Azules y colorados fueron dos facciones que comenzaron a gestarse en el seno del Ejército luego del golpe de Estado hacia el gobierno peronista en 1955, los nombres provienen de la terminología militar. Los azules se definían realistas y "prefesionalistas" en cuanto al rol de las FFAA, no desconocían que el peronismo era parte integrante de la realidad política y que debía ser asimilado democráticamente. Los colorados identificaban al movimiento peronista como "pro comunista" y abogaban por erradicarlo por completo de la escena nacional. Ambas facciones se reconocían, en el marco de la doctrina de la seguridad nacional, como católicas, nacionalistas y profundamente anticomunistas.

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El otro 2 de abril: la batalla en el Ejército entre Azules y Colorados

Feroz enfrentamiento durante el gobierno de Guido

Fue en 1963, duró tres días, y terminó con 24 muertos y 87 heridos. Ganó el sector azul, "legalista", que tres años más tarde derrocaría al radical Illia.

Por Guido Braslavsky

La convulsionada y anárquica década del 60 vio nacer dos facciones en las Fuerzas Armadas. Azules y Colorados se enfrentaron duramente en 1962 y 1963, llegando al derramamiento de sangre. El último choque, que dejó 24 muertos y 87 heridos, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. En tres días los Azules se impusieron, lo que dio paso a purgas masivas en el Ejército y la Armada.

Es el otro 2 de abril, el de 1963. Ese día amaneció espléndido, propicio al plan de los conjurados, que pretendían ungir presidente a un conspirador veterano, el general retirado Benjamín Menéndez, "comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias de Aire, Mar y Tierra". El almirante Rojas estaba entre los complotados.

La Armada se sumó casi en pleno a la sublevación. En el Ejército, los rebeldes contrarios a la cúpula azul, encabezados por el general retirado Federico Toranzo Montero, lograron controlar algunas unidades del interior, mientras que en la Fuerza Aérea no pudo imponerse el sector minoritario del comodoro Lentino.

Para comprender esta pelea hay que retroceder a 1955, a la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Perón y proscribió su movimiento. En 1958, Arturo Frondizi pactó y ganó las elecciones con los votos del líder exiliado. Los militares no se lo perdonaron, y menos que recibiera en secreto al Che Guevara en agosto de 1961. Frondizi fue derrocado ocho meses después y en su lugar asumió el senador Guido, condicionado por el "Partido Militar".

Antiperonista, anticomunista y alentado por un puñado de conspiradores ambiciosos, "el Partido Militar, en contacto con el oxígeno político se oxidó rápidamente y como todo partido argentino que respete la tradición, se dividió en dos. Así nacieron los azules y colorados", escribió un testigo de la época, el periodista Rogelio García Lupo.

Tenían contrastes: eran "antiperonistas pero en distinta forma", según el historiador Alain Rouquié. Para los colorados, el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión.

Los azules ("fuerzas propias" en lenguaje militar) nacieron como tales en setiembre de 1962 y llamaron "colorados" (los "enemigos") a sus rivales. Mediante la acción psicológica y el comunicado 150 que redactó Mariano Grondona se vendieron como "legalistas" y, tras cuatro días de escaramuzas, encumbraron a Juan Carlos Onganía como jefe del Ejército.

El gobierno de Guido, con apoyo de los militares azules, avanzaba en su estrategia de integrar al peronismo en la vida política, pero sin Perón. Los colorados esperaban una oportunidad para tomar el poder.

El día elegido fue ese 2 de abril. El combate más grave involucró al Regimiento 8 de Tanques de Magdalena y a su vecina Base de Aviación Naval de Punta Indio. El comandante de Punta Indio, capitán de navío Santiago Sabarots, intimó sin éxito al jefe tanquista, coronel Alcides López Aufranc, a unirse a la revuelta. Desde una avioneta se arrojaron panfletos dando 20 minutos de plazo previos al ataque. "El escuadrón era un hormiguero, y la orden fue evacuar el cuartel. A las 12.30 comenzó a ser atacado por aviones Panther y Corsario con fuego de metralla, bombas incendiarias y destructivas" , recuerda el conscripto clase 42 Hermindo Belastegui. Impactado por años por esa vivencia, este ex obrero metalúrgico plasmó su recuerdo en El C-8 no se rinde, una edición que logró sacar a la calle hace solo dos meses. El libro relata cómo fueron atacados todo el día con más de cien bombas, también de napalm. Hubo 9 soldados muertos y 22 heridos.

Al día siguiente la Fuerza Aérea "leal" contraatacó sobre Punta Indio. Cuando los blindados del 8 entraron en la base ya no había nada que hacer. En tierra había destruidos 24 aviones navales; 5 infantes de marina habían muerto y Sabarots había huido al Uruguay. López Aufranc —apodado "el zorro de Magdalena" en versión criolla de "el zorro del desierto" Erwin Rommel— quiso tomarse revancha y arrasar Punta Indio. Fue disuadido por Onganía y el ascendente coronel Lanusse.

También en el resto del país el alzamiento colorado había fracasado. Los rebeldes capitularon el 5 ante el Gobierno.

En julio hubo elecciones, y siguió la proscripción. Perón llamó a votar en blanco: lo hizo el 19,4%. El 12 de octubre asumió el radical Arturo Illia, con sólo el 25,1% de los votos. Sería derrocado en 1966 por los antiguos azules "legalistas", que instalaron la dictadura de Onganía.

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/02/p-02301.htm


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Crónicas de archivo - La revolución argentina - Parte 1/2


Crónicas de archivo - La revolución argentina - Parte 2/2


Arturo Illia, el presidente que fijó el reclamo por Malvinas

Foto: Life

El 12 de octubre de 1963 asumía la presidencia de la Argentina, el radical Arturo Umberto Illia -un médico bonaerense que se radicó en Cruz del Eje, Córdoba- que se impuso en las elecciones que proscribieron la participación del peronismo, pero que dejó un legado de honestidad y bonhomía gubernamental y la herramienta principal de reclamo de soberanía de las Islas Malvinas, que es la Resolución 2065 de las Naciones Unidas (ONU).

Illia-Perette (Carlos) había sido la fórmula de la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) que alcanzó el triunfo con un magro 25,8% de los votos, correspondiente a 168 electores, cuando se necesitaban 270 para ser consagrado como jefe de Estado.

La segunda fórmula presidencial fue la de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), encabezada por otro médico, Oscar Alende, y tercero entró el general y ex presidente de la Revolución Libertadora que derrocó a Juan Perón, Pedro Eugenio Aramburu.

Después de jurar como Presidente, Illia viajó hasta la Casa Rosada en el Cadillac oficial descapotable flanqueado por el comandante en jefe del Ejército, general Juan Carlos Onganía, y el por entonces titular de la Armada, Eladio Modesto Vázquez. Una metáfora perfecta de cómo había sido el camino para llegar a las elecciones y de lo que vendría.

Illia sucedía a José María Guido, un senador rionegrino, quien se hizo cargo de la presidencia de la Nación el 29 de marzo de 1962, tras el golpe de Estado que derribó a Arturo Frondizi, a raíz de haber convocado comicios en los que había ganado el peronismo en varias provincias, en especial, la de Buenos Aires con Andrés Framini a la cabeza.

Los dieciocho meses de gobierno de facto de Guido fueron una sucesión incontable de presiones e internas militares, con dos grandes crisis castrenses, tropas y muertos de por medio, que dividieron a los uniformados entre Azules y Colorados, y cuya discusión principal pasaba por la prohibición y persecución del peronismo y del comunismo.

Los Azules representaban a grandes rasgos el sector legalista, que empujaba la vuelta al gobierno constitucional, con elecciones de por medio, y los Colorados, cuya idea central era mantener fuera del juego a Perón y al peronismo.


La feroz campaña de los medios: Illia y la tortuga

Los Azules ganaron en el terreno militar, pero los otros impusieron lo ideológico: prohibir el pronunciamiento a favor del “tirano prófugo”.

Illia había sido candidato triunfante a gobernador de Córdoba en las elecciones anuladas. El comicio cordobés había ocurrido en diciembre de 1962. Otras elecciones provinciales se produjeron tres meses más tarde, el 18 de marzo, resultado que fue objetado por las Fuerzas Armadas que decidieron sacar a Frondizi 11 días después.

La primera medida adoptada por Guido con acuerdo de las FF.AA. fue anular las elecciones a gobernador de las provincias y en un acta secreta aprobar la cláusula que esbozaba la idea de la prohibición del peronismo en futuras elecciones.

Illia triunfó con un programa que contenía cinco ideas fuerza: la planificación en colaboración con un consejo económico-social, la expansión del mercado interno, la reducción del gasto militar, el aumento del gasto social y la anulación de los contratos petroleros.

El gobierno radical cumplió con la anulación de los contratos petroleros que había aprobado Frondizi, subió el presupuesto destinado a la educación, mejoró el funcionamiento de la economía, pero no puso suficiente atención al tema militar como problema político, como hubiera sido aconsejable.

En septiembre de 1964, el general Onganía pronunciaba en la academia militar de los Estados Unidos, West Point, un discurso que marcaba la línea política del país. El jefe del Ejército decía allí que las FF.AA. estaban dispuestas a preservar los valores de la civilización occidental y cristiana. Definía, allí, al enemigo interno.

Del enfrentamiento entre Azules y Colorados había surgido un líder militar: Onganía, que así como defendió la salida institucional que benefició a Illia, sería el jefe mesiánico que se alzaría contra el Presidente cuando desde el establishment lo cuestionaron y acusaron de “tortuga”, por una supuesta inacción de gobierno.

Aparte de la honradez, Illia logró que la diplomacia argentina, conducida por el canciller Miguel Zavala Ortiz, consiguiera el respaldo de la asamblea general de las Naciones Unidas (ONU) en la que se invitaba “a los gobiernos de la argentina y del Reino Unido a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el comité especial” por la soberanía de las Islas Malvinas”.

Esta resolución es la 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, recomendación que aún hoy, a 48 años, sigue siendo la norma esencial de conducta diplomática de la Argentina en el reclamo por el territorio insular.

Télam


Azules y Colorados. Los tanques en la calle

[Revista Yo fuí testigo (1986) J. C. Cernadas Lamadrid - Ricardo Halac]

Nervios, confusión, rumores y, finalmente, Campo de Mayo en pie de guerra

El día 18 el clima de ansiedad aumenta y los diarios dejan traslucir con mayor precisión lo que está aconteciendo.

También "La Razón" habla de "cierto nerviosismo" que se debe al relevo y arresto del director de la Escuela de Mecánica del Ejército, coronel Roberto Arredondo, y del subdirector del mismo establecimiento, el teniente coronel Carlos M. Padrón, y del jefe del Cuerpo de Aspirantes, teniente coronel Ramón E. Molina, por reuniones ajenas a su labor y en las que se vertieron opiniones "no precisamente de acatamiento a los mandos neutrales".El otro motivo del "nerviosismo" es que el general Carlos Aníbal Peralta -ex secretario de Guerra y, hasta hace poco tiempo, director de la Escuela Superior de Guerra- presentó un memorial al secretario de Guerra en nombre del sector "legalista".Esa noche se reúne el secretario de Guerra, general Octavio Cornejo Saravia, con el subsecretario Carlos Caro -que se considera proclive a los rebeldes- y los hombres cuestionados: el comandante en jefe, general Lorio, y el jefe del Estado Mayor, Labayrú.

En esa misma crónica se señala que: "Resulta difícil saber entre 'legalistas y rebeldes' quiénes usan ajustadamente el término".

Campo de Mayo se ha sublevado. La noticia corre, pero sin embargo, "La Razón" se mantiene prudente, dando como versión que "en Campo de Mayo se habría concretado un estado de desobediencia" y comenta una "reunión realizada la noche anterior en la casa de Onganía, ex comandante del Cuerpo de Artillería, a la que asistieron, entre otros: el coronel Alejandro Lanusse, Toscano, Aguirre Arrieta, el ex ministro de Defensa, Rodolfo Martínez, y los recientemente sancionados Arredondo y Molina". ¿El punto en común? La disidencia con el nombramiento de Labayrú y Lorio.

