|
|
|
|
|
|
|
NOTAS EN ESTA SECCION
El otro 2 de abril, por
Guido Braslavsky | Azules y
Colorados, los tanques en la calle |
El Comunicado 150 de Mariano
Grondona
Los hechos de un juego de
guerra penoso y costoso para el país |
Dos máscaras de un mismo antifaz
La crisis política del
Ejército Argentino
NOTAS RELACIONADAS
La doctrina de la Seguridad
Nacional | La Noche de los Bastones
Largos |
Intrigas en
Latinoamérica - La guerra fría
|
|
|

El otro 2 de abril: la batalla en el Ejército entre Azules y Colorados
Feroz enfrentamiento durante el gobierno de Guido
Fue en 1963, duró tres días, y terminó con 24 muertos y 87 heridos. Ganó el
sector azul, "legalista", que tres años más tarde derrocaría al radical Illia.
Por Guido Braslavsky
La convulsionada y anárquica década del 60 vio nacer dos facciones en las
Fuerzas Armadas. Azules y Colorados se enfrentaron duramente en 1962 y 1963,
llegando al derramamiento de sangre. El último choque, que dejó 24 muertos y 87
heridos, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al
presidente José María Guido. En tres días los Azules se impusieron, lo que dio
paso a purgas masivas en el Ejército y la Armada.
Es el otro 2 de abril, el de 1963. Ese día amaneció espléndido, propicio al plan
de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el
general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas
revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los
complotados.
La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes
contrarios a la cúpula azul, encabezados por el general retirado Federico
Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que
en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.
Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución
Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo
Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder exiliado. Los
militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara
en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar
asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".
Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores
ambiciosos, "el Partido Militar, en contacto con el oxígeno político se oxidó
rápidamente y como todo partido argentino que respete la tradición, se dividió
en dos. Así nacieron los azules y colorados", escribió un testigo de la época,
el periodista Rogelio García Lupo.
Tenían contrastes: eran "antiperonistas pero en distinta forma", según el
historiador Alain Rouquié. Para los colorados, el peronismo era un movimiento
sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los azules, pese a su
demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que
había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.
Los azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 que redactó Mariano Grondona se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército.
|
|
El gobierno de Guido, con apoyo de los militares azules, avanzaba en su
estrategia de integrar al peronismo en la vida política, pero sin Perón. Los
colorados esperaban una oportunidad para tomar el poder.
El día elegido fue ese 2 de abril. El combate más grave involucró al Regimiento
8 de Tanques de Magdalena y a su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio.
El comandante de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin
éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta.
Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al
ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A
las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de
metralla, bombas incendiarias y destructivas" , recuerda el conscripto clase 42
Hermindo Belastegui. Impactado por años por esa vivencia, este ex obrero
metalúrgico plasmó su recuerdo en El C-8 no se rinde, una edición que logró
sacar a la calle hace solo dos meses. El libro relata cómo fueron atacados todo
el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 9 soldados muertos y 22
heridos.
Al día siguiente la Fuerza Aérea "leal" contraatacó sobre Punta Indio. Cuando
los blindados del 8 entraron en la base ya no había nada que hacer. En tierra
había destruidos 24 aviones navales; 5 infantes de marina habían muerto y
Sabarots había huido al Uruguay. López Aufranc —apodado "el zorro de Magdalena"
en versión criolla de "el zorro del desierto" Erwin Rommel— quiso tomarse
revancha y arrasar Punta Indio. Fue disuadido por Onganía y el ascendente
coronel Lanusse.
También en el resto del país el alzamiento colorado había fracasado. Los
rebeldes capitularon el 5 ante el Gobierno.
En julio hubo elecciones, y siguió la proscripción. Perón llamó a votar en
blanco: lo hizo el 19,4%. El 12 de octubre asumió el radical Arturo Illia, con
sólo el 25,1% de los votos. Sería derrocado en 1966 por los antiguos azules
"legalistas", que instalaron la dictadura de Onganía.
http://edant.clarin.com/diario/2003/04/02/p-02301.htm
|
|
|

Azules
y Colorados. Los tanques en la calle
[Revista Yo fuí testigo (1986) J. C. Cernadas Lamadrid - Ricardo Halac]
Nervios, confusión, rumores y, finalmente, Campo de Mayo en pie de guerra
El día 18 el clima de ansiedad aumenta y los diarios dejan traslucir con mayor
precisión lo que está aconteciendo.
También "La Razón" habla de "cierto nerviosismo" que se debe al relevo y arresto
del director de la Escuela de Mecánica del Ejército, coronel Roberto Arredondo,
y del subdirector del mismo establecimiento, el teniente coronel Carlos M.
Padrón, y del jefe del Cuerpo de Aspirantes, teniente coronel Ramón E. Molina,
por reuniones ajenas a su labor y en las que se vertieron opiniones "no
precisamente de acatamiento a los mandos neutrales".El otro motivo del
"nerviosismo" es que el general Carlos Aníbal Peralta -ex secretario de Guerra
y, hasta hace poco tiempo, director de la Escuela Superior de Guerra- presentó
un memorial al secretario de Guerra en nombre del sector "legalista".Esa noche
se reúne el secretario de Guerra, general Octavio Cornejo Saravia, con el
subsecretario Carlos Caro -que se considera proclive a los rebeldes- y los
hombres cuestionados: el comandante en jefe, general Lorio, y el jefe del Estado
Mayor, Labayrú.
En esa misma crónica se señala que: "Resulta difícil saber entre 'legalistas y
rebeldes' quiénes usan ajustadamente el término".
Campo de Mayo se ha sublevado. La noticia corre, pero sin embargo, "La Razón" se
mantiene prudente, dando como versión que "en Campo de Mayo se habría concretado
un estado de desobediencia" y comenta una "reunión realizada la noche anterior
en la casa de Onganía, ex comandante del Cuerpo de Artillería, a la que
asistieron, entre otros: el coronel Alejandro Lanusse, Toscano, Aguirre Arrieta,
el ex ministro de Defensa, Rodolfo Martínez, y los recientemente sancionados
Arredondo y Molina". ¿El punto en común? La disidencia con el nombramiento de
Labayrú y Lorio.
Por si quedaran dudas respecto al tipo de crítica que hace Campo de Mayo a Lorio
y Labayrú, el diario comenta el contenido de un panfleto, que no sabemos si
existió o no, y que habría sido "volanteado" desde la Secretaría de Guerra, en
el que se explica con lujo de detalles los motivos del descontento. El panfleto
hace referencia a la Ley 14767, según la cual el retiro es definitivo y produce
vacante de grado, por lo cual Lorio y Labayrú no podrían haber sido ascendidos y
pasados a situación de actividad después del mismo. ¿Es ésta la legalidad que
defienden los "azules"? Esta también.
Las tropas en movimiento inician una estrategia de medición de fuerzas
|
|
Recién el 19 estalla en titulares el suceso "Movimiento de tropas", que anuncia
el vespertino, y relata los hechos ocurridos la noche anterior.
El detonante: el relevo del general Pistarini como comandante del Cuerpo de
Caballería y del general Julio Aisogaray como comandante de la División de
Caballería Blindada Número Uno.
El relato de los hechos, hora por hora, es el siguiente, con nuestras palabras:
18.30: el subsecretario general Carlos Caro se dirige a Campo de Mayo, designado
comandante de la Primera División Blindada de Caballería, con asiento en dicho
lugar, y comandante de la guarnición.
18.40: Algo ha sucedido porque se declara el acuartelamiento de la Policía
Federal.
18.45: Se reúnen en el Ministerio de Defensa el señor Lanús, el secretario de
Guerra, Cornejo Saravia, el comandante en jefe Lorio y los titulares de Marina y
Aeronáutica.
19.00: Juan Carlos Onganía, ex jefe de Caballería, se ha constituido en la
Escuela General Lemos, de Campo de Mayo.
20.00: Llega a todos los medios de difusión el pronunciamiento del general
Osiris Villegas, de la División de Caballería, con asiento en Concordia, que, al
ser un radiograma, deja por primera vez sentado el motivo de la rebelión de los
legalistas: "Por compartir criterio sustentado por comandante del Cuerpo de
Caballería y comandante de la Primera División Blindada, desconozco la autoridad
de mando de los generales Lorio y Labayrú, esperando patriótico renunciamiento
de los mismos".
Osiris Villegas anuncia que la Cuarta División de Caballería, con
asiento en Curuzú Cuatiá, también se pliega y reconoce como comandante en jefe
al general Pistarini.
20.15: Se produce el primer informe sobre lo que está sucediendo en Campo de
Mayo cuando el coronel Lanusse, jefe del Centro de Instrucción de Caballería,
con asiento en Campo de Mayo, informa a los periodistas acreditados en Casa de
Gobierno, telefónicamente, sobre los últimos acontecimientos: La llegada de
Caro, que se reúne con Alsogaray, Pistarini, Lanusse y otros, y luego parlamenta
con Onganía a solas, para retirarse con el objeto -supuestamente- de presentar
su renuncia.
Ongania y la utopía de un ejército fuera del Juego político
Lanusse confirma que en Campo de Mayo Onganía ha tomado el mando. Asegura que
esperan la decisión definitiva del presidente de la Nación, proponiendo al
Ejército como una institución castrense y no como una organización dedicada a la
materialización de ambiciones políticas. Presenta sus objetivos, que son:
Salvaguardar la Constitución y el plan político vigentes, que culminará con el
"restablecimiento pleno de la vigencia de la ley".
En tanto, el presidente Guido permanece reunido con los ministros de Relaciones
Exteriores, del Interior y, eventualmente, con Lanús, de Defensa, que está en
contacto permanente con los altos mandos.
|
|
A las 20.15 se establecen medidas de seguridad en todo el país.
