Historiador, periodista, escritor, pensador, novelista, ensayista, cineasta... Osvaldo Bayer es uno de los escritores argentinos más reconocidos de nuestro país. Lleva toda una vida comprometido con los movimientos obreros y sus luchas por tener una vida digna, con los pueblos originarios de nuestro país, echados de sus tierras y masacrados por los gobernantes, y con todo tipo de minorías que no sean respetadas. Sus varios tomos de "Los Vengadores de la Patagonia Trágica" son documentos valiosísimos. En ellos testimonia la virulenta represión y matanza de obreros a manos del ejército durante las huelgas patagónicas de 1921. Su primer libro fue prohibido por Lastiri. "Lo cual, me da un poco de vergüenza, si hubiese sido prohibido por otro presidente de más categoría uno se pondría más contento", dice irónicamente. El segundo libro lo prohibió Isabel Perón y ya con la publicación del tercer volumen de "Los Vengadores de la Patagonia Trágica", llamado "Humillados y ofendidos" (1974) y el estreno de la película "La Patagonia Rebelde", llevada al cine por el director Héctor Olivera, Bayer apareció en las listas de la Triple A, viéndose obligado a dejar el país. En 1976 la embajada alemana lo ayuda a salir del país, como refugiado.
Su amor por la libertad, por su patria, por sus amigos y compañeros perseguidos por la dictadura militar hicieron que él ingresara varias veces al país de forma clandestina. En 1983, con el retorno de la democracia, regresó al país. Pero sus hijos ya habían estudiado y habían formado sus familias en Alemania, y su mujer, no quería saber nada con volver a un país que la persiguió y la humilló sin causa alguna ". Así que él se pasa ocho meses en la Argentina y los meses restantes con su esposa, hijos y nietos. El escritor cuenta que cuando regresó al país, le costó mucho volver a reintegrarse: "A lfonsín tuvo una política muy negativa con respecto a los exiliados. Al día siguiente de tomar la presidencia hizo una comida para intelectuales y no invitó absolutamente a ninguno de los que habíamos regresado. Entonces, los tres o cuatro primeros años me iba seis meses a Alemania, trabajaba allá, para ganarme las divisas para poder vivir aquí en Argentina. Yo no quería dar mi brazo a torcer. Hasta que Lanata me llamó para Página 12 y la Facultad de Filosofía me nombró profesor titular de derechos humanos y ahí pude asentarme acá", recuerda Osvaldo.
Nacido en el año 1927 en la provincia de Santa Fe, estudió medicina y filosofía en la Universidad de Buenos Aires, y más tarde se fue a Alemania para estudiar Historia en la Universidad de Hamburgo. Ha trabajado en los medios más prestigiosos del periodismo escrito como Página 12, Clarín y Noticias Gráficas. "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia" , La Patagonia rebelde" (tomo I, II, III, IV), "Los anarquistas expropiadores y otros ensayos", "Exilio", un ensayo junto al poeta Juan Gelman, "Rebeldía y esperanza" son algunas de sus obras.
Fuente: Magela Demarco, Clarin.com, 03/01/07
Es increíble la irracionalidad del mundo
Es increíble la irracionalidad del mundo. Pero el hombre persiste. Sigue
rigiendo la ley del dinero. Más dinero, más poder. Así de sencillo. Por ejemplo,
que los alimentos del mundo estén en manos de un núcleo de personas surgidos en
su mayoría de los dueños de la tierra. En un mundo con limitaciones –y las
conocemos con respecto a las reacciones de la naturaleza y a eso que llaman la
bolsa y la ruleta de las acciones o las altas y bajas de las divisas– las
grandes líneas a seguir no las dictan los que defienden la vida a ultranza, ni
siquiera los políticos elegidos en las urnas, sino los que tienen el verdadero
poder. Lo vemos actualmente en Europa. Hoy el diario Frankfurter Rundschau –lo
cito porque es un órgano que a veces, muy pocas veces, lástima– se atreve a
decir basta. Hoy, viernes, le dedica toda su tapa, toda, a denunciar la inhumana
política europea con respecto a los seres humanos del tercer y cuarto mundo que
buscan refugio en Europa, los denominados “ilegales”, que llegan de todos los
países pobres. En la tapa de ese diario está en grandes letras la palabra Europa
atravesada con alambres de púa. Y luego, en letra pequeña, este párrafo: “Con
toda dureza, los estados europeos proceden contra los que buscan refugio. Europa
se comporta así como si sólo tuvieran derecho a una vida en dignidad los que
nacieron en el continente correcto. Cómo ese apartheid hace ricos a los nuevos
contrabandistas de personas, arroja cadáveres a las costas españolas y lleva a
que los chechenos perseguidos no encuentren protección, informamos en la edición
de hoy, el Día de los Refugiados”.
Sí, Europa ha decidido hacer ya en un tono leguleyo lo que lleva a cabo Estados Unidos en sus fronteras con los “latinos”. Es el sistema. Esa Europa que estableció después del “descubrimiento” la esclavitud y la explotación de sus colonias africanas y americanas no se hace responsable por ello. Pero eso sí, sigue aprovechando el comercio con las elites de esos países que dominan sus economías y producen la pobreza, y por tanto la violencia.
Cuando uno lee las noticias de la Argentina, comprueba que la Sociedad Rural acompañada por otras organizaciones, que en conjunto siguen siendo dueños y señores de la tierra (algunos más, otros mucho menos, pero están juntos), hacen un “paro” patronal. La tierra, que significa el pan, que no tendría que pertenecer a nadie sino a todos, es de ellos. Esa tierra que tendría que ser de todos, como la sombra de los árboles en verano, como los caminos, como los ríos, como el derecho a la enseñanza, como el derecho a la salud. Causa hasta vergüenza que ninguno de nuestros gobiernos haya ido a golpear a la puerta de la Sociedad Rural y les haya preguntado: ¿de dónde tienen ustedes la tierra, quién se las otorgó, cómo llegaron a ella? La pregunta que tendríamos que hacerles todos a los estancieros, los latifundistas. ¿Cómo es posible que ningún Congreso nacional en toda su historia haya tratado el tema de los títulos de la propiedad de las pampas increíblemente fértiles e interminables o haya nombrado una comisión que estudiara a fondo cómo llegaron esos señores a la posesión de tales extensiones? No, no se hizo nunca. Se aceptó a libro cerrado esa historia terriblemente injusta y cruel. De eso no se habla. Y todos concurrieron a inaugurar el monumento a Julio Argentino Roca, el que dictaminó la muerte al “salvaje o bárbaro”. Y cómo después va a comenzar el otro capítulo, el de la explotación de los verdaderos trabajadores de la tierra, los “peones en negro”, como es habitual. Peones y sirvientas no entran por la puerta del Derecho.
Es hora de llamarlos a rendir hoy
cuentas de cómo sus antepasados obtuvieron esas tierras. Sin ninguna duda, la
mayoría fue después de la campaña de Roca, con el exterminio de los habitantes
originarios. Lo dice toda la documentación histórica. Fue la Sociedad Rural
presidida por José Martínez de Hoz –apellido bien conocido por los argentinos–
quien va a apoyar y promover la campaña de Roca, por ejemplo, ofreciéndoles las
“mejores caballadas” de los estancieros. Después del genocidio se otorgaron más
de 41 millones de hectáreas a 1843 estancieros, entre ellos a la familia
Martínez de Hoz, que recibió nada menos que 2.500.000 hectáreas. Y luego en la
lista de beneficiarios estaban los Anchorena, Leloir, Temperley, Atucha, Ramos
Mejía, Miguens, Unzué, Llavallol, Señorans, Martín y Omar, Real de Azúa, Luro,
etc. Todos apellidos de la “aristocracia” de la tierra. El general Roca se
quedará con 65.000 hectáreas, para “empezar”, y se otorgarán otras 7.450.000
hectáreas a los militares autores del genocidio. Lo dice el propio Domingo
Faustino Sarmiento, en el diario El Censor del 18.XII.1885, textual: “Es
necesario llamar a cuenta al presidente y a sus cómplices en estos fraudes
inauditos. El presidente Roca, haciendo caso omiso de la ley, cada tantos días
remite por camadas a las oficinas del Crédito Publico órdenes directas, sin
expedientes ni tramitaciones inútiles, para que suscriba a los agraciados, que
son siempre los mismos, centenares de leguas”. Por eso, durante la Década
Infame, los conservadores levantaron el monumento a Roca en la Diagonal Sur de
la Capital. Y ahí estaban todos, en primera fila los miembros de la Sociedad
Rural. El mismo Roca aprobará la Concesión Grünbein, por la cual se otorgaron
miles de hectáreas en la Patagonia principalmente a ingleses provenientes de las
islas Malvinas. Que financiaron a los “cazadores de indios”. Una libra esterlina
por par de orejas de tehuelches. La Sociedad Rural también apoyó firmemente la
represión de los peones rurales patagónicos en la matanza de 1921 para no hablar
de su influencia en la política de los centros provinciales.
¿Cómo es posible que jamás en la Argentina se haya intentado una reforma
agraria? Seguimos aceptando un régimen que pertenece al medievo. Se tiene que
dictar una ley poniendo una valla a la posesión, un máximo de hectáreas y dar
preeminencia a las cooperativas de productores. Para ello, crear escuelas en
cada ciudad del interior de más de cincuenta mil habitantes sobre administración
del campo, ciencias agrícolas y ganaderas, para que los hijos de los
trabajadores de la tierra puedan ya ser los técnicos futuros del campo.
Nada se arregla ahora con bajar o subir las retenciones, sino que la única
solución es democratizar la posesión de la tierra. Y que sean esas mismas
cooperativas las que se encarguen de la comercialización de sus productos.
Es lamentable que la Federación Agraria, aquella del Grito de Alcorta, no haya
continuado su lucha de hace un siglo y que hoy busque como aliados a quienes
están en la vereda de enfrente. Me viene a la memoria el movimiento del campo
iniciado por integrantes de la Federación Agraria y apoyado por su diario La
Tierra, en febrero de 1975, en el gobierno de Isabel Perón. Las otras
organizaciones patronales del campo –Sociedad Rural, Coninagro y Confederaciones
Rurales Argentinas– repudiaron las acciones de protesta. También Carbap, a
través de su titular, Jorge Aguado, tuvo palabras muy duras contra el citado
movimiento. Más tarde, en septiembre, del mismo año, sí, la Federación Agraria
se plegó al movimiento de reivindicaciones de las Confederaciones Rurales
Argentinas, a la que pertenece Carbap. Por lo que el periódico El Auténtico
dirá: “La falta de una adecuada política económica tendiente a garantizar el
precio de las cosechas, que hace que los pequeños y medianos productores queden
a merced de los grandes monopolios exportadores, explica la decisión de la
Federación Agraria de plegarse a una huelga hegemonizada totalmente por la más
rancia oligarquía”. Hace treinta y tres años.
El diario La Prensa, por supuesto, apoyó el movimiento de la oligarquía del
campo señalando que “De hecho, los gobiernos han mantenido una incoherencia
sistemática respecto de la agricultura... que puede expresarse como desprecio
por la merecida consideración de esa actividad productiva en el conjunto de los
intereses nacionales”. Intereses nacionales.
La verdadera solución llegará cuando se lleve la verdadera democracia a la
tierra. Ni terratenientes ni siervos. Que la alimentación de las ciudades no
dependa de un triunvirato todopoderoso de los dueños de la tierra. Ojalá que la
Iglesia Católica tome como modelo al obispo Angelelli, aquel que dijo en el
púlpito, en ocasión de la muerte de un leñador y después de ver con sus propios
ojos cómo sus compañeros llevaban el cuerpo sin vida sobre los hombros y lo
enterraron así porque no les alcanzaba el dinero para comprar un ataúd: “En qué
país vivimos que ni siquiera los leñadores pueden lograr la madera que abrace y
contenga a sus seres queridos a la hora de la muerte”.
Al día siguiente, Angelelli yacía sin vida tirado en el suelo de una tierra por
la que tanto luchó. Realidades constantes.
Fuente: www.tercerainformacion.es
"Los
intelectuales deben ser solidarios con los que sufren"
A propósito de la edición del libro
Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas, el escritor, periodista e
historiador actualiza el debate sobre "los temas que se discuten desde
siempre". El autor de La Patagonia Rebelde no esconde nada.
Por Silvina Friera
Desde el escritorio de su casa en Linz am Rhein (Alemania), a orillas del
río Rin, Osvaldo Bayer contempla un inmenso bosque de hayas, robles, nogales
y otros árboles y plantas con sus curiosas y hermosas flores silvestres. Y
oye el canto de los pájaros. En esa casa, construida por su hijo Udo, espera
que lleguen los sueños, los recuerdos, los anuncios, lo imprevisto. "Aquí
espero la visita de Chejov, de Bernhardt, o de los poetas de siempre,
Goethe, Hesse. Y por ahí también llega Evaristo Carriego en el tren
provincial y lo espero en la pequeña estación, o a Roberto Arlt, para hablar
en alemán", cuenta el escritor a PáginaI12. "Tengo el retrato de Marlene
Dietrich, claro, aquí en la biblioteca, no en el dormitorio como lo tengo en
Belgrano. Sí, aquí, en la biblioteca, no sea que me visite José Pablo
Feinmann y me denuncie en alguna contratapa", bromea. El escritor,
periodista e historiador está convencido de que la polémica es una de la
armas de la razón. Polemizar es su modo de estar en el mundo (ver aparte).
Lo prueba, en parte, Entredichos, Osvaldo Bayer 30 años de polémicas,
editado por Casa América Catalunya y La Ochava Ediciones, con compilación y
epílogo de Fabián D’Aloisio y Bruno Napoli, que recoge siete polémicas que
el autor de La Patagonia Rebelde ha mantenido con Ernesto Sabato, Alvaro
Abós, Mempo Giardinelli, Roberto Baschetti, Günter Lorenz y Rolando Graña.
En estos debates intensos sobre el exilio, la violencia, la censura, el rol
de los intelectuales y sus complicidades con el genocidio y el peronismo,
Bayer pone la palabra al servicio de la reflexión, el debate y la discusión.
Como señala Rodolfo Mattarollo en uno de los estudios preliminares del
libro, "se trata de estar dispuesto al intento de pensar las experiencias
límites y sus contradicciones muchas veces insalvables".
–¿Por qué al repasar las siete polémicas la sensación que impera en el
lector es que los temas planteados no tienen fecha de vencimiento, que no
están cerrados?
