Rolando Lazarte
Sociólogo, terapeuta comunitario y columnista de distintos medios. Nacido en Mendoza, reside en Brasil desde 1977.

 

El comienzo

Parecía que había vuelto a un tiempo primordial, a la vida en su comienzo. Yo conocía esa sensación, ese estar como al borde de algo nuevo. Eran los tiempos de mi ingreso a Cafh. Los tiempos en que me levantaba de mañana e iba a la cocina a leer los libros de Chaitanya, En las horas de meditación, y de Vijoyananda, Pláticas inspiradas, o Vedanta práctica. Lo refiero a los tiempos de mi ingreso a la orden a la que pertenecí durante muchos años, donde aprendí las bases de la vida espiritual, pero puede ser que fuesen tiempos aún más primordiales, el comienzo de la vida. También vienen a la memoria los años de las idas a la montaña en bicicleta con Daniel. Las madrugadas en el cuartel. Los comienzos del día en el colegio Santa Rosa. Hoy es domingo y todos duermen en la casa. Sé que estas sensaciones tienen que ver con libertad, con origen, con comienzo. Con certeza, vienen por haberme libertado de un prejuicio a respecto de una persona de quien pensaba mal, por atribuírle intenciones hostiles hacia mi persona, en virtud de su silenciosidad, una silenciosidad que me perteneciera, antes de que me exilara en un mundo de palabras, en el mundo de lo dicho, de lo explicado, de lo pensado. Estos tiempos anteriores, había estado pensando, y aún lo sigo haciendo, en la infancia, en ser niño, ser feliz y vivir en ese tiempo sin fin, sin miedos, sin muerte ni preocupaciones, un tiempo eterno y feliz. Este vivir primordial tiene que ver con el aprendizaje que significa para mí vivir al lado de mi mujer, de quien aprendo siempre cosas nuevas, de allí la novedad regresar a mí esta mañana. Vivir en libertad, vivir la libertad, ser libre de verdad y en justicia. Un cristianismo práctico, esencial y concreto, no doctrinario ni eclesiástico o sectario. Vienen a mí en plenitud la presencia de mi padre, de quien aprendo a vivir sin defenderme. La presencia de mi madre, de Ramón, de Dom Fragoso, de un niño que ya ve llegar la estación final pero sin miedo, como en aquél poema de Urbina, La visita. Sé que llegará, pero no pienso en ella. Cerraré los ojos y pensaré en Dios.

Agosto 2010


Eva Perón

Quisiera compartir algunas cosas que la figura de Eva Perón me suscita. No conozco mucho de su vida ni de su obra, pero me permito, y creo que lo debo hacer, decir algo a partir de los sentimientos que Eva Perón despierta en mí, esta mañana de agosto en que recuerdo la primera vez que sentí lo que siento al evocar tu presencia, Eva Perón.

Era en los años 1970, la película La Hora de los Hornos. Esa fue la primera vez que vi tu rostro, el rostro de Eva Perón en el balcón de la Casa Rosada, en Buenos Aires. El bombardeo a la multitud en la Plaza de Mayo. Otras mujeres, Eva Perón, reconozco en tu sentir, las mujeres del pueblo, las que vienen de abajo y tienen esa extraña manía de tener fe en la vida.

Las que se juegan por su sentir, las que no tienen miedo. Las madres de Plaza de Mayo. Las madres y mujeres de las clases pobres, que no se doblan, que no se venden. Que no desisten, resisten. Yo no sé dónde estás, Evita, Eva Perón. Pero sé que en la condición femenina, de mujer de lucha, guerrera, noble, entera, que tu figura evoca, muchos vemos lo que es la mujer en la vida del hombre, lo que es la mujer.

Creo que el peronismo fue algo para la Argentina, mientras vos vivías. Eras el alma de una justicia que fue verdad, por poco tiempo, y que despertó el rencor y el odio de las clases dominantes. Tu opción por los pobres no era ideológica ni oportunista. Era tu lealtad a tí misma. Era esa nobleza de quien llegando al poder, no olvida quién es, de dónde viene, su historia, su identidad, su memoria de clase.

En esa lealtad, es esa lealtad, la que nos mueve, hoy y siempre, a buscar ser lo que somos, a no vendernos, a no perdernos. La opción por los pobres no significa romantizar ni endiosar a los pobres, pero sí buscar la justicia. Es reconocer que todos somos pobres en algo, y ricos en algo, como enseña Adalberto Barreto, el creador de la Terapia Comunitaria. es saber que todos somos aprendices, como enseña Paulo Freire.

Es saber que el mundo será mundo, humano, hermano, cuando seamos capaces de cumplir en nuestra vida, la voluntad de Dios, como San Francisco de Asís, como Gandhi, como John Lennon, como cada persona en este mundo que se siente parte de lo creado.

