |
Entrevista a John W.
Cooke, 1961
John W. Cooke - Peronismo Revolucionario,
definiciones |
John W.
Cooke y el Partido Justicialista
John W. Cooke. Vida y reflejos, por
Floreal Ferrara |
Carta
al compañero Alhaja, comandante Uturunco
Universidad y Movimiento de Liberación Nacional, por Aritz e Iciar
Recalde
Prólogo de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde
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John
W. Cooke. Hacia una teoría del populismo, por Artemio López
Alicia Eguren, la voz contestataria
del peronismo |
Notas para
una biografía de Alicia Eguren
"Nunca he visto otro hombre más vivo
que éste" |
Apuntes para la militancia
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hereje de dos iglesias |
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Las
tres fases del pensamiento de John W. Cooke, por Hernán Brienza
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Horacio Gonzalez - La revolución en tinta limón
John W. Cooke - Escritos cubanos |
John W. Cooke
- Peronismo y Revolución |
Aritz Recalde - John W. Cooke y el Partido Justicialista
John W. Cooke - Selección de escritos |
Textos de JWC
y de ARP | Roberto
Baschetti - Los escritos de JWC
Diccionario
de los 70 |
Aritz Recalde - El pensamiento de John W. Cooke en las cartas a
Perón |
Hugo Chumbita - La corriente
nacionalista de izquierda
Acción Revolucionaria Peronista (ARP) - Cristianismo y Revolución
Nº 6, abril 1968 |
Peronismo Revolucionario, en CyR Nº 2, 1966
Homenaje
a quien fue una pieza clave de la resistencia peronista
Por Norberto Galasso
Trató a Juan Domingo Perón de igual a igual, se consideró marxista y también
peronista, fue un intelectual y también un hombre de acción. Viajó a Cuba y
junto a su mujer de transformó en miliciano y participó de la Revolución.
Pocos personajes de nuestra historia ofrecen facetas tan singulares como la de
este gran pensador y luchador argentino. Se llamó John William cuando
seguramente él hubiera querido que lo denominasen Juan Guillermo. Se consideraba
peronista pero también marxista. Como integrante del peronismo fue –casi
seguramente– el único que discutió con el general Perón de igual a igual, sin
inhibiciones ni reservas mentales: "Usted procede en forma muy diferente a la
que yo preconizo y a veces, en forma totalmente antitética" (enero 1966). El
único que se animó a decirle que algún día iba a morir (3/3/1962). Fue
intelectual profundo, pero al mismo tiempo hombre clave de la resistencia y se
lanzó con "una pistola 45" y tres cargadores de balas a parar a los marinos en
junio de 1955. Tenía cierta renguera y un cuerpo voluminoso pero le encantaba
bailar el tango. Fue invitado a un congreso en la Cuba presidida por Fidel y lo
retuvieron en el aeropuerto porque el Partido Comunista de la Argentina dio
malos informes sobre él ("¿Qué tal, Cooke? ¿Está en cana?", le dijo sonriendo El
Che y aclaró la situación). Una anécdota resume su independencia de criterio y
su singularidad en sus opiniones. Ante las diferencias que mantiene con Jorge
Antonio, Perón intenta limar asperezas y para calmarlo le dice: "Pero, Bebe,
Jorgito es millonario, pero es un millonario peronista." Y él le responde: "Mi
General, disculpe, pero yo no hago esos distingos. Para mí, no hay millonarios
peronistas y millonarios antiperonistas, los millonarios son millonarios, nada
más."
Pero quizá lo que otorga a Cooke una característica aun más propia y definida
está dada por su permanente transformación, a través de la acción política, al
mismo ritmo que se modificaban y profundizaban las posiciones de las grandes
masas. Él provenía de una familia de irlandeses en cuyo hogar se hablaba en
idioma inglés y en lo político, seguían la tradición radical. Su padre, Juan
Isaac era dirigente importante de la UCR y como tal estaba alineado, en la
segunda guerra, en el campo aliadófilo, donde también se situaba John en su
juventud, celebrando los triunfos de Inglaterra. Pero al crecer el movimiento
obrero y alcanzar el protagonismo del 17 de octubre, John ya integra el
movimiento nacional e ingresa al Congreso de la Nación como diputado. Ha
comprendido que soplan vientos de revolución y que el peronismo viene a cubrir
el vacío dejado por los viejos partidos perimidos. Entonces afirma: "En 1945...
el peronismo fue el movimiento que surgió y triunfó contra todos los partidos,
que hizo saltar el esquema de los partidos repartiéndose el poder político. No
es que la izquierda hacía crisis; es que era una parte de la superestructura
política del imperialismo y saltó junto con los demás pedazos de esa
superestructura... El movimiento popular que atacó a la oligarquía y al
imperialismo pasó a ser la izquierda por cuanto representaba las fuerzas del
progreso nacional y de la independencia del extranjero. Fue una situación
revolucionaria, donde los esquemas teóricos no servían. Faltaba una Izquierda
Nacional y ese papel pasó a ocuparlo peronismo, aunque sin definirse como tal."
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En su gestión parlamentaria, siendo el diputado más joven –"El Bebe", lo
llamaron– fue el más sólido y brillante. A él recurrió Perón después del
tremendo bombardeo del 16/6/55 para reorganizar el partido en la Capital
Federal, pero ya era muy tarde y el gobierno fue derrocado en septiembre. Una
tremenda noche de terror y silenciamiento cayó sobre el peronismo en esos años,
resumida en la delirante mordaza del Decreto 4161 y los fusilamientos del '56.
Cooke, mientras tanto, intentaba armar "la resistencia" y era paseado por todas
las cárceles del país, hasta "el infierno blanco" de Ushuaia e inclusive sufre
simulacro de fusilamiento. Producido el triunfo de Frondizi en 1958, cuando los
obreros se levantan contra la primera privatización impuesta por el FMI, Cooke
avanza aun más en su posición e intenta convertir esa lucha en paro general, en
un momento en que era delegado personal de Perón y más aun, el único a quien
Perón alguna vez designa su sucesor para el caso de su muerte. Pero la
burocracia política del peronismo le boicotea su acción y después de
denunciarlos ante Perón, viaja a Cuba, donde adhiere fervorosamente a la
Revolución. Tiempo más tarde es miliciano, al igual que su mujer Alicia Eguren,
y participan en la lucha cuando el imperialismo invade Bahía de los Cochinos.
Reside unos pocos años en la isla y allí les explica a muchos cubanos mal
informados los progresos alcanzados por las mayorías populares dela Argentina
durante los dos gobiernos de Perón. Luego se desempeña como representante de
Fidel y El Che ante Perón –en España– sugiriéndole se traslade para residir en
Cuba, a lo cual el General le responde: "Dígale a Fidel que él hizo el asalto al
Moncada llevando consigo el rosario y la cruz y yo todavía tengo que seguir
llevándolos."
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En esa época es un socialista convencido, pero al mismo tiempo se sigue
considerando peronista y por ambas banderas milita sin cesar. Parte de esa lucha
queda registrada en una rica correspondencia mantenida con el General durante
una década (1956-1966). Allí analiza la correlación de fuerzas, la
imposibilidad, por ahora, de la revolución armada, como asimismo la importancia
que tendría abandonar la conducción pendular de un movimiento policlasista para
acentuar sus rasgos revolucionarios. Comprende que "el peronismo es el hecho
maldito del país burgués", pero también que "es un gigante invertebrado y miope"
si no se dan los cuadros necesarios y no se desplaza a los burócratas políticos
y sindicales. En esas cartas, Perón le explica que hay que ser como el Papa "que
benedice a tutti", que la unidad es lo principal dado el poderío del enemigo.
Cooke no está de acuerdo y se atreve a refutarlo: "¿Para qué nos sirve el
número, para votar en las elecciones que no se han de realizar?" También afirma:
"Peronismo y antiperonismo son, en esta etapa, la forma en que se da
políticamente la lucha de clases..." ¿Unidad para qué, entonces? Su opinión es
que obispos, generales y empresarios están de más en el peronismo. Perón le
contesta, desde su condición de líder nacional, que si los echamos, engrosaremos
las fuerzas del enemigo. Otras veces el General no le responde por un tiempo. A
veces, le señala: "Querido Bebe: ... muchas gracias por su interesante y valiosa
información..."Los “leales” y los desleales cuentan sólo para construir y
debemos manejarlos a todos porque si no llegaríamos al final con muy poquitos.
Por otra parte, hay dos clases de lealtad, la de los que son leales de corazón
al Movimiento y los que son leales cuando no les conviene ser desleales. Con
ambos hay que contar, usando a los primeros sin reservas y utilizando a los
segundos, a condición de colocarlos en una situación en la que no les convenga
defeccionar. Al final, no hay hombres buenos ni malos, más bien todo depende de
las circunstancias, aunque para conducir es siempre mejor pensar que muchos son
malos y mentirosos." En otras cartas, también se observa que intenta
persuadirlo: "Usted tiene razón, Bebe, lo felicito…" Pero al final de la carta
le reitera la política de "bendecir a todos", como única manera de aislar a la
oligarquía y al imperialismo. Pero Cooke insiste: "Cuando usted ya no esté, ¿qué
significará ser peronista?"
A finales de 1963, Cooke regresa a la Argentina y crea Acción Revolucionaria
Peronista, es decir, intenta formar una izquierda orgánica, dentro del
movimiento, para estar en condiciones de incidir mejor. Ideológicamente su
influencia se difunde, pero –y él no tiene duda alguna– la clase trabajadora, en
su abrumadora mayoría, está con el General y no ve la necesidad de construir el
partido revolucionario que él preconiza.
En sus últimos años, concurre a varios congresos en Cuba y reafirma allí su
posición revolucionaria e inclusive adhiere a la lucha armada que se intenta en
otros países. Sin embargo, aún en sus últimos escritos, sostiene: "Perón no sólo
es el artífice de la única época en que el obrero fue feliz –década que el
tiempo y el drama de hoy embellecen aun más en la nostalgia– sino algo más
importante es el recuerdo, el símbolo de la primavera revolucionaria del
proletariado argentino, del momento cenital de las grandes conquistas sociales y
las reivindicaciones nacionales. Por eso, su mito se alimenta tanto de la
adhesión de los obreros como del odio que le profesa la oligarquía, no atenuado
por los años porque es el reverso del amor de los humildes… En el laberinto de
la política a ras del suelo a que nos tiene acostumbrados nuestros burócratas
Perón parecería estar bloqueando vaya a saber qué caminos. Desde las alturas de
las formas superiores de la lucha revolucionaria, no obstruye nada. El pueblo se
resiste a abandonar sus ídolos acreditados en el milagro por otros no probados…
El prestigio de la conducción revolucionaria de esta nueva generación se cargará
con el magnetismo de su antiguo prestigio."
Por entonces, lo toma el cáncer. A los pocos meses, el 19 de septiembre de 1968,
muere, pero su última voluntad –hecho todavía insólito en la Argentina de 1968–
es que sus órganos vitales sean usados para quien los necesite, como si quisiera
que sus ojos siguieran viendo, desde otro cuerpo, los cambios de su querida
América Latina, en busca de su destino igualitario.
19/09/12 Tiempo Argentino
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Entrevista
a John William Cooke (1961)
Por Sylvia Saítta y Luis Alberto Romero
John William Cooke nació
en La Plata el 14 de noviembre de 1920. Su padre, Juan Isaac Cooke,
integró el grupo de radicales que se incorporó al peronismo, y en
1945 fue ministro de Relaciones Exteriores de Farrell. En 1946 John,
que acababa de recibirse de abogado, fue electo diputado por la
Capital Federal. De posición, independiente y convicciones nacionalistas,
se opuso a la ratificación del Tratado de Chapultepec. Tuvo una
participación destacada en la Cámara, donde permaneció hasta 1951.
Fue miembro del Instituto Juan Manuel de Rosas, donde pronunció
conferencias y del cual fue electo vicepresidente en 1954. Ese año
editó la revista De Frente, en la que planteó sus posiciones nacionalistas,
y combatió los contratos petroleros que negociaba el gobierno de
Perón. Después del 16 de junio de 1955, Perón lo designó interventor
del Partido Peronista de la Capital Federal, desde donde Cooke trató
de movilizar y organizar a los peronistas para resistir el inminente
golpe militar.
El 20 de septiembre fue arrestado en la casa de su amigo José María
Rosa. Pese a estar en prisión hasta marzo de 1957, participó activamente
en la organización de los distintos grupos protagonistas de la "Resistencia
peronista". Perón, que estaba exiliado, lo puso al frente del denominado
"Comando Táctico", y en noviembre de 1956 le dirigió una expresiva
carta, en la que avalaba firmemente su acción y lo designaba su
sucesor, en caso de fallecimiento. En marzo de 1957 Cooke escapó
de manera espectacular de la prisión de Río Gallegos, en compañía
de otros detenidos peronistas -Jorge Antonio, Cámpora, Espejo-,
y se instaló en Chile, desde donde pudo operar con más eficacia
para coordinar la acción de los distintos grupos clandestinos y
terroristas. En 1958 participó en la gestión del pacto entre Perón
y Frondizi, y posiblemente asistió a la reunión de Caracas, donde
éste se efectivizó. Cooke volvió al país a fines de 1958, para continuar
con la "resistencia", y de inmediato fue detenido. A principios
de 1959 participó activamente en la huelga del Frigorífico Nacional
y en la intensa agitación subsiguiente. Por entonces, la militancia
peronista se dividía entre los partidarios de la "línea dura" y
la "línea blanda", estos últimos, que buscaban un acuerdo con el
gobierno, recibieron el aval de Perón y comenzaron a hostilizar
a Cooke, tachándolo de comunista.
Perseguido, en 1959
abandonó el país y se instaló en Cuba, donde permaneció hasta octubre
de 1963. Allí se entusiasmó con la Revolución, realizó diversas
tareas de apoyo al régimen, entabló amistad con Ernesto Guevara
e inició una larga tarea de acercamiento entre el peronismo y el
castrismo, que incluyó el reclutamiento de jóvenes argentinos para
ser entrenados en Cuba. Mantuvo una intensa correspondencia con
Perón, que sólo interrumpió en 1966, e intentó convencerlo de que
declarara su apoyo a Cuba y trocara su domicilio madrileño por La
Habana. A la vez, se propuso reconstruir la tradición peronista
en clave cubana e impulsar a los peronistas a seguir el camino iniciado
por Fidel Castro.
En esas circunstancias fue entrevistado por la revista Che. El semanario
apareció en octubre de 1960. Lo dirigía Pablo Giussani y entre sus
redactores figuraban Julia Constenla, Hugo Gambini, Francisco Urondo,
Carlos Barbé y Alberto Ciria. Se trataba de un grupo de partidarios
argentinos de la Revolución Cubana, muchos de los cuales militaban
en el Partido Socialista Argentino. Un poco antes, en febrero de
1961, Alfredo Palacios había ganado la elección de senador por la
Capital, con una campaña centrada en la Revolución Cubana, y con
el apoyo de muchos votantes del proscripto peronismo. El reportaje
está ilustrado con dos fotos de Cooke: en una aparece con traje
y corbata, probablemente de su etapa de diputado, y en otra con
barba, boina y camisa miliciana. Che fue clausurada el 17 de noviembre
de 1961. A fines de 1963, Cooke volvió a la Argentina y organizó
Acción Peronista Revolucionaria, un pequeño grupo de discusión al
que asistían futuros militantes como García Elorrio, Fernando Abal
Medina y Norma Arrostito, en donde siguió intentando la fusión entre
el peronismo y el guevarismo. Sin embargo, mientras vivió su influencia
fue escasa. Murió en septiembre de 1968. Desde 1971 sus escritos
alcanzaron gran difusión y sus ideas fueron retomadas por la nueva
izquierda peronista. Este reportaje fue reeditado en septiembre
de 1975 por la revista Crisis.
Entrevista
Publicado originalmente en revista "Che" (1961) y reproducido en
"Crisis" (1975).
John William Cooke y su
esposa, Alicia Eguren, se encuentran en La Habana desde hace más
de un año. Ambos forman parte de las milicias y colaboran -al mismo
tiempo- en distintas publicaciones cubanas. Che ha entrevistado
a Cooke en su residencia, el hotel Riviera. Sus respuestas, sin
duda, son de trascendencia por la influencia que ha tenido -y conserva
aún- John William Cooke entre las filas peronistas.
-En la Argentina la Revolución Cubana cuenta con apreciable apoyo
popular y los esfuerzos de la propaganda reaccionaria -abrumadora
y constante- son vanos por contrarrestarlo. ¿A qué razones atribuye
esta perspicacia popular, pese a la prensa y agencias internacionales?
-Lo que eso demuestra, en primer lugar, es la madurez de nuestro
pueblo, lo arraigado que está en él el sentido de la soberanía nacional.
Tengamos en cuenta que esta recolonización de la Argentina es doblemente
anacrónica: por producirse en la época de los movimientos de liberación
en todo el mundo y por serle impuesta a un país que se había librado
de la dominación inglesa y tenía conciencia de lo que significa
el ejercicio de la soberanía. La consecuencia es que no solamente
la represión es singularmente violenta, sino también la propaganda
proimperialista. El pensamiento colonial utiliza el monopolio de
la difusión para derramar una catarata de discursos, declaraciones,
manifiestos, conferencias, editoriales, solicitadas, pastorales,
etc., para confundir a la masa. En el caso de Cuba, sólo se difunden
groseras tergiversaciones, embustes y planteos arbitrarios. Sin
embargo, las clases populares disciernen lúcidamente y saben que
la suerte de la Revolución Cubana incide en su propia suerte.
-Con respecto a Cuba, ¿cuál es la forma que adopta esta táctica
de ocultamiento?
-Hay una sucesión de trampas. Todos los datos son falsos, al punto
que la mentira de ayer es desmentida por la mentira de hoy. Después
se hace una mezcla de los problemas concretos de la nación cubana
con los problemas de la Guerra Fría y con las discusiones teóricas
en torno al comunismo. Nuestra masa evita esos falseamientos porque
va a la médula del problema, o sea, la agresión del imperialismo
contra un país hermano que osó liberarse: así no hay forma de equivocarse.
Con motivo de la reciente invasión de gusanos al servicio de los
yanquis, se vio cómo se desvirtuaba el problema planteándolo maliciosamente:
se afirmó que la Revolución es comunista, como si eso fuese lo que
estaba en debate. Un cierto porcentaje de papanatas quedó atrapado
en ese artificioso enigma -ya fuera para coincidir con la tesis
o para discrepar con ella-, lo que implica que, de ser concluyente
la prueba sobre el carácter comunista del gobierno cubano, eso legitimaba
que se agrediese a un país soberano. ¿Quién ha dicho que los Estados
Unidos o los organismos internacionales tienen jurisdicción para
hacer macartismo y determinar cuál régimen tiene derecho a ser respetado
y cuál no?
-Supongo que Ud. sabrá que hubo algunos dirigentes peronistas que se "empantanaron".-Eso demuestra que carecen de capacidad para dirigir nada y que invocan el nombre del Peronismo en vano. Con el pretexto de que nuestro gobierno era nazi, se buscó que Estados Unidos hiciese lo mismo que ahora hace con Cuba: los cipayos pedían la intervención yanqui y de los organismos como la UN; un canciller uruguayo inventó la tesis de la "intervención multilateral", que es la que ahora se quiere resucitar contra los cubanos; se pidió que los países rompiesen relaciones con nosotros, por no ser "democráticos", etc. Eran los mismos procedimientos y las mismas personas de aquí y del extranjero los que se movían para destruir nuestra soberanía. ¡Y cómo ardíamos de indignación contra el bradenismo y sus servidores! ¡Cómo protestábamos contra los Jules Dubois, los Figueres, los Haya de la Torre, los Ravines, contra Braden, Nelson Rockefeller, la gran prensa norteamericana y continental! Pues bien: todos ésos, y los miles de secuaces, ahora hacen lo mismo contra Cuba, ayudados por los mismos aliados que entonces tuvieron en la Argentina, desde los políticos tradicionales hasta las fuerzas vivas, la intelectualidad cipaya, las damas patricias y demás escoria enemiga de los descamisados.
¿O es que la UPI, la
AP, el Time, etc., son reptiles cuando nos atacan a nosotros y "objetivos"
cuando atacan a Cuba? Sumarse, aunque sea pasivamente, a esa campaña,
es dar razón retrospectivamente a los vendepatrias: es negarnos
como movimiento nacional-liberador.
-Hay algunos pequeños sectores peronistas influenciados por el "nacionalismo"
que son activamente enemigos de la Revolución Cubana.
-Supongo que, en unos cuantos millones como somos, habrá de todo
un poco. Hasta que quienes se dejen llevar por un extraño "nacionalismo"
que ante algo concreto como el imperialismo que nos asfixia nos
quiere hacer pelear contra los enemigos de ese imperialismo. El
único nacionalismo auténtico es el que busque liberarnos de la servidumbre
real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y demás sectores
populares, y por eso la liberación de la Patria y la revolución
social son una misma cosa, de la misma manera que semicolonia y
oligarquía son también lo mismo. Algunos sectores reaccionarios
pudieron, en otras épocas, llamarse "nacionalistas" porque coincidían
con el pueblo frente a los ataques de nuestra soberanía; ahora no,
porque el antiimperialismo ha pasado a ser retórico en ellos, que
vuelven a su raíz oligárquica y ante el caso de Cuba quedan al desnudo.
Como ya quedaron cuando contribuyeron a la caída del gobierno popular en 1955.
Hay que tener la cabeza muy hueca para creerse peronista y aceptar a esos teóricos del absurdo, que combinan las añoranzas del imperio de la hispanidad medieval con el apoyo práctico al imperio bárbaro norteamericano, y el culto a gauchos embalsamados con el paternalismo aristócrata frente al cabecita negra, para oponerse, nada menos, a Fidel Castro. Ocurre que Castro, a la cabeza de los hombres de la tierra, derrotó a puro coraje al ejército armado y entrenado por los yanquis para proteger a la satrapía batistiana; y que cuando los gringos quisieron llevárselo por delante, los echó de Cuba y les quitó hasta el último dólar, más de mil millones tenían invertidos en centrales azucareras, fábricas, empresas, bancos, etc. ¡Qué manera de apagar faroles! Sin embargo, parece que Fidel no es "nacionalista", porque nunca se dedicó a predicar el exterminio de estudiantes semitas ni a delatar herejes incursos en el crimen de marxismo.
-¿Ud. no cree, entonces, que esos defensores de "Occidente" tengan
influencia en su movimiento?
-Solamente entre cierta capa burocrática, que, por otra parte, nunca
sirvió para nada, ni en el gobierno ni fuera de él. Ahora hacen
méritos para que los dejen participar en el festín político y administrativo
del que están excluidos los revolucionarios consecuentes. No hacen
más que confirmarle al pueblo lo que éste siempre supo de ellos.
Habrá siempre alguna confusión, por éstos que embarullan las cosas
y por otros que, debiendo hablar, han callado. Pero el pueblo sabe
que desde que Fidel Castro empezó a quitarles a los ricos para darles
a los pobres fue la bestia negra (o roja) del continente. Claro
que los gansos que creen que el Peronismo es parte del dispositivo
de la "civilización y de la democracia occidental" quedan identificados
frente a Cuba con los socios de Aciel y de la Bolsa de Comercio,
con los socialistas conservadores y los conservadores de la infamia,
con los exquisitos del Jockey Club, del Círculo de Armas, con Ascua
Sur y las demás agrupaciones de conciencias muertas, con las numerosas
instituciones, frentes y agrupaciones gorilas que piden nuestra
sangre, con Gainza Paz, el almirante Rojas, el Dr. Vicchi, el brioso
Toranzo Montero. Todas esas fuerzas son virulentamente enemigas
de la Revolución Cubana, a la que odian tanto como el "régimen depuesto":
esas cosas no ocurren por casualidad, y nuestra masa no vive en
la luna.
¿Hay algún personaje en la Argentina que logra, como Fidel Castro, que todas las cabezas del privilegio se unan para acusarlo de demagogo, comunista, totalitario, chusma, perjuro, punguista, motonetista, barba azul, asesino, incendiario, anti Cristo y otras lindezas semejantes, y contra el cual piden el cadalso, la bomba atómica o la muerte a manos de los "marines" yanquis? Creo recordar que sí. Y me resulta muy difícil entender cómo pueden indignarnos la difamación contra la versión pampeana del monstruo y quedarnos mudos cuando la víctima es la versión tropical.
-Hubo quien no repudió
la reciente invasión a Cuba alegando que al no abrir juicio cumplía
con la "tercera posición".
-Con quien cumplió fue con su propia cobardía. A cambio de la riqueza
que se llevan los yanquis nos dejan su histeria anticomunista que
contagia a ciertos "dirigentes". En el país reina un clima de terrorismo
ideológico: ya no basta con no ser comunista; hay que demostrarle
a la reacción que se es anticomunista. Y se llega a emplear el mismo
lenguaje de nuestros enemigos: en lugar de dar apoyo total, solidaridad
sin retaceos a Cuba avasallada, se agregan condenas al "imperialismo
soviético", lo cual equivale a aceptar las premisas del imperialismo
agresor, que califica de crimen la negación de sus ansias hegemónicas
y el derecho a elegir las formas de gobierno y los amigos que a
cada país americano le resulten más convenientes.
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La tercera posición es, precisamente, todo lo contrario. Significa no tener compromisos con los bloques mundiales, estar en libertad de tomar las decisiones más convenientes a los intereses nacionales. Significa tener criterio propio para apreciar cada hecho y cada actitud: no tenemos obligación de encontrar que cada cosa del señor Kruschev es perfecta o malvada; ni de estar de antemano en pro o en contra del bloque capitalista. En otras palabras, en cada momento y circunstancia nuestro tercerismo consiste en opinar libremente, no sumarnos al coro de los que ven en Estados Unidos la potencia rectora. A pesar de que nuestro gobierno tuvo que maniobrar solo, en un mundo hostil, en lo fundamental jamás se apartó de su independencia: no suscribimos el pacto de Caracas que establecía el peligro del "comunismo internacional" para así consumar el crimen contra Guatemala orquestado por Foster Dulles y otras bestias de la "Guerra Fría"; no firmamos los Acuerdos de Bretton Woods (Fondo Monetario Internacional, Banco de Reconstrucción y Fomento); no nos atamos por pactos militares bilaterales, etc. Nada de eso subsistió; las primeras medidas de la dictadura militar fueron adherirse a Bretton Woods, y hoy el FMI dirige nuestra política económica, y revocan por decreto el voto de Caracas; siguieron los pactos militares, los acuerdos sobre el Atlántico Sur, etc. Hoy somos un apéndice del imperialismo, lo que requirió modificar totalmente la política internacional fijada por el peronismo. El tercerismo fue una forma de no ser absorbidos por el imperialismo yanqui: en ningún caso puede ser excusa para plegarnos a su estrategia de guerra fría y para gritar junto con los derviches de la guerra contra los pueblos que han adoptado el socialismo. Es lo que hacen los terceristas como India, Yugoslavia, Egipto, etc., que no han vacilado en apoyar fervorosamente a Cuba y que no ven al mundo como una división tajante donde los "buenos" son las potencias occidentales. Es una posición para encarar los problemas, no para eludirlos. En el caso de un país hermano sometido a persecuciones de toda índole por el imperialismo, no ser terminantes, escatimar el apoyo, es renegar del tercerismo y apoyar al imperialismo. Así como hay farsantes que son antiimperialistas cuando las causas son lejanas y cipayos en las cuestiones argentinas, igualmente hay farsantes que gritan contra el imperialismo aquí y se suman a sus consignas en el orden mundial; estos últimos son los más peligrosos. La posición consecuente de un antiimperialista es desprenderse de los falsos esquemas como "Occidente y Oriente", "Mundo libre y mundo comunista" y demás zonceras. Hay que estar con los argelinos, que son musulmanes, con los kenyanos, que son mau-mau, con los laosianos, que son budistas, y con los cubanos, que son barbudos. Y decirlo claramente y ayudarlos todo lo que se pueda y tener la valentía de despreciar las voces que se alzarán para acusarnos de comunistas, trotskistas, criptomarxistas, camaradas de ruta, idiotas útiles, filocomunistas, infanto-comunistas, etc.
-¿Existe algún pronunciamiento de Perón con respecto a la Revolución
Cubana?
-¿Cómo cree usted que Perón podía desentenderse de un problema fundamental?
Cuando dijo que la Revolución Cubana "tiene nuestro mismo signo",
enunció una fórmula exacta que indica la común raíz antiimperialista
y de justicia social. Si Cuba ha elegido formas más radicales, ese
es un derecho que ningún antiimperialista le puede negar; por otra
parte, los procedimientos de 1945 tampoco sirven ahora para nosotros,
y nuestro programa, según lo ha dicho repetidamente el propio Perón
es de "revolución social", que salvo para los que viven en el limbo
sólo se puede cumplir socializando grandes porciones de la economía
y buscando las formas de transformación profunda y total que correspondan
a nuestra realidad nacional.
