"Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra" y "Unirse desde abajo y organizarse combatiendo", fueron las consignas que encarnaron el espíritu clasista que le dieron origen a la CGT de los Argentinos en el Congreso Normalizador "Amado Olmos" del 28 al 30 de marzo de 1968. Emerge así una concepción clasista desde distintos sectores del activismo sindical. La CGT de los Argentinos fue el intento más concreto y audaz de conformar una organización de dimensión nacional capaz de expresar una clase obrera en transición, dispuesta a reformular sus instrumentos reivindicativos. Pero sobre todo un marco político para responder a la reestructuración del perfil de acumulación capitalista -y a su correspondiente sistema de poder institucional y disciplinamiento social- que supuso el golpe militar de junio de 1966.

NOTAS EN ESTA SECCION:
Hace 38 años nacía la CGT de los Argentinos  |  CGTA: Un polo de unidad antidictatorial, por Carlos Eichelbaum
Los Programas Históricos del Movimiento Obrero Argentino  |  El cordobazo y la CGTA  |   Prólogo de Rodolfo Walsh
Diccionario de los 70  |  Palabras iniciales, por Ricardo Carpani  |  Congreso Normalizador de la CGT Amado Olmos
Cartas de Perón a Raimundo Ongaro  |  Programa del 1º de Mayo  |  La explotación de los obreros rurales
Después del asesinato de Vandor  |  CGT-Los dos sindicalismos (Revista Confirmado, 1967)

La CGT de los estudiantes (Revista Siete Días, 1968)  |  Socialismo y revolución socialista, por Luis Cerutti (1972)

ENLACES RELACIONADOS
http://www.cta.org.ar

LECTURAS RECOMENDADAS
Carta de Perón a Ongaro y a las 62 organizaciones, 1970   |   Programa de Huerta Grande  |  Programa de La Falda
Historia del Movimiento Obrero Argentino - Víctor De Genaro (curso ATE 2004)   |  
Programa del 1º de mayo de 1968
  La nueva izquierda argentina, Punto Final 69, 03/12/68   |   Crónica del Cordobazo del periódico de la CGT de los Argentinos
Programa del 1º de mayo y otros documentos de la CGTA   |   Osvaldo Bayer y Felipe Pigna: El sindicalismo ayer y hoy
Darío Dawyd - A 40 años del Programa del 1º de Mayo  |  La resistencia peronista, Guadalupe Rojo
  Hechos y protagonistas de las luchas obreras: Raimundo Ongaro

L. Codesido y D. Dawyd - "Liberación" en Cristianismo y Revolución y en la CGT de los Argentinos

 



Encuentro Raimundo Ongaro - Agustín Tosco

En 1968 nacía la CGT de los Argentinos

1968-28 al 30 de marzo-2006 - La CTA-Rosario rinde homenaje a los que ayer y hoy siguen luchando por "una sociedad donde el hombre no sea el lobo del hombre sino su compañero y hermano".

"Empezaron sintiendo vergüenza por sus ropas de obreros, trataron de ponerse a tono con los despachos y antesalas ministeriales y poco a poco de representantes obreros frente al poder se convirtieron en representantes del poder frente a los obreros."
"Se enriquecieron, adquirieron hábitos y vicios incompatibles con sus cargos de dirigentes sindicales, burocratizaron sus sindicatos, los transformaron en maquinarias sin contenido, se limitaron —en el mejor de los casos— a la acción social, el tanto por ciento de aumento en cada nuevo convenio, los hoteles de turismo, las colonias de vacaciones."
"Olvidaron que los trabajadores no pueden ni deben mantenerse al margen de los problemas fundamentales de la vida nacional."
"Olvidaron que la política del gobierno contraría los intereses de la clase trabajadora."
"Toleraron los avances incesantes de los monopolios que rigen la economía del país, arruinando a las empresas nacionales, especulando con la desocupación que abarata la mano de obra, envileciendo los salarios."
"Durante años esos dirigentes se opusieron entre sí; encarnaban actitudes distintas ante los problemas nacionales, inclusive se combatieron con dureza. El tiempo ha borrado esos matices, ha gastado los ropajes ocasionales y los ha dejado desnudos; es posible ver que se parecen mucho, unos y otros. Por eso ahora, como por arte de magia, están todos juntos, enfrentados a los trabajadores."

[Del Semanario de la CGTA, 1968] Congreso Normalizador de la CGT Amado Olmos

Durante meses una predica golpista proveniente de distintos sectores dio sus frutos el 28 de junio de 1966, cuando el movimiento encabezado por el Gral. Juan C. Onganía destituyo al presidente Arturo Illía. Contribuyeron para la asonada militar desde las multinacionales hasta un enorme aparato en el que intervinieron varios medios de prensa, las FF.AA, sus organismos de "inteligencia" y dirigentes sindicales que se sumaron a la campaña desestabilizadora.

Luego, del fracaso de las medidas de la CGT a comienzos del 67, creció la relación de los sindicatos colaboracionistas encabezados por Coria, con el gobierno. Posteriormente, en el Congreso Normalizador "Amadeo Olmos" de la CGT, del 28 al 30 de marzo de 1968, se produjo la fractura del sindicalismo, y surgió la "CGT de los Argentinos" (CGTA), siendo elegido Raimundo Ongaro, como Secretario General, al que apoyaron un amplio arco ideológico de gremialistas. Mientras que se retiraron del congreso tanto vandoristas como colaboracionistas, constituyendo la "CGT de Azopardo", que paso a ser la "CGT oficialista y colaboracionista", que en las discusiones con la CGTA, levantaba la consigna "Primero la unión, después la lucha", mientras que la central comandada por Ongaro, les respondía planteando "Primero la lucha, después la unión"



Cristianismo y Revolución Nº 13, 1969
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Dentro de la CGTA, confluyeron distintos sectores entre los que se destacaron direcciones enrolados en el "peronismo duro", como telefónicos, sanidad, otras influenciadas por el radicalismo y los socialistas democráticos, expresados en ferroviarios y viajantes, otros sectores que respondían a la política del Partido Comunista, y a grupos políticos como el Partido Comunista Revolucionario (PCR), y principalmente sindicalitas ideológicamente social-cristianos, políticamente vinculados a sectores del peronismo como el ongarismo, la UNE en el movimiento estudiantil, sacerdotes del Tercer Mundo, etc.

Todo ese conglomerado de fuerzas políticas, sindicales y estudiantiles que se expresaron en la CGTA o de Paseo Colón, lo hicieron tras un programa antiimperialista, antimonopolista y antioligarquico. En los años de su existencia llevo adelante importantes luchas contra el plan de racionalización y ataques de las conquistas obreras de aquella dictadura que "no tenía ni tiempos, ni plazos...".

A las semanas, un sector del movimiento obrero de Rosario y del Cordón Industrial lanzo una convocatoria titulada "POR UNA CGT SIN COMPROMISOS O ATADURAS ESPURIAS" en donde se afirmaba "Asumimos la responsabilidad que el momento nos exige, UNIR en torno a esta Regional de la CGT, a todos los que, sin compromisos o ataduras espurias, entendemos que a los trabajadores se los arma de fe y de ansias de lucha, con posiciones claras, que no dividen, sino que unifican y sirven para hacer surgir dirigentes leales a las ideas e intereses del pueblo trabajador". Posteriormente, el 17 de abril un plenario de 27 gremios, presidido por Héctor Quagliaro, conformo la "CGT de los Argentinos Regional Rosario", aprobando lo resuelto en el congreso normalizador.

A nivel nacional la CGTA, emitió el "Programa del 1º de Mayo de 1968", redactado por Rodolfo Walsh, siguiendo a otros documentos del sindicalismo como el de La Falda (1957) y el de Huerta Grande (1962). En Rosario, el histórico documento de la central obrera, fue ampliamente divulgado entre los sindicatos, activistas gremiales y políticos, como un modo de propagandizar el acto del día de los trabajadores. El programa tenía un contenido antidictatorial, antiimperialista, y de liberación.

"Durante años solamente nos han exigido sacrificios. Nos aconsejaron que fuésemos austeros: lo hemos sido hasta el hambre. Nos pidieron que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. Y cuando no hay humillación que nos falte padecer ni injusticia que reste cometerse con nosotros, se nos pide irónicamente que "participemos".
Les decimos: ya hemos participado, y no como ejecutores sino como víctimas en las persecuciones, en las torturas, en las movilizaciones, en los despidos, en las intervenciones, en los desalojos. No queremos esa clase de participación.

Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha."

(Mensaje a los trabajadores y al pueblo: 1 de mayo de 1968. CGT de los Argentinos)
Fuente: C.T.A. Rosario


CGT de los argentinos (30 de marzo de 1968) - Canal Encuentro


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Sus dirigentes

Además del protagonismo de Raimundo Ongaro, hubo otros dirigentes que a partir de sus conductas y sus hechos hicieron posible la CGT de los Argentinos. Estas son sus historias de lucha.

Jorge Fernando Di Pascuale  (imagen, Di Pascuale con Perón)

Porteño nacido el 28 de diciembre de 1930. Fue uno de los más claros dirigentes político-gremiales que dio la Resistencia Peronista. Ya para 1958 gana en elecciones el Sindicato de Farmacia –con 25 años- orientándolo de ahí en más a la lucha contra las dictaduras de turno y el retorno de Perón a la Argentina.

En el ’59 da su presente en la huelga del Frigorífico Lisandro de la Torre codo a codo con los obreros del gremio de la Carne. Al año siguiente es nombrado Secretario de Prensa de las “62 Organizaciones Peronistas”.


Producción Agencia Télam 2014

Estuvo preso dos veces. La aplastante victoria del peronismo en las elecciones del 18 de marzo de 1962 lo confirma como diputado nacional, cargo que nunca pudo ejercer debido a que Frondizi anuló las elecciones.

Entre 1961 y 1962 es Secretario del Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo lo que le permite viajar con cierta asiduidad a Madrid y entrevistarse con Perón, quien lo nombra delegado personal ante los países socialistas. El año 1968 lo encuentra participando en forma activa en la creación de la CGT de los Argentinos donde no acepta ningún cargo pero recorre el país de punta a punta para unificar pensamientos y luchas en el seno de esa central obrera. Adhiere en forma personal al Peronismo de Base como única manera de lograr la creación y fortalecimiento de una alternativa independiente para la clase trabajadora argentina.

Amenazado por la Triple A se exilia en Venezuela, pero no soporta la lejanía de sus amigos y compañeros y vuelve para 1976. El mismo día de su cumpleaños, el 29 de diciembre de ese año, es secuestrado y desaparecido.

Fue visto en el campo de concentración clandestino “El Vesubio”, destruido físicamente pero entero, inclusive dando ánimo a todos pese a las bárbaras torturas recibidas. Aún recuerdo las palabras que una vez dijo a sus compañeros de militancia que lo admiraban: “Si algo llega a pasarme no les voy a perdonar que pidan solamente por mí... pidan por todos”. El 5 de julio de 2002 la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires denominó con su nombre, el espacio verde delimitado por Avenida Lacarra, Dellepiane, Eva Perón y Autopista Perito Moreno. Su hijo Fernando escribió un largo y sentido poema que termina de este modo: “Pero ya no te espero, sólo te busco, pero ya no te espero, sólo te extraño, pero ya no te espero, porque al pasar los años, y después de tanto daño, que te hicieron a ti, ahora sólo queda, que vos me esperes a mí”.



Comunicado sobre la muerte de Emilio Jáuregui, 28/06/69. Clic para ampliar

Después de 33 años, tras una exhumación en el cementerio de Avellaneda, los restos de Di Pascuale fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense en diciembre de 2009.

Según testimonios, se supo que Di Pascuale pasó por Centro Clandestino de Detención El Vesubio. También que estuvo detenido en el Proto Banco junto al gremialista Juan Carlos Arroyo, también recientemente identificado, y a quien, justamente, en febrero de 1977 se lo llevaron junto a él, para asesinarlo.

Agustín Tosco

Nació en Coronel Moldes, el 22 de mayo de 1930, provincia de Córdoba, en el seno de una familia campesina, como él mismo la definiera. Supo lo que era trabajar la tierra junto a sus padres y al mismo tiempo cursar la escuela primaria. Aun en el piso de tierra de la casa de sus padres y con iluminación a vela, creó su pequeña biblioteca de lectura que desde edad temprana le inculcó su padre, que era un gran lector.

En 1944, deja el pueblo rural y el de su familia y va a la ciudad de Córdoba a realizar sus estudios secundarios en un internado: la Escuela de Artes y Oficios “Presidente Roca” con lo que inaugura en su vida personal la relación con el estudiantado y la industria, que en esa época venía en un sostenido desarrollo y crecimiento, tanto en la provincia mencionada, como a nivel nacional.

Luego de recibido como técnico industrial, en el año 1947, dos años después ingresa, a los 19 años, en el Servicio Público de Electricidad de Córdoba (SPEC). Sin embargo, no dejó de estudiar y posteriormente, haciéndolo de noche, se recibió de electrotécnico, en la Universidad Tecnológica.

Ya en la organización sindical, en Luz y Fuerza de Córdoba, al poco tiempo es elegido delegado de su sector de trabajo, y pasó a ser una de las autoridades del cuerpo general de delegados. Al año es designado pro secretario general; más tarde es elegido secretario gremial de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza ( FATLYF) de donde será expulsado junto a su gremio, por no someterse a las prácticas burocráticas y “participacionistas” como él calificaba a la dirigencia gremial de la época.

Tosco es perseguido e inhabilitado por la intervención militar, de 1955 al 57. Es detenido por primera vez en Posadas, en 1956, representando a la FATLYF. Fue uno de los máximos dirigentes del Cordobazo, junto a otros dirigentes de entonces, como Atilio López.

Fue detenido en varias oportunidades. En 1969, después del Cordobazo, junto a otros compañeros, estuvo preso siete meses en La Pampa y Rawson. Estando detenido en 1972, a disposición de la dictadura cívico-militar, fue electo secretario general de su querido gremio Luz y Fuerza de Córdoba.

Cuando el golpe contra la cárcel que liberó a dirigentes del ERP trató de liberarlo también a Tosco, él se negó. Creía más en la fuerza de sus compañeros de las fábricas que obligarían a la dictadura militar a finalmente dejarlo en libertad.

En octubre de 1974 es intervenido el sindicato de Luz y Fuerza. Tosco pasa a la clandestinidad, perseguido. Enfermo, no puede ser internado: sería ejecutado ni bien se supiera el lugar donde se encontraba. Es atendido por amigos médicos que también se juegan la vida. Finalmente, Tosco muere, el 5 de noviembre de 1975. Tenía 45 años de edad.

Rodolfo Walsh

Descendiente de irlandeses, nació en 1927, en Choele Choel (provincia de Río Negro). Fue educado en colegios religiosos de Capilla del Señor y Moreno. En su primera infancia la familia no sufrió necesidades, pero cuando su padre dejó de ser mayordomo de estancia y tuvo que rondar el puerto en busca de trabajo, como consecuencia de la década infame, las necesidades empezaron a abundar.

Su vocación era ser aviador, aunque su incursión en el mundo de las letras, en su adolescencia, lo marcaron para siempre. Cuentos policiales, traducciones para la editorial Hachette, artículos de periodismo cultural para diversos medios -entre los que figuran La Nación-, y un premio municipal de literatura figuran en su curriculum hasta el ‘56.

Cuando estaba a menos de un mes de cumplir treinta años, un dato lo interrumpió de su amodorrado refugio intelectual. En un café de La Plata, alguien le dijo que había un sobreviviente entre los fusilados, meses antes, en un basural por orden del gobierno nacional. Entonces se animó, salió y fue más lejos que la gran prensa y que la misma justicia.

Su vida cambió. Preguntó sobre la historia de los fusilados del ‘56, averiguó acerca de los fusiladores, encontró a sobrevivientes y nunca dejó de buscar respuestas, a fin de ampliarlas hasta que la luz encegueciera. Los jefes militares de la policía bonaerense lo pusieron en la mira.

Luego encaró otra investigación, la del asesinato de un poderoso abogado judío vinculado con el diario La Razón. Los responsables del SIDE, recién creado, también lo consideraron su enemigo por los datos que reveló.

Hastiado del sistema de complicidades e impunidad, viajó a Cuba, donde la incipiente revolución lo incorporó de inmediato, para fundar una agencia de noticias primero y ser espía después, hasta derivar en criptógrafo, descubriendo el desembarco en Bahía Cochinos con meses de anticipación.

Más tarde se refugió en el Delta, escribió con melancolía algunos cuentos, cultivó la ironía a través de dos obras teatrales y planificó una novela que nunca pudo terminar de redactar. Su andanza lo llevó a conocer al coronel que escondió durante años el cadáver de Evita. Recorrió el litoral junto a un fotógrafo, compañero de aventuras. Describió, en notas de antología, el rostro oculto del país que la megalópolis porteña desconoce, porque siempre intuyó que debía acompañar a los abandonados.

Luego de encontrarse con Perón en Madrid, fundó una revista gremial para los trabajadores. Sabía que el movimiento obrero era traicionado por sus principales dirigentes, y los enfrentó descifrando el asesinato de uno de ellos. Se incorporó al Peronismo de Base, recorrió villas, integró las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y luego se sumó a Montoneros. La llamada burocracia sindical y la Triple A también lo consideraron tropa enemiga.

El 24 de marzo de 1976 empezó la última dictadura, que oscureció el sol de los argentinos por más de un lustro. Un año después, con la masacre y el exterminio a pleno galope, Rodolfo Walsh estaba sufriendo un exilio interno; vivía refugiado, tratando de ayudar a la militancia abandonada. A veces pensaba que a la edad en que muchos jóvenes eran perseguidos por la jauría de los borceguíes, él se dedicaba a imitar a Capablanca en el tablero, a armar laberintos literarios para alguna trama policial, o reseñaba la obra de Doyle o Bierce diciendo que hacía periodismo.

Perdió a su mejor amigo, supo de la muerte violenta de su primera hija y terminó enfrentándose con la cúpula del movimiento guerrillero. Había cumplido cincuenta años y desde su refugio, en San Vicente, decidió salir a pelear cara a cara contra el terror desatado por fuerzas perversas. Blandió el arma que mejor usaba, su máquina de escribir, y redactó el informe más lapidario que tuvo el gobierno militar al cumplir el primer año de gobierno. Pagó la osadía con su muerte.

Hacía veinte años había publicado el libro más importante de su vida, Operación Masacre. Recordaba que en el prólogo de la primera edición decía: “Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en la forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse”. Su deseo no se cumplió, y por eso escribió su último texto “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso de dar testimonio en momentos difíciles”.

Tal vez la mejor definición de Walsh no sea ni lo que dicen sus apologistas, ni lo que dicen sus detractores, sino simplemente “un hombre que se anima, y eso es más que un héroe de película”.

Fuente: Revista Zoom


 
Historia del movimiento obrero (Parte 1)

 
Historia del movimiento obrero (Parte 2)


CGTA: Un polo de unidad antidictatorial

La CGT de los Argentinos (1968-1973), nacida del congreso normalizador "Amado Olmos" de la central obrera del 28 al 30 de marzo de 1968, surgió como una respuesta combativa a las variantes de adaptación al régimen generadas por las conducciones burocratizadas del sindicalismo peronista, nucleadas en las 62 Organizaciones con la hegemonía de la Unión Obrera Metalúrgica de Augusto Timoteo Vandor. Las consignas más clásicas de la CGTA traducen ese origen: "Más vale honra sin sindicatos que sindicatos sin honra", y "Unirse desde abajo y organizarse combatiendo".

La actitud antiburocrática de la CGTA implicó por eso, también, un salto de precisión en el modo como los sectores más dinámicos y combativos de la clase trabajadora y el activismo peronistas fueron procesando el desarrollo de su experiencia desde esa identidad política. De manera más explícita en algunos de esos sectores, de forma más latente en otros, con la CGTA empezaron a asumir como un hecho el fin de la condición movimientista original del peronismo, su quiebre en varios peronismos distintos y antagónicos.

Una manifiesta tendencia hacia posiciones clasistas fue el resultado de ese triple proceso de síntesis. Funcionó como efecto, pero también como causa de profundización, de la convergencia de esos sectores del activismo sindical y político del peronismo con expresiones de la izquierda marxista y de la militancia cristiana radicalizada.



Rodolfo Walsh, Enrique Coronel, José Vázquez, Ricardo de Luca y Raimundo Ongaro, los principales orientadores del periódico de la CGT de los Argentinos en una conferencia de prensa.

El ya famoso programa del 1 de mayo de la CGT de los Argentinos, redactado por Rodolfo Walsh en la tradición de los documentos liminares de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962) de las 62 Organizaciones pre-vandoristas, aparece como la traducción sistematizada de esa emergente concepción clasista. Es a partir de ese nuevo estadio de la conciencia de clase de los trabajadores peronistas desde donde el programa propone, con párrafos que parecen en muchos casos escritos para la Argentina menemista de los 90, caminos de unidad de acción para los empresarios nacionales, los pequeños y medianos empresarios, los profesionales, los estudiantes, los intelectuales, los artistas, los religiosos.

En sus tres o cuatro años de existencia efectiva, la CGTA intentó ser también en su práctica cotidiana ese ámbito de convergencia. Lo consiguió, de manera parcial, incompleta, a veces conflictiva, en el plano de la relación entre organizaciones sindicales y políticas del peronismo revolucionario, la izquierda y la Iglesia tercermundista. También en el del encuentro en la acción entre ese activismo y grupos de intelectuales, profesionales y artistas.

El semanario de CGTA se convirtió en un instrumento central de ese encuentro. Dirigido por el propio Walsh, con una redacción integrada por periodistas como Horacio Verbitsky o Rogelio García Lupo, la revista consiguió juntar un nivel de calidad profesional inusitado con una tarea también sin antecedentes de información sobre las formas y razones de las luchas populares para consumo de sus propios protagonistas. Llegó a tirar un millón de ejemplares y sus páginas sirvieron, por ejemplo, para editar por primera vez, dividida en varias notas, la investigación de Walsh sobre el asesinato del dirigente metalúrgico de Avellaneda Rosendo García, el "¿Quién mató a Rosendo?", el más profundo análisis del significado político, y de los métodos de acción. del vandorismo.

La CGTA fue también el escenario en el que se desarrollaron experiencias de militancia artística como las del pintor Ricardo Carpani, o las del Grupo Cine Liberación, que permitió la filmación -y el uso permanente como herramienta de formación y organización políticas- de la película "La hora de los hornos" de Fernando Solanas y Octavio Getino.

CGTA y Cordobazo

Con el liderazgo del dirigente gráfico Raimundo Ongaro, la CGTA había nucleado desde su nacimiento a varios de los cuadros sindicales y políticos que habían enfrentado con mayor dureza al nuevo régimen militar. Los dirigentes Ricardo De Luca, de obreros navales y del Movimiento Revolucionario Peronista; Julio Guillán, de los telefónicos; Lorenzo Pepe, de la Unión Ferroviaria; Amancio Pafundi, de los estatales: Jorge Di Pasquale, de los empleados de farmacia; Benito Romano, de los obreros azucareros, estaban entre los fundadores o en el consejo directivo.

El local de Paseo Colón de la Federación Gráfica Bonaerense, donde funcionó la CGTA, se convirtió rapidamente en escenario de permanentes reuniones de los grupos de la tendencia revolucionaria del peronismo --con dirigentes como Gustavo Rearte, Envar El Kadri o Raimundo Villaflor-- y de varias organizaciones de izquierda, que empezaron a coordinar sus acciones políticas con las de la propia central.

La huelga portuaria que había empezado algo antes del nacimiento de la CGTA, la de los petroleros de Ensenada en setiembre y octubre de 1968, las luchas de los trabajadores de los ingenios de Tucumán y las movilizaciones sociales en Tucumán y Rosario tuvieron a la central como instrumento de apoyo activo.