Agosto 2010


La masacre de Trelew

Por Rolando Lazarte

Te levantas a estas horas de la madrugada. Todos duermen. Llueve. Las últimas gotas de la lluvia hacen clic. La casa está en silencio, y cuando el mundo calla, escuchas. Bajas la escalera hasta la máquina de escribir de estos tiempos. Una hoja en blanco se dibuja delante de ti. Escribes, o mejor, dejas la palabra venir. Vas viendo lo que viene y te sorprende, pues eres tú. Eres la vida silenciosa que retorna. Tantos recuerdos. El 22 de agosto. La masacre de Trelew. Eras chico, pero no olvidas. Nadie olvida. Otras masacres antes y después. La historia argentina. La impunidad. Los secuestros, desapariciones. El golpe de 1976. Los campos de concentración. El exilio.

Recuerdas cada instante. El viaje a la frontera. El miedo. Los amigos en los tiempos de la obscuridad. La protección. La solidaridad. El amor. Una cadena de solidaridad. Los primeros tiempos en São Paulo. La mujer de tu vida. Los primeros trabajos. Los chistes. Las chicas. Ahora la lluvia ha parado y oyes el sonido del vigía en la noche. La vida pasa rápido, piensas. 1972. 1977. 2010. ¿Qué horas son? La hora eterna. El tiempo que no pasa. Vives en familia hoy. Otra familia. Tantas familias. Una sola familia. El tiempo se detiene y lees estas cosas.

Dejas que el tiempo se pare. Ya no anda. Eres esa eternidad. Algo en ti lo sabe. Enseguida el domingo comenzará y otra vez la vida empezará a rodar en la bicicleta de tus anteojos, como decía Cortázar en alguno de sus cuentos. Cortázar. Borges. Fernando Pessoa. Jesús. Qué importa a qué edad Jesús se ilumnió. Vives la religión de la vida, una religión que no tiene dogmas, ni sabe ser una religión. No te crees mejor ni peor que nadie. El enigma te desafía. Sabes que debes conocerte, esa es la llave. El reino es esto, como decía Dom Fragoso.

Ella duerme. Recuerdas los días pasados. ¡Cuánto tiempo había pasado! La nieve en Mendoza, como en 1977. Parecía que aún estabas en la montaña, en la compañía de esquiadores de alta montaña 8, teniente primero Ibáñez. La jura de la bandera en el Cerro de la Gloria. Un sol radiante ese 8 de octubre. Mirabas la bandera ondeando. Soldado, ¿juras a la patria seguir constantemente su bandera y defenderla hasta perder la vida? Jurabas a Dios, a la Divina Madre, a Aquello que no muere. ¡Sí, Juro! 22 de agosto. La masacre de Trelew. Videla, los perros, la antipatria, la tortura, los campos de concentración, las Madres de Plaza de Mayo. ¡Sí, juro! Otra Argentina vino desde abajo.

Los movimientos de barrios de pie. Las mujeres luchadoras. ¡Sí, juro! Se te asoma un lagrimón. Tu madre se fuera, como lo hicieran Dom Fragoso y Ramón. Es otro tiempo. ¡Sí, juro! 22 de agosto de 1972, 2010. Los rostros de las guerrilleras y guerrilleros en las calles de Mendoza. Los habían matado a todos, cobardemente. Nosotros no olvidamos. ¡Sí, juro! Algo en tí sigue expectante. Sabes que la vida es más, pero con justicia, paz. Enseguida empezará el domingo de día, y esn este borde de vida de la hoja en blanco donde ves las letras apareciendo, un sol empieza a brillar, como en aquél 8 de octubre en el cerro de la gloria. Un auto a lo lejos. Se acerca la estación Terminal.

El viaje ha de terminar, como todos los viajes, y otro empieza. Hay un lugar, lo sabes, todos sabemos. Vas hacia allá, todos vamos hacia allá. Ya no hay tiempo para otras cosas. La vida es tan intensa. Recuerdas desde el comienzo hasta esta hora. La casa del carril Sarmiento. Leonidas Aguirre.. Y hoy ella, por quien estás vivo después del largo exilio. Por quien empezaste a vivir, cuando viste su asombro delante de los recuerdos del horror. Un pájaro atravesó el cielo cuando se conocieron. Amor imposible, parecía. No hay amor imposibe.

El amor es lo que hace posible la vida, al resurrección, esto que está aquí, y lo que más allá nos aguarda, aquí mismo, en el Reino de Dios, como decía Dom Fragoso. Bienaventurados los vientos que aquí te trajeron. Amiras la vida humana, las flores, la gente, el respirar, el estar vivo. Tanto amor, recuerdas. Siempre el amor. Solamente el amor. Los Beatles, Love, love, love. Love is all you need. ¡Sí, juro! No olvidarías, nadie olvida. Todo es una arte del infinito cristal de esa memoria, como dice Borges. Everness. 22 de agosto de 1972. La masacre de Trelew.