Por si quedaran dudas respecto al tipo de crítica que hace Campo de Mayo a Lorio y Labayrú, el diario comenta el contenido de un panfleto, que no sabemos si existió o no, y que habría sido "volanteado" desde la Secretaría de Guerra, en el que se explica con lujo de detalles los motivos del descontento. El panfleto hace referencia a la Ley 14767, según la cual el retiro es definitivo y produce vacante de grado, por lo cual Lorio y Labayrú no podrían haber sido ascendidos y pasados a situación de actividad después del mismo. ¿Es ésta la legalidad que defienden los "azules"? Esta también.

Las tropas en movimiento inician una estrategia de medición de fuerzas


"En el ejército, a pesar de la purga posterior a septiembre entre los oficiales colorados, el apoyo a la revuelta fue amplio. Esto quedo evidenciado en el hecho de que 181 oficiales, de los cuales todos menos 52 estaban en actividad, fueron acusados mas tarde de participación directa en el levantamiento del 2 de abril. Esto no incluye a otros, como por ejemplo un grupo de oficiales y la mayoría de suboficiales de la escuela de suboficiales “Sargento Cabral” de Campo de Mayo, que se negaron a tomar parte en la represión del alzamiento. En total, alrededor de 400 oficiales en actividad revelaron su simpatía por el movimiento. Los oficiales rebeldes del ejercito pudieron tomar el control de una cantidad de unidades en el interior del país, incluyendo la escuela de tropas aerotransportadas de Córdoba, el centro de instrucción de la artillería antiaérea de Mar del Plata, el grupo 2 de artillería de montaña de Jujuy, el regimiento 24 de infantería y el batallón 9 de ingeniería motorizada de Río Gallegos, parte del regimiento 26 de infantería de montaña de Junín de los Andes y el batallón 6 de ingeniería de montaña de Bariloche. Todas estas unidades se rindieron a las fuerzas leales en dos días. Mucho más significativo para el destino de la insurrección, sin embargo, fue el hecho de que recibió muy poco apoyo activo de las unidades del ejército con base en la zona de Buenos Aires." (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

Recién el 19 estalla en titulares el suceso "Movimiento de tropas", que anuncia el vespertino, y relata los hechos ocurridos la noche anterior.
El detonante: el relevo del general Pistarini como comandante del Cuerpo de Caballería y del general Julio Aisogaray como comandante de la División de Caballería Blindada Número Uno.

El relato de los hechos, hora por hora, es el siguiente, con nuestras palabras: 18.30: el subsecretario general Carlos Caro se dirige a Campo de Mayo, designado comandante de la Primera División Blindada de Caballería, con asiento en dicho lugar, y comandante de la guarnición.

18.40: Algo ha sucedido porque se declara el acuartelamiento de la Policía Federal.

18.45: Se reúnen en el Ministerio de Defensa el señor Lanús, el secretario de Guerra, Cornejo Saravia, el comandante en jefe Lorio y los titulares de Marina y Aeronáutica.

19.00: Juan Carlos Onganía, ex jefe de Caballería, se ha constituido en la Escuela General Lemos, de Campo de Mayo.

20.00: Llega a todos los medios de difusión el pronunciamiento del general Osiris Villegas, de la División de Caballería, con asiento en Concordia, que, al ser un radiograma, deja por primera vez sentado el motivo de la rebelión de los legalistas: "Por compartir criterio sustentado por comandante del Cuerpo de Caballería y comandante de la Primera División Blindada, desconozco la autoridad de mando de los generales Lorio y Labayrú, esperando patriótico renunciamiento de los mismos".

Osiris Villegas anuncia que la Cuarta División de Caballería, con asiento en Curuzú Cuatiá, también se pliega y reconoce como comandante en jefe al general Pistarini.

20.15: Se produce el primer informe sobre lo que está sucediendo en Campo de Mayo cuando el coronel Lanusse, jefe del Centro de Instrucción de Caballería, con asiento en Campo de Mayo, informa a los periodistas acreditados en Casa de Gobierno, telefónicamente, sobre los últimos acontecimientos: La llegada de Caro, que se reúne con Alsogaray, Pistarini, Lanusse y otros, y luego parlamenta con Onganía a solas, para retirarse con el objeto -supuestamente- de presentar su renuncia.

Ongania y la utopía de un ejército fuera del Juego político

Lanusse confirma que en Campo de Mayo Onganía ha tomado el mando. Asegura que esperan la decisión definitiva del presidente de la Nación, proponiendo al Ejército como una institución castrense y no como una organización dedicada a la materialización de ambiciones políticas. Presenta sus objetivos, que son: Salvaguardar la Constitución y el plan político vigentes, que culminará con el "restablecimiento pleno de la vigencia de la ley".
En tanto, el presidente Guido permanece reunido con los ministros de Relaciones Exteriores, del Interior y, eventualmente, con Lanús, de Defensa, que está en contacto permanente con los altos mandos.


"Consiente de que la revuelta había fracasado en otras partes, el almirante Palma tenía pocos deseos de que el conflicto empeorara hasta convertirse en guerra civil y estaba preparado a rendirse con la condición de que las tropas del ejército no ocuparan Puerto Belgrano, de que la marina no perdiera su presupuesto y de que conservara sus armas de infantería y aviación. En Buenos Aires, entretanto, el gobierno de Guido también estaba buscando un modo de evitar hostilidades adicionales. El ministro de defensa Astigueta, que había pasado a ser secretario interino de la marina después que el almirante Garzón y sus subordinados inmediatos presentaron sus renuncias, pidió a sus colegas del ejército y la fuerza aérea que presentaran las condiciones de sus fuerzas respectivas para iniciar negociaciones…" (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

A las 20.15 se establecen medidas de seguridad en todo el país.

A las 21 llega Caro, que se suma a la reunión en el Ministerio de Defensa y no parece renunciar, como había previsto Lanusse.
Toda esa noche, mientras el país duerme apaciblemente, los dos bandos se mantienen en vela.

A las 23.25 el jefe de la guarnición de Tandil, Olavarría y Santa Rosa, general Oriondo, informa que "no tiene conocimiento de un comando 'paralelo' encabezado por Onganía" y las versiones indican que el jefe del Regimiento Primero de Caballería, coronel Fernando Dubra, estaría arrestado en Tandil.

A las 23.40 se conoce el acuartelamiento de los Granaderos a Caballo y de la Escuela Superior de Guerra.

A las 0.10 del día 19, efectivos de la Gendarmería y del Ejército se presentan en la Central de Comunicaciones de Cuyo, para tomar la emisora. Momentos antes, comandos civiles que apoyan a los "azules" habían hecho lo mismo con Radio Nacional y Radio Pacheco.

Una hora después llega a Campo de Mayo el helicóptero de Guevara.

En la madrugada los periodistas apostados en Campo de Mayo entregan al general Onganía un cuestionario basado en los siguientes puntos: Si Onganía se apresta a defender la posición de Campo de Mayo hasta sus últimas consecuencias; si hay arrestos militares dentro de la guarnición; ¿qué unidades lo apoyan?; si se ha solicitado la renuncia de Lorio y Labayrú.

La respuesta llega 35 minutos más tarde: "El comando constituido en Campo de Mayo ha solicitado que se dejen sin efecto las convocatorias y ascensos del comandante en jefe (Lorio) y del jefe del Estado Mayor General del Ejército (Labayrú), por considerar que dichas situaciones están en contra de disposiciones reglamentarias y que, por lo tanto, son inaceptables. Campo de Mayo sostiene el compromiso contraído por las Fuerzas Armadas en repetidas oportunidades y sostiene al actual Poder Ejecutivo en la medida en que sus actos sean conducentes a la normalización constitucional en cumplimiento estricto de las leyes vigentes. Los movimientos de Campo de Mayo son los normales en estas situaciones, es decir, está alistado. La masa del ejército apoya al comando constituido en el lugar.

Fracasan las negociaciones y, pese a los desmentidos, el enfrentamiento es un hecho

En una reunión realizada entrada la madrugada en la Casa de Gobierno, Cornejo Saravía confiesa que se han tomado medidas de prevención, pero descarta que se hayan tomado medidas de represión en el interior del país. Guido se retira a la residencia presidencial de Olivos y se afirma que el general Caro continúa en el cargo de subsecretario de Guerra. Luego de una aparente calma hasta la mañana, dos jefes de Campo de Mayo se entrevistan con Cornejo Saravia. Al mediodía circula la versión de que los dos jefes en cuestión, Villegas y Oriondo, habían sido relevados y detenidos.

Comunicado número ciento cincuenta

El autor del comunicado número ciento cincuenta, el periodista Mariano Grondona, expresó: El Comunicado ciento cincuenta fue la única proclama revolucionaria de todos esos tiempos de inestabilidad que se publicó después de haber triunfado la revolución y no antes. Gobernaban los colorados. Los colorados eran fuertemente antiperonistas y querían prolongar el gobierno provisional del doctor Guido, a los efectos de desperonizar el país. Los azules tenían una idea como Lonardi, de integración y de retorno más rápido a la Constitución. Hubo un momento en que los azules vieron que, a menos que hicieran un pronunciamiento militar, los colorados se iban a consolidar; y mis amigos en la Escuela Superior de Guerra, donde yo era profesor y los coroneles azules también, Julio Aguirre, Lanusse, Levingston, Laprida, Nevares, no quiero olvidar a nadie, Sánchez de Bustamante, López Aufranc, me pidieron que hiciera una proclama. Yo escribí la proclama. La proclama convocaba a las Fuerzas Armadas a regresar a la Constitución y a reintegrar el no-peronismo y el peronismo armónicamente en el sistema político. El otro de los principios del movimiento era el regreso de la Constitución y el volver a vivir dentro de la Constitución. Desgraciadamente, después del 2 de abril de 1963, cuando hubo otro enfrentamiento entre Marina y Ejército, nosotros nos fuimos al Ministerio del Interior y predominó lo que a veces llamamos el espíritu violeta: es decir, ni azul ni colorado, una especie de transacción. El comunicado doscientos se escribió entonces, a través del cual, el peronismo volvió a ser proscripto en cierto modo, en las elecciones de julio de 1963, que triunfó el doctor Illia.

Comunicado 150

"El gran drama vivido en los últimos días ha sido la culminación de los esfuerzos y ansiedades de aquellos hombres que creyeron que, antes que nada, el país debía reencauzarse por el camino de la Constitución.
Nuestro objetivo en lo nacional es mantener el actual Poder Ejecutivo y asegurarle la suficiente y necesaria libertad de acción, en la medida que su cometido sea conducente al cumplimiento de los compromisos contraídos con el pueblo de la Nación, a fin de concretar en el más breve plazo la vigencia de la Constitución.
En lo militar, se persigue al restablecimiento de la justicia, base de la disciplina, el respeto a las leyes y reglamentos, sin discriminaciones en su aplicación.
Creemos antes que nada, que el país debe retornar cuanto antes al pleno imperio de la Constitución que nos legaron nuestros mayores. En ella y sólo en ella encontraremos todos los argentinos las bases de la paz interior, de la unión y la prosperidad nacionales, que han sido gravemente comprometidos por quienes demostraron no tener otra razón que la fuerza, ni otro norte que el asalto del poder. Sostenemos que el principio rector de la vida constitucional es la soberanía del pueblo. Sólo la voluntad popular puede dar autoridad legítima al gobierno y majestad a la investidura presidencial
Propiciamos, por lo tanto, la realización de elecciones mediante un régimen proporcional que asegure a todos los sectores la participación en la vida nacional; que impida que alguno de ellos obtenga por medio de métodos electorales que no responden a la realidad del país, el monopolio artificial de la vida política; que exija a todos los partidos organización y principios democráticos y que asegure la imposibilidad del retorno a épocas ya superadas; que no pongan al margen de la solución política a sectores auténticamente argentinos que, equivocada y tendenciosamente dirigidos en alguna oportunidad, pueden ser hoy honestamente incorporados a la vida constitucional.
Sobre esta base de concordia se ha de lograr entre todos los argentinos, que sólo desean trabajar en paz por la grandeza de la Nación y por su propio bienestar. Creemos que las Fuerzas Armadas no deben gobernar. Deben, por lo contrario, estar sometidas al poder civil. Ello no quiere decir que no deben gravitar en la vida institucional. Su papel es, a la vez, silencioso y fundamental: ellas garantizan el pacto institucional que nos legaron nuestros antecesores y tienen el sagrado deber de prevenir y contener cualquier empresa totalitaria que surja en el país, sea desde el gobierno o de la oposición.
Quiera el pueblo argentino vivir libre y pacíficamente la democracia, que el Ejército se constituirá, a partir de hoy, en sostén de sus derechos y en custodio de sus libertades.
Estamos absolutamente convencidos de que no habrá solución económica ni social de los graves problemas que nos aquejan sin estabilidad política ni paz interior. Las Fuerzas Armadas deben tomar su parte de responsabilidad en el caos que vive la República y enderezar el rumbo de los acontecimientos hacia el inmediato restablecimiento de estos valores.
Una vez cumplida esta urgente tarea, podrán y deberán retornar a sus funciones específicas con la certeza de haber cumplido un deber y de haber pagado una deuda. Confiamos en el poder civil. Creemos en nuestro pueblo. A sus representantes les dejamos la solución de los problemas argentinos. Como hombres de armas, cumplimos la sagrada misión de hacer posible la democracia, mediante la ofrenda de nuestras vidas. Que el pueblo argentino, sin distinción de clases ni de partidismos y dueño de las grandes intuiciones, sepa seguirnos en esta lucha, que es la suya. Levantemos, pues, las banderas que darán a esta tierra paz, progreso y vocación de grandeza: el imperio de la Constitución, la efectiva vigencia de la democracia y la definitiva reconciliación entre argentinos."

