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NOTAS EN ESTA SECCION
La guerra sucia comenzó en Salta | El
tupamaro Vicente y su regreso a Salto |
Procesaron a Nakagama |
Símbolos de la impunidad del
genocidio
Fusilamiento de 16
guerrilleros en Catamarca | La represalia del ERP
| Amenazas a testigo en causa por desaparecidos
A
propósito de la muerte del Capitán Viola |
Tupamaros asesinados en Catamarca en 1974 |
Querella particular de ciudadana uruguaya
Abren una causa por fusilamientos a miembros del ERP
NOTAS RELACIONADAS
Octubre 2008: Identifican
víctima de la masacre de Capilla del Rosario |
Documentos PRT |
Revista El Combatiente
LECTURA RECOMENDADA
Editorial Estrella Roja Nº 39,
26/08/74 |
Daniel
De Santis - Un partido para combatir por el socialismo (crónica del PRT)
Inés Izaguirre: Mapa social del
genocidio |
Diccionario de los 70 |
Hugo Cacciavillani,
fin de una historia tupamara, Crítica 22/11/08


La
guerra sucia de los ’70 comenzó en Catamarca
16 guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo fueron masacrados luego
de rendirse
Por Daniel Benjamín Saseta (El Ancasti)
La llamada “Masacre de la Capilla del Rosario” fue ordenada por el segundo jefe
del Tercer Cuerpo de Ejército, general Antonio Vaquero. Las autopsias y
testimonios acreditan que 16 guerrilleros fueron acorralados y asesinados
salvajemente, luego de rendirse ante la superioridad numérica de su enemigo. La
presencia de “tupamaros” en Catamarca. El líder del fallido intento de
copamiento al RI 17,
Hugo Irurzun, fue quien asesinó a Anastasio “Tachito”
Somoza, el dictador nicaragüense asilado Paraguay. La investigación que hoy
sigue y las posibles imputaciones que pueden surgir de ella.
Esta no es una afirmación antojadiza. Está respaldada por investigaciones históricas y por testimonios como el de Enrique Gorriarán Merlo y por Gustavo Plis Sterenberg, en su libro "Monte Chingolo". La llamada “Masacre de la Capilla del Rosario” marcó un antes y un después en la guerra subversiva en el país y abrió un cheque en blanco para el terrorismo de Estado que dejó entre otras heridas un saldo de 30 mil desparecidos en el país durante la última dictadura militar.
Pero la masacre ocurrida en el “Cañadón de los Walther”, como realmente se conoce al lugar ubicado al oeste de la ruta provincial Nº 1 y a unos 15 kilómetros de la capital provincial, se produjo un par de años antes de la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, en pleno gobierno constitucional, que tenía en la provincia a Hugo Mott como gobernador y en la Nación a Isabel Martínez de Perón como presidenta. Eran tiempos de la temible “Triple A”, que comandaba “El Brujo” José López Rega, una sombra temible encaramada en las espaldas de la primera magistratura.
Todo empezó el 9 de agosto 1974,
cuando medio centenar de integrantes del ERP y del Partido Revolucionario de los
Trabajadores iniciaron una temeraria operación armada que consistía en robar de
los cuarteles del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca
pertrechos de guerra. La operación se llevaría a cabo en forma simultánea con
otra similar en la fábrica de pólvora de Villa María, Córdoba, que a diferencia
de la intentona local tuvo relativo éxito y no terminó en desastre.
El grupo había partido del campamento base “La Horqueta”, de la compañía de
monte “Ramón Rosa Jiménez”, en plena selva tucumana. Eran 47 jóvenes que no
superaban los 30 años y estaban bajo el mando del santiagueño Hugo Alfredo Irurzún, cuyo nombre de guerra era “Capitán Santiago”.
Irurzún sobrevivió a la masacre y se convertiría luego en un icono de la guerrilla desplegada en América Latina, a tal extremo que participó activamente del atentado que años más tarde en Paraguay terminó con la vida del dictador nicaragüense Anastasio “Tachito” Somoza.
Justicia,
después de 37 años
18 de marzo de 2011. La Justicia dictó prisión preventiva
para tres represores |
La misión del llamado “intento de copamiento” consistía en ingresar sorpresivamente a la base militar que contaba con una dotación de soldados que superaba el medio millar. El plan iba a contrapelo de lo que indicaban los reglamentos de la guerrilla que dictaban los movimientos del ERP, una idea que estaba destinada al fracaso total y absoluto.
La intentona
El grupo llegó a Catamarca a bordo de un ómnibus Mercedes Benz alquilado y en las proximidades de Banda de Varela el chofer fue reducido. Allí debía hacer contacto con una camioneta Chevrolet y un camión frutero en el que viajaba oculto el armamento para llevar a cabo la operación. Éste incluía fusiles FAL, escopetas Itaca y pistolas ametralladoras PAM.
En el lugar escogido para hacer base los guerrilleros comenzaron a cambiar sus ropas y en esos momentos fueron observados por dos jóvenes que pasaban circunstancialmente en bicicleta. Los saludaron y siguieron su camino. Y cometieron el primero error: dejaron ir a quienes los delatarían ante la policía minutos después.
Policías pertenecientes a la Dirección de Investigaciones y de la comisaría
Tercera se trasladaron hasta el lugar a observar qué pasaba y entonces se
produjo el primer enfrentamiento armado, que dejó un saldo de dos guerrilleros
muertos y varios policías heridos.
El plan para robar las armas había comenzado a desandar el camino del fracaso.
El repliegue fue inmediato y desordenado, en tres grupos que correrían distinta
suerte. Irurzún y varios de guerrilleros emprendieron la huída por la ruta
provincial Nº 1. En el camino despojaron de sus automóviles a una mujer y a un
cura y en ellos llegaron hasta la base “La Horqueta”, en la selva del sur
tucumano.
Otros guerrilleros se dispersaron y trataron de salir de la provincia por
distintos medios. La mayoría, trece en total, fueron aprehendidos en la Terminal
de ómnibus y en otros sectores del Valle Central. Siete años después serían
sometidos a juicio, en un proceso judicial que como todos los llevados a cabo
durante la dictadura militar vulneró el derecho de defensa en juicio: los
condenados ni siquiera vieron la cara del juez que los condenó ni se les informó
de qué estaban acusados. Sólo se les hizo saber que habían sido condenados.
Muerte en el cañadón
La tercera fracción del grupo que intentó la operación militar, entre 16 y 18
guerrilleros, quedaron al mando de Antonio del Carmen “Negrito” Fernández, un
integrante del buró político del ERP-PRT cuya participación en una operación
armada sería objeto de una severa autocrítica en el seno de la agrupación
política de izquierda.
El reducido grupo quedó aislado en las lomadas adyacentes a la Capilla del
Rosario. En un acto de ingenuidad, dos de sus integrantes bajaron hacia San José
de Piedra Blanca a comprar pan y fueron detenidos y obligados mediante torturas
a informar el lugar en el que se encontraban sus compañeros.
Cuando la policía se acercó a las proximidades de la Capilla del Rosario el oficial de policía Ramón Acevedo, que guiaba a las fuerzas de seguridad porque conocía la zona, cayó muerto de un balazo disparado por los miembros del ERP.