A través de la relación de su conducción nacional y de su filial cordobesa con Agustín Tosco, la CGTA participó del armado en el lugar y de principal estructura de apoyo nacional a las jornadas del Cordobazo, entre el 28 y el 30 de mayo de 1969. Y protagonizó sus ulterioridades más inmediatas, con la convocatoria al paro nacional para el 1 de julio de ese año, mientras la CGT Azopardo, que reunía a vandoristas y participacionistas, se echaba atrás ante las presiones del gobierno del general Juan Carlos Onganía y su ministro de Trabajo, Rubens San Sebastián.

El enfrentamiento con el régimen militar se profundizó dramáticamente el 30 de junio de 1969, cuando un comando ingresa en el local central de la Unión Obrera Metalúrgica y da muerte a Vandor. Muy pocas horas después, el gobierno concretaba la ocupación e intervención de la Federación Gráfica Bonaerense y la mayor parte de los sindicatos integrantes de la CGTA. Sus principales dirigentes, con Ongaro a la cabeza, van a compartir la cárcel con Agustín Tosco y Elpidio Torres, los dos líderes visibles del Cordobazo.

De allí en más, la CGT de los Argentinos ingresa en una etapa de luchas constantes, y en un proceso de lento desgaste de su poder organizativo. Se trata de un desgaste que es a la vez transformación. Sus cuadros de dirigentes, sus activistas, van integrándose en otras formas de lucha, en organizaciones políticas y en organizaciones armadas. El propio Ongaro, Di Pasquale y algunos otros dirigentes de CGTA aparecerán, cuatro años después, integrando la conducción nacional del Peronismo de Base.

Carlos Eichelbaum
www.los70.org.ar


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Los Programas Históricos del Movimiento Obrero Argentino

Por Guillermo Gallo Mendoza

1. LA FALDA. El golpe del 16 de septiembre de 1955 tuvo respuestas en las movilizaciones de las bases, asambleas en fábricas, huelgas y sabotajes, mientras que los "libertadores" intervinieron a la CGT, asaltaron sindicatos, inhabilitaron miles de dirigentes y encarcelaron otros tantos. El objetivo del golpe era la de implementar el plan Prebisch, favorable a la oligarquía y los monopolios. Se liquidó el IAPI, empresas estatales de DINIE y se derogó por decreto la Constitución de 1949. En los años 1956 y 57 la lucha por la recuperación de los gremios se centró principalmente en los sindicatos industriales. Surgieron nuevos dirigentes, como Andrés Framini, Dante Viel, Natalini, Sebastián Borro y Atilio López, entre otros. La recuperación de sindicatos y delegaciones regionales posibilitaron la creación de la intersindical que el 12 de julio de 1957 lanzó un paro general, acatado en todo el País. La intersindical reunió a 94 gremios, de los cuales desertaron 32 (sindicalismo amarillo), dando lugar al nacimiento de las 62 Organizaciones.
En el mismo año, la dictadura convocó a Constituyente para reformar la Constitución de 1949. El Peronismo proscrito llamó a votar en blanco, siendo acatado por más de dos millones de electores.
En el marco de resistencia obrera y lucha política del Peronismo contra las proscripciones y la entrega, la CGT de Córdoba convocó a un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales de la CGT y de las 62 Organizaciones, en la localidad de La Falta, donde aprobó un Programa de Gobierno antioligárquico y antiimperialista, algunos de cuyos puntos fueron los siguientes:

a) Comercio exterior
Control Estatal del comercio exterior sobre las bases de la forma de un monopolio Estatal
Control de los productores en las operaciones comerciales con un sentido de defensa de la renta nacional
Ampliación y diversificación de los mercados internacionales
Planificación de la comercialización teniendo presente nuestro desarrollo interno
Integración económica con los Pueblos hermanos de América Latina
Política de alto consumo interno; altos salarios, mayor producción para el País con sentido nacional
Desarrollo de la industria liviana adecuada a las necesidades del País
Incremento de una política económica tendiente a lograr la consolidación de la industria pesada, base de cualquier desarrollo futuro
Soluciones de fondo, con sentido nacional a los problemas económicos regionales sobre la base de integrar dichas economías a las reales necesidades del País, superando la actual división entre provincias ricas y provincias pobres
Control centralizado del crédito por parte del Estado, adecuándolo a un plan de desarrollo integral de la economía con vistas a los intereses de los trabajadores

Programa agrario, sintetizado en expropiación del latifundios y extensión del cooperativismo agrario, en procura de que la tierra sea de quien la trabaja
b) Para la Justicia social
· Control obrero de la producción y distribución de la riqueza nacional, mediante la participación efectiva de los trabajadores:
En la elaboración y ejecución del plan económico general, a través de las organizaciones sindicales
Participación en la dirección de las empresas privadas y públicas, asegurando, en cada caso, el sentido social de la riqueza
Control popular de precios
Salario mínimo, vital y móvil
Previsión social integral
Estabilidad absoluta de los trabajadores
c) Para la Soberanía Política
Fortalecimiento del Estado Nacional Popular, tendiente a lograr la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora es la única fuerza Argentina que representa en sus intereses los anhelos del País mismo
Dirección de la acción hacia un entendimiento integral con las naciones hermanas latinoamericanas
Acción política que reemplace las divisiones artificiales internas, basadas en el federalismo liberal y falso
Solidaridad de la clase trabajadora con las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos
Política internacional independiente

2. HUERTA GRANDE. La gran presión popular y la agudización de la crisis obligaron a la oligarquía a dar por finalizada la etapa encabezada por los dictadores Aramburu - Rojas, convocando a elecciones generales con la participación sólo de los partidos "democráticos" y la absoluta proscripción del Peronismo a cuyos adherentes les quedaba sólo la posibilidad de votar en blanco u optar por el mal menor respecto a los partidos "democráticos".
El razonamiento de la oligarquía consistía en que el Movimiento Peronista se iría disgregando, lo que daría oportunidad, a los otros partidos, de conseguir el apoyo de dirigentes gremiales a través de persuasión, presión, dádivas y corrupción. Esta política fue seguida por Frondizi - Frigerio, dando lugar al surgimiento de la tendencia "integracionista" en el sindicalismo, encabezada por Eleuterio Cardozo. Luego sería Vandor quién más se adaptaría al nuevo escenario político.
Así, en 1958 los votos Peronistas se dividieron entre los emitidos en blanco y los que apoyaron a Frondizi, debido al compromiso de éste de devolver la CGT y sancionar una ley de asociaciones profesionales que respetara la estructura y principios del sindicalismo nacional, entre otras promesas que fueron rápidamente incumplidas.

El 29 de enero de 1974 la Triple A difunde en Buenos Aires una “lista negra” de personalidades que “serán inmediatamente ejecutadas en donde se las encuentre”. La lista incluye a Hugo Bressano (Nahuel Moreno), dirigente del PST, Silvio Frondizi, Mario Hernández, Gustavo Roca y Mario Roberto Santucho (dirigentes del PRT/ERP); los dirigentes sindicales Armando Jaime, Raimundo Ongaro, Rene Salamanca (PCR) y Agustín Tosco; Rodolfo Puiggros – ex rector de la UBA – Manuel Gaggero (director del diario El Mundo), Roberto Quieto (dirigente de Montoneros), Julio Troxler ex subjefe de policía de la Pcia. de Buenos Aires y cercano al Peronismo de Base; coroneles Perlinger y Cesio, Monseñor Angelelli; senador nacional Luís Carnevale y otros, la mayoría de los cuales serían asesinados en el futuro cercano.

Así, ya en enero de 1959 debió enfrentarse a una huelga general de solidaridad con los obreros del frigorífico municipal Lisandro de la Torre (que se oponían a la privatización), lanzada por las 62 Organizaciones. Frondizi respondió poniendo en marcha el tristemente célebre Plan CONINTES que desató una represión masiva contra los Trabajadores, dando inicio a una etapa de violenta lucha contra la represión y el régimen pro-imperialista. La defensa de la Soberanía Nacional y la reconquista de la CGT constituyeron las grandes banderas del movimiento obrero que alcanzó en marco de 1961 la devolución de su central sindical.
En lo político, en el año 1962 el Movimiento Peronista se preparó para enfrentar al régimen dentro de sus propias leyes y armas, librando la batalla electoral para elegir gobernadores y legisladores provinciales. Como resultado de ello, el 18 de marzo, no obstante la defección de dirigentes sindicales como Vandor (Metalúrgico) y de políticos como Iturbe, el Peronismo consiguió un aplastante triunfo en la provincia de Buenos Aires, llevando como candidatos a trabajadores como Andrés Framini (textiles), a Gobernador, Sebastián Borro (Frigorífico Nacional), Jorge Di Pascuale (Farmacia), Roberto García (Caucho) y Eustaquio Tolosa (Portuarios) a diputados nacionales, entre otros. Los "democráticos" respondieron anulando el resultado que expresaba en las urnas la voluntad popular.
Sobreviene el derrocamiento de Frondizi por los militares, poniendo en su lugar al Presidente del Senado, el Dr. Guido, ya que aquellos no se decidían a tomar directamente el gobierno
Se realiza en Huerta Grande (Córdoba) un Plenario Nacional de las 62 Organizaciones, aprobando un Programa que implicó una profundización de los contenidos antioligárquicos del Peronismo, expresados en un discurso de Andrés Framini.

El mencionado Programa expresaba la voluntad y decisión de:
2. Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario Estatal y centralizado
3. Implantar el control Estatal sobre el comercio exterior
4. Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderúrgica, electricidad, petróleo y frigoríficos
5. Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales
6. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del Pueblo
7. Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción
8. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún tipo de compensación
9. Implantar el control obrero sobre la producción
10. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades comerciales
11. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción.

3. EL PROGRAMA DE LA CGT DE LOS ARGENTINOS. Este Programa constituyó uno de los resultados de la lucha contra la dominación oligárquico-imperialista y fue elaborado en los tiempos de la "dictadura de los monopolios", como se denominó a la mal llamada "revolución argentina" que encabezó Onganía a partir del golpe del 28 de junio de 1966. En estos tiempos se acentúo el proceso de dependencia ocasionando una brutal etapa de reajuste económico como instrumento que garantizaba la profundización de la política de concentración monopólica. Las economías regionales virtualmente quebradas, los cierres de ingenios azucareros, la crisis de las PYME fueron algunas de las consecuencias de la política económica conducida por Adalbert Krieger Vasena.
Para eliminar oposición a la implementación de su programa, la dictadura disolvió los partidos políticos, eliminó las legislaturas, intervino las organizaciones gremiales y reprimió violentamente la protesta social, cobrando sus primeras víctimas en Córdoba (Santiago Pampillón) y Tucumán (Hilda Guerrero de Molina).
En los últimos meses del año 1967, con el retiro de la personería gremial a varias organizaciones sindicales (portuarios, textiles, ferroviarios, telefónicos) y la amenaza de la creciente desocupación, se posibilita el desarrollo de una intensa gestión negociadora con la dictadura, gestión que es encabezada por la burocracia sindical "vandorista", pero también por los "participacionistas" que encabezaban Rogelio Coria (UOCRA), Armando March (Comercio) y Loholaberry (Textiles); mientras otros dirigentes y sus sindicatos continuaban con una oposición inflexible al gobierno, conducidos por Peronistas combativos como Amado Olmos (Sanidad) y Raimundo Ongaro (Gráficos), además de nucleamientos independientes.
Al aproximarse la fecha de la reunión del Congreso Normalizador de la CGT, en marzo de 1968, se manifiestan dos posiciones: a) los que buscaban el reconocimiento del gobierno y no admitían la participación de los sindicatos intervenidos por su luchas reivindicativa, y b) los que sostenían que, como la reunión era soberana, no debía ser tenida en cuenta la opinión oficial y se debía permitir el acceso de los sindicatos privados a su personería gremial.
No obstante la oposición realizada por los seguidores de Vandor (UOM) y Alonso (Vestido), así como por el Secretario de Trabajo Rubens San Sebastián, se reunió el Congreso denominado "Amado Olmos", que designó un nuevo Consejo Directivo encabezado por Raimundo Ongaro (Gráficos), secundado por Julio Guillán (FOETRA) y Ricardo De Luca (Navales), dando origen a la "CGT de los Argentinos".
En respuesta a ello, Vandor, Alonso y Pomares (Bancarios) convocaron a un Congreso paralelo instando a la participación con el gobierno.
El 1º de mayo de 1968 la CGT de los Argentinos dio a conocer el Programa que se inserta a continuación:
"Los trabajadores de nuestra Patria, compenetrados del mensaje evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres sino que los hombres deben administrarlos para que satisfagan las necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo aquellas estructuras.

Gustavo Rearte

Gustavo Rearte fue uno de los fundadores de la primera JotaPé en la Resistencia Peronista, junto con John William Cooke estableció los puentes del peronismo con la Revolución Cubana, con Fidel y el Che, participó en la toma del frigorífico Lisandro de la Torre y escribió el documento de Huerta Grande que marcó un hito en la historia del movimiento obrero.

Rearte empezó como obrero en la fábrica SIAM, después en Jabón Federal y llegó a ser secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros. Después del ‘55 participó en los primeros grupos de peronistas que se manifestaban contra el gobierno militar y organizó la primera JotaPé, junto a sus hermanos Alberto y Miguel, Felipe Vallese, Héctor Spina, Carlos Caride, Jorge Rulli y Cacho El Kadri, entre otros.

La Revolución Cubana, Fidel y el Che también impactaron en su pensamiento. Junto con Cooke fueron el puente entre Perón y Fidel. Rearte incluso fue el enlace para preparar dos viajes de Perón a Cuba, que finalmente no se realizaron.

Rearte estuvo entre la dirigencia combativa que organizó la toma del frigorífico Lisandro de la Torre para evitar su privatización. Tras la represión fue preso y en el peronismo combativo fue creciendo la idea de que solamente quedaba la lucha armada como opción, así comienzan las experiencias guerrilleras de Uturunco y luego Taco Ralo en Tucumán.

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Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la clase obrera Argentina, a saber:
La propiedad sólo debe existir en función social
Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no solo en la producción sino también en la administración de las empresas y en la distribución de los bienes
Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados
Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos
Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie
Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiera, puede efectivizar el postulado de que la tierra es de quien la trabaja
Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles de la educación de que hoy gozan solamente los miembros de las clases privilegiadas".

El Programa fue acompañado con un mensaje que, en síntesis, expresó lo siguiente:
Durante años nos exigieron sacrificios. Nos aconsejaron ser austeros. Lo fuimos hasta el hambre. Nos pidieron aguantar un invierno. Aguantamos diez.
Un millón y medio de desocupados y subempleados es la consecuencia de la política económica de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derecho de huelga anulado, gremios intervenidos, conquistas pisoteadas, personerías suspendidas, salarios congelados.
La mortalidad infantil es cuatro veces mayor que en los países desarrollados y veinte veces mayor en áreas de Jujuy; más de la mitad de la población está parasitada por la Anquilostomiasis en el Litoral Norteño; 40 % de los chicos de Neuquen padecen de bocio; la tuberculosis y el Mal de Chagas causan estragos en numerosas provincias; la deserción escolar en el ciclo primario alcanza al 60%; las puertas de los colegios secundarios están entornadas para los hijos de los trabajadores y definitivamente clausuradas las de la Universidad. La década infame de los años 30 resucita en todo el País con su cortejo de miseria y de ollas populares.
A los desalojos rurales se suma ahora la reaccionaria ley de alquileres, que coloca a decenas de miles de comerciantes y pequeños industriales en situación de desalojo, cese de negocios y aniquilamiento del trabajo de muchos años.
No queda ciudad en la República sin numerosas villas miserias, donde el consumo de agua potable y energía eléctrica es comparable al de las regiones interiores del África. Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de ghetto, y las razzias nocturnas nunca afectan las zonas residenciales donde algunos "correctos" funcionarios ultiman la venta del país y jueces "impecables" exigen coimas millonarias.
Si un destino de grandeza, si la defensa de la patria, si la definitiva liquidación de las estructuras explotadoras fuesen la recompensa inmediata o lejana de nuestros males, ¿qué duda cabe de que los aceptaríamos en silencio?.
Durante el año 1967 se ha completado prácticamente la entrega del patrimonio económico del País a los grandes monopolios norteamericanos y europeos. La empresa que en 1965 alcanzó la cifra más alta de ventas en el país, en 1968 dejó de ser Argentina. Viejas actividades nacionales, como la manufactura de cigarrillos, pasaron en bloque a intereses extranjeros. El método que posibilitó este escandaloso despojo no puede ser más simple. El gobierno, elegido por nadie, rebajó los aranceles de importación, los monopolios aplicaron la ley de la selva, el "dumping", los fabricantes nacionales se hundieron. Esos mismos monopolios, sirviéndose de bancos extranjeros, ejecutaron luego a los deudores. Este es el verdadero rostro de la libre empresa, de la libre entrega. Este poder de los monopolios que con una mano aniquila a la empresa privada nacional, con la otra amenaza a las empresas del Estado donde la racionalización no es más que el prólogo de la entrega, y anuda los últimos lazos de la dependencia financiera.
Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros Derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar, en el punto donde otros las dejaron, las viejas banderas de la lucha.

[De. "NOTAS RESPECTO A LA PARTE DE UNA HISTORIA MUY PARCIALMENTE DIFUNDIDA", 1991]
www.argentinazo.com.ar


El Cordobazo y la CGTA

Por Alberto Jorge Lapolla ["Soy un guerrillero de Internet"]

La rebelión del pueblo de Córdoba había tenido su origen en un conflicto del gremio mecánico que reclamaba por mejoras salariales y laborales quitadas por la dictadura (las llamadas Quitas Zonales y el sábado Inglés), provocando una confluencia de hecho de los tres sectores sindicales existentes entonces en la provincia, los peronistas tradicionales, los Legalistas -Elpidio Torres-, los peronistas combativos, los Combativos -Atilio López y Tapia- y los Independientes -Agustín Tosco- al calor del influjo unitario y combativo que había producido la emergencia de la CGT de los Argentinos durante 1968, encabezada por Raymundo Ongaro.

La CGT de los Argentinos simbolizaba el nuevo peronismo de la Resistencia, aquel que venía combatiendo contra la represión y la proscripción desde 1955 y que enfrentaba la propia traición en su seno encarnada en el vandorismo y la burocracia sindical conciliadora, que había apoyado el advenimiento de la dictadura de Onganía.

La CGTA era la herencia de los mayores exponentes de lo que daría en llamarse Peronismo Revolucionario y luego Tendencia Revolucionaria del Peronismo, que encabezaban John William Cooke, Gustavo Rearte y el Mayor Bernardo Alberte. Casualmente sería la desobediencia de Alberte al deseo de Perón, para que Vandor se hiciera cargo de la CGT tras la muerte de Amado Olmos, el hecho que originaría la CGTA y la conducción revolucionaria de Ongaro y del peronismo combativo. Conducción que plantearía la unidad de acción contra la dictadura sin importar el origen político de los luchadores y haría de la alianza con Tosco y el sindicalismo del interior su principal estrategia de construcción de un nuevo gremialismo combativo, democrático y antiburocrático.

De las regionales que se sumarían a la CGTA, sería la de Córdoba la de mayor peso, estructura e influencia y sus resultados no tardarían en observarse en la gigantesca movilización del proletariado cordobés a la cabeza de su pueblo. .

La CGT de Córdoba había convocado a un paro activo para los días 29 y 30 en solidaridad con los mecánicos -el principal gremio provincial- al cual había sumado su apoyo expreso el movimiento estudiantil a través de la FUC, ya que los estudiantes se habían sumado a la lucha de los trabajadores ya desde 1960-1961, pero en particular luego que la dictadura de Onganía entrara a sangre y fuego a las universidades nacionales en junio de 1966, en la célebre Noche de los bastones largos, al grito de 'judíos de mierda. Bolches a Moscú'. Para Córdoba en particular, el estudiantado no hacía más que retomar la tradición de los jóvenes Rebeldes de la Reforma Universitaria de 1918, quienes encabezados por Deodoro Roca marchaban por las calles de la Docta del brazo de la joven Federación Obrera de Córdoba cantando 'obreros y estudiante unidos adelante.'

La magnitud de la movilización obrera, -más de 20.000 en la columna del SMATA y 10.000 en la de Luz y Fuerza- espantó a la policía que disparó a quemarropa sobre la columna de mecánicos que se acercaba a la Plaza Vélez Sarfield, asesinando el obrero Máximo Menna. Este crimen infame -uno más en la larga lista iniciada en junio de 1955, con los bombardeos a la Plaza de Mayo- enardeció a los trabajadores y a todo el pueblo de la Docta que pasaron a enfrentar abiertamente la represión, arrojando todo tipo de proyectiles desde las columnas y desde las casas y balcones. Derrotando la represión y poniéndola en retirada, quedando el pueblo -primero obreros y estudiantes y luego el pueblo todo- a cargo de la ciudad de Córdoba, territorio ganado a la represión por primera vez desde 1955.

La rebelión cordobesa que de hecho significaba la explosión de la verdadera olla a presión en que el gobierno autoritario y falangista de Onganía, había transformado a la nación, había sido precedida por casi todo un mes de peleas, manifestaciones y marchas por distintos motivos en casi todo el país. Luchas en las cuales en la semana previa, habían sido asesinados por la policía tres estudiantes universitarios, que luchaban contra las privatizaciones de los comedores estudiantiles: Bello, Cabral y Blanco.

Desde una perspectiva histórica puede pensarse que era casi inevitable que la poderosa clase trabajadora de entonces -seis millones de obreros activos, la más combativa y organizada de América- explotase contra la brutal represión y recorte de derechos que la dictadura llevaba adelante, en un intento por poner fin a la Argentina peronista que aún gozaba de gran potencia en cuanto al poderío industrial de la nación y al poder, número, peso y organización de la clase obrera.

Desde los bombardeos de Plaza de Mayo en 1955, hasta el Cordobazo la clase trabajadora solo había retrocedido ante los embates del poder económico-militar, en particular por la imposibilidad de contar con una conducción sindical combativa que defendiera sus derechos quitados por el poder dominante. La CGT de los Argentinos había cambiado las cosas, para el pueblo pero también para el poder.

Otro escenario

A partir del Cordobazo el país sería otro y el movimiento obrero combativo de Córdoba sería el problema de todos los problemas para los sucesivos dictadores que caerían bajo su potente lucha, incluido el propio gobierno peronista -a excepción del Dr., Héctor Cámpora, cuyo gobierno apoyaría casi incondicionalmente la alianza del peronismo combativo provincial con Agustín Tosco- ya que tanto el General Perón como luego su viuda y su mucamo José López Rega tratarían de destruir al inmenso movimiento rebelde originado en el Cordobazo, que iniciaría la gran rebelión popular de los setenta.

A partir del mayo cordobés y dadas las confluencias altamente revolucionarias que se producían en la Argentina y en el continente americano luego de la derrota norteamericana en Bahía de los Cochinos por las tropas cubanas en 1961, el asesinato del Che en 1967 y la fuerte radicalización que comienza a transitar el Movimiento Peronista a través de su lucha y Resistencia, harían que la lucha en nuestro país ya no fuera sólo por un cambio de gobierno sino por el cambio del carácter, del contenido del Estado a través de una revolución popular que conquistando el poder a la plebeya, arrasara los privilegios oligárquicos de una vez y para siempre. Exactamente lo que la oligarquía ha intentado impedir desde siempre, desde el propio derrocamiento de Mariano Moreno y su Plan Revolucionario de Operaciones en diciembre de 1810.

Contra esa posibilidad cierta a partir del país que emergió del Cordobazo, se alzó el Gran Acuerdo Nacional (GAN) y el repliegue de las fuerzas represivas de la oligarquía para esperar mejores condiciones. Las cuales vendrían de la mano de los brutales errores de las fuerzas revolucionarias luego de que Juan Perón asumiera su tercera Presidencia y de los innecesarios ataques que éste hiciera contra su juventud revolucionaria y los sectores de su propio movimiento que con su lucha lo habían traído de vuelta al país y al gobierno.

