Louis
Althusser
|
Nacido en Birmandreis, Argelia, en 1918, de
familia alsaciana. Realiza sus primeros estudios en Argel y, a los doce
años, viaja a Francia. Estudia el bachillerato en Marsella. Luego, en 1936,
prepara en Lyon el ingreso en la Escuela Normal, después de abandonar la
idea de ingresar en la orden de la Trapa.
Estudió en Argelia, Marsella y Lyon. En 1939 se matriculó en la Escuela
Normal Superior de París, pero la guerra mundial interrumpió sus estudios.
Prisionero de los alemanes, pasó cinco años en un campo de concentración
nazi (Schleswig). Tras concluir sus estudios en la Escuela Normal, prepara
su tesis sobre Hegel. En 1947 sufre su primera crisis mental y es
hospitalizado como consecuencia de una psicosis maniaco-depresiva.
Personalidad compleja, con sucesivas crisis depresivas y una visión
atormentada que, aferrada a unas creencias ideológicas tenidas como
ortodoxas, se destila en sucesivos procesos de autocrítica del pensamiento.
Creyente religioso y miembro de la Acción Católica hasta finales de los años
40, cuando ingresó en el Partido Comunista de Francia (1948), donde muy
pronto se enfrentó a la estructura política de la organización y llegó
prácticamente a la ruptura a finales de los años 70.
Profesor de la Escuela Normal Superior de París desde la conclusión de sus
estudios universitarios, en 1976 fue nombrado secretario del centro. Poco
amigo de comparecencias públicas, ese mismo año pronunció en Granada,
España, su primera conferencia fuera de Francia. Sus últimos años de vida
estuvieron marcados por la tragedia. En 1979, se entrevista con Juan Pablo
II. En 1980, en plena crisis depresiva, estranguló a su mujer, permaneciendo
en un largo silencio intelectual hasta su fallecimiento en 1990.
El pensamiento de Louis Althusser tuvo una fuerte influencia teórica en
campos tan diversos como la filosofía, la sociología, la historia, la
comunicación, la antropología, la crítica literaria, entre otros. Se dio a
conocer al gran público a través de los ensayos aparecidos a mediados de los
años 60, Pour Marx y Lire le Capital (Maspero, París, 1965), que le situaron
entre la élite intelectual francesa y como figura destacada del
‘estructuralismo’.
Entre otras ediciones de sus obras traducidas a las lenguas española y
portuguesa: Para leer el Capital, México, Siglo XXI, 1968; La filosofía como
arma de la revolución, Siglo XXI, México, 1968; Lenin y la filosofía, Era,
México, 1969; Montesquiu: a política e a história, Presença, Lisboa, 1972;
Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis, Siglo XXI,
México, 1973; Ideología e aparelhos ideológicos de Estado, Presença, Lisboa,
1974; La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, México, 1976; Seis
iniciativas comunistas. Sobre el XXII Congreso del PCF, Siglo XXI, México,
1977; Resposta a John Louis. Elementos de autocrítica. Sustentação de tese
em Amiens. Graal, Rio de Janeiro,1978; A favor de Marx, Zahar, Rio de
Janeiro, 1979; Posiciones, Anagrama, Barcelona, 1979; Aparelhos ideológicos
de Estado, Graal, Rio de Janeiro, 1983; Filosofía y marxismo, Siglo XXI,
México, 1986; .Ideología y aparatos ideológicos de Estado, Nueva Visión,
Buenos Aires, 1988; Escritos sobre psicoanálisis, Freud y Lacan, Siglo XXI,
México, 1996.
Fuente: www.infoamerica.org
Guía
para leer El capital
Traducido
por Darío Daniel Díaz, Dialéktica. Revista de filosofía y teoría social, año
I, número 2, Buenos Aires, octubre de 1992.
Los números entre corchetes corresponden a la paginación de la edición
impresa.
[18]
Guía para leer El capital (Prefacio a la edición francesa del libro I de El
capital)*
Hitos biográficos
1818. Nacimiento de Karl Marx en Tréveris. Padre abogado. Estudios de
derecho y filosofía; primero en Bonn, luego en Berlín, donde el joven Marx
frecuenta el círculo de los "Jóvenes hegelianos".
1842. Marx redactor jefe de la Gaceta renana, fundada en Colonia por los
dirigentes de la burguesía liberal renana. Marx da al diario un tono radical
de izquierda. Artículos resonantes sobre "los robos de madera", "la
censura", los "debates de la Dieta renana", etc.
1843. Prohibición de la Gaceta renana. Casamiento de Marx con Jenny von
Westphalen, amiga de la infancia, hija de aristócratas reaccionarios. Viaja
a París.
1843. Colaboración en los Anales franco–alemanes dirigidos por Ruge:
Contribución a la crítica de la filosofía del derecho hegeliana; La cuestión
judía. (Período feuerbachiano de Marx).
1844. "Manuscritos de 1844" (inéditos hasta 1932). Inyección de Hegel en
Feuerbach. Marx comunista utópico.
1844. La Sagrada Familia.
1845. Expulsión de París, refugio en Bruselas, encuentro con Engels. Algunas
frases arrojadas al papel: las Tesis sobre Feuerbach; redacción, con Engels
y Hess, de La ideología alemana (estos dos textos fueron "abandonados a la
crítica roedora de los ratones").
1847. Miseria de la filosofía.
1847. El Manifiesto del Partido comunista, redactado por Marx y Engels a
pedido de la Liga de los comunistas.
1848. Período revolucionario generalizado en Europa. En Colonia, Marx funda
la Nueva gaceta renana, que desaparece después del aplastamiento de la
sublevación de las provincias re-[19]nanas (mayo de 1849). Marx se refugia
en Londres, donde vivirá más de treinta años. Trabajos encarnizados en la
sala de lectura del British Museum.
1852. El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte.
1859. Contribución a la crítica de la economía política.
1864. Fundación en Londres de la primera Internacional.
1867. Libro I de El capital.
1871. La guerra civil en Francia (sobre la Comuna de París).
1875. Crítica del Programa de Gotha.
1883. Muerte de Karl Marx.
Advertencia a los lectores del libro I de El capital
Por primera vez en la historia editorial francesa y accesible para un
público muy amplio, el libro I de El capital.
¿Qué es El capital?
| Louis Althusser,
fragmentos y textos Prólogo a la sexta edición del libro de Marta Harnecker ''Los conceptos elementales del materialismo histórico'' Marxismo y lucha de clases 1. Toda la teoría de Marx, es decir, la ciencia fundada por Marx (el materialismo histórico), y la filosofía abierta por Marx (el materialismo dialéctico) tienen por centro y por corazón la lucha de clases. La lucha de clases es, por lo tanto, ''el eslabón decisivo'', no solo en la práctica política del movimiento obrero marxista-leninista, sino también en la teoría, en la ciencia y en la filosofía marxistas. 2. Desde Lenin sabemos claramente que la filosofía representa la lucha de clases en la teoría, más precisamente, que toda filosofía representa un punto de vista de clase en la teoría, contra otros puntos de vista de clase opuestos. Sabemos que la filosofía marxista-leninista (el materialismo dialéctico) representa el punto de vista de la clase obrera en la teoría: es el ''eslabón decisivo'' para comprender por qué esta filosofía puede dejar de ''interpretar'' el mundo para ayudar a su transformación revolucionaria. 3. Pero que la lucha de clases sea también el ''eslabón decisivo'' en la teoría científica de Marx, es tal vez difícil de captar. 4. Me contento con un solo ejemplo: ''El Capital''. He aquí un libro que contiene la ciencia marxista, los principios fundamentales de la ciencia marxista. Sin embargo, no debemos hacernos ilusiones, no basta tener un libro delante de los ojos, es necesario saber leerlo. Ahora bien, hay una manera de leer ''El Capital'', una manera de ''comprender'' y ''exponer'' la teoría científica de Marx, que puede ser perfectamente burguesa. Burguesa, es decir, influida, marcada, penetrada por la ideología burguesa, más precisamente por la ideología economicista o sociologista burguesa. 5. Por ejemplo, se puede leer ''El Capital'' de la siguiente manera: como una teoría de la economía política del modo de producción capitalista. Se empezará por la infraestructura, se examinará el ''proceso de trabajo'', se distinguirán las ''fuerzas productivas'' y las ''relaciones de producción'', se analizará la mercancía, el dinero, la producción, la renta, la ganancia, el interés, la baja tendencial de la tasa de ganancia, etc. En resumen, se descubrirá tranquilamente en ''El Capital'', las leyes de la economía capitalista. Y cuando se haya terminado este análisis de los mecanismos ''económicos'' se agregará un pequeño suplemento: las clases sociales, la lucha de clases. 6. ¿Acaso el capítulo minúsculo y no terminado acerca de las clases sociales no está al final de ''El Capital''?, ¿Acaso se puede hablar de clases sociales antes de demostrar todo el mecanismo de la economía capitalista? ¿Acaso Marx no nos invita a considerar las clases sociales (y, por tanto, la lucha de clases) como el simple producto, el último producto de la estructura de la economía capitalista, como el resultado de ésta? ¿Acaso las clases sociales no son un simple efecto de la existencia de las clases? Una lectura de este tipo, una interpretación de este tipo de ''El Capital'' son una deformación grave de la teoría marxista: una deformación economista burguesa. Las clases sociales no están al final de ''El Capital'', están presentes del comienzo al fin de ''El Capital''. La lucha de clases no es un efecto derivado de la existencia de las clases sociales: la lucha de clases y la existencia de las clases sociales son una y la misma cosa. La lucha de clases es el ''eslabón decisivo'' para comprender ''El Capital''. 7. Cuando Marx dio a ''El Capital'' el subtítulo de: ''Crítica de la economía política'', no quería solamente decir que se proponía criticar a los economistas clásicos, sino también la ilusión economicista burguesa. Quería criticar radicalmente la ilusión burguesa que separa cuidadosamente por un lado, la actividad de producción e intercambio y, por otro, las clases sociales, las luchas políticas, etc. Marx, quería mostrar que todas las condiciones de la producción, de la circulación, de la distribución capitalistas (por lo tanto, toda la llamada economía política) están dominadas por la existencia de las clases sociales y la lucha de clases. 8. Expliquemos en pocas palabras el principio esencial de la tesis de Marx. No hay producción económica ''pura'', no hay circulación (intercambio) ''pura'', ni hay distribución ''pura''. Todos estos fenómenos económicos son procesos que tienen lugar bajo relaciones sociales que son en última instancia, es decir, bajo sus apariencias, relaciones de clases, y relaciones de clases antagónicas, es decir, relaciones de lucha de clases. 