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Hubo un tiempo, no hace mucho, por más que la
desmemoria que lo arrastra todo quisiera
enterrarlo en el olvido, en que la
palabra fue acorralada, la lectura ardía clandestina en los patios traseros de
las viviendas y en las calles brazos jóvenes se debatían contra la muerte. Y
muchas veces, más de las que nos imaginamos ahora, eran cercenados por esta.
Aturdía el repicar de los tambores y ese particular sonidos de las botas
golpeando contra el piso. Sin embargo, de todo ello había que seguir hablando,
contarle al mundo y también a los que en los infinitos rincones de la Patria
seguían resistiendo. Por eso nació ANCLA, pero por eso también un puñado de
periodistas liderados por un “Capitán” lleno de sabiduría y corajes suficiente
como para desafiar al monstruo en su propia madriguera, se propusieron dar
constancia de la otra historia. La de los campos de exterminio para imponer una
economía despiadada, la de los sacerdotes que bendecían la masacre y los hombres
de prensa que escribían lo que les dictaban, la de los empresarios que señalaban
a quienes se rebelaban. ANCLA era la noticia sin maquillajes. La que surgía del
boca en boca generoso, o de las fisuras del propio verdugo, y en muchas
ocasiones logró paralizar alguna estrategia de aniquilamiento, o por lo menos
ponerla al descubierto fronteras afuera. Y con ello fortalecer la denuncia
contra el agresor.
ANCLA era el espíritu mismo de una profesión que antes y después, ahora mismo,
otros se encargan de bastardear con sus mentiras y cobardías. De esto habla este
libro. Con pasión y compromiso. Sin esa felonía denominada objetividad. Y sobre
todo, con agradecimiento a quien fue creador de semejante desafío, ese hombre
que aún caído no dejó de repiquetear los oídos de sus asesinos con el tableteo
de su más poderosa arma: la inteligencia. Periodista, escritor, pero sobre todo
militante revolucionario montonero, Rodolfo Walsh hizo posible que la palabra
siguiera viviendo. Y está en nosotros evitar que otra vez la vuelvan a
acorralar.
Carlos Aznarez
www.rodolfowalsh.org, 27 de julio de 2004
ANCLA, Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh
Editorial La Rosa Blindada (2002)

Dedicatoria y agradecimientos
"Por algo será"
Introducción
Una
breve historia: Rodolfo Walsh y el periodismo comprometido
Acerca de ANCLA
Una aproximación
desde el punto de vista "técnico"
Las cartas y la cadena
informativa
Una aproximación desde la alternatividad
Un enfoque desde la práctica política
A modo de conclusión
Posdata
Apéndice
Bibliografía
Dedico este libro a los que resisten
y no abandonan la lucha.
A los imprescindibles.
"Lo repito una vez más: hemos vivido para la alegría,
por la alegría hemos ido al combate y por ella morimos.
Que la tristeza jamás vaya unida a nuestro nombre".
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Julius Fucik El "por algo será", frase que indicaba la indiferencia civil frente a la
represión (y su responsabilidad objetiva con la misma), era el leit motiv
mediático y ensayístico de una psicología social que tranquilizaba conciencias
particulares y alejaba el fantasma de miles de seres que habían tenido una
trayectoria social, política y cultural. Lo que había desaparecido no era sólo
la persona sino su trayectoria anterior al hecho o en todo caso la transición
democrática rescataba aspectos menos contradictorios o para nada causales para
que sobre él se ejerciera un acto de violencia física o ideológica.
Reportaje al pie del patíbulo
Praga, cárcel de la Gestapo, 1943
Agradecemos a...
Carlos Mangone, tutor de este trabajo cuando aún era una tesina de graduación; a
Mariano Mestman, Carlos Rodríguez Esperón y Guillermo Caviasca, por sus
invalorables .correcciones y sugerencias; a los que brindaron su testimonio,
porque sin ellos este libro no hubiera sido posible; ya todos los compañeros y
compañeras que de un modo u otro colaboraron con la investigación.
También agradecemos, por su valioso aporte en la difusión y distribución de este
libro, a Fabián Pierucci, Fernando Krichmar, Alejandra Guzzo y Miguel Mazzeo.
"Por algo será"
La recuperación de las instituciones democráticas significó en nuestro país una
cierta lectura de la dictadura militar. No es solo un juego con los tiempos
verbales si nos preguntamos acerca de "cómo fue la transición para saber cómo
será la dictadura". Es que, como sabemos, cada época política lee su antecedente
en función de los intereses inmediatos y de la correlación de fuerzas
ideológicas existentes. Por una parte, la salida de la Guerra de Malvinas fue el
escenario más adecuado para obturar cualquier reflexión o debate acerca del
lugar de la violencia en la historia de América Latina y de la Argentina; la
llegada al poder del radicalismo implicó el predominio de formas parlamentarias
y de un borramiento, por lo menos parcial, de las responsabilidades de los
políticos durante la represión. La "clase" política instaló el tema desde la
perspectiva del "exceso y del error" y aunque el juzgamiento de los comandantes
fue el resultado residual de las movilizaciones de masas e implicó en la
sentencia la negación de los "errores y excesos", durante un tiempo para la
sociedad civil los desaparecidos habían sido objeto de arbitrariedad (porque no
"tenían nada que ver" o porque no habían sido juzgados).
Solo algunos organismos de derechos humanos y ciertas estructuras políticas
reivindicaban la estrecha relación entre la represión y la actividad de los
desaparecidos y asesinados, además de los miles de presos políticos y
cesanteados y exiliados. Con el correr del tiempo y de manera dificultosa
comenzó una tarea de concientización social en la cual el estereotipo, asimilado
por muchos, de que se "desaparecía por cualquier cosa o por llevar un libro
prohibido" dejaba lugar a la explicación lógica y racional de que la dictadura
había sido tan feroz no por incapacidad sino por haber desarrollado una
sistemática y planificada represión de la cual todavía hoy no nos podemos
recuperar totalmente.
Carta abierta a la Junta Militar
Como sucede con otras situaciones políticas, son ciertos factores más objetivos,
como la persistencia de la crisis, una renovación generacional que, si bien no
está tan involucrada con los hechos, desarrolla una gran curiosidad acerca de
ellos y sobre todo, la impunidad de los crímenes, todo lo cual promueve que se
proyecten sobre el período y sus protagonistas nuevas miradas que se hagan cargo
de todas las mochilas posibles. Este es el valor del trabajo acerca de la
experiencia de ANCLA, la de un acercamiento crudo y sistemático a una práctica
de resistencia antidictatorial que no la libere de sus relaciones políticas
fundamentales y que además no la limite a la tematización académica aséptica y
despojada, tan frecuente en la mirada institucional sobre la época de la
represión.
Por otro lado, la propia figura de Walsh fue tratada de diversas maneras,
privilegiándose en primera instancia su calidad de escritor, luego sus aportes
al periodismo de investigación para finalmente rescatar su compromiso político
en el campo popular. Se soslayaba en líneas generales su decisión de subordinar
la práctica literaria y en buena medida la de periodista de investigación a la
decisión por una militancia política de carácter orgánico en "el marco de un
enfrentamiento de clases que radicalizaba las posiciones y los métodos.
Un doble valor entonces, por una parte, el rescate de prácticas sociales y
políticas de resistencia ante la opresión y de formas comunicacionales
alternativas frente a la dominación simbólica que significó la censura
dictatorial; por la otra, el acercamiento en el ámbito universitario, origen del
presente trabajo, de temas que "queman" en el doble sentido del término, porque
resultan cuestiones traumáticas de la historia política argentina y en un
significado más popular, porque implican un "costo" institucional importante
para una posible carrera académica.
Por eso, en tiempos tan livianos como los que corren, se saluda este trabajo
inicial.
Carlos Mangone.

"Con una máquina de escribir y un papel
podés mover a la gente en grado incalculable.
No tengo la menor duda".
Rodolfo Walsh
Marzo de 1970
La Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) es, a nuestro entender, una de las
experiencias de difusión clandestina más interesantes -y a la vez desconocidas-
de nuestro país. De estructura artesanal y alimentada sobre la base de
información Popular, ANCLA funcionó como una herramienta política ofensiva en el
marco de la resistencia a la última dictadura militar (1976-1983).
La agencia dependió del Departamento de Informaciones e Inteligencia de
Montoneros y como tal fue parte de una política integral, al margen de la cual
no puede entenderse. Sin embargo, funcionó con una aparente autonomía respecto
de la organización: en otras palabras, se encuadró en un criterio de
subordinación estratégica y autonomía táctica que "le brindó un amplio margen de
libertad de acción para actuar frente a la coyuntura. Los fundamentos de esa
práctica política deben buscarse en su propia razón de ser, que responde, a su
vez, a un triple objetivo: propiciar la participación popular en el proceso
comunicacional en tanto fuentes y retransmisores de la información; oficiar como
medio de contrainformación y, finalmente, funcionar como instrumento de acción
psicológica contra el poder económico y militar.
El carácter ofensivo no solo está dado por la apuesta a la organización en una
situación opresiva, sino también por su definición como herramienta de
contrainteligencia. Es por eso que tanto Rodolfo Walsh como los integrantes de
su ámbito (1) decidieron no "pegar" directamente la agencia a Montoneros,
buscaron como nombre una sigla capaz de generar confusiones y cuidaron la
redacción de los cables, de modo tal de mantener difusa su identidad política y
proteger o generar suspicacias en torno a las fuentes.
Esta práctica recuerda un postulado de Paolo Fabbri, aquel que dice que
"sabiendo que te controlo me darás indicios tales que harán ciertamente que
semejante control no controle nada" (2). Por un lado, la agencia necesitaba de
cierto margen para mantener sus servicios, dado que el Departamento de
Informaciones e Inteligencia de Montoneros no escapaba a la atención de la
represión. Por el otro, ANCLA necesitaba cubrirse con una identidad difusa para
actuar dentro de los bloques de poder, tendiendo a romper su unidad coyuntural.
De todas formas hay que hacer una importante salvedad: Fabbri se refiere al caso
de doble agente o espía y por ese motivo establece que el secreto estratégico es
una escalada móvil ascendente que se rige por un código de apariencias
permanentes, donde al fin de cuentas se pierde el objeto central que necesitó la
cobertura del secreto (3). Como veremos a lo largo de esta investigación, en el
caso que nos ocupa el recurso al secreto es totalmente a la inversa, puesto que
es el objeto del secreto, la información, lo esencial y lo que nunca ha de
perderse durante el funcionamiento de ANCLA.
Esa "obsesión por la verdad", tan presente en la figura de Rodolfo Walsh (en
cierta forma el ideólogo de la agencia), recorre todo el trabajo de ANCLA. Walsh
combatió a la dictadura hasta el último momento de su vida. No fue el único:
muchos merecen ese lugar en la memoria. El 25 de marzo de 1977, un día después
de enviar a las redacciones del país su "Carta de un escritor a la Junta
Militar", cayó en una emboscada tendida por un grupo de tareas de la Escuela de
Mecánica de la Armada. Tenía su pistola calibre 22 y se defendió hasta que las
balas enemigas lo alcanzaron. El 9 de enero había cumplido 50 años.
Las bases programáticas de ANCLA, además, remiten a las anteriores experiencias
de difusión popular donde Walsh participó. Todas ellas responden a un criterio
amplio, síntesis de una prensa pensada como instrumento de combate en la
tradición latinoamericana y como herramienta de información, discusión política
y organización en la teoría leninista. Walsh era un apasionado lector y buscó,
en la propia práctica, sistematizar un conocimiento a fin de cuentas colectivo.
En Prensa Latina y junto al periodista argentino Jorge Masetti (4), se empeñó en
contrarrestar la "catarata de basura informativa" de los medios de comunicación
transnacionales. El trabajo sostenido logró la colaboración de reconocidos
políticos e intelectuales y la agencia cubana pudo, así, establecer numerosas
corresponsalías. Asimismo, desde las páginas del Semanario CGT se desprendieron
numerosos llamados a que cada fábrica cumpla con un corresponsal y a que
trabajadores y organizaciones políticas se sumaran a las tareas de distribución,
donde se destaca el rol organizador del periódico. Finalmente, el diario
Noticias -perteneciente a Montoneros pero organizado como empresa periodística-,
se presentó como una prensa independiente que, sin decirse claramente
partidaria, apuntó a llegar masivamente al pueblo.
ANCLA no fue una excepción a estos criterios, como tampoco lo fue la otra
herramienta que Walsh creó durante 1976, la Cadena Informativa. Ambas eran
estructuras políticas que respondían a una línea, pero que -al mismo tiempo- no
se presentaban como órganos oficialmente partidarios ni se circunscribían al
éxito de una operación. Esa tarea le correspondía a Evita Montonera y a El
Montonero. Eran ellos los responsables de propagandizar la línea del partido,
"Ia única empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus
aspectos más variados" (5). La agencia, más bien, daba batalla en el terreno de
las apariencias.
Para especificar tanto forma como función, ANCLA necesitó una evaluación de la
etapa política que funcionara como anclaje de sentido. Ese lugar de
reconocimiento fueron los documentos internos de Walsh, "papeles de la
resistencia", presentados para el debate a la dirección de Montoneros y que
representaban la postura crítica de un sector de la organización. Si bien no se
trata de una derivación cronológica, los documentos actuaron como su matriz
ideológica y de su análisis de la realidad se desprendieron los métodos de lucha
más adecuados para enfrentarla: en este caso, la construcción de órganos
descentralizados de difusión clandestina que permitieron sobresaltar a las
Fuerzas Armadas y a los grupos económicos, gracias a un análisis exhaustivo de
la prensa legal, a las "escuchas" por interferencias a las redes de comunicación
del aparato represivo y, fundamentalmente, a que muchas personas superaron el
terror para contar lo que habían visto u oído.
