|
|
|
|
|
Por Boris Iván Miranda
NOTAS EN ESTA SECCION
La querella por la
capital | Las autonomías y el
olvido | Una breve
introducción |
Bolivia acorraló a Goni y logró su renuncia
Un año después del Febrero Negro Vistazos al conflicto boliviano
|
Mi memoria en esos años
ENLACE RELACIONADO
Blog de Boris
Iván Miranda
ENLACES RECOMENDADOS
http://www.juiciogoniya.org.bo |
http://bolivia.indymedia.org/es/juicio_a_goni |
http://www.juiciogoniya.org.bo/carta.html
|
|
|
La
querella por la capital
boris miranda,
miranda.ivanbor@gmail.com
Es propia e incluso saludable a la democracia
la tensión que se genera entre la emergencia participativa y el poder
instituido. Es en el forcejeo entre el carácter social de la cuestión
pública con las formas privativas de la administración donde se profundizan
o no los procesos democratizadores. ¿Qué tan propia a esta clase de
tensiones es la actual batalla por la capitalía? ¿Alguien cree que juntando
los tres poderes en Sucre le estamos dando un espaldarazo a la
descentralización, a las capacidades autorganizativas de la sociedad? Yo
creo que el punto es acercar el poder a la gente, no alejarlo de La Paz o
llevarlo a Sucre.
Si concretamos está polémica al ámbito de la problemática de la democracia
encontramos que tiene una naturaleza reduccionista. Democratizar pasa por
extender el espacio público, no es pugnar por espacios creados en el pasado.
Ampliar el espacio público saliendo, además, de la esfera de lo estatal
representa una multitud de posibilidades para desconcentrar el poder.
Autonomistas, descentralizadores, etc. deberían entender que luchar por el
traslado de los poderes del Estado va contra sus supuestos fundacionales.
Ellos, en teoría, deberían estar por encima de estas cuestiones. Es más, al
pelear por esta llamada “capitalía plena” están afirmando la prevalencia del
poder central frente a la emergencia de poderes locales. Los, mal llamados,
autonomistas de la media luna están revalorizando justamente aquello a lo
que dicen repudiar. Y es de parte de los conocidos de la media luna de donde
se percibe que se impulsa esta pelea. Eso es manoseo, un descaro con la
gente de Chuquisaca y además un acto de vergonzosa irresponsabilidad.
En este tiempo de tan alta sensibilidad regional sembrar discrepancias por
la sede de los poderes roza lo imperdonable. Esto va para los constituyentes
y otros personajes públicos que cometieron tal irresponsabilidad con el
país. Si ellos piden a gritos descentralización porque alientan odios por la
sede. Hay suficientes indicios para sospechar. ¿Qué buscarán? Una venganza
contra La Paz, que fracase la constituyente, voltear al gobierno, recuperar
espacios de poder, se me ocurren muchas cosas. Desatan viejos rencores
justamente ahora, cuando la construcción es tan débil. Manipulando a la
población chuquisaqueña siendo que ellos no tienen la culpa de nada. Porque
además el rencor que puede tener la gente de Sucre con La Paz no ha sido un
sentimiento inmutable venido de hace más de un siglo. Es el devenir de años
de violencias estructurales, de maltrato, postergación y olvido producto de
gobiernos excluyentes. De ese rencor, legado de gobiernos mezquinos, también
los puedo responsabilizar a ellos. Si puedo, porque del Banzer ministro de
Barrientos al Podemos 2007 ya pasaron unos cuantos años pero no superan un
par de generaciones.
Por eso hay que tener cuidado en no quedarse solamente en la consigna. Se
deja notar que viejas elites están dispuestas a echar mano de cualquier
causa para mantener sus beneficios. Estamos viendo como en este tiempo donde
todo parece tan frágil se dedican a resaltar diferencias irresponsablemente.
Ahora, cuando extrañamente están coincidiendo tantos conflictos en el país,
debemos estar más atentos. Estoy de acuerdo, debatamos absolutamente todas
las propuestas. Sobre la democracia, la descentralización, la visión de
país, lo que quieran. Pero distinguiendo la clase de proyecto político que
se encuentra por detrás, si algunos no son sinceros nosotros no seamos
ingenuos.
Quiero creer que superaremos esta batalla por la sede, que definitivamente
no nos merecemos, sin mayores traumas. Sucre merece más que aspirar
únicamente a tener los tres poderes. Todo el sur de Bolivia merece más, este
es el momento para inventarse nuevas esperanzas. Así, creo yo, podremos
superar tanta susceptibilidad que se ha creado entre regiones. Entiendo que
es una construcción muy difícil la nuestra y este tal vez sea su momento de
mayor vulnerabilidad. Por eso corresponde al oriente, occidente y sur del
país; articularse para que el desarrollo lo sientan todos. Esto no significa
centralismo. Sin paternalismos y mucho menos separatismos, tratemos de
consolidar un país que piense a todos.
www.elortiba.org, julio 2007
Las
autonomías y el olvido
Por Boris Miranda,
miranda.ivanbor@gmail.com
No deberían ser únicamente atribuciones y
facultades. Un proceso autonómico no sólo significa transferir competencias
a determinada región. Tendría que estar cargado de profundas
transformaciones. Podría tener alcances todavía impensados. Formas
organizativas, de deliberación y resolución. Esferas de gestión diferentes a
las tradicionales. Promover nuevas aspiraciones e intereses para la
comunidad. Para qué trasladar atribuciones y recursos si las regiones van a
reproducir viejas estructuras en menor tamaño. Eso va en contra de lo que
representa la autonomía. Esto no es nada nuevo pero sirve para observar
ciertas expresiones ‘autonómicas’ del último tiempo.
Confianza es lo que esencialmente se desprende de esta clase de
reivindicaciones. Las poblaciones producen/contagian confianza para tomar
decisiones acerca de su futuro. Transmiten la idea de que son aquellas las
que mejor saben que necesitan. Es lo más importante, el proceso adquiere
contenido desde abajo. Esto va en contra de las tradicionales formas de
administración de lo público. La autonomía debería ser a la democracia
liberal lo mismo que es un habilidoso a la rigidez táctica en fútbol.
