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HORACIO CASCO
Horacio Casco nació en Buenos Aires, Argentina, en 1951. Fue asesor financiero, director de ventas, jefe de cadetes y monaguillo suplente, en el mismo órden. Patentó el encendedor solar, un ingenioso dispositivo óptico para encender cigarrillos con los rayos solares, pero no anduvo. No se dio por vencido y desarrolló el libro impermeable para leer bajo la ducha, pero el  fracaso en su comercialización fue todo un éxito. Militó activamente en la A.C. [Acción Católica], P.O. [Política Obrera] y M.A. [Masturbadores Anónimos]. Editó las publicaciones "La aceituna encrespada" y "Meridiano de Artes y Ciencias", ambas fácilmente olvidables, y fue cofundador del "Grupo Literario Trabaluenga", idem anterior. En 1973 ingresó a la Facultad de psicología de la Universidad de Buenos Aires y egresó recién en 1987, con promedio mínimo pero con una tupida barba. Se desempeñó en el Hospital Borda como psicoterapeuta supernumerario, visitador médico de relleno y casi internado por descuido. Persiste en pertenecer a una desprestigiada asociación de asistencia psicológica. Realiza actividad en consultorio privado, jactándose de que ningún paciente, hasta hoy en día, le haya iniciado acciones judiciales por mala praxis. Escritos suyos han aparecido en medios prestigiosos como "La Gaceta de Trenque Lauquen", "La Voz de Escobar" y "Caminando por Villa del Parque - Guía de compras", en la sección cartas de lectores. Asegura con vehemencia que trata de mantenerse apartado del mundillo intelectual, siendo notorio y evidente que ocurre exactamente todo lo contrario: el mundillo intelectual trata de mantenerlo apartado a él. Dice publicar bajo los seudónimos de Noam Chomsky y Gabriel García Márquez, pero nadie le cree. Escribió, en colaboración con Batista Benengeli, "Pa' manyar a Freud", magna obra olímpicamente ignorada por los lectores, la crítica y el propio entorno familiar. Tiene 25 ensayos, 47 libros de poemas y 12 novelas inéditas, y continúa escribiendo. Solo por contrariar prejuicios y supuestas verdades de dichos populares, probó, pero no le gustó. No es vegetariano, ama los gatos, las computadoras, el queso roquefort y las chicas de Flores. Es de Boca.

Horacio Casco también está presente en Mataburro de psicoanálisis

No es por molestar

Por Horacio Casco

No es por molestar, pero ¿qué hacías vos el 24 de marzo de 1976? Yo fui a laburar, compré Clarín, fui al centro, me comí un sánguche de milanesa de parado en Once, llamé por teléfono desde un bar porque en casa no tenía, y hasta algún amigo me dijo que no me hiciera ningún problema, que no pasaba nada, y me quiso convencer que Videla era un militar progresista.

No es por molestar, ¿vio?, pero con todo este asunto de los 30 años, las marchas, las peleítas materno-filiales, y sobre todo la dimensión que le dieron los medios de comunicación a tan magno evento, me parece que los últimos 30 años los he vivido como emigrante sudanés en el barrio chino de Oslo, vea.

Me acuerdo del 24 de marzo del 76 como si fuera hoy; colectivos había; diarios había. La gente no caminaba derramando lágrimas, no se rasgaba las vestiduras ni tenían la mirada perdida. No. Muchos parecían casi contentos, algunos le miraban, como siempre, el culo a las minas o leían historietas, otros ostentaban una ancha sonrisa, como si se hubieran echado un buen polvo.

Me acuerdo con cierto pudor que la Chabela, cuando la detuvieron, en un último gesto de dignidad democrática, espetó a sus captores golpistas: "¡Ustedes no saben lo que hacen, correrán ríos de sangre!" "Señora, usted vive en un país que no existe", le contestaron, casi paternalmente, los golpistas. Me acuerdo que todos, al leer la noticia en los diarios, sentimos algo así como vergüenza ajena, y tal vez un cacho de lástima por esa pobre mujer. Ni indignación ni exaltación: lástima. Sabíamos que era una inepta y que el único mérito político fue haber sido la mujer del Viejo, para pasar a ser luego títiere del abominable brujo López Rega.

