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Primera fundación de Buenos Aires, sus verdades y sus mentiras

Por Martín A. Cagliani

En enero de 1536 llega al Río de la Plata una fuerte expedición de 1500 hombres y unas pocas mujeres. Esta expedición española venia a fundar una población y a conquistar la zona del plata, tenían la intención de encontrar las tierras del mítico Rey Blanco y la legendaria Sierra de la Plata, que tanto había comentado Caboto a la vuelta de su viaje por estos pagorn no les interesaba tanto era el de obstaculizar la expansión portuguesa
La expedición estaba al mando de don Pedro de Mendoza, el pobre tenia una sífilis bastante avanzada. Desde la Banda Oriental envía cinco pilotos para reconocer y estudiar la otra orilla, la nuestra, el mejor lugar para fundar una población en caso de ataque portugués, ya que tendrían que cruzar el río. En el lugar elegido fundaron un fuerte, con un cerco de barro que según Ulrico Schmidl (soldado de la expedición) había que reconstruirlo cada mañana.

Trabaron relación con los indígenas. Al principio buenas, pero mas tarde los querandíes se cansaron de las exigencias de los españoles, los cuales pretendían que les llevasen comida todos los días. Luego de una emboscada de los querandíes, los españoles devolvieron la matanza en la batalla de San Juan, donde murieron muchos y a la cual siguió el sitio de Buenos Aires por los querandíes. Esto creo dificultad en conseguir alimentos, de los cuales estaban escasos. Los conquistadores pasaron mucho hambre, hasta el punto de comerse los zapatos y llegando a comerse los cuerpos de los muertos. Unos soldados fueron ahorcados por matar y comer un caballo, a la mañana siguiente les faltaban las piernas, que muchos habitantes de la ilustre población se llevaron a sus chocitas con techo de paja y paredes de barro. El asedio concluyo, pero no por que los españoles vencieran, el único vencedor fue el hambre, que ataco también a los querandíes los cuales abandonaron la presa. Esto le dio un respiro a Buenos Aires, pudieron comenzar conseguir alimentos. Don Pedro sintiéndose morir, según cuentan en las noches se quejaba sin parar, se embarca hacia España, pero no llegara ya que muere en el camino. El 23 de junio de 1537 es arrojado al mar.

Mientras pasaba todo esto se había fundado una ciudad al norte en la cual había abundancia de alimentos proporcionados por los guaraníes. La ciudad era la actual Asunción. Buenos Aires no tenia mucho porvenir. El veedor Alonso Cabrera, que según algunos estaba loco, ordenó despoblar Buenos Aires y mudar a sus habitantes a Asunción. Esto ocurría en 1541. Los habitantes de Buenos Aires se resistieron a hacerlo, ya que habían podido sembrar y no les iba mal. Domingo Martínez de Irala, el ejecutor de la orden, fue implacable. Quemó la fortaleza (un barco encallado que hacia de tal), la iglesia y las pocas casas que había. Para que los navegantes supiesen adonde se habían mudado los pobladores, Irala hizo levantar unos mástiles con cartas dentro de calabazas. En estas cartas indicaba lo que había sucedido, donde estaban y como llegar.

Hasta acá lo seguro. Pero ¿En qué fecha se fundó Buenos Aires? ¿Cómo y porque se la llamo Buenos Aires? Y finalmente ¿Dónde fundó Mendoza la población?

La Comisión Oficial de 1936, en conmemoración del cuarto centenario de la fundación, llego a un acuerdo en torno a la fecha y el lugar de fundación: el 2 de febrero de 1526 en el actual Parque Lezama. Pero la polémica existía entonces y sigue hoy con los diversos historiadores.

Durante mucho tiempo se creyó que la fundación había ocurrido el 4 de febrero de 1535, esa es la fecha que da Urico Schmidl en su Viaje al Río de la Plata. Eduardo Madero descubrió que no podía ser, porque en ese año don Pedro de Mendoza estaba en España. A parte los alemanes usaban en ese momento un calendario diferente; era en realidad 1536. Le sigue la duda del mes y del día. ¿Enero o febrero? Se coincidió en febrero. Pero el día era el 2, 3, 4 o 5. Algunos abogan por el 2, otros por el 3 y otros por el 4, son los únicos que siguen en pie. Se fijó oficialmente el 2 de febrero de 1536, porque es el día de nuestra señora de La Candelaria, que es también nuestra señora del Buen Aire, de donde vendría el nombre de la ciudad. Esto nos lleva a la polémica con el nombre.

PLAZA DE MAYO. Premiada serie documental de 18 programas radiofónicos, realizada por Alberto Sierra y Radio Nederland con el apoyo de UNESCO. Las plazas, esos lugares públicos por excelencia, espacios para la libertad y la democracia. Sitios de encuentro, proclamas y amores. Un recorrido por las principales plazas Latinoamericanas, desde Santiago de Chile a la Habana. Desde la mexicana plaza Garibaldi a la Plaza de Mayo en Buenos Aires.

El nombre de nuestra ciudad, para algunos, se debe al culto a la Virgen del Buen Aires, basados en el poema La Argentina, que escribió Ruy Díaz de Guzmán en 1612. Según esta escuela el nombre provendría del día de su fundación y de la devoción de Mendoza hacia la Virgen del Buen Aire. El dos de febrero es efectivamente el día de nuestra señora del Buen Aire. Otra teoría, o leyenda, dice que el nombre vendría de la exclamación que hace Sancho del Campo al desembarcar: "Que buenos aires son los de este suelo". El historiador Armando Alonso Piñeiro habla de la existencia de "un documento anterior en un cuarto de siglo al gran poema hispano-criollo". Es una memoria escrita por el portugués Lope Vázquez Pestaña, el primer viajero que visitó Buenos Aires, en 1587, y quien dejó dicho que el nombre se dio "por la frescura del aire y la excelente salud de que gozaron sus hombres durante la estadía en el lugar".

La polémica también se centra en el lugar exacto de la fundación y donde se levanto la ciudad. Ateniéndose a la realidad esta no fue la fundación de una ciudad, sino de un poblado o un fuerte. Para tener categoría de ciudad debía contar, según las leyes españolas, con cabildo, cosa que no tenia y no tubo hasta la segunda fundación de 1580.

Como se dijo esta la posición oficial, que establece como lugar de emplazamiento el actual Parque Lezama, por ser un lugar alto. Las instrucciones reales de 1523, dirigidas a los conquistadores, ordenaban que las poblaciones deberían asentarse "en sitios sanos y no anegadizos". Según Rómulo Zabala y Enrique de Gandía el lugar seria unas cuadras al norte del Parque Lezama. El historiador Armando Alonso Piñeiro precisa la ubicación en las calles Humberto I y Defensa, y el geólogo Marcelo Yrigoyen en Brasil y Bolívar. Otros dicen que fue en el bajo del Riachuelo, en la actual Vuelta de Obligado. Guillermo Furlong expuso en 1973 que estaba a cuatro leguas del Río de la Plata, concretamente "a la altura del puente Uriburu, donde nace la avenida Sáenz", donde se encuentra el Parque Patricios. Otra teoría dice que fue en Escobar ¿Qué? Sí en Escobar. Federico Kirbus parte del un episodio famoso: el combate de Corpus Christi con los indígenas, durante el cual el capitán Diego Luján fue herido de muerte y su caballo lo llevó moribundo hasta las orillas del río que lleva su nombre. Es poco verosímil que un caballo recorra 70 kilómetros, vadeando arroyos, ríos y esteros para llegar a destino, Kirbus argumenta que la ciudad de Mendoza estaría mucho mas cerca del Luján que la de Garay. Debido al crecimiento del delta a través de los años, el calculo que hizo lo llevo a ubicarla en Escobar. Pablo O. Lanne defendió una teoría parecida, pero puso a la ciudad en Ingeniero Maschwitz.

Así y todo la teoría mas aceptada y lógica seria la de la fundación en algún lugar de la meseta en la cual se levanta la actual Buenos Aires. Parque Lezama se encuentra uno de los extremos de la meseta. El ingles Carlos Roberts ubica la ciudad en el otro extremo de la meseta, en Retiro, mas exactamente en la Plaza San Martín. Ya que según él la "media legua arriba" que citan los cronistas seria aguas arriba no del Riachuelo sino del Río de la Plata desde el Riachuelo.

Según parece, la ubicación exacta de la fundación de Pedro de Mendoza seguirá siendo un misterio. Mientras no se realicen estudios arqueológicos que den un poco de luz sobre el tema, no se sabrá dónde fue, ya que todos son hipótesis, ninguna se basa en restos arqueológicos.

Como alguien dijo esta ciudad bien merece el calificativo de Misteriosa que le diera Manuel Mujica Láines.

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Una batalla naval ganada por la caballería

[Artículo remitido por Leonardo Castagnino]

En la invasión inglesa a Buenos Aires de 1806, fueron gauchos los que, con más denuedo que organización disciplinada, intentaron oponer sus recursos de paisanos a los aguerridos batallones de la Rubia Albión.
Son los tiempos en que la acción libertadora conocida como la Reconquista se encuentra en su fase final. Esta se había iniciado con el desembarco de las fuerzas patriotas provenientes de la Banda Oriental (Uruguay), comandadas por el capitán de navío Santiago de Liniers (1753-1810), el 4 de agosto en Las Conchas (hoy puerto de Tigre), y había continuado con la toma del baluarte inglés del Retiro, en el extremo norte de la dudad, durante la madrugada del 11 de agosto.
Al anochecer de esa misma jornada, mientras los ingleses montan nerviosa guardia en el centro de Buenos Aires, las tropas de Liniers se desplazan silenciosamente hacia ellos desde el Retiro. En el transcurso del avance comienza la incorporación masiva y entusiasta de la población de la capital a la fuerza reconquistadora. Centenares de hombres y niños se pliegan a las filas de Liniers, reclamando armas para participar en la lucha. Los cañones son arrastrados a pulso, a través del barro, por cuadrillas de muchachos, hecho que permite a Liniers alcanzar su objetivo en la madrugada del 12 de agosto.
El cronista y capitán inglés Alexander Guillespie, testigo presencial de aquellos sucesos, en su libro Gleanings and Remarks (Apuntes y Observaciones), publicado en Londres en 1818, especie de diario personal, cuya traducción apareció en la Argentina en 1921 bajo el título de Buenos Aires y el Interior — reeditada luego por la colección Biblioteca Argentina de Historia y Política (volumen 22), Hyspamérica, Buenos Aires, 1986—, testimonia el miedo y el desprecio de los invasores anglosajones hacia las clases bajas de Buenos Aires y su particular forma de encarar el combate:
“Durante la noche del 11 un ladrar constante de perros se oyó en dirección al Retiro y su vecindad, que indicaba algunos movimientos extraordinarios. El alba del 12 nos mostró las iglesias y casas llenas de gente, que solamente esperaba la aproximación de Liniers para cooperar en el alzamiento general... Con mi anteojo podía percibir el clero inferior particularmente activo en manejar sus armas y dirigir las tropas que tenían abajo... Nuestra última resistencia se hizo a las once, en la plaza del Mercado, donde el valiente regimiento 71 se formó con cañones en cada flanco y uno en el centro... Como finta para atraer al enemigo, tan inmensamente superior, el 71 retrocedió, pero sin su deseada consecuencia. Nada podía decidirlo a la lucha abierta con todo su número. Cada minuto disminuía el nuestro, y la humanidad exigía que hombres tan valientes no se expusieran como blanco a la puntería de una multitud sanguinaria aunque cobarde. (pág.80)”

Video documental para descargar "Buenos Aires 1924", de Fernando Valle


F
uente: ARCOIRIS TV, duración: 10 minutos
Cortesía de Roberto Di Chiara
En blanco y negro, una panorámica sobre la ciudad de entonces. Película filmada para ser entregado como obsequio al príncipe de Gales, de visita en Argentina.

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Amanecía recién en aquel día memorable de la reconquista. La noche anterior había llovido copiosamente, soplando luego un violento viento del oeste, que corrió hacia adentro al Río de la Plata. Desde las primeras horas de la mañana toda la ciudad está ya en rebelión. Desde las azoteas, balcones y campanarios se hace fuego de fusilería sobre las tropas inglesas. Por las calles que conducen a la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo), avanzan en tropel las fuerzas de la insurrección envueltas en el humo de las explosiones y el retumbar de los disparos. Liniers, instalado con sus lugartenientes en el atrio de la iglesia de la Merced (ubicada en la esquina de las calles Tte. Gral. Perón y Reconquista), ha perdido el control de las operaciones: sus soldados, mezclados con el pueblo que pelea a mano desnuda, no escuchan ya las voces de los oficiales, y se lanzan en un solo impulso a aniquilar al invasor. Un diluvio de fuego se desata sobre las posiciones británicas en la plaza. Allí, al pie del arco central de la Recova, está Beresford, pálido y poco flemático, con su espada desenvainada, rodeado de los escoceses del 71. Esta es la última tentativa de resistencia de los europeos. Las descargas incesantes abren sangrientos claros en las filas británicas. A los pies de Beresford cae, ultimado de un balazo, su ayudante, el capitán Kennet. El general inglés comprende que ya no es posible continuar la lucha, pues sus tropas serán aniquiladas hasta el último hombre. Ordena entonces la retirada hacia el Fuerte (hoy Casa Rosada). Allí, momentos más tarde, iza la bandera de parlamento. Volcándose como un aluvión en la plaza, los soldados y el pueblo llegan hasta los fosos de la fortaleza, dispuestos a continuar la lucha y exterminar a cuchillo a los británicos. En esas circunstancias arriba Hilarión de la Quintana, enviado por Liniers a negociar la rendición. Esta deberá ser incondicional. La muchedumbre, terriblemente enardecida es a duras penas contenida. Se exige a gritos que Beresford arroje la espada. Un capitán británico lanza entonces la suya, en un intento por calmar a la multitud. Pero eso no conforma a las masas, y Beresford debe aceptar, aun antes de que sus soldados hayan depuesto las armas, que una bandera española sea enarbolada sobre la cima del baluarte. A las 3 de la tarde del 12 de agosto de 1806, el pequeño ejército inglés, reducido ahora a menos de mil mosquetes (en las playas de Quilmes, el 25 de junio, había desembarcado un total de 1635), marchó hacía el Cabildo, en la Plaza Mayor entre dos filas de milicianos criollos, donde hubo de rendir sus banderas, estrellando muchos de los vencidos sus armas contra el suelo, frustrados e indignados por haber sido derrotados por aquellos “andrajosos”... “plebe frenética, que parecía asumir para sí el poder soberano...”, como cita el cronista Guillespie.
En esos mismos gloriosos instantes en que la Patria nacía acunada entre ponchos y chiripás, por los arrabales septentrionales de la urbe —que por entonces contaba con unos 471 mii habitantes— entraba un gallardo y joven jinete con el pingo al galope tendido. Por su poncho colorado mostraba que era un gaucho salteño. Era el alférez Martín Miguel de Güemes del Regimiento “Fixo” de Buenos Aires. El gaucho Güemes que tenía 21 años por entonces, venía galopando desde la madrugada del día anterior, por el camino de postas, proveniente de La Candelaria, paraje situado a 79 leguas (395 kilómetros) de Buenos Aires. Traía un despacho del virrey Sobremonte a Liniers, cumpliendo tamaña hazaña en menos de treinta horas. Esto que en la actualidad parece una quimera, en aquellos tiempos era sólo una cuestión de “tener lo que hay que tener” y “cinchar duro y parejo” como buen paisano (ver Luis Güernes, Giiemes Documentado, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1979, vol. 1, págs 64-71).
Al presentarse ante el héroe de la Reconquista, de quien era el edecán y su principal ayudante, apenas pudo tomar un breve respiro. Una nueva y difícil misión le aguardaba, como ahora veremos.
Por el lado del río ocurrieron algunos hechos extraordinarios ese famoso 12 de agosto. Los pocos barcos pequeños que les habían quedado a los británicos, después del temporal de la noche anterior, se acercaron al Retiro para tirar sobre ese punto y sobre todo el bajo, desde allí hasta el Fuerte. En las primeras horas de la tarde, las fuerzas criollas colocaron en batería a dos piezas de 18 libras, que pusieron fuera de combate a un pequeño barco inglés y a la sumaca La Belén de las españolas que el almirante Sir Home Riggs Popham (1762-1820) había capturado en el Riachuelo.
El Justina, un buque mercante artillado con 26 piezas y tripulado con más de cien soldados, oficiales y marineros, cuyo palo mesana había sido tronchado de un cañonazo el día anterior, había estado disparando casi toda la tarde sobre las fuerzas de la reconquista, no sólo por la ribera y sobre la Alameda (hoy avenida Leandro N. Alem), sino también en las diferentes calles que ocuparon, expuestas a su fuego. Desconociendo los secretos de la navegación en el río, quedó varado por una súbita bajante a unos 400 metros de las barrancas de la Plaza de Toros en el Retiro (hoy Plaza San Martín), lo que fue advertido por los centinelas de la batería Abascal emplazada en las cercanías donde actualmente se halla el monumento ecuestre en honor al Padre de la Patria.
El eminente tradicionalista argentino Pastor Servando Obligado (1841-1924) publicó en el diario La Razón del 12 de agosto de 1920 (asequible en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional) un artículo intitulado Güemes en Buenos Aires. Transcribimos enseguida parte de dicho artículo, porque el autor da como protagonista del episodio del “Justina” al futuro general Güemes:
Antes de ser general fue soldado, como ante todo, salteño, y sobre todo, patriota de nacimiento. Afiló la espada que había de sablear chapetones hasta la más lejana frontera en piedras de estas calles, ensayando las memorables cargas de su renombre por sierras y montañas, en la playa del Plata, cuya bajante dejó en seco al buque de guerra inglés, cooperando a su abordaje... Luego, más adelante, se refiere al instante en que Liniers envía a su edecán hacia el Retiro con un parte de guerra:
“Ud., que siempre anda bien montado; galope por la orilla de la Alameda, que ha de encontrar a Pueyrredón, acampado a la altura de la batería Abascal, y comuníquele orden de avanzar soldados de caballería por la playa, hasta la mayor aproximación de aquel barco, que resta cortado de la escuadra en fuga...” (Es de advertir que esta orden sólo era de aproximarse al buque, sin referencia a su abordaje). Menos tardó el ayudante Güemes en recibir la orden que en transmitirla, como los gauchos de Pueyrredón, ganosos porque no se le escapara la presa en salir al galope tendido por la playa”.
Pueyrredón al recibir el despacho puso inmediatamente bajo el mando de Güemes la única tropa montada de que disponía, no más de 30 gauchos armados con lanzas, boleadoras, facones, sables y algunas tercerolas. Estos no trepidan en descender la empinada barranca y zambullirse en el brumoso río. Con sus caballos metidos en el agua hasta los ijares, se lanzan intrépidos tacuara en mano en una carga asombrosa, pocas veces registrada en la historia militar: el abordaje a caballo de un buque de guerra de la marina más poderosa del mundo de aquel entonces. Los bravos paisanos alentados por el alférez salteño asaltan la nave agresora y rinden a su tripulación luego de breve y reñido combate. Los británicos abordados, muchos de ellos artilleros y tiradores excelentes, habían sido doblegados por el estupor de ver surgir repentinamente esos centauros marinos emponchados que los acometían y trepaban sobre sus amuras con una vehemencia inaudita. Por algo dijo el escritor y poeta argentino Arturo Capdevila (1889-1967), que en Güemes “puede haber un abencerraje escondido en su corpachón atlético” (La Prensa, 8/4/62).
En la actualidad esas aguas cruzadas por gauchos a caballo capitaneados por Güemes, ya no son más aguas. El lugar que cubrían ha sido ganado al río. Es tierra firme y, en ese punto geográfico en que el prócer conquistó un trofeo, hoy se encuentra la Plaza Fuerza Aérea Argentina.
El heroico episodio de la toma del “Justina”, prácticamente ignorado por la enseñanza oficial, ha sido acreditado por numerosos historiadores de reconocido prestigio.
La estrepitosa derrota de las fuerzas invasoras inglesas por la acción popular de Buenos Aires en 1806 marca el nacimiento de la conciencia nacional argentina, la cual daría lugar al sentimiento de independencia del yugo español. Era la primera efusión de una patria que nacía en los corazones: integración soberbia y generosa de las esencias indígenas, africanas e hispanomusulmanas, sueño de redención de las masas humildes y sufridas que preferían morir en la ley rústica de sus orígenes antes que prosperar en la ley postiza de los invasores europeos. Por eso el jefe de la también frustrada invasión de 1807 (compuesta por la considerable fuerza de once mil británicos), teniente general John Whitelocke, tuvo de inmediato la sensación de que la “Pax Británica” no podría imponerse a los pueblos indohispanoamericanos; y le escribía al almirante George Murray: “De algo puede Ud. estar seguro, y ello es que Sud América nunca podrá pertenecer a los ingleses”. Asimismo, el teniente coronel Lancellot Holland, que fue apresado junto con el general Craufurd y los coroneles Pack y Guard en el glorioso convento de Santo Domingo durante la invasión de 1807, acusa en sus memorias la humillación sufrida a manos de las fuerzas argentinas: “Se nos ordenó salir desarmados. Fue un momento amargo para todos nosotros: los soldados tenían los ojos llenos de lágrimas. Se nos hizo marchar a través de la ciudad hasta el Fuerte. Nada podía haber sido más mortificante que nuestro paso por las calles en medio de la chusma que nos había vencido. Eran individuos de piel muy morena, cubiertos de harapos, armados con mosquetes largos y algunos con espadas” (Lancellot Holland, Expedición al Río de la Plata, Eudeba, Buenos Aires, 1976, págs. 122-123).
Esta malquerencia causada por la derrota y los desengaños sufridos se reflejarían en la literatura británica. Al escritor escocés Sir Walter Scott (1771-1832), famoso autor de novelas históricas como lvanhoe y Quentin Durward, el despecho y la deshonra de las armas inglesas le arrancaron estas palabras cargadas de rencor y desaliento:
Las vastas llanuras de Buenos Aires—dice— no están pobladas sino por cristianos salvajes, conocidos bajo el nombre de “huachos” (por decir “gauchos”), cuyo principal mobiliario son los cráneos de caballos, cuya única comida es la carne cruda con agua, cuya única ocupación es apresar ganado cimarrón y cuya principal diversión es montar un caballo hasta reventarlo. Lamentablemente —añade el “romántico civilizador”— prefirieron su independencia nacional a nuestros algodones y muselinas (Vida de Napoleón Bonaparte; tomo II, Cap. 1).
Pero, ¿quienes eran y de dónde venían esos terribles gauchos que poblaban la pampa infinita e indómita y que tantos reveses y amarguras habían hecho padecer a los súbditos de la raposa Inglaterra?

Fuente: www.cstg.com.ar


Curiosidades del Primer Gobierno Patrio Argentino

Por Martín A. Cagliani

Tres de los nueve miembros de la Primera Junta no hablan nacido dentro de los limites actuales de la Argentina. Cornelio Judas Tadeo Saavedra nació en Hacienda de la Fombera, hoy Bolivia. Domingo Matheu y Juan Larrea eran españoles, de Cataluña.
El miembro más joven de la Primera Junta era Larrea (23). El más viejo, Miguel de Azcuénaga (55). La edad promedio del cuerpo, en 1810, era de 43 años.
En 1795, el inventario de mercaderías de una tienda porteña daba cuenta de que había allí 27 paraguas de hule, que se vendían a 4 reales cada uno.
Por lo tanto, resulta verosímil la tradicional -pero controvertida imagen que muestra a los vecinos de la ciudad protegiéndose con paraguas, frente al Cabildo, aquel inclemente viernes de hace 185 años.