Se propala como un reguero de pólvora que el parlamento entre los dos bandos había concluido y que, en cualquier momento, se podrían desencadenar los acontecimientos.

Como para confirmar esta especie se produce, poco después, el desplazamiento del Regimiento de Caballería Blindada Cazadores General Necochea, desde Magdalena hacia La Plata.

Mientras Guido hace su entrada en la Casa Rosada, al mediodía, los jefes de Campo de Mayo, Aisogaray, Pistarini y Lanusse están reunidos y disponiendo los aprestos. En la Secretaría de Guerra se afanaban en desmentir los hechos mediante comunicados: "Ante las informaciones difundidas sobre movimientos de tanques que, partiendo desde Magdalena se dirigen hacia la ciudad de La Plata, la Secretaría de Guerra aclara que no ha habido tal movimiento de tanques, habiéndose comprobado que se trata solamente de vehículos de exploración adelantados, permaneciendo los efectivos en la unidad de Magdalena".

En la madrugada de ese 19 se produce un acontecimiento alarmante para la población: se vuelan dos puentes para cortar el avance de esos tanques hacia La Plata. Los estallidos se producen cerca de la capital bonaerense. La policía de Ensenada y Berisso, junto con la de La Plata, se moviliza. En la base naval de Río Santiago se informa que "se desconoce el origen de lo ocurrido". Finalmente, la policía determina que ha sido volado un puente en la ruta 11, entre las ciudades de Magdalena y La Plata, en el paraje denominado "El Pescado". La orden de voladura había sido impartida por la Secretaría de Guerra y cumplida por el coronel Marco Aurelio Lobo, comandante de la Segunda División del Ejército, con asiento en La Plata. Se moviliza también en esta ciudad el Batallón Geográfico Militar y, desde City Bell, el Regimiento VII de Infantería y el Batallón II de Comunicaciones, para encontrarse en Florencio Varela y oponerse a los tanques de Magdalena que avanzaban por la ruta 2.

Mientras tanto, en Campo de Mayo el nerviosismo se acrecentaba y las reuniones se sucedían unas a otras. El capitán de navío Lonkhart, jefe de la Casa Militar de la Presidencia, va a entrevistarse con Onganía y Pistarino, y en el camino es interpelado por el coronel Levingston, quien, enérgicamente, le dice: "¡Que se pruebe quiénes son los criminales que están perturbando la vida del país! Como puede usted ver, aquí están todas las jerarquías del Ejército. Tiene que transmitir esta realidad al doctor Guido". Luego, Lonkhart y Onganía se dirigen a la Capital para entrevistarse con Guido.

En Palermo, los Regimientos I y II de Infantería hacen saber de su acatamiento a la Secretaría de Guerra y señalan que aún dentro de Campo de Mayo cuentan con importantes efectivos: La Escuela de Suboficiales Sargento Cabra!, el Batallón Número I de Zapadores Blindados y la Gendarmería Nacional. Fuera del acantonamiento cuenta con la D1, la D2, la D3, la D4, la D7 y la D8 en distintos puntos de Buenos Aires y del interior del país. En la madrugada del 20, estos regimientos de Infantería de Palermo inician la marcha hacia el sur por la avenida Santa Fe, con veinte vehículos con tropas armadas.

En esa misma madrugada el general Rattenbach intenta evitar el derramamiento de sangre que se avecina. Para ello se entrevista con Cornejo Saravia y le propone el relevo o renunciamiento de Lorio y Labayrú.

Los "azules" se deciden y Campo de Mayo avanza hacia Buenos Aires.

Campo de Mayo considera agotadas las instancias y se ordena a los efectivos de Magdalena marchar sobre Buenos Aires.
Los "colorados", por su parte, inician su convergencia sobre las posiciones "azules".

La Federación Universitaria Argentina señala que "repudia una vez más las maniobras antinacionales de sectores militares que juegan con el destino del país y sumen a la población en la amenaza y el peligro permanentes".

La Marina comienza a tomar partido en el conflicto y llama a las naves que están tomando parte en el operativo Unitas Tres, para que se pongan en camino a Buenos Aires.

A las 11 de la mañana del día 20, emite un comunicado la Secretaría de Guerra:

"1°) El Ejército está recibiendo del Comando en Jefe las órdenes necesarias para iniciar, desde los dispositivos alcanzados anoche, las operaciones para reducir al foco rebelde. El Cuerpo de Ejército ha sido reforzado con las siguientes unidades que ya se encuentran sobre el terreno: Escuela de Artillería Antiaérea de Mar del Plata, Grupo II de Artillería de Azul, Grupo II de Artillería pesada y Comando de Artillería DI y D2, Regimiento II de Caballería de Olavarría y Escuela de Tropas Aerotransportadas de Córdoba. Desde el litoral marchan el Regimiento II de Infantería desde Santa Fe y el Grupo III de Artillería Antiaérea de Guadalupe, que alcanzaron Rosario a media mañana. La Escuela de Suboficiales se desplaza para reforzar las filas del Ejército Primero.
"El Comando en Jefe del Ejército mantiene con completa firmeza su decisión de terminar con la acción del sector rebelde, llevando esta resolución hasta las últimas consecuencias.

"2°) El Comando en Jefe del Ejército hace saber: Primero: que los oficiales alumnos de la Escuela Superior de Guerra se han presentado en su mayoría en sus puestos, testimoniando su lealtad a este Comando en Jefe. Segundo: Algunos oficiales pertenecientes al Centro de Instrucción Logística General Lemos se han presentado a este Comando, expresando que han adoptado esta actitud en vista de que en esa unidad se ha deteriorado gravemente la situación interna y la moral de los cuadros está desmoronada. "

En medio de una gran tensión, que se iba acrecentando a medida que pasaban las horas, hace su entrada en la quinta de Olivos Onganía, acompañado por Levingston y, posteriormente, el general Caro y el general Rosas. Onganía y el subsecretario de Guerra se retiran sin hacer declaraciones.

Las fuerzas coloradas tratan de desmoralizar a sus oponentes y, por medio de la Secretaría, dan el siguiente comunicado: "Ha comenzado a cundir el desaliento en las fuerzas rebeldes, las que ven menguado su caudal por deserción continua de oficiales con su tropa, que se han dado cuenta del error a que fueron inducidos por los jefes insurgentes".

Ricardo Balbín también eleva una nota a Guido en la que expresa: "Nadie puede quedarse impasible frente a la inminencia de una lucha fratricida. Reclamamos un instante de reflexión y sensatez. Se debe evitar el derramamiento de sangre de nuestros jóvenes soldados, que son entraña de nuestro pueblo. Es menester retomar con urgencia al imperio de la ley, del orden y de la disciplina, y guardar las armas para el momento en que esté en juego la defensa de la soberanía de la República y la integridad del territorio nacional".

Fuente: Yo fui testigo (1986)



"El combate más grave en términos de bajas y destrucción de propiedades involucró al regimiento 8 de tanques con base en Magdalena y a la vecina base de aviación naval de Punta Indio. El comandante de la base aérea, capitán de navío Santiago Sabarots, incapaz de convencer al comandante de tanques coronel López Aufranc de unirse a la revuelta, lanzo una serie de golpes aéreos desde la media tarde del 2 de abril hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Carente de cobertura aérea, el regimiento de regimiento de tanques sufrió la muerte de nueve hombres, tuvo 22 heridos y recibió un daño considerable en sus cuarteles. Un llamamiento del ejército a la fuerza aérea resultó en una advertencia de su comandante en jefe las 6 de la tarde del 2 de abril para que Sabarots dejara de hostigar a tropas del ejército, pero no fue hasta las 8 de la mañana del día siguiente que los aviones de la fuerza aérea atacaron la pista aérea de Punta Indio, destruyendo 5 aviones en tierra. Ya no sometido al hostigamiento aéreo, el regimiento 8 de tanques en coordinación con fuerzas blindadas que habían bajado desde Campo de Mayo se movió ahora con rapidez hacía la base de la aviación naval, entrando en orden de combate, sólo para encontrarla abandonada por todo su personal naval aéreo salvo un capellán y un dentista. El capitán Sabarots y sus pilotos colegas habían huido a Uruguay, dejando 5 marinos muertos y tres heridos." (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

Los hechos de un juego de guerra penoso y costoso para el país

El general Caro renuncia a su cargo de subsecretario de Guerra y Cornejo Saravia designa en su reemplazo al general Juan Carlos Reyes.
Los desplazamientos bélicos continúan. En Florencio Várela los tanques de Magdalena provocan el repliegue de los efectivos del Centro de Instrucción de Artillería Antiaérea.
Mientras, en la ciudad de Buenos Aires, se requisan ómnibus frente a la Secretaria de Guerra para ser utilizados en barricadas.
La Confederación General Económica también hace un llamamiento a la reflexión y al renunciamiento para evitar un "trágico enfrentamiento".
Al caer la noche, LR3, Radio Belgrano, en poder de los "azules" emite el siguiente comunicado: "A raíz de un pedido del Excelentísimo Señor Presidente de la Nación, el Comando de las Fuerzas de Campo de Mayo ordenó a las tropas a su mando detener sus movimientos entre las 23.05 del día de hoy y la 1.15 de la mañana. Las tropas continuarán con los desplazamientos previstos. Se comunica que durante ese lapso, este comando se abstendrá de efectuar comunicados radiales, salvo la repetición del presente. Firmado: Juan Carlos Onganía, general de Brigada".
Efectivos colorados formaron barricadas en Entre Ríos y Garay; el centro de la ciudad adquiría la fisonomía de una ciudad en guerra.
Aramburu declara "imprescindible" dar salida por las urnas al problema nacional.
El 21 de setiembre la Marina propone una reunión formal con jefes de las tres armas a fin de detener el enfrentamiento, con el propósito de: "Evitar el caos general y entregar el país a cualquier tipo de comunismo y extremismo, a cuya consecución se llegaría mediante la disociación de las instituciones".
Campo de Mayo da una respuesta negativa a la Marina y no acepta más conferencias fuera de su comando. Acto seguido, envía a la Compañía X sobre Buenos Aires. Marina también realiza aprestos movilizando al Regimiento I de Infantería y a la Escuela de Mecánica de la Armada.
En la madrugada, las acciones más importantes se desarrollan en la zona de Florencio Várela.

3 horas: Un avión sobrevuela las fuerzas coloradas destacadas en la zona. Se efectúan disparos de batería antiaérea. Estas fuerzas vuelan dos puentes de la ruta a Brandsen.