La agencia, entonces, se enmarcó en una convocatoria a la resistencia contra el
régimen. Según Rodolfo Walsh, se habla de resistencia cuando se "cuestionan los
efectos inmediatos del orden social, incluso por la violencia, pero al
interrogarse por el poder, responde negativamente porque no está en condiciones
de apostar por él. El punto principal en su orden del día es la preservación de
las fuerzas populares hasta que aparezca una nueva posibilidad de apostar al
poder. La obtención de ese objetivo de supervivencia está ligada a la
desaceleración del enfrentamiento militar y a la aceleración del enfrentamiento
político".
En cambio, también en palabras de Walsh, la guerra es "centralizada,
homogeneizada a través del funcionamiento partidario y dependiente de un aparato
especializado. La organización de la resistencia se basa en grupos reducidos e
independientes cuyo nexo principal es la unidad por la doctrina" (6). Para
Daniel James, por otra parte, la resistencia es "una heterogénea mezcla de
actividades de distintos tipos (...) un variado conjunto de respuestas que iban
de la protesta individual en el plano público hasta el sabotaje individualmente
efectuado y la actividad clandestina (...) La motivación general que impulsaba
estas diferentes formas de resistencia al régimen militar puede ser entendida
como un rechazo del nuevo régimen político y lo que implicaba en materia social
y política. Sin embargo, acciones como la colocación de bombas y el sabotaje
eran inspiradas también por un abrumador sentimiento de desesperación" (7).
En ese sentido, la agencia buscó romper la tradicional polaridad donde un emisor
fuerte se dirige en forma unidireccional a una masa anónima de receptores
pasivos: a partir de la distribución de sus cables apeló a que cada receptor se
convierta en un nuevo emisor, generando una cadena de información que sin duda
desafió al silencio. Esta práctica es parte de la discusión sobre medios
alternativos de comunicación presente en aquellos años en toda Latinoamérica."
Pero la política de información de ANCLA tampoco fue ajena a los llamamientos a
la participación publicados en forma de artículos o consignas en la prensa
oficial de Montoneros. En muchas ediciones de Evita Montonera se resalta que
"hay que ganar la batalla de la información y la propaganda", y se caracteriza a
la gran prensa diaria como un espacio de "periodistas venales y corruptos (que)
nos someten todos los días a un cúmulo de informaciones falsas. Esas
informaciones falsas o tergiversadas responden a los intereses de los oligarcas
y grandes capitalistas" (8).
A la manera de las octavillas clandestinas presentes en los textos de Lenin o de
los pasquines ilegales que surgían con el descontento popular durante la época
colonial de la América Hispana, el trabajo de información y propaganda intentó
abrir medios de comunicación donde "el pueblo empieza a escribir sus propias
noticias, y a ordenar la información que llega a sus oídos". De lectura fácil y
rápida, estas "octavillas" alentaron "su reproducción por cualquier medio y de
cualquier forma".
Lo cierto es que Walsh participó durante algún tiempo de la estructura de prensa
de Montoneros (junto a su amigo el poeta y militante Francisco Urondo). Más
tarde, en Informaciones e Inteligencia, encaró proyectos que incluían la
comunicación y contó con espacios en las páginas de Evita Montonera para
plantear vías de acción. A esto se debe la semejanza en tanto modelo
comunicacional entre ANCLA, Cadena Informativa y algunos de los espacios
recreados desde la Secretaría de Propaganda, que incluyeron hojas zona les,
cintas grabadas e interferencias a los canales de TV y radio.
ANCLA, en síntesis, venía a representar la necesidad de contar con un medio
eficaz para la circulación de información en un momento de tenaz bloqueo
informativo. También, la necesidad de un instrumento político de
contrainteligencia: un espacio disimulado que, a la vez de informar, dirigiera
buena parte de sus esfuerzos a actuar dentro del corazón mismo del poder. En
otras palabras, se trató de una estructura comunicacional que involucró tanto la
representación como la acción, tomando parte activa en la lucha de resistencia
al régimen.
En la construcción de una identidad diferenciada se dejan entrever, también, sus
objetivos: ya en el Plan de Operaciones (9) de 1810, escrito por el secretario
de la Primera Junta Mariano Moreno y con la colaboración del vocal Manuel
Belgrano, estaba presente el recurso a la comunicación como forma de lucha
psicológica contra el enemigo. El texto dice: es necesario montar una oficina de
"seis u ocho sujetos que escriban cartas anónimas, fingiendo o suplantando
nombres y firmas (...) y (aunque) protesten que son imposturas (... y) por
muchos alegatos que impongan, nunca podrá dejar el gobierno (...) de mirarlos
como sospechosos (... Así) podremos sacar mucho fruto, sembrando entre ellos
mismos la semilla de la discordia y la desconfianza" (10).
Por último, queremos aclarar que este trabajo no pretende agotar el tema sino,
por el contrario, comenzar a abordarlo. La investigación, que en muchas de
ocasiones pareció un rompecabezas con piezas difíciles de encontrar, varió sus
hipótesis a medida que los testimonios de los actores de aquellos años aportaban
mayor información. Por ese motivo, en principio partimos de la base de una
agencia noticiosa que desde la clandestinidad denunciaba las violaciones a los
derechos humanos; mientras que a poco de comenzar nos encontramos con una
verdadera estructura política que estaba en relación con un llamamiento a la
resistencia para combatir a la dictadura, tanto en el terreno político como en
el militar.
Este trabajo es un intento de reconstrucción de una parte de la historia que aún
no está saldada y que se proyecta sobre el presente en sus logros y fracasos. De
ahí que los testimonios estén irremediablemente mediados por la reflexión y los
posicionamientos políticos actuales de cada uno de los actores de aquella época,
tras 25 años de la derrota de la experiencia revolucionaria de los años '70 en
nuestro país. Por lo tanto, no es extraño que abunden contradicciones en el
recuerdo de un período tormentoso y que éstas se traduzcan, a la vez, en errores
de tiempo o forma que no supimos apreciar durante la investigación: ANCLA, en
tanto elaboración colectiva, ofrece entonces múltiples miradas. Esta no es más
que un intento de síntesis de algunas de ellas.
Notas
1 Estructura organizacional de Montoneros. Walsh era el responsable del ámbito
que llevó adelante ANCLA, entre otras tareas militantes relacionadas a
información e inteligencia.
2 Cfr. Fabbri, Paolo (1995).
3 El autor plantea que un espía disimula su condición. El que lo descubre, a su
vez, deberá aparentar que no maneja ese dato. Pero si el espía toma conocimiento
de esa realidad, deberá manejarse dando datos falsos sin que el otro se de
cuenta. Y así sucesivamente en una escalada ascendente y móvil en la que el
objeto inicial se pierde, porque a partir de aquí, lo que va a importar son las
apariencias.
4 Jorge Masetti llegó a Cuba para trabajar una nota periodística sobre la
guerrilla castrista. En el curso de su investigación entrevistó a Ernesto
Guevara y a Fidel Castro en Sierra Maestra. A poco de regresar a la Argentina
decidió que su rol de periodista no podía estar escindido de la lucha por la
liberación latinoamericana. Volvió a Cuba y prestó sus servicios en la dirección
de Prensa Latina. En ese entonces fue cuando surgió la idea, discutida con
Guevara, de instalar un foco guerrillero en Salta. AIIí, con el nombre de
Comandante Segundo, lideró el Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). En 1964,
acorralado por las fuerzas represivas, Masetti desapareció en la espesura de la
selva.
5 Cfr. Lenin (1972).
6 Cfr. Rodolfo Walsh. En Baschetti (1994).
7 Cfr. Daniel James (1990). El autor se refiere a la primera resistencia
peronista.
8 Cfr. Evita Montonera, año II, nro. 17, abril de 1977.
9 Belgrano fue elegido por la Junta para redactar, "en comisión secreta", un
plan de acción revolucionaria. Hacia el 15 de julio de 1810 presenta un
borrador, con aspectos básicamente económicos. EI 18 de julio, en votación
secreta, la Junta encomienda a Moreno la elaboración de un Plano de Operaciones
que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe
poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e
independencia. El informe se conoce por copias encontradas en el Archivo de las
Indias de Sevilla, y dado su impactante contenido inició una polémica acerca de
su autenticidad.
10 Mariano Moreno: Plan de Operaciones. En Augusto Fernández Diaz: "El supuesto
plan de Mariano Moreno", artículo publicado en el Anuario del Instituto de
Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional del Litoral número 4: De
la Colonia a la Emancipación, Rosario, 1960. El párrafo citado refiere al plan
de toma de Montevideo.
Una
breve historia: Rodolfo Walsh y el periodismo comprometido
"Mi relación con la literatura se da en dos etapas: de sobrevaloración y
mitificación hasta 1967, cuando ya tengo publicados dos libros de cuentos y
empezada una novela; de desvalorización y paulatino rechazo a partir de 1968,
cuando la tarea política se vuelve una alternativa. La línea de Operación
Masacre era una excepción: no estaba concebida como literatura, ni fue recibida
como tal, sino como periodismo, testimonio. Volví a eso con Rosendo, porque
encajaba en mi nueva militancia política".
"La desvalorización de la literatura tenía elementos sumamente positivos: no era
posible seguir escribiendo obras altamente refinadas que únicamente podía
consumir la intelligentzia burguesa, cuando el país empezaba a sacudirse por
todas partes. Todo lo que escribiera debía sumergirse en el nuevo proceso, y
serie útil, contribuir a su avance. Una vez más, el periodismo era aquí el arma
adecuada"..(11)
Como puede apreciarse en los párrafos citados, la evolución del pensamiento
político de Rodolfo Walsh determinó y acompañó su relación pública con la
literatura, que conservó como pasión y práctica hasta su muerte. Y fue la
investigación acerca de los fusilamientos de civiles en José León Suárez, tras
el levantamiento del general Valle en junio de 1956, la que terminó de confirmar
que "tampoco soy ya un partidario de la revolución que -como tantos- creí
libertadora".(12).
Unos años antes, Walsh había participado -aunque no como miembro activo- de la
Alianza Libertadora Nacionalista. Él era un nacionalista convencido y había
visto con malos ojos la firma del gobierno peronista de las Actas de Chapultepec
.(13), así como también la política de movilización de los recursos petroleros
vía contrato con la empresa estadounidense California Argentina.(14). Por eso,
en un primer momento, recibió con cierta expectativa la nueva embestida militar,
hasta que el evidente carácter antinacional y antipopular de la "Libertadora" le
puso un punto y aparte al periodista "vagamente antiperonista" (15) que entendía
la novela como el punto cúlmine de las letras. En el prólogo a Los que luchan y
los que lloran, Walsh escribió de Jorge Ricardo Masetti palabras que valen para
él: "en ese ilusionismo de periodista ingenioso había como un oscuro rito, una
transformación auténtica".
Así, mientras matizaba la idea de la novela como cumbre del arte, comenzó a
acercarse definitivamente a la política, y dentro de ella al peronismo. Para
operar semejante cambio, primero debió vivir los logros de la Revolución Cubana
-que fueron para él una escuela-, trabajando junto a Masetti en la construcción
de la agencia de noticias Prensa Latina: destinada a contrarrestar los efectos
de la propaganda transnacionalizada contraria a la isla y a presentar una visión
de la realidad desde el punto de vista de los países latinoamericanos, la
agencia no escapó a la discusión generalizada sobre la teoría de la dependencia
y su correlato en la concentración mediática.
Fue allí, posiblemente, donde su interés por descifrar mensajes en clave se
transformó en un mutuo aprendizaje junto a los militantes cubanos. O, más bien,
en una sistematización de la experiencia que sirvió de orientación para una
futura política de Inteligencia. De hecho, en los días de Prensa Latina Walsh
pudo poner los mecanismos de "espionaje" en práctica, de forma tal que la
decodificación anticipada de ciertos mensajes permitieron descubrir la tentativa
norteamericana -instrumentada por la ClA- de invadir la isla a través de Bahía
Cochinos. Él recordará, tiempo después, que "vivíamos al pie del teletipo":
muchas veces, las "escuchas" de comunicaciones permitieron a Prensa Latina
suplir el vacío informativo provocado por el bloqueo a Cuba.
De vuelta en Buenos Aires y después de publicar Los oficios terrestres y Un kilo
de oro, en 1968 Walsh conoce -vía entrevista personal con Perón en el exilio- al
dirigente gráfico Raimundo Ongaro, de la CGT de los Argentinos. Desde una
concepción de la prensa popular basada en un profundo respeto hacia los
destinatarios de la información y hacia los protagonistas que generaban hechos
políticos, históricos o sindicales, se da entonces a la tarea de armar el
Semanario CGT, clausurado tras los sucesos del Cordobazo y obligado a la
clandestinidad.
El semanario no sólo tuvo en cuenta artículos de carácter gremial y
reivindicativo, sino que se abrió a la discusión política desde su oposición al
régimen militar, amparado en el Mensaje del 1ro. de Mayo. Este contenía las
bases programáticas de la CGT alternativa y oficiaba como encuadre político de
cada una de las notas publicadas en el periódico. Tal como señala Mariano
Mestman, "esta definición remite a la presencia de la concepción leninista sobre
la prensa (...), que se expresa (...) en su carácter polémico, en la difusión de
línea y en la publicidad de los debates de las reuniones, en la importancia
adjudicada a su distribución y en el lugar asignado a las corresponsalías" (16).
