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Rolando
Lazarte Sociólogo, terapeuta comunitario y columnista de distintos medios. Nacido en Mendoza, reside en Brasil desde 1977. |
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Agosto 2010

Eva Perón
Agosto 2010

La masacre de Trelew
Por Rolando Lazarte
Te levantas a estas horas de la madrugada. Todos
duermen. Llueve. Las últimas gotas de la lluvia hacen clic. La casa está en
silencio, y cuando el mundo calla, escuchas. Bajas la escalera hasta la máquina
de escribir de estos tiempos. Una hoja en blanco se dibuja delante de ti.
Escribes, o mejor, dejas la palabra venir. Vas viendo lo que viene y te
sorprende, pues eres tú. Eres la vida silenciosa que retorna. Tantos recuerdos.
El 22 de agosto. La masacre de Trelew. Eras chico, pero no olvidas. Nadie
olvida. Otras masacres antes y después. La historia argentina. La impunidad. Los
secuestros, desapariciones. El golpe de 1976. Los campos de concentración. El
exilio.
Recuerdas cada instante. El viaje a la frontera. El miedo. Los amigos en los
tiempos de la obscuridad. La protección. La solidaridad. El amor. Una cadena de
solidaridad. Los primeros tiempos en São Paulo. La mujer de tu vida. Los
primeros trabajos. Los chistes. Las chicas. Ahora la lluvia ha parado y oyes el
sonido del vigía en la noche. La vida pasa rápido, piensas. 1972. 1977. 2010.
¿Qué horas son? La hora eterna. El tiempo que no pasa. Vives en familia hoy.
Otra familia. Tantas familias. Una sola familia. El tiempo se detiene y lees
estas cosas.
Dejas que el tiempo se pare. Ya no anda. Eres esa eternidad. Algo en ti lo sabe.
Enseguida el domingo comenzará y otra vez la vida empezará a rodar en la
bicicleta de tus anteojos, como decía Cortázar en alguno de sus cuentos.
Cortázar. Borges. Fernando Pessoa. Jesús. Qué importa a qué edad Jesús se
ilumnió. Vives la religión de la vida, una religión que no tiene dogmas, ni sabe
ser una religión. No te crees mejor ni peor que nadie. El enigma te desafía.
Sabes que debes conocerte, esa es la llave. El reino es esto, como decía Dom
Fragoso.
Ella duerme. Recuerdas los días pasados. ¡Cuánto tiempo había pasado! La nieve
en Mendoza, como en 1977. Parecía que aún estabas en la montaña, en la compañía
de esquiadores de alta montaña 8, teniente primero Ibáñez. La jura de la bandera
en el Cerro de la Gloria. Un sol radiante ese 8 de octubre. Mirabas la bandera
ondeando. Soldado, ¿juras a la patria seguir constantemente su bandera y
defenderla hasta perder la vida? Jurabas a Dios, a la Divina Madre, a Aquello
que no muere. ¡Sí, Juro! 22 de agosto. La masacre de Trelew. Videla, los perros,
la antipatria, la tortura, los campos de concentración, las Madres de Plaza de
Mayo. ¡Sí, juro! Otra Argentina vino desde abajo.
Los movimientos de barrios de pie. Las mujeres luchadoras. ¡Sí, juro! Se te
asoma un lagrimón. Tu madre se fuera, como lo hicieran Dom Fragoso y Ramón. Es
otro tiempo. ¡Sí, juro! 22 de agosto de 1972, 2010. Los rostros de las
guerrilleras y guerrilleros en las calles de Mendoza. Los habían matado a todos,
cobardemente. Nosotros no olvidamos. ¡Sí, juro! Algo en tí sigue expectante.
Sabes que la vida es más, pero con justicia, paz. Enseguida empezará el domingo
de día, y esn este borde de vida de la hoja en blanco donde ves las letras
apareciendo, un sol empieza a brillar, como en aquél 8 de octubre en el cerro de
la gloria. Un auto a lo lejos. Se acerca la estación Terminal.
El viaje ha de terminar, como todos los viajes, y otro empieza. Hay un lugar, lo
sabes, todos sabemos. Vas hacia allá, todos vamos hacia allá. Ya no hay tiempo
para otras cosas. La vida es tan intensa. Recuerdas desde el comienzo hasta esta
hora. La casa del carril Sarmiento. Leonidas Aguirre.. Y hoy ella, por quien
estás vivo después del largo exilio. Por quien empezaste a vivir, cuando viste
su asombro delante de los recuerdos del horror. Un pájaro atravesó el cielo
cuando se conocieron. Amor imposible, parecía. No hay amor imposibe.