9. Tomemos, por ejemplo, la producción material de los objetos de utilidad social (valores de uso). Tal como se presenta, a simple vista, en las unidades de producción, (fábricas, explotaciones agrícolas, etc.). Esta producción material supone la existencia de ''fuerzas productivas'', donde la ''fuerza de trabajo'' (los trabajadores) ponen en acción instrumentos de producción (herramientas, máquinas) que transforman una materia prima. Un ''economista'' burgués,oun lector ''economicista'' de ''El Capital'' vería allí un simple proceso de trabajo técnico. Ahora bien, basta reflexionar como lo hace Marx para darse cuenta que es un contrasentido. Es necesario decir que las fuerzas productivas son puestas en acción en el proceso de trabajo bajo la dominación de las relaciones producción, que son relaciones de explotación. Si hay obreros, se debe a que son trabajadores asalariados, es decir, explotados. Si hay obreros que no poseen sino su fuerza de trabajo y se ven obligados (por hambre: Lenin) a venderla , es que existen capitalistas que poseen los medios de producción y compran la fuerza de trabajo para explotarla, para extraer de ella la plusvalía. La existencia de las clases antagónicas está inscrita, por lo tanto, en la producción misma, en el corazón mismo de la producción: en las relaciones de producción. 10. Es necesario ir más lejos: las relaciones de producción no son algo que viene a agregarse a las fuerzas productivas como simple ''forma''. Las relaciones de producción penetran en las fuerzas productivas ya que la fuerza de trabajo que pone en acción las fuerzas productivas forma ella misma parte de las ''fuerzas productivas'' y que el proceso de producción capitalista tiende sin cesar a la máxima explotación de la fuerza de trabajo. Y como es esta tendencia la que domina todo el proceso de producción capitalista, es necesario decir que los mecanismos técnicos de la producción se encuentran sometidos a los mecanismos (de clase) de la explotación capitalista. Lo que llamamos las fuerzas productivas es a la vez la base material (base ''técnica'', dice Marx) y la forma de existencia histórica de las relaciones producción, es decir, de las relaciones de explotación. Marx mostró admirablemente, en el Libro I, que las formas sucesivas de la organización del proceso de producción (la manufactura y la gran industria) no eran otra cosa que las formas sucesivas de existencia material e histórica de las relaciones de producción capitalista. Es por lo tanto, un error economicista y tecnocrático separar las fuerzas productivas de las relaciones de producción. 11. Lo que existe es la unidad (tendencial), en formas de existencia material, de las fuerzas productivas y de las relaciones producción, bajo la dominación de las relaciones de producción. Si es así, no hay producción ''pura'', y tampoco economía ''pura''. Con las relaciones de producción, las clases están presentes desde el comienzo del proceso de producción. Con esta relación entre las clases antagónicas se crean las bases de la lucha de clases; la lucha de clases está, por lo tanto, enraizada en la producción misma. 12. Pero esto no es todo. Ninguna sociedad existe, es decir, dura en la historia, si al producir, no reproduce las condiciones materiales y sociales de su existencia (de su producción). Ahora bien, las condiciones de existencia de la sociedad capitalista son las condiciones de la explotación que la clase capitalista hace sufrir a la clase obrera; y la clase capitalista debe reproducirlas cueste lo que cueste. Para comprender ''El Capital'' es necesario elevarse hasta la reproducción: y se comprenderá entonces que la burguesía no puede asegurarse la estabilidad y la duración de la explotación (que impone en la producción) sino a condición de conducir una lucha de clases permanente contra la clase obrera. Esta lucha de clases se produce perpetuando o reproduciendo las condiciones materiales, ideológicas y políticas de la explotación. Se realiza en la producción (reproducción del salario destinado a la reproducción de la fuerza de trabajo; represión, sanciones, despidos, lucha antisindical. etc.). Se realiza también fuera de la producción: es aquí donde interviene el papel de Estado y de los aparatos ideológicos del Estado (Escuela, Iglesia, información, sistema político), para someter a la clase obrera mediante la represión y la ideología. 13. Si se lee así, ''El Capital'' deja de ser una teoría de la ''economía política'' del capitalismo, para transformarse en la teoría de las formas materiales, jurídico-políticas e ideológicas de un modo de producción fundado en la explotación de la fuerza de trabajo asalariada, - para llegar a ser una ciencia revolucionaria-. 14. Si es así, uno puede hacerse otra idea de la lucha de clases, y renunciar a ciertas ilusiones ''humanistas'', que surgen de la ideología pequeñoburguesa (que son el complemento de las ilusiones economicistas). Uno se ve forzado a abandonar la idea de que la sociedad capitalista habría existido de alguna manera antes de la lucha de clases, y que la lucha de clases que nosotros conocemos sería el producto del proletariado (y de sus aliados) en lucha contra las ''injusticias'' de la sociedad. 15. En realidad, la lucha de clases propia de la sociedad capitalista es consustancial con la sociedad capitalista: comenzó con ella, es la burguesía la que la condujo desde sus comienzos con una ferocidad sin igual, contra un proletariado entonces desarmado. Lejos de rebelarse contra las ''injusticias'', el proletariado no hizo otra cosa, al comienzo, que resistir a la lucha de clase burguesa; antes de organizarse, de desarrollar su conciencia, y de pasar a la contraofensiva, hasta la toma del poder. 16. Si es así, si la teoría científica de Marx nos da la demostración de que todo está relacionado con la lucha de clases, se comprenden mejor las razones de ese hecho sin precedentes en la Historia: la ''fusión'' de la teoría marxista y del movimiento obrero. No se ha reflexionado suficientemente sobre este hecho: por qué y cómo el movimiento obrero, que existía antes de que Marx y Engels escribieran el ''Manifiesto Comunista'', se reconoció en una obra tan difícil como ''El Capital''. Es a partir de un punto de vista común: la lucha de clases. Ésta estaba en el corazón de la práctica cotidiana del movimiento obrero. 17. Está en el corazón de ''El Capital'', en el corazón de la teoría marxista. Marx devolvió en teoría científica al movimiento obrero, lo que había recibido en experiencia política. Como dice Mao Tsé-tung: ''No olvidemos nunca la lucha de clases''. Obras de referencia: Louis Althusser: ''Marxismo y lucha de clases''. Prólogo a la sexta edición de ''Los conceptos elementales del materialismo histórico'', de Marta Harnecker. Febrero de 1971 Fuente: www.uruguaypiensa.org.uy |
Es la gran obra de Marx, a la que dedicó toda su vida desde 1850 y por la
cual sacrificó, en pruebas crueles, lo mejor de su existencia personal y
familiar.
Sobre esta obra debe ser juzgado Marx. Sobre ella sola, y no sobre sus
"obras de juventud" aún idealistas (1841–1844); no sobre obras todavía muy
equívocas como La ideología alemana1; ni tampoco los "Grundrisse",
borradores traducidos al francés bajo el erróneo título de "Fundamentos de
la crítica de la economía política"2; ni siquiera sobre el célebre
"Prefacio" a la Contribución3, en el que Marx define con términos muy
equívocos (por hegelianos) la dialéctica de la "correspondencia y no
correspondencia" entre las Fuerzas productivas y las Relaciones de
producción.
Esta obra gigantesca que es El capital contiene, simplemente, uno de los
tres más grandes descubrimientos científicos de toda la historia
humana: el descubrimiento del sistema de conceptos (por lo tanto, de la
teoría científica.) que abre al conocimiento científico lo que podríamos
llamar el "Continente–Historia". Antes de Marx, dos continentes de
importancia comparables habían sido "abiertos" al conocimiento científico:
el Continente–Matemáticas, por los griegos del siglo V, y el
Continente–Física, por Galileo.
Aún estamos muy lejos de haber captado la dimensión de este descubrimiento
decisivo y de haber sacado todas las consecuencias teóricas que derivan de
él. En particular, todos los especialistas que trabajan en el dominio de las
"Ciencias humanas" y (dominio más reducido) las Ciencias sociales, esto es,
los economistas, los historiadores, los sociólogos, los psicosociólogos, los
psicólo-[20]gos, los historiadores del arte y la literatura, de la religión
y de otras ideologías —e incluso los lingüistas y los psicoanalistas— deben
saber que no pueden producir conocimientos verdaderamente científicos en su
especialidad sin reconocer que la teoría fundada por Marx les es
indispensable. Puesto que es, en principio, la teoría que "abre" al
conocimiento científico el "continente" en el que trabajan, en el que sólo
han producido hasta ahora nada más que algunos primeros conocimientos (la
lingüística, el psicoanálisis), nada más que algunos elementos o rudimentos
de conocimiento (la historia, la sociología y, en raros capítulos, la
economía), nada más que puras y simples ilusiones bautizadas abusivamente
conocimientos.
Sólo los militantes de la lucha de clase proletaria han sacado conclusiones
de El capital: reconociendo en él los mecanismos de la explotación
capitalista; agrupándose en organizaciones de lucha de
clase económica (los sindicatos) y política (al principio los partidos
socialistas, luego los comunistas), que aplican una "línea" de masa de lucha
para la toma del Poder de Estado: "línea" fundada sobre "el análisis
concreto de la situación concreta" (Lenin) en la que tienen que combatir
("análisis" efectuado por una justa aplicación de los conceptos científicos
de Marx a la "situación concreta").
Resulta paradójico que especialistas intelectuales altamente "cultivados" no
hayan comprendido un libro que contiene la Teoría de la que necesitan en sus
"disciplinas" y que, por el contrario, los militantes del Movimiento obrero
hayan comprendido este mismo Libro a pesar de sus grandes dificultades. La
explicación de esta paradoja es simple, y la dan con todas sus letras Marx
en El capital y Lenin en sus obras4.