En cuanto al apoyo de la Unión Soviética a Cuba, sólo quienes se pliegan al bando de la oligarquía pueden hablar de "entrega" y demás tonterías semejantes, porque los cubanos no han delegado ningún atributo de su soberanía ni han entregado ningún resorte de su economía. ¿Qué eso sirve a la URSS para hacerse propaganda? ¿Y a los cubanos qué les importa?
Los quisieron matar de hambre, dejarlos sin petróleo, dejarlos sin vender el azúcar, que es su única fuente de divisas, atemorizarlos, agredirlos, quemarles los cañaverales; etc., el cipayaje estaba feliz porque serían castigados los "desplantes", la insolencia frente al coloso. El mundo socialista les permitió salir de esa ruina a que estaban condenados, y he aquí que ciertos "antiimperialistas" resuelven que Cuba debió dejarse morir de hambre, o llamar a los embajadores norteamericanos para que la vuelvan a gobernar, para que no sufra la "democracia" y puedan seguir tranquilos Somoza, Ydígoras, Frondizi, Prado y demás paladines de la cruzada anticomunista. Todos regímenes democráticos que no podrán hacer lo que hace Fidel Castro: darle un fusil o una ametralladora a cada obrero, a cada campesino, a cada pobre.
En un documento del año pasado el general Perón indicó que el Movimiento
debía apoyar todos los movimientos de liberación nacional, como
Egipto, Argelia, Cuba, etc. Eso se ha respetado siempre, aunque
ciertos sordos no han cumplido estas instrucciones ni las han transmitido
a la masa. Y en una carta dice: "Yo sé bien lo que son las sanciones
económicas. En 1948 nos las aplicaron intensamente impidiendo la
provisión de todo material petrolífero y dejando sin efecto la compra
comprometida para nuestra producción de lino que, en ese momento,
representaba más del sesenta por ciento de la producción mundial.
Como en el caso de Cuba, fue la Unión Soviética la que nos sacó
del apuro comprando el lino y ofreciéndonos material petrolífero".
Tal vez deberíamos haber dejado que se pudriera el lino.
-¿Y no cree que también influya la Iglesia?
-La creencia religiosa es una cuestión del fuero espiritual y como
tal respetable. Pero cuando algunos sacerdotes opinan de política
entonces no puede invocarse para ellos el privilegio de que se les
respete como cuando desempeñan sus funciones espirituales: deben
ser enjuiciados de acuerdo con sus actos y posiciones políticas.
Si se les hiciese caso en materia política, América no se hubiese
independizado de España, o, tomando otra etapa posterior, en México
reinarían los descendientes del emperador Maximiliano, Cuba sería
colonia española. Si se les otorgase imperio en materia política,
nosotros nos debíamos haber puesto en 1955 contra Perón, como ellos
querían; entonces conspiraron con los enemigos del pueblo, como
ahora lo hacen en Cuba.
Durante seis años nuestros compañeros han ido a la cárcel, han sufrido
torturas, han sido echados del trabajo, han sido fusilados, sin
que los altos dignatarios de la Iglesia hiciesen más que algunos
inocuos llamamientos a la paz general, uniendo a verdugos y victimados
como si las culpas fuesen comunes; cuando discriminaron, fue para
atacar al "régimen depuesto" y para condenar la rebeldía de nuestra
masa. No he leído la pastoral que condene a los asesinos de la "operación
masacre". No he sabido de ninguna epístola incandescente denunciando
a los sicarios uniformados que aplicaban suplicios a la gente trabajadora.
Pero basta que el señor Frondizi justifique la represión como defensa
de "los altos valores del espíritu", para que entonces sí se conmuevan
esos duros corazones episcopales. En cambio, están muy preocupados
y tristes porque en Cuba hay un gobierno revolucionario. ¿Por qué
no dijeron nada cuando murieron 20.000 luchando contra el gobierno
que mantenían los yanquis, cuando Nixon abrazaba a Batista y lo
colmaba de elogios? ¿Por qué no se preocupan por Angola, donde las
fuerzas "occidentales" mantienen la esclavitud aplicando la tortura?
¿O de Argelia, que ha movido la indignación de muchos católicos
franceses por el sadismo de las tropas coloniales, cuyas técnicas
aprenden nuestros jefes militares? ¿Les parece que hay poco dolor
en el mundo y en América, como para que se dediquen al único país
donde el pueblo se siente libre?
-¿Usted
rechaza, por lo tanto, la tesis de que el peronismo es un freno
contra el avance del comunismo?
-Una cosa es que nosotros tengamos una visión de las cosas argentinas
que difiere de la del Partido Comunista y tratemos de mantener la
adhesión de las masas trabajadoras; otra muy diversa unirnos al
fanatismo regimentado que ve a los comunistas como criminales y
a los países socialistas como enemigos del género humano. Esto es
renunciar a la facultad de raciocinio y aceptar que el bando imperialista
piense por nosotros. No necesito ser comunista para considerar que
el principal responsable de la Guerra Fría es el imperialismo occidental,
ni para comprender que el enemigo más grande que hoy tiene el género
humano es la brutal plutocracia norteamericana.
En el orden nacional la manera de mantener nuestro prestigio en
la masa no es actuando como ayudantes de los pastores para que el
rebaño no se ponga arisco, sino ofreciendo soluciones revolucionarias
a los problemas reales. Los que están en la jugada de presentarnos
como defensores del orden contra el comunismo desnaturalizan la
esencia del peronismo. Y, además, cometen una estupidez. Salvo para
los energúmenos que ven conspiraciones bolcheviques en cada lucha
popular, el comunismo avanza porque hay razones económico-sociales
que así lo determinan. Esas razones no desaparecerán y se trata
de ver quiénes darán las soluciones. Los que piensan en "conciliaciones"
entre las clases o en paternalismos equilibristas están al margen
del tiempo, como los que hablan de corregir los "abusos" del capitalismo.
Pero lo que quieran dar soluciones, los que como nosotros aspiran
a mantener su vigencia como movimiento de masas, tienen que ir al
fondo de los problemas. No es posible enunciar aquí todas las cosas
que debemos hacer, pero para terminar con el drama argentino hay
algunas que son ineludibles, como por ejemplo: dejar sin efecto
convenios petrolíferos, eléctricos, etc.; denunciar tratados militares
y compromisos belicistas; expropiar las instalaciones petrolíferas
y demás bienes de los monopolios; expropiar a la oligarquía latifundista
y a los grandes empresarios industriales: expropiar los bancos,
puertos, servicios públicos; socializar grandes ramas de producción,
hacer una reforma agraria que respete las características de nuestro
agro pero que elimine muchas de las formas empresarias de explotación;
planificar la economía en escala nacional; nacionalizar la gran
industria pesada; controlar los sectores de la economía que deban
mantenerse bajo el régimen de la propiedad privada, etc., etc. Eso
significa terminar con la democracia capitalista y sustituirla por
nuevas estructuras que reflejen el predominio de las fuerzas del
progreso, dirigidas por el proletariado. Es decir, que estaremos
vulnerando el "derecho" de la libre empresa, de la propiedad y otros
valores igualmente sacros: en otras palabras, seremos "comunistas".
Los factores de poder y la oligarquía en su conjunto nos consideran,
desde ya, comunistas, porque nuestro triunfo implica el advenimiento
de las masas, que exigirán soluciones y las impondrán. Como dijo
Perón: "Las masas avanzarán con sus dirigentes a la cabeza o con
la cabeza de sus dirigentes". Nosotros lo sabemos y la reacción
también lo sabe. Así que los que se hacen los "ranas" no engañan
a nadie, y menos a la oligarquía, que tiene sensibilidad de sobra
cuando se trata de que no le toquen sus privilegios. Los que quieren
desempeñar el papel de "defensores del orden" harán el deleite de
los monseñores y de los espadones de moda, sirviendo de preservativos
por poco tiempo. O impulsamos el avance de las masas -y entonces
somos peligrosos y nos llamarán comunistas- o tratamos de frenarlas,
y entonces ayudamos a sembrar la confusión durante un tiempo y luego
nos barrerán como a la demás resaca del orden caduco ocupando el
Partido Comunista o quien sea la dirección que hemos desertado.
-¿Qué piensa de la unidad de las fuerzas populares?
-La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular.
Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuáles son los objetivos
cercanos (como, por ejemplo, las elecciones) y cuáles los grandes
objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en
cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional
y la revolución social. En la lucha contra el régimen, es como llegaremos
más pronto a la unidad, forjada en la acción; dentro del régimen
nos esperan sólo frustraciones y derrotas; y pequeños triunfos que
serán desastres.
Página/12, 16/02/06
[Imagen de la Muestra Pensamiento y Compromiso Nacional, Palais de Glace, Buenos Aires 17 de marzo - 10 de abril 2011]
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DEFINICIONES:
Por John W. Cooke
(Publicado en Cristianismo y Revolución Nº 2-3, octubre-noviembre
1966, descargar
en pdf)
17 de octubre
Una tarde del invierno de 1933, una muchedumbre como nunca se había
visto se congregó en el centro de Buenos Aires para asistir al entierro
de Hipólito Yrigoyen. Esa demostración popular sólo mereció desprecio
y desdén a la oligarquía gobernante: se trataba de una chusma que,
gracias a la diligente acción policial cuando había elecciones,
no afectaba para nada la hegemonía social y política de los selectos.
Doce años más tarde, la ciudad volvió a ser ocupada por una multitud
que se volcaba en un acto de adhesión a su caudillo. Esta vez los
sectores privilegiados no se burlaron: todavía les dura el pavor
y el odio que les provocó ese 17 de octubre. Y también la ignorancia
sobre el significado profundo de lo ocurrido.
Es que el fenómeno escapaba a la capacidad de comprensión de las
clases dominantes. Aceptaron la explicación de que se trataba de
una manifestación de malvivientes, grupos de desclasados y marginales
("lumpenproletariat", aclararon los cultos de su "izquierda" cipaya),
reclutados por la policía. Así fue como pocos meses después, el
misterio policial de octubre se transformó en el misterio matemático
de febrero: todos los partidos políticos, los dueños de todos los
votos, eran derrotados electoralmente por las organizaciones que
habían formado apresuradamente el nuevo movimiento nucleado en torno
a Perón.
Pasado el desconcierto de ese desastre imprevisible, los partidos
de la Unión Democrática se refugiaron en interpretaciones de un
idealismo delirante, que les permitía no sólo negar la legitimidad
del nuevo régimen surgido del más estricto respeto a las normas
de la democracia que ellos postulaban, sino continuar reivindicando
la condición de representantes de la voluntad de esa ciudadanía'
que los desconocía repetidamente en los comicios. El peronismo —decían—
era el resultado de la aplicación de técnicas totalitarias de manipuleo
de la opinión de las masas, y por lo tanto era lícito recurrir a
la violencia para derrocarlo; su irrespeto por el liberalismo económico
y por los valores culturales impuestos por cien años de semicoloniaje
fue invocado como prueba de que se trataba de una versión aborigen
de los fascismos derrotados en Europa. Una vez más, las fuerzas
del viejo régimen empleaban fórmulas de interpretación trasladadas
de la realidad ultramarina.
La
oligarquía restaurada
Producido el golpe de
1955, la oligarquía restaurada desmanteló rápidamente el dispositivo
económico peronista, si bien la realidad demostró que no era posible
retrotraer las cosas al punto en que estaban antes del peronismo.
En materia política, el imbecilismo de la tiranía militar llegó
al punto de que el Ministerio de Relaciones Exteriores gestionó
el envío de la legislación antifacista y antinazi, para aplicarla
a los "vencidos". Pero he aquí que pasaba el tiempo, que el peronismo
no sólo carecía de los resortes estatales sino que estos funcionaban
integral y permanentemente en contra suyo, que su jefe estaba en
el exilio, sus dirigentes políticos presos o exiliados, los sindicales
proscriptos, sus signos, consignas, cantos e iconografía prohibidos,
sus bienes incautados, y el decreto 4161 pendía con su viciosa crueldad
sobre cualquier actividad proselitista. Y sin embargo, el Movimiento
no se desintegraba, no perdía cohesión ni sus masas corrían a alistarse
bajo las banderas de los partidos burgueses. Desde 1955 hasta la
fecha, el proceso político argentino es una sucesión de dictaduras
militares, directas o bajo cubertura de una falsa legalidad, que
ensayan procedimientos para "integrar" a esa masa peronista en las
estructuras del sistema burgués en crisis.
Descartada la tesis de qué éramos una multitudinaria congregación
de papanatas, surgieron tácticas diversas: la ultragorila de tratarnos
como "un caso de reformatorio político" (Toranzo Montero); la "integracionista",
que nos convertiría en masa de maniobra del empresariado y los socios
del capital norteamericano: la de escindirnos en réprobos ligados
a Madrid y gente decente y razonable capaz de constituirse en partidos
políticos neoperonistas, con discreta participación en los órganos
políticos del Estado. La más reciente es la que postulan los teóricos
del golpe de junio: el país está malogrado por la "falsa antinomia
de peronismo y antiperonismo", que debemos superar para que pueda
progresar la Nación. El actual régimen militar la traduce al terreno
de los hechos mediante la tabla rasa de la "despolitización", reservándose
el monopolio de las decisiones políticas mediante la tutoría, que
asume por la violencia, de una ciudadanía condenada a consentir
o exponerse a las espadas punitivas prontas a sancionar las rebeldías.
Todas esas fórmulas, con sus mezclas de zalamería y coerción, son
ejercicios de la incompetencia, el egoísmo y la dependencia imperialista
de nuestra clase dirigente. Porque la antinomia peronismo vs. antiperonismo
no es una caprichosa creación del carácter de los argentinos, sino
la forma concreta en que se da la lucha de clases en este período.
Peronismo
y lucha de clases
No se puede "superar" eliminándola como expresión político-partidista,
como se intenta actualmente, porque responde a una contradicción
insoluble entre un régimen capitalista que ha agotado su programa
y vive en crisis permanente, y las fuerzas cuyas reivindicaciones
no tienen satisfacción posible dentro del contexto de esa institucionalidad
cuya entraña expoliadora intenta ocultarse bajo el "occidentalismo
cristiano" y otros despropósitos propagandísticos del sistema mundial
de explotación encabezado por Estados Unidos.
Por lo tanto, el peronismo es, por su composición social y sus luchas,
revolucionario por esencia. Y si existe, en su seno, el peronismo
revolucionario, es porque el régimen, mediante el manejo del aparato
estatal y cultural, demora la toma de conciencia de las masas con
respecto a las razones de la tragedia que sufren y a la política
que pueda ponerle fin. Lo que llamamos "burocracia peronista" es,
en síntesis, una capa dirigente que opera con los mismos valores
del enemigo y es incapaz, por lo tanto, de conducir a las bases
a la toma del poder, sin lo cual no hay salida ni para las clases
trabajadoras ni para el país, pues ya hemos entrado en una etapa
en que no hay nacionalismo burgués sino que revolución social y
liberación nacional no son objetivos diferenciabas sino dos aspectos
de un mismo proceso indivisible.
Peronismo Revolucionario
El peronismo revolucionario es una vanguardia que busca reconciliar
la política del Movimiento con el verdadero papel que éste tiene
en el enfrentamiento de las fuerzas sociales. Puesto que las masas
no absorben el conocimiento como una pura teorética sino mezclado
con la acción, la nuestra no es una obra de mera predicación sino
de militancia combativa y de difusión de las verdades esenciales
que eleven el nivel de conciencia de los sectores que tienen la
misión de construir la nueva sociedad en un país liberado. La política
revolucionaria es acción esclarecida por el pensamiento crítico;
una permanente indagación sobre una realidad fluida que no se somete
a ninguna sabiduría inmóvil centelleando verdades definitivas.
Mientras el peronismo no se estructure como "partido revolucionario"
—es decir, con una política revolucionaria entendida como unidad
de teoría, acción y méítodos organizativos, seguirá librado al espontaneismo,
a la yuxtaposición de tácticas que no se integran como estrategia,
a los callejones sin salida en que sucesivamente lo meten los dirigentes
burocráticos que no conciben otra salida que los frentismos electorales
o los falsos atajos del golpismo.
Porque golpismo y electoraismo pitagórico no constituyen vías antagónicas
sino que son dos hipótesis de una misma concepción que implica la
renuncia a la toma del poder. Expresan la incapacidad de transformar
nuestro número en fuerza, al poner el número al servicio de quienes
detentan la fuerza; es decir, aceptan la "integracción", que además
es de una imposibilidad histórica. Porque el peronismo es la expresión
de esa crisis integral del régimen burgués argentino.
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El régimen tiene fuerza
para subsistir pero no puede institucionalizarse porque el peronismo
obtendría el poder, y aunque no formule un programa anticapitalista,
la obtención de satisfacciones mínimas compatibles con las expectativas
populares y las exigencias de autodeterminación llevarían a la alteración
del orden social existente. El peronismo, por su parte, jaquea al
régimen, agudiza su crisis y lo obliga a sobrevivir a costa de la
flagrante violación de sus presupuestos ideológicas con que, nos
definen los voceros de la burguesía, equilibrio inestable se manifiesta
la irreductible incompatibilidad entre régimen y peronismo, signando
el fracaso de todas las tentativas para integrarnos a las estructuras
del statu quo, y de todas las líneas políticas del peronismo que
busquen la "conciliación", la paz social, la pausa política, etc.,
etc.
Es preciso que demos el paso de la rebeldía a la revolución, que
no se produce espontáneamente o por revelaciones que automáticamente
surjan de la prácticu de las masas, sino por la elaboración teórica
que en parte substancial de la conducción. Nuestro déficit en este
aspecto viene de lejos, y estamos pagando las consecuencias. Porque
si negamos las frivolidades sociológicas conque nos definen los
voceros de la burguesía, tampoco el convencimiento de nuestra trascendental
razón de ser histórica puede confundirse con los paraísos artificiales
de la autocomplacencia que nos hace depositarios de un destino providencial.
El peronismo, como estructura del nucleamiento de la masa popular
(política, administrativa, sindical, etc.) siempre ha estado por
debajo de su calidad como movimiento de masas. Esta contradicción,
mientras persista, nos condena no romper la adversa correlación
de fuerzas que soportamos.
Al mismo tiempo, la orgullosa seguridad que el Movimiento ha opuesto
a la denigración, el escarnio y las persecuciones, no puede hacernos
incurrir en la ilusión de que somos los predestinados poseedores
del devenir. Nuestra importancia es también nuestra responsabilidad,
y si afirmamos ser uno de los polos de la antítesis político-social
contemporánea no lo es a título exclusivo, sino como eje de un frente
de la nacionalidad en lucha contra la explotación interna e internacional.
El recíente golpe militar confirma que nuestra posición era correcta,
pues significa un simple reajuste del régimen que desnuda sus títulos
violentos y cierra los falsos caminos que nos presentaba el conformismo
reformista.
La magnitud de la tarea, sus dificultades y peligros, convocan a
la verdadera unidad, que es la del combate por la libertad real
de nuestra patria y de nuestro hombre.
La calidad de revolucionario es la que sirve de base a esa solidaridad
activa, haciendo desaparecer las diferencias secundarias en que
se entretienen los que están alienados a la superestructura del
intolerable orden burgués que nos oprime.
Buenos Aires, octubre de 1966
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John
William Cooke y el Partido Justicialista
Apartado del libro "EL
PENSAMIENTO DE JOHN WILLIAM COOKE EN LAS CARTAS A PERÓN 1956-1966".
Por Aritz Recalde, noviembre de 2008 [Descargar
el libro completo en pdf]
[Imagen: Cooke en prisión]
(...) “Lo que antes
insinué tímidamente, debo afirmarlo ahora con toda mi responsabilidad:
el Partido Justicialista puede ser el camino para que la corrupción
penetre en el Peronismo” (...) “Ya esos hombres ensayaron el neoperonismo
y la política de no violencia con la libertadora, que a estos efectos
era torpe” (...) “el triunfo de esa tendencia nefasta es el mejor
regalo que puede hacerse al gobierno”. J. W. Cooke, 5 febrero de
1959 (Tomo II, P. 148).
Los Partidos políticos y como punto de partida, podemos decir que
son agentes de organización y de representación política. A lo largo
de la historia argentina y en una extrema síntesis, coexistieron
dos tradiciones para pensar la finalidad, la forma de organización
y las tareas que ejercieron, ejercen y que “deberían” implementar
los Partidos. Por un lado, se ubica la tradición demoliberal burguesa
y por otra y vinculado a la figura de Yrigoyen, pero y particularmente
a la de Perón, transcurre la tradición del “Movimiento Nacional”
a la cual se va a referir Cooke a lo largo de las Cartas.
Los Partidos de la tradición demoliberal burguesa tienen una génesis
en el siglo XIX dado que son producto del afianzamiento del régimen
liberal aliado al mercado mundial. Estos Partidos institucionalizaron
el orden político de la oligarquía que es económicamente liberal,
políticamente aristocrático, socialmente desigual y culturalmente
neocolonial y dependiente de Europa. Dichos Partidos tuvieron en
su origen y poseen actualmente, la finalidad prioritaria de ser
un mero “agente electoral” y actúan como medios de representación
en el “mercado político” estableciendo agendas de gobierno y canalizando
demandas del electorado. Dichos Partidos se plantean representar
a “ciudadanos” individuales que actúan en el mercado político y
que son definidos de forma similar al movimiento de los factores
del libre mercado. En su mayoría, poseen una identidad difusa que
se modifica según el marco y el contexto de la alianza electoral.
Desarrollan una organización burocrática y profundamente cerrada
consolidando una cúpula profesionalizada con lógica propia en la
cual se toman las decisiones, que esta separada de los cuadros auxiliares
y los adherentes del Partido que se los convoca solo en períodos
electorales. El teatro de operaciones de estos Partidos son los
gabinetes empresarios, generalmente extranjeros, el Congreso y las
instituciones del gobierno. Su relación con la masa se opera a través
de los medios de comunicación de masas y/o la compra de aparatos
y estructuras políticas preexistentes. En tanto su condición de
clase los liga a la oligarquía, el capital financiero y a los grupos
económicos extranjeros, sus programas de gobierno enfrentan cualquier
posibilidad de desarrollo industrial independiente del país. A partir
de aquí, que escinden la práctica política de la transformación
social y económica a la cual definen como propia del “mercado”.
En
el reverso de este modelo de Partido demoliberal se ubica el Movimiento
Nacional producto del ingreso a las masas a la arena política en
el siglo XX. Juan Perón[1] se refirió a la muerte del demoliberalismo
y al nacimiento de nuevas formas políticas ya que:
(…) “la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada
en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino
dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes
multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las
de los grupos privilegiados. Esas masas ascendentes reclaman una
democracia directa y expeditiva que las viejas formas ya no pueden
ofrecerles” (…) La historia del demoliberalismo burgués es simple
y casi reciente. Cuando hace vente años el Justicialismo anunciaba
desde la Argentina la “Hora de los Pueblos” y su doctrina, el mundo
demoliberal y el soviético, apoyados por el imperialismo capitalista,
lanzaban ya su ofensiva contra nosotros con la acusación de “antiliberalismo”,
“demagogia”, “nazifacismo”, etc. Sin embargo, ha pasado el tiempo
y la evolución paulatina e irremediable ha ido alejándonos cada
día más de los supuestos liberales que ya en la segunda mitad del
siglo XIX comenzaron su fracaso, que se acentuó decisivamente con
el desarrollo económico del siglo XX y se hizo efectivo e irreversible
en la situación emergente de la Segunda Guerra Mundial”
A diferencia del Partido demoliberal el Movimiento puede ser un
“agente electoral” pero “no solo”, “ni necesariamente”, ese es su
único objetivo. Por el contrario, dentro del Movimiento existe una
herramienta política electoral (en este caso, denominada Partido
Justicialista) y otro conjunto de ámbitos organizativos. La trayectoria
de Cooke luego del golpe del año 1955 se ejerció dentro del Movimiento
que estaba impedido de actuar políticamente a través del Partido
sin por eso, desaparecer el peronismo que excedió en su conformación
ser una mera herramienta electoral. El Movimiento y dada su composición
de clase, se plantea representar “colectivos” organizados y no individuos
tal cual lo hace la tradición demoliberal. La noción de ciudadanía
típica de los Partidos Demoliberales deja paso a la de “pueblo”[2],
que involucra al conjunto de las clases y actores de un país enfrentados
al imperialismo y su socio local, la oligarquía terrateniente o
el capital financiero extranjero. Ya vimos como Perón denominó a
dicho conjunto de clases y actores capases de alcanzar el desarrollo
nacional y la industrialización, como Comunidad Organizada. En el
contexto de acción del Movimiento la política y la economía se fusionan
y la herramienta política es un medio de transformación económico
y social. Su condición revolucionario implica, obligatoriamente,
la necesidad de organizar al pueblo y es a partir de aquí, que el
teatro de operaciones del Movimiento es la nación en su conjunto:
A- se enseña la Teoría y se inculca la Doctrina[3] en las masas[4]
y en los cuadros políticos. Su práctica se desenvuelve en el marco
del Estado y las organizaciones libres del pueblo.
B- se organiza el Movimiento a partir de la acción en la totalidad
de la nación. Aparece dentro del Movimiento la rama sindical; una
barrial; una cultural; una juvenil; una femenina, las formaciones
especiales; etc.
El objetivo del Movimiento es alcanzar el desarrollo nacional y a partir de aquí que es, objetivamente, antiimperialista ya que enfrenta la dependencia estructural operada a partir del capital extranjero y sus socios internos. La inexistencia de industrias, la dependencia tecnológica y científica y el genocidio social del Tercer Mundo, reúne a diversos actores y clases en un mismo proyecto. El Movimiento es además, antioligaquíco, ya que el desarrollo nacional enfrenta a los poseedores de la riqueza social que en las naciones periféricas está, mayoritariamente, en manos del extranjero y sus aliados locales, la “oligarquía”. El proyecto de las minorías ligados a la metrópoli en el plano económico es agro exportador y dependiente; en el plano político es represivo y parasitario del Estado y actúa como la garantía de los intereses foráneos y el infra desarrollo del país.
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La tarea básica de un Partido demoliberal o un Movimiento Nacional y más allá de una u otra tradición, consiste en articular una fuerza social de manera mancomunada con el objetivo de desarrollar una disputa por la distribución del poder político, económico y social. En este sentido, se puede sostener que dichos entes son la manifestación política de la lucha de clases. En ambos casos y generalmente luego de alcanzar nivel de desarrollo considerable y sin mediar un golpe militar o acto similar, uno de los ámbitos de actuación de los Partidos intenta ser el Sistema Institucional[5]. Una institución es la cristalización jurídica de una relación de poder y el mencionado “Sistema Institucional” y tal cual lo dice su nombre, es un conjunto de instituciones y actores organizados y reglamentados jurídicamente a través de la acción de “funcionarios de carrera” y de “cuadros políticos”. Estos últimos son sujetos con capacidades de actuar en función de un proyecto político estratégico y se formaron, históricamente, en los Partidos o Movimientos. Un Funcionario de carrera es un sujeto con capacidades de gestión administrativa de los proyectos y a diferencia de un Cuadro político, se forman en la Carrera profesional[6]. En este contexto, la lucha contra la dependencia y el subdesarrollo neocolonial se da a partir de la organización del Movimiento, que hace de la nación una gran escuela en donde reclutar y educar a sus cuadros políticos para encarar el control del Sistema Institucional y el enfrentamiento de poder.
El Movimiento es un
agente de representación y de organización política que tiene una
función electoral, ya que del resultado de las elecciones depende
la posibilidad o no, de ocupar espacios en el sistema institucional.
Su condición de ser un agente de representación implica canalizar
y expresar demandas del pueblo; determinar las agendas de gobierno
y dar continuidad la ideológica a los miembros del Movimiento. En
tanto tiene una función de organización de la fuerza social para
disputar el poder, se entiende que debe mantener la unidad del movimiento
(organización y solidaridad entre sus miembros); dar orientación
ideológica y promover la unidad doctrinaria a los Cuadros y la masa;
y contribuir a que exista una unidad de “concepción” (conocer la
“doctrina” y la “teoría de la práctica”) y de acción. El Movimiento
se aboca a promover e implementar las vinculaciones con otros Partidos
y Estados con los cuales interactúa.
Dentro del Movimiento existe una estructura compuesta por “cuadros
de conducción” que desarrollan la estrategia; “cuadros auxiliares”
que aplican la táctica y ofician como intermediarios con los adherentes
y la masa del pueblo cuya finalidad es que este organizada y educada,
elementos sin los cuales no se puede conducir. En este contexto
adquiere suma importancia estratégica la formación de los cuadros
políticos de conducción y auxiliares.
La historia de los Partidos políticos que acompañaron a Perón es
relativamente corta. El primero fue el Partido Laborista que como
ya mencionamos, fue fundado luego del 17 de octubre y disuelto tras
la unidad de los partidos de la revolución en el año 1946. El Partido
único, luego Justicialista, fue el instrumento electoral que dio
el triunfo al gobierno en todas las oportunidades en las cuales
se presentó a las urnas. Elecciones mediante, el peronismo más que
un Partido, se caracterizó ante todo y desde sus orígenes, como
un Movimiento, conformado por distintas expresiones de la sociedad
argentina, a diferencia de la U.C.R. o de los partidos Socialista
o Conservador, que poseían una estructura partidaria clásica.