El vocal Manuel Belgrano (39) era abogado y había ingresado en 1807 en el Regimiento de Patricios con el rango de sargento mayor. Domingo French (36) se había desempeñado como cartero antes de iniciar la carrera militar. La Primera Junta le otorgó el grado de coronel.
Muchas familias criollas bautizaron a sus hijos con nombres alusivos a la gesta revolucionaria. Un padre llamó a su flamante primogénito Primo Patricio Liberato.
El sábado 26 de mayo de 1810, los porteños tuvieron en sus manos el primer documento patrio -la proclama de la Junta Provisional Gubernativa-, editado en la Real Imprenta de los Niños Expósitos. Empezaba así: Tenéis ya establecida la Autoridad que remueve la incertidumbre de las opiniones y calma todos los recelos...
La construcción del Cabildo, tal como lo conocieron aquellos patriotas, se realizó entre los años 1725 y 1764. El edificio sufrió modificaciones en 1861,1880, 1889, 1931 y 1940.

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Historia del obelisco

Por Martín A. Cagliani

En 1936, las cuadrillas municipales ya habían abierto un gigantesco hueco en pleno Buenos Aires por donde pasaría la avenida 9 de Julio, "la más ancha del mundo". En el medio de ese claro que había dado por tierra con viejos cafetines y teatros de varieté, en el cruce con la avenida Corrientes, se construyó la Plaza de la República. Y allí, como un gran mojón que cortaba a Corrientes, que ya habla dejado de ser angosta, se levantó el Obelisco.

Fue el homenaje de Buenos Aires al Cuarto Centenario de su Primera Fundación y representaba el espíritu progresista de una época. Por entonces, el intendente era Mariano de Vedia y Mitre, a la vez que ejercía la Presidencia de la República el General Agustín P. Justo. Lo diseñó el arquitecto Alberto Prebisch y lo construyó la empresa Siemens Bauunion en el tiempo récord de cuatro semanas, debiendo salvar las dificultades que significaban los túneles del subterráneo mediante la construcción de bóvedas en su fundamento.
Como símbolo, recuerda a aquel precario y grueso madero sobre el cual juró apoyando su espada Don Pedro de Mendoza en 1536. Fue emplazado en el sitio exacto donde flameó por primera vez en la ciudad la Bandera Nacional (la torre de la iglesia de San Nicolás, el 23 de agosto de 1812), y se inauguró formalmente el 23 de mayo de 1936 a las 3 de la tarde.

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De ayer a hoy

¡Qué te hicieron obelisco! - Diciembre 2005: el obelisco con profiláctico, en el día mundial de la lucha contra el SIDA

Historia del Riachuelo

Por Martín A. Cagliani

Río Pequeño, Río de los Querandíes, Río Chuelo, Río de Buenos Aires; son algunos de los nombres que recibió a lo largo de su historia nuestro actual Riachuelo. Río de curso vueltero que desemboca en el Río de la Plata tras recorrer 80 km desde su naciente. Su fluir comienza en el partido de Las Heras, provincia de Buenos Aires, donde los arroyos Castro y Cobey se unen para formar, en el Paso de la Horqueta, el río Matanza, este cambia de nombre a la altura del puente La Noria, siguiendo su curso como Riachuelo. Actualmente hay potentes fábricas instaladas en las orillas del Riachuelo. Una pobre ministra intento, sin mucha gana, limpiarlo en 1000 días de todos los residuos y contaminantes que viene recibiendo a lo largo de cientos de años, pero el negro Riachuelo se rió a carcajadas de este pobre intento.
Recién en épocas recientes el Riachuelo toma un curso parecido al actual, y muchos de los arroyos que vertían sus aguas en él se fueron cegando o desapareciendo como consecuencia de la rectificación de este río.
Para el año en que se asentaron los primeros europeos cerca de sus márgenes, en 1536, el Riachuelo tenia una fauna y flora diferente de la actual. Era un valle pantanoso, desolado y triste. Se desbordaba con frecuencia, creando lagunas y pantanos. La zona del Riachuelo era inundable por añadidura. Sus alrededores eran húmedos, poseían pastizales abundantes, vegetación tupida y variada. En su ribera se daban cita los bosquecillos de sarandíes negros, ceibos, blanquillos, gruesas matas de penachos blancos. En los bajos predominaban los juncos y flotaban los camalotes. Su valle estaba invadido por pajonales de paja brava, también había duraznillos blancos. Como se dijo el suelo del valle era sumamente anegadizo, y en él predominaban las gramíneas.
En sus barrancas y orillas, que tenían un alto de entre 8 y 20 metros, había matorrales de calafate, ñapindá, cactus, flor de seda y mata ojos. En lo alto había bosques pequeños de espinillos, porotillos, acacias, zarza mora, zarzaparrilla falsa, sombra de toro, etc. En las orillas aparece con alta frecuencia el sauce colorado, no el llorón que llegaría a la zona hacia 1810 de la mano del hombre.
En la meseta había agrupaciones de árboles con desarrollo más troncal. Se daban los algarrobos, talas, espinillos, chañares, coronillos negros, ceibos y de trecho en trecho, un ombú. También se daba el cardo, así llamado por los primeros españoles en llegar a la zona, pero en realidad era la "zanahoria de campo", vegetal comestible.
La fauna de la región era abundante y variada. Había sapos, ranas, culebras, víboras e insectos en abundancia. De estos últimos podemos enumerar a los alacranes, grillos, cucarachas (infaltables y eternas) gorgojos, polillas, los incansables y molestos tábanos y mosquitos, moscardones, moscas, gusanos, hormigas. Se daba cita también la insaciable langosta, las mariposas, garrapatas, etc. El cronista Félix de Azara se cansa de describir los diferentes insectos que poblaban la región. La fauna grande estaba caracterizada por el venado, el yaguareté, que aparece como puma o pantera en numerosas crónicas, también estaba la nutria, según Azara también había cuatrocientas cuarenta especies de pájaros. También volaban por la zona los murciélagos. En las lagunas se podían encontrar cigüeñas y flamencos. Teros, chajá, martinetas, así como peludo y cuises poblaban los llanos. El ñandú corría tranquilo por la meseta, solo siendo molestado por los indígenas. Los peces también abundaban a lo largo del curso del Riachuelo. Habían mandubíes, pejerreyes, patíes, bogas y algún que otro dorado.
La descrita más arriba fue la flora y fauna que encontraron los españoles al llegar al Riachuelo, esta fue cambiando al mismo tiempo y de la misma forma que su vecina Buenos Aires.
Como se dijo, los españoles al llegar a las orillas del Riachuelo no solo encontraron flora y fauna, sino que se encontraron con seres humanos. ¿Quiénes eran estos hombres?
Los habitantes de las zonas aledañas al Riachuelo eran los querandíes. Este era un pueblo de cazadores y pescadores, cazaban venados y ñandúes con boleadoras, también pescaban a orillas de los ríos y lagunas. Al principio se llevaron bien con los españoles, hasta les dieron de comer. Pero los españoles tenían que exigir más, el enfrentamiento no tardo en llegar y con el paso de los años los querandíes se fueron extinguiendo o emigraron hacia las pampas.
Los primeros europeos en asentarse en las cercanías del Riachuelo fueron los españoles. Llegaron en una expedición al mando de Pedro de Mendoza en 1536. El puerto elegido estaba en una especie de brazo norte del Riachuelo actual. En esa época el Riachuelo tenia una desembocadura con dos bocas, en forma de delta. Una de las bocas era profunda, al norte, era un canal que continuaba el río entre la costa firme y una isla paralela, llamada del Pozo, y la otra boca era innavegable, pero más tarde se convertiría en una entrada natural cuando la norte se cegó, ahora dragada es el acceso sur del puerto Buenos Aires. La isla del Pozo se extendía desde la boca este del Riachuelo hasta Retiro, desaparecería en el siglo XIX. En el brazo norte había un fondeadero limpio y profundo que fue llamado de variadas formas por los españoles, desde Río Pequeño hasta Riachuelo de los Navíos, luego extensivo a todo el curso del río. Las embarcaciones que fondeaban ahí eran protegidas de la marejada del río y los fuertes vientos, porque la isla los tapaba. En ese fondeadero entraron las 14 naves de la expedición española de 1536. También había agua potable, ya que era limpiado constantemente por las fuerzas naturales. Ninguna de las 14 naves pudo surcar el curso del Riachuelo, ya que la barra de la entrada y su poca profundidad lo impedían.
Estos españoles fueron los que fundaron el fuerte y puerto de Buenos Aires en 1536, este ultimo seria abandonado en 1541 y vuelto a poblar en 1580.
Durante un período largo, el territorio sur del Riachuelo permaneció como desconocido y sin poblarse. En forma lenta se fue poblando esta zona sur, amenazada por la indiada, pero fértil. El primer asentamiento español a orillas del Riachuelo se construyó en el gobierno de Hernandarias en 1607. Fue un fuerte denominado Guardia del Riachuelo, construido por las frecuentes amenazas e incursiones de corsarios. Ya había una fortificación anterior pero como se probó durante una incursión corsaria a principios de 1607, no servia.
En un principio, el Riachuelo era solo un obstáculo para la gente del lugar. Había mucho transito de una a otra orilla, la mayoría eran carretas con mercaderías provenientes del norte y oeste, pero también del sur. Cuando había que cruzarlo se utilizaban balsas o canoas, o se lo hacía por los vados o pasos que había en diferentes lugares. El Camino al Paso Chico (actual Av. Alcorta), conducía a los pasos Chico, de Burgos, Días Vélez y de la Noria, este ultimo uno de los mas conocidos, antes se llamaba Paso de Zamora. Por este mismo pasaron una parte de las tropas inglesas en la Segunda Invasión de 1807. Cruzar este río exigía atravesar extensos bajos y zonas anegadizas que bordeaban las márgenes del Riachuelo, casi siempre inundadas.
El más famoso de los pasos fue el de Burgos. Era el mas utilizado porque estaba ubicado en el camino más directo a la ciudad y también porque no se inundaba con las frecuentes crecidas del río. Se llegaba a él a través del "Camino al Paso Chico y demás pasos", actual Av. Amancio Alcorta. Se le conoció con el nombre de Burgos desde comienzos del siglo XVII. Hay diferentes posturas refereridas al porque de su nombre, una dice que era porque muy cerca un escribano llamado Francisco Pérez de Burgos tenia una chacra. La otra postura y mas aceptada popularmente adjudica la denominación a un botero de profesión llamado Burgos, que transportaba gente de una orilla a la otra.
El cruce en canoas era ejercido permanentemente por personas que se dedicaban a eso. Las había en los pasos de Pedro Salazar, en el de los Padres Batlemitas, en el de Burgos, en el Chico y en el Paso de la Capilla de los Remedios. Pero estos servicios solo los utilizaban los que no tenían ni caballo ni carreta, o todos cuando el río estaba crecido. Ya en 1653 el gobierno toma cartas en el asunto y reglamenta el paso con canoa, se dictamina que "se ponga una canoa para el pasaje de las personas", "poniéndola tomadas con dos cuerdas asidas de una banda y otra, para que en mejor comodidad puedan usar los que van y vienen sin riesgos de sus vidas". Este servicio se realizaba, teóricamente, personalmente, o sea que cada uno se cruzaba agarrado de la cuerda, pero en la practica la gente debía soportar a individuos que, sin autorización, cobraban por cruzarlo a uno. La primera se coloco en el paso de Pedro Salazar, llamado así por un vecino que tenia una chacra cerca del paso. A partir de entonces se le llamó Paso de la Canoa, fue en este lugar donde se levanto el primer puente del Riachuelo. El 1º de diciembre de 1799 se inauguró el primer puente sobre el Riachuelo. Se disidió levantarlo sobre el paso de la Canoa en el Camino Real al Sud, actuales calles Montes de Oca en Capital y Ameghino, en Avellaneda. Lo construyó el vecino Juan Gutiérrez Gálvez, al cual le fue adjudicado por licitación. El tal Gálvez no era ingeniero, pero conocía las artes de la construcción. En un principio se pensaba construirlo de piedra, cal y ladrillo, pero a causa de la escasez de materiales y mano de obra calificada, el puente se construyó de madera. El Cabildo tubo problemas con Gálvez porque este puso maderos de menor espesor al estipulado, pero todo siguió igual. El puente se dio en concesión a Gutiérrez Gálvez, que lo explotaría por 5 años, se encargaría de su mantenimiento, y cobraría un peaje para el mismo. El peaje era de dos reales la carreta cargada, y un real por coche, calesa o carretón. Se le daba tarifa preferencial a los indios, mulatos y negros, que abonaban la mitad.
Este puente tuvo muchos nombres, en un principio se llamo de Gálvez, luego de Madera, de Barracas, y en la época de Rosas se lo pintó de rojo punzó y se le llamó Puente de la Restauración de las Leyes. Fue reconstruido varias veces, en 1806 cuando los ingleses avanzaban sobre Buenos Aires se lo incendio para que no pudiesen cruzar, igual se las ingeniaron atando varias embarcaciones de un lado a otro del Riachuelo. El 23 de diciembre siguiente, echados los invasores, se habilitaba nuevamente. El puente deja de funcionar en 1858, tras una caudalosísima avenida del Riachuelo que socavó los pilares del puente. Casi apenas destruido el puente anterior, se construye uno nuevo en el lugar, de calzada más ancha y pilares más resistentes. Algunos años después fue reemplazado por el puente Pueyrredón.
En 1800 se construyó el primer muelle por obra de Lucas Castañeda, quedo de 35 metros de largo.
A fines de 1810, cuando Francisco Gurruchaga organizó la primera escuadrilla patriota, fue creada la maestranza o arsenal a orillas del Riachuelo, en la Vuelta de Rocha. Permaneció ahí hasta 1852.
Para 1855 había mucho trafico en el paso de Burgos, y un vecino de la zona, Enrique Ochoa, dueño de un saladero se ofreció a levantar un puente de mampostería sobre el paso, pagándolo él por completo. Fue habilitado en marzo de 1855. Estaba construido con técnicas de avanzada para la época. Se desvío el agua, se usaron bombas de achique, y muchas técnicas de ultima generación. Pero solo medio año después, una gran creciente arrasó con la estructura del puente. Ochoa, como buen empresario y, según imagino, debería ser bastante terco, levanto otro puente. Se lo encargo al ingeniero Carlos Pellegrini. Pero resultaron vanos los nuevos esfuerzos, la siguiente avenida de agua se llevo este nuevo puente también. Como se dijo antes, Ochoa no se iba a dar por vencido, así que encaro la construcción de un tercer puente en el mismo lugar. Los construyó con vigas de urunday, quebracho colorado y lapacho. Se inauguró en 1859 y lo nombró Puente Valentín Alsina, en honor al Dr. Alsina que recién renunciara a su cargo de gobernador de Buenos Aires; a pesar de haber invertido un montón de dinero y tiempo ni siquiera reclamo su nombre sobre el puente. En 1910, 51 años después, por su mal estado se lo remplazó por uno de hierro, que a su vez fue reemplazado por el actual, inaugurado el 26 de noviembre de 1938, pasándose a llamar Puente Teniente General Uriburu.
A causa de la creciente ocurrida en mayo de 1858, que arruino el puente Barracas (ex Gálvez), Prilidiano Pueyrredón, juntamente con Medrano, Panthou y Escribano se presentan al gobierno, ofreciéndose a construir un puente moderno, de hierro, y giratorio, para no obstruir el paso de los barcos, en el mismo lugar del de madera. El 17 de marzo de 1862 se les otorga la concesión. La proyección de puente era excelente, muy de avanzada para la época. Traen la estructura de hierro forjado desde Inglaterra. La obra por fin se termina en diciembre de 1867. El mismo día de la inauguración, mientras se lo prueba definitivamente, ocurre el desastre. Una imprevisión en el número de los pilotes hace fracasar el mecanismo, el brazo de palanca vence al pilar-pivote y se va todo al fondo del río. Mucho dinero perdieron los empresarios, así que firmaron un nuevo contrato para arreglar lo sucedido y construir un nuevo puente. El puente quedaría listo y funcionando en noviembre de 1871. El pobre Pueyrredón quedo muy perjudicado económicamente y su salud se agravo mucho, falleció en 1870, sin ver terminado su puente. En homenaje a este empecinado empresario al puente se lo denomino Puente Pueyrredón. El puente fue arrasado por la más grande inundación del Riachuelo, el 23 de septiembre de 1884. De inmediato se lo sustituyo por uno de madera. En 1903 se lo remplazo por uno con tramo central levadizo. Finalmente en 1931, fue inaugurado el que funciona actualmente.
Se construyeron muchos puentes más, llegando a la gran cantidad de puentes que hay hoy a lo largo del río Matanza y del Riachuelo.
Como se vio a lo largo de los párrafos anteriores, las inundaciones y crecidas del río eran muy corrientes, y muchas veces causaban grandes destrozos. En 1805, los días 5 y 6 de junio, se produjo una gran inundación. Durante dos días soplo un viento huracanado desde el sudeste produciendo una gran creciente del Río de la Plata y del Riachuelo. Esta creciente trajo consigo grandes inundaciones, destruyendo varios edificios. Se hundieron embarcaciones, se arruino el puente Gálvez, así como muchas casas de los alrededores. Lo más perjudicial, era la gran correntada que tiene y tuvo el Riachuelo, en condiciones normales no se nota, pero con un sudeste que no le permite desaguar correctamente en el Río de la Plata, produce grandes estragos. Las grandes lluvias traen consigo, como se podrá imaginar, una creciente fuerza en la corriente del Riachuelo, y esta arrasaba con todo a su paso.
Otro gran temporal se produjo el 18 de septiembre de 1816, que ocasionó la muerte de 7 personas, de las 75 que poblaban las márgenes del Riachuelo. Se perdieron embarcaciones y el puente Barracas (ex Gálvez) quedo inutilizado. Se dice en los partes de gobierno que las aguas habían cubierto media legua (aprox. 2500 m) a uno y otro lado del Riachuelo. Este desastre fue ocasionado por las grandes lluvias que se produjeron en la cuenca del Riachuelo. Eran muchos los arroyos y cañadas que vertían sus aguas en el Riachuelo, por esa época.
Los temporales se siguieron produciendo con mayor o menor intensidad. En 1820 una violenta sudestada, acompañada de la consiguiente inundación destruyo el muelle, un puente y 60 embarcaciones. En 1845 una fuerte creciente barre con las casas que estaban asentadas cerca de la costa, mas otros tantos destrozos. Ocurre otro desastre el 19 de marzo de 1866. En 1869 se produce otra crecida muy fuerte, durante dos días soplo un viento huracanado, derribando árboles y construcciones modestas. Seis meses después, el 14 de abril de 1870, otra gran inundación obligó a evacuar muchas viviendas. La última gran inundación del siglo se produce en 1884, comentada anteriormente, siendo esta la peor de todas. Todos estos problemas fueron solucionados en parte con el dragado del río, y con su rectificación, lo que permitió que no se sintieran tanto sus constantes crecientes.
El principal movimiento del Riachuelo se lo daba su puerto, pero también las innumerables industrias que se asentaron sobre sus orillas a lo largo de la historia. Desde la época de la colonia existieron muchos varaderos y astilleros en el Riachuelo. En 1865, existían 38 astilleros. En uno de ellos, perteneciente a Guillermo Sherman, se construyó un vapor de ruedas llamado "Lincoln", de 150 toneladas. Otro, el de José Badaracco e Hijos, fundado en 1857, treinta años después había construido más de 400 embarcaciones.
En estos años y anteriores, el Riachuelo solo podía ser cursado por embarcaciones pequeñas. Pero por obra del ingeniero Luis A. Huergo, se pudo abrir el río a embarcaciones de gran calado.
A la entrada del Riachuelo había un banco llamado la Barra del Riachuelo, muchas veces las embarcaciones tenían que esperar días a que creciese el río para poder pasarla. Por esta causa, el canal de entrada estaba obstruido, así que el gobierno llamó a licitación el 18 de mayo de1875, para canalizar y rectificar el Riachuelo. Se tenia que ensanchar y rectificar el río, abrir nuevas desembocaduras y canales, y construir nuevos muelles. Fue favorecido, entre muchos, el proyecto del ingeniero Huergo. Los trabajos se comenzaron el 9 de noviembre de 1876 con dos dragas y un vapor remolcador. Las obras continuaron muy bien encaminadas y con una mejora progresiva. En 1880 las obras siguieron con los muelles, empedrado de calles y demás obras que se fueron ejecutando a medida que se disponía de fondos. En 1883, el 25 de enero, entró un vapor atlántico al Riachuelo, lo que produjo mucha felicidad, al punto que se premio a Huergo con medallas. Huergo le dio una nueva desembocadura al Riachuelo, drago todo su curso inferior dándole una mayor profundidad, lo rectifico, y realizó muchas obras más que llevaron el progreso a la zona, creciendo esta, en importancia a través de los años.

Bibliografía relevante Azara, Felix. "Descripción e Historia del Paraguay y Río de la Plata". Bucich, Antonio J. "La boca del Riachuelo en la historia". Cardoso, Aníbal. "Buenos Aires en 1536". Conlazo, Daniel. "Los querandíes, un enigma histórico". Todo es Historia. Nº 140 Enero 1979. Eleta, Fermín. "La Armada de Don Pedro de Mendoza y el puerto y pueblo de Nuestra Señora de Buenos Aires. Nuevo Enfoque", Boletín del Centro Naval, vol LXXXV, Nº 670, enero-marzo 1967. "Memoria obras del Riachuelo 1884". Kirbus, Federico B. "Los pontífices del Riachuelo". Todo es Historia. Nº 225 Enero 1968. Pinasco, Eduardo H. "Biografía del Riachuelo".

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Costo de vida en Buenos Aires para 1790

Cómo vivían, se vestían, comían y transcurrían su vida cotidiana los habitantes de aquel Buenos Aires colonial defines del siglo XVIII, lo describe Andrés Carretero a través de un relato minucioso y documentado, ameno y esclarecedor.

Por Andrés M. Carretero

Contrariando la opinión general, la vida en la época colonial, en Buenos Aires y su campaña, no fue fácil ni barata.

Una casa de tres habitaciones, dependencias para el servicio y tres patios, ubicada en el barrio de Santo Domingo, no se podía adquirir por menos de cuatro mil quinientos a cinco mil
pesos, dependiendo de la calidad de los materiales empleados y si tenía terraza.

El amoblamiento de la misma superaba los dos mil quinientos y se acercaba mucho a los tres mil, o algo más si los muebles eran de jacarandá o nogal o fabricados en España o Francia y traídos por encargo.

Los cortinados, fundas de los muebles, espejos, almohadones y otros complementos representaban como mínimo los quinientos pesos, dependiendo de los géneros usados, pues había diferencias apreciables entre el damasco, la seda y el algodón posibles de utilizar en ellos.

En lo referente a la comida y la bebida, los gastos anuales eran tolerables, dado que el alimentos básico era la carne, tanto vacuna, como ovina o porcina, a la que se agregaban los animales domésticos, las aves de corral o los salvajes de la fauna menor. Pero en promedio se necesitaba, para una familia que podemos llamar tipo para la época, de cinco personas y otros tantos sirvientes, no menos de 8 ó 10 pesos diarios, que eran entre 250 y 300 mensuales, o sea, unos 1.100 al año.

Aunque parezca excesivo este gasto en comida y bebida, debe considerarse que el personal de servicio no cuidaba los utensilios utilizados y buena parte de los elementos usados eran tirados a la basura o dados a los perros y gatos de la casa o a los limosneros que a diario hacían sus recorridas por el polo urbano de la ciudad.

Respecto a estos mendicantes, hay relatos que indican a varios de ellos con sitios reservados en la Plaza Mayor, donde se dirigían, junto a su o sus perros, cuando habían logrado la cantidad de comida apetecida y, tirados en el suelo, daban entre todos cuenta de lo recogido.

Respecto a los gastos de comidas y bebidas, existía la recomendación de tener como plato principal, carne de vaca hervida, no asada, acompañada con mate o agua.

Una estimación promedio del costo de la batería de cocina era de cien pesos o algo más, siempre que predominaran las piezas de cobre, pues si se preferían las de plata, esa cantidad se multiplicaba por cuatro.