En esa absurda postrera pelea de Perón, no sólo se abriría la puerta para la más atroz de las dictaduras, sino que además el peronismo sería castrado de toda posibilidad revolucionaria, al punto que en los '90 sería el partido encargado de llevar adelante el programa político que la oligarquía no había podido completar desde 1955. Sería el Infame Traidor a la Patria nacido en Anillaco y escondido en Chile, el encargado de destruir físicamente a la industria, a la clase trabajadora y al Estado Nacional soberano e independiente, construido por el peronismo entre 1945 y 1955. En 1976 teníamos seis millones de obreros mayoritariamente industriales, en 1999 sólo restarían menos de un millón. Sería el infame riojano quien cumpliría el sueño del Almirante Isaac Rojas? 'para que desaparezca el peronismo deberán desaparecer las chimeneas'.

Poder popular en Córdoba

Durante los dos días que duró la toma de la ciudad por el pueblo insurrecto, emergió un líder que alcanzaría luego ribetes casi míticos cuando su larga detención en las cárceles patagónicas: Agustín Tosco, jefe del sindicato de Luz y Fuerza y principal impulsor de la idea de la unidad política, organizativa y revolucionaria del movimiento obrero con un proyecto de lucha revolucionaria del pueblo.

Tosco, junto a Gustavo Rearte, Raymundo Ongaro, Armando Jaime, los hermanos Villaflor, René Salamanca y Alberto Piccinini entre otros, simbolizarían un proyecto de sindicalismo combativo y revolucionario que nacido dentro del peronismo proponía ir más allá, completando la Revolución Peronista con una mayor participación económica y política de los trabajadores en la República. El poder económico oligárquico e imperialista y su brazo dentro del movimiento popular, la burocracia sindical vandorista, destruyeron este proyecto a sangre y fuego. Luego la dictadura genocida completaría el trabajo: el 55 por ciento de los 30.000 desaparecidos son dirigentes sindicales de base, miembros de esta corriente combativa, clasista y revolucionaria originada por el Cordobazo.

En su derrota -que es la derrota de la nación misma- se nos fue el sueño de una Patria justa, libre, soberana y socialista. En su lugar tenemos este presente de ignominia y entrega que nos devolvió a la Argentina colonial que nos toca resistir y transformar.

Memoria e historia

Alguna vez Alcira Argumedo señaló que desde el genocidio primigenio o fundante producido por la conquista española, católica y europea en América, los pueblos originarios y sus descendientes mestizos, el pueblo profundo de la Patria Grande americana, ha luchado heroica y constantemente por redimirse del yugo opresor de 500 años de expoliación y genocidio recurrentes. En ese sentido señalaba proféticamente que casi cada generación de criollos desde la conquista ha luchado por redimir su libertad, siendo esta situación particularmente visible desde la gran insurrección del pueblo indio del Perú encabezada por el Inca Gabriel Condorcanqui -Túpac Amaru-: desde su monstruosa derrota en la segunda mitad del siglo XVIII, no ha habido generación de americanos que no se alzara en lucha por su libertad y dignidad.

Retomando nuestra historia reciente podría decirse que los hijos de la montonera que peleo en Pavón, que combatió con el Chacho Peñaloza y con Felipe Varela, serían quienes acompañen a Leandro Alem -'el último federal'- en la Revolución de 1890, sus hijos llegarían al gobierno con Don Hipólito Yrigoyen, cerrando más de medio siglo de dictadura 'republicana' conservadora. Sus hijos harían el 17 de octubre de 1945 arrasarndo la Década Infame, completando la democracia con los derechos sociales y económicos de los trabajadores. Los hijos de esta generación de 1945, harían el Cordobazo y la gesta épica de los años setenta. Los hijos de los sobrevivientes de la derrota de 1976 se sublevarían en las jornadas de diciembre de 2001, liquidando el modelo de desaparición nacional pergeñado por el traidor de Anillaco y su calvo socio en la entrega de la nación.

Es en esta clave que debemos recordar el glorioso Cordobazo, al inmenso Agustín Tosco y la maravillosa gesta de los Setenta, tratando de conjurar la advertencia que nos legara el gran Rodolfo Walsh: 'Nuestras clases dominantes han procurado que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes, ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de los hechos anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.'

[De: "29 de mayo de 1969 – 2004. A treinta y cinco años del Cordobazo". Fuente: La Fogata]


Prólogo de Rodolfo Walsh

[Del Semanario de la CGTA, 1969]

"Todos los poderosos se van a unir contra nosotros. Es posible que intenten la formación de otro cuerpo. Es posible que vayan a los ministerios para decir que este Congreso es nulo. Tal vez no tengamos edificio, tal vez no tengamos personería, tal vez no tengamos esta poca libertad con que lo estamos desafiando todo… Pero este Secretariado y este Consejo Directivo, a la luz o en la clandestinidad, son las únicas y legítimas autoridades de la CGT, hasta que podamos reconquistar la libertad y la justicia social y le sea devuelto al pueblo el ejercicio del poder".
La emoción que hace un año y medio dominó a todos los que asistíamos al cierre del Congreso Normalizador de la CGT y que aplaudimos esas palabras de Raimundo Ongaro, es difícil de analizar. Sin duda el delegado de Gráficos que acababa de ser elegido Secretario General expresaba el sentimiento de muchos trabajadores, sin duda una elocuencia singular daba a esas palabras un relieve mayor del que se desprende de la letra impresa. Pero quizá lo que más nos impresionaba, sin saberlo, era la visión anticipada de los hechos que iban a sacudir, desgarrar y exaltar al movimiento obrero en la Argentina.
No habían transcurrido veinticuatro horas cuando los que se habían alejado del Congreso acudieron a los ministerios a impugnarlo. No habían transcurrido dos meses cuando formalizaban en Azopardo una CGT paralela. Pasaron quince meses, y la CGT intervenida, ya sin edificio ni personería, ingresaba a la clandestinidad. Junto con docenas de dirigentes, Raimundo Ongaro estaba preso.
Esos quince meses que presenciaron el total cumplimiento del vaticinio formulado el 29 de marzo de 1968, constituyen una de las etapas más extraordinarias en el desarrollo del movimiento obrero argentino. La consigna que la nueva CGT puso en práctica se reducía, en su expresión más sencilla, a cuatro palabras: Rebelión de las Bases. Lo que semejante rebelión implicaba era, sin embargo, vasto y profundo. El desbordamiento de las conducciones claudicantes no se proponía simplemente el reemplazo de hombres envejecidos en la táctica y la entrega, sino la transformación radical del sindicalismo en instrumento de liberación nacional, aunque ello exigiera la destrucción formal de los sindicatos que la encaraban, frente a una dictadura brutal con los trabajadores argentinos en la medida en que estaba sometida a los monopolios extranjeros.
Como esa rebelión se producía en los estrados más profundos del pueblo, pudo pasar inadvertida, no sólo para el gobierno — ciego de nacimiento— sino para un periodismo acostumbrado a percibir nada más que formalidades y transcribir comunicados.

Sin embargo, había signos evidentes. La toma del barrio Clínicas, el 28 de junio de 1968, era la versión anticipada del Cordobazo. La huelga petrolera iniciada en setiembre se prolongaba más de dos meses, y la huelga de Fabril no llegaría a levantarse.
Raimundo Ongaro tenía la certeza de que el movimiento obrero estaba saliendo de una profunda crisis de confianza. Si un grupo de dirigentes, por pequeño que fuese, aguantaba todas las amenazas y seducciones, las amarguras y las derrotas, esa confianza debía renacer. La CGT de los Argentinos cumplió ese papel hasta el sacrificio. Su estructura formal fue despedazada por las intervenciones, las intrigas, los abandonos. La llama que había encendido pareció a punto de extinguirse: en el verano que sucedió a las dos grandes huelgas, una calma siniestra de derrota pareció extenderse por todo el país. Nunca como en esos días de pasillos semidesiertos brilló tanto la fe de Ongaro, su aptitud para agrandarse en la adversidad y contagiar esa fe a quienes lo rodeaban.
Igual que en los días eufóricos del Congreso Normalizador, en estos días amargos veía más lejos que sus enemigos. Había recorrido el país palmo a palmo, movilizando las masas y siendo movilizado por ellas. La versión que traía de esas giras era siempre la misma: la gente estaba harta de humillación y sufrimientos, quería pelear, pedía armas, y aun sin armas estaba dispuesta a salir a la calle. La calma era engañosa, y la derrota aparente.
En abril se puso en movimiento el norte santafesino y Ongaro volvió a alzar una bandera argentina junto a los trabajadores y los curas rebeldes de Villa Ocampo, esta vez ante el fuego de los fusiles. Tucumán se agitaba nuevamente, y el incendio se propagaba a Resistencia, Corrientes, Rosario, Córdoba. La sangre derramada por estudiantes y trabajadores selló una alianza que transformaba radicalmente el equilibrio de fuerzas, abriendo a todo el pueblo una perspectiva revolucionaria.
Esa perspectiva es la que hoy tenemos ante nosotros. En un año y medio el movimiento obrero ha pasado de la postración a la plena conciencia de su fuerza, ha aprendido a devolver una mínima parte de la violencia que se ejerce contra él y se dispone a llevar la lucha hasta la conquista del poder político, camino difícil pero único para destruir la sociedad explotadora y "socializar con signo nacional las riquezas y los bienes fundamentales que producimos los trabajadores".
En esa transformación, la CGT de los Argentinos desempeñó un papel protagónico. Ese papel es el que hoy purgan en las cárceles de la dictadura Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Jorge Di Pascuale, y muchos más pero hoy todos sabemos que la llama que encendieron no se apagará, que otros como ellos han surgido en las luchas de todo el país.

La difusión del Programa del 1º de Mayo, que Ongaro contribuyó a forjar y poner en práctica, y de los escritos que desarrollaron y profundizaron ese programa, es tarea importante del movimiento obrero.
Tal como él presumía, el camino que separaba a un dirigente sindical de un dirigente revolucionario, estaba sembrado de espinas. Habiendo recorrido ese camino, bien puede Raimundo Ongaro afirmar que no le importan las rejas que padece. Preso, sigue libre en el afecto de sus compañeros. Amordazado, sigue hablando en los hechos que produce el pueblo.

Setiembre de 1969




Afiche de Ricardo Carpani

Palabras iniciales

[Del Semanario de la CGTA, 1973]

Por Ricardo Carpani

Marzo 1968 - Marzo 1973
CGT DE LOS ARGENTINOS

A partir del golpe contrarrevolucionario de setiembre de 1955, la lucha de la clase obrera argentina ha estado jalonada por una serie de momentos culminantes, que determinaron cambios sustanciales en la continuidad de su accionar político.

Cada uno de ellos fue marcando, al mismo tiempo que la irreductible voluntad popular de no aceptar pasivamente la estabilización del sistema bugués-imperialista en crisis, el ascenso permanente de la conciencia de sus finalidades históricas por parte de los trabajadores y, de ese modo, la irreversibilidad de nuestro proceso de liberación nacional y social, pese a las condiciones adversas generadas por la restauración oligárquica en el transcurso de los últimos 18 años.

El carácter masivo del repudio peronista a la dictadura de los monopolios, expresado en las urnas el 11 de marzo de 1973, hizo de esta fecha uno de esos momentos; sus consecuencias pueden constituir, a partir del 25 de mayo el inicio de un nuevo período de aceleración y profundización de aquel proceso, incalculable en sus alcances. Pero si ese acto de repudio fue posible, y con él la esperanza actual en que una nueva y superior etapa llegue a consolidarse, no se debió al repentino descubrimiento, por parte de los generales de la entrega, de una insospechada vocación de respeto a las mayorías populares ni mucho menos a una espontánea intención de abandonar las palancas del poder que ejercen representando al imperialismo y sus socios nativos.

En efecto, las elecciones del 11 de marzo expresan el fracaso rotundo del régimen militar instaurado en 1966, con su política de saqueo imperialista de las riquezas nacionales, superexplotación del trabajo y hambreamiento para los sectores populares. Y la razón fundamental de ese fracaso está en la resistencia activa y sin cuartel de los trabajadores argentinos a lo largo de estos últimos años, impidiendo la imposición de una "paz social" fundada en la prepotencia de las bayonetas, que garantizara sin sobresaltos la rentabilidad expoliadora de las inversiones monopolistas internacionales.



Signo de los tiempos. Viñeta humorística de Wolinski aparecida en la revista
Cristianismo y Revolución en 1970. El cuadro se titulaba "ES-CORIA"

Estas elecciones fueron, pues, una conquista de los trabajadores, arrancada a la dictadura militar en la persistencia de una lucha sangrienta y sacrificada, que forzó a ésta a buscar una salida perpetuadora del sistema en la negociación con los sectores claudicantes y traidores del propio Movimiento Nacional. Y fue esa persistencia de la lucha lo que permitió a la conducción estratégica del general Perón ir desmontando una a una todas las trampas tendidas por el régimen, en colaboración con esos sectores claudicantes, hasta enredar al continuismo en su propio juego tramposo, hacer irreversible el proceso electoral y posibilitar la expresión masiva del repudio popular pese al carácter fraudulento y condicionado de dicho proceso.

La presente recopilación de algunas declaraciones y artículos es un testimonio vivo de esa lucha de los trabajadores argentinos, escrito día a día, al calor de la batalla, durante los últimos decisivos 5 años. En sus páginas están presentes, explícita o implícitamente, todos los héroes y mártires que pagaron con su vida, la tortura o la cárcel el derecho a pelear por la libertad y la dignidad humana. Están también aquellos momentos culminantes que jalonaron esa lucha. Es más, dichas páginas comenzaron a escribirse en uno de esos momentos: como consecuencia del Congreso Normalizador de la CGT Amado Olmos, reunido del 28 al 30 de marzo de 1968.

Inmediatamente después de la restauración oligárquica del 55, la militancia obrera peronista, lejos de resignarse ante la derrota momentánea, inicia una larga lucha por la recuperación popular del poder. Masacres y fusilamientos, tortura y prisiones, serán las respuestas sistemáticas del régimen vendepatria. Cambiarán los hombres y los ropajes —"constitucionales" o "de facto"—, pero no cambiarán sus métodos represivos ni la esencia reaccionaria, burguesa, dependiente y proimperialista que lo caracterizan.

Sin embargo, la represión no será su única respuesta. Habrá también otra más sutil y efectiva: la corrupción y el soborno, directos o indirectos, de las direcciones sindicales. Muchos dirigentes entrarán en el juego, transformándose en burócratas y traicionando a su clase. Para quienes permanezcan fieles a ella y para el resto de la militancia revolucionaria peronista la lucha se planteará en el futuro en un doble frente: contra el régimen y contra la burocracia sindical y política del Movimiento, objetivamente aliados en la defensa de sus bastardos intereses coincidentes.

Sobre la base de esa lucha y respondiendo a la voluntad crecientemente combativa de los trabajadores, la tendencia revolucionaria del peronismo obrero consigue desplazar a los burócratas traidores en el mencionado Congreso Normalizador. Estos, con el apoyo gubernamental, desconocen el Congreso y dividen al movimiento obrero. Nace así la CGT de los Argentinos y con ella comienzan a escribirse a través de su periódico las páginas de esta recopilación.

Desde el "Mensaje a los Trabajadores y el Pueblo", el 1º de mayo de 1968, pasando por la descripción de las luchas que durante todo ese año y el siguiente encabeza la CGT de los Argentinos y que van preparando el clima de rebelión que desemboca en el "Cordobazo" (otro momento culminante del proceso), hasta el paso de ésta a la clandestinidad, el encarcelamiento de sus militantes, la descripción de las luchas obreras posteriores —tomas de fábricas, insurrecciones populares a lo largo y ancho del país, consolidación de las organizaciones armadas, etc.—, en fin, todo lo que fue determinando el fracaso del régimen militar, se expresa en esas páginas como persistencia inalterable de una lúcida conciencia revolucionaria y una insobornable conducta al servicio de los trabajadores, algunas de cuyas manifestaciones se hace necesario destacar. Y no ya por lo que significaron en su momento como prueba de la madurez de conciencia de la clase obrera argentina, sino, principalmente, por la significación que adquieren ante la futura lucha que se avecina. Puede decirse que dichas manifestaciones de los sectores revolucionarios del peronismo obrero expresados en los últimos 5 años por la CGT de los Argentinos, prefiguran el carácter de la lucha en la nueva etapa que se abre el 25 de mayo de 1973.

Destaco en primer término el lúcido reconocimiento de que nuestra lucha de liberación nacional contra el imperialismo es inseparable de la lucha de clases, ya que éste ejerce su dominio expoliador a través de sus socios subordinados: la gran burguesía nativa y un ejército supuestamente nacional, pero, en los hechos, mero brazo armado de esa burguesía y los monopolios internacionales.

Siendo la lucha de liberación nacional una lucha de clases, sólo a los trabajadores unidos y organizados corresponde la dirección hegemónica del proceso, que no podrá por lo tanto detenerse en la simple expulsión de los monopolios imperialistas, sino que implica también el desplazar simultáneamente del poder a todos los sectores de la burguesía nativa —esencialmente dependiente— destruyendo el sistema capitalista e iniciando la construcción del socialismo en nuestra Patria.
Las páginas de esta recopilación son terminantes al respecto. En ellas puede leerse: "La clase trabajadora argentina no reprueba una forma determinada del capitalismo, las cuestiona a todas". Y más adelante: "La clase tabajadora tiene como misión histórica la destrucción hasta sus cimientos del sistema capitalista de producción y distribución de bienes". Y para precisar el contenido específico de este cuestionamiento del sistema capitalista, como así también del socialismo que se intenta construir: "La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción". Está claro, entonces, que, mal que les pese a los burócratas reformistas y a los políticos del nacionalismo burgués, para el peronismo obrero verdaderamente nacionalista y revolucionario la lucha de liberación nacional se identifica en un mismo proyecto histórico con la lucha de liberación social de los trabajadores, la destrucción del sistema capitalista y la construcción de una patria socialista.

Cabe señalar, además, el carácter eminentemente político revolucionario y, por lo tanto, antiburocrático, que imprimió a su accionar la CGT de los Argentinos desde sus orígenes: "El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir".
Concretamente, la lucha sindical adquiere real sentido revolucionario tan sólo si se la considera como un aspecto de la lucha política contra el imperialismo y el sistema capitalista. De ese modo, toda argumentación tendiente a justificar la inactividad política o la conciliación con el sistema en aras de preservar una supuesta defensa sindical de los trabajadores, demuestra su verdadero carácter reformista; mera argucia de burócratas amarillos cómodamente instalados en dicho sistema. Frente a ella la CGT de los Argentinos afirma: "Preferimos honra sin sindicatos que sindicatos sin honra". Así: "La lucha por mejores condiciones de vida es inseparable de la lucha por el poder". Y esa lucha por el poder es para el movimiento obrero el factor fundamental al cual todos los otros deben estar subordinados.
Es de destacar también la constante desmistificación de la violencia, realizada por la CGT de los Argentinos desde su periódico y en los hechos, como asimismo de las consignas de unidad y organización. En el primer caso señalando a la violencia como algo inherente a toda sociedad estratificada en clases opresoras y clases oprimidas, distinguiendo además de la violencia represiva del régimen, la violencia de la explotación cotidiana que el sistema impone a los trabajadores, y contraponiendo a esa violencia reaccionaria la necesidad de ejercer por parte de éstos todas las formas de violencia revolucionaria, como único camino capaz de conducir a su liberación.

En el segundo caso afirmando que no puede haber unidad con los enemigos del pueblo ni con los traidores a la clase obrera; que la única unidad posible y deseable sólo puede darse en la lucha constante y efectiva contra el sistema; que sólo de esa lucha puede surgir una auténtica organización revolucionaria de la clase obrera peronista; y que esa organización no habrá de resultar de la aplicación mecánica, hecha desde arriba, de modelos abstractos, sino de la experiencia concreta y viva de las bases, templadas en la diaria pelea.

Retengamos todas estas manifestaciones pues insisto en que ellas constituyen ejes esenciales en torno a los cuales girará la batalla en la próxima etapa que se inicia el 25 de mayo.

A no ser que los sectores más gorilas de las fuerzas armadas, desesperados en su odio de clase, intenten exitosamente impedirlo, todo hace suponer que el 25 de mayo el peronismo accederá nuevamente al aparato del gobierno después de 18 años de proscripción y lucha popular. Se cumplirá así uno de los objetivos de esa larga lucha, sacrificada y sangrienta. Sin embargo, el saldo que ella dejó trasciende ampliamente los límites de ese objetivo. La experiencia de la derrota del 55 y la adversidad de la lucha posterior fueron templando en la militancia obrera peronista una conciencia revolucionaria de la cual las páginas de esta recopilación son un ejemplo. Y es precisamente esa conciencia obrera de los fines perseguidos y de cómo llegar a ellos lo que modifica totalmente el cuadro en el cual deberá el peronismo ejercer nuevamente el gobierno.

Está claro que ya no podrá reeditarse la misma experiencia que llevó a la derrota del 55. Está claro que no bastará con el control del aparato gubernamental burgués, pues ese control será siempre necesariamente condicionado y neutralizado por todos los reaseguros para el sistema, derivados del propio carácter burgués del aparato estatal. Está claro, entonces, que lo único que puede garantizar el desarrollo y cumplimiento de nuestra lucha de liberación no es ya el control —obligadamente relativizado— del gobierno, sino el poder real y efectivo de los trabajadores organizados, como punto de arranque hacia la construcción de un socialismo nacional de proyección latinoamericana. Ello implica necesariamente el desmantelamiento de la vieja maquinaria gubernamental burguesa y su reemplazo por otra, en la cual ese poder de los trabajadores y el pueblo pueda realizarse en forma directa, pasando éstos a ser los verdaderos constructores de su propio destino. Tal es la perspectiva de lucha que se abre en esta nueva etapa al peronismo revolucionario y a la que podemos caracterizar como de lucha abierta y definitiva contra todo tipo de reformismo. Revolución o reformismo, constituye el dilema fundamental que deberán resolver los trabajadores argentinos, y de que se imponga uno u otro depende la realización o frustración de nuestra liberación nacional y social en el corto o mediano plazo.
Esta opción, sin embargo, no es enteramente nueva. El nacimiento mismo de la CGT de los Argentinos está signado por ella, y las batallas contra la conciliación de clases, el burocratismo sindical y político, el "desarrollismo" económico de los sectores burgueses del movimiento, etc., junto con las pautas ideológicas que señalé más arriba, así lo prueban a lo largo de toda su trayectoria. Simplemente sucede que con el acceso del peronismo al gobierno, las contradicciones de clase que éste lleva en su seno adquieren una dimensión realmente nacional. Y con ello la opción entre revolución o reformismo se transforma en la opción política fundamental en el país.

Sintetizando, las elecciones fraudulentas y condicionadas del 11 de marzo no son una panacea ni garantizan por sí mismas una profundización del proceso de liberación de nuestro pueblo. Pero el aplastante triunfo peronista hace que se inserten como momento táctico de gran importancia dentro de la estrategia de guerra revolucionaria integral por la construcción del socialismo, que impulsan los sectores revolucionarios del peronismo.

Se abren así nuevas perspectivas de lucha que pueden permitir el paso de la etapa de resistencia al régimen militar vendepatria a una ofensiva creciente y definitiva contra el sistema burgués-imperialista. Pero el acceso del peronismo al gobierno no significa todavía la derrota del sistema, ya que éste tiene sus representantes en las propias filas y puestos directivos del Movimiento; simplemente polariza las opciones fundamentales y clarifica la lucha. Las clases dominantes no abandonan pacíficamente la escena política; mucho menos si detrás de ellas se encuentran intereses de tal magnitud como son los del capital financiero internacional capitaneado por el imperialismo yanqui.

La derrota definitiva del sistema implica, pues, la construcción de un ejército del pueblo, el ejército peronista, capaz de oponerse y derrotar al ejército del sistema. Implica también la organización revolucionaria de la clase obrera peronista, como dirección natural de ese ejército y de todo el proceso. Y ello es inalcanzable sin el desplazamiento simultáneo de los burócratas conciliadores, sindicales y políticos, que pululan en puestos directivos del Movimiento. La lucha por concretar este proceso se inserta en lo que el Gral. Perón definió como "etapa de derrota y persecución del enemigo". Dicha etapa no será aún la etapa de construcción del socialismo pero por la índole de las tareas que deberá encarar la militancia, éste ya debe estar presente y clarificado en ella como objetivo, e, incluso, en parcial ejecución. La responsabilidad mayor de dicho proceso corre por cuenta del peronismo obrero revolucionario, en la organización y movilización permanente de las bases, como única garantía de su cumplimiento.