Pero visto a la distancia su aseveración -un poco estúpida, es cierto- fue premonitoria. Claro que no a causa del golpe sino en su consecuencia. Pero repito que la gente, en la calle, durante los primeros días, los primeros meses, los primeros años, se veía bien. Para ser realistas solo después de Malvinas se desplomó el consenso civil hacia las Fuerzas Armadas golpistas y genocidas. No hablo de todo el país, hablo de Buenos Aires y de la clase media.

Pero en realidad no sé si estoy hablando de este país o de otro, porque ahora resulta que a 30 años de aquel suceso todo el mundo dice haber escuchado la marchita militar en la radio con angustia, con congoja, con tristeza. Todo el mundo ahora, 30 años después, dice que "sabía" que lo que venía era peor.

Chantas.

No es por molestar, pero si tanto rompimos las pelotas por la autocrítica militar, por la autocrítica de los políticos y por la autocrítica de los medios de comunicación, ¿no será la hora de que los ciudadanos de a pie, los civiles, hagamos nuestra propia autocrítica?

Convengamos que como sociedad no fuimos muy demócratas que digamos. Convengamos que preferimos una y mil veces el golpe de Estado y no exigir las elecciones que estaban programadas para octubre de 1976. Convengamos que antes del 82 jamás no se nos ocurrió, como pueblo democrático y republicano, llenar pacíficamente Plaza de Mayo para exigir elecciones, así como acompañamos a Blumberg a pedir inflexiblemente mano dura. Convengamos que saltamos como locos cuando ganó Argentina y gritamos los mismos goles que gritaron Videla y Massera en el Mundial del 78, y que cantamos aquel cantito "¡El que no salta es un holandés!" La selección de Holanda fue la única delegación extranjera que no quiso saludar a Videla y su cohorte de asesinos, y los únicos que se interesaron por las Madres de Plaza de mayo, mientras nosotros, la sociedad civil, la clase media porteña, los "derechos y humanos" cantábamos pelotudamente el que no salta es un holandés...

Pero convengamos que sí llenamos la Plaza el 2 y el 3 de abril de 1982, que volvimos a estar locos de alegría como en el mundial de fútbol, cuando a un psicópata borrachín, pero con poder, se le ocurrió invadir Malvinas; que fuimos a ver al Papa llenos de anhelos de amor y paz repitiendo como loritos esquizos totus tuus o algo así. Pero el Papa no había venido a vernos a nosotros sino a pedirle a los militares la rendición, que efectivamente se cumplió. Totus boludum.

Convengamos que fuimos engañados por una sarta de milicos hijos de mil putas malparidos; convengamos que muchas cosas realmente no sabíamos; que no teníamos una cultura demócrata sólida y durable. Démonos la chance de la ingenuidad. Todo eso lo admito. Lo que no puedo admitir es que a 30 años de aquello, resolvamos nuestras contradicciones actuales por la chantada, el grupo, el globo, la milanesa, la mentira, la hipocresía, la careteada. El inventarnos un pasado ilusorio. Falso. Inexistente. Quizás pa' no sentirnos, como sociedad, como clase media urbana, tan miserables, tan rastreros, tan complacientes con la autoridad, tan lamebotas. Tan soretes.

Y mi propia autocrítica hoy, después de escuchar a varios cincuentones como yo, que quieren vender que estuvieron acongojados en el 76 (cuando los ví realmente festivos, vivarachos y -no es por molestar- hasta casi felices). No puedo menos que arrepentirme de haber sentido lástima por Isabel. De haberle creído a mi amigo del PC que Videla, en una de esas, podía ser un cacho progresista. De haberme puesto ronco gritando los goles del mundial, al unísono con la junta militar. De haber comprado una bandera en el 82. De haber ido a ver al Papa. Y que por levantarme una mina una vez fui a ver una película llamada Los paraguas asesinos.