Agosto 2010


22 de agosto

El 22 de agosto de 1972 fueron asesinados varios guerrilleros y guerrilleras en Argentina, en lo que se conoce como la Masacre de Trelew. El régimen militar de turno ya había mostrado su cara asesina en el Mendozazo, ese mismo año, en abril, cuando un número no declarado de personas de los barrios populares de la capital andina, fueron muertos por las fuerzas de represión. La larga tradición asesina de la tropa de ocupación una vez más hacía evidente cuál sería el destino de la juventud de aquellos años y de la población en general: la muerte, amenaza de muerte, tortura, fuerza bruta. Mentiras encubren hasta hoy el largo rastro de sangre derramado por la tropa de ocupación. La deshonra militar sólo podría ser lavada con justicia. Pero la complicidad del aparato judicial, y del vasto contingente "civil" (empresarios, eclesiásticos, periodistas, intelectuales, banqueros, etc.) cubre esta y las demás masacres perpetradas contra los argentinos y las argentinas por la tropa de ocupación. La de 1976-1983, también impune. Este 22 de agosto, recordemos la justicia necesaria para que nuestra patria tenga paz.

Agosto 2010


Integridade

"Cuando nada tienes para hacer, tejes en el telar que tus ojos ven ahora, o dejas que las palabras te tejan. Una tarde como hoy, dejas que esos hilos infinitos te lleven y te traigan desde los confines del universo a esta hoja que ves. El frio del cielo gris y el ladrido lejano del perro, un auto que pasa, los sonidos de ella que baja la escalera. El tictac de las teclas que tus oídos registran.

Todo es parte de la misma sinfonía, la sinfonía de la vida de que formas parte, de que todo forma parte. Esta tarde y todas las tardes, este dia y todos los días, los que fueron y los que serán. Los que fueron desde el comienzo de los tiempos y los que anidan en la matriz de la vida. Todo es una continuidad, una diástole y una sístole, y tú con ello, pulsas.

Dejas que el frío y los sonidos, la eternidad te envuelve. Te dejas llevar por el sonido de las letras que tejen y destejen caminos. Eres una letra de ese camino. Tratas de descifrar el enigma que eres, el enigma de estar vivo o viva. Es más de lo que puedes comprender. Apenas te admiras. Sabes que no hay explicaciones para el misterio de la vida.

Apenas vives, con la noción de estar a un paso de lo eterno. Las civilizaciones pasadas, lo que aún está por venir. Lo que los antiguos pueblos hicieron y lo que se extiende mucho más allá de cada vida humana, de toda vida, animal, vegetal, mineral. La insondabilidad del cosmos. Todo anida en ti. Tú eres Aquello, como dicen los hindúes.

Y por más que se te anude la garganta al tratar de expresar lo que sientes, sabes que lo intentas y el intento te remonta a ese origen y final de donde viene todo y adonde todo va. Te dejas llevar por el ritmo de la tarde, de las teclas que resuenan en tus oídos, por el viento y por el canto del pájaro. Tú eres Aquello.

Oyes los sonidos de ella por la casa. Es un nido. Ella y la casa. Tú eres el nido. Eres el origen, el medio y el fin. El comienzo y la continuidad y el concluir."

Agosto 2010


El lugar del libro

"Un libro puede ser un lugar para vivir. Pero si has adquirido el hábito de creer en el mundo exterior, talvez pienses que te estoy hablando de lugares imaginarios, que juzgas irreales. Te estoy hablando de lugares imaginarios, si, pero son más reales que cualquier cosa que tengas por real. No hay nada que sea real sin ser imaginario, y solo es real si es imaginario.

Puede ser que pienses que estos son juegos de palabras,y lo son, pero no hay nada más cierto que los juegos. Te molestan las incertezas, pero en verdad te digo que son lo único cierto. Hoy me desperté con saudades de mi libro Caetés, de Graciliano Ramos. Su tapa rústica, sus hojas amarillas, los lugares adonde voy cuando me tiro en el sofá a leer o simplemente a dejarme llevar por la narrativa, por el clima, por el tono.

Como no tengo Caetés a mano, fui a la biblioteca y hallé Historias Extraordinarias, de Edgar Allan Poe. Sentí algo parecido, no lo mismo, pues los libros son lugares específicos y no genéricos. Sin embargo, algo em mí lo reconoce como semejante. Son lugares atemporales, como A mão e a luva, de Machado de Assis, o Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury.

Hay veces em que necesitas refugiarte en esos lugares de fantasía y hacia allí refluyes para rehacerte, para volver a ti mismo o a ti misma cada vez que la vida te dice que no.

Pueda ser que alguien te diga que eres escapista, que la realidad, que los hechos, pero tu sabes muy bien que eres la persona más realista del planeta cuando vas al lugar que el libro te ofrece."

Agosto 2010


El reencuentro consigo mismo en la Terapia Comunitaria

Por Rolando Lazarte

"La búsqueda de uno mismo puede parecer distante de la terapia comunitaria, si se piensa que el terapeuta comunitario es alguien a servicio de los demás, alguien que está haciendo un trabajo para los otros.

El eje de la terapia comunitaria es el reencuentro de la persona consigo misma, es el poder ser uno, nuevamente, quien uno es. El reencuentro del ser consigo mismo, que podría parecer algo tan distanciado de lo real social inmediato y cotidiano, se produce, al contrario, en el medio, en el centro mismo de la red social de que cada uno forma parte.