Justamente, fue la consigna de "un corresponsal en cada fábrica" la que intentó
comprometer la participación obrera en la elaboración, distribución y venta del
periódico, realzando su rol de organizador colectivo y estimulando la
participación directa de los trabajadores en su propio semanario. En Walsh, la
gestación del Semanario CGT terminó de definir su convicción y su militancia
política. Antes, Operación Masacre había actuado como una bisagra entre dos
formas de procesar la realidad. Ahora se decidía a aportar orgánica mente en el
Peronismo de Base (PB). Luego, en 1973, comenzó a participar activamente en
Montoneros, donde no desarrollaba tareas de prensa sino de inteligencia: con el
grado de oficial 2do. y el alias de "Esteban", su responsabilidad era la
producción y análisis de información para uso interno de la organización.
En 1974, sin embargo, compartió su actividad en la estructura de Informaciones e
Inteligencia con actividades en el área de prensa. Fue cuando participó del
diario Noticias, concebido como empresa periodística. Si bien pertenecía a
Montoneros, Noticias era un diario que procesaba la información desde el punto
de vista periodístico, y que -sin decirse partidario- aprovechaba los resquicios
de la legalidad burguesa para llegar con su discurso a las más amplias masas
populares (17).
Luego, hacia 1975 y en virtud de su análisis crítico de la situación política
que vivía el país y de la respuesta a esa situación por parte de Montoneros,
volvió a encarar propuestas que desde el trabajo de inteligencia incluían la
prensa, específica mente la Agencia de Noticias Clandestina (donde su alias era
"Basualdo") y Cadena Informativa, además de sus recordadas cartas. Lo cierto es
que Walsh, frente a cada coyuntura, se planteó métodos de lucha en el terreno
comunicacional adecuados a la realidad que vivía el país: su participación en
Prensa Latina y en el Semanario CGT le habían permitido conocer, en concreto,
las posibilidades de la prensa como factor de organización y combate. Es esa
concepción la que marcó el camino de ANCLA: rigor respecto de la información,
fomento de la participación popular, instrumento de contra información,
comunicación en acción.
El golpe de Estado y la polémica con Montoneros
El funcionamiento y los objetivos de la Agencia de Noticias Clandestina se
dieron en función y respuesta al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Es
decir, ANCLA nació en el marco de una situación represiva donde la censura y la
autocensura de los medios estaba a la orden del día: justamente, entre algunos
de los máximos objetivos de la Junta de comandantes de las tres armas que tomó
por asalto el poder, figuraba el amordazamiento de la prensa.
De acuerdo a la Doctrina de Seguridad Nacional, eje rector del autodenominado
Proceso de Reorganización Nacional, se establecieron consejos de guerra
militares para encausar a toda persona "enemiga de la Patria", se controló
directamente a los medios de comunicación y se impuso la censura, se eliminaron
los partidos políticos, los sindicatos, se anularon los derechos civiles y
sociales y los derechos humanos. Además, se reorganizó la educación para ponerla
al servicio de "objetivos nacionales".
Los militares argentinos se basaron en la hipótesis de guerra interna para
legitimar una contra insurgencia clandestina que enfrentara a "Ia subversión" y
al "caos marxista clandestino". Cabe destacar que la doctrina es discípula fiel
de las experiencias del ejército francés en Argelia e Indochina, y que los
manuales más populares de contraguerrilla del ejército argentino son los del
Coronel Roger Trinquier y sus adeptos (18). La doctrina, en síntesis, es la
versión americanizada de la teoría de Trinquier, que se adelanta e inspira a las
teorías contra insurgentes norteamericanas de los años 60 y 70.
Antes del golpe de Estado, ya se había prohibido la publicación de Militancia,
El Mundo, Noticias, El Descamisado, El Peronista, La Calle, El Nuevo Hombre y
Satiricón, entre otros, acusados de formar parte del "terrorismo periodístico"
(19). Luego la censura de la prensa se acentuó enormemente: el mismo 24 de marzo
el bando 19 de la Junta Militar anunció que "será reprimido con la pena de
reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio divulgare,
difundiere o propagase comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a
asociaciones ilícitas"; y que "será reprimido con reclusión de hasta diez años,
el que por cualquier medio divulgase, difundiere o propagase noticias (...) con
el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las
Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales".
Conforme esto, la Junta Militar estableció como lo más sano "a los fines de la
Patria" una suerte de estrategia de incomunicación y desinformación. Esta
estrategia superaba la negativa a informar sobre la desaparición de personas (a
menos que fueran suministradas oficialmente), ya que alcanzaba a censurar
cualquier crítica al modelo económico, político y social y hasta cualquier
información o libro considerado peligroso.
Justamente, para Rodolfo Walsh la dictadura provocaba un "terror basado en la
incomunicación", y a esta idea dio respuesta estructurando una forma de
comunicación clandestina. Gracias a su trabajo, Walsh pudo proveer a los medios
nacionales y extranjeros de informaciones fidedignas, e incluso pudo difundir
datos aportados por periodistas que no podían publicarlos en su medio. Según
Horacio Verbitsky, la regularidad de los despachos sirvió para medir, más tarde,
el nivel de miedo, colaboración o supuesta ignorancia de la gran prensa diaria
de aquella época (20). Si bien los cables -salvo honrosas excepciones- no
pudieron publicarse de forma tradicional debido a la censura imperante, se
retransmitían de boca en boca por el mundo y por el país (21), aunque en este
caso no de una forma generalizada sino -por el contrario- muy solapada, casi
como un rumor (22).
El llamado Proceso de Reorganización Nacional contó entre sus víctimas a 99
periodistas, entre ellos el propio Walsh (84 están desaparecidos, 15 fueron
asesinados). Según el análisis de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de
Personas (CONADEP), la cifra es muy alta en relación con los profesionales que
integraban el sector, lo que desnuda el intento de silenciar a la prensa para
evitar todo tipo de cuestionamientos al régimen.
Al igual que el Programa del 1ro. de Mayo funcionó como matriz orientadora del
Semanario CGT (23), en el caso de ANCLA esa matriz fueron los documentos
internos de Montoneros elaborados por Walsh para su debate y discusión,
documentos que daban cuenta de la necesidad de generar medios de comunicación
para enfrentar el silencio y para "parar el golpe" con respuestas políticas
(24). Pese a su notoria claridad, la calidad de las propuestas y el análisis
certero respecto de la etapa que se abría con el golpe de estado de 1976, la
conducción de la organización sólo los tuvo en cuenta parcialmente.
En ese marco, escribe Walsh el 23 de noviembre de 1976: "Respecto a las críticas
que (...) formulamos, buena parte de ellas coinciden parcialmente con las
rectificaciones del Consejo (Nacional), y en ese sentido entendemos que el
documento es un avance significativo para el conjunto. Sin embargo pensamos que
las rectificaciones son sólo parciales, porque no corresponden a una autocrítica
profunda sobre los errores que nos condujeron a la actual situación, sino que
tienden a corregirlos de facto ante la evidencia del mal resultado obtenido"
(25).
En esa época, eran varios los sectores de Montoneros que polemizaban con la
conducción. Entre las polémicas más notorias están la que encabezaba Walsh, por
un lado, y la de la Columna Norte del Gran Buenos Aires, por el otro. Ambas
discusiones, desde diferentes propuestas y perspectivas, giraban en torno del
funcionamiento organizativo y del rol de la identidad peronista tras el golpe.
En el caso de Walsh, la crítica se dirigía principalmente hacia la línea
triunfalista y militarista de Montoneros, y como contrapartida planteaba un
necesario repliegue hacia el peronismo, en vez de dilapidar "esfuerzos en crear
un inexistente Movimiento Montonero".
Antes del golpe de Estado, la organización había disputado la conducción del
movimiento peronista, que después de 1976 dio por agotado: "forzadas a
replegarse ante la irrupción militar, (las masas) se están replegando hacia el
peronismo que nosotros dimos por agotado (...) Suponer que las masas se
replieguen al montonerismo es negar la esencia misma del repliegue, que consiste
en desplazarse de posiciones más expuestas hacia posiciones menos expuestas"
(26).
De ahí su postura -relacionada al repliegue popular hacia el peronismo- y la
propuesta aglutinante de resistencia al régimen, "que Montoneros tiene méritos
históricos para encabezar". En términos de Mao Tse-Tung, Walsh caracterizó la
etapa como de retirada desde el punto de vista estratégico y como de resistencia
desde el punto de vista táctico. Esta definición suponía un cambio en la
estructura organizativa para adecuarla a las nuevas necesidades, de modo que la
descentralización se constituyó en una de las claves de su planteo.
"Un centenar de oficiales, dispersos en el territorio, sin otro lazo orgánico
que la unidad doctrinaria, es suficiente para sostener la resistencia si se
cuenta con recursos adecuados en dinero, documentación, propaganda y
explosivos". De esta manera, un masivo "cuestionamiento al orden social, incluso
por la violencia", permitiría acelerar "el enfrentamiento político". Al
"sustraerse como blanco" del accionar enemigo y "reclamar por la paz", podría
demostrarse que "la responsabilidad de la guerra recae en el enemigo. En este
punto aparece la posibilidad y legitimación de la resistencia, forma de guerra
diluida que, sin fijarse plazos, puede arraigar en el pueblo si le propone
formas de acción que estén a su alcance" (27).
Para lograr este objetivo, Walsh propuso el reparto del dinero con anticipación
y por tiempos prolongados, la descentralización de la prensa y la fabricación de
explosivos caseros y bombas incendiarias en vez de la fabricación de armas de
guerra. En su propuesta, funciona como experiencia de aprendizaje la etapa de la
primera resistencia peronista: una línea militar ligada al interés inmediato de
las masas, el abandono de los atentados individuales y el privilegio de los
atentados al aparato productivo; en lo político, el levantamiento de la bandera
de los derechos humanos y una incesante propaganda ofensiva realizada por medios
artesanales.
"La aparición de contradicciones entre ellos (la Junta) gira sobre políticas a
seguir después de la derrota de la guerrilla, que sigue siendo el factor
unificador" (28). Por lo tanto, todas las acciones -militares y políticas-
debían apuntar a acelerar esas contradicciones hasta romper su unicidad.
En esa línea de pensamiento y acción, Walsh creó ANCLA, una herramienta política
ofensiva destinada a horadar en el corazón mismo del poder.
Notas
11 Rodolfo Walsh, papeles personales. En Link (1996).
12 Rodolfo Walsh, introducción a la primer edición de "Operación Masacre". En
Baschetti, Roberto (1994).
13 Las Actas de Chapultepec fueron firmadas por 20 países americanos en 1945,
bajo la supervisión de los Estados Unidos. Su objetivo era establecer un sistema
de defensa hemisférica contra la "amenaza del comunismo", llamado Tratado
Iteramericano de Asistencia Recíproca (TIAR). La Argentina en ese momento se
opuso; pero más tarde el gobierno peronista accedió a sumarse a la convocatoria.
14 California Argentina era el nombre local de la empresa petrolera
estadounidense Standard Oil. A fines del segundo gobierno peronista, la
Argentina se encontraba en una situacíón de carencia de recursos necesarios para
movilizar las reservas petrolíferas. Por ese motivo, Perón firmó un preacuerdo
con la compañía para que ésta extrajera el petróleo para venderlo a YPF, la
petrolera estatal. Como por el artículo 40 consagrado en la Constitución
Nacional de 1949 se establecía que todos los recursos naturales del país eran
propiedad inalienable de la Nación, la California no podía comercializar el
petróleo: el acuerdo entonces era venderlo a YPF cobrándose los costos más una
ganancia del1 por ciento sobre el capital invertido. La oposición dentro del
mismo peronismo, sumada a la oposición de los demás partidos políticos trabó el
proyecto, que no prosperó.
15 Fossati, Ernesto. En Baschetti, Roberto (1994).
16 Cfr. Mestman, Mariano. En Causas y Azares nro. 6 (primavera de 1997).
17 Rodolfo Walsh también pudo conocer el funcionamiento de la agencia Wafa,
cuando el diario Noticias lo envió al Líbano para trabajar en una serie de notas
sobre los palestinos.
18 Cfr. Armand Mattelart (1978).
19 Cfr. Gillespie, Richard (1987). Págs. 190 y 235.
20 Cfr. Verbitsky, Horacio (1985).
21 Cfr. María del Carmen Rubano (1994).
22 Entrevista realizada por la autora a Lucila Pagliai, quien desarrolló su
militancia en el área de informaciones de Montoneros y participó junto a Walsh y
otros integrantes del ámbito en la gestación de ANCLA. Lucila, graduada en
Filosofía y Letras y la única del grupo original que no era periodista, logró
salir del país en 1977 y se radicó en París. (Marzo de 1998).
23 Cfr. Mariano Mestman. Op.cit.
24 Con respecto a las críticas a la Conducción, es el propio Walsh el encargado
de resaltar que "situarlas por escrito no debe entenderse como una forma de
cuestionamiento sino de diálogo interno". En Baschetti (1994), pág. 239.
25 Cfr. Walsh, Rodolfo, Documentos internos. En Baschetti (1994), pág. 209.
Según Roberto Perdía (1997), la circular del 12 de febrero de 1977 intentó
"encontrar mecanismos superadores al debate que estábamos desarrollando". En
entrevista personal con la autora (marzo de 1999), Perdía -en ese entonces
secretario político de Montoneros- sostuvo que "cuando Walsh hizo su planteo ya
era tarde, y cuando nosotros lo hicimos fue mucho más tarde todavía. Habíamos
ido muy lejos, tuvimos una cierta desvinculación con el movimiento popular desde
1974 en adelante. Entonces, cuando quisimos pegar el golpe de timón, ya era
tarde".
26 Cfr. documentos internos. En Baschetti (1994).
27 Idem.
28 Idem.
Acerca de ANCLA
Dijimos en el capítulo anterior que la Agencia de Noticias Clandestina nació
como necesidad frente a una situación de opresión y autoritarismo. Política del
área de Inteligencia de Montoneros, la agencia de contrainformación buscó "parar
la ofensiva militar con respuestas políticas" (29). Esto significaba que todo el
trabajo estaba destinado a generar grietas que minaran el muro del poder, al
tiempo que se desarrollara, lentamente, la resistencia popular al régimen.