–A pesar del tiempo transcurrido, ninguno de los temas de las polémicas ha
podido ser resuelto ni en el mundo ni en la Argentina. Porque miremos al
mundo o sólo a la Argentina, ¿es aceptable el estado de cosas actual? ¿Acaso
los argentinos hemos aprendido algo después de las enseñanzas que nos dejó
la crueldad extrema en que vivimos durante la última dictadura? Nada;
miremos las estadísticas: hambre de nuestros niños, gente sin trabajo,
villas miseria. Después de dos guerras mundiales pareciera que la humanidad
no ha aprendido nada. Irak, Afganistán, refugiados, hambre, bombardeos,
deterioro de la naturaleza... Por eso, hay que sentarse a la mesa y
discutir, por lo menos eso. No al conformismo. No al hincarse y ponerse a
rezar. Pero yo no busqué las polémicas. Ante mis escritos, me buscaron y me
encontraron. No le quité el cuerpo.
–Rodolfo Terragno plantea en uno de los artículos en los que polemizó con
usted que el exilio, durante la última dictadura, creó una deuda. ¿Cree que
se logró saldar esa deuda en estos años de democracia?
–No. La democracia no hizo justicia con el exilio. En ese sentido, la
Alemania que surgió después de la caída del nazismo reivindicó a sus
exiliados. Por ejemplo, se les pagó el pasaje de regreso y se les dio una
labor. A los intelectuales prohibidos se les dio una tarea en la cultura o
en la docencia y se les reeditaron sus libros quemados, indemnizándolos. En
la Argentina no pasó nada de eso. Todo lo contrario. Cuando regresé, había
un clima adverso al exiliado que volvía. Alfonsín, al día siguiente de
asumir el mando, invitó a la Rosada a almorzar a intelectuales argentinos,
pero a ninguno de los que habían regresado del exilio. Volví en octubre del
’83, el día de las elecciones. En los primeros cinco años no conseguí ningún
trabajo. Por eso, todos los años regresaba a Alemania para trabajar seis
meses y ganarme las divisas para poder vivir en la Argentina los otros seis
meses. Hasta que PáginaI12 me abrió sus puertas y la Facultad de Filosofía
me nombró profesor titular. Por lo menos, los gobiernos elegidos después de
la dictadura tendrían que haber editado los libros quemados, y resarcido,
por los daños, a las sufridas y valientes editoriales de esos libros.
–En el debate con Terragno la discusión parece tensarse cuando se reflexiona
sobre el papel de los intelectuales. ¿Cuál es la incomodidad que produce y
quizá siga produciendo pensar el rol del intelectual?
–Repito siempre: el intelectual debe tener todas las libertades para
escribir o decir su pensamiento, pero eso sí, tiene que ser solidario con
los que sufren y salir a la calle por ellos. Si no, ¿para qué sirve la
intelectualidad, si se aísla en la torre de marfil y no escucha los ruidos
de la calle? Y más aún durante una dictadura de la desaparición de personas.
–Usted definió a Sabato como "el héroe de la clase media" en 1985. ¿Lo sigue
siendo, o después de la polémica que tuvo con usted, en el Periódico de las
Madres, su figura fue perdiendo peso?
–Mi definición de Sabato como "héroe de la clase media" fue dicha con
ironía. Me refería a esa clase media que no quiere ser molestada nunca y
sale a la calle sólo para aplaudir al gobernante de turno, al triunfador de
turno, al preferido de los medios. Sabato fue un maestro en mantenerse en
equilibrio en todas las décadas. Con catorce dictaduras militares ni estuvo
preso, ni le prohibieron un libro, ni tuvo que irse del país, ni la policía
nunca le tocó el timbre de su casa. Esto no es un reproche, pero por lo
menos tendría que haber dejado de representar su papel de "eterna víctima".
Pero bien, todo se puede pasar por alto pero lo que no le voy a perdonar
nunca es haber escrito en su libro El otro yo del peronismo esta frase:
"Perón era un resentido, como buen hijo natural que era". Ser hijo natural
no es ni un pecado ni un desmedro. Yo, que soy un hijo "legítimo", prefiero
la palabra "natural" a la palabra "legítimo".
–¿Por qué Sabato nunca hizo el acto de contrición que usted le pedía?
–Creo que le falta una palabra que valoro mucho: humildad. El ir a visitar a
Videla y decir que ese dictador criminal era "un general culto" fue un error
que produce espanto. Luego, ya en democracia, tendría que haber dicho: "me
equivoqué, y pido perdón a todas las madres de los desaparecidos". Y no, no
lo hizo. Pero no quiero seguir este tema dada la edad actual de Sabato. Creo
que está todo dicho en la polémica, que tuvo lugar cuando teníamos 23 años
menos.
–En el campo de la discusión de ideas, tanto con Alvaro Abós como con Mempo
Giardinelli se percibe que el debate sobre la violencia constituye una
dificultad crónica de las izquierdas, peronista y no peronista. ¿Cuáles
serían las causas de este déficit?
–Es que queda muy bien decir "estoy contra toda violencia". Yo también estoy
contra toda violencia, pero comprendo ciertas reacciones de las víctimas de
la brutal y continua violencia de los de arriba. Repito aquello tan
verdadero: no hay violencia de abajo si primero no hay violencia de arriba.
Es una reacción, a veces la última posibilidad de libertad y justicia. El
derecho de "matar al tirano" o de hacerse justicia con la propia mano cuando
no hay justicia de arriba son dos problemas que se discuten desde siempre.
Si el atentado contra Hitler de Von Stauffenberg hubiera sido exitoso, se
calcula que se habrían salvado diez millones de seres humanos. Hoy Von
Stauffenberg es uno de los grandes héroes de la historia alemana: monumento
y acto oficial en el que se lo recuerda todos los años. Claro, pero ¿quién
pone los límites una vez desatada la violencia? Por eso, no hay que jugar
con el pueblo porque siempre habrá alguno que reaccionará. En nuestro país
no se conoce la autocrítica. Los radicales no han pedido disculpas por los
fusilamientos de los peones patagónicos del ’21. Los peronistas no han
pedido disculpas por las Tres A de López Rega, ni tampoco por los gobiernos
de Menem, de Romero en Salta o de Juárez en Santiago del Estero, para
nombrar sólo cuatro ejemplos de otros hechos negativos de nuestra historia.
–La última polémica del libro, con Roberto Baschetti, es sobre el peronismo,
sobre el discurso que pronunció Eva Perón el 1o de mayo de 1949. Felipe
Pigna disiente con su planteo de considerar a Evita heredera del pensamiento
y las prácticas de la derecha, de la Liga Patriótica y de Roca. ¿Qué opina
usted?
–Lo que siempre he buscado en la historia es terminar con los mitos: el de
Roca, el de Sarmiento, el del propio Alberdi. Como experiencia histórica con
respecto al peronismo, les gano a Baschetti y a Pigna porque soy viejo,
tengo 81 años y viví ese peronismo desde su nacimiento. He vivido y
experimentado sus acciones positivas y negativas. Para aprender de la
historia hay que preguntarse el porqué de los fracasos, buscar los errores y
tener la valentía de reconocerlos. Hemos perdido lo mejor de la juventud
argentina en los años del crimen y la humillación. Y tenemos que
preguntarnos por qué. No eran jóvenes "imberbes". Ahí está la clave, en esa
palabra de la Plaza de Mayo. ¿Por qué Lastiri en vez de Cámpora? ¿Por qué la
represión brutal del "malón de la paz", en 1946, esa pacífica manifestación
coya que sólo pedía sus tierras comunitarias? ¿Por qué la prisión de
Atahualpa Yupanqui, el cantor de la tierra? ¿Por qué la represión de la
huelga marítima de 1950? Yo, que era marinero timonel del vapor Madrid, fui
echado por huelguista para siempre de los buques argentinos. Si digo estas
cosas, y lo del discurso de Evita, no es para denigrar el peronismo sino
para que no se acepte todo como en la iglesia. Por analizar el discurso de
Eva Perón no me alejo de ella sino que ayudo a conocerla. Y por eso la
comprendo fundamentalmente. No fue Rosa Luxemburgo, pero hizo lo que pudo
cuando estuvo en el poder. No soy tan palurdo de confundir a Evita con el
pensamiento de la Liga Patriótica ni de Roca. Traigo ese discurso de Evita
con enorme tristeza porque veo cómo se denostaba la heroica y bella lucha de
los trabajadores del mundo y su "trapo rojo". Baschetti, que no hace mención
a mi frase donde pongo bien alto la obra social que patrocinó Eva Perón, me
compara con el almirante Rojas y con Marcos Aguinis. Le he respondido que
"compararme con el almirante Rojas se lo perdono porque es un disparate tan
grande que mueve a risa, pero lo que no le voy a perdonar nunca es que me
compare con Marcos Aguinis". Eso, no (risas).
De las siete polémicas, el escritor señala que la que más trabajo le costó
fue la de la violencia. "Tal vez nunca encontremos una solución ni
comprensión perfecta del tema", admite. La polémica que más dolor le provocó
fue la que tuvo con Lorenz en 1979, en Alemania, por lo injusto e irracional
de prohibirle que leyera su disertación, Residencia en la amada tierra
enemiga, rechazada por "impropia", "contraproducente", plagada de
deformaciones demagógicas, de clisés y de generar los efectos contrarios a
los buscados por la organización del III Coloquio Latinoamericano. "Pero esa
prohibición me dio gran alegría por el apoyo que recibí de los sectores
intelectuales y en la prensa alemana." Bayer recuerda que hace un tiempo, en
una reunión de intelectuales, preguntó por qué Perón prefirió a López Rega y
no a John William Cooke.
–¿Y qué le dijeron?
–Un intelectual peronista me gritó: "ésa es una pregunta gorila, Bayer"
(risas). Y yo le respondí: "Claro, sí, es una pregunta gorila, pero
respóndanla, por favor". No hubo respuesta. De eso no se habla.
Como buen polemista al que le gusta meter el dedo en la llaga, Bayer termina
la entrevista lanzando la punta de la que podría ser otra intensa polémica,
si algún peronista se animara a responder por qué el viejo Perón optó por el
brujo López Rega. "Me voy a pasear y a soñar con las walkirias por las
orillas de Rin", se despide el escritor.
Fuente: Página/12, 29/06/08
Hambre y piojos
Por Osvaldo Bayer. Desde Bonn, Alemania
Interesante. Acaba de ocurrir en esta Alemania. Gobernada, como la califican
los sociólogos de fuste, por una coalición de la izquierda "moderada" (las
comillas son mías) y la derecha moderada. (La derecha siempre es moderada,
en la Argentina hubo "pensadores" que calificaron a Videla de gobernante "moderado".) Es decir, en Alemania el gobierno está compuesto por demócratas
cristianos y socialdemócratas. Pues bien, el ministro de Trabajo, Olaf
Scholz, salió a leer un documento oficial ante los periodistas. En ese
documento, estudiado y redactado por organismos oficiales, se señala que en
el 2007, en Alemania –el país mejor organizado económicamente de Europa– ha
avanzado la pobreza y, al mismo tiempo, avanzado la riqueza. Se señala en
ese estudio que en Alemania el 13 por ciento de la población está bajo el
nivel de pobreza, y otro 13 por ciento no cae en la pobreza porque cobra del
Estado ayuda por niño o el seguro de desocupación.
¿Pero cómo? ¿Acaso Fukuyama no nos aseguró que el capitalismo, por sí mismo, iba
a solucionar todos los problemas económicos del mundo? ¿Qué podemos esperar si
Alemania va para atrás? Claro, en lo que respecta sólo a los pobres, porque el
mismo estudio oficial señala que los ricos van para adelante, a toda vela.
Palabras textuales del ministro Olaf Scholz: "La tijera entre pobres y ricos se
ha abierto más aún". Bien, aquí podríamos preguntarle al ministro por qué con
esa tijera no le cortan las alas al sistema económico que aplican. "Las
ganancias de los ricos crecieron –agregó el ministro– y la clase media se ha
estancado." Tal cual. Y agregó: "Es deprimente, en especial, que haya crecido el
número de los que trabajan y a pesar de ello se encuentran en situación de
riesgo de caer en la pobreza".
Por supuesto, algunos lectores dirán que los pobres en Alemania no son tan
pobres como en la Argentina. En la Argentina nuestros pobres viven en "villas de
emergencia", como el idioma oficial las denomina, eliminando la palabra de la
sabiduría del pueblo, que las llama "villas miseria". Los pobres en Alemania
viven en casas. Pero igual, la humillación de la diferencia es la misma. Se nota
en los supermercados de aquí entre quienes todos los días compran nada más que
fideos o papas y no salen jamás de vacaciones y todos los otros que aprovechan
las exuberancias perversas de la sociedad de consumo y que ahora van en jets
privados a sus vacaciones en la Costa Azul. Sí, hay cada vez más jets privados.
Hasta se llega a esto, que tendría que darnos vergüenza a todos como seres
humanos: en Munich se acaba de inaugurar la feria de los ricos, sí, para
millonarios, Luxurious Fair, tal cual el nombre con que se anuncia. La entrada
cuesta nada menos que 35 euros y se vende lo más exquisito y exótico que la
mente humana pueda imaginar. Por ejemplo: handies de lujo de oro puro y
adornados con diamantes. El pequeño aparato está dentro de un estuche en madera
de arce de azúcar. El modelo "red devilkin of the stars" fue comprado por un
industrial alemán en 149.000 euros para regalárselo a su hija cuando ella
terminó su secundario. La socióloga alemana Ricarda Junge se pregunta en un
artículo titulado "Nosotros, forjadores de la felicidad", ante la nueva
estadística de la pobreza: "¿Por qué el 26 por ciento de nuestra población debe
vivir en la pobreza o marginada? ¿Es nuestra culpa? ¿O nos explicamos todo como
los norteamericanos puritanos que se rigen por la regla: Dios premia a los
buenos con la riqueza y castiga a los malos con hambre y piojos?".
Una pregunta concreta de la socióloga. ¿Cómo la responderían nuestros obispos?
Eso sí, armas, más armas. En vez de repartir el pan nuestro de cada día, se
fabrican más armas y se siguen haciendo grandes negocios con ellas. Las
estadísticas enferman. Entre el 2001 y el 2006 los gastos militares mundiales
crecieron un treinta por ciento, y ese año 2006 fueron de 1179 billones de
dólares. Cínicamente se habla de que el mundo está en tiempos de "paz fría". La
mitad de esos gastos corresponden a Estados Unidos, 528 mil millones de dólares.
Luego, le siguen China, la India, Pakistán, Indonesia y Rusia. Alemania es el
tercer país que más exporta armas, 7,7 mil millones de Euros. Sólo lo anteceden
Estados Unidos y Rusia.