Los postulados y las acciones de la CGT de los Argentinos en su breve y fecunda historia prefiguraron cualitativamente las características de la lucha futura. La nueva etapa implicará un aumento cuantitativo y una profundización y enriquecimiento de esos postulados y acciones. Se cumplirá así con la mayor aspiración de los trabajadores argentinos: "CON PERÓN Y ELPUEBLO AL PODER -POR LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA -LA PATRIA SOCIALISTA". La ruta que conduce a ella se encuentra en la verdad fundamental de aquella consigna que dice: "SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO".


El Congreso normalizador de la CGT Amado Olmos

[Del Semanario de la CGTA, 1968]


El 28 de marzo de 1968, el Congreso "Amado Olmos" realizado en Buenos Aires normalizó la situación en que se hallaba la Confederación General del Trabajo.
También terminó con una guardia de dirigentes que habían extraviado en el camino las banderas cuya custodia les fue confiada.
Fue un Congreso legalmente constituido, convocado por los mismos que luego lo abandonaron en un intento de quebrar la decisión de la clase trabajadora argentina de despertar de un pesado letargo.
Un letargo que en realidad sólo imperó en el espíritu de esos dirigentes dispuestos a la maniobra política, electoral o golpista, en vez de volcar ese talento que han demostrado poseer, en la organización de la lucha por los derechos de sus hermanos trabajadores.
Empezaron sintiendo vergüenza por sus ropas de obreros, trataron de ponerse a tono con los despachos y antesalas ministeriales y poco a poco de representantes obreros frente al poder se convirtieron en representantes del poder frente a los obreros.
Se enriquecieron, adquirieron hábitos y vicios incompatibles con sus cargos de dirigentes sindicales, burocratizaron sus sindicatos, los transformaron en maquinarias sin contenido, se limitaron —en el mejor de los casos— a la acción social, el tanto por ciento de aumento en cada nuevo convenio, los hoteles de turismo, las colonias de vacaciones.
Olvidaron que los trabajadores no pueden ni deben mantenerse al margen de los problemas fundamentales de la vida nacional.
Olvidaron que la política del gobierno contraría los intereses de la clase trbajadora.
Toleraron los avances incesantes de los monopolios que rigen la economía del país, arruinando a las empresas nacionales, especulando con la desocupación que abarata la mano de obra, envileciendo los salarios.
Durante años esos dirigentes se opusieron entre sí; encarnaban actitudes distintas ante los problemas nacionales, inclusive se combatieron con dureza. El tiempo ha borrado esos matices, ha gastado los ropajes ocasionales y los ha dejado desnudos; es posible ver que se parecen mucho, unos y otros. Por eso ahora, como por arte de magia, están todos juntos, enfrentados a los trabajadores.
El 28 de marzo de 1968 quedaron definitivamente atrás. La CGT normalizada recoge las banderas que ellos arrojaron a un costado y las alza con orgullo para comenzar una nueva etapa, que será de lucha y sacrificio, pero no se desviará en componendas a espaldas del pueblo.

Antecedentes

En 1964 estadísticas de la CGT indicaban que 1.300.000 compatriotas no tenían trabajo. Semana a semana cerraban nuevas fábricas. Se perseguía a las organizaciones sindicales, se asistía con insensibilidad al agravamiento de la crisis que asfixia a Tucumán.
En el mes de julio José Alonso, entonces secretario de la CGT, pone en marcha el plan de lucha, empezando por una primera etapa de esclarecimiento para proseguir con la ocupación masiva de las fábricas. Parecía la reacción lógica contra el deterioro creciente de la economía, la carestía de la vida, la desocupación, el estancamiento progresivo que cubría con el llamamiento de sus dirigentes; comprendían que la acción era necesaria para modificar ese estado de cosas.
Pero los dirigentes jugaban su propio juego; se trataba simplemente de debilitar al gobierno para favorecer los planes intervencionistas de sectores militares cuya palabra aún estaba empeñada en un juramento por el cual, en 1960 y 1963, corrió sangre argentina.
Tras las banderas de la reivindicación gremial se ocultaban actitudes sospechosas. Augusto Vandor convenía con los patrones la hora de ocupación de las plantas, todo transcurría con sorprendente tranquilidad pese al dramatismo de la medida adoptada.
La batalla obrera era utilizada como instrumento político de Vandor y Alonso, enfrentados entre sí, no en defensa de posiciones realmente encontradas, sino en la disputa por el control de un aparato que les servía para negociar con los jefes militares que los alentaban privadamente. Los trabajadores arriesgaron sus salarios, la tranquilidad de sus familias, sus vidas; en verdad eran jugados en una maniobra golpista.

Las grandes maniobras

Cuando el golpe se produjo los jefes se presentaron a cobrar sus dividendos. Una marcha
militar y una proclama genérica, bastaron para atraerlos. En todos los diarios, revistas y noticieros asomaron sus rostros sonrientes mientras a pocos metros juraba un nuevo presidente; habían llegado a la Casa de Gobierno, se les pedía opinión y no retaceaban declaraciones optimistas. La fiesta terminó pronto y tuvieron que irse como lo que eran: invitados a una reunión ajena.
Ya Vandor había conseguido desplazar a Alonso y colocar en la dirección de la CGT a un adicto: Francisco Prado. Entre todos ellos terminaron de desorientar, con sus coqueteos oportunistas, a quienes esperaban una definición categórica de sus dirigentes.
Habían aprendido un lenguaje nuevo, leían libros de sociología, se sentían ideólogos de una conciliación que siempre supieron vestir con apariencias nobles, aunque se tratara en realidad de firmar un pacto con el diablo. Todos los plazos se vencen, y llegó el momento en que el diablo vino a exigirles el alma que habían hipotecado.
Tenían ganas de seguir creyendo en las fantasías que otros inventaban y que ellos repetían, preferían no darse por enterados que no hay conciliación posible con quienes elaboran sus planes sobre la base de la explotación de los trabajadores, la ruina de la industria nacional, el empobrecimiento de la clase media.
Sindicatos, Fuerzas Armadas y Empresarios, era la alianza que se proponían.
Las circunstancias habían cambiado. Los trabajadores nunca renunciaron a su voluntad de trabajo común con otros sectores nacionales; pero la empresa argentina fue destruida por el capital imperialista sin atinar a defenderse y las fuerzas armadas, divididas o no, padecen una desorientación tal que les impide darse cuenta por dónde anda el enemigo.
No bastaba entonces la voluntad de conciliación, porque la conciliación en sí tiene tan poco sentido como la lucha porque sí.
Era necesario tener claros los objetivos, las necesidades, los intereses de la clase trabajadora; ellos eligieron el camino de la conciliación porque sí, atados a ilusiones nacidas cuando esa alianza era posible y también a prebendas personales. Y lograron la conciliación, pero defendiendo objetivos que no eran los de los trabajadores/as ni los del país.

El precio de la traición

La política económica del nuevo gobierno contradijo rápidamente las palabras de los discursos iniciales, desató una ofensiva profunda e implacable, planificada contra los sindicatos que no se plegaban a las condiciones del vencedor. Los grandes dirigentes, deslumbrados por la proximidad del poder, aconsejaban calma, retrocesos tácticos, desalentaban la resistencia.
El caso de Eustaquio Tolosa terminó de mostrar lo que estaba pasando: los portuarios no se oponían a discutir modificaciones que abarataran los procesos económicos, se ofrecían voluntariamente a dialogar, proponían soluciones. Tolosa llegó a entrevistarse con el presidente Onganía. Únicamente solicitaban que no se pusiera en vigencia, unilateralmente, un reglamento de trabajo vergonzoso, que anula viejas conquistas e impone condiciones despiadadas en beneficio de sectores empresarios cuyos representantes eran asesores inmediatos del ministro de Economía Salimei.
Abaratar los costos, "limpiar" el puerto quería decir aumentar la explotación de los trabajadores: eso es lo primero que se les ocurre a todos los "racionalizadores".
Onganía escucha a Tolosa y no dijo más que unas pocas palabras, sin comprometerse. Una semana después se aplicaba la nueva reglamentación: ante el ofrecimiento generoso de los trabajadores de aportar ideas para mejorar el funcionamiento del puerto, se respondía con una provocación. Una táctica que volvió a aplicarse el día en que los portuarios se aprestaban a levantar el paro: ese fue el momento elegido para detener a Tolosa, en medio de la asamblea, por una orden judicial que pudo haberse ejecutado antes o después.
Lo que se proponían era desmantelar la organización sindical, obligarla a salidas desesperadas que la embretaran en una alternativa de hierro: lucha a muerte o capitulación total.
Que el gobierno procediera de esa manera, es posible entenderlo. Pero lo inesperado, lo doloroso fue la relación de algunos de los que dirigían entonces la central obrera, responsables de denuncias policiales contra los trabajadores del puerto que ocuparon el local de Azopardo, procurando sacudir la indiferencia con que se respondía a su situación.
Uno tras otro, son intervenidos o se retira la pesonería gremial o se congelan los fondos a los sindicatos que no aceptan confundirse. Azucareros, químicos, canillitas, prensa, ferroviarios y telefónicos siguen en la lista iniciada por los portuarios.
Los ferroviarios también ilustran con precisión qué busca el gobierno: desmantelar ramales, despedir obreros, preparar el terreno para que los fabricantes extranjeros de camiones puedan hacer mejor su negocio. No se trata de negar las bondades de este sistema de transporte, ni de oponerse al trazado de nuevas rutas, vitales para el desarrollo. Pero, como siempre, se empieza por atacar a los trabajadores y por desbaratar de un plumazo lo que ya existe en el país, a cambio de lo que todavía no se ha construido.
El desmantelamiento de las empresas nacionales, las puertas abiertas para los monopolios que colocan a sus hombres en los ministerios, la política petrolera que vuelve a entregar a extranjeros el sur argentino, la destrucción progresiva del sistema previsional siguieron chocando con las palabras oficiales.

La espada y la pared

La política del tero, de gritar por un lado y poner los huevos por el otro, ha llegado a transformarse en un arte refinado. Pero no sólo las grandes líneas sirven para radiografiar a un gobierno; también las pequeñas medidas definen su actitud. La elevación de la edad jubilatoria de 55 a 60 años es una muestra del desprecio oficial, de esa voluntad de dar siempre otra vuelta de tuerca, de ajustar cada vez más la soga que ciñe el cuello de los trabajadores. ¿Por qué no subir aun más el tope? Si se fijara en 70 años, el problema de los jubilados desaparecería totalmente, desaparecerían los jubilados, para ser más explícitos.
La grave crisis, que el gobierno gestado en junio de 1966 aceleró, hizo que el clamor popular llegara a los hombres que conducían la CGT y los acorralara entre dos fuegos: estaban decididos a "participar", pero para eso necesitaban seguir manejando sus organizaciones, porque a ningún funcionario, ningún militar, ningún banquero le interesa dialogar con un dirigente que no tiene poder sobre sus dirigidos.
Para conservar ese dominio debían responder al reclamo de las bases, y así nació el plan de acción de principios de 1967, viciado desde la raíz por la falta de convicción de quienes lo organizaron. Prendieron una fogata queriendo simular un incendio y terminaron asfixiados por el humo.
Ese plan de acción se proponía calmar la ansiedad de quienes veían oscurecerse cada vez más el panorama, pero sin llevar las cosas demasiado lejos: un poco de ruido, algunas manifestaciones en las calles y de vuelta a casa sin muchos riesgos. Contaban para eso con la complacencia de sus aliados en el gobierno, y se llevaron un chasco: esta vez los militares no quisieron oír hablar ni en broma de obreros en pie de lucha, no aceptaron explicaciones y montaron un operativo de represalias escalonadas que debía terminar con la intervención de la Confederación General del Trabajo.
Ante esas amenazas, los mismos que habían proclamado consignas de rebelión borraron con el codo todas sus palabras y dieron por terminado el plan. Lo peor fueron las excusas a que apelaron: la falta de espíritu combativo de los trabajadores.
Eso es una mentira que corearon a sabiendas; los trabajadores/as están dispuestos a gastar todas sus cartas en la lucha, pero también están cansados de que se juegue con naipes marcados. Miles de trabajadores han ido a parar a los calabozos, han perdido sus trabajos, han sido abandonados sin miramientos por esos dirigentes que gustan ser considerados "factores de poder", "grupos de presión" sin darse cuenta —cuando son bienintencionados— cuál es el poder que integran en su calidad de socios menores.
Suspendido el plan de acción de 1967, el gobierno se jactaba de su poder, del efecto que habían surtido sus amagos y su despliegue de violencia. Hubiera sido el momento de reflexionar, pero esos dirigentes dejaron pasar la oportunidad y actuaron en forma coherente con lo que venían haciendo desde mucho antes: lamieron el zapato que los había golpeado y aguzaron el ingenio para reanudar el diálogo con funcionarios que se negaban a recibirlos.
A pocos días de la clausura claudicante del plan de acción —siempre con el argumento de no perder los sindicatos, que es lo único que a ellos les duele— Taccone y Cavalli ingresaban a los despachos ministeriales, sentaban las bases de colaboracionismo. Realmente resulta difícil entenderlos: tenían evidencia de sobra de que sólo los aceptarían rendidos incondicionalmente, habían hecho todo lo necesario para agradar al secretario de Trabajo y pese a ello los rechazaban. De todos modos insistieron, como hijos del rigor, y después de los primeros reveses volvieron a buscar la segunda cuota. Claro que los reveses no los reciben ellos sino los trabajadores/as.
Aferrados con tenacidad al pequeño islote de poder que les consiente, no se dan cuenta que, poco a poco, son empujados al agua y que nadie les va a tirar un salvavidas el día que pierdan pie.
El argumento sigue siendo conservar los sindicatos, los locales sindicales; la diferencia es que los irán perdiendo de a uno, hagan lo que hagan, porque o se los quitará el gobierno —que no se inquieta por pagar con buena moneda a esos buenos amigos— o los perderán por la rebelión de las bases, dispuestas a ser protagonistas y no testigos mudos del proceso.
Una vez levantado el plan de acción y concluido el oscuro período de Prado, se planteó la necesidad de una sucesión que permitiera continuar los contactos con el gobierno y que, a la vez, no arriesgara a los líderes de primera línea durante un período que preveían difícil. Así surge la Comisión Delegada de 20 miembros, con la tarea de suavizar la transición hacia tiempos mejores: entretanto participacionistas y colaboracionistas siguen negociando con las autoridades, confiados en la inocuidad de los 20.
Las negociaciones tienen una finalidad primordial: obtener el reconocimiento del gobierno. Esto les preocupa mucho más que el reconocimiento de los afiliados.
En señal de protesta, cinco miembros abandonan en poco tiempo la comisión delegada. Para el 26, 27 y 28 de enero de 1968, el Comité Central Confederal había decidido, la realización de un Congreso Normalizador. Con argucias estatutarias los amigos del gobierno, consiguen postergarlo hasta marzo. Son sus últimos días de gracia, que dedicarán a gestiones cada vez más desesperadas ante un interlocutor que pide favores pero no deja de amenazarlos.
Por otra parte los jerarcas colaboracionistas procuran sondear la actitud que asumirían los distintos gremios en el Congreso Normalizador de marzo y planean una reunión de todos los secretarios generales. Reparan entonces que estatutariamente una reunión de esa naturaleza se constituye en órgano de consulta cuya opinión no puede ser desatendida. La solución es convocarlos en dos tandas.
Así se evitan compromisos legales. La primera tanda aceptó postergar el congreso por 60 a 90 días; la segunda exigió su realización inmediata y —poniendo el dedo en la llaga— sostuvo que debían participar las organizaciones intervenidas por el gobierno y las que tienen cancelada su personería gremial. Lo contrario —sostuvieron— equivaldría a convalidar la sanción aplicada a estos gremios, castigados por su actitud combativa.
Frente a la disparidad de opiniones la Comisión Delegada apeló a un nuevo ardid: citó a un concilio secreto a 15 secretarios generales, a los que llamó "notables"; entre ellos Vandor (metalúrgico), Alonso (Vestido), Pérez (Luz y Fuerza), Bono (La Fraternidad), Uncal (Comercio), De Luca (Navales), Horvat (ATE), Pepe (Unión Ferroviaria).
En reuniones celebradas con los 15, la Comisión Delegada propuso dos variantes para una misma maniobra que finalmente fracasó: postergar directamente el Congreso o convocarlo y, una vez constituido, pasar a cuarto intermedio por tres meses, si es que lograban controlarlo.
La maniobra, elaborada por el secretario de Trabajo, apuntaba a dos frentes. Por una parte Rubens San Sebastián podía concurrir sin aprensiones al Congreso de la Organización Internacional del Trabajo, en Ginebra, amparado en la sensación de normalidad que ofrecía el movimiento obrero argentino. San Sebastián prometía como retribución "normalizar" algunas organizaciones intervenidas: Unión Ferroviaria, FOTIA, Prensa, Químicos, donde se maniobraría para colocar dirigentes que respetaran ese "pacto de caballeros" y sumaran cerca de 100 votos colaboracionistas al Congreso, que recién tendría lugar cuando San Sebastián estuviera de regreso de Ginebra.
De paso, la "normalización" propuesta por el secretario de Trabajo hubiera eliminado a los actuales dirigentes de los gremios castigados, una pica clavada en Flandes que molestó mucho al gobierno; esos dirigentes que han visto avasallados sus sindicatos, que han debido pasar a la resistencia reorganizando sin medios económicos los aparatos intervenidos, fueron los enemigos más severos de los planes oficiales aceptados por los colaboracionistas.
Se sabe que el avestruz es un animal tonto que esconde la cabeza para no ver el peligro. El gobierno, en cambio, procede como un avestruz vivo, que trata de ocultar a sus enemigos para que no se los vea, aunque no tenga el poder suficiente para hacerlos desaparecer del todo. Nuevas autoridades en los sindicatos intervenidos, elegidas de acuerdo a ciertas formalidades con apariencia de legalidad, hubieran debilitado a los anteriores dirigentes reforzando a la vez el frente participacionista. Inclusive un pequeño grupo de dirigentes tomaron café en la residencia presidencial de Olivos y en un clima muy cordial analizaron con Onganía las características que tendría la nueva CGT: la diferencia estribaba en saber si la central obrera debía convertirse abiertamente en un apéndice de la Secretaría de Trabajo o, si le sería permitido cierto aspecto de autonomía.
Ese es el único punto en el que actualmente discrepan los ocupantes del edificio de la calle Azopardo: apariencias, formalidades tácticas. En el fondo, nada los separa: como osos de feria se preparan para bailar el ritmo que les toquen. Pero sus planes fueron desbaratados y ahora van a tener que bailar en serio.

El Congreso Normalizador

Durante el cónclave de los 15 —como dijimos más arriba convocado por la comisión delegada para tratar de conseguir una nueva postergación del Congreso Normalizador— los representantes de la Asociación Trabajadores del Estado, Navales y Unión Ferroviaria se negaron con energía. La CGT —sostuvieron— no podía asumir el papel de verdugo y bajar el hacha sobre la cabeza de las organizaciones sancionadas por el gobierno, justamente por practicar la solidaridad con azucareros y portuarios. Afirmaron también, que el problema debía ser resuelto por el Congreso Normalizador.
El 28 de marzo en el local de UTA en la calle Moreno 2969 comienza a sesionar el Congreso Normalizador bajo la advocación de Amado Olmos, fallecido en triste accidente hacía un par de meses. Su objetivo: sustituir a la comisión delegada por un nuevo secretariado elegido en congreso mayoritario y representativo de los trabajadores. En nombre de la Comisión Delegada abrió las deliberaciones el ex dirigente Notaro, leyendo la lista de gremios que estatutariamente —dijo—, estaban en condiciones de integrar el Congreso.
Las primeras palabras encerraron también la primera maniobra. Según esa lista, sobre 457 delegados en condiciones de participar, sólo había presentes 219, por lo cual faltaban unos pocos para hacer quórum. En realidad había más de 219 delegados presentes, pero lo que se proponían en ese momento era desconocer a aquellos delegados que representaban a gremios intervenidos o con su personería cancelada.
Plantear las cosas de entrada en esos términos hubiera sido tan violento, que no se animaron a representar públicamente ese papel que desde hace mucho actúan en privado, apelaron a un subterfugio: explicaron que no podían participar en el Congreso los delegados de aquellos gremios que adeudaran sus cuotas a la Caja Confederal. Invocaron para eso el artículo 60 del Estatuto de la CGT.
A esta insidiosa argumentación, que de prosperar hubiera impedido que sesionara el Congreso sin necesidad de que los colaboracionistas y participacionistas tuvieran que desenmascararse, respondió el dirigente telefónico Guillán leyendo el citado artículo 60: "Todas las organizaciones que adeuden sin causa justificada más de cuatro meses a la Caja Confederal, serán consideradas, previa notificación, como dimitentes y en tal caso los miembros del Comité Central Confederal que pertenecen a la organización deudora dejarán automáticamente de formar parte del mismo". Guillán sostuvo que ese no es el caso de las organizaciones que están intervenidas o tienen sus fondos congelados, ya que esas circunstancias son una causa justificada para el atraso de las cuotas. En consecuencia pidió se les permitiera intervenir con voz y voto a la par de las demás organizaciones.
Decididas intervenciones de los representantes de Municipales —que ofrecen pagar en ese mismo momento las cuotas de su gremio— Químicos, Navales, FOTIA y Ferroviarios, obligan a la comisión delegada a aceptar la participación de los gremios que adeudan fondos con causa justificada. Se lee entonces el orden del día y se pasa a elegir la Comisión de Poderes, encargada de analizar las credenciales de los delegados.
Municipales propone que se incluya a la Unión Ferroviaria en esa comisión, pero Lorenzo Pepe declina el ofrecimiento para no dar un pretexto que permita desconocer la legitimidad del Congreso. Después de tres horas de cuarto intermedio para que se analicen las credenciales, el Congreso vuelve a sesionar a las 22.30 con 393 delegados que hacen un minuto de silencio en homenaje a Amado Olmos: también se envía un telegrama al Presidente de la Nación solicitando la libertad de Eustaquio Tolosa. Varios dirigentes preocupados por las controversias que se presentan respecto de algunas credenciales, advierten al congreso acerca de las presiones que se realizan para hacerlo fracasar.
Cuando se eligen autoridades del Congreso, la presidencia es ocupada por Honorio Gutiérrez de UTA. Pallares, de Pintura, informa que ese mismo día la policía disolvió violentamente a los trabajadores de la fábrica Alba "que no estaban ocupando la misma, sino reunidos en asamblea". La Comisión apoya un pedido por la libertad de los detenidos de Alba, empresa del grupo Bunge y Born. También se acepta una moción de Ceramistas contra la "agresión a la que son sometidos los obreros de la fábrica de azulejos San Lorenzo".

