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LUIS MATTINI
Ex dirigente del PRT-ERP, autor de "La política como subversión" y "Hombres y mujeres del PRT-ERP". VER CURRICULUM

Macri, el gobierno, la izquierda y otros engendros

Luis Mattini considera que Macri es peronista, que los dilemas electoralistas planteados por el gobierno fueron falsos, y que el sistema representativo está liquidando la vida democrática. Charla con lavaca sobre Carrió y La Nación, la frivolidad y las carteras de Cristina, la izquierda y el absurdo, tras la elección porteña que tuvo el más bajo porcentaje de votantes de la historia. Propuestas sobre otros modos de pensar la democracia.

Luis Mattini, a quien el documento de identidad se empecina en denominar Arnold Kremer, está asombrado con el porcentaje de votantes de la segunda vuelta electoral del domingo último. Representa no sólo el más bajo índice de votantes en todas las elecciones a jefe de gobierno que hubo hasta ahora, sino también el más bajo de toda elección presidencial o hasta legislativa desde que se volvió a votar en 1983. Según los datos oficiales, alrededor del 32 % no concurrió a votar, y poco más del 6 % votó en blanco o anuló su voto. Por eso, puede deducirse que a Macri en realidad lo votaron el 37 % de los habitantes de la ciudad, y a Filmus el 25%, lo cual es muy poco impresionante para hacer tapas de diarios e ingenierías políticas.

Pero la percepción de Mattini agrega otro elemento: “Ni siquiera esos que votaron se sienten representados. Se vota por el mal menor, y eso termina liquidando a la democracia”. Cree, además, que a la democracia hay que considerarla como una acción, no como una situación o como una institución estática, y llega a la conclusión de que –desde ese punto de vista- esta es una de las épocas con menor nivel de democracia activa que le ha tocado vivir.

Mattini es autor de varios libros (Hombres y Mujeres del PRT, La política como subversión y El encantamiento político, de los revolucionarios de los ’70 a los rebeldes sociales de hoy, entre otros) que proponen modos de análisis de la política muy diferentes a los convencionales. Postula que estamos viviendo una crisis civilizatoria donde ya están latiendo los embriones de un enorme cambio social –a la vez imposible de predecir-. En 2006 publicó Los Perros (también sobre Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Revolucionario del Pueblo) y está por editar una segunda parte dentro de unos meses. Después de la votación que ratificó a Mauricio Macri como jefe de gobierno porteño, Mattini conversó con lavaca

-Para mi el gobierno apunta a un mito de Buenos Aires, que es el progresismo, que no me parece que sea una mayoría. Hay gente con prácticas sociales progresistas, que se divorcia, tolera a los homosexuales, quiere libertad en el arte y se preocupa por la cultura y la educación, pero a la vez es gente conservadora, al estilo: que roben, pero que hagan.

-El gobierno relacionó a Macri más con la derecha y hasta con el fascismo.

-Se dedicaron demasiado a demostrar lo malo que es Macri, y no lo buenos que son ellos. Eso trae problemas, porque hasta uno como yo, que rechazo a Macri por piel, terminé viendo ridículos todos los cartelitos con las maldades de Macri. Y no se puede decir que sea Pinochet o Hitler. No uno de esos enfrentamientos históricos en que tenés que cerrar la boca porque se viene el protofascismo. Macri es peronista...

-¿...?

- Sí, Macri es peronista, se hizo con el peronismo. Está claro que no tiene ideología, pero socialmente, históricamente, está vinculado con el peronismo, ha manifestado sus vínculos con Menem. ¿O se olvidan que en el macrismo hay peronismo, como hay con Telerman? Entonces la cosa no está blanco y negro en ese sentido. También lo puedo ver como un liberal de derecha, pero justamente eso muestra lo que es la política hoy en día. Para mi gana por el desastre que son los demás. En ningún caso me parece que se trate de ese dilema entre democracia y fascismo.

-Y si lo era para el gobierno, ¿por qué dividir a los votantes entre Telerman y Filmus en la primera vuelta?

-Si tenías el deber histórico de combatir ese enemigo fundamental, no tendrías que haber hecho semejantes maniobras, la campaña sucia y todo lo demás, que demuestran que la cosa no era tan así.

-¿Y qué es hoy en día la oposición?

-Una demostración del engendro que es la política. En el ARI puede haber gente interesante, la muchacha que ganó en Tierra del Fuego (Fabiana Ríos, primera mujer que gana una gobernación en la Argentina) viene del socialismo rosarino, y tiene poco que ver con Elisa Carrió y sus convicciones. Ni sé cómo están juntas. Carrió está cada vez más a la derecha, se nota en su discurso republicanista gastado, sus posiciones con Hugo Chávez (presidente venezolano) y ese tipo de cosas. Parece el diario La Nación: no estoy diciendo ningún exabrupto. Y ni hablar de su fundamentalismo religioso. No tengo nada contra lo religioso, pero hay formas y formas.

-¿Qué opina de la performance de la izquierda?

-La izquierda tiene una politica absurda. Me dicen que critico más a mis hermanos de la izquierda que a la derecha, pero la izquierda repite siempre lo mismo, se mete en una lógica del sistema representativo que no sirve para nada, porque no puede producir ningún tipo de transformación por esa vía. Pido que no me pongan el cuchillo en la garganta de decir si prefiero la dictadura, porque es obvio que no digo eso. Estoy criticando un absurdo. La izquierda tiene que entender que la política no pasa por el aparato administrativo del Estado, y sus instituciones llamadas “políticas”.

-¿Por dónde pasa?

-Todo lo bueno, lo novedoso, por poco que sea, no pasa nunca por el aparato del Estado, salvo que sea presionado. Las cosas interesantes y nuevas ocurren en Gualeguaychý, Esquel, Famatina, Chilecito, las fábricas recuperadas, muchas de las cosas que ustedes reflejan (referencia a lavaca y Mu). Pero la izquierda ¿qué hace? Un desgaste terrible para meter un diputado que no sirve para nada, no porque sea buena o mala persona, sino porque ¿qué puede hacer? Patricia Walsh se lleva el honor de haber propuesto la derogación de la Ley de Obediencia Debida, pero para eso había todo un acuerdo previo del oficialismo para votar la ley. Tiene mérito la propuesta, pero no se ve que pueda ir mucho más allá.

-Pero en la campaña los partidos plantean propuestas.

-Yo creo que tendrían que sincerarse: se presentan para financiar el aparato del partido. Tenés un diputado, te dan una secretaría, lográs un lugar en el Estado, algunos recursos para tus funcionarios. Una vez Alberto Piccinini (sindicalista metalúrgico que llegó a la Cámara de Diputados) me dijo: “para lo único que servimos como diputados es para darle una mano a los compañeros que están luchando”. Pero eso es de una sinceridad total y en casos como el suyo, que son absoluta minoría.

-Parlamentarios que no parlamentan, legisladores que no legislan.

-Las fábricas recuperadas son una experiencia de las más interesantes en lo que uno puede pensar como verdadera acción política. Plantearon una reforma a la Ley de Quiebras que es de la época de Martínez de Hoz y favorece a todos los empresarios vaciadores. La ley está trabada en el Senado. Si no hay alguna trenza, no sale. Entonces, ¿cuál es la política? ¿La de los trabajadores, o la de los senadores? Lo mismo se ve en movimientos sociales, de base, que aparecen como parciales pero terminan condicionando a las instituciones. Es el caso de Gualeguaychú, que con un movimiento heterogéneo condicionó la política de dos países y hace temblequear al Mercosur. Eso es politización. Ahí se vuelve a equivocar la izquierda, que cree que hay que cortar el puerto para apoyar a Gualeguaychú. Los porteños tendrían que cortar el puerto por lo que pasa en Buenos Aires, por el Riachuelo y por una lista de calamidades ambientales que posiblemente sea diez veces más grande que la de Gualeguaychú.

-¿Y cómo cree que queda el kirchnerismo después de la elección?

-Yo no soy ducho en estas cosas de la ingeniería política. Parece una cosa universitaria eso de “ingenería”.

-Antiguamente la referencia era más artesanal: la rosca.

-O la trenza. Lo sintomático es que el Frente para la Victoria no gana casi ninguna elección. Los que ganan son sus aliados K. Para mí el kirchnerismo padece uno de los errores más graves que los setentistas podemos reconocer: el pecado de la soberbia. Yo me tengo que hacer esa autocrítica como integrante de esa generación, pero el gobierno está ensoberbecido como si se olvidara que llegaron de casualidad.

-¿En quién piensa al hablar de soberbia?

- En Kirchner, por supuesto, y en el kirchnerismo en general, el progresismo, mis viejos compañeros que no se dan cuenta dónde están parados. Otra vez, es como que tenemos agarraod a Dios no sé de donde, y todo montado en entelequias. No le quito el mérito a Kirchner de transformar esa casualidad en una posibilidad real. Pero para mí está montado en dos andariveles que se agotan. Uno, el de los derechos humanos, del que se está haciendo un mal uso. No desconozco méritos a lo que se hizo, aunque me cansa un poco tener que aclararlo siempre, pero a la vez nadie habla de los derechos humanos actuales, violaciones permanentes, que hacen que todo lo del pasado se transforme al final en una caricatura. Y ojo, que muchos de estos progresistas porteños, si tienen que poner en la balanza los derechos o alguna molestia económica, se olvidan de los derechos en un segundo. Y la izquierda cayó en el mismo mal uso de los derechos humanos, porque su única consigna parece ser esa.
La otra cosa sobre la que se montó el gobierno es la bonanza económica, que le permite un manejo de una masa de dinero impresionante, con planes de contención y demás. Pero las bonanzas económicas vienen y se van. No dependen de la voluntad del que gobierna.