El amor es lo que hace posible la vida, al resurrección, esto que está aquí, y
lo que más allá nos aguarda, aquí mismo, en el Reino de Dios, como decía Dom
Fragoso. Bienaventurados los vientos que aquí te trajeron. Amiras la vida
humana, las flores, la gente, el respirar, el estar vivo. Tanto amor, recuerdas.
Siempre el amor. Solamente el amor. Los Beatles, Love, love, love. Love is all
you need. ¡Sí, juro! No olvidarías, nadie olvida. Todo es una arte del infinito
cristal de esa memoria, como dice Borges. Everness. 22 de agosto de 1972. La
masacre de Trelew.
Agosto 2010

22 de agosto
El 22 de agosto de 1972 fueron asesinados varios guerrilleros y guerrilleras en Argentina, en lo que se conoce como la Masacre de Trelew. El régimen militar de turno ya había mostrado su cara asesina en el Mendozazo, ese mismo año, en abril, cuando un número no declarado de personas de los barrios populares de la capital andina, fueron muertos por las fuerzas de represión. La larga tradición asesina de la tropa de ocupación una vez más hacía evidente cuál sería el destino de la juventud de aquellos años y de la población en general: la muerte, amenaza de muerte, tortura, fuerza bruta. Mentiras encubren hasta hoy el largo rastro de sangre derramado por la tropa de ocupación. La deshonra militar sólo podría ser lavada con justicia. Pero la complicidad del aparato judicial, y del vasto contingente "civil" (empresarios, eclesiásticos, periodistas, intelectuales, banqueros, etc.) cubre esta y las demás masacres perpetradas contra los argentinos y las argentinas por la tropa de ocupación. La de 1976-1983, también impune. Este 22 de agosto, recordemos la justicia necesaria para que nuestra patria tenga paz.
Agosto 2010

Integridade
Agosto 2010

El lugar del libro
Agosto 2010

Por Rolando Lazarte
"La búsqueda de uno mismo puede parecer distante de la terapia comunitaria, si
se piensa que el terapeuta comunitario es alguien a servicio de los demás,
alguien que está haciendo un trabajo para los otros.
El eje de la terapia comunitaria es el reencuentro de la persona consigo misma,
es el poder ser uno, nuevamente, quien uno es. El reencuentro del ser consigo
mismo, que podría parecer algo tan distanciado de lo real social inmediato y
cotidiano, se produce, al contrario, en el medio, en el centro mismo de la red
social de que cada uno forma parte.
Te recuperas como hijo o hija, con los padres y hermanos que tuviste o que
tienes, con los amigos y amigas que tuviste y que tienes, los colegas de
trabajo, los vecinos, etc. Te descubres parte e la trama de la vida, y esto
ocurre de a poco o de golpe, en la medida en que vas descubriendo que tu vida,
que es totalmente original y única, resuena con ecos de semejanza y de
diferencia complementaria, en las vidas de quienes te rodean.
Diferentemente de las terapias individuales y también de las terapias grupales,
la terapia comunitaria libera al individuo de las prisiones sociales, de las
rotulaciones estereotipadas y condenatorias, del prejuicio y de los engaños de
la mente, en un movimiento de recuperación de la autonomía personal,
frecuentemente cercenada por los mecanismos sociales de control.
Por ser un movimiento grupal no directivo, contrariamente a las demás terapias,
promueve en vez de dependencia, autonomía. Se genera un movimiento de
autodescubrimiento en que cada vez más vas siendo vos mismo o vos misma otra
vez, fuera de las prisiones de los papeles sociales.
Lo que antes era una búsqueda ilusoria de una libertad también ilusoria porque
desconectada de la trama relacional de la vida social y comunitaria, se vive
como na liberación constante y progresiva, a medida que vas sacándote de encima
lo que la rutina y la convivencia fueron haciéndote creer sobre tí mismo o tí
misma."
Agosto 2010

Las
raíces histórico-sociales y culturales en la formación del terapeuta comunitario
y en su práctica profesional

"Juntos
podemos vencer todos los problemas"
La comunidad como eje de la prevención: un relato de experiencia
Por Rolando Lazarte
En cuatro años de acompañar la experiencia de la terapia comunitaria (en Brasil,
México, Montevideo), me veo en el difícil trance de tratar de aclarar, para mí
mismo y mis lectores, las cosas que aprendí en ese caminar. Significativamente,
el trabajo comenzó en 2004, en la unidad de salud de familia del barrio de los
ambulantes, en Mangabeira.