Si los obreros han "comprendido" tan fácilmente El capital es porque habla,
en términos científicos, de la realidad cotidiana con la cual tratan: la
explotación de la que son objeto por medio del sistema capitalista. Es por
ello que El capital se convirtió tan rápidamente, como decía Engels en 1886,
en la "Biblia" del Movimiento obrero internacional. Por el contrario, si los
especialistas en historia, en economía política, en sociología, en
psicología, etc., han tenido y tienen aún tantos problemas para "comprender"
El capital, se debe a que están sometidos a la ideología dominante (la de la
clase dominante), que interviene directamente en su práctica "científica"
para falsear su objeto, su teoría y sus métodos. Salvo algunas excepciones,
no se dan
cuenta (no se pueden dar cuenta) de la extraordinaria potencia y variedad de
la empresa ideológica a la que son sometidos en su "práctica" misma. Salvo
algunas excepciones, no se hallan en condiciones de criticar ellos mismos
las ilusiones en que viven y que contribuyen a mantener porque,
literalmente, están cegados por ellas. Salvo algunas excepciones, no se
hallan en condiciones de realizar la revolución ideológica y teórica
indispensable para reconocer en la teoría de Marx la teoría misma de la que
su práctica necesita para volverse finalmente científica.
Cuando se habla de la dificultad de El capital, es necesario realizar una
distinción de suma importancia. En efecto, la lectura de El capital presenta
dos tipos de dificultades que no tienen absolutamente nada que ver una con
otra.
La dificultad Nº1 —absolutamente y masivamente determinante— es una
dificultad ideológica, por lo tanto, en última instancia, política. [21]
Frente a El capital hay dos tipos de lectores: los que tienen experiencia
directa de la explotación capitalista (ante todo, los proletarios u obreros
asalariados de la producción directa y también, con matices según su lugar
en el sistema de producción, los trabajadores asalariados no proletarios) y
los que no tienen experiencia directa de la explotación capitalista pero
que, con todo, son dominados, en sus prácticas y su conciencia, por la
ideología de la clase dominante (la ideología burguesa). Los primeros no
experimentan dificultad ideológico– política para comprender El capital,
puesto que habla a las claras de su vida concreta. Los segundos experimentan
una extrema dificul tad para comprender El capital (aunque sean muy
"sabios", yo diría: sobre todo si son muy "sabios"), puesto que existe una
incompatibilidad política entre el contenido teórico de El capital y las
ideas que tienen en la cabeza, ideas que "reencuentran" (puesto que las
ponen en ellas) en sus prácticas. Es por ello que la dificultad nº1 de El
capital es, en última instancia, una dificultad política.
Pero El capital presenta otra dificultad que no tiene absolutamente nada que
ver con la primera: la dificultad nº2 o dificultad teórica. Frente a esta
dificultad, los mismos lectores se dividen en dos nuevos grupos. Los que
tienen el hábito del pensamiento teórico (por lo tanto, los verdaderos
sabios) no experimentan dificultades, o no deberían experimentarlas, para
leer este libro teórico que es El capital. Los que no tienen el hábito de
practicar obras de teoría (obreros y numerosos intelectuales que, aunque
tienen "cultura", no tienen cultura teórica.) deben experimentar grandes
dificultades, o deberían experimentarlas, para leer una obra de teoría pura
como El capital.
Como acaban de ver, empleo condicionales (no deberían... deberían... ). Lo
hago para poner en evidencia este hecho, más paradójico aún que el anterior:
hasta individuos sin práctica de los textos teóricos (como los obreros) han
experimentado menos dificultad ante El capital que los individuos doctos en
la práctica de la teoría pura (como los sabios o pseudosabios muy
"cultivados").
Esto no ha de eximirnos de decir unas palabras acerca del tipo de dificultad
tan particular que presenta El capital en tanto que obra de teoría pura,
teniendo muy en cuenta el hecho fundamental de que no son las dificultades
teóricas, sino las dificultades políticas, las que
verdaderamente son determinantes en última instancia para toda lectura de El
capital y de su libro I.
Todo el mundo sabe que sin teoría científica correspondiente no puede
existir práctica científica, es decir, práctica que produzca conocimientos
científicos nuevos. Por lo tanto, toda ciencia descansa sobre su teoría
propia. El hecho de que esta teoría cambie, se complique o se modifique a la
par del desarrollo de la ciencia considerada no modifica en nada el asunto.
Ahora bien, ¿qué es esta teoría indispensable para toda ciencia? Es un
sistema de conceptos científicos de base. Basta con pronunciar esta simple
definición para que sobresalgan dos aspectos esenciales de toda teoría
científica: 1º los conceptos de base y 2º su sistema.
Los conceptos son nociones abstractas. Primera dificultad de la teoría:
habituarse a la práctica de la abstracción. Este aprendizaje —porque se
trata de un verdadero aprendizaje (comparable al aprendizaje de una práctica
cualquiera, por ejemplo: el aprendizaje de la cerrajería)— se efectúa ante
todo, en nuestro sistema escolar, por medio de las matemáticas y la
filosofía. Desde el Prefacio del Libro I, Marx nos advierte que la
abstracción es no sólo la existencia de la teoría sino también el método de
su análisis. Las ciencias experimentales disponen del "microscopio", la
ciencia marxista no tiene "microscopio": debe servirse de la abstracción,
que "hace las veces de microscopio". [22]
Atención: la abstracción científica no es completamente "abstracta", muy por
el contrario. Ejemplo: cuando Marx habla del capital social total, nadie lo
puede "tocar con las manos"; cuando Marx habla
del "plusvalor total", nadie puede tocarlo con las manos ni contarlo; sin
embargo, estos dos conceptos abstractos designan realidades efectivamente
existentes. Lo que hace que la abstracción sea científica es justamente que
designa una realidad concreta que existe verdaderamente, pero que no se
puede "tocar con las manos" ni "ver con los ojos". Por lo tanto, todo
concepto abstracto da el conocimiento de una realidad cuya existencia
revela: concepto abstracto quiere decir, entonces, fórmula aparentemente
abstracta, pero en realidad terriblemente concreta a causa del objeto que
designa. Este objeto es terriblemente concreto en tanto es infinitamente más
concreto, más eficaz, que los objetos que podemos "tocar con las manos" o
"ver con los ojos"; y sin embargo, no podemos tocarlo con las manos ni verlo
con los ojos. Lo mismo ocurre con el concepto de valor de cambio, el
concepto de capital social total, el concepto de trabajo socialmente
necesario, etc. Todo esto se puede aclarar fácilmente.
Otro punto: los conceptos de base existen bajo la forma de un sistema, y es
esto lo que constituye una teoría. En efecto, una teoría es un sistema
riguroso de conceptos científicos de base. En una teoría científica, los
conceptos de base no existen en cualquier orden, sino en un orden riguroso.
Por lo tanto, es necesario tener en cuenta esto y aprender paso a paso la
práctica del rigor. El rigor —sistemático— no es una fantasía ni un lujo
formal, sino una necesidad vital para toda ciencia, para toda práctica
científica. Es lo que, en su Prefacio, Marx llama el rigor del "orden de
exposición" de una teoría científica.
Dicho esto, tenemos que saber cuál es el objeto de El capital; dicho de otra
manera, cuál es el objeto analizado en el libro I de El
capital. Marx lo dice: es "el modo de producción capitalista y las
relaciones de producción e intercambio que le corresponden". Ahora bien, se
trata de un objeto abstracto. En efecto, y a pesar de las apariencias, Marx
no analiza ninguna "sociedad concreta" —ni siquiera la Inglaterra de la que
habla todo el tiempo en el libro I— sino el MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA y
nada más. Este objeto es abstracto: esto quiere decir que es terriblemente
real y que no existe en estado puro nunca, puesto que existe solamente en
las sociedades capitalistas. Simplemente: para analizar estas sociedades
capitalistas concretas (Inglaterra, Francia, Rusia, etc.) es necesario tener
en cuenta que están dominadas por esta realidad terriblemente concreta e
"invisible" (a simple vista) que es el modo de producción capitalista.
"Invisible": por lo tanto, abstracta.
Naturalmente, todo esto admite malentendidos. Hay que estar extremadamente
atento para evitar las falsas dificultades de estos malentendidos. Por
ejemplo, no hay que creer que Marx analiza la situación concreta de
Inglaterra cuando habla de ella. Habla de ella nada más que para "ilustrar"
su teoría (abstracta) del modo de producción capitalista.
En resumen, existe verdaderamente una dificultad en la lectura de El
capital: una dificultad teórica. Surge de la naturaleza abstracta y
sistemática de los conceptos de base de la teoría o del análisis teórico. Es
necesario considerar que se trata de una dificultad real, objetiva, que sólo
se puede superar por medio del aprendizaje de la abstracción y el rigor
científicos. Es necesario saber que este aprendizaje no se realiza en un
solo día. [23]
Por ello, un primer consejo de lectura. Tener siempre muy presente esta idea
de que El capital es una obra de teoría que tiene por objeto los mecanismos
del modo de producción capitalista y de él solo.
Por ello, un segundo consejo de lectura: no buscar en El capital ni un libro
de historia "concreta" ni un libro de economía política "empírica" en el
sentido en que los historiadores y los economistas entienden estos términos,
sino encontrar en él un libro de teoría que analiza el MODO DE PRODUCCIÓN
CAPITALISTA. La historia concreta y la economía empírica tienen otros
objetos.
Por ello, este tercer consejo de lectura. Cuando se tropieza con una
dificultad de lectura de orden teórico, tenerlo en cuenta y tomar las
medidas necesarias. No apresurarse, volver atrás con cuidado (lentamente) y
avanzar sólo cuando las cosas estén claras. Tener en cuenta el hecho de que
para leer una obra teórica es indispensable un aprendizaje de la teoría. Se
puede aprender a caminar caminando con la condición de respetar
cuidadosamente las condiciones señaladas arriba. No se aprenderá de un solo
golpe (repentinamente y definitivamente) a caminar en la teoría, sino poco a
poco, pacientemente y humildemente. El éxito tiene este precio.
Prácticamente, esto quiere decir que sólo se puede comprender el libro I a
condición de releerlo cuatro o cinco veces consecutivamente, es decir, con
tiempo como para haber aprendido a caminar en la teoría. La presente
advertencia está destinada a guiar los primeros pasos de los lectores en la
teoría.
Pero antes de eso, es necesario decir unas palabras sobre el público que va
a leer el libro I de El capital.
¿De quiénes se va a componer, fundamentalmente, este público?
1º De proletarios, o asalariados empleados directamente en la producción de
bienes materiales.
2º De trabajadores asalariados no proletarios (desde el simple empleado
hasta los cuadros medio y superior (el ingeniero y el investigador), el
profesor, etc.).
3º De artesanos urbanos y rurales.
4º De miembros de profesiones liberales.
5º De estudiantes.