De haber sido tan, pero tan pelotudo.

De todo eso me arrepiento.

Isabel tenía razón. Corrieron ríos de sangre nomás.

marzo 2006


Los Soretes (*) Miserables de la Revolución

Por Horacio Casco

Galimberti - Masetti - Villalobos

Decía, más o menos, el nunca bien ponderado Che Guevara -sin que ello signifique palabra santa- que la Revolución con mayúsculas debía producir, más allá de nuevas relaciones de producción, una nueva cultura y un Hombre Nuevo. Un ser humano diferente. Por rara coincidencia la misma mística que impregnaba los inicios del cristianismo, ya que San Pablo también hablaba de un Hombre Nuevo.

Si algo no disculpamos al liberalismo los espíritus racionalistas y liberados, es su espíritu secular, la ausencia de sacralidad en su discurso. En ese sentido los pequeños marxistas de orientación burguesa -como quien escribe- seguimos siendo admiradores del gran Egipto antiguo y del espíritu medieval y su convicción en la Misión Trascendental del Hombre sobre la Faz de la Tierra. Y si no ahí están las monumentales pirámides y las catedrales, que no me dejan mentir.

Disculpen la grandielocuencia, pero es así. Por algo los monumentos soviéticos se parecían tanto a los monumentos romanos (y también a los nazis, que asimismo adherían a una mística prerrenacentista). Será que la monumentalidad de los homenajes humanos remite casi siempre a la vena instintiva, y muy pocas veces a la vena racional... habría que releer Totem y tabú y El malestar en la cultura, tal vez.

Cuando el nunca bien definido y siempre difuso "campo popular" trata de aprehender un valor burgués preexistente lo primero que hace es apropiarse de sus superficies, de sus ceremonias, de su escenografía. Los "ejércitos populares" de los años 70 tenían reclutas, cabos, sargentos, oficiales principales y severísimos códigos disciplinarios, como cualquier estúpido ejército burgués. Las "universidades populares" tienen cátedras, rectores y decanos. Lo que no sé es si tienen centros de estudiantes.

Y no sé para qué tanto introito, si de lo que quiero hablar es de los Miserables Soretes de la Revolución, así con mayúsculas. Pero lo anterior me sirve para despejar el campo y separar el trigo de la paja, o viceversa. Si la revolución debía producir Hombres Nuevos, ¿por qué produjo, junto a sagrados y venerados súper héroes ilustrados, soretes de pacotilla de tal calaña que aún el más degeneradito y anacrónico liberal sin ilustrar vomitaría de sus entrañas?

Trataré de explicarme, y no abundaré en ejemplos, tomaré solo tres: Rodolfo Galimberti, Jorge Masetti (hijo) y Joaquín Villalobos.

1. Galimberti fue el nexo imprescindible entre Perón y Montoneros, cuando aún estos no eran los salvajes marxistas apátridas que nos vendió el Proceso y luego la prensa de derecha, sino una melange de niños bián católicos y chupavelas. Aún cuando hubieron reventado a Aramburu (1970), firmaron el comunicado "Que Dios, nuestro Señor, se apiade de su alma". Perón mismo no tenía la menor noticia de esta manga de chupacirios advenedizos al peronismo (provenían de Tacuara). El enlace fue Rodolfo Galimberti, quien no se sabe cuántas veces atravésó el Atlántico yendo y viniendo con cartas de Perón a Montoneros y vicerversa. No había email y no se confiaba en el correo postal. Lo demás es historia conocida, para qué redundar. ¿Que cómo terminó Galimberti? Trabajando para Bunge y Born y Susana Giménez. Despreciado y usado por la derecha y excomulgado por la izquierda, Galimberti es el más claro ejemplo de que en política no hay errores, hay suicidios. El "loco" eligió vivir como burgués los últimos años de su miserable vida antes que ser rescatado para la historia como un tipo consecuente. Un hijo bastardo de los gloriosos '70 del cual uno no puede recordarlo sino como un Sorete Miserable con supremo desprecio.