El golpe de 1955 trajo
nuevos desafíos al Partido Justicialista, dada la imposibilidad
de practicar las elecciones y disputar el poder en las urnas, lo
cual llevó a Cooke replantear los métodos de la acción política.
El Partido Justicialista con Perón en el exilio y proscrito y desde
la óptica de Cooke, no llegó nunca a ser el elemento de conducción
que la historia exigía. Por el contrario, Cooke se refirió críticamente
el comportamiento los cuadros políticos al mando del Partido a los
que acusó, en muchas ocasiones, de no resistir la acción de los
militares en 1955 y de pactar con diversos dirigentes de la oposición.
Las causas de esta práctica eran diversas. Cooke le mencionó a Perón
en varias oportunidades que la formación ideológica de los cuadros
de conducción era deficiente. Otra cuestión de suma importancia,
tuvo que ver con los métodos de lucha empleados por el Movimiento
ante una dictadura que prohibió las elecciones. En este contexto
Cooke consideró que el Partido Justicialista debería actualizar
su organización para la resistencia o en su defecto, no tenía razón
de existir ya que y en sus palabras del 5 febrero de 1959 “no estoy
exagerando en un ápice la importancia del Partido Justicialista.
Como no creo que nosotros podamos llegar al poder por un proceso
democrático y normal, no considero al Partido Justicialista como
el medio de cumplir los objetivos finales” (Tomo II, p 149). Según
Cooke uno de los dramas centrales del Partido tuvo que ver con que
sus dirigentes tenían un punto de vista meramente electoralista,
a partir del cual se cerró la posibilidad de desarrollar una política
revolucionaria e insurreccional. No plantearse la vía insurreccional
bajo un sistema político que bloqueaba la alternativa electoral,
hacía del Partido una cáscara vacía sin una función concreta acorde
a los desafíos de la resistencia.
Siguiendo
con las críticas y tal cual Cooke mencionó en la nota del epígrafe,
el Partido podía ser el camino para que “entre la corrupción” y
se formulen acuerdos con los adversarios de Perón y del Movimiento.
Las incapacidades y responsabilidades del Partido luego del año
1955 fueron mencionadas por Cooke en Carta del 24 de julio de 1961
cuando estableció que “los que hemos tenido la preocupación de meditar
sobre las causas de nuestra caída del gobierno, computado tanto
los factores que en un momento dado fortalecieron el frente cipayo
como las fallas internas que entonces afloraron, hemos atribuido
la máxima importancia a una debilidad estructural que resultaba
de tener un líder revolucionario y una masa revolucionaria pero
también una capa burocrática -sindical, política y administrativa-
que hacía de aislante y no de mecanismo de transmisión, de freno
y no de ejecutora de una política revolucionaria. (...) Es allí,
en esas posiciones ideológicas absurdas y reaccionarias, donde está
el mal y donde radica nuestra debilidad (Tomo II, Pp. 181-182).
En este cuadro y pese a que Cooke fue interventor en el Partido
luego de junio del año 1955, su tarea se centró en la formación
de los Comandos clandestinos y de las organizaciones extra partidarias
ya que y en sus palabras del 25 de junio de 1958 en el Partido “el
proceso de desintegración no se detuvo en ninguna estructura, y
para la acción contra la tiranía hubo que valerse de los Comandos,
nuevas formaciones que nada tenían en común con las formaciones
políticas partidarias. (...) Por eso he luchado tanto por la incorporación
directa de los obreros a los cuadros dirigentes partidarios, para
que ese contacto no se debilite” (Tomo II, Pp. 78-79).
En la Carta del 3 de marzo del año 1962 Cooke estableció una diferencia
clara entre los miembros del Partido y los gremios y desde Cuba
sostuvo que “aquí estuvieron los gremialistas metalúrgicos (Vandor,
Niembro, etc.). Recorrieron, vieron las cosas y comprendieron. Cuando
se hacía la conferencia en Punta del Este, las 62 dieron una magnífica
declaración. Los cuadros políticos, como son conservadores y están
mentalmente congelados en el año 1945, nos están abochornando en
toda América” (Tomo II, P. 212).
Con posterioridad a la elección a la gobernación de Buenos Aires
que culminó con la caída de Frondizi, Cooke se refirió críticamente
a los miembros del Partido. En la Carta del 15 de junio del año
1962 y adelantándose varios años a la futura organización de la
izquierda peronista, estableció que existía una contradicción entre
la “tendencia revolucionaria del Movimiento” y las “posturas reaccionarias”
ya que los “cuadros intermedios que vienen de la vieja burocracia,
que sólo conciben la política en los marcos tradicionales, ansiosos
por congraciarse con los factores de poder y temiendo ser acusados
de peronistas” (Tomo II, P. 228).
Eduardo Gurucharri mencionó una de las últimas participaciones públicas
de Cooke, que no por casualidad, fue en el Plenario del Peronismo
Revolucionario del año 1968 que marcó un hito importante en la conformación
de la “tendencia revolucionaria” del peronismo. Dicha corriente
política y tal cual mencionó Cooke más arriba, iba a aparecer como
una alternativa a las “conducciones burocráticas” del Movimiento.
En palabras de Gurucharri:
(…) “la apreciación de Cooke databa de 1964. Ahora era el momento y la gente del Bebe, Acción Revolucionaria Peronista, también estaba de acuerdo”. (…) “Debe rechazarse toda ilusión idealista de contar con las masas como acto reflejo por la sola presencia de un grupo armado”, había insistido Rearte en el documento de convocatoria. La idea, un tanto confusa aún, era crear una especie de partido de la izquierda peronista, aunque esas palabras no se usaran. Una plataforma donde hubiera lugar para representantes de las incipientes formaciones guerrilleras que estaban organizándose, aunque todavía no actuaran públicamente, para los sindicalistas de la CGTA y para las diversas agrupaciones políticas y del ámbito de la juventud y el estudiantado, apoyada en una red de organizaciones de base barriales y comandos fabriles” (…) “Roberto Sinigaglia, Jorge Gil Solá, Raimundo Villaflor y Bruno Cambareri representaban ARP. El domingo por la tarde, 19 de agosto de 1968, llegó Alicia Eguren acompañando al Bebe. Gil Soria fue el primero en reaccionar. Se paró y empezó a aplaudir. Los treinta o cuarenta reunidos lo siguieron. Un aplauso largo y un tanto asordinado por las circunstancias de la reunión, saludó la que sería la última aparición pública, si se puede calificar así la concurrencia a una asamblea clandestina, de John William Cooke. Estaba gravemente enfermo y todos lo sabían”.[7]
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Tal cual pronosticó Cooke y luego de su muerte, se desarrolló la
“tendencia revolucionaria” del peronismo que intentó desplazar a
las “conducciones burocráticas” del Movimiento. Lo que no pudo percibir
Cooke fue el fuerte enfrentamiento entre corrientes internas del
Movimiento, Ezeiza y primero de mayo incluido. Asimismo y
cuestión importante, Cooke no percibió la dinámica violenta y confrontativa
que adquirió el debate de Montoneros o las FAP con Perón y luego
de casi dos décadas de lucha por su regreso. Cooke había planteado
y con razón, que el Partido Justicialista iba ser el instrumento
de penetración neocolonial, cuestión que finalmente se confirmó
en los hechos. Ahora bien y pese a eso y en el plano de la mera
especulación, cuesta pensar que Cooke pueda haber justificado el
enfrentamiento directo de la Tendencia con Perón y más allá de las
provocaciones de la derecha peronista y el imperialismo que fueron
en ese sentido. Cooke y pese a que discutió con el líder, lo reconoció
como dirigente máximo del proyecto y como un legítimo conductor
de la liberación nacional al cual había que acompañar conjuntamente
al pueblo.
[1] Perón Juan, “La Hora de los Pueblos”, Ed. Norte, Madrid, 1968.
Pp. 14-15.
[2] Ernesto Laclau desarrolló un prolifero debate en relación a
la noción de “pueblo” y de “populismo”. En sus palabras, “el pueblo
no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre
agentes sociales. En otros términos, es una forma de constituir
la unidad del grupo. No es, obviamente, la única forma de hacerlo;
hay otras lógicas que operan dentro de lo social y que hacen posibles
tipos de identidad diferentes de la populista”. “La razón populista”,
Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005. Pp. 97-98.
[3] (…) “Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas
de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia
síntesis, solamente el enunciado de innumerable problemas; pero
la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico
de los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya
toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis
surgen las formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría.
Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina y
una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles”; (…)
“las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero
es necesario ir adaptándolas a los tiempos, el progreso y a las
necesidades” (…) “lo importante en las doctrinas es inculcarlas,
vale decir, que no es suficiente conocer la doctrina: lo fundamental
es sentirla, y lo más importante es amarla” (…) “La Teoría es solamente
la interpretación inteligente de la doctrina y la forma de ejecutarla
es ya la acción mecánica en el empleo del esfuerzo llevarla a cabo”
Juan Perón, “Conducción política”. Ed. Secretaria de la Presidencia
de la Nación, Buenos Aires, 1974. Pp. 5-9.
[4] (…) “En esto, como en todo lo demás, se comienza a construir
desde abajo y nunca desde arriba. Es inútil dar a una masa inorgánica
y anárquica un conductor. Lo van a colgar. Primero hay que formar
esa masa” (…) “Esto es simple: un conductor, por genial que fuese,
no podría llegar a cada uno de los millones de hombres que conduce.
Hay una cosa que debe marchar sola; es decir la doctrina, que pone
a todo el mundo “a patear el mismo arco”. Luego está la organización,
que le da unidad en la ejecución de las cosas”. Perón Juan, “Conducción
política” (1974). P. 35.
[5] (…) “Cuando observamos el sistema institucional, lo común es
ver al: gobierno y sus ministerios, con sus funcionarios y cuadros
políticos; el Parlamento y sus comisiones, con sus cuadros políticos
y asesores de partido político; los Partidos Políticos con sus cuadros
políticos y militantes. En síntesis, observamos, al ejecutivo del
gobierno como coordinador de una constelación de cuadros políticos
y funcionarios organizados en ministerios, Secretarias subsecretarias
y jefatura de gabinete. También al parlamento en su juego de presiones,
regateos y acuerdos entre partidos políticos; oficialista y oposición”.
Walter Formento “El Sistema Institucional Político de Dominación”
(Conducción, Liderazgo, Represión). Ed. Centro de Investigación
en Política y Economía (CIEPE), Buenos Aires 1998.
[6] Walter Formento (1998) “El Sistema Institucional”.
[7] Gurrucharri Eduardo, “Un militar entre obreros y guerrilleros”
(2001). Pp. 245-247.
Fuente: www.sociologia-tercermundo.blogspot.com

John
William Cooke
Vida y reflejos
Por Floreal A. Ferrara
John William Cooke: peronista,
radical y socialista. Puro patria y pueblo. Diputado por el peronismo
entre 1946 y 1952, siempre crítico y siempre patriota. El 16 de
junio apareció en la plaza de Mayo con la 45 listo a morir por la
Patria.
Participó en la resistencia, siempre fiel a Perón y fue preso por
eso. El general Perón lo reconoció como el único dirigente político
100% leal. Articuló las relaciones del peronismo con los movimientos
revolucionarios de todo el Tercer mundo y con Cuba. Murió antes
de ver los fuegos de 1969-73, en 1968, mientras caían los guerrilleros
de Taco Ralo.
Vayamos por partes.
El Bebe, el gordo Cooke, el John William, era platense, de la calle
50 entre 4 y 5. Lo era desde el 14 de noviembre de 1919.
Devorador de literatura, gran jugador de poker, no de naipes, que
asimila con juegos de tono español y cuando más de truco criollo,
pleno de picardía y de astucia: no; el Bebe era gran jugador de póker, digno de fullerías y caballerosidades, solo compatibles con
florilegios de un señorito inglés, que puede defender su partida
en simples gestos de coraje silencioso, o de desplantes belicosos,
si alguien transgrede las reglas elementales del fair play un simple
caballero inglés, en la arrogancia íntima de una carta - al todo
o nada, en el simple pase a barajas, porque la partida, no da para
más...!
Pero ese jugador de etiqueta sajona, bailaba el tango - como ninguno,
y si el entrevero daba para más, cada corte o quebrada podía abrir
el íntimo - chamuyo de un varón, para la mina que había caído en
su mirada...
Bailarín y chamuyador, hombre de poker y de silencios..., siempre
arropaba una frase de la gran literatura, como sobrando al acontecimiento,
ese que como piensa Badiou, el Alain Badiou de la filosofía francesa
que él no alcanzó a conocer, la búsqueda real de la filosofía se
condiciona por los procedimientos de tal verdad que están en - la
ciencia; el arte (el poema), la política y la verdad amorosa.
A mi se me da, que el
Bebe, le chamuyó al francés, desde el otro mundo, este recorrido
inmenso del nombre de la verdad, poniendo a su servicio, esa subjetividad
interminable, que blandió en cada uno de esos procedimientos...
Con ellos, con esos procedimientos, construyó su huella antioligárquica,
recorrida sin pausas, sin pedir disculpas, ni piedad, ni permiso,
en la edificación como nadie por la liberación nacional.
Así junto a Avelino Fernández y a Sebastián Borro, estará identificado
contra la ignominiosa entrega al extranjero de nuestro patrimonio
y levantando esa calificación inmejorable del peronismo como el
hecho maldito de la política burguesa argentina.
Si de platense se trata y en épocas lejanas, debemos advertir su
paso por la Unión Universitaria Intransigente, allí, con Juan Cornejo
y con Rene S. Orsi, el filoso y fiero polemista e historiador de
la patria en rebelión para presagiar su independencia, creció su
militancia política, aún en situación ambigua. El hombre, Orsi,
que revivió en sus páginas las epopeyas de Dorrego, Alem, Jauretche
y Scalabrini, como la de San Martín y Artigas tal vez señalando
una huella que el Bebe también recorrerá.
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Pero hay otra influencia, es la de César Marcos, el autodidacta que se pegará a los libros que le permiten atender a nuestro revisionismo histórico.
César anuda con el Bebe
esa amistad intensa que endereza la literatura, la historia, la
pasión nacional y los fasos y los tragos. Y llegará el 17 de octubre
y el Bebe, con los obreros en la Plaza de Mayo, despega sin demoras
y ahora sin dudas, un trajinar antiimperialista y popular.
Después llegará la diputación el 24 de febrero. El Bebe será diputado
y el peronismo le impondrá a la burguesía, su tormenta con ráfagas
de ciclón; los delegados de fábrica, los convenios colectivos, precios
máximos, aportes jubilatorios, pleno empleo, salarios en aumento,
aguinaldo, justa y digna legislación laboral; salud pública con
la revolución de la capacidad instalada, de Carrillo y la vigencia
nítida de los trabajadores en el poder político... allí está el
Bebe, siempre con el consejo y el aliento de César Marcos, ahora
su secretario y siempre su amigo.
Juntos elaboraban y defendían ese planteo que los diarios de la
oligarquía calificaban como el ritornello antiimperialista...
Entonces llegará con la caída del peronismo, la resistencia, la
clandestinidad, la prisión, y detrás de esa resistencia, se agranda
la figura del Bebe como el hombre de mayor confianza del Perón exiliado.
Recordemos a la lucha en el Frigorífico Lisandro de la Torre; fue
un 17 de enero de 1959. Sebastián Borro encabeza la rebelión. Hasta
Vandor, no buen amigo de Sebastián, acepta en llamar a la Huelga
General. El propio Sebastián señala que Cooke no organizó la huelga,
pero se solidarizó de inmediato con los trabajadores.
Allí, en su proclama dice:
No sabemos si este movimiento es subversivo, eso es una cuestión
de terminología y en los países coloniales son las oligarquías las
que manejan el diccionario.
La Huelga se profundiza, Frondizi, el presidente, convoca a los
dirigentes gremiales para dialogar. Van Sebastián, Avelino Fernández,
Jorge Di Pascuale y algún otro.
Borro le dice al Presidente, mientras Ud. vaya a los EE.UU a entregar
nuestro patrimonio, nosotros le vamos a parar el país...
Mire, mocito le dice Frondizi, yo no voy a aceptar sus intimidaciones...
y los dirigentes se retiran y comienza la represión, con el Ejército
y la gendarmería; con tanques, embisten los portones, los derriban
y el ejército, con gases y balas toman el Frigorífico.
El pueblo sale a la calle. Mataderos es una cerrada resistencia
popular...
Cooke logra pasar al Uruguay... acusado de subversivo...!
Llegará abril del 60
y Cooke invitado por la Revolución va a Cuba... Lo confunden a su
llegada y lo detienen, allí llega el Che y Cooke puede asistir a
la reunión a la que fue invitado.
En Cuba, su militancia lo lleva a defender la revolución, hasta
con las armas, frente a la invasión de la Bahía de los Cochinos.
Siempre creyó que:
• El peronismo es el hecho maldito del país burgués y que aunque
se trate de un movimiento policlasista es la clase trabajadora la
que lo debe conducir.
• El hecho maldito del país burgués; en términos de hoy:
• El hecho antagónico de la burguesía...
Ha terminado la relación dialéctica, para convertirse en una certera
relación antagónica..., entonces será revolucionaria, o no será...
Casi como los ecos vivos de Eva Perón proclamando el estado revolucionario
del peronismo.
[Floreal A. Ferrara, militante social y político que fuera Ministro de Salud de Oscar Bidegain y de Antonio Cafiero en la Pcia. de Bs. As., es un destacado medico y sanitarista, discípulo del Dr. Ramón Carrilllo, primer Ministro de Salud de nuestro país.]
florestanrodriguez@ciudad.com.ar | www.elortiba.org

Carta
al compañero Alhaja, comandante Uturunco
Nota relacionada:
Uturuncos
Querido compañero Alhaja (*)
Con gran emoción humana y revolucionaria recibimos su carta del
23 de junio. También, por intermedio de un argentino que estuvo
preso en el penal de Viedma tuvimos noticias de Mena y Oliva. En
todo este tiempo no ha pasado por acá un compatriota identificado
con Cuba y que entienda el problema argentino al cual no le hayamos
pedido que no se movilizara por ellos. Les escribimos inclusive
por intermedio de abogados de confianza para que se comunicaran
con ellos. Por fin ahora, por intermedio del camarada P., que es
quien estuvo con ellos, tenemos noticias directas de ambos y de
Olga[1], de quien sabemos que está bien, que no la molestan, y que
tiene un chiquito que sin duda saldrá un revolucionario de primer
orden, nacido de esos padres, y en estos tiempos. Para ella y para
el chiquito, así como para todos los heroicos compañeros que hoy
sufren cárcel y persecución por plantear por primera vez una forma
definitivamente revolucionaria de lucha en el país, nuestro más
entrañable afecto y nuestro constante recuerdo.
Alhaja, si quizás usted estuvo con un compañero abogado del Partido
Socialista Argentino, abogado, defensor de presos, el compañero
Elías Semán, que anduvo por acá un tiempo largo, sabrá cuales fueron
los inconvenientes insalvables entonces, por lo menos para nosotros,
para que usted y otros compañeros pudieran venir acá. Puede usted
buscarlo y hablar con él.
Muchos los llamaron, sin duda alguna "aventureros". Yo quisiera
saber qué hicieron en concreto los que eso dicen. En la lucha revolucionaria
siempre es igual. El que triunfa es un héroe nacional; el derrotado
es un provocador. La historia, por lo demás, la escriben los triunfadores.
Si Lenin no hubiera tomado el poder en Octubre hubiera quedado como
un espía alemán. Si Fidel no hubiese triunfado en Sierra Maestra,
dirían de él hoy que fue un loquito, niño bien, que desató la represión
contra el movimiento obrero. Eso no quiere decir, como usted bien
expresa, que no haya que sacar conclusiones y experiencia. Si el
núcleo inicial se hubiera podido consolidar, quizás otra sería la
situación del país hoy, aunque la lucha no hubiera concluido y aun
cuando después de un tiempo los hubieran aniquilado. Ustedes intentaron
ser "el motor pequeño que pusiera en movimiento, que desencadenara,
que largara a andar al grande", para decirlo con palabras de Fidel
al referirse a ellos mismos al embarcarse en el Granma. Es indudable,
sin embargo, que un núcleo inicial, por pequeño que sea, debe tener
disciplina militar rígida, una dirección política UNICA e indiscutida,
una organización vertical sin vacilaciones. Y usted recuerda que
no fue así. Cada vivo quería la paternidad, cada sector la dirección
política, y eso se aceptó a pesar de que, a ojos vista, era un error
grave. Pero no es el momento de estar echando nada en cara, porque
lo importante, lo fundamental, es que la experiencia fue válida
y también fue heroica, y ojalá todos los doctores en revolución
del país tuvieran la mitad del espíritu heroico, de la resolución,
de la clara visión en cuanto a la concepción del problema, que ustedes
tuvieron.
El hecho de tener que moverse dentro -principalmente- de un movimiento
inmenso pero inorgánico, en el cual muy pocos dirigentes tenían
o tienen una visión más o menos claras de las cosas, y sí ambiciones
suicidas en cantidades agobiadoras, hizo todo muy difícil por no
decir intransitable.
Por lo que usted me dice, comprendo que están formando cuadros y
dando instrucción tanto doctrinaria como específicamente militar.
Eso es lo que corresponde, a mi entender. La difusión de la Revolución
Cubana, no su aprovechamiento, ayudará enormemente a crear en el
país, sobre todo en grupos juveniles, la idea de cuál es la salida,
cualesquiera sean las combinaciones electorales actuales, combinaciones
que nada lograrán.
Mi comunicación con ustedes ha sido hasta ahora imposible. Por primera
vez, por intermedio de Tristán[2], recibo una carta suya. En una
oportunidad Alicia[3] les envió a Montevideo una carta de 40 carillas
explicándoles este proceso hasta fines del año pasado. No se si
usted alcanzó a leerla. Desde entonces a ahora el proceso se profundizó
inmensamente, y las circunstancias mundiales se han tornado incalculablemente
favorables.
Los americanos no pueden
voltear una revolución socialista a 90 millas de sus costas. Quiere
decir mucho, como casi lo más importante para nosotros. Los países
socialistas no abandonan sino que se juegan en la defensa de los
movimientos de liberación en América Latina. Quiere decir algo tan
importante como lo anterior. Las juventudes de todos los partidos,
y fuertes sectores aun de los partidos tradicionales comienzan a
tener la clara visión de que el ajedrez electoral no resuelve nada,
y que tampoco nada se puede resolver en el país si las masas peronistas
no se movilizan revolucionariamente. El mundo del ‘61 no es el del
‘55, ni siquiera el del ‘59. Saltando el cerco doméstico de las
pequeñas cosas que todo lo nublan, el panorama de todas partes se
aclara rápidamente y positivamente en el sentido de las revoluciones
populares. ¿Qué hacer entonces? Pues construir la vanguardia de
la revolución para realizar la insurrección popular, por un método,
por otro, o por varios combinados. Pero lo fundamental es tener
cuadros, y muchos cuadros, porque en la lucha se necesitará mucha
gente y segura, y disciplinada, y con experiencia, que es lo que
todos vamos adquiriendo. No hay que tener temor de decirle las verdades
al pueblo, y debemos destruir el terrorismo ideológico que pretenden
imponernos nuestros enemigos, así como la pasividad y el pacifismo
de nuestros aliados en la lucha contra el imperialismo. Pacifismo
puramente local, por otro lado, porque esa no es la línea en otros
países, y eso poco tiene que ver con el marxismo leninismo. No hay
que tropezar con ninguno de esos dos muros, y no hacer concesiones,
sino tácticas. Cuando se tiene un estado mayor, es decir cuadros
esclarecidos y disciplinados, y una línea estratégica clara, se
pueden y se deben hacer todas las concesiones tácticas necesarias.
Mi querido compañero, mi querido hermano, permítame que así lo llame
porque así lo siento, así lo sentimos a usted y a todos ustedes,
porque el primer sentimiento que debe unir a los compañeros revolucionarios
es una fraternidad profunda y más honda que cualquier otro sentimiento
afectivo; la revolución social, es decir, la revolución socialista,
avanza rápidamente en el Continente a partir de Cuba. La diferencia
está en si la hace esta generación o llega aburridamente en una
vuelta del cohete de Gagarin o de Titov. De cualquier manera llegará.
Pero nosotros la queremos en esta generación, y peleada con sangre
criolla. Intentaré nuevamente el viaje de ustedes. Por lo menos
de usted y de algún otro compañero que usted indique. Esta es, sería
para todos ustedes una experiencia demasiado preciosa, demasiado
inmensa como para que nos resignemos a que no la realicen. Aquí
aprenderán en muy poco tiempo lo que durante años no podrán aprender
allá ni en ninguna parte, me atrevo a decir, porque esta es la revolución
social en español, el socialismo en Latinoamérica y surgido de la
tierra, con un vigor, con un sentido heroico, con un feroz sentimiento
nacional como pocas veces se ha dado en el mundo. No quiero prometer
cosas que no dependen de mí. No le puedo decir: prepárense para
venir a Cuba porque no tengo la absoluta certeza de conseguirlo.
Pero de todos modos le digo que usted, y dos o tres de los mejores
muchachos consigan pasaporte, con el nombre que sea, que se estén
en contacto con Tristán, que intentaremos nuevamente. Si tuvieran
que comunicarse con nosotros, pueden hacerlo a nombre de: PRIMON
DEL CASTILLO. NEPTUNO 973. LA HABANA. CUBA/ La carta debe ser despachada
de Montevideo. Tan pronto como tengan los nombres de los pasaportes,
háganlo, por favor.
Le envío un trabajo, aunque primera redacción, que es útil que lo
lean, comenten y difundan. Es un programa para el movimiento. Es
importante que lo hagan conocer, porque clarificar el nivel ideológico
del pueblo es fundamental para toda nuestra lucha. Si el pueblo
no entiende, cuando llegue el momento de cualquier forma de lucha,
o bien no la hará, o más adelante se presentarán inconvenientes
insalvables. También le envío colecciones de OBRA REVOLUCIONARIA.
No son discursos políticos. Cada discurso (deben ser leídos en orden)
es una explicación, un desarrollo, un anuncio de una ley revolucionaria.
Siguiéndolos, pueden ustedes estudiar analíticamente este proceso
que será el de toda nuestra América, ya que toda revolución, a esta
altura del proceso, es socialista.
Estoy terminando otro trabajo que se llamará: CUBA, INFORME A LAS
BASES PERONISTAS. También se lo haré llegar.
Hágame saber si recibió esta carta, y le seguiré escribiendo. Tengo
la esperanza de tenerlos pronto por acá. Un abrazo muy afectuoso
de Alicia y de
[John W. Cooke]
(*) Alhaja: Genaro Carabajal, uno de los comandantes
Uturuncos.
[1]Hermana de "Alhaja" y esposa de Mena.
[2]Se trata de Héctor Tristán, llamado el "Worker" o el "workman"
por su condición de obrero metalúrgico. Fue un hombre muy cercano
a Cooke sobre todo en el período que va de 1955 a 1960. Falleció
en Buenos Aires en el año 1994.
[3]Se trata de Alicia Eguren, esposa de John William Cooke y militante
de la tendencia de izquierda del peronismo. Está desaparecida desde
el año 1977.

Universidad
y Movimiento de Liberación Nacional desde la óptica de John William
Cooke
Por ARITZ E ICIAR
RECALDE
[De: Universidad y Liberación Nacional.
Un estudio de la Universidad de Buenos Aires durante las tres gestiones
peronistas: 1946-1952, 1952-1955 y 1973-1975.
[Imagen: Cooke por Franco Venturi, artista plástico nacido en Italia en 1937 y desaparecido por la dictadura argentina en 1976]
En este apartado intentaremos reflexionar sobre ciertos ejes temáticos del proceso político inaugurado en 1955 y la manera en que se transformó abruptamente la vinculación entre la universidad y el peronismo proscripto. En este marco, será primordial analizar la forma en que se operaron las grandes mutaciones en el ámbito de la universidad y demás esferas de participación de la clase media. Optamos por presentar el pensamiento de Cooke como eje vector de este apartado y no el de otro autor, por su capacidad de desarrollo de un bagaje conceptual que nos permitirá identificar varios de los debates centrales del período en relación al rol de la juventud dentro del peronismo y su lugar en las luchas de liberación nacional. En este sentido, deberíamos aclarar que Cooke no será el intelectual más representativo de los estudiantes y docentes de la UBA durante las décadas de 1960 y 1970, entre otras cuestiones, por su pronta muerte en 1968 y además, por el hecho de que su ámbito de influencia y sus actividades concretas, pocas veces estuvieron circunscriptas a la universidad. Por el contrario, Cooke será fundamentalmente un referente de la militancia partidaria y sindical más que un armador político en la universidad.74 Otros intelectuales como Ortega Peña, Juan José Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Abelardo Ramos, Roberto Carri, Silvio Frondizi y Rodolfo Puiggrós, entre otros, serán claros referentes de los estudiantes universitarios e incluso, varios de ellos se desempeñarán como docentes y funcionarios de las casas de altos estudios.