Entre los proletarios o asalariados que leerán el libro I de El capital
figuran, naturalmente, hombres y mujeres a quienes la práctica de la lucha
de clases en sus organizaciones sindicales y políticas les ha dado una
cierta "idea" de la teoría marxista. Esta idea puede ser más o menos justa
según se pase de los proletarios a los asalariados no proletarios: no está
falseada en lo fundamental.
Entre las otras categorías que leerán el libro I de El capital figuran,
naturalmente, hombres y mujeres que tienen en la cabeza, también, una cierta
"idea" de la teoría marxista. Por ejemplo, los universitarios y, más
precisamente, los "historiadores", los "economistas" y numerosos ideólogos
de diversas disciplinas (porque, como sabemos, hoy en día todo el mundo se
declara "marxista" en las Ciencias humanas).
Ahora bien, lo que estos intelectuales tienen en la cabeza a propósito de la
teoría marxista son, en un 90%, ideas falsas. Estas ideas
fueron expuestas sin ningún esfuerzo de imaginación notable [24] cuando aún
vivía Marx y luego repetidas incansablemente. Estas ideas falsas han sido
fabricadas y defendidas desde hace un siglo por todos los economistas e
ideólogos burgueses y pequeñoburgueses5 para "refutar" la teoría marxista.
Estas ideas no han tenido ningún problema en "ganar" un amplio público, ya
que se lo habían "ganado" de antemano a causa de sus prejuicios ideológicos
antisocialistas y antimarxistas.
Este amplio público estaba compuesto ante todo por intelectuales y no por
obreros, puesto que, como decía Engels, aun cuando no penetren en las
demostraciones más abstractas de El capital, los proletarios no "se dejan
atrapar por estas ideas".
Por el contrario, hasta los intelectuales y los estudiantes más
generosamente "revolucionarios" se "dejan atrapar" por ellas, por un lado o
por otro, puesto que están sometidos masivamente a los prejuicios de la
ideología pequeñoburguesa sin la contrapartida de la experiencia directa de
la explotación.
En esta advertencia, entonces, me veo obligado a tomar en cuenta
conjuntamente:
1º los dos órdenes de dificultades que ya he señalado (dificultad Nº 1:
política; dificultad Nº 2: teórica);
2º la distribución del público en dos grupos esenciales: por una
parte, público obrero–asalariado; por otra parte, público intelectual. Se
entiende que estos dos grupos se recortan en una de sus franjas (algunos
asalariados son al mismo tiempo "trabajadores intelectuales");
3º la existencia, sobre el camino ideológico, de refutaciones
pretendidamente "científicas" de El capital que afectan más o menos
profundamente, según su origen de clase, a tal o cual parte de este público.
Habida cuenta de todos estos datos, mi advertencia va a adoptar la forma
siguiente:
Punto I.: Consejos de lectura destinados a evitar provisoriamente las más
arduas de estas dificultades. Este punto será breve y claro. No dudo de que
—aunque se dirige a todos—lo lean los proletarios, ya que está escrito ante
todo para ellos.
Punto II.: Indicaciones sobre la naturaleza de las dificultades teóricas del
libro I de El Capital que son tomadas como pretexto para todas las
refutaciones de la teoría marxista.
Este punto será forzosamente más arduo a causa de la naturaleza de las
dificultades teóricas de que se tratará y por los argumentos de las
"refutaciones" de la teoría marxista que se apoyan sobre estas dificultades.
PUNTO I.
Las mayores dificultades teóricas y otras que obstaculizan una lectura fácil
del libro I de El capital se concentran desgraciadamente (o felizmente) en
el comienzo mismo del libro I, más precisamente, en su sección I, que trata
de "La mercancía y el dinero". Por lo tanto, doy el siguiente consejo: poner
PROVISORIAMENTE ENTRE PARÉNTESIS TODA LA SECCIÓN I y COMENZAR LA LECTURA POR
LA SECCIÓN II ("La transformación del dinero en capital"). [25]
Desde mi punto de vista, no es posible comenzar (y solamente comenzar) a
comprender la sección I más que después de haber leído y releído todo el
libro I a partir de la sección II.
Este consejo es más que un consejo: con todo el respeto que les debo a mis
lectores, es una recomendación que me permito presentar como una
recomendación imperativa.
Cada uno puede hacer su experiencia práctica.
Si se comienza a leer el libro I por su comienzo, es decir, por la sección
I, o bien no se comprende y se abandona, o bien se cree comprender, cosa que
resulta aún más grave porque existen grandes probabilidades de haber
comprendido algo muy distinto de lo que hay que comprender.
A partir de la sección II ("La transformación del dinero en capital"), las
cosas son más claras. Penetramos directamente, entonces, en el corazón mismo
del libro I.
Este corazón es la teoría del plusvalor, que los proletarios com prenden sin
ninguna dificultad puesto que se trata simplemente de la teoría científica
acerca de aquello de que tienen experiencia cotidiana: la explotación de
clase.
Siguen luego dos secciones muy densas, pero muy claras y decisivas para la
lucha de clases, aún hoy.: la sección III y la sección IV. Tratan de las dos
formas fundamentales del plusvalor de que dispone la clase capitalista para
llevar al máximo la explotación de la clase obrera: lo que
Marx llama
plusvalor absoluto (sección III) y plusvalor relativo (sección IV).
El plusvalor absoluto (sección III) se basa en la duración de la jornada de
trabajo. Marx explica que la clase capitalista empuja inexorablemente al
aumento de la duración de la jornada de trabajo, y que la lucha de la clase
obrera, más que centenaria, tiene por objetivo arrancar una disminución de
la duración de la jornada de trabajo luchando contra este aumento.
Históricamente, conocemos las etapas de esta lucha: primero, jornada de 12
horas, de 10 horas; luego, de 8 horas; y finalmente, bajo el Frente Popular,
la semana de cuarenta horas.
Por experiencia, todos los proletarios saben esto que Marx demuestra en la
sección III: la tendencia irresistible del sistema capitalista al
acrecentamiento máximo de la explotación por medio de la prolongación de la
duración de la jornada de trabajo (o de la semana de trabaje). Este
resultado se alcanza ya sea a pesar de la legislación existente (en
realidad, las 40 horas nunca fueron aplicadas), ya sea en el medio de la
legislación existente (por ejemplo, las "horas extraordinarias").
Aparentemente, las horas extraordinarias les "cuestan muy
caro" a los capitalistas, puesto que las pagan veinticinco, cincuenta y
hasta ciento por ciento por encima de la tarifa de las horas normales. Pero
en realidad, son ventajosas para ellos, porque permiten que las "máquinas",
con la vida cada vez más breve a causa de los rápidos progresos
tecnológicos, funcionen veinticuatro horas por veinticuatro. Dicho de otra
manera, las horas extraordinarias les permiten a los capitalistas sacar el
máximo provecho de la "productividad". Marx ha mostrado muy bien que la
clase capitalista no paga ni pagará jamás —en detrimento de su salud (su
renta)— horas extraordinarias a los obreros para complacerlos o para
permitirles prosperar, sino para explotarlos por más tiempo. El plusvalor
relativo (sección IV), cuya existencia acabamos de percibir en filigrana en
esta cuestión de las horas extraordinarias, es sin duda la forma nº1 de la
explotación contemporánea. Es mucho más sutil porque es menos visible
directamente que el aumento de la duración del trabajo. Sin embargo, los
proletarios reaccionan por instinto si no contra él, al menos, como vamos a
ver, contra sus efectos. [26]
El plusvalor relativo se basa, efectivamente, en la intensificación de la
mecanización de la producción (industrial y agrícola) y, por lo tanto, en la
productividad creciente que resulta de esta intensificación. Esta tiende
actualmente a la automatización. Producir el máximo de mercancías al precio
más bajo para sacar de ello el máximo provecho: tal es la tendencia
irresistible del capitalismo. Naturalmente, va a la par de una explotación
acrecentada de la fuerza de trabajo.
Se tiende a hablar de "mutación" o "revolución" en la tecnología
contemporánea. En realidad, Marx había afirmado desde el Manifiesto,
y demostrado en El capital, que el modo de producción capitalista se
caracteriza por una "revolución ininterrumpida en los medios de producción",
ante todo en los instrumentos de producción (tecnología). Algo que viene
sucediendo desde hace ciento cincuenta años es declarado "sin precedente" en
grandes proclamaciones, y es verdad que desde hace algunos años las cosas
van mucho más rápido que antes.
Pero se trata de una simple diferencia de
grado, no de naturaleza. Toda la historia del capitalismo es la historia de
un prodigioso desarrollo de la productividad a través del desarrollo de la
tecnología.
En la actualidad —como, por otra parte, en el pasado—, esto resulta de la
introducción de máquinas cada vez más perfeccionadas en el proceso de
trabajo, lo que permite producir la misma cantidad de productos que antes en
tiempos dos, tres o cuatro veces inferiores y, por lo tanto, un desarrollo
manifiesto de la productividad. Pero, correlativamente, esto resulta de los
efectos precisos de la agravación de la explotación de la fuerza de trabajo
(aceleración de los ritmos, supresión de los puestos y empleos), no sólo
entre los proletarios, sino entre los trabajadores asalariados no
proletarios, comprendidos entre ellos algunos cuadros técnicos —aun de
primera línea— que "ya no están al día" con el progreso técnico y. en
consecuencia, no tienen más valor mercantil: de allí la cesantía
subsiguiente.
De todo esto trata Marx, con un rigor y una precisión extremos, en la
sección IV (El plusvalor relativo).
Desmonta los mecanismos de la explotación por medio del desarrollo de la
productividad en sus formas concretas. Demuestra así que nunca el desarrollo
de la productividad puede beneficiar espontáneamente a la clase obrera.; muy por el contrario, puesto que se realiza,
precisamente, para aumentar su explotación. Marx demuestra así, de manera
irrefutable, que la clase obrera no puede esperar beneficios del desarrollo
de la productividad moderna antes de haber invertido el capitalismo y
haberse apoderado del poder de Estado en una revolución socialista.
Demuestra que de aquí a la toma revolucionaria del poder que abre la vía al
socialismo, la clase obrera no puede tener otro objetivo ni, por lo tanto,
otro recurso que luchar contra los efectos de explotación producidos por el
desarrollo de la productividad para limitar estos efectos (lucha contra los
ritmos, contra lo arbitrario de las primas a la productividad, contra las
horas extraordinarias, contra las supresiones de puestos, contra "la
cesantía de la productividad"): Lucha esencialmente defensiva, y no
ofensiva.