2. El segundo Sorete Miserable es Jorgito Masetti, hijo de Jorge Masetti, el periodista argentino fundador de Prensa Latina, desaparecido en la selva salteña en el año 68, en un efímero e ingenuo intento foquista de reproducir la revolución cubana en suelo argentino en épocas del onganiato. Jorgito Masetti hijo se crió en Cuba, fue un niño mimado de la revolución, intervino, ya adulto, en algunos focos guerrilleros latinoamericanos. Pero su mayor mérito era ser el hijo del mítico Masetti. En 1998, cuando fue fusilado su suegro por un asunto de drogas, tema que tal vez los lectores recuerden, Jorgito se borró de la isla y puso en marcha el ventilador tiramierda. Obviamente fue recibido con los brazos abiertos por la derecha, mimado, ensalzado y publicado. Escribió un librito que vendió miles de ejemplares. Actualmente reside en Europa y es el peor enemigo de la revolución cubana. Un deleznable sujeto que optó por lo viejo y decadente, un Sorete Miserable que, por lo visto y escuchado en sus declaraciones, en su putísima vida leyó alguna línea semejante a la dialéctica y al marxismo.

3. El último Sorete Miserable es Joaquín Villalobos. El periodista Jorge Bardini dice de este soretín:
El ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, quien pasó por la universidad inglesa de Oxford para metamorfosearse en politólogo, se ha convertido impúdicamente en "asesor de conflictos" del presidente colombiano Alvaro Uribe. Sin embargo, Villalobos carga con una mancha aún peor: fue él quien en 1975 dio la orden de asesinar a Roque Dalton, uno de los más brillantes intelectuales centroamericanos.

Convertido en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración con Uribe ya era -y sigue siendo- 'apagaincendios' del actual presidente de su país, Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña (TCS).

En 2004 se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton, periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

La orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos, quienes también mandaron 'arrestar' a Dalton el 13 de abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era 'agente de la CIA'. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años.

El cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón. El cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros.

El asesinato fue 'injusto, un error de juventud, el más grave que cometí', le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: 'Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente criminal, lo cual no es posible', escribió.

Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología, por poco tiempo, en México.

En 1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas tarde su encuentro con el pintor: 'Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó'.

En 1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido Comunista, al que abandonó años después.

Por su militancia estuvo preso y desterrado. Condenado a muerte dos veces, logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cayó el dictador de turno cuatro días antes de su ejecución. La segunda -el día de Cristo Rey, en 1964- un terremoto sacudió San Salvador y derrumbó una de las paredes de su celda, situación que el escritor aprovechó para huir a toda velocidad.

Dalton vivió exiliado en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea.

En 1967 escribió una frase premonitoria: 'Desde hace algunos años siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar al día siguiente'. Con el seudónimo de 'Farabundo', en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con su ópera-rock 'Taberna y otros lugares', escrita durante sus dos años de residencia en Praga.

En diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte falso a nombre de 'Julio Dreyfus'. Dentro del ERP utilizó el nombre de 'Julio Delfos Marín'. Antes de su retorno final al país, se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo equipo que preparó la entrada clandestina del 'Che' Guevara a Bolivia.

'Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones', dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político, dos veces rector de la Universidad de El Salvador. 'Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión'.

El escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado:

'Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos.
'Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo'.

El hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos, dejó un poema premonitorio:
'Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
(...)

Cuando sepas que he muerto dí sílabas extrañas.

Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio'.

El politólogo graduado en Oxford y 'especialista en resolución de conflictos', no cabe la más mínima duda, es incapaz de redactar una sola línea de este calibre.

© Roberto Bardini
Copyright © 2003 Movimiento Bambú
bambupress@iespana.es

Por haber matado a Roque Dalton, Joaquín Villalobos merece, para nosotros, el supremo trofeo al Sorete Mayor que cualquier revolución se le antoje excretar.

