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NOTAS EN ESTA SECCION
El plan Conintes,
por Eva Rearte |
Cronología del gobierno de
Frondizi |
Frondizi: huída hacia aderlante, por
Roberto Bardini
Entre Alsogaray y los
Uturuncos, por Roberto Bardini |
El maquiavelito de
Corrientes, por Roberto Bardini |
Un claro perfil ideológico y
comercial
Juego de guerra |
Macri veta la ley de beneficio a las victimas del Conintes |
Frondizi y un plan de
racionalización | Sebastián Borro
Cuando
Santa Rosa fue “depósito de presos” Conintes |
Los años 60 |
La doctrina de seguridad nacional, por Francisco Buitrago
Azules,
colorados y morados, por Arturo Armada
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Barbero y Guadalupe Godoy - La configuracion del enemigo interno como parte del
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Gustavo Druetta - McNamara y la deformación intelectual de la
Inteligencia militar |
Oscar Terán - Nuestros años sesenta
Gregorio Selser - Ongania supera a McCarthy, 10/67 | Rogelio Garcia Lupo - El
"partido secreto" de Ongania, 05/68 |
Roberto Bardini - Frondizi
Julio Huasi - Ongania entre el
Pentagono y el Opus Dei, Punto Final 15/11/66 | Eduardo Saguier - Complicidad de
la Iglesia con la Dictadura (66-67)
Jesus
Velázquez Rivera - Historia de la doctrina de la seguridad nacional (2002)
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Sonia Winer - La DSN en Corea y Argentina
Andres Nina - La doctrina
de la seguridad nacional y la integración latinoamericana (1979) | Miguel T.
Padilla - La prensa y el golpe de 1966
Horacio Ballester - La doctrina de la seguridad nacional

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El Plan Conintes
Por Eva Rearte
A 47 años del Plan de Conmoción Interna
Los libros solían asolarse por horas en las ventanas cuyas persianas caídas por
el corte intencional de las correas, colgaban para preservarse de las visitas de
Coordinación Federal en las barriadas militantes.
La marchita se silbaba con provocadora picardía .
De la calle Florida las solapas con “ no me olvides” rompían el silencio
impuesto a los proscriptos.
Las esquinas del centro se veían alteradas por actos relámpagos de la incipiente
JP, que reclamaba por el respeto a la voluntad popular y el regreso del líder.
La persecución al campo popular y en forma particular a los peronistas había
comenzado con el bombardeo de la Plaza de Mayo en el 55 y no se detendría….
Don Arturo Frondizi asume la Presidencia de la República en febrero del 58 a
través del pacto con Perón . Se conviene: Reestablecer las conquistas populares
en el campo económico, político y social. Levantar la proscripción. Reestablecer
el salario de los trabajadores. Amnistía general. Normalización de los
sindicatos y de la CGT.
La fusiladora, escondida tras Frondizi, debe negociar porque no puede normalizar
pero no abdica respecto del real poder.
Los peronistas recobran la identidad amordazada pero la amnistía se tornó
selectiva; el salario es devorado por la inflación y surge la pelea por la Laica
en oposición a la Libre.
En septiembre la Huelga General repudia los contratos petroleros.
Se alza el Frigorífico Lisandro Latorre frente al negociado con la carne : ocupado por los trabajadores, son ferozmente reprimidos por 3000 efectivos de seguridad al mando del tristemente recordado Comisario Margaride. El saldo de la barbarie es 5.200 trabajadores cesanteados…..Mataderos se convierte en el representante representativo de los barrios insurrectos….
Se agudiza la represión y con ello surgen nuevos modos de lucha producto del imaginario colectivo que hace resistencia : corren chanchos por la calle Florida denostando al ministro Alvaro Alzogaray, estallan los rojizos buzones desparramando volantes que denuncian al régimen mentiroso; Artigas es envuelto con papel higiénico en su plaza en la Republica de Oriental del Uruguay para permitir aglutinar y luego denunciar los atropellos que se cometen en nuestra orilla.
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El Plan CONINTES que Perón no aplicara en su segundo gobierno contra los que luego lo derrocan, adquiere 4 años después, vigencia.
Se encarcela pueblo por contrariar al orden público. La democracia juzga almas
libres con Tribunales Militares.
Las cárceles de todo el país se pueblan de resistentes.
El dolor y la impotencia frente a la arbitrariedad y la incertidumbre transforma
aún más a los espíritus inquietos de saber que devienen analíticos y reflexivos.
Ignorantes, los barrotes sirven de escuelas para formación de cuadros.
Las familias descabezadas hacen tramas solidarias para el cuidado de los hijos,
para el acompañamiento en las horas difíciles, para dar albergue; se ligan en la
bùsqueda de abogados y la asistencia en salud. Surge COFADE (Comisión de
Familiares de Detenidos) con Spina y Margarita -la tia- Contursi.
Los asaltos a la petrolera Shell marcan una coherencia en la lucha contra el
petróleo y las multinacionales a la vez que los dineros sirven para alimentos y
abrigos a las familias diezmadas por cesantías, exilios y encarcelamientos.
Muchos de los CONINTES crecen en las luchas populares, soportan el onganiato,
soportan la Triple A y los más son victimas del genocidio del 76/82.
Otros mueren en condiciones de misérrima pobreza.
Los pocos sobrevivientes hace más de 15 años claman y exigen ante todas las
administraciones de gobierno el reconocimiento histórico merecido por haber
regado la Patria de sueños y prácticas de libertad entendiendo que el bienestar
individual lo es en relación a la existencia del bienestar en todos.
Éste 16 de marzo se cumplen 47 años del nefasto Plan de Conmoción Interna.
Miércoles 27 de febrero de 2008
Fuente: www.evareartejp.blogspot.com
Cronología
del gobierno de Arturo Frondizi
1958
Febrero: Arturo Frondizi, dirigente de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI),
gana las elecciones nacionales con el voto de un sector del peronismo, a partir
de un acuerdo electoral previo con Perón.
Mayo: El gobierno decreta la ley de Amnistía para detenidos políticos y
gremiales, medida contemplada en el acuerdo electoral. Con el "desarrollismo" se
pone en marcha una nueva etapa en la política de sustitución de importaciones
que propicia el ingreso del capital extranjero.
Julio: Se conocen los contratos petroleros firmados por el presidente Frondizi.
Se realizan actos de protesta y huelgas contra la política petrolera del
gobierno. El gobierno da claras señales de no respetar los contenidos del pacto
firmado con Perón. Recrudecen las acciones de la Resistencia. Agosto: Se
sanciona la Ley de Asociaciones Profesionales. Noviembre: El Poder Ejecutivo
decreta el estado de sitio.
1959
Enero: Los trabajadores del Frigorífico Lisandro de la Torre toman el
establecimiento al conocer la decisión del gobierno de privatizarlo. Febrero:
Huelgas de solidaridad con los trabajadores del frigorífico.
Abril: El gremio bancario permanece en huelga sesenta y nueve días.
Junio: Los medios dan a conocer el texto del pacto electoral Perón-Frondizi. El gobierno lo desmiente. Alvaro Alsogaray es nombrado ministro de Economía.
Agosto: El gremio metalúrgico comienza una huelga que se prolongará hasta
octubre
Diciembre: El grupo peronista Uturuncos asalta la comisaría de Frías en Santiago
del Estero.
1960
Enero: Perón deja la República Dominicana y se asila en Madrid, en donde
permanecerá hasta el final de su exilio.
Febrero: Para la renovación legislativa Perón vuelve a ordenar el voto en
blanco.
Marzo: A raíz de varios atentados,
el más importante, el incendio de la Shell-Mex en Córdoba se aplica el plan
CONINTES (Conmoción Interna del Estado).Noviembre: El general peronista Iñiguez
intenta, sin éxito, una insurrección cívico -militar con importancia en Rosario
y Tartagal.
1961
Marzo: Por el decreto 1.619, Frondizi entrega la CGT a la Comisión de los 20. Un
grupo de jóvenes de la Juventud Peronista asalta una unidad militar en Ezeiza
apoderándose de algunas armas.
Agosto: Ernesto "Che" Guevara, delegado cubano a la reunión de la Conferencia
Económica y Social de la OEA en Punta del Este, viaja a la Argentina y se
entrevista con Arturo Frondizi. Manifiesto desagrado en las Fuerzas Armadas.
Octubre: Paro general en contra de la política económica del gobierno. Gran
huelga ferroviaria a la que adhiere la CGT.
1962
Marzo: Triunfa la fórmula de la Unión Popular (Framini -Anglada) en la Provincia
de Buenos Aires. Las provincias donde triunfó el peronismo son intervenidas y
los comicios anulados. Recrudecen, sin embargo, los "planeamientos" militares al
presidente. Las Fuerzas Armadas destituyen a Arturo Frondizi. José María Guido,
su vicepresidente, asume la presidencia.
Mayo: Plan de emergencia presentado por el ministro Alvaro Alsogaray que
posterga el pago de sueldos y jubilaciones.
Fuente: Memoria de la Resistencia Peronista.1955-1972 [Carulli, Caraballo,
Charlier, Cafiero]
Frondizi:
huida hacia adelante
Por Roberto Bardini
En mayo de 1959, pocos días antes de
morir, el escritor nacionalista Raúl Scalabrini Ortiz
le comentó al ingeniero Juan Sábato: “Usted ve un animal grande, de cuatro
patas, generalmente marrón, que tiene ubres de las que extraen leche los
tamberos, cuyo excremento es de color verde y que hace muuu. Usted dice,
obviamente, que es una vaca. Pues bien, Arturo Frondizi le demostrará que no,
que es una locomotora Diesel”.
La anécdota figura en el libro Argentina a precio de costo, de Gregorio Selser,
quien comenta de Frondizi: “Se enzarzaba con financistas y militares en
inverosímiles juegos que él creía de ajedrez cuando en realidad no pasaban de
ser partidas de truco, donde la razón cede paso a la picardía, a la adivinanza,
a la ficción del azar y el embuste”. El rápido apogeo del ambicioso político –y
su también acelerada caída– se resumen en una breve crónica. Frondizi, asumió la
presidencia el primero de mayo de 1958, escoltado por los comandantes del
ejército, la marina y la aeronáutica. De ahí en más, los jefes militares no se
le despegarán; lo marcarán hombre a hombre durante toda su azarosa presidencia,
interrumpida cuatro años después.
En su discurso de asunción, el abogado entrerriano de 49 años prometió: “Nadie
será perseguido por sus ideas ni por su actuación política o gremial [...]. El
Poder Ejecutivo considera que debe ser derogada toda legislación represiva de
las ideas [...]. Cualquier ciudadano podrá elegir y ser elegido, y todos los
partidos políticos podrán constituirse y desarrollar libremente su actividad”.
Eran las señales de retorno a los peronistas. En poco tiempo estos enunciados
verbales se convirtieron en letra muerta
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Uno de los primeros proyectos que el nuevo presidente envía al Poder
Legislativo, fechado el 6 de mayo, es un homenaje a las Fuerzas Armadas. El 14
presenta otro para ascender a teniente general a Pedro Eugenio Aramburu y a
almirante a Isaac Francisco Rojas. Pero estos gestos para tranquilizar a los
militares no bastan. Antes de terminar mayo ya circulan versiones sobre
resentimiento en algunos sectores de las Fuerzas Armadas por lo que consideran
una actitud “blanda” del mandatario hacia el peronismo. Al mismo tiempo, la
Aeronáutica se manifiesta disconforme por la compra de pertrechos bélicos para
la Marina , porque queda en inferioridad de armamento. Es como si ambas fuerzas
pertenecieran a países distintos y enemigos.
El 24 de junio de 1958, Frondizi entrega los despachos de teniente general y de
almirante a Aramburu y Rojas.
Las Fuerzas Armadas se tranquilizan un poco y los peronistas se indignan
bastante. Dos días después, el Congreso deroga el decreto-ley 4161, que prohibía
los símbolos del peronismo. La tortilla se da vuelta en 48 horas: hay
conformidad entre los perseguidos e indignación entre los perseguidores.
El presidente cancela el 7 de julio la tradicional comida de camaradería de las
Fuerzas Armadas, que de “camaradas” parecen no tener nada. El encuentro debía
desarrollarse el 9 de julio, aniversario patrio, y genera malestar. Para sacudir
aún más el avispero castrense, también corre el rumor de que el flamante
mandatario se propone una alianza más firme con los peronistas, etiquetada como
“peronismo sin Perón” o “neoperonismo”. El 16, El radical Miguel Angel Zavala
Ortiz denuncia la existencia de un pacto Perón-Frondizi, pero no presenta
pruebas. Frondizi, un encarnizado opositor de los contratos petroleros con la
Standard Oil of California impulsados por Perón, anuncia el 24 de julio que su
gobierno ha suscrito 13 acuerdos con compañías británicas y norteamericanas para
la explotación de los recursos del país. Partidarios y adversarios se quedan
fríos.
Del frío pasan al calor: como retribución a la Iglesia por el apoyo brindado a
su candidatura, Frondizi lanza en agosto el proyecto de ley de enseñanza
privada. La propuesta favorece a los colegios religiosos y es, además, una
maniobra para distraer la atención.
Resultado: durante meses se enfrentarán en la calle estudiantes partidarios de
la educación libre y la laica. El ministro de Defensa, que había sido uno de los
protagonistas de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba, renuncia ofendido.
La discusión también gira acerca de la potestad de otorgar títulos
profesionales, hasta entonces reservada a las universidades de Estado. Si el
proyecto de Frondizi se toma al pie de la letra, las universidades privadas –en
su mayoría católicas– quedarán autorizadas para expedir títulos, con lo que la
enseñanza superior escapará al control de las autoridades docentes de la nación.
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El 14 de marzo de 1960
se ponia en ejecución pública en todo el territorio del pais el
"estado de Conmoción Interior del Estado" –PLAN CONINTES- que fuera
previsto en el Decreto Secreto 9880 del 14 de noviembre de 1958,
durante la Presidencia de Arturo Frondizi. |
El Plan Conintes
El 25 de septiembre, el dirigente socialista Alfredo Palacios le pide
públicamente a Frondizi que renuncie.
En octubre se inicia una huelga ferroviaria. El 6 de noviembre, Perón condena
desde República Dominicana la firma de contratos petroleros con empresas
extranjeras: “Considero lo actuado como un tremendo desatino, tanto en lo
acordado como en la forma deshonesta de realizarlo”. Al día siguiente, el
Sindicato Unido Petrolero del Estado (SUPE) emplaza al gobierno a modificar los
acuerdos o, de lo contrario, convocará a la huelga general.
El 9 de noviembre se produce un paro petrolero en Mendoza y se incendian pozos.
Frondizi acusa como responsables a “peronistas y comunistas”, e instaura el
estado de sitio. Por presión de los militares, el mandatario acepta la renuncia
de Rogelio Frigerio, que era subsecretario de Asuntos Económicos y Sociales. Su
hombre de confianza sale por una puerta y entra por otra, como “asesor” de la
presidencia. Pero en la turbulencia también renuncia el subsecretario de
Trabajo, que era uno de los vínculos de Frigerio con los dirigentes sindicales
peronistas.
El vicepresidente Alejandro Gómez plantea el 12 de noviembre al ministro del
Interior la necesidad de constituir un gobierno de coalición con la intención de
remplazar al presidente. La UCRI lo expulsa de sus filas. A las 24 horas una
huelga general sacude al país. Frondizi intenta reacomodarse con los militares
gorilas, a quienes envía mensajes: “¿Qué harán ustedes? ¿Permitirán que me
volteen los peronistas y comunistas?”.
Es lo que están esperando en los cuarteles: el 17 de noviembre se declara el
estado de sitio. Como en la época de Aramburu y Rojas, peronistas y comunistas
son encarcelados por igual. El pacto Peróndizi se rompe en pedazos. Frigerio, no
obstante, recoge algunos fragmentos y mantiene en las sombras algunos contactos
con dirigentes peronistas, a la espera de tiempos menos agitados.
Fiel a su estilo de “huida hacia adelante”, Frondizi aplaca una crisis generando
otra. Al día siguiente, como culminación de un show de varios días de duración,
obliga a renunciar al vicepresidente Gómez.
Un oscuro y maleable senador por Río Negro, José María Guido, es nombrado
presidente provisional del Senado.
El 27 de noviembre de 1958, el gobierno declara el Plan de Conmoción Interna del
Estado (Conintes). Ahora sí los militares están encantados. La medida, inspirada
en la tácticas de las tropas francesas que ocupan Argelia, divide al país en
distritos militares donde los comandantes tienen más poder que los gobernadores
y pueden crear tribunales de guerra. A partir de entonces, rige el código de
justicia militar para el personal civil de la administración pública y las
empresas estatales. Si un empleado desobedece a un oficial, puede ser condenado
a más de un año de prisión. En seis meses de gestión, a todo lo anterior quedan
reducidas las promesas de no perseguir a nadie por sus ideas políticas y derogar
la legislación represiva.
En lo económico, en un mes el presidente borra con el codo lo que había escrito
con la mano. En diciembre, comienza a aplicar un plan de austeridad según los
modelos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y aprueba una ley para atraer
inversiones extranjeras. A los peronistas no les hace mucha gracia, además, que
el gobierno devuelva al Grupo Bemberg las empresas requisadas por el gobierno de
Perón. El hombre que había vaticinado un plan de desarrollo “para 20 millones de
argentinos” favorece, en los hechos, a “20 millonarios” nacionales y
extranjeros.
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Así, 1958 concluye con una mala Navidad y la perspectiva de un peor Año Nuevo:
el costo de vida aumenta un 35 por ciento, caen los salarios reales de los
trabajadores y la devaluación del preso favorece al sector agropecuario. En su
último mensaje al país del año, el mandatario promete que “en dos años se
modificará la fisonomía del país”, pero aclara: “Durante 24 meses el nivel de
vida será más bajo; después se elevará debido a la mayor producción y riqueza
que dispondrá la nación si todos trabajamos”. Insurrección en Mataderos El nuevo
año se inicia muy caliente. El 10 de enero de 1959, Frondizi envía al Congreso
el proyecto de ley que autoriza la venta o arrendamiento del Frigorífico
Lisandro de la Torre y otorga preferencia a la Corporación Argentina de
Productores (CAP). Por esa fecha, el presidente ha planificado una gira por
Estados Unidos, acompañado por una comitiva de funcionarios de Economía y
empresarios. Le otorga gran importancia al viaje porque es el primer mandatario
argentino que efectuará una visita oficial a ese país y espera atraer
inversiones norteamericanas. Pero, como de costumbre, los planes no le salen
bien.
Los obreros de la carne ocupan el 16 el frigorífico, en desacuerdo con su
privatización. Cuando Frondizi se dirige el 18 con su comitiva rumbo al
aeropuerto internacional de Ezeiza, una rechifla lo acompaña durante casi todo
el camino. Desde Estados Unidos, el mandatario afirma que “la conducción del
país la tiene el gobierno y no los gremios” y asegura que la huelga general “es
un golpe comunista-peronista”. Declarada la ocupación del Lisandro de la Torre ,
llegan al lugar ómnibus con policías, carros de asalto de la Guardia de
Infantería, coches patrulleros y más de cien agentes de civil de la División
Investigaciones con armas largas. Como está en vigencia el Plan Conintes, el
gobierno ordena al Ejército que intervenga para terminar con la toma. Los
militares llegan con cuatro tanques de guerra Sherman y jeeps con soldados
provistos de ametralladoras al mando del teniente coronel Alejandro Cáceres
Monié.
Tropa de Gendarmería se unen a los policías y soldados que rodean la zona.
Las fuerzas de seguridad son recibidas a pedradas por los trabajadores y el
vecindario, donde viven muchos de los huelguistas. Uno de los tanques destroza
las puertas de edificio, y agentes y soldados entran violentamente a desalojar a
los ocupantes. Noventa y cinco obreros son detenidos y varios son heridos; hay
siete policías lesionados. Durante varios días hay enfrentamientos en Mataderos.
Se libran pequeños pero encarnizados combates propios de una insurrección
urbana. Del 17 al 20 de enero estalla una huelga general en apoyo a los
trabajadores del Lisandro de la Torre y en protesta a la intervención del
ejército en cuestiones sindicales. En los días siguientes, las fuerzas de
seguridad allanan los principales sindicatos peronistas y varios domicilios
particulares, junto con la sede central de Partido Comunista y 25 comités de esa
organización. Poco después, los detenidos son 400.
Entre ellos se encuentran dirigentes como Augusto Timoteo Vandor, Amado Olmos y
John William Cooke, y nuevos militantes como Susana
Valle y Felipe Vallese.
El Plan Conintes se instaura con mayor fuerza. En La Plata , Berisso y Ensenada,
principal enclave de los frigoríficos extranjeros y con gran concentración de
obreros, se declara “zona militar” custodiada por el ejército. Tropas de la
marina ocupan la destilería de petróleo de La Plata.
A lo largo de todo el mes estallan bombas por todas partes: en el domicilio de
Rogelio Frigerio, en comités de la UCRI , en las vías de los ferrocarriles
Belgrano, Mitre y Sarmiento, en el Servicio de Informaciones de Estados Unidos,
en la ciudad de la La Plata... Cuando el paro concluye, renuncia el ministro de
Trabajo. Frondizi regresa al país el 2 de febrero y declara sin inmutarse: “He
encontrado gran madurez en Estados Unidos para la comprensión de los problemas
latinoamericanos”.
Los atentados de los comandos de la Resistencia Peronista , al contrario de lo
que sucederá a fines de la década del 60 y comienzos del 70, no están destinados
a eliminar personas ni causar heridos. Los caños se colocan afuera de
domicilios, locales partidarios, objetivos económicos, lugares de producción,
pozos de petróleo, tanques de combustible, líneas férreas. A pesar del odio
político hacia el enemigo, se conserva el respeto por la vida.
A consecuencia del violento desalojo del Lisandro de la Torre y de la ola de
atentados que le siguen, la Unión Cívica Radical del Pueblo da a conocer una
declaración: “El presidente de la República conocía perfectamente la índole de
los materiales humanos e ideológicos manejados y encumbrados por él. El país
entero los denunció; pero él los sostuvo... Y cuando los trabajadores se alzan
repudiando la entrega del petróleo y la electricidad, cuando se alzan
protestando contra la carestía de la vida, entonces son perturbadores,
peronistas y comunistas”. Antes, a mediados de enero, los radicales del pueblo
habían solicitado el juicio político al presidente.
Frondizi:
entre Alsogaray y los Uturuncos
Por Roberto Bardini
En abril de 1959, aumentan las tarifas telefónicas. El 3, graves disturbios
conmocionan Buenos Aires: la Resistencia Peronista hace estallar una gran
cantidad de bombas, mientras grupos de la Juventud Peronista efectúan actos
relámpagos, incendian automóviles y enfrentan a la policía. La ciudad queda
alfombrada con panfletos.
El gobierno ordena el allanamiento las sedes gremiales más importantes: el
Sindicato de la Carne , la Asociación Obrera Textil y la Unión Obrera
Metalúrgica. Se desatan razzias policiales y detenciones. La mentalidad y los
métodos de la Revolución Libertadora continúan vigentes en las comisarías, a
pesar del gobierno civil. Hay un torrente de denuncias contra la represión
policial y la aplicación de la picana eléctrica, un invento argentino como la
birome y el dulce de leche. Mientras tanto, los secretarios de Ejército, Marina
y Aeronáutica le reprochan a Frondizi que, por un lado, utilice soldados como
fuerza de choque antiobrera y, por otro, le explique en privado a los
sindicalistas que los militares actúan por su cuenta. Como siempre, Frondizi
ataca una crisis generando otra: el 10 de abril tiene la brillante ocurrencia de
declarar no gratos a cuatro funcionarios de la embajada de la Unión Soviética y
al secretario de la representación de Rumania. Periodistas adictos al gobierno
hacen circular la versión de que los rusos repartieron bombas molotov durante
los disturbios del día 3. Ya en tren de política-ficción, algún discípulo supera
al maestro y propala el rumor de que uno de los empleados diplomáticos “arengó
en ruso a los manifestantes, a la manera de Lenin”.
Los tres secretarios militares, sin embargo, no quedan muy conformes. El 19 de
abril se reúnen con Frondizi en la residencia de Olivos y le fijan un plazo para
desprenderse a funcionarios frigeristas.
Paralelamente, aumentan los rumores acerca de un golpe de Estado. Los radicales
del pueblo echan más leña al fuego y realizan un acto político bajo el lema El
gobierno se derrumba. Frigerio renuncia a todas sus funciones. En los días que
siguen, se produce una catarata de dimisiones. El 20 de mayo, tres hombres de la
llamada Década infame ingresan al gabinete; entre ellos, César Bunge, de la
empresa Bunge & Born y del Grupo Bemberg. Cuando todo parece transitar por
carriles normales, se destapan en Washington algunos pormenores del acuerdo
entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional, que hasta entonces se
habían mantenido en secreto.
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Nueva idea genial de Frondizi: mientras se empeña de no aumentar los salarios de
los trabajadores, en junio mejora sustancialmente los sueldos de las Fuerzas
Armadas. Parece una burla al pueblo y los militares son conscientes. El diario
La Razón –que desde junio de 1957 responde al Servicio de Inteligencia del
Ejército– opina que este “premio” por la represión a los obreros es tan obvio
que los propios beneficiados se sienten a disgusto.
Para complacer al sector gorila del Ejército, Frondizi pide la renuncia del
subsecretario de Guerra, un oficial legalista acusado por sus propios camaradas
de armas de fomentar “un neoperonismo gremialista”. Radio Rivadavia, entre cuyos
propietarios se encuentran miembros de la marina vinculados a la Revolución
Libertadora, divulga a mediados de junio el texto completo del pacto Peróndizi
de febrero de 1958. La confirmación de este acuerdo –que hasta entonces no
pasaba de ser un rumor– provoca furia en las Fuerzas Armadas.
El general Arturo Ossorio Arana,
representante del sector militar gorila, considera que el gobierno está formado
por “personajes creados por la tiranía depuesta, con socios del dictador y
agentes del comunismo internacional”. Para demostrarle que no, el 30 de junio
Frondizi se desprende del secretario de Guerra, otro oficial legalista. Antes,
el 24, designa al ex capitán ingeniero Álvaro Alsogaray como ministro de
Economía y también de Trabajo. El nombramiento es consecuencia de la presión de
los empresarios y del Fondo Monetario Internacional. Ni el propio Alsogaray –ex
ministro de Aramburu y colaborador de la Revolución Libertadora – se esperaba
este par de regalos.
“Hay que pasar el invierno”
El doble ministro Alsogaray ha sido abanderado del Colegio Militar en 1929. En
1943 obtuvo un título de ingeniero en la Universidad de Córdoba y, más tarde, se
retiró del ejército con el grado de capitán. En septiembre de 1948, el gobierno
peronista lo designó al frente de la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA) pero
al año siguiente lo despidió por inepto. Después de la Revolución Libertadora,
fue subsecretario de Comercio bajo la presidencia provisional del general
Eduardo Lonardi. En noviembre de 1955 se convirtió en ministro de Industria del
nuevo presidente provisional, general Pedro Eugenio Aramburu, y renunció en
junio del año siguiente. Ahora, se declara promotor de lo que el denomina “El
gran cambio”.
Frondizi, el hombre que se había propuesto seducir y unificar en provecho propio
a los más diversos sectores, continúa desligándose de funcionarios civiles
leales, solicita la renuncia de militares que lo apoyan y los suplanta por
oficiales que lo detestan. En Argentina a precio de costo, Gregorio Selser
escribe que, gracias a este estilo, en septiembre de 1959 “el Ejército vuelve a
ser aramburista, ultragorila y, claro, antifrondizista”.
Fuera de los recovecos del poder, las cosas no funcionan mejor. Ni siquiera la llegada de la primavera calma los ánimos de los trabajadores. El 21 de septiembre, como protesta a las antipopulares medidas económicas de Alsogaray, estalla el paro general más importante desde la caída de Perón. Para complicar aún más la gestión del presidente desarrollista, en diciembre se divulga la noticia de un “obsequio” de fin de año: surge el primer brote guerrillero rural en Argentina, los uturuncos. El “paquete” se encuentra en una zona montañosa del sudeste de Tucumán.
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En enero de 1960 se denuncia que en el país hay casi seis millones de pobres y
un informe especial da cuenta de que a cada hora mueren cinco lactantes.
Mientras aumenta el costo de vida, el ministro de Economía repite que “hay que
pasar el invierno” y anuncia un futuro feliz. Verano caliente Un periódico de
Londres publica en febrero declaraciones de Perón sobre los guerrilleros
uturuncos y las elecciones legislativas que deben realizarse el 27 de marzo. El
general, que desde hace un mes vive en España, la última y más prolongada etapa
de su exilio, expresa: “En Argentina ha comenzado la época de los cambios. Se
realizarán elecciones el mes próximo y millones de mis partidarios no podrán
votar libremente. Ellos jamás aceptarán eso. La lucha ha comenzado ya en las
montañas de mi patria”.
Mientras, crece una polémica entre el secretario de Guerra gorila, general
Rodolfo Larcher, y el gobernador tucumano, Celestino Gelsi. El primero –que en
1951 se había sublevado contra Perón– lo acusa de “cómplice de la guerrilla
comunista” por no actuar con mano dura. El segundo le responde que los uturuncos
no son comunistas sino peronistas y que la policía actuó con eficacia. En
síntesis, el civil Gelsi le da una pequeña lección de democracia al militar
Larcher: “Son chicos de 16 y 18 años. Lo único que no hizo la policía de Tucumán
fue balear a esos chiquilines.
Sería vergonzoso matar a adolescentes. Lamento mucho que el señor secretario de
Guerra haya olvidado que en nuestra tierra hay una Constitución Nacional y
constituciones provinciales”.
A mediados de marzo se producen atentados contra objetivos económicos en el
interior del país, entre ellos el incendio de tanques de petróleo de la Shell en
Córdoba. El gobierno aplica con intensidad el Plan Conintes. Más de 3.500
personas son detenidas. En su mayoría, son peronistas que han contribuido con
sus votos al triunfo del presidente que ahora los persigue y encarcela. Un solo
abogado presenta 2.500 habeas corpus. Su nombre es Fernando Torres y está
vinculado desde 1954 a la Unión Obrera Metalúrgica. El veterano Armando Cabo
comparte una celda con su hijo Dardo. Entre los jóvenes militantes apresados y
condenados a prisión, se encuentran Carlos Alberto Burgos, Gustavo Rearte, Tuli
Ferrari, Héctor Spina, Jorge Rulli, Envar el Kadri y
Felipe Vallese. Casi todos ellos, con el paso de los
años, se convertirán en figuras históricas de la Juventud Peronista , asociados
a su etapa más combativa. El constante uso de picanas eléctricas eleva el
consumo de electricidad en las comisarías y los cuarteles. El diputado
socialista Alfredo Palacios, a pesar de haber sido opositor a Perón, denuncia en
el Congreso: “Hoy también se tortura en el estado de derecho”.
En las elecciones para renovación parcial legislativa del 27 de marzo, el
peronismo –que aún no ha sido legalizado– vota en blanco y el frondizismo gana
sólo en 11 provincias. Los radicales del pueblo, adversarios de ambos, resultan
beneficiados en los comicios.
El 24 de abril de 1961, Frondizi pide la renuncia de Álvaro Alsogaray, el
ministro de Economía y de Trabajo que había asegurado que para solucionar la
crisis argentina “hay que pasar el invierno”. Alsogaray nunca especificó cuál
invierno ni cuántos años eran necesarios.
El primero de mayo se cumplen tres años de gobierno.
El hombre que llegó a la presidencia con la bandera del desarrollismo dirige un
mensaje al Congreso y reconoce las deficiencias de su gobierno. Quince días
después, comienza un conflicto ferroviario que durará siete meses.
Frondizi,
el maquiavelito de Corrientes
Por Roberto Bardini
Los diarios de Buenos Aires muestran fotos de un Arturo Frondizi delgado, con el
rostro demacrado, pálido y ojeroso. El presidente se está quedando cada día más
calvo. Como contrapartida, la barba parece crecerle el doble: a las pocas horas
de afeitarse por la mañana, una sombra gris se le instala en la cara; por la
tarde, tiene aspecto de no haberse rasurado en dos días. El director de la
revista de humor político Tía Vicenta, Eugenio Colombres, más conocido como
Landrú, publica las caricaturas del mandatario: se le ve con puntitos en las
mejillas y el mentón. Los dibujos lo muestran flaco como un fideo, con ojos
sorprendidos detrás de los lentes y una nariz larga que parece un pepino.
Almorzando con el Che Guevara El 18 de agosto, Frondizi se reúne secretamente en
Olivos con Ernesto Che Guevara, ministro de Industria de Cuba. El
argentino-cubano ha llegado de Montevideo al discreto aeropuerto de Don Torcuato
pasadas las 10 de la mañana de ese día, en una avioneta uruguaya.
Muchos años después, Frondizi relatará que el encuentro se realizó por
iniciativa mutua, pero que él fijó las condiciones y Guevara las aceptó: el
traslado se haría bajo la responsabilidad del gobierno argentino, no se
anunciaría públicamente su visita y no hablaría con nadie más. El presidente
argentino ofrece que Argentina, Brasil y México medien en el conflicto entre
Estados Unidos y Cuba. Después, hablan de las situaciones de sus respectivos
países. El ministro cubano se sincera y le dice a su interlocutor que está casi
seguro de que las presiones políticas terminarán por derrocarlo. A mediodía,
Guevara acepta un bife de chorizo con papas hervidas que le ofrece la esposa de
Frondizi. Después, le solicita a su anfitrión que lo autorice a visitar a una
tía que vive de camino al aeropuerto y se despidie.
Cuando Frondizi llega a la Casa de Gobierno, le sale al paso su edecán militar
de turno.
– Señor –le dice con la voz alterada– ahí adentro lo espera una tormenta.
Altos jefes de las Fuerzas Armadas lo aguardan fuera de sí. Buenos discípulos de
las academias militares norteamericanas, están convencidos de que la guerra fría
entre Washington y Moscú también se desarrolla en Buenos Aires. Los oficiales
acusan a Guevara de “criminal” y le recriminan a Frondizi no haber roto
relaciones diplomáticas con La Habana.
Tres días más tarde, el jaqueado presidente tiene que explicar por radio el
encuentro furtivo con uno de los argentinos más detestados en esos años por los
militares, casi con la misma intensidad con que odiaban a Perón. “Solamente los
débiles eluden la confrontación con hombres que no piensan como ellos...
Nosotros no querríamos ser gobernantes de un pueblo que tiene miedo de
confrontar sus ideas con otras ideas”, afirma desde los micrófonos.
La declaración radial no conforma a los militares. A la semana, renuncia el
ministro de Relaciones Exteriores, Adolfo Mugica, fundador del Partido
Conservador y ex diputado en el período 1938-1942. El canciller argentino había
declarado a la prensa que la entrevista entre Frondizi y Guevara se realizó con
conocimiento de Washington, pero el Departamento de Estado lo desmintió y lo
dejó colgado de la brocha. A esta altura, a Estados Unidos le importa un rábano
el gobierno frondizista. [Nota al pasar: en esa época todo parecía indicar que
Carlos Mugica, hijo del canciller, estaba destinado
por su origen social a ser un cajetilla de Barrio Norte, pero no fue así. Luego
de cursar dos años en la Facultad de Derecho, donde conoció y se hizo amigo de
Roberto Guevara, hermano del Che, el joven Mugica ingresó a un seminario
católico y se ordenó como cura en 1959, a los 30 años. Por la época en que el
Guevara llegó a Argentina, era vicario cooperador de la parroquia Nuestra Señora
del Socorro, en Barrio Norte, y asesor de la Juventud de Acción Católica, en el
Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue uno de los fundadores del Movimiento de
Sacerdotes del Tercer Mundo, trabajó en villas miserias y militó en el
peronismo. El 11 de mayo de 1974 fue asesinado por
Rodolfo Eduardo Almirón, inspector de la Policía Federal y uno de los jefes
de la Triple A].
El históricamente antiperonista diario La Prensa acusa de “procomunista” al
mandatario que encarcela por igual a peronistas y comunistas. Aramburu,
ascendido a teniente general bajo este gobierno, censura la conducta
presidencial. La CGT suma su voz al coro de indignados.
1957-2008:
HACE 48 SE AÑOS SE ROMPÍA EL ACUERDO ELECTORAL PERÓN-FRONDIZIPor José Luis Ponsico En 1957 el recientemente fallecido Rogelio Frigerio, brazo derecho de Arturo Frondizi en la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) hizo contacto en Caracas con Juan Domingo Perón. Ahí, nació el acuerdo Perón-Frondizi. Transcurría en su plenitud la "Revolución Libertadora" que se prolongó desde el 16 de setiembre de 1955 hasta las elecciones del 23 de febrero de 1958,. Ganó la fórmula Frondizi-Gómez con el apoyo explícito de los votos peronistas, según recuerda toda la cátedra política. El peronismo estaba proscripto. Sin embargo, ya en junio del 58 y a 45 días de la llegada al Poder por parte del radicalismo intransigente con votos peronistas, el intelectual más destacado del peronismo en aquel tiempo, John William Cooke, planteaba las primeras dudas sobre el incumplimiento del acuerdo Perón-Frondizi. Una carta de Cooke, recopilada por el historiador Roberto Baschetti, dá cuenta ante la historia que el pueblo peronista seguía padeciendo los efectos del tristemente célebre Decreto-Ley 4161 del 5 de marzo de 1956, donde en su artículo 10 quedaba prohibida -virtualmente- toda la cultura peronista. -El pueblo no está confundido -escribío el Bebe Cooke 48 años atrás- y en los elencos gobernantes reina la indecisión. Con el silencio de Juan Perón, los textos de John William Cooke se distribuían mano en mano en todo el universo peronista. -Dicen que el Presidente de la Nación, está presionado añadía. -Pero los gorilas que lo presionan son nombrados por el propio doctor Arturo Frondizi, sostenía el vocero en el invierno del 58. El malestar creció en el segundo semestre. Frondizi vivía bajo la presión de las fuerzas armadas. La toma del Frigorífico Lisandro De la Torre en enero de 1959, marcó definitivamente antes y después en la relación Juan Perón-Arturo Frondizi. Nacía el plan Conintes, Conmoción Interna del Estado, con decenas de dirigentes sindicales encarcelados y trasladados a la cárcel de Ushuaia. Empezaba otra etapa en la vida política argentina, donde el gobierno de Frondizi, brillante estadista, haría agua por falta de apoyo. A la presión de los militares -cuando cayó en abril del 62, la UCRI denunció más de diez intentos golpistas en cuatro años- se sumó el desborde de los sindicatos. En enero de 1960, desde Ciudad Trujillo, Panamá, Perón ya escribía -según la recopilación de Baschetti- sobre la traición de Frondizi al tiempo que una carta a máquina y con su firma de puño y letra, decía: -La traición de Frondizi al justicialismo ha sido la traición al Pueblo. -Nos cierran el camino de la lucha electoral proscribiendo a la mayoría popular alertaba Perón en su exilio y al cabo de cinco años. -Las oscuras fuerzas que desgobierna al país consideran que serán arrasadas en cualquier contienda electoral. Mientras mandaba a organizar el Partido Justicialista, el líder proscripto preguntaba: -¿Qué camino le queda al Pueblo para imponer la razón y la justicia que le asisten? se lee entre tantos documentos históricos. Por otra parte, la Argentina conmemoraba, institucionalmente, el sesquicentenario de su nacimiento como Nación. Corría 1960. Fuente: Télam |
En noviembre de 1961, en medio de la prolongada huelga de ferrocarriles iniciada
a mediados de mayo y el descontento generalizado que incluye a la clase
trabajadora, las Fuerzas Armadas, los empresarios y los partidos políticos,
incluido el propio, Frondizi inicia una gira por varios países. Visita Canadá,
Japón, la India y Tailandia. De regreso, se detiene en Atenas, Hong Kong,
Honolulu, San Francisco y Nueva Orléans. En Palm Beach (Florida) se entrevista
con el presidente John F. Kennedy. En ausencia del presidente viajero y la
inoperancia de los funcionarios del ministerio de Trabajo, el cardenal Antonio
Caggiano actúa como mediador en el conflicto ferroviario y, tras una semana de
negociaciones, el 10 de diciembre logra levantar el paro.
El 31 de enero de 1962, la Séptima Reunión de Cancilleres de la Organización de
Estados Americanos (OEA), convocada en Punta del Este, cede a las presiones de
Washington y expulsa a Cuba del sistema interamericano. Unos pocos países, entre
los que se cuenta Argentina, se abstienen de votar. Pero después, el gobierno
inclina la cabeza ante las presiones militares y rompe relaciones diplomáticas
con Cuba. El papelón, entonces, es doble.
“No renuncio, ni me suicido, ni me voy” Frondizi viaja a Paraná, su ciudad
natal, y el 3 de febrero pronuncia un discurso en el que denuncia “una
conspiración nacional e internacional” para derrocar a su gobierno. Sabe que
tiene las horas contadas.
El domingo 18 de marzo de 1962, se realizan elecciones para legisladores
nacionales y gobernadores provinciales. Los peronistas triunfan en nueve
provincias: Chaco, Jujuy, La Pampa , Neuquén, Río Negro, San Juan, Santiago del
Estero, Tucumán y Buenos Aires, donde se impone la fórmula Framini-Anglada. La
UCRI sólo gana en la Capital Federal , y por poco margen.
Al día siguiente, La Nación publica una columna política que condena la victoria
peronista. En su parte principal, el artículo expresa: “A seis años de la
revolución [libertadora] el país político olvidó su rumbo y su destino. Las
jornadas de septiembre [de 1955] no sólo abrieron una época.
Establecieron una nueva legalidad, un nuevo suelo institucional. Sobre sus
cimientos se basa el orden de hoy. El domingo, el país arrojó por la borda los
pilares del nuevo orden y jugó a todo o nada en una apuesta sin sentido. Hoy, en
medio de la perplejidad, hay que retomar el hilo y volver a tejer”. El artículo
lleva la firma del joven abogado Mariano Grondona, de 28 años.
Ese mismo día, Frondizi vuelve a ceder a las presiones militares, interviene las
provincias y anula las elecciones. Pero ya es tarde. Un mero hecho protocolar
atrasa el derrocamiento: el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de
Inglaterra, visita Argentina. Un golpe de Estado en su presencia hubiera sido
interpretado en Londres como un acto de mal gusto.
El 23 de marzo, José María Guido va a despedirse de Frondizi porque viaja a Río
Negro. Según Félix Luna (Todo es Historia, Nº 99, agosto de 1975), se inició el
siguiente diálogo: – Usted no se puede ir –dijo el presidente.
– ¿Por qué?
– Porque puede ser necesario que se encuentre en la capital por las cosas que
pudieran ocurrir.
– ¿Y qué puede ocurrir? –preguntó Guido.
– Y... que las Fuerzas Armadas lo consulten para saber si usted está dispuesto a
asumir el gobierno en remplazo mío.
– Esa consulta me la pueden hacer por teléfono. Como yo tengo que decirles que
no, esa palabra se puede decir por teléfono.
– Bueno –se rió Frondizi–, váyase a Viedma si quiere, pero queda enterado.
Transcurren unos días muy confusos. El mandatario está sujeto a la Casa Rosada
con hilo de coser. El 27, envía una carta al Comité Nacional de la UCRI , en la
que afirma: “No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país, ni cederé”.
Ajeno a todo, el imperturbable príncipe Felipe da por finalizada su visita
oficial y viaja a la estancia Blaquier, cerca de la ciudad bonaerense de Lobos,
para participar en un torneo privado de polo. A las 17:25 del 28 de marzo, el
comandante en jefe del Ejército se presenta en la Casa Rosada y le pregunta a
Frondizi si está dispuesto a renunciar.
– No –responde el presidente– y mi posición es irrevocable.
A las siete de la mañana del día siguiente, oficiales de las tres fuerzas se
presentan en la residencia presidencial de Olivos con la orden de detener al
mandatario. – Señores –les dice Frondizi– estoy a su disposición.
Una hora y media después, un avión de la fuerza aérea lo conduce a la isla
Martín García y lo confina en una dependencia de la marina. Un comunicado de los
comandantes de las tres armas señala que Frondizi “carece de fuerza, de
autoridad moral y política para resolver la situación”. Lo que el viento se
llevó Los oficiales de las Fuerzas Armadas, formados en el mitrismo, habían
“comprado” la ideología tardía de la Guerra Fría en cursos de especialización de
Estados Unidos, sobre todo en la tristemente célebre Escuela de las Américas,
más conocida como “Escuela de dictadores”, ubicada en Fort Gulick, en la hoy
desmantelada de la Zona del Canal de Panamá. En Argentina a precio de costo,
Gregorio Selser escribe: “Una de las arduas tareas del Frondizi candidato
presidencial y del Frondizi presidente iba a ser la de tratar de convencer a los
militares de que no era comunista ni estaba a sueldo de Moscú o de Pekín. Pese a
todo lo que hizo para probarlo –y le sobraban pruebas para ello– hasta hoy lo
que queda de aquella oficialidad sigue creyendo en la fábula del presidente
comunista. Ironías de la historia: el maquiavelito de Corrientes no pudo
convencer ni a aquellos a quienes servía acerca de su verdadera identidad
política”.
Frondizi llegó al gobierno con votos prestados, pero no pudo satisfacer a todos
y terminó enredado en sus propios vaivenes. Bajo el gobierno de Perón y durante
su propia campaña electoral, había sido un vigoroso opositor a las inversiones
de compañías petroleras extranjeras; como presidente firmó contratos con
empresas de otros países. Utilizó un discurso nacionalista, pero en 1959
“desnacionalizó” del frigorífico Lisandro de la Torre. Prometió un trato
especial a la clase obrera, en especial a los peronistas, pero sólo en ese año
un millón y medio de trabajadores tomaron parte en más de 45 conflictos
laborales. Impuso el Plan Conintes, designó interventores en más de 20
sindicatos y declaró zonas militares a La Plata, Berisso y Ensenada, ciudades
habitadas fundamentalmente por obreros.
Al asumir en mayo de 1958, Frondizi había declarado: “El debate entre los
trabajadores se desarrollará sin injerencia alguna del Estado. Quedará
descartada la intromisión policial en la vida sindical”. A esas palabras se las
llevó el viento. Su política económica, su insensibilidad social y la resolución
violenta de los conflictos fueron la causa de que el movimiento obrero
encabezara –sin que medie una orden de Perón– el doble de huelgas que las
realizadas durante el régimen de la Revolución Libertadora.
Frondizi logró, sin embargo, una especie de milagro de unidad nacional: casi
todos los sectores de la sociedad argentina coincidieron en su contra. Gorilas,
peronistas, nacionalistas, izquierdistas y militares lo detestaban. Unos los
acusaban de represor del peronismo y otros de cómplice del partido proscrito.
Algunos lo condenaban por “judío y marxista”… y todos por “entreguista de los
recursos naturales”.
Un
claro perfil ideológico y comercial
De una campaña de sesgo popular, en la que los espacios mayores fueron para la
simpática socialcristiana Gabriela Michetti, la gestión de Mauricio Macri como
gobernador porteño evidencia un claro giro hacia la influencia de un dirigente
que demostró no mover las encuestas, como Horacio Rodriguez Larreta. Ya desde
los primeros vetos se nota un favoritismo hacia los negocios de los llamados
“desarrolladores”.
Por Fernando Del Corro
En sus últimos dias de vida, la
Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) votó algunos proyectos
que tenia en trámite desde hacia tiempo. En esas primeras jornadas de diciembre
de 2007 y últimas para 30 de sus antiguos miembros, entre esos proyectos
convirtió en ley a dos que tenian un claro sentido reivindicatorio de carácter
histórico y social. Uno fue el relacionado con una reparación moral y monetaria
para los viejos presos Conintes y otra un mecanismo de preservación de los
bosques de Palermo que sufren una progresiva degradación en aras de negocios.
Quienes conocen los temas apuntan a la cabeza del jefe de Gabinete, el ex
desarrollista devenido en peromenemista y ahora macrista Horacio Rodriguez
Larreta. En el caso del Parque Tres de Febrero, como es la denominación oficial
de los bosques de Palermo, también se carga contra Juan Pablo Piccardo, el
ministro de Medio Ambiente y Espacio Público.
Los vetos pasaron casi inadvertidos para el gran público en el marco de otras
cuestiones nacionales y, en el caso de la CABA, a raiz de la virulenta suba de
la tasa inmobiliaria, del despido de 2.500 empleados públicos a los que se
calificó de ñoquis sin investigación previa alguna y la descomedida expulsión de
cartoneros de predios ocupados en Belgrano.
La cuestión es que los grandes medios masivos no tuvieron, entonces, lugar para
atender el problema de los viejos presos Conintes.
Los presos Conintes
MacartismoTodavía en esos años el del anticomunismo era todo un tema en la sociedad y había numerosas ligas e instituciones que luchaban contra el “terror rojo”. La Federación Argentina de Entidades Antidemocráticas Anticomunistas (FAEDA) promueve a través de nueve solicitadas publicadas en varios diarios una intensa acción de estrategia macartista en la que ve “rojos” infiltrados en medios de comunicación. Quien sale al frente de esas denuncias, con enorme valentía, considerando que la gente de FAEDA hace terrorismo de ultraderecha contra la libertad de expresión, es Augusto Bonardo, que da respuesta al grupo desde su programa de televisión “La gente” publica un documento titulado “Antología de un asco en la Argentina”. [Carlos Ulanovsky, Paren las rotativas] |
El Plan Conintes (de Conmoción
Interna del Estado) fue sancionado durante el segundo gobierno de Juan Domingo
Perón pero nunca se llegó a instrumentar hasta su destitución en septiembre de
1955. Apuntaba a evitar la aparición de grandes protestas sociales, al punto de
que se podian militarizar zonas y practicar allanamientos y detenciones sin
órdenes judiciales. La norma daba al Poder Ejecutivo Nacional (PEN) una enorme
discrecionalidad represiva.
Perón, responsable de su sanción, no tuvo presos Conintes. Pero quienes lo
derrocaron en nombre de la democracia, acusándolo de déspota y represor, no la
derogaron.
Quedó en el arcón de la legislación no aplicada hasta que apareció como
presidente Arturo Frondizi al frente de su Unión Civica Radical Intransigente (UCRI),
que llegó al gobierno con los propios votos más los de los comunistas y,
fundamentalmente, los de los peronistas, como resultado del muchas veces negado
pero real Pacto Perón-Frondizi.
Frondizi, originario de la izquierda del histórico radicalismo, habia llegado
con un programa popular del que rápidamente se alejó para llegar a tener
ministros de Economia como Alvaro Alsogaray y Roberto Alemann, a lo largo de sus
casi cuatro años de gestión. En ese giro a la derecha chocó rápidamente con la
mayor parte de sus votantes en un cambio de clientela politica.
Asi fue como la mayor parte de los sindicatos, en manos del proscripto
peronismo, como los 19 dirigidos por el Partido Comunista, pasaron a una dura
oposición destacándose largas huelgas como las de bancarios, ferroviarios y
personal del frigorifico nacional que habia sido creado por el presidente
Marcelo T. de Alvear en 1923. Ante ello Frondizi desempolvó el Plan Conintes que
fue aplicado con todo entusiasmo. Miles de trabajadores y de militantes
politicos fueron a parar a la cárcel.
La gran mayoria de aquellos presos Conintes a lo largo de este casi medio siglo
transcurrido ya no está en este mundo. Cuando el entonces legislador
kirchnerista Francisco Miguel Talento lanzó su proyecto reparador, en toda la
CABA se habian detectado apenas 15 sobrevivientes.
El extraño argumento para el veto impulsado por Rodriguez Larreta es lo oneroso que podia haber sido pagar tantas pensiones. ¡No más de 30.000 pesos al mes!, en el marco de las erogaciones del gobierno porteño, que ha incrementado fuertemente los salarios de sus funcionarios. Pero lo que subyace es una cuestión politica, mucho más cuando Rodriguez Larreta es de viejo cuño desarrollista.
Consultado el secretario de Derechos
Humanos del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el ex diputado por
el Frente para la Victoria (FPV), Helio Rebot, respondió: "La aplicación y
decisión de implementar el Plan Conintes fue una repudiable instrumentación de
nivel nacional. En tal sentido, desde nuestro gobierno no negamos ni ignoramos
el sufrimiento y dolor de sus victimas. No obstante, cualquier politica de ayuda
o subsidio debe sancionarse en el Congreso de la Nación, ante lo cual desde
luego que el gobierno de Mauricio Macri se adheriria".
Los bosques de Palermo
Asi como los parientes de los viejos Conintes lograron la ley para sus mayores,
la ONG de los “Amigos del Lago de Palermo” obtuvo algo que resulta espectacular
para la Argentina y para muchos paises como el nuestro: que se creara un
organismo descentralizado para administrar el parque y que ese cuerpo
administrador estuviese integrado por gente de alto nivel que se ganara el lugar
por concurso. Increiblemente fue votado y aprobado en esas jornadas de
despedida.
Pero tampoco Macri y Rodriguez Larreta quisieron saber nada con dejar el manejo
de los bosques a un grupo especializado que, seguramente, una vez que se hiciera
cargo, no permitiria que atendiendo a razones de “negocios” continuara la
apropiación de tierras por intereses de los más diversos, pero que se trata de
intereses de unos pocos y no de los millones de porteños y de visitantes de esta
urbe que pueden gozar de un paseo, o de un lugar para la práctica de ejercicios
libremente.
Está claro que los negocios particulares quieren ir por más, ya que haber
reducido el “Parque Tres de Febrero” en un 85 % no parece suficiente. Pero,
además, se planteaba otro riesgo aún mayor. Que la administración independiente
comenzase a hurgar entre las irregulares formas de apropiación que ha habido a
lo largo de los años por parte de clubes deportivos, como Gimnasia y Esgrima de
Buenos Aires, y hasta de simples negociantes. Y, en consecuencia, dar marcha
atrás con algunas de esas apropiaciones.
Fuente; www.cuartointermedio.com.ar
Macri
veta la ley que otorga un beneficio a las victimas del Plan Conintes (2007)
Buenos Aires, 06 de diciembre de
2007.-
La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de Ley
Articulo 1°.- Las personas que hubieran estado detenidas, procesadas, condenadas
y/o a disposición de la justicia o de los Consejos de Guerra, conforme lo
establecido por el Plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), tendrán derecho
a la percepción del beneficio establecido por la presente ley. Los beneficiarios
deberán haber residido en el momento de la detención en la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires o en la actualidad con al menos un (1) año de antigüedad, y no
deberán percibir beneficio nacional o provincial alguno, por motivos similares.
Articulo 2°.- El beneficio que establece la presente ley se percibirá en forma
mensual y será igual a una remuneración mensual no inferior al monto que percibe
un agente categoria A1, del tramo y nivel profesional de la administración de la
Ciudad.
Articulo 3°.- El beneficio tendrá el carácter de bien propio, será inembargable,
no podrá ser cedido, ni transmitido por ningún acto juridico.
Articulo 4°.- Los beneficios establecidos en la presente ley no son
incompatibles con sueldos, honorarios, jubilación o pensión que pudiere recibir
el beneficiario por otras causas.
Articulo 5°.- El beneficio caduca automáticamente por cobro de otro subsidio,
reparación o beneficio por idéntica causa que sea creado a nivel provincial o
nacional.
Articulo 6°.- En caso de
fallecimiento de las personas a las que les corresponde recibir el beneficio
establecido en el articulo 2° de la presente ley, tendrán derecho a la
percepción del mismo los siguientes derechohabientes en el orden de prelación
descrito:
El/la cónyuge al momento de la detención del beneficiario fallecido.
Los/as hijos/as nacidos/as o por nacer al momento de la detención del
beneficiario fallecido, que será dividido por partes iguales entre los mismos.
Articulo 7°.- El Poder Ejecutivo realizará las adecuaciones presupuestarias
necesarias para garantizar el cumplimiento de la presente ley desde el momento
de su entrada en vigencia.
Articulo 8°.- El Poder Ejecutivo reglamentará la presente ley dentro de los
treinta (30) dias de promulgada.
Articulo 9°.- Comuniquese, etc.
SANTIAGO DE ESTRADA
ALICIA BELLO
LEY N° 2.601
Sanción: 06/12/2007
Vetada: Decreto Nº 43/008 del 15/01/2008
Publicación: BOCBA N° 2852 del 17/01/2008
DECRETO N° 43/08
Buenos Aires, 15 de enero de 2008.
Visto el Proyecto de Ley N° 2.601 y el Expediente N° 95.515/07, y
CONSIDERANDO:
Que mediante el expediente citado en
el visto tramita el Proyecto de Ley N° 2.601, sancionado por la Legislatura de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el dia 6 de diciembre de 2007, a través del
cual se establece en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un
beneficio remuneratorio mensual destinado a las personas que hubieran estado
detenidas, procesadas, condenadas y/o a disposición de la justicia o de los
Consejos de Guerra, conforme lo establecido por el Plan CONINTES (Conmoción
Interna del Estado);
Que, si bien se estima loable el espiritu reparatorio del proyecto de ley de
marras, cabe merituar que resulta confusa la naturaleza juridica del beneficio
que se intenta establecer en el mentado texto;
Que, en este sentido, no es posible determinar fehacientemente si se trata de un
subsidio u otro tipo de beneficio, o si el mismo tiene o no carácter vitalicio,
todo lo cual acarreará inevitablemente dificultades operativas al momento de
concretar la operatoria dirigida a la recepción del mismo;
Que, en este orden de cosas, resulta menester señalar que no ha sido contemplada
en la legislación dictada a nivel nacional la reparación de las personas
alcanzadas por el Plan CONINTES, siendo el Congreso de la Nación el ámbito
natural de discusión de tales medidas por cuanto el referido plan tuvo alcance e
instrumentación en todo el territorio nacional;
Que en virtud de ello, se torna inadecuada la instrumentación de legislaciones
estaduales de alcance territorial acotado, tal cual se propicia en el proyecto
de ley sub examine;
Que, asimismo, el proyecto en cuestión se dirige hacia aquellos beneficiarios
que hubieran tenido su residencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires "…en el
momento de la detención …o en la actualidad con al menos un (1) año de
antigüedad…". Esta última circunstancia tendria la virtualidad de instrumentar
un programa reparatorio de alcance nacional toda vez que basta con tener un solo
año de residencia en nuestra ciudad para que ello genere derecho a la recepción
de un beneficio, con presumible carácter vitalicio;
Que, por otra parte, no han sido acompañados con el referido proyecto de ley
estudios técnicos de la especialidad que permitan tener una idea acabada tanto
del número de beneficiarios potenciales del programa, como asi también del
importe final que demandaria para el erario público su implementación, datos con
los que -de manera imprescindible- debe contar previamente el Poder Ejecutivo de
cara a la puesta en marcha de un programa de tan vasto alcance;
Que, en esta inteligencia, cabe señalar que el gasto que implicaria el inicio
del programa en cuestión no fue oportunamente valuado ni ponderado, y
actualmente se carece de recursos especificos para ser destinados a su
implementación, no contándose en la actualidad con partidas para afrontarlo
dentro del presupuesto de gastos y recursos para el corriente año;
Que, por los argumentos esgrimidos precedentemente, y sin perjuicio de que
oportunamente se lleven adelante acciones de gobierno que permitan asistir
particularizadamente a aquellas personas comprendidas dentro del universo de
potenciales beneficiarios del mismo, corresponde hacer uso del mecanismo
excepcional de veto, conforme lo prescripto en el articulo 87 de la Constitución
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires;
Por ello, en virtud de las facultades legales constitucionales que le son
propias,
EL JEFE DE GOBIERNO
DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES
DECRETA:
Articulo 1° - Vétase el Proyecto de Ley N° 2.601, sancionado por la Legislatura
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la sesión de fecha 6 de diciembre de
2007.
Articulo 2° - El presente decreto es refrendado por el señor Jefe de Gabinete de
Ministros.
Articulo 3° - Registrese, publiquese en el Boletin Oficial de la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires, comuniquese a la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, por intermedio de la Dirección General de Coordinación de Asuntos
Legislativos y Organismos de Control, y pase para su conocimiento a la
Subsecretaria de Derechos Humanos, dependiente de la Vice Jefatura de Gobierno.
Cumplido, archivese. MACRI - Rodriguez Larreta
Frondizi
y un plan de racionalización
Por Mercedes Garcia Bartelt
El primer gran cambio del sistema ferroviario luego de la estatización del
servicio dispuesta durante la presidencia de Juan Domingo Perón llegó de la mano
de Arturo Frondizi, que ocupó el sillón de Rivadavia entre 1958 y 1962.
Frondizi decretó, en mayo de 1961, un plan de racionalización de trenes que
desembocó en la privatización de servicios relacionados, en el congelamiento del
déficit de explotación, en el levantamiento de vias y en una de las mayores
huelgas de empleados del sector.
El objetivo del plan, según lo señala el primer mandatario en sus discursos, era
mejorar el transporte en una Argentina que contaba con nuevos centros de
producción y, al mismo tiempo, terminar con el déficit ferroviario, que
representaba “casi el 80% del déficit total del presupuesto de la Nación”.
“Los ferrocarriles (en manos de la Empresa Ferrocarriles del Estado Argentino,
EFEA) no cumplen su función porque su trazado en abanico converge hacia Buenos
Aires y porque carecen del material indispensable para transportar los frutos
del pais y las mercaderias, que se deterioran en largas esperas en las playas de
depósitos”, explicó Frondizi en un discurso pronunciado en 1961.
“Para la Argentina agropecuaria del siglo pasado y a comienzos del siglo
presente –agregó– bastaba una red de comunicaciones que conectara las praderas
donde se cultivaba el cereal y crecia el ganado con el puerto de Buenos Aires.
Pero la Argentina de hoy no es la misma que la de nuestros abuelos. Hoy se
producen tabaco, arroz, té, yerba mate y centenares de productos agricolas y
forestales en todo el pais, desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego.”
Los cambios de la geografia económica representaban una buena justificación para
el plan de racionalización. Pero igual de importantes fueron las razones
estrictamente monetarias que Frondizi detalló sus discursos:
“Actuaremos drásticamente para mejorar el servicio ferroviario y suprimir el
enorme déficit del orden de los 23.000 millones de pesos. Para valorar esta
cifra conviene recordar que el presupuesto total de la Nación alcanza a 120.000
millones de pesos.”
“Cada argentino –dijo en otra oportunidad– contribuye con 1000 pesos anuales a
enjugar las pérdidas de un sistema ferroviario que no sirve al pais ni a los
sufridos usuarios del servicio.”
“Empeñado en racionalizar”
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Según señala un estrecho colaborador del ex presidente, éste estaba “empeñado en
racionalizar la parte ferroviaria”, y asi llegó en mayo el decreto 4061, que
puso en marcha el plan.
A través del decreto se dispuso, por un lado, el congelamiento del déficit de
explotación de los ferrocarriles nacionales y la prohibición de “nuevas
inversiones para la adquisición de bienes o recuperación de los existentes”.
También trajo a escena un factor que hoy resulta familiar: la privatización.
Pero en este caso se sancionó “la transferencia a la actividad privada de
servicios o actividades complementarias que no integren la explotación
ferroviaria especificamente considerada, comenzando por los servicios de
confiteria, restaurantes y coches comedor”.
También se decretaron la intervención de EFEA y el levantamiento de 4000
kilómetros de vias. En conferencia de prensa, el entonces ministro de Obras
Públicas, Arturo Acevedo, señaló que en la primera fase del plan serian
levantados 800 kilómetros de vias de los ferrocarriles Mitre, Urquiza y Belgrano
que pasaban por Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero y Chaco.
Los sindicatos del sector, Unión Ferroviaria y La Fraternidad, se opusieron
inmediatamente a las nuevas disposiciones. La resistencia fue tal que se llegó a
constituir una comisión mixta para revisar las privatizaciones, pero no hubo
acuerdo y el 26 de octubre se inició una huelga que finalizó recién el 11 de
diciembre de 1961.
Negociación agotadora
La huelga poco tuvo de pacifica, y Frondizi firmó, el 1º de noviembre, un
decreto que habilitó la intimación al personal ferroviario a la reanudación de
sus tareas. Y lanzó también el Plan Conintes (Conmoción del Orden Interno del
Estado) a través del cual se detuvo a los principales lideres ferroviarios para
trasladarlos a diferentes presidios del pais.
“Habia mucha gente que se oponia fuertemente al plan y el presidente seguia con
máximo detalle todo”, recuerda el colaborador de Frondizi. Luego de 42 dias de
negociación, y con la mediación de monseñor Antonio Caggiano, gobierno y
ferroviarios llegaron a un acuerdo que mantuvo el plan de racionalización a
cambio de mejores salarios y la participación gremial en EFEA.
“Frondizi puso todo al servicio de un plan de desarrollo en el cual los
ferrocarriles debian complementarse con la red caminera”, señala Albino Gómez,
escritor, periodista y encargado de redactar los discursos del ex presidente.
“El tema le demandó mucho tiempo y mucha energia a Frondizi”, agregó.
No sólo tiempo, también colaboradores. El primer mandatario perdió en medio de
las negociaciones con los ferroviarios a sus ministros de Obras Públicas y
Economia, Acevedo y Roberto Alemann, respectivamente. Pocos meses después
perderia su cargo en el golpe de Estado de 1962.
De la Redacción de LA NACION
La
toma del Frigorífico Lisandro de la Torre
Por Alejandro Pandra
Hacia fines de 1958 el gobierno de Arturo Frondizi abandonó rápidamente su
retórica de desarrollo industrial nacional para inclinarse hacia una
industrialización dependiente del capital extranjero y del imperialismo.
La Argentina ingresaba a una crisis crónica de balanza de pagos y, a cambio de
un préstamo del FMI, Frondizi se comprometía a la aplicación de un llamado Plan
de Estabilización, basado esencialmente en la liberalización del mercado
cambiario, la devaluación del peso y un enorme estímulo a la inversión
extranjera mediante rebajas impositivas, permiso ilimitado para remesa de
beneficios al exterior, reducción radical de tarifas aduaneras, suspensión de
control de precios y restricciones comerciales.
Junto con esto, la congelación salarial, el aumento drástico de tarifas, la
reducción del gasto mediante la paralización de la obra pública y el despido de
la planta de empleados públicos de 40.000 agentes, además de privatizaciones en
el sector petrolero, productivo y de servicios. Bah, la clásica receta del Fondo
Monetario, pero que entonces sonaba novedosa...
La resistencia y la lucha contra ese
plan alcanzó su pico más combativo a mediados de enero de 1959, tras la
privatización del frigorífico Lisandro de la Torre.
El día 17 de enero el ejército, con tanques, desalojó a los obreros huelguistas de la
planta. Cientos fueron encarcelados.
Una década antes que el Rosariazo y el Cordobazo, en una comuna de alcances,
metodología y conciencia verdaderamente revolucionarios, el pueblo de la ciudad
de Buenos Aires protagonizó una heroica gesta tras la toma por sus nueve mil
obreros del frigorífico municipal Lisandro de la Torre para enfrentar a la
privatización ordenada por el gobierno. Los objetivos, los métodos, y la
organización propia de la clase trabajadora, arrastró tras de sí al barrio
entero, Mataderos, que dependiente de la vida y funcionamiento de la gigantesca
fábrica, se plegó en una insurrección popular inusitada, mientras millones de
trabajadores participaron de la huelga general de solidaridad, impuesta por el
ímpetu y la fuerza de los hechos, a la conducción vacilante de la CGT.
En el Lisandro se faenaban un millón y medio de kilos de carne vacuna por día,
además de ovina y porcina. La importancia del Lisandro de la Torre para una
política nacional de carnes era inmensa, pues regulaba a todos los demás, y
permitía al Estado recuperar una gran cantidad de divisas provenientes de su
cuota de exportación, a la vez que fijaba el precio al consumo.
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La muerte del dirigente
de la carne Sebastián Borro (17 de julio 2005) |
Conocida la noticia de la
privatización del frigorífico más grande de América latina, los trabajadores se
organizaron para resistirla. La fábrica contaba con un sindicato autónomo ganado
por una lista peronista de línea dura conducida por Sebastián Borro, y un
poderoso y disciplinado cuerpo de delegados que funcionaba con andato
democrático de asamblea. Los obreros se preparaban para rechazar la
privatización.
Tenían un contraproyecto para aumentar la productividad y el rendimiento de la
planta mediante la adquisición de maquinaria para la utilización y
aprovechamiento del sebo, la cerda, la sangre, las pezuñas, etcétera.
Al decir de los trabajadores: -Lo único que no pudimos lograr fue una forma de
industrializar el mugido.
Tenían además un argumento de hierro para justificar el mantenimiento del
establecimiento en manos del Estado: el frigorífico había servido como un enorme
freno contra las empresas monopólicas. El 14 de enero, sin embargo, se sanciona
la ley de privatización. Una asamblea de los trabajadores decide la toma y el
paro por tiempo indeterminado. Se pide a las 62 Organizaciones, además, que
convoque a un paro general. Se forman grupos de obreros para cuidar la
maquinaria, evitar sabotajes y atender a los animales.
Previendo la posible represión y basados en experiencias anteriores, organizan
la defensa: mantener la caldera encendida para resistir con mangueras de agua
caliente; apostar un grupo de obreros para largar la hacienda acumulada si
entraban a desalojarlos. Otra comisión visita comercios y vecinos buscando ayuda
solidaria. Dos horas después de tomado el frigorífico, decenas de miles de
personas rodean la planta en señal solidaria. Durante toda la jornada la fábrica
será el centro organizador: estudiantes, vecinos, familiares, comerciantes,
todos participarán. La prensa nacional se apostaba en la entrada, ante el portón
en el que se cuelga una bandera que reza -En defensa del patrimonio nacional.
Ante la proclama de la huelga, el Comando Nacional de la Resistencia peronista,
a través de John William Cooke, declaraba: -Los agentes del imperialismo, desde
los cargos oficiales, utilizan el monopolio de la propaganda para atribuir a la
huela general los móviles más aviesos y las complicidades más absurdas.
(...) Esta huelga es política, en el sentido de que obedece a móviles más
amplios y trascendentes que un aumento de salarios o una fijación de jornada
laboral.
Aquí se lucha por el futuro de la clase trabajadora y por el futuro de la
nación. Los obreros argentinos no desean ver a su patria sumida en la indignidad
colonial, juguete de los designios de los imperialismos en lucha. (...) En un
país sometido al capital foráneo, no hay posibilidades de desarrollo nacional.
Tampoco puede existir una justa participación de la clase trabajadora en la
conducción política, ni en el reparto del producto social. (...) Si los medios
de lucha que ha usado no son del agrado de los personajes que detentan
posiciones oficiales, les recordamos que los ciudadanos no tienen posibilidad de
expresarse democráticamente y deben alternar entre persecuciones policiales y
elecciones fraudulentas. No es posible proscribir al pueblo de los asuntos
nacionales y luego pretender que acepte pasivamente el atropello de sus
libertades, a sus intereses materiales y a la soberanía argentina. No sé si este
movimiento de protesta es -subversivo-eso es cuestión de terminología, y en los
países coloniales son las oligarquías las que manejan el diccionario.
(...) Por ello el pueblo está en su derecho de apelar a todos los recursos y a
toda clase de lucha para impedir que siga adelante el siniestro plan
entreguista.
Como representante de Frondizi, el jefe de la Policía Federal, el capitán
Ezequiel Niceto, negocia con los obreros y les conmina a que reanuden el
trabajo. Les sugería además que pensaran en hacer una cooperativa para arrendar
el frigorífico. Los obreros rechazan la propuesta. Al día siguiente se comunica
la decisión gubernamental: -Si se mantiene la huelga y la ocupación, el Poder
Ejecutivo actuará con toda decisión y energía. Los representantes obreros
responden: -(...) el gremio ha decretado la huelga en una asamblea, y nosotros,
que somos los representantes del gremio, la haremos cumplir hasta que sea
derogada la ley. A la medianoche del día 16, el Ministerio de Trabajo declara
ilegal el paro y ordena desalojar el establecimiento a las 3 horas del día 17 de
enero. Se desencadena la represión.
Los piquetes obreros colocados en cada esquina dan la alarma. A la madrugada,
veintidós ómnibus cargados de agentes federales se aproximan al frigorífico.
La fuerza represiva sumaba 2.000 hombres. Un tanque militar atropella el portón
de la entrada y comienzan los bombazos. Más de 6.000 obreros reunidos alrededor
del mástil en el patio de la planta, comienzan a cantar el himno nacional. (-Si
en ese momento la gente hubiera tenido algo en la mano no sé lo que hubiera sido
capaz de hacer. ¡Realmente era un sentimiento de odio y de bronca! [...] Un
ladrillo, cualquier cosa querían tirarle al tanque, cualquier cosa...). Algunos
corren a refugiarse de las balas y gases policiales; otros, cuchillo en mano, se
abalanzan contra la policía.
Quienes tenían la misión de largar la hacienda lo intentan en vano.
En la huelga de 1948 las largamos y fue una estampida de decenas de miles de
cabezas que se llevaba todo por delante, no quedaba nadie, ni policías ni
nosotros. En cambio en el 59 salieron, pero al trotecito, y se pusieron a comer
el pasto de las veredas: parece que las vacas también habían hecho su
experiencia.... Luego de largas horas de una heroica resistencia, los obreros
finalmente serán desalojados.
Las 62 Organizaciones, al frente de la CGT, decretan el paro nacional.
Sin organizar la medida y sin tomar ninguna precaución, los dirigentes vuelven a
sus respectivos sindicatos. Al llegar, uno a uno serán detenidos: la burocracia
se quitaba así de encima la responsabilidad de garantizar el paro que había
declarado.
La huelga quedó en manos de nuevos y jóvenes dirigentes. A pesar de la ausencia
de dirigentes de primer nivel, el paro se siente fuerte en todo el país.
Fue la primera huelga general por tiempo indeterminado de la historia nacional.
Los trabajadores de los frigoríficos privados Swift y Armour se pliegan a la
huelga con una combatividad tal que el gobierno sólo pudo detenerla mediante una
brutal militarización y represión en toda la zona.
El vicepresidente José María Guido, a cargo del Ejecutivo por ausencia del
presidente, se dispone a movilizar a las Fuerzas Armadas mientras los medios de
comunicación anunciaban la posible aplicación del Plan Conintes (mediante el
cual el gobierno movilizaba al aparato represivo de las Fuerzas Armadas ante
casos de CONmoción INterior del EStado, y determinaba el juicio a civiles por
tribunales militares).
Tras el desalojo, el enfrentamiento se trasladó al corazón del barrio de
Mataderos. Durante cinco días, militantes, obreros, vecinos y comerciantes se
enfrentaron a la policía ¡y al ejército! en feroces batallas con características
de insurrección urbana.
La clase obrera de la zona se transformó en el dirigente espiritual de la
población vecina. Era la industria frigorífica predominante quien gobernaba y
ordenaba la existencia misma de todo ese complejo urbano.
Los lazos informales de la familia, la vecindad y el lugar de trabajo
adquirieron una potente homogeneidad, reforzada en su máxima expresión cuando el
Estado y su aparato represivo se aprestó a atacarlos. Estos lazos primarios
fueron los que comenzaron de entrada a proveer la seguridad y defensa a los
obreros y activistas en un plano que ninguna organización formal podía igualar.
El barrio vivió una conmoción: en la calle, ¡con las manos!, se levantaron las
vías del tranvía. Se hicieron barricadas arrancando el adoquinado, se derribaron
árboles, se acumulaba madera, se prendía fuego. Participaba todo el mundo, los
obreros, los militantes, los familiares y los vecinos. Inclusive los comercios
se adhirieron, porque era una lucha que le pertenecía a todo Mataderos.
Durante la noche, los propios vecinos, junto a los obreros, cortaban la
iluminación para impedir el ingreso de la policía. Los trabajadores de las
inmensas fábricas vecinas, Pirelli y Federal, se unieron a los del frigorífico.
Finalmente, toda esta enorme energía será desarticulada.
El frigorífico será privatizado a mediados de 1960 y entregado a la CAP
(Corporación Argentina de Productores de carne), que lo mantendría durante años
con suculentos subsidios del Estado. (El complejo se le vendió a la CAP en 380
millones y se le dieron 500 millones para reconvertirlo; sin embargo, la CAP
sólo terminó pagando en concepto de compra, de esos 500, 38 millones: todo una
anticipación del modus operandi de los 90). Más de cinco mil obreros quedarían
en la calle y sus dirigentes fueron detenidos.
El control que la organización obrera había ejercido sobre la producción fue
progresivamente debilitado y nuevas condiciones de productividad fueron
impuestas.
La represión, el aislamiento y el abandono de la conducción sindical debilitaron
al movimiento huelguístico. La burocracia sindical peronista levantó la huelga
replegada tras las espaldas del gobierno, temerosa de perder las tibias
prebendas cedidas por Frondizi y de la energía con que la clase trabajadora,
arrastrando a la mayoría de los sectores populares, tomaba en sus propias manos
la lucha contra el plan de entrega reaccionario y la defensa de lo nacional.
A pesar de todo, el proyecto desarrollista de Frondizi quedó definitivamente en
el basurero de la historia, pero la resistencia de los obreros del Lisandro de
la Torre permanecerá por siempre en la memoria histórica de los trabajadores
argentinos.
Fuente: Agenda de Reflexión
Cuando
Santa Rosa fue “depósito de presos” Conintes
Entre 1959 y 1963 pasaron decenas de presos políticos y gremiales detenidos por
el Plan Conintes por las cárceles de Santa Rosa. Hubo comunistas, peronistas,
sindicalistas, tacuaras, guerrilleros y hasta anarquistas.
Por Norberto G. Asquini*
Entre fines de 1959 y 1963 Santa Rosa se convirtió en un virtual “depósito de
presos” políticos y gremiales que fueron recluidos en la Unidad Penal 4 y otras
instalaciones penitenciarias locales por orden del gobierno nacional. Desde que
el presidente Arturo Frondizi implantó el Plan Conintes –sancionado por una ley
de 1951– para contener un período de agitación social con paros y ocupaciones,
hasta la salida de su reemplazante tras el golpe del ‘62, José María Guido,
pasaron centenares de detenidos políticos de otros puntos del país por la
capital pampeana. No es que con anterioridad no se hubieran utilizado esas
dependencias para detenidos políticos. Durante el peronismo (1946-1955) fueron
alojados los golpistas militares; después de la caída de Juan Perón fue usada
para dirigentes peronistas, y más tarde para sindicalistas huelguistas como
Rubens Iscaro.Pero desde la implementación del Estado de Sitio comenzaron a
trasladar con asiduidad a los detenidos, tanto por la tranquilidad interna de la
provincia como la disponibilidad de celdas que los podían albergar cuando
saturaban otras unidades penitenciarias. Cada vez con mayor frecuencia, las
cárceles santarroseñas tuvieron entre sus reclusos desde jóvenes de la
ultraderecha de Tacuara, guerrilleros de Uturuncos, peronistas revolucionarios,
gremialistas del comunismo y hasta anarquistas. Entre ellos hubo presos de
renombre, como los sindicalistas Andrés Framini o José Rucci, o el folclorista
paraguayo José Asunción Flores.
Van cayendo.
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Los primeros nueve presos de esta etapa llegaron el 1º de octubre de 1959, tras
una huelga de las 62 Organizaciones y el MUCS –de gremios comunistas–. Entre
ellos estaba el secretario general de la Unión Obrera Textil, Andrés Framini,
que había sido detenido en septiembre en Córdoba y pasado por Devoto. Al día
siguiente se agregaron otros cuatro. El 3 ingresaron ocho más, entre ellos José
Rucci –que sería secretario general de la UOM y asesinado en el ’73 por
Montoneros–. Para el día 7 ya sumaban 29 los gremialistas confinados, en su
mayoría metalúrgicos y textiles, alojados en el anexo encausados de la Colonia
Penal, entre ellos Oscar Bidegain –futuro gobernador bonaerense en 1973–y Angel
Hermida. El 8 de noviembre comenzaron a ser puestos en libertad algunos de los
presos. La pronta liberación que se dio en muchos casos se debió a los hábeas
corpus presentados por los abogados del comité pro-presos, Carlos Pérez y Manuel
Cuadrillero y los dirigentes Omar Maraschini y León Nicanoff. Los recursos eran
aceptados por el juez federal César Tarantino que pedía informes sobre la
situación de los detenidos al Ministerio del Interior y si en 48 horas no había
respuesta dictaminaba su libertad.A fines de enero del ’60 llegaron más
obreros detenidos, gremialistas en huelga de la Federación de Obreros y
Empleados de Correo y Telecomunicaciones (Foecyt) de la Capital Federal, que
quedaron libres a los pocos días. En marzo la cárcel se colmó a poco de las
elecciones del día 27. El 19 fueron alojadas en el Penal 61 personas que
llegaron en tren desde Capital Federal, todas presas por el Plan Conintes. Se
contaban peronistas, comunistas, tacuaras y anarquistas de Capital Federal,
Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Entre ellos, 44 que estaban en Caseros y
fueron trasladados sorpresivamente, como Alberto Ottalagano –abogado
ultraderechista que sería rector de la UBA en los ‘70–, Carlos Rovira, Alberto
Iturbe, Federico Durruty, Idelfonso Cabagna Martínez –ministro de Relaciones
Interiores de Perón–, Atilio Renzi, Miguel Unamuno, Gerónimo Izetta y Raúl
Lagomarsino. Algunos de ellos denunciarían torturas y maltratos.La cárcel se
llenó de trabajadores y militantes políticos. Hubo tres obreros marítimos,
cuatro gastronómicos, ferroviarios, viajantes, comerciantes, empleados, ópticos,
encuadernadores, obreros, etc. Pocas mujeres fueron confinadas en La Pampa, dos
de ellas María Ignacia Delfina Moyano y Edelmira Giudice, alojadas en la cárcel
de mujeres. Para el 27 de marzo del ’60 sumaron 106 los presos en Santa Rosa.
Poco a poco fueron trasladados o liberados. El 9 de abril fue transferido
Framini a Esquel junto con otros gremialistas. Algunos eran llevados a Caseros
como Carlos Chiavone y Federico Durruty. El periplo que hicieron muchos presos
fue kilométrico. Por ejemplo, dos paraguayos detenidos en El Dorado, Misiones,
habían recorrido 1.600 kilómetros entre Bahía Blanca, Capital Federal y Santa
Rosa en poco más de 48 horas, cuando fueron liberados en mayo por el juez local.
Los Tacuara.
Casi una decena de jóvenes llegó el 19 de marzo del ’60 desde Capital Federal y
fue liberada el 31. Eran militantes de la agrupación ultraderechista Tacuara,
como José Luis Nell, Marcelo Arturo Villa Mayor, Jorge Osvaldo Orus, Enrique
Vicente Salvino, y Rodolfo Verona. Habían sido detenidos por personal de
Coordinación Federal el 26 de febrero en la sede de la organización derechista
en Matheu 185 y habían pasado por el Departamento Central de Policía y la cárcel
de Caseros.Nell, entonces un estudiante de 18 años, militó en Tacuara para luego
pasarse al peronismo revolucionario. Después se incorporó a las filas de las
Fuerzas Armadas Peronistas y recibió un disparo durante la Masacre de Ezeiza que
lo dejó inválido. Se suicidó meses después.
Plomeros anarquistas.
Entre los que llegaron en marzo del ’60 a Santa Rosa hubo también varios
plomeros de la FORA anarquista; detenidos entre diciembre del año anterior y
febrero en Capital Federal. El 2 de febrero el local del sindicato de plomeros,
en Potosí 4.156, fue asaltado por efectivos de la sección Orden Gremial de la
Federal y cayeron cincuenta trabajadores. José Elizondo, Manuel Correa, Antonio
Herrera y Marcelino Carabajal fueron parte de los capturados que llegaron a
Santa Rosa. El 4 de diciembre a la madrugada fueron puestos en libertad en el
anexo de Encausados de la Colonia Penal los primeros: eran nueve obreros
plomeros y un panadero. El sábado 17 de diciembre quedó libre Carlos Valentini,
otro del grupo que estaba a la sombra hacía casi un año.
Fiestas del ’60.
Para las fiestas del ’60 se contó una decena de presos políticos en Santa Rosa.
En noviembre y diciembre llegaron transferidos desde Viedma y Rawson varios
comunistas que originarían a fines de enero del ’61 un movimiento a favor de
detener sus traslados. Entre ellos los miembros de la Comisión de Solidaridad a
la Revolución de Cuba, Jacobo Perelman y Emiliano González. El primero había
sido capturado el 15 de julio junto a otras 30 personas en una cena ofrecida a
un diplomático cubano y el segundo el 20 luego de un acto en la Facultad de
Derecho y Ciencias Sociales junto a Fernando Nadra. Además, Pedro Chiaranti, de
62 años, fundador y secretario general de la UOCRA durante 8 años y militante
del Comité Central del PC y detenido en un acto solidario con Cuba en octubre;
Carlos Imizcoz, bancario llegado de Capital donde había dirigido la mítica
huelga del ’59 y que había estado un año prófugo –era su novena detención–; y
Pascual Mazzitelli, del sindicato argentino de músicos detenido mientras
realizaba tareas gremiales en Capital Federal y llegado en febrero. El 7 de
marzo fueron liberados Perelman y González, y el 8 Chiaranti, a raíz de su
estado de salud. El 30 fue liberado Imizcoz y se completó la liberación de todos
los detenidos de ese grupo.Paraguayos.El 13 de febrero del ‘61 ingresaron
encarcelados los paraguayos Carlos Garcete, Fernando Pucciarelli, Benito Filemón
Torres, Teresito Ruiz González, Gumersindo Espínola, Wilberto Acosta, Sergio
Martínez y Antonio Casco. Los paraguayos habían sido detenidos el 30 de
noviembre del ’60 en Posadas, Misiones, donde residían desde hacía años. Eran
opositores al gobierno del dictador Alfredo Stroessner. Habían sido alojados en
el Regimiento 11 de Ingenieros, luego llevados a la cárcel de Posadas y de allí
vía aérea a Capital Federal en enero. Luego por ferrocarril trasladados a Viedma
y finalmente conducidos en tren a La Pampa.Durante 1961 también estuvo durante
seis meses detenido el músico paraguayo José Asunción Flores, creador de la
guarania. A las 2.55 del 14 de marzo fueron liberados, junto a Mazzitelli, los
siete paraguayos del anexo de encausados: Fernando Pucciarelli, Benito Filemón
Torres, Teresio Ruiz González, Gumersindo Espíndola, Wilberto Acosta, Sergio
Martínez y Antonio Julián Casco.
Ahumada.
Una presencia muy considerada por muchos santarroseños fue la de María Margarita
Arentsen de Ahumada, esposa del peronista revolucionario y teniente Ciro
Ahumada. Ahumada fue un oficial del Ejército mendocino que promovió varios
golpes militares e insurreccionales peronistas durante la Resistencia junto con
el general Miguel Iñíguez. En mayo de 1960 ordenó colocar explosivos en la casa
de un general y en una compañía petrolera mendocina y partió hacia Uruguay.
Trescientos integrantes de su red fueron perseguidos y acorralados, hasta su
esposa. La mujer fue condenada en Mendoza a cuatro años de prisión junto a un
grupo de hombres por un Tribunal de Guerra y estuvo desde el 22 de diciembre de
1960 hasta febrero de 1962, cuando se la indultó, recluida en la Cárcel de
Encausados de Santa Rosa. Los cargos fueron asociación ilícita y encubrimiento,
entre otros. Poco después de su llegada arribaron otros presos mendocinos
detenidos en la misma intentona. El 11 de agosto del ‘61 llegaron ocho
condenados entre 6 y 19 años por estar vinculados al golpe de Ahumada. Habían
estado alojados desde su captura en la cárcel de la capital mendocina y pasaron
por las prisiones militares de Magdalena, Viedma, Rawson, Penitenciaria Nacional
y luego al anexo de Encausados de Santa Rosa. Eran Carlos Herbst, Leónidas
Aveiro, José Merlo, Alejandro Barrose, Humberto Cinquegrano, Daniel Soloa,
Silverio Sosa y Carlos Alberto Burgos. En su momento, se recordó la visita que
le hicieron a Ahumada sus tres hijas de 11, 9 y 6 años. Finalmente, el 18 de
febrero del ’62, la mujer recuperó su libertad. Herbst fue trasladados en julio
a Mendoza por tren desde Catriló. El estudiante Burgos a Chaco en noviembre y
Soloa a Buenos Aires en diciembre. Y Cinquegrano, Barrose, Merlo y Aveiro
llevados al Penal de Magdalena en mayo del ’63.
El guerrillero.
En la mañana del 3 de febrero del ‘62 recuperó su libertad Henry Rodríguez, un
preso Conintes que estaba en el anexo encausados desde el 17 de diciembre del
‘61. Pertenecía al grupo de guerrilleros Uturuncos que había intentado crear un
foco insurgente en los montes de Tucumán y fue capturado el 10 de junio del ’60.
Había sido condenado por un tribunal militar especial a la pena de 3 años de
prisión a la que se le dio cumplida en forma condicional. En los meses
siguientes apenas quedaría un puñado de diez condenados por tribunales militares
por actos de sublevación en Mendoza.
La última.
Entre fines de octubre del ’62 y mayo del ’63 llegó la última tanda, casi todos
comunistas que habían sido detenidos por “actividades contra la Seguridad
Pública” por apoyar en actos públicos la revolución cubana. Los primeros 26
presos por causas gremiales y políticas fueron bajados el 31 de octubre del ’62
de un avión Bristol, unos por la mañana y otros por la tarde. Siete vehículos
los trasladaron a la Colonia Penal. Algunos pocos recuperaron la libertad en
diciembre. En noviembre del ’62 fueron trasladados el médico Carlos Abolsky de
38 años y el abogado santafesino Alfredo Dratman, de 36, entre otros. El 5 de
enero del ‘63 llegó otra veintena desde la penitenciaría de Puerto Deseado,
también capturados en octubre del ’62. Para enero había en el país 296 presos
políticos y gremiales y 34 estaban en Santa Rosa –28 a disposición del PEN y 6
condenados del Conintes–.El 2 de mayo desde el destacamento Río Bamba en Buenos
Aires fueron remitidos 16 detenidos a la U13. Entre ellos Ernesto Giúdice,
periodista y apoderado del PC; otra vez Chiaranti, José Brandeburgo, Manuel
Halperín, Héctor Manfredo, Elías Perelman, Miguel Wais, José Laureano Rojas,
Gastón Redivo, Carlos Impinisi, Ricardo Soppo y David Halperín, todos capturados
en noviembre del ’62. El 23 de mayo en avión llegaron otros 18 detenidos del
PEN.El 11 de junio recuperaron su libertad cuatro presos políticos, entre ellos
el obrero maderero Pedro Furer, de 54 años, que falleció dos días después.
Chiaranti fue dejado en libertad el 22 de junio ya que su estado de salud era
muy delicado. Quedaban todavía unos 41 alojados.A mediados de julio comenzaron a
salir por tandas 32 de los detenidos PEN y el sábado 3 de agosto liberaron a los
últimos ocho: Manuel y David Halperin, Brandeburgo, Jacobo y Elías Perelman,
Jacobo Sufra, Abolsky y Drakman. A mediados de septiembre, luego que Arturo
Illia ganara las elecciones y estuviera por asumir en octubre, fue dejado en
libertad el último preso Conintes. Para entonces se había firmado el decreto
7.603 de amnistía para todos los delitos políticos y comunes conexos. El último
en salir fue Silveiro Sosa el 14 de septiembre, que purgaba una condena de seis
años de prisión desde diciembre del ’60 por una sublevación en Mendoza. No
pasarían muchos años –durante el Cordobazo– en que los presos políticos
volvieran a desfilar por los pabellones pampeanos.
Fuente: La Arena (La Pampa)
Los
años 60
En el mundo, se recuerda a los ‘60 como una década de profundos cambios. En la
Argentina, estuvo signada por la impronta de los golpes militares: primero, a
Arturo Frondizi, en 1962; luego al radical Arturo Illia, en 1966. Ambos
vinculados en distinto grado con uno de los temas más relevantes y conflictivos
de ese período: la proscripción del peronismo, mantenida desde 1955. Tanto en
las Fuerzas Armadas, como en el sindicalismo y los demás partidos políticos, se
debatió en torno a qué postura tomar frente al desafío que representaba el
movimiento, cuyo líder, si bien estaba en el exilio, continuaba determinando las
decisiones en el país. Ninguna de las alternativas se abrió completamente a
levantar la prohibición. Pero algunos sectores se mostraron a favor de
reincorporar al Justicialismo a través de partidos “neoperonistas”.
Sin embargo, planteos y asonadas militares mediante, primó la tendencia
antiperonista: en las elecciones presidenciales de 1963, Illia obtuvo el 26% de
los sufragios, seguido por el voto en blanco (21%). Perón apenas pudo realizar
un frustrado intento de retorno a la Argentina, en 1964. El Gobierno argentino
detuvo su avión en Río de Janeiro e impidió su ingreso al territorio nacional.
Ante la ausencia física del líder, surgieron otras figuras, especialmente, entre
el sindicalismo. Perfilados para tomar las riendas del movimiento, procuraron
salir de la órbita de Perón. El más relevante fue el dirigente metalúrgico
Augusto Timoteo Vandor. Su asesinato, en 1969, atribuido luego a una facción de
Montoneros, sentó un precedente acerca de uno de los mayores problemas con los
que tendría que lidiar la Argentina en la década siguiente: la violencia
política. Ya presidía la Argentina el general Juan Carlos Onganía, líder del
gobierno militar llamado De la Revolución Argentina, que había tomado el poder
en 1966.
1960
Con el peronismo proscripto, el voto en blanco obtiene el 25% de los sufragios
en las elecciones legislativas para la renovación parlamentaria, que se
desarrollan con normalidad. En marzo, el Gobierno pone en marcha, a instancias
de las Fuerzas Armadas, el Plan Conintes (Conmoción interna del Estado).
El Gobierno crea una Comisión normalizadora de la CGT con el fin de que los
grupos sindicales volvieran a tomar el control del organismo. En mayo, durante
la celebración por el aniversario de la Revolución de 1810, se inaugura el
puente peatonal y el pabellón de exposiciones de Figueroa Alcorta y Pueyrredón.
En junio, el Congreso promulga la Ley de Represión del Terrorismo, impulsada por
el Gobierno por una serie de ataques lanzados desde la Resistencia Peronista.
1961
El 18 de agosto, Frondizi recibe a Ernesto Che Guevara en Olivos. El encuentro
entre el Presidente y uno de los líderes de la revolución cubana, que
transcendió pese a haber sido organizada en el mayor de los secretos, generó
desconfianza entre los militares y fue una de las causas de su posterior
destitución.
De cara a las elecciones para elegir gobernadores provinciales, el Presidente
retoma las políticas sociales, destituye al ministro Alsogaray y finaliza con su
plan de estabilización. También abre el juego a los peronistas a través de
partidos provinciales.
1962
La creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) le otorga
a la Argentina importantes beneficios a nivel regional y convierte a Brasil en
uno de sus principales clientes. El 18 de marzo, el peronismo triunfa en las
elecciones a gobernadores en varios distritos y el Gobierno interviene, un día
más tarde, las provincias de Buenos Aires, Chaco, Río Negro, Santiago del Estero
y Tucumán para evitar el ascenso de sus gobernadores. El 28 de marzo, el
descontento de los militares fue mayor que los intentos de Frondizi por
solucionar la crisis y las Fuerzas Armadas volvieron a tomar el poder. El
Presidente fue detenido y confinado en la isla Martín García. El grupo golpista
decide mantener el orden institucional y el titular del Senado, José María
Guido, asume la Presidencia de la Nación el 29 de marzo. También en marzo, un
nuevo tipo de gremialismo, con el dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM)
Augusto Vandor a la cabeza, toma la conducción de la CGT.
El ministro del Interior, Rodolfo Martínez, renuncia ante las presiones
militares para intervenir las provincias donde había triunfado el peronismo.
Finalmente, el Presidente, que también se oponía a las intervenciones, debe
ceder ante los reclamos de las Fuerzas Armadas.
El Gobierno fija para julio las elecciones presidenciales, vuelve a proscribir
al peronismo y prohíbe la propaganda del partido. También limita el derecho a
huelga de los trabajadores.
Durante septiembre, se enfrentan dos facciones del Ejército, que se encontraba
dividido entre los legalistas, o azules, y los antiperonistas, o colorados. El
triunfo fue para los azules, que proponían un modelo desarrollista y el respeto
por las instituciones.
1963
En abril, un levantamiento de la Marina en la base naval de Punta Indio es
controlado por el Ejército. En julio, el Gobierno prohíbe a la Unión Popular, un
partido a través del cual el grupo azul del Ejército proponía reincorporar al
peronismo en la política, pero sin la presencia del líder.
El 7 de julio, Arturo Illia, candidato de la Unión Cívica Radical del Pueblo,
triunfa en las elecciones presidenciales con el 26% de los sufragios. El voto en
blanco, que había sido fomentado por Perón desde el exilio, alcanzó el 21%. En
noviembre, Illia anula los contratos petroleros firmados durante la presidencia
de Frondizi, que habían otorgado importantes beneficios a las empresas
extranjeras.
1964
El Gobierno implementa una política económica basada en el modelo de la CEPAL,
con una participación activa del Estado que lleva al incremento del Producto
Interno Bruto (PBI) y de los salarios.
El vandorismo organiza la reconstrucción del Partido Justicialista e incrementa
su poder en el escenario político. La CGT comienza un plan de lucha en el que,
entre mayo y septiembre, toma 11.000 fábricas y desestabiliza al gobierno
radical. En noviembre, los dirigentes gremiales ponen en marcha el
Operativo
Retorno de Perón. Sin embargo, el avión que lo traía desde su exilio en España
llega a Brasil y es obligado a regresar al Viejo Continente.
1965
En las elecciones legislativas de marzo, el gremialismo consigue varias bancas
en el Congreso. Vandor, que poseía cada vez mayor independencia y poder, se
enfrenta con Perón. Llega desde Madrid María Estela Martínez, la tercera mujer
del líder justicialista, enviada por Perón para reorganizar el partido frente al
avance de la rama gremialista del movimiento.
1966
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El 28 de junio, un golpe de Estado encabezado por el Ejército derroca al
gobierno de Illia. La presidencia fue entregada por la Junta de Comandantes al
general Juan Carlos Onganía. Se reduce a cinco el número de ministerios. Se
organizan entonces las funciones del Estado en las carteras de Interior,
Economía y Trabajo, Defensa, Bienestar Social y Relaciones Exteriores y Culto.
También se disuelve el Congreso. El Gobierno interviene las universidades y
reprime sus manifestaciones de autonomía. El 29 de julio la Policía ingresa en
algunas de las facultades de la Universidad de Buenos Aires y reprime con
violencia a estudiantes y profesores en lo que luego se conocería como la noche
de los bastones largos.
Una disputa interna en el Ejército concluye a fin de año con primacía de los
sectores liberales sobre el nacionalismo del presidente Onganía. En diciembre,
el general Julio Alsogaray, hermano del economista, es nombrado Comandante en
Jefe del Ejército, y Adalbert Krieger Vasena, ministro de Economía y Trabajo.
1967
En febrero, la CGT organiza un Plan de Acción que encuentra una fuerte
resistencia de las autoridades. El Gobierno interviene los sindicatos y hay
despidos masivos de trabajadores. Krieger Vasena diseña en marzo un plan
económico por el que se propone racionalizar los recursos, privilegiar a las
empresas eficientes y reducir el gasto público. También devalúa el peso y
liberaliza el mercado con el propósito de sanear las cuentas del Estado.
1968
El dirigente gráfico Raimundo Ongaro es nombrado secretario General de la CGT.
Sin embargo, los principales sindicatos continúan bajo la órbita de Vandor y el
organismo se divide entre la CGT de Azopardo y la CGT de los Argentinos, con Ongaro a la cabeza Surge el movimiento de los Sacerdotes del Tercer Mundo, una
agrupación religiosa de curas y laicos que realiza un importante accionar en las
zonas más pobres del país.
1969
El 29 de mayo grupos de estudiantes y obreros se enfrentaron con la policía
local, que reprimió con dureza a los manifestantes que habían tomado el centro
de la ciudad. El Cordobazo fue, finalmente, controlado por el Ejército dos días
más tarde con un saldo de una treintena de muertos y cientos de heridos. El 30
de junio Augusto Vandor es asesinado en la sede de la UOM por un grupo
guerrillero peronista denominado Descamisados, que posteriormente se uniría a la
agrupación Montoneros.
Protagonistas:
Augusto Vandor
Desde la jefatura de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), inauguró una nueva forma
de sindicalismo, alejado del clásico estilo combativo. Su postura negociadora le
valió duras críticas de los grupos opositores, que lo acusaron de utilizar al
gremio para obtener ventajas políticas personales. El “Lobo” accedió a la
conducción de la CGT en 1962, tras vencer a los sectores combativos. En 1964,
lanzó un plan de lucha, que desestabilizó al gobierno de Arturo Illia, y apoyó
el golpe de Estado que derrocó al presidente radical. Vandor se enfrentó por la
conducción del Partido Justicialista con el propio Perón, quien desde su exilio
en Madrid intentaba mantener bajo sus órdenes a todas las ramas del movimiento.
El máximo exponente del “peronismo sin Perón” fue asesinado en 1969, en la sede
de la UOM, por el grupo Descamisados, una de las facciones de la guerrilla
peronista que luego se fusionó con Montoneros.
Juan Carlos Onganía
Lideró la facción azul del Ejército, que luego de la caída de Frondizi, abogó
por continuar con el orden institucional y se mostró partidaria de reintegrar al
peronismo a la vida política argentina, aunque sin la presencia del líder. Sin
embargo, comandó el golpe de Estado que en 1966 derrocó al radical Arturo Illia.
Investido como primer presidente de la “Revolución Argentina”, Onganía instauró
un régimen autoritario, que avanzó sobre medios de comunicación, gremios y
universidades. Durante su mandato, se produjeron las dos manifestaciones
sociales más importantes de la década: La noche de los bastones largos, cuando
la policía entró por la fuerza en las universidades (julio de 1966); y
el Cordobazo (mayo de 1969). Este último acontecimiento, que mostró la violencia
con la que la sociedad podía llegar a enfrentar a las fuerzas del orden, terminó
desestabilizando al gobierno, que un año más tarde sería derrocado por otro
golpe surgido del seno de las Fuerzas Armadas.
La noche de los bastones largos
Una de las primeras medidas del gobierno de Onganía fue la intervención de las
universidades. Las casas de altos estudios perdieron su autonomía y pasaron a
depender directamente del Ministerio del Interior. Al mismo tiempo, se reprimió
toda manifestación de carácter político o ideológico. El 29 de julio de 1966, la
tensión tuvo uno de sus puntos más álgidos: la policía desalojó con violencia
las cinco sedes de la Universidad de Buenos Aires tomadas por estudiantes y
profesores, un episodio que pasó a la historia como “La noche de los bastones
largos”. Como consecuencia de la política de Onganía hacia las entidades
educativas, hubo una masiva renuncia de profesores y científicos, que se vieron
investigados y hasta perseguidos, por el Gobierno. Así, se abrió un éxodo de
profesionales que interrumpió, casi definitivamente, los trabajos científicos en
curso.
El Cordobazo
Desde 1966, toda manifestación contraria al Gobierno fue reprimida con dureza
por las fuerzas de seguridad. Incluso, la violencia llegó a provocar la muerte
de un estudiante, en septiembre de 1966, durante una manifestación en Córdoba.
La lista sumó otras dos víctimas, durante protestas en Corrientes y Rosario. El
29 de mayo de 1969, una huelga general convocada por la CGT, a la que se
plegaron grupos de estudiantes, ganó las calles de la ciudad de Córdoba. Hubo
enfrentamientos con la policía local. Durante horas, los manifestantes
controlaron el centro de la capital mediterránea y atacaron comisarías y otras
instituciones gubernamentales. El Ejército debió intervenir para controlar la
situación, dos días después. El Cordobazo fue la primera y la más importante de
una serie de manifestaciones sociales que se repitieron, aunque en forma menos
violenta, en Rosario, Corrientes, Río Negro, Neuquén y Mendoza. Además,
desestabilizó políticamente al gobierno de Onganía –provocó las renuncias de su
ministro de Economía, Krieger Vasena, y del titular de la cartera de Interior–,
cuya premisa fundamental era el orden.
“Peronismo sin Perón”
Desde su exilio en España, Perón intentó controlar todos los frentes de su
movimiento. Las ramas política y sindical del peronismo recibían y actuaban de
acuerdo con las directivas que el General impartía desde Madrid. Pero en los
’60, surgieron dos importantes sectores de oposición en el seno mismo del
movimiento. El primero, los partidos “neoperonistas”, que intentaban, a través
de nuevas denominaciones, sortear la proscripción sobre el PJ. Fue así como, en
1962, el triunfo de sus candidatos a gobernadores en varias provincias, incluida
Buenos Aires, terminó por desestabilizar a Arturo Frondizi. Por otra parte,
surgió dentro del sindicalismo una nueva corriente, encabezada por el dirigente
metalúrgico Augusto Vandor, que adoptó como método la negociación con los grupos
empresarios y el Estado. Basado en esta política, el vandorismo comenzó a ganar
poder en el plano político y se distanció de Perón. En 1964, Vandor impulsó el
fallido Operativo Retorno de Perón, lo que le daría aún mayor libertad. Un año
más tarde, un grupo de candidatos a legisladores sindicalistas que respondían al
dirigente metalúrgico consiguieron varias bancas en el Congreso. Como respuesta
a la avanzada vandorista, Perón envió a la Argentina a su tercera mujer, María
Estela Martínez (Isabelita), quien intentó reorganizar el partido bajo las
órdenes de su marido. Sin embargo, Vandor seguiría controlando gran parte del
sindicalismo hasta su asesinato, en 1969.
Fuente: www.cronista.com
La
doctrina de seguridad nacional: materialización de la guerra fría en América del
sur*
Por Francisco Leal Buitrago**
La seguridad nacional se consolidó como categoría política durante la Guerra
Fría¸ especialmente en las zonas de influencia de Estados Unidos. Después de la
Segunda Guerra Mundial¸ este país rescató el uso político que la palabra
seguridad ha tenido desde la antigüedad¸ para elaborar el concepto de "Estado de
seguridad nacional". Este concepto se utilizó para designar la defensa militar y
la seguridad interna¸ frente a las amenazas de revolución¸ la inestabilidad del
capitalismo y la capacidad destructora de los armamentos nucleares 1.
El desarrollo de la visión contemporánea de seguridad nacional ha estado
determinado por este origen y fue influenciado por la estrategia estadounidense
de contención2. La ideología del anticomunismo¸ propia de la Guerra Fría¸ le dio
sentido¸ y la desconfianza entre las naciones le proporcionó su dinámica. Con la
generalización del uso de esta categoría política el plano militar se convirtió
en la base de las relaciones internacionales3. Esta tendencia se manifestó a
través de confrontaciones armadas y del intervencionismo de las grandes
potencias en los países del denominado Tercer Mundo 4.
La seguridad nacional tuvo una variante en América del Sur: la Doctrina de
Seguridad Nacional. Esta variante mantuvo la idea de que a partir de la
seguridad del Estado se garantizaba la de la sociedad5. Pero una de sus
principales innovaciones fue considerar que para lograr este objetivo era
menester el control militar del Estado. El otro cambio importante fue la
sustitución del enemigo externo por el enemigo interno. Si bien la Doctrina de
Seguridad Nacional ubicó como principal enemigo al comunismo internacional¸ con
epicentro en la Unión Soviética y representación regional en Cuba¸ entendía que
era a Estados Unidos a quien correspondía combatir a esos países. Los Estados
latinoamericanos debían enfrentar al enemigo interno¸ materializado en supuestos
agentes locales del comunismo6. Además de las guerrillas¸ el enemigo interno
podía ser cualquier persona¸ grupo o institución nacional que tuviera ideas
opuestas a las de los gobiernos militares. La Doctrina de Seguridad Nacional es
una concepción militar del Estado y del funcionamiento de la sociedad¸ que
explica la importancia de la "ocupación" de las instituciones estatales por
parte de los militares. Por ello sirvió para legitimar el nuevo militarismo
surgido en los años sesenta en América Latina.
La Doctrina tomó cuerpo alrededor de una serie de principios que llevaron a
considerar como manifestaciones subversivas a la mayor parte de los problemas
sociales. Tales principios tuvieron diversas influencias y se propagaron y
utilizaron de manera diferente en distintos lugares. Por ello la Doctrina no se
sistematizó¸ aunque sí tuvo algunas manifestaciones claras¸ que sirven de base
para definirla y entenderla.
La Doctrina de Seguridad Nacional ha sido el mayor esfuerzo latinoamericano por
militarizar el concepto de seguridad. Además¸ al ubicar el componente militar en
el centro de la sociedad¸ trascendiendo las funciones castrenses¸ la Doctrina se
convirtió en la ideología militar contemporánea de mayor impacto político en la
región. Su importancia también radica en que se desarrolló por circunstancias
ideológicas y políticas externas a la región y a las instituciones castrenses
mismas. No cabe duda entonces de la necesidad de conocer más esas
circunstancias¸ ya que han sido útiles para guiar el comportamiento militar más
allá de las funciones que le son propias.
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La Doctrina de Seguridad Nacional es un fenómeno regional derivado de la
influencia externa¸ pero con gran variación en sus manifestaciones particulares.
A diferencia del viejo militarismo¸ la Doctrina de Seguridad Nacional
justificadora del nuevo militarismo no se circunscribió a las sociedades donde
se gestó. Afectó a las instituciones castrenses y a las sociedades de la región¸
aun a aquellas donde no hubo gobiernos militares. Naturalmente¸ las
instituciones y sociedades más afectadas fueron las que crearon y aplicaron a
plenitud la Doctrina de Seguridad Nacional¸ como es el caso de Brasil. Pero
también fueron influenciadas instituciones militares que se mantuvieron
subordinadas al poder civil y sólo acogieron de manera fragmentada las
enseñanzas de esta doctrina¸ como sucedió en Venezuela y Colombia. Así mismo¸
hubo diferencias entre las instituciones militares de la mayor parte de los
países de América del Sur y las del resto de América Latina. En general¸ los
países suramericanos son más complejos y su ubicación geográfica tiene menor
importancia estratégica. De hecho¸ en esta zona no ha habido intervención
militar directa de los Estados Unidos. Estas y otras circunstancias
condicionaron el efecto de la Doctrina de Seguridad Nacional en el proceso
político de los distintos países del área.
Con el tiempo¸ la Doctrina se convirtió en una especie de "razón social" o
rótulo usado por variados sectores sociales para identificar¸ generalmente con
connotaciones ideológicas y fines políticos¸ a una amplia gama de acciones
llevadas a cabo por los militares de la región. Este rótulo ha servido para
hacer denuncias públicas y privadas de acciones claramente criminales y de
excesos dudosamente compatibles con las leyes o con las normas castrenses¸ pero
también para descalificar prácticamente cualquier tarea militar. Con frecuencia¸
la Doctrina se equipara con arbitrariedades o violaciones de los derechos
humanos cometidas por organismos militares¸ sin que medie explicación alguna de
por qué tales acciones se ubican dentro de una definición doctrinaria. La
mayoría de las referencias a la Doctrina parten de un supuesto conocimiento de
su significado y rara vez se proporciona una aclaración adicional de lo que se
entiende por este término.
En los años ochenta¸ comenzó en América Latina el llamado proceso de
redemocratización. Los gobiernos estadounidenses ya no creen que los regímenes
militares sean necesarios¸ o siquiera tolerables en la región.
Inclusive¸ buscan reducir la importancia de las instituciones armadas. Además¸
los retos subversivos han desaparecido casi por completo y el panorama militar
ha variado de manera drástica. Por primera vez en más de un siglo¸ las
dictaduras en el continente son casi inexistentes. No hay apoyo internacional al
modelo militar¸ no hay soporte externo a los movimientos subversivos y las
instituciones castrenses se encuentran en una especie de "crisis existencial."
Esta crisis se debe al cambio de las funciones políticas de las fuerzas armadas¸
particularmente a la tendencia a la desaparición de aquellas tareas ajenas a su
papel profesional¸ al debilitamiento de las que les son propias y a la
incertidumbre que todo ello ocasiona.
Quienes ahora cuestionan el comportamiento político castrense en la región lo
hacen generalmente desde una perspectiva distinta de la mera denuncia. Esta
crítica constructiva concuerda con la necesidad de redefinición de las funciones
militares tradicionales en el Estado contemporáneo creada por la crisis
existencial mencionada.
Pese a que no hay claridad sobre la relación que guardan estas inquietudes con
la Doctrina de Seguridad Nacional¸ gran parte de las modificaciones que han sido
planteadas tiene que ver con su legado.
Este artículo consta de dos partes y define de manera histórica la Doctrina de
Seguridad Nacional. La primera parte identifica los antecedentes¸ gestación¸
desarrollo y declinación de la Doctrina¸ mientras que la segunda se refiere a
sus características básicas y a sus diferentes manifestaciones nacionales. El
artículo culmina con un epílogo relacionado con los sucesos del 11 de septiembre
en Estados Unidos y su vinculación con el fin de la Guerra Fría.
Etapas de la Doctrina de Seguridad Nacional
Para comprender la llamada "Doctrina de Seguridad Nacional" conviene dividir su
desarrollo en cuatro etapas: antecedentes¸ gestación¸ desarrollo y declinación.
La primera corresponde al militarismo suramericano del siglo XX¸ y en ella se
aprecian factores que más adelante facilitaron el desarrollo de la Doctrina. La
segunda etapa se caracteriza por la creciente influencia político-militar de
Estados Unidos en América Latina¸ y se ubica entre los inicios de la Guerra Fría
y la víspera de la Revolución Cubana. La tercera etapa¸ marcada por el
nacimiento de movimientos insurgentes en la región y el desarrollo de un
militarismo de nuevo cuño¸ comienza con dicha revolución y continúa hasta la
segunda mitad de los años setenta. La etapa final de declinación de la Doctrina
se inicia con el gobierno del presidente Carter y el cambio en la concepción
estratégica estadounidense¸ y se prolonga con el ascenso de los gobiernos
civiles en la región hasta la finalización de la Guerra Fría.
Viejo militarismo
Las raíces del militarismo suramericano de la primera mitad del siglo XX se
remontan al siglo XIX. Entre ellas sobresalen el desarrollo simultáneo de las
instituciones militares y los Estados nacionales¸ y la influencia ibérica y
europea. El proceso de formación de los Estados nacionales en Suramérica durante
el siglo XIX tuvo como común denominador la inestabilidad económica y la
dificultad de integración social. Por lo general¸ las instituciones militares
fueron más fuertes que las demás instancias estatales¸ lo que facilitó que se
autoproclamaran como dinamizadoras de la economía e integradoras de la sociedad.
Los militares creían que tenían el derecho a ocupar un lugar preeminente en la
sociedad por sentirse forjadores de la nación al llevar a feliz término las
guerras de independencia. Este sentimiento aún está vigente¸ al igual que la
certeza de ser responsables de mantener la identidad nacional a través de la
afirmación de sus valores básicos. La idea de que ellos son la salvaguardia de
la patria y de que la manera ideal de servirla es por medio de la carrera de las
armas también se remonta al siglo XIX. Su concepto de patria¸ como identidad
territorial propia¸ lo equiparan al concepto de nación. De estas ideas se
desprende que el último recurso que tiene la sociedad para salir de sus crisis
es recurrir a la orientación de sus instituciones militares. Con el apoyo de
esta ideología¸ el militarismo tradicional corrió parejo con la
profesionalización militar¸ por lo menos hasta los años cincuenta del siglo XX.
La fuerte tradición ibérica en América del Sur durante el siglo XIX planteaba
como función militar la intervención en la política interna de los países. Esta
tradición fue reforzada por la tendencia militar a influir en los asuntos
civiles que resultó de la manera como se formaron los Estados nacionales en la
región7. Estas características se complementaron¸ ya bien avanzado el siglo XX¸
con la absorción de principios militares de la España franquista¸ como
presupuesto doctrinario de la seguridad nacional. Ejemplo de ello son las
enseñanzas de J. A. Primo de Rivera sobre la obligación militar de intervenir en
política cuando aspectos "permanentes" y no "accidentales" de la sociedad están
en peligro8. La diferenciación entre estas categorías corría por cuenta de las
instituciones castrenses. Esta influencia ibérica sobre las fuerzas armadas
suramericanas fue reafirmada por las nociones de defensa nacional ligadas a las
doctrinas geopolíticas europeas de corte darwiniano del siglo XIX.
Tales nociones¸ que no sufrieron cambios significativos con el nuevo orden
internacional creado por la Segunda Guerra Mundial¸ hacían énfasis en la
concepción orgánica del Estado¸ el carácter estratégico de los recursos
naturales y las fronteras¸ y el conflicto potencial entre países vecinos¸
motivado por la competencia por el control del espacio y los recursos
limitados9. Estos factores fueron básicos en la configuración del viejo
militarismo y se proyectaron hacia el que emergió en los años sesenta y su
justificación doctrinaria.
En la formación de la geopolítica latinoamericana también estuvieron presentes
concepciones como la de la "guerra total" del general alemán Erich von
Ludendorff. En ella se enfatizaban los aspectos psicológicos y la visión
monolítica de la sociedad¸ basada en la fuerza "anímica" del pueblo y la
eliminación de la oposición10. Así mismo¸ la noción bismarckiana sobre el papel
central del ejército en la unidad nacional tuvo influencia destacada en el papel
central asumido por los militares en la orientación del desarrollo económico11.
Todas estas semillas de las dictaduras militares suramericanas germinaron
gracias a que cayeron en la tierra fértil de unas organizaciones sociales
tradicionales¸ donde el juego político era ante todo privilegio de las élites. Y
a diferencia de Suramérica¸ donde el viejo militarismo tuvo raíces en los
ejércitos de la independencia¸ en Centroamérica y el Caribe el militarismo
surgió de la ocupación militar de Estados Unidos.
Influencia político-militar de Estados Unidos
La Guerra Fría surgió de la bipolaridad política e ideológica en que quedó
dividido el mundo al finalizar la Segunda Guerra Mundial y de la competencia de
los dos bloques mundiales por el control estratégico de las áreas geográficas.
La rápida invasión militar y sometimiento político de los países de Europa
Oriental por parte de la Unión Soviética en la fase final de esa guerra¸ aceleró
la reacción de los Estados Unidos contra el comunismo.
El Acta de Seguridad Nacional¸ promulgada en Estados Unidos en 1947¸ fue el
principal instrumento para el desarrollo de la concepción del Estado de
seguridad nacional. Esta ley dio al gobierno federal el poder para movilizar y
racionalizar la economía nacional al involucrar a los militares en ella¸
preparándolos para la eventualidad de una guerra12. Por medio de esa ley se
crearon el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y la Agencia Central de
Inteligencia (CIA)¸ instituciones que establecieron un nuevo patrón para el
Estado y la sociedad¸ en virtud del papel hegemónico que asumía Estados Unidos
en el concierto político mundial13. Fue la ratificación formal de la Guerra
Fría¸ que identificó a la Unión Soviética como el enemigo principal¸ a quien se
consideraba responsable de las guerras anticoloniales y los procesos de cambio
social del momento. Se determinó¸ además¸ que el medio para su control sería la
aplicación del concepto de contención¸ mediante el cual se utilizaban los medios
disponibles para evitar su expansión. Poco después apareció la concepción de
guerra limitada que excluye la confrontación atómica como el instrumento
principal del conflicto. La guerra de Corea¸ en la primera mitad de los años
cincuenta¸ fue la concreción inicial de este tipo de enfrentamiento.
El desarrollo institucional de la política estadounidense hacia América Latina
facilitó el que se difundiera la concepción norteamericana de seguridad
nacional. Comenzó así a gestarse lo que más adelante se conocería como Doctrina
de Seguridad Nacional. En 1945¸ los países del continente firmaron un conjunto
de acuerdos conocido como Acta de Chapultepec. La Resolución Octava del Acta
contemplaba la defensa colectiva del continente frente a la aún inconclusa
guerra mundial. El "Plan Truman" de 1946¸ que propuso la unificación militar
continental¸ concordaba con esa resolución. Ambas medidas fueron la antesala del
Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tiar)¸ firmado en Río de Janeiro
en 1947. Este acuerdo fue clave para la unificación americana de la política
militar¸ ya que implicó la integración de las instituciones militares de América
Latina a un bloque bélico cuya dirección estratégica estaba a cargo de Estados
Unidos. La creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 1948
proporcionó el piso jurídico-político para que otros organismos¸ como la Junta
Interamericana de Defensa creada en 1942 y el Colegio Interamericano de
Defensa (órganos de apoyo del Tiar)¸ pudieran articularse en forma plena a la
orientación estadounidense14.
En 1950¸ el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense aprobó el Memorando 68¸
que formuló la estrategia militar internacional de los Estados Unidos. Dada su
vinculación institucional con el país del Norte¸ América Latina quedaba cobijada
por lo aprobado en ese documento. Restaba buscar una mayor homogeneidad en la
organización y la tecnología militares. Los programas de ayuda militar
bilaterales (MAP)¸ ejecutados entre 1952 y 1958¸ fueron el punto de partida para
que los ejércitos latinoamericanos se afincaran en la órbita tecnológica y
operativa de Estados Unidos. En la misma dirección influyó la guerra de Corea¸
pues sus aplicaciones fueron usadas para desarrollar programas de información y
entrenamiento para los latinoamericanos que adelantaron cursos militares en
Estados Unidos. Esos programas se impartieron desde 1953¸ al amparo de la "Ley
de defensa mutua" formulada dos años antes15. El entrenamiento militar de
latinoamericanos en Estados Unidos y más tarde en la Zona del Canal en Panamá¸
contribuyó a la transferencia de la concepción norteamericana de seguridad
nacional a los ejércitos de la región.
El modelo geopolítico estadounidense de la Guerra Fría se desarrolló sobre la
base de la geopolítica clásica de origen alemán e inglés y se conjugó con la
llamada teoría realista de las relaciones internacionales. Ese modelo parte de
considerar un mundo anárquico¸ en el cual cada Estadonación es responsable de su
propia supervivencia¸ al confiar sólo en sí mismo para protegerse de los demás.
Plantea además la necesidad de mantener el statu quo como la situación más
segura¸ tanto en el plano nacional como en el internacional. En este último
plano¸ propende por el sostenimiento del orden jerárquico y las posturas
hegemónicas16. La tutela hegemónica se justifica al considerar que la democracia
sólo es posible en los Estados modernos. Por eso¸ sobre la base del modelo¸ se
creyó necesario proveer seguridad a los regímenes de los países atrasados frente
a la influencia de la Unión Soviética. El apoyo a las dictaduras militares fue
la manera más expedita para la aplicación de estos principios.
Los pocos gobiernos legítimos pero inestables de América Latina se dejaron
llevar por la tutela estadounidense y abandonaron su función de orientar la
política militar. No se percataron de los alcances de la concepción de seguridad
que se había desarrollado en el hemisferio occidental después de la Segunda
Guerra Mundial17. Al no darle importancia a la problemática militar¸ se
desentendieron de conocerla: nunca analizaron la misión y las funciones
específicas de las fuerzas militares¸ ni impartieron guías al respecto. Las
clases políticas toleraron a los militares y les reconocieron su utilidad sólo
en los momentos de conflicto.
Se preocuparon de las "externalidades" del ejercicio del poder militar solamente
cuando éste era explícito. Pero una vez que los militares dejaban los gobiernos
se acababa la atención. De esta manera¸ el campo de la política militar de
Estado quedó disponible y fue ocupado por las instituciones castrenses que
estaban bajo la influencia del estado de seguridad de Estados Unidos.
Revolución cubana y política hemisférica
Terminada la guerra de Corea y derrotado el Ejército colonial francés en
Indochina¸ en 1954¸ se presentó una oportunidad para el desarme por medio de las
conversaciones de distensión de la Guerra Fría que se prolongaron hasta 1960.
Sin embargo¸ al inicio de la siguiente década¸ durante el gobierno del
presidente Kennedy¸ se revivió con fuerza el Estado de Seguridad Nacional. La
manifestación principal de esta resurrección fue la política hacia Indochina:
Estados Unidos ejerció control sobre Vietnam del Sur y buscó la conquista de la
parte Norte. Al mismo tiempo¸ el triunfo de la revolución cubana en América
Latina justificó la abortada invasión a Cuba¸ planeada por el gobierno de
Kennedy en 1961. El episodio de los misiles soviéticos¸ en 1962¸ le proporcionó
la dinámica final a un proceso mediante el cual la región latinoamericana
ingresó en forma activa aunque como actor secundario al concierto de la Guerra
Fría.
El triunfo de la revolución cubana impulsó la formulación suramericana de la
Doctrina de Seguridad Nacional. Ella sirvió de acicate para que se elaboraran
teorías orientadas a explicar y dirigir procesos políticos de cambio que la
contrarrestaran. Ejemplo destacado fue la llamada "teoría de la dependencia"¸
que fue una mezcla de neomarxismo con teorías de la Comisión Económica para
América Latina de la Naciones Unidas¸ Cepal18. Su tesis más conocida plantea que
la dependencia externa de la región es un factor negativo que apoya el
subdesarrollo. Así mismo¸ fueron retomadas las doctrinas marxista-leninista y
maoísta para legitimar la efervescencia de la rebeldía. A ellas se agregaron la
propia doctrina revolucionaria cubana¸ enunciada principalmente por Ernesto Che
Guevara y complementada por el francés Regis Debray19. Estas formulaciones
proporcionaron argumentos para legitimar diversos movimientos armados en varios
países de la región.
Así floreció lo que puede denominarse la era revolucionaria de América Latina.
Su fermento fue la sobreideologización de las juventudes de clase media y de
numerosos grupos sociales a todo lo largo y ancho de una región que se
consideraba destinada a orientar un proceso político de trascendencia universal.
Pocos países se salvaron de albergar en su seno movimientos guerrilleros que se
dieron a la tarea de "liberar a sus naciones del yugo del imperialismo". Cuba se
constituyó en el punto de referencia obligado de las "vanguardias
revolucionarias"¸ no solamente como modelo para seguir¸ sino también como centro
de entrenamiento de cuadros guerrilleros. América Latina se convirtió entonces
en el campo para enfrentar una subversión considerada en los medios castrenses
como parte de la Guerra Fría. Además del viejo militarismo y la ideología
político-militar estadounidense¸ los militares latinoamericanos acudieron a los
principios desarrollados en Francia para confrontar los movimientos de
independencia en Indochina y Argelia. Los franceses habían creado la "doctrina
de la guerra revolucionaria" y tácticas de "contrainsurgencia"¸ elementos que
fueron fundamentales para la elaboración doctrinaria y su aplicación práctica20.
Sobre estas bases¸ los militares construyeron la Doctrina de Seguridad Nacional¸
que sirvió para legitimar un militarismo de nuevo cuño.
El desarrollo de la Doctrina de Seguridad Nacional fue funcional a la política
norteamericana hacia América Latina¸ ya que su planteamiento esquemático
concordaba con el simplismo con el que Estados Unidos abordaba los problemas
sociales de la región. Desde los años cincuenta¸ las políticas norteamericanas
hacia América Latina estuvieron determinadas por una concepción mecánica de
"inestabilidad" regional. El comunismo era percibido como la causa principal de
la inestabilidad política¸ y ésta a su vez era considerada como la principal
amenaza para la seguridad del hemisferio. A partir de los años sesenta¸ se
añadió la pobreza como factor adicional a esa inestabilidad. Por eso la
administración Kennedy diseñó dos remedios complementarios: la Alianza para el
Progreso¸ contra la pobreza¸ y los programas ampliados de contrainsurgencia
(Fuerzas Especiales del Ejército y Oficina de Ayuda para la Seguridad Pública)¸
contra la subversión.21 A pesar de esta ampliación del horizonte¸ siguió
primando la concepción maniquea que consideraba los problemas sociales como
parte de la conspiración comunista. De esta forma¸ se ignoraron las necesidades
básicas del desarrollo y las aspiraciones de autonomía de las naciones. Además¸
se frenaron muchas políticas reformistas y se atentó contra los regímenes
considerados de izquierda.22
A partir de la revolución cubana¸ Estados Unidos comenzó a utilizar la
estrategia militar de "contención" en América Latina¸ cuyo componente central
era la disuasión. Para "disuadir" se requería tener una alta capacidad militar y
aliados regionales en la cruzada mundial contra el comunismo.23 Esta estrategia
adquirió pleno cuerpo en 1962¸ con el problema de los misiles soviéticos en
Cuba¸ ya que la capacidad militar estadounidense y de paso sus aliados
anticomunistas en el continente lograron disuadir a la Unión Soviética de
mantener sus misiles en la Isla. Desde 1947¸ el Tiar había establecido una
división del trabajo de seguridad entre Estados Unidos y América Latina: aquella
nación se preocuparía por el problema global y esta área por los conflictos
internos de cada nación. Pero sólo en los años sesenta esta división adquirió
sentido¸ cuando emergieron guerrillas en varios países de la región. Para los
militares¸ la "guerra revolucionaria" se concretó como la estrategia del
comunismo y el "enemigo interno" se constituyó en la amenaza principal.
A fines de los años sesenta¸ se redujo la presión de la política norteamericana
hacia América Latina. Ello respondió¸ en buena medida¸ a la quiebra del sistema
militar interamericano que confirmó la exclusividad de las fuerzas armadas en
los asuntos internos de los países. Estados Unidos no logró el apoyo necesario a
su reiterada propuesta de formación de una fuerza militar para las Américas¸
contraria a lo planteado antes en el Tiar.24
Durante la siguiente década y a raíz de la derrota norteamericana en Vietnam¸ la
concepción del Estado de seguridad nacional y su táctica de "contrainsurgencia"
fueron relegados discretamente a segundo plano.
Declinación de la Doctrina de Seguridad Nacional
La distensión mundial de la segunda mitad de los años setenta se expresó en
términos militares en una capacidad bélica altamente móvil y crecientemente
tecnificada. Ello obligó a un cambio de orientación estratégica en Estados
Unidos. En su nuevo esquema de defensa¸ las instituciones armadas
latinoamericanas tuvieron poca participación¸ por no contar con personal
capacitado para operar el armamento de última generación y porque los
desarrollos tecnológicos bélicos dejaron a la región fuera de competencia. El
Tiar perdió importancia militar y las ideas de conformar una fuerza militar
interamericana pasaron al olvido. Con su preocupación por la violación de los
derechos humanos en Latinoamérica¸ el gobierno del presidente Carter también
contribuyó a quitarles peso a los militares. Pero al final de los años setenta¸
el tema de la seguridad nacional reapareció en la agenda internacional¸ debido
al triunfo de la guerrilla sandinista en Nicaragua¸ la iniciación de la guerra
civil en El Salvador y la reanudación de la Guerra Fría durante el gobierno de
Reagan. Sin embargo¸ América Latina ya había perdido su importancia estratégica
en el mundo.
En los años ochenta¸ se hizo obsoleta la guerra como medio de resolución de
conflictos entre las potencias¸ en contraposición con su proliferación tanto
interna como internacional en el mundo subdesarrollado.25 Ante el conflicto en
Centroamérica y la ruptura militar interamericana¸ los Estados Unidos crearon
una modalidad complementaria al Estado de seguridad nacional para las áreas de
conflicto del continente. La denominada "guerra de baja intensidad"26 fue la
nueva forma de intervención militar¸ creada cuando la Doctrina de Seguridad
Nacional iniciaba su decadencia en el Cono Sur. Esta nueva forma de intervención
marcó el fin del viejo militarismo en Centroamérica¸ abolido en Suramérica desde
los años sesenta. El nuevo estilo de resolución de conflictos redujo los
márgenes de negociación en la región en momentos de deterioro económico.27 Por
otra parte¸ Estados Unidos intentó recuperar las relaciones militares
bilaterales basadas en la definición de intereses de seguridad compartidos.
Pero después de la guerra de las Malvinas en 1982¸ las instituciones castrenses
de América Latina buscaron su propia definición estratégica.
La crisis del modelo de desarrollo económico latinoamericano y el fin de la
tutela militar de Estados Unidos durante los años ochenta facilitaron el proceso
de desmilitarización de los gobiernos. Surgió así el llamado proceso de
redemocratización en la región. Con él salieron a la luz pública los desmanes de
los militares¸ en particular las violaciones de los derechos humanos. Este
proceso acabó en gran medida con las prácticas de gobierno derivadas de la
Doctrina de Seguridad Nacional y debilitó su ideología. Al finalizar la década¸
el inicio de solución de la crisis centroamericana completó el panorama
regional; al tiempo que la crisis de la Unión Soviética¸ el derrumbe del
comunismo y el fin de la Guerra Fría dejaban sin vigencia política la Doctrina.
Sin embargo¸ persiste cierta inercia doctrinaria en las instituciones castrenses
latinoamericanas¸ con distintos énfasis nacionales.
Formulación de la Doctrina en América del Sur
La creación de la Doctrina fue obra de unos pocos países suramericanos¸
especialmente Argentina y Brasil¸ y en menor grado y con posterioridad¸ Chile¸
Perú y Ecuador elaboraron versiones diferentes de las del Cono Sur¸ con
tendencias desarrollistas.28 Los países del Cono Sur habían sido líderes de la
profesionalización y la modernización de las instituciones militares en la
región. En Brasil¸ la Doctrina sirvió para preparar y justificar el golpe
militar de 1964 contra el gobierno populista de João Goulart¸ primer golpe
exitoso promovido por esta ideología. En Argentina ocurrió lo mismo: la Doctrina
sirvió para justificar el derrocamiento de dos gobiernos de distinto corte¸ uno
radical en 1966 y otro peronista en 1976¸ y también para enfrentar a la
guerrilla urbana de los Montoneros. En Chile¸ la doctrina ayudó a legitimar el
golpe de 1973 que¸ según sus gestores¸ sirvió para evitar la revolución que
intentaba adelantar el presidente socialista Salvador Allende. Ya en el poder¸
los militares chilenos ajustaron a su modo la Doctrina heredada de sus
vecinos.29 En Uruguay¸ el golpe de 1973 encontró sus razones en la Doctrina de
Seguridad Nacional y en la necesidad de enfrentar a la guerrilla urbana de los
Tupamaros. Perú es un caso particular. El Centro de Altos Estudios Militares (Caem)
formuló una variante desarrollista de la Doctrina¸ que legitimó el primer
intento de golpe de la seguridad nacional en 1962 y¸ tras su fracaso¸ el de
1968.30 Este gobierno militar acabó con el férreo poder de la oligarquía en ese
país¸ en contraposición con lo sucedido bajo las demás dictaduras. A su vez¸
Ecuador desarrolló una variante más parecida a la peruana que a las
formulaciones argentina y brasileña.31 En el resto de países suramericanos¸ la
influencia de la Doctrina fue más ideológica que operativa. El caso del Paraguay
de Stroessner es particular y ajeno a la Doctrina. Se asemeja más al tipo de
dictaduras de viejo cuño: al militarismo que caracterizó a Suramérica en la
primera mitad del siglo y a los países centroamericanos y caribeños hasta
comienzos de los años ochenta. Pero en la práctica asimiló principios
doctrinarios¸ como cuando participó¸ en los años sesenta¸ en el Plan Cóndor¸
junto con las dictaduras de Argentina¸ Chile¸ Uruguay¸ Brasil y Bolivia¸ con el
fin de exterminar a los comunistas.32
El primer análisis que mostró las novedades del fenómeno fue el elaborado por
José Nun en 1966.33 Este trabajo proporcionó un punto de partida explicativo a
través de su tipología de las grandes transformaciones de las instituciones
militares. La última de ellas¸ la "revolución estratégica"¸ mostraba la
inmersión militar latinoamericana en la Guerra Fría. Pero fue Luis A. Costa
Pinto quien identificó por primera vez¸ en 1969¸ las características
fundamentales de la emergente racionalidad militar que más tarde se llamó
Doctrina de Seguridad Nacional.34 Para ello se basó en la observación de las
dictaduras brasileña y argentina de los años sesenta. Su clasificación comprende
tres grupos: el primero se refiere a las relaciones políticomilitares; el
segundo¸ al orden institucional que racionaliza la intervención; y el tercero¸ a
la nueva ideología institucional y sus consecuencias.
La característica central del primer grupo (relaciones político-militares) es
que los militares intervienen directamente¸ como corporación¸ en sectores de la
vida nacional ubicados fuera del área reconocida como su actividad profesional
específica. Costa Pinto señala que este tipo de incursiones militares en la vida
pública responde a la inestabilidad política que crea vacíos institucionales¸
ideológicos y éticos. La corporación militar cree que es la única fuerza
política organizada¸ por lo que actúa como la agencia integradora de la nación y
no como una institución que debe ser integrada por ésta. Explica además que la
relación entre las fuerzas armadas y las instituciones políticas depende
principalmente de la debilidad y desintegración de estas últimas y mucho menos
del arbitrio y poderío de aquéllas. Agrega que cuando las fuerzas políticas
civiles pierden el control del poder¸ crean la imagen de la patria amenazada por
el caos¸ lo cual facilita la intervención de los militares. Finalmente¸ dice que
hay un núcleo de civiles militaristas que ofrecen al sector castrense la
ideología que requiere para justificar su ingerencia en la vida política.
Dentro del segundo grupo (orden institucional)¸ Costa Pinto señala que los
gobiernos militares justifican la ocupación permanente del poder civil con
razones ideológicas y demagógicas de salvación nacional. Añade que los militares
no son llevados al golpe¸ como antes¸ sino que dan su propio golpe¸ por lo que
se sienten victoriosos.
Menciona que la tónica de la formación castrense contemporánea es eminentemente
técnica¸ lo que hace actuar a los militares a semejanza de los tecnócratas
civiles¸ presentándose como progresistas e incorruptibles en su papel de
gobernantes.
El último grupo (nueva ideología) es más variado. Costa Pinto identifica una
"fantasiosa ideología de reaccionarismo totalitario"¸ caracterizada por la
autoatribución por parte de los militares de la representación popular y del
carácter de salvadores de la nación¸ el moralismo¸ el simplismo en los
diagnósticos¸ el mecanicismo de las soluciones para los problemas de la
sociedad¸ la negación del diálogo político¸ la visión catastrófica del cambio
social y la revalorización del pasado. El militar de nuevo tipo se siente
miembro activo de la lucha mundial en defensa de los valores y tradiciones de la
"civilización occidental". A la vez¸ percibe que debe salvaguardar la patria y
la persona humana de amenazas como el comunismo¸ el materialismo y la
corrupción. Los militares consideran además que la Guerra Fría no es un episodio
transitorio¸ sino un hecho fundamental y permanente de la historia¸ y que la
"guerra revolucionaria" o "guerra limitada" es una forma de agresión inventada
por la Unión Soviética como medio para establecer el imperio comunista en el
mundo. En consecuencia¸ enfrentar la guerra revolucionaria es la prioridad en
función de la cual debe enfocarse todo lo demás. Todos los individuos y grupos
que no acepten esa interpretación de las tensiones internacionales son
considerados enemigos. Y contra los "enemigos internos" debe desencadenarse la
llamada contrainsurgencia¸ que transforma la Guerra Fría en "guerra caliente"
nacional. Administración y represión se vuelven entonces una sola cosa en los
nuevos regímenes militares.
Es decir¸ se administra la política sobre la base de la represión.
Tal vez lo más importante para resaltar de este modelo de la Doctrina de
Seguridad Nacional es el núcleo del que parte: la intervención de los militares
como corporación en campos de la política ajenos a su actividad profesional. El
ideal doctrinario es la "ocupación" de las instituciones estatales a través de
un golpe de Estado. Solamente así era posible desarrollar a plenitud los
principios de lo que en ese momento constituía una nueva racionalidad militar¸
llamada luego Doctrina de Seguridad Nacional. Para el caso de la influencia
doctrinaria en países donde no hubo golpes de Estado puede señalarse que¸ si
bien la "ocupación" militar de las instituciones estatales es el presupuesto
básico para el ejercicio doctrinario¸ era posible realizar "ocupaciones"
parciales del Estado¸ en el contexto de los gobiernos civiles.
El tipo ideal doctrinario¸ en su formulación y ejecución¸ se presentó en Brasil
y Argentina.35 Hubo diferencias en la conformación de los respectivos regímenes
políticos¸ pero no en la esencia doctrinaria. En cambio¸ en Chile y Perú sí hubo
variaciones en la doctrina. En Chile¸ la variación principal fue la alteración
progresiva del sentido corporativo¸ debido al fortalecimiento de una dictadura
personal. Su formulación doctrinaria fue escasa y dependió¸ por lo menos al
comienzo¸ de la esbozada en Argentina y Brasil. En Perú¸ las variaciones fueron
grandes. Hubo una formulación doctrinaria previa al golpe¸ paralela a la
brasileña y argentina¸ pero menos autoritaria y abiertamente desarrollista.
Antes que un congelamiento del statu quo¸ el gobierno militar promovió un
proyecto de cambio social combinado con la eliminación práctica de la ideología
anticomunista¸ para lo que contó con el apoyo de intelectuales de izquierda y
fue independiente de la tutela estadounidense.
En el resto de países el desarrollo de la Doctrina de Seguridad Nacional fue
fragmentario¸ además de que no hubo una formulación original. El desarrollo fue
parcial¸ inclusive donde hubo gobiernos civiles subordinados a los militares¸
como en Uruguay¸ o donde se presentaron golpes castrenses guiados por la
Doctrina¸ como en el mismo Uruguay y en Ecuador. En Uruguay¸ aparte de la
ausencia de formulación doctrinaria y no obstante la brutalidad de la represión¸
la tradición civilista de la sociedad limitó la duración y la penetración social
de la Doctrina. En Ecuador¸ la utilización de la Doctrina fue fragmentaria y su
orientación desarrollista fue semejante a la de su vecino Perú. En América
Central¸ y en menor grado en el Caribe¸ más que un desarrollo de la Doctrina de
Seguridad Nacional¸ se adoptaron varios de los principios contenidos en la
concepción norteamericana del Estado de Seguridad¸ en el contexto de la
dominación política e incluso militar de los Estados Unidos.36 Ambas
concepciones¸ la Doctrina de Seguridad Nacional y el Estado de Seguridad¸
coinciden en varios aspectos. No en balde la Doctrina se desarrolló bajo la
influencia política e ideológica norteamericana.
Las dictaduras de la seguridad nacional fueron la culminación de un proceso
histórico en el que fue difícil consolidar las prácticas democráticas en la
mayoría de los países de América Latina¸ por causa de las interferencias
militares. Ese proceso fue parte del prolongado e inacabado camino de
conformación de los Estados nacionales y de instauración de sistemas políticos
eficaces.
Las interferencias militares en América Latina están relacionadas con la
subordinación de la racionalidad de acumulación a la reproducción social de
privilegios y al fortalecimiento del poder político. Esta preservación de
estructuras sociales tradicionales permitió que Alain Touraine afirmara que en
América Latina el mantenimiento de los privilegios suele primar sobre la tasa de
ganancias.
En momentos de inestabilidad e incertidumbre¸ el golpe de Estado militar al
servicio del statu quo garantizaba el mantenimiento de las relaciones de
dominación y la exclusión social y política.37 El intervencionismo militar en
América Latina no niega el apego ideológico y abstracto a las instituciones de
la democracia occidental que ha caracterizado a esta región. Muchas
intervenciones se han justificado en nombre de la democracia y la defensa de las
instituciones y la constitución. Este comportamiento hace parte del carácter
abstracto de respeto por la democracia¸ pues sólo así quienes proclaman estos
principios pueden ser los mismos que los transgreden. La legitimidad de esta
contradicción del Estado de derecho se apoyó en la tradición de los privilegios¸
que por momentos fue complementada con la legitimidad formal de la legalidad¸
que no es lo mismo que democracia. Como dice Rouquié¸ "La ilusión del
universalismo jurídico encubre el particularismo de las relaciones personales y
de fuerza."38
De esta manera¸ las fuerzas armadas formularon la Doctrina de Seguridad Nacional
dentro de un marco de referencia ideológico que suponía la vigencia¸ como
necesidad¸ de regímenes políticos de democracia representativa. Como explica
Rial¸ "toda fuerza armada respalda el mismo tipo de orden en el cual se formó.
No hay excepción histórica a esta regla. Aunque tenga fuertes desviaciones
respecto al tipo ideal¸ seguirá defendiendo ese orden social en el que nació
como institución."39
Debido a su protagonismo en la gesta libertadora¸ los militares se consideran
los creadores primero de la nación y luego del Estado. Para ellos¸ la nación es
la patria misma¸ es decir¸ una forma abstracta de madre cultural y geográfica
que sin ellos no existiría. Por eso no pueden ser parte de la nación¸ y tampoco
del Estado¸ como entes subordinados. Consideran que el Estado tiene la función
de guiar a la sociedad¸ de proporcionarle las directrices para su desarrollo y
de protegerla de los peligros. Y a los gobiernos no los consideran
administradores de las instituciones estatales sino su encarnación; por ello¸
quien gobierne es una especie de padre responsable de la sociedad. Para poder
cumplir cabalmente con la función prioritaria de seguridad¸ el gobierno debe
acumular en sus manos todos los recursos existentes: políticos¸ económicos¸
militares¸ sociales y psicológicos. Los militares¸ por considerarse los
defensores de la nación por definición¸ creyeron necesario controlar el gobierno
cuando percibieron que la seguridad nacional se hallaba amenazada. Esto sucedió
cuando asociaron los cambios propuestos por algunas de las élites gobernantes
con el comunismo. Esta ideología¸ y su mayor promotor¸ la Unión Soviética¸ eran
percibidos por las fuerzas armadas como el principal enemigo dentro de su vaga
noción de orden social¸ fundada en la civilización occidental¸ el cristianismo y
la tradición.
"La necesidad de un enemigo que diera sentido a la acción militar y que
reforzara la identidad corporativa¸ fue llenada al descubrir que pueden llevarse
adelante guerras de un nuevo tipo."40
Se utilizó¸ entonces¸ la rígida lógica militar de la oposición "amigo-enemigo"
para crear el concepto de "enemigo interno"¸ transformando al adversario
político en enemigo. Sin lugar a dudas¸ el cambio militar contemporáneo más
importante a nivel profesional fue la sustitución del viejo profesionalismo de
"defensa externa"¸ por el "nuevo profesionalismo de la seguridad interna y el
desarrollo nacional".41 Se justificaba¸ así¸ el golpe militar y la instauración
del "terrorismo de Estado" como sistema de acción política. "[Este terrorismo]
logra no sólo identificar y destruir al enemigo actual¸ y disuadir a los
enemigos potenciales¸ sino convencer al ciudadano común de que su seguridad
personal es función inevitable y obligada de su incondicionalidad frente al
régimen."42 Así¸ en esta guerra antisubversiva se dio prioridad al componente
psicológico mediante la labor de inteligencia. Para ello se copiaron las
instituciones estadounidenses del Estado de Seguridad Nacional diseñadas con
este propósito¸ en particular las de "inteligencia".43 Los servicios de
inteligencia se militarizaron y policivizaron¸ y fueron ubicados¸ al igual que
en el sistema nazi¸ por encima de la jerarquía que les corresponde en la
organización institucional tradicional.44 De este modo¸ los métodos
psicológicos¸ como la persecución¸ el hostigamiento¸ la detención arbitraria¸ la
tortura y la desaparición¸ fueron prioritarios en esta guerra "irregular".
Fuera del incremento de la importancia relativa de los servicios de
inteligencia¸ la Doctrina de Seguridad Nacional no implicó mayores cambios en la
organización operativa militar. En general¸ en todos los países se mantuvo la
organización tradicional para la guerra regular. En algunos casos se crearon
unidades militares especiales para enfrentar fuerzas guerrilleras¸ pero fueron
marginales¸ transitorias y¸ en buena medida¸ ceñidas a esquemas convencionales.
La conclusión principal que puede sacarse sobre la Doctrina de Seguridad
Nacional en América Latina es que ésta fue¸ ante todo¸ un planteamiento
ideológico y político que responde a una racionalidad mecánica y ante todo
militar¸ que fue ejecutada por medio de golpes de Estado. Sus consecuencias han
sido profundas y duraderas. La Doctrina ha sido un obstáculo para el desarrollo
institucional militar (entendido como progreso). La distorsión que introdujo en
las instituciones militares fue muy negativa¸ puesto que alteró los cánones
profesionales y desvió los principios castrenses hacia funciones ajenas al
quehacer militar. "Las fuerzas armadas del continente¸ desde el punto de vista
profesional¸ se vieron envueltas en un proceso degenerativo."45
El lastre doctrinario más notorio con que cargaron los procesos de la llamada
redemocratización de América Latina fue la desviación profesional y la
politización de las instituciones castrenses¸ no sólo en los países que
procrearon la Doctrina de Seguridad Nacional¸ sino también en los que sufrieron
sus efectos. Este lastre dificulta la tendencia de fortalecimiento de la
sociedad civil frente al Estado y la necesidad de solucionar los innumerables
problemas de integración social. Este es el máximo reto de la denominada
democracia liberal¸ modelo vigente de Estado-nación.
Es claro el contraste entre el pasado y las perspectivas del presente¸ pues hoy
se busca concretar las relaciones internacionales de la región latinoamericana
mediante el espíritu de interdependencia¸ cooperación e integración. Contraste y
crisis plantean entonces la necesidad de redefinir con claridad las
instituciones castrenses y sus funciones. Este ha sido uno de los principales
desafíos de la democracia en América Latina desde el fin de la Guerra Fría.
Epílogo
Con el fin de la Guerra Fría se creyó que llegaría una era de estabilidad¸
cooperación y menos amenazas a la seguridad mundial. También se pensó que la
tendencia de disminución de la importancia de los Estados nacionales y su mayor
interdependencia fortalecerían las decisiones multilaterales para beneficio de
la humanidad. Esta visión se cumplió¸ en buena medida¸ para los países más
prósperos y para la mayoría de sus habitantes. Pero para el denominado Tercer
Mundo¸ la utopía de alcanzar su soberanía plena dentro de un nuevo orden mundial
se derrumbó y la inestabilidad continuó marcando a sus sociedades. Renacieron
antiguos conflictos de diferente tipo¸ como los regionales¸ los étnicos¸ los
religiosos y los nacionalistas. Además¸ varias de las decisiones multilaterales
que se tomaron fueron para realizar intervenciones en los países más inestables¸
con respaldos legitimadores como el de las Naciones Unidas. Surgió así¸ por
ejemplo¸ el llamado derecho de injerencia¸ con pretensiones humanitarias.
En este nuevo contexto¸ las amenazas a la seguridad se perfilaron como problemas
sociales de orden trasnacional y no como conflictos entre los Estados. El
narcotráfico¸ la corrupción¸ el terrorismo¸ la violación de los derechos humanos
y la destrucción del medio ambiente son ejemplos de estas nuevas amenazas. Con
ellas apareció la tendencia a la privatización de las guerras¸ principalmente en
los países inestables¸ lo que proporcionó argumentos a teorías como la de los
Estados inviables. De otra parte¸ Estados Unidos se erigió como el centro del
poder militar universal¸ aunque hubo ensayos multilaterales de cooperación
excepcionales¸ como el de la Guerra del Golfo¸ que respondieron más a razones
económicas que a necesidades estratégicas. Así mismo¸ la prosperidad económica
alejó aún más a los países llamados subdesarrollados de aquellos que basan su
crecimiento más en la desregulación financiera internacional que en su gran
capacidad tecnológica y productiva.
La tensión entre quienes confiaban en la cimentación de la estabilidad y
aquellos que veían en la incertidumbre el sello de la posguerra fría¸ duró poco
más de una década. Los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001 generaron
un punto de inflexión¸ en un momento en que el ciclo económico de prosperidad
declinaba. "Ahora sí comenzó el siglo XXI"¸ "surge una nueva bipolaridad"¸
"terminó la fugaz posguerra fría"¸ "nace un nuevo desorden mundial".
Estas y otras expresiones similares mostraron que desde un primer momento se
tuvo certeza de la trascendencia de las implicaciones de los acontecimientos
ocurridos en Estados Unidos. Pero en esta fecha no comenzó una nueva era. Más
bien¸ se definió de una vez por todas la posguerra fría. La incertidumbre que
subyacía bajo la inestabilidad de muchos países¸ sobre todo después de que la
tutela perversa de una u otra de las dos superpotencias fue abandonada¸ se
extendió a las naciones que aún comulgaban con la visión de estabilidad y
confiaban en una seguridad eterna resguardada por un gran desarrollo tecnológico
que fortalecía a los organismos militares¸ policiales y de seguridad. Esta es la
verdadera realidad del fin de la Guerra Fría¸ realidad que cobija¸ de diferentes
maneras¸ a todos los países del mundo entero.
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Tapia Valdés¸ Jorge¸ "La doctrina de la seguridad nacional y el rol político de
las fuerzas armadas"¸ en Juan Carlos Rubinstein (comp.)¸ El Estado periférico
latinoamericano¸ Buenos Aires¸ Eudeba¸ 1988.
Torres-Rivas¸ Edelberto¸ Crisis del poder en Centroamérica¸ San José¸ Editorial
Universitaria Centroamericana¸ Educa¸ 1983.
Varas¸ Augusto¸ La política de las armas en América Latina¸ Santiago¸ Flacso¸
1988.
NOTAS
* Elaborado con base en Francisco Leal Buitrago¸ La Seguridad Nacional a la
deriva. Del Frente Nacional a la posguerra fría¸ BogotḠAlfaomega
Editores-Universidad de los Andes-Flacso Sede Ecuador¸ 2002¸ Introducción y
capítulos Uno y Seis.
** Profesor Titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de
los Andes.
1 Marcus G. Raskin¸ The politics of national security¸ New Brunswick¸ New
Jersey¸ Transaction Books¸ 1979¸ págs. 31-34.
2 La estrategia de contención "...pretendía lograr una modificación de la
conducta soviética por medio de una combinación de disuasiones y recompensas".
George Kennan¸ quien elaboró el concepto de contención luego de la Segunda
Guerra Mundial¸ lo resumió así: "contención prolongada¸ paciente pero firme y
vigilante de las tendencias expansivas rusas". John Lewis Gaddis¸ "Introducción:
La evolución de la contención"¸ en Terry L. Deibel y John Lewis Gaddis¸ La
Contención. Concepto y política¸ Buenos Aires¸ Grupo Editor Latinoamericano¸
1992¸ págs. 9 y 17.
3 Desde antes de la Segunda Guerra Mundial el factor militar tenía gran
influencia en las relaciones internacionales¸ pero dentro de una perspectiva
multipolar en la cual la política tenía mayor juego que durante la posguerra.
4 "Los Estados Unidos tienden a considerar que su seguridad nacional entraña el
mantenimiento de condiciones en el exterior que permitirán que la economía
funcione adecuadamente -es decir obtener energía¸ materias primas y mercados
necesarios para su prosperidad. El acceso a éstos ha sido por lo tanto incluido
en la definición de los intereses vitales de los EE. UU. (...) El alcance y la
manera en la cual han sido definidos los intereses norteamericanos han dado como
resultado una política de intervencionismo recurrente." Stanley Hoffmann¸ Jano y
Minerva. Ensayos sobre la guerra y la paz¸ Buenos Aires¸ Grupo Editor
Latinoamericano¸ 1991¸ págs. 305 y 307.
5 Brasil fue el primer país en elaborar un concepto sobre seguridad nacional en
América Latina con una ley de 1935¸ y luego¸ en los años cincuenta¸ con el
trabajo del general Golbery do Couto e Silva¸ quien la definió como "aquella que
busca asegurar el logro de los objetivos vitales permanentes de la nación contra
toda oposición¸ sea externa o interna¸ evitando la guerra si es posible¸ o
llevándola a cabo si es necesario con las máximas probabilidades de éxito."
Jorge Tapia Valdés¸ "La doctrina de la seguridad nacional y el rol político de
las fuerzas armadas"¸ en Juan Carlos Rubinstein (comp.)¸ El Estado periférico
latinoamericano¸ Buenos Aires¸ Eudeba¸ 1988¸ pág. 240.
6 Sobre la visión estadounidense del comunismo como causa de la inestabilidad en
América Latina y amenaza para la seguridad nacional¸ véase Lars Schoultz¸
National Security and United States Policy toward Latin America¸ Princeton¸
Princeton University Press¸ 1987¸ Capítulo 3.
7 Brian Loveman¸ The Constitution of Tyranny. Regimes of Exception in Spanish
America¸ Pittsburgh¸ University of Pittsburgh Press¸ 1994.
8 Tapia Valdés¸ 1988¸ op. cit.¸ págs. 238-239.
9 Jack Child¸ Geopolitics and Conflict in South America: Quarrels among
Neighbours¸ New York¸ Praeger¸ 1985¸ Cap. 1; José Miguel Insulza¸ "La seguridad
de América del Sur. Posible contribución europea"¸ en Carlos Contreras Q.
(coord.)¸ Después de la Guerra Fría. Los desafíos a la seguridad de América del
Sur¸ Caracas¸ Comisión Sudamericana de Paz-Editorial Nueva Sociedad¸ 1990¸ pág.
95.
10 Antonio Carlos Pereira¸ "Aspectos totalizadores de la seguridad nacional"¸ en
José Thiago Cintra (editor)¸ Seguridad nacional y relaciones internacionales:
Brasil¸ Serie Estudios CLEE¸ México¸ Centro Latinoamericano de Estudios
Estratégicos¸ 1987¸ págs. 23-24.
11 Augusto Varas¸ La política de las armas en América Latina¸ Santiago¸ Flacso¸
1988¸ pág. 48.
12 Raskin¸ 1979¸ op. cit.¸ págs. 32¸ 46 y 84. El Estado se concibe de manera
autónoma¸ amenazado incluso por la misma sociedad de la que es en teoría
delegatario.
13 Jose Comblin¸ The Church and the National Security State¸ Maryknoll¸ Orbis
Book¸ 1979¸ pág. 64.
14 Isaac Sandoval Rodríguez¸ Las crisis políticas latinoamericanas y el
militarismo¸ México¸ Siglo XXI Editores¸ 1976¸ págs. 162-163. Las instituciones
panamericanas fueron el canal para la difusión de la ideología política
estadounidense.
15 Ibid; Luis Maira¸ "El Estado de seguridad nacional en América Latina"¸ en
Pablo González Casanova (coord.)¸ El Estado en América Latina. Teoría y
práctica¸ México¸ Siglo XXI Editores-Universidad de las Naciones Unidas¸ 1990¸
págs. 114-118.
16 Juan Somavía y José Miguel Insulza¸ "Introducción"¸ en Somavía e Insulza
(compiladores)¸ Seguridad democrática regional. Una concepción alternativa¸
Caracas¸ Comisión Sudamericana de PazEditorial Nueva Sociedad¸ 1990¸ págs.
10-16.
17 Juan Rial¸ "Relaciones cívico-militares: Diálogo para el fortalecimiento de
la democracia"¸ en Ibid¸ pág. 253.
18 Cepal¸ América Latina. El pensamiento de la CEPAL¸ Colección Tiempo
Latinoamericano¸ Santiago de Chile¸ Editorial Universitaria¸ 1969; Fernando
Henrique Cardoso y Enzo Faletto¸ Dependencia y desarrollo en América Latina¸
México¸ Siglo XXI Editores¸ 1969.
19 Ernesto Che Guevara¸ "La guerra de guerrillas"¸ en Escritos y discursos¸ Tomo
1¸ La Habana¸ Editorial de Ciencias Sociales¸ 1977¸ y Regis Debray¸ Revolución
en la revolución¸ Cali¸ Editorial Pacífico¸ septiembre de 1968.
20 "No se hace una guerra revolucionaria con un ejército distribuido en
divisiones; no se hace una guerra revolucionaria con una administración de
tiempo de paz; no se hace una guerra revolucionaria con el Código de Napoleón".
Coronel Ch. Lacheroy¸ "La guerra revolucionaria"¸ en Biblioteca del Ejército¸ La
defensa nacional¸ Volumen Nº 6¸ BogotḠLibrería del Ejército¸ marzo de 1962¸
pág. 307.
21 Schoultz¸ 1987¸ op. cit.¸ págs. 11-20.
22 La mayoría de los golpes militares latinoamericanos en el siglo XX estuvieron
avalados directa o indirectamente por los gobiernos norteamericanos. La
intervención fue abierta en Centroamérica y el Caribe¸ y velada en Suramérica.
Pero con la aparición de la Doctrina de Seguridad Nacional la intervención de
los Estados Unidos se hizo más agresiva en esta parte del continente. Las
encubiertas pero comprobadas ingerencias en los golpes militares de Brasil en
1964 y Chile en 1973 no fueron los únicos casos. Ya en 1969 el informe
Rockefeller recomendaba como necesarias las dictaduras temporales¸ como medida
para garantizar la seguridad continental¸ y aplicaba la teoría de la
"construcción nacional"¸ como ayuda o sustituto para regímenes considerados
débiles o no-operativos para contrarrestar el comunismo y consolidar el poder
nacional. Todo esto concordaba con teorías en boga de la ciencia política
norteamericana que planteaban que no se trataba de un ataque a la democracia en
sí¸ sino a la "falta de preparación" de las nuevas naciones para el gobierno
democrático. Tapia Valdés¸ 1984¸ op. cit.¸ pág. 241.
23 Sergio Aguayo¸ Bruce M. Bagley¸ Jeffrey Stark¸ "Introducción. México y
Estados Unidos: En busca de la seguridad"¸ en Aguayo y Bagley (comp.)¸ En busca
de la seguridad perdida. Aproximaciones a la seguridad nacional mexicana¸
México¸ Siglo XXI Editores¸ 1990¸ págs. 18-21.
24 Varas¸ 1988¸ op. cit.¸ págs. 249-251.
25 Javier A. Elguea¸ "Seguridad internacional y desarrollo nacional: la búsqueda
de un concepto"¸ en Aguayo¸ y Bagley¸ 1990¸ op. cit.¸ págs. 76-82.
26 Michael T. Klare y Peter Cornbluh¸ "The New Interventionism: LowIntensity
Warfare in the 1980s and Beyond"¸ en M. T. Klare y P. Cornbluh¸ Low Intensity
Warfare. Counterinsurgency¸ Proinsurgency¸ and Antiterrorism in the Eghties¸ New
York¸ Pantheon Books¸ 1988. En 1987¸ el presidente Reagan estableció el Comité
para el Conflicto de Baja Intensidad¸ dependiente del Consejo de Seguridad
Nacional. El término se deriva de la imagen que tiene el Pentágono del "espectro
del conflicto": Una división teórica del conflicto armado en niveles "bajo"¸
"medio" y "alto"¸ que depende del grado de fuerza y violencia. La guerra de
guerrillas y otros conflictos limitados enfrentados con unidades irregulares se
bautizaron como "conflictos de baja intensidad".
27 En la guerra de baja intensidad se identifican seis "categorías de misiones"
específicas: defensa interna frente al extranjero; "proinsurgencia"; operaciones
de contingencia en tiempo de paz; acción contraterrorista; operaciones
antidrogas¸ y operaciones de guarda de la paz. Michael T¸ Klare¸ "The
Interventionist Impulse: U.S. Military Doctrine for Low-Intensity Warfare"¸ en
Ibid¸ págs. 55-74.
28 Henry Pease García¸ El ocaso del poder oligárquico. Lucha política en la
escena oficial 1968-1975¸ Lima¸ Desco¸ 1977; Paco Moncayo Gallegos¸ Fuerzas
Armadas y sociedad¸ Quito¸ Corporación Editora Nacional¸ 1995¸ págs. 103-116.
29 Genaro Arriagada¸ Por la razón o la fuerza. Chile bajo Pinochet¸ Santiago¸
Editorial Suramericana Chilena¸ 1998¸ capítulos 2 y 3.
30 Sobre los golpes de Estado¸ véase Instituto de Investigaciones Sociales de la
Unam¸ Pablo González Casanova (coord.)¸ América Latina: Historia de medio siglo¸
Tomo 1: América del Sur¸ México¸ Siglo XXI Editores¸ 1977.
31 Moncayo Gallegos¸ 1995¸ op. cit.¸ págs. 162-169.
32 Sobre el viejo militarismo¸ véanse Edwin Lieuwen¸ Armas y política en América
Latina¸ Buenos Aires¸ Sur¸ 1960¸ y Generales contra presidentes en América
Latina¸ Buenos Aires¸ Siglo Veinte¸ 1965; y John Johnson¸ Militares y sociedad
en América Latina¸ Buenos Aires¸ Solar/Hachette¸ 1964.
33 José Nun¸ "América Latina: La crisis hegemónica y el golpe militar"¸ en
Desarrollo Económico¸ vol. VI¸ Buenos Aires¸ julio-diciembre¸ 1966.
34 Luis A. Costa Pinto¸ "Militarismo"¸ en L. A. Costa P.¸ Nacionalismo y
militarismo¸ México¸ Siglo XXI Editores¸ 1969¸ págs. 45-102.
35 Sobre las formulaciones doctrinarias¸ véanse General Golbery de Couto e
Silva¸ Planejamento estrategico¸ Biblioteca do Exército¸ vol. 213¸ Comp. Editora
Americana¸ Rio de Janeiro¸ 1955¸ y General Osiris G. Villegas¸ La guerra
comunista¸ BogotḠLibrería del Ejército¸ junio de 1964.
36 Edelberto Torres-Rivas¸ Crisis del poder en Centroamérica¸ San José¸
Editorial Universitaria Centroamericana¸ Educa¸ 1983; Instituto de
Investigaciones Sociales de la Unam¸ 1977¸ op. cit.¸ Tomo 2: México¸
Centroamérica y el Caribe.
37 Alain Rouquié¸ El Estado militar en América Latina¸ México¸ Siglo XXI
Editores¸ 1984¸ págs. 41¸ 49 y 51.
38 Ibid¸ pág. 47.
39 Rial¸ 1980¸ op. cit.¸ pág. 255. "La mayoría de la fuerzas armadas miran con
recelo el régimen democrático¸ pero son socios obligados del mismo." Ibid¸ pág.
264.
40 Juan Rial¸ "Los intereses de las Fuerzas Armadas de América Latina en
sostener regímenes democráticos"¸ en Louis W. Goodman¸ Johanna S. R. Mendelson y
Juan Rial (comp.)¸ Los militares y la democracia¸ Montevideo¸ Peitho¸ 1990¸ pág.
370.
41 Alfred Stepan¸ "The New Professionalism of Internal Warfare and Military
Role-Expansion"¸ en Stepan (ed.)¸ Authoritarian Brazil¸ New Haven¸ Yale
University Press¸ 1973.
42 Tapia Valdés¸ 1984¸ op. cit.¸ pág. 249. La política se concibe como
estrategia y forma de guerra interna. El sistema social es convertido en un
"sistema bélico"¸ o sea¸ condicionado por la ideología de la guerra. Ibid¸ págs.
244-245.
43 "Al volcarse al campo interno los servicios de inteligencia de las fuerzas
armadas adquieren una dimensión diferente. Por la propia naturaleza de la tarea
que se les asigna -detectar al enemigo entre los conciudadanos- adquiere un
carácter deliberante. Deben juzgar dónde se traza esa delicada y fina línea
entre quién es un enemigo¸ un `tonto útil' o simplemente un ciudadano cándido.
(...) los servicios adquieren una posición política." Raúl Sohr¸ "Reflexiones
sobre los ámbitos de la seguridad y la defensa"¸ en Documentos Ocasionales¸ no.
24¸ BogotḠCEI¸ noviembre-diciembre de 1991¸ pág. 21.
44 Alfred Stepan muestra las características del sistema de inteligencia
brasileño en comparación con el de Uruguay¸ Argentina y Chile. Rethinking
Military Politics. Brazil and the Southern Cone¸ Princeton¸ Princeton University
Press¸ 1988¸ Capítulo 2.
45 Almirante (r) Armando Amorin Ferreira Vidigal¸ "Problemas de seguridad y
defensa en América Latina en un mundo en cambio"¸ en Documentos Ocasionales¸ no.
24¸ BogotḠCEI¸ noviembre-diciembre de 1991¸ pág. 9.
Fuente: Revista de Estudios Sociales, Nº 15 | CLACSO

Azules,
Colorados y Morados: Sobre héroes y trampas
Por Arturo G. Armada
"Para que haya trampa es necesario que exista un tramposo, pero también un
tonto". JUAN D. PERON, "A la Juventud", 1971
1. Historia de la caza y de la pesca.
Los acontecimientos más destacables de estos sesenta días –desde fines de abril
hasta fines de junio– permiten reforzar la certidumbre de que el proceso
desorganizador no se decide a planear una retirada con paso firme pero digno, en
orden y sin perseguidores a la vista.
Como ocurriera otras veces en nuestra historia contemporánea, por ejemplo entre
1971 y 1973, el régimen no se achica: se agazapa para volver a saltar, buscando
transformar su autoderrota –esta vez sin precedentes en la historia argentina–
en el comienzo de un nuevo triunfo. Un "triunfo" de esos que cíclicamente sumen
al país en la miseria y la desesperación, cuando los salvadores uniformados,
tras derrocar gobiernos surgidos de elecciones –proscriptivas o no, detalle de
poca importancia para ellos– planean y ejecutan sus "libertadoras", sus
"reordenamientos morales y cívicos", sus "revoluciones argentinas" y sus
"procesos de reorganización nacional".
Los profesionales del reaseguro regiminoso, con sus múltiples y bien retribuidos
inspiradores, asesores y ministros, intentaron siempre hacer trampa en las
épocas preelectorales, al verse obligados a abandonar el gobierno. Inventaron
una maraña de artilugios legales y planearon políticas de división del
movimiento nacional, de infiltración, de condicionamientos explícitos o
encubiertos. Tales artificios tuvieron matices diversos, adecuados en cada
ocasión a las circunstancias y a la índole y cantidad de los errores y abusos
perpetrados.
Sería irrespetuoso y agobiante para el lector que hiciésemos la enumeración
prolija de todos los tejes y manejes empleados por el equipo del golpismo cada
vez que se abría un proceso electoral y se vislumbraba el triunfo masivo del
movimiento peronista en las urnas.
Elecciones de 1957, 1963, 1973. Proscripciones y prohibiciones de hombres, de
fórmulas, de partidos, de siglas, de símbolos y de todo lo que se puede (o
incluso de lo que parezca imposible) proscribir y prohibir. Que si el partido no
podrá llevar el nombre de personas (léase líderes) o el adjetivo "argentino";
que si la marcha no podrá propalarse ni cantarse; que tal fórmula no y la otra
tampoco; que si los fondos provienen del sindicalismo o las órdenes vienen de
Madrid; que si no le da el cuero para volver antes de tal fecha porque reside en
el exterior; que si dice ser democrático pero "sabemos" que no lo es; en fin la
lista sigue y es larga.
Esta parte de la "Trampa" –llamémosla así para abreviar–, o sea todo un sistema
de escollos "legales" y de interdicciones, integra pero no agota, ni mucho
menos, el frondoso ramaje del árbol de la sabiduría antipopular. Son, solamente,
sus hojas marchitas por el tiempo y el fracaso, pero no sus ramas vigorosas ni
su añejo tronco, que echó raíces en la década de 1810 con Rivadavia y sus
herederos.
El sistema de prohibiciones y artilugios resultó reiterativo y además inútil
para mantener apariencias de legalidad. Tuvieron que perfeccionarlo y,
finalmente, pasó a ser sólo el elemento anecdótico de planes más profundos y
ambiciosos.
2. De Azules y Colorados; hoy violetas y morados.
Ya entre 1962 y 1963 se reinició el debate explícito entre dos líneas de añeja
tradición en nuestra historia. Dos formas, dos proyectos para solucionar la
escisión entre el país "legal y constitucional" de las minorías subordinadas a
los centros imperiales y el país real, que se resistía a la dependencia, y
obstaculizaba permanentemente los planes de consolidación neocolonial. Dos
maneras de integrar a "la plebe" o "chusma suburbana y rural", al "gauchaje",
"al invasor inmigratorio" o al "aluvión zoológico". Dos modos de dominar al
"elemento iletrado de las campañas", "al gringaje" usurpador o al "hecho
maldito" de la política argentina. "La unidad a palos" de Bernardino Rivadavia
es la piedra fundamental de la variante agresiva, exterminadora ("no ahorre
sangre de gauchos... es lo único que tienen de seres humanos"), prolongada en
tiempos más recientes por el Aramburu que depone a Lonardi y por el almirante
por antonomasia del siglo XX: don Isaac Francisco. Es la línea "colorada" por lo
menos en 1962. La de la Marina, la de Carlos Severo Toranzo Montero.
La otra, que triunfó en el recuento de unidades y en el inventario del poder de
fuego, pretendía, sin la misma profundidad teórica, retomar las propuestas del
Echeverría joven, del Alberdi viejo, o del Hernández maduro (el de La Vuelta de
Martín Fierro). Era la línea azul del 62–63. La del comunicado 150: agradecemos
los servicios de Mariano Grondona en su redacción y mencionamos unos pocos
nombres: Onganía, Lanusse, Sánchez de Bustamante y López Aufranc. Aunque, como
bien señala el trabajo de Fleitas en este mismo número, el verdadero planteo
final de los azules del 63 se explicitó en el comunicado 200, emitido tras su
victoria –sin duda negociada– sobre los "colorados".
Simplificando, porque el tema es complejo y las posiciones evolucionan o se
truecan, esta línea –que gobernó el Ejército hasta 1973, si nos atenemos a los
apellidos– busca la integración por medios políticos –predominantemente– que van
desde burdas presiones sobre dirigentes ofreciendo reparaciones o beneficios
personales hasta la planificación de un sistema de absorción "pacífica" de las
mayorías en una "institucionalización" acordada o concertada con un sector
parcial del movimiento nacional, para luego obtener la integración de la
totalidad. Integración de la totalidad en una legalidad "nueva" que en nuestros
días es ya centenaria, puesto que reitera en buena medida la antigua
"Organización Nacional" concretada por los "modernistas" de la década de 1880,
con Roca a la cabeza.
Así es como, a partir de 1963, sin abandonar totalmente mañas y artimañas, se
pasó de la táctica inmediata, coyuntural –prohibitiva, punitiva, disuasora– a la
estrategia asimilativa a mediano plazo, a las propuestas –en los hechos a las
proclamaciones de acuerdos (Gran Acuerdo Nacional) o concertaciones –su último
nombre–.
La intención era –y es– convertir al peronismo en la materia prima de un
producto más elaborado, destinado a ser sólido y perdurable. Precisamente lo que
llaman "democracia estable y eficiente", objetivo explicitado por el proceso
"violeta" –interesante combinación cromática– iniciado en marzo de 1976. Violeta
y violento, sin duda, conducido por Videla y Viola (¿de "violáceo"?) pero sobre
todo, y en tanto proceso de desorganización, dirigido por Martínez de Hoz. Que
lo hacían los hijos militares de los azules pero con fuerte carga "colorada",
muy fuerte, rojo sangre diríamos. En esta perspectiva, violenta y por
consiguiente, signada por el color morado de las mortajas que a tantos se les
negaron tras su muerte, la integración debía ser la mera consecuencia práctica
de la derrota popular en todas sus instancias. De ahí las siete plagas con que
nos castigaron los Señores de la Guerra Interna: destrucción de la industria
nacional, con la consiguiente desocupación; deterioro del salario real;
vaciamiento de obras sociales; endeudamiento externo con agravante de divisas
dilapidadas; desaparecidos, o sea aniquilación física de enemigos militares,
ideológicos y hasta personales; enriquecimientos lícitos (según reglas de juego
vigentes) de los sectores dedicados a la especulación financiera; y
enriquecimientos ilícitos de gestores y mediadores de préstamos internos y
externos. Estas son siete, desencadenadas por el proceso. Pero, con la
indexación de nuestros tiempos, nos tocaron dos más, que por razones diversas
dejaremos sin atribuir: la guerra externa (Malvinas) y las inundaciones.
Retrocedamos brevemente unos diez años. A fines de 1972, cuando el proyecto
lanussista de integración (azul Prusia, no marino) terminó fracasando, volvieron
los artificios más toscos y sin ambigüedades. Por ejemplo: los "Cinco puntos"
que firmaron todos los generales en actividad (menos uno, que resultó peor que
los otros: Ibérico Saint Jean). Método todavía azul, pero con ciertos destellos
violáceos.
Después de mayo del 73 el gobierno constitucional no les dio bola. Para hacerlos
cumplir se precisaba un gobierno militar, paradoja imposible de resolver desde
los estados mayores. Los gobiernos surgidos de elecciones no obedecen las voces
de mando, sobre todo cuando son elegidos sin proscripciones globales. Luego, se
necesita un gobierno militar. Concretaron el golpe del 76, pero ahora ya los
cinco puntos no servían. Entre otras cosas, porque ese tipo de condicionamientos
es para que lo acaten los gobiernos surgidos de la voluntad popular. Los otros,
cuando votan tres o incluso uno, no aceptan condiciones ni plazos prefijados;
sólo tienen objetivos y se van cuando los cumplen. Todo un ejemplo de
practicidad y eficiencia: cosas que pueden hacerse cuando se es fuerte; fuerte
en armas, se entiende, y no precisamente en armas políticas.
Objeción: ¿acaso cumplieron sus objetivos?. Respuesta: sí. Ver las siete plagas.
Son muestra de un extenso plan de realizaciones sin antecedentes históricos
comparables. Otros esforzados precursores, sólo lograron cumplirlos
parcialmente; de ningún modo en forma tan coordinada y contundente. Ah, eso sí,
se cometieron algunos excesos y también deplorables omisiones, achacables a la
conocida imperfección de toda obra humana, pero no empañan el éxito de conjunto.
La próxima vez será.
Hoy vemos que, aun en medio de su caos interno, muy inferior al que provocaron
en el país como "guardianes del orden y el estilo de vida", pergeñan y ensayan
"novedosas" maniobras para castrar la potencialidad transformadora y reparadora
del peronismo. Aclaremos, los Señores y no sólo ellos; algunos hay por este lado
con similares intenciones y más aún en el otro gran partido nacional, donde no
sólo abundan sino que parecen controlar las opciones internas. No se trata, por
supuesto, de identificar a los amos con sus servidores ni con sus émulos. Pero,
por ejemplo, desperonizar es siempre eso: quebrar la fibra histórica y
doctrinaria del actual movimiento de liberación nacional. Que todavía vive y se
mueve, a pesar de sus heridas y de sus enfermedades crónicas. Que ha sido
perseguido, calumniado, engañado y traicionado muchas veces en los últimos
veintiocho años, como lo ha sido el pueblo en su conjunto y, en especial, sus
sectores más humildes.
En estos días mayos y junianos –marzo, mayo, junio, septiembre y octubre, son
nuestros meses metafóricos– los acontecimientos corroboran la certeza de que
estamos ante nuevas maniobras y asechanzas, no por esperadas y ya sufridas,
menos dignas de reflexión y respuesta.
3. "Estas son, aquí están, las maniobras del Re–Gan..."
Más allá del módico ingenio de las palabras combinadas, que nos permiten
vincular al actorzuelo californiano con las amenas perspectivas de un GAN
reiterado –que nos ofrecen en "reprise", con nuevos actores protagónicos,
algunos veteranos y muchos más extras– más allá de la necesaria ironía cotidiana
que nos permite sobrevivir en estos tiempos del proceso, los hechos están a la
vista. Sin que aún podamos olvidar toda la campaña de los Señores tendiente a
promover la "concertación", –que llevó a la Junta de Comandantes y a sus
secretarios por Fuerza a sesudas elucubraciones y deliberaciones para promulgar
las "pautas" que habrían de regirla–, se desencadena una serie de
acontecimientos significativos. "Documento final sobre la guerra
antisubversiva", denuncias sobre "pacto sindical–militar", reforma a las
constituciones provinciales "para permitir la elección indirecta de
autoridades"; declaraciones partidistas sobre el derecho de las minorías a no
votar necesariamente por el que saque más votos en octubre; secuestro y muerte
de Cambiaso y Pereira Rossi, con la posterior explicación oficial denunciando
proyectos de asesinatos e infiltración guerrillera en el peronismo; afirmación
de Alfonsín "en el Colegio electoral no votaremos ni a un fascista ni a un
incapaz" (31 de mayo y reiteraciones subsiguientes); prosecución de los ataques
a Lorenzo Miguel y a la estructura sindical por parte del mismo Alfonsín y de
otros dirigentes de Renovación y Cambio, como Storani.
El caso de Pereira Rossi y Cambiaso golpea con la reaparición de esa vergüenza
nacional del "ajusticiamiento" sin juicio previo, sin jueces imparciales, sin
derecho a defensa y defensores, sin pruebas ni apelaciones, ni publicidad; en
fin, sin nada de lo que caracteriza a la justicia de los hombres en pleno siglo
XX; agravada –si eso resulta posible– por el intento de arrojar groseramente
sobre el peronismo la bosta de la sospecha y de la imputación indirecta.
El caso Cambiaso, originado en las entrañas del monstruo para–militar –en lucha
permanente contra las organizaciones para–políticas (guerrilleros)– junto con su
inmediato antecedente (muerte de Yaguer), presenta tantos puntos oscuros que no
es posible dudar de su carácter tenebroso. No sólo por su relación con
organizaciones clandestinas, siempre propicias al misterio y al desvarío, sino
por que la "orga" a la que pertenecían los acribillados, según el parte policial
militar, estaba, hasta ayer nomás, oficialmente "derrotada" y "destruida". Los
diez mil desaparecidos confirmados por organismos nacionales e internacionales
–y dados oficialmente por muertos en el "Documento Final"– habrían sido, según
la fría lógica militar de nuestros custodios patrios, uno de los precios pagados
por la trabajosa tarea de poner fin a la subversión "apátrida" y de "izquierda".
Tarea necesaria y servicial destinada a evitar la famosa "disolución nacional".
El "cinco por uno, no va a quedar ninguno" del tremendismo montonero se cumplía
así a favor de la fuerza antiguerrillera.
Pero, repentinamente, en medio de las noticias sobre casi tres millones de
afiliados al justicialismo, vuelven a ser un peligro para el país y, en
especial, nos aseguran, para encumbrados dirigentes sindicales y políticos del
peronismo. Este nuevo milagro de resurrección, burdamente planteado en
conferencia de prensa, es obra, sin duda, de algún avezado oficial de
inteligencia, de inteligencia militar.
4. Los controlados se descontrolan
Los controlados se descontrolan; pero ¿quién controlaba y quiénes eran los
controlados?. Yaguer, de cuya muerte se había informado un par de semanas antes,
no lograba entrar o salir del país, moverse o quedarse quieto, sin que nuestros
bien informados informantes lo registraran en su abultada ficha personal. Pero,
para capturarlo, tuvieron que liquidarlo a tiros en una ruta, cuando conducía un
módico y poco militar Renault 4. Era tan peligroso como para que le adjudiquen
funciones de jefe militar de su organización. La cual, a su vez, es tan
peligrosa que él andaba recorriendo las rutas cordobesas sin acompañantes ni
custodios. Por otra parte, ya sabemos que la represión antiguerrillera sólo ha
tenido estos siete años algunos "excesos" no precisados, todo hecho en función
de fines superiores, con directivas jerárquicas ("actos de servicio") y control
orgánico, como corresponde a soldados profesionales. Tal lo que se desprende del
famoso "Documento final" de las FF.AA. sobre la subversión (del 28 de abril). La
violencia destructiva y terrorista –nos dicen– era y sigue siendo patrimonio de
esos endemoniados que la inauguraron en nuestro pacífico país, por influencia
foránea y con directivas externas (La Habana, Moscú).
Aunque ya hace más de cinco años que los muertos se producen casi exclusivamente
en un bando.
Estos episodios tienen un elemental propósito intimidatorio ("¡ojo, que aquí
estamos y no descansamos ni descansaremos en el futuro!") y también resulta
acertado interpretarlos como expresión de la necesidad de seguir existiendo y
operando, propia de esa clase de organismos represivos clandestinos. Sin
embargo, los peronistas, siempre mal pensados, sospechamos que tienen otro
objetivo. Un objetivo de alcances políticos; descalificar al Movimiento
Peronista en su conjunto.
El peronismo, nos dicen estas muertes disuasoras con su posterior explicación
oficial, es terreno apto, campo fértil para la siembra de ideas disolventes y
antipatrióticas, así como para la posterior y lógica plasmación de nuevas
organizaciones terroristas. "Vean... Aquí están estos cuerpos sin vida; eran
"Montoneros", que se autoproclaman peronistas; en el peronismo están fulano y
mengano, sus representantes de superficie, que se muestran intransigentes, se
movilizan mucho y editan un diario con dinero en "rojo" (no "en negro", hoy
habitual en la patria financiera); nuevamente ese movimiento amorfo, sin
ideología y sin organicidad, está siendo presa de la infiltración guerrillera
marxista, etc., etc.".
Corresponde, pues, al movimiento mayoritario poner las cosas en claro. Los
dirigentes, en su casi totalidad, ya lo hicieron. Deberán los cuadros
intermedios, los militantes de base, los compañeros no militantes pero
peronistas de siempre, tener en cuenta que esa provocación subsistirá, que habrá
de ser asumida y contrarrestada, que debemos explicitar y proclamar a los cuatro
vientos que nuestro movimiento es no violento, que para vencer sólo pide juego
limpio, pues el tiempo y la organización nos vienen dando la razón y el
instrumento para hacerla vencer. Que no proclamamos la violencia y el uso de la
fuerza militar ni como metodología ni como herramienta. Que sólo nos defendemos
cuando nos atacan y preferimos la lentitud a la sangre. Que somos, por
consiguiente, los discípulos del león herbívoro.
Hay otros "morados", los de la franja, que nos atacan por otro wing. Es preciso
responderle a don Alfonsín.
5. Alfonsín, ese luchador antifascista...
Si buena parte de mayo estuvo bajo el signo del ayuno de Pérez Esquivel contra
la violencia ("venga de quien viniere") y de las versiones de "abstinencia"
(abstención) peronista en caso de seguir la inhabilitación de la compañera
Isabel Perón, los últimos días del mes vieron surgir una temática que enturbiaba
considerablemente el futuro de las buenas relaciones entre los dos partidos
nacionales de mayor peso electoral, relaciones establecidas por sus líderes ya
ausentes: Perón y Balbín. Don Raúl Alfonsín, que parecía el elemento renovador
necesario para el cambio general de nuestro partido de clase media no peronista,
que pintaba bien incluso en su propuesta, cuestionable pero sugerente, de un
nuevo movimiento histórico nacional englobador de los anteriores (yrigoyenismo y
peronismo) –aunque sospecháramos que pretendía encabezarlo, sin cargar con el
pesado fardo procesista de su competidor Massera– mostró su juego y echó a
perder su imagen de adversario dentro del campo nacional.
Ya a fines de abril, había dado el primer paso en falso al denunciar el
publicitado pero inexistente pacto entre Lorenzo Miguel y algunos jefes
militares. Comenzaba así su táctica de recrear la opción
"peronismo–antiperonismo" bajo la cómoda cobertura de "Miguel o Alfonsín", que
implicaba aparentemente "no transigir ni pactar con la dictadura militar y la
injusticia". Como la respuesta del compañero Miguel fue más jurídica que
política ("¿qué pruebas aportó, qué pruebas tiene?", insistía en su conferencia
de prensa del 3 de mayo) quedó flotando una duda malsana sobre la veracidad de
la denuncia. El inmediato anuncio de normalización sindical por elecciones fue
enarbolado por el alfonsinismo como un triunfo de su denuncia.
Pero a fines de mayo, los pasos siguientes cambiaron los términos de la
cuestión. Aparecieron pintadas con el texto "Alfonsín o fascismo"; los
intelectuales alfonsinistas de la exitosa revista Humor –especialmente Gregorich
y Vásquez– plantearon que la cosa no era ya meramente peronismo–antiperonismo
sino democracia–antidemocracia y finalmente don Raúl, el de los puños llenos de
verdades, lo dijo claramente: "En el Colegio Electoral, si no ganamos las
elecciones, no votaremos a un fascista ni a un incapaz para presidente" (el 31
de mayo).
Todo esto en medio de sucesivas declaraciones de dirigentes radicales de que no
había obligación de votar por la "primera minoría"; León, que había criticado la
"denuncia" del pacto, fue confuso, algo habitual en su retórica y allí la cosa
se redondeó. La anterior denuncia del pacto militar–sindical cambió de sentido.
Más allá de la ironía radical ("¿por qué los peronistas se dan por aludidos con
eso de fascista o incapaz?") nadie puede confundirse sobre los destinatarios
políticos de esa negativa a apoyar a quienes saquen más votos en octubre.
Lo de "fascistas" e "incapaces" es una vieja imputación del antiperonismo
("colorada" en su origen) contra el movimiento nacional de masas. Perón era el
líder fascista (naziperonismo, fue la expresión del inefable camarada Codovilla)
y gustaba rodearse de adulones e incapaces. Hoy la deducción es fácil: Lorenzo
Miguel, –a quien Alfonsín en realidad fortaleció dentro del peronismo, al
obligarlo a solidarizarse con el sindicalista de Villa Lugano– sería el fascista
más representativo (puesto que el pacto militar–sindical, según don Raúl, ya es
muestra clara de corporativismo) y, además, como casi todo peronista, resulta
incapaz de gobernar para el país.
Por extensión, como nadie supone que Miguel será el candidato presidencial,
ningún postulante peronista apoyado por las "62", por Isabel o por cualquier
sector que el astuto calificador morado juzgue como "derecha" peronista, habrá
de ser admitido como presidente a la hora de votar en el Colegio Electoral. Más
claro, echále agua.
6. Democracia, mayorías y reglas de juego
A partir de los primeros días de junio, y acompañando sorpresivas y contundentes
victorias en las elecciones de la interna radical (Chubut, Río Negro), las
baterías alfonsinistas centraron sus disparos en la columna vertebral del
peronismo: la clase obrera organizada y sus estructuras sindicales. Desde
Alfonsín y Storani hasta el máximo dirigente de Renovación y Cambio en Río
Negro, –tras conocerse su triunfo sobre balbinistas y leonistas aliados para la
interna– extrajeron del desván de las viejas pullas gorilas sus apolillados
calificativos: "matonismo en los sindicatos", "verticalidad antidemocrática",
"corporativismo entronizado", "oligarquía sindical" y, finalmente, el broche más
esclarecedor; "en las elecciones del mes de octubre, las fuerzas de este
movimiento democrático, nacional y popular –los radicales todos– derrotaremos al
totalitarismo" (Osvaldo Alvarez Guerrero, entrevista por Radio Rivadavia en la
madrugada, el 20 de junio, a las 0:15 hs.).
Aquí, como en el caso de la represión del Proceso, no se puede hablar de excesos
ni de equivocaciones circunstanciales; se trata de una política consciente y
deliberada, cuyo objetivo parece ser la capitalización de los remanentes gorilas
del radicalismo y del electorado en general. Así, Alfonsín compite con Manrique
y Alsogaray en el mercado de los votos "contreras". Esta táctica, de incierto
resultado electoral conduce obviamente a una polarización que no perjudica
inmediatamente al peronismo, pero sí a la futura unidad para la reconstrucción
del país luego de febrero de 1984, más allá de su intrínseca infamia
calumniadora.
El peronismo es democrático, no sólo por su vocación y condición mayoritarias
sino porque está dispuesto, tal como lo vienen afirmando sus dirigentes más
representativos, a respetar las reglas de juego político y a respetar a las
minorías, de cualquier índole, siempre y cuando esas minorías respeten a su vez
aquellas reglas de juego y no identifiquen intereses espurios con los intereses
de la Nación o con sus derechos de ciudadanos libres y responsables. En suma:
"dentro de la Ley, todo".
Queremos plantear aquí cuatro acotaciones, que se desarrollarán en este número
de Unidos y en los próximos:
1) Así como la unidad en el campo del pueblo no es asunto de la marinería, la
democratización sindical y el ejercicio necesario de la confrontación de los
dirigentes con sus bases no es asunto de quienes, como dirigentes políticos de
un partido de sectores medios, estudiantes, profesionales, industriales y
estancieros bonaerenses, utilicen una verdad parcializada para calificar al
movimiento popular de liberación como "fascismo" o "totalitarismo". Manejar el
sindicato de conductores de locomotoras no autoriza a impugnar a la dirigencia
sindical peronista desde las tribunas comiteriles, como no lo autorizó en el
73–76 el buen manejo de una metralleta o desde el 76 el manejo discrecional de
todos los resortes del aparato estatal, con apoyo del uso indebido de aviones,
barcos y tanques. Todos los argentinos tenemos derecho a opinar. También podemos
hacerlo sobre el sindicalismo y sus características. Pero las declaraciones
públicas de dirigentes del nivel de Alfonsín o Storani implican una enorme
responsabilidad, que debería haberles impedido usar la opinión "standard" de la
clase media como arma contra dirigentes peronistas, identificando aspectos
parciales y deformaciones de incumbencia de la clase trabajadora, con
caracterizaciones como las de "fascismo" o "totalitarismo", que suponíamos
archivadas para siempre.
2) En 1963, se impuso en elecciones nacionales, con el peronismo proscripto, el
Dr. Arturo H. Illia. Sacó el 25% de los votos emitidos... El radicalismo había
participado meses antes de la Asamblea de la Civilidad, con el peronismo, los
radicales intransigentes y los comunistas. Todos se comprometieron a no aceptar
elecciones con proscripciones. El partido UCR del Pueblo, –el de Balbín, Perette
e Illia, y también el de Alfonsín, electo diputado nacional por Buenos Aires–,
participó, aprovechó su débil primera minoría y, lejos de convocar a nuevas
elecciones limpias, se quedó en el gobierno. Buen antecedente para la
problemática de Gregorich y Enrique Vázquez cuando hablan de opción
"democracia–antidemocracia" y colocan a Illia en el más elevado nivel de
honradez, conducta democrática y probidad intelectual. Desventajas de
desempolvar viejas polémicas y antinomias. Recuerdan que Vandor y Alonso
dialogaban con los golpistas del 66 y se rasgan las vestiduras. Pero sufren de
amnesia sobre el origen espurio de su gobierno "constitucional", así como
olvidan la reiterada participación de figuras radicales en gobiernos de facto
(como la Libertadora, Mor Roig en el gobierno de Lanusse; Embajadas del
"Proceso").
3) El peligro mayor reside en la ruptura del entendimiento nacional, gestado y
consolidado por Balbín y Perón. La Hora del Pueblo, la congoja pública de Balbín
ante la muerte de nuestro líder, la común resistencia ante el golpe de Videla y
Massera, la Multipartidaria, todo queda en aguas de borraja. Los adversarios
leales y respetuosos, unidos en el acatamiento de las reglas del juego político
y en la perspectiva de una difícil tarea de recuperación nacional tras las siete
plagas del Proceso, comienzan a tratarse como acérrimos adversarios, emisores de
denuestos y receptores de ofensas y agravios, en una escalada que, de no
frenarse, desembocará en la enemistad. Si así sucediera, los ideólogos y los
estrategas electorales del alfonsinismo habrán de ser incluidos en la lista de
los profetas del odio y de los mariscales de las derrotas nacionales.
7. Verticalismo y candidaturas.
4) ¿Y por casa cómo andamos? ¿Todo tan bien como para que nos ocupemos
exclusivamente de los desaciertos del partido militar y las acusaciones
electoralistas del sector más dinámico del radicalismo? Sin duda que no. Ninguno
de nosotros ignora el esfuerzo que significa afrontar el desafío de la pérdida
sufrida el 1° de julio de 1974. Pero la experiencia de estos nueve años,
fuertemente traumáticos por el deterioro de la Nación en todas sus instancias,
ha servido para sedimentar las turbulencias originadas por una ausencia
irreparable. Y el presente, aún con la pesada carga de los problemas a resolver
en el movimiento y en el país, nos permite una esperanza, que habrá de
consolidarse con el esfuerzo del conjunto en esa lucha, la lucha política de la
que Perón afirmaba "renunciar a ella es renunciar a la vida".
A pesar de los regocijados análisis agoreros que, desde afuera del peronismo,
pronosticaban una serie negra de enfrentamientos internos y fracturas
definitivas, el Movimiento Peronista transita con suficiente madurez y armonía
el camino de la reorganización. Para asombro de propios y extraños...
Ello se debe al fortalecimiento de un polo de poder interno que sintetizó la
heterogeneidad de intereses que habitan en el justicialismo. La franja del
autodenominado "verticalismo" ha configurado a través de sus estructuras
orgánicas (Partido, "62" y CGT–BRASIL) un sólido referente para evitar o superar
desencuentros y luchas estériles.
Todo lo periférico, lo "intransigente" o lo cualitativamente diferente a ese
nuevo respeto institucional es minoritario o perdedor. No podemos negar que, por
su parte, Lorenzo Miguel, al controlar progresivamente la estructura sindical,
se ha convertido en la figura que concentra la mayor cuota de poder en el seno
del Movimiento. Sin embargo, esta realidad va a ser puesta a prueba cuando el
Peronismo tenga su candidato oficial al partido y a la presidencia. Allí,
"nuevos" hombres comenzarán, a partir de sus flamantes investiduras, a pelear el
espacio propio y necesario y a poner límites al ajeno.
Cabe destacar que muchos de los ingredientes que se manejan al discutir las
posibilidades de los distintos precandidatos no parecen siempre coherentes con
las necesidades de la etapa. Se ha superado la época en que –al decir de
Napoleón– "el Hombre lo era todo"; comienza la era organizativa del Peronismo.
Todos manejamos –casi abusivamente– frases de Perón tales como "sólo la
organización vence al tiempo (la Muerte)" o "mi único heredero es el pueblo".
Pero muchas veces no somos conscientes de su desafío y de su vigencia en la
actualidad, así como hay algunos que confunden organizar con estructurar y
consolidar "orgas" aparatistas y otros que desprecian las estructuras naturales
y preexistentes para postular basismos de largo plazo, de alcance milenario.
Ante las deformaciones parcializantes, es preciso reiterar que el rescate y
puesta en vigencia de las banderas históricas, la reconstrucción de la mística,
la actualización teórico–doctrinaria y el programa concreto y viable, son los
componentes indispensables de un peronismo transformador y triunfante.
Tal desafío relativiza, en buena medida, la importancia "del hombre" que haya de
elegirse. Porque, sea quien sea el candidato de la franja verticalista, ninguno
de por sí (Luder, Cafiero, Bittel) puede "perder" o "salvar" al peronismo. Pero
cualquiera de ellos habrá de ser el mejor candidato si el "personalismo" se
articula con un dispositivo orgánico englobante, que los trascienda y en el cual
radique la fuerza sustancial del Movimiento.
Sus diferencias de matices no alcanzan para que pueda hablarse de proyectos
diferentes o de alternativas decisorias para el destino del peronismo. En
cambio, es fundamental la composición global del horizonte directivo, o sea el
conjunto de hombres que tengan la enorme responsabilidad de conducir un
peronismo victorioso. Con una concepción unificada y revolucionaria que se
articule con formas eficaces de ejecución, como garantía de la recreación y
consolidación de un nuevo sistema de poder.
Por ejemplo, tanto la militancia "luderista" como el activismo del MUSO (Mov. de
Unidad, Solidaridad y Organización) y sus principales aliados o correlatos en
cada provincia argentina, coinciden en lo sustancial de sus concepciones
estratégicas y en la caracterización de la etapa actual. Ambos basamentos
políticos reconocen que en el presente y en el futuro inmediato deben rescatarse
la democracia y la estabilidad institucional, para arraigarlas definitivamente
en el país; y que, a partir de allí, consolidado el marco
político–institucional, habrán de profundizarse los contenidos globales y
específicos de la nueva Argentina.
Por otra parte, y entrando en el terreno de la metodología o forma de elección
del candidato oficial del movimiento peronista, es preciso reconocer la
legitimidad de que surja de un acuerdo entre los dirigentes más representativos
del justicialismo, para luego ser puesto a consideración del Congreso Nacional
Partidario. Pero esta fórmula debe implementarse luego de las elecciones
internas, o sea, después de conocer cuál es concretamente el peso político y la
apoyatura real que los postulantes tienen en la base peronista.
De lo contrario, si el "arreglo" se produce antes de conocerse los resultados de
la interna, se estaría subestimando la compulsa electoral, debilitando así la ya
menguada democracia interna e intentando condicionar, a través de algunos
hombres "fuertes" o "aparatos" al futuro presidente de la Nación.
Por eso es necesario que el peronismo combine la ecuación democracia–acuerdo:
del primer término se desprende la renovación y con el segundo se evita la
amenaza disgregadora. Ambos elementos habrán de integrarse equilibrada y
simultáneamente pues –al contrario de lo que algunos suponen y temen– no se
anulan sino que se potencian y contribuyen a mantener el difícil equilibrio
entre la conservación y la renovación. Que luego habrá de expresarse, en el
país, en el juego dialéctico y necesario entre Tradición y Revolución.
Acerca de la nueva dimensión que toma el verticalismo, con sus connotaciones
históricas, tal vez sea útil aclarar que lo "nuevo" es la "verticalidad
institucional", o sea el reconocimiento de las estructuras más allá de los
hombres que eventualmente las conducen. Probablemente, algunos sectores
interesados en confundir las nuevas circunstancias querrán equiparar el
verticalismo de Perón con otro verticalismo, personalizado en una figura
sucesora. Esta interpretación, repetitiva de lo irrepetible, no producirá otro
efecto que postergar peligrosamente la tarea de dotar al peronismo de una
auténtica figura política que cierre la etapa de los conductores absolutos y
abra la senda de la organización. Esa de la cual hablaba Perón, que vence a la
inevitable muerte de los organismos humanos.
Seríamos falsamente optimistas e ingenuos –pintando la versión rosada del
peronismo contemporáneo –si omitiéramos explicitar que, aunque minoritarios,
algunos entre los peronistas juegan el partido del desencuentro nacional. Los
instigadores de la desunión nacional también operan entre los límites flexibles
pero no inexistentes del territorio peronista. Habitantes de las zonas oscuras
del movimiento –nuestras zonas erróneas–, "ultras" y "orgas" echan sus leñitas
al fuego. No los sobreestimemos pero tengamos en cuenta los peligros de su
accionar. Acostumbrados a "tutearse con el enemigo" –el verdadero enemigo– o a
"sacar los pies del plato" fueron descalificados unos y expulsados otros por
nuestro Conductor. Están aislados –por sus propios proyectos– del pueblo
peronista y del conjunto de nuestras formas organizativas y de conducción.
Extraen sus beneficios del "capital" ajeno –el de la aplastante fuerza política
y organizativa de la doctrina justicialista, de la figura de su Conductor, y de
la inequívoca memoria histórica de las masas– y en eso se parecen tristemente a
los beneficiarios de la patria financiera.
Trabajemos, pues, para derrotar a la patria financiera y a sus émulos, recreando
y consolidando el poder popular que nos conduzca a la Patria justa, libre y
soberana, la Patria de los argentinos.
Fuente: Revista Unidos N° 2 de julio de 1983
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