![]() 16 de agosto 2009. Los sobrevivientes contaron parte de su historia personal, que incluyó torturas y cárcel. Hubo un duro cuestionamiento a defensores oficiales de la Justicia Federal y se pidió celeridad en los procesos abiertos por violación a los Derechos Humanos. Con un acto organizado por entidades defensoras de los Derechos Humanos a nivel provincial y nacional se recordó ayer a los 16 integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (ERP-PRT) masacrados el 11 de agosto de 1974 en las lomadas adyacentes a la Capilla del Rosario, en el departamento Fray Mamerto Esquiú. La ceremonia central, que consistió en el descubrimiento de una placa en el lugar de los históricos acontecimientos, contó con la presencia de al menos siete sobrevivientes del fallido intento de copamiento del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, de familiares de la mayoría de los 16 guerrilleros masacrados y de representantes de distintos organismos vinculados a la defensa de los Derechos Humanos. Los actos comenzaron con una conferencia de prensa llevada a cabo en el centro Arte más Arte, en República al 400, donde Mirta Clérici y el abogado Guillermo Díaz Martínez recordaron aquel hecho histórico e informaron sobre el estado en el que se encuentra la causa judicial que actualmente se tramita en el Juzgado Federal de Catamarca, con dos ex militares imputados por delitos de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles para la ley penal. El hecho El momento más emotivo de la ceremonia se produjo con el reencuentro y presentación de quienes sobrevivieron por distintas razones a aquella masacre. La mayoría de ellos fueron compañeros en distintos penales del país durante más de una década, luego de ser condenados en un proceso judicial plagado de irregularidades. La causa por la masacre de la Capilla del Rosario se inició en 2004, con una denuncia penal efectuada en el Juzgado Federal de Catamarca. En la causa no sólo se solicitó la investigación de aquellos hechos, sino también la identificación de cuatro cadáveres que fueron sepultados como NN en el cementerio municipal. Gracias a la colaboración del Equipo de Antropología Forense hasta el momento se identificaron y entregaron los restos de los guerrilleros Rutilio Betancourt, de nacionalidad uruguaya, sino también del santiagueño Alberto Rosales Sánchez. Los distintos testimonios incorporados a la causa, como así también los protocolos de autopsia que figuraban en la causa inicial, permitieron acreditar que los 16 guerrilleros que entonces estaban bajo el mando de Antonio del Carmen Fernández entregaron sus armas ante la superioridad numérica de las fuerzas del Estado. Sin embargo, por orden superior, los jóvenes fueron aniquilados. En el acto de ayer se leyeron numerosas adhesiones enviadas desde distintos puntos del país y se contó con la presencia de concejales del departamento Fray Mamerto Esquiú y de representantes de la comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de la Nación. Documento En la ceremonia de homenaje a los integrantes del ERP que fueron masacrados en agosto de 1974 se leyó un documento confeccionado por organizaciones vinculadas a los Derechos Humanos del Noroeste argentino. En uno de los tramos se cuestionó duramente el curso legal de la causa al sostener que "el defensor oficial Oscar Del Campo ha garantizada una emboscada legal para cristalizar la morosidad, al postergar el juicio a los acusados de haber participado en ese episodio de represión hace 34 años". La referencia estuvo dirigida a la situación de los ex militares Carlos Eduardo Carrizo Salvadores y Carlos Nakagama, los dos únicos imputados que tiene la causa. Es que Del Campo presentó un recurso de apelación en contra del procesamiento de los ex militares, en el que cuestionó la entidad de delitos de "lesa humanidad" que le otorgó la justicia a los hechos investigados. Fuente: Diario El Ancasti, domingo 17 de agosto de 2008. |
La muerte del policía Acevedo se transformó en la excusa ideal para tomar
represalias desmedidas. En Catamarca confluyeron efectivos del RI 17 y del
Tercer Cuerpo de Ejército con sus helicópteros y armamento sofisticado para la
época. También participaron del ataque al grupo insurgente policías locales y de
la Federal.
Los diarios de la época informaron sobre la refriega armada: 16 guerrilleros
habían sido abatidos por el Ejército y otros tantos se encontraban detenidos.
Entonces no se indagó cómo ocurrieron los hechos. Los vencedores fueron tratados
como héroes de la Nación e incluso recibieron las felicitaciones de la entonces
presidenta Isabelita.
Sin embargo, a partir de ese momento, sobrevoló el fantasma de la masacre. Las
heridas que presentaban los guerrilleros fallecidos denotaban que habían sido
masacrados. En los protocolos de autopsia confeccionados en aquella época tres
médicos forenses indicaron claramente las lesiones que presentaba cada uno de
los cadáveres: todas eran sugestivamente realizadas con armas de fuego en zonas
frontales o vitales, a corta distancia e incluso varias en los miembros
superiores, un claro indicador de que las víctimas habían intentado cubrirse con
sus manos y brazos, protegerse ya inermes de una ejecución.
Investigación
Pasarían casi treinta años de aquel episodio. Recién entonces un grupo de
miembros de asociaciones ligadas a la defensa de los Derechos Humanos en
Catamarca presentó una denuncia formal en el Juzgado Federal de Catamarca en la
que se solicitó formalmente que se investigue aquel episodio y, además, que se
identifique a cinco cadáveres que habían sido sepultados como NN en el
cementerio municipal.
Ana Radusky, Guillermo Díaz Martínez, Mirta Clérici y Jorge Alberto Perea, con
el patrocinio de los abogados Martín Fresneda y Claudio Oroz presentaron una
denuncia escrita ante el entonces juez federal interino, Pedro Armando Navarro,
en la que se aseveraba la existencia de una masacre, producida cuando el grupo
guerrillero ya había depuesto sus armas ante la superioridad numérica de las
fuerzas armadas.
Durante los últimos años tanto Navarro como su sucesor, Ricardo Antonio Moreno,
tomaron medio centenar de testimonios e incorporaron pruebas al expediente, como
una colección de fotografías tomadas entonces. En las gráficas se observa el
modo en que eran llevados los cadáveres y la presencia de helicópteros del
Ejército (esto en algún momento fue negado por la ex autoridades que
declararon), como así también algunas de las personas que participaron del acto
represivo.
Asimismo, el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó los cuerpos de los
cinco guerrilleros sepultados sin nombre en el cementerio municipal y logró
identificar a uno de ellos: Dardo Rutilio Betancour Roth, un “tupamaro” uruguayo
que se había sumado a la lucha armada clandestina en el país. Su cuerpo fue
repatriado y ya descansa en tierras orientales.
Aunque todavía no fueron identificados mediante pruebas genéticas, los otros
cuerpos pertenecerían a quienes en vida se llamaron Hugo Cacciavillani –también
“tupamaro” uruguayo-, Alberto Rosales Sánchez o Cresencio Molina Ibañez y
Francisco Scocimarro.
Entre los testimonios recogidos durante la investigación unos se destacan más
que otros. El ex conscripto Fernando Gambarella claramente expuso que los 16
guerrilleros fueron acribillados a balazos luego de rendirse, cuando no tenían
posibilidad alguna de defensa.
Mario Marca, un abogado tucumano que ejercía la profesión particular en
Catamarca, en el estudio del entonces ministro de Gobierno Alberto del Valle
Toro, brindó en la causa un testimonio revelador. Enterado de que un grupo de
guerrilleros del ERP había sido acorralado en las lomadas adyacentes a la
Capilla del Rosario intuyó que se iba a producir una masacre y corrió hasta el
despacho del ministro para ofrecerse como mediador para evitar un seguro baño de
sangre.
“Toro me aconseja que no me meta, que no sea pelotudo –el consejo de siempre-.
Entonces yo insisto en que trate de hacer algo y se pone en contacto con el
coronel (Eduardo) Cubas, jefe del Regimiento 17, y lo pone al tanto de lo que yo
pedía. Entonces Cubas le responde que era imposible cualquier arreglo o
mediación, porque el general (Antonio) Vaquero, segundo jefe del Tercer Cuerpo
de Ejército, ya había dado la orden de “aniquilar”. Y así ocurrió: fueron, los
rodearon y los mataron”, recordaría Marca años después.
Al día siguiente el abogado fue detenido y pasó los siguientes nueve años en
varias cárceles del país. Nunca se le informó sobre las razones de la detención
ni fue sometido a juicio por delito alguno. Poco antes del advenimiento de la
democracia recuperó su libertad y optó por el exilio voluntario.
Por estos días la causa transita etapas decisivas. El juez federal Ricardo
Moreno está por fijar fecha para indagar a las dos únicas personas que todavía
viven y a las que podría endilgárseles alguna responsabilidad en la masacre: los
ex militares Mario Nakagama y Eduardo Carrizo Salvadores, quienes fueron
sindicados por varios testigos como las autoridades militares que impartieron
las órdenes directas de disparar sobre los guerrilleros rendidos, en el mismo
teatro de los acontecimientos.