Para fabricar esas armas y tantos productos superfluos, el ser humano ha
destruido su propia naturaleza. Lo dicen los expertos de Naciones Unidas en su
documento "Advertencia antes de la catástrofe". Naturaleza destruida, tala de
bosques, desaparición de la vida silvestre, catástrofes climáticas, a esto
último lo hemos visto en las imágenes televisivas de los últimos días, en todos
sus horribles detalles. El ecologista Joachim Wille lo ha definido todo en una
corta frase: "La multiplicidad de las especies biológicas desaparece
dramáticamente, porque con la destrucción de la naturaleza se gana mucho
dinero". Está todo dicho. El presidente de Alemania, Horst Köhler, ha mirado más
allá y manifestó por fin la verdad: "Los bancos han convertido a los mercados
financieros mundiales en un monstruo. Debemos ponerle barreras". Ojalá que esa
advertencia no sólo la haya dicho porque muy pronto está en juego su reelección.
De Italia siguen llegando noticias que asustan a los alemanes. "Ya de Italia no
llegan ni siquiera buenos tenores, ahora vienen de Latinoamérica", ha dicho con
sorna un comentarista alemán. Las organizaciones de derechos humanos de Europa
están preocupados por el crecimiento del neofascismo italiano. Y remarcan las
iniciativas de Berlusconi: más policía y expulsión de los inmigrantes "ilegales". Esto último es vergonzoso para un país que en su historia se salvó
por la cantidad de emigrantes que envió al exterior, muchos de los cuales
ayudaron a sus familias enviando dinero a la vieja patria. Berlusconi tendría
que aprender que la única salida humana para retener la ola de pobres que va
inundando Europa desde el Tercer Mundo es invirtiendo en esos países, creando
nuevas fuentes de trabajo. No, Berlusconi es el demagogo que cree que con la
expulsión de los abandonados del mundo y con más policía va a solucionar sus
problemas económicos.
Pero no le va a resultar fácil a Berlusconi volver solapadamente a los tiempos
del Duce. Hay una juventud que no se rinde. Por ejemplo, los más de diez mil
jóvenes que concurrieron en Verona la semana pasada a recordar a Nicola
Tommasoli, muerto a patadas por los neofascistas de la ciudad de Romeo y
Julieta. Y también los jóvenes que asistirán al concierto que se dará mañana
domingo en la Escuela de Música de Treviso en recuerdo de Bruno, mi nieto, que
prefirió tener alas para ser nube en vez de soportar una sociedad de la
alcahuetería y del sobado del poder.
Pero no sólo hay noticias malas en el mundo. De la Argentina me llega una
noticia que me llena de alegría: se hizo justicia con los ajeros, los humildes
recolectores del ajo en Mendoza. Se reincorporó a los cesantes. Fue porque en
ningún momento abandonaron la lucha. Y otra más: la ciudad de Concordia, a
través de sus representantes, eliminó el nombre de Julio Argentino Roca en su
costanera y le puso el de Pueblos Originarios. Eso se llama coraje civil. La
vida no se rinde.
Página/12
Tierra
y trabajo
Por Osvaldo Bayer
¿Son las fantasías que tiene la realidad o es que a la historia hay que
mirarla con ironía? Por ejemplo, esa Italia que fue capaz de enviarnos, hace
más de un siglo, pensadores tan profundos como Malatesta y Pietro Gori, que
nos hablaban que ya ahí, a la puerta, estaba esperándonos el socialismo en
libertad por la decisión de todos; o ese Antonio Gramsci, muerto en la
cárcel, convencido de que el marxismo era una unidad de teoría y práctica y
arma definitiva del proceder revolucionario del movimiento obrero, sí, esa
misma Italia acaba de elegir entusiasmada a Berlusconi. Berlusco.
Esto me hizo acordar, cuando triunfó Macri, que 102 años antes, en 1904, el
barrio de La Boca había elegido al primer diputado socialista de América,
nada menos que a Alfredo L. Palacios. Y justo ese mismo año, el 1º de mayo
de 1904, los anarquistas reunieron allí setenta mil obreros para conmemorar
el Día de los Trabajadores. Hoy, La Boca reúne ese número de gente cuando
Boca Juniors juega con River Plate. Sí, setenta mil obreros en 1904, pese a
la represión de Julio Argentino Roca, a palo limpio y disparos de Remington,
que ocasionaron la muerte del primer héroe obrero del 1º de mayo argentino:
Juan Ocampo, marinero, de apenas 18 años. A Juan Ocampo no lo recuerda ni
una piedra en ningún rincón argentino, pero Roca tiene 36 monumentos
argentinos. Y Macri acaba de levantar la figura de ese Roca, genocida de los
pueblos originarios, en un discurso muy aplaudido.
De todas estas galas floridas y tornasoladas de la historia humana extraemos
una que tiene que ver con la actualidad argentina. Se refiere a la
Federación Agraria Argentina. Dos momentos. Primero, 1912, el grito de
Alcorta. Cansados hasta el hartazgo de la explotación a que eran sometidos
los chacareros por los terratenientes y los intermediarios, aquéllos se
levantan y dicen basta. Emplean la misma arma que los obreros industriales,
del transporte y todos los trabajadores dependientes: la huelga. Por
supuesto que la prensa de entonces y de siempre califica a esta lucha como
"una agitación artificial provocada por elementos extraños". Los chacareros
debían entregar al terrateniente treinta o cuarenta por ciento de sus
productos y alquilar para las trillas sólo las máquinas de los señores de la
tierra. Además, debían venderle su trabajo al precio que le fijaran ellos.
Cuando se inicia su huelga, los chacareros invitan a los sindicatos obreros
a una reunión y la central obrera designa al gráfico –legendario dirigente–
Sebastián Marotta para representarla. Allí Marotta le dice a los chacareros
que deben salir de la situación en que se encuentran: es decir, que ellos,
los colonos, no son ni "asalariados ni capitalistas" y los aconseja pasar a
ser asalariados netos, obligando así a los patronos a "administrar sus
tierras con el fin de que cargaran con todas las peripecias de las malas
cosechas". Tiempo después, Marotta escribiría: "Pensaba ilusoriamente que
debía convencerse a los colonos, por vía de la propaganda, que una vez
convertidos en asalariados, su lucha, desde el punto de vista de su nueva
condición social, sí podía reportarles mejoras efectivas, tal como la rebaja
de las horas de trabajo, preparándolos por la capacitación para su
emancipación, expropiando de manos del capitalista la tierra y hacerla
propiedad de todos".
Si Marotta hoy viviera hubiera visto que la Federación Agraria hizo todo lo
contrario a lo que él les proponía. Se alió con la Sociedad Rural, es decir,
con los dueños de la tierra en el reciente lockout patronal del presente
argentino.
La tierra. Los argentinos cantamos desde hace 95 años el "ved en trono a la
noble igualdad". Y los Martínez de Hoz, los Anchorena y los Luro siguen
teniendo las pampas inmensas que les regaló Roca hace 130 años. Porque acaba
de producirse el episodio de Tiófila Videla, puestera en el oeste pampeano,
desde hace décadas y desde hace generaciones en ese lugar. Ella es
criancera, en el idioma de esas llanuras. Bien, pero ahora se ha presentado
el abogado Héctor de la Iglesia a reclamar su desalojo. Porque de pronto hay
un dueño. Ante las protestas de Tiófila, el "comprensivo" abogado le dijo
que la esperaría sesenta días y además movería sus "contactos" en la
provincia para conseguirle una vivienda en otro lugar. Por el momento, la
causa está parada, pero Malut, el Movimiento de Luchadores por la Tierra, va
a seguir luchando para que se pare el desalojo de esa auténtica hija del
campo. Porque más vale la vida y el trabajo que un papel fabricado en algún
escalón burocrático. Malut ha señalado que apoyará siempre a los "pobladores
ancestrales" y que los "puesteros son los legítimos pobladores de las
tierras pampeanas". Pensar que hace un siglo y medio los anarquistas
surcaron los caminos al grito de "Tierra y Libertad". Y hoy triunfan los
burócratas por "contactos".
Sí, los jornaleros de los campos gritaban "Tierra y Libertad", y ese grito
vale hoy para los seis campesinos paraguayos presos desde hace dos años en
cárceles argentinas por el pedido de extradición del gobierno paraguayo. El
pretexto de la Justicia argentina es que Paraguay es un "estado de derecho"
y su pedido, por lo tanto, es legítimo. ¿Estado de derecho un gobierno que
ha pisoteado siempre hasta los más mínimos derechos de defensa de los
perseguidos políticos? Es como en tiempos de Isabel Perón, que se decía era
un estado de derecho, con las Tres A. Ojalá muy pronto el nuevo presidente
paraguayo Fernando Lugo, con su empuje hacia la verdadera democracia,
solucione definitivamente este drama que la Justicia argentina no ha sido
capaz de resolver.
El grito de "Tierra y Libertad" de los campos fue convertido en "Trabajo y
Libertad" por los proletarios de las ciudades. Vayamos ahora a nuestras
ciudades. En La Plata se ha producido el caso Mafissa. Los obreros de esa
fábrica acaban de sufrir una represión brutal y absolutamente desmedida. Los
conflictos del trabajo deben resolverse siempre en el diálogo entre partes y
el Estado y la Justicia deben actuar como mediadores, pero mediadores que se
preocupen principalmente por solucionar los problemas de trabajo de quienes
tienen que alimentar a sus jóvenes familias. Esa debe ser la verdadera
democracia. No, ante el despido repentino de personal, los obreros ocuparon
la fábrica y la Justicia ordenó reprimir enviando 700 efectivos policiales
–sí, tal cual, las filmaciones y fotos no nos dejan mentir–, con caballería,
el grupo "Halcón", helicópteros, tropas de asalto y toda la parafernalia.
Durante 25 minutos los uniformados dispararon balazos de goma y gases
lacrimógenos. Desalojaron la fábrica y se llevaron a dieciocho defensores
del derecho al trabajo. Los trataron bajo condiciones humillantes: fueron a
parar a calabozos en las comisarías junto a presos comunes, estuvieron más
de 12 horas esposados y los llevaron a lugares de detención a cien
kilómetros de sus hogares. Algunos sufrieron magulladuras. La Justicia, por
supuesto, les inició juicio a los que defendían el derecho al trabajo y no a
quienes ejercieron el poder del que posee el dinero. Los 18 obreros están
acusados de "coacción agravada, violación a la propiedad privada y portación
de armas tumberas". Esto último es risible, porque se trató de juguetes y de
una gomera que habían llevado los chicos, ya que durante la ocupación se
hicieron muchas reuniones de familias enteras que acompañaron a sus padres
obreros. Las familias de los despedidos no tienen ninguna entrada, de manera
que han tenido que salir a trabajar las mujeres y los hijos adolescentes.
Ellas se han unido y han hecho acampes frente a la casa de gobierno en La
Plata. Una de ellas me dice: "Vamos a seguir luchando con nuestros maridos
hasta que se haga justicia, no queremos que nuestros hijos tengan que ir a
juntar cartones en este país lleno de riquezas".
Como ciudadano argentino pediría a los responsables del Gobierno y la
Justicia que nombren a una comisión de neutrales para que analice esta
situación de increíble injusticia, que se elabore un informe y que se trate
de defender lo que más vale en una sociedad: el derecho al trabajo. Nada
más. Y que los responsables vayan pensando en que la salida más democrática
es propender a las cooperativas laborales y no a la dependencia de un dueño
de todo, de la propiedad y las influencias. El caso Mafissa es típico de
capitalismo medieval que hay que saber contener en una democracia.
Porque hablemos del dueño de ese establecimiento petroquímico que elabora
fibras sintéticas. Una empresa que contamina el ambiente. Se puede ver en el
número de obreros que padecen enfermedades típicas del trabajo insalubre, y
también de los muertos como consecuencia de ese trabajo. Además, hay
numerosos sordos, porque no se respetan los límites legales de decibeles de
los ruidos de las máquinas. ¿Y los inspectores dónde están?
Pero vayamos al dueño, el señor Jorge Curi, propietario del establecimiento.
Es autor del libro ¡¡Arriba Argentina!, que es un canto de adulación
increíble hacia la dictadura militar, escrito en 1977. Basta leer este
párrafo donde se expresa así sobre los desaparecidos: "A los argentinos nos
consta que nuestro actual gobierno ha derrotado ampliamente a la subversión
y ha obligado a muchos de sus componentes a emigrar a lejanos países donde,
bien pertrechados de dinero, descansan y esperan...". En los archivos de
Dipba han aparecido las actas donde esa empresa pide a la policía "la
incorporación a la fábrica de tres hombres" (de los servicios) "a quienes se
les abonará el salario correspondiente a fin de que se logre identificar al
núcleo de personas disolventes". Así desaparecieron trece obreros de esa
empresa. Realidades argentinas: hoy, los mismos dueños han recibido la ayuda
de la Justicia y la policía para reprimir el legítimo pedido de las fuerzas
representativas obreras.
Después de leer estos documentos salgo a caminar, veo nuestras calles con
nostalgia y tristeza. Pienso: se acerca otro Primero de Mayo, Día de los
Trabajadores... En 1904 iban cantando setenta mil proletarios, por esas
mismas calles, aquel himno que los llenaba de futuro :
Ven. Oh mayo, te esperan las gentes,
Te saludan los trabajadores
Dulce pascua de los productores,
Ven y brille tu espléndido sol
De tiranos del ocio y el oro
Procuremos redimir al mundo
Y al unir nuestro esfuerzo profundo
Lograremos al cabo vencer.
Página/12, abril 2008
Los
ajeros, la "Galle" y los pañuelos blancos
Por Osvaldo Bayer
Nos desbordaron los medios la última semana con informaciones de dueños de la
tierra bien trajeados con rostros enojados o hasta amenazantes, con discusiones
sobre la palabra argentina más actual (retenciones), o sobre las hinchadas de
River que se despedazan por disputar el "poder" en las canchas, y siempre
estamos informados al minuto cuando cacarea Maradona. Pero nadie nos informó que
había muerto el delegado de los más humildes trabajadores del país: los
recolectores de ajos de Mendoza. ¿Cómo? ¿Existen? Hace dos semanas escribí en
este espacio sobre ellos. Sí, existen. Son los más ignorados de estas tierras, e
informé cómo se rebelaron porque la gigantesca empresa rural Campo Grande, de
Adrián Sánchez, no depositó los descuentos jubilatorios durante doce años. Esas
mujeres y hombres de manos como raigambres y ajadas hasta el extremo
decidieron la protesta, formaron una columna frente a la enorme propiedad
rural.