-Pero ¿cómo observa la cuestión económica?

-El sistema productivo está montado en tres aspectos relacionados con la tierra. Combustibles, minería y agricultura. Y eso se derrumba cuando cambian los precios internacionales. Y aunque no se derrumben, ese modelo es una fábrica de pobreza por definición.

-¿Por qué?

-Al tener cada vez mayor necesidad de tierra, y más ahora con los agrocombustibles, expulsan a más gente, la empujan a las ciudades. Tampoco las ciudades engendran una producción industrial hacia el mercado interno que sea –como suele decirse- sostenible. Por eso hay una parábola. El modelo productivo basado en el uso intensivo de la tierra es equiparable al 1 a 1 de Menem. Se cae, y no sé donde vamos a ir a parar.

-Pero el gobierno se presenta como lo opuesto al menemismo y al neoconservadurismo.

-Yo no digo que todo es igual, ni que cuanto peor mejor, lo que digo es que por favor me demuestren que se ha transformado algo en el sentido que uno quiere la transformación. Ojo, Menem también transformó, hizo autopistas, Puerto Madero, edificios. Pero este modelo está destruyendo bases económicas reales. Producimos cada vez menos alimentos, y más forrajes para los chinos o los europeos. Por plata. Pero así se crea dinero, no riqueza. Se puede ver clarito en Santiago del Estero. El gobernador actual (Gerardo Zamora) es mejor que el nefasto Carlos Juárez, pero la dinámica económica avanzando sobre la frontera agrícola, hace que los campesinos estén cada vez peor, por más que Juárez ya no esté.

-El gobierno exhibe cifras sobre baja de la desocupación y la pobreza.

-Puede haber un coletazo de un crecimiento debido al consumo (autos, departamentos) y a la especulación (grupos inversores poco claros), no a lo productivo. Pero el 50 % de los trabajadores está en negro, los niveles de pobreza son enormes, la brecha entre ingresos es cada vez mayor, cosa típica de país conservador. No se rompe con el mercado internacional, ni con la lógica actual, y en ese sentido digo que la diferencia entre Macri y Kirchner no es tanta.

-Volvimos a Macri, modelo del resurgimiento de las ideas de seguridad, mano dura, criminalización de la pobreza y la protesta.

-No me cabe duda sobre que tenga mayores intenciones represivas. (Se ríe) Si uno es federalista, tiene que sostener que la policía debe estar dirigida por cada provincia. Pero ahora prefiero y me alegra que no se la den a Macri. De todos modos, esto me hace acordar a cuando iba a subir Menem, había amigos que decían “va a haber progroms (persecuciones sistemáticas a los judíos) en las calles de Buenos Aires”. Y resulta que Menem terminó apretando por el lado que menos esperaban todos: el Estado de Derecho. Con eso reventó a medio mundo. Sobre Macri, tampoco creo que sea tan fácil reprimir a los piqueteros, barrer a la Villa 31. una cosa es la intención, y otra la correlación de fuerzas. Telerman no metió las topadoras porque no pudo. Que gane Macri me parece que a uno lo afecta sobre todo psicológicamente: más de lo mismo.

-¿Qué puede pasar en octubre?

-Yo supongo que esto le cambiará algún plan a Kirchner. Soy de los que opino que si se presenta Cristina, no gana las elecciones. Pero es una percepción seguramente discutible. Yo creo que pierde. Para mí es la expresión de la frivolidad extrema, cosa que no es Kirchner. Que Cristina se cuelgue carteras que valen lo mismo que un departamento es una obscenidad. Siendo funcionaria pública, senadora, aunque lo haya pagado de su bolsillo. Mucha gene lo percibe. No es Eva Perón, que e cargaba de joyas como una revancha de los pobres.

-¿Quién le ganaría de los actuales opositores?

-Bueno, por eso decía que todo esto es discutible, porque tampoco hay quien se le oponga. Pero insisto, estas ingenierías me parecen lo menos importante. La cuestión de fondo es que este modelo productivo sigue siendo el que creó Menem, continuado por la Alianza y ahora por Kirchner. Nadie modificó nada, salvo la cuota de retención a los exportadores para manipular los planes sociales.

-¿Qué cosas le darían la impresión de que existe intención de realizar un cambio?

-Muy a la ligera, le tomaría la palabra al gobierno con lo que dij que iba a hacer, un plan nacional de transporte que permita qu elos ferrocarriles vuelvan a todas partes. Un plan de salud en serio. Que se vaya a fondo en la cuestión de la educación. Esto para mí incluye dar vuelta a la Universidad, que es la mayor productora de mucha de la canallería actual, por el modo en que manipula el conocimiento y el pensamiento en el área científica y en la social, para que todo siga como está.
Otra cuestión sería poner un coto muy férreo del Estado sobre los elementos productivos que tiene el país. El petróleo es obvio: Pino Solanas ya lo ha explicado largamente. La cuestión de la minería es de una gravedad absoluta, y nadie habla ni debate ni informa del tema, salvo las asambleas y medios que se interesan por estos temas. Las leyes mineras de la época de Menem tendrían que ser quemadas, son lo más criminal que hizo ese gobierno. Entonces uno dice ¿qué pasa señor presidente, por qué no anula esas leyes escandalosas, si usted no es un neoliberal? Cuando se ve lo que están haciendo en la Cordillera, se te achica el corazón.

-¿Y dónde hay que buscar esos signos de vitalidad de la política que usted menciona?

-Una paradoja es que a lo mejor el progreso proviene de quienes resisten al progreso. Hay muchas asambleas que en la propia Cordillera se oponen a las mineras, ya hablé de Gualeguaychú, Esquel, son pequeñas y múltiples experiencias que muestran formas nuevas de política. La política no es lo que se ve en televisión. La ecología ya no es un problema de gordos europeos, es un tema de vida o muerte para nosotros. O las fábricas recuperadas, o cualquier intento por dar vuelta y revisar todo lo que hace la Universidad.

-¿Se trataría de una democracia participativa?

-No me gusta esa idea, o en realidad no me gusta la idea de ponerle a algo un sello. Digo: “Democracia participativa” y parece que encontré la solución y se cerró el problema. Me parece espantoso por ejemplo que la Universidad ni piense en estos temas. Que no pueda salirse de la lógica democrática para criticar a la democracia. Yo entiendo a la democracia como verbo, como acción. Hay que hablar de acción democrática. Si uno le agrega el adjetivo “participativa” parece que resolvimos el problema. No me parece mal, lo que me parece mal es creer que es una fórmula cerrada que resuelve el asunto. Tampoco estoy diciendo que esos ejemplos como Gualeguaychú sean otra solución, sino interesantísimos campos de experimentación para pensar los cambios y también los problemas de estas formas.
Para mi la democracia no es siquiera un estado institucional, que puede ser muy poco democrático. Democracia no es votar. Votar es un acto pasivo de elegir a alguien que haga las cosas. Democracia sería decir: hagamos las cosas nosotros. Por supuesto, habrá personas, funcionarios, pero de los problemas nos hacemos cargo todos. Lo que no hay que pensar es que todo, la democracia, como antes se quiso hacer con el socialismo, se puede planificar de antemano. Lo peor que tuvo el socialismo fue pensar que se podía planificar todo. La democracia para mi es lo contrario: es acción.

-¿Y hoy?

-Para mi es uno de los momentos de menor acción como vida democrática, salvo la época de la dictadura de Videla. Pero hasta en dictaduras más blandas, como la de Onganía, los sindicatos actuaban, había movlizaciones, la gente se reunía, discutiba, creaba situaciones, organizaciones, creaba cultura. Ahora uno nota una cosa más declamativa, pero no real. De todos modos insisto en que hay cantidad de experiencias que vuelven a mostrar la política como acción y que rompen la peor lógica de este sistema representativo: la pasividad.

Fuente: lavaca.org, 25/06/07


Pornografía de la miseria o miserable pornografía

Por Luis Mattini

Sea cual fuere la valorización que se tenga del gobierno actual, de simpatía u oposición, el hecho que Julio López siga desaparecido sin rastros debería no dejarnos dormir tranquilos, por así decirlo, porque si bien los males sociales son muchos, pobreza, bajos salarios, carestía, carencias de todo tipo, y la larga lista, no todas las personas parecen suficientemente cristianas como para conmoverse por el dolor ajeno. Pero esto es diferente, la sabia expresión "uno sólo es suficiente" se nos vino encima. El fantasma se ha materializado, se ha hecho realidad y esta frase se contrapone a la todavía en boga "por algo será". Además se puede parafrasear todo lo acuñado por los artistas durante siglos de represiones, las que no por conocidas están gastadas ni mucho menos: "primero se llevaron a López, pero yo no era López", "Sentir en el propio rostro el secuestro de López". Sin embargo, es alarmante cómo a la falta de decisión política y energía del gobierno para ir a fondo en la investigación, le corresponde una indiferencia generalizada, una especie de "naturalización" del hecho. Yo no soy ningún timonel para decir con claridad operativa todo lo que el presidente de la Nación y nosotros deberíamos hacer frente a la gravedad de este "caso". No obstante ello, estoy convencido que no existe gobierno alguno que pueda "naturalizar" algo sin determinado consenso, consciente o inconsciente, de la población. Cierto es que se han hecho movilizaciones para exigir al gobierno nacional, –actitud tan obligada como elemental–. impulsadas por decenas de micro organizaciones a las que nos hemos sumado sin parar mientes que el volumen de las banderas era mayor que las personas que las portaban. Lástima que con demasiada frecuencia tal reclamo y tales actos, vienen pegados a la manipulación política o a la pequeña reivindicación sectorial, pro gobierno o contra gobierno, y ello le quita potencia, sinceridad y contundencia. Es precisamente esa manipulación, esa utilización inescrupulosa, ese amarillismo de "izquierda", de centro o de derecha, –que reemplaza con la denuncia de la desaparición de Julio López, la falta de ideas frescas, originales–, el punto en que gobierno y oposición coinciden, de hecho, para naturalizarla. Desde el poder, o bien por impotencia o bien porque es la señal de la espada colgando, "no se pasen de la raya porque vean lo que les puede pasar", y desde esa mezquina oposición porque es la justificación a su pobreza política. Hablando con crudeza, pareciera que a ninguno le "interesa" la aparición de Julio López, pues se terminaría tanto la amenaza como la justificación.