Los delitos que se investigan son considerados de lesa humanidad y por lo tanto
imprescriptibles para la ley penal. Mucho tiempo pasó desde aquel episodio
trágico. El 12 de agosto pasado se cumplieron 33 años, demasiados quizás, aunque
no tantos si lo que se busca realmente es conocer la verdad de lo sucedido. Y
para castigar a los responsables.
Fuente: www.catamarcatotal.com | www.elortiba.org
| Tapa del Diario Noticias Nº 255, 13 de agosto 1974, puede descargarse de
Ruinas Digitales


El
tupamaro Vicente y su regreso a Salto. La libertad de uno de sus asesinos
El hallazgo de un desaparecido (22/11/098)
El fin de una historia tupamara que Tabaré no capitalizó
Llegan hoy a Uruguay los restos de Hugo Cacciavillani, ejecutado por el Ejército
en 1974. Estuvo sepultado como NN durante 34 años.
Por Martina Noailles
Un emprendimiento familiar. La reapertura de la causa y la exhumación del cuerpo
fueron posibles gracias a la búsqueda de Eduardo Arzuaga (centro), primo del
militante fusilado.
En aquel invierno de 1974, Hugo Cacciavillani ya no era Hugo. Desde hacía años
había elegido ser “Vicente” y así había partido desde Uruguay para luchar por
una “Latinoamérica más justa”. El 11 de agosto de 1974, a los 22 años, perdió la
vida fusilado por el Ejército argentino. Ese día, en los montes catamarqueños,
perdió además su identidad. Ya no fue Hugo. Tampoco Vicente. Su cuerpo
acribillado esperó 34 años sepultado como NN en un cementerio municipal. Hoy,
los restos del militante tupamaro fusilado en la “Masacre de Capilla del
Rosario” volverán a Salto, su patria chica. Su tumba recuperará su nombre y
también su historia. Las autoridades nacionales uruguayas buscaron hacer la
presentación, pero no lo habrían logrado.
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Hugo Enrique Cacciavillani Caligari fue uno de los 16 guerrilleros de la mítica
Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, asesinados el 11 de agosto de 1974, a un
puñado de kilómetros de distancia de la capital de Catamarca. El comando,
encabezado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), había planeado
ingresar al Regimiento de Tropas Aerotransportadas número 17 para conseguir
armamento. La Unidad Militar contaba con una dotación de 800 hombres y un
poderoso arsenal.
La acción salió mal.
Los 42 militantes fueron
descubiertos mientras cambiaban sus ropas, subidos a un colectivo escolar. Un
hombre alertó a la policía y el combate se precipitó. Parte del grupo logró
escapar hacia el monte. Otra fue detenida en las inmediaciones de la ciudad. La
tercera corrió la peor suerte. Intentó reorganizarse en el paraje Capilla del
Rosario pero fue rodeado rápidamente por 300 efectivos del Ejército. Los
guerrilleros entregaron sus armas y se rindieron. Sin embargo, horas después
fueron fusilados.
En el grupo había dos jóvenes uruguayos, Cacciavillani y Rutilio Betancourt
Roth. Ambos eran tupamaros, miembros del Movimiento de Liberación Nacional (MLN)
y, en Argentina, integrantes de la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR), que
organizó la acción. “Vicente” había estado preso en 1970 en la cárcel uruguaya
de Punta de Rieles y al salir viajó a Chile para sumarse al Movimiento de
Izquierda Revolucionaria (MIR). Luego del golpe de Estado de Augusto Pinochet
contra el presidente Salvador Allende, abandonó el país trasandino y se instaló
en Argentina.
“Creemos que antes de ser fusilado estaba viviendo en San Justo con su mamá.
Ella había viajado para estar con su hijo y después de la masacre fue detenida
en esa casa”, reconstruye 34 años después Eduardo Arzuaga, primo de Hugo
Cacciavillani y uno de los familiares que regresó a Salto sus restos.
Nidia Caligari fue víctima del Plan Cóndor. Pasó detenida tres años en los
penales de Olmos y Villa Devoto, y en 1977 fue liberada en la ciudad de Colonia
del Sacramento (Uruguay) sin documentos. Allí fue secuestrada, llevada a
Montevideo y torturada por los militares de la dictadura uruguaya. Finalmente,
la mamá de Cacciavillani logró obtener el asilo en Inglaterra, donde vivió hasta
1985.
Eduardo Arzuaga comenzó la búsqueda de verdad y justicia movilizado por la
tristeza de su tía Nidia, quien murió hace una década preguntándose dónde estaba
el cuerpo de su “negrito”. Un año mayor que su primo, Eduardo había pasado su
infancia con Hugo jugando en la casa de sus abuelos maternos. “Era un chiquilín
muy querido, de sonrisa fácil y muy solidario. Se había educado en un colegio
salesiano y estaba muy vinculado a la idea de la justicia social. Murió en
defensa de sus ideales”, se emociona Eduardo.
Treinta años después de la masacre, familiares y organismos de derechos humanos
lograron reabrir la causa en Catamarca. Además de investigar sobre los
responsables de los fusilamientos de Capilla del Rosario, la Justicia ordenó la
exhumación de cinco cuerpos que estaban enterrados en el cementerio municipal y
que según se presumía correspondían a los guerrilleros asesinados y luego
desaparecidos.
El año pasado, el Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar a
dos de los cinco cuerpos. Eran el de Betancourt Roth y el del santiagueño
Alberto Rosales Sánchez. En septiembre, los estudios reconocieron a
Cacciavillani. Dos semanas atrás, la familia viajó a Catamarca para recuperarlo
y llevarlo de regreso a Salto.
“Fue tremendamente emocionante. Tomamos contacto con personas que estuvieron con
él, nos contaron que habían entablado una especial amistad. Ahora es necesario
justicia porque los represores están libres. Es la única manera de cerrar un
capítulo histórico”, señala Eduardo, mientras organiza la ceremonia que hoy por
la mañana acompañará el entierro en el cementerio de Salto, junto a la tumba de
su mamá. Su familia y sus compañeros eligieron para ese instante la letra de una
canción, la “Milonga del Fusilado”: “No me pregunten quién soy, ni si me habían
conocido, los sueños que había querido, crecerán aunque no estoy”.
Un expediente, dos imputados, ningún detenido
El expediente reabierto en diciembre de 2004 sólo tiene dos imputados y ningún
detenido. El juez federal Ricardo Moreno consideró que la Masacre de Capilla del
Rosario es un delito de lesa humanidad –y en consecuencia imprescriptible–, e
imputó como responsables al ex capitán Eduardo Carrizo Salvadores y al ex
subteniente Mario Nakagama. Los militares todavía no fueron indagados pero todo
indica que quedarán detenidos luego de declarar, ya que según los testimonios de
la causa ellos fueron dos de los asesinos.
Los organismos defensores de derechos humanos lograron averiguar que Carrizo
Salvadores vive en San Salvador de Jujuy y que ejerce como abogado defensor de
represores procesados por crímenes contra la humanidad en esa provincia. En
plena democracia fue nombrado jefe de la policía de Catamarca por el ex
gobernador y actual presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner. Una
feroz represión contra trabajadores desocupados, que causó dos muertos, lo
obligó a renunciar en 2003. De Nakagama sólo se sabe que la dirección postal
registrada en el juzgado –la misma a la que se le envían las notificaciones
judiciales– es Paseo Colón 250, Edificio Libertador, sede del Ejército.
Fuente: www.colectivoepprosario.blogspot.com
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Procesaron
a Nakagama como partícipe secundario del crimen
El juez Federal Ricardo Moreno le
otorgó la libertad al coronel retirado bajo caución de 100.000 pesos. (07/06/09)
Procesaron a Nakagama como partícipe secundario del crimen
Dado el rango que revestía en 1974, el juez consideró que no tuvo poder para
decidir la suerte de los guerrilleros. Pero que colaboró en el aniquilamiento.