Desobediencia, pura creatividad, expresión generosa, ruptura del molde. Sin
embargo ahora aparecen entre las filas autonomistas los protagonistas de la
antigua forma de gobernar en Bolivia. Entonces ya no parece tan honesta la
cosa. Porque no creo que de repente tantas personas gustosas de mandar
cambiaron y ahora quieren ver el poder en las calles, en los barrios, en los
pueblos. Es difícil creer que desde los sectores privilegiados se impulse
que la gente a pie tenga posibilidades reales de decisión. Ahora, muy
distinto es exigir atribuciones para volver a mandar. Para encabezar un
sistema participativo excluyente en algunos departamentos. El discurso de la
autonomía para aplicar una fórmula tradicional de gobernar no pasa de ser
retórica aprovechando aspiraciones de la población. Por eso es central a la
hora de evaluar el hecho de que los contenidos actuales de la autonomía los
proporcionaron las elites.
Otra cuestión sospechosa es la notable fijación que se manifiesta por la
cuestión recursos. Recursos naturales, plata por impuestos, cooperación
internacional, etc. Los autonomistas indican en su discurso que
administrarán los recursos con mayor sapiencia. No dudan un minuto en que su
visión de la economía es superior a la de otras regiones. Discurso, dicho
sea de paso, altamente despreciativo hacia el resto del país. Volvemos a lo
de antes, no creo que antiguos defensores del libre mercado traigan
innovaciones significativas a la hora de distribuir riquezas. Si ellos ya
tuvieron su chance. Así es complicado creer en un alivio para los
necesitados de las regiones autonómicas.
Para rematar del resto del país mucho no quieren saber. A partir del
discurso económico se desprende que al resto de Bolivia no la tienen en muy
alta consideración. En serio, es lamentable todo el egoísmo que brota de
parte del autonomismo. Egoísmo desde la manera como se refieren a los
recursos naturales del país hasta en su exagerada actitud de presentarse
como las víctimas principales de este país. Ya lo dijimos arriba, quieren
administrar los recursos de su región desentendiéndose de cualquier otra
realidad. Administrar, además, con una fórmula que ya trajo malas
experiencias a todos. Es visible que este proyecto, de manera sospechosa, es
altamente excluyente y adverso con el resto del país a todo nivel.
Todo debería ser precisamente al revés. La autonomía debería ser un
mecanismo que busque aminorar asimetrías, no que preserve privilegios. Ser
una plataforma que despliegue solidaridad entre las diversas regiones del
país. En este tiempo nos están presentando una autonomía que principalmente
divide. Divide, si, eso hace. Porque unos cuantos se creyeron el cuento de
que son superiores y ahora dicen que continúan por su lado. Eso no se hace
señores, si las autonomías lo que deberían hacer principalmente es rescatar
las diversidades y explotarlas. Pero, repito, los contenidos los generaron
las elites y evidentemente hacia ellas apuntan la inmensa mayoría de los
beneficios.
Todos queremos mejorar la situación pero tratemos que mejoren todos. Y esa
autonomía de las elites no piensa mucho en los demás, más bien olvida mucho.
Porque no le gusta dar una mano decide olvidarse de los demás casi por
mandato. Se desvincula de otras realidades y se resigna, como en un mal
querer, a que nuestras diferencias son irreconciliables. Por eso aun en el
caso de que el proyecto autonómico de las elites resulte una experiencia
administrativa eficiente es condenable. Condenable porque a nombre de la
autonomía una región pretendió olvidarse del resto de su realidad. En un
país como el nuestro la autonomía bien podría fundarse en la solidaridad
entre diversos. Rescatar la multiplicidad y no prestarse a la división y al
separatismo. Explotar las múltiples potencialidades que presenta el país
pensando siempre en el desarrollo de la mayoría.
De cambio ahora hablan todos, incluyendo viejos conocidos. Hablen de
autonomía con una verdadera transformación de las reglas de juego en la
participación ciudadana entonces. Y si vamos a cambiar comencemos por
nuestras prácticas, por los valores que conllevan nuestras acciones. Así
presentar a la autonomía como una plataforma consagrada principalmente a
reducir las diferencias entre las regiones del país, no como una instancia
que prorroga ventajas. Es justo en este tiempo que corre, creo yo, en el que
nuevas actitudes, más solidarias y desprendidas, tienen que primar a la hora
de construir alternativas. Tanto para las autonomías como para cualquier
otra controversia que llegue a situarse en la agenda pública. Además, con
este frío lo mejor es andar todos abrazados.
www.elortiba.org, 10/07/07
|
|
Por Boris Iván Miranda,
compayronero@gmail.com
6 de Agosto del 2002: Se inicia el gobierno el Presidente más impopular
en la historia de Bolivia, de la mano de su candidato vicepresidencial y
una feroz y millonaria promoción mediática en elecciones. Gonzalo
Sánchez de Lozada (Goni) jura a la presidencia de Bolivia.
12 y 13 de Febrero del 2003: Guerra civil; militares y policías se
enfrentan en la plaza central, frente al Palacio de gobierno. Goni saca
francotiradores a las calles. En esos dos días murieron 33 personas y
hubo 200 heridos.
|
|
6 de Agosto del 2003: Goni le habla al país, derrotado, tuvo que guardar
toda su soberbia y admitir el fracaso. Bastó ese año para que su
gobierno perdiera la poca legitimidad que tenía. Su cifra de muertos era
espeluznante, alrededor de setenta en doce meses, casi setecientos
heridos. En ese año trató de posicionar a su gobierno como un gobierno
intolerante frente a las medidas de presión; cada movilización fue
ferozmente reprimida. Pensaron aleccionar rápidamente a los sectores
sociales con muestras innecesarias de violencia.
Septiembre y Octubre del 2003
Uno de los articuladores que eclosionaron al país fue el gas boliviano.
El gobierno boliviano se encuentra intentando exportar las reservas de
gas que tiene Bolivia, reservas que son superiores a lo que Bolivia
puede consumir.
Este proceso de exportación causó diversas formas de sentir en la
sociedad civil. Entre otros, despertó en algunos sectores al viejo
resentimiento con Chile por la cuestión marítima. Este gobierno ya es el
segundo que esquiva darle respuestas serias al país sobre el tema del
gas. Por todo esto, poco a poco, el gas se fue constituyendo en un tema
de interés activo.
