Se conoce como Cordobazo a un movimiento de protesta de ribetes insurreccionales, ocurrido el 29 de mayo de 1969, en la por entonces industrializada ciudad de Córdoba, Argentina, capital de la provincia del mismo nombre. Dicho acontecimiento inició la retirada de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía.

NOTAS EN ESTA SECCION
Crónica del Cordobazo, por Rodolfo Walsh  |  Algunas precisones sobre el clasismo en los 70  |  Córdoba insurgente  |  Reportaje a J. Cabelles, por L. Bruchstein Tosco y el cordobazo  |  El cordobazo movilizó a los trabajadores en salud mental  |  Algunas reflexiones  |  Una rebelión popular  |  La conspiración de los iguales
La hora de la acción directa  |  Luis Saavedra - El viborazo


NOTAS RELACIONADAS
Crónicas de archivo  |  Agustín Tosco  |  El Rosariazo

ENLACES RELACIONADOS
 Cordobazo: hallaron los expedientes del proceso judicial militar  |  Entregaron expedientes militares que condenaron a líderes del Cordobazo
 imágenes desconocidas sobre el Cordobazo  |  Los archivos de Sitrac-Sitram  |  Centro de Estudios y Formación Agustín Tosco

LECTURA RECOMENDADA

Crónica del Cordobazo del periódico de la CGT de los argentinos (facsímil)  |  Enrique Lacolla - A 40 años del cordobazo  | 
Aníbal Córdoba - El Cordobazo
Diccionario de los 70  | 
Dossier Agustín Tosco, editado por La Fogata  |  Abel Bohoslavsky - Exposición sobre el Cordobazo
Ana Ramírez/Aníbal Viguera - La protesta social en Argentina entre los 70 y los 90  |  Beba Balvé - Acerca de la cuestión obrera 1969-1975
Rodolfo Laufer - Perdriel, clasismo y cordobazo
 

Cordobazo

Por Rodolfo Walsh*

Trabajadores metalúrgicos, del transporte y otros gremios declaran paros para los días 15 y 16 de Mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencias de empresas.
Los obreros mecánicos realizaban una asamblea y son reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de Mayo.
Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin números de derechos, la vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y los centros vecinales se suman.
Se paraliza totalmente la ciudad el 16 de mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El gobierno reprime.
En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Se dispone el cierre de la Universidad.
Todas las organizaciones estudiantiles protestan. Se preparan actos y manifestaciones. Se trabaja en común acuerdo con la CGT.
El día 18 es asesinado en Rosario, el estudiante Adolfo Ramón Bello. Se realiza con estudiantes, obreros y sacerdotes tercermundistas una marcha de silencio en homenaje a los caídos.
El 23 de Mayo es ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.
El 26 de Mayo el movimiento obrero de Córdoba resuelve un paro general de las actividades de 37 horas a partir de las 11 horas, para el 29 de Mayo, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta.
Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de la CGT. Los estudiantes organizan y los obreros también. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad los días previos.
El 29 de Mayo amanece tenso. Los trabajadores de luz y fuerza son atacados con bombas de gases a la altura de Rioja y Gral. Paz. Una vez más la represión está marcha.

Las columnas de los trabajadores de las fábricas automotrices llegan a la ciudad y son atacados. El comercio cierra sus puertas y la gente inunda las calles.
Corre la noticia de la muerte de Máximo Mena, obrero mecánico. Se produce un estallido popular, la rebeldía contra tanta injusticia, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación.
Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantes que luchan enardecidas. El apoyo total de la población.

Es la toma de conciencia contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas ni usurpadores del poder, ni de cómplices participacionistas.
El saldo de la batalla de Córdoba, "El Cordobazo", es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.
En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.
"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.
La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo..."

* Extraído de “Periódico de la CGT de los Argentinos”. Colección Completa. Números 1 al 55. Mayo 1968 – Febrero 1970. www.cgtargentinos.org


Algunas precisiones sobre el clasismo en los setenta

Por Edgardo Fontana (Camba)

El lunes 5 de octubre Beatriz Sarlo escribió un artículo de opinión en el diario La Nación, titulado "Piquetes buenos, piquetes malos". Allí la otrora intelectual orgánica al maoísmo argentino, hoy columnista de las principales empresas mediáticas del país, realiza una intervención para el asombro. Su intención es ligar el actual conflicto en Kraft con las luchas desplegadas por el sindicato de los mecánicos cordobeses a comienzos de los años setenta, para así esbozar dos hipótesis críticas: por un lado cuestionar el discurso macartista de la dirigencia de la CGT y por el otro denunciar al setentismo kirchnerista, porque sus invocaciones al pasado se refieren únicamente a la "gloriosa JP".

Lo llamativo es que Sarlo reproduce cada una de las operaciones que cuestiona, confirmando así una manera de referirse a la historia que nos incomoda muchísimo, por cómo mutila y empobrece procesos que fueron complejos y permanecen abiertos a múltiples interpretaciones. A este historicismo voraz le interesa hallar apoyaturas prestigiosas para argumentaciones políticas, que no hacen sino realimentar los estereotipos más tradicionales. El siguiente relato intenta aportar una versión apenas más matizada sobre aquellos acontecimientos, pero que tal vez alcance para desarmar algunas nociones especialmente pueriles.

Por ejemplo, la autora no menciona que entre el clasismo y las expresiones del peronismo revolucionario hubo mucha más colaboración que desconfianzas. Que tales organizaciones de base se distinguían menos por la ideología que por su fuerte contenido democrático, lo que suponía un pluralismo capaz de rechazar todas las orientaciones lineales, sean del color que fueran. Tampoco da cuenta, en su afán condenatorio de las organizaciones revolucionarias que eligieron la vía armada (a las que tilda sin empacho de terroristas), que si algo resulta aún hoy llamativo en las decisiones políticas de René Salamanca, no fue precisamente su radicalismo guerrillero sino el tardío apoyo que brindó nada menos que a Isabel Perón.


Codobazo 40 años, informe de Trama, Memoria del presente, mayo 2009

Pero ninguna de estas precisiones tiene sentido, en verdad, si aparecen desligadas de lo que sigue siendo una pregunta pendiente y muy actual para nosotros: ¿en qué puede consistir una política obrera que ya no tenga como horizonte (aún si los reconoce entre sus antecedentes) ni al peronismo ni al socialismo? Claro que para formular este tipo de interrogantes hay que preocuparse por escuchar lo que las nuevas luchas tienen para decir y no regodearse tanto en lo que cada quién hizo hace treinta años, sobre todo cuando esas reminiscencias tienen como objetivo la autopromoción y el vedettismo.

Los orígenes del clasismo

En los años setenta, René Salamanca condujo los destinos del sindicato más poderoso de Córdoba y junto a Agustín Tosco y Atilio López conformaron un polo alternativo al sindicalismo vertical representado por la ortodoxia peronista.

Eran tiempos de gran efervescencia política. Había muchas tendencias, tales como las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL); el Partido Comunista Revolucionario (PCR); Vanguardia comunista (VC); el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y la izquierda peronista con sus distintas vertientes, cuyas raíces se remontaban a la Resistencia, como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) y también Montoneros.

La clase obrera pasa a ser un territorio de disputa para la mayoría de las organizaciones que en su horizonte avizoran un proyecto socialista revolucionario. En este contexto, el PCR, al que luego se afiliaría Salamanca, en el primer congreso nacional realizado en diciembre de 1969, caracteriza al Cordobazo como el punto de inflexión de la lucha de clases en la Argentina. El PCR y otras organizaciones proyectan la creación de células revolucionarias en las fábricas y la formación de una "corriente sindical clasista". Para ello destina a militantes que trabajen en las fábricas o bien para que distribuyan literatura partidaria.

Salamanca fue uno de los fundadores de la agrupación Felipe Vallese (sic) y en 1970 se presenta como candidato a delegado, venciendo al representante de Elpidio Torres. Pero su designación no prosperó por carecer de la antigüedad establecida en los estatutos. Al año siguiente, insistió como subdelegado. Ganó y su triunfo fue reconocido. Su figura estaba creciendo dentro del Movimiento de Recuperación Sindical (MRS) y en 1972 encabezó la Lista Marrón pluralista.

"En aquél tiempo nos juntábamos más de 400 delegados. Un hervidero. Era la expresión política que había en la provincia. Por lo tanto, la asamblea se convertía en un foro político" afirma un compañero de lucha de Salamanca. Cuenta que una de las preocupaciones de Salamanca era el pluralismo. "Podríamos haber puesto gente nuestra solamente y no lo hicimos. Cuando ganamos las elecciones, gobernaba Lanusse y dominaba la política el tema del regreso de Juan Domingo Perón. Éramos jóvenes. Yo fui un año delegado y pasé luego a ser secretario adjunto".

Para Agustín Funes, Salamanca tenía una relación de respeto con las bases peronistas. "La izquierda en general era gorila por un problema ideológico de formación, experiencia y luchas. René hizo todo lo contrario. Cuando volvió Perón decía: el 90% de los obreros son peronistas, y convocó a recibirlo a Ezeiza".

La propuesta de la lista marrón se centraba en los siguientes puntos: reducción de los cargos sindicales pagos –de 13 a 4– y rotación obligatoria por los lugares de trabajo; una asamblea podía destituir a un delegado sin más trámite; todas las resoluciones del sindicato debían ser aprobadas por asamblea abierta; apoyo firme a la restitución del sábado inglés; afiliación de los administrativos al SMATA; un único convenio colectivo para todos los trabajadores y reajustes salariales cuatrimestrales; exigir que la empresa reconociera el trabajo insalubre; reducción del ritmo de la producción y participación gremial en la determinación de la marcha del trabajo. Durante la campaña levantaron las banderas de la honestidad y la democracia sindical.

Democracia sindical y burocracia


Emisión del programa radial Atrapados en libertad por AM 530, La Voz de las Madres

Ganadas las elecciones, Salamanca y los clasistas del SMATA se dedicaron a trabajar por la unidad de los trabajadores automotores y el cumplimiento de la plataforma que los llevó al triunfo. Uno de los puntos es el referido al contacto de los dirigentes con las bases. "La mitad de los directivos iban a trabajar y quedaban los suplentes; cosa que escucharan lo que pasaba en la planta. Fue un salto cualitativo para la organización", evalúa Funes.

Sin embargo tuvieron que enfrentarse a duras embestidas, primero del gobierno militar y después del aparato sindical peronista. Por caso, la decisión de un juzgado y del Ministerio de Trabajo de otorgar la jurisdicción de Fiat a la UOM en noviembre de 1972, provocó la reacción del SMATA quien la rechazó de plano. Plebiscitó la medida en las puertas de la planta obteniendo una amplia victoria. Ignoró lo decidido por el Ministerio y en junio realizó una segunda consulta en la que los trabajadores de Fiat se manifestaron a favor del SMATA por abrumadora mayoría.

Ante la negativa de la empresa de reconocer los resultados, los obreros de Concord ocuparon la fábrica y recibieron el apoyo de otras empresas como Perkins. Gobernaba el peronismo quien medió en la situación y en 90 días la cuestión debería ser resuelta en el ámbito del Ministerio de Trabajo de la Nación. Sin embargo, la disputa iba mucho más allá tanto del SMATA como de la UOM que pugnaban –a nivel nacional– por el control del movimiento obrero; la pelea de fondo era entre la derecha y la izquierda peronistas. El tema no se resolvió hasta 1975 y en favor de la UOM.

Combativos y disidentes

En 1973, podían reconocerse cuatro sectores gremiales bien definidos.

El ortodoxo, que se reconocía peronista y verticalista. Entre ellos se encontraban la UOM, molineros, madereros y taxistas. Respondían a la conducción de la CGT Nacional y a las 62 Organizaciones.

Los legalistas, eran peronistas pero más independientes y plurales. Controlaban unos 25 gremios y estaba liderado por Atilio López (UTA), secretario general de la CGT regional Córdoba.

El sector independiente reivindicaba un modelo de sindicalismo democrático y antiburocrático. Estaba formado por siete gremios y el referente principal era Agustín Tosco quien se definía como marxista y socialista.

Por último, el clasista representado por el SMATA conducido por René Salamanca. Dicho sector pensaba que la clase trabajadora debía motorizar un proceso revolucionario. Se descreía de la salida electoral –propiciaron el voto en blanco– y era crítico de la burocracia sindical peronista. Contaba en sus filas a trabajadores de los ex sindicatos Sitrac y Sitram que agrupaban a obreros de Fiat y Materfer.

Pero el PCR siempre fue crítico de la experiencia de los ex-sindicatos Sitrac y Sitram, porque consideraba que habían sido "rifados" por posiciones ultraizquierdistas. De acuerdo a sus tesis insurrecionalistas, el PCR decía que quería preservar el SMATA hasta el momento de la insurrección y la toma del poder, sin embargo terminó facilitando la intervención del gremio por parte del gobierno de Isabel Perón en el orden nacional y del golpista brigadier Lacabanne, en Córdoba, en agosto de 1974, con una prolongada huelga previa que el PCR justificó diciendo "un topetazo más y se cae el ruso Gelbard".

Legalistas, independientes y clasistas, configuran la CGT Córdoba. Los caciques porteños comenzaron a manifestar su decisión de disciplinar a los cordobeses. Salamanca, por su parte, había tejido una alianza con el sector de legalistas e independientes de la CGT combativa. No obstante, las elecciones de 1973 dividieron las aguas. Razones políticas e ideológicas los separan.

El SMATA criticó duramente la decisión de Atilio López de aceptar la candidatura a vicegobernador y a Tosco por apoyar la fórmula. Llamaron a la abstención. Pero los trabajadores votaron en asamblea el apoyo a la fórmula del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI).

Segundo triunfo de la Marrón

En 1974, pese a una maniobra orquestada por José Rodríguez unificando las elecciones nacionales con las provinciales, los trabajadores que según James Brennan –autor de una investigación sobre el movimiento obrero cordobés en los setenta– eran mayoritariamente peronistas, ratificaron su voto de confianza en la lista clasista que venció a la de Elpidio Torres y a la del PC. Esta victoria si bien consolidó la alianza del Movimiento Sindical Combativo que se oponía al Pacto Social y a las políticas de Perón, no trasladaba directamente un apoyo a la política del PCR que impulsaba Salamanca. Estaba claro que los obreros mantenían su lealtad a Perón y no estaban dispuestos a romperla.

El propio Atilio López, quien había abandonado al MSC presionado por Perón, participó de una movilización en repudio al fallido atentado contra Salamanca (11/12/73) y a la muerte del activista Arnaldo Rojas. A partir de estos hechos se inicia una campaña de terror que cobraría decenas de víctimas en los seis meses siguientes.