Tras el golpe de 1955,
el programa de la universidad de 1946 fue barrido conjuntamente
con la Constitución Nacional y con muchas de las instituciones del
peronismo75, proscripto hasta el año 1973. En este esquema político,
las prácticas y los desafíos del movimiento popular serán otras
y la universidad se verá profundamente transformada. En este contexto,
se inscribirá el pensamiento y la práctica de John William Cooke,
en torno al cual no ahondaremos en cuestiones biográficas ya que
éstas han sido trabajadas pormenorizadamente en otro texto.76 Hecha
esta salvedad, tengamos en cuenta que este apartado se ocupará únicamente
de algunos debates de la década de 1960 que nos permitirán tener
una idea más clara del proceso que experimentó la militancia estudiantil
y el cuerpo docente, durante las décadas de 1960-1970 y particularmente,
en el año 1973.
Estos planteos, no exentos de contradicciones y conflictos, se irán
definiendo y consolidando en un programa político y en una institución
universitaria con un perfil determinado que plasmará en la ley Nº
20.654: Ley Orgánica de las Universidades Nacionales, producto de
la sustitución de la Ley Nº 17.245, que será sancionada el 14 de
marzo de 1974 y promulgada el 25 de marzo de 1974. Presentaremos,
entonces, algunas ideas que aparecen en el período histórico que
transcurre entre las décadas que van de 1940 tratadas en el apartado
anterior-, la política nacional y las transformaciones producidas
en la UBA y en la clase media en general entre 1955 y 1970. Junto
a las formulaciones de Cooke abordaremos un conjunto de tópicos
que nos permitirán entender la estructura del Movimiento de Liberación
Nacional en su paso de la década de 1940 a la de 1970.
Gráficamente intentaremos: -Aproximarnos a un conjunto de conceptualizaciones
del Movimiento Peronista durante el período comprendido entre 1955-1970.
-Establecer algunas características acerca de la relación entre
la universidad y el peronismo con posterioridad al golpe de 1955.
-Abordar algunos lineamientos conceptuales generales acerca de los
esquemas ideológicos de la década de 1960, que con distintos matices,
van a ser representativos del debate en la universidad durante la
gestión Cámpora.
Con respecto al pensamiento de John William Cooke, nos centraremos
en un texto denominado "Universidad y país"77, trascripción de una
conferencia dictada en Córdoba, el 4 de diciembre de 1964, en la
cual el autor reflexiona en torno a la universidad nacional en su
vinculación con el peronismo.
1-BREVE BIOGRAFÍA DE J. W. COOKE John William Cooke, ciudadano argentino,
nació en el año 1919. Fue diputado durante el primer gobierno peronista
(1946-1952). En el año 1955, Perón lo nombrará interventor del Partido
Justicialista en Capital Federal tras el bombardeo e intento golpista
protagonizado por un grupo de militares y civiles enemigos del modelo
nacional, industrial y popular del peronismo. Con posterioridad
al golpe militar, Cooke caerá preso y tras su fuga de la cárcel
de Río Gallegos en 1957, será uno de los principales organizadores
de la Resistencia Peronista y jefe de la "División de Operaciones
del Comando Superior", centro de mando para la coordinación y el
desarrollo de la reconstrucción del peronismo para el regreso al
poder. Un par de meses antes y corriendo el año 1956, Perón lo nombrará
su primer representante en Argentina y único heredero en caso de
su fallecimiento, cargo que ocupará hasta el año 1959, cuando será
sustituido por el "Consejo Supervisor y Coordinador del peronismo"
con dirigentes más cercanos a lo que Cooke establecía como la línea
"burocrática" del peronismo. Ese mismo año participará en la fracasada
formación de la Huelga general Insurreccional del frigorífico Lisandro
de La Torre. Destituido de su cargo y ya corriendo el año 1960,
viajará a Cuba en donde será miliciano a favor de la revolución
castrista en la isla con el desembarco en Bahía de los Cochinos.
En el año 1962 estará cercano a las figuras de Ernesto Guevara y
de Masetti, protagonistas de un proyecto de desarrollo de la lucha
insurreccional en Latinoamérica, que será truncado por la muerte
de Guevara en Bolivia y de Masetti en el norte argentino. Participará
además, en la formación de la Acción Revolucionaria Peronista (ARP)
que oficiará como unos de los primeros esbozos de desarrollo de
la lucha armada en Argentina para lograr el regreso de Perón a nuestro
país. Antes de analizar el pensamiento de Cooke en torno a la problemática
que nos interesa, haremos un breve recorrido histórico en torno
a la universidad posterior al golpe de 1955.
NOTAS
74 Ver apartado sobre las organizaciones estudiantiles peronistas.
75 Por ejemplo, la eliminación de los sectores nacionalistas de
las FFAA sería uno de los principales objetivos de la estrategia
norteamericana para el Cono Sur. Los militares golpistas pos 1955
cumplirían este mandato augurando la tragedia que conducirían en
el año 1976. Para terminar con la institución militar nacionalista
e industrialista los EEUU otorgarían material pedagógico a las academias
militares argentinas y en el año 1956 invitarían a una promoción
del Colegio Militar a realizar un curso de formación. Estas actividades
se irían incrementando hasta inculcar entre los mandos militares
las nociones de "lucha antisubversiva y contrainsurgencia" practicadas
por los militares en Indochina. Datos de Chávez y otros (1993),
pp. 129-130.
76 Recalde (2006).
77 Todas las citas de Cooke que no especifiquen otra referencia
serán referenciadas como Cooke (1964).
Extractadas de Baschetti Roberto (Compilador), Documentos de la
Resistencia Peronista 1955-1970, Puntosur, Buenos Aires, 1988.
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Prólogo
de Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde a "Apuntes para
la militancia"
[1973]
El libro que prologamos
tuvo un origen bien concreto: la tentativa de acercar a las bases
del movimiento, es decir a la clase trabajadora peronista, una visión
histórico - política comprensible. Se trata de apuntes revolucionariamente
didácticos, escritos con alto sentido crítico, en tanto Cooke insistía
en la necesidad del auto-conocimiento permanente del Movimiento
Nacional Peronista.
(...) La burocracia que "rectifica los aciertos y reincide en los
errores", apunta a que la burocracia puede a los sumo en la mejor
de las hipótesis, es un cándido milagrerismo. La burocracia no es
para Cooke un conjunto de hombres más o menos malos o ineficaces.
Se trata en cambio, en lo interno del Movimiento, de una conducción
sin política de fines, o aún más concretamente, un sistema de conducción
de Movimiento que carece de una política de Poder.
Cooke tiene en claro que el peronismo tiene origen en el reconocimiento
de que el propio peronismo es un encuadramiento de las fuerzas populares
vertebrado en torno a la clase trabajadora.
Es exacto que desde 1955 el país sufre un "despotismo clasista"
y que la presencia del peronismo impedía que las clases dominantes
gocen tranquilamente de sus privilegios usurpados. Pero no es menos
exacto que a esa violencia del régimen, que está en la lógica de
las cosas y que nos confirma como su antítesis, el Peronismo se
limita a jaquearla pero no la suplanta revolucionariamente.
Cooke busca en la historia argentina los orígenes del Peronismo.
Desde ya participaba de una concepción revisionista de la historia
en tanto recuperación de una concepción nacional antioligárquica.
Va a insistir en la demostración de cómo movimientos nacionales
antecesores del Peronismo: el federalismo de Rosas, la montoneras
de Chacho Peñalosa, Felipe Varela y López Jordán; y el radicalismo
de Yrigoyen fueron derrotados en la lucha librada en la estructura
semicolonial de la Argentina. Es decir, la historia como experiencia
imposible para el político, y la analogía sirviendo de instrumento
de concientización de las masas, posibilitando una nueva estrategia
de poder que no repita los errores histórico-políticos allí analizados.
John Cooke no rehuye desde ya, sino que asume, un análisis clasista
del Peronismo, del cual surge que éste es el hombre político del
proletariado, en la semicolonia que es la Argentina.
La nueva situación
El paso de una ideología de protesta a una teoría revolucionaria
forma parte de la lógica necesaria de la lucha de liberación, es
uno de sus momentos básicos. En primer lugar es necesario desarticular
la supuesta racionalidad que bajo la apariencia de cientificismo,
encubre la "cultura" de dominación del Sistema.
Es cierto, sin embargo, que hasta ahora existe:
a) Una inadecuación entre el papel objetivo del peronismo y su supuesta
ideología-doctrina.
b) La ausencia de una teoría revolucionaria del peronismo coherente
y adecuada para la toma del poder.
c) Un desarrollo de la programación de un socialismo nacional.
Cooke
y la teoría revolucionaria peronista
En la formación de Cooke señala: "Todo planteo para la lucha a partir
del conocimiento de nuestra situación de país semicolonial, integrante
de un continente semicolonial". Por ello "cualquier política de
liberación debe ser, ante todo, antiimperialista". "La oligarquía
nativa es un subproducto que solamente será eliminado cuando se
liquide la influencia del imperialismo. La lucha entonces, es de
liberación nacional, para liberar al país y alcanzar el triunfo
definitivo".
"El nacionalismo sólo es posible como una política antiimperialista
consecuente".
Cumplida la regla primordial de identificación del enemigo, Cooke
analiza la naturaleza de la guerra librada por el peronismo. "Si
es una guerra librada contra el régimen, no podemos contar con los
que combaten "dentro" del régimen. Combatimos contra el sistema
y no contra una de sus variantes. Cooke remarca la existencia de
rebeldías toleradas dentro del Sistema como una categoría propia
del Sistema (nota: las marchas en reclamo de planes de asistencia
social podría encuadrárselas dentro de esta categoría).
"Un clima de rebeldías individuales puede durar indefinidamente.
Solamente cuando la rebeldía está coordinada y encausada en un movimiento
de liberación, adquiere la eficacia necesaria para luchar con éxito".
"No hay liberación sin el peronismo -explica Cooke- pero el peronismo
solo no puede hacer la liberación".
Afirma:
Que se necesita una movilización popular muy vasta
La orientación por un programa, inflexible en el mantenimiento de
ciertos principios fundamentales.
Suficientemente amplio como para superar las particularidades ideológicas
de los sectores que coinciden.
Los partidos políticos tradicionales no forman parte del Frente
de Liberación por la sencilla razón de que están en la trinchera
enemiga. No desean terminar con la opresión sino cambiar la mentalidad
de los oprimidos.
Autoconciencia y revolución
peronista
Marca como puntos de una
teoría revolucionaria peronista:
Sobre el voluntarismo y las masas: "Movimiento de masas en que la
salida revolucionaria sea la consecuencia lógica y la dirección
revolucionaria se convierta en la única posible".
La verdadera disyuntiva es entre una política reformista y una política
revolucionaria. Entre una política de grupos y una política de masas.
Una política revolucionaria equivale a unidad de teoría, metodología
organizativa y de lucha. Por ello lo que hay que cambiar no es el
equipo burocrático de turno: hay que cambiar los métodos (nota:
cuestión imposible con alianzas con los partidos tradicionales,
hoy también el PJ)
Hasta que la revolución no triunfe, sólo podemos esperar triunfos
tácticos. "Toda revolución es el final de un proceso, y hasta que
se cumpla ese proceso, solamente se anotan parciales.
"¿Quién ha dicho que porque el peronismo tenga una composición social
policlasista su ideología es también policlasista? El clasismo aparece
de ese modo como una tentativa ideológica de desmembrar el movimiento
nacional, de aislar a la clase trabajadora en nombre de un ideologismo
puro".
La ideología revolucionaria es la única que dará soluciones, no
solamente para la clase trabajadora sino también para los sectores
de nuestra burguesía que tienen una función constructiva que desempeñar
en las etapas de transición hacia nuevas formas de organización
de la sociedad. "No hay política nacionalista sino bajo la conducción
de la clase trabajadora, que movilice la voluntad nacional tras
la empresa revolucionaria de cambiar el orden social existente y
asegurar sus bases mediante el desarrollo independiente, hasta desplazar
del poder a las clases dominantes, la toma del poder por los trabajadores
y la construcción nueva.
El
peronismo: hecho maldito de la política burguesa
"El sistema capitalista en la Argentina está decrépito sin haber
pasado por la lozanía. Bajo el liderazgo de Perón, a partir de 1945
el país realizó su proceso democrático burgués, como imposición
de un frente antiimperialista cuya base de apoyo estaba en la clase
trabajadora y sectores de la clase media y sector nacionalista del
ejército".
"Al cerrarse las condiciones de prosperidad de post guerra, se agudiza
la lucha de clases. Las contradicciones se dan también internamente
en el seno del peronismo. El frente original amalgama fuerzas diversas,
se transformó en causa de debilidad" (nota: estas tensiones internas
elevó estos choques de baja confrontación a la más alta en los años
’70).
¿Qué es el peronismo? "Fue -define Cooke- el más alto nivel de conciencia
al que llegó la clase trabajadora argentina. La definición aparece
reformulada en un conocido reportaje a las FAR: ‘Nosotros no nos
integramos al peronismo, el peronismo no es un club o un partido
burgués al que uno puede afiliarse, el peronismo es fundamentalmente
una experiencia de nuestro pueblo y lo que nosotros hacemos ahora
es descubrir que siempre habíamos estado integrados a ella, en el
sentido que está integrado a la experiencia de su pueblo todo hombre
que se identifica con los intereses de los más’
La superación del peronismo
"El ejército revolucionario está nucleado tras sus banderas
y el peronismo no desaparecerá por sustitución sino mediante superación
dialéctica, es decir, no negándoselo sino integrándolo en una síntesis".
Pero el problema aquí aparece, aunque correctamente solo apuntado:
"El peronismo jaquea al régimen...pero sólo con métodos revolucionarios
podrá suplantarlos".
Por de pronto describió algunas de las características del Método:
"Si tomamos como punto de partida que la liberación no se consigue
derrotando al grupo gobernante sino terminando con la dominación
imperialista, se perfila con bastante nitidez el carácter de la
lucha". Al analizar la política del Sistema en materia electoral
precisó: "La primera línea de defensa de la casta dominante está
ubicada en el sistema de 1853, que otorga libertades políticas a
cambio del respeto por las organizaciones que permiten el mantenimiento
de las desigualdades sociales. Cuando esa línea es rebasada, está
la segunda línea, el fraude, cuya característica moderna consiste
en la clasificación apriorística de cuáles fuerzas son democráticas
y cuales no".
Algunas conclusiones
El peronismo en el poder sustituyó una ideología de la realidad
(capitalismo de estado popular) con una doctrina coyuntural, en
un destiempo que sería aprovechado por la contrarrevolución al querérsele
dar carácter permanente.
El peronismo en el llano (peronismo de resistencia) condicionó el
proceso de la cuestión nacional, pero sin tematizar su propia actividad
de resistencia anticolonial.
El peronismo está en actitud de toma del poder, puede ser integrado
al sistema en función de aquella doctrina coyuntural como maniobra
neo-colonial, o puede formular su propia autoconciencia revolucionaria
a través de una teoría en la cual explicite que el poder no va a
ser regalado por cuanto el neocolonialismo no se suicida.
Pero todo esto sin olvidar aquel pensamiento de Cooke:
"Las masas latinoamericanas no pueden hacer causa común con los
verdugos, porque ellas también están en la lista de las víctimas"
Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Luis Duhalde (1973)
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John
William Cooke. Hacia una teoría del populismo (*)
Por Artemio López
(*) Un estudio sobre
la teoría en acto de Cooke que escribí para el libro "Cooke de vuelta"
una compilación de textos publicada en 1999 por Ediciones La Rosa
Blindada, a cuya presentación en el Auditorio de la Asociación de
Trabajadores del Estado, jamás nunca nadie concurrió y hubo que
levantarla.
En memoria de Gustavo Groba
"El marxismo es rico en contradicciones,
pero resulta que el peronismo (argentino)
se las sabe todas.
Aunque se llevará (su sorete a la tumba)."
Osvaldo Lamborghini
Dos caminos
"La antinomia peronismo
- antiperonismo es la forma concreta en que se da la lucha de clases
en este período de nuestro devenir". Cuando John William Cooke enunció
esta sentencia allá por 1966 en su texto Peronismo y Revolución,
estaba gestando un doble nacimiento: El más espectacular intento
de incorporar núcleos conceptuales del entonces reciente marxismo
no estalinista al interior del discurso y práctica peronista y,
contrario sensu, ponía en forma los principales señalamientos surgidos
de la reflexión y práctica peronista para intentar construir al
interior de la teoría marxista en general y la teoría regional de
la ideología en particular, el status teórico del modelo de organización
y discurso populista(1).
El primer camino abierto por Cooke de introducir núcleos teóricos
marxistas dentro del discurso y práctica populista es bien conocido
por sus efectos: Es clara la influencia que el pensamiento de John
William Cooke tiene sobre amplios grupos de intelectuales peronistas
y dirigentes de organizaciones gremiales, guerrilleras y políticas
desde mediados de los años sesenta.
En efecto, tanto sobre la primera y segunda fase de organización
y resistencia peronista, la CGT de los Argentinos
y los programas de La Falda y Huerta Grande, como en numerosos grupos
de intelectuales reunidos en diarios y revistas desde el pionero,
"De Frente"; "Nuevo Hombre" ;"Cristianismo
y Revolución"; "Envido" hasta "Militancia" y sobre investigadores
notables como Rodolfo Ortega Peña y Eduardo
Luis Duhalde resulta fuerte la inspiración cookista.
Igualmente son tributarios explícitos del pensamiento de Cooke grupos
guerrilleros emblemáticos como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)
y organizaciones político - territoriales múltiples, cuyo paradigma
fue el denominado Peronismo de Base.
Sin embargo, es menos conocida y probablemente aún mucho menos aceptada,
la notable correspondencia del pensamiento de Cooke con novedades
teóricas singulares, en particular con la posterior conceptualización
marxista del populismo, cuyo texto de madurez resulta aún hoy "Política
e Ideología en la Teoría Marxista. Capitalismo, fascismo, populismo",
editado por editorial SXXI en 1978 , escrito por el historiador
argentino Ernesto Laclau.
Es la módica pretensión de este artículo tan sólo señalar algunos
núcleos teóricos claves del pensamiento de John William Cooke, en
dirección a tomar nota de las novedades que aporta a la formalización
aún pendiente de una teoría sobre el populismo en general y el peronismo
como caso particular.
Althusser y Perón
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Hasta la conceptualización
realizada por Ernesto Laclau, el marxismo vulgar de corte economicista
y políticamente estaliniano propalado con sagrada furia por los
Partidos Comunistas, impugnaba fuertemente las interpelaciones ideológicas
de los populismos.
En efecto, la vieja troica marxiana guardaba la certeza de que la
característica central de la ideología y práctica populista resultaba
la apelación al pueblo por encima de las divisiones de clase, por
lo que , así conceptualizada, la categoría pueblo cuando no simple
chascarrillo de la "burguesía" ,devenía en pura retórica capaz de
sobrevolar sobre las contradicciones de clase, restándole a estas
toda centralidad teórica y política.
Tributaria sin duda de las lecturas evolucionistas de los fenómenos
populistas, cuya expresión de mayor envergadura intelectual en nuestro
país la constituyó Gino Germani, la visión marxista tradicional,
aunque teóricamente muy inferior a la del sociólogo italo- argentino,
tampoco veía en los fenómenos populistas más que un estadio atrasado
o en el mejor de los casos anterior en el desarrollo del discurso
y organización de masas, perfectamente articulado con el estadio
previo a la madurez capitalista de las relaciones sociales de producción.
Así las cosas, sujetos a la matriz conceptual del marxismo vulgar,
sociedades atrasadas que transitaban el estadio de organización
y discurso populista marchaban raudas e indefectiblemente a la madurez
donde al fin dominará el formato clasista de organización y discurso
de las prácticas de los sectores subalternos al tiempo que se impondrán
las relaciones sociales de producción capitalista.
Ciertamente, aunque Cooke no era absolutamente ajeno al paradigma
teórico evolucionista, como espléndido ejemplo de articulación entre
práctica y teoría , fue su práctica política vinculada al peronismo
la que sin duda lo impulsó a decretar los funerales teóricos de
la dulce espera de la madurez capitalista(2).
En este sentido hay en Cooke una conceptualización del momento de
organización y discurso populista como momento pleno y necesario
- en las formaciones económico sociales periféricas.
El puente teórico que permite a Cooke salir por arriba del laberinto
evolucionista fue la combinación de la Teoría de la Hegemonía gramsciana
para el tratamiento del conflicto de clases junto a la formulación
de la cuestión nacional - despojada del corsé "burgués" - mediante
la aplicación de la después muy famosa Teoría de la Dependencia,
desarrollada inicialmente por los marxistas norteamericanos Paul
A. Baran y Paul Sweezy, de la que, cabe señalarlo , Cooke fue también
un lector-introductor pionero.
Lamentablemente, tanto la influencia de los teóricos norteamericanos
así como la notoria inspiración en Antonio Gramsci del pensamiento
cookista no fue claramente explicitada y mas bien resultó escamoteada
por la mirada arqueológica presente en algunos textos(3).
Sin embargo, para ponderar las deudas con Gramsci, a la por demás
prolífica utilización en los análisis cookistas de la categoría
no leninista de hegemonía (entendida como proceso por el cual una
clase dominante se transforma en dirigente) que señalaremos brevemente,
observe el lector una gambeta común en ambos: John William , al
igual que Antonio Gramsci en sus escritos desde la cárcel, hace
funcionar sobre sus textos una curiosa práctica de ocultamiento.
En efecto, si el filósofo italiano en los Quaderni del carcere travestía
bajo extravagantes palabras conceptos marxoleninistas evidentes
para eludir el ojo de su carcelero, el Bebe entrecomillaba las citas
de filiación marxista explícita pero, misterio de los misterios...
jamás aclaraba a quién pertenecía la frase entrecomillada!. Eludía
Cooke a su propio carcelero, que, claro está, era el ojo idiota
de la burocracia partidaria, siempre dispuesta a cotejar cada susurro
con las twenty truths.
Profundizando la influencia gramsciana en su costado más teórico,
la notable utilización de la categoría de hegemonía también merece
ser brevemente señalada .Cooke desarrolló un sofisticado diseño
argumental para caracterizar el concepto de clase social en general
y clase dominante en particular. Lejos de adherir a la visión monista
típica del reduccionismo marxista tradicional dominante/dominado
articulados en una relación antagónica , para la descripción de
la clase dominante el Bebe sostenía - claramente inspirado en Gramsci-
la existencia - al interior de las relaciones sociales de producción-
de diversas facciones de clase con intereses divergentes aunque
no antagónicos, articulados sobre lo que denomina núcleo hegemónico
que les confiere unidad política. Este proceso de construcción de
hegemonía cuyo efecto central es la unidad política de las diversas
facciones de clase supone la integración de los múltiples intereses
particulares sujetos al interés general representado por la facción
de clase dominante, ahora constituída en clase dirigente(4).
Con respecto a la influencia de Baran y Sweezy, cabe acotar que
muy probablemente Cooke había leído Teoría del Desarrollo Capitalista
de Paul Sweezy - cuya primera edición en castellano data de principios
de los años cincuenta- junto a las reflexiones desarrolladas en
artículos emblemáticos para los años sesenta, en particular Sobre
la Economía Política del Atraso , donde Paul A. Baran describe las
tesis del desarrollo desigual centro-periferia como proceso complementario
y ciertamente necesario del capitalismo monopolista, reflexión que
posteriormente ampliará en su texto La Economía Política Del Crecimiento
y, ya mediados de los sesenta, en su obra central El Capital Monopolista
cuya edición primera es de 1966, dos años antes de la muerte de
John William (5).
Al respecto, es en el magnífico Peronismo y Revolución donde Cooke
introduce explícitamente al lector en su visión de la Teoría de
la dependencia, suculento cuerpo conceptual donde a la postre nuestro
autor encontrará la legalidad teórica que requería su inquebrantable
compromiso político con el peronismo: Si el estadio atrasado en
el desarrollo del modo de producción es un efecto necesario e inexorable
en la periferia del desarrollo desigual del capitalismo a escala
planetaria, el populismo rápidamente asume status de modalidad de
organización y discurso pleno. La organización y discurso populista
resultan entonces característicos de esta etapa de las formaciones
sociales dependientes cuyas burguesías no han podido realizar el
modelo tradicional de desarrollo económico capitalista por lo que
el proletariado no necesariamente deberá reproducir el formato de
organización y discurso típico de los países centrales , cuya modalidad
de mayor prosapia política y teórica era el inefable Partido de
clase.
Así las cosas, aún sosteniendo teórica y políticamente la existencia
de contradicciones de clase, en sus reflexiones teóricas desarrolladas
,ya a mediados de los años sesenta, Cooke plantea que el populismo
en general y el peronismo como caso particular, expresa bajo la
modalidad del antagonismo " la forma concreta en que se da la lucha
de clases en este período de nuestro devenir"(6), esto es la forma
de discurso y organización específica en un período histórico determinado
de una formación económico-social periférica concreta.
En igual dirección Ernesto Laclau planteaba una década después que
"Pueblo no es un mero concepto retórico, sino una determinación
objetiva, uno de los polos de la contradicción dominante a nivel
de una formación social concreta (7)".
Al avanzar en el señalamiento del tipo de contradicción característica
del populismo, Laclau señalaba: "El populismo comienza en el punto
en que los elementos popular-democráticos se presentan como opción
antagónica frente a la ideología del bloque dominante. Nótese que
esto no significa que un populismo sea siempre revolucionario. Baste
que una clase o fracción de clase requiera para asegurar su hegemonía
de una transformación sustancial del bloque en el poder para que
una experiencia populista sea posible. Podemos señalar en este sentido
un populismo de las clases dominantes y un populismo de las clases
dominadas (8)".
Lo específico del populismo entonces resulta el antagonismo con
el bloque dominante, situación esta que define el comienzo de la
experiencia populista, mas allá de la presencia de elementos popular-
democráticos en el discurso y organización.
Por otra parte, Laclau advierte (fresco aún el fracaso de la experiencia
peronista del período 1973-1976), que el final abierto también forma
parte constitutiva de una experiencia populista.
Al respecto, Cooke plantea también esta doble determinación del
populismo peroniano de enfrentamiento al bloque y final abierto
como constitutivo de la experiencia populista, una década antes
que la moderna interpretación pos-derrota de Laclau: " Este estilo,
esta calidad especial corresponde a nuestra contradicción intrínseca
de movimiento revolucionario por nuestra composición y nuestra lucha
antiimperialista y antipatronal - que objetivamente hace de nosotros
el término de un antagonismo irreconciliable con el régimen - mientras
que organizativamente y como estructura estamos muy por debajo de
nuestros requerimientos (9)".
Aún más, toda la teoría de Cooke respecto al peronismo gira en torno
tanto de la potencialidad revolucionaria del populismo como a su
contrario, materializado en la burocratización de las estructuras
organizativas.
En esa tensión generada por la fuerte percepción de final abierto,
se sitúa la metáfora de la experiencia peronista como hecho maldito
del país burgués y la muy avanzada teoría de la burocracia como
estilo, donde John William señala - con una rigurosidad sólo comparable
a su originalidad - los núcleos teóricos principales para pensar
aún hoy la problemática de la burocratización de las experiencias
de organización social y políticas, particularmente las populistas.
Al respecto Cooke plantea que "Lo burocrático es un estilo en el
ejercicio de las funciones o de la influencia. Presupone por lo
pronto operar con los valores del adversario... pero no es una determinante
exclusivamente ideológica, puesto que hay burócratas de buena capacidad
teórica pero que la disocian de su práctica..."(10).
La primacía del estilo, las formas y funciones (la enigmática influencia
en el análisis de Cooke) sobre los contenidos expresados bajo la
modalidad de las determinaciones ideológicas, está también fuertemente
vinculada a concepciones de avanzada en su época, de origen teórico
marxista pero bien apartadas de las lecturas vulgares que dominaban
los aparatos de difusión vinculados a los Partidos Comunistas urbi
et orbis en aquellos años.
En efecto, los señalamientos teóricos inaugurados por Cooke se inscriben
en este punto de la burocracia- estilo- función, en la novedosa
línea de reflexión teórica abierta contemporáneamente - y aún con
posterioridad a los señalamientos de Cooke - por Louis Althusser
con sus reflexiones acerca de la ideología y los aparatos ideológicos
de estado (11).
No abundaremos aquí en analogías pero baste considerar la primacía
del "estilo" formal en Cooke en simetría con la centralidad de los
aparatos por sobre la ideología (e incluso en circunstancias frecuentes
por sobre el conflicto de clases) para la reproducción de una formación
social(12).
La original teoría de la burocracia- estilo en Cooke, admite también
como propia la sentencia pascaliana con la que, Louis Althusser
intenta mostrar la eficacia de los aparatos sobre los discursos
y prácticas, la primacía y materialidad del estilo por sobre los
"contenidos" y las determinaciones ideológicas : Arrodillaos, moved
los labios en oración y creeréis..