A las 21 llega Caro, que se suma a la reunión en el Ministerio de Defensa y no
parece renunciar, como había previsto Lanusse.
Toda esa noche, mientras el país duerme apaciblemente, los dos bandos se
mantienen en vela.
A las 23.25 el jefe de la guarnición de Tandil, Olavarría y Santa Rosa, general
Oriondo, informa que "no tiene conocimiento de un comando 'paralelo' encabezado
por Onganía" y las versiones indican que el jefe del Regimiento Primero de
Caballería, coronel Fernando Dubra, estaría arrestado en Tandil.
A las 23.40 se conoce el acuartelamiento de los Granaderos a Caballo y de la
Escuela Superior de Guerra.
A las 0.10 del día 19, efectivos de la Gendarmería y del Ejército se presentan
en la Central de Comunicaciones de Cuyo, para tomar la emisora. Momentos antes,
comandos civiles que apoyan a los "azules" habían hecho lo mismo con Radio
Nacional y Radio Pacheco.
Una hora después llega a Campo de Mayo el helicóptero de Guevara.
En la madrugada los periodistas apostados en Campo de Mayo entregan al general
Onganía un cuestionario basado en los siguientes puntos: Si Onganía se apresta a
defender la posición de Campo de Mayo hasta sus últimas consecuencias; si hay
arrestos militares dentro de la guarnición; ¿qué unidades lo apoyan?; si se ha
solicitado la renuncia de Lorio y Labayrú.
La respuesta llega 35 minutos más tarde: "El comando constituido en Campo de
Mayo ha solicitado que se dejen sin efecto las convocatorias y ascensos del
comandante en jefe (Lorio) y del jefe del Estado Mayor General del Ejército (Labayrú),
por considerar que dichas situaciones están en contra de disposiciones
reglamentarias y que, por lo tanto, son inaceptables. Campo de Mayo sostiene el
compromiso contraído por las Fuerzas Armadas en repetidas oportunidades y
sostiene al actual Poder Ejecutivo en la medida en que sus actos sean
conducentes a la normalización constitucional en cumplimiento estricto de las
leyes vigentes. Los movimientos de Campo de Mayo son los normales en estas
situaciones, es decir, está alistado. La masa del ejército apoya al comando
constituido en el lugar.
Fracasan las negociaciones y, pese a los desmentidos, el enfrentamiento es un
hecho
En una reunión realizada entrada la madrugada en la Casa de Gobierno, Cornejo
Saravía confiesa que se han tomado medidas de prevención, pero descarta que se
hayan tomado medidas de represión en el interior del país. Guido se retira a la
residencia presidencial de Olivos y se afirma que el general Caro continúa en el
cargo de subsecretario de Guerra. Luego de una aparente calma hasta la mañana,
dos jefes de Campo de Mayo se entrevistan con Cornejo Saravia. Al mediodía
circula la versión de que los dos jefes en cuestión, Villegas y Oriondo, habían
sido relevados y detenidos.
Comunicado
número ciento cincuentaEl autor del comunicado número ciento cincuenta, el periodista Mariano Grondona, expresó: El Comunicado ciento cincuenta fue la única proclama revolucionaria de todos esos tiempos de inestabilidad que se publicó después de haber triunfado la revolución y no antes. Gobernaban los colorados. Los colorados eran fuertemente antiperonistas y querían prolongar el gobierno provisional del doctor Guido, a los efectos de desperonizar el país. Los azules tenían una idea como Lonardi, de integración y de retorno más rápido a la Constitución. Hubo un momento en que los azules vieron que, a menos que hicieran un pronunciamiento militar, los colorados se iban a consolidar; y mis amigos en la Escuela Superior de Guerra, donde yo era profesor y los coroneles azules también, Julio Aguirre, Lanusse, Levingston, Laprida, Nevares, no quiero olvidar a nadie, Sánchez de Bustamante, López Aufranc, me pidieron que hiciera una proclama. Yo escribí la proclama. La proclama convocaba a las Fuerzas Armadas a regresar a la Constitución y a reintegrar el no-peronismo y el peronismo armónicamente en el sistema político. El otro de los principios del movimiento era el regreso de la Constitución y el volver a vivir dentro de la Constitución. Desgraciadamente, después del 2 de abril de 1963, cuando hubo otro enfrentamiento entre Marina y Ejército, nosotros nos fuimos al Ministerio del Interior y predominó lo que a veces llamamos el espíritu violeta: es decir, ni azul ni colorado, una especie de transacción. El comunicado doscientos se escribió entonces, a través del cual, el peronismo volvió a ser proscripto en cierto modo, en las elecciones de julio de 1963, que triunfó el doctor Illia. Comunicado 150 |
Se propala como un reguero de pólvora que el parlamento entre los
dos bandos había concluido y que, en cualquier momento, se podrían desencadenar
los acontecimientos.
Como para confirmar esta especie se produce, poco después, el desplazamiento del
Regimiento de Caballería Blindada Cazadores General Necochea, desde Magdalena
hacia La Plata.
Mientras Guido hace su entrada en la Casa Rosada, al mediodía, los jefes de
Campo de Mayo, Aisogaray, Pistarini y Lanusse están reunidos y disponiendo los
aprestos. En la Secretaría de Guerra se afanaban en desmentir los hechos
mediante comunicados: "Ante las informaciones difundidas sobre movimientos de
tanques que, partiendo desde Magdalena se dirigen hacia la ciudad de La Plata,
la Secretaría de Guerra aclara que no ha habido tal movimiento de tanques,
habiéndose comprobado que se trata solamente de vehículos de exploración
adelantados, permaneciendo los efectivos en la unidad de Magdalena".
En la madrugada de ese 19 se produce un acontecimiento alarmante para la
población: se vuelan dos puentes para cortar el avance de esos tanques hacia La
Plata. Los estallidos se producen cerca de la capital bonaerense. La policía de
Ensenada y Berisso, junto con la de La Plata, se moviliza. En la base naval de
Río Santiago se informa que "se desconoce el origen de lo ocurrido". Finalmente,
la policía determina que ha sido volado un puente en la ruta 11, entre las
ciudades de Magdalena y La Plata, en el paraje denominado "El Pescado". La orden
de voladura había sido impartida por la Secretaría de Guerra y cumplida por el
coronel Marco Aurelio Lobo, comandante de la Segunda División del Ejército, con
asiento en La Plata. Se moviliza también en esta ciudad el Batallón Geográfico
Militar y, desde City Bell, el Regimiento VII de Infantería y el Batallón II de
Comunicaciones, para encontrarse en Florencio Varela y oponerse a los tanques de
Magdalena que avanzaban por la ruta 2.
Mientras tanto, en Campo de Mayo el nerviosismo se acrecentaba y las reuniones
se sucedían unas a otras. El capitán de navío Lonkhart, jefe de la Casa Militar
de la Presidencia, va a entrevistarse con Onganía y Pistarino, y en el camino es
interpelado por el coronel Levingston, quien, enérgicamente, le dice: "¡Que se
pruebe quiénes son los criminales que están perturbando la vida del país! Como
puede usted ver, aquí están todas las jerarquías del Ejército. Tiene que
transmitir esta realidad al doctor Guido". Luego, Lonkhart y Onganía se dirigen
a la Capital para entrevistarse con Guido.
En Palermo, los Regimientos I y II de Infantería hacen saber de su acatamiento a
la Secretaría de Guerra y señalan que aún dentro de Campo de Mayo cuentan con
importantes efectivos: La Escuela de Suboficiales Sargento Cabra!, el Batallón
Número I de Zapadores Blindados y la Gendarmería Nacional. Fuera del
acantonamiento cuenta con la D1, la D2, la D3, la D4, la D7 y la D8 en distintos
puntos de Buenos Aires y del interior del país. En la madrugada del 20, estos
regimientos de Infantería de Palermo inician la marcha hacia el sur por la
avenida Santa Fe, con veinte vehículos con tropas armadas.
En esa misma madrugada el general Rattenbach intenta evitar el derramamiento de
sangre que se avecina. Para ello se entrevista con Cornejo Saravia y le propone
el relevo o renunciamiento de Lorio y Labayrú.
Los "azules" se deciden y Campo de Mayo avanza hacia Buenos Aires.
Campo de Mayo considera agotadas las instancias y se ordena a los efectivos de
Magdalena marchar sobre Buenos Aires.
Los "colorados", por su parte, inician su convergencia sobre las posiciones
"azules".
La Federación Universitaria Argentina señala que "repudia una vez más las
maniobras antinacionales de sectores militares que juegan con el destino del
país y sumen a la población en la amenaza y el peligro permanentes".
La Marina comienza a tomar partido en el conflicto y llama a las naves que están
tomando parte en el operativo Unitas Tres, para que se pongan en camino a Buenos
Aires.
A las 11 de la mañana del día 20, emite un comunicado la Secretaría de Guerra:
"1°) El Ejército está recibiendo del Comando en Jefe las órdenes necesarias para
iniciar, desde los dispositivos alcanzados anoche, las operaciones para reducir
al foco rebelde. El Cuerpo de Ejército ha sido reforzado con las siguientes
unidades que ya se encuentran sobre el terreno: Escuela de Artillería Antiaérea
de Mar del Plata, Grupo II de Artillería de Azul, Grupo II de Artillería pesada
y Comando de Artillería DI y D2, Regimiento II de Caballería de Olavarría y
Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba. Desde el litoral marchan el
Regimiento II de Infantería desde Santa Fe y el Grupo III de Artillería
Antiaérea de Guadalupe, que alcanzaron Rosario a media mañana. La Escuela de
Suboficiales se desplaza para reforzar las filas del Ejército Primero.