Allí fueron desalojados por orden de la fiscal de turno Liliana Giner, en algo habitual en la historia mundial de los desposeídos: no se detuvo a los patrones estafadores del bolsillo humilde sino que se apaleó a los eternamente estafados. Los palos uniformados de la Justicia argentina fueron dados con todo gusto. Hubo rostros ensangrentados de obreras embarazadas y cabezas y espaldas apaleadas como bolsas. Esto fue en noviembre pasado. Ahora se informó que acaba de morir uno de los que levantaron la voz de protesta. El delegado Juan Carlos Erazo, en el hospital donde estaba internado por los golpes recibidos hace más de cuatro meses, perdió la batalla para siempre. Juan Carlos Erazo. Por algo será. Por protestar; el arma eterna de los proletarios. Sí, era pobre, y eso hay que tenerlo en cuenta cuando se sale a la calle. Pobre que protesta, pobre que la paga caro. La empresa no reincorporó a los delegados despedidos. No cumple la orden de blanquear la empresa con toda la peonada en negro.
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La pregunta es: ¿no hay forma de hacer cumplir las leyes? ¿Por qué la Corte Suprema de la Nación actuó en forma tan burocrática y rauda a favor del asesino Patti, pero no hay justicia contra los que trasgreden todas las leyes y los principios de la ética pero están amurallados en el poder del dinero? ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se haga justicia con los ajeros? El caso del recolector Juan Carlos Erazo me hace recordar los versos de nuestro poeta Raúl González Tuñón, que les cantó así a cuatro trabajadores recolectores de tabaco salteños muertos por la gendarmería nacional en 1948.
Aquí yacen Silvestre, Rueda, Allende
y Flores
Cuatro nombres con olor a madera
Y a cañaveral, a tabaco, a petróleo y luna
Ojalá que algún poeta mendocino nos describa alguna vez en versos las manos
generosas del ajero Juan Carlos Erazo, manos que recogieron los productos de la
tierra para la Vida, y que cayó para siempre ante los defensores de la codicia
Y sigamos con la Justicia. Otro caso que se mantiene en silencio. Nos referimos a la presa política argentina Karina Germano López, conocida por sus amigos cariñosamente como la "Galle". Es la hija del desaparecido Rodolfo Germano. Tanto Karina, como su madre, Hilda López, vivieron en el exilio, en Suecia y España. Pero antes pasó por la ESMA, donde fue interrogada por Alfredo Astiz. Karina volvió a la Argentina en 1998 y se integró a la organización H.I.J.O.S. En febrero de 2002, Karina fue detenida en San Pablo junto con otros cinco latinoamericanos y se los acusó de participar en el secuestro del multimillonario Washington Olivetto. Todos los detenidos fueron condenados por la justicia brasileña –muy criticada permanentemente por su proceder– a 16 años de prisión que luego fueron convertidos en treinta años por el Tribunal Superior de San Pablo. A pesar de que Karina demostró que estaba por casualidad en el lugar donde fue detenida y el secuestrado Olivetto declaró que nunca la había visto en el lugar. Luego de cinco años de detención en San Pablo, ella pudo ser trasladada a una cárcel argentina, Ezeiza, de acuerdo con el Tratado Argentino-Brasileño de Presos. Aquí, Karina, en la cárcel, estudia sociología y fue impulsora del Centro Universitario de la prisión
Al cumplir una sexta parte de la
pena, le corresponden a la detenida salidas transitorias y al cumplir el tercio,
la libertad condicional. Es lo que ha solicitado Karina. Pero el juez Sergio
Delgado le niega este derecho por la pequeñez burocrática de que "el traslado de
Karina Germano se produjo 49 días antes del tiempo estipulado para dicho
beneficio". Todo esto es de una burocratismo vergonzante, más si se piensa que
el fiscal de la causa es nada menos que Oscar Hermelo, quien, como se sabe, fue
miembro del grupo de tareas de la Escuela de Mecánica durante la dictadura
militar y como paradoja absoluta ese grupo de tareas fue responsable de la
desaparición de Rodolfo Germano, padre de Karina. Por lo increíble no podría ni
ser redactada una novela con este tema. Realidades argentinas. Realidades de
nuestra democracia. Más pensando en todos los generales, almirantes y
brigadieres desaparecedores que murieron en sus camas en sus lujosos
departamentos en los últimos treinta años de esta democracia. Karina nos ha
dicho ante tanta mordaz injusticia: "No me siento vencida. Me enfrento una vez
más al gran circo jurídico que sigue vacilando ante los culpables, que continúa
encarcelando a la parte vulnerable de nuestro pueblo, o sea a la pobreza, la
marginalidad, la exclusión social".
El juez Sergio Delgado, el fiscal Oscar Hermelo, con todos los poderes frente a
Karina Germano López, llamada con cariño la "Galle". Esa mujer. Estaremos
siempre de su lado.
Y si seguimos con las fantasías morbosas de nuestra realidad argentina damos con
otro hecho tan increíble como los dos casos anteriores. A la plaza en Núñez que
desde hace once años lleva el bello nombre de Plaza de los Madres del Pañuelo
Blanco ahora un colaborador acérrimo de la dictadura de la desaparición de
personas, el macrista Santiago de Estrada, le quiere cambiar el nombre por el de
Presbítero Fernando Carballo. Pícaro el macrista. Propone un cura contra las
Madres así recibe el apoyo de Bergoglio y sus fratres. Se basa el colaborador de
la dictadura en que ése es el deseo de la Comisión Obras Virgen de Luján. Llama
la atención que esta organización católica se oponga al nombre actual de Madres
del Pañuelo Blanco. O no. ¿Está también de acuerdo con esto la Iglesia? Más
sabiendo que desde 1996 esa plaza fue llamada Madres del Pañuelo Blanco en un
acto verdaderamente pleno de emoción con asistencia de los barrios vecinos.
Recuerdo que me tocó hablar en él y lo dije pleno de nostalgias y emociones: que
conocía desde niño ese lugar y me llenaba de agradecimiento que fuera el
vecindario que se había decidido por ese poético nombre en recuerdo de las
mujeres que salieron a la calle desafiando al poder de la muerte.
Desde aquella inauguración, allí el verde revivió, se pusieron juegos para los
niños y bancos para lectores y contemplativos. Un magnífico mural cubrió los
largos tapiales que rodean un lado de la plaza; los nombres de los desaparecidos
de los barrios de Saavedra, Núñez, Villa Urquiza, Villa Pueyrredón y Coghlan
sembraron los senderos entre los canteros. Por supuesto que cobardes ataques
nocturnos de los pandilleros trataron de destruir lo levantado con esfuerzo y
alegría. Pero la Verdad logró mantenerse.
Después de doce años, ahora el golpe de furca de Santiago de Estrada. De
inmediato, la concejal Gabriela Alegre avanzó con otro proyecto donde se
reafirma el nombre dado por la asamblea barrial. Veremos si triunfa la mano
abierta o la cuchillada por la espalda. Hace unos días se hizo un concierto
popular con bandas de música y murgas de apoyo al nombre Madres del Pañuelo
Blanco. El pueblo, contra la burocracia de las bancas oficiales. Veremos quién
triunfa. Aunque sabemos muy bien que vencerán finalmente las Madres del Pañuelo
Blanco para que sigan encontrándose allí con sus queridos hijos desaparecidos en
ese verde bajo las estrellas para abrazarlos, para encontrarse bajo el color de
la luna con sus hijitos robados, el reencuentro por los siglos de los siglos.
Tres estampas de nuestro presente para tener en cuenta: los recolectores de ajos
nos miran; la "Galle" no se rinde, la dictadura quiere volver a poseer una plaza
llena de vida y de memoria.
Página/12, abril 2008
Poesías,
vindicadores y ajos
Por Osvaldo Bayer
Los tira y afloja del presente pasarán sin pena ni gloria como en el pasado.
Pero donde hubo ética y responsabilidad humana, eso queda a través del tiempo.
Me han tocado unos días de comprobación y de alegría al ver que los principios
siguen vigentes a pesar de desapariciones, picanas, fabulaciones mediáticas,
Ratzingers, Vargas Llosas y Grondonas (los dos). Etc. Etc. Por los siglos de los
siglos, pero no tanto. Sí, estos últimas días asistí a hechos que tal vez nunca
me los hubiera imaginado diez años antes. Por ejemplo, en Mendoza inauguramos en
la Radio Libertador el salón de conferencias con el nombre de Paco Urondo, el
poeta, el luchador, que prefirió la muerte antes de que lo "desaparecieran". Un
luchador, que si se hubiera portado bien, habría tenido los privilegios de un
intelectual borgeano o sabatino. Pero no, él no habría vivido tranquilo en una
sociedad con niños bajo el nivel de nutrición, juventud sin trabajo y familias
sin techo o revolviendo basura. De Mendoza fui a Luján, donde hablé en el salón
Dardo Dorronsoro, el poeta y herrero –¡qué dos oficios!– desaparecido en los
años del oprobio argentino. Dardo Dorronsoro, el que escribió: "Yo he visto
chicos grises como la tierra comiendo tierra. Yo los he visto ahí, con sus
andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciado su piel y convertido
en ángeles, en mariposas, en viento de setiembre". Y que se definió así poco
antes de ser "desaparecido" por los militares argentinos: "Soy un poeta que ama
a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a
veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en
las manos y salen a morir por la vida. En suma: he sido, soy y seré un poeta
revolucionario. Sobre mi tumba verán florecer un puño".
Y justo en el salón Dardo Dorronsoro de la Universidad presentamos el libro
Hermano, Paco Urondo, escrito por su hermana, Beatriz Urondo, y su sobrino nieto
Germán Amato. En ese libro está todo Paco: sus versos, sus fotos, su espíritu
que va creciendo página a página. Recuerdo su muerte. En la biblioteca del
Instituto Iberoamericano de Berlín, durante el exilio, recibimos la noticia.
Llegó ese día Manuel Puig, el escritor que escribía de la misma forma como
habría plantado flores y begonias. Manuel Puig, que al enterarse de la triste
nueva lloró prolongadamente sobre mi hombro.
Sí, y así siguió la semana con la memoria que va creciendo día a día. En la
Biblioteca Nacional presentamos el libro de Eudeba Biblioclastas, sobre la
destrucción del libro, editoriales y bibliotecas populares durante la dictadura
de la infamia de Videla, Massera, Agosti... En el acto leí el escrito del
almirante Massera, donde la estupidez y la soberbia se igualan en dimensiones
inimaginables de prepotencia e ignorancia. Textual, escritas para el diario La
Opinión de los militares, el 26.11.77: "Hacia fines del siglo XIX, Marx publicó
tres tomos de El Capital y puso en duda la intangibilidad de la propiedad
privada. A principios del siglo XX, es atacada la sagrada esfera íntima del ser
humano por Freud, en su libro La interpretación de los sueños y como si fuera
poco, para problematizar el sistema de los valores positivos de la sociedad,
Einstein, en 1905, hace conocer la Teoría de la Relatividad, donde pone en
crisis la estructura estática y muerta de la materia". Es decir, contra Marx,
Freud y Einstein, "Dios, Patria y Hogar", lema bajo el cual se quemaron los
libros. El nuevo libro de Eudeba finaliza con la obra teatral Biblioclastas de
Jorge Gómez y María Victoria Ramos, genial diálogo entre dos quemadores de
libros oficiales. La maldad, la estupidez, la ignorancia, en su forma más
realista. Mientras se queman libros se grita el gol del seleccionado. Argentina,
Argentina.
Pero las fantasías de la realidad me regalaron otro momento que guardé en lo más
profundo de mi conciencia viva. La Cooperativa Unión Solidaria de Trabajadores,
que lleva a cabo planes que corresponden a la recepción y la transferencia de
disposición de residuos sólidos urbanos de Capital y conurbano, al mantenimiento
de áreas verdes y parquización, y al mantenimiento de caminos internos y
trabajos de relleno sanitario, está haciendo realidad un Proyecto Pedagógico
Institucional, que incluye el Bachillerato Popular Arbolito, con títulos
oficiales. Ese es el primer paso, luego la cooperativa organizará escuelas de
formación técnica, talleres de capacitación de trabajadores de todos los
sectores de acuerdo con las distintas ramas de productividad, y servicios y
asesorías técnicas a trabajadores autogestionados. Ese es el futuro. Una
república que se vaya democratizando cada vez más mediante cooperativas de
trabajo igualitario y propia responsabilidad. Todos para uno y uno para todos. Y
justamente ellos eligieron para su colegio de bachillerato el bello nombre de
Arbolito, el joven ranquel que en 1827 hizo justicia contra el militar europeo
genocida coronel Federico Rauch, que venía a cumplir el contrato firmado con
Rivadavia para "exterminar a los indios ranqueles", por supuesto, pago con buen
sueldo de mercenario. Esto me da una profunda alegría porque yo, en 1963, di una
conferencia en la ciudad bonaerense de Coronel Rauch donde pedí que ese
población votara para cambiar el nombre del genocida Coronel Rauch por el
hermoso nombre del joven ranquel que puso fin a la vida de ese mercenario
jugándose entero. Arbolito se llamaba... Por esa propuesta sufrí 63 días de
prisión ya que el ministro del Interior de la dictadura militar que volteó a
Frondizi era el general Juan Enrique Rauch, bisnieto directo del coronel
genocida. Nunca se cambió el nombre a esa ciudad. Los habitantes y los políticos
miraron para otro lado. "Hay que mirar para adelante", el lema de todos los que
tienen que esconder algo. Y ahora, mi júbilo: una cooperativa de educación para
trabajadores se llama Arbolito y una orquesta de rock plena de sangre joven
lleva también el nombre del vindicador de esas enormes pampas.
Pero las emociones no terminaron allí. En Mendoza, antes de una conferencia en
la radio Libertador, se aproximó una delegación de los más humildes de los
humildes, los más explotados, los recolectores de ajo. Me trajeron como regalo
un hermoso ajo envuelto en una cinta que decía: "Recolectores de ajos". Y me
presentaron su denuncia, con palabras claras recalcadas con gestos sobrios de
sus manos encallecidas. El petitorio estaba titulado: "Los trabajadores esclavos
de Campo Grande". Son recolectores de ajo del establecimiento El Resguardo, del
exportador Carlos Adrián Sanches. Desde el 7 de noviembre los recolectores de
ajo están en conflicto con la empresa. Protestaron porque no se hacen aportes
jubilatorios ni tampoco se les reconocen los doce años de trabajo. Son hombres y
mujeres. El 29 de noviembre, los 23 delegados y sus familiares fueron impedidos
de trabajar por patovicas. Se organizó entonces el paro general. Los obreros se
quedaron en el portón principal. Pero muy pronto se hizo presente la fiscal
Liliana Giner con 150 hombres armados y ordenó a los trabajadores retirarse del
lugar. Entrelazadas de brazos todas las mujeres hicieron un cordón humano,
también había algunas embarazadas, y a los hombres los hicieron poner detrás de
ellas. Vino entonces la orden de represión. A machetazos, les tiraron balas de
goma y perdigones de pimienta... Los manifestantes fueron perseguidos más de
quinientos metros y resultaron más de cuarenta heridos. Quedaron todos
despedidos. Desde ese entonces no se ha hecho justicia. Hay pruebas de que la
empresa hace uso del trabajo infantil. Los recolectores piden justicia. Se
llaman Ana, María, Graciela, Yemina, Pamela, Celeste, Javier... y siguen los
nombres.