En una sala de la Asociación de Moradores, profesoras de la Universidade Federal
da Paraíba, Depto. de Enfermería, y agentes de salud del barrio, se reunieron
con moradores del mismo, una tarde de sol. En una pizarra escrito: juntos
podemos vencer todos los problemas. Nada podría resumir mejor lo visto y lo
vivido en estos cuatro años de acompañar la terapia comunitaria desde su llegada
a João Pessoa a sus caminos en México, Montevideo, Ceará (Ocas do Índio, 2008).
De inicio como usuario, en tratamiento contra la depresión, ensayando caminos de
reencuentro conmigo y con la vida, posteriormente como coadyuvante en los
trabajos al lado de mi compañera María y la hermana Ana, Djair, Ana María, las
alumnas del programa de posgrado en enfermería de la UFPB , Rosario (hoy
presidenta de la Asociación de Moradores), Ailda, Socorro, Vania, Cida, Denise,
Dona Terezinha, Seu João.
Hoy como terapeuta comunitario y sociólogo, puedo contar las cosas como las vi y
las viví, como las sigo viendo y viviendo. Un camino de prevención del
sufrimiento mental y emocional (que para mí son distintos, si bien que
asociados), de ruptura del anonimato y el aislamiento, recomposición de la
identidad personal, cultural y social, recuperación de la historia y la memoria,
revalorización de sí mismo, su cultura y su encaje en el tiempo presente con
proyección al futuro, la terapia comunitaria es eso y mucho más.
La primera vez que participé, conté de mi sufrimiento como sobreviviente de la
dictadura que asoló Argentina entre 1976 y 1983, las secuelas del horror, el
miedo, la paranoia, el insomnio, la pérdida de referencias, la disminución del
valor de sí, la quiebra de la percepción del mundo y de la propia persona, que
lo que la saña del terror de estado nos impusiera como pesada carga, venía
minándome por dentro y en mi relación con el mundo. Vivía esperando el auto que
vendría a buscarme, a acabar conmigo y mi familia, en el silencio de la noche.
Armas me apuntaban desde la casa vecina.
Un jardinero era un asesino pronto para entrar a la casa y acabar con todos. Un
señor que pedía conducción, un posible asesino. Además de 30.000 muertos
secuestrados y desaparecidos, la dictadura de la antipatria dejó millones de
deshabitados internos. Gente sin sí. Perdidos en el espacio y en el tiempo.
De esa herida brotarían flores. O, para decirlo con las palabras de Adalberto
Barreto, el fundador de la Terapia Comunitaria , de esa herida nacería una
perla. Aún recuerdo las palabras de Rosario: eso ya pasó. Hizo un gesto como de
dar vuelta la página. Mis hijos lejos, en Argentina, yo divorciado, deprimido,
con paranoia. Con los bailes, los abrazos, el cariño y las palabras de amor, las
oraciones, las comidas de esa gente pobre y noble, empecé a volver.
Ver profesionales de la salud, universitarios como yo lo fuera (estaba jubilado
entonces, con la sensación de no ser nada y nada valer), venciendo donde yo
sentía haber fracasado, tratando a la gente como gente y no como cosa,
haciéndoles sentir su valor, me daba coraje. Yo también podía. Empecé a
frecuentar las reuniones en otros lugares. de pronto era México DF, de repente
Montevideo. La semana pasada Ocas do Índio (Beberibe, Morro Branco, Ceará). Todo
trae memoria de reencuentro, de recuperación de sí de una humanidad que insiste
en traerse de vuelta, en dar la vuelta por cima.
La semana pasada los terapeutas de João Pessoa se reunieron en la Estación
Ciencia , cerca del farol de Cabo Branco, en la Ponta do Seixas, y hubo unos
cantos y bailes, y varias declaraciones de participantes de la terapia
comunitaria en el Muncipio. Una señora con un niño en brazos dijo haber
redescubierto su vida interior. Otra, que perdiera el marido por una bala
perdida, postrada durante seis meses en un sofá sin salir de casa, reencontrar
las ganas de vivir. Un niño que iba mal en la escuela y era testarudo, dijo
ahora estar yendo bien gracias a la terapia. Otro grupo de jóvenes pasó adelante
en el auditorio y declaró entre risas y timideces, lo aprendido en las ruedas de
terapia.