"El Comando en Jefe del Ejército mantiene con completa firmeza su decisión de
terminar con la acción del sector rebelde, llevando esta resolución hasta las
últimas consecuencias.
"2°) El Comando en Jefe del Ejército hace saber: Primero: que los oficiales
alumnos de la Escuela Superior de Guerra se han presentado en su mayoría en sus
puestos, testimoniando su lealtad a este Comando en Jefe. Segundo: Algunos
oficiales pertenecientes al Centro de Instrucción Logística General Lemos se han
presentado a este Comando, expresando que han adoptado esta actitud en vista de
que en esa unidad se ha deteriorado gravemente la situación interna y la moral
de los cuadros está desmoronada. "
En medio de una gran tensión, que se iba acrecentando a medida que pasaban las
horas, hace su entrada en la quinta de Olivos Onganía, acompañado por Levingston
y, posteriormente, el general Caro y el general Rosas. Onganía y el
subsecretario de Guerra se retiran sin hacer declaraciones.
Las fuerzas coloradas tratan de desmoralizar a sus oponentes y, por medio de la
Secretaría, dan el siguiente comunicado: "Ha comenzado a cundir el desaliento en
las fuerzas rebeldes, las que ven menguado su caudal por deserción continua de
oficiales con su tropa, que se han dado cuenta del error a que fueron inducidos
por los jefes insurgentes".
Ricardo Balbín también eleva una nota a Guido en la que expresa: "Nadie puede
quedarse impasible frente a la inminencia de una lucha fratricida. Reclamamos un
instante de reflexión y sensatez. Se debe evitar el derramamiento de sangre de
nuestros jóvenes soldados, que son entraña de nuestro pueblo. Es menester
retomar con urgencia al imperio de la ley, del orden y de la disciplina, y
guardar las armas para el momento en que esté en juego la defensa de la
soberanía de la República y la integridad del territorio nacional".
Fuente: Yo fui testigo (1986)
|
|
Los hechos de un juego de guerra penoso y costoso para el
país
El general Caro renuncia a su cargo de subsecretario de Guerra y Cornejo Saravia
designa en su reemplazo al general Juan Carlos Reyes.
Los desplazamientos bélicos continúan. En Florencio Várela los tanques de
Magdalena provocan el repliegue de los efectivos del Centro de Instrucción de
Artillería Antiaérea.
Mientras, en la ciudad de Buenos Aires, se requisan ómnibus frente a la
Secretaria de Guerra para ser utilizados en barricadas.
La Confederación General Económica también hace un llamamiento a la reflexión y
al renunciamiento para evitar un "trágico enfrentamiento".
Al caer la noche, LR3, Radio Belgrano, en poder de los "azules" emite el
siguiente comunicado: "A raíz de un pedido del Excelentísimo Señor Presidente de
la Nación, el Comando de las Fuerzas de Campo de Mayo ordenó a las tropas a su
mando detener sus movimientos entre las 23.05 del día de hoy y la 1.15 de la
mañana. Las tropas continuarán con los desplazamientos previstos. Se comunica
que durante ese lapso, este comando se abstendrá de efectuar comunicados
radiales, salvo la repetición del presente. Firmado: Juan Carlos Onganía,
general de Brigada".
Efectivos colorados formaron barricadas en Entre Ríos y Garay; el centro de la
ciudad adquiría la fisonomía de una ciudad en guerra.
Aramburu declara "imprescindible" dar salida por las urnas al problema nacional.
El 21 de setiembre la Marina propone una reunión formal con jefes de las tres
armas a fin de detener el enfrentamiento, con el propósito de: "Evitar el caos
general y entregar el país a cualquier tipo de comunismo y extremismo, a cuya
consecución se llegaría mediante la disociación de las instituciones".
Campo de Mayo da una respuesta negativa a la Marina y no acepta más conferencias
fuera de su comando. Acto seguido, envía a la Compañía X sobre Buenos Aires.
Marina también realiza aprestos movilizando al Regimiento I de Infantería y a la
Escuela de Mecánica de la Armada.
En la madrugada, las acciones más importantes se desarrollan en la zona de
Florencio Várela.
3 horas: Un avión sobrevuela las fuerzas coloradas destacadas en la zona. Se
efectúan disparos de batería antiaérea. Estas fuerzas vuelan dos puentes de la
ruta a Brandsen.
4.30: Tanques de Magdalena abren fuego en el cruce de Etcheverry y ruta 2 contra
colorados que intentaban cortar su avance. Estos se repliegan sin bajas para
ambos bandos por la ruta a Brandsen.
10.30: La Segunda División de Infantería de La Plata, que responde al comandante
en jefe del Ejercito, general Lorio, toma LS11, Radio Provincia.
12.00: La columna de tanques de Magdalena continúa avanzando fuera de la ruta 2
a campo traviesa.
Al comenzar el día 22 las acciones se concentran en la capital de la república:
Constitución, Parque Chacabuco, Parque Avellaneda son los epicentros donde se
suceden las escaramuzas. Ante versiones que daban como renunciante a Guido, la
Secretaría de Prensa de la Presidencia afirma: "Ante versiones circulantes,
según las cuales el señor Presidente de la Nación habría declinado su cargo, se
las desautoriza categóricamente".
A las 21.45 del día 22 de setiembre de 1962 finaliza el enfrentamiento entre
azules y colorados con la rendición de éstos últimos. El comunicado 149,
propalado a esa hora, anuncia la designación de Juan Carlos Onganía como
comandante en jefe del Ejército. Al día siguiente a las 12 se difundiría el
comunicado 150.
El general Federico Toranzo Montero fue arrestado junto con doce .camaradas,
entre los que se encontraban los generales Lorio, Labayrú, Martijena, Túrolo,
Cornejo Saravia, Bonnecarrere y Elisondo. Ochenta y cinco oficiales superiores
(coroneles o mayores) fueron arrestados en Campo de Mayo y cincuenta y dos en
diferentes guarniciones. Los oficiales subalternos no fueron sancionados.
El triunfo de los azules no sólo aseguraba a Guido en la Presidencia, y de
alguna manera la continuidad institucional, sino que parecía haber terminado con
la injerencia de los sectores militares en la política del país. ¿Sería así?
Fuente: Yo fui testigo (1986)
|
|
|
|
Azules y colorados:
dos máscaras de un mismo
antifaz
La derrota militar de los colorados en los sucesos de setiembre lejos estaba de
suponer una derrota definitiva. En realidad, lo que hizo fue abrir las
compuertas para que la lucha continuara en otro campo: el político.
Los hechos consumados tuvieron como consecuencia inmediata la reestructuración
del gabinete en donde se reflejaron los cambios en la relación de fuerzas. En el
Ministerio del Interior se nombró nuevamente a Rodolfo Martínez y en Relaciones
Exteriores a Carlos M. Muñiz, de la Unión Cívica Radical Intransigente, al igual
que el Presidente de la República.
Señalamos esta última "coincidencia" porque es curioso cómo, en la mayor parte
de los textos sobre la historia argentina en ese período, pasan por alto la
presencia del presidente Guido, quien se tuvo que adaptar, calladamente, a los
cambios ministeriales que resolvían las Fuerzas Armadas.
Era tal la participación de ellas en el ejercicio real del poder que, meses más
tarde, el general Rauch llegó a proponer que el cargo de ministro del Interior
estuviera ocupado, por norma, por un miembro de estas fuerzas. Pero a eso
llegaremos más adelante.
Por ahora nos detendremos en la lucha política que estalló a partir de que los
"azules" garantizaron la continuación de la "legalidad" y la salida electoral
para el 7 de julio de 1963.
Entre tanta mediocridad, Onganía se perfila con brillo propio
Otra de la consecuencias políticas de los acontecimientos de setiembre fue lo
que señala Félix Luna: "La proyección popular de la imagen de Onganía como un
jefe comprometido con el orden y la legalidad y, además, con espíritu de lucha y
valor personal. La opinión pública se sintió impresionada con este soldado de
espesos bigotes y lacónicas palabras que, sin vacilaciones ni tibiezas, había
terminado, en pocos días, con el 'golpismo' y el 'gorilismo' del Ejército. Desde
1945 un militar no despertaba resonancias semejantes en el corazón del pueblo".
Como ejemplo de esta naciente "popularidad" del jefe de los "azules", el
historiador cita aquel estribillo que se popularizó en la hinchada de Boca
Juniors que decía: "¡Melones! ¡Sandías! ¡A Boca no lo paran ni los tanques de
Onganía!"
Una nueva figura entraba a tallar con peso propio desde las filas del Ejército,
pero no era la primera vez que sucedía. En otro color y en otras circunstancias,
Aramburu también había logrado traspasar sus condiciones de líder de las Fuerzas
Armadas al campo político y le toca desempeñar un papel importante en estas
elecciones, en las que logra ubicar a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino) en
tercer lugar con 1.326.855 votos.
Fue una opción ante un radicalismo dividido, anémico, y un peronismo proscripto
y perseguido.
Pero a nadie se le ocurría comparar a Aramburu con Perón, su enemigo acérrimo
-al menos hasta ese momento- si no fuera desde una óptica despolitizada que mide
sólo la injerencia de las Fuerzas Armadas en la estructura de poder en la
Argentina (análisis muy rico que desarrolla bien el sociólogo José Luis Imaz).
La "popularidad" de Onganía en un primer momento se debe a dos razones conexas.
La primera es una característica psicosocial: la necesidad de encontrar líderes
que asuman los valores morales y espirituales de un pueblo.