(*) Sorete: cilindro de materia fecal atirabuzonado, heces, popó, caca, churre, mierda.

Febrero de 2005


Hablar bien no cuesta un carajo

Por Horacio Casco

Y todos saben los beneficios que trae, según asevera el dicho popular. Nunca mejor recordarlo en el año en que se celebarará en Rosario el III Congreso de la Lengua Española, entre los días 17 y 20 de noviembre de 2004. Las anteriores sesiones del congreso fueron desarrolladas años anteriores en Valladolid, España, y Zacatecas, México. Los organizadores y el mismo director de la Real Academia Española de Letras, Víctor García de la Concha (cuando alguien se exprese en un español soez podemos mandarlo literalmente a la concha de la madre patria que lo parió) se empeñaron en destacar la importancia de internet, ya que el congreso tendrá como lema "Identidad lingüística y globalización". Se esperan 2.500 congresistas, la presencia de importantes escritores y tal vez del mismísimo Bill Gates (¿para qué lo querrán?)

Durante el primer Congreso de Zapatecas, García Márquez levantó polvareda con su propuesta de eliminar los acentos y de que cada uno escriba como se le cante. El idioma español es utilizado actualmente por 400 millones de personas en todo el mundo, una cantidad pequeña si la comparamos con el chino o el inglés, pero 400 millones es igual un lindo numerito. En líneas generales el chino existe solo en la China y el inglés monopoliza Internet (que aparte "es" norteamericana, y todos entienden esto). Muy distinto sería el cantar si los destinos del mundo en vez de estar en manos de Estados Unidos y el mundo sajón hubieran recaído en manos de Francia o de Brasil: el portugués o el francés inundarían las comunicaciones, la cultura y nuestra vida misma, como la hace el inglés. Así que, señores, la cuestión aquí también es político-económica: el español es un idioma periférico porque nuestros países son periféricos.

Los chicos se expresan el el chat en un pastiche que verdaderamente debe irritar al purista (¿ke te pasa?), no solo por economía de caracteres sino porque el "modelo" imperial es un inglés sintético y desprovisto de acentos y exóticos caracteres, como la colita de la eñe. En su momento nos enojamos con el admirado Gabo, por aquello de Zapatecas, pero acá en El Ortiba me cuentan que no es posible utilizar acentos en algunos buscadores y que las páginas que suben al servidor deben carecer de acentos y eñes (el nombre de la página como documento, no el texto que se lee en pantalla), por una cuestión técnica. De técnica imperial, porque volvemos a decirlo: si en vez de Silicon Valley la informática hubiera anidado en Avellaneda otro gallo hubiese cantado.

La misma relación del español con el inglés -una relación de dependencia y subalternización de las propias pautas idiomáticas frente a la la presencia dominante del idioma imperial- se reproduce hacia adentro: entre el español de las clases dominantes y el habla de las clases populares. No faltan de nuevo puristas que levantando el dedito admonizador afirman que "la gente común habla mal", y que resulta impropio destacar la existencia de dos o más culturas, que cultura hay una sola (no rompan más las bolas), y que entre Cervantes y las letras de la cumbia villera se trata de una degradación infinita, pero del mismo idioma. Claro. Algo así como que un profesor universitario es un sujeto más evolucionado que un cartonero, o lo que es lo mismo un empresario que habita un country privado un ser más evolucionado a un habitante de una villa. Claro.

Si percibimos la evolución cultural en un camino de acumulación positivista, de trascendencia y excelencia, jamás aceptaremos que hay saltos, que hay quiebres, que hay cortes (¡no le recuerden esta palabrita a la clase media argentina!), que hay clases. De clases sociales estamos hablando.

(¿Continuará?)