19 de Septiembre del 2003: El gobierno dijo que la oposición pretende
causar una guerra a causa del gas. Este 19 era el día nacional de la
defensa del gas. Sin ánimo de magnificar las movilizaciones sociales,
esta fue una muestra real del descontento existente. El día de la
defensa del gas no fue una necedad malnacionalista para que el gas no
salga del país. El 19 de Septiembre fue la expresión de las dudas y la
disconformidad por un proceso encabezado por un gobierno corrupto e
ineficiente. El 19 de Septiembre la disconformidad comenzó a
exteriorizarse de manera continua.
El campesinado es el sector más grande en Bolivia. En estos últimos
tiempos se ha venido a constituir en un actor social protagónico en los
procesos políticos y sociales bolivianos. Los bloqueos de caminos son su
mejor arma. En septiembre del 2000 hicieron su demostración de poder más
fuerte bloqueando a La Paz durante un mes y dejándola sin alimentos en
ese lapso. Actualmente tienen una importante presencia parlamentaria. En
el altiplano paceño, desde Achacachi y sus alrededores se han proyectado
las más fuertes rebeliones indígenas de los últimos años. Los aymaras
que habitan esas zonas luchan por sus reivindicaciones y por
reconocimiento, son los más aguerridos.
20 de septiembre del 2003: Para muchos este día el gobierno cometió la
estupidez que desencadenó todo. Turistas se quedaron atrapados en Sorata
(población cercana a Achacachi), entre ellos ingleses y estadounidenses.
Las embajadas de ambos países exigieron al gobierno el rescate inmediato
y este envió al ejercito. En este 20 de septiembre murieron 6 personas,
incluyendo a una niña de 8 años y un soldado. Esta zona aguerrida
resistió los embates del ejercito (que luego dijo que los emboscaron)
con fusiles mauser de hace más de medio siglo. Los campesinos iracundos,
valientes y dignos declaraban que se mantendrían hasta las últimas
consecuencias. Desde ese día los medios de comunicación
malintencionadamente empezaron a hablar de grupos irregulares,
adiestramiento militar y tutelaje de las guerrillas peruanas y
colombianas.
A partir de ahí fue una continua demostración del malestar social. El
gas y las reivindicaciones indígenas forjaron las condiciones para que
el descontento se generalice aún más. El escenario estaba dado para que
comiencen a fluir diversas demandas sociales. Ya se vislumbraban las
jornadas siguientes.
Prácticamente todos los sectores sociales se manifestaron ya. El pedido
general era y es la renuncia del presidente. La Paz estaba bloqueada, no
entraban alimentos y de todas maneras los mercados cerraron en
solidaridad con los campesinos. Los obreros se declararon en huelga
general y marchan por el eje central de la ciudad. Paros de los
transportistas. Jubilados formando alfombras humanas en las calles. Los
universitarios salimos en defensa de nuestra autonomía y en masivas
movilizaciones demostramos nuestra cohesión. Dirigentes campesinos en
huelga de hambre en la ciudad de El Alto. Desde las jornadas de
septiembre no pasó un día laboral sin marchas y movilizaciones diversas.
Tampoco pasó una de estas jornadas sin gases y golpes por los cuerpos
represivos. Un gobierno asesino y brutal, carente de lógica reprime y
reprime. Reproduciendo violencia por todos lados el gobierno amplificó y
amplifica aún ahora el malestar social. El discurso presidencial
manejado en estos días refleja la ceguera que tiene él y sus asesores.
Minimiza las movilizaciones hasta la indignación; dijo que solo está en
su contra el 0.01 por ciento de la población.
9 de Octubre del 2003: Segundo día de paro general en la ciudad de El
Alto, a solamente treinta minutos de La Paz. Esta ciudad tiene una
población mayoritariamente campesina que emigró en busca de las
oportunidades de la ciudad. Los bloqueos en esta ciudad nos muestran que
se conservan algunas costumbres comunitarias en aquella población. Este
nueve de octubre mueren otras dos personas. Las mismas fuerzas
represivas ya muestran cansancio ante tanta actividad y tratan (otra vez
con lógicas equivocadas) de escarmentar a la población con excesivas
muestras de violencia. El bloqueo tiende a radicalizarse aún más.
El gobierno califica de bándalos a los sectores movilizados. Y aún
cuando estos sectores cometan actos reprochables se deben reconocer a
los culpables. En casi un mes de conflictos se ha visto un tremendo
despliegue de violencia por parte del Estado y esa violencia (sumada a
la de todo un año) se comienza a reproducir en los sectores movilizados.
Las armas en el altiplano, los destrozos en oficinas públicas, etc
también son culpables del gobierno en cierta medida. No pretendo
defender a ultranza a todos los sectores movilizados; también existen
elementos negativos pero en este momento no son de ninguna manera lo más
importante.
El estado de conflictos no parece llegar todavía a un punto de
inflexión. Aparentemente desde la próxima semana se empezaran a
movilizar los cocaleros de Evo Morales ampliando el eje de protestas.
Los rumores de un Estado de sitio o de excepción son cada vez más
fuertes. Hoy ningún personero de gobierno lo ha negado como antes.
www.elortiba.org, 11/10/03

|
|
Bolivia acorraló a Goni y logró su renuncia
Por Boris Iván Miranda,
compayronero@gmail.com
Las movilizaciones permanentes, piquetes de huelga de hambre que se
multiplicaban velozmente, el resquebrajamiento de su equipo de gobierno
y la espectacular llegada de los mineros a la ciudad de La Paz
terminaron de encerrar a Goni. Renunció porque no le quedaban más
opciones; ya no tenía argumentos ni aparato de gobierno. A último
momento lo abandonaron su vocero y un partido fuerte de la coalición
gubernamental, también le fallaron los militares cuando permitieron el
paso a los mineros. Huyó a Miami, una salida del gobierno muy cobarde.
Festejamos en toda Bolivia.
La noticia empezó a circular a media mañana, Goni renunciará. El viernes
las movilizaciones tenían un sentir especial; esperaban la renuncia de
Goni. De boca en boca corría el rumor, sabíamos que ya no tenía más
opciones. En la madrugada lo abandonó su vocero oficial, cansado de leer
mensajes profundamente caprichosos y retrógradas. Lo abandonaron el
Vicepresidente, cinco ministros, un partido de la coalición, y las
fuerzas armadas le flaquearon en un momento determinante.