Te recuperas como hijo o hija, con los padres y hermanos que tuviste o que tienes, con los amigos y amigas que tuviste y que tienes, los colegas de trabajo, los vecinos, etc. Te descubres parte e la trama de la vida, y esto ocurre de a poco o de golpe, en la medida en que vas descubriendo que tu vida, que es totalmente original y única, resuena con ecos de semejanza y de diferencia complementaria, en las vidas de quienes te rodean.

Diferentemente de las terapias individuales y también de las terapias grupales, la terapia comunitaria libera al individuo de las prisiones sociales, de las rotulaciones estereotipadas y condenatorias, del prejuicio y de los engaños de la mente, en un movimiento de recuperación de la autonomía personal, frecuentemente cercenada por los mecanismos sociales de control.

Por ser un movimiento grupal no directivo, contrariamente a las demás terapias, promueve en vez de dependencia, autonomía. Se genera un movimiento de autodescubrimiento en que cada vez más vas siendo vos mismo o vos misma otra vez, fuera de las prisiones de los papeles sociales.

Lo que antes era una búsqueda ilusoria de una libertad también ilusoria porque desconectada de la trama relacional de la vida social y comunitaria, se vive como na liberación constante y progresiva, a medida que vas sacándote de encima lo que la rutina y la convivencia fueron haciéndote creer sobre tí mismo o tí misma."

Agosto 2010


Las raíces histórico-sociales y culturales en la formación del terapeuta comunitario y en su práctica profesional

Por Rolando Lazarte

El conocimiento vivencial, no sólo intelectual o informativo, de las matrices valorativas y de los procesos histórico-sociales de los pueblos latinoamericanos, es imprescindible para el autoconocimiento del terapeuta comunitario, tanto como para su ejercicio profesional. Esto es obvio, si se tiene en cuenta que en el proceso formativo, el terapeuta fue llevado a un intenso sumergirse en sí mismo, y allí, encontró sus padres, sus abuelos, sus orígenes, el lugar donde nació, sus experiencias de niño, reconstruyó su vida paso a paso, en un reencuentro fecundo con las experiencias que lo moldearon en las diferentes etapas de su vida. Entonces se reconoció como parte de un pueblo, con sus luchas, sus avatares, los sueños, esperanzas, dolores y alegrías de ser latinoamericano, del modo como puede serlo quien nació y vivió en estas tierras marcadas por la colonización española y el mestizaje con las culturas indígenas, los neocolonialismos, el imperialismo, las dictaduras, los movimientos de liberación nacional, el socialismo, el bolivarianismo, el marxismo, las distintas ideologías nacionales y locales, en la conformación del mosaico de identidades que forman el rostro plural de nuestra América Latina.

Ser latinoamericano en Argentina, en Uruguay, en Chile o en Venezuela, como en los otros países que forman nuestra América, supone desafíos que todos, de un modo o de otro, llevamos marcados en la mente y en el corazón. Si el terapeuta comunitario es, como dice Adalberto Barreto, un políglota en su propia cultura, sabemos que esto significa, para cada uno de nosotros, un arduo camino de honestidad consigo mismo, para reconocer, en la vida y en el caminar de cada uno, errores y aciertos, en ese permanente aprender que es la vida.

Conocer las hablas del pueblo, sus formas de expresión, sus refranes, sus valores, sus creencias, sus vicios y defectos, sus alegrías y esperanzas, es transformarse uno mismo, en espejo y reflejo de una realidad de que somos parte indisociable. Es reconocerse en el habla, en la cara, en la voz, en las voces, en los acentos, en las tonadas, en las risas, en los llantos, en las oraciones y meditaciones, en las reflexiones, en el luto en la paz y en el silencio del otro, de los otros, que ya no son tan otros, sino más bien nosotros.

Quien tiene hoy alrededor de cincuenta años en nuestra región, ha pasado por tiempos comunes, que es necesario mapear. Recordar individual y colectivamente las canciones, los hechos, los dichos, las caras, los sueños, las esperanzas y las pesadillas sucedidas en las tierras de cada uno, año a año, o por décadas. Es impresionante la memoria que se recupera en estos ejercicios. Tengo certeza de que ya lo han hecho. Y tendremos que hacerlo, lo seguiremos haciendo siempre. Es un ejercicio infinito, incesante. O te alienas, o recuerdas. Si no te acuerdas, te desconectas, dejas de existir en el presente, te transformas en una abstracción. Y ninguno de nosotros es un hombre o una mujer genéricos, como dice José Comblin. Todos somos alguien con una identidad, una memoria, unos valores, individuales y al mismo tiempo sociales, en parte compartidos y en parte únicos, como dice Ralph Linton en Estudio del hombre (Study of man). Otro antropólogo, Martin Buber (Yo y tu), así como Peter Berger, Karl Marx, Jesús Cristo, nos colocan frente a la evidencia de que sin ti no soy nada. Y esto no es una declaración de amor, sino un hecho. Me construyo en relación, y también, puedo destruírme en malas relaciones. Esto es lo que la terapia comunitaria define como el principio sanador de esta dinámica de vida que consiste en vivir en red. Sano al sanar contigo. Como no me enfermo sólo, tampoco me sano solo. Y juntos nos sanamos, o mejor, prevenimos el sufrimiento emocional, el aislamiento, el anonimato, la pérdida de identidad, la soledad, la alienación.