Final con polillas
En un mismo movimiento Cooke estuvo: Enfrentado a la izquierda tradicional
tributaria del Partido Comunista Argentino ("centristas de la noche
a la mañana"), descreído de las versiones trotskystas de acercamiento
al peronismo encarnadas en Nahuel Moreno (" son más papistas que
el papa").
A su tiempo desconfió también de Arturo Jauretche, (coqueteaba con
Onganía tras la Argentina Potencia), fue distante con Raúl Scalabrini
y receloso de todo FORJA ("la línea blanda").
Mas aún, John William se sentía tan lejos de Rogelio Frigerio y
los intelectuales desarrollistas nucleados en la revista Qué ("
los Y.P.F": Yrigoyen, Perón, Frondizi) como de los nacionalistas
de origen católico del estilo de Salvador Ferla y Alejandro Olmos,
ligados al locuaz padre Benítez ("un ególatra").
En fin, como puede imaginar el lector, Cooke fue política pero también
- y de modo fundamental - teóricamente un hombre solo en medio de
un movimiento multitudinario.
Quizá por eso, en perspectiva John William representó el punto más
alto de reflexión teórica al interior del universo cultural del
peronismo transformándose en un fuerte disparador conceptual en
dirección al desarrollo aún hoy necesario de una teoría regional
del populismo.
Paradojalmente, Cooke, quizá como tributo a la acción política que
siempre lo desbordó, no produjo textos teóricos tradicionales, y
sus compactas reflexiones mayormente se materializaron como informes
o correspondencia, formatos heterodoxos al ensayo académico tradicional.
Sin embargo, en sus breves Informe a las Bases, Apuntes para la
militancia ,La lucha por la liberación nacional, Perspectivas de
una economía nacional y muy particularmente Peronismo y Revolución,
hay mas teoría política, original y refinada, que en los kilométricos
ensayos de autores que, en su momento, merecieron (incluso con justicia)
gran reconocimiento intelectual.
Pagando el precio de ser quién fue(13), enfermó gravemente joven,
donó parte de sus órganos a los estudiantes de medicina, decidió
cremar el resto de sus restos, apartó a los curas ("incluso a los
amigos") antes de la partida inminente y en el fin del otoño de
1968 susurrando discreto, murió :"Véase la lista de los funcionarios
del gobierno, repúblicos deteriorados por la polilla, una lista
de los figurones políticos de los años 30 o sus hijos, que no han
abandonado su conservadorismo reaccionario. Todos se parecen a ese
personaje de una obra de Colette, que 'tenía 74 años pero representaba
más". Murió?
Artemio López
Citas:
(1)Es probable que ambos resultados (ay!) vistos desde este incierto
fin de siglo pueden resultar algo estrafalarios, y no sólo por lo
que le toca a Cooke, pero tenga el lector piedad que, visto desde
mañana, ya podemos imaginar qué resultará de aquello que hoy pensamos.
(2) Nótese que las críticas de John William al liberalismo criollo
llevan la impronta del paradigma positivista. Así, refiriéndose
a la ideología de la burguesía madura en países centrales Cooke
sostiene que " sería un desastre para países como el nuestro en
estadios inferiores de evolución económica", Peronismo y Revolución,
pág.59 y ss., Ediciones El Parlamento. BS.AS.1985.
(3)Particularmente el texto de Richard Gillespie, El peronismo alternativo,
(Cántaro 1989) no establece conexiones fuertes entre el pensamiento
de Cooke y las reflexiones de Antonio Gramsci, Paul A. Baran y Paul
Sweezy, sobreestimando por el contrario la influencia Leninista.
(4)Para más información sobre el concepto de núcleo hegemónico,
ver John William Cooke op.cit., pág. 179 .
(5)Todos estos artículos se anticipaban en el mensuario americano
Monthly Review de gran prestigio y profusa difusión en los años
sesenta en el país y del cual posteriormente hubo ediciones en castellano.
Un dato accesorio abona la tesis de la lectura de estos artículos
por parte del Bebe:Cooke leía y hablaba perfectamente inglés.
(6)Cooke, John William: op.cit., pág. 107.
(7)Laclau , Ernesto: Política e Ideología en la Teoría Marxista,
pág. 193. Bs.As. 1978, Siglo XXI editores
(8) Laclau Ernesto, op.cit., pág. 202.
(9) Cooke, John William, op.cit., pág. 21
(10) Cooke, John William, op.cit., pág. 20
(11) Althusser publica en Abril de 1970 su notable ensayo Ideología
y Aparatos Ideológicos de Estado , la teoría de la burocracia- estilo
de Cooke, data de 1966.
(12)Para Althusser, no hay ideología sino realizándose ( siempre-ya)
en y por aparatos ideológicos
(13) Ser quién fue en Cooke no resultó precisamente sencillo. Organizador
de la Resistencia peronista temprana, combatiente contra la invasión
Yanqui en Bahía de Los Cochinos , el Bebe supo ser también delegado
personalísimo de un Perón en aquél entonces tan metafísico como
pícaro: Su decisión será mi decisión, su palabra, mi palabra, le
sanateaba el león herbívoro desde Caracas, allá por 1956.
Fuente: www.rambletamble.blogspot.com
[5 de enero de 2006] | www.elortiba.org
Imagen: Cooke y Perón
Por Nac&Pop
Cooke nació en La Plata, en una familia de intensa tradición política;
su padre, Juan Isaac Cooke, era diputado por la Unión Cívica Radical,
y sería Canciller durante el gobierno de Edelmiro J. Farrell. Cooke
militaría ya durante sus años universitarios, mientras estudiaba
Derecho en la Universidad, formando parte de la Unión Universitaria
Intransigente; se discute si durante esta época se aproximó a las
ideas de FORJA o su acercamiento a los miembros de ésta se daría
más tarde. Se recibió de abogado en 1943.
Fue electo diputado por el peronismo con tan sólo 25 años para el
período 1946-1952. En el Congreso fue Presidente de la Comisión
de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, de la Comisión
Redactora del Código Aeronáutico y también de la Comisión de Protección
de los Derechos Intelectuales.
En el ámbito universitario fue profesor titular de Economía Política
en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad
de Buenos Aires entre 1946 y 1955. Fue uno de los primeros organizadores
de las guerrillas argentinas. Murió de cáncer en 1968 en el Hospital
de Clínicas de la Ciudad de Buenos Aires, dejando un legado importante
dentro del peronismo.
Participación política en el peronismo
Luego de 1955, cuando Juan Domingo Perón debió exiliarse a causa
de la Revolución Libertadora, designa a J.W. Cooke como su representante
en la Argentina y principal líder de la resistencia peronista entre
1955 y 1959, mediante una carta en la que escribe:
"Al Dr. John William Cooke
Buenos Aires
Por la presente autorizo al compañero doctor Don John William Cooke,
actualmente preso por cumplir con su deber de peronista, para que
asuma mi representación en todo acto o acción política. En este
concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía.
En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir
a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país
y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las
mías.
En caso de fallecimiento, delego en el doctor don John William Cooke
el mando del movimiento.
En Caracas, a 2 días de noviembre de 1956.
Juan Perón."
Ideología
Cooke consideraba que el peronismo debía transformarse en un movimiento
revolucionario, con estrategias insurreccionales, para lograr la
toma del poder. Además criticaba lo que él denominaba la burocracia
sindical, que había crecido mucho entre 1946 y 1955, y propuso separarla
del peronismo.
A partir de su viaje a la Cuba de Fidel Castro y del Che Guevara
en 1960, sostuvo la necesidad de profundizar el foquismo, estrategia
político-militar que proponía convocar a las masas a una lucha armada
contra las clases dominantes locales y el imperialismo, acción al
cual el pueblo se iría uniendo poco a poco a partir del ejemplo
de unos pocos. De esta manera se conduciría a la nación a una revolución
social.
Textos
Cooke escribió: "Caerán las estructuras de la depredación imperialista
y las estructuras del despojo de este capitalismo que está llegando
al término de su ignominioso reinado. Para eso, todo esfuerzo es
digno de mención, ningún acto de consecuencia y lealtad debe ser
ignorado o desestimado. Y pronto llegara el momento de las batallas
definitivas, y el triunfo final, antes o después, ha de redimir
todos las frustraciones de esta época de infamia".
"El único nacionalismo auténtico es el que busque liberarnos de
la servidumbre real: ése es el nacionalismo de la clase obrera y
demás sectores populares, y por eso la liberación de la Patria y
la revolución social son una misma cosa, de la misma manera que
semicolonia y oligarquía son también lo mismo".
"...La teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía
cabalística manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de
las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas.
No les llega como un conjunto de mandamientos dictados desde las
alturas, sino por un proceso de su propia conciencia hacia la comprensión
del mundo que han de transformar".
"La unidad es indispensable y será un paso previo al triunfo popular.
Lo principal es para qué hacemos la unidad, cuales son los objetivos
cercanos (como por ejemplo las elecciones) y cuáles los grandes
objetivos. Unidad para simple usufructo politiquero, no. Sí, en
cambio, para dar las grandes batallas por la soberanía nacional
y la revolución social. En la lucha contra el régimen llegaremos
más pronto a la unidad, forjada en la acción: dentro del régimen
nos esperan sólo frustraciones y derrotas, y pequeños triunfos que
serán desastres".
Tal vez uno de sus escritos más conocidos sea Apuntes para la militancia
(1964), en donde hace un completo análisis sobre la realidad del
peronismo en la época, sus principales adversarios, las relaciones
de poder entre las clases sociales argentinas y sienta las estrategias
básicas para la resistencia peronista revolucionaria.
Fuente: Nac&Pop

Alicia
Eguren de Cooke: la voz contestataria del peronismo
Por Mabel Bellucci
Escritora, poeta y dirigente
peronista de larga trayectoria, Alicia fue desaparecida el 26 de
enero de 1977 en la vía pública en la Capital Federal. Fue conducida
a la ESMA donde se la sometió a condiciones inhumanas de vida. Se
la atormentó para obligarla a proporcionar información. Fue tirada
de un helicóptero al Río de La Plata. Tenía 52 años.
El recuerdo de Alicia Eguren, que fue la compañera de John William
Cooke, significa memorar a una revolucionaria consecuente. Fue asesinada
por la dictadura militar. Mabel Bellucci es asambleísta y feminista
autónoma.
Posiblemente a Alicia Eguren se la podría imaginar como una mujer
transgresora, osada, impulsiva en su accionar, sumamente locuaz
con sus propias 'cosas' y también con las ajenas.
Disponía de una seducción especial, que si bien no se sostenía por
su belleza sino por la fuerza de su impronta política y su vocación
de liderazgo; igualmente provocaba una atracción singular hasta
el grado de que muchos peronistas perdiesen el sueño y también de
que muchas peronistas la mirasen de reojo. Jugó amorosa y políticamente
hacia una misma dirección. Difícilmente pudo correrse del sitial
de cortesana, tan frecuente en la vida parisina hacia finales del
siglo XIX, donde el placer sexual se combinaba graciosamente con
el placer pensante y racional. Por cierto, Lou Andrea Salomé, Anais
Nin, Simone de Beauvoir y otras tantas 'preciosistas' gastaron hojas
de papel confesando los secretos de alcoba de la intelligentzia
de la belle époque vanguardista y, no por ello, muchas perdieron
el rubor de sus mejillas.
Alicia representaba una fotografía de su época: lucía una estética
masculinizada, guerrera, dura con las mujeres que no entendían el
sentido de la acción directa, pero camarada con los compañeros a
quienes consideraba sus interlocutores 'naturales'. Y, por cierto,
intolerante frente a las debilidades. Por ello, fue complejo comprender
la literalidad de su mensaje y quizá su glamour, nada ortodoxo,
pesaba mucho más que su protagonismo para la rama femenina peronista.
Emilio Corbiére la definió como "...una anarquista virulenta de
excelente oratoria. Hablaba y echaba fuego. Sin quererlo o sin saberlo
ella recogía y actuaba los aspectos más contestatarios del peronismo.
Yo la ví por primera vez en un acto en el sindicato de alimentación,
posiblemente en el '68. Desde arriba del escenario lanzaba rayos.
No se sabía si estaba diciendo un discurso o maldiciendo a Satanás..."
En realidad, poco se conoce de su vida anterior a su vínculo amoroso
con John W. Cooke. Lamentablemente fue imposible rastrear testimonios
de parientes o amigos íntimos que brindasen pistas para el armado
del rompecabezas. Se sabe por declaraciones suyas en la revista
'Panorama', 8 de Julio de 1971, que provenía de una antigua familia
federal. Más tarde, desembarcó en el radicalismo y en el peronismo
después.
En tanto que Fermín Chavéz detalló ciertos tramos de su trayectoria
político- intelectual. Al respecto, este historiador recordó: "...Sé
que nació en 1924. Había egresado de la Facultad de Filosofía y
Letras. Trabajaba como profesora de literatura en Buenos Aires y
en Rosario. Aproximadamente hasta l952, ella estaba ligada al movimiento
literario y cultural de la época con una orientación nacionalista
católica independiente. Al año siguiente, mientras trabajaba en
Cancillería se casó con un diplomático de carrera, Pedro Catella,
y se fueron a vivir a Inglaterra. Poco tiempo después tuvieron un
hijo, quien aún reside en México..."
Su producción literaria comenzó con su libro de poesía 'Dios y el
Mundo', en 1946. Tres años más tarde, saldría 'El canto de la tierra
inicial'; la obra de teatro 'La pregunta'; 'Poemas del siglo XX';
'Aquí, entre magias y espigas' y 'El talud descuajado'. A la vez,
incursionó en el mundo académico con un ensayo en torno a la obra
de Juan B. Alberdi, publicado por la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad de Buenos Aires.
Mientras tanto editaba un periódico llamado 'Nombre'. Pero su musa
más comprometida se jugó con la revista cultural 'Sexto Continente',
un espacio de recepción de las expresiones más variadas del arco
nacionalista de América Latina.
En 1946, conoció a John W. Cooke en un Centro de Estudios que dirigía
Ricardo Guardo. Después de ese fugaz cruce no se volvieron a ver
hasta 1955.
De esta manera, Alicia Eguren rememoró un posible encuentro: "...
El l6 de junio, a partir de la masacre en la Plaza de Mayo, lo busqué
para ponerme a su disposición. Estaba seguro de que él era hombre
de pelea. Lo encontré gracias a José María Rosa. El estaba prófugo
ya que se había pedido su captura porque era delegado de Juan D.
Perón hasta que lo descubren y lo llevan a Ushuaia..."
De inmediato, ella cayó presa y fue enviada a la cárcel de mujeres
de Olmos. En las sombrías rejas se encontró con un grupo numeroso
de ex- funcionarias peronistas y mantuvieron vínculos de cierta
tirantez y desconfianza mutua.
Por
más que Alicia y Cooke estuviesen separados; no obstante, lograron
mantener su relación amorosa a través de un rico y frondoso epistolario.
Al salir en libertad se trasladó hasta Chile para unirse a Cooke
que se había fugado del penal de Río de Gallegos junto con Héctor
Cámpora, Patricio Kelly y Jorge Antonio. Sin más, decidieron casarse
en Montevideo.
Presumiblemente, Alicia Eguren descubrió en Cooke su espéculo, su
otro complementario, quien le permitiría dinamizar esa potencialidad
aún no desplegada de liderazgo y estratega que disponía. De tal
manera, se convirtieron en piezas claves y necesarias para organizar
el proceso de la Resistencia Peronista, en la clandestinidad.
Desde el principio fueron una pareja poco 'convencional'. Sus vidas
afectivas estuvieron cruzadas por la cárcel, las fugas y la ausencia
de refugio en la cotidianeidad. Asimismo, se presumía de ciertos
ideales de igualitarismo entre mujeres y varones. 'Lo haremos tú
y yo' de Juan Carlos Viglietti, encerraba ese compromiso básico
necesario para la revolución.
Con el clima de las insurrecciones estudiantiles de esa época, aparecieron
intentos por generar otros privilegios, otros estilos vinculares
poniendo en discusión la virginidad femenina y el casamiento. Los
nuevos comportamientos sexuales se reservaron para los cenáculos
universitarios y el activismo político. De este modo, las relaciones
prematrimoniales se convirtieron en un deber ser.
Llegados los setenta, el peso simbólico que representó la familia
burguesa y patriarcal - estableciendo y articulando las pautas reguladoras
de la reproducción biológica, económica y afectiva de las personas-
sufrió sucesivos corrimientos de su lugar protagónico, en favor
de la pareja. A consecuencia de una infinidad de cambios y reacomodamientos
de los sectores medios, se abrieron compuertas experimentando nuevos
modos relacionales.
La idea rectora de esos tiempos fue también- desde una concepción
voluntarista- lograr rompimientos, ya que el accionar es un mecanismo
generador de cambios. La pareja pasó a ser un estatuto de compromiso
por excelencia tanto afectivo como político e intelectual. Y surgieron
íconos de envergadura que se convirtieron en paradigmas de esta
experiencia.
Básicamente primaba el vínculo heterosexual, abierto o cerrado,
con implicancias políticas y rupturista de las costumbres tradicionales.
A su modo, Alicia logró fisurar ese mandato patriarcal del deber
ser femenino; permitiéndose explorar, cruzando las fronteras de
su herencia católica, tanto en el campo privado como político. De
allí, que aún ronden fantasmas en torno a su figura: fría, calculadora,
amante pasional, rotativa y díscola.
Presumiblemente sin saberlo, esta dupla de J.W. Cooke-Alicia Eguren
anticipó en la Argentina un modelo de pareja activista, propio del
consenso epocal de los setentas, momento en los cuales se fue diluyendo
la impronta machista del varón luchador y la mujer ajena al mundo
público de su compañero.
Un hecho que no podría soslayarse y permitiría entender el clima
interno entre ambos: vivir tan accidentadamente, con breves pausas
de legalidad entre la prisión y la clandestinidad, se expusieron
a las lógicas políticas que impidieron descubrirse en sus historias
anteriores.
Comenzaron entonces un accionar de significativa trascendencia política,
acelerada en los tiempos, que resulta difícil de sintetizar. En
l957, partieron juntos a Caracas para encontrarse con Perón en el
exilio. Alicia fue testigo del cuestionado Pacto Perón-Frondizi,
cerrado en Venezuela por mediación de Rogelio Frigerio y J.W. Cooke.
Dos años más tarde, retomaron la clandestinidad. Por esa misma época,
supuestamente, ella colaboraría en la organización de la Toma de
Alto Verde dirigida por el comandante Uturunco, en Tucumán. Fue
el primer intento de acción alternativa, el de la guerrilla rural
peronista.
A la vez, Alicia suplantó a Cooke en la coordinación estratégica
del peronismo en la resistencia.
En 1960, viajaron juntos a Cuba. A partir de ese momento, fueron
idas y vueltas a la isla. Ella mantuvo una estrecha vinculación
con el Che Guevara.
La experiencia de la Revolución Cubana impactó en los cenáculos
intelectuales así como en el espacio de las izquierdas no peronistas.
En esa dirección, el nacionalismo comenzó a configurarse como una
variable significativa en el interior de la 'nueva izquierda', que
intentó distanciarse de los tensos debates que provocó la confrontación
entre la Unión Soviética y China.
En 1962, retomó la lucha armada al intervenir en el 'Ejército Guerrillero
del Pueblo', al norte de Salta. Es sabido que todos fueron apresados
y, en especial, Jorge Masetti, la figura visible de la aplicación
táctica del foquismo, fue desaparecido.
Poco después, Eguren-Cooke fundó la 'Acción Revolucionaria Peronista'.
Ya en el '68, ambos abrieron un espacio en formación: la 'Tendencia
Revolucionaria'. Pronto aparecería el periódico 'Con Todo', bajo
la dirección de Bernardo Alberte y Mabel Di Leo. De inmediato, elaboraron
el documento conocido como 'Estrategias y Tácticas Revolucionarias'.
El
mismo se presentó, en 1969, en el Congreso Fundacional de la Tendencia,
llevado a cabo en Córdoba; en el cual se reunieron los sectores
más radicalizados del peronismo.
Se la recuerda también por su famosa Carta Abierta a Perón -4 de
Octubre de 1971- que se convirtió en un incunable para el activismo
del momento.
Posteriormente, vinieron años complicados entre la caída del gobierno
camporista; la persecución fascista del lopezreguismo; la muerte
de J.D. Perón; el gobierno caricaturesco de Isabel Perón y el inicio
de la avanzada militar hacia el poder mediante una estrategia de
religitimación a través de la lucha contra la subversión.
No obstante, acompañó a Héctor Cámpora y dirigió la revista 'Nuevo
Hombre', que con anterioridad estuvo bajo la coordinación del profesor
Silvio Frondizi y Manuel Gaggero.
A lo largo de este proceso, sus lugares de inserción en el movimiento
peronista no quedan aún muy esclarecidos. Tan es así que se evoca
una multiplicidad de espacios de pertenencia política a la vez:
Montoneros, Fuerzas Armadas Peronistas, Peronismo de Base y Partido
Revolucionario de los Trabajadores.
De lo que no cabe duda es sobre su final trágico: el 26 de enero
de l977, con 52 años, fue detenida-desaparecida. Estuvo en la ESMA
y, después fue lanzada desde un helicóptero al Río de la Plata.
La memoria es objeto de controvertidos debates, generándose así
una variedad de definiciones sobre ella. Cabría decir entonces que
no existen conclusiones únicas y últimas. No obstante, lo significativo
es invitar a pensar el problema entre la memoria y la política,
o mejor, la política en toda memoria, en todo proceso de construcción
de una memoria colectiva.
Recorrer ciertas etapas del peronismo constituye toda una aventura,
pero si a ello, se le suma recuperar la historia de vida de una
mujer peronista que pasó del nacionalismo católico a la lucha armada
de izquierda, la cuestión se complica más aún. Aunque no se puede
soslayar la amplia y masiva participación de mujeres en el peronismo
a lo largo de su trayectoria. No obstante, reseñar la vida personal,
política y cultural de Alicia Eguren representa todo un desafío,
por más limitaciones que surjan de la realidad un tanto hosca para
los recuerdos.
De allí que esta simple crónica constituye un primer abordaje sin
un final cerrado ya que de ella aparecen fragmentos acotados por
tiempos y escenarios definidos; sin demasiadas alusiones ni referencias
en el interior de su propia fuerza política. Por esta razón, al
intentar reconstruir su recorrido se logra visibilizar su protagonismo
en el campo de las luchas políticas y en las prácticas de resistencia
social. Cabría entonces completar con mayores precisiones- a través
de testimonios orales que se transforman en una fuente riquísima
de hallazgos- los laberínticos últimos años de su vida. Procesar
su activismo como sus discursos, es volverla capaz de hablar, de
transformarla en relato visible.
Se comenzó diciendo un desafío y no es errado este presupuesto ya
que Alicia Eguren dividió imaginariamente al peronismo en dos: los
que la querían y los que la rechazaban sin tapujos. Casi se podría
hacer un paralelo con la figura de Eva Perón. Tanto una como otra
provocaron pasiones encontradas por razones muy similares, a saber:
la intuición compulsiva, la impulsividad que era un estilo propio
de entrega y la 'imprudencia' en el escenario político público como
en el personal.
En lo que respecta a la figura de Eva Perón de acuerdo a las posiciones
en que se ubicaban los proapasionados y los contrapasionados, aparecía
elevada hasta la condición mítica o la dejaban caer del pedestal
como una hereje. Para unos, ella representaba un fallido de la historia
y para otros la historia dejaba de ser un fallido a partir de su
protagonismo.
Alicia Eguren -sin quererlo- vino a ocupar un lugar similar: un
sitio confuso de emociones, del cual poco se sabe en torno a su
origen y a su pasado hasta que el encuentro amoroso con el 'hombre'
le significó contenido y contención política a su persona. Aunque
también existen secretos en voz baja sobre su vida privada que la
condenaron sin contemplación.
No obstante, en otros puntos se abren: intervinieron en contextos
históricos diferentes; una extracción de clase opuesta. En una la
historia ya dio su palabra y en la otra todavía se mantiene callada.
Asimismo, a Eva las peronistas la idolatran sin contemplación y
con Alicia muchas mujeres de los años '40 se crispan hasta los nervios
tan sólo de nombrarla. También sus finales fueron distintos: Eva
muere por un cáncer y Alicia le provocan la muerte las manos sangrientas
de la última dictadura militar.
Estos intentos de marcar cruces entre ambas figuras tan recortadas
por las emociones, presumiblemente, jamás se podrá contemporizar
a todos los intereses en juego.
Agradezco la colaboración que me prestaron -sea con bibliografía
y testimonios- Emilio J. Corbière; Fermín Chavéz y Mabel Di Leo.
A todos mi profundo recuerdo.
Fuente: www.desaparecidos.org | www.elortiba.org

Notas
para una biografía de Alicia Eguren
Por Miguel Mazzeo
"Porque lo del hombre nuevo no es una imagen en los altares, es
una vivisección permanente" ALICIA EGUREN. De «Pulgarcito (selección
de sus papeles)» en Nuevo hombre, 1971
Alicia Eguren jamás pasó inadvertida. Ese fue su signo distintivo,
junto con el inconformismo y la vocación de caminar por grandes
realidades. Inteligente y apasionada, plena de seducción, era alta,
muy alta, de ojos negros, inmensos e indiscretos. Como precursora
de lo que para muchos constituye un oxímoron (la izquierda peronista),
como casi profeta de una generación que se planteó en concreto el
problema del poder, y como mujer (en ese, su tiempo), se vio obligada
a romper con un conjunto de convenciones, y a radicalizar el giro
inquisitivo en diferentes planos. Alicia Eguren se entregó de cuerpo
entero a la desobediencia. Nunca se le perdonaría tanta transgresión.
A partir de 1955 fue la compañera de John William Cooke, incluso
se casaron en 1957, en Montevideo, Uruguay. Por eso le decían, despectivamente,
con mucho de macartismo y muy poco de ironía, «la Cookskaya», en
alusión a la compañera de V. I. Lenin, Nadiesha Krupskaia.
Alicia y John no respetaron los modos maritales de la época. ¿Simone
y Jean-Paul? La analogía corresponde. Y nos complace. Mabel Bellucci
señaló que Eguren-Cooke prefiguran «un modelo de pareja activista,
propio del consenso de la década del 70, momento en el cual se fue
diluyendo la impronta machista del varón luchador y la mujer ajena
al mundo público de su compañero». Sin duda,ese había sido modelo
disruptivo en las décadas del 50 y 60. Pero todavía en los 70, los
catálogos de moral de la izquierda seguían siendo lapidarios en
ciertos aspectos. Y si bien Alicia prefiguró el perfil revolucionario
femenino de esos años, su personalidad fue mucho menos ascética
y más «sensual». Por lo tanto, seguía siendo intolerable. Por ello
debió asumir costos muy altos y vivir expuesta a la imputación de
«libertina». Aún carga con ese estigma.
Alicia contrastaba política, cultural y estéticamente, con las mujeres
militantes de la política burguesa del peronismo, por lo común convencionales
y condenadas al segundo plano. También era distinta de las militantes
de izquierda de los 70, quienes, en muchos casos, ganaron espacios
«performando» una estética masculina. Veo a Alicia más como profeta
(o anticipadora de hechos políticos) que como sacerdotisa, y creo
que aquella cualidad, inconcebible aún hoy para una mujer, le exigía
una gestualidad severa y arrebatada y un carácter inflexible, que
suelen estar asociados a lo masculino.
En lo político e ideológico, es imposible separar a Alicia de John,
por su trayecto compartido en una relación jamás subalterna. Se
conocieron en una conferencia que él dictó en el 46, en el Centro
de Estudios Argentinos. El naciente peronismo los convocaba. Volvieron
a coincidir en casa del historiador nacionalista Ernesto Palacio,
citados por la corriente del revisionismo histórico. Pero su proyecto
en común comienza en 1955, y termina con la muerte de Cooke en 1968.
Significativa transición que va de un nacionalismo populista, cada
vez menos productivo, al socialismo revolucionario. De Juan Domingo
Perón a Ernesto Che Guevara. Ello es inmanente a esta relación.
Nació Alicia Graciana Eguren Vivas en una ciudad de la provincia
de Buenos Aires, en 1924, en el seno de una familia que cultivaba
un nacionalismo de raigambre rosista y católico. Lo cierto es que
Alicia, hacia los años 40 y 50, comulgaba con este tipo de nacionalismo,
y sus intereses giraban en torno a lo estrictamente literario. Se
sostiene que se adhirió al yrigoyenismo, pero esto es, por lo menos,
dudoso. El peronismo favoreció la identificación retrospectiva.
Si muchos recorrieron el trayecto que iba de Hipólito Yrigoyen a
Juan Domingo Perón, otros optaron por el camino inverso, incurriendo
en la tergiversación de la propia historia militante.
El
26 de enero de 1977 es secuestrada en la vía pública
Alicia Graciana Eguren Vivas, viuda de Cooke, en la
Capital Federal. Fue conducida a la ESMA, donde se la
sometió a condiciones inhumanas de vida. Se la atormentó
para obligarla a proporcionar información. Finalmente
fue arrojada al Río de la Plata con el método favorito
de los genocidas del Proceso: los vuelos de la muerte.