A primeras horas del viernes las fuerzas armadas decidieron desobedecer
las ordenes llegadas desde la residencia presidencial. Permitieron el
paso de los mineros que llegaron a El Alto en 58 camiones, retiraron los
tanques que les cerraban el camino. Dos días antes murieron dos mineros
por los enfrentamientos a más de cien kilómetros de La Paz. Los mineros
decidieron en colectivo llegar a La Paz sin importar el costo. Armados
con dinamita derrotaron a un cerco militar agotado y dubitante. La
llegada a La Paz fue impresionante; la vieja vanguardia obrera de
Bolivia desplegó toda su historia y coraje durante toda su marcha. Para
entonces la noticia era conocida, los mineros le dieron el gran golpe
final a Goni. La renuncia se precipitó por eso, los mineros estaban
llegando y las fuerzas armadas dejaron de ser el pilar infranqueable del
gobierno. Antes de renunciar Goni tuvo que agotar todas sus opciones y
llevarse casi ochenta muertes en menos de un mes.
Su discurso en los últimos días ya era patético; la base de su discurso
real estaba totalmente perforada por la reacción de las clases medias
altas. La consigna de negociación sin presiones que enarboló el gobierno
perdió esencia cuando los sectores permanentemente manifiestos en favor
del diálogo empezaron a pedir su renuncia. Los sectores progresistas y
clases medias le dieron la espalda a la lógica del diálogo y volcaron
todo su apoyo al clamor popular; la renuncia de Goni. Comenzaron las
vigilias por la renuncia y movilizaciones prorenuncia en barrios
semiresidenciales clásicamente desmovilizados. Los piquetes de huelga de
hambre de multiplicaron hasta más de sesenta en menos de tres días. En
huelga de hambre estaban intelectuales, activistas conocidos de Derechos
Humanos, artistas comprometidos, funcionarios públicos, autoridades
universitarias, etc. Ya nadie le aceptaba a Goni la propuesta de
diálogo; los muertos ya eran demasiados y era intolerable su continuidad
en el gobierno. Ya sin discurso en pos del diálogo, en sus últimas
declaraciones se dedicó a descalificar a los líderes de las
movilizaciones hablando, cual si fuera Bush, de terrorismo y
narcotráfico. Inclusive dos días antes de dimitir aceptó congelar la
venta del gas, convocar a un referéndum e impulsar una Asamblea
Constituyente, ya era tarde para todo eso, Bolivia quería su cabeza.
Así se fue Goni, escapó como cualquier criminal. Sin aparato de gobierno
y con su aparato represivo superado por las movilizaciones sociales.
Agotó hasta el último recurso; abandonó el barco cuando ya no tuvo de
que aferrarse. Dejó más de ciento sesenta muertos en sus catorce meses y
once días de gobierno, peor que nuestra última dictadura militar. Él y
sus ministros huyeron a Miami, México y Buenos Aires. Aquí quedó un país
que espera justicia; que espera una respuesta por los muertos, por los
paramilitares y los francotiradores, por las brutales represiones. Él y
sus ex -ministros de defensa (Carlos Sánchez Berzaín) y gobierno(Yerko
Kukoc) deben recibir el castigo que se merecen.
Una vez que el congreso aceptó su renuncia juró Carlos Mesa a la
presidencia. Días antes de la caída de Goni, Mesa, como vicepresidente,
rompió su relación con él al ver como intolerable la cantidad de
muertes. A él le tocan bastantes tareas, desde ya anunció que su
gabinete ministerial estará compuesto por independientes. Tiene que
encarar el referéndum consultivo sobre el gas; afrontar la necesidad
real de una constituyente trascendental y urgente para recomponer el
estado boliviano. Tiene que buscar ejemplarizadores procesos penales
contra Goni y sus ministros asesinos. Para Carlos Mesa será realmente
complicado gobernar sin un partido oficialista que lo apoyé desde el
congreso y sin una coalición gubernamental.
De esta manera concluyó el viernes diecisiete de octubre; “el gringo se
ha ido, el pueblo ha vencido” (coro de los festejos). Gritando “si se
pudo” La Paz y Bolivia entera presenciaron fiestas populares y alegría
general. En La Paz el festejo duró hasta la madrugada; todos los
sectores movilizados se juntaron para festejar la victoria. Tal vez Goni
y su equipo nunca imaginaron una salida tan veloz de la presidencia; 14
meses duró este gobierno. En los catorce meses trataron a la sociedad
como les dio la gana; pensando que la reacción nuca llegaría. Una
soberbia muestra de poder de movilización espontánea y organizada se dio
en Bolivia, se desnudaron las flaquezas de las instituciones actuales y
esperó se haya sentado un precedente. Precedente que aleccioné a la
clase política sobre como no se puede saquear un pueblo de manera tan
descarada. En la madrugada nos despedimos gritando “si esto no es el
pueblo, el pueblo dónde está”.
www.elortiba.org, 18/10/03
Un año después del Febrero Negro: Bolivia escribe su historia
con los pies
Por Boris Iván Miranda,
compayronero@gmail.com
El 12 y 13 de febrero del 2003 estalló una de las rebeliones populares
más fuertes. Fue la antesala, el ensayo general, de lo que vendría a ser
después la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada (Goni) en octubre. El
gobierno de aquel entonces, bajo órdenes del Fondo Monetario, decretó un
impuesto al salario , hecho que provocó el estallido social de forma
espontánea. El aparato estatal mostró sus primeras fisuras; un motín
policial era la primera consecuencia del malestar social. Desde el
mediodía del 12 de febrero empezó la confrontación entre policías y
militares en frente al palacio de gobierno. Sociedad civil reaccionó
incendiando sedes de partidos políticos y ministerios. La multitud se
movilizó sin necesidad de mucha organización previa y apuntó su furia
directamente a los símbolos de la clase política. Como saldo trágico
tuvimos más de una treintena de muertos en aquellos dos días.
Estas jornadas desnudan la implementación real de nuevas formas de
confrontación social. Había algo que se iba gestando en los cuerpos de
la gente y que (re)nació con el nuevo siglo. Desde el 2000 que ya
habíamos presenciado verdaderas batallas. Con la agudización de la
pobreza y las necesidades se iban produciendo y rescatando saberes
imprescindibles para la reproducción de existencia social. La impotencia
individual y la necesidad, la rabia ya fluyen en la multitud en momentos
de crisis. Y este desenvolvimiento todavía no reconoce sus infinitas
posibilidades. Desde la primera batalla en aquel abril del 2000 y con el
suceder de cada una nos hemos venido sorprendiendo de las posibilidades
de la (auto)organización de las clases subalternas. Desde el 2000 hasta
acá ya han pasado muchas cosas pero pocos años. Y en estos pocos años
Bolivia ya reconoce en su interior la fuerza para sacar del poder a un
mal gobierno si es necesario. En febrero empezamos a sentir, como
multitud, la posibilidad de aquello. El 12 – 13 de febrero significó el
principio del fin del gobierno de Goni.