Empecemos por afirmar que es al menos desubicado, por decirlo suave, reclamar la aparición de Julio López detrás de una justa protesta por un aumento salarial y una lista de demandas del orden sindical o social. Y encima gritando frente a una cámara: "Porque los compañeros lucharon por nosotros". No muchachos, aclaremos las cosas, lucharon por ustedes sí, por las futuras generaciones, pero no para que un celular y una filmadora reemplacen al sujeto por la imagen; los setentistas no lucharon por un aumento salarial o por más hospitales y más escuelas; para eso está el sindicalismo, luchamos contra el salario; por una revolución en la que imaginábamos una sociedad no de mejoras sino de eliminación del salario, no más hospitales sino menos enfermos, no más escuelas sino dar vuelta como un guante toda la concepción educativa que se emancipe de las necesidades de la producción, de la lógica estatal y de la teoría del conocimiento de la burguesía que nos impregna. Sobre todo contra la separación entre trabajo manual e intelectual, fundamento de la sociedad clasista. Si no se entiende este espíritu, esa diferencia de calidad, esa radicalidad por la que valía la pena dar la vida por la vida, vamos a seguir dando empleo de cientos de analistas que hoy se empeñan en "demostrar" la "pulsión de muerte" del Che Guevara y los setentistas.
Y claro, sobre esa base de sujetos humanos peleando y no de imágenes, apoyábamos e impulsábamos todas las reinvidicaciones por las necesidades inmediatas de la población, como parte de ese horizonte muchísimo más ambicioso.
Una legítima manifestación de protesta y exigencia por Julio López podríamos imaginarla como en esa foto del 19 de diciembre. Miles y miles de personas de diversas identidades, sin otra bandera que la nacional y aún así ésta muy discreta, porque el patriotismo y el espíritu solidario no necesita emborracharse con colores, para colmo desteñidos. Salir a la calle –o la forma de lucha que a Ud. se le ocurra, bienvenida sea la iniciativa– sólo por Julio López bajo una única consigna: "Todos somos Julio López ".
En cambio tenemos la Biblia y el calefón. La cuantificación de los problemas sociales sin cualificación es la mejor manera de diluirlos, de "naturalizarlos" y desnaturalizarlos. Efecto de la sociedad de consumo, del credo cuantitativo y estadístico que cautiva a progresistas y "revolucionarios". Como en el supermercado, como en la televisión, como en la mayoría de la exposiciones de arte actuales, como en la historiografía chatarra, todo es igual, nada es mejor, un bife de chorizo o una hamburguesa de soja transgénica, lo mismo una "instalación" de cajitas de cartón compradas en Jumbo que un óleo de Antonio Berni, el trazo sublime de Carlos Alonso mezclado con las figuritas dignas de Billiken de León Ferrari, Tulio Halperin Donghi tomando mate con Felipe Piña, Evita con Cristina. Todo tiene igual calidad y jerarquía. Lo aleatorio y lo estadístico. Un crimen pasional con los crímenes sociales. Un secuestro extorsivo con fines de lucro con un secuestro por causas políticas. La salud de Maradona con el mal de chagas o el sida. Un incendio en una discoteca y sus dolorosas consecuencias, con el genocidio del terrorismo de Estado. Un presidente que disimula su fragilidad con el autoritarismo de un César "justo", con la dictadura más espantosa de que se tenga memoria.
Desde luego, que las personas que sufren directamente la pérdida de un ser querido expresen su dolor y peleen con las armas a su alcance, de la forma que fuere, es comprensible y justo, merecen toda nuestra incondicional solidaridad en la lucha por el esclarecimiento y la justicia. Sobre el dolor no se pueden establecer calidades; el territorio del dolor es sagrado y merece todo nuestro respeto sea cual fuere su origen.
Pero eso no tiene nada que ver con la mezquina manipulación disfrazada de solidaridad de modo tal que, oh! milagro, la derecha, el centro y la izquierda, todos coincidimos en repudiar los hechos, casi con las mismas palabras.
Hasta aquí nada novedoso como descripción: Cambalache. Veamos si podemos hacer una aproximación a la comprensión del fenómeno, más allá de sus explicaciones "de última instancia" dadas por la disciplina económica.
Esa pérdida de cualidad en la visión de los problemas sociales, esa composición de la totalidad como un mosaico veneciano trucho, como una simple yuxtaposición cuantitativa de hechos, deja la paradójica consecuencia de su contrario: no relacionar lo particular como consecuencia de un asunto general. No entender la concordancia de las inundaciones y la pobreza con el modelo productivo, como si todo fuera sólo cuestión de buena administración municipal, de obras hidráulicas, sistemas de seguridad social y planes de emergencia para sujetar la maldad de la naturaleza. No vincular los siniestros de tránsito, una de las causas principales de muerte, sobre todo para los peatones, con el paradigma industrial y la cultura del automotor; no enlazar la escasez de energía y la falta de infraestructura pública en los barrios y las villas con la distorsión en el modelo de desarrollo, el despilfarro en autopistas iluminadas, shoping o urbanizaciones de lujo hacia el cielo.
Los ejemplos son al infinito, pero lo que quiero señalar es la persistencia –en nosotros, claro– de un modo de pensar, más allá de las simpatías políticas de cada uno. Un asombroso primitivismo de la razón, una opinología, un hablar al divino botón, un uso insensato de las palabras que, a veces, pretende sustentarse en el conocimiento "científico", entendiendo como tal un conocimiento balcanizado por los expertos, en compartimentos cada vez más parcializados y estancos. Una subdivisión hasta el infinito en disciplinas que están probando cada vez más ser un simple medio de vida: dicho en forma llana, una fuente de trabajo, en términos vulgares, un curro legal que se alimenta, –en el sentido metafórico y gastronómico–, de ingresos provenientes del mismo sistema productivo que analizan y a veces critican. La soja, la minería y la pulpa para papel nos da de comer señores, no le vamos a morder la mano a quien nos da de comer. Claro que esta no es una cosa sólo de los argentinos, cualquiera bien informado sabe que la burocracia de los organismos internacionales consume buena parte de la "ayuda" a los pobres, tal como aquí, los estudios para resolver los problemas gastan más que el monto necesario para su solución.