Identidad, memoria, historia, valores, raíces, pertenencia. De esto trata la Antropología cultural, como una de las bases o pilares de la Terapia Comunitaria.

El terapeuta comunitario es un hombre o una mujer de su tiempo. Conoce las raíces de su pueblo por conocerlas en sí mismo, y por vivir en red, se incorpora al proceso constante de la vida que, en relación conflictiva, progresa constantemente hacia ideales más elevados de justicia, fraternidad, solidaridad, cooperación, y realización plena de cada uno, en medio y con respeto a las diferencias.

Junio 2010


"Juntos podemos vencer todos los problemas"

La comunidad como eje de la prevención: un relato de experiencia

Por Rolando Lazarte

En cuatro años de acompañar la experiencia de la terapia comunitaria (en Brasil, México, Montevideo), me veo en el difícil trance de tratar de aclarar, para mí mismo y mis lectores, las cosas que aprendí en ese caminar. Significativamente, el trabajo comenzó en 2004, en la unidad de salud de familia del barrio de los ambulantes, en Mangabeira.

En una sala de la Asociación de Moradores, profesoras de la Universidade Federal da Paraíba, Depto. de Enfermería, y agentes de salud del barrio, se reunieron con moradores del mismo, una tarde de sol. En una pizarra escrito: juntos podemos vencer todos los problemas. Nada podría resumir mejor lo visto y lo vivido en estos cuatro años de acompañar la terapia comunitaria desde su llegada a João Pessoa a sus caminos en México, Montevideo, Ceará (Ocas do Índio, 2008).

De inicio como usuario, en tratamiento contra la depresión, ensayando caminos de reencuentro conmigo y con la vida, posteriormente como coadyuvante en los trabajos al lado de mi compañera María y la hermana Ana, Djair, Ana María, las alumnas del programa de posgrado en enfermería de la UFPB , Rosario (hoy presidenta de la Asociación de Moradores), Ailda, Socorro, Vania, Cida, Denise, Dona Terezinha, Seu João.

Hoy como terapeuta comunitario y sociólogo, puedo contar las cosas como las vi y las viví, como las sigo viendo y viviendo. Un camino de prevención del sufrimiento mental y emocional (que para mí son distintos, si bien que asociados), de ruptura del anonimato y el aislamiento, recomposición de la identidad personal, cultural y social, recuperación de la historia y la memoria, revalorización de sí mismo, su cultura y su encaje en el tiempo presente con proyección al futuro, la terapia comunitaria es eso y mucho más.

La primera vez que participé, conté de mi sufrimiento como sobreviviente de la dictadura que asoló Argentina entre 1976 y 1983, las secuelas del horror, el miedo, la paranoia, el insomnio, la pérdida de referencias, la disminución del valor de sí, la quiebra de la percepción del mundo y de la propia persona, que lo que la saña del terror de estado nos impusiera como pesada carga, venía minándome por dentro y en mi relación con el mundo. Vivía esperando el auto que vendría a buscarme, a acabar conmigo y mi familia, en el silencio de la noche. Armas me apuntaban desde la casa vecina.

Un jardinero era un asesino pronto para entrar a la casa y acabar con todos. Un señor que pedía conducción, un posible asesino. Además de 30.000 muertos secuestrados y desaparecidos, la dictadura de la antipatria dejó millones de deshabitados internos. Gente sin sí. Perdidos en el espacio y en el tiempo.

De esa herida brotarían flores. O, para decirlo con las palabras de Adalberto Barreto, el fundador de la Terapia Comunitaria , de esa herida nacería una perla. Aún recuerdo las palabras de Rosario: eso ya pasó. Hizo un gesto como de dar vuelta la página. Mis hijos lejos, en Argentina, yo divorciado, deprimido, con paranoia. Con los bailes, los abrazos, el cariño y las palabras de amor, las oraciones, las comidas de esa gente pobre y noble, empecé a volver.

Ver profesionales de la salud, universitarios como yo lo fuera (estaba jubilado entonces, con la sensación de no ser nada y nada valer), venciendo donde yo sentía haber fracasado, tratando a la gente como gente y no como cosa, haciéndoles sentir su valor, me daba coraje. Yo también podía. Empecé a frecuentar las reuniones en otros lugares. de pronto era México DF, de repente Montevideo. La semana pasada Ocas do Índio (Beberibe, Morro Branco, Ceará). Todo trae memoria de reencuentro, de recuperación de sí de una humanidad que insiste en traerse de vuelta, en dar la vuelta por cima.