Aconsejo ahora, al lector que ha llegado al final de la sección IV, dejar de
lado provisoriamente la sección V ("Investigaciones ulteriores sobre el
plusvalor") y pasar directamente a la luminosa sección VI sobre el salario.
En esta sección, los proletarios aún están literalmente entre ellos, dado
que Marx examina en ella, además de la mistificación burguesa que declara
que el "trabajo" del obrero es pagado "por su valor", las diferentes formas
del salario: primero, salario por tiempo; luego, salario por piezas. [27] Es
decir, las diferentes trampas con que la burguesía intenta atrapar la
conciencia obrera para destruir en ella toda voluntad de lucha de clases
organizada. En esta sección, los proletarios reconocerán que su lucha de
clases no puede sino oponerse de manera antagónica a la tendencia a la
agravación de la explotación
capitalista. En esta sección, reconocerán que, en el plano del salario o,
como dicen los ministros y sus "economistas" respectivos, en el plano del
"nivel de vida" o de las "rentas", la lucha de clase económica de los
proletarios y otros asalariados no puede tener más que un sentido: una lucha
defensiva contra la tendencia objetiva del sistema capitalista al aumento de
la explotación en todas sus formas.
Decimos bien lucha defensiva y, por lo tanto, lucha contra la disminución
del salario. Entiéndase bien que toda lucha contra la disminución del
salario es al mismo tiempo y por eso una lucha por el aumento del salario
existente. Pero hablar sólo de lucha por el aumento es designar el efecto de
la lucha a riesgo de ocultar su causa y su objetivo. Dado que el capitalismo
tiende inexorablemente a la disminución del salario, la lucha por el aumento
del salario es, por lo tanto, en su principio mismo, una lucha defensiva
contra la tendencia del capitalismo a disminuir el salario.
Resulta perfectamente claro, entonces, como lo subraya Marx en la sección
VI, que el problema del salario de ninguna manera puede arreglarse "por sí
sólo" por medio de la "distribución" a los obreros y demás trabajadores de
los "beneficios" del desarrollo de la productividad, aun cuando fuera
espectacular. El problema del salario es un problema de lucha de clase. No
se arregla "‘por sí solo", sino por la lucha de clase: ante todo, por las
diferentes formas de huelga que más tarde o más temprano desembocan en la
huelga general.
Aunque esta huelga general sea puramente económica y, por lo tanto,
defensiva ("defensa de los intereses materiales y morales de los
trabajadores", lucha contra la doble tendencia capitalista al aumento
de la duración del trabajo y la disminución del salario), o tome una forma
política y, por lo tanto, ofensiva (lucha por la conquista del poder de
Estado, la revolución socialista y la construcción del socialismo), todos
los que conozcan las distinciones hechas por Marx, Engels y Lenin saben qué
diferencia separa la lucha de clase política de la lucha de clase económica.
La lucha de clase económica (sindical) es defensiva porque es económica
(contra las dos grandes tendencias del capitalismo). La lucha de clase
política es ofensiva porque es política (por la toma del poder por la clase
obrera y sus aliados).
Aunque en la realidad siempre influye una sobre la otra (más o menos, según
la coyuntura), hay que distinguir bien estas dos luchas.
Una cosa es segura, y el análisis que hace Marx de las luchas de clase
económicas en Inglaterra en el libro I lo muestra: una lucha de clase que
quisiera confinarse deliberadamente al dominio de la sola lucha económica es
y será defensiva siempre, por lo tanto, nunca tendrá esperanzas de invertir
el régimen capitalista. Se trata de la tentación mayor de los reformistas
(fabianos, tradeunionistas) de los que habla Marx y, de manera general, de
la tradición socialdemócrata de la II Internacional. Sólo una lucha política
puede "encauzar el vapor" y traspasar estos límites, por lo tanto, dejar de
ser defensiva para volverse ofensiva. Podemos leer esta conclusión más que
entre líneas en El capital. Podemos leerla con todas las letras en los
textos políticos de Marx mismo, de Engels y de Lenin. Este es el problema
nº1 del Movimiento obrero internacional desde que se "fusionó" con la teoría
marxista. [28]
Los lectores podrán pasar luego a la sección VII ("La acumulación del
capital"), que es muy clara. Marx explica que la tendencia del capitalismo
consiste en reproducir y ensanchar la base misma del capital, en transformar
en capital el plusvalor extraído a los proletarios, por lo tanto, que el
capital no deje de "crecer como una bola de nieve al rodar" para extraer sin
cesar más plustrabajo (plusvalor) a los proletarios. Y Marx lo muestra en
una magnífica "ilustración" concreta: la Inglaterra que va de 1846 a 1866.
En cuanto a la sección VIII ("La acumulación primitiva"), que cierra el
libro I, contiene el segundo gran descubrimiento de Marx. El primero es el
descubrimiento del "plusvalor". El segundo es el descubrimiento de los
medios increíbles por los que fue realizada "la acumulación primitiva",
gracias a la cual, y también mediante la existencia de una masa de
"trabajadores libres" (es decir, desprovistos de medios de trabajo) y la
existencia de descubrimientos tecnológicos, pudo "nacer" el capitalismo y
desarrollarse en las sociedades occidentales. Estos medios, constituidos por
la peor violencia (el robo y las masacres), abrieron al capitalismo su
camino real en la historia humana. Este capítulo contiene riquezas
prodigiosas que aún no han sido explotadas: en particular, la tesis —que
deberemos desarrollar— según la cual el capitalismo nunca dejó de emplear, y
continúa empleando en pleno siglo XX en los "márgenes" de su existencia
metropolitana, es decir, en los países coloniales y ex coloniales, los
medios más violentos.
Por lo tanto, aconsejo con insistencia el método de lectura siguiente:
1º Dejar deliberadamente de lado, en una primera lectura, la sección I (La
mercancía y el dinero).
2º Comenzar la lectura del libro I por la sección II (La transformación del
dinero en capital).
3º Leer atentamente las secciones II, III (La producción del plusvalor
absoluto) y IV (La producción del plusvalor relativo).
4º Dejar de lado la sección V (Nuevas investigaciones sobre el plusvalor).
5º Leer atentamente las secciones VI (El salario), VII (La acumulación del
capital) y VIII (La acumulación primitiva).
6º Por último, comenzar con infinitas precauciones la sección I (La
mercancía y el dinero), sabiendo que siempre será extremadamente difícil de
comprender —aun después de haber leído muchas veces las otras secciones— sin
la ayuda de un cierto número de explicaciones que profundicen6.
Les aseguro a los lectores que tengan a bien observar escrupulosamente este
orden de lectura, recordando lo que se dijo sobre las dificultades políticas
y teóricas de toda lectura de El capital, que no lo lamentarán.
PUNTO II.
Me ocuparé ahora de las dificultades teóricas que pueden obstaculizar una lectura rápida y, en algunos puntos, hasta muy atenta del libro
I de El capital. [29]
Recuerdo que es apoyándose sobre estas dificultades que la ideología
burguesa traía de convencerse —pero, ¿lo logra verdaderamente?— de que hace
mucho tiempo que ha "refutado" la teoría de Marx.
La primera dificultad es de orden muy general. Surge del simple hecho de que
el libro I es sólo el primer libro de una obra compuesta de cuatro.
Digo bien: cuatro. Porque aunque se sabe generalmente de la existencia de
los libros I, II y III, e incluso aunque se los haya leído, generalmente se
silencia el libro IV por suponer que se sospecha su existencia.
El "misterioso" libro IV es misterioso sólo para aquellos que piensan que
Marx es un "historiador" más, autor de una Historia de las doctrinas
económicas, puesto que bajo este título aberrante Molitor ha traducido7, por
así decirlo, una obra profundamente teórica y que en realidad se llama
Teorías sobre el plusvalor.
Sin dudas, el libro I de El capital es el único que se publicó cuando Marx
vivía; los libros II y III fueron publicados después de su muerte (en 1883)
por Engels; y el libro IV por Kautsky8. En 1886, en el prefacio a la edición
inglesa, Engels pudo decir que el libro I "constituye un todo en sí mismo".
De hecho, cuando no se disponía de los libros siguientes, hizo bien en
"considerarlo como una obra independiente".
Hoy ya no es ése el caso. En efecto, disponemos de los cuatro libros, en
alemán9 y en francés10. Indico a aquellos que puedan hacerte que se
preocupen lo más posible por remitirse constantemente al texto alemán para
controlar la traducción no sólo del libro IV (dado que abunda en errores
graves), sino también de los libros II y III (algunas dificultades de
terminología no siempre están resueltas) y, por último, para el libro I,
traducido por Roy en una versión que Marx mismo revisó completamente y
rectificó en algunos pasajes, e incluso aumentó sensiblemente.
Porque Marx,
que dudaba de las capacidades teóricas de los lectores franceses11, a veces
atenuó peligrosamente la nitidez de las expresiones conceptuales originales.
El conocimiento de los tres libros restantes permite resolver un cierto
número de dificultades teóricas muy graves del libro I, ante todo las
concentradas en la terrible sección I (La mercancía y el dinero) alrededor
de la famosa teoría del "valor–trabajo".
Dentro de una concepción hegeliana de la ciencia (para Hegel hay ciencia
sólo si es filosófica, y es por ello que toda verdadera ciencia debe fundar
su propio comienzo.), Marx pensaba, entonces, que "en toda ciencia, el
comienzo es arduo". De hecho, la sección I del libro I se presenta en un
orden de exposición en el que la dificultad surge en
buena medida por este prejuicio hegeliano. Por otra parte, Marx releyó una
decena de veces este comienzo antes de darle su forma "definitiva" —como si
se hubiera encontrado con una dificultad que no era solamente de simple
exposición— y con razón. [30]
Doy en pocas palabras el principio de la solución.
La teoría del "valor–trabajo" de Marx, que todos los "economistas" e
ideólogos burgueses le han reprochado en condenaciones irrisorias, es
inteligible pero sólo como un caso particular de una teoría que Marx y
Engels denominaron la "ley del valor" o ley de reparto de la cantidad de
fuerza de trabajo disponible según las diversas ramas de la producción,
reparto indispensable para la reproducción de las condiciones de producción.
"Hasta un niño" la comprendería, dice Marx en 1868, en términos que
desmienten, por lo tanto, el inevitable "comienzo arduo" de toda ciencia.
Sobre la naturaleza de esta ley remito, entre otros textos, a las cartas de
Marx a Kugelman del 6 de marzo y el 11 de julio de 186812.