En su época constituyente, en la modernidad, en su necesidad de afirmarse como nuevo para liquidar las viejas formas ,el poder capitalista fomentó la superación del espíritu de aldea y el aprendizaje de la visión de conjunto. Para ello rescató la historia del pensamiento, la jerarquización de conceptos y cosas separándolas del mito. El sistema educativo laico y racional. La separación para el análisis para luego juntar en la conclusión totalizante. Pero hoy, en esta llamada posmodernidad, en esta época de sobrevivencia del capitalismo, –sobrevivencia de la cual no sabemos si es agonía, pero está claro que si se está muriendo, muere matando más que nunca–, este poder impulsa la actual simplificación del pensamiento, con el mito de "la era del conocimiento". La zoncería generalizada, (tomando prestada la expresión a Jaureche), la banalización de los problemas humanos por medio de los complejos resortes del poder, entre ellos la actual disciplina "comunicacional", a los cuales todos contribuimos, tal como contribuimos al desarrollo de una lengua.
A propósito de la manipulación de la lengua como medio de dominación, los ejemplos históricos son elocuentes, pero parece que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Para esta oportunidad tomemos dos: por un lado el de su constitución misma, como obra natural colectiva, como patrimonio de una comunidad que no se puede construir artificialmente por medio de legislaciones o decretos de un Dictador. En ese sentido la lengua sirve como analogía didáctica para comprender cómo se constituye el entramado del poder, entramado del cual todos somos parte. Y su otra cara, la distorsión artificial de la lengua con el objetivo expreso de lograr una ilusión de la igualdad entre los seres humanos, como si nombrar una situación de otra manera, de una manera supuestamente no ofensiva, eliminara la ofensa misma al hacer desaparecer, por arte y magia del lenguaje, la diferencia usada para insultar. Los llamados eufemismos. Yo, Luis, como muchos amigos saben, soy sordo, palabra bien clara, es decir soy diferente a las personas con audición media; tengo una disminución física, una menor "validez" de mi capacidad para escuchar; no soy "inválido", soy "minusválido" y ello me crea problemas de comunicación, y hasta de "discriminación". Sin embargo no cambia mi situación de sordera objetiva porque me llamen "hipoacústico", de la misma manera que a un manco le falta la mano por más que ahora se lo llame con ese vocablo (calco del inglés disabled) "discapacitado", sinónimo exacto del muy castizo minusválido. Me imagino como se reiría Miguel de Cervantes de estas zonceras criollas impuestas por la hegemonía lingüística anglosajona, si escuchara decir: "El discapacitado de Lepanto". Y ni hablar de lo que podría hacer el humor cordobés si supiera que ahora se debe rectificar el título de la novela de Andrés Rivera por: "Ese Discapacitado Paz".
Sin embargo la ilusión democratizadora más difundida por los genios de la comunicación, la que nos alcanza a todos, es el abuso del tuteo. ¿No entendieron que la diferencia entre el Ud. y el tú (para nosotros el vos) se creó en forma natural precisamente para discriminar? ¿No entendieron que es necesario discriminar, diferenciar lo existente? ¿No entendieron que en el lenguaje argentino y sobre todo en el porteño, la palabra "señor" fue resignificada por la población y ya no indica pleitesía sino poner distancia? Si yo soy delegado de mi sindicato yo discrimino entre mis representados y el patrón. A mis compañeros los tuteo, al patrón jamás, no por pleitesía sino por marcar nuestra distancia. "Disculpe, no soy ni de su misma clase ni de su mismo club, y a mucha honra, señor". Me veo obligado, como parte de mis funciones, a hablar con ese señor, pero ni lo tuteo ni permito que me tutee. Lo mismo ocurre en toda la vida social y política: Si yo soy entrevistado por Quique Pesoa nos tutearemos porque somos amigos o porque lo considero un compañero o porque está de este lado de la vereda, aun discrepando en el tema de la entrevista. Pero si acepto una entrevista de Mariano Grondona, soy el primero en poner el Ud. y el "señor", no como señal de supuesto "respeto", sino de distancia y no permitir que el señor Grondona me tutee, ello tanto con respecto a mi persona como al caso que estuviera representando a determinado colectivo.
Antes de meterse a artificiales cambios de hábitos lingüísticos, debería pensarse que la lengua, en tanto creación colectiva, es reflejo de la realidad subjetiva y material. No es cambiando la lengua como cambiaremos la realidad, sino al revés. Lo demás es parte de esa superstición llamada democracia. Nunca más oportuna la afirmación de Tocqueville: "En la democracia todos se creen iguales, pero no lo son"; ergo, en democracia todos nos tuteamos para creernos iguales.
Desde luego, los medios son los formadores directos de esta homogeneización funcional al mercado y obra del propio mercado globalizado. De eso se trata, de que la razón "de última instancia", la "base material", "la estructura", necesita la mediatización de la superestructura (para usar estas categorías marxistas hoy discutidas) y esos instrumentos mediatizadores no caen del cielo, están creados por personas formadas por el sistema educativo, con su base en la Universidad, fecundo terreno de distorsión del lenguaje y base de esa mediación, que luego se traslada como regalo envenenado al movimiento popular, por la vía institucional o, la más de las veces y con mayor eficacia, por los militantes "de izquierda" que asumen la jerga universitaria.
El capitalismo recrea así, invirtiendo, el mito bíblico, ese que cuenta que Dios castigó a la humanidad por construir la Torre de Babel. Hace de las lenguas una sola lengua, compuesta de vocablos de significados tan diversos que no nos entendemos y tomamos como realidad lo que es discurso hueco. Con sólo leer las cientos de consignas vacías en las pancartas de una marcha, supuestamente por la aparición de Julio López, es suficiente para verificarlo. Una consigna es vacía, no por irrealizable, sino cuando quienes las vociferan no demuestran capacidad para sostenerlas con el cuerpo, de la misma manera que es vacía la imagen del Che en las remeras de cuerpos no dispuestos a asumir las consecuencias de "ser" guevarista.
La otra propiedad de la lengua es la polisemia, que hace posible que en una consigna justa hay siempre muchos contenidos, incluso motivaciones distintas que confluyen, –porque después de todo una consigna lograda es la expresión verbal de un símbolo, una metáfora– pero si la "explicamos" en una lista cuantitativa, la consigna pierde sentido, de la misma manera que la metáfora en poesía, cada uno la siente, si la explicamos se fue al diablo la poesía. ¿Cuántos contenidos y cuántos intereses movieron a la población de Buenos Aires el 19 de diciembre de 2001? Me refiero a los que salimos espontáneamente el 19 por la tardecita, que no tuvimos nada que ver con las reales o imaginarias conspiraciones en el Gran Buenos Aires que habrían preparado el terreno. Variados motivaciones, sin dudas. Sin embargo la consigna fue única "El estado de sitio se lo meten en el culo" Una expresión de una calidad diferente a los cientos de reivindicaciones, todas justas, que circulaban esos meses. Y la gente puso el cuerpo en esa consigna que significó la caída del gobierno.
Si de verdad nos identificamos con Julio López, con el polisémico significado de su segundo secuestro y desaparición, dejemos de hacer pornografía de la miseria, para tratar de entender y actuar contra esta miserable pornografía.

Fuente: lafogata.org, 01/05/07


La "Operación Gaviota", último combate del ERP

18 de febrero de 1977

"La verdad llega. A veces hay que esperarla mucho, pero llega. Lo sabemos los argentinos que nos tenemos que mover en el reino de la mentira y la cobardía. En Alemania se acaban de conmemorar con solemnidad los cien años del nacimiento de Georg Elser, el gran atentador, el que quiso terminar para siempre con el régimen terrorista del nazismo de su país alemán. Para lo cual intentó matar a Hitler. El atentado fue cometido por Georg Elser solo. No logró su propósito por una mínima fracción de tiempo, ya que el feroz asesino público se había retirado trece minutos antes que el explosivo estallara en el Bürgerbräukeller, la cervecería de Munich donde los nazis celebraban sus aniversarios. Pero lo que se acaba de realizar en Bremen no se trató de un acto para lavar conciencias y quedar bien. No, fue un acto absolutamente oficial donde se analizó con toda seriedad la obligación de todo ciudadano libre de actuar contra los tiranos, de ofrecer su vida contra todos los que pisotean la Constitución de un país y sus derechos humanos. La ciudad de Bremen ha dedicado una semana de conferencias y discusiones acerca de si Georg Elser, el valiente libertario, hizo bien en tratar de eliminar al político asesino o no estaba en su derecho hacerlo. Y para que no quedaran dudas se llamó a la ex presidenta de la Corte Suprema de Alemania, Jutta Limbach, para analizar el tan discutido problema. Actualmente Jutta Limbach es presidenta del Instituto Goethe e Internaciones, justamente los organismos alemanes que se dedican al intercambio cultural con el exterior. Y Jutta Limbach justificó absolutamente el atentado de Georg Elser contra el bestial tirano".

Osvaldo Bayer (Contratapa Página12)

Sé perfectamente que en estos tiempos no se puede hacer a la ligera la apología de los magnicidios, aunque estos estén motivados como autodenfensa, en el sentido del "legitimo derecho a matar" al tirano que bien sostiene Osvaldo Bayer, como modo de evitar un mal mayor. Ello se debe a que la práctica indiscriminada de atentados por parte del terrorismo actual, para responder al terrorismo de Potencia, sin parar a mientes en las víctimas inocentes –y que, curiosamente, casi nunca mata a tiranos, sean estos reyes, generales o presidentes mesiánicos, y sí a trabajadores inmigrantes–, los ha desnaturalizado y deslegitimizado y da lugar tanto al rechazo justificado desde la ética militante, como argumentos a la hipocresía que desde Guernica y Dresden, pasando por Hiroshima y Nagasaki hasta Vietnam e Iraq, derrocha el terrorismo de Potencia, hoy monopolizado por el Estado teocrático estadounidense. Cierta analogía se ha dado también con la guerra civil, siempre van a quedar dudas si los males que se pretendió evitar, aceptando o eludiendo la guerra, no se agravaron. Así lo decía el General Perón "entre la sangre y el tiempo opté por el tiempo". Sin embargo, a conciencia o a pesar del General, resultó ambas cosas, tiempo y sangre.

Adolfo Scilingo: "Yo tiré al mar al guerrillero que quiso matar a Videla"

Entrevista por Juan Ignacio Irigaray (23 de marzo de 1996)

El represor arrepentido y ex capitán de corbeta de la Armada argentina, Adolfo Scilingo, es el único militar que pasará el 20 aniversario del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en la cárcel. Scilingo destapó hace un año los "vuelos de la muerte" y confesó haber echado a 30 prisioneros ilegales al mar. Según él, ahora paga su sinceridad en una celda solo y procesado por presuntas estafas.

En una entrevista con EL MUNDO en la cárcel de la ciudad de La Plata (sur bonaerense), el ex oficial naval por primera vez identificó a una de sus víctimas. Se trata del guerrillero que en 1977 falló en un tiranacidio, mediante una bomba contra el avión del entonces dictador militar, teniente general Jorge Videla.

Scilingo se considera un "preso político preventivo" del Gobierno de Carlos Menem y del ex dictador y ex jefe de la Armada, Emilio Massera, que a su juicio querrían frenar confesiones de más represores arrepentidos.

Entre 1976 y 1977, Scilingo estuvo en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Por allí pasaron unos 4.500 guerrilleros y opositores políticos, casi todos jóvenes. La gran mayoría recibió torturas y fue a parar a la noche del Atlántico. Volaron engañados, vivos, desnudos y adormecidos con Pentothal.