Procesado y libre. Mario Nakagama fue el primer procesado por la Masacre de
Capilla de El Rosario.
El coronel retirado Mario Nakagama (57) fue procesado como partícipe secundario
del delito de "homicidio" por su participación en la conocida "Masacre de
Capilla del Rosario" ocurrida en Fray Mamerto Esquiú el 12 de agosto de 1974 y
en la que habrían sido abatidos 16 guerrilleros del Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP).
Así lo resolvió el juez Federal Ricardo Antonio Moreno quien consideró
"improbable" que la suerte de las víctimas haya sido decisión directa del
imputado, aunque sí consideró que jugó un papel de colaboración.En la resolución
emitida días atrás, a la que tuvo acceso EL ANCASTI, se resolvió dictar el
procesamiento sin prisión preventiva, dado que la calificación fue atenuada y no
hay elementos para considerarlo procesalmente peligroso.
En consecuencia, podrá continuar en libertad una vez que cubra una caución de
100.000 pesos. Nakagama quedó detenido el pasado 14 de mayo y se convirtió en el
primer sospechoso en ser indagado en le marco de la investigación de la
"masacre".
Junto al ex militar Carlos Carrizo Salvadores -que no se presentó aún- fue
señalado por varios testigos como quienes tuvieron a su cargo las tropas del
Ejército que se enfrentaron con los insurgentes.
Y al ser indagado, se le imputó el delito de "Homicidio doblemente
calificado".Sin embargo, luego de analizar tanto la declaración del acusado -que
negó los cargos- y los testimonios incorporados, el juez Moreno decidió atenuar
la imputación en su contra.
En los fundamentos, señala que "los que comandaban la operación eran los
oficiales superiores, en tanto que Nakagama era subteniente, es decir un recién
recibido de la Escuela Militar".
En otro tramo señala que el hecho fue consecuencia de "disposiciones emanadas
del Poder Ejecutivo Nacional relativas a la represión a la subversión (...)
además se encontraban en las inmediaciones autoridades civiles, el Jefe de la
Policía Federal de Catamarca y de la Policía de la provincia. (...) la presencia
de todas estas autoridades llevan a pensar que resulta improbable haya sido el
subteniente Nakagama quien decidiera la suerte de los insurgentes".
Y señala que en aquel entonces, el imputado revestía el rango más bajo de la
carrera militar con 22 años. No obstante, Moreno consideró que
Nakagama fue un "cooperador" del "accionar de otros que culminaron con la muerte
de varios insurgentes".
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Esta participación, a criterio de Moreno surge de la propia declaración del imputado, quien indicó que el día de los acontecimientos, él sobrevoló en helicóptero la zona para ubicar a los guerrilleros ocultos en el monte.
"Nakagama debió conocer que la orden de los mandos superiores era la de
aniquilar a los insurrectos", afirma Moreno, quien también indicó que aunque no
estuvo en el lugar de los fusilamientos -sino a varios kilómetros sobre la
ruta-, "tenía y tiene cabal conocimiento de las situaciones resultando a todas
luces complaciente con lo que ocurría".
"Nakagama debió conocer que la orden de los mandos superiores era la de
aniquilar a los insurrectos". Juez federal de Catamarca sobre el procesamiento
del militar.
La causa se investiga hace cuatro años y medio
La causa por la llamada "Masacre de Capilla del Rosario" se inició por una
denuncia penal que realizaron en diciembre de 2004 representantes de organismos
defensores de los Derechos Humanos de Catamarca, en el marco de la reapertura de
las investigaciones judiciales para determinar el destino final de los
desaparecidos en el período comprendido entre 1974 y 1983.
La causa se inició con la ubicación de los cuerpos de cinco de las víctimas de
la masacre ocurrida en 1974 que estaban enterrados como NN en una fosa común del
Cementerio Municipal. De ellos, tres pudieron ser restituidos a sus familiares.
Al margen de la identificación de los cuerpos, se inició la investigación sobre
la posible comisión de delitos de "lesa humanidad" por parte de las fuerzas
militares en el enfrentamiento armado con los guerrilleros del ERP - MTP que
pretendían robar pertrechos de guerra del R17.
La investigación determinó la responsabilidad de los militares Nakagama y Carlos
Carrizo Salvadores. El segundo, hasta el momento, ha logrado evadir el llamado
para ser indagado por la masacre.
Fuentes: elancasti | Rec.info.Rdendh | www.colectivoepprosario.blogspot.com

En la primera causa, Eduardo del Valle Carrizo Salvadores y Mario Nagakama, son dos de los varios acusados entre miembros del Ejército Argentino, Policía Federal y Provincial, que ese día tras el frustrado intento de copamiento del regimiento por parte de integrantes de la Compañía del Monte, quienes en la abrupta retirada un grupo de ellos logró regresar a los cerros tucumanos, una docena fueron detenidos en la Ciudad y en sus inmediaciones, mientras 16 se entregaron con vida tras rendirse.
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En diciembre del 2004 los organismos de derechos humanos de Catamarca y Córdoba
solicitaron la apertura de la causa y en marzo el 2005 el juez Navarro la
habilitó y las tareas de investigación quedaron a cargo del fiscal federal
Santos Reynoso, quien tomó todos los recaudos, todos para dilucidar quienes
fueron los asesinos. En ese contexto, convocó como testigos al personal militar
y policial, todavía no como imputados, quienes dieron en particular estos
últimos recitaron la historia oficial tras ver las fotos en las horas previas y
posteriores a la represión: inocentes, nada que ver…
Pero las pruebas dicen lo contrario. Por ejemplo el entonces soldado Fernando
Gambarella como se puede leer en las actas judiciales y publicadas por el diario
“El Ancasti” del 8 de agosto del 2006 dijo que “… se rindieron y luego fueron
masacrados por efectivos del Ejército y de la Policía” y en posteriores
declaraciones que el capitán Carrizo Salvadores estaba al frente del operativo
represivo y que los cuerpos fueron arrojados desde un helicóptero al lado de la
Capilla del Rosario. Una acción en la que participó entre otros el teniente
Nagakama, los que se jactaban ante los detenidos mientras los torturaba que
“habían matado a sus compañeros”.
No mentía: las certificados médicos que obran en uno de los trece cuerpos del
expediente se puede leer que el examen tomado a las pocas horas en la morgue
judicial, por ejemplo que uno de ellos muestra “cuatro disparos de armas de
fuego, tres en el cráneo con orificios de entrada en la región parietal
posterior izquierdo…” y el cuarto disparo lo recibió en la parte posterior de la
muñeca izquierda... LE DISPARARON DESDE ATRÁS, AL INTENTAR CUBRIRSE CON SUS
MANOS ANTES DE SER EJECUTADO…
Cada uno de los 16 cuerpos tienen estos certificados médicos, pero no para el
Defensor Oficial de Primer Instancia de la Justicia Federal Oscar del Campo que
en un escrito de 36 páginas habla de “hipotéticos episodios” y de paso
cuestionar la política del Gobierno nacional en materia de derechos humanos. Una
excusa que le vino como anillo al dedo a la Justicia para demorar, demorar…
Se sucedieron las excusas y las chicanas de los abogados defensores de Carrizo
Salvadores y Nagakama, quien dicho sea de paso se hacía mandar las citaciones a
Paseo Colón 250, sede del Ejército Argentino. Una vez le preguntaron por orden
de quien. “De arriba, de arriba” le respondió a un empleado y no era de Dios
precisamente sino del entonces jefe del Estado Mayor General del Ejército
teniente general Roberto Bendini, un protagonista de real incidencia en los
cursos de acción de los juicios en esa provincia y hasta trascendió que avaló
para que el actual presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Eduardo
Fellner en su segundo mandato ungiera a Carrizo Salvadores como jefe de policía
de Jujuy, cargo que ostento hasta que durante una represión en el 2004 a
trabajadores desocupados deparó dos victimas fatales.