4.30: Tanques de Magdalena abren fuego en el cruce de Etcheverry y ruta 2 contra colorados que intentaban cortar su avance. Estos se repliegan sin bajas para ambos bandos por la ruta a Brandsen.

10.30: La Segunda División de Infantería de La Plata, que responde al comandante en jefe del Ejercito, general Lorio, toma LS11, Radio Provincia.

12.00: La columna de tanques de Magdalena continúa avanzando fuera de la ruta 2 a campo traviesa.

Al comenzar el día 22 las acciones se concentran en la capital de la república: Constitución, Parque Chacabuco, Parque Avellaneda son los epicentros donde se suceden las escaramuzas. Ante versiones que daban como renunciante a Guido, la Secretaría de Prensa de la Presidencia afirma: "Ante versiones circulantes, según las cuales el señor Presidente de la Nación habría declinado su cargo, se las desautoriza categóricamente".

A las 21.45 del día 22 de setiembre de 1962 finaliza el enfrentamiento entre azules y colorados con la rendición de éstos últimos. El comunicado 149, propalado a esa hora, anuncia la designación de Juan Carlos Onganía como comandante en jefe del Ejército. Al día siguiente a las 12 se difundiría el comunicado 150.

El general Federico Toranzo Montero fue arrestado junto con doce .camaradas, entre los que se encontraban los generales Lorio, Labayrú, Martijena, Túrolo, Cornejo Saravia, Bonnecarrere y Elisondo. Ochenta y cinco oficiales superiores (coroneles o mayores) fueron arrestados en Campo de Mayo y cincuenta y dos en diferentes guarniciones. Los oficiales subalternos no fueron sancionados.
El triunfo de los azules no sólo aseguraba a Guido en la Presidencia, y de alguna manera la continuidad institucional, sino que parecía haber terminado con la injerencia de los sectores militares en la política del país. ¿Sería así?

Fuente: Yo fui testigo (1986)



"Con el colapso del acuerdo de Olivos, se reanudaron las operaciones militares de ambos bandos. Las Fuerzas Azules, a las que se unieron ahora los pilotos de la Fuerza Aérea, que hicieron vuelos intimidatorios sobre las tropas coloradas, fueron mucho más agresivas que las de sus adversarios. Al sur de la capital del Regimiento 10 de Blindado, después de asegurar los accesos a Avellaneda, se unió con el Regimiento 8 de Tanques del coronel Alcides López Aufranc, que se había trasladado desde Magdalena hasta la Fábrica de Alpargatas, al oeste de La Plata, después de un intercambio de fuego con las fuerzas de la segunda división, leales al general Lorio. Juntos, los dos regimientos blindados hicieron una entrada triunfal a la capital por el Puente Avellaneda en horas tardías del 21, uniéndose a la fuerza de tropas de la Escuela de Mecánica del coronel Roberto Arredondo, que había estando ocupando el acceso al puente de La Boca desde el día anterior. Hacia medianoche detuvieron sus tanques y carros blindados en el Parque Lezama, casi a la vista de los cuarteles colorados en el Comando en Jefe del Ejército. Al di siguiente, 22 de Septiembre, con el general Alzogaray ahora al mando directo de las unidades blindadas, las fuerzas azules llevaron al cabo un serie de escaramuzas breves pero exitosas en Plaza Constitución, en el arsenal, en la Escuela de Mecánica del Ejército y por último en el Parque Chacabuco, donde la última unidad colorada de importancia aún desplegada en la capital, la de la Escuela de Suboficiales, bajo el mando del coronel Rómulo Menéndez, se rindió después de que aviones de la Fuerza Aérea dispararon cohetes de advertencia. Las fuerzas Azules controlaban ahora por completo la situación."
(Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

Azules y colorados: dos máscaras de un mismo antifaz

La derrota militar de los colorados en los sucesos de setiembre lejos estaba de suponer una derrota definitiva. En realidad, lo que hizo fue abrir las compuertas para que la lucha continuara en otro campo: el político.

Los hechos consumados tuvieron como consecuencia inmediata la reestructuración del gabinete en donde se reflejaron los cambios en la relación de fuerzas. En el Ministerio del Interior se nombró nuevamente a Rodolfo Martínez y en Relaciones Exteriores a Carlos M. Muñiz, de la Unión Cívica Radical Intransigente, al igual que el Presidente de la República.

Señalamos esta última "coincidencia" porque es curioso cómo, en la mayor parte de los textos sobre la historia argentina en ese período, pasan por alto la presencia del presidente Guido, quien se tuvo que adaptar, calladamente, a los cambios ministeriales que resolvían las Fuerzas Armadas.
Era tal la participación de ellas en el ejercicio real del poder que, meses más tarde, el general Rauch llegó a proponer que el cargo de ministro del Interior estuviera ocupado, por norma, por un miembro de estas fuerzas. Pero a eso llegaremos más adelante.
Por ahora nos detendremos en la lucha política que estalló a partir de que los "azules" garantizaron la continuación de la "legalidad" y la salida electoral para el 7 de julio de 1963.

Entre tanta mediocridad, Onganía se perfila con brillo propio

Otra de la consecuencias políticas de los acontecimientos de setiembre fue lo que señala Félix Luna: "La proyección popular de la imagen de Onganía como un jefe comprometido con el orden y la legalidad y, además, con espíritu de lucha y valor personal. La opinión pública se sintió impresionada con este soldado de espesos bigotes y lacónicas palabras que, sin vacilaciones ni tibiezas, había terminado, en pocos días, con el 'golpismo' y el 'gorilismo' del Ejército. Desde 1945 un militar no despertaba resonancias semejantes en el corazón del pueblo".

Como ejemplo de esta naciente "popularidad" del jefe de los "azules", el historiador cita aquel estribillo que se popularizó en la hinchada de Boca Juniors que decía: "¡Melones! ¡Sandías! ¡A Boca no lo paran ni los tanques de Onganía!"

Una nueva figura entraba a tallar con peso propio desde las filas del Ejército, pero no era la primera vez que sucedía. En otro color y en otras circunstancias, Aramburu también había logrado traspasar sus condiciones de líder de las Fuerzas Armadas al campo político y le toca desempeñar un papel importante en estas elecciones, en las que logra ubicar a UDELPA (Unión del Pueblo Argentino) en tercer lugar con 1.326.855 votos.

Fue una opción ante un radicalismo dividido, anémico, y un peronismo proscripto y perseguido.

Pero a nadie se le ocurría comparar a Aramburu con Perón, su enemigo acérrimo -al menos hasta ese momento- si no fuera desde una óptica despolitizada que mide sólo la injerencia de las Fuerzas Armadas en la estructura de poder en la Argentina (análisis muy rico que desarrolla bien el sociólogo José Luis Imaz).

La "popularidad" de Onganía en un primer momento se debe a dos razones conexas. La primera es una característica psicosocial: la necesidad de encontrar líderes que asuman los valores morales y espirituales de un pueblo.

La destreza, el valor, la fuerza, la capacidad táctica son valores arraigados en el pueblo, que busca y encuentra sus ídolos fundamentalmente en dos campos: el deportivo y el militar. En ambos se desencadena una lucha entre dos bandos, lo que hace fácil tomar la determinación de estar de un lado o del otro, cosa que no siempre sucede en la realidad, en la que se transita, casi toda la vida, por los matices.

Además de esta característica común a todos los pueblos -al menos los occidentales y "cristianos"-, en una sociedad altamente militarizada como la Argentina, que desde 1943 a 1958 vivió o en una dictadura militar o gobernada por un líder de ese origen y los otros cuatro años que la separan del momento que estamos viendo, tuvo un gobierno civil que soportó graves presiones de este sector, no es raro que parte del pueblo, dirigentes políticos, e inclusive algunos dirigentes sindicales, pusieran sus ojos en las Fuerzas Armadas como si fueran una especie de "semillero" donde se podía encontrar con facilidad un "líder".

La experiencia de Perón, que había logrado el apoyo popular, y que de coronel "influyente" del Ejército pasó, en poco tiempo, a constituirse en el líder indiscutido del pueblo argentino, marcaba a fuego la conciencia política y funcionaba como un modelo interno para mirar la realidad.

Onganía, además, tenía algunas características que lo acercaban a esa imagen; por ejemplo, su proclamado nacionalismo y su posición contra el golpismo "gorila" (por eso la comparación de Luna no es tan errada).

Todo esto hizo sembrar expectativas alrededor de su persona como candidato de un nuevo frente político para estas elecciones, conformado por el viejo pacto Perón-Frondizi, al que se sumarían los conservadores populares y sectores de las Fuerzas Armadas, además de otras fuerzas.

En busca de objetivos coincidentes nace a la política el Frente Nacional y Popular

Alain Rouquié define este frente como el lugar donde "los militares azules tenían que ponerse de acuerdo con los peronistas respetuosos, notables locales o burócratas sindicales, a fin de formar una alianza de grupos políticos y de clases sociales análoga a la que anhelaban Frigerio y sus acólitos: una coalición de 'productores' (obreros e industriales) interesados en modernizar el país con el apoyo de un Ejército resueltamente industrialista", hasta aquí el texto de Rouquié.

El principal gestor de esta idea, que movió los hilos durante este período desde el Ministerio del Interior, fue Rodolfo Martínez.

Frondizi y Frigerio vinieron a llamar "productores" a los que Perón, apoyado por la clase obrera, llamó "una sola clase de hombres: los que trabajan". El interés era "defenderlos", no "igualarlos" oponiéndolos como unidad frente a la oligarquía agroexportadora que creía que podía prescindir de los sectores industriales que tanto conflicto traían al país; una clase ociosa que vive de rentas y que está aliada al imperialismo por su extrema dependencia del mercado exterior.

En el Ejército, por un lado crecía el compromiso con la política de defensa continental delineada desde el Pentágono, por la cual los enemigos estaban, ahora, de las fronteras para "adentro" y, como lógica contrapartida, los aliados estaban "afuera", concepción que empezó a delinearse al final de la guerra, en 1945, como señalamos al inicio de este trabajo.

Pero, por otra parte, los mandos cada vez tomaban más conciencia de las falencias del material bélico que Estados Unidos les "prestaba" por algunos años, manteniendo, con la propiedad, el derecho a intervenir en las decisiones para su utilización. Lo que la potencia del Norte vendía a los ejércitos latinoamericanos era material de desecho, casi inútil, pagado a altos costos. La falta de modernización hundía más a las Fuerzas Armadas, convirtiéndolas en meros custodios de los intereses norteamericanos en la región.

Esta situación, alimentó posiciones industrialistas, sobre todo en el Ejército, e impulsó planes de desarrollo de industrias de base -en especial las vinculadas con la producción de guerra-, de modernización del Estado y de actualización de la infraestructura: todo cuanto a usinas hidroeléctricas, puentes y caminos se refiere.
Había condiciones para que estos sectores del Ejército se sumaran a un proyecto "industrialista" digitado por el frigerismo con el apoyo popular del general Perón.
Civiles y militares se pusieron en marcha con el fin de hacer coincidir, en la práctica política, un plan que, desde afuera, desde el punto de vista de un observador ajeno a las particulares características de nuestro país, parecería totalmente descabellado.

El frente reaviva el sentimiento "gorila" de los sectores militares

Católicos y ateos, frondicistas, desarrollistas, corporativistas y peronistas, obreros y burgueses, civiles y militares sumaban fuerzas coordinados por tres figuras ausentes: Perón desde Madrid, a través de su delegado personal y de una amplia y bien manejada correspondencia, mantenía casi intacto su poder de convocatoria. Frondizi, desde su confinación en Bariloche y Rogelio Frigerio -el "Maquiavelo" de la política desarrollista- que actuaba incansablemente desde su exilio en Montevideo.

El peronismo había encontrado la fórmula para participar de las elecciones a través de un pequeño partido, la Unión Popular, fundado en 1955 por el ex ministro de Perón, Bramuglia, y liderado por Rodolfo Tecera del Franco, que formaba parte del Consejo Coordinador del Justicialismo.

El Frente Nacional y Popular estaba integrado, por lo tanto, por la UCRI, la Unión Popular, el Partido Conservador Popular, el Movimiento del Frente Nacional, el Movimiento por un solo Radicalismo, el Partido Federal y la Unión Federal.