La teoría del "valor–trabajo" no es el único punto que trae dificultades en
el libro I. Naturalmente, hay que mencionar la teoría del plusvalor, el ogro
de los economistas e ideólogos burgueses, quienes le reprochan que es
"metafísica", "aristotélica", "inoperatoria", etc. Ahora bien, esta teoría
del plusvalor es inteligible sólo como caso particular de una teoría más
vasta: la teoría del plustrabajo.
El plustrabajo existe en toda "sociedad". En las sociedades sin clase, una vez separada la parte necesaria para la reproducción de las
condiciones de producción, se reparte entre los miembros de la "comunidad"
(primitiva, comunista). En las sociedades de clases, una vez separada la
parte necesaria para la reproducción de las condiciones de producción, es
extraído por las clases dominantes a las clases explotadas. En la sociedad
de clases capitalista, donde, por primera vez en la historia, la fuerza de
trabajo se vuelve una mercancía, el plustrabajo extraído adopta la forma del
plus–valor.
Hasta aquí llego: me contento con indicar el principio de la solución: su
demostración exigiría argumentos detallados.
El libro I contiene aún otras dificultades teóricas, ligadas a las
precedentes o a otros problemas.
Por ejemplo, la teoría de las distinciones por introducir entre el valor y
la forma–valor.; por ejemplo, la teoría de la cantidad de trabajo
socialmente necesario.; por ejemplo, la teoría del trabajo simple y el
trabajo complejo.; por ejemplo, la teoría de las necesidades sociales.; por
ejemplo, la teoría de la composición orgánica del capital.; por ejemplo, la
famosa teoría del "fetichismo" de la mercancía y su generalización ulterior.
Todos estos problemas —y muchos otros aún— constituyen dificultades
objetivas reales a las cuales el libro I da ya sea soluciones provisorias,
ya sea soluciones parciales. ¿Por qué esta insuficiencia?
Tengamos en cuenta que cuando Marx publicó el libro 1 de El capital ya había
escrito el libro II y una parte del III (este último en forma de
borradores). De todas maneras, tenía "todo en la cabeza" —al
menos en principio— como lo prueba la correspondencia con Engels13. Pero,
materialmente, no era posible que Marx pudiera poner "todo lo proyectado" en
el libro I de una obra que debía componerse de cuatro libros. Además, si
bien Marx tenía "todo en la cabeza", no dispo[31]nía de todas las respuestas
a las preguntas que tenía en la cabeza; y en ciertos puntos, el libro I
padece las consecuencias de ello. No se debe al azar si sólo en 1868, por lo
tanto, un año después de la aparición del libro I, Marx escribe que la
inteligencia de la "ley del valor", de cuya inteligencia depende la
inteligencia de la sección I, está al alcance de un "niño".
Por lo tanto, el lector del libro I debe convencerse de un hecho
perfectamente comprensible si consideramos que Marx se introdujo, por
primera vez en la historia del conocimiento humano, en un Continente virgen:
el libro I contiene algunas soluciones de problemas que serán planteados
sólo en los libros II, III y IV, y algunos problemas cuyas soluciones sólo
serán demostradas en los libros II, III y IV.
Esencialmente por este carácter de "suspenso" o, si se prefiere, "de
anticipación" surge la mayoría de las dificultades objetivas del libro I.
Por lo tanto, tengamos en cuenta este hecho y saquemos las consecuencias que
derivan de él, es decir leer el libro I teniendo en cuenta los libros II,
III y IV.
Sin embargo, existe un segundo orden de dificultades que constituyen un
obstáculo real para la lectura del libro I. Estas dificultades surgen no ya
del hecho de que El capital se componga de cuatro libros,
sino de los restos, en el lenguaje y aun en el pensamiento de Marx, de la
influencia del pensamiento de Hegel.
Quizá sepa el lector que hace un tiempo14 intenté defender la idea de que el
pensamiento de Marx era fundamentalmente diferente del pensamiento de Hegel,
por lo tanto, de que había entre Marx y Hegel un verdadero corte o ruptura,
como se quiera. Más avanzo, más pienso que esta tesis es justa. Sin embargo,
debo reconocer que di una idea muy excesiva de esta tesis al adelantar la
idea de que podíamos situar esta ruptura en 1845 (Tesis sobre Feuerbach, La
ideología alemana). En realidad, algo decisivo comienza efectivamente en
1845, pero debió de costarle a Marx un muy largo trabajo de revolución para
llegar a registrar en conceptos verdaderamente nuevos la ruptura lograda con
el pensamiento de Hegel. El famoso Prefacio de 1859 (a la Contribución a la
crítica de la economía política) aún es profundamente hegeliano–
evolucionista. Los "Grundrisse", que datan de los años 1857–1859, también
están profundamente marcados por el pensamiento de Hegel, cuya Lógica Marx
había releído con admiración en 1858.
Cuando aparece el libro I de El capital (1867) aún quedan huellas de la
influencia hegeliana. Sólo desaparecerán totalmente más tarde: la Crítica
del Programa de Gotha (1875)15, así como las Notas marginales sobre Wagner
(1882)16, están totalmente y definitivamente exentas de
Notas marginales al "Tratado de economía política" de Adolph Wagner,
Cuadernos de Pasado y Presente. México, 1982. (N. del T.)]
Por lo tanto, para nosotros resulta muy importante saber de dónde venía
Marx.: venía del neohegelianismo, que era un retorno de Hegel a Kant y
Fichte; luego, del feuerbachismo puro; luego, [32] del feuerbachismo con
inyección de Hegel (los Manuscritos de 1844)17, antes de volver a encontrar
a Hegel en 1858.
También nos importa saber adonde iba. La tendencia de su pensamiento lo
empujaba irresistiblemente a abandonar radicalmente, como se ve en la
Crítica del Programa de Gotha de 1875 y en la Notas sobre Wagner de 1882,
toda sombra de influencia hegeliana. Al abandonar sin regreso toda
influencia de Hegel, Marx no deja de reconocer una deuda importante con este
pensador: la de haber sido el primero que concibió la historia como un
"proceso sin sujeto".
Teniendo en cuenta esta tendencia, podemos apreciar como restos en vía de
superación las huellas de influencia hegeliana que subsisten en el libro I.
Ya he señalado estas huellas en el problema, típicamente hegeliano, del
"comienzo arduo" de toda ciencia, cuya brillante manifestación es la Sección
I del Libro I. Más precisamente, esta influencia hegeliana puede localizarse
en el vocabulario del que Marx se sirve en esta sección I: en el hecho de
que hable, como de dos cosas totalmente diferentes, acerca de la utilidad social de los productos por
una parte y del valor de cambio de los mismos productos por otra parte con
términos que de hecho tienen una palabra en común, la palabra "valor": por
una parte, valor de uso, y por otra parte, valor de cambio. Si Marx clava en
la picota con el vigor que sabemos al tal Wagner (ese vis obscurus.) en las
Notas marginales de 1882, se debe a que Wagner finge creer que como Marx se
sirve en los dos casos de la misma palabra (valor.), el valor de uso y el
valor de cambio resultan de una escisión (hegeliana) del concepto de
"valor". Lo que sucede es que Marx no había tenido la precaución de eliminar
la palabra valor de la expresión "valor de uso" y hablar simplemente, como
hubiera debido, de utilidad social de los productos. Aquí vemos por qué
Marx, en 1873, en el Postfacio a la segunda edición alemana de El capital,
pudo volver sobre sí mismo y reconocer que se había arriesgado, "en el
capítulo sobre la teoría del valor" (justamente la sección I), a "coquetear"
(kokettieren) "con la terminología particular de Hegel". De esto debemos
sacar una consecuencia, que llevada al límite supone que se re–escriba la
sección I de El capital de manera que se vuelva un "comienzo" ya no "arduo",
sino simple y fácil.
La misma influencia hegeliana aparece en la imprudente fórmula del capítulo
XXXII de la sección VIII del libro I, en el que Marx, al hablar de la
"expropiación de los expropiadores", declara: "se trata de la negación de la
negación". Imprudente: porque no ha dejado de hacer estragos; si bien
Stalin, para beneficio propio, tuvo razón al suprimir "la negación de la
negación" de las leyes de la dialéctica, mantuvo otros errores mucho más
graves.
Ultima huella de la influencia hegeliana, y esta vez flagrante y
extremadamente dañosa (ya que todos los teóricos de la "reificación" y la
"alienación" han encontrado en ella con qué "fundar" sus interpretaciones
idealistas del pensamiento de Marx): la teoría del fetichismo ("El carácter
fetichista de la mercancía y su secreto", parte IV del capítulo I de la
sección I).
Se comprenderá que no pueda extenderme aquí sobre estos diferentes puntos,
cosa que exigiría toda una demostración. Con todo, los señalo porque, con el
muy equívoco y (por desgracia) célebre prefacio a la Contribución a la
crítica de la economía política (1859), el hegelianismo y el evolucionismo
(hegelianismo pobre) del que están cargados han hecho estragos en la
historia del Movimiento obrero marxista. Señalo que ni por un instante cedió
Lenin a la influencia de estas páginas hegeliano–evolucionistas, sin lo cual
no hubiera podido combatir la traición de la II Internacional, [33] edificar
el Partido bolchevique, conquistar a la cabeza de las masas populares rusas
el poder del Estado para instaurar la dictadura del proletariado y
comprometerse en la construcción del socialismo. También señalo que, para
desgracia del mismo Movimiento comunista internacional, Stalin hizo del
prefacio de 1859 su texto de referencia, como lo podemos constatar en el
capítulo de la Historia del Partido comunista (bolchevique) intitulado
"Materialismo dialéctico y materialismo histórico" (1938), lo que explica
sin duda muchos males que, con un término que no tiene nada de marxista, se
denominan "el período del culto a la personalidad". En otra parte volveremos
sobre este problema.
Agrego aún algo para evitar al lector del libro I un muy grave ma
lentendido, que esta vez ya no tiene nada que ver con las dificultades que
acabo de evocar, pero que surge de la necesidad de leer muy de cerca el
texto de Marx.