La semana pasada los terapeutas de João Pessoa se reunieron en la Estación Ciencia , cerca del farol de Cabo Branco, en la Ponta do Seixas, y hubo unos cantos y bailes, y varias declaraciones de participantes de la terapia comunitaria en el Muncipio. Una señora con un niño en brazos dijo haber redescubierto su vida interior. Otra, que perdiera el marido por una bala perdida, postrada durante seis meses en un sofá sin salir de casa, reencontrar las ganas de vivir. Un niño que iba mal en la escuela y era testarudo, dijo ahora estar yendo bien gracias a la terapia. Otro grupo de jóvenes pasó adelante en el auditorio y declaró entre risas y timideces, lo aprendido en las ruedas de terapia.

La secretaria de salud del municipio y el intendente, enfatizaron, al final, cuánto se ahorraría en remedios ineficaces y horas de vida perdidas, si de hecho la terapia comunitaria se expandiera en los servicios de salud de la ciudad, en la atención básica del programa de salud de la familia.

En las distintas vivencias locales e internacionales, en los testimonios vividos por mí mismo y por personas y grupos de edades diversas y condiciones sociales también variadas, puedo decir que este trabajo colectivo de promoción de la persona humana y ejercicio de la ciudadanía, esta forma de autogestión de los afectos y la sociabilidad, es el mejor antídoto contra la depresión, la despersonalización y el abandono de sí.

Vi personas abandonar el alcoholismo. Gente dejando de sufrir por la violencia familiar. Unos ayudando a los otros con informaciones sobre empleo. Personas abrazándose y cantando oyendo su nombre pronunciado por otros que le esperan con cariño en reuniones semanales o quincenales. Alumnos saliendo de la esquizofrenia profesional, profesores saliendo del autismo universitario, gente dejando la alienación teoricista y tecnicista.

De inicio, confieso que pensaba ser una estrategia de la clase media culposa para redimirse con obras de caridad. No había nada de eso. Había, hay, cada vez más habrá en brasil (hoy es política de estado del ministerio de salud), gente dándose las manos para salir juntos de las trampas que el capitalisimo, ese sistema sin alma, tiende a los vivientes. Gente como cosas se descubre gente en las vivencias de centramiento. Gente sin nombre descubre la leyenda y el mensaje escondido en su nombre. Víctimas se descubren vencedores.

Después de haber transitado durante veinte años por consultorios psicológicos de distintas orientaciones, tratamiento medicamentoso de la depresión, siento haber llegado al lugar cierto. Como sociólogo, como padre de familia, como hombre de este tiempo, heredero de tradiciones diversas apuntando a la humanización y a la esperanza, a la fraternidad y a la divinización de la vida, siento estar haciendo lo que tengo que hacer.

Soy parte de una trama infinita, una corriente de solidaridad y de amor, paz y justicia. Es la corriente de la vida. Es la tela de la propia vida. Pudimos sentirnos derrotados por los golpes que asestó a nuestra vida el ingenio del odio. La tecnología del amor es mayor. Cuanto mayor el dolor, mayor la alegría. Ese es el mensaje de la terapia comunitaria, en mi experiencia.

Junio 2010


Palestina, todavía

Por Rolando Lazarte

Los últimos episodios en el ámbito internacional, involucrando agresiones de parte de un Estado que actúa por encima de las leyes y principios del derecho, deben haber hecho pensar a mucha gente, que estamos delante de un episodio que puede traer consecuencias nefastas para el orden mundial, ya bastante fragilizado por la inexistencia de un órgano capaz de garantizar la existencia pacífica de los distintos pueblos y naciones.

No bastase el episodio de la marina de Israel matar varios tripulantes del barco que llevaba ayuda humanitaria a los palestinos de los campos de refugiados –¿o deberíamos decir de exterminio?—en aguas internacionales, vuelve la atmósfera mundial a enrarecerse con las derivaciones de esta agresión impune, que despertó la protesta de la opinión pública mundial, y también de sectores desde dentro de Israel.

Solamente la ultradederecha más fascista, que en Israel es sionista, insiste en la razón de la sinrazón, atacando a quienes defienden los derechos de los palestinos, llamándolos antisemitas. Es cobarde y canalla esta postura, pues usa una palabra que fue acuñada en defensa de un pueblo y una cultura amenazados de extinción por el nazismo, para encubrir maniobras y procedimientos totalitarios e inhumanos que Israel viene perpetrando contra los palestinos

Los palestinos, aunque la derecha judía lo quiera ignorar, tienen tanto o más derecho que los judíos a las tierras de las que fueron expulsados, y en las que son maltratados sin piedad ni compasión, condenados a muerte lenta por el Estado de Israel, con la connivencia de las Naciones Unidas. Es lamentable que, en pleno siglo XXI, la humanidad deba todavía convivir con tanta intolerancia, tanta falta de respeto a la persona humana, tanta indiferencia hacia los principios más elementales de la coexistencia pacífica entre los diferentes.

Junio 2010


Caminos de unidad

Por Rolando Lazarte

Existe una profunda convergencia entre la meditación, la desalienación, el placer, el arte, y otras prácticas sociales en que la persona vuelve a ser ella misma.