Dos décadas después aquellos muertos siguen como desaparecidos y la Armada argentina asegura que no sabe nada del asunto. Scilingo sí conoce del tema y aun entre rejas no quiere olvidar.

Pregunta.- ¿De qué lo acusan?

Respuesta.- Estoy preso desde el 2 de mayo pasado por el presunto delito de estafas no reiteradas. El juez Osvaldo Solimine presumía que no iba a poder afrontar las deudas que tenía para poner en marcha el complejo de recreo que tenía en la Panamericana. Ahora lo curioso es que el juez no estaba de turno, no había una sola denuncia de nadie y no había ni un cheque rechazado.

P.- Entonces, ¿por qué cree que está preso?

R.- Mi confesión había crecido mucho y como se acercaban las elecciones del 14 de mayo había que quitarme de la circulación. Se equivocaron pensando que me iba a callar, al contrario me hizo muy bien estar acá. Aunque parezca un disparate me hizo reflexionar mucho sobre lo que había hablado.

P.- Pero, ¿qué clase de preso es usted?

R.- No me gusta hacerme el mártir diciendo que soy un preso político; ahora bien, puede ser que me tengan acá para que sirva de ejemplo y evitar posibles declaraciones de otros que hayan estado en la ESMA. Un capitán de fragata muy conocido, cuyo nombre no voy a dar, y que participó en los interrogatorios, iba a hablar públicamente pero lo que ocurrió conmigo lo frenó.

P.- ¿Cómo se explica que usted esté preso y sus superiores acusados de crímenes estén libres?

R.- Yo cometí el grave error de pensar que el Gobierno, y sobre todo el presidente Menem, iba a abordar el tema de los desaparecidos, un tema que no está terminado. Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Menem podía ordenar a la Armada que rehaga las listas de muertos. La Armada dice que las listas no están, pero eso no es cierto.

P.- Las Fuerzas Armadas juran que no hay listas. ¿Usted cree lo contrario?

R.- Exactamente, yo pido que se publiquen las listas de muertos y que se diga en qué circunstancias murieron. En la ESMA había tarjetas codificadas con los datos de cada prisionero. Todo eso fue microfilmado y se hicieron tres juegos. Uno lo tiene Massera en una computadora personal. Otro juego lo tiene el capitán de navío Jorge Acosta, que puede ser que se haya desecho de ellas. El tercero fue pasando de mano en mano de los comandantes y en septiembre de 1983, el almirante Franco lo mandó a Suiza.

P.- ¿Usted cree que confió demasiado en el presidente?

R.- Mi gran error fue confiar en Menem. No les creí cuando me dijeron que me fuera del país porque el Gobierno estaba molesto por mi confesión, porque pensaba que iba a afectar las elecciones de mayo de 1995. Yo entiendo que es un tema traumático para la Armada, que no se animaban a decir: "Los tiramos dormidos desde aviones", porque no es fácil. Pero yo ya les había facilitado las cosas con mis declaraciones.

P.- ¿Hay un pacto de silencio en la Armada?

R.- Estoy convencido que hay compromisos políticos entre el Gobierno Menem y el ex almirante Massera. Ahora mismo hay gente de la ESMA trabajando en el mismo gobierno. El capitán de navío Acosta, dicho por el ex almirante Massera, trabaja para el ministro del Interior, Carlos Corach, y el jefe de gabinete, Eduardo Bauzá, en tareas de inteligencia. También el teniente de navío Horacio Radice trabaja en la Secretaría de Informaciones del Estado (SIDE) y participó en la campaña electoral de Menem.

P.- O sea que, según usted, está preso del "menemismo" y el "masserismo".

R.- Digamos que sí. A veces me acuerdo que un compañero mío me anticipó que iba a tener muchos problemas si hablaba.

P.- ¿Pero Massera todavía tiene tanta influencia política?

R.- Mire, la conclusión que yo he sacado es que fuimos una mafia encabezada por Massera como padrino y cuyo objetivo era la toma del poder en forma elegante vía elecciones. En la ESMA no se hizo sólo guerra antisubversiva. Se secuestró y asesinó a los diplomáticos Elena Holmberg, Héctor Hidalgo Sola, el empresario Fernando Branca, porque interferían los planes de la mafia.

El grupo de tareas llegó a poner una bomba en 1978 en la casa del economista Juan Alemann porque estaba en contra de Massera y se oponía a la realización del Mundial de Fútbol 1978.

P.- ¿Usted inculpó ante la Justicia al capitán Acosta como el responsable de la desaparición de las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet?

R.- Sí. El pasó a ser el jefe de operativos en junio de 1976, cuando al capitán de navío Salvio Menéndez le hirieron en un testículo en una acción y quedó fuera de servicio. Acosta tomaba todas las decisiones importantes. En 1984 volvió a la base naval de Puerto Belgrano (sur) con un Mercedes y tres coches antiguos de colección, o sea que ahorró mucho en la ESMA...

P.- ¿Y el ahora capitán de fragata Alfredo Astiz era tan bravo como lo pintan?

R.- Astiz era por entonces un teniente de fragata que no tenía una personalidad muy firme. No hizo más que cumplir órdenes. Como marino le hubiese dado de baja por su desempeño en las islas Georgias en la Guerra de las Malvinas. Ahí se enfrentó con los británicos y no combatió. Fíjese, qué paradoja, él aparece ahora como un monstruo y la cabeza de todo aquello, Massera dice que no se acuerda de nada...

P.- ¿Quién era el más duro entre los oficiales del grupo de operativos?

R.- El peor era el capitán de fragata retirado William Wamon. Fue un voluntario que volvió para luchar contra la subversión. Yo no estuve presente pero contaban que era tremendo.

P.- Y usted, aparte de los vuelos, ¿no hizo nada más?

R.- Era jefe de Electricidad y Automotores.

P.- Las descargas eléctricas a los prisioneros, ¿no provocaban cortocicuitos?

R.- No, porque cada picana eléctrica tenía reostatos e interruptores automáticos por si saltaba la luz. Mi gente se ocupaba del mantenimiento de las picanas. Cuando llegué en diciembre de 1976 había 3 picanas en otras tantas salas de torturas, pero antes hubo hasta 14.

P.- ¿Cómo soportaban los gritos de dolor de los prisioneros?

R.- Se ponía música movida. Era la misma música que Acosta mandaba poner para que bailaran de alegría los prisioneros antes de "volar", porque los llevábamos engañados diciéndoles que viajaban al Sur. Me parece que era música brasileña...

P.- Y los prisioneros, ¿qué hacían?

R.- Me acuerdo de una mujer que bailaba como loca. Otros más o menos. Había uno de ellos que decía que no era cierto que iban al Sur, se dio cuenta que los íbamos a matar. Yo había participado en el operativo de detención. Era un oficial de los Montoneros. Barbudo de unos 30 años. Quedó herido y lo llevé con toda celeridad al Hospital Naval. En la ambulancia me arengaba agarrándome de la mano porque le dolía la herida. Me respetaba, no me insultó. Me decía que los equivocados éramos nosotros. Decía que era buzo y había actuado en el atentado con bomba contra Videla en el Aeroparque, en 1977.

P.- ¿Qué pasó con él?

R.- Fíjese las cosas que tiene la vida. Yo tiré al mar al guerrillero que quiso matar a Videla. En el primer "vuelo" de prisioneros que me tocó dirigir, en junio de 1977, justo él estaba en el grupo. Los presos esperaban en un lugar que llamábamos Avenida de la Felicidad y él gritaba que los íbamos a matar. Después en el avión estaban los 13 desnudos, dormidos, echados en el suelo del avión y a punto de ser arrojados al mar.

El montonero se levantó como un fantasma. El teniente Vaca sacó una cachiporra y le golpeó la cabeza. Como en cámara lenta el pobre se llevó la mano a la cara. Vaca le pegó otra vez y se sentó despacio.

Después le pregunté al médico naval si no estaría despierto. Me dijo que no, que era un acto reflejo. Siempre me quedó la duda, tenía dos dosis de Pentothal. No pude saber el nombre, me gustaría saberlo para darlo y decir: murió como un héroe, murió bien, murió como un soldado.

P.- ¿A usted vienen a verlo sus camaradas a la cárcel?

R.- Sí, pero el jefe de la Armada almirante Enrique Molina Pico ordenó que nadie puede hablar conmigo. Hasta recibe las grabaciones de las conversaciones telefónicas que yo tengo desde aquí con mi mujer. Si yo nombro a algún oficial, él lo llama para saber qué relación tienen conmigo. Nos siguen de cerca y yo estoy aislado.

P.- La verdad pura y dura es que a 20 años del Golpe del 76 usted es el único que está preso...

R.- Yo empujé para que se produjera el golpe. Pero ahora digo que se cometió un genocidio. Eso ya no lo podemos desmentir y todavía seguimos ocultando cobardemente las barbaridades que hicimos y lamentablemente no se entiende la necesidad de la verdad. Lo hecho, hecho está. Pero hay que limpiar a las generaciones de argentinos que vienen. Dar una solución al tema de los desaparecidos. Ese es un nombre tan aberrante que no lo va a tapar ni el tiempo ni las alfombras rojas de los despachos oficiales ni el dinero del Estado. Los familiares quieren saber qué pasó. La única persona que puede encontrar una solución es Menem

Fuente: www.elmundo.es

Por otro lado, la tradición marxista rechazó doctrinariamente el atentado individual como supuesto acelerador de la lucha de clases, calificándolo de terrorismo y sólo lo consideró legítimo en situaciones excepcionales. De alguna manera lo jerarquizó aceptándolo sólo como parte de acciones militares dentro de una estrategia de liberación, en donde la frontera del atentado con la táctica de la emboscada a fuerzas militares puede llegar a ser difusa. En ese sentido el Che es la expresión máxima de esa ética. Tal era también la postura del PRT-ERP, el rechazo al terrorismo y a la pretensión de "ganar" espacios políticos por medio de los atentados y, sobre todo, evitar la indiscriminación por el riesgo que ello significaría para los civiles inocentes. Eso no lo eximió de algunos graves errores, que asumió y se autocriticó en su oportunidad.