La destreza, el valor, la fuerza, la capacidad táctica son valores arraigados en
el pueblo, que busca y encuentra sus ídolos fundamentalmente en dos campos: el
deportivo y el militar. En ambos se desencadena una lucha entre dos bandos, lo
que hace fácil tomar la determinación de estar de un lado o del otro, cosa que
no siempre sucede en la realidad, en la que se transita, casi toda la vida, por
los matices.
Además de esta característica común a todos los pueblos -al menos los
occidentales y "cristianos"-, en una sociedad altamente militarizada como la
Argentina, que desde 1943 a 1958 vivió o en una dictadura militar o gobernada
por un líder de ese origen y los otros cuatro años que la separan del momento
que estamos viendo, tuvo un gobierno civil que soportó graves presiones de este
sector, no es raro que parte del pueblo, dirigentes políticos, e inclusive
algunos dirigentes sindicales, pusieran sus ojos en las Fuerzas Armadas como si
fueran una especie de "semillero" donde se podía encontrar con facilidad un
"líder".
La experiencia de Perón, que había logrado el apoyo popular, y que de coronel
"influyente" del Ejército pasó, en poco tiempo, a constituirse en el líder
indiscutido del pueblo argentino, marcaba a fuego la conciencia política y
funcionaba como un modelo interno para mirar la realidad.
Onganía, además, tenía algunas características que lo acercaban a esa imagen;
por ejemplo, su proclamado nacionalismo y su posición contra el golpismo
"gorila" (por eso la comparación de Luna no es tan errada).
Todo esto hizo sembrar expectativas alrededor de su persona como candidato de un
nuevo frente político para estas elecciones, conformado por el viejo pacto
Perón-Frondizi, al que se sumarían los conservadores populares y sectores de las
Fuerzas Armadas, además de otras fuerzas.
En busca de objetivos coincidentes nace a la política el Frente Nacional y
Popular
|
|
Alain Rouquié define este frente como el lugar donde "los militares azules
tenían que ponerse de acuerdo con los peronistas respetuosos, notables locales o
burócratas sindicales, a fin de formar una alianza de grupos políticos y de
clases sociales análoga a la que anhelaban Frigerio y sus acólitos: una
coalición de 'productores' (obreros e industriales) interesados en modernizar el
país con el apoyo de un Ejército resueltamente industrialista", hasta aquí el
texto de Rouquié.
El principal gestor de esta idea, que movió los hilos durante este período desde
el Ministerio del Interior, fue Rodolfo Martínez.
Frondizi y Frigerio vinieron a llamar "productores" a los que Perón, apoyado por
la clase obrera, llamó "una sola clase de hombres: los que trabajan". El interés
era "defenderlos", no "igualarlos" oponiéndolos como unidad frente a la
oligarquía agroexportadora que creía que podía prescindir de los sectores
industriales que tanto conflicto traían al país; una clase ociosa que vive de
rentas y que está aliada al imperialismo por su extrema dependencia del mercado
exterior.
En el Ejército, por un lado crecía el compromiso con la política de defensa
continental delineada desde el Pentágono, por la cual los enemigos estaban,
ahora, de las fronteras para "adentro" y, como lógica contrapartida, los aliados
estaban "afuera", concepción que empezó a delinearse al final de la guerra, en
1945, como señalamos al inicio de este trabajo.
Pero, por otra parte, los mandos cada vez tomaban más conciencia de las
falencias del material bélico que Estados Unidos les "prestaba" por algunos
años, manteniendo, con la propiedad, el derecho a intervenir en las decisiones
para su utilización. Lo que la potencia del Norte vendía a los ejércitos
latinoamericanos era material de desecho, casi inútil, pagado a altos costos. La
falta de modernización hundía más a las Fuerzas Armadas, convirtiéndolas en
meros custodios de los intereses norteamericanos en la región.
Esta situación, alimentó posiciones industrialistas, sobre todo en el Ejército,
e impulsó planes de desarrollo de industrias de base -en especial las vinculadas
con la producción de guerra-, de modernización del Estado y de actualización de
la infraestructura: todo cuanto a usinas hidroeléctricas, puentes y caminos se
refiere.
Había condiciones para que estos sectores del Ejército se sumaran a un proyecto
"industrialista" digitado por el frigerismo con el apoyo popular del general
Perón.
Civiles y militares se pusieron en marcha con el fin de hacer coincidir, en la
práctica política, un plan que, desde afuera, desde el punto de vista de un
observador ajeno a las particulares características de nuestro país, parecería
totalmente descabellado.
El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares
Católicos y ateos, frondicistas, desarrollistas, corporativistas y peronistas,
obreros y burgueses, civiles y militares sumaban fuerzas coordinados por tres
figuras ausentes: Perón desde Madrid, a través de su delegado personal y de una
amplia y bien manejada correspondencia, mantenía casi intacto su poder de
convocatoria. Frondizi, desde su confinación en Bariloche y Rogelio Frigerio -el
"Maquiavelo" de la política desarrollista- que actuaba incansablemente desde su
exilio en Montevideo.
El peronismo había encontrado la fórmula para participar de las elecciones a
través de un pequeño partido, la Unión Popular, fundado en 1955 por el ex
ministro de Perón, Bramuglia, y liderado por Rodolfo Tecera del Franco, que
formaba parte del Consejo Coordinador del Justicialismo.
El Frente Nacional y Popular estaba integrado, por lo tanto, por la UCRI, la
Unión Popular, el Partido Conservador Popular, el Movimiento del Frente
Nacional, el Movimiento por un solo Radicalismo, el Partido Federal y la Unión
Federal.
El problema era encontrar candidato..., pero ésa es otra historia. Antes de que
se empezaron a barajar los nombres, la Marina reaccionó enérgicamente, en
febrero, para que se aplicara a la Unión Popular el decreto nº 7165/62 por el
que se reprimía al peronismo y a toda fuerza o persona que pretendiera su
presentación política.
El gobierno, presionado, emite un comunicado en el que decía: "Las agrupaciones
o sus posibles candidatos o dirigentes que admitiesen nexos de dependencia o
injerencia política del responsable máximo de aquel régimen (se refiere al
peronismo), estarán moralmente inhabilitados y judicialmente excluidos".
Como esto no fue suficiente, la Marina pidió oficialmente, el 18 de marzo, la
prohibición del partido Unidad Popular.
Los azules consideraban que esa era una medida extrema. Esperaban que los
acontecimientos definieran mejor los contenidos de la Unión Popular y veían con
agrado la posibilidad de que el peronismo se integrara a un frente, con lo cual
se captaban los votos "fantasmas", al mismo tiempo que creaban un "colchón" para
que el general exiliado se viera condicionado. Estaban tratando de
"domesticarlo", pero la carta final de Onganía era eliminar al líder quitándole
las bases sociales y políticas que lo sustentaban aquí.
Los otros partidos, la UCR y los conservadores, vieron en esta actitud de la
Marina una excelente arma para librarse de un competidor que llevaría, con
seguridad, la mayoría de los votos.
Entre los obstáculos con que tropezó el frente, ese no era el más importante.
Dentro mismo de sus huestes había serios inconvenientes. El sindicalismo
argentino, desde la ausencia de Perón, había aprendido a caminar solo -aunque
siguiera fiel al peronismo-. Por una parte, crecía el "peronismo sin Perón",
cuyo mejor exponente sería Augusto Timoteo Vandor, dispuesto a negociar con el
poder, aunque éste sea militar y antipopular; el peronismo burócrata, el que
tomó de Perón las banderas de conciliación de clases, que se vendía -y se vende-
al mejor postor como "freno al comunismo".
Por otra parte, el sindicalismo combativo que rescataba del peronismo las
reivindicaciones sociales, la lucha de los trabajadores, la solidaridad obrera,
etcétera, aprendió a foguearse en la oposición y sintió en la marginación del
peronismo de la vida política del país la marginación de la clase obrera de los
beneficios del sistema de producción. Este último sector se expresó en contra de
la política frentista repudiando el comunicado N° 150 y la "política
entreguista" de Frondizi, es decir, repudiando a los aliados de Perón.
La Marina intenta lo suyo con un nuevo golpe militar
|
|
En el frente surge la idea de calmar los ánimos, al menos con los que podían
cortarle el camino a la Presidencia -la Marina y los sectores gorilas de adentro
y de afuera de las Fuerzas Armadas-. Para esto no se les ocurre mejor idea que
ofrecerle la candidatura de vicepresidente a un conocido y acreditado "gorila":
Miguel Ángel Zabala Ortiz. La tarea estuvo a cargo del ministro Martínez, quien
no contó con la astucia de este dirigente que, no sólo no aceptó lo que a todas
luces era una trampa para desarmar a sus correligionarios, sino que,
ofrecimiento en mano, lo denunció a viva voz.
Zabala Ortiz, en una carta abierta, denuncia, además del ofrecimiento, el apoyo
que tenía el frente por parte de las Fuerzas Armadas, como forma de integrar al
peronismo en "pequeñas dosis".
Fue la chispa que hizo estallar la bomba. Peronistas y antiperonistas se alzaron
en una protesta generalizada. El 27 de marzo renuncia Rodolfo Martínez. Onganía
desmiente su vinculación con el frente y su posible candidatura.
El clima estaba creado.
El desconcierto y el escándalo es aprovechado por la Marina que, el 2 de abril
-¿fecha especialmente grata a esta arma?- se subleva transmitiendo por dos
radios ocupadas una virulenta proclama firmada por el general retirado Benjamín
Menéndez.
El ex vicepresidente Isaac Rojas y los almirantes Sánchez Sañudo y Rial fueron
los mentores ideológicos del levantamiento y lo apoyaron grupos civiles de
distinta extracción política.