Tal vez una CGT unificada podría haber resistido los ataques del gobierno y de la burocracia. Pero el movimiento obrero ya estaba dividido entre peronistas y no-peronistas, y la lucha por recuperar el poder había sido planteada a todo o nada. Sobrevino el conflicto entre SMATA y la empresa IKA Renault en demanda de aumentos salariales. El gobierno declaró ilegal la medida por la vigencia del Pacto Social.



Fragmento del discurso de Domingo Menna en mayo de 1973 en el masivo acto de homenaje al Cordobazo. Menna (PRT-ERP) fue uno de los oradores, junto a Agustín Tosco y Osvaldo Dorticós, presidente de Cuba.

A la empresa le venía bien el conflicto para llevar adelante su política empresarial que también se veía perjudicada por el Pacto Social. Sobrevinieron las suspensiones y el cierre del complejo de Santa Isabel. De inmediato, la conducción nacional expulsó a los miembros del comité ejecutivo. Suspendió a la seccional y nombró una comisión de Buenos Aires para que asumiera el control. Esto fue duramente resistido por los trabajadores quienes rechazaron toda interferencia de los porteños.

La influencia partidaria

Un tema controvertido es la carta que Salamanca escribe en apoyo al gobierno constitucional en 1975. Agustín Funes interpreta que "esta decisión es propia de un líder con aspiraciones revolucionarias que tenía la captura recomendada. El hecho de llegar de este modo, con una carta, era porque no podía hacerlo con la voz. Desde la clandestinidad advierte que las más golpeadas iban a ser las masas y la clase obrera. Entonces, las convoca a generar las condiciones para parar el golpe de Estado. Es una decisión política de los miembros del partido del cual era miembro". Agrega además que el PCR venía encabezando la lucha antigolpista desde 1974, a partir de la muerte del presidente Perón. "Para nosotros, se abre una lucha sin retorno y es el golpe".

Por su parte, Nicolás Hadad puntualiza que una línea del partido define al enemigo principal y se pronuncia contra el golpe sabiendo lo que vendrá. Sin embargo, reconoce que no acordaba con esa postura. "Me asustaba el golpe, pero entendía que el gobierno de Isabel se caía por todos lados. La presión era grande. Habían matado a Atilio López y a su secretario y estaban provocando el terror. Pero hoy, mirando desde acá, pienso que esa línea era la correcta. Lamentablemente, después pasó una topadora".

Para James Brennan los vínculos del dirigente con las bases se habían debilitado, en cambio, se estrecharon con el partido. "Su falta de pelos en la lengua y su personalidad de renegado no sentaban bien a la jerarquía del PCR en Buenos Aires que apenas había tolerado sus actitudes cuando era secretario general del gremio más importante del interior del país".

Hacia fines de 1975 se había convertido en víctima de las contradicciones del partido quienes llegaron a defender el gobierno de Isabel Perón. Para Brennan, Salamanca en la carta a los Trabajadores de SMATA, "repite como un loro las obsesiones conspirativas del PCR, ya fuera porque olvidara la realidad o porque seguía directivas partidarias para ignorar las verdaderas preocupaciones de los mecánicos. Pero para ese entonces las suyas eran políticamente palabras huecas, apenas los débiles estertores de la muerte del clasismo cordobés".

Fuente: "Salamanca, un dirigente que no traicionó sus convicciones", de Katy García, en Prensa Red  |  La Fogata


PUBLICIDAD

Córdoba insurgente

Los hechos y los protagonistas en una crónica sobre el 29 de mayo de 1969, las discusiones y los acuerdos en medio de la histórica protesta. Testimonios de Víctor Grinscpun (matemático, ex estudiante del IMAF)

En el anochecer del jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estaba envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el material que ardía en las hogueras y barricadas. Desde colchones viejos hasta automóviles fueron a parar a la la furia del fuego antidictatorial, indiscutible consigna de unidad del Cordobazo a partir de la cual después se discutiría casi todo acerca de los contenidos del estallido.

A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse cuando la IV Brigada de Infantería, al mando del general Jorge Raúl Carcagno, avanzaba lentamente por la Avenida Colón para "recuperar" la ciudad tomada.
La tarea no fue fácil porque, en la periferia de los escenarios principales de la batalla, persistían focos de resistencia que duraron hasta el día siguiente, cuando en los centros de poder recién lograban recomponerse para solicitar un escarmiento.
Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz indignada reclamando "severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje".
El gobierno nacional, que encabezaba Juan Carlos Onganía, no varió su tozuda filosofía represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el Consejo Especial de Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron contra el orden y la seguridad públicas".
Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Sánchez Lahoz, quien había comandado el operativo de represión desde su despacho, los sucesos eran causados por "la intervención de células comunistas, internas e internacionales".
Del otro lado de las barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos obreros fabriles, sector que fue la columna vertebral de la impresionante y arrasadora manifestación de fuerza del pueblo cordobés.
Espontáneo u organizado, oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó una estaca mortal en el corazón del régimen y, al tiempo que mostró la fuerza de los trabajadores en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para acceder al poder político.
Pero, en la oscuridad de la noche del 29, comenzaron a brillar las ideas que presidirían el debate político en la década siguiente.


El cordobazo - Canal Encuentro Parte 1


El cordobazo - Canal Encuentro Parte 2

LAS CARTAS SOBRE LA MESA

La torpe política del gobierno de Onganía había empujado la unidad en la acción de sectores gremiales que políticamente, tenían muy poco en común.
Por sobre la CGT de los Argentinos --antecedente decisivo del Cordobazo, aunque en ese momento fuera más una referencia ideológica que un instrumento concreto de lucha--, legalistas (vandoristas), ortodoxos (peronistas de derecha) e independientes (comunistas, radicales e izquierda independiente), coincidieron en lanzar el paro activo del 29 de mayo.


"De Frente con las bases peronistas" Nº 5, 30 de mayo de 1974, A cinco años del cordobazo. Clic para descargar. Ver otros números

El lucifuercista Agustín Tosco y el mecánico Elpidio Torres fueron las mayores figuras del Cordobazo, pero en su elaboración y concreción también estuvo el importante gremio de los choferes (UTA) que encabezaba Atilio López, además de Miguel Angel Correa (maderero), Héctor Castro (ATE), Jorge Canelles (UOCRA), Carlos Borelli (petroleros), quienes tuvieron activa participación en las luchas previas que prepararon el clima de la rebelión.
En rigor, puede decirse que la gestación de este gran movimiento duró casi tres años, ya que comenzó con las luchas estudiantiles del 66, cuyo resplandor persistió hasta 1969 y que dejó un movimiento estudiantil activo, fuertemente influido por las movilizaciones de la CGTA y por sus propias reivindicaciones.
La conciencia antidictatorial del estudiantado universitario no estaba en duda. Más aún, en su interior fluía un proceso de incesantes rupturas políticas y reagrupamientos, reflejo de profundas tendencias de cambio que latían en la sociedad.
Los obreros de la industria automotriz, por su parte, en especial los de la planta de Ika Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por sus propias reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas zonales.
Los choferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos con las empresas de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban a constituirse tras el desmantelamiento un tanto desprolijo de la Corporación Argentina del Transporte Automotor (CATA).
Toda la población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una rebeldía legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su historia, no soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura.

A LAS PIÑAS EN EL CÓRDOBA SPORT

"Ciudad en convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del Cordobazo, no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad.
Detrás de todo, estaban Smata y Uta. El gremio de los choferes de transporte urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la antigüedad y la estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa, la CATA, que habían pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha por la Municipalidad.
Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que se cumplió en un clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus que circulaban manejados por sus dueños.
El 12 de mayo, el gobierno nacional dio a conocer la ley 18204 que establecía un régimen de descanso desde el sábado a las 13 hasta el domingo a las 24 (sábado inglés).

La reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el viernes 16 de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí masivo y contundente, de los choferes que peleaban por el reconocimiento de su antigüedad.

El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados en el mítico Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el que se realizaban festivales de boxeo y se disputaban los partidos de básquetbol más importantes (incluso los de las Olimpíadas Universitarias, por lo que era un lugar familiar para los estudiantes).
Pese a la prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de trabajo, subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde arribaron como un aluvión.

A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle Alvear, cerca de la Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se concentraban rápidamente los patrulleros y los carros de asalto de la infantería policial.
Con Elpidio Torres (secretario general del Smata Córdoba) y Dirk Kloosterman (secretario nacional del gremio) como oradores, la asamblea aprobó por aclamación el paro de 48 horas, en medio de un tenso clima que se convirtó en silencio absoluto cuando Torres pidió que se obviara la lectura de los considerandos porque en cualquier momento entraba la policía.
El pedido, formulado por el propio Torres, de que los asambleístas se retiraran ordenadamente, fue infructuoso. Los obreros enfrentaron a la policía en Lima y Alvear (esquina opuesta a la de la avenida Olmos) y la batalla ocupó el centro de la ciudad, extendiéndose por las calles Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San Martín. El duelo de piedras y palos contra gases lacrimógenos y balas, que los estudiantes cordobeses conocían muy bien, repetía las batallas de 1966.
Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por el actual clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las "jornadas de agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida por la policía. En la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar la muerte de Santiago Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y estudiantes.
Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica aparecieron en escena a través de un paro solidario con sus colegas estatales.

LA FÓRMULA DEL PARO ACTIVO DE 36 HORAS

Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían, cada cual, una de las llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las diferencias políticas, sobre todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero las bases empujaban mientras el gobierno, con una ceguera política que pasaría a la historia, le cerraba caminos a Augusto Timoteo Vandor, quien, por otro lado, apostaba ahora a golpear la dictadura y negociar en mejor posición.


La interpretación y perspectivas del Partido Comunista sobre el Cordobazo. Folleto editado por el PC en 1971. Clic para descargar

El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a Torres; Tosco tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se unieron las fuerzas de ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito del sindicato mecánico, fue llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos, que funcionaba en el local tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy es sede de una dependencia del Banco Social de Córdoba), en tanto que Elpidio lo presentó en la CGT vandorista, cerca de la Maternidad Provincial.

El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas.
El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar laicas a partir de esa hora y encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente, realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los Argentinos.
El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés era de una enorme efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban al frente de la movilización, sabían que chocarían con la represión policial. Pero estaban organizados, los animaba el odio antictatorial y habían acumulado confianza en su propia fuerza.
El 29 de mayo, desde Materfer, Fiat Concord, Grandes Motores Diesel y Perkins, por la Ruta 9; desde Perdriel e Ilasa, en las cercanías del aeropuerto de Pajas Blancas; desde la central de Lima y Maipú de la Empresa Provincial de Electricidad de Córdoba (EPEC), pero, fundamentalmente, desde Santa Isabel, por el camino a Alta Gracia, las columnas obreras, sólidas, compactas, cargadas de fuerza y rebeldía, harían trizas los sucesivos cordones policiales que esperaban armas en mano.
En su avance hacia el centro, la marcha arrastraba a los trabajadores de centenares de fábricas pequeñas y talleres que encontraba a su paso.
El arquetipo de las batallas que, ese día, se libraron en distintos sectores, fue la que protagonizaron, cerca del mediodía, 5.000 obreros mecánicos frente al Hogar Pablo Pizzurno, en la Avenida Vélez Sársfield. Los esperaba alli el primer escollo policial, salvado con cuanto elemento contundente pudiera ser arrojado. La columna de obreros se partió en dos: una parte se desplazó hacia el centro por la Ciudad Universitaria, arrastrando a los estudiantes que en ese momento estaban en el comedor univeristario, y la otra ingresó a los barrios Güemes y Observatorio, donde los manifestantes se sorprendieron por la solidaridad de un barrio poblado por estudiantes y trabajadores que se atrincheraron de inmediato para resistir.
A las 12,30, entretanto, una batalla campal hacía retroceder a la policia en las inmediaciones de la plaza Vélez Sarsfield y, muy cerca de allí, en Bulevard San Juan y Arturo M. Bas, caía la primera víctima fatal, Máximo Mena.
La reacción fue inmediata y en cadena. Con furia, los manifestantes se adueñaron de la ciudad, levantando verdaderos muros de contención (barricadas) contra la policía, que debió replegarse a sus cuarteles dejando la ciudad en manos de los trabajadores, quienes recibían el apoyo de los vecinos.
Hitos de esa lucha fueron la toma del Círculo de Suboficiales del Ejército, en San Luis y La Cañada, los incendios de la firma estadounidense Xerox y de Citroen, en la avenida Colón, de las oficinas de la Dirección General de Rentas, en Mariano Moreno y Caseros, de la Aduana, en Chacabuco al 400.
La llegada del Ejército, junto con las sombras de la noche, el allanamiento a la CGTA, la detención de dirigentes y su juzgamiento y condena por los Consejos de Guerra (Canelles, 10 años de cárcel; Tosco, 8 años; Elpidio Torres, 7) fueron la respuesta de una dictadura que acusaba al comunismo internacional como responsable de semejante pueblada.
"Vengo a cortar la cabeza de la víbora comunista", dijo el gobernador Uriburu, reemplazante de Caballero. Poco después, una jornada similar al Cordobazo, que el ingenio popular llamó el Viborazo, terminaría de convencer a las clases dominantes de que, si querían conservar el poder sin tamaños sobresaltos, debían buscar un camino distinto al que habían ensayado con el golpe de 1966.

Angel Stival y Juan Iturburu, revista Los '70


33º aniversario del cordobazo

Por Luis Bruschtein

"Hoy más que nunca se necesita la unidad del pueblo" - Jorge Canelles es uno de los últimos gremialistas vivos que junto a Agustín Tosco participaron en la organización del Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, la movilización que marcó el principio del fin de la dictadura de ese momento. "Si en aquella época fue importante la unidad de acción de los sectores populares –afirma, hoy es más necesaria que nunca."

"Son más de 60 años de lucha y nunca pensamos en el beneficio personal, ni siquiera tengo casa propia, ni la tenía Tosco cuando murió", reflexiona Jorge Canelles, compañero del legendario gremialista cordobés en las luchas obreras. Canelles es el último de los dirigentes gremiales que participaron en el Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, que está vivo. Era dirigente de la construcción y militaba en el Partido Comunista desde 1945. A Tosco lo conoció en 1955 y estaba junto a él cuando murió en la clandestinidad por una septicemia que se podría haber curado en condiciones normales. A los 75 años, Canelles es empleado en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y sus compañeros de ATE acaban de realizarle un homenaje al bautizar con su nombre el local donde se reúnen. "En el Cordobazo no hubo una sola consigna partidaria, todo fue un ‘muera la dictadura’", recuerda junto a un retrato de su compañero de lucha, en el pequeño departamento que alquila.

–¿Qué recuerdo tiene de Agustín Tosco?