Es en ese contexto que se efectuó la Operación Gaviota, un atentado contra el General Videla, no para acabar con la dictadura con un acto aislado, sino como parte de la resistencia, un duro golpe a la cúpula castrense, desmoralizar a los militares y sobre todo elevar la moral de la población ante esa demostración de voluntad de la guerrilla. No es posible saber que "hubiera" pasado con la eventual muerte de Videla, quizás no "hubiera" cambiado su rumbo esencial, como tampoco había garantías que la muerte de Hitler hubiese cambiado la historia de Alemania. Por lo tanto esta acción del ERP no es muy diferente de lo que se propuso el ácrata alemán George Elser con Hitler y que hoy su país, no sólo lo reivindica, sino que legitimiza. Osvaldo Bayer pone de ejemplo a la justicia del país de sus ancestros. Eso está muy bien, y por ello es que creo corresponde también conocer este intento del PRT-ERP y analizar qué nos diferencia de los alemanes, porque: "Si Elser en su atentado habría tenido éxito, se hubieran salvado los millones de inocentes", como afirma Bayer, la misma reflexión podría hacerse en el caso argentino. ¿Hubiéramos evitado treinta mil desaparecidos? No lo sé. No creo en la pretensión racionalista de leer la historia en subjuntivo; lo que "hubiera" pasado queda para la imaginación de la literatura, no para la historia; en cambio sabemos lo que pasó. Sólo se puede dar fe que efectivamente el ERP actuaba pensando –como Elser– que sólo se podía frenar la ferocidad represiva con acción; en cambio el partido comunista llamaba a la unidad cívico militar apoyando a Videla para "cortar el paso al Pinochetismo", un supuesto sector más "duro" de las FF.AA. El ERP no logró su objetivo y la historia da su veredicto: fue la dictadura más sangrienta de todos los tiempos en este país y no creo que pueda pensarse que más "suave" que la de Chile. No sabemos qué "hubiera" sido, sabemos lo que fue. Por eso Bayer, tomando el caso de Alemania, pone en discusión el rescate del derecho al tiranicidio, la actitud de resistencia, sin perjuicio de lo que "hubiera sido", de eficacias, oportunidades o cuestiones de conveniencia, porque nadie puede saber de antemano la resultante de sus actos.

Repito, la intención de atentar contra el tirano estaba dentro de la concepción de resistencia armada y no armada a la dictadura. La oportunidad la brindaba el hecho que Videla y parte de sus gobierno solían trasladarse en el avión presidencial Tango 02 partiendo del Aeroparque de Buenos Aires, un F 28, que luego pasaría a la historia de la aviación. Se tuvo en cuenta la existencia de un arroyo subterráneo que atraviesa la pista, el Maldonado, y se pensó en una carga explosiva para hacer estallar al momento del despegue. El ERP –a diferencia de la mortífera eficacia de Montoneros, quienes meses antes habían volado un Hércules con tropas de gendarmería en el aeropuerto de Tucumán–, realizó muy pocos grandes atentados con explosivos y cuando lo hizo adoleció de fallas.

La operación la dirigió un explosivista del ERP, Alberto Strejer a quien le decíamos La Tía. Desde el punto vista práctico, era muy complicada, había que colocar una carga sobre el techo del túnel debajo de la pista, desplegar cientos de metros de cables para accionar en forma eléctrica, ya que no se tenía garantía que los sistemas de control remoto funcionaran dentro de los túneles. Luego había que montar un puesto de observación con una referencia para indicar al artillero el momento justo de accionar, cuando el avión pasara exactamente por el sitio indicado. Sólo colocar una carga de cerca de cien kilogramos de trotyl adosada a la bóveda desde una balsa flotando sobre el arroyo, ya era una enorme dificultad práctica. El grupo, según este relato aproximado, estudió la red pluvial y tomó un punto de ingreso por una acantarilla que estaba a una considerable distancia del objetivo y trazó el itinerario subterráneo. Después perforaron el piso de una citroneta y la estacionaron sobre una boca de tormenta para entrar con todos los pertrechos sin llamar la atención, caminar por los caños y navegar sobre el Maldonado hasta el punto exacto. Todo un trabajo de ingeniería con la represión literalmente sobre sus cabezas. Supongo que la estructura bajo la pista debería ser visible por sus características constructivas, pues de lo contrario, asegurarse estar situados en el punto preciso hubiera necesitado minuciosas mediciones muy difíciles de disimular. Se extendieron los cables hasta el detonador que estaba en un punto en que se aseguraba contacto visual con el observador para accionar en el segundo justo. Nunca pude saber por qué razones Strejer decidió colocar una carga extra, de potencia algo menor, hacia un costado de la pista.

La misión del observador, por su parte, sentado en las gradas de un estadio cercano, no era fácil, debía distinguir con precisión al avión presidencial en un aeropuerto de un intenso tráfico y no siempre con clima adecuado, a veces la neblina dificultaba la visión. Tomar un punto de referencia para establecer desde su ángulo de observación el momento preciso. Por otra parte la operación tenía que estar montada y lista para accionar a la espera del viaje del tirano, información obtenida por medio de la prensa. Fueron varios meses entre preparación y espera del momento adecuado, con varios intentos que no se llevaron a cabo por diversas circunstancias: malas condiciones climáticas, cambio de planes presidenciales, no distinguir al aparato con precisión y, ante la duda y el riego de producir una catástrofe con un avión de línea, abortar, a pesar que cuanto más tiempo pasaba más peligro corría el equipo operativo.

Finalmente llegó el día D, el 18 de febrero de 1977, hace hoy exactamente treinta años; los combatientes no lo sabían, nadie lo sabía, nadie lo podía imaginar, pero ese sería el último combate de importancia del ERP en la Argentina, después de siete años de lucha armada continua. La radio había anunciado que el dictador viajaría con sus comitiva hacia Bahía Blanca; el equipo tomó posiciones. El avión con Videla, Harguindeguy y Martínez de Hoz, carreteó aproximándose al punto en que el arroyo cruza debajo de la pista, el observador levantó el brazo cuando el Tango 02 pasaba por el sitio indicado y con su tren de aterrizaje ya a una altura considerable del suelo; el operador accionó el detonador. En la pista se produjo un crácter invertido, como surgencia de un pequeño volcán, pero el avión, quizás por ser un poco menor de tamaño que los comerciales, se había elevado lo suficiente como para que la onda expansiva no lo desestabilizara; recibió una andanada de cascotes de hormigón y se sacudió, no obstante el piloto lo pudo controlar y luego aterrizaría en el aeropuerto militar del Palomar. La magnitud de la explosión fue insuficiente para quitar sustento al aparato para que se estrellara. Al parecer habría estallado sólo la carga adicional, la que habría expulsado a la carga principal sin tampoco hacerla estallar por efecto de simpatía. Sólo hipótesis y suposiciones, nunca pudo saberse qué pasó en ese túnel y existe escasa información pública de parte de las autoridades sobre este hecho. El circuito eléctrico había sido probado muchas veces antes de instalarlo. Lo cierto es que el tirano salvó la vida y continuó su viaje, porque dios demuestra con harta frecuencia estar del lado del poder. El equipo que efectuó el atentado no fue capturado, pero Alberto Strejer, sería secuestrado y desaparecido meses después cuando continuaba sus tareas militantes.

Escribe Osvaldo Bayer: "Nosotros, los argentinos, tuvimos dos Georg Elser. Se llamaron Simón Radowitzky y Kurt Wilckens. Hicieron justicia con su propia mano por el derecho de matar al tirano". Como vemos, no sólo los liberales suelen contar la historia en forma sesgada; la década del setenta dio muchos Georg Elser, varones y mujeres, entre ellos Alberto Strejer y su equipo cuyos nombres quedaron en el anonimato; y sólo si empezamos a reconocerlos dentro de nuestro campo, se podrá exigir a la instituciones del país que los reivindiquen como lo hace Alemania, reconocer esa voluntad de resistencia que implica jugarse la vida, y abrir una franca discusión político, filosófica y jurídica, sobre el derecho al tiranicidio que incluye, en cada situación, no lo olvidemos, la consideración ética sobre las consecuencias fatales para terceros inocentes de ejercer tal derecho.

18/02/07


¿Dónde anda la política?

Estamos viviendo la lenta agonía de una civilización. Una de sus expresiones es el agotamiento de las vías emancipatorias que hasta ahora habían signado la continuidad de la vida humana: al mismo tiempo es posible visualizar embriones de presencia de una civilización alternativa en gestación, en prácticas sociales que a su vez inspiran ciertos balbuceos del pensamiento radical. Las vías hoy agotadas fueron, en la civilización moderna, en forma dominante, la organización de la clase trabajadora ejerciendo su hegemonía sobre las demás clases oprimidas para la captura, pacífica o violenta, del aparato del Estado y el intento de su utilización como instrumento educador y coercitivo de esa clase trabajadora para que, en su propia emancipación, emancipara al resto de la humanidad.