Tanto Benjamín Menéndez como otro de los almirantes implicados, Jorge Palma,
tenían como "honroso" antecedente, como título certificado de conspicuo "gorilismo"
el haber intentado, muchos años atrás, derrocar a Perón.
Ha estallado la segunda parte de "azules y colorados".
El conflicto se inicia a las 7 de la mañana en la base naval Punta Indio, desde
donde salen tropas de Infantería de Marina hacia la ciudad de La Plata, y
aviones navales atacan repetidas veces, durante toda la mañana, el VIII
Regimiento de Caballería Blindada de Magdalena, destrozando las instalaciones.
Era la revancha a aquellas exitosas maniobras dirigidas por López Aufranc,
durante los sucesos del año anterior.
Ocupan también el V Regimiento de Infantería de Bahía Blanca. Los infantes de
Marina se sublevan en Mar del Plata y un pequeño foco en Buenos Aires. Por
primera vez el ataque es violento y con derramamiento de sangre; se suceden los
primeros atentados a altos mandos "azules", ejecutados por comandos civiles -no
siempre "tan civiles"-. En total se calcula que hubo, durante los episodios que
duraron tres días, 15 muertos y casi cincuenta heridos.
Los tanques de Magdalena y Campo de Mayo salieron a la calle y los efectivos del
Ejército de Palermo y Campo de Mayo limpiaron la Capital Federal. Los "azules"
volvían a triunfar.
El Ejército, al tiempo de encarar las acciones represoras, dio a conocer un
comunicado que llevó el número 151, por el que reafirmaba la continuación del
proyecto instaurado el 23 de setiembre. Llevaba la firma del comandante en jefe
del arma, Juan Carlos Onganía, y anunciaba la represión violenta e inmediata "de
los totalitarios que creen en la dictadura militar como solución nacional e
intentan nuevamente negar al pueblo el derecho a construir su propio futuro".
La Aeronáutica será la que terminará de definir el conflicto con el apoyo del
secretario del arma, brigadier MacLaughin. Sectores internos, como el liderado
por el comandante Lentino, no logran tener peso suficiente.
|
|
Con la capitulación de Puerto Belgrano termina la sublevación. El secretario de
Marina, Derozi, renuncia, y se encarcela a los principales cabecillas, incluido
el ex vicepresidente partidario de la "dictadura de la democracia", almirante
Isaac Rojas.
Vuelve el tiempo político. Un nuevo ministro ocupa la cartera del Interior. Es
el general Rauch, de conocida actuación durante el primer enfrentamiento entre
"azules" y "colorados".
La Unión Popular podrá seguir siendo una opción, pero, ahora, les toca a los
políticos tratar de destruirla por todos los medios.
La vieja consigna ahora se renueva contra el frente, para acabar con el
peronismo
Rojas, Sánchez Sañudo y otros "colorados" apoyan a la Unión Cívica Radical del
Pueblo, que había canalizado, como señalamos en otra parte, los votos
antiperonistas de los sectores medios.
Pero, más que "derrotados", los "colorados" habían sido "absorbidos" por los
"azules".
Como si los hubieran despertado de un largo letargo o se sintieran necesitados
de lavar alguna culpa, los "azules" dan el comunicado nº 200, con el que se
cierra el episodio, que tiene un marcado tono antíperonista.
Por decreto del 10 de abril se extiende la proscripción a todos los que elogien
al "tirano prófugo" y a los que mantengan algún tipo de contacto con él
distribuyendo información, visitándolo o comunicándose de alguna otra forma,
directa o indirecta, los que serán plausibles de prisión o de suspensión de sus
derechos cívicos.
La acción de Rauch en el Ministerio del Interior es congruente con este decreto:
encarcela a la más variada muestra de pensadores y políticos que están
relacionados de alguna forma con el peronismo, el frondizismo o el comunismo.
Caen así, por "antidemocráticos", Ernesto Sabato y Ricardo Rojas, en la misma
bolsa y por. la misma sinrazón.
La UCRI apoya a Rauch, pero éste se extralimita en su afán "anti-frondicista" y
cuestiona a los ministros de esta tendencia que, como dijimos, es la misma que
la del Presidente.
Su "coloradismo interior" le hace proponer, como anunciamos antes, que el
ministro del Interior sea, para siempre, nombrado por las Fuerzas Armadas entre
sus miembros, con lo cual está "legalizando" una forma de poder dictatorial.
El secretario de Guerra, también "azul", el general Rattembach, presiona para
acallar a este hombre y lo logra, aunque le cuesta el puesto a él y a todo el
gabinete. Al parecer, Onganía no estaba del todo en desacuerdo con Rauch. Este
es suplantado por el general Osiris Villegas que mantuvo, sin embargo, la misma
postura antifrentista de su antecesor.
Entretanto, el frente busca su candidato. Intenta primero con un magnate
petrolero, Carlos Pérez Companc, pero, ante la aireada protesta de las bases
obreras, se descalifica la fórmula desde Madrid (uno de los que se opuso fue el
entonces "fiel" peronista Augusto Vandor, que viajó de inmediato a ver al
general).
Finalmente, el líder exiliado elige su candidato: un hombre de trayectoria
política coherente, aunque silenciosa, que fue leal aliado de Peron: Vicente
Solano Lima. El vicepresidente de la fórmula será Carlos Sylvestre Begnys.
Al poco carisma de los candidatos se sumó la deserción de Oscar Alende, que se
presentaba con fórmula propia.
Así las cosas, se acercan las elecciones. Pocos días antes, los "azules", en
plena ruptura con el frente, establecen la legalidad de los decretos que
reprimen al peronismo y, para sorpresa de todos, el día antes Perón y Frondizi
dan la orden de votar en blanco.
|
|
¿Qué había sucedido? ¿Onganía había descubierto en este frente una maniobra de
Perón para forzar a las Fuerzas Armadas a aceptar su retomo a la presidencia? Lo
cierto es que los "azules" empiezan a volverse "colorados". El defensor de la
"legalidad" empieza a pensar en el golpe. Los que combatieron "la dictadura de
la democracia" abrieron el camino democrático para llegar a la dictadura.
Los "azules" no pueden renegar de su pasado y cambian de color
Como señalamos antes, el proyecto político de Onganía para las elecciones de
1963 había fracasado. Su opositor, Illia, asumía el gobierno con el beneplácito
de los "colorados" ya que, aunque en su discurso, y luego en su accionar,
tuviera un toque "antiimperialista" que podía molestar a los amigos
norteamericanos, tenía todas las garantías de antiperonismo que podían
solicitarse a un candidato y, al mismo tiempo, su imagen era potable para las
masas populares. Es probable que en ese momento haya surgido en el comandante en
jefe del Ejército la idea de asumir el poder en forma dictatorial: exactamente
lo contrario de lo que había pregonado y por lo cual había expuesto su honor y
su persona... y la de sus subordinados.
La elaboración que va a tener el Estatuto de la Revolución Argentina y las
alianzas políticas que anticipan su acceso a la primera magistratura, hacen
pensar que así fue. No es un acto improvisado. Más bien da la impresión de que
la única función de Illia fue la de dar tiempo a los mandos militares a elaborar
un plan de acción para derrocarlo. Su suerte estaba echada desde el primer día y
la frialdad que reinó durante todo el período entre ambos no fue más que un
augurio.
La debilidad del gobierno democrático fue sólo una excusa. Aunque, en efecto,
Illia asume con sólo el 25 % de los votos y los opositores erradicados del
panorama político -Perón exiliado y Frondizi preso-, no son razones suficientes
para justificar el golpe. Aunque, ¿hay alguna razón "suficiente"? ¿Hay alguna
razón para "justificar" la proscripción y el encarcelamiento de enemigos
políticos?
La campaña de descrédito del Presidente se desata sobre la perspectiva de este
golpe anunciado que se parece al libro de García Márquez "Crónica de una muerte
anunciada": todos sabían qué iba a suceder y nadie pudo evitarlo.
Entre las principales usinas "golpistas" se encuentra la revista "Primera
Plana", desde cuyas editoriales el joven abogado que redactó el famoso
comunicado Nº 150, Mariano Grondona, habla de la "tierra prometida" y del "mesías",
y pide a gritos la intervención de las FF.AA.:
"El Ejército tiene que tomar partido en lo que ocurre en el país porque siempre
lo ha hecho".
El sindicalismo moderado, dispuesto al pacto del cual hablamos antes, encabezado
por el dirigente metalúrgico Augusto T. Vandor, ve la oportunidad de separarse
del paternalista líder exiliado. Intenta su primera prueba en las elecciones de
Mendoza, en 1965, donde fracasa. Pero tiende sus redes hacia todos los costados,
inclusive hacia los cuarteles. Esta no es la única experiencia en el movimiento
obrero. El plan de lucha que lanza la CGT será un factor determinante en la
conciencia de las propias fuerzas que adquiere la clase obrera.
Se acerca la definición. La intervención de Estados Unidos en Santo Domingo pone
al Presidente en un serio aprieto: por una parte, como jefe de Estado de un
gobierno democrático, debe defender la no intervención de las fuerzas
norteamericanas en un país soberano; por otro lado, el Ejército clama por la
participación activa en el conflicto.
Se pone a prueba en los hechos la doctrina expresada por Onganía en agosto de
1964, durante la celebración de la V Reunión de Comandantes de Ejércitos
Americanos en West Point.