Un año después la memoria de aquellos días ya no es sólo homenaje y
recuerdo. La memoria de esos días también significa la permanente
presencia de nuestra fuerza como colectivo, la posibilidad de cohesión
espontánea en tiempos de rebeldía. 12 y 13 de febrero es recordar como
aprender y descubrir las cosas que podemos hacer. Porque la gente
aprendió a enfrentarse a los cuerpos represivos mientras les lanzaba
piedras, devolvía gases y esquivaba balas. La incredulidad en el sistema
de partidos políticos que sienten las mayorías desde antes de los
noventa recién vino a materializarse, en el 2003, en las quemas a sus
sedes. Romper con el mito de que los partidos son un mal necesario,
entender que no los necesitamos para que nos representen. Eso se fue
asimilando al tiempo en que se lanzaban las computadoras y los muebles a
las fogatas. Las imágenes de sedes de partidos políticos y de
ministerios vueltos cenizas; de casetas policiales destruidas, de calles
llenas de pelea son muchísimo más que “vandalismo” como dicen nuestros
operadores políticos regulares. En vez de muestras de barbarie o
incivilización son muestras de nuestro crecimiento. Cuando miramos las
huellas de aquel febrero no pensamos que fuimos cavernarios; al ver la
sede del partido de Goni, aún con las paredes negras, recordamos que
fuimos capaces de hacer eso. Por eso la memoria de febrero es volver a
sentir que el “bichito diabólico y bárbaro” vive en nuestros cuerpos.
Sospecho que nuestros políticos tradicionales no entienden muy bien esto
y por eso mantienen sin reparar sus sedes o ministerios; ellos dicen que
son monumentos a la barbarie.
Un año después todavía se siente dolor pero hay algo distinto en
nosotros. Porque la historia reciente boliviana se está escribiendo a
pie, la estamos escribiendo con los pies. Suena incoherente pero es así.
Los mineros marcharon a La Paz para exigir la renuncia de Goni y el día
que llegaron a La Paz, luego de superar el rígido cerco militar que les
pusieron, Goni renunció. Las marchas reprimidas fueron una constante en
febrero(con francotiradores) y en octubre. A pie y en la calle es que se
logró todo lo que se logró el 2003. La gente produjo esa historia y
ahora los relatos de aquellos días corren de boca en boca por todas
partes. Fue un logro de la colectividad el haber logrado, en aquel
febrero, la derogatoria del impuestazo. Esa victoria es creación común,
realización del grupo gigante. Ahí está la diferencia entre recordar una
gesta heroica escrita a mano y plasmada en libro oficial de una historia
que se hizo con los pies y los cuerpos de la multitud. Febrero es parte
de nuestra obra, son pasos que dimos y aprendimos a dar entre todos.
Algunas veces se juega fútbol o carreritas de tres piernas (amarrándote
un pie con el del otro compañero) y por mucho que te expliquen como
hacerlo es en la cancha o pista donde se aprende a avanzar. Primero con
mucho miedo a caerse y paso a paso vas entendiendo que sólo trabajando
con el compañero se van afirmando los movimientos. Es igual en las
calles, la famosa unidad de la izquierda en torno al partido y todas
esas charlas que nos daban los científicos del marxismo nunca nos
enseñaron a desarrollar sentimiento de colectivo como lo hicieron las
movilizaciones. Ese sentimiento lo obtuvo la masa en los peores momentos
de necesidad y represión, en la calle y bajo la mira de los
francotiradores.
Y ahora un año después todavía se siente esa potencia, como se sintió y
desplegó en octubre. La potencia para movilizarnos y caminar juntos
escribiendo nuevas historias. Esas jornadas de lucha son permanentes
imágenes que develan las cosas que se pueden lograr y mejor aún, son
imágenes de todos. Nadie, ningún actor social o partido puede
reclamarlas como su patrimonio. Como multitud nosotros tenemos a febrero
como algo en común, una presencia que nos une permanentemente.
www.elortiba.org,
12/02/04
Vistazos al conflicto boliviano
Por Boris Iván Miranda,
compayronero@gmail.com
La derrota de las prácticas obreristas clásicas del siglo XX en Bolivia
en los ochenta no merece mayores descripciones, sobra el silencio y la
impotencia que vivimos. Pasan quince años hasta que volvemos a encontrar
una movilización masiva y eficiente, hablamos de la Guerra del Agua
¿Cuánto de memoria práctica colectiva puede conservarse en quince años?
La primera es muy difícil de contestar con precisión. En todo caso
podemos decir que si encontramos prácticas similares en las barricadas
cochabambinas y también en el motín de la policía (GES) en La Paz. Ahora
bien, definitivamente el temple no es el mismo que el que tenían los
mineros en Cajamarca . Además del temple no era la misma configuración
de protagonistas, antes no existía tanta heterogeneidad. Tampoco era la
misma convicción y claridad en pos de lograr un objetivo, los sectores
que apoyaban al motín del GES en La Paz ignoraban por completo que
pasaría al día siguiente . Y así mantenemos ya unos cuantos años de
conflicto, digamos, frecuente. En estos años, por supuesto, se han
reafirmado convicciones, se ha clarificado el panorama para unos y se ha
socializado la problemática también.
Esta variedad de prácticas, que configuran una lucha asimétrica contra
el capital, configuran un nuevo tipo de hacer. Pretendo aquí echarle una
mirada a esas prácticas. Por el tipo de acercamiento, los campos
temáticos mencionados, y espero para facilitar su lectura, me aproximaré
a Bolivia con lentes clásicamente marxistas.
Lo anteriormente dicho está presente en casi todos los escenarios donde
se han presentado luchas en los últimos años. Las clases subalternas han
materializado su rebeldía en acciones, si. Pero lo han hecho con todo el
barro humano posible. Acciones llenas de aporías, con muchas dudas y
miedos. Sectores históricamente pacíficos emprendían largas caminatas a
La Paz o desenvolvían nuevas formas de rebelión en sus tierras. No
podemos olvidar que estas prácticas se deben principalmente al impulso
de la necesidad. No es mi intención convertir a la necesidad en una
virtud, pero debemos reconocer que es un buen estímulo a la creatividad.