–Creo que Tosco fue el dirigente más importante que ha tenido el movimiento obrero argentino. Por su honestidad, por su consecuencia en la lucha y por haber sabido dirigir el levantamiento popular más importante que se ha dado en la Argentina con un contenido de cambio social político profundo. Nos conocimos en la CGT luchando contra la intervención a todos los gremios que quería realizar el golpe de Aramburu-Rojas. Ellos querían intervenir todos los gremios. En esa lucha nos conocimos y tuvimos no sólo muchas coincidencias sino también una amistad muy grande. Yo estaba en el PC desde el ‘45 y Tosco era un tipo muy abierto, había leído mucho sobre cuestiones sociales.

–¿Y los otros dirigentes que participaron en el Cordobazo, como Elpidio Torres?


Signo de los tiempos: Evite un secuestro. En septiembre de 1971 el Movimiento Nacional contra el secuestro y al tortura alertaba a militantes populares, a través de la revista América Latina, como enfrentar las posibilidades de ser aprehendido por las fuerzas represivas.- Clic en la imagen para agrandar.

–En ese momento nosotros no coincidíamos con la táctica de la CGT de los Argentinos, que estaba muy enfrentada a la CGT de Azopardo. La realidad de Córdoba era distinta. Nosotros planteábamos la unidad de todos los sectores populares para derrotar a la dictadura. Planteábamos la unidad de las dos CGT y eso no le gustó mucho a Ongaro. Logramos que se unieran las dos CGT en Córdoba para hacer un paro. Ha muerto hace días Elpidio Torres y tengo que decir que cumplió lo pactado para el Cordobazo. Después, cuando volvió de la cárcel, fue a verlo al interventor general de la provincia, se abrazó con él y le dijo que nunca más iba a hacer paro. Eso es otra cosa. En cuanto a las acciones del Cordobazo, fue leal. Y el que lo fue a hablar para que se sumara a la lucha fui yo, porque Tosco no quería saber nada. Pero al final Tosco aceptó hacer una cena conjunta donde se planteó el plan de acción para el Cordobazo.

–¿Y qué objetivos se plantearon?

–Además de las reivindicaciones concretas, nosotros queríamos darles un escarmiento a las fuerzas policiales y represivas porque la represión se había ensañado con el movimiento obrero. Esta vez, dijimos, vamos a resistir y vamos a responder. No hubo ninguna cosa mesiánica de toma del poder. Aunque hubiéramos podido hacerlo a la una de la tarde porque ya no quedaba un solo cana en la calle, ni guardia en la Casa de Gobierno. La declaración de Córdoba al país que hicimos al convocar al acto tenía catorce puntos. En el Cordobazo no hubo un grito partidario, fue todo un "Muera la dictadura", por la democracia y la vigencia del régimen constitucional.

–¿Y Atilio López, que después fue tan amigo de Tosco?

–El participó, igual que René Salamanca, como militante, pero ninguno de los dos estaba como dirigente gremial todavía. A López lo habían despedido de una empresa de transporte y con la indemnización se había puesto un negocito. Después, ya en 1971, en el Viborazo, que fue elsegundo cordobazo, ya estaban como dirigentes. Salamanca no trabajaba en IKA-Renault cuando fue el Cordobazo.

–¿Después del Cordobazo los meten presos a usted, a Tosco y a otros dirigentes?

–Sí, nos metieron presos a mí, a Tosco, Alberti, Di Toffino y otros compañeros. Después, en el Viborazo a mí no me agarran y Tosco volvió a caer porque fue a comer al restaurante que en ese entonces tenía el periodista Sergio Villarruel, en Olmos 50, que era muy amigo mío. Cuando salió de cenar lo detuvieron a Tosco y estuvo casi dos años preso.

–¿Cuánto tiempo estuvieron presos después del Cordobazo?

–Estábamos en una especie de cuartel en Rawson, en un galpón. Los presos del Cordobazo éramos doce, pero había varios que no tenían militancia. Les habían dado cinco años por tirar una piedra. A mí me habían dado diez, a Tosco diez y cuatro meses. Salimos a los seis meses.

–¿Qué diferencias ve entre aquellos años y la situación actual?

–Es muy distinto. Una diferencia es que hoy no existen los dirigentes que había en aquella época, no existe un Agustín Tosco, no existe un activismo sindical como en aquel entonces. Fue diferente al cacerolazo. En el Cordobazo, quince mil activistas se lanzaron a la calle a las once de la mañana. Hubo resistencia con la policía, pero a las doce del día se sumó todo el pueblo y la policía perdió el control. Entonces nosotros avanzamos y tomamos los lugares fundamentales. No quedó una sola comisaría sin quemar. Estábamos luchando por un cambio de régimen, contra una dictadura. En cambio ahora muchos están luchando por la plata que le quedó en el corralito. Además está todo muy disperso y no hay programa ni conducción clara.

–¿Entonces no ve que haya una perspectiva parecida?

–Sí, en un sentido. Porque la unidad de acción se tiene que dar. Es la forma de cambiar la situación y se va a concretar. No sé cuánto tiempo demorará. Si en aquel tiempo la unidad de todos los sectores populares era importante, hoy hace falta más que nunca, porque hay un enemigo mucho más poderoso. Si no hay una confluencia de los sectores populares más esclarecidos, el 80 por ciento de los sectores populares, digamos, no vamos a poder derrotar a este enemigo. Tenemos que esforzarnos por unificar a todos los sectores populares, como lo está haciendo la CTA, para derrotar a los sectores reaccionarios que han entregado nuestro país.

–Una diferencia muy grande es que ahora hay mucha desocupación a diferencia de los años ‘70...

–En esa época el poder adquisitivo del salario era mayor. Usted iba a la casa de un obrero de IKA-Renault o de IME, de la fábrica de aviones, y no les faltaba nada. Con el salario de un día del peón de la construcción se podían comprar 21 kilos de carne. La gente hambrienta no es más luchadora que los que tienen la conciencia de los cambios necesarios.

–Bueno, antes del Cordobazo y de la serie de rebeliones provinciales que se produjeron en ese momento daba la impresión de que en el país no pasaba nada...

–Ahora se puede contar, pero en febrero, antes del Cordobazo, una vez estábamos tomando un café con Tosco y él me dijo: "En este país no pasa nada, qué te parece si le metemos un caño a un banco a ver si se mueve la cosa". Nosotros seguíamos trabajando para organizar, para movilizar a la gente y, al final, ese trabajo rindió frutos. No hay que pensar que todo está perdido.

–Cuando se murió Tosco, ¿usted dónde estaba?

–Yo estuve 20 años con Tosco, del ‘55 al ‘75 y me tocó organizar su traslado de Córdoba para que lo atendieran en Buenos Aires. Con Di Toffino y Alberti formábamos una especie de comando y organizamos su traslado porque ya estaba muy enfermo. Todos estábamos clandestinos. Córdoba se había puesto muy dura después del golpe de Lacabanne contra Obregón Cano en marzo del ‘74. Ya lo habían matado a Atilio López.

–¿Si no hubiera estado clandestino lo hubieran podido curar?

–Sí. No tuvo la atención suficiente. Pensaban que tenía un tumor cerebral, pero tenía una septicemia que se podía curar con antibióticos. Lo llevamos a Buenos Aires porque en Córdoba no se podía hacer centellograma. Solamente lo hacían en un sanatorio privado y en el Clínicas. En cualquiera de los dos lo hubieran metido preso. Resolvimos llevarlo a Buenos Aires, logramos que a los quince días empezara a caminar, pero se demoraron los análisis y en el medio le falló el corazón.

Fuente: Página 12


El "Gringo" Tosco y el cordobazo

Agustín Tosco

Se me ha pedido que escriba un artículo sobre el Cordobazo. Creo que lo que hay que escribir sobre este hecho de real trascendencia histórica, especialmente para Argentina y América Latina, es un libro. Porque son muchas, variadas y complejas, distantes e inmediatas, las causas que produjeron la circunstancia sociológica - política del Cordobazo.

Durante los meses de prisión en Rawson llené cinco cuadernos sobre el particular. La transcripción de cuatro hojas en un reportaje de la revista "Inédito", motivó, según difusión pública, que la misma fuera clausurada. Aún así, con el tiempo, ese trabajo ha de aparecer, sin la pretensión de ser una visión totalmente objetiva, pero si al menos una interpretación personal sobre la base de la militancia sindical y de las propias posiciones adoptadas por nuestro gremio el Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, la Regional Córdoba de la CGT , el conjunto de gremios encabezados por SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines de la Industria Automotriz) y el permanente contacto con las agrupaciones estudiantiles, tanto de la Universidad Nacional como de la universidad Católica. Asimismo con los Sacerdotes del Tercer Mundo y distintas personas de los grupos profesionales y políticos.

Con esta previa aclaración y en el entendimiento de contribuir en modesto alcance a la reafirmación de las reivindicaciones populares, redacto estas líneas ligadas a este acontecimiento fundamental de las clases populares sucedido el 29 y 30 de Mayo de 1969.

¿POR QUE SE HA PRODUCIDO EL CORDOBAZO?

Esta es una pregunta que no por repetida, deja de plantearse y de promover la investigación, la imaginación y particularmente el interés de todos los argentinos, desde el más humilde trabajador, hasta el sociólogo desentrañador de los fenómenos sociales, o de los políticos desde conservadores hasta revolucionarios.

En el penal de Rawson nos visitaron a los trece condenados que procedíamos de Córdoba, una Comisión de Solidaridad, compuesta por Compañeros de distintos gremios de esa ciudad, de Trelew y de otras localidades de la Provincia de Chubut. Nos preguntaron qué necesitábamos para nuestra salud, desde alimentos hasta indumentaria.



Ante el fortalecimiento y crecimiento de los grupos armados en la Argentina a fines de los 60, el ejército argentino elabora unos manuales y reglamentos internos de operaciones contra las organizaciones armadas, gran parte de ellos, de carácter reservado.
Uno de estos documentos, fue el RC-8-3, “Operaciones contra la subversión urbana”, que fue puesto en vigencia por resolución del Comandante en Jefe del Ejército Alejandro Agustín Lanusse el 29 de Julio de 1969. En el mismo se detalla métodos de represión, inteligencia, censura y acciones psicológicas contra la “subversión urbana”. Entre otras cosas, el manual establecía que “el activista, el perturbador del orden, etc. no será considerado prisionero de guerra y, por tal motivo, no tendrá derecho al tratamiento estipulado en las convenciones internacionales”. Clic para descargar

Respondimos que necesitábamos solidaridad militante. Pronunciamientos. Lucha contra la Dictadura. Les hablamos de nuestros trabajadores, de sus aspiraciones, de sus desvelos, de sus sacrificios. Les dijimos que las fogatas que alumbraban las calles de Córdoba surgían desde el centro de la tierra impulsadas y encendidas por nuestra juventud estudiosa y trabajadora y que jamás se apagarían porque se nutren de la vida y de los ideales de un pueblo rebelado contra la opresión que se ejercía sobre él y estaba dispuesto a romperla, pasara el tiempo que pasara. Dijimos la verdad, la verdad de todo lo que queríamos.

Los trece condenados de Rawson éramos de extracción, situación y condición heterogénea. Pero todos coincidíamos. No exagero al manifestar que varios de los miembros de la Comisión de Solidaridad y ellos están para testimoniarlo, sintieron correr lágrimas sobre sus mejillas. Al fin y en esta tensa conversación, plantearon la pregunta: ¿Por qué se ha producido el Cordobazo?

Respondimos, con lo que creo es la esencia de la respuesta a tanto interrogante y a tantas elucubraciones que andan dando vuelta como conclusiones: el Cordobazo es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y cualitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días.

¿Y por qué Córdoba precisamente? Porque Córdoba no fue engañada por la denominada Revolución Argentina. Córdoba no vivió la "expectativa esperanzada" de otras ciudades. Córdoba jamás creyó en los planes de modernización y de transformación que prometió Onganía, Martínez Paz, Salimei y Ferrer Deheza y luego Borda, Krieger Vasena y Caballero. La toma de conciencia de Córdoba, de carácter progresivo pero elocuente, es bastante anterior al régimen de Onganía. Pero se expresa con mayor fuerza a partir de julio de 1966.

La reivindicación de los derechos humanos, proceda de donde proceda, en particular de las Encíclicas Papales desde Juan XXIII, encuentran en nosotros una extraordinaria receptividad y así se divulgan especialmente en la juventud y en los Sindicatos. Si hay receptividad es que hay comprensión, y la comprensión deriva en entusiasmo, en fe y en disposición al trabajo, al esfuerzo e incluso al sacrificio para consumar los ideales que ya tienen vigencia en el ámbito universal.

Para reducir la cuestión a sus aspectos más cercanos, las grandes luchas previas al Cordobazo amanecen antes de los dos meses de la usurpación del poder por parte de Onganía. Y estas, tanto como las que posteriormente se plantearon ya que siguen en vigencia, bajo distintas características, obedecen a la toma de conciencia de la necesidad de liberación que es el patrimonio principal de Córdoba dentro del panorama nacional.

LOS PRINCIPALES E INMEDIATOS ANTECEDENTES

A mediados del mes de Agosto de 1966 nuestra Organización Sindical emitió una Declaración en carácter de "Solicitada" cuyo título fue: "Signos negativos". Fue !a primera posición sindical en Córdoba contra la serie de medidas de neto corte represivo que implantaba la Dictadura. Esa declaración tuvo amplia repercusión, no sólo local sino nacional y podríamos decir que prácticamente inauguró la posición rebelde contra la política de Onganía y su equipo.

La muerte de Santiago Pampillón a manos del aparato represivo, puso en evidencia la histórica resistencia estudiantil. Nadie podrá olvidar las luchas y manifestaciones de protesta de todas las agrupaciones, las huelgas de hambre y el propio paro de una hora del movimiento obrero cordobés en solidaridad con los compañeros universitarios. Tuve el honor de integrar una Delegación Sindical de la CGT de Córdoba que acudió a Mendoza al sepelio de Santiago Pampillón Allí discutimos los cordobeses con Gerónimo Izzeta que se encontraba casualmente y le increpamos la pasividad de la CGT Nacional. Al mismo tiempo que se manifestaba el ascenso del espíritu de lucha de las bases sindicales y estudiantiles contra el régimen, los jerarcas del sindicalismo nacional iban justificando -en actitudes- su posterior proclamación a todos los vientos de la "filosofía participacionista".

Tanto como la represión crecía también la resistencia aumentaba. Una manifestación incidental revelaba las distintas formas del repudio al régimen y a sus cómplices. En Córdoba circuló profusamente una hoja impresa que reproducía a Francisco Prado, participando del Festival del Folklore en Cosquin Enero de 1967- mientras era avasallado el Sindicato de Portuarios, despedazado su convenio colectivo de trabajo y despedidos sus dirigentes y militantes más esforzados. Prado era Secretario General de la CGT Nacional. Esas hojas circularon por todo Córdoba y la gente evidenciaba su condena ante la claudicante actitud.