Es que la mayoría de estos militares acusados gozan de la protección de Bendini.
Pruebas al canto: en la otra causa que se investiga la desaparición en abril de
1976 de Griselda y Francisco Ponce y de su sobrino Julio Genaro Burgos, quedaron
con arresto a partir de febrero del 2007 en sus casas, uno frente a la mar, es
decir Mar del Plata, el coronel Alberto Lucena, jefe del regimiento y del jefe
de inteligencia capitán Darío Otero Oran en Posadas, Misiones, y no conforme con
sus haberes montó una agencia de seguridad privada en esa ciudad. El
supermercado “Libertad”, toda una paradoja o no, es una de las empresas que
cuenta con la protección de Otero Arán.
¿Y los demás? Carrizo Salvadores ingresó al Juzgado como imputado y salió como
testigo, mientras el teniente Raúl Gallardo es uno de los símbolos de la
impunidad. Nunca jamás piso donde fue uno de los dueños de la muerte gracias a
la Justicia Federal y a su entrañable amigo de armas Bendini, que intercedió
para postergar las citaciones hasta el día de la fecha.
Gallardo ya en su grado de general fue eyectado de la superestructura militar no
por las causas, sino por corrupción, oportunidad en que Horacio Verbitsky, Nora
Veiras y Diego Martínez en Pagina 12, Martina Noailles de Critica de la
Argentina reflejaron al igual que Prensa de Frente, Prensa Red, HIJOS de
Córdoba, Red de Noticias DH entre otros del siniestro andar de Gallardo, Carrizo
Salvadores, Nagakama y demás jóvenes oficiales del ex RI 17.
Una morosidad y una complicidad que tal vez, tal vez este miércoles 13 comienze
la cuenta regresiva. A las 9 de la mañana, Carrizo Salvadores; y el jueves 14,
Nagakama, están citados y de no mediar injerencia alguna deben prestar
testimonio como imputados, entre otros militares y policías, de los asesinatos
de los uruguayos Hugo Cacciavillani Caligari, Rutilo Bentacourt, Carlos Trinidad
Da Silva, y de los argentinos Crescencio Ibáñez, Francisco Scoccimarro, Mario
Lescano, Rodolfo Jerez, Luis López, Carlos Gutiérrez, José María Molina, Luis
Billinguer, Juan Carlos Lescano, Héctor Moreno, Luis Rosales , Rogelio Gutiérrez
y Antonio del Carmen Fernández el 11 de agosto de 1974, en nombre de la Memoria,
Verdad y Justicia.
Fuente: www.prensared.com.ar | www.elortiba.org

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Declaró el ex gobernador Mott (27/02/08)
"Yo no estaba", repitió el ex gobernador. Hugo Mott dijo que el Ejército se hizo
cargo de la operación armada. "Durante mi gobierno jamás hubiese permitido que
se cometan delitos de lesa humanidad", dijo. Pero poco después afirmó que el
ejército pudo haber cometido una masacre con los guerrilleros... Aún cuando
oportunamente asegurase que se había tratado de "un enfrentamiento".
@DIN, 27 de febrero de 2008 - El ex gobernador Hugo Alberto Mott admitió que no
puede afirmar con certeza que el Ejército no haya masacrado a los 16
guerrilleros fallecidos en las serranías adyacentes a la Capilla del Rosario.
Así lo informa en su edición de hoy el diario El Ancasti, de Catamarca
(República Argentina). El ex mandatario declaró ayer por espacio de dos horas y
media ante el juez federal Ricardo Antonio Moreno en relación con la causa
iniciada para determinar si en aquel hecho, ocurrido el 12 de agosto de 1974, se
cometieron o no delitos de lesa humanidad.
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Mott concurrió antes de las 9 y en su declaración
comentó lo que es público: cuando se produjo la masacre él y otros colaboradores
se estaban en Buenos Aires. En tal sentido, explicó que toda la información que
recibió sobre el tema se la brindó el entonces ministro de Gobierno, Alberto del
Valle Toro, y el ministro del Interior de la Nación, Benito Llambi.
Sobre la información recibida, sostuvo que en todo momento se le informó que lo
que existió fue un enfrentamiento armado producido luego de que medio centenar
de integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) "intentara
infructuosamente copar las instalaciones del Regimiento 17 de Infantería
Aerotransportada".
Mott dijo que la operación fue abortada y que el grupo insurgente se "desbandó",
por lo que una fracción quedó acorralada en el "Cañadón de los Walther", donde
se ejecutó la orden "de reprimir".
Pero ante preguntas de la querella particular, Mott admitió que no podía afirmar
con seguridad que no haya existido una ejecución de los guerrilleros inermes,
tal como surge de otros elementos incorporados a la causa.
Mott se encargó de aclarar en todo momento que cuando ocurrió aquel
acontecimiento histórico no estaba a cargo de la primera magistratura y comentó
que tras arribar a la provincia visitó a los heridos en el hospital de urgencias
y a los detenidos en el Instituto de Rehabilitación "Julio Herrera".
En un tramo de su declaración, Mott aseguró que no hubiera permitido jamás que
durante su gobierno se cometan delitos de lesa humanidad, aunque a renglón
seguido admitió que no podía aseverar que los guerrilleros no hayan sido
masacrados.
En declaraciones públicas realizadas tiempo atrás a otro medio, el ex mandatario
había afirmado que los 16 guerrilleros habían fallecido en el marco de un
enfrentamiento armado, pero ayer no pudo sostener tal aseveración.
Fuente: @DIN Agencia Digital Independiente de Noticias

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Rutilo, más 15 combatientes de la Compañía del Monte "Ramón Rosa Jiménez" del
Partido Revolucionario de los Trabajadores y del Ejército Revolucionario del
Pueblo (PRT-ERP), fueron abatidos después de haberse rendido al ser descubiertos
antes de copar el Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, mientras otros
integrantes en lugares cercanos eran detenidos y otros regresaban a los montes
tucumanos donde tenían sus bases operativas.
La presencia de Rutilo se daba en el contexto de las acciones de la Junta
Coordinadora Revolucionaria (JCR), conformada por el Movimiento de Liberación
Nacional (MLN) "Tupamaros", de Uruguay; el Ejército de Liberación Nacional
(ELN), de Bolivia; el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de Chile, y
el PRT-ERP.
Dirigieron la represión el jefe de la policía catamarqueña, teniente coronel
(re) Rolando Anello; el de la Federal, comisario Alberto Villar; el comandante
del III Cuerpo de Ejército, general de brigada Ernesto Federico Della Croce, y
el jefe del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada, coronel Eduardo
Humberto Cubas (yerno del caudillo neoperonista Vicente Leonides Saadi).
Cubas y Anello se dirigieron a Capilla del Rosario junto con el comandante de la
Cuarta Brigada de Infantería Aerotransportada, general José Vaquero. Según los
testimonios, marcharon con más de 300 efectivos, los que tenían la orden de
actuar según la consigna "el ejército no toma prisioneros". La orden fue
cumplida al pie de la letra.
Los efectivos estaban armados con armas FAL, ametralladoras y morteros y se
trasladaron a la zona en camiones Unimos, un diseño especial que tiene
suspensión independiente en las cuatro ruedas, lo que les permite andar en las
montañas casi con las mismas facilidades que una mula.
La impunidad en marcha
En rigor, lo de los fusilamientos y las torturas a los detenidos forma parte de
una denuncia presentada a la Justicia Federal en agosto de 1974 por los
familiares y los abogados Mario Marca, Ricardo Rípodas, Mario Marcolli, Mardonio
Díaz Martínez, Silvio Frondizi y Alfredo Curuchet.
Marca, Rípodas, Marcolli y Díaz Martínez, posteriormente detenidos,
permanecieron en prisión hasta 1984. Frondizi y Curuchet fueron asesinados por
la banda paramilitar conocida como Las Tres A, creada por José López Rega.