Entiendo que esta incertidumbre se mantiene presente dentro de todas las
movilizaciones. Engels recordaba; “Hasta en París, las mismas masas
proletarias ignoraban en absoluto, incluso después del triunfo, el
camino que había que seguir. Y, sin embargo, el movimiento estaba allí,
instintivo, espontáneo, incontenible.” Se refería a la situación del
proletariado parisino en 1850, cuando la clase obrera empezaba a
configurarse como tal. Y al igual que en aquel entonces, estos nuevos
protagonismos sociales saltan a la luz pública llenos de dudas y con
objetivos muy poco identificados. Es con el tiempo que su accionar se
viene tornando más político y van definiendo con mayor precisión sus
objetivos. Esta configuración de grupos es eminentemente una
configuración de negación. Su política es de negación.
Estas reivindicaciones eran más o menos faltas de claridad y hasta del
todo confusas, conforme al grado de desarrollo de los obreros de París
en cada ocasión, pero, en último término, se reducían siempre a la
eliminación del antagonismo de clase entre capitalistas y obreros. Claro
está, nadie sabía cómo se podía conseguir esto. Pero la reivindicación
misma, por vaga que fuese la manera de formularla, encerraba ya una
amenaza al orden social existente.
En el tema de los hidrocarburos esta situación es mucho más notable yo
creo. Aquí es distinto porque no hablamos de una clase determinada, es
en realidad un movimiento lleno de diversidad. En los últimos años, en
torno a la lucha por los hidrocarburos, se aglutinaron gran parte de las
clases subalternas. Este despliegue tiene matices destacables. Al
principio, debo confesar, no creí en una determinación fuerte de la masa
por el gas. Primero que no eran, ni son, una movilización sectorial. El
gas no representa el patrimonio de algún sector, cuando menos no en
occidente. Otro factor complicado era la gran cantidad de lenguaje
técnico que se utilizaba cuando se hablaba de la venta de los
hidrocarburos. Por eso es ilustrador el ejemplo de los hidrocarburos
para mostrar la incertidumbre con la que inicialmente los movimientos
sociales actuaron y actúan.
Podemos ver esta dubitación en la evolución de las consignas por
ejemplo. 2003 tenía una fuerte carga antichilena, la oposición inicial
en aquel tiempo era a la exportación de hidrocarburos por un puerto
chileno. En aquel tiempo era mucho más débil la voz que exigía
nacionalización. El discurso vencedor aún tenía hegemonía y se
escuchaban más voces que pedían industrialización, el tema de la
propiedad era todavía un tabú. Así se dio la primera gran batalla por el
gas, marcada por confusión, instinto, intuición.
El 2005 entiendo que fue distinto. La consigna de la nacionalización ya
era una bandera que articulaba a gran mayoría de los sectores
movilizados. Lo aprendido en octubre del 2003 era una victoria, en tanto
acumulación de saberes prácticos, indudable. El desencantamiento
político por el apego a la sustitución constitucional también era
notorio. Y eso que aquí tampoco, creo, se sabía a ciencia cierta lo que
se pedía. Nacionalizar sin indemnizar no dejaba de ser una consigna algo
ambigua. Yo sentía que todos estaban defraudados, engañados y lo que es
peor, no sabíamos a ciencia cierta como nos engañaban. Creo que la
memoria de dos años atrás y la marca ética que eso deja en los
participantes fue un factor de entre tantos que determinaron la
rebelión.
Voces
Podemos empezar a hablar de que voces se escucharon en el conflicto
justo ahora, justo cuando terminamos de hablar de la acumulación de
saberes. Cuando Marx hablaba de la Comuna de Paris retrataba el
conflicto entre los blanquistas y de algunos afiliados a la Asociación
Internacional de Trabajadores. Bueno, tanto como conflicto no era pero
si existía cierta disputa. Lo que aquí me interesa destacar es como el
desenvolvimiento de las circunstancias guarda poca fidelidad con lo que
pretendían los dirigentes de la Comuna. Trazar una línea comparativa
podría resultar forzar algún argumento yo creo. Lo que si me interesaría
hacer es como influye la memoria práctica, acumulación de saberes, del
colectivo en el devenir de los sucesos. Los blanquistas pretendían
constituirse en élite al tomar el poder, sin embargo era claro que en
Paris ya no era posible otra revolución que no sea una revolución
proletaria. Y esto debido a todo el cúmulo de sucesos en los que el
proletariado participaba activamente desde hace ya un siglo atrás.
En Bolivia también tuvieron que cambiar las condiciones por el
aprendizaje reciente de los últimos años y la herencia de prácticas que
tal vez ya lleven más de medio siglo. Por ejemplo, el 2003 empezaron a
verse ollas comunes en El Alto, en el 2005 entiendo que hubo mayor
proliferación de esta práctica. Definitivamente los mineros llevan una
herencia de prácticas que es visible cada vez que llegan a La Paz. Esto
en lo práctico. En lo político no existe mayor muestra de aprendizaje
que el rechazo absoluto a la sucesión constitucional y la búsqueda de
renovación de todo el aparato estatal. Que se vayan todos es consigna
que usaron primero los piqueteros pero que se aplicaba perfectamente al
ambiente de esos días.
Exigir nacionalización era también muestra de aprendizaje, de esa marca
ética de la que hablaba antes. Esta consigna terminó por imponerse
inclusive en grupos donde la dirigencia se oponía inicialmente. El MAS
se vio obligado a obedecer a sus bases y exigir nacionalización, aún
cuando inicialmente se mostraba reacio a la idea. Dentro de los sectores
de El Alto, ningún dirigente habría mantenido su puesto si se hubiese
opuesto a la idea. Ellos no bajaron la línea, es la base la que impuso
la consigna.
Entiendo la necesidad de mantener una dirigencia. Es necesario delegar
responsabilidades y confianza a algún compañero, por más autogestiva y
horizontal que sea la organización. Pero miro con otros ojos al
dirigente. No creo en que las reivindicaciones obtenidas sean por la
brillantez de un dirigente o que las movilizaciones sean por su hábil
conducción. Para las masas, y parafraseando a Zemelman, el conocimiento
de lo posible es un conocimiento constructor del futuro.