El problema era encontrar candidato..., pero ésa es otra historia. Antes de que se empezaron a barajar los nombres, la Marina reaccionó enérgicamente, en febrero, para que se aplicara a la Unión Popular el decreto nº 7165/62 por el que se reprimía al peronismo y a toda fuerza o persona que pretendiera su presentación política.

El gobierno, presionado, emite un comunicado en el que decía: "Las agrupaciones o sus posibles candidatos o dirigentes que admitiesen nexos de dependencia o injerencia política del responsable máximo de aquel régimen (se refiere al peronismo), estarán moralmente inhabilitados y judicialmente excluidos".
Como esto no fue suficiente, la Marina pidió oficialmente, el 18 de marzo, la prohibición del partido Unidad Popular.

Los azules consideraban que esa era una medida extrema. Esperaban que los acontecimientos definieran mejor los contenidos de la Unión Popular y veían con agrado la posibilidad de que el peronismo se integrara a un frente, con lo cual se captaban los votos "fantasmas", al mismo tiempo que creaban un "colchón" para que el general exiliado se viera condicionado. Estaban tratando de "domesticarlo", pero la carta final de Onganía era eliminar al líder quitándole las bases sociales y políticas que lo sustentaban aquí.

Los otros partidos, la UCR y los conservadores, vieron en esta actitud de la Marina una excelente arma para librarse de un competidor que llevaría, con seguridad, la mayoría de los votos.

Entre los obstáculos con que tropezó el frente, ese no era el más importante. Dentro mismo de sus huestes había serios inconvenientes. El sindicalismo argentino, desde la ausencia de Perón, había aprendido a caminar solo -aunque siguiera fiel al peronismo-. Por una parte, crecía el "peronismo sin Perón", cuyo mejor exponente sería Augusto Timoteo Vandor, dispuesto a negociar con el poder, aunque éste sea militar y antipopular; el peronismo burócrata, el que tomó de Perón las banderas de conciliación de clases, que se vendía -y se vende- al mejor postor como "freno al comunismo".

Por otra parte, el sindicalismo combativo que rescataba del peronismo las reivindicaciones sociales, la lucha de los trabajadores, la solidaridad obrera, etcétera, aprendió a foguearse en la oposición y sintió en la marginación del peronismo de la vida política del país la marginación de la clase obrera de los beneficios del sistema de producción. Este último sector se expresó en contra de la política frentista repudiando el comunicado N° 150 y la "política entreguista" de Frondizi, es decir, repudiando a los aliados de Perón.

La Marina intenta lo suyo con un nuevo golpe militar


"El diario La Razón (22/09/62) con letras tamaño catástrofe, anunciaba “INTENSA ALARMA PUBLICA” y acotaba “El mensaje presidencial de anoche agravó la crisis. La Marina responsabilizo al presidente y renunció el secretario del arma, a quien acompañan en su actitud los ministros de defensa, interior y relaciones exteriores. La Marina convocó a una reunión del más alto nivel para encarar la situación, pero Campo de Mayo no concurrió. El presidente convocó para mañana a las 9, a una magna reunión de generales. Entre tanto fuerzas azules (Campo de Mayo) llegaron con sus efectivos a la Capital Federal y las enfrentaron las coloradas que responden al general Lorio en Plaza Constitución y los Parques Lezama, Chacabuco y Avellaneda. Las fuerzas de ambos bandos están listas para entrar en acción, registrándose algunos tiroteos sin trascendencia bélica. Jefes de la Aeronáutica declararon que están dispuestos a entrar en combate a favor de Campo de Mayo, mientras los almirantes se reúnen en la secretaría de Marina para adoptar una decisión. Son intensas las gestiones para evitar derramamientos de sangre” (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

En el frente surge la idea de calmar los ánimos, al menos con los que podían cortarle el camino a la Presidencia -la Marina y los sectores gorilas de adentro y de afuera de las Fuerzas Armadas-. Para esto no se les ocurre mejor idea que ofrecerle la candidatura de vicepresidente a un conocido y acreditado "gorila": Miguel Ángel Zabala Ortiz. La tarea estuvo a cargo del ministro Martínez, quien no contó con la astucia de este dirigente que, no sólo no aceptó lo que a todas luces era una trampa para desarmar a sus correligionarios, sino que, ofrecimiento en mano, lo denunció a viva voz.

Zabala Ortiz, en una carta abierta, denuncia, además del ofrecimiento, el apoyo que tenía el frente por parte de las Fuerzas Armadas, como forma de integrar al peronismo en "pequeñas dosis".

Fue la chispa que hizo estallar la bomba. Peronistas y antiperonistas se alzaron en una protesta generalizada. El 27 de marzo renuncia Rodolfo Martínez. Onganía desmiente su vinculación con el frente y su posible candidatura.

El clima estaba creado.

El desconcierto y el escándalo es aprovechado por la Marina que, el 2 de abril -¿fecha especialmente grata a esta arma?- se subleva transmitiendo por dos radios ocupadas una virulenta proclama firmada por el general retirado Benjamín Menéndez.

El ex vicepresidente Isaac Rojas y los almirantes Sánchez Sañudo y Rial fueron los mentores ideológicos del levantamiento y lo apoyaron grupos civiles de distinta extracción política.

Tanto Benjamín Menéndez como otro de los almirantes implicados, Jorge Palma, tenían como "honroso" antecedente, como título certificado de conspicuo "gorilismo" el haber intentado, muchos años atrás, derrocar a Perón.

Ha estallado la segunda parte de "azules y colorados".

El conflicto se inicia a las 7 de la mañana en la base naval Punta Indio, desde donde salen tropas de Infantería de Marina hacia la ciudad de La Plata, y aviones navales atacan repetidas veces, durante toda la mañana, el VIII Regimiento de Caballería Blindada de Magdalena, destrozando las instalaciones.

Era la revancha a aquellas exitosas maniobras dirigidas por López Aufranc, durante los sucesos del año anterior.

Ocupan también el V Regimiento de Infantería de Bahía Blanca. Los infantes de Marina se sublevan en Mar del Plata y un pequeño foco en Buenos Aires. Por primera vez el ataque es violento y con derramamiento de sangre; se suceden los primeros atentados a altos mandos "azules", ejecutados por comandos civiles -no siempre "tan civiles"-. En total se calcula que hubo, durante los episodios que duraron tres días, 15 muertos y casi cincuenta heridos.

Los tanques de Magdalena y Campo de Mayo salieron a la calle y los efectivos del Ejército de Palermo y Campo de Mayo limpiaron la Capital Federal. Los "azules" volvían a triunfar.

El Ejército, al tiempo de encarar las acciones represoras, dio a conocer un comunicado que llevó el número 151, por el que reafirmaba la continuación del proyecto instaurado el 23 de setiembre. Llevaba la firma del comandante en jefe del arma, Juan Carlos Onganía, y anunciaba la represión violenta e inmediata "de los totalitarios que creen en la dictadura militar como solución nacional e intentan nuevamente negar al pueblo el derecho a construir su propio futuro".

La Aeronáutica será la que terminará de definir el conflicto con el apoyo del secretario del arma, brigadier MacLaughin. Sectores internos, como el liderado por el comandante Lentino, no logran tener peso suficiente.


"Las condiciones finales para la rendición de las fuerzas rebeldes de la marina fueron detalladas en un acuerdo firmado el 5 de abril por el doctor Astigueta, el general Rattenbach, el brigadier McLoughlin y el almirante Vázquez. En dos aspectos los términos finales demostraron ser más duros que los que Rattenbach había delineado antes, porque el general Onganía y su estado mayor se opusieron a un simple regreso al statu quo anterior. El cambio más significativo fue la insistencia en que la marina licenciara a todos sus infantes, salvo 2.500 hombres que se distribuirían en las distintas bases navales. La otra diferencia fue la retención por el ejército de la base naval de Punta Indio con el propósito de albergar al regimiento 8 de tanques hasta que sus cuarteles, dañados por aviones navales, pudieran ser reconstruidos. Por otra parte, todas las instalaciones navales que habían sido ocupadas por fuerzas del ejército durante las operaciones debían ser devueltas y no se impondrían restricciones a la flota de mar o al brazo aéreo naval. El acuerdo del 5 de abril, sin embargo, exigía que los oficiales de alto rango de Puerto Belgrano, así como también todos los demás oficiales rebeldes que se habían reunido allí, se rindieran al comandante del V cuerpo de ejercito, y que cada oficial, activo o retirado, que hubiese participado en la revuelta fuera sometido a un proceso militar. El fracasado levantamiento del 2 de abril costó las vidas en ambos bandos de 19 soldados y 5 infantes marinos, y dejó a otros 87 hombres heridos." (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

Con la capitulación de Puerto Belgrano termina la sublevación. El secretario de Marina, Derozi, renuncia, y se encarcela a los principales cabecillas, incluido el ex vicepresidente partidario de la "dictadura de la democracia", almirante Isaac Rojas.

Vuelve el tiempo político. Un nuevo ministro ocupa la cartera del Interior. Es el general Rauch, de conocida actuación durante el primer enfrentamiento entre "azules" y "colorados".

La Unión Popular podrá seguir siendo una opción, pero, ahora, les toca a los políticos tratar de destruirla por todos los medios.

La vieja consigna ahora se renueva contra el frente, para acabar con el peronismo

Rojas, Sánchez Sañudo y otros "colorados" apoyan a la Unión Cívica Radical del Pueblo, que había canalizado, como señalamos en otra parte, los votos antiperonistas de los sectores medios.

Pero, más que "derrotados", los "colorados" habían sido "absorbidos" por los "azules".

Como si los hubieran despertado de un largo letargo o se sintieran necesitados de lavar alguna culpa, los "azules" dan el comunicado nº 200, con el que se cierra el episodio, que tiene un marcado tono antíperonista.

Por decreto del 10 de abril se extiende la proscripción a todos los que elogien al "tirano prófugo" y a los que mantengan algún tipo de contacto con él distribuyendo información, visitándolo o comunicándose de alguna otra forma, directa o indirecta, los que serán plausibles de prisión o de suspensión de sus derechos cívicos.

La acción de Rauch en el Ministerio del Interior es congruente con este decreto: encarcela a la más variada muestra de pensadores y políticos que están relacionados de alguna forma con el peronismo, el frondizismo o el comunismo. Caen así, por "antidemocráticos", Ernesto Sabato y Ricardo Rojas, en la misma bolsa y por. la misma sinrazón.

La UCRI apoya a Rauch, pero éste se extralimita en su afán "anti-frondicista" y cuestiona a los ministros de esta tendencia que, como dijimos, es la misma que la del Presidente.

Su "coloradismo interior" le hace proponer, como anunciamos antes, que el ministro del Interior sea, para siempre, nombrado por las Fuerzas Armadas entre sus miembros, con lo cual está "legalizando" una forma de poder dictatorial.

El secretario de Guerra, también "azul", el general Rattembach, presiona para acallar a este hombre y lo logra, aunque le cuesta el puesto a él y a todo el gabinete. Al parecer, Onganía no estaba del todo en desacuerdo con Rauch. Este es suplantado por el general Osiris Villegas que mantuvo, sin embargo, la misma postura antifrentista de su antecesor.

Entretanto, el frente busca su candidato. Intenta primero con un magnate petrolero, Carlos Pérez Companc, pero, ante la aireada protesta de las bases obreras, se descalifica la fórmula desde Madrid (uno de los que se opuso fue el entonces "fiel" peronista Augusto Vandor, que viajó de inmediato a ver al general).

Finalmente, el líder exiliado elige su candidato: un hombre de trayectoria política coherente, aunque silenciosa, que fue leal aliado de Peron: Vicente Solano Lima. El vicepresidente de la fórmula será Carlos Sylvestre Begnys.

Al poco carisma de los candidatos se sumó la deserción de Oscar Alende, que se presentaba con fórmula propia.

Así las cosas, se acercan las elecciones. Pocos días antes, los "azules", en plena ruptura con el frente, establecen la legalidad de los decretos que reprimen al peronismo y, para sorpresa de todos, el día antes Perón y Frondizi dan la orden de votar en blanco.