Los chicos no leen

Por Horacio Casco

Hace poco (agosto 2004) se desencadenó en Buenos Aires una especie de discusión en torno a la capacidad de lectura de los chicos. Chico. Término tan vago que incluye desde adolescentes de catorce años a tremendos pelotudos de 35. Apartándonos un cacho del eje central de esta nota, recuerdo cuando ocurrida la luctuosa muerte el hijo de Blumberg, un muchacho ya grande, las amas de clase llamaban a las radios clamando  venganza y expresando (disculpen los gerundios) su dolor "por la muerte de ese chico". Durante los mismos días habían asesinado a una adolescente de verdad, pero de un barrio carenciado, como se dice, y el locutor del noticiero radial encabezaba la noticia como "la muerte de una mujer de dieciséis años". Claro, los ricos son siempre "chicos", son blanquitos, tienen un venturoso futuro por delante, los pobres son hombres y mujeres, mayormente morochitos, pobres, y tienen una ignominosa historia por detrás. Si fuese posible expresar lo que realmente siente en sus adentros la derecha, dirían que los pobres son "tipos y tipas". Y ésto para ser contemplativos. El lenguaje delata. Nos delata. Habla por nosotros. Somos hablados por él.

Volviendo al tema: no ya madres de barrio sino docentes (desinformadas, anacrónicas) aún hoy se quejan de internet. "Los chicos no leen, si se les pide que investiguen un tema en internet copian y pegan". No somos especialistas en educación, ni siquiera docentes, aunque tal vez sí un poco decentes, y nos parece que copiar y pegar quizás sea una forma distinta de elaborar información. Si uno se queda con el viejo esquema de investigación de fichas, apuntes, armado de texto y corrección, claro que copiar y pegar es un ejemplo alevoso de vagancia, de desidia, de desinterés por abordar rigurosamente un texto. ¿Pero desde dónde lo decimos? ¿No será que aún no hemos comprendido cabalmente el cambio tecnológico que supone internet?

La gente considerada "culta" ha vivido un enamoramiento brutal con los libros de papel como objetos concretos. Como si la cultura hubiese existido solo a partir de Guttemberg. El libro de papel es solo un soporte físico, como antes lo fueron los pergaminos, antes los papiros, y antes las tablillas de arcilla: soportes físicos, solo eso. Internet ofrece la más amplia biblioteca que cualquier hombre de cualquier época hubiese imaginado. Claro, de libros virtuales. Haga la prueba de afiliarse a los grupos de intercambio de Yahoo o MSN y verá que la cantidad de libros virtuales que puede bajarse gratis en una hora de navegación supera con creces la cantidad de libros de papel que puede leer en un año, por decir una cifra. Hágalo, y después me cuenta.

Cada vez que se produce un cambio tecnológico de importancia alguna gente trata de entender los nuevos fenomenos a la luz de los viejos esquemas conocidos. Cuando surgió la posibilidad del instrumentar el correo electrónico mucha gente pensaba que solo serviría como instrumento "de gran ayuda" para el correo postal. Pensaban que sería posible enviar un e-mail de una ciudad a otra, de una sucirsal de correo postal a otra, que se lo podría imprimir....¡y llevárselo en mano, por el cartero, al domicilio del destinatario! Y esto no sucedió en el siglo XIX, sinó en los años 70.

Creer que porque no se tiene a mano un libro de papel no se lee es algo que ya tendríamos que empezar a dejar para los nostálgicos (que nunca faltarán), esas personas de cierta edad respetable, ante cuyas ingenuas aseveraciones uno tiende a esbozar una irónica sonrisa (en lugar de mandarlos literalmente a la mierda). Los "chicos" no leen libros de papel, ni tampoco libros electrónicos, pero leen. Sino dígame usted, sabio lector, ¿cómo carajo hacen para saber lo que saben de computadoras e internet, para chatear, para jugar en red? ¿Y que escriben mal? ¿Que tipean ke en lugar de que? Trate usted de leer algún manuscrito del siglo XIX, y verá cómo escribían nuestros renombrados próceres: Dn en lugar de Don; Sgo en lugar de Santiago; Afte en lugar de Afectuosamente (esto último no es tan anacrónico, hasta los años 60 se escribía así). Claro, se dirá que era economía de caracteres, en una época donde se escribía con pluma cucharita y tintero. ¡Oh, caramba, qué coincidencia, lo mismo que hacen los "chicos" actualmente!