Entre estas últimas, la terapia comunitaria, que es un espacio de escucha activa de si mismo, en que uno se descubre en el otro, en los otros. Hay un reconocimiento mutuo, se pierde la sensación de separatividad y aislamiento, y se recupera la sensación y la experiencia de unidad. Por un lado, Jung con su abordaje del inconsciente colectivo, por otro lado, las experiencias de meditación como vivenciadas por Jesús, Gandhi, Ramakrishna, San Francisco de Asís.

Uno y otro camino llevan a lo mismo, a la vivencia de la unidad, a una experiencia de que todo está unido, de que formamos parte de la totalidad. Entonces el concepto de Dios no es una entelequia abstracta.

Cuando la persona se descubre parte del todo, o mejor dicho, cuando ella recuerda, vivencialmente, experimentalmente, que ella es parte de la totalidad, toda su vida cambia, para mejor. Deja de sufrir por cosas que antes la afligían, como las sensaciones de pérdida de sentido y vacío existencial, que empujan millares de personas por todo el mundo, a cosas como el consumismo, la drogadicción, la depresión, el suicidio, la anomia, la alienación.

Días atrás, leyendo un libro de Hermann Hesse, reflexionaba sobre lo que el escritor decía sobre su experiencia espiritual. Dice el autor que él podía vivir sin instituciones religiosas, pero no podía vivir sin fe. Rastreando als fuentes cristianas e hindupistas de su experiencia , Hermann Hesse, menciona la preocupación insistente, casi obsesiva, del hinduismo con la unidad.

De hecho, el hinduismo, al igual que el mensaje de Jesús (Yo y el padre somos uno), rompe con la disociación, afirmando la unidad. Tú eres Aquello (Tat Tvam Asi). La persona no tiene que transformarse en Dios, ella es Dios. Esta afirmación de radical unidad es revolucionaria, si se piensa que vivimos en un sistema que vive de la separatividad, de la disociación, de la exclusión, del no-reconocimiento de sí, de la anomia y la alienación.

En efecto, el sistema capitalista es eso: la afirmación de la divergencia, mientras que la vida, al contrario, llama a la convergencia. Por eso se dice que el capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso. Invierte la realidad, muestra la apariencia y esconde la esencia. Rompe la unidad, crea pedazos, fragmentos de personas, fragmentos de vida. El arte y el placer, por otro lado, son también caminos hacia la unidad. Estas breves anotaciones no pretenden ser más que eso, esbozos de lo que se siente y se vive en busca de la unidad.

Cada uno es un camino hacia sí mismo, y todos, en conjunto, somos caminos de retorno de una humanidad que se pierde en la mercantilización y el utilitarismo, en el objetivismo y la cosificación, y se reencuentra en la solidaridad y en las prácticas de fraternidad. No se necesitan nuevos discursos, nuevas teorías o interpretaciones, sino nuevas experiencias, para ser feliz.

La felicidad está al alcance de la mano, en realidad, en las manos de cada persona, y de la humanidad como conjunto. Consiste en ser uno quien es, y esto se aplica a cada individuo, y a la sociedad, o a las comunidades como la familia, los grupos religiosos o de otra índole. La identidad refleja lo que uno es, y eso se aplica a lo personal y a lo colectivo. La identidad se pierde cuando lo esencial se confunde con lo aparente, y toda disociación es oriunda de la pérdida del sentido original de pertenencia.

El individuo cuando se redescubre vinculado al todo, parte de la comunidad y de la historia, del tiempo y de la vida, se recupera de todos sus males.

Vuelve a ser feliz, con esa felicidad original que se tiene de niño, antes de que los traumas empiecen a hacer llorar a ese niño o niña que, en al vida adulta, somos obligados a traer de vuelta, pues es nuestro primer maestro. Es quien conoce el camino de regreso: el placer, la alegría, la simplicidad, la confianza, la despreocupación. Todos los caminos conducen a Roma, podríamos decir, a título de conclusión provisoria de estas reflexiones. Y los caminos son muchos, tantos cuantas personas hay o hubo en el mundo, pues la continuidad de la vida muestra la conexión indestructible de todo lo que es, lo que fue, y lo que será.

Junio 2010


La terapia comunitaria como modo de vida

Rolando Lazarte

Muchas veces he reflexionado acerca de cómo la vida de uno cambia a partir del momento en que uno se forma en terapia comunitaria. No es solamente que uno aprende alguna cosa nueva, que de hecho se aprende. Es que uno vuelve a ser uno mismo, lo cual es un hecho transcendental. Uno vuelve a ser uno mismo, y esto es un proceso objetivo tanto cuanto subjetivo.

De a poco, tu ser, que se había enajenado en papeles sociales que te alienaban, que hacían de vos una cosa, una máquina de cumplir obligaciones, vuelve a ser el mismo ser que siempre habías sido, pero que estaba tapado, oprimido, negado, por la capa externa que te iba asfixiando poco a poco.

Este regreso de uno a uno mismo, este retorno de la persona a lo que ella es, tiene el valor de un nuevo nacimiento, y esto es lo que yo vengo experimentando, tanto en mí mismo como en los demás, con quienes vengo participando de ruedas de terapia comunitaria, encuentros de formadores, cursos de formación, intervisiones.