ANCLA empezó a funcionar en junio de 1976. Tan solo un mes después, los
documentos confidenciales cursados por la embajada de Estados Unidos en nuestro
país hacia el Departamento de Estado norteamericano dieron cuenta de la feroz
interna entre los militares que se habían adueñado del gobierno argentino: la
división entre "duros" y "moderados", la posibilidad de abrir cierto diálogo con
los partidos políticos, el plan económico diseñado por José Alfredo Martínez de
HOZ (30), las maniobras de cada arma para imponer a sus hombres en los lugares
de poder. Un breve repaso a estas tensiones entre el Ejército, la Marina y la
Aeronáutica es fundamental a la hora de comprender el trabajo de la agencia,
puesto que en su agudización iba la tarea central de la política de
contrainteligencia.
Marco político
Una lectura rápida pero atenta a los cables de ANCLA, escritos hace unos 25
años, revela la oscura trama que se desenvolvía tras la aparente unidad de
concepción del bloque en el poder. Las luchas intestinas entre las tres armas,
que fueron una constante del autodenominado "Proceso de Reorganización
Nacional", siempre tuvieron un lugar de análisis acertado en aquellos cables que
llegaban por correo a las redacciones, a los militares, a los miembros de la
Iglesia, a los empresarios.
Según documentos de la embajada estadounidense en la Argentina desclasificados
recientemente (31), algunos de los sectores que antes habían apoyado el golpe
comenzaron a alejarse tímidamente debido a la evidente política de exterminio
sistematizado sobre cualquier opositor a la Junta Militar, por un lado, y debido
a los estragos causados por la política económica de Martínez de Hoz, por el
otro. Esto posiblemente favoreció el acopio de información por parte de ANCLA,
ya que entre sus fuentes se encontraban "informantes calificados". La agencia
retrata, en diferentes cables, los efectos de esa represión sobre todos los
ámbitos de la sociedad argentina: la violencia del Estado terrorista, el
abandono de la producción científica de nuestro país, las diferencias entre los
miembros de la Iglesia, la crisis del aparato productivo.
En el cable del 30 de agosto de 1976, titulado "Campaña de censura y represión
contra el periodismo", la agencia da cuenta de la situación represiva a través
de un comunicado de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA);
"Un agudo malestar ha causado en medios allegados a la Secretaría de Información
Pública, que preside el capitán de navío Carlos Carpintero, la declaración
emitida por ADEPA (...) La nota (...) cuenta como objetivo primordial el reclamo
de poder informar más libremente y la condena abierta a los actos de violencia
que sufren los hombres de prensa en la actualidad".
Asimismo, en otro cable (3 de enero de 1977, "La 'liberación' de los presos
políticos en Argentina") ANCLA utiliza el discurso referido directo para dar
cuenta del engaño de los "liberados", donde las comillas vienen a negar lo que
la palabra ajena, la de los militares, afirma. Su propia opinión, que abre y
cierra algunos de los cables, está puesta además en función reveladora:
descubren la inexistencia de los enfrentamientos, de los liberados, de la opción
de abandonar el país e, incluso, de la ambigüedad de la afirmación de que muchos
detenidos por el poder ejecutivo habrían sido liberados, cuando habrían pasado a
ser encausados por la justicia (es decir que seguirían detenidos), denunciando
-a su vez- la función propagandística de tales anuncios.
Los efectos de la represión sobre la sociedad pueden verse también en el parte
del 18 de septiembre de 1976, "La ola de violencia sobre los profesionales":
"Los intelectuales argentinos acorralados por la violencia indiscriminada,
buscan refugio en lugares del mundo más propicios para realizar sus actividades,
produciéndose una verdadera 'fuga de cerebros'. Los científicos, técnicos e
intelectuales que por distintos motivos no se alejan del país, permanecen en un
estado de parálisis que redunda en un deterioro de la producción intelectual y
de la investigación científica argentina".
Y con respecto a la Iglesia, el cable de ANCLA del 30 de agosto de 1976 ("Habría
sido asesinado monseñor Angelelli") sostiene que "este conjunto de hechos ha
creado una situación de creciente tensión entre la Iglesia Católica y el
gobierno militar argentino, mitigada por las gestiones de algunos miembros de la
alta jerarquía eclesiástica en un esfuerzo por detener la propuesta masiva del
conjunto de los integrantes de esta institución religiosa".
En este marco, las luchas intestinas por el poder se proyectaban y complicaban
cada vez más el sistema de gobierno diseñado por los militares golpistas. "Tres
factores (…) acentúan las 'diferencias normales de opinión' (entre las Fuerzas
Armadas) -dice al respecto un informe secreto de la embajada norteamericana en
julio de 1976-: a) El difícil sistema de manejo de la Junta. La Junta, no el
presidente, es la autoridad suprema del país. El gabinete y las áreas de
responsabilidad están divididos entre las tres fuerzas. Esto traslada
rivalidades al gobierno y fomenta el que los ministros e interventores tiendan a
reportarse y a responder más al jefe de su arma que al presidente. b) La
incapacidad de (Jorge Rafael) Vide la para afirmarse (...) c) Las ambiciones del
almirante (Emilio Eduardo) Massera (... ya que) no quedan dudas de que apunta a
la presidencia. (…) Videla es consciente de las maniobras de Massera, desconfía
de él y probablemente le gustaría librarse de Massera antes de que este último
intente liberarse de él (...) Videla y Viola supuestamente también se consideran
adversarios" (32).
El traslado de "rivalidades al gobierno" se hace presente en muchos de los
cables de ANCLA: "La Marina argentina propuso como presidente de la república al
general Luciano Benjamín Menéndez, reservando al actual titular del Poder
Ejecutivo general Videla, el cargo de comandante en Jefe del Ejército. La
posición de la Marina incluye un abanico de posibilidades que cubre desde la
candidatura presidencial (...) hasta el nombramiento de otro alto jefe militar
en un eventual cargo de 'primer ministro'. Pero en todos los casos supone el
desdoblamiento de la función ejercida por Videla", explica el cable del 20 de
diciembre de 1976, "La crisis en la cúpula militar". El mismo cable luego
continúa que "las propuestas manejadas por el sector orientado por el general
Viola privilegian la titularidad del Poder Ejecutivo para el general Videla
(...) y ubican al general Viola en la Comandancia en Jefe del arma. Tanto la
Marina, la Aeronáutica, como el sector del Ejército orientado por el general
Menéndez cuestionaron al general Viola (...) por su relación con políticos y
sindicalistas. Los enfrentamientos en la cúpula militar (…) se agudizaron a
partir de que el general Viola lograra mejorar su relación de fuerzas con los
cambios producidos en el arma por la Junta de Calificaciones. En dicha
oportunidad, si bien la llamada 'línea Viola' perdió la Brigada I de Caballería
y debió pactar en algunos casos con el ala liderada por Menéndez, pudo pasar a
disponibilidad a cuatro opositores (Paladino, Vilas, Buasso y Mujica), promover
a altas funciones a generales afines (Vaquero y Olivera Rovere) y mantener sus
posiciones en el gobierno (...). La contraofensiva emprendida por la Marina,
Aeronáutica y el sector aliado del Ejército, se ha centrado en dos ejes: la
relación Junta-Poder Ejecutivo, y la cuestión sindical, a través de la Ley de
Asociaciones Profesionales".
Las consecuencias de ese pase a disponibilidad de "cuatro opositores" se
evidencian cuatro meses después, en el cable del 14 de abril de 1977 ("Campaña
por tres generales retirados"). Allí, la agencia sostiene que "volantes
reclamando por el retiro forzado de los generales Acdel Vilas, Juan Antonio
Buasso y Rodolfo Clodomiro Mujica fueron arrojados en el centro de Buenos Aires,
como un síntoma más de las divisiones que agitan a la cúpula militar argentina
(...) Los tres formaban parte del ala ultraderechista del Ejército, enfrentada
con (...) Viola y apoyada por (...) Massera".
Estas luchas internas se vieron representadas también en el allanamiento de la
vivienda del general de brigada Arturo Amador Corbetta (del ala "Iegalista")
poco más de un mes después de la detonación de una bomba en la Superintendencia
de Seguridad Federal, reivindicada por Montoneros. Corbetta, luego de "una
verdadera rebelión de la plana mayor policial-en reclamo de sangrientas
represalias-" (33), relevó a los superintendentes de dos unidades operativas de
la Policía Federal y presentó su propia renuncia como jefe policial.
"Las diferencias entre Corbetta y (el ministro del Interior, Albano)
Harguindeguy datan de tiempo atrás, habiéndose evidenciado al decidir el
ministro (...) que los jefes policiales relevados (…) en la crisis de julio se
desempeñaran como asesores de su ministerio". El cable puntualiza que "el
general Corbetta se ubica entre los más firmes sostenedores de la posición
'legalista' en cuanto a la represión antisubersiva (…) Su oposición (...) se
manifestó especialmente a raíz del asesinato del general boliviano y ex
presidente de ese país Juan José Torres y de la 'ejecución' de los cinco
religiosos de la orden de los palotinos, en los primeros días de julio".
Asimismo, en la crónica y el análisis de los hechos del cable del 19 de
diciembre de 1976, "Malestar en la Policía provincial", ANCLA desarrolla su
argumentación poniendo de relieve la oposición interna entre policías y
militares. Así, la agencia aparece como conocedora de sucesos "secretos": las
divisiones internas de las Fuerzas Armadas y de seguridad, y las previsiones que
éstas proyectan para un futuro inmediato ("comisarios generales y jefes
regionales (…) estarían dispuestos a realizar un planteo (…) al comandante del
Primer Cuerpo del Ejército"). El cable parte de la detonación de un artefacto
explosivo durante una reunión de la plana mayor de la Policía de la Provincia de
Buenos Aires (PPBA), "reivindicada para sí por la organización peronista
Montoneros".
Otro de los múltiples y violentos reflejos de las diferencias internas entre las
tres armas tuvo lugar con el secuestro, en Buenos Aires y por parte de un grupo
de tareas de la Marina, del embajador argentino en Venezuela nombrado por Vide
la, Héctor Hidalgo Solá (julio de 1977). Esa era una de las nada sutiles trabas
de la dictadura para nombrar civiles en cargos de gobierno. Pero la imagen
norteamericana de Videla como militar de un ala supuestamente "democrática"
("Soldado profesional decente, honesto y sincero, obviamente aborrece las
confrontaciones políticas y las luchas internas", dice uno de los documentos
desclasificados) se desvaneció rápidamente, cuando fue el mismo Videla el que
cerró toda posibilidad de apertura hacia los partidos políticos tradicionales. A
esa supuesta apertura no solo se enfrentaba la Marina: también Martínez de Hoz,
enfrentado a Massera -y ahora a Videla-, la descartaba. Es que necesitaba "más
tiempo para que sus medidas de austeridad reviertan la economía" (34).
El plan económico de Martínez de Hoz, apoyado y alentado por Estados Unidos, no
podía "aplicarse sin un considerable sacrificio de una parte de la clase
trabajadora", explicaba entonces el secretario de Estado norteamericano, Henry
Kissinger, en un documento confidencial. Este "considerable sacrificio", al
decir del funcionario, se tradujo entre 1976 y 1978 en un descenso de los
salarios reales industriales básicos de entre el 57,7 Y el 28,3 por ciento, de
acuerdo a la rama de la producción. Al mismo tiempo, la deuda externa "creció un
50 por ciento, pasando de 5.189 millones de dólares en el 76 a 8.357 millones en
el 78. Las inversiones extranjeras, en cambio, treparon de 4.115 millones de
dólares (...) a 147.070 millones" (35). Esas inversiones, en 1981, se
transformarían en la sideral deuda externa argentina.
En otras palabras, en el diseño norteamericano de nuestra economía, el
"sacrificio" era parte de un programa que, en líneas generales, incitaba "a la
Argentina a que aceptara su 'papel productor de alimentos' y dejara controlar su
potencial nuclear, además de impulsar las políticas de apertura y endeudamiento
externo, que derivarían en un proceso de desindustrialización" (36). Esos
147.070 millones de dólares en inversiones extranjeras no se traducían en
inversiones productivas, sino -por el contrario- en el endeudamiento a través de
préstamos a las empresas estatales y privadas. Es decir que esa "inversión
extranjera" se daba gracias a los préstamos que Estados Unidos otorgaba a las
empresas vinculadas al poder militar o a las empresas estatales obligadas a
endeudarse. Luego el total de la deuda sería absorbida por el Estado.
Un año después del golpe, ANCLA revela que "el único éxito que el ministro José
Alfredo Martínez de Hoz pudo exhibir ante sus ceñudos interrogadores castrenses
fue un superávit de 1.100 millones de dólares en el balance de pagos, lo cual no
es extraño si se considera que se produjo un ingreso de 1.300 millones de
dólares por créditos obtenidos del Fondo Monetario Internacional y de bancos de
Estados Unidos, Japón y Europa para refinanciar la agobiante deuda externa
argentina de 12.000 millones de dólares. El producto bruto descendió un 2,9 por
ciento y el consumo casi un 8 por ciento, creando situaciones críticas a
importantes sectores industriales como la producción automotriz (...) Esta grave
recesión hizo trepar al 10 por ciento el índice de desocupación, pese al plan
del ministro (...) de evitar un desempleo masivo por la vía de una caída
generalizada del poder adquisitivo del salario. Temeroso de los estallidos
sociales, el gobierno militar anunció a los empresarios que podrían mantener sus
ganancias congelando los salarios. Pero (… restringiendo) al mínimo los despidos
de personal" (37).
A esta situación también se refiere uno de los documentos de la embajada
norteamericana: "Los trabajadores no son el único problema de Martínez de Hoz.