Estado
Un último comentario acerca del Estado como target de todas las demandas
sociales. Marx nos dice sobre el Estado: “Al paso que los progresos de
la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el
antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue
adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre
el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social,
de máquina del despotismo de clase.” Esto es muy importante, los Estados
no son los centros de poder. El centro de poder es el capital y es
aterritorial, global. Entendemos que la lucha es del capital contra el
trabajo, que la contradicción es del modo social de la producción con el
modo privado de la apropiación.
Todo el despliegue visto hace unas semanas frenó con la renuncia a la
sucesión de Vaca Diez y de Cossio, y yo creo que de verdad ese momento
no había de otra. Los sectores ya no podían mantenerse movilizados mucho
más tiempo, creo que el paro de El Alto ya no tenía recursos humanos
para seguir. Y la verdad yo creo que evitar que vuelvan el MIR y el MNR
vuelvan fue una victoria pero que no solamente hay que buscar por ese
lado. Creo que el aparato es perfectamente capaz de absorver ese tipo de
prácticas, orientadas en su lógica. La lógica “fuera el presidente” es a
la que me refiero.
Holloway hace una dicotomía del poder, en poder-hacer y el poder-sobre .
Y lo que me interesa es relacionar al poder-hacer con la idea de
productores libres asociados o productores directos. El poder-hacer es
siempre social: nuestro hacer depende siempre del hacer de otros, en el
pasado o en el presente, y nuestro hacer crea normalmente las
condiciones del hacer de otros. El poder-hacer refiere al flujo social
del hacer. El poder-hacer, también potencia, es recuperar el proceso
laboral y eliminar la enajenación. Veo en volcar los esfuerzos por
plasmar esta potencia una nueva construcción para el movimiento social
actual. Esta construcción no es ajena a las lógicas de los movimientos
sociales en Bolivia, de hecho creo que con todas su falencias se ha
empezado a construir. Esta construcción, en cambio, si es ajena a las
lógicas de cooptación del capital.
www.elortiba.org, 12/05/05
Mi
memoria de esos años: Rompiendo pautas de confrontación
Por Boris Miranda,
compayronero@gmail.com
"La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo
homogéneo y vacío, sino aquel pletórico de tiempo - ahora."
Walter Benjamin
Probablemente el título de este trabajo sugiera mucho más de lo que
pretende. Y la verdad no me interesa agregarle mayor carga de protagonismo o
relevancia a lo que hicimos esos años. Esos años es un periodo que abarca,
en mi caso, desde 1999 hasta el 2001 más o menos. Durante esos años
participé en grupos compuestos mayoritariamente por jóvenes, grupos y redes
de grupos. Primeros gritos de rebeldía, creo que eso era lo nuestro. Ahora
voy a tratar de descargar mis memorias de ese lindo tiempo en estas hojas.
Esta es mi versión del cuento de esos años, donde yo digo que rompimos
nuestras pautas de confrontación.
Existía, obviamente, una acumulación de saberes prácticos hasta ese momento.
Y como nosotros éramos debutantes aplicamos toda esa herencia. Sin dudar
mucho nosotros mantuvimos aquellos formatos de acción. Ojo, no
responsabilizo a ninguna generación anterior por traspasarnos esa carga, si
yo hago eso ellos podrían culpar a la precedente y todos pecaríamos de ver
las cosas de manera muy estática. En aquel momento habían unas formas de
hacer que se habían acumulado, en otro momento se tenía que producir una
discontinuidad y así empezamos a hacer de otra manera. Pero para que llegue
ese momento cometimos todos los errores que se pueden cometer; probábamos,
nos equivocábamos, reíamos, nos puteábamos y volvíamos a empezar. Así era
según recuerdo, íbamos descubriendo con muchísimo más instinto que con
razón, aunque nosotros tratábamos de que suceda precisamente lo inverso.
Probábamos
de todo para descubrirnos. Un día era la calle, ahí realmente entraríamos en
acción. Otro día era mejor la formación, prepararnos para el futuro. Luego
decidíamos que había que buscar equilibrio entre ambos, entonces nacían las
comisiones y complicábamos toda la cosa porque ahí cambiábamos la calle y la
formación por las reuniones largas de planificación. Todas nuestras
inseguridades se reflejaban en aquellos intentos. Hicimos acciones
callejeras, no más de quince buenos tipos que ni siquiera podían interrumpir
medio carril del paseo de El Prado y por eso hacían su protesta en la zona
peatonal. También pensamos pretenciosos talleres de formación política que
empezaban con el Manifiesto de 1848, donde inclusive una vez recuerdo que
pedimos a los mayores que nos armaran una escuela de cuadros. De las
comisiones mejor no hablar, las comisiones generalmente derivaban en otras
comisiones.
Pero estábamos ahí, después de alguna experiencia negativa volvíamos a
intentar. Llenos de inseguridades pero convencidos de que en algún momento
lo íbamos a lograr. Y es ahora cuando recién voy comprendiendo lo que a mi
me pasaba, y lo que probablemente le pasaba a otros que estábamos allí.
Porque en aquel momento estábamos convencidos de algo y eso era
aparentemente lo que activaba nuestro espíritu combativo. Yo creía en eso de
la certeza de la victoria, en que vivíamos sólo una etapa de lucha por un
futuro mejor. Confieso que eso fue a lo que más fuerte me aferré. Y no era
el único, no a todos les pasaba lo mismo pero estoy seguro que no era el
único. Es que esa certeza lo volvía todo más fácil, te quitaba peso de la
espalda. Me acuerdo de esa frase vieja, el presente es de lucha, el futuro
es nuestro. A esa frase la tomamos como una promesa y no como un aliento.
Era algo que venía de la época de nuestros abuelos y que nosotros
reproducimos durante un tiempo. Ahora me parece difícil de creer, sentíamos
que lo estábamos haciendo bien gracias a eso. Pero no estábamos ahí gracias
a eso, y esto es lo que recién entiendo ahora. Estábamos ahí por algo que no
entendíamos, o que negábamos. Negábamos porque la pasión estaba más
desprestigiada que la historia. Porque por esos días sonaba mejor decir que
uno está presente por un llamado de la historia que por un impulso
apasionado. Y ese impulso sobraba en aquel tiempo, impulso que en cierto
momento desprecié y que ahora quisiera recuperar.