Fueron identificados los restos de Hugo Cacciavillani
Caligari(07/10/08) Fueron identificados los restos de Hugo Cacciavillani
Caligari, más conocido como "el tupa" o "Vicente", tras haber sido
exhumado su cuerpo enterrado como NN en el cementerio municipal, según
lo confirmó el juez federal de Catamarca, Ricardo Moreno. |
La denuncia fue archivada en el contexto de la represión en el inicio del terrorismo de Estado, pero sí fueron juzgados y condenados por el fuero federal trece guerrilleros capturados en las inmediaciones de Capilla del Rosario.
Recién en diciembre de 2004, con la denuncia de Mirta de Clérici, Ana Radusky y
Jorge Alberto Perea en representación de los organismos de derechos humanos de
Catamarca y Córdoba, con el patrocinio de los abogados Claudio Orosz y Martín
Fresneda (militantes de HIJOS) y Guillermo Díaz Martínez (a cargo de la Comisión
de Derechos Humanos del Colegio de Abogados catamarqueño e hijo de Mardonio),
comenzó a instruirse en el Juzgado Federal de Catamarca la causa para determinar
las circunstancias y autores de la llamada "Masacre de Capilla del Rosario" y
para identificar los cuerpos que fueron sepultados en 1974 como NN en el
cementerio municipal.
La reactivación de la causa no hizo más que corroborar las denuncias. Prensa De
Frente tuvo acceso al expediente en el que se pueden leer, por ejemplo, las
pericias médicas. La que corresponde a Norberto Carlos Rufino indica que
presentaba "cuatro disparos de arma de fuego, tres en el cráneo con orificio de
entrada en región parietal posterior izquierda, occipital y temporo-occipital
izquierda, con salida en región frontal, cavidad orbitaria y región auricular
derecha respectivamente". El cuarto disparo lo recibió en la parte posterior de
la muñeca izquierda. Le dispararon desde atrás, al intentar cubrirse con sus
manos antes de ser ejecutado.
En esa misma línea se inscribe la testimonial del entonces conscripto Fernando
Gambarella. "Depusieron sus armas al verse en inferioridad numérica, pero igual
fueron masacrados por efectivos del Ejército y de la Policía", dijo en su
declaración.
Dos didácticas pruebas del fusilamiento de 16 guerrilleros, lo que fue negado
por los genocidas, por el gobernador peronista Hugo Mott y por su vice, Antonio
Saadi. Ellos dos, más el general Della Crocce y el coronel Eduardo Humberto
Cubas y con la lógica presencia de monseñor Pedro Torres Farías, entre otros,
celebraron en un acto público la represión. El diario "La Unión" de Catamarca,
en su edición del 10 de septiembre de 1974, resume en su título que se exaltó
"la acción del regimiento y de la policía provincial".
Con relación a Cubas cabe agregar que murió hace un par de años en un geriátrico
porteño, abandonado por los suyos.
La lucha continúa
No hicieron lo mismo los familiares de las víctimas del terror de Estado y los
militantes de los derechos humanos, quienes no padecen de amnesia y desarrollan
una lucha de firmeza inclaudicable por la verdad y la justicia.
Con particular alegría protagonizaron el gesto de ir a Capilla del Rosario y,
después de que las hermanas de Rutilo Betancour Roth recibieran un cuadro de la
pintora Gabriela Vargas, la voz de Ana musitó el poema de Pablo Neruda:
|
Rutilio Betancourt Roth Luis Billinger Hugo Cacciavillani Antonio "Negrito" Fernández Carlos Gutiérrez Crescencio Ibañes Roberto Jérez Juan Carlos Lescano Mario Lescano Luis López José María Molina Héctor Moreno Alberto Rosales Norberto Carlos Rufino Raúl Sainz Francisco Scocimarro |
Por estos muertos, nuestros muertos
Pido castigo.
Para los que de sangre salpicaron la Patria
Pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte
Pido castigo.
Para el traidor que ascendió sobre el crimen
Pido castigo.
No quiero que me den la mano
Empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores,
Tampoco en su casa tranquilos,
Los quiero ver juzgados,
En esta Plaza, en este sitio.
Pido castigo.
Fuente: www.prensadefrente.org, 25/09/06 |
www.elortiba.org

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Por Vera Carnovale
[De: En la mira perretista: las ejecuciones del “largo brazo de la justicia
popular", descargar documento completo en pdf]
El ERP había intentado asaltar el
Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca. El asalto no llegó a
concretarse puesto que los guerrilleros fueron denunciados precipitándose
entonces varios enfrentamientos con la policía provincial y el Ejército. Un
grupo de guerrilleros logró huir; otro, integrado por 14 combatientes, se
rindió. Sin embargo, nunca aparecieron con vida.
Días después, en una conferencia de prensa, el PRT-ERP anunció que habían sido
fusilados y que “esa acción fue deliberada e inspirada en el salvaje
principio de que “el ejército no toma guerrilleros prisioneros” [...]. El
Comité Central [...] tomó una grave determinación. Ante el asesinato
indiscriminado de nuestros compañeros, nuestra organización ha decidido emplear
la represalia. Mientras el ejército opresor no tome guerrilleros prisioneros,
el ERP no tomará oficiales prisioneros, y a cada asesinato responderá con una
ejecución de oficiales indiscriminada. Es la única forma de obligar a una
oficialidad cebada en el asesinato y la tortura, a respetar las leyes de la
guerra” (53).
Entre la publicación de esta “grave determinación” y los tres meses siguientes
el PRT-ERP ejecutó, como respuesta a los fusilamientos de sus combatientes en
Catamarca, a nueve oficiales del Ejército; éstos fueron:
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-Coronel Jorge Oscar Gras, ejecutado 25 de septiembre de 1974 en Córdoba;
-Teniente 1º Luis Roberto Brzic, ejecutado el 25 de septiembre de 1974 en
Rosario;
-Capitán Miguel Ángel Paiva, ejecutado el 2 de octubre de 1974 en Buenos Aires;
-Mayor bioquímico Jaime Gimeno, ejecutado el 7 de octubre de 1974 en Banfield;
-Tte. I Juan Carlos Gambande, ejecutado el 10 de octubre de 1974 en Santa Fe;
-Teniente Coronel médico José Francisco Gardón, ejecutado el 23 de octubre de
1974 en el hospital Municipal de San Miguel;
-Mayor Néstor Horacio López, ejecutado el 7 de noviembre de 1974 en Santa Fe;
-Teniente 1º Roberto Eduardo Carbajo, ejecutado el 12 de noviembre de 1974 en
San Nicolás;
-Capitán Humberto Viola, ejecutado el 4 de diciembre de 1974 en San Miguel de
Tucumán.
Durante el desarrollo del operativo de este último “ajusticiamiento” la hija
menor del capitán Viola, María Cristina, de tres años de edad, resultó muerta y
su hermana, María Fernanda, de cinco años, gravemente herida. Aunque no se hayan
encontrado declaraciones partidarias públicas al respecto (54), la memoria
militante afirma que a raíz del trágico saldo inesperado el PRT-ERP puso fin a
esta represalia indiscriminada (y, en efecto, no se registraron en los meses
siguientes ejecuciones de integrantes de las fuerzas represivas).
Sin embargo, en agosto de 1975 y a pocos días de haber propuesto un armisticio
el PRT-ERP declaró una segunda represalia de este tipo. La misma fue anunciada
el 12 de agosto en una conferencia de prensa y publicada en Estrella Roja hacia
finales de mes. Sin mayores balances siquiera políticos de la represalia del año
anterior y como si ésta hubiera sido en algo efectiva al menos en su propósito
normativizador (“obligar a respetar las leyes de la guerra”), esta nueva
determinación volvía a encontrar su fundamento en la intensificación del
accionar represivo ilegal y el agravante de la incipiente generalización de un
fenómeno que en lo sucesivo no haría más que incrementarse, el de la
desaparición de militantes.