En el mismo mes de febrero de 1967 y en función del Paro Nacional resuelto para el primero de Marzo de dicho año, en esta ciudad se realizaron grandes manifestaciones obreras.

El diario '"Córdoba" reprodujo varias fotografías de los actos y una en particular de la represión, donde constó mi detención junto con varios compañeros de la columna de Luz y Fuerza. Fue un plan de lucha de alcance nacional, frustrado por el incipiente participacionismo y dialoguismo que terminó una vez más confiando, según expresiones del propio Francisco Prado, en el nuevo ministro Krieger Vasena, porque según él: "Habría cambiado y su gestión podría ser útil a los trabajadores". Pese a esto, la posición de casi todos los sectores populares, especialmente de Córdoba, conminaba a continuar la lucha.

Quiero transcribir una frase de un documento sindical del 23 de Febrero de 1967, por su carácter premonitorio del "Cordobazo". Decía así: "La historia grande está jalonada de hitos como el que ayer fuera protagonizado por el movimiento obrero de Córdoba, en los talleres y fábricas, en las calles de nuestra ciudad. Porque fue la de ayer una jornada escrita con rasgos vigorosos y expresiones estentóreas que desbordaron los lindes habituales y se prolongaron luego en los grafismos de la prensa y de la televisión, en la retina y en el ánimo de los millares de protagonistas y espectadores que vivieron las secuencias del plan de acción desplegado por la CGT y gremios confederados de Córdoba. Fue una jornada lúcida y comprometida que nos acerca un poco más a la definición crucial que forzosamente tiene que producirse por imperio de la situación a que ha sido arrastrado el pueblo argentino, y sobre la que los trabajadores tenemos adoptada una posición clara, concreta e irreductible".

La represión que siguió al paro del primero de marzo de 1967 y la desastrosa conducción de la CGT Nacional produjo un notorio vacío que estuvo signado fundamentalmente por la oposición cada vez más abierta entre las bases sindicales y dirigentes vinculados a ellas y el participacionismo entreguista anidado en la sede de Azopardo en la Capital Federal.

Las bases demandaban un nuevo Plan de Acción. En Tucumán el ataque a los derechos de los trabajadores iba en aumento. En octubre de 1967 la Delegación de Córdoba en el Congreso de la Federación de Luz y Fuerza reclamaba ese Plan de Acción, inspirada en las propias demandas vigentes en nuestra ciudad y denunciaba los hechos más alarmantes que estaban sucediendo.

La preocupación de los dirigentes nacionales se centraba exclusivamente en normalizar la CGT en ese entonces en manos de la Comisión Delegada. ¿De qué teníamos los cordobeses clara conciencia a fines de 1967? ¿Cuál era nuestra denuncia? ¿Cuál era nuestra posición?

En apretada síntesis expresábamos: Bajo el lema de modernización y transformación el gobierno planteó un plan económico, cuya base filosófico-política se asentó aparentemente en el más ortodoxo y crudo liberalismo, en la resurrección del "dejar hacer, dejar pasar", en la vigencia de un libre empresismo a ultranza, que provocaría la estabilidad y la multiplicación de los bienes económicos del país. Sin embargo esta declamada libertad económica no es sino un esquema destinado sustancialmente a someter al país integrándolo a la crisis del sistema capitalista monopolista como elemento compensador del deterioro cada vez más pronunciado del mismo.

Más adelante señalábamos: "Ya desde hace tiempo en todas las naciones del mundo ha concluido la etapa del liberalismo que aquí se pregona. Las potencias industriales practican un crudo dirigismo económico; en el sistema interno protegiendo su mercado productor e incluso consumidor por vía de las barreras aduaneras y otros dispositivos complementarios; en el aspecto externo creando organismos internacionales supeditados a ellas que imponen la política de la libre penetración y de la libre explotación de los pueblos subdesarrollados por los monopolios que actúan desde las grandes metrópolis. Esta libertad económica impuesta y dirigida desde afuera, especialmente desde las concentraciones monopolistas norteamericanas a la par de favorecer desmesuradamente a las mismas y a su país de origen, provocan en Argentina la agudización de la crisis y la profundización de los efectos recesivos'*.

En los pronunciamientos sobre los aspectos económicos se concluía: "Lo que se pretende realmente es quebrar a la industria nacional y dejar el mercado de consumo a merced de los monopolios. Así lo ha expresado genéricamente la Confederación de la Industria al referirse que esta política de transferencia formales y reales es en el más benigno de los juicios, un mal signo. En lo que hace a las empresas del Estado la aprobación de la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Sociedades Anónimas, confirma crudamente la programática oficial de entrega del patrimonio estatal y de la conducción básica y fundamental de la economía a los intereses extranjeros. Nadie duda ya que el plan trazado es contrario a un auténtico desarrollo, atenta contra el nivel de vida de la población, sirve a los grupos de la reacción y del privilegio, compromete el porvenir del país y lesiona la soberanía nacional".

En las cuestiones sociales se denunciaba "el aumento de todos los precios de los artículos de uso y de consumo, agotando la capacidad adquisitiva de las remuneraciones. El incremento de la desocupación. La paralización de la Comisión del Salario Vital, Mínimo y Móvil. La imposición del arbitraje obligatorio para los diferendos laborales. La ley de represión de los conflictos sindicales. La intervención a Sindicatos, el retiro o suspensión de personerías gremiales. La eliminación o restricción de las representaciones sindicales en la Empresa del Estado, incluidos los organismos de previsión social. La violación de los contratos colectivos de trabajo. La ley de congelación de salarios. La modificación de la ley de indemnizaciones por despido. El aumento de la edad para acogerse a la jubilación y la eliminación de las compensaciones por años de servicio".

Como últimos detalles de las denuncias contra la reaccionaria política que se llevaba adelante se señalaba: "Simultáneamente el Gobierno pretende tener un consenso tácito de la opinión pública, pero no abre vías de ninguna naturaleza para probar con la expresión del pueblo si ello es cierto o no, mientras justifica tamaño despropósito con la supuestamente perjudicial de enfrentar a un debate político al país. Con la lógica perseverancia de sus propósitos retrógrados el Gobierno aprueba la Ley de Defensa Civil que militariza a toda la población a partir de los 14 años de edad, bajo el pretexto de asegurar el frente interno, pero con la finalidad de reprimir toda legitima defensa de los intereses económicos, sociales y políticos de los trabajadores. Más adelante dicta la denominada ley de represión al comunismo, que engloba a todas las personas o instituciones que protesten o lleven adelante una acción para proteger sus derechos. Supera el cuadro represivo macartista dejando al Servicio de Informaciones del Estado la calificación de toda persona que tenga "motivaciones ideológicas comunistas", añadiendo un régimen punitivo que llega hasta los nueve años de prisión. Intervienen las Universidades Nacionales, anula la participación de la juventud estudiosa argentina en la vida de las mismas, proyecta una reglamentación limitacionista y disuelve los Centros de Organización Estudiantiles. Viola el secreto de la correspondencia cual modernos inquisidores celosos de toda opinión adversa a la dogmática oficial. En el ámbito internacional propuso, felizmente rechazada, la institucionalización de la Junta Interamericana de Defensa, cual moderno gendarme de los Pueblos de América Latina que bregan por su emancipación integral, a fin de mantenerlos en el subdesarrollo, en el estancamiento y en la dependencia neocolonial"

Allí se realizaron denuncias que si bien eran conocidas por todos, no todos la realizaban. Eran las delegaciones cordobesas por lo general las que sustentaban estos planteamientos en todos los ámbitos.

En Córdoba se expresó poco tiempo después una resolución de la CGT local que declaró persona no grata al Presidente Onganía, y eso trasuntaba el creciente desafío al régimen autocrático, no cuestionado a nivel masivo con tanto vigor como se daba en Córdoba.

LA REBELIÓN DE LAS BASES SINDICALES

La Comisión Delegada de la CGT Nacional, intentó por todos los medios la construcción de un Congreso adicto a las teorías del participacionismo. Que era hacerse eco de toda la política del Gobierno y lograr la participación en el proceso. Una renuncia clara a las reivindicaciones obreras y populares que merecía una repulsa general.

El "dirigentismo" de los jerarcas de las organizaciones nacionales, luego de prolijos cortejos de delegados, al estilo de los viejos comités de la política criolla de la Década Infame, resolvió la convocatoria a un Congreso Nacional para la normalización de la Confederación General del Trabajo.

Llegó a tanto la podredumbre de los dirigentes participacionistas, que sostenían que en ese Congreso no podían participar las Organizaciones que estaban intervenidas, entre ellas la de más caudal de afiliados o sea la Unión Ferroviaria, además de los trabajadores portuarios, de prensa, químicos, del azúcar, etc.. Querían hacer un Congreso con los que habían tolerado la Dictadura y sancionar a su vez con tal exclusión a los que habían luchado, habían sido intervenidos y eran perseguidos por los violadores de todos los derechos sindicales.

Todos quienes continuaban fíeles a los principios sindicales, incluso los sindicatos intervenidos designaron delegados a tal Congreso, comprometiendo a quienes estaban con la Dictadura a que en el propio Congreso los inhibieran de actuar. El 28, 29 y 30 de Marzo comenzó el Congreso. Los dirigentes que coincidían con Onganía, no tuvieron el valor de acudir a impugnar a quienes.querían excluir desde la? bambalinas. El Congreso se realizó con todas las organizaciones combativas, incluidas las intervenidas, y con poco más de la mitad de los delegados suficientes para el quórum se proclamó la lucha contra la Dictadura y el desconocimiento a todos lo jerarcas del participacionismo. De allí nació lo que fue denominada CGT de los Argentinos, encabezada por Raimundo Ongaro.

Las bases sindicales repudiaban toda la política de conciliación vergonzosa y una ola de manifestaciones, de actos, todos organizados por los sindicatos de la CGT de los Argentinos, cubrió una verdadera celebración del 1° de Mayo de 1968.

En Córdoba más de cinco mil personas concurrieron al local del Córdoba Sport Club, en el que juntamente con Ongaro hice uso de la palabra denunciando una vez más, ratificando lo que veníamos señalando desde 1966, que la Dictadura hundía al país.

El 28 de Junio de ese mismo año la CGT de Córdoba programó un acto frente al local de la misma, en repudio al Segundo Aniversario de la Dictadura. La represión, como lo hacia repetidas veces descargó todo su aparato y se contabilizaron trescientos veintidós presos entre los manifestantes. El movimiento obrero, el estudiantado, los sectores populares pugnaban por expresar su protesta en la calle y sucesivamente eran reprimidos. Pero no descansábamos. Algunos ya sostenían que no era posible programar actos, ya que la Policía no los permitía y que la gente se cansaba. La mayoría sostuvo que no. No queríamos dejar de lado nuestro derecho a expresamos, a protestar, a exigir soluciones. Una y otra vez nos disolvían encarcelando a trabajadores y estudiantes.

En Septiembre de 1968, la CGT y el Frente Estudiantil en Lucha programó una semana de Protesta en recordación de los Mártires Populares, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Santiago Pampillón.

Ya el Gobernador Caballero, que había suplantado a Ferrer Deheza, lanzaba la constitución de un Consejo Asesor, como forma perfeccionada del participacionismo como experiencia piloto para todo el país.

La Semana de los Mártires Populares fue violentamente reprimida. Cayó baleado el joven estudiante Aravena, que hoy aún se encuentra impedido físicamente en forma total, como producto de aquel alevoso ataque.


Ya es tiempo de violencia, de Enrique Juarez (1969) 45 minutos
Cuando a las 12:50 del jueves 29 de mayo de 1969, cayó en las calles aledañas a la terminal de ómnibus de la ciudad de Córdoba el obrero mecánico Máximo Mena, con el corazón perforado de un balazo de pistola 45, comenzó a generarse el estallido insurreccional de mayor virulencia y mayor costo social que registra la historia argentina contemporánea: El Cordobazo.
"Ya es tiempo de violencia" formó parte originalmente de una serie de documentales llamados "Argentina, Mayo de 1969: los caminos de la liberación", del cual solo se conservan algunas partes, recién fue exhibida públicamente en 1995 ya que hasta entonces solo circulaba en forma clandestina. Gentileza Agoratv.

Los actos fueron disueltos. Se atacó a una manifestación encabezada por dirigentes sindicales, estudiantiles y Sacerdotes del Tercer Mundo, que provenían de una Misa por Santiago Pampillón. Se disolvieron los actos frente a la CGT. Se encarcelaron a varios militantes y representantes sindicales y estudiantiles que estuvieron casi un mes en Encausados.

A fines del mismo 1968, la CGT organizó otro acto que fue igualmente reprimido. Todos sentíamos una real indignación y la condena al régimen tomaba ribetes de furia. Nada era posible hacer. La represión se manifestaba en todo momento. El gobierno seguía su propaganda para el Consejo Asesor. La Federación de Luz y Fuerza suspendía a nuestro sindicato por estar adherido a la CGT de los Argentinos.

Los jerarcas sindicales habían realizado su propio Congreso, pero no tenían ninguna vigencia en las bases. En Córdoba eran abiertamente repudiados por la Clase Trabajadora.

Mientras en todos los órdenes la política de Onganía seguía consolidándose en el sentido de la fuerza y la opresión.

Mientras por otra parte, en el Pueblo crecía la rebelión contra tanto estado de injusticia, de desconocimiento de los Derechos Humanos. A fines de 1968, se cumplió el 20° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Luz y Fuerza realizó algunas conferencias sobre el particular. Qué cotejo más dramático se realizaba entre el contenido de esta declaración que coronó el final de la segunda guerra mundial y el régimen que imperaba en Argentina. Parecía que tantos sacrificios, tantas vidas, por el respeto a los derechos del hombre, hubieran sido inútiles.

1969: EL AÑO DEL CORDOBAZO

Hemos reseñado los males del régimen a escala nacional y hemos particularizado las posiciones de Córdoba por ser las más relevantes contra la Dictadura en el orden nacional.

Ya también Hilda Guerrero de Molina, mártir obrera de Tucumán engrosaba las filas de quienes habían caído defendiendo sus ideales, enfrentando al régimen de Onganía.

El régimen comunitario era publicitado desde todos los ángulos del equipo gobernante. Córdoba se había convertido en la experiencia piloto y el Dr. Caballero había constituido su Consejo Asesor que sería convalidado con bombos v platillos en la Reunión de Gobernadores de Alta Gracia. Allí llegó Onganía en el mismo automóvil y en la misma posición ideológica y con los mismos propósitos de Caballero.