"Con la caída de Punta Indio y el colapso inminente de los focos rebeldes en las provincias, la atención principal se dirigió hacia Puerto Belgrano, la base más poderosa de la marina. Para muchos argentinos, Puerto Belgrano era el símbolo de la revolución libertadora de 1955; era desde allí que los transmisores de radio habían mantenido vivo el espíritu de aquella revuelta durante los días iniciales de incertidumbre, y era desde allí que la marina había despachado hacía Buenos Aires la flota que en última instancia obligó a Perón a dejar el poder. Es muy posible que los que planificaron la revuelta de abril de 1963esperasen seguir la misma estrategia contra el gobierno de Guido. Sin embargo, la historia no se repitió. Aunque el comandante de la base de Puerto Belgrano, almirante Jorge Palma, había tomado la ofensiva el 2 de abril y, al emplear fuerzas marinas numéricamente superiores y amenazar con ataques aéreos, había obligado al regimiento 5 de infantería del ejército de Bahía Blanca a rendirse, advertía la dificultad de tratar de defender la base contra las fuerzas superiores que podían movilizarse contra ella. En realidad el alto mando del ejército, en lo que fue un ejemplo impresionante de planificación y ejecución militar, trasladó con rapidez la sexta división de infantería de montaña en camiones prestados de Neuquén a Río Colorado y movilizó otras unidades desde el litoral y las provincias de La Pampa y Buenos Aires, para formar columnas concéntricas de hombres y material avanzando sobre la base naval." (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

¿Qué había sucedido? ¿Onganía había descubierto en este frente una maniobra de Perón para forzar a las Fuerzas Armadas a aceptar su retomo a la presidencia? Lo cierto es que los "azules" empiezan a volverse "colorados". El defensor de la "legalidad" empieza a pensar en el golpe. Los que combatieron "la dictadura de la democracia" abrieron el camino democrático para llegar a la dictadura.

Los "azules" no pueden renegar de su pasado y cambian de color

Como señalamos antes, el proyecto político de Onganía para las elecciones de 1963 había fracasado. Su opositor, Illia, asumía el gobierno con el beneplácito de los "colorados" ya que, aunque en su discurso, y luego en su accionar, tuviera un toque "antiimperialista" que podía molestar a los amigos norteamericanos, tenía todas las garantías de antiperonismo que podían solicitarse a un candidato y, al mismo tiempo, su imagen era potable para las masas populares. Es probable que en ese momento haya surgido en el comandante en jefe del Ejército la idea de asumir el poder en forma dictatorial: exactamente lo contrario de lo que había pregonado y por lo cual había expuesto su honor y su persona... y la de sus subordinados.

La elaboración que va a tener el Estatuto de la Revolución Argentina y las alianzas políticas que anticipan su acceso a la primera magistratura, hacen pensar que así fue. No es un acto improvisado. Más bien da la impresión de que la única función de Illia fue la de dar tiempo a los mandos militares a elaborar un plan de acción para derrocarlo. Su suerte estaba echada desde el primer día y la frialdad que reinó durante todo el período entre ambos no fue más que un augurio.

La debilidad del gobierno democrático fue sólo una excusa. Aunque, en efecto, Illia asume con sólo el 25 % de los votos y los opositores erradicados del panorama político -Perón exiliado y Frondizi preso-, no son razones suficientes para justificar el golpe. Aunque, ¿hay alguna razón "suficiente"? ¿Hay alguna razón para "justificar" la proscripción y el encarcelamiento de enemigos políticos?

La campaña de descrédito del Presidente se desata sobre la perspectiva de este golpe anunciado que se parece al libro de García Márquez "Crónica de una muerte anunciada": todos sabían qué iba a suceder y nadie pudo evitarlo.

Entre las principales usinas "golpistas" se encuentra la revista "Primera Plana", desde cuyas editoriales el joven abogado que redactó el famoso comunicado Nº 150, Mariano Grondona, habla de la "tierra prometida" y del "mesías", y pide a gritos la intervención de las FF.AA.:

"El Ejército tiene que tomar partido en lo que ocurre en el país porque siempre lo ha hecho".

El sindicalismo moderado, dispuesto al pacto del cual hablamos antes, encabezado por el dirigente metalúrgico Augusto T. Vandor, ve la oportunidad de separarse del paternalista líder exiliado. Intenta su primera prueba en las elecciones de Mendoza, en 1965, donde fracasa. Pero tiende sus redes hacia todos los costados, inclusive hacia los cuarteles. Esta no es la única experiencia en el movimiento obrero. El plan de lucha que lanza la CGT será un factor determinante en la conciencia de las propias fuerzas que adquiere la clase obrera.

Se acerca la definición. La intervención de Estados Unidos en Santo Domingo pone al Presidente en un serio aprieto: por una parte, como jefe de Estado de un gobierno democrático, debe defender la no intervención de las fuerzas norteamericanas en un país soberano; por otro lado, el Ejército clama por la participación activa en el conflicto.

Se pone a prueba en los hechos la doctrina expresada por Onganía en agosto de 1964, durante la celebración de la V Reunión de Comandantes de Ejércitos Americanos en West Point.

La doctrina de West Point abre las compuertas que nos llevarán al genocidio

El discurso que Onganía pronuncia en esta oportunidad es de tal organicidad que quedó para la historia como la doctrina de West Point o la doctrina de Onganía, y se considera el primer antecedente de la llamada "Doctrina de la Seguridad Nacional", en nombre de la cual se produjo, en Argentina, el peor genocidio de su historia, a partir de 1976.



"Durante la hora y media siguiente, los cuatro militares analizaron la situación critica que enfrentaban y por último llegaron a un acuerdo sobre los pasos que podían resolver el conflicto militar. Pidieron al doctor Guido y a los miembros civiles del gabinete interno que esperaban en otro cuarto que se unieran a ellos. El Secretario de Guerra Cornejo Saravia, hablando en nombre de todos los oficiales presentes, explicó la solución que habían acordado y pidió al Presidente que retirara su renuncia. El doctor Guido, después de pedir y obtener el respaldo de Onganía a la solución descripta por el Secretario de Guerra, retiró su renuncia.

"¿Pero cuál era la solución? Por desdicha no existe ningún registro escrito, ningún acta, para establecer la naturaleza exacta del acuerdo; y dado que quedó deshecho en cuestión de horas, todo el episodio ha estado envuelto en la polémica. El comunicado oficial, que fue redactado, al parecer, por el doctor Guido y el Ministro de Economía Alsogaray después que los otros ministros partieron, manifestaba que Cornejo Saravia había presentado su renuncia como secretario de guerra y que los generales Lorio y Labayrú iban a dejar de estar en actividad por pedido propio; no se hacían menciones, sin embargo, sobre reemplazos o retiros en el bando Azul. El texto de este comunicado, que fue emitido a las 4:50 del 21 de Septiembre, daba la impresión de una victoria completa de los objetivos Azules; pero es difícil creer que el secretario de guerra no haya insistido en el retiro del General Onganía, como lo había mencionado antes de ese día, y posiblemente en el retiro de otros líderes Azules para compensar el sacrificio de su propio cargo y el de dos generales colorados.

"Una versión probablemente más precisa de lo que ocurrió en la reunión de Olivos fue publicada unas semanas después por el propio Cornejo Saravia. En una carta abierta a la prensa describió el acuerdo logrado con el General Onganía como sigue: que por parte de los Colorados, él renunciaría a la Secretaría de Guerra, los Generales Lorio y Labayrú quedaría fuera de actividad y se tomarían medidas apropiadas contra otros oficiales superiores; que por parte del bando Azul, los oficiales superiores responsables de la rebelión, empezando por el general Onganía, serían relevados del cargo y retirados. En su carta abierta, Cornejo Saravia se quejaba de que el comunicado oficial había omitido esta parte del acuerdo. Por otra parte, sostenía, él y el general Onganía habían acordado también ordenar a sus fuerzas respectivas que no abrieran fuego, que no llevaran a cabo operaciones y que permanecieran en el sitio donde se encontraban durante la noche previa a su regreso a los cuarteles, el día siguiente. Pero, se quejaba, sólo sus tropas obedecieron, mientras que las del otro bando emplearon el tiempo para mejorar sus posiciones.

"Fuera cual fuese el propósito que esperaba lograr el presidente mediante la difusión de una versión truncada del acuerdo de la noche anterior, el resultado concreto fue abortar su puesta en práctica. Los generales Lorio y Labayrú se negaron a aceptar su retiro y siguieron dirigiendo la operación de las fuerzas coloradas. Pero sin duda lo que contribuyó a su decisión fue el movimiento continuado de tropas azules durante las primeras horas de la mañana del 21 de Septiembre. No fue el general Onganía quien ordenó estos movimientos, sino más bien comandantes de tropas que actuaron por decisión propia. Más específicamente, fue el coronel Tomás Sánchez de Bustamante, comandante del Regimiento 10 de Caballería Blindada, quien condujo a su unidad, que fue reforzada por un batallón de ingeniería blindada, desde Campo de Mayo a la zona de Avellaneda. Conciente de que el General Onganía estaba en Olivos discutiendo un acuerdo posible, Sánchez de Bustamante estaba decidido a emplear sus tanques par crear una situación militar que permitiera a los Azules lograr una victoria clara sobre sus adversarios en vez de aceptar otro empate. Recordaba demasiado bien cómo en los enfrentamientos militares anteriores las decisiones políticas habían inmovilizado a las unidades de tanques antes de que pudieran desafiar a sus rivales. En consecuencia, se movió por una ruta distinta a la planeada originalmente en Campo de Mayo y rechazó órdenes de detenerse hasta que logró sus objetivos iniciales de unirse con el regimiento de granaderos que operaba en el sudoeste de la Capital y tomar el control de los puentes de Avellaneda que llevaban él." (Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina 1962-1973)

Miguel Ángel Scenna la resume así: "Acatamiento de la Constitución, apoliticismo, defensa de la soberanía... Todos estos eran objetivos del Ejército, pero también el arma debía cooperar con el poder civil en el desarrollo de la Nación como un ente activo y dinámico al que no se podía radiar o pasar por alto. Y tras reclamar esa participación (Onganía) puso un límite a la obediencia que el Ejército debe al poder civil: si éste es desbordado por extremismos foráneos, si su falta de autoridad abre paso a la violencia o si atentara contra la libertad o los derechos de los ciudadanos. En esos casos, el Ejército debía intervenir". Y agrega más adelante:

"De las tres posibilidades en que el Ejército se reservaba el derecho de intervenir, dos estaban claramente dirigidas al gobierno radical: la de ser sobrepasado por hechos que no pudiera dominar, sea por infiltración marxista o por desarrollo de la violencia a través de la subversión. El tercer caso -atentado a las libertades y derechos- estaba reservado indudablemente al peronismo", y a toda fuerza política que pudiera salirse de los marcos de la democracia liberal burguesa, así como se la definió en nuestro país a principios de siglo.

Al mismo tiempo que elabora esta teoría que justifica su ascenso al poder, los cursillistas católicos elaboran un proyecto de "nación", en el que el nacionalismo se toma del brazo del catolicismo y la sociedad aparece como una interrelación de sectores o grupos de poder que pueden coexistir pacíficamente dentro de un esquema integrador que no permita que ninguno de ellos se extralimite abusando de los derechos de los demás, es decir, el liberalismo político aplicado a las clases sociales en una teoría que tiene nombre concreto: corporativismo.

Así, cuando en junio de 1966 Onganía asume en nombre de la autodenominada -no sin pretensiones- "Revolución Argentina", hay un proyecto sólido que hace suponer, aunque no se hable de fechas, que va a sobrevivir durante un largo plazo.

Como pasó con Uriburu primero y con Lonardi después, ese proyecto cristiano corporativista, tan caro a los militares, no hace más que dejar paso al liberalismo económico más descamado.

La hora de la desilusión y un modelo nuevo de dictadura

Los sindicalistas neoperonistas, los políticos y nacionalistas que tuvieron alguna expectativa se desilusionan cuando, el 1 de enero de 1967, asume el Ministerio de Economía un conocido liberal monetarista, Adalberto Krieger Vasena, y en el Ministerio del Interior lo acompaña en el proyecto el conocido antíperonista Borda. Alsogaray abre las puertas a la penetración de capitales extranjeros y promueve el endeudamiento desde su puesto de embajador en Washington. El plan estaba trazado.