La secretaria de salud del municipio y el intendente, enfatizaron, al final,
cuánto se ahorraría en remedios ineficaces y horas de vida perdidas, si de hecho
la terapia comunitaria se expandiera en los servicios de salud de la ciudad, en
la atención básica del programa de salud de la familia.
En las distintas vivencias locales e internacionales, en los testimonios vividos
por mí mismo y por personas y grupos de edades diversas y condiciones sociales
también variadas, puedo decir que este trabajo colectivo de promoción de la
persona humana y ejercicio de la ciudadanía, esta forma de autogestión de los
afectos y la sociabilidad, es el mejor antídoto contra la depresión, la
despersonalización y el abandono de sí.
Vi personas abandonar el alcoholismo. Gente dejando de sufrir por la violencia
familiar. Unos ayudando a los otros con informaciones sobre empleo. Personas
abrazándose y cantando oyendo su nombre pronunciado por otros que le esperan con
cariño en reuniones semanales o quincenales. Alumnos saliendo de la
esquizofrenia profesional, profesores saliendo del autismo universitario, gente
dejando la alienación teoricista y tecnicista.
De inicio, confieso que pensaba ser una estrategia de la clase media culposa
para redimirse con obras de caridad. No había nada de eso. Había, hay, cada vez
más habrá en brasil (hoy es política de estado del ministerio de salud), gente
dándose las manos para salir juntos de las trampas que el capitalisimo, ese
sistema sin alma, tiende a los vivientes. Gente como cosas se descubre gente en
las vivencias de centramiento. Gente sin nombre descubre la leyenda y el mensaje
escondido en su nombre. Víctimas se descubren vencedores.
Después de haber transitado durante veinte años por consultorios psicológicos de
distintas orientaciones, tratamiento medicamentoso de la depresión, siento haber
llegado al lugar cierto. Como sociólogo, como padre de familia, como hombre de
este tiempo, heredero de tradiciones diversas apuntando a la humanización y a la
esperanza, a la fraternidad y a la divinización de la vida, siento estar
haciendo lo que tengo que hacer.
Soy parte de una trama infinita, una corriente de solidaridad y de amor, paz y
justicia. Es la corriente de la vida. Es la tela de la propia vida. Pudimos
sentirnos derrotados por los golpes que asestó a nuestra vida el ingenio del
odio. La tecnología del amor es mayor. Cuanto mayor el dolor, mayor la alegría.
Ese es el mensaje de la terapia comunitaria, en mi experiencia.
Junio 2010
Palestina, todavía
Por Rolando Lazarte
Los últimos episodios en el ámbito internacional, involucrando agresiones de
parte de un Estado que actúa por encima de las leyes y principios del derecho,
deben haber hecho pensar a mucha gente, que estamos delante de un episodio que
puede traer consecuencias nefastas para el orden mundial, ya bastante
fragilizado por la inexistencia de un órgano capaz de garantizar la existencia
pacífica de los distintos pueblos y naciones.
No bastase el episodio de la marina de Israel matar varios tripulantes del barco
que llevaba ayuda humanitaria a los palestinos de los campos de refugiados –¿o
deberíamos decir de exterminio?—en aguas internacionales, vuelve la atmósfera
mundial a enrarecerse con las derivaciones de esta agresión impune, que despertó
la protesta de la opinión pública mundial, y también de sectores desde dentro de
Israel.
Solamente la ultradederecha más fascista, que en Israel es sionista, insiste en
la razón de la sinrazón, atacando a quienes defienden los derechos de los
palestinos, llamándolos antisemitas. Es cobarde y canalla esta postura, pues usa
una palabra que fue acuñada en defensa de un pueblo y una cultura amenazados de
extinción por el nazismo, para encubrir maniobras y procedimientos totalitarios
e inhumanos que Israel viene perpetrando contra los palestinos
Los palestinos, aunque la derecha judía lo quiera ignorar, tienen tanto o más
derecho que los judíos a las tierras de las que fueron expulsados, y en las que
son maltratados sin piedad ni compasión, condenados a muerte lenta por el Estado
de Israel, con la connivencia de las Naciones Unidas. Es lamentable que, en
pleno siglo XXI, la humanidad deba todavía convivir con tanta intolerancia,
tanta falta de respeto a la persona humana, tanta indiferencia hacia los
principios más elementales de la coexistencia pacífica entre los diferentes.