(¿Continuará?)


Hacia dónde va nuestro español

Por Horacio Casco

El siguiente es un texto que una oyente de Radio Nacional de España, Ana María, envió a uno de sus programas. Tan expresivo, tan significativo, que me pareció imperdible para los argentinos (con el permiso de El Ortiba), que en el tema que le preocupa a la oyente somos peores que los gallegos(1) ya que ellos, por lo menos, al mouse le dicen ratón y a la PC (Personal Computer) ordenador. Cedo entonces un cacho de mi columna para dar lugar a Ana María.

(1) Ya deberían saber los habitantes del Reino de España que en el ex Virreinato del Río de la Plata llamamos así, jocosamente, a todos los españoles y a quienes se les parezcan. Digo, para que no nos envíen más e-mails pletóricos de indignaciones.


"... Desde que las insignias se llaman pins, los maricones gays, las comidas frías lunchs y los repartos de cine castings, este país no es el mismo: ahora es mucho, muchísimo más moderno.
Antaño, los niños leían tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban posters creyendo que eran carteles, los empresarios hacían negocios en vez de business y los obreros, tan ordinarios ellos, sacaban la fiambrera al mediodía en vez del tupper-ware.
Yo, en el colegio, hice aerobic muchas veces pero, tonta de mí, creía que hacía gimnasia. Nadie es realmente moderno si no dice cada día cien palabras en inglés.
Las cosas en otro idioma, nos suenan mucho mejor. Evidentemente, no es lo mismo decir bacon que panceta, aunque tengan la misma grasa, ni vestíbulo que hall, ni inconveniente que handicap.
Desde este punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho sino plum-cake, ni tenemos sentimientos sino feelings.
Sacamos tickets, compramos compacts, comemos sandwichs, vamos al pub, practicamos el rappel y el rafting, en lugar de acampar hacemos camping y, cuando vienen los fríos, nos limpiamos los mocos con kleenex.
Estos cambios del lenguaje han influido en nuestras costumbres y han mejorado nuestro aspecto. Las mujeres no usan medias sino panties y los hombres no utilizan calzoncillos sino slips y, después de afeitarse se echan after-shave, que deja la cara mucho más fresca que el tónico.
El español moderno ya no corre, porque correr es de cobardes, pero hace footing; no estudia pero hace masters y nunca consigue estacionar, pero siempre encuentra un parking.
El mercado es ahora el marketing; el autoservicio el self-service; el escalafón el ranking y el representante, el manager. Los importantes son vips, los auriculares walkman, los puestos de venta stands, los ejecutivos yuppies, las niñeras baby-sitters y hasta nannies... cuando el hablante moderno es, además un pijo irredento.
En la oficina el jefe está siempre de meetingis o de brain-storms, casi siempre con public-relations, mientras la secretaria envía mailings y organiza trainings; luego se irá al gimnasio a hacer gym-jazz y se encontrará con todas las de la jet, que vienen de hacerse liftings y con alguna top-model amante del yoghourt light y del body-fitness.
El arcaico aperitivo ha dado paso a los cocktails, donde se jartan a bitter y a roast-beef que, aunque parezca lo mismo, engorda mucho menos que la carne.
Ustedes sin ir más lejos, trabajan en un magazine, no en un programa. En la tele, cuando el presentador dice varias veces la palabra O.K. y baila como un trompo por el escenario, la cosa se llama show, bien distinto como saben ustedes, del anticuado espectáculo; si el show es heavy, es que conlleva carnaza y, si es reality, parece el difunto diario El Caso, pero en moderno. Entre medias, por supuesto, ya no ponen anuncios, sino spots que, aparte de ser mejores, te permiten hacer zapping.
Estas cosas enriquecen mucho. Para ser ricos del todo y quitarnos el complejo tercermundista que tuvimos en otros tiempos, sólo nos queda decir con acento americano la única palabra que el español ha exportado al mundo: la palabra siesta."

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