Era escritora, poetisa y dirigente peronista. Licenciada
en Filosofía y Letras, docente, periodista. Colaboró
en el periódico Con Todo, dirigió la revista Nuevo Hombre
y editó la revista cultural Sexto Continente. |
Alicia Eguren egresó
de la Facultad de Filosofía y Letras como profesora de Literatura,
ejerció la docencia y, entre 1946 y 1951, publicó cinco libros de
poemas: Dios y el mundo, El canto de la tierra inicial, Poemas del
siglo XX, Aquí, entre magias y espigas, El talud descuajado. Algunas
de sus composiciones estaban un tanto estremecidas de idealismo
evangélico. También editó Eguren la revista Nombre y publicó algunos
ensayos. Entre 1948 y 1949, con el escritor Armando Cascella, editó
la revista Sexto Continente, un sitio de expresión del nacionalismo
en sus diferentes versiones, desde el más retrógrado de Carlos Ibarguren,
Alberto Ezcurra Medrano y monseñor Derisi, hasta el más avanzado
de Raúl Scalabrini Ortiz y Vasconcelos. Este tipo de adhesiones
garantizó a Alicia cierta presencia en distintos espacios oficiales,
académicos y no académicos.
En 1953 ingresa en el Ministerio de Relaciones Exteriores y se casa
con el diplomático Pedro Catella, a quien acompañará a Londres.
Poco tiempo después del nacimiento del único hijo se separan.
El rencuentro con Cooke se produce en 1955, en un escenario de derrumbe.
Poco antes del golpe de septiembre y del derrocamiento del gobierno
de Perón, Cooke es designado interventor del Partido Justicialista
de la Capital Federal. En un momento político que no habilitaba
ninguna forma de oportunismo, Alicia establece contacto con Cooke
y «se pone a su disposición». Cooke, talentoso y desmedido, contrastaba
con el resto de la dirigencia política y sindical peronista, conformada
por burócratas y por los que medran con el Estado: melindrosos,
acomodaticios, eremoniosos, estrechadores de manos. Perón, que había
relegado a Cooke por autónomo y perturbador, lo convoca en el momento
infausto.
La relación entre Alicia y Cooke, una relación de herejes, de «excéntricos»,
se consolida en la clandestinidad. Cooke es detenido en octubre
de 1955. Hasta fines de 1957 deambulará por distintas cárceles del
país, cuando se produce la espectacular fuga a Chile desde Río Gallegos,
provincia de Santa Cruz. En aquel tiempo también Alicia conoció
la cárcel. En noviembre de 1956, Perón designó a Cooke como su delegado
y «heredero». Alicia y John William comparten la resistencia y todos
los avatares vinculados a la firma del pacto entre Perón y Arturo
Frondizi, para pasar, poco después, a organizar la «insurrección»
que hiciera posible el retorno del primero, y para dirigir la oposición
«dura» al gobierno del segundo. Alicia participa activamente en
la coordinación estratégica de la resistencia peronista.
Padece, junto con John, la imposibilidad de ejercer la delegación
y de ser la palabra de Perón.
El año 1959 es un punto de inflexión para Eguren, Cooke y muchos
más. Después de la toma del frigorífico Lisandro de La Torre, a
principios de año, Cooke pierde gravitación en el peronismo. Es
desplazado definitivamente. Poco antes de la toma del frigorífico
municipal, Perón había creado el organismo destinado a desautorizar
a Cooke: el Consejo Superior (coordinador y supervisor). Después
de la heroica huelga de los trabajadores, el Consejo Superior tilda
a Cooke de loquito, terrorista y «comunista». En paralelo, en Cuba
triunfa la Revolución.
Cuba revolucionaria, más que un descubrimiento, es una confirmación:
la revolución como uno de los destinos posibles para el peronismo.
En efecto, eran tiempos en que se podía pensar una dimensión trascendente
para el peronismo y sus capacidades de recreación. La época dorada
de la ontología de lo posible y del «poder ser» del peronismo. Aunque
en el «movimiento», predominaba la mueca servil y conciliatoria,
por abajo corría, purificador, el Jordán de las bases. El peronismo
todavía aparecía como un universo lleno de desiertos y zonas inexploradas.
El impacto de la Revolución Cubana es descomunal, pero pesa más,
mucho más, el lugar hermenéutico de Alicia y Cooke. Cuba se decodifica
desde la reciprocidad dialéctica y no desde el determinismo unilateral.
Entonces, gravitan en nuestro país la condición de revancha clasista
sobre la Revolución Fusiladora (autodenominada «Libertadora» en
1955), la heroica resistencia peronista, los cambios en el modelo
de acumulación de capital, la imposibilidad de remozar el frente
de clases de 1945 y la inviabilidad de las tácticas puestas en práctica
por el peronismo para recuperar el poder. Afloran prístinas las
contradicciones insalvables al interior del peronismo: la clase
obrera peronista se presenta como espacio de construcción de una
universalidad emancipadora, pero también como lugar donde encuentra
arraigo un particularismo burgués y reaccionario.
La confrontación, la lucha: he aquí el marco de la radicalización
política de Alicia, Cooke y de toda una generación de militantes
y activistas, entre los que cabe mencionar a Raimundo Villaflor,
Gustavo Rearte, Bernardo Alberte y otros. No se trató de imitación
de un modelo, o de un simple estado de espíritu desproporcionado.
«Antes de la Revolución Cubana nosotros ya estábamos radicalizados»,
me dijo una vez Gerardo Bavio, viejo militante y compañero de Alicia.
Unos años después del asesinato del Che, Alicia sostuvo que lo había
conocido a último momento, pero que en realidad lo conocía de memoria
porque lo tenía asimilado antes de cruzarse con él, «yo comprendía
su pedagogía en carne viva», dijo ella.
Nuevos horizontes e interlocutores se imponen. Alicia participa
en el congreso de Palabra Obrera, de filiación trotskista. Se vincula
al Movimiento de Liberación Nacional (MLN) de Ismael Viñas, al Partido
Comunista (PC) y al Partido Socialista Argentino de Vanguardia (PSAV).
El marxismo comienza a valorizarse como herramienta, e impregna
sus ideas. Un marxismo praxeocéntrico, no concebido como determinismo
limitado. Abraham Guillén, veterano de la Guerra Civil Española,
les habla de alienación, del Marx de los Manuscritos económicos
y filósoficos de 1844 y de la guerra popular. La opción por la lucha
armada comienza a dividir aguas. Alicia reparte su militancia en
tareas de difusión, de organización y apoyo logístico a distintas
experiencias. Colabora con la temprana guerrilla de los Uturuncos
en el noroeste del país, reúne a militantes de pequeñas organizaciones
y núcleos de izquierda (por lo general, escindidos de partidos que
adoptaron una línea reformista, que Alicia no ha vacilado en criticar),
y organiza grupos para su entrenamiento en Cuba. Inicialmente, tiene
menos éxito a la hora de convocar peronistas. En paralelo, apoya
el intento del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), en Salta,
en 1963-1964. En este último año es cofundadora de Acción Revolucionaria
Peronista (ARP), concebida como grupo de acción y concientización
en el marco del movimiento peronista, pero independiente de sus
estructuras «oficiales».
En
1967, junto con el mayor Alberte, participa de la revista Con Todo.
Ese mismo año regresa con Cooke a Cuba; él encabeza la delegación
argentina que participa de la Conferencia Tricontinental, de allí
surgirá la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS).
Cooke muere el 19 de septiembre de 1968, a los cuarenta y ocho años.
Alicia no jugará el papel de viuda de una celebridad, ni de su albacea
político-literario. Es cierto que, entre 1971 y 1972, publica los
trabajos de su compañero, incluyendo la Correspondencia Perón-Cooke
(principalmente, porque adquieren una vigencia inaudita), pero ella
continúa trabajando en delinear la Tendencia Revolucionaria.
En 1969 participa de su Congreso Fundacional, realizado en Córdoba
y colabora en la elaboración del documento Estrategia y táctica
revolucionaria . Se identificará con las Fuerzas Armadas Peronistas
el Peronismo de Base (P.B.), con el Movimiento Revolucionario 17
de Octubre (MR17) y el Frente Revolucionario Peronista (FRP), grupos
que, a diferencia de Montoneros, estaban asumiendo definiciones
marxistas.
El 4 de octubre de 1971 publica su «Carta Abierta a Perón», e inicia
su participación en el semanario Nuevo Hombre, publicación dirigida
por Enrique Walker y en la que escribían Pablo Damiani, Antonio
Caparrós, Nicolás Casullo, Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Ortega
Peña, Vicente Zito Lema y varios militantes presos en la cárcel
de Villa Devoto, Armando Jaime y Mario Franco, por ejemplo. En Nuevo
Hombre Alicia publica, entre otros trabajos: las «Notas para una
biografía de John» y «Pulgarcito (selección de sus papeles)». La
publicación se identificará en 1973 con el Frente Antimperialista
por el Socialismo (FAS), impulsado por el Partido Revolucionario
de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
En noviembre de 1973, la revista reprodujo el discurso que Alicia
pronunció en el Primer Congreso del FAS. Su adhesión a la lucha
armada no debe confundirnos. Para ella, la base de una revolución
se forjaba en la lucha de masas. Fue una crítica implacable de toda
forma de elitismo.
Propició, además, formas frentistas.
Alicia, con lucidez preclara, tomó conciencia de una situación complicada:
la mayor parte de la izquierda peronista revolucionaria estaba compuesta
por jóvenes, y su pertenencia al peronismo era muy nueva. Consideraba
que si el choque con la realidad del peronismo posterior a Ezeiza
(que apestaba a razzia) resultaba duro para los viejos militantes,
para los jóvenes la contradicción era indigerible, se prestaba a
la confusión y sembraba dudas en cuanto al futuro. Alicia alertó
a los jóvenes respecto de Perón. Ella sabía bien que el peronismo
era un «río difícil» y muchas veces «descorazonante» y que la idealización
de Perón conducía al abismo. La brecha generacional no suturó. Las
precauciones de «los viejos» no se tuvieron en cuenta. En 1973 formó
parte del Consejo editorial del diario El Mundo, orientado por el
PRT-ERP, clausurado en 1974, al igual que Nuevo Hombre. Aunque estrechó
sólidos vínculos con el PRT-ERP, en 1975 apoyó la iniciativa que
dio forma al Partido Auténtico. Con la intención de alimentar esa
nueva experiencia participó, junto con Alberte y Mabel di Leo, en
la fundación de la Agrupación 26 de Julio.
Como decíamos al comienzo, Alicia nunca logró pasar inadvertida.
Fiel a su rebeldía ante las llamadas «condiciones femeninas»: pragmatismo,
cautela e «instinto» de conservación, es recordada por sus compañeros
siempre muy «expuesta», sobre todo después del golpe de marzo de
1976. En abril de 1977 [NE: la fecha correcta es 26 de enero], la
secuestró un «grupo de tareas» de la Escuela de Mecánica de la Armada
(ESMA). Fue torturada y arrojada al Río de la Plata en uno de los
vuelos de la muerte.
Sería injusto decir que Alicia ha sido derrotada. El triunfo es
el criterio de verdad de los burócratas.
Por otra parte, estas no son notas para un epitafio póstumo. Reivindicar
el itinerario de Alicia Eguren, recuperar y revalorizar sus huellas,
puede servirnos para conjurar su desaparición. Pero, ante todo,
para rehabilitar un país y un tiempo con posibilidades vitales.
Fuente: www.prensadefrente.org
www.elortiba.org

"Nunca
he visto otro hombre más vivo que éste"
Por José Pablo Feinmann
No era lejos. En menos
de cinco minutos estábamos allí. Antonio, a todas vistas urgido,
abrió la puerta y se bajó con la renoleta todavía en movimiento.
Giró levemente, me miró y me hizo un vago gesto con su mano derecha.
Y dijo: "Te veo adentro". La renoleta se detuvo y yo también bajé.
Un compañero -el que había conducido, creo- me dijo: "Seguime".
Y así entré en la casa de los mecánicos. Así entré en la casa de
la calle 27 de Abril. Todo tenía para mí el esplendor de lo inesperado,
de lo nuevo. El corazón me latía con mucha fuerza, sus golpes eran
incesantes. Abruptamente pensé: son como los de un timbal que anuncia
grandes sucesos. Allí, en esa casa, en la casa de los mecánicos,
en la casa de la calle 27 de Abril, estaba René Rufino Salamanca.
Y con él, qué duda podía caber, estaba John William Cooke. Allí,
entonces, estaba la Historia. Entré.
Cuando por fin encontré un lugar en la mesa advertí que me hallaba
lejos de Salamanca, lejos de Cooke. No obstante, podía, con algún
esfuerzo, escucharlos. Los compañeros habían traído vino de damajuana
y empanadas. Cooke comía y hablaba a la vez. Y las dos cosas, abundantemente.
Pasaba con él eso que pasa con los gordos: se los ve más gordos
cuando comen. Pero la gordura de Cooke no era la de cualquier gordo.
Era la de Cooke. Quiero decir: simbolizaba todo cuanto había en
él de exuberante, de desmesurado. Lo engordaban sus ideas, sus convicciones
incontenibles, sus pasiones. Ahora, un hilo de aceite denso, amarillento,
se deslizaba desde sus labios hasta perderse entre su barba. Entonces,
recuerdo, pensé: nunca he visto a un hombre más vivo que éste.
Algunas frases me llegaban. No todas, pero, creo, las suficientes.
Salamanca le decía Gordo a Cooke, como le decían sus amigos y también
como, entre ellos, le decían los militantes. Cooke le decía Salamanca
a Salamanca, no le decía René ni Rufino, le decía Salamanca. Y,
con frecuencia, los dos se decían compañero.
Sin embargo, pese a que Salamanca le decía Gordo a Cooke y pese
que Cooke le decía Salamanca a Salamanca, era Cooke quien más hablaba,
era Cooke quien bajaba línea, era Cooke quien parecía tratar, digamos,
paternalmente a Salamanca. Y no era casual: Cooke tenía una vasta
historia a sus espaldas. Había sido diputado bajo el gobierno de
Perón, había sido interventor del Partido Justicialista en el tórrido
mes de junio de 1955, cuando el gobierno peronista era desplazado
por la reacción oligárquica, había sido representante de Perón durante
los primeros años del exilio del general, había tramado el pacto
Perón-Frondizi, había estado en Cuba, con Fidel, había sido amigo
del Che, y ahora estaba aquí, en la calle 27 de Abril, en la casa
de los mecánicos, y hablaba con René Rufino Salamanca, y comía empanadas,
y se bebía ese vino oscuro de damajuana, y exudaba vida.
Ultima
carta a Alicia EgurenBuenos Aires, 21 de agosto de 1968 Querida Alicia: Ya a punto de ser operado, deseo establecer algunas indicaciones, disposiciones y directivas que, lamentablemente, pertenecen a lo macabro, pero creo mejor consignarlas expresamente. 1) En caso de que mi estado se agrave y entre en coma, debes ocuparte que bajo ningún pretexto ni artimañas se me acerque personal eclesiástico, monjas, etc, o se intente suministrarme sacramentos, exorcismos, etc. La prohibición incluye a los sacerdotes que sean amigos personales. Comprendo que, ya que al fin y al cabo para mi carece de importancia todo ritual, algunas personas que me quieren piensan que exagero las restricciones. Pero es que deseo mantener intacto mi buen "nombre y honor" de ateo y materialista consecuente, y no deseo confusiones, leyendas sobre arrepentimientos "in extremis" y otras fábulas producto de la propaganda (y a veces de la buena intención) de la gente. 2) En caso de muerte, todo lo anterior se aplica con el mismo rigor, aunque he tomado disposiciones —con tu participación— que espero obvien dificultades. a) Donación de mis ojos, de mi piel, etc. b) Gestiones en trámite para donar los restantes órganos y, si es posible, todo lo que reste de mi cuerpo. 3) Si lo anterior fuese factible, cumpliría un doble objetivo: ya que no he podido, por medio de una muerte heroica, contribuir a la solución revolucionaria de nuestro drama americano, al menos podré ayudar a resolver algún problema individual, servir para la práctica de estudiantes de medicina, etc., y, al mismo tiempo; quedarla eliminado el problema de disponer de mis restos mortales, con el consiguiente alivio en materia del orden establecido en materia de velorio, entierro, etc. 4) Pero como la burocracia y la imbecilidad del orden establecido son infinitas es previsible que surjan inconvenientes para una liquidación drástica y completa del cadáver, y por lo tanto debe plantearte lo que corresponde según las diversas hipótesis. 5) No se si el velorio es algo inevitable. Si pudiera evitarse, mejor, pues sabes lo que opino de esa ceremonia de cuerpo presente, coronas y demás elementos de mal gusto. Si, además puede prescindirse del entierro', mejor, que mejor. No pretendo que mis restos tengan que ser llevados en un paquete y en colectivo, pero si que solo recurras a los más funcional, ascéptico y desprotocolizado; nada de pompas fúnebres, ceremonias, solemnidades, etc. Por razones de fondo, estéticas y también económicas, pues mi tendencia al despilfarro no alcanza a lo post-mortem o sea, que me irrita pensar en gastos de pompas y circunstancias para satisfacer costumbres y vanidades que ofenden mi racionalismo y sentido de lo elegante. 6) En fin, ya llegamos, de una u otra manera, a la última etapa de esta planificación necrológica. Si no fue posible disponer integralmente del cadáver por medio de donación y hay que hacerlo de otra manera, entonces que lo cremen. Y que las cenizas no se conserven ni se depositen: dispérsalas poéticamente al viento, tíralas al mar (transo con que las tires al Río de la Plata, lo mismo da cualquier río y aún una laguna) Yo vi viré como recuerdo el tiempo que me tengan en la memoria las personas que de veras me han querido; y en la medida en que he dedicado mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de los que continúen esa militancia. Así que no deseo que queden ni vestigios de lo que fue, por un breve intervalo de tiempo, un complejo fisiológicamente organizado, como ser viviente. 7) A riesgo de machacón, prefiero durante las tramitaciones que demande la finalización de mi existencia como cuerpo, que apliquen con máximo rigor mis prohibiciones sobre exhibiciones religiosas; ni personal religioso donde estén mis restos, ni curas, ni escapularios, etc. 8) Por separado, dejo varias notas que presumiblemente, puedan ayudarte a cumplir con estas disposiciones. JOHN COOKE |
Y entonces Salamanca (porque aquí estamos, ¿no?: con Cooke y Salamanca hablando, diciéndose frases que a veces llegan a mis oídos, y a veces no), como si anunciara la más meditada de sus frases, el más hondo de sus cuestionamientos, le sirvió a Cooke un abundoso vaso de vino, tan abundoso que dejó vacía la damajuana, y que hizo de esta damajuana vacía un símbolo: el de una conversación que llega a sus instantes culminantes, finales, que agota su alcohol, que extrema, consumiéndose, su fuego.
"Mirá, Gordo", dijo Salamanca, "el problema es éste: los obreros
son peronistas, pero el peronismo no es obrero". Luego de los cual,
es decir, una vez oída esta frase, Cooke se llevó a los labios el
abundoso vaso de vino que Salamanca le había servido y se lo bebió
hasta más allá de la mitad. El silencio, según suele decirse, podía
cortarse de un tajo, allí, en la casa de los mecánicos, en la calle
27 de Abril, tanta era nuestra expectación. Cooke apoyó con fuerza
el vaso de vino sobre la amplia mesa y le echó una mirada rápida
al flaco Marimón, como si dijera: "¿Durante cuanto tiempo te pensaste
esa frase, pibe?". Y por fin dijo, mirándolo a Salamanca dijo: "Si
el peronismo fuera obrero como los obreros son peronistas, la revolución
la haríamos mañana mismo". "Y si, claro", dijo Salamanca. Y apoyó
un codo sobre la mesa y también apoyó su rostro sobre su mano derecha.
Así, se acarició reflexivamente una barba hirsuta que le había crecido
durante el día. Entonces dijo: "Tenemos que conducir la clase obrera
al encuentro con su propia ideología, compañero. Que no es el peronismo".
"Estás equivocado", dijo Cooke con una convicción casi tangible.
"Eso es ponerse afuera de los obreros. Eso es hacer vanguardismo
ideológico, Salamanca. Recordá lo que aconsejaba el barbeta Lenin:
hay que partir del estado de conciencia de las masas. ¿Está claro,
no? La identidad política de los obreros argentinos es el peronismo.
No estar ahí, es estar afuera".
"Bueno compañero", dijo Salamanca, "entonces nosotros estamos afuera.
Afuera del peronismo y sobre todo afuera de la conducción de Perón".
Cooke sonrió entre alegre y sarcástico. Agarró el vaso de vino,
que ya no era abundoso, pues, según he dicho se lo había bebido
hasta más allá de la mitad, se lo llevó a los labios y ahora se
lo bebió hasta la última gota. Otra vez lo apoyó con fuerza sobre
la mesa y dijo: "No hay caso entre ustedes y Perón, ¿eh? Cómo les
jode, che. ‘Bonapartista’. ‘Nacionalista burgués’. O si no, lo peor:
‘fascista’. Si, ya se. Vos no le decís ‘fascista’, Salamanca. Sos
más sutil que eso". Lo señaló al flaco Marimón y añadió: "Tu asesor
también. Lo de ‘fascista’ se lo dejan a la derecha. Al diario de
los Mitre. Ustedes son diferentes. No dicen ‘fascista’. Pero dicen
lo que ya dije, ¿no? ‘Bonapartista’. ‘Nacionalista burgués’. Distintas
formas de decir la misma cosa, Salamanca. Que Perón no representa
los verdaderos intereses de la clase obrera. Que la clase obrera
tiene un líder y una ideología burgueses. Bueno, mirá, escuchame
bien". Entonces Cooke apoyó sus dos codos en la mesa, unió sus manos
formando una capilla y, sobre ellas, sobre esas manos de dedos gordos
pero fuertes, según lo he dicho, macizos, apoyó su barba y el mentón.
Créanmelo, insisto: ahora, el silencia, todavía más que antes, podía,
según suele decirse, cortarse con un tajo. Entonces Cooke dijo:
"Me cago en Perón, Salamanca". Agarró de nuevo su vaso, lo golpeó
contra la mesa dos o tres veces y dijo: "Más vino aquí".
Alguien hizo aparecer una veloz damajuana y le llenaron el vaso
hasta el borde. Cooke se tomó un buen trago, apoyó otra vez el vaso
sobre la amplia mesa, miró fijamente a Salamanca y dijo: "No sé
si he sido claro, compañero". Salamanca se adueñó de la damajuana
y se sirvió vino. No bebió, pero lanzó una risa inesperada y sonora.
Súbitamente aliviados, todo reímos con él. ¿No era acaso maravilloso
oírle a Cooke "Me cago en Perón"? ¿Hasta dónde llegaría la osadía
teórica de ese hombre excepcional? Porque nadie dejó de entenderlo:
"Me cago en Perón" no era un insulto. Era una afirmación teórica.
No sé si me entienden. En labios de John William Cooke, eso, Me
cago en Perón, era una valiosa afirmación teórica, de la cual nosotros,
allí, en la casa de los mecánicos, en la calle 27 de Abril, acabábamos
de ser los afortunados testigos. De aquí la risa inesperada y sonora
de Salamanca. De aquí nuestra propia risa. Que volvió a estallar
y que esta vez no sólo fue alegre y sonora sino también mordaz cuando
v dijo: "Nosotros también, Gordo. Nosotros también nos cagamos en
Perón". Y luego, cuando se hubieron sosegado nuestras risas, añadió:
"Parece que estamos más de acuerdo de lo que creíamos". Lo cual
no fue aceptado por Cooke, ya que dijo: "No, compañero. No estamos
de acuerdo. Porque ustedes se cagan en Perón de una manera y yo
y los peronistas como yo de otra.
Porque, para ustedes, compañero, cagarse en Perón es quedarse afuera.
Afuera de Perón y de la identidad política del proletariado. Mientras
que para nosotros, cagarnos en Perón, es rechazar la obsecuencia
y la adulonería de los burócratas del peronismo. Es reconocer el
liderazgo de Perón, pero no someternos mansamente a su conducción
estratégica. Para nosotros, Salamanca, para mí y para los peronistas
como yo, para los peronistas revolucionarios, cagarnos en Perón
es crearle hechos políticos a Perón, aun al margen de su voluntad
o del que sea su propio proyecto. Para nosotros, Salamanca, para
mí y para los peronistas como yo, para los peronistas revolucionarios,
cagarnos en Perón es creer y saber que el peronismo es más que Perón.
Que Perón es el líder de los trabajadores argentinos, pero que nosotros,
los militantes de la izquierda peronista, tenemos que hacer del
peronismo un movimiento revolucionario. De extrema izquierda. Y
tenemos que hacerlo le guste o no le guste a Perón. Porque si lo
hacemos, compañero, a Perón le va a gustar. Porque Perón es un estratega
y un estratega trabaja con la realidad. ¿Entendés, Salamanca? Y
nosotros le vamos a crear la realidad a Perón. Una realidad que,
más allá de sus propias convicciones que son muy difíciles de conocer,
Perón va a tener que aceptar. Porque Perón, Salamanca, ya no se
pertenece. Quiero decir: lo que no le pertenece es el sentido político
último que tiene nuestra historia. Porque Perón, Salamanca, va a
tener que aceptar lo que realmente es, lo que el pueblo hizo de
él: el líder de la revolución nacional y social en la Argentina.
Ésa es, entonces, compañero, en suma, mi manera de cagarme en Perón".
Y cuando Cooke hubo dicho esto, cuando Cooke hubo terminado de largarse
esa parrafada, el silencio, allí, en la casa de los mecánicos, en
la calle 27 de Abril, era otra vez como ya he dicho que era, es
decir, el silencio, ahora, otra vez, podía cortarse con un tajo.
Cooke respiró hondo, buscando un aire que necesitaba luego de todas
esas palabras que le había arrojado a Salamanca, se recostó pesadamente
sobre su silla, cruzó sus brazos sobre su abdomen y se quedó así,
tranquilo, como en reposo, mirando fijo a Salamanca, a la espera.
El flaco Marimón se había apartado levemente de Salamanca, es decir,
ya no se lo veía inclinado sobre el líder de los mecánicos, sobre
el hombre que poseía el don de atraer las vibraciones y convertirlas
en acontecimientos, en René Rufino Salamanca, sino que, tal como
lo he dicho, ahora se lo veía apartado, o, quizá, más precisamente,
se lo veía más inclinado sobre Cooke que sobre Salamanca, pues lo
miraba con una fascinación que se le adivinaba pese a sus anteojos
densos y con una sonrisa que era casi de gratitud, un reconocimiento
hondo, verdadero, y que se abría espacio entre su barba bien recortada
pero espesa de ideólogo cordobés y revolucionario. Y entonces Salamanca
tajeó el silencio porque dijo: "Mirá Gordo, aunque vos te cagues
en Perón de una manera y nosotros de otra, ya sé que estamos en
la misma trinchera". Hizo una breve pausa y añadió: "En el mismo
lado de la lucha, compañero"Entonces alguien tajeó definitivamente
el silencio y gritó: "¡Viva el compañero Cooke!". Y otro gritó:
"¡Viva el peronismo revolucionario!". Y un gordo enorme, mucho más
alto y más gordo que Cooke, un mecánico, un hombre de la calle 27
de Abril, un morocho a quien todos, coherentemente, le decían negro,
un morocho que se llamaba como Salamanca, pero no René, sino Rufino,
es decir, que tenía el más sonoro y el más viril de los dos nombres
de Salamanca, el negro Rufino, entonces se trepó a una silla con
una agilidad que en él era un desatino, elevó su brazo, cerró su
puño, lo hizo girar vertiginosamente y con toda su alma gritó: "¡Viva
Perón, carajo!".
[Fragmento de La astucia
de la razón]
Imagen: Cooke fotografiado en una de las tantas detenciones policiales.
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JOHN WILLIAM COOKE
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Apuntes para la militancia

Propósitos
Contar con una información adecuada no es sólo un derecho que la
masa peronista se ha ganado en sufridos años de lucha, sino también
condición esencial para cumplir su misión histórica de liberar nuestra
patria de la explotación nacional e internacional. Sin embargo,
desde las estructuras dirigentes del movimiento únicamente le llegan
trivialidades que nada agregan salvo confusión.
Las funciones inexcusables es extender y ahondar ese conocimiento
directo, elaborar críticamente datos de la realidad contemporánea
y presentar conclusiones que aclaren su sentido, extraer y generalizar
las enseñanzas que deja la acción colectiva, tareas sin las cuales
no se perfeccionan las formas organizativas y de combate.
Es en la organización revolucionaria que se opera ese enriquecimiento
recíproco, al cual contribuyen los cuadros directivos con las síntesis
esclarecedoras que orientan a las masas obreras.
El peronismo lo necesita con urgencia, como punto de partida para
replantear sus inoperantes líneas políticas.
Para saber cuales son nuestras fallas y llegar a sus causas hay
que tener una visión global de la Argentina, de las fuerzas que
chocan en su seno, de las características que revisten esos conflictos.