La cantidad de ropa blanca para las camas, como las toallas, insumía al año una suma estimada en cien pesos.

Un gasto nunca ajustado y siempre cambiante fue el correspondiente al calzado de las mujeres mayores, pues además de hacerse en cada casa los zapatos, para ahorrar una buena suma, esa confección casera resultaba ajustada al gusto estético de quien los llevaría, pero deficiente y, por ello, al año cada mujer necesitaba renovar el calzado entre cuatro y cinco veces.

A ello había que agregar que cada dueña de casa, como sus hijas en edad de casarse, necesitaban por lo menos tres tipos de calzado. Uno para entrecana, otro para salir de visita o compras y un tercero para las reuniones sociales, donde se bailaba.

Un gasto que era incontrolable e imposible de evitar era el ocasionado por el mal trato que los esclavos del servicio doméstico daban al menaje que no era metálico. Hay muchos inventarios de bienes, que indican ese menaje como averiado en mayor o menor proporción y son muchos los juegos de tazas, platos, copas o vasos incompletos o desportillados. Muchas de las piezas metálicas bronce, hierro o plata presentaban abolladuras y hasta rajaduras que afeaban el aspecto o imposibilitaban el uso. No eran raros en los inventarios los asideros o mangos defectuosos y hasta faltantes.

La cantidad de personal doméstico variaba de casa a casa, pero para la familia tipo mencionada, no era menos de cinco. El precio promedio de cada uno de ellos era de entre 200 y 300 pesos, dependiendo de la edad, tiempo de estada en la ciudad y habilidades. Su distribución en las tareas de la casa era más o menos fija. Este personal se componía de un cocinero para hacer las compras en el mercado y distribuir el menú diario en forma armónica y dentro del presupuesto disponible; una persona para acarrear el agua necesaria en la cocina y para fregar los utensilios usados; una tercera para paje y lacayo, que acompañaba a la señora de la casa al templo, a recorrer tiendas y a hacer las compras y que se ocupaba de la limpieza de los niños; una cuarta persona era quien hacía de cochero y en los ratos libres se ocupaba de la limpieza de la casa y demás menesteres interiores.

En las familias pudientes, a este plantel básico se agregaba la negra de cría, así llamada por ser quien amamantaba a los niños pequeños y ayudaba a la señora en la intimidad de su alcoba. Todo ese personal doméstico de origen esclavo estaba supervisado por el mayordomo blanco que los controlaba y corregía, evitando roturas y robos.

Como no había profesionales en ese entonces para este último trabajo, se lo agregaba con una asignación anual y un lugar para vivir. A pesar de estas ventajas, hubo quienes lograron ubicarse en el seno de familias importantes para desaparecer al poco tiempo, con dinero, alhajas o ropas, como consta en el archivo de Tribunales.

Otro gasto que significaba preocupación era la limpieza y conservación de las prendas, pues además del lavado era necesario almidonarlas, especialmente las enaguas y los delantales, para cuando se recibían visitas. La ropa de uso personal y la de cama e higiene, se deterioraba bastante, por el método utilizado para lavarla, ya que los jabones usados estaban fabricados en base a lejías que debilitaban, cuando no carcomían, las fibras de los tejidos, junto con el apaleamiento complementario, que se hacía en las toscas del río, para sacar de ellas los excesos de jabón.

En general esa sociedad colonial puede ser considerada como austera, salvo cuatro vicios. Uno de ellos era el abanico, prenda imprescindible para una mujer que apreciaba la elegancia y la sofisticación sociales. Otro correspondía a los hombres y era el uso de relojes de bolsillo, también considerados esenciales, para completar el vestir masculino en todas las actividades diarias. Un tercero era de hombres y mujeres, y consistió en el consumo de tabaco y de rapé. Este último se decía que estaba reservado para las personas de estudio y se le atribuían propiedades para aclarar los pensamientos y tener la cabeza clara.

El cuarto defecto o vicio fue el de la excesiva limosna, cuando superaba las realidades fácticas de quien la prodigaba. Hubo familias que hicieron una cuestión de honor de la cantidad de mendicantes que acudía a su puerta a diario para obtener comida, ropa, calzado. Esa ayuda incluía a sacerdotes, sin distingo de órdenes.

Son muy raras las manifestaciones sobre mujeres dadas al excesivo consumo de bebidas, pues ni aún entre las esclavas, manumitidas o libertas han quedado registros de sus nombres o costumbres.

Un rubro de poca repercusión en la sociedad de su tiempo es el que corresponde a los gastos en bibliotecas y libros, posiblemente por el elevado precio de ambas cosas.

De los inventarios, legajos y herencias posibles de consultar, se desprende que las casas más lujosamente puestas, correspondían al alto clero, especialmente en los rubros de muebles, ya que en ellas predominaron los de jacarandá con patas torneadas de pie de cabra, colgaduras de damasco y hasta mulas mansas con las consiguientes guarniciones adornadas con penachos de seda.

Dado los cambios ocurridos en la economía argentina resulta imposible hacer una estimación del valor adquisitivo de la moneda de aquel entonces comparándola con la actual, pero es posible inferir que el presupuesto de la familia tipo considerada, significó el equivalente de quince o más de las familias de los sectores trabajadores.

Fuente: Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires www.defensoria.org.ar


Las tertulias de Buenos Aires

Por Martín A. Cagliani

Las tertulias vistas por un francés en los años 1826-33: "Fuimos a la tertulia. Por lo general, son agradables las tertulias y enteramente sin etiqueta, lo que forma su principal encanto. La conversación es siempre muy viva y animada, gracias a la natural alegría de las porteñas, a la excesiva movilidad de su imaginación y a su índole en general bastante romántica. La música instrumental (el piano y la guitarra) y el canto varían también sus placeres, pero especialmente forma el baile su principal objeto; el baile, en donde se despliegan las más graciosas danzas europeas, el petulante vals alemán, la contradanza francesa, la española, que parece ser la favorita, y otros bailes nacionales, como el montonero (minué), que a la gravedad de su género une el encanto de las figuras españolas de su complicada contradanza, muy difícil de ejecutar bien. Al entrar saluda usted a la señora de la casa, lo que constituye la única ceremonia de estilo; puede usted retirarse sin otra formalidad, de modo que así tiene uno en su mano el visitar una docena de tertulias en el decurso de una noche, uso muy análogo, como se ve, al de París. Las maneras y conversación de las señoras son muy sencillas y graciosas. Las delicadas atenciones que muestran por los extranjeros han hecho que alguna vez se las acusara falsamente de excesiva libertad, acusación que las ha determinado a recibirlos con menos franqueza en su amistad. Sin embargo, ese abandono sienta bien a las orgullosas y vivas porteñas, de talle elegante y noble, que no perdonan tan fácilmente a un extranjero su poca destreza y embarazo en tomar un ardiente mate, o en desempeñar su parte en un grave montonero, cuyas figuras enreda del todo." Biografía: "De viaje pintoresco a las dos Américas, Asia y Africa", por A. D'Orbigny y J.B. Eyriès.

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Gobierno ingles sobre Buenos Aires en 1806

Por Martín A. Cagliani

Los ingleses no podían estar mas equivocados, cuando pensaron que la conquista de Buenos Aires iba a ser fácil y segura. El comodoro Home Riggs Popham, estaba convencido de que la llegada de las fuerzas inglesas seria celebrada por los habitantes, oprimidos por el poder español, de Buenos Aires y los partidarios del libre comercio. La realidad no fue tan fácil para los invasores.
El 14 de abril de 1806 zarpa de la ciudad del El Cabo la expedición al mando del comodoro Popham, transportando un ejército dirigido por el general William Carr Beresford, que seria nombrado vicegobernador, para excluir la posibilidad de que Popham quisiera independizar al Plata.
El 25 de junio las naves inglesas están frente a Buenos Aires, y entre las once y las doce comenzaron a desembarcar sus efectivos, en las playas de Quilmes, con toda tranquilidad y sin la menor oposición. Esto ocurría a la vista de todos los testigos que miraban desde la Fortaleza, la Alameda y desde algunos techos. Un oficial ingles escribiría años mas tarde "Nuestro ejercito efectivo, destinado a conquistar una ciudad de más de 40.000 habitantes, con un inmenso cuerpo para disputarnos la entrada en ella, se componía solamente de setenta oficiales de toda graduación, setenta y dos sargentos, veinte tambores y 1466 soldados; haciendo un total general de 1635." Mientras las chalupas iban y venían desembarcando ingleses, las embarcaciones de guerra porteñas permanecieron ancladas sin recibir orden alguna.
Home Riggs Popham
La ciudad cae en dos días sin mucha pelea. El pueblo le echa la culpa a la ineficacia y cobardía del virrey marques de Sobremonte, que se mantuvo inactivo y ordeno a las fuerzas y voluntarios porteños que hicieran lo mismo, hasta que, en fuga, el virrey ordena al brigadier José Ignacio de la Quintana iniciar las tratativas de capitulación. A la tres de la tarde del 27 de junio de 1806, bajo lluvia y frío, desfilaron los soldados ingleses por las calles de la capital virreinal, estirando la fila para parecer más. "Los balcones de las casas estaban alineados con el bello sexo, que daba la bienvenida con sonrisas y no parecía de ninguna manera disgustado con el cambio", comenta nuestro cronista ingles.
El gobernador de Buenos Aires, Beresford, consciente de la necesidad de no irritar a la ciudad evita cuidadosamente toda medida despótica y durante ese mes y medio de dominación inglesa despliega un tacto singular: ratifica las leyes españolas, confirma a todos los funcionarios públicos, garantiza la protección de todas las personas y de sus bienes y de la Iglesia Católica. Castiga también, severamente a los soldados ingleses que cometen delitos o abusos.
El 28 la ciudad estaba como muerta, no se abrió ninguna tienda ni pulpería y el mercado de la plaza estaba desierto. Los ingleses comenzaron a hacer guardia en las esquinas de la Plaza, en los portales de la Recova y del Cabildo, y en las calles, abatidas por la sudestada y el frío. Causa escándalo e indignación entre los habitantes de Buenos Aires la actitud de algunos criollos para con los ingleses, ya que muchos se acercaron al invasor ofreciendo su colaboración. En los días siguientes comenzarían a deambular por las calles de la ciudad patrullas y rondas realizadas por los alcaldes de barrio, dos vecinos y dos soldados ingleses, destinados a conservar el orden.
Ya el 29 de junio se comienza a trabajar por la liberación de Buenos Aires, se hace desde dentro. Los más serios y violentos son un grupo de catalanes que luego se les dirá la Junta catalana. Estos catalanes son los mas perjudicados por el gobierno ingles, ya que los españoles estaban bien con el comercio monopolista, y no con el mercado abierto que impuso el gobernado ingles. Se comienza a observar a los ingleses, estudiando sus movimientos y los lugares de sus guardias.
Solo tres días después de la toma de la ciudad comienzan a abrirse los cafés y las tiendas, y comienza a haber movimiento en la ex capital virreinal. El primero de julio se celebra una comida en la casa de Martín de Sarratea a la que son invitados los jefes ingleses, noticia que escándalo a la ciudad. Muchas familias invitan a los oficiales ingleses a las tertulias, estos participan, como si nada hubiera pasado, de la vida social porteña. La mayoría de los oficiales de Beresford han sido alojados en casas de familia, sin que se las hubiera obligado. El pueblo llano detesta a esta gente y los considera traidores, así será que luego de la reconquista muchos los quieren ajusticiar. "...parecía que teníamos en la ciudad algunos amigos ocultos, pues casi todas las tardes, después de oscurecer, uno o más ciudadanos criollos acudían a mi casa para hacer el ofrecimiento voluntario de su obediencia al gobierno británico [...] El número llego finalmente a cincuenta y ocho" dice el capitán ingles Gillespie. El día 3 de junio los ingleses comienzan a tomar juramento a todos los oficiales españoles ante el antes citado capitán que es comisario de prisioneros. El 7 de junio prestan juramento de fidelidad a Inglaterra las autoridades de Buenos Aires y a partir del 10 lo tenían que hacer los vecinos más importantes y principales de la ciudad. Manuel Belgrano huye de la ciudad hacia su campo en Uruguay, para evitar la jura de fidelidad, ya que él era secretario del Consulado, muchos siguen su ejemplo. Casi todos querían sacarse de encima al gobierno inglés, mucha gente comenzó a organizar intentonas. Los catalanes mas arriba nombrados, al mando de Felipe de Sentenach, se reunieron una semana después de la conquista, para planear la reconquista, y predomino la idea de minar el Fuerte y el cuartel de la Ranchería y acampar en las inmediaciones de Buenos Aires con una fuerza de 1000 hombres voluntarios que invadirían la ciudad luego de la voladura de los bastiones ingleses. Otros planes mas improvisados e ingenuos se barajaron pero el primero predomino. Mas tarde se reúnen en la casa de Martín de Alzaga, donde debaten como reclutar a la gente. Pasan los días y los catalanes siguen con su emprendimiento, sin que los ingleses se enteren. Habían quienes querían sorprender a los ingleses y degollarlos. Estos liderados por Juan Trigo y Juan Vazquez Feyjoo son invitados a unirse a los catalanes, mas que nada para que no se delaten por tanta imprudencia. Se reunían dinero y armas en casas particulares, en los almacenes y barracas. Para poder cavar la mina debajo del Cuartel de la Ranchería los catalanes alquilan una casa cercana donde se ubica la boca del túnel. Se dice que el mismo Sentenach entro disfrazado en el cuartel de la Ranchería para estudiar la disposición y ubicación de los dormitorios de la tropa inglesa.
Estos mismo catalanes se comunican con el gobernador de Montevideo, y este les responde el 18 de julio que ya ha tomado las prevenciones necesarias para la reconquista de la ciudad y que dispone de mil hombres, 12 lanchas cañoneras y cinco goletas. La tropa será embarcada en Colonia y desembarcara en Olivos, aunque luego tendrá que desembarcar en el Tigre.
En la noche del 21 de julio llego a San Isidro Juan Martín de Pueyredón y otros. Llegan con las ordenes del gobernador de Montevideo de reclutar voluntarios de la campaña de Buenos Aires y estar listos para apoyar a la expedición de auxilio que llegara de Uruguay. Establece su campamento en la villa de Luján, sin recatarse de sus acciones que ya son conocidas por los ingleses a través de sus espías.
Los ingleses, mientras tanto, imaginan algo y ponen centinelas en muchas esquinas de la ciudad. Además, para impresionar a los ciudadanos, intensifican el trabajo constante a que someten a la tropa, maniobras en la Plaza o por la ciudad, todo dando grandes griteríos al son de las gaitas. Tienen muchos espías y soplones.
Ya el 23 de julio los catalanes envían a todos los voluntarios a una chacra que habían alquilado a la sazón, que se llama de Perdriel. El 29 reciben un requerimiento de Liniers, que estaba al mando de las tropas de Montevideo, de que reúnan fuerzas para su desembarco inminente, pues ya estaba en Colonia listo para cruzar el río. Esto no les cayo nada bien a los catalanes, ya que frustraba sus sueños y esperanzas, arrebatándoles los laureles merecidos. Hoy todos saben quien reconquistó la ciudad, Liniers, pero de los catalanes nadie se acuerda. El 2 de agosto le piden a Liniers que detenga su marcha en Colonia hasta que ellos estén listos para la acción: volar el fuerte y el cuartel. Temían que Liniers se llevara toda la gloria.
Santiago de Liniers
El 2 de agosto los ingleses atacan a Pueyrredón y a los voluntarios reclutados por los catalanes en Perdriel, dispersándolos a los cuatro vientos. Si bien lucharon con coraje y valentía, la mayoría estaban muy mal armados. Por estos días se sabe que el Virrey Sobremonte, que esta en Córdoba, se prepara para marchar sobre Buenos Aires, un poco tarde.
El 6 de agosto Liniers desembarca en el Tigre con mas de 1000 hombres y artillería. Dos días antes, el gobernador ingles, Beresford, manifiesta que ha concluido el nefasto sistema del monopolio y que la población podrá gozar de los beneficios de las producciones de otros países. Pero los días en que Buenos Aires formó parte del imperio Británico llegan a su fin.
En la tarde del 12 de agosto de 1806 los ingleses, ahora acantonados en el fuerte, se rinden ante las fuerzas de Liniers y la increíble cantidad de voluntarios que llenaron la Plaza pidiendo las cabezas de los ingleses. Los ingleses se defendieron duramente, cada calle cada esquina, muchos cuerpos quedaron en las calles porteñas como saldo.

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Los oficios en el Buenos Aires de 1826

Por Martín A. Cagliani

Los Oficios en el Buenos Aires de 1826-33, contados por un viajero francés: "Tocaban ya a su fin mis estudios sobre Buenos Aires con el tiempo que había destinado; y observando las altas dases, en los brillantes salones en donde entraba libremente, merced a mis huéspedes, no había descuidado las costumbres del pueblo, cuyos salones son las calles, las plazas, y los mercados; en efecto, allí es donde han de verse, tanto en Buenos Aires como por todas partes; pero en esta ciudad es menester cierto valor para observarlo bien, porque es horriblemente sucio, excepto en los días de fiesta. Los changadores o faquines, los carretilleros o carreteros, que a cada paso se encuentran y que saludan a los extranjeros con los más groseros epítetos, no están mucho más mal educados que nuestros cocheros de fiacre y nuestros mozos de cordel; pero ahora sólo trato de los individuos que ejercen una industria positiva y determinada, como por ejemplo esa lavandera que anda diestramente, con la pipa en la boca, llevando en la cabeza una especie de piragua de madera (batea) en cuya concavidad hay un fardo de ropa, y en la mano izquierda el vaso para hacer su mate entre día. Quizás la haya visto muchas veces con la criada en la mano al pie del Fuerte, en donde se reúnen todos los días las mujeres de su profesión. Más allá reconozco un vendedor de velas. Cuando anda, trae en la espalda izquierda una especie de arco sin cuerda, hendido en algunos puntos, para colgar en equilibrio gruesos haces de sus géneros; pero cuando reposa, fija en el suelo una especie de horquilla de madera que tiene en la mano derecha y muestra sus velas, aguardando a los parroquianos.
Aquél que trae en los hombros o en la mano escobas de cañas o plumeros de plumas de avestruz es el vendedor de escobas. Ahora viene, torciéndose de puro gritar, el ídolo de los niños: "¡Ya se acaba, quién me llama, pastelito!". A su lado andará de cuando en cuando un rival tal vez más feliz, la vendedora de tortas, con un cesto en la cabeza llenó de sus tesoros. En esotra calle cercana, el vendedor de naranjas tiene también su mérito con los sacos de cuero llenos de la fruta, que trae a ambos lados de su caballo. Habiéndome hecho adquirir mis paseos por el mercado algunas nociones de economía local, las cuales sin ser indiferentes no pueden no obstante ser acogidas sin precaución, porque han de variar mucho, según las estaciones y circunstancias; así me vi pronto en estado de luchar con mi huésped sobre erudición culinaria, elogiando la excelente carne de que se halla provista Buenos Aires, y aplaudiendo más de una vez el haber encontrado a menudo en su mesa tatúes o armadillos, o por lo menos ciertas especies de este animal, cuyo sabor puede compararse al del gorrino o del conejo."
"De viaje pintoresco a las dos Américas, Asia y Africa", por A. D'Orbigny y J.B. Eyriès.

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Relatos antiguos sobre Buenos Aires