Cuando escribo esto tengo el ajo exultante que me regalaron. En el escritorio.
Me emociona. Paco Urondo y Dardo Dorronsoro habrían hecho una poesía con él y
las manos que lo cosecharon. Pero la mendocina Nora Bruccoleri ya había
redactado esa poesía y me la alcanzó al marcharme:
Somos Ajeros
Y por ello cómplices de la entereza
Porque el ajo es fuerza vegetal
Que nos aclara la conciencia
Y aunque los patrones negrean nuestro destino
La intensidad cabeza a cabeza
Nos convence que debemos seguir
Apretando los dientes
Para que la sabrosura de la vida
Se sirva en nuestras mesas
En la de Todos
Página/12, marzo 2008
La
larga paz argentina
Por Osvaldo Bayer
Bueno, queridos lectores, algo se está moviendo en nuestra Legislatura
capitalina. Después de tres años de haber presentado el proyecto del
traslado del monumento a Roca, al parecer muy pronto se debatirá el mismo.
Esperamos que, como es costumbre, se escuchen las opiniones históricas de
las partes. A mí me gustaría participar del debate informativo previo donde
se invita a escuchar opiniones de los que saben del tema. La Legislatura
tiene un salón magnífico para información previa al debate: el salón
Montevideo. Allí, antes de la sesión sería muy bueno que los legisladores
escucharan los argumentos de quienes van a probar el genocidio de Roca y los
de aquellos que dicen que Roca "trajo el progreso". Ojalá se haga esa
discusión previa y que se le permita concurrir al público, en especial, a
estudiantes de historia. A mí, en especial me gustaría mantener un debate
con Mariano Grondona. Quien ya –-evidentemente enterado del próximo
tratamiento del tema en la Legislatura– da un cuadro idílico del general
Roca en La Nación del domingo pasado.
Allí dice: "El general Roca, que fue el símbolo más notorio de ese proceso
extraordinario, legó a sus familiares tres estancias: La Larga, La Paz y La
Argentina. La larga paz argentina. Era el nombre mismo de una república
próspera, casi centenaria, que nunca confundió continuismo con continuidad".
Qué idílica es la Argentina roquista para Grondona. Qué generoso su general,
Mariano. Tres estancias a sus familiares. Acerca de lo que él titula "ese
proceso extraordinario" del roquismo lo describe cómo "nos hizo pasar de la
pobreza y el desierto a un ingreso por habitante sólo superado por seis
naciones del planeta". Lo que no dice Grondona es que eso que él llama
desierto estaba habitado por los pueblos originarios. Lo que tampoco dice es
de los fusilamientos ordenados por Roca de ranqueles y que denuncia su mismo
diario La Nación; lo que no dice Grondona es que Roca reimplantó la
esclavitud "repartiendo" indios entre sus amigos azucareros del Tucumán y en
la isla Martín García, y también a las mujeres y los niños indígenas –a
quien Roca llamaba "la chusma"– como sirvientas y mandaderos traicionando
los principios de la Asamblea del año XIII que había eliminado la
esclavitud, y que Roca desvirtuaba así para siempre la bella estrofa del
Himno Nacional de "ved en trono a la noble igualdad". Lo que no dice
Grondona tampoco es que Roca manda aprobar la ley de residencia, la más
cruel e injusta disposición de la legislación argentina, la ley 4144, por la
cual se expulsaba a todo extranjero que cultivara "ideologías contrarias al
ser nacional". Que no significaba otra cosa que: ojo, no meterse en la lucha
obrera por las ocho horas de trabajo. Pero lo más trágico del caso era que
por esa ley se expulsaba sólo al hombre y aquí quedaban su mujer y sus
hijos, sin manutención. Pícaro el benefactor grondoniano, porque así, la
mujer del inmigrante le decía a su marido: "No te metas en el gremialismo,
porque te van a expulsar y me voy a quedar sin nada para dar de comer a
nuestros hijitos". Además Roca es el autor de la represión del 1º de mayo de
1904, donde va a caer bajo las balas de la policía el primer mártir del Día
de los Trabajadores en la Argentina, el marinero Juan Ocampo, de apenas 18
años. Pero para Mariano Grondona vale para Roca lo que para sus estancias
cercanas a Magdala: "La larga paz argentina". ¿Cómo es posible tergiversar
la verdad histórica así? Claro, Grondona debe estar agradecido a Roca que
quitó esas tierras de Magdala a los pacíficos ranqueles, tierras con las
cuales –lo dijo el propio Sarmiento– hizo Roca negociados increíbles junto
con su hermano Ataliva Roca haciendo popular el verbo "atalivar" que quería
decir coimear.
La afilada pluma de José Pablo Feinmann acaba de dejar al desnudo las
relaciones fraterno-literarias de Grondona nada menos que con López Rega, el
más bestial de los asesinos civiles del país argentino. Claro, porque si
Grondona interpreta así la figura de Roca, por qué no le va a dar el mismo
valor a López Rega. Uno mató "solamente" a indios y el otro a zurdos. Para
el caso, es lo mismo. "Hay hombres cuyo destino es hacer la tarea." Es la
frase de Grondona para justificar a López Rega. Magistralmente citada por
Feinmann en esta contratapa del domingo último.
Defender la estatua de Roca es no tener el más mínimo de conciencia
democrática. Más todavía que ese monumento fue levantado en la Década
Infame, la del "fraude patriótico", término argentino que el mundo entero es
incapaz de comprender. Los hombres de la Década Infame "hicieron la tarea".
Picana eléctrica, fusilamientos, los famosos negociados. Y el monumento a
Roca, inspirado por su hijo, Julio Argentino Roca, el del pacto Roca-Runciman
que fue vicepresidente de la Década Infame. En la inauguración del Roca en
bronce estuvieron todos, entre ellos Patrón Costas –el famoso terrateniente
salteño–, el almirante Domec García –fundador nada menos que de la
ultraderechista Liga Patriótica Argentina, la del primer pogrom en la
Argentina, en la Semana Trágica–. Así nació la estatua más grande de Buenos
Aires.
Es un insulto para los patriotas de Mayo y de la Asamblea del año XIII que
ese monumento esté allí. Hay que quitarla en homenaje a la Etica y a los
miles de argentinos que lucharon contra las dictaduras militares. Hemos
pedido a la Legislatura porteña que en vez del genocida uniformado se
levante un monumento a quienes verdaderamente lo merecen: a la mujer de los
pueblos originarios, quien en su vientre dio vida a la estirpe criolla, y
enfrente, mirándose, a la mujer inmigrante, la que también en su cuerpo dio
vida a los que poblarían estas distancias. Ellas fueron las verdaderas
heroínas de la vida argentina. Trajeron vida y no muerte.
Mientras tanto, llegan noticias que nos dicen bien que los pueblos no se
rinden y luchan por la verdad. La calle Roca, de Santa Rosa de La Pampa,
apareció con sus carteles indicadores tachados. El nombre de Roca fue
reemplazado por el de "Pueblos originarios". Un ejemplo. Y en la Plaza
Virreyes de esta capital porteña, el sábado pasado se hizo un verdadero
festival de música y de historia, con participación de docentes y alumnos de
escuelas, de pueblos originarios y de gente típica del barrio Flores sur.
Pidieron que se acabe con el oprobio de que esa plaza sigue llevando el
nombre de Virreyes, puesto por la dictadura de la desaparición de personas,
en 1976, y pase a llevar el nombre de quien se adelantara a luchar por la
libertad de América: Túpac Amaru, que por eso sufrió la más horrible de las
ejecuciones por parte de los españoles. Justamente la plaza hoy honorifica a
quienes administraron la esclavitud de estos pueblos y se llevaron sus
riquezas a Europa. Es vergonzoso para los porteños que apenas una callejuela
de 300 metros lleve el nombre de Túpac Amaru, este mártir de la Libertad.
Hay que leer sus proclamas, escritas apenas 21 años antes que los patriotas
del Mayo argentino, y que poseen el mismo contenido. Es tan perverso el
conservadurismo idiota de quienes se creen dueños de nuestra historia que en
Buenos Aires existe una calle llamada Corregidores, justo el nombre de los
esclavistas españoles que administraban la mita y el yanaconazgo, las formas
más brutales de la esclavitud a que fueron sometidos nuestros pueblos
originarios por la conquista ibérica y católica.
Veremos pues si se produce lo que se me ha anunciado, el gran debate sobre
Roca en nuestra Legislatura. Debate y no destrucción. Porque hemos pedido
que el monumento a Roca no se destruya sino que sea trasladado a su estancia
La Larga, hoy de los Alvear, sus bisnietos. Y también, poco a poco, se
trasladen allí los otros 36 monumentos que existen en la Argentina del
genocida de los pueblos originarios. Salvo que Mariano Grondona quiera tener
algunos de ellos en sus estancias cercanas a Magdala, en las tierras que
pertenecían a los pacíficos ranqueles, que se lo merece.
Página/12, noviembre 2007
Ojo,
lectores, soy agente foráneo, prochileno y delirante
Por Osvaldo Bayer
Todo es posible en nuestro querido país argentino. Sin exageraciones: nos
podemos comparar con Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de ignorar y
sentirnos inocentes en nuestros crímenes como sociedad. Hace poco comenzó la
discusión entre Estados Unidos y Alemania con motivo de un artículo del
periodista alemán Markus Günther. En él se afirma que en Estados Unidos hay
innumerables monumentos recordativos de los genocidios o crímenes sociales
ocurridos en otras partes del mundo. Pero no hay ninguno que recuerde la
esclavitud americana, ni tampoco referente al crimen cometido contra los
pueblos originarios por los conquistadores, los colonos y los buscadores de
oro. Por ejemplo, en territorio estadounidense hay ya más de cien monumentos
recordativos del Holocausto nazi-alemán contra el pueblo judío. Y existen 27
monumentos que recuerdan el genocidio turco con el pueblo armenio (aunque
estos monumentos sí son muy pequeños y demasiado discretos para no
interferir en las buenas relaciones comerciales con Turquía). También hay ya
un monumento –inaugurado por Bush– a las víctimas del comunismo ruso y chino
y varios –en Florida, claro está– contra la Revolución Cubana de Fidel
Castro. El periodista Markus Günther dice textualmente: "A los americanos
les gusta recordar las víctimas de otros países, pero se olvidan de los
cadáveres que tienen en el propio sótano". Principalmente de las víctimas de
todos los golpes militares que financió y respaldó Estados Unidos en
Latinoamérica. Para no hablar de Vietnam, Afganistán, Irak.
Los argentinos también tenemos nuestros cadáveres en el sótano. De eso no se
habla. Todo lo contrario, a los autores de quitar la vida y la tierra les
hacemos monumentos. Más todavía, se niegan hechos históricos. Ni siquiera
reconocen sus grandes errores los partidos políticos que participan de la
democracia, para los cuales el debate y la autocrítica tendrían que ser dos
armas para el avance sobre las equivocaciones.
Y no la negación absoluta. Por ejemplo, el radicalismo, con las tres
represiones obreras más sangrientas de un gobierno elegido por el pueblo. Y
el peronismo, con Ezeiza, las Tres A, el nombramiento y dominio de López
Rega. Para quedarnos en sólo tres cosas, porque podríamos llenar la página
con pecados y transgresiones a los derechos y las libertades.
Por haber ayudado humildemente al esclarecimiento de hechos así negados, me
acaban de insultar de la forma más grosera y falaz. Lo ha hecho nada menos
que un organismo radical: la Fundación Arturo Illia, con la firma de su
presidente, Gustavo A. Calleja. Tenga cuidado el lector conmigo porque he
sido calificado de "escritor prochileno y defensor de los trusts
internacionales del petróleo". Nada menos. Quién lo iba a decir. Además
agrega que soy un "delirante" porque sostuve "que Yrigoyen estaba al
servicio del Imperio Británico". Cosa que jamás sostuve. Lo invito al
mencionado radical a demostrar con citas ese disparate.
Ese e-mail de la Fundación Arturo Illia ha recorrido todo el territorio del
país y también ha llegado al extranjero. Sin lugar a dudas, el señor Calleja
ha utilizado el estilo de Goebbels, el ministro de Propaganda del nazismo,
de "miente, miente, que algo queda". Es el recurso de quienes desprecian el
debate y las legítimas pruebas científicamente históricas. Para escribir esa
carta, el señor Calleja no se tomó ni siquiera el trabajo de leer mis
investigaciones, sino que habla por boca de ganso. Fíjese el lector esta
burrada, textual, de esa fundación: "El escritor prochileno y defensor de
los trusts internacionales del petróleo Osvaldo Bayer desarrolló
novelísticamente la documentada obra de José María Borrego llamada La
Patagonia Trágica". Hasta ahí la frase asnal. Ni siquiera escriben bien el
apellido de ese autor. Borrego, lo llaman. Y es Borrero. Es igual, para
ellos. Segundo: La Patagonia Trágica de Borrero no habla de las huelgas
patagónicas sino de los cazadores de indios, los negociados con las tierras
y la justicia del territorio de Santa Cruz. Para los autores radicales, es
lo mismo, total, quien lee su mensaje no va a ir a comprobar nada. Pero la
mentira queda, porque lo dice la Fundación Illia. Agrega el escrito radical
que los verdaderos autores de las trágicas huelgas patagónicas de peones
rurales fueron los que "servían conscientemente a las multinacionales
petroleras, a las ambiciones chilenas de apropiarse de la Patagonia y a
grupos anarquistas bakuninianos que pregonaban una revolución que no
entendían". Y ya, en el total despropósito, agrega la Fundación Illia: "Todos ellos son los responsables del engaño a que fueron sometidos honestos
trabajadores y que tan trágicamente terminara".