Las dos piernas en las que, de aquí en más, se apoyarán todas las dictaduras antipopulares y proimperialistas estaban firmes en sus puestos: la política económica liberal -que tan bien retomara Martínez de Hoz años después- y la represión popular de la que sobran ejemplos.

Cuanto más se consolida y endurece el plan imperialista, más fuerte será la reacción popular que llevará, como señalamos, a la creación de la CGT de los Argentinos, el surgimiento de importantes dirigentes de izquierda, la radicalización del estudiantado, la violencia popular generalizada en la calle (como el "Cordobazo" y el "Viborazo", etc.) y la formación de las organizaciones armadas guerrilleras.

En 1967 moría el Che Guevara en Bolivia, los ejércitos latinoamericanos se reunían en la capital de este país hermano para elaborar una estrategia antisubversiva, pero la rebelión estaba en la calle y estallaría no sólo en Argentina, sino en casi toda América latina.

Algo había cambiado a nivel internacional desde Frondizi a Onganía. Cuando el primero abrió las puertas para el ingreso de capitales extranjeros, éstos estaban dispuestos a hacer inversiones; en cambio, cuando Onganía hizo lo mismo, se encontró con que los capitales ya no invertían: o compraban industrias que estuvieran produciendo con buenas y comprobadas ganancias o prestaban el dinero con un interés suficiente como para obtener un buen rédito sin riesgos. Ya nadie quería arriesgar y menos en países de inestabilidad política. Una nueva forma de dominación surgía en el mundo a través del fácil endeudamiento.

Con las bases que señalamos antes: la represión que se demostró en la noche de los bastones largos -que acabó con la autonomía universitaria-, la intervención de los sindicatos y la persecución ideológica a través de un instrumento legal: la ley de acción contra el comunismo, por un lado, y la política económica liberal y monetarista por otro, la Argentina entraba de lleno en el circuito de la dependencia.

Algo más aún que nos ayudará a entender a Onganía como antecesor preclaro del proceso y el genocidio: la utilización de esos créditos externos fue, en parte, la construcción de una infraestructura que necesitaba el Ejército como base propia de autonomía: redes viales, represas hidroeléctricas, desarrollo de energía nuclear, etcétera, que también eran requisitos que exigían, ahora, los capitales para instalarse en el país. Pero, por otra parte, estos créditos también serán para la compra de armas con el "Plan Europa". Las Fuerzas Armadas, como dijimos, sabían que estaban cumpliendo bien su nueva misión -fronteras adentro- como para soportar la ofensa de que Estados Unidos les venda armas de mala calidad o se reserve el derecho a la propiedad de las mismas. Ahora -y después- en el poder salen a comprarlas en los mercados libres internacionales. Su propia contradicción con el imperialismo -que estallaría en Malvinas, en 1982-, se empieza a plantear.

Una reflexión final para asumir la esperanza

Por último, a modo de reflexión, cabe señalar que en América latina parece cumplirse una vieja teoría llamada "de los espejos". Esta dice que en el nuevo continente se dan todos los procesos que suceden en el mundo desarrollado, pero a la inversa: como en un espejo.

El liberalismo, que en Europa rompió con el feudalismo es, en la América latina, la fuerza retardataria que nos vincula con el poder imperial.

El nacionalismo, ligado al corporativismo que en Europa fue represivo y provocó uno de los genocidos más grandes de la historia, aquí representa, encamado en los líderes antiimperialistas y populares, una propuesta progresista y de avanzada.

La masacre que allí fue del brazo de los líderes nacionalistas aquí vino de la mano de los más acérrimos liberales. Así es la historia. Al menos la nuestra.
¿Qué es lo que importa?: asumirla con sus características propias, sin fantasmas ni modelos extranjeros que no nos sirven.

Fuente: Yo fui testigo (1986)


La crisis política del Ejercito Argentino

Fuente: Comando Tecnológico Peronista (C.T.P) en Primera Plana N° 485, 16 de mayo de 1972.

“Pienso que, así como no nace el hombre que escapa a su destino, no debiera nacer quien no tenga una causa noble por la cual luchar, para justificar su paso por la vida. Muchos grandes hombres pasan inadvertidamente por su existencia porque han carecido de esa causa y muchos hombres comunes llegan a sobresalir como verdaderos héroes porque la tuvieron. San Martín fue grande porque fue el hombre de una causa: la independencia de su Patria, y Napoleón, si no hubiera sido por la Revolución Francesa y su empeño en servirla, hubiera muerto como capitán de Artillería retirado.” (General Perón – Carta a un oficial, del 5 de noviembre de 1970)

A – Antecedentes históricos

1.- Desde el momento en que la guerra es la continuación de la política por medios militares, toda concepción general de un Estado determina una concepción particular del Ejército correspondiente.

2.- Ese origen político del Ejército no sólo lo enmarca en un contexto socioeconómico, sino también lo caracteriza específicamente, señalándole aliados, enemigos, hipótesis de conflictos, organización, despliegue territorial, doctrina de guerra y mentalidad.

3.- Nuestro país, en su desarrollo institucional, ha pasado por diversas etapas jurídicas del Estado y del Ejército, y así tuvimos diferentes tipos de Ejército y dentro de cada uno de ellos, distintas líneas con referencia a la cuestión nacional.

1. El Ejército Libertador (1810 a 1830). Es el Ejército con que San Martín culminará en Guayaquil la gesta de nuestra primera independencia. Pero también es el que con Lavalle –después de la guerra contra el imperio del Brasil- desatará el período de la primera anarquía.
2. El Ejército Federal (1830 a 1860). Es el Ejército con que Rosas y los heroicos caudillos del interior harán la guerra de resistencia contra la penetración imperialista de Francia e Inglaterra. Pero es también el que con Urquiza servirá finalmente a la política de las metrópolis de ultramar.
3. El Ejército Central (1860 a 1900). Es el Ejército con que Mitre y Roca unificarán al país, venciendo las últimas reservas provinciales, para ponerlo así en bloque al servicio de intereses británicos. Pero es también el que con Riccheri y al entrar en contradicción con las fuerzas sociales representadas por el radicalismo, echará las bases para la organización del Ejército actual.
4. El Ejército Profesional (desde 1900). Es el Ejército que posibilita la asunción de Yrigoyen y del que surge Perón. Pero es también el de Justo y Aramburu; el que hoy institucionaliza con violencia un segundo período de anarquía, cambiando a discreción los Gobiernos con el trasfondo de una lucha palaciega y facciosa.

4.- Por todo ello, la transformación estructural del Ejército Argentino no se plantea hoy –en que todo un sistema agoniza-, ni por primera vez, ni como algo desconectado de una realidad histórica.

5.- Una revolución nacional y social es un hecho total y colectivo. Nada ni nadie le asumirá sin hacer su propia revolución interna y mucho menos el Ejército, que –según se sabe- es el instrumento final con que se ejecuta toda una práctica política.

B – Una sociedad en crisis es una sociedad militarizada

6.- Una sociedad en crisis se militariza. El deterioro de las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales que la vertebran revierte el proceso de institucionalización que ayer fue construido desde la fuerza hasta el derecho. Hoy el derecho cede paso a la fuerza ya que, obviamente, un país en crisis es siempre un país en guerra.

7.- Más allá de la anécdota, éste es el sentido objetivo de la instauración del golpe militar como hecho político y de la concentración de los poderes constituyente, electoral, ejecutivo y legislativo en manos del Ejército.

8.- Porque una sociedad en crisis es también una sociedad unitaria, donde nada debe escapar al control central, ya que no quedan márgenes de maniobra para simulaciones “democráticas”.

9.- Así se incluye en la cúspide hasta el poder judicial (para los casos de “emergencia”) y se ejerce hasta el poder de conciencia (que se suma a las facultades extraordinarias de los servicios de “inteligencia”).

C – Significado histórico-político del golpe militar

10.- Las Fuerzas Armadas han influido siempre el proceso político del país, cuanto menos en forma potencial o sea como factor básico de poder y especialmente dentro de la concepción liberal, donde, por su especial conformación, el Ejército constituye de hecho un Estado dentro del Estado.

11.- Por consiguiente el golpe ha sido una metodología constante a partir del 25 de Mayo de 1810, fecha en que se pronuncia políticamente y en forma “salvadora”, el Ejército nacido militarmente al calor de la lucha popular contra las Invasiones Inglesas.

12.- Es por ello que una conclusión sobre el significado histórico-político del golpe militar en la Argentina se debe realizar en dos partes principales, a saber:

1. Un análisis cuantitativo, a los efectos de determinar la frecuencia de la crisis político-militar y la secuela de reformas introducidas en la estructura del poder.
2. Un análisis cualitativo, a fin de prever la transformación estructural del Ejército, o sea su nueva concepción política.

D – Frecuencia del golpe militar

13.- Una cosa que llama la atención hasta del observador más indiferente es el notable aumento de la frecuencia con que se han dado los actos de fuerza que quebraron la normalidad jurídico-institucional del Estado, aun cuando ésta no fuese –en muchos casos- nada más que formal.

14.- En efecto, si vemos los hechos que implicaron concretamente el relevo del titular del Poder Ejecutivo Nacional (con exclusión de experiencias fugaces) y a partir de 1916 (año en que al asumir el primer Presidente elegido sin fraude, se daba por inaugurada una nueva República), tales períodos se han reducido progresivamente según la siguiente escala:

1. Hasta 1930 (caída de Yrigoyen): 14 años.
2. Hasta 1943 (caída de Castillo): 13 años.
3. Hasta 1955 (caída de Perón): 12 años.
4. Hasta 1962 (caída de Frondizi): 7 años.
5. Hasta 1966 (caída de Illia): 4 años.
6. Hasta 1970 (caída de Onganía): 4 años.
7. Hasta 1971 (caída de Levingston): menos de un año.

15.- En principio, es sumamente sugerente la tendencia a la aceleración de la crisis, especialmente a partir del derrocamiento de Perón –último mandatario de sufragio libre-, ya que ocho jefes de Estado (Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido, Illia, Onganía, Levingston, Lanusse) apenas alcanzan el promedio de dos años cada uno.

16.- Y no hay que soslayar esta conclusión, numérica, máxime cuando es sabido que un gran aumento cuantitativo es siempre preanuncio de un salto de calidad en el desarrollo del proceso histórico.

E – Clave de las reformas en la estructura del poder

17.- Un Estado Militar político-policial usado en reemplazo de un Estado partidocrático demoliberal, cuesta mucho. En él se gasta hasta la propia fuerza militar –última razón y última fuerza-, que, empeñada, sin intermediarios, en la acción política, termina por alojar inexorablemente la conmoción social en su propio seno, cada vez más rápido y con mayor virulencia.

18.- Es esta cotidianeidad de la crisis lo que explica las últimas reformas orgánicas, que se han introducido en el esquema del poder político militar y que pasaron desapercibidas para muchos observadores, en medio de una gran concentración de poder político en manos de la dictadura militar.

19.- La primera reforma fue la supresión total del cargo de secretario de Guerra. Efectivamente, a partir de la asunción de Onganía se anuló este puesto, cuya función tradicional era obrar de puente entre el poder militar (del Comando en Jefe) y el poder civil (del presidente de la Nación). La gran cantidad de planteos a que dio origen –recuérdese como ejemplo los años de Frondizi- hizo necesaria esta modificación.

20.- La última es la supresión de hecho del cargo de presidente de la Nación. A partir de la asunción de Lanusse –quien lo hace como presidente de la Junta de Comandantes- se eliminó prácticamente el escalón presidencial, que en su última versión (Levingston) era la mediación colocada por las FF.AA. ante el país, o sea entre ellas y los problemas públicos.

21.- Eliminados estos fusibles con la finalidad de superar una situación de cortocircuito permanente, en realidad, lo que se ha hecho –dialécticamente- es poner en trance de quemar ahora a toda la instalación en su conjunto y con ella hasta los enseres más valiosos.