Entre esas contradicciones de desenvolvía nuestra militancia. Porque eso
era, militancia, aunque la palabra pertenezca al glosario de los términos de
un trasnochado. En el marco de esas contradicciones es que pasamos por ratos
feos, cuando tratábamos de forzar el compromiso por ejemplo. Forzando el
compromiso es que a ratos esa militancia se volvía en un oficio, en el mal
sentido de la palabra. Nos presionábamos para lograr ese “compromiso” y nos
amargábamos la existencia entre todos. Me acuerdo que por esos días hasta
dejé de jugar fútbol, y al fútbol, como a la militancia, le debo lo que
entiendo por solidaridad, compañerismo y horizontalidad. En cambio cuando
nos movíamos por convicción todo era distinto. Ahí es cuando gozábamos las
acciones colectivas, cuando mejor nos salían las cosas. Cuando era de oficio
al final no teníamos ganas ni de tomar un vino.
El 2001 era un año importante, significativo. En el 2001 se cumplían los
treinta años del golpe de estado de Hugo Banzer, uno de los personajes a los
que más satanizábamos. En aquel año ya existían grupos consolidados y
coincidimos varios jóvenes de procedencias diversas. Era un compromiso
ineludible, algo se tenía que planificar para ese 21 de agosto y tenía que
ser grande. La planificación y el despliegue de actividades tenían que
hacerse con meses de anticipación. Las dictaduras siempre tuvieron una carga
simbólica enorme para nosotros, fechas como 21 de agosto, 17 de julio, 11 de
septiembre o 24 de marzo eran parte de nuestro calendario cotidiano. Y otra
vez aparecía esa idea del llamado de la historia entre nosotros.
Claro que durante ese periodo no se hicieron cosas por oficio, todos
estábamos convencidos de lo importante del acontecimiento y participábamos
activa y alegremente de las actividades. Muchas cosas se combinaban en aquel
momento. Teníamos que ajustar cuentas con una parte de la historia. Éramos
dos generaciones que se unían en repudio a un momento y a una persona. Y la
verdad es que creo que me jodía más el hecho de que Banzer sea presidente en
esos momentos que el horror de unos años que no viví. Entonces me sentía
confrontado con el presidente actual, dictador y todo lo demás pero lo más
importante es que era un sujeto del tiempo que corría. Y yo siempre estuve
en esa clase de cosas pensando en buscar construir una nueva sociedad,
entonces para lograr ese futuro tenía que pelearme con el representante de
ese presente. Porque si Banzer se moría antes del 21 de agosto del 2001 yo
creo que habría estado algo decepcionado, con el enemigo caído antes del día
que le íbamos a dar el gran golpe. Me acuerdo bien que por eso no me agrado
del todo la idea de que ceda el poder ese 6 de agosto.
Creo que ya antes de ese 2001, y no lo sabíamos en ese
entonces, nosotros ya vivíamos ese ansiado futuro. Porque fue un tiempo en
el que dejamos de orientar nuestros esfuerzos en buscar un futuro, el
presente era un momento que disfrutábamos. Con la razón, a la que tratábamos
de seguir, vivíamos el tiempo mesiánico, el calendario del futuro.
Calculábamos la distancia del paraíso en términos de la acumulación de
condiciones para su llegada. Con el instinto en cambio se vivía el futuro en
el presente, el tiempo del aquí y ahora. Porque éramos lo que queríamos ser,
el proyecto llevado a cabo en muy pequeña escala. La famosa nueva sociedad
se dejaba ver entre nosotros, sus hábitos, valores, errores. Instintivamente
construíamos eso que queríamos y yo ni me lo imaginaba, yo estaba en otra,
supuestamente luchando contra un tipo, pensando que ese era el camino. La
convicción, la pasión lograron esa configuración, una experiencia invaluable
de aquel momento.
Y
también se acabó. En mi caso abruptamente porque me surgió un viaje muy
largo por esos días. Pero ya antes de eso sentía que la retirada estaba
cerca. Y no creo que fue un error dejar que muera ese grupo. Alcanzamos un
momento cumbre donde, fuera de la trascendencia del acontecimiento, logramos
eso que explicaba en el párrafo de arriba. Nuestro medio era nuestro fin. El
aprendizaje de esos días es lo que he tratado de explicar aquí, los años de
esa militancia me cambiaron definitivamente. Luego de vivir esa experiencia
sentí que ya no había necesidad de transformar al grupo en un referente de
la sociedad, algo que muchos deseábamos en cierto momento. También el famoso
llamado de la historia ya había perdido su contenido, sonaba vacío. Seguía,
sigo, lleno de inseguridades pero en definitiva ya veía las cosas de otra
manera.
Y también llegó octubre del 2003. Yo ya estaba lejos de cualquier clase de
organización salvo mi particular cofradía. Y ante los acontecimientos de ese
mes varios coincidimos en la calle, pero ya lejos de pretender organizarnos
pasamos a la acción directa. Otra vez nuestro medio era nuestro fin, porque
esa vez construimos junto a un grupo infinitamente más grande. Éramos parte
de las movilizaciones, cada cual desde donde pudo. En octubre del 2003 no
teníamos necesidad de asistir como grupo constituido, en el sentido estricto
de la palabra. Eso era muy distinto a lo que habríamos hecho años antes.
Otra vez se vislumbraba la nueva sociedad en la lucha, pero esta vez con
todos los sectores que se habían movilizado. Por eso ya no sentimos la
necesidad de estructurar una organización como tal, y lo mismo pasó el 2005.
Eso fue lo que hicimos. Por eso aclaraba al principio que no tenía la
intención de darle más protagonismo a lo que hicimos. Porque como nosotros
rompimos nuestras pautas de confrontación desde la experiencia de esos años
lo hicieron muchos otros grupos, a su manera. Eso lo comprobamos el 2003,
cuando nos encontrábamos en la calle.
Eso es todo. Solo queda decir que haber dejado de participar en esa clase de
grupos no significa haber renunciado, gracias a lo vivido es que ahora
entiendo esos esfuerzos desde otro ángulo. Y también me resta pedirle
disculpas a los que compartieron conmigo esos años y que se puedan sentir
estafados u ofendidos por estos recuerdos míos.
La Paz, noviembre del 2006
www.elortiba.org, 13/11/06
|