Antes habíamos redactado un importante documento. Un documento que se denominaba DECLARACIÓN DE CÓRDOBA y que se dio a publicidad el 21 de Marzo de 1969. Dos meses y días antes del Cordobazo. En él reseñábamos lo problemas principales de orden local que sumados a los de orden nacional y en función a la toma de conciencia del pueblo de Córdoba sobre la validez de sus derechos, podríamos decir que encuadraron la heroica reacción popular del Cordobazo.

En la introducción se decía; "Nuestra Provincia soporta un descalabro gubernativo, una manifiesta inoperancia en los más altos niveles jerárquicos oficiales, una ineptitud generalizada en la conducción de la cosa pública. Paralelamente a esta ineficacia se destaca un oscuro y torpe manejo de los instrumentos del poder, para favorecer a los círculos del privilegio económico y financiero, para exaccionar los modestos recursos monetarios de la población, para burlar la auténtica representatividad popular mediante el fraude neocorporativista, para manipular desvergonzadamente a algunos miembros de la justicia,intentando abiertamente ponerlos al servicio de la tolerancia cómplice hacia el crimen de algún conspicuo allegado al régimen".

"No se recuerda que nuestra provincia haya soportado tamañas iniquidades públicas. Nunca el pueblo cordobés contempló, un ejercicio sensual del poder usurpado con la impunidad que se manifiesta, y con el visto bueno de un Poder Central que en muchos casos lo pone como ejemplo de experiencia a proyectarse en toda la nación."

"Esta situación insoportable en todos los órdenes, obliga a la clase trabajadora cordobesa a repudiar públicamente al gobierno local, a corresponsabilizar a la Dictadura de Ongania de todos sus actos y a actuar cada vez más unida y enérgicamente para lograrla instauración del ejercicio pleno de los derechos y garantías que pertenecen inalienablemente a los trabajadores y ciudadanos, y a la práctica de la función gubernativa en un plano de dignidad y de real interpretación de las aspiraciones del Pueblo".

Señalábamos y no lo hacíamos nosotros por una elucubración al margen de las posiciones populares, sino como una expresión auténtica que palpitaba en toda la población que: " Durante bastante tiempo el Gobierno de Córdoba trabajó intensa y solapadamente, para implementar el denominado Consejo Asesor Económico Social. Sus fundamentos se basaron en el supuesto interés por consultar sectores representativos de la comunidad y darles participación en el análisis y programa de los actos gubernativos".

Luego se indicaba: "Asimismo se pretende remedar el engendro del Consejo Asesor, con los Consejos Económico-Sociales de vigencia positiva en algunos países del mundo estructurados políticamente sobre la base de la voluntad soberana del Pueblo".

Y por último, luego de otras consideraciones: "El Consejo Asesor procura la domesticación de la sociedad,su estratificación definitiva y si hoy se viste con los ropajes de una aparente inocencia, con el tiempo todos deberán lamentar su consolidación como aparato de poder omnipotente, sin apelaciones, en el que se fundamentará y basará el régimen para implantar un sistema de vida repudiado por la historia y con el cual se identificó con su saludo romano el otrora joven camisa negra, hoy Gobernador de Córdoba, Dr. Carlos Caballero."

Sobre el caso Valinotto, se señalaba, "la opinión pública cordobesa y también la nacional observan con estupor como un Juez de Córdoba, dispuso la libertad de un criminal basándose en el testimonio, denominado "de abono" del Ministro de Gobierno, Dr. Luis E. Martínez Golletti, y del Vocal del Superior Tribunal de Justicia Dr. Pedro Angel Spina".

Y culminaba el análisis sobre este tema: "El Sr. Gobernador de Córdoba, Dr. Carlos Caballero, ante la renuncia verbal de su Ministro de Gobierno, Dr. Martínez Golletti, resolvió, rechazarla ratificándole su confianza".

Sobre los impuestos de orden local recalcábamos: "Los centros vecinales de Córdoba, integrados en su mayoría por trabajadores, han denunciado el asalto fiscal de que son objeto, han protestado, han señalado la ilegalidad de las medidas tributarias, pero el gobierno ha permanecido incólume, ofreciendo una transitoria y demagógica rebaja que no altera la situación de fondo y que ha determinado la resistencia al pago, como único camino para hacerse escuchar, aunque el gobierno sigue y seguirá sordo a los reclamos del pueblo, embebido en su absolutismo y cegado por su tortuoso designio político."

Sobre los problemas laborales se daba el caso de las "quitas zonales" que afectaba fundamentalmente al gremio metalúrgico. La anulación de la Ley del Sábado Inglés, que había sancionado en el año 1932 y que rebajaba en un 9,1 °/o los salarios mensuales de los trabajadores. El Departamento Provincial de Trabajo resultaba totalmente inoperante. Se distinguía que "Córdoba es, a no dudarlo, el paraíso de los recibos en blanco, que sirven para robar de los ya magros salarios de los trabajadores, partes sustanciales y crear la inseguridad en la permanencia de su empleo". Por otra parte se dispuso el cierre de una serie de escuelas nocturnas de capacitación a la que concurrían los trabajadores, con el fundamento de que se habían agotado las instancias para que los mencionados establecimientos pasaran a formar parte del organigrama secundario provincial."

Las tropelías de la denominada "Brigada Fantasma", también enardecieron al pueblo de Córdoba. Decíamos sobre el particular: "Todo el país conoce ya el increíble episodio de la "Brigada Fantasma", denominada así por sus oscuras andanzas no en resguardo de la seguridad pública, sino atentando contra la misma.

Intimidando a gente inocente, persiguiendo a supuestos delincuentes y extorsionando a los detenidos". Se concluía sobre este punto: "También el episodio de la "Brigada Fantasma", por más que se haya dispuesto su disolución y la detención de los "policías" que la integraban, no fue descubierta por la preocupación o la diligencia de los funcionarios del gobierno. Se conoció y se investigó por las denuncias periodísticas que constituye hoy el único medio que tiene el Pueblo para defenderse de alguna manera de los atropellos a que es sometido por un Gobierno, que inexorablemente "será juzgado como el más nefasto para los derechos de toda la población de Córdoba".

Para no extenderse más sobre este extenso documente señalaré una frase mas: "Una ínfima minoría, los dedos de una mano sobran para contarlos, de "dirigentes" sindicales, apoya el régimen cordobés. No es así sin embargo en el orden nacional.

La asistencia de más de cuarenta jerarcas gremiales a una entrevista con Onganía ha demostrado que el espíritu de lucha de los trabajadores y del pueblo, tienen un fuerte contingente de desertores, sumados a la programática del régimen: política de sometimiento económico, de opresión social, de oscurantismo cultural y de mordaza cívica, sojuzgando a todos los argentinos que quieren un país en el cual se operen fundamentales transformaciones que posibiliten un inmediato porvenir donde impere la justicia social; donde se produzca la independencia económica, liberando a la patria de la penetración y dominio monopolice e imperialista; donde se materialice la soberanía política sobre la base de la libre voluntad popular y donde la democracia integral se practique sin ningún tipo de proscripciones e inhabilitaciones para todos los argentinos".

Cubríamos el final exhortando a la unidad, a la acción común reinvindicativa, de todas las Organizaciones Sindicales para la prosecución de la lucha en defensa de nuestros derechos.

ESTALLA LA CALDERA

Los trabajadores metalúrgicos, los trabajadores del transporte y otros gremios declaran paros para los días 15 y 1° de Mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencia de empresas, respectivamente. Los obreros mecánicos realizan una Asamblea y a la salida al ser reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de Mayo. Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin número de derechos, la vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y de los centros vecinales se suman.

Se paraliza totalmente la ciudad el día 16 de Mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El Gobierno reprime.

En otros lugares del país, estallan conflictos estudiantiles por las privatizaciones de los comedores universitarios.

En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral y ese hecho tiene honda repercusión en toda la población de Córdoba. Se dispone el cierre de la Universidad. Todas las agrupaciones estudiantiles protestan y preparan actos y manifestaciones. Se trabaja de común acuerdo con la CGT.

El día 18, es asesinado en Rosario el estudiante Adolfo Ramón Bello. Realizamos con los estudiantes y los Sacerdotes del Tercer Mundo una marcha de silencio en homenaje a los caídos.

El día 20 de Mayo, fui detenido e incomunicado en el Departamento de Policía "en averiguación de antecedentes". Recupero la libertad al día siguiente.

El día 21, se concreta un paro general de estudiantes. Una serie de comunicados del movimiento obrero lo apoyan. En Rosario cae una víctima más. El estudiante y aprendiz de metalúrgico Norberto Blanco, es asesinado en Rosario. Se instalan Consejos de Guerra.

El día 22 de Mayo, los estudiantes de la Universidad Católica se declaran en estado de asamblea y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.

El día 23 de Mayo, es ocupado el Barrio Clínicas por los Estudiantes. Es gravemente herido el estudiante Héctor Crusta de un balazo por la Policía. Se producen fogatas y choques. La Policía es contundente, y los choques se hacen cada vez más graves.

El día 25 de Mayo, hablo en la Universidad Católica de Córdoba y hago una severa crítica y condena a los sangrientos atropellos de la Policía y de los arbitrarios procedimientos del Consejo de Guerra en Rosario.

El día 26 de Mayo, el movimiento obrero de Córdoba, por medio de los dos plenarios realizados, resuelve un paro general de actividades de 37 horas a partir de las 11 horas del 29 de Mayo y con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta. Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de ambas CGT.

Todo se prepara para el gran paro. La indignación es pública, notoria y elocuente en todos los estratos de ]a población.

No hay espontaneísmo. Ni improvisación. Ni grupos extraños a las resoluciones adoptadas. Los Sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan los lugares de concentración. Como se realizaran las marchas. La gran concentración se llevara adelante, frente al local de la CGT en la calle Vélez Sársfieid 137.

Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad en los días previos. Se suceden las Asambleas de los Sindicatos y de los Estudiantes que apoyan el paro y la protesta.

El día 29 de Mayo amanece tenso. Algunos sindicatos comienzan a abandonar las fábricas antes de las 11 horas. A esa hora el Gobierno dispone que el transporte abandone el casco céntrico. Los trabajadores de Luz y Fuerza de la Administración Central, pretenden organizar un acto a la altura de Rioja y General Paz y son atacados con bombas de gases. Es una vez más la represión en marcha. La represión indiscriminada. La prohibición violenta del derecho de reunión, de expresión, de protesta.

Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la industria automotriz van llegando a la ciudad. Son todas atacadas y se intenta dispersarlas.

El comercio cierra sus puertas y las calles se van llenando de gente. Corre la noticia de la muerte de un compañero, era Máximo Mena del Sindicato de Mecánicos. Se produce el estallido popular, la rebeldía contra tantas injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación. Es el Pueblo. Son las bases sindicales y estudiantiles, que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de toda la población se da tanto en el centro como en los barrios.

Es la toma de conciencia de todos evidenciándose en las calles contra tantas prohibiciones que se plantearon. Nada de tutelas, ni de los usurpadores del poder, ni de los cómplices participacionistas. El saldo de la batalla de Córdoba -El Cordobazo- es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un Pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.

En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza del trabajo y de la juventud, de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres. Ese fuego que es del espíritu, de los principios, de las grandes aspiraciones populares ya no se apagará jamás.

En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas condenas sobre nuestras espaldas. Anos de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su Compañero y su Hermano.

Agustín Tosco

* Dirigente sindical clasista. Secretario General del Sindicato de Luz y Fuerza de la provincia de Córdoba al momento de producirse el Cordobazo, fue uno de sus principales dirigentes. En numerosas oportunidades sufrió cárcel y torturas por su militancia política y sindical. El presente artículo fue escrito desde la cárcel de Rawson, en Junio de 1970. Fallecido el 5 de Noviembre de 1975.

Fuente: Rebelión


Hace 30 años, el cordobazo movilizó a los trabajadores en salud mental

El día que hubo huelga de psicoanalistas

Por Enrique Carpintero* y Alejandro Vainer **

En julio de 1966, la dictadura del general Juan Carlos Onganía intervino las universidades y desató una brutal represión que se conoce como "La Noche de los Bastones Largos". La respuesta fue la renuncia masiva de profesores y el inicio de una resistencia estudiantil que se extendió por todo el país. La carrera de Psicología queda prácticamente desmantelada y la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires debió comenzar una lucha contra la Ley 17.132, que prohibía a los psicólogos realizar psicoterapia.
Mientras la sociedad empezaba a sentir los efectos de una política económica que disminuía el nivel de vida, la clase media se sentía desalojada de un espacio de ascenso social como era la universidad. La idea "cientificista" –como se la denominaba en esa época– dejó paso a un cuestionamiento de las teorías hegemónicas como el funcionalismo sociológico, el conductismo y el psicoanálisis kleiniano. Se organizaron grupos de estudio que introdujeron los debates planteados por Althusser, Lévy-Strauss, Lacan, Foucault. También se conocieron las experiencias de la antipsiquiatría que realizaban Franco Basaglia, Ronald Laing y David Cooper, así como el pensamiento psiquiátrico sobre comunidades terapéuticas de Maxwell Jones, E. Goffman y F. Fanon. El libro El miedo a la libertad, de Erich Fromm fue un best-seller de esos años.
En el "campo de la Salud Mental", la burocracia sanitarista del Instituto Nacional de Salud Mental consintió el plan de Mauricio Goldenberg para la Capital Federal, que proponía la formación de servicios de psicopatología en los hospitales generales y centros de salud mental. Además, no se impedía la creación de comunidades terapéuticas en los hospitales psiquiátricos. Obviamente, esta política se llevaba a cabo mientras se favorecía a las clínicas privadas y se mantenían los manicomios. Pero esta situación llevó a experiencias de comunidades terapéuticas y centros comunitarios que fueron más allá de lo que la dictadura permitía.
Se sucedían permanentes huelgas y manifestaciones en todo el país, que fueron violentamente reprimidas con muertos, heridos y centenares de detenidos. El 29 de mayo de 1969, un paro activo en la ciudad de Córdoba tuvo como consecuencia una rebelión de obreros y estudiantes con apoyo de los sectores medios; la ciudad quedó bajo su control hasta el día siguiente, en que intervino el Ejército. El Cordobazo había sorprendido a todo el mundo. Fue el principio del fin de la dictadura de Onganía. Inauguró un nuevo período en las luchas sociales y políticas. Fue un acontecimiento cuya carga simbólica llevó a crear un imaginario donde era posible la transformación de la sociedad. La idea dominante pasó a ser que la política es la fuerza que da sentido a cualquier práctica.
Su repercusión en el campo de la Salud Mental no se hizo esperar. La Asociación de Psicólogos de Buenos Aires produjo una solicitada firmada por la Comisión Directiva, presidida por Roberto Harari, que apoyaba el paro nacional del 1 de julio, planteando "la unificación del movimiento obrero con otros sectores de la sociedad y repudiando la represión acaecida en la Facultad de Filosofía y Letras". En ella funcionaba la carrera de Psicología y, cuando los alumnos debatían en asamblea qué medidas adoptar ante la situación social y política, entró la policía, detuvo a cientos de estudiantes y destrozó instalaciones. A partir de ese hecho, no hubo clases durante tres meses. En la misma solicitada se reivindicó la libre expresión y se sugirió a los asociados hacer pública la adhesión en sus lugares de trabajo. En setiembre apareció el primer número de la revista de la APBA, dirigida por Ricardo Malfé. La misma se constituiría en el principal medio de debate teórico, clínico e institucional acerca del lugar que el psicólogo debía ocupar en el campo de la Salud Mental.