La doctrina de West Point abre las compuertas que nos llevarán al genocidio
El discurso que Onganía pronuncia en esta oportunidad es de tal organicidad que
quedó para la historia como la doctrina de West Point o la doctrina de Onganía,
y se considera el primer antecedente de la llamada "Doctrina de la Seguridad
Nacional", en nombre de la cual se produjo, en Argentina, el peor genocidio de
su historia, a partir de 1976.
|
"Una versión
probablemente más precisa de lo que ocurrió en la reunión de Olivos
fue publicada unas semanas después por el propio Cornejo Saravia. En
una carta abierta a la prensa describió el acuerdo logrado con el
General Onganía como sigue: que por parte de los Colorados, él
renunciaría a la Secretaría de Guerra, los Generales Lorio y Labayrú
quedaría fuera de actividad y se tomarían medidas apropiadas contra
otros oficiales superiores; que por parte del bando Azul, los
oficiales superiores responsables de la rebelión, empezando por el
general Onganía, serían relevados del cargo y retirados. En su carta
abierta, Cornejo Saravia se quejaba de que el comunicado oficial
había omitido esta parte del acuerdo. Por otra parte, sostenía, él y
el general Onganía habían acordado también ordenar a sus fuerzas
respectivas que no abrieran fuego, que no llevaran a cabo
operaciones y que permanecieran en el sitio donde se encontraban
durante la noche previa a su regreso a los cuarteles, el día
siguiente. Pero, se quejaba, sólo sus tropas obedecieron, mientras
que las del otro bando emplearon el tiempo para mejorar sus
posiciones. |
Miguel Ángel Scenna la resume así: "Acatamiento de la Constitución,
apoliticismo, defensa de la soberanía... Todos estos eran objetivos del
Ejército, pero también el arma debía cooperar con el poder civil en el
desarrollo de la Nación como un ente activo y dinámico al que no se podía radiar
o pasar por alto. Y tras reclamar esa participación (Onganía) puso un límite a
la obediencia que el Ejército debe al poder civil: si éste es desbordado por
extremismos foráneos, si su falta de autoridad abre paso a la violencia o si
atentara contra la libertad o los derechos de los ciudadanos. En esos casos, el
Ejército debía intervenir". Y agrega más adelante:
"De las tres posibilidades en que el Ejército se reservaba el derecho de
intervenir, dos estaban claramente dirigidas al gobierno radical: la de ser
sobrepasado por hechos que no pudiera dominar, sea por infiltración marxista o
por desarrollo de la violencia a través de la subversión. El tercer caso
-atentado a las libertades y derechos- estaba reservado indudablemente al
peronismo", y a toda fuerza política que pudiera salirse de los marcos de la
democracia liberal burguesa, así como se la definió en nuestro país a principios
de siglo.
Al mismo tiempo que elabora esta teoría que justifica su ascenso al poder, los
cursillistas católicos elaboran un proyecto de "nación", en el que el
nacionalismo se toma del brazo del catolicismo y la sociedad aparece como una
interrelación de sectores o grupos de poder que pueden coexistir pacíficamente
dentro de un esquema integrador que no permita que ninguno de ellos se
extralimite abusando de los derechos de los demás, es decir, el liberalismo
político aplicado a las clases sociales en una teoría que tiene nombre concreto:
corporativismo.
Así, cuando en junio de 1966 Onganía asume en nombre de la autodenominada -no
sin pretensiones- "Revolución Argentina", hay un proyecto sólido que hace
suponer, aunque no se hable de fechas, que va a sobrevivir durante un largo
plazo.
Como pasó con Uriburu primero y con Lonardi después, ese proyecto cristiano
corporativista, tan caro a los militares, no hace más que dejar paso al
liberalismo económico más descamado.
La hora de la desilusión y un modelo nuevo de dictadura
Los sindicalistas neoperonistas, los políticos y nacionalistas que tuvieron
alguna expectativa se desilusionan cuando, el 1 de enero de 1967, asume el
Ministerio de Economía un conocido liberal monetarista, Adalberto Krieger Vasena,
y en el Ministerio del Interior lo acompaña en el proyecto el conocido
antíperonista Borda. Alsogaray abre las puertas a la penetración de capitales
extranjeros y promueve el endeudamiento desde su puesto de embajador en
Washington. El plan estaba trazado.
Las dos piernas en las que, de aquí en más, se apoyarán todas las dictaduras
antipopulares y proimperialistas estaban firmes en sus puestos: la política
económica liberal -que tan bien retomara Martínez de Hoz años después- y la
represión popular de la que sobran ejemplos.
Cuanto más se consolida y endurece el plan imperialista, más fuerte será la reacción popular que llevará, como señalamos, a la creación de la CGT de los Argentinos, el surgimiento de importantes dirigentes de izquierda, la radicalización del estudiantado, la violencia popular generalizada en la calle (como el "Cordobazo" y el "Viborazo", etc.) y la formación de las organizaciones armadas guerrilleras.
En 1967 moría el Che Guevara en Bolivia, los ejércitos latinoamericanos se
reunían en la capital de este país hermano para elaborar una estrategia
antisubversiva, pero la rebelión estaba en la calle y estallaría no sólo en
Argentina, sino en casi toda América latina.
Algo había cambiado a nivel internacional desde Frondizi a Onganía. Cuando el
primero abrió las puertas para el ingreso de capitales extranjeros, éstos
estaban dispuestos a hacer inversiones; en cambio, cuando Onganía hizo lo mismo,
se encontró con que los capitales ya no invertían: o compraban industrias que
estuvieran produciendo con buenas y comprobadas ganancias o prestaban el dinero
con un interés suficiente como para obtener un buen rédito sin riesgos. Ya nadie
quería arriesgar y menos en países de inestabilidad política. Una nueva forma de
dominación surgía en el mundo a través del fácil endeudamiento.
Con las bases que señalamos antes: la represión que se demostró en la noche de
los bastones largos -que acabó con la autonomía universitaria-, la intervención
de los sindicatos y la persecución ideológica a través de un instrumento legal:
la ley de acción contra el comunismo, por un lado, y la política económica
liberal y monetarista por otro, la Argentina entraba de lleno en el circuito de
la dependencia.
Algo más aún que nos ayudará a entender a Onganía como antecesor preclaro del
proceso y el genocidio: la utilización de esos créditos externos fue, en parte,
la construcción de una infraestructura que necesitaba el Ejército como base
propia de autonomía: redes viales, represas hidroeléctricas, desarrollo de
energía nuclear, etcétera, que también eran requisitos que exigían, ahora, los
capitales para instalarse en el país. Pero, por otra parte, estos créditos
también serán para la compra de armas con el "Plan Europa". Las Fuerzas Armadas,
como dijimos, sabían que estaban cumpliendo bien su nueva misión -fronteras
adentro- como para soportar la ofensa de que Estados Unidos les venda armas de
mala calidad o se reserve el derecho a la propiedad de las mismas. Ahora -y
después- en el poder salen a comprarlas en los mercados libres internacionales.
Su propia contradicción con el imperialismo -que estallaría en Malvinas, en
1982-, se empieza a plantear.
Una reflexión final para asumir la esperanza
Por último, a modo de reflexión, cabe señalar que en América latina parece
cumplirse una vieja teoría llamada "de los espejos". Esta dice que en el nuevo
continente se dan todos los procesos que suceden en el mundo desarrollado, pero
a la inversa: como en un espejo.
El liberalismo, que en Europa rompió con el feudalismo es, en la América latina,
la fuerza retardataria que nos vincula con el poder imperial.
El nacionalismo, ligado al corporativismo que en Europa fue represivo y provocó
uno de los genocidos más grandes de la historia, aquí representa, encamado en
los líderes antiimperialistas y populares, una propuesta progresista y de
avanzada.
La masacre que allí fue del brazo de los líderes nacionalistas aquí vino de la
mano de los más acérrimos liberales. Así es la historia. Al menos la nuestra.
¿Qué es lo que importa?: asumirla con sus características propias, sin fantasmas
ni modelos extranjeros que no nos sirven.
Fuente: Yo fui testigo (1986)

La crisis política del Ejercito Argentino
Fuente: Comando Tecnológico Peronista (C.T.P) en Primera Plana N° 485, 16 de
mayo de 1972.
“Pienso que, así como no nace el hombre que escapa a su destino, no debiera
nacer quien no tenga una causa noble por la cual luchar, para justificar su paso
por la vida. Muchos grandes hombres pasan inadvertidamente por su existencia
porque han carecido de esa causa y muchos hombres comunes llegan a sobresalir
como verdaderos héroes porque la tuvieron. San Martín fue grande porque fue el
hombre de una causa: la independencia de su Patria, y Napoleón, si no hubiera
sido por la Revolución Francesa y su empeño en servirla, hubiera muerto como
capitán de Artillería retirado.” (General Perón – Carta a un oficial, del 5 de
noviembre de 1970)
A – Antecedentes históricos
1.- Desde el momento en que la guerra es la continuación de la política por
medios militares, toda concepción general de un Estado determina una concepción
particular del Ejército correspondiente.
2.- Ese origen político del Ejército no sólo lo enmarca en un contexto
socioeconómico, sino también lo caracteriza específicamente, señalándole
aliados, enemigos, hipótesis de conflictos, organización, despliegue
territorial, doctrina de guerra y mentalidad.
3.- Nuestro país, en su desarrollo institucional, ha pasado por diversas etapas
jurídicas del Estado y del Ejército, y así tuvimos diferentes tipos de Ejército
y dentro de cada uno de ellos, distintas líneas con referencia a la cuestión
nacional.
1. El Ejército Libertador (1810 a 1830). Es el Ejército con que San Martín
culminará en Guayaquil la gesta de nuestra primera independencia. Pero también
es el que con Lavalle –después de la guerra contra el imperio del Brasil-
desatará el período de la primera anarquía.