También tiene sus críticos dentro de los militares", en referencia a las
ambiciones de Massera y su aliado Guillermo Suárez Mason.
Todas estas "diferencias" tuvieron otro capítulo en la discusión sobre la
elección del llamado "cuarto hombre", impulsada por el Ejército a finales de
1977 y en cierta forma adelantado por ANCLA casi un año antes ("La
contraofensiva emprendida por la Marina, Aeronáutica y el sector aliado del
Ejército, se ha centrado en (...) la relación Junta-Poder Ejecutivo"). Ese
"cuarto hombre" sería Videla, que ya retirado como comando en Jefe asumiría como
presidente "civil" con autoridad superior a la Junta, la que sólo en casos de
emergencia ejercería el poder de veto. La Armada y la Fuerza Aérea, en cambio,
proponían un "cuarto hombre" sometido a la Junta como órgano supremo.
Videla asumió como presidente en 1978, cargo que hasta ese momento había
ejercido, pero en calidad de miembro de la Junta. Massera seguió en la Junta
como jefe de la Armada. En la jefatura del Ejército Roberto Viola reemplazó a
Videla, pero en una tormentosa y dividida votación del alto mando de la fuerza:
Viola no contaba con el apoyo unánime de los comandantes de cuerpo, "donde está
el verdadero poder del Ejército", tal como consta en los documentos secretos.
Las maniobras aquí mencionadas brevemente conforman parte del marco político en
el que se desarrolló ANCLA, entre 1976 y 1978 (38). En cada uno de los partes
pueden verse en juego la identificación propia, los objetivos político ofensivos
de la agencia, el tratamiento de las fuentes y la construcción de un
destinatario múltiple para consumar sus tareas de contra inteligencia y contra
información. La agencia, que se presentaba en forma difusa, cuidó todo el tiempo
su redacción a fin de que no aparecieran marcas explícitas de identidad;
mientras que las contradicciones militares aparecían siempre puestas en relación
con alianzas y hechos.
Informaciones e inteligencia: el origen de la agencia
En el organigrama montonero, el Departamento de Informaciones e Inteligencia
dependía de la estructura militar de la organización (39). Su función era la de
realizar evaluaciones acerca de la situación del "enemigo" (40), de la situación
militar, de los posicionamientos de los partidos políticos y de la Iglesia y de
la situación del campo popular. Su objetivo, servir a la toma de decisiones
políticas y a las actividades internas de Montoneros, entre cuyas tareas estaba
la de armar un "ejército popular" (Ejército Montonero).
Para cumplir con su trabajo, el departamento contó con un importante bagaje de
información. Por un lado, manejaba el archivo periodístico del diario Noticias
(que Walsh integró en 1974), y recopilaba y analizaba los informes publicados
por la prensa legal; por el otro, cada sector de la organización hacía llegar
información referente a fuerzas de seguridad, operativos, patronos, etc., a esa
estructura, formando una red interna a través de los canales orgánicos.
La información, que se archivaba y se procesaba, se complementaba con los datos
arrojados por interceptaciones a la red de transmisión policial y de las Fuerzas
Armadas. Esta actividad se denominaba "escucha", puesto que requería escuchar
cotidianamente las transmisiones y desentrañar sus códigos para captar algún
operativo o secuestro.
Las fuentes de la información, por lo tanto, podían ser internas (estructura
orgánica), públicas (diarios y revistas) y clandestinas (interceptaciones y
contactos "calificados"), además de los colaboradores "por afuera" de la
organización: un trabajador, un vecino que había visto un operativo, un
estudiante, un familiar, un conscripto, etc. Esta última modalidad fue básica en
el caso de ANCLA, sobre todo a medida que la represión iba deteriorando cada vez
más las estructuras orgánicas.
Rodolfo Walsh, a cargo de una de las áreas del departamento (41), le daba una
importancia fundamental a la información política que se desprendía de diarios y
revistas de circulación legal. Solía prestar especial atención a los discursos
de los generales para descubrir las diferencias entre cada uno de los sectores
de las Fuerzas Armadas, a quienes respondían en el plano económico, sobre qué
sector de la Iglesia se apoyaban.
"Una de las tareas centrales de Informaciones, y después también de ANCLA
-explica Lila Pastoriza, quien participó en Inteligencia- era recopilar los
recortes de los diarios todos los días: se publicaba mucha más información de la
que se cree, y complementada con los datos obtenidos por las demás vías se
empezaba a armar el rompecabezas" (42).
Es decir, más que grandes contactos en las altas esferas del Partido Militar, la
información que llegaba a informaciones e inteligencia emanaba "desde los
conscriptos hasta el tipo que era policía desde mucho antes, que era peronista y
pertenecía o colaboraba con Montoneros. No era información 'central', porque un
colimba (43) no tiene información central, pero -por ejemplo- todas las
informaciones acerca del funcionamiento de la ESMA se recopilaron gracias a
colimbas que cumplían el servicio militar en ese lugar. Si bien existían algunos
contactos a más alto nivel, no eran tan fundamentales" (44).
La calidad del servicio de informaciones montonero pudo, en un sentido amplio,
notarse en más de una oportunidad. "Aramburu, Villar, los Born, la fábrica de
armas Halcón, el Hércules y muchos otros fueron posibles porque compañeros como
usted nos pasaron la información necesaria", sostiene un artículo de la revista
Evita Montonera (45). De ahí se desprende su importancia dentro de la estructura
militar de la organización, en tanto servicio de inteligencia.
La revista continúa: "Todos manejamos alguna información sobre el enemigo: el
cana que vive en el barrio, la pinza que vimos, el plano de la comisaría o el
cuartel donde hicimos la colimba, el matón del sindicato, la casa de un traidor
del movimiento, el dueño de la fábrica donde trabajamos. Esa información, tal
vez, en sí misma no sea muy importante o tal vez no sirva para una acción
militar espectacular, pero para nosotros por más pequeño que sea cualquier dato
es útil, porque lo unimos a otros datos y así vamos armando nuestra red de
información" (46).
Cuando comenzó la acción represiva de la Triple A (47), el departamento de
informaciones cumplió una tarea esencial: envió fotografías de los sospechosos
de participar en ese organismo paramilitar a cada una de las áreas de la
organización, con el objeto de identificarlos. Según Richard Gillespie, la
apelación a la policía de la Provincia de Buenos Aires realizada en 1975 por los
Montoneros, además de otras peticiones, sirvieron para cosechar aún más datos
acerca de las tres AAA, los que más tarde se utilizarían para estimular la
denuncia del accionar de ese organismo por parte de políticos y personalidades
(48).
Los militantes que participaban del departamento cumplían diversas actividades
relacionadas a contrainteligencia. Hacia 1976, Walsh se encontró con la
necesidad de dar salida a todo ese bagaje informativo que se venía construyendo
desde 1973. Reunido con Lila Pastoriza, Lucila Pagliai, Eduardo Suárez
(desaparecido en agosto de 1976) y Carlos Aznárez, discutió acerca de la
posibilidad de crear una agencia de noticias. Luego, hizo el planteo formal en
la estructura superior de la que dependía el organismo, posiblemente la
dirección de Inteligencia (supuestamente a cargo de Horacio Campiglia, alias
"Petrus", a quien Walsh nombra en uno de sus papeles personales) (49) o la
Secretaría Militar, en ese entonces a cargo de Horacio Mendizábal.
"Rodolfo era muy habilidoso en ese sentido. Por eso, cuando se arma la agencia,
la discusión se da en buenos términos con la organización. ANCLA parecía una
tarea absolutamente racional", señala Carlos Aznárez (50), y luego agrega que
Walsh aparecía como "el más capacitado para llevar adelante un proyecto de esas
características: tenía inserción en el gremio, contactos cualificados y gente en
distintas áreas que le facilitaban la información, a él y a ningún otro".
Según Aznárez, Walsh "estaba al día con toda la tecnología que pudiera servir
para la contrainteligencia. Rodolfo era un minucioso investigador en ese área y
en muchas ocasiones mandaba a comprar artilugios al exterior, que luego
servirían para hacer 'escuchas'. Además, era uno de los más grandes
'descriptadores' que tenía la 'orga', podía descifrar una clave policial o
militar (a nivel de mensajes 'tabicados') en muy poco tiempo. Y a la vez, era un
maestro para generar mensajes en clave, que -luego nos enteramos- a los milicos
les costaba mucho entender" (51).
Esta experiencia, no individual sino colectiva, sirvió para encontrar una
herramienta que permitiera dar a conocer, por otra vía, lo que estaba pasando:
todos los órganos legales de prensa partidaria estaban definitivamente
clausurados, la represión cada vez era más dura y muchos medios de comunicación
masiva desecharon rápidamente la posibilidad de publicar informaciones
provenientes de fuentes no oficiales.
ANCLA: objetivos
En virtud del material recopilado y de las entrevistas realizadas, puede
observarse que ANCLA tuvo tres objetivos centrales: "informar a los que
informan", es decir, brindar información veraz a los periodistas a fin de romper
el bloqueo informativo; funcionar como una herramienta de denuncia no sólo
acerca de las violaciones a los derechos humanos, sino también acerca de
aspectos de la política económica, la situación social que se vivía en el país,
y de la movilización obrera sistemáticamente silenciada; y, fundamentalmente,
agudizar las contradicciones existentes en el seno de las fuerzas armadas y
demás sectores de poder.
Agudizar las contradicciones
La Agencia de Noticias Clandestina, como dijimos más arriba, fue parte de la
política del aparato de Inteligencia, y en ese sentido orientó su accionar. Ya
desde la elección del nombre, Walsh buscó generar confusión entre las Fuerzas
Armadas. Por eso utilizó la sigla ANCLA: las competencias en el seno de las FFAA
permitieron que la agencia funcionara con relativa tranquilidad durante unos
meses, ya que cada arma sospechaba de la otra en la autoría de los cables. Pero
lo cierto es que lo que más preocupaba a los militares era el contenido de esos
misteriosos partes: por la calidad de la información, evidenciaban un
conocimiento de la situación para ellos sólo posible a través de fuentes
militares.
Según Lila Pastoriza, responsable del ámbito que llevaba adelante la agencia,
Walsh planteó la importancia de realizar un trabajo político entre las Fuerzas
Armadas y de seguridad, destinado a agudizar sus contradicciones internas: había
que enfrentar al sector de la Iglesia "X" con el sector del capital "Y", o con
alguna de las tres armas. En este sentido era necesario "generar instrumentos de
acción psicológica para producir o acelerar las contradicciones dentro del campo
del enemigo. Como lo que de alguna manera hacía la guerrilla era unificarlo,
nuestro objetivo entonces era dividirlo" (52).
Para lograrlo, los cables -redactados de manera ambigua en cuanto a la identidad
de la agencia y de las fuentes- eran enviados por correo a personajes cruciales
elegidos de antemano en función de las necesidades políticas; al tiempo que la
difusión entre periodistas aportaba a la circulación de rumores y generaba un
marco más amplio para la acción política y la agitación. Para conseguir las
direcciones más importantes, allí estaba el trabajo de inteligencia: según
Roberto Perdía, existía en la organización una nómina de oficiales a los que
enviar la información "para provocar despelote entre ellos, opiniones", aunque
"se sabía de dónde venía esa información" (53).
La forma de ordenar los datos servía, además, para dar relieve a las diferencias
entre los sectores de poder, mientras que la cantidad de fuentes en diferentes
sectores de la sociedad y ciertos "informantes calificados" les permitían
realizar análisis tan certeros que provocaban dudas y preocupación entre sus
destinatarios. Este objetivo, en sí mismo, descubre a la agencia como un
instrumento ofensivo de contrainteligencia: "Se generaron todo tipo de cables
cruzados, que provocaron desde temor hasta incredulidad" en el seno del poder,
señala Carlos Aznárez (54). De ahí que su ámbito natural estuviera vinculado a
la estructura de inteligencia de Montoneros.
La política de contra inteligencia no se agotaba con el funcionamiento de ANCLA:
también se editaban papeles y estudios acerca de temas conflictivos, como por
ejemplo la soberanía o la política económica. Entre ellos figuran los Cuadernos
de la Soberanía, redactados y distribuidos por Horacio Verbitsky y donde también
participaba, entre otros, Patricia Walsh. Según expresó la hija menor de Rodolfo
en la presentación de la primera edición de este libro, en los Cuadernos...
trabajaba "un grupo no muy grande de compañeros, que en plena dictadura y en la
absoluta clandestinidad, nos dedicamos a escribirlos".
Los Cuadernos... -explica a su vez Verbitsky- "eran como la contraimagen de lo
que la dictadura planteaba a los oficiales jóvenes", era mostrarle a los
militares la posibilidad de una forma distinta de ser militar. "Nos planteábamos
la disputa ideológica en ese sentido -continúa-, con la idea de que no era
inevitable que todos los militares fueran secuestradores, asesinos y lapidadores
del patrimonio nacional. Pensábamos que, en general, cuando un adolescente
comienza la carrera militar lo hace con intenciones generosas, no con la idea de
convertirse en un asesino y un ladrón. Sin hacemos demasiadas ilusiones,
procurábamos fortalecer esas contradicciones".
Entre los cables de la agencia donde se deja entrever este objetivo, se
destacan: "Malestar en la policía provincial", "La crisis en la cúpula militar"
y "Divergencias en las Fuerzas Armadas argentinas", emitidos durante 1976;
"Explicaciones económicas para el asesinato de un jefe militar", "Polémica por
una obra recientemente inaugurada", "Brasil desplaza a la Argentina en la
fabricación de aviones", algunos apartados del "Servicio especial: a un año del
golpe militar en la Argentina" y "Campaña por tres generales retirados", durante
la primera mitad de 1977; y "El cuarto hombre recién en 1979", y "¿Qué está
pasando en la Junta Militar?", correspondientes a la reanudación de los
servicios de ANCLA a partir del mes de agosto (para más información sobre las
etapas de ANCLA, ver el apartado sobre funcionamiento) (55).