Ese año la Federación Argentina de Psiquiatras llamó a elecciones nacionales: triunfaron listas de unidad con la consigna de defender "nuestros intereses, que no son otros que los intereses del pueblo". En la FAP Capital fue elegido Emilio Rodrigué como presidente y se organizaron movimientos de apoyo a colegas detenidos debido al estado de sitio. Mientras tanto, en el interior de la institución comenzaba a debatirse cómo enfrentar la dictadura de Onganía. Diferencias políticas llevaron a la renuncia de Mauricio Goldenberg como presidente del IV Congreso Argentino de Psiquiatría. Este se realizó al año siguiente en Rosario, donde se eligió a Gervasio Paz como presidente y José Bleger como secretario científico. Esa elección fue producto de una alianza entre los psiquiatras progresistas del interior y algunos psicoanalistas de Buenos Aires en contra de la lista de los psiquiatras manicomiales. La FAP apoyó los paros médicos resueltos por la Confederación Médica Argentina en oposición a la Ley 17.102, que fue el primer intento de privatizar los hospitales públicos.
La Asociación Psicoanalítica Argentina no podía quedar al margen del clima imperante y produjo un hecho sin precedentes en la institución: publica su primera solicitada en oposición a la represión desatada por la dictadura y adhirió a la huelga general, promoviendo que sus miembros realizaran un paro en sus propios consultorios. Se publicó el 28 de mayo con la firma de su presidente, Jorge Mom: "Frente a los hechos que enlutan al país, la Asociación Psicoanalítica Argentina, institución científica cuya tarea fundamental es el esclarecimiento de las motivaciones de la conducta humana, asume la responsabilidad de alertar a los poderes públicos ante el gravísimo peligro que entraña la incomprensión de la situación actual. Es preciso comprender que los movimientos juveniles siempre expresan necesidades y anhelos que importa atender y respetar. La juventud que es nuestra prolongación y trascendencia requiere, para su desarrollo individual y colectivo, las condiciones óptimas de libertad y dignidad humana. La represión violenta e indiscriminada, que ya ha costado vidas, tiende a crear condiciones irreversibles de desorganización y caos que pueden servir de pretexto para mayores excesos de poder. En estas condiciones la fuerza anula las potencialidades del país y se torna autodestructiva".

El paro consistió en que el analista esperaba a sus pacientes en su consultorio y les explicaba las causas por las que no atendía. No todos realizaron la huelga ya que, explica hoy un analista, "la huelga la hacía según el didacta que cada uno tenía. Era una medida medio loca pero si tu analista y tu supervisor adherían tenías que hacerla". Comenta otro analista: "Muchos de los que no hicimos la huelga nos apañábamos en no perturbar el encuadre analítico. Pero en realidad creo que era por el temor que teníamos de mostrar una ideología a los pacientes, como si esto pudiera evitarse. En ese momento éramos muy sometidos a nuestros propios analistas didácticos". La inédita medida fue producto de un debate interno en el que un grupo de analistas sostuvo la implicación del psicoanálisis en la problemática social y política.
En julio se realizó en Roma el Congreso Internacional de la IPA, donde Armando Bauleo y Hernán Kesselman fueron miembros fundadores de "Plataforma Internacional". Cuando regresaron, con otros analistas, constituyeron el grupo Plataforma dentro de la APA. Años después Marie Langer escribió: "El Congreso estaba cargado con todo el clima del ‘68; para nosotros, los argentinos, no sólo estaba lo que sabíamos del ‘68 en el mundo: llevábamos con nosotros el Cordobazo junto con la perplejidad frente al asesinato de Vandor, líder sindical dispuesto a pactar con los militares, ocurrido apenas un mes antes, en desafío abierto al gobierno militar".
Las diferentes formas de la violencia política aparecieron en los consultorios cuestionando el concepto de "neutralidad". Tratar de entender sus consecuencias en la práctica analítica y en la sociedad llevó a realizar la Jornada sobre Violencia y Agresión, preparatoria del 8 Congreso Latinoamericano que se iba a realizar en Porto Alegre. Este tenía el mismo tema pero, para no molestar a la dictadura instalada en Brasil desde 1964, se cambió por "Corrientes actuales en el pensamiento psicoanalítico". La APA se opuso a esta decisión y concurrió con un relato oficial que fundamentó la direccionalidad de la práctica social del psicoanálisis. Un grupo de analistas didácticos hizo pública su decisión de no participar en el Congreso. Fue el inicio de la división. Todavía faltaba un tiempo para que los grupos Plataforma y Documento realizaran la primera ruptura en la APA. Estos grupos, junto con la FAP y las asociaciones de Psicólogos, de Psicopedagogos y de Asistentes Sociales, crearon la Coordinadora de Trabajadores de la Salud Mental y el Centro de Docencia e Investigación. Los profesionales de la Salud Mental se identificaron como trabajadores. Se iniciaba otro momento histórico donde la política sería protagonista casi excluyente.

* Psicoanalista. Director de la revista Topía. Ex director del equipo de crisis del Plan Piloto en Salud Mental de la Boca-Barracas.
** Psicoanalista. Coordinador de la revista Topía. Ex jefe de residentes del Hospital Borda.

Fuente: Página 12


Algunas reflexiones

Pablo Pozzi, Alejandro Schneider. Historiadores

El Cordobazo marcó un hito en la historia de la clase obrera. La valoración y las conclusiones sobre este acontecimiento tienen una enorme importancia para la caracterización global de la misma, su desarrollo, su conciencia y su potencial revolucionario.

A partir de 1969 se abrió una nueva etapa en las luchas de los trabajadores. Esos años estuvieron signados por el recurso a la violencia por parte de las masas. También, fueron marcados por el planteo del socialismo como una alternativa viable de poder popular. Por primera vez en la historia argentina, la clase obrera se postuló como clase dirigente de otros sectores sociales en el proceso histórico nacional, en un claro desafío a la burguesía; en consecuencia, los trabajadores experimentaron un salto en su conciencia. Esto se expresó en sus formas de organización, en el surgimiento de una nueva camada de dirigentes políticos obreros caracterizados como "clasistas", que constituyeron un quiebre con las tradiciones políticas del peronismo, y en un crecimiento en aquellas organizaciones políticas que representaban los intereses históricos de la clase. Debería quedar claro que el desarrollo de la conciencia de clase es planteado aquí de la manera más alejada posible de las formas positivistas (o sea, no es un camino ascendente hacia el socialismo) sino que se trata de un proceso dinámico y heterogéneo, con marchas y contramarchas y con contradicciones.

De ser correcto lo anterior, se debería replantear algunas de las afirmaciones más comunes de la historiografía y la política actual. Por un lado, el avance sintetizado por el Cordobazo implicó que el peronismo, como alternativa política de la clase obrera, quedó a la derecha y por detrás del progreso histórico de la clase. No sólo significó un freno a la profundización de las luchas y a la conciencia obrera, sino que su evolución hacia opciones revolucionarias apareció como una imposibilidad histórica.

El planteo de Evita por el cual "el peronismo será revolucionario o no será nada", se había resuelto claramente porque no sería nada. Así, las organizaciones que conformaron la Tendencia Revolucionaria del peronismo, a pesar de sus sacrificios y heroísmo, bregaron por una alternativa que no era la que ellos pensaban. En este proceso contribuyeron a sembrar confusión entre los trabajadores y, más de una vez, a dar aire a un Estado capitalista acosado por las luchas populares. Sin embargo, los peronistas "revolucionarios" (aun sin serlo objetivamente) no fueron los únicos que tuvieron estos problemas. Distintos sectores de la izquierda reformista también aceptaron la idea de "Perón como camino a la revolución". El resultado fue que las filas de la izquierda se dividieron, profundizaron el sectarismo, y pusieron un límite concreto al desarrollo de las luchas populares a través de la fragmentación y el espontaneísmo.

En el Cordobazo pudo observarse la superación de las direcciones políticas, sindicales y estudiantiles. La clase obrera y el pueblo, enfrentando a la policía primero y luego directamente a las Fuerzas Armadas, otorgaron a estos hechos el carácter de un hito histórico. De este modo, es importante observar el papel desempeñado por los vecinos de los barrios que, en el repliegue ante la entrada del ejército, apoyaron y cuidaron de los manifestantes callejeros. Si el Cordobazo fue, por un lado, expresión de una exacerbación de las contradicciones sociales después de 1955, en sus consecuencias resultó una verdadera inflexión, un cambio cualitativo en las luchas obreras y populares. Sus consecuencias fueron múltiples.

En lo inmediato, se mostraron los límites de la implementación de una política económica que sólo satisfacía los intereses de la burguesía monopólica. En cuanto a los trabajadores se observaron varios fenómenos y procesos; en los hechos, señaló el inicio de un auge de masas que se reflejó en la oleada de insurrecciones y puebladas que se sucedieron entre 1969 y 1972.

Entre otras cuestiones, la clase obrera cuestionó e impugnó las variantes "combativas" de la dirigencia sindical como antes había ocurrido con la burocracia tradicional. Era evidente que se había producido un profundo corte horizontal con las conducciones gremiales en el ámbito de las organizaciones. Sin embargo, esta ruptura no alcanzó al poder de algunas seccionales que, por el contrario, lograron mantenerse a la cabeza de estos acontecimientos, como Luz y Fuerza de Córdoba. Esto implicó la conformación de un nuevo grupo de dirigentes sindicales, independientes de la burocracia, que condujo las movilizaciones de los gremios: en la práctica estaba renaciendo el clasismo. Además, de esta pérdida de control sobre los trabajadores, y con la agudización de las luchas intrasindicales, surgió por primera vez la violencia contra la burocracia, incluyendo la muerte de dirigentes a manos de sus contrarios peronistas. En el seno de las organizaciones de izquierda, la ejecución de burócratas generó una intensa discusión que fue saldada con la decisión casi uniforme en contra de este tipo de accionar.

El criterio era que la burocracia sindical debía ser desplazada por la lucha de las masas y no por el accionar armado. Esto se sustentaba en una visión ideológica por la que no había que sustituir por las armas a las masas. Por último, corresponde indicar que una buena parte de la izquierda se potenció por los acontecimientos de mayo de 1969. El levantamiento popular puso a la orden del día numerosas polémicas teóricas, confirmando algunos análisis y desechando otros. Esto no significó que se había agotado la discusión; por el contrario, ésta se desarrolló con una riqueza inusual. Lo que significó fue que los debates se basaron, desde entonces, en una práctica militante cada vez más acelerada y en una movilización popular que nadie podía ignorar. En todos los casos, la izquierda se volcó —como lo demostraron los siguientes años—hacia la clase obrera con una renovada fuerza.

Fuente: www.nuestralucha.org


El Cordobazo, una rebelión popular

¨El Cordobazo es la expresión militante, del más alto nivel cuantitativo y cualitativo de la toma de conciencia de un pueblo, en relación a que se encuentra oprimido y a que quiere liberarse para construir una vida mejor, porque sabe que puede vivirla y se lo impiden quienes especulan y se benefician con su postergación y su frustración de todos los días.' Agustín Tosco
El 29 de mayo de 1969 luego de una minuciosa organización, por parte de los trabajadores del movimiento obrero cordobés, se alistaba para protagonizar un paro activo de 36 horas a partir del mediodía del 29.

A pesar de un operativo policial de gran envergadura, desde todos los rincones de las grandes fábricas cordobesas comenzaron un camino ascendente hacia el centro de la ciudad.Por otra parte los lucifuercistas encabezados por Agustín Tosco, Felipe Alberti, Tomás Di Toffino y otros partían desde las orillas del Río Primero para confluir con las otras columnas de trabajadores que inundaban el casco céntrico de la famosa Docta Cordobesa.

Además el barrio Clínicas era tomado por los estudiantes. Y la ciudad y sus alrededores estaban en estado de rebelión por la organización de sus centros vecinales, en un número superior a los 150, que protagonizaron todo el apoyo a las masas en insurrección de esa jornada gloriosa.


El Cordobazo le propinó un golpe certero al proyecto político y económico del Onganiato, la desindustrialización del país fue retrasada por casi siete años. Luego vendría la dictadura militar…


La conspiración de los iguales

El cuento que presentamos se trata de un hecho real, que está ficcionado por el autor.

Es uno de sus últimos viajes, que realiza el Gringo Tosco, a la Capital Federal, en medio de las persecuciones de esos tiempos, los trabajadores se unieron para hacer realidad un principio de la clase obrera: unidad y acción.

El Gringo llegó de la mano de lucifuercistas y ferroviarios que conspiraron y combinaron una forma de burlar a los perseguidores.

El nombre de la Conspiración de los iguales tiene un antecedente: la lucha de los obreros franceses.

El cuento es un recorrido desde adentro, entre avatares, señas, tiempo, conciencia y valentía de un conjunto de compañeros que merecen este reconocimiento. En definitiva es un relato desde el Terraplén o desde el Subsuelo de la Patria…


La conspiración de los iguales

Por Juan Carlos Cena

A los compañeros que participaron de estos hechos a 36 años del Cordobazo.

El represor, desencajado, grita, gesticula y no entiende.
-¡¿Cómo que no está?!
¡¿Cómo que no lo escuchan?!
¡Peinen Córdoba!
¡Rastrillen, rastrillen!-
Ya lo hicimos Comisario, no hay rastros.
-¿Sólo la ciudad?
¡No, carajo!

La provincia, todo el territorio. Yo sé que está aquí, lo siento, lo huelo...

-Rastrillamos desde Ojo de Agua, Tulumba, Deán Funes, Quilino, la zona de Ascochinga, las sierras y tras las sierras, al sur, por sus pagos: Coronel Moldes y pueblos vecinos, los barrios y nada, ni rastros.