U dentro de ese marco histórico, examinar el significado del peronismo,
con qué tendencias sociales e irreductiblemente antagónico, qué
políticas lo condenarán a frustrarse y cuáles sirven al objetivo
de realizarnos como destino nacional.
Por no plantearse correctamente todo esto, las burocracias siempre
rectifican los aciertos y reinciden en los errores. La indigencia
teórica arrastra a los desastres estratégicos.
Lo primero que procuramos demostrar en la brevedad de este informe
es que la teoría política no es una ciencia enigmática cuya jerarquía
cabalística manejan unos pocos iniciados, sino un instrumento de
las masas para desatar la tremenda potencia contenida en ellas.
No les llega como un conjunto de mandamientos dictados desde las
alturas, sino por un proceso de su propia conciencia hacia la comprensión
del mundo que han de transformar.
John William Cooke - Diciembre de 1964

Capítulo
I
Malestar en las bases
Seguros de nuestra propia fuerza y razón, durante la tiranía militar,
aun en sus períodos más sombríos, la reconquista del poder nos parecía
próxima e inexorable. A nueve años del golpe imperialista (de 1955)
ese optimismo ingenuo ha cedido su lugar a otra actitud más realista
y reflexiva, aunque siempre poseída del optimismo.
El origen del descontento no es por lo tanto la violencia del régimen,
son las sospechas sobre la aptitud del Movimiento para doblegarlo.
Los presos, los torturados, los muertos, las innumerables jornadas
de combate, testimonian nuestro coraje ante la adversidad: también
despiertan interrogantes sobre si no estaremos malogrando tanto
sacrificio.
Hay muchos de nuestros compañeros que relegan esas inquietantes
intuiciones, resistiéndose a admitir el deterioro de las viejas
certidumbres. Otros se tranquilizan oponiendo la convicción de que,
pese a todos los obstáculos, a la larga el pueblo vencerá. Pero
este fatalismo optimista no es más que otra forma de autoengaño:
nuestros compromisos son con esta época, sin que podamos excusarnos
transfiriéndolos a generaciones que actuarán en un impreciso futuro.
La historia no es nítida ni lineal ni simple, la Argentina de hoy
es un ejemplo de sus complicaciones y ambigüedades.
La presencia del peronismo impide que las clases dominantes gocen
tranquilamente de sus privilegios usurpados: es por sí misma, la
prueba de la decrepitud del régimen, de su ineficacia para resolver
los problemas del país (nota: aunque habría que considerar sus formas
de prolongación y reciclamiento para mantenerse).
La inquietud prevaleciente responde a la impresión de que nuestros
objetivos finales se hallan en una brumosa lejanía, que nuestros
esfuerzos cotidianos no parecen acortar.
Dicho de otra manera: entre los anhelos de tomar el poder y los
episodios de nuestra lucha, no se ve la relación de una estrategia
que avance hacia los objetivos últimos. Se organiza lo táctico,
pero sin integrarlo en una política que, por arduo que sea el camino
que señale, presente la revolución como factible, como meta hacia
la cual marchamos. No más que eso necesitan las masas, pero no con
menos se conformarán.
Lo importante es destacar que allí está el origen de ese temor a
no encontrar respuestas revolucionarias a los desafíos contemporáneos.
Las clases gobernantes no pueden ya aspirar a nada más que al mantenimiento
del equilibrio. Salvo las fluctuaciones secundarias entre fases
de máxima tensión y fases de relativa calma social, permanecerán
en la situación óptima mientras esta paridad no se rompa. El peronismo,
como agrupación mayoritaria, necesita alterarla. Mientras no encuentre
la política que lleve a conseguirlo, prorroga la vigencia del régimen,
y simultáneamente se debilita internamente.
Tiene ante sí una opción entre dos líneas de conducta. Puede mantener
la actual, confiando en que de alguna manera imprevista llegará
al poder y se iniciará así el milenio peronista, concepción burocrática.
O puede plantear la cuestión a la inversa: comprender que el futuro
del Movimiento no está en acertar una tómbola, sino en movilizar
al pueblo en una política revolucionaria. La casualidad que nos
regale el gobierno y nos garantice el futuro no se dará. Lo que
sí podemos hacer es encarar los cambios internos de fondo que nos
pongan en condiciones de aspirar al poder.
La crisis del Régimen y la crisis del Movimiento Peronista
Todos coincidían en que la causa originaria de la crisis fue el
gobierno peronista. El que las penurias justamente comenzaran con
la restauración de 1955 no pasa según ellos de mera casualidad.
También es “casualidad” que después de nueve años de una política
que es la antítesis de la que habría provocado la crisis, ésta sigue
a toda marcha. Pero desde todas las tribunas se nos suministra una
explicación que absuelve nuevamente al régimen con irrefutable rigor
lógico: lo que impide sacar al país del pantano son las maquinaciones
de una formidable asociación ilícita, que integran Perón, Fidel
Castro, “los que sueñan con un retorno imposible” y Mao Tse Tung,
además de una caterva de agentes del “comunismo internacional” que
nadie ha visto nunca, pero que se nos dice que está por todas partes
haciendo maldades a full time.
Sobre la caracterización de la crisis hay una amplia variedad de
versiones: es crisis moral, o crisis de la cultura, o crisis del
desarrollo, o crisis de jerarquías, etc.... Hay quienes ven el fin
de sus privilegios como si fuese el fin de la comunidad: confunden
el no-ser burgués con el no-ser de la Nación.
Por nuestras virtudes hemos podido agudizar las contradicciones
internas de los sectores gobernantes, impedir muchos de sus abusos,
evitar la institucionalización del despojo y el semicoloniaje. Por
nuestras carencias no hemos logrado impedir que el régimen siga
manteniendo intacta la superioridad en fuerza material que le permite
subsistir, oscilando entre la dictadura desnuda y la dictadura encubierta,
tras las formas rituales de la democracia minoritaria. A su propia
anarquía e incoherencia hemos opuesto nuestras propias indecisiones,
nuestra invertebración teórica y operativa.
El pueblo se niega a aceptar el viejo juego político en que sólo
participaba por procuración, y por medio del Movimiento ha hecho
imposible el reestablecimiento de ese anacronismo, salvo como aparato
desprovisto de todo vestigio de representatividad. No ha logrado
en cambio dotar a esa vocación de poder de una práctica eficaz.
La resistencia no es suficiente: sin contraataque no hay victoria.
El Movimiento exige una política en que se conjuguen las ideas,
la práctica y la organización revolucionaria, en que la búsqueda
de los objetivos finales se armonice y complemente con las variantes
tácticas y operativas capaces de dar respuesta a cada coyuntura.
Cada vez que se nos cierran los caminos de la semilegalidad, la
burocracia declara la guerra. Pero nada más. Ésta queda librada
a la espontaneidad de sacrificados activistas que oponen una violencia
inorgánica, inconexa e insuficiente, frente al potencial y a la
técnica siempre en aumento de los órganos represivos oligárquicos
imperialistas. Esta vacancia de conducción dura hasta que viene
un nuevo período de soluciones negociadas. Entonces, los que estuvieron
en la retaguardia durante el combate, pasan a ser la vanguardia
en los trámites de la tregua y capitalizan la abnegación de las
bases en la mesa de arena de los acuerdismos.
En el escenario político del país, la diferencia entre los partidos
tradicionales y el peronismo es neta, tajante, evidente por si misma.
Esto explica que nos proscriban, no pertenecemos al mismo sistema.
Pero las estructuras del movimiento no reflejan esa contradicción
irresoluble, sino que ésta reaparece internamente.
Tenemos por un lado el peronismo rebelde, amenazante para los privilegios,
y por otra parte, aparatos de dirección en los que predomina una
visión burguesa, reformista, burocrática, en lugar de la visión
revolucionaria que corresponde a la realidad objetiva del papel
que cumple el peronismo en la vida nacional (nota: en la vida partidaria,
el pejotismo liberal ocupó el lugar contra el peronismo revolucionario).

Capítulo
II
El orden de la oligarquía liberal
“¿Cuál es la fuerza que impulsa ese progreso? Señores, ¡es el capital
inglés!"
Bartolomé Mitre
La recolonización de 1955 permitió a la minoría explotadora ocupar
económica y políticamente el país, pero no culturalmente. Antes
una cosa implicaba a la otra, ahora no.
La fórmula había funcionado durante un siglo a partir de la derrota
nacional de Caseros. Allí se liquidó el pleito entre las dos corrientes
que chocaban desde los días de Mayo: la del puerto de Buenos Aires,
cosmopolita, librecambista, vehículo de ideas e intereses que convenían
a Europa y trataba de imponer al resto del país; y otra, nacionalista
popular, que veía al país en su conjunto y como parte de la unidad
latinoamericana. Antimorenistas y morenistas, dictatoriales y americanistas,
unitarios y federales, fueron fases de ese enfrentamiento.
Una vez que Argentina quedó incorporada como satélite de la primera
potencia capitalista de mediados del siglo XIX (Inglaterra) y se
unificaba en la política de la oligarquía portuaria, los antagonismos
se denominaban separatistas bonaerenses y hombres de Paraná: crudos
y cocidos, chupandines y pandilleros, liberales y autonomistas,
cívicos y radicales.
Desde la Independencia, los intereses foráneos tenían su aliado
natural en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse
como intermediaria de un comercio sin restricciones en Europa. Su
primera víctima fue Mariano Moreno, cuya visión americanista chocó
con el centralismo unitario que subordinaba el país a la política
bonaerense. A ellos se debe el rechazo de los diputados orientales
que llevaban a la Asamblea del año XIII las instrucciones de Artigas
sobre la organización confederal. Sólo desacatándose pudo realizar
San Martín la campaña de Chile y Perú, pero el pago fue dejarlo
abandonado a su propia suerte en suelo peruano, del cual pasó al
exilio voluntario y definitivo.
Fue contra los devaneos monárquicos de ese grupo, que los gauchos
impusieron el principio republicano en el año 20. Fue contra la
Constitución aristocratizante de su agente conspicuo -Rivadavia-
que se alzaron seis años después los caudillos federales. Dignos
antecesores de la oligarquía contemporánea, en 1815 sancionaron
la Ley de Vagancia, para terminar con la protesta de los gauchos
hambreados por la política de los exportadores de carne.
En la Constituyente de 1826, los rivadavianos proponían una cláusula
prohibiendo el voto de los domésticos, soldados de línea, peones,
jornaleros, en una palabra, a la chusma que había hecho la Independencia.
Borrego, a quien luego harían asesinar por Lavalle, ridiculizó los
argumentos de esa minoría reaccionaria. La de hoy, aplica el mismo
principio proscriptivo aunque no tiene la valentía de sostenerlo
con doctrina.
Fue ese unitarismo el que concedió a Inglaterra la franquicia para
que sus barcos navegasen nuestros ríos, a cambio del derecho espectral
de que los barcos que no teníamos navegasen por el Támesis. El mismo
escandaloso unitarismo que dio toda la tierra pública como garantía
para contraer el empréstito con Baring Brother’s, el que entregó
las minas de Famatina a un consorcio europeo del cual Rivadavia
estaba a sueldo, el que creó el Banco de Descuentos dando el control
a los comerciantes ingleses.
La época de Rosas fue un compromiso entre Buenos Aires y el interior,
unidos en una política defensiva contra el colonialismo anglofrancés
y las fuerzas que secundaban sus planes para desintegrarnos. Buenos
Aires retiene las ganancias del puerto, pero encabeza la lucha contra
el extranjero. La Ley de Aduanas protegía a la industria artesanal,
el coraje criollo, la soberanía acechada.
Rosas, caudillo de la conjunción de fuerzas populares que terminó
con el unitarismo, era la cabeza de los ganaderos bonaerenses, y
formaba con sus amigos y parientes el sector más dinámico de la
economía, integrado como industria de tipo capitalista e independiente
del sistema comercial de Inglaterra: cría de ganado, saladeros,
flota de barcos para transportar los productos a diversos mercados.
Cuando esas circunstancias cambiaron, la política proteccionista
del Restaurador ya no contó con el apoyo de los estancieros, que
se unieron a la coalición organizada por Inglaterra y dirigida por
el imperio esclavista de Brasil.
En 1852 el país necesitaba superar el equilibrio precario del período
rosista e integrarse como nación moderna, constituyendo una unidad
económica, con el territorio nacional como mercado interno único,
y el puerto de Buenos Aires puesto al servicio común como base para
un desarrollo capitalista autónomo. Ocurrió todo lo contrario.
La burguesía comercial portuaria afirmó su control al haberse constituido
también como burguesía terrateniente. Los hombres de la Federación
poco pudieron contra sus maquinaciones, especialmente cuando Urquiza
hipotecó su caudillaje para salvar sus vacas, y la “barbarie” del
interior fue aniquilada para asegurar la hegemonía de esa oligarquía
ganadero-comercial.
La Argentina se incorporó al proceso económico mundial, pero como
mercado complementario del capitalismo inglés. La manufactura importada
terminó de aniquilar nuestras industrias embrionarias. Los ferrocarriles
dibujaron una nueva geografía donde el intercambio interregional
desaparece, se expande el mercado comprador de artículos ingleses
y nacen “las provincias pobres”. Las compañías extranjeras, los
grandes terratenientes y la burguesía que participaba del negocio
importador y exportador, engordan a medida que la riqueza del interior
cae en los toboganes que la deposita en los puertos para ser transferida
a las islas británicas. Los ríos que el paisanaje había cerrado
con cadenas para atajar a las flotas invasoras, pasan a ser vías
internacionales por prescripción constitucional: no la prosperidad
sino la miseria navegarán por ellos.
Zona marginal del centro capitalista inglés, también debíamos ser
dependencia ideológica y política. Es que el imperialismo es tanto
un hecho técnico-económico como cultural. El lugar de operaciones
aisladas de intercambio, establece una relación permanente que no
se agota en cada transacción. Los capitales colocados en la semicolonia
deben rendir frutos durante muchos años. Es preciso entonces evitar
toda inseguridad en los reintegros y pagos de intereses. Debe procurarse
que crezca la economía agraria, para que sus productos fluyan a
la metrópoli, y que no surjan industrias que desequilibren la “división
internacional del trabajo”.
El imperio necesita contar con gobiernos estables, ordenados, buenos
pagadores e inmunes al extravío nacionalista. Para eso no hace falta
recurrir a la presión directa o a los groseros despliegues de potencia
armamentista. La penetración financiera produce el encumbramiento
de una oligarquía nativa cuyo destino estaba ligado al del “gran
país amigo”.
Las expediciones punitivas de Mitre y Sarmiento ahogaron en hierro
y fuego las protestas del pueblo, la cabeza de Chacho Peñaloza,
exhibida en la Plaza de Olta, simboliza a la oligarquía mucho mejor
que los mármoles y bronces con que ella se ha idealizado.
La dependencia económica aseguró la esclavitud mental. La semicolonia
quedó unificada en el culto idolátrico de las ideas -símbolo del
liberalismo- y cuanto se le oponía fue sentenciado y ejecutado en
trámite sumario.
La lucha política era entre minorías. La montonera había sido una
forma de política elemental en la que se participaba directamente.
El hombre de nuestro campo tomaba la lanza y arrancaba detrás del
caudillo: iba a pelear contra los españoles o al grito de “Federación
o Muerte” (que según se ha demostrado, significaba “República o
Muerte”), contra los proyectos monárquicos centralistas de la aristocracia
porteña, o contra el chancho inglés o francés que rondaba nuestras
aguas, en último caso para entreverarse en peleas de menor significación.
El enriquecimiento de la región pampeana significó, como contrapartida,
el estancamiento del interior. El libre cambio tuvo un primer efecto
negativo: la producción artesanal de las provincias interiores no
pudo resistir a la afluencia de manufacturas extranjeras.
Durante la época de Rosas no se había contraído empréstitos con
el extranjero, pero a medida que la Argentina aumenta sus exportaciones,
y por ende su solvencia como deudor, se recurre al crédito externo
con tal exageración que el país se va hipotecando hasta límites
increíbles.
Sarmiento se vale del empréstito para terminar la guerra con el
Paraguay y “pacificar” nuestro interior; otros empréstitos se piden
para obras que no se construyen, para planes que nunca se inician,
a veces sin buscar pretexto plausible. Después se van pidiendo empréstitos
para pagar los servicios de empréstitos anteriores. Sólo de 1863
a 1873 los ingleses prestan a la Argentina 15 millones de libras
esterlinas.
En estos idílicos tiempos, que tanto añoran los conservadores, el
país sufría inmediatamente los efectos de cualquier contracción
en los países industrializados. Éstos eran periódicamente sacudidos
por las crisis que llegaban aquí con violencia multiplicada, al
reducir la demanda de nuestras exportaciones y simultáneamente el
precio que se nos pagaba por ellas. Además, justo cuando nuestro
país entraba en crisis, Gran Bretaña drenaba nuestras reservas de
oro agravando la situación.
Sin embargo, las clases dirigentes ponían todo su empeño en mantener
el crédito internacional de la Nación a toda costa. Un presidente
diría que “es necesario economizar sobre el hombre y la sed de los
argentinos”.
Yrigoyen y sus enemigos
Fue Yrigoyen quien, orientándose como pudo, infligió serias derrotas
al aparato que asfixiaba al país. El yrigoyenismo fue un movimiento
de masas que expresaba la tendencia al crecimiento del país, frenado
por la alianza de la aristocracia latifundista y el imperio británico.
En el gobierno tuvo entre otros méritos, el de cumplir con su promesa
de no enajenar ninguna parte de la riqueza pública ni ceder el domino
del Estado sobre ella. En un asunto clave como el ferroviario, su
acción fue fecunda, y demostró una comprensión cabal cuando, al
vetar la ley del Congreso que traspasaba las líneas del Estado a
una empresa mixta, afirmó en el Mensaje: “el servicio público de
la naturaleza del que nos ocupa ha de considerarse principalmente
como Instrumento de Gobierno con fines de fomento y progreso para
las regiones que sirve”.
El apoyo a YPF, la tentativa de crear un Banco del Estado y un Banco
Agrícola, la compra de barcos, etc.., son otras tantas pruebas de
su orientación nacionalista.
Su política internacional fue digna, altiva, independiente, y retomó
el sentido latinoamericanista que poseían los hombres de la Independencia
y que se perdió a mediados de siglo pasado.
Es bueno insistir sobre el manto de plomo que recubría la cultura
del país. Las voces solitarias de aquí y allá que querían agregar
un aporte renovador, estaban fuera (o se las dejaba rápidamente)
de los medios de difusión capaces de amplificarlas hasta influir
en la conciencia política nacional. La transición a concepciones
políticas más adelantadas y claras que pudo producirse dentro del
radicalismo, fue cosa que no ocurrió. Fuera de él, en las fuerzas
organizativas, había un páramo ideológico.
El Partido Conservador, representante de la oligarquía terrateniente,
no se resignó a la pérdida del gobierno ocasionada por la aplicación
del sufragio libre. Mientras esperaba la hora de recuperar el poder
por la violencia, su táctica consistió en unir todas las fuerzas
posibles bajo el lema negativo de hacer antirradicalismo (luego,
cuando contó con aliados en el propio radicalismo, su bandera sería
el “antiyrigoyenismo”).
El aliado más consecuente que siempre tuvieron los conservadores
fue el Partido Socialista, que no sólo los acompañó en las maniobras
concretas contra el radicalismo, sino que también lo haría contra
el peronismo.
Buenos Aires, puerto de factoría que servía a la intermediación
importadora-exportadora, centro burocrático al que convergían los
inmigrantes y los criollos desplazados por el latifundio, era la
única realidad que veían -incompleta y erróneamente, además- los
socialistas. Por el resto del país sentían el mismo desprecio que
los “civilizadores” mitristas y rivadavianos.
La gran mayoría de los explotados estaba en el campo: eran los peones
de la estancia, los obrajeros, los hijos de la tierra convertidos
en mano de obra miserable.
La Argentina quedaba seccionada en una porción industrial y en otra
que no lo era, cuyos respectivos asalariados se incomunicaban entre
sí y perseguían objetivos contrapuestos. Era una estrategia que
podía deparar algunas mejoras a sectores reducidos del proletariado
(creando nuevos motivos de desunión interclasista), pero le vedaba
la lucha política para avanzar en conjunto como clase. Los obreros
industriales, sin peso en el cuadro global de la economía subdesarrollada,
no podían ser factor de transformaciones revolucionarias, si actuaban
de espaldas al resto de los perjudicados por el sistema oligárquico
imperialista. A cambio de la fantasía de buscar una liberación exclusiva,
para ellos solos, en medio de la Argentina desangrada, rompían el
frente capaz de obtener una liberación real, y abdicaban del papel
que les correspondía dentro de ese frente como clase revolucionaria.
En suma, no les quedaba más que “el sindicalismo puro”, la lucha
economista por mejoras inmediatas, aunque debilitados por renunciar
a la solidaridad de los otros grupos de intereses comunes, y votar
por los socialistas, con lo que terminarían de suicidarse. Como
el Partido Socialista era enemigo de la industrialización, la clase
proletaria no crecería, y como también era librecambista y enemigo
de lo que llamaba las “industrias artificiales”, cuando éstas desapareciesen,
los obreros sin trabajo aumentarían la oferta de mano de obra y
bajarían los salarios. Limitándose a una política meramente encaminada
a las mejoras salariales en la industria, éstas servirían, por una
parte, para aumentar la diferencia entre las remuneraciones de la
ciudad y del campo, característica de los países subdesarrollados.
Al mismo tiempo, servirían de pretexto para el aumento de costos
de producción y, sin proteccionismo, las industrias quedarían en
peores condiciones ante la competencia extranjera.
Con estas menciones basta para apreciar que si el Partido Socialista
nos ha negado siempre hasta “la leche de la clemencia”, no es por
oportunismo ni por improvisación, sino por una vocación rectilínea
-desde la cuna hasta la tumba-.
La oligarquía, copiando instituciones liberales, y el Dr. Justo
remedando enfoques socialistas, llegaban siempre a las mismas conclusiones
y compartían los mismos prejuicios. Por ejemplo, al peón de tambo
y al obrajero que los oligarcas explotaban y denigraban, el Dr.
Justo los crucificaba teóricamente negándoles toda capacidad política.
Su discípulo, el Dr. Repetto, explica que era imposible hacerles
comprender razones “porque se trata de gente muy ignorante, envilecida
en una vida casi salvaje”.
Mencionamos las modalidades que los hacen indistinguibles del conservadorismo.
Destacaremos algo que acredita a los socialistas como caso político
único. Es el partido socialista del mundo colonial y semicolonial
que nunca fue antiimperialista, ni siquiera doctrinariamente. Más
aún: es el único partido socialista del mundo que ha defendido expresamente
al imperialismo. Hasta los más viscosos amarillismos social-demócratas
de Europa, beneficiarios y cómplices de la política colonial de
sus burguesías, al menos en teoría han condenado al imperialismo.
En la Argentina tenemos un fenómeno mundial: un partido socialista
proimperialista en la teoría y en la práctica.
Los designios de Estados Unidos de imponer su hegemonía en todo
el continente, no constituían ningún secreto: sus hombres de Estado
lo venían proclamando desde hacía un siglo, y había muchos hechos
probatorios en exceso, la oposición a los proyectos de Bolívar para
la unificación continental, la destrucción de nuestro Puerto Soledad
en las Malvinas, el robo a México de más de la mitad de su territorio,
las depredaciones en Nicaragua, la incursión naval contra Paraguay,
eran algunos ejemplos. Pero cuando la intervención yanqui en Cuba,
a principios del siglo XX, Juan B. Justo observó: “Apenas libres
del gobierno español, los cubanos riñeron entre sí hasta que ha
ido un general norteamericano a poner y mantener la paz a esos hombres
de otras lenguas y otras razas. Dudemos pues de nuestra civilización”.
Dudemos más bien de los socialistas cipayos, porque hasta los obrajeros
analfabetos del Dr. Repetto, saben que cuando los cubanos tenían
ganada la guerra de la Independencia, en 1898, los norteamericanos,
mediante una provocación, tomaron parte en la contienda y se constituyeron
en usufructuarios del sacrificio de los isleños que venían guerreando
desde hacía treinta años, firmaron un tratado de paz con España
sin dar intervención a los cubanos, y se apoderaron de las Filipinas,
Guam, Puerto Rico, etc. En Cuba nombraron un gobernador militar
y sólo lo retiraron cuando se les dio la base de Guantánamo (que
todavía ocupan) y se les reconoció el derecho de intervenir militarmente.
Cada vez que había protestas por el fraude con que se elegía a un
presidente amanuense de los yanquis, estos mandaban fuerzas amparados
en esa concesión.
Únicamente a los socialistas argentinos se les podía ocurrir echarle
la culpa a los cubanos de esas intervenciones imperialistas que
sufrieron todas las naciones que estaban en el radio geopolítico
de Estados Unidos.
Cuando decía “dudemos de nuestra civilización”, se trataba de una
ironía justista: quería decir que estaba seguro de nuestra barbarie.
Como la civilización y el progreso sólo pueden llegar del extranjero,
también aplaudieron la maniobra yanqui que quitó una provincia a
Colombia y creó la república artificial de Panamá. Pensaban, como
los yanquis, que nuestro continente sería un emporio de civilización
si no estuviese poblado por latinoamericanos.
Lenin, explicando la desviación reformista de los movimientos europeos
que recibían su cuota del producto colonialista, dijo que “el partido
obrero-burgués es inevitable en todos los países imperialistas”.
Ha mencionado asimismo que “en todos los países en los que existe
el modo de producción capitalista hay un socialismo que expresa
la ideología de las clases que han de ser sustituidas por la burguesía”.
En esta segunda categoría estaría el Partido Socialista de nuestro
país sin describirlo totalmente. La Argentina, siempre al día con
las modas del Viejo Mundo, quiso darse el lujo de tener un partido
obrero-oligárquico-proimperialista, una creación de la fantaciencia
política. Desde que se acriollaron los inmigrantes, nunca más consiguieron
reclutar a un proletario. Cuando en la Casa del Pueblo ven acercarse
a un grupo de obreros, cierran las puertas y piden custodia policial.
En 1930 la situación se tornó mucho peor, los efectos de la crisis
se sentían fuertemente y la reacción afilaba sus cuchillos. Como
después pudo verse, el curso de la economía en todo el mundo no
admitía ninguna salida de la depresión. Había que capearla lo mejor
posible. Pero la maquinaria de la oligarquía le permitía exagerar
las fallas del gobierno, atribuirle la culpa de procesos que eran
inevitables y marcarlo como responsable del descontento popular.
El Partido Socialista, infaltable en las grandes infamias contra
el país, dio una batalla parlamentaria contra la ley de nacionalización
del petróleo y lo mismo su desprendimiento, el Partido Socialista
Independiente, se sumó al escándalo callejero, arrastrando a los
bobalicones de la pequeña buguesía portuaria, que creían que aquellos
tribunos municipales eran la última palabra en materia de progresismo
y audacia de pensamiento.
Entre otras lindezas, el diario La Nación emitió este juicio sintético:
“No se recuerda ninguna época de fanatismo y corrupción como ésta”.
Y La Prensa: “Nunca antes en la Argentina, un gobierno quiso mostrarse
y se mostró más prepotente, omnisciente, ni llegó a dejar mayor
constancia de su incapacidad de actuar, respetar y ser respetado.
Por su parte el Partido Comunista no aportaba nada al esclarecimiento
de las cosas, por el contrario, definió al gobierno de Yrigoyen
como “reaccionario” y “fascistizante”. El clásico frente antipopular,
perfectamente sincronizado, sacó a relucir sus grandes palabras
y los militares de cabeza hueca hicieron de verdugos.
La Década Infame
“Recién entonces comprendimos hasta qué punto de nuestras oligarquía
estaba divorciada de la vida nacional y pudimos medir la amplitud
y la perfección con que dominaba los nudos estratégicos de la vida
de relación” - Scalabrini Ortiz.
En la dictadura que sustituyó a Yrigoyen pugnaban dos corrientes
de pensamiento. Los amigos más próximos del general Uriburu profesaban
un vago nacionalismo fascista, cuyo expositor principal había sido
Leopoldo Lugones, por entonces en una de las etapas más reaccionarias
de su vida atormentada y contradictoria. Se identificaba a la patria
con su aristocracia, frente a la chusma que venía a ser lo espúreo
y extranjero. Era la “hora de la espada”. La dictadura clasista
y los grupos conservadores planteaban su contradicción de siempre:
invocaban las ideas de la democracia liberal, pero en los hechos
tenían que violarlas para impedir el retorno del partido derrocado,
sobre todo cuando la elección de abril de 1931 demostró que los
radicales seguían siendo mayoría.
Después de la guerra 1914-18, la posición de Gran Bretaña como primera
potencia financiera había cedido ante los Estados Unidos, que emerge
como primer país acreedor del mundo. En la Argentina eso se reflejó
en un avance norteamericano, tanto en el monto de sus inversiones
como en su participación en nuestro comercio exterior. El país se
convirtió en zona de fricción entre ambos imperialismos. Los norteamericanos
invertían en algunos sectores de la industria y tenían sus ojos
puestos en los yacimientos petrolíferos, buscaban el desarrollo
de la vialidad para ampliar el mercado de sus exportaciones: automóviles,
petróleo, caucho, etc. Los ingleses defendían el sistema de transportes
estructurado en torno a los ferrocarriles y al suministro de carbón.