Los hijos de los pobres

Inmediatamente Guillán pide que el Congreso haga un llamamiento público a las organizaciones que no han concurrido y se sumen a las deliberaciones de los días 29 y 30. Fustiga también a los dirigentes colaboracionistas pero, propone, queremos que "vengan a discutir aquí, en el seno de la CGT, las diferencias, que puedan tener con este Congreso constituido no sólo legítima sino estatutariamente".
En ese momento toma la palabra por primera vez Raimundo Ongaro, de la Federación Gráfica quien manifiesta su dolor por las organizaciones ausentes y su alegría por la alta inspiración constructiva que alienta al Congreso.
Ongaro se refería en primer lugar a los delegados de Luz y Fuerza, Construcción, Vitivinícolas, SUPE, Comercio y Metalúrgicos que en ningún momento se presentaron al Congreso evidenciando su intención de hacerlo fracasar. También a los del Vestido, Gastronómicos, Alimentación, Vidrio, Sutiaga y Bancarios, que se retiraron luego de la elección de la Comisión de Poderes, durante el cuarto intermedio.
Agregó Ongaro: "Todo el día han estado circulando toda clase de versiones. No sé si afortunada o desgraciadamente, la mayoría de ellas son o van a ser verdaderas; quiero decirlo acá sin faltarle el respeto a los presentes ni a los ausentes: parece mentira, cuando alguna vez los más pobres, los más humildes, los que nunca hemos pedido nada, triunfamos en una votación, que es un hecho normal y accidental en la vida, todos se enojan con nosotros. Nosotros durante años no dijimos nada, cuando veíamos los acuerdos de los núcleos y los dirigentes, acuerdos hechos a espaldas nuestras y de los obreros. Nunca dijimos nada, todo lo aguantamos por el pueblo, por la Patria y por los trabajadores/as. Todo lo aguantamos por unidad, solidaridad y disciplina. Nos íbamos con amargura, tratábamos de justificarles todo a esos dirigentes que hoy se han ido. A esos dirigentes que hoy, cuando en una votación sencilla y normal ganan los hijos de los pobres se han enojado. Les vamos a abrir las puertas, les vamos a abrir los brazos, pero quiero que en la moción conste esto: que esta comisión de poderes que eligió el Congreso también se eligió con todos los atributos de los que, sin tener miedo a perder la vida, han venido a desafiar y a decir la verdad que otros tienen de la piel para adentro, pero ni esa verdad se animan a decir.
Hoy estamos acá, agraviados en nuestra dignidad, pisoteados en los derechos del pueblo, despojados de nuestras conquistas, todos nos han humillado y todavía porque venimos a gritar la verdad, para que no irritemos a los que nos están golpeando nos tendríamos que callar o tal vez tendríamos que ser participacionistas.
Nosotros hemos dicho que preferimos honra sin sindicatos y no los sindicatos sin honra, y mañana nos pueden intervenir. No tenemos aquí ninguna prebenda personal que defender, pues para defender a nuestros compañeros no hace falta el sillón ni el edificio. Lo hacemos porque lo llevamos en la sangre desde que hemos nacido.
Les advierto esta noche, si es que me están escuchando que lo sepan, que les hago un llamado todavía. Dígannos que no están de acuerdo, que piensan distinto, insúltennos, calúmniennos, pero no escriban estas tristes y negras páginas, que porque un gobierno y un ministerio no se animan a impugnarnos, tengan que ser compañeros los que se animen a decir y dejar escrito, que ellos invalidan a los propios compañeros trabajadores".
Al finalizar las palabras de Ongaro, Lorenzo Pepe propuso un cuarto intermedio hasta el día 29 y lamentó que ya estuviera en marcha "una supuesta división del movimiento obrero. Nosotros no hemos dividido a nadie, ellos se han dividido solos". El 29 el Congreso reanudó sus sesiones con 279 delegados, 97 más que el quórum necesario.
Con un entusiasmo que hechos posteriores no confirmaron, el delegado de Municipales llamó "ratas" a los miembros de la Comisión Delegada que abandonaron el Congreso. Arrausi, de FUVA, aclaró entonces que el representante de su sector en la Comisión Delegada no se había retirado sino que estaba en el consultorio de un médico por problemas de salud.
Menna, de la Fraternidad, repudió a quienes realizan maniobras turbias y pidió que se mantuviera la unidad de la clase obrera para formar un bloque inexpugnable contra el enemigo común: la oligarquía y los cipayos al servicio del capital foráneo. Como consecuencia de las palabras del delegado municipal fue necesario aclarar que se encontraban presentes otros miembros de la Comisión Delegada que no abandonaban el Congreso: Coronel (Sanidad), Otto Calacce, Agustín Cuello (FOETRA), Amancio Pafundi (UPCN), Eligio García (Edificios de Renta) y Perfecto Barcia.
Luego tomó la palabra el portuario Mario López Sosa. "Hace dos años, en este mismo recinto —dijo— SUPA señalaba la noche negra que amenazaba a nuestra patria. No fuimos escuchados. Nadie nos creyó. Dijimos que no estábamos en contra de la recuperación portuaria sino en contra de que se nos quitaran las conquistas conseguidas a través de 50 años de luchar a punta de cuchillo por los obreros del puerto.
Pero ¿qué pasaba? Al caer el gobierno de Illia muchos compañeros se presentaron en la Casa Rosada. Nosotros, los portuarios no nos presentamos porque al ver cómo se conformaba el gabinete con hombres que fueron escarnio de los trabajadores portuarios dijimos que íbamos a esperar hasta que aclarara. Por eso estamos contentos hoy, porque las organizaciones pobres han dicho basta a los elefantes blancos. Aquí no se ha gritado un viva a ningún político sino a la clase trabajadora. La lucha comienza hoy en este recinto".
Ese día, a las 10 se constituyó la Junta Electoral, presidida por Rodolfo Díaz, de UTA. Se leen los nombres de los miembros de la Lista Azul y Blanca, única presentada y se pasa a votación; 275 votos a favor y cinco en blanco consagran a las nuevas autoridades de la CGT, con mandato hasta 1970.
Entretanto, el secretario de Trabajo San Sebastián, se entrevista con el Presidente Onganía y advierte oficialmente que no se reconocerá al consejo directivo que surja del Congreso "por estar ilegítimamente constituido y no ser auténticamente representativo". Ya veremos quién es representativo; si esta CGT de los Argentinos o el personero de un gobierno elegido por nadie.

Este es el Consejo Directivo de la Confederación General del Trabajo elegido en el Congreso Normalizador:

Secretario General: Raimundo Ongaro (Gráficos).
Secretario General Adjunto: Amancio Pafundi (UPCN).
Secretario de Hacienda: Enrique Coronel (Fraternidad).
Prosecretario de Hacienda: Pedro Avellaneda (ATE).
Secretario Gremial e Interior: Julio Guillán (FOETRA).
Prosecretario Gremial e Interior: Benito Romano (FOTIA).
Secretario de Prensa, Cultura y Propaganda: Ricardo De Luca (Navales).
Secretario de Previsión Social: Antonio Scipione (UF).
Vocales: Honorio Gutiérrez (UTA); Salvador Manganaro (Gas del Estado); Enrique Bellido (Ceramistas); Hipólito Ciocco (Empleados Textiles); Jacinto Padín (SOYEMEP); Eduardo Arrausi (FUVA); Alfredo Lettis (Marina Mercante); Manuel Veiga (TER); Antonio Machese (Calzado); Floreal Lencinas (Jaboneros); Félix Bonditti (Carboneros).

A las 5.30 horas, de la madrugada del 30 de marzo, los congresales clausuraban las deliberaciones, entonando el Himno Nacional Argentino.
Por su parte, los miembros de la ex Comisión Delegada que habían abandonado el Congreso, se reunieron en el edificio de Azopardo (custodiado por la policía, que no fue entregado al nuevo Consejo Directivo) con varios de los grandes bonetes colaboracionistas: Vandor, Armando March, Coria, Cavalli, Izetta, Pérez. Como única respuesta a los llamamientos, decidieron declarar nulo el Congreso, prorrogar el mandato de la Comisión Delegada y suspender a las representaciones de FOETRA, Navales, ATE, UPCN, Calzado, Jaboneros, Ceramistas, FUVA y Gráficos, ante el Comité Central Confederal y lanzarse a una desaforada campaña de comunicados de prensa, impugnando el Congreso.
Entretanto, el nuevo Consejo Directivo de la auténtica CGT desplegó una intensa actividad: se decidió entre otras cosas que todos los miembros del secretariado y del Consejo Directivo hicieran ante un escribano declaración jurada de sus bienes, para que los trabajadores puedan verificar que en esta CGT de los Argentinos, nadie se enriquece de la noche a la mañana para comprar autos de lujo, colecciones de pintura, perros de raza.
Día a día comunicados de prensa fueron informando a los trabajadores y al pueblo. Se destacó la urgencia de la reapertura de las fuentes de trabajo paralizadas; la derogación de la ley 17.224; se creó la Comisión Nacional de solidaridad de Tucumán; se visitó en la cárcel de Villa Devoto al compañero Eustaquio Tolosa —designado secretario general honorario de la CGT— y se le hizo llegar la solidaridad de todos sus compañeros; se informó a la Organización Internacional del Trabajo de la realización del Congreso Normalizador y de la elección de nuevas autoridades.
Se recibieron dos cartas enviadas desde la cárcel por el compañero Tolosa. En la primera de ellas se advierte sobre la necesidad de ofrecer un frente común a los enemigos del pueblo, y se desalienta la fantasía colaboracionista. También afirma el compañero Tolosa, que creerá en las buenas intenciones de la ex Comisión Delegada, a la cual está dispuesto a recibir, siempre que sea acompañada por miembros del Consejo Directivo de la CGT Normalizadora que dirige el compañero Ongaro. En la segunda carta, luego de manifestar su agradecimiento por haber sido nombrado Secretario General Honorario de la CGT, Tolosa manifiesta que si no recibió a los compañeros designados por el Congreso Normalizador, fue únicamente porque en la cárcel le ocultaron esa visita, y finaliza alentando a la CGT Normalizadora a continuar su lucha.
Para el 1º de Mayo, la CGT ha planeado la realización de actos en todo el país. En Buenos Aires, el acto tendrá lugar en la Plaza San Justo, de La Matanza, a las 15 horas, presidido por el Secretario General Adjunto, Amancio Pafundi. En Rosario, Córdoba y Tucumán, los actos serán presididos por los demás miembros del Consejo Directivo, Ongaro en Córdoba, Guillán en Rosario, Romano en Tucumán.


Cartas de Perón a Raimundo Ongaro

Madrid, 5 de abril de 1968
Señor Don Raimundo Ongaro
Buenos Aires

Mi querido compañero y amigo:

Por las informaciones y noticias, he seguido el desarrollo de los acontecimientos ocurridos alrededor del Congreso de la CGT y deseo hacerle llegar, junto con mi saludo más afectuoso, mis felicitaciones más cordiales, que le ruego haga extensivas a todos los compañeros que participaron en esa acción, que no solo ha salvado el honor peronista, sino que también ha permitido comprobar fehacientemente la conducta de los que, con diversos pretextos, se encuentran traicionando a los trabajadores y al Movimiento.
Espero que esta elocuente evidencia convenza a los demás compañeros y a la masa popular sobre los verdaderos valores de algunos dirigentes, como asimismo puedan discernir con claridad entre los que sirven y los que son solo simuladores que no persiguen otro fin que sus intereses personales, en procura de una riqueza tan infamante como sus procedimientos. No se ha puesto menos en evidencia la actitud gubernamental que sigue utilizando la corrupción más despreciable en complicidad con los que se avienen a ello con fines de lucro.

Hay una virtud contra la que el dirigente no puede delinquir: la lealtad que debe a la base. Y, cuando olvidando la misión que ha recibido y traicionando sus deberes esenciales, se lanza a la conquista del dinero, poco tarda en quedar destruido por sus propios malos procedimientos. Una cosa es la habilidad en la dirección y otra muy distinta el procedimiento tortuoso con fines inconfesables. Como una cosa es el error o la incapacidad y otra muy distinta la mala intención, obediente a mezquinos intereses. De todo se ha visto en esta oportunidad, pero no es difícil diferenciar los que puedan haberse equivocado, de los que están en otra cosa muy distinta.

Yo, que como siempre, me mantengo al margen de los problemas internos del sindicalismo, porque creo que éstos deben ser resueltos por las respectivas organizaciones, no puedo menos que percibir con extrañeza y con dolor la falta de solidaridad provocada por unos cuantos malintencionados, en complicidad con organismos oficiales que, teniendo la obligación de portarse bien, no escatiman medios para provocar la destrucción de la organización sindical argentina. Y, si por la situación esto puede explicarse, lo que resulta inexplicable es que haya dirigentes que traicionando su deber, se presten para esa destrucción.
El tiempo será el mejor juez y el mejor testigo porque las infamias pueden cometerse: lo difícil es borrarlas. Llegará un día en que cada uno deba rendir cuentas de sus acciones. Mientras tanto responderán ante su conciencia. Le ruego salude a los compañeros.

Un gran abrazo.


Madrid, 27 de junio de 1968
Señor Don Raimundo Ongaro
Buenos Aires.
Querido compañero:
 
Desde el comienzo de las actividades sindicales de la CGT que Usted encabeza, he venido observando un cambio radical en la conducta de las organizaciones sindicales. Es indudable que la inacción suicida que caracterizó a la etapa anterior, como consecuencia de la descomposición moral de un numeroso grupo de dirigentes sindicales que, en vez de cumplir con su misión, se dedicaron a especular desdorosamente con su cargo, ha sido la causa que más ha gravitado en el desastre de la conducción de la Clase Trabajadora y, en consecuencia, el remedio no puede ser otro que reemplazar a esos dirigentes con hombres que vuelvan por las virtudes esenciales, sin las cuales es imposible toda actividad constructiva.
Realizado lo anterior, se podrá comenzar una lucha activa y exitosa, mediante la cual se devuelva a la masa popular el dinamismo indispensable que nuestra masa ha perdido como consecuencia de su falta de confianza en sus dirigentes. El último Primero de Mayo ha sido sólo un síntoma de tal regeneración, después de varios aniversarios opacos y decepcionantes. Sin la intervención de la masa, convenientemente conducida por dirigentes prestigiosos, ninguna lucha en el campo sindical puede llegar a nada, como no sea el desánimo y la resignación que en los momentos actuales representan el desastre.
En 1945 la situación era similar a la que hoy les toca vivir a los trabajadores argentinos, pero teníamos una juventud entusiasta y decidida que fue capaz de realizar un 17 de octubre. Me temo que en estos momentos tal juventud no exista, no porque no haya jóvenes y hombres valientes y decididos, tampoco porque esa juventud no esté movida como en 1945 por ideales constructivos, sino porque carecen de conducción y encuadramiento apropiados, que sean capaces de llevarlos al éxito. Las masas populares no valen por su número solamente, sino y preponderantemente por la calidad de sus dirigentes.
En su actividad intuyo los fines que la inspiran y los objetivos que persigue en los sentidos indicados. Por eso deseo hacerle llegar mi enhorabuena. Usted es el primer dirigente contemporáneo que puede conseguir movilizar la masa hasta ahora inactiva y perezosa, y ello es debido a sus valores espirituales. Persista sin desmayos en ello y realizará lo que los peronistas venimos anhelando desde hace ya más de doce años. De la frustración sólo se puede salir mediante la acción decidida de dirigentes que, poseyendo las virtudes esenciales, sean capaces de movilizar la masa y lanzarla a la lucha con la firme voluntad de vencer.
He querido hacerle llegar, junto con mi saludo más afectuoso, estas pocas palabras de estímulo que nacen de mi más pura sinceridad y que quieren hacerle llegar también mis felicitaciones.

Un gran abrazo.