-Continúen, ¡todos a buscarlos, todos! -
-grita el Comisario.
-Están todos, hasta los que tenían parte de enfermo, todos salieron a buscarlo. Sólo encuentran silencio.
-¡Pero, carajo!
¿Y sus compañeros, qué dicen, qué comentan?,
¡Qué me vienen con el silencio, alguien, alguno debe decir algo!
-Nada. Silencio. Nadie pronuncia su nombre, como si lo hubieran olvidado, guardado. Sólo se miran entre sí, eso, sólo eso, se miran, y nada más...
-¿Olvidado, guardado...?
¡Por favor! ¿Entonces, qué dicen las miradas? -
-reclama el Comisario fuera de sí.-No sabemos, señor, no entendemos esa manera de mirar, no es fácil; miran de costado, de soslayo y así, nunca derecho.
-¡Síganlas carajo!
-bramaba lleno de babas el Comisario-
Es una orden, persigan las miradas, espíen su rumbo, espíen...
-Señor, perdón, pero cómo lo hacemos. Además, miran a plena luz y no se puede distinguir si doblan o siguen rectas, si son cortas o largas, ¿cómo leer el significado que usted pide? Se espejan con la luz y como si se disolvieran, no se ven..., se hacen resolana.
-Persigan las miradas, es una orden. Esas miradas tienen huellas, recorrido, ¡aprendan carajo!
¡Tienen olor, olor!
-¿...?-
Y en el taller, donde trabajaba,
¿qué dicen, qué comentan?
¿No hay conversaciones, comentarios, chismes, ah...
?-Nada, señor comisario, nada, todo es simulación, nadie dice nada...
-¿Cómo que nada, que disimulo?
¿Y en los baños, qué?
¿Acaso no hablan?
¿Quién lo reemplaza, qué dice?
-Es un obrero común, sin antecedentes, ya lo investigamos.
-¿También está callado?
-Sí señor Comisario, está callado, es puro silencio. Sólo que al final de la jornada, limpia, ordena y guarda las herramientas que eran del otro.
-¿Cómo?
¿Y eso no les dice nada?
¡Ustedes no ven!
¿No se dan cuenta que si limpia, ordena y guarda las herramientas es que lo esperan?
¿Que está dentro del territorio y que es mentira lo de su enfermedad?
¿No se dan cuenta de que no es esperanza sino certeza de que Tosco regresará?
Sí, certeza es lo que tienen, certeza de que regresará.
¡Lo esperan!
-Señor, el que limpia, ordena y guarda las herramientas, según nuestros informantes, dice que hace eso porque aún las herramientas no son suyas, sino del Gringo, y que además, que las cuida porque él le enseñó el oficio, y eso nunca dejará de agradecerlo. Es muy fuerte, dice este operario, porque nunca se olvida al que te enseñó el oficio. Así nos dicen otros y otros obreros..., que es muy fuerte eso de la enseñanza.
-¡Son macanas!
¡Búsquenlo!
No jodan con más boludeces-

brama el Comisario García Rey, hombre de confianza del brigadier Raúl Lacabanne y de López Rega.

En septiembre del l974 la Triple A asesina al abogado Alfredo Curuchet ,defensor de presos políticos, y al negro Atilio López, ex secretario general de UTA y ex vicegobernador de Córdoba. En octubre es allanado el Sindicato de Luz y Fuerza y el juez ordena la captura del Gringo y otros activistas. Tosco pasa a la clandestinidad. Desde entonces, un silencio recorre la ciudad, las sierras, el norte hosco y el sur, tras las sierras y así todo el territorio. Es la presa más buscada por las babas represivas. No hay pausas, a todo tiempo, en cualquier lugar, requisas, allanamientos, se sigue a la gente, los amigos, la familia, si compra de más o de menos en el almacén, vigilado el barrio, el sindicato, los centros vecinales, toda la jauría suelta, babeante.

El Gringo continúa comunicándose con sus compañeros, visitándolos, a veces, en sus lugares de trabajo y otras, dando conferencias de prensa. Aparece y, de repente, luz. Su salud es delicada, pero debe viajar a Buenos Aires. Partidos y organizaciones políticas -en especial el PRT, en nombre de otras agrupaciones guerrilleras ofrecen una tregua, le solicitan que sea prenda de unidad entre todos los que oponen al golpe de estado en gestación. El es el único escuchado y respetado por todos, ferviente defensor de la unidad. Decide viajar. No hay consejo que lo detenga, ni la sola insinuación de su estado de salud: cuando se lo mencionan se cabrea de lo lindo.

Raúl Lacabanne, el interventor de Córdoba, impuesto por el gobierno central, presiona en forma permanente a la policía reclamando su captura. El gobierno sabe que la salud del Gringo es delicada, aunque no grave. Como medida precautoria, vigilan farmacias, laboratorios, requisan ambulancias, el control no decae.

-El Gringo tiene que viajar, hay que sacarlo de Córdoba -
-repiten una y otra vez los compañeros que están con él en todo momento.
-¿Cómo?
-es la respuesta afligida. Córdoba está cerrada en todas sus salidas, carreteras, aeropuertos, ómnibus, las estaciones del ferrocarril. Pensemos, pensemos...
Son muy pocos, en un principio, los que piensan. Conspiran con cuidado cada paso a dar, pero falta algo. Siguen pensando y se acuerdan de los otros, sus iguales, los ferroviarios. Les cuentan la aflicción, piensan entre todos y resuelven conspirar juntos. Es una conspiración obrera, de iguales. Y la imaginación aparece y se asocia a ellos, esta vez en forma colectiva. La imaginación conspira con los conspirados.
-¡Novedades!
-requiere García Rey.
-Ninguna, señor Comisario
-es la repuesta unánime.
-¡¿Cómo que ninguna?!
-Dicen nuestros informantes que por los barrios, por las usinas, en el taller del Villa Revol, en todos lados, Tosco se volvió invisible, es el comentario más fuerte que se escucha, así dicen señor Comisario.Un tipo, ante la pregunta de uno cualquiera
'¿dónde estará el gringo Tosco?', contesta: 'Invisible, ¿dónde va a estar?'. Sí, es así no más la cosa, dicen: 'porque si el pueblo quiere, te hace invisible'. Desde entonces, se ve a la gente más tranquila, están alegres, ven pasar una hebra seca de amor seco montada en una brisa y joden con que ahí va el Gringo, la soplan y soplan para que remonte y se eleve más alto, se matan de risa entre resoplido y resoplido.
-¡Cómo mierda se va a volver invisible!
¡Lo único que falta, que entremos en brujerías y en creencias del campo, boludeces!
-Lo hicieron invisible, señor, y eso que dijo este tipo rueda por todos lados.
-¡Atrápenlo! ¡Atrápenlo! -grita el Comisario corriendo a todos de su despacho.

El Rayo de Sol está en el andén. La formación del tren ha entrado reculando, furgones postales y de encomienda, coches de clase única, de primera, coche comedor, pullman y los dormitorios al final. Estos enfrentan la entrada principal de la Estación del Ferrocarril Mitre. Un gentío compuesto por pasajeros, mozos de cordel, parientes o amigos estacionados frente a alguna ventanilla gesticula recomendaciones. Canillitas, un carro con golosinas ofreciendo los famosos alfajores cordobeses, personal ferroviario, de azul, vestidos de guarda y camareros, canas de uniforme y de los otros. Todo es movimiento, voces en todos los tonos. El Rayo de Sol partirá a las 22 horas.

Es el día elegido por los conspirados, la imaginación colectiva en acción. Todo se ha gestado en silencio. Es un silencio con sonido propio, acorazado, lleno de luz y aromas, fuerza y riel. Tosco está ya en la ciudad, concreto e inmaterial a la vez. El reloj marca las 21,50. En eso, todo se oscurece. Un apagón imprevisto, ¡qué contrariedad! Los gritos, las exclamaciones, el quejido por el miedo a las tinieblas, y la inmovilidad que genera. La estación de tren, la terminal de ómnibus, las calles, los semáforos, todo es cerrazón. Todo está quieto. Sólo dos pequeñas linternas alumbran los escalones de entrada a la estación, como dos diminutas luciérnagas iluminan los pasos del Gringo Tosco. Dos compañeros van a su lado, como vaqueanos y custodia. El se deja orientar, son de su absoluta confianza. Entran al andén. Dos compañeros se arriman y señalan el coche dormitorio correspondiente. En las escalerillas el camarero se hace cargo y los conduce hasta el camarote designado, quedan dos junto al Gringo, se cierra la puerta. Bajan, esconden las linternas, vuelve la luz y la exclamación de la gente y los pestañeos de acostumbramiento.El auxiliar de la Estación del Ferrocarril Mitre hace sonar las primeras campanadas, las de las 2l,55. Las que anuncian que dentro de cinco minutos el tren parte. Todo es ajetreo, cinco minutos de apagón retrasaron los quehaceres.

El reloj marca las 22 horas. Algunas miradas controlan especialmente la rotación de las manecillas. Fueron los cinco minutos más largos de todos los tiempos. Las últimas campanadas anuncian la partida. El guardatren da salida al Rayo de Sol: pito y bandera verde. Comienza a estirarse la formación de coches, se mueve y se va lentamente, llena de rechinamientos y chirridos de ruedas y riel, y la exhalación de aire excedente de los frenos, todo se mezcla entre las voces y los gritos. Unos agitan saludos, otros agitan silencios, el pecho que revienta, el aire que no alcanza, el convoy se va, se empequeñece pesadamente guardando un secreto, el farol rojo titilante del último coche señala la lejanía. Los conspirados del andén se disuelven entre la gente. Uno de ellos sube a los altos de la estación, a la oficina de Control Trenes, empuña el manipulador y transmite en morse y en clave que el tren de la conspiración ya partió con esa carga tan preciada.

Estación Ferreyra, la locomotora acelera y el traqueteo de los rieles se hace música en los oídos de los pasajeros conspirados. Villa María, se detiene el tren, es parada por diagrama. No hay requisa. Se van apagando las luces de los coches, la formación se hace borrosa, y un misterio particular la envuelve.El Gringo reposa, dormita, a veces sueña y recuerda lentamente los rostros de los compañeros, las asambleas al aire libre, las discusiones con los estudiantes, las agarradas con Alberti, las opiniones del Flaco Canelles, las conversaciones con Solari Irigoyen, la solidaridad del doctor Illia, la polémica franca con Santucho, la ternura hacía Atilio López; la familia, ¡ah!, la familia: los hijos, las cartas escritas desde la cárcel a Malvina y al Agustín, cuánto amor le ponía a cada palabra; los vecinos, tanto tiempo sin verlos; Trelew, Villa Devoto, la escuela de Artes y Oficios, las herramientas y el trabajo, piensa cómo le gustaría sentir la sensación de la lima y también enseñar... Se duerme y despierta al rato sobresaltado..., piensa en los riesgos que corren los compañeros que lo acompañan... Siempre pensando en los otros con ternura, y la ternura que no cesa, así lo agoten los primeros dolores.
-Está todo bien, Gringo, descansá, todo va a salir bien.

Pero él sigue pensando en la nueva tarea, no deja de pensar.Todos dormitando. Ha pasado un tiempo prolongado. El Gringo entra en un largo sueño, y se aquieta. Se escucha el entrecruces de vías, el tren aminora la marcha, más entrecruces de vías y el tren que se detiene. Dos golpes de contraseña. El camarero les anuncia:-Rosario. Uno de ustedes tiene que bajar conmigo.

Recién ahí, en ese momento, se dan cuenta de que están fuera del territorio cordobés, que las babas del represor no los salpicará. El aire húmedo que viene del río les refresca el alma, un mareo emocional los desequilibra un instante.Comienzan las maniobras del cambio de locomotora y el relevo del personal de conducción. Son otros conspirados que deben resolver algo con el camarero y con los que viajan con el Gringo, en la punta del andén, fuera del alcance de las luces y de las miradas.
-Nos detendremos pasando la estación León Suárez
-dicen los compañeros fraternales. Estén preparados, es una estación urbana no autorizada. Ahí habrá otra posta de compañeros que recibirá al Gringo. Ustedes se quedaran en el andén. Tomaran el tren local, otros compañeros los guiarán. Otra vez el ruido de los entrecruces. De Rosario a Retiro sin paradas, piensan los compañeros emocionados, casi sollozando, mientras auscultan la frente al Gringo.

La pareja de maquinistas que tomaron las posta en Rosario nunca condujeron un tren tan silenciosos: emoción del último tramo, responsabilidad de transportar una carga tan preciada. Qué honor. Temprano, dos golpes convenidos anuncian al camarero que les alcanza agua caliente, para el mate o té, bizcochos. Va clareando despacio, Tosco ha dormido sobresaltado, pero no bien despierta, pregunta:
-¿Dónde estamos?
-Estamos cruzando Campana, provincia de Buenos Aires, todavía se ven las luces de las refinerías.
-Entonces, ¡los cagamos!
-Así es, falta poco, todo va bien, tal cual lo pensamos.

Pequeño diálogo, luego un silencio emocionado los penetra. Los ojos de Tosco toman otro brillo. Sonríe, mirándose el empilche ideado para despistar.

Otra vez dos golpes a la puerta.
-Estamos pasando la estación de León Suárez, el tren está mermando la marcha, suavemente. Dos estaciones más y se detiene apenas, estén atentos. Frena suave el tren, la delegación desciende despacio, los que esperan en la plataforma de la estación suburbana se hacen cargo, los otros, se quedan en el andén. El camarero da salida al tren flameando el banderín rojo, que no es lo reglamentario, pero sí lo acordado. Arranca despacio, se va deslizando y la mirada de los conspirados que quedan en el andén, se posan sobre sus formas como si fuera una caricia de agradecimiento que recorre hasta el último coche, que aún porta el encendido farol rojo titilante, como si fuera un guiño cómplice, el de la conspiración de los iguales.

II

Como a los tres meses el Gringo regresa a Córdoba. Habla y habla hasta el agotamiento con todos, todos dicen que sí, pero nadie concreta la unidad. El golpe militar viene marchando, afinando los aprontes; se suman a ello, el hastío de la gente por Lastiri, López Rega y la Isabelita.

La salud de Tosco se deteriora en forma acelerada. De nuevo los conspirados, pero esta vez sólo los compañeros de Luz y Fuerza, y otro cumpa de confianza.

De nuevo:-Hay que sacar al Gringo de Córdoba.Tosco quiere que lo siga atendiendo su médico de cabecera, así tengan que trasladarlo. Aparecen ofrecimientos de partidos políticos, organizaciones guerrilleras, personalidades independientes ofertando todo para cuidarlo.

De nuevo rumbo a Buenos Aires, se busca otra vía: una ambulancia. El Gringo se ha dejado crecer la barba, su delgadez, y otros arreglos cambiaron su fisonomía, es otro. Parten al fin, junto a su médico y otro compañero que han estado siempre junto a él. Dos requisas en la ruta. Las dos se fijan en el enfermo sin prestarle mucha atención. Otra vez se les escapa el Gringo a los represores del interventor Lacabanne. La ira lo penetra hasta los tuétanos, y García Rey que comienza a pensar en eso de la invisibilidad consulta al Pai López Rega. Una risa en falsete es la respuesta.