Esta vez, se advertía, la justicia perretista recaería sobre el amplio conjunto
de fuerzas involucradas en la represión: “Considerando: que la oficialidad del
Ejército contrarrevolucionario, los cuerpos represores de la Policía Federal y
los demás cuerpos represivos especiales, se ensañan asesinando, o haciendo
desaparecer a cuanto activista popular, militante revolucionario o persona del
pueblo apresan, no respetando ninguna ley sobre el trato a los prisioneros y
siendo ya incontables los ejemplos y casos de éstos, el COMITÉ CENTRAL “VIETNAM
LIBERADO” RESUELVE: 1) iniciar acciones de ejecución indiscriminadas contra
la oficialidad del Ejército contrarrevolucionario, los cuerpos represivos de la
Policía Federal, los cuerpos especiales de represión y demás fuerzas represivas
implicadas en asesinatos contra el campo del pueblo....”55
Es muy probable que esta última represalia no se haya llevado a cabo. Ya sea por
el alto índice de muertos, prisioneros y desaparecidos que a esas alturas
registraban las filas perretistas, ya sea porque sus últimos esfuerzos militares
se concentraran en el envío de nuevos combatientes al monte tucumano o en los
preparativos del asalto al cuartel Viejo Bueno de Monte
Chingolo (que tendría lugar en diciembre de ese año) lo cierto es, en todo
caso, que parece registrarse una sola ejecución tras el anuncio de esta segunda
represalia (56).
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NOTAS
(53) “Declaración” en Estrella Roja Nº 40, 23 de septiembre de 1974, en De
Santis, op. cit, tomo II, pp. 326-326. También en: Colección Documento Histórico
Nº 19 de Infobae. Por su parte Gorriarán Merlo afirma en sus Memorias
“atentaríamos indiscriminadamente sobre oficiales del Ejército hasta igualar en
número a los compañeros asesinados en Catamarca”
(54) La única fuente partidaria que se encontró de este episodio es “Ejecución
de oficialidad enemiga. Unidad Compañía de Monte RRJ. Fecha: 1-12-74”. La misma
es un relato pormenorizado del desarrollo de la acción en que fuera
“ajusticiado” el capitán Viola. Allí se lee: “El automóvil operativo se aproxima
hasta la misma altura que el objetivo [...]. Situación extraordinaria. Siempre
en los chequeos el sujeto descendía, en esta oportunidad la que descendió fue la
esposa, esperando él al volante a la espera para guardar el auto en el garage.
Al frenar el automóvil operativo disparan el primer escopetazo que da en el
parante delantero izquierdo del parabrisas, el sujeto se agacha en ese momento y
los balines dan de rebote a la pibita de 3 años que estaba atrás...” Y, más
adelante: “El compañero ametralladorista remata con un tiro a la cabeza, retoma
el auto; inmediatamente el compañero de la escopeta le dispara a quemarropa un
escopetazo y otro tiro de gracia con un revólver cal. 38. El compañero que
maneja el auto de apoyo observa en ese momento que la hija de 5 años corre hacia
delante a la altura del automóvil.
Observaciones: las heridas de la hija de 5 años no hallan explicación, salió de
rebote en los disparos de gracia. Las de la menor son las del primer escopetazo
que se disparó, desviado al atravesar la chapa.
Luego de la ejecución la retirada se cumple correctamente...” (en Poder
Ejecutivo Nacional, op.cit, pp.205-206) Por su parte Mattini afirma que el PRT
hizo una declaración pública en aquel momento y calificando el hecho de “un
exceso injustificable” y anunciando su resolución de dar por cumplida la campaña
de represalia “en homenaje a la sangre inocente de esas criaturas”
(55) “Resolución sobre represalias” en Estrella Roja Nº 59, 27 de agosto de
1975, Colección Documento Histórico Nº 7 de Infobae. A su vez, Mattini afirma
que en el plenario partidario que tomó esta resolución un asistente, Luis
Segovia, “lanzó la expresión ojo por ojo, diente por diente” y que “no hubo
oposición por parte de los titulares a esta propuesta...”. Cfr. con Mattini,
Luis, op. cit. pág. 422 56 La misma fue la del Comisario Alfonso Vergel, el 3 de
septiembre de 1975 en La Plata. No se han encontrado declaraciones relacionadas.
Según consta en In Memoriam “sería el ERP quien se adjudicaría el atentado,
mediante el llamado realizado por una mujer a los medios de prensa y policiales”
(In Memoriam, op. cit. tomo II, pág. 495.)
(56) La misma fue la del Comisario Alfonso Vergel, el 3 de septiembre de 1975 en
La Plata. No se han encontrado declaraciones relacionadas. Según consta en In
Memoriam “sería el ERP quien se adjudicaría el atentado, mediante el llamado
realizado por una mujer a los medios de prensa y policiales” (In Memoriam, op.
cit. tomo II, pág. 495.)

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Al día siguiente de la muerte de Viola, la patota militar
secuestró y asesinó a Berta Molina, esposa de Oscar
Montenegro, un dirigente gremial de los vitivinícolas
tucumanos que estaba enrolado en el Partido Revolucionario
de los Trabajadores y había sido el máximo dirigente del
Frente Antiimperialista por el Socialismo, FAS. Berta 'Cuca'
Molina de Montenegro había sido una de las más importantes
dirigentes de la primera organización de familiares de
presos políticos en los años de la dictadura de Onganía ,
Levington y Lanusse. Los militares que la secuestraron en
represalia por la muerte del capitán Viola la llevaron hasta
el Parque 9 de Julio de la capital Tucumana y allí, contra
las alambradas del autódromo, la mataron a golpes.
Un par de días después del crimen de Berta Molina, su hijo
Luis Montenegro, de 18 años y sin militancia política
alguna, fue secuestrado en las inmediaciones de una de las
esquinas más populosas de San Miguel de Tucumán, Avenida
Mate de Luna y Avenida Alem. Salvajemente torturado, fue
asesinado a balazos y su cadáver arrojado a un costado de la
Avenida Solano Vera, en las afueras de la capital tucumana.
Una semana después, el ERP suspendió su campaña de
represalia contra la oficialidad del Ejército, a raíz de la
muerte de la hijita del capitán Viola.
Exactamente un año después de la muerte del capitán Viola,
el 1 de diciembre de 1975, en pleno Operativo Independencia,
los militares lo recordaron haciendo volar por los aires un
automóvil con 7 personas, que estaban secuestradas, justo
frente a la casa de los padres del militar.
Ayer hubo dos homenajes al capitán Viola: uno en el Círculo
Militar, ofrecido por sus camaradas; el otro en la Cámara de
Diputados de la Nación, rendido por un legislador del
partido de Domingo Cavallo. Unos días antes, el comando
general del Ejército, al recordar el día de la Inteligencia
Militar, también homenajeó al capitán Viola. Algunos diarios
y revistas, sitios on line, etc, también recordaron al
capitán Viola. Una carta al director en Clarín habla de la
necesidad de no ver la historia con un solo ojo. En ninguno
de los recordatorios se menciona a Berta Molina y a su hijo
Luis Montenegro.
Fuente:
www.argenpress.info | www.elortiba.org

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[Ver relacionado
Hugo
Cacciavillani, fin de una historia tupamara, Crítica 22/11/08]
Las exhumaciones de cinco cuerpos NN en el cementerio de
Catamarca, en Argentina, vuelve a poner sobre el tapete la
colaboración represiva entre países del Cono Sur. En esa
búsqueda de verdad también los archivos reconstruidos con
paciencia arrojan luz sobre los servicios de inteligencia y
los medios de prensa.
Fabián Kovacic. Desde Buenos Aires (29/07/05)
El 11 de agosto de 1974, un Comando del Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP) planeó ingresar al
Regimiento de Tropas Aerotransportadas número 17, en la
provincia de Catamarca a unos 12 kilómetros de la capital
provincial, para hacerse de armamentos. La Unidad Militar
contaba con una dotación de casi 800 hombres, un poderoso
arsenal, y constituiría un golpe esencial para la guerrilla,
teniendo en cuenta que era asiento de un Comando
especialmente entrenado en lucha antiguerrillera.