La Fundación Illia no tiene en cuenta ni siquiera la célebre sesión de
diputados de la Nación del 1º de febrero de 1922, donde se discuten los
fusilamientos en la Patagonia y donde se demuestra la increíble injusticia
cometida. No hay ningún diputado yrigoyenista que afirme lo que ahora
sostiene la fundación de que los autores de la huelga "sirvieron a las
multinacionales petroleras, a las ambiciones chilenas y a grupos anarquistas
bakuninianos que pregonaban una revolución que no entendían". Más todavía,
el diputado radical Leónidas Anastasi en esa sesión reconoce la tragedia y
la injusticia cometida y señala, en su larga exposición: "De los dos mil
trabajadores de Santa Cruz han muerto una buena cantidad que eran
secretarios y militantes de asociaciones obreras, qué rara especie de bala
es ésta que busca en el campo de batalla precisamente a los secretarios de
sociedades obreras, a los organizadores del movimiento de resistencia a la
patronal". Está todo dicho, lo dice un hombre de primera fila del gobierno
de Yrigoyen. Y la bancada mayoritaria radical no actúa con coraje civil y
voluntad democrática: al contrario rechaza, porque es mayoría, la comisión
investigadora que debía trasladarse a la Patagonia para excavar las tumbas
masivas. Sólo dos radicales votan para que se haga la investigación: Amancio
González Zimmermann y Ferraroti.
No hay ningún documento del teniente coronel Varela en el que pueda basarse
la tesis de la Fundación Illia-Calleja, en la que se demuestre la
intervención chilena ni la ridiculez de las "multinacionales petroleras".
Una patraña de último momento de la Fundación Illia-Calleja. Todo lo
contrario, en mis cuatro tomos de La Patagonia Rebelde demuestro cómo el
gobierno chileno le ofrece al gobierno argentino colaborar en la represión
de las huelgas rurales con el argumento de que "los mismos dueños de las
estancias argentinas son los dueños de las estancias chilenas". Más todavía,
la organización de extrema derecha Liga Patriótica Argentina, presidida por
el radical Carlés, recibe el apoyo de la organización similar chilena, Liga
Patriótica Chilena, para reprimir a los huelguistas.
Todo es un embuste lo que sostiene la Fundación Illia-Calleja. Y así recurre
al insulto bajo contra mi persona. Por eso le iniciaré juicio por calumnias.
Pero al mismo tiempo la invito a un debate público sobre las huelgas
patagónicos que podríamos realizar en el aula magna de la Facultad de
Filosofía, ante docentes y alumnos de Historia. Podrá venir el señor Calleja
con todos los asesores que quiera.
Sobre el tema he escrito los cuatro tomos de La Patagonia Rebelde. Nunca
ningún protagonista de los hechos me inició juicio por calumnias ni siquiera
pudieron demostrar que alguno de los documentos citados podría ser falso o
malinterpretado. No, los militares sólo se atrevieron a quemar mis libros y
a perseguirme, cosa que me costó ocho años de exilio. Mis libros fueron
quemados por el teniente coronel Gorleri durante la dictadura. Ese oficial
después fue ascendido a general por el gobierno de Alfonsín y eso que yo
envié todos los antecedentes al Senado de la Nación, que lo ascendió igual.
Así que los argentinos tenemos un general cuya especialidad es ser quemador
de libros. He calculado que actualmente el general Gorleri cobra un sueldo
de general, que es cinco veces el de un bibliotecario de una biblioteca
popular. Realidades argentinas.
Nunca el partido radical, del señor Calleja, me desafió a un debate sobre
mis libros y el film La Patagonia Rebelde. Se calló la boca. Ninguno de sus
representantes dijo nada. Y ahora se atreven con el insulto barato propio de
la necedad estólida. Detrás de ellos está la sombra de los asesinatos
cometidos también durante el gobierno de Yrigoyen de la Semana Trágica y de
los hacheros de La Forestal.
Pero, como decíamos al comienzo, esos temas no se discuten. Por ejemplo, en
la misma sesión de Diputados de 1922, se recordó que la cámara había enviado
tres años antes un pedido de informes al presidente Yrigoyen acerca de la
Semana Trágica y sus órdenes de reprimir la huelga de metalúrgicos que
exigían las ocho horas de trabajo, permitiendo la actuación de la extrema
derecha encarnada en la Liga Patriótica. Pues bien, Yrigoyen nunca cumplió
con ese pedido legislativo y se llamó a silencio. De eso no se habla.
Tengan los políticos la valentía de reconocer los errores. Sólo así el país
podrá entrar en los verdaderos caminos de la democracia y el respeto a la
vida.
Fuente: Página/12, 07/07/07
Un
día occidental y cristiano
Por Osvaldo Bayer
Camino por las orillas del Rin en este invierno alemán lleno de flores. Sí, en
mi exilio, en enero, estas caminatas las hacía pisando nieves que quedaban dos o
tres meses sobre la tierra. Ahora la temperatura de este invierno es de 15
grados y han empezado a florecer los cercos en enero. Impensable. Dios debe
estar practicando ciertas inhalaciones con la nariz para tener esta imaginación
actual. O a lo mejor le gusta recibir los gases que producen los terráqueos. Voy
pensando en la nueva discusión que se ha iniciado en Alemania, si reinstalar o
no las centrales atómicas, cuando en la calle un sacerdote católico me entrega
un sobre. Lo abro. Adentro hay una cruz con cadenita para el cuello. Todo muy
bien trabajado. La cruz es verde, tal vez por la esperanza. Me siento en uno de
los bancos que miran al Rin. Me sorprendo al leer la carta. Es de la Obra San
José de Ayuda a los Indios de Estados Unidos. Indios, sí, está la palabra
Indianer, en alemán. Esto sí que nunca me lo había imaginado. ¿Cómo? ¿Ayudar a
los indios norteamericanos? El documento dice textualmente: "Nosotros nos
dedicamos a ayudar a los pobres niños dolientes de los indios Lakota, en la
región de Dakota del Sur, en el centro de Estados Unidos. Le pedimos a usted su
ayuda". Y explica: "Lakota, el nombre de ese pueblo originario, significa en su
idioma ‘Amigo y aliado’. Esta Obra de la Iglesia Católica se ha creado para
ayudar a los indios Lakota-Sioux, donde niños pobres y hambrientos reciben de la
Obra San José una posibilidad de poder seguir viviendo gracias a la Escuela San
José para Indios donde se les da educación y formación". Y agrega: "Pero cuesta
mucho dinero alimentar, vestir, dar protección médica y escuela" y a
continuación piden la ayuda del pueblo alemán para sostener a los niños
Lakota-Sioux de Estados Unidos. La comunicación religiosa oficial informa que "El sufrimiento de la población indígena en Dakota del Sur tiene una tradición.
Porque en esa región se sucedieron hechos dramáticos que trajeron al pueblo
originario penurias y miserias, expulsión de las tierras en las que habían
vivido siempre, el no cumplimiento de tratados y la esclavitud". Por supuesto
–sin decirlo– se refiere a la conquista de los "blancos". Pero más adelante lo
hace saber cuando da el nombre "de los legendarios luchadores indígenas de la
libertad" como Reed Cloud y Sitting Bull y las masacres de indios de Wounded
Knee o Little Big Horn. Pero no sólo eso, el documento también señala que en
esos territorios existían enormes manadas de búfalos, que eran el medio de
subsistencia de los Lakota-Sioux. "Los búfalos fueron muertos a tiros, miles y
miles, por los cazadores blancos, sin piedad, para comerciar sus cueros. Esos
animales fueron exterminados y esa injusticia es hasta hoy una mancha de
deshonra en la historia de Estados Unidos, un pecado nunca reconocido ni
pagado." Y después en el documento católico hay una frase que sorprende: "En
esta época en que se usa constantemente la palabra globalización, ¿no podría
valer también en cuanto a la globalización del amor al prójimo?". Termina el
documento: "muchas familias de los Lakota-Sioux se quiebran ante la carga
insoportable de una existencia sin esperanzas, caracterizada por la lucha diaria
por el pan y a causa de la desocupación". La Obra católica se despide del lector
con la palabra pilamaya, que quiere decir "gracias" en idioma Lakota.
El mismo día en que me entregan la cruz verde de la esperanza en la calle, leo
en el diario de Bonn dos cosas que tienen que ver directamente con la moral de
la sociedad. Primero, el anuncio de que Bush va a enviar 22.000 soldados más a
Irak, lo que va a costar a su país mil millones de dólares. Mil millones. La
pregunta es: ¿por qué, por ejemplo, el Papa no va a Dakota del Sur e inicia allí
una huelga de hambre ante la realidad de los "indios" y el hecho de que se va a
gastar una cifra no cristiana para matar y bombardear? ¿Por qué Naciones Unidas
no comienza una campaña por la paz en el mundo y se van a Somalia todos sus
representantes para protestar por el bombardeo que acaban de realizar los
norteamericanos y que como resultado dio la muerte de todos los asistentes a una
boda? ¿Quién es ahí el terrorista?
Veintidós mil soldados más. Pero la fantasía de la realidad me lleva esa noche a
ver el programa principal de Phoenix, televisora alemana de derecho público,
donde se pasó la documentación sobre la batalla de Verdun, en la Primera Guerra
Mundial, que costó 330.000 bajas al ejército alemán y 316.000 bajas al ejército
francés. Todos jóvenes. Muertos horriblemente por la estupidez humana. Jóvenes
de 18 años, de 20, de 22. Muertos por la crueldad y la perversidad de sus
sociedades y sus políticos. Y después de eso pienso en los mil millones de Bush
para la guerra.
Pero sigamos con las "casualidades". Voy a la parte cultural del diario y leo en
el Bonner Anzeiger, diario de Bonn, la gran polémica que se ha iniciado no ya
por la película histriónica sobre Hitler, sino por el film Apocalyto, del
norteamericano Mel Gibson. En este film se denigra a los mayas, pueblo
originario que representó una de las más altas culturas del período
precolombino. Se los pone como un pueblo sanguinario que mata por placer. El
director cinematográfico se deleita con todo lo más cruel que pueda existir: los
mayas arrancan el corazón a los vencidos, les cortan la cabeza y otros espantos.
El profesor universitario de Bonn, Nicolai Grube, especialista en esa cultura
maya, salió en diversos medios a criticar la falsa imagen de la película
señalando que "el film presenta una imagen completamente falsa y absurda de la
verdadera cultura de ese pueblo". A raíz de ello, los docentes de historia
americana y etnografía de esa universidad organizaron un debate en el que se
llegó a la conclusión de que "el film muestra a los mayas como un pueblo
sanguinario con una religión de bárbaros, que tendrían que estar agradecidos por
la conquista de los españoles cuando la realidad es totalmente otra" y que "para
las matanzas masivas realizadas por los mayas como representa el film faltan
totalmente los basamentos históricos" y "el film no es auténtico ni tiene la más
mínima asesoría científica". Se explica luego la alta cultura que crearon los
mayas. El profesor Grube señala que fueron asesinados más de doscientos mil
mayas y más de un millón fueron expulsados de sus tierras". Y agrega que "a
través de este film va a adquirir más terreno fértil el racismo antiindigenista
que reina en América latina".
Sí, el racismo. Por ejemplo, se ha descubierto que uno de los mayores
financistas de los viajes de Colón fue un comerciante dedicado al tráfico de
esclavos. Y nosotros, los argentinos, nos llenamos de monumentos a Colón y
festejar "el Día de la Raza". Más todavía, hay que leer los discursos oficiales
de la inauguración del monumento a Roca durante la Década Infame. El presidente
Justo –al poner la piedra fundamental– comparará a Roca con el general Uriburu,
como gran alabanza. Sí, Uriburu el primer golpista y fusilador de obreros. Y
Patrón Costas –personaje de la oligarquía salteña a quien se quería, mediante el
fraude patriótico, poner como presidente argentino, y que habló como orador
oficial en ese acto– dio una interpretación "positivista" del genocidio de los
pueblos originarios diciendo que Roca "con certero golpe de vista militar señaló
que era necesario llevarle la guerra ofensiva al indio, a sus propias tolderías,
vencerlo, someterlo y correrlo más allá del Río Negro. Obtiene un éxito rotundo,
que concluye con un problema secular". Y se acabó. Una interpretación cristiana.
Y ese monumento quedó hasta nuestros días. Después nos admiramos del porqué de
la violencia argentina que culminó con Videla. Es que, digan lo que digan, los
argentinos nos sentimos un tanto protegidos cuando tenemos en la mano un billete
de cien pesos y desde él nos mira el general Roca.
Bush, los Lakota-Sioux, el bombardeo a Somalia, cien mil millones de dólares
para la guerra en Irak, los mayas en el cine norteamericano, Roca y Patrón
Costas. Bueno, fue demasiado para un día que comenzó con un paseo por el Rin.
Por eso, a la noche, me puse a oír el concierto para piano y orquesta de
Beethoven. Respiré aire puro. Me encontré de pronto en un paraíso especial. Pero
no, no me quedé en eso. Sino que, de inmediato, me puse a escribir esta nota.
Fuente: Página/12, 12/01/07
Historia
de las utopías
Jornadas preparatorias para la creación de la Universidad Popular Madres de
Plaza de Mayo
I Seminario de Análisis crítico de la realidad argentina (1984-1999)
Desgrabación de la clase del sábado 21 de Agosto de 1999: "Historia de las
utopías" por Osvaldo Bayer
GREGORIO (Coordinador): Algunas aclaraciones de orden operativo. Hoy recae
sobre mi la coordinación de este tercer encuentro del seminario de análisis
crítico de la realidad argentina porque Vicente Zito Lema, quien es
coordinador general, se encuentra de viaje. Esta es una aclaración de orden
bien explícito, operativo. Respecto de la dinámica quiero insistir, antes de
comenzar con la clase de Osvaldo Bayer, en la necesidad de ir generando un
campo de pensamiento grupal crítico. Uno de los objetivos de este seminario
es justamente ese. Esto es, cómo podemos ir generando en el debate de las
clases que vamos a ir escuchando un pensamiento realmente de corte grupal.
Como podemos ir pasando del "a mí me parece" que venimos escuchándolo
bastante en la lectura de las crónicas a "el grupo piensa", "el grupo ha
producido esto". Esto como pequeños señalamientos y evolución a los
compañeros de los que venimos leyendo las crónicas. Acá los compañeros
proponen algo correlativo a lo que estoy proponiendo, esto es cómo realmente
generar esta tercer instancia -que es uno de los desafíos de este seminario¾
y que lo diferencia de otros seminarios de orden academicista, de producción
de pensamiento grupal acrítico e individual, cómo generar un campo de
producción colectiva de conocimiento. Entonces, si partimos de esa base el
"a mí me parece", la teoría personal de un compañero que relata su
experiencia, rompe con el encuadre. Esto lo estamos discutiendo, lo estamos
analizando y quería trasmitírselo y ya hay dos compañeros de ustedes que
también felizmente recogen esta propuesta.