27 de junio de 1968


Mensaje a los trabajadores y el pueblo - Mayo de 1968

Programa del 1º de Mayo

1. Nosotros, representantes de la CGT de los Argentinos, legalmente constituida en el congreso normalizador Amado Olmos, en este Primero de Mayo nos dirigimos al pueblo.
Los invitamos a que nos acompañen en un examen de conciencia, una empresa común y un homenaje a los forjadores, a los héroes y los mártires de la clase trabajadora.
En todos los países del mundo ellos han señalado el camino de la liberación. Fueron masacrados en oscuros calabozos como Felipe Vallese, cayeron asesinados en los ingenios tucumanos, como Hilda Guerrero. Padecen todavía en injustas cárceles.
En esas luchas y en esos muertos reconocemos nuestro fundamento, nuestro patrimonio, la tierra que pisamos, la voz con que queremos hablar, los actos que debemos hacer: esa gran revolución incumplida y traicionada pero viva en el corazón de los argentinos.
2. Durante años solamente nos han exigido sacrificios. Nos aconsejaron que fuésemos austeros: lo hemos sido hasta el hambre.
Nos pidieron que aguantáramos un invierno: hemos aguantado diez. Nos exigen que racionalicemos: así vamos perdiendo conquistas que obtuvieron nuestros abuelos. Y cuando no hay humillación que nos falte padecer ni injusticia que reste cometerse con nosotros, se nos pide irónicamente que "participemos".
Les decimos: ya hemos participado, y no como ejecutores sino como víctimas en las persecuciones, en las torturas, en las movilizaciones, en los despidos, en las intervenciones, en los desalojos.
No queremos esa clase de participación.
Un millón y medios de desocupados y subempleados son la medida de este sistema y de este gobierno elegido por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios suprimidos, derechos de huelga anulados, conquistas pisoteadas, gremios intervenidos, personerías suspendidas, salarios congelados.
La situación del país no puede ser otro que un espejo de la nuestra. El índice de mortalidad infantil es cuatro veces superior al de los países desarrollados, veinte veces superior en zonas de Jujuy donde un niño de cada tres muere antes de cumplir un año de vida. Más de la mitad de la po
blación está parasitada por la anquilostomiasis en el litoral norteño; el cuarenta por ciento de los chicos padecen de bocio en Neuquén; la tuberculosis y el mal de Chagas causan estragos por doquier. La deserción escolar en el ciclo primario llega al sesenta por ciento; al ochenta y tres por ciento en Corrientes, Santiago del Estero y el Chaco; las puertas de los colegios secundarios están entornadas para los hijos de los trabajadores y definitivamente cerradas las de la Universidad.
La década del treinta resucita en todo el país con su cortejo de miseria y de ollas populares.
Cuatrocientos pesos son un jornal en los secaderos de yerba, trescientos en los obrajes, en los cañaverales de Tucumán se olvida ya hasta el aspecto del dinero.
A los desalojos rurales se suma ahora la reaccionaria ley de alquileres, que coloca a decenas de miles de comerciantes y pequeños industriales en situación de desalojo, cese de negocios y aniquilamiento del trabajo de muchos años.
No queda ciudad en la República sin su cortejo de villas miserias donde el consumo de agua y energía eléctrica es comparable al de las regiones interiores del Africa. Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de gheto y a las razzias nocturnas que nunca afectan las zonas residenciales donde algunos "correctos" funcionarios ultiman la venta del país y donde jueces "impecables" exigen coimas de cuarenta millones de pesos.
Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros derechos, despojados de nuestras conquistas, venimos a alzar en el punto donde otros las dejaron, viejas banderas de la lucha.
3. Grandes países que salieron devastados de la guerra, pequeños países que aún hoy soportan invasiones e implacables bombardeos, han reclamado de sus hijos penurias mayores que las nuestras. Si un destino de grandeza nacional, si la defensa de la patria, si la definitiva liquidación de las estructuras explotadoras fuesen la recompensa inmediata o lejana de nuestros males, ¿qué duda cabe de que los aceptaríamos en silencio?
Pero no es así. El aplastamiento de la clase obrera va acompañado de la liquidación de la industria nacional, la entrega de todos los recursos, la sumisión a los organismos financieros internacionales. Asistimos avergonzados a la culminación, tal vez el epílogo de un nuevo período de desgracias.
Durante el año 1967 se ha completado prácticamente la entrega del patrimonio económico del país a los grandes monopolios norteamericanos y europeos. En 1958 el cincuenta y nueve por ciento de lo facturado por las cincuenta empresas más grandes del país correspondía a capitales extranjeros; en 1965 esa cifra ascendía al sesenta y cinco por ciento; hoy se puede afirmar que tres cuartas partes del gran capital invertido pertenece a los monopolios.
La empresa que en 1965 alcanzó la cifra más alta de ventas en el país, en 1968 ha dejado de ser argentina. La industria automotriz está descoyuntada, dividida en fragmentos que han ido a parar uno por uno a los grupos monopolistas. Viejas actividades nacionales como la manufactura de cigarrillos pasaron en bloque a intereses extranjeros. El monopolio norteamericano del acero está a punto de hacer su entrada triunfal. La industria textil y la de la alimentación están claramente penetradas y amenazadas.
El método que permitió este escandoloso despojo no puede ser más simple. El gobierno que surgió con el apoyo de las fuerzas armadas, elegido por nadie, rebajó los aranceles de importación, los monopolios aplicaron la ley de la selva —el dumping—, los fabricantes nacionales, hundiéronse. Esos mismos monopolios, sirviéndose de bancos extranjeros ejecutaron luego a los deudores, llenaron de créditos a sus mandantes que con dinero argentino compraron a precio de bancarrota las empresas que el capital y el trabajo nacional habían levantado en años de esfuerzo y sacrificio.
Este es el verdadero rostro de la libre empresa, de la libre entrega, filosofía oficial del régimen por encima de ilusorias divisiones entre "nacionalistas" y "liberales", incapaces de ocultar la realidad de fondo que son los monopolios en el poder.
Este poder de los monopolios que con una mano aniquila a la empresa privada ncional, con la otra amenaza a las empresas del Estado donde la racionalización no es más que el prólogo de la entrega, y anuda los últimos lazos de la dependencia financiera. Es el Fondo Monetario Internacional el que fija el presupuesto del país y decide si nuestra moneda se cotiza o no en los mercados internacionales. Es el Banco Mundial el que planifica nuestras industrias claves. Es el Banco Interamericano de Desarrollo el que indica en qué países podemos comprar. Son las compañías petroleras las que cuadriculan el territorio nacional y de sus mares aledaños con el mapa de sus inicuas concesiones. El proceso de concentración monopolista desatado por el gobierno no perdonará un solo renglón de la actividad nacional. Poco más y sólo faltará desnacionalizar la tradición argentina y los museos.
La participación que se nos pide es, además de la ruina de la clase obrera, el consentimiento de la entrega. Y eso no estamos dispuestos a darlo los trabajadores argentinos.
4. La historia del movimiento obrero, nuestra situación concreta como clase y la situación del país nos llevan a cuestionar el fundamento mismo de esta sociedad: la compraventa del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción.
Afirmamos que el hombre vale por sí mismo, independientemente de su rendimiento. No se puede ser un capital que rinde un interés, como ocurre en una sociedad regida por los monopolios dentro de la filosofía libreempresista. El trabajo constituye una prolongación de la persona humana, que no debe comprarse ni venderse. Toda compra o venta del trabajo es una forma de esclavitud.
La estructura capitalista del país, fundada en la absoluta propiedad privada de los medios de producción, no satisface sino que frustra las necesidades colectivas, no promueve sino que traba el desarrollo individual. De ella no puede nacer una sociedad justa ni cristiana.
El destino de los bienes es servir a la satisfacción de las necesidades de todos los hombres. En la actualidad prácticamente todos los bienes se hallan apropiados, pero no todos los hombres pueden satisfacer sus necesidades: el pan tiene dueño pero un dueño sin hambre. He aquí al descubierto la barrera que separa las necesidades humanas de los bienes destinados a satisfacerlas: el derecho de propiedad tal como hoy es ejercido.
Los trabajadores de nuestra patria, compenetrados del mensaje evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres sino que los hombres deben administrarlos para que satisfagan las necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo aquellas estructuras.
Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la clase obrera argentina, a saber:
• La propiedad sólo debe existir en función social.
• Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir no sólo en la producción, sino en la administración de las empresas y la distribución de los bienes.
• Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser nacionalizados.
• Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos.
• Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin compensación de ninguna especie.
• Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones que ella requiera, puede efectivizar el postulado de que la tierra es de quien la trabaja.
• Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles de la educación que hoy gozan solamente los miembros de las clases privilegiadas. A los que afirman que los trabajadores deben permanecer indiferentes al destino del país y pretenden que nos ocupemos solamente de problemas sindicales, les respondemos con las palabras de un inolvidable compañero, Amado Olmos, quien días antes de morir, desentrañó para siempre esa farsa:
El obrero no quiere la solución por arriba, porque hace doce años que la sufre y no sirve. El trabajador quiere el sindicalismo integral, que se proyecte hacia el control del poder, que asegura en función de tal el bienestar del pueblo todo. Lo otro es el sindicalismo amarillo, imperialista, que quiere que nos ocupemos solamente de los convenios y las colonias de vacaciones.
5. Las palabras de Olmos marcan a fuego el sector de dirigentes que acaban de traicionar al pueblo y separarse para siempre del movimiento obrero. Con su experiencia, que ya era sabiduría profética, explicó los motivos de esa defección.
"Hay dirigentes —dijo—, que han adoptado las formas de vida, los automóviles, las casas, las inversiones y los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde luego con una actitud de ese tipo no pueden encabezar a la clase obrera".
Son esos mismos dirigentes los que apenas iniciado el congreso normalizador del 28 de marzo, convocado por ellos mismos, estatutariamente reunido, que desde el primer momento sesionó con el quórum necesario, lo abandonaron por no poder dominarlo y cometieron luego la felonía sin precedentes en los anales del sindicalismo de denunciar a sus hermanos ante la Secretaría de Trabajo. Son ellos los que hoy ocupan un edificio vacío y usurpan una sigla, pero han asumido al fin su papel de agentes de un gobierno, de una oligarquía y de un imperialismo
¿Qué duda cabe hoy de que Olmos se refería a esos dirigentes que se autocalifican de "colaboracionistas" y "participacionistas"? Durante más de un lustro cada enemigo de la clase trabajadora, cada argumento de sanciones, cada editorial adverso, ha sostenido que no existía en el país gente tan corrompida como algunos dirigentes sindicales. Costaba creerlo, pero era cierto. Era cierto que rivalizaban en el lujo insolente de sus automóviles y el tamaño de sus quintas de fin de semana, que apilaban fichas en los paños de los casinos y hacían cola en las ventanillas de los hipódromos, que paseaban perros de raza en las exposiciones internacionales.
Esa satisfacción han dado a los enemigos del movimiento obrero, esa amargura a nosotros. Pero es una suerte encontrarlos al fin todos juntos —dirigentes ricos que nunca pudieron unirse para defender trabajadores pobres—, funcionarios y cómplices de un gobierno que se dice llamado a moralizar y separados para siempre de la clase obrera.
Con ellos, que voluntariamente han asumido ese nombre de colaboracionistas, que significa entregadores en el lenguaje internacional de la deslealtad, no hay advenimiento posible. Que se queden con sus animales, sus cuadros, sus automóviles, sus viejos juramentos falsificados, hasta el día inminente en que una ráfaga de decencia los arranque del último sillón y de las últimas representaciones traicionadas.
6. La CGT de los Argentinos no ofrece a los trabajadores un camino fácil, un panorama risueño, una mentira más. Ofrece a cada uno un puesto de lucha.
Las direcciones indignas deben ser barridas desde las bases. En cada comisión interna, cada gremio, cada federación, cada regional, los trabajadores deben asumir su responsabilidad histórica hasta que no quede un vestigio de colaboracionismo. Esa es la forma de probar que la unidad sigue intacta y que los falsos caudillos no pueden destruir desde arriba lo que se ha amasado desde abajo con el dolor de tantos.
Este movimiento está ya en marcha, se propaga con fuerza arrasadora por todos los caminos de la República.
Advertimos sin embargo que de la celeridad de ese proceso depende el futuro de los trabajadores. Los sectores interesados del gobierno elegido por nadie no actúan aún contra esta CGT elegida por todos; calculan que la escisión promovida por dirigentes vencidos y fomentada por la Secretaría de Trabajo bastará para distraer unos meses a la clase obrera, mientras se consuman etapas finales de la entrega.
Si nos limitáramos al enfrentamiento con esos dirigentes, aun si los desalojáramos de sus últimas posiciones, seríamos derrotados cuando en el momento del triunfo cayeran sobre nosotros las sanciones que debemos esperar pero no temer.
El movimiento obrero no es un edificio ni cien edificios; no es una personería ni cien personerías; no es un sello de goma ni es un comité; no es una comisión delegada ni es un secretariado. El movimiento obrero es la voluntad organizada del pueblo y como tal no se puede clausurar ni intervenir.
Perfeccionando esa voluntad pero sobre todo esa Organización debemos combatir con más fuerza que nunca por la libertad, la renovación de los convenios, la vigencia de los salarios, la derogación de leyes como la 17.224 y la 17.709, la reapertura y creación de nuevas fuentes de trabajo, el retiro de las intervenciones y la anulación de las leyes represivas que hoy ofenden a la civilización que conmemora la declaración y el ejercicio de los derechos humanos.
Aun eso no es suficiente. La lucha contra el poder de los monopolios y contra toda forma de penetración extranjera es misión natural de la clase obrera, que ella no puede declinar. La denuncia de esa penetración y la resistencia a la entrega de las empresas nacionales de capital privado o estatal son hoy las formas concretas del enfrentamiento. Porque la Argentina y los argentinos queremos junto con la revolución moral y de elevamiento de los valores humanos ser activos protagonistas y no dependientes en la nueva era tecnológica que transforma al mundo y conmociona a la humanidad.
Y si entonces cayeran sobre nosotros los retiros de personería, las intervenciones y las clausuras, será el momento de recordar lo que dijimos en el congreso normalizador: que a la luz o en la clandestinidad, dentro de la ley o en las catacumbas, este secretariado y este consejo directivo son las únicas autoridades legítimas de los trabajadores argentinos, hasta que podamos reconquistar la libertad y la justicia social y le sea devuelto al pueblo el ejercicio del poder.
7. La CGT de los Argentinos no se considera única actora en el proceso que vive el país, no puede abstenerse de recoger las aspiraciones legítimas de los otros sectores de la comunidad ni de convocarlos a una gran empresa común, no puede siquiera renunciar a la comunicación con sectores que por una errónea inteligencia de su papel verdadero aparecen enfrentados a nuestros intereses. Apelamos pues:
• A los empresarios nacionales, para que abandonen la suicida política de sumisión a un sistema cuyas primeras víctimas resultan ellos mismos. Los monopolios no perdonan, los bancos extranjeros no perdonan, la entrega no admite exclusiones ni favores personales. Lealmente les decimos: fábrica por fábrica los hemos de combatir en defensa de nuestras conquistas avasalladas, pero con el mismo vigor apoyaremos cada empresa nacional enfrentada con una empresa extranjera. Ustedes eligen sus alianzas: que no tengan que llorar por ellas.
• A los pequeños comerciantes e industriales, amenazados por desalojo en beneficio de cuatro inmobiliarias y un par de monopolios dispuestos a repetir el despojo consumado con la industria, a liquidar los últimos talleres, a comprar por uno lo que vale diez, a barrer hasta con el almacenero y el carnicero de barrio en beneficio del supermercado norteamericano, que es el mercado único, sin competencia posible. Les decimos: su lugar está en la lucha, junto a nosotros.
• A los universitarios, intelectuales, artistas, cuya ubicación no es dudosa frente a un gobierno elegido por nadie que ha intervenido las universidades, quemando libros, aniquilando la cinematografía nacional, censurando el teatro, entorpeciendo el arte. Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.
• A los militares, que tienen por oficio y vocación la defensa de la patria: Nadie les ha dicho que deben ser los guardianes de una clase, los verdugos de otra, el sostén de un gobierno que nadie quiere, los consentidores de la penetración extranjera. Aunque se afirme que ustedes no gobiernan, a los ojos del mundo son responsables del gobierno. Con la franqueza que pregonan les decimos: que preferiríamos tenerlos a nuestro lado y del lado de la justicia, pero que no retrocederemos de las posiciones que algunos de ustedes parecieran haber abandonado pues nadie debe ni puede impedir el cumplimiento de la soberana voluntad del pueblo, única base de la autoridad del poder público.
• A los estudiantes queremos verlos junto a nosotros, como de algún modo estuvieron juntos en los hechos, asesinados por los mismos verdugos, Santiago Pampillón y Felipe Vallese. La CGT de los Argentinos no les ofrece halagos ni complacencias, les ofrece una militancia concreta junto a sus hermanos trabajadores.
• A los religiosos de todas las creencias: sólo palabras de gratitud para los más humildes entre ustedes, los que han hecho suyas las palabras evangélicas, los que saben que "el mundo exige el reconocimiento de la dignidad humana en toda su plenitud, la igualdad social de todas las clases", como se ha firmado en el concilio, los que reconocen que "no se puede servir a Dios y al dinero". Los centenares de sacerdotes que han estampado su firma al pie del manifiesto con que los obispos del Tercer Mundo llevan a la práctica las enseñanzas de la Populorum Progressio: "La Iglesia durante un siglo ha tolerado al capitalismo… pero no puede más que regocijarse al ver aparecer en la humanidad otro sistema social menos alejado de esa moral… La Iglesia saluda con orgullo y alegría una humanidad nueva donde el honor no pertenece al dinero acumulado entre las manos de unos pocos, sino a los trabajadores obreros y campesinos". Ese es el lenguaje que ya han hablado en Tacuarendí, en Tucumán en las villas miserias, valerosos sacerdotes argentinos y que los trabajadores quisiéramos oir en todas las jerarquías. 8. La CGT convoca en suma a todos los sectores, con la única excepción de minorías entregadoras y dirigentes corrompidos, a movilizarse en los cuatro rincones del país para combatir de frente al imperialismo, los monopolios y el hambre. Esta es la voluntad indudable de un pueblo harto de explotación e hipocresía, herido en su libertad, atacado en sus derechos, ofendido en sus sentimientos, pero dispuesto a ser el único protagonista de su destino.
Sabemos que por defender la decencia todos los inmorales pagarán campañas para destruirnos. Comprendemos que por reclamar libertad, justicia y cumplimiento de la voluntad soberana de los argentinos, nos inventarán todos los rótulos, incluso el de subversivos, y pretenderán asociarnos a secretas conspiraciones que desde ya rechazamos.
Descontamos que por defender la autodeterminación nacional se unirán los explotadores de cualquier latitud para fabricar las infamias que les permitan clausurar nuestra voz, nuestro pensamiento y nuestra vida.
Alertamos que por luchar junto a los pobres, con nuestra única bandera azul y blanca, los viejos y nuevos inquisidores levantarán otras cruces, como vienen haciendo a lo largo de los siglos.
Pero nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo.

9 de Mayo de 1968


La Explotación de los Obreros Rurales

[Del Semanario de la CGTA, 1969]

Como en Africa

En un estudio premiado Julio Avila analizó la situación de la clase obrera tucumana a principios de siglo. Existía entonces la ley del conchabo. Dice Avila que el "obrero trabaja con exceso; no es bien pagado; come muy mal; vive en ranchos miserables como el indio de la pampas o los negros del centro de Africa, es decir, en casuchas construidas con totora, tierra cruda, paja o despunte de caña de azúcar; durante la mitad del año no le es permitido descansar, ni aún en día festivo"; en cuanto a la jornada, es "de sol a sol", según el texto de la ley, pero llega a trece horas. En cuanto a las proveedurías, Bialet Massé (1904), dice que "el obrero del ingenio, el peón, se deja llevar por la proveeduría el 40 por ciento de sus escasos jornales". Eso en el norte. Del Litoral, las aguas del Alto Paraná, "bajan turbias". Juan B. Justo denunció en el Parlamento, el 29 de junio de 1914, las condiciones bestiales de los obreros del Alto Paraná; dijo que podían verse en el río cadáveres de obreros, con lesiones corporales de violencias. Añadió que "Posadas es el gran mercado de esclavos blancos en el Alto Paraná… Se los embarca como a bestias, a cintarazos".

Más de medio siglo después, el sistema del conchabo para la contratación de los obreros dedicados a la zafra azucarera tiene vigencia en las relaciones económicas jujeñas. Se aplica preferentemente a los veinte o treinta mil obreros bolivianos que incluyendo la familia ingresan anualmente en nuestro país, para fines de abril y mayo de cada año. En San Martín del Tabacal (Salta), se emplea indios matacos, tobas, chorotes, chulupíes.
La contratación o conchabo no es una forma exclusiva pero sí bastante extendida. En la práctica, los ingenios ya tienen sus contratistas, que en la mayoría de los casos son comerciantes establecidos en las localidades de la zona y también empleados de los ingenios. El pueblo los bautizó; les llaman negreros.
Tucumán, la mártir

En su territorio de 22.524 kilómetros cuadrados, enclavado en el corazón geográfico de nuestra patria, viven más de 800.000 argentinos, a un promedio de cerca de 40 habitantes por kilómetro cuadrado. Su economía depende, en lo fundamental, de la actividad azucarera, de donde provienen las dos terceras partes de sus ingresos brutos.

La desocupación ha venido haciendo estragos desde hace años. En 1950 trabajaron en la zafra, entre surco y fábrica, unos 100.000 obreros. En 1963, solamente lo hicieron unos 65.000, lo que significa una desocupación del 44 por ciento en un período de 13 años. Quienes sufrieron fundamentalmente este proceso fueron los obreros temporarios o cosecheros que debieron emigrar en busca de otras ocupaciones y también la sintieron braceros santiagueños y catamarqueños.

El cierre de ingenios decretado por Onganía, produjo de golpe la misma desocupación que en los 13 años que comentamos. También 30.000 braceros santiagueños quedaron sin fuentes de trabajo. La desocupación de obreros azucareros se refleja en otras actividades del Noroeste, compitiendo como mano de obra barata, que perturba todo el mercado de trabajo de la región.

El valor que la oligarquía concede a la vida humana y a la atención de la salud está muy por debajo del que le asigna a sus aperos, útiles y animales. En abril de 1963, el Seminario sobre los efectos de la zafra azucarera en la Educación, realizado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, produjo entre otras, estas cifras: "En una localidad de obreros temporarios de surco, el 63 por ciento de las viviendas eran de adobe o quincha y el 20 por ciento de caña y malhoja; uno de cada tres padres de ambos sexos no han concurrido jamás a la escuela y uno de tres lo han hecho hasta el segundo grado, es decir que el 68,7 por ciento son prácticamente analfabetos; el consumo de leche es de 0,15 litros por persona".

El mismo estudio realizado en una colonia de obreros de surco estables dio los siguientes resultados: "en el grupo de menores de 10 a 17 años de edad, se registra un horario de trabajo de 13, 14 y hasta 15 horas diarias: el 56 por ciento de los niños no concurren a la escuela y el 63,5 por ciento de los padres son prácticamente analfabetos; el 72 por ciento de estas familias no consumen leche". Y concluía: "La vida no es propiedad del señor pero son de él casi todas las cosas que permiten vivir: el trabajo, la casa, el dinero, y las normas. Objetivamente hablando no es un régimen feudal (…) pero lo recuerda".

¿Sirve la tecnología?

En la pampa húmeda (parte de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba), el desarrollo capitalista en el campo introdujo una mayor utilización de maquinarias y adelantos tecnológicos. ¿Para qué? En manos de los negreros el progreso se vuelve contra los trabajadores. Se han reducido los días dedicados a la labranza, siembra y cosecha, etc.; las filas de los obreros rurales se ven engrosadas por hijos de campesinos y chacareros arruinados; los obreros de mayor edad tienen cada día más inconveniente para encontrar trabajo.
Si tomamos 1963 como punto de referencia, todavía el obrero rural (estibadores, obreros de campo y máquina) tenían en el campo bonaerense un promedio de ocupación de 15 a 20 días o más, en tiempo de cosecha y posteriormente podían defenderse con algunas "changas". Actualmente esa ocupación, se redujo a 10 o 15 días, pero difícilmente se consiguen "changas".

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), filial Pergamino, realizó en 1965 un estudio sobre la "pampa húmeda", que concluía diciendo que donde una década atrás se daba ocupación en las tareas de arada, siembra, cosecha y almacenaje de cereales, a un promedio de hasta 30 obreros, en ese año el promedio o porcentaje llegaba apenas a 3 obreros. Diez veces menos.

Desde ese año al presente, muchos chacareros que no querían el silo, entraron por la variante de arrendar máquinas "changarinas" con silos transportables. El "silo rodante" solucionó para muchísimos campesinos pequeños y medianos y hasta para algunos grandes, el problema de utilización de bolsas y de no menos de 6 obreros, pues el cosechado a granel, permite realizar toda la tarea, con un máximo de 3 obreros y un mínimo de 2.

En los últimos cuatro años, la aparición de máquinas cosechadoras con tolvas (depósito encima de la máquina que permite almacenar hasta 14 bolsas, o sea unos 850 kilogramos de cereal) "ahorra" otro trabajador.
El almacenaje en silos de chacra de campaña o terminales de ciudades y puertos, acicatea al progreso de la mecanización. Hay zonas bonaerenses donde el obrero agrícola ya ha sido desplazado, en varias especialidades, hasta en un 80 y 90 por ciento se cosecha a granel; sin hablar de decenas de pueblos donde la carga directa de chacra a silo terminal o a puerto, evita el empleo de estibadores por un lado y de los llamados cosedores —cargadores— y pistines, por el otro. El maíz, el girasol, el sorgo hasta hace cinco años se cosechaba embolsando gran parte; ahora entre el 70 y el 80 por ciento se cosecha a granel; los trabajadores que esperaban la "cosecha gruesa" para aliviar sus problemas económicos, ya no tienen siquiera esa esperanza. Antes, con el estibado en galpón y la utilización del "burro" (caballete grande de hasta 18 y 22 escalones) el ritmo de trabajo era de 500, 600 y hasta 700 bolsas hombreadas por obrero y por jornada de 8 horas; ahora, con la cinta transportadora, que sin duda significó progreso y humanización en el trabajo de almacenaje, el ritmo impuesto por las casas cerealistas, hace que se hombreen un promedio de hasta 1.400 bolsas por obrero y por jornada de 8 horas. Esto sucede en Morse, Irala, O’Brien, Colón y otras localidades del centro y sud de la provincia de Buenos Aires. Un par de obreros suplantan a cuadrillas de hasta 9 trabajadores en galpón. Esta merma del tiempo de ocupación origina rencillas entre los obreros, que hábilmente aprovechan los cerealistas y capataces del galpón, para lanzar el "trabajo libre" o la "cuadrilla fija" para que el sindicato no sea quien controle el trabajo y la distribución de los turnos rotativos.

Procesos de mecanización han invadido la esquila de ovejas, la recolección de legumbres y hortalizas; la cosecha de pasto para henificar; ha disminuido el tiempo de ocupación y, consiguientemente, los ingresos. Diez años atrás, en las mejores zonas y con cosechas normales, un obrero estibador, durante el período de cosecha y posterior ocupación salteada, recaudaba de 150 a 200 mil pesos, que le servían a él y a su familia para vivir todo el año; ahora, en el norte bonaerense, los cosecheros de trigo, maíz, girasol, granífero, no alcanzan los 70 u 80 mil pesos. Empero, en el presente ciclo agrícola, acortado por lo que expusimos, no llegarán a superar la cifra promedio de 40 a 50 mil pesos.

La culpa no es de la tecnología; es de quienes hacen uso de ella para aumentar las ganancias sin modificar ni mejorar las relaciones de producción.

El cáncer del latifundio

La permanencia del régimen latifundista torna estéril la tecnología como factor de progreso en el campo argentino. Esa permanencia, agravada por la creciente participación de los monopolios capitalistas en el campo como grandes terratenientes, deprime cada vez más las condiciones de vida de los obreros rurales y de los campesinos, y entre éstos, especialmente de los campesinos pobres. Ya es un lugar común que el latifundismo es un pavoroso factor de atraso, sin cuya destrucción radical será imposible el progreso argentino.
Los últimos datos sobre concentración latifundista en Tucumán, por ejemplo, datan de 1956 y son oficiales. Según esas cifras, 21 ingenios y 188 grandes cañeros (menos del 1 por ciento de los propietarios) poseen 4.432.854 surcos (1 hectárea: 50 surcos), o sea el 30% del total; en el otro extremo, la cada vez más subdividida propiedad minifundista compuesta por 17.764 cultivadores (86,57%) poseen 3.254.901 surcos, o sea sólo el 37,46 por ciento. Este proceso ha ido "in crescendo", hasta que el señor en el gobierno le puso turbinas y de un solo manotazo quiere realizar lo que había previsto Latzina en 1902 para nuestro país: "La población agrícola se compondrá entonces ¡ojalá no tuviera razón! de unos cuantos centenares de poderosos propietarios de la tierra, y de una manada de ilotas, los arrendatarios y peones de éstos".

Los consorcios capitalistas, que desde hace tiempo funcionan como socios mayores del latifundismo, actúan ellos mismos como terratenientes, como es el caso de Bunge y Born, Dreyfus, Anderson & Clayton y muchos más. Las sociedades anónimas, muchas de ellas extranjeras, controlan alrededor de 26 millones de hectáreas. El King Ranch, con grandes extensiones en el Litoral, tiene su casa matriz en Texas, Estados Unidos. El fundador del establecimiento saqueó en su tiempo a los mexicanos y durante la guerra de Secesión norteamericana estuvo con el sur esclavista. Ahora es el King Ranch quien encabeza la lucha contra los obreros asalariados, a cuya organización sindical se opone, levantando la bandera del "trabajo libre".

Desalojos

Onganía quiere regresar al pasado, y puso al frente de la Secretaría de Agricultura a Lorenzo Adolfo Raggio, dedicado a la cría e invernada en las provincias de Buenos Aires y Córdoba, miembro del Comité del Banco Ganadero y otras actividades privadas que lo vinculan a la "flor y nata" del latifundismo.

¿Consecuencias? La "ley Raggio", que afecta al sistema de arrendamientos y aparcerías rurales, poniendo en trance de desalojo a decenas de miles de productores campesinos que no son dueños de la tierra que trabajan. En el país, se han incoado ya 25 mil juicios de desalojo. Tan sólo en la provincia de Buenos Aires suman 8.903. Esto golpea directamente a los obreros rurales, porque los chacareros arrendatarios son uno de los sectores del agro que ocupan mano de obra asalariada sobre todo en época de cosecha, pues se dedican principalmente a los cultivos agrícolas.

Los olvidados no olvidarán

Integran el sector de obreros rurales aproximadamente 1.200.000 trabajadores. Constituyen la parte más explotada y más desprotegida de la clase obrera. Son los "olvidados" por los gobiernos que han servido al latifundismo.

Desgraciadamente, quienes tenían la obligación de recordar su presencia, organizándolos y poniéndolos en pie de lucha, parecen sufrir también de mala memoria. El desmemoriado Sebastián Montoya, secretario general de FATRE, revista en la camarilla de Azopardo.

Los obreros rurales, sin embargo, miran a la CGT de los Argentinos y descubren que no están olvidados; que sus hermanos trabajadores están con ellos, y los invitan a ocupar su puesto de batalla. Los olvidados no olvidarán.


Después del asesinato de Vandor

Relato de los eventos en torno al asesinato del lider sindicalista Augusto Timoteo Vandor

Por Andrés Bufali

Ocurrió hace 35 años, cuando el liderazgo de la CGT era un enorme factor de poder, y sirvió para iniciar un baño de sangre, con los impredecibles efectos que aún se padecen. Fue el asesinato de Augusto Timoteo Vandor (el "Lobo"), jefe sindicalista de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), cuyos detalles me tocó cubrir como cronista y que relaté en un libro reciente que se titula Con Soriano por la ruta de Chandler, en homenaje al colega con quien debí compartir aquel helado lunes 30 de junio de 1969.

El episodio sucedió poco después de que el general Onganía (presidente de facto) hiciera encarcelar en Santa Rosa a los gremialistas rebeldes Agustín Tosco, Raimundo Ongaro, Elpidio Torres, Ricardo de Luca y Antonio Scipione, y designara interventor de Córdoba a Jorge Raúl Carcagno, el mismo militar que cuatro años después fuera designado comandante en jefe del Ejército por el presidente Cámpora. Onganía acababa de decretar un aumento de penas para aquellos a los que se les probaran "actividades comunistas". No obstante, con diferencia de horas estallaron bombas en quince supermercados Minimax, uno de cuyos dueños, Nelson Rockefeller, estaba a punto de llegar como enviado especial del presidente Richard Nixon. Y justamente el día de ese arribo, Onganía autorizó la expulsión de extranjeros, con una moderna versión de la detestable ley de residencia. El clima político se enrarecía.

Tres días antes de caer asesinado Vandor, durante una manifestación en Plaza Once, las balas policiales habían acribillado a Emilio Jáuregui, del Sindicato de Prensa. Se avecinaba, además, un paro general decretado por la "CGT de los Argentinos", la opositora al gobierno militar.