Ahora bien, el1 9 de abril de 1977, en conferencia de prensa, el Comando en Jefe
del Ejército dio a conocer un informe sobre "La subversión en la Argentina". La
conferencia duró cuatro horas y la introducción estuvo a cargo del comandante en
jefe, teniente general Jorge Rafael Videla (en ese entonces presidente). También
expusieron Roberto Viola (titular del Estado Mayor de esa arma), Carlos Alberto
Martínez (jefe II -Inteligencia- del Estado Mayor General), y Luciano Adolfo
Jáuregui (titular de la jefatura III-Operaciones-) (56).
Lo que más interesa aquí es la "exposición" de Martínez, entre comillas dado que
los medios de comunicación de la época hicieron una transcripción exacta del
documento oficial leído durante la conferencia. En uno de sus apartados, dice:
"La acción sicológica (AS) ha desempeñado un importante papel en el accionar
subversivo y ha recurrido a diversos medios que van desde publicaciones
clandestinas, inscripciones murales, panfletos, pegadas de obleas, emisiones
radiales clandestinas, propaganda y/o intimidaciones por vía postal o
telefónicas, visitas domiciliarias, etc., hasta el empleo de propaganda armada y
uso de explosivos de alto poder sobre lugares de concentración de personas (Cine
Círculo Militar, Superintendencia de Seguridad Federal, Secretaría de
Planeamiento del Ministerio de Defensa Nacional) con fines no sólo de
destrucción, sino propagandísticos" (57).
"En general, la AS está dirigida a: Captar. Disminuir el espíritu de lucha y
fracturar la cohesión de las Fuerzas Legales. Enfrentar a distintas
instituciones con el gobierno, especialmente la Iglesia. Mantener en estado de
agitación al campo laboral buscando hacer fracasar el plan económico.
Desprestigiar al gobierno y las FFAA. Lograr una resistencia de la población al
gobierno" (58). En otras palabras, el informe desnudaba los objetivos de la
agencia clandestina.
Más adelante y después de enumerar el empleo de la "AS a nivel internacional",
la investigación describe las "estructuras propias (dentro del país)", que
"envían información falsa o distorsionada a corresponsales extranjeros, tratando
de aparecer como una agencia independiente clandestina. Tal es el caso de ANCLA
(Agencia de Noticias Clandestina), organizada por la bdsm (59) montoneros y que
funciona en el 'sector FFAA del Departamento Informativo de la Secretaría
Militar' bajo la responsabilidad de la DS (60) (alias) 'Lidia"' (61).
'Lidia' era el pseudónimo de Lila Pastoriza. Después de más de medio año de
funcionamiento y en virtud de los datos que ahora manejaba el ejército, puede
suponerse que el objetivo de "agudizar las contradicciones internas" perdió su
razón de ser. Las FFAA habían descubierto la identidad de la agencia, por lo
tanto los destinatarios de la información estaban precavidos acerca de las
intenciones políticas de sus autores: dividirlos disfrazándose de unos y otros,
sembrar la discordia.
Pero no fue así. Por el contrario, la preocupación y las sospechas se
mantuvieron: el problema no era tanto la identificación del emisor, sino la
calidad de una información que presuponía que contactos secretos en cada una de
las tres armas (o en alguna de ellas) colaboraban con la estructura de la
agencia. Además, tal como señaló Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta
Patria (1810), la acción psicológica no es tan simple de contrarrestar: Moreno
aseguraba que el envío de cartas políticas con nombres y firmas falsificadas
generaba cierta desconfianza entre los enemigos, de la cual -aunque "protesten
que son imposturas"- nunca podrán desprenderse (62). Las cartas estaban sobre la
mesa, pero las tensiones entre las tres armas favorecían la incredulidad y la
desconfianza.
Aznárez profundizó este punto con el relato de situaciones posibles: "Cada
fuerza suponía que la información de los cables pertenecía a la otra. Por
ejemplo, algún empresario vinculado a la Aeronáutica, que recibía los partes,
creía que los responsables pertenecían a la Marina; lo mismo con determinado
miembro jerárquico de la Iglesia que comentaba la información con un capellán".
De esta forma, la agencia consiguió seguir desvelando a las FFAA durante un
tiempo más. Pastoriza, quien dos meses después de aquella conferencia fue
secuestrada por la Marina, recuerda su sorpresa al descubrir que "todavía se
mantenía nuestro objetivo. Incluso cuando yo 'caí', en junio del '77, pude
comprobar que la Marina todavía pensaba que el informe era un bolazo del
Ejército, ¡y el Ejército a su vez no terminaba de creer que ANCLA perteneciera a
Montoneros!".
Dadas las competencias internas de las FFAA y demás sectores de poder, un arma
creía que la agencia era parte de una maniobra de la otra. Los recelos entre
ellos permitieron, así, dar más "aire" y continuidad al trabajo, cada vez más
difícil ya que "el enemigo estaba tras nuestros pasos" (63), Mientras tanto,
retenida clandestinamente en la ESMA, Pastoriza enfrentaba a unos secuestradores
que se empeñaban en descubrir "cuál era el gran contacto" que les permitía
obtener las informaciones que se publicaban en los cables. No podían entender
que esa información estaba implícita en la prensa legal, en sus propios
discursos, en los libros de historia..., razón por la cual también insistieron
con su interrogatorio acerca de "dónde se encontraba el mimeógrafo. Nunca lo
encontraron, ni tampoco el sello con la sigla ANCLA que encabezaba todos los
cables" (64).
Esta insistencia recuerda la situación que se vivía en el centro de detención
clandestina "Quinta de Funes", en Rosario, donde el ejército retenía ilegalmente
a miembros de la dirección de la columna Rosario de Montoneros, "tres
mimeógrafos y una rotaprint", para imprimir folletos firmados como Montoneros:
una maniobra destinada a infiltrar y aniquilar a la guerrilla peronista (65).
Presumiblemente, la Marina tenía intenciones de llevar adelante una política de
ese tipo con los secuestrados del grupo de ANCLA, pero nunca lo logró. Así lo
demuestran no solo los testimonios recopilados y la ausencia de "caídas"
posteriores a los secuestros, sino también el hecho de que periodistas como
Horacio Verbitsky decidieran, hacia agosto de 1977, reanudar los servicios
informativos.
Instrumento de denuncia
A medida que la acción represiva se fue incrementando, comenzaron a llegar a la
redacción itinerante de ANCLA muchos hechos denunciables. Así fue que al
objetivo de acción psicológica se le unió la necesidad de generar un instrumento
de denuncia acerca de las crecientes violaciones a los derechos humanos.
Denunciar lo que ocurría en el país no sólo se circunscribía a ese ámbito, sino
que incluyó también la evaluación de la política económica, de la situación
social y de la movilización obrera.
"Cuando empezaron a llegar los rumores acerca de lo que pasaba en la ESMA o en
otros campos de concentración, muchos de nosotros sentimos incredulidad.
Estábamos pensando que tal compañero estaba muerto, su sangre estaba ahí, pero
después alguien nos decía que estaba secuestrado... Fue un golpe muy fuerte. Y
fue cuando reaccionamos que, junto a Rodolfo (Walsh), empezamos a pensar en
formas de contar toda esa historia. Pero no sólo en relación con los derechos
humanos, sino también con todas las tropelías que estaban haciendo los milicos.
ANCLA abarcaba todos los temas, desde las primeras huelgas y medidas de
resistencia hasta la corruptela de la junta", explica Aznárez (66).
Esa denuncia no era masiva, porque la represión hizo que los receptores de la
información se redujeran cada vez más. El "multiplicar y difundir" fue quedando
acotado a los medios extranjeros y a los medios nacionales que, si bien no
publicaban los cables, permitían una retransmisión subterránea de boca en boca.
Pero ante el bloqueo informativo, la agencia servía para incidir, para generar
grietas en la uniformidad de los medios nacionales.
El trabajo generado se fue constituyendo, entonces, en una molestia permanente
para la dictadura. "En el exterior conseguimos publicar un montón de cables
-sostiene Aznárez-. Y si no se publicaban todos, muchos de los receptores en el
exterior, que eran periodistas elegidos 'a dedo', retransmitían la información
por otras vías".
Ese "horadar el muro del silencio", sumado a la acción incesante de los
organismos radicados en el exterior, preocupó al régimen al punto de instalar el
"Centro Piloto" de París, que esperaba contrarrestar con propaganda paga las
numerosas denuncias que los militares golpistas llamaron "Campaña
Anti-Argentina". Porque ANCLA no trabajaba aisladamente: además de los
familiares y exiliados que planteaban la situación argentina afuera del país, se
le unió la acción de las organizaciones políticas y de derechos humanos.
El despacho de ANCLA del10 de agosto de 1977 es claro al respecto. El tema es la
reanudación de los servicios de la agencia luego de un mes de suspensión en
razón de los secuestros de miembros del grupo y de la salida al exterior de
otros. El cable establece que ANCLA, desde su creación, "se propuso proporcionar
información fidedigna y con un alto grado de elaboración", para luego detallar
la lista de temas que la Junta censuraba: "la situación interna de las Fuerzas
Armadas (...); los procedimientos clandestinos, secuestros, torturas y ejecución
de rehenes, que en un año y medio han sembrado de cadáveres el territorio
nacional y sus aguas jurisdiccionales (...)", y "la repercusión de estos hechos
más allá de las fronteras argentinas" (67).
Según Manuel Gaggero, miembro en aquel entonces de la sección Legal (68) del
Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), "nosotros teníamos un equipo
de prensa que comenzó a formar una agencia de noticias, con el fin de elaborar
notas de denuncia y enviarlas al exterior esperando el rebote. Es decir,
esperábamos que el rebote de alguna noticia publicada en el exterior permitiera
que un secuestro o una desaparición lograra un espacio en los medios de prensa
argentinos. Ese era nuestro objetivo y creo que también el de ANCLA, con quienes
intercambiábamos información" (69).
La agencia a la que se refiere Gaggero funcionó entre abril y diciembre de 1976,
aproximadamente. Muchos de los que participaron habían trabajado antes en El
Mundo, diario nacional vinculado al PRT (situación semejante a la de Noticias,
vinculado a Montoneros). Al igual que ANCLA, esta agencia era clandestina y no
funcionaba en un lugar fijo. El intercambio entre estos dos instrumentos no
solamente se daba en el plano de la elaboración de notas, sino que incluía las
direcciones a donde mandarlas.
El contacto con Montoneros era, según el testimonio de Gaggero, Miguel Zavala
Rodríguez, ex-diputado peronista desaparecido en 1976, con quien se mantenían
relaciones prácticamente semanales. Durante la entrevista, explicó que "cuando
perdíamos el contacto con la gente de ANCLA, recurríamos a él". Si bien los
entrevistados del grupo de ANCLA, consultados sobre esta relación, manifestaron
no tener conocimiento, es muy posible que haya existido cierta vinculación entre
las estructuras de prensa de ambas organizaciones. Y, a partir de allí, el
contacto con el grupo de ANCLA.
Lo cierto es que en el Secretariado Nacional se fundían las conducciones de la
estructura militar (de donde dependía la agencia) y de la estructura de Prensa y
Propaganda y en ese ámbito unificado se coordinaban todas las tareas ejecutivas,
aunque con los golpes y el paso del tiempo las estructuras orgánicas comenzaron
a degradarse y confundirse entre sí. Además, en uno de sus papeles, Walsh
puntualiza que durante algunas semanas compartió un ámbito de funcionamiento con
Zavala Rodríguez, Sergio Puiggrós, Paco Urondo y "Eduardo", del área de Prensa
(70).
Informar a los que informan
Para Lucila Pagliai, el objetivo más importante de la agencia clandestina era
"informar a los que informan". Porque si bien sus despachos, salvo honrosas
excepciones, no fueron publicados en la prensa argentina en razón de la censura
y el bloqueo informativo, "en las redacciones se sabía lo que estaba pasando: al
menos nuestros cables llegaban con regularidad".
Entre junio de 1976 y junio de 1977, se enviaron 200 cables de ANCLA, ya que el
parte de reanudación de los servicios de agosto de 1977 es el número 200. Sin
contar el período julio-agosto de 1977, durante el cual ANCLA no funcionó por la
salida al exterior de Pagliai y Aznárez y la caída de Pastoriza, los cables se
mandaron con una regularidad estimada de uno día por medio (71).
"Muchos periodistas tenían información pero no la daban a conocer, algunos
porque se hacían los distraídos, otros por temor, otros porque no tenían más
alternativa. La idea, entonces, era 'recordarles' lo que estaba pasando,
horadarles un poco los sentimientos para que colaran alguna información aunque
sea entre líneas", explica Aznárez. De no ser posible, que los cables sirvieran
para "radio bemba, para que un periodista se lo cuente al otro, para generar una
cadena mínima de información".
Lo cierto es que, además de la información sistematizada que llegaba a las
redacciones a través de los cables de ANCLA, en los diarios y revistas "la
información seguía circulando sin alcanzar su consumación natural en el contacto
con el público", sostiene Verbitsky en su libro sobre Rodolfo Walsh y la Prensa
Clandestina. La agencia, entonces, venía a llenar ese vacío, de acuerdo a "la
línea general de la organización" pero sin recurrir a "la propaganda".
Sobre este punto, Pagliai señala que la información enviada a los medios "no era
del tipo de la que se publica, sino de la que se corre". Y como "la información
tiene un poder concientizador", la llegada de los cables a las redacciones
estimulaba a los periodistas a comentar y difundir como les fuera posible las
nuevas noticias acerca de lo que estaba sucediendo. Es decir, "manteníamos
informados a los informadores".