Por Martín A. Cagliani

Muchos fueron los extranjeros, principalmente europeos, que pasaron por Buenos Aires. Algunos de todos estos trotamundos decidieron pasar al papel sus experiencias, algunos, demasiado "civilizados", detestaron a la ciudad mientras que otros se quedaron enamorados de ella, obviamente existieron los puntos intermedios. Misioneros, soldados, marinos, comerciantes, politicos, personajes de todo tipo reflejaron sus experiencias es Buenos Aires. En este articulo se reflejan los puntos esbozados arriba, recopilando partes de los libros de viajeros que se escribieron sobre Buenos Aires. Los paréntesis son agregados y explicaciones mías. Relato de un soldado alemán que participo de la expedición española de don Pedro de Mendoza que fundó el puerto de Buenos Aires en 1536: "Allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires: esto quiere decir buen viento (el original fue publicado en alemán). También traíamos de España, sobre nuestros buques, setenta y dos caballos y yeguas, que así llegaron a dicha ciudad de Buenos Aires."
"... se repartió toda la gente: la que era para la guerra se empleó en la guerra y la que era para el trabajo se empleó en el trabajo. Allí se levantó una ciudad con una casa fuerte para nuestro capitán don Pedro Mendoza, y un muro de tierra en torno a la ciudad, de una altura como la que puede alcanzar un hombre con una espada en la mano. Este muro era de tres pies de ancho y lo que hoy se levantaba, mañana se venía de nuevo al suelo; además la gente no tenía que comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo que los caballos no podían utilizarse. Fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ni ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; hasta los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido. Sucedió que tres españoles robaron un caballo y se lo comieron a escondidas; y así que esto se supo se les prendió... Entonces se pronunció sentencia de que se ajusticiara a los tres españoles y se los colgara de una horca. Así se cumplió y se les ahorcó. Ni bien se los había ajusticiado, y se hizo de noche y cada uno se fue a su casa, algunos otros españoles cortaron los muslos y otros pedazos del cuerpo de los ahorcados, se los llevaron a sus casas y allí los comieron. También ocurrió entonces que un español se comió a su propio hermano que se había muerto." "En este tiempo los indios asaltaron nuestra ciudad de Buenos Aires con gran poder y fuerza. [...] consiguieron quemar nuestras casas, pues estaban techadas con paja; excepto la casa del capitán general que estaba cubierta con tejas."
Bibliografía: "Viaje al Río de la Plata", Ulrico Schmidl.
Años mar tarde, en 1612, Ruy Díaz de Guzmán escribiría "La Argentina", en la que da una descripción de la zona de Buenos Aires: "Desde el Cabo Blanco para Buenos Aires, hay tierra muy rasa y desabrigada, de malos puertos, falta de leña, de pocos rios, salvo uno que está 20 leguas adelante, que llaman de Tubichamiri, nombre de un cacique de aquella tierra. [...] Es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poco agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales: los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandís."
Un misionero jesuita del Tirol de paso por Buenos Aires: "6 de abril de 1691: Hubiera preferido consignar el día con oro, que no con tinta. Hoy viernes de la Madre Dolorosa, arribamos a Buenos Aires, tras larga y penosa travesía marítima, en el buque Almirante.
En esta mañana no oímos en el La Plata, en el río de la plata, sino el tronar de los cañones, el son de las trompetas y la algarabía de la gente que aguardaba al margen del río. Varias compañías de soldados de a caballo y a pie esperaban nuestro desembarco; también había indios con muchos niños, moros y moras, bautizados y paganos. Todos habían acudido a recibirnos (en ese mismo barco, aparte de los 40 misioneros venia el nuevo gobernador desde España)."
"...Buenos Aires es una pequeña, insignificante ciudad. Consta de sólo dos calles que se cruzan en la plaza. Ni siquiera es la mitad de grande como en el Tirol pueden serlo Kaltern o Klausen. La rige un lugarteniente español con mandato por cinco años, hasta que uno nuevo es enviado de España. No obstante, en la ciudad existen cuatro conventos: de los franciscanos, dominicos, trinitarios y jesuitas. Todos debes vivir en extremada pobreza, pues las cosas, con excepción de los alimentos, son tremendamente caras. Hasta el presente las casas eran de adobe. Hace poco, los jesuitas comenzaron a fabricar ladrillos y tejas. Los maestros de obra son nuestros propios Padres; los albañiles, indios formados en nuestras Reducciones del Paraguay. [...] La plata tiene menos valor que el hierro. Un cuchillo cuesta cien veces más que en Alemania. Igual ocurre con un fusil. Sólo los alimentos son baratos, casi ridiculamente baratos. Una vaca gorda, por ejemplo, puede adquirirse por centavos. Los soldados andan descalzos, y a menudo el uniforme les cuelga como trapos hechos jirones. Levantada por el incesante pampero, la tierra vuela por las calles, de modo que a veces ni siquiera puede divisarse las casas de la acera de enfrente..."
Biografía: "Extensa descripción del viaje del R.P. Antonio Sepp SJ, desde Hispania hacia Paracuaria", Antonio Sepp von Rainegg.
Opiniones del capitán francés que le devolvió las islas Malvinas a España, sobre la Buenos Aires de 1766: "Esta ciudad, regularmente construída, es mucho mayor que lo que parece según el número de sus habitantes, que no exceden en veinte mil, blancos, negros y mestizos.
La forma de las casas es lo que le da tanta extensión. Si se exceptúan los conventos, los edificios públicos y cinco o seis casas particulares, todas las demás son muy bajas y no tienen más que el piso bajo. Tienen, de otra parte, vastos patios y casi todas, jardines. La ciudadela que encierra el gobierno está situada a orillas del río y forma uno de los lados de la plaza principal; el opuesto está ocupado por el ayuntamiento (cabildo). La catedral y el obispado están en la misma plaza, donde todos los días hay mercado público.
No hay puerto en Buenos Aires, ni aun siquiera un muelle para facilitar el abordaje de los barcos. Los navíos no pueden aproximarse a la ciudad más de tres leguas (15 km. aprox.). Descargan sus cargamentos en goletas, que entran en un pequeño río llamado río Chuelo (el Riachuelo actual), de donde las mercancías son llevadas en carros a la ciudad, que está a un cuarto de legua (1300 m. aprox.). Los barcos que han de carenar o tomar un cargamento de Buenos Aires, se van a la ensenada de Baragán, especie de puerto situado a nueve o diez leguas (50 km aprox.) al Este-Sureste de esta ciudad.
Hay en Buenos Aires un gran número de comunidades religiosas de uno y otro sexo. El año está lleno de fiestas de santos, que se celebran con procesiones y fuegos artificiales. Las ceremonias de culto son pretexto de espectáculos...." Bibliografía: "Viaje alrededor del mundo", L. A. de Bougainville.
Una vision de las costumbres y la vida en el Buenos Aires colonial, de la mano del indio Calixto Bustamante Carlos, peruano apodado Concolorcorbo. Este indigena realizo un viaje acompañando a un visitador de correos y postas desde Buenos Aires a Lima en 1771: "...advierto a mis lectores que la ruta mas común y regular es por el río, a desembarcar en el Riachuelo, cuyo viaje se hace en una de las muchas lanchas que rara vez faltan en Montevideo. Con viento fresco favorable se hace el viaje en veinticuatro horas, distando cuarenta leguas (220 km., en realidad son199 km.) del Riachuelo. El desembarco es muy molesto, porque dan fondo las lanchas en alguna distancia y van los botecillos la mayor parte por la arena, a fuerza de brazo por los marineros, que sacan a hombros a los pasajeros y equipajes, hasta ponerlos muchas veces en sitios muy cenagosos, por falta de melle. Algunas veces se aparecen muchachos en sus caballos en pelo, que sacan a los pasajeros con más comodidad y menos riesgo que las barquillas. [...] Antes del Riachuelo están las balizas, que son unas grandes estacas clavadas en el fondo, y por lo que se descubre de ellas se sabe si hay o no suficiente agua para darle en el puerto. Los pasajeros se desembarcan cerca del fuerte, y a sus espaldas y su principal entrada está en la plaza mayor y frente al cabildo de Buenos Aires. [...] Esta ciudad está situada al oeste del gran Río de la Plata, y me parece se puede contar por la cuarta del gran gobierno del Perú, dando el primer lugar a Lima, el segundo a Cuzco, el tercero a Santiago de Chile y a ésta el cuarto. [...] Hay pocas casas altas, pero unas y otras bastante desahogadas y muchas bien edificadas, con buenos muebles, que hacen traer de la rica madera del Janeiro (Río de Janeiro, Brasil) por la colonia de Sacramento (Uruguay). Algunas tienen grandes y coposas parras en sus patios y traspatios, que aseguran sus habitantes, así europeos como criollos, que producen muchas y buenas uvas. [...] Su extensión es de veintidós cuadras comunes, tanto de norte a sur como de este a oeste. Hombres y mujeres se visten como los españoles europeos, y lo propio sucede desde Montevideo a la ciudad de Jujuy, con más o menos pulidez. Las mujeres en esta ciudad, y en mi concepto son las más pulidas de todas las americanas españolas, y comparables a las sevillanas, pues aunque no tienen tanto chiste, pronuncian el castellano con mas pureza."
Este mismo viajero nos otorga datos de estadística sobre la ciudad para 1770: "21065 habitantes, 1520 nacimientos y 846 fallecidos. 99 huérfanos, 101 presidiarios". Y sigue con la división de los habitantes: "3630 hombres españoles, en que se incluyen 1854 europeos, los 1398 de la península, 456 extranjeros y 1785 criollos. 4508 mujeres españolas. 3985 niños de ambos sexos. 4163 esclavos negros y mulatos de ambos sexos y de todas edades. Españoles casados: 942 europeos y el resto de 912 solteros. 1058 criollos y el resto de 727 solteros." Total de 2000 casados y 1639 solteros.
Bibliografía: "El lazarillo de ciegos caminantes", Concolorcorbo.
Fuerte de Buenos Aires 1829 Apreciaciones de un agente estadounidense sobre la Buenos Aires inmediatamente posterior a la Revolución del 25 de mayo de 1810: "La costa sudoeste del Río de la Plata es tan baja que la ciudad apenas se ve desde las balizas, aunque la distancia no pasa de 8 millas (13 km.). Al acercarse a la costa la ciudad presenta un aspecto melancólico. Sólo vi una larga línea de casas bajas, de irregular construcción y, en el centro, un viejo fuerte de cuatro baluartes. La orilla estaba cubierta de mujeres negras, lavando, y como el verano se hallaba en su mayor fuerza, el 15 de febrero (1810), mucha gente se estaba bañando; [...] Tomamos tierra sobre un muelle que se adelantaba hasta alguna distancia de la costa. Al llegar al fuerte, que incluye un edificio grande y pesado, antes residencia de los virreyes y ocupado ahora por el presidente de la Junta, tuve la agradable sorpresa de hallar frente a él una amplia y hermosa plaza dividida por una columnata, con tiendas a cada lado, opuesta a un edificio que más tarde supe era el cabildo o ayuntamiento. Las calles divergen desde este punto y se cortan en un ángulo recto, dividiendo la ciudad en grupos macizos de 150 yardas (137 m.) cada uno. Entre el Fuerte y la columnata, que se llama la Recova, había una cantidad de carretas cargadas de frutas y verduras. Del lado opuesto, varios chiquillos a caballo galopaban de una parte a la otra con sus tarros de leche, colgados sobre sus monturas. [...] No vi coches; carros de caballos y de bueyes cruzaban la plaza en diferentes direcciones. Los primeros eran carros de dos ruedas tirados por dos caballos [...] Pasé de la plaza a las calles, que tenían aceras para la comodidad de los peatones. Las casas están construidas con ladrillos y están bien edificadas. Algunas sólo con un piso bajo y grandes patios, pero generalmente con un piso alto sobre la planta baja. Todas tienen techos planos y parapetos, adornados con urnas, lo que les da un aspecto cuidado y causa gran impresión. [...]"
"...presencié un fenómeno cuyas singulares circunstancias me inducen a informar aquí sobre él. La atmósfera se oscureció de repente, y todos los indicios anunciaban una tormenta. Oyóse un estruendo y todos corrimos a la calle para ver de qué procedía: cuando, estupefacto, vi una columna de polvo más alta que las casas, y tan ancha como la calle, que avanzaba hacia nosotros con rapidez y precedida por remolinos de viento que levantaban las basuras y el polvo del aire. Apenas tuvimos tiempo de cerrar las puertas y ventanas, cuando pasó, oscureciendo el aire y forzando el polvo por las hendijas de puertas y ventanas, de manera de cubrir todas las mesas y los muebles. La atmósfera quedó de nuevo clara, pero el viento continuó soplando con gran violencia. [...] Al tercer día el viento, que hasta entonces había soplado del sureste, cambió al suroeste, y soplando con fuerza pronto despejó un cielo claro y hermoso, y en pocas horas las calles quedaron perfectamente secas. [...] Tan pronto como se supo que un forastero había llegado de los Estados Unidos con la intención de residir en Buenos Aires, todos los criollos de distinción vinieron a visitarme, me convidaron a sus casas y me trataron con urbanidad y atención.
Los encontré suaves y amables en su trato, alegres y amigos de diversiones. Se reúnen con frecuencia por las tardes en casa de unos y de los otros, y se entretienen con los naipes, música y baile. De inteligencia vivaz e imaginación ardiente [...] Las mujeres son animadas y amigas de la conversación, la que mantienen con gran vivacidad." "...el mate, así llamado por la calabaza en que esta bebida se presenta siempre. Es una infusión de hierba del Paraguay, que es de un gusto amargo y acre. Esta infusión es endulzada, y a veces se le agrega un poquito de canela y de corteza de limón. La calabaza, o mate, se coloca sobre un soporte de plata, y el líquido es absorbido a través de un tubo de plata, provisto en su extremidad inferior de un ensanchamiento globular, todo perforado por pequeños agujeros para evitar que alguna partícula de la hierba pase por él. El mate es el lujo de los ricos y el solaz de los pobres. Lo beben apenas se levantan de la cama por la mañana y después de la siesta, por la tarde, y a menudo se deleitan con él durante el día. [...] Las calles de Buenos Aires por lo común están pavimentadas, y en el invierno se vuelven casi intransitables. Sin piedras ni madera para construirlas o arreglarlas, utilizan huesos u osamentas de animales para rellenar los pozos; el resultado puede imaginarse fácilmente. Los caminos que conducen a través de los suburbios de la ciudad son tan extremadamente malos, y las huellas tan hondas, que con gran dificultad puede guiarse un coche por ellos,..."
Bibliografía: "Diario de Viaje a Río de Janeiro, Buenos Aires y Chile. 1810-11", J. R . Poinsett Un viajero ingles tiene una mala opinión sobre la Buenos Aires de 1825: "Esta lejos de ser residencia agradable para los habituados a las comodidades inglesas. El agua es cara. La ciudad está mal pavimentada y sucia y las casas son la morada más incómoda en que nunca haya entrado yo: paredes húmedas, mohosas y descoloridas por el clima; pisos malos de ladrillo, en general rotos, y frecuentemente con agujeros; techos sin cielo raso, y a las familias no se les ocurre calentarse de otro modo que agrupándose en torno de un brasero colocado puertas afuera hasta que el anhídrido carbónico se desprenda.
Algunas familias principales porteñas amueblan sus cuartos de manera muy costosa pero incómoda; colocan sobre el piso de ladrillo una alfombra triple de Bruselas, cuelgan de los tirantes una araña de cristal, y ponen contra la pared húmeda, blanqueada, numerosas sillas norteamericanas de estilo chabacano. Tienen un piano ingles y algunos jarrones de mármol, pero no tienen idea alguna para arreglar los muebles en forma cómoda; las damas se sientan de espaldas contra la pared, sin ningún motivo aparente; cuando un extraño las visita, tienen la costumbre descortés de no levantarse del asiento. No tuve tiempo de frecuentar la sociedad de Buenos Aires, y las habitaciones parecían tan incómodas, que , a decir verdad, me sentí poco inclinado a hacerlo. [...] En Buenos Aires rara vez hombres y mujeres pasean juntos; en el teatro están completamente separados y no es simpático el ver todas las damas sentadas en los palcos mientras los hombres están en la platea -esclavos, simples marineros, soldados y comercianres-, todos miembros de la misma república. La ciudad es provista por los gauchos, así que muestran gran falta de atención a las disposiciones que generalmente se encuentran en comunidades civilizadas. Leche, huevos, fruta, legumbres y carnes, se traen a la ciudad por individuos al galope y se consiguen solamente cuando se les ocurre traerlos. [...] Si uno a sido llevado para comer en carruaje y, por la noche, se aventura a preguntar por qué éste no ha vuelto, la respuesta es que está lloviendo y quienes alquilan carruajes no los dejan salir cuando llueve. [...] La casa que tenía en las afueras estaba no solamente frente al cementerio inglés sino en el camino de la Recoleta, gran necrópolis de la ciudad; media docena de entierros pasaban diariamente ante mi ventana, y en los pocos días que estuve en Buenos Aires, casi no fui a la ciudad a caballo sin haberme topado con alguno."
Biografía: "Las pampas y los andes", Francis Bond Head.
Un viajero francés en la Buenos Aires de 1826-1833.
"Pasaba Buenos Aires, antes de la época en que ha llegado a ser residencia de un virrey, por la cuarta ciudad de la América meridional; pero desde aquella época apenas cede en nada a la misma ciudad de Lima. Se halla edificada con regularidad y presenta la forma de un cuadrado largo de tres cuartos de legua y ancho de media, dividida en cierto numero de cuadras, separadas entre sí por calles que se cortan en ángulos rectos, las cuales son rectas y anchas. No siempre están empedradas en el centro, pero ambos lados ofrecen aceras, desgraciadamente demasiado estrechas para no dejar de ser incomodo su paso, mayormente siendo en muchos puntos altas de dos a tres pies mas que la calzada. Las dos principales son la calle de la Victoria, que ha recibido este nombre después de la Revolución, porque antes tenía el de calle San Benito, y la de la Santa Trinidad. La primera, que casi atraviesa la ciudad, está habitada por la clase alta. Casi todas las casas están bien edificadas en aquella calle y algunas otras próximas a ella, construídas de ladrillos, blanqueadas cuidadosamente, con espaciosos patios [...] Las ventanas están defendidas con una reja de hierro, que les comunica cierto aire de cárcel. La mayor parte tiene balcones cerrados con celosía, en los cuales cultivan flores cuyo perfume embelesa el olfato, [...] Es menester añadir, en honor a la verdad, que describo ahora el hermoso cuartel, la Calzada Antin de Buenos Aires; porque el resto de la ciudad, y los arrabales, habitados sobre todo por mestizos y por los negros, tiene un aspecto muy sucio y miserable. [...] En las calles de Buenos Aires hay más vida y movimiento que en ninguna otra ciudad de la América meridional,... Numerosos carros groseramente construídos con sus chilladoras ruedas de enorme circunferencia, aunque no sean del todo redondas, conducidos por hombres medio salvajes, casi tan brutales como los animales que guían; comisionistas negros, mulatos o indios, cargados con balas y cajas de mercadería; señoras en elegantes carruajes ingleses o franceses, tirados por caballos del país, pequeños pero vigorosos; otras caminando para hacer sus compras o visitas; capellanes y monjes; negociantes y militares; mendigos con licencia o sin ella, apareciendo todos muy afanados; sin hablar del sempiterno tañidos de las campanas -están siempre abiertas las iglesias de Buenos Aires-, tan insoportable para oídos no acostumbrados a aquella armonía; todo este movimiento, todo este ruido comunica a la población una fisonomía particular, y cierto aires de ciudad grande, que no dejaba de tener algún valor para un parisiense recién salido de las lagunas del Paraguay[...] Los mendigos forman una plaga de la que no se ve libre la capital de los argentinos, lo mismo que la de los franceses. Siendo tan abundante todo lo necesario a la vida, y mucho más subido el precio del trabajo que en muchos otros puntos, parece que debería verse Buenos Aires exenta de aquel azote; pero la indolencia y pereza de ese pueblo explican fácilmente esta contradicción.[...] En el norte parece prevalecen aún algunas costumbres españolas, a lo menos en gran parte, en un considerable número de poblaciones; aquí, al contrario, fácilmente creerá un inglés hallarse en Londres, y aun más fácilmente un francés en París. Los sastres y las modistas son todos ingleses o franceses. Sobre todo lo son los trajes para ambos sexos, y siempre al último gusto, con algunos meses de retraso, porque al menos han menester el tiempo necesario para la travesía. Mi tertulia era muy concurrida y de las más brillantes."

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La sombra de homosexualidad sobre Manuel Belgrano

Por Martín A. Cagliani

La historia y el tiempo se encargaron de poner una sombra sobre Belgrano: su supuesta homo sexualidad. Quien no penso eso cuando le hacían estudiar historia en el colegio, al verlo con sus calzas apretaditas. Pero nada mejor para desmentir eso y quitar esa sombra sobre Manuel Belgrano que lo expuesto a continuación.
Un 3 de junio en el año 1770, en la ciudad de Buenos Aires, nace Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Hijo de una familia acaudalada, su padre era comerciante, estudia en Salamanca y en Valladolid, España. Secretario perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires. Periodista, creador del "Correo de Comercio". Participa en la defensa contra las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807. Fue secretario de la Primera Junta de gobierno, en 1810, y luego jefe de la expedición al Paraguay, en la cual fracasa. En 1812 crea la bandera argentina y la enarbola por primera vez. Suplantado por San martín en el Ejercito del Norte, parte a Londres en misión diplomática, juntamente con Bernardino Rivadavia. Finalmente en 1816 vuelve a comandar el Ejercito del Norte.
Como esbozamos mas arriba, siempre se trato a Manuel Belgrano de afeminado, sino homosexual. Suposición que no podría estar mas lejos de la verdad. Belgrano tubo muchas mujeres en su vida, en España durante su juventud y en la alta sociedad del Buenos Ares colonial. Si bien luego se dedica a la emancipación del país con mucho entusiasmo, no le impidió seguir teniendo muchas amigas.
El rumor que todavía vive de que Belgrano era afeminado se creo a partir de su carácter demasiado amable, sensible, fino y delicado; contando también la voz aflautada, por no decir de pito. A raíz de esta voz, se creo una enemistad con Manuel Dorrego. En una ocasión San Martín trataba de ilustrar a los oficiales, repitiendo una voz de mando que comenzaba con San Martín y seguía con Belgrano, que era el segundo en autoridad. San Martín dijo: Batallón... March... Después de San Martín, siguió Belgrano. Pero su débil voz le causó gracia a Dorrego que soltó una carcajada como si hubiera escuchado el mejor chiste. San Martín se enojó mucho y le dijo: Señor coronel: hemos venido aquí a uniformar las voces de mando. Dijo y reiteró la orden. Belgrano repitió con la misma voz, ya que no tenia otra, Dorrego volvió a reírse a carcajadas, San Martín se enfureció. A los pocos días San Martín desterró a Dorrego a Santiago del Estero.
Otro factor fue su profunda fe católica, que lo llevo a impartir impone una disciplina espartana, se acaban los bailes, las mujeres y la baraja, a su tropa en 1818 cuando cuidaba la retaguardia de Güemes en Tucumán. Por las noches recorre las calles con un ordenanza e irrumpe disfrazado en los cuarteles para sorprender a los oficiales desobedientes. Lo llamaban despectivamente Bomberito de la Patria. Mitre le reprocha la disciplina monástica, excesiva que imponía a su tropa. Habían practicas religiosas continuas, y ejercía una severidad extrema, aun respecto de la vida privada de los oficiales. A Belgrano lo guiaba en esta manera de proceder no solo su gran catolicismo, sin también el espectáculo desagradable que le habían dado sus oficiales y los capellanes del ejercito. Estos mismos andaban con muchas mujeres, y los oficiales también. Esto a Belgrano no le gustó nada. Por culpa de estas convicciones tubo una pelea con su amigo Martín Miguel de Güemes, que era un mujeriego empedernido, hasta salía con mujeres casadas. Pero lo que más molesto a Belgrano, un hombre de honor a toda prueba, fue que Güemes vivía con Juana Inguanso de Mella sin estar casado, un mal ejemplo para la tropa. El honor en esa época todavía significaba algo, y tenia que ser respetado.
Todos estos comportamientos no le ayudaron mucho a Belgrano, lo tildaron enseguida de afeminado, nadie, sino la historia, iba a conocer sus aventuras con diversas mujeres, una de ellas casada.
Dijo un historiador: Belgrano, debido a su rango, puedo haber elegido esposa en los lugares más destacados, Buenos Aires, Córdoba, Salta, Jujuy, Santiago del Estero, de donde provenía su familia materna. Belgrano era delgado, de cutis blanco, pelo rubio y ojos azules. Era buen mozo, abogado, culto, había ocupado altos cargos, y estaba relacionado con todas las familias de la sociedad porteña. Sin embargo, nunca se casó.
Manuel Belgrano tubo muchas relaciones de alta sociedad, como lo fue María Josefa Ezcurra (1785-1856) hermana de la famosa Encarnación Ezcurra de Rosas, esposa de Juan Manuel de Rosas. De esta relación tubo un hijo ilegitimo, que fue adoptado y criado por Rosas, que se llamo Pedro Rosas y Belgrano.
Pero su más grande amor fue una niña de 15 años que conoció en Tucumán. Era María de los Dolores Helguero. Pasaron los años, y a mediados de 1816, Belgrano estaba nuevamente al mando del Ejercito del Norte. Vivía en La Ciudadela, próxima a la ciudad de Tucumán.
Dolores ya tenia 19 años, y era una hermosa tucumana de buena familia. El general, que tenia 46 años, se enamoró de ella, y fue correspondido en su amor. A lo largo de dos años no dejaron de verse, y fueron el comentario social. Como dice Fray Jacinto Carrasco: "Su conducta fue siempre clara y recta. Por eso, cuando vio que nacía en su corazón ese amor por la joven tucumana, y su conciencia no le permitía llegar a ella sino por el matrimonio, resolvió casarse con Dolores; y se hubiera casado, si la fatalidad no se hubiera interpuesto en el camino". En efecto, Belgrano recibió ordenes del gobierno de marchar rumbo al sur, finalizando 1818.
Pasaron los meses, y una tarde, estando acampado en Pilar, llegó un criado de los Helguero, Sanchu, trayendo una carta de Dolores; en ella le decía que hacia dos meses (el 4 de mayo de 1819), había nacido Manuela Mónica del Sagrado Corazón, agregando que por orden de sus padres, había tenido que casarse con un catamarqueño de apellido Rivas. Cuando Rondeau le autorizó dejar su cargo para poder atender su salud, que empeoraba cada día, partió rumbo a Tucumán, adonde llego en noviembre de 1819. Dolores, apenas enterada de la llegada del general, corrió a su lado, y junto a su hijita, se hizo más llevadero el sufrimiento por el que pasaba Belgrano. El marido de Dolores estaba desde tiempo atrás en Bolivia, y Belgrano mandaba continuamente a averiguar si todavía vivía, porque de lo contrario, él quería cumplir su promesa de casamiento con Dolores.
Debido a su enfermedad, partió a Buenos Aires en un viaje sin retorno. Dolores tenia entonces 23 años y su hija Manuela cumpliría un año. En el viaje lo acompañaban un medico, un capellán y el hermano de Dolores.
El 20 de junio de 1820 muere derrumbado por la sífilis y la hidropesía, pobre y abandonado por su patria. Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Filantrópico, saco un artículo sobre la muerte del prócer, y muy escuetamente. Para colmo de males, 83 años después, cuando su cadáver es exhumado para ser trasladado al mausoleo en el que se encuentra hoy, los Ministros Joaquín V. González y el coronel Riccieri se robaron sus dientes. Uno de los únicos restos del prócer que no se habían transformado en polvo. Luego de las quejas de un periodista del diario La Prensa tuvieron que devolver los dientes del pobre y vapuleado Belgrano.