Un telefonazo me estremeció en el empleo público en el que todavía estaba atrapado entre las siete de la mañana y la una de la tarde: "Pusieron una bomba en la sede de la UOM, en Rioja al 1900, y parece que mataron al «Lobo» Vandor. Ya mandamos gente ahí y a la casa. Rajate como sea del laburo y andá al policlínico de los metalúrgicos, en Hipólito Yrigoyen al 3300, a ver qué averiguás". Era la voz imperante de Hugo Gambini, por entonces secretario coordinador de Primera Plana.

Me fui a un café a pensar qué haría. Me acordé de Roberto Díaz, un metalúrgico santiagueño que trabajaba en una fábrica de Llavallol. Apenas le hablé, me tiró los nombres de dos amigos suyos en el policlínico de la UOM. Encontré a uno de ellos, quien más rápido que Fu Man-chú hizo desaparecer el billete que le deslicé para que me llevara hasta Cirugía, no sin antes recomendarme fingir ser pariente de alguien al que estaban operando. Eso hice. Me senté en un asiento de madera y paré la oreja. Médicos, enfermeras, camilleros, sindicalistas, todos parecían saber de todo. Ya había trascendido el asesinato. Cerca de mí, alguien susurró a otro alguien: "¿Sabías que el «Lobo», en el 50, antes de entrar en la Philips como matricero, era suboficial de la Marina y que sumaba 27 pirulos cuando pisó por primera vez una fábrica? ¡Pensar que en el 56 ya era un capo y en el 58 mandaba a todos en la UOM! ¡Eso es tener muñeca!" "No tanta -respondió el otro-, era tan ambicioso que se puso al general en contra. ¡Y mirá..!".

De pronto, aparecieron dos morochos pesados, tres camilleros y un par de médicos, que llegaron hasta Cirugía con el mismísimo Vandor ya convertido en historia, medio tapado con una sábana, con sus ojos celestes abiertos. Apenas los pesados empezaron a sospechar de nuestra presencia llegó Elida Curone, la esposa de Vandor, y la atención se desvió hacia ella. Un médico le dijo llorando: "¡Negrita, lo mataron al «Lobo», lo mataron!"

Ella gritó: "¡No! ¡A él, no! ¡A él no lo mataron! ¡Eso es una mentira! Ustedes todavía pueden salvarlo. Venga conmigo, doctor". Y lo obligó a entrar en Cirugía. Más tarde me enteré de que acarició lentamente el cuerpo de su esposo. Luego oí su voz y la del médico. Ella dijo: "Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. ¡Son seis agujeros! ¿Cuál me lo llevó?" El médico le pidió: "Por favor, no hagas eso, «Negrita». No sufrió".

Cuando llegué a la revista, el "Gordo" Soriano ya había vuelto de la UOM y escribía un informe para Roberto Aizcorbe, jefe de la sección Política. Había tenido más suerte que Carlitos Russo, quien se había metido en el departamento de Vandor de la calle Emilio Mitre para hablar con la esposa, y terminó echado cuando ésta volvió del policlínico, con la hija, sus amigas y los guardaespaldas, para cambiarse e ir al velatorio.

El "Gordo" había logrado que el sindicalista Miguel Gazzera le contara que en una cena reciente con Paulino Niembro, Lorenzo Miguel y Avelino Fernández le habían sugerido a Vandor que se fuera unos meses del país porque las cosas estaban muy calientes y lo podían matar, pero no quiso. "Unos días después -dijo Gazzera- me confesó que si había algo jodido para él, como pensábamos, prefería que ocurriera aquí."

No era lo único que había averiguado. En la UOM le detallaron a Soriano que cuatro tipos habían tocado el timbre y se habían anunciado como oficiales de justicia con una cédula judicial, y que entraron armados hasta los dientes, redujeron a los guardias y dos corrieron hasta el segundo piso, donde amenazaron a Victorio Calabró. "Antes de llegar al despacho de Vandor -contaron-, éste salió a preguntar qué sucedía. Al reconocer a uno de ellos, intentó hablarle, pero lo balearon varias veces con pistolas 45 y le dejaron una bomba en los pies, la que destruyó una pared. Se escaparon en un auto. El «Lobo» murió en la ambulancia que lo llevó al policlínico."

Russo alcanzó a informar que la esposa de Vandor había llegado con su nenita de dos años, Marcela, y Roberto, de uno; luego describió cómo estaban vestidos ellos y sus acompañantes y en qué clase de autos se movilizaban.

En la redacción esculpí en una Olivetti, de aquellas duras, tres carillas bien detalladas con todo lo que había visto y oído. Aizcorbe -con ese acento cajetilla que le había costado el apodo de "Petimetre"- leyó velozmente mis datos, salió de su pecera, y delante de Soriano, Gambini, Osiris Troiani y un tipo de Espectáculos, me preguntó: "¿Usted está seguro de todo lo que puso aquí?" Todos me miraron. Sentí que me ponía rojo y que empezaba a transpirar. Con dificultad, respondí: "Sí, ¿por qué?" Aizcorbe siguió mirando mis papeles e inquirió: "¿Cómo sabe que cuando lo llevaron a Cirugía, Vandor tenía abiertos los ojos celestes?" Expliqué: "Porque lo vi. Yo estaba sentado a un metro de esa puerta". Aizcorbe insistió: "¿Y de dónde sacó que tenía seis agujeros en el cuerpo?" Traté de convencerlo: "Porque se los contó la esposa, que dijo que quería saber cuál era la bala que lo había liquidado".

Todas las miradas se centraron en mi flaca figura. Aizcorbe seguía con su gesto de duda. Troiani, Gambini y Soriano me miraban divertidos e interesados. Gambini expresó: "¿Ves, Robertito? Esto no se aprende en la Sorbona". Todos se rieron. Aizcorbe también. Luego me señaló una parte del informe y preguntó: "¿La esposa dijo que el «Che» lo había recibido en La Habana y que este verano se abrazó con Perón en México?" Asentí.

En el Dorá, un restaurante del Bajo, cerca de Retiro, el "Gordo" decidió contarme lo que se había guardado en el bolsillo. "¿Oíste algo de los tipos que reventaron a tiros a Vandor?" Negué con la cabeza. El "Gordo" miró a los costados y soltó un susurro: "Me parece que conozco a uno de los que subieron a matarlo".

Haciéndome el canchero conmigo mismo, puse cara de póquer. El "Gordo" continuó: "A uno de los guardias le pareció oír que Vandor dijo algo como «¡Hola, Cóndor!» o «¿Qué hacés, Cóndor»". Atiné a murmurar: "¿«Cóndor»? ¿Ese no fue el nombre de un operativo nacionalista peronista que hicieron en las Malvinas?". El "Gordo" recordó: "Sí, claro. Unos tipos bajaron allá con un avión y pusieron la bandera argentina. Y el que sacó las fotos fue Héctor Ricardo García, el dueño de Crónica".

Después de contarme eso, el "Gordo" pensó un poco, se levantó y fue al teléfono. Hizo una llamada y volvió contento. Dijo: "Ya le voy viendo las patas a la sota. El «Negro» Juárez dice que muchos creen que Vandor fue el ideólogo del Operativo Cóndor en Malvinas". Interrumpí lo que estaba haciendo y pregunté: "Si fue el ideólogo de ese operativo peronista, y en marzo se abrazó con el general en México, ¿por qué un cóndor lo deja como un colador?" La respuesta de Soriano fue: "Nada que tenga que ver con el peronismo es fácil de explicar. Yo me conformo con saber quién es ese cóndor", concluyó.

Al día siguiente, Aizcorbe empezó a escribir su nota, en la que se leería que Vandor tenía de enemigos a Perón, por haber osado varias veces desobedecer sus órdenes y disputarle la conducción de los trabajadores; al gobierno militar, por no querer ser totalmente "participacionista", y a los sindicalistas de izquierda, por haberles disparado en la pizzería La Real, de Avellaneda, donde cayó asesinado uno de ellos, de apellido Blajakis y donde murió (¿por error?) Rosendo García, del grupo vandorista. Cuando Aizcorbe se fue a almorzar, con el "Gordo" revisamos rápidamente los recortes de archivo referidos al Operativo Cóndor y copiamos los nombres de sus participantes. Seguimos con los sobres de fotos de Vandor y de otros personajes. Yo encontré el tesoro: una de las imágenes en blanco y negro mostraba al "Lobo" hablando con un tipo joven, para mí desconocido, llamado igual que el jefe del Operativo Cóndor. "Mirá, «Gordo» -lo sorprendí-, en este epígrafe dice que Vandor está con Dardo Cabo, hijo de un sindicalista famoso..."

Nos miramos y supusimos que ése podía ser uno de los asesinos de Vandor, pero no dijimos nada. Era apenas una sospecha. No todo lo que vivimos se publicó, porque allí siempre había que confirmar los datos y las sospechas. Y a los pocos meses, cuando Onganía clausuró Primera Plana y con el "Gordo" habíamos pasado a trabajar en la revista Panorama, vimos varias veces a Cabo reunido con las mismas cinco personas. Recién cuatro años después, la revista El Descamisado revelaría que Cabo, junto con aquellos cinco hombres (que creían en una revolución de izquierda liderada por un general de derecha: Perón) habían integrado el Ejército Nacional Revolucionario, cuya actividad se redujo a un par de asesinatos: el de Vandor en 1969 y el de José Alonso en 1970, para después incorporarse a los Montoneros.

Lo último que recuerdo del caso Vandor ocurrió en 1976, cuando Osvaldo Soriano ya había partido para su exilio. Lo nuevo que averigüé estaba referido a Roberto Vandor, el hijo del "Lobo", que ya tenía ocho años y estaba en segundo grado. La maestra le pidió que dibujara a su familia. Cuando le tocó hacer al padre trazó un rectángulo. El psicólogo vio el dibujo, llamó a la madre y le dijo: "Señora, su hijo hizo un rectángulo porque para él su padre es nada más que una fotografía".

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CGT. Los dos sindicalismos

[Revista Confirmado, 30 de marzo de 1967]

C.G.T.: los dos sindicalismos

Las revoluciones, a diferencia de los cuartelazos, alteran profundamente todo el equilibrio previo de las fuerzas sociales actuantes y transforman, simultáneamente, todo el aparato estructural de la comunidad. Pero hasta el 27 de marzo el poder revolucionario se había mostrado incapaz de provocar el nacimiento o la alteración básica del sistema preexistente -con la obvia excepción del área oficial- y, más allá de las intenciones, casi nada reflejaba la nueva situación en profundidad.
Los partidos políticos, es cierto, habían sido disueltos por decreto a las pocas horas del derrocamiento de Arturo Illia. Pero, hasta tanto el vacío no tendía a ser cubierto por nuevos nucleamientos, la medida era poco más que formal, una tregua consentida por todos para reubicarse. Por lo demás, las agrupaciones tradicionales habían virtualmente caducado antes del 28 de junio de 1966, y la fuerza creadora de la Revolución, la aptitud para hacer surgir otros mecanismos, no se había manifestado todavía: se trata, por supuesto, de que las prioridades adoptadas relegan hasta un tiempo todavía distante la solución de ese problema.
En las Fuerzas Armadas, casi nada debió ser cambiado. La Iglesia Católica, las organizaciones empresarias, no encontraron razón para relevar a sus directivos. El juego de los factores económicos no fue trastrocado en ningún momento. Las universidades fueron intervenidas, pero no surgió, ni mucho menos, una enseñanza superior ensamblada con los fines de la Revolución. Las medidas administrativas, económicas, financieras, fiscales, tuvieron el común denominador del ordenamiento, pero carecieron objetivamente del tono revolucionario. Hay distintas opiniones posibles sobre la actuación de Adalbert Krieger Vasena como titular de Economía, pero no resulta fácil demostrar que su plan hubiera sido impensable bajo un gobierno constitucional.
Sin embargo, el 27 de marzo, cuando terminó la entrevista entre el secretario de Trabajo, Rubens San Sebastián, y los dirigentes de la C.G.T. un nuevo sindicalismo argentino había nacido: casi simbólicamente, el evento se producía, puntualmente, nueve meses después de haberse instaurado el gobierno revolucionario. Una enunciación anecdótica de los temas tratados aparece como poco significativa: la conferencia es apenas protocolar, rutinariamente cordial. Hay siete puntos que la central obrera plantea al secretario de Trabajo, reducidas esencialmente a tres: olvidar el plan de acción y no tomarlo como base para un ajuste de cuentas con los sectores gremiales; actualizar los salarios; coordinar la participación sindical en las decisiones vinculadas con el régimen de trabajo. El secretario no asume ningún compromiso, insinúa una nueva reunión, enuncia sus deseos de que exista un movimiento obrero unido y fuerte para beneficio del país, anticipa que el Poder Ejecutivo no intervendrá en los asuntos internos de las organizaciones laborales. Todo tan inofensivo como una limonada, en apariencia: sin embargo, en esa entrevista surgió el nuevo sindicalismo, el primer fruto concreto de la Revolución.
Durante once años, los gremios, con hegemonía peronista, se habían dedicado sistemáticamente a hostilizar a todos los gobiernos: Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido, Illia fueron jaqueados por un justicialismo sindical que sólo parecía tener capacidad para destruir, perturbar, irritar. Esa táctica sin estrategia era profundamente incoherente: los jerarcas argentinos no adhieren a la concepción marxista de la lucha de clases ni aspiraron nunca a la captura del poder por vía violenta para establecer una dictadura proletaria. Casi trade-unionistas, casi social-demócratas con características sudamericanas, se preocupaban por el desarrollo de las obras sociales, las policlínicas, los campos de recreación para sus afiliados. Pero, controlados por el peronismo, hostigaban sistemáticamente a los gobiernos y perjudicaban a los empresarios, sin querer hacerlo, en planes de lucha que iban dirigidos contra los equipos políticos en el poder.
Los gobiernos sucesivos alternan, frente a esa táctica, las represiones con los intentos de captación, pero tampoco definen una política ni limitan un campo de acción específico y concreto para el movimiento sindical. En la perspectiva histórica, que no se mide por las anécdotas del momento, puede consignarse que la sucesión de planes de lucha termina finalmente con un triunfo y no con una derrota de la central obrera. Ese hostigamiento había sido constante hasta coadyudar al derrocamiento de Arturo Illia; luego, como un reflejo condicionado, se intentó repetir durante el gobierno de Onganía. Pero Onganía, en cuanto representaba a un régimen revolucionario, obliga a los gremialistas a retroceder y ubicarse en la nueva realidad: la conducción había quedado, al 27 de marzo, descalabrada, pero se había conseguido algo fundamental. Con el método de ensayo, error y ensayo, la C.G.T. podía descartar ya para siempre los planes de lucha e incorporarse al proceso. Nunca había querido ser una C.G.T. marxista de enfrentamiento; ahora se decidía, con absoluta coherencia, a transformarse en una C.G.T. de colaboración. Y si el último combate había terminado en derrota, la paz era más que honrosa: marcaba términos inéditos para una participación efectiva en las soluciones nacionales.
Sin histeria, sin gestos estridentes, sin intervención ni detenciones masivas, el poder revolucionario había logrado, por simple acción de presencia, la transformación social del sindicalismo argentino. Ahora sólo queda por formalizar el operativo.
Los últimos episodios, a la vez, sirvieron para demostrar hasta qué punto había llegado el vacío de poder en la Argentina: el gobierno no necesitó utilizar ninguno de los mecanismos despóticos que preveían sus adversarios sino, simplemente, demostrar que estaba allí, que frente al plan de acción había un poder existente para terminar con el pleito. Gobierno y central obrera pudieron, así, salir fortalecidos de la prueba. La contrarrevolución no había sido capaz de jugar a la división para iniciar una operación en pinzas, aislar a los sectores esencialmente revolucionarios, enfrentarlos y destruirlos. En realidad, la contrarrevolución no había comprendido que esa disputa tenía otro signo y serviría para establecer definitivamente la pauta que tendrían, en adelante, las relaciones.
Desde un punto de vista formal, los cambios en la conducción sindical serán escasamente significativos: ni siquiera toda la vieja guardia cederá su puesto a la. segunda línea, ya que en algunos gremios el operativo puede ser fuertemente perturbador. El proceso parece conducir inexorablemente al relevo de la mayoría de los directivos del Comité Central Confederal, a un congreso extraordinario cegetista. El centro de gravedad pasará, además, de la Unión Obrera Metalúrgica (Augusto Vandor) a Luz y Fuerza (Juan José Taccone) y el cegetismo trazará una estrategia de participación.
El desplazamiento de los metalúrgicos en favor de Luz y Fuerza responde a razones políticas elementales: el gremio de Vandor aparece con una imagen muy politizada, estuvo muy jugado con los planes de lucha, fue demasiado tiempo el eje de las hostilidades; sólo Luz y Fuerza, entidad no adherida formalmente a las 62 Organizaciones pero con una posición afín, puede ocupar su lugar dentro de la tendencia mayoritaria del gremialismo. Existe una circunstancia complementaria: el retiro de Vandor, en el sindicato metalúrgico, es muy costoso organizativamente y aparece como poco probable, pero sin ese retiro la UOM no puede ya tomar la iniciativa; el relevo voluntario de Juan José Taccone no perturba la estructura interna de Luz y Fuerza.
Luz y Fuerza sin Taccone, pero con una estrategia que marcó Taccone en su momento (un dirigente que no vio con buenos ojos el plan de lucha), pasará así a ser la columna vertebral del nuevo sindicalismo. La doctrina de la participación es la clave de la nueva actitud: el enfrentamiento queda relegado.
Pero el significado de esa participación puede encontrarse quizá en e! viaje que, hace poco, realizó el dirigente de Luz y Fuerza, Luis Angeleri, a Israel: allí, la Histadruth (C.G.T. israelí) es una de las grandes potencias empresarias del Estado. El ejemplo sería válido: no se trata de que Id C.G.T. entienda que participar es compartir el gobierno, pues eso entrañaría un privilegio sobre otras fuerzas que se consideran con derecho a hacerlo y significaría establecer el embrión de un régimen representativo corporativista, antidemocrático en su esencia, basado en la dictadura nacional-sindicalista, una experiencia que la Argentina ya conoció parcialmente y que ni la C.G.T. peronista quiere repetir.
Participar, en cambio, sería no delegar ya en el Estado la solución de todos los problemas: participar es promover las obras sociales e iniciar la construcción de plantas industriales en poder de la organización sindical. Frente al problema tucumano, por ejemplo, Angeleri propuso que no se siguieran derivando las protestas hacia el anacrónico mecanismo soreliano de inconducentes huelgas generales, sino que se estableciera un ejemplo para la comunidad: en lugar de perder tres días de salarios en tres días de paros, los trabajadores derivarían esos fondos hacia la C.G.T., reuniendo así tres mil millones de pesos. Esos tres mil millones serían más que suficientes para establecer la primera planta piloto, industrial, en Tucumán; dar ocupación a obreros de esa provincia, sin trabajo. Constituirían un paso inicial importante para convertir a la C.G.T. en una fuerza también empresaria, que realizaría la interesante experiencia de desarrollar una potencia hasta ahora inédita en un marco desusado.
En lo inmediato, más allá del proceso básico, la crisis cegetista -una crisis de crecimiento- queda trasladada al interior de los distintos nucleamientos. Un esquema aproximativo de la situación, en ese sentido, es el siguiente:

• 62 Organizaciones. Vandor pasó a ser discutido y fue enfrentado por Adolfo Cavalli, petrolero, que dialogó intempestivamente con el ministro Borda mientras la línea dura no era abandonada formalmente. El incidente casi eclosiona con una secesión de la Unión Obrera Metalúrgica, obviado por el mismo Vandor.

• 62 Organizaciones de pie. Mientras Amado Olmos y Andrés Framini, en la línea dura, tratan de conseguir una alianza con algunos vandoristas, saltando sobre las fronteras que separan a las dos "62", José Alonso trata de conseguir apoyo en los Independientes. Pero ni Perón parece respaldarlo ya. En una reciente carta, el ex presidente señala que "...yo, que debería sentirme satisfecho por la derrota de Vandor, no puedo hacerlo porque fue derrotada la clase trabajadora. No puedo adherirme a algunos hombres de las 62 de Pie que se centran en el enfrentamiento con Vandor. No entienden que el enemigo interno, Vandor, ya está liquidado, por cuanto ha perdido la confianza que en él depositaban algunos hombres de las Fuerzas Armadas y algunos sectores políticos y porque es evidente la derrota del vandorismo como fuerza política en el campo sindical". El tiro por elevación contra Alonso es visible. Alonso, al mismo tiempo, trata de maniobrar con algunos independientes, como el viajante de comercio Marcos Almozny.

• Independientes. Su fuerza principal sigue siendo el poder de arbitraje entre los dos nucleamientos y distintos subnucleamientos peronistas.

• No alineados. Los dos únicos gremios importantes que tienen están demasiado comprometidos en actitudes antigubernistas (La Fraternidad, y la Unión Ferroviaria) y no pueden acceder a puestos claves en la C.G.T.

También ese panorama contribuye a marcar la zona por donde transitará la hegemonía sindical en los próximos meses, en los próximos años. El complejo de derrota ya ha desaparecido de la C.G.T. y el nuevo sindicalismo surge como consecuencia natural de una revolución que, según el mismo presidente Onganía, no se realizó contra los sectores del trabajo sino para construir el país con todos: "La Revolución -enfatizó el 7 de noviembre de 1966-, inspirada en una voluntad de cambio colectivo, no reconoce enemigos en ningún sector particular de la población". Todos esos sectores, ahora, comenzarán a transitar en el ritmo de la nueva situación: el camino fue abierto por la C.G.T., a la que solamente falta formalizar esa vocación con una estrategia que incluya, por un tiempo significativo, la suspensión de los enfrentamientos y las huelgas, reforzando la voluntad de participar en la historia que se está construyendo.

Durante las últimas dos semanas se agudizaron, en la izquierda argentina, las diferencias entre el partido Comunista y otros grupos más proclives a las teorías de Fidel Castro. Todo empezó 14 meses atrás, en la Conferencia Tricontinental de La Habana: uno de los planteos básicos que llevaban los delegados cubanos era la constitución de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad), una especie de Internacional que operara en América, similar a las que ya existen en Asia y África.
Por supuesto, los partidos comunistas ortodoxos de Latinoamérica no adhirieron a la idea: si se constituía la OLAS perdían el manejo de las izquierdas locales, en general menos numerosas y peor organizadas que ellos. Pese a la oposición de los partidos comunistas, sólo una voz se alzó en la Tricontinental para criticar la proposición castrista: la de la abogada argentina Alcira De la Peña, veterana dirigente del comunismo argentino, apenas una generación posterior a la doctora Alicia Moreau de Justo.
Después de su intervención, De la Peña cayó en desgracia en la Tricontinental: inclusive el presidente Dorticós insistió, repetidamente, en confundir el nombre de la delegada argentina llamándola "doctora De la Pira y doctora De la Piedra", lo que llevó a De la Peña a aclarar, de viva voz, cuál era su verdadero apellido.
Como la moción cubana triunfó en la Conferencia, el Partido Comunista Argentino optó por otra solución: detener, en la medida de sus posibilidades, la creación de la OLAS en la Argentina. En poco tiempo, eso llevó a una situación de hecho: la existencia de dos OLAS. En una de ellas vegetan los adustos representantes del P.C. y de algunas de sus sucursales políticas más conocidas (Movimiento de la Paz, Liga por los Derechos del Hombre). En la otra opera una serie de grupos políticos de la izquierda no tradicional: el Movimiento de Liberación Nacional; la Acción Socialista Argentina, capitaneada por el folklórico ex diputado Juan Carlos Coral; la Juventud Revolucionaria Peronista; el Centro Revolucionario Camilo Torres, un grupo de católicos izquierdizados; la Acción Revolucionaria Peronista, desprendimiento de la J.R.P.; el grupo trotskista Baluarte y una entidad de dudosa existencia: la Mesa Coordinadora de Juventudes Políticas. Sobre ella, los miembros de las restantes agrupaciones temen que haya sido un invento del Partido Comunista, porque desde hace dos meses sus representantes desaparecieron de las reuniones.