Este malentendido concierne al objeto del que se trata a partir de la
sección II del libro I (La transformación del dinero en capital). En efecto,
Marx habla aquí de la composición orgánica del capital y dice que, en la
producción capitalista, existe para todo capital dado una fracción (digamos
cuarenta por ciento) que constituye el capital constante (materia prima,
edificios, máquinas, herramientas) y una fracción (digamos, pues, sesenta
por ciento) que constituye el capital variable (gasto de compra de la fuerza
de trabajo). El capital constante se llama así porque permanece constante en
el proceso de producción capitalista: no produce valor nuevo, por lo tanto,
permanece constante. El capital variable se llama variable porque produce
valor nuevo, superior a su valor anterior, por medio de la extracción del
plusvalor (que tiene lugar en el uso de la fuerza de trabajo).
Ahora bien, la mayoría de los lectores, incluidos, naturalmente, los
"economistas" que, me atrevo a decirlo, están condenados a este "desacierto"
por su deformación profesional de técnicos de la política económica
burguesa, cree que Marx formula, respecto de la composición orgánica del
capital, una teoría de la empresa o, para emplear términos marxistas, una
teoría de la unidad de producción. Sin embargo, Marx dice todo lo contrario:
habla siempre de la composición del capital social total, pero bajo la forma
de un ejemplo de apariencia concreta cuando da cifra (por ejemplo, sobre
cien millones: capital constante = cuarenta millones [cuarenta por ciento] y
capital variable
= sesenta millones [sesenta por ciento]). En este ejemplo cifrado, por lo
tanto, Marx no habla de una empresa o de otra, sino de una "fracción del
capital total". Para comodidad del lector y para "fijarle las ideas", razona
sobre un ejemplo "concreto" (por lo tanto, cifrado); pero este ejemplo
concreto le sirve simplemente de ejemplo para hablar del capital social
total.
Desde este punto de vista, señalo que no se halla en ninguna parte de El
capital ninguna teoría sobre la unidad de producción ni sobre la unidad de
consumo capitalistas. Sobre estos dos puntos, pues, la teoría de Marx ha de
completarse.
Asimismo, señalo la importancia política de esta confusión, que fue disipada
definitivamente por Lenin en su teoría sobre el imperialismo18. Sabemos que
Marx planeaba hablar en El capital del "mercado mundial", es decir, de la
extensión tendencial al mundo entero de las relaciones de producción
capitalistas. Esta "tendencia" ha encontrado su forma acabada en el
imperialismo. Resulta muy importante medir la importancia política decisiva
de este hecho que Marx y la primera Internacional habían percibido
perfectamente. [34]
En efecto, si la explotación capitalista (extracción del plusvalor) existe
en las empresas capitalistas en las que se emplea a los obreros asalariados
(y los obreros son víctimas de ella y, por lo tanto, sus testigos directos),
esta explotación local existe sólo como una simple parte de un sistema de
explotación generalizado que se extiende
progresivamente de las grandes empresas industriales urbanas a las empresas
capitalistas agrarias y luego a las formas complejas de otros sectores
(artesanado urbano y rural: explotaciones "agrícolas familiares", empleados
y funcionarios, etc.) no sólo en un país capitalista, sino en el conjunto de
los países capitalistas y, por último, en el resto del mundo entero (por
medio de la explotación colonial directa, apoyada por la ocupación militar
[colonialismo.] y la indirecta, sin ocupación militar [neocolonialismo.]).
Existe, pues, una verdadera Internacional capitalista de hecho, convertida
desde fines del siglo XIX en Internacional imperialista, a la que el
Movimiento obrero y sus grandes dirigentes (Marx, Lenin) respondieron con
una Internacional obrera (la primera, la segunda, la tercera). Los
militantes obreros reconocen este hecho en su práctica del Internacionalismo
proletario. Concretamente, esto significa que los militantes obreros saben
muy bien:
1º que son explotados directamente en la empresa (unidad de producción)
capitalista donde trabajan;
2º que no pueden mantener la lucha únicamente sobre el plano de la empresa y
nada más, sino que también deben llevar la lucha al plano de su producción
nacional (Federaciones sindicales de la Metalurgia, de la Construcción, de
Transportes, etc.), luego al plano del conjunto nacional de las diferentes
ramas de la producción (por ejemplo: Confederación general de trabajadores)
y, por último, al plano mundial (por ejemplo: Federación sindical mundial).
Esto en cuanto a la lucha de clase económica.
Naturalmente, Sucede lo mismo —a pesar de la desaparición formal de la
Internacional— en lo que respecta a la lucha de clase política. Es por ello
que es necesario leer el libro I a la luz no sólo del Manifiesto
("Proletarios de todos los países, ¡uníos!"), sino también de los estatutos
de la primera Internacional, de la segunda y de la tercera, y, naturalmente,
a la luz de la teoría leninista del imperialismo.
Decir esto no significa de ninguna manera salir del libro I de El capital y
ponerse a "hacer política" por una obra que, al parecer, trataría solamente
"de economía política". Se trata, por el contrario, de tomar en serio el
hecho de que Marx ha abierto al conocimiento científico y a la práctica
conciente de los hombres un nuevo continente (el Continente–Historia) por
medio de un descubrimiento prodigioso y de que, como el descubrimiento de
toda ciencia nueva, este descubrimiento se ha prolongado en la historia de
esta ciencia y en la práctica política de los hombres que se reconocen en
ella. Si bien Marx no pudo escribir el capítulo de El capital que planeaba
redactar bajo el título "Mercado mundial" como réplica a la Internacional
capitalista (luego imperialista) y fundamento del Internacionalismo
proletario, la primera Internacional (fundada por Marx en 1864, tres años
antes de la aparición del libro I de El capital) ya había comenzado a
escribir en los hechos este mismo capítulo, cuya continuación escribió Lenin
no sólo en su libro El imperialismo, etapa superior del capitalismo, sino
también en la fundación de la tercera Internacional (1919).
Naturalmente, todo esto resulta si no incomprensible, por lo menos muy
difícil de comprender si se es un "economista", o aun un "historiador"; con
mayor razón si se es un simple "ideólogo" [35] de la
burguesía. Por el contrario, todo esto es muy fácil de comprender si se es
un proletario, es decir, un obrero asalariado "empleado" en la producción
capitalista (urbana o agraria).
¿Por qué esta dificultad? ¿Por qué esta relativa facilidad? He creído
responder estas interrogantes siguiendo los textos mismos de Marx y las
precisiones que da Lenin cuando, en los primeros tomos de sus Obras, comenta
El capital de Marx. Lo que sucede es que los intelectuales burgueses o
pequeñoburgueses tienen un "instinto de clase" burgués o pequeñoburgués, en
tanto que los proletarios tienen un instinto de clase proletario. Los
primeros, cegados por la ideología burguesa que hace cualquier cosa por
escamotear la explotación de clase, no pueden ver la explotación capitalista
Los segundos, por el contrario, a pesar de la ideología burguesa que pesa
terriblemente sobre ellos, no pueden no ver esta explotación ya que
constituye su vida cotidiana.
Para comprender El capital y, por lo tanto, su libro I, es necesario "tomar
posiciones de clase proletarias", es decir, situarse en el único punto de
vista que vuelve visible la realidad de la explotación de la fuerza de
trabajo asalariada que realiza todo el capitalismo.
En comparación, esto resulta relativamente fácil para los obreros, a
condición de que luchen contra la influencia de la ideología burguesa y
pequeñoburguesa que pesa sobre ellos. Como tienen "por naturaleza" un
"instinto de clase" formado por la ruda escuela de la explotación cotidiana,
les basta con una educación suplementaria (política y teórica) para
comprender objetivamente aquello que sienten subjetivamente
(instintivamente). El capital les da este suplemento de educa ción teórica
bajo la forma de explicaciones y demostraciones objetivas, lo que les ayuda
a pasar del instinto de clase proletario a una posición (objetiva) de clase
proletaria.
Pero esto resulta extremadamente difícil para los especialistas y otros
"intelectuales burgueses y pequeñoburgueses (entre ellos los estudiantes,
porque una simple educación de su conciencia no basta, ni siquiera la simple
lectura de El capital. Les hace falta lograr una verdadera ruptura (una
verdadera revolución) en su conciencia para pasar del instinto de clase
necesariamente burgués o pequeñoburgués a posiciones de clase proletarias.
Resulta extremadamente difícil, pero no absolutamente imposible. La prueba:
Marx mismo, hijo de burgués liberal (padre abogado), y Engels, de la alta
burguesía capitalista y, durante veinte años, capitalista él mismo en
Manchester. Toda la historia intelectual de Marx puede y debe comprenderse
así: como una larga, difícil y dolorosa ruptura para pasar de su instinto de
clase pequeñoburgués a posiciones de clase proletarias, ruptura que
contribuyó a definir de manera decisiva en El capital.
Este es un ejemplo que puede y debe meditarse pensando en otros ejemplos
ilustres: en primer lugar, el de Lenin, hijo de un pequeñoburgués ilustrado
(profesor progresista), que se convirtió en el dirigente de la Revolución de
Octubre y del proletariado mundial en la etapa del imperialismo, etapa
superior (es decir, última) del capitalismo.
Hay
traducción francesa en el tomo III de Le Capital, Editions sociales, p.
219–225. [En castellano: Marx, K. El capital, (traducción de Wenceslao
Roces), libro I, Fondo de Cultura Económica, México, 1966. (N. del T.)]
Rudimentos de bibliografía crítica.20
PROPONEMOS DISTINGUIR ENTRE:
I. Los textos anteriores al libro I de El capital (1867) que pueden servir a
la vez para la inteligencia de los trabajos de investigación de Marx que
culminaron en El capital y para la comprensión de El capital mismo. [36]
1. El Manifiesto del Partido comunista (1847).
2. Miseria de la filosofía (1847): crítica de Proudhon.
3. Trabajo asalariado y capital (1848): conferencias ante un público obrero
sobre dos conceptos clave de la teoría del modo de producción capitalista.
Luego de 1850, inmediatamente después del aplastamiento de las revueltas
proletarias en toda Europa, Marx, retirado en Londres, decide "recomenzar
por el comienzo" en economía política, de la que no tenía hasta entonces más
que un conocimiento indirecto y superficial. Trabajos encarnizados en
biblioteca sobre economistas, los informes de los inspectores de fábricas y
toda la documentación disponible (cf. las cartas de esta época en Cartas
sobre El capital).