2. El Ejército Federal (1830 a 1860). Es el Ejército con que Rosas y los
heroicos caudillos del interior harán la guerra de resistencia contra la
penetración imperialista de Francia e Inglaterra. Pero es también el que con
Urquiza servirá finalmente a la política de las metrópolis de ultramar.
3. El Ejército Central (1860 a 1900). Es el Ejército con que Mitre y Roca
unificarán al país, venciendo las últimas reservas provinciales, para ponerlo
así en bloque al servicio de intereses británicos. Pero es también el que con
Riccheri y al entrar en contradicción con las fuerzas sociales representadas por
el radicalismo, echará las bases para la organización del Ejército actual.
4. El Ejército Profesional (desde 1900). Es el Ejército que posibilita la
asunción de Yrigoyen y del que surge Perón. Pero es también el de Justo y
Aramburu; el que hoy institucionaliza con violencia un segundo período de
anarquía, cambiando a discreción los Gobiernos con el trasfondo de una lucha
palaciega y facciosa.
4.- Por todo ello, la transformación estructural del Ejército Argentino no se
plantea hoy –en que todo un sistema agoniza-, ni por primera vez, ni como algo
desconectado de una realidad histórica.
5.- Una revolución nacional y social es un hecho total y colectivo. Nada ni
nadie le asumirá sin hacer su propia revolución interna y mucho menos el
Ejército, que –según se sabe- es el instrumento final con que se ejecuta toda
una práctica política.
B – Una sociedad en crisis es una sociedad militarizada
6.- Una sociedad en crisis se militariza. El deterioro de las estructuras
políticas, económicas, sociales y culturales que la vertebran revierte el
proceso de institucionalización que ayer fue construido desde la fuerza hasta el
derecho. Hoy el derecho cede paso a la fuerza ya que, obviamente, un país en
crisis es siempre un país en guerra.
7.- Más allá de la anécdota, éste es el sentido objetivo de la instauración del
golpe militar como hecho político y de la concentración de los poderes
constituyente, electoral, ejecutivo y legislativo en manos del Ejército.
8.- Porque una sociedad en crisis es también una sociedad unitaria, donde nada
debe escapar al control central, ya que no quedan márgenes de maniobra para
simulaciones “democráticas”.
9.- Así se incluye en la cúspide hasta el poder judicial (para los casos de
“emergencia”) y se ejerce hasta el poder de conciencia (que se suma a las
facultades extraordinarias de los servicios de “inteligencia”).
C – Significado histórico-político del golpe militar
10.- Las Fuerzas Armadas han influido siempre el proceso político del país,
cuanto menos en forma potencial o sea como factor básico de poder y
especialmente dentro de la concepción liberal, donde, por su especial
conformación, el Ejército constituye de hecho un Estado dentro del Estado.
11.- Por consiguiente el golpe ha sido una metodología constante a partir del 25
de Mayo de 1810, fecha en que se pronuncia políticamente y en forma “salvadora”,
el Ejército nacido militarmente al calor de la lucha popular contra las
Invasiones Inglesas.
12.- Es por ello que una conclusión sobre el significado histórico-político del
golpe militar en la Argentina se debe realizar en dos partes principales, a
saber:
1. Un análisis cuantitativo, a los efectos de determinar la frecuencia de la
crisis político-militar y la secuela de reformas introducidas en la estructura
del poder.
2. Un análisis cualitativo, a fin de prever la transformación estructural del
Ejército, o sea su nueva concepción política.
D – Frecuencia del golpe militar
13.- Una cosa que llama la atención hasta del observador más indiferente es el
notable aumento de la frecuencia con que se han dado los actos de fuerza que
quebraron la normalidad jurídico-institucional del Estado, aun cuando ésta no
fuese –en muchos casos- nada más que formal.
14.- En efecto, si vemos los hechos que implicaron concretamente el relevo del
titular del Poder Ejecutivo Nacional (con exclusión de experiencias fugaces) y a
partir de 1916 (año en que al asumir el primer Presidente elegido sin fraude, se
daba por inaugurada una nueva República), tales períodos se han reducido
progresivamente según la siguiente escala:
1. Hasta 1930 (caída de Yrigoyen): 14 años.
2. Hasta 1943 (caída de Castillo): 13 años.
3. Hasta 1955 (caída de Perón): 12 años.
4. Hasta 1962 (caída de Frondizi): 7 años.
5. Hasta 1966 (caída de Illia): 4 años.
6. Hasta 1970 (caída de Onganía): 4 años.
7. Hasta 1971 (caída de Levingston): menos de un año.
15.- En principio, es sumamente sugerente la tendencia a la aceleración de la
crisis, especialmente a partir del derrocamiento de Perón –último mandatario de
sufragio libre-, ya que ocho jefes de Estado (Lonardi, Aramburu, Frondizi,
Guido, Illia, Onganía, Levingston, Lanusse) apenas alcanzan el promedio de dos
años cada uno.
16.- Y no hay que soslayar esta conclusión, numérica, máxime cuando es sabido
que un gran aumento cuantitativo es siempre preanuncio de un salto de calidad en
el desarrollo del proceso histórico.
E – Clave de las reformas en la estructura del poder
17.- Un Estado Militar político-policial usado en reemplazo de un Estado
partidocrático demoliberal, cuesta mucho. En él se gasta hasta la propia fuerza
militar –última razón y última fuerza-, que, empeñada, sin intermediarios, en la
acción política, termina por alojar inexorablemente la conmoción social en su
propio seno, cada vez más rápido y con mayor virulencia.
18.- Es esta cotidianeidad de la crisis lo que explica las últimas reformas
orgánicas, que se han introducido en el esquema del poder político militar y que
pasaron desapercibidas para muchos observadores, en medio de una gran
concentración de poder político en manos de la dictadura militar.
19.- La primera reforma fue la supresión total del cargo de secretario de
Guerra. Efectivamente, a partir de la asunción de Onganía se anuló este puesto,
cuya función tradicional era obrar de puente entre el poder militar (del Comando
en Jefe) y el poder civil (del presidente de la Nación). La gran cantidad de
planteos a que dio origen –recuérdese como ejemplo los años de Frondizi- hizo
necesaria esta modificación.
20.- La última es la supresión de hecho del cargo de presidente de la Nación. A
partir de la asunción de Lanusse –quien lo hace como presidente de la Junta de
Comandantes- se eliminó prácticamente el escalón presidencial, que en su última
versión (Levingston) era la mediación colocada por las FF.AA. ante el país, o
sea entre ellas y los problemas públicos.
21.- Eliminados estos fusibles con la finalidad de superar una situación de
cortocircuito permanente, en realidad, lo que se ha hecho –dialécticamente- es
poner en trance de quemar ahora a toda la instalación en su conjunto y con ella
hasta los enseres más valiosos.
22.- Consecuentemente, toda crisis se hará sentir hoy –que no hay presidente ni
ministro- a nivel de los comandos subordinados, lo cual significará quebrar
profundamente la tan mentada “verticalidad de los mandos”, principio que en
parte se habría salvado en los tres últimos relevos presidenciales, hechos
–increíblemente- sin disparar un solo tiro. Ni siquiera del regimiento escolta
presidencial.
F – El punto de referencia de la situación actual
23.- 1955 sigue siendo el punto de referencia para entender la situación actual
del Ejército, pues en ese año se pasaron a retiro una gran cantidad de oficiales
peronistas, purga complementada en 1956, con motivo del pronunciamiento
encabezado por el general Valle.
24.- Debido a ello la casi totalidad de los oficiales recibidos con anterioridad
a esa fecha y que forman hoy los cuadros activos en las jerarquías de mayor a
general, se consideran a sí mismos protagonistas y coautores de la situación
política actual.
25.- En sentido inverso, los oficiales que se recibieron después de 1955 no se
sienten –al menos en su fuero íntimo- como responsables del estado lamentable en
que se encuentra el país.
26.- Actualmente esas promociones, que van desde el grado de subteniente hasta
el de capitán (sin pecar de esquematismo), unen al factor juventud, siempre más
sensible a las conmociones económico-sociales, la circunstancia político-militar
que representa el no haber participado personalmente de la contrarrevolución
oligárquico-liberal.
G – Los últimos episodios internos
27.- En 1963, luego de los enfrentamientos entre azules y colorados, Onganía
produjo una importante purga en las filas del Ejército, hecho que le permitió
llegar con una fuerza militar “cohesionada” hasta 1969.
28.- A partir de ese año, que junto con la existencia de una gran crisis general
económica y social marca la aparición casi simultánea de las grandes rebeliones
populares, como las de Córdoba y Rosario, y de las primeras formas de la
guerrilla urbana, las fisuras internas en el Ejército recrudecieron con extrema
violencia, siendo suficiente recordar para confirmar esta circunstancia los
siguientes hechos:
1. Los dos intentos golpistas del general Labanca.
2. El caso de los tenientes del Colegio Militar.
3. Los incidentes producidos por un grupo de oficiales “nacionalistas” en el
Regimiento de Infantería de La Plata.
4. El relevo de los siete coroneles “desarrollistas”.
5. Los arrestos de los generales Cándido López y Guglialmelli.
6. Finalmente, el golpe del 8 de octubre en Azul y Olavarría, que al menos tuvo
el “mérito” de haber sacado las tropas a la calle.
29.- Aunque ideológicamente, estos intentos expresan distintas concepciones,
políticamente señalan un mismo hecho: la crisis del Ejército liberal y
profesionalista, crisis que, aun con sus propias características –un tanto
disimuladas- y aun con su propio ritmo –un tanto retrasado-, seguirá el mismo
desarrollo que los otros campos de la sociedad argentina.