Al mismo tiempo, algunos periodistas que no podían publicar una información en
su medio la hacían llegar a ANCLA, e incluso a veces elaboraban informes. Esto
demuestra, aunque precariamente, una relación de ida y vuelta. En ese sentido,
escribe el periodista Alberto de Arriba: "Durante el año posterior al golpe,
podíamos sacudirnos un poco la indignidad que nos cubría colaborando con los
sistemas informativos clandestinos que había creado Rodolfo Walsh (...). No
sabíamos dónde serían publicadas esas notas impublicables en la Argentina del
Proceso. Pero era como tragar un poco de aire" (72).
Sin embargo, en el exterior se publicaron varios cables de ANCLA. Y cuando esto
no fue posible, los receptores de la información la hicieron llegar "al entorno
argentino y latinoamericano en el exilio. Así la bola se corría, hasta que la
información llegaba a publicarse en medios alternativos (73). Esa era una de las
tantas formas de perforar el muro del silencio.
Este objetivo, entonces, estuvo estrechamente vinculado a la idea del rumor, a
la idea de que pese a las condiciones negativas el hombre se las ingenia para
seguir comunicándose. El trabajo desarrollado por Rodolfo Walsh en Cadena
Informativa, otro de los instrumentos nacidos del Departamento de Informaciones
e Inteligencia, apuntó también a este objetivo -aunque superaba el ámbito
periodístico para abarcar a toda personalidad destacada-: comprometer al
receptor de la información a que se convierta en un nuevo emisor, con los medios
que tuviera a su alcance.
Notas
29 Cfr. Lilia Ferreyra, entrevista personal realizada por la autora. Ferreyra
fue la última compañera de Rodolfo Walsh (diciembre de 1997).
30 Martínez de Hoz fue ministro de economía del gobierno de facto desde 1976
hasta marzo de 1981, cuando fue reemplazado por Lorenzo Sigaut.
31 Los documentos, 35 en total, cursados entre 1976 y 1978, fueron publicados en
la edición del 21 de marzo del Suplemento dominical Zona del diario Clarín. Los
artículos publicados en dicho suplemento y a los que nos remitimos llevan las
firmas de Alberto Amato ("Anatomía de una dictadura"), María Seoane ("Un plan
simple: deuda y cereales") y Vicente Muleiro ("Las fantasiosas salidas
politicas").
32 Idem. Artículo de Alberto Amato.
33 ANCLA, 24 de agosto de 1976, "Allanan la vivienda del general Corbetta". Ver
reproducción de cables en el anexo.
34 Idem cita N° 32.
35 Idem. Artículo de María Seoane.
36 Idem.
37 ANCLA, "Servicio especial: a un año del golpe militar en la Argentina", parte
2, "La situación económica". Fechado el15 de marzo de 1977.
38 Las internas mencionadas aquí tuvieron lugar durante el mismo período de
funcionamiento de ANCLA, pero no se agotan en 1978 sino que continúan hasta
1983.
39 La Secretaría Militar era una de las áreas del Secretariado Nacional, órgano
ejecutivo colateral a la Conducción Nacional. Estas dos estructuras, junto a los
responsables de las regionales, conformaban el Consejo Nacional, órgano máximo
de Montoneros.
40 Se entiende por "enemigo" a los grandes grupos económicos y sus sectores
subsidiarios, las Fuerzas Armadas y de seguridad.
41 Los testimonios difieren en este punto. Algunos de los entrevistados
manifestaron que Walsh era el jefe de inteligencia, otros que estaba a cargo del
sector Policía o FFAA, y otros que sólo participaba en sus ámbitos. La dura
realidad del momento, el "tabicamiento", la continua caída de las estructuras
orgánicas y los consecuentes contactos cada vez más espaciados explican,
posiblemente, las diferencias acerca del papel orgánico que le tocó desempeñar a
Walsh. Por su nivel de encuadramiento (era oficial 2do), creemos probable -con
Richard Gillespie- que haya estado al frente del sector Policía. Por otra parte,
entre otros militantes que cumplían tareas en Inteligencia, se encontraba Pirí
Lugones, quien trabajaba junto a Walsh en las escuchas. Ver: García y Fernández
Vilar: Pirí (Buenos Aires, Ed. de la Flor, 1995, pág. 67).
42 Entrevista realizada por la autora a Lila Pastoriza, quien desarrolló su
actividad militante junto a Rodolfo Walsh en el Departamento de Informaciones e
Inteligencia de Montoneros. Lila fue la responsable política del ámbito que
llevó adelante la Agencia de Noticias Clandestina. Estuvo detenida-desaparecida
en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) desde junio de 1977 hasta fines de
1978, fecha en la que logró salir del país vía Madrid, junto a Pilar Calveiro.
Durante su cautiverio pudo observar el interés que la Marina prestaba a los
cables de ANCLA (Diciembre de 1997).
43 Colimba -"corre, limpia, barre"- es el conscripto, el muchacho que está
cumpliendo el servicio militar. En la Argentina fue obligatorio hasta 1994.
44 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
45 "El mejor servicio de informaciones es el Pueblo". Evita Montonera, año 1,
número 7, septiembre de 1975. Las menciones son genéricas. Téngase en cuenta que
el "ajusticiamiento" del general Pedro Eugenio Aramburu fue en 1970, tres años
antes de la participación de Walsh en informaciones e inteligencia.
46 Idem.
47 Alianza Anticomunista Argentina. Grupo paramilitar de ultraderecha formado
por el oscuro ministro de Bienestar Social José López Rega (1973-75). Entre sus
víctimas contó a los intelectuales revolucionarios Silvio Frondizi y Rodolfo
Ortega Peña, al sindicalista combativo cordobés Atilio López y al referente de
la Resistencia Peronista y sobreviviente de los fusilamientos de José León
Suárez (1956) Julio Troxler, quien se había desempeñado también como subjefe de
la Policía de la Provincia de Buenos Aires durante el mandato del gobernador
Oscar Bidegain (1973-1974).
48 Cfr. Gillespie, Richard (1987).
49 Cd. Walsh, "Diciembre 29". En Baschetti (1994), pág. 193.
50 Entrevista realizada por la autora a Carlos Aznárez, miembro del ámbito que
generó la agencia ANCLA. Aznárez fue el primero del grupo en salir al exterior
con el propósito de "sacar" la agencia del país. Se radicó en Madrid. (Febrero
de 1999).
51 ldem.
52 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
53 Cfr. Roberto Perdía (marzo de 1999).
54 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
55 Los partes pueden encontrarse en Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, de
Horado Verbitsky, quien los transcribe en el capítulo "Los partes de ANCLA".
56 La crónica se puede encontrar en los diarios del miércoles 20 de abril de
1977. Después de obtener la libertad gracias a las leyes de punto final y
obediencia debida primero, y el indulto después, actualmente algunos de los
militares citados están bajo arresto domiciliario por el robo sistemático de
bebés nacidos en los campos de concentración.
57 Suplemento especial "La subversión en la Argentina". Las itálicas son de la
autora.
58 Idem. Las itálicas son de la autora.
59 Mote con que la dictadura militar se refería a las organizaciones armadas.
Significa "banda delincuente subversiva marxista".
60 Idem. Significa "delincuente subversivo".
61 Idem. Las itálicas son de la autora.
62 Mariano Moreno: Plan de Operaciones. En Augusto Fernández Díaz, Anuario del
Instituto de Investigaciones Históricas, UNL (1960). El párrafo citado refiere
al plan de toma de Montevideo.
63 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
64 Cfr. Lila Pastoriza, op. cit.
65 Cfr. Bonasso, Miguel (1994). Sobre los episodios en la Quinta de Funes, ver
los capítulos de la "Segunda Temporada".
66 Sobre este tema, Perdía explicó que frente al detenido-desaparecido "no
teníamos preparación ni ideológica ni doctrinaria ni operativa. Nosotros
habíamos conseguido algunos documentos gracias a compañeros que estaban
'infiltrados' (en las Fuerzas Armadas). Esos documentos hablaban acerca del
golpe y de sus características, inclusive de lugares especiales de detención.
Entonces nosotros imaginamos cárceles de máxima seguridad dentro de los
cuarteles...". También sostuvo que a poco del golpe Montoneros difundió una
consigna que señalaba a la ESMA como centro de torturas y de retención ilegal de
personas.
67 "Con este despacho ANCLA reanuda sus servicios". En Verbitsky, Horacio, op.
cit.
68 Legal era el nombre de la estructura del PRT destinada a manejar contactos
con los partidos tradicionales y organismos sociales.
69 Manuel Gaggero, entrevista realizada por la autora (Noviembre de 1997).
70 Cfr. Walsh, en Baschetti (1994), pág. 193.
71 Carlos Aznárez resaltó que, a veces, se enviaban dos cables por día; es decir
que la cantidad dependía de la información obtenida por ANCLA.
72 Cfr. Alberto de Arriba. En Eduardo Blaustein y Martín Zubieta (1998). Págs.
224 a 232.
73 Cfr. Carlos Aznárez, op. cit.
Una aproximación
desde el punto de vista "técnico"
ANCLA funcionó como una agencia de noticias que operaba en la más absoluta
clandestinidad. Sin embargo, mantuvo los rasgos característicos de esa empresa.
Ideológicamente la elección de un género textual no es inocente, por el
contrario, implica un posicionamiento social: desde la elección de una agencia
noticiosa como forma de funcionamiento, ANCLA reafirmó su condición de ser la
primera en recibir información. A su vez, el género le dio la posibilidad de
construir la información produciendo un efecto de objetividad. Ese efecto fue
aprovechado para escribir sobre "los secuestros y otros métodos ilegales", de
forma tal que le hacía decir a sus informantes aquellas cosas que ANCLA no podía
decir (hay desaparecidos y fusilados) para proteger su identidad.
El trabajo desarrollado por la agencia, entonces, se mueve dentro de un margen
muy pequeño, donde en cada línea se cuidan los límites -y las conexiones- entre
un instrumento para la acción política ligado a la inteligencia montonera y la
agencia como proyecto de comunicación popular. En ese sentido, es interesante
ver, desde un punto de vista más "técnico", sus modos de funcionamiento, a fin
de evaluar la puesta en acto de sus múltiples objetivos.
Fuentes
Las fuentes de información de ANCLA son semejantes a las fuentes con que se
manejaba el Departamento de Informaciones e Inteligencia. De hecho, la agencia
funcionaba en ese ámbito. Por lo tanto se puede afirmar que las fuentes podían
ser internas, obtenidas a través de los canales orgánicos; legales, a través de
la prensa y los discursos; clandestinas ("escuchas" e interceptaciones); y
populares (gente común que tenía cierta información y la hacía llegar a la
agencia). A esta lista debe agregarse la atención especial que se prestaba a los
llamados informantes clave en determinada temática (74), a los medios de
información extranjeros ya algunos periodistas argentinos que colaboraban con la
agencia.
"Entre los que mandaban información a ANCLA había muchos periodistas que incluso
a veces redactaban informes", explica Lila Pastoriza. Por empezar, Walsh reunió
periodistas de su más absoluta confianza y con ese equipo empezó a formar una
extensa red de informantes: en los estudios jurídicos existía información acerca
de los pedidos de habeas corpus; en las empresas se conocían datos
socioeconómicos, contactos y negociados entre los sectores de poder; en la calle
muchos veían secuestros y operativos; en las redacciones del país se manejaba
cierta información.
Tenemos, entonces, una agencia realizada sobre la base de una estructura
artesanal alimentada sobre la base de información popular y de (en menor medida)
"informantes calificados". Es decir que la participación, al menos, estaba
garantizada desde la fase de emisión de la información. De otro modo, no hubiese
existido la posibilidad de crear la agencia. Prueba de esto es el tiempo durante
el cual se prolongaron sus servicios sin interferencias, ya que las fuerzas
armadas buscaban "inexistentes talleres de impresión", y centraban su atención
en posibles "infiltrados en puestos clave" (75).
Aunque existían contactos "calificados", la mayor cantidad de información
llegaba del seno mismo de la sociedad, lo que hace suponer a la agencia más bien
como un espacio de sistematización de toda la información que se corría de boca
en boca, como un rumor, enfrentando el silencio imperante.
La importancia de la participación popular en la producción .de la información
hizo que la agencia tuviera corresponsales en distintos puntos del territorio
nacional, situación similar a la del Semanario CGT que, desde sus páginas,
llamaba a los trabajadores a aportar en la distribución y venta de la prensa y a
responder a la estructura de "un corresponsal en cada fábrica" (76). Estos
corresponsales no eran otros que militantes de la organización que cumplían
tareas en diferentes áreas y regiones y que, a través de los canales orgánicos,
hacían llegar la información a la agencia.
La mayoría de los militantes que participaron de ANCLA eran, además,
"periodistas de batalla". Esa característica les facilitó "la lectura de los
medios de comunicación, ya que estábamos muy acostumbrados al 'entre líneas"'.
Asimismo, el grupo tenía "bastante conocimiento acerca de dónde obtener la
información sin perder tiempo y controlando las medidas de seguridad.
Apuntábamos con mucha direccionalidad: si había alguna medida de resistencia en
la fábrica Pirelli, buscábamos al compañero que había sido delegado y ya no
estaba (porque estaba clandestino), pero que nos decía con quien se podía
hablar" (77).
Acerca de la importancia de los medios extranjeros en la recopilación de
información, Verbitsky plantea que "Walsh escuchó por onda corta de la BBC de
Londres los detalles sobre un operativo militar en Buenos Aires. Todas las
noches sintonizaba los informativos de La voz de Alemania, La voz de Estados
Unidos, Radio Canadá Internacional (...), donde el tesoro de la información
vedada a los argentinos se administraba con cuentagotas".