Bueno, hoy está con nosotros Osvaldo Bayer. Como decía el primer día Inés
Vázquez, nos honra a todos, nos dignifica con su presencia. Va a empezar a
hablarnos hoy sobre Historia de las utopías, en un lugar como éste en donde
intentamos que las utopías y el campo histórico efectivamente se ejerzan. Y
creo que nos va a introducir dentro de esta temática alguien que es todo un
modelo al respecto del ejercicio y la reflexión crítica del campo histórico
y de belleza de las utopías. Me parecería redundante presentar a Osvaldo con
algo más que estas palabras de agradecimiento profundo a que esté hoy acá
con nosotros. Lo dejo con ustedes, en una hora pasamos al funcionamiento
grupal y en la otra hora rediscutimos la producción del grupo, no de los
sujetos.
Osvaldo Bayer
"Historia de las utopías"
Bueno, realmente qué imaginación tiene la realidad. Estar hablando de
utopías en la Casa de las Madres cuando uno recuerda todo aquello que pasó.
Cuando veo esto tengo que sonreír con mucho gozo pensando en el brigadier
Santuchone, que me despidió en Ezeiza diciéndome que yo nunca más iba a
pisar el suelo de la patria. Entonces ver esto, en pleno centro, en la Casa
de las Madres hablando sobre las utopías. Yo creo que no puede haber una
imaginación más potente, las cosas que hace la historia. Por eso nada es
imposible, ni es imposible llevar a cabo las utopías.
Yo entendí mal cuando Vicente Zito Lema y Hebe de Bonafini me dijeron que
iban a hacer este seminario, yo creí que era una serie de seminarios y había
programado "Historia de las utopías" en siete clases. Porque el tema da para
mucho más y quería hacer un prólogo, un prólogo de nuestra realidad.
Después, resulta que veo que me han puesto un solo día para toda esa gran
historia de las utopías. Desde ese Platón hasta todos los demás, hasta
Morris diríamos. Entonces, voy a hacer una especie de pequeña venganza: hoy
voy a hablar del prólogo y ya he pedido que por lo menos me den dos clases
más, aunque sea en diciembre cuando se termine el seminario para, entonces,
meternos con todas las utopías.
Entonces, el prólogo son experiencias no propias sino experiencias en el
campo argentino de los obreros, pero también otros aspectos que nos van a
hacer posible centrarnos sobre uno de los hechos fundamentales. Yo quisiera
que acá, en este lugar, comenzáramos a debatir y posiblemente lo hagamos el
año que viene, el tema de la guerrilla, del por qué, los pro y los contras.
Toda esa temática que tanto discutimos en las décadas del 60 y del 70.
¿Estuvieron equivocados o no estuvieron equivocados? Entonces, voy a
terminar con la experiencia de una guerrillera alemana que creo que es muy
interesante y que tiene tanto que ver con nuestra experiencia. Es decir, una
guerrillera que estuvo siete años y medio en celdas de aislamiento, que no
hace mucho que salió y que realmente relata toda su experiencia: por qué
tomó ese camino en Alemania, en un país del Primer Mundo. Mucho más insólito
que lo que hicieron nuestros jóvenes en un país del Tercer Mundo, donde
había otras condiciones. Entonces, a partir de eso para dejar la duda y para
ver hasta dónde puede alcanzar la utopía en los cerebros, de cómo en
diversos aspectos de nuestra historia hubo esa cosa a veces increíble de la
valentía y del coraje civil hacia la utopía.
Podríamos primero hablar sobre la utopía obrera. Justamente, últimamente
estoy haciendo recordar la huelga de Ingeniero White de 1907. 1907, una
huelga absolutamente increíble que hacen los estibadores de Ingeniero White.
Ingeniero White al lado de Bahía Blanca. Bahía Blanca un emporio de
exportadores de trigo británico y de la marina de guerra. Con un puerto
llamado Ingeniero White, que era administrador del ferrocarril sur y amigo
del general Roca. Entonces, el general Roca --¿por qué no?-- le puso el
nombre de Ingeniero White por ser su amigo. Más o menos como eso que yo
repito tanto que cuando uno quiere tanto al Sur y a la Patagonia y ve ese
hermosísimo Lago Gutierrez, que se llamaba en mapuche "El hijo de Dios",
pero el Perito Moreno le puso el nombre de Gutierrez que era un burócrata
del Ministerio del Interior que le pasaba los sueldos. Entonces, por qué no
quedar bien con el amigo y ponerle Gutierrez y nosotros, siempre tan
ordenados y obedientes, lo seguimos llamando Lago Gutierrez. Antes de
cumplir los ochenta años quisiera ver cambiado ese nombre. Es una utopía. El
otro día se enojó conmigo mucho Felix Luna porque propuse cambiar el nombre
de Castex en La Pampa por el Bairoletto. Es un poco atrevido, pero Castex
jamás conoció la población de Castex. Un estanciero, administrador de
estancias en Buenos Aires. Y él se enojó mucho porque dice que así se cambia
la historia. Y le digo que lo que hay que cambiar es, realmente, la forma de
interpretar la historia.
Entonces, empecemos a colocarnos en la temática de la utopía, pensando en
esto de la huelga de Ingeniero White en el año 1907. Los obreros querían que
las bolsas no pesaran más de ochenta kilos, ¡ochenta kilos!, pesaban más de
ochenta kilos. Y las ocho horas de trabajo. Porque además de que las bolsas
que ellos debían llevar a los barcos británicos pesaban tanto, además tenían
que trabajar once horas. Miremos un poco lo que significa eso. La
brutalidad, la explotación, se rompían las espaldas. A los siete u ocho años
ya no podían trabajar más. Y, por supuesto, no había ninguna seguridad
social. Y en ese lugar, con la prefectura general marítima, con la marina de
guerra, con el señor Coleman, un inglés muy ávido de negocios, hacen una
huelga. Se levantan todos los obreros pidiendo eso. Yo creo que es una cosa
que habría que dedicar todo un seminario a esa huelga para explicarla. No
estaban dadas las condiciones de ninguna manera para hacer una huelga, no
era el lugar. ¿Por qué lo hicieron? Porque realmente tenían fe, porque
tenían fe hasta en sus cánticos, porque salieron a la calle cantando esos
himnos hermosos que tenían y que no cantan más. Pero no solamente esto,
cuando se hace la huelga y son reprimidos por la prefectura a tiro limpio
(como se hacía en aquella época y se sigue haciendo todavía, ahora un poco
más disimulado por las balas de goma y esas cosas), el subprefecto comadante
Enrique Astorga -yo creo que hay que nombrarlos siempre a los represores--
un tipo de una brutalidad increíble. Los reprime a balazo limpio y mueren
los obreros Pascual y José Falccioni, también hay que nombrarlos. Eran casi
todos obreros venidos de la baja Italia, de Sicilia y de Calabria, donde
había habido y hubo una gran tendencia anarquista en el movimiento obrero.
Quiero ser breve, se hace el paro. Cuando se sabe que hay el paro, viajan
dos grandes oradores anarquistas: Pietro Gori -el famoso italiano, en aquel
tiempo uno de los más famosos oradores de las asambleas obreras, era un
intelectual-- y Rodolfo González Pacheco, otra figura totalmente olvidada.
Un hombre que nos dejó muchas obras de teatro que habría que recordarlo
también. Y tal vez alguna vez poner aquí un retrato de él.
Marchan inmediatamente allá para hablar de los ideales, etcétera. Si uno lee
los discursos realmente hablaban solamente de la solidaridad, de lo que es
la solidaridad, hablaban de conceptos intangibles casi. Y, por supuesto,
aquello tan sagrado de las ocho horas de trabajo. Por las cuales habían
muerto, habían sido ahorcados, los mártires de Chicago.
Pero lo más hermoso de este episodio es la solidaridad de los obreros de
todo el país. Se hace una huelga general por los huelguistas de Ingeniero
White. Para la Capital y para Rosario. El paro es general. Imaginémosnos una
cosa de esas, que acá hubiera habido un paro total en la Capital Federal por
la gente de Cutral- Có. ¿Ustedes se pueden imaginar algo así? Y sin embargo
se hizo en ese tiempo, en 1907. Con esa carestía, con el miedo también de la
pérdida del trabajo. Y con medios de comunicación mucho más precarios que
los actuales. A eso iba. Estudiar qué sentido profundo de la solidaridad,
del concepto de clase, del concepto de revolución, del concepto de la ayuda
mutua, que es lograr parar un país por los estibadores y otros trabajadores
de Ingeniero White que inmediatamente se adhirieron a la huelga. Los
detalles son realmente muy simbólicos porque cuando marchan los obreros a
enterrar a sus dos muertos con la orquesta adelante, se tocaba mucha música
antes, especialmente los italianos, la orquesta de obreros iba adelante
tocando los himnos obreros con los cajones y ataúdes de los compañeros
muertos y es atacado por las fuerzas de la represión. La crónica de La
Nación, a veces muy florida, dice que en la calle quedaron los instrumentos
musicales de la orquesta y los ataúdes perforados a balazos. Finalmente se
pierde la huelga pero el concepto se va imponiendo y se han rebajado kilajes
en las bolsas y poco a poco, dos décadas después se llegará a las ocho horas
de trabajo. Y el diario La Nación señala con orgullo que el comandante
Astorga, el represor, tuvo que irse de la ciudad porque le dijeron que se
fuera porque los obreros eran muy subversivos y terroristas. Se tuvo que ir
pero, después, cuando se terminó la huelga volvió y fue agasajado por todas
las autoridades. Ese es un primer hecho como ejemplo de todo lo que se hizo,
de todo lo que se fue haciendo en la historia de este país. Tan difícil pero
tan lleno de luz en muchas cosas, principalmente en esto que tenemos que
estudiar muy, muy a fondo, explicarnos, hablar del por qué, el análisis del
sistema económico de aquel tiempo, de cómo este pequeño gran ejemplo de
Ingeniero White.
Hay una revista que se llama "El ojo avizor", que hizo una encuesta entre
los periodistas argentinos de cuál ha sido la noticia que más conmocionó al
siglo para cada uno. El primero para la mayoría de los periodistas
argentinos fue el 17 de Octubre de 1945. Y como fui el único que votó por
para mí el hecho más importante me hicieron hacer una columna, que creo que
va a dar para mucho debate, uno no puede alejarse un poco de la provocación
intelectual. Es increíble, yo no podía creer que la mayoría de los
periodistas argentinos votó el 17 de Octubre del 45 como el hecho más
importante. Para mí el hecho más importante del siglo fue la fundación de la
FOA en el año 1901. Federación Obrera Argentina, que después será la FORA:
Federación Obrera Regional Argentina. ¿Por qué? Porque por primera vez se
unen las dos grandes tendencias del movimiento obrero, se ponen de acuerdo
anarquistas, socialistas y gremialistas libres. Hay un clima realmente de
mucha solidaridad y se logra a pesar de todas las cosas contrarias, de la
amenaza de represión, se logra esa unidad y todo un programa. Todo un
programa que después, a pesar de las divisiones del movimiento obrero, se
iba a ir logrando en las luchas obreras. Entonces, ese es un principio de la
lucha de la comunidad argentina, de la comunidad del trabajo argentino, por
lograr una sociedad mejor. Por lograr la utopía, el sueño del socialismo,
del solidarismo. Es también otra cosa muy importante que nosotros recordemos
eso tan olvidado. ¿Quién sabe acá que en el año 1901 se fundó la FOA? Y para
mí el segundo hecho más importante de este siglo es la formación de las
Madres de Plaza de Mayo. Sin ninguna duda, lo que significó esa solidaridad,
ese coraje civil de salir a reclamar por sus hijos ante la misma Plaza de
Mayo, frente a esa dictadura tan feroz. Además, un movimiento conocido en
todo el mundo, mucho más que acá. Ustedes conocen bien la historia de las
Madres pero creo que es algo que va a ir creciendo con el tiempo. Los
alemanes antinazis tienen, por ejemplo, la reacción de los militares
monárquicos o conservadores contra Hitler (el 20 de julio del 44) como el
gran hecho. Cuando fueron militares que habían combatido por Hitler hasta el
44, cuando vieron perdida la guerra se levantaron. ¡Qué poco tienen ellos!
Hay otros movimientos también pero muy locales. Ellos están orgullosos, las
nuevas generaciones, de haber tenido por lo menos eso. Ustedes van a ver
dentro de veinte o treinta años lo que va a significar para la historia
argentina el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo. Por eso para mí,
después de aquel intento de la FOA de buscar a través del sindicalismo
llegar a una utopía solidaria, ver realizada la utopía a través del
movimiento de estas Madres, que muy pocas estaban politizadas, que eran
mujeres de barrio, que eran mujeres nada más que dueñas de casa, o que
realizaban sólo tareas domésticas, y fueron capaces de hacer esta cosa tan
épica y siguen trabajando por esto. Nos reunimos por ellas, es decir, a
través de la idea de ellas.
Y para que sirva también para cimentar el curso que vamos a hacer después
sobre Historia de las Utopías, hermosísimo capítulo, tal vez el más hermoso
del género humano quiero leerles esta columna que yo escribí para El Ojo
Avizor para, de alguna manera, tratar de explicar por qué yo no voté lo que
votó el 90 por ciento de los periodistas argentinos. Y digo así:
"Comencemos el debate.
Me entusiasma esto de que cada uno elija lo que crea que son los veinte
hechos más importantes de la historia argentina de este siglo. Ayuda al
debate, al conocimiento de nosotros mismos y, de alguna manera, deja en
descubierto la filosofía que mueve a cada uno. En cierto modo, nos
desnudamos ante la historia y ante la sociedad.
La encuesta ha dado que la mayoría de los periodistas valoró al 17 de
octubre de 1945 como el hecho más importante de estos últimos cien años. Yo
en cambio -y debo haber sido el único¾ (después me confirmaron que sí) elegí
un hecho hoy desconocido por casi la totalidad de la población argentina: la
creación de la FOA, la Federación Obrera Argentina, a principios de siglo.
Claro, los criterios son distintos. Habría que debatir "qué es lo más
importante" en la noticia: la repercusión emocional en el público; la
cantidad de titulares y centímetros que ocupó en los diarios de la época o
los minutos en la radio y -si existía ya-- en la televisión, etcétera; o
acaso lo más importante es lo que a la larga tendría más influencia en la
sociedad para llevarla por un camino hacia la democracia, la libertad y la
justicia. ¿Qué es más importante: la consagración de Napoleón como emperador
o la Revolución Francesa?