30.- El ciclo es irreversible. Después de 1955 se quebraron las bases económicas
de nuestra sociedad por el regreso a la dependencia neocolonial. Se quebraron,
en consecuencia, los compartimentos sociales, cuyo ejemplo más notorio lo
constituye la nacionalización y peronización progresiva de la clase media y de
los sectores intelectuales y profesionales que hasta entonces habían servido a
la oligarquía. Ahora, en la culminación del proceso, le toca el turno definitivo
al Ejército.
31.- En ese sentido puede afirmarse sin temor a error que el frustrado golpe del
8 de octubre ha sido engañosamente calificado de “fascista”, tanto por el
gobierno como por la partidocracia y la izquierda liberal.
32.- Este rápido etiquetamiento sobre modelos extraños a nuestra realidad impide
reconocer las verdaderas contradicciones que operan en el seno del Ejército y
muy especialmente la existencia de una tendencia embrionariamente
revolucionaria, que se da entre los oficiales subalternos.
H – Los golpes posibles
33.- La aceleración de la crisis del poder político y la identificación total de
éste con el poder militar, ya sin simulaciones ni intermediarios, otorga
fundamento objetivo al cúmulo de versiones que dan como inminente un nuevo golpe
militar. Aunque el tiempo transcurre más lentamente para la historia, tal
inminencia es siempre posible.
34.- Efectivamente, la acumulación de errores de arrastre dejan chicas a todas
las reformas parciales realizadas para subsistir y marcan la necesidad de un
cambio profundo, hecho temido por la superioridad, pues puede implicar
literalmente la “devaluación” política del grado de general.
35.- Dicho de otro modo, el Ejército, última reserva del sistema, al ser
utilizado como partido político armado, está siendo desgastado por la crisis
general política, económica y social, lo que agudiza las diferencias entre las
líneas interiores que evidentemente se verifican en su seno.
36.- La agudización de la actual situación lo podría arrastrar a cualquiera de
estos nuevos y posibles golpes:
Variantes continuistas
· Con Lanusse (Proscripción de Perón).
· Sin Lanusse (Golpe ultraliberal).
Sin embargo, la situación mundial del imperialismo, la situación continental y
la crisis argentina, así como el estado de conciencia del pueblo (especialmente
del MNJ) hacen incierta, si no la posibilidad de una variante continuista, al
menos su consolidación.
Variantes “Populista” o “Nacionalista”
· Con promesa de Elecciones (en 1972)
· Sin promesa de Elecciones (“Revolución Nacional”).
En tanto esta variante intenta, fundamentalmente, “salvar el honor del Ejército”
deteriorado por el incumplimiento de los objetivos revolucionarios (“REVOLUCIÓN
ARGENTINA”) o los objetivos de institucionalización sin proscripción señalados
por el liberalismo (GAN), el golpe se plantea centrado en la situación política
del Ejército y no en la situación política del país. De allí que los componentes
de esta posibilidad sean políticamente heterogéneos y sólo unificados por bases
mínimas de nacionalismo y apertura popular, que sirven de excusa para enfrentar
al enemigo interno (sector liberal) y no para conseguir un consenso
verdaderamente nacional y popular. (Perón y el Peronismo.)
Asimismo, es correcto señalar que esta variante implicaría la lucha directa
entre dos fracciones del Ejército –al modo de azules y colorados- y es fácil
predecir que tal lucha podría alcanzar un contenido inédito al darse en un
contexto popular que, por su mayor grado de organización y movilización, es
distinto al de los años 1962/3.
I – El antigolpe
37.- Entre la posiciones liberal o “nacionalista”, que con sus respectivos
matices metodológicos explicitarían las ideologías dominantes a nivel de
oficiales superiores, se debe reconocer una “tercera posición”, representada por
la proclividad en el seno de la oficialidad joven para entender y comprender el
proceso profundamente nacional y liberador de la Revolución Justicialista.
38.- Precisamente, del desarrollo cualitativo y cuantitativo de este sector de
oficiales, ubicados de hecho en la retaguardia del poder militar y en la línea
álgida de su reserva generacional, dependerá que se produzcan meros golpes, o
que, por el contrario, se cuente con una fuerza objetivamente aliada para un
proceso revolucionario de restitución de la soberanía popular por cualquier vía
(cruenta o incruenta).
39.- Por supuesto que tal favorable posibilidad depende del desarrollo de la
conciencia política de dichos oficiales que deben repudiar el paternalismo y el
elitismo militar, lo que implica –en lo táctico- el dejar expresar libremente al
pueblo en las urnas o en las calles y –en lo estratégico- transformar
revolucionariamente al Ejército para que acompañe ese proceso histórico nacional
y social.
40.- Dicho de otro modo: la Argentina actual, por el desarrollo de sus factores
geopolíticos y el nivel de la conciencia revolucionaria de su movimiento de
masas, no es campo para el foquismo militar del Ejército profesional.
41.- Por lo demás, el pueblo sabe demasiado bien, y por experiencia sufrida en
carne propia, que todo golpe es por construcción una tentativa elitista que
tarde o temprano gira invariablemente hacia la oligarquía y los monopolios.
J – Hipótesis para el futuro
42.- La situación política actual en la Argentina se caracteriza por una
profunda y acelerada crisis general y por la mayor y progresiva concentración de
poder político en las manos del general Perón.
43.- Ante tal circunstancia no es descartable una mayor audacia en los planteos
negociadores de Lanusse y recíprocamente, el intento de desconocer el contenido
de esa negociación por una parte del Ejército, en la medida que la misma se
salga del libreto impuesto por “el poder detrás del trono”.
44.- En ese sentido, podría concretarse desde ya la intención de retrotraer la
situación al “modelo tipo Onganía”, volviendo a diferenciar la presidencia de la
Nación de la comandancia en jefe del Ejército con el remanido slogan de “las
FF.AA. no gobiernan ni cogobiernan”.
45.- De producirse tal reversión en el proceso, debe ser considerada como un
paso preparatorio para el golpe liberal que trataría de interrumpir, postergar o
distorsionar el proceso de institucionalización del país.
46.- Finalmente, cabe destacar que tal pérfido y brutal arriamiento de las
banderas del GAN, al agotar las instancias incruentas de la lucha política nos
llevaría a la continuación militar de esa misma lucha en el marco de una guerra
civil.
K – La guerra posible
47.- La guerra tiene la virtud de polarizar a todas las fuerzas intervinientes
en dos bloques. Las conflagraciones mundiales son un ejemplo de cómo se dejan de
lado muchas diferencias en el trance de enfrentar a un enemigo poderoso.
48.- Aquí también, en la hipótesis de una guerra civil –no por indeseada menos
probable- se van a formar dos frentes: el frente del pueblo y el del antipueblo.
Nadie podrá permanecer al margen: estará en la trinchera del peronismo o en la
del antiperonismo.
49.- Ése es el sentido estratégico de la última iniciativa política del general
Perón: enfrentar al “Partido Militar de la Dependencia Colonial” con el “Frente
Cívico de Liberación Nacional”, a fin de dar una batalla frontal y decisiva
contra la oligarquía y el imperialismo.
50.- Y éste será el momento de la muerte misma de la compartimentación, el
elitismo o la indiferencia militar profesionalista y la quiebra definitiva de un
Ejército concebido al modo liberal.
51.- Ante esa disyuntiva, es predecible que sectores de oficiales cada vez más
importantes, al comprobar el fracaso total que a lo largo de 16 años han tenido
los intentos de integrar al sistema un peronismo ideológicamente castrado y
políticamente descabezado, se sumen sinceramente a la causa popular.
52.- Por otro lado, el movimiento nacional de masas, que tiene hoy una clara
exigencia: el regreso a la Patria de su creador y único líder, el general Perón,
está dispuesto a recorrer –si fuera necesario- el camino obligado de una guerra
revolucionaria.
53.- La enseñanza está a la vista: 600.000 norteamericanos en Vietnam y 800.000
franceses en Argelia peleando en países de campesinos contra una población
equivalente a la mitad de la nuestra, nada pudieron contra una guerra popular
revolucionaria.
54.- Para reproducir aquí aquellas proporciones de fuerzas, habría que
sobrepasar el millón de soldados extranjeros a cambio de los 80.000 conscriptos
argentinos que, en última instancia, son de extracción estudiantil y obrera. La
diferencia es demasiado elocuente.
L – Conclusión
55.- Cuando un Ejército en funciones políticas de fuerza de ocupación tiene la
“mala suerte” de ser nativo participa de las contradicciones de la sociedad a la
cual reprime.
56.- Por eso se dice que ningún Ejército es más fuerte que la base social que lo
compone, ni sirve indefinidamente como fuerza de ocupación de su propio país.
57.- Es precisamente esta enseñanza política y militar la que debería inducir
hoy al Ejército Argentino a convocar a elecciones generales, directas y libres,
sin proscripciones ni condicionamientos de ninguna especie y entregar el poder a
quien fuere elegido en el término del presente año 1972.
58.- En caso contrario, cargará con la grave responsabilidad de precipitar al
país en la guerra civil y demostrará –siempre a la luz de la misma experiencia
histórica- que no sólo no sirve como partido político, sino tampoco como
Ejército.
59.- Por lo demás, no hay ejemplo en la historia del mundo de que el Ejército
nativo de una colonia no haya participado, al menos en parte, en la sagrada
lucha por la liberación.
60.- Este es el sentido unívoco de la cita del general Perón con que iniciamos
el presente informe. El hombre de armas para alcanzar un justificativo histórico
debe consubstanciarse profundamente con un ideal noblemente político, patriótico
y popular.
Comando Tecnológico Peronista (C.T.P)
Fuente: www.elhistoriador.com.ar
|
|