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Desmitificando a San Martín, y sus relaciones con los ingleses

Por Tomás Bril Mascarenhas

"La liberación de Hispanoamérica debe ser alcanzada a través del deseo y los esfuerzos de sus habitantes, pero el cambio solo podrá operarse bajo la protección y con el apoyo de una fuerza auxiliar británica" remató Lord Casterlagh cuando era Ministro de Relaciones exteriores de la Corona inglesa. Después de los fallidos intentos de capturar el Río de la Plata (en 1806 y 1807, al mando de Beresford y Withelocke respectivamente), los británicos se dieron cuenta que el Nuevo Mundo tendría que ser emancipado por otras vías y no por medio de un ataque armado a la capital del Virreynato, Buenos Aires.
El interés inglés por estas tierras se registra con anterioridad al 1800 y no era otro que "crear una entrada libre para nuestras [de los ingleses] manufacturas" (como escribió un escocés llamado Maitland del que después profundizaremos). En los comienzos del siglo XIX Inglaterra había perdido parte de su imperio con la independencia de una de sus colonias favoritas, los Estados Unidos; y a su vez, estaba bloqueada en Europa por Napoleón. Necesitaban comerciar sus productos elaborados y abastecerse de materia prima. Como ya mencioné, las llamadas Invasiones Inglesas no habían sido fructíferas para el gobierno de Su Majestad.
Fue allí cuando resurgió la idea de llevar a cabo un plan con base en el de Maitland. Este escocés era miembro del parlamento y consejero de guerra de la Corona, quién entre 1800 y 1803 le pidió que confeccionara un plan para tomar e independizar al Nuevo Mundo. Maitland propuso procedimientos innovadores como cruzar la Cordillera de los Andes, y se dio cuenta, como buen estratega que era, que el objetivo no sería alcanzado si no se tomaban simultáneamente las costas del Atlántico y del Pacífico, y principalmente la ciudad de Lima "centro" de las colonias españolas.
San Martín siguió casi al pie de la letra esta estrategia confeccionada en Inglaterra. No se sabe si el "padre de la Patria" conoció el Plan Maitland, pero es un hecho que San Martín compartió parte de su vida con funcionarios ingleses y miembros de logias masónicas.
Revisemos un poco su historia para fundamentar ésto: durante su estadía en España luchó junto a los ingleses contra Napoleón. Sorpresivamente en 1811 renuncia al ejército al que había pertenecido gran parte de su vida. Se embarca, con ayuda de funcionarios ingleses (James Duff entre ellos, luego Lord Fife), hacia Londres. Permanece en esta capital por cuatro meses donde tiene reuniones secretas con miembros del Parlamento y masones de la Gran Reunión Americana. Llega a Buenos Aires en marzo de 1812 junto a Alvear, Zapiola y otros criollos e inmediatamente crea la Logia Lautaro, instaurando en ésta un régimen de funcionamiento al estilo de las logias inglesas. Solo siete meses después de su llegada encabeza el primer golpe de estado de la historia argentina y destituye al Primer Triunvirato, formando el Segundo (en el cuál hay dos masones: Álvarez Jonte y Rodriguez Peña). En 1814 le ordenan avanzar por tierra al Alto Perú, pero esto va en contra de "sus" planes y renuncia al Ejército del Norte argumentando que tiene problemas de salud. Llega, tiempo después, a ser Gobernador de Cuyo y se instala en Mendoza (calificado por Maitland como el lugar "indudablemente indicado" para iniciar la campaña a Chile), allí, con mucho esfuerzo personal y ayuda del Director Supremo (por ese entonces, Puyrredon), prepara un ejército escaso en armamento y hombres. Pide deliberadamente al Congreso de Tucumán que se declare la independencia. Cruza los Andes y vence a los españoles en Chacabuco y Maipo. En 1818 declara la indepencia de Chile y con la ayuda de los ingleses sigue su expedición marítima al Perú. Logra la independencia peruana y rechaza los cargos que le ofrecen para volver definitivamente a Europa.
Como vemos en este resumen, San Martín tenía las "ideas claras" ya que en poco más de 10 años logró llevar a cabo una empresa que le había sido difícil incluso a los ingleses. Mucho se ha dicho y escrito acerca del patriotismo del prócer, y, contrariamente a esta postura, hoy hay mucha gente que piensa que San Martín fue un agente inglés. Yo creo que estos son dos extremos opuestos: el Libertador no fue tan "grande" como lo quiso mostrar Mitre pero a su vez tenía y luchaba por sus ideales, o sea no hacía todo lo que los ingleses querían.
¿Por qué San Martín no fue un agente inglés? En su obra Maitland & San Martín Terragno argumenta que "San Martín, como hemos visto, buscó el apoyo británico. Esto no lo hace menos patriota. La conducción de toda guerra requiere una política de alianzas. Esto no significa identificarse con los ideales o los intereses de los aliados" y más adelante agrega, " En 1811, San Martín bien pudo sentir que el interés comercial británico y el interés político sudamericano tenían una ocasional coincidencia. Eso explicaría la busqueda de apoyo"
Esta busqueda de apoyo se vio manifestada cuando San Martín requirió de la ayuda marítima y militar de Inglaterra. Los británicos, no poco interesados en el asunto, enviaron a las costas del Pacífico barcos (antes utilizados en la Companía de las Indias Orientales) y militares (el más conocido de ellos fue Cochrane que tuvo gran participación cuando su ejército venció a los españoles por mar) ¿Por qué San Martín volvió a su tierra después de tantos años de lucha al frente del ejército español? Algunos dicen que su sentimiento patriota lo llevó a hacerlo. Esto es casi imposible ya que solo había vivido en lo que más tarde sería la Argentina 6 o 7 años y además en la época en la que él se fue, este territorio era casi un "anexo" de España.
Yo creo que la decisión fue tomada por varias razones: sus ideales liberalistas, las incentivaciones recibidas por los ingleses como Duff, su "odio" a la actitud sometedora de España y a instituciones como la Santa Inquisición. San Martín tenía ideales y no se puede decir que el incentivo económico (si lo hubo) fue lo que lo impulsó a llevar a cabo tan importante empresa. En su época él no estaba solo, había en Europa y América ciertas organizaciones que creían, como él, que España debía dejar de ejercer su poder en estas tierras, abriendo paso al comercio con otros países extranjeros.
Si bien creo que San Martín no estuvo subordinado a los ingleses, tampoco estuvo al servicio de su patria como siempre se ha dicho. Estaba al servicio de un plan o una misión (dirigida o no por los británicos) que debía llevarse a cabo. Cuando la unidad nacional estaba en peligro (ante el inminente ataque de los federales al Directorio), San Martín decidió seguir su misión y no cumplir con los pedidos a gritos de Buenos Aires de abandonar el cruce de los Andes y acudir en su ayuda (hecho conocido como la desobediencia de San Martín).
Otro tema importante de esta singular campaña y que demuestra que el Libertador tuvo relaciones con los británicos antes, durante y después de su paso por América, es cómo San Martín actuó de la manera que lo hizo sin conocer estas tierras. ¿No es extraño que haya tomado el poder meses después de su llegada y que luego haya tenido tan claro que el lugar adecuado para organiizar un ejército y cruzar los Andes era Mendoza? Creo que esto explica que hubo gente (inglesa) que lo puso al tanto al prócer acerca de las características del territorio a independizar y de su forma de gobierno.
Sobre este tema se ha dicho que San Martín llegó a Buenos Aires sin saber cómo iba a independizar estos territorios, y que debido a su grandeza como estratega y militar ideó el cruce de los Andes. Es bueno aclarar que éste llegó al Río de la Plata con conocimiento (proporcionado por los británicos y masones americanos) acerca de cómo se debía actuar para lograr el objetivo del Plan Continental. Terragno dice "San Martín fue un gran estratega, y si se inspiró en el Plan Maitland, no fue por incapacidad sino, al contrario, porque tomó seriamente la empresa que se disponía a emprender"
¿Cuáles fueron las diferencias entre las invasiones inglesas y el Plan Continental? Como dijo Casterlagh para emancipar las tierras americanas era necesaria la ayuda de una fuerza externa que hiciera de "incentivador" de los criollos, que ya de por sí estaban buscando una identidad nacional propia. Los ingleses fallaron en creer que entrando y tomando Buenos Aires por la fuerza se adueñarían del poder colonial (actitud tomada en las invasiones inglesas). El camino a seguir era entrar "pacíficamente" e ir ganado, de a poco, partidarios con ideas independentistas. San Martín jugó ese papel, no entró por las armas ya que era criollo. Instaló una logia que reuniera a la gente con sus ideas y despues, sí, dio el golpe de estado y se adueño del poder "tomando Buenos Aires" como decía el Plan Maitland. San Martín logró lo que los ingleses no pudieron, aunque después como está comprobado requirió de su ayuda. Luego de este primer paso, el Libertador siguió la estrategia trazada 16 años antes por los británicos, con algunas diferencias principalmente de recursos, pero con un objetivo en común: derrotar a los realistas en centro de poder de su vasto imperio, Lima.
Bibliografía: Rodolfo Terragno, Maitland & San Martín, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1998.
Juan Bautista Sejean, San Martín y la tercera invasión inglesa, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1997.

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Amores y misterios de don Jose

Por Martín A. Cagliani

Artículo publicado en EDUCYT Nº 124, 8 de julio 2000 prensuba@decanato.de.fcen.uba.ar

Dentro de la abundante oferta editorial que aborda la historia argentina, el nombre de Jose Ignacio Garcia Hamilton se distingue por algunos titulos favorecidos por la eleccion del publico.

Esta semana, Garcia Hamilton presento un esperado trabajo sobre la vida de Jose de San Martin, donde el autor documenta aspectos poco conocidos del origen familiar y la vida sentimental del Libertador.

Puede el conocimiento de una dimension mas humana de un procer proyectar alguna sombra sobre la titanica tarea que le permitio ganarse un lugar en nuestra historia? Probablemente la gran mayoria de los interesados por nuestra historia estan mas satisfechos cuando se alejan del mito y se acercan a una comprension mas precisa de los hechos, pero esta busqueda no es por cierto compartida por todos.

Esta semana, la presentacion del libro de Hamilton, abogado e historiador tucumano, en la Feria del Libro de Rosario fue interrumpida por un grupo de jovenes identificados como "militantes sanmartinianos". Esta expresion, sumada a las cartas de repudio publicadas en el diario La Nacion expresan una metodologia donde el debate de ideas es inhibido frente a la imposicion de rutinas reverenciales hacia una historia construida sin sentido critico.

Por cierto que las afirmaciones del autor del "Cuyano Alborotador" merecen una discusion. Retomando una historia contada durante generaciones entre los descendientes de la familia Alvear, Hamilton conjetura que San Martin era hijo natural del almirante Diego de Alvear y de una indigena guarani.
A continuacion presentamos la nota publicada originalmente por La Nacion el pasado 25 de junio y que desatara la polemica con algunas entidades sanmartinianas.

Amores y misterios de don Jose Por Jose Ignacio Garcia Hamilton
La familia de Juan de San Martin y Gregoria Matorras ya tenia cuatro hijos (y Gregoria 40 a#os) cuando llego el ultimo vastago de la familia, a quien llamaron Francisco Jose. Como si estuviera mimetizado con ese ambiente de las Misiones, el bebito tenia la tez oscura y la nariz aguile#a. Poco despues, Juan fue reemplazado como gobernador de Yapeyu y la familia se traslado a Buenos Aires, donde el capitan no logro obtener un cargo similar.
Desalentado por su fracaso, Juan retorno a Espa#a y se establecio en Malaga, donde el ni#o Jose se crio en un hogar signado por el abatimiento. A los 11 a#os (en violacion de los reglamentos que establecian un minimo de 12) fue admitido como cadete en el regimiento llamado Murcia, donde aprendio a ser obediente, reservado y a desconfiar de los demas. Un informe de su comandante le nego la promocion por "vicios indecorosos", pero otro jefe rectifico el dictamen y Jose pudo llegar a ser oficial.
Participo de las derrotas en Oran a manos de los arabes, en Collioure frente a los franceses y se encontraba en la fragata Santa Dorotea cuando fue apresada por los ingleses. En los lugares de forzosa internacion, aliviaba su soledad de vencido tocando la guitarra y pintando los crepusculos maritimos en su caballete. En Bailen integro el ejercito vencedor frente a las tropas napoleonicas, pero sus ideas liberales lo habian colocado mas cerca de los invasores galos que de los retrogrados defensores de Fernando VII. Cuando uno de sus jefes, el marques de la Solana, fue ahorcado por las turbas en Cadiz acusado de "afrancesado y traidor", y otro, el marques de Coupigny, fue privado del mando por haber nacido en Francia, se dio cuenta de que no habia ya lugar en Espa#a para los que sostenian las ideas de tolerancia, ciencia y filantropia. Miembro de una logia masonica, decidio contribuir a las luchas por la independencia de las colonias en America, con la esperanza de que alli pudieran ponerse en vigor los principios del liberalismo que la peninsula rechazaba.
Tenia 34 a#os cuando llego a Buenos Aires. Habia habido en su vida mujeres cuarteleras y "manolas" de vida alegre, pero seguia siendo un hombre solitario y de pocos afectos. Se enamoro de Remedios de Escalada, una jovencita de 15, y se caso con ella pese a la oposicion de su madre, que lo calificaba de "plebeyo" o lo llamaba despectivamente "el soldadote". En la dominante logia del Rio de la Plata, Jose rivalizo con Carlos de Alvear, un hombre menor que el y de inferior grado militar, pero que descollaba por su inteligencia, su brillo social y su riqueza. Se comentaba que el padre de Carlos, Diego de Alvear, en su juventud habia tenido de amante una india en Yapeyu, con la cual habia concebido un hijo. Esta criatura, bautizada como Francisco Jose -afirmaba la version-, habria sido entregada al matrimonio de Juan y Gregoria de San Martin para que lo criaran. De este modo, Carlos y Jose vendrian a ser entonces medio hermanos y, precisamente, a San Martin lo apodaron como El Cholo o el Tape de las Misiones, por su apariencia de mestizo.
Cuando Jose fue designado gobernador de Mendoza, se insubordino contra el director supremo, Carlos de Alvear, y contribuyo a precipitar su caida. Al iniciar el cruce de los Andes, San Martin envio a su esposa y a su peque#a hija a Buenos Aires, a casa de sus padres. En Santiago, Chile, tuvo un romance con una dama y una noche, al visitarla en su casa, advirtio que estaba compartiendo sus favores con un oficial biso#o, el hermano menor de Manuel Olazabal. Prudentemente, Olazabal dejo el campo libre a su general. Desobedeciendo las instrucciones del gobierno de Buenos Aires, que le habia ordenado volver al Rio de la Plata para impedir las invasiones de los caudillos federales del Litoral, San Martin inicio su expedicion a Peru con el grado de brigadier general de Chile, bajo la bandera de este pais y con su apoyo economico. Desembarco en Huaura, donde establecio su cuartel general por varios meses. Por las noches solia visitar la estancia azucarera de San Nicolas de Supe, donde sostuvo una relacion con su propietaria, Fermina Gonzalez Lobaton. Una tradicion peruana afirma que el hijo que esta mujer tuvo nueve meses despues habia sido engendrado por don Jose.
Al llegar a Lima asumio el Protectorado (pese a que el mandato chileno lo habia desaconsejado) y alli mantuvo un affaire con Rosa Campusano, una guayaquile#a que habia actuado como espia a favor del bando patriota. Cubierta su cabeza con un velo y vestida con manto, Rosa habia distribuido mas de una vez panfletos subversivos y habia ocultado en una casa a varios oficiales espa#oles que habian desertado para pasarse a las fuerzas revolucionarias.
Don Jose se instalo en una residencia en el pueblo de la Magdalena y alli solia atender el despacho diario, que uno de sus ministros le llevaba desde Lima. Rosa, que era soltera, lo acompa#aba con frecuencia, y los sabados a la noche partian en lujosa carroza rumbo a las fiestas de la capital, ella con vestido y zapatos de seda y el con su nuevo uniforme de general, con abundantes hilos de oro. Cuando el protector incluyo a Rosa entre las ciento doce mujeres condecoradas con la Orden del Sol, la sociedad tradicional lime#a lo considero una afrenta.
Resistido por los realistas por sus exacciones y rechazado por los republicanos por sus planes monarquicos, San Martin no tenia tropas suficientes para vencer a los espa#oles acantonados en la sierras. Viajo entonces a Guayaquil a solicitar refuerzos a Simon Bolivar, que vivia momentos de victoria. Bolivar se los prometio, pero en numero muy insuficiente, y don Jose se deprimio al comprender que su hora habia llegado. Esa noche y a la ma#ana siguiente parecio consolarse con la compa#ia de una joven viuda, Carmen Miron y Alayon, cuyos descendientes llevan hasta hoy el apellido San Martin.
Don Jose renuncio al Protectorado y viajo hacia su chacra de Mendoza, donde recibio una carta de su esposa, a quien no veia desde hacia cuatro a#os. Moribunda de tisis en plena juventud (tenia apenas 25 a#os), Remedios le pedia que fuera a Buenos Aires a darle su ultimo adios. San Martin, sin embargo, opto por quedarse en Mendoza y recien partio varios meses despues de su fallecimiento, a buscar a su hija de 7 a#os. Le costo sacar a su chiquilla de la casa de su abuela y marcho con ella a Europa, donde habria de vivir casi tres decadas. Alli murio viudo y ya abuelo, el 17 de agosto de 1850.

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Historia del tango

Breve introducción

Buenos Aires fue, y es, la indiscutida capital del tango, la Meca de todo joven que dibujaba notas sobre un pentagrama, que transmita su sentir poético al papel o, que apronte la garganta para cantar, aunque la creatividad de esa vida que bullía entre criollos, tanos, gallegos y gauchos desplazados era, y es, compartida por hermanas menores como Montevideo, Rosario, Córdoba y Mendoza, entre otras. Porque las esperanzas y los problemas eran, y son, iguales en todas las grandes ciudades de la región. En todas ellas estaba, y está, el mismo caldo de cultivo.

E1 tango siguió las peripecias de la gente y las acompañó en estas décadas. Tuvo sus momentos de gloria como los tuvieron argentinos y uruguayos. Y también los períodos de dolor y crisis. En ese sentido, fue solidario con la evolución de los pueblos. Pero no sin una dosis de agraciada picardía, supo tener su autonomía y universalizarse. Ésa es la gran paradoja del tango. Para adentro, caminaba a la velocidad de la sociedad. Cuando el Río de la Plata "se comía el mundo" con economías florecientes, maravillosos artistas, pensadores de gran renombre y un fútbol imbatible, el tango mostraba toda su pujanza. En los tiempos de dolor y de crisis, en estos países el género parecía adormecido y, muchas veces, derrotado por las novelería que llegaban del exterior. En el mundo, sin embargo, mantenía toda su vigencia y, por ejemplo, los espectadores se estremecían en los cines de la calle Lavalle en Buenos Aires, o de 18 de Julio en Montevideo como en innumerables películas extranjeras sonaban los primeros acordes de cualquier tango.

Afuera vivía y era reconocido, aunque en el Río de la Plata lo mataran una y otra vez. Pero también una y otra vez el tango resurgió de sus aparentes cenizas con nuevos y brillantes autores, notables cantores y espectaculares bailarines. Porque es inmortal y tiene la fuerza vital que, en mayor o menor proporción, le dan los pueblos a través de los años. Para que el tango muera, será necesario que el Río de la Plata desaparezca de la faz de la tierra. Como eso no ocurrirá, tampoco desaparecerá el tango. Y por eso, cada cierto tiempo, será necesario actualizar la historia del tango, agregándole lo eternamente nuevo que irá aportando.

La grave y cálida voz de Julio Sosa escapa de la placa de un disco, domina el ambiente y deja paso a una reflexión que, más que eso, es certeza y comprobación a pesar del tono interrogativo de los versos: ¿ Quién te ha dicho, che pebete, que pasó el tiempo firulete? Sin duda, quien hizo esa osada afirmación no es de este mundo y no sabe que habrá tango mientras haya un tipo desesperado por besar los labios de una pebeta en flor, una traición para contar, una queja que transmitir o una alegría que compartir.

Origen de la palabra tango

Entre los muchos misterios que encierra el tango, el primero es el de su propia denominación. La voz tango se encuentra en las culturas africana, hispánica y colonial. Según algunas teorías, tango derivaría de tang, que en una de las lenguas habladas en el continente negro significa palpar, tocar y acercarse. Entre los bantúes, además, hay dos idiomas que se denominan tanga y tangui. Y entre las lenguas sudanoguineanas Figura la tangalé. Curiosamente, el contenido hispánico de la palabra se acerca a la africana tang. Tango en castellano es considerada una voz derivada de tangir, que en español antiguo equivale a tañer, y de tangere, o sea, tocar en latín.

En la colonia, a su vez, tango era la denominación que los negros daban a sus parches de percusión. Ellos la pronunciaban como palabra aguda: tangó. Y tangó eran también los bailes que organizaban los africanos llegados a la fuerza al río de la Plata. En esas reuniones se creaban tales desórdenes que los montevideanos ricos, y autoconsiderados respetables, llegaron a pedir al virrey Francisco Javier Elío que prohibiese "los tangos de los negros". La acepción hondureña que brinda el diccionario, referida a una especie de tambor que fabrican los indígenas, parece acercarse al sentido africano de la palabra. Es difícil saber si se trata de una casualidad o de una trasculturacion.

Solo como curiosidad, porque en principio no tienen vinculación con el origen del tango rioplatense, cabe mencionar que una región de Japón se llama Tango, al igual que una fiesta infantil de ese país, y que antiguamente en Brasil tango era sinónimo de samba.

Conformación

El pretango, los géneros musicales y los intérpretes que sirvieron de antecedentes al tango se refugiaban en bares de marineros, en cuartos de chinas cuarteleras, en milongas de mala fama, en dudosos cabarets y en prostíbulos.

El tango como tal, sin embargo, tuvo desde el principio vocación de gran torrente y buscó los espacios abiertos hasta alcanzar la universalización. Prudencio Aragón con El talar (1895), Rosendo Mendizábal con El Entrerriano (1897), Ernesto Ponzio con Don Juan (1898) y Manuel Campoamor con El sargento Cabral (l899), autores de los primeros "tangazos" de la historia, construyeron los cimientos sobre los que se asentaría el nuevo y recién nacido edificio musical. Su independencia, su personalidad, está dada por la coincidencia de cómo cada uno de ellos calificó, su respectiva obra: "Tango criollo para piano".

Con el adjetivo "criollo" se reivindicaba una creación autóctona. Y con la mención del piano se está informando que ya entonces el tango se había enriquecido instrumentalmente y que había pasado a ser interpretado en los salones.

Con anterioridad, en los últimos tramos de su gestación, y en Buenos Aires, los italianos le habían agregado el acordeón y el organito, con los que daban al tango su tono planidero, quejumbroso, que sin duda influirá en posteriores letras lacrimógenas. Porque es difícil encontrar otra combinación instrumental tan apropiada para reflejar poéticamente la tristeza y el sufrimiento ante la traición o ante la pobreza que no, remedian ni el trabajo ni la honradez.

EI nuevo producto no quedó confinado a lugares de dudoso prestigio, sino, que reflejo el alma de las clases populares, de los laburantes, de los que día a día pelean por la subsistencia y de toda la gente sencilla que habitaba en las periferias de las principales ciudades rioplatenses. Ese pueblo llenaba en Buenos Aires los peringundines y las academias de Montevideo. Piringundines y academias eran modestísimos locales de baile que, a fines del siglo XlX, fueron factores fundamentales tanto para la expansión del tango como para el desarrollo de su coreografía, y para que las parejas aprendieran a bailarlo.

La Poesía Tanguera

A pesar de su importancia, la poesía tanguera es uno de los aspectos menos estudiados del género. La bibliografía registra muchas apologías de vocabulario hueco que apenas saben caer en el lugar común, biografías de compositores, vocalistas y letristas excelentes, notables estudios en torno a los temas musicales e instrumentales, investigaciones sociológicas e históricas de gran valor y antologías de las letras. Sobre estas, sin embargo, la literatura no es muy extensa ni profunda. Aún no se ha realizado un trabajo ordenado y orgánico que abarque el destacado fenómeno de un género literario que, como ya se dijo, comprende todos los aspectos de la existencia humana con características muy particulares y propias.