4. Los "Grundrisse", suma de manuscritos preparatorios de la Contribución a
la crítica de la economía política, que aparecerá en 1859. Sólo una parte de
estos textos pasó a la Contribución. La notable "introducción" a la
Contribución quedó inédita. En numerosos pasajes
de los "Grundrisse" (traducción en curso en Ediciones Anthròpos, bajo el
título desgraciado de "Fundamentos de la crítica de la economía política"),
notamos una fuerte influencia hegeliana combinada con tufillos de humanismo
feuerbachiano. Junto con La ideología alemana, los "Grundrisse" van a
proporcionar todas las citas dudosas que necesitan las interpretaciones
idealistas de la teoría marxista: podemos preverlo sin temor a equivocarnos.
5. La Contribución a la crítica de la economía política (1859), cuya parte
esencial (Teoría del dinero) pasó a la sección I del libro I de El capital.
El famoso prefacio está marcado muy profundamente, por desgracia, por una
concepción hegeliana evolucionista, que desaparecerá en un noventa y nueve
por ciento en El capital y totalmente en los textos ulteriores de Marx.
6. Salario, precio y ganancia (1865). Conferencias de Marx ante un público
obrero. Texto muy importante, en el que ya están precisados los conceptos de
El capital.
7. La correspondencia sobre El capital, anterior a 1867, recogida bajo el
título Cartas sobre El capital. Esta correspondencia reproduce directamente
la manera en que Marx se instruye junto al excelente "capitalista" que era
Engels sobre el proceso de trabajo, los instrumentos de trabajo (las
máquinas), sobre la composición orgánica del capital en una empresa, sobre
la rotación de las diferentes fracciones del capital, etc. Vemos que Marx
pone a consideración de Engels sus hipótesis, sus resultados, le plantea
preguntas, toma en cuenta sus respuestas. Descubrimos que, mucho antes de
1867, Marx ya tenía en la cabeza lo esencial de El capital, no solamente del
libro I, sino del libro
II y del libro III, dado que habla extensamente sobre la teoría de la renta
de la tierra y la baja tendencial de la tasa de ganancia (que aparecerán
sólo en el libro III, publicado después de su muerte por Engels).
II. Los textos posteriores a El capital, ya sea de Marx, ya sea de otros
grandes autores (Engels. Lenin, etc.). [37]
Textos de doble uso: para aclarar El capital sobre un cierto número de
puntos difíciles o para hacer mucho más fácil su lectura; para prolongar las
investigaciones de la teoría fundada por. Marx, mostrando la fecundidad de
la misma en sus aplicaciones concretas.
8. La segunda parte del Anti–Dühring de Engels (1877), que resume muy
claramente lo esencial de las tesis del libro I.
9. La Crítica del Programa de Gotha, de Marx (1875). Simples "Randglossen"
(notas marginales), escritas a mano por Marx, sobre el proyecto de Programa
común sobre el cual el "Partido obrero socialdemócrata" (marxista) y la
"Asociación general de los trabajadores" (lasalleana) concluyeron la unidad
orgánica entre sus dos organizaciones en el Partido socialdemócrata alemán.
Se hizo caso omiso de las críticas de Marx y Engels, quienes pensaron romper
públicamente con la nueva organización, pero renunciaron a ello porque la
burguesía "veía en el Programa lo que no había en él". Las simples Notas de
Marx son invalorables. Hablan de los principios que deben guiar toda
política de unidad, de la revolución y el socialismo, cuatro años después de
la Comuna de París. Hallamos los elementos con los que fundar una teoría del
Derecho: el Derecho es siempre burgués. No es la "propiedad colectiva" (noción jurídica)
"de los medios de producción", sino
su "apropiación colectiva" lo que define al modo de producción socialista.
Tesis fundamental: no hay que confundir las relaciones jurídicas con las
relaciones de producción.
La historia de las desventuras de la Crítica es edificante. Prohibida su
publicación por la dirección del Partido socialdemócrata, no pudo aparecer
sino... dieciséis años más tarde, gracias a Engels, quien debió usar
astucias con la dirección misma, y no logró sus fines más que con extrema
justeza. La dirección del Partido socialdemócrata se oponía radicalmente a
la publicación de las Notas críticas de Marx "para no dañar la unidad con
nuestros camaradas lasalleanos"...
10. Las Notas marginales sobre Wagner, de Marx (1882). El último texto
escrito por Marx, reducido en muchas páginas en la traducción francesa de
las Ediciones sociales (Le Capital, Tome III, p. 241–253). Aquí vemos, de
manera irrecusable, en qué sentido tendía el pensamiento teórico de Marx: ni
sombra de una huella de influencia humanista– feuerbachiana o hegeliana.
11. Los prefacios recogidos bajo el título Estudios sobre El capital,
artículos de Engels. Análisis de primer orden, muy claros, pero —como sucede
a menudo con las obras de Engels, que tenía rasgos de genio teórico—
afectados de algunas languideces (por ejemplo: la tesis según la cual la
"ley del valor" dejaría de reinar después del siglo... XIV).
12. Quiénes son los "amigos del pueblo", de Lenin (ediciones de Moscú).
(1894: Lenin tenía veinticuatro años). Crítica de la ideología
idealista–humanista de los populistas. Exposición de los principios
epistemológicos del descubrimiento científico de Marx. Afirmación categórica
de que la dialéctica de Marx no tiene nada que ver con la de Hegel.
13. El desarrollo del capitalismo en Rusia, de Lenin (1899: Lenin tenía
veintinueve años). La única obra de sociología científica que existe en el
mundo, que todos los sociólogos deberían estudiar con cuidado. Aplicación de
la teoría del modo de producción feudal y capitalista a la formación social
rusa de fines del siglo XIX, donde las relaciones de producción e
intercambio capitalistas se apoderan del campo suplantando las relaciones de
producción feudales. Esta obra resume lo esencial de los numerosos estudios
que Lenin había dedicado —desde 1894 a 1899, en su crítica de los
"economistas" populistas y "románticos"— a las tesis esenciales del libro II
de El capi-[38]tal en textos de una claridad y rigor cautivantes. Texto para
relacionar con La cuestión agraria, de Kautsky (1903), que Lenin apreciaba
mucho, y sobre todo con "Nuevos datos sobre las leyes del desarrollo del
capitalismo en la agricultura" (1915: Tomo XXII de la edición francesa de
las Obras completas), donde Lenin traza la "paradoja" del alto desarrollo
capitalista de las pequeñas explotaciones agrícolas en los EE.UU. al lado de
las grandes explotaciones capitalistas. Los "especialistas" franceses en
"cuestiones agrarias" encontrarían muy interesante la lectura de este texto,
muy actual, y aprenderían de qué manera "tratar" las estadísticas oficiales.
14. Marasmo y revisionismo, de Lenin (1908) (21)
15. Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, de Lenin (1913).
16. El destino histórico de la doctrina de Kart Marx, de Lenin (1913).
17. El imperialismo, etapa superior del capitalismo, de Lenin (1916).
18. El Estado y la revolución, de Lenin (1917).
Detengo aquí esta pequeña bibliografía crítica.
Existe un número considerable de ensayos, en general críticos o muy
críticos, dedicados a la "interpretación" de la teoría de Marx, y en
particular a El capital. Punto de sensibilidad particular: la sección I del
libro I, ante todo las teorías del "valor–trabajo", el "plusvalor" y la "ley
del valor".
Estas obras pueden hallarse en la mayoría de las librerías especializadas
con sólo pedirlas.
[Traducido por Darío Daniel Díaz]
NOTAS
* Existe en castellano un texto titulado "Cómo leer El capital". Publicado
en Althusser, Louis. Posiciones, Ed. Anagrama, Barcelona, de extensión y
desarrollo menores al que aparece aquí (no incluye los "Hitos biográficos"
ni los "Rudimentos de bibliografía crítica", aunque sí las ideas
fundamentales).
1 1845. Obra inédita en vida de Marx. [En castellano: Marx, K.– Engels, F.
La ideología alemana. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1968. (N. del
T.)]
2 Los "Grundrisse", manuscritos de Marx (1857–1859). [En castellano: Marx,
K. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política
(Borrador) 1857–1859, Siglo XXI, México, 1987. (N. del T.)]
3 Prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política (1859).
[En castellano: varías ediciones. (N. del T.)]
4 Ver. por ejemplo, el comienzo del texto de Lenin El Estado y la
revolución. [Hay varias ediciones en castellano: en las Obras completas, las
Obras escogidas, o en fascículo separado. (N. del T.)]
5 Estas fórmulas no son polémicas: son conceptos volcados por el propio Marx
en El capital.
6 Cf. Une science révolutionnaire. Présentation du livre I du Capital,
Maspéro, Paris, 1969.
7 Editions Costes, Paris.
8 El libro II en 1885, el libro III en 1894, el libro IV en 1905.
9 Ediciones Dietz, Berlín.
10 Editions sociales, Paris, para lo» libros I, II, III. Editions Cosles
para el libro IV. (En castellano: Siglo XXI Editores para los tres primeros
libros, Editorial Cartago para el cuarto. (N. del T.)]
11 Ver el texto de la carta de Marx a La Chatre, su editor francés. (En
castellano: Marx, K. El capital, T. I. Vol. I, p. 21, Siglo XXI, México,
1991. (N. del T.)]
12 Cf. Cartas sobre El capital [En castellano. Marx, K.–Engels, F.
Correspondencia, Ed. Cartago. Bs. As., 1957. (N. del T.)]
13 Cartas sobre El capital.
14 Cf. Pour Marx, Editions Maspéro, Paris. 1965. [En castellano: Althusser,
Louis. La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, México. 1967. (N. del T.)]
15 Editions sociales, Paris. (En castellano: Marx, K. Crítica del Programa
de Gotha, Biblioteca Proletaria–Ediciones Compañero, Bs. As., 1972. (N. del
T.)]
16 Le Capital. Editions sociales, Paris, Tome III, p. 241–253. (En
castellano. Marx, K.
toda huella de influencia hegeliana.
17 Editions sociales, Paris. [En castellano: Marx, K. Manuscritos económico–
filosóficos de 1844, Ed. Grijalbo, México, 1968. (N. del T.)]
18 El imperialismo, etapa superior del capitalismo. [Varias ediciones en
castellano. (N. del T.)]
19 Engels publicó, en un artículo aparecido en 1868 en el Demokratisches–
Wochenblatt de Leipzig, un brillante resumen del libro I de El capital.
20 Salvo indicación contraria, las obras existen traducidas en las Editiones
sociales, París. [En castellano, en varías ediciones. (N. del T.)]
21 Las obras citadas de Lenin existen en traducción francesa en las Obras
completas (Edición francesa), o en fascículos separados. [Lo mismo vale para
la Edición castellana. (N.del T.)]
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