Cuando se evalúa, como ya ha sido evaluado, el impacto de la terapia comunitaria en la vida de las personas, el ítem número uno es el empoderamiento personal. Otra vez la persona siente que puede, se da cuenta de que ella es capaz. Se descubre parte activa en una red de relaciones, en el proceso histórico de su vida, y de la vida de su familia, de su país, de su región, del mundo en que vivimos.

Varias investigaciones han confirmado este hecho de capital importancia, de redescubrimiento del propio ser, del ser auténtico, a través de la terapia comunitaria como modo de vida, como forma de verse a uno mismo y a los demás, como manera de encarar la vida todos los días, con una nueva relación de afecto por uno mismo y por los demás, con una nueva esperanza y una nueva manera de pensar y de sentir.

Junio 2010


Reconstrucción

Por Rolando Lazarte

No hay ningún mérito especial en que una persona haya sobrevivido a una catástrofe, aún que esta catástrofe no haya sido natural sino planeada cuidadosamente, como la operación masacre ejecutada en Argentina por el llamado ejército nacional, entre 1976 y 1982, completada, en sus aspectos económicos y sociales, por el gobierno de Menem.

Unos destruyeron la gente, las instituciones, la confianza, los valores humanos como un todo. Este último, continuó la obra destructiva entregando lo que restaba de la riqueza nacional al extranjero. Se perdieran así, los teléfonos, el petróleo, sectores claves de la economía y de la subsistencia del país, dejándolo en manos del interés privado.

Quien tuvo la suerte o el destino de sobrevivir al genocidio que el nazismo asestó a nuestro pueblo y a nuestra patria, pudo, de a poco, con el auxilio solidario de mucha gente, irse rehaciendo, y lo seguirá haciendo, pues la tarea es constante, cotidiana.

Lo que la antipatria destruyó de un golpe, lo viene uno recomponiendo en minúsculos y repetidos actos diarios, año tras año, minuto a minuto, día tras día.

Si la Argentina se recompondrá de las sucesivas destrucciones que la sometieron los gobiernos antinacionales y antipopulares desde los años 1950 hasta hoy, es algo que está por verse. La resiliencia no se aplica sólo a personas, sino a países, me parece. Quiero creerlo.

Si es así, cabe esperar que con la misma fuerza que nos azotaron como personas y como pueblo, como país, como Argentina, podremos levantarnos con tanta o más fuerza que la que usaron para tentar aniquilarnos.

Junio 2010


Un mundo sin Estado

Por Rolando Lazarte

Las recientes agresiones de Israel a un grupo de personas que llevaba ayuda humanitaria a los palestinos de los campos de exterminio de Gaza, me han hecho pensar, como deben haber hecho pensar a mucha gente en el mundo, en lo que es el Estado, el Estado fascista, nazi, sionista, y los mecanismos estatales de dominación, de explotación y de muerte.

Más allá o más acá de los hechos que Israel protagoniza, cercando y matando de hambre a los palestinos sitiados en los campos de exterminio, queda el hecho de que la vida de las personas sigue en manos de quienes dicen que deberían protegerla. El Estado es y será, no hay como deje de ser, un mecanismo de robo, de explotación, de engaño y de muerte.

Pienso en Imagine, de John Lennon, y no puedo dejar de soñar, como mucha gente deberá estar soñando a lo largo y a lo ancho del mundo, con un mundo sin fronteras, sin militares, sin bombas ni fusiles, sin violencia ni muerte.

Yo sé que esto puede parecer imposible, pero algo me dice que un día podremos vivir sin cadenas, sin mentiras, sin engaños, sin corrupción, sin ejércitos ni torturas, sin campos de concentración o de exterminio, sin fuerza bruta, sin estado.

Un mundo sin explotadores ni explotados, donde la existencia de cada uno sea una posibilidad de crecimiento para los demás, y no una condición o posibilidad de explotación, como en el sistema actual. Y cuando digo sistema, me refiero a un modo de relacionarse las personas entre sí, con el tiempo, con las cosas, con la vida, con la naturaleza.

El modo capitalista instaura la relación única de la dominación, de la apropiación privada, del tener en vez del ser. Es un sistema o un modo de relacionarse, que vive de la exclusión, de la separatividad, del yo tengo y vos no, yo soy y vos no.

En el sistema o modo capitalista, el otro o es un obstáculo a eliminar, y ahí viene la lógica bélica, la de la guerra, la del matar para vencer, o bien el otro es alguien a quien dominar, a quien explotar, de quien sacar energías para mi beneficio propio y personal, con exclusión del colectivo o social.

En el mundo sin Estado que muchos soñamos, no habrá necesidad de mediadores, de alguien que lucre con la vida ajena, nadie que viva para que otros vivan mejor mientras él o ella se hunde y se degrada, se transforma en cosa. Ese otro mundo es posible, depende de otros estados de conciencia que no son el de la propiedad privada ni el de la exclusión. Supone otra ética, otros principios y otros valores, ya enunciados y practicados por millares de personas por todo el mundo.

Junio 2010

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