Daniel Vidart, en su obra El tango y su mundo, hace una interesante aproximación al problema, en un esfuerzo por sistematizar el estudio de las letras.

Tras destacar que éste "es uno de los temas menos tratados, aunque quizá el más cautivante", Vidart afirma que en las letras "se esconde todo un mundo desechado casi siempre, que constituye la clave profunda de su ser y su quehacer en la cultura rioplatense. Clasificarlas es naturalmente limitarlas, coartar su espontaneidad anárquica, su camaleonismo circunstancial. Pero puede intentarse una ordenación, previniendo que en este sentido no hay recetas infalibles ni criterios absolutos porque, a la postre, lo que interesa es la calidad del pensamiento interpretativo y no el preciosismo del andamiaje formalista".

Sobre esta base, el autor orienta su estudio hacia cuatro aspectos diferentes de las letras: el lenguaje, el estilo, la elocución y los temas. A su vez distingue cuatro tipos de lenguaje empleados en la creación de las letras de tango: el popular, el lunfardo y el culto.

EL LENGUAJE POPULAR

El lenguaje popular es el que se usó en las primeras letras de corte orillero. Vidart advierte sobre la posible confusión entre orillero y lunfardo, porque en el Río de la Plata se da la errónea tendencia a designar como lunfardo el lenguaje de los suburbios.

Si bien hay expresiones lunfardas adoptadas por el idioma orillero, ellas son en realidad una forma de comunicación entre delincuentes, practicada solo por los iniciados. En Idioma nacional rioplatense, Vicente Rossi, citado por Vidart, sostiene que el lenguaje orillero es el habla caprichosa del criollo de los barrios periféricos. "Y no es cualquier cosa ese humilde nativo -afirma Rossi- ni tan malo, ni tan compadre, ni tan payaso como el sainetero lo presenta; es un hábil juglar en léxico espontaneo, inspirado en su ambiente cargado de giros criollos y de los patúas del continente europeo que hacen allí su primera etapa en la conquista de América, la de la conquista del pan. El lenguaje del orillero es de su particular inventiva; siempre gráfico, exacto en la alusión; metafórico y onomatopéyico meritísimo, siempre inclemente en la ironía; y siempre novedoso porque ese orillero es un incansable renovador de su pintoresco léxico".

Vidart, en un irónico párrafo de la ya citada obra, afirma que "el lenguaje popular de Montevideo, de Buenos Aires, de Rosario, sintetiza y sincretiza, con la alquimia propia de las ciudades portuarias, los elementos lingüísticos del hinterland americano, de los patois europeos y de los argots del hampa criolla e internacional y con ellos injerta, pese al espantado vade retro de los académicos, la venerable cepa del idioma de Cervantes. El lenguaje popular trepa, como la savia, de la raíz multitudinaria a la flor de las elites y avanza, como una mancha de aceite, desde las orillas al corazón de las ciudades.

EL LENGUAJE LUNFARDO

El lunfardo es la forma de comunicación de los delincuentes, sobre todo de los ladrones y proxenetas. Uno de sus principales objetivos es disimular las intenciones de quienes lo practican. Dificilmente ese material humane puede producir una poesía rica, capaz de trascender al gran público. Por eso es valida la distinción que hace Vidart entre lunfardo y lunfardesco. En realidad, lo correcto es hablar de letras lunfardescas, escritas por autores que conocen muy bién el lenguaje y el ambiente, pero que sin embargo no pertenecen a él.

La estructura del lunfardo se nutre de la sustitución de sustantivos, verbos, adjetivos e interjecciones castellanas por terminos, a los que se les Cambia el significado, provenientes de la germanía, del caló, del italiano y sus dialectos, del francés, del portugués, del inglés, de las lenguas indigenas y hasta de palabras hispánicas a las que se les da un sentido que nada tiene que ver con el original.

Un elemento auxiliar del lunfardo es el vares, o sea la pronunciación de las palabras cambiando el orden de las sílabas: tango es gotán, bacán es camba, Mejo esjovie, cabeza es zabeca y así sucesivamente.

Obviamente, este "idioma" no tiene reglas fijas y muestra un enorme dinamismo. La gente del hampa y los internos de las cárceles ensayan continuamente variaciones que, cuando tienen éxito y son aceptadas, se expanden a velocidad vertiginosa.

En Buenos Aires, más que en Rosario y Montevideo, el estilo lunfardesco tuvo importantes cultores en el periodismo, en la narrativa, en el teatro y en la poesia. En este sector, por el traslado de sus obras al tango, destacaron en los primeros tiempos Carlos de la Pua, Celedonio Flores,BartoloméAprile,Yacaré,Joaquín Gómez Bas y Julian Centeya.

Esta forma de componer poesía tanguera ha permanecido a lo large de las décadas y en la segunda mitad del siglo son de destacar las grabaciones de Edmundo Rivero -un apasionado del tema- con milongas y tangos lunfardescos y las obras en verse, prosa y charla de Nyda Cuniberti, Roque Rosito Lombardi, Luis Alposta y Daniel Giribaldi.

EL LENGUAJE CULTO

Vidart recuerda que los linguistas llaman lenguaje culto al que usan los estratos superiores de la sociedad, con lo que se otorga a la cultura un énfasis clasista. Por eso estima que la denominación es poco acertada y que debería hablarse de lenguaje de las élites, de la intelligentsia, "pues la cultura en su sentido amplio abarca todas las manifestaciones ideologicas y todos los estratos sociales de una nación".

Con ese significado equívoco, "el lenguaje 'culto' no es cosa frecuente en las letras del tango. Trascendida la etapa ingenua de los peringundines y superado el ciclo lunfardesco, del cabaret, el tango se convierte en el amplio receptáculo de la inspiracion popular. El lenguaje, pese a ciertas recaídas herméticas se aclara; los temas se multiplican; el funcionalismo cultural se va precisando con definido sesgo. Como el conido mexicano, el tango es ahora un comodín que expresa las alegrias, las tristezas, las inquietudes, las chabacanerias y los prejuicios del pueblo. Las letras cantan a todas las instan-

cias de la complejidad vital; la civilización de masas asoma en ellas su proa maciza y plasma, de modo sumario pero total, una etica, una estética, una sociología, una axiología y una metafísica populares".

Un sentimiento triste que se baila

El tango fue danza antes que nada. Creación espontanea del hombre y la mujer en el escenario prostibulario del arrabal de otros tiempos, Los músicos, casi todos intuitivos, tuvieron que adaptarse a esa nueva forma de bailar y, a su vez, crearon la música que alcanzá su redención después del triunfo en París.

El tango nació como danza. Como una forma distinta de bailar lo conocido hasta entonces: habaneras, mazurcas, chottis, milongas... Un producto popular propio del arrabal, el escenario donde al principio fue a devenir el gaucho convertido en compadre, y enseguida el compadrito y los negros libertos que ya encontraban espacio en la ciudad. El escenario facilitó el hallazgo. En el prostibulo era posible abrazar a la pareja, ceñirse a su cuerpo: rostro contra rostro, pecho contra pecho, vientre contra vientre, muslo contra muslo, pulso contra pulso. Horacio Ferrer ha creído ver en ese fugitivo instante en que se abrazan la pupila y el compadrito un soplo de divinidad.

"Macho y hembra -dijo- atados en nombre de la belleza, se elevan sin querer sobre su propia bazofia. Y ungidos artistas, intentan el purisimo ejercicio de la soledad entre dos. Bailan y bailan creando lo que nunca jamas ha bailado nadie". Se considera un bizantinismo sin sentido, totalmente irreal, pretender esquematizar una coreografía del tango y sus figuras. El tango de los comienzos fue, a su juicio, "la más desgarrada o improvisada y repentina creación coreográfica para una pareja que superará, a estos respectos, a las creaciones del barroco popular español o al alto alemán vals".

El bailarín le proponía a los músicos intuitivos de entonces, intérpretes generalmente de guitarra, flauta y violín, la intensidad del ritmo con una exhibición cambiante de figuras que iban creando sobre la marcha: el corte, la quebrada, la corrida, el ocho, la media luna... Ellos fueron los inventores de la danza.

La historia hablará de aquel tango orillero. Después vendrán el "canyengue" y el liso o de salón. Formas distintas de bailar " un sentimiento triste", según la acertada definición de Enrique Santos Discépolo.

El escritor norteamericano Waldo Frank se llevó la misma impresión cuando visitó el país y no dudó en reconocer que ésa era "la danza popular más profunda del mundo". Una sorpresa que compartió su compatriota, la bailarina Isadora Duncan: "Yo no había bailado nunca un tango, pero un mozo argentino que me servía de guía en Buenos Aires me obligó a intentarlo. A mis primeros pasos tímidos sentí que mis pulsaciones respondían al incitante ritmo lánguido de aquella danza voluptuosa, suave como una larga caricia, embriagadora como el amor bajo el sol del mediodía y peligrosa como la seducción de un bosque tropical".

A esta altura, el tango había dejado la clandestinidad de sus comienzos. El pecado original - lo espurio de su cuna- había sido perdonado por el Papa Pío X y el sello de calidad lo habían impuesto en París, en los salones más aristocráticos de la ciudad Luz, niños bien de la categoría de Vicente Madero, "Macoco" Alzaga Unzué o López Bouchardo. "Fue como bien dijo Ulyses Petit de Murat- el pueril orgullo nacionalista que traían los que habían asistido al triunfo del tango en París, el que abrió a esa danza de las orillas las puertas de las mansiones de la avenida Alvear, de Callao, de Santa Fe, de Florida y de la quinta de los Tornquist". Era el tango liso - con luz entre los bailarines- que alcanzó una tremenda difusión en salones, cabarets y después en los clubes de barrio hasta convertirse en la danza más popular hasta muy entrada la década de los años cincuenta.

Danza antes que nada y sobre todo

El mismo Vidart, a pesar de no establecer diferencias entre el surgimiento del baile y de la letra, sostiene que "el tango es una danza antes que nada y sobre todo" ,y reconoce que "después se hizo camino para el canto, pero nadie puede bailar lo que canta Gardel; al Mago hay que escucharlo con el mentón en el puño, viendo llover despacio en las calles de la ciudad y de la nostalgia".

Para este autor el tango nació como un baile popular, y antes de que cristalizaran "sus características sonoras en el machacón dos por cuatro, ya existían en el Río de la Plata, tanto en Montevideo como en Buenos Aires, los personajes y los escenarios desde donde partió a la conquista del mundo". Apareció la danza - afìrma Vidart- sin otras connotaciones que las de la danza misma, al margen del lupanar que luego lo prohijaría gozosamente. "Las academias montevideanas y las casas de baile corraleras porteñas -escribe- el prestigioso investigador- son los primeros alambiques donde se destila su coreografía. En Montevideo, las orquestas, puro ritmo visceral, no tenían acordeón; en los peringundines porteños herederos de las casas de baile, la inmigración italiana impuso los organitos y los acordeones, y con ellos el tango empezó a llorar, a prepararle el camino a las letras lacrimosas, a las elegías con cornudos y minas espiantadas."

Esquemática pero acertadamente Vidart describe ese itinerario del tango-baile: "Cuartos cuarteleros, cafetines danzantes portuarios, academias o peringundines, teatro rioplatense, lupanar, patio de conventillo proletario, cabaret; éstos son los sucesivos escenarios del tango. Después es piedra libre y se lanza a la conquista del mundo saltando desde las márgenes del Plata al trampolín de París".

El tango es cosa de hombres

La hipótesis de que la coreografía tanguera nació como burla al candombe negro encuentra asidero en su propia evolución.

Todos los testimonios coinciden en que las filigranas de un tango comenzaron a bordarse de forma individual. El compadrito, en una esquina, demostraba a sus amigos, o a la mujer que quería conquistar, sus habilidades para el corte y la quebrada. Es la creación de un solitario que exhibe orgulloso algo que no existía.

Posteriormente, el tango fue bailado entre hombres solamente, aunque este hecho escandalice a Vidart, que lo niega con dureza.

"Es mentira, es error, es novelería de intelectuales friolentos que recién descubren el tango y se quieren calentar la sangre con su rescoldo, decir que el tango fue bailado por hombres solos en su comienzo. El baile en parejas de hombre y mujer es un simulacro de acoplamiento en las sociedades primitivas y lo sigue siendo hoy, a pesar de todas las fiorituras interpuestas por el salón entre la coreografía y el sexo. El tango como antes la milonga, y antes todavía la danza, se bailó siempre en pareja de macho y hembra. Cuando bailaban dos hombres juntos era para aprender pasos difíciles por sencillas razones pedagógicas. Y nada más. Buscar otras motivaciones seria tonto, si no grotesco.

Seguramente, éste es uno de los pocos casos en los que Vidart, que ha hecho extraordinarias aportes al estudio de la música popular, se equivoca. Porque aunque parezca absurdo, en tanto danza de parejas, el tango comenzó siendo bailado entre hombres. Ya Evaristo Carriego, el primer gran poeta de los barrios populares de Buenos Aires, lo testifica, alrededor de 1906, en su poema El alma del suburbio: En la calle la buena gente derrocha/ sus guarangos decires mas lisonjeros, /porque al compás de un tango que es "La morocha / lucen ágiles cortes dos orilleros.

Carriego no describe a un hombre y a una mujer bailando, sino a dos hombres. Las pruebas testimoniales y fotográficas de compadritos bailando son numerosas. León Benarós fundamenta esta realidad en el machismo imperante en los suburbios y en toda la sociedad de aquella época. "Absurdamente -escribe- es una pareja de varones la primera que se aviene a bailar el tango, en alguna esquina. El tango parecía solamente " Cosa de hombres". Indignaría atribuir al acto el más mínimo contenido homosexual. Se trata de una demostración de habilidad, de un lucimiento. Aun después, cuando el tango conquiste a la mujer para la danza,'ella' no será el ingrediente fundamental, el objetivo último, sino la danza en sí, la ostentación de saber bailar, el respeto casi litúrgico por aquello que se va haciendo, sin otra intención, sin lubricidad alguna. Sólo cuando el tango se 'nocturniza', cuando se hace materia de cabaret, se convierte, a veces, en pretexto para la ulterioridad amorosa.

Pero el verdadero criollo, el argentino, es pudoroso de su intimidad. Rechaza él ostentoso manoseo público, por respeto a sí mismo y a su compañera."

Benarós insiste en el tema y aporta otros testimonios. algunos de sus argumentos son de mucho peso. Por ejemplo, cuando afirma que la demostración de dos hombres bailando es aséptica, insospechable de segundas intenciones, porque "el tercer sexo apenas podría sobrevivir en un ambiente de crudo machismo como el de entonces. Aun cuando la mujer acepta el tango y se incorpora a su culto, las primeras bailarinas serían las chinas cuarteleras y las pupilas de los burdeles, el narcisismo del compadrito atenderá más al tango en sí que a su compañera de ocasión. Ni siquiera la importará demasiado que sea bonita, sino que baile bien, que lo acompañe en la demostración con inteligencia y acierto".

El autor cita además a César Viale, quien en Estampas de mi tiempo confirma lo anterior: "El tango no había llegado aún al centro, andaba por los arrabales; cuando más se bailaba entre hombres en las veredas, frente a los conventillos, al compás de los organitos con ruedas conducidos por sus propietarios, napolitanos y calabreses de melena renegrida y lustrosa".

Otro notable investigador, Horacio Ferrer, es de la misma opinión, aunque le agrega un matiz. "Algunos cronistas -afirma- sostienen que en estos comienzos el Tango es bailado entre hombres. Debemos decir mejor que también se baila entre hombres, porque siempre, hasta hoy, ha sido bailado por parejas de varones, pero en casi todos los casos como entrenamiento para luego bailarlo con mujeres. También en la posterior época de los cabarets, mientras esperan a los clientes, las mujeres bailaran entre sí."

Los primeros bailarines

Si la coreografía tanguera evolucionó paralelamente a la música y sus figuras se nutrieron de las mismas fuentes, los géneros importados y los criollos, es justo ubicar a los primeros bailarines entre los creadores del tango. Obviamente, los primeros-primeros no dejaron registros de sus nombres cuando hacían burla a los bailes de los negros en las puertas de un candombe o cuando innovaban en las figuras de una habanera o de un tango andaluz.

Pero la tradición oral y algunas crónicas recuerdan nombres que se hicieron famosos con sus corridas, cortes y quebradas: el Flaco Saúl, Mariano Cao, el payador y gran cantor de fin y comienzo de siglos Arturo de Navas y Juan Filiberto, padre de Juan de Dios Filiberto el autor del famoso Caminito. Sólo de estos dos últimos hay noticias algo más confiables que la mera leyenda. Filiberto, alias "Mascarilla", era de profesión albañil aunque regentó hacia fines de siglo dos casas de baile: el Bailetín del Palomar, cercano a la esquina de Suárez y Necochea, y otra en Brandzen y Villafañe. Su hijo Juan de Dios lo describió como una persona "alegre, un poco despreocupado de todas las cosas, pero simple y bueno, tenía la risa fácil y el humorismo brillaba en sus ojos y se escapaba de su boca casi sin que pudiera evitarlo. Cantaba con una voz agradable de tenor y me gustaba escucharlo. Bailarín por naturaleza, de los mejores bailarines de tango boquense; su fama estaba bien reconocida".

A su vez, las condiciones de De Navas como bailarín quedaron documentadas en 1903 en fotos publicadas en Caras y Caretas. Apenas se sabe de él que nació en la ciudad uruguaya de Paysandú alrededor de 1876, y que murió en Buenos Aires en 1932.

Inicio de la mujer en el baile

La mujer se plegó a la danza inmediatamente en las piezas cuarteleras, los burdeles, los peringundines y las academias. Pero no seria hasta alrededor de 1904 cuando las damas de los barrios populares se atrevieron a bailarlo.

Entre las primeras, a pesar de gozar de gran fama en el arrabal porteño, la tradición oral y alguna perdida crónica apenas han dejado nombres o sobrenombres: la Parda Refucilo, Pepa la Chata, Lola la Petiza, la Mondonguito, María la Vasca, la China Venicia, María la Tero, Carmen Gomez, la Parda Flora y la famosísima rubia Mireya, que actuó en locales de muchos barrios porteños. Mireya, también conocida como la Oriental porque nació en Uruguay, inspiró dos tangos: Tiempos viejos, de Manuel Romero y Francisco Canaro, y La rubia Mireya, de Augusto Gentile.

Pero el tango como danza no quedaba limitado a los bajos fondos o a sus ambientes cercanos. Se extenderá a los barrios proletarios y seria la alegría de bodas, cumpleaños y fiestas de todo tipo.

Al respecto Benarós hace un acertado comentario, que es el reflejo de tiempos en los que la danza transita desde el bajo hacia la aceptación popular. "La vergüenza de las mujeres, los decires presumiblemente zafados; el tango como espectáculo callejero; el halago del compadrito, al sentirse observado y elogiado. El tango tiene todavía tacha de infamia, presunción de danza de burdel, para escándalo de las familias. Bailarlo es, de algún modo, contaminarse de ese origen.

Después vendrá el baño lustral, sucederá la adecentada coreografía, será aceptado en las mejores familias. Y de alguna manera, dejará de ser, un poco, el tango prepotente, desafiador y alegre de los orígenes, para teñirse de cierta ablandadora sentimentalidad, fugándose cada vez más de los pies del bailarín para alojarse casi definitivamente en los oídos..."

Introducción a la Milonga

La segunda vertiente del binario colonial que confluyó en el nacimiento del tango es la milonga. La palabra es de origen africano y significa lío, problema, batahola, enredo. Por extensión, servía para designar a las casas de baile de los barrios periféricos y a las mujeres que trabajaban en ellos. Coexistió con la habanera, pero reinó en ambientes sociales muy humildes. Por eso, incluso se la ha llamado la habanera de los pobres.

Sin embargo, aunque sea hermana de la habanera, la milonga tiene una mayor relación con la música afroamericana. Según Horacio Ferrer, "bien podemos concebir su origen como la contradanza europea en su versión ciudadana rioplatense, y siguiendo la idea de Grenet, describirla como una melodía criolla rioplatense fundida al poderoso aliento de los tambores candomberos", de cuyos ritmos "es hija dilecta".

La milonga se estructura en compás binario de 2/4, siguiendo un diseño musical característico del cancionero colonial. Tuvo su denominación al ser incluida en los repertorios de los establecimientos de baile o "milongas", nombre que se comenzó a dar a dicho género musical alrededor del ano 1870.

El investigador Carlos Vega sostiene, en su libro Danzas y canciones Argentinas, que la milonga es una "expresión local de viejo arraigo, aunque antes se la llamara de otro modo. Ha adoptado coreografia porteña y es intensamente cultivada por el bajo pueblo (...) Subió a la escena muchas veces. Ya la vimos en la revista De paseo por Buenos Aires (1889), después en la revista Exposición Argentina (1891), más tarde en el cuadro de costumbres campesinas Ley Suprema (1897) y en la zarzuela el Deber(l898). La milonga no perdió la vida hacia 1900; perdió el nombre. Alentará después de muches años en la entrada del tango argentino".

Horacio Ferrer menciona que entre las milongas que se conocían rn las dos márgenes del Río de la Plata a fines del siglo XlX destaca La Estrella, de Antonio Domingo Podestá, interpretada en las obras criollas que él y sus hermanos representaban en los circos.

Hugo García Robles, citado por Horacio Ferrer, afirma por su parte en El folklore musical de Argentina y Uruguay, que "hacia mediados del siglo pasado está gestándose ya la Milonga en el Uruguay y en torno a 1870 está ya presente. A fines del siglo XlX llenaba tres funciones: 1) acompañaba el incipiente baile de pareja tomada independiente, subclase de abrazada que conduciría a una verdadera revolución coreográfica que compartiría con el tango; 2) es payada de contrapunto, después de haber desplazado en esta misión a la cifra, y 3) es canción criolla que se canta con diferentes modales de estrofa (cuartetas, sextinas, octavillas o décimas) "

La milonga tuvo una clara innuencia en el surgimiento del tango, pero paralelamente evolucionó y también se mantuvo como género independiente. Incluso hay una especie de híbrido que ha sobrevivido con variada suerte -a tal punto que algunos estudiosos lo consideran extinguido- denominado tango milonga y que ha sido usado cuando los autores quisieron dar al tango un ritmo fuerte y sostenido.

Porque, precisamente, la milonga se caracteriza por sus compases machacones y enérgicos. La sola mención de su nombre recuerda la potencia de ese ritmo que, no obstante, para muchos autores tiene como carácter específico lo cantable. En apoyo de esta posición se recuerda que, en sus primeras épocas, la milonga era confundida con la cifra, o se la denominaba de este modo, y se decía de quienes la interpretaban que cantaban por cifra, haciendo referencia a la división de las estrofas. Y esto es así, porque, en cierta forma, como canto, la milonga cumple en la música de la ciudad el papel de la cifra en el contrapunto de los payadores.

La Música prostibularia

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, los habitantes de los centros urbanos, la aristocracia y los escritores que no se acercaban a las periferias, o que si lo hacían mantenian una actitud hipócrita, consideraban al tango como un producto del lupanar.

Esta concepción no se ajusta ni a la justicia ni a la verdad histórica. Muchos de quienes la sostenían lo hacían de buena fé, pero otros muches sólo destilaban de esta forma el odio o el desprecio hacia las manifestaciones populares. Este desprecio era algo corriente en las clases altas, que veían al tango como un producto propio de las clases marginadas , que habitaba en los suburbios.

De todas formas, no se puede desconocer en los orígenes del tango una influencia prostibularia. De relativa importancia, sobre todo en los primeros tiempos, pero nunca con el peso de los antecedentes musicales ya analizados. Ocurría que esas formas de música que sirvieron de precedente al tango, la de origen hispánico y la milonga, así como muches otros géneros europeos, se cantaban en los quilombos del Río de la Plata.