22.- Consecuentemente, toda crisis se hará sentir hoy –que no hay presidente ni ministro- a nivel de los comandos subordinados, lo cual significará quebrar profundamente la tan mentada “verticalidad de los mandos”, principio que en parte se habría salvado en los tres últimos relevos presidenciales, hechos –increíblemente- sin disparar un solo tiro. Ni siquiera del regimiento escolta presidencial.

F – El punto de referencia de la situación actual

23.- 1955 sigue siendo el punto de referencia para entender la situación actual del Ejército, pues en ese año se pasaron a retiro una gran cantidad de oficiales peronistas, purga complementada en 1956, con motivo del pronunciamiento encabezado por el general Valle.

24.- Debido a ello la casi totalidad de los oficiales recibidos con anterioridad a esa fecha y que forman hoy los cuadros activos en las jerarquías de mayor a general, se consideran a sí mismos protagonistas y coautores de la situación política actual.

25.- En sentido inverso, los oficiales que se recibieron después de 1955 no se sienten –al menos en su fuero íntimo- como responsables del estado lamentable en que se encuentra el país.

26.- Actualmente esas promociones, que van desde el grado de subteniente hasta el de capitán (sin pecar de esquematismo), unen al factor juventud, siempre más sensible a las conmociones económico-sociales, la circunstancia político-militar que representa el no haber participado personalmente de la contrarrevolución oligárquico-liberal.

G – Los últimos episodios internos

27.- En 1963, luego de los enfrentamientos entre azules y colorados, Onganía produjo una importante purga en las filas del Ejército, hecho que le permitió llegar con una fuerza militar “cohesionada” hasta 1969.

28.- A partir de ese año, que junto con la existencia de una gran crisis general económica y social marca la aparición casi simultánea de las grandes rebeliones populares, como las de Córdoba y Rosario, y de las primeras formas de la guerrilla urbana, las fisuras internas en el Ejército recrudecieron con extrema violencia, siendo suficiente recordar para confirmar esta circunstancia los siguientes hechos:

1. Los dos intentos golpistas del general Labanca.
2. El caso de los tenientes del Colegio Militar.
3. Los incidentes producidos por un grupo de oficiales “nacionalistas” en el Regimiento de Infantería de La Plata.
4. El relevo de los siete coroneles “desarrollistas”.
5. Los arrestos de los generales Cándido López y Guglialmelli.
6. Finalmente, el golpe del 8 de octubre en Azul y Olavarría, que al menos tuvo el “mérito” de haber sacado las tropas a la calle.

29.- Aunque ideológicamente, estos intentos expresan distintas concepciones, políticamente señalan un mismo hecho: la crisis del Ejército liberal y profesionalista, crisis que, aun con sus propias características –un tanto disimuladas- y aun con su propio ritmo –un tanto retrasado-, seguirá el mismo desarrollo que los otros campos de la sociedad argentina.


El humor de Tato Bores sobre azules y colorados

30.- El ciclo es irreversible. Después de 1955 se quebraron las bases económicas de nuestra sociedad por el regreso a la dependencia neocolonial. Se quebraron, en consecuencia, los compartimentos sociales, cuyo ejemplo más notorio lo constituye la nacionalización y peronización progresiva de la clase media y de los sectores intelectuales y profesionales que hasta entonces habían servido a la oligarquía. Ahora, en la culminación del proceso, le toca el turno definitivo al Ejército.

31.- En ese sentido puede afirmarse sin temor a error que el frustrado golpe del 8 de octubre ha sido engañosamente calificado de “fascista”, tanto por el gobierno como por la partidocracia y la izquierda liberal.

32.- Este rápido etiquetamiento sobre modelos extraños a nuestra realidad impide reconocer las verdaderas contradicciones que operan en el seno del Ejército y muy especialmente la existencia de una tendencia embrionariamente revolucionaria, que se da entre los oficiales subalternos.

H – Los golpes posibles

33.- La aceleración de la crisis del poder político y la identificación total de éste con el poder militar, ya sin simulaciones ni intermediarios, otorga fundamento objetivo al cúmulo de versiones que dan como inminente un nuevo golpe militar. Aunque el tiempo transcurre más lentamente para la historia, tal inminencia es siempre posible.

34.- Efectivamente, la acumulación de errores de arrastre dejan chicas a todas las reformas parciales realizadas para subsistir y marcan la necesidad de un cambio profundo, hecho temido por la superioridad, pues puede implicar literalmente la “devaluación” política del grado de general.

35.- Dicho de otro modo, el Ejército, última reserva del sistema, al ser utilizado como partido político armado, está siendo desgastado por la crisis general política, económica y social, lo que agudiza las diferencias entre las líneas interiores que evidentemente se verifican en su seno.

36.- La agudización de la actual situación lo podría arrastrar a cualquiera de estos nuevos y posibles golpes:

Variantes continuistas

· Con Lanusse (Proscripción de Perón).

· Sin Lanusse (Golpe ultraliberal).

Sin embargo, la situación mundial del imperialismo, la situación continental y la crisis argentina, así como el estado de conciencia del pueblo (especialmente del MNJ) hacen incierta, si no la posibilidad de una variante continuista, al menos su consolidación.

Variantes “Populista” o “Nacionalista”

· Con promesa de Elecciones (en 1972)

· Sin promesa de Elecciones (“Revolución Nacional”).

En tanto esta variante intenta, fundamentalmente, “salvar el honor del Ejército” deteriorado por el incumplimiento de los objetivos revolucionarios (“REVOLUCIÓN ARGENTINA”) o los objetivos de institucionalización sin proscripción señalados por el liberalismo (GAN), el golpe se plantea centrado en la situación política del Ejército y no en la situación política del país. De allí que los componentes de esta posibilidad sean políticamente heterogéneos y sólo unificados por bases mínimas de nacionalismo y apertura popular, que sirven de excusa para enfrentar al enemigo interno (sector liberal) y no para conseguir un consenso verdaderamente nacional y popular. (Perón y el Peronismo.)

Asimismo, es correcto señalar que esta variante implicaría la lucha directa entre dos fracciones del Ejército –al modo de azules y colorados- y es fácil predecir que tal lucha podría alcanzar un contenido inédito al darse en un contexto popular que, por su mayor grado de organización y movilización, es distinto al de los años 1962/3.

I – El antigolpe

37.- Entre la posiciones liberal o “nacionalista”, que con sus respectivos matices metodológicos explicitarían las ideologías dominantes a nivel de oficiales superiores, se debe reconocer una “tercera posición”, representada por la proclividad en el seno de la oficialidad joven para entender y comprender el proceso profundamente nacional y liberador de la Revolución Justicialista.

38.- Precisamente, del desarrollo cualitativo y cuantitativo de este sector de oficiales, ubicados de hecho en la retaguardia del poder militar y en la línea álgida de su reserva generacional, dependerá que se produzcan meros golpes, o que, por el contrario, se cuente con una fuerza objetivamente aliada para un proceso revolucionario de restitución de la soberanía popular por cualquier vía (cruenta o incruenta).

39.- Por supuesto que tal favorable posibilidad depende del desarrollo de la conciencia política de dichos oficiales que deben repudiar el paternalismo y el elitismo militar, lo que implica –en lo táctico- el dejar expresar libremente al pueblo en las urnas o en las calles y –en lo estratégico- transformar revolucionariamente al Ejército para que acompañe ese proceso histórico nacional y social.

40.- Dicho de otro modo: la Argentina actual, por el desarrollo de sus factores geopolíticos y el nivel de la conciencia revolucionaria de su movimiento de masas, no es campo para el foquismo militar del Ejército profesional.

41.- Por lo demás, el pueblo sabe demasiado bien, y por experiencia sufrida en carne propia, que todo golpe es por construcción una tentativa elitista que tarde o temprano gira invariablemente hacia la oligarquía y los monopolios.

J – Hipótesis para el futuro

42.- La situación política actual en la Argentina se caracteriza por una profunda y acelerada crisis general y por la mayor y progresiva concentración de poder político en las manos del general Perón.

43.- Ante tal circunstancia no es descartable una mayor audacia en los planteos negociadores de Lanusse y recíprocamente, el intento de desconocer el contenido de esa negociación por una parte del Ejército, en la medida que la misma se salga del libreto impuesto por “el poder detrás del trono”.

44.- En ese sentido, podría concretarse desde ya la intención de retrotraer la situación al “modelo tipo Onganía”, volviendo a diferenciar la presidencia de la Nación de la comandancia en jefe del Ejército con el remanido slogan de “las FF.AA. no gobiernan ni cogobiernan”.

45.- De producirse tal reversión en el proceso, debe ser considerada como un paso preparatorio para el golpe liberal que trataría de interrumpir, postergar o distorsionar el proceso de institucionalización del país.

46.- Finalmente, cabe destacar que tal pérfido y brutal arriamiento de las banderas del GAN, al agotar las instancias incruentas de la lucha política nos llevaría a la continuación militar de esa misma lucha en el marco de una guerra civil.

K – La guerra posible

47.- La guerra tiene la virtud de polarizar a todas las fuerzas intervinientes en dos bloques. Las conflagraciones mundiales son un ejemplo de cómo se dejan de lado muchas diferencias en el trance de enfrentar a un enemigo poderoso.

48.- Aquí también, en la hipótesis de una guerra civil –no por indeseada menos probable- se van a formar dos frentes: el frente del pueblo y el del antipueblo. Nadie podrá permanecer al margen: estará en la trinchera del peronismo o en la del antiperonismo.

49.- Ése es el sentido estratégico de la última iniciativa política del general Perón: enfrentar al “Partido Militar de la Dependencia Colonial” con el “Frente Cívico de Liberación Nacional”, a fin de dar una batalla frontal y decisiva contra la oligarquía y el imperialismo.

50.- Y éste será el momento de la muerte misma de la compartimentación, el elitismo o la indiferencia militar profesionalista y la quiebra definitiva de un Ejército concebido al modo liberal.

51.- Ante esa disyuntiva, es predecible que sectores de oficiales cada vez más importantes, al comprobar el fracaso total que a lo largo de 16 años han tenido los intentos de integrar al sistema un peronismo ideológicamente castrado y políticamente descabezado, se sumen sinceramente a la causa popular.

52.- Por otro lado, el movimiento nacional de masas, que tiene hoy una clara exigencia: el regreso a la Patria de su creador y único líder, el general Perón, está dispuesto a recorrer –si fuera necesario- el camino obligado de una guerra revolucionaria.

53.- La enseñanza está a la vista: 600.000 norteamericanos en Vietnam y 800.000 franceses en Argelia peleando en países de campesinos contra una población equivalente a la mitad de la nuestra, nada pudieron contra una guerra popular revolucionaria.

54.- Para reproducir aquí aquellas proporciones de fuerzas, habría que sobrepasar el millón de soldados extranjeros a cambio de los 80.000 conscriptos argentinos que, en última instancia, son de extracción estudiantil y obrera. La diferencia es demasiado elocuente.

L – Conclusión

55.- Cuando un Ejército en funciones políticas de fuerza de ocupación tiene la “mala suerte” de ser nativo participa de las contradicciones de la sociedad a la cual reprime.

56.- Por eso se dice que ningún Ejército es más fuerte que la base social que lo compone, ni sirve indefinidamente como fuerza de ocupación de su propio país.

57.- Es precisamente esta enseñanza política y militar la que debería inducir hoy al Ejército Argentino a convocar a elecciones generales, directas y libres, sin proscripciones ni condicionamientos de ninguna especie y entregar el poder a quien fuere elegido en el término del presente año 1972.

58.- En caso contrario, cargará con la grave responsabilidad de precipitar al país en la guerra civil y demostrará –siempre a la luz de la misma experiencia histórica- que no sólo no sirve como partido político, sino tampoco como Ejército.

59.- Por lo demás, no hay ejemplo en la historia del mundo de que el Ejército nativo de una colonia no haya participado, al menos en parte, en la sagrada lucha por la liberación.

60.- Este es el sentido unívoco de la cita del general Perón con que iniciamos el presente informe. El hombre de armas para alcanzar un justificativo histórico debe consubstanciarse profundamente con un ideal noblemente político, patriótico y popular.

Comando Tecnológico Peronista (C.T.P)
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

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