Eran 42 guerrilleros que en el interior de un ómnibus
escolar, similar a los transportes colectivos que recorren
la ciudad de Buenos Aires, cambiaban sus ropas por uniformes
de fajina militar a la hora de la siesta. Se trataba de la
mítica Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez, ese día al
mando de Hugo Irurzun ("Capitán Santiago"), el mismo que en
1979 hizo volar por los aires al ex dictador nicaragüense
Anastasio Somoza en las calles de Asunción del Paraguay.
Atareados en los cambios de vestimenta, nadie se percató de
que al costado de la ruta provincial 62 dos ciclistas
pasaban junto a ellos sorprendidos de lo que veían y de
inmediato dieron aviso a la policía del siguiente poblado
rural sobre movimientos sospechosos, probablemente de
guerrilleros.
Una hora más tarde llegó la policía y comenzó un combate donde cayeron policías y tres militantes del ERP, entre ellos presumiblemente el tupamaro Hugo Cacciavillani, alias "Vicente". En medio de la confusión, los guerrilleros decidieron dispersarse en dos grupos. El primero, al mando de Irurzun, logró huir con armamentos y patrulleros tras vencer la resistencia policial. El segundo grupo, al mando de Antonio "Negro" Fernández, intentó reorganizarse al día siguiente en el paraje Capilla del Rosario, hasta donde llegó el Ejército con 300 efectivos rastrillando la zona. Casi dos horas de combate dejaron a los irregulares sin municiones, y decidieron rendirse. Sin embargo, los 16 guerrilleros fueron fusilados simulando un enfrentamiento, pero sólo 11 cuerpos fueron entregados a los familiares que los reclamaron.
|
Fragmento de "El azúcar y la sangre" – Tucumán 1966-1976. La guerrilla rural en Tucuman. El documental narra a través de sus protagonistas diez años de pobreza, violencia y lucha por la justicia social. Un artículo del periodista tucumano Tomás Eloy Martínez publicado en 1966 en la revista Primera Plana analizaba con precisión y premonición el futuro económico y político de la provincia. En el documental, el autor repasa el material y hace un recorrido histórico político que enhebra pasado y presente de la provincia. En el film, trabajadores rurales cuentan la tortura y el cautiverio, ex guerrilleros vuelven a los montes a dar testimonio, y representantes de la Justicia describen la tenaz labor desarrollada para procesar a los generales Bussi y Menéndez, emblemas de la represión. El film está producido por Alcatrés Producciones, con dirección de Eduardo Anguita y guión de Alberto Elizalde Leal, más el asesoramiento de los historiadores tucumanos Marcos Taire y Roberto Pucci. |
Los otros cinco fueron sepultados en una tumba NN en el
cementerio de la capital provincial. Entre ellos estaría el
segundo uruguayo, Rutilio Betancourt, alias el "Tupa".
TREINTA AÑOS DESPUÉS. Todo consta ahora en la causa que
lleva adelante el Juez Federal de Catamarca Pedro Navarro
desde diciembre último, cuando familiares y Abogados de
organismos de Derechos Humanos de las provincias de Córdoba
y Catamarca se presentaron solicitando una investigación
sobre lo que ya se conoce como la Masacre de Capilla del
Rosario.
"No sabemos de quiénes se trata y no podemos afirmar nada
concretamente. Recién estamos por plantear al Juez que se
designe médico para hacer la identificación por ADN óseo de
los cinco cuerpos encontrados; ni siquiera podemos afirmar
que se trate de fusilados", admitió a BRECHA el Abogado
Martín Fresneda, representante de Elda Ida Roth y Elsa
Betancourt Roth, madre y hermana, respectivamente, de
Rutilio Betancourt. "Lo que hicimos hasta ahora es
reconstruir la historia con documentos y testimonios de
familiares. Sospechamos que cuando se entabla el primer
combate con la Policía, caen tres militantes del ERP dentro
del ómnibus y entre ellos estaría Cacciavillani. Esos mismos
testimonios indican que el ERP cuando caía uno de sus
militantes se comunicaba con los familiares para avisarles y
evitar que el cuerpo desapareciera a manos de las fuerzas
represivas. De ahí concluimos que entre los integrantes de
la Compañía de Monte en esa operación estaba Rutilio
Betancourt. Pero las exhumaciones de la semana pasada no
implican identificar aún a ningún cuerpo", aclaró Fresneda.
Diversas fuentes ligadas al ERP y algunos sobrevivientes de
la fallida operación guerrillera confirmaron la presencia de
los dos uruguayos. Betancourt y Cacciavillani eran
militantes tupamaros que formaron parte de la Compañía de
Monte aquel 11 de agosto.
PERÓN Y EL CÓNDOR. Las investigaciones de los Abogados,
organismos de Derechos Humanos y familiares cuentan con el
apoyo del Archivo Nacional de la Memoria y acaban de arrimar
nuevas pruebas sobre la existencia del operativo Cóndor, aun
antes de noviembre de 1975 cuando en Santiago de Chile se
reunieron delegaciones militares de los países sudamericanos
para dar forma a la coordinación represiva. Para analizar el
caso del frustrado copamiento en Catamarca hay que tener en
cuenta que en agosto de 1974 Argentina era el único país del
Cono Sur que aún mantenía un gobierno constitucional,
encabezado por Isabel Perón.
El diario provincial La Unión, de Catamarca, en su edición
del 30 de agosto de 1974 recoge información publicada en
Uruguay "por el matutino oficialista El País". Bajo el
título "La muerte de un militante uruguayo en Catamarca es
motivo de análisis", el matutino provincial informa que "los
organismos de seguridad uruguayos denunciaron reiteradamente
la permanente interdependencia existente entre las
organizaciones extremistas que operan en el Cono Sur", y
reproduce a continuación información del diario montevideano
denunciando la cooperación entre los grupos argentinos ERP,
fap y Montoneros, el eln boliviano, los tupamaros uruguayos
y el MIR chileno, para constituirse en la Junta Coordinadora
Revolucionaria.
"El pasado 30 de abril, las Fuerzas Conjuntas uruguayas –
una vez más – exhibieron diversos materiales, armamentos,
documentación, etcétera, incautados en procedimientos
cumplidos en esos días en Montevideo", sigue La Unión. "Extraoficialmente pudo
saberse, además, que más de un millar de ciudadanos uruguayos –requeridos (en
Montevideo) por sus presuntas actividades subversivas – se encontrarían en
territorio argentino desde que en 1972 el MLN sufrió una aplastante derrota a
manos del Ejército oriental. La mayoría de ellos llegaron a Argentina
procedentes de Chile, tras el golpe de Estado que depuso al régimen socialista
de Salvador Allende. Antes, muchos de esos militantes revolucionarios habían
tomado parte en expropiaciones, ocupaciones de fundos, atentados y otras
acciones subversivas en territorio chileno con activistas del MIR. Derrocado
Allende, los tupamaros huyeron preferentemente hacia la Argentina. Algunos lo
hicieron como asilados, otros entraron ilegalmente. La mayoría, se asegura,
continuaron su infatigable militancia integrándose a los cuadros de la
organización declarada ilegal en la Argentina (léase ERP) y otras organizaciones
de la extrema izquierda."
Es decir que la identificación de Cacciavillani o Betancourt
entre los militantes muertos del ERP certificó para la
inteligencia uruguaya que iba por el buen camino
intercambiando información con la dictadura de Pinochet y
los servicios del aún constitucional gobierno peronista
argentino. No hay que olvidar que Juan Perón había muerto
apenas un mes y medio antes de la Masacre de Capilla del
Rosario, el 1 de julio, y que el 1 de mayo anterior había
echado de la Plaza de Mayo a las formaciones especiales
juveniles, es decir, los Montoneros, a quienes llamó
"imberbes".
Fuente: Ministerio de Defensa Nacional - OFICINA DE
RELACIONES PÚBLICAS - República Oriental del Uruguay
-Resumen del prensa, 29 de julio de 2005

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