Tosco es internado, lo someten a todo tipo de tratamientos y consultas. Se recupera despacio. Delgado y débil, Agustín comienza a ensayar algunas caminatas en la misma pieza y a mantener conversaciones con los médicos. Al tiempo vuelve a agravarse, cayó nuevamente en un sopor y el cuadro se transformó en irreversible. Muere el 5 de noviembre de l975. Después es trasladado a Córdoba, vía Rosario. La perrada de nuevo no lo puede ni olfatear. Los compañeros y el pueblo lo siguen manteniendo invisible.

Lo velan en el Club Redes Cordobesas, en el barrio General Paz. Mucha gente muestra allí su desconsuelo. No lo pueden creer. El, que ha sido invisible al represor, no ha podido con la muerte, ella lo ha materializado. Una lluvia torrencial y granizo cae sobre la ciudad, es la tarde del 7 de noviembre. Cuando la lluvia cesa, parte el cortejo fúnebre rumbo al cementerio San Jerónimo. Una multitud nunca vista se desplaza rodeada de un fuerte control policial. Temen que el Gringo se les escape y que sólo estén portando el féretro vacío. El cementerio del barrio de Alto Alberdi es de calles irregulares, con bajadas y subidas, al entrar a los límites del campo santo la plaza forma una cuenca llena de puestos de flores, árboles y una explanada para los coches. Todo ese espacio va colmándose de gente que llega, como afluentes tributarios. Algunos cantando consignas, otros callados llenos de tristeza. Los conspirados, sus amigos más cercanos, el que limpiaba, ordenaba y guardaba las herramientas y los obreros del taller de Villa Revol llevan a pulso el cuerpo inerme del Gringo. Callan las florista ese cantar permanente de la oferta. Se arriman y lo van cubriendo de flores. Cuánta gente, cuánta gente del pueblo, trabajadores de otros gremios se aparean junto a los de Luz y Fuerza; el Gringo los vuelve a convocar, los une. La unidad ha sido su enamoramiento permanente, condición imprescindible para cualquier emprendimiento que tenga que ver con la liberación nacional, solía repetir y repetir.

El represor no puede permitir este nuevo hecho generado por Tosco. Ordena la represión no bien el Gringo llega con el pueblo a la plaza. Miles de balas y gases se dispararon. Corridas, gritos, gente rodando, niños aterrorizados, zapatos y paraguas sin dueños, el espanto. Las babas del represor desataron la furia. Tosco, un verdadero hijo del pueblo, es llevado con suavidad por las férreas manos de sus hermanos de clase. No permiten que ni una sola bala lo roce, lo ensucie, lo contamine. Al Gringo nunca lo va a encontrar el represor. Lo burló siempre. Todos soliviantan el cajón, todos lo cubren, están llenos de levedad; al fin trasponen las puertas del cementerio, se escabullen en su interior, fuerzan las puertas de un panteón y lo depositan allí. Otra vez el Agustín se vuelve invisible a los ojos del represor. Otra vez la mágica voluntad de los hijos del pueblo.

Se fue el Gringo, el respetado por todos. Nos quedaron sus enseñanzas a través de su lucha y la práctica concreta de su militancia. Otros rasgos además lo distinguían: la intransigencia en la defensa de sus principios, su tremenda fuerza moral y ética, su amor a la libertad; fue un rebelde obrero, duro, pero esa severidad nunca le hizo perder la ternura que le profesaba a todos los compañeros. Desde entonces, la figura del gringo Tosco se recorta lenta y obstinadamente, venciendo al silencio y al olvido, ensanchando día a día el campo de la memoria. Como si él condujera un tren memorioso, cargado con voces y palabras de hombres valerosos y dignos, y que en su último vagón portara aún el encendido farol rojo de los conspirados, que sigue titilando tercamente como un guiño cómplice, esta vez del Gringo Tosco.

Fuente: Argenpress


La hora de la acción directa

El clasismo

Frente a un gremialismo colaboracionista con la dictadura, los métodos y los nuevos planteos que dieron luz al Cordobazo ahora daban un nuevo liderazgo social al movimiento obrero. Al calor de los conflictos en el mundo entero, América Latina era el escenario de nuevas tendencias que marcarían a fuego los años siguientes. La nota en revista incluye el testimonio de Gladys Vera, ex delegada de ILASA y el relato sobre la toma de Fiat, extractado del libro Sitrac-Sitram, del Cordobazo al Clasismo, de Gregorio Flores.

El Cordobazo fue una revelación ideológica y política para el movimiento obrero, que a partir de entonces cobró conciencia de su fuerza y capacidad de liderazgo social, se reencontró con las formas directas de organización y lucha y aprendió a reflexionar sin prejuicios. Nuevos líderes y nuevos mitos se erigían bajo el signo común de la consecuencia y la transparencia. Y bajo ese cobijo, se desarrollaban las tendencias políticas de izquierda --ya sea que adhirieran al marxismo, al peronismo o al cristianismo-- caracterizando la nueva coyuntura.

A fines de 1969 estalló el conflicto en la obra Chocón-Cerros Colorados, encabezado por algunos de estos nuevos dirigentes: Antonio Alac, Armando Olivares y Edgardo Torres. También tuvo un papel activo en esa lucha el cura obrero Raúl Rodríguez.

Fue un conflicto paradigmático: con un fuerte carácter antiburocrático que impactó de lleno en el gremialismo integrado al proceso dictatorial (la UOCRA de Rogelio Coria); por primera vez aparecieron públicamente dirigentes sindicales al lado de la policía y de la patronal intimando a los obreros a rendirse; también tuvo un alto contenido de violencia, con piquetes de huelga, barricadas y amenazas de uso de explosivos.

La lucha del Chocón, que despertó la solidaridad de la disidencia social y política que a esa altura se multiplicaba, se constituirá en la línea de desarrollo de los conflictos obreros. Poco después en Córdoba, cuando el ciclo fabril se recuperaba a pleno con el regreso de las vacaciones, estalló el conflicto de la fábrica de matrices de Perdriel, con similares características al del Chocón. La comisión interna dirigió la toma al margen de la conducción general del gremio, con la misma carga de violencia.

Los efectivos al mando del coronel Héctor Romanutti, jefe de Policía, rodearon la planta intentando de que el juez interviniente no se interpusiera ni lo condicionara. Frente a la firme decisión de los obreros, previa consulta con el gobernador Huerta, decidió negociar.

La toma se levantó y el cuerpo de delegados de Perdriel emergió fortalecido dentro del Smata. La agrupación gremial que encolumnaba a sus principales activistas fue la Primero de Mayo. De ahí saldrá la propuesta y el plan de lucha que determinó, en junio del mismo año, la ocupación revolucionaria de todo el complejo industrial del Smata de Córdoba.

EL SOCIALISMO

En 1970 se insinuaban ya las tendencias que caracterizarán el período. El socialismo, como definición general y aún imprecisa, comenzó a ser incorporado por los sectores mas dinámicos de la sociedad. El espacio que ya tenía en la Universidad se extendía hacia el movimiento obrero y adquiría un lugar en las iglesias, mientras la figura del Che se incorporaba a la cultura popular.

Las facultades y muchos sindicatos eran centros de reunión y debate no sólo sobre la acción y la organización de la lucha sino alrededor de las estrategias que se concebían como revolucionarias. El lema del Che, "No hay más reformas que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución" se ligaba con aquella afirmación de Evita: "El peronismo será revolucionario o no será nada". Estas máximas eran punto de partida de una discusión que se extendía al carácter particular que en el proceso debía tener el movimiento obrero, sus alianzas, el carácter de las transformaciones y las formas y métodos que debía tener la violencia popular en el marco de una estrategia revolucionaria.

En ese marco, el antiimperialismo era recuperado ahora desde una posición anticapitalista.

Las "Siete tesis equivocadas sobre América Latina", de Ricardo Stavenhagen, André Gunder Franck y Theotonio Dos Santos, con su Teoría de la Dependencia, también eran puntos de partida para una revalorización de la formación social de América Latina, sin olvidar cuestiones teóricas que gravitaron en el debate de entonces como la teoría del Intercambio Desigual y la cuestión de los estímulos morales en un proceso revolucionario de planificación social.

VIOLENCIA

Con el onganiato, el pueblo había aprendido que la oposición al orden social y político impuesto por la dictadura, aún en el plano de las reivindicaciones más inmediatas, debía enfrentar una represión violenta. Esta respuesta tuvo la resistencia a la intervención a las Universidades, en 1966, y al cierre de los ingenios tucumanos, cuando la violencia del sistema cobró las vidas de Santiago Pampillón, Adolfo Bello, Juan José Cabral e Hilda Gerrero de Molina.

Con el Cordobazo el movimiento obrero incorporó estas experiencias, las tradujo en organización y triunfo.

La cruenta represión de las dictaduras militares de América latina, fuertemente apuntaladas por los Estados Unidos a través de intervenciones directas, como en Santo Domingo, o por medio de asesorías militares como en Argentina, Brasil, Bolivia y Uruguay, planteaba abiertamente la necesidad de organizar la violencia popular, mientras en Medellín la Iglesia legitimaba institucionalmente la violencia popular en la lucha por la liberación.

En la militancia y en las tendencias políticas que se iban conformando, aparecía el debate sobre las líneas de construcción de una violencia organizada que condujera a un proceso de liberación Nacional, como la concebían algunos, o a la construcción del socialismo, según la lectura de otros. La figura del Che, con su inmenso prestigio moral, alentaba la guerrilla rural. Vietnam, la "larga marcha" de Mao Tse-tung en China , la batalla de Argelia, la insurrección de Octubre en Rusia, eran todas experiencias que impregnaban la polémica sobre las estrategias de guerra revolucionaria y definían los nuevos agrupamientos políticos con tanta fuerza como el carácter del peronismo. Al otro lado del río, en Uruguay, los Tupamaros desarrollaban una experiencia de guerrilla urbana que dejaba en ridículo al aparato represivo y desnudaba la corrupción y la complicidad de los grupos oligárquico uruguayos con la dictadura de ese país.

EL CARACTER JUVENIL DEL MOVIMIENTO

Los nuevos agrupamientos tenían una característica fuertemente distintiva: la juventud, tanto por su pensamiento e ideas como por la edad de sus protagonistas. En ese sentido no había experiencias históricas que sustentaran el camino que se estaba recorriendo. La experiencia del Cordobazo, con el protagonismo de un obrero industrial típicamente fordista y un movimiento estudiantil deslumbrado por el Che Guevara, Ho Chi Min, Cohn Bendit, Helder Cámara y Camilo Torres, guardaba mucha distancia con el 17 de octubre o la Semana Trágica, aunque esas raíces se recuperaban para proyectarse, transformadas, en las nuevas condiciones.

La izquierda preexistente no despertaba atractivo en la nueva militancia, lo que volvía muy compleja y difícil la tarea de fundamentar las propuestas que la situación planteaba. No existía una tradición política orgánica en donde abrevar y los problemas eran abordados rastreando en las experiencias históricas generales del movimiento popular de todo el mundo.

Esta ausencia de tradición conspiró para que el movimiento avanzara con mayor audacia y formulara propuestas políticas y organizativas creativas, capaces de dar cuenta de los componentes propios del movimiento social que arrancaba en los 60 y se desplegaba en los 70. Por el contrario, el movimiento quedó atrapado en las propuestas tradicionales, donde la estrategia obrero-campesina, formulada por Lenin y aplicada en la Revolución Rusa y en Vietnam, impregnaba las vertientes trotskistas, maoístas y neostalinistas.

Por otra parte, la superación de este corset ideológico no se había expresado concientemente en ninguna de las experiencias mundiales de los 70, pese a que latía en la espontaneidad de las insurrecciones urbanas que recorrieron Europa, EE.UU y algunos de los países socialistas.

LA CUESTION DEMOCRATICA

La relación entre democracia formal y las nuevas formas de representación directa que iba plasmando el movimiento popular fue sin duda el problema que puso sobre el tapete la falta de un acervo teórico y una tradición política.

Son varios los factores que concurrieron para dificultar la resolución, teórica y práctica, de la cuestión democrática. La juventud que predominaba en el movimiento había vivido un breve período de democracia electoral que terminó en el desprestigio.

Juan Carlos Onganía no había necesitado movilizar tropas para sacar a Arturo Illía del Gobierno. La interrupción del proceso democrático, no por anunciada despertó protestas. Illía había alcanzado el gobierno con el 23% de los votos y con peronismo el proscripto.

Vale recordar la carta de Ernesto Sabato a su amigo el canciller Nicanor Costa Méndez, donde hacía explícitas sus expectativas en el proceso militar a la par que caracteriza duramente el proceso parlamentario que quedaba atrás. Sábato no hacía otra cosa que reflejar el pensamiento de la ancha e inmensa clase media argentina de entonces. Recién con la intervención a las universidades y el cierre de los ingenios tucumanos la dictadura encontrará resistencia.

Por otro lado, el peronismo, que había gobernado la Argentina entre 1945 y 1955 no era una fuerza apegada a la democracia formal por más que Juan Domingo Perón había sido sobradamente legitimado por el voto ciudadano. Pero, al mismo tiempo, tanto propios como extraños han reconocido la influencia del fascismo en la afirmación nacionalista de Perón. A su vez, radicales y frondicistas que se sucedieron en el gobierno a partir del derrocamiento de Perón, lo habían hecho gracias a la proscripción del movimiento peronista, que seguía siendo ampliamente mayoritario. Y cuando Arturo Frondizzi se atrevió en 1962 a convocar elecciones para gobernadores sin proscripciones, ante el triunfo peronista intervino las provincias.

Este es el clima que vivía Córdoba al comienzo de la década. Era el eje indiscutido de la resistencia antidictatorial, el lugar donde los nuevos vientos se arremolinaban.

La cuestión de la hegemonía del movimiento obrero en el proceso revolucionario, la capacidad del movimiento obrero industrial para modificar situaciones generales, su relación con los otros sectores y clases sociales, ern temas de debate en un marco concreto de confrontación.

La agitación obrera y estudiantil, incesante, se extendía y crecía con el debate cotidiano. El vínculo entre obreros y estudiantes era más estrecho y confiado. En las capillas, salitas barriales de primeros auxilios y escuelas se agrupaban estudiantes, obreros, vecinos, curas y médicos para discutir sobre los problemas inmediatos y la situación general que vive el país.

El socialismo y la experiencia cubana se incorporaban en los temas concretos.

Cuando promediaba el año 1970 el negro techo de la dictadura de Onganía se caía a pedazos, y obreros y estudiantes vivían ese convencimiento.

Juan Iturburu

VOLVER A CUADERNOS DE LA MEMORIA


      Todos los libros están en Librería Santa Fe