Asimismo el capitalismo ha alcanzado la hegemonía mundial, con la cruel paradoja que las propias luchas anticapitalistas, a la larga ayudaron a la consolidación del capitalismo. Habíamos luchado contra los capitalistas, no contra el capitalismo.

Y hoy queda claro que esto no debería ser extraño, ya que el Estado Nacional, es inherente al capitalismo, sistema que ha utilizado su aparato, expandiéndolo o reduciéndolo según sus necesidades. Es más, la lucha de clases ha obrado como acicate para la permanente adecuación del capitalismo, resolviendo las crisis sistémicas con pragmática renovación. Así, por ejemplo, el agotamiento del fordismo como forma productiva no se debe tanto al supuesto desarrollo "autónomo" de la tecnología, como a la necesidad de enfrentar la potencia de la clase obrera. La presión de los sindicatos obró como incentivo en la búsqueda de tecnologías que contrarrestaran la dependencia del capital del trabajador invirtiendo la correlación de fuerzas por la oferta de mano de obra. Lo que ha quedado agotado entonces es, la vía estatal hacia el socialismo.

Si convenimos que el Estado Moderno es inherente al capitalismo, su instrumento de dominación, toda política estatal o multiestatal no puede dejar de ser capitalista, toda lucha en ese ámbito será por lograr una mejor tajada en la torta, pero no por la torta misma. Y toda oposición dentro de su lógica, a la larga ayuda a consolidarlo. Pretender que las Empresas estatales fueron y son formas de socialismo ha sido una de las mayores estafas al intelecto por más que, como servicios a los trabajadores sean preferibles a las privadas. Si es cierto que el sistema productivo capitalista se caracteriza por la socialización de la producción y la apropiación privada del producto, ello vale también para el Estado. Podemos agregar el otro componente: capitalismo es trabajo asalariado. Por consiguiente, un Estado que tiene millones de asalariados es, por definición, un Estado capitalista. Y no existe Estado Moderno sin asalariados.

Por lo demás, el neoliberalismo no "redujo" el Estado, no lo "ausentó", al contrario, lo reorganizó fortaleciendo los resortes que más le convenía y desarmando los que le perjudicaban. En nuestro caso, por ejemplo, nunca en su historia el Estado argentino tuvo las fuerzas de seguridad interna más numerosas, mejor educadas, mejor entrenadas y mejor pertrechadas. (¿Alguien de mi edad recuerda cómo era el vigilante con un silbato, un 38 y, en caso de "conmoción", como arma larga un winchester 30-30?) El Estado impulsó la construcción de autopistas, y toda infraestructura acorde al neoliberalismo. También afianzó los instrumentos políticos y jurídicos para implementar su dominio.

Por el lado internacional, los continuos reordenamientos mundiales, desaparición y resurgimiento de regiones de influencias, (Unión Europea, reagrupamiento asiático, ALCA, Oposición del mundo musulmán, Mercosur, "No alineados", etc.) no son más que las diversas formas constituidas del capitalismo como sistema mundial, sin perjuicio de que eventuales contradicciones favorezcan a la lucha emancipatoria. ¿Cómo se explica sino que Sadam en Iraq, otrora armado y apoyado por los EUA para exterminar comunistas y enfrentar a Irán, hoy sea el Hitler de Oriente medio? ¿O la memoria es tan frágil que se olvida cuando Europa dio aires a Hitler? ¿O acaso alguien piensa que Irán, por citar el ejemplo de un país enfrentado a EUA, es un "estado socialista", siquiera minimamente "progresista"? ¿O vamos a seguir con el maniqueísmo "el enemigo de mi enemigo es mi amigo"?

Por otra parte, el único principio absoluto que rige al capitalismo es la libre circulación de la mercancía y, para su logro, poco importan las diversas formas jurídicas de propiedad, políticas y culturales. China es ejemplo de cómo el capitalismo puede desplegarse con propiedad estatal. Si en el pasado el capitalismo necesitó armar un sistema conceptual de grandes principios, desde la filosofía hasta lo jurídico, que se plasmó en la fortísima doctrina política llamada liberalismo, y en las sagradas instituciones laicas (Partidos, División de Poderes, Sufragio Universal, Cismas religiosos, Universidades laicas, libertad de cátedra, humanismo, etc.) y formidables pensadores como Hobbes, Locke, Hegel, fue porque estaba en pleno desarrollo de sus fuerzas constituyentes y necesitaba esas armas para destrozar la resistencia del viejo régimen, secularizar la sociedad para abrirla a la mercancía, por un lado, y neutralizar, coptar o aplastar la resistencia de los explotados y oprimidos, por otro.

Hoy, conseguida la hegemonía, constituidas sus fuerzas , ya no necesita de esos instrumentos, por el contrario, desarrollar demasiado la inteligencia no es aconsejable, a lo que podríamos agregar, quizás cierta senilidad. (Algunos juristas califican de "petreos" los artículos fundantes de la Constitución Nacional ) El llamado "neoliberalismo" es la prueba más palpable de este aserto: pocas veces en la historia de las ideas se ha visto un pensamiento tan pobre y estadistas tan mediocres como hoy. Invirtiendo aquel juicio de Marx en el sentido que en una época que se necesitaban genios, surgieron los genios, podríamos decir que hoy sólo se necesitan mediocres y surgen mediocres. La mediocridad de la clase política de todo signo es el rasgo distintivo universal de la época. Dicha mediocridad no tiene nada que ver con cuestión de genes, sino con el estancamiento profesional de todo lo constituido, ahogando la creatividad. La política es ante todo un arte y como tal, como arte, no admite profesionalización, es decir no puede ser un medio de vida. Aquellos genios vivían para la política, los actuales mediocres viven de la política, preposiciones que establecen la diferencia sustancial. Dicho de otra manera, profesionalizar la política es transformarla en administración (gestión, como gusta decirse ahora)

La "cultura" (comillas necesarias para distinguirla de la "otra" cultura, que vaya a saber uno por dónde anda) tampoco se puede profesionalizar sin el costo de castrarla o al menos hacer el ridículo. Por eso es que la cultura, manipulada, banalizada, burocratizada, por las secretarias nacionales, provinciales y comunales, corre paralela y sin romperse los cuernos con la mercantilización privada. Dos caras de una misma moneda. Sólo que, bien mirado el asunto, la privada es más sincera, se llama a sí misma negocios del espectáculo o por el estilo. Pero todo llega, ahora desde el Estado se propicia la "industria cultural". Semejante monstruosidad conceptual, como la idea de "industrializar" la cultura -similar a reemplazar las plantas ornamentales naturales por las de plástico–, sólo es posible partiendo de una visión mercantil. Con el control casi absoluto del sistema educativo y los medios de comunicación, por medio de la comunión con las corporaciones, el Estado puede coptar, seducir, sobornar y por último reprimir, para asegurar la continuidad.

Ahora bien, el Estado es por un lado un aparato material, pero dicho aparato no podría funcionar de otra manera que en forma represiva, sino fuera también una convención social. Una creencia colectiva de tal magnitud que impide pensar otra cosa por fuera del Estado. Impide salir de la antinomia estatal-privado. Asi, por ejemplo, la educación estatal es un dogma intocable, porque la única "alternativa" que se nos ocurre sería "privado". Pero ¿quién dice que estatal es público? ¿Estatal es colectivo? ¿No habrá llegado la hora de revisar esa palabra "propiedad", que nos obliga a reemplazar la "propiedad" privada por la "propiedad colectiva" sin salirnos de la idea de propiedad? ¿Y encima identificando colectivo con lo estatal? ¿No se sabe acaso que la palabra "propiedad" no existe en numerosas lenguas "primitivas"?

Para completar estas afirmaciones digamos que las clases ilustradas son las sostenedoras principales del sistema, aun cuando en términos conscientes, racionales, compartan las críticas y sobre todo el malestar. La Universidad es el "nicho" (palabreja que me viene al pelo por su re-significado "anglo" de moda en el mundo académico) donde se produce ese "malestar" que la misma Universidad critica, precisamente por la "profesionalidad", la reproducción de la banalidad, la mediocridad y la pobreza intelectual. ¿Demencia senil la mía? ¿La Universidad que ha sido tradicionalmente el lugar de donde salieron la revolucionarios? ¿El lugar donde están todos los iconos Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin, El Che, Mao, Evita, Rosa, Walsh, Santucho, Sendic, Fidel…. Pues se actúa en sus nombres, a sus nombres y a pesar de sus nombres. ¿No se les ocurre pensar que la inmensa mayoría de los políticos salen de la Universidad y los que no son universitarios se rodean de asesores producidos por las "Altas casas de estudios"? ¿Creen que el disparate llamado "industria cultural" es un invento de algún político trasnochado de la bohemia de la calle Corrientes?. No señor eso salió de algún licenciado por la Universidad, lo más probable "de izquierda" o al menos "progre".
Claro pues que es necesaria la profesionalización, en el sentido técnico como "el modo adecuado de hacer determinada cosa", alfabetizar, construir un puente, tratar un enfermo, conducir un vehículo, actuar en un litigio jurídico, y así hasta el infinito. Y en tal sentido, la palabra licenciatura es precisa, la sociedad da licencia, habilita a una persona para ejercer ciertas profesiones como modo de proteger a la comunidad. Y bueno, mientras no inventemos otra cosa, será el Estado el que otorgue o valide esas licencias. Sin embargo dos objeciones: la primera, que esto no es absoluto, pueden pensarse mejores alternativas. (en Alemania por ejemplo, una persona puede acudir a un "curandero", siempre que se haga responsable ella misma de las consecuencias y no afecte a terceros) ; la segunda que no todas las actividades humanas necesitarían de tal control, ni siquiera la mayoría, y ni hablar del arte en donde la búsqueda de la "meta", el título absurdo, burocratiza y acogota la creatividad a punto tal de desnaturalizar el arte.