Junio 2010
Caminos de unidad
La
terapia comunitaria como modo de vida
Reconstrucción
Por Rolando Lazarte
No hay ningún mérito especial en que una persona haya sobrevivido a una
catástrofe, aún que esta catástrofe no haya sido natural sino planeada
cuidadosamente, como la operación masacre ejecutada en Argentina por el llamado
ejército nacional, entre 1976 y 1982, completada, en sus aspectos económicos y
sociales, por el gobierno de Menem.
Unos destruyeron la gente, las instituciones, la confianza, los valores humanos
como un todo. Este último, continuó la obra destructiva entregando lo que
restaba de la riqueza nacional al extranjero. Se perdieran así, los teléfonos,
el petróleo, sectores claves de la economía y de la subsistencia del país,
dejándolo en manos del interés privado.
Quien tuvo la suerte o el destino de sobrevivir al genocidio que el nazismo
asestó a nuestro pueblo y a nuestra patria, pudo, de a poco, con el auxilio
solidario de mucha gente, irse rehaciendo, y lo seguirá haciendo, pues la tarea
es constante, cotidiana.
Lo que la antipatria destruyó de un golpe, lo viene uno recomponiendo en
minúsculos y repetidos actos diarios, año tras año, minuto a minuto, día tras
día.
Si la Argentina se recompondrá de las sucesivas destrucciones que la sometieron
los gobiernos antinacionales y antipopulares desde los años 1950 hasta hoy, es
algo que está por verse. La resiliencia no se aplica sólo a personas, sino a
países, me parece. Quiero creerlo.
Si es así, cabe esperar que con la misma fuerza que nos azotaron como personas y
como pueblo, como país, como Argentina, podremos levantarnos con tanta o más
fuerza que la que usaron para tentar aniquilarnos.
Junio 2010
Un mundo sin Estado
Por Rolando Lazarte
Las recientes agresiones de Israel a un grupo de personas que llevaba ayuda
humanitaria a los palestinos de los campos de exterminio de Gaza, me han hecho
pensar, como deben haber hecho pensar a mucha gente en el mundo, en lo que es el
Estado, el Estado fascista, nazi, sionista, y los mecanismos estatales de
dominación, de explotación y de muerte.
Más allá o más acá de los hechos que Israel protagoniza, cercando y matando de
hambre a los palestinos sitiados en los campos de exterminio, queda el hecho de
que la vida de las personas sigue en manos de quienes dicen que deberían
protegerla. El Estado es y será, no hay como deje de ser, un mecanismo de robo,
de explotación, de engaño y de muerte.
Pienso en Imagine, de John Lennon, y no puedo dejar de soñar, como mucha gente
deberá estar soñando a lo largo y a lo ancho del mundo, con un mundo sin
fronteras, sin militares, sin bombas ni fusiles, sin violencia ni muerte.
Yo sé que esto puede parecer imposible, pero algo me dice que un día podremos
vivir sin cadenas, sin mentiras, sin engaños, sin corrupción, sin ejércitos ni
torturas, sin campos de concentración o de exterminio, sin fuerza bruta, sin
estado.
Un mundo sin explotadores ni explotados, donde la existencia de cada uno sea una
posibilidad de crecimiento para los demás, y no una condición o posibilidad de
explotación, como en el sistema actual. Y cuando digo sistema, me refiero a un
modo de relacionarse las personas entre sí, con el tiempo, con las cosas, con la
vida, con la naturaleza.
El modo capitalista instaura la relación única de la dominación, de la
apropiación privada, del tener en vez del ser. Es un sistema o un modo de
relacionarse, que vive de la exclusión, de la separatividad, del yo tengo y vos
no, yo soy y vos no.
En el sistema o modo capitalista, el otro o es un obstáculo a eliminar, y ahí
viene la lógica bélica, la de la guerra, la del matar para vencer, o bien el
otro es alguien a quien dominar, a quien explotar, de quien sacar energías para
mi beneficio propio y personal, con exclusión del colectivo o social.
En el mundo sin Estado que muchos soñamos, no habrá necesidad de mediadores, de
alguien que lucre con la vida ajena, nadie que viva para que otros vivan mejor
mientras él o ella se hunde y se degrada, se transforma en cosa. Ese otro mundo
es posible, depende de otros estados de conciencia que no son el de la propiedad
privada ni el de la exclusión. Supone otra ética, otros principios y otros
valores, ya enunciados y practicados por millares de personas por todo el mundo.
Junio 2010
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