Como se cantaban en los teatros, en las casas de familia y en todo tipo de fiestas. Con una diferencia. El ambiente libertino del prostíbulo y el alcohol desinhibían a losconcurrentes y favorecían la improvisación, las obscenidades y las zafiedades. Las letrasde las habaneras y de las milongas eran modificadas y adaptadas, en mezclas con altas dosis de humor y groserías, al lugar donde se cantaban.

Los hermanos Héctor y Luis Bates, en su Historia del tango, sostienen que "el tango vivió su infancia y buena parte de su pubertad -permítasenos la expresión- en casas de baile de muy segundo orden, en 'peringundines' y lupanares. Las letras no hicieron más que reflejar el ambiente que les daba vida. Obscenas, procaces, indecibles en un medio, no diremos ya de altura o de hogar, sino aun en boca de personas de cierta educación, quedaron circunscriptas a los muros que ocultaban la vergüenza de la ciudad".

Esas letras que escandalizaban a los Bates, al punto que las transcriben modificadas sin su salsa original, no eran todavía letras de tango.

Además, y muy relacionada con la música de los prostibulos, nació una poesía propia de rufianes, compadritos y malevos, cuyo personaje central es el canfinflero, el cafiolo o proxeneta, o que sin llegar a serlo vive gracias a una mujer que ejerce la prostitución.

En muchas letras de tango, ya pulidas potabilizadas para hacerlas aptas para todas las edades y ambientes sociales pueden percibirse, por sus temas sobre todo, la influencia que ejercieron el prostíbulo y lo rufianesco en él genero.

Suburbio y arrabal

La mala fama del tango se convirtio en una leyenda negra. Era la música y la danza de las prostitutas y de los malevos. Al respecto, muches autores insisten machaconamente con la vinculación del género con el hampa y el prostíbulo que, según ellos, contagia a la soldadesca y a locales de diversión frecuentados por delincuentes.

El tango son los compadritos que dirimen sus diferencias en duelo criollo en una solitaria esquina, la prepotencia del más fuerte y el amor que se vende al mejor postor. Incluso escritores como Jorge Luis Borges vieron el origen de la coreografía del tango en los movimientos de los duelistas, esquivando y tirando puñaladas.

Esto, sin embargo, es una simplificación y, como tal, peligrosa. El tango nace entre malvivientes, pero también entre gente honesta, entre los peones rurales expulsados del campo por la nueva organización empresarial de la estancia, dónde la ganaderia extensiva requiere menos mano de obra, y entre los miles de italianos y españoles que llegaron a Buenos Aires y a Montevideo.

Horacio Ferrer hace en su obra El libro del tango una inteligente distincion entre suburbio y arrabal. Hay -escribe este notable estudioso del tema- "la palabra exacta para nombrar a las regiones bajas de una ciudad, a la 'su~urbis'. A los aledaños que están fuera de la altura central bien ventilada, bien habitada, bien apellidada, bien edificada.

Es una voz atenuada, dulce, si se quiere hasta piadosa. Sí, designa a la baja ciudad, pero toda vez que la habita el humilde de buena costumbre. Esa palabra es: suburbio. Ferrer contrapone suburbio a arrabal, Este término -explica- proviene del hebreo rabah, que significa multiplicarse, desbordar la ciudad, o del árabe arraba: extramuro.

"Por todo lo contrario de suburbio -afirma el autor-, tiene esta palabra una misteriosa potencia fonética. Algo así como una oscura pólvora acústica que se gatilla en la erre, pega tres sordos estampidos en las aes, y fulgura como matando en la ele final: ¡Arrabai! Y hay que escribirla con mayúscula y entre signos de admiración, porque así lo exige su sonoridad: Arrabal nombra, claro, el bajo urbano de la mala vida."

Los suburbios, entonces, eran los conventillos, los cuartos de pensión, las casas humildes donde se amontonaban varias familias, los lugares donde las madres cocinaban y lavaban la ropa y los padres tenían un estrecho lugar para echarse después del trabajo o de pasarse horas y horas buscando conchabo y dónde los niños se reunian a jugar en las calles o los patios por falta de espacio. Era en los suburbios donde vivia el inmigrante recién llegado pero dispuesto a hacer fortuna, y donde encontraba alojamiento el criollo trasladado a la capital. Eran Boedo, la Boca, la Concepción y Montserrat en Buenos Aires, y Goes, Palermo, Aguada y la Unión en Montevideo. Y las zonas portuarias en general de ambas ciudades, por supuesto.

El arrabal, en cambio, no tenía -segun Ferrer, y su posicion es sociológicamente muy atractiva una figura geográfica determinada, "desde que se postula no a territorio sino a un estilo de vida". En el arrabal el rigor policial es menos denso. Alli donde la noche es más honda y más protectora. Al suburbio va a vivir el que no tiene con qué vivir en otra parte mejor. A1 Arrabal no se va a vivir, el Arrabal se lleva puesto. Es una fuga. Un esoterismo y una fatalidad. No se perfila tanto en la calificación social como en la moral. Por eso son igualmente arrabaleros compadres y señoritos".

chris@netverk.com.ar


Historia del Carnaval Bonaerense

Por Martín A. Cagliani

Artículo publicado en la revista Circulo de la Historia, Nº 47, febrero 2000

"Se acercan los días consagrados a esa brutal diversión. Legado de nuestros opresores." Así comenzaba "Un porteño", como dió en llamarse, una nota que publicara en un periódico de 1833. Como bien dice nuestro antepasado protestón, en los siglos pasados el carnaval se festejaba con una violencia increíble. Fue cambiando, poco a poco, a través de los años, influenciado por el también lento cambio cultural de nuestra sociedad. El carnaval fue legado por los españoles, con ellos llegaron a nuestras tierras estos festejos de antigua data en al continente europeo.

El carnaval que se festeja en nuestras tierras se ve originado como una fiesta cristiana, o por lo menos en un ámbito cristiano, ya que el carnaval son los tres días anteriores (sábado, domingo y lunes) al miércoles de ceniza, que es cuando comienza la Cuaresma. La cuaresma es un período de ayuno observado por los cristianos como preparación para la Pascua. Por todo esto, los tres días de carnestolendas o carnaval, eran festejados a pleno, porque luego vendría un período de ayuno completo, o sea, de fiestas también.

Como bien dice una antropóloga "el carnaval aparece como un absurdo; encarna la sublimación del ocio. El sinsentido del hacer para despilfarrar." En esta fiesta, el disfraz propone la confusión de los lugares sociales y hasta la de los sexos, esclavos disfrazados de señores y al revés, humanos disfrazados de animales, hombres transformados en mujer, etc. Por esta suspensión de lo establecido se lo tildó muchas veces de subversivo. Pero es también un tiempo de sueño, se encarna el papel que se quiere ser, solo por tres días.

Nuestro carnaval ha adquirido muchas formas a lo largo de sus cientos de años de vida, pero la costumbre que siempre reino, y lo sigue haciendo, es la de arrojarse agua. El abuso de esta costumbre fue la causante de las distintas prohibiciones que se le impusieron a esta divertida fiesta. Nadie quedaba fuera del carnaval, todos se divertían en esos tres días en los cuales la ciudad parecía un campo de batalla; ricos, pobres, blancos, negros, desconocidos, conocidos, todos participaban. El mismo Domingo F. Sarmiento era un gran adepto al carnaval y no se molestaba en los mas mínimo si le arrojaban agua cuando era presidente.

Como se dijo, la costumbre de mojarse uno a otro en carnaval, la trajeron los españoles, a pesar que en España el carnaval cae en invierno. Ya desde el siglo XVIII los bonaerenses se mojaban los unos a los otros. En 1771 el Gobernador de Buenos Aires Juan José Vertíz implantó los bailes de carnaval en locales cerrados. Se oficializaban los bailes, a efectos de atenuar las inmorales manifestaciones callejeras de los negros, que habían sido prohibidas el año anterior. Por esa misma época, un grupo de gente descontenta con los bailes justo antes de la cuaresma, y según decían por los excesos que ocurrían en ellos, llevaron su descontento ante el mismísimo rey de España. El rey envió de inmediato dos órdenes a Vértiz, el 7 y 14 de enero de 1773, por las cuales prohibía los bailes y le encargaba que arreglase las escandalosas costumbres en que había caído la ciudad. Vértiz, no se quedó callado, le protesto al rey diciendo que como se bailaba en España, también se lo podía hacer en Buenos Aires. Pero el rey Carlos III promulgó una ley el 16 de diciembre de 1774, en la cual prohibía los bailes de carnaval, alegando que él nunca los había autorizado en las Indias. Como ustedes se imaginaran no se respetó la prohibición, tanto que los festejos degeneraron y ya en la época del virreinato, el virrey Cevallos se vio obligado a prohibir los festejos de carnaval. "...conviniendo remediar este desorden con el presente prohibo los dichos juegos de Carnestolendas...", decía el bando del virrey, y sigue "... ha tomado en pocos años a esta parte tal incremento en esta ciudad [...] en ellos se apura la grosería de echarse agua y afrecho (salvado), y aun muchas inmundicias, unos a otros, sin distinción de estados ni sexos...". Seguía diciendo que la gente, se metía en las casas y reventaban huevos por todos lados, hasta robaban y rompían los muebles.

Los excesos no disminuían, y si lo hacían era por poco tiempo. El 13 de febrero de 1795 el virrey Arredondo promulgó el bando acostumbrado prohibiendo "los juegos con agua, harina, huevos y otras cosas".

En los años siguientes a la Revolución de Mayo, se volvió muy común entre la población, en especial entre las mujeres, la costumbre de jugar en forma intensa con agua. Para ello utilizaban todo tipo de recipiente, desde el modesto jarro, hasta los huevos vaciados y rellenos de agua con olor a rosa, pasando por baldes, jeringas, etc. Los huevos eran vaciados y llenos con agua, pero no siempre con agua aromatizada, a veces solo se tiraban huevos podridos. Entre la gente acomodada se usaba, comprar los huevos de ñandú, rellenos de agua con olor a flores, como hoy se venden las bombitas los huevos se vendían en las esquinas. Las azoteas de las casas se convertían en verdaderos campos de batalla acuáticos, y mas de un transeúnte se ligó una fresca catarata de agua. La batalla por una azotea entre hombres y mujeres, todos jóvenes, era divertidìsima y terminaba con la inmersión de los perdedores en una tina o bañadera.

Esta costumbre de mojarse solo se utilizaba en la ciudad, no se había generalizado todavía en la campaña ni en las ciudades aledañas a la capital virreinal. En la campaña solían festejar de forma muy ruda, grupos de jinetes se chocaban entres si con mucha fuerza, quedando muchos heridos.

Un escritor inglés dice para 1820: "Llegado el carnaval se pone en uso una desagradable costumbre: en vez de música, disfraces y bailes, la gente se divierte arrojándose baldes de agua desde los balcones y ventanas a los transeúntes, y persiguiéndose unos a otros de casa en casa." Y sigue "Los diarios y la policía han tratado de reprimir estos excesos sin obtener éxito."

En las calles eran más encarnizadas las luchas con agua, ya que en ellas intervenían los esclavos, que mojaban a todo el mundo, se daban pequeñas venganzas, y más de uno no se la aguantaba pasando a las manos, que muchas veces terminaba con heridos o algún muerto. Por eso cada comienzo de carnaval se dictaban medidas preventivas, que nunca funcionaban porque los policías también jugaban al carnaval y los que estaban de servicio preferían alejarse de los lugares de lucha, para no ligarla ellos también.

El carnaval de 1827 fue mucho más tranquilo y los juegos con agua casi ni se vieron, las continuas quejas de años anteriores habían hecho efecto, aunque mas que nada se debió a la determinación de la policía de conservar el orden, algo que nuca había ocurrido. Pero esta moderación solo duro dos años, ya en 1829 vuelve la violencia. Dice un periódico: "Hémos oído asegurar que no han faltado brazos ni piernas rotas, ojos sacados, pistoletazos, etc.". Esto porque otra vez los policías eran los primeros en jugar. Los juegos con agua siguieron, no siempre violentos.

En los tiempos de Juan Manuel de Rosas, el carnaval era esperado con mucho entusiasmo, en especial por la gente de color, protegidos de Rosas.

Para el carnaval de 1836 se permitieron las máscaras y comparsas, siempre y cuando gestionasen anticipadamente una autorización de la policía. Para esta época el carnaval estaba ya muy reglamentado para prevenir desmanes. Solo se permitía el juego en los tres días propiamente dichos de carnaval, y el horario era anunciado desde la Fortaleza (actual Casa Rosada) con tres cañonazos al comienzo, 12 del mediodía, y otros tres para finalizar los juegos, al toque de oración (seis de la tarde). También se tiraban cohetes, para los cuales había que tener permiso de la policía.

Para los juegos en esta época, se movilizaban carros con tinas de agua, jarros, jeringas, huevos de ñandú, también se usaban vejigas llenas de aire, con las cuales se golpeaba a los transeúntes. Estos juegos generaban verdaderas batallas campales. Luego del cese, de los juegos con agua, continuaban los festejos con reuniones particulares, que a veces terminaban a la madrugada.

Las costumbres del carnaval, en época de Rosas, fueron cayendo en excesos, llegando hasta el máximo desbordamiento. La gente se divertía muchisimo, no había ni clase ni estrato social que no jugara al agua en carnaval. Pero como en todo estaban los exagerados, que llegaban a las manos, y muchas veces ocurrían desgracias. También estaban los que no disfrutaban de estos juegos y no dejaban de quejarse por medio de revistas y periódicos. Muchos de estos últimos se iban de la ciudad por esos tres días de carnaval. Los excesos, ¿cuáles eran los excesos?, se preguntaran. Estaban los que aprovechaban para entrar en las casas y robar, los que se aprovechaban de las mujeres que jugaban al carnaval, manoceandolas, rompiendo sus ropas y hasta violando. También se catalogaban como excesos algunos que ahora son muy comunes en carnavales como los de Río de Janeiro o Gualeguaychu: "Las negras, muchas de ellas jóvenes y esbeltas, luciendo las desnudeces de sus carnes bien nutridas...", decía José M. Ramos Mejía de esa época.

Por esta época los festejos de carnaval se habían extendido a todas las ciudades del actual Gran Buenos Aires. Los juegos con agua predominaban, pero también había bailes. Estos eran muy importantes, comenzaron en domicilios particulares, a principios de este siglo (s. XX) tomaron la posta los clubes de barrio.

Pero siguiendo con los "carnavales de Rosas", los grandes protagonistas y protegidos de Rosas, eran los morenos. Los negros se dividían en "naciones", y se juntaban en "tambos" a danzar al ritmo de sus candombes. El mismo Rosas concurría a los "huecos" donde los morenos festejaban. Por nombrar una, en 1838 acudió a la fiesta realizada por la "nación" "Congo Augunga", en la esquina de las actuales San Juan y Santiago del Estero, acompañado de su esposa Encarnación y su hija Manuelita.

Una costumbre en esta época era la llamada "día del entierro". Los vecinos de cada barrio colgaban en algún lugar un muñeco de paja, al que llamaban Judas, que luego era quemado, en medio de una fiesta general.

Pero no todo era diversión, los desmanes y las escenas "poco decorosas" aumentaron llegando a ser "repulsivas". Rosas decidió cortar por lo sano y prohibió todo festejo de carnaval el 22 de febrero de 1844. La prohibición se extendió también a todas las ciudades del actual Gran Buenos Aires.

Las celebraciones se reanudaron recién en 1854, con Rosas fuera del poder. Pero el carnaval volvió muy reglamentado, se realizaban bailes públicos en diversos lugares, previo permiso de la policía. Había mucha vigilancia policial para prevenir los desmanes de las décadas anteriores.

En los años siguientes comenzaron a predominar las comparsas. Todo reglamentado, las comparsas tenían que estar anotadas, así como sus miembros, en la policía; también las personas que usaban caretas tenían que pedir un permiso y llevarlo encima por si un policía lo requería.

El primer corso se efectuó en 1869, participando en él mascaras y comparsas. Fue muy festejado por el pueblo y la prensa. Al año siguiente, una disposición policial permitió el desfile de carruajes en los corsos. Al principio, los corsos se llevaban a cabo en las calles Rivadavia, Victoria y Florida, con el tiempo se extendieron a diversas calles y barrios. Eran muy alegres y vistosos, el lujo de los disfraces y adornos fue creciendo con cada nuevo carnaval. Cada corso contaba con una comisión organizadora, los familiares de los miembros e invitados especiales se ubicaban en los balcones de la casa que servía de sede, y frente a esta se detenían las comparsas y mascaras para interpretar sus canciones y sus músicas.

Como es de esperarse, la costumbre de jugar con agua no había desaparecido, todavía sigue. Se utilizaban huevos y jeringas como antes, mas la incorporación de los pomos.

Cobraron auge los "centros", sociedades organizadas especialmente para desfilar en los corsos. Predominaban los de los negros desfilando al son de sus candombes. A veces al enfrentarse dos comparsas de negros se iniciaban las "tapadas", un contrapunto de todos los instrumentos que no terminaba hasta dejar en claro la supremacía de una de las comparsas, podían durar varias horas. Mas de una ves los vencidos apelaban a los golpes para expresar su descontento. Pero estos "centros" también estaban integrados por "gente de bien", el mas conocido era la sociedad "Los Negros". Esta estaba integrada por jóvenes intelectuales de la alta sociedad. Vestían un uniforme militar húngaro. Las letras de sus canciones eran sobre la relación de los negros y los blancos, ellos eran, supuestamente, esclavos. Bastardeaban las costumbres de los negros con sus canciones. Las comparsas tenían canciones con unas letras muy interesantes. Las había con contenido gracioso, crítica política, crítica social, de todo un poco.

Lo normal en estos años era que la gente jugaba con agua durante el día, veían los corsos, que comenzaban tipo cinco y media o seis de la tarde, y luego acudían a los bailes públicos o particulares, que comenzaban entre las 9 y 11 de la noche y terminaban de madrugada. Decía una crónica de 1872: "En los teatros, las puertas se abrirán mañana, el lunes 12 y el martes 13, a las 11 de la noche, y se cerrarán a las 4 de la madrugada. Los "tranways" estarán en funcionamiento toda la noche. En los teatros, los palcos costarán alrededor de 200 pesos y la entrada 100. En el Teatro de la Alegría los precios serán más módicos para los bailes de máscaras: 60 pesos los palcos y 25 la entrada para hombres. Las damas entrarán gratis. ¿No habrá algún disfrazado que se haga pasar por mujer?". Este año de 1872, los juegos con agua fueron prohibidos por la policía, solo se permitían los disfraces y las comparsas.

Estas últimas se solían juntar en las plazas, la gente se apiñaba en ellas a fin de escuchar su música y sus canciones. Al mismo tiempo en estos lugares se libraban combates con bombas, pomos y huevos.

Los corsos de fines del siglo XIX estaban integrados por comparsas, "centros" y orfeones. Los centros eran sociedades que se juntaban durante todo el año a cantar en diferentes fiestas, principalmente en carnaval. Las comparsas estaban integradas por músicos y cantantes, que se reunían para carnaval. Los orfeones se caracterizaban por su muy buena vestimenta, estaban integrados por músicos de gran categoría, muy buenos coros y grandes orquestas y bandas. Los corsos eran financiados mediante colectas y donaciones, ya que las autoridades no contribuían con dinero. Los corsos comenzaban usualmente a las cinco y media o seis de la tarde, y finalizaban con una fiesta de la ceniza. En esta la gente se arrojaba harina y ceniza, eran luchas violentas, que más de una vez terminaba con incidentes lamentables, pero por lo general se jugaba con mucho divertimento.

Las nuevas armas para los juegos con agua, eran los famosos pomos cradwell, que se vendían en la farmacia Cradwell de la calle San Martín y Rivadavia, y los llamados de "bellas Artes". Estos arrojaban agua perfumada. Todo esto a pesar de la ordenanza que prohibía arrojar agua en los días de carnaval. También se arrojaban serpentinas y "confettis". En San Isidro se vendían los pomos de plomo en la librería de Valentín Dosso o la de Plinio Spinelli, donde también se ofrecían caretas, serpentinas y papel picado.

A fines del siglo XIX y primeras décadas de 1900 los corsos sobraban y alcanzaron su máxima popularidad. Los había en casi todas las calles principales de Buenos Aires. También en las ciudades aledañas. Predominaban en el Centro, pero los había en Flores, en Belgrano, Barracas, La Boca, Parque Patricios. También en el resto del Gran Buenos Aires. Uno muy importante era el de San Fernando, y se destacaban los de Adrogué, Lomas de Zamora, Avellaneda, Morón y San Isidro, este ultimo corso se llevaba a cabo en las calles Cosme Beccar, Begrano, 9 de julio, 25 de mayo, hasta Primera Junta.

En estos tiempos estaba prohibido jugar con agua, solo se podía arrojar "papel cortado, flores, serpentinas y laminillas de mica". Esto no quiere decir que no se jugara con agua, se siguió haciendo a pesar de todas las prohibiciones, pero por lo menos con menos violencia. Se solía dejar caer bolas de papel mojadas desde los balcones o azoteas sobre la gente, a veces sujetas con hilo para volver a utilizarla.

Grandes grupos de máscaras llevaban la alegría a la gente por todos lados. Se disfrazaban pintorescamente, se podía ver a la princesa, los príncipes y condes y al gracioso y simpático "oso Carolina", el cual realizaba piruetas. Los carruajes eran siempre lujosos, pero la gente esperaba con ansia la llegada de las sociedades corales y musicales. También estaban los "clowns" o payasos, que ejecutaban difíciles pruebas gimnásticas. Luego surgieron los grupos de máscaras caricaturescas que divertían con sus números y vestimenta graciosa.

Y por estos años comenzaron a tener importancia los bailes. Se realizaban a continuación de los corsos en teatros, instituciones sociales, hoteles y residencias particulares. Por lo general eran de disfraces, y se bailaban polcas, valses, etc. Algunos de los teatros hasta tenían un servicio mediante el cual los concurrentes podían cambiar de disfraz cuantas veces quisiesen. Uno de los más famosos lugares de baile fue el "Club del Progreso", fundado en 1852. Era un triunfo social poder participar de sus bailes, ya que había una rigurosa selección de invitados. Fuera de la Capital los mas conocidos eran los del "Tigre Hotel" los del "Hotel de San Isidro", también en la ultima localidad eran famosos los bailes de Francisco Bustamante, o las suntuosas veladas que organizaba Alfredo Demarchi en su palacio de San Fernando, los de Morón, Lomas de Zamora y, los del hotel Las Delicias en Adrogué. También estaban los bailes del Club de Flores, los del hotel "Carapachay" de San Fernando. Otros bailes famosos eran los organizados por una comisión de vecinos en los salones de la Municipalidad al finalizar el corso de la calle Corrientes. En casi todos los clubes barriales había bailes en carnaval, tanto en la Capital como en el Gran Buenos Aires.

Con el paso de los años se fue viendo que la gente de sociedad no compartía como antes estas fiestas populares, solo acudían a los bailes o se exhibían en los carruajes durante los corsos mas importantes. Ya no se daba la camaradería que imperase en el siglo anterior, en que los niños salían con los grandes, los negros con los blancos, ricos con pobres todos jugaban y festejaban juntos.

El carnaval fue perdiendo encanto, había muchas patotas y gente pasada de copas que acudía a los corsos, siempre armándose peleas. Muchas familias dejaron de ir a los corsos mas populares. En 1909 se suspendieron los corsos por los continuos incidentes que se producían en ellos.

Por estos años se daban los bailes de los conventillos, que eran legión en Buenos Aires, muchas veces terminando a tiros o puñaladas, pero la mayoría de ellas festejados con mucha alegría y camaradería.