En ese operativo, que mencionaron escuetamente los medios oficiales días
después, murió la hija de Walsh, Vicky, junto a un grupo de militantes en una
casa de Villa Luro. Sus averiguaciones lo llevaron a escribir la Carta a mis
amigos, donde cuenta las circunstancias de esas muertes y la frase que había
gritado Vicky antes de quitarse la vida: "Ustedes no nos matan. Nosotros
elegimos morir". Era septiembre de 1976 y con esa carta nació un nuevo
instrumento de información, la Cadena Informativa.
Gracias a la multiplicidad de fuentes, el equipo de ANCLA pudo informar sobre la
suerte corrida por miles de desaparecidos, denunciando así un plan de exterminio
sistemático desconocido hasta entonces en el país: la existencia de campos de
concentración donde las Fuerzas Armadas y de seguridad torturaban y asesinaban
salvajemente a prisioneros no reconocidos legalmente como tales.
Para reunir esa información -celosamente ocultada por la Junta Militar-, era
necesario que los testigos de hechos aberrantes hablaran. Luego, escribir y
sistematizar la información, para más tarde reproducirla. De modo que el equipo
debía asegurarse un flujo informativo permanente para crear la agencia, y apeló
a toda su experiencia para lograrlo: Walsh había participado, también, de la
formación de Prensa Latina en La Habana, en 1959.
Funcionamiento
Todos los entrevistados coinciden en definir a la Agencia de Noticias
Clandestina como una estructura de armado muy artesanal, que permitió su
subsistencia aún en condiciones dificultosas. La "secretaría de redacción"
estaba compuesta por Lila Pastoriza (responsable), Lucila Pagliai, Carlos
Aznárez y Eduardo Suárez. Todos ellos repartían su tiempo entre el
funcionamiento de la agencia y otras actividades militantes.
Rodolfo Walsh era el jefe orgánico del grupo. Armó ANCLA y "la dejó en nuestras
manos. Escribía algunos cables, participaba de la discusión política, pero
prácticamente no intervenía en el funcionamiento de la agencia", aclara
Pastoriza. El grupo central era móvil y muy dinámico. Luego del secuestro de
Walsh, el 25 de marzo de 1977, la única que quedó enganchada con la estructura
orgánica fue ella (78). De todos modos, por fuera del grupo central eran varios
los que colaboraban: al pertenecer a inteligencia, otros ámbitos de esa área
participaban acercando información, pasando contactos e incluso escribiendo
algunos cables, como por ejemplo Horacio Verbitsky (79), quien más tarde reanudó
los servicios de la agencia.
ANCLA era una estructura "amplia". La "secretaría de redacción" tenía a su cargo
la elaboración de los cables, la impresión, la distribución, las entrevistas con
los contactos que les permitían adquirir información de primera mano. Como
explica Lucila Pagliai, las entrevistas se realizaban cuando "alguien corría el
riesgo de encontrarse con vos para contarte algo". Después de la primera caída
empezaron las mudanzas. Primero una casa donde funcionaba un archivo mínimo, más
tarde todos los elementos desparramados: en una casa el mimeógrafo, en otra la
máquina de escribir, en otra una parte del archivo. La tarea se complicaba a
medida que la represión recrudecía, pero ANCLA seguía adelante: "duró mucho,
digamos que mucho más que buena parte de la estructura orgánica", subraya
Pastoriza.
Lo cierto es que ANCLA recorrió casi toda la ciudad. Casas en el centro. Casas
en los barrios. El grupo responsable se iba mudando a medida que las casas caían
o se sospechaba algo. Se trataba de viviendas comunes, a fin de no llamar la
atención, donde lo que no era "común" era tan solo una pieza, donde funcionaba
una redacción de cuatro personas con un mimeógrafo, una máquina de escribir, y
una pila de papeles. "Lo clandestino -define Pagliai- es aquello que se mimetiza
para no ser descubierto". Como diría Paolo Fabbri, ¿qué es algo que es y no
parece lo que es?: el secreto.
El parte de ANCLA de reanudación de los servicios sintetiza esta situación: "En
procura de silenciar ANCLA las fuerzas de seguridad intensificaron en los
últimos meses la persecución a periodistas e intelectuales a quienes sospechaban
vinculados con esta agencia. Obviamente, ANCLA no reclama ni puede esperar un
trato diferente del que la Junta Militar brinda al pueblo argentino, cuyas
necesidades de información tratamos de servir. Sin embargo, mantener en
funcionamiento una agencia de estas características es una misión relativamente
simple, no más compleja ni riesgosa que organizar una huelga en una fábrica
controlada por tropas militares. Una docena de personas (80) convencidas de la
importancia de romper el bloqueo informativo, un mínimo pero bien organizado
archivo, una pocas máquinas de escribir, un sencillo equipo de impresión y un
pequeño local que aparentemente se dedica a otra actividad, son suficientes para
garantizar la continuidad de sus despachos".
Los cables se enviaban por correo a todas las redacciones, a los corresponsales,
a las publicaciones internacionales, a direcciones a donde era importante que
llegaran para cumplir con sus objetivos. Algunas de ellas "concretamente tenían
que ver con los militares. Para conseguirlas, ahí estaban los contactos", señala
Pastoriza, quien luego agrega que gracias al análisis sistemático de la
información "sabíamos a donde mandar los cables: en la Iglesia había algunos
sectores más reaccionarios que otros, además conocíamos las diferencias entre
las FFAA y elegíamos a los sectores económicos a donde íbamos a mandar la
información".
La misma situación se daba con los destinatarios del exterior, donde se
publicaron muchos de los cables de ANCLA. "El exilio no empezó en 1976, sino que
muchos compañeros comenzaron a salir en 1974 -explica Aznárez-. Esa gente que ya
estaba afuera nos tiraba datos acerca de qué periodistas eran los más
convenientes para recibir los cables. Y cuando no los publicaban, al menos
hacían correr el rumor".
Con el tiempo, el grupo pudo evaluar la repercusión de sus informaciones en los
periódicos de Europa y Latinoamérica: "Nos entusiasmaba que Cambio 16 publicara
los cables, que Le Monde los publicara, que algún diario mexicano los publicara.
Sabíamos que así la información llegaba a las embajadas Argentinas en esos
países" (81). Aznárez recuerda, además, la difusión artesanal de los partes
entre periodistas, exiliados y organismos de solidaridad en el exterior.
Lucila Pagliai, por su parte, subraya que la distribución, al parecer simple y
rutinaria, era en realidad "un operativo infernal" dadas las condiciones
fuertemente represivas. Había que obtener la información, discutirla,
procesarla, redactarla y luego llevar los cables a los buzones de la ciudad.
Todo simulando naturalidad y con una estructura mínima y clandestina. "Y no
éramos más de cuatro", concluye.
Los sobres se enviaban sin nombre, para no "pegar" a los periodistas. En
general, se los rotulaba "Sr. Jefe de...". Según Aznárez, cuando se consignaban
nombres particulares era porque se mandaban a una gran parte de los periodistas
de aquella época, de modo que no se levantaban sospechas. Y si alguno de ellos
era de suma confianza, entonces "se le enviaba por otra vía" y no por correo,
como era lo usual.
Lo llamativo es que, pese a las dificultades de un grupo tan reducido, los
despachos de ANCLA cumplieron con la regularidad necesaria para el
funcionamiento de una agencia periodística. Gracias a la apertura de las
redacciones a partir de la vuelta de la democracia en 1983, se pudo observar que
los cables se repartieron puntuales, pese a no haber sido publicados de forma
tradicional.
Aznárez agrega, también, que "teníamos ojos y oídos en un montón de redacciones
y en un montón de ámbitos. Algunos compañeros que trabajaban en los medios
argentinos nos informaban sobre las situaciones que se daban con la llegada de
los cables a las redacciones". Recibir el material de ANCLA "era como una bomba
de tiempo. Algunos lo abrían, otros lo tiraban sin más".
Consultado sobre el tema, el periodista Oscar Raúl Cardoso, que en ese entonces
se desempeñaba en la sección Política del diario Clarín, señaló que en el
ambiente se sabía que la agencia pertenecía a Montoneros (82). Incluso, recordó
algún llamado telefónico que avisaba que un cable estaba por llegar: "Los cables
se esperaban y se leían para información propia. A veces se podía publicar algo
entre líneas, sin consignar que la información provenía de ANCLA".
Cardoso sostuvo que los cables llegaban a otros medios, entre los que recordó al
matutino La Nación y algunos diarios del interior del país. En su opinión, la
agencia "contaba la otra historia" sin reducirse a la propaganda de la
organización.
"Sacar" la agencia al exterior
Lila Pastoriza señala dos etapas en el funcionamiento de la agencia: una, la
primera, hasta que se producen los primeros secuestros y allanamientos, el grupo
se reclandestiniza, Aznárez y Pagliai parten al exilio y se produce su propio
secuestro; la segunda, a partir de la reanudación de los servicios de la agencia
en agosto de 1977, a cargo de Verbitsky -entre otros que prefieren mantener el
anonimato-, que duró unos meses más. Pastoriza explica que al final de la
primera etapa el grupo central de ANCLA comenzó a darse una estrategia para
sacar la agencia al exterior.
"A esa altura -recuerda- caer o no caer era un problema de azar. De modo que
comenzamos a armar un esquema para mantener los contactos con las redes de
información, y así sacar ANCLA desde el exterior enviando los cables a los
mismos lugares. Y a 'escondidas' de la organización empezamos a sacar a la
gente" (83). Después de juntar el dinero suficiente, Carlos Aznárez y Lucila
Pagliai salen del país (84). Mientras tanto, en Buenos Aires, Pastoriza decidió
plantear la posibilidad de editar ANCLA desde el exterior orgánicamente. Estaba
a la espera de la respuesta cuando fue secuestrada, y por lo tanto la
posibilidad se diluyó.
En realidad, las cosas se fueron retrasando mucho más de lo pensado. No existía
una idea clara acerca de dónde funcionar, pero cualquier planificación
descartaba montar una base centralizada de la agencia en el exterior. Por el
contrario, se buscaba formar varias bases más pequeñas: se pensaba en un país
cercano, para mantener mejor los contactos (probablemente México), y en países
europeos "donde era fácil desembarcar porque ya había compañeros" (85).
Según Pagliai, "Lila nos mandaba información para que nosotros la elaboráramos y
la distribuyéramos, mientras tramitaba su salida" (86). Y Aznárez agrega que
Pastoriza, "junto con el Perro" (87) y algún otro que se pudiera sumar en esa
situación de emergencia, iba a enviarnos copias de los cables para que nosotros
los difundiéramos in situ entre los periodistas y los organismos de
solidaridad". Lo cierto es que ya en los documentos elaborados por Walsh aparece
la posibilitar de formar una agencia que funcionara en el exterior: en su
propuesta organizativa para la nueva etapa que se abría, Walsh escribe que la
Agencia Clandestina debía estar al nivel de Secretaría General, que junto a
Internacional, funcionarían en el extranjero (88).
Con el secuestro de Pastoriza y el descalabro general de las organizaciones
armadas, la idea se abortó. Al mes, colaboradores de la agencia -entre ellos
Verbitsky- retomaron el trabajo y volvieron a poner en funcionamiento la agencia
por un breve período, hasta que la represión y las diferencias internas pusieron
fin a esta notable experiencia de difusión clandestina de contrainformación.
Estilo
La agencia clandestina se concibió como una empresa periodística. Por lo tanto
el estilo de los cables tenía que ver con el estilo de la agencia periodística:
se respetaba el código de agencia, de cables cortos y eventualmente "servicios
especiales", como por ejemplo el cable acerca del primer año de la Junta en el
poder.
"EI que recibía el cable era un periodista que lo iba a 'levantar' o reducir
-explica Aznárez-. Entonces, había que garantizar que se mantuviera lo esencial.
En ese sentido, y pese a la clandestinidad, se trabajaba muy profesionalmente".
La calidad de sus despachos hizo que se tuvieran en cuenta en los medios
extranjeros, y que la prensa local les prestara atención aún cuando su
publicación no fuera la tradicional.
La agencia trabajaba periodísticamente la denuncia. Como en Operación Masacre.
Como en ¿Quién mató a Rosendo? Pero a su vez, como ANCLA estaba ligada a la
estructura de inteligencia de Montoneros y entre sus objetivos figuraba el de
oficiar como un instrumento de acción psicológica, la información tenía una
forma determinada: "no es lo mismo generar información para difundirla que esa
difusión sirva para producir contradicciones en el régimen", recuerda Pastoriza.
Así, cada cable debía escribirse de tal modo que dejara ver los resquicios entre
los sectores de poder, sin perjuicio de la verdad y evitando el comentario.
Walsh cuidaba mucho la redacción de los despachos: tenía que especificarse el
origen de la agencia sin que se ligara directamente a la organización. Un cable
no comenzaba "Buenos Aires, Abr 18 (ANCLA) - La organización Montoneros... ",
sino que buscaba responder a las reglas periodísticas de estructuración de la
información mediante la llamada "pirámide invertida".
En Cadena Informativa y en las cartas firmadas, sin embargo, se nota más el
peculiar estilo de Walsh, irónico, divertido, certero, desafiante y agudo donde
siempre tuvo un lugar destacado la intertextualidad. Según Lilia Ferreyra, el
escritor había elegido un estilo para sus cartas, de la invectiva de los
latinos, como puede verse en la frase "¡Quousque tandem, Vide/a, abutere
patentia nostra!" (89). Asimismo, las frases "Contate otra, viejo, esa ya la
vimos", "Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando.
Millones quieren ser informados", "Vuelva a sentir la satisfacción moral de un
acto de libertad", "Sonríe, Hitler te ama", remiten a publicidades de la época y
reflejan &