La crisis del año 30, dio transitoriamente el triunfo a los ingleses.
Las inversiones directas norteamericanas habían pasado de 40 millones
de dólares en 1913 a 330 millones de dólares en 1929, en 1940 representaban
360 millones: el 14% de las inversiones extranjeras contra el 61%
que poseían los ingleses.
Con la primera guerra había terminado el período de auge del sistema
capitalista universal. La crisis iniciada en 1929 no fue más que
un efecto retardado de ese resquebrajamiento, cuyos problemas habían
quedado irresueltos. En la Argentina el impacto fue tremendo, como
consecuencia de la indefensión que nos creaba el sistema agroexportador.
Las condiciones de nuestro progreso -demanda creciente de productos
agropecuarios, fertilidad de la zona pampeana, arribo de capitales
y de inmigración- provenían de afuera, al margen de una acción consciente
impulsada por factores internos. Ese desarrollo espontáneo ya estaba
agotado para entonces, pues el aumento de la producción ya no podía
hacerse mediante la incorporación de nuevas tierras aptas para el
proceso productivo. La crisis trajo un estancamiento en la demanda
mundial de nuestras carnes y cereales, y el valor de las exportaciones
argentinas se redujo, de golpe, en un 50%.
Los países industrializados abandonaron los métodos del liberalismo,
y establecieron una serie de medidas para contrarrestar los efectos
de la depresión. Simultáneamente, se invirtió la corriente mundial
de capitales: en lugar de afluir a los países dedicados a la producción
primaria, retiraron gran parte de las inversiones y cesaron sus
préstamos. Para hacer frente a los déficits de sus cuentas internacionales,
los países como Argentina no tenían otro recurso que apelar a sus
reservas de oro y divisas y, cuando éstas se agotaron, a diversas
medidas de regulación económica.
La conferencia de Ottawa, en que Gran Bretaña había establecido
sus dominios, un sistema de “preferencias” que cerraba las puertas
a la penetración comercial americana, puso a nuestra oligarquía
en el trance de perder el mercado británico de carnes. Empavorecida
mandó una delegación a Londres, encabezada por el vicepresidente
de la República, que firma el pacto Roca-Runciman y somete a nuestra
economía a dictados ingleses.
Gran Bretaña no se comprometía a nada importante. En cambio se le
otorgaba el control de nuestro mercado de carnes y distribuir el
85% de su exportación, asegurándose además que el transporte se
realizase en sus buques.
La clase dirigente entregó al extranjero todo cuanto éste exigió,
desde el manejo de la moneda y el crédito hasta el monopolio de
los transportes. El principal instrumento de dominación fue el Banco
Central, cuya ley preparó Otto Niemeyer, vicepresidente del Banco
de Inglaterra, y fue adoptada y puesta en ejecución por los doctores
Pinedo y Prebisch. La misión nombrada por Justo para proyectar las
reformas financieras del país era, con leves modificaciones, la
misma que antes había nombrado el gobierno de Uriburu. La componían
Alberto Hueyo, E. Uriburu, Federico Pinedo, Raúl Prebisch, R. Berger,
R. Kilcher, L. Lewin, y Robert W. Roberts, representantes de la
banca Baring Brothers, Morgan y Leng, Roberts y Cía., que eran acreedores
del gobierno. Extranjeros eran los ferrocarriles, los teléfonos,
el gas, los frigoríficos trustificados que controlaban la exportación
de carnes, las empresas de comercialización de las cosechas, los
tranvías, ómnibus y subterráneos.
Para dar una idea del anti-yrigoyenismo, Alvear había festejado
la caída de Yrigoyen. Los socialistas aprovecharon los años de abstención
radical para conquistar una numerosa bancada parlamentaria, luego
reducida a representaciones de la Capital Federal. Ostentaron el
mérito de no complicarse en ninguno de los escandalosos negociados
de la época, pero silenciaron el escándalo total de nuestro encadenamiento
a Gran Bretaña y de los avances del imperialismo yanqui. Al fijar
posición en el debate parlamentario sobre el pacto Roca-Runciman,
el diputado Nicolás Repetto aclaró: “Desde luego, nuestro voto no
implicará un reproche a la gestión diplomática realizada en Londres
por el doctor Julio A. Roca. Manifestamos y lo hemos hecho públicamente,
nuestra adhesión por la forma tan discreta, por la perseverancia
realmente ejemplar y por la alta dignidad que nuestra representación
ha sabido mantener en todo momento en el ejercicio de su elevado
mandato”.
Su oposición se limitó a lo episódico y marginal, sin calar en ninguno
de los temas fundamentales que afligían a la Nación. Eran la oposición
ideal para el régimen: moderada, enemiga del desorden, cultora de
todos los mitos proimperialistas. Su minúscula astucia de jacobinos
parroquiales consistía en equiparar a radicales y conservadores
en salvaguardia del orden, cuando se temía que los radicales intentasen
perturbarlo.
Los radicales siempre reprocharon a los socialistas el haberse aprovechado
de su abstención para obtener representaciones y legalizar el fraude
de los conservadores. En defensa de esa actitud, Repetto dijo hace
algunos años cosas muy graciosas: relata que, vetada la candidatura
Alvear-Güemes en 1931, Lisandro de la Torre vacilaba en presentarse
como candidato de la fórmula con el propio Repetto, pero éste en
vano aventó sus escrúpulos, y termina diciendo: “Los hechos ocurrieron
en la forma supuesta por mí, y en la elección presidencial siguiente,
los radicales triunfaron con su candidato, el Dr. Roberto Ortiz”
(La Razón 24/10/61). No menciona que Ortiz fue electo por los conservadores
y radicales antipersonalistas mediante un fraude cometido contra
el candidato de la UCR, Alvear. Con el criterio de Repetto, en la
elección de 1931 no hubo proscripción radical, puesto que el general
Agustín P. Justo era también radical antipersonalista (Ortiz fue
uno de sus ministros).
Desde luego, ahora los radicales prefieren no hablar de esos episodios,
desde que hace años son ellos los que usufructúan la proscripción
del partido mayoritario (nota: el peronismo había sido proscrito
desde 1955) y eso les ha convertido en gobierno. Cuando aluden al
tema se enredan en explicaciones más retorcidas aún que las habituales.
Uno de los que lo ha abordado intrépidamente es el Dr. Ricardo Balbín,
y como era de esperar, desapareció toda confusión. Su diáfana oratoria
dejó establecido que las situaciones no eran idénticas. “Los radicales
mantuvieron su entereza moral en la abstención, sin prestarse con
sus votos a pactos ni a la confusión de la República. Los proscritos
deben tener espíritu demócrata y no ser aventureros del poder” (La
Razón, 06/08/61).

Capítulo
III
La brisa de la historia
La política de neutralidad del gobierno militar rompía la unidad
continental que Estados Unidos buscaba para su política de guerra
(Segunda Guerra Mundial). El Departamento de Estado apeló a todos
los recursos para forzarlo a cambiar de línea o provocar su derrocamiento:
retiro de los embajadores latinoamericanos, inglés y norteamericano,
congelamiento de nuestras reservas de oro en Estados Unidos, prohibición
a sus barcos de tocar puertos argentinos, restricción de sus exportaciones
con destino a nuestro país, etc. Recién en 1945, cuando la suerte
del conflicto mundial estaba decidida, la Argentina rompió relaciones
con el Eje, pero sin unirse al rebaño de las restantes repúblicas
americanas conducidas por los yanquis.
Los partidos, la prensa y los intelectuales, movidos por el imperialismo,
apoyaban al embajador yanqui Spruille Braden, quien actuaba públicamente
en la vida política argentina, fogoneando la renuncia y detención
de Perón.
Pero los trabajadores ya no consintieron esa nueva vergüenza: todo
el país quedó paralizado por una huelga general, y las multitudes
marchan hacia Plaza de Mayo donde exigen la libertad de Perón y
su vuelta al poder.
Scalabrini Ortiz ha dejado una inolvidable descripción de esas jornadas.
De ahí extraemos algunos párrafos que captan su vivencia: “Un pujante
palpitar sacudía la entrada de la ciudad. Un hálito áspero crecía
en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando.
Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita
y Villa Crespo, de las manufacturas y acerías del Riachuelo, de
las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y
Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en un
mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de Cañuelas
y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles,
la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado.
Era el cimiento básico de la nación que asomaba, aglutinados por
una misma verdad que una sola palabra traducía: Perón”.
El milagro aritmético
La oligarquía había temblado ante la invasión de los descamisados.
Las explicaciones autotranquilizadoras le devolvieron la calma que
se transformó en euforia cuando, de inmediato, el gobierno convocó
a elecciones para cuatro meses más tarde: allí obtendría el triunfo
que se le acababa de escapar de las manos y castigaría la escoria
responsable del fracaso.
El Régimen al que había referido Yrigoyen se había reconstituido,
esta vez con el radicalismo como participante principal. El acercamiento
de los partidos respondió, como hemos visto, a una serie de motivos:
el belicismo los llevó a desarrollar actividades conjuntas, y desde
junio de 1943 habían desaparecido las causas del antagonismo -fraude,
lucha por el gobierno- y todo contribuía a unirlos, incluso la desgracia
común. Ante la ola desconocida que traía un candidato “de afuera”,
no perteneciente al selecto club democrático-representativo, se
constituyó la Unión Democrática.
Mirada desde el ángulo tradicional, la Unión Democrática era una
aplanadora: estaban todos los partidos que tenía el país, es decir,
todos los votos. Los analistas procedían con criterio realista y
admitían que de ese inmenso montón de sufragios había que descontar
unos puñaditos de gente votaría al candidato “imposible”, algunos
obreros sin conciencia que se habían dejado engañar por el demagogo,
los sectorcitos que seguirían a los radicales de la Junta Renovadora,
los totalitarios, claro está, y por fin ciertos elementos de la
población, como ser vagos, ladronzuelos, punguistas, borrachos,
malevos.... En suma, una ínfima minoría de estúpidos y antisociales,
y por consiguiente, lo único que tenía interés era el escrutinio
de las listas de diputados para ver como estaría compuesto el Parlamento
que acompañaría al gobierno de Tamborín-Mosca.
Para mayor garantía, el imperialismo yanqui no dejaba de ayudar
a sus amigos. Poco antes, la Junta de Exiliados Políticos Argentinos
se había dirigido a las Naciones Unidas pidiendo la solidaridad
del continente contra nuestro gobierno, en un documento que llevaba
la firma de los partidos Socialistas, Demócrata Progresista, Radical,
Demócrata Nacional (conservador) y Comunista. Braden había dejado
la embajada, ascendido al cargo de Subsecretario de Estado para
Asuntos Latinoamericanos y desde allí trataba de obtener el asentimiento
para los que desde aquí pedían “la intervención militar en la Argentina”.
En noviembre de 1945, el canciller uruguayo, Rodríguez Larreta,
le da estado diplomático a la tesis y emite la Doctrina de Intervención
Multilateral, propiciando la intervención colectiva del hemisferio
para restablecer la democracia en nuestro país, recibiendo la respuesta
que merecía de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores.
Faltando pocos días para las elecciones, el Departamento de Estado
norteamericano publicó el Libro Azul, donde se repetían las habituales
acusaciones y se daban “pruebas” de que Perón y sus colaboradores
eran agentes nazis. Nuestro gobierno las desmintió con el Libro
Azul y Blanco, haciendo enérgicas consideraciones sobre la intromisión
norteamericana en los asuntos internos de la Argentina.
No hay necesidad de explicar cómo fue que perdieron todos los partidos,
con toda la prensa y el dinero, con las omnipotentes embajadas de
las democracias victoriosas, con los estudiantes, profesionales
e intelectuales, con los caudillos grandes y chicos de todo el país.
Ese golpe fue cruel para todos ellos. Muy especialmente para el
radicalismo, que de ser una inmensa mayoría, se encontró ante la
sorpresa de que no podía ganar ni con el aporte de todos los partidos
juntos. Sus frases seguían siendo las mismas, los propósitos que
venían enunciando no habían cambiado, ni tampoco la comunicación
inmaterial con las masas de Alem, Yrigoyen y Alvear. Sin embargo
ese pueblo que durante trece años de fraude había querido votarlos,
ahora que tenían la oportunidad de hacerlo en comicios libres, les
volvía la espalda para seguir a un recién llegado.
Ellos se veían a sí mismos de una manera: la imagen era falsa y
el pueblo los contemplaba tal como eran.
La UCR, como todo partido “serio”, excluyó de su léxico la palabra
“imperialismo” justo cuando el hombre de la calle estaba adquiriendo
conciencia de su peligrosidad.
El caso que venimos analizando deja una primera lección: no hay
que encerrarse en cuevas ideológicas, porque afuera pueden estar
sucediendo cosas importantes, y uno enterarse demasiado tarde o
no enterarse nunca.
El Partido Comunista, que se autotitulaba “vanguardia del proletariado”,
se desempeñó como vanguardia de la oligarquía. De lo que se han
valido los antiliberales reaccionarios para desacreditar al marxismo,
que parecería conducir sistemáticamente a las mismas posiciones
que el liberalismo. Lo cual es falso. Primero, porque el marxismo
no es una doctrina que de respuesta automáticamente a cada situación,
es un método para conocer la realidad social y guiar las actividades
tendientes a cambiarla. Según cómo se lo utilice se llegará o no
a interpretaciones y a líneas de acción concretas. Y segundo, porque
lo que ha caracterizado siempre al PC Argentino es, precisamente,
el no aplicar la teoría que invocan.
Tienen una concepción del país que proviene, en parte, de asimilarlo
a modelos históricos que no se adecuan a nuestro país y, en parte,
de la mitología mitrista. Y una política consistente en adaptarse
mecánicamente a la política de la URSS. El marxismo sirve para justificar
literalmente esa suma de irrealidades.
Así, de la táctica de los “frentes populares”, cuando se firmó en
1939 el pacto ruso-germano, va a defender la neutralidad y denunciar
como sirvientes del imperialismo a los que intentaban meternos en
la guerra. Pero cuando la URSS fue arrastrada a la contienda, los
“imperialismos” pasaron a ser “democracias”, los neutralistas fueron
declarados “nazis”, y los cipayos pasaron a ser la esperanza de
la Patria, no abandonaron el frentismo, que es su técnica permanente,
pero ya no se buscó el “frente nacional antiguerrero” sino otro
para incorporar a nuestro país en el frente único de los pueblos
en guerra con el “nazifascismo”.
Era un nazifascismo tan raro que había levantado la intervención
de las universidades, dado legalidad al Partido Comunista después
de 15 años de proscripción, permitía la libertad de prensa más desenfrenada,
y celebró las elecciones más limpias de toda nuestra historia, como
lo reconocieron los partidos opositores.
Ningún integrante de la Unión Democrática creyó que pudiera triunfar
el coronel Perón. El 17 de octubre había sido un misterio “policial”:
el 23 de febrero (elecciones) fue un misterio aritmético.
Algunos dijeron después, para prestigiarse como zahoríes, que se
la vieron venir: no es cierto, eso estaba fuera de toda lógica que
ellos pudieran desarrollar. Por lo general, hasta el día de hoy
siguen sin enterarse de lo que pasó. En el subconsciente les baila
la hipótesis de que es cosa de magia negra.
1945-1965: Citación nacional y actuación revolucionaria de las masas
En el año 1945, los bárbaros invadieron el reducto de la democracia
para esquistos, distorsionaron todas las relaciones sociales, desmontaron
los cómodos engranajes del comercio ultramarino y para colmo, se
mofaron de las estatuas y cenotafios con que la oligarquía gusta
perpetuarse en el mármol y en el bronce.
El 17 de octubre era algo tan nuevo, que rápidamente lo redujeron
a su verdadero valor: era una especie de congregación de papanatas,
delincuentes, o como decían los cultos de la izquierda oficial,
lumpen proletariado, arriados por la policía en una especie de carnaval
siniestro. Lógicamente el 24 de febrero, cuando se reunieron todos
los partidos políticos, los que tenían todos los votos, el candidato
imposible como llamaban a Perón, no tenía otra perspectiva que la
de conseguir algunos votos de esos elementos marginados.
La verdad es que los dueños de todos los votos perdieron. En lugar
de unos pocos sufragios de la canalla, la canalla sacó más sufragios
que todos los partidos juntos desde la izquierda a la derecha.
Inmediatamente los teóricos buscaron explicación y lo plantearon
como un episodio de la lucha de nazis y antinazis dentro de su característica
habitual de trasladar a escala nacional los problemas universales.
Pero por detrás de todas esas explicaciones, en el fondo del subconsciente
les baila la hipótesis de que había sido cuestión de magia negra.
Pero en todo esto había algo más que mala fe, había la incapacidad
de la clase dirigente argentina para comprender un fenómeno que
no cabía dentro de las formas conceptuales del liberalismo tradicional.
Ese ostracismo de las clases dirigentes debió haber sido definitivo.
Solamente duró 10 años, y sobre el perjurio de algunas espadas se
restableció el régimen y resolvió aplicar sus tesis. Los juristas
de almas heladas inventaban decretos de desnazificación y crearon
maravillas de la juricidad como el 4161 famoso, mientras los intelectuales
inventaban teorías que iban, desde la tesis de que constituíamos
una acumulación multitudinaria de abribocas encandilados por métodos
de propaganda totalitaria, hasta la distinción sociológica entre
masa y pueblo, la masa como algo informe, innoble, indiferenciada;
y el pueblo, para decir una palabra, constituido por gente que votaba
al radicalismo, a los conservadores o a los socialistas. Hasta monseñor
Plaza, el conocido clérigo financista del Banco Popular, anunció
que la epidemia de poliomelitis que padecían los niños argentinos
era el castigo de Dios por el extravío del peronismo.
Nosotros dijimos: soberanía política, independencia económica y
justicia social. Pero si para esos objetivos aplicamos métodos que
eran adecuados a una realidad de hace 20 años, la inoperancia de
los métodos desvirtúa y desmiente la fidelidad a los objetivos.
Esa manera burocrática de conseguir las cosas, no es ortodoxia peronista,
es apenas oficialismo peronista. Una teoría política que refiere
a una realidad debe cambiar con esa realidad. Le reprochábamos casualmente
a la ideología liberal que las ideas eran universales y tanto valían
para EEUU, África o Francia, y que tanto valían en la época ascendente
de la burguesía como en la época de la expansión imperialista sobre
las zonas subdesarrolladas de la tierra y lo que nosotros negamos
en 1945, lo que negamos de toda esa superestructura ideológica implantada
sobre una triste realidad del país, así como negamos los mitos de
la historiografía mitrista y a los presupuestos de la Constitución
de 1853.
De la misma manera, para ser fieles con esa negativa y toda Revolución,
debe ser primero rechazo si después quiere ser afirmación, fieles
a esa negativa debemos también cuestionar dentro de nuestro bagaje
ideológico todo aquello ya perimido por el tiempo, por los hechos
y por el fluir de la historia nacional e internacional.
Moreno, Dorrego o Rosas... han merecido nuestra admiración y nos
sentimos identificados con ellos en cuanto a defensores de la soberanía,
en cuanto a actores de la lucha independentista. A nadie se le ocurriría,
sin embargo, ir a repetir el plan de ninguno de ellos. Pero en ese
tiempo histórico presente de las revoluciones de los pueblos y los
levantamientos de los continentes, tanto da estar atrasados 20 años
como estarlo 100 o 140.
Nosotros postulamos la defensa y la continuidad de la tradición.
El pensamiento conservador es partidario del tradicionalismo, es
decir, de la fijación de categorías que alguna vez fueron. La época
de la montonera no era para ellos la dinámica de las luchas de las
masas argentinas en sus etapas de ascenso, sino que es el reflejo,
la época de oro para una utópica restauración del fijismo de la
estancia rosista.
Por eso, en el año 45, a pesar de la crítica que hizo el nacionalismo
de derecha al régimen liberal y la historiografía mitrista, pronto
nuestros caminos nos separaron, porque donde ellos todavía soñaban
con la vuelta a la tierra, y se veían caudillos de gauchos sometidos
a la elite de la aristocracia de la que formaban parte, nosotros
veíamos el gaucho de carne y hueso transformado en cabecita negra,
obrero y que buscaba conducción sindical, orientación para sus luchas,
conquistas políticas, líderes de las masas.
Hay miles y miles de hombres que sólo conocieron la derrota, pero
lo que no conocieron fue el deshonor.
En el año 1945 Perón planteó perfectamente el problema nacional.
Acá hay una frase clave y que él de una manera o de otra la ha repetido
siempre: “Cien años de explotación interna e internacional han creado
un fuerte sentimiento libertario en el espíritu de las masas populares”.
La izquierda inclusive no la entendió. Posiblemente si Perón en
vez de decir esa frase tan sencilla hubiese dicho: La dialéctica
de la lucha de clases internas, en relación con la liberación de
los pueblos semicoloniales en la época de la expansión financiera
del imperialismo, se conjuga en una unidad dialéctica dentro de
las coordenadas de la economía y de la historia mundial… Si lo hubiese
dicho así, de esa forma, la izquierda tal vez lo hubiese reconocido
como un hombre genial.
La lucha de clases estaba agudizada, pero el régimen peronista seguía
planteando el problema del país, como si todavía existiese el frente
policlasista antiimperialista del año 1945, con Perón como General
en Jefe, y ese frente ya estaba desintegrado. La parte marginal
de ciertos sectores de la burguesía media y alta se fueron retirando
rápidamente, los sectores de la pequeña burguesía, algunos movilizados
por el problema religioso, otros por diversos factores coyunturales,
expuestos como están a los factores propagandísticos de la burguesía,
rápidamente abandonaron este frente popular, y entonces, así se
explica no solamente la caída del peronismo, sino la forma en que
cayó, porque la única fuerza real con que contaba el peronismo a
esa altura de los acontecimientos era la clase obrera.
No es insólito que esto ocurra, lo insólito es que si bien el general
Lucero es lógico que creyera en la palabra de honor de sus camaradas,
qué diablos tenía que depender la fuerza de la clase trabajadora
de la palabra de honor de ningún militar, si la única fuerza real
con que contaba eran sus propios puños y su propia fuerza. Y aunque
el peronismo no era un régimen del proletariado, tampoco era la
dictadura de la burguesía.
Sin embargo había un lugar donde pudo haberse planteado todo eso,
eso era el partido, pero lo que ocurre es que también el partido
y la administración y gran parte del sindicalismo sufrieron un proceso
de burocratización, y ahí donde debía haber sido el campo de desarrollo
ideológico se transformó en una esclerotizada estructura burocrática
donde cualquier recomendado por el mismo podía ir de gerente de
una empresa, como interventor del partido. Se identificaron las
tareas administrativas con las tareas políticas y lógicamente en
estos casos se produce una cierta degeneración: cualquier burócrata
firma un decreto y cree que ha contribuido a la grandeza de la nación,
dice tres palabras de obsecuentes y cree que es artífice del triunfo
peronista, murmura una arenga patriótica y cree que la República
le está en deuda.
El mal proceso de selección determinó que ante esa coyuntura a que
me estoy refiriendo, el salto cualitativo no podía ser tomado como
medida técnica, debía haber sido tomado desde el punto de vista
de la media política.
Se produce en consecuencia un enfrentamiento con una tremenda coalición
interna e internacional, en la que el peronismo actuaba como si
contase, como en el caso de un general que creyese que tiene determinadas
divisiones que están en el campo adversario y no en el campo de
él, y todos los lamentos póstumos sobre las milicias obreras, para
mí son simples especulaciones fantasiosas. Porque no se puede armar
la clase trabajadora para que defiende a su régimen y al otro día
decirle: Bueno m’hijo, devuelva las armas y vaya a producir plusvalía
para el patrón.
La milicia obrera y la defensa del régimen implicaba los cambios
sociales. Cuando se quiso formar ya era tarde, porque el régimen
se vio entre la contradicción de que el paso de su respaldo militar
a un respaldo compartido por la clase obrera armada, hubiese significado
perder ese aparato militar, y en ese desajuste hubiese caído irreversiblemente.
El régimen fue vendido el 16 de julio, porque casualmente cuando
Perón proclamó que era el presidente de todos los argentinos, en
ese momento no era más el presidente de la clase obrera, nadie más
lo reconocía. Entonces, siguió pidiendo la pacificación como la
había pedido en el ’52, creyendo que le acababan de dar el último
golpe a lo contrarrevolucionario, y lo que acababan de dar era el
primero, un golpe prematuro de una coalición de fuerzas que seguía
inconmovible.
(...) Se podría seguir todo el tiempo con esta clase de cosas. El
senador Fassi dice que la URSS es fascista y que el régimen de Fidel
Castro es imperialista, y podría acumular así disparates constantemente.
Es un problema mucho más serio, eso no depende de Illia ni de Onganía
ni de nadie. Depende de determinadas estructuras que no pueden permitir
el acceso del peronismo, y que cuando lo permitan será porque el
peronismo no será la expresión política de los trabajadores.
Todo lo demás pertenece al mundo de la magia, al mundo del milagrerismo,
en el fondo se reduce a lo siguiente: que se arme un bochinche y
pase no se sabe qué y como consecuencia de eso aparezcamos no sé
cómo en el gobierno sin darse cuenta de que el hecho que yo diga
que el régimen está en crisis, en descomposición, no significa que
el régimen cae, porque solo no va a caer, hay que voltearlo, porque
una situación histórica así puede durar cualquier cantidad de años.
Cualquiera que hayan sido los factores que hayan intervenido, que
en todas partes no fueron los mismos, el hecho concreto es que en
el momento, para lo que yo llamo una alta conducción burocrática,
de plantearse el problema de su mito, lo que había que plantear
llenándolo de su verdadero significado y no como hacen con Perón,
que es como Sócrates, que le dan la interpretación que quieren,
entonces todos proclaman una adhesión abstracta que parece que es
la más obsecuente y el máximo de fidelidad y la verdad es que es
la mayor falta de respeto.
En el fondo todo radica en lo mismo, como en el año 1945 el pueblo
y las fuerzas armadas marcharon juntos en una etapa de la historia,
una vez que se despejen los malentendidos que siembran los malvados,
nos volveremos a juntar -¡nunca más nos volveremos a juntar!-.
En primer lugar porque en 1945 eso de pueblo y ejército fue una
verdad a medias. Al fin y al cabo el 9 de octubre a Perón lo echó
el Ejército. Lo que pasa es que como en aquel entonces el balance,
el equilibrio de fuerzas internas de las FFAA era muy parejo, la
irrupción del movimiento de masas fue suficiente para volcar de
nuevo la balanza a favor de Perón. Pero ese ejército ya lo perdimos.
Porque ese nos acompañaba en el industrialismo, en la lucha antiimperialista,
en una serie de cosas, pero no en el contenido social ni en el avance
social que representaba, no en la subversión de las jerarquías.
Por eso que mientras unos se levantaron contra el peronismo en septiembre,
otros pelearon con bastante desgano y esto corresponde sí a un estado
de espíritu, a un estado de conciencia, pero siquiera esos estaban
formados en un cierto repertorio mínimo de ideas nacionalistas.
Por otra parte, cuando nos disolvamos como peronistas, si es que
nos disolvemos como peronismo, es porque otra fuerza representará
el papel revolucionario que representa en este momento al peronismo.
La revolución social entonces no es un orden ideal fijado porque
nosotros lo consideramos que es el que preferimos con respecto a
otro, es una necesidad técnica, como necesidad económica y como
necesidad del país para realizarse como integridad nacional, es
una tarea nacional postergada, exige ese pre-requisito de la revolución
social, así que cuando nosotros decimos el régimen burgués no da
más, estamos diciendo no una preferencia, porque aunque el régimen
burgués fuera capaz de desarrollarse yo igual estaría en contra,
pero al mismo tiempo eso no quitaría que pudiese el país recorrer
etapas dentro de él. Pero ahora lo que yo opine o no opine no tiene
importancia, lo que tiene importancia es si los análisis son correctos
y si los análisis tal como yo los he planteado son exactos. Entonces
hay que replantearse una nueva visión del país, una correspondencia
entre las luchas del pueblo que son sacrificadas, que son abnegadas
y que ya vienen desde hace 10 años, y una estrategia de poder. A
nadie se le pide que nos ponga en el poder mañana ni pasado.
Se les pide que nos encaminemos al poder, que no nos encaminemos
a la disgregación, que no nos encaminemos a la esterilidad histórica.
Lógicamente como yo hago estas críticas, comprendo que puedan hacer
otras, pero siempre desde la lucha. La primera condición para criticar
el combate, es estar en el combate.
Estamos en un equilibrio: el régimen que no tiene fuerza para institucionalizarse
pero sí para mantenerse mientras el peronismo y la masa popular
y otras fuerzas tiene suficiente potencia para no dejarse institucionalizar,
pero no para cambiarlo. ¿Quién tiene que romper ese equilibrio?
Nosotros; a la burguesía con durar le basta.
Diciembre de 1964 | www.elortiba.org
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