Para mí, la unidad de los sindicatos para seguir una línea de conquistas
sociales fue algo fundamental para nuestra sociedad. Ese era el modelo para
avanzar: luchar para el progreso; más dignidad significa más democracia. Es
decir, que en 1901 nos ponemos en el camino que siguieron otras sociedades
que llegaron a democratizarse con el esfuerzo y sacrificio precisamente de
los sometidos y explotados. Se abría toda una perspectiva de una sociedad
nueva. El 17 de octubre de 1945, en cambio, se proclama a un coronel que
había llegado al poder mediante un golpe militar de derecha. La marcha de
miles de argentinos de ese día obligará a elecciones donde sí será elegido
el coronel. Y aquí viene la discusión: se puede decir que el peronismo acaba
casi de inmediato con el movimiento obrero ideológico que había logrado con
el propio esfuerzo leyes fundamentales, y crea un nuevo movimiento integrado
por una nueva clase: los obreros llegados ya no de allende los mares sino
del interior del país con el color del hombre autóctono en la tez. Los
obreros ya no cantarán "Arriba los pobres del mundo" ni tampoco "Hijo del
pueblo te oprimen cadenas" sino "Perón, Perón qué grande sos, mi general
cuánto valés". Y se acostumbrará a que las leyes obreras vengan tácitamente
del balcón.
Claro está que el peronismo cambia a la República. Pero no es una revolución
sino una revulsión. Y como todo populismo terminará aproximándose a los
poderes económicos a los cuales molestó pero no modificó. Menem hace la
síntesis: llama como ministro de Economía al gerente general de Bunge y
Born, empresa maldecida por Perón en 1945. Y hoy las leyes obreras casi ni
cuentan en el desarrollo de la economía social argentina.
Para mí mucho más importante que el 17 de octubre del 45, por ejemplo, es la
ley Sáenz Peña, de 1912, que a pesar de todas las veces que fue manchada y
pisoteada, siempre sirve como documento básico para reiniciar intentos de
democracia. Y todas aquellas fechas que muestran que los sometidos no
aceptaron dictaduras ni injusticias. Para mí es más importante Cutral- Co
que la invasión argentina de Malvinas ordenada por un general corrupto que
no representaba a nadie y usó al país para intentar salvarse él.
Tenga cada uno la fecha de su simpatía. Lo fundamental -como decimos-- es el
debate, pero el debate que traiga luz".
Los periodistas votaron a las Malvinas como la segunda noticia más
importante del siglo.
Y, entonces, como tercer tópico sobre estos casos de utopía o de camino
hacia la utopía o del camino hacia el paraíso, voy a tratar el caso de
Margrite Schiller. Margrite Schiller, guerrillera alemana, de la RAF (ROTE
ARMEE FRAKTION), de la fracción llamada el Ejército Rojo en Alemania siendo
que actuaron en las décadas del 60 y del 70. Sufrió ella prisión pese a que
no se le comprobó ningún asalto ni ninguna muerte. Ella, hija de un militar
alemán, que combatió en la guerra, principalmente en el frente ruso, y que
después integró el nuevo ejército alemán, de la Guerra Fría, en el año 52. Y
la madre, diputada conservadora del partido demócrata cristiano. Realmente,
un caso tal vez para quienes han organizado este seminario, algo que tiene
que ver mucho ahí la ciencia psicológica. La fuerza de la reacción de esta
chica como decíamos de un hogar bien. Ella ha escrito un libro y me pidió
que yo le hiciera el prólogo. Que yo explico acá por qué no comprendo porque
ella elige justamente a un hombre del Tercer Mundo para hacer esto. O, tal
vez, ella sabe muy bien. No ha renunciado después del sufrimiento de siete
años y medio de la celda de aislamiento total, que es lo peor, tal vez es la
peor de las torturas, de no escuchar voces, ha escrito un libro que lo vamos
a presentar acá cuando hagamos la edición española. Por supuesto, explica
todo lo que significa no escuchar voces y las locuras de cuando por ahí la
sacaban unos minutos y escuchar un grito, por ejemplo. ¡Qué bendición era
escuchar un grito humano o una exclamación en la lejanía! Fíjense las
cualidades del ser humano: qué sentido en el fondo de comunidad, de querer
compartir, de querer escuchar qué es lo que pasa afuera. Y qué maldad, qué
terrible perversión es aquel país que había firmado en el año 48 la
Declaración de Derechos Humanos y, para colmo, un gobierno socialdemocráta
liberal.
Creo que aquí está todo el debate, de la violencia de abajo, esto serviría
para comenzar el debate de por qué la guerrilla en la Argentina. Un tema que
muy pocos se atreven a debatirlo. Acá tendríamos que tratar de hacer mesas
redondas con los Montoneros, con el ERP, con sobrevivientes, debatiendo toda
esta parte histórica. Y tenemos que hacerlo también. Se han escrito libros
realmente significativos que ayudan al debate y a hacer luz sobre todo este
tema.
El libro de Margrite Schiller me devolvió a las décadas del 60 y del 70 y a
las preguntas que quedaron sin respuesta. Pero justamente no de Alemania
sino de mi país, la Argentina. Un mismo problema en dos escenarios
totalmente distintos. Las circunstancias fueron diferentes pero las
preguntas fueron las mismas y seguirán siendo las mismas. A pesar de aquello
del Primer y del Tercer mundo. Aquí ya el lector, sin leer aún el libro de
Margrite Schiller comenzará ya a polemizar consigo mismo.
Pero lo extraño del caso -o no-- es que Margrite Schiller me vino a pedir un
prólogo a mí, justamente a mí, no precisamente un defensor de la guerrilla
sino apenas un desconsolado profeta de lo que iba a ocurrir y ocurrió.
En esas décadas ella era muy joven y yo un hombre en la mitad de los
cuarenta, partícipe ya en ese tiempo de agitadas discusiones con los jóvenes
latinoamericanos que veían como único camino la guerrilla para terminar con
una sociedad injusta y corrupta. Si Margrite Schiller hubiera estado en
Buenos Aires en esos finales de los sesenta es muy posible que habría
discutido conmigo y, al escuchar mis argumentos, habría dado un portazo y
murmurando o gritando: "¡burguesito!", como me llegaron a llamar jóvenes
montoneros de esos años.
Y no porque yo estuviera con el régimen militar de turno o los políticos
corruptos elegidos por el pueblo en aquellos tiempos, sino porque esa
juventud ansiosa de cambios me sabían de izquierda y revolucionario pero no
podían aceptar que a la vez yo los tratara de convencer que el camino a la
guerrilla iba a terminar en el fracaso más absoluto, en la pérdida de los
mejores y le iba a dar a la reacción la oportunidad de fortalecer su
sociedad explotadora y corrupta sobre pilares más fuertes aún. Como,
desgraciadamente, ocurrió.
Todo se había iniciado en La Habana, en 1960, apenas a un año de la
Revolución Cubana, cuando un pequeño grupo de argentinos tuvimos un
encuentro con el Che Guevara. En esa reunión él trató de convencernos que la
forma de cambiar el régimen argentino era la guerrilla de los jóvenes, que
debían iniciarla en las sierras de Córdoba, en el centro de la Argentina.
Recuerdo que contra esa tesis le recordé al Che que en la Argentina los
cuerpos de represión eran mucho más preparados que los de la Cuba de
Batista, y le mencioné todos los cuerpos (uno a uno) y organizaciones
estatales que estaban para combatir cualquier rebeldía de izquierda. El Che
me miró con profunda tristeza y contestó -refiriéndose a los cuerpos de
represores-- sólo con tres palabras a mis extensos argumentos: "son todos
mercenarios", me dijo. Recuerdo que al silencio inicial, siguió un aplauso
encendido para el Che, del resto de los argentinos.
Ahí comprendí todo y esa contestación me sirvió de base para interpretar lo
que iba a suceder después. Me dije: evidentemente para ser revolucionario no
hay que empezar por analizar los impedimentos, sino que hay que creer en las
propias convicciones y lanzarse a combatir la injusticia haciendo uso de la
rebeldía, ese don de los dioses para quienes creen en el altruismo y la
solidaridad. Pero no pude con mi genio y cuando las teorías del Che fueron
convirtiéndose en realidad en las calles de la Argentina seguí alertando que
se camino iba a terminar en al muerte, y en el retroceso. Aunque al mismo
tiempo que alertaba iba creciendo mi comprensión y mi solidaridad para con
los perseguidos.
Margrite Schiller es una de esas protagonistas. En otras latitudes. En el
primer mundo. Más difícil de comprender su acción que si hubiera participado
de esa línea en el tercer mundo. Pero no soy de esos que me conformaría con
llamar al grupo que perteneció, la fracción del Ejército Rojo o la BAADER-
MEINHOFF, como una organización terrorista, porque había que agregar por qué
fue terrorista, por qué devino terrorista. Y para eso hay que meterse en la
historia y en su circunstancia. No se puede hablar de la RAF sin explicar
antes todo el escenario. Yo estudié en la Universidad de Hamburgo desde 1952
a 1956, y me afilié en esos años al SDS, Sozialistische Studenten Bund, (es
decir, Liga de Estudiantes Socialistas) que ya se le iba por izquierda a la
Socialdemocracia. Recuerdo hasta cuando vino Willy Brandt desde Berlín para
darnos una clase de política. Bien, ¿cómo eran esos jóvenes apenas una
década después del nazismo y de la guerra más destructiva de todos los
tiempos? Era una juventud que quería hacer cosas. Si bien en las escuelas y
en los colegios secundarios se estudiaba la historia sólo hasta 1913, el
ambiente juvenil de Alemania empezaban a preguntarse por su pasado. Recuerdo
que los jóvenes de la SDS no se conformaba en aquel tiempo con la "culpa
colectiva del pueblo alemán". No le rehuían a la responsabilidad pero no
aceptaban aquello de que "todos fuimos culpables, pidamos perdón a los
judíos y combatamos a los comunistas". Era la Guerra Fría. Esa SDS y sus
jóvenes querían saber qué papel habían jugado los poderes en 1933: el
capital industrial alemán, las iglesias, los partidos políticos de derecha,
desde el católico Zentrumspartei hasta los liberales. Se preguntaba por qué
se juzgaba así a los verdugos de los campos de concentración pero a los ex
nazis de escritorio se les permitía sin problemas una nueva carrera
política, como el primer ministro Kiesinger, el presidente Lübke, el primer
presidente de Baden-Würtenvberg, Han Filbinger con su pasado feroz de juez
militar nazi, el después presidente Carstens, que había sido secretario de
Goebels. Se hablaba de libertad, de democracia y de occidente pero mientras
tanto, países europeos seguían teniendo colonias o interveniendo en la
represión de los pueblos como los franceses en Vietnam y Argelia. Me acuerdo
la larga discusión de esos años, discusión que recién comenzaba y que iba a
hacer explosión a fines de los sesenta y en los setenta, con drásticas tomas
de posición. Me acuerdo bien de las búsquedas de opciones para salir del
injusto sistema y soñar con un socialismo libre de stalinismos. En esos años
estaba en boga, en la SDS, estudiar y aconsejar como modelo a seguir el
sistema de Tito en Yugoslavia, que se había separado del bloque del
"socialismo real" y que intentaba nuevas formas cooperativas de producción.
Eran búsquedas.
Había una especie de doble juego en la vida pública de la Alemania
occidental: se enseñaba al individuo a ser protagonista, a no seguir el
ejemplo de las pasadas generaciones que se dejaron llevar por un demagogo,
todos tenían que aprender a defenderse contra toda intromisión indebida del
Estado en sus vidas. No volver a ser engañados. Por eso, se les decía,
ejercer el protagonismo (esto fue importante después, como consecuencia,
porque una parte de la juventud alemana se lo tomó en serio). Pero al mismo
tiempo se les enseñaba a creer en Estados Unidos, el aliado en la lucha
contra el mal, que venía desde el Este. Es decir, ser protagonista sí, pero
dentro del sistema.
La generación de Margrite Schiller fue, apenas llegada a la juventud,
llevada a los empujones por una cadena de hechos que no les permitía
detenerse: la rebelión estudiantil del 68 con aquello de "la fantasía al
poder", hermoso slogan. El asesinato del estudiante Benno Ohnesorg en las
calles de Berlín. Sartre en las primeras filas de las manifestaciones de los
estudiantes alemanes declarando que los comunistas no podían hacer la
revolución porque "los comunistas tienen miedo a la revolución". El
atentando a Rudi Dutscheke, tal vez el más notable de los dirigentes
estudiantiles de todo el movimiento de los estudiantes del 68. Un atentando
cobarde que después lo llevaría la muerte.
Y, entonces, recuerdo una poesía de Biermann, un gran poeta alemán. Hago una
traducción muy ligera en español. Dice: "tres balazos cayeron sobre Rudi
Dutscheke, un atentando sangriento. Lo pudimos ver personalmente, y vimos a
quien había hecho los disparos. ¡Ay, Alemania, tus asesinos!"
La lucha de los vietnamitas contra el poder del imperio era otra de la cosas
a las cuales se veían confrontados los estudiantes y los hombres libres de
todo el mundo. La lucha de los vietnamitas contra el poder del imperio. Y
aquella otra poesía del poeta alemán Erich Fried que decía: "Vietnam es
Alemania, su destino es nuestro destino. Las bombas por su libertad son las
bombas por nuestra libertad", se refería a las bombas de los atentados no a
la de los aviones norteamericanos. Y Erich Fried fue uno de los poetas
alemanes más leídos en la época del 68.
Además, se enfrentaba la batalla abierta contra los medios de comunicación
del capitalismo, entre ellos la cadena Springer, pero también la primavera
de Praga, hecho que certificaba la efervescencia de todo el mundo contra el
autoritarismo y la injusticia, mientras que Mao era cada vez más el símbolo
a seguir por el tercer mundo; y allá Latinoamérica, con su héroe épico, el
Che -recién muerto-y todo ese continente movido por la protesta y la
pólvora, y las mujeres que pasaban cada vez más a la vanguardia enarbolando
el femenismo. Todo esa fue la época y los temas de toda esa juventud alemana
que después tomaría esa drástica posición.
Y en medio del entusiasmo, llegó el momento de definirse: o desmontar para
esperar a que aclarase, o seguir adelante enfrentando a la violencia de
arriba con toda la indignada violencia del sometido. El Che Guevara hubiera
seguido ese segundo camino. Y aquí llegamos a donde también nosotros, frente
a este libro de Margrite Schiller, de una protag