POLÍTICOS
El movimiento continuo

A mediados de la semana pasada, un extenso memorándum de la secretaría de Informaciones del Estado detallaba el recrudecimiento de la actividad pública de personajes y grupos políticos. Además de una extensa lista de pequeñas reuniones, el informe puntualizaba los siguientes hechos:

• 18 y 19 de marzo: Reunión del Comité Nacional de la Federación de Partidos de Centro, donde se expusieron dos líneas básicas frente al gobierno; un sector colaboracionista, integrado por los representantes de provincias recientemente gobernadas por el conservadorismo, y una línea opositora, con centro en la provincia de Buenos Aires, que trabaja en la gestación de un frente liberal a través de conversaciones con demoprogresistas y radicales del Pueblo.

• 18 de marzo: Publicación en el matutino Clarín, de Buenos Aires, de un extenso reportaje a Rogelio Frigerio, que ataca duramente la política económica del Gobierno.

• 20 de marzo: Oscar Alende reparte un comunicado a propósito de un periplo patagónico de 9.500 kilómetros de longitud en el que mantuvo conversaciones políticas con dirigentes radicales intransigentes. Señala la necesidad de reinstalar la democracia representativa y critica al Gobierno por no producir la revolución.

• 21 de marzo: Extensa conferencia de prensa del ex presidente Arturo Frondizi. que critica a algunos funcionarios del Gobierno, aunque hace lo mismo con algunos opositores.

• 30 y 31 de marzo: Está citada la Convención Nacional de la disuelta U.C.R.P.

• 1° y 2 de abril: En Córdoba se producirá la reunión nacional del partido Demócrata Cristiano, preparada algunas semanas atrás a través de reuniones zonales.

Diez días atrás, en el despacho de Guillermo Borda, en el primer piso de la Casa Rosada, el ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, insistió en su preocupación por la excesiva politización de la C.G.T. y reiteró su sugerencia sobre la modificación de la Ley de Asociaciones Profesionales que propone la eliminación absoluta de cualquier clase de actividad o declaración política por parte de los dirigentes sindicales.
Por toda respuesta, Guillermo Borda le ofreció el borrador de una ley -la de Pausa Política- para que lo analizara. "Vea doctor -habría dicho Borda entonces-, si impedimos la expresión política a través de la C.G.T. va a haber un florecimiento tal de actividades de los disueltos partidos que no nos quedará otra solución que erradicar absolutamente la actividad política." Krieger Vasena prometió estudiar el borrador.

La opinión oficial

A fines de la semana pasada, un redactor de Confirmado conversó nuevamente con el secretario de Trabajo, Rubens San Sebastián. Los siguientes fueron los tramos esenciales de la entrevista.:

CONFIRMADO. - ¿En qué condiciones se reabre el diálogo con la C.G.T.?

SAN SEBASTIAN. - El gobierno sustentó reiteradamente la necesidad de un movimiento sindical fuerte y organizado. Ello evidencia el pensamiento de que es necesario también el dialogo con los representantes sindicales para el programa de cambios y realizaciones de la Revolución. Las condiciones en que ese diálogo se reabre son especiales y no enteramente negativas, como suponen algunos observadores interesados. Cabe, inclusive, destacar una, circunstancia positiva: los hombres y las tendencias de la C.G.T. que arrastraron al movimiento obrero a un choque frontal con el gobierno están derrotados, han demostrado que son inoperantes y que no interpretan efectivamente a sus bases, que no cumplieron el plan de acción.

C. - ¿En qué medida el Plan de Acción de la C.G.T. modificó las relaciones entre los sindicatos y el gobierno?

S. S. - El Plan de Acción no fue inspirado por la conducción de la C.G.T. La disputa entre distintos grupos sindicales y coyunturas de tipo circunstancial hicieron triunfar en la dirección sindical la posición ortodoxa. El tiempo reveló que no era la más conveniente para los intereses de los trabajadores, a cuya defensa esa dirección está obligada. Las relaciones entre el gobierno y la C.G.T. se deterioraron mientras primó en ésta un pensamiento que no era el propio. El levantamiento del Plan de Acción indica el triunfo de una posición constructiva, y ello traerá apareado, sin duda, un replanteo de las relaciones, sobre las bases fijadas por el gobierno al comienzo de su gestión.

C. - ¿Cómo fluctuó su predicamento entre los trabajadores desde que asumió su cargo actual?

S. S. - Luego de largos años de ejercicio de la función mediadora, desde la Dirección General de Relaciones del Trabajo, mis puntos de vista sufrieron en las últimas semanas una dura confrontación con la tesis de los líderes sindicales. A medida que el tremendismo ganaba terreno en la conducción gremial, los dirigentes dejaron de frecuentar la secretaría de Trabajo. Ahora vuelvo a recomponer el viejo diálogo, con paciencia, tratando de mitigar los efectos de una lucha desastrosa para el movimiento obrero, que ha dejado en sus filas un saldo penoso.

Fuente: www.magicasruinas.com.ar


La CGT de los estudiantes

[Revista Siete Días Ilustrados, julio 1968]

La agitación callejera promovida por la CGT opositora, el viernes 28, todavía ocupa buena parte de la atención de los círculos políticos e, inclusive, de algunos militares. Si bien el estallido no estuvo teñido con los ribetes apocalípticos profetizados por el ministro Guillermo Borda el día anterior, fue precisamente esa circunstancia la que más movió a la preocupación de varios Jefes de las Fuerzas Armadas, en especial a los enrolados en el núcleo liberal.
¿Estaba mal Informado Borda cuando anunció que grupos extremistas habían repartido armas o, por el contrario, ideó la advertencia para generar un clima adverso a las concentraciones? Esta última es la interpretación que se esgrime en la central ongarista; pero la que en forma reservada analizaron algunos militares es quizás más grave: el ministro del Interior habría intentado crear la imagen de un país al borde de la subversión para justificar las sanciones que, pocos días antes, el gobierno había desencadenado contra el Poder Judicial santafesino.
Sin embargo, el semanario de la CGT opositora parecía darle la razón al ministro. "La movilidad de las fuerzas represivas -se autocriticó- no fue lo bastante obstaculizada." Y agregó: "Hubo baches en la sincronización, en los momentos decisivos faltaron hombres capaces de nuclear a los dispersos y activar a los menos experimentados". Es decir, el aparato para enfrentar a la policía -que necesariamente debía contar con algún "fierro" persuasivo, según la jerga utilizada por los grupos de choque sindicales- no funcionó como se esperaba.
Esta falencia fue motivo de discusiones en los mandos peronistas alojados en Paseo Colón. Pero otro tema, tanto o más grave, perturbó a los dirigentes: reconocieron en privado que casi el 80 por ciento de los audaces que desafiaron al temible despliegue policial fueron en su mayor parte estudiantes y activistas de izquierda. Alguien opinó que los obreros desenterraron una vieja máxima de Juan D. Perón: "De casa al trabajo y del trabajo a casa".
De todos modos, los planes secretos que se habían elaborado en Paseo Cotón apuntaban, obviamente, a otro blanco. Un día antes, los "comisarios" a quienes se les había confiado la tarea de dirigir a los manifestantes en el mismo campo de batalla, recibieron las últimas instrucciones: debían concentrarse con sus huestes en cinco lugares distintos para dispersar a la policía y después confluir en masa en Plaza Once. Sólo dos de esas citas clandestinas se llevaron a cabo; fueron las que estaban a cargo de estudiantes: la Federación Universitaria Argentina frente al Mercado de Abasto y el Frente de Estudiantes Nacionales en las puertas de Filosofía y Letras. En otros lugares de concentración -Rivadavia y Medrano, por ejemplo- alrededor de 150 activistas ubicados estratégicamente en los bares de la zona esperaron infructuosamente a quien, a las 18.15, debía impartir la orden para dar comienzo a la manifestación: Alfonso Marchese, del gremio del calzado.
Detalles como éste hicieron suponer que la CGT había dispuesto un repliegue parcial, con el propósito de desmentir, en los hechos, los anuncios de Borda, y eludir así posteriores sanciones gubernamentales a los sindicatos nucleados en Paseo Colón. Lo cierto es que esa noche el estado mayor ongarista se esfumó del local de la Federación Gráfica con todos los documentos susceptibles de ser secuestrados por la policía, para reaparecer luego en el sindicato telefónico, en las vecindades de Primera Junta. Estas precauciones, sin embargo, no impidieron que se detuviera a dos líderes de notoriedad: Julio Guillán, uno de los caudillos de la militancia peronista, y el comunista Alberto Cortés, ex dirigente del Sindicato de Vendedores de Diarios y Afines.
No obstante, los líderes cegetistas se empeñan ahora en sostener que la participación obrera en los sucesos del viernes 28 fue considerable. Argumentan que entre los detenidos figuran numerosos trabajadores, muchos de ellos afiliados a sindicatos que militan en la CGT de Azopardo. Para algunos no es una falsa observación, pero los planes que preparan para el futuro revelan un íntimo descontento. El lunes 8, el consejo de Paseo Colón, consideró una estrategia que tiende a lograr un "descenso a las bases" que protagonizarían nada menos que Ongaro y sus acólitos. El instrumento del plan será simple: los máximos dirigentes se apersonarían en las puertas de las fábricas más importantes y allí improvisarían asambleas relámpago. La "rebelión de las bases", tantas veces anunciada, estaría directamente a cargo de los jefes.
Para el logro de esta ofensiva, el comando ongarista recibió el domingo 30 una considerable inyección de oxígeno. Ese día, Ricardo De Luca, secretario de prensa de la central, desembarcó en Ezeiza con dos cartas "cargadas". Una de ellas sirvió para que el jueves pasado se reprodujeran febrilmente miles de fotocopias. El destinatario era Raimundo Ongaro y el remitente, por supuesto, Juan Perón. El ex presidente entiende que la actual situación en la Argentina se asemeja, de algún modo, a la de 1945, y por eso le recuerda a Ongaro que en aquel entonces fueron dirigentes jóvenes y nuevos los que aceleraron el triunfo del justicialismo. "Estos, atributos son ahora propiedad "de Ongaro y sus adeptos", reflexiona Perón, a los que bendice para que reediten los viejos triunfos de su movimiento. "Usted es uno de los dirigentes contemporáneos que ha sabido interpretar a los trabajadores -pontifica Perón-; a los malos y viejos dirigentes hay que reemplazarlos sin miramientos."
Según versiones, esta política fue ejecutada por el mismo Perón cuando Vicente Roque, secretario general de la CGT de Azopardo, y Fernando Torres, quizás el abogado vandorista de mayor notoriedad, rogaron ser recibidos en la quinta 17 de Octubre.
Los dos regresaban, como De Luca, de la conferencia que la OIT celebró en Ginebra, pero Roque debió limitarse a entregarle a Jorge Antonio una carta que el financista deslizó posteriormente a Perón. En una carilla mecanografiada, el emisario de El Lobo sintetizó todas sus súplicas: lamentaba que el general no tuviera tiempo para recibirlo y le advertía que estaba mal informado, A renglón seguido, opinaba que era imprescindible un contacto directo para dialogar sobre "los problemas del país, de la CGT y del movimiento peronista".
De Luca, por su parte, conversó en dos oportunidades con el general (durante dos horas y media la última vez, el sábado 29 de junio). El emisario de Ongaro se permitió, inclusive, lanzar algunas quejas contra Jerónimo Remorino, delegado de Perón en la Argentina, a quien acusó de no acatar las instrucciones del ex presidente con el pretexto de promover la reunificación del peronismo. Según advierten los adeptos a Ongaro, la denuncia encrespó de tal manera al exiliado, que decidió enviarle una carta a Jorge Paladino, secretario de Remorino. En Buenos Aires, el censurado persistía en sus afanes unitarios. Al finalizar la semana se supo que Paladino se esforzaba por organizar una "cena de la unidad", que se celebró el lunes 8 en el restaurante La Tarantela y a la que fueron invitados todos los grupos internos del peronismo. Raúl Matera, el viernes, ya había reservado 40 invitaciones.

A todo esto, el gobierno central continuaba con su política gremial. El martes 2 ungió a cuatro participacionistas como directores-obreros en la Caja de Subsidios Familiares para el Personal de la Industria, ignorando, una vez más, a las dos centrales obreras. Para el próximo viernes 12 la Secretaría de Trabajo prepara la conquista del Sindicato de Prensa, a cuyo dirigente, Manuel Damiano, adscripto al colaboracionismo, el interventor gubernamental en el gremio vendió 499 carnets en blanco, según denuncia efectuada por la lista opositora. En Azopardo, simultáneamente, se delineó un plan de reuniones con el único propósito de reaparecer en los periódicos, después que la atención pública fue acaparada por la acción de Paseo Colón; sus dirigentes efectúan trabajosas giras por el interior, buscando encauzar a los díscolos cuadros provinciales, sublevados aún más que los capitalinos.
Hacia el fin de semana, mientras el ongarismo procuraba encontrar la forma de otorgarle una imagen proletaria a su CGT, eran los estudiantes los que tornaban a agitar nuevamente la atmósfera política del país. El martes 2 ocuparon la Facultad de Arquitectura de La Plata y el jueves repitieron la demostración, tomando otros edificios universitarios de la misma ciudad. El alboroto juvenil confirmaba, de alguna manera, una cáustica humorada oída en los pasillos de Azopardo, el viernes pasado, durante una de las numerosas reuniones de dirigentes.
"¿CGT de los argentinos o CGT de los estudiantes?", interrogó, sonriente, uno de los mandarines vandoristas.

www.magicasruinas.com.ar


Socialismo y revolucion socialista

"...La necesidad tristísima de luchar y aún llegar a verter sangre."

Por Luis B. Cerrutti Costa, abogado laboralista, defensor de presos politicos

Conferencia pronunciada en Mesa Redonda en la Federacion de Obreros y Empleados Telefonicos (FOETRA), Buenos Aires, el 22 de setiembre de 1972, cuyos participantes fueron Juan Jose Hernandez Arregui, historiador y escritor nacionalista de izquierda; Julio Guillan, Secretario General de FOETRA; Ricardo Carpani, artista plastico, muralista, ensayista de temas politicos; Benito Romano, dirigente obreros azucareros; Alfredo Carballeda, Agrupacion Lealtad y Soberania del Peronismo Revolucionario; Tomas Saraví, periodista, gremialista, Agrupacion de Periodistas Peronistas 26 de Enero.

"Bien, companeros, es bastante dificil hablar despues de Carpani, porque en general comparto casi todas las cosas que el ha dicho. Lo que procuraré es hacer una amplación sobre que se entiente por socialismo.

Porque como lo dijo bien Carpani, hoy en la Argentina ha surgido una euforia sobre la palabra socialismo. De socialismo habla todo el mundo; hace poco Rucci dijo que Socialismo Nacional es el capitalismo en funcion social. Solo faltaria que Lanusse lo dijera para completar el cuadro. Aunque la etiqueta socialista está muy de moda no debemos engañarnos con palabras ni aceptar como socialismo experiencias que se dicen tales porque aplican algunas recetas estatistas o elitistas, adaptándose al mismo tiempo a las realidades más fundamentales del neocolonialismo; tal es el caso de Indonesia, de Egipto y de algunas otras naciones. No vaya a ser que todos proclamemos el socialismo, levantemos sus banderas, peleemos y hasta muramos por su implantación y resulte que cuando llegó la hora de aplicarlo no tengamos nada que ver el uno con el otro.

Aqui no se trata de una discusion metafísica entre los cristianos que creen que la causa primera es Dios y los marxistas que consideran que no existe causa primera porque la materia es lo único real y preexistente: ni es necesario que se elucide para que los cristianos y los marxistas nos pongamos de acuerdo sobre qué es el socialismo; en Cuba los cristianos y los marxistas se han puesto de acuerdo sobre que es el socialismo sin renunciar a su propia filosofía.

Intentaré iniciar esta intervencion como una definición extraída de un libro de texto universitario que aunque no ahonda en la problemática nos permite partir de ella para llegar a la máxima comprension del tema: "El socialismo es la expresión política y una concepción de la sociedad y del individuo en la que predomina lo social sobre lo individual como condición para la realización de un nuevo hombre social que asegure la plenitud de la personalidad humana mediante la propiedad colectiva de los medios de produción y de cambio."

El régimen capitalista se basa para su expansión fundamentalmente en el lucro, es decir, la tendencia a la ganancia ilimitada. Su hombre es el hombre egoísta de los economistas clásicos. El egoísmo humano es el motor decisivo del progreso económico de la sociedad. En el régimen socialista desaparece el lucro como motivación económica individual; la solidaridad humana reemplaza al egoísmo humano. La riqueza producida en un país socialista queda integra en el país socialista y se reparte íntegra entre sus habitantes. Por más fallas que existan en un país socialista; aunque aparezca una burocracia que se fije sueldos privilegiados su incidencia es ínfima en el reparto; mientras que en un país capitalista como el nuestro, de acuerdo a estadisticas oficiales de la totalidad de la riqueza obtenida, disminuída notablemente por el deterioro de las relaciones del intercambio a beneficio de los países imperialistas, lo poco que se obtiene, en el ano 1969, por ejempio, el 60% fue para el capital y el 30% para los trabajadores, empleados y trabajadores independientes; y para peor del 70 que le queda al capital, más del 50 se va al exterior en concepto de remesas de utilidades de capitales extranjeros.

No admite comparación, desde el punto de vista de la justicia social con el régimen socialista.

El trabajador obtiene todo el fruto de su trabajo, porque nadie vive del trabajo ajeno. En el socialismo el trabajador no pierde la propiedad individual que se le respeta como la prolongación de su personalidad humana, pero queda abolida definitivamente la apropriación privada de los medios de produccion porque es de su esencia la explotación humana. Por eso el hombre socialista es un hombre nuevo y límpido. Aún lo es en los regímenes socialistas que han debido soportar críticas por no haber apresurado el proceso mental.

Las motivaciones son distintas, la vida no se mueve al conjuro de la ley de la selva que rige en el capitalismo, sobrevivir sobre el aplastamiento de los hombres. No se tiene la angustia individual de la supervivencia. En último extremo si el país socialista anda mal, su angustia será colectiva; será la angustia integral de la patria que hay que solucionar mediante el esfuerzo fraterno en una común solidaridad humana

La lucha por el socialismo, aunque es moral, no es una lucha romántica: es la lucha de clases, entre la clase poseedora y la clase desposeída; es la lucha que se ha venido sosteniendo en todo el proceso capitalista y que hace su eclosión definitiva cuando se instaura el socialismo; porque es el triunfo de una clase que suplanta a la otra para la instalación de una sociedad digna.

Nadie puede suponer que la clase poseedora va a despojarse de sus privilegios en un generoso y fraternal renunciamento. Como dice Pompier: "Cuando la humanidad cambia su estructura, tropieza no solamente con los códigos viejos sino también con los intereses creados de miles de personas que han conquistado privilegios bajo esa égida. Todo derecho que se logra mata algo que debe morir, pero que antes se defiende hasta el último aliento, el que vive de lo injusto. He aquí pues, la necesidad tristísima de luchar y aún llegar a verter sangre. Es que el nacimiento de un nuevo derecho es siempre como el del hombre: un doloroso y dificil alumbramiento". No podemos soñar, por lo menos en el momento actual, en una transformación pacífica de la sociedad, y en la medida en que el mundo que muere extrema su violencia para no morir, se convierte en una necesidad inevitable oponer a la violencia del régimen la violencia revolucionaria.

El desarollo del socialismo en un país no es tarea fácil. En tanto se realice la conversión de las estructuras económicas, políticas y sociales, el pueblo debe brindar la totalidad de sus energías para que el proceso se efectúe lo mas rapidamente posible; es un período erizado de peligros; el hombre nuevo, sin cuya existencia solo podría hacerse un mecanicismo realista, se va construyendo de a poco pero indefectibilmente favorecido por el medio; las clases sociales tampoco desaparecen abruptamente; subsisten durante un período, a veces más largo, a veces más corto, según las condiciones de la transformación y las capacidades de la vanguardia, pero subsisten. Tales como la pequeña burguesía, el campesinado proletario, los trabajadores independientes y en algunos casos hasta la mediana burguesia. Aunque su existencia debe ser muchas veces protegida y en algún modo estimulada en su período inicial, son inevitablemente factores distorsionantes que tienden a extender y ampliar, y si pueden, y a veces pueden, influir en momentáneos o graves retrocesos. Es que, en tales momentos conviven dos sociedades distintas y opuestas: la sociedad del lucro y la sociedad socialista.

Por otra parte, nos encontramos con el sabotaje internacional del mundo capitalista; un bloqueo abierto e indisimulado, con influencia negativa en nuestras relaciones de intercambio. Aunque el mundo socialista nos puede y debe ayudar, las relaciones de fuerza son desfavorables y la mayor potencia economica pertenece al sector capitalista. Ello obliga a los trabajadores a implantar una dictadura dirigida por su vanguardia que pueda permitir el traspaso de la propiedad de los bienes de producción y de cambio en una sociedad aún preñada de una mentalidad burguesa; saboteada, además, desde adentro y desde afuera. Sin esa dictadura de los trabajadores conducida por su vanguardia, encuadrada por una autentica democracia interna, por lo menos en el momento actual se hace casi imposible la construcción del socialismo.

Otra característica que es esencial al socialismo es el internacionalismo proletario. Ningun auténtico marxista y cristiano puede aceptar que la solidaridad humana con los oprimidos se agota en la propia patria. Mientras exista un hombre oprimido en el último rincón del planeta ningún revolucionario puede considerar su misión cumplida. Pero la mejor manera de llegar al objetivo final es luchando por la liberación de la propia patria; y dentro de la misma, por la liberación del hombre. Es, además, la mejor forma de luchar posteriormente por la liberación de la demás patrias y de los demás hombres. El sentido mundial de la solidaridad humana no es contrario al inmenso cariño que nosotros tenemos a nuestra patria, como asimismo esto familiar que nos rodea; más aún, el uno va creando las condiciones de los otros, y en tal sentido, en el socialismo están interrelacionados e interdependientes.

El socialismo es una figura que tiene vigencia mundial porque es el mundo el que marcha hacia esa dirección; el cristianismo es una religión que supera por su sentido integral, metafisico, las fronteras en que está dividida la tierra; así como a nadie se le ocurre decir que el cristiano puede tener una religión que abarca a la humanidad dominado por idea extranjeras, solo la infamia, pero más que todo el terror de ver que se acerca la hora en que los oprimidos romperán sus cadenas, puede llevar a los opresores a querer crear una antinomia entre patria y socialismo.

El socialismo es una nueva forma de vida, una nueva concepción de la relaciones humanas, una nueva estructura de lo económico, lo social y lo político, cuyo objetivo fundamental es la liberación integral del hombre. En tal sentido, como lo fue la democracia en su desarollo, no tiene patria ni frontera, porque arrastra con su vigencia histórica a la humanidad entera.

Lo que sí existe, y es un error en el cual la juventud cae repetidamente, es la idealización, una especie de mística de las formas concretas con que algunos países han llegado al socialismo. Los trabajadores rusos realizaron una gesta revolucionaria que transformó al mundo con métodos proprios; China inició su formidable transformación social con una metodología distinta; luego Cuba surgió al mundo rompiendo todos los métodos clásicos. Ninguna revolución socialista fue igual a la otra, y cuando así se quiso hacer se fracasó rotundamente.

En la Argentina, la revolución la tenemos que hacer los argentinos, aprendiendo de la experiencia de los demás países pero con métodos argentinos.

Sabiendo que la historia no se fractura y que el socialismo es la continuidad del proceso histórico argentino, yo considero que así como el peronismo fue la continuidad histórica del irigoyenismo, el socialismo es la continuidad histórica del peronismo; y esta es la tremenda responsabilidad de las vanguardias peronistas para darle concreción al proceso. Sin un conocimiento auténtico de nuestro pasado mediato e inmediato, de las condiciones estructurales del país, de sus condiciones objetivas y subjetivas, de las peculiaridades económicas, sociales y religiosas del hombre argentino -lo que nos permitirá una salida original para la Argentina, no para Rusia, China, Cuba o Chile- estaríamos haciendo teoría y no práctica revolucionaria; y el deber revolucionario de la hora presente aquí en la Argentina es hacer definitivamente y para siempre la revolución socialista.

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