A partir de 1915 muchas de las famosas comparsas fueron desapareciendo. Fueron siendo remplazadas por las murgas. Estas en principio estaban integradas por jóvenes de 20 o menos años. Sus cantos eran simples e ingenuos, y sus letras "atrevidas". Los corsos perdían brillo, se poblaban de chatas, carros y carritos de lechero, adornados con flores artificiales, farolitos chinescos y tiras de papel barrilete de distintos colores. Ya no primaba la elegancia de tiempos pasados. Eran tiempos difíciles y se notaba en los festejos del carnaval. Los desfiles fueron siendo relegados por los bailes en gran escala que organizaban diferentes instituciones sociales. En 1921 resultaron fabulosos los del Club de Flores, el realizado por el Círculo de la Prensa en el teatro Coliseo y las veladas en el Tigre Hotel. Las mujeres iban vestidas con disfraces y los hombres con smoking. Esto para las clases altas, para los demás seguían existiendo los bailes en los clubes sociales y en residencias particulares. En todos se realizaban concursos y se premiaba al mejor bailarín y al mejor disfraz.

En la década del 20 eran muy pocos los corsos que seguían existiendo, y menos aun los que seguían siendo alegres y divertidos.

Como se dijo, con la declinación de las comparsas aparecen y proliferan las murgas. Las murgas apelan de modo desafiante al grotesco. Las comparsas en cambio tenían influencias europeas y eran bandas de músicos con alto dominio técnico y muchos coros e instrumentos. Las murgas también son el resultado de la mezcla de tradiciones que se dio con la gran inmigración. Antes las agrupaciones carnavalescas se fundaron en fuertes lazos étnicos, de clase y amistad. Con el tiempo se fueron organizando a partir del encuentro e intercambio vecinal de los barrios.

Las murgas representaban a estos centros sociales, y fueron relegando a las grandes comparsas. No tenían ni tenores ni bandas sinfónicas, pero eran y son muy divertidas.

Los carnavales fueron mantenidos como fiesta pública por entidades que se organizaron en función de lazos de vecindad y territorio, que es la forma que todavía se encuentra en nuestros días. Desaparecieron los corsos, pero todavía se festeja. Y obviamente los juegos con agua nunca desaparecieron por mas prohibiciones que les implantaron.

Bibliografía relevante

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Las plazas de Buenos Aires y su historia

Por Martín A. Cagliani

Los orígenes de las plazas porteñas hay que buscarlos en los terrenos baldíos o "huecos", terrenos propios del municipio. Fueron baldíos, entre otras, la plaza Garay, Vicente López, Constitución, Miserere, de la Concepción, Lavalle, Suipacha, Libertad, etc. La mayoría de las plazas, salvo la Plaza de Mayo, nacieron solas, muy pocas veces hubo alguna premeditación. No solo se originaron de baldíos o "huecos", sino también de altos de carretas, mercados, quintas, mataderos, hornos de ladrillos, corrales, basurales, cementerios o sobrantes municipales. Un ejemplo de alto de carretas es la actual plaza Dorrego, ¿de mercado? La plaza Constitución, la plaza Lavalle fue quinta, la plaza España un matadero.

El "hueco" era un punto de referencia dentro de la ciudad, y en él se reunían lecheros, cuarteadores, etc, a jugar a la taba y demás diversiones. También en estos huecos paraban a descansar las carretas que venían del interior, antes de llegar a la Plaza de Mayo o a los diferentes mercados; aunque a veces vendían ahí mismo las mercancías que traían. Los "huecos" tenían, como todo, su nombre; algunos de ellos bastante curiosos. Estaba el "hueco de Doña Engracia" (plaza Libertad) así llamado por una mujer negra que era la única que lo habitaba, "de las cabecitas" (plaza Vicente López) y "de los sauces" (Garay). Estos "huecos" no estaban desprovistos de árboles, no eran todos terrenos planos. Algunos hasta contaban con un ombú.

Muchas son las plazas que no llegaron a nuestros días, o fueron tapadas con edificios o con nuevas calles y avenidas. Una de las más famosas que desaparecieron fue la Plaza Montserrat, que también se llamo Moreno, Belgrano y San Martín, obviamente en diferentes momentos. En ella se creo la primera plaza de toros. Esta plaza fue mas tarde borrada por la avenida 9 de Julio.

La utilización de las plazas fue cambiando, de ser solo "huecos" multifunción, pasaron a ser paseos y sitios de recreación, en los cuales se podía y puede contemplar jardines, árboles bellos e importantes monumentos y fuentes.

Dentro de los limites de Buenos Aires, que mide 197 kilómetros cuadrados, hay 46 barrios con sus correspondientes limites señalados. Algunos de estos barrios no tienen ni una plaza, pero hay otros como Caballito o Palermo que tienen muchas plazas y parques.

Veamos la historia de algunas de las más importantes plazas de la ciudad, comencemos por la más importante y más antigua: la Plaza de Mayo.

Plaza de Mayo

La Plaza de Mayo, plaza mayor de Buenos Aires, es tan antigua como la ciudad misma. Juan de Garay cuando fundo la ciudad de Trinidad puerto de Buenos Aires, dejó trazado el lugar de la Plaza Mayor. Desde los comienzos de la ciudad, la Plaza de Mayo fue escenario de todos los acontecimientos conmovedores de su historia. Esta plaza vio como todas las convulsiones políticas y las fiestas populares más importantes se desarrollaban sobre sus tierras a lo largo de 420 años.

La Plaza de Mayo, como Plaza Mayor, era un sitio multiuso: en ella se llevaban a cabo ceremonias religiosas y oficiales, estaba el mercado, era estacionamiento de carretas, corridas de toros, ejecuciones publicas o cepos de castigo. Pero a pesar de ser tan importante no era mas que un descampado barroso y polvoriento, dependiendo del clima, que recién fue mejorado en 1803 con la construcción de la Recova, de la cual hablaré más tarde.

A lo largo de tantos años es de imaginar que la plaza tubo innumerables cambios, incluso de nombre. En un comienzo era llamada Plaza Mayor y ocupaba menos espacio que ahora, ya que en la mitad norte, frente a la actual Casa Rosada, estaban los jesuitas, desde 1608 a 1665. Cuando los jesuitas se trasladaron a otro lugar, la zona se transformó en un baldío con los restos de edificios, al que llamaban Plaza de Armas (también Plaza del Mercado) y donde hacían sus alardes las milicias, también ahí se instaló la horca, justo donde hoy esta la estatua de Belgrano, durante más de un siglo fue escenario de las ejecuciones, espectáculo macabro al que asistía mucho público. El resto del terreno de la actual Plaza de Mayo, o sea frente al Cabildo, era paradero de carretas y mercado y era llamado Plaza Mayor. Hay que imaginarse este mercado como muy precario. En un comienzo era "de piso", o sea, vendían sobre mantas o ponchos y luego se vendía con "bandolas", que eran unos cajones a modo de puestos de feria.

Casi tan antiguas como la plaza son las palomas, ya en 1755 se tiene que poner una cubierta al balcón del Cabildo a causa de ellas, y los regalitos que dejan detrás de sí.

Recién en 1803 se concretan los proyectos para embellecer la plaza. Se construye la Recova, una magnífica construcción que consistía en dos tiras de 20 locales de largo cada una (10 de cada lado) separadas por un espacio que al año siguiente fue cerrado por un arco central. Los locales tenían su frente hacia ambos lados de la Recova, apuntando 20 al Cabildo y 20 al Fuerte. Quedaba así dividida la plaza. Tenía 11 arcos en cada ala, techo con azotea. A su gran arco central se trasladó la horca, colgándose a los ajusticiados por espacio de varias horas.

La Recova fue la primera galería comercial de Buenos Aires, y estaba ocupada por diversos comerciantes que pagaban entre 14 y 20 pesos mensuales de alquiler. Había vendedores apiñados en la doble fila de cuartitos, ofreciendo de todo para la gente de clase baja, desde ropa hecha hasta monturas. En 1805 el virrey Sobremonte hizo empedrar el camino que iba del Fuerte (actual Casa Rosada) al arco central de la Recova y dispuso que las carretas se dirigieran a otras plazas, la de Montserrat y la de San Nicolas. Durante las Invasiones Inglesas la Recova cobro gran importancia, ya que los ingleses se defendieron desde sus techos y arcos contra las tropas reconquistadoras, y ahí mismo en la Plaza de Mayo se libró la batalla final por la Reconquista.

Gracias a la Recova la plaza quedaba dividida en dos, de un lado la Plaza de Armas o del Fuerte y del otro la Plaza Mayor, que desde 1808 se llamaría Plaza de la Victoria en conmemoración de la victoria sobre los ingleses en 1806. La parte que daba al Fuerte luego de 1810 paso a llamarse 25 de Mayo. En esta parte, justo donde hoy esta la estatua de Belgrano, funcionaba un improvisado mercado de alimentos hacia 1815.

En 1811 aparece otro gran protagonista de la plaza: la Pirámide de Mayo. Su erección fue todo un acontecimiento, ya que se trataba del primer monumento de la ciudad. Se coloca en el centro de la Plaza de la Victoria (manzana frente al Cabildo). En 1856 una comisión encarga a Prilidiano Pueyrredón, la tarea de remozar al monumento. Pueyrredón la eleva a 18 metros y medio y le coloca la estatua de la libertad. A ambos lados de la Pirámide había dos fuentes de hierro, que mas tarde se movieron y actualmente están frente al Teatro Colón.

Recién en 1872 ambas plazas tuvieron un aspecto digno de un paseo. Fue gracias a una comisión de vecinos, que también se encargaban del mantenimiento. El 24 de septiembre de 1873, se inaugura el monumento al general Dr. Manuel Belgrano, hasta 1886 estuvo ubicada en el centro de la Plaza 25 de mayo (frente al Fuerte) mirando hacia el oeste pero luego de esta fecha se la traslada frente a la Casa de Gobierno y dirigida hacia el norte.

Ya en 1883 el intendente de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, compra la Recova y la destruye en cinco días, también a los árboles que rodeaban la plaza. Las palmeras que están hoy en la plaza ya estaban desde antes y se ordeno que se las quitase, pero como todos sabrán las palmeras siguen ahí. Así, con la demolición de la Recova las dos plazas quedan unidas en la que se llama Plaza de Mayo. En realidad la plaza continuó dividida por la calle defensa, pero en 1890 ésta se cerró.

Al francés Charles Thays, arquitecto y paisajista, se le deben todas las mejoras en las plazas de Buenos Aires. Les dio jardines con bellas plantas y árboles. Thays actuó en nuestra ciudad desde 1891 hasta su muerte en 1934. A la Plaza de Mayo le realizo un cambio total, se desmontó el terreno, se lo alisó e igualo en altura al de las calles circundantes. Transplantó algunas de las palmeras, llevándolas al Parque 3 de Febrero y trajo de este ultimo algunos plátanos. Le diseño caminitos en cruz y canteros. En 1895 se inauguró el alumbrado eléctrico y en 1904 se le agregaron dos estanques circulares luminosos. En 1913 se excavan sus entrañas para que por debajo de ella pase el subterráneo.

La imagen de la plaza siguió cambiando y mejorando hasta nuestros días, pero ahora solo tenía un objetivo, ser un paseo lindo, no mas mercados, ni carretas, ni ejecuciones, pero sí paso a ser el escenario predilecto de todas las manifestaciones publicas. Muchas manifestaciones se dieron en su suelo, de las más sonadas fue la del 17 de octubre de 1945; hasta la bombardeó la aviación naval en junio de 1955 y finalmente asumiría un nuevo símbolo a partir de abril de 1977 cuando las Madres exigían respuestas sobre sus hijos desaparecidos. Y finalmente con el regreso de la democracia la plaza albergó a miles de personas en 1983, que querían festejar el regreso a la libertad.

Plaza San Martín

Es una de las plazas más antiguas de la ciudad y también una de las más hermosas, por su exuberante vegetación, grandes y bellos árboles y gran variedad de plantas. Alberga el monumento a los caídos en Malvinas.

Cuando Garay fundo la ciudad, estableció los limites de la traza, o sea, el perímetro que encierra las manzanas habitables. También estableció el ejido, que era el espacio de tierra que rodeaba la traza, y la separaba de las quintas, destinado para el uso común del pueblo. Parte de este terreno fue cedido en 1692 por el gobernador Robles al vecino Miguel de Riglos, en una jugarreta para burlar la prohibición que pendía sobre los gobernadores para adquirir tierras en el territorio que gobernaban. Este terreno cedido constituía la mitad de la actual Plaza San Martín. Hacia el final de su gobierno Robles edifico una gran casa en el terreno de su amigo Riglos. Bautizó a la casa con el nombre de El Retiro. Habitó en ella hasta que se fue a España en 1704. La casa quedo para Riglos quien la alquiló a la Compañía de Guinea, encargada de traficar esclavos negros en este territorio, la casa la utilizaban para alojar a los esclavos mientras se recuperaban del terrible viaje desde su Africa natal. En 1706 la compañía se fue a otro lugar. Pero en 1718 la casa fue vendida a la Compañía inglesa del Mar del Sur, quien remplazó a la compañía francesa en la trata de esclavos. Este fue el comienzo de la magnífica Plaza San Martín, en esos tiempos el terreno era descampado, con algunos árboles, y con la misma barranca. El terreno de la plaza paso a manos del gobierno cuando los ingleses fueron echados de la región, menos la barranca que era propiedad privada.

Ochenta años después, en el espacio abierto de El Retiro se edifico la segunda Plaza de Toros de la ciudad, en la prolongación de las calles Santa Fe y M. T. de Alvear, entre Florida y Maipú. Esta era mucho más espectacular que la creada anteriormente en la Plaza Montserrat. Fue inaugurada el 14 de octubre de 1801. Podía albergar a más de diez mil personas. Era de forma octogonal y estilo morisco con ladrillos a la vista. Esta plaza de toros fue escenario de una valiente defensa por parte de las tropas españolas cuando los ingleses las asediaron durante horas en 1807. Las corridas de toros siguieron hasta 1819, año en que el gobernador de Buenos Aires ordena que se tire abajo la Plaza de Toros.

En 1812 se mudan a la actual Plaza San Martín, el regimiento de granaderos a caballo y su comandante don José de San Martín. Utilizaron los cuarteles que había en el Retiro.

El espacio abierto de El Retiro, se llamaba Campo de la Gloria, en honor a los valientes que lo defendieron de los ingleses, pero en 1822 se lo denominó plaza Marte. En tiempos de Rosas funcionaron calabozos en esta zona.

Pero tomó el aspecto de plaza solo luego de que se supiera que en Chile se estaba preparando una estatua del libertador San Martín. Se decidió rendirle igual homenaje en nuestra patria, para lo cual se encomendó una comisión de vecinos de Retiro, lugar elegido para colocar la estatua, contratar la ejecución del monumento y remodelar el lugar formando un paseo en la Plaza Marte. El 13 de julio de 1862 se inauguró la estatua de San Martín que hoy se puede apreciar. Mientras que se esperaba la estatua, el ingeniero Nicolás Canale transformó totalmente el lugar para convertirlo en un paseo. Primero regularizó el terreno de la plaza, lo elevo y lo rodeo de una reja de hierro, y abrió seis escalinatas. Las entradas por los dos puntos estaban señaladas por dos altos pilares. En el centro se instaló una hermosa fuente. Recién en 1878 se cambio el nombre del paseo a plaza San Martín.

Con el correr de los años se produjeron grandes cambios en el ámbito de la plaza. En 1931 el intendente decidió prolongar los jardines de la plaza hasta los bajos del Retiro. Los jardines fueron remodelados bajo la experta dirección de Thays. En 1936 se construyó a su vera el edificio Kavanagh, primera torre de viviendas levantada en Buenos Aires. Los árboles plantados por Thays terminaron convirtiendo a la Plaza San Martín en uno de los lugares más lindos de la ciudad.

Plaza Miserere

En sus orígenes esta plaza fue quinta, la Quinta de Miserere, más tarde se la conoció como Mataderos de Miserere, hacia 1814; Hueco de los corrales en 1817 y Mercado del Oeste en 1850. Luego se la conoció como Mercado o plaza 11 de septiembre. Recién recibe el apelativo de plaza en 1947. Siempre fue un punto propicio por ser cruce de dos caminos anchos.

En esta plaza se encontraron las fuerzas que reconquistarían la ciudad ocupada por los ingleses en 1806, y en ella también, fueron vencidas las tropas de Liniers en la Segunda Invasión Inglesa de 1807.

Hasta 1882 funcionó en su perímetro el mercado Once de Septiembre, y a ella llegaban las tropas de carretas. Pero a partir de este año comienza a delinearse la plaza por obra del intendente Torcuato de Alvear, el terreno quedó levantado sobre la calle adoquinada, y se lo encuadró con un pequeño muro, abierto a tramos por escalones. Fue remodelada íntegramente por el trazado del subterráneo, que fue a cielo abierto, con el consiguiente traslado de todo lo que había sobre la plaza. Como en muchas plazas porteñas, en ella se veían surtidores de agua corriente, que servían para calmar la sed de los caballos y mulas que arrastraban los rodados. También eran utilizados por los inquilinatos de la periferia.

Desde fines de 1923 se la ve como nosotros la conocemos ahora. Solo con el agregado en 1932 del mausoleo que guarda las cenizas de Bernardino Rivadavia.

Plaza Lavalle

Esta plaza comenzó sus días como quinta. Era llamada el Hueco de Zamudio (nombre del dueño). En este hueco se refugiaba gente muy poco respetable, mas que nada delincuentes. Como todas las plazas fue paradero de carretas, pero para 1822 cesaron las actividades comerciales y el lugar paso a ser conocido como la Plaza del Parque.

Años más tarde se instaló en los limites de la actual plaza Lavalle la Fábrica de Armas y el Parque de Artillería. También hubo un palacio en la plaza, fue el palacio de Miró, así nombrado por su dueño Mariano Miró, construido en 1868, y demolido en 1937 para ensanchar la plaza. También en los limites de la plaza se instaló el cuartel del 2° batallon del regimiento 1 de infantería. En ese mismo lugar se instalaría el Cuerpo de Bomberos. Muchas mudanzas hubo en esta esquina de Libertad y Tucumán, ya que ahí mismo funcionó un albergue de mendigos, así como el famoso circo Chiarini.

Recién en 1878, se bautiza a la plaza con el nombre de Lavalle. En 1887 se inaugura el monumento a Juan Lavalle, esa magnifica torre. Hacia 1905 comenzaron las construcciones del Palacio de Justicia, que finalizarían en 1910. En el interin, 1908, se mudo el Teatro Colon frente a la plaza, fue inaugurado el 25 de mayo; antes había estado frente a la Plaza de Mayo. Ya para 1910, a esta plaza, se la tiene como uno de los espacios verdes mejor cuidados, con mucha variedad de canteros florecidos y sus árboles de distintas especies. Este marco la convierte hoy en día en una de las más hermosas plazas de Buenos Aires.

Plaza Constitución

Antiguamente esta plaza era llamada los Corrales del Alto. Las tropas de carretas que antes se juntaban en la plaza Independencia, pasaron a juntarse en la de Constitución luego que en ella se instaló el Mercado de Frutos en 1859.

Durante mucho tiempo funcionó sobre la parte este de la plaza, una cancha de pelota, conocida como cancha de Larre.

En 1864 se inaugura la estación del ferrocarril. El mercado de Frutos y las carretas continúan hasta 1885, en esta fecha el intendente Torcuato de Alvear modifica la plaza para que sea un paseo. Se la embelleció hasta convertirla en una de las más lindas de la ciudad, con muchos arboles y jardines. Destacándose en ella un castillo en ruinas, y en el centro de la plaza un lago artificial provisto de un pequeño puente. La estatua de Juan José Castelli, se inauguró en solemne ceremonia el 20 de mayo de 1910. También se levanto en esta plaza una estatua de Juan Bautista Alberdi, inaugurada el 29 de agosto de 1964.

Plaza Italia

Italia fue la primera nación extranjera, aparte de España, que nos dio su nombre para una de nuestras plazas. Otras la siguieron como plaza Británica, plaza Francia, plaza Irlanda, ello como reconocimiento del pueblo argentino a los países europeos que se asociaron a los festejos patrios del Centenario de la Revolución de Mayo. El nombre fue consecuencia de la instalación del monumento a Garibaldi en la hasta entonces plaza de Los Portones. El monumento se inauguró el 19 de junio de 1904.

El lugar de la Plaza Italia fue un sitio abierto al paso público desde muy antiguo. Fue tenida en cuenta al ver la gran afluencia de gente que concurrió a la primera Exposición de la Sociedad Rural Argentina, que se realizó en 1878. Siguió cobrando animación, con la creación del Jardín Zoológico en 1890; el Jardín Botánico en 1892.

Su antiguo nombre se lo darían unos inmensos portones que constituían la entrada al Parque 3 de Febrero, creado en 1875, ellos daban frente a la actual Plaza Italia. En 1917 desaparecieron los "Portones de Palermo".

La decoración de la plaza solo tenia a fines del siglo pasado una fuente en su centro, que era una de las dos que se habían retirado de la actual Plaza de Mayo. Los árboles, el césped y las flores que se ven actualmente vendrían muchos años mas tarde.

Plaza del Congreso

Esta es una de las pocas plazas que fue creada expresamente, no nació ni de un basural, mercado o hueco. Fue una creación del municipio en 1910. Se la conformó en carácter de urgencia, delante del palacio del Congreso, para conmemorar el centenario de la Revolución de Mayo. El edificio del Congreso fue inaugurado el 10 de mayo de 1906. La avenida de Mayo terminaba frente a las puertas del Congreso. La avenida misma fue inaugurada el 9 de julio de 1894. Muchos edificios se tiraron abajo para abrir espacio a la futura plaza.

El principal motivo de la plaza fue la fuente decorativa Dos Congresos, estos son el General Constituyente de 1813 y el de la declaración de la Independencia de 1816. El único cambio ocurrió cuando se construyó el subterráneo, obra que se realizó a cielo abierto, luego la plaza quedó tal cual como hoy la podemos ver.

Otra plaza creada expresamente es la de barrancas de Belgrano. Ya se encontraba en la traza del pueblo de Belgrano efectuada por Saturnino Salas el 1° de diciembre de 1855.

Plaza de la República

Para los que no la asocian con su nombre, es la que tiene como principal árbol a un alto Obelisco, distintivo de Buenos Aires. En esa misma plaza se encontraba la iglesia de San Nicolás de Bari, en cuya torre se izó por primera vez la bandera nacional. La iglesia con su torre, fueron demolidas cuando se amplió la avenida Corrientes y se construyó la 9 de Julio.

Lo cierto es que una vez constituida la plaza el intendente Mariano de Vedia y Mitre encargó al arquitecto Presbich el diseño de un obelisco y lo construyó la empresa Siemens Bauunion en el tiempo récord de cuatro semanas. Se inauguró formalmente el 23 de mayo de 1936 a las 3 de la tarde. Inicialmente estaba revestido por "lajas". En la noche del 20 al 21 de junio de 1938 se desprendieron varias de estas lajas, a raíz de ello se lo cubrió con el revoque actual en el que se simularon las lajas. La plazoleta o rotonda que rodea al obelisco sufrió infinidad de modificaciones. Fue redonda, ovalada, alargada, cortada y con anexos, etc. En la actualidad tiene algo de vegetación y algunos arbolitos. Pero su principal mérito es el de reunir a todos los argentinos que vivimos mas o menos cerca cada vez que se festeja algo, como un triunfo de la selección de fútbol.

Las plazas sufrieron grandes cambios a través de los años, así también la utilización que se les dio, desde simples basurales o altos de carretas hasta el paseo actual, que también sirve para cualquier tipo de manifestación colectiva, como ser la victoria de algún equipo de fútbol o algún festejo o protesta política. Pero actualmente existen muchísimos mas usos que antes no se le daban, como el de tomar sol o escuchar música, o la horrible costumbre de los paseadores de perros de llevarlos todos juntos a realizar sus necesidades. Como habrán notado siguen siendo multifunción como las de los siglos pasados.

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Prestigiacomo, R. y Uccello, F. "La pequeña aldea"
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