La gran enseñanza es clara: la vía estatal de emancipación es una vía agotada, por más que renovemos la locomotora y los coches, si no tomamos otra vía vamos hacia la muerte. La muerte, si, literalmente hablando, porque la libre circulación de la mercancía, aceitada por todos los Estados sin excepción, alentada por el insensato optimismo de los tecnócratas está destruyendo el planeta. Hoy los científicos discuten si es mayor el riesgo ecológico que la hipótesis de guerra nuclear. En todo caso el campesino de Santiago del Estero sabe que la topadora en tan destructiva como un tanque de guerra. Por eso la preocupación ecologista no es un entretenimiento de pequeños burgueses europeos eructantes, es cuestión de vida o muerte. Y los primeros en morir siempre son los ayunantes.

La degradación actual de la política, incluida la corrupción generalizada, no es más que la expresión la transformación de la política en simple administración de un sistema hegemónico. La Política que desde Maquiavelo fue un arte para transformar, hoy se ha convertido en una "ciencia" para administrar lo existente.

Pero, como la vida sigue por debajo de la superficie que solemos observar, es posible apostar a que "La política está en otra parte"
Esta expresión, que no es mía, sino recogida por un sencillo periodista, resume en seis palabras la direccionalidad de toda acción que se proponga una genuina emancipación. Se trata entonces de desplazar el eje de la lucha de los tradicionales espacios de gestión estatal hacia allí donde se encuentra la política en toda su potencialidad.

¿Dónde está la política?

Si la política no es administración de lo existente (gestión) como se pretende, sino transformación, al serle robada su razón de ser por la hegemonía dominante, la política, como una de las expresiones de la vida, dejó la piel, el nombre, la apariencia en los lugares tradicionales y se lanzó a la búsqueda espontánea de otros caminos. Parece ser que anda incursionando por lo biológico lo antropológico y lo ecológico. No en el sentido disciplinario científico de tales palabras sino en su sentido semántico. Vida, humano y ambiente.

Quizás sea así, quizás no, en todo caso para ver esos nuevos caminos, para saber dónde está la política, es imprescindible moverse de lugar, salir de la Academia, del Comité y del aparato del Estado y paraestatal.

Salir de la Academia porque las ciencias sociales se han manifestado al menos estériles para orientar camino alguno. A lo sumo han servido –y muy relativamente– para examinar lo pasado, nunca lo presente y mucho menos el futuro. Más aun, contribuyen día a día a ocultar la metamorfosis de la política en gestión, en particular las "ciencias políticas" son las encargadas de rellenar la piel hueca que quedó tras el exilio de la política hacia otra parte. Es posible aventurar también que el fracaso de la pretensión de encasillar el arte de la política en "ciencia", ha dejado un hueco que parece ser ocupado por la filosofía. El problema es que si la filosofía se hace política dejará de ser filosofía y dificilmente será política.

Salir del comité, antesala de la gestión estatal, porque, por el contrario, en la administración, la gestión estatal o paraestatal, encontraremos otra vez sólo esa piel, la superficie de la política que salió a ensayar otras prácticas.

La experiencia del pasado reciente y la actual, muestra que lo que ha hecho posible cambios son las acciones "espontáneas" de los grupos humanos que se movilizan a partir de un evento concreto, obligando al propio Estado a reaccionar. En rigor, allí está el movimiento real, vivo, lo otro, lo del Comité, de la pantalla de TV, es "representación", espectáculo, ficción.

En efecto, mientras la representación de las "mayorías" con discurso e intenciones a veces anticapitalistas, enfrentaban a los capitalistas con su propia lógica y sus propias armas y quedaron aprisionadas por el capitalismo, algunas "minorías" se rebelaban tanto contra el capitalismo como contra las propias políticas de las "mayorías" y lucharon a pesar de todo, y es así como en el mundo de hoy han logrado hacerse oír y abrirse espacios emancipatorios al menos más sólidos que los del mundo del trabajo (movimientos feministas, de defensa de la diversidad sexual, minorías étnicas, minorías de "diferentes", minusválidos, ecologistas, etc.) ¿Que exagero? Hoy un minusválido tiene derecho a viajar gratis en servicios públicos,(recientemente lograron incluso no pagar peaje) mientras que un pobre o un desocupado tiene que hacer dedo. Además han obligado al Estado a cumplir con una cuota de empleo genuino a las personas discapacitadas, mientras el resto de los trabajadores desocupados reciben, en el mejor de los casos, subsidios. Una pequeña ciudad del interior condiciona parte de la política exterior del gobierno nacional y pone en jaque al Mercosur, mientras que el mundo del trabajo organizado no logra modificar las relaciones laborales. Una cooperativa de trabajadores recupera y pone en funcionamiento un hotel de categoria internacional, mientras los Estados socialistas los privatizan.

No se trata de pretender que esas minorías sean el "sujeto de la revolución", menos aún adjudicarles el carácter de "vanguardia", no se trata tampoco de olvidar que el conflicto esencial es capital-trabajo; se trata de investigar en la práctica de esas minorías, su capacidad para lograr salir de la trampa de la lógica capitalista, aun teniendo en cuenta que en el sentido consciente, muchos de sus protagonistas no se definirían "anticapitalistas" y aún cuando pequeños "triunfos" no representen riesgos para el capitalismo.

En nuestro medio, esas prácticas de verdadera política, ese "otra parte", se visualizan en las fábricas recuperadas, ciertas prácticas piqueteras, los movimientos campesinos que enfrentan los desmanes de la biotecnología o los movimientos ecologistas como Esquel o Gualeguaychú. Y seguramente muchos más que mi corta mirada no alcanza a ver, pero que podremos descubrirlas si, como dice Raúl Zibechi, logramos mirar debajo de la superficie.

Y en esas prácticas están los embriones de la vida emancipada, no hacia un estadio futuro sino en la propia presente acción. Porque en esas actividades la organización, la fraternidad, la humanidad, la democracia, y la libertad, dejan de ser una teoría, un estado, un postulado, una retórica (en cualquier caso estáticas) para materializarse en una práctica, en un modo de vivir. En particular la democracia deja de ser un sustantivo y una superstición para transformarse en un verbo: Sólo hay democracia en la acción.

Por eso nuestra propuesta consiste en impulsar en el orden nacional un debate activo con estos enfoques, de modo tal de avanzar en el tejido de una red que articule y despliegue toda la potencia emancipadora que habita en estas acciones sociales "espontáneas", caracterizadas por la diversidad de las motivaciones concretas y con harta frecuencia por la heterogeneidad de clase, de ideas, de prácticas y hasta de motivaciones.

Naturalmente que encontraremos serios problemas, fuertes contradicciones, resurgimiento diario de relaciones de dominio, de lucha por micropoderes, de mezquindades, dogmatismos y tendencias burocráticas y sobretodo el riesgo de la llamada micropolítica con tendencias centrífugas que dificultan la articulación de redes, que en su diversidad, apunten a un horizonte anticapitalista. Son los nuevos desafíos de viejos problemas en nuevas prácticas que sólo podrán resolverse en la acción misma de ir construyendo con el cuerpo un nuevo pensamiento, en continua lucha contra la hegemonía dominante, para recoger lo mejor de lo acumulado por la humanidad.

Porque si aquel fortísimo pensamiento que constituyó al capitalismo hoy es senil, debemos advertir también que el formidable pensamiento emancipatorio desarrollado desde lo Macabeos, Espartaco, el cristianismo primitivo, el socialismo útopico, hasta Marx y sus sucesores, al no haberse podido desprender del todo de la influencia del pensamiento dominante, hoy, como teoría, es todavía demasiado joven o está demasiado retrasada con respecto a la riqueza de las prácticas sociales que impulsa la fuerza de la vida.

Salir de la Universidad, salir de la Academia, salir del Estado, salir de la lógica del salario, no significa abandonar mi medio de vida, el lugar en el que me gano el puchero como empleado público, docente o médico. No significa tampoco abandonar la pelea por mejores ingresos y condiciones de trabajo propia del sindicalismo. Significa en primer lugar no creernoslá, precisamente eso, entender que por "elevada" que sea la profesión, ese lugar es simplemente el medio de vida que me ha tocado en suerte, pero no tiene nada que ver con la política, a lo sumo sirve como cualquier biblioteca, como cualquier centro de información, como Internet, como un lugar donde existen ciertos recursos, los cuales, debo utilizarlos con inmenso cuidado, con celosa capacidad de discernimiento porque, al igual que los fármacos, pueden ser tanto medicina como veneno.

El Estado es una máquina de dominación por lo tanto el Estado es el lugar de la impotencia emancipatoria. Pero el Estado impregna nuestras vidas, tanto por su aspecto coercitivo como por la tradición cultural estatista. El gran debate es cómo ejercer la política, es decir, cómo avanzar en logros de libertad, como reemplazar al Estado y sus instituciones paraestatales, en particular el sistema educativo, de su papel de mayor instrumento de organización social, en una práctica que contenga en su despliegue los embriones para su de disolución.